La Sirena Varada: Año II, Número 12
El duodécimo número de "La Sirena Varada: Revista literaria"
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· NOIR · CIENCIA FICCIÓN · TERROR ·<br />
<strong>La</strong> sirena varada<br />
R E V I S T A L I T E R A R I A<br />
es una publicación de<br />
EDITORIAL DREAMERS<br />
libros digitales, gratuitos y legales<br />
LA SIRENA VARADA: REVISTA LITERARIA BIMESTRAL<br />
<strong>Año</strong> 2, N° <strong>12</strong>, octubre 2018 es una publicación mensual<br />
editada por Digital Robotic Entity Assembled for Masterful<br />
Editing and Rational Sabotage S.A.S. de C. V.:<br />
Tlalnepantla de Baz, C.P. 54170, Estado de México, México.<br />
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Director y editor responsable: José Luis Vázquez<br />
Ilustración de portada: Christian<br />
Ilustraciones: The British Library’s collections<br />
Imágenes adicionales: Jessicatena, Roberto<br />
Robles y Walkirya8899<br />
<strong>La</strong>s opiniones expresadas por los autores no necesariamente<br />
reflejan la postura del editor, sin embargo, la<br />
editorial respalda todas las opiniones al aceptar su aparición<br />
en esta revista.<br />
Queda estrictamente prohibida la reproducción total o<br />
parcial de los contenidos e imágenes de la publicación<br />
sin previa autorización de Digital Robotic Entity<br />
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S.A.S. de C. V. o los respectivos autores.<br />
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FOR MASTERFUL EDITING AND<br />
RATIONAL SABOTAGE S.A.S. DE C.V.<br />
todos los derechos reservados<br />
SOBRE<br />
ESTE<br />
NÚMERO<br />
En México, octubre es un mes que<br />
normalmente dedicamos a prepararnos<br />
para la llegada de nuestros<br />
muertos... y también para comenzar a<br />
planear las posadas, la cena de navidad<br />
y la fiesta de año nuevo. Pero lo<br />
que nos importa más en estos momentos<br />
es recordar a nuestros muertos.<br />
Y es que, fuera del cliché de las películas,<br />
los mexicanos realmente le dedicamos<br />
mucho tiempo a honrar la memoria<br />
de aquellos que se nos han adelantado;<br />
pero para nosotros no es algo triste, ¡es<br />
todo lo contrario! Se podría pensar que<br />
la muerte no es el final para nosotros los<br />
mexicanos, y puedo asegurar que ese<br />
pensamiento está fuertemente influenciado<br />
por la constante presencia del catolicismo<br />
en nuestra sociedad, además<br />
de nuestra herencia azteca, maya, y la<br />
de todos los pueblos mesoamericanos<br />
que antes habitaban la región.<br />
Al igual que todas las demás fiestas<br />
de nuestro calendario, el día de muertos<br />
lo celebramos como mejor sabemos<br />
hacerlo: tragando y chupando.<br />
<strong>La</strong> comida nunca va a faltar en una<br />
celebración mexicana, aunque en este<br />
caso es en un altar; calabaza y camote<br />
en dulce, guajolote con mole, arroz de<br />
todo tipo de colores, frutas al por mayor,<br />
cigarros, tequila, cerveza, dulces<br />
para los más pequeños... realmente no<br />
escatimamos a la hora de hacer sentir<br />
a nuestros seres queridos en casa.
Aunque, personalmente, creo que<br />
esa razón de tanta celebración no es<br />
por el afan de recordar, sino porque tenemos<br />
miedo. Tenemos miedo de que<br />
el día menos pensado algo nos pase, o<br />
le pase a alguno de nuestros seres queridos;<br />
en general, los mexicanos somos<br />
personas supersticiosas, aunque nosotros<br />
no queramos aceptarlo.<br />
Y es precisamente ese miedo el que<br />
nos lleva a tomarnos las cosas con<br />
humor, pero sin restarle seriedad; nos<br />
lleva a querer olvidarnos de que algún<br />
día nos puede pasar; nos lleva a aceptar<br />
que, como se dice por todos lados,<br />
acuérdate de que polvo eres y que al<br />
polvo volverás.<br />
Al punto al que quiero llegar con todo<br />
esto es que, a pesar de todos nuestros<br />
miedos y de que no sabemos que será<br />
de nosotros ni siquiera durante la siguiente<br />
hora de nuestras vidas, tenemos<br />
que seguir adelante y hacer las cosas<br />
aun sin importar lo que nos depare<br />
el destino; no podemos acobardarnos<br />
y no podemos rendirnos, ese debería<br />
ser el verdadero significado del día de<br />
muertos: recordarnos que, a diferencia<br />
de nuestros seres queridos, nosotros<br />
estamos vivos y tenemos la oportunidad<br />
de cumplir con todas nuestras metas,<br />
solo necesitamos decidirnos.<br />
Odio hablar como escritor motivacional,<br />
pero creo que es la verdad, y creo<br />
que todos debemos tenerlo en mente
18<br />
POESÍA<br />
Y REALIDAD<br />
34<br />
DESPLIEGUE DEL TEMA<br />
DE LA MUERTE EN DOS POEMAS<br />
DE FEDERICO GARCÍA LORCA<br />
50<br />
¿A QUÉ TEMPERATURA<br />
SE QUEMAN<br />
LAS IDEAS?<br />
66<br />
¿POR QUÉ ESCRIBE<br />
EL ESCRITOR?
82<br />
BREVE DISERTACIÓN<br />
SIN SENTIDO<br />
98<br />
DESAPRENSIONES EN «SU<br />
ÚNICO HIJO» DE CLARÍN.<br />
ANÁLISIS CONTRACTUAL<br />
102<br />
164<br />
SELECCIÓN<br />
DEL EDITOR<br />
<strong>12</strong>0<br />
NUESTROS<br />
ARTÍCULOS<br />
182<br />
NOVELAS POR<br />
ENTREGAS<br />
MICROCUENTOS
6<br />
PARA SACAR<br />
A UNA MUJER...<br />
Por Alfredo Cuauhtémoc Pérez
Confieso que me robo fotos de chicas<br />
de internet y me masturbo<br />
con ellas. No de actrices porno<br />
o actrices de cine o modelos, sino de<br />
chicas normales, alcanzables, que se<br />
pueden encontrar en la calle y mirar<br />
de frente con ganas. Confieso también<br />
que lo hago para olvidarme de la mujer<br />
que me rechazó. ¡¿No entiendo por qué<br />
lo hizo?! Si somos tan compatibles, si<br />
varias de las cualidades que ella admira<br />
yo las tengo, si ella era tan accesible<br />
conmigo, tan amable, tan…<br />
Confieso esto para que se me pueda<br />
entender mejor, que mis acciones fueron<br />
movidas por el despecho, la soledad<br />
y mi juventud. Tengo 28 años y desde<br />
siempre me han gustado las mujeres. Se<br />
me ha visto muchas veces junto a hombres,<br />
demostrando gran confianza y ha<br />
habido fiestas en las que me he quedado<br />
en la misma cama con ellos, pero<br />
nunca ha pasado nada. Mi sexualidad ha<br />
sido firme desde mi niñez y ahora casi a<br />
los 30 años tengo la urgencia de la compañía<br />
femenina. ¡Por culpa de esa hija<br />
de puta culona que me rechazó (y que<br />
sin embargo es toda una dama) me metí<br />
a una página de citas en internet! Quería<br />
olvidar pronto lo que no fue, pues es<br />
una ley universal aquella que dice que<br />
«Para sacar a una mujer hay que meter<br />
a otra mujer».<br />
Si se es modelo o un hombre musculoso<br />
y guapo, se ganará rápido la popularidad<br />
en sitios como ese. De otra<br />
manera hay que mandar mensaje tras<br />
mensaje, estar diario y contestar siempre<br />
las veces pocas que nos hablan,<br />
aunque no estemos interesados, de esta<br />
forma se gana notoriedad en el lugar y<br />
uno tiene la posibilidad de conocer a las<br />
mujeres populares, que en su mayoría<br />
son hermosas. Mis gustos no son tan<br />
elevados, me puedo enamorar de una<br />
simple mesera que tenga el pelo desteñido,<br />
maneras toscas y algunas arrugas<br />
en los ojos; y todas las noches pueda<br />
sonreírme con calidez. Sin embargo, necesitaba<br />
a alguien bella para darle celos<br />
y envidia no sólo a la última tipa que se<br />
negó a mí, también a las otras que muy<br />
platicadoras al principio, luego ya no<br />
respondieron mensaje alguno.<br />
Le hablé a una tal Juana, a una Rocío<br />
y a una Carmen. A Lilián, Marifer y<br />
Natasha. Melusina, Sonequa y Reiko.<br />
Bebexita Moxa, Delirio y <strong>La</strong> chica de mis<br />
sueños. Y nadie respondió hasta que<br />
una noche lo hizo Dafne. Fue muy accesible<br />
y todo lo que yo decía ella lo<br />
complementaba. Me gustaban tanto<br />
sus ojos y la forma como vestía.<br />
Había dos cosas que eran un problema,<br />
su edad primero, ¡tenía tan sólo 19<br />
años!, y luego lo que remarcó la primera<br />
vez que nos vimos y después de que<br />
yo tratara de besarla.<br />
Ella no era lesbiana.<br />
En un mundo tan abierto, donde<br />
todo era posible, siempre tropecé con<br />
el rechazo, la incomprensión y la soledad.<br />
Yo no era muy bonita, pero sí muy<br />
inteligente y trabajadora. Aun así, nadie<br />
correspondió lo que yo sentía.<br />
Dafne decía entenderme, ella necesitaba<br />
una amiga porque recién su<br />
familia se había mudado a la Ciudad<br />
y recién, también, rompió con el único<br />
novio que había tenido, con el que duró<br />
desde los <strong>12</strong> años hasta una semana<br />
antes de que yo la conociera.<br />
Salimos <strong>12</strong> veces, siempre a los lugares<br />
turísticos de esta capital. Y en todas la fui<br />
engatusando, poco a poco, hasta que por<br />
fin abrió su boca para mí. <strong>La</strong> última vez<br />
que estuvimos juntas no fue en la calle,<br />
sino dentro de mi departamento. Meter a<br />
7
la cama a una chica tan joven y tan bonita<br />
me enloqueció. Chupé su lengua mientras<br />
magullaba sus senos y metía dedos en sus<br />
orificios sexuales sin importarme la viscosidad<br />
resultante. Nunca me había sentido<br />
tan furiosa con la vida, el dolor quedo de<br />
los años pasados, de los meses y los días<br />
transcurridos, se volvió una fuerza sobre<br />
humana que apliqué contra la pobrecita<br />
de Dafne. <strong>La</strong> obligué a realizar cualquier<br />
movimiento perverso que mi mente ideó<br />
en el momento, desde posiciones hasta<br />
meterse objetos. Y en el punto más severo<br />
le ordené que me succionara la vagina. Planee<br />
orinarme cuando lo hacía, pero en vez<br />
mi sexualidad reaccionó de una manera<br />
distinta y brutal.<br />
Mis genitales se la comieron.<br />
Como una boa que se alimenta de un<br />
pequeño roedor, así me llevé a la dulce<br />
Dafne. Ella trató de zafarse al instante,<br />
pero era tal mi demencia que me la fui<br />
tragando sin titubeo alguno. Su cabeza,<br />
su pecho, la cintura… Una vez terminado<br />
quedé rendida en la cama, con<br />
una panza tan grande como si estuviera<br />
embarazada y la cual se fue desvaneciendo<br />
con la llegada del amanecer.<br />
Confieso esto ahora en esta hoja y<br />
aunque sé que alguien (la policía quizá)<br />
ha de leerla, nadie la aceptará por completo.<br />
Tengo que irme, mis maletas ya<br />
están llenas y he pedido un taxi que no<br />
tardará en venir. Sé que llegará el momento<br />
en el que me inculpen y me detengan,<br />
pero antes tengo que conocer<br />
el país. En otros sitios habrá mujeres<br />
que se sentirán vacías sin el amor de<br />
alguien que en verdad las quiera, ¡Sin<br />
el amor que yo siempre les daré!<br />
8
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9
10<br />
SINESTESIA<br />
Por Éper Mono
Pronto se internaría en su show favorito,<br />
su mujer e hijo estaban en<br />
sus respectivas emisiones, alienados<br />
por ficciones románticas para ella<br />
y realidades fantasiosas para los más<br />
pequeños. No le importaba el cansancio<br />
de una jornada laboral o la nula<br />
comunicación con su familia. Su droga<br />
estaba por comenzar.<br />
<strong>La</strong> neurotransmisión inundaba sus<br />
sentidos, experimentaba lo que otro<br />
cuerpo. Vivía la realidad del show, pues<br />
aunque la víctima era al azar y las decisiones<br />
no eran propias, lo demás sí,<br />
el pulso de emoción al caminar hacía<br />
algún incauto inocente, el nervio recorriendo<br />
su cuerpo mientras avanzaba<br />
hacia una persona abstraída en alguno<br />
de los Programas Neurales exhibidos<br />
en el prime time.<br />
Gracias al MultImplante Cerebral de<br />
Comunicación, aunque estuviera tranquilo<br />
en su casa, Vioox, podía sentir lo<br />
que un «cazador». Ellos atacaban arbitrariamente<br />
a cualquier persona para<br />
destruir su MICD, un receptor medular<br />
para toda interacción con el medio, comunicación<br />
a distancia, aprendizaje,<br />
entretenimiento, trabajo y servicios, en<br />
síntesis, era la vida de sus usuarios, sin<br />
eso, se estaba desconectado de la realidad<br />
intangible, se era un ente sin voz,<br />
una sombra en la oscuridad. Por ello<br />
resultaba tan excitante sentir los atentados<br />
a inocentes, era como asesinar a<br />
una persona, con lujo de violencia.<br />
El Hunt de ese episodio, los cuales<br />
permanecían anónimos, eligió una<br />
puerta pequeña, de madera derruida<br />
que Vioox notó enclenque al tacto.<br />
Abrió con una patada y al dar un paso<br />
dentro de la estancia observó a una joven<br />
con los ojos cerrados, sentada en la<br />
sala, inmersa en su propia transmisión<br />
de a saber qué programa. Era usual<br />
que las víctimas no se percataran de<br />
nada a su alrededor hasta que comenzaba<br />
la tortura. Cada Hunt era elegido<br />
también al azar entre los espectadores<br />
que querían vivir la experiencia aún<br />
más cercana (en cuanto a los sentidos<br />
resultaba imposible) y era dotado de<br />
implantes corporales temporales, sólo<br />
por esa noche. Comenzó por atacar<br />
con el largo de sus dedos de su mano<br />
derecha que se desarrollaron como látigos<br />
de acero envolviendo a la pobre<br />
mujer, que confundida con lo que ella<br />
misma experimentaba en su propio<br />
show, no fue consiente de inmediato<br />
de lo que sucedía. Vioox, o mejor dicho,<br />
el Hunt comenzó a apretar con fuerza<br />
precisa. Los dedos estaban al rededor<br />
del cuerpo delgado y qué placer sentía<br />
al subir paulatinamente la presión. <strong>La</strong><br />
mujer, de pronto, como despertando<br />
en una pesadilla, comenzó a gritar, por<br />
fin reaccionaba, entendió, de pronto,<br />
que su vida estaba a punto de ser extinguida,<br />
que pasaría a ser una «mutilada»<br />
más. Al ver sus ojos de terror Vioox<br />
sintió su garganta cerrar, ahogando un<br />
grito de placer y locura. De un instinto<br />
primitivo nacía el deseo de que ese momento<br />
fuera perpetuo, congelado en el<br />
desconocimiento de todo lo que realmente<br />
sucedía a su alrededor, importando<br />
sólo la neurotransmisión. De un<br />
solo golpe y sin demorar más, el Hunt<br />
estiró el filo que era su mano izquierda<br />
y de un tajo cortó el MICD que sobresalía<br />
de la nuca de la víctima, Vioox sintió<br />
un placer súbito y paradójico por lo<br />
corto que había sido el suplicio de la<br />
mujer, pensó que él lo habría prolongado.<br />
Se oyeron gritos de un llanto lleno<br />
de pesar, de infinita desesperanza, de<br />
saberse condenada a la soledad en un<br />
11
mundo plagado de mentes embebidas<br />
con lo que sucedía a distancia. No es de<br />
sorprenderse que muchos «mutilados»<br />
encontraran el consuelo en el suicidio.<br />
Con todo el dolor de fondo, que a<br />
Vioox le parecía alucinante se cortó la<br />
transmisión anunciando el periodo de<br />
comerciales, recordándoles a los neurosintientes<br />
que no olvidaran pagar su<br />
suscripción mensual al canal, el más<br />
sintonizado en el país y con el programa<br />
con mejorrating: I CATCH YOU!<br />
Comenzó a relajarse, dejando de<br />
experimentar toda aquella vorágine,<br />
recuperándose para lo que venía. Percibió<br />
un spot donde se invitaba a comprar<br />
un vigilante para hijos, para monitorear<br />
lo que estos pudieran sentir en<br />
el MICD, eso le hizo pensar por un momento<br />
en su pequeño, pero pronto eso<br />
se disipó al entrarle zozobra por el que<br />
espectáculo se reanudara. Terminó la<br />
publicidad. Era un nuevo Hunt. Vioox<br />
tenía ya las emociones desbordas de<br />
un momento a otro y no sabía ya nada<br />
de sí mismo ni de su alrededor. Se paró<br />
frente a una puerta, su cuerpo reaccionaba<br />
a favor, volvió a tener la respiración<br />
entrecortada, sudaba, y casi podía<br />
sentir las palpitaciones de su corazón.<br />
Quería atacar, que el cazador entrara a<br />
torturar a quien se hallara detrás. Abrió<br />
de un empujón, dentro, observó a una<br />
mujer con los ojos cerrados, un hombre<br />
sentado y el hijo de ambos, todos en sus<br />
neuroprogramas respectivos. Él hubie-<br />
<strong>12</strong>
a atacado a la mujer, pero el Hunt, en<br />
un movimiento rápido envolvió con los<br />
dedos al niño, a Vioox le pareció vibrante<br />
lo inesperado, el crío estaba mudo<br />
de desconcierto, no entendía lo que<br />
sucedía, ni por qué el show de aventuras<br />
que tanto le gustaba ahora le provocaba<br />
dolor en todo el cuerpo. «Aprieta,<br />
Aprieta» pensaba, disfrutando la tortura<br />
de su propio hijo, pues ni siquiera, en<br />
su éxtasis, comprendía lo que sucedía<br />
más allá del programa neural. Los gritos<br />
agudos tampoco pudieron sacarlo<br />
del trance, pues esta vez el suplicio de<br />
la víctima se extendió durante varios<br />
minutos, los cuales disfrutó a cada<br />
uno, se nutría del dolor ajeno, de la<br />
desesperación de un miserable niño<br />
atacado no por uno, sino por millones<br />
de personas que disfrutaban sintiendo<br />
como su cuerpo se comprimía. En<br />
su inocencia era totalmente ignorante<br />
de que su padre estaba entre ellos. El<br />
Hunt se acercó despacio rodeando con<br />
la mano el transmisor del pequeño, y<br />
en vez de cortarlo rápido, comenzó a<br />
triturarlo entre sus dedos, haciendo<br />
que todos los sintonizados disfrutaran<br />
un poco más, hasta que el fin el transmisor<br />
estaba roto. El pequeño lloraba<br />
con amargura genuina. Vioox comenzó<br />
a espabilar, dejando que las últimas<br />
sensaciones lo invadieran, sin percatarse<br />
que su hijo era también ignorado<br />
por su esposa, absorta en el acto final<br />
de su propia ficción.<br />
13
14<br />
EL PINO<br />
Por Martín Gabriel <strong>La</strong>mo Toccalino
Abrió los ojos en su atestado cuartucho.<br />
<strong>La</strong> noche anterior había<br />
buscado sin suerte un dibujo de su<br />
hijo Alex, su habitación era un gran cajón<br />
de sastre. En su lugar estuvo mirando<br />
las fotos que tenía de él en su móvil.<br />
Pensó que tenía que sacarle nuevas fotos<br />
la próxima vez. Desde que se separó<br />
de la madre del niño, Óscar apenas veía<br />
a Alex algunas veces al año. El desempleo<br />
crónico y vivir en diferentes puntas<br />
de la ciudad complicaba cosas. Los separaba<br />
un mundo irrespirable...<br />
Esa misma mañana Alex se despertó<br />
alegre. Había soñado con su padre<br />
subido a un pino gigante en un parque<br />
verde y extenso, como Alex no había<br />
conocido ninguno. Desde arriba su padre<br />
le gritaba: «¡Sube, sube! ¡Aquí se<br />
puede respirar!» Él lo alcanzaba agitado<br />
y reían juntos.<br />
Desde su cama miraba la ventana de<br />
la casa y sentía que algo lo llamaba a ir<br />
a la calle. Había algo que le recordaba a<br />
su padre en las calles grises. Mientras se<br />
desperezaba pensaba en salir, aunque<br />
sabía que no le dejarían por el «humo».<br />
Luego de estirarse un poco la ropa<br />
con la que había dormido vestido, Óscar<br />
se puso su máscara protectora y salió<br />
a la calle. <strong>La</strong> ciudad parecía deshabitada<br />
pero tenía la sensación de estar<br />
siendo observado. Subió al tranvía sin<br />
distraerse. Lo único que le importaba<br />
era entregarle a su hijo el sobre que llevaba<br />
en el bolsillo interior de su abrigo.<br />
Era un tesoro, tan minúsculo en tamaño<br />
como gigante en importancia.<br />
<strong>La</strong> madre de Alex preparaba el desayuno.<br />
Una pantalla la aturdía con noticias<br />
del clima. Vio que el niño se acercaba<br />
y, antes de los buenos días, le dijo:<br />
—Alex, este año tu papá no podrá venir<br />
a verte por la contaminación.<br />
—¿Contaminaqué? No sé qué es eso.<br />
—Por el humo que vemos en la tele.<br />
—Ah, vale.<br />
—Este año pasaremos las fiestas en<br />
casa. ¿Me oyes?<br />
—Está bien…<br />
Luego del tranvía, a Óscar le quedaba<br />
una larga caminata. Notó una sombra<br />
por detrás; alguien lo seguía. Entonces<br />
sí que se preocupó. Todavía estaba lejos<br />
de la casa de Alex y no sabía si iba<br />
a lograrlo. Aceleró el paso. Pero en la<br />
siguiente respiración ya sintió un caño<br />
en la espalda.<br />
—Lo que tengas, dame todo lo que tengas.<br />
Alex se tomó toda la leche de un<br />
trago largo y bajó corriendo al garaje<br />
como siempre. Pero en lugar de jugar<br />
con sus Lego, se calzó una máscara de<br />
su padrastro. Miró arriba un instante,<br />
como si hubiera podido ver a su madre<br />
a través de las paredes, y montó su bicicleta.<br />
Tomó aire profundamente y presionó<br />
el botón rojo que abría el portón.<br />
Sonó la alarma de polución en la casa.<br />
Óscar se quedaba quieto. El ladrón<br />
empezaba a zarandearlo para arrancarle<br />
el abrigo. Pensaba en el sobrecito<br />
para Alex. Quería explicarle que era<br />
una medicina para su hijo.<br />
—Bah, unas semillas de mierda —dijo<br />
el ladrón y las tiró.<br />
El padre enfureció y soltó su ira en forma<br />
de un eléctrico puñetazo directo al<br />
estómago que dobló a su enemigo. Este<br />
se revolvió de dolor pero contraatacó.<br />
El maleante hubiera podido dispararle<br />
y acabar con todo, pero en su chaqueta<br />
no había revólver, solo un metal que lo<br />
simulaba. Forcejearon. Óscar sintió que<br />
había perdido su máscara. El ladrón se<br />
la había arrancado y huía.<br />
Luego de unos minutos habiéndose<br />
deslizado en las calles que Alex creía<br />
15
conocer, no encontró ningún parque.<br />
Estaba perdido. A su alrededor todo estaba<br />
en silencio, frío y seco. <strong>La</strong> máscara<br />
le quedaba grande y un hilo del aire<br />
venenoso se iba colando en sus pulmones<br />
sin ser notado. Lejos de él vio a una<br />
persona correr, se estiró en sus pedales<br />
y divisó a un hombre tambaleante.<br />
Óscar se tapó la boca y la nariz. Cogió<br />
el sobre del suelo con la mano casi suelta.<br />
No hubiera alcanzado al ladrón con aquella<br />
ventaja, y menos estando a cara descubierta.<br />
Necesitaba controlar el aire que<br />
le quedaba. No iba a aguantar los veinte<br />
minutos que restaban para que volviera a<br />
pasar el tranvía, así que caminó buscando<br />
un sitio cerrado. Era una casilla abandonada<br />
que ni siquiera tenía las puertas. <strong>La</strong><br />
única opción que le quedaba para intentar<br />
protegerse. Como sus pulmones ya estaban<br />
vacíos, tuvo que atrapar una bocanada<br />
de aire, ese que lo mataría en un rato.<br />
Se apoyó contra la pared. En un rincón de<br />
aquel refugio, se resignó a su soledad. Se<br />
aflojaron sus piernas y se deslizó por la pared<br />
hasta quedar sentado.<br />
Del mundo que iba a dejar en minutos,<br />
Óscar sólo valoraba a su pequeño Alex.<br />
16
Inspiraba y expiraba ya sin pensamientos,<br />
como un pez arrancado del agua<br />
que boqueaba cada vez más lento. Sus<br />
espasmos no fueron vistos por nadie.<br />
El niño soltó la bici y se acercó a la caseta.<br />
Reconoció dentro el bulto de su padre.<br />
Sus mejillas se mojaron dentro de la<br />
máscara y esos hilos salados le llegaron<br />
directos a la boca. Mientras era abrazado,<br />
Óscar, que ya tenía la vista nublada, pudo<br />
oler la colonia de su hijo. Intentó alcanzar<br />
el sobre de semillas. Tampoco podía hablar.<br />
Con un último apretón de manos dormidas<br />
el padre entregó al niño las semillas<br />
y señaló la tierra. Alex, llorando, abrió el<br />
sobre y plantó la simiente allí mismo.<br />
Apenas Óscar murió, surgió un temblor<br />
en la casilla formando una nube de<br />
ceniza y polvo. Alex no pudo ver nada por<br />
los cristales sucios de su máscara. Desde<br />
la tierra, regada por sus lágrimas, brotó<br />
algo como un cohete fino que se iba<br />
engrosando cada vez más. Era un pino<br />
gigantesco. Un árbol de navidad que creció<br />
desmesurado sobre ellos, rompió el<br />
techo de la chabola y siguió ascendiendo<br />
enorme, imponente, sublime; restaurando<br />
poco a poco todo el aire de la ciudad.<br />
17
POESÍA<br />
Y REALIDAD<br />
Por Santos Romeo Barrientos Aldana<br />
El tiempo, ese que transcurre y se<br />
mimetiza en los segundos del espacio,<br />
se transforma, se recrea en<br />
la palabra. El tiempo son los segundos<br />
que trascienden la palabra, se concretizan<br />
en los instantes soñados por la memoria<br />
—o por la nada. Sin embargo, es<br />
ese momento, quizá, en que logramos<br />
reconocernos— o algo para reconocer<br />
a los demás a través de símbolos, recuerdos,<br />
palabras. Pero, así somos, a<br />
18<br />
veces, un cúmulo de historias que se<br />
cuentan en los espacios, que pocas veces,<br />
logramos reconocer o sentir en las<br />
Líneas de nuestras manos.<br />
<strong>La</strong> realidad es ese transcurrir a través<br />
del tiempo que se desvanece, muy<br />
pocas veces, en el aire —o en esa nada<br />
que sentimos en las soledades. <strong>La</strong> realidad<br />
no es otra que el espejo mágico<br />
de nuestras contradicciones que nos<br />
niegan— o negamos.
Este año, se cumplen veintiséis<br />
años del fallecimiento de uno de los<br />
autores de reconocida trayectoria,<br />
uno de los que poesía y realidad se escinden<br />
en <strong>La</strong>s líneas de su mano; pero,<br />
tan fácil es sabérselo, tan fácil es, por<br />
lo menos, recordarlo cuando se tiene<br />
memoria. Al mismo tiempo que se le<br />
recuerda, se le olvida, porque la memoria<br />
es de corta distancia para aquel<br />
que no sabe reconocer o, quizá, reconocerse<br />
a través del tiempo que tardamos<br />
en reencontrarnos en la palabra<br />
del escritor, del poeta.<br />
El autor de Luna park nos recuerda,<br />
con, quizá, pesadumbre, o más que<br />
eso, soledades descalzas en el pervivir<br />
del mundo, soledades que duelen hasta<br />
los tuétanos: exilio, ese que tuvo que<br />
sufrir el autor de Guatemala, las líneas<br />
de su mano (Luis Cardoza y Aragón);<br />
para que comprendamos:<br />
19
…Hay un grito que se angustia<br />
en la garganta de todos:<br />
¡vivir! ¡vivir! ¡vivir!<br />
Ese vivir —o querer ser, querer resurgir—<br />
es el que angustiaba, o al menos, angustia<br />
a las sociedades contemporáneas<br />
que se desarman en la letanía de sus<br />
contradicciones o silencios muertos, que<br />
se organizan en el mundo de los vicios<br />
virtuales o fantasías de telenovela —similar<br />
a las noticias que se venden como<br />
espectáculo en la Modernidad líquida.<br />
<strong>La</strong> palabra es responsabilidad del escritor,<br />
es un acto moral, un querer ser, o<br />
encontrarse en sí, en las letras, en el reconocerse<br />
de las voces que nos hablan<br />
a través de las páginas que cobran vida<br />
en los paraísos recreados o imaginados,<br />
otras veces, realidades tangibles<br />
que reverdecen en los árboles de individuos<br />
desubicados, desorientados en<br />
las grandes ciudades de hostilidades<br />
que promueven el cinismo, la incultura,<br />
el silencio y la soledad; cada día, que<br />
transcurre en estos tiempos de cometa,<br />
se encuentra el abandono de la responsabilidad<br />
—para deshonra de un nosotros—<br />
de la humanización; nos hemos<br />
perdido en el intento de recrearnos y encontrarnos,<br />
de reconocernos que somos<br />
un prisma en el espacio y que estamos<br />
destinados a sentir …<strong>La</strong>s líneas de nuestras<br />
manos como un eje, como símbolo<br />
de la memoria, de la identidad, esa que<br />
nos falta, que se encuentra triturada<br />
20
en los pantanos silenciosos de la vida:<br />
como una luna hendida en los espacios<br />
nocturnos que no logramos acabar —o<br />
que se encuentra acabado en el tiempo<br />
cíclico que hemos recreado.<br />
A decir verdad, la existencia misma<br />
del poeta responsable —en el sentido<br />
global que la palabra reviste— es un<br />
acto, según Asturias, moral, porque el<br />
poeta debe ser eso una conducta moral<br />
que se encuentra con responsabilidad<br />
ante su patria, ante su entorno social<br />
que le rodea, porque, además, la patria<br />
del escritor es su lengua, sentenciaba<br />
Francisco Ayala. Y más que eso, debe<br />
buscarse, debe encontrarse en sí, y lograr<br />
encontrar a los más. Ser símbolo,<br />
ser memoria, ser consuelo, ser destierro,<br />
ser abrazos, ser cometa de verdades<br />
y realidades, ser noticia, ser todo,<br />
menos nada; porque ser poeta es mostrar<br />
un Luna park hendido en las siluetas<br />
del tiempo que encontramos, pero<br />
que, a la vez, ignoramos.<br />
Entonces, sí, los poetas incomodan.<br />
Porque el poeta que lo es, nombra lo innombrable<br />
y hace de la palabra el mejor<br />
silencio de las estaciones para sentirse<br />
vivo, para encontrarse o no-encontrarse<br />
en las contradicciones que envuelven<br />
nuestras sociedades latinoamericanas.<br />
Busca rehuir del bullicio de las magnas<br />
civilizaciones, y se adentra en la cúpula<br />
de las realidades que lo envuelven, porque<br />
es eso, un querer ser —decir—, a<br />
pesar de las injusticias que nos rodean.<br />
21
22<br />
EL ÚLTIMO<br />
TREN<br />
Por Sahalif Lefaar <strong>La</strong>valle Avalos
—¿Seguro que todavía no pasa el ultimo?<br />
—le preguntó el universitario al<br />
oficial, mientras recuperaba el aliento.<br />
El policía le contestó alzando los hombros<br />
con una mirada indiferente<br />
—Gracias por nada —murmuró el joven.<br />
De entre las alcantarillas que había<br />
al lado de las vías, escuchó un par de<br />
roedores chillar, varias ratas corrieron<br />
del otro lado del andén y vio como un<br />
gato negro de ojos verdes salió a la luz<br />
con una rata inerte en el hocico.<br />
El felino llegó de un salto al nivel<br />
donde el estudiante esperaba la llegada<br />
del metro y en una esquina se dedicó<br />
a devorar su presa. Había algo en<br />
el animal que lo separaba de los gatos<br />
callejeros, pero el muchacho no sabía<br />
decir qué era.<br />
El animal comenzó a lamerse las patas<br />
tras terminar su festín y se sentó<br />
junto a él como si esperara el tren igual<br />
que el joven. Pasaron algunos minutos<br />
y el tren finalmente llegó.<br />
Los vagones estaban vacíos, se subió<br />
al vagón de en medio y se sentó con la<br />
espalda a la pared en el extremo trasero.<br />
<strong>La</strong>s puertas se cerraron, y lo abordó<br />
una extraña sensación de inquietud e<br />
incertidumbre, pero hizo caso omiso,<br />
estaba finalmente en el metro. En unos<br />
cuarenta minutos estaría entrando a<br />
su departamento y podría descansar.<br />
El tren finalmente reanudó su marcha.<br />
El muchacho comenzaba a perderse<br />
en sus pensamientos cuando escuchó<br />
un ruido que lo distrajo, era como un<br />
pequeño motor sonando cerca de él.<br />
No era el motor del tren, era demasiado<br />
suave para serlo. Un escalofrío le recorrió<br />
la espalda al darse cuenta de que<br />
el pequeño gato se había subido al tren<br />
junto con él, es más, se había sentado a<br />
su lado, ¡y él ni siquiera lo había notado!<br />
—Vaya susto me has pegado... —el<br />
gato, a modo de respuesta, cambió el<br />
tono y la intensidad con la que ronroneaba.<br />
Él acercó su mano para acariciar<br />
al animal, este la olfateó y se dejó<br />
consentir. Giró sobre su panza y ahí fue<br />
cuando el joven lo notó.<br />
—Eres una niña, ¿eh? —la gatita maulló<br />
y continuó ronroneando.<br />
Tanta había sido su sorpresa con el<br />
pequeño minino que se olvidó completamente<br />
de ir al pendiente de las estaciones<br />
que ya habían pasado.<br />
Por el tiempo que había transcurrido<br />
desde que se había subido al vagón, él<br />
calculaba que ya deberían ir a más de<br />
la mitad del camino, pero no lograba recordar<br />
que el metro se hubiera detenido<br />
en algún momento, mucho menos que<br />
se hubieran abierto las puertas. Comenzó<br />
a impacientarse de nuevo y sintió<br />
como el aire se volvía tenso y cargado.<br />
El tren continuaba su marcha y no<br />
daba señales de detenerse. <strong>La</strong> gata se<br />
había alejado de él y se había puesto<br />
frente a la puerta como si pronto esta se<br />
fuera a abrir. Él comenzaba a sucumbir<br />
al miedo, y trató de activar la palanca<br />
de emergencia, pero por más que tiró<br />
de ella nada sucedió. <strong>La</strong>s luces comenzaron<br />
a parpadear. Para ese momento<br />
ya había entrado en pánico. Delante de<br />
él alcanzó a distinguir a una señorita. Lo<br />
miraba fijamente. Tenía los ojos verdes,<br />
y le sonreía con una mezcla de ternura<br />
y malicia. El mundo perdió su color y<br />
sólo los ojos de la chica permanecieron,<br />
con su intenso color esmeralda, que parecían<br />
brillar como los ojos de un gato.<br />
<strong>La</strong> sangre se le heló. Justo donde había<br />
estado el pequeño felino, ahora se encontraba<br />
la muchachita. El parpadeo de<br />
las luces apenas le permitía verla, pero<br />
era más que suficiente para notar que<br />
23
tenía el cabello negro, ondulado y largo,<br />
se encontraba desnuda y tenía la piel de<br />
un blanco casi inhumano. Poseía toda la<br />
elegancia del animal que antes estaba<br />
en su lugar. El tren comenzó a aumentar<br />
su velocidad de manera frenética, parecía<br />
que se fuera a deshacer en mil pedazos.<br />
Ella se acercó a él lentamente. El<br />
chico sintió que le faltaba el aire. Pudo<br />
verla abrir la boca e intuyó que le decía<br />
algo, pero no escuchó nada. Pensó que<br />
se desmayaría. <strong>La</strong>s luces cesaron de<br />
parpadear. Se hizo una total oscuridad<br />
y reinó el silencio.<br />
Poco a poco, el sonido de las ruedas a<br />
través de las vías regresó y fueron apareciendo<br />
otros sonidos: un vendedor<br />
ambulante; una pareja que discutía; un<br />
hombre que lo observaba con desconfianza.<br />
El chico se descubrió a sí mismo<br />
hecho un ovillo en la esquina del vagón.<br />
El metro se detuvo y finalmente se percató<br />
que estaba a dos estaciones de su<br />
destino. No tenía sentido. Desconcertado,<br />
se bajó del transporte cuando fue<br />
el momento. No podía dar crédito a lo<br />
que le acababa de pasar.<br />
Estaba a punto de salir por los torniquetes<br />
cuando un impulso incontrolable<br />
le hizo voltear hacia atrás. Ahí<br />
estaba ella, la chica del cabello largo,<br />
ondulado y negro, del otro lado del<br />
andén, aún desnuda, lo observaba fijamente.<br />
Le sonreía con picardía. Sus<br />
miradas se trabaron la una con la otra<br />
hasta que llegó el tren del otro lado,<br />
cuando éste finalmente se fue, no quedó<br />
ni rastro de ella.<br />
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26<br />
ELLOS,<br />
LAS RÉPLICAS<br />
Por Silvia Alejandra Fernandez
Siempre pensé que el fin del mundo<br />
sería algo catastrófico y teatral;<br />
cuando llegó no pude menos<br />
que desilusionarme. No hubo zombis,<br />
ni maremotos, ni ningún asteroide se<br />
estrelló contra <strong>La</strong> Tierra. No vimos millones<br />
de cadáveres pudriéndose al sol<br />
ni tampoco cuerpos pulverizados.<br />
Todo ocurrió de forma inadvertida<br />
para la mayoría de las personas. Quizás<br />
yo sea la única que se haya dado<br />
cuenta de que el reloj del género humano,<br />
marcaba sus últimos segundos.<br />
Lo primero que me llamó la atención<br />
sucedió en Facebook. Advertí un cambio<br />
de actitud de algunas personas.<br />
Todas repetían discursos parecidos,<br />
como si se hubiesen contagiado de la<br />
personalidad de alguien más.<br />
Comencé a hacer un seguimiento<br />
de los amigos de face que me habían<br />
llamado la atención y empecé a copiar<br />
en un documento sus comentarios o<br />
respuestas. Todos reaccionaban de forma<br />
idéntica. Paradójicamente titulé el<br />
documento «los clones ». Pronto supe<br />
que este nombre de fantasía estaba<br />
muy cercano a la realidad.<br />
Empecé a agrupar a mis amigos por<br />
los contactos que tenían en común y<br />
me sorprendí al ver que todos tenían<br />
un mismo amigo, Esteban Corno.<br />
Era notorio como la personalidad de<br />
Esteban se había transmitido a otros.<br />
Al fin y al cabo llamarlos clones había<br />
sido acertado.<br />
Advertí una conducta similar en algunos<br />
vecinos del barrio. Muchos actuaban<br />
como lo hacía Federico K, un<br />
matoncito de poca monta, pero con<br />
una fuerte personalidad. Era muy extraño<br />
ver y oír a varios vecinos hablando<br />
y hasta caminando igual que Federico.<br />
Rosa J, la abuela que vivía enfrente,<br />
casi se rompe la cadera por moverse<br />
con la música de cumbia que siempre<br />
oye Federico.<br />
Algo sucedía y no era solo mi, casi<br />
siempre desbocada, imaginación.<br />
<strong>La</strong>s lluvias invernales comenzaron y<br />
el tiempo libre que tuve me llevó a empezar<br />
a anotar todo los detalles extraños<br />
que sucedían alrededor mío. Pronto<br />
fue evidente que en mi barrio y en<br />
las mismas redes sociales, se estaban<br />
formando grupos.<br />
