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La cerámica de Hugo X Velásquez

La Cerámica de Hugo X. Velásquez, cuando rinde el horno. María Luisa Puga

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María Luisa Puga (1944-2004) fue una escritora y ensayista mexicana.<br />

Pasó su infancia en el puerto <strong>de</strong> Acapulco y su adolescencia en el <strong>de</strong><br />

Mazatlán. Después <strong>de</strong> volver a la ciudad <strong>de</strong> México en 1968 <strong>de</strong>ci<strong>de</strong><br />

viajar a Europa y luego establecerse en Nairobi antes <strong>de</strong> regresar a vivir<br />

en la capital mexicana y, en los 90’s, <strong>de</strong>ci<strong>de</strong> irse a vivir a orillas <strong>de</strong>l <strong>La</strong>go<br />

<strong>de</strong> Zirahuén, Michoacán. Es ganadora <strong>de</strong>l Premio Xavier Villaurrutia<br />

en 1983.<br />

Novela<br />

<strong>La</strong>s posibilida<strong>de</strong>s <strong>de</strong>l odio, México, Siglo XXI Editores, (1978);<br />

Cuando el aire es azul, México, Siglo XXI Editores, (1980);<br />

Pánico o peligro, México, Siglo XXI Editores, (1983);<br />

<strong>La</strong> forma <strong>de</strong>l silencio, México, Siglo XXI Editores, (1987);<br />

Antonia, Grijalbo, (1989);<br />

<strong>La</strong>s razones <strong>de</strong>l lago, (1990);<br />

<strong>La</strong> ceremonia <strong>de</strong> iniciación, (1994);<br />

<strong>La</strong> viuda, (1994);<br />

<strong>La</strong> reina, (Seix Barral, 1995);<br />

Inventar ciuda<strong>de</strong>s, (1998);<br />

Nueve madrugadas y media, (2003)<br />

Cuento<br />

Inmóvil sol secreto, (1979);<br />

Acci<strong>de</strong>ntes, (Martín Casillas Editores, (1981)<br />

Intentos, Grijalbo, (1987);<br />

Los siete pecados capitales, (1989);<br />

De intentos y acci<strong>de</strong>ntes, (ISSSTE)<br />

Ensayo<br />

<strong>La</strong> <strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong> X. <strong>Velásquez</strong>. Cuando rin<strong>de</strong> el horno, (MCA1983);<br />

Itinerario <strong>de</strong> palabras, (Folios Ediciones, 1987).<br />

María Luisa Puga. De cuerpo entero, (UNAM, 1990)<br />

Lo que le pasa al lector, (Grijalbo, (1991);<br />

Crónicas <strong>de</strong> una oriunda <strong>de</strong>l kilómetro X en Michoacán, (1995)<br />

Diario <strong>de</strong>l dolor, (Alfaguara, 2004)


María Luisa Puga<br />

LA CERÁMICA<br />

DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Cuando rin<strong>de</strong> el horno<br />

México, 1983


Primera edición, marzo <strong>de</strong> 1983<br />

Segunda edición digital: mayo, 2017.<br />

Fotografías portada: Catherine Resignato<br />

Diseño 1 a edición: Aurora Suárez<br />

Diseño 2 a edición digital: Indira Franco<br />

© Aurora Suárez (2017).<br />

D.R. © Martín Casillas Editores, S.A.<br />

Mar 89, Col. Los Alpes<br />

01010 México, D.F. México<br />

ISBN: 968-471-050-X


ÍNDICE<br />

Proemio 15<br />

A manera <strong>de</strong> explicación 19<br />

EL CUERPO DE LA CERÁMICA 23<br />

El Taller 23<br />

El barro 27<br />

El secado 30<br />

<strong>Hugo</strong> 35<br />

El taller 45<br />

II FORMAR 53<br />

El torno 53<br />

<strong>Hugo</strong> 56<br />

El oficio 59<br />

<strong>La</strong> eficacia 65<br />

Piezas <strong>de</strong> producción y piezas únicas 69<br />

III VIDRIAR 77<br />

El color 77<br />

<strong>La</strong> textura 83


<strong>La</strong> elocuencia 87<br />

<strong>La</strong> casa 89<br />

<strong>Hugo</strong> 93<br />

IV QUEMAR 97<br />

El silencio 97<br />

El tiempo 101<br />

El ciclo 105<br />

<strong>La</strong> magia 106<br />

<strong>Hugo</strong> 107<br />

<strong>La</strong> duda 110<br />

El humo 113<br />

<strong>La</strong> reducción 115<br />

<strong>La</strong> evaluación 121<br />

V EL MURAL 123<br />

VI UNA BIOGRAFÍA ESCUETA 151<br />

A manera <strong>de</strong> conclusión 159


a martí soler, por su amor al hacer.


El taller <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong> X. <strong>Velásquez</strong>, en Cuernavaca, Morelos.


“ Hay que pasar por la muerte si se quiere<br />

obtener el fuego.”<br />

Mito Sherenté.<br />

Clau<strong>de</strong> Lévi-Stratuss.<br />

Mitologías.<br />

Lo crudo y lo cocido.<br />

“El conocimiento la pasión no quita.”<br />

Cante por caracoles.


Me llevó diez años apren<strong>de</strong>r la técnica <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>... y veinte olvidarla.<br />

(Shoji Hamada)


Para Aurora, Sol y Bárbara<br />

que me hacen posible. Hoy por hoy.<br />

<strong>Hugo</strong> X. <strong>Velásquez</strong>


PROEMIO<br />

María Luisa Puga, la autora <strong>de</strong> este trabajo sobre la <strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong><br />

X. <strong>Velásquez</strong>, se trazó un método: el <strong>de</strong> los monólogos sucesivos, a<br />

veces sobrepuestos y otras confundidos o mezclados, y se atuvo a él<br />

con un prolijo rigor artesanal.<br />

Si antes <strong>de</strong> redactar Cuando rin<strong>de</strong> el horno María Luisa Puga<br />

sabía o no <strong>de</strong> barros, tornos, vidriados y cocciones es, para la aplicación<br />

<strong>de</strong> este método expositivo, <strong>de</strong>l todo secundario. Baste recordar<br />

el caso <strong>de</strong>l muy profundo conocedor <strong>de</strong> la escultura contemporánea,<br />

el inglés Herbert Read, quien aplicó el mismo método testimonial<br />

cuando quiso revelar en profundidad, íntimamente, a la escultora<br />

Bárbara Hepworth, personaje inmerso en su interioridad, <strong>de</strong> don<strong>de</strong><br />

extraía fuerza y fantasía para inventar (exteriorizar) volúmenes <strong>de</strong><br />

una sensualidad <strong>de</strong>puradísima y, a causa <strong>de</strong> ello, simbólica.<br />

Creo con María Luisa Puga y Herbert Read que las palabras<br />

<strong>de</strong>l productor <strong>de</strong> obras visibles y/o palpables son <strong>de</strong> una elocuencia<br />

que no pue<strong>de</strong> ni <strong>de</strong>be ser reemplazada. El amor y las buenas razones<br />

están en las piezas producidas, pero también hay que buscarlos en<br />

esas palabras que salen a empellones cuando el entrevistador sabe,<br />

con paciencia y flexibilidad espiritual, llevar al productor introvertido,<br />

aparentemente hosco, a terrenos <strong>de</strong> confianza y verbalizaciones.<br />

María Luisa Puga ha actuado como testigo y cómplice, y


16 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

el resultado es un retrato verista muy rico <strong>de</strong>l creador-artesano en el<br />

proceso <strong>de</strong> producción. Este retrato nos da un <strong>Hugo</strong> <strong>Velásquez</strong> exaltado,<br />

obsesivo, perfeccionista, instaurador <strong>de</strong> sus propias convenciones<br />

para tumbar cualquier barrera entre la vida privada y la profesional.<br />

El relato transcurre <strong>de</strong> puertas a<strong>de</strong>ntro. Se evocan relaciones<br />

<strong>de</strong> las etapas formativas; pero no aparecen las <strong>de</strong>sarrolladas <strong>de</strong>spués,<br />

cuando <strong>Hugo</strong> <strong>Velásquez</strong> y otros colegas ceramistas y diseñadores <strong>de</strong><br />

objetos se empeñaron por <strong>de</strong>sarrollar en el medio mexicano una conciencia<br />

gremial entre los propios artistas y una conciencia estética<br />

entre el público o entre los consumidores. Aunque esa asociación no<br />

haya perdurado es, como experiencia individual y colectiva, perfectamente<br />

memorable; como lo fue en la vida <strong>de</strong> Jorge Enciso, Roberto<br />

Montenegro y Gabriel Fernán<strong>de</strong>z Le<strong>de</strong>sma sus primeros contactos<br />

(en la segunda y tercera décadas <strong>de</strong> este siglo XX) con talleres <strong>de</strong><br />

<strong>cerámica</strong> y con artesanos <strong>de</strong>l barro <strong>de</strong> Aguascalientes, Oaxaca o Colima,<br />

y que José Vasconcelos evoca con renovada emoción en el Ulises<br />

criollo, su autobiografía.<br />

<strong>La</strong> <strong>cerámica</strong> se presta a la colaboración entre el artesano y el artista,<br />

al intercambio <strong>de</strong> conocimientos e influencias. Sostiene Vasconcelos<br />

en El <strong>de</strong>sastre que todo el renacimiento <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong> nacional<br />

en México parte <strong>de</strong>l viaje que Enciso y Montenegro hicieron en 1921<br />

a Oaxaca, don<strong>de</strong> en un mano a mano con los artesanos tradicionales<br />

<strong>de</strong>coraron unos platos. Según Vasconcelos esos platos fueron las<br />

primicias <strong>de</strong> lo que posteriormente se <strong>de</strong>sarrolló como una industria<br />

artística. Apoyaba su afirmación en este principio: “No se improvisan<br />

ni salen espontáneamente <strong>de</strong>l pueblo las industrias y las artes, sino<br />

que constantemente hace falta la intervención <strong>de</strong>l artista culto para<br />

iniciar o para resucitar la producción artística.”<br />

Debido al particular <strong>de</strong>sarrollo social y económico <strong>de</strong> México,<br />

y a ciertas prácticas muy arraigadas, el principio enunciado por José<br />

Vasconcelos ha operado, sobre todo, en el terreno <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>,


PROEMIO 17<br />

los textiles y el vidrio. Estilos y técnicas van y vienen. Lo inventado<br />

acá se recicla allá y a la inversa. <strong>Hugo</strong> <strong>Velásquez</strong> y cualquier otro<br />

ceramista muy individual sabe que su producto, su pieza muy única,<br />

su reconocible manera, entrará en un incontrolable proceso <strong>de</strong><br />

diseminación. Este proceso es el mejor síntoma <strong>de</strong> la existencia <strong>de</strong> un<br />

mercado vivaz <strong>de</strong> variada jerarquía. Por eso, pasados algunos años,<br />

la realidad habrá tumbado las puertas que se perciben por aquí y por<br />

allá en este relato muy personal compuesto por María Luisa Puga.<br />

Lo singular se habrá pluralizado. El estilo <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong> <strong>Velásquez</strong> habrá<br />

alcanzado el sublime anonimato <strong>de</strong>l tianguis popular mexicano.<br />

Raquel Tibol<br />

En México, 1983, año <strong>de</strong>l centenario <strong>de</strong><br />

José Clemente Orozco


A MANERA DE EXPLICACIÓN<br />

CONOCÍ a <strong>Hugo</strong> en una cena en Cuernavaca (viene<br />

fulano, zutano y mengano, un ceramista, me habían<br />

dicho). Era en la casa <strong>de</strong> Martín Casillas, el editor<br />

<strong>de</strong> este libro, quien había explicado que íbamos a<br />

ver las transparencias <strong>de</strong> un mural recién hecho por<br />

el ceramista, porque él creía que <strong>de</strong>bían hacerse libros<br />

sobre artistas mexicanos <strong>de</strong> otra manera. Mexicanos<br />

sobre mexicanos. Quería ampliar su editorial<br />

y hacer una serie <strong>de</strong> libros “fuera <strong>de</strong> Colección”...<br />

y abundaba sobre sus planes editoriales.<br />

Era, el ceramista, o sea <strong>Hugo</strong>, la estrella <strong>de</strong> la<br />

noche. Veríamos sus transparencias -parte culminante<br />

<strong>de</strong> la cena. Pero antes, a la hora <strong>de</strong> la socialización,<br />

todos conociéndonos con buena voluntad,<br />

contemporizando, como quien dice, lo oí contar<br />

una anécdota respecto a su época en Nueva York.<br />

Me gustó la manera <strong>de</strong> contar. No fue la anécdota<br />

en sí, sino el entusiasmo y el significado que tenía<br />

en el presente <strong>de</strong> quien la contaba. No era recuerdo,<br />

vaya, no era nostalgia. Era todo maravillosamente<br />

presente.<br />

Después vimos las transparencias. De <strong>cerámica</strong><br />

no sabía nada antes <strong>de</strong> escribir este libro y dudo<br />

que sepa mucho más ahora, pero sí <strong>de</strong>scubrí lo que<br />

es el amor a un oficio.


20 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Quise ver su taller y al día siguiente fui. Se discutía<br />

cómo se haría el libro, qué contendría. De repente<br />

propuse: lo escribo yo.<br />

¿Cómo explicar? Hay un trabajo qué hacer y<br />

alguien dice: yo me encargo (recoger la correspon<strong>de</strong>ncia,<br />

digamos). <strong>La</strong> naturalidad con que los otros<br />

aceptan: bueno, entonces tú te encargas <strong>de</strong>... Y añadí:<br />

vamos a necesitar una grabadora. Mañana te la<br />

tengo, dijo Martín. Y una reunión, dijo <strong>Hugo</strong>, para<br />

ver cómo vamos a trabajar.<br />

Que platicaríamos grabando. Que cada uno<br />

tendría un cua<strong>de</strong>rno en don<strong>de</strong> escribiría sus i<strong>de</strong>as.<br />

Que haríamos un calendario muy preciso. Que nos<br />

veríamos con la regularidad que fuera necesaria.<br />

El día <strong>de</strong> la primera grabación, <strong>Hugo</strong> y yo<br />

(dos perfectos <strong>de</strong>sconocidos), nos miramos con<br />

estupor: ¿y ahora? Y comenzamos a platicar sobre<br />

<strong>cerámica</strong>. Todo, <strong>de</strong>s<strong>de</strong> qué se siente, hasta qué se<br />

quiere. Y grabábamos en la ciudad, en un café, en<br />

mi casa, en la suya, junto al mural, en el taller en<br />

Cuernavaca, viendo siempre cada parte <strong>de</strong>l proceso.<br />

Páginas y más páginas iban saliendo <strong>de</strong> la transcripción.<br />

Un diálogo cuyo centro era la <strong>cerámica</strong>.<br />

Un día sentimos que ya. Para lo que queríamos<br />

que fuera el libro, ya. Ni era un tratado sobre <strong>cerámica</strong>,<br />

ni una biografía sobre <strong>Hugo</strong>, sino una introducción<br />

al hacer, a la seriedad en el oficio propio. Un<br />

libro que dijera un arte no como una actividad privilegiada<br />

y lujosa, sino como un esfuerzo constante<br />

por ser responsable, eficaz y creativo.


A MANERA DE EXPLICACIÓN 21<br />

Una o dos semanas más tar<strong>de</strong> me fueron entregadas<br />

las páginas transcritas. <strong>La</strong>s leí <strong>de</strong> corrido<br />

por la noche y al día siguiente me empecé a relatar lo<br />

sucedido en esas páginas, y a escribirlo.<br />

No es una novela, ni un libro <strong>de</strong> arte. Es, quiere<br />

ser, la historia <strong>de</strong> una entrega.<br />

María Luisa Puga


22 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


I<br />

EL CUERPO DE LA CERÁMICA<br />

El taller<br />

ÉSTE es mi taller, el horno es ése. Lo costruí yo.<br />

Y yo no entiendo lo que veo. Mucho espacio y sol y<br />

plantas; un cobertizo en el que resalta el fierro pintado<br />

<strong>de</strong> amarillo; estanterías cubiertas <strong>de</strong> piezas <strong>de</strong><br />

<strong>cerámica</strong>, algunas rotas, todas polvosas; volúmenes<br />

<strong>de</strong> máquinas incomprensibles, o pedazos <strong>de</strong> máquinas<br />

tal vez. El horno tiene un aire inocente y casi<br />

pareciera que da la espalda. Junto a este cobertizo<br />

hay una amplia habitación cuadrada con gran<strong>de</strong>s<br />

ventanales. Está pintada <strong>de</strong> un tono ocre encendido<br />

y como techo tiene una <strong>de</strong>scomunal palapa.<br />

Enfrente <strong>de</strong> esta habitación hay otra, que luce una<br />

fachada simpática. Hay toda clase <strong>de</strong> máscaras en la<br />

parte superior.<br />

<strong>La</strong> llamamos “el submarino”, porque ahora lo vas a ver por <strong>de</strong>ntro.<br />

Es el comienzo <strong>de</strong> nuestra casa, la casa que va a construir Aurora un<br />

día, un día que se <strong>de</strong>cida.<br />

Por <strong>de</strong>ntro el espacio es verda<strong>de</strong>ramente reducido.<br />

Hay dos literas. Nuevamente el fierro pintado <strong>de</strong><br />

amarillo. Una mesa ante una ventana, una cómoda,<br />

pequeñas piezas <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong>, recuerdos <strong>de</strong> viajes<br />

a congresos <strong>de</strong> ceramistas, pero también piezas <strong>de</strong><br />

esas que uno se saca, cuando no es afortunado, en<br />

las ferias. Ropa.


24 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


EL CUERPO DE LA CERÁMICA 25<br />

El cuarto contiguo es la cocina, y luego un baño.<br />

Cerámica por todas partes. Afuera, en una especie<br />

<strong>de</strong> minúscula veranda, una mesa cuya superficie es<br />

un mural <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong>. Plantas, macetas, en su mayoría<br />

piezas que se han rajado en el horno. <strong>La</strong> tierra<br />

se asienta ahí cómodamente, y las rajaduras, que<br />

<strong>de</strong>stilan un aire <strong>de</strong> tragedia en la maceta vacía, con<br />

la tierra adquieren un aspecto <strong>de</strong> naturalidad indiscutible.<br />

Lentamente cada cosa se revela en su sitio.<br />

Y ven, ven para que veas. Aquí hacemos el mantenimiento. Esta es<br />

una parte fundamental <strong>de</strong>l taller. Aquí inventamos máquinas, las<br />

transformamos, las adaptamos. Es un taller muy completo. Aquí,<br />

aunque no lo creas, hay herramientas carísimas.<br />

No es que no lo crea, es que veo sólo amarillo y azul,<br />

fierro y un montón <strong>de</strong> cajoncitos. Sí, tienen letreros,<br />

explican lo que contienen. Seguramente ahí está<br />

todo, pero parece un gallinero en don<strong>de</strong> se guardaran<br />

fierros viejos.<br />

Edmundo el tornero, Toño el velador, ex albañil,<br />

que ha probado todos los procesos <strong>de</strong> la<br />

<strong>cerámica</strong> y por fin aprendió a trabajar el hierro y<br />

es quien hace todas esas estructuras pintadas <strong>de</strong><br />

amarillo y azul. Manuel el hornero, y Carlos, que<br />

casi termina su preparatoria y que, en el taller, es<br />

quien vidrea. Dos perros, un gato. Detrás <strong>de</strong>l “submarino”<br />

está la casa <strong>de</strong> Toño que Aurora ha<br />

construido. Dos habitaciones, una sala, baño y cocina.<br />

Ahí vive con su familia.<br />

Pero te falta ver esto: aquí es don<strong>de</strong> guardamos el barro. Aquí lo<br />

amasamos, y a medida que Edmundo lo va necesitando, se lo pasamos.<br />

Este cobertizo antes no estaba. Lo hicimos hace poco.


26 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Más polvo, lógico, pero un jardincito exuberante<br />

también. Qué tierra fértil la <strong>de</strong> Cuernavaca.<br />

<strong>Hugo</strong> sale y entra por todos lados, revisando<br />

que todo esté bien. Es su sitio. Es su esencia, como<br />

esa que <strong>de</strong>stila cuando dice “<strong>de</strong>beras”, porque él dice<br />

<strong>de</strong>veras con b gran<strong>de</strong>, como queriendo meter ahí<br />

toda su verdad.<br />

<strong>La</strong> palapa (ya que en el taller cada espacio tiene<br />

su nombre, y por ejemplo, la parte que separa a la<br />

palapa <strong>de</strong>l horno se llama <strong>La</strong> Calle <strong>de</strong> San Francisco;<br />

fue Toño quien la bautizó así, en honor a un programa<br />

<strong>de</strong> televisión <strong>de</strong>l mismo nombre), la palapa,<br />

pues, es un espacio cobijado y fresco. Ahí se trabaja<br />

reflexivamente. A veces suena una cinta <strong>de</strong> jazz.<br />

Aurora tiene su restirador. <strong>Hugo</strong> toma café en una<br />

mesita. Va a vidriar. Le cuesta mucho empezar. Da<br />

millones <strong>de</strong> vueltas. Cuando por fin empieza, lo hace<br />

a una velocidad in<strong>de</strong>scriptible y todo en la palapa<br />

entra en movimiento. Aún Edmundo, que en un<br />

rincón, un rincón inverosímil, tornea callada, ininterrumpidamente.<br />

Ahí están también las ochenta muestras <strong>de</strong><br />

vidriados que <strong>Hugo</strong> y Aurora han hecho. También<br />

ahí, en unas estanterías <strong>de</strong> hierro hechas por Toño,<br />

se secan unas piezas, algunas cubiertas con plástico<br />

porque la palapa. . . la palapa tiene goteras. Cosa<br />

gravísima.<br />

<strong>La</strong> tenemos que cambiar, es muy urgente. Eso es algo que hay que<br />

resolver pronto, porque nos podría arruinar muchas piezas. Es que<br />

en este taller nunca se acaban los problemas, y yo tengo que trabajar<br />

así. Deberas.<br />

Está en la parte industrial <strong>de</strong> Cuernavaca (allá, por<br />

don<strong>de</strong> reparan los Delfines). Enfrente, al otro lado


EL BARRO 27<br />

El barro<br />

<strong>de</strong> un barranco, unas casas <strong>de</strong> adobe inertas entre<br />

árboles y milpas, gallos, cerdos, gallinas y caballos.<br />

Mujeres que lavan ropa, hombres que se lavan los<br />

dientes al lado <strong>de</strong> un tambo <strong>de</strong> agua.<br />

ODIO el barro a veces no sabes cómo. El barro es . . . muy<br />

silencioso, muy íntimo, sumamente dúctil. Lo tocas un poquito y<br />

ya <strong>de</strong>jaste una huella. Obe<strong>de</strong>ce con una facilidad <strong>de</strong>sconcertante y<br />

al mismo tiempo es <strong>de</strong> una rebeldía que te exaspera. Como que se<br />

ríe <strong>de</strong> ti; te confías y <strong>de</strong> pronto se te voltea. Siempre me produce la<br />

sensación <strong>de</strong> que no tengo la habilidad suficiente para hacer lo que<br />

quiero conseguir. Es una permanente dualidad; algo muy concreto<br />

y muy abstracto. . . mira, lo que quiero <strong>de</strong>cir es que, por ejemplo,<br />

la gran mayoría <strong>de</strong> las gran<strong>de</strong>s piezas son anónimas. Por lo menos<br />

<strong>de</strong> las que yo consi<strong>de</strong>ro más bellas. Y a mí lo que me emociona<br />

no es tanto la forma en su totalidad, sino los pequeños acci<strong>de</strong>ntes.<br />

Los remates <strong>de</strong> los bor<strong>de</strong>s, la huella <strong>de</strong>l azar. Hay quien ha dicho<br />

que la belleza <strong>de</strong> una pieza no está en el exterior, sino en el aire, el<br />

volumen que contiene. Yo hice una serie <strong>de</strong> piezas parecidas a las<br />

ollas <strong>de</strong> mezcal <strong>de</strong> Oaxaca, sólo que al terminar <strong>de</strong> formarlas, con<br />

la boca las inflaba, y esto les daba una cualidad diferente. De mis<br />

piezas, quiero que se sientan; que la gente las sienta más <strong>de</strong> lo que<br />

las vea o las admire, porque para mí la <strong>cerámica</strong> es eso: sensación,<br />

sensualidad.<br />

<strong>La</strong>s manos <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong> son largas y nerviosas, <strong>de</strong><br />

uñas largas también. Están levemente manchadas por<br />

la nicotina <strong>de</strong> los Faritos que fuma.<br />

Yo aprendí en inglés lo que es el cuerpo cerámico: Body. Nadie lo<br />

llama <strong>de</strong> otra manera. Aquí le dicen pasta y a mí me parece horrible.<br />

Me suena a pasta <strong>de</strong> dientes. Es realmente cuerpo.


28 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


EL BARRO 29


30 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Es la mezcla <strong>de</strong> la arcilla, el sílice, y un fun<strong>de</strong>nte: fel<strong>de</strong>spato.<br />

Así haces el cuerpo cerámico. Lo pue<strong>de</strong>s hacer más abierto o más<br />

cerrado, <strong>de</strong>pen<strong>de</strong> <strong>de</strong> la cantidad <strong>de</strong> grog —que es una arenilla<br />

medio amarillenta— que le pongas. Mientras menos arena es más<br />

cerrado, y más arena más abierto, pero entonces resulta menos<br />

plástico. Cada ceramista tiene su mezcla, la encuentra, y así llega a<br />

conocer su barro a fondo; llega a saber, en la medida <strong>de</strong> lo posible,<br />

cómo se va a portar durante el secado y luego en el horno. Cuando<br />

está húmedo, listo para ser trabajado, es <strong>de</strong> una suavidad casi<br />

viva. Hay que cuidarlo mucho para que seque bien porque en esa<br />

etapa es sumamente frágil; que no le dé el sol, que sí le dé, o el aire,<br />

porque si colocas una pieza en don<strong>de</strong> hay una corriente <strong>de</strong> aire,<br />

por ejemplo, la parte en don<strong>de</strong> le pega se seca primero y eso hace<br />

que se raje <strong>de</strong>spués en el horno al crecer y luego contraerse. Y las<br />

goteras, mi pesadilla. Una gota te pue<strong>de</strong> arruinar una pieza. Y lo<br />

más asombroso es que, una vez quemada, la pieza se convierte en<br />

un objeto durísimo, una piedra verda<strong>de</strong>ramente, y más cuando<br />

la quemas en alta temperatura. De ser algo palpitante y frágil, se<br />

convierte en algo hermético y prácticamente in<strong>de</strong>structible; claro,<br />

la pue<strong>de</strong>s romper si te lo propones, <strong>de</strong>jarla caer, pero tú, con tus<br />

manos, ya no le pue<strong>de</strong>s hacer ninguna huella. Lo que seguiría en<br />

dureza a una pieza quemada en alta temperatura podría ser un<br />

diamante.<br />

El azoro, el maravillamiento es lo que trasluce su tono.<br />

Y provienen <strong>de</strong> veinte años <strong>de</strong> practicar su oficio y<br />

conocerlo a fondo.<br />

El secado<br />

LUEGO hay otro problema: el tiempo <strong>de</strong>l secado. A<strong>de</strong>más <strong>de</strong><br />

cuidar la pieza para que seque uniformemente, hay que saber<br />

esperar a que esté seca, y eso es un inicio en el arte <strong>de</strong> la paciencia.<br />

Porque, claro, tú formas tu pieza y ya la quieres ver quemada,


EL SECADO 31<br />

vidriada; quieres ver qué pasó, pero en el secado no te pue<strong>de</strong>s engañar,<br />

o esperas o se te raja. Es el tiempo <strong>de</strong>l barro, y sencillamente<br />

no tiene atajos.<br />

Tú formas tu pieza y luego la tienes que estar tocando periódicamente<br />

porque lo que suce<strong>de</strong> es que al irse evaporando el agua,<br />

la pieza se va enfriando. Te la pones contra la mejilla, la lames,<br />

te fijas en el color <strong>de</strong>l barro. Yo conozco muy bien el color <strong>de</strong> mi<br />

barro. Sin embargo nunca pue<strong>de</strong>s estar seguro; no hay un punto<br />

preciso, bien <strong>de</strong>limitado, cuando puedas <strong>de</strong>cir: ya está seca. Aún<br />

si usas una secadora. Nosotros estamos construyendo una en el<br />

taller y claro que va a ayudar mucho, pero digo, aún así, nunca<br />

pue<strong>de</strong>s estar completamente seguro, aunque si apren<strong>de</strong>s a respetar<br />

el tiempo <strong>de</strong>l barro es más factible que no se te rompa la pieza. Y<br />

te queda un ligero miedo siempre, una duda eterna en el momento<br />

<strong>de</strong> quemar. Des<strong>de</strong> el momento en que las piezas entran al horno,<br />

todo es irreversible.<br />

Me impresiona esta calidad <strong>de</strong> tiempo tan brutalmente<br />

severa y a la vez tan apacible. <strong>La</strong>s piezas en<br />

sus estantes parecen dormir indiferentes. Carlos o<br />

Manuel las sacan a media mañana a una mesa que<br />

han puesto en la terraza. Cuando levantan una olla<br />

me dan la impresión <strong>de</strong> que toman en sus manos a<br />

un bebé que luego <strong>de</strong>positan muy suavemente sobre<br />

la mesa. Una por una; todo esto pasa con una gran<br />

lentitud, como en un rito, y el sol brilla <strong>de</strong>saforado.<br />

En los libros sobre <strong>cerámica</strong> se habla muy poco <strong>de</strong>l secado, y yo<br />

creo que es una <strong>de</strong> las gran<strong>de</strong>s <strong>de</strong>sesperaciones <strong>de</strong>l ceramista.<br />

Cuando lees diarios <strong>de</strong> ceramistas te das cuenta <strong>de</strong> que ahí resi<strong>de</strong><br />

una buena parte <strong>de</strong> su angustia.<br />

Fíjate, cuando le tocó a México ser la se<strong>de</strong> <strong>de</strong>l congreso <strong>de</strong>l<br />

Consejo Mundial <strong>de</strong> Artesanía (es miembro <strong>de</strong> la UNESCO y trata<br />

<strong>de</strong> agrupar a artesanos <strong>de</strong> todo el mundo), fue en 1976, a mí me<br />

tocó ser presi<strong>de</strong>nte <strong>de</strong>l seminario internacional, porque había dos


32 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Uno no pue<strong>de</strong> enamorarse todos los días <strong>de</strong> una bola <strong>de</strong> barro.<br />

(Peter Voulkos, Seminario Internacional <strong>de</strong> Cerámica, VII Asamblea General<br />

<strong>de</strong>l Consejo Mundial <strong>de</strong> Artesanías, Oaxtepec, México, 1976)


EL SECADO 33<br />

diferentes grupos, uno con puros talleres nacionales, don<strong>de</strong> había<br />

alfareros, ceramistas <strong>de</strong> todo México, y el otro internacional. Yo<br />

ayudé a coordinar el primero y fui presi<strong>de</strong>nte <strong>de</strong>l segundo. Fue en<br />

Oaxtepec, y era increíble; en un momento dado había 26 talleres<br />

artesanales trabajando; construimos cuatro o cinco hornos. Era<br />

muy emocionante, imagínate, hacer piezas con gente <strong>de</strong><br />

Noruega. . . <strong>de</strong> Tanzania. . . darte cuenta <strong>de</strong> que tus problemas<br />

eran los <strong>de</strong> ellos. Era un congreso sin ponencias. Todos hacíamos.<br />

Por <strong>de</strong>sgracia, algunos funcionarios <strong>de</strong> Fonart no permitieron<br />

a los ceramistas mexicanos mezclarse con los internacionales,<br />

porque, según <strong>de</strong>cían, podían contaminarse. No obstante, y casi<br />

clan<strong>de</strong>stinamente, venían por la noche y hablábamos muchísimo<br />

<strong>de</strong> problemas comunes; nos intercambiábamos información, en<br />

fin. Supongo que pasa mucho con gente <strong>de</strong> la misma profesión,<br />

pero varios ceramistas reunidos, y sobre todo <strong>de</strong> distintas partes<br />

<strong>de</strong>l mundo, es algo que a mí me fascina. Se te olvida el problema<br />

<strong>de</strong> no saber el idioma. Simplemente te entien<strong>de</strong>s. Te hablas a través<br />

<strong>de</strong>l barro.<br />

Yo, como presi<strong>de</strong>nte, podía invitar a quien quisiera, y traje a<br />

Glennys Barton (Inglaterra), Daniel Cobblah (Ghana), Marea<br />

Gazzard (Australia), Eric Gronborg (Dinamarca), Daniel Rho<strong>de</strong>s<br />

(EU), Jale Yilmabasar (Turquía) y Peter Voulkos (EU). Peter es un<br />

gran tornero; hace lo que quiere con el torno, un tipo<br />

impresionante. Yo propuse que hiciéramos una gran pieza entre<br />

todos. Una pieza monumental, que cada uno le agregara lo que<br />

quisiera, que todos participáramos. Empezó a crecer la pieza, y<br />

no se veía tan mal. Llevaba un pedazo <strong>de</strong> cada uno <strong>de</strong> nosotros,<br />

había un gran entusiasmo. Al final <strong>de</strong>l día, Peter me preguntó: Y<br />

ahora, <strong>Hugo</strong>, ¿qué hacemos? Era gigantesca y ahí estábamos todos<br />

muy emocionados. Yo creo que todos sabían lo que se tenía que<br />

hacer. <strong>La</strong> pieza no se podía transportar a ninguna parte. Imposible<br />

quemarla, las piezas no se secan en una semana. Sólo había una<br />

respuesta: volarla.


