VE-44 OCTUBRE 2018

rafasastre

© Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias, fotografías

o ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en exclusiva a sus

respectivos autores (aunque en algunos casos no se citen los nombres)

Portada: ilustración creada expresamente para la revista por Pablo

Rapún Mombiela (Sabiñánigo, Huesca)

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

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Índice

Otro curso comienza (Rafa Sastre) Pág. 1

III Concurso de Relato Rápido VE Pág. 2

Efectos secundarios (Rafa Olivares) Pág. 9

El llanto (Pepa Maldonado) Pág. 11

Beso letal (Daniel Canals) Pág. 13

A todo gas I (Daniel Canals) Pág. 15

A todo gas II (Rafael Blasco) Pág. 17

A todo gas III (Ángela Piñar) Pág. 19

Ni las paredes son cobijo (Conxa Gausí) Pág. 21

La ninfa que amó a Houdini (Salvador Bayona) Pág. 23

Qué bonito es Moscú (Jorge Zarco) Pág. 25

Lunáticas locáticas (Malén Carrillo) Pág. 29

Bodas de oro (M.Grazia Scelfo) Pág. 33

Idilio (Lu Hoyos) Pág. 35

Fe de muerte (M.Belén Mateos) Pág. 37

Frío (J.David Moncayo) Pág. 39

Ninguna evidencia (Rafa Sastre) Pág. 41

Un mal día (Marta Navarro) Pág. 43

El amor viaja en tirolina (Aurora Rapún) Pág. 45

La dona vigilant (Marisa Martínez) Pág. 49

La costa mediterránea (M. Luisa Pérez) Pág. 51

Un cuento de armas tomar (Reka Refojos) Pág. 53

Agua y montaña (Aldana Giménez) Pág. 57

Opera prima (Inma Sastre) Pág. 59

Impertinencia (Isabel Sifre) Pág. 61

La abuela (Manuel Serrano) Pág. 63


La histeria de un PhD (Ether Moreno) Pág. 65

Cuenta atrás (Pilar Alejos) Pág. 67

Era Vitae (Isabel Pedrero) Pág. 69

Adiós (Susana Gisbert) Pág. 73

III Concurso La Radio en Colectivo/Valencia Escribe Pág. 75

Nuestros libros Pág. 77

Números anteriores de Valencia Escribe Pág. 78

Palabras en la basura Pág. 79

Valencia Escribe en las redes Pág. 80

La foto de Miguel Pág. 82


Otro curso comienza

Liquidado el estío, iniciamos nueva etapa en Valencia Escribe

con este número de la revista —la cual, como ya adelanté, pasa a ser

trimestral—, en la que se incluyen los últimos textos premiados en el

concurso de Radio Mislata y en el presencial de Relato Rápido

celebrado en junio pasado.

Y como somos más inquietos que el rabo de una lagartija, la

tarde del próximo 26 de octubre, por iniciativa de la Biblioteca

Pública de Massamagrell, celebraremos en el Centre Cultural de esa

localidad un recital literario al que estáis todas y todos invitados. Al

dorso de esta página encontraréis el cartel con los detalles.

Estamos también en condiciones de anunciar que el sábado 10

de noviembre colaboremos con Novembre Negre en el clásico

Concurso de Relato Rápido Negro. A quienes participen, y por

gentileza de Ágora Puerto Cultural, se les hará entrega de la

recopilación de relatos que concursaron en la edición anterior, así

como en el certamen de junio pasado. Próximamente os

trasladaremos las bases a través de las redes y de nuestro blog.

Bienvenidos pues a un otoño de letras, que confiamos sea

abundante y productivo. Nos volvemos a leer en enero; entretanto,

sed o continuad siendo felices, con o sin perdices.

Rafa Sastre

1


Dirección Centre Cultural: Passeig Rei en Jaume, 4 – Massamagrell

Junto a estación de Metrovalencia

2


III Concurso de Relato Rápido

Valencia Escribe - 09.06.2018

La tercera edición de este certamen, organizado conjuntamente

con nuestros amigos de Ágora Puerto Cultural, Marian Creación

Literaria y Cultura Vincit Omnia y con la colaboración tanto del

Ajuntament de Sagunt como de las jóvenes diseñadoras de Business

& Emotions, se celebró de nuevo en el Casal Jove del Port y volvió a

congregar a múltiples aficionados al noble arte de la escritura. Os

dejamos a continuación un breve reportaje fotográfico, así como los

textos galardonados.

Tradicional foto de familia, con las premiadas en el centro de la imagen

3


4


PRIMER PREMIO

El gran peso de una buena historia – Aurora Rapún

Es un espíritu rebelde que cuando vive lo hace a tope. Desde que

llegó a la habitación 303, nuestras vidas se vieron radicalmente

transformadas. Pasamos de vivir una existencia lenta, aburrida y gris

a esperar con impaciencia el momento del día en que nuestra nueva

vecina apareciese en la sala común.

Pesa cien kilos, lleva una larga melena rubia, calza unas

espectaculares botas camperas y fuma, siempre que se lo permiten,

sin parar. Su gran cerebro teje unas historias maravillosas y las cuenta

con sensibilidad. Tiene noventa años y se llama Marilyn.

Tengo la esperanza de que mi avanzado proceso degenerativo se

me lleve a mí antes que la edad a ella. El Paraíso lo pintan bien, pero

mientras permanezca en la tierra, Marilyn ha hecho de mi mundo un

lugar mejor.

5


SEGUNDO PREMIO

El invento de Isaac Newton nos quitó la libertad – María Bayona

Es un espíritu rebelde que cuando vive lo hace a tope, se arriesga

y solo quiere llegar a lo más alto; literalmente todo aquello que tenga

que ver con evitar el suelo le fascina: escalar, volar, saltar… Él nunca

había destacado por su forma física, más bien era un tipo escuálido y

sin ningún objetivo en la vida. Hasta que descubrió que la gravedad

no lo puede retener aquí abajo. Maldito Newton…

Entrenó duramente para poder estar por encima del resto de la

humanidad: ver la parte superior de las nubes donde el sol golpea y

las hace relucientes.

Caía una y otra vez y, más de una, la gravedad del asunto,

paradójicamente, casi lo mata.

Sí, lo ha logrado. Acaba de llegar a lo más alto, está por encima

del resto de la humanidad. Solo le ha costado un pitido

ininterrumpido sobre la camilla del hospital.

6


TERCER PREMIO

Consecuencias de una muerte prematura – Laura Rubio

«Es un espíritu rebelde que cuando vive lo hace a tope». Esa es la

frase que mis seres queridos decidieron poner en mi tumba. Es un

poco inusual para mí una lápida, lo sé, pero es lo que pasa cuando los

padres son más insensatos que los hijos y delegan en los amigos de

este. De todas maneras, creo que define muy bien. Siempre he sido de

blanco o negro, los grises no eran para mí.

No sé si esta frase será una buena carta de presentación para lo

que me espera ahora, lo mismo no me aceptan en el Paraíso.

¡Cabrones! Me juego el cuello a que lo han hecho a propósito.

¡Cuando sepa cómo se van a enterar!

7


Open your eyes – Matt Kline (EUA)

https://www.flickr.com/photos/128681446@N08/

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Efectos secundarios

Ante el equipo médico y un par de testigos, dijo que sí con dos

pestañeos. Con esa preceptiva autorización, ya pudieron empezar a

administrarle el innovador fármaco todavía en fase experimental y de

desarrollo. En menos tiempo del imaginable, Arturo Barroso, el

paciente, comenzó a recuperar la movilidad de su cuerpo. Primero

fueron los dedos, después las extremidades completas, más tarde

hombros, torso y cuello. Supuso todo un hito que volviera a sonreír y

moviera los músculos faciales. Y una fiesta recobrar el habla como

antes de la enfermedad. Sin embargo, y a pesar de los extraordinarios

progresos, no pudieron darle de alta porque había dejado de

pestañear.

Rafa Olivares (Alicante)

9


Crying – Brody (EUA) https://www.deviantart.com/brodzillla

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El llanto

«No sé qué me ocurre», le dijo entre sollozos. Su pareja la cogió

de la mano y mirándola a los ojos manifestó lo siguiente: «El sistema

nervioso simpático se ha activado en respuesta a un estímulo externo

y ha iniciado el proceso de la lágrima psíquica. La glándula lagrimal

ha secretado esta sustancia, que se ha dirigido a la superficie del globo

ocular gracias a los conductos lacrimales. El líquido se ha ido

acumulando en la base del párpado inferior y, producto de la

gravedad, una lágrima se ha derramado y ha descendido lentamente

por la mejilla. El descenso ha sido lento, debido a los componentes

del líquido, que lo hacen más viscoso que el agua, con el fin de que el

proceso pueda ser observado por otro individuo. Finalmente ha caído,

precipitándose hacia la tierra y siendo absorbida por esta. El proceso

del llanto, entonces, se acelera».

