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Revista Hegemonía. Año I Nº. 5

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 41-2008 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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. 5 AÑO I | JULIO DE 2018

labatallacultural.org

HEGEMONIA

ingeniería

social:

odio, caos

y destrucción


REDES SOCIALES

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HEGEMONIA

Periódico de Política y Cultura

LA BATALLA CULTURAL

EDITOR

Erico Valadares

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Romina Rocha

DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN

La Batalla Cultural

3 DE FEBRERO 2975 | Mar del Plata

Tel./Fax (0223) 495.5552 - 495.9888

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Hegemonía es la revista digital de análisis

político y sociológico de La Batalla

Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía

se sostiene con el aporte de sus

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Mail: hegemonia@labatallacultural.org

Todos los derechos reservados. Las opiniones

emitidas en esta revista y eventualmente

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responsabilidad de sus autores y no

representan necesariamente el pensamiento

ni la línea editorial de La Batalla

Cultural.


HEGEMONIA

10

CONTENIDO EXCLUSIVO

La ingeniería social y la

deconstrucción política

de un pueblo-nación

30

CONTENIDO EXCLUSIVO

La sutil manipulación

del lenguaje y de

las categorías

revolucionarias

6

EL OTRO CINE

La tragedia de un

pueblo que

extravió el rumbo

en el laberinto

24

EL RINCÓN FUTBOLERO

El equipo de fútbol

que prefirió

morir a perder:

El Dínamo de Kiev


EDITORIAL

La necesidad de leer y de saber

interpretar para opinar bien

La tarea de quienes nos

ocupamos de analizar e

interpretar la realidad, y

luego de transmitir o difundir

las conclusiones de ese

trabajo, no es nada fácil. Muchas

veces el principal escollo

es la incomprensión de aquellos

que consideramos los propios,

ya sea tropezando en la incapacidad

de estos a la hora de

leer los argumentos expuestos o

simplemente en la actitud irascible

del que ya quedó convencido

de una vez y para siempre por

una verdad revelada y no admite

que a esa verdad se le haga

cualquier reparo o crítica, por

menor que sea. Cuando el que

necesita comunicar se encuentra

con esos escollos, se forma

una auténtica conversación de

sordos en la que todos van a

gritar y nadie finalmente va a

tener la razón.

Hemos transitado semanas

agitadas en La Batalla Cultural.

Al haber detectado que el

enemigo de los pueblos está

aplicando una ingeniería social

para manipular ya no solo a los

manipulados de siempre, sino

además a los militantes del

campo nacional-popular para

canalizar su fuerza y alejarla de

la lucha por el poder político,

los que hacemos este espacio

pusimos el grito en el cielo para

denunciar las maniobras de

diversión —en el sentido militar

o bélico de la expresión— que el

poder fáctico de tipo económico

viene llevando a cabo para

lograr que la militancia de los

pueblos se quede mirando pa-

4 HEGEMONIA - juLio DE 2018


sivamente este desguace de un

país al que asistimos. Y así fue

como algunos, por incapacidad

de comprensión, irascibilidad

o ambas, pisaron la trampa del

poder y tomaron las críticas

realizadas en La Batalla Cultural

al movimiento feminista y al

proyecto oscuro de separación

de la Iglesia y el Estado como

ataques al feminismo en sí, a la

causa del aborto legal, seguro y

gratuito y al proyecto de “Estado

laico” que nadie sabe todavía

explicar muy bien cómo será.

Algunos vinieron al humo, como

se usa decir en el barrio, pero

sin ninguna razón, porque en

el contenido de todo lo que La

Batalla Cultural publica no hay

un solo ataque a esas causas,

movimientos y sus militantes.

No podría haberlas, desde

luego, puesto que acordamos

con ellos y sería absurdo que los

atacáramos.

Lo que sí hacemos es marcar

desde un lugar de observadores

de la realidad social y política

los puntos oscuros del discurso

y de la praxis, la actividad de

los oportunistas y los infiltrados

que el poder coloca en todas

partes para que las cosas salgan

siempre a su medida. Así,

está claro que nunca dijimos

ni diremos “aborto no”, pues

tenemos conciencia de que la

situación es grave y que hay

un negocio deshumano de las

clínicas clandestinas donde las

mujeres van a morir. Y de que el

Estado debe tomar cartas en el

asunto para que eso no pase,

por lo que la ley de interrupción

voluntaria del embarazo es una

necesidad social que afirmamos

desde siempre, aunque marcamos

y marcaremos cada una de

las contradicciones que vayamos

viendo por el camino porque,

lejos de ser obsecuentes,

esa es precisamente la tarea del

analista y del crítico.

Hay contradicciones allí y

también las hay y muchas en

el actual movimiento feminista,

tanto en su composición y

discurso como en el rumbo que

parece haber tomado. Esas

contradicciones deben resolverse

si lo que se quiere es avanzar

con la justicia en nuestra sociedad,

pero no se resolverán si no

empezamos ya a argumentarlas

y debatirlas sin tirarle por la

cabeza un “machirulo” o un “sos

varón, no podés opinar” a cualquiera

que intente abrir el debate.

Una de las condiciones para

una democracia verdadera es

que las cuestiones que atañen

a todos y todas sean debatidas

y resueltas por todos y todas,

sin excepción. Condicionar

la opinión por género —como

pretenden hacer algunos— no

es una opción, porque dejaría

fuera de cualquier construcción

a prácticamente la mitad de la

población.

Sea como fuere, en La Batalla

Cultural no tenemos miedo ni

vamos a permitir que nos censuren.

Lo curioso de todo esto es

que en casi tres años de gobierno

neoliberal y neocolonial

no ha habido un solo intento

de acallarnos por parte de los

personeros cipayos de ese gobierno,

que son bien fascistas.

Eso vino a ocurrir justamente

de la mano de quienes nosotros

menos esperábamos, de gente

militante de estas causas nuestras

que no supieron entender

las consignas y vieron ataque

donde solo había debate.

Por eso la Revista Hegemonía

aparece en su quinta edición y

va otra vez a la carga, poniendo

en tela de juicio aquello que algunos

ya dan por sentado y pretenden

imponer al conjunto de

la sociedad (incluso a los propios)

sin mediar ningún análisis

o discusión de los contenidos.

Así no es como consideramos

que debemos hacer las cosas y

presentamos esta edición con

mucha crítica y mucho análisis,

esta vez puestos sobre el proceder

propio y a modo de autocrítica.

Sí, porque al contrario de

lo que suelen pensar algunos,

“autocrítica” no es apedrear

a Cristina por haber ungido a

Scioli como candidato del campo

nacional-popular en las elecciones

del año 2015. Autocrítica

es analizarse uno a uno mismo

y encontrar en los resultados

de dicho análisis los elementos

necesarios para rectificarse y

ser cada vez mejor. Porque para

que volvamos necesitamos eso,

necesitamos ser mejores, ya que

con las viejas fórmulas parece

que no va a alcanzar.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - juLio DE 2018


EL OTRO CINE

La tragedia de un pueblo que

extravió el rumbo en el laberinto

Quizá el más importante

mérito del director Miguel

Littin en su obra

Allende en su laberinto

(Chile y Venezuela, 2014.

90 min.) sea el haber podido

relatar con verosimilitud las

últimas horas de vida del revolucionario

presidente de Chile

Salvador Allende. Más allá de

las extraordinarias intervenciones

de Daniel Muñoz en el rol

de Allende y de Aline Küppenheim

como “La Payita” Contreras,

en esta película el que más

se luce es el director, quien

pasa lejos de comerse la curva

de la historia oficial pinochetista

evitando asimismo los lugares

comunes del mito que envuelve

el asedio al Palacio de la

Moneda ese 11 de septiembre

1973. No es tarea de las más

fáciles meterse con un asunto

tan delicado para las mayorías

latinoamericanas y salir de ella

ileso, pero habiendo contado la

6 HEGEMONIA - juLio DE 2018


historia sin repetir el discurso

del vencedor.

El largo Allende en su laberinto

es, así, una obra de incalculable

valor para el campo nacional-popular,

porque además

demuestra de manera lógica

cómo el (mal) supuesto suicidio

de Allende no pasa de una maniobra

del relato de la derecha

triunfante en su intento por

desmoralizar a los pueblos. Un

Allende suicidado sería y fue

muy útil a la reacción para instalar

durante décadas en Chile

la idea de que la revolución

se hacía con la

boca, pero no se

defendía con el

cuerpo, aunque

esta película

reivindica la

figura de Salvador

Allende y

pone las cosas

en su lugar al

mostrar cómo el

presidente y sus

colaboradores

defendieron la

revolución hasta

el último minuto

y pagaron esa

valentía con la

vida.

El film hace

una síntesis

de los hechos

acaecidos

durante el golpe

de Estado que

tuvo lugar en

Chile en 1973,

poniendo el foco

sobre Salvador

Allende en sus

últimas horas

antes de ser bombardeado el

Palacio de La Moneda por parte

de su propio ejército sublevado

bajo el mando del golpista

Augusto Pinochet. Aquí vemos

la esencia de lo que Allende

significó para el pueblo de

Chile y para todos los pueblos

del mundo, pero también cuál

es la naturaleza de la derecha

fascista de ayer y de siempre en

complicidad con el imperialismo

norteamericano.

Allende fue derrotado en

tres elecciones hasta ganar,

finalmente, en los comicios de

1970. Su gobierno duró más

bien poco, aunque desde luego

se puso en contra a la oligarquía

chilena, las corporaciones

y los intereses de los Estados

Unidos en América Latina al

poner en marcha profundas

transformaciones sociales en

un país muy desigual en el que

la derecha y los ricos siempre

hicieron lo que quisieron. Pese

a la profundidad e intensidad

de esas transformaciones

propuestas y a diferencia de lo

que había hecho Fidel Castro

en Cuba —y de lo que el mismo

Fidel le propuso a Allende para

Chile—, el chileno quiso transitar

el camino de un socialismo

“por la vía pacífica”, confiando

en que el camino hacia la paz

estaría libre de armas.

Lo que nos brinda esta película

es un aspecto de las reflexiones

finales de un hombre que,

siendo fiel a sus convicciones

e ideas, entiende que no es

posible confiar en la palabra de

la derecha fascista porque ésta

no tiene palabra, sólo propósitos

a los que no renuncia sea

cual fuere el costo para llegar

a conseguirlos. Allende en su

laberinto le da al espectador la

oportunidad de ponerse en la

piel de un destacado prohombre

de la historia de América

Latina, uno que vino a cambiar

Un momento clave de la trama: Allende exige que los representantes de las tres armas de Chile ante

el gobierno aclaren el panorama sobre los rumores de que hay un golpe de Estado en marcha. Una

constante de la película son los intentos de Salvador Allende por comunicarse con Augusto Pinochet,

siempre sin éxito. Eso deja en evidencia la confianza que Allende tenía en Pinochet y que fue finalmente

traicionada, con Pinochet liderando el golpe y estableciendo su posterior dictadura fascista.

la historia de los subalternos y

que pagó con su vida el costo

de ponerse al frente de una

revolución socialista que hoy

sigue viva en las ideas que

sembró con su ejemplo.

“Aquí no se trata de reformar

un sistema inhumano, se trata

de destruirlo. Lo que construyamos,

en cambio, pueda ser

manejado por cualquier campe-

7 HEGEMONIA - juLio DE 2018


sino, por cualquier obrero, por

cualquier estudiante. Ese es el

fondo del pensamiento”. Y es

esa la clave para comprender

dónde se para el hombre para

hacerle frente al laberinto en

el que él mismo se metió, por

querer hacer la revolución con

un gobierno desarmado y un

ejército preparado y apoyado

por el imperialismo para matar

y destruir.

Allende en su laberinto no es

sólo una película que recrea

una situación de la historia, es

la invitación a participar de la

profunda humanidad y emoción

de un hombre que, enfrentándose

a las circunstancias que

finalmente habrían de determinar

su muerte, a la traición

y a la desolación, no claudica

en la defensa de sus ideas y al

compromiso asumido con su

pueblo.

La Batalla Cultural

y Hegemonía recomiendan

este film

con cuatro estrellas

sobre cinco, porque en

él vive la actualidad

del pensamiento de

Allende —presente en

cada intervención del

actor que representa

y le da vida a su personaje—

y sirve como

ejemplo concreto para

el militante de que en

ningún momento es

conveniente perder de

vista al enemigo, por

más disimulado que

venga presentándose.