34 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>Hugo</strong> trazando con arena el <strong>de</strong>sierto <strong>de</strong>l mural


EL SECADO 35<br />

El torno <strong>de</strong> Peter es <strong>de</strong> motor. Él aprieta un pedal, un acelerador,<br />

y el torno gira. Peter estaba ante el torno. Carlos, un gran amigo<br />

mío y <strong>de</strong> Peter, también ceramista y también mexicano, estaba a su<br />

lado. Peter dijo (sólo dijo): ¡Súmelo, Carlos! Y Carlos, hasta el fondo<br />

apretó el acelerador, y la pieza salió volando por los aires. En<br />

ese momento recordé. Una vez, yo iba en un camión a San Francisco,<br />

y <strong>de</strong> pronto vimos, en un pueblito que se llama Flagstaff, no<br />

sé si <strong>de</strong> Nuevo México o Arizona, a un grupo enorme <strong>de</strong> indios,<br />

creo que eran navajos o hopis. No sabía qué era y me bajé rápido<br />

<strong>de</strong>l camión para ver. Me explicaron que era día <strong>de</strong> fiesta para ellos.<br />

Todavía no puedo creer lo que vi: danzaban en un espacio<br />

<strong>de</strong> aproximadamente 4 m x 4 m. Todos llevaban en las manos arena<br />

<strong>de</strong> distintos colores. <strong>La</strong> iban regando en el suelo a medida que<br />

bailaban, y vi cómo comenzaron a surgir diseños <strong>de</strong> una belleza<br />

inaudita. Serían las siete <strong>de</strong> la noche más o menos. Ya no me pu<strong>de</strong><br />

ir. Quería ver en qué terminaba todo eso. Me acuerdo <strong>de</strong>l sonido<br />

<strong>de</strong>l tambor. Cantaban, danzaban, dibujaban algo precioso, y como<br />

a eso <strong>de</strong> las cuatro <strong>de</strong> la mañana (yo ya me <strong>de</strong>cía: terminaron, no<br />

veo qué más pue<strong>de</strong>n hacer), que <strong>de</strong> pronto se <strong>de</strong>tienen, que pegan<br />

un grito, y todos los que danzaban y cantaban saltan al centro <strong>de</strong>l<br />

cuadro y lo <strong>de</strong>struyen.<br />

<strong>Hugo</strong><br />

SE llama <strong>Hugo</strong> <strong>Velásquez</strong> y tiene 52 años. Hace<br />

veinte que empezó a hacer <strong>cerámica</strong>. De eso<br />

vive y, salvo en contadas ocasiones, nunca ha<br />

trabajado en otra cosa.<br />

Pero yo empecé como pintor, en realidad; pintaba como pretexto<br />

para vivir, es <strong>de</strong>cir, no era pintor (aunque no pintaba mal), pero<br />

lo <strong>de</strong>cía para disfrazar un poco mi existencia y escudarme ante<br />

la gente. Vivía en Nueva York, y <strong>de</strong>spués <strong>de</strong> muchas dificulta<strong>de</strong>s<br />

había conseguido un loft. Eran éstos, talleres <strong>de</strong> costura que


36 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


HUGO 37<br />

resultaban útiles porque no tenían una sola pared interior, y como<br />

era la época <strong>de</strong>l expresionismo, los cuadros abstractos habían crecido<br />

hasta unas dimensiones enormes. Se necesitaba mucho espacio<br />

para pintar. En fin, logré conseguir mi loft y lo adapté, le puse<br />

rega<strong>de</strong>ra, lo pinté; trabajé muchísimo.<br />

Y como a eso <strong>de</strong> las seis <strong>de</strong> la tar<strong>de</strong> me di cuenta <strong>de</strong> que me<br />

faltaba un foco. Salí a comprarlo a Macy’s, y sólo entonces me<br />

di cuenta que era 23 <strong>de</strong> diciembre. <strong>La</strong> gente andaba enloquecida<br />

comprando regalos y eso, y yo me llené <strong>de</strong> terror. En pleno Nueva<br />

York no darte cuenta <strong>de</strong> que la Navidad se acerca. . . me<br />

sentí completamente <strong>de</strong>sconectado. Esa irrealidad ha sido<br />

siempre mi problema, pero en esa ocasión sentí que no iba a<br />

po<strong>de</strong>r controlar la situación. Por otra parte, me pasaba con mi<br />

pintura que yo seguía lo que los <strong>de</strong>más hacían sin saber por qué.<br />

Era la época <strong>de</strong>spués <strong>de</strong> la guerra <strong>de</strong> Corea y en cuanto se<br />

tocaba el tema, flotaba en el ambiente <strong>de</strong> los pintores tal<br />

sentimiento <strong>de</strong> culpa, que se hubiera podido cortar con cuchillo,<br />

y creo que por eso la pintura que se hacía en ese momento<br />

estaba encerrada en un hermetismo abstracto terrible. Así la<br />

hacía yo y me sucedía que la relación que había entre lo que yo<br />

quería hacer en un cuadro, el resultado final, y lo que <strong>de</strong>spués<br />

un espectador veía no tenía nada que ver y eso me producía<br />

una insatisfacción terrible. Agudizaba mi sensación <strong>de</strong> irrealidad.<br />

Decidí, pues, <strong>de</strong>jar <strong>de</strong> pintar. Me busqué un apartamento<br />

chiquitito y una chamba para po<strong>de</strong>r vivir. Y me psicoanalicé.<br />

Es curioso oírlo hablar <strong>de</strong> irrealidad. <strong>Hugo</strong> produce<br />

la impresión <strong>de</strong> ser muy pequeño y frágil, y en<br />

realidad es un hombre alto, sumamente <strong>de</strong>lgado, <strong>de</strong><br />

caminar tranquilo, <strong>de</strong> voz firme, en ocasiones estentórea,<br />

<strong>de</strong> reacciones rápidas, casi eléctricas, que<br />

sorpren<strong>de</strong>n momentáneamente. De la quietud más<br />

apacible, pue<strong>de</strong> tensarse en una furia <strong>de</strong>sbordante.<br />

Por eso es curioso oírlo hablar <strong>de</strong> irrealidad.


38 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Y es que la realidad nunca ha sido muy clara para mí; nunca he<br />

estado muy seguro <strong>de</strong> cuál es la realidad externa, por eso la forma<br />

siempre me ha intrigado, el aura que hace con el espacio; supongo<br />

que eso lo he sentido toda mi vida. Ver una forma concreta me<br />

ubica y creo que por eso escogí la <strong>cerámica</strong>. A<strong>de</strong>más la gente se<br />

siente mucho más libre <strong>de</strong> opinar que, digamos, con la pintura o la<br />

escultura. Antes yo flotaba <strong>de</strong> un lado a otro, sintiéndome siempre<br />

irreal. Si haces <strong>cerámica</strong> no pue<strong>de</strong>s ser trashumante. El horno te<br />

arraiga.<br />

Diez años antes yo había tomado un curso <strong>de</strong> diseño en Los<br />

Ángeles. Había entrado más o menos ilegalmente a Estados Unidos,<br />

y para po<strong>de</strong>r tener un permiso <strong>de</strong> resi<strong>de</strong>ncia tenía que<br />

estudiar algo, pero tenía que obtener un promedio <strong>de</strong>terminado<br />

para po<strong>de</strong>r quedarme. En ese curso había una clase <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong><br />

que yo tomaba, pero lo que sucedía con la <strong>cerámica</strong> es que eran<br />

muchas horas <strong>de</strong> trabajo y te daban muy pocos puntos. Para sobrevivir,<br />

trabajaba <strong>de</strong> obrero en una fábrica, <strong>de</strong> cuatro <strong>de</strong> la tar<strong>de</strong><br />

a doce <strong>de</strong> la noche, y mi primera clase era a las siete <strong>de</strong> la mañana.<br />

Claro, tenía veinte años, pero no era fácil. Por eso tuve que <strong>de</strong>jar<br />

la <strong>cerámica</strong> y estudiar algo que me diera más puntos. Diez años<br />

<strong>de</strong>spués sí la escogí. Me puse a buscar escuela y opté por una buena.<br />

Me inscribí en el último curso, que era uno teórico y técnico: la<br />

teoría para hacer vidriados, con Stanley Rosen. O sea, cómo conseguir<br />

el color, la textura, el grado <strong>de</strong> reflejos. Al principio no me<br />

querían aceptar porque era el último semestre <strong>de</strong> la escuela y me<br />

<strong>de</strong>cían que no habiendo estudiado todo lo anterior no iba a po<strong>de</strong>r.<br />

Yo les aseguré que sí, y pu<strong>de</strong>. Salí <strong>de</strong> ahí con un buen bagaje teórico,<br />

aunque sin nada, absolutamente, <strong>de</strong> práctica. Como el amigo<br />

con el que vivía, Carlos Piña, también quería hacer <strong>cerámica</strong>, nos<br />

pusimos a buscar un estudio. Habíamos conocido gente <strong>de</strong><br />

una comunidad que venía <strong>de</strong>l Black Mountain College, llamada<br />

Stony Point, que quedaba como a una hora <strong>de</strong> Nueva York.


HUGO 39<br />

Yo quería que me tomara <strong>de</strong> aprendiz una ceramista que tenía su<br />

taller en esa comunidad, Karen Karnes, pero me dijo que no, que<br />

nunca había tenido aprendices, que lo que sí podía hacer era supervisar<br />

nuestro trabajo. Entonces encontramos un anuncio <strong>de</strong> alquiler<br />

<strong>de</strong> un estudio, en pleno Manhattan, increíble. Y muy barato. Fuimos<br />

a verlo, y el señor que lo alquilaba nos dijo que en realidad el estudio<br />

era <strong>de</strong> su hermano, pero que él se ocupaba <strong>de</strong> alquilarlo y no había<br />

ningún problema.<br />

Notamos algo raro en el estudio, pero no sabíamos qué era.<br />

Nos dábamos cuenta <strong>de</strong> que el extremo izquierdo <strong>de</strong>l taller estaba<br />

muy bien hecho, todo en su sitio, pero a medida que avanzábamos<br />

hacia el centro, ya que tenía forma <strong>de</strong> herradura y en el centro estaba<br />

el horno, el estudio cobraba un aspecto vagamente <strong>de</strong>sencajado,<br />

raro. De todas maneras nos pusimos a trabajar con gran entusiasmo.<br />

<strong>La</strong> ceramista <strong>de</strong> Stony Point pasaba <strong>de</strong> cuando en cuando a visitarnos,<br />

nos daba consejos, nos corregía errores. Yo insistía en que me<br />

quería ir <strong>de</strong> aprendiz con ella, pero se seguía rehusando.<br />

Por fin un día tuvimos suficientes piezas para quemar en el<br />

horno; las vidriamos y las metimos. Era a mediados <strong>de</strong> julio. Prendimos<br />

el horno y medio nos dimos cuenta <strong>de</strong> que no tenía<br />

tiro, pero no hicimos mucho caso. Comenzamos a quemar<br />

como a las ocho <strong>de</strong> la mañana, y a la hora o dos horas los vecinos<br />

comenzaron a quejarse. Entendimos qué pasaba. El tiro <strong>de</strong> la chimenea<br />

—porque era chimenea convertida en horno— era el <strong>de</strong> todas<br />

las chimeneas <strong>de</strong> los apartamentos <strong>de</strong>l edificio que, a<strong>de</strong>más, estaban<br />

bloqueadas, por lo que la gente las había convertido en cantinitas, o<br />

las había cubierto con papel tapiz, o tenía un sillón ahí colocado. <strong>La</strong><br />

ira <strong>de</strong> los vecinos aumentó con el calor <strong>de</strong>l horno, porque ya la pintura<br />

<strong>de</strong> sus apartamentos comenzaba a mostrar<br />

signos <strong>de</strong> sobresalto, y el humo, y bueno. Llamaron a los bomberos,<br />

que por supuesto acudieron <strong>de</strong> inmediato y clausuraron el taller. Ya<br />

no se podía hacer <strong>cerámica</strong> en Manhattan.


40 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Fuimos a buscar al tipo, le entregamos las llaves y le reclamamos<br />

que el horno no tuviera tiro. Apenado nos explicó que <strong>de</strong> eso él<br />

no sabía nada. El taller era <strong>de</strong> su hermano. . . quien estaba en un<br />

hospital psiquiátrico. Ah.<br />

Pero la ceramista entonces se apiadó <strong>de</strong> nosotros.<br />

<strong>La</strong> comunidad estaba situada en un inmenso bosque, bellísimo.<br />

<strong>La</strong> había fundado un señor llamado Paul Williams, que era<br />

quien diseñaba las casas en don<strong>de</strong> vivían los artistas, y con un<br />

ayudante las construía él mismo. Cada uno iba comprando su<br />

casa poco a poco. A nosotros nos alquilaron una cabañita, que<br />

pudimos pagar gracias a que antes yo había trabajado en un negocio<br />

que hacía en serie pinturas al óleo y antigüeda<strong>de</strong>s, por lo que<br />

recibíamos la pensión <strong>de</strong> <strong>de</strong>sempleo (yo la llamaba beca). No era<br />

que fuéramos verda<strong>de</strong>ramente aprendices. Karen seguía insistiendo<br />

en que ella no sabía trabajar con aprendices. Nos <strong>de</strong>jaba barrer,<br />

mezclar el barro, etc. El compromiso era que la ayudáramos a <strong>de</strong>scargar<br />

el horno (jamás a cargarlo, ésa es una labor muy <strong>de</strong>licada),<br />

y a cambio nos daba todas las facilida<strong>de</strong>s <strong>de</strong>l taller. Yo le estoy muy<br />

agra<strong>de</strong>cido, <strong>de</strong>beras.<br />

Era ceramista <strong>de</strong> producción, es <strong>de</strong>cir, hacía juegos <strong>de</strong> piezas<br />

y es una <strong>de</strong> las gentes más sensibles que yo he conocido; con un<br />

sentido extraordinario <strong>de</strong> la disciplina y el ritmo, todo lo hacía con<br />

una gran ca<strong>de</strong>ncia, que es fundamental para hacer <strong>cerámica</strong>. Nos<br />

asesoraba todo el tiempo con mucha paciencia. Yo me <strong>de</strong>diqué<br />

más que nada a experimentar vidriados. Para mí era fundamental<br />

hacerlo puesto que nunca <strong>de</strong>jé <strong>de</strong> estar consciente <strong>de</strong> que yo iba<br />

a hacer <strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> alta temperatura; no se ha encontrado una<br />

buena manera <strong>de</strong> <strong>de</strong>finir en español esta <strong>cerámica</strong>; algunos dicen:<br />

<strong>de</strong> gran fuego. El mundo precolombino no la conoció y tampoco<br />

el mundo mediterráneo. Se origina en Corea, <strong>de</strong> ahí va a China y<br />

<strong>de</strong>spués al Japón, en don<strong>de</strong>, al igual que a la porcelana, la llaman<br />

“hon yaki” (verda<strong>de</strong>ramente horneada). En francés se dice “gres”,


HUGO 41<br />

y en inglés “stoneware 1 ”. Pero, digo, iba a hacer esa <strong>cerámica</strong> en<br />

México, y no en Estados Unidos. Tú allá, si quieres, pue<strong>de</strong>s ir a<br />

una tienda y pedir los colores que necesitas para los vidriados que<br />

necesitas. Un ceramista que se respete, por supuesto, no lo hace.<br />

Pero, quiero <strong>de</strong>cir, eso te da un margen <strong>de</strong> seguridad bárbaro.<br />

En México, en esa época, yo no conocía a nadie que hiciera<br />

<strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> alta temperatura, <strong>de</strong> manera que <strong>de</strong>cidí experimentar<br />

en Stony Point. Había que sustituir lo que un país mo<strong>de</strong>rno te<br />

ofrece etiquetado, si quieres, o mediante personas que saben<br />

mucho <strong>de</strong> eso.<br />

Carlos quiso <strong>de</strong>dicarse al torno. El torno lo fascinaba.<br />

Meses <strong>de</strong>spués empezamos a pensar en el regreso. Habíamos<br />

formado muchas piezas, y se nos ocurrió que serían un buen regalo<br />

para los amigos. Queríamos quemarlas. Karen dijo que no todas<br />

estaban secas. Cómo no van a estar secas, si están ahí <strong>de</strong>s<strong>de</strong> hace<br />

mucho. No están secas, repitió Karen. Bueno, pero algo saldrá<br />

aunque que<strong>de</strong>n un poco mal. No están secas.<br />

Nos <strong>de</strong>jó cargar el horno (sólo con nuestras piezas), y<br />

quemarlas.<br />

Todas se rompieron.<br />

No hay atajos en la <strong>cerámica</strong>, <strong>de</strong>beras.<br />

1<br />

Pue<strong>de</strong> consi<strong>de</strong>rarse stoneware la alfarería vitrea, gris, beige, o café quemada en el rango entre el<br />

cono 6 al 14. El nombre viene, <strong>de</strong>s<strong>de</strong> luego, <strong>de</strong>l <strong>de</strong>nso, duro, impermeable carácter <strong>de</strong>l cuerpo. Daniel<br />

Rho<strong>de</strong>s, Clay and glazes for the potter; stoneware es alfarería en la que la arcilla ha sido quemada<br />

hasta el punto en que se vitrifica, esto generalmente suce<strong>de</strong> con el calor blanco, pero la temperatura<br />

exacta, digamos 1200°C-1400°C varía con la composición <strong>de</strong>l barro [cuerpo cerámico].<br />

<strong>La</strong> palabra stoneware es suficientemente apropiada, porque sugiere la cualidad <strong>de</strong> piedra fundida,<br />

ya sea que aparezca en el cuerpo o en el vidriado, da la pista correcta <strong>de</strong> su carácter. Bernard Leach,<br />

A potter’s book; en el stoneware <strong>de</strong>bido a su íntima interrelación siempre se adivina el cuerpo<br />

que está atrás <strong>de</strong>l vidriado, esto me sigue intrigando y es una razón por la que lo sigo haciendo.<br />

Stoneware, alfarería dura, fuerte y vitrificada generalmente horneada arriba <strong>de</strong> 1200°C en la que<br />

el cuerpo y el vidriado maduran al mismo tiempo y forman unan capa cuerpo/vidriado integrada.<br />

<strong>La</strong> cualidad <strong>de</strong>l vidriado contribuye mucho al establecimiento <strong>de</strong> dicha capa, y es <strong>de</strong>bido a esta<br />

cualidad (<strong>de</strong>l vidriado) que se <strong>de</strong>termina la aceptación <strong>de</strong> una loza como stoneware. Esta cualidad<br />

enseña una integración <strong>de</strong> los colores con el cuerpo y el vidriado, manchones, bor<strong>de</strong>s suaves<br />

y variaciones <strong>de</strong> color. <strong>La</strong> superficie <strong>de</strong>l vidriado es dura, Frank Hamer, The potter’s dictionary of<br />

materials and techniques.


42 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Sólo hay el momento, y sin embargo, el momento siempre da lugar al siguiente, así es<br />

que ni siquiera hay el AHORA; hay NADA, verdad, verdad. Nada hay si eso es el camino<br />

para enten<strong>de</strong>r cuánto verda<strong>de</strong>ramente hay.<br />

(Dr. M.C. Richards, Centering in pottery, poetry and the person).


HUGO 43<br />

YO a <strong>Hugo</strong> no lo conocía antes <strong>de</strong> proponerle escribir<br />

este libro. Y <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong> no sé más que lo que<br />

he aprendido con <strong>Hugo</strong> para escribir este libro. Y le<br />

propuse escribir este libro para apren<strong>de</strong>r cómo se<br />

apren<strong>de</strong> un oficio.<br />

Todos los años en Stony Point se hacía un picnic en el verano, al<br />

que asistía un promedio <strong>de</strong> quinientas personas. Artistas <strong>de</strong> todo<br />

tipo. Cada cual llevaba algo <strong>de</strong> comer. Casi era una exposición gastronómica.<br />

Se ponían diferentes mesas con las sopas, los guisados,<br />

los postres. Abundaba la comida. Comenzaba a las nueve <strong>de</strong> la<br />

mañana y terminaba a medianoche. A nosotros nos tocó distribuir<br />

y servir la cerveza. Barriles y barriles <strong>de</strong> cerveza. Era nuestra <strong>de</strong>spedida<br />

<strong>de</strong> la comunidad. Después <strong>de</strong>l picnic planeábamos volver<br />

a México, a poner nuestro taller en Michoacán, aunque no nos<br />

habíamos <strong>de</strong>tenido a pensar con qué dinero lo íbamos a montar.<br />

Paul, por. supuesto, estaba ahí. Paul. Estábamos picando<br />

cebolla y llorando a mares, cuando me preguntó: ¿De manera que<br />

ya se van a México, <strong>Hugo</strong>? Sí, nos vamos <strong>de</strong>spués <strong>de</strong>l picnic. ¿Y<br />

qué van a hacer en México? Cerámica. ¿Van a poner un taller?<br />

Sí. ¿Tienen dinero? No. ¿Y si se los doy yo? Bueno. ¿Cuánto? Yo<br />

le dije la primera cifra que me pasó por la cabeza, ¿cómo iba yo<br />

a tener i<strong>de</strong>a <strong>de</strong> lo que podía costar montar un taller? Bien, ya lo<br />

consulté con mi mujer (que se llama Vera), espérame, voy por la<br />

chequera. Subió, bajó, y en el momento <strong>de</strong> llenar el cheque, me<br />

pregunta: ¿Cómo te apellidas?<br />

Ya sé que esto no se va a creer, pero fue así, y no fue porque<br />

le cayéramos bien. Porque dijera: estos mexicanos simpáticos. Yo<br />

me lo encontré muchos años <strong>de</strong>spués y le pregunté: Pero tu, Paul,<br />

¿con qué criterio das tu dinero así? Me lo explicó: no lo regala.<br />

Cree en la persona a quien se lo da. Cree que va a hacer algo bien.<br />

No lo conocía, no. Vi unas transparencias <strong>de</strong>l mural<br />

que acababa <strong>de</strong> terminar. Hablé con él un poco, y fui


44 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


EL TALLER 45<br />

a ver su taller al día siguiente (cerquita <strong>de</strong> don<strong>de</strong><br />

reparan Delfines). De pronto se me ocurrió: hay que<br />

narrar la forma <strong>de</strong> compromiso con el oficio propio,<br />

no tanto la personalidad <strong>de</strong> un artista, sus singularida<strong>de</strong>s<br />

o manías sino, tal vez, la seriedad <strong>de</strong> su entrega.<br />

El taller<br />

QUERÍA hacer ollas. Una olla es algo muy concreto y útil; se terminan<br />

muy claramente. Es lo que yo necesitaba hacer para<br />

combatir esta permanente imprecisión que siento; como si la<br />

vida fuera un Giacometti. Al principio me importaba mucho la<br />

utilidad <strong>de</strong> lo que fuera a hacer, pero a<strong>de</strong>más sabía que no podía<br />

tener un taller como el <strong>de</strong> Karen. Un estudio. Dedicarme a hacer<br />

piezas únicas, vaya. Era imposible sobrevivir así. En Estados<br />

Unidos se podía por los precios que cobraban, pero aquí nadie te<br />

hubiera comprado nada. Por eso tuve que hacer un taller <strong>de</strong> producción<br />

que básicamente fuera mi sobrevivencia, aunque. . . en<br />

fin, ahora produzco vajillas, macetas, recubrimientos, pies <strong>de</strong> lámpara,<br />

ceniceros, y también hago piezas únicas y quemo piezas <strong>de</strong><br />

otros artistas, <strong>de</strong> pintores, murales <strong>de</strong> Aurora, etc. Haz <strong>de</strong> cuenta<br />

una miscelánea pero no hago nada que no me gusté. Al principio<br />

tuvimos muchísimos problemas económicos. Me ofrecían trabajos<br />

en escuelas <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong>, pero nunca jamás quise aceptarlos<br />

porque supe que <strong>de</strong> esa manera nunca llegaría a montar mi taller;<br />

prefería aceptar chambas completamente distintas que sabía que<br />

podía <strong>de</strong>jar en cualquier momento, como por ejemplo una vez que<br />

trabajé <strong>de</strong> cajero en un restorán <strong>de</strong> pizzas. En cuanto lograba reunir<br />

dinero para seguir con el taller, me volvía. El taller no se paró<br />

en ningún momento. Y así fuimos diseñando lo que ahora es “la<br />

línea”, es <strong>de</strong>cir, la vajilla que hago.<br />

Son veinte años <strong>de</strong> estar trabajando en esto, y al taller aún le


46 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


EL TALLER 47<br />

faltan muchas cosas para que funcione como yo quiero que<br />

funcione, pero, claro, en comparación con el principio, ya hemos<br />

solucionado la mayor parte <strong>de</strong> los problemas. Porque en un taller<br />

<strong>de</strong> producción los problemas no se reducen a la <strong>cerámica</strong>. Está<br />

todo el proceso <strong>de</strong> producción. Todavía no sé si soy buen administrador<br />

o no, a veces creo que soy muy bueno, sin embargo nunca<br />

llego a preocuparme por la distribución, quizá no me interese,<br />

siento que pierdo el tiempo, y tiempo es lo único que tenemos,<br />

dice Hemingway. Por lo general son encargos los que hago: 100<br />

lámparas para un restorán, o macetas para un hotel. En todo caso,<br />

la primera vez que alguien me encargó un montón <strong>de</strong> lámparas<br />

me di cuenta <strong>de</strong> lo que eso significaba, y comprendí la disciplina<br />

que tanto había admirado en Karen. El taller tiene que funcionar<br />

verda<strong>de</strong>ramente como un todo, sin ningún tropezón, porque en la<br />

producción, un error <strong>de</strong> alguien repercute en el resultado final. Y<br />

<strong>de</strong> repente me vi en la necesidad <strong>de</strong> calcular, <strong>de</strong> planear, <strong>de</strong> inventar<br />

métodos para organizar el trabajo; para ser eficiente. Eso me<br />

tomó años y mucho, mucho trabajo, pero en la actualidad nuestro<br />

margen <strong>de</strong> merma es mínimo. Tan reducido como pue<strong>de</strong> serlo el<br />

<strong>de</strong> un taller muy sofisticado, como me imagino que <strong>de</strong>be pasar por<br />

ejemplo en Finlandia. Tenemos un 5%, un 10% máximo <strong>de</strong> merma,<br />

cuando en la mayoría <strong>de</strong> los talleres aquí se trabaja con mucho<br />

más. Y creo que es porque entendí una cosa: las piezas <strong>de</strong><br />

producción, el equipo <strong>de</strong>l taller, el mantenimiento, la metodología,<br />

son tan importantes como la creación <strong>de</strong> una pieza única. Es más,<br />

creo que si el mural (que tuvo 874 piezas y requirió <strong>de</strong> 8 horneadas),<br />

no sufrió una sola pérdida, se <strong>de</strong>be a toda la experiencia que<br />

he tenido con el taller <strong>de</strong> producción.<br />

Y volviendo a mi sensación <strong>de</strong> irrealidad, creo que esto, esta<br />

preocupación constante porque el taller funcione bien, es una <strong>de</strong><br />

las cosas que más me han arraigado. Porque cuando hago una pieza<br />

única, tengo conciencia, pero una conciencia muy aguda, <strong>de</strong> las<br />

posibilida<strong>de</strong>s <strong>de</strong> mi taller; <strong>de</strong> lo concreto <strong>de</strong> los elementos que me


48 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Carlos limpiando el polvo <strong>de</strong> las piezas y Manuel estibando la góndola <strong>de</strong>l horno


EL TALLER 49<br />

ayudan a crear una visión mía <strong>de</strong> una textura, un color, una forma.<br />

En el taller todos se llaman “don”. “Don <strong>Hugo</strong>, don<br />

Carlos, don Edmundo.” Oiga, don Edmundo, ¿todavía<br />

no me ha encontrado la pinza esa que le pedí?<br />

Ah, que don Toño, lo que pasa es que ni la he buscado.<br />

Ahora se la busco, <strong>de</strong>spacito, para encontrársela.<br />

A media mañana, con el horno encendido,<br />

hay un quieto movimiento en el taller. Edmundo, en<br />

su rincón, tornea. Toño va y viene <strong>de</strong> su casa al<br />

taller, llevando fierros, trayendo una herramienta,<br />

supervisando a Carlos que apren<strong>de</strong> a vidriar. El<br />

rincón en don<strong>de</strong> se hacen los vidriados (que yo al<br />

principio creí que era don<strong>de</strong> se iba guardando lo<br />

inservible), <strong>de</strong> golpe se me aparece en toda su lógica.<br />

Ahí, Carlos en cuclillas sumerge las copitas para<br />

huevo en el líquido <strong>de</strong>l vidriado y las va colocando<br />

en una rueda giratoria (amarilla; construida en el<br />

taller). A cada una le aplica antes el compresor <strong>de</strong><br />

aire para sacarle el polvo. Luego, con un fierrito,<br />

les raspará la base para que no se vayan a pegar en<br />

las placas cuando sean quemadas. Así, dice Toño,<br />

y toma una copita <strong>de</strong> la base, la sumerge hasta la<br />

mitad y con un rápido movimiento <strong>de</strong> la muñeca, le<br />

sacu<strong>de</strong> la última gota. El barro absorbe el vidriado<br />

ávidamente. <strong>Hugo</strong> está en el patio tomando café. Va<br />

a vidriar unas ollas; está <strong>de</strong>cidiendo cómo. Acá el<br />

pirómetro no quiere subir, don <strong>Hugo</strong>, llama Manuel.<br />

Y <strong>Hugo</strong>: ¿Cómo que no quiere subir? Tiene<br />

que subir. Se levanta y va a ver. Todo el día está<br />

siendo llamado <strong>de</strong> todas partes. Todo el día está<br />

luchando con la i<strong>de</strong>a <strong>de</strong> que los objetos quieren o


50 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

El rincón <strong>de</strong>l tornero


EL TALLER 51<br />

no quieren.<br />

Pero llega Higinio (el electricista), con un motor<br />

reparado, y el taller se paraliza por completo. A<br />

todos les fascina la tecnología.<br />

Edmundo sale <strong>de</strong> su rincón, Manuel, Toño,<br />

todos acu<strong>de</strong>n a ver cómo instala Higinio el motor en<br />

el taladro. Los tornillos a<strong>de</strong>cuados van apareciendo.<br />

Por un momento se temió no po<strong>de</strong>r ver funcionar<br />

el nuevo instrumento, pero alguien recuerda haber<br />

visto el tornillo <strong>de</strong>l grosor (la cuerda), que se requiere.<br />

Exclamaciones <strong>de</strong> júbilo. ¿Ya ves cómo tenemos<br />

<strong>de</strong> todo?, me dice <strong>Hugo</strong>.<br />

Aquí tenemos que hacer las cosas, inventarlas porque no existen.<br />

Existen, claro, en otras partes. Yo lo sabía cuando <strong>de</strong>cidí hacer<br />

<strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> alta temperatura. Y hemos tenido que apren<strong>de</strong>r ingeniería,<br />

electricidad, plomería. Jamás me hubiera imaginado que yo<br />

sería capaz <strong>de</strong> hacer todo eso. Pero hemos aprendido. Toño, Manuel,<br />

son gentes <strong>de</strong> campo.<br />

Carlos, bueno, él ya <strong>de</strong>cidió que quiere estudiar ingeniería. Edmundo<br />

es el único profesional: es tornero. Lo lleva en la sangre. <strong>La</strong><br />

gente <strong>de</strong> Oaxaca lo lleva en la sangre. Pero todos en el taller inventamos<br />

lo que vamos necesitando. Los instrumentos que Edmundo<br />

usa son todos i<strong>de</strong>ados por él.<br />

Éste es un pedazo <strong>de</strong> antena <strong>de</strong> coche. Este otro <strong>de</strong>be<br />

ser algo <strong>de</strong> un motor. Los va adaptando. Los guarda<br />

en una cajita <strong>de</strong> herramientas que <strong>Hugo</strong> le regaló.<br />

Los ceniceros, las bases <strong>de</strong> lámpara, las macetas, la<br />

vajilla llevan todos las marcas <strong>de</strong> “fierritos”. Sistemas<br />

que facilitan la vida, cómodos. Que uniformizan<br />

la producción a<strong>de</strong>más.<br />

Yo trabajé <strong>de</strong> obrero en dos fábricas cuando vivía en Estados Unidos.


