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DRAMA DE LA VIDA REAL

CARRERA

CONTRA LA

TORME

92 | 05•2018


NTA

MATTHEW

TEAGUE

TOMADO DE

SMITHSONIAN MAGAZINE

Pensaron que podrían regresar antes de que se

desatara la tormenta. Pero los fuertes vientos

huracanados atacaron antes de lo esperado.

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SELECCIONES

EN ESTA MAÑANA DE ABRIL, los veleros dibujan delicados

círculos sobre la bahía de Mobile, Alabama, mientras se

preparan para la Regata de la isla Dauphin. El Kyla, un ligero

catamarán de 5 metros de eslora, cuenta con una tripulación

inusual: Ron Gaston y Hana Blalack. Él es alto y desgarbado, tiene 50

años y décadas de experiencia en navegación. Ella, de 15 años, es

pequeña y pálida; nunca ha pisado un velero, pero confía en Ron, que

es como su padre; Sarah, la hija de este, es como su hermana.

Cada primavera, los marineros se

reúnen en la región central de la bahía

de Mobile para participar en una carrera

corta, de unos 33 kilómetros en

dirección al sur, hasta la isla Dauphin.

Es el 25 de abril de 2015 y hay otros

botes como el de Ron, pequeños catamaranes

marca Hobie Cats, que se

pueden remolcar con la mano hasta

la playa. También hay elegantes naves

con grandes mástiles, diseñadas para

competir, y finos transatlánticos con

lujosas cabinas. En total, 125 embarcaciones

con 475 tripulantes e invitados

se inscribieron en la regata.

A las 7:44 a. m., los marineros se

empiezan a reunir en la bahía para

arrancar a las 9:30 a. m., según lo planeado,

y el Fairhope Yacht Club, quien

organiza el evento este año, publica

un mensaje sobre la carrera en su sitio

web: “Cancelada por condiciones

climáticas desfavorables”.

Pero a las 8:10 a. m., los organizadores

dicen que la regata sigue en pie.

Gary Garner, entonces comodoro del

club, afirma que todo ha sido un error

causado por un mensaje cifrado. La

confusión retrasa una hora el inicio.

Una salida en falso cuesta otra media

hora. Son las 10:45 a. m., los botes

aún se mueven en círculos y el Servicio

Meteorológico Nacional (SMN)

emite un aviso de último momento

para Mobile: “Tormentas eléctricas

provenientes del oeste avanzarán sobre

el mar esta tarde. Algunas pueden

ser de intensidad fuerte o extrema”.

Solo ocho participantes se retiran

de la competencia. Como Garner comentaría

después: “Un pronóstico

como ese no es nada del otro mundo

PESE A QUE SE PRONOSTICAN FUERTES

TORMENTAS, SOLO 8 PARTICIPANTES SE

RETIRAN DE LA COMPETENCIA.

ILUSTRACIÓN DE LA PORTADILLA PREVIA: MICHAEL BYERS

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MAPA: 5W INFOGRAPHICS

para nosotros. Si quieres participar

en las carreras y navegar

largas distancias, es muy

probable que te encuentres

con tormentas”.

A bordo del Razr, un bote

de 7.3 metros de eslora, el

joven Lennard Luiten, de 17

años, su padre y tres amigos

suyos analizan los informes

del tiempo que reciben: la

tormenta llegará, tal vez, a

las 4:15 p. m. Tienen tiempo

suficiente para cruzar la línea

de meta y regresar al puerto.

Lennard está cada vez más

emocionado conforme se

acerca el momento de zarpar.

Robert, su padre, y él compraron

el Razr, un barco semihundido

que era más bien

una causa perdida, y pasaron

un año reconstruyéndolo. Los cinco

tripulantes se miran y sonríen. Están

de acuerdo: por primera vez la nave

estaba a punto. Arrancan con precisión

y son los punteros del grupo durante

la primera media hora.

Sin embargo, los pequeños catamaranes

están entre los barcos más

rápidos; el Kyla pone a Hana y Ron a

la cabeza. Ya en aguas abiertas, Hana

se siente relajada. Ella y Ron dejan

atrás al Wind Nuts, un velero de 11

metros capitaneado por Scott Godbold,

amigo de Ron. “¡Hola!”, le grita

este mientras lo saluda con los brazos.