La incomunicación con

el General Pinochet,

que es una constante

durante toda la trama

y deja un mensaje claro:

el revolucionario no

puede confiar el poder

las armas en manos de

oportunistas sin convicciones

en el proyecto

nacional-popular.

Allende en su laberinto

es eso, un grito desde

el fondo de la historia

a un presente y a un

futuro que necesitan

tener bien en claro que

no tener en cuenta que

la reacción del poder

está en todas partes,

incluso dentro de las

filas propias, se paga

con muerte y destrucción

para las mayorías

populares, siempre. La

película es un llamado

de atención y es

material obligatorio para todos

los que queremos construir un

mundo mejor y más justo, que

es posible, pero no se logra

pidiendo permiso.

*De la redacción

8 HEGEMONIA - juLio DE 2018


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9 HEGEMONIA - juLio DE 2018


CONTENIDO EXCLUSIVO

La ingeniería social

y la deconstrucción

política de un

pueblo-nación

El error más frecuente y

usual en el proceso de análisis

de una manipulación

fue, es y probablemente

será el ubicar los orígenes

de esa manipulación en el

manipulador. Como una actitud

casi automática, lo que suele

hacerse es ponerse el foco sobre

el dominante para explicar

las causas de una dominación,

invisibilizando en el intento el

rol que juega el manipulado en

la generación de las condiciones

para su propio sometimiento.

Esta descripción, que suena

a tecnicismo sociológico, puede

resumirse en que la reducción

de las relaciones de fuerza en la

sociedad a las categorías binarias

y prosaicas de “víctima” y

“victimario” entierra al subalterno

—la presunta “víctima”— en

un estado de sumisión todavía

más profundo. Al ser manipulado

y subalternizado por un poder

y una manipulación que le

son totalmente ajenos, porque

todo es siempre obra exclusiva

de quien manipula, de quien

domina, el de abajo queda de

una vez y para siempre maniatado

en la cuestión. En otras

palabras, si nada de eso depende

de uno mismo, entonces uno

mismo no tiene nada que hacer

con eso. Y la manipulación

sigue, como cosa cuasi natural,

como un mandato determinante

de la naturaleza ante el que

no existe otra opción más que

resignarse.

10 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Pero existe la autocrítica como

método para liberación. Existe

la posibilidad de buscar en

uno mismo las características

intrínsecas sobre las que el

dominante funda las bases

simbólicas de su dominación y

manipula, finalmente, al subalterno.

Y existe la posibilidad,

por supuesto, de modificar esas

condiciones para terminar con

la manipulación. De eso trata

el presente artículo: de ver en

nosotros mismos, a modo de

autocrítica, las falencias sobre

las que el poderoso pivotea

para someternos.

El régimen dicho democrático

inspirado en el modelo burgués

occidental que rige en Occidente,

pero mucho más aquí en las

colonias del llamado “tercer

mundo”, tiene ciertas características

que parecerían no variar

en el tiempo ni en el espacio.

Una de esas características es

el afirmar la garantía y el fomentar

la libertad o el derecho

de los individuos y grupos de

individuos para expresar sus

opiniones (siempre y cuando

no sea cosa de opinar sobre la

cuestión de pesos y centavos,

que es donde está el poder real

indiscutido). Hecha esa excepción

y a primera vista, no habría

nada más justo y más noble que

eso, que la libertad de uno o de

unos para dedicarse a hablar de

lo que mejor les parezca. Según

el prejuicio liberal bien instalado,

eso sería uno de los pilares

11 HEGEMONIA - juLio DE 2018


La ingeniería social para la manipulación de individuos y grupos responde a los intereses de un poder con capacidad para

desplegar dicha ingeniería. No es nada nuevo, aunque se aplica en los últimos años con cada vez más fuerza y, a la vez, deja al

descubierto los hilos del manipulador a medida que avanza.

de la misma democracia, es

decir, la libertad de cada cual

para hacer o decir básicamente

lo que le venga en gana.

En términos culturales, esa

confusión frecuente entre libertad

y libertinaje que el liberalismo

occidental impuso mucho

más en las colonias de América

Latina que en los países centrales

viene teniendo serias

consecuencias en la formación

del ser nacional en latitudes

como la nuestra. Si bien el

ser argentino como expresión

auténtica y definida está aún

en pleno desarrollo y sería

imprudente arriesgar denominadores

comunes para afirmar

que de un modo general somos

de tal o cual manera, es posible

hacer algunas acotaciones

para llegar a buenas conclusiones.

Por ejemplo, la de que

el argentino es culturalmente

liberal, para empezar. Y si

acotamos aún más y hablamos

de los individuos ubicados en

los sectores medios de nuestra

sociedad —del argentino de la

mal llamada “clase media”—,

podemos afirmar también que

ese argentino es ya ultraliberal

y que detesta que le digan qué

puede o no hacer, de qué cosas

debe o no hablar. Al recibir una

directiva, el argentino de “clase

media” tiende a empecinarse

en hacer todo lo opuesto, lo que

se verifica en la popular figura

del “contreras”. En una palabra,

nos encanta llevarles la contra

a otros y muchas veces sin

más motivos que el desoír una

indicación o simplemente para

hacer lo que “se nos cante”. Esa

es nuestra idea o ideal deforme

de “democracia”.

“El argentino es jodido”, nos

decía un uruguayo radicado en

este país desde hace décadas.

“Para que haga algo, tenés que

decirle que haga todo lo contrario”,

concluía. Esa percepción

es uno de los resultados

de la colonización pedagógica

liberal que terminó instalando

entre nosotros la zoncera de

“libertad” como “a mí nadie me

manda ni me dice qué hacer,

decir o pensar”. Y de nuevo,

vista de un modo superficial,

esa característica particular

podría fácilmente confundirse

con rebeldía. Pero hay que observar

más allá de lo superficial

para verificar que el argentino

no es rebelde, porque allí donde

el argentino no percibe que le

están dando una orden explícita,

sino una “sugerencia”, el

argentino hace, dice y piensa

exactamente lo que le mandan.

Y encima creyendo firmemente

que eso es lo que quiere. El arte

de transformar al rebelde en un

manso cordero mediante la manipulación

de lo que el rebelde

cree que son sus propias ideas

es lo que seguiremos viendo a

continuación.

¡Mi causa o muerte!

Una de las derivaciones del

proceder anteriormente descrito

es el fanatismo. Al ser “libre”

respecto de los demás para hacer

y decir lo que le dé la gana

en cada momento, el argentino

tiende a aferrarse con, digamos,

mucha fuerza a sus convicciones

personales. Y tiende a

hacerlo con cada vez más fuerza

a medida que todos los demás

hacen exactamente lo mismo.

12 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Para enfrentarse a la disidencia

generada por esa multiplicidad

de individuos oponiéndose unos

a los otros mutuamente, lo que

hace el argentino promedio es

lo más natural que puede hacer

cualquier ser humano en posición

defensiva: juntarse con

otros que sostengan las mismas

ideas y cerrar filas ante la

posibilidad de cualquier crítica

o disidencia externa, las que

serán entonces interpretadas

como ataques del enemigo

o herejías, si vinieran desde

otros con ideas similares, pero

no coincidentes del todo. Esta

descripción del proceder fanático

que nos es una característica

común no necesita de mucha

sociología para corroborarse.

Con tan solo un poco de observación

sociológica del estaño

veremos con qué facilidad

nos fanatizamos por cualquier

futilidad. Las rivalidades entre

seguidores de bandas de rock

y de pop, el “no me importa lo

que digan los demás, yo te sigo

a todas partes” de los cuadros

de fútbol —donde va a aparecer

incluso la defensa violenta de

los ideales propios contra la

causa ajena—, la locura de los

hinchas del automovilismo local

por corporaciones como Ford

o Chevrolet, locura que ignora

hasta el carácter imperialista

de esas marcas. En todas partes

y sobre todo en las nimiedades

van a aparecer indicios del

comportamiento fanatizado que

se quiere describir y, al mirar la

foto completa, lo que se verá es

un claro patrón de comportamiento

lógicamente aplicable

a cuestiones que no son tan

fútiles.

Cuando el proceder de fanatizarse

penetra y se cristaliza en

el sentido común, normalizándose,

el no fanatizarse empieza,

en consecuencia, a ser percibido

socialmente como tibieza

y en la sociedad nadie querrá

ocupar el lugar del tibio. Otra

vez el par dicotómico operará y

la tendencia será siempre, para

la mayoría, el querer ocupar

el lugar del fanático, que es lo

propio del rebelde, del que no

se deja manipular. El problema

empieza en la incapacidad del

fanático —que es lo más intrínseco

al fanatismo que puede

haber— a la hora de analizar

críticamente aquello que reproduce

y es el objeto mismo de su

fanatismo. Como no tiene ese

discernimiento y entonces no

pone bajo la lupa sus propias

convicciones, esas convicciones

se cristalizan. Y en un mundo

en el que todo está en continuo

movimiento, lo que se detiene

muere. Aquí, lo que no pasaba

de algo anecdótico y de pequeñas

riñas entre hinchas de

fútbol intentando convencer al

hincha rival de que su cuadro

en realidad es mejor (cosa que

jamás sucedió, porque la de

los fanáticos es siempre una

conversación de sordos) o de

si el campeonato de este año

lo gana Ford o Chevrolet, va a

reproducirse como comportamiento

en otros órdenes de la

convivencia social en los que no

está en juego el gusto por esta

o aquella banda de rock. Cuando

el fanatismo cristalizado

como proceder aceptable llega

al debate de ideas, que es el

debate político, los resultados

pueden ser verdaderamente

Pequeñas grietas: la tendencia del argentino a la porfía y al fanatismo se manifiesta

en cada una de las nimiedades, como en el fútbol, las carreras de autos o

en el rock. Allí está simbolizado el proceder típico del argentino promedio frente a

distintas cuestiones y que va a reflejarse en otros órdenes de la vida.

desastrosos.

La porfía y el fanatismo del

argentino no serían más que

datos para una charla de café

si no existiera en el mundo un

poder fáctico como el poder

económico de las corporaciones.

En posesión de los recur-

13 HEGEMONIA - juLio DE 2018


sos más que suficientes para

investigar y desarrollar técnicas

de control social basadas principalmente

en las características

esenciales de los sujetos

a los que pretenden controlar

y controlan, las clases dominantes

están dictando órdenes

precisas que son acatadas y

ejecutadas al pie de la letra por

la mayoría de los individuos en

sociedades como la nuestra. Y

lo están haciendo en base a lo

que nosotros realmente somos

en esencia.

Lo que hicieron de

nosotros

No es menos cierto que el fanatismo

es útil en la política en

momentos en los que el llamado

“aguante” de las bases se

hace necesario para resistir los

embates del enemigo. Citando

a Ignacio de Loyola, Fidel

Castro solía decir que “en una

fortaleza sitiada, toda disidencia

es traición”. Acosado por

Los Pioneros de José Martí, a los que se les imparte desde su infancia la doctrina

de la Revolución, han sido luego los militantes que no sucumbieron al Periodo

Especial que sucedió a la disolución del bloque socialista en el Este y lograron

sostener el proceso aun tras el fallecimiento de su principal líder y referente, Fidel

Castro. El cubano ha abandonado el fanatismo y ha abrazado la argumentación

doctrinaria, por lo que es prácticamente inmune a la manipulación del enemigo.

el imperialismo y sus agresiones

constantes, el socialismo

cubano no pudo darse el lujo

de admitir el disenso puertas

adentro: debió evitar la implosión

del campo, que además

había sido minado y seguía bajo

el ataque permanente del enemigo.

Fue necesaria una buena

dosis de fanatismo revolucionario

para que los cubanos pudieran

transitar los primeros años

de la Revolución. No obstante,

superada esa etapa de dificultad

inicial, el socialismo nacional-popular

de Cuba empezó a

echar las bases de su organización

y llevó a cabo una batalla

cultural en el país para, a fuerza

de argumentación y no ya de fe

ciega en el futuro, convencer

a los cubanos de que iban por

el mejor camino. He ahí por

qué contra todo pronóstico la

Revolución cubana no implosionó

tras la caída del Muro de

Berlín, la disolución de la URSS

y ni siquiera tras la siembra de

Fidel. Los cubanos ya superaron

hace mucho la etapa del fanatismo

revolucionario e ingresaron

a la fase de argumentación

revolucionaria. Pese a todas

las penurias económicas que

Cuba padece a raíz del bloqueo

económico que se le impone,

el cubano promedio sigue

haciendo la Revolución y no se

aparta del camino. Y no porque

crea en un “segundo semestre”

u otra entelequia metafísica

que nunca llega ni llegará, sino

porque comprende muy bien la

situación y, eso sí, tiene fe en

el triunfo de la causa que milita

con ideas. En una palabra, el

cubano comprendió.