52 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Una que hacía individuales para mesa y otra que enlataba jitomates.<br />

Me prometí que mi taller jamás sería fábrica.<br />

El plural constante <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong> es eso: su taller. A la<br />

hora <strong>de</strong> encen<strong>de</strong>r el horno, a la hora <strong>de</strong> apagarlo, <strong>de</strong><br />

estibarlo o <strong>de</strong>scargarlo, todos se arremolinan para<br />

ver qué pasó. Hay un pedazo <strong>de</strong> cada uno en cada<br />

horneada. Todos quieren saber.<br />

Yo necesito que mi ritmo y el ritmo <strong>de</strong>l taller funcionen al mismo<br />

tiempo, o no puedo trabajar. Me lleno <strong>de</strong> angustia. Cada cosa en<br />

su sitio, todo el material que voy a necesitar, porque no hay nada<br />

más <strong>de</strong>sesperante que se te acabe el barro, o el fel<strong>de</strong>spato, y luego<br />

las carreras porque en una tienda no hay y en la otra tampoco.<br />

Y es imposible confiar en que te lo traigan. Sí, señor, le llega esta<br />

misma tar<strong>de</strong>, y ya sabes. México es así, ni modo. Hay que planear<br />

todo con mucha anticipación. Tuve que apren<strong>de</strong>r a prever. Y esto<br />

se dice fácil, pero ha sido trabajo <strong>de</strong> años. Luchar contra el “ahí se<br />

va”, el “ni modo”. Ha sido tan importante para mí como el crear.<br />

Yo en taller les explico a los muchachos el funcionamiento exacto<br />

<strong>de</strong> cada proceso, y <strong>de</strong>spués lucho porque llamen a cada herramienta<br />

por su nombre, porque los problemas comienzan cuando<br />

al pirómetro se le <strong>de</strong>signa como “el coso ese”. Aquí han trabajado<br />

muchachos que ni sabían leer, pero que aprendieron perfectamente<br />

lo que hacían, y supieron exactamente cómo<br />

funcionaba todo lo que manejaban.<br />

Junto a los “fierritos”, en efecto, hay materiales sumamente<br />

sofisticados. <strong>La</strong> presencia <strong>de</strong> una alta<br />

tecnología que viene a apoyar la intuición artística.<br />

No a sustituirla.<br />

Tú imagínate, mi horno quema a 1 280° C <strong>de</strong> temperatura. No<br />

pue<strong>de</strong> quemar 20° C menos ni más. Ese es el márgen <strong>de</strong> error que<br />

tengo. Sencillamente no me puedo dar el lujo <strong>de</strong> un <strong>de</strong>scuido o <strong>de</strong><br />

una confusión. El horno es algo muy serio.


II<br />

FORMAR<br />

El torno<br />

SOY un tornero pésimo. Mientras yo practicaba los vidriados en<br />

Stony Point, Carlos se limitó al torno, a tornear. Según nuestros<br />

planes teníamos que prepararnos para formar un buen equipo <strong>de</strong><br />

trabajo; aprendió. Hay que pasarse al menos diez horas diarias<br />

si quieres apren<strong>de</strong>r en serio. Claro, hay gente como Edmundo<br />

que tiene un talento natural. En todo caso, yo <strong>de</strong>s<strong>de</strong> que empecé<br />

a hacer <strong>cerámica</strong> aquí en México no he tenido ni el tiempo ni la<br />

calma que se necesitan. Sueño con po<strong>de</strong>r sentarme en el taller a<br />

tornear con un torno que fabriqué (a veces lo hemos <strong>de</strong>sbaratado<br />

porque alguna <strong>de</strong> sus partes se necesitaba para otra cosa, pero<br />

siempre lo reconstruyo y lo tengo ahí) ; quisiera pasarme cuatro<br />

horas diarias sin <strong>de</strong>jar que nadie me moleste. Que se caiga el taller,<br />

lo que sea . . . pero por supuesto que así no se pue<strong>de</strong>. Se necesita<br />

tranquilidad, paz. Y si alguien llega y te dice que hay goteras en la<br />

palapa o que el pirómetro “no quiere subir”, ni modo.<br />

Sé que puedo tornear y que llegaría a hacer lo que quiero si<br />

me <strong>de</strong>dicara, pero no lo hago. Explicaciones me puedo dar muchas<br />

y a veces me convencen y otras no. Una podría ser que cuando iba<br />

a empezar a tornear tuve un acci<strong>de</strong>nte. Choqué contra un ferrocarril<br />

y durante mucho tiempo no quedé bien. Todavía tengo dos<br />

costillas que me duelen cuando me muevo <strong>de</strong> cierta manera, y ese<br />

movimiento es uno que hay que hacer para tornear. A lo mejor eso<br />

me <strong>de</strong>sanima cada vez que me pongo ante el torno, no sé. En todo<br />

caso nunca he podido estar sin tornero para la línea.


54 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Edmundo torneando


EL TALLER 55<br />

Soy absolutamente incapaz <strong>de</strong> hacer cinco piezas idénticas. Por<br />

supuesto que puedo formar mis piezas con cualquiera <strong>de</strong> los otros<br />

sistemas: churros, tortillas, vaciados, pero sería perfectamente<br />

incapaz <strong>de</strong> tornear este cenicero, y sobre todo, <strong>de</strong> repetirlo. Por<br />

lo <strong>de</strong>más, es uno <strong>de</strong> los objetos más difíciles <strong>de</strong> tornear. Necesitas<br />

ser magnífico para lograr esta base plana; primero la levantas y<br />

luego la tienes que ir acostando con una tensión equilibrada. A un<br />

tornero regular por lo general se le fractura. Es que tornear es todo<br />

un arte y una disciplina muy estricta. Des<strong>de</strong> el saber centrar la<br />

pella. Una vez que has hecho el cilindro, lo abres como quieres,<br />

pero saber sostenerlo dinámicamente requiere <strong>de</strong> años <strong>de</strong> práctica.<br />

<strong>La</strong>s manos <strong>de</strong> Edmundo son cuadradas, firmes, permanentemente<br />

húmedas <strong>de</strong> barro. Abiertos los brazos,<br />

las manos apenas si parecen rozar la maceta que<br />

tornea. Es vertiginosa la manera en que la levanta,<br />

la aplasta, le da el diámetro necesario. Una mano se<br />

coloca sobre el bor<strong>de</strong> y oprime apenas, y empieza a<br />

aparecer la boca. <strong>La</strong> forma juega, se ríe, hace guiños<br />

y muecas, mientras Edmundo suave, firmemente, la<br />

sostiene, la lleva por don<strong>de</strong> él quiere. De una latita<br />

lodosa que tiene a su lado, toma apenas una gota<br />

<strong>de</strong> agua, pasa los <strong>de</strong>dos sobre la superficie y vuelve<br />

a pedalear. Muchas cosas pasan simultáneamente,<br />

y Edmundo no <strong>de</strong>ja <strong>de</strong> platicar. <strong>La</strong> maceta gira y<br />

Edmundo ha tomado un fierrito, una especie <strong>de</strong> espátula,<br />

y raspa el exterior <strong>de</strong> la maceta con la misma<br />

confianza con que uno se lima las uñas. Suelta ese<br />

fierro y toma otro. Es el bor<strong>de</strong> ahora, <strong>de</strong> don<strong>de</strong> rebana<br />

un buen pedazo. El barro sobrante va cayendo<br />

como lluvia <strong>de</strong> hojarasca sobre su <strong>de</strong>lantal. El cuerpo<br />

<strong>de</strong> Edmundo apenas se mueve, y ese rincón en<br />

don<strong>de</strong> trabaja (que por supuesto yo creí que estaba


56 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>de</strong>stinado para almacenar trebejos), comienza a<br />

revelarse en la exactitud <strong>de</strong> sus elementos. <strong>La</strong> maceta<br />

baja, sube, se afianza en el platillo, y las manos<br />

<strong>de</strong> Edmundo, en un movimiento incesante pero<br />

pausado, caen en el punto preciso en don<strong>de</strong> está el<br />

fierrito a<strong>de</strong>cuado. De pronto alza la maceta <strong>de</strong>l platillo<br />

y la examina críticamente dándole vuelta en las<br />

manos. Era barro hasta hace unos minutos acuoso,<br />

resbaladizo, babeante<br />

(es dúctil, sumiso, íntimo)<br />

y ahora ya es forma segura <strong>de</strong> sí. Edmundo va y la<br />

coloca en una mesa en don<strong>de</strong> hay seis o siete idénticas.<br />

Hará cien, doscientas, <strong>de</strong>pen<strong>de</strong> lo que esté<br />

faltando en la bo<strong>de</strong>ga <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong>. A veces faltan platos<br />

soperos; en otras ocasiones faltan tazas o platos para<br />

el postre. Don <strong>Hugo</strong> me <strong>de</strong>ja la “T”, dice Edmundo.<br />

Es que cuando el taller <strong>de</strong> producción era más gran<strong>de</strong>, inventé<br />

unas formas en don<strong>de</strong> la gente iba llenando el proceso que se iba<br />

cumpliendo. Cada cual hacía su parte y le iban arrancando pedacitos<br />

a la hoja, que por último quedaba en forma <strong>de</strong> “T”.<br />

<strong>Hugo</strong><br />

HAY una diferencia fundamental, imposible <strong>de</strong> <strong>de</strong>scribir, entre un<br />

tornero eficaz y uno creador. El impacto <strong>de</strong> ver a Peter Voulkos<br />

tornear sus platones, con su po<strong>de</strong>río y control, es ineludible. No<br />

obstante, una vez yo lo vi hacer un juego <strong>de</strong> tazas para un amigo<br />

común, con una economía <strong>de</strong> movimientos y efectividad inigualables,<br />

y a<strong>de</strong>más (ahí está la clave, creo), en cada bor<strong>de</strong> <strong>de</strong> las tazas<br />

se sabía dón<strong>de</strong> sus <strong>de</strong>dos habían abandonado el labio <strong>de</strong> las mismas<br />

y, lo extraordinario, nunca por casualidad.


HUGO 57


58 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Se me ocurre que más que lo impactante <strong>de</strong> sus piezas, lo que él ha<br />

querido transmitir es justamente eso: control y creatividad.<br />

Tal vez yo le tengo miedo al torno por la reclusión que implica.<br />

Reclusión <strong>de</strong>l todo. Y a mí el todo no sólo me importa, sino<br />

que a<strong>de</strong>más me gusta. Me gusta tanto como hacer mis piezas únicas;<br />

me gusta ocuparme <strong>de</strong>l nuevo horno secador que estamos<br />

haciendo. Me gusta i<strong>de</strong>ar sistemas para que las cosas funcionen<br />

sensatamente. Me gusta <strong>de</strong>scubrir causas <strong>de</strong> fracasos y solucionarlas.<br />

No sabes cuántas horas me pasé elaborando la “T”, y me<br />

importaba tanto como <strong>de</strong>spués me importó el mural. En ese momento<br />

eso era lo que significaba sobrevivir.<br />

Hay una disciplina en el taller, es indudable, y<br />

averiguando por ahí, uno se da cuenta <strong>de</strong> que toda<br />

ella obe<strong>de</strong>ce a algún sistema inventado por <strong>Hugo</strong>.<br />

Pero no es una disciplina visible, sino una como<br />

comprensión <strong>de</strong>l proceso que se ha ido convirtiendo<br />

en una nueva manera <strong>de</strong> hacer las cosas. Y se traduce<br />

a veces en una toallita que tiene que estar en<br />

ese clavo. En ése, no me importa que haya toallitas<br />

por todo el taller, tiene que estar en ese clavo.<br />

Porque si uno está vidriando, hay que limpiarse las manos cada<br />

vez. Una cosa son los acci<strong>de</strong>ntes fortuitos, y otra los <strong>de</strong>scuidos.<br />

<strong>La</strong> toallita, dicen los muchachos cuando <strong>Hugo</strong><br />

va a empezar a vidrear, vete por la toallita. Porque lo<br />

curioso es que está y no está. Todos saben que tiene<br />

que estar en el momento preciso, aunque en ningún<br />

otro momento esté.<br />

Pero el taller va a funcionar, yo lo sé. No falta mucho. Y entonces<br />

me voy a poner a tornear.<br />

¿Cuándo? Tal vez nunca. El taller es una continuidad<br />

<strong>de</strong> un sinfín <strong>de</strong> <strong>de</strong>talles vivos, siempre presentes.<br />

Igual que el proceso <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>.


EL TALLER 59<br />

Cada ceramista encuentra su mezcla <strong>de</strong> barro, el número <strong>de</strong><br />

vidriados que le gusta utilizar, el tipo <strong>de</strong> horno, volumen, temperatura<br />

que quiere. Yo conozco mi barro, mis vidriados, mi horno.<br />

Los conozco bien, a fondo, y sin embargo puedo siempre equivocarme.<br />

<strong>La</strong> <strong>cerámica</strong> es ambivalente. Es cálida y te pue<strong>de</strong> engañar<br />

en cualquier momento. No hay conocimiento seguro. Es un perpetuo<br />

encuentro. Mientras yo sienta un vago estremecimiento<br />

cada vez que estibe el horno, que lo cierre; mientras reconozca la<br />

angustia <strong>de</strong> esas trece horas durante las cuales quemo, voy a seguir<br />

haciendo <strong>cerámica</strong>.<br />

El oficio<br />

LA mezcla <strong>de</strong> mi barro es barro en polvo, arcilla refractaria, sílice<br />

y fel<strong>de</strong>spato. Cuando estamos trabajando, y para que no haya confusiones,<br />

a uno le llamamos barro fino (no porque sea elegante,<br />

sino porque es muy finito), y al otro arcilla. Si nada más <strong>de</strong>cimos:<br />

tráete el barro, ya se sabe que es el cuerpo cerámico. Tenemos<br />

una máquina que lo amasa, pero Edmundo insiste en amasarlo<br />

él. Si no lo hace, no siente confianza. Yo le he <strong>de</strong>mostrado que el<br />

barro queda igual <strong>de</strong> amasado si lo hace la máquina o si lo hace<br />

él. A<strong>de</strong>más, es infinitamente más rápido con la máquina, pero él<br />

insiste, y a mí lo que me importa es que él sienta confianza.<br />

Edmundo toma una gran bola <strong>de</strong> barro en las<br />

manos y la azota contra una plancha <strong>de</strong> cemento a<br />

la que llama el soba<strong>de</strong>ro. El barro produce un sonido<br />

como <strong>de</strong> cachetada; lo toma y nuevamente lo<br />

azota. Después, con ambas manos, lo parte en dos,<br />

torciéndolo levemente. Lo junta, lo vuelve a torcer y<br />

a separar: se siente, dice, la burbuja <strong>de</strong> aire. Esto hay<br />

que hacerlo varias veces y <strong>de</strong> todas maneras la burbuja<br />

pue<strong>de</strong> andar por ahí. Es muy juguetona.


60 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

En este asunto <strong>de</strong> tempo y ritmo don<strong>de</strong> el alfarero encuentra su fuerza.<br />

(Daniel Rhodas Stoneware and porcelain)


EL OFICIO 61<br />

Tócalo, tócalo, no le tengas miedo. Hay que ensuciarse las manos.<br />

Hay que meterse hasta a<strong>de</strong>ntro, sólo así se lo conoce.<br />

Es fresco, es húmedo. Sí me da miedo. Apenas<br />

apoyo la yema y ahí está la marca. Lo amaso un<br />

poco y siento cuán accesible es, y cuán <strong>de</strong>sconocido.<br />

Se produce un fenómeno curioso: las yemas <strong>de</strong> los<br />

<strong>de</strong>dos querrían saltar sobre el barro, mol<strong>de</strong>arlo en<br />

mil maneras, la posibilidad <strong>de</strong> la forma se siente en<br />

todo el cuerpo. Parece fácil. Los <strong>de</strong>dos aprietan, resbalan,<br />

se hume<strong>de</strong>cen. El barro obe<strong>de</strong>ce, pero pareciera<br />

que estuviera recibiendo empujoncitos. Se va<br />

quedando ahí, en don<strong>de</strong> los <strong>de</strong>dos lo <strong>de</strong>jan. No fluye<br />

el movimiento, la forma resulta cada vez más inalcanzable<br />

y el sentimiento <strong>de</strong> ridículo es ineludible.<br />

Es como andar a oscuras en una habitación <strong>de</strong>sconocida.<br />

Porque tienes que darte cuenta <strong>de</strong> que la <strong>cerámica</strong> es eso: tocar.<br />

Tener todo el tiempo la pieza entre tus manos. Ésta es una <strong>de</strong> las<br />

cosas más gratas <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>, y una <strong>de</strong> las más angustiosas:<br />

lo amasas, lo formas, lo <strong>de</strong>jas secar. Después lo vidreas y ahí ya<br />

comienza a establecerse la distancia. Ya la pieza exige un cierto<br />

respeto, es como un rito. Hay que tomarla con muchísimo cuidado<br />

para no botarle el vidriado. Luego la estibas en la góndola, que<br />

entra muy lentamente al horno. <strong>La</strong> pieza se te va verda<strong>de</strong>ramente<br />

<strong>de</strong> las manos; cuando salga ya quemada será otra cosa. <strong>La</strong> visión<br />

que tú intuiste a lo mejor, pero nunca esa pieza que tuviste tanto<br />

tiempo en las manos. Y el tiempo <strong>de</strong>l fuego es una <strong>de</strong> las peores<br />

angustias que conoce el ceramista.<br />

<strong>La</strong> <strong>cerámica</strong> es eso: tiempos, y el ceramista es quien <strong>de</strong>be transcurrirlos,<br />

paso a paso, sin engaños posibles. Me ha sucedido que a<br />

veces no quiero quemar ciertas piezas. Como que me enamoro <strong>de</strong><br />

ellas así, quisiera que se quedaran así . . .


62 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


EL OFICIO 63<br />

Junto al horno, Manuel estudia la numeración <strong>de</strong> la<br />

bitácora. De 20°C en 20° C, hasta llegar a 1 280°C.<br />

Le cuesta trabajo leer las cifras pero siente el horno;<br />

lo conoce. Le sabe el modo.<br />

Va a ser un magnífico hornero, es muy meticuloso, pero es imprescindible<br />

que aprenda a llevar la bitácora. De oído no se pue<strong>de</strong><br />

hacer. Un hornero tiene que saber perfectamente lo que está pasando<br />

con el horno. No se pue<strong>de</strong> alejar ni un minuto. Aquí tenemos<br />

una chicharra que suena cada media hora. Hay que consultar<br />

el piròmetro y anotar en la bitácora, y eso Manuel lo tiene que<br />

apren<strong>de</strong>r, y lo va a apren<strong>de</strong>r.<br />

Es <strong>de</strong> Guerrero, flaquito, sonriente. Ha hecho <strong>de</strong><br />

todo, ha estado “<strong>de</strong>l otro lado”; va y viene por la<br />

República buscándose su sustento. Vive por ahora<br />

en la casa <strong>de</strong> Toño. Se va a pasear los domingos al<br />

centro <strong>de</strong> Cuernavaca. Parece contento y estudia la<br />

bitácora con toda atención. A veces se rasca la cabeza.<br />

A ver, don <strong>Hugo</strong>, le muestra, se inclinan juntos,<br />

<strong>Hugo</strong> le corrige y se vuelve a alejar, ahí vas, ahí vas,<br />

Manuel. ¿Y te gusta la <strong>cerámica</strong>?, le pregunto. Le<br />

gusta ganar dinero, dice, a medida que estiba las<br />

piezas <strong>de</strong> producción, que nivela las placas, que atisba<br />

por uno y otro lado <strong>de</strong> la góndola para que cada<br />

placa que<strong>de</strong> nivelada, para que haya la distancia correcta<br />

entre pieza y pieza. Una por una va colocando<br />

las copitas, las toma <strong>de</strong>l bor<strong>de</strong>, tocándolas apenas<br />

(para no botarles el vidriado)<br />

y mucho rato pasa. Para estibar las placas superiores<br />

<strong>de</strong> la góndola, tiene que subirse a un banquito, y<br />

platica y quiere saber si yo estoy aquí para apren<strong>de</strong>r<br />

<strong>cerámica</strong>, y yo, sentada en un banco, lo veo hacer,


64 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

revolotear en torno a la góndola con un ritmo igual<br />

y tranquilo.<br />

<strong>La</strong>s piezas altas van siempre arriba, pero ni cuando hicimos el mural<br />

<strong>de</strong>sperdiciábamos un sólo milímetro. Eso es una tradición en la<br />

<strong>cerámica</strong>. No <strong>de</strong>sperdiciar la energía <strong>de</strong>l horno. Estibar es todo un<br />

arte, no vayas a creer. Si tus piezas están muy juntas, al crecer, se<br />

pue<strong>de</strong> pegar vidriado con vidriado, si una estalla, pue<strong>de</strong> que rompa<br />

a muchas más; eso se apren<strong>de</strong> con el tiempo.<br />

Yo a Manuel le voy a tener mucha paciencia por eso. Pue<strong>de</strong><br />

romper miles <strong>de</strong> piezas y no le voy a gritar nunca, porque sé que<br />

está aprendiendo; sé que todavía no sabe, pero en el momento en<br />

que yo vea que sabe, y sobre todo si él cree que sabe, entonces sí ya<br />

no voy a admitir ciertas cosas.<br />

Es que <strong>Hugo</strong> es gritón, aunque <strong>de</strong> todas maneras, en<br />

el taller, <strong>de</strong>bido al horno cuando ya está al final <strong>de</strong><br />

la horneada, se hace necesario levantar la voz. Y eso<br />

se va quedando como costumbre. Cualquiera llama<br />

<strong>de</strong>s<strong>de</strong> su rincón a gritos: ¡Don Toño, a ver, dón<strong>de</strong> se<br />

quedó el martillo! Y se oye el grito <strong>de</strong> Carlos: ¡Toño<br />

ya se bajó a su casa, don <strong>Hugo</strong>! O <strong>Hugo</strong> llega: ¡A ver,<br />

don Carlos, cómo van esos vidriados!<br />

<strong>La</strong> primera vez me parecieron excesivos los gritos<br />

y le dije a <strong>Hugo</strong>: no seas tan regañón. El se sorprendió:<br />

¿Soy regañón? En realidad, no. Su grado <strong>de</strong><br />

tolerancia es muy amplio, aunque cuando se enoja,<br />

se enoja <strong>de</strong>veras, y pue<strong>de</strong>, <strong>de</strong> un manotón, tirar toda<br />

una estantería <strong>de</strong> piezas recién vidriadas.<br />

Pero es lo que te digo, yo tengo mucha paciencia, pero cuando<br />

2<br />

Cuando se llega a 573°C, los cristales <strong>de</strong> cuarzo experimentan un cambio conocido como el cambio<br />

<strong>de</strong>l cuarzo <strong>de</strong> alfa a beta. Este ajuste está marcado por un ligero (±2%) aumento en el volumen,<br />

que es reversible, esto es cuando en el enfriamiento el cuarzo cambia <strong>de</strong> beta a alfa y resume su<br />

forma y tamaño cristalino original. Daniel Rho<strong>de</strong>s, Clay and glazes for the potter, p. 15.


EL OFICIO 65<br />

ya sé que saben, no perdono los errores, y ellos lo entien<strong>de</strong>n. Éste<br />

es un taller con muy pocas reglas pero las cuatro o cinco que hay,<br />

se tienen que cumplir, y si no, se van.<br />

<strong>La</strong> eficacia<br />

CUANDO vi que Carlos estaba vidriando en cuclillas —en el taller<br />

hay millones <strong>de</strong> bancos, para eso están—, fui y le dije que se sentara,<br />

que se pusiera cómodo para vidriar, que se fijara en sus movimientos<br />

para hacerlos más lógicos; que los economizara. No sólo<br />

se trabaja más rápido, sino que se cansa uno menos. Toño le enseñaba<br />

con sus movimientos, pero cada uno tiene que encontrarlos.<br />

Hay toda clase <strong>de</strong> máquinas en el taller, maquinitas, pues, que<br />

hemos ido fabricando para hacer el trabajo más fluido, pero cada<br />

cual <strong>de</strong>be encontrar su modo <strong>de</strong> usar esas máquinas. Carlos no se<br />

había dado cuenta <strong>de</strong> que esa rueda que ves ahí, esa amarilla, gira.<br />

Y es precisamente para que no se tenga que estar parando cada vez<br />

que termina <strong>de</strong> vidriar una copita. Y es que <strong>de</strong>talles así influyen<br />

mucho en el resultado final; cada proceso es un eslabón ineludible.<br />

Un mal vidriado pue<strong>de</strong> hacer que la pieza se pegue a la placa en el<br />

horno y se arruine; pue<strong>de</strong> producir burbujas en la superficie <strong>de</strong> la<br />

pieza, que es lo más feo que hay. Parece una enfermedad.<br />

¿<strong>La</strong> eficacia o la costumbre? Una manera <strong>de</strong> hacer<br />

las cosas aprendida casi por osmosis, en la que<br />

el cuerpo encuentra naturales ciertas posiciones,<br />

ciertos movimientos. Pero una manera que también<br />

pue<strong>de</strong> ser una especie <strong>de</strong> bloqueo para la innovación<br />

natural.<br />

Los alfareros mexicanos llevan siglos haciendo <strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> una<br />

manera; horneando <strong>de</strong> una manera. Una manera que han aprendido<br />

casi por tradición oral. Y en muchos casos, esta tradición es<br />

el obstáculo para que encuentren formas más seguras <strong>de</strong> hacer su<br />

<strong>cerámica</strong>. Claro, no sólo eso. Está todo el lado económico


66 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

[... ] dialoga con su propio corazón, / hace vivir a las cosas...<br />

(Informantes <strong>de</strong> Sahagún, Códice Matritense <strong>de</strong> la Real Aca<strong>de</strong>mia, Zuquichiuhqui:<br />

el alfarero)


LA EFICACIA 67<br />

también. <strong>La</strong> falta <strong>de</strong> posibilida<strong>de</strong>s <strong>de</strong> mo<strong>de</strong>rnización; la <strong>de</strong>sinformación.<br />

Ése es otro problema, el mayor quizás. Pero cuando yo<br />

hablo <strong>de</strong> eficacia, es otra cosa. Insisto: no es la seguridad <strong>de</strong> que<br />

las cosas te van a salir bien, eso es imposible; es la posibilidad <strong>de</strong> ir<br />

conociendo las causas <strong>de</strong> tu fracaso.<br />

Espiarse en la costumbre y <strong>de</strong>scubrir los puntos<br />

muertos <strong>de</strong> la inercia. Lo que la comodidad<br />

ha abotagado. Un estado <strong>de</strong> alerta permanente<br />

en la rutina.<br />

Hay impedimentos económicos; hay <strong>de</strong>sinformación. Pero ¿y si<br />

también hubiera un cierto fatalismo? <strong>La</strong> innovación no tiene que<br />

ser tecnológica necesariamente. Pue<strong>de</strong> ser por inventividad con<br />

los recursos disponibles. El alfarero mexicano no tendría<br />

que estar obligado a hacer <strong>cerámica</strong> en mol<strong>de</strong>; <strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> feria<br />

con mo<strong>de</strong>los enajenantes. <strong>La</strong> alfarería está en la sangre <strong>de</strong> la gente.<br />

Yo he visto a muchachos que vienen al taller, muchachos<br />

campesinos que vienen a apren<strong>de</strong>r a tornear. He ido a pueblos y<br />

he ayudado a compren<strong>de</strong>r los problemas <strong>de</strong>l horno; he diseñado<br />

y construido 14 hornos. Una vez fui a dar una conferencia <strong>de</strong><br />

<strong>cerámica</strong> en el norte. Querían que llevara material sobre mi obra.<br />

Llevé todas mis transparencias, pero en la conferencia pregunté<br />

qué era lo que preferían, si verlas, o hablar sobre problemas <strong>de</strong><br />

hornos. Y todos escogieron esto último. Al ceramista lo que le<br />

importa es que no se le rompan las piezas. ¿Tú sabes que en esos<br />

hornos <strong>de</strong> baja temperatura hay merma hasta <strong>de</strong> un 40%? Y yo<br />

tengo sólo un 5%. Eso <strong>de</strong>pen<strong>de</strong> fundamentalmente <strong>de</strong> cómo se<br />

diseña y se construye el horno, pero también <strong>de</strong> una serie <strong>de</strong> procesos<br />

anteriores a la horneada. Tiene que ver con la disciplina, y al<br />

mismo tiempo con el placer con que llevas a cabo cada proceso.<br />

<strong>Hugo</strong> es irracionalmente racional. . . ¿o a lo<br />

mejor es al revés? Racionalmente irracional<br />

Más bien eso. <strong>Hugo</strong> quiere que Edmundo se


68 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

sienta seguro con su barro. Quiere que el barro con<br />

el que Edmundo trabaja sea suyo. Y aunque ya está<br />

amasado por la máquina, Edmundo lo amasa. No<br />

importa. Técnicamente, el barro ya está listo para<br />

formarlo. Pero Edmundo, que es quien lo tornea, no<br />

lo siente listo. No hay nadie que le garantice que ya<br />

está listo. Edmundo necesita su tiempo con el barro.<br />

Qué importa la comprensión racional <strong>de</strong> todo<br />

el asunto. Importa el ritmo <strong>de</strong> Edmundo. O el <strong>de</strong><br />

Manuel. Con un horno <strong>de</strong> esa potencia, sólo a <strong>Hugo</strong><br />

se le ocurre meter <strong>de</strong> hornero a un tipo que no sabe<br />

leer, pero que sin embargo siente el horno. Más,<br />

siente su realidad, esa que le permite sobrevivir, y<br />

que él lleva a cabo con placer, porque sobrevivir,<br />

caramba, es rico.<br />

Deberas<br />

Eficacia, entonces, viene a ser enten<strong>de</strong>r al otro; saber<br />

cómo funciona y qué necesita para hacer todo lo<br />

que hay que hacer en un proceso tan severo, tan<br />

ambivalente como la <strong>cerámica</strong>.<br />

Son varios meses que te echas para atrás cuando se te rompen las<br />

piezas en el horno. Es volver a empezar <strong>de</strong> cero.<br />

Y también enten<strong>de</strong>r lo otro, a fondo, y no simplemente<br />

sus mecanismos, sino lo otro en su entorno.<br />

Una especie <strong>de</strong> enamoramiento, que es la sola ocasión<br />

en que uno se <strong>de</strong>ja ver y ve sin miedo.<br />

Y es que en la realidad que es México, ésta, sin compararla con<br />

ninguna otra (y que yo escogí como mía, aquí me quise poner a<br />

hacer <strong>cerámica</strong>), me di cuenta <strong>de</strong> que sólo podía hacer cosas<br />

limitadas: la mejor <strong>cerámica</strong> que pudiera, y las mejores relaciones<br />

con la gente en mi taller. Mi espacio es ése. Hicimos la casa <strong>de</strong><br />

Toño antes que la nuestra por eso. Para que el trabajo y la manera


EL EFICACIA 69<br />

<strong>de</strong> vivir tuvieran alguna relación. Toño ha ido probando varios <strong>de</strong><br />

los procesos <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>; ha ido aprendiendo qué es la<br />

responsabilidad. Ahora tiene su casa y también va a apren<strong>de</strong>r<br />

cómo vivirla, hacerla bonita, cómoda. Va a apren<strong>de</strong>r qué hacer con<br />

su tiempo libre. Todos éstos son problemas muy reales en México,<br />

y yo quise que en mi taller no se tratara sólo <strong>de</strong> buenas relaciones<br />

humanas, como si yo fuera un buen patrón, sino <strong>de</strong> toda una<br />

experiencia coherente, y coherente con la <strong>cerámica</strong>, a<strong>de</strong>más. Tú<br />

no sabes lo que fue enseñar a un muchacho que una vez trabajó<br />

aquí conmigo. Venía <strong>de</strong> una colonia popular; era pandillero. Pero<br />

cuando comenzamos a trabajar las asas <strong>de</strong> las tazas y yo le explicaba<br />

por qué tenía que ser exactamente así, y no como quedara;<br />

cuando le hice probar el asa a él mismo y le dije: porque tienes que<br />

agarrarla cómodamente, tienes que sentir bien la taza en tu mano,<br />

no sabes el cambio que se produjo en él, la atención que empezó a<br />

<strong>de</strong>sarrollar.<br />

Mucha gente ha venido a trabajar al taller. Unos porque les<br />

gusta la <strong>cerámica</strong>, otros por dinero. Casi siempre se van creyendo<br />

haber aprendido, no sé. Yo no quiero hacer una escuela, pero sí<br />

quisiera que algo pasara en la gente que viene aquí. Que se llevaran<br />

bien metido el <strong>de</strong>seo <strong>de</strong> hacer las cosas bien, porque ésa es una<br />

muestra <strong>de</strong> cariño para uno mismo.<br />

Piezas <strong>de</strong> producción y piezas únicas<br />

PERO te tengo que confesar una cosa: económicamente, el<br />

taller <strong>de</strong> producción nunca ha logrado funcionar. El taller ha llegado<br />

a tener 8 gentes trabajando, lo que es <strong>de</strong>masiado. A veces<br />

hemos estado muy apretados, pero jamás lo he cerrado. Ahora, en<br />

comparación con lo que nos pasaba antes, cuando teníamos el<br />

taller en México, estamos muy bien. Me puedo permitir muchas<br />

cosas que antes ni soñar. Por ejemplo que el taller se paralice<br />

porque todos estamos viendo a Higinio montar un motor.