Pepa Maldonado Poyatos (Ciudad Real)

Relato ganador del mes de mayo del III Concurso de Microrrelatos

«La Radio en Colectivo / Valencia Escribe»

Podcast programa 7 de junio:

https://www.ivoox.com/radio-en-colectivo-7-6-18-audiosmp3_rf_26423396_1.html

11


Fly – Adrian Borda (Rumanía) https://www.deviantart.com/borda

12


Beso letal

Las lenguas salieron al unísono en su máxima extensión, y

empezaron a enroscarse rápidamente como si no hubiera un mañana.

Los ojos de ambos permanecían abiertos mientras se producía la

unión de ambos músculos.

Los dos habían coincidido en el mismo instante en… ¡atacar a la

misma mosca!

Ambos camaleones se habían quedado pegados el uno al otro y

no tardaron en fallecer de hambre los dos, al no poder separarse uno

del otro.

Daniel Canals Flores (Martorell, Barcelona)

https://literaturacincopuntocero.site123.me/

Relato ganador del mes de junio del III Concurso de Microrrelatos

«La Radio en Colectivo / Valencia Escribe»

Podcast programa 12 de julio:

https://www.ivoox.com/bichos-lecturas-insectivoras-audiosmp3_rf_27022726_1.html

13


Imagen encontrada en la red. Autor desconocido.

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A todo gas I

Adelanto a ese subnormal por la derecha, lleva casi un kilómetro

pidiéndolo a gritos. Cómo no, hace sonar el claxon, confirmando que

es más maricón de lo que he pensado inicialmente. Enfilo recto, aún

le puedo sacar un par de caballos más al motor si aprieto a fondo.

El marcador no baja de 210 km/h y esta vez voy a conseguir el

record. Al inicio, he salido patinando con las cuatro ruedas y les he

dejado una buena peste de neumáticos a la concurrencia. Eso ha sido

culpa del desayuno «para campeones» que me he metido nada más

levantarme. Aún noto el amargor en el cuello.

Sigo a buen ritmo, el crono va a mi favor en varios segundos y a

no ser que una inoportuna avería o un desafortunado pinchazo me

obliguen a parar, esto está hecho. Toda la estructura del vehículo

vibra al máximo y da la sensación de que en algún momento va a salir

disparada la carrocería por los aires.

He cerrado las ventanillas, para evitar turbulencias exteriores y

hace un calor insoportable. Noto como los chorros de sudor bajan

entre los pelos de mi pecho y la espalda acabando en la rabadilla. La

tensión es enorme y debo resistir, un campeón nunca se rinde. Esto

me lo ha inculcado mi padre desde que era pequeño y no voy a ser yo

el que traicione la tradición familiar.

Por el retrovisor puedo ver a los rivales, como impotentes, hacen

aspavientos con los brazos porque saben que nunca me atraparán. No

tienen cojones.

El motor ruge como un tigre y la meta se acerca cada vez más.

Esquivo otro coche, adelanto tres más y otro intenta cerrarme el paso.

Esta listo si cree que voy a apartarme, ni corto ni perezoso, de un

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volantazo lo estampo contra la valla. Ese ya no molestará más, al

menos en esta carrera.

Llego ya casi al final, debo aminorar porque la entrada al

parking es bastante cerrada así que tiro de frenos generando una nube

espesa con olor a goma quemada. Un pequeño trompo y enfilo

directo al garaje. Paro, respiro hondo y abro la puerta del coche. He

vencido…

Mi mujer, en el asiento de al lado, abre también arrojando la

papilla y los niños en el asiento de atrás ni lloran. Su cara es de

estupor.

Por fin hemos llegado al apartamento de mis suegros y ya huelo

la paella que están preparando para comer. Hemos llegado batiendo el

record del pasado verano.

Daniel Canals Flores (Martorell, Barcelona)

https://literaturacincopuntocero.site123.me/

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A todo gas II

Me duele la planta del pie de tanto empujar el pedal del

acelerador. Todos me pasan como si circulara en patinete, ¡cuando

llegue a la capital me compro un deportivo de doscientos cuarenta

caballos! ¡Ya veremos quién se me pone chulo entonces!

Acabo de soltar el volante y hacer una «peineta doble» al puto

imbécil del utilitario que me ha adelantado ahora. No entiendo nada.

Ellos pitan, yo más, ¡para chulo yo y mi buga! Voy a quemar el

puto claxon de tanto tocarlo, me da igual, yo no soy menos.

Son jodidas las curvas. Quizá los neumáticos estén gastados…

no importa, voy a cambiar de coche. ¡Estoy harto de ir chafando

huevos!

¡Será imbécil el tío! Hace falta ser estúpido para cagarme en su

madre y encima que me haga señas mirando con cara de asombro,

para colmo no es el único.

Sigo sin comprender la causa de que no alcance los cien

kilómetros hora, ¡voy a pegarle fuego a esta puta carroza!

Ya llego. ¡Qué largo ha sido el retorno!

Tengo que limpiar el retrovisor, estoy viendo la puerta del garaje

a duras penas… Ya empezamos con las obligaciones, y encima

mañana al tajo, joder qué duro es reincorporarse…

Por lo menos en la vuelta no han vomitado ni mi mujer ni los

niños… ¿Y mi mujer…? ¿Y los niños…?

Escondida dentro de un armario en el apartamento de sus

padres, la esposa del presunto piloto rogaba silencio a sus hijos

susurrando.

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—¡Shhhhhhhhhhhh! Puede que no se haya marchado todavía…

No hagáis ruido y nos quedaremos un día más… Vuestro padre es el

único ser del planeta que piensa que va a prolongar sus vacaciones y

retrasar su regreso al trabajo conduciendo marcha atrás.

Rafael Blasco López (València)

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A todo gas III

A papá no le gusta que le coja el coche. Dice que exige una gran

responsabilidad y no cree que esté preparada todavía. Algún día me lo

dejará en herencia. Cuando él muera, aclara, o se jubile. Anoche llegó

muy tarde, casi al amanecer. Soltó las llaves y se metió en la cama.

Creo que llegó solo, porque no escuché tacones de mujer como otras

veces.

Suelto el bolso en el asiento del copiloto, me abrocho el cinturón

y recoloco los espejos pulsando el botón azul. Miro el panel. Hay

muchos colores. Azul, rojo, blanco, negro y oro. Hay ciertas palancas

bajo el asiento. Lo he visto accionarlas muchas veces. Son las de

emergencia. Esas no hay que utilizarlas a no ser que sea necesario.

Sonrío con un gesto lobuno. Busco un lápiz de labios rojo, me

los pinto, me recojo el cabello en un moño alto, me coloco las gafas

de sol y arranco. Suena a gloria. Como un ronroneo de gato. Intento

no pisar las rosas de los parterres, salgo a la carretera y elijo una

canción cañera. Bajo la ventanilla, saco la mano y acaricio el aire. Me

sumo a la masa conductora. No quiero correr, solo quiero disfrutar.

Un tipo gordo y sudado se pone a mi nivel y me sonríe, obsceno.

Me saca la lengua y la agita en el aire como una cobra. Luego coloca

dos dedos en su boca e introduce la lengua a través de ellos. Adentro

y afuera, adentro y afuera. Lo miro con asco y le muestro el dedo

corazón. Que te den hijo de puta, le digo y acelero. Me adelanta con

su coche rojo que tiene una banderita futbolera detrás. Por el

retrovisor me mira y vuelve a agitar la lengua. Me cierra el paso

continuamente y lo veo reír a carcajadas. Cuando me coloco a su lado

me grita que me vaya a pelar patatas.

Resoplo, aprieto los dientes, me araño los muslos, golpeo el

volante. Lo oigo reírse más. Cabrón, puto gordo asqueroso.

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Si supiera cómo van los jodidos botones de papá. Las palancas.

Si supiera. ¡Qué cojones! Meto los dedos entre los muslos y encuentro

una palanca que sobresale. Una vez vi a papá hacerlo, pero no sé si es

el accesorio correcto. Me matará, lo sé, no me dejará salir en un mes.

Estiro la palanca y el coche desacelera un poco y gana altura. Está

cambiando, pero ahora no ronronea. El sonido es diferente. Es un

rugido. Me acerco al mamón, me acerco mucho y él, sorprendido,

toca el claxon. Me sigo acercando. Acaricio, excitada ya, el botón

oro. Lo acciono y se escucha un sonido de cadenas. El auto sigue

creciendo y veo, desde arriba, el techo del coche del cabrón.

Inicio el ascenso. Lento, como una oruga, letal. Unos anclajes a

los lados le impiden cualquier escapatoria. Sonrío más, ahora enseño

los dientes y palmoteo sobre el volante. Ya eres mío. Oigo sus gritos y

los del coche, que se está convirtiendo en un amasijo de hierros.

Ahora soy un tanque. Además de ser la hija de 007, claro.

Ángela Piñar (Barcelona)

http://siguiendolospasosdebarro.blogspot.com/

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Ni las paredes son cobijo

Fotografía aportada por la autora

Ni las paredes son cobijo

contra el enemigo que te acecha

a tiempo completo

La hora del regreso te detiene

en acurruco

sin poder evitar el destello de

terror alojado en tu mirada.

Y el sobresalto

llega como cada día

con el golpe y el insulto,

encogiendo

el alma y te la borra.

