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Revista Hegemonía. Año I Nº. 3

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 41-2008 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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. 3 AÑO I | MAYO DE 2018

labatallacultural.org

HEGEMONIA

VOLVIMOS AL

FONDO


REDES SOCIALES

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HEGEMONIA

Periódico de Política y Cultura

LA BATALLA CULTURAL

EDITOR

Erico Valadares

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Romina Rocha

COMISARIO TÉCNICO

Federico Carril

COMISARIO DE ASUNTOS

CULTURALES

Alejandro Di Guida

DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN

La Batalla Cultural

3 DE FEBRERO 2975 | Mar del Plata

Tel./Fax (0223) 495.5552 - 495.9888

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pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.


HEGEMONIA

20

CONTENIDO EXCLUSIVO

El estatuto legal

del coloniaje

(o cómo tropezar

varias veces con

la misma piedra)

6

SOCIEDAD Y ESTADO

Carne de cañón

para la derecha:

la mal llamada

“clase media”

12

UN POCO DE HISTORIA

El General Perón

y el Fondo

Monetario

Internacional

32

ANÁLISIS [DESDE EL ESTAÑO]

¿Por qué el

neoliberalismo

puede durar dos

décadas (o más)?


EDITORIAL

Volvimos al Fondo,

literalmente

Aparece la segunda edición

de la Revista Hegemonía

en medio de mucha

turbulencia. Al momento

de cerrar y publicar esta

edición, faltaban horas para el

vencimiento de 674 mil millones

de pesos (lo equivalente a unos

30 mil millones de dólares, o el

60% de las reservas actuales

del Banco Central) en LEBACS y,

más allá de las especulaciones

de siempre, nadie podía decir

a ciencia cierta qué efectos

tendría ese vencimiento multimillonario

sobre la economía y

la estabilidad política del país.

Es por eso que nuestra revista,

que es una revista de análisis

sociólogo y político, aparece en

su tercera edición dedicada a un

tema de política económica —en

el que no nos especializamos

ni pretendemos hacerlo— para

dar cuenta de las implicaciones

sociales de la repetición de una

historia conocida: la vuelta del


Fondo Monetario Internacional

al país. Enterrado en deudas

propias, el actual gobierno

neoliberal intenta en estas

horas rifar lo poco que queda de

soberanía nacional al solicitar

un rescate financiero del Fondo.

Todo tiene que ver con todo y

los vencimientos de las LEBACS

empiezan ya a condicionar el

rumbo del neoliberalismo triunfante

en las elecciones de 2015.

Sin caer en los pronósticos de

catástrofe, pero sin restarle importancia

al asunto, analizamos

en esta edición el retorno del

Fondo Monetario Internacional

a la Argentina desde un ángulo

histórico, priorizando la discusión

de fondo que es sobre los

proyectos políticos en pugna. En

nuestra opinión, ya es hora de

que los argentinos pongamos

sobre el tapete lo que realmente

importa, más allá de la agenda

de los medios de difusión del

poder fáctico. Es momento de

que discutamos qué modelo de

país es más conveniente para

no seguir a los volantazos que

nos generan, cada diez o quince

años, profundas crisis y retrocesos

de los que cuesta mucho

recuperarnos.

El debate que no está presente

en los medios es el que

queremos dar en esta edición,

como en todas las ediciones.

Y entonces, además del asunto

del triste retorno al Fondo,

tratamos también otras cuestiones

que están relacionadas

a los factores que posibilitaron

la llegada de un gobierno de los

ricos después de 12 años de

estabilidad, prosperidad y avance

de las clases trabajadoras y

populares de nuestro país. Así,

abordamos la cuestión de la mal

llamada “clase media” —víctima

y cómplice a la vez de la destrucción

neoliberal, que es su

propia destrucción—, hablamos

del odio que han generado y

generalizado los medios de difusión

en nuestra sociedad, de la

idiotización que hacen de vastos

sectores sociales para correrlos

de la lucha, del neoliberalismo

en sí, de un modo más bien

ontológico, y también hablamos

de la subjetividad neoliberal,

que es un tema a desarrollar y

que está hoy en el centro de la

agenda de La Batalla Cultural.

Todos estos asuntos, como verá

el atento lector, perfectamente

hilvanados en una coherencia

lógica.

Específicamente sobre los

aspectos técnicos de nuestra

revista, esta edición también

viene con mejoras. Además de

ampliar la cantidad de páginas

hasta 38, incorporamos un cambio

en la tipografía que tiende a

hacer más llevadera la lectura

en pantalla, sobre todo en los

dispositivos pequeños como los

celulares con pantalla de menos

de 5 pulgadas. Este cambio

viene a pedido de nuestros

lectores, que reportaron haber

encontrado alguna dificultad de

lectura con la tipografía anterior.

La presente no solo es un

poco más grande, sino que tiene

más cuerpo y hace aumentar el

contraste.

Por lo demás, La Batalla

Cultural manifiesta su alegría

de llegar a la tercera edición de

este proyecto, esperando que

sea cada vez más del agrado

de nuestros lectores, amigos,

compañeros y camaradas que

nos prestigian y con sus aportes

en forma de suscripción nos dan

aire para seguir publicando.

Queremos seguir por muchos

años más, que sean muchas y

muchas las ediciones venideras

de la Revista Hegemonía y

que sea siempre, lo que para

nosotros es lo más importante,

una revista diferente a todas las

demás en un sentido de autonomía

respecto al poder fáctico

de tipo económico. Queremos

que nuestro compromiso siga

siendo únicamente con el lector,

que busca en nuestras páginas

los argumentos que necesita

para aportar desde su lugar a la

construcción de un país y mundo

mejor, que son posibles.

Seguimos y seguiremos, hasta

la victoria siempre.

ERICO VALADARES

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural


SOCIEDAD Y ESTADO

Carne de cañón para la derecha:

la mal llamada “clase media”

Existen y están muy bien instaladas

en el sentido común

ciertas máximas o afirmaciones

que son muy difíciles

de destruir y que dan lugar a

una infinidad de conclusiones absurdas.

Entre esas máximas está

la siguiente: “Nuestro país es un

país cuya mayoría de los habitantes

es de clase media, Argentina

es un país de clase media”. Esta

afirmación en soledad, como

decíamos, permite concluir prácticamente

cualquier cosa, incluso

que Argentina es, por ejemplo,

como Inglaterra (el clásico “país

de tenderos”) o aun que nuestro

país está en la “clase media” del

mundo, lo que en el “concierto de

las naciones” debería significar

que no somos Bélgica, pero tampoco

somos el Congo Belga.

6 HEGEMONIA - MAYO DE 2018

Tanto entrecomillado y la perogrullada

al divino botón, porque

ciertamente no somos Bélgica ni

el Congo Belga, aunque jamás

estuvimos ni cerca del primero,

que es industrializado, y nos

parecemos cada vez más a este

último, que es premoderno. El

problema no está tanto en las

comparaciones a nivel internacional,

sino más bien en la dinámica

y en la lucha de clases en el

plano local. Al afirmarse simbólicamente

en la “clase media”,

el argentino está cometiendo

dos errores. El primero es que se

desentiende de su clase social

real, se desclasa y se torna aun

más vulnerable a la explotación,

porque deja de contar con la

solidaridad de clase que podría

protegerlo. El segundo error es

ubicarse en un lugar inexistente,

porque la mal llamada “clase

media” no existe más que como

una aspiración. En una palabra,

la “clase media” donde el argentino

piensa que está no pasa de

una entelequia.

Lo que nuestra colonización

pedagógica nos oculta a nosotros,

que somos los colonizados,

es esa condición de entelequia.

La colonización pedagógica nos

enseña que la “clase media”

existe y que prácticamente todos

estamos en ella, salvo en un extremo

la oligarquía terrateniente

y los muy, pero muy crotos que

viven bajo los puentes, en el otro.

Pero la verdad es que solo pueden

existir dos clases sociales en

el régimen de propiedad privada

de los medios de producción,


transporte, distribución y comunicación.

Por una parte, está la

clase de los que poseen esos

medios y son, por lo tanto, dominantes;

por otra, la clase de los

que no tenemos la propiedad de

nada de eso y somos los subalternos.

No hay nada en el medio,

no se puede poseer y no poseer a

la vez, no se puede tener

“un poquito nomás”,

ser “más o menos” rico.

Uno es propietario del

gran capital, manipula el

sistema entero y vive de

la explotación del trabajo

ajeno, o no es propietario,

vive de su trabajo y es

explotado todos los días

por los primeros.

Una hipotética “clase

media” sería entonces

el lugar de los que no

poseen los medios de

producción, transporte,

distribución y comunicación,

pero tampoco

trabajan. ¿De qué vivirían

esos seres fantásticos?

Dada la imposibilidad

de obtener ingresos sin

explotar ni ser explotado

—que es una imposibilidad

fáctica—, la “clase media” estaría

en un limbo y tendría que vivir de

aire, pagar sus cuentas con aire,

comer aire.

No obstante, aceptemos por

un momento la existencia de una

clase media real, sin comillas,

que estaría conformada por los

intermediarios entre el gran capital

y el trabajo: los empresarios

de mediano porte, los gerentes

de las grandes corporaciones,

los especuladores del mercado

financiero que se hacen llamar

“inversionistas”, los rentistas

inmobiliarios y toda esa gente

que tiene ingresos muy elevados

aun sin poseer directamente los

medios de los sectores clave

de la economía de un país. Aun

admitiendo la existencia de esa

clase media intermediaria y real,

la pregunta subsiste: ¿Qué tendría

que ver con eso el piojo resucitado

que se hizo la casa con

un PRO.CRE.AR o todavía paga

alquiler? ¿Cómo hacer entrar

en esa categoría al que, si no se

levanta temprano todos los días

a trabajar, desaparece del mapa

en cuestión de semanas y meses?

El problema no se esfuma

con el advenimiento de una clase

media real, porque el trabajador

efectivamente trabaja y vive del

fruto de ese trabajo, que en casi

todos los casos se da en forma de

salario. Y sigue siendo la enorme

mayoría en esta y en cualquier

sociedad.

El país burgués, pero

sin burguesía

Argentina es un país de “clase

media” porque en este país las

mayorías trabajamos, aunque

pocos queremos ser culturalmente

identificados como trabajadores.

Existe en nuestra cultura de

sociedad no industrializada una

fuerte asociación entre “trabajo”

y “pobreza”, además de una

valoración muy negativa de esto

último. Dicho de otra manera,

ser trabajador en Argentina es

ser pobre y ser pobre es feo. Esos

valores, como todos los demás,

tienen raíces históricas. A la

nobleza española en tiempos

de la invasión y colonización de

América le estaba prohibida la

“indignidad” del trabajo, que

estaba reservada a los negros,

a los indios y luego a los criollos

sin hidalguía. Más adelante, al

no industrializarse ya siendo

independiente, el país no pudo

formar una “working class” en los

moldes de Occidente. No había

suficientes obreros para hacerlo

y los trabajadores nunca fueron

clase social, sino chusma, algo

que empezaría a modificarse

—siempre de modo incipiente,

porque la industrialización nunca

llegó— recién con el advenimiento

del peronismo a mediados del

siglo XX.