Scott y Hope, su esposa, vinieron

para ver competir a Matthew, su hijo,

Mobile

Fairhope

Isla Dauphin

Fuerte Morgan

kms

0 20

y para ayudarlo si se presenta algún

problema. Godbold lo saluda.

La regata se corre en la bahía de

Mobile, en las costas de Alabama.

LA BAHÍA DE MOBILE tiene unos 48

kilómetros de largo y la mitad de ancho.

Por el centro corre un profundo

canal, pero gran parte de la bahía es

tan superficial que un adulto podría

estar de pie en su suelo lodoso. Sobre

la costa noroeste se extiende la ciudad

de Mobile, salpicada de altos y

resplandecientes edificios. La entrada

está custodiada por la isla Dauphin y

la península del Fuerte Morgan. Entre

estos puntos, un tramo de apenas

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SELECCIONES

5 kilómetros de mar abierto conduce

al inmenso golfo de México.

Durante la primera mitad de la carrera,

Hana y Ron persiguieron al hermano

de este, Shane Gaston, quien

navegaba en un catamarán idéntico.

Las condiciones son ideales: vientos

fuertes y aguas tranquilas. Cerca de

las 2:00 p. m., cuando llegan a la línea

de meta, Hana voltea para ver que el

hermano de Ron se encuentra a un

minuto de ellos.

“¡Oye! ¡Ganamos!”, celebra ella.

Por lo general, al terminar la carrera,

las tripulaciones dejan las embarcaciones

en el puerto de la isla Dauphin

para asistir a la ceremonia de premiación

y una noche de descanso. No obstante,

los hermanos Gaston optan por

navegar a casa, seguros de poder hacerle

frente a la tormenta. Otros participantes

toman la misma decisión. Los

hermanos avanzan hacia el norte por

la costa oeste de la bahía.

Poco antes de las 3:00 p. m., Ron

y Hana ven las gigantescas nubes de

la tormenta que se acercan desde el

oeste. “Quizá nos mojemos un poco”,

afirma él, subestimando la situación.

La tormenta, que se formó en Texas,

ha cruzado tres estados antes de llegar

a la bahía de Mobile. En la oficina

del SMN, los expertos observan la trayectoria

en el radar. Jason Beaman,

meteorólogo encargado de coordinar

las alertas emitidas por la oficina, advierte

algo inusual: el fenómeno gana

fuerza en lugar de disiparse rápidamente.

“Era como un motor, como

una máquina que no se detenía”, aseveró

el experto tiempo después.

BAJO EL PUENTE de la isla Dauphin,

que mide unos 5 kilómetros y enlaza

MIENTRAS EL VIENTO ARRASTRA EL BOTE,

RON SE ENFRENTA A UN VERDADERO

DILEMA: SOLTAR LA NAVE O A HANA.

con la península, la joven Sarah Gaston,

de 17 años, lucha por controlar

un pequeño bote junto con Jim Gates,

de 74, su compañero de travesía

y amigo de la familia. El viento y la

lluvia azotan con fuerza.

“En ese punto, buscábamos cualquier

área de tierra”, contaría Sarah

más tarde. “Pero todo estaba blanco.

No podíamos encontrar tierra firme.

Ni siquiera podíamos ver el puente”.

Más al norte, los hermanos Gaston

y Hana se acercan al Buccaneer Yacht

Club, ubicado en la costa oeste.

Los rayos empiezan a caer. “No toques

nada metálico”, advierte Ron. Se

acurrucan bajo el trampolín, la cubierta

de tela entre los dos cascos.

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Tres kilómetros atrás, Shane y Connor,

su hijo, desaparecen tras una espesa

cortina de lluvia.

Al poco tiempo, la tempestad golpea

al Kyla. Llegó tan rápido y es tan

densa, que el mundo parece haberse

reducido a una pequeña habitación

grisácea, sin horizonte, cielo o costa.

Luego, sin previo aviso, los vientos

aumentan a 117 kilómetros por hora:

un huracán. Ron y Hana no tienen

tiempo de bajar las velas.