Conxa Gausí Caballero (València)

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Ilustración aportada por el autor

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La ninfa que amó a Houdini

—¡Este juicio es una farsa! No pueden juzgarla por hacer algo

que hacen todas las ninfas y, particularmente, las ondinas. Está en su

naturaleza, como en la de todas nosotras.

—¡Cállese! –bramó la juez– Nosotras seducimos a los humanos,

no nos dejamos llevar por esa falacia que ellos llaman amor. Y ahora,

que hable la acusada:

—Tal vez le amé, sí –sus palabras comenzaron como un susurro

y cobraron fuerza paulatinamente–, pero si lo hice fue algo pasajero.

Tal vez me engañó el brillo de sus ojos. Él parecía diferente. Como si

no conociera los límites. Todas las noches los espectadores temían por

su vida mientras él luchaba por zafarse de sus cadenas, pero en

realidad era yo quien velaba por él. Rodeaba su cuerpo, le acariciaba

en su desesperación y, finalmente, abría sus cerrojos. Aquella era mi

forma de amarle.

—¿Y qué sucedió la noche de autos?

—Que él la besó, antes de salir al escenario, y le juró amor

eterno. Por eso, aquella noche, mientras se ahogaba, le concedí la

gracia de verme y, mientras le miraba a los ojos, de que

comprendiera.

Salvador Bayona Bou (València)

23


Kremlin, Moscow – Fernando García (Móstoles)

https://www.flickr.com/photos/fgarciamostoles/

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Qué bonito es Moscú

Un tubo de escape que tiembla sin cesar mientras suelta

violentamente monóxido de carbono, amenazando con reventar en el

proceso. Es el precio que se cobra el implacable paso de los años sobre

un motor que se lleva en refrigerante la mayoría de la paga diaria del

propietario de un deteriorado vehículo con demasiados errores en su

mecanismo.

Ese es solo uno de los quebraderos de cabeza de un taxista

tártaro durante el horario nocturno de cara a las noches moscovitas.

Los rublos, la pasta, y tener que llevar a ciertos clientes a rincones de

la capital que otros vehículos más adinerados no se atreven ni a

mencionar. Todo para poder salir adelante cada noche hasta el día

siguiente.

Aquel paso de cebra de aquel barrio de las afueras se veía

solitario. Nadie a la vista y la nieve seguía cayendo con insistencia

como lo había hecho toda la noche. Batu Kazan oía a la cantante

Zemfira interpretar una versión en inglés de una popular balada de los

Radiohead: Creep (Arrastrado podría ser su traducción). El equipo de

sonido se oía distorsionado, defectuoso; como todo en aquel vehículo

que se remontaba a los tiempos de la guerra fría. Pensó en Zemfira,

una cantautora con sangre tártara, un orgullo para todos aquellos

desesperados tártaros que emigraban desde las lejanas provincias a la

capital.

Kazan maldijo su dicha porque su taxi no era otra cosa que una

furgoneta para mercancías reciclada. La gente con calderilla en la

cartera y trajes de los caros exportados desde París o Milán podía

permitirse salir de copas en cochazos privados, a salvo de las heladas

25


noches moscovitas. O de las doradas calles de San Petesburgo, con su

rollo zarista.

Miró el inexacto reloj del vehículo y se preguntó qué es lo que

haría cuando su lata de sardinas expirase el día menos pensado. Si

perdía su taxi no sabría de momento a qué dedicarse, salvo quizá

limpiar pescado o cortar carne en algún mercado del centro histórico

que todavía no se cayese a trozos ni fuese presa fácil de los

especuladores. Ya eran las seis y media, ¿y quién querría un taxi en

un extrarradio semivacío en aquellas horas?, y más con la navidad de

las grandes superficies llamando a las puertas y haciéndole

competencia sucia al pequeño comercio.

Se dispuso a largarse de aquel paso de cebra; dando un último

rodeo con la vista, percatándose de su presencia. Más de uno pensaría

que se trataba de un muñeco de nieve perfectamente esculpido, de no

haberse tratado en realidad de una persona en la tercera edad echada

sobre un macetero cubierto de nieve e incapaz ya de albergar una

brizna de hierba, con las piernas extendidas y el rostro semi-tapado

por el abrigo casi roto que la cubría, sumándole unos gruesos

pantalones rellenos de periódico para evitar la congelación y unos

zapatos viejos, húmedos e incapaces de calentar aquellos pies

pequeños y frágiles, a punto de romperse a temperaturas bajo cero.

Kazan bajó velozmente del vehículo, cerró la puerta por si acaso

y se acercó a la anciana, arrodillándose a su lado. Sacó una petaca

con una mezcla de ron y vodka y dándola de beber un trago, le habló:

—¿Señora Sasha Klimov, es usted? Soy yo, Batu Kazan. Kazan,

el taxista tártaro para los amigos. ¿Por qué no está en su casa?

La anciana abrió el ojo derecho y le miró con curiosidad.

—Señora Klimov, se va a congelar, ¿qué hace ahí tirada a estas

horas, como un perro viejo?

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—Deja que me congele Kazan. Yo… yo ya no tengo casa

La anciana respiró el frío aire invernal y tosió violentamente.

Kazan se echó uno de sus brazos al cuello y la levantó para meterla en

su taxi, cuyo interior no era lo que se decía caluroso, pero sí acogedor

comparado con la temperatura ambiente. Caminaron unos pasos y

Kazan sentó a su lado a la señora Klimov.

—¿Qué le ha pasado?

La anciana arrugó el rostro conmovida.

—Mi nieto… me ha tirado de mi casa. Después de cuidarlo toda

una vida. Llámelo egoísmo o las compañías inoportunas. Ha vendido

mi hogar a los especuladores… —reprimió un sollozo restregándose

el rostro con la manga— No hace falta decirte más.

Kazan la miró con sus ojos rasgados, preguntándose si el destino

de la anciana no acabaría siendo el suyo. Cayendo sobre él como lo

haría un depredador despiadado sobre una presa. Arrancó el taxi y

desconectó el taxímetro tras girar: «ocupado». El vehículo salió del

paso de cebra y se perdió por los barrios de las afueras. Solitarios y

mal iluminados. Por los que circulaban sujetos solitarios como

sombras fugaces.

—Vayámonos a casa, señora Klimov, ahí se moriría.

La anciana se extrañó por aquel comentario.

—Yo ya no tengo a donde ir, Kazan. Me han desechado como

un perro viejo -la anciana volvió a reprimir otro sollozo con la sucia

manga de su abrigo.

—Entonces a cualquier parte, lejos del frío de las calles; no

pienso dejar que se muera.

27


El taxi continuó su camino y a lo lejos se vieron miles de luces

provenientes de las ventanas de los rascacielos de la clase media.

Sasha se quedó mirándolos como se mira un gran árbol de navidad.

—¿No te has fijado en lo bonito que es Moscú de noche?

Kazan sonrió sin apartar la mirada de la vía.

—Sí, es posible. Pero siempre echaré de menos mi pueblo allá en

la estepa siberiana y la compañía de mi gente.

—Debe ser un sitio precioso –comentó Sasha.

—Lo es, por supuesto.

El taxi giró una rotonda y se perdió a lo lejos, mientras en su

interior sonaba otra canción de Zemfira.

Jorge Zarco Rodríguez (València), 25.10.2015

28


Lunáticas locáticas

(Apuntes dialogados para una presentación)

Foto de Irene Sastre durante la presentación de Cuentos de las estaciones (VE)

—¡Hola!

—¡Holi! Muak, muak.

(Se dan dos besos de aquellos de periquitos que no se tocan la

cara. Dos amigas con bolsas grandes y muy puestas. Al fondo suena:

En un mercado persa)

Eulali: Mira, Mari, maremeua, ¡Cuánta gente! (señalando al

público y saludando) ¿Cómo estás?

29


Malén: (saluda también tronchándose de la risa) Creo que se me

ha constipado el cerebro. Lo tengo como un derviche giratorio

desquiciado. ¡Oye, por cierto que fashion te has puesto! ¡Qué mona!

¡Menudo postureo! Mira, vas supermegasexy. No se hable más.

Eulali: ¡¡Clarooooo!! ¿Te parece? (dándose una vuelta sobre sí

misma) No iba a presentarme hecha un adefesio en este local tan

despampanante... Además me he enterado de que también hay cena

de picoteo, de sobaquillo, pero cena al fin. Estoy a dieta forzada. Ni

un duro. En este bar, sé de buena tinta que ponen ricas tapas seguro

(gesto interrogante). Una amiga ha visto el lío, me ha avisado y yo a

ti.

Malén: Ya, ya, Lali, pero... Estamos aquí de jajas… Y ¿de qué se

trata, de qué va esto? No sé…

Lali: Creo que se presenta un nuevo grupo musical. Por eso este

lugar mismamente. Me han dicho que son un puñado de nuevas

voces. Se llama “Valencia escribe”. A ver si nos dejan cantar a

binomio esa canción que nos sabemos tan bien... (Guiños al

encargado)

Malén: ¡Ah! Ya sé quiénes dices que se hicieron famosos aquí

mismo. Salió en la prensa local. Afilaron las voces y tiraron los

lápices. ¿También escriben estos cantantes? Qué completitos. ¿Y ese

montón de libros que hay sobre aquella mesa?