A partir de la asunción de Cristina

Fernández como presidenta

en el año 2007, las corporaciones

empezaron el ataque frontal

al gobierno nacional-popular

de Argentina. Ya en los primeros

meses de su mandato, Cristina

tuvo que enfrentarse a una

movida destituyente que vino en

forma de lock-out patronal de la

oligarquía terrateniente, lo que

se conoció (mal) por el nombre

prosaico de “paro del campo”.

En los cuatro años de gobierno

de Néstor Kirchner (2003-

2007) no había sido organizada

una fuerza militante propia

para enfrentar y desactivar en

la lucha los golpes del poder y

fue necesario, sobre la marcha y

con mucho apuro, convocar a la

juventud. Ahí está el origen de

lo que hoy llamamos kirchnerismo,

que es la movilización de

un sector joven de la sociedad

que se encontraba alejado de

la política y escéptico respecto

a ella. El kirchnerismo invitó a

soñar con un país distinto, es

decir, invitó a creer. Y aunque

no defraudó, ya que las transformaciones

sociales llevadas a

cabo por Néstor y Cristina fueron

monumentales y resultaron

en un país muy diferente al que

emergiera de la crisis terminal

14 HEGEMONIA - juLio DE 2018


La movilización de la juventud, que le dio una bocanada de aire fresco a la política argentina, simbolizada por el nacimiento

de La Cámpora. Esta es la fuerza propia con la que Cristina no pudo contar durante el lock-out patronal del año 2008 y que

fue formándose en lo sucesivo, con enorme presencia en todo el país. Los jóvenes militantes se fanatizaron con la causa de la

justicia social y fueron fundamentales para el sostenimiento en el tiempo del gobierno nacional-popular, pero nunca recibieron

la doctrina peronista necesaria para transitar los tiempos difíciles sin perder el rumbo y caer en el progresismo desorientado.

del sistema en los años 2001 y

2002, no es menos cierto que el

kirchnerismo no supo, no pudo

o no quiso darles a los jóvenes

movilizados más que una mística

militante. Una vez superada

la intentona golpista de los

sectores de poder en el año

2008, Cristina retomó la iniciativa

y colmó al pueblo argentino

de derechos y conquistas

sociales típicas de un gobierno

peronista. Desde las oportunas

estatizaciones de Aerolíneas

Argentinas e YPF, pasando por

el fin de la estafa de las AFJP

y llegando a los programas

sociales de mucho éxito, como

la Asignación Universal por Hijo,

el gobierno nacional-popular de

Cristina Fernández supo realizar

profundas transformaciones en

la matriz social del país. Lo que

no supo hacer fue transmitírselas

a la militancia que crecía sin

parar, para que esa militancia

fuera capaz de argumentar ese

progreso en ideas y encauzarse

en ellas. Lo que el kirchnerismo

no supo hacer fue adoctrinar

a los propios en una doctrina

nacional-popular, quizá por un

cierto pudor progre y liberal que

subyace, según el que adoctrinar

es de fascistas. Y así fue

formándose la militancia kirchnerista

en la mística de Néstor y

Cristina, pero sin muchas ideas

más allá de eso. Los jóvenes

aprendimos todas las canciones

de militancia de memoria y las

hemos entonado una y otra vez,

hemos copado calles y plazas

con banderas y color, pero nunca

fuimos capaces, por ejemplo,

de explicarle al ciudadano

de a pie, al vecino no militante,

la diferencia entre un proyecto

de país nacional-popular y uno

neoliberal y neocolonial.

Pero no, adoctrinar no es un

método fascista. Para subsistir,

todas las ideologías habidas

y por haber deben adoctrinar

en sus ideas a sus militantes.

El cristianismo, por ejemplo,

adoctrina constantemente hace

siglos y gracias a ello pudo

generalizarse por todo el mundo

como la ideología universal en

forma de religión. La cosmovisión

cristiana subsiste por su

reproducción indefinida basada

en el adoctrinamiento constante.

Por su parte, el propio peronismo

sostiene que, para ser

un buen peronista, es necesario

formarse en esa doctrina. ¿Dónde

podría estar el fascismo en

la reproducción de ideas que

no son fascistas en sí mismas?

¿Lo fascista son las formas o el

contenido?

Las consecuencias del no

adoctrinamiento de los propios

no se notaron mientras existió

un gobierno nacional-popular.

Con la iniciativa entre manos,

Cristina mantuvo encauzada la

tropa mediante su presencia de

conductora indiscutible y ordenadora

de la lucha. Para saber

cómo ponerse en cada momento,

el militante debía nada más

escuchar a la jefa del movimiento

y allí encontraría la orientación

necesaria para saber cómo

15 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Cristina y Néstor, durante la asunción de este en el año 2003. En aquellas elecciones, el campo nacional-popular triunfó con

tan solo el 22% de los votos en un país absolutamente fragmentado, arruinado y políticamente escéptico. En semejante escenario,

ganar sin votos es perfectamente posible y los estrategas del neoliberalismo neocolonial lo tienen muy presente.

pararse bien. No fue necesario

el adoctrinamiento porque la

doctrina la impartía la conductora

todos los días, a cada

acto, a cada cadena nacional,

a cada discurso pronunciado.

El problema surgió cuando el

gobierno nacional-popular desapareció

y fue reemplazado por

uno de signo opuesto. De súbito

cesaron los discursos, los actos,

las cadenas nacionales de radio

y televisión orientadoras. Cristina

había pasado a la oposición

y el nuevo gobierno, en poder de

todos los medios de difusión y

apoyado por las corporaciones,

ocupó todos los espacios.

Entonces la militancia se

vio sola y sin saber muy bien

que decir ni hacer, puesto que

no había recibido la doctrina

necesaria para hacerlo sin

contar con la orientación de

la conductora. Quedaba una

enorme masa de gente movilizada,

sí, pero sin entender muy

bien alrededor de qué cosa era

esa movilización. Quedaba en

la derrota una juventud pujante,

fanática y herida por la derrota,

con sed y hambre de justicia

y —acá está el problema— sin la

comprensión de cuáles eran los

medios para conquistarla, sin

método y sin rumbo. Quedaba

una juventud a la espera de un

fanatismo en el que pudiera

expresarse con la convicción y

la pasión que son propias del

joven.

Más allá de una campaña

bastante irregular en las elecciones

del año 2017, en las que

Cristina fue derrotada y no pudo

hacerse acompañar al Senado

por Jorge Taiana, fueron escasas

las apariciones públicas de

la conductora del movimiento.

Acosada por un poder judicial

adicto a las corporaciones y

defenestrada por los medios,

Cristina optó por preservarse y

lo sigue haciendo, más allá de

que se haya metido en el barro

legislativo como senadora. El

problema es que al preservarse

Cristina deja una militancia

“suelta” y, dicho con propiedad,

deja una multitud de fanáticos

sin doctrina y sin disciplina, a

la espera de una oportunidad

para reeditar los buenos días

de mística militante. He ahí lo

que supo leer el poder fáctico

de tipo económico de las corporaciones

que gobiernan a través

de sus personeros: no era difícil

meter entre esa multitud una

cuña, desorientarla y canalizarla

hacia cualquier parte. Al no

tener doctrina y no contar con

quien la oriente a cada paso, la

militancia quedó vulnerable. Y

entonces fue solo cuestión de

tiempo hasta que efectivamente

perdiera la brújula.

Divide y reinarás

El gobierno neocolonial comprende

que, frente a la destrucción

del país que viene llevando

a cabo, tendrá el desafío de ga-

16 HEGEMONIA - juLio DE 2018


nar las elecciones del año que

viene sin votos. Aunque parezca

ridículo, eso es perfectamente

posible: el mismo Néstor Kirchner

accedió a la presidencia de

la Nación en el año 2003 con

tan solo el 22% de la voluntad

popular expresada en las urnas,

gracias a una importante

fragmentación de las fuerzas

políticas de aquel momento —

presentándose un impresionante

total de 18 listas, de las que

10 obtuvieron menos del 1% de

los votos y hasta la Unión Cívica

Radical se animó a presentar

candidato propio, Leopoldo

Moreau, con patéticos resultados—

y una maniobra desleal

de Carlos Menem al retirarse

del ballotage. Lo cierto es que

Néstor ganó esas elecciones

con el voto del 22% y asumió el

gobierno de un país que tenía

el 53% de sus habitantes por

debajo de la línea de pobreza.

Las circunstancias en las que se

realizaron esas elecciones son

muy especiales, por cierto, pero

demuestran desde luego que

una elección puede ganarse sin

votos.

¿Qué necesita el gobierno

neocolonial de Macri para

lograrlo? Pues en primer lugar

una monstruosa fragmentación

de la política, similar o igual a

la que existió tras el colapso

de los años 2001 y 2002. Para

ser más precisos, lo que las

corporaciones necesitan es que

se separen los que hoy están

unidos y, una vez que lo hagan,

que vuelvan a escindirse tantas

veces como sean posibles. Para

ganar las elecciones del 2019,

Macri o María Eugenia Vidal (u

otra carta que tengan bajo la

manga y aún no hayamos visto)

necesitan que se presenten

muchas listas, muchos candidatos,

y que el voto popular

se fragmente todo lo posible

para ganar con el apoyo de su

núcleo duro, que podría llegar

a superar un 30%. Según estos

cálculos, de realizarse un

ballotage contra Cristina Fernández,

el poder considera que

será posible elevar el rechazo

a esta candidata hasta niveles

muy altos con la activación del

aparato mediático y una buena

estrategia en las redes sociales.

Hasta a Nisman harán jugar.

Sea como fuere, lo importante

es fragmentar el campo del enemigo

y luego generar un “efecto

Le Pen” similar al que Menem

tendría en caso de presentarse

a la segunda vuelta en el año

2003, con el 70% del padrón

volcándose hacia Néstor Kirchner

para elegir el “mal menor”.

Entonces existen dos maneras

de desarticular el campo opositor

y fragmentarlo sin apelar

directamente a su descabezamiento.

La primera es enloquecer

su base social y confundirla,

haciendo que termine optando

por otros candidatos. La segunda

es desorganizar su militancia

y neutralizarla para que no pueda

hacer lo que debería hacer,

que es justamente orientar a los

electores.

Todo lo anterior son cálculos

electorales sobre un escenario

que aún no está planteado ni

mucho menos, por supuesto.

Pero no todo se reduce al voto,

a las elecciones, porque todavía

está el otro aspecto de la cuestión

y es que se hace necesario

gobernar mientras tanto, es

decir, aquí y ahora. Es preciso

gobernar favoreciendo los intereses

de una pequeña minoría

de privilegiados, que son los

ricos, sin que las mayorías, que

somos los sectores populares

y medios, hagamos un verdadero

“aluvión zoológico” que

termine por abreviar el gobierno

neocolonial. La transferencia de

Vista de la Plaza Mayo el 9 de diciembre de 2015, a despedirse Cristina de la presidencia

de la Nación. A partir de ese momento, la militancia kirchnerista quedó a la

espera de una mística para mantener viva la llama. Y esa mística, esa épica llegó,

pero sin ninguna relación con el proyecto político nacional-popular.

ingresos desde los trabajadores

hacia los ricos debe implementarse

todos los días, puesto que

ese es el propósito ineludible

de un gobierno de ricos, el favorecer

a su propia clase social.