Pero ya era tarde. La relación

simbólica entre trabajo, pobreza

7 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


e indignidad ya estaba muy bien

instalada en el sentido común,

donde sigue firme hasta los

días de hoy. Esto resulta en lo

que veíamos, en una multitud

de piojos resucitados a los que

la sola mención de “clase trabajadora”

le produce ojeriza. El

sentido común del americano en

general, pero más fuertemente

del argentino en particular, ubica

hoy a cualquiera que sepa leer y

escribir, tenga un teléfono celular

y poco más en una loca “clase

media”, que es donde tiene que

estar la “gente”. La sola vista de

alguien que no esté en harapos

y sepa portarse “normalmente”

en público es suficiente para

ubicar a ese individuo en una

“clase media” en la que entramos

casi todos, desde el empresario

pyme y el rentista propietario de

decenas de inmuebles hasta el

cadete de rotisería que terminó la

mismo el atento lector a hacer su

propia miniencuesta sociológica

en cualquier barrio y pregunte a

los individuos que viven de su trabajo

simplemente a qué clase social

pertenecen. Es una encuesta

de pregunta única y no tarda

nada. El lector verá, ya sin espanto,

que la mayoría no titubeará al

responder y se ubicará de manera

asertiva en la “clase media”.

Pueden ocurrir algunos casos aún

más raros, los de aquellos que

preferirán ubicarse específicamente

en la “clase media baja”,

este engendro que los medios de

difusión de los ricos instalaron

para contener al individuo que

está desocupado y vive de prestado

en la casa de algún pariente,

pero de ninguna manera puede

pronunciar las palabras “pobre”,

“trabajador” o “popular” para

referirse a sí mismo y se coloca

simbólicamente en esa “clase

media baja”, que es una aberración

y un instrumento de desclase

social, como decíamos.

Al realizar la encuesta que

proponemos el atento lector

será, al igual que nosotros, un

sociólogo del estaño, es decir, un

sociólogo de la microsociología

que Arturo Jauretche aprendió

apoyándose en los viejos mostradores

de los bares, que estaban

hechos de ese metal, y que se

ejercita en el cotidiano. El lector

va a encontrarse entonces en su

encuesta de microsociología del

estaño con lo siguiente: los casos

que ocurren de manera apenas

residual o directamente nunca

ocurren son los de respuesta correcta,

es decir, los casos de trabajadores

con autopercepción de

clase social trabajadora, popular,

subalterna, etc. Los que abundan

son los que la sociología marxista

denomina “de falsa conciencia”,

de individuos cuyas ideas sobre

el mundo no se corresponden con

sus condiciones reales de existencia

y, a veces, están en frontal

contradicción con ellas. En otras

palabras, el atento lector se va a

encontrar con mucho “pobre de

derecha”, con cualquier cantidad

de trabajadores que se ubican

en la mal llamada “clase media”

porque comparten los valores de

los ricos, pero comprenden perfectamente

que no les da nafta

para ser ricos, entonces se separan

simbólicamente de los demás

trabajadores para desclasarse y

ser carne de cañón de las clases

dominantes en el sistema.

Desclasarse para ser

devorado

El modelo occidental de “clase media” que penetró en la cultura de América

Latina tras la II Guerra Mundial: vivir apretujados, endeudados y agotados de tanto

trabajar para pagar impuestos (y deudas, por supuesto), pero felices por alejarse

culturalmente de la chusma obrera.

escuela secundaria en un FINES

de barrio. La “clase media” es lo

bueno y todos queremos estar

ahí para ser como la “gente”, no

como los negros villeros, que por

lo visto no son de “clase media” y

tampoco son gente.

Esa tara con la “clase media”

puede ser fácilmente corroborada

en lo empírico: salga ahora

Esto suele ser más fácil de lo que

parece y, sin embargo, muchos

no quieren comprenderlo. El

trabajador que se ubica en una

“clase media” irreal se desclasa

y deja de defender sus intereses

reales, que son intereses de clase

subalterna. Al colocarse en la

“clase media”, el trabajador deja

de percibirse a sí mismo como

subalterno y a la vez deja de ver

al dominante como tal: el lugar

de la “clase media” es fuera de

la lucha de clases, es la negación

de las clases sociales y de la

contradicción entre ellas. El rico

ya no es explotador y el pobre

8 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


La “clase media” argentina y sus gastadas cacerolas, siempre listas para sonar en defensa de los intereses de las clases dominantes

y del poder de las corporaciones en general. Suele decirse que la “clase media” solo sale a cacerolear si “le tocan el bolsillo”

y eso no es cierto. La mal llamada “clase media” argentina responde a los estímulos de los medios de difusión y reacciona

contra el avance de las clases populares y trabajadoras, la famosa “chusma”, los “negros vagos” y el “aluvión zoológico”, todo

un clásico del gorilismo en la cultura de nuestro país desde el primer peronismo en adelante.

tampoco es explotado, somos

todos argentinos y tenemos que

tirar para el mismo lado. Acá

empieza a trasladarse la cuestión

del desclase social a la coyuntura

política específica de nuestro

país.

Como decíamos, esto es muy

fácil: al desclasarse, el trabajador

se desentiende de los intereses

de su clase social, precisamente

porque cree pertenecer a

otra clase. Como esos intereses

ya no son suyos, tampoco suyas

son las contradicciones que

puedan llegar a tener con los

intereses de las clases dominantes.

El lector sabrá perdonarnos

las redundancias, pero esto no

se explica de otra manera, salvo

si es en primera persona. “No soy

pobre ni rico; no soy explotador

porque no me da el cuero para

serlo, pero tampoco soy explotado

porque soy de clase media y

ya estoy salvado. Entonces esas

cuestiones de lucha de clases, si

es que existen, me tienen sin cuidado:

soy neutral”, dirá el piojo

resucitado y desclasado, con la

soberbia que es característica del

ignorante. Y de ahí a empezar a

simpatizar con los ricos estamos

a un pequeño paso.

En efecto, eso fue lo que se vio

materializado en esas multitudes

de porteños que tomaron las

calles de la Ciudad de Buenos

Aires en el año 2008 para reivindicar

al “campo”, que “somos

todos”. ¿En qué momento

podrían convergir los intereses

de una oligarquía terrateniente

parasitaria con los de una “clase

media” que, además, es urbana?

En ningún momento. La oligarquía

está convencida de que no

le debe nada a la sociedad y que

puede disponer de la producción

de sus campos sin declararla y,

claro, sin pagar los impuestos

sobre esa producción. La “clase

media”, por su parte, no tiene ni

siquiera una maceta en el balcón

y depende de la actividad

económica del país —que a su

vez existe si los ricos contribuyen

pagando impuestos— para

mantener su estilo “clase media”

de vida, que está fundado sobre

el consumo. Vemos aquí cómo

funciona en la práctica la “falsa

conciencia” enunciada por Marx,

que es cuando la cosmovisión

de un individuo o grupo de individuos

no se corresponde y está

en contradicción directa con sus

condiciones reales de existencia.

Cuando nuestra “clase media”

tomó las calles para exigir que el

Estado quitara las retenciones

a la oligarquía terrateniente, lo

9 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


INFOGRAFIA

clase media

100

50

0

EXPECTATIVA

LA DELIRANTE

que hizo fue darse un tiro en el

propio pie. Sin las retenciones a

las actividades agropecuarias y

mineras, el Estado se desfinancia

y no puede cumplir sus obligaciones.

Pero el Estado no es una

empresa, no suele declarar la

100

50

0

REALIDAD

quiebra y tiene formas de buscar

los recursos necesarios para

seguir existiendo, por ejemplo,

recaudando de otros. Ahora bien,

si la oligarquía terrateniente y

la clase dominante en general

no pagan, y si solo existen dos

clases sociales en pugna, ¿qué

clase va a poner de su bolsillo

los recursos necesarios para que

el Estado siga funcionando? Sí,

aumenta la presión tributaria

sobre los trabajadores, que a raíz

de eso consumen menos y la economía

se enfría, para que la mal

llamada “clase media” no pueda

sostener su propio nivel de vida

y vaya al descenso, a vender los

muebles para comer y después a

juntar cartones en un carro, como

en el 2001.

Cuando el trabajador se desclasa

y se coloca en una inexistente

“clase media”, entonces deja

de ver en las clases dominantes

el enemigo. Lo más probable es

que empiece a proyectarse en los

ricos y luego a simpatizar con los

ricos, a medida que se distancia

simbólicamente de los pobres y

los empieza a odiar. El desclase

no es una cuestión meramente

simbólica: el trabajador devenido

en “clase media” va a ser funcional

a los intereses de los ricos y

va —el problema es así de grave—

a oponerse furiosamente a

cualquier intento de organización

política de los trabajadores. Al

acercarse ideológicamente a la

clase dominante, el trabajador de

“clase media” se acerca asimismo

a su expresión en la lucha

política, que es la derecha. Se

pliega a sus marchas, se identifica

con sus discursos, apoya sus

golpes o vota sus listas.

El actual gobierno neoliberal

ganó las elecciones del año 2015

en Argentina con el voto de millones

de trabajadores desclasados

en “clase media”, trabajadores

que empezaron a mirar a los

ricos con simpatía y a odiar a los

“negros vagos subsidiados”, es

decir, a todos los demás trabajadores.

Empezaron a odiarse a

sí mismos. A partir de ese auto-odio

y de ese voto desclasado,

el enemigo de los pueblos pudo

imponer su propio gobierno de

10 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


clase dominante y decretar como

una de sus primeras medidas la

eliminación de las retenciones

a la actividad agropecuaria y

minera, lo que cayó como una

bomba atómica sobre las finanzas

del Estado argentino. Desde

entonces, los ricos pagan cada

vez menos impuestos, porque

gobiernan y acomodan las cosas

como mejor les convengan, y el

Estado se sigue desfinanciando.

Para no quebrar, va confiscando

una por una todas las cosas que

les pertenecen a los trabajadores

y llega ahora a las tarifas de los

servicios que la “clase media”

—por haberse llenado la casa de

electrodomésticos, electrónicos,

calefactores, estufas y demás

chiches adquiridos durante el

gobierno nacional-popular— paga

más que nadie. Cuando esa confiscación

no alcance para tapar

el agujero fiscal, el gobierno de

los ricos confiscará otra cosa y

así sucesivamente, hasta llegar

a la confiscación de los ahorros

que la “clase media” desclasada

tiene en el banco para diferenciarse

de la “negrada chusma”,

esa que gasta todo lo que gana

porque “no sabe ahorrar”. Un final

de caja negra que la sociedad

conoce muy bien por haberlo vivido

en más de una oportunidad.