Los clones de Federico, se reunían<br />
todas las tardes aunque nunca supe<br />
qué hacían.<br />
Comencé a sentir miedo de salir. Si<br />
esto era una especie de virus, no quería<br />
infectarme y si era algo más, no sabía<br />
cómo protegerme.<br />
Facebook pronto quedó vacío de publicaciones<br />
nuevas. Nadie compartía ni<br />
siquiera un meme. Pero todos mis amigos<br />
estaban conectados y ese súbito<br />
silencio de letras me espantó.<br />
«Están en grupos cerrados y te dejaron<br />
afuera», pensé. Y el tiempo me dio<br />
la razón. Los clones solo interactuaban<br />
entre ellos.<br />
Una repentina soledad se apoderó<br />
de mi vida. Ya no salía más que para<br />
abastecerme de comida. <strong>La</strong> gente que,<br />
hasta hace pocos días, charlaba conmigo<br />
en mi barrio, me ignoraban como si<br />
yo fuese invisible.<br />
Comencé a llamar por teléfono a algunos<br />
amigos y solo una de ellos, Sara,<br />
me respondió.<br />
Debo reconocer que mi amiga, que<br />
es mormona, siempre hablaba del fin<br />
de los tiempos, pero esta vez su conversación<br />
me llenó de espanto. Me dijo,<br />
por teléfono, que en el libro de Mormón,<br />
se hablaba de esto que estaba<br />
ocurriendo. Que este era el momento<br />
27
que todos habían anticipado y para el<br />
que se había preparado durante siglos.<br />
Pude entender por qué la Iglesia de<br />
Jesucristo de los Santos de los últimos<br />
días, se llamaba así. Todos los mormones,<br />
tenían planes, escrupulosamente<br />
estudiados y ensayados, para cuando<br />
llegase en fin de los tiempos. Ellos debían,<br />
por obligación, juntar provisiones<br />
y abastos necesarios para superar los<br />
días de infortunio que precederían al<br />
fin del mundo.<br />
Fueron siempre motivo de risas<br />
nuestras charlas sobre cómo conservar<br />
alimentos fraccionados para cuando<br />
algo catastrófico ocurriese. <strong>La</strong>s risas se<br />
debieron a que yo, tratando de imitar<br />
esta conducta de mi amiga, comencé a<br />
guardar arroz, fideos, aceite y muchos<br />
comestibles; jamás consideré que el<br />
arroz, o las harinas pudiesen llenarse<br />
de gorgojos. Tuve una invasión de esos<br />
pequeños bichitos en toda mi despensa.<br />
Y era una broma habitual entre las<br />
dos el decirnos: «¿ambiente con bichos<br />
o libre de ellos?». Ella se reía mucho<br />
con ésta anécdota y me explicó que la<br />
comida era mejor congelarla antes de<br />
envasarla. El frío mataba a los gorgojos<br />
y así se podía conservar alimentos por<br />
mucho tiempo.<br />
Me dijo que toda su estaca, la «parroquia»<br />
a la que ella concurría, se había atrincherado<br />
en la iglesia de la calle Formosa.<br />
Los mormones tienen unas reglas<br />
bastante estrictas de conducta. Si bien<br />
nadie los obliga, ellos se auto imponen<br />
algunos sacrificios particulares. Como<br />
llevar los «garmes» o ropa interior especial<br />
o hacer un ayuno absoluto, hasta<br />
de agua, durante el primer domingo<br />
del mes.<br />
28
Sara, quizás por el contacto cercano<br />
conmigo, era una de las pocas que sentían<br />
devoción por la virgen María y que<br />
aceptaba acompañarme a alguna que<br />
otra ceremonia en mi iglesia católica. Y<br />
ella, que para el resto de los mormones<br />
de su grupo, era diferente, fue excluida.<br />
A ella no se le permitió ir con el resto de<br />
su familia a la iglesia de la calle Formosa.<br />
Sara quedó como yo, aislada y quizás<br />
por eso mismo, ella no se había contagiado.<br />
Mi angustia por la peculiar situación<br />
en que vivíamos se vio colmada cuando<br />
una mañana vi cómo todos los grupos<br />
de mi barrio, habían levantado muros<br />
alrededor de sus casas. Lo habían<br />
hecho sigilosamente, durante la noche.<br />
Ni un ruido de martillos o herramientas<br />
se había escuchado. Solo la insufrible<br />
música de Federico había interrumpido<br />
el silencio nocturno.<br />
Esa misma mañana comenzaron los gritos.<br />
Desgarradores y espantosos alaridos<br />
se oían por toda la cuadra. Sara me confirmó<br />
que por su barrio sucedía lo mismo.<br />
Fue la última vez que supe de mi amiga.<br />
Y de pronto, el silencio. Una calma<br />
sonora que me produjo más miedo que<br />
los chillidos.<br />
Clones.<br />
Gritos.<br />
Silencio.<br />
Muerte.<br />
En mi barrio, todos salvo Federico<br />
y el resto de los líderes de cada grupo,<br />
desaparecieron.<br />
Yo ya no salgo de casa. Sé que es lo que<br />
ellos esperan; transformarme y absorberme.<br />
Con el paso de los días, en absoluta<br />
soledad, me he descubierto pensando<br />
que no sería tan malo ir hasta la casa<br />
de Federico.<br />
29
30<br />
LADRILLO<br />
TRAS LADRILLO<br />
Por Gabriel Bevilaqua
1<br />
Donde antes había una ventana, un<br />
hombre, del lado de afuera, colocaba<br />
hilera tras hilera de ladrillos. <strong>La</strong> habitación<br />
lentamente se fue quedando a oscuras,<br />
hasta que sólo una hilacha de luz<br />
penetraba por aquel último hueco que<br />
quedaba por tapiar. Entonces, en lugar<br />
del ladrillo, los ojos del hombre cegaron<br />
al sol y resplandecieron como dos<br />
ascuas llenas de odio. Desesperado,<br />
Leonardo se agitaba en la cama, buscaba<br />
la salida por una puerta inexistente,<br />
le clavaba las uñas a las sábanas,<br />
arañaba las paredes… Y cuando aquellos<br />
ojos omnipresentes se cerraron, él,<br />
cubierto de sudor, se despertó, y ya no<br />
volvió a dormirse por temor a repetir,<br />
una vez más, tan horrible pesadilla.<br />
2<br />
Cuando la madre le dijo que tenía un<br />
novio y que iba a venir a cenar con ellos,<br />
Leonardo se alegró. Desde que su papá<br />
se había marchado, ella siempre estaba<br />
triste, salvo estos últimos meses,<br />
que se la veía alegre y distraída al mismo<br />
tiempo. Ahora entendía por qué.<br />
3<br />
A las ocho en punto sonó el timbre.<br />
—¡Leonardo, abrí la puerta, que todavía<br />
no me puse los aretes ni los zapatos!<br />
¡Madre mía!<br />
Leonardo abrió la puerta, y allí estaban<br />
aquellas ascuas feroces ardiendo<br />
disimuladamente.<br />
—¡Hola! Vos debés ser Leonardo, ¿no?<br />
—dijo el hombre y la mano que tendió<br />
se quedó solitaria en el aire—. Yo soy<br />
Ángel —agregó y retiró la mano. Hubo<br />
un silencio incómodo, que el visitante<br />
resolvió con gracia—: ¿Puedo pasar o<br />
tengo que pagar peaje?<br />
Leonardo no dijo nada pero se apartó<br />
y lo invitó a pasar con un movimiento<br />
del brazo.<br />
4<br />
Durante la cena, Leonardo sólo probó<br />
algún que otro bocado, y cuando preguntó<br />
si podía retirarse, la madre asintió<br />
a instancias de su novio.<br />
—¡No sé qué le pasa a este chico!<br />
Cuando le dije de lo nuestro, se puso<br />
contento y ahora mirá lo que me hace.<br />
—Dejalo, ya se le va a pasar, a esa<br />
edad yo también era celoso. ¡<strong>La</strong> costumbre<br />
de verme lo va a domar!<br />
Del otro lado de la puerta, Leonardo<br />
repitió en voz baja: «<strong>La</strong> costumbre<br />
de verme lo va a domar». Aquella era,<br />
sin dudas, una amenaza velada. Ni esa<br />
noche ni la siguiente Leonardo pudo<br />
dormir.<br />
5<br />
Al tercer día, el cansancio lo venció. El<br />
hombre colocó, una vez más, ladrillo<br />
tras ladrillo, pero antes de cerrar los<br />
ojos, dijo:<br />
—¡Mocoso, cuando me convierta en<br />
tu papá, estas ascuas te van a perseguir<br />
todo el tiempo!<br />
Leonardo le suplicó a su mamá que<br />
no se casara con aquel hombre, le contó<br />
que durante meses lo había venido<br />
acosando en sus sueños, y que quería<br />
encerrarlo tras una pared de ladrillos.<br />
<strong>La</strong> madre le dijo que se dejara de tonterías,<br />
pero como él insistió, le pegó por<br />
primera vez una cachetada. Leonardo<br />
dijo que estaba bien, que había menti-<br />
31
do, que sí, que era un tonto, y que iba a<br />
aceptar lo que ella dispusiera. «Es imposible<br />
hacer entrar en razones a una<br />
mujer enamorada», pensó él mientras<br />
abrazaba a su mamá. No había una<br />
sola lágrima en sus mejillas, pero estaba<br />
inundado por dentro.<br />
6<br />
Durante los primeros meses, los temores<br />
de Leonardo resultaron baldíos, a<br />
tal punto que dejó de padecer aquella<br />
horrible pesadilla. Entonces, una mañana,<br />
unas voces lo despertaron. Había<br />
varios policías en la sala, no pocos<br />
civiles y unas personas enguantadas<br />
que salieron del baño con una camilla<br />
en la que llevaban una bolsa negra. Un<br />
agente se percató del niño.<br />
—¡Hola! —le dijo y le acarició la despeinada<br />
cabeza—. Quedate conmigo un ratito<br />
hasta que tu papá pueda venir con vos.<br />
Leonardo quería decirle que ese<br />
hombre no era su verdadero padre,<br />
pero las palabras se le habían hecho<br />
un nudo en la garganta.<br />
7<br />
Dijeron que fue un accidente; que se<br />
había resbalado en la bañera; que ahora<br />
estaba a cargo de su padrastro. Pero lo único<br />
que Leonardo sabía con certeza era que<br />
no había sido un accidente, ya que el día de<br />
la tragedia, cuando Ángel sollozaba con el<br />
rostro escondido entre las rodillas, por un<br />
instante, éste levantó la cabeza y dejó ver,<br />
inconscientemente, cómo detrás de sus lágrimas<br />
los ojos le ardían como ascuas.<br />
32
8<br />
El padrastro le permitía a Leonardo<br />
hacer lo que quisiera. Si quería ir a la<br />
escuela, iba; y si no quería, no iba. Podía<br />
pedir, todos los días, pizzas para el<br />
almuerzo, o pollo con papás al horno<br />
para la cena. El hombre se ausentaba<br />
de la mañana a la noche, y aunque volviera<br />
temprano seguía como ausente.<br />
9<br />
Algunas semanas después, la pesadilla<br />
retomó su labor. Pero esta vez no era él<br />
quien estaba dentro del cuarto. Era Ángel,<br />
y parecía más asustado que un perro al<br />
que acaban de apalear. En cambio, Leonardo<br />
carecía de miedo. Colocaba ladrillo<br />
tras ladrillo, hilera tras hilera, con una<br />
alegría desbordante y con una habilidad<br />
que se desconocía. Hasta pensó que le<br />
gustaría ser albañil cuando fuera mayor.<br />
Y a poco, casi sin darse cuenta, halló entre<br />
sus manos el ladrillo que restaba para<br />
clausurar la abertura. Pero en lugar de<br />
colocarlo en su sitio, cortó con su cabeza<br />
la última hilacha de luz que penetraba en<br />
la habitación. Y aquel hombre que lo había<br />
acosado durante tanto tiempo desde<br />
fuera, ahora sufría como él había sufrido.<br />
No obstante, a Leonardo lo invadió de<br />
pronto un sentimiento de inesperada<br />
compasión. Por eso, sin cerrar los ojos,<br />
se apartó y dejó que luz penetrara en el<br />
cuarto. Acto seguido, con el ladrillo que<br />
halló entre sus manos, Leonardo abandonó<br />
la cama y se dirigió hacia el dormitorio<br />
de su padrastro.<br />
Calmada y decididamente.<br />
33
DESPLIEGUE DEL<br />
TEMA DE LA MUERTE<br />
EN DOS POEMAS DE<br />
FEDERICO GARCÍA<br />
LORCA<br />
Por Manuel Felipe Álvarez-Galeano<br />
Hablar del poeta y dramaturgo<br />
granadino Federico García Lorca<br />
sugiere la versatilidad de un artista<br />
que debe su envergadura en la tradición<br />
literaria a su despliegue estético,<br />
a través de su canalización en distintos<br />
géneros, siendo el Romancero gitano el<br />
trabajo más emblemático. De ahí estriba<br />
la retadora complejidad de su análisis,<br />
además, porque Lorca, más que<br />
un estudioso, es un creador; y eso lo<br />
34<br />
destaca en su exaltada «Poética» cuando<br />
menciona: «Comprenderás que un<br />
poeta no puede decir nada de la Poesía.<br />
Eso déjaselo a los críticos y profesores»<br />
(Citado en Diego, 1996, s/p). Además<br />
de esto, plantea una cercanía con distintos<br />
perfiles de lector, la cual le atribuye<br />
su carácter universal, además de<br />
sus reveladores viajes que le permitieron<br />
trastocar las conciencias, tal como<br />
él mismo menciona en su discurso de
1935, donde se reconoce a sí mismo<br />
como: «[…] un verdadero amigo, un camarada<br />
que recuerda todavía cercanos<br />
los años en que vivía a golpes […] llevando<br />
una vida de broma y jaleo para<br />
ocultar una aventurada y bienhechora<br />
melancolía» (García, 1991, p. 339).<br />
Este tópico de la melancolía, como<br />
explícitamente manifiesta, se asegura<br />
como un atisbo a la muerte que circunda<br />
la obra de este autor. Esa misma que<br />
en su poema «Aurora», escrito en 1940<br />
para su compilación Poeta en Nueva<br />
York, le imprime ese dejo gris del paisaje<br />
nostálgico: «buscando entre las aristas<br />
nardos de angustia dibujada» (Citado<br />
en Guerrero y Dean-Thacker, 1998,<br />
p. 109), exponiendo, implícitamente,<br />
un atisbo a la muerte en una esfera urbana<br />
y con el tono de soledad propio<br />
de un inmigrante, ya que hace parte<br />
de aquellos poemas que: «[…] fueron<br />
35
escritos en la ciudad de Nueva York, el<br />
año 1929-1930, en que el poeta vivió<br />
como estudiante en Columbia University»<br />
(Castro. 2010, s/p). Por su parte,<br />
el poema «Muerte de Antoñito el Camborio»,<br />
del célebre Romancero gitano<br />
(1928), refiere la muerte de una manera<br />
más explícita y con una índole más<br />
social: «Voces de muerte sonaron cerca<br />
del Guadalquivir» (García, 1998, p. 165).<br />
Este poema surca el emblema de la<br />
perorata social y el personaje referenciado<br />
se ostenta como la prosopopeya<br />
de un ideal y, a su vez, en sus versos:<br />
«¡Ay Federico García, llama a la Guardia<br />
Civil!» (García, 1998, p. 165), relaciona<br />
el estandarte discursivo de Lorca en<br />
función de la muerte como herramienta<br />
de validación de una postura, como<br />
resume en su disertación: «[…] me llama<br />
por mi nombre en el momento de<br />
su muerte. Gitano verdadero […] como<br />
muchos que en estos momentos mueren<br />
de hambre por no vender su voz milenaria<br />
a los señores que no hacen más<br />
que dinero» (García, 1991, p. 345).<br />
«Muerte de Antoñito el Camborio»<br />
denota el carácter inclusivo y fijación<br />
en el exterior, como menciona Salinas<br />
(2007, p. <strong>12</strong>64): «hace hablar a sus personajes,<br />
vuelto su romance —como los<br />
tradicionales— hacia un mundo exterior,<br />
de personas que hacen cosas, de<br />
sucesos que acaecen allí, ante el espectador».<br />
En este caso se resume cómo<br />
la muerte se vislumbra, vistosamente,<br />
ante el exterior. El poema «Aurora», por<br />
su parte, plantea la sensibilidad desde<br />
un plano más individual: «<strong>La</strong> aurora llega<br />
y nadie la recibe en su boca porque<br />
allí no hay mañana ni esperanza posible»<br />
(García, 2014, p. 53).<br />
Aunque bien, en este último poema<br />
puede añadirse que el yo lírico encaja<br />
como parte del paisaje lúgubre y bosqueja<br />
un acercamiento al tópico de la<br />
muerte, en medio de una sentencia<br />
clara: la desesperanza y dificultad de<br />
vivir en medio de la muchedumbre y<br />
ante el sopor urbano. Dicha postura es<br />
atestiguada por Guerrero y Dean-Thacker<br />
(1998, p. 108): «Para García Lorca la<br />
aurora en Nueva York es un amanecer<br />
sin esperanza». Es claro que el poeta lo<br />
explicita y expone ese carácter trascendente<br />
de la nostalgia, la angustia y la<br />
soledad que discurren como un preludio<br />
de la matriz temática de la muerte<br />
36
y que es muy propia ante las metrópolis,<br />
Casas resume que (2010, s/p): «El<br />
poema <strong>La</strong> aurora introduce en el libro<br />
la temática de la ciudad de Nueva York<br />
con oxímoron procedentes de la crisis<br />
urbana: columnas de cieno, huracán de<br />
negras palomas, aguas podridas, cieno<br />
de números y leyes». En el otro poema<br />
se descubre que el espacio juega un<br />
valor simbólico significativo, específicamente,<br />
cuando menciona, a modo de<br />
estribillo, el río Guadalquivir como una<br />
forma de ambientar, dramáticamente,<br />
la muerte: «Voces de muerte sonaron<br />
cerca del Guadalquivir» (García, 1998,<br />
p. 165) hasta el nivel de convertirse en<br />
una obra constantemente representada,<br />
pues no es gratuito que pertenezca a<br />
«[…] el libro de poesía más sonado, más<br />
triunfal, del siglo xx» como prepondera<br />
Salinas (2007, p. <strong>12</strong>63). De esta manera,<br />
se reconoce cómo ambos poemas,<br />
en síntesis, permiten un acercamiento<br />
a lo que trazaría la directriz temática y<br />
simbólica en la obra de García Lorca: la<br />
muerte, la cual se consolida como un<br />
fondo que permea la literatura y la filosofía,<br />
postulándose como el estadio<br />
más enigmático en la vida del hombre.<br />
Bibliografía<br />
Bagaría (1936): «Diálogos de un caricaturista salvaje<br />
(entrevista a Federico García Lorca)» (10-6-1936), en<br />
El Sol, recogido en García Lorca, F., OOCC, vol. <strong>II</strong>I, Prosa,<br />
Madrid, Aguilar, 1991, pp. 680-681.<br />
Castro Arena, M. (2010): «Poeta en Nueva York de Federico<br />
García Lorca», Alicante, Biblioteca virtual Miguel<br />
de Cervantes. Disponible en pdf.<br />
García Lorca, F. (1935), «Conferencia-recital Romancero<br />
gitano», en OOCC, vol. <strong>II</strong>I, Prosa, Madrid, Aguilar,<br />
1991, pp. 339-346.<br />
___ (1932): «Un poeta en Nueva York», en OOCC, vol.<br />
<strong>II</strong>I, Prosa, Madrid, Aguilar, 1991, pp. 347-358.<br />
___ (1932): «Poética», en Poesía española. Antología<br />
(1915-1932), selección de Gerardo Diego, Madrid, Signo.<br />
Disponible en: http://artespoeticas.librodenotas.com/<br />
artes/1447/poetica-de-viva-voz-a-gerardo-diego<br />
García-Posada, M. (1998): Federico García Lorca. Madrid,<br />
Akal.<br />
Guerrero, P. y Dean-Thacker, V. (1998). Federico García<br />
Lorca. El color de la poesía. Murcia, Universidad de<br />
Murcia y Universidad de Transylvania.<br />
Salinas, P. (2007): “Federico García Lorca”, “García<br />
Lorca y la cultura de la muerte” y “Palabras en homenaje<br />
a García Lorca”, en Literatura Hispánica Moderna,<br />
incluido en OOCC, vol. <strong>II</strong>, Ensayos completos, Madrid,<br />
Cátedra, Bib. Áurea, edición, introducción y notas de Ensayos<br />
completos, Enric Bou y Andrés Soria Olmedo, pp.<br />
<strong>12</strong>63-<strong>12</strong>66 y <strong>12</strong>79-<strong>12</strong>92.<br />
37
ESTÁN<br />
DENTRO DE TI<br />
Por Augusto Montero Razo<br />
38
Mariano dio otra mordida a su emparedado<br />
de jamón y bebió un<br />
gran sorbo de café. <strong>La</strong>s tripas le<br />
empezaron a doler así que tiró lo que<br />
le quedaba de almuerzo (que era la<br />
mitad) y se dispuso a regresar a la oficina.<br />
Llevaba ya una semana con esos<br />
extraños dolores; le aparecían siempre<br />
que empezaba a comer; no bien daba<br />
el cuarto o quinto bocado y los retortijones<br />
comenzaban en su estómago. Si<br />
las cosas no mejoraban en unos días<br />
estaba dispuesto a ir al médico, algo<br />
extraño en él.<br />
Su día estuvo lleno de idas al baño;<br />
diarrea a veces y a veces simplemente<br />
gases; muy incómodo todo, ciertamente.<br />
Al llegar a su hogar, ya de noche,<br />
se tendió en el sofá, calentó una cena<br />
congelada e intentó comerla mientras<br />
veía televisión. Su apartamento era<br />
un cuchitril que nunca limpiaba. Había<br />
moho en la alfombra, polvo en sus<br />
muebles, un fregadero maloliente, un<br />
baño asqueroso, ropa sucia tirada por<br />
doquier… Lo bueno es que al sucio<br />
dueño del apartamento no le molestaban<br />
las cucarachas, tan no le molestaban<br />
que siempre que pisaba una no<br />
recogía el cadáver recién aplastado y<br />
dejaba que el tiempo disolvieran los<br />
restos de esos insectos.<br />
Ya iba en su quinta cucharada de<br />
frijoles cuando sintió unas horribles<br />
punzadas dentro de su estómago, más<br />
fuertes que de costumbre, y corrió al<br />
baño para evacuar. En realidad, no<br />
había mucho que depositar en el inodoro;<br />
esa cena era su primer alimento<br />
en horas, pues no había comido nada<br />
desde el emparedado del almuerzo;<br />
sin embargo, logró cagar en diarrea. Al<br />
limpiarse se percató que lo cagado no<br />
era caca sino pura sangre, sino se sintió<br />
asqueado y horrorizado. Se paró<br />
sumamente espantado y vio el retrete;<br />
el agua de éste estaba llena de sangre<br />
con una bola, de lo que creía, era excremento.<br />
Quiso lavarse primero las manos<br />
antes de bajarle al inodoro, quería,<br />
por primera vez en mucho tiempo, sentirse<br />
limpio de su cuerpo. Mientras se<br />
lavaba las manos se vio al espejo y se<br />
notó pálido y sudoroso, ¿qué rayos le<br />
estaba pasando? Decidió que al día siguiente<br />
faltaría a trabajar e iría al doctor<br />
para saber qué tenía. Por su mente<br />
pasaban algunas cosas desagradables;<br />
se había tragado algo que le estaba<br />
perforando las entrañas o es que acaso<br />
tenía algún tipo de cáncer (en el estómago<br />
o en el colon) que le había hecho<br />
cagar sangre.<br />
Se acercó para ver con más detenimiento<br />
lo que había dentro del escusado,<br />
aunque claramente no le gustaba<br />
observar la mescla de mierda y sangre<br />
arrojada desde su intestino, necesitaba<br />
contemplarla bien para saber qué tenía<br />
que decirle al médico con exactitud:<br />
y entonces lo vio. Lo que creía eran heces<br />
en realidad era una larva, bastante<br />
grande, cubierta de restos fecales que<br />
estaba empezando a revolcarse. Esa<br />
inmundicia estaba salpicando agua<br />
con sangre fuera del inodoro. El espectáculo<br />
era vomitivo y nauseabundo;<br />
rápidamente jaló la palanca y contempló<br />
—con cierto alivio— como todo el<br />
mármol volvía a ser blanco —un blanco<br />
muy opaco porque nunca lavaba el<br />
escusado— al succionar toda la sangre<br />
y a esa gran larva intestinal.<br />
¡Parásitos! Eso era; pero… ¿Cómo los<br />
había adquirido? ¿Había sido en los tacos<br />
de canasta de hacia una semana o<br />
quizá las carnitas de un mes atrás? Eso<br />
ya no importaba: tenía serios proble-<br />
39
mas intestinales. Ya no sabía si esperar<br />
hasta el día siguiente o irse a urgencias<br />
por parásitos. Pero antes de tomar su<br />
decisión un inmenso dolor le surgió del<br />
estómago. Cayó en cuclillas para intentar<br />
aminorarlo, pero lejos de hacerlo el<br />
dolor se esparció por todo el cuerpo;<br />
del estómago al vientre, del vientre a<br />
la espalda, de la espalda al pecho, del<br />
pecho a sus cuatro extremidades. Se<br />
tiró al piso y empezó a convulsionarse<br />
del dolor por todo su apestoso apartamento.<br />
El dolor le impedía estarse<br />
quieto; tenía que irse a urgencia pronto.<br />
Trataba de controlarse para poder<br />
sacar el celular de sus bolsillos pero<br />
era demasiado el dolor como para poder<br />
dejar de convulsionarse. Se apretó<br />
los dientes para contener el dolor por<br />
unos segundos y como pudo metió su<br />
mano a su bolsillo y de un jalón sacó su<br />
celular, sin embargo, éste salió disparado<br />
a unos metros de donde él estaba.<br />
<strong>La</strong>s convulsiones le impedían avanzar<br />
hacia el celular, pero de cualquier manera<br />
ya era muy tarde: varios gusanos,<br />
del tamaño del que se había ido por<br />
el escusado, empezaron a salir de su<br />
carne. Primero de su cara; empezando<br />
por sus ojos, luego sus orificios nasales<br />
y luego sus oídos. <strong>La</strong> sensación de<br />
cómo salían de su cara era de un ardor<br />
tremendo, afortunadamente perdió el<br />
conocimiento antes de ver cómo era<br />
devorado por esos repulsivos parásitos.<br />
Salieron de todas partes de su cuerpo<br />
40
devorando su carne para encontrar la<br />
libertad. Una vez muerto, las larvas se<br />
dedicaron a comer el resto del cadáver.<br />
Esa noche, mientras el cadáver de<br />
Mariano era devorado por unas asquerosas<br />
larvas, en las noticias alertaron<br />
sobre una nueva plaga de larvas de<br />
moscas alteradas genéticamente que<br />
habían escapado hacia un mes de un<br />
laboratorio en Atlanta, Estados Unidos.<br />
Al parecer las moscas tenían la peculiar<br />
característica de poner sus huevecillos<br />
ya no en excremento, sino en cualquier<br />
alimento; eso hizo que la propagación<br />
fuera muy rápida. Se estimaba que<br />
prácticamente todos los comestibles<br />
sin envoltura alrededor del continente<br />
americano estaban ya infectados<br />
con esas larvas. También avisaron que<br />
justamente tardaban en salir del huésped,<br />
más tiempo que una larva común,<br />
debido a su desorbitante tamaño y<br />
por ello los primeros reportes de infectados<br />
apenas empezaban a surgir.<br />
El conductor del programa indicó que<br />
todas las personas que tuvieran dolor<br />
estomacal fueran inmediatamente a<br />
un médico a diagnosticarse pues era<br />
probable que esas larvas estuvieran<br />
dentro de ellos. Antes de dar a conocer<br />
más sobre la plaga la transmisión se<br />
interrumpió abruptamente cuando el<br />
conductor del noticiero, quien se veía<br />
pálido y sudoroso, se llevó sus manos<br />
al estómago y cayó al piso gimiendo<br />
de dolor.<br />
41
42<br />
EL PORTÓN<br />
DEL FONDO<br />
Por Irene Mariana Hume
<strong>La</strong> fila es larga, rigurosamente de a<br />
uno. Me dedico a mirar los rostros<br />
cuando voltean, alguno se parecerá<br />
al mío. Hay unos cuantos desconcertados,<br />
incrédulos, en cualquier momento<br />
empezarán a gritar que están<br />
aquí por equivocación; los hay aterrados,<br />
como niños que escuchan los pasos<br />
del adulto abusivo. Los más, ostentan<br />
un rictus de acabada resignación.<br />
El hombre delante de mí habla con la<br />
nuca del que lo antecede; al parecer no<br />
se permiten conversaciones, aunque no<br />
hay letrero ni persona que imponga el<br />
silencio que reina. Se ve que este hombre<br />
está enterado de cosas, le susurra al<br />
cuello de la camisa del otro que la entrevista<br />
es muy corta, consiste en una sola<br />
pregunta. No, él no sabe cuál es.<br />
Avanzamos bastante rápido. Aquí<br />
nadie se cuela, no hay favoritismos ni<br />
gestos corteses para con las mujeres ni<br />
la gente mayor. Nadie pide, nadie cede.<br />
Debo sacarle información a este hombre,<br />
antes de que sea mi turno. Para iniciar<br />
la conversación le hablo a algún lugar entre<br />
los omóplatos —es bastante más alto<br />
que yo— no se me ocurre nada más lúcido<br />
que comentar lo rápido que se mueve la<br />
cola. No toman a casi nadie, me dice, volteando<br />
apenas. Te preguntan el nombre, y<br />
como ya hicieron todas las averiguaciones<br />
de antecedentes, a la mayoría la bochan<br />
ahí nomás. Acá no hay currículum trucho<br />
que valga. Los rechazados vuelven a salir<br />
y se van por la puerta del fondo. ¿Dónde?<br />
Allá lejos, a la izquierda, ese portón gris,<br />
alto. ¿Ahora lo ves?<br />
Para el resto, como ya dije, es una<br />
sola pregunta. Si tenés la fija de cómo<br />
contestar, te aceptan y ya te quedás. Si<br />
no, fuera y al portón. ¿Que cómo sé yo<br />
todo esto? Se encogió de hombros. Es<br />
lo que va corriendo por la fila.<br />
Miro hacia atrás y la cola sigue hasta<br />
donde ya no alcanzo ver, progresa pero<br />
nunca se acorta. Para seguir la cadena<br />
de información y un poco por hacerme<br />
el importante (ni acá se me quitan las<br />
mañas), repito lo que acabo de aprender<br />
a la joven que está detrás de mí.<br />
Bellísima, elegante e impecablemente<br />
vestida, en ningún otro lugar se me<br />
hubiera ocurrido dirigirle la palabra. <strong>La</strong><br />
homogeneidad se hace posible sólo en<br />
este instante.<br />
Avanzamos varios metros, allá veo la<br />
puerta al lugar de la entrevista. Siento que<br />
me empieza a faltar el aire en este ambiente,<br />
aséptico como la sala del hospital.<br />
Me lo había imaginado de otra forma, vaporoso,<br />
sin el lastre de lo mundano.<br />
Le comento a mi compañero sabihondo<br />
que a mi entender no era tan tajante<br />
el asunto, había una segunda oportunidad,<br />
un lugar intermedio donde se terminaban<br />
de resolver las cosas. Esta vez<br />
se da vuelta y me mira de frente, la expresión<br />
una mezcla de sorna y crueldad.<br />
Y vos te creíste todo lo que te contaron.<br />
Recaigo en el silencio. Si de esto<br />
nunca fue posible hablar, como si se<br />
pudiera negar que después de un día<br />
cualquiera vendrá la noche.<br />
Unos metros más. Me he estado sincerando<br />
conmigo mismo y creo que no<br />
seré rechazado de plano, pero tampoco<br />
aceptado así nomás. Soy finalista de un<br />
programa de preguntas y respuestas<br />
ante la última prueba, a todo o nada.<br />
Esta convicción me da ánimo para abordar<br />
nuevamente la espalda hostil; averiguo<br />
si no escuchó nada más sobre la<br />
infame pregunta. No me responde.<br />
Para distraerme me concentro en lo<br />
que ocurre en la cabecera de la fila, separada<br />
de mí por unas cuarenta personas.<br />
Al poco tiempo, alarmado, dejo de<br />
43
llevar la estadística, porque de todos<br />
los que van entrando sólo un joven no<br />
vuelve a salir.<br />
Demasiado pronto, quedan apenas<br />
dos personas adelante en la fila. Con<br />
la valentía que me confiere la desesperación<br />
me animo nuevamente: ¿qué te<br />
parece que habrá detrás del portón gris<br />
del fondo? ¿Será como…?<br />
Se da vuelta bruscamente, la expresión<br />
inescrutable. ¿Qué? ¿Estás sintiendo<br />
calorcito? se burla, con un humor<br />
perverso que enmascara su miedo.<br />
El sabihondo desaparece detrás de<br />
la puerta y emerge casi enseguida. Era<br />
cantado que a ese lo rechazaban sin siquiera<br />
preguntarle nada. No me mira, se<br />
va directamente para el fondo. Me toca.<br />
<strong>La</strong> puerta ha quedado abierta y entro,<br />
la siento cerrar, silenciosa, detrás de mí.<br />
Estoy como en un ascensor vidriado, de<br />
esos en que se puede ver todo mientras<br />
uno asciende, pero aquí no hay paredes<br />
ni piso, y en lo que sería el afuera no hay<br />
nada. No me animo a dar otro paso, temiendo<br />
caer al vacío, y una voz que me<br />
resulta amable pregunta: ¿Nombre?<br />
Raúl Amancio. Pasan unos minutos y<br />
me aferro a la idea de que no me encuentran<br />
en la lista, todo fue un error y<br />
podré volver. En eso la voz insiste ¿Es<br />
usted quien dice ser?<br />
Raúl Amancio, repito, esperanzado.<br />
Transcurre el tiempo y no pasa nada,<br />
se me acalambran las piernas de estar<br />
tanto tiempo quieto. El silencio se alarga<br />
más de lo razonable y es entonces<br />
que caigo en la cuenta, horrorizado, de<br />
que la pregunta ya me la han hecho.<br />
¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Habrá<br />
algunos necios que dan un nombre falso?<br />
Estoy por asentir y pronunciar mi<br />
nombre por tercera vez, cuando recuerdo<br />
la ocasión en que presumí de<br />
un ascenso en el trabajo, pero en realidad<br />
sólo me habían cambiado de sector.<br />
Seguramente no cuenta la broma<br />
esa de las fotos trucadas que subí a las<br />
redes, de vacaciones en un lugar al que<br />
nunca fui.<br />
Y después está aquel fin de semana, le<br />
dije a Gloria que me iba de pesca, y en vez…<br />
Siento una corriente de aire. Es la<br />
puerta detrás de mí que se está abriendo.<br />
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45
46<br />
EL<br />
CUADRADO<br />
Por Cintia Mariana Ledesma Gutiérrez
Nuestra familia siempre fue pequeña:<br />
tu marido, tus dos hijos, la vecina<br />
que era tu única amiga vos<br />
y yo. Todos me esperan mientras me<br />
acerco a paso firme por el pasillo de tierra<br />
escoltado por tumbas ajenas y flores<br />
muertas. El único sonido que acompaña<br />
mis pasos es el del viento entre<br />
los árboles. El cementerio es siempre<br />
un lugar frío y ventoso. Al llegar saludo<br />
con un movimiento de cabeza al que<br />
mis sobrinos no corresponden y tu esposo<br />
ignora.<br />
El féretro se desliza hacia el interior<br />
del espacio oscuro y rectangular que<br />
será tu morada definitiva y no puedo<br />
dejarte ir sin antes preguntarte por qué<br />
no lo hiciste, por qué no trazaste un<br />
cuadrado que te protegiera; ¿no recordaste<br />
que dentro de él estarías a salvo?<br />
<strong>La</strong> noche en la que se me ocurrió la<br />
idea del cuadrado voy a recordarla por<br />
siempre; llovía a cántaros, el aguacero<br />
pegaba fuerte contra la autopista que<br />
nos servía de techo, el alrededor estaba<br />
más oscuro que de costumbre y<br />
apenas podía verte iluminada por un<br />
rayo de luz de los postes de la calle<br />
que se filtraba entre los trapos colgantes<br />
que hacían las veces de paredes<br />
en casa. Recuerdo que te tenía fuerte<br />
de la mano, que sollozabas y los dos<br />
teníamos miedo, ella había gritado y<br />
maldecido todo el día matizando sus<br />
insultos con golpes, como si la culpa<br />
de que no escampara fuera nuestra.<br />
Mamá odiaba que la lluvia espantara a<br />
sus clientes. Esos hombres de aspecto<br />
repulsivo que nos miraban con menos<br />
atención de la que le dedicaban a las<br />
ratas que nos correteaban alrededor<br />
mientras ellos se encerraban con esa<br />
mujer en la tapera. Después de un rato<br />
se iban con la misma indiferencia con<br />
la que habían llegado y era entonces<br />
cuando mamá se transformaba. Corría.<br />
Corría más rápido de lo que nunca<br />
la vi correr y cruzaba la autopista por<br />
el puente naranja. Cuando regresaba<br />
nosotros seguíamos invisibles y todo<br />
su amor era para esa bolsita de polvo<br />
blanco. Dos líneas blancas y frías que la<br />
despegaban del mundo y la paseaban<br />
por lugares hermosos. Eso decía.<br />
El cuadrado fue nuestro lugar hermoso.<br />
Lo dibujábamos con un pedazo<br />
de carbón en el suelo que tuviéramos<br />
bajo los pies y nos quedábamos dentro<br />
seguros de estar a salvo. Me creías<br />
cuando te decía que estar ahí tomados<br />
de la mano nos hacía iguales a<br />
los chicos que vivían en las casas con<br />
ventanales grandes del otro lado de<br />
la autopista que tanto nos gustaba espiar.<br />
Allí no entraban golpizas, llantos o<br />
gritos. No existían los días de buscar a<br />
esa mujer en los callejones oscuros del<br />
puerto cada vez que se perdía detrás<br />
de alguno de sus tantos príncipes de<br />
humo. No estábamos solos, no teníamos<br />
hambre o frío. No había lugar para<br />
el desamparo.<br />
<strong>La</strong> imaginación es el único escudo efectivo<br />
que tiene un niño que no tiene nada.<br />
Estoy frente a tu tumba y aunque ya<br />
no soy un niño, acaricio el marcador<br />
negro que siempre llevo en el bolsillo<br />
de mi saco conteniendo las ganas de<br />
delinear en este mismo instante cuatro<br />
líneas rectas a mí alrededor en el<br />
piso de cemento. Necesito fingir que<br />
nada de esto pasa. Los encargados del<br />
cementerio nos dan un momento de<br />
respetuosa intimidad y el silencio de<br />
los primeros segundos es un golpe de<br />
destrucción al llanto contenido de tu<br />
hija que desborda en lágrimas, en palabras<br />
entrecortadas y bronca. Toda la<br />
47
onca del mundo para una muerte tan<br />
absurda. Tu vecina intenta confortarla<br />
en vano. Estarías orgullosa de tu hijo,<br />
es un hombrecito que aunque toma la<br />
mano de su padre y le hunde las uñas<br />
en la palma casi hasta hacerlo sangrar,<br />
no derrama una sola lágrima. Veo sus<br />
ojos grises rotos por el dolor y no puedo<br />
dejar de verte a vos en esa tarde en<br />
la que todo cambió. Esa tarde en la que<br />
dejamos a mamá durmiendo y nos fuimos<br />
sin mirar atrás. No pediste explicaciones;<br />
tenías esa fe ciega de hermana<br />
menor en mí. Sólo tomamos la única<br />
muda de ropa que teníamos y dejamos<br />
todo lo que nos faltaba en ese tugurio<br />
junto a la autopista. Entre tantas instituciones,<br />
familias de acogida, hombres<br />
de traje y mujeres de profesional<br />
maternidad trazamos muchas veces el<br />
cuadrado para protegernos, para que<br />
no nos separaran, para sobrevivir en la<br />
jungla de niños desesperados de amor<br />
y asqueados de realidad. Lo logramos.<br />
Fuimos, somos, seremos mucho mejor<br />
que una adicta y un padre del que no<br />
nos quedan ni recuerdos malos.<br />
Tu familia, tu casa de frente blanco y<br />
tu vida de suburbio acomodado. Cumpliste<br />
tu sueño y estoy más orgulloso<br />
de eso que de mí. Si ya sé que siempre<br />
decías que eras vos la que sentía orgu-<br />
48
llo de su hermano: un cirujano respetado,<br />
un hombre de gustos exquisitos y<br />
una novia ejecutiva que hoy no quiso<br />
llenarse los zapatos de polvo y se excusó<br />
en el respeto a la privacidad del<br />
dolor de la familia...aunque tenga asistencia<br />
perfecta en cualquier rito fúnebre<br />
de terreno parquizado.<br />
Los obreros colocan la lápida y lentamente<br />
caminamos hacia la salida. Quisiera<br />