Entonces hay que aplicar tarifazos,

hay que despedir gente,

17 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Sin doctrina y sin la orientación cotidiana de su conductora, la juventud militante se deja llevar por la épica de las causas cuyo

debate va siendo habilitado por el poder con iniciativa para marcar la agenda. Así, en vez de apuntar y canalizar su fuerza militante

contra el neoliberalismo neocolonial, la militancia vuelca su pasión a otras causas justas (como la ley de aborto legal, seguro

y gratuito) y a otras de escasa importancia relativa (como la separación del Estado y de la Iglesia). De presionar al gobierno

de los ricos, pasamos a arrojar piedras y bombas molotov contra la Catedral, ubicando al enemigo donde el enemigo no está.

hay que achicar el Estado, hay

que flexibilizar el trabajo hasta

condiciones de semiesclavitud,

hay que hacer que los precios

suban muy por encima de los

salarios y cada vez más, hay

que reprimir puntualmente aquí

y allí y encarcelar a algunos

opositores, hay que destruir el

ingreso del trabajador y hay,

claro, que hacer caja para la

campaña, por lo que no puede

faltar la buena y vieja corrupción,

una especialidad de los

que en política llevan bien en

alto la bandera del “honestismo”.

Hay que hacer todo eso y

mucho más evitando la rebelión

popular, manteniendo la “paz

social” para que no haya un

estallido y, de nuevo, el proceso

de transferencia de ingresos se

detenga antes de completarse.

El asunto es cómo demonios

se hace eso, porque hablamos

de un equilibro muy complejo y

delicado.

El poderoso tiene en claro

desde siempre que, salvo en

caso de terremoto o erupción

volcánica, la población civil

no sale a la calle espontáneamente.

Sin importar las condiciones

objetivas de existencia

del momento, los trabajadores

no militantes en general no

van a salir de sus casas si no

son directamente “invitados”

a hacerlo. Aun en hecatombes

sociales, económicas, políticas

e institucionales como la

tormenta perfecta que golpeó

a la Argentina en diciembre

del 2001, de no haber sido por

la organización de sectores

políticos y de los movimientos

sociales, el estallido no hubiera

llegado jamás. La fuerza que

actualmente detenta el poder

político en Argentina sabe que

eso es así y sabe que con un

buen blindaje mediático y el

consenso con algunos sectores

de la política, de los sindicatos

y de los movimientos sociales

es suficiente para evitar el “aluvión

zoológico”. Entonces queda

un solo escollo por sortear:

la militancia díscola del proyecto

político antagónico, que en

este caso es la militancia kirchnerista.

¿Cómo lograr que esa

militancia no salga incendiar

todo el país para exigir que, por

ejemplo, el acuerdo con el Fondo

Monetario Internacional sea

debatido en el Congreso, donde

ciertamente será rechazado de

plano por ruinoso para el país?

¿Cómo evitar que esa militancia

haga lo que había jurado

hacer al despedir a su referente

máximo en una Plaza de Mayo

desbordada, allá por diciembre

de 2015, que es cuidar la Patria

18 HEGEMONIA - juLio DE 2018


y la unidad nacional-popular?

En realidad, nada de eso es

imposible y ni siquiera es difícil

de hacer. Si los recursos necesarios

están disponibles, es

fácil. Solo es una cuestión de

manipulación.

La ingeniería social

Cuando los individuos piensan,

dicen y hacen lo que un poder

superior quiere, puede decirse

que esos individuos están manipulados.

Pero para que lleguen

a creer que además son libres

al hacerlo, para que funcionen

a la perfección como una máquina

en la que los engranajes

no comprenden que lo son, es

necesario un sistema. Y dicho

sistema surge de una ingeniería

social cara y compleja,

pero perfectamente accesible

para los que nada es caro y lo

complejo es una cuestión de

tiempo. Esta es la ingeniería

social que el poder aplica desde

siempre y que está llegando al

cenit de su existencia al avanzar

hacia su propósito fundamental

que es la descomposición de

construcciones políticas tradicionales

para reemplazarlas por

un gobierno de las corporaciones,

central y a la vez invisible.

Decíamos al comienzo de

este artículo que la manipulación

del argentino se funda

en el conocimiento cabal que

el manipulador tiene de lo que

el argentino realmente es: un

porfiado y un fanático, o por lo

menos un individuo con fuerte

tendencia a la porfía y al fanatismo.

Los casos para corroborar

esta teoría los va a encontrar

tanto en el campo del enemigo

como en el suyo propio, porque

si bien la militancia kirchnerista

es fanática y no acepta argumentar

más allá de sus propias

convicciones, lo mismo ocurre

con los que popularmente llamamos

hoy, con cariño o quizá

no tanto, “cabezas de globo”.

Son innumerables los casos de

individuos a los que el neoliberalismo

neocolonial ha llevado

a la ruina y que, no obstante,

siguen brindando su apoyo

incondicional a ese gobierno y

declarando que volverían a votar

sus candidatos en las elecciones

del año que viene. Porfía

y fanatismo de una parte y de

otra, lógicamente, ya que tanto

en un lado de la grieta como en

el opuesto hay argentinos que

están constituidos básicamente

de la misma madera y que han

sido “educados” (más propiamente,

adiestrados) para pensar

y actuar de la misma forma.

Entonces el método para manipular

a unos y a otros no puede

ser sino el mismo, a saberlo,

pivotear sobre su porfía y darles

un fanatismo del que puedan

fanatizarse y que les permita

dormir tranquilos por la noche

con sus propias conciencias.

Esto se dice aquí de un modo

brutal, es cierto, pero la verdad

es que, desde el punto de vista

de un individuo que además se

ha formado en una cultura liberal

de egoísmo, al fin y al cabo,

solo se trata de estarse bien

uno con uno mismo y tener la

sensación del deber cumplido.

No hay ni habrá autocrítica más

profunda que esta, en la que

empecemos por reconocer que

el otro nos tiene sin cuidado y

que hacemos siempre mucho

Las nuevas grietas de nosotros, con fanáticos de una y otra parte. Militantes

católicos rezan en una vigilia a la Catedral, mientras reciben el agravio y el acoso

de grupos feministas radicalizados. Como el que no quiere la cosa, el poder con

su ingeniería social genera hasta conflictos religiosos allí donde esos conflictos

no existían, atrayendo hacia esas nimiedades la atención de la sociedad y canalizando

también la fuerza de la militancia. Aquí está el germen de lo que serán los

enfrentamientos entre populares cuando la Iglesia Católica active su tropa contra

el proyecto de separación del Estado y la religión y esa tropa entre en conflicto con

la militancia de los pañuelos. Enormes posibilidades de que extraviemos el rumbo.

más por nuestras propias conciencias

que por cualquier otra

razón.

El poderoso es sin dudas el

más egoísta de todos los que

sobre el mundo respiramos y

es, además, el que instaló en

primer lugar esta cultura que

prioriza el “yo” sobre el “nosotros”

y muy por encima del

19 HEGEMONIA - juLio DE 2018


“ellos”. Es decir, conoce el paño

a la perfección, lo ha puesto

él mismo. El poder está allí

desde siempre y en gran parte

ha determinado lo que somos,

por lo que sabe muy bien de

qué se trata y nos manipula en

consecuencia partir de eso que

somos en realidad.

En el caso de los llamados

“cabeza de globo”, el fanatismo

que se les brinda ya es harto

conocido: es el fanatismo del

odio, la porfía del anti. Años de

bombardeo mediático orientado

a pintar un demonio sobre

la figura de Cristina Fernández

y hacer la imagen de los peronistas

y los kirchneristas como

una banda delictiva capaz de

robar, matar, violar y todo lo

que se pueda imaginar. A partir

El pañuelo de la causa por la separación entre la Iglesia y el Estado, que finalmente

será de color naranja. Atento al éxito de la campaña por el aborto legal, seguro

y gratuito y a cómo esa campaña atrajo cual imán a casi toda la militancia del

campo nacional-popular, el poderoso comprobó que con una buena consigna y

una insignia de bajo costo, de uso corriente —como es el pañuelo—, podría utilizar

virtualmente cualquier causa para canalizar la fuerza de la militancia hacia fuera

de la discusión fundamental y, de paso, hundir a la sociedad entera en discusiones

secundarias. Si la Iglesia no se baja y no acepta el proyecto pasivamente (y poco

probablemente lo hará, por supuesto), va a embarrar toda la cancha transformando

la cuestión en un debate sobre la moral privada y la religión de cada individuo y

los resultados no serán muy buenos para el conjunto.

de la instalación de esas ideas

en el sentido común de ese

sector de la sociedad, es fácil

manipularlo con la dicotomía y

“sugerirle” —recordemos que no

puede haber una orden explícita—

que, por oposición, la única

alternativa es el neoliberalismo

neocolonial que del 2015 a esta

parte viene representándose en

Macri. Eso fue efectivo en las

elecciones del 2015 y del 2017

y, aparentemente, sigue siendo

efectivo hasta el día de la fecha.

Para que “no vuelvan más”, hay

muchos que están dispuestos

a sacrificar hasta la dignidad

y ese es el núcleo duro con el

que el oficialismo actual cuenta

para el 2019.

Ahora bien, el fanatismo

del odio y la porfía del anti no

sirven para satisfacer a los militantes

de campo nacional-popular,

jóvenes con genuina

voluntad de cambio y progreso

que no suelen enroscarse mucho

odiando en el tiempo. Aquí

hace falta más que eso, son

necesarias causas que mantengan

viva la llama de la militancia

y de la transformación de la

realidad. Como diría Salvador

Allende, ser joven y no ser revolucionario

sería una contradicción

hasta biológica y la militancia

kirchnerista, compuesta

básicamente de jóvenes, quiere

hacer la diferencia, quiere sentir

la satisfacción de cambiar el

mundo. La militancia kirchnerista

necesita causas nobles

por las que luchar, causas que

vengan en el sentido de reparar

las injusticias del mundo. Eso

es lo que el poderoso entendió

y, al entenderlo, comprendió

también que debe sacrificar

algunos de sus peones (ya que

no tiene convicciones que sacrificar)

para salvar al rey y a la

reina. Hay que entregar algunas

banderas históricas de la derecha

conservadora y ponerse el

traje de progre para darle a la

militancia del enemigo lo que

esta necesita y evitar así que

salga a militar por aquello que

realmente es inconveniente

para el poder, la cuestión de

fondo, el acuerdo con el FMI,

el deterioro de las condiciones

20 HEGEMONIA - juLio DE 2018


La diputada del bloque neoliberal y neocolonial, Silvia Lospennato, pañuelo verde y puño en alto a lo revolucionario, tras su

emotivo discurso favorable a la aprobación de la ley de aborto legal, seguro y gratuito en Diputados. El gobierno muestra la

punta de su estrategia: presentar una cara progre en cuestiones que no tengan que ver con el manejo de la economía para desorientar

a los militantes del campo nacional-popular. ¿Quién querrá militar contra un gobierno que habilita e impulsa con sus

diputados y senadores debates progresistas que habían sido postergados y cajoneados durante el gobierno nacional-popular?

sociales, la entrega de la soberanía

y de la Patria toda. En una

palabra, para evitar que la juventud

vuelva a involucrarse en

esa que es la cuestión de pesos

y centavos, en la que se define

quién va a comer y quién va a

morirse de hambre en esto que

alguna vez llamaron “el granero

del mundo”.

La ingeniería social va a establecer

el sistema por el que

cada engranaje de la compleja

máquina funcionará finalmente

de una manera determinada

y no de otras. Esa manera de

funcionar es la que el poderoso

quiere, pero los engranajes

deben pensar que hacen lo que

quieren, porque de otro modo

harían lo opuesto. La ingeniería

social que hacen las clases

dominantes hoy en Argentina

no pretende detener lo que ya

está en movimiento, pues eso

sería muy difícil o directamente

imposible en el corto y mediano

plazo, sino hacer que eso se

mueva dentro de unos cauces y

hacia otra dirección. Entonces

surgen en el horizonte de la

militancia las causas justas que

habían sido postergadas durante

el gobierno nacional-popular:

la ley de interrupción voluntaria

del embarazo o aborto legal,

seguro y gratuito; una separación

de Iglesia y Estado que aún

no define muy bien sus formas,

alcances y límites; alguna

reivindicación ecologista que

no afecte los intereses de los

grandes exportadores de soja ni

de las corporaciones mineras;

quizá la despenalización del

consumo de marihuana. Las

banderas sagradas de la vieja

derecha van a caer una a una de

la mano de esta nueva derecha,

que va a habilitar su discusión

y es nueva porque comprendió

que todo eso es irrelevante para

unas clases dominantes que

ya viven segregadas del resto

de la sociedad. Esta derecha

es nueva porque entendió que

lo único realmente importante

para su propia reproducción

es concentrar la riqueza y que,

para hacerlo, es necesario

sostener el poder político en el

Estado o tenerlo condicionado,

de mínima. Si para sostener

esa posición hay que entregar

viejas banderas que más tienen

que ver con convicciones morales

y/o religiosas pasadas de

moda, pues la nueva derecha

con aspecto de progre las en-

21 HEGEMONIA - juLio DE 2018


La guerra civil en Yugoslavia, fogoneada por los que pivotearon sobre causas étnicas y religiosas que habían estado dormidas,

hizo implosionar toda una construcción política de siete décadas y fragmentó el territorio de ese país en seis pequeños Estados

(donde algunos de ellos siguen en proceso de fragmentación hasta hoy). Ninguno de esos países por separado tiene hoy

la capacidad de resistir los embates de las corporaciones. El término “balcanización” hace referencia a la destrucción de esta

unidad nacional-popular y es el desiderátum de las potencias dominantes y de sus corporaciones multinacionales.

tregará y la militancia kirchnerista,

que debió estar ocupada

en desalojar al actual gobierno

neocolonial, se fanatizará con

cada una de ellas y las militará

con toda la pasión que se merecen

mientras el gobierno sigue

intacto y cumpliendo todos los

compromisos asumidos con los

ricos.