Dicen que, al ser confrontado

con una escala de 0 a 100 en la

que 0 representa el más miserable

de los pobres y en 100 está

el más millonario de los ricos, el

individuo desclasado de “clase

media” se ubica automáticamente

en 50, es decir, justo a mitad

de tabla. Pero eso es un delirio.

Tanto por ingresos como por capacidad

de resistir a las “crisis”

periódicas del capitalismo, el

trabajador que se cree de “clase

media” estaría en un nivel 2, 3 y,

con toda la furia, en 4 ó 5 dentro

de esa escala de 0 a 100. Y es

solo cuestión de tiempo para que

venga una de esas “crisis” y el

desclasado retroceda los casilleros

que había avanzado durante

el gobierno nacional-popular,

yendo a parar otra vez entre la

“chusma” que tanto odia y de la

que jamás pudo, puede ni podrá

separarse de hecho. Los ricos

son siempre muy poquitos y no

admiten el ingreso de arribistas y

otros tontos que, al comprarse su

primer automóvil cero kilómetro

en un plan de ahorro, se ilusionan

con algún día sentarse en la

mesa de la oligarquía.

Es necesario destruir en la

cultura la quimera de la “clase

media”, que está en la base del

ciclo perverso de saqueo tras

saqueo del conjunto que el rico

lleva a cabo de tiempos en tiempos,

con la ayuda y la complicidad

de los trabajadores desclasados.

Mientras el trabajador

siga en su falsa conciencia de no

entender que es subalterno y no

va a dejar de serlo al adquirir un

automóvil, un electrodoméstico o

un inmueble, no podrá identificar

al verdadero enemigo. Las clases

dominantes en el sistema son un

enemigo poderoso, son dueñas

de todo e incluso de la capacidad

de manipular a los subalternos,

para desclasarlos e imponer con

su ayuda gobiernos con marca

de clase —de su propia clase— y

así legitimar el saqueo. Nuestro

discurso debe cambiar, el discurso

de nuestros dirigentes debe

cambiar: no se trata de elevar a

nadie a una “clase media” que no

existe, sino de llevar la dignidad

a los hogares de clase popular

hasta que no exista más la burda

noción de que un trabajador es

un pobre. Cuando logremos eso,

estaremos listos para luchar

juntos por la eliminación de las

clases sociales y la igualdad plena,

que son la utopía y que sirven

para eso, para caminar, como

decía Eduardo Galeano.

*Erico Valadares

11 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


UN POCO DE HISTORIA

En casi todos los países

adheridos al famoso Fondo

Monetario Internacional se

sufren las consecuencias y

se comienzan a escuchar las

lamentaciones.

Cuando en 1946 me hice cargo

del gobierno, la primera visita

que recibí fue la del presidente

del Fondo Monetario Internacional

que venía a invitarnos a

que nos adhiriéramos al mismo.

Prudentemente le respondí que

necesitaba pensarlo y, enseguida,

destaqué a dos jóvenes

técnicos de confianza del equipo

del gobierno para investigar a

este “monstruo tan peligroso”,

El General Perón y el

Fondo Monetario Internacional

12 HEGEMONIA - MAYO DE 2018

nacido según tengo memoria en

los sospechosos acuerdos de

Breton Woods. El resultado de

este informe fue claro y preciso:

en síntesis, se trataba de un nuevo

engendro putativo del imperialismo.

Yo, que tengo la ventaja de

no ser economista, puedo explicarlo

de manera que se entienda.

La política de las “áreas monetarias”,

después del abandono

del patrón oro, ha sido fructífera

en acontecimientos donde siempre

el negocio ha estado de por

medio. Mediante diversas maneras

de deformar la realidad, se ha

conformado ya una larga historia

a través del “área esterlina”

como del “área dólar” y, aunque

el pretexto fuera dar respaldo

indirecto a las monedas de los

países pobres de reservas de oro

en realidad, de verdad, verdad,

todo ha sido una nueva forma de

especular con la buena fe de los

demás.

Hasta después de la Primera

Guerra Mundial existió el “área

esterlina”, que cobijó a numerosas

monedas merced al oro

de Inglaterra, que la guerra fue

llevando paulatinamente hacia

Fort Knox, hasta el extremo en

que Gran Bretaña se vio en un

grave problema para sostener su

área monetaria. Lo intentó hacer


fundando el Banco Central de

Inglaterra y declarando a renglón

seguido que, si antes el área esterlina

estaba garantizada por el

oro de Inglaterra, ahora lo estaba

por el imperio inglés.

Pero resulta que Estados Unidos

en el ínterin había acumulado

casi el 80% del oro del mundo

y dicta su famosa Ley Fiduciaria

que establecía que quien presente

un dólar en el Banco de la

Reserva Federal recibiría su equivalente

en oro. Esta promesa,

aunque jamás se cumplió, tuvo la

suficiente atracción natural como

para forzar el nacimiento del

“área dólar”. Es así como, desde

ese momento, el dólar pasa a

ser la moneda de cambio en el

mundo occidental, en tanto la

esterlina deja de serlo.

Desde entonces, así como

antes todas las semanas, desde

la Torre de Londres los ingleses

anunciaban el valor oficial del

oro, frente al pueblo y de viva voz,

Wall Street se encargó de reemplazarlos

en silencio y desde sus

oficinas de la Quinta Avenida,

fijando el valor de la onza troy

por el dólar americano sobrevalorado,

con un precio político

que, no obedeciendo a la ley

de oferta y la demanda en el

mercado áureo internacional,

les permitiera cobrar un royalty

en todas las operaciones en

que interviniera esta moneda

de cambio.

Poco después de finalizada

la Segunda Guerra Mundial,

la pérdida de gran parte de

la reserva oro de los Estados

Unidos amenazaba gravemente

la existencia del “área

dólar” —gravedad que sigue

aumentando con los gastos de

posguerra— con lo que Estados

Unidos se colocaba en situación

parecida a la de Inglaterra

después de la guerra anterior

si alguna nación conseguía la

formación de esa reserva. En

consecuencia, era preciso crear

el instrumento necesario para

consolidar el “área dólar”. El Fondo

Monetario Internacional fue

la solución. En él participarían la

mayoría de los países occidentales,

comprometidos mediante

una larga contribución al fondo

desde donde se manejarían todas

sus monedas, se fijaría no sólo la

política monetaria, sino también

los factores que directa o indirectamente

estuvieran ligados a

la economía de los asociados. La

realidad después se encargó de ir

mucho más allá, como podemos

ver ahora, cuando llega la hora de

los lamentos.

He aquí alguna de las razones,

aparte de muchas otras, por las

cuales el gobierno justicialista

de la República Argentina no se

adhirió al Fondo Monetario Internacional.

Para nosotros, el valor

de nuestra moneda lo fijábamos

en el país, como también nosotros

establecíamos los cambios

de acuerdo con nuestras necesidades

y conveniencias. Para el

intercambio internacional recurrimos

al trueque y así nuestra moneda

real fue nuestra mercadería.

Ante el falseo permanente de la

realidad monetaria internacional

y las maniobras de todo tipo

a que se prestaba el insidioso

sistema creado, no había más

recurso que hacerlo así o dejarse

robar impunemente.

Ha pasado el tiempo, y en casi

todos los países adheridos al

famoso Fondo Monetario Internacional

se sufren las consecuencias

y se comienzan a escuchar

las lamentaciones. Este fondo,

creado según decían para estabilizar

y consolidar las monedas del

“mundo libre”, no ha hecho sino

envilecerlas en la mayor medida.

Mientras tanto, los Estados

Unidos se encargaban, a través

de sus empresas y capitales,

de apropiarse de las fuentes de

riqueza en todos los países donde

los tontos o los cipayos le daban

lugar, merced a su dólar ficticiamente

valorizado con referencia

a las envilecidas monedas de los

demás.

*Juan Domingo Perón (1967)

13 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


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14 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


OPINIÓN

Vamos desentrañando las

estrategias del enemigo en

esta guerra que ha librado

contra el pueblo argentino

en su conjunto: el manejo

y la administración del odio como

base para la construcción de nuevas

subjetividades está siendo, a

las claras, altamente efectivo a

los fines del poderoso y, a la vez,

peligrosamente dañino para las

mayorías populares en las que

estamos todos nosotros.

No es para tomarse a la ligera

lo que sucedió ayer frente a

Tribunales, ya que lo que pudimos

ver es cómo un sector de nuestra

sociedad —entrado en años y con

El odio como fuente de poder

declarada aceptación al proceso

militar en un gran mayoría, sino

todos —, está dispuesto a movilizarse,

a vociferar y hasta a ponerse

en el más absoluto ridículo con

tal de defender los intereses de

sus ídolos, que no son de barro

sino de carne, hueso y de una

clase social a la que ninguno de

estos “defensores de la democracia

y la república” llegará jamás

a pertenecer. Sin embargo, una

multitud de estos especímenes

con derecho a voto se manifestó y

mostró la nueva etapa de manipulación

que estamos atravesando

como conjunto social, en donde

las masas populares (porque

aunque nos duela, quienes allí

estuvieron también son parte

del pueblo y por ende, parte de

nosotros) son utilizadas para presionar

a jueces, fiscales y a todo el

aparato judicial.

La creación de los

fantasmas a odiar

(y a encarcelar)

Esto no está desligado de lo que

acaba de suceder en Brasil con

la encarcelación de Lula y la

destrucción de lo que significa el

ejercicio de la justicia, en vistas

de una decisión tomada a criterio

15 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


del juez, lisa y llanamente. Porque

con ese precedente, el neoliberalismo

lo que quería y está

logrando es instalar la idea de que

si la “opinión pública” está convencida

de que alguien (siempre

en el ámbito de la política, que es

donde se está jugando en grande)

es corrupto o ha cometido algún

delito, entonces la justicia tiene

que acatar la “voluntad popular”

y debe encarcelar a todo aquél

que sea sistemáticamente acusado

por determinado sector de la

sociedad, por más que no hayan

pruebas que determinen la culpabilidad

en lo que se lo esté acusando.

Pero siempre, sin excepción

en esta faceta neoliberal que

está atormentando a Latinoamérica,

se da este entramado acusatorio

en torno a los representantes

del campo popular.

Esto, como todas las cosas

que son profundas e irracionales,

tiene un proceso muy bien

instrumentado y los medios de

difusión del poderoso son la clave

para que los efectos sean los que

observamos. Miles de horas en

pantalla hablando de cuán malo,

corrupto, mentiroso, farsante,

rebelde y cualquiesquiera otras

adjetivaciones negativas se le

puedan atribuir al referente elegido

como blanco; opiniones, tapas

de diarios y revistas, comentarios

en las redes sociales, aparición de

testimonios de dudosa o inexistente

veracidad; investigaciones

con mote de seriedad, periodistas

con título de las corporaciones y

tantos otros mecanismos, bien

conocidos por todos, son la base

para la instalación de la idea de

que esa persona, el representante

de los pueblos, en realidad es un

monstruo al que “alguien debe

detener”. Se convierte, para el

sentido común que está construido

(o destruido, mejor dicho) por

el poderoso, en el “enemigo” o

“fantasma” que amenaza la institucionalidad

y el correcto funcionamiento

del sistema democrático,

aunque quienes tomen esto

como verdad no tengan ni idea de

lo que eso significa.