Lali: Ah, eso... Seguramente serán las letras de las canciones. Ya

sabes para un coro participativo, al final todos juntos. Les ha dado

por la participación. Ya sabes. Los presupuestos, el urbanismo.

Grupismo. La canción. Todo es cosa de las mujeres. Seguro. (Hacen

el símbolo feminista con las manos) Pero nosotras ni mú. Hoy sí que

lo perdonamos todo. Nosotras somos así, sobre todo por la cena. He

traído unas fiambreras por si las moscas.

Malén: Y ¿Qué leo desde aquí? (poniendo ojos de china)

¿Cuentos de las estaciones en la portada? ¿Lo ves?

30


Lali: Mujer, el título de la coral o de la obras. O del discolibro, el

libreto. ¡Ay, mona, cómo eres! A saber…

Malén: Lo de las estaciones ya lo pillo, está en los clásicos. Y en

los modernos, pero en la actualidad las estaciones no se aclaran ya no

sabemos a qué atenernos… Con tanto cambio climático. Pero…

¿cuentos? (con expresión de duda) ¿No serán acaso fábulas?

Lali: Cuentistas como tú y yo hay pocas. (Con autoridad y voz

de académica) Ya quisieran Esopo o Samaniego sin ir más lejos. O

estos de aquí mismamente. (Señalando al público con un pase de

pecho)

Malén: Tendremos que leerlos porque yo ya me voy quedando

sin ideas a diario. Nihilismo total. Vamos a comprarlo antes de que se

agote. Ya voy yo. ¡Paso, paso, señoras! (Se lleva un par de libros y le

entrega uno a su compañera)

Lali: Pues mira qué buen plan. (Hojeando el libro) Así según la

época en que estemos, iremos leyendo las tretas o argucias del

momento. Pragmáticas seremos. ¿O tal vez pícaras? Ah no Ojilistas u

orejalistas, qué confusión. Eso somos…

(Siguen con un parloteo incansable, títulos de cuentos como si

fueran canciones o preparando sus voces para la actuación haciendo

gorgoritos risueños... hasta que entra un loquero).

Enfermero psiquiátrico: Señoras, ¿me acompañan? Volvemos a

casa.

Malén: Disculpe, caballero, aún no hemos iniciado nuestro

número. La canción... ¡Y el piscolabis que nos lo perdemos!

(Empiezan a cantar a todo trapo Libre de Nino Bravo y el

loquero las agarra del brazo para llevárselas)

Malén Carrillo (Sóller, Mallorca)

http://enredadaenlaspalabras.blogspot.com.es/

31


Ponte Morandi – Marco E. Pelizza (Italia)

https://www.flickr.com/photos/coundown/

32


Bodas de oro

William y Belén quieren celebrar sus cincuenta años de casados

en Italia. Volver a los lugares donde se conocieron cuando, al

terminar la carrera, sus respectivos padres les regalaron un mes de

vacaciones donde más les apeteciera. Por casualidad los dos eligieron

Italia y se encontraron en Tellaro, cerca de Lerici. Él era inglés, alto,

rubio, de ojos azules, muy guapo; ella española, morena con unos

preciosos ojos verdes y un físico espectacular. Al encontrarse en la

playa se miraron y fue el típico flechazo. Pasaron el mes de

vacaciones sin separarse, charlando de todo y gozando del pueblo, del

paisaje, de la cocina italiana… Fueron unos días muy felices, donde

comprendieron que su futuro estaba unido para siempre, y así fue

desde entonces.

Les ilusionaba volver a los paisajes de su juventud y recordar

esos momentos tan dichosos. También el celebrar en el mismo lugar,

todos los años que llevaban juntos y la familia que habían formado.

Tenían dos hijos y cinco nietos que culminaban su felicidad.

Desde Madrid, donde viven, han planeado el viaje cuyo

recorrido comprende Roma, Tellaro, Génova y Cannes. Durante el

viaje, que realizan en tren, les surge un imprevisto. Se despistan y no

se apean en la parada que les corresponde. Se dan cuenta del error

solo cuando el tren vuelve a ponerse en marcha. Tienen que bajar en

La Spezia, bastante lejos de Tellaro, por lo que no tienen más remedio

que quedarse allí a pasar la noche y esperar a la mañana siguiente.

Llevan un día de retraso por lo que deciden no volver a coger el tren y

alquilar un coche.

Al día siguiente se dirigen a Tellar,o donde pretenden

rememorar los días de su juventud cuando se conocieron. Vuelve para

ellos la atmósfera mágica, la playa, el sol, la luna… haciéndoles

33


comprender que sus sentimientos son los mismos de entonces y que

siguen queriéndose como el primer día.

Ya transcurridos los tres días de felicidad en Tellaro y mientras

preparan las maletas para el viaje de vuelta, escuchan en la tele una

noticia que les deja sin palabras: el puente Morandi de Génova se ha

derrumbado mientras varios coches y camiones lo atravesaban. Hay

muchos muertos y la autopista está cortada.

Los dos sintieron un escalofrío, pues ya habían decidido seguir

con el coche de alquiler hasta el final del viaje. El día perdido les

había inutilizado los billetes de tren y no estaban dispuestos a perder

un solo día de los programados. Así que llevaban uno de retraso

respecto a los planes que tenían al iniciarlo.

Ellos deberían estar cruzando Génova, seguramente por el

puente Morandi, regresando a casa. Pero estaban todavía preparando

las maletas, por suerte. Una equivocación les había salvado la vida

posiblemente. Nunca se sabe. Un despiste puede, en ocasiones, tener

pinta de milagro.

María Grazia Scelfo (Roma, Italia) – Septiembre 2018

http://mgscelfo.blogspot.com.es/

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Idilio

Love – Paolo Ferla (Italia) https://www.flickr.com/photos/paoloferla/

Me arrojé de cabeza

a tus turbulentas aguas

y no pude sustraerme

a la belleza secreta

de su inmenso fondo.

Allí contemplé paisajes nuevos,

más vivos,

más fuertes,

más poderosos…

Por eso te quise.

Lu Hoyos (València)

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Fotografía aportada por la autora

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Fe de muerte

La muerte se ha olvidado de nosotros. Se fue a otra casa, con

otra familia, otras costumbres.

Creo que nunca pudo superar nuestra extrema salud, nuestras

ropas blancas sin almidón, las cenas escasas en grasa, los inexistentes

accidentes, los domingos en el parque con esa actividad cardiaca tan

sana.

Dijo que era reversible nuestro latido, que nuestra actividad

cerebral era superior para ella, que nuestras señales eléctricas le

dañaban y nuestros órganos esenciales no le daban sustento.

La echamos de menos, quizá vuelva un día para darnos un

certificado de vida o al menos un testamento en el que nombrarnos.

Mª Belén Mateos Galán (Zaragoza)

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Maidin fuar – Christie Bentley (EUA)

https://www.flickr.com/photos/shesawred/

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Frío

Juan se levantó como un autómata, apenas sintió los rayos de

sol sobre su rostro. Miró unos segundos por la ventana y se

estremeció de frío por la imagen: cielo azul muy claro, con ese

inconfundible tono que parece amable pero que abate con una gelidez

implacable. El suelo estaba mojado y las lunas de los coches lloraban

con lágrimas de escarcha. Apoyó la frente contra el cristal y

permaneció así, observando la calle.

—Juan —le dijo Ana desde la cama.

Él se giró y la contempló. Permanecieron unos segundos

mirándose, sin decir nada, serios los dos y pensativos. Al final Juan se

puso el batín y salió de la habitación. Ana lanzó su zapatilla contra la

ventana, rabiosa.

—¡Maldita seas! —le chilló.

Desde allí, oyó cómo el marido daba vueltas con la cucharilla al

desayuno, con un tintineo metálico que le helaba la sangre. Cogió la

almohada y la aplastó fuerte contra las orejas, para ensordecerse, y

cuando ya no pudo apretar más, las lágrimas de siempre le cayeron

por las mejillas y se las dejaron frías; como frías estaban también las

manos que asomaban por encima del montón de mantas que

pretendían abrigarla.

Un tiempo después se levantó y miró por la ventana. No había

nadie en la calle. Nadie que se atreviera a poner un pie fuera de casa.

El parque estaba en la parte opuesta a la carretera. Ana se arrebujó en

su bata al verlo, más aún que cuando observaba el cielo o el agua

congelada. El césped tenía un color blanquecino y sobre él reposaban

las hojas muertas. Los árboles estaban desnudos, y bajo ellos no había

sombra. Pensó en acudir allí y echarse las hojas encima. Cinco

39


minutos bastarían, nada más. Y al menos tendría un entierro al aire

libre.

Juan apareció y la abrazó por detrás. Ella sintió su aliento

helado en la nuca. Ansió los momentos de calor cuando se veían

desnudos y se tocaban y ardían de pasión. Ya no quedaba nada, solo

aquel maldito frío que lo mataba todo.

—Déjame —le dijo ella.

Pero él no se movió. Siguió detrás, pegado. Y la apretó fuerte.

—Bajémonos, bajémonos —le susurró, casi en un sollozo.