He ahí la ingeniería social en

su máxima expresión, o casi,

pues todavía falta lo principal.

Los intelectuales orgánicos

de las clases dominantes que

llevan a cabo esta ingeniería

social también saben que el

campo nacional-popular es

muy heterogéneo, por lo que la

simple habilitación del debate

sobre cuestiones sensibles

para la moral o la religión tiene

un doble propósito. Si por una

parte canalizan la fuerza de los

militantes del enemigo hacia

muy lejos de sí mismos, por otra

tienen la propiedad casi mágica

de partir en varios pedazos

lo que solía ser una unidad

bastante precaria, pero unidad

al fin. El poder sabe que en el

kirchnerismo hay básicamente

de todo: progres, cristianos,

peronistas de todos los colores,

radicales desgarrados

de su partido (que hoy es una

cueva de gorilas), nacionalistas,

socialistas, comunistas,

movimiento obrero, feministas

y hasta alguno que otro trosco,

aunque de la existencia de esto

último solo tenemos el rumor. El

kirchnerismo, heredero político

del peronismo, es un frente

muy amplio en el que caben

prácticamente todos y todas. Es

un “catch-all party” clásico. La

cuestión es que todos y todas

no van a ponerse de acuerdo

más que en lo esencial, que es

la necesidad de un nuevo ciclo

de gobierno nacional-popular.

La heterogeneidad del frente

es su fortaleza, claro, porque lo

hace más numeroso y más rico

en lo que se refiere al aporte

que puede hacer desde allí a

la sociedad, pero también es

su mayor debilidad cuando el

enemigo del frente da con la

fórmula de bomba que puede

hacer estallar el frente en mil

pedacitos. Concretamente, no

todos los kirchneristas —y mucho

menos los que quieren ser

peronistas a secas— están de

acuerdo con la ley del aborto legal,

seguro y gratuito, algo que

quedó en evidencia en la sesión

22 HEGEMONIA - juLio DE 2018


de Diputados que le dio a la ley

su media sanción y va a volver a

evidenciarse cuando el asunto

llegue al Senado. Más allá de la

opinión personal de cada uno

de esos diputados y senadores,

existe un cálculo político que

deben hacer a la hora de posicionarse

y eso tiene que ver con

su electorado, que tampoco

es homogéneo y no es igual en

las zonas metropolitanas que

en el interior. Otro tanto va a

suceder oportunamente cuando

aparezca el proyecto de la llamada

separación entre Iglesia

y Estado y con cada uno de los

debates que vayan habilitándose.

El atento lector notará que

ninguno de ellos siquiera roza

los intereses económicos de las

clases dominantes y del imperialismo

que gobierna a través

de estas. Lo que el enemigo del

pueblo logra al habilitar estos

debates es someter el frente al

sucesivo desgaste hasta que

finalmente se rompa y sin poner

en juego lo que realmente es de

su interés particular.

Además de todo lo explicitado

y sus implicaciones en lo que se

refiere a cómo se va a distribuir

la riqueza de un país, existe

también la perspectiva que

hace el poderoso a largo plazo.

Aquí van a aparecer otra vez las

viejas ambiciones del establishment

a nivel mundial o del poder

fáctico de las corporaciones

trasnacionales, que es poder

real del mundo. Es casi de dominio

público el conocimiento

de que los Estados nacionales

son un estorbo en el camino de

dichas corporaciones, puesto

que tienden a fortalecerse en

sus nacionalismos y la consecuencia

es la defensa de los

intereses nacionales, entre los

que están los recursos naturales

estratégicos que esas corporaciones

necesitan extraer para

que el sistema entero no colapse.

Dicho de otra forma, cuando

un Estado nacional es demasiado

grande y poderoso, el poder

político de ese Estado tiene

los medios para condicionar el

proceder de las corporaciones y

no al revés. Un buen ejemplo de

ello hoy y siempre es Rusia, un

gigante y una potencia donde

el nacionalismo está a la orden

del día y las corporaciones no

pueden hacer lo que quieran.

La unidad nacional-popular de

Rusia es muy molesta para el

establishment mundial además

porque conserva esa vieja

manía heredada de la URSS de

meterse en la discusión en países

más pequeños que, de no

ser por esa intervención rusa,

serían fácilmente devorados por

las corporaciones. Eso es precisamente

lo que está ocurriendo

hoy en Siria, por ejemplo. Por

lo tanto, es un hecho que las

grandes unidades nacionales

atentan directamente contra los

intereses de las corporaciones

y, lógicamente, el objetivo de

estas es destruir esas naciones.

O destruir la unidad nacional-popular

existente allí, para

ser más precisos. Lo que las

corporaciones necesitan es

fragmentarlas, balcanizarlas

a la yugoslava todo lo posible

y obtener como resultado su

división en pequeños Estados

sin capacidad de condicionar la

En intento de crear una guerra civil a la yugoslava en Siria ha sido, hasta el momento,

frustrado por la intervención de Rusia sobre el territorio. Las potencias europeas

necesitan pasar por Siria un gasoducto desde Arabia Saudita y poder así prescindir

del gas ruso. En ese juego de intereses, el imperialismo introdujo el Estado Islámico

y armó a los llamados “rebeldes sirios” por otra parte, en una maniobra de pinza

para derrocar a Bashar Al-Assad y balcanizar el país. La operación ya dura siete

años y no ha tenido éxito, puesto que la unidad nacional-popular de Siria sigue intacta,

aunque deja desde luego un país arrasado por los conflictos y bombardeos.

codicia de los ricos y defender a

sus pueblos. América Latina ya

había sido balcanizada así y el

proyecto inicial de San Martín

y Bolívar de una Patria Grande

terminó siendo fragmentado entre

naciones con poca y ninguna

diferencia cultural entre ellas.

Pero las corporaciones necesitan

más, ya que todavía existen

en el continente unidades

nacionales demasiado grandes

para su gusto. Una de ellas, la

23 HEGEMONIA - juLio DE 2018


principal, es Brasil. Otra es Venezuela

y otra más es Argentina.

La ingeniería social que hoy

se ensaya en la fragmentación

de las fuerzas políticas de los

pueblos tiene por objetivo de

máxima esa balcanización. La

Argentina dividida a la yugoslava

en seis u ocho Estados por

religión, orientación política,

nivel social o lo que fuere sería

pan comido para la extracción

de sus abundantes recursos

naturales estratégicos —alimentos,

combustible, agua y otros—

por parte de las corporaciones

y los países dichos “de primer

mundo”, que son los imperialistas.

En ese sentido, la introducción

del odio y la intolerancia

entre connacionales va a seguir

escalando con esa tendencia

mientras el poder fáctico siga

detentando el poder político en

el país y tenga así la iniciativa

para imponer una agenda de

temas que generen las condiciones

para una eventual guerra

civil con posterior secesión

territorial.

He ahí lo que hoy es la tendencia

y mañana puede concretarse

en caso de que los pueblos

no logren recuperar la iniciativa

y pongan sobre el tapete los

asuntos de interés común del

grupo entero, de la generalidad

de los argentinos sin distinción

Escaramuzas con católicos, que aprovechan la ocasión para martirizarse y ganarse

a la opinión pública. Las actuales actividades de una militancia a la que el poder

quiere distraer y alejar del horizonte del proyecto político nacional-popular.

de género, religión o color de

piel. La única división auténtica

es la división entre clases

dominantes y clases subalternas,

donde las primeras juegan

el juego de los poderes fácticos

multinacionales —porque son y

han sido históricamente cipayas—

y pretenden destruir dos

siglos de construcción política

para entregar los recursos naturales

estratégicos y la Patria

toda en una bandeja de plata.

El militar prusiano Carl von

Clausewitz decía, ya en el

siglo XIX, que la guerra es la

continuación de la política por

otros medios. Y así, invirtiendo

lícitamente el orden de los

términos de un von Clausewitz,

podría decirse que la política es

la continuación de la guerra. Y

como en toda guerra, se lucha

en el campo propio y también

en el campo del enemigo. Las

clases dominantes de nuestro

país, que son personeras cipayas

del imperialismo y hoy

concentran el poder económico,

el poder político y todos los

demás poderes fácticos salvo

un sector de la Iglesia Católica,

están operando con toda su

fuerza en nuestro campo, que

es el campo de los pueblos, de

la unidad de lo nacional-popular.

Su objetivo es la fragmentación

del campo a través de la

instalación de luchas intestinas

en las que pretenden hacernos

desangrar entre pares mientras

el saqueo sigue a toda marcha.

Ya lo hicieron en otras latitudes

y también ya lo hicieron aquí

en otros tiempos. El método es

siempre el mismo, siempre el

mismo es el modus operandi

de los ricos para expoliar a los

pueblos. La misma debe ser

entonces la orientación de la

fuerza de los pueblos en defensa

propia, en defensa de

su unidad nacional-popular y

su joven construcción política

de tan solo dos siglos, que hoy

está amenazada. Eso no se

logra con cada cual tomando

la bandera que le parezca más

justa, porque en un colectivo

cada uno no hace lo que quiere,

sino siempre lo que sea mejor

para la preservación de la

unidad del grupo. Es necesario

volver a la doctrina peronista,

sobre todo en lo que se refiere a

la necesidad de una comunidad

organizada. Es necesario hacer

como decía Evita y oponerle a

la fuerza brutal de la antipatria

la fuerza del pueblo organizado.

Solo nosotros mismos podremos

hacerlo y lo haremos. Lo

haremos nosotros mismos.

*Erico Valadares

24 HEGEMONIA - juLio DE 2018


EL RINCÓN FUTBOLERO

El equipo de fútbol que prefirió

morir a perder: El Dínamo de Kiev

En Ucrania, los jugadores

del FC Start (nombre

clandestino del Dínamo

de Kiev), son héroes de la

patria y su ejemplo de coraje

se enseña en los colegios.

Los poseedores de entradas de

un fatídico e histórico partido

tienen al día de hoy derecho a

asiento gratuito en el estadio

del mítico equipo.

En la historia del fútbol mundial

existen miles de episodios

emocionantes y conmovedores,

pero seguramente ninguno es

tan terrible y significativo como

el protagonizado por los jugadores

del Dinamo de Kiev en los

años 40. Los jugadores disputaron

un partido sabiendo que

si ganaban serían asesinados

y, sin embargo, decidieron salir

a ganar. Es por eso que en la

muerte dieron una lección de

coraje, de vida y honor que no

encuentra, por su dramatismo,

otro caso similar en el mundo.

Para comprender su decisión,

es necesario conocer cómo

llegaron a jugar ese decisivo

partido y por qué un simple encuentro

de fútbol se transformó

en el punto de inflexión máximo

de sus vidas. El comienzo de la

gesta fue el 19 de septiembre

de 1941, cuando la ciudad de

Kiev, la capital de Ucrania, fue

ocupada por el ejército nazi y

los hombres de Hitler aplicaron

un régimen de castigo despiadado,

arrasando con todo a su

paso.