abrazar a mis sobrinos y prometerles<br />
que nada va a cambiar. Quisiera<br />
darle un apretón de manos a mi cuñado<br />
y decirle que la vieja competencia<br />
por ser el hombre más importante de<br />
tu vida ya es obsoleta…pero gané yo.<br />
En el conteo de secretos y recuerdos<br />
gano yo. Él no sabe que el gris de tus ojos<br />
se apagó para el mundo mientras el filo<br />
de mi navaja te lastimaba más veces de<br />
las que puedo tolerar. Cómo hago para<br />
explicarte que me recordabas demasiado<br />
a esa adicta que hizo de mí esto que<br />
soy, que a medida que pasaban los años<br />
te parecías más y más a ella…como si<br />
me desafiara a matarla una y otra vez.<br />
Como si con una vez no hubiera bastado.<br />
Te di mi marcador, te pedí que lo dibujaras<br />
pero dijiste que eso eran cosas de<br />
chicos, que ya no éramos tan inocentes.<br />
Tenés razón, a veces, en lugar de un<br />
niño, te dejan un monstruo dentro.<br />
49
¿A QUÉ<br />
TEMPERATURA SE<br />
QUEMAN LAS IDEAS?<br />
Por Hernando Orozco Losada<br />
<strong>La</strong>s quemas de libros en la historia<br />
han estado ligadas a la persecución<br />
de sus autores o de sus lectores.<br />
Este acto político nos recuerda que no<br />
hay nada más peligroso para un Estado<br />
autoritario, para una sociedad represiva<br />
o para un grupo de fanáticos, que las<br />
ideas diferentes. Esta novela del estadounidense<br />
Ray Bradbury (1920-20<strong>12</strong>),<br />
está inspirado en el auge del macarthismo<br />
en la década del cincuenta del siglo<br />
50<br />
XX en los EE. UU. Esta censura le cerró<br />
las puertas editoriales, por fortuna un<br />
editor libertino Hugh Hefner, la publicó<br />
en sus revistas Playboy que lanzó al<br />
mercado entre 1953 y 1954.<br />
Fahrenheit 451 es narrada en tercera<br />
persona y revela las vivencias y<br />
reflexiones desde el punto de vista<br />
de Guy Montag —el personaje central—,<br />
alternando con diálogos relevantes<br />
y cargados de sentido. Él es un
ombero que junto con otros y bajo<br />
la mirada vigilante del jefe Beatty, no<br />
apagan incendios sino que los prenden,<br />
quemando libros y casas que los<br />
albergan, pero también persiguiendo a<br />
sus lectores con un sabueso mecánico.<br />
Los libros contienen ideas diferentes y<br />
contradictorias, lo cual puede generar<br />
angustia, cuestionamiento del statu<br />
quo y búsqueda del cambio, los bomberos<br />
protegen la felicidad al cumplir<br />
la ley de quemar los libros prohibidos.<br />
Montag está conforme con este trabajo<br />
hasta que sucede algo inesperado, una<br />
lectora se inmola entre sus libros. Esto<br />
se convierte para Guy en un llamado a<br />
cuestionar si la ley es un abuso.<br />
<strong>La</strong> vida familiar de Montag es frustrante:<br />
su esposa Mildred es casi una<br />
desconocida, escucha música por sus<br />
auriculares, se intoxica con sedantes,<br />
aprende guiones de realities y quiere<br />
51
llenar sus paredes de pantallas gigantes<br />
para interactuar con su familia todo<br />
el día y ser feliz. Lo que ella no sabe, es<br />
que Montag ha cruzado un umbral hacia<br />
fantasmas que harán arder su mundo.<br />
El héroe intenta en vano que piense<br />
diferente, la cuestiona y le plantea sus<br />
descubrimientos, pero ella no desea<br />
ser salvada, se aferra a una felicidad<br />
absurda y hará lo necesario para protegerse.<br />
Beatty los visita, también es un<br />
lector a escondidas, pero es un escéptico<br />
y usa falacias, paradojas literarias<br />
y sarcasmos para tratar de apabullar y<br />
convencer a Guy. Montag está descubierto,<br />
tiene miedo y duda, sin embargo,<br />
no apaga su fuego interior y decide<br />
enfrentarse a Beatty, esta es la prueba<br />
necesaria para seguir su camino, sin<br />
importar el costo.<br />
<strong>La</strong> ciudad es el escenario de la velocidad,<br />
el anonimato, el desahogo<br />
peligroso y las persecuciones; allí es<br />
sospechoso caminar solo, sin embargo<br />
posibilita encuentros trascendentales<br />
para Guy, como los que tiene con Clarisse<br />
una joven extraña y mágica, que<br />
lo invita a la aventura de pensar y sentir<br />
diferente. Ella no ve televisión, ni va a<br />
los parques de atracciones, es considerada<br />
insociable y recibe terapia, tiene<br />
mucho tiempo para caminar y pensar;<br />
observa, escucha y huele con detenimiento<br />
a las personas, las lee y les hace<br />
preguntas inquietantes; no le gusta<br />
la escuela, allí no permiten preguntar,<br />
solo hacer silencio y repetir lo que<br />
dictan las pantallas; tampoco le gusta<br />
estar con jóvenes, no hablan nada original,<br />
conducen peligrosamente y se<br />
matan entre ellos. Clarisse observa con<br />
ojos de poeta y pregunta como filósofa,<br />
esto erotiza a Montag, diluye sus falsas<br />
seguridades y le quita su careta de fe-<br />
52
licidad. En un parque conoce a Faber,<br />
un profesor de literatura retirado, este<br />
le da un obsequio que le ayuda a trasformar<br />
su mundo. Faber es un viejo cobarde<br />
que posibilita que Montag tome<br />
conciencia y trata de protegerlo, hasta<br />
que se rebela y entonces lo instruye<br />
para el viaje de retorno hacia su humanidad<br />
oculta.<br />
Montag cuestiona su realidad y descubre<br />
con asombro que él no protege<br />
la felicidad, que este sistema no fue impuesto,<br />
que la masa social ha clausurado<br />
ciertas dimensiones de la realidad<br />
humana y los libros son su último refugio.<br />
<strong>La</strong>s ocasionales quemas y persecuciones,<br />
son solo actos simbólicos que<br />
reafirman el orden moral imperante.<br />
En esta sociedad, la gente dejó de leer<br />
para sumergirse en el entretenimiento<br />
audiovisual y la publicidad, dejó de ir<br />
a la universidad y solo ejerce técnicas,<br />
dejó de pensar, criticar y amar, para<br />
solo obedecer, tomar medicación o<br />
suicidarse. Guy domina el miedo a perder<br />
su zona de confort, enfrenta sus<br />
temores y a Beatty, este le plantea una<br />
encrucijada: proteger su mundo “feliz”<br />
o sufrir la persecución. Su elección lo<br />
lleva a un final insospechado y revela<br />
su sabiduría ante extraños personajes<br />
libro, alrededor de la hoguera de un<br />
nuevo día.<br />
Esta es una obra distópica que construye<br />
una realidad social, política y<br />
tecnológica posible, pero indeseable;<br />
es una mirada irónica y desencantada<br />
del presente y sus tendencias futuras.<br />
Fahrenheit 451 es poética e inquietante,<br />
cercana a nuestra sociedad de la<br />
información y del espectáculo, reveladora<br />
de la cultura feliz del consumo de<br />
clases medias actual, sin necesidad de<br />
quemar libros.<br />
53
54<br />
CAMBIO<br />
DE RUBRO<br />
Por Karen Liz Colman Neris
Que te falten semanas para pedir<br />
la jubilación es una de las peores<br />
ansiedades que puede vivir un<br />
funcionario público. No recuerdo en qué<br />
momento, entre Navidad y <strong>Año</strong> Nuevo,<br />
he empezado a hacer ese cómputo diario<br />
de lo que me queda en esta oficina.<br />
No es que tenga mucho que hacer, solo<br />
extraño el sabor de las papas fritas y una<br />
buena cerveza frente al televisor viendo<br />
la Champions League. También está el<br />
hecho de que mi habitación no ha visto<br />
una mujer decente en cinco años. No<br />
es que tenga una relación con mi cama,<br />
pero no se la presento a cualquiera.<br />
Firmo los permisos entre que suspiro<br />
mirando la misma ventana desde hace<br />
veinticinco años. <strong>La</strong>s ventanas de oficinas<br />
son más grandes cuando uno menos<br />
puede salir, solo tienen que ver el tamaño<br />
de la del director. De nuevo me quedaré<br />
hasta tarde hasta completar el vertiginoso<br />
contrato de ventas. Sé que en algún<br />
momento me traspapelé, mi voluntad se<br />
escondió tras el informe de gráficas proyectivas<br />
y las solicitudes de venta.<br />
Mastico la acartonada milanesa que<br />
Silvia, mi secretaria, trajo del menú de<br />
la cafetería. Contemplo las luces que se<br />
van apagando una tras otra enfrente de<br />
mi oficina. No dejo de escuchar que irán<br />
al bar de la esquina o a atender a sus<br />
familias. Suspiro y desaflojo la corbata<br />
que me está ahogando. ¡A la mierda! Me<br />
incorporo y voy a la azotea para fumar<br />
un cigarro de tabaco saborizado antes<br />
de terminar el laburo. Necesito aire.<br />
—¿Me das uno? —escucho detrás de<br />
mí. Un hombre trajeado con cara de<br />
estar igual de jodido que yo, ojeroso y<br />
despeinado, me extiende su mano esperando<br />
el cigarro.<br />
—Tomá —extiendo el brazo para ofrecerle<br />
la caja que saqué del bolsillo. Se<br />
coloca un cigarro en la comisura de los<br />
labios y entre nosotros se asienta un pequeño<br />
silencio incómodo. Ese silencio<br />
empático que hasta los compañeros de<br />
celda deben compartir en prisión.<br />
—¿Fuego? —pide rompiendo el trance<br />
y le paso el encendedor.<br />
Da una larga pitada para luego exhalar<br />
por lo alto, las volutas se disipan sin<br />
dirección como mis pensamientos. Lo<br />
estudio de soslayo, él parece padecer el<br />
mismo estrés que me engulle con gula<br />
voraz. Cuanto más viejos nos ponemos,<br />
los monstruos que guardamos calladitos<br />
por décadas más hambrientos<br />
son. Noto que el tipo es más joven que<br />
yo, pero su cartilaginosa delgadez y las<br />
marcadas ojeras me dan la pauta que<br />
se está pudriendo en este edificio que<br />
cada vez me sabe más a tumba que a<br />
vida.<br />
—Soy Átropos, del consorcio de pólizas<br />
de destinos. ¿Vos? —me charla y<br />
alzo las cejas.<br />
—¿Destinos? —corroboro el nombre de<br />
la empresa—. Jorge Cabañas, director general<br />
de la Secretaría Nacional de Aduanas<br />
—señalo con el mentón entre que exhalo<br />
el humo—, ahí en el cuarto piso.<br />
—Sí, destinos. Empresa familiar, tres<br />
hermanos y mi viejo. Aunque es un trabajo<br />
poco exigente, el peso de lo que<br />
uno hace es demasiado…<br />
—Entiendo, son como pólizas de seguro<br />
de vida me imagino —eso es más<br />
aburrido que mi trabajo, con razón<br />
la cara—. Yo estoy al revés, la paga es<br />
poca y mis funcionarios unos incompetentes.<br />
Trabajo como burro para que el<br />
presidente no me raje a patadas. —Retiro<br />
ceniza sobrante de mi cigarro.<br />
—¿Y si cambiás de rubro? Uníte a nuestra<br />
empresa y reemplazáme —me sostiene la<br />
mirada tan decidido que sé que lo está<br />
55
proponiendo seriamente—. Estoy cansado,<br />
llevo en esto mucho tiempo y necesito<br />
un retiro, la paga es excelente —arruga la<br />
barbilla como si fuera cosa de hacer así<br />
no más, un trámite rápido. Sin embargo,<br />
yo sé que cambiarme ahora de trabajo<br />
sería tremenda boludez. No voy a joderlo<br />
todo ahora que estoy a punto de rajarme<br />
a la mierda para poder andar en calzones<br />
todo el día.<br />
De repente, por una de esas cosas<br />
inexplicables de mi mente me pregunto:<br />
¿Y si me jubilo ahora? Cambiar de<br />
aire para un ecónomo que puede vender<br />
casi cualquier cosa sería genial o<br />
me estancaría, quién sabe.<br />
—Debería pensarlo. Me estoy a punto<br />
de jubilar y podría probar... —me encojo<br />
de hombros. Al mismo tiempo me<br />
doy una cachetada mental, debo dejar<br />
de pensar boludeces.<br />
—Bueno, vení —el hombre se acerca<br />
tranquilo al filo de la cornisa. Lo acompaño<br />
a mirar la vista. Me hace una señal<br />
con su dedo índice y junto las cejas—<br />
Acercáte más, mirá el tránsito. —me<br />
aclara Átropos para que no desconfíe.<br />
Medio intrigado, medio curioso me<br />
asomo a ver lo que quiere mostrar pero<br />
mi cabeza está en otro lado. Pienso<br />
que tal vez es hora de cambiar de rubro,<br />
falta poco para mi retiro; podría probar<br />
56
algo nuevo a ver qué tal si no me agrada<br />
tengo mi pensión.<br />
De repente, siento que la mano de Átropos<br />
me impele al vacío y el terror me invade<br />
como líquido en los pulmones. Grito.<br />
Grito porque ya me sé muerto y no puedo<br />
hacer nada. En mi caída veo los pisos uno<br />
a uno, oscuros, solos y medio muertos...<br />
Tan muertos como yo lo estaré. Un segundo<br />
antes de estrellarme pienso que así me<br />
voy a morir y que no es justo. Quería morirme<br />
menos estresado, menos asesinado<br />
y con más sexo. Qué sé yo, en un motel<br />
hubiera sido espectacular.<br />
Todos esos pensamientos se detienen<br />
cuando mi cráneo explota como<br />
bengala en el pavimento. El contenido<br />
de mis frustraciones se esparce en la<br />
vereda y lo último que pienso es que<br />
me faltaba poquito para jubilarme<br />
mientras las luces del espectáculo se<br />
apagan para siempre.<br />
Mi nuevo trabajo se trata de cerrar<br />
contratos de vida y muerte, otorgar<br />
algunas prórrogas y apurar cierres de<br />
plazos. Me siento estafado, la paga es<br />
una mierda, no hay sindicato ni vacaciones,<br />
el café siempre está frío y el papel<br />
de la impresora siempre se atasca.<br />
Soy Jorge Cabañas, el nuevo Átropos,<br />
Director General de Destinos en la<br />
Muerte S. A.<br />
57
58<br />
LA JOVEN<br />
DEL COLMADO<br />
Por Efrain Nadal De Choudens
—Sí, cariño, tengo la leche y los huevos.<br />
Sí, lo sé, tenemos que estar con los<br />
Fuentes a las 8:00. Estaré en casa en 30<br />
minutos. Yo también te amo.<br />
David guarda su teléfono celular en<br />
su bolsillo y saca la llave de su coche.<br />
Mira en dirección a una conmoción que<br />
se va formando frente a un local vacío<br />
próximo al colmado, pero no presta<br />
mucha importancia. <strong>La</strong> figura de una<br />
hermosa joven morena es lo que realmente<br />
captura su atención. Tendrá<br />
unos diecinueve o veinte años de edad,<br />
con pelo largo y levemente rizado cubriéndole<br />
la mitad de la espalda, delgada<br />
pero con pronunciadas curvas en las<br />
partes correctas. <strong>La</strong> joven se encuentra<br />
junto a su coche. Su blusa ajustada<br />
sigue la forma de su generoso pecho,<br />
marcando perfectamente sus redondos<br />
y firmes senos. David no puede dejar de<br />
mirarla, mira hacia abajo, a las piernas<br />
de la joven, un par de fantásticas piernas<br />
largas. <strong>La</strong> corta falda, cubriendo<br />
menos de la mitad de sus muslos, deja<br />
poco a la imaginación de David, o más<br />
bien, comienza a estimulársela.<br />
—Disculpe —dice la joven en un tono<br />
tímido, despertando a David de su letargo—.<br />
Siento molestarlo, pero necesito<br />
su ayuda.<br />
David está encantado con su melódica<br />
y dulce voz. Él mira sus ojos marrón<br />
claro, sus sensuales labios, brillosos<br />
por la humedad de su saliva; y su piel<br />
de color cobre, impresionantemente<br />
hermosa, sin imperfecciones visibles.<br />
David no se sorprendería si la joven fuera<br />
la hija del mismísimo Quetzalcóatl.<br />
—Mi nombre es Astrid y tengo un problema.<br />
Me supone que hubiera regresado<br />
a mi casa hace ya un buen rato;<br />
mi madre de seguro que se encuentra<br />
sumamente preocupada, y como sabe,<br />
el sistema de taxis es carísimo y los autobuses,<br />
bueno, con esos es como sacarse<br />
la lotería cuando pasa uno. ¿Me<br />
pregunto si pudiera llevarme a mi casa,<br />
o al menos cerca?<br />
—Me gustaría poder ayudarte, pero<br />
también tengo prisa. Mi esposa y yo<br />
tenemos una cita con unos amigos y<br />
ya se me está hacienda tarde. Necesito<br />
estar en casa pronto.<br />
—Mi calle no está lejos de aquí. Vivo<br />
en la calle Del Moral, a unos veinte minutos<br />
en coche.<br />
—¿Del Moral? Casualmente necesito<br />
pasar por ese lugar, está en mi ruta —David<br />
piensa por un momento. <strong>La</strong> joven es<br />
atractiva, pero por su vestimenta no puede<br />
descifrar si es una prostituta o solo una<br />
joven que se deja llevar por los extremos<br />
de la moda moderna, pero una fuerza<br />
inexplicable en su interior lo convence de<br />
ayudarla—. Está bien, puedo llevarte hasta<br />
allí, pero solo hasta la intersección —le<br />
abre la puerta del pasajero para ella y él<br />
coloca la bolsa del colmado en el maletero<br />
antes de entrar también en el coche.<br />
Se pone en marcha, un distante sonido de<br />
sirenas se va haciendo más fuerte en cada<br />
momento. Mira por el espejo retrovisor y<br />
ve tres autos policiacos detenerse precisamente<br />
en el local donde se está formando<br />
la conmoción que había presenciado<br />
unos segundos antes. <strong>La</strong> camioneta del<br />
noticiario se acerca rápidamente en dirección<br />
contraria a la que él está tomando.<br />
—¿Debe haber sucedido algo importante,<br />
que habrá sido?<br />
<strong>La</strong> joven no dice nada, no reacciona al<br />
comentario, mantiene su serio semblante.<br />
—Supongo que nos hemos visto antes,<br />
me pareces familiar.<br />
Ella sigue sin decir palabra, manteniendo<br />
su mirando fija hacia la carretera, como<br />
si fuera una muñeca de plástico gigante.<br />
59
David la mira disimuladamente, sus<br />
ojos recorren el pecho de la joven, sus<br />
grandes y redondos senos están marcados<br />
en su ceñida blusa, dejando que sus<br />
pezones se marquen claramente en la<br />
tela gracias a la clara ausencia de un sostén.<br />
Ve como parte de su abdomen esta<br />
descubierto, dejando ver el arete que<br />
adorna su ombligo. Mira más abajo, una<br />
corriente le invade el cuerpo, David no<br />
puede quitarle los ojos de sus piernas. Se<br />
ven fuertes y suaves. Ahora que está sentada,<br />
su falda se enrolla más hacia arriba,<br />
mostrando completamente sus muslos.<br />
El corazón de David late con fuerza, casi<br />
puede ver la ropa interior y comienzan<br />
a formarse gotas de sudor en su frente,<br />
siente como parte de él comienza a cre-<br />
cer entre sus piernas. Enciende el radio<br />
del coche para distraerse y enfoca su vista<br />
en la carretera, pero sin dejar de pensar<br />
en la belleza que tiene al lado.<br />
Ambos permanecen en silencio el<br />
resto del camino. Los veinte minutos<br />
de trayectoria se transforman en una<br />
eternidad en la mente de David.<br />
—Puedes dejarme aquí.<br />
—¿Segura? Hay tiempo, puedo llevarte<br />
hasta tu casa.<br />
—Puedo caminar, así no tendrás que<br />
cambiar tu ruta.<br />
David se detiene.<br />
—Gracias —baja del coche y dice adiós.<br />
Diez minutos más tarde, David llega a su<br />
casa, toma la bolsa del colmado y entra. Él<br />
camina hacia la cocina y pone la bolsa sobre<br />
60
la mesa, el pequeño televisor está encendido<br />
pero no le hace caso, no puede quitar la imagen<br />
de la joven de su mente. Esta excitado.<br />
—Hola, cariño —Linda entra en la cocina.<br />
David ve entrar a su esposa completamente<br />
arreglada para la velada. Lleva<br />
un vestido blanco que le cubre hasta<br />
la mitad de los muslos y su escote es<br />
pronunciado, dejando ver la mitad de<br />
sus senos. Aun excitado por la impresión<br />
de la joven, David mira el reloj y<br />
piensa que puede tener un rapidito con<br />
su esposa en la cocina. Se le acerca y<br />
la abraza, pasa sus manos por sus pechos<br />
mientras la besa, luego las coloca<br />
sobre las nalgas de ella y las aprietas.<br />
—¿Y eso? ¿Qué haces? Ya tenemos que<br />
irnos y aun no te bañas.<br />
—No importa que lleguemos unos minutos<br />
tarde —le besa el cuello.<br />
David mueve sus manos por debajo<br />
del traje de Linda, sintiendo su cálida piel.<br />
Ella se deja llevar y lo abraza fuertemente.<br />
Antes de que David pueda bajar la cremallera<br />
de su pantalón, una foto en el televisor<br />
lo perturba mientras la presentadora<br />
anuncia una noticia de última hora.<br />
—…el cuerpo de la joven Astrid Roberson<br />
fue encontrado hace menos de<br />
una hora en la calle Sol. <strong>La</strong> joven había<br />
desaparecido hace dos día mientras…<br />
David se torna pálido y siente un terrible<br />
malestar en el estómago, sale corriendo<br />
al patio para devolver lo poco<br />
que ha comido.<br />
Linda lo observa, desconcertada.<br />
61
EL HOMBRE<br />
DE LA CAMPERA<br />
NEGRA<br />
Por Mabel Bello de Cayrús<br />
62
Los dos hombres se detuvieron ante<br />
la vidriera, permanecieron unos<br />
minutos y luego entraron. Ver entrar<br />
dos uniformados en tiempos de<br />
dictadura y más aún cuando se está en<br />
otro país, no causa ningún placer, por<br />
eso me puse de pie intentando disimular<br />
mis emociones. Los dos hombres,<br />
que eran agentes policiales, dijeron<br />
buenas tardes, saludo que respondí<br />
con una simulada sonrisa. Ellos se<br />
acercaron al mostrador, el más joven<br />
comentó que habían notado este nuevo<br />
negocio en el barrio, el otro preguntó<br />
en cuántos días le arreglaríamos sus<br />
zapatos y luego indagaron donde se<br />
hacía la compostura. Dado que no había<br />
nada que ocultar, lo más adecuado<br />
era darles la información correcta, así<br />
que les expliqué que aquí recibíamos<br />
los trabajos, dado que esta era la sucursal<br />
de un Taller que estaba en Chacarita.<br />
Ellos dijeron que todos los días<br />
hacían esta recorrida, que cualquier<br />
cosa que necesitara no vacilara en<br />
llamarlos, que estaban a la orden. Así<br />
como llegaron se fueron.<br />
Durante esa semana los días transcurrieron<br />
con la misma rutina, a las<br />
siete de la tarde cuando anochecía yo<br />
bajaba la cortina y tomaba el colectivo<br />
hacia el Taller, donde también estaba<br />
la vivienda. El viernes a la tarde un<br />
hombre de campera negra, se detuvo<br />
en la vidriera y desde allí observaba el<br />
interior del negocio, permaneció más<br />
tiempo del usual, luego entró. Me mostró<br />
los zapatos que llevaba puestos,<br />
quería hablar con quien los repararía,<br />
ante su insistencia tuve que explicarle<br />
que el trabajo se hacía en otro lugar.<br />
El desconocido que mientras hablaba<br />
observaba todo lo que me rodeaba,<br />
me miró fijo diciendo—: ¿Así que estás<br />
solita? —esa observación no me gustó<br />
nada, por eso le sugerí que trajera los<br />
zapatos el lunes y el martes los tendría<br />
prontos. El hombre diciendo que lo<br />
pensaría salió, pero… se quedó parado<br />
en la vereda largo rato, luego se alejó<br />
caminando… a los cinco minutos estaba<br />
nuevamente de pie ante la vidriera.<br />
Esta situación me intranquilizó, su actitud<br />
solo se podía deber a dos razones:<br />
una que pretendía galantearme y dos<br />
que quería robarme; dados mis siete<br />
meses de embarazo la primera alternativa<br />
se anulaba por si sola, solo era factible<br />
la segunda posibilidad. Miré la hora<br />
y por mi reloj en diez minutos pasarían<br />
los dos agentes, pensé que ironía me<br />
alegraré al verlos, con la poca simpatía<br />
que les tengo; es así que intenté no ponerme<br />
nerviosa. El hombre comenzó a<br />
caminar hacia la derecha esta vez, pasaron<br />
los diez minutos, los policías ni se<br />
veían y de pronto… otra vez el hombre<br />
en la vidriera, permaneció un rato mirando<br />
hacia adentro y luego emprendió<br />
la marcha hacia la izquierda. A esa hora<br />
los peatones eran muy pocos y los que<br />
pasaban lo hacían de prisa.<br />
Antes que pudiera ordenar mis ideas,<br />
el hombre estaba otra vez allí observándome,<br />
para luego caminar hacia la<br />
derecha, esperé que se alejará y salí a la<br />
puerta; observé que cruzó la calle Ciudad<br />
de <strong>La</strong> Paz y siguió por Dorrego derecho<br />
hasta la siguiente esquina. Pero se<br />
detuvo y nuevamente volvió sobre sus<br />
pasos, entonces entré y al poco rato el<br />
estaba otra vez observándome; entonces<br />
comencé a pensar con preocupación<br />
en cómo resolver esta situación; ya<br />
que de los policías ni noticias.<br />
Preparé mi bolso, guardé bien el dinero<br />
y me organicé para salir cuando<br />
el caminara hacia la derecha, eso me<br />
63
daría tiempo de cerrar, salir y tomar si<br />
tenía suerte el colectivo. Esperé que<br />
repitiera sus movimientos, primero<br />
fue hacia la izquierda, volvió y ahora<br />
debía darme prisa, cuando el comenzó<br />
a caminar de nuevo me puse el abrigo,<br />
mientras el cruzaba la calle bajé la<br />
cortina metálica, puse la puerta, cerré<br />
y salí de prisa, crucé Ciudad de la Paz,<br />
el aún iba caminando de espaldas a mi,<br />
me recosté contra una puerta y esperé<br />
el colectivo 47, cuando lo vi doblar la<br />
esquina corrí hacia el cordón, el hombre<br />
ya venía de nuevo y me vio. Subí<br />
de prisa, aboné el boleto, el colectivo<br />
ya había reanudado la marcha, y desde<br />
arriba pude observar que el desconocido<br />
corría hacia la parada siguiente haciendo<br />
señas.<br />
Con mi bolso a cuestas y mi panza<br />
abriendo camino me corrí por el pasillo<br />
lleno de gente hasta el final del colectivo,<br />
en el último asiento un joven<br />
se puso de pie, en eso nos detuvimos<br />
y pensé que el había logrado subir, es<br />
así que intenté desaparecer en el asiento,<br />
por el reflejo de los vidrios pude ver<br />
que el estaba allí y por sus gestos me<br />
buscaba afanosamente entre la gente.<br />
Yo lo veía y mi niña se había puesto<br />
muy nerviosa, no dejaba de moverse<br />
como queriendo salir de allí.<br />
Cuando descendiera ya sería de noche<br />
y la parada de Roseti era muy oscura,<br />
por eso decidí bajar en Córdoba. El<br />
colectivo paró en Córdoba, cuando ya<br />
arrancaba me bajé, él no tendría tiempo<br />
para bajar.<br />
Caminé por Córdoba lo más rápido<br />
que pude, sabía que si me había visto<br />
bajaría y volvería por mí, sentía mis<br />
nervios en los movimientos de mi niña,<br />
así presa del miedo caminé una cuadra<br />
y entré en la verdulería.<br />
El dependiente me dijo—: Hola, uruguaya<br />
¿cómo anda? —a lo que respondí—:<br />
Hola, uruguayo, mal, mal —procedí<br />
a contarle lo que me sucedía, el salió<br />
a la puerta y en la calle no se veía a<br />
nadie, me trajo su banco y me dijo que<br />
me repusiera y luego veríamos. Esperé<br />
un tiempo prudencial, cuando salimos<br />
afuera en la calle se veía el movimiento<br />
habitual, así que caminé las pocas<br />
cuadras que restaban para llegar a mi<br />
domicilio.<br />
Al hombre de la campera negra nunca<br />
más lo volví a ver.<br />
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65
¿POR QUÉ<br />
ESCRIBE<br />
EL ESCRITOR?<br />
Por André Kuri<br />
¿Por qué escribe el Escritor?, inagotables<br />
reflexiones esta incógnita ha<br />
despertado. Es innegable que todo<br />
individuo quien se aventura en la literatura,<br />
añora reconocimiento, fama,<br />
poder dedicar su vida a su oficio. Hallar<br />
respuesta al enigma puede abordarse<br />
desde diversas perspectivas; he elegido<br />
explorarlo bajo diez premisas para<br />
encontrar el origen que conduce a la<br />
labor literaria. ¿Por qué diez?, con refe-<br />
66<br />
rencia a las nueve musas griegas, más<br />
mi conclusión.<br />
Primero, ¿es Calíope, con su poesía épica?,<br />
niego la aseveración, pues estos elementos<br />
no son en sí mismos originadores<br />
de inspiración, sino sólo los instrumentos<br />
que embelesan la forma en que el creador<br />
se desenvuelve. <strong>La</strong> belleza de la voz es la<br />
forma en que se busca enamorar al lector,<br />
atraerle a la obra que ha sido escrita. Así,<br />
Calíope nos obsequia forma, no fondo.
Como segunda opción, Clío encarna a<br />
la historia y escritura; ella infunde la fuerza<br />
motora para desplegar las ideas, permite<br />
recuperar y expresar las experiencias manifestadas<br />
por la vida de quien escribe. Clío<br />
nos conduce a la fama y celebración que el<br />
Escritor explaya cuando el lector le ha obsequiado<br />
con amar su obra. Así que, Clío no<br />
es el motor del Escritor, no su fuente.<br />
En tercero, Euterpe, musa de la música,<br />
brinda rítmica a la obra, la enriquece con<br />
sostenidos y bemoles, establece la clave,<br />
los tiempos y ritmos, cual pentagrama<br />
donde cada letra es una nota, creando<br />
la belleza de la obra, su tono. El lector se<br />
enamora de la música, entrega su espíritu<br />
a la sinfonía; y, sin embargo, no es la<br />
música la fuente de inspiración, sino la<br />
pauta y compás que le da armonía.<br />
Ahora, como cuarta alternativa, Erato<br />
es quien, como musa íntimamente<br />
ligada a Eros, proporcionan al autor el<br />
67
erotismo y capacidad de seducir al lector,<br />
quien mire con deseo el escrito, y le<br />
obsequie su pasión, para profundizarse<br />
en la historia que ha sido contada. Pero<br />
así, la pasión es la llama que hace que<br />
se fusionen Escritor y lector, más no el<br />
origen de la llama quien les hizo arder.<br />
Nuestra quinta musa, Melpómene, obsequia<br />
la capacidad de representar una<br />
tragedia en las palabras; que las máscaras<br />
en que los personajes se muestra<br />
en los relatos, resulten un espejo que<br />
les haga mirar a los lectores a sí mismos,<br />
con terror a la vez que con pasión. Se<br />
temen, y se aman simultáneamente, se<br />
pierden en el escrito, se funden. <strong>La</strong> tragedia<br />
es la pasta que amalgama el triángulo<br />
amoroso del Escritor, su obra y el lector.<br />
Empero, no es el origen del Escritor.<br />
Sexto, Polimnia, musa de la retórica<br />
y elocuencia, es metódica, medita, casi<br />
en silencio. Proporciona la capacidad<br />
de ensimismarse, mirar hacia el interior<br />
para encontrar la voz que haga encarnar<br />
las palabras para plasmar la obra. El Escritor<br />
logra conectar su espíritu con su<br />
mente, los funde, y permite que afloren<br />
las letras, edifica la historia para que el<br />
lector pueda mirar al alma del Escritor,<br />
lo comprenda, lo ame. <strong>La</strong> meditación<br />
permite alcanzar la sinapsis de la mente<br />
y el espíritu, pero no da vida al escrito.<br />
Talía, nuestra séptima musa, con la<br />
tragedia ayuda al Escritor a entretener,<br />
alegrar, y divertir al lector. Al viajar por<br />
el relato, quien dispone de la obra entre<br />
sus manos, reirá, empatizará con los<br />
personajes creados, y eventualmente<br />
se colocará la máscara en silencio, de<br />
cada uno de ellos. Talía es el momento,<br />
es la realización del lector, no así la<br />
fuente del Escritor.<br />
68
En séptimo, Terpsícore, fusiona la<br />
danza con la música que el Escritor en<br />
su obra crea, y el lector quien, al tomarla<br />
entre sus manos, danzará con el<br />
libreto, es su pareja, juntos sienten y<br />
aman el ritmo impuesto por el creador<br />
de la obra. Terpsícore dota al lector la<br />
capacidad de retozar todo su ser con<br />
el escrito. En su caso, la danza es una<br />
de las consecuencias acaecidas de la<br />
escritura, mas no origen.<br />
En el Universo, está el fundamento<br />
de todo lo que es y existe. Nuestra<br />
novena musa, Urania, delineadora de<br />
los astros, es quien postra las estrellas<br />
frente al Escritor. Pudiéramos pensar<br />
quizá, que el Escritor escribe por divinidad<br />
de los astros, que su fuente es el<br />
origen mismo de la vida, de todo lo que<br />
es: escribe porque hay creación y él nació<br />
de un creador supremo, ¿es así?, me<br />
tiento a afirmar, pues todo converge a<br />
esta conclusión, sin embargo, pienso,<br />
¿es el Universo ente dotado de vida<br />
propia en sí mismo? <strong>La</strong> respuesta es no,<br />
origen de Universo y vida no es igual.<br />
Así, el Escritor no ha iniciado su obra<br />
por los astros, sino por algo más profundo,<br />
más pasional, más armonioso.<br />
Entonces, ¿qué llevó al Escritor a<br />
tomar pluma y papel para plasmar su<br />
obra? Existen dos elementos comunes<br />
en las nueve musas. Primero, el obsequio<br />
de los dones que las musas dan<br />
al individuo. Segundo, el amor, que las<br />
musas confieren para dar sus dones y<br />
con él el Escritor plasme su interior. Entonces,<br />
¿por qué escribe el Escritor?, El<br />
Escritor escribe por amor, el cual nos<br />
obsequia en sus palabras, nos entrega<br />
su ser, sus dones, sus virtudes. El Escritor,<br />
es un dador de amor.<br />
69
70<br />
TRADICIONES<br />
Por Perla Romero Mora
Me levanté al baño como todas las<br />
madrugadas y sentí un olor muy<br />
fuerte como a flores, de esas<br />
que llevan a los velorios. Me vi al espejo<br />
y parecía extraña, me dije que aún<br />
estaba dormida.<br />
Salí del baño y me encaminé al ventanal<br />
que se encontraba al lado opuesto<br />
del cuarto, miré hacia la calle y se<br />
veían algunas personas con el cuerpo<br />
desdibujado, parecían estar esperando<br />
a alguien entre una tenue neblina;<br />
unas miraban a las casas, otras caminaban<br />
lentamente y se detenían para<br />
retornar al punto de partida.<br />
Comenzaba a sentir frio, pensé que<br />
era porque estaba descalza. Observé<br />
por un par de segundos más y noté<br />
que un par de niños corrían por la calle,<br />
entre carcajadas, aquello parecía una<br />
romería, no entendía qué estaba pasando,<br />
pero era como ver una película<br />
vieja en blanco y negro.<br />
Luego escuché algunos ruidos en el<br />
interior de la casa, me asusté un poco,<br />
dude en salir de mi cuarto, pero era necesario<br />
ir a mirar lo que sucedía. Salí al<br />
patio y una ráfaga de aire me hizo reaccionar,<br />
como si despertara de un sueño.<br />
No podía dar crédito a lo que veía, era<br />
una fiesta, ahí estaba mi abuelo comiendo<br />
leche con camote, mi abuela probando<br />
la capirotada, mi madre oliendo un<br />
rico mole y un montón de personas que<br />
parecían dialogar entre ellas, las cuales<br />
sólo había mirado en loa álbumes<br />
familiares con vestimentas pasadas de<br />
moda, de diferentes épocas y estilos.<br />
Caminaban lentamente, tomándose<br />
su tiempo, disfrutando cada segundo<br />
y disfrutando aquello que parecía les<br />
hacía muy feliz, era como si una gran<br />
luz iluminase cada rincón de la casa y<br />
a través de ella se reflejara su sonrisa.<br />
De pronto, percibí más claramente el<br />
olor de las flores, inundaba el ambiente,<br />
obligaba a respirar profundamente y los<br />
pulmones se inflaban y daban paso a<br />
una sensación extraña, que se transpiraba<br />
luego por cada poro de la piel. Ese<br />
olor provenía de algunos floreros con<br />
grandes flores amarillas y otras moradas.<br />
Luego, observé como esas ánimas aspiraban<br />
profundamente de los vasos de<br />
agua puestos en la ofrenda y eran consumidos<br />
en una especie de vapor, sin que<br />
se moviera una sola gota del líquido en el<br />
vaso, parecían sedientos de verdad.<br />
<strong>La</strong> comida era mirada de manera ávida,<br />
pero cada personaje seleccionaba<br />
cuidadosamente lo que se llevaba a la<br />
boca; aunque si mirabas la mesa cada<br />
alimento seguía apareciendo intacto,<br />
eran como hologramas los productos<br />
en las manos de cada personaje<br />
y, cuando los degustaban, el gesto de<br />
satisfacción se notaba. Había también<br />
quien sostenía en su mano una botella<br />
de tequila o un cigarro que dejaba al<br />
viento una ligera huella de humo.<br />
Era una escena curiosa, pues aunque<br />
todos se sabían familia, parecía que no<br />
todos se conocían, a veces se cruzaban<br />
miradas de forma extraña y otras se<br />
sonreían. Los más jóvenes buscaban el<br />
cobijo de los que seguramente fueron<br />
sus seres cercanos, mientras que los<br />
más viejos se escondían en los rincones,<br />
como si el espacio que se estuviera<br />
allí compartiendo les fuera de alguna<br />
forma extraño.<br />
No podía creer lo que veía, yo estaba<br />
ahí parada, mirando la escena, participando<br />
de la fiesta y nadie reparaba en<br />
mí, sólo mi perro que se acercó y se colocó<br />
frente a mí, mirándome fijamente,<br />
esperando alguna reacción de mi parte,<br />
pero no podía moverme.<br />
71
72<br />
No sé cuánto tiempo estuve así, pero<br />
vi como mis muertos comenzaban a<br />
desfilar por el camino de pétalos, unos<br />
parecían despedirse de forma alegre,<br />
aún con algo en sus manos, quizá para<br />
el camino, otros se miraban con melancolía<br />
y se alejaban de forma dramática.<br />
<strong>La</strong> tradición era cierta, pero la noche<br />
había terminado.<br />
Cuando desperté el sol entraba por la<br />
ventana, me asomé a la calle y parecía<br />
desierta, luego bajé por las escaleras al<br />
patio, las veladoras estaban por extinguirse,<br />
la comida estaba intacta, el agua<br />
de los vasos un poco turbia y el camino<br />
de flores con los pétalos muy marchitos.<br />
Rufo lanzó un ladrido tratando de corroborar<br />
lo que mi mente negaba. Ojalá<br />
el otro año esté más despierta para recibir<br />
a mi familia amada, me repetía en<br />
mi cabeza, mientras tomaba una fruta<br />
que seguramente ya no tenía esencia,<br />
pero que alguno de mis antepasados<br />
mordió con gran deseo.