Ana sintió cómo se le detenía el corazón por las palabras. Se giró

y le miró a los ojos, asustada.

Juan la miró, abatido, y asintió con la cabeza.

José David Moncayo (València)

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Ninguna evidencia

Smile – Nikos Koutoulas (Grecia)

https://www.deviantart.com/nickkoutoulas

Aunque no se ha hallado

ninguna evidencia científica

hoy por hoy

nadie lo duda:

la llama del amor

nunca prenderá

sin una sonrisa

Rafa Sastre (València)

http://rafasastre.blogspot.com

41


Fotografía aportada por la autora

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Un mal día

¡Ay madre! ¡Buena la hice! ¡Si es que no se puede ser tan

impulsivo...! Pero la puerta estaba abierta y tanto en mi jaula me

aburría que pensé que no estaría mal salir a dar una vueltecita. Un

paseo rápido, curiosear un poco y antes de la cena otra vez en casa.

Tan contento, todo en su sitio y nadie al tanto de mi travesura. Lo

que no podía imaginar es que el mundo exterior me fuera a cautivar

de esta manera, que fuera tan inmenso y tan divertido. Deslumbrado

me tiene. Y, sí, reconozco que la excursión se me ha ido un poquito

de las manos o de las garras, debería decir mejor. Y es que lo estaba

pasando tan bien que he perdido completamente la noción del tiempo

y el sentido de la orientación. Cosa no tan extraña, por otro lado, si

pensamos que hasta ahora mi mundo se había limitado siempre a la

desangelada carpa donde habito, a feroces entrenadores con

pretensión de gladiadores y a majorettes de sonrisa postiza e

impostados ademanes de corista. Pero ya digo que soy impulsivo y

pensar, lo que se dice pensar, no pienso mucho las cosas, la verdad.

En fin, que cuando me he querido dar cuenta estaba perdido,

hambriento y llorando sin consuelo sobre una acera mi inconsciencia,

detalle éste en particular que me avergüenza terriblemente y del que

no sé si mi orgullo herido se repondrá alguna vez pero que, si vamos a

ser sinceros, debo reconocer sin paliativos. Para colmo de infortunios

cuando, al oír la sirena de ese camión de bomberos detenido ahora

frente a mí, he logrado levantar la mirada del suelo lo que he

entrevisto a través de dos gruesos lagrimones me ha espantado de tal

modo que todas las mechas de mi magnífica melena de león han

comenzado a temblar descontroladas porque tampoco es que yo sea

muy intuitivo y hasta es posible que a estas alturas ya me esté

volviendo, quizás, algo paranoico pero tengo la impresión de que toda

esta gente que ha comenzado a rodearme muy buenas intenciones no

tiene...

Marta Navarro Calleja (València)

https://cuentosvagabundos.blogspot.com.es/

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Fotografía de la autora

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El amor viaja en tirolina

Santiago tenía miedo a las alturas. Con su pierna operada y su

prótesis de cadera, jamás se le habría ocurrido subirse ni a una

escalera.

Laura era una mujer de riesgo. Le gustaba la aventura y pasar el

mayor tiempo posible entre árboles, rocas y ríos.

Eran diferentes, pero estaban destinados a enamorarse.

La guía del viaje propuso subir a las tirolinas. El plan consistía

en realizar un circuito en el que, equipados con unos arneses y un

casco, los turistas, aprendían a usar las poleas y se lanzaban a través

de la espesura del bosque, como si fueran Tarzán de los monos,

lanzando gritos huracanados.

Mientras todos se preparaban y empezaban a ascender, Santiago

estaba sentado tranquilamente leyendo una novela de amor cortés. Le

encantaban las historias medievales. A él jamás se le ocurriría subirse

a un artefacto como ese.

Hasta que levantó la vista del libro y la vio.

Laura reía emocionada cada vez que alcanzaba la copa de un

árbol y gritaba sin vergüenza cuando se deslizaba a toda velocidad

por las tirolinas más altas del circuito.

La vista de Santiago se nublaba de tanto mirar hacia arriba y

soportar los rayos del sol que atravesaban las hojas de los árboles y se

clavaban en sus ojos.

Se levantó con decisión. Cojeando se acercó a la guía y le pidió

que le consiguiera uno de esos arneses del demonio y que buscara a

alguien que le pudiera dar un cursillo acelerado de escalada. Tenía

que lograrlo. Era necesario subir porque era imprescindible conocerla.

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Un joven de pocas palabras y menos sonrisas le enseñó a utilizar

todas aquellas cuerdas, mosquetones y poleas.

Colocó cuidadosamente en el suelo el arnés para que Santiago

pudiera introducir un pie en cada hueco. Con toda la pericia de la que

fue capaz, sujetándose en el hombro del chico para no caerse, se

colocó como pudo, con tan mala suerte que una de las cuerdas quedó

ligeramente enganchada al bajo del pantalón. Cuando el monitor tiró

del arnés hacia arriba para ajustarlo a la cintura, la pernera del

chándal subió al mismo tiempo, la pierna operada quedó suspendida

en el aire y el lastimoso juego de cadera de Santiago se resintió dando

como resultado una caída del cuerpo hacia atrás y una elevación de

ambos pies hacia arriba. Parecía un escarabajo que gira desesperado

sobre su caparazón.

Ante la mirada atónita del monitor y las carcajadas de los niños

que esperaban en cola su turno, el pobre Santiago se levantó

renqueante y dolorido pero dispuesto a soportar todas las

humillaciones con tal de conseguir llegar hasta la mujer de la tirolina.

El tronco parecía no tener fin. Una escalera inestable le iba a

conducir hasta esa risa que lo había encandilado. Tras una dura lucha

con sus mosquetones, logró asegurarse y comenzar el ascenso. Una

vez arriba no podía creer que hubiera sido capaz de hacerlo, pero allí

estaba él, mirando hacia abajo con una mano en la cadera y una gran

sonrisa de orgullo en su cara. Esa satisfacción desapareció cuando

descubrió que ante él una tupida red de trampas mortales, lo

separaban de la mujer de sus sueños. Troncos que se movían y

giraban sin control, una soga sobre la cual había que hacer equilibrios

ayudado solo por una cuerda, un túnel de madera por el cual había

que pasar arrodillado. Y finalmente, la maldita tirolina. Ese columpio

gigante que te trasladaba de un árbol a otro gracias a un cable, una

polea y un impulso.

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Ni en sus peores pesadillas se hubiera imaginado Santiago

metido en semejante lío.

De pronto oyó una carcajada y unos brazos que se agitaban

desde el final del circuito y lo animaban a lanzarse y descubrió,

alucinado, que la mujer más guapa del mundo estaba incitándole a

pasar.

Con pasos temblorosos y balanceo desacompasado superó la

trampa de los troncos; cruzando los pies con cuidado, sujetado a su

arnés como si fuera su tabla de salvación, consiguió atravesar la

cuerda mortal del equilibrio; arrastrándose como una cucaracha, llegó

al final del condenado túnel de madera. Y allí estaba, por fin, la

tirolina del infierno. Preparada para que él se colgara como un

chimpancé y se impulsara hasta el otro lado.

Sudando la gota gorda, con los músculos en tensión y las piernas

temblorosas, preparó todo el material tal y como le habían enseñado

hacía apenas unos minutos. Pero Santiago no tenía valor de

impulsarse. Esa decisión, el dejarse llevar, el confiar en que va a ir

bien, en que no va a caer, en que va a lograr su objetivo, no terminaba

de llegar.

La voz de Laura sonó cantarina, como el agua de un río.

—Holaaaaaa. Soy Lauraaaa, ¿cómo te llamas?

—Santiago

—Vamos Santiagoooo, lánzateeeee. Te estoy esperandooooo. Te

ayudo cuando llegues.

Ahí estaba el impulso que necesitaba. No hizo falta más.

Santiago voló entre los árboles y lanzó un grito que se oyó en todo el

parque.

—¡Mámáaaaaaa!

Las risas de Laura lo envolvieron cuando llegó a su destino. Sus

manos fuertes y ágiles lo ayudaron a desatarse de la tirolina y a bajar

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las escaleras de la última de las pruebas que había tenido que pasar.

Descendieron uno detrás de otro. Cuando llegaron abajo y se alejaron

un poco del árbol para no molestar, Santiago notó que Laura cojeaba.

La observó desde detrás, con una sonrisa en los labios. Ella

debió percibir su mirada porque se dio la vuelta y lo animó a seguirla.

Tras años de leer novelas en las que el valiente caballero partía a

enfrentarse a los desafíos más duros para lograr salvar a la dama,

Santiago estaba viviendo su propia aventura, con la particularidad de

que había sido Laura la que lo había salvado a él.

Con su gran sonrisa y su naturalidad, lo condujo de la mano

hasta el final del cuento.

Y fueron felices para siempre.