70 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>La</strong> producción <strong>de</strong> la línea


PIEZAS DE PRODUCCIÓN Y PIEZAS ÚNICAS 71<br />

Yo antes le hubiera dicho a mi tornero: qué tiene usted que estar<br />

viendo cómo conecta Higinio sus alambritos, váyase a tornear, por<br />

favor. Ya no es así, y no sabes qué <strong>de</strong>scanso. Me puedo dar el lujo<br />

<strong>de</strong> usar todos los recursos <strong>de</strong>l taller cuando voy a hacer una pieza<br />

única, como el mural, que todo el taller participó durante meses.<br />

El taller se sostiene <strong>de</strong> la línea. Con que lo haga como el riego por<br />

goteo, estoy conforme, y no sabes cómo he trabajado para que<br />

funcione. Porque a mí me importa igual elaborar todo un sistema<br />

para hacer las tazas <strong>de</strong> la vajilla, el diseño <strong>de</strong> la taza, el vidriado,<br />

como me importa el mural o los platones que voy a hacer. Me<br />

gusta hacer cosa útiles. Lo que pasa con la línea es que una vez<br />

que ya inventé el método y lo implementé, se vuelve una cosa muy<br />

mecánica, pero cuidar que el método funcione, que haya suficientes<br />

piezas en bo<strong>de</strong>ga, me ha costado mucho trabajo subterráneo, y<br />

es que los contratiempos se reflejan en el producto terminado. Éste<br />

<strong>de</strong>be ser un resultado natural, fluido, <strong>de</strong> un sistema eficaz.<br />

No sé si hubiera podido comercializar más la línea. <strong>La</strong> i<strong>de</strong>a<br />

nunca me gustó, pero, por otro lado, no creerías el tiempo que me<br />

ha quitado todo esto <strong>de</strong> que la producción se mantenga.<br />

Por último vendo las vajillas a amigos, o me hacen encargos, y es<br />

un poco como producir en hipos. A veces me digo que es porque<br />

falta equipo, y sí falta, claro, pero creo que nunca va a llegar el<br />

momento en que yo diga: bueno, ahora sí, ya está hasta el último<br />

tornillo. Creo que me entraría una <strong>de</strong>presión bárbara. Pero lo que<br />

pasa es que es estar atrapado. A veces pienso <strong>de</strong>jar el taller como<br />

está y sólo mantenerlo, pero ¿cómo no mejorarlo? Por ejemplo, se<br />

necesitaba que el hornero registrara los datos en la bitácora cada<br />

media hora. Compré un reloj <strong>de</strong> pared, pero el hornero <strong>de</strong>cía que<br />

se le olvidaba mirarlo; le regalé uno, y resultó que no se lo ponía<br />

porque temía que el calor se lo <strong>de</strong>scompusiera. Hicimos, pues, una<br />

chicharra que suena cada media hora y no <strong>de</strong>ja <strong>de</strong> sonar hasta que<br />

se vuelve a poner el reloj para que marque la media hora siguiente


72 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Es transportable <strong>de</strong> manera que se pue<strong>de</strong> tener siempre junto para<br />

oírla. No puedo nunca pensar a largo plazo porque siempre tengo<br />

que estarme ocupando <strong>de</strong> lo inmediato. Ahora está lo <strong>de</strong> la máquina<br />

secadora, antes hicimos una revolvedora <strong>de</strong> vidriados (es una<br />

como batidora grandota, esa amarilla <strong>de</strong> allá), pero por otro lado<br />

hicimos el mural sin una sola falla, sin una sola pérdida, y eso es<br />

una prueba <strong>de</strong> la soli<strong>de</strong>z tecnológica y organizativa <strong>de</strong>l taller. No<br />

entiendo nada, la verdad, pero una cosa sí sé, al taller lo equiparemos<br />

aunque sin llegar al punto <strong>de</strong> borrar la traza <strong>de</strong> las manos<br />

en las piezas. Creo que lo que pasa es que me aterra convertirme<br />

en un administrador, lo que en inglés se llama un pencil pusher,<br />

un señor que está todo el tiempo con el lápiz haciendo cuentas; es<br />

<strong>de</strong>cir, lo que me aterra es per<strong>de</strong>r el contacto con la <strong>cerámica</strong>. A lo<br />

mejor por eso no quiero tener más éxito con la línea, no sé. Los<br />

encargos que me hace la gente son por lo general <strong>de</strong> gente que me<br />

tiene mucha paciencia, que me da bastante margen para cumplir,<br />

pero qué tal que tuviera que producir para Liverpool.<br />

A veces sí acepto encargos, como por ejemplo estas 100<br />

ollas, con una fecha fija <strong>de</strong> entrega; van a ser regalo <strong>de</strong> Navidad. Sé<br />

que tengo que cumplir, y a<strong>de</strong>más el encargo me gusta.<br />

Fíjate, ésta es una edición <strong>de</strong> ollas iguales... bueno, no, yo le<br />

di a Edmundo cinco mo<strong>de</strong>los para que los formara. Cada una<br />

la voy a vidriar diferente. Eso quiere <strong>de</strong>cir que el trabajo tiene que<br />

ser consistente, como el <strong>de</strong>l mural, pero aquí sólo una vez voy a<br />

ver todas las ollas juntas, luego cada una irá a un sitio distinto. Y<br />

estas cosas, por ejemplo, sí me entusiasman. Es entonces cuando<br />

me doy cuenta <strong>de</strong> que he encontrado el tamaño <strong>de</strong> taller i<strong>de</strong>al para<br />

mí. Con uno más gran<strong>de</strong> hubiera acabado integrado en el sistema;<br />

hubiera terminado por tener una fábrica más que un taller.<br />

Ahora sí ya se va a poner a vidriar las ollas. Para<br />

este momento ha sido necesario hacer toda una


PIEZAS DE PRODUCCIÓN Y PIEZAS ÚNICAS 73<br />

instalación: al lado <strong>de</strong> una mesa gran<strong>de</strong>, en don<strong>de</strong><br />

están las ollas ya secas, se ha colocando una mesa<br />

más pequeña, una vasija <strong>de</strong> plástico, y <strong>de</strong>ntro, una<br />

torneta. Sobre la torneta hay dos varillas <strong>de</strong> metal<br />

colocadas paralelamente que sobresalen <strong>de</strong> ambos<br />

extremos. Ahí coloca Edmundo la primera olla.<br />

En la mesa gran<strong>de</strong>, junto a las ollas, están las<br />

cubetas con los vidriados que <strong>Hugo</strong> va a usar. Cada<br />

cubeta tiene una vasija pequeña <strong>de</strong>ntro. Debería<br />

tener una vasija pequeña <strong>de</strong>ntro. De distinto color.<br />

También hay una hornilla eléctrica en don<strong>de</strong> una<br />

bola <strong>de</strong> cera se <strong>de</strong>rrite a baño María. Un trapo. Que<br />

no haya nada en la llave <strong>de</strong> agua, advierte <strong>Hugo</strong>.<br />

Edmundo verifica. Edmundo siempre ayuda a <strong>Hugo</strong><br />

a vidriar.<br />

Él sabe exactamente lo que quiero hacer. Casi no tengo que<br />

hablar, quita y pone las cosas justo en el momento.<br />

Todo esto se ha instalado con frecuentes interrupciones,<br />

salidas, entradas, búsquedas. El pincel<br />

pachón, ¿dón<strong>de</strong> está?<br />

<strong>Hugo</strong> está <strong>de</strong> pie, ante la olla. <strong>La</strong> va a bañar<br />

con el vidriado. El color <strong>de</strong> la olla ya seca es un<br />

gris oscuro. Los vidriados, todos, son idénticos a<br />

la leche <strong>de</strong> magnesia Phillips. Cada vidriado tiene<br />

un número, para saber cuál color es. Al fondo <strong>de</strong> la<br />

habitación con la palapa, están colgados <strong>de</strong> un tablero<br />

un sinfín <strong>de</strong> tarritos. Son las muestras <strong>de</strong> los<br />

vidriados, que ahora están al lado <strong>de</strong> las cubetas.<br />

<strong>Hugo</strong> examina la olla. Edmundo no es que no<br />

vea a <strong>Hugo</strong> o a la olla, es que está apretado en una<br />

concentración atenta. <strong>Hugo</strong> toma una vasija primero,<br />

la llena con un líquido blancuzco, y la vierte


74 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

El ser ceramista no es tener unoficio, sino pa<strong>de</strong>cer una enfermedad incurable.<br />

(Cita anónima utilizada por Finn Lynggard en su Tratado <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong>).


PIEZAS DE PRODUCCIÓN Y PIEZAS ÚNICAS 75<br />

sobre la olla sin preten<strong>de</strong>r cubrirla toda. El líquido<br />

se <strong>de</strong>sparrama y es bebido <strong>de</strong> inmediato por el barro.<br />

Chorrea, trazando unas estrías sobre el cuerpo<br />

<strong>de</strong> la olla que <strong>de</strong> golpe parece vestida <strong>de</strong> gala. Con<br />

el pincel entonces, aplica un poco <strong>de</strong> cera. Primer<br />

tropiezo. <strong>La</strong> cera no está suficientemente <strong>de</strong>rretida,<br />

no se unta, se hace grumos. Rápidamente se i<strong>de</strong>a<br />

una manera <strong>de</strong> calentarla más. <strong>Hugo</strong> no <strong>de</strong>ja <strong>de</strong> mirar<br />

la olla, toma otra vasija y vuelve a verter el líquido.<br />

Edmundo, tomando los extremos <strong>de</strong> las varillas,<br />

hace girar la olla. Ya. <strong>La</strong> <strong>de</strong>tiene. Más. <strong>La</strong> hace girar.<br />

Carlos toma las vasijas recién usadas y va a lavarlas.<br />

También el pincel. De repente <strong>Hugo</strong> dice: ya.<br />

Y entre Carlos y Edmundo levantan la olla y la<br />

colocan sobre la mesa. Otra.


76 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>La</strong> alfarería es al mismo tiempo la más simple y la más difícil <strong>de</strong> todas las artes. Es la<br />

más simple porque es la más elemental; es la más difícil porque es la más abstracta.<br />

(Herbert Read, The meaning of art)


III VIDRIAR<br />

El color<br />

TODOS los vidriados se ven <strong>de</strong> este color, por eso cada cubeta<br />

<strong>de</strong>be llevar el número preciso. <strong>La</strong>s fórmulas que usas para el vidriado<br />

<strong>de</strong>pen<strong>de</strong>n <strong>de</strong> la temperatura a la que vas a quemar.<br />

Para 900° C es una, para 1 200° C otra. Pero todos se ven <strong>de</strong>l<br />

mismo color, por eso cuando trabajas tienes que tener una memoria<br />

bárbara. Acordarte todo el tiempo <strong>de</strong> lo que querías hacer, lo<br />

que empezaste a hacer, y ser consistente. Va a pasar mucho tiempo<br />

antes <strong>de</strong> que verifiques el resultado. Tienes que tener muy muy<br />

claro lo que quieres. Yo por lo general no utilizo muchos vidriados<br />

en mi <strong>cerámica</strong>. Por lo general trabajo con dos o tres, aunque<br />

con Aurora hemos hecho ya unas 80 fórmulas. Todas esas que ves<br />

ahí. Tienen nombres; unas chocolate, blanco <strong>de</strong> España. . . ; otras,<br />

números.<br />

<strong>La</strong>s ollas ahora se ven todas medio cubiertas <strong>de</strong><br />

blanco, con manchas amarillentas por la cera<br />

algunas. Tienen otra presencia así. Un aire <strong>de</strong> preparación.<br />

Un aspecto tan distinto a cuando eran ollas<br />

<strong>de</strong> barro secas. Antes su belleza era muy concreta,<br />

sólida. En este momento resultan inquietantes,<br />

como si fueran a hablar.<br />

Los vidriados <strong>de</strong> ceniza son <strong>de</strong> los más bellos que hay, y <strong>de</strong> los<br />

primeros, por supuesto. Cuando el hombre quemaba sus ollas, un<br />

día se dio cuenta <strong>de</strong> que en don<strong>de</strong> caía la ceniza, le pasaba algo al<br />

barro. Cambiaba el color, la textura. Pero a<strong>de</strong>más las impermeabilizaba.<br />

Pudo entonces guardar líquidos. Esto tuvo que haber sido


78 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Algunas veces, cuando tenía vidriados <strong>de</strong> varios colores en el horno, algunos se me<br />

chamuscaban antes <strong>de</strong> que otros se fundieran. Durante quince años o más yo me<br />

equivoqué así: cuando había aprendido a estar en guardia contra un peligro, me<br />

topaba con otro que ni se me había ocurrido.<br />

(Bernard Palissy, 1584, Los admirables discursos <strong>de</strong> Bernard Palissy)


EL COLOR 79<br />

un paso bárbaro en su calidad <strong>de</strong> vida.<br />

Se cuenta una anécdota que se ha convertido en todo un<br />

mito. Ya te dije que en alta temperatura sólo pue<strong>de</strong>s obtener los<br />

colores <strong>de</strong> la tierra. Pero en China, hace miles <strong>de</strong> años, un ceramista<br />

obtuvo un rojo. El emperador le había pedido una pieza que<br />

tuviera ese color. Los emperadores, en esa época, pagaban el peso<br />

<strong>de</strong> la pieza en oro. Los ceramistas eran artistas respetadísimos. Y<br />

éste estaba <strong>de</strong>sesperado porque no daba con la manera <strong>de</strong> obtener<br />

el rojo, hasta que, ya frenético, se echó al horno. Claro, cuando lo<br />

abrieron las piezas estaban rojas.<br />

Pero esto para que te <strong>de</strong>s cuenta <strong>de</strong> hasta qué punto las<br />

posibilida<strong>de</strong>s son infinitas, aunque también las incertidumbres.<br />

<strong>La</strong> sofisticada tecnología <strong>de</strong>l MIT no ha logrado<br />

aún dilucidar cómo se hicieron ciertos vidriados<br />

chinos.<br />

Por un lado, tu fórmula tiene que ser matemáticamente exacta.<br />

Es necesario revisarla una y mil veces; verificar que las multiplicaciones<br />

estén bien hechas; que los elementos estén balanceados.<br />

Date cuenta <strong>de</strong> que estás manejando pesos moleculares, fracciones<br />

<strong>de</strong> moléculas, distintos elementos. Por ejemplo, el óxido <strong>de</strong> cromo<br />

te da ver<strong>de</strong>s, el cobalto azules, el hierro ocres y el celadón (así<br />

como los alquimistas <strong>de</strong> Occi<strong>de</strong>nte persiguen el oro, en el Oriente<br />

persiguen el ja<strong>de</strong>, el celadón; en chino este color se llama “el cielo<br />

<strong>de</strong>spués <strong>de</strong> llover”). Tus fórmulas tienen que ser rigurosas, porque<br />

si no, el vidriado se escurre y hace que la pieza se pegue a la placa,<br />

o que<strong>de</strong> como cruda. Para hacer la fórmula tienes, <strong>de</strong> un lado, los<br />

fun<strong>de</strong>ntes, y <strong>de</strong>l otro los refractarios, y en el medio, como fiel <strong>de</strong><br />

balanza, el barro (alúmina). A eso le aña<strong>de</strong>s los óxidos, que son los<br />

que dan el color: óxido <strong>de</strong> cobalto, <strong>de</strong> manganeso, etc. Lo que hay<br />

que balancear es la proporción <strong>de</strong> moléculas <strong>de</strong> cada uno <strong>de</strong> estos<br />

elementos, y eso requiere una serie <strong>de</strong> operaciones muy complicadas.<br />

Ése fue el curso que yo quise tomar en Nueva York, y por eso<br />

no me querían <strong>de</strong>jar hacerlo. Era sumamente teórico.


80 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Pero yo sabía que para mí era fundamental si quería hacer <strong>cerámica</strong><br />

en alta temperatura. Y logré apren<strong>de</strong>r. Ahora todas las fórmulas<br />

las calculamos Aurora y yo, ella es muy buena para eso. Antes las<br />

operaciones las hacíamos a mano, pero afortunadamente los japoneses<br />

inventaron las benditas calculadoras. Siempre he creído<br />

que lo hicieron para po<strong>de</strong>r calcular un vidriado en la décima parte<br />

<strong>de</strong>l tiempo.<br />

Aurora me muestra las hojas en don<strong>de</strong> las calcula;<br />

me explica; revolotea en una carpeta negra en don<strong>de</strong><br />

las va guardando. No me sobrepongo a la sorpresa<br />

que me produce esta súbita irrupción <strong>de</strong>l intelecto.<br />

De la sensualidad <strong>de</strong>l barro a las altas matemáticas.<br />

Y a<strong>de</strong>más, hay fórmulas base para obtener vidriados mate, transparente,<br />

brillante u opaco. Pero, digo, éstos son planteamientos<br />

teóricos base, que cuando tú andas en busca <strong>de</strong> un color o <strong>de</strong> un<br />

efecto, vas modificando. Ahí ya entra tu intuición, tu experiencia.<br />

O sea, que es como todo en la <strong>cerámica</strong>. Cada etapa tiene que<br />

ser perfecta porque cualquier falla la revela el fuego en el horno.<br />

Aplicar el vidriado no es simplemente mojar la pieza en el líquido.<br />

Pue<strong>de</strong>s aplicarlo con pincel, bañando la pieza, sumergiéndola<br />

en el vidriado o tallándola con los <strong>de</strong>dos. Cada movimiento que<br />

haces <strong>de</strong>ja su huella. Un efecto es una pincelada; otro son tres<br />

pinceladas. El espesor, vaya, repercute en la tonalidad <strong>de</strong>l color.<br />

Por eso vidriar es una operación que se hace, por un lado, con la<br />

imaginación, y por el otro, con ese bagaje teórico que yo te <strong>de</strong>cía.<br />

Yo tengo mucho interés por hacer porcelana, rakú, en fin, lo que<br />

pasa es que no le veo el final a la <strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> alta temperatura. <strong>La</strong><br />

<strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> gran fuego. . . siento que hay mucho, mucho todavía<br />

que puedo explorar.<br />

El vidriado impermeabiliza, aunque en alta temperatura<br />

no es necesario. Aquí es para efectos puramente<br />

estéticos. Y es en este proceso don<strong>de</strong> se


EL COLOR 81<br />

conjugan forma y contenido, porque si la olla ahora<br />

parece que va a hablar, cuando sale <strong>de</strong>l horno verda<strong>de</strong>ramente<br />

habla. Es la misma olla más otra cosa,<br />

vida, supongo.<br />

Son infinitas las posibilida<strong>de</strong>s <strong>de</strong> ese lenguaje que es el vidriado.<br />

Hay también el engobe, por ejemplo. El engobe se hace con el mismo<br />

cuerpo cerámico pero con un poco más <strong>de</strong> agua para po<strong>de</strong>r<br />

aplicarlo con pincel, bañarlo o untarlo a mano. Le aña<strong>de</strong>s<br />

color, lo que quieras, cobalto, hierro, y a<strong>de</strong>más lo aplicas cuando la<br />

pieza todavía está fresca para que encoja al mismo tiempo.<br />

Yo así lo hago. Hay otras gentes que lo aplican <strong>de</strong>spués <strong>de</strong> la<br />

primera quemada (que se llama sancocho), pero entonces tienes<br />

que modificar las proporciones <strong>de</strong> la fórmula <strong>de</strong>l engobe, porque<br />

si no encogería distinto. A mí lo que me gusta <strong>de</strong> mi engobe es<br />

que es como una piel. Se le pega a la pieza como una piel. El mural<br />

tiene toda una parte <strong>de</strong> engobe.<br />

El lenguaje, dice <strong>Hugo</strong>, y me doy cuenta. Su lenguaje,<br />

el <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong>. El <strong>de</strong> cada ceramista. Y me doy<br />

cuenta también <strong>de</strong> su manera <strong>de</strong> ser ceramista. Sus<br />

vidriados, el vidriado <strong>de</strong> la línea. Decidido por él<br />

también, pero ése lo aplica Carlos una vez que ha<br />

aprendido. <strong>La</strong>s piezas únicas sólo <strong>Hugo</strong> las vidrea, y<br />

ése es el momento crítico.<br />

Pero todo mi fundamento, digamos, es el taller, la manera en que<br />

funciona. Cada etapa se apoya en la anterior, y yo me puedo poner<br />

a vidriar tranquilo cuando sé que todo lo <strong>de</strong>más funciona. Claro<br />

que si no, <strong>de</strong> todas maneras vidreo cuando tengo que hacerlo.<br />

Hablo <strong>de</strong> lo i<strong>de</strong>al, que a<strong>de</strong>más coinci<strong>de</strong> con todo el proceso. Ésta<br />

es la etapa en la que tienes que comenzar a <strong>de</strong>jar la pieza sola. Ya<br />

<strong>de</strong>s<strong>de</strong> ahora está comenzando a ser el resultado <strong>de</strong> todo lo anterior.<br />

Hay que tocarla lo menos posible para no botarle el vidriado;<br />

hay que meterla al horno cuanto antes.


82 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Gres, el macho <strong>de</strong> la porcelana.<br />

(Pierre Courthion, Llorens Artigus)<br />

<strong>La</strong> textura <strong>de</strong> la superficie <strong>de</strong> los vidriados <strong>de</strong> alta temperatura <strong>de</strong>spierta las sensibilida<strong>de</strong>s<br />

para tocar como no suce<strong>de</strong> en otras ollas. Nosotros sentimos más que una<br />

satisfacción a través <strong>de</strong> los ojos.<br />

(Bernard Leach, A potter’s book)


LA TEXTURA 83<br />

<strong>La</strong> textura<br />

SOY incapaz <strong>de</strong> precisar lo que veo. Siento que se<br />

mueve, como llamando la atención. Figuras humanas<br />

en un bosque, retozos <strong>de</strong> amantes, niños,<br />

paisajes, trato <strong>de</strong> asir una forma concreta, un rasgo<br />

sobresaliente, una comprensión que pueda aislar y<br />

contener en una frase. Imposible, se mueve el todo y<br />

me mete, me incluye en el movimiento. Piedras, <strong>de</strong>siertos,<br />

arbustos, colinas, el río, el mar. Paso <strong>de</strong> una<br />

olla a la siguiente y pierdo conciencia <strong>de</strong> su volumen<br />

y entro a un mundo <strong>de</strong> color.<br />

Estando una vez en Toronto, en un congreso <strong>de</strong> artesanos —había<br />

mucha gente—, alcé los ojos y me topé con una ventana y <strong>de</strong> pronto<br />

sentí que estaba viendo todas las piezas <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong> que quería<br />

hacer. . .<br />

<strong>La</strong> vista me da el sabor a pan, el olor a tierra, la<br />

sensación <strong>de</strong>l viento. <strong>La</strong> imprecisión <strong>de</strong> las figuras<br />

humanas me incita a intuir otras dimensiones en las<br />

que el roce <strong>de</strong> unos con otros es suave, armónico,<br />

sin miedo a la proximidad.<br />

Una textura habla <strong>de</strong>l paso <strong>de</strong> los años; otra <strong>de</strong><br />

la crueldad, <strong>de</strong> la amargura, <strong>de</strong> la risa. Habla <strong>de</strong> eso<br />

al mismo tiempo que <strong>de</strong> todo lo otro. Los ojos reposan<br />

en ella y no se sabe quién acaricia a quién; se<br />

produce un instante <strong>de</strong> azoro. ¿Cómo es posible que<br />

pase tanto?<br />

Es que quiero <strong>de</strong>jar bien sentada mi incredulidad:<br />

¿cómo es posible? <strong>La</strong> olla era <strong>de</strong> un blanco<br />

lechoso; el chorro que <strong>Hugo</strong> vertía era semejante<br />

al <strong>de</strong> regar las plantas. El barro lo absorbía sumisamente.<br />

Si tú le pones una capa <strong>de</strong> vidriado, un baño, digamos, es una


84 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Detalle <strong>de</strong>l mural


LA TEXTURA 85<br />

cosa. Luego a eso le aña<strong>de</strong>s dos o tres pinceladas, y es otra por<br />

completo distinta, ya te lo dije.<br />

<strong>La</strong>s gotas se resbalaban caprichosamente, y <strong>de</strong> repente<br />

intervenía también el impulso <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong>: <strong>de</strong>tener<br />

su <strong>de</strong>slizarse plácido; unir una a la que corría<br />

paralela a ella, o bien <strong>de</strong>sdibujar su trayecto. A ver, a<br />

ver qué sale, pero también po<strong>de</strong>r contener el impulso,<br />

porque el capricho irresponsable, el movimiento<br />

sin dirección, no se traduce en nada. Saber es eso,<br />

probablemente. Saber hasta dón<strong>de</strong> se pue<strong>de</strong> manipular<br />

lo otro, tomando en cuenta que lo otro, a su<br />

vez, tiene una naturaleza propia.<br />

Tienes que conocer tus límites. Conocer tus consistencias. Qué<br />

espesor y qué grado <strong>de</strong> transparencia. Dentro <strong>de</strong> esos límites sabes<br />

cómo funcionas. Si te sales <strong>de</strong> uno u otro lado, es seguro que algo<br />

no te va a gustar.<br />

Todo es tan terriblemente ambivalente, tan incierto<br />

y tan preciso; tan aparentemente inocente. Es barro,<br />

y tanto <strong>de</strong>spués. Tanto conocimiento acumulado,<br />

tanta tradición y necesidad. Tanta tecnología, tanta,<br />

tanta cultura humana. Este barro, sobre todo, contiene<br />

toda el ansia vital <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong>, el ansia por hacer<br />

que cada ser humano lleva en sí, por crear. Y <strong>Hugo</strong>,<br />

con su sensación <strong>de</strong> irrealidad, con su necesidad <strong>de</strong><br />

precisión, <strong>de</strong> eficacia, es precisamente ceramista.<br />

Parece ser que la primera olla se hizo cuando una canasta untada<br />

<strong>de</strong> barro se quedó cerca <strong>de</strong> una fogata. Al otro día se dieron cuenta<br />

<strong>de</strong> que ese barro se había cocido y tenía una superficie dura. Hay<br />

montones y montones <strong>de</strong> tepalcates que tienen huellas <strong>de</strong> canastas.<br />

Miles y miles <strong>de</strong> años las hicieron así; luego se <strong>de</strong>scubrió lo <strong>de</strong><br />

la ceniza, y ahora, gracias al microscopio electrónico, el hombre<br />

pue<strong>de</strong> ver cosas que nunca se habían visto sobre la estructura


86 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Se espera que el mito <strong>de</strong> que el ceramista necesita hacer lo mismo que el escultor y el<br />

pintor, pero en barro, comience a evaporarse.<br />

(Garth Clark, The search for context. Introduction of ceramic art)


LA TEXTURA 87<br />

molecular <strong>de</strong> algunos vidriados.<br />

<strong>La</strong> <strong>cerámica</strong> requiere <strong>de</strong> paciencia, disciplina,<br />

precisión... atención. ¿No se podría <strong>de</strong>cir que la<br />

realidad requiere <strong>de</strong> lo mismo? Para sentirse en<br />

ella, digo, pero igual que con la <strong>cerámica</strong>, no hay<br />

garantías, segurida<strong>de</strong>s que se vayan más allá <strong>de</strong><br />

los límites propios. <strong>Hugo</strong> crea con una mezcla <strong>de</strong><br />

seguridad y angustia, <strong>de</strong> permanente tensión. <strong>La</strong><br />

imposibilidad <strong>de</strong> saber con absoluta exactitud lo<br />

que será el resultado final, <strong>La</strong> vulnerabilidad ante el<br />

acci<strong>de</strong>nte. Pero también la conciencia <strong>de</strong> todos los<br />

elementos que necesita para estar totalmente presente<br />

en cada uno <strong>de</strong> los momentos <strong>de</strong>l proceso.<br />

<strong>La</strong> elocuencia<br />

POR esa irrealidad que te digo, yo necesitaba centrarme,<br />

afinizarme en algo sólido. Nada más sólido y fijo que un horno. Y<br />

quién sabe qué hubiera pasado si empiezo la <strong>cerámica</strong>, mi acercamiento,<br />

digo, <strong>de</strong> otro modo que no fuera ese curso sumamente<br />

teórico y difícil. Centrarme, como en el barro.<br />

Ahora entiendo; entiendo por qué no quise que el taller creciera<br />

más. Por qué evité comercializarme. Por qué, pese a todo, me<br />

<strong>de</strong>dico tanto al taller <strong>de</strong> producción. Esa cotidianidad un tanto<br />

marginada es lo que me centra, y entonces puedo asumir todas<br />

las insegurida<strong>de</strong>s <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>... la angustia <strong>de</strong>l horno. Son dos<br />

caras <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong> que se complementan.<br />

Y <strong>Hugo</strong>, su vida, es el barro, claro. <strong>La</strong> mezcla, la paciencia,<br />

el súbito agrieterse en la exasperación. Y el<br />

vidriado también.<br />

Porque en este momento estoy instalando un equipo <strong>de</strong> sonido en<br />

mi casa, y eso es lo que ocupa toda mi atención. Cada <strong>de</strong>talle


88 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Bárbara, <strong>Hugo</strong>, Sol y Aurora


LA TEXTURA 89<br />

quiero que que<strong>de</strong> muy bien, que funcione a la perfección por<br />

lo que tengo que examinar cada clavija, cada extensión, cada<br />

tornillo incluso, ya ves que luego te pasa que compras tres extensiones<br />

en Aurrerá, todas muy bien empaquetadas en un plástico<br />

espantoso que es dificilísimo <strong>de</strong> quitar, y con un olor a nuevo<br />

tremendamente convincente, pero las conectas y no funcionan,<br />

por eso nos hemos tenido que hacer nuestras propias extensiones<br />

en el taller. Nada más irritante que esa capa <strong>de</strong> mo<strong>de</strong>rnismo que<br />

nos cubre y que preten<strong>de</strong> ocultar una falta <strong>de</strong> oficio, o yo no sé.<br />

Pero si voy a instalar algo, lo que sea, quiero estar seguro <strong>de</strong> que<br />

cada una <strong>de</strong> sus partes funcione.<br />

Oculta un rato al ceramista creativo, para <strong>de</strong>spués<br />

revelarlo en toda su tensión. Como esas ollas tan<br />

clan<strong>de</strong>stinas en su blanco hueso y luego tan parlanchinas.<br />

A fin <strong>de</strong> cuentas la realidad es eso ¿o no? Ese ir<br />

<strong>de</strong> la duda a la certidumbre, <strong>de</strong> la seguridad a la capacidad<br />

<strong>de</strong> enten<strong>de</strong>r el porqué <strong>de</strong>l fracaso. Del placer<br />

a la angustia. Para aceptar este vaivén, a lo mejor<br />

hay que saber centrar la pella en el torno.<br />

<strong>La</strong> casa<br />

AUNQUE el taller esté en Cuernavaca (allá por<br />

don<strong>de</strong> reparan los Delfines), <strong>Hugo</strong> vive en México.<br />

Va a Cuernavaca los miércoles y los fines<br />

<strong>de</strong> semana.<br />

No sabe manejar. Si Aurora no va, se va en<br />

camión.<br />

Voy siempre pensando en lo primero que tengo que hacer al llegar<br />

al taller. El problema más inmediato. O leo. . . o me duermo.<br />

Pero la casa <strong>de</strong> México es como el resultado <strong>de</strong> un<br />

vidriado.