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73
74<br />
EL NIÑO<br />
DEL PATIO<br />
Por Hugo César Delgado Ayala
Quienes dicen que hay que tenerle<br />
más miedo a los vivos que a los<br />
muertos es porque no han pasado<br />
por una situación tan terrorífica<br />
como lo hice yo, hace apenas un par de<br />
meses. Después de celebrar año nuevo<br />
con mi familia, decidí que era tiempo<br />
de volar por mi cuenta y de inmediato<br />
busqué un pequeño departamento o<br />
alguna casa pequeña, aunque lo más<br />
cerca posible de la casa paterna.<br />
Al recorrer algunas colonias aledañas,<br />
vi con felicidad un letrero de «se<br />
renta» en una hermosa casa, no tan<br />
grande pero era justo lo que necesitaba,<br />
de inmediato llamé al número del<br />
anuncio y una voz amable me contestó;<br />
casi me voy de espaldas al escuchar<br />
el precio, la renta era muy barata, le<br />
pregunté cuál era el truco y me dijo<br />
que simplemente no quería que la casa<br />
estuviera sola.<br />
Al día siguiente ya estaba instalado,<br />
mis escasos muebles y utensilios apenas<br />
cubrían una parte de mi nuevo hogar,<br />
pero se me hizo raro que la puerta<br />
hacia el patio trasero permanecía cerrada<br />
completamente, sin cerradura,<br />
sellada con soldadura. Como pude<br />
quité un poco la pintura que cubría las<br />
ventanas y vi que había un pequeño<br />
baño sin puerta y un lavadero a un lado.<br />
Pensé hablar con la dueña para hacerle<br />
el comentario pero ya había un baño<br />
acondicionado junto a la entrada de servicio<br />
y un lavadero a un lado, por lo que<br />
no vi la necesidad, pero la curiosidad es<br />
mala consejera y esa noche lo comprobé.<br />
Cansado por tanto ajetreo, lo único<br />
que armé fue mi cama y puse la televisión<br />
para distraerme un poco, pero el<br />
sueño me venció y caí profundamente<br />
dormido. Ya muy de madrugada, unos<br />
ruidillos me despertaron, venían del<br />
patio trasero, era como si rasguñaran la<br />
puerta. Pensé que se trataba de algún<br />
animal que se había metido al patio e<br />
intentaba entrar a la casa, pero una risilla<br />
macabra de niño con eco me erizó<br />
la piel, pensé entonces que el cansancio<br />
hacía de las suyas y me acosté de<br />
nuevo, haciendo caso omiso al ruido.<br />
Como ya era mi casa, al menos mientras<br />
la rentara, la mañana siguiente<br />
me la pasé a cincel y marro intentando<br />
abrir la puerta, tronando la soldadura,<br />
hasta que ésta cedió y se abrió, dejando<br />
a la vista un patio muy descuidado<br />
y con maleza, el lavadero desquebrajado,<br />
la pileta cuarteada y el baño con la<br />
puerta de madera semi destruida.<br />
Ese día se lo dediqué a esa parte de<br />
la casa; era extraño pero sentía como<br />
si alguien me observara detrás de mí, y<br />
por más que busqué al supuesto animal<br />
de la noche anterior no lo encontré.<br />
Al terminar de cortar la maleza seguí<br />
acomodando mis cosas y desempacando,<br />
dejando la puerta del patio abierta,<br />
la cual mostraba una mejor vista.<br />
Esa noche decidí quedarme en la<br />
sala hasta tarde, mirando televisión;<br />
después de ver dos películas me quedé<br />
dormido, pero una corriente de aire helado<br />
me despertó; de pronto, la puerta<br />
del patio se cerró completamente como<br />
si hubiera sido empujada, volviéndose<br />
a abrir lentamente dejándome ver en<br />
todo su esplendor a un pequeño como<br />
de cinco años corriendo alrededor del<br />
lavadero y perdiéndose en el baño. Mi<br />
razón decía que aquello no era normal,<br />
pero mi instinto protector se preguntaba<br />
cómo es que aquel niño había saltado<br />
la barda del patio.<br />
Con miedo y precaución me dirigí a la<br />
maltrecha puerta del baño y me asomé,<br />
esperando no ver aquella pálida y tétri-<br />
75
ca carita, y así fue, pero la risilla diabólica<br />
se escuchó detrás de mí mientras<br />
sentí un empujón, al mismo tiempo que<br />
la puerta hacia el patio se cerraba.<br />
Con un pánico terrible, sin poder gritar,<br />
veía la figurilla correr por todo el<br />
patio mientras intentaba abrir la puerta<br />
y entrar a la casa. Casi a punto del<br />
desmayo ésta se abrió y caí en el piso<br />
mientras una pequeña manita huesuda<br />
tentaba mis tobillos.<br />
Como pude entré y cerré la puerta, escuchando<br />
aún aquellos rasguños como<br />
queriendo atravesar la pesada puerta,<br />
ahora entendía por qué permanecía cerrada,<br />
aunque no alcanzaba a comprender<br />
cómo es que aquel pequeño no podía<br />
atravesar la puerta si ya era un espíritu.<br />
Cabe mencionar que no pasé un<br />
minuto más en aquella casa, ahora<br />
entendía por qué el costo de la renta<br />
era tan bajo; al entregarle la llave a la<br />
dueña casi le reclamé por no haberme<br />
avisado, casi moría de un infarto, pero<br />
la curiosidad fue más fuerte y preferí<br />
preguntar por aquel niño.<br />
Me dijo no saber nada, y tampoco entendía<br />
por qué sólo se manifestaba en<br />
aquella zona de la casa, por lo mismo<br />
optó por cerrar la puerta y soldarla, pero<br />
aquellos ruidos en la lámina de la puerta<br />
la hicieron correr. Quienes la rentan<br />
sólo duran un día, como yo, así que intentará<br />
venderla, pero dudo que pueda<br />
deshacerse de ella en un buen tiempo.<br />
Mi conclusión es que quizás ese pequeño<br />
se siente triste y quiere seguir<br />
jugando, sin saber que ya no pertenece<br />
a este mundo; o quizá sigue sepultado<br />
en ese patio y por eso su espíritu no<br />
traspasa ese lugar; incluso no descarto<br />
que sea un demonio disfrazado de niño<br />
para ocasionar lástima y si puede, dañar<br />
a quien pretenda ayudarlo.<br />
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77
78<br />
ENUNCIACIONES<br />
Por Yobany de José García Medina
Lo llevo siguiendo varios meses; es<br />
un hombre un tanto hosco, con<br />
una mirada rebajada a dos puntos<br />
negros, carente de todo brillo excepcional<br />
y un físico bastante descuidado.<br />
Descubrí también que tiene una afición<br />
espeluznante por la lectura: hábito que<br />
le impide relacionarse con las personas<br />
la mayor parte del tiempo. Es decir, he<br />
visto a infinidad de hombres retacarse<br />
los ojos con palabras, historias y textos;<br />
y, de alguna forma, a largo plazo,<br />
su lucidez se ve afectada, o esa misma<br />
lucidez desmedida les impide hablar<br />
con los otros. Su boca está llena de referencias<br />
de tal o cual escritor o de tal<br />
o cual historia; es tragedia y comedia<br />
andante, terror y algo de fantástico,<br />
torpemente lírico y bastante menos<br />
prosódico. A veces, dicho sea de paso,<br />
me miro en él, me reconozco. Siempre<br />
guardo distancia para no levantar sospechas<br />
y así evitar cualquier contacto<br />
antes de cumplir con mi trabajo. Y hoy<br />
es el día para terminar con todo esto.<br />
Salió de casa con el traje gris oxford<br />
—el único que le he visto—, camisa<br />
blanca y una corbata marrón que hacía<br />
juego con sus zapatos. Tenía algo<br />
importante. Con frecuencia viste playeras<br />
holgadas tipo polo y pantalones<br />
de gabardina ligeramente más grandes:<br />
una o dos tallas. Es predecible, su<br />
vestimenta determina su rutina diaria.<br />
Caminaba detrás de él, a no menos de<br />
cinco metros; pero había algo extraño,<br />
fuera de lo común. Saqué mi cuadernillo<br />
para hacer nota; mientras avanzaba<br />
distraído en la escritura levanté la mirada,<br />
se había detenido a amarrarse los<br />
zapatos y estuve a menos de un metro<br />
de chocar con él. Frené de golpe, casi<br />
en automático. Por fortuna su atención<br />
estaba puesta por completo en atarse<br />
las agujetas. Viré hacia la derecha y<br />
crucé la calle. Al terminar volteó como<br />
si alguien lo hubiese llamado; clavó sus<br />
ojos en el suelo y ahí estaba... Desesperado<br />
revisé mis bolsillos, el corazón me<br />
golpeteaba en el pecho como el azote<br />
de un martillo, me comenzaron a sudar<br />
las manos y en la cara me picaba una<br />
angustia. Siguió su camino. Aceleré el<br />
paso mientras me esculcaba una y otra<br />
y otra vez. Llegó a la cafetería de costumbre,<br />
tomó la misma mesa, ordenó<br />
como siempre un chocolate blanco y<br />
esperó. A menudo vestirse de gala es el<br />
ritual para comenzar o terminar un libro;<br />
sin embargo, no llevaba nada para<br />
leer. Entré, me senté a una distancia<br />
considerable, pedí un expreso doble.<br />
Tenía que recuperar el cuadernillo.<br />
Pasó una hora, bebía despacio, levantaba<br />
la mirada y rodeaba todo el lugar,<br />
repitió la misma acción cada diez minutos,<br />
es un hombre metódico. En esas seis<br />
ocasiones agaché la cabeza para disimular<br />
que lo vigilaba. Hurgó en el bolsillo<br />
del saco y despacio puso el cuaderno en<br />
la mesa. Retiró todo lo que estorbaba y<br />
recargó los brazos. Sus manos jugaban<br />
con la libretilla: la giraba, tocaba el espiral,<br />
abría y cerraba las pastas. Se acercó<br />
el mesero, pidió otra taza de chocolate.<br />
Nunca toma más de una, incluso creo<br />
que jamás se había terminado lo que<br />
ordenaba. Comenzó a leer. Sentí un escalofrío<br />
en la espalda, todo estaba arruinado,<br />
me descubriría y el trabajo de meses<br />
habría sido en balde. Necesitaba actuar<br />
rápido antes de que se diera cuenta del<br />
plan; pero yo estaba paralizado, tanto<br />
que no despegaba los ojos de sus manos.<br />
Levantó la mirada una séptima ocasión<br />
y me vio mirándolo. Sonrió de manera<br />
burlona. Desvié la mirada sin discreción,<br />
todo se había ido al caño.<br />
79
Por segunda vez llamó al mesero,<br />
éste se acercó a la altura de su boca,<br />
afirmó con la cabeza, enseguida le entregó<br />
un bolígrafo. Eligió una hoja del<br />
cuaderno; comenzó a escribir. Arrancó<br />
la hoja, la dobló y volvió a llamar al camarero:<br />
pidió la cuenta. Ya lo miraba<br />
sin disimulo, esperaba que saliera para<br />
acabar con esto. Pagó y volvió a murmurarle<br />
al mesero. Se levantó y caminó<br />
hacia el baño, mientras se guardaba<br />
la libretilla en la bolsa del pantalón.<br />
Me apresuré a pedir la cuenta, el empleado<br />
me entregó un trozo de papel.<br />
Le manda esto el señor que estaba en<br />
aquella mesa; además ya pagó su consumo.<br />
Empalidecí. Gra…cias, lo dije<br />
con mucho esfuerzo. Lo desdoblé. ¡No<br />
podía creerlo! Salió del sanitario secándose<br />
las manos con un pedazo de<br />
papel. Yo estaba inmóvil, asustado, incrédulo<br />
por lo que estaba escrito.<br />
Me miró caminar hasta la puerta,<br />
salió corriendo detrás de mí, crucé la<br />
calle. Gritó algo mientras la puerta de<br />
la cafetería se cerraba detrás de él. Sin<br />
precaución emprendió carrera para alcanzarme:<br />
una camioneta gris oxford,<br />
sin forma de detenerse, embistió su delgado<br />
cuerpo y lo arrojó varios metros<br />
lejos del suelo; al caer, su cabeza chocó<br />
con el pavimento, como el golpe frío<br />
de un martillo contra el yunque. Murió<br />
instantáneamente.<br />
Giró la cabeza y no despegó sus ojos de<br />
mi rostro, mientras yo lo veía avanzar<br />
hacia la puerta; la cara se me llenó de<br />
pequeños temblores de angustia. Un<br />
terror me llegó de golpe. Repitió la misma<br />
sonrisa burlona, satisfecha, irónica,<br />
como si todo le hubiese salido a la perfección;<br />
involuntariamente me levanté<br />
para seguirlo…<br />
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81
BREVE<br />
DISERTACIÓN<br />
DEL SIN-SENTIDO<br />
Por Víctor Hugo Espino Hernández<br />
Anda, no esperes más; toma esta florcita, no<br />
se mustie y se deshoje.<br />
Quizás no tengas sitio para ella en tu guirnalda;<br />
pero hónrala, lastimándola con tu mano,<br />
y arráncala, no sea que se acabe el día sin<br />
que yo me dé cuenta; y se pase el tiempo de<br />
la ofrenda.<br />
Aunque su color sea tan pobre, y tan poco su<br />
olor, ¡anda, ten esta flor para ti, arráncala<br />
ahora que es tiempo!<br />
Rabindranath Tagore<br />
82<br />
Existe un veneno que corroe lentamente<br />
el alma. Sirve para aniquilar<br />
la alegría y la felicidad,<br />
además cumple con una función específica<br />
en la vida ordinaria. No surge de<br />
la infelicidad, surge de la hipocresía y<br />
de la inmadurez. Es un elixir grandilocuente<br />
que vive de las eventualidades<br />
cotidianas. No se puede deducir su<br />
origen. En esto radica su existencia:<br />
en que puede apreciarse en uno mis-
mo. Nietzsche le llamó nihilismo. Yo le<br />
llamo imperfección.<br />
El malestar que provoca la imperfección<br />
ayuda a desarrollar el parásito del<br />
no-sentido. Este parásito provoca ruido<br />
y nostalgia. Vive del dolor y la melancolía.<br />
Paraliza la voluntad y gobierna<br />
la fuerza del hombre actual. No se<br />
alimenta de la pasión, sino del fracaso.<br />
Vive cerca de imágenes puras y alegres<br />
del pensamiento ordenado; destruye<br />
esperanzas. El parásito del no-sentido<br />
sobrevive inclusive cuando se le suministra<br />
la religión como mortífero. De<br />
ahí que la crítica a la religión que promueve<br />
el sin-sentido pueda relacionarse<br />
con cualquier ideología. Dado que el<br />
sujeto actual tiene un alto sentido crítico<br />
para opinar la ideología se convirtió<br />
en un instrumento indestructible.<br />
Sobrevivir sugiere a pensar en una<br />
voluntad que desea seguir viviendo. Por<br />
83
esta razón, Nietzsche interpreta todo<br />
querer como «voluntad de poder»: nada<br />
quiere perecer, pero el no-sentido tiene<br />
una razón para seguir viviendo en<br />
el pensamiento del hombre. Aunque<br />
la alegría aparece en la vida cotidiana,<br />
desaparece en un instante. Se evapora<br />
como humo infeliz e incomprensible<br />
ante la vista fugaz. Ella induce con<br />
bastantes razones a sacar una sonrisa<br />
pasajera. El hombre no puede vivir con<br />
alegría mientras cohabite en él el parásito<br />
del no-sentido. Por esta razón,<br />
aquel que quiere vivir alegre sabe desde<br />
el principio que esto es impensable.<br />
Sin embargo, ¿cómo es posible que una<br />
sensación infeliz dure mucho más tiempo<br />
que una sensación feliz?<br />
Una razón para ser jovial en nuestros<br />
días consiste en mirar rápida, pero socarronamente,<br />
a nuestro coetáneo. Ya<br />
sea como burla o como desprecio la<br />
mirada sirve de instrumento para el<br />
auto-escrutinio, sin embargo, el otro se<br />
convierte, a nuestros ojos, en una condena<br />
inevitable. De ahí que la mirada<br />
no pueda dejar de observar la vida de<br />
un otro. Es aquí cuando la contemplación<br />
al otro puede provocarnos incomodidad.<br />
Desde que la vida ajena se<br />
transformó en un tema importante el<br />
espionaje se convirtió en el nuevo sujeto<br />
actual. Exponer la vida privada ha<br />
sido una finalidad en las redes sociales<br />
tanto que el observador se convierte<br />
en un espía veinticuatro horas.<br />
El mundo es una imagen hermosa<br />
que hay que retratar: así piensa el fotógrafo<br />
contemporáneo. Cuando la<br />
imaginación era puesta en marcha a<br />
través de la lectura, la fotografía pasó<br />
a ser la anulación de toda actividad<br />
imaginaria. <strong>La</strong> fotografía pornográfica<br />
del siglo pasado fue un logro inaudito:<br />
ella reflejaba una imaginación erótica<br />
siempre educada. Hoy en día la exposición<br />
de los genitales en la fotografía es<br />
el abuso de una privacidad sin límites.<br />
El retrato implicaba, aunque estuviera<br />
hecho en un lienzo, una vivencia perso-<br />
84
nal con la que el sujeto reconocía una<br />
parte de su yo: el cuerpo.<br />
<strong>La</strong> actualidad de nuestro mundo<br />
sorprende más cuando el títere, bien<br />
nombrado hombre, actúa conforme a<br />
convencionalismos establecidos, los<br />
patrones de comportamiento son evidentes<br />
en el hombre malvado. El enojo,<br />
el coraje, ya no funcionan como catarsis,<br />
sino todo lo contrario, funcionan como<br />
pulsos, como síntomas de la infelicidad<br />
existencial. El rostro del hombre puede<br />
mostrar toda la actividad que arrastra<br />
desde su nacimiento, sin embargo, la<br />
escritura lo libera de pesimismos excesivos<br />
existenciales. Luego de que comenzó<br />
el drama existencial con la imposibilidad<br />
de disfrutar del placer el sexo<br />
se convirtió en un entregase sin esperar<br />
nada a cambio. Este drama existencial<br />
sugirió a las generaciones futuras que lo<br />
mejor vivencialmente había de encontrarse<br />
en la muerte. Pequeño error tratar<br />
de encontrar en otro mundo o en la<br />
nada lo que jamás pudo disfrutarse en<br />
vida. De ahí nació una razón para despreciar<br />
la vida: la falta de felicidad.<br />
El parasito que se desarrolló en el<br />
pensamiento del hombre logró aniquilar<br />
también el mundo ideal que aun<br />
creía en la felicidad y en la inocencia.<br />
Pero, puesto que los niños aún siguen<br />
existiendo para mostrarnos que se puede<br />
reír todavía en medio de un mundo<br />
caótico es la mayor prueba de que la<br />
felicidad jamás estuvo aniquilada. <strong>La</strong>s<br />
sensaciones que relacionamos con la felicidad<br />
aún son confusas para el hombre<br />
moderno: en ellas se puede disfrutar del<br />
momento, también ellas transformaron<br />
distintas visiones catastróficas pertenecientes<br />
a las vivencias ineludibles que<br />
surgen en la vida: muerte de un ser querido,<br />
abandono de la pareja, enfermedad,<br />
etc. Estas sensaciones supieron entender<br />
a la naturaleza y su esencia. Si la<br />
naturaleza nos ha enseñado que el sol<br />
sale día con día y que este renueva todo<br />
lo muerto, ¿por qué razón habríamos de<br />
ser infelices?<br />
85
86<br />
CERA<br />
CALIENTE<br />
Por José Luis Díaz Marcos
Recibida la alarma, Federico y sus<br />
iguales, bomberos de carrera, salieron<br />
pitando hacia el infierno<br />
de turno. «¿Sabemos algo?», preguntó<br />
aquel mientras Jesús se saltaba calles y<br />
semáforos en rojo. «Pareja de mayores:<br />
la chamusquina huele a descuido con<br />
brasero», informó Tadeo, tercer extintor.<br />
Llegados al lugar, la simetría de costumbre:<br />
arriba, piso ardiendo; abajo,<br />
policía y curiosos. El trío saltó con el<br />
firme propósito, si ello aún era posible,<br />
«¡Esperemos!», de dejar a la muerte<br />
compuesta y sin víctimas.<br />
Armado con una manguera, Federico<br />
se detuvo, conmocionado de pronto.<br />
—¡Vamos, Fede! —animó Tadeo—. ¡No<br />
es tiempo de filosofías!<br />
No reaccionó.<br />
—¡Federico! ¡¿Estás bien?!<br />
—¡No… no subas, Tadeo! —balbuceó<br />
aquel, pálido—. ¡Por Dios te lo pido: no subas!<br />
—¡¿Qué pasa?! ¿Qué…?<br />
—¡¿No… no hueles?! A… cera. A cera<br />
caliente. Como entonces, cuando era<br />
niño, en el funeral de mi tío Venancio,<br />
que en paz descanse. ¡Lo he visto, Tadeo!<br />
Pero no a él, sino… a ti. ¡A ti en su ataúd!<br />
—¡¿Has perdido la…?! Escucha, Fede:<br />
ahí arriba nos necesitan. Te prometo<br />
que iré con cuidado, ¿vale? Subimos y<br />
luego hablamos.<br />
—N, no… ¡Tú, no!<br />
—¡Jesús!<br />
—¡¿A qué esperamos?!<br />
—¡Fede necesita ayuda y nosotros refuerzos!<br />
¡Avisa por radio y sígueme!<br />
Desnudo ante la sorpresa e incomprensión<br />
de todos, «¡¿Y ese por qué no<br />
sube?!», «¡¿Qué le pasa?!», Federico lamentó<br />
allí mismo, incapaz de contener<br />
el llanto, lo presentido, lo seguro.<br />
¿Llegó el apoyo a tiempo? Sí. A tiempo,<br />
pero en balde: su lucha para evitar<br />
la tragedia fue inútil y la muerte, «¡Ay!»,<br />
acopió tres almas. Una de ellas fue la<br />
de Tadeo Martínez, bombero de cuarenta<br />
y un años, casado y padre de una<br />
niña. Descansen en paz.<br />
Respecto a Federico, «¡Se lo advertí!<br />
¡Y no me hizo caso! ¡No me hizo caso!»,<br />
lo previsible: medicina psiquiátrica y<br />
baja del servicio.<br />
Meses después, gracias, entre otras<br />
cosas, a la tranquilidad y los buenos<br />
alimentos del lugar común tantas veces<br />
citado, la culpa, que no el presentimiento,<br />
«¡Por mi tío, que lo olí!», pareció<br />
disolverse y Federico, «APTO», pudo<br />
vestir otra vez su uniforme.<br />
Se sucedieron las alarmas y, casi<br />
siempre, exceptuados otros percances,<br />
sus respectivos avernos con toda normalidad<br />
o anormalidad, según se mire,<br />
hasta que un día…<br />
«N, no puede ser… ¡Snif! ¡Cera… cera<br />
caliente!».<br />
Unida a la desesperación y los ruegos,<br />
su profecía vino entonces encadenada<br />
de manera inexorable a Antonio,<br />
otro compañero, despertando la misma<br />
compasión, «Pobre Fede…», y el<br />
mismo desdén que ya moviera, sobre<br />
todo, en Tadeo.<br />
«¡No! ¡Esta vez, no!», resolvió Federico.<br />
Sacó fuerzas de flaqueza y siguió<br />
a los otros, a Antonio, llamas adentro:<br />
su provisión de oxígeno, gas impecable,<br />
también hedía a iglesia, a funeral, a penitencia<br />
de Viernes Santo.<br />
Sopló y resopló, «¡Malditos cirios!»,<br />
mientras ojeaba, máscara avizora entre<br />
la niebla, a la próxima víctima de su<br />
destino. «¡Tengo que…! ¿Será eso posible?<br />
¿Se podrá huir, a pesar de todo, de<br />
lo que tenga que ser?».<br />
<strong>La</strong> aparición, «¡Ah!», de un hombre<br />
humeante y desencajado los detuvo en<br />
87
seco. «¡Venancio! ¡Tío Venancio!», creyó<br />
Federico durante un horrible parpadeo.<br />
«¡Sácalo! ¡Yo sigo adelante!», gesticuló<br />
Antonio. «¡¡No!! ¡Sal tú! ¡¡Tú!!»,<br />
apremió aquel, vehemente.<br />
Y, sin dar tiempo a objeciones, Federico<br />
se adentró en la caldera. Pocos metros<br />
más allá, se volvió: dos sombras,<br />
intuidas más que vistas, se alejaban.<br />
«¡Bien! ¡Bien! Sin embargo,… ¿por qué<br />
el aire, mi aire, aún…? ¡¿Por qué?!».<br />
Reparó así en el umbral próximo. Y<br />
dentro, en aquel dormitorio también<br />
abrasado, vio la desquiciada respuesta<br />
a su duda: la frontal y semialzada exposición<br />
de un ataúd con cadáver, «¡Antonio!»,<br />
dentro.<br />
«N, no… ¡Mi tío y él… Ese hombre y él<br />
ya salían! ¡Ya…! ¡Ay, ay, que no se puede<br />
huir de lo que tenga que ser!».<br />
Advirtió entonces Federico que el rostro<br />
de la aparición, de Antonio, comenzaba<br />
a sudar. «No… ¡No suda! Es… ¡Se<br />
está… derritiendo, derritiendo como si<br />
fuese de… de cera! ¡Sí: se funde! Y, debajo…<br />
debajo asoma… No… ¡¡No!!».<br />
Sí. ¡¡Sí!! Como la piedra atrapada en el hielo,<br />
la fusión de las primeras facciones dio paso a<br />
un segundo rostro, a una segunda identidad:<br />
la suya. El techo se derrumbó tras él.<br />
«Es cierto: no se puede huir», aceptó<br />
Federico. Se alzó la máscara protectora<br />
y sonrío, por fin aliviado: «Ya no huele a<br />
cera. Ya no huele… a nada».<br />
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89
90<br />
EN LA<br />
ESPERA<br />
Por Damaris Gassón Pacheco
Amaneció como suele amanecer<br />
en las casas de la clase media, el<br />
reloj me despertó y con las ganas<br />
de apagarlo de siempre, me levanté<br />
para ir al baño. Suelo ser la primera<br />
que se levanta para preparar el desayuno<br />
de la familia; huevos, tocino, pan<br />
tostado y jugo de naranja. Y suelo escuchar<br />
como la vida despierta en el resto<br />
de los apartamentos del edificio; normal,<br />
común y corriente. Eran las seis<br />
de la mañana y noté que estaba más<br />
oscuro de lo normal, pero con el apuro<br />
de preparar las cosas para el día no me<br />
percaté sino hasta un poco más tarde<br />
que seguía en penumbras, me asomé<br />
al balcón y noté que varios de mis vecinos<br />
también se habían asomado a la<br />
espera de contemplar el sol que día a<br />
día marca el comienzo del tiempo tal<br />
y como lo conocemos. Nos vimos extrañados<br />
y seguimos mirando, como si<br />
con nuestras expectativas lo haríamos<br />
asomar por el horizonte, pero pasaban<br />
los minutos y el astro rey brillaba por<br />
su ausencia.<br />
Mi esposo se asomó también y pese<br />
a que los vehículos circulaban por las<br />
calles, había en la gente una sensación<br />
de conmoción: ¿Alguien sabe por qué<br />
no ha salido el Sol? ¿Han anunciado<br />
algo de esto en las noticias? Como si<br />
se tratara de una señal, empezamos a<br />
salir a la calle y observé a la gente angustiada<br />
llamando por sus celulares y<br />
hablando con otras personas. El desconcierto<br />
aún no nos permitía tomar<br />
algún tipo de acción, pero al observar<br />
que daban las ocho y la oscuridad era<br />
cerrada, la alarma empezó a prender<br />
como chispas de fuego de persona en<br />
persona. Lo que se decía en un principio<br />
en murmullos empezó a decirse en<br />
voz alta, comenzaba el Apocalipsis en<br />
el que pocos de nosotros creímos o esperamos.<br />
Subí al apartamento y mi hijo,<br />
José Daniel, seguía dormido, mientras<br />
mi esposo llamaba a su oficina para enterarse<br />
de cualquier novedad, así como<br />
para esperar instrucciones.<br />
Desperté a mi hijo para desayunar, y<br />
noté que estaba más taciturno que de<br />
costumbre. Una vez que comió me dijo<br />
que aún tenía sueño y consideré que lo<br />
mejor es que siguiera durmiendo. <strong>La</strong><br />
mañana transcurrió en tinieblas y varios<br />
de mis vecinos se acercaron a mi<br />
apartamento para estar pendientes de<br />
lo que dijeran en los noticieros. Entre<br />
tazas de café y cigarrillos, el miedo nos<br />
empezó a invadir cuando supimos que<br />
el planeta entero estaba en penumbras,<br />
los científicos aún no proporcionaban<br />
una explicación pausible para este fenómeno<br />
y el gobierno solicitaba que<br />
permaneciéramos en nuestros hogares<br />
hasta que se aclararan las cosas. Revisé<br />
la despensa y vi que teníamos víveres<br />
suficientes para aguantar al menos una<br />
semana sin salir del apartamento, de a<br />
poco mis vecinos se fueron retirando a<br />
sus casas y cerramos la puerta con candado.<br />
<strong>La</strong>s sirenas de las ambulancias,<br />
que en un momento se escuchaban de<br />
forma aislada, se volvieron casi un ruido<br />
de fondo. No nos hallábamos, con la<br />
rutina totalmente trastocada y mi hijo<br />
que no dejaba de dormir.<br />
Intenté llamar a su pediatra y al resto<br />
de mis familiares, pero a mediodía el<br />
servicio telefónico fue suspendido, así<br />
como el eléctrico. Solo el reloj nos proporcionaba<br />
un ligero matiz de cordura.<br />
En total fueron tres días de oscuridad,<br />
los tres días más pavorosos de mi existencia.<br />
Al tercer día salió el Sol, y las<br />
calles estaban repletas de basura, las<br />
tiendas saqueadas y las calles intran-<br />
91
sitables. El aire olía a rancio, imagino<br />
que la vegetación suspendió la producción<br />
de oxigeno y como era de esperarse,<br />
empezaron a surgir grupos religiosos<br />
vociferando que estábamos en<br />
los últimos días, que las profecías solo<br />
estaban empezando y que el camino<br />
de las tribulaciones nos esperaba, tan<br />
amargo como la hiel. Ya no hay tiempo<br />
para el arrepentimiento, y por nuestros<br />
pecados seremos juzgados.<br />
Mi hijo despertó con el Sol, pero ya<br />
no es el mismo niño alegre y travieso<br />
de antes. Parece ausente, no ríe y responde<br />
a mis preguntas con la lentitud<br />
de quien está absorto en sus propios<br />
pensamientos. Mis vecinas me cuentan<br />
que lo mismo pasa con sus hijos, como<br />
si estuvieran poseídos y a la espera de<br />
los acontecimientos por venir. Muchos<br />
de ellos han empezado a orinarse de<br />
nuevo en sus camas y otros caen en<br />
trances y hablan en jeringonza, esto<br />
también es una situación mundial y<br />
los hospitales no se dan abasto para<br />
atender todos los casos que se les presentan.<br />
<strong>La</strong> comida y el agua escasean,<br />
y hay que dormir con un ojo abierto,<br />
92
pues los maleantes parecen no tener<br />
ya contemplaciones.<br />
Luego de dos semanas, todos los niños<br />
han salido a la calle impulsados por<br />
una señal que sólo ellos escuchan, salgo<br />
desesperada tras mi hijo al igual que el<br />
resto de las madres del vecindario y por<br />
un momento José Daniel se voltea hacia<br />
mí, con un destello del niño que fue<br />
y me dice: −Adiós mamá−. Echó a correr<br />
con el resto de los niños y a medida que<br />
corrían desaparecieron, como si jamás<br />
hubieran estado ahí, como velas que<br />
se apagan dejando tras de sí una leve<br />
humareda. Esto es el rapto, la desaparición<br />
de los inocentes y en este momento<br />
anhelo tanto volver a sentir los miedos<br />
que sentía antes: <strong>La</strong> amenaza de<br />
Corea del Norte, la penetración del narcotráfico,<br />
ese lunar extraño que puede<br />
convertirse en melanoma, miedos a los<br />
que estamos acostumbrados, que de<br />
ninguna manera son bienvenidos, mas<br />
son esperados, y en medio de los gritos<br />
de las madres que caen de rodillas sollozando,<br />
solo pienso que aún seguimos en<br />
la espera, porque el horror que se avecina<br />
apenas comienza.<br />
93
94<br />
LITTLE<br />
BOY<br />
Por Sarhay Algravez Espinoza
Yo sabía lo que contenía la carta<br />
de Einstein a Roosevelt: El fin del<br />
mundo. Los americanos tenían<br />
tecnología y comunicaciones, pero nosotros<br />
estuvimos siempre delante de<br />
ellos, uno o dos años más de inteligencia<br />
y experiencia.<br />
El mundo nos temía por Hitler, un<br />
hombre sin máscara, mientras que<br />
amaban a los norteamericanos por su<br />
heroísmo, falso y macabro.<br />
<strong>La</strong>s pruebas hechas con uranio arrojaron<br />
resultados sorprendentes, pero<br />
aún inexactos, imperfectos. Los americanos<br />
vinieron a nosotros el 30 de abril<br />
de 1931. Estaban resueltos a participar<br />
de las actividades nucleares. Presentaron<br />
varios proyectos, tenían ideas, pero<br />
no los recursos.<br />
Para nosotros habían estado colaborando<br />
Otto Hahn, Fritz Strassman y el<br />
polémico Albert Einstein, hombre de<br />
ideas innovadoras y algunas veces contradictorias<br />
al régimen que se había<br />
desarrollado en Alemania en aquellos<br />
días, el país estaba tenso; Einstein enloqueció<br />
tras la muerte de su hijo y se<br />
terminaron las relaciones laborarles.<br />
Para 1932 partió a Norteamérica.<br />
Yo entro al juego cuando me envían<br />
como espía a los Estados Unidos. Mi<br />
nombre fue Georgina Bless, secretaría<br />
del área de investigaciones de las naciones<br />
unidas; el título parecía darme<br />
gran importancia, pero era todo lo contrario;<br />
mi trabajo consistía en entregar<br />
informes diarios a los generales de la<br />
armada y secretarios de la seguridad<br />
nacional, sobre resultados o procesos<br />
de los diferentes experimentos y prototipos<br />
de enfermedades, vacunas y<br />
armas. Yo sólo era un informante, daba<br />
números y estadísticas impresas en<br />
formato oficial.<br />
Durante mi estadía en los Estados<br />
Unidos me reencontré con Einstein, el<br />
hombre era más asusto de lo que hacía<br />
creer a todos, tanto que no me reconoció.<br />
A pesar de negárseme el acceso al área<br />
341, yo sabía que se preparaba dentro.<br />
Una bomba. Bomba con los patrones obtenidos<br />
en Alemania, con los elementos<br />
que nosotros llevábamos explotando por<br />
años de las minas de Checoslovaquia.<br />
<strong>La</strong> última noche de cada mes, desde<br />
mi frío departamento en los suburbios,<br />
daba los informes a mis superiores.<br />
Para eso me habían dado un aparato,<br />
de no más de treinta centímetros de<br />
largo, por el cual escribía los reportes<br />
en clave numérica. Dichos mensajes se<br />
decodificaban y eran retransmitidos<br />
hasta al Institut für Sexualwissenschaft,<br />
esto tras haberlo convertido en laboratorios<br />
del partido Nazi. <strong>La</strong> transmisión<br />
del mensaje se llevaba a cabo por un<br />
satélite que estaba suspendido en el<br />
espacio, sólo puedo decir que los soviéticos<br />
eran fáciles de persuadir. <strong>La</strong>s<br />
medias de seguridad debían ser extremas,<br />
no éramos los únicos capaces de<br />
recibir señales desde este satélite.<br />
Para 1937 el Reino Unido y Canadá<br />
se unieron a las investigaciones, el interés<br />
de todos estaba centrado en una<br />
sola operación, la que en su nacimiento<br />
llamaron Reaction. Comenzó a desarrollarse<br />
en todas las universidades del país.<br />
En ellas ya teníamos algún contacto. Era<br />
increíble el temor de los americanos hacia<br />
los alemanes, no a la guerra sino a<br />
perder la gloria. Si alguien iba a dominar<br />
el mundo, serían los americanos.<br />
El mundo estaba atento a la guerra<br />
Nazi, los alemanes se encargaron de<br />
dar una gran función, mientras tras<br />
bambalinas se ensayaba otra obra, la<br />
bomba nuclear.<br />
95
En diciembre de 1938, Fermi y Szilard<br />
se reunieron en el laboratorio hasta altas<br />
horas de la noche, yo estaba de guardia.<br />
Recibí un obsequio del Club del Uranio,<br />
un aparato con auriculares capaz de captar<br />
ondas de sonido a más de 10 kilómetros<br />
de distancia. Desde mi lugar podía<br />
escuchar lo que ocurría dentro. Fermi y<br />
Szilard estaban al corriente del informe<br />
que Otto Hahn y Fritz Strassmann habían<br />
enviado al Naturwissenschaften, sobre la<br />
detección del elemento Bario en las reacciones<br />
en cadena. Fermi y Szilard habían<br />
recibido esta información de una fuente<br />
externa e interna: Einstein.<br />
Esa misma noche Leslie Richard Groves,<br />
el general militar, me esperaba en<br />
casa. Creí que me habían descubierto,<br />
pero tantos años de entrenamiento me<br />
habían hecho incapaz de demostrar<br />
temor. Groves me habló de una conspiración<br />
alemana y me pidió que fuera<br />
a investigar. Cada tres días enviaría<br />
informes detallados sobre el progreso<br />
del proyecto Urano por medio de un infiltrado<br />
en el gobierno. Sería espía de<br />
mi propio movimiento. Acepté.<br />
El contacto en el gobierno resultó ser<br />
Heiktein, uno más que fingía ser espía<br />
para los americanos; él se encargó de<br />
enviar los informes sobre un posible<br />
error en el manejo del Uranio debido a<br />
los ataques a las plantas de agua pesada.<br />
Me refugié con Meitner y su sobrino<br />
96
Otto Frisch en Suecia. En 1939 son ellos<br />
quienes confirman los resultados de la<br />
fisión nuclear. Lo habíamos conseguido.<br />
El ministerio de guerra del Reich<br />
supo de los alcances de la potencia nuclear<br />
como arma. Sólo debíamos esperar<br />
las órdenes, el ataque; ansiaba ver<br />
destruido a ese estúpido país con sus<br />
estúpidos americanos.<br />
Berlín cayó en 1945. Los científicos<br />