Aurora Rapún Mombiela (València)

https://lahistoriaestaentumente.wordpress.com/

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La dona vigilant

Fear – Dominika (Polonia) https://www.deviantart.com/dandelion-sound

La dona vigilant

L’angoixa al cor

L’ impotència justificada

L’ ajuda denegada

La por als ulls

La paraula furtada

La vida arrossegada

La gola trencada

La mort assegurada

La dona amortallada

La dona soterrada

Marisa Martínez Arce (València)

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Foto encontrada en la red – Autor desconocido

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La costa mediterránea

El azul del mar inundaba la atmósfera esa mañana de agosto. En

el horizonte, algún velero blanco. La calma absoluta reinaba en el

entorno. Unas gaviotas, con vuelos descendentes, surcaban el otro

azul el del cielo, un poco más luminoso e igualmente hermoso.

—¿Te parece una ensaladilla rusa para empezar?

—Está bien, si te apetece… pero yo prefiero unas bravas.

—Niños, un poco de tranquilidad. Primero a lavaros las manos.

Parece que os hayáis traído toda la arena de la playa.

—¿Me das el menú del día? ¿Todos llevan arroces?

—Pues resulta que mi suegra está empeñada en venir este fin de

semana y aunque le hemos dicho que el apartamento es pequeño,

seguro que se nos presenta con sombrilla incluida.

—Oye, ¿cómo llevas el tema de las preferentes? Un amigo del

trabajo ya ha conseguido que le paguen. Ese bufet es una pasada. Yo

de ti, lo intentaba con ese colectivo. Parece que funciona.

—Te he dicho que los calamares son para compartir. No te

llenes tú el plato que son para todos.

—Oye, ¿te has fijado en la guiri esa del biquini negro que acaba

de sentarse en aquella mesa? Más pequeño imposible.

—Yo querrer paella y sangría. La paella con muchas gambas

please!

—¡Niña, deja ya el telefonito y come. ¡Que así te estás quedando

de canija!

Poco a poco la terraza del restaurante se llena de gente. Muchos

con los bañadores todavía mojados. Otros, con sus cuerpos decorados

con los más variados tatuajes y luciendo músculos de gimnasio diario.

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Sin camiseta, por supuesto. La mayoría apura el día fuera del

minúsculo apartamento donde se han metido más de los que caben.

Pero total, para dormir un rato en la noche, suficiente.

Son retazos de las felices vacaciones que, con cuarenta grados a

la sombra, se disfrutan en esta maravillosa costa mediterránea.

Paco y María, con más de sesenta años, llegaron pronto a comer

para elegir una mesa alejada de la playa y así, evitar el bullicio.

Desde allí, además, había una fabulosa panorámica. Hartos ya de oír

tanto griterío, decidieron marcharse. Era el primer verano que, —

persuadidos por la insistencia de la televisión—, se «regalaban» unos

días diferentes, para disfrutar del mar y de la maravillosa costa

paradisíaca. Habían roto su rutina en la meseta castellana para

comprobarlo por ellos mismos. Nunca antes habían visto el mar

El azul seguía allí; compitiendo con un sol abrasador.

María Luisa Pérez Rodríguez (València)

http://marialuisaperezr.blogspot.com.es/

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Un cuento de armas tomar

Fotografía de autor desconocido extraída de la web

http://blogs.deia.eus/bilbainhitos/

—¡No me valen componendas, excusas ni medias tintas! ¡No

quiero tibios ni mediocres a mis flancos! ─El capitán los miraba con

fiereza mientras les arengaba. Nadie movía un musculo ni pestañeaba

durante la intervención del superior. Pobre de quien─ ¡La bandera es

nuestro principio y nuestro fin! ¡Solo tenemos una patria, vivimos

para ella y morimos por ella!... ¿No es así, negrito? ─El militar señaló

con el dedo a Belarmino Sánchez, soldado de primera que estaba

sentado en la segunda fila. Belarmino llevaba ya 4 años en el ejército.

Colombiano, nacido en Nariño (un «pastuso», a decir de sus

paisanos), llegó a España en busca de trabajo y una vida mejor, a la

vez que huyendo de los paramilitares de las FARC.

Las paradojas de la vida hicieron que, después de dos años

dando tumbos de aquí para allá, como «esclavo» temporero en

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diferentes tareas agrícolas, con jornadas de 16 o 18 horas, mal

alimentado y peor pagado, terminara presentándose a un

requerimiento del Ministerio de Defensa que solicitaba soldados

voluntarios para cualquiera de sus tres ejércitos.

— No te oigo, negrito ─Insistió el mando.

─Sí, señor. Mi patria, mi bandera ─El muchacho se incorporó

en posición de «firmes» para responder. Su piel pasó de ser negra

como el azabache a una tonalidad gris, ceniza de cigarrillo, en

décimas de segundo. Todos sus órganos temblaron dentro de su

cuerpo, pero no iba a permitir que el militar lo notara. Se mantuvo

firme

─¡Soy novio de la muerte, señor!

─¡Bien! ─El capitán Asensio, que así se hacía conocer en el

acuartelamiento Ignacio Asensio Ciencaños, desvió la atención del

joven y siguió con su discurso. Un gesto con la mano derecha indicó a

Belarmino que podía sentarse

─Mañana será uno de los días más importantes de vuestras

miserables vidas. Mañana entraremos en combate y ya no habrá

marcha atrás. Mañana vosotros seréis héroes y devolveréis la gloria a

nuestra patria: España ─Volvió a dirigir la mirada hacia el

colombiano─ ¿Alguna pregunta? ─Nadie abrió la boca─ ¡Bien!

Preparen el equipo y traten de descansar un poco. La diana será a las

4:15, hora peninsular. ¡Rompan filas!

Eran las 5 en punto de la madrugada cuando 6 helicópteros,

repletos de soldados armados hasta las muelas, y equipados con la

más moderna tecnología en cuanto a visión nocturna y protección

personal, despegaban de la base militar de Rabasa, en Alicante.

Apenas dos horas más tarde, cuatro de esos seis aparatos llegaban a

su destino. Los otros dos, por causas todavía hoy desconocidas, o por

la incompatibilidad entre el exceso de tecnología y la exigua

preparación, o la precipitada planificación, aterrizaban en medio de

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un trigal, entre Morón de la Frontera y Montellano, provincia de

Sevilla.

Belarmino Sánchez saltó el primero. Con un ágil movimiento

dejó atrás el helicóptero. Su primera acción, nada más pisar tierra, fue

quitarse de un manotazo las gafas de visión nocturna. Comenzaba a

amanecer y los primeros rayos de sol casi le ciegan. Era él el custodio

de la bandera. En un bolsillo de su chaleco la llevaba, bien doblada.

La española, porque la colombiana la tenía tatuada en el pecho, junto

a su corazón, donde él sabía que debía estar.

Después de 5 larguísimos minutos arrastrándose por el pedregal

para no ser vistos por el enemigo, divisaron el objetivo. Se hicieron

señas en silencio y tomaron posiciones rodeándolo.

El mando directo dio la orden de atacar.

Como un enjambre de abejas, enfurecidas ante quien perturba la

tranquilidad del panal, así se abalanzaron sobre la «tienda de

campaña»…

Media docena de soldados marroquíes, en paños menores,

salieron asustados. Los rodeaban dos dotaciones de Boinas Verdes

que les gritaban al unísono:

—¡Rendíos, Perejil es nuestro!

El soldado colombiano, negro como una noche sin luna, se

acercó al mástil que estaba plantado delante de la tienda. Arrió la

bandera de Marruecos e izó, con sumo cuidado, la española.

El día 17 de Julio de 2002, un centenar de militares, del ejército

español, reconquistaron «heroicamente» el islote (peñascal) de Perejil,

arrebatándoselo a seis soldados «moros» uniformados con calzoncillos

blancos, que estaban de acampada.

España volvía a ser gloriosa.

Reka Refojos (Vigo, Ponevedra)

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Ilustración de Ina Staminirova (Barcelona) http://inastanimirova.com/

Aportada por la autora

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Agua y montaña

Ahí, en ese lugar escondido

de vegetación abundante

juro que escuché viajar un sonido

tal vez fueron nuestros suspiros, chocolate,

allí, entre agua y montaña

el viento helaba mis sentidos

por eso yo escribía con tus palabras

y tú pintabas con mis latidos

justo me besas…

con tu elegancia y tu misterio

entonces te beso de vuelta,

con mi impaciencia y mi son sureño.

Silencio, regreso a la normalidad

acá, alimentando desconcertados

los olores y el huracán

que nos revolvieron los labios.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

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Writer – Rui-Ricardo (Portugal) https://www.deviantart.com/rui-ricardo

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Opera prima

Cuando miro a mi alrededor, me pregunto qué hago yo en este

cuchitril, en el que tengo que andar de puntillas haciendo equilibrios

para no pisar los juguetes de mi hija, donde no hago más que medir y

remedir su habitación para ver si consigo meter un escritorio o por lo

menos una pequeña mesa en la que pueda estudiar, pero la cinta

métrica me indica una y otra vez que el espacio no da más de sí.

Donde, cuando abro un armario para meter la ropa recién planchada,

me tengo que pelear con la indumentaria ya colocada y que se niega a

hacer sitio a sus congéneres. En donde la angosta nevera, traída de no

sé qué lugar por sus anormales dimensiones, pronto queda abarrotada

de víveres que ni siquiera serán suficientes para alimentar una semana

a tres personas, y en la que tengo que bucear para encontrar la

mantequilla o la mostaza, dándome de bruces con la salsa de tomate

que había estado dos días buscando.