90 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Formas, colores, objetos, recovecos, rincones, <strong>de</strong>talles.<br />

Es como un engobe: la piel <strong>de</strong> la vida que han<br />

llevado, con todas sus marcas, sus guiños, sus texturas.<br />

Es chiquita, y comprendo <strong>de</strong> pronto el “submarino”.<br />

Hay dos hijas, Sol y Bárbara. Y entre los cuatro<br />

constituyen la asamblea que es la única que tiene<br />

el po<strong>de</strong>r <strong>de</strong> <strong>de</strong>cisión sobre la familia. Así se votó a<br />

favor <strong>de</strong> que se construyera primero la casa <strong>de</strong> Toño.<br />

En cuanto a que si <strong>Hugo</strong> se quitaba la barba o no,<br />

hubo diferencias. Una <strong>de</strong> las hijas insistió en que ella<br />

no conocía al padre sin barba, no era justo.<br />

Toño construye el estudio <strong>de</strong> las niñas en un<br />

cuartito <strong>de</strong> azotea <strong>de</strong> la casa. A veces está en México<br />

un martes (no lo sé con precisión, pero sospecho<br />

que algo va a quedar pintado <strong>de</strong> amarillo). A veces<br />

Toño se queda a dormir, cuando tiene que terminar<br />

algo. Lo acomodan en el diván <strong>de</strong> la sala. Hay, sobra<br />

<strong>de</strong>cir, <strong>cerámica</strong> por todas partes. Esas macetas<br />

rajadas que Aurora sabe sembrar; piezas <strong>de</strong> amigos.<br />

Algunos <strong>de</strong> los platones torneados por Peter en<br />

Oaxtepec, el baño.<br />

También hay ma<strong>de</strong>ra. Un armario, la mesa <strong>de</strong>l<br />

comedor, muy parecidos a ciertas texturas<br />

<strong>de</strong> los vidriados (¿o es al revés?). Objetos por todas<br />

partes, como si el tiempo no hubiera querido transcurrir<br />

sin <strong>de</strong>jar constancia precisa (precisa), <strong>de</strong> su<br />

paso. Objetos que se incorporan a una atmósfera<br />

general y que fun<strong>de</strong>n su individualidad en una sola<br />

cosa: quiero estar aquí. Soy <strong>de</strong> aquí.<br />

Aurora hace una y otra maqueta <strong>de</strong> la casa


LA CASA 91<br />

que van a tener en Cuernavaca, pero no acaba nunca.<br />

Este espacio, ya muy reducido, es tan conocido.<br />

Es difícil <strong>de</strong>cidir <strong>de</strong>jarlo, pero tendrán que irse;<br />

las hijas necesitarán su espacio, hay que aceptar el<br />

movimiento. Como antes se fue <strong>Hugo</strong> <strong>de</strong> Tacubaya<br />

a Cuernavaca. También con mucho titubeo, mucho<br />

aplazamiento, hasta que el Departamento <strong>de</strong>l Distrito<br />

puso fin a las reticencias: no querían un taller <strong>de</strong><br />

<strong>cerámica</strong> en una calle ya tan céntrica.<br />

Era chiquitito, quemábamos con tres tanques <strong>de</strong> gas normales.<br />

Apenas si teníamos espacio para vivir, había <strong>cerámica</strong> por todos<br />

lados. Siempre había problemas para pagar la renta. Cuando<br />

nos avisaron que nos teníamos que ir, yo ni siquiera estaba en<br />

México. Había ido a Honduras a diseñar y construir un horno<br />

en un pueblito que se llama El Porvenir. Un horno que trabaja<br />

a leña. Quemar con leña es in<strong>de</strong>scriptible; ya al final <strong>de</strong> la<br />

horneada, al atizar los leños, éstos prácticamente <strong>de</strong>saparecen<br />

en el aire con un estallido. <strong>La</strong> relación que creas con un horno a<br />

leña es mucho más cercana que la que tienes con uno <strong>de</strong> gas,<br />

y ni qué <strong>de</strong>cir con uno eléctrico, en don<strong>de</strong> lo que haces es oprimir<br />

botones.<br />

En todo caso, no estaba en México y tuve que supervisar el<br />

cambio <strong>de</strong>l taller por teléfono. Pero era todo muy emocionante.<br />

Por fin íbamos a tener un taller nuestro. Y la verdad es que quedó<br />

al revés. Por ejemplo, el horno <strong>de</strong>be estar cerca <strong>de</strong> la puerta, por<br />

don<strong>de</strong> entra la materia prima, y para que cuando las piezas ya estén<br />

quemadas puedan salir con facilidad. Y el horno nos quedó al<br />

final <strong>de</strong>l taller, lo más lejos <strong>de</strong> la puerta. Todo empezó porque yo le<br />

dije a Aurora que quería una palapa <strong>de</strong> 8 m x 8 m; en cuanto estuvo<br />

lista me instalé ahí con una bolsa <strong>de</strong> dormir; <strong>de</strong>spués se <strong>de</strong>cidió<br />

en dón<strong>de</strong> iba a ir el horno, y así. Bueno, ahora ya nos acostumbramos.


92 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


HUGO 93<br />

<strong>Hugo</strong><br />

PORQUE lo que quiero que entiendas es la diferencia que hay<br />

entre cómo aprendí a hacer <strong>cerámica</strong> en Estados Unidos, y cómo<br />

<strong>de</strong>spués tuve que apren<strong>de</strong>r a hacerla acá. Yo fui aprendiz <strong>de</strong> una<br />

ceramista que tenía un estudio. Trabajaba sola. Hacía sus vidriados.<br />

En Estados Unidos uno va y compra postes para estibar<br />

el horno; están hechos industrialmente y son perfectos. Aquí en<br />

México, tengo que hacerlos personalmente, pero con la ventaja <strong>de</strong><br />

que son <strong>de</strong> las alturas necesarias para la línea, y no <strong>de</strong>sperdicio ni<br />

un milímetro. Por eso me tuve que venir a México para probar los<br />

ingredientes <strong>de</strong> aquí; tenía que trabajar con elementos que sabía<br />

que podía conseguir acá, así que me llevé toda la materia prima.<br />

Fue necesario que me adaptara a muchas cosas, incluso tuve que<br />

apren<strong>de</strong>r a intuir <strong>de</strong> otra manera. . . en otro espacio. Mira, por<br />

ejemplo, allá conocía a un ceramista (ya no me acuerdo cómo se<br />

llama), pero era increíble, llevaba cuatro años haciendo una pieza,<br />

<strong>de</strong> doce centímetros apenas; buscaba y buscaba afinar la forma<br />

y no hacía más que eso. Pero claro, para vivir daba clases medio<br />

tiempo, y así podía darse el lujo <strong>de</strong> perseguir su obsesión.<br />

Esos ceramistas <strong>de</strong> estudio que trabajan solos pue<strong>de</strong>n vivir realmente<br />

<strong>de</strong> su <strong>cerámica</strong>, allá; en México resulta imposible; te tienes<br />

que enten<strong>de</strong>r <strong>de</strong> una manera completamente diferente.<br />

Por eso digo que tuve que usar mi intuición <strong>de</strong> otra manera, a lo<br />

mejor la real, la verda<strong>de</strong>ra, porque sí necesitaba volver a México,<br />

<strong>de</strong> eso nunca tuve la menor duda. Necesitaba estar aquí para <strong>de</strong>scubrir<br />

quién era; qué <strong>cerámica</strong> iba a hacer. Allá me daba cuenta <strong>de</strong><br />

que estaba haciendo cosas que no eran mías. Estaba aprendiendo,<br />

probando un poco <strong>de</strong> todo; quería enten<strong>de</strong>r lo que pasaba en la<br />

<strong>cerámica</strong> que veía; experimentaba y lograba hacer lo que quería,<br />

pero me daba cuenta <strong>de</strong> que me quedaba fuera, es <strong>de</strong>cir, no había<br />

nada mío en la pieza. Y yo sabía que no quería seguir corriendo;<br />

cuando <strong>de</strong>jé <strong>de</strong> pintar <strong>de</strong>cidí eso; no seguir a nadie sino encontrar


94 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

mi propio camino.<br />

Ahora, lo que pasa es que cuando llegué, venía con Carlos<br />

y otros dos ceramistas: Ted Biellefield e Inna Backer (y otras gentes<br />

que revoloteaban en torno nuestro y dizque nos ayudaban).<br />

De inmediato nos pusimos a hacer piezas, las quemamos y luego<br />

hicimos una exposición. Fuera <strong>de</strong>l círculo <strong>de</strong> amigos y cuates, el<br />

“stoneware” era <strong>de</strong>sconocido en México hasta ese momento, sólo<br />

se conocía la <strong>cerámica</strong> popular y la muy a<strong>de</strong>cuadamente llamada<br />

<strong>de</strong> “pasta blanca”, que es horrible, y aunque parezca increíble, algunas<br />

gentes la llaman porcelana, yo creo que porque nunca la han<br />

visto realmente.<br />

<strong>La</strong> exposición era imaginativa, tenía buenos engobes y vidriados,<br />

en fin, nada mal. Pero sucedía que no se conocía ese tipo<br />

<strong>de</strong> <strong>cerámica</strong>. Para mi gran sorpresa vendimos todo. Fue la primera<br />

exposición <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong> <strong>de</strong> alta temperatura en México, en la<br />

galería <strong>de</strong> Raúl y Leonor Kamffer. El 15 <strong>de</strong> octubre <strong>de</strong> 1962. Pero<br />

fue a<strong>de</strong>más cuando conocí a Aurora. Pasó el tiempo, nos volvimos<br />

a encontrar y tomé entonces la <strong>de</strong>cisión más sabia <strong>de</strong> mi vida: nos<br />

casamos a las seis semanas.<br />

Todo eso sucedió muy rápido y salió muy bien. Inna, Ted y<br />

Carlos se volvieron a Estados Unidos y entonces sí sentí que<br />

había llegado a México. Compré una tonelada <strong>de</strong> barro que me<br />

fueron a <strong>de</strong>jar a la puerta. Solo la cargué hasta el fondo <strong>de</strong>l jardín,<br />

don<strong>de</strong> quedaba el taller. Al día siguiente compré una carretilla<br />

(primera lección), y me puse a trabajar. Comprendí que tenía que<br />

enten<strong>de</strong>rme más como ceramista <strong>de</strong> producción que <strong>de</strong> piezas<br />

únicas. Aprendí que para mí el todo era lo importante, y no nada<br />

más ciertos momentos <strong>de</strong>l proceso.<br />

Centrarse, pues, es eso. Reconocerse en una realidad<br />

específica. Saberse en ella para utilizarse al máximo.<br />

<strong>Hugo</strong> pudo haber sido un ceramista <strong>de</strong>subicado, ya<br />

que como individuo se <strong>de</strong>scubrió en su primer


HUGO 95<br />

encuentro con la <strong>cerámica</strong>. Pudo haberse quedado<br />

allá, o volver y crear aquí como si estuviera allá. Su<br />

sentido <strong>de</strong> irrealidad lo obligó a centrarse, y es aquí,<br />

en México, en don<strong>de</strong> hace <strong>cerámica</strong>.


96 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


IV QUEMAR<br />

El silencio<br />

UNA <strong>de</strong> las cosas que más recuerdo <strong>de</strong> mi infancia es el silencio <strong>de</strong><br />

las estaciones <strong>de</strong> ferrocarril. Mi padre era ferrocarrilero, vivíamos<br />

en Aguascalientes. Recuerdo mucho la locomotora; me impresionaba<br />

su po<strong>de</strong>río y <strong>de</strong>spués esa calidad <strong>de</strong> silencio. Creo que ésa es<br />

una <strong>de</strong> las cosas que más me gustan <strong>de</strong>l horno: ese ir <strong>de</strong> un silencio<br />

muy profundo a un estruendo total, y luego al silencio otra vez.<br />

Son las seis <strong>de</strong> la mañana. <strong>Hugo</strong> se dispone a encen<strong>de</strong>r<br />

el horno. Aún no sale el sol. Nadie se ha<br />

levantado en el taller. Los gallos, los perros, los<br />

motores <strong>de</strong> camiones (¿<strong>de</strong> Delfines reparados?).<br />

Hace frío. Aurora dormita en un rincón <strong>de</strong> la veranda<br />

muy bien abrigada. Esperamos a que esté<br />

listo el café, pero <strong>Hugo</strong> ya está preparando el horno.<br />

Parece tan distante esa mole <strong>de</strong> ladrillo, tan incapaz<br />

<strong>de</strong> hacer nada, como un fútil monumento que no<br />

conmemorara otra cosa que un gasto obligado <strong>de</strong>l<br />

presupuesto.<br />

Hay que verificar que los quemadores estén<br />

bien, que los conos se puedan ver <strong>de</strong>s<strong>de</strong> las mirillas,<br />

que las válvulas <strong>de</strong> gas estén todas cerradas. Y ahora<br />

sí, hay que pren<strong>de</strong>rlo.<br />

Aquí hay que tener mucho cuidado, porque se te pue<strong>de</strong> apagar<br />

un quemador y que tú no te <strong>de</strong>s cuenta. En este momento sí hay<br />

que estar cerca <strong>de</strong>l horno. Si se te apaga uno y el gas se escapa, es<br />

peligrosísimo.


98 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Conos pirométricos


EL SILENCIO 99<br />

Como una estufa, hasta me <strong>de</strong>cepciona un poco.<br />

El fuego sale reticente, débil, como rehuyéndole al<br />

horno. Pega contra la entrada y se distorsiona en<br />

mil movimientos caprichosos. Es casi húmedo en su<br />

falta <strong>de</strong> consistencia. Densamente silencioso.<br />

Y tienes que comenzar así <strong>de</strong> lento, porque éste es el momento<br />

crítico. Aquí es don<strong>de</strong> se te pue<strong>de</strong> estallar toda una horneada.<br />

A las piezas hay que sacarles la humedad <strong>de</strong> a poquito. De las<br />

primeras dos horas, <strong>de</strong> cómo gradúes el calor, digo, va a <strong>de</strong>pen<strong>de</strong>r<br />

todo lo <strong>de</strong>más.<br />

El sol tarda en salir y me siento junto al horno para<br />

calentarme un poco. ¿Qué son los conos? En la parte<br />

exterior <strong>de</strong>l horno, en todos los bor<strong>de</strong>s superiores,<br />

veo pequeños colmillos como abrumados, <strong>de</strong>rretidos,<br />

vencidos. Parecen un acto <strong>de</strong> fiera brujería.<br />

¿Qué son los conos?<br />

Están hechos <strong>de</strong> diferentes arcillas cuidadosamente graduadas con<br />

sus fun<strong>de</strong>ntes para que midan distintas temperaturas. Cada ceramista<br />

escoge los números <strong>de</strong> sus conos. Yo uso 8, 9 y 10.<br />

Es el 9 el que nos indica cuándo apagar el horno. Se sabe porque<br />

se empieza a doblar. Por eso al estibar hay que colocarlo muy bien<br />

para po<strong>de</strong>r verlo. Cuando empieza a doblarse, un buen hornero<br />

tiene que po<strong>de</strong>r <strong>de</strong>cir: el cono está a las tres. Cuando está a las seis<br />

hay que apagar.<br />

Me tomó un rato enten<strong>de</strong>r. Cuando él <strong>de</strong>cía el cono<br />

está al cuarto para las nueve, yo lo veía a las tres. Entre<br />

tanta explicación, me hacía la <strong>de</strong>mente, sí, claro,<br />

pero era como ver todo por el lado interior <strong>de</strong> un<br />

espejo. Hasta que entendí: está a<strong>de</strong>ntro <strong>de</strong>l horno.<br />

Está con las piezas. Vive el proceso <strong>de</strong> las piezas ... es<br />

<strong>de</strong>cir, cuán normal: es el proceso <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>


100 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Que nuestra voluntad y la <strong>de</strong>l horno habiten el mismo instante <strong>de</strong>l mundo.<br />

(Henri Simmer. Los aphorisme d’un hormme <strong>de</strong> terre)


EL SILENCIO 101<br />

y, por supuesto, entra cada vez al horno.<br />

<strong>La</strong>s mirillas son ladrillos que entran y salen en distintos<br />

puntos <strong>de</strong>l horno. Arriba, abajo, en medio. No<br />

veo absolutamente nada. Todo está oscuro. . . o más<br />

bien sí, percibo unas formas medio fantasmales.<br />

Pero vas a ver el color <strong>de</strong>spués, es increíble. Esto apenas comienza.<br />

El tiempo<br />

LO que pasa es que cuando horneas, no te pue<strong>de</strong>s ocupar seriamente<br />

en nada. Tienes que mantener el horno en tu conciencia,<br />

pero sin agotarte, para po<strong>de</strong>r estar alerta. Aquí se está produciendo<br />

la culminación <strong>de</strong>l proceso. Ya la pieza se te ha ido <strong>de</strong>finitivamente<br />

<strong>de</strong> las manos; lo menos que pue<strong>de</strong>s hacer ahora es cuidarla;<br />

estar pendiente.<br />

Siete <strong>de</strong> la mañana. Un pedacito <strong>de</strong> sol pega frescamente<br />

en un rincón <strong>de</strong>l patio. Ahí nos sentamos<br />

a tomar café, pero <strong>Hugo</strong> no se queda quieto. Va y<br />

viene. Le da vueltas al horno; lo mero<strong>de</strong>a. No me<br />

imagino qué más pue<strong>de</strong> pasar en las próximas doce<br />

horas. Cómo las vamos a vivir. Me resultan larguísimas.<br />

<strong>La</strong> mañana se <strong>de</strong>ja venir con <strong>de</strong>sapasionada<br />

costumbre, y ahora que me fijo, qué lenta es, qué<br />

segura. Al otro lado <strong>de</strong>l barranco comienza el movimiento.<br />

Cuando las piezas estallan se oye. Como balazos. Y la angustia <strong>de</strong><br />

no saber cuántas, cuáles. No sabes lo que era eso cuando hacíamos<br />

el mural, pero <strong>de</strong> 874 cuadros, no se rompió ninguno.<br />

Todavía no lo puedo creer. Edmundo estaba orgullosísimo.<br />

Pero es durante estos primeros 300° C cuando hay que estar


102 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


EL TIEMPO 103<br />

pendiente. Después ya sube Manuel y nos po<strong>de</strong>mos ir a <strong>de</strong>sayunar.<br />

Y soy entonces yo la que se alarma: cómo nos vamos<br />

a separar <strong>de</strong>l horno. ¿Y si volvemos y encontramos<br />

todo <strong>de</strong>struido? ¿Toda la catástrofe inverosímil ante<br />

nuestros ojos?<br />

No, bueno, un cierto control claro que tienes. Para eso está el<br />

pirómetro. Por eso llevamos la bitácora <strong>de</strong>s<strong>de</strong> hace veinte años.<br />

Hay un lapso bastante seguro. Basta con que se revise cada media<br />

hora, eso sí. Pero por ahora comienza a subir la temperatura con<br />

bastante uniformidad. Lo que pasa es que hay que estar pendiente.<br />

Yo incluso <strong>de</strong>spués, por lo general, me voy a dormir una siesta. Me<br />

<strong>de</strong>spiertan cuando suena la chicharra.<br />

Pero ya llega Carlos, llega Edmundo, Manuel ha<br />

colocado su cua<strong>de</strong>rnito en una mesa cerca <strong>de</strong>l horno.<br />

Anoche, cuando la góndola estuvo completamente<br />

estibada, <strong>Hugo</strong> dijo: a meterla ya. Edmundo<br />

<strong>de</strong> un lado, Carlos atrás, <strong>Hugo</strong> <strong>de</strong>l otro lado. <strong>La</strong><br />

góndola está colocada sobre unos rieles. Manuel la<br />

enganchó al malacate y yéndose a la parte posterior<br />

<strong>de</strong>l horno, comenzó a jalar lentamente; la cuerda se<br />

tensó, y como monstruo adormilado, la góndola se<br />

comenzó a mover. Toneladas <strong>de</strong> peso. Todos con las<br />

manos abiertas, como queriendo conjurar posibles<br />

catástrofes. ¡Alto, Manuel, espérate! Manuel<br />

no ve nada <strong>de</strong> lo que pasa acá. Él solamente tira <strong>de</strong><br />

la góndola con el malacate. ¡Ya, con cuidado! <strong>La</strong><br />

boca <strong>de</strong>l horno engulle lentamente la góndola, muy<br />

lentamente. <strong>La</strong>s piezas <strong>de</strong>saparecen <strong>de</strong> la vista. Algo<br />

<strong>de</strong>finitivamente suce<strong>de</strong>. <strong>La</strong>s manos <strong>de</strong> todos abiertas<br />

aún, cuelgan inertes. Se han ido. <strong>La</strong>s piezas se<br />

han ido. Todo lo que pasa allá <strong>de</strong>ntro será su propio<br />

<strong>de</strong>stino.


104 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

El sello <strong>de</strong>l taller en una pieza


EL TIEMPO 105<br />

M. C. era otra ceramista que trabajaba en Stony Point. Se quedaba<br />

en Manhattan, muy cerca <strong>de</strong> don<strong>de</strong> yo tenía un apartamento, en el<br />

Lower East Si<strong>de</strong>. Como tenía coche yo aprovechaba el viaje y me<br />

venía con ella. Ambos nos estábamos psicoanalizando en esa época.<br />

Hablábamos mucho, <strong>de</strong> <strong>cerámica</strong>, <strong>de</strong> un libro que ella estaba<br />

preparando y que se llamaba On centering, <strong>de</strong> nuestro psicoanálisis.<br />

Para ella todo era una sola cosa: vida y muerte. Me enseñó<br />

mucho, creo. Poco antes <strong>de</strong> venirme me regaló una pieza suya en<br />

cuyas pare<strong>de</strong>s había impreso ramitas <strong>de</strong> los arbustos que había en<br />

torno al taller. Me la traje en las rodillas en el avión. Todavía la<br />

tengo.<br />

Stony Point, el inicio <strong>de</strong> su carrera como ceramista,<br />

pero también el encuentro con gente que le ayudó<br />

a empezar a vivir; gente que hablaba su lenguaje;<br />

gente que le dio a enten<strong>de</strong>r que él también tenía un<br />

sitio.<br />

El ciclo<br />

SI te fijas, el símbolo <strong>de</strong> mi taller es la rueda. Ésa que está en la<br />

puerta, y también la ban<strong>de</strong>ra aquella. <strong>La</strong> marca que aparece en<br />

todas mis piezas <strong>de</strong> producción. Y es que para mí el proceso <strong>de</strong> la<br />

<strong>cerámica</strong> es circular, pero no sólo eso, es como el ciclo <strong>de</strong>l día y la<br />

noche. Me gusta comenzar a quemar muy temprano, con el día; vivir<br />

la horneada al ritmo <strong>de</strong>l día que crece. Cuando más turbulento<br />

es el horno es en el atar<strong>de</strong>cer; ya en la nochecita lo apagas. Te vas<br />

a dormir. Tienes que esperar a que el horno se enfríe por lo menos<br />

hasta los 180° C, porque abrir antes también hace que las piezas se<br />

rompan.<br />

Lo veo acercarse al horno con un espejito <strong>de</strong> mano,<br />

sacar uno <strong>de</strong> los ladrillos <strong>de</strong> las mirillas y bloquearla<br />

con el espejo; examinar éste <strong>de</strong>tenidamente.


106 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Si se empaña es que no ha acabado <strong>de</strong> salir la humedad <strong>de</strong> las<br />

piezas. Hay que esperar. Cuando ya no sale nada <strong>de</strong> vapor, entonces<br />

sí abro plenamente los quemadores y puedo estar tranquilo un<br />

rato. Tranquilo es un <strong>de</strong>cir, vaya, porque lo que ya pasó, ya pasó.<br />

Y sin embargo hay que esperar veintitrés horas o<br />

más; y sin embargo no se pue<strong>de</strong> uno resignar a la<br />

espera; y sin embargo no se sabe qué es lo que pasó.<br />

Hay que confiar en uno mismo, en el azar. . . hay<br />

que <strong>de</strong>sear que la magia funcione.<br />

<strong>La</strong> magia<br />

ES que son muchas las cosas que pasan en el homo: primero, la<br />

cantidad bárbara <strong>de</strong> energía que estás usando; <strong>de</strong>spués, la pieza<br />

crece y luego se está encogiendo, se está enjutando, se está volviendo<br />

piedra. Y luego está el humo. <strong>La</strong> manera en que va a tocar la<br />

pieza la va a transformar y todo esto tú lo tienes que vivir <strong>de</strong>s<strong>de</strong><br />

afuera. Sólo cuentas con tus antece<strong>de</strong>ntes; confías en que hiciste<br />

bien todo lo anterior. Vas a ver cómo el horno va a ir cobrando<br />

más y más presencia; vas a ser testigo <strong>de</strong> la fuerza <strong>de</strong>l fuego; lo vas<br />

a oír.<br />

Y yo creo que esa magia la perciben todos los que hacen<br />

<strong>cerámica</strong>; <strong>de</strong>s<strong>de</strong> el alfarero más tradicional hasta el más tecnologizado,<br />

porque qué pasa. Que tú vas añadiendo elementos tecnológicos<br />

y pareciera que se sumaran para reforzar la magia, porque no<br />

hay tecnología que te dé certidumbre. En la <strong>cerámica</strong> industrial<br />

hay hornos secadores, pero siempre te queda un margen <strong>de</strong> error,<br />

porque a la hora <strong>de</strong> hornear influye todo. <strong>La</strong> presión atmosférica,<br />

la luna. . . en fin. Sin embargo, no hay que confundir la magia<br />

con la superstición. <strong>La</strong> superstición como explicación cómoda.<br />

Muchos horneros me han dicho, cuando las piezas se han estallado,<br />

que era porque había luna llena. Obviamente hay un cierto<br />

elemento <strong>de</strong> verdad, pero la magia hay que enten<strong>de</strong>rla bien a fondo,<br />

porque si no terminas por achacarlo todo a ella.


LA MAGIA 107<br />

El peligro es confundir magia con ignorancia. Mientras más conoces<br />

la <strong>cerámica</strong> y los elementos tecnológicos en los que te apoyas,<br />

más la percibes. Es como con los mitos, todos tienen una<br />

profunda razón <strong>de</strong> ser. Cuando la conoces, el mito adquiere una<br />

calidad aún más maravillosa.<br />

Son cerca <strong>de</strong> las diez. El taller está en pleno funcionamiento;<br />

cada cual está en su tarea. <strong>La</strong> mujer <strong>de</strong><br />

Toño aparece, <strong>de</strong>saparece. <strong>Hugo</strong> va por su quinto<br />

café. Aurora está en <strong>La</strong> Calle <strong>de</strong> San Francisco ocupada<br />

con las plantas. Hay una sola diferencia entre<br />

este día y otros: el taller tiene un centro que es el<br />

horno. El sol ha comenzado a calentar, y pareciera<br />

que el horno lo imita. Al pasar junto a él se siente<br />

un calor superpuesto al calor <strong>de</strong>l día. Un calor más<br />

concentrado, como agazapado y listo para saltar. <strong>La</strong><br />

parte,más fresca, como gesto amistoso, es la palapa<br />

(yo nada más le dije a Aurora:<br />

quiero una palapa <strong>de</strong> 8 m x 8 m)<br />

y ahí está Edmundo torneando. Todo es humedad y<br />

sombra acá <strong>de</strong>ntro. Tranquilidad. <strong>La</strong>s piezas torneadas<br />

se multiplican en la mesa.<br />

<strong>Hugo</strong><br />

SIEMPRE al final <strong>de</strong> una horneada nos vamos con mis hijas a<br />

comer un pozole. Me siento cansado pero contento. Sé que tengo<br />

que esperar hasta el día siguiente para ver qué pasó. Me tomo una<br />

copa y me duermo rápido. No quiero pensar mucho. Y es que cada<br />

vez que metemos la góndola y cerramos la puerta <strong>de</strong>l horno, yo<br />

me siento como ante un toro. Lo veo, lo mido, el estómago me da<br />

un vuelco. Mañana hay que ir a él, y a ver <strong>de</strong> a cómo nos toca.


108 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Cada fuego y horneada es un evento único para escuchar y hablarle. Aprendamos<br />

haciéndolo una y otra vez y preparándonos para ser capaces <strong>de</strong> contemplar lo inesperado.<br />

(Paulus Berensohn, Finding one’s way with clay)


HUGO 109<br />

Tengo hambre, tengo hambre, exclama. Vámonos a<br />

<strong>de</strong>sayunar. Y nos vamos al mercado. Yo lo espío. Le<br />

sospecho toda clase <strong>de</strong> angustias, <strong>de</strong> urgencias, pero<br />

o no las siente o las controla bien. No encontramos<br />

estacionamiento. Date la vuelta. Entramos por <strong>de</strong>trás.<br />

Es mi prisa la que va en aumento. Van a dar las<br />

diez y media, va a sonar la chicharra y ni siquiera<br />

hemos llegado al restorán. El mercado en plena euforia<br />

<strong>de</strong> colores. Entramos por don<strong>de</strong> <strong>de</strong>scargan los<br />

mayoristas. Desayunamos pancita con toda calma.<br />

Esto pasa cada semana, y hay murales, hay macetas,<br />

hay ollas <strong>de</strong> <strong>Hugo</strong> por todas partes, reposando en<br />

una mesa, atrayendo una mirada asombrada, formando<br />

parte <strong>de</strong> alguna atmósfera para <strong>Hugo</strong><br />

<strong>de</strong>sconocida.<br />

Lo que me gusta <strong>de</strong>l taller es que todos los que vienen a hacer cosas<br />

o a encargarlas, se meten en el proceso. Me gusta que a la gente<br />

le importe la <strong>cerámica</strong>.<br />

Hay que llevar el coche al taller. Está fallando. <strong>Hugo</strong><br />

escucha sumiso; él no maneja. Se pue<strong>de</strong> dar cuenta<br />

<strong>de</strong> que falla, pero él se queda muy quieto. No sabe<br />

nada <strong>de</strong> coches. “<strong>La</strong> pancita <strong>de</strong> Rosita”, o no sé cómo<br />

se llamaba el restorán, pero ahí se queda, nosotros<br />

volvemos al taller. Ya hay piezas al sol secándose;<br />

<strong>Hugo</strong> y Manuel discuten algo; revisan el pirómetro.<br />

¡Carlos, café! El sol quema. Son cerca <strong>de</strong> las doce. El<br />

horno produce un rumor apagado, como <strong>de</strong> brisa<br />

entre los árboles, muy inocente.<br />

Ven a ver. Ponte estos lentes y acércate. Toño asegura que sin los<br />

lentes no ve nada. ¿Ves el cono? Ese es el nueve. Cuando se dobla<br />

es que ya el horno rindió. Suce<strong>de</strong> a veces que los conos se caen a<br />

media horneada. El pirómetro se <strong>de</strong>scompone, y sin embargo todo<br />

sale bien.