La ciudad se convirtió entonces

en un infierno controlado

por los nazis, y durante los

meses siguientes llegaron cientos

de prisioneros de guerra,

quienes no tenían permiso para

trabajar ni vivir en las casas

de la ciudad, por lo que todos

vagaban por las calles en la

25 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Tres reliquias, dispuestas aquí en sentido horario: el afiche del match, anunciando la revancha entre el FC Start y el Flakelf, el

balón utilizado en el juego histórico y una fotografía original de los jugadores de ambos equipos.

más absoluta indigencia. Entre

aquellos prisioneros había soldados

enfermos y desnutridos,

y entre estos últimos estaba

Nikolai Trusevich, que había

sido arquero del Dínamo antes

de que estallara la guerra.

Josef Kordik, un panadero

alemán a quien los nazis no

perseguían por su origen, era

fanático del Dínamo. Un día

caminaba por la calle cuando,

sorprendido, miró a un mendigo

y de inmediato se dio cuenta

de que era su ídolo: el gigante

Trusevich.

A pesar de que era ilegal,

el comerciante alemán logró

engañar a los nazis y contrató

al arquero para que trabajara

en su panadería. El entusiasmo

y voluntad de ayudarle fue

valorado por el jugador, que

agradecía la posibilidad de

alimentarse y dormir bajo un techo.

Y al mismo tiempo, Kordik

se emocionaba por haber hecho

amistad con la estrella de su

equipo.

Una vez concretada la convivencia,

las conversaciones entre

ellos siempre giraban en torno

al fútbol y al Dínamo, hasta que

un día el panadero tuvo una

idea que lo cambiaría todo: le

pidió a Trusevich que, en lugar

de trabajar como él, amasando

panes, se dedicara a buscar al

resto de sus colegas. Y para eso

seguiría pagándole, porque el

propósito de esta misión era

poder salvar a los demás jugadores

en medio de la guerra.

Fue así que Trusevich recorrió

lo que quedaba de la ciudad devastada

durante días y noches,

y entre heridos y mendigos fue

descubriendo uno a uno sus

amigos del equipo. Kordik dio

trabajo a todos, esforzándose

para que nadie descubriera la

maniobra. Y Trusevich también

encontró algunos rivales del

campeonato ruso, tres jugadores

de Lokomotiv, y también los

rescató. En pocas semanas, la

panadería escondía entre sus

empleados un equipo completo.

Una vez que todos estaban

reunidos, el panadero y protector

los alentó a volver a jugar al

fútbol porque eso era, además

de escapar de los nazis, la única

cosa que sabían hacer realmente

bien. Muchos habían perdido

a sus familias en manos del

ejército de Hitler y el fútbol era

lo único que les quedaba como

tesoro de las vidas que habían

tenido y que se habían convertido

en recuerdos.

Pero como el Dínamo estaba

enclaustrado y prohibido,

dieron un nuevo nombre para

aquel equipo. De esta manera

nació el FC Start que, a través

de contactos alemanes, comenzó

a desafiar a equipos de

soldados enemigos y selecciones

formadas en el Tercer Reich.

El inicio de la gesta

heroica

El día 7 de junio de 1942 el

equipo jugó su primer partido.

26 HEGEMONIA - juLio DE 2018


A pesar de estar hambrientos y

cansados por haber trabajado

toda la noche, vencieron por 7

a 2 a su adversario. El siguiente

rival fue el equipo de una guarnición

húngara, y nuevamente

nuestros protagonistas ganaron,

ahora por 6 a 2. Luego de

ello, golearon por 11 tantos a

un equipo rumano.

El asunto pasó a tomar seriedad

cuando el 17 de julio,

al enfrentarse a un equipo del

ejército alemán y golearlo por 6

a 2, muchos nazis empezaron a

enojarse por la creciente fama

de un grupo de empleados de

una panadería y fue entonces

que buscaron un equipo mejor

para ganarles. Y ese fue el

equipo de Hungría, el MSG,

que llegaba con la misión de

derrotarlos. Pero el FC Start

goleó una vez más por 5 a 1, y

más tarde ganó por 3 a 2 en la

revancha.

Días más tarde, el 6 de agosto,

convencidos de su superioridad,

los alemanes prepararon

un equipo con miembros de la

Luftwaffe, el Flakelf, que era

un gran equipo utilizado como

instrumento de propaganda de

‘Escape a la victoria’ es una película estadounidense de 1981 inspirada en los hechos

del Partido de la Muerte. De esta película participan Pelé, Sylvester Stallone,

Michael Caine, el argentino Osvaldo Ardiles y varios jugadores de renombre. En

esta escena, los jugadores en el vestuario decidiendo si huir por una salida secreta

o volver para el segundo tiempo y morir. El estadio caracterizado en la película es

el de Colombes, en París, donde Uruguay ganó una de sus dos medallas olímpicas

que valen como campeonatos mundiales. Pelé, al fondo, observa todo.

Hitler. Los nazis habían decidido

buscar al mejor rival posible

para acabar con el FC Start, que

ya gozaba de una enorme popularidad

entre el sufrido pueblo

rehén de la invasión. Pero

para sorpresa de los invasores

y a pesar la violencia y falta de

deportividad de los alemanes,

Imagen de los jugadores del Flakelf, haciendo el característico saludo nazi antes

del inicio del match en el viejo estadio del Zenit de Kiev.

el Start ganó por 5 a 1.

Después de esta escandalosa

caída del equipo del Führer, los

alemanes finalmente descubrieron

la maniobra del panadero

y, a partir de ahí, de Berlín llegó

la orden de liquidarlos a todos,

incluyendo al panadero alemán.

Pero para los jerarcas nazis locales

eso no era suficiente. No

querían que la última imagen de

sus víctimas fuera una victoria,

porque consideraban que si

éstos eran simplemente asesinados

no harían nada más que

perpetuar la derrota alemana.

La superioridad de la raza aria,

en particular en el deporte, era

una obsesión para Hitler y los

altos mandos. Por esa razón,

antes de fusilarlos, querían

derrotar al equipo en el campo

de juego.

El partido hacia

la eternidad

En medio de un clima de presión

y amenazas por todas partes,

se anunció la revancha para

27 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Sylvester Stallone, Michael Caine y Pelé, reunidos con el director durante las filmaciones de ‘Escape a la victoria’. En la delirante

trama, después de realizar algunas pruebas futbolísticas y evaluar la situación con ojo clínico, Pelé decide que Stallone es de

madera y que, por lo tanto, debe ir al arco. Para que pueda entrar sin levantar sospechas de los nazis —porque por alguna razón

que ya no recordamos, el personaje de Stallone tenía que jugar sí o sí ese partido—, los jugadores proceden a fracturarle el brazo

al arquero titular del equipo, quien además consiente toda la maniobra y se deja quebrar. Total normalidad hollywoodiana.

el 9 de agosto, en el repleto

estadio Zenit. Previo al partido,

un oficial de la SS entró en el

vestuario y dijo, en ruso: “Voy a

ser el juez del juego, respeten

las reglas y saluden con el brazo

levantado”, exigiendo que ellos

hicieran el saludo nazi.

Una vez en el campo, los

jugadores del Start (vistiendo

casaca roja y pantalón blanco)

levantaron el brazo, pero en el

momento del saludo, llevaron

la mano al pecho y en lugar de

decir “¡Heil Hitler!”, gritaron

“¡Fizculthura!”, una expresión

soviética que proclamaba la

cultura física.

Comenzado el partido, los

alemanes (de casaca blanca

y pantalón negro) marcaron el

primer gol, pero el Start llegó al

descanso del segundo tiempo

ganando por 2 a 1. Fue entonces

que recibieron nuevas

visitas al vestuario, esta vez con

armas y advertencias claras y

concretas: “Si ustedes ganan,

no sale nadie vivo”, amenazó

otro oficial de la SS. Los jugadores

temían por sus vidas y

hasta llegaron a pensar en no

volver al segundo tiempo. Pero

al recordar a sus familias, los

crímenes que se cometieron, a

la gente sufrida que en las gradas

gritaba desesperadamente

por ellos, finalmente decidieron

salir y jugar el segundo tiempo

del encuentro.

Y aquello fue un verdadero

espectáculo de fútbol. Promediando

el partido, cuando el FC

ya ganaba por 5 a 3, el delantero

Klimenko se enfrentó cara

a cara con el arquero alemán.

Gambeteó al guardameta,

dejándolo desparramado en el

suelo y, al quedarse frente al

arco, cuando todos esperaban

el remate al gol, se dio media

vuelta y pateó la pelota hacia

el centro del campo. Ese fue un

gesto de desprecio, de burla,

de superioridad total. Y todo el

estadio se vino abajo.

Como todo Kiev podría venir a

hablar de la hazaña, los nazis

dejaron que salieran de la

cancha como si nada hubiera

ocurrido. Incluso el Start jugó

días después y goleó al Rukh

por 8 a 0. Pero el final ya estaba

trazado: después de este último

partido, la Gestapo visitó la

panadería.

El primero en morir torturado

frente a todos los demás fue

Kordik, el panadero. Los demás

28 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Imagen en color de la película ‘Escape para la victoria’. Aquí vemos a Michael Caine en último plano, acercándose a festejar un

gol, y al argentino Osvaldo Ardiles —en parte tapado por el poste— haciendo lo propio. Sobre el final del partido, Ardiles iniciará

la mítica jugada del gol cinematográfico que se festejó como si fuera real en todos los cines del mundo a principios de los años

1980: centro preciso de Michael Caine al área y gol de chilena de Pelé. Golazo aplaudido incluso por los nazis en el palco de

honor, un auténtico delirio que honra la hazaña delirante de los verdaderos jugadores y héroes del FC Start.

fueron enviados a los campos

de concentración de Siretz. Allí

mataron brutalmente a Kuzmenko,

Klimenko y a Trusevich,

que murió vestido con la camiseta

del FC Start. Goncharenko

y Sviridovsky, que no estaban en

la panadería aquel día, fueron

los únicos que sobrevivieron

escondidos hasta la liberación

de Kiev en noviembre de 1943.

El resto del equipo fue torturado

hasta la muerte.

Aún hoy, los poseedores de

entradas de aquel partido

tienen derecho a un asiento

gratuito en el estadio del Dínamo

de Kiev. En las escaleras

del club, custodiado en forma

permanente, se conserva actualmente

un monumento que

saluda y recuerda a aquellos

héroes del FC Start, los indomables

prisioneros de guerra

del Ejército Rojo a los que nadie

pudo derrotar durante una

decena de históricos partidos

entre 1941 y 1942.

A pesar de que casi todos

fueron muertos entre torturas y

fusilamientos, hay un recuerdo,

una fotografía que, para los

aficionados del Dínamo, vale

más que todas las joyas del

mundo. Allí figuran los nombres

de los jugadores. Y en el estadio

Zenit existe una placa en la que,

todavía hoy, se lee:

“A los jugadores que murieron

con la cabeza levantada ante

el invasor nazi”.

*De la redacción

29 HEGEMONIA - juLio DE 2018


CONTENIDO EXCLUSIVO

La sutil manipulación del lenguaje

y de las categorías revolucionarias

Gran parte del éxito de la

reacción blanca y conservadora

de las clases

dominantes en el sistema

capitalista se debe a la

capacidad de sus intelectuales

a la hora de producir discursos

cuya finalidad es la penetración

y la manipulación del sentido en

la ideología de los pueblos, principalmente

mediante el manejo

de las categorías que los subalternos

utilizamos para expresar

nuestra cosmovisión. Cuando el

poder logra subvertir el sentido

de esas categorías mediante un

proceso de doble hermenéutica,

lo que consigue es desvirtuar los

contenidos de esas categorías

hasta que se vuelvan funcionales

a sus intereses. Así, lo que

termina sucediendo es que los

de abajo vamos a reproducir

el discurso de los de arriba sin

saberlo y además creyendo

cabalmente que estamos expresando

ideas propias de nuestros

propios intereses, cuando en

realidad estamos siendo funcionales

a otros.

Eso es posible porque el consumidor

de discurso no suele

tener discernimiento del origen

o del emisor de las ideas que

consume y reproduce, simplemente

se identifica con ellas

y las hace suyas, sin mucha

reflexión respecto a la funcionalidad

de dichas ideas. Es así

como los intelectuales del poder

van a producir y emitir discursos

que, a primera vista, serían con-

30 HEGEMONIA - juLio DE 2018


tradictorios con la ideología de

las clases a las que representan,

pero que traen solapados conceptos

que tienden a cristalizar

esa ideología mediante su reproducción

irreflexiva e indefinida

por parte del subalterno. En

cada afirmación de lo que parece

un avance progresista y hasta

revolucionario van implícitas

las categorías y los contenidos

reaccionarios que el poder supo

introducir en el discurso con una

gran sutileza intelectual.