Y entonces lo veo a él, al escritor en ciernes que lleva años

revisando y perfeccionando su ópera prima, demorando una y otra

vez las idas y venidas a distintos editores, la búsqueda de un agente

literario o la autoedición de esa genial novela que nos sacará de este

tugurio, y, en ese momento, observando detenidamente su rostro, es

cuando encuentro respuesta a mi interrogante, al ver la palabra

«fracaso» escrita en su frente.

Inma Sastre (L´Eliana, València)

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Foto de perfil de la autora en Facebook

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Impertinencia

Un ruido difuso,

el eco de un estruendo

que se va deshaciendo poco a poco.

Viene hacia mí,

me sobresalta

y descompone el sueño

en ínfimos pedazos.

La oscuridad aterra

y las paredes crujen

como si abrieran grietas en el tiempo.

Retumban doloridos los cristales,

el terror me asfixia...

Sentada en el colchón, petrificada,

me pregunto en silencio:

qué mal has hecho hoy

niña de la coleta tiesa

en qué rincón has olvidado

el mínimo pudor, la sensatez

de persona en equilibrio pleno.

Mal hechos los deberes,

demasiados tachones en el folio

faltas de ortografía

completa digresión de las ideas,

heredera del caos

no hay orden ni concierto en tus palabras

ni la hay en los hechos.

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Y la voz se repite. Me persigue

siempre inmisericorde

como punzón al rojo vivo

hundiéndose en mi vientre.

Reiterada sentencia de togado

que ha encorvado la espalda

de una mujer que quiso

ejercer su derecho a ser rebelde.

Poema premiado por Amics de la Nau Gran (Universitat de València)

Isabel Sifre Puig (València)

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La abuela

Fotografía aportada por el autor

La familia Andrés subió al camión. Papá y mamá, delante. La

abuela con los niños, en la litera. Hicieron el viaje de noche. Entonces

no había aire acondicionado y aquel verano se presentaba, como

todos, achicharrante en la ciudad y tórrido en el pueblo, pero que se

pasaba mejor.

Llegaron a las tres de la mañana. Los niños pasaron

directamente a las frescas camas. Papá y mamá descansaron un rato

mientras la abuela recogía las cosas.

A las siete, papá se levantó, se lavó y se puso en marcha. El resto

de familia pasaría todo el verano allí, fresquitos, y él iría cuando

pudiera. A lo mejor, incluso podía pasar algunos días con ellos.

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Consiguió llegar a tiempo para las fiestas. Encontró a los

chavales muy morenos, llenos de raspaduras y alguna que otra costra

de caerse de la bicicleta. Pasaron unas fiestas fenomenales y a

primeros de septiembre estaban de vuelta en el piso. Preparados para

ir al colegio, que por aquel entonces era a finales de septiembre.

Poco después de Todos los Santos, la abuela se puso mala. Muy

mala. Tan mala que murió el día cinco. La familia Andrés estaba

abatida. La abuela no quería ser enterrada en la ciudad. Ella quería

estar con su Ambrosio, muerto hacía dos lustros. Aunque pagó diez

veces el entierro, no le cubría el traslado.

Se les ocurrió una solución sencilla: metieron a la abuela muerta

en el mismo colchón en el que expiró y, otra vez de noche volvieron

al pueblo. El camión era un Pegaso de morro chato, con el cambio de

marchas de palanca sobre el motor. En la cabina hacía bastante calor.

El colchón iba sobre la vaca. Más fresco. Atado y bien atado. Después

del puerto de El Ragudo pararon en Barracas. Necesitaban reponer

fuerzas y descansar un rato.

Cuando salieron la mujer se llevó las manos a boca y exclamó

un «¡No!» rotundo: el colchón había desaparecido y las cuerdas

estaban tiradas en el suelo.

Manuel Serrano (València)

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La histeria de un PhD

Ilustración aportada por la autora

Quema dentro de mí

La cafeína

El nerviosismo

Del papel en blanco

De la investigación en sus primeros pasos

Me siento como un bebé

Sin saber realmente que hago

Pero aquí estoy

Dándole al teclado

Histérica pérdida

En la biblioteca

En la cafetería

En casa

En el autobús

En el trabajo

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Todo lugar es adecuado para leer

Contrarrestar datos

Escribir en trance

Como poseída

Escuchando Radio3

YouTube

Viendo 101 documentales

Y perdiendo el tiempo en Facebook y WhatsApp

No querer convertirme en una marioneta académica

Mientras vaticino resultados imposibles dada la precariedad

establecida

Objetivos imposibles

O grandilocuentes

Pero metas que me hacen sonreír

Mientras mis bolsillos sangran

Y el nerviosismo se apodera de mí

Una y otra vez

Frente a la jodida hoja en blanco.

Esther Moreno Morillas (València)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

https://feminismosmasturbatorios.wordpress.com/

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Cuenta atrás

Fotografía aportada por la autora

Tenía las horas contadas. Lo descubrió al despertar cuando la

llamó y le respondió el silencio. Desde ese momento tuvo la certeza

que había comenzado su cuenta atrás.

Inmóvil, acurrucado en posición fetal, dejó de alimentarse y

abandonó su higiene. Se quedó tan solo... Perdió la noción del

tiempo, del día y de la noche. La oscuridad apagó su luz y

enmudecieron sus palabras al no tener con quién compartirlas.

Abatido, permaneció sobre la cama, cerró los ojos y lágrimas de

amor inundaron su rostro. La abrazó sin miedo. Cuando lo envolvió

el frío de su cuerpo se dejó llevar…

Pilar Alejos Martínez (Quart de Poblet, València)

https://versosaflordepiel.blogspot.com.es/

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Superwoman – Marcelo Di Chiara (Brasil)

https://www.deviantart.com/dichiara

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Vera Vitae

Tras un par de minutos dudando, carraspeó en el quicio de la

puerta para anunciar su llegada. Un viejo perro, tumbado en una

esquina del salón, levantó la cabeza con desgana, le echó un vistazo

rápido y se volvió a acurrucar decidiendo que no era una amenaza. O

que no merecía la pena el esfuerzo.

—Pasa —ordenó una voz somnolienta que no supo de dónde

provenía.

Dudó una vez más, intentando decidir si en realidad debía entrar

o darse la vuelta y solicitar un nuevo tutor. Le habían advertido que

Vera Vitae era un tanto excéntrica, pero no estaba preparada para

aquello.

Desde que Anne Marie era pequeña, siempre había admirado a

Vera Vitae y, cuando tuvo la oportunidad de elegirla como tutora, no

tuvo ninguna duda en solicitarla a pesar de las advertencias de los

demás.

Una mano huesuda, cargada de anillos, asomó por el respaldo

del sofá y Anne Marie se acercó despacio.

—¿Sabes que tienes la puerta abierta? —preguntó con cautela.

Vera suspiró de forma dramática

—¿Y qué crees que va a pasar por ello, niña?

Anne Marie abrió la boca para decir algo, pero se arrepintió al

instante. No era la forma con la que pretendía empezar esa relación.

—Me llamo Anne Marie Von Olster y me han asignado a usted

para las prácticas.

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—Menuda birria de nombre, ¿Ha sido idea tuya? —replicó

mientras bostezaba—. Si realmente te quieres dedicar a esto, tendrás

que cambiártelo.

Suspiró, decepcionada, y no tuvo valor para decirle que ese era

su nombre real, el que le habían puesto sus padres.

—Dime, niña, ¿cuál es tu don?

—La fuerza y la velocidad.

—Todos tenéis fuerza y velocidad. ¿Algo que te diferencie del

resto de pseudo-héroes que están deseando ponerse unas mallas y

salvar el mundo?

Negó con la cabeza, al borde de las lágrimas. Había imaginado

aquel encuentro cientos de veces. Se había imaginado tomando el té

en tazas desportilladas por el uso, en una bonita casa con flores

frescas en la encimera. Ella sería una anciana dulce y amable, que la

trataría como la hija que nunca tuvo y que le enseñaría todo lo que

tenía que saber para llegar a ser tan grande como ella. Pero no.

Vera Vitae había sido la mejor en su época, pero de aquello ya

hacía casi tres décadas. Por aquel entonces, apenas había gente con

capacidades especiales y, los pocos que las tenían, no las sabían

utilizar. Ella no solo tenía las capacidades físicas necesarias, como la

fuerza y la velocidad extremas, sino que además podía volar. A día de

hoy, a pesar de que la gente con habilidades excepcionales ya eran

comunes, ese sigue siendo un don que pocos poseían. Pero en aquella

época, ella era única.

Lo que en realidad había convertido a Vera Vitae en una leyenda

fue que había sido la primera en utilizar aquellas habilidades para el

bien común. Hacía demasiados años que aquella ciudad se había

sumido en el caos y la destrucción, pero desde que ella comenzó a

colaborar con las autoridades, el porcentaje de delincuencia había

caído en picado. Durante años, la ciudad estuvo en deuda con ella.