Entonces ahora que el terreno

está preparado, que en Brasil un

expresidente está preso por “corrupción”,

sin que para ello fuera

necesario que existan pruebas y

que en Argentina “liberaron” a dirigentes

kirchneristas que habían

sido acusados de corrupción, pero

a los que no se les encontraron

pruebas, el resultado es casi hasta

lógico: no se necesitan pruebas

para encarcelar, sólo jueces que

estén dispuestos a hacerlo. Y ahí

podemos entender perfectamente

cuán importante fue la movilización

de ayer, que fue orquestada

desde las redes sociales en donde

16 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


einan los trolls de Marcos Peña

y que tuvo el claro propósito de

ejercer presión, mucha presión,

sobre el sistema judicial argentino.

En otras palabras, el gobierno

mandó un “apriete” a los jueces

para que, llegado el momento,

hagan lo que el poderoso le está

pidiendo; esto es, meter presos

a todos los representantes del

pueblo, empezando por Cristina,

claro está.

No los subestimemos,

son un peligro

En este sentido hay algo que es

crucial: no debemos permitirnos

caer en la burla y en el descrédito

de estas situaciones, ya que estamos

en el límite del odio en donde

la paciencia ya no es algo que nos

sobre a quienes estamos viendo

hacia dónde camina todo esto. A

ellos, a los odiadores irracionales,

los usan a gusto porque ya obtuvieron

su voluntad, ellos ya están

absorbidos por la enajenación y

la fantasía de creerse parte de los

dominantes; ellos son los perros

guardianes del poderoso. Pero

a nosotros, a los que luchamos

incansablemente por la deconstrucción

del sentido común y que

vemos, mediante las herramientas

de la política, las formas de articular

la necesidad imperiosa de

volver a un gobierno nacional-popular

y el diario vivir de las clases

trabajadoras, también nos están

usando cuando caemos en sus

provocaciones.

Si nos quedamos con la foto del

ridículo y no somos capaces de ver

que en eso hay un peligro inminente

de pueblo contra pueblo, de

que sean esas mismas personas

completamente fuera de sí las que

terminen de hacer el trabajo sucio

con nosotros, entonces nos atacarán

desprevenidos y estaremos a

su merced. Nos están acorralando,

porque nos están contagiando

del odio que ellos mismos tienen

y no estamos viendo con claridad

la forma de atravesar ese umbral

para pasar al frente en esta batalla.

Es nuestra tarea, hoy más que

nunca, no permitir que el odio siga

incrementándose y que se esparza

entre nosotros, porque esa es la

verdadera fuente del poder que

están teniendo y que a pesar de

estar actuando de manera brutal

contra nuestros intereses y nuestras

vidas, siguen ahí, arriba nuestro,

riéndose de nosotros mientras

acá creemos que somos nosotros

los que nos reímos.

Pero no hay nada de que reírse,

son un peligro y están por todos

lados.

*Romina Rocha

17 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

La idiotización de la sociedad

como estrategia de dominación

La gente está imbuida hasta tal

extremo en el sistema establecido,

que es incapaz de concebir

alternativas a los criterios

impuestos por el poder. Para

conseguirlo, el poder se vale del

entretenimiento vacío, con el objetivo

de abotagar nuestra sensibilidad

social, y acostumbrarnos a ver

la vulgaridad y la estupidez como

las cosas más normales del mundo,

incapacitándonos para poder

alcanzar una conciencia crítica de

la realidad.

En el entretenimiento vacío, el

comportamiento zafio e irrespetuoso

se considera valor positivo,

como vemos constantemente en la

televisión, en los programas basura

llamados “del corazón”, y en las

18 HEGEMONIA - MAYO DE 2018

tertulias espectáculo en las que el

griterío y la falta de respeto es la

norma, siendo el fútbol espectáculo

la forma más completa y eficaz

que tiene el sistema establecido

para aborregar a la sociedad.

En esta subcultura del entretenimiento

vacío, lo que se promueve

es un sistema basado en los valores

del individualismo posesivo,

en el que la solidaridad y el apoyo

mutuo se consideran como algo

ingenuo. En el entretenimiento

vacío todo está pensado para que

el individuo soporte estoicamente

el sistema establecido sin rechistar.

La historia no existe, el futuro

no existe; sólo el presente y la

satisfacción inmediata que procura

el entretenimiento vacío. Por

eso no es extraño que proliferen

los libros de autoayuda, auténtica

bazofia psicológica, o misticismo a

lo Coelho, o infinitas variantes del

clásico “cómo hacerse millonario

sin esfuerzo”.

En última instancia, de lo que se

trata en el entretenimiento vacío

es de convencernos de que nada

puede hacerse: de que el mundo

es tal como es y es imposible

cambiarlo, y que el capitalismo y

el poder opresor del Estado son

tan naturales y necesarios como

la propia fuerza de gravedad. Por

eso es corriente escuchar: “es algo

muy triste, es cierto, pero siempre

ha habido pobres oprimidos y ricos

opresores y siempre los habrá. No

hay nada que pueda hacerse”.


El entretenimiento vacío ha

conseguido la proeza extraordinaria

de hacer que los valores del

capitalismo sean también los valores

de los que se ven esclavizados

por él. Esto no es algo reciente, La

Boétie, en aquel lejano siglo XVI,

lo vio claramente, expresando su

estupor en su pequeño tratado Sobre

la servidumbre voluntaria, en

el que constata que la mayor parte

de los tiranos perdura únicamente

debido a la aquiescencia de los

propios tiranizados.

El sistema establecido es muy

sutil, con sus estupideces forja

nuestras estructuras mentales. Y

para ello se vale del púlpito que todos

tenemos en nuestras casas: la

televisión. En ella no hay nada que

sea inocente, en cada programa,

en cada película, en cada noticia,

siempre rezuma los valores del

sistema establecido, y sin darnos

cuenta, creyendo que la verdadera

vida es así, nos introducen sus

valores en nuestras mentes.

El entretenimiento vacío existe

para ocultar la evidente relación

entre el sistema económico capitalista

y las catástrofes que asolan

el mundo. Por eso es necesario

que exista el espectáculo vacuo:

para que mientras el individuo se

auto degrada revolcándose en la

basura que le suministra el poder

por la televisión, no vea lo obvio,

no proteste y continúe permitiendo

que los ricos y poderosos aumenten

su poder y riqueza, mientras

las oprimidos del mundo siguen

padeciendo y muriendo en medio

de existencias miserables.

Si seguimos permitiendo que el

entretenimiento vacío continúe

modelando nuestras conciencias y,

por lo tanto, el mundo a su antojo,

terminará destruyéndonos. Porque

su objetivo no es otro que el de

crear una sociedad de hombres y

mujeres que abandonen los ideales

y aspiraciones que les hacen

rebeldes, para conformarse con la

satisfacción de unas necesidades

inducidas por los intereses de las

élites dominantes. Así los seres

humanos quedan despojados de

toda personalidad, convertidos

en animales vegetativos, siendo

desactivada por completo la vieja

idea de luchar contra la opresión,

atomizados en un enjambre de

egoístas desenfrenados, quedando

las personas solas y desvinculadas

entre ellas más que nunca,

absortas en la exaltación de sí

mismas.

De esta manera, a los individuos

ya no les queda más energía para

cambiar las estructuras opresoras

(que además no son percibidas

como tales), ya no les queda fuerza

ni cohesión social para luchar por

un mundo nuevo.

No obstante, si queremos revertir

tal situación de enajenamiento

a que estamos sometidos, solo

queda como siempre la lucha,

solo nos queda contraponer otros

valores diametralmente opuestos

a los del espectáculo vacuo, para

que surja una nueva sociedad. Una

sociedad en que la vida dominada

por el absurdo del entretenimiento

vacío sea tan solo un recuerdo de

los tiempos estúpidos en que los

seres humanos permitieron que

sus vidas fueran manipuladas de

manera tan obscena.

*Fernando Navarro

19 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


CONTENIDO EXCLUSIVO

El estatuto lega

del coloniaje

(o cómo tropeza

varias veces con

la misma piedra

Dice Eduardo Galeano en Las

venas abiertas de América

Latina que la división internacional

del trabajo consiste

simplemente en que

algunos países se especializan en

ganar y otros en perder. Como de

costumbre, la definición de Galeano

es precisa: la llamada división

internacional del trabajo es una

ley no escrita mediante la que el

imperialismo occidental asigna los

roles de cada cual en el “concierto

de las naciones” y determina que,

por ejemplo, países como Argentina

están en el mundo para perder,

o que existen con el solo propósito

de proveerles a los países ricos de

todo lo que esos países necesiten

para seguir siendo ricos y, claro,

seguir ganando.

Si la miramos desde ese punto

de vista, la situación es patética.

Argentina ha aceptado históricamente

y más o menos sin chistar

el papel de nación explotada por

otras naciones en la división internacional

del trabajo, o el risible rol

de “granero del mundo” (del que

algunos incluso se jactan públicamente),

aun a sabiendas de

que la relación de los términos de

intercambio entre materias primas

y productos industrializados es

siempre desfavorable para los exportadores

de lo primero. En otras

palabras, hemos accedido a la

sumisión con la conciencia plena

de que no nos íbamos a especializar

en producir soja, trigo, carne

ni ningún producto primario, sino

directamente en perder. El lugar de

Argentina en la división internacional

del trabajo es, por lo tanto, de

manera voluntaria, el lugar del que

20 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


l

r

)

se especializa en perder para que

otros ganen.

El diagnóstico es por cierto muy

triste, aunque conviene aclarar

que, si bien la especialización de

Argentina en perder es voluntaria,

de ninguna manera se debe a una

supuesta vocación de nuestro

pueblo para la derrota o a que en

otras partes son más capaces,

más inteligentes, etc. No se trata

de una condición de inferioridad

intrínseca del argentino —idea que

está instalada en el sentido común

del propio argentino y deriva a su

vez de las viejas zonceras auto

denigrantes sarmientinas —, ni de

que estemos predeterminados a la

sumisión ni nada por el estilo. La

voluntad de someterse no es una

voluntad nacional-popular, no es

la voluntad del argentino. Es una

voluntad de las clases que dominan

al argentino.