El campo de lucha del momento

es el feminismo

y el feminismo es,

como todos sabemos,

intrínsecamente

revolucionario al

contestar un statu

quo en el que el

género masculino ha

sido históricamente

dominante. Es imposible

para la llamada

opinión pública

concebir un feminismo

reaccionario

y ni siquiera pensar

que en el feminismo

puede haber postulados

conservadores.

El feminismo es

progreso, solemos

pensar, y todo lo que

hace es en el sentido

de mover el avispero

y cambiar. Pero un

rápido análisis del

uso de las categorías

más resonantes del

feminismo actual nos

dará como resultado

el que sí, el feminismo

puede ser muy reaccionario

y hasta contrarrevolucionario

cuando lo que expresa está contaminado

por los intereses de

los conservadores y los contrarrevolucionarios.

A decir verdad,

el feminismo puede ser hasta

fascista si es cooptado por los

que sostienen esa ideología,

como veremos en este artículo.

A continuación, haremos un

breve repaso de como la reacción

puede utilizar y efectivamente

utiliza las categorías y

contenidos del programa de

género para, mediante la manipulación

del lenguaje, obtener

un efecto absolutamente opuesto.

La empatía como

sustituto de la

solidaridad de clase

Uno de los conceptos más utilizados

por el feminismo de estos

tiempos es el de “empatía”. Por

lo que se ve en su aplicación,

la categoría de empatía tiene

como contenidos el que toda

mujer sea capaz de empatizar

con el sufrimiento de otras

mujeres, aunque no se trate de

su propio sufrimiento. De esta

forma, una mujer que no es

víctima de violencia de género

debería tener la capacidad de

indignarse y sentir el dolor que

siente una mujer, otra, que sí ha

sido victimada por la violencia

machista. Este concepto es

impecable y es indiscutible la

necesidad de dicha empatía de

género, puesto que el lugar de

víctima nos puede tocar a cualquiera

durante nuestras vidas y

querremos que otras vengan en

nuestro auxilio.

El problema aquí empieza

cuando la empatía se extiende

a todas las mujeres del mundo,

lo que va a incluir también a las

mujeres de las clases dominantes

y a aquellas que en el terreno

de la política hacen el juego

Un ejemplo reciente de la sobreposición de la empatía de género sobre los intereses de clase:

las diputadas del campo nacional-popular Mayra Mendoza y Gabriela Cerruti del brazo de Daniel

Lipovetzky y Silvia Lospennato para celebrar la aprobación de la ley del aborto legal, seguro y gratuito.

Lipovetzky y Lospennato son arietes del neoliberalismo neocolonial en el Congreso y tienen,

por lo tanto, su cuota de responsabilidad en el sufrimiento de cientos de miles de argentinos de

clase trabajadora. Sin embargo, fueron beneficiados con una enorme lavada de cara al recibir el

abrazo de los representantes de los subalternos, a los que Lipovetzky y Lospennato humillan, hambrean

y matan todos los días.

de esas clases para reproducir y

perpetuar la dominación social.

Lo que va a pasar es que vamos

a empatizar con el victimario en

forma de mujer tan solo por el

hecho de ser mujer. Si bien está

claro que la capacidad para

defenderse de la violencia de

género que tienen las mujeres

de clase dominante ya es de por

sí muy superior a la que tenemos

las mujeres de las clases

populares, por una cuestión

31 HEGEMONIA - juLio DE 2018


de recursos tanto simbólicos

como económicos, y entonces

la mujer de clase dominante

puede prescindir absolutamente

de la empatía y defenderse muy

bien sola, la cosa empieza a

ponerse grave cuando la empatía

se extiende a todos los

demás aspectos de la vida. De

tanto empatizar con cualquier

mujer solo por el hecho de serlo,

vamos a terminar empatizando

con mujeres cuando estas no

estén en situaciones de sumisión,

sino más bien en posición

ofensiva. Cuando una mujer de

clase dominante o representante

de esta en la política se

presente a elecciones contra un

candidato varón de las clases

subalternas, la empatía va a

empezar a operar de la manera

que los ricos quieren que opere.

La preferencia de las mujeres,

por esa cuestión de la empatía,

va a tender hacia esa candidata

mujer y allí se logrará el objetivo

que es la estafa a las trabajadoras

por parte de los patrones.

El poder ya ha mostrado la

punta de esta estrategia de confusión

en el reciente debate por

el aborto legal, seguro y gratuito

que tuvo lugar en el Congreso

de la Nación. Allí pusieron a una

Silvia Lospennato con un discurso

preparado y una actitud

de sororidad que parecería no

cuadrar (y no cuadra) con la idea

de mundo que la derecha tiene.

Lospennato es sostén en la política

del proyecto que oprime a

los trabajadores y trabajadoras

de Argentina, pero se la vio muy

sorora en su intervención y los

aplausos incluso de la militancia

peronista y kirchnerista no

se hicieron esperar. El poder midió

y tomó nota del resultado de

ese experimento y concluyó que

es posible vender la empatía de

género en forma de sororidad

para reemplazar la solidaridad

de clase, que no conoce de

géneros. El poder entendió que

es posible presentarse con cara

de mujer y así arrebatar adhesiones

de mujeres a las que, de

otra forma, no podría ni siquiera

acceder.

Claro que Silvia Lospennato es

tan solo un cobayo para estos

experimentos. El aporte de

Silvia Lospennato aquí es ese,

el de corroborar la siguiente

teoría: si la solidaridad de clase

se sustituye por la solidaridad

de género, la empatía y la sororidad,

entonces habrá mujeres

de clase popular dispuestas

a apoyar y votar las listas de

los ricos cuando la candidata

presentada por estos sea una

mujer. También es cierto que no

todas las mujeres vamos a pisar

este palito, que es bastante

burdo, pero en política nunca el

objetivo es la totalidad. Lo que

el poder quiere es que una parte

de las mujeres caiga en la trampa

y vote contra sus intereses

reales por empatía de género,

por sororidad. Cualquiera sea la

cantidad de mujeres —también

de varones, que también los hay

feministas y a veces hasta más

feministas que las mujeres, ya

que las ideologías no tienen género

y uno las suscribe cuando

cree que son justas— cooptados

32 HEGEMONIA - juLio DE 2018


por esta estrategia es muy bienvenida,

sobre todo anticipando

que los resultados de las elecciones

de aquí en más tienden a

definirse por muy poquito, como

ocurrió en 2015.

La única empatía y la única

sororidad posibles son dentro

de los límites de las clases

sociales. Si esto no es así,

el feminismo empieza a ser

instrumento de reproducción

de otras injusticias y de otras

desigualdades, como la injusticia

y la desigualdad social. Si

el feminismo va a servir para

meter en la misma bolsa a todas

las mujeres y para definir que el

enemigo ya no son los ricos y los

poderosos, sino todos los hombres

de una manera genérica,

entonces el feminismo va a ser

una herramienta de dominación

más y la manipulación de sus

categorías y principios por parte

de las clases dominantes habrá

sido un éxito. La feminista con

conciencia de clase empatiza

y tiene sororidad con la mujer

de clase trabajadora, que es la

verdadera víctima del patriarcado

al no tener las condiciones

simbólicas ni económicas para

defenderse sola.

“Hermana, yo sí te creo”

En línea con una parte de la estrategia

anteriormente expuesta

surge el “Hermana, yo sí te

creo”, lo que vendría a ser simplemente

la adhesión automática

de todas las mujeres a lo que

sostenga una mujer, principalmente

en los casos de violencia

de género. Otra vez, el propósito

es noble y verdadero: en un

mundo donde las mujeres debemos

probar que hemos sido

víctimas de violencia, ya que el

poder judicial tiende a relativizar

el testimonio femenino, el

“Hermana, yo sí te creo” vendría

a paliar esa situación mediante

la sororidad y la empatía. La

mujer que denuncie haber sido

violentada por un varón tiene la

suscripción automática de todas

las mujeres a su denuncia y eso

alcanzaría para equilibrar la

balanza y poner presión sobre el

poder judicial, para que sea más

justo y menos machista.

Pero aquí también está solapada

la manipulación antes

descrita, porque el “Hermana,

yo sí te creo”, además de contrariar

ciertos principios legales

como el de la presunción de

inocencia y puede resultar en

el summum de la injusticia,

que es el castigo a un inocente,

presupone de entrada que todo

el género masculino es enemigo

de todo el género femenino, lo

que es absurdo incluso por la

existencia de varones feministas,

como describíamos anteriormente.

Enemistados así los

géneros y ante cualquier disputa

entre ellos, el “Hermana, yo sí te

creo” va a determinar que allí la

mujer siempre dice la verdad y

siempre tiene la razón.

Eso es peligroso y muy peligroso,

por cierto, puesto que

mentir no es privilegio de ningún

género y hay mentirosos y

mentirosas más o menos en la

misma proporción. De mínima,

en los niveles más bajos de la

sociedad, el “Hermana, yo sí

te creo” podría habilitar a que

cualquier mujer, por el motivo

que fuere, haga una denuncia

de violencia de género contra

un varón y a este no se le dé ni

la posibilidad de defenderse de

las acusaciones. Con la presunción

de inocencia descartada, le

quedaría al varón la dura y casi

imposible tarea de demostrar

que no es culpable y allí hay en

potencia un desequilibrio social

muy grave cuando los casos se

La patoteada de María Eugenia Vidal, dirigente de las clases dominantes, a unos

trabajadores en Mar del Plata le valió la empatía y la sororidad de Gabriela Cerruti,

quien se expresó en los términos de “mujer líder y fuerte” y afirmó respetar a la que

“ejerza el liderazgo con convicción femenina”. Lástima que para la enorme mayoría

de los bonaerenses gobernados por Vidal ese “liderazgo con convicción femenina”

solo les haya traído hambre, pobreza o directamente miseria.

multipliquen. Pero de máxima (y

acá está el objetivo de la manipulación)

en los niveles más

altos y en la lucha política, se

torna muy fácil destruir a cualquier

referente de las clases trabajadoras.

Si este es varón, se

le forja una denuncia por violencia

de género en su contra y se

33 HEGEMONIA - juLio DE 2018


lo obliga a luchar para probar su

inocencia. Con un buen uso del

aparato mediático y el fogoneo

de los sectores radicalizados

del actual feminismo para el

escrache, el linchamiento está

asegurado y la eliminación del

dirigente en cuestión, también.

La consigna del “Hermana, yo

sí te creo” apela a la emoción de

las mujeres, ya cansadas de que

no nos crean y de que tengamos

que probar que hemos sido

víctimas, de que literalmente se

nos rían en la cara y nos manden

a casa a ser “buenas” desde

cualquier comisaría de policía,

cuando no directamente desde

fiscalías. Pero como principio legal

y como argumento para determinar

quiénes son los malos

del mundo es un arma de doble

filo. Al apelar a la emoción de

nosotras, lo que el poder quiere

es meter confusión y que no

entendamos que, en realidad, lo

que se necesita es una profunda

reforma en el poder judicial para

desalojar de allí a los agentes

de las clases dominantes que

justamente sostienen el patriarcado

en esa institución. Lo que

se necesita es paridad de género

entre jueces y fiscales, para

empezar. Y luego una forma

democrática para su elección.

Con el “Hermana, yo sí te creo”,

que no podría tener ningún valor

en un juicio serio, lo único que

vamos a lograr en el largo plazo

es catarsis. Sirve por el momento,

pero debemos avanzar. Por

su parte, lo que el poder logra

con eso es manipular el sistema

El programa Conectar Igualdad, que fue de una igualdad no metafórica y muy efectiva

para millones de estudiantes antes postergados y excluidos del sistema.

y, de paso, mantener las viejas

estructuras del poder judicial

que le son absolutamente favorables.

Si limitamos el accionar

a imponer consignas como el

“Hermana, yo sí te creo” no

vamos a destruir el patriarcado:

lo vamos a fortalecer y lo vamos

a cristalizar.