Gracias a aquella época, la mayoría de los que tenían dones especiales

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decidieron comenzar a utilizarlos para el beneficio de todos. Por todo

el mundo se comenzaron a crear academias en las que enseñaban a

gestionar y utilizar esos dones, así como ética y leyes. Se podría decir

que Vera Vitae había sido la madre de la sociedad actual.

Pero aquello, a pesar de ser un gran avance para la humanidad,

había acabado con su carrera profesional. Los héroes comenzaron a

proliferar, mucho más jóvenes, más fuertes y más ágiles, y ella se

había quedado desfasada. Desde la Universidad la mantuvieron en el

programa de tutorías, pero su carácter había acabado por alejar a todo

el mundo y todos evitaban acabar con ella.

Anne Marie miraba a aquella mujer, extremadamente delgada y

tumbada en el sofá de forma lánguida, y no podía creer que se tratase

de la misma persona que había admirado desde niña. Respiró hondo,

intentando hacerse fuerte sin conseguirlo. Una lágrima rodó por su

mejilla sin que pudiera evitarlo. Decidió hacer caso al rector y

solicitar el cambio de tutor. Se encaminó hacia la puerta, arrastrando

los pies decepcionada.

—Vete, super-heroína, abandona al primer obstáculo —rió Vera

de forma ácida.

Anne Marie sintió que la tristeza se convertía en una ira que le

ardía desde las entrañas. Supo que tenía que alejarse de aquella casa

llena de basura antes de que las llamas que comenzarían a brotar de

su cuerpo lo redujesen todo a cenizas. Ya comenzaba a arder con

fuego azulado cuando salía por el quicio de la puerta.

—¡Quieta! —gritó Vera.

Se quedó paralizada, sin mover ni un solo músculo mientras la

llamarada se arremolinaba sobre su cuerpo, por miedo a quemar algo

importante o peligroso. No sería la primera vez. Vera Vitae se levantó

con una agilidad que un instante antes no parecía poseer y se colocó

frente a ella. Sujetó la cara de Anne Marie con ambas manos, sin que

le importarse quemarse la piel ni que se le fundieran los anillos.

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—Parece que sí tenemos algo con lo que trabajar —dijo de forma

solemne.

Anne Marie no olvidaría la sonrisa que Vera Vitae le dedicó en

ese instante. Esa sonrisa cómplice y con un atisbo de orgullo que la

torturaría, noche tras noche, después de haber tenido que matarla dos

años más tarde.

Isabel Pedrero (León)

@M. H. Heels

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Adiós

Cabra de la Legión – Gonzalo Fernández

https://www.flickr.com/photos/gonlor/

Adiós. No aguanto un minuto más obedeciendo órdenes,

desfilando al son que tocan otros, y escuchando a tipos sudorosos que

ríen mientras comen y beben junto a mí y solo de vez en cuando, me

dan las migajas.

Estoy harta de que me acaricien cuando les da la gana sin poder

siquiera responder, porque aunque lo hiciera nunca me entenderían.

Me largo.

He decidido aceptar la invitación de mi prima, que está todo el

día bailando al son de un organillo y viajando de un lugar a otro.

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Por fin dejaré de escuchar lo del dichoso novio de la muerte.

Que nadie me busque. Me marcho de la Legión para unirme a

una tribu de gitanos. Y aunque digan que estoy como una cabra, no

me ofendo. Al fin al cabo, es lo que soy.

Susana Gisbert Grifo (València)

http://conmitogaymistacones.com/

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III Concurso de microrrelatos

La Radio en Colectivo/Valencia Escribe

El programa La Radio En Colectivo, de Mislata Radio, con la

colaboración de Valencia Escribe, y el fin de fomentar la creatividad

literaria y difundir el género del microrrelato, convocan el III Concurso

de Microrrelatos.

La presentación a este certamen implica la aceptación de las siguientes

bases:

1. El concurso se desarrollará desde mayo de 2018 hasta abril del

2019. Cada mes se seleccionará un microrrelato ganador y entre todos

los ganadores mensuales se escogerá el ganador del premio final. Se

podrán enviar solo dos microrrelatos por persona al mes.

Los participantes deberán tener los 14 años cumplidos.

2. El microrrelato debe ser original e inédito (por inédito se entiende

que no haya ganado ningún premio ni se haya difundido en ningún

medio), escrito en castellano, y que no exceda las 150 palabras, título

incluido. La temática será libre.

3. Las obras se enviarán por correo electrónico, con el asunto «III

Concurso de Microrrelatos La Radio en Colectivo», a la siguiente

dirección: valenciaescribe@hotmail.com

El texto, que debe llevar título, debe incluirse en el cuerpo del mensaje

(no como un documento adjunto) y al final deben constar los datos

personales (nombre y apellidos, dirección postal, localidad y un

teléfono de contacto).

Se podrán firmar las obras con pseudónimo sin menoscabo de la

inclusión de los datos personales para el conocimiento de estos por la

organización del concurso.

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Los microrrelatos se pueden presentar a cada convocatoria mensual

desde el día 1 desde las 00.00h hasta el día 28, 30 o 31 (según el mes)

a las 23.59h, en GTM+1.

4. Los textos ganadores mensuales se publicarán en las páginas de

Facebook: La Radio en Colectivo, y Valencia Escribe. Por este motivo

La Radio En Colectivo se reserva el derecho de reproducción y

difusión de todos los microrrelatos enviados, incluso los no seleccionados.

5. El jurado que seleccionará los microrrelatos finalistas de cada

convocatoria mensual estará formado por el equipo de La Radio En

Colectivo y de Valencia Escribe, pudiendo incluir en sucesivas convocatorias

a nuevos miembros del jurado.

El veredicto de cada mes se hará público un jueves (no festivo) del

mes siguiente a cada convocatoria mensual en las páginas de

Facebook La Radio en Colectivo y Valencia Escribe, y se leerá en el

programa de radio.

El veredicto final se hará público el último jueves de mayo de 2019

en las mencionadas páginas de Facebook y en la emisión de esa

semana del programa de radio.

Los autores ganadores y finalistas deberán estar dispuestos a darse a

conocer públicamente.

6. Los finalistas de cada mes optarán a un diploma y, además, está

prevista una sorpresa final para el ganador.

7. El jurado puede declarar desierto el premio mensual, así como el

final, si considera que ninguna de las obras presentadas tienen

suficiente calidad para ser publicadas.

8. La Radio En Colectivo se reserva la posibilidad de modificar las

bases del concurso por causas justificadas.

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Nuestros libros

Todos los títulos disponibles en Amazon, tanto en papel

como en ebook, algunos de ellos a precios de risa

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Números anteriores de Valencia Escribe

Número 36 (Noviembre 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59501837/ve-36-noviembre-2017

Número 37 (Diciembre 2017)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59579031/ve-37-diciembre-2017

Número 38 (Enero 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59669075/ve-38-enero-2018

Número 39 (Febrero 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59811171/ve-39-febrero-2018

Número 40 (Marzo 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59875642/ve-40-marzo-2018

Número 41 (Abril 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/59937467/ve-41-abril-2018

Número 42 (Mayo 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/60097984/ve-42-mayo-2018

Número 43 (Junio 2018)

https://www.yumpu.com/es/document/view/60349400/ve-43-junio-2018

NOTA: Enlaces de descarga en el interior de cada revista

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Palabras en la basura

Alberto Basterrechea, Neorrabioso

http://neorrabioso.blogspot.com.es/

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Valencia Escribe en las redes

Os recordamos que en nuestro muro de Facebook Valencia

Escribe, además de otras cosas, seguimos colgando convocatorias de

concursos literarios que os podrían interesar

https://www.facebook.com/pages/Valencia-Escribe/134450789952020

Si tienes un blog y quieres hacernos partícipes de su existencia o

mantenernos al tanto de las entradas que publiques, no olvides que

también tenemos el grupo Valencia Escribe Blogs

https://www.facebook.com/groups/1571068066474683/

Para los aficionados al Haiku, también tenemos un espacio, que

para ser originales nos dio por bautizar como Valencia Escribe

Haiku. Podéis dejar allí vuestros poemas pero intentad cumplir las

reglas…

https://www.facebook.com/Valencia-Escribe-Haiku-746524675464504/

¿Queréis compartir o ser informados sobre los eventos culturales

más interesantes a celebrar en Valencia y alrededores? Exposiciones,

conferencias, presentaciones de libros, talleres, teatro, conciertos…

todo eso y más en Agenda Cultural VE

https://www.facebook.com/Agenda-Cultural-Valencia-Escribe-

1806573156332152/

Valencia Escribe (y mucho) es un grupo creado para compartir

vuestros poemas, microrrelatos y entradas de cualesquiera blogs

literarios mantenidos por los amigos que integran esta familia que

cada vez se hace más y más y más grande.

https://www.facebook.com/groups/393565884345726/

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¿Te gusta leer? ¿Te apetecería comentar con nosotros tus

lecturas? ¿Dar/pedir opiniones o recomendaciones sobre libros,

decirnos lo que estás leyendo, vas a leer o desearías leer? ¿Compartir

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La foto de Miguel

Elevador de Santa Justa, Lisboa - Miguel García Rodríguez (València)

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