La Argentina se coloca entonces

en el lugar del que pierde en la

relación de los términos de intercambio

comercial del mundo

globalizado porque nuestra oligarquía

es cipaya, hecho que también

es histórico. El lugar de perdedor

que el imperialismo le asigna a la

Argentina en la división internacional

del trabajo solo se sostiene

en el tiempo porque nuestra clase

dominante, además de rentista,

parasitaria y regresiva, es agente

del propio imperialismo con la sola

función de asegurar que el país

jamás abandone el lugar del perdedor

en el sistema mundial. Nos

dominan y nos dirigen los personeros

cipayos de los que ya hablaban

Jauretche y Scalabrini Ortiz, los

que hacen sus negocios a partir

21 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


de la sumisión del conjunto de la

sociedad en la que teóricamente

están insertos. La imposibilidad

de la formación de una burguesía

nacional que la desplazara

durante los siglos XIX y XX —pese

a los intentos en ese sentido que

surgieron desde el Estado con

Rosas, Yrigoyen y Perón— mantuvo

en manos de la oligarquía la suma

de los poderes fácticos hacia el

interior del país, los que utiliza

para representar los intereses de

las corporaciones y mantener el

statu quo puertas adentro. Esta es

la historia resumida de cómo las

clases dominantes han dirigido el

país de modo prácticamente ininterrumpido

desde 1810 hasta el

presente y lo han puesto al servicio

del imperialismo occidental, primero

como proveedor de materias

primas y alimentos que posibilitaron

la revolución industrial en

Occidente y luego, en la actualidad,

como casino para la timba

financiera y como terreno apto

para las ganancias extraordinarias

de las corporaciones. Cuando la

voluntad nacional-popular quiso

expresarse y accedió al poder en el

Estado, la oligarquía se las ingenió

para derrotar el proyecto político

de los pueblos mediante la guerra,

el golpe, el fraude y finalmente la

El gerente general del gobierno neoliberal Mauricio Macri y la titular del FMI

Christine Lagarde, acompañados virtualmente en su reunión por el Fantasma de la

Alianza: una ocurrencia del ingenio popular que indica la existencia de la continuidad

histórica del proyecto de los ricos y los cipayos del imperialismo.

estafa electoral, y pudo restaurar

una y otra vez su proyecto propio,

que hoy es el proyecto neoliberal

conservador de las élites blancas.

Lo que queda por verse es el

método de esa imposición, sus

contenidos y los resultados de ella

en la actualidad.

Las líneas históricas

Aunque no lo parezca, la historia

argentina es un continuo cuyo

relato presenta una perfecta

coherencia interna. Por lo menos

desde 1810 hasta esta parte solo

ha habido dos momentos en alternancia:

el momento del avance

de los pueblos con el despertar

de la conciencia nacional-popular

y el momento de la restauración

conservadora, que siempre fue

salvaje. Esos dos momentos han

sido alternados, como decíamos,

con la salvedad de que el de la

restauración es más largo y mucho

más frecuente.

Tras un rápido análisis de la

cuestión, podríamos concluir que

la voluntad nacional-popular se ha

expresado y ha accedido al poder

político en el Estado en por lo menos

cinco oportunidades. A grandes

rasgos y en una síntesis muy

apretada, diremos que la primera

y más obvia es la que está justo

en el origen de nuestra historia,

cuando el pueblo quiso saber de

qué se trataba y entre 1810 y 1816

gestó la primera independencia de

lo que vendría a ser la Argentina

actual. La segunda es la que va del

ascenso de Juan Manuel de Rosas

en los años 1830 hasta su caída

en la Batalla de Caseros, en 1852.

Podría ubicarse la tercera en el

primer yrigoyenismo, entre 1916 y

1922. La cuarta y más reconocida

como expresión de la voluntad

nacional-popular en la historia

argentina es el peronismo, sobre

todo entre 1946 y 1955. La quinta

y más reciente es el kirchnerismo

en lo que va desde 2003 al 2015.

Entre estas cinco etapas puede

verse una continuidad ideológica y

de praxis política cuyos contenidos

principales fueron la defensa de la

soberanía política y la lucha por la

independencia económica, además

del impulso a la justicia social,

que se ve más claramente en

las dos últimas etapas, sin que por

ello haya estado ausente de las

tres primeras. Puede verse aquí,

en suma, una línea histórica coherente

y cuyo denominador común

es la expresión de los intereses del

pueblo-nación en el Estado, más

allá de las valoraciones subjetivas

que podrían resultar del grado de

penetración en cada conciencia

del relato oficial mitrista y de la

manipulación mediática.

Por otra parte, y en frontal oposición,

está la otra línea histórica, la

de las restauraciones conservadoras

que hoy llevan además el sello

neoliberal estampado en la frente.

22 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


Lo vemos en Rivadavia, en los

unitarios que derrotaron a Rosas y

todas sus variaciones en el tiempo,

en la Década Infame entre 1930 y

1943, en la mal llamada “Revolución

Libertadora” y sus fusilamientos,

a partir de 1955, en los golpes

esas etapas hubo entrega voluntaria

de soberanía política: primero

al imperialismo inglés, luego al

imperialismo yanqui y, por fin, en

su versión más acabada, en favor

del imperialismo apátrida de las

corporaciones. En consecuencia,

sus etapas, bien mirada la cosa,

jamás varió: siempre fue el proyecto

de los ricos y los privilegiados,

más allá de cualesquiera denominaciones

que haya tenido en cada

época y que nunca modificaron el

carácter central del proyecto.

Sí, se trata

de proyectos

políticos

La representación gráfica, presente en el buen sentido no colonizado por historiografía liberal mitrista,

de la línea histórica que une a los que supieron representar la voluntad nacional-popular argentina

frente a la codicia de los ricos y la infamia de los cipayos: San Martín, Rosas, Perón y Kirchner, que

aquí vale por duplicado (incluye a Cristina).

de 1962 y 1966 que ni siquiera tuvieron

lugar para derrocar gobiernos

populares, sino para girar con

más decisión hacia la derecha, en

el golpe de 1976 que enlutó al país

con sus 30.000 desaparecidos y la

destrucción del aparato productivo,

en el menemismo de los años

1990 y en la Alianza que lo sucedió

brevemente, no sin consecuencias

catastróficas, y finalmente en

el neoliberalismo actual, de color

amarillo globo y surgido de una

monumental estafa electoral que

ocurrió a fines de 2015.

Ahí también se ve una clara línea

histórica, coherente en sus principios

ideológicos y en su marca de

clase social dominante. En todas

hubo también pérdida de independencia

económica, al condicionar

la economía del país a los

caprichos de prestamistas desde

la Baring Brothers de Rivadavia

hasta el Fondo Monetario Internacional

de los tiempos que corren

y son el motivo de este artículo.

Como resultado obvio de todo

esto, además hubo y hay aumento

de la desigualdad social con fabulosas

transferencias de ingreso

desde las clases populares hacia

los ricos, por lo que aquí también

hay coherencia. En realidad, esta

línea histórica es la más coherente

de las dos existentes y es la más

monolítica. Y la razón es que el

proyecto político rector en todas

El sentido común

tiene la impresión

de que la historia

argentina es

cíclica y, aunque

no sepa explicarse

y suela simplificar

las cosas hasta

el absurdo, no se

equivoca del todo

en su apreciación.

De modo absolutamente

empírico,

un individuo con

más de 60 años

de edad y cierto

nivel de memoria

recordará al menos

cinco restauraciones

conservadoras,

o cinco “ciclos”

de gobierno de los

ricos. Ese argentino

sexagenario y de buena memoria

quizá no sepa colocar todos esos

“ciclos” en la categoría final de

gobierno de las clases dominantes,

pero conoce perfectamente

los contenidos presentes en todos

ellos: privatización de lo público,

destrucción del aparato productivo

en favor de la especulación

financiera, desempleo, pobreza,

miseria y hambre en aumento,

inflación por encima de los salarios

o deflación con achatamiento

del consumo interno, despidos en

los sectores público —el famoso

“achicamiento del Estado”— y

privado, vaciamiento de la salud

y la educación públicas, fuga de

23 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


Séquito de cipayos —liderados por Nicolás Dujovne y Luis Caputo (de espaldas)— haciendo fila para adular a Christine Lagarde

en Washington. Ahora como entonces, los dirigentes políticos de la derecha argentina se deslumbran cual rastacuero en viaje

cuando están en presencia de algún poderoso extranjero.

cerebros por falta de incentivo a

la investigación y a la ciencia en

general, entre otros.

La sociedad en general comprende

esos contenidos porque

los siente en la práctica. Lo que el

sentido común es incapaz de hacer

es precisamente colocarlos todos

en la misma categoría y concluir

lógicamente que cualquier propuesta

electoral y candidato de

la derecha —por más globos de

colores, “buena onda” y “revolución

de la alegría” que presenten

o anuncien— vienen y vendrán

necesariamente a imponer esos

contenidos. ¿Por qué? Porque la

derecha es la expresión política de

los ricos y solo puede aplicar sobre

la sociedad el proyecto político

de esos mismos ricos. Cuando la

sociedad argentina eligió darse

un gobierno de derecha en 2015,

eligió naturalmente la aplicación

sobre sí misma del proyecto

político de los ricos que, como

venimos demostrando, es siempre

el mismo porque tiene los mismos

contenidos, aunque se presente

con formas y símbolos que van

renovándose en el tiempo.

Y como los ricos de Argentina

son además cipayos, su proyecto

político viene directamente dictado

por los intereses foráneos a

los que ellos a su vez representan.

Así es como la derecha argentina

siempre encarnó los intereses de

las clases dominantes y, por extensión,

los del imperialismo, ya que

nuestros ricos no son más que personeros

cipayos de otros mucho

más ricos y poderosos que ellos.

Esto es más viejo que la injusticia

y ya Jauretche lo advertía: “Es que

la estructura propuesta para la Argentina

supone una reducida clase

terrateniente, una mínima clase

media, necesaria para intermediación,

la burocracia del Estado y la

escasa técnica que demanda esta

economía primaria y simplista. En

una palabra, el típico país productor

de materias primas del mundo

colonial, con una clase señorial

poderosa y con una población

de ‘pata al suelo’ lo más cercana

posible al infraconsumo”.

Esa “estructura propuesta” por

el imperialismo y aplicada en la

práctica por la oligarquía con poder

en el Estado es justamente el

proyecto político de los ricos y los

cipayos que garantiza la existencia

de estos en el lugar de la clase

dominante y la mera subsistencia

de casi todos los demás en condiciones

que deben ser, como diría

Marx, de un proletariado clásico,

esto es, cuyos ingresos sean

apenas suficientes para su propio

mantenimiento y para su reproducción

en prole numerosa, todo

rozando el infraconsumo.

El argentino conoce muy bien

esas condiciones de existencia

al haberlas vivido una y otra vez

a cada “ciclo” de aplicación del

proyecto de los ricos. Lo que el argentino

no sabe aún, por no haber

sido preparado adecuadamente

24 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


para ello, es identificar el proyecto

en sí para poder evitarlo. Porque si

bien en el pasado la aplicación del

proyecto de los ricos y los cipayos

solo fue posible con el

golpe de Estado o el fraude,

en esta posmodernidad lo

hemos visto llegar por vía de

la estafa electoral, cosa que

puede definirse como ganar

las elecciones prometiendo

una cosa y luego hacer todo

lo opuesto a lo prometido.