La proa del Kyla se levanta del agua,

por un instante queda parado sobre la

popa; luego gira sobre uno de sus lados.

En este punto, la bahía tiene tan

solo 2 metros de profundidad, por lo

que el mástil se clava en el lodo y se

parte en dos.

Hana sale disparada del barco, y

la botavara, una barra horizontal sujeta

al mástil, golpea su cabeza. Ron

aterriza entre Hana y el bote; sujeta a

la joven con una mano y se agarra de

una cuerda atada a la nave con la otra.

El viento sopla y transforma al

trampolín en una vela. Mientras el

bote es arrastrado, Ron sale disparado

al agua, lejos de Hana, y estira sus brazos

tanto como puede. Enfrenta un

verdadero dilema: debe elegir entre

soltar el bote o a Hana.

Suelta al Kyla. Él y Hana llevan chalecos

salvavidas, pero las olas de 2.5

metros los golpean y amenazan con

separarlos. O ahogarlos.

Se abrazan con fuerza para sostenerse;

Hana apoya su cabeza contra el

pecho de Ron para encontrar un poco

de aire y resguardarse de la precipitación

que parece perforarles la piel.

En medio del caos, Ron piensa por

un momento en su hija. Sin embargo,

conforme las olas los arrastran, su

mente se pone en blanco y gris, como

el escenario en el que se encuentra.

Sarah y Jim también son arrojados

al agua por el tiempo infame. El mástil

de su nave se quiebra y las velas se

sueltan. “¡Jim!”, grita Sarah, a la vez que

intenta recoger las lonas. Finalmente

se encuentran y regresan con lentitud

hasta los restos de la embarcación.

UNOS 48 KILÓMETROS AL NORTE,

el alférez Phillip McNamara, de la

Guardia Costera, cumple el primer

turno de su carrera como oficial de

guardia. La tormenta azota a la bahía

de Mobile y en la estación se reciben

constantes llamadas de emergencia

de marineros que están en el agua,

personas varadas en bancos de arena

y testigos que no dan crédito a lo que

ven desde tierra firme. McNamara

llamó varias veces a su superior, el comandante

Chris Cederholm, para preguntar

cómo responder a la situación.

“A la tercera llamada quedó claro

que sucedía algo grave”, comentó recientemente

Cederholm, quien, al llegar

a la estación, puso en marcha un

protocolo denominado Operación de

Rescate Masivo, para el que convocó a

personal de aire, tierra y mar.

Las autoridades intentan dimensionar

la magnitud de la tormenta, al

mismo tiempo que los marineros en la

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SELECCIONES

Hana Blalack y Ron Gaston estuvieron en

el agua por más de dos horas.

bahía luchan por sobrevivir. El viento

sacude al Razr de los Luiten y a la tripulación

(Lennard, Jimmie Brown, su

padre de 71 años, y sus amigos adolescentes

Adam Clark y Jacob Pouncey),

que cae al agua.

Brown, cubierto con un impermeable,

se mantiene a flote con dificultad.

Lennard nada alrededor del bote en

busca de su padre, a quien encuentra

junto con Jacob. Al cabo de unos 20

minutos, olas de 2.5 metros amenazan

con ahogarlos. Lennard se dirige hacia

la costa para pedir ayuda.

Por lo general, la fase más fuerte de

una tormenta se prolonga entre dos y

tres minutos, pero esta todavía no ha

amainado y ya lleva 45 minutos castigando

la zona.

DIEZ BUQUES DE la Guardia Costera

responden al llamado, así como varios

aviones, helicópteros y un equipo

que patrulla la costa en vehículos todoterreno.

Personas a caballo recorren

los bancos de arena en busca

de sobrevivientes. En el puesto de la

Guardia Costera en Dauphin, Scott

Bannon, comandante de la División

de Recursos Navales de Alabama,

llama por teléfono a los familiares

y amigos de los propietarios y capitanes

de las naves para estimar la cifra

de desaparecidos.