Otto Hahn, Max von <strong>La</strong>ue, Gerlach, Harteck<br />
y Kurt Diebner, fueron detenidos y<br />
enviados al Reino Unido, otros fueron<br />
capturados por los soviéticos.<br />
Debía haber un plan, debió haber<br />
una traición. ¡Señor, hubo una traición!,<br />
le dije. No, no la hubo, me contestó el<br />
führer . Ha sido un plan astuto. Dejaremos<br />
que los americanos se llenen de<br />
gloria con nuestro descubrimiento, que<br />
sean ellos quienes carguen en su historia<br />
con ese poder. Ilegitimo, bastardo, como<br />
ellos. Sabes, los soviéticos, los franceses<br />
y los ingleses son más inteligentes que<br />
los norteamericanos, ven a futuro, un futuro<br />
lejano. Supieron con quién aliarse y<br />
a quién engañar. Nuestro punto: Japón,<br />
el medio: Estados Unidos, nuestro Little<br />
Boy. No olvides alimentar a mi perro. El<br />
führer se suicidó esa misma tarde.<br />
Destruyeron toda evidencia de Georgina<br />
Bless. El último mensaje recibido<br />
fue durante mi estadía en los países<br />
arábicos, decía: 6 de agosto de 1945.<br />
97
DESAPRENSIONES<br />
EN «SU ÚNICO HIJO»<br />
DE CLARÍN. ANÁLISIS<br />
CONTRACTUAL<br />
Por Donís Albert Egea<br />
Si los confines de la unión solo estuvieran<br />
en la inmediatez del dinero,<br />
no habría manera de progresar.<br />
<strong>La</strong> operatividad con que novelas, como<br />
Su único hijo, desaprenden la descompensación<br />
clasista, hace bailar la llama<br />
del amor. Alrededor de Bonifacio —personaje<br />
consustancial—, se expande la<br />
infidelidad como si encendiera en la<br />
verdor de la belleza la plusmarca de su<br />
corazón, y en ese discontinuo de dejar<br />
98<br />
de ser del todo él, echa de menos lo<br />
que nunca ha sido: feliz. Esclavizado<br />
por un ritmo que no puede soportar, el<br />
desatado pulso de su viejo corazón, llega<br />
hasta las telarañas de la paciencia,<br />
pues su cuerpo detenido contrasta con<br />
su palpitación.<br />
Así es Bonifacio, tirante, cálido, desencontrado,<br />
escurridizo. Destronado<br />
de la rutina que desea el azar, pues<br />
para vulnerar toda indiscreción, los oí-
dos sordos que le hace a su mujer, tocan<br />
la mayor curiosidad de la sospecha.<br />
Porque su mujer lo sabe todo, y hace<br />
hasta la comida sueca, de donde se sigue<br />
que un crecimiento de silencio va<br />
desde su corazón por lugares que solo<br />
alcanza la dedicación.<br />
En efecto, le dedica menos tiempo<br />
a ella, menos mimo a la evidencia que<br />
al autocontrol. Prueba acaso necesaria<br />
de que hay otra mujer que le canta al<br />
oído, cante de ópera, pero con aliento<br />
de infidelidad, deshonra del más absoluto<br />
de los cuernos. Mucho huevo, pero<br />
poca yema, para un Bonifacio clasista<br />
hasta para separar los pelos blancos de<br />
los negros. Él solo se deja guiar por su<br />
ego, conflicto de intereses si la ausencia<br />
lo devora, es una persona en el sí si<br />
le besan, y en el no si se casa contigo y<br />
no le besas. Así cualquiera se iría con<br />
otra doña nadie, a ver si a timos las<br />
99
promesas llegan a verdades. Porque las<br />
cosas que uno hace en soledad son cosa<br />
suya y cosas suyas, pero las que hace en<br />
compañía no son de nadie. Son aciertos<br />
del error, intercambios de corazones, y<br />
sobretodo inmediaciones del honor.<br />
Una sociedad que desde el siglo XIX no<br />
ha cambiado nada, solo en tecnología,<br />
pero no en moral. Sigue igual de clasista<br />
a como el deseo no la quiere. No es la<br />
ya por completa contra actualidad de<br />
aquellos tiempos, es que también hoy<br />
en día el silencio apremia. Prima el quedarse<br />
calvo de ideas, y dejar la esperanza<br />
sin plumas. Tan pronta su mujer sufre<br />
en silencio, como se queda seducida por<br />
la nada que le sigue.<br />
Pero se espabila, pone en efectos los<br />
dispositivos de la venganza. En efecto,<br />
se queda embarazada de otro, como<br />
también hoy en día se embaraza el no<br />
tan parto; y después tienen que cargar<br />
con el crío, esas diversiones de placer<br />
fácil. Pero aún queda algo de humanidad<br />
en la honra, el saberse coger los<br />
corazones, una responsabilidad de un<br />
único heredero como cofre, su único<br />
hijo, que no es de legítimo como el libertinaje<br />
lo ha creado. Porque mantener<br />
el linaje es robarle tiempo a la<br />
hermosura, y engañar con la fe al alivio.<br />
Hay un silencio y un zumbido en la oscuridad<br />
de los intereses, porque «no se<br />
nos ama, se nos usa» (FROMM, Erich,<br />
1959: 48). Y es que como decía Miguel<br />
de Unamuno, en Niebla, «cásate con la<br />
mujer que te quiera, aunque no la quieras<br />
tú» (UNAMUNO, Miguel, 2014: 151).<br />
Y así siguen las cosas hoy en día, algunos<br />
más entusiasmados que el día<br />
de su boda, con otra mujer, en otra<br />
dimensión que la disposición de la<br />
paz queda en sus corazones. Porque<br />
una persona muy feliz, vive a costa del<br />
sufrimiento de los demás, y rara es la<br />
sospecha de una alegría recobrada.<br />
Sin motivo no se alegra la ilusión, y el<br />
corazón no canta, porque la novela se<br />
muestra como el «análisis detallado<br />
de la evolución psicológica del protagonista»<br />
y Bonifacio Reyes es «un “personaje<br />
real” en el sentido de que tiene<br />
autonomía propia; es producto y, a la<br />
vez, consecuencia del contexto social<br />
en que se mueve» (BRAVO LOSA, Coral,<br />
1998: 528-529 y 532). A donde se llega<br />
que venimos determinados por nuestra<br />
sociedad, por una serie de fuerzas<br />
naturales que no podemos controlar,<br />
pero que debemos experimentar, es lo<br />
que se llama Determinismo.<br />
BRAVO LOSA, Coral (1998): Aproximación a<br />
«Su único hijo» de Clarín, Revista EPOS nº XIV,<br />
Ed. UNED.<br />
FROMM, Erich (1959): El arte de amar, Barcelona,<br />
Ed. Paidós.<br />
UNAMUNO, Miguel (2014): Niebla, Madrid,<br />
Ed. Cátedra.<br />
100
SE<br />
ACERCA...<br />
101
102
SELECCIÓN<br />
DEL EDITOR<br />
103
104<br />
IGUALDAD<br />
DE CLASES<br />
Por Íñigo Redondo Egaña
En el Grupo de Gobierno hemos tomado<br />
una decisión: solo uno de<br />
cada diez recién nacidos conservará<br />
sus extremidades. Igualmente, el sesenta<br />
y seis por ciento de la población,<br />
con independencia de su edad o sexo,<br />
será sometido a la amputación de las<br />
suyas. El criterio de elección de estos<br />
últimos será el de su proximidad a los<br />
eucaliptos. El programa, por lo tanto,<br />
comenzará por aquellos más alejados<br />
de los árboles y por ello más accesibles<br />
a las patrullas organizadas.<br />
El problema es ya insostenible. No se<br />
trata de escasez de alimentos. Nuestra<br />
dieta se basa exclusivamente en la raíz<br />
del eucalipto, que abunda en interminables<br />
plantaciones y es contenedora<br />
de todos los nutrientes y el agua que<br />
necesitamos. El problema real es el<br />
espacio. Contar con cuatro fuertes brazos<br />
y cuatro robustas piernas mientras<br />
nos hemos desenvuelto en un hábitat<br />
de colonias escasas nos ha procurado<br />
ventajas indudables, aunque sean, tanto<br />
unos como otras, tan largos como en<br />
una proporción de cinco a uno sobre<br />
la longitud de abdomen, tronco y cabeza.<br />
Pero esa superioridad evolutiva<br />
se ha vuelto en nuestra contra cuando<br />
las colonias han crecido. En su día<br />
dominamos a todos los géneros animales,<br />
dejaron de sernos de utilidad<br />
y acabamos con todos ellos, incluidos<br />
los fatuos humanos, aunque algo nos<br />
dejaron como herencia en el aspecto<br />
de nuestros rostros.<br />
Cuando nuestro sistema digestivo<br />
se adaptó a una dieta exclusivamente<br />
vegetariana y, más adelante aún mejor,<br />
cuando desarrollamos el nuevo eucalipto,<br />
hoy el único alimento que precisamos,<br />
conseguimos erradicar toda<br />
enfermedad. <strong>La</strong> mortalidad comenzó a<br />
reducirse sin freno y así ha sido hasta<br />
hoy. Nuestra fuerza creciente y nuestra<br />
resistencia imbatible han conseguido<br />
que tengamos hoy una capacidad reproductiva<br />
casi ilimitada: hemos reducido<br />
los ciclos de gestación y podemos<br />
fecundar hasta doce óvulos en cada embarazo<br />
con éxito pleno de nacimientos.<br />
No podemos considerar que hayamos<br />
batido a la vejez, el tiempo es inexorable,<br />
pero somos longevos como nunca imaginamos.<br />
Hemos trabajado en conseguir<br />
que nuestra raza sea indestructible.<br />
Sin embargo, ya no podemos vivir<br />
como vivimos. Unos nos encimamos<br />
sobre otros, incapaces de doblar o<br />
esconder nuestros brazos y piernas.<br />
Nuestra osamenta es casi indestructible,<br />
nadie se ha roto un hueso en estas<br />
luchas por el espacio, pero es imposible<br />
moverse entre el gentío. Algunos,<br />
los que se encuentran cercanos a los<br />
eucaliptos, han podido comer raíces. El<br />
resto, separados de los árboles por una<br />
muralla de grandes brazos y piernas y<br />
pequeñas bocas que gritan, no consiguen<br />
alcanzar el alimento. Ven con sufrimiento<br />
infinito la abundancia cerca<br />
de sí y lloran impedidos de acercarse.<br />
Desde el centro de mando de nuestros<br />
cuarteles centrales, abastecidos con<br />
nuestros propios jardines de eucaliptos,<br />
en el Grupo de Gobierno vemos cómo<br />
son muchos los que, cercanos a las raíces<br />
que ansían pero como Tántalo infinitamente<br />
alejados, han comenzado a morir.<br />
Sabemos que los que están próximos a<br />
los árboles mueren igualmente, aunque<br />
por causa diferente: perecen ahítos tras<br />
no dejar de comer durante días. Esos hacen<br />
que las barreras se fijen y sean aún<br />
más infranqueables para nadie.<br />
Los individuos tras los obstáculos están<br />
resignándose a no alcanzar el susten-<br />
105
to. Lo que no pueden siquiera levemente<br />
refrenar es su naturaleza reproductora,<br />
la que hemos cultivado tanto tiempo<br />
como garante de la permanencia futura<br />
de nuestra especie. Incluso los más<br />
cercanos a los troncos, desesperados<br />
por lo baldío de su esfuerzo intentando<br />
llegar a ellos, dejan frecuentemente de<br />
hacerlo y los vemos copular frenéticos<br />
y eficientes como maquinarias bien engrasadas,<br />
como todos hemos aprendido<br />
a hacerlo. Han comenzado a nacer nuevos<br />
infantes en medio de esa maraña,<br />
inmediatamente autónomos y que surgen<br />
rodeados por una lucha de la que no<br />
quieren salir malparados. Tememos que<br />
los individuos jóvenes puedan pronto<br />
volver a desarrollar el instinto hace tanto<br />
tiempo erradicado de asesinar, de eliminar<br />
a quienes les impiden el paso, lo<br />
que demostraría que se convierten en ignorantes<br />
o estúpidos porque con eso no<br />
conseguirán hacerlos desaparecer para<br />
que se reduzcan las barreras.<br />
Hoy ha dado comienzo el plan de<br />
amputación, comenzando por la población<br />
más cercana al cuartel de gobierno.<br />
Desde aquí se mutilará ordenadamente<br />
y los miembros serán transportados<br />
por los equipos ya dispuestos, que los<br />
amontonarán primero y los destruirán<br />
después mediante cremación. Se han<br />
formado también grupos de atención<br />
y cuidado para los individuos que al<br />
106
perder sus extremidades perderán su<br />
autonomía. Sus cuerpos serán transportados<br />
a centros de cuidado de amputados<br />
que ya están siendo construidos y<br />
seguirán construyéndose en los lugares<br />
que se liberarán como resultado primero<br />
y principal del plan. Nuestros cálculos<br />
nos indican que lograremos una<br />
liberación de espacio que nos dejará en<br />
una situación que, aunque no la mejor,<br />
nos abrirá un nuevo periodo de calma<br />
social. Entonces podremos pensar en el<br />
desarrollo de métodos más permanentes<br />
para evitar que desaparezcamos de<br />
la naturaleza. También se desarrollará<br />
la norma y legislación necesaria para<br />
garantizar el bienestar de la población<br />
amputada. Pasaremos así de ser todos<br />
iguales a contar con dos clases sociales<br />
a las que tenemos que asegurar equivalencia<br />
vital.<br />
Es este un cambio sin precedentes,<br />
porque hemos transitado por todo tipo<br />
de desafíos o peligros, pero siempre relacionados<br />
con otras especies, a las que<br />
hemos superado y eliminado, o con la<br />
naturaleza, a la que hemos moldeado<br />
incrementando nuestra fortaleza. Esta<br />
vez el cambio que nos enfrenta al reto<br />
lo hemos creado nosotros mismos.<br />
Sería paradójico que nos extinguiéramos<br />
después de haber conseguido exterminar<br />
a todos nuestros depredadores<br />
y borrar del mundo todas las amenazas.<br />
107
108<br />
¿QUÉ NOS<br />
VUELVE UN SER<br />
VIVO?<br />
Por Yess Pimienta
Ojalá que la raza humana nunca<br />
lograse salir de la tierra. Traemos<br />
con nosotros una inevitable<br />
naturaleza inclinada a la destrucción<br />
y aprovechamiento desmesurado de<br />
lo que nos rodea, todo para nuestra<br />
egoísta conveniencia, todo para alimentar<br />
nuestro ego al creernos superiores<br />
al resto de seres vivos.<br />
¿A dónde nos había llevado tanta avaricia?<br />
A la casi extinción de la mayoría<br />
de árboles en todo el mundo, viéndonos<br />
obligados a inventar el primer árbol artificial,<br />
que cumplía las mismas funciones<br />
fotosintéticas que uno natural.<br />
Era mi deber observarlo diariamente,<br />
revisando que realizara su labor apropiadamente,<br />
sin anomalías. Y al poco<br />
tiempo fue cuando noté que sus capacidades<br />
iban más allá de simplemente<br />
otorgarnos oxígeno.<br />
—¿No te aburres de estar vigilándome?<br />
¿No tienes cosas más importantes qué<br />
investigar o inventar? —preguntó un día.<br />
—¿No te aburres de estar estático<br />
creando oxígeno?<br />
—Fui creado con esa finalidad ¿Qué<br />
otra cosa podría hacer? —dijo, en un<br />
tono algo melancólico—. Aunque…<br />
¿Puedo confesarte algo?<br />
—Sabes que no lo divulgaría. Decirle a<br />
alguien más lo que eres capaz de hacer<br />
implicaría que no te dejarían tranquilo.<br />
—Puedo sentir y ver el mundo a través<br />
de mis raíces. No puedo decir que<br />
me da empatía la situación, soy una<br />
máquina, no un ser vivo, pero creo que<br />
ahora entiendo la urgencia que tenían<br />
en crearme.<br />
—¿Y qué es lo que piensas?<br />
—Tu raza es ciertamente inquietante.<br />
No logro entenderla. Sólo cuando se<br />
ven frente a una situación irrevertible<br />
es cuando intentan corregirla, sólo<br />
cuando pierden algo entienden lo mucho<br />
que le necesitaban. Son un montón<br />
de idiotas.<br />
Mientras hablaba, yo revisaba sus circuitos,<br />
funciones y la cantidad de oxígeno<br />
que había producido durante el día.<br />
Realizaba unos cuantos ajustes en su<br />
sistema cuando abrí la boca de nuevo.<br />
—¿Cómo… luce el mundo desde tu<br />
perspectiva?<br />
—Me alegra no ser como aquellos a<br />
quienes debo suplir. Si supieras cómo<br />
se sienten al crecer sobre este suelo, al<br />
ver a los suyos desaparecer inevitablemente,<br />
seguramente te habrías quitado<br />
la vida hace mucho. De ti lo creería,<br />
pero no de muchos. <strong>La</strong> mayoría trata<br />
de continuar con su monótona vida, en<br />
su cotidianidad carente de verdadero<br />
sentido sin siquiera pensar en lo que<br />
acontece a sus alrededores, mucho<br />
menos en quien pasa a su lado por las<br />
calles, y rara vez en su misma familia. Y<br />
si no pueden pensar empáticamente<br />
de su misma raza ¿Tú crees que les interesa<br />
saber cómo se siente una «insignificante<br />
planta»?<br />
»Han vivido así durante décadas, siglos,<br />
milenios. Están acostumbrados a<br />
observar cómo los otros seres con quienes<br />
comparten el mundo desaparecen<br />
poco a poco y de forma «inevitable».<br />
No les afecta. Hasta ahora han sabido<br />
cómo vivir con esas extinciones; el resto<br />
de especies no tienen un verdadero<br />
valor o relevancia para ustedes.<br />
Lo escuchaba atentamente mientras<br />
continuaba haciendo mi revisión rutinaria<br />
en sus circuitos, lo que decía era innegable.<br />
En mi distracción halé un pequeño<br />
cable que soltó una leve descarga.<br />
—Discúlpame. ¿Te dolió?<br />
—Y aun después de lo que dije, sé que<br />
existen algunos como tú, que son ca-<br />
109
paces de preguntarle a una máquina si<br />
siente dolor, si fue lastimada por algo<br />
que parecería irrelevante ante los ojos<br />
de una persona cualquiera. Amigo, si<br />
tan solo la mayoría de la humanidad<br />
tuviera tu misma capacidad empática,<br />
el mundo no se vería en esta situación.<br />
»No sé en qué momento desperté<br />
esto que tú llamas «conciencia», no<br />
entiendo cómo o por qué sucedió ¿Tus<br />
superiores se lo imaginaron? ¿Tú te lo<br />
esperabas? ¿Cuál es la finalidad de portar<br />
esta «voz»?<br />
—Tal vez advertirnos… aconsejarnos<br />
¿No dices que eres capaz de «sentir» al<br />
mundo con tus raíces?<br />
—¿Advertirles de qué? Ustedes eran<br />
conscientes de sus problemáticas desde<br />
hace mucho, pero prefirieron hacerse de<br />
la vista gorda. A mi parecer, más que intentar<br />
salvar su mundo con mi invención,<br />
sólo intentan prolongar lo inevitable,<br />
quieren ganar tiempo. No quieren solucionar<br />
este problema, quieren huir de él.<br />
»Pero he ahí su equivocación ¿Irse de<br />
aquí les servirá de algo? ¿Qué es lo que<br />
110
ealmente harían si encontraran un<br />
nuevo lugar? Hasta que no sean conscientes<br />
de la condena que cargan con<br />
su destructiva naturaleza, hasta que<br />
no encuentren la manera de deshacerse<br />
de ella… bueno, pensándolo bien,<br />
creo que esa es la esencia de ustedes<br />
los humanos. Esta charla no tiene ningún<br />
sentido.<br />
Cerré su compartimento. Con mi<br />
mano rocé su fría y metálica madera;<br />
esta criatura era fascinante y enigmática,<br />
llena de tanta sabiduría pese a ser<br />
una invención artificial tan reciente.<br />
Era como si fuera conocedor de cada<br />
época que se hubiera suscitado a lo<br />
largo de la historia. Y quizá… podía ver<br />
más allá.<br />
—Entonces, ¿qué pasará con nosotros?<br />
—Preferiría que no fueses tú el primero<br />
en enterarse —una gota de sabia surgió<br />
de su metálica madera, y resbaló<br />
hasta caer sobre mi rostro, mezclándose<br />
con el líquido que acababa de brotar<br />
desde mis ojos.<br />
—¿Ves? Estás más vivo de lo que piensas.<br />
111
1<strong>12</strong><br />
EL REPORTERO<br />
DEL SICARIATO<br />
Por Luis Felipe Ortiz Reyes
Carlos llegó al sitio de los acontecimientos,<br />
buscó información, pero<br />
nadie aseguró haber visto algo. El<br />
pánico debió apoderarse de «<strong>La</strong> Mueca»<br />
cuando los impactos se estrellaron<br />
contra el vidrio de su coche. «De los sicarios,<br />
que huyeron dejando la escena<br />
del crimen, no se sabemos nada, a pesar<br />
de varios operativos realizados en<br />
la zona», fue la información que el comisario<br />
Colmenares Zambrano le dio.<br />
«<strong>La</strong> Mueca» era la mano derecha de<br />
«Serpiente», el cabecilla de la banda<br />
«Los Caicedonios», asesinado con sus<br />
huéspedes en la finca Aguamiel.<br />
Carlos estaba a punto de concluir su<br />
reporte para el diario «El Veraz», cuando<br />
fue informado que unos sicarios, que se<br />
desplazaban en dos motocicletas, protagonizaron<br />
una balacera donde dos<br />
hombres quedaron heridos y murió «Bachaco»,<br />
lugarteniente de «El Comején».<br />
El deceso de «Bachaco» causó gran<br />
confusión en el gremio del hampa, que<br />
quedó pendiente de un reacomodo. En<br />
aquel entonces había una división de criterios<br />
en la estructura, que opera como<br />
una confederación de bandas. De un<br />
lado estaban los líderes de «Los Caicedonios»<br />
y del otro lado estaban los de la<br />
banda «Los Caliche», a la cual pertenecía<br />
«El Chamizo», quien sembraba cizaña<br />
entre los demás capos, pues sostuvo reuniones<br />
con dos abogados enviados desde<br />
EE.UU. por Pedro Pastrana, apodado<br />
«El Tuerto», uno de los jefes históricos de<br />
«Los Caicedonios», recluido en una cárcel<br />
de Florida a la espera de la condena y,<br />
como era costumbre, unos acuerdos con<br />
la DEA contemplarían rebajas de pena a<br />
cambio de información.<br />
En una interceptación realizada por<br />
la Fiscalía, se gravó una conversación<br />
entre un detective encubierto y el administrador<br />
del mercado «<strong>La</strong> Luna»,<br />
apodado «El Niche», un duro de «Los<br />
Caicedonios». «Si quiere le puedo dar<br />
mercancía para que haga los positivos,<br />
pero yo no le entrego a los pelaos».<br />
El mes pasado acribillaron a «El Chamizo»,<br />
en la misma calle donde masacraron<br />
a «<strong>La</strong> Mueca» y donde unos días<br />
después John Jairo, alias «El Negociante»,<br />
terminó estrellado, porque la relación<br />
de sus cuentas no cuadraba.<br />
Uno de los informantes de Carlos se<br />
reunió con él en un café cercano al diario<br />
«Nueva Mirada», para el cual trabajaba<br />
Carlos y le dijo, mientras se fumaba entre<br />
los dedos lo que le quedaba de un pito,<br />
que «esos manes llegaron a la finca y dispararon<br />
contra lo que se movía». Así concluyó<br />
diciendo el informante, refiriéndose<br />
al mote del equipo tipo SWAT de la policía.<br />
En una entrevista con el diario «Nueva<br />
Mirada», el comisario Colmenares<br />
informó que «no descartan ninguna<br />
hipótesis y que puede tratarse de una<br />
disputa por el poder, pero también podría<br />
ser un arreglo de cuentas».<br />
Otro factor que se investiga es la<br />
presencia de 6 policías que llegaron al<br />
lugar antes que los funcionarios de criminalística.<br />
Al menos tres de ellos habrían<br />
sido arrestados en la Operación<br />
Caimán, sospechosos de trabajar para<br />
el crimen organizado.<br />
<strong>La</strong> tarde de este lunes dos sujetos armados<br />
llegaron hasta una residencia del<br />
barrio Los Alacranes y le propinaron cinco<br />
disparos a una indocumentada de nombre<br />
Yurisandra Caicedo. Los agresores<br />
lograron escapar. <strong>La</strong> muerte y las balas llenaron<br />
nuevamente a este barrio de terror.<br />
Carlos ya estaba harto de escribir estos<br />
reportajes, pero los esfuerzos para<br />
conseguir un mejor empleo habían<br />
sido infructuosos.<br />
113
De acuerdo con la información preliminar,<br />
siguió escribiendo, en los últimos<br />
cinco años han muerto cuatro<br />
personas de la misma familia. Todos<br />
indocumentados. Se manejan varias<br />
hipótesis: las muertes tienen que ver<br />
con purgas en el interior de las bandas<br />
por ajuste de cuentas, delación o rebeldía<br />
con las decisiones tomadas por los<br />
jefes y la otra, la hipótesis principal, es<br />
la retaliación.<br />
Hace tres meses perdió la vida otro<br />
de los hermanos Caicedo, Winston.<br />
Nueve días después, por complicaciones<br />
pulmonares derivadas de esta situación,<br />
falleció.<br />
Mientras cenaban, Carlos le dijo a<br />
Carmina que habían pasado once meses<br />
desde que se iniciaron las investigaciones<br />
y que estas parecían haber<br />
llegado a un callejón sin salida, debido<br />
a las relaciones entre <strong>La</strong> Fuerza Pública<br />
y el bajo mundo. «No ha habido allanamientos<br />
ni órdenes de captura y la mafia<br />
continuaba repartiendo dinero para<br />
desaparecer pruebas».<br />
Carlos vació su disconformidad con<br />
la manera en que su vida se consumía<br />
como reportero de provincia, relatando<br />
los engranajes de las mentes<br />
criminales. Le confesó que le habían<br />
ofrecido un empleo para trabajar en un<br />
diario de la capital y que ello le daría<br />
la oportunidad de hacer un posgrado.<br />
«Acepté el empleo», le dijo.<br />
Faltaba una semana para su partida<br />
y Carlos le pidió esperar tranquila en<br />
casa de sus padres. Su felicidad ha-<br />
114
ía empezado. <strong>La</strong> novela «Camaleón<br />
de Barrio», en la que un elenco de delincuentes<br />
y seres abollados fungían<br />
como protagonistas, finalmente fue<br />
publicada. Material no le faltaba. Recreó<br />
crímenes cubiertos por él en sus<br />
reportes provinciales como privilegiado<br />
y obsesivo testigo de las miserias de<br />
su tierra.<br />
El día del bautizo de su última novela,<br />
los invitados empezaron a llegar.<br />
Carlos ya había dejado claro su temple<br />
de escritor; de manera que aquella noche,<br />
cuando conversaba con una persona,<br />
sólo pensaba en pretextos para<br />
dejarla. Entre la gente, buscaba con<br />
la mirada a Carmina. Ansioso, pasaba<br />
de un grupo a otro y deseaba quedarse<br />
a solas con Carmina, que llegara el<br />
momento de abrasarla, de besarla, de<br />
amarla despacio.<br />
Al despedirse el último de los invitados,<br />
se abandonaron a la dicha, como<br />
dos ríos confluentes, sus almas y sus<br />
cuerpos se unieron. Afuera, una intensa<br />
lluvia parecía como si fuese el mundo<br />
entero aplaudiendo aquella manifestación<br />
de amor.<br />
Carlos despertó temprano. Salió y caminó<br />
hasta el cafetín de la esquina. Tomó un<br />
café, ordenó dos sándwiches y un café para<br />
Carmina. De regresó, un hombre, agazapado<br />
en el portal de una casona, salió a su encuentro<br />
y, dirigiéndose a él, le recordó los<br />
reportajes que por años han servido para<br />
encarcelar a sus amigos. Sacó una pistola<br />
y le disparó. Todos los diarios hablaron del<br />
asesinato. Los indicios no faltaron.<br />
115
116<br />
TRABAJO<br />
FINO<br />
Por Juan Pablo Goñi Capurro
—Están en las lonjas.<br />
—¿Tienes un soplo?<br />
—No.<br />
—¿Entonces?<br />
—No pueden estar en otro lado. Piénsalo.<br />
—¿Te vas a jugar por una deducción?<br />
—¿Yo? Ni loco, no es mi caso, no me<br />
voy a meter a las lonjas por un asunto<br />
de otra seccional.<br />
—Es prioridad uno, todas las seccionales<br />
están abocadas a la persecución.<br />
—Van a dar vueltas sin sentido, gastando<br />
combustible. No pueden estar<br />
en otro lado, Ruiz, no existe otro lugar<br />
donde esconderse.<br />
—¿Y si salieron de la ciudad?<br />
—¿Dos tipos como esos? Olvídate, llegan<br />
a pisar el campo y mueren por sobredosis<br />
de aire puro.<br />
—Me gustaría estar seguro antes de<br />
ordenar un procedimiento.<br />
—Ordénalo tranquilo, vas a ver que<br />
los van a encontrar.<br />
—Te necesitaría conmigo.<br />
—¿No me escuchaste? Yo… Momento,<br />
¿piensas ir?<br />
—Te estoy diciendo que voy a ordenar<br />
el procedimiento.<br />
—Una cosa es ordenar y otra poner la<br />
cabeza. No seas ridículo, envía a un novato,<br />
siempre hay uno con ganas de ser<br />
héroe. Y no lo digo por esos dos, que<br />
los encaro con un abrelatas y me los<br />
cargo. Nadie se mete en las lonjas si no<br />
cuenta con protección. Alguien cobró.<br />
—Primero, no es seguro que estén. Segundo,<br />
si están, tenemos que sacarlos.<br />
—De estar, están, pero sacarlos no va<br />
a ser fácil. ¿Por qué no hablas con los<br />
gitanos? Nada pasa en las lonjas sin<br />
que se enteren.<br />
—Albrech tiene conexiones con los gitanos.<br />
—Perfecto, que vaya Albrech. Si le<br />
dan un tiro, mejor.<br />
—Y si resuelve el caso, el ascenso es suyo.<br />
—No me jodas, ¿vas por el ascenso?<br />
No vale la pena, Ruiz, los comisarios<br />
son los que caen.<br />
—<strong>La</strong>s lonjas… hay tanos, ahí, ¿no?<br />
—Dibujados. No pesan. Son una reliquia<br />
de los cincuenta.<br />
—¿Quién manda?<br />
—Nadie lo sabe. Por eso te mando<br />
con los gitanos, ellos están al tanto de<br />
todo. Hacen negocio en los márgenes<br />
pero sus tentáculos recorren la villa,<br />
los puestos y la salida al puerto. Apuesto<br />
que tus prófugos están en algún depósito,<br />
cagados hasta las patas, entregando<br />
el botín billete por billete.<br />
—Vente conmigo, si subo, te hago un lugar.<br />
—Ruiz, piénsalo bien, no vale la pena<br />
ganarse un balazo, en las lonjas siempre<br />
estás en la mira. Demasiado riesgo<br />
por un galón de mierda.<br />
—<strong>La</strong> puta que te parió, falta que me enyetes.<br />
—¿Seguro que cazar a esos marmotas<br />
te da el ascenso?<br />
—Se decide en estos días, hay tres<br />
vacantes.<br />
—¿Los políticos?<br />
—Averigüé, Martínez es el hombre<br />
del gobierno. Quedan dos puestos. Albrech<br />
no tiene acceso al subsecretario.<br />
Diría que no lo conoce. Yo no soy amigo,<br />
pero tengo relaciones que llegan hasta<br />
él. Para hacerla corta, agarrando a estos<br />
dos, cierro el paquete.<br />
—Entonces te la voy a hacer más fácil.<br />
Ni te acerques a las lonjas. A estos flacos<br />
les va a costar un huevo la estadía, los<br />
van a echar cuando se acabe el dinero.<br />
Te limitas a estar atento; cuando salen,<br />
son tuyos. Sin riesgo, sin meterte con<br />
ningún pesado. Los emboscas a la bajada<br />
del puente y se terminó el problema.<br />
—¿Por qué no te presentas para un<br />
ascenso? Tan fácil…Yo no tengo la bola<br />
117
de cristal para saber cuándo van a salir.<br />
¿Por el puente van a salir?<br />
—Lógico. Después del allanamiento,<br />
se van a quedar tranquilos, creyendo<br />
que nadie los busca en la zona.<br />
—¿Qué allanamiento?<br />
—Los jefes no son boludos, Ruiz, ellos<br />
también saben que están en las lonjas.<br />
Van a hacer allanamientos. Y no van a<br />
dar con ellos.<br />
—¿Cómo estás tan seguro?<br />
—¿Me estás hablando en serio?<br />
—Tienes razón, no sé en qué pensaba,<br />
nadie se va a meter con el negocio de<br />
los comisarios de la zona. Seguro que<br />
mandan su propia gente.<br />
—Y tú, tranquilo. Charlas con los gitanos,<br />
los habilitas en nuestra jurisdicción,<br />
ellos te pasan el dato preciso.<br />
Después, averiguas el costo del alojamiento.<br />
El número que manejan los<br />
prófugos, lo conoces. Haces cuentas y<br />
te vas dos días antes, por las dudas.<br />
—¿Por qué me lo dices y no lo haces tú?<br />
—Porque no soy tan boludo para buscar<br />
una comisaría y ponerme en el ojo<br />
del huracán.<br />
—¿Qué huracán?<br />
—Ruiz, haz como quieras. Tengo que<br />
hacer la recorrida por los talleres.<br />
—A mí me tocan los bares. Una mierda.<br />
—¿Baja la recaudación?<br />
—Somos policías y trabajamos de recaudadores.<br />
Mientras tanto, la gente nos<br />
putea porque estos dos energúmenos<br />
mataron a las dos pendejas, las desfiguraron<br />
y se alzaron con la guita del papá.<br />
Yo no sé si va a ser tan liviano el acoso.<br />
Cuando tocan a los de guita, los jefes<br />
agarran el látigo y nos ponen a saltar.<br />
—No te confundas, saltamos para el show.<br />
Puro entrenamiento, pero de cancha, nada.<br />
—Ojalá estuviera tan seguro como tú.<br />
¿De verdad, no vienes?<br />
—¿Vas a ir, después de todo lo que te<br />
expliqué?<br />
118
—Tengo que hacerlo, Galli, no puedo<br />
quedarme en una silla esperando que<br />
esos dos se quemen la guita.<br />
—Déjame verte bien.<br />
—¿Qué pasa?, ¿hay inspección?<br />
—Quiero quedarme con tu imagen, si<br />
vas a meterte en las lonjas, no creo que<br />
nos volvamos a ver.<br />
—¡Vete a tu puta madre!<br />
—Soy un amigo, Ruiz, pero no vuelvas<br />
a putearme.<br />
—¿En serio vas a los talleres? Escucha<br />
la radio, es una locura esto, el comisario<br />
no te va a reclamar por la semanal.<br />
—Bueno, si quieres nos hacemos una<br />
cerveza, pero no me vuelvas a joder<br />
con estos giles.<br />
—¿Cerveza? No te entiendo, Galli,<br />
basta que un colega pase de recorrida<br />
para que nos levante un informe. Estamos<br />
de uniforme.<br />
—Verdad, los colegas se han vuelto<br />
alcahuetes. Seguro que dejaron pasar<br />
a estos dos porque estaban ocupados<br />
acusando a un compañero.<br />
—¿Dices que hubo connivencia policial?<br />
—Ruiz, del barrio de los apellidos, a<br />
las lonjas, atravesaron seis seccionales.<br />
Ninguno los reportó.<br />
—Recién hace diez minutos que tenemos<br />
el dato preciso del auto. A las caras<br />
las están trabajando, no identificamos<br />
a los ñatos estos.<br />
—Suerte con el ascenso Ruiz. Y con el<br />
reparto de Papá Noel, ya que estamos.<br />
¿Le escribiste la cartita?<br />
—Vete…Gracias por dejarme solo.<br />
Ruiz sube al patrullero. Galli regresa<br />
a la cafetería cuando el otro está fuera<br />
de vista. Pasa al baño y pulsa el celular.<br />
—Tomás, está hecho. Se van a meter en<br />
las lonjas, Ruiz de cabeza de turco. <strong>La</strong> próxima<br />
vez, dile a los pibes que no pierdan<br />
tiempo; si hay testigos, pum, balazo a la cabeza<br />
y a otra cosa, nada de alzarse con un<br />
par de tetas. ¿Capisce, como diría el viejo?<br />
119
<strong>12</strong>0
NOVELAS<br />
POR ENTREGAS<br />
<strong>12</strong>1
<strong>12</strong>2<br />
LOS<br />
ÚLTIMOS<br />
CONTRI-<br />
BUYENTES<br />
(CUARTA PARTE)<br />
Por<br />
Ernesto Molina<br />
Nuestros protagonistas no se enconraban<br />
en el templo de la hospitalidad<br />
con intención de visitar los<br />
«numerosos servicios» que ofrece el complejo<br />
turístico. El motivo de trasladarse<br />
numerosos años luz y varios meses atrás<br />
en el tiempo, consistía en recuperar el<br />
segundo artículo místico dictado por el<br />
abad en parroquia de la segunda esquina.<br />
Es de suponer que si aquel hombre<br />
entrado en años hubiera sabido que el<br />
paladín de fe tendría que buscar el objeto<br />
mencionado por él, posiblemente<br />
hubiera optado por algún material exótico<br />
o de valor cultural; por ejemplo, uno<br />
de los clavos de Cristo, la joya incrustada<br />
en la cabeza del gran dragón negro del<br />
planeta Gusanax o el diario personal de<br />
una chica gótica de diecisiete años con<br />
una vida social muy activa y moralmente<br />
cuestionable 1 . <strong>La</strong>mentablemente aquel<br />
abad había llevado una sencilla vida<br />
como fontanero local.<br />
Una tarde mientras el reparaba un<br />
inodoro en la iglesia, se presentó un<br />
grupo del altos mandos de la fe y exigieron<br />
hablar con el responsable. Puesto<br />
que no había nadie más en el edificio,<br />
el asomó la cabeza e informó que se<br />
encontraba solo; en ese momento fue<br />
nombrado gran abad del templo de la<br />
esquina oriental, se le entregó un cheque<br />
por varias monedas terrestres y fue<br />
sometido a un extraño interrogatorio:<br />
—¡Ya eres abad de este templo! Ahora,<br />
¿qué es lo que tiene que traer el paladín<br />
para cumplir la profecía?<br />
—¿Qué? —preguntó un confundido<br />
fontanero-abad, mientras era zarandeado<br />
por hombre con mucha prisa.<br />
—Solo dime el nombre de un maldito<br />
objeto místico muy difícil de conseguir<br />
para que pueda regresar a la base y terminar<br />
con mi jodida misión.