De los golpes a las

estafas

Al parecer, el golpe de Estado

como método favorito de

las clases dominantes para

acceder al poder político y

aplicar desde allí su proyecto

está un poco pasado de

moda. En la era de la hiperconectividad,

posmodernidad

mediática y triunfo de

los medios de difusión electrónicos

parecería ser más

efectiva y más barata que el

asalto a las casas de gobierno

y el despliegue de tropas

y tanques en las calles. La

diferencia entre el golpe de

Estado y la estafa electoral

es la que va del robo a

mano armada al cuento del

tío: ya no se utiliza la fuerza

bruta de las armas, sino el

marketing importado de lo

comercial para disimular los

verdaderos contenidos de la

propuesta electoral y así ganar

las elecciones. La estafa

está precisamente allí, donde

el elector vota globos de

colores y en realidad se está

dando un gobierno que lo va

a despojar de toda dignidad,

favoreciendo únicamente una

clase social a la que dicho elector

no pertenece, la clase dominante

en el sistema.

La derecha parece haberse reinventado

en sus aspectos formales,

sin modificar en absoluto su

naturaleza. Y si esa reinvención en

las formas se demuestra efectiva

para ganar elecciones durante un

tiempo más o menos largo, podría

cerrar la etapa de los golpes de

Estado abiertamente golpistas, de

esos que se hacían con las armas y

los militares a la cabeza.

Entre el hecho que marca históricamente

el inicio de la etapa de

los golpes de Estado en Argentina

y el proyecto político de los ricos

existe una relación que, de no ser

Maliciosa portada en la que la Revista Noticias sugiere que Jaime Durán Barba es el arquitecto

de la estafa electoral que posibilitó la venta de un proyecto político de los ricos a las

clases populares de Argentina.

lógica, sería bastante curiosa. Es

notorio y de público conocimiento

que el primer movimiento golpista

exitoso en nuestro país fue el de

1930 e inauguró la llamada Década

Infame, sobre la que debere-

25 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


mos volver para explicar el asunto

del estatuto legal del coloniaje y su

versión actual. El caso es que, citando

al entonces presidente de la

Sociedad Rural Argentina, Faustino

Fano, Jauretche nos brinda una

muestra de cómo nuestras clases

dominantes proyectaron desde

siempre un país ajustado a las necesidades

de su proyecto político:

“(...) la población conveniente a la

República está en la relación de

cuatro vacunos por cada hombre”,

decía Fano en un banquete hecho

para agasajar a la prensa extranjera.

Las estadísticas indican que

esa relación fue alcanzada alrededor

del año 1930, con 40 millones

de cabezas de ganado y una

población humana de 10 millones

de habitantes. Entonces las clases

dominantes tomaron literalmente

el toro por las astas e hicieron el

golpe de 1930 contra Hipólito

Yrigoyen, iniciando allí un nuevo

ciclo de restauración conservadora

que, como decíamos, quedó

conocida como Década Infame y

duró casi 13 años, hasta finalizar

con otro golpe, el de 1943, ya en

circunstancias distintas y resultando

luego en una nueva etapa de

Histórica imagen de la firma del pacto Roca-Runciman, que puede ponerse en

comparación con las que salen todos los días en alta calidad por los medios de

difusión de la actualidad y muestran a Dujovne y a Lagarde sonrientes: se trata de

la felicidad típica del negocio de compraventa exitosamente cerrado. La cuestión

es que el objeto negociado es nada menos que un país entero.

gobierno de los pueblos, quizá un

poco por accidente y otro poco por

“aluvión zoológico”.

Coloniaje, hoy y siempre

Nos sigue interesando la Década

Infame, que fue un periodo de la

historia de nuestro país en el que

la restauración blanca impuso un

enorme retroceso en materia de

soberanía. Durante dicha década

se firmó el pacto Roca-Runciman,

un tratado comercial que subordinó

el desarrollo de Argentina a

los intereses del Imperio Británico

mediante el establecimiento de

una cuota de exportación de carne

que condicionaba de rebote toda

la producción, el comercio, la

incipiente industria y la logística

del país a un auténtico monopolio

inglés. En una palabra, el pacto

Roca-Runciman fue parte de la

aplicación del proyecto político

de nuestras clases dominantes

cipayas, priorizando los intereses

del imperialismo sobre los del

pueblo-nación argentino, porque

fue una entrega voluntaria de

soberanía política e independencia

económica que resultó

lógicamente en un aumento brutal

de la desigualdad social hacia el

interior. Exactamente como ahora,

exactamente como en cada “ciclo”

de gobierno de los ricos, pero con

distinto ropaje. La Década Infame

fue golpe y se subordinó y se condicionó

el destino del pueblo-nación

de Argentina a los intereses

de un imperialismo, el británico.

Ahora el proyecto político de las

clases dominantes oligárquicas se

impone mediante la estafa electoral

y la subordinación es a otro

imperialismo, uno más ampliado,

el de las corporaciones occidentales

y sus organismos multilaterales

de crédito y quita de soberanía e

independencia. Pero es siempre lo

mismo, rigurosamente lo mismo,

aunque en las formas parezca ser

todo distinto.

Es su momento y desde la Fuerza

de Orientación Radical de la Joven

Argentina (FORJA), Arturo Jauretche,

Raúl Scalabrini Ortiz y otros

patriotas denominaron el pacto

Roca-Runciman como el “estatuto

legal del coloniaje” y denunciaron

sus contenidos como lo que realmente

eran, mecanismos legales

orientados a legitimar un estado

de semicolonia dependiente de

Gran Bretaña al que la restauración

conservadora de la Década

Infame hacía entrar a la Argentina.

El proyecto de un país factoría y

funcional a los intereses de otros

26 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


se quiso afianzar con aquel estatuto

del coloniaje, al imposibilitar

un desarrollo industrial que pudo

haber asegurado soberanía respecto

al imperialismo de la época.

Así de infame fue esa década de

golpe y fraude, de un Roca (hijo)

defendiendo las bondades de ser,

desde un punto de vista económico,

“una parte integrante del

Imperio Británico”, y del asesinato

a tiros del senador Bordabehere

a manos de un matón de Federico

Pinedo (hijo) en pleno recinto del

Senado. Una década muy infame

de entrega de dignidad a cambio

de algunas prebendas para las

clases dominantes.

La crónica actual hace el relato

de una nueva etapa de acuerdos

con el Fondo Monetario Internacional

y lo caracteriza como una

reedición de lo acontecido durante

el gobierno de la Alianza. Un poco

chicatos, no alcanzamos a ver más

lejos en la historia para darnos

cuenta de que, en realidad, la cosa

es mucho más grave y más profunda

que eso. Tanto la “revolución

de la alegría” de Macri en los días

que corren como la “Alianza para

el Trabajo, la Justicia y la Educación”

encabezada por Fernando

de la Rúa y los radicales entre

Afiche de la agrupación La Scalabrini en el que se representan a Raúl Scalabrini Ortiz y a

Arturo Jauretche, quienes denunciaron las políticas neocoloniales y acuñaron la expresión

“estatuto legal del coloniaje”.

1999 y 2001 abrevan en la misma

infame tradición y acuerdan la

venta de un país con los Anoop

Singh y las Christine Lagarde del

FMI como Roca (h) acordaba con

los Runciman del Imperio Británico.

En definitiva y en síntesis, se

trata siempre del mismo proyecto

político, que tiene los mismos contenidos

ideológicos y prácticos y,

lógicamente, que va a dar siempre

los mismos resultados.

La historia, sin embargo, no es

cíclica. No podemos aceptar que

lo sea porque, de serlo, estaríamos

entonces condenados a tropezar

infinitas veces con la misma piedra.

Para el que escribe, subsiste

la esperanza en lo más profundo

del optimismo de la voluntad de

que el pueblo argentino —luego de

haber sido estafado en las urnas—

advierta a tiempo que este nuevo

“ciclo” de gobierno de los ricos no

tiene nada de nuevo ni de ciclo,

sino que es el mismo de siempre

en una continuidad que debe

interrumpirse por el

bien del país. Queda

la esperanza ahí

de que los teóricos

de lo cíclico estén

equivocados en sus

teorías y de que, por

lo tanto, no tengamos

que esperar

pasivamente a que

vuelvan a matar a

Bordabehere en

el Senado para

darnos cuenta de

lo realmente está

pasando. El pacto

Roca-Runciman,

esto es, el pacto

Dujovne-Lagarde

ya está en vías de

firmarse y con eso

el gobierno neoliberal

de los ricos va

a terminar de rifar

lo poco de soberanía

que nos queda. No

muere la esperanza

de que recordemos en el futuro

este periodo oscuro de nuestra

historia como un “hiato infame” y

no como una década larga, porque

la patria, que es el pueblo, posiblemente

no resista a diez o doce

años de tanto maltrato. Y todavía

hay esperanza de que aprendamos

a identificar el proyecto político de

los ricos y de los cipayos para que

no reiteremos, ya sea por golpe,

por fraude o por estafa. La esperanza

de aprender a caminar sin

llevanos puestos la misma piedra,

de no volver a caer en la trampa,

que es la de perder para que otros

ganen en esta división del trabajo

que dividieron ellos mismos.

*Erico Valadares

27 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


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28 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

Pienso en Cristina en estos

días. Porque la vemos poco,

porque sabemos poco de

ella, porque parece haber

un consenso sobre que sería

mejor que no se presente en el

2019. Pienso en Cristina y en los

compañeros, compañeros que la

respetan y que la apoyaron, y que

hoy andan con un listado de “los

errores de Cristina”. Y que puede

ser así, errores de Cristina. Como

si necesitáramos decirnos que

Cristina al final no era perfecta.

Yo dije alguna vez que Cristina

era perfecta, y eso fue para

provocar a los gorilas. Porque la

perfección es una monstruosidad

y Cristina no es un monstruo.

Cristina es tan grande que con

todos los errores que cometió,

con todos los defectos que tiene y

con todo lo que se equivocó, nos

dio trabajo, dignidad, estabilidad,

bienestar, prosperidad, tranquilidad,

orgullo y alegría. Nada más

que eso. Pero están sus errores

y hoy parece que es momento de

Los errores de Cristina

hablar de sus errores.

Yo no tengo problema en hablar

de sus errores. Con lo que sí tengo

problema es con olvidarme de

cómo fue cada uno de los putos

días del gobierno de Cristina.

Cada paso era una andanada de

ataques. Cada medida eran operaciones

violentas. Cada política

en favor de las mayorías era una

tapa de mierda de La Nación,

Clarín y de la Revista Noticias (Edi

Zunino, te vi en la marcha del 24

de marzo, qué lindo sos) con Cristina

loca, Cristina en bolas, Cristina

vieja, Cristina puta, Cristina

presa, Cristina muerta, Cristina

gorda, Cristina descerebrada,

Cristina cagada a piñas, Cristina

nazi, Cristina viuda del chorro, los

hijos de mierda de Cristina y así.