110 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>La</strong> duda<br />

No veo nada. Creo ver la forma <strong>de</strong>l cono, pero es<br />

muy imprecisa. Creo que es más mi <strong>de</strong>seo <strong>de</strong> verlo.<br />

Hay algo tan absolutamente recóndito allá a<strong>de</strong>ntro.<br />

Una quietud tan hermética que parece a punto <strong>de</strong><br />

estallar en mil convulsiones.<br />

Y qué diferencia los quemadores ahora. Son como<br />

sopletes. Seis quemadores, tres <strong>de</strong> cada lado. El horno<br />

ha adquirido un aspecto soberbio, po<strong>de</strong>roso. Se<br />

yergue en medio <strong>de</strong> las activida<strong>de</strong>s <strong>de</strong> todos, revelando<br />

la verdad <strong>de</strong> cada uno. Ya resulta ineludible.<br />

Des<strong>de</strong> la sombra <strong>de</strong> la veranda lo veo, lo oigo. Des<strong>de</strong><br />

la palapa lo siento. Al pasar junto a él es una tarascada<br />

<strong>de</strong> calor. Es la una y media. El sol quema y los<br />

sonidos <strong>de</strong> Cuernavaca se abotagan vencidos. Los<br />

motores <strong>de</strong> los Delfines adquieren un tinte histérico.<br />

Edmundo tornea.<br />

DE lo que está pasando a<strong>de</strong>ntro sólo pue<strong>de</strong>s ver pedacitos. El resto<br />

te lo tienes que imaginar. Como en el vidriado, como la burbujita<br />

<strong>de</strong> aire juguetona. Tan dúctil el barro, tan sumiso. Te atrapa, te<br />

hace su prisionero; lo amas y lo odias al mismo tiempo. Te quitas<br />

paciencia, te pones urgencia, te apartas un poco. . . es una alquimia<br />

permanente y no tienes <strong>de</strong>recho jamás a saber cuál es el punto<br />

exacto. El punto perfecto. Cada vez es un contener la respiración y<br />

preguntarte una y mil veces: ¿lo hice bien?<br />

Se va a dormir un rato; parece agobiado. Me gusta<br />

esta no costumbre <strong>de</strong> la angustia que tiene, y esta<br />

aceptación.<br />

En el aire como un sonido como <strong>de</strong> martillazo


LA DUDA 111<br />

sobre lata, un grito <strong>de</strong> niño juguetón, una voz<br />

animada. Están cerca y lejos los sonidos. Parecemos<br />

ro<strong>de</strong>ados por el rumor <strong>de</strong>l horno; se erige como una<br />

caliente campana sobre el taller. Edmundo se ha ido<br />

a comer.<br />

Mis tanques tienen, uno 1 500 litros, y el otro 750. Siempre me<br />

aseguro <strong>de</strong> que estén llenos cuando empiezo. Es terrible que se<br />

te acabe el gas a la mitad <strong>de</strong> una horneada. Cuando vuelves a encen<strong>de</strong>r,<br />

las piezas ya están duras, la <strong>cerámica</strong> ya no es tan porosa<br />

y es fácil que se te rompan, lo que no sólo es una <strong>de</strong>sgracia en sí,<br />

sino que implica un gasto bárbaro <strong>de</strong> gas, <strong>de</strong> tiempo, <strong>de</strong> trabajo.<br />

No sé cuánto gas utilizo en cada horneada, pero prefiero empezar<br />

cada vez con los tanques llenos.<br />

Del otro lado <strong>de</strong>l barranco caminan tres hombres,<br />

se dirigen a alguna parte, o vienen. Tienen un aire<br />

tremendo <strong>de</strong> pertenecer a este momento, a ese ritmo<br />

que llevan. Destilan una seguridad asombrosa. Tal<br />

vez sean jardineros <strong>de</strong> alguna <strong>de</strong> las casas <strong>de</strong> aquella<br />

otra parte <strong>de</strong> Cuernavaca que aquí se olvida.<br />

De Stony Point a este taller hay una sola distancia: haber aprendido<br />

a amar y a odiar el hacer <strong>cerámica</strong>, y el verme haciéndola.<br />

Nunca olvidaré a la gente <strong>de</strong> Stony Point ni esos años en Nueva<br />

York. Se pue<strong>de</strong> <strong>de</strong>cir que yo me doctoré en el Cedar Street Bar. Ahí<br />

conocí gente que me hizo compren<strong>de</strong>r lo que es vivir humana y libremente.<br />

Vi cómo la policía <strong>de</strong> Nueva York odia a esta gente y en<br />

cuanto pue<strong>de</strong> la reprime. También vi el cariño <strong>de</strong> unos a otros; la<br />

admiración. Una vez que estábamos todos ahí, pintores, músicos,<br />

ceramistas, no sé, alguien exclamó que Billie Holiday estaba afuera<br />

en un coche, y todos nos precipitamos a la calle con un frío que<br />

pelaba. Ro<strong>de</strong>amos el coche; Billie ni se daba cuenta, pero era precioso;<br />

era como si la gente quisiera acariciar el aire en torno a ella.<br />

Yo entendí, creo, lo que era vivir por fuera <strong>de</strong>l sistema.


112 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Billie Holiday<br />

Los hornos son como las mujeres: para enten<strong>de</strong>rlos se necesita tiempo, amor y buen<br />

humor.<br />

(Paul Soldner, Kiln construction)


EL HUMO 113<br />

Casi como salvaguardar la pureza <strong>de</strong> tus ansias, <strong>de</strong> tus <strong>de</strong>seos más<br />

íntimos. Confiarlos sólo a la gente que te importa y no permitir<br />

que la normalidad te los domestique. Tuve, <strong>de</strong>bo <strong>de</strong>cir, un ángel <strong>de</strong><br />

la guarda, una hada madrina, Frieda Evans.<br />

Cuando ya nos veníamos a México, fuimos Carlos y yo a <strong>de</strong>spedirnos<br />

<strong>de</strong> Peter. Dormía profundo; lo <strong>de</strong>spertamos y le dijimos:<br />

Bueno, Peter, ya nos vamos. Qué nos aconsejas. Peter medio que<br />

<strong>de</strong>spertó, nos vió <strong>de</strong> pie ante él y dijo: <strong>Hugo</strong> no hay más que tres<br />

cosas: el barro, el torno y el horno.<br />

El humo<br />

¿QUIÉN quiere refresco? Comemos para que Manuel<br />

se pueda ir a comer. Edmundo ha vuelto. Puntual.<br />

Son las tres. El sol y el rumor <strong>de</strong>l horno se han<br />

hermanado.<br />

Cuando estábamos en Tacubaya y el taller funcionaba mucho más<br />

como taller <strong>de</strong> producción, yo pagaba a la gente por pieza. En las<br />

“Tes” iba apareciendo lo que cada cual hacía. Ahora les pago por<br />

tiempo. Ellos saben cuánto tiempo trabajan. Yo sé que cumplen.<br />

Lo sé. No lo reviso ni lo checo porque me metería en un papel<br />

como <strong>de</strong> policía, <strong>de</strong> guardia. Esas cosas las hago muy mal.<br />

Edmundo llega, saluda, se va a su torno. Se comienza<br />

a meter algunas piezas a la palapa. Se las cubre<br />

con plástico. No <strong>de</strong>ben secar <strong>de</strong>masiado rápido, pero<br />

a<strong>de</strong>más, no olvidar, en la palapa hay goteras.<br />

(eso lo tenemos que arreglar ya, es urgentísimo).<br />

Yo no sé cómo le hacía la gente antes <strong>de</strong> que se inventara el<br />

plástico. Es absolutamente fantástico.<br />

Tocar, palpar, <strong>de</strong>cidir.<br />

Ahora empieza lo más crítico: la reducción en la atmósfera. El


114 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

humo sale por ese tiro; cerrando y abriendo esta compuerta lo<br />

sacas más o menos rápido. Lo <strong>de</strong>jas a<strong>de</strong>ntro a que se revuelva y<br />

pegue a las piezas como quiera; en mayor o menor medida. Cuánto<br />

humo, dón<strong>de</strong> pega, qué le hace exactamente al color, no sabes.<br />

Es una manipulación a ciegas basada en ciertas certezas. En mi<br />

bitácora, por ejemplo, he anotado, horno por horno, cómo se hace<br />

cada reducción. Pero aquí entra todo en juego: tu mezcla <strong>de</strong> barro,<br />

cómo la amasaste, tus fórmulas <strong>de</strong> vidriados. Este es el momento<br />

en que la pieza es <strong>de</strong>l horno. El horno lo diseñé y lo construí yo y<br />

sé cómo es; lo conozco, pero hasta cierto punto. Debo andarme<br />

con tiento. Reducir poco a poco, igual que aumento. Se dice que el<br />

horno va <strong>de</strong> frío a frío, pero en el trayecto se producen turbulencias<br />

que hasta cierto punto se pue<strong>de</strong>n dirigir, <strong>de</strong>pen<strong>de</strong> <strong>de</strong> cómo se<br />

estibe la góndola, pero se podría <strong>de</strong>cir que son la voluntad <strong>de</strong>l horno.<br />

Y tienes que apren<strong>de</strong>r a respetarla. El sueño <strong>de</strong> todo ceramista<br />

es estar a<strong>de</strong>ntro y ver. Yo, a partir <strong>de</strong> este momento, ya no puedo<br />

hacer ninguna otra cosa más que rondar cerca. Des<strong>de</strong> el momento<br />

en que el cono ocho se empieza a inclinar, me vuelvo muy consciente<br />

<strong>de</strong> que las piezas han empezado a adquirir vida propia.<br />

Los sonidos en el aire son ahora <strong>de</strong> llanto <strong>de</strong> niños,<br />

como si el haber sobrepasado el medio día significara<br />

algo doloroso. Son como internos los ruidos.<br />

Al otro lado <strong>de</strong>l barranco ya no se ve movimiento.<br />

Todo está pasando <strong>de</strong>ntro <strong>de</strong> las casas. El rumor <strong>de</strong>l<br />

horno poco a poco va volviéndose una promesa <strong>de</strong><br />

bramido. Manifestación <strong>de</strong>l <strong>de</strong>scontento que busca<br />

su escape. Veo esta torre cuadrada y alta que se<br />

llama horno, y al lado <strong>de</strong>l tiro veo la ban<strong>de</strong>ra <strong>de</strong>l<br />

taller on<strong>de</strong>ar, <strong>de</strong>scolorida por el sol. De repente el<br />

aire le pega <strong>de</strong> cierta manera y la rueda <strong>de</strong> carreta<br />

que es el símbolo <strong>de</strong>l taller luce completa, pero sólo<br />

un segundo. El sol está en un punto en que va a


EL HUMO 115<br />

tener que empezar a cejar. <strong>La</strong> tensión ha llegado a su<br />

límite. Edmundo tornea.<br />

<strong>La</strong> reducción<br />

AHORA sí, ponte los lentes. Tienes que po<strong>de</strong>r ver. Estos lentes<br />

los inventaron durante la segunda guerra mundial para seguir<br />

las balas trazadoras. Acércate.<br />

<strong>La</strong> mirilla es una bocanada <strong>de</strong> fuego. Depen<strong>de</strong>,<br />

si se cierra más la compuerta o si se abre, que el<br />

fuego sea engullido o rechazado por el horno.<br />

Cuatro y media, cinco <strong>de</strong> la tar<strong>de</strong>. El sol pega, pero<br />

su convicción ha sido en cierta forma disuadida.<br />

El horno, en cambio, es violento. El calor que<br />

irradia es un jalón al vestido: oye, oye.<br />

Poco a poco, hay que irlo disminuyendo poco a poco. Son los<br />

cambios <strong>de</strong> ritmo violentos los que le pegan a la pieza y la rompen.<br />

Hay que tensarse para enten<strong>de</strong>r el fuego, el humo, el barro. Para<br />

oír cómo la pieza acce<strong>de</strong> a encogerse, apretarse y ser <strong>de</strong>finitivamente.<br />

Cómo oír en este rumor hosco y crecientemente<br />

agresivo. Ayuda, sí, el lento <strong>de</strong>scen<strong>de</strong>r <strong>de</strong>l sol, el<br />

humanizarse <strong>de</strong> los sonidos. Una música ahora,<br />

una voz que llama. Un pausado aparecer <strong>de</strong> figuras<br />

humanas <strong>de</strong>l otro lado <strong>de</strong>l barranco. O la concentración,<br />

<strong>de</strong>dicación con la que masca el burro, levantando<br />

<strong>de</strong> cuando en cuando la cabeza para verificar<br />

que el horizonte sigue ahí.<br />

Y este misterioso transcurrir <strong>de</strong>l día, minuto a<br />

minuto, se repite a diario.<br />

Ascien<strong>de</strong>s, <strong>de</strong>scien<strong>de</strong>s. Y si te pue<strong>de</strong>s apresurar <strong>de</strong>masiado al


116 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

principio, también te pue<strong>de</strong>s <strong>de</strong>jar ir al final. Y ambas cosas resultan<br />

en un fracaso. En un acci<strong>de</strong>nte irreparable. Es una triste pérdida<br />

<strong>de</strong> tiempo. Al final, lo <strong>de</strong>jo madurar media hora. Esto consiste<br />

en mantener la misma temperatura para que salgan los últimos<br />

gases, los vidriados se extiendan, cubran perfectamente y <strong>de</strong>sarrollen<br />

sus tonalida<strong>de</strong>s al máximo.<br />

Caramba, hay que <strong>de</strong>jar fluir los minutos. El sol<br />

<strong>de</strong>scien<strong>de</strong> con seguridad; el atar<strong>de</strong>cer se asienta<br />

suntuoso. Carlos ya se va: hasta mañana, don <strong>Hugo</strong>.<br />

Va a estudiar. Edmundo se asoma: como va. ¡El<br />

cono 8 Manuel! ¡Ahí va, don <strong>Hugo</strong>! Su forma se ha<br />

estremecido. Lo que se ve por la mirilla ahora es<br />

sobrecogedor, unido al ruido. Toda una violencia<br />

aparentemente caótica. Siento miedo, la verdad.<br />

Yo he horneado mucho tiempo sin pirómetro. El pirómetro<br />

lo tengo <strong>de</strong>s<strong>de</strong> hace relativamente poco tiempo. Es un aparato<br />

carísimo. No te alivia la angustia. Simplemente te la encauza.<br />

O más bien, te la or<strong>de</strong>na, bueno, eso. Cuando el pirómetro “no<br />

quiere subir”, no pasa nada. Quiere <strong>de</strong>cir que el pirómetro no funciona.<br />

Horneamos igual. Pero quiero arreglarlo. Quiero que<br />

Manuel lo entienda y aprenda a apoyarse en él. No quiero que <strong>de</strong>penda<br />

<strong>de</strong> él.<br />

El sol se va metiendo poco a poco. ¡Cómo van los<br />

conos! Todavía no, don <strong>Hugo</strong>. Acce<strong>de</strong> el sol. Los<br />

perros han comido; dormitan. Se reacomodan.<br />

Oyen un ruido y paran las orejas. Su comida está<br />

ahí; el territorio que protegen es ése. Que no haya<br />

nada ajeno a él porque ladrarán protestando. Los<br />

colores <strong>de</strong> la vegetación, al otro lado <strong>de</strong>l barranco,<br />

se reafirman. A lo mejor lo imagino, pero me parece<br />

percibir un murmullo por <strong>de</strong>bajo <strong>de</strong>l horno rugiente.<br />

Un murmullo <strong>de</strong> cotidianidad. ¡Manuel, por


LA REDUCCIÓN 117<br />

qué no estás junto al horno! Aquí estoy, don <strong>Hugo</strong>.<br />

Los ceramistas se preguntan: cuál es tu ciclo <strong>de</strong> horno: 34 horas es<br />

el mínimo, 36 <strong>de</strong> frío a frío. Por ahí va.<br />

Me imagino a la locomotora entrando a la estación<br />

<strong>de</strong> Aguascalientes; apagando poco a poco su rumor.<br />

Toda esa fuerza aquietándose en medio <strong>de</strong> la noche.<br />

Qué frescura ahora, si uno se mantiene lejos <strong>de</strong>l<br />

horno. Qué reconciliación. <strong>La</strong> turbulencia se apacigua.<br />

Lo que quedó, quedó. El día está por terminar<br />

su transcurrir. Edmundo se tendría que estar yendo,<br />

pero no se irá antes <strong>de</strong> que el horno se apague.<br />

¡El cono nueve a las tres, don <strong>Hugo</strong>! Movimiento,<br />

inquietud. Ojos que se asoman. Por la mirilla,<br />

las piezas se <strong>de</strong>jan ver <strong>de</strong> un blanco ardiente helado.<br />

En todo el esplendor <strong>de</strong> su existencia. Casi se siente<br />

uno intruso. Brillan, palpitan, se hacen.<br />

Pero mira, mira. Mira qué color. Mira todo lo que pasa. Todo se<br />

fun<strong>de</strong> a esta temperatura. Desaparece. Y mira el barro. Se hace<br />

piedra. Se hace piedra con la forma que tú le has dado. De ti <strong>de</strong>pen<strong>de</strong>;<br />

pero tienes que apren<strong>de</strong>r que el azar existe. Si entien<strong>de</strong>s la<br />

magia, tienes que aceptar el azar.<br />

Gritamos todos o no se oye. Son las seis y media.<br />

Cerca <strong>de</strong>l horno el calor es violento. Hay una especie<br />

<strong>de</strong> euforia en el ambiente. Todos los <strong>de</strong>l taller están<br />

en torno, esperando. El cono nueve poco a poco<br />

ha mostrado el efecto. Se inclina, se va inclinando.<br />

Es una intrusión <strong>de</strong>l hombre en la naturaleza, o a lo<br />

mejor es el encuentro. Hay concesiones. El cono se<br />

inclina. Van a dar las siete <strong>de</strong> la noche. <strong>Hugo</strong> ya no<br />

se aparta. Manuel grita: ¡Ya casi, don <strong>Hugo</strong>! Dime<br />

cuándo, replica <strong>Hugo</strong>.


118 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ


LA REDUCCIÓN 119<br />

No quiere que le hablen <strong>de</strong> aproximaciones.<br />

Quiere la señal. El ahora sí, no el ya casi. Saber esperar<br />

es eso: ya.<br />

Cómo cae la noche en Cuernavaca. Muy<br />

<strong>de</strong>sapercibidamente. <strong>La</strong>s pieles enrojecidas <strong>de</strong> los<br />

finisemanistas. El cobijarse paulatinamente <strong>de</strong> los<br />

locales. El acallarse <strong>de</strong> ruidos; el apaciguamiento.<br />

El horno, ahora, brama <strong>de</strong> una manera <strong>de</strong>finitiva;<br />

clama por el silencio.<br />

¡Ya rindió el horno, don <strong>Hugo</strong>! El cono nueve a<br />

las seis en punto. Pues órale Manuel, ve cerrando. <strong>La</strong><br />

válvula maestra primero. De cada uno <strong>de</strong> los quemadores,<br />

una a una, enroscándolas en sentido inverso.<br />

Asombroso cómo se doblega el gas. Se acallan<br />

uno a uno los quemadores. Seis.<br />

Todo lo que encontré en Stony Point cabe en el tiempo <strong>de</strong> una<br />

horneada. Toda mi vida está contenida en este tiempo. Cada vez.<br />

Deberas.<br />

El silencio crece como en escalones. Cuando es total,<br />

hay que cerrar las bocas <strong>de</strong> fuego para<br />

mantener el calor.<br />

(el calor es íntimo, muy privado).<br />

Todo listo. El horno apagado, cada cual recupera<br />

su dimensión individual. Manuel, Edmundo, <strong>Hugo</strong>,<br />

a recoger cosas; ponerlas en or<strong>de</strong>n. Mañana es un<br />

nuevo día. Mañana hay que trabajar. <strong>La</strong> palapa<br />

gotea. Hay que cubrir las piezas que se están secando.<br />

Hay que cerrar bien. El horno callado, pulsante<br />

aún. Como el sol; ha aceptado callarse. Hasta un<br />

nuevo intento.<br />

Al otro lado <strong>de</strong>l barranco se distingue una u<br />

otra luz aparentemente disconexa. <strong>La</strong> noche trae su<br />

discreción natural.


120 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

En alfarería es posiblemente <strong>de</strong>bido al fuego que el sentido <strong>de</strong> colaboración es tan<br />

fuerte. El alfarero hace todo lo que pue<strong>de</strong> hacer. Pero no pue<strong>de</strong> estallar en una llama<br />

y llegar a una temperatura <strong>de</strong> 1 200°C durante un periodo que varía <strong>de</strong> tres horas a<br />

una semana y endurecer la arcilla plástica a una rígida piedra y transformar partículas<br />

<strong>de</strong> sílice y fel<strong>de</strong>spato a un fluyente vidriado. No pue<strong>de</strong> transmutar el opaco polvo<br />

rojo que yace sobre la loza sancochada a un celadón que respon<strong>de</strong> a la luz.<br />

(Dr. M.C. Richards, Centering in pottery, poetry and the person)


LA EVALUACIÓN 121<br />

<strong>La</strong> evaluación<br />

CUANDO quemamos un horno mixto, las piezas únicas quedan<br />

generalmente arriba <strong>de</strong>bido a su altura y siempre las sacamos en<br />

cuanto abrimos el horno. <strong>La</strong>s otras se quedan para el día siguiente.<br />

Yo llamo <strong>de</strong> México y les pregunto cuáles se rompieron. Muchas,<br />

pocas. ¿Cuántas?<br />

Es domingo por la tar<strong>de</strong>. Hoy el taller no funciona,<br />

todos <strong>de</strong>scansan, sin embargo aquí están<br />

todos. El horno se va a abrir. ¿Cuánto marca el<br />

pirómetro, Manuel? Ya casi, don <strong>Hugo</strong>. ¿Cuánto?<br />

<strong>Hugo</strong> se acerca: ya.<br />

Ahora, te tienes que fijar bien en cuanto abramos un poquito.Tú<br />

fíjate en la rendija, fíjate bien.<br />

Otra vez el malacate. Muy muy lentamente, la góndola<br />

comienza a moverse. Se abre la rendija y veo.<br />

Lo primero que veo es que las piezas me están<br />

viendo.<br />

Deberas.<br />

Parece que se están asomando. Esa misma expresión<br />

tienen los bebés cuando <strong>de</strong>spiertan por la<br />

mañana. <strong>La</strong> piel cálida, encendida; los ojos muy<br />

abiertos, extrañados. Juro que las ollas palpitaban y<br />

muy poco a poco, con el lentísimo movimiento <strong>de</strong> la<br />

góndola, se iban aquietando, a<strong>de</strong>ntrando, y surgían<br />

a la luz inconscientes <strong>de</strong> su extraordinaria belleza,<br />

<strong>de</strong> su inusitado colorido. Como <strong>de</strong>spertando realmente<br />

<strong>de</strong>l sueño.<br />

No sé lo que pasa, pero es apenas un segundo. A medida que sale<br />

la góndola pier<strong>de</strong>n ese aire vivo. A mí me impresiona muchísimo.<br />

Queda la góndola completamente afuera. <strong>La</strong>s


122 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

piezas aún están muy calientes, y con guantes, entre<br />

todos, las llevan a la palapa. Sólo las piezas únicas.<br />

Todos están ahí, mirándolas, espiándolas. Reconociéndolas.<br />

Otra vez te vuelven a las manos. Aquí se cierra el ciclo. Mira, mira<br />

ese tono.<br />

Les pasas apenas un <strong>de</strong>do siguiendo la veta <strong>de</strong> color<br />

profundo. Una vaga memoria <strong>de</strong>l líqudo <strong>de</strong>l vidriado<br />

me sobresalta <strong>de</strong> pronto: la gota, la gota que insistió<br />

en hacer un recorrido muy suyo. Ahora es <strong>de</strong> un<br />

color violeta oscuro que en algunas <strong>de</strong> sus zonas<br />

forma una especie <strong>de</strong> cráter restallante en mil texturas.<br />

Edmundo va poniéndolas sobre la torneta y<br />

lentamente las hace girar. Todos nos miramos en silencio.<br />

<strong>Hugo</strong> y Aurora comentan los vidriados. Cada<br />

olla es única. Una voz, una presencia. Cada una <strong>de</strong><br />

las personas en el taller asiste al resultado <strong>de</strong> su quehacer.<br />

<strong>Hugo</strong> las mira y las mira; nadie dice mucho<br />

salvo: ¡y qué tal esto! Aquí está la cera. O bien: ¿Y te<br />

acuerdas que te equivocaste <strong>de</strong> vasija y metiste la <strong>de</strong><br />

este vidriado en este otro?<br />

Todos unidos en una misma contemplación. <strong>La</strong>s<br />

ollas como sorprendidas <strong>de</strong> estar siendo tan observadas.<br />

Y así es, pues, cuando rin<strong>de</strong> el horno.


V<br />

EL MURAL<br />

LA primera vez que vio el muro en don<strong>de</strong> iría el mural, la luz lo<br />

barría <strong>de</strong>stacando todas las <strong>de</strong>sigualda<strong>de</strong>s <strong>de</strong> la mezcla entre los<br />

tabiques. Era como ver las texturas <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>. Amor a primera<br />

vista. Y aceptó hacerlo, pero con escepticismo, ya que no<br />

sería raro que el proyecto se <strong>de</strong>sbaratara. Volvió a ver el muro<br />

cuando recibió el primer anticipo. Se dio cuenta <strong>de</strong> que el encargo<br />

iba en serio. Por su parte, había seguido trabajando normalmente<br />

en su taller; encargos que tenía, producción cotidiana. Pero ahora<br />

el mural iba en serio.<br />

<strong>La</strong>s dimensiones <strong>de</strong>l muro eran <strong>de</strong> 10 m <strong>de</strong> largo por<br />

6.40 <strong>de</strong> alto.<br />

<strong>La</strong> luz sobre el muro era realmente preciosa. Recordó el problema<br />

principal <strong>de</strong> otros murales que había visto: parecían asfixiados.<br />

Eso quería evitar. Varias veces ese día volvió a examinar el muro.<br />

Quería verlo bajo distintas luces; necesitaba calcular el tamaño <strong>de</strong>l<br />

mural. Empezar por lo práctico. Y para hacerlo, había que encontrar<br />

la distancia óptima <strong>de</strong>s<strong>de</strong> don<strong>de</strong> se podía ver. Ese punto que<br />

a veces se encuentra y que revela la totalidad <strong>de</strong> la obra, porque<br />

<strong>de</strong>s<strong>de</strong> ahí se perciben todas sus texturas, sus profundida<strong>de</strong>s, la intención<br />

<strong>de</strong>l autor. . . casi como encontrar a éste y po<strong>de</strong>r estrecharle<br />

la mano. <strong>La</strong>rgo rato estuvo ahí, sintiendo la presencia <strong>de</strong> un mural<br />

que aún no había concebido.<br />

Era el miércoles 20 <strong>de</strong> mayo <strong>de</strong> 1981.<br />

Había, pues, que planear, que programar, que calcular. Antes que<br />

nada, una libreta <strong>de</strong> cuadrícula chica en don<strong>de</strong> comenzó por


124 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

anotar todos los números <strong>de</strong> teléfono que podían ser necesarios.<br />

Cosas así, porque si se <strong>de</strong>jaba visualizar el mural, se encontraba<br />

con una serie <strong>de</strong> incógnitas irresolubles. Por ejemplo, qué vidriados,<br />

qué engobes usar; cómo, cuándo empezar. Se convencía<br />

<strong>de</strong> que por ahí no se <strong>de</strong>bía enfrentar el mural, en la mesa <strong>de</strong>l<br />

comedor <strong>de</strong> su casa, ya que la <strong>de</strong> su estudio, como siempre, estaba<br />

repleta <strong>de</strong> papeles. Mesa <strong>de</strong> hombre que trabaja. Y él quería<br />

mantener todo lo <strong>de</strong>l mural separado. En la libreta, por que lo que<br />

había que hacer era verlo en términos <strong>de</strong> materia prima.<br />

El mural, era evi<strong>de</strong>nte por experiencias anteriores, tendría<br />

que hacerse en cuadros (azulejos). Ya el tamaño <strong>de</strong> los cuadros estaba<br />

<strong>de</strong>cidido; las proporciones para ese cuerpo cerámico estaban<br />

más que probadas.<br />

Recién hecho el cuadro mi<strong>de</strong> 27.3 cm ya quemado encoge<br />

a 24.7 aproximadamente. Si se pega junteado, la<br />

mezcla <strong>de</strong> cemento lo aumenta a 25 cm. Pero <strong>de</strong>cidió<br />

pegarlo a hueso para que no se vieran los canalitos <strong>de</strong><br />

cemento, y <strong>de</strong> todas maneras consi<strong>de</strong>rarlo <strong>de</strong> 25 cm.<br />

Es un buen tamaño y un buen módulo.<br />

Con el tamaño <strong>de</strong> los cuadros ya se podía calcular otra cosa: la<br />

cantidad <strong>de</strong> materia prima.<br />

En un m2 entran 4x4 cuadros, o sea 16. El mural iba<br />

a medir 9.50 m por 5.75. Es <strong>de</strong>cir, 54.625 m2, y si<br />

en 9.5 lineales caben 38 cuadros, y en 5.75 a lo largo<br />

caben 23, el total <strong>de</strong> cuadros necesarios para el mural<br />

era <strong>de</strong> 874.<br />

Y entonces al muro le quedaría una cenefa <strong>de</strong> unos 25 cm en torno,<br />

lo que era muy a<strong>de</strong>cuado para enmarcarlo.<br />

Pero la materia prima, antes que nada eso para tener todo el<br />

material en el taller y que una vez comenzado el mural no hubiera<br />

que interrumpirse con nada. Conseguir el material fue cosa <strong>de</strong> dar<br />

vueltas durante más <strong>de</strong> dos semanas, y aunque llegaba a ser exasperante,<br />

se negó a pensar en nada que no fuera eso, hasta que vio


EL MURAL 125<br />

partir un camión <strong>de</strong> 15 toneladas (no había otro, el camión transportaba<br />

sólo 4), con <strong>de</strong>stino a Cuernavaca. El peso aproximado <strong>de</strong>l<br />

mural iba a ser <strong>de</strong> poco más <strong>de</strong> dos toneladas. El muro tuvo que<br />

ser echado abajo y vuelto a construir para asegurarse <strong>de</strong> que soportaría<br />

semejante peso, temblores, etcétera.<br />

El siguiente paso fue una limpieza a fondo <strong>de</strong>l taller. Quemar<br />

todas las piezas que hubiera pendientes para <strong>de</strong>jarlo lo más<br />

vacío posible. El mural lo iba a ocupar por completo. En la palapa<br />

había dos mesas que ya habían sido utilizadas anteriormente para<br />

trabajos similares y en don<strong>de</strong> sabía que podría trabajar perfectamente<br />

los cuadros.<br />

Cada mesa se hizo para que cupieran 8 cuadros a lo<br />

largo por 4 a lo ancho. Es <strong>de</strong>cir; 32 cuadros por mesa;<br />

2 m2 <strong>de</strong> mural por mesa. 27 mesas completas dan 864<br />

cuadros (faltarían 10 y la figura no quedaría completamente<br />

rectangular). Si hacía 30, el rectángulo quedaba<br />

completo, pero se pasaba <strong>de</strong>l muro. Hubo, pues,<br />

que distribuir los cuadros <strong>de</strong> las mesas inferiores, a<br />

lo largo, <strong>de</strong> manera que quedaran con una hilada<br />

menos. Y recortar dos hiladas verticales <strong>de</strong> las mesas<br />

<strong>de</strong>l extremo <strong>de</strong>recho.<br />

Y <strong>de</strong>cidió construir una tercera mesa, con ruedas para que, estando<br />

en medio <strong>de</strong> las otras dos, pudiera moverse y así verificar que<br />

coincidieran las texturas, las líneas, los movimientos <strong>de</strong>l barro. En<br />

experiencias anteriores se había dado cuenta <strong>de</strong> lo necesaria que<br />

era una mesa así.<br />

Y bueno, ahora podría ver <strong>de</strong>l mural una superficie <strong>de</strong> 6 m2;<br />

no era mucho, pero el triple <strong>de</strong> lo que hubiera visto si lo hubiera<br />

trabajado en una sola. El mural tenía que tener unidad y la primera<br />

pesadilla fue el temor a que llegara a parecer un tablero <strong>de</strong> ajedrez.<br />

<strong>La</strong> segunda, que pudiera parecer un baño. En el papel podía<br />

darle unidad y balance, pero aún no era el momento <strong>de</strong> pensar en<br />

el boceto.