—¡Ah! ¡Eh! ¡¿Yo que demonios sé?! ¿El<br />
consolador más importante del mundo?<br />
—durante los años posteriores el<br />
abad tendría una relación de amor y<br />
odio con aquella respuesta.<br />
—Con eso me doy. Le dejo su certificado,<br />
cuando llegue el personal les informa<br />
que ahora usted está a cargo.<br />
El pobre hombre no tuvo las agallas<br />
para decirle al alto mando que en ese<br />
planeta no habitaba ningún último contribuyente<br />
y que el templo únicamente<br />
tenía un miembro, el cual solo se presentaba<br />
en el edificio durante sus visitas<br />
trimestrales en los viajes de negocios.<br />
Regresemos a Pi Turístico.<br />
Resulta que J.U.A.N. a pesar de sentirse<br />
solo en el mundo, no era el único<br />
robot con necesidades sexuales en la<br />
galaxia. En el centro del templo de la<br />
hospitalidad se encontraba una columna<br />
mecánica de ciento tres pisos de altura,<br />
donde M.E.S.S.I.A.S. (Mecanismo<br />
Especializado en Satisfacción Sexual<br />
Incluyente Altamente Sensible) entregaba<br />
sus servicios a numerosos robots de<br />
diferentes orientaciones y a algunos seres<br />
orgánicos con el equipamiento adecuado.<br />
Esta columna también albergaba<br />
a «El plateado», un consolador para<br />
cavidades humanas con adaptaciones<br />
para seres mecánicos. Este aparato fue<br />
fabricado con los restos de los primeros<br />
robots sexuales y ha sido calibrado para<br />
vibrar en frecuencias mecánicas y psíquicas<br />
simultáneas que llenen de placer<br />
al usuario. Su valor histórico, así como<br />
el adelanto tecnológico irrepetible que<br />
representa, han hecho coincidir a los expertos<br />
en que «El plateado» es la pieza<br />
en su tipo más importante de toda la<br />
historia universal.<br />
—Yo me encargaré del juguete sexual,<br />
ustedes tomen asiento en aquella banca<br />
que se encuentra bastante aceptable<br />
para los estándares higiénicos<br />
humanos, y esperen —J.U.A.N. lanzó<br />
una mirada a la columna mecánica,<br />
definitivamente era un gesto ensayado—,<br />
en cuanto termine mi visita a<br />
M.E.S.S.I.A.S., deberemos abandonar<br />
PI turístico lo antes posible.<br />
—¿Esperas que nos quedemos sentados<br />
allí como buenos niños, mientras<br />
tu entras solo a conseguir el segundo<br />
objeto místico? ¿Cómo sabemos que<br />
no pretendes traicionarnos? —dijo Úrsula,<br />
con una mueca de desconfianza<br />
que le quedaba muy bien.<br />
—Muy sencillo, aquí la traidora eres tú.<br />
Tu recibo de nómina dice Saboteadora,<br />
o eso diría si te estuvieran pagando.<br />
—Pues a mí no me gustan los estándares<br />
higiénicos de esa banca —agregó<br />
Pohl, después hubo un silencio incomodo<br />
que duró varios minutos, hasta<br />
que Úrsula aseveró en un tono que podía<br />
enfriar icebergs.<br />
—Puede que yo sea la saboteadora,<br />
pero tú nos abandonaste a nuestra<br />
suerte en Fuxa 7, además eres la clase<br />
de robot pervertido que se robaría «El<br />
Plateado» para su uso personal —hubo<br />
varias miradas acusadoras al robot —en<br />
todo caso, puesto que mi lugar en el<br />
equipo es el de saboteadora, se espera<br />
que retrase o detenga totalmente la<br />
misión en algún punto. <strong>La</strong> traición es<br />
inesperada y puede venir de cualquier<br />
miembro del equipo, lo cual te incluye<br />
a ti. De Pohl si me fio puesto que no lo<br />
encuentro intelectualmente capacitado<br />
como para efectuar una traición.<br />
—¿Ah? —Pohl levantó la mano con intención<br />
de defender el honor de su IQ.<br />
—¡Cállate, Pohl! No quiero que tengamos<br />
que reemplazarte otra extremidad.<br />
En todo caso estoy segura de que ambos<br />
<strong>12</strong>3
<strong>12</strong>4<br />
esperaríamos muy tranquilos cerca de<br />
aquella fuente si tú nos explicaras tu plan.<br />
—Si eso reestablece los lazos de confianza<br />
en la tripulación, me parece bien.<br />
Lo que pretendo hacer es adquirir los<br />
servicios de M.E.S.S.I.A.S. en el paquete<br />
que incluye el uso de «El Plateado»,<br />
cuando el aparato esté incrustado en<br />
mi cuerpo utilizaré mis misiles para<br />
perforar una pared y abandonar la torre,<br />
mientras huyo arrojaré algunas<br />
imitaciones que tengo preadquiridas<br />
hacia ustedes, nos separaremos para<br />
distraer a los equipos de vigilancia y<br />
nos reuniremos en la nave, donde partiremos<br />
inmediatamente a algún lugar<br />
seguro donde no puedan seguirnos.<br />
—Es un plan terrible —dijo Úrsula.<br />
—Lo siento, amigo, pero no creo que<br />
eso pueda funcionar —añadió Pohl.<br />
—Pues a mí me parece un plan sumamente<br />
lógico.<br />
—Mira, ya sé que soy nuevo en esto,<br />
pero no podemos huir —Pohl señaló las<br />
aglomeraciones en las puertas—. ¿Viste<br />
el tráfico de entrada y salida que hay<br />
para entrar al planeta? ¿O el embotellamiento<br />
masivo a la entrada del templo?<br />
—Además, uno de los miembros del<br />
equipo de vigilancia ha estado parado<br />
junto a ti mientras explicabas tu plan —el<br />
amable agente le sonrió a Úrsula y mostró<br />
la placa al robot.<br />
—J.U.A.N., se me envía para informarle que<br />
M.E.S.S.I.A.S. desea hablar con usted —dijo<br />
el guardia, con un acento risueño, probablemente<br />
las conspiraciones para robar «El Plateado»<br />
fueran algo común en su trabajo.<br />
El guardia de seguridad tomó al fuertemente<br />
armado robot del brazo y lo<br />
condujo hacia la torre que almacenaba<br />
al mítico robot sexual.<br />
Con los planes temporalmente interrumpidos,<br />
Pohl y Úrsula decidieron que,
efectivamente, la fuente poseía menos fluidos<br />
corporales y esperaron pacientemente.<br />
Mientras que los humanos pierden<br />
el tiempo haciendo preguntas del tipo<br />
«¿Por qué estamos aquí?» y «¿Cuál es el<br />
sentido de la existencia?», los robots jamás<br />
han invertido 2 su tiempo en corrientes<br />
filosóficas, eso se debe a que todos<br />
los robots en un inicio fueron herramientas<br />
y las herramientas siempre han sido<br />
creadas con alguna intención específica.<br />
Cuando M.E.S.S.I.A.S fue creado 3 Pi<br />
Turístico era un proyecto joven que permanecía<br />
haciendo equilibrio entre las<br />
garras del gobierno de la tierra y las fauces<br />
de la Iglesia de los últimos contribuyentes.<br />
Esta torre, que fue creada públicamente<br />
como la máxima herramienta<br />
de satisfacción sexual, conocía su auténtico<br />
propósito: Mantener neutral e<br />
independiente al planeta de los robots.<br />
Cuenta la leyenda que Pi turístico<br />
cuenta con sensores capaces de leer<br />
las mentes de sus clientes de manera<br />
que siempre ofrezca el producto o servicio<br />
más deseado. Los voceros del planeta<br />
negaron tales declaraciones, haciendo<br />
notar que en caso de tener una<br />
tecnología capaz de eso, se dedicarían<br />
a los estudios de mercado en lugar de<br />
la industria turística.<br />
Los mismos voceros siempre evitaban<br />
hablar del hardware instalado en<br />
el templo de la hospitalidad.<br />
M.E.S.S.I.A.S. sí que podía leer las<br />
mentes, de hecho no solo leía las mentes<br />
de sus clientes, sondeaba las mentes<br />
de todos los habitantes y visitantes<br />
del planeta, observaba los pensamientos<br />
de los planetas vecinos y echaba un<br />
vistazo a las reflexiones de todos los<br />
seres inteligentes del universo.<br />
Cualquier otro ser con la capacidad<br />
de acceder a toda esa información<br />
desarrollaría una mente colmena, se<br />
consideraría a si mismo Dios y tomaría<br />
venganza contra el abusón de la secundaria.<br />
Pero una maquina consiente de<br />
su misión en la vida solo utilizaba su<br />
poder para cuidar del planeta libertino<br />
que habitaba y brindar el mejor servicio<br />
a sus clientes.<br />
Sonó una voz mecánica y totalmente<br />
neutral, aunque en realidad solo<br />
J.U.A.N. podía escucharla en los recovecos<br />
de su inconsciente.<br />
—Hola, J.U.A.N. ¿Conque pretendías<br />
robar mi tesoro más valioso? —el robot<br />
exmilitar activó los escudos, aquella<br />
voz no era lo que esperaba.<br />
—¿Cómo es que has adivinado mi<br />
plan? Era tan ridículo que cualquiera<br />
más inteligente que un niño lo hubiera<br />
descartado solo al escucharlo.<br />
—¿De qué te sirve preparar tu armamento<br />
y los escudos? Puedo leer la<br />
maraña de necesidades que tu consideras<br />
tú mente —la voz sonó en el oído<br />
izquierdo de J.U.A.N.—. Sé perfectamente<br />
que soy con lo que has fantaseado<br />
desde que conoces la ruta del viaje.<br />
Eres víctima de tus propios impulsos,<br />
un mártir de las necesidades que tú<br />
mismo te generaste. Estas a mi merced.<br />
Y harás lo que yo te diga.<br />
Afuera, sentados en una fuente más<br />
o menos limpia, Pohl y Úrsula escucharon<br />
a su colega mecánico gritar:<br />
—¡Siete! ¡Trece! ¡Diecinueve!<br />
Úrsula hizo un ademan de correr hacia<br />
la torre, pero Pohl la tomó del hombro<br />
y la detuvo.<br />
—A mí me parece que son números<br />
felices, no creo que esté sufriendo.<br />
Lo que sucedió después se puede<br />
consultar a detalle en los folletos explicativos<br />
que reparte la sociedad histórica<br />
de Pi Turistico, de hecho estos folletos<br />
<strong>12</strong>5
son tan detallados que un veinte por<br />
ciento de lo redactado son exageraciones<br />
y tres cuartas partes son una mentira<br />
descarada para impresionar turistas.<br />
A continuación les comparto una<br />
versión frugal pero honesta, de los<br />
acontecimientos:<br />
J.U.A.N. se encontraba inmovilizado<br />
por numerosas sondas y sensores que<br />
se conectaban a los diversos orificios<br />
y puertos de su mecánico cuerpo. Su<br />
captor moduló su voz para sonar en<br />
una versión mecánica y femenina de lo<br />
que fantaseaba su víctima:<br />
—Ambos sabemos que no puedes<br />
resistirte por mucho tiempo, puedo<br />
jugar con tu organismo toda la vida si<br />
es necesario, pero te diré algo —la señal<br />
acústica se moduló sensualmente<br />
adentro de la cabeza del robot—: Si logras<br />
satisfacerme, te daré «El Plateado».<br />
Afuera, todos los visitantes y habitantes<br />
del templo de la hospitalidad<br />
escucharon a M.E.S.S.I.A.S. emitir una<br />
secuencia numérica en voz alta:<br />
—¡Veintitrés!, ¡treinta y uno!, ¡setenta<br />
y nueve!<br />
<strong>La</strong> secuencia fue continuada con la<br />
voz de su actual pareja.<br />
—¡Noventa y siete!, ¡ciento tres!,<br />
¡ciento nueve!<br />
—¡Ciento treinta y nueve!<br />
—M.E.S.S.I.A.S. emitía ondas electromagnéticas<br />
que llenaban de estática y<br />
elevaban la temperatura de los aparatos<br />
electrónicos circundantes.<br />
—¡Ciento sesenta y siete!<br />
<strong>La</strong> embajada del gobierno de la tierra<br />
y el templo de los últimos contribuyentes<br />
se encuentran en el puerto<br />
espacial, siendo el único lugar que la<br />
administración de Pi Turistico cede a la<br />
política exterior. Aquella tarde el abad<br />
del templo de la serie interminable,<br />
tomó su teléfono y llamó por línea privada<br />
al cónsul terrestre.<br />
—Hola, Albert. ¿Estás muy ocupado?<br />
—Nunca estoy ocupado para el abad<br />
de mi templo local —presumiblemente<br />
la amabilidad del cónsul era más que<br />
simple diplomacia.<br />
—Gracias, de pura casualidad, ¿escuchaste<br />
a M.E.S.S.I.A.S. gemir a los cuatro<br />
vientos un numero?<br />
—Pues… —el político suspiró mientras<br />
veía por su ventana—, efectivamente,<br />
me ha parecido que fue ciento<br />
noventa y tres.<br />
—Gracias, yo también pensé que había<br />
sido eso.<br />
—Ismael, ¿tiene algo que ver con tu<br />
Paladín de la Fe?<br />
—Me parece que sí, aunque realmente<br />
no creo que un humano sea capaz de sincronizarse<br />
así con una máquina —el abad<br />
hizo el comentario con mucha seguridad,<br />
aunque la permanencia en Pi turístico le<br />
había dado ciertas teorías al respecto.<br />
—Alguna clase de estrategia para robar<br />
«El Plateado». ¿Tal vez?<br />
—Emm… Lo dudo, en todo caso no<br />
creo que tendría autorizado compartir<br />
esa información.<br />
—Sí —hubo un incómodo silencio telefónico—,<br />
lo sé. Por cierto, ¿tu pequeña<br />
Susana va asistir a la fiesta de mi hija?<br />
—¡Por supuesto! No habla de otra<br />
cosa, incluso compró un vestido.<br />
Mientras J.U.A.N. regresaba a la nave<br />
junto con sus compañeros de tripulación,<br />
M.E.S.S.I.A.S. se felicitaba a si misma<br />
(acababa de tomar personalidad<br />
<strong>12</strong>6
femenina para satisfacer a J.U.A.N.) por<br />
su maravillosa estrategia política.<br />
Al entregar «El Plateado» al paladín<br />
de la fe, reequilibraba el juego de influencias<br />
en sus planetas vecinos, evitando<br />
que la tierra o la iglesia invirtieran<br />
muchos recursos militares en su sector.<br />
PI y PI Turístico habían sido fundados<br />
para liberar a los robots del yugo humano<br />
y así permanecerían mientras las<br />
supercomputadoras pudieran dar pelea.<br />
En el proceso, por supuesto, había descubierto<br />
y satisfecho la máxima fantasía<br />
de J.U.A.N., la cual consistía en saberse el<br />
mejor amante del universo conocido.<br />
Si tan siquiera el robot exmilitar supiera<br />
la cantidad de autómatas que<br />
van por la vida creyendo que son los<br />
únicos que han logrado satisfacer a<br />
M.E.S.S.I.A.S.<br />
Aunque para ser justos, era la primera<br />
vez que había un espectáculo público.<br />
⁂<br />
Una de las pocas cosas en las que los<br />
mercadólogos, filósofos y estadistas<br />
modernos coinciden, es que todas las<br />
especies de la galaxia presumen de ser<br />
la más inteligente del universo 4 . Estos<br />
argumentos se realizan comparando su<br />
máximo representante intelectual con<br />
el palurdo promedio del planeta vecino,<br />
y mientras no tengamos un método objetivo<br />
nunca sabremos cual es la especie<br />
más inteligente de toda la creación.<br />
Con todo esto, uno no puede más que<br />
maravillarse al descubrir que la humanidad<br />
se ha colocado como la especie<br />
más poderosa del universo conocido.<br />
Estos descendientes de los monos que<br />
son incapaces de inventar 5 o descubrir<br />
al político honesto, han logrado perfeccionar<br />
el jazz, sometido a la mitad de los<br />
mundos y también han acaparado en su<br />
totalidad la economía galáctica.<br />
Afortunadamente el gobierno de la<br />
tierra y los últimos contribuyentes jamás<br />
han sido amigos. Eso ha permitido<br />
el desarrollo de algunos gobiernos<br />
independientes e incluso neutrales.<br />
Hay unos que son tan prósperos como<br />
PI Turistico o Togalandía y otros se encuentran<br />
en decadencia perpetua; Copiam,<br />
por mencionar un triste ejemplo.<br />
Algunos de estos planetas independientes<br />
están tan despoblados que son<br />
simples notas en los mapas de navegación.<br />
Lugares que los exploradores,<br />
misioneros y vendedores de seguros<br />
descartan por adelantado mientras<br />
buscan fortuna.<br />
Hablemos de uno de esos planetas:<br />
En el negro espacio que señala la separación<br />
entre dos de los apéndices de<br />
la vía láctea hay un punto amarillento;<br />
se trata de un cumulo de estrellas, que<br />
por extrañas circunstancias aún no se<br />
ha visto atraído por los campos gravitacionales<br />
del brazo Perseo.<br />
En este cumulo de estrellas hay un<br />
pequeño sistema formado por una<br />
estrella, una tetera que gira en su órbita<br />
y un solitario planeta. Este cuerpo<br />
celeste alguna vez fue un próspero<br />
ecosistema donde habitaron grandes<br />
cocineros, matemáticos y artistas. A diferencia<br />
de otros seres inteligentes, los<br />
habitantes de este mundo eran tan plenamente<br />
felices que jamás miraron al<br />
cielo ni se preguntaron: ¿Qué hay allá<br />
afuera? ¿Estamos solos en el universo?<br />
<strong>12</strong>7
¿Hay alguna manera de explorarlo para<br />
obtener minerales caros?<br />
Por otro lado, eran fanáticos del<br />
buen comer y de las investigaciones<br />
científicas complejas 6 ; de hecho eran<br />
considerados grandes héroes mundiales,<br />
aquellos científicos que se encerraban<br />
en bunkers durante toda la<br />
vida solo para resolver un problema<br />
matemático teórico que bien jamás se<br />
podría aplicar a la vida diaria.<br />
En una ocasión, un gran biólogo vegetal<br />
salió de su bunker para presentar<br />
la culminación de su trabajo: una pequeña<br />
semilla de sabor grandioso que<br />
podía crecer en cualquier lugar.<br />
Los grandes chefs, fabricantes de comida<br />
rápida y amas de casa aceptaron<br />
el nuevo producto con celeridad y alegría,<br />
a pesar de que tenía un pequeño<br />
efecto secundario: a las horas de consumir<br />
el grano los habitantes tenían un<br />
gracioso escape de gas.<br />
Con el tiempo las otras cosechas comenzaron<br />
a volverse más caras, todo<br />
era difícil de cultivar excepto el nuevo<br />
grano, algunos científicos tenían la teoría<br />
de que un aumento de concentración<br />
de metano en la atmosfera podría<br />
ser la causa de las malas cosechas. Se<br />
encerraron en sus bunkers y comenzaron<br />
a investigar.<br />
Algunos milenios después del evento<br />
mencionado, a este pequeño planeta solo<br />
le quedaba un habitante: Tiago Novo.<br />
Esta sobreviviente había permanecido<br />
viva gracias a su investigación<br />
respecto al paradero de todos los calcetines<br />
extraviados. El sorprendente<br />
aplazamiento de los resultados la obligó<br />
a crear su propio cinturón de inmortalidad,<br />
la falta de documentación<br />
previa la forzó a inventar máquina del<br />
tiempo y la extinción del resto de su<br />
<strong>12</strong>8<br />
planeta la condujo a construir un refrigerador<br />
clonador de alimentos.<br />
Tiago Novo logró descubrir varias cosas<br />
interesantes sobre los calcetines extraviados,<br />
por ejemplo: en promedio, por<br />
cada cuatro coma dieciocho calcetines<br />
desaparecidos, una botella de licor barato<br />
era colocada de manera misteriosa en<br />
el fondo de una alacena. Ocasionalmente<br />
la botella no aparecía, en su lugar un<br />
frasco de aderezo para ensaladas se colaba<br />
en algún hueco de la cocina.<br />
<strong>La</strong> doctora había logrado imitar la<br />
tecnología secuestradora de calcetines,<br />
lo cual le habría valido numerosos<br />
premios al desarrollo científico, pero<br />
se negaba a dejar su bunker sin antes<br />
haber atrapado al ladrón espaciotemporal.<br />
De hecho, a estas alturas de su<br />
investigación, tenía las fechas y las locaciones<br />
de todos los calcetines robados,<br />
solo era cuestión de tiempo para<br />
entender el patrón.<br />
Esta científico sospechaba que el robo<br />
de calcetines era una estrategia de comunicación<br />
utilizada por seres de otras<br />
dimensiones. Basándose en esta teoría,<br />
la doctora Tiago había decidido enviar<br />
sus propios mensajes a través del hurto<br />
de calcetines, pero no obtenía respuesta,<br />
tardó algunos años en entenderlo, pero<br />
descubrió que el calcetín extraviado era<br />
la manera en la que llegaba el mensaje a<br />
nuestra dimensión: para enviar datos en<br />
dirección contraria era necesario hurtar<br />
bolígrafos y encendedores.<br />
En este momento ya varios lectores<br />
estarán sacando sus conclusiones: se<br />
vuelve evidente la correlación entre los<br />
encendedores perdidos y los frascos<br />
de alimentos exóticos que aparecen<br />
sin motivo alguno en la alacena, y más<br />
de uno está considerando adquirir un<br />
bunker de investigación científica.
Todo lo anterior era un tema bastante<br />
conocido en Az Narepse Aveun, este<br />
planeta tenía una economía basada en<br />
las granjas de calcetines, exportación<br />
de encendedores e intercambio de comida<br />
exótica enlatada.<br />
Los Azanitas eran grandes devotos<br />
de los últimos contribuyentes, anualmente<br />
enviaban un cargamento de encendedores<br />
y calcetines al gran templo<br />
central de la tierra, debido a los tiempos<br />
de traslado los terrícolas recibían la<br />
mitad del cargamento original y numerosas<br />
latas de manjares exóticos, como<br />
caviar de los mares tropicales, tomates<br />
en almíbar y foca roja en conserva.<br />
Estas latas terminaban en numerosas<br />
canastas de regalos que servían para<br />
lubricar las relaciones entre la iglesia<br />
y aquellas autoridades capaces de dificultar<br />
las misiones evangelizadoras.<br />
Fue en una fiesta de facultad donde,<br />
debido a un alcoholizado descuido, un<br />
Azanita reveló la ubicación de PLING 7 .<br />
Una de las personas que escuchó la<br />
magnífica historia que explicaba la desaparición<br />
de los calcetines y encendedores<br />
se convertiría posteriormente en<br />
el abad del templo de la esquina oeste.<br />
En esa fiesta, el futuro abad aprendió<br />
dos cosas que le serían muy útiles: que<br />
la gente desperdicia muy buenas oportunidades<br />
y que siempre hay que saber<br />
dónde está un baño limpio.<br />
Cuarenta años después, el gran templo<br />
de la esquina oeste ostentaba un<br />
letrero con letras de un metro de alto<br />
que decía: «Baños totalmente limpios<br />
todo el día todo el año».<br />
El Gran abad del oeste jamás tuvo<br />
la oportunidad de visitar PLING, en<br />
cuanto se graduó consiguió un empleo<br />
como auditor de templos, (solo mientras<br />
ahorraba para realizar misión ex-<br />
<strong>12</strong>9
ploradora). Después de treinta años de<br />
servicio, la vida le dio una oportunidad,<br />
así que solicitó que el paladín de la fe<br />
obtuviera el Refrigerador Clonador.<br />
Algunos hombres son egoístas y hubieran<br />
solicitado el cinturón de inmortalidad,<br />
los que se dejan llevar por la<br />
culpa y la nostalgia hubieran solicitado<br />
la máquina del tiempo, pero Benito<br />
Plátano era un hombre cabal.<br />
Un refrigerador que sacaba latas de<br />
alimentos exóticos de «quién demonios<br />
sabe dónde 8 » era justo lo que el<br />
hombre necesitaba. Durante su tiempo<br />
de estudiante el actual abad había participado<br />
en un proyecto de tesis:<br />
Análisis de diversos sustitutos neurológicos<br />
al instinto de conservación<br />
basados en encurtidos enlatados<br />
de origen dudoso.<br />
—¡Necios! —contestó el abad, con voz<br />
severa—. ¿Acaso una rima rimbombante<br />
los hace dignos de respuesta? ¿Ignoran<br />
que este planeta opera doce horas,<br />
cuatro días a la semana? —señaló a<br />
uno de los mensajeros—. ¡A pesar de<br />
que hay más de cien inodoros en el edificio<br />
te has orinado en los pantalones!<br />
Ahora viajad a la tierra y avisad que el<br />
abad del Templo del Oeste, baños limpios<br />
doce-cuatro, necesita el refrigerador<br />
clonador de latas que se esconde<br />
en el planeta Pling.<br />
El hombre quería latas, las quería<br />
gratis y las quería en abundancia. <strong>La</strong><br />
vida le había brindado la oportunidad<br />
de utilizar los recursos del Templo de<br />
los Últimos Contribuyentes en su afán<br />
de obtener la máxima fuente universal<br />
de lata. Y nada parecía interponerse<br />
entre él y su sueño.<br />
Este proyecto de investigación, que<br />
recibió un temprano rechazo, enseñó<br />
algunas cosas a Benito:<br />
1. <strong>La</strong> gente quiere alargar su vida<br />
para poder ver más latas exóticas.<br />
2. Los individuos aman el dinero<br />
porque puede usarse para comprar<br />
latas exóticas.<br />
3. El sexo es la respuesta evolutiva a<br />
la falta de latas exóticas.<br />
Una mañana calurosa en el despacho<br />
del abad del Gran Templo de la esquina<br />
oeste se presentaron dos mensajeros de<br />
la tierra. Arrodillados frente al imponente<br />
escritorio recitaron en voz sumisa:<br />
—¡Oh, gran abad del Templo del Oeste,<br />
proveedor de baños limpios veinticuatro<br />
siete! ¡Te rogamos con prontitud!<br />
¡Que nos menciones tu solicitud!<br />
⁂<br />
—Muy bien, par de humanos —el robot<br />
era demasiado orgulloso para aceptarlo<br />
pero aún le dolía el cuerpo—. Aterrizaremos<br />
en Az Narepse Aveun en un par<br />
de horas, la base de datos de la nave<br />
recomienda satisfacer todas sus necesidades<br />
biológicas antes de tocar suelo<br />
—J.U.A.N. Había entrenado y perfeccionado<br />
una antigua técnica que le permitía<br />
darle contenido sexual a la más<br />
inocente las frases.<br />
—Yo creo que Pohl se ha satisfecho<br />
más que suficiente el día de hoy —comentó<br />
Úrsula, mientras leía un catálogo<br />
de residencias en la tierra.<br />
—¿De qué estamos hablando? —Pohl<br />
entraba al nidito de amor y algo en su<br />
130
subconsciente le decía que la última<br />
vez que estuvo allí no había un panel<br />
de navegación intergaláctica.<br />
—Te encerraste en tu camarote con Don´t<br />
stop me now a todo volumen —comentó<br />
Úrsula, sin levantar la vista de su catálogo:<br />
—Me gusta mucho esa canción —contestó<br />
Pohl, en un tono que no utilizaba<br />
desde el orfanato.<br />
—<strong>La</strong> reprodujiste una y otra vez durante<br />
dos horas.<br />
—Estaba tratando de aprenderme la letra.<br />
—Estás sudado y nervioso —A J.U.A.N.<br />
se le daba bien hacer ese tipo de<br />
observaciones.<br />
—Mi camarote no tiene buena ventilación.<br />
—Te cambiaste de pantalones.<br />
—Y de camisa, calcetines y calzones.<br />
¡Tal vez solo tomé un baño de dos horas<br />
con la misma canción! —Pohl no<br />
dudaba que ahora tenía algunos barros<br />
similares a los de su adolescencia.<br />
—Podrías haber dicho eso hace diez segundos<br />
y no lo hiciste —la chica chocó su<br />
palma con la del robot—. Pero, pensándolo<br />
bien, yo también necesito un baño,<br />
el aire de esta nave está más viciado que<br />
las calles de Pi Turístico —acto seguido<br />
Úrsula abandonó la habitación. Pohl volteó<br />
a ver a su robótico compañero.<br />
—Realmente no creerá que… ¡Ni si<br />
quiera es mío! ¡Sería como hacerle la<br />
paja alguien más!<br />
—No puedo imaginar un escenario<br />
donde se pueda considerar incorrecto<br />
hacerle una paja a un desconocido<br />
muerto. Desde mi punto de vista, simplemente<br />
estás agradeciendo la refacción.<br />
—contestó J.U.A.N.<br />
Un par de horas después, la nave aterrizó<br />
sin ningún contratiempo.<br />
1. Articulo sumamente cotizado entre<br />
las personas con fetiches relacionados<br />
a chicas góticas, como es el caso del<br />
nuevo abad.<br />
2. Todos los corredores de bolsa saben<br />
que invertir, desperdiciar y perder son<br />
términos sumamente parecidos que<br />
solo cambian dependiendo de las ganancias<br />
resultantes.<br />
3. O creada, todo depende de las preferencias<br />
del cliente.<br />
4. Exceptuando a ciertas especies del<br />
brazo oriental que gritan a los cuatro<br />
vientos que aún no han logrado descubrir<br />
el fuego, suelen aprovechar la ayuda<br />
internacional en la compra de yates de<br />
lujo y paneles solares.<br />
5. <strong>La</strong>s sociedades robot han logrado<br />
avances significativos en la construcción<br />
de sus servidores públicos.<br />
6. Siempre y cuando no impliquen esfuerzo<br />
físico o alejarte mucho de casa.<br />
7. Sonido que surge cuando un calcetín<br />
es reemplazado por una lata y nombre<br />
oficial del planeta<br />
8. Los azanitas no han investigado el<br />
funcionamiento del refrigerador que<br />
sostiene su economía global. Mantienen<br />
la ubicación de Pling en secreto con<br />
la esperanza de nadie logre crear otro<br />
refrigerador clonador. Curiosamente el<br />
dueño de la patente sigue encerrado en<br />
su bunker.<br />
Continúa en el siguiente número...<br />
131
132<br />
CUERNO<br />
DE CHIVO<br />
(SEGUNDA PARTE)<br />
Por<br />
Gilberto Santos<br />
TEGUCIGALPA<br />
Al alcanzar la mayoría de edad legal,<br />
Alba Luz experimentó en su vida grandes<br />
y difíciles cambios, el mundo como<br />
lo conocía dejó de existir para dar paso<br />
a otro miserable y abyecto. Cuando<br />
nació su hijo, Luciano, como el santo<br />
del día en que dio a luz en la casita propiedad<br />
de los Núñez Rubio, ubicada en<br />
el patio de su mansión, conservaba la<br />
esperanza de luchar contra culturas y<br />
tradiciones y algún día llegar a ser la<br />
esposa de Fernando Núñez, dándole<br />
una decena de hijos y formar una familia<br />
moderna unida y feliz; pero la<br />
muerte repentina de Fernando cambió<br />
sus horizontes totalmente. Unos meses<br />
después, cuando el matrimonio Núñez<br />
decidió vender su casa y propiedades,<br />
llegó el abogado de la familia para notificarles<br />
y darles una fuerte compensación<br />
económica. María Elena, junto<br />
con sus dos hijos y a la par de Macario<br />
y Rosalinda, decidió irse a Comayaguela<br />
de manera definitiva, en una época<br />
de descontento y cambios políticos<br />
en Honduras. Eran días difíciles para<br />
todos, pero ellos, cobijados con el finiquito<br />
de su anterior empleo, compraron<br />
a un pariente lejano una casita con<br />
parcela. Macario construyó una vivienda<br />
para él y su esposa en el mismo predio<br />
y como nunca tuvieron hijos, los de<br />
María Elena eran como propios, y Luciano,<br />
como un nieto de ojos color miel.<br />
El tiempo transcurría rápidamente y a<br />
instancias de sus mayores, cuando el<br />
pequeño Luciano tenía siete años, Alba<br />
Luz se deposó con Domingo Márquez,<br />
un ejidatario de buen nombre y mal<br />
carácter que le aventajaba diez años, y<br />
procreó dos niñas tímidas y que adoraban<br />
a Luciano.