Y así gobernó Cristina cada día,

todos los días. Acosada por el Poder

y sus babeantes esbirros. Con

Néstor vivo y con Néstor muerto.

Con amigos que se volvían enemigos,

con internas irracionales

y con enemigos que no dormían

para atacarla. Con intentos de

golpes, con corridas cambiarias

todas las semanas, con boicots

brutales, con intervenciones

desde afuera y hasta un muerto

que le tiraron al final. Y esto no es

exhaustivo, porque hubo más. Por

eso pienso en Cristina en estos

días. Porque me gustaría decirle

que yo todavía recuerdo más o

menos cómo fue gobernar este

país. Porque son días de cálculos

políticos y yo los hago.

Pero no soy estúpido ni desmemoriado.

Porque quiero decirle

que sus errores es muy probable

que los podamos arreglar. Lo que

no sé si podremos arreglar son

sus aciertos que fueron muchos

más y son lo que estos fascistas

están destruyendo. Por eso pienso

en Cristina en estos días. Porque

me preocupa que los compañeros

se olviden cuánto hay que soportar

para equivocarse como ella

mientras se avanza.

*Carlos Barragán

29 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


OPINIÓN

El sujeto neoliberal: cómo el ser

humano se ha transformado

en un individuo asocial

La existencia hegemónica del

discurso neoliberal que promueve

y defiende la concepción

de una realidad en la que

los vínculos sociales solidarios

carecen de sentido, o tienden a ser

demasiado débiles, ha transformado

al ser humano en un sujeto que

define y asume los problemas de

su comunidad y del entorno como

estrictamente individuales.

Esta interesante tesis fue la base

del conversatorio que el doctor en

30 HEGEMONIA - MAYO DE 2018

Psicología Eduardo Crespo Suárez,

catedrático de Psicología Social de

la Facultad de Ciencias Políticas y

Sociología de la Universidad Complutense

de Madrid (UCM), sostuvo

con estudiantes y docentes de la

Escuela de Psicología de la Universidad

de Valparaíso.

Su visita se concretó como parte

de las actividades que considera el

proyecto de investigación Discursos

sobre la política y la democracia

y formas de acción política no

convencionales de estudiantes

universitarios que participan en

distintas formas de asociatividad

juvenil, que financia el FONDECYT

y dirige el profesor de dicho plantel

Juan Sandoval.

Figura dicotómica

Durante su intervención, el académico

español expuso sus ideas

concernientes al surgimiento de lo

que él denomina el “sujeto neoli-


eral”, el cual, desde un punto de

vista psicosociológico y en cuanto

construcción arbitraria, se caracteriza

—en lo esencial— por ser

al mismo tiempo un trabajador y

un ciudadano cuyo único sentido

social es la pertenencia a determinados

grupos.

Pero, como el propio Crespo

explicó, el sujeto neoliberal es

eminentemente una figura asocial,

por cuanto su sentido último es

individualizar la responsabilidad

como resultado de un proceso de

“psicologización” al que ha sido

involuntariamente sometido, como

consecuencia del debilitamiento

político de la socialidad y de una

potente retórica que recurre, de

modo central, a la paradoja como

estructura comunicativa que intenta

superar la dicotomía individuo/

sociedad.

“Esta situación surge desde un

sentido de alteridad cuya idea es,

a mi entender, la comprensión

de la socialidad del sujeto no ya

como un tipo de situación ni como

una estructura que lo determina

como tal, sino una característica

de todo lo humano, incluido lo más

íntimo y personal, como puede ser

la percepción, las emociones o la

identidad. Esto hace que, en su

condición de individuo, este sujeto

defina cualquier relación —incluida

la relación consigo mismo— como

un vínculo entre dos sujetos y un

objeto. Es decir, reduce los problemas

sociales a problemas psicológicos

individuales”, precisó

el catedrático de la UCM.

Vuelta de tuerca

Si bien destacó el hecho

de que este nuevo sujeto

promueva la libertad y

busque emanciparse de

las doctrinas totalitarias y

del sometimiento al ritmo

impuesto por las máquinas

al hombre, algo que

califica como “decisivo de

la modernidad”, el doctor

Eduardo Crespo advirtió

que en ese proceder ocurrió

una vuelta de tuerca.

“En esa búsqueda de la

libertad y la individualización,

el sujeto neoliberal

terminó por exaltar la

individuación. Es decir,

terminó por privilegiar la

desafiliación con los otros.

Además, enraizado también

en la noción de que

cada persona logra o tiene

en la vida lo que se merece,

el sujeto neoliberal es

también un ser altamente

moralizado, que de modo

permanente y habitual se

interpela en torno al concepto del

‘deberías ser’”, argumentó.

A juicio de Crespo, por tanto,

este proceder es alimentado por

un discurso o doxa (vía a la verdad)

paradójico emanado de los conceptos

neoliberales del trabajo y la

política, que reducen los derechos

sociales a meros incentivos, al

empleo a simple indicador de la

empleabilidad y a la flexibilidad

como pilar de la seguridad.

“Sin duda estamos frente a una

segunda gran transformación después

de la revolución industrial”,

concluyó el también co-director del

Grupo de Investigación “Empleo,

Género y Regímenes de Cohesión

Social” de la UCM.

*Universidad de Valparaíso

31 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


ANÁLISIS [DESDE EL ESTAÑO]

¿Por qué el neoliberalismo puede

durar dos décadas (o más)?

Esta no es una historia alegre

y tampoco podemos afirmar

que tendrá un final feliz.

El 9 de diciembre de 2015

volvíamos de la Plaza en

tren hacia el Gran Buenos Aires

con una mezcla de sensaciones.

Por una parte, una tristeza

profunda por un gobierno propio,

un gobierno con marca de clase

social subalterna, que terminaba

para dar paso a un gobierno de

los ricos. Supimos allí que los de

32 HEGEMONIA - MAYO DE 2018

abajo no la íbamos a pasar bien

en lo sucesivo y de ahí la tristeza

que por un lado golpeaba.

Por otra parte, no obstante,

satisfacción por el entusiasmo de

la multitud que había copado esa

Plaza mágica para despedir a su

conductora, hecho inédito en la

historia de este y quizá de todos

los demás países: un gobierno

que terminaba luego de 12 años

con una impresionante demostración

de cariño popular. Era un

gobierno que terminaba en brazos

del pueblo, en luna de miel

como si se tratara del primer día.

Habían pasado 4.582 días desde

la asunción de Néstor aquel 25

de mayo de 2003, pero la luna

de miel parecía interminable. Era

efectivamente como en el primer

día de un romance.

En el tren venían cantando que

“vamos a volver”, los vagones

tomados por militantes, simpatizantes,

gente de a pie que había


venido a despedir a una presidenta

a la que le habían abreviado

el mandato en 24 horas, un

golpe de Estado sutil y simbólico

al que pocos le dimos la importancia

que realmente tiene. Pero

había batucadas en los asientos,

alegría en los rostros. Nada hacía

adivinar una despedida, no existía

congoja de entierro, aunque

era entierro. A nuestro lado, una

jovencita apoyada en una de las

puertas nos miraba y sonreía:

quería decirnos algo.

—No se pongan tristes, dijo, al

fin. Macri va a durar poco, vamos

a volver más pronto de lo que

ustedes piensan porque la gente

quiere a Cristina.

Aquello calmó la angustia momentánea

y renovó el entusiasmo

para seguir agitando cánticos

y consignas por lo que

quedaba del viaje hasta

Caseros. Ese optimismo

de una piba que prácticamente

había nacido

durante el kirchnerismo,

de una hija legítima de la

revolución nacional-popular,

fue para nosotros

como un presagio de que,

en efecto, sería tan solo

una cuestión de tiempo —

más bien de poco tiempo—

hasta la llegada de

un nuevo ciclo de gobierno

de los pueblos. Presentimos

allí que la noche

neoliberal sería corta. Y

nos alegramos mucho.

Pero no, no estábamos

en lo cierto nosotros ni la

piba sonriente con remera

del Indio Solari. Al momento

de escribir estas líneas, la noche

neoliberal ya había durado 28

meses y dos semanas, y no daba

indicios de que terminaría pronto.

Fuimos derrotados entonces,

ahora lo sabemos, por el optimismo

de la voluntad. Y reflexionamos

hoy sobre esto con el pesimismo

de la inteligencia, para

concluir lo siguiente: de seguir

el panorama como está ahora, a

fines de abril de 2018, el neoliberalismo

antipopular puede

durar dos décadas e incluso más,

cosa insospechada para los que

estuvimos en esa Plaza de Mayo

y tuvimos el privilegio de viajar

en ese San Martín abarrotado

de militantes enamorados del

proyecto político opuesto al que

actualmente reina.

La odiosa indiferencia

Habíamos visto un espejismo y

nos habíamos ilusionado con ese

espejismo. Los quizá 500.000

argentinos que dijimos presente

en Plaza de Mayo el 9 de diciembre

de 2015 no representamos

el sentido común del pueblo

argentino. En realidad, somos

más bien el cisne negro de la

teoría, la excepción a la regla. La

piba argentina y ricotera que cree

sinceramente que la Patria es

el otro y está dispuesta a poner

el hombro para que salgamos

adelante todos juntos y de manera

solidaria es minoría entre

el universo de argentinos, que ya

supera los 40 millones de individuos.

La regla general en nuestra

cultura no es el altruismo de militar

por el otro en atención de sus

necesidades, deseos y sueños,

es el egoísmo de encerrarse en sí

mismo y permitir la destrucción

del conjunto sin inmutarse. Y la

fría indiferencia hacia cualquiera

que no sea uno mismo.

Y es precisamente por eso que

el proyecto neoliberal de las

corporaciones puede llegar a

durar 20 años o más, al cabo de

los que quizá ya no exista ningún

país para reivindicar. El gobierno

que hoy es de Macri, mañana

puede ser de Vidal y pasado mañana

de cualquier otro títere del

Importantes ladrones. Los dos “adorables” e “inofensivos” abuelos en la imagen son Friedrich

Von Hayek y Milton Friedman, los padres putativos —mucho más “puta” que “tivos”,

por supuesto— del neoliberalismo, la teoría económica en la que el proyecto de los ricos se

basa para saquear países y someter pueblos.

poder parecido a Macri y a Vidal

no tiene fecha de vencimiento ni

va a ser corto porque el egoísmo

de la mayoría no soporta la idea

de que vuelva el altruismo de esa

minoría alegre y militante. Ese

egoísmo indiferente y esa indife-

33 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


encia egoísta están dispuestos a

hacer cualquier cosa para que no

vuelva el altruismo de otrora.