El lenguaje “inclusivo”

como enemigo de la

inclusión

No existe ningún problema

intrínseco en el llamado “lenguaje

inclusivo”. En realidad, el

lenguaje en sí es resultado de

un devenir histórico y se ajusta

en el tiempo, según las necesidades

o intereses de cada

momento. No hablamos ni escribimos

hoy como lo hacíamos

cien años atrás y mucho menos

como en el siglo XV y eso, que

parece una perogrullada, tiene

que ver con las deformaciones

que se introducen en el lenguaje

y que luego son incorporadas

al propio lenguaje al ser aceptadas

por quienes están en el

centro del campo y detentan el

lenguaje canónico en cada idioma.

En una palabra, lo que hoy

no es admitido por las reglas

ortográficas y gramaticales de

un idioma como el castellano,

mañana será legitimado por la

Real Academia Española y será

regla, no excepción. De modo

que el “lenguaje inclusivo” probablemente

sea normalizado de

alguna manera y se incorpore al

castellano en un futuro cercano.

Pero el problema no está en

la cosa, sino en el mal uso de la

categoría de la cosa, que no es

un uso arbitrario ni accidental.

Cuando los intelectuales orgánicos

de las clases dominantes

construyen el discurso que será

funcional a esas clases, buscan

por todos los medios debilitar

el discurso de los subalternos

a través de la subversión, corrupción

y confusión de sus

postulados fundamentales. Lo

que esos intelectuales orgánicos

hacen son operaciones de

doble hermenéutica orientadas

a vaciar de sentido lo que los

subalternos creemos y volver a

llenarlo con un sentido distinto,

normalmente opuesto al original

y contradictorio en términos

con este. Ese sentido con el que

los intelectuales orgánicos de

las clases dominantes vuelven

a llenar las cosas en su doble

hermenéutica es el sentido más

conveniente a los intereses del

poder fáctico de tipo económico,

es decir, de los ricos.

Y así va a suceder con la

cuestión del “lenguaje inclusivo”.

¿Qué, a quiénes y en qué

sentido incluye ese lenguaje? En

sus propios términos, el “lenguaje

inclusivo” quiere servir

34 HEGEMONIA - juLio DE 2018


Más igualdad no metafórica: la Asignación Universal por Hijo (AUH) es el mejor ejemplo de igualdad social práctica en las últimas

décadas en nuestro país. Gracias a la AUH —que además perciben directamente las mujeres, obteniendo así una autonomía

relativa en el hogar— las familias más postergadas cuentan con un ingreso básico o piso mínimo de dignidad, garantizando

la escolarización y los controles de salud de sus hijos, cosas a las que los grandes de hoy no pudieron acceder en su momento.

para incluir en la expresión

hablada y escrita a los géneros

(en un sentido sexual) y para

darles visibilidad a esos géneros

en el discurso. Todo esto

es muy progresista y valorable,

puesto que la invisibilidad de

lo femenino —por lo menos en

nuestro idioma— es histórica. El

problema, como decíamos, está

en la categoría utilizada para la

contención de todo eso y más

específicamente en la parte de

“inclusivo”, porque incluye, sí,

pero no en el sentido de clase

que está en el origen de la idea

de inclusión social.

La inclusión social es un proceso

activo que históricamente

ha sido promocionado desde el

Estado en aquellas coyunturas

en las que las clases subalternas

han tenido cierta cantidad

de poder político. Ejemplos

claros de esas políticas de

inclusión social real en tiempos

recientes son, por ejemplo, el

programa Conectar Igualdad y

la Asignación Universal por Hijo.

La primera se llevó a cabo en el

sentido de acercar la tecnología

a los alumnos de las escuelas

públicas, hijos de las clases

sociales postergadas, con el objetivo

de incluirlos a una sociedad

que es cada vez más digital

mediante el proporcionarles una

computadora. La segunda tenía

por meta, además de un ingreso

o piso mínimo de dignidad a

los que estaban excluidos de la

sociedad, garantizar la escolarización

y los controles de salud

a los niños de esas familias que

antes se encontraban excluidas

y olvidadas. Allí estaba la utilización

genuina de la categoría

“inclusión”, ya que se incluía

al conjunto de la sociedad sin

especificar ni discriminar, por

lo demás, entre hijos e hijas,

alumnos y alumnas. La inclusión

social es la verdadera inclusión

porque incluye a todos y todas,

sin hacer diferencia por género,

credo, ideología o color de piel.

La mala utilización de la categoría

“inclusión” en la cuestión

del “lenguaje inclusivo” es, por

lo tanto, esa operación de doble

hermenéutica que pretende

vaciar la inclusión de su sentido

social y volver a llenarla con un

sentido más específico, que es

el de género. Lo que el poder

logra, por una parte, es la sumisión

de la cuestión social hasta

su invisibilización, reemplazada

por otras cuestiones que no hacen

a la lucha por el ingreso nacional

y la puja distributiva, que

es una lucha de clases. Por otra

parte, el poderoso calma la conciencia

de muchos individuos

ubicados simbólicamente en

la mal llamada “clase media”,

porque al tener la posibilidad de

utilizar un lenguaje “inclusivo”

en su expresión, consideran

que hacen algo por la igualdad

social y muchas veces se limitan

35 HEGEMONIA - juLio DE 2018


De acuerdo con el manual, el introductor del concepto de deconstrucción ha sido el filósofo posestructuralista (posmoderno

y progre a secas) Jacques Derrida. Lo que empezó como una propuesta para crítica textual, viene siendo adaptado para la deconstrucción

del texto entero, es decir, de la realidad, funcional a la posmodernidad que tiende siempre a los microrrelatos.

a hacer eso.

Si vamos a pensar que es posible

lograr la inclusión verdadera

cambiando nuestra forma de

hablar o de escribir, no vamos a

lograr incluir a nadie. El avance

del lenguaje debe seguir para

eliminar la heteronormatividad,

pero urge modificar la categoría

de “lenguaje inclusivo” y volver

a la denominación de “lenguaje

no sexista” que se usaba anteriormente

y que es más adecuada

al fin que realmente se le

da. No es conveniente para la

gente de a pie bajarle el precio

a la cuestión de la inclusión,

que es y siempre será la inclusión

social de todos y todas y

no admite ni se puede prestar a

confusiones.

La “deconstrucción”

Y para frutilla del postre hay un

clásico: la deconstrucción. No

hay discusión entre hombres y

mujeres en las que nosotras no

les pidamos a los varones que

se deconstruyan, o sea, que

hagan un esfuerzo de autocrítica

sobre sus convicciones machistas

que han heredado de una

educación orientada a ese fin.

Y una vez más el propósito es

irreprochable. Lo que los varones

deben hacer si desean vivir

en un mundo más justo y estar

al mismo nivel de nosotras, sus

compañeras, amigas, madres,

hermanas, colegas de trabajo, y

no en una patética posición de

superioridad que no tiene ningún

fundamento lógico es poner

en tela de juicio toda la educación

que recibieron. Esa educación

siempre fue conservadora y

siempre fue misógina, y el varón

debe reeducarse, es su obligación

hasta moral de hombre.

Pero debe reeducarse, y no

deconstruirse, puesto que aquí

hay una imposibilidad importada

de la intelectualidad de los

países centrales y de las usinas

de pensamiento (think tanks)

del poder de las corporaciones.

Nadie se deconstruye, sino que

se recrea a partir de lo que va incorporando

a lo largo de la vida

y eso es lo que todos y todas

debemos hacer siempre: crecer.

También muchas mujeres, que

son a veces más machistas que

los machos, a raíz de esa misma

educación retorcida.

Pero ahí no está el problema,

sino que está en la idea solapada

en la misma categoría de

“deconstrucción”. En un momento

de mucha necesidad de

construcción política y social

para las clases postergadas,

aparece mágicamente la idea

de “deconstrucción” en escena.

Y se pone de moda. Todo es deconstrucción

hoy en día, suena

muy bien y lo queremos decir, lo

queremos aplicar. Ya no hablamos

de reeducación ni de autocrítica,

ni de recreación, sino directamente

de deconstrucción,

y eso va penetrando el lenguaje

y haciendo mella sobre conciencias

que ya están siendo bombardeadas

hace décadas por la

imposición del ya harto conocido

microrrelato posmoderno

que el neoliberalismo instala

para, justamente, deconstruir

36 HEGEMONIA - juLio DE 2018


los grandes relatos de los siglos

XIX y XX, que fueron los grandes

relatos revolucionarios y de

profunda transformación social.

La tendencia pasa entonces a

ser la deconstrucción, que va a

resultar en nada menos que en

una suerte de aberración nihilista

posmoderna y en la completa

apatía de los sujetos, arrojados

a una pusilanimidad incapaz de

construir nada en absoluto.

La cosa es más grave de lo

que parece y puede verse en sus

efectos, por ejemplo, sobre la

militancia. Estamos más ocupados

en ver cómo deconstruimos

al otro que en cómo construir

algo con el otro, nos detenemos

demasiado en las individualidades

y terminamos postergando

el grupo, porque nos están

haciendo entender que mientras

no estemos todos deconstruidos

y vueltos a las configuraciones

de fábrica (lo que sería un estado

anterior a la primera socialización

de los primeros años), no

vamos a poder marchar unidos

por un objetivo común. De hecho,

ya está en pleno proceso la

caza a las brujas por “machitos

no deconstruidos” en las filas de

las organizaciones militantes.

Nos han convencido de que eso

es lo fundamental y no el coincidir

en la necesidad de construir

una patria más justa para todos

y todas. Ahora queremos en

nuestras filas solamente a los

que hayan sido capaces de deconstruirse

y estén “limpitos” de

toda la educación recibida en el

pasado. Invertimos mucho tiempo

en determinar quién lo ha

logrado y quién no, y más tiempo

todavía persiguiendo y escrachando

a estos últimos. Y lo que

estamos haciendo es una auténtica

deconstrucción, pero de

la fuerza política que habíamos

logrado construir para luchar

codo a codo por un modelo de

país inclusivo, peronista, kirchnerista,

que incluya a todos y a

todas como supo hacer durante

12 años entre 2003 y 2015. Nos

estamos deconstruyendo como

grupo al aplicar criterios de

pertenencia absolutamente antiperonistas,

criterios sectarios.

Si para mi gusto el compañero

y hasta la compañera no están

debidamente deconstruidos y no

piensan exactamente igual que

yo respecto a las nuevas normas

de conducta aceptables para los

géneros, entonces los denuncio

y los escracho hasta conseguir

el rechazo social en

su contra. Y lo que

hago es eliminar

a un compañero

y una compañera

que habían estado

de acuerdo conmigo

en lo fundamental.

Lo que hago,

finalmente, es

sectarizar mi lucha

expulsando de ella

a los que no considero

que estén en

un nivel civilizatorio

adecuado. Y así

deconstruyo mi

fuerza política al

peor estilo trotskista

hasta quedarme

sola con mis amigas

y amigos, entre

los que pensamos

igual en la cuestión

de género.

Pero el peronismo

y el kirchnerismo

no son sectas y

tampoco son movimientos feministas,

sino que son movimientos

amplios en los que cabemos

todas y todos sin distinción de

género, edad, creencia religiosa,

color de piel ni ideas más o

menos variadas respecto a cada

uno de los asuntos sociales.

El peronismo y el kirchnerismo

no van a ser feministas, eso es

un error. El feminismo debe ser

peronista y debe ser kirchnerista,

no debe deconstruir nada,

no debe sectarizar. El feminismo

peronista y kirchnerista debe

construir incluso con aquellos y

aquellas que no están en el nivel

que uno mismo podría desear.

En todo caso, se trabajará hacia

el interior del movimiento para

elevar el nivel cultural promedio

hasta que nos parezca satisfactorio,

pero no debe perderse

de vista jamás la necesidad de

construir cada vez más para la

lucha por un proyecto de país

nacional y popular, un proyecto

de todos y todas adentro. Si el

feminismo no hace eso, no es

feminismo: es trotskismo o es

progresismo berreta e intolerante

condenado siempre a perecer

en los márgenes de la política.

El feminismo va a ser peronista

y va a ser kirchnerista porque

hay que lograr la justicia social.

Como decía Evita, la que no necesita

deconstrucción, “de nada

valdría un movimiento femenino

en un mundo sin justicia social”.

A eso debemos ir y ese camino

es el camino de la construcción

de la patria.

*Romina Rocha

37 HEGEMONIA - juLio DE 2018


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