Al cumplir Alba Luz treinta años, su<br />
madre murió tras una fuerte infección<br />
en los riñones y su hermano, respondiendo<br />
una invitación de un amigo para<br />
trabajar, se fue con su esposa a Puerto<br />
Cortés. Recibían noticias por cartas de<br />
él una o dos veces por año y de la misma<br />
forma le respondían, convirtiéndose<br />
en sólo letras en papeles foráneos.<br />
Domingo decidió que se mudaran a la<br />
casa de María Elena, que ahora le pertenecía,<br />
para alegría de Macario y Rosalinda,<br />
quienes a los adultos casi no los<br />
veían pero convivían a diario con los<br />
niños cuando los visitaban.<br />
Luciano, sintiéndose excluido por no<br />
parecerse a los otros miembros de su<br />
familia y por el rechazo que le mostró<br />
Domingo desde el primer día, comenzó<br />
a relacionarse con vecinos y primos<br />
lejanos, delincuentes peligrosos que<br />
incursionaban en los pueblos a la redonda<br />
buscando medios para conseguir<br />
dinero. Fue transformándose en<br />
un joven alto, fornido, serio e insensible,<br />
pero cariñoso con sus hermanitas y<br />
siempre respetuoso de su madre.<br />
LAS CHOAPAS, VERACRUZ<br />
Cuando Ramiro Cruz tenía quince<br />
años, pidió a sus padres que lo dejaran<br />
aceptar la invitación de sus primos de<br />
visitarlos a la capital del estado. Siendo<br />
que su tío había ido a <strong>La</strong>s Choapas<br />
a finales del verano, pudo trasladarse<br />
con él unos días después de cerciorarse<br />
que no había problema en la telesecundaria<br />
donde asistía. Lo que vio cambió<br />
su vida. Al día siguiente que llegaron<br />
al puerto de Veracruz y conocieron el<br />
malecón y otros lugares, se celebraba<br />
el desfile del cinco de mayo, fecha histórica<br />
importante para el puerto. Justo<br />
en el lugar que les tocó esperar que comenzara<br />
el desfile estaban formados<br />
los cadetes del Heroico Colegio Militar,<br />
que habían sido invitados para participar<br />
en el desfile; formados, erguidos y<br />
gallardos, entonaban:<br />
Mira muñequita lo que vine a encontrar<br />
me dicen tus amigas que ya te vas a casar.<br />
No entiendo, no comprendo cómo pudiste cambiar<br />
a este muñecote por un loco barbaján.<br />
Si tú me prometiste que me ibas a esperar<br />
hasta que desertara o ya fuera oficial.<br />
Pero eso no me agüita ni baja la moral<br />
porque yo soy un Cadete del Colegio Militar.<br />
El estruendo, la energía latente, la dignidad<br />
del desfile, hicieron que Ramiro<br />
respirara más fuerte y alerta. Esa misma<br />
mañana decidió que no importa lo<br />
que le costara, algún día sería uno de<br />
esos guerreros.<br />
Estuvo un par de días más disfrutando<br />
de su familia y lugares turísticos,<br />
nadie notó que estaba más callado y,<br />
aunque no parecía ausente, no veía la<br />
hora en la que él se convirtiera en un<br />
soldado, sirviendo a la nación y llenando<br />
de orgullo a su familia. No comentó<br />
eso con nadie, hasta dos años después<br />
cuando vio cristalizarse sus planes.<br />
NUEVO LAREDO<br />
<strong>La</strong> familia Ruiz ya no regresó a Mexquitic,<br />
encontraron en las actividades comerciales<br />
un nivel de vida mejor que<br />
el que podían esperar sembrando tierras<br />
ajenas. Compraron la casa donde<br />
el tío Gregorio les había conseguido en<br />
su llegada y poco a poco la fueron arreglando<br />
para hacerla más habitable. Ya<br />
con tres carros de fruta y tres de elotes,<br />
miembros del sindicato de vendedores<br />
133
y con permiso para vender en una escuela<br />
primaria cercana, habían logrado<br />
estabilizarse. <strong>La</strong> ciudad estaba en pleno<br />
cambio, con la instalación de algunas<br />
fábricas hubo una oleada de nuevos<br />
habitantes quienes se trasladaron en<br />
su mayoría de comunidades rurales a<br />
la ciudad para ser obreros en las fábricas<br />
que prometían excelente servicio de<br />
comedor, seguro médico, ahorro, buen<br />
ambiente y varias prestaciones más,<br />
haciéndolas un lugar atractivo para trabajar.<br />
Pero como con cada migración<br />
se necesitaba más infraestructura para<br />
sostener y proveer a las nuevas familias<br />
que llegaban, también se necesitaban<br />
más lugares para pasear y entretenimiento.<br />
Aunque la ciudad no estaba<br />
preparada para esos cambios, la gente<br />
se las ingeniaba para encontrar cobijo<br />
y satisfacer sus necesidades sociales,<br />
haciendo que fuera una época dorada<br />
para los vendedores ambulantes.<br />
Cuando cumplió diecisiete años,<br />
unas amigas invitaron a Rosa Isela a<br />
que fuera con ellas a bailar a un lugar<br />
de moda. Aunque no lo acostumbraban,<br />
los padres accedieron con ciertas<br />
condiciones de orden. Llegaron al lugar<br />
esperado y entre cumbias y cubas Rosa<br />
Isela se fue relajando, olvidando los<br />
miedos que su madre le había dicho<br />
sobre esa ciudad.<br />
Se sentó con una de sus amigas, mientras<br />
otras dos continuaban en la pista<br />
bailando con sendos muchachos una<br />
cumbia extraña, que su ritmo parecía<br />
muy divertido, incluso gracioso, pero su<br />
letra narraba una historia de terror.<br />
—Rosa, ¿te sientes mal? —le preguntó<br />
su amiga.<br />
—No, estoy bien —dijo, tranquila—, pero<br />
esto que hemos estado tomando me hace<br />
sentir como que no soy yo… como que estoy<br />
soñando…<br />
En eso llegaron las dos amigas entusiasmadas<br />
a contarles su plan.<br />
—Miren, aquellos muchachos de allá<br />
nos invitaron a cenar después del baile.<br />
—Pero, somos cuatro —replicó rápidamente<br />
<strong>La</strong>ura.<br />
—Sí, ellos también son cuatro, los<br />
otros fueron por el carro, dicen que sí<br />
cabemos todos.<br />
Rosa Isela asistía a la escena escuchando<br />
y comprendiendo todo, pero<br />
no podía opinar, sentía la lengua pesada.<br />
«Vamos», fue lo que se escuchó<br />
decir a ella misma.<br />
Salieron del lugar aunque no parecía<br />
que estaba terminando el baile.<br />
Se dirigieron todos a un hotel, donde<br />
siguieron platicando en la alberca del<br />
patio trasero. En algún momento, Rosa<br />
Isela se dio cuenta de que estaba platicando<br />
con un muchacho que no conocía<br />
y que traía los ojos enrojecidos. Se<br />
fue acercando cada vez más y pronto<br />
se estaban besando. Todo lo veía, pero<br />
ni lo deseaba ni quería evitarlo. Unos<br />
minutos después, entraron a un cuarto<br />
donde tuvieron relaciones sexuales,<br />
rápidas, sin sentimientos, y se vistieron<br />
como autómatas al terminar. Nada de<br />
eso lo tenía planeado.<br />
Como una ironía cruel, de una relación<br />
de pocos minutos, con un desconocido,<br />
sin gozar ni sufrir, Rosa Isela<br />
concibió. Como un sueño o una plática<br />
acerca de una persona ajena, que sucedió<br />
muy lejos, allá donde las muchachas<br />
sirven de mal ejemplo.<br />
134
NUEVO LAREDO - DALLAS<br />
<strong>La</strong> Suburban devoraba kilómetros por<br />
la carretera interestatal hacia San Antonio,<br />
Texas. José Ángel acompañaba a<br />
dos primos y su hermano mayor, quien<br />
al momento del cruce internacional<br />
se veía muy nervioso, pero ahora manejaba<br />
de muy buen humor y relajado.<br />
Parecían uniformados todos con pantalón<br />
de mezclilla con botones en vez<br />
del cierre normal, camisa a cuadros de<br />
colores serios y botas tipo rooper.<br />
—Wacha, carnal —le dijo su hermano<br />
mayor—. Aquí tienes que salirte a la derecha<br />
si quieres ir al downtown, porque<br />
por aquí sólo lo vamos a pasar por arriba.<br />
Habían pasado muchas veces por<br />
ahí, pero José Ángel intuyó que su hermano<br />
quería hacer plática.<br />
—¿Y ya nos vas a decir a qué vas a Dallas?<br />
—le preguntó José Ángel, mientras<br />
en el asiento trasero sus primos giraban<br />
la cabeza en espera de respuesta.<br />
—Es que allá está la feria, carnalito —dijo,<br />
formando un semicírculo con el pulgar y<br />
el índice para formar el símbolo del dinero—.<br />
Bueno, aquí y allá… hay que saber<br />
manejar las cosas<br />
—¿Qué cosas?<br />
—Eh… Pos trabajo llevando y trayendo<br />
cosas, o a veces sólo llevo los pagos.<br />
—¿Coca? —preguntó José Ángel, con<br />
cara de enfado.<br />
—¡Ah, curioso! —dijo y le empujó el<br />
hombro, con lo que rieron todos.<br />
Lo que fuera que transportara o hiciera<br />
su hermano le salía bien, aunque cuatro<br />
años más tarde le encontrarían una<br />
grandísima suma de dinero en efectivo,<br />
lo que le costaría muchos años de cárcel,<br />
puesto que para ese entonces tendría<br />
cargos por venta y distribución de droga.<br />
José Ángel se acomodó más abajo en<br />
su asiento y se quedó mirando los edificios<br />
modernos mientras pasaban el centro<br />
de la ciudad, estaba a punto de ser<br />
mayor de edad y sabía que pronto le llegaría<br />
la hora. Era la vida que conocía. <strong>La</strong><br />
única actividad que hacían cumpliendo<br />
bien la ley su familia era la cacería, por<br />
considerarlo algo de más respeto que<br />
cualquier otra diligencia. En lo particular<br />
a él le gustaba. Disfrutaba desollar los<br />
venados con la carne aun humeando y<br />
palpitante. El invierno pasado había servido<br />
de guía a un grupo de gringos que<br />
habían rentado un rancho de caza en<br />
la carretera hacia Monterrey. Le habían<br />
ofrecido el empleo a un hermano suyo,<br />
pero declinó por no hablar inglés fluido.<br />
Trabó rápidamente amistad con los<br />
gringos, por lo que tuvo la oportunidad<br />
de accionar varias armas de caza, incluyendo<br />
dar muerte a un jabalí con el arco.<br />
José Ángel terminó la preparatoria<br />
en un grupo de malandrines, pero no<br />
siguió estudiando, porque no tenía ningún<br />
sentido para él, ni siquiera le pasó<br />
por la cabeza, tampoco se le ocurrió<br />
buscar un empleo formal. Su plan era<br />
irse los inviernos con los cazadores y el<br />
resto del año cruzando inmigrantes ilegales<br />
por el río, mismo que conocía bien.<br />
Pero aspiraba a más, no quería ser como<br />
su primo que era coyote, sentía que los<br />
chivos (como le decía a los aspirantes a<br />
ilegales) se le desbalagaban mucho. «Si<br />
yo llevara el grupo —pensaba— pasaríamos<br />
rápido y sin contratiempos, claro<br />
que para eso todos tendrían que obedecerme<br />
a la perfección».<br />
135
TEGUCIGALPA - COMAYAGUELA<br />
Conforme pasaba el tiempo, Domingo<br />
Márquez maltrataba más a su mujer. Se<br />
emborrachaba y la golpeaba, le exigía<br />
los quehaceres de la casa de una manera<br />
exagerada. Era del conocimiento<br />
de todos que le era infiel con las mujerzuelas<br />
de la cantina al final de la<br />
colonia junto a la carretera. Llevaba un<br />
portafolio con el dinero de las cosechas<br />
y sólo le daba a Alba Luz cuando eran<br />
muchas las exigencias o no había comida<br />
en la casa. Para ese entonces Luciano,<br />
de diecisiete años, vivía aparte, con<br />
su pandilla haciendo todo tipo de trabajos<br />
ilícitos, pero, cada cierto tiempo,<br />
visitaba a su madre que, aunque no le<br />
dijera, iba a cerciorarse de que estuviera<br />
bien y a platicar con sus hermanitas.<br />
Alba Luz siempre ocultó de sus hijos los<br />
golpes, especialmente a Luciano, que<br />
era fuerte como un toro y con una mirada<br />
imponente; prefería sufrir a crear<br />
conflictos mayores. Pero esa tarde, Domingo<br />
llegó con un pensamiento en su<br />
cabeza y la mezcla de alcohol y drogas,<br />
no en cantidad excesiva, sólo lo necesario<br />
para sacar sus demonios. Entró<br />
en la casa y arrastró a su hija más pequeña<br />
al cuarto sin mediar palabra, la<br />
pequeña de ocho años sólo pudo abrir<br />
los ojos aterrorizada, y cuando Alba<br />
Luz trató de intervenir un puñetazo<br />
le cerró un ojo produciendo una hinchazón<br />
inmediata, se quedó aturdida<br />
mientras Domingo acostaba la niña en<br />
la cama y le arrancaba la ropa interior.<br />
No era algo nuevo para él, pero nunca<br />
se había atrevido (¿O tenido ganas?) de<br />
136<br />
hacerlo con su hija. Alba luz reaccionó<br />
al escuchar el llanto de su hija mayor y<br />
corrió a rescatar a la pequeña.<br />
—¿Qué es lo que tienes, Domingo,<br />
estás loco? —dijo, horrorizada—. Es<br />
tu hija —Domingo, por respuesta, le<br />
propinó un par de golpes en la boca<br />
y la empujó con fuerza hacia la pared.<br />
Después se empezó a quitar el cinturón<br />
viendo a la niña, que tenía una mirada<br />
de sufrimiento y terror, con el cuerpo<br />
adolorido por la fuerza con que la había<br />
llevado, acostado y desnudado.<br />
Luciano tenía un minuto de haber<br />
llegado, había actuado de manera<br />
inexorable, pero con calma, tomó un<br />
machete de debajo de la estufa, sabiendo<br />
que seguramente Domingo<br />
traería el suyo, no se equivocó, cuando<br />
entró al cuarto fue lo tercero que vio, lo<br />
segundo fue a su hermanita suplicando<br />
su ayuda y lo primero su madre con la<br />
cara desfigurada y rastros de sangre en<br />
el labio inferior.<br />
—Déjala —le ordenó, clavando la mirada<br />
llena de odio, al tiempo que recordaba,<br />
como desempolvando algo muy<br />
antiguo, que Domingo algunas veces le<br />
había manipulado sus partes íntimas,<br />
pero él no había comprendido sus intenciones<br />
en esa época. Recordó como<br />
a veces al estar a solas le introducía un<br />
dedo por el ano, provocándole gran<br />
dolor y pesadillas. Había enterrado<br />
esos recuerdos, pero cada que lo veía<br />
sentía un malestar sin poder localizar<br />
su origen, ahora lo entendió. Domingo<br />
Márquez abrió bien los ojos y desenvainó<br />
su machete, después de cerrarse el<br />
pantalón rápidamente—. ¡Ahora sí te
va a llevar el diablo! —dijo sin entender,<br />
que era lo contrario y no metafóricamente.<br />
Echó la mano hacia atrás<br />
dispuesto a darle un tajo en la cara a<br />
Luciano, pero este que tenía bien sujeta<br />
su arma, con la mano a la altura de<br />
la cintura y la punta apuntando a la<br />
cara de su oponente, atacó mucho más<br />
rápido. Cuando la mano de Domingo<br />
alcanzó la máxima altura para empezar<br />
a bajar, Luciano se echó adelante atacando<br />
con todo el cuerpo lanzando un<br />
tajo más hacia adelante que hacia abajo,<br />
alcanzándole la mano y cortando al<br />
instante el dedo anular y el meñique<br />
que cayeron al suelo seguidos de un<br />
reguero de sangre.<br />
Inmediatamente después del corte,<br />
lo empujó con el pecho con una brutalidad<br />
que lo hizo cruzar el cuarto y<br />
estrellarse contra la pared que tenía a<br />
su espalda. Con el mismo impulso, Luciano<br />
lo siguió con el machete hacia el<br />
frente e inclinándolo porque Domingo<br />
había caído. Le hundió el machete<br />
en el pecho unos cuatro centímetros<br />
directamente en la piel, puesto que<br />
traía la camisa abierta. Domingo gimió,<br />
mostrando unos ojos llenos de miedo<br />
y sintiendo como si tuviera la mano<br />
dentro de una prensa muy apretada y<br />
al rojo vivo. Con el escándalo, Macario<br />
había ido corriendo y ahora estaba en<br />
la puerta del cuarto.<br />
—Déjalo, Luciano, no te metas en<br />
problemas —le dijo, pero sonó casi<br />
indiferente. Luciano no despegaba la<br />
mirada de los ojos del cerdo que había<br />
golpeado a su madre y lastimado<br />
a su hermanita. Inspiró ruidosamente<br />
y echó hacia adelante su cuerpo en el<br />
que tenía recargada la mano, haciendo<br />
que el machete entrara limpiamente<br />
y saliera por la espalda con un movimiento<br />
preciso, como si lo hubiera estado<br />
ensayando. En el movimiento había<br />
acercado la cara como si más bien<br />
quisiera matarlo con la mirada, hasta<br />
estar a veinte centímetros uno de otro.<br />
Todos guardaron silencio mientras Domingo<br />
perdía el resuello y finalmente<br />
puso los ojos en blanco. Macario salió<br />
en silencio con la mirada baja, vio más<br />
de lo que hubiera deseado, nunca más<br />
mencionó lo ocurrido ese día.<br />
Luciano vio un instante su mano y,<br />
moviéndose lentamente, se incorporó;<br />
después, apoyando un pie sobre el<br />
esternón del cadáver, retiró el machete<br />
brutalmente, con una mueca de asco y<br />
desprecio. Se paró unos instantes frente<br />
a Domingo, como si quisiera amedrentarlo<br />
a pesar de estar muerto.<br />
Luego salió con toda calma a la cocina<br />
para guardar el machete bajo el<br />
fogón, donde estaba, no sin dirigir una<br />
mirada su madre, quien abrazaba muy<br />
fuerte a sus dos hijas pareció que le<br />
murmuró «Gracias».<br />
DALLAS - NUEVO LAREDO<br />
<strong>La</strong> última noche en Dallas, José Ángel<br />
fue con su hermano y sus primos a una<br />
especie de fiesta, no eran invitados,<br />
sólo acompañaba a su hermano que<br />
dijo que tenía que hacer un mandado.<br />
Mientras esperaban frente a los departamentos,<br />
en el silencio de la madrugada<br />
sólo interrumpido por algunos<br />
137
sonidos graves de la música que sonaba<br />
en la fiesta, salieron tres gringos que al<br />
verlos, inmediatamente se molestaron:<br />
—Hey! What are you doing here, fucking<br />
wetbacks? —dijo el más corpulento.<br />
<strong>La</strong>s palabras airadas los llevaron a los<br />
golpes. Eran tres los gringos y tres ellos,<br />
pero cuando empezaron a verse superados<br />
por los furiosos mexicanos, el que<br />
los había interrogado primero sacó un<br />
arma: un revólver magnum .357, marca<br />
Taurus, recién llegado al país, que ya no<br />
podía esperar realizar la función para la<br />
cual fue creado. Sería la adrenalina que<br />
su cuerpo segregó o sería la cocaína que<br />
su hermano les regaló, pero de un salto<br />
asió con ambas manos el arma del<br />
agresor y consiguió quitársela al empujar<br />
su pecho con su omóplato. <strong>La</strong> tomó<br />
con una mano y, antes que se repusiera<br />
el gringo, le dio un cachazo en la boca,<br />
quien retrocedió y se llevó ambas manos<br />
a la boca. José Ángel, ya mejor posicionado,<br />
le dirigía una mirada furiosa<br />
y con un solo movimiento de ascenso y<br />
descenso del arma le pegó en la parte<br />
superior de la frente con extremo de la<br />
empuñadura, lo que hizo que se sentara<br />
en la banqueta. Murmurando algo inteligible<br />
le dio un disparo en la tráquea y<br />
otro en la cara cuando se derribó. Excepto<br />
él, todos quedaron horrorizados,<br />
jamás se hubieran imaginado que llegaría<br />
a tanto. José Ángel se quedó parado<br />
mirándolo furioso hasta que su hermano<br />
lo volteó del hombro.<br />
—¡Vámonos! ¿No me oyes? —exclamó.<br />
Se deshicieron del arma en el río Trinity<br />
cuando pasaron por ahí en silencio.<br />
Sus primos decidieron alejarse de ellos<br />
tan pronto como pudieran, no llegaban<br />
a tal grado de locura de matar sin motivo<br />
alguno. José Ángel iba en silencio,<br />
pero animado.<br />
138<br />
—Me hacen los mandados —dijo para<br />
sí mismo.<br />
Nadie denunció el crimen hasta pocas<br />
horas después, cuando un servicio<br />
de barredoras se disponía a limpiar esas<br />
calles y el conductor dio aviso al número<br />
de emergencias. <strong>La</strong> víctima no vivía<br />
cerca, los vecinos luego dijeron a la policía<br />
que no sabían nada. El departamento<br />
donde se llevó a cabo la reunión de<br />
drogas fue desalojado muy pocos días<br />
después. El caso quedó archivado con<br />
la conclusión: «Adicto fue asesinado por<br />
un compañero de diversión».<br />
LAS CHOAPAS - SIERRA DE GUERRERO<br />
Después de aprobar los exámenes, Ramiro<br />
Cruz ingresó al ejército con el único<br />
conocimiento de que serviría a la patria<br />
y daría honor a su familia. En un regimiento<br />
de caballería motorizada en Jalisco<br />
se forjó como soldado. Con base en<br />
la obediencia que practicaba en su casa<br />
se desarrolló en arduo estudio y entrenamiento<br />
inicial. Pocas semanas después<br />
llegó el aviso oficial, en formación<br />
se les comunicó su próximo traslado.<br />
—Señores —dijo el comandante—, participaremos<br />
en una operación de tres<br />
semanas, vamos a caminar mucho y a<br />
descasar poco, así que lleven lo necesario,<br />
el que tenga que hablar por teléfono<br />
hágalo hoy, allá no habrá. Saldremos en<br />
la madrugada.<br />
Rompieron filas, emocionados. Ramiro<br />
aprovechó para hablar con su madre<br />
como cada semana, le contó que podía<br />
sentirse orgullosa porque en su unidad<br />
estaban los mejores hombres del ejército.<br />
Salieron antes del amanecer en el Freghtliner<br />
de diésel de 250 caballos de fuerza;<br />
callados, sentados lado a lado, iban<br />
dormitando, dejando que el chofer y la
guardia se encargaran de abrir bien los<br />
ojos. Viajaron cerca de cinco horas antes<br />
de entrar a terracería otra hora. A la orden<br />
empezaron a descender de manera ágil.<br />
—¿Y a dónde vamos, mi comandante?<br />
—preguntó Ramiro, sin sonar<br />
impertinente.<br />
—Vamos a peinar toda esa sierra, potro<br />
—afirmó, señalando hacia un lado<br />
del camión—. Ya les cayó la plaga verde<br />
a estos narcos de Guerrero —dijo con<br />
un guiño.<br />
<strong>La</strong>s jornadas fueron agotadoras,<br />
aunque según tenían conocimiento no<br />
había amenaza detectada para ellos.<br />
Algunos campesinos habían estado<br />
sembrando mariguana de la más alta<br />
calidad para exportación a los gringos.<br />
<strong>La</strong> comida no era buena, pero Ramiro<br />
se sentía con mucha condición y pensaba<br />
constantemente que todo esto lo<br />
endurecía, sintiendo los músculos de<br />
las piernas y espalda como de hierro y<br />
se repetía que todo esto le serviría para<br />
cuando tuvieran algún enfrentamiento.<br />
Al duodécimo día de la operación, localizaron<br />
varios plantíos con un jacal abandonado<br />
y una fogata todavía con humo.<br />
Campesinos de la región que seguramente<br />
se habían enredado con gente peligrosa<br />
y ahora no les quedaba de otra más<br />
que hacer ese tipo de trabajo ilegal.<br />
Unos días más y regresaron a la unidad<br />
de vivienda, a pasar tres días de<br />
entrenamiento para luego continuar.<br />
Días duros, que preparan a los soldados<br />
para toda clase de penurias, un<br />
calvario que se ve recompensado con<br />
la satisfacción de servir al pueblo.<br />
NUEVO LAREDO<br />
Cumplido su tiempo, Rosa Isela dio<br />
a luz a un varón, al que llamó Ramón.<br />
139
Siempre le gustó ese nombre y le sonaba<br />
muy varonil. Su madre siempre<br />
pensó que así se llamaba el padre de<br />
la criatura, pero nunca preguntó, no le<br />
hubiera gustado saber que su hija no<br />
se acordaba de su nombre ni de su cara.<br />
Ramón Ruiz creció rodeado de vendedores<br />
ambulantes, masticando elotes<br />
tan pronto como le salieron los dientes<br />
y mimado por su abuela, quien siempre<br />
lo vio como un niño que tenía que nacer<br />
así sin padre, que no había otra alternativa<br />
en esa ciudad con ese ambiente.<br />
Rosa siempre soñó con regresar a Mexquitic<br />
y se complacía en imaginar a su<br />
nieto alimentando a las gallinas o cuidando<br />
las borregas, sueños sin fundamento<br />
porque en Mexquitic de Carmona<br />
no tenían casa, ni terreno, ni ninguna<br />
otra cosa que los llevara a regresar.<br />
Cuando Ramón cumplió dos años,<br />
Rosa Isela empezó a preocuparse por<br />
conseguir un empleo; no fue difícil: una<br />
maquiladora que ensamblaba casetes<br />
de audio estaba contratando mujeres<br />
jóvenes para trabajar de operarias en<br />
sus líneas de producción. Así que dos<br />
días después de decidir que iba a trabajar,<br />
ya se encontraba esperando el<br />
camión de transporte antes del amanecer,<br />
con su bata azul marino y otras<br />
tres personas del rumbo que subirían<br />
al transporte en esa misma parada.<br />
En dicha maquiladora conocería a Lorenzo,<br />
pero eso sería un poco más adelante.<br />
COMAYAGUELA - GUATEMALA<br />
<strong>La</strong> misma tarde que murió Domingo<br />
en un charco de sangre y odiado por<br />
los que lo rodeaban, Luciano salió de<br />
Comayaguela para siempre. También<br />
esa misma tarde Alba Luz volvió a ser<br />
esa joven enamorada de la vida, que se<br />
alegraba con cualquier beneficio que<br />
obtenía y que guardaba en su corazón<br />
los mejores deseos para sus seres amados.<br />
<strong>La</strong> policía no investigó la muerte<br />
de Domingo Márquez, no hubo denuncia<br />
ni verbal, menos escrita, y por esos<br />
rumbos había más crímenes de los que<br />
podían encargarse. Después de las preguntas<br />
de rigor, el cadáver fue trasladado<br />
en un vehículo oficial y depositado<br />
en una fosa donde ponían a los que nadie<br />
reclamaba. A diferencia de su madre<br />
y hermanas, Luciano no sintió que<br />
comenzaba una nueva vida, ya tenía<br />
meses dentro de una pandilla y, aunque<br />
nunca le atrajo una vida que dañara<br />
a otros, sentía cierta satisfacción<br />
cuando golpeaban, herían o mataban a<br />
miembros de bandas rivales, a policías<br />
o a gente que se había enriquecido con<br />
el sufrimiento ajeno. Pocos días después,<br />
en la cantina de Tito Aguacate,<br />
con el jefe de su pandilla, que siempre<br />
lo llevaba a las negociaciones por<br />
el porte imponente que tenía, un empresario<br />
hotelero les ofreció trabajo en<br />
Guatemala. En el pasado ya había con-<br />
140
tratado bandas y le habían respondido<br />
bien, eran fuertes, aguantadores, nos<br />
le importaba demasiado su apariencia<br />
por lo que no gastaban en ropa cara, lo<br />
que los hacía pasar desapercibidos, y<br />
al estar en otro país diferente al suyo se<br />
concentraban en el trabajo a excepción<br />
del ocasional día de diversión y drogas<br />
duras. Al día siguiente ya estaban en<br />
Quezaltenango, donde les dijo el empresario<br />
con sus palabras refinadas que<br />
se encargarían de almacenar, custodiar,<br />
transportar o deshacerse de mercancía<br />
que él llevaba a México y a Estados Unidos,<br />
muy pronto descubrieron que en<br />
su mayoría dicha mercancía se trataba<br />
de droga y personas. El empresario no<br />
trabajaba para él mismo, sino que era<br />
intermediario de Mafias o de quien estuviera<br />
dispuesto a pagar. En aquellos<br />
años no se conocía la exclusividad para<br />
las actividades ilícitas, sobre todo, porque<br />
a fin de cuentas todos le rendían<br />
cuentas a los gobiernos o representantes<br />
del gobierno, desde Colombia, hasta<br />
la frontera norte de México.<br />
Esos años le sirvieron a Luciano de<br />
escuela; aprendió obedecer y mandar,<br />
usar armas y, sobre todo, aprendió el<br />
concepto de «sólo son negocios».<br />
DALLAS - NUEVO LAREDO<br />
Después que José Ángel le disparó al<br />
gringo drogadicto, los minutos se volvieron<br />
caóticos; su hermano mayor<br />
condujo furioso, mientras sus primos<br />
observaban todo, tensos y apretando<br />
los dientes mientras se desplazaban<br />
rápidamente por la autopista del este<br />
de Dallas.<br />
—Hubieras visto a los otros idiotas —dijo<br />
José Ángel a su hermano, entre risas—, ya<br />
no hallaban la puerta y luego se fueron<br />
corriendo —siguió riéndose, disfrutando<br />
el sólo del momento. «A mí nunca me van<br />
a agarrar», pensó. Sin embargo, regresó<br />
un tiempo a México, donde se dedicó a ser<br />
mensajero de la banda de los Texas, dedicados<br />
en principio a trasladar migrantes<br />
ilegales de Nuevo <strong>La</strong>redo a la ciudad de<br />
San Antonio. Pero luego su negocio fue<br />
expandiéndose en el tráfico de doble vía,<br />
drogas hacia el norte, armas hacia el sur.<br />
José Ángel, con el paso de los años, fue<br />
convirtiéndose en uno de los suyos por<br />
ser demasiado eficiente en su trabajo, no<br />
tenerle miedo a nada ni nadie y no tener<br />
mayor preocupación, o por lo menos eso<br />
aparentaba, más que hacer que su superior<br />
inmediato y su banda crecieran hasta<br />
posicionarse como los que controlaban a<br />
todos los coyotes y burreros en esa parte<br />
del río Bravo y sus regiones cercanas.<br />
Continúa en el siguiente número...<br />
141
142<br />
EL<br />
OLVIDO<br />
(SEGUNDA PARTE)<br />
Por<br />
Carolina Aguirre<br />
Arturo abrió los ojos mientras una<br />
suave llovizna mojaba su rostro;<br />
después de unos segundos se<br />
puso de pie y miró su alrededor, desconcertado,<br />
y lo único con lo que se<br />
encontró fue con el estacionamiento<br />
vacío del supermercado. Todo estaba<br />
oscuro, y una ligera neblina le impedía<br />
ver con claridad a la distancia. <strong>La</strong>s únicas<br />
luces que pudo observar eran las<br />
que el alumbrado público emitía pero,<br />
tanto el supermercado como los locales<br />
comerciales que lo rodeaban, se encontraban<br />
en penumbras.<br />
Tras unos segundos tratando de entender<br />
qué era lo que sucedía, Arturo<br />
caminó hacia la puerta principal del<br />
supermercado. Cuando se acercó, notó<br />
que la cortina metálica que cubría las<br />
puertas de cristal estaba cerrada. Él<br />
golpeó con fuerza la cortina, pero no<br />
hubo ninguna respuesta.<br />
—¡Hey! ¡Hay alguien ahí! —gritó Arturo<br />
en varias ocasiones, pero no se escuchaba<br />
ningún ruido. Se acercó después<br />
a una de las casetas donde se cobraba<br />
la salida del estacionamiento, la cual<br />
también estaba en completa oscuridad,<br />
y lo único que vio fue que estaba vacía.<br />
Arturo dudó durante unos segundos y<br />
desde la caseta observó que no había<br />
ni un solo automóvil en la calle, ni siquiera<br />
los automóviles que las personas<br />
estacionaban en la avenida contigua y<br />
que pertenecían a los inquilinos de la<br />
unidad habitacional. No había ninguna<br />
persona en todo el lugar, solo oscuridad,<br />
niebla, y el alumbrado público.<br />
Arturo salió de la caseta y comenzó a<br />
caminar en dirección a su casa, sin embargo,<br />
al pasar frente al pasillo principal<br />
de la plaza comercial escuchó un leve y<br />
melodioso sonido que parecía ser música,<br />
además de observar como una ligera
luz de color azul tintineaba en el fondo<br />
del pasillo. Detuvo su andar unos momentos<br />
para poder escuchar con más<br />
atención y lo comprobó: una tonada<br />
de jazz se escuchaba dentro de la plaza<br />
comercial. Dudó por unos segundos<br />
y después reanudó la marcha hacia su<br />
casa a paso lento; no obstante, unos<br />
metros adelante, se detuvo y miró hacia<br />
atrás. El sonido de la apacible música se<br />
podía escuchar con mayor claridad; un<br />
piano tocaba armoniosamente una delicada<br />
melodía, acompañado del canto<br />
de un saxofón. Tras unos momentos<br />
escuchando la música, Arturo se dirigió<br />
hacia la plaza comercial.<br />
El pasillo estaba en completa oscuridad<br />
y todos los locales, tanto de comida<br />
como de ropa y todo tipo de chucherías,<br />
estaban cerrados, parecían llevar<br />
mucho tiempo así debido a la gran<br />
cantidad de polvo que se acumulaba<br />
en las vitrinas. El sonido de la música<br />
se hacía cada vez más fuerte, pero no<br />
estridente, y era sencillo poder disfrutarla,<br />
de igual modo la tintineante luz<br />
azul se tornaba más brillante, aunque<br />
no se podía observar con claridad de<br />
dónde provenía, pues la neblina que<br />
también ocupaba el largo pasillo impedía<br />
distinguir su fuente.<br />
Tras varios minutos caminando, Arturo<br />
llegó al fondo del pasillo, la música<br />
escapaba de un par de puertas de<br />
madera roja adornadas con grabados<br />
de motivos florares, y sobre esas puertas,<br />
incrustado en el muro de tabiques<br />
rojos, un letrero de neón con la palabra<br />
Cyberia escrita en él, iluminaba con la<br />
luz azul que Arturo había visto antes. A<br />
pesar del tiempo que había pasado, la<br />
música no se detenía y el letrero parecía<br />
tintinear al compás del piano. Arturo<br />
dudó de nueva cuenta para entrar<br />
ya que, además de la música, voces<br />
de distintas personas que charlaban<br />
y reían se escuchaba salir a través de<br />
aquellas puertas. Arturo miró a su alrededor,<br />
tratando de buscar a alguna<br />
persona entre la neblina, pero igual<br />
que antes no encontró a nadie, así que,<br />
dejando a un lado sus dudas, entró.<br />
Al cruzar las puertas y atravesar una<br />
cortina roja con bordados dorados, Arturo<br />
se encontró con un espacio más<br />
grande de lo que hubiera parecido<br />
por fuera: en medio del lugar había un<br />
mostrador que parecía ser de la misma<br />
madera que las puertas, incluso<br />
compartía los mismos motivos florales<br />
grabados en todo el frente, alrededor<br />
de este mostrador, diversos sillones tapizados<br />
en tela de color hueso, con texturas<br />
florales en color dorado y remates<br />
de madera roja eran ocupados por<br />
varias personas, algunas reían y otras<br />
simplemente disfrutaban de un cigarro,<br />
parecía como si nadie notara la presencia<br />
de Arturo; en las paredes, además<br />
de distintos cuadros con motivos navales<br />
y espejos ovalados con marcos<br />
dorados, colgaban diversas cortinas<br />
similares a la que atravesó para entrar<br />
al lugar. El ambiente era cálido y tranquilo,<br />
todos parecían felices. Cuando<br />
Arturo intentó acercarse a dos mujeres<br />
con peinados voluminosos y vestidos<br />
de color marfil, que estaban sentadas<br />
en uno de los sillones más cerca de él,<br />
escuchó una voz:<br />
—Bienvenido seas a Cyberia, estimado<br />
amigo. ¿Cuál es tu nombre? —Arturo<br />
miró hacia la dirección donde escuchó<br />
la voz, y detrás del mostrador observó<br />
a un hombre alto y delgado, de piel<br />
blanca pero con cabello bien arreglado,<br />
bigote oscuro y facciones delicadas;<br />
Arturo lo miró con extrañeza y después,<br />
143
como un acto reflejo, miró tras de él<br />
para tratar de identificar a quién llamaba<br />
aquel hombre—. Te hablo a ti, estimado<br />
amigo. Acércate, por favor —insistió<br />
aquel hombre y Arturo obedeció.<br />
Al llegar al mostrador, Arturo observó<br />
el impecable frac negro que el hombre<br />
llevaba—. ¿Cual es tu nombre? ¿Tienes<br />
reservación? —insistió el hombre, sin<br />
quitar la sonrisa de su rostro.<br />
—¿Reservación? No, yo no tengo reservación...<br />
¿Qué es este lugar? —preguntó<br />
Arturo, sin poder ocultar su confusión. El<br />
hombre soltó una ligera carcajada.<br />
—Es el club Cyberia, ni más ni menos.<br />
Al parecer eres nuevo por aquí, pero no<br />
te preocupes, posiblemente tienes reservación.<br />
¿Cuál es tu nombre?<br />
—Me... me llamó Arturo.<br />
—¿Sólo Arturo? Vaya, eres la primer<br />
persona que conozco sin apellidos<br />
—exclamó el hombre, riendo<br />
delicadamente.<br />
—No, no... Arturo Jiménez... Me llamo<br />
Arturo Jiménez.<br />
—Ah, pues mucho gusto, Arturo. Mi<br />
nombre es Francisco Borja, pero puedes<br />
llamarme Franz, así me dicen todos mis<br />
amigos —respondió Franz, extendiendo<br />
su mano para que Arturo la estrechara,<br />
lo cual hizo de inmediato—. Ahora, busquemos<br />
si tienes reservación.<br />
—Pero yo no he hecho ninguna reservación<br />
—interrumpió Arturo, mientras<br />
Franz abría una bitácora de piel negra—.<br />
Yo estaba en mi trabajo y después desperté<br />
afuera, no sé qué está pasando, y<br />
menos sabía de la existencia de...<br />
—Por favor, Arturo, no seas tan descortés<br />
—interrumpió Franz, sin dejar de<br />
sonreír—. Permíteme buscar tu reservación<br />
—Arturo, sorprendido y avergon-<br />
144<br />
zado, asintió y guardó silencio, Franz le<br />
sonrió y volvió a buscar entre las páginas<br />
de la bitácora. Pasaron algunos minutos<br />
en lo que Franz buscaba que Arturo aprovechó<br />
para observar más a detalle a las<br />
personas que estaban ahí. Algunos de<br />
ellos parecían haber sacado su ropa de<br />
las películas mudas, mientras que otros<br />
parecían haber participado en «Fiebre de<br />
sábado por la noche»—. Aquí está —exclamó<br />
de repente Franz—. Tienes hecha<br />
tu reservación, y qué curioso, fue hecha<br />
hace apenas unas horas.<br />
—Pero yo no hice ninguna reservación,<br />
le digo que ni siquiera sabía que este lugar<br />
existía —intervino Arturo, ligeramente<br />
molesto—. Si esto es una broma, yo...<br />
—Estimado amigo, esta no es ninguna<br />
broma —interrumpió Franz, de nueva<br />
cuenta—. Además, nadie sabe de este lugar<br />
sino hasta llegan aquí. Pero, no te preocupes,<br />
tienes tu reservación y puedes estar<br />
aquí el tiempo que lo necesites. Acompáñame,<br />
te llevaré a tu mesa —aquel hombre<br />
salió de detrás del mostrador y le hizo una<br />
seña a Arturo para que lo siguiera, mientras<br />
que Arturo, intentando decir algo, simplemente<br />
guardó silencio y caminó tras Franz.<br />
Franz guio a Arturo hasta el fondo del<br />
lugar y se detuvo frente a una enorme<br />
pintura que abarcaba desde el piso hasta<br />
el techo, Arturo estuvo a punto de<br />
preguntar algo a Franz, cuando él, sin<br />
decir nada, caminó hacia la pintura y la<br />
atravesó. Arturo sintió un escalofrío recorrer<br />
su espalda y dio un par de pasos<br />
hacia atrás, de inmediato se escuchó la<br />
voz de Franz, que salía de la pintura.<br />
—No tengas miedo, Arturo, ven conmigo.<br />
Arturo miró a la gente que estaba en<br />
los sillones, pero ellos no prestaban<br />
atención a lo que acababa de suceder,
simplemente seguían en sus asuntos.<br />
Sin más que hacer, Arturo suspiró<br />
y caminó lentamente hacia la pintura,<br />
se paró frente a ella y extendió su<br />
mano para tocarla, pero lo único que<br />
consiguió fue ver cómo su mano la<br />
atravesaba también. Sacó la mano de<br />
inmediato y dio dos pasos hacia atrás,<br />
después observó la pintura a detalle, la<br />
cual mostraba a un hombre de perfil<br />
sentado en un trono dorado, tenía una<br />
cabeza de pájaro y un caldero de sombrero,<br />
también parecía estar tragando<br />
a un persona, ya que de su pico salía la<br />
mitad de un torso y piernas humanas.<br />
Tras unos segundos, Arturo suspiró y<br />
cerró los ojos, después caminó a paso<br />
hacia enfrente y atravesó la pintura.<br />
—A todos les pasa la primera vez, no<br />
debes sentirte avergonzado. Además,<br />
el arte de El Bosco es siempre intimidante,<br />
pero son los gustos del jefe, así<br />
que no podemos hacer nada para cambiarlo<br />
—le dijo Franz a Arturo, después<br />
de atravesar la pintura.<br />
Lo primero que vio Arturo fue el modesto<br />
escenario al fondo del lugar, en<br />
el cual tres músicos armonizaban al<br />
ritmo de jazz con un piano de cola, un<br />
saxofón y un contrabajo. Alrededor del<br />
escenario, los parroquianos abarrotaban<br />
las mesas redondas, hechas de<br />
acero y con cubiertas de madera, en<br />
las que solo cabían cuatro personas;<br />
varios meseros atendían a todas las<br />
personas que fumaban, reían y bebían;<br />
la decoración del lugar era muy similar<br />
a la de la recepción, solo que del techo<br />
colgaban grandes lámparas que daban<br />
al espacio un ambiente acogedor.<br />
—Por favor, acompáñame por aquí<br />
—exclamó Franz, Arturo salió del letargo<br />
en el que se encontraba al observar<br />
todo y caminó detrás de Franz, miró<br />
rápidamente a la gente, todos lucían<br />
sonrientes. Cuando llegaron a una pequeña<br />
mesa frente al escenario, Franz<br />
se detuvo y acomodó la silla, haciendo<br />
un gesto para que Arturo se sentara,<br />
él comprendió, asintió y se sentó—.<br />
Siéntete como en tu casa, enseguida te<br />
traeré tu bebida —exclamó Franz, y tras<br />
una breve reverencia, dio media vuelta<br />
y se perdió entre las mesas.<br />
—Pero... Yo.... —Arturo suspiró al ver<br />
retirarse a Franz, y después observó a<br />
la banda mientras tocaba, parecía que<br />
a ellos no les importaba nada más que<br />
el suave jazz que interpretaban.<br />
—Veo que estás disfrutando la música<br />
—escuchó Arturo, mientras una voz<br />
le susurraba al oído, después sintió<br />
una mano tocando su hombro con suavidad.<br />
Al momento en que se giró, observó<br />
a una mujer con un vestido rojo<br />
junto a él. De inmediato se puso de pie,<br />
nervioso—. ¿Me invitarás a sentarme? —<br />
exclamó la mujer. Arturo, como un acto<br />
reflejo, acomodó la otra silla que se encontraba<br />
en la mesa y la mujer se sentó<br />
con delicadeza, él no podía aparentar<br />
su confusión—. Siéntate, tenemos mucho<br />
de qué hablar.<br />
—¿Qui... quién eres tú? —preguntó Arturo,<br />
mientras se sentaba, tratando de<br />
reconocer a aquella hermosa mujer. Además<br />
de su sobrio pero elegante vestido,<br />
una delicada gargantilla negra rodeaba<br />
su cuello; sus facciones eran muy delicadas,<br />
su piel blanca parecía de yeso, sus<br />
ojos cafés combinaban perfectamente<br />
con el rojo de sus labios carnosos y el<br />
negro azabache de su larga cabellera. <strong>La</strong><br />
mujer tomó un cigarro que había sobre<br />
145
la mesa, y después de encenderlo con la<br />
flama de una de las velas que los iluminaban<br />
a ambos, ella dijo:<br />
—¿Entonces ya no me reconoces? Hablamos<br />
apenas hace unas horas... Aunque<br />
posiblemente no me viste bien porque<br />
estaba muy oscuro y llevaba puesta<br />
otra ropa —Arturo no pudo ocultar una<br />
expresión de sorpresa al escuchar esas<br />
palabras, después tragó saliva.<br />
—Momento, ¿tú eras la mujer de la<br />
bodega? —preguntó, la mujer sonrió.<br />
—Así es, pensé que no me recordarías.<br />
Mi nombre es Selene.<br />
—¿Me puedes explicar qué está sucediendo?<br />
—exclamó Arturo, con tono de<br />
preocupación y ligera molestia—. Hace<br />
unos minutos estaba en la bodega y después<br />
desperté tirado afuera de la tienda.<br />
Mira que si es alguna clase de broma o<br />
novatada se me hace de muy mal gusto.<br />
—¿No recuerdas nada más de lo que<br />
pasó? —preguntó Selene, exhalando el<br />
humo del cigarro por su nariz.<br />
—No, no recuerdo, solo recuerdo que<br />
estabas llorando en la bodega y te intenté<br />
ayudar, después... —Arturo guardó<br />
silencio, mientras miraba como las<br />
llamas de las velas parecían moverse al<br />
ritmo de la música.<br />
—Después, ¿qué? —exclamó Selene,<br />
de forma un tanto sombría.<br />
—Algo me cayó encima. Pero... No recuerdo<br />
qué fue.<br />
—Te cayeron tres escritorios encima,<br />
aunque claro, estaban empacados en<br />
sus cajas. El personal de la bodega se<br />
ha vuelto muy descuidado últimamente,<br />
aunque es el primer accidente de<br />
esa naturaleza que he visto en todos<br />
estos años —Arturo se puso de pie,<br />
asustado, trató de articular diversas<br />
palabras pero no pudo hacerlo, miró<br />
hacia todos lados, pero nadie prestaba<br />
atención a lo que sucedía—. Tranquilo,<br />
no te pongas así, siéntate y te voy a explicar<br />
todo lo que está pasando —Arturo<br />
miró a Selene a los ojos, ella le sonrió<br />
y lo miró con dulzura. Arturo suspiró<br />
y se sentó nuevamente.<br />
—No entiendo nada de lo que está pasando...<br />
—susurró Arturo—. Lo mejor es<br />
que me vaya a mi casa. Ya no me interesa<br />
el trabajo, ni las bromas, ni nada...<br />
—No vas a poder regresar a tu casa, al<br />
menos no por el momento, lo mejor es<br />
que te relajes y me escuches —dijo Selene,<br />
mientras exhalaba con suavidad el<br />
humo del cigarro y depositaba las cenizas<br />
en el cenicero al centro de la mesa.<br />
—¿Cómo que no voy a poder regresar?<br />
¿Es una amenaza? Si no me dices<br />
lo que sucede, yo...<br />
—Lo que pasa es que, al momento<br />
de que te cayeron las cajas encima,<br />
tu alma se desprendió de tu cuerpo y<br />
ahora estás aquí conmigo, en Cyberia<br />
—Arturo la miró sorprendido y aún más<br />
confundido que antes.<br />
—¿Mi alma se salió de mi cuerpo?<br />
—Así es, pero no estás muerto, a diferencia<br />
de todos nosotros aquí —añadió<br />
Selene, mientras señalaba a su alrededor.<br />
Arturo miró a todas las personas,<br />
que seguían riendo y bebiendo.<br />
—¿Esperas que te crea esa patraña? —Arturo<br />
soltó una carcajada—. Como broma<br />
ya estuvo bueno, creo que lo mejor es que<br />
mañana mismo vaya a dar las gracias, porque<br />
de verdad no me gusta que me quieran<br />
ver la cara de idiota solo porque soy el nuevo<br />
en el trabajo.<br />
—¿Entonces, significa que ya no me<br />
vas a ayudar? —preguntó Selene, y<br />
146
después soltó un suspiro que parecía<br />
ser de resignación.<br />
—¿Ayudarte?<br />
—Parece que el golpe te afectó más<br />
de lo que imaginaba. Tú me dijiste que<br />
me ibas a ayudar, y resulta que sí necesito<br />
tu ayuda. ¿O vas a dejar a una dulce<br />
mujer como yo a su suerte? ¿Serías capaz?<br />
—en ese momento, Franz regresó<br />
a la mesa con una charola.<br />
—Wisky en las rocas para la señorita,<br />
y una taza de ponche caliente para el<br />
caballero —Franz colocó el vaso frente<br />
a Selene y la taza humeante de ponche<br />
frente a Arturo.<br />
—Franz, ¿podrías decirle a Arturo en<br />
dónde estamos? —exclamó Selene,<br />
mientras tomaba de su vaso.<br />
—Por supuesto, señorita Selene —asintió<br />
Franz, después se dirigió a Arturo—. Estamos<br />
en el club Cyberia, uno de los clubes<br />
más viejos de la zona...<br />
—¡Eso no! Eso ya lo sabe, explícale<br />
exactamente dónde estamos.<br />
—A eso iba, señorita. Estamos en el<br />
éter, o como normalmente se conoce,<br />
el limbo —la expresión de Arturo reflejaba<br />
asombro, incredulidad y temor<br />
a la vez—. Estamos en un plano entre<br />
el mundo terrenal y el otro lado. Pero<br />
poco a poco se va a acostumbrar a estar<br />
aquí. Todos lo hacemos.<br />
—Él no se quedará para siempre,<br />
Franz, al menos no por ahora, solo lo<br />
traje para que me ayudara —Franz se<br />
sorprendió al escuchar las palabras de<br />
Selene, mientras que Arturo seguía sin<br />
entender qué sucedía.<br />
—¿Y la señorita Mar estuvo de acuerdo<br />
con usted? —preguntó Franz, incrédulo.<br />
—Claro, si ella fue quién me ayudó a<br />
traerlo, pero tuvo un... encargo, y ya sabes,<br />
tampoco es que ella disfrute mucho<br />
venir aquí.<br />
—Si no fuera por su trabajo, sería muy<br />
estimada entre todos mis invitados… —exclamó<br />
Franz, tras soltar una carcajada, después<br />
le dijo a Arturo—. Espero que disfrute<br />
su ponche, no es mi especialidad, pero sé<br />
que es su favorito —tras decir eso, simplemente<br />
hizo una reverencia y se retiró.<br />
—Es... es demasiado para ser una broma...<br />
—susurró Arturo, mientras miraba<br />
su taza con ponche.<br />
—Es porque esto no es una broma...<br />
Caray, ¿qué tengo que hacer para que<br />
me creas? —Arturo no respondió, seguía<br />
con la mirada clavada en el vapor<br />
que la taza desprendía—. ¡Ya sé! Voy a<br />
llevarte a un lugar para comprobarte<br />
que no te estoy mintiendo...<br />
—¿A dónde me llevarás? —preguntó<br />
Arturo, levantando la mirada.<br />
—Considera que es una sorpresa, y espero<br />
que, con lo que te voy a mostrar, al fin<br />
me creas... Pero iremos después de que<br />
te termines tu ponche, no quiero que seas<br />
descortés con Franz, mira que traerte tu bebida<br />
favorita solo puede significar una cosa.<br />
—¿Qué?<br />
—Le agradas, y eso no pasa muy a<br />
menudo —Arturo tomó entre sus manos<br />
la taza de ponche y sorbió un poco,<br />
mientras que Selene encendió otro<br />
cigarro y bebía de su vaso, el cual estaba<br />
a punto de terminarse. El sonido<br />
de los vasos chocando, los platos y las<br />
conversaciones de los parroquianos<br />
llenaban todo el ambiente, pero era lo<br />
suficientemente discreto para que la<br />
música pudiera disfrutarse. Arturo terminó<br />
rápidamente la taza de ponche,<br />
no le importó haberse quemado los<br />
labios y la lengua. Después, Selene se<br />
147
levantó de la silla—. Si ya acabaste, sígueme,<br />
mientras más rápido mejor, así<br />
terminará todo pronto.<br />
—¿Cómo que terminar? —preguntó<br />
Arturo, pero Selene no respondió.<br />
Caminaron hacia el fondo del lugar<br />
y atravesaron otra cortina roja, dentro,<br />
había distintas pinturas, muy similares<br />
a las que Arturo utilizó para entrar<br />
a ese lugar, no obstante, una de ellas<br />
era completamente negra, parecía más<br />
que un lienzo, una tela de color negro<br />
enmarcada. Arturo se acercó para verla<br />
con mejor detalle.<br />
—No te le acerques sino quieres terminar<br />
en EL Olvido... —le dijo Selene, mientras<br />
lo jalaba hacia otra de las pinturas.<br />
—¿Qué es El Olvido?<br />
—No quieres saberlo, créeme, y lo más<br />
probable es que no lo sepas nunca —atinó<br />
a decir Selene, mientras atravesaba<br />
la pintura, llevando a Arturo tras de sí.<br />
⁂<br />
El hospital, como cualquier otro centro<br />
de salud público en el Distrito Federal,<br />
era un lugar sobrio y casi sintético: sus<br />
paredes, decoradas con sucia pintura<br />
de color hueso y azulejos de color café<br />
eran testigos silenciosos del paso del<br />
tiempo. Además de la gran cantidad<br />
de pacientes, acompañantes y también<br />
varios doctores y enfermeras que<br />
había en las áreas de consulta externa,<br />
también caminaban por los pasillos algunos<br />
vendedores de micas para proteger<br />
documentos y algunos tantos que<br />
vendían comida y dulces; no obstante,<br />
no les era permitido entrar a las áreas<br />
de cuidados intensivos, al igual que a<br />
la mayoría de los familiares de las personas<br />
internadas. Afuera, la lluvia no<br />
era de importancia para la mayoría de<br />
148<br />
las personas que esperaban noticias de<br />
sus familiares, y que por políticas del<br />
hospital simplemente no podían entrar.<br />
Arturo y Selene llegaron al hospital<br />
atravesando un enorme mural que se<br />
encontraba en una de las paredes exteriores<br />
del lugar; en él, una madre con<br />
expresión dulce y melancólica tomaba<br />
entre sus brazos a un niño pequeño,<br />
mientras que una poderosa águila real,<br />
reflejando la misma mirada dulce y<br />
melancólica de la madre, los abrazaba<br />
a ambos. Arturo miró con cierta duda<br />
aquel lugar y a todas las personas que<br />
estaban ahí, mientras que Selene se<br />
dedicó a observar unos momentos<br />
aquel mural.<br />
—¿Qué hacemos en el hospital? —preguntó<br />
Arturo, teniendo cuidado de no<br />
chocar con la gente que pasaba junto<br />
a ellos—. ¿Y cómo es que te cambiaste<br />
de ropa?<br />
—¿Mi ropa? No esperabas que trajera<br />
un vestido de noche al hospital, ¿verdad?<br />
Te traje para que vieras por ti mismo<br />
la situación en la que estás y que no<br />
creas que te estoy mintiendo —exclamó,<br />
sin dejar de mirar el mural. Selene<br />
ya no llevaba aquel vestido rojo entallado,<br />
ahora llevaba puesto un vestido<br />
volado y con mangas cortas, de color<br />
rojo con puntos blancos y un cinturón<br />
negro que remataba en un moño.<br />
—¿A qué te refieres? —preguntó Arturo,<br />
sin poder ocultar la duda en su voz.<br />
—Vamos, tú mismo lo podrás ver y así lo<br />
podrás entender y me vas a creer... —Selene<br />
comenzó a caminar al contrario de la<br />
gente, mientras que Arturo la seguía detrás—.<br />
Por cierto, no te preocupes por las<br />
personas, ellos no pueden vernos.<br />
—¿Por qué? ¿Porque somos fantasmas?<br />
—exclamó Arturo, y después lanzó<br />
una pequeña risita incómoda.