126 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>La</strong> cuadrícula maestra


EL MURAL 127<br />

Cubrir las tres mesas con los cuadros correspondientes<br />

(un total <strong>de</strong> 96 cuadros), se llama tendida. Para todo<br />

el mural se iban a necesitar 9 tendidas más 10 cuadros.<br />

Debido a las dimensiones <strong>de</strong>l mural, no todas las mesas podían ser<br />

completas, y aquí nuevamente surgió el cua<strong>de</strong>rno <strong>de</strong> cuadrícula<br />

pequeña. Dibujó las mesas y pudo darse cuenta <strong>de</strong> cuáles no iba<br />

a ser completas. Al hacerlo, se percató <strong>de</strong> que tendría jue <strong>de</strong>cidir<br />

varias cosas: 1) ¿Cómo numerar las mesas?<br />

<strong>La</strong> numeración fue corrida. Un número único para<br />

cada cuadro, que correspon<strong>de</strong>ría a un lugar único en<br />

el mural. A eso se añadía el número <strong>de</strong> mesa separado<br />

por una diagonal. A medida que fueran siendo<br />

trabajados los cuadros, se irían numerando. Pero aquí<br />

se presentaba otro problema: ¿dón<strong>de</strong> <strong>de</strong>bía pararse<br />

Edmundo para tomar los cuadros <strong>de</strong> manera que no<br />

se viraran? Muy importante para la continuidad <strong>de</strong>l<br />

mural; Edmundo tenía que tomar los siempre <strong>de</strong>l mismo<br />

sitio: <strong>de</strong> la parte superior <strong>de</strong>l cuadro, como quien<br />

dice la cabeza.<br />

2) ¿En qué or<strong>de</strong>n, entonces, trabajar el mural?<br />

De arriba hacia abajo, hasta la mitad <strong>de</strong>l ancho <strong>de</strong>l<br />

mural.<br />

Cada una <strong>de</strong> estas <strong>de</strong>cisiones, como es natural, implicaba otras.<br />

Era como ir <strong>de</strong>scubriendo la urdimbre <strong>de</strong> un tejido (y todo esto en<br />

la cuadrícula, sin haber concebido el motivo <strong>de</strong>l mural).<br />

¿Cómo, pues, numerar las tendidas? Anteriormente se había<br />

hecho en otros murales y nunca había resultado completamente<br />

bien. En esta ocasión buscaba el sistema infalible.<br />

De izquierda a <strong>de</strong>recha, a lo largo.<br />

De manera que cuando hubiera completado la tendida número 5,<br />

es <strong>de</strong>cir, la mesa 15, ya tendría trabajada la mitad superior


128 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>La</strong> guillotina


EL MURAL 129<br />

<strong>de</strong>l mural, a lo largo.<br />

Había que pensarlo todo en términos <strong>de</strong> simultaneidad y<br />

<strong>de</strong> sincronización. Toño comenzó por hacer la mesa con ruedas.<br />

Edmundo se ocupaba con un ayudante <strong>de</strong> mezclar el barro. Hacía<br />

paquetes <strong>de</strong> 6 cuadros, que llamaba “burras”, término aprendido<br />

en Puebla, en don<strong>de</strong> había pasado mucho tiempo haciendo talavera.<br />

Luego arropaba los paquetes en plástico para evitar que se<br />

secaran. Para cortar los cuadros se había construido en el taller<br />

una guillotina. Edmundo encargó que se le compraran cuerdas <strong>de</strong><br />

guitarra (la DO, especificó o sea la segunda. Es la mejor). <strong>La</strong> guillotina<br />

Edmundo la usaba por tradición, pero en el taller se le<br />

había hecho una innovación: estaba montada en un platillo giratorio.<br />

Y con un mínimo <strong>de</strong> esfuerzo y una exactitud matemática,<br />

Edmundo cortaba los cuatro lados <strong>de</strong>l cuadro sin tener que moverse.<br />

<strong>La</strong> distancia que había entre poste y poste <strong>de</strong> la guillotina<br />

tenía una tolerancia <strong>de</strong> una décima <strong>de</strong> milímetro. Los cuadros hay<br />

que formarlos <strong>de</strong> la manera más precisa posible para que las diferencias<br />

inevitables (puesto que la <strong>cerámica</strong> crece y se enjuta en el<br />

horno) se reduzcan al mínimo.<br />

Pero surgió la tercera pesadilla: la palapa. Tenía goteras y era<br />

plena temporada <strong>de</strong> lluvias. Se llamó a don Beatriz Pacheco,<br />

constructor <strong>de</strong> palapas, quien la examinó <strong>de</strong>tenidamente. Sí, admitió,<br />

hay que vestir a la muñeca, pero no pue<strong>de</strong> hacerse ahorita.<br />

¿Por qué? <strong>La</strong> luna no está sazona y la palma no se pue<strong>de</strong> cortar así.<br />

Ni modo, ni modo, esa pesadilla tuvo que ser pospuesta, y<br />

lo que sí se hizo fue comprar plástico, mucho plástico para cubrir<br />

todo. No era muy buena solución, pero la única posible por el<br />

tiempo. <strong>La</strong>s gotas, efectivamente, marcaban al cuadro pese al<br />

plástico, y era necesario sustituirlos. Uno, no obstante, <strong>de</strong>cidió<br />

quemarlo con la huella <strong>de</strong> la gota ya que le gustó el efecto. Y ahora<br />

está en el mural.<br />

Y poco a poco se iba acercando el momento crítico. Todas<br />

estas preparaciones logísticas eran casi un placer: no tener que


130 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

pensar en lo otro, en el mural. Al encargárselo le habían pedido<br />

que presentara un boceto. Así no lo hago, dijo. Yo les entrego el<br />

mural hecho, pero no me pidan un boceto porque las cosas nunca<br />

pasan así en <strong>cerámica</strong>. Aceptaron. Le tuvieron confianza.<br />

Y ahora los vidriados. Si no se sabe qué va a ser el mural,<br />

cómo <strong>de</strong>cidir texturas, colores, contrastes. Lo que sí se pudo fue<br />

eliminar lo que no quería: vidriados brillantes, por ejemplo. Son<br />

los más peligrosos <strong>de</strong> usar, y más en una superficie tan gran<strong>de</strong>, la<br />

<strong>cerámica</strong> parece piedra cubierta <strong>de</strong> caramelo, un efecto <strong>de</strong>sagradable.<br />

Pero ya <strong>de</strong>cidir eso era un paso porque entonces se pudo<br />

comprar la materia prima para hacer vidriados que no fueran brillantes.<br />

Otra cosa que salió en claro fue que quería usar pastillaje. En<br />

los últimos tiempos había estado trabajando con pastillas ya que<br />

eran las piezas que había visto en Toronto, y al ver el muro, al sentir<br />

ese punto óptimo <strong>de</strong> distancia, visualizó la textura <strong>de</strong>l mural.<br />

Lo realzado tendría que proyectarse lo suficiente para esa distancia.<br />

Cuando había un pretexto para posponer el enfrentamiento<br />

con el mural, se sentía casi victorioso. Se puso a hacer pruebas <strong>de</strong><br />

distancia en la palapa. Colocaba las pastillas en distintos puntos;<br />

<strong>de</strong>cidía su tamaño, su número, su forma.<br />

Edmundo hacía burras, las arropaba, las acumulaba.<br />

Una vez <strong>de</strong>cidida la textura, había que pensar en el número<br />

<strong>de</strong> hornos que se iban a necesitar para quemar 874 cuadros. Y<br />

es que la textura implicaba una <strong>de</strong>terminada altura entre placa y<br />

placa. <strong>La</strong> capacidad <strong>de</strong>l horno estaba perfectamente estudiada. Los<br />

postes que separaban cada placa estaban numerados <strong>de</strong> acuerdo a<br />

sus diferentes alturas. Des<strong>de</strong> hacía años, para la producción <strong>de</strong> la<br />

línea, se había hecho una tabla <strong>de</strong> equivalencias para saber cuántas<br />

piezas <strong>de</strong> qué altura podían entrar en un horno.<br />

Para el mural cabían 112 placas por horno, o sea 112<br />

cuadros. De manera que se iba a tener que hornear<br />

8 veces. Sincronizando perfectamente el vidriado, la<br />

estiba <strong>de</strong>l horno y el abastecimiento <strong>de</strong> gas, se


EL MURAL 131<br />

podían quemar 3 hornos por semana.<br />

Tres hornos por semana era difícil, pero no imposible, y también<br />

se había hecho antes. Y ahora era importante hacerlo así no tanto<br />

por el tiempo sino porque el plan era sacar una góndola a 180°, e<br />

inmediatamente meter otra que quedaría ahí toda la noche con<br />

ese calor. Se había probado antes, y era agradable, estimulante ir<br />

<strong>de</strong>scubriendo la infraestructura, la metodología ya tan asentada<br />

<strong>de</strong>l taller, que permitían trabajar con tanta seguridad. Metiendo<br />

la góndola inmediatamente se sacaba la humedad en los cuadros<br />

producida por el vidriado, o la que todavía pudiera tener el barro,<br />

y así, a la mañana siguiente, el horno se encendía con mucha más<br />

seguridad.<br />

Y empezaron las coinci<strong>de</strong>ncias afortunadas. Ya saber el<br />

número <strong>de</strong> horneadas era muy tranquilizante, pero a<strong>de</strong>más que<br />

cada horno significara 3.5 mesas exactamente, porque eso quería<br />

<strong>de</strong>cir que cada horno llevaría media mesa <strong>de</strong> más, lo que lo reconfortaba<br />

porque rompía la implacable estructura <strong>de</strong>l ajedrezado.<br />

Evi<strong>de</strong>ntemente había que seguir una bitácora teórica para la horneada<br />

(que también ya estaba hecha), un mo<strong>de</strong>lo; seguirlo lo más<br />

fielmente posible para conservar la unidad <strong>de</strong>l mural, pero nunca<br />

dos horneadas son iguales, sobre todo en ese clima lluvioso <strong>de</strong>l<br />

verano, y eso era lo bonito, porque es lo que da a cada cuadro un<br />

matiz propio. Aunque pareciera contradictorio, cada cuadro <strong>de</strong>bía<br />

pertenecer perfectamente al todo y, a la vez, ser único. Así se evitan<br />

los baños.<br />

Poniéndose ya en esto <strong>de</strong> los cálculos, la cosa no parecía<br />

tener fin. Cuántas tandas <strong>de</strong> barro se <strong>de</strong>bían mezclar, procesar y<br />

amasar, y a qué ritmo para que estuviera siempre listo a la hora<br />

<strong>de</strong> hacer las burras. Otra vez el cua<strong>de</strong>rnito <strong>de</strong> cuadrícula. Un programa<br />

lo más exacto posible, ya que las burras no <strong>de</strong>bían estar ni<br />

muy blandas ni muy duras. Ese punto preciso <strong>de</strong>l barro en que el<br />

menor roce <strong>de</strong>l <strong>de</strong>do <strong>de</strong>ja su huella. Cada cuadro así. 874.


132 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Y el taller, cómo tenía que trabajar el taller. Se acordó que<br />

fueran seis días a la semana mientras no fuera necesario trabajar<br />

siete. Más cálculos; más calendarios; cuántos cuadros se <strong>de</strong>bían<br />

hacer por día. Había que hacer coincidir todo para que nada <strong>de</strong>tuviera<br />

el trabajo. Calendarios así ya se habían hecho anteriormente<br />

para murales más chicos. Sin embargo éste era todo un <strong>de</strong>safío,<br />

y aunque había que <strong>de</strong>jar un margen para los impon<strong>de</strong>rables, un<br />

marco <strong>de</strong> referencia bastante riguroso sí era absolutamente necesario.<br />

Cuando se hace una edición <strong>de</strong> piezas únicas, si alguna sale<br />

mal, se hace otra vez y se acaba el problema, o mejor aún, que es<br />

lo que yo hago, formamos piezas <strong>de</strong> más y repongo las que no me<br />

gustan.<br />

<strong>La</strong>s que sobran las rompo.<br />

En un mural esto no pue<strong>de</strong> ser así; lo único que se pue<strong>de</strong><br />

hacer es tener cuadros formados conservando la humedad. Si<br />

alguno sale mal, tomar uno <strong>de</strong> los <strong>de</strong> reserva y trabajarlo, secarlo<br />

vidriarlo y hornearlo, pero no es tan sencillo, ya que es muy<br />

posible que se dispare <strong>de</strong>l conjunto por hacerlo fuera <strong>de</strong>l contexto.<br />

Por lo <strong>de</strong>más, los cuadros adyacentes a ése, ya se encogieron,<br />

y esto hay que consi<strong>de</strong>rarlo para que su diseño coincida con los<br />

otros.<br />

Pero los calendarios. . . ya en la marcha se iban ajustando,<br />

apretando, violando. Inevitable: las clavijas no entran en sus enchufes<br />

sin hacer falsos contactos; los focos se fun<strong>de</strong>n tras diez<br />

horas <strong>de</strong> uso y luego no salen <strong>de</strong> sus sóquets que también están<br />

mal hechos, y la persona que tenía que mezclar el barro se tiene<br />

que pasar horas sosteniendo una extensión para que el taladro<br />

funcione.<br />

Sin embargo eso los ha hecho genios. Heñios <strong>de</strong>l alambrito<br />

que lo resuelve todo (sobre la marcha). Ejecutores <strong>de</strong> magia.<br />

Improvisadores multifacéticos.<br />

Se había contratado a una persona para que le ayudara a<br />

Edmundo a mezclar el barro. El plan había sido ése, pero luego la<br />

mezcla la tuvo que hacer cualquiera que anduviera por ahí.


EL MURAL 133<br />

Amigos <strong>de</strong> Toño, albañiles que estaban construyendo el patio en<br />

don<strong>de</strong> el mural se iba a ten<strong>de</strong>r completo al final (porque si no, <strong>de</strong><br />

qué manera se le podía ver completo), muchachos que pasaban<br />

a preguntar la hora. El que se apareciera, ése mezclaba el barro.<br />

Había que entrenarlos cada vez y eso tomaba un cierto tiempo, y<br />

era <strong>de</strong>sesperante porque venían una, dos veces, y luego ya no. Se<br />

entrenaba a otro y lo mismo. Estaban y no estaban. Se emborrachaban<br />

y había que mandarlos <strong>de</strong> vuelta a su casa. Un tira y afloja<br />

para que todo el proceso pudiera avanzar en conjunto, o si no, el<br />

caos.<br />

<strong>La</strong>s pastillas eran el otro problema. Hacerlas era sumamente<br />

sencillo. Llenar los mol<strong>de</strong>citos <strong>de</strong> barro y luego sacar la pastilla.<br />

Pero el ritmo al que tenían que hacerse, la cantidad. Acababan<br />

haciéndolas Edmundo o Toño, quienes tenían cosas mucho más<br />

importantes que hacer.<br />

De manera que no fueron seis días <strong>de</strong> trabajo a la semana,<br />

sino siete. Eso se supo <strong>de</strong>spués, claro. Antes llegó el momento en<br />

que Edmundo había hecho tantas burras que ya no había dón<strong>de</strong><br />

ponerlas. Llamó a México y avisó. Había que empezar.<br />

Imposible posponer nada ahora. Primero una vuelta por el<br />

centro, por los lugares familiares, buscando quién sabe qué<br />

imagen que le daría la energía para el inicio. Un per<strong>de</strong>rse entre la<br />

gente como si no tuviera que ver con nada, y comprando, por<br />

último, un enorme rollo <strong>de</strong> papel grueso, café, <strong>de</strong>l ancho <strong>de</strong> las<br />

mesas. Llevaron al taller latas <strong>de</strong> comida, cintas <strong>de</strong> Billie Holiday,<br />

y un cartón <strong>de</strong> Faritos. Y antes <strong>de</strong> partir para <strong>de</strong>jarlo solo, Aurora<br />

hizo lo siguiente:<br />

I. Dibujar en el papel café, a escala, la cuadrícula<br />

<strong>de</strong>l mural.<br />

2. Numerar las mesas en el or<strong>de</strong>n en el que iban a<br />

trabajar,usando para ello otro color y diferenciarlas<br />

así <strong>de</strong> los cuadros.<br />

3. Numerar la cuadrículas cuadro por cuadro,


134 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

El trazo <strong>de</strong>l mural en papel albanene


EL MURAL 135<br />

progresivamente <strong>de</strong> principio a fin, <strong>de</strong>l 1 al 874, lo<br />

que requirió <strong>de</strong> varias revisiones rigurosísimas.<br />

4. Dibujar en papel albanene, a escala, el perímetro<br />

<strong>de</strong>l mural (sólo el perímetro, sin mesas ni cuadros),<br />

para que ahí fuera hecho el dibujo como un todo, sin<br />

el estorbo <strong>de</strong> la retícula. Lo hizo en hojas, por si una<br />

quedaba inutilizada. Libertad pues, para el dibujo.<br />

Se acordaba que <strong>de</strong> niño, a raíz <strong>de</strong>l terremoto <strong>de</strong> Colima, con su<br />

madre había tenido que cruzar la sierra que va <strong>de</strong> Colima a Tuxpan,<br />

Jalisco, en burro. El fuerte impacto que le produjo el paisaje.<br />

Muy tierra a<strong>de</strong>ntro, árido, sensual, <strong>de</strong> pronto cobijador. <strong>La</strong> llegada<br />

a Comala, a lo mejor. Y tan parecido a muchas zonas <strong>de</strong>l paisaje<br />

tantas veces visto, a tan distintas horas, <strong>de</strong> México a Cuernavaca.<br />

<strong>La</strong>s posibilida<strong>de</strong>s <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong>. El barro, las pastillas, las<br />

texturas, los vidriados, los engobes.<br />

Ante la hoja <strong>de</strong> papel albanene, el lapicero favorito, una<br />

buena goma para borrar, la voz <strong>de</strong> Billy Holiday. Ya solo. El taller<br />

cerrado. Aurora volvería cuando el dibujo estuviera hecho.<br />

Salió lento, seguro... una persecución insidiosa <strong>de</strong> esa imagen,<br />

Un ir sintiendo las fórmulas <strong>de</strong> vidriados aprendidas <strong>de</strong> memoria,<br />

tan suyas ya, que darían el tono exacto <strong>de</strong> ese reflejo que recordaba<br />

más que la sensación que con la visión. Esos tonos como<br />

azulados que sabe tener la tierra a ciertas horas <strong>de</strong>l día. Ese color<br />

ocre <strong>de</strong> ciertos páramos que hablan <strong>de</strong> soleda<strong>de</strong>s abismales (un<br />

engobe...), esos caseríos apeñuscados que sorpren<strong>de</strong>n en su quietud<br />

y su agazapamiento, esas montañas distantes y tan cercanas<br />

que elu<strong>de</strong>n <strong>de</strong> pronto tan brutalmente. Esas fuerzas, en fin, <strong>de</strong> ese<br />

paisaje mexicano que se <strong>de</strong>ja invadir con aparente sumisión y que<br />

siempre <strong>de</strong>spués se yergue con una altanería sobrecogedora.<br />

Cuando se fue a acostar, ya “había visto” el mural.<br />

Al día siguiente, Aurora reticuló la hoja alba-


136 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Una mesa tendida


EL MURAL 137<br />

nene con el dibujo. De esta hoja se sacaron dos copias<br />

heliográficas. <strong>La</strong> copia A se guardó cuidadosamente<br />

para utilizarla como guía maestra. Al original en<br />

albanene se le protegía como si hubiera sido <strong>de</strong> oro<br />

puro. No se tocaba. Que no le cayera barro, que no se<br />

ensuciara con nada. Sería la copia A la que se utilizaría<br />

para verificar. <strong>La</strong> copia B se recortó por mesas,<br />

y fue con estas hojas, muy manejables, muy manoseadas,<br />

que se trabajó todo el tiempo.<br />

<strong>La</strong> retícula hecha en papel café se fijó a una hoja<br />

<strong>de</strong> triplay para po<strong>de</strong>r llevar el control <strong>de</strong> las mesas y<br />

los cuadros que se iban tendiendo y levantando.<br />

<strong>La</strong> primera tendida se hizo el 11 <strong>de</strong> junio <strong>de</strong> 1981. Se había calculado<br />

que se podían hacer 30 cuadros diarios, pero nunca resultó<br />

así. Siempre hubo retrasos. Al final, y gracias a la bitácora<br />

<strong>de</strong> avance, se pudo precisar el ritmo exacto: 24.5 cuadros por día<br />

como promedio; hubo que trabajar el séptimo día, pero nada mal<br />

como ritmo.<br />

En <strong>cerámica</strong> la textura no se planea. Se produce en el momento<br />

<strong>de</strong> trabajar el barro. Es el resultado <strong>de</strong> ese diálogo que se establece<br />

entre el barro y quien lo trabaja. El punto <strong>de</strong> referencia era:<br />

mantener la unidad (mantenerla en la memoria ya que un cuadro<br />

trabajado, era levantado, numerado por <strong>de</strong>trás, tachado con una<br />

diagonal en la retícula pegada al triplay, y colocado en una placa<br />

<strong>de</strong> asbesto también numerada).<br />

Cuarta pesadilla: la numeración. Numerar los cuadros siempre<br />

en el mismo sitio: el centro. Edmundo lo levantaba frente a<br />

<strong>Hugo</strong>, lo numeraba, y lo colocaba en el asbesto. No se podía per<strong>de</strong>r<br />

el or<strong>de</strong>n, ni un solo minuto, o el mural quedaría como un<br />

rompecabezas mal hecho.Por eso había sido tan importante <strong>de</strong>cidir<br />

cómo los iba a tomar Edmundo; en dón<strong>de</strong> se iba a colocar. El<br />

número podía quedar en el centro, muy bien, pero el cuadro virado.


138 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Numerando los cuadros


EL MURAL 139<br />

A veces, para facilitar el trabajo, Edmundo los tomaba <strong>de</strong> lado.<br />

Había que estar muy conscientes todo el tiempo.<br />

Pasaba <strong>de</strong> la primera mesa a la siguiente. <strong>La</strong> hojita heliográfica<br />

siempre a su lado. Si se producía alguna confusión, se sacaba<br />

la guía maestra y se ubicaba el cuadro en cuestión.<br />

Para hacer coincidir las hiladas <strong>de</strong>l mural, la mesa intermedia,<br />

la <strong>de</strong> ruedas, se movía hacia arriba o hacia<br />

abajo. Pero si eran los extremos los que se tenían que<br />

hacer coincidir, por ejemplo el <strong>de</strong> la mesa 5 con el <strong>de</strong><br />

la 8, se tomaba la hilada vertical <strong>de</strong>l extremo <strong>de</strong>recho<br />

<strong>de</strong> la 5, y sobre un banco se colocaba junto al extremo<br />

izquierdo <strong>de</strong> la 8.<br />

Cuando llegaba a la tercera mesa, por lo general ya los cuadros <strong>de</strong><br />

la primera se podían levantar. Es <strong>de</strong>cir, estaban suficientemente<br />

duros, pero todavía elásticos <strong>de</strong> manera que se pudiera curvarlos<br />

ligeramente a fin <strong>de</strong> meter la lámina con la que los levantaba Edmundo<br />

(siempre Edmundo), para numerarlos y colocarlos en su<br />

asbesto, tres por asbesto, y luego <strong>de</strong>positarlos en las estanterías, en<br />

or<strong>de</strong>n, porque así había que vidriarlos. Los que llevaban engobe,<br />

ya lo traían puesto a pincel, o untado con la mano.<br />

El taller había sido <strong>de</strong>socupado <strong>de</strong> cualquier otra cosa que<br />

no fuera el mural; sin embargo, pronto empezó a llenarse <strong>de</strong> asbestos<br />

con cuadros ya trabajados, para no hablar <strong>de</strong> las burras que<br />

esperaban su turno para ser tendidas. A cada instante, Edmundo<br />

<strong>de</strong>cía: ya no caben los asbestos, y todos a hacer espacio. Se colocaban<br />

unas cosas sobre otras; se iban abriendo huecos. Pero llegó<br />

el momento <strong>de</strong> <strong>de</strong>cidir si los cuadros ya trabajados, los primeros,<br />

estaban secos y listos para ser quemados.<br />

Llevaba ya meses hablando <strong>de</strong> la necesidad <strong>de</strong> construir un<br />

horno secador. Hubo pláticas con un amigo suyo, que tenía toda<br />

clase <strong>de</strong> maquinaria sumamente sofisticada, pero se dio cuenta <strong>de</strong>


140 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Aplicando engobe


EL MURAL 141<br />

que era cuenta <strong>de</strong> que iba a ser imposible terminarlo antes <strong>de</strong><br />

comenzar el mural. El propósito in<strong>de</strong>structible <strong>de</strong> hacerlo en<br />

cuanto terminara el mural se volvió obsesivo cuando corroboró,<br />

por milésima vez, el problema <strong>de</strong>l secado. El infierno <strong>de</strong>l secado.<br />

Sin embargo, se habían hecho unos cuadros guía que<br />

todo el tiempo estuvieron siendo tratados como los<br />

cuadros <strong>de</strong>l mural (procedimiento ya probado anteriormente).<br />

Si los cuadros <strong>de</strong>l mural eran secados al<br />

sol, también los cuadros guía. Si eran metidos y vueltos<br />

a arropar, también los otros. Se cortó un ángulo<br />

<strong>de</strong> aluminio con el que se midió los cuadros guía en el<br />

momento preciso <strong>de</strong> meterlos al horno (estibado con<br />

las últimas piezas sueltas). No se rompió ninguno.<br />

Quería <strong>de</strong>cir que cuando el cuadro diera la medida<br />

estaba listo para entrar al horno. Había terminado su<br />

encogimiento y no se rompería con el calor.<br />

Al sol se sacaban en or<strong>de</strong>n y se llevaba un control <strong>de</strong>l tiempo que<br />

se asoleaban cuáles cuadros.<br />

Este control era un tanto peculiar. <strong>La</strong>s categorías<br />

eran: cuadro número 325, dos horas con sol bueno.<br />

Sol mediano; poco sol.<br />

Él llevaba ese control y la diaria agonía consistía en no saber si iba<br />

a llover o no. Tien<strong>de</strong>n a soltarse esos chubascos violentos a mediodía,<br />

justo cuando todos andan comiendo. ¿Qué tal que estuvieran<br />

tendidos al sol cerca <strong>de</strong> 150 cuadros? Decisiones diarias,<br />

contínuas, que nadie podía compartir. Eran suyas, como lo era, en<br />

última instancia, el mural.<br />

Había pues, que vidriar. Ya el engobe había sido aplicado<br />

con pincel, pero el vidriado lo quería hacer con baño, y entonces<br />

<strong>de</strong>scubrió que para hacerlo más cómoda y eficazmente, necesitaba<br />

un atril. Toño, un atril. Luego luego, don <strong>Hugo</strong>. Un atril pintado<br />

<strong>de</strong> amarillo, que cabía en la tinaja en don<strong>de</strong> caería el líquido <strong>de</strong>l<br />

vidriado.