En otras palabras, el gobierno

neoliberal no termina porque hay

mucha gente que prefiere padecerlo

y prefiere permitir hasta

la desintegración del país —de

doscientos años de construcción

política, como suele decir Aníbal

Fernández— antes de aceptar

que el “aluvión zoológico” vuelva

a desplegar su irreverencia

y su alegría por las calles y a la

vista de todos. El gobierno de

los ricos dura y va a seguir durando

mientras la mayoría de

los trabajadores siga viendo en

el kirchnerismo la causa de la

enorme molestia que supone ser

un egoísta y quedar en evidencia

cuando de pronto aparecen en

escena los altruistas. Para un

egoísta no hay nada peor que

le quiten la careta, que quede

expuesta su indiferencia que es,

como diría Gramsci, ese optimista

de la voluntad y pesimista de

la inteligencia a la vez, la más

odiosa de las miserias.

Mientras el kirchnerismo exista

y siga existiendo como la única

opción real de días felices para

el pueblo, la mayoría egoísta

va a justificar cualquier maldad

del neoliberalismo para evitar el

retorno de los que “no vuelven

más”, incluso las maldades que

la perjudican directamente y reducen

su calidad de vida a la de

un vegetal. “Pago 10.000 pesos

de luz, pero no vuelven más”,

se escuchó y se escucha decir

a más de un ignorante de esta

verdad insoslayable: si no vuelve

el gobierno nacional-popular, lo

que no vuelve más es su propia

dignidad.

¿Por qué somos así?

Claro que la pregunta es inevitable.

¿Por qué? ¿Por qué, aun

teniendo uno conciencia de que

se está infligiendo un daño severo

y posiblemente irrecuperable,

sigue encaprichado en el error

y marcha a pasos apresurados

hacia su propia destrucción? O,

más concretamente, ¿por qué

luego de haberse dado cuenta

de que votó con odio y por eso

votó mal, el argentino persiste

en el error y no permite que otros

vengan a repararlo y a salvarle

las papas?

Porque la derecha, que es la

expresión de las clases dominantes,

la fuerza de los ricos en la

política, viene ganando la batalla

cultural desde 1955 y sobre

todo desde 1976 a esta parte. La

ideología de los ricos está plena

de egoísmos, de indiferencias,

de “meritocracias”, de “sálvese

quien pueda” y de todo lo que es

individualismo. Y esa ideología

triunfó al hacerse de sentido

común, es decir, al ser compartida

de un modo general y mucho

más allá de los límites de clase,

que son estrechos (los ricos son

siempre muy poquitos, como se

sabe).

Entonces hay pobres que

comulgan en la ideología de los

34 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


icos, que comparten su escala

de valores y sus valores a secas.

Hay trabajadores en nuestro país

—muchos, sin dudas la mayoría—

cuya conciencia está enajenada

en la de sus patrones. Laburantes

que se han desclasado, que

se ubican simbólicamente en la

mal llamada “clase media” o incluso

se reconocen como pobres,

pero rehenes de un fascismo

que da miedo. Hay muchos de

esos, muchos más de los que

suponemos, y son ellos los que

no permiten ponerle un término

al gobierno de las corporaciones

y dar inicio a un nuevo ciclo de

gobierno nacional-popular.

Desde la última dictadura cívico-militar-mediática,

se generalizó

en la sociedad argentina el

“no te metas”, que es la expresión

más gráfica y más simbólica

del egoísmo y la indiferencia. En

la dictadura, el argentino rápidamente

se acostumbró a mirar

para el otro lado y a decirse a sí

mismo y a los suyos que “algo

habrá hecho, no nos metamos”,

mientras veía cómo las “patotas”

se llevaban a su vecino,

a su compañero de trabajo,

a sus conocidos de

siempre. Así fue cómo

la sociedad argentina

avaló y apoyó la dictadura

genocida (algo que

duele reconocer, pero

que debe reconocerse) y

permitió que durara seis

años, al cabo de los que

hizo una guerra atroz y

luego se fue porque la

perdió. Así fue cómo la

sociedad argentina fue

cómplice de su propio

secuestro, tortura y

desaparición forzada:

diciéndose a sí misma,

para tranquilizar su conciencia,

que no convenía

meterse porque algo habíamos

hecho.

Desde entonces el poder nos

formateó la subjetividad en esos

valores, en el egoísmo y en la

indiferencia, pero también en la

cobardía y en la indignidad humana,

que son condiciones sine

qua non para ser un egoísta y un

indiferente ante el sufrimiento

ajeno y aun así poder dormir por

la noche. Así somos y somos así

porque así nos forjaron.

Pasivos de nosotros

mismos

La posición de víctima sería muy

cómoda en todo este enredo.

“Bueno, soy egoísta, indiferente,

cobarde y poco digno, pero me

hicieron así. No puedo hacer

nada al respecto”, dirá alguno,

desde su egoísmo, su indiferencia,

su cobardía y su indignidad,

precisamente. Pero no, no es así.

Aquí hay un problema.

Sartre decía, palabras más o

menos, que uno es lo que hace

de lo que hicieron de uno, y esto

parecería ser rigurosamente

cierto. Si bien estamos determinados

por nuestra cultura, no

estamos sobre determinados y

podemos hacer algo para cambiar

esta miseria humana que

el poder hizo de nosotros desde

1976 en adelante. Y el problema

es que, incluso el más egoísta de

los indiferentes, desde lo bajo

de su cobardía y hundido en su

indignidad, sabe perfectamente

que esto es así.

He ahí, por lo tanto, el problema:

sabemos que está mal ser

egoísta, que la indiferencia no es

un valor positivo. Tenemos total

conciencia de que es indigno

ser un cobarde y entonces —acá

está el por qué hay mucha gente

dispuesta a aceptar la muerte

neoliberal con tal de que el kirchnerismo

no vuelva más— tenemos

terror, tenemos pánico de que

vengan los altruistas a demostrarnos

que es posible hacer algo

distinto de lo que hicieron de nosotros,

que no somos pasajeros

de nuestras propias existencias.

El egoísta quiere y necesita un

gobierno que lo obligue a ser indiferente,

porque es un cobarde

que no tiene la suficiente digni-

Vista panorámica de la despedida a la presidenta saliente Cristina Fernández de

Kirchner, el 9 de diciembre de 2015. El acto multitudinario hizo presagiar a muchos un

corto hiato neoliberal y un rápido retorno de los pueblos al poder político en el Estado,

lo que finalmente nunca ocurrió.

35 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


dad para hacer de sí mismo otra

cosa de la que hicieron de él. El

egoísta está cómodo en ese lugar

y no quiere que otros vengan a

decirle que debe moverse. “La

Patria es el otro” es el contraste

insoportable que el egoísta

no quiere, porque lo pone en la

disyuntiva de cambiar su propia

esencia o de asumir abiertamente

que es un hijo de puta. Pero

incluso para eso, incluso para

gritarle al mundo que “soy un hijo

de puta y me la banco” se requiere

coraje, cosa que el egoísta

indiferente no tiene porque es,

justamente, un indigno cobarde.

Entonces el indiferente y el

egoísta se mimetizan y se mezclan

entre la multitud de otros

cobardes e indignos anónimos

para no ser individualizado. Golpear

en patota, piropear a una

mina cuando se está en grupo

y cruzar la calle a la vista de la

misma mina, pero mirando al

piso cuando se está solo, ser un

“valiente” barrabrava que “no se

la banca” si no está acompañado

de sus cómplices. Los argentinos

en general no sabemos ni siquiera

salir solos: para ir a un boliche

necesitamos la compañía de por

lo menos un amigo. Nos da miedo,

no toleramos que nos individualicen.

Eso es parte de nuestra

subjetividad, somos cobardes

cuando estamos solos frente a

la vida y eso, potenciado por el

egoísmo neoliberal con el que

nos vienen adoctrinando en las

últimas cuatro décadas da como

resultado el gris individuo que

no le permite a nadie levantar

cabeza, porque eso le obligaría

a hacer lo mismo o por lo menos

admitir, horror de los horrores,

que es incapaz de hacerlo.

Lo nacional-popular no vuelve

a hacer justicia y a terminar con

la destrucción neoliberal y no por

culpa de los kirchneristas, sino

porque hay muchos argentinos

que no quieren que eso suceda.

No quieren que nadie venga a

perturbar su indiferencia secreta

y anónima, no quieren el contraste

con otros menos egoístas

y menos cobardes que ellos. A

esos los quieren invisibilizados y

acallados, desaparecidos, de ser

posible, para poder seguir en la

comodidad del “bueno, es lo que

hay”, aunque eso les cueste el

pan a sus propios hijos.

Hace más de un siglo, en 1917,

Gramsci afirmaba odiar a los

indiferentes. Y decía:

“Odio a los indiferentes. Creo

que vivir quiere decir tomar

partido. (…) La indiferencia y

la abulia son parasitismo, son

cobardía, no vida. Por eso odio

a los indiferentes. La indiferencia

es el peso muerto de la

historia. La indiferencia opera

potentemente en la historia.

Opera pasivamente, pero opera.

Es la fatalidad; aquello con

que no se puede contar. Tuerce

programas, y arruina los planes

mejor concebidos. Es la materia

bruta desbaratadora de la

inteligencia. Lo que sucede, el

mal que se abate sobre todos,

sucede porque la masa de los

hombres abdica de su voluntad,

permite la promulgación de

leyes que sólo la revuelta podrá

36 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


derogar; consiente el acceso al

poder de hombres que sólo un

amotinamiento conseguirá luego

derrocar. La masa ignora por

despreocupación; y entonces

parece cosa de la fatalidad que

todo y a todos atropella: al que

consiente, lo mismo que al que

disiente, al que sabía, lo mismo

que al que no sabía, al activo, lo

mismo que al indiferente. Algunos

lloriquean piadosamente,

otros blasfeman obscenamente,

pero nadie o muy pocos se preguntan:

¿Si hubiera tratado de

hacer valer mi voluntad, habría

pasado lo que ha pasado?”

Gramsci vive hoy en la piba

quinceañera y ricotera apoyada

en la puerta de un tren, diciéndonos

con esa alegría partisana

que no hay razón para ponernos

tristes, que el futuro no tarda en

llegar. “No hay mal que dure cien

años ni boludo que lo aguante”,

la escuchamos decir todavía,

con esa risa irreverente de los

jóvenes que no temen transitar

Ronald Reagan y Margaret Thatcher, presidente de los Estados Unidos y primera

ministra de Gran Bretaña, respectivamente, reunidos en Camp David en 1986.

Reagan y Thatcher son considerados los máximos exponentes de la aplicación del

proyecto político neoliberal de las corporaciones en Occidente e inspiran a prácticamente

todos los cipayos que quieren hacer lo mismo en las colonias de América

Latina, que son nuestros países.

con pasión los caminos de la

vida. Esa piba no carga con los

resabios de una colonización

pedagógica orientada a la formación

de caretas, cobardes,

egoístas e indiferentes. Esa piba

está fresca, con frescura odia

la indignidad del indiferente y

ese odio gramsciano es amor. El

único amor que podrá salvarnos

después de todo, porque ahora

mismo estamos bien jorobados.

37 HEGEMONIA - MAYO DE 2018


38 HEGEMONIA - MAYO DE 2018

ES MUY POCO SERIO

POR MORA

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