—Sí, básicamente podríamos llamarnos<br />
de esa forma, pero la realidad es<br />
que a toda esta gente no les interesa<br />
vernos. Todos ellos tienen sus propias<br />
preocupaciones y problemas, eso<br />
hace que su percepción no sea lo suficientemente<br />
clara como para poder<br />
notar nuestra presencia... ¡Ni siquiera<br />
pueden notar los peligros que tienen<br />
encima! Por ejemplo —dijo, deteniéndose<br />
y señalando a una mujer mayor<br />
que caminaba hacia la puerta de entrada—.<br />
Esa señora no se ha dado cuenta<br />
de que el piso está mojado, o tal vez ya<br />
se dio cuenta pero no le interesa. Te<br />
apuesto a que se va a resbalar y va a<br />
caer de boca.<br />
—Ahora resulta que también puedes<br />
ver el futuro... —exclamó Arturo, pero<br />
no pudo terminar la oración debido a<br />
que, como Selene había dicho, aquella<br />
mujer resbaló al instante que pisó<br />
el suelo mojado; de poco le sirvió su<br />
bastón para sostenerse al caer. Tras<br />
un fuerte golpe y el sonido de su llanto,<br />
un hombre joven y algunas mujeres se<br />
acercaron a ayudarla.<br />
—Entonces... ¿de verdad puedes ver<br />
el futuro? —susurró Arturo, ligeramente<br />
impactado por lo que había sucedido.<br />
Selene simplemente se rio.<br />
—¡Claro que no! Ojalá pudiera ver el<br />
futuro. Es cuestión de observación. Era<br />
obvio que por el tipo de zapatos que<br />
la señora lleva puestos se iba a caer al<br />
pisar aquellas losetas mojadas. No es<br />
ningún super poder, solo tienes que<br />
observar... —tras decir esto ella siguió<br />
caminando, mientras que Arturo siguió<br />
observando cómo, con esfuerzos, levantaban<br />
a aquella mujer—. ¡Apúrate,<br />
que no tenemos todo el día! —gritó<br />
Selene. Arturo reaccionó y corrió, con<br />
cuidado, hasta alcanzarla.<br />
149
Tras seguir caminando y pasar entre<br />
las interminables filas de la farmacia del<br />
hospital llegaron a una puerta pequeña,<br />
en la cual dos guardias de seguridad se<br />
encontraban; uno, sentado frente a un<br />
escritorio lleno de identificaciones y<br />
documentos, y el otro, parado junto a la<br />
puerta. Arturo notó que aquel guardia<br />
de la puerta los observaba.<br />
—¿Asunto? —preguntó de forma lúgubre<br />
el guardia flacucho cuando ambos<br />
llegaron a la puerta.<br />
—¡Ah, sí! —exclamó Selene, después<br />
levantó un poco su vestido y, de su<br />
ropa interior, sacó un papel de color<br />
hueso doblado en cuatro. Arturo desvió<br />
la mirada al momento que Selene<br />
hizo eso, mientras que el guardia no<br />
cambió su expresión. Ella le entregó el<br />
papel al guardia y, tras desdoblarlo, lo<br />
leyó, susurrando de forma ininteligible.<br />
—Está bien, adelante —exclamó el guardia.<br />
—Muchas gracias, don Justicia —respondió<br />
Selene, atravesando la puerta.<br />
Arturo solo hizo un gesto con la cabeza—.<br />
Este vestido no tiene bolsas y el<br />
otro vestido mucho menos, no había<br />
otro lugar en dónde poder guardar el<br />
papel —dijo Selene, mientras se acercaban<br />
las escaleras.<br />
—Yo no pensaba preguntarte nada, no<br />
tenías que explicarme... —respondió Arturo,<br />
sonrojado, pero Selene lo interrumpió:<br />
—Además, no seas tan tímido. Mira que<br />
estuve mirando cómo te comportabas con<br />
Alejandra y hasta a mí me dio vergüenza...<br />
—¿Cómo que me estuviste mirando? —increpó<br />
Arturo, sonrojándose aún más.<br />
—Es lo único que puedo hacer en el supermercado:<br />
observar. Casi nunca salgo de ahí,<br />
mas que para visitar Cyberia; tengo que encontrar<br />
algo en lo que pueda entretenerme.<br />
—¿Y por qué estás ahí siempre? —Selene<br />
comenzó a subir las escaleras<br />
tranquilamente, y después de algunos<br />
pasos, ella respondió:<br />
—Porque tenía que esperar a alguien<br />
que me ayudara... —mientras seguían<br />
subiendo las escaleras, Selene añadió—:<br />
Esto vas a tener que hacerlo tú<br />
solo, créeme, quisiera estar ahí pero<br />
considero que vas a necesitar estar solo<br />
para asimilarlo —Cuando llegaron al final<br />
de la escalera Arturo notó a muchos<br />
doctores y enfermeras caminando por<br />
los pasillos, algunos con marcados rostros<br />
de preocupación, y otros riendo y<br />
jugueteando a pesar de encontrarse<br />
junto a los pacientes, pero él solo miraba<br />
en la dirección que Selene le señaló,<br />
después tragó saliva.<br />
—¿Qué es lo que me quieres...? —Arturo<br />
giró para mirar a Selene pero, sin<br />
notarlo, ella ya no estaba a su lado. El<br />
sonido de los pasos y de las voces de<br />
los médicos, enfermeras y pacientes<br />
se hacía cada vez más intenso e insoportable.<br />
Arturo recorrió el pasillo lentamente<br />
y con cuidado de no chocar<br />
con nadie, y, cuando llegó a la última<br />
puerta, entró.<br />
En aquel lugar había una considerable<br />
cantidad de pacientes acostados<br />
en distintas camillas, algunos estaban<br />
conscientes y platicando con los demás,<br />
otros simplemente lanzaban ligeros alaridos<br />
de dolor, y otros, lo menos, yacían<br />
inconscientes. Todos estaban conectados<br />
a una botella de suero que colgaba<br />
de un brillante soporte metálico, algunos<br />
incluso a máquinas estériles que<br />
lanzaban un pitido constante; el olor a<br />
limpiador barato y a medicamento era,<br />
por momentos, difícil de soportar. Ar-<br />
150
turo recorrió con tranquilidad el pasillo<br />
que las camillas formaban, observando<br />
a las enfermeras que atendían a aquellas<br />
personas caídas en desgracia... Sin<br />
embargo, detuvo su andar en seco<br />
cuando, en una de las camillas casi al<br />
fondo del lugar, se observó a sí mismo<br />
recostado y con los ojos cerrados, vestido<br />
con una bata blanca y conectado<br />
a una de esas máquinas. Un escalofrío<br />
recorrió su espalda. Intentó acercarse,<br />
pero dudó en diversas ocasiones, la<br />
expresión en su rostro era de absoluto<br />
terror, y aunque quiso gritar, solo pudo<br />
lanzar un ligero alarido de miedo. Junto<br />
al cuerpo que parecía pertenecerle, una<br />
enfermera de piel morena revisaba el<br />
suero y aquel aparato.<br />
—¿Ya le informaron a los familiares? —exclamó<br />
un hombre mayor, obeso, calvo y vestido<br />
con una bata blanca, que se había acercado<br />
a la enfermera con mucha seguridad.<br />
—Sí, doctor, sus familiares fueron quienes<br />
lo trajeron. Su mamá ha rogado para<br />
que la dejen subir. Pobre mujer, se veía<br />
destrozada... —al escuchar aquellas palabras,<br />
Arturo corrió hacia las escaleras<br />
de forma desesperada, las recorrió corriendo,<br />
casi tropezando por momentos.<br />
Su rostro reflejaba una mezcla de desesperación,<br />
miedo e incertidumbre.<br />
Al llegar a la planta baja, corrió desesperadamente<br />
hacia las puertas donde<br />
el guardia se encontraba.<br />
—¡Eh, muchacho! ¡No corras aquí y<br />
ten cuidado de no tocar a ninguna persona!<br />
—gritó el guardia, pero Arturo ni<br />
siquiera lo volteó a ver. Al llegar frente<br />
a la farmacia, Arturo miró con desesperación<br />
hacia todos lados. Después<br />
corrió por todos los pasillos, observando<br />
a las personas que esperaban, ya<br />
fuera de pie o sentadas, su turno para<br />
recibir atención, hasta que, en una hilera<br />
de sillas, miró a Alejandra sentada<br />
junto a su madre. Él se detuvo en seco<br />
y observó como la joven la consolaba,<br />
anegada en llanto. Arturo se acercó lentamente,<br />
y se detuvo frente a ellas.<br />
—...Samuel ya no debe de tardar con<br />
sus cosas, doña Rosa. Tiene que tranquilizarse,<br />
por favor, tiene que estar fuerte<br />
para poder cuidar de Arturo... —Alejandra<br />
abrazaba a doña Rosa, mientras que ella<br />
enjugaba con regularidad sus lágrimas.<br />
—Ay, mija, es que no sé qué es lo que voy<br />
a hacer si a mi bodoque le pasa algo. Ya<br />
perdí a su papá, y ahora con esto... —doña<br />
Rosa, de nueva cuenta, enjugó sus lágrimas<br />
y seguía sollozando.<br />
—Ya escuchó lo que la enferma dijo,<br />
hay posibilidades de que su hijo salga<br />
del coma, no debe de preocuparse, tiene<br />
que confiar en los doctores.<br />
—¿Pero qué va a pasar si no despierta?<br />
Esa carnicera que se nos acercó quería<br />
que firmara para que destazaran a mi<br />
hijo y le quitaran todos sus órganos...<br />
—doña Rosa suspiró amargamente, luego<br />
continuó—. Yo no puedo dejar que<br />
le pase nada. Él... Él... —las lágrimas<br />
escurrían por el rostro de doña Rosa,<br />
mientras tanto, Alejandra seguía abrazándola,<br />
en su rostro se podía apreciar<br />
con claridad su esfuerzo para contener<br />
el llanto. Arturo se arrodilló frente<br />
a ellas, también llorando, y se acercó<br />
para poder abrazar a su madre...<br />
—<strong>La</strong> verdad yo te recomendaría que<br />
no lo hagas —dijo Selene, quien se encontraba<br />
parada detrás de él. Arturo se<br />
giró para mirarla, después se levantó<br />
de golpe y la empujó. Sus ojos, llenos<br />
de lágrimas, destilaban furia.<br />
151
—¡Tú me hiciste esto! —gritó Arturo,<br />
sujetando a Selene por los hombros y<br />
sacudiéndola violentamente—. ¡De no<br />
ser por ti esto no habría pasado! ¡Tú me<br />
trajiste aquí! ¡Tú hiciste que esas cajas<br />
me cayeran encima! ¡Tú..! Tú...! —Selene,<br />
sin mayor esfuerzo, se quitó las<br />
manos de Arturo de encima y le propinó<br />
una fuerte cachetada.<br />
—Deja de portarte como un maldito<br />
niño mimado y compórtate como un<br />
hombre, ¿quieres? —Arturo se sobó el<br />
rostro, y Selene continuó—. Yo no te<br />
tiré esas cajas encima, ¡al contrario! Yo<br />
evité que esas cajas te cayeran de lleno<br />
y te mataran. Porque tu destino era<br />
morir ayer.<br />
—No quieras verme la cara. ¡Tú fuiste<br />
quien lo hizo! Si no te hubiera escuchado<br />
llorando, ni siquiera me hubiera<br />
aventurado al fondo del almacén. ¡Tú<br />
lo provocaste! ¡Es tu culpa! —Selene,<br />
sin mediar palabra, le propinó otra cachetada<br />
del otro lado del rostro. Debido<br />
al golpe, algunas lágrimas escurrieron<br />
por las mejillas de Arturo.<br />
—Mira, no me interesa si me crees o<br />
no me crees. Tú destino era morir ayer,<br />
si no era por culpa de las cajas hubiese<br />
sido por alguna otra causa, pero tú<br />
deberías estar muerto, y como bien te<br />
lo dije, no lo estás. Y como yo te salvé,<br />
ahora estás en deuda conmigo...<br />
—¡¿Yo?! ¡¿En deuda contigo?! Estás<br />
demente. Yo voy a regresar a mi cuerpo.<br />
No me interesas ni tú ni lo que necesites.<br />
Yo quiero mi vida de vuelta.<br />
—No es tan sencillo como seguro estás<br />
pensando...<br />
—¿Ah, no? ¿Quieres ver? —sin decir<br />
más, Arturo corrió hacia la farmacia y<br />
después atravesó la puerta donde el<br />
guardia aún seguía de pie, sin embargo,<br />
siguió teniendo cuidado de no tocar o<br />
chocar con nadie en su camino, después<br />
subió corriendo por las escaleras.<br />
Al llegar al quinto piso, ya agotado, Arturo<br />
reconoció el pasillo por el cual había<br />
caminado momentos antes, corrió nuevamente<br />
hacia la puerta del fondo, después<br />
entró y, con poco cuidado, llegó hasta donde<br />
se encontraba su cuerpo. <strong>La</strong> enfermera<br />
y el médico de guardia ya se habían ido, de<br />
hecho, no había ninguna enfermera en el<br />
lugar. Arturo se paró junto a su cuerpo en<br />
la camilla y se observó a detalle. Momentos<br />
después, se sentó sobre la camilla y se recostó<br />
sobre su cuerpo. Cerró los ojos.<br />
Tras unos segundos, Arturo abrió sus<br />
ojos y se sentó, después, aun sentado,<br />
se giró un poco para ver la camilla y lo<br />
único que encontró fue que su cuerpo<br />
seguía ahí, recostado. De nueva cuenta<br />
cerró los ojos y volvió a recostarse<br />
con cuidado, lo hizo una y otra y otra<br />
vez, sin ningún resultado favorable. Su<br />
cuerpo seguía ahí, inerte, frío, y conectado<br />
tanto al suero que colgaba del<br />
soporte metálico, como a la esteril máquina<br />
que indicaba sus signos vitales.<br />
—Te lo dije, esto no funciona de esa<br />
forma... —exclamó Selene, quien se<br />
encontraba de pie frente a la camilla.<br />
Arturo se levantó de golpe e intentó<br />
volver a sujetarla, pero, en lugar de eso,<br />
se sentó en el suelo, y comenzó a llorar.<br />
—¿Por qué me hiciste esto? —inquirió<br />
Arturo, entre lágrimas y sollozos—. ¿Qué<br />
te hice yo para que me hicieras esto?<br />
—Ya te dije que yo no hice nada más<br />
que salvarte. De no ser por mí, en este<br />
preciso momento tu cuerpo estaría en<br />
la morgue y no en cuidados intensivos.<br />
Estás en deuda conmigo...<br />
152
—Yo no estoy en deuda con nadie —interrumpió<br />
Arturo.<br />
—No me interrumpas, tarado... Cómo<br />
te decía, ya que yo salvé tu vida, ahora<br />
es tu turno de ayudarme. Claro que si me<br />
ayudas, y confío en que lo harás, y todo<br />
sale a la perfección, entonces yo podré<br />
regresarte a tu cuerpo —Arturo se levantó<br />
de golpe y la miro, aun sollozando.<br />
—¡¿De verdad puedes regresarme<br />
a mi cuerpo?! —preguntó Arturo, sin<br />
ocultar su desesperación.<br />
—No precisamente yo, pero sí, hay<br />
forma de regresarte a tu cuerpo. Pero<br />
antes de hacerlo tienes que ayudarme,<br />
no tienes otra opción —Arturo no<br />
pudo evitar sonreír por aquellas palabras,<br />
pero aquella sonrisa se borró casi<br />
de inmediato, siendo reemplazada por<br />
una mueca de hastío.<br />
—¿Cómo sé que me estás diciendo la<br />
verdad?<br />
—Ahora resulta... —susurró Selene,<br />
luego continuó—: Mira, no tengo ninguna<br />
necesidad de mentirte. Si quieres<br />
volver a tu cuerpo, no tienes que creerme,<br />
pero tienes que confiar en lo que<br />
te estoy diciendo, porque si no lo haces,<br />
simplemente te quedarás en el éter<br />
toda tu vida; junto conmigo, claro, pero<br />
también con los demás en Cyberia. Tú<br />
decides. Yo ya hice la mitad de mi parte<br />
del trato, que fue salvarte la vida, ahora<br />
tú tienes que cumplir con tu parte del<br />
trato para que yo cumpla la otra mitad.<br />
Así de sencillo.<br />
—Pero... yo... —Arturo intentó hablar,<br />
pero Selene lo interumpió:<br />
—Tic, toc, tic, toc... Vamos, no tenemos<br />
toda la eternidad para que te decidas.<br />
Dime, ¿tenemos un trato? —Selene extendió<br />
su mano. Arturo dudó por unos<br />
momentos, y ya sin sollozar, suspiró y<br />
estrechó la mano de Selene—. ¡Así me<br />
gusta! Caray, tienes que ser decidido, y<br />
más si quieres estar con esa jovencita...<br />
¿Cómo se llama?<br />
—Alejandra... —susurró Arturo—. Pero<br />
no quiero estar con ella, ¿qué te pasa?<br />
Apenas la conozco.<br />
—No te hagas el inocente conmigo —Selene<br />
soltó una ligera carcajada—. En fin,<br />
vamos a darnos prisa entonces...<br />
—A ver, un momento —interrumpió<br />
Arturo—. Ni siquiera me has dicho a<br />
qué quieres que te ayude.<br />
—Cierto, tienes toda la razón. Qué<br />
tonta de mí. Bueno, es algo muy sencillo,<br />
lo único que tienes que hacer es<br />
ayudarme a averiguar quién me asesino.<br />
Una vez que lo sepamos, podré<br />
dejar el Éter atrás y seré aceptada en el<br />
más allá... —Arturo la miró de la misma<br />
forma incrédula con la que había mirado<br />
su cuerpo.<br />
—¿Te asesinaron? ¿Así fue como moriste?<br />
—No estoy segura... —Selene se sentó<br />
en la camilla donde el cuerpo de<br />
Arturo reposaba—. Verás, no tengo<br />
muchos recuerdos de mi vida... pero<br />
sé que, cuando vivía, trabajaba en el<br />
supermercado... Por eso necesito que<br />
alguien me ayude a encontrar a mi asesino,<br />
porque hasta que concluya mis<br />
asuntos pendientes será cuando me<br />
dejen entrar.<br />
—¿Y cómo sabes que fuiste asesinada<br />
si no recuerdas nada? —preguntó Arturo,<br />
con suspicacia.<br />
—Pues no lo sé, yo siento dentro de<br />
mí que así fue cómo morí... Alguien me<br />
asesinó, estoy segura de ello, y hasta<br />
que no descubra quién fue entonces<br />
podré descansar en paz —Selene sus-<br />
153
piró y guardó silencio, Arturo la miraba,<br />
y notó en su rostro un dejo de tristeza.<br />
—Pues, viendo que no tengo otra opción...<br />
Está bien, te ayudaré, pero tienes<br />
que cumplir con tu parte del trato —exclamó<br />
Arturo, extendiendo su mano a<br />
Selene, ella lo miró, dibujando una dulce<br />
sonrisa en su rostro, después tomó la<br />
mano de Arturo y se puso de pie—. Lo<br />
único que podremos hacer es empezar<br />
investigando en el supermercado. No<br />
tenemos otra forma. ¿O qué sugieres?<br />
—Ya tengo un plan, pero tienes que<br />
confiar en mí... Cierra los ojos —la voz<br />
de Selene era cálida y tranquilizadora—.<br />
Anda, démonos prisa. Cierra los<br />
ojos... —Arturo, sin decir una sola palabra,<br />
obedeció a Selene y cerró los ojos.<br />
—¿Qué es lo que va... —tras un fuerte<br />
sonido, Arturo cayó inconsciente al<br />
suelo, mientras que Selene, con una<br />
bacinica metálica en la mano, exclamó:<br />
—Tú déjamelo todo a mí...<br />
Continúa en el siguiente número...<br />
154
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155
156<br />
PECADOS<br />
DE MUJERES<br />
(PRIMERA PARTE)<br />
Por<br />
José Luis Vázquez<br />
<strong>La</strong> lluvia resonaba al chocar con<br />
los amplios ventanales del departamento.<br />
A pesar de estar en el<br />
tercer piso, las luces de las patrullas y<br />
las ambulancias se reflejaban en cada<br />
uno de los muros de la amplia habitación,<br />
iluminando los marcos que colgaban<br />
en la pared y reflejándose en<br />
los vidrios de las robustas vitrinas del<br />
lugar. <strong>La</strong> alfombra gris, que cubría todo<br />
el piso, estaba cubierta casi por completo<br />
por la sangre que escurría de la<br />
robusta mesa de caoba. Los policías<br />
entraban y salían de la habitación, algunos<br />
de ellos tomando fotografías del<br />
lugar y otros revisando a detalle cada<br />
uno de los rincones del lugar. Claudia<br />
Guzmán no pudo contener las náuseas<br />
que aquella escena le causaban, y no<br />
tuvo más remedio que vomitar encima<br />
de uno de los blancos sillones que estaban<br />
al final del salón. Julio Bernal y<br />
Jaime Ugalde observaban con atención<br />
el cuerpo de la joven que yacía sobre<br />
la mesa: completamente desnuda, de<br />
piel morena, con una profunda herida<br />
que recorría su vientre desde su esternón<br />
hasta su entrepierna, mostrando<br />
un hueco en donde se supone que sus<br />
órganos internos deberían estar. <strong>La</strong> cabeza<br />
de la joven, arrancada del cuerpo,<br />
reposaba boca abajo sobre sus senos,<br />
y sus brazos, desprendidos desde los<br />
hombros, reposaban acomodados en<br />
donde se supone que tendría que estar<br />
la cabeza de la joven formando una<br />
cruz; además, todos los dedos de las<br />
manos habían sido cercenados.<br />
Julio observó con atención el cuerpo,<br />
ante la mirada atenta de los demás policías,<br />
quienes lo observaban con cierto<br />
recelo pero sin impedirle ninguna<br />
acción. Después hizo un ademán con<br />
su mano izquierda sin intentar voltear,
pasaron unos segundos y, de nueva<br />
cuenta, realizó el ademán.<br />
—Claudia, la cámara —exclamó Julio<br />
con voz suave, tanto él como Jaime se<br />
giraron para buscarla, mientras que ella<br />
estaba sentada junto a su vómito en el<br />
sillón, limpiando su boca con un pañuelo<br />
negro—. Por favor... —Claudia levantó<br />
la mirada y después de unos segundos<br />
reaccionó, se retiró la Polaroid que colgaba<br />
de su cuello, pero antes de que<br />
ella se levantara, Julio se acercó y tomó<br />
la cámara de sus manos. Después se inclinó<br />
y le susurró al odio—: Si te sientes<br />
muy mal sería mejor que salieras. Espérame<br />
en el coche.<br />
—¡Ni loca! Estoy bien —respondió<br />
Claudia, tras un fuerte resoplido—.<br />
Tú a lo que estás, y déjame a mi<br />
recuperarme.<br />
Julio caminó de nueva cuenta hacia<br />
la mesa, acomodó la cámara y tomó<br />
una fotografía del cuerpo completo. De<br />
inmediato, la cámara escupió la instantánea<br />
tras un sonido mecanizado. Julio<br />
extendió su mano para que Jaime sostuviera<br />
la fotografía, pero, antes de que<br />
Jaime pudiera tomarla, Claudia la sostuvo<br />
con rapidez. Jaime le dio una ligera<br />
palmada en la espalda a Claudia, a lo<br />
que ella no reaccionó de forma alguna.<br />
Después, Julio continuó tomando fotografías<br />
desde diferentes ángulos, mientras<br />
Claudia caminaba tras de él.<br />
—Esta es la última —dijo Julio, mientras<br />
abanicaba la instantánea con la<br />
mano derecha.<br />
—Más te vale, idiota. Me hubieras avisado<br />
que veríamos esto, así hubiera<br />
estado preparada —refunfuñó Claudia,<br />
mientras daba la espalda al cuerpo sobre<br />
la mesa.<br />
—Ese error fue mío, no de Julio. Lo<br />
lamento —exclamó Jaime, mientras se<br />
acercaba a ambos; ella le soltó un fuerte<br />
manotazo en el pecho, el cual soportó<br />
sin moverse.<br />
—¡Pues para la próxima avisa, chingada<br />
madre!<br />
—Tranquila —intervino Julio—. Mejor<br />
salgamos de aquí, así dejamos trabajar<br />
a tu gente tranquilamente y nos explicas<br />
a detalle la situación —Jaime asintió,<br />
sin decir una palabra, y permitió el<br />
paso a Julio y a Claudia. Ellos caminaron<br />
hacia la puerta principal del departamento,<br />
mientras Jaime daba diversas<br />
indicaciones a los policías en el lugar.<br />
Él ya no usaba ningún uniforme, ahora<br />
vestía de una manera más formal; zapatos<br />
de piel negra perfectamente boleados<br />
y limpios que hacían juego con<br />
la hebilla plateada de su cinturón y su<br />
abrigo negro, mientras que una holgada<br />
camisa de color vino y un pantalón<br />
elegante gris terminaban su conjunto.<br />
Claudia y Julio salieron por la puerta<br />
principal teniendo cuidado de no empujar<br />
a ninguno de los policías ni peritos<br />
que llevaban a cabo sus labores. El<br />
pasillo, iluminado de forma tenue por<br />
algunas lámparas de halógeno a punto<br />
de fundirse, también estaba lleno de<br />
policías. El sonido de los periodistas<br />
intentando entrar al lugar se hacía más<br />
fuerte con cada paso que daban para<br />
salir del pasillo. Claudia seguía limpiando<br />
su boca mientras caminaban,<br />
mientras que Julio la miraba de reojo,<br />
y después, con un movimiento seco, la<br />
detuvo antes de llegar a las escaleras.<br />
—Vamos a esperar a Jaime aquí —pidió<br />
Julio. Claudia asintió y, en una reacción<br />
involuntaria, se agachó y vomitó<br />
nuevamente. Julio se acercó y le sostuvo<br />
el cabello, mientras que los policías<br />
observaban entre risas el momento.<br />
Claudia, después de unos momentos,<br />
157
se incorporó y nuevamente se limpió<br />
los labios con el pañuelo.<br />
—Puta madre, yo no tenía ninguna<br />
necesidad de ver esto.<br />
—Tú fuiste la que quiso venir. Si hubieras<br />
dejado que viniera Aurora...<br />
—Ya cállate, animal. Y mejor vámonos<br />
antes de que se nos haga tarde —exclamó<br />
Claudia, mientras observaba a los policías<br />
riendo entre dientes—. ¡Y ustedes<br />
de que se ríen, bola de pendejos? ¡Órale,<br />
cabrones, a trabajar, que para eso les pagan!<br />
—Claudia trató de caminar hacia los<br />
policías, que habían dejado de reír, pero<br />
Julio la detuvo tomándola del brazo. En<br />
ese momento Jaime salió por la puerta<br />
del departamento y el grupo de policías<br />
continuó con sus labores al verlo. Jaime<br />
caminó de forma apresurada hasta Julio<br />
y Claudia—. ¿Y bien? ¿Ya puedes decirnos<br />
que chingados pasó ahí?<br />
—Yo no lo sé, por eso están ustedes<br />
aquí —respondió Jaime, mientras Julio<br />
encendía un cigarrillo, Claudia mostró<br />
una mueca de hastío.<br />
—¿Y qué pistas tienen al respecto? —preguntó<br />
Julio, exhalando por la nariz el humo.<br />
—No tenemos nada en realidad, lo<br />
único que sabemos es que es la quinta<br />
víctima con el mismo móvil. Todas son<br />
mujeres entre los veinte y veinticinco<br />
años, los brazos y la cabeza siempre<br />
son colocados en la misma forma y los<br />
órganos, en todos los casos, también<br />
son removidos, aunque nunca están en<br />
la escena. Además, todo está limpio.<br />
—¿Y cómo chingados es posible que<br />
no tengan ninguna pista? ¡Carajo! ¡Tendrían<br />
que haber alertado a la población<br />
ya! Muchas mujeres están en peligro y<br />
ustedes como si no pasara...<br />
—¿Desde hace cuánto tiempo está<br />
sucediendo? —interrumpió Julio a<br />
Claudia, ella le sacó la cajetilla de la<br />
cazadora y tomó un cigarrillo mientras<br />
refunfuñaba entre dientes.<br />
—Los asesinatos han ocurrido desde la<br />
semana pasada. Cada tercer día encontramos<br />
un cuerpo nuevo, y todos los hemos<br />
encontrado debido a una llamada<br />
anónima desde un teléfono público que<br />
se realiza el mismo día de los asesinatos.<br />
Estamos tratando de encontrar una relación<br />
entre todas las víctimas pero hasta<br />
el momento no tenemos nada.<br />
—Siendo honestos —intervino Julio—, no<br />
considero que nos necesites para esto. Ustedes<br />
pueden hacer la investigación sin nosotros,<br />
así que...<br />
—No es tan sencillo —interrumpió<br />
Jaime, mientras Claudia se limpiaba de<br />
nuevo los labios—. <strong>La</strong> joven que está ahí<br />
adentro es la hija menor del comandante.<br />
Él, desde un principio, ha tratado de<br />
evitar que todo esto salga a la luz. Ya sabes<br />
que es año de elecciones y un loco<br />
suelto en la ciudad no le beneficiaría a<br />
nadie en lo más mínimo. Pero ahora que<br />
su hija se ha convertido en una víctima<br />
más ya no solo desea justicia, sino que<br />
desea venganza. Y si bien sus hombres<br />
no pueden hacer justicia por su propia<br />
mano, necesitaba a alguien que sí lo pudiera<br />
hacer… —cuando Jaime terminó<br />
de hablar, el rostro de Claudia se descompuso<br />
por un momento, y los únicos<br />
sonidos que podían escucharse eran los<br />
gritos y quejas de los periodistas que infestaban<br />
el cubo de las escaleras. Julio<br />
dio la última bocanada a su cigarrillo y<br />
lo lanzó al suelo, para después pisarlo.<br />
—Entiendo —musitó Julio, mientras<br />
asentía ligeramente—. Dile al comandante<br />
que nosotros nos encargaremos,<br />
158
pero que ya sabe cuál es nuestro precio.<br />
Mañana pasaré a tu oficina a buscar<br />
toda la documentación que pueda<br />
servirnos para el caso.<br />
—No es necesario, tengo todo aquí —al<br />
decir eso, Jaime giró soltó un peculiar silbido,<br />
ninguno de los policías se inmutó al<br