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Revista Hegemonía. Año I Nº. 2

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 41-2008 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

CONTENIDO EXCLUSIVO

CONTENIDO EXCLUSIVO OPINIÓN ¿Por qué volver los feminismos populares? Una posición crítica a las disputas separatistas radicales y liberales en el contexto político nacional, reflexiones que parten del escrache de “potencial femicida” del 8 de marzo del presente año. DIANA ALMEIDA NOBOA Entender el feminismo como inherente a las mujeres y solamente a las mujeres me parece estratégicamente problemático. Difiero enormemente del planteamiento histórico del feminismo separatista radical como representación únicamente de las mujeres, principalmente porque las jerarquías sexuales se limitan si nos quedamos en los binarios del esquema mujer/ hombre. Las jerarquías sexuales comprendidas desde el binarismo que se plantó como uno de los elementos de la división sexual del trabajo establecieron la familia como mecanismo de control al cuerpo de las mujeres para la producción y reproducción social y además crearon las líneas de herencia para mantener la propiedad en manos de los hombres. Los casos en que se trabaja al binarismo como complementariedad, en las posiciones andinas u orientales, se refieren a otro tipo de binarismo que aquí no se está tratando ni cuestionando. La perspectiva de este trabajo retoma, como señalé anteriormente, el binarismo de las jerarquías sexuales 26 HEGEMONIA - MARZO DE 2018

serviles a la conformación del capitalismo. En este sentido, las jerarquías sexuales en las que, por supuesto, históricamente las mujeres pobres han tenido las de perder en dimensiones mucho más significativas no solo han oprimido y explotado a las mujeres y no a todas las mujeres se les ha explotado por igual. Existe una cantidad incontable de sujetos femeninos, feminizados y masculinos subalternos y disidentes que se enfrentan socio-históricamente a una serie de violencias y desigualdades que el sistema capitalista se encarga de perpetuar. Por lo tanto, el feminismo puede ser una política de representación en cuanto suscriba a todos los sujetos que puedan beneficiarse y tener vidas más libres, plenas y dignas a través del mismo. De lo contrario, parafraseando a Judith Butler, la representación se convierte en la norma que valida y define lo que es la categoría de mujeres, que para la teoría feminista y la política feminista ha significado validar quiénes son y quiénes no son sujetos del feminismo, contrariando los planteamientos de los feminismos populares, de la diferencia, comunitarios y demás. En este sentido, lo que planteo es desesencializar el sujeto del feminismo desde la normativa de la categoría mujer, por lo que no encuentro contradicción alguna entre el sujeto masculino y el ejercicio feminista. Si bien la vanguardia feminista son las mujeres, la exclusión del feminismo a compañeros aliados me parece estratégicamente erróneo. Con lo que no resto importancia a espacios de empoderamiento, autoconsciencia y sororidad separatistas, tanto de femeninos como masculinos. Desde mi lectura de los planteamientos de Butler, es evidente que la política feminista debe integrar a todos los sujetos diversos que suscriban a la lucha por la erradicación de las jerarquías sexuales. Que incluyan las identidades diversas que definitivamente han criticado al sexismo, las jerarquías sexuales, al patriarcado y al capitalismo. Por lo tanto, ¿qué excluye a cualquier mujer u hombre de ser compañera o compañero feminista? Acerca del feminismo liberal Pensando en la magnitud y fuerza que está tomando el movimiento feminista, una astilla de preocupación incomoda mi alegría inicial. Y es que cómo feminista, comunista y anti-especista, mirar cómo va creciendo el esencialismo feminista del que venía conversando, que bien podría asumirse como estratégico en un primer momento, deja que se cuelen nociones que van invadiendo los planteamientos más críticos del feminismo, quedando en la superficialidad de “la lucha de las mujeres”. En este sentido, vuelvo a plantear las preocupaciones de las compañeras afros, hispanas, campesinas, comunistas e indígenas respecto al feminismo blanco-burgués hace décadas: ¿De qué le sirve a la mujer de abajo, a la trabajadora obrera, a la campesina, a la lesbiana, a la marginal, a las mujeres afro, a las mujeres trans, y a los hombres disidentes de la masculinidad hegemónica un feminismo del techo de cristal, un feminismo de las que ya están arriba, un feminismo que no critique la misma base económica clasista que sostiene las jerarquías sexuales? Lamentablemente, la tendencia feminista más reconocida es la liberal blanco-burguesa, que es un feminismo contrarrevolucionario, un reduccionismo de los planteamientos profundamente críticos del feminismo. El feminismo liberal plantea una rebeldía parcial y accesible a unas pocas mujeres bien acomodadas, 27 HEGEMONIA - MARZO DE 2018

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