Cerca del puente de la isla Dauphin,

un bote de rescate de la Guardia Costera

encuentra a Sarah Gaston y Jim

Gates. Ella tiene una herida en la

pierna e hipotermia; entra en choque

en el momento en que los rescatistas

la suben a la cubierta.

Ron y Hana se encontraban por el

centro de la bahía, donde la probabilidad

de rescate es remota. “Lo único

que se podría distinguir con claridad

en el agua es la cabeza de alguien”, explicaría

Bannon. “Bien podrías avanzar

entre las olas y no ver al náufrago”.

El dúo ha estado en el agua por

dos horas. Intentaron nadar hasta la

costa, pero las olas y la corriente les

impidieron escapar. Para no pensar

en el horror de la pesadilla que viven,

Hana hace bromas: “Creo que no llegaremos

a tiempo para la cena”.

“Mira”, dice Ron, quien saca un teléfono

del bolsillo a la vez que Hana

busca un dispositivo GPS que tenía en

su chaleco salvavidas.

FOTO: BRYAN SCHUTMAAT

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Hana marca al 911. Una operadora

atiende la llamada: “¿Cuál es su emergencia

y ubicación?”.

“Estoy en la bahía de Mobile”.

“¿En el área de la bahía?”.

“No, señora. En la bahía. En el agua”.

Con ayuda del teléfono, el GPS y

las luces azules de un buque, la joven

guía a los rescatistas hasta ellos.

Mientras uno de los oficiales la

ayuda a salir del agua y subir a la cubierta,

Hana pregunta: “¿Este barco

no se va a volcar, verdad?”.

SHANE Y CONNOR GASTON también

habían naufragado. El viento hizo girar

su nave tres veces antes de que el

mástil se quebrara. Utilizaron el foque,

una pequeña vela, para abrirse

paso hacia la costa oeste. Ya en tierra,

tocaron la puerta de una casa, pidieron

prestado un teléfono y llamaron a

la Guardia Costera para informar que

habían sobrevivido.

El Sol comienza a ponerse. Scott y

Hope Godbold navegan hasta la estación

de la Guardia Costera en Dauphin

con tres sobrevivientes.

“Fue increíble”, dijo Bannon. Las

probabilidades de encontrar a alguien

en más de 1,000 kilómetros de mar

embravecido son bajísimas.

Tras dejar a Hope y a los sobrevivientes

en la estación, Kenny, el padre

de Godbold, se suma para continuar la

búsqueda. Scott piensa en un adolescente

al que conoce: Lennard Luiten,

quien aún no ha aparecido. Habían

encontrado con vida al padre de Lennard

y a su amigo Jacob. Por desgracia,

otros dos miembros de la tripulación

del Razr, Adam Clark y Jimmie Brown,

no lograron sobrevivir.

Para este momento, Lennard habría

estado en el agua por seis horas,

sin chaleco salvavidas. Ya es noche y

saben que encontrar al joven es cada

vez más improbable. Scott navega por

la bahía intentando detectar cualquier

sonido en medio de la oscuridad.

Finalmente, escucha una voz a la

deriva: “¡Ayuda!”.

Horas antes, la corriente había

arrastrado a Lennard hacia el mar.

Nadó hasta una plataforma petrolera,

pero las olas rompían sobre él y solo

vio a la estructura moverse lentamente

de derecha a izquierda. Lo único que

había era el mar y la oscuridad. Aun

así, tuvo fe: tal vez encontraría una

trampa para cangrejos o una boya.

Ahora Kenny iluminaba su rostro

con una linterna y Scott preguntaba:

“¿Lennard, eres tú?”.

DIEZ BARCOS HUNDIDOS o destrozados,

40 náufragos rescatados y 6 muertos,

fue el saldo de una de las peores

calamidades de la navegación recreativa

en la historia de Estados Unidos.

De la mano con la Guardia Costera,

que está investigando el caso,

los organizadores de la regata han

adoptado medidas de seguridad más

rigurosas. La familia de Robert Thomas,

una de las víctimas, demandó al

Fairhope Yacht Club por negligencia y

homicidio culposo.

TOMADO DE SMITHSONIAN (JULIO DE 2017). © 2017 POR SMITHSONIAN INSTITUTION. SMITHSONIANMAG.COM

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