142 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Vidriando en el atril


EL MURAL 143<br />

Edmundo tomaba el cuadro y lo colocaba sobre el<br />

atril; al hacerlo leía el número en voz alta. Era una<br />

indicación <strong>de</strong> que el cuadro estaba en la posición<br />

correcta, pues <strong>de</strong> otra manera hubiera tenido que<br />

inclinar la cabeza a uno u otro lado para leer el<br />

número. <strong>Hugo</strong> verificaba en su hojita heliográfica. En<br />

la retícula <strong>de</strong>l triplay, el número que estaba siendo<br />

vidriado era cruzado con una segunda diagonal. Iba<br />

a entrar al horno. Una vez vidriado el cuadro era<br />

colocado, en or<strong>de</strong>n, en la góndola.<br />

¿Cuál vidriado va aquí? ¿Qué movimiento le había dado en el<br />

baño? Uno tras otro, rápido para no per<strong>de</strong>r el ritmo. Para no olvidar.<br />

<strong>La</strong> mezcla <strong>de</strong> barro se había terminado, pero faltaban todavía<br />

cuadros por trabajar. Y había que meter el primer horno.<br />

Era el martes 7 <strong>de</strong> julio <strong>de</strong> 1981. A partir <strong>de</strong> esa fecha<br />

las horneadas fueron el 9, el 11, el 14, el 16, el 18, el<br />

21 y el 23. Los días intermedios eran para el abastecimiento<br />

<strong>de</strong> gas. O eran domingos.<br />

<strong>La</strong> primera semana, obviamente, fue la más crítica: sincronizar<br />

el comienzo y el final <strong>de</strong>l mural: por un lado vidriaba y metía al<br />

horno los primeros cuadros y en el otro extremo, trabajaba las<br />

últimas mesas (la 28, 29 y 30). Como quemar una vela por sus dos<br />

extremos. El ritmo <strong>de</strong> trabajo estaba ya muy bien asentado, pero<br />

la tensión iba en aumento. Como guerra <strong>de</strong> nervios en la que el<br />

temor a <strong>de</strong>sconcentrarse era el peor enemigo porque era lo que,<br />

precisamente, más <strong>de</strong>sconcentraba.<br />

Para un mayor control, se colocó cerca <strong>de</strong>l horno a vidriar,<br />

extrañando la frescura apacible <strong>de</strong> la palapa, el silencio, el espacio.<br />

Con la mesa anterior tendida, su hojita heliográfica al lado, pintaba<br />

primero, y luego bañaba. Entró el primer horno y ni tiempo<br />

tuvo <strong>de</strong> dudar, había que terminar <strong>de</strong> trabajar las últimas mesas y


144 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Detalle <strong>de</strong>l mural


EL MURAL 145<br />

seguir vidriando la siguiente góndola. Como andar a saltos por el<br />

mural, percibiendo pedacitos con sólo la voluntad para unificarlo<br />

en una sola visión. Y que no hubiera error en los números, porque<br />

sucedía, y entonces la confusión. Ese número ya lo hicimos. No<br />

don <strong>Hugo</strong>. ¿Y si estaba repetido? ¿Cuál <strong>de</strong> los dos era el equivocado?<br />

¿Había puesto engobe en don<strong>de</strong> tenía que ir un vidriado?<br />

Cómo saber. Un tremendo esfuerzo mental, una concentración<br />

que a<strong>de</strong>más tenía que ser calmada, porque un estallido, cualquiera,<br />

haría volar todo.<br />

Salió la primera góndola el miércoles 8. Nada roto. Todo<br />

bien. Pero faltaba espacio para ten<strong>de</strong>r lo recién quemado. Se improvisó<br />

una mesa en <strong>La</strong> Calle <strong>de</strong> San Francisco. Apenas si la vio.<br />

Había que empacar los cuadros para <strong>de</strong>jar espacio a la mesa 2,<br />

que ya venía. Cuando las mesas en las que se trabajaba el barro<br />

estuvieron terminadas, se pudieron ten<strong>de</strong>r tres mesas <strong>de</strong> cuadros<br />

ya quemados. Fue lo más que pudo ver <strong>de</strong>l mural antes <strong>de</strong> terminarlo:<br />

un 10%.<br />

Aurora se encargaba <strong>de</strong> preparar las fórmulas <strong>de</strong> vidriado.<br />

De tres a cinco kilos cada vez. Se optó por esa solución, ya que que<br />

prepararlo en mayores cantida<strong>de</strong>s hacía mayor el riesgo <strong>de</strong> error.<br />

Si las fórmulas no quedaban bien pesadas, el número <strong>de</strong> cuadros<br />

vidriados sería menor. También se encargó <strong>de</strong> empacar los<br />

cuadros <strong>de</strong> secuencia, para lo que hubo que comprar cientos <strong>de</strong><br />

metros <strong>de</strong> plástico <strong>de</strong> burbujas.<br />

Eso fue como una pesadilla <strong>de</strong> cansancio: <strong>de</strong>s<strong>de</strong> el horno,<br />

don<strong>de</strong> vidriaba el ritmo frenético, con el calor, el ruido estruendoso,<br />

alcanzaba a ver a Aurora extendiendo metros y metros <strong>de</strong><br />

plástico para cortarlo a la medida <strong>de</strong> los cuadros, tiras <strong>de</strong> treinta<br />

centímetros. Aquello era un mar <strong>de</strong> burbujas. Podría verse a Aurora<br />

gesticular, hablar, pero no se oía nada, sólo se veía <strong>La</strong> Calle<br />

<strong>de</strong> San Francisco inundada por ese mar <strong>de</strong> burbujas, irreal, enajenante,<br />

y no mucho rato a<strong>de</strong>más, porque ya la fatiga no se podía


146 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Solamente tenemos el eterno AHORA; <strong>de</strong> nuestra capacidad <strong>de</strong> aprehen<strong>de</strong>rlo <strong>de</strong>pen<strong>de</strong>rá<br />

que exista un AYER y por tanto un MAÑANA.<br />

(<strong>Hugo</strong> X. <strong>Velásquez</strong>)


EL MURAL 147<br />

ignorar. Aunque se tuvo que reír, eso sí, porque parecía una escena<br />

<strong>de</strong> una película cómica.<br />

Edmundo ponía los cuadros en el atril equivocados a veces.<br />

Era el cansancio ya y había que hacer un esfuerzo monumental<br />

para acordarse <strong>de</strong> cuál parte <strong>de</strong>l mural era. Todos se podían equivocar<br />

(y verda<strong>de</strong>ramente fue increíble los pocos errores que<br />

hubo), pero todos podían, menos él. Asumir esa responsabilidad:<br />

el mural era suyo, en un sentido no era trabajo <strong>de</strong> equipo. Era su<br />

concepción <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong> que estaba haciendo existir un mural.<br />

Sin la experiencia y el trabajo <strong>de</strong> producción <strong>de</strong> la línea, no lo<br />

hubiera logrado. Había reducido al mínimo las dudas y angustias.<br />

Con una infraestructura así, cada innovación era como apretar<br />

más la tuerca <strong>de</strong> la soli<strong>de</strong>z. En esta ocasión había sido po<strong>de</strong>r medir<br />

el encogimiento <strong>de</strong> los cuadros, y un sistema bastante bueno para<br />

numerarlos. Para el próximo mural ya estaría el horno secador<br />

y una manera <strong>de</strong> numerar perfeccionada. No obstante había que<br />

reconocer: si uno hace, la responsabilidad es fundamentalmente<br />

propia. Momento difícil y doloroso.<br />

Todo en su vida había quedado <strong>de</strong> lado temporalmente. Sus<br />

hijas lo comprendieron. Aurora no <strong>de</strong>jó <strong>de</strong> estar un momento ahí,<br />

haciendo lo que le tocaba. El taller cambió totalmente <strong>de</strong> ritmo. El<br />

tiempo mismo borró sus junturas para ser uno solo. Era la única<br />

manera en que podía hacer el mural. Manera aparentemente <strong>de</strong>scabellada,<br />

loca, que resultó eficaz porque todo estuvo bien <strong>de</strong>s<strong>de</strong> el<br />

principio.<br />

Ya terminado, se tendió todo en el patio construido para<br />

eso (aunque también sea parte <strong>de</strong> ese proyecto <strong>de</strong> casa que Aurora<br />

diseña y rediseña). Diez horas se necesitaron para ten<strong>de</strong>rlo. Verlo<br />

por primera vez. Ver algo que nació <strong>de</strong> la intuición, <strong>de</strong>l conocimiento<br />

<strong>de</strong> la técnica, pero más que nada <strong>de</strong> la entrega al oficio<br />

propio. Y verlo, a<strong>de</strong>más, fue un tormento. Imaginarlo pegado a la<br />

pared. Subido en una escalera, procuraba adaptarle la distancia, la<br />

luz, eso que tenía que revelar las texturas: la verdad <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong><br />

como lenguaje.


148 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Mural Tierra a<strong>de</strong>ntro en la Biblioteca Emilio Portes Gil, López núm. 12, México. D.F.


EL MURAL 149<br />

Sólo se pue<strong>de</strong> hacer un mural así tras veinte años <strong>de</strong> ser<br />

ceramista, <strong>de</strong> organizar un taller: <strong>de</strong> apren<strong>de</strong>r y enseñar.<br />

Deberas.<br />

Primero lo vi tendido en el suelo. Enorme. Lo iban<br />

a comenzar a pegar. Des<strong>de</strong> todos los ángulos lo vi;<br />

<strong>de</strong>s<strong>de</strong> todas las luces. Me resultaba insólito. Tan inmenso.<br />

Un trabajo bárbaro. Los colores, las texturas,<br />

todo me hacía sentir que era grandioso. Tenía que<br />

ser un esfuerzo por recordar que aquello había sido<br />

barro. Un barro oscuro (y dúctil). Que habían sido<br />

burras. Que el vidriado es <strong>de</strong> un blanco lechoso.<br />

Días <strong>de</strong>spués lo vi ir cobrando forma, sentido,<br />

realidad en el muro al cual estaba siendo pegado. Lo<br />

vi surgir, y con él, toda una sensación <strong>de</strong> un paisaje<br />

mexicano que conozco bien: volcanes. Silencio.<br />

Inmensidad. Dimensiones sobrecogedoras.<br />

Quietu<strong>de</strong>s vastísimas. Y violencia, pese a que el<br />

mural le abraza a uno el rostro con su cali<strong>de</strong>z y su<br />

infinita posibilidad <strong>de</strong> texturas.<br />

Sentir que conocía la historia <strong>de</strong>trás me hizo<br />

saberlo más terminado. Más completo. <strong>La</strong> obra <strong>de</strong><br />

arte que requiere <strong>de</strong> tantas cosas, <strong>de</strong> tanto esfuerzo<br />

común.


VI UNA BIOGRAFÍA ESCUETA<br />

NACÍ contra esquina <strong>de</strong>l Palacio <strong>de</strong> Minería, frente a telégrafos <strong>de</strong><br />

pleno centro <strong>de</strong> la cuidad. Crecí en una casa <strong>de</strong> la colonia Guerrero.<br />

Toda mi familia es <strong>de</strong> tierra a<strong>de</strong>ntro. El mar me asusta.<br />

El gran personaje <strong>de</strong> mi infancia fue mi abuela. Era la máxima<br />

autoridad <strong>de</strong> mi casa y para ella yo siempre era inocente.<br />

Era <strong>de</strong> un pueblo <strong>de</strong> Jalisco. Por ser liberal se tuvo que ir.<br />

A la gente no le gustaba que no fuera a la iglesia. Su marido era el<br />

paletero <strong>de</strong>l pueblo. Un hombre <strong>de</strong>testable, siempre borracho.<br />

Un día tiró toda la plata en el pozo <strong>de</strong> agua y mi abuela se fue con<br />

sus hijos.<br />

Después <strong>de</strong> la colonia Guerrero, viví en otra casa, en Álvaro<br />

Obregón. Mi abuela tenía gallinas y macetas por todos lados, en la<br />

azotea. Yo la acompañaba a darles <strong>de</strong> comer y a regar las plantas.<br />

Pese a ser completamente urbano, <strong>de</strong> ella me quedó eso: el cariño<br />

por los animales y las plantas. De mi madre, el gusto por los libros.<br />

Vivíamos en una casa muy gran<strong>de</strong>, con tías y primas. Ellas naturalmente<br />

me cuidaban, por lo que siento que con las mujeres nada<br />

malo pue<strong>de</strong> pasar. A lo mejor las veo más reales, no sé. De todas<br />

maneras había mucha gente. Como quince. Nosotros salíamos<br />

seguido (mi madre, mi padre y yo), porque mi padre era ferrocarrilero<br />

y periódicamente vivíamos en distintos lados, en Tampico,<br />

en Aguascalientes, en Matías Romero… sólo que un día se dieron<br />

cuenta <strong>de</strong> que yo tenía que estudiar más y ya no salí <strong>de</strong> la ciudad.<br />

Nos quedamos con mi abuela. Eso me gustaba mucho, pero la<br />

escuela no, para nada.


152 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Me angustiaba mucho. No podía hacer amigos por el cambio <strong>de</strong><br />

escuelas y creo que vivía muy solitario. Organizaba unos juegos<br />

fabulosos, eso sí. Jugaba con corcholatas y llegué a juntar algo<br />

así como cinco mil. Jugaba a la guerra, todo muy bien organizado.<br />

Guerras en don<strong>de</strong> quedaban <strong>de</strong>struídos poblados enteros, se<br />

invadían territorios, se producían batallas bárbaras. Era un gran<br />

diseño cambiante a cada giro <strong>de</strong>l combate. Y por lo general ganaban<br />

los indios. Los vaqueros eran menos.<br />

Cuando tenía once años murió mi padre. Coincidió con otro<br />

cambio <strong>de</strong> escuela; esta vez me metieron al Colegio Williams,<br />

y nada <strong>de</strong>testo tanto como esos años. Una vez le pregunté a mi<br />

madre por qué a esa escuela. Me dijo que por prestigio. Yo me<br />

sentía atrapado.<br />

Enfrente <strong>de</strong> mi colegio estaba el Madrid, que era mixto.<br />

El Williams era sólo <strong>de</strong> hombres. Yo miraba y miraba a las muchachas,<br />

casi todas españolas, preciosas. Pero <strong>de</strong> lejos. A mí me llevaban<br />

y traían en el camión <strong>de</strong> la escuela. Cuatro veces al día.<br />

Apenas rozaba la calle en esa época. Todo lo veía <strong>de</strong> lejos, queriendo<br />

siempre estar <strong>de</strong>l otro lado. Después entré al Instituto Luis<br />

Vives a hacer la preparatoria y mi vida cambió radicalmente. Me<br />

hice amigos. Comencé a conocer otras formas <strong>de</strong> vida. Mi casa era<br />

gran<strong>de</strong> y con mucha gente, pero la sala, por ejemplo, era un lugar<br />

cerrado siempre, que no se usaba para nada. Cuando visité las<br />

casas <strong>de</strong> mis nuevos amigos (casi todos vivían en apartamentos en<br />

la colonia Juárez), quedé fascinado. Qué manera distinta <strong>de</strong> vivir<br />

el mundo. Ninguno tenía mucho dinero, pero era otra manera <strong>de</strong><br />

ser: <strong>de</strong>scubrí la música, la pintura. <strong>La</strong>s muchachas eran mucho<br />

más libres, más naturales. Te empujaban, bromeaban abiertamente<br />

contigo. Tenían nombres que me parecían sensacionales:<br />

Adoración, Libertad…<br />

Fue todo un <strong>de</strong>scubrimiento para mí ese mundo. Yo sólo conocía<br />

la colonia Roma, con sus leyes absurdamente rígidas y su<br />

moral tan mojigata. Sus casonas <strong>de</strong> techos tan altos, siempre<br />

cerradas y frías.


UNA BIOGRAFÍA ESCUETA 153<br />

Uno encuentra gente a quién querer, pero por lo general las relaciones<br />

también se contaminan <strong>de</strong> la forma <strong>de</strong> vida. Nada era<br />

claro. Había siempre el temor a herir, a que no te entendieran o te<br />

entendieran mal. Nadie se reía. Yo, <strong>de</strong>s<strong>de</strong> el camión <strong>de</strong> Williams,<br />

sabía que allá afuera había otra cosa. Un mundo menos adusto,<br />

más humano y sencillo que esa cosa obscura que en nombre <strong>de</strong><br />

algo incompresible (prestigio), te obligaba a hacer cosas que no<br />

querías.<br />

No podía creer que mi futuro fuera ése: estudiar economía, recibirme<br />

y luego trabajar. Pero insisto: encuentras siempre gente que<br />

quieres. Otro gran personaje <strong>de</strong> mi infancia era un hermano<br />

mayor <strong>de</strong> mi madre. Era merolico. Vivía en Portales en un cuarto<br />

enorme, con su mujer y sus once hijos. No me llevaban muy seguido<br />

a verlo, pero me acuerdo <strong>de</strong> todos los <strong>de</strong>talles.<br />

En ese cuarto, a<strong>de</strong>más <strong>de</strong> toda la gente, había varios radios.<br />

Al padre le encantaba oír el futbol, a la madre las radio-novelas,<br />

Anita <strong>de</strong> Montemar, me acuerdo, y a los hijos cualquier otra cosa.<br />

Cada cuál lo ponía más fuerte. Era un verda<strong>de</strong>ro estruendo. Pero<br />

yo ahí aprendí varias cosas. Aprendí, por ejemplo, que hay que<br />

hacer sólo lo que te gusta, y eso hacerlo bien.<br />

Por las mañanas, muy temprano, mi tío formaba a todos sus<br />

hijos que se iban al mercado a ven<strong>de</strong>r baratijas. Le daba a cada<br />

cual las suyas y los <strong>de</strong>spachaba. Cuando volvían, como a la una,<br />

todo el dinero ganado iba a dar a un baúl enorme que estaba bajo<br />

su cama. Nadie contaba nada. Echaban y sacaban <strong>de</strong> ahí. Cuando<br />

<strong>de</strong>cidían hacer fiestas, que pasaba a menudo, mi tío se quitaba la<br />

llave <strong>de</strong>l cuello, se volvía hacia la pared y <strong>de</strong>cía: saquen, nomás<br />

que yo no vea. No es que fuera flojo; es que con un poco <strong>de</strong> imaginación,<br />

se podía hacer placenteramente. Otro medio <strong>de</strong> vida que<br />

tenía era un telescopio que había comprado en el Monte <strong>de</strong> Piedad.<br />

Cobraba veinte centavos por ver la luna. Se lo llegó a llevar a<br />

Acapulco y ahí, recostado en la arena, se ganaba el pan diario. A<br />

veces te encontraba en la escalera <strong>de</strong> la casa y te preguntaba:


154 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

<strong>La</strong> palapa


UNA BIOGRAFÍA ESCUETA 155<br />

¿Tú eres mi hijo? No señor, soy invitado. Porque había gente que<br />

se quedaba ahí viviendo meses y meses, aunque él los ponía a trabajar.<br />

Qué diferencia con el mundo <strong>de</strong>l Williams. Aunque no me<br />

llevaran a verlo muy seguido, sí pu<strong>de</strong> notar la diferencia con mis<br />

otros tíos que siempre andaban renegando <strong>de</strong>l trabajo y el horario<br />

y no sé qué. A éste me lo encontraba por todos lados, a la salida<br />

<strong>de</strong> los toros, luego <strong>de</strong> verlos, vendiendo carteritas, ca<strong>de</strong>nas…<br />

Después tuvieron coches con altoparlantes y por don<strong>de</strong>quiera que<br />

iban se armaba la fiesta. Conocían <strong>de</strong> memoria todas las fechas <strong>de</strong><br />

las ferias regionales en la República. Hacían su itinerario y se iban.<br />

Verlos era como <strong>de</strong>scubrir que sí se podía vivir con placer; que sí<br />

había motivos para reír y estar contento. Aunque ante mí tuviera<br />

como futuro la carrera <strong>de</strong> economista.<br />

Un día dije: ya no puedo más. Anuncié que no pensaba seguir<br />

estudiando y me dijeron: entonces trabajas. Me consiguieron un<br />

empleo muy burocrático que casi me mata <strong>de</strong> la <strong>de</strong>presión. Me<br />

escapé a Acapulco y ahí trabajé un mes como lanchero. Pero en todas<br />

partes me sentía que tenía que seguir a<strong>de</strong>lante hasta encontrar<br />

el punto en el que pudiera quedarme.<br />

Tomé un tren y me fui para Estados Unidos. Me fui como turista<br />

y allá me inscribí en una escuela para po<strong>de</strong>rme quedar. Ésta ya<br />

era la época en que yo ya la hacía <strong>de</strong> pintor, muy serio. Pero cuando<br />

fui a sacar mi nueva visa, me dijeron que no podía cambiar mi<br />

calidad migratoria si no salía <strong>de</strong>l país. Sólo que mi visa <strong>de</strong> turista<br />

también había expirado ya, y eso era suficiente para que no me<br />

<strong>de</strong>jaran entrar. Decidí jugármela. Me puse en la línea <strong>de</strong> los que<br />

pasan caminando el puente. No se bien qué pensaba hacer, tapar la<br />

fecha <strong>de</strong> mi visa con un <strong>de</strong>do, no sé.<br />

El caso es que hasta arriba en mi maleta llevaba un libro <strong>de</strong> arte<br />

que se llamaba El artista y sus mo<strong>de</strong>los, con un gran <strong>de</strong>snudo <strong>de</strong><br />

Rubens en la portada. Al verlo, el agente aduanal creyó que era<br />

medio pornográfico, lo tomó, y al hojearlo, la gente se fue acumulando<br />

en la línea, <strong>de</strong> manera que cuando el agente levantó la vista


156 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Horno <strong>de</strong> colina (noborigama) en Shigaraki, Japón, 1978


UNA BIOGRAFÍA ESCUETA 157<br />

y vió cuánto se había atrasado, me urgió: pase, pase. El arte sirve,<br />

pensé.<br />

En fin, he hecho todo lo que he necesitado hacer en mi búsqueda<br />

<strong>de</strong> realidad, pero a<strong>de</strong>más lo he hecho tratando <strong>de</strong> sentirme a<br />

gusto. Me acuerdo que cuando trabajaba en la fábrica <strong>de</strong> jitomates<br />

lo primero que hacía al llegar, pero lo hacía diario, como disciplina,<br />

era escoger el jitomate más bonito, el más gran<strong>de</strong>, y comérmelo<br />

con sal. No quería llegar a odiarlos. Luego, ya trabajando y<br />

como había tanto ruido, cantaba a gritos.<br />

Un día <strong>de</strong>cidí que ya tenía que volver a México. Tenía que volver<br />

y hacer algo por mi país. Me ofrecieron entonces el trabajo<br />

que había estado haciendo Rosario Castellanos en Chiapas: llevar<br />

teatro guiñol por los pueblos <strong>de</strong> la Sierra. Teatro educativo. Con el<br />

trabajo, heredé también la casa en que había vivido Rosario en San<br />

Cristóbal <strong>de</strong> las Casas con fantasmas y todo.<br />

Fue una experiencia emocionante. <strong>La</strong> gente verda<strong>de</strong>ramente nos<br />

recibía con entusiasmo, aunque fue duro comprobar cuán extranjero<br />

resultaba uno. Yo venía buscando mi país, y nunca me sentí<br />

tan fuereño como entonces.<br />

En San Francisco, con los beats aprendí lo que es vivir marginalmente<br />

y que <strong>de</strong> hambre no me iba a morir.<br />

El 10 <strong>de</strong> julio <strong>de</strong> 1969, nace Sol, el 2 <strong>de</strong> septiembre <strong>de</strong> 1972, Bárbara.<br />

En agosto <strong>de</strong> 1978, el pueblo <strong>de</strong> Shigaraki tuvo la gentileza <strong>de</strong><br />

hacer coincidir nuestra visita con la horneada <strong>de</strong> su noborigama,<br />

gran dragón ondulante <strong>de</strong> cuadras <strong>de</strong> largo, subiendo por su colina,<br />

quemando leña.<br />

Eso es todo, creo.


A MANERA DE CONCLUSIÓN<br />

SOY un técnico capaz, tuve que hacerme. Cuando regresé a México,<br />

que yo supiera, nadie hacía alta temperatura ni originaba sus<br />

propios vidriados y cuerpos cerámicos a partir <strong>de</strong> materias primas.<br />

Aún ahora somos unos cuantos, estamos aislados y compartimos<br />

tan poco, que forzosamente tenemos que ser bien capaces<br />

técnicamente, y en gran medida autosuficientes para enten<strong>de</strong>r<br />

nuestros fracasos.<br />

Como subproducto, la teoría también sirve para po<strong>de</strong>r <strong>de</strong>fen<strong>de</strong>rse<br />

con criterios sólidos <strong>de</strong> los ven<strong>de</strong>dores que tien<strong>de</strong>n a<br />

“sobreven<strong>de</strong>r” sus productos, apoyados en una tecnología apantallante<br />

pero que a poquito <strong>de</strong> rascarle resulta superficial.<br />

No soy un buen artesano, no soy lo suficientemente cuidadoso,<br />

ni tengo la paciencia necesaria; ésta, por otro lado, tien<strong>de</strong> a la pasividad;<br />

aunque he comprendido que no hay atajos, los sigo buscando<br />

y he encontrado algunos.<br />

Soy un pésimo tornero y a veces un vidriador extraordinario,<br />

aunque no tengo la consistencia que quisiera.<br />

Es en el vidriar, con engobes y vidriados tan exactos y trabajados,<br />

tan meticulosamente preparados y calculados molecularmente<br />

hasta el cuarto <strong>de</strong>cimal, tan conocidos como familiares,<br />

don<strong>de</strong> me revelo como el hombre poco cuidadoso que soy; es más,<br />

cuando mejor funciono es cuando empiezo a mezclar un poquito<br />

<strong>de</strong> este vidriado con aquél, cuando tallo con el <strong>de</strong>do un engobe y<br />

raspo el otro.


160 LA CERÁMICA DE HUGO X. VELÁSQUEZ<br />

Paulatinamente la palapa se va convirtiendo en un caos; me gusta<br />

el <strong>de</strong>sor<strong>de</strong>n, el <strong>de</strong>smadre, el olvidar todo lo que he aprendido y<br />

terminar genuinamente por no saber cómo es que esta o aquella<br />

pieza están vidriadas.<br />

No me interesa que el control en el vidriado sea exacto, me<br />

importa mucho más tratar la pieza y sus vidriados como un escenario<br />

don<strong>de</strong> <strong>de</strong>spués llegará el Gran Personaje, el Gran Dragón; el<br />

fuego y su contraparte, el humo, a crear el drama o la tragedia, y<br />

por qué no: la comedia, aunque a veces ésta sea <strong>de</strong> equivocaciones.<br />

Soy un buen hornero y si le creemos a Michael Car<strong>de</strong>w que los<br />

alfareros nos dividimos entre los <strong>de</strong>l barro y los <strong>de</strong>l fuego, yo<br />

<strong>de</strong>finitivamente soy <strong>de</strong>l último. Necesito quemar el horno; cuando<br />

termino, sin saber aún los resultados, hay una gran satisfacción<br />

<strong>de</strong>ntro <strong>de</strong> mí.<br />

<strong>La</strong> piromanía que llevamos <strong>de</strong>ntro, sin duda.<br />

Hay una dualidad en el barro quieto, callado, plástico, tan íntimo<br />

y sensible que registra el toque <strong>de</strong> los <strong>de</strong>dos <strong>de</strong>jando una huella<br />

digital marcada fielmente y que <strong>de</strong>spués el fuego convertirá en<br />

fuerte y duro, como roca; don<strong>de</strong> siento que trasciendo esta dualidad<br />

es en el momento fugaz y elusivo en que el horno se abre, y<br />

se ven las piezas con su propia aura. Se ven como nunca antes se<br />

vieron ni se volverán a ver.<br />

Al final <strong>de</strong> todo, creo que es para ese instante que yo trabajo.<br />

Creo que el futuro <strong>de</strong> la <strong>cerámica</strong> está íntimamente ligado,<br />

como siempre, al <strong>de</strong> la humanidad: Si somos capaces <strong>de</strong> <strong>de</strong>sarrollar<br />

un horno que funcione con energía solar, seguiremos. De no<br />

serlo, regresaremos a quemar hornos con olotes y/o estiércol, que<br />

ya han producido extraordinarias piezas en el pasado. Se trabaja<br />

en los tres sentidos, ya que también estamos aislando los hornos<br />

tradicionales con el mismo material que se utiliza para los cohetes<br />

espaciales y que ahorra combustible consi<strong>de</strong>rablemente.


A MANERA DE CONCLUSIÓN 161<br />

Cuando un alfarero adquiere conciencia <strong>de</strong> que está inserto<br />

en el caudal universal <strong>de</strong> un continuo histórico <strong>de</strong> expresión<br />

creativa, que ya alcanza 10 o 12 mil años (tenemos 4500 años <strong>de</strong><br />

vidriarla), los vaivenes <strong>de</strong> las modas y los “ismos” que por necesidad<br />

<strong>de</strong> “lo nuevo” en el mercado han afectado tanto a la pintura y<br />

escultura recientemente, resultan irrelevantes.<br />

<strong>Hugo</strong> X. <strong>Velásquez</strong><br />

Cuernavaca,<br />

Morelos<br />

Octubre <strong>de</strong> 1982


ÍNDICE DE FOTOGRAFÍA<br />

2a Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

5 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

10 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

12 36, 1982, 52 cm <strong>de</strong> diámetro x 12 cm <strong>de</strong> altura. Colección<br />

particular. Fotografía <strong>de</strong> Paolo Gori.<br />

22 Sol, 1972.38 x 8 x 40 cm <strong>de</strong> altura. Colección <strong>de</strong> Aurora<br />

Suárez. Fotografía <strong>de</strong> Véronique Godard.<br />

23 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

24 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

28 Fotografía <strong>de</strong> Véronique Godard.<br />

29 Cráter, 1962. 23 cm <strong>de</strong> diámetro x 20 cm <strong>de</strong> altura.<br />

Colección <strong>de</strong> los Sres. Raúl y Leonor Kamffer. Fotografía <strong>de</strong><br />

Sergio <strong>de</strong> la Peña.<br />

32 Fotografía <strong>de</strong> Thea Iervolino.<br />

34 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

36 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

42 Ollita con el barro <strong>de</strong> Shigaraki, 1978. Colección <strong>de</strong>l autor.<br />

Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

44 Bases para lámparas, 1974. Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

46 Pueblo azul, 1970. Detalle <strong>de</strong> mural. Museo <strong>de</strong> Cerámica<br />

Artística, Vallauris, Francia, 2a. Bienal Internacional <strong>de</strong><br />

Cerámica Artística, premio <strong>de</strong> adquisición. Fotografía <strong>de</strong><br />

Aurora Suárez.<br />

48 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

50 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.


53 Fotografía <strong>de</strong> Lorenza <strong>de</strong> la Barrera.<br />

54 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

57 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

60 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

62 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

66 Fotografía <strong>de</strong> Lorenza <strong>de</strong> la Barrera<br />

70 <strong>La</strong> línea, 1983. Fotografía <strong>de</strong> Paolo Gori.<br />

74 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

76 Africana, 1978. 28 cm <strong>de</strong> diámetro x 37 cm <strong>de</strong> altura.<br />

Colección <strong>de</strong> la Sra. Carmen Barro. Fotografía <strong>de</strong> Paolo Gori.<br />

77 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

78 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

82 Campo nevado, 1972. Detalle <strong>de</strong>l mural. Colección Sres.<br />

Carlos y Cristina Payán. Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

84 Tierra a<strong>de</strong>ntro, 1981. Detalle <strong>de</strong> mural. Fotografía <strong>de</strong> Aurora<br />

Suárez.<br />

86 Tenate, 1968. 30.5 cm <strong>de</strong> diámetro x 32 cm <strong>de</strong> altura.<br />

Colección particular. Fotografía <strong>de</strong> Véronique Godard.<br />

88 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

92 El velo, 1964. 53 x 26 cm <strong>de</strong> altura. Colección <strong>de</strong> Cynthia<br />

Sargent.Fotografía <strong>de</strong> Sergio <strong>de</strong> la Peña.<br />

96 Fotografía <strong>de</strong> Refugio Alonso.<br />

97 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

98 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

100 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

102 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

104 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

108 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

118 El mar, 1965. 28 cm <strong>de</strong> diámetro x 56 cm <strong>de</strong> altura.<br />

Colección <strong>de</strong>l Dr. Alfonso Corona. Fotografía <strong>de</strong><br />

Véronique Godard.


120 Piezas <strong>de</strong> una edición, 1981. colección <strong>de</strong> NAVIMIN.<br />

Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

123 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

126 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

128 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

134 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

136 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

138 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

140 Fotografía <strong>de</strong> Catherine Resignato.<br />

142 Fotografía <strong>de</strong> Catherine Resignato.<br />

144 Tierra a<strong>de</strong>ntro, 1981. Detalle <strong>de</strong> mural. Biblioteca Emilio<br />

Portes Gil, México, D.F. Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

142 Fotografía <strong>de</strong> Catherine Resignato.<br />

148 Tierra a<strong>de</strong>ntro, 1981. 9.50 x 5.75 m. Biblioteca Emilio<br />

Portes Gil, México, D.F. Fotografía <strong>de</strong> Christa Cowrie,<br />

uno más uno.<br />

151 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

154 Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte.<br />

156 Fotografía <strong>de</strong> Aurora Suárez.<br />

Todas las piezas con el símbolo fueron realizadas por <strong>Hugo</strong> X.<br />

<strong>Velásquez</strong>, quemadas a cono 9 y en atmósfera reductora.


Fotografía <strong>de</strong> Carlos Somonte<br />

HUGO X. VELÁSQUEZ (1929-2010) nació<br />

en la Ciudad <strong>de</strong> México. Un día <strong>de</strong>scubrió la<br />

<strong>cerámica</strong>. A partir <strong>de</strong> ese momento ya no fue<br />

libre. Comenzó su interminable búsqueda,<br />

la búsqueda <strong>de</strong>l artista por hacer realidad la<br />

percepción, por llegar al fondo <strong>de</strong> la intuición,<br />

por conocer siempre más la materia con la que<br />

trabaja.<br />

<strong>Hugo</strong> se sometió a su vocación y la forma<br />

que adquirió su vida fue la <strong>de</strong>l ceramista.<br />

Arraigado a un taller, ro<strong>de</strong>ado <strong>de</strong> barro, <strong>de</strong><br />

espacio, <strong>de</strong> sol. Pendiente <strong>de</strong>l horno, atado a la<br />

espera <strong>de</strong>l secado <strong>de</strong> la pieza.<br />

Cada oficio tiene su tiempo, su ritmo, su<br />

lenguaje, y quien lo ejecuta adquiere esas<br />

mismas características. Des<strong>de</strong> su manera <strong>de</strong><br />

hablar hasta su pausado moverse. <strong>Hugo</strong> acusa<br />

al ceramista entregado a su obra.<br />

Sus piezas tienen esa misma calidad vibrante<br />

y <strong>de</strong>finitiva que tiene su mirar. Un querer<br />

asentar los límites en los que queda contenido<br />

el volumen un vislumbrar la flui<strong>de</strong>z y libertad<br />

en la forma inquieta <strong>de</strong>l movimiento, que<br />

luego logra atrapar asombrosamente con sus<br />

vidriados.

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