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Revista Hegemonía. Año I Nº. 2

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 41-2008 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

después del ataque a un

después del ataque a un puesto”; “La foto de un joven parecido a Maldonado, eje de otra controversia en El Bolsón”; “Caso Maldonado: una nueva versión apunta a que estaría en Chile”; “Elisa Carrió: ‘Si la hipótesis de la desaparición de Maldonado fuese una invención kirchnerista, sería perverso’”; “Elisa Carrió: ‘Hay 20% de probabilidades de que Maldonado esté en Chile con la RAM’”. Por otra parte, la ficción oficialista también se encargó de revisitar la historia más trágica del país. Cuestionar las cifras de la última dictadura cívico-militar-mediática no supone una discusión sobre los números exactos, no se trata de confirmar las treinta mil desapariciones, ni las tantas aberraciones que se llevaron a cabo, sino de trastocar la idea de base para volver a traer fantasmas a la batalla dialéctica que ya parecían relegados. Es una provocación clara. Como bien dijo el escritor Martín Kohan, “la discusión no es entre ocho mil casos probados y treinta mil no probados. A mi criterio, lo que la cifra de treinta mil expresa es que no hay pruebas porque la represión era clandestina”. Es decir, el que niegue o ponga en duda la cifra de treinta mil, niega o pone en duda la represión clandestina. Es evidente que el gobierno no está interesado en calmar las inquietudes ciudadanas. Busca, en verdad, paliar —sea como fuere— la ansiedad provocada por la incertidumbre del futuro y por la ubicua e interminable sensación de inseguridad, siempre y cuando las raíces de esa inseguridad puedan hallarse en ámbitos que faciliten demostraciones de fuerza de sus ministros, como muestra cada conferencia de Patricia Bullrich ante los sucesivos “golpes al narcotráfico”. En fin, a esta altura el retroceso es claro. La idea primaria de Estado como garante de justicia dejó de existir. Y en ese contexto, claro está, la matriz del macrismo no es ni la de Marcos Peña, ni la de María Eugenia Vidal, ni la del mismo Macri: la matriz del macrismo es el “un día, un pibe preso” de Esteban Bullrich. “Un día, un pibe preso”. Y, por qué no, un día, un pibe muerto. 8 HEGEMONIA - MARZO DE 2018

EL PERSONAJE DEL MES CONTENIDO EXCLUSIVO El cacerolero judicial Conviene no burlarse: estos desgraciados tienen síndrome de abstinencia y son altamente peligrosos. Al momento de cerrar esta edición, se realizaba en Capital Federal la llamada “Marcha de la transparencia y la eficacia”, que congregó a algunos miles de ciudadanos bien entrados en años y teóricamente muy preocupados por la falta de transparencia y la ineficiencia del Poder Judicial en nuestro país. Pero lo que pasó allí, en realidad, fue otra cosa. Se trató de una manifestación organizada por el neoliberalismo reinante con dos objetivos. El primero y más obvio es presionar a los jueces y fiscales que todavía estén dubitativos sobre lo que el poder fáctico de tipo económico espera de ellos, que es una feroz persecución y cacería a los dirigentes de la oposición al estilo de lo que sucede en Brasil. Pero lo interesante aquí es el segundo objetivo de la convocatoria: el poderoso sabe que sus títeres están chiflados y necesitan nutrirse de odio para mantener la fe. Aquí están los caceroleros de siempre, pero ya sin objeto para canalizar su odio de clase, puesto que el gobierno popular ya no existe. Entonces se organiza esta manifestación para que puedan salir a vomitar el veneno acumulado y a dar vergüenza en público, lo que para ellos es un estilo de vida. El cacerolero judicial es el cacerolero de siempre, pero sin la “yegua chorra” para hacer catarsis y descargar tensiones. El poderoso lo sabe y atiende la demanda rápidamente. No, no conviene burlarse, porque son peligrosos y están gobernando. 9 HEGEMONIA - MARZO DE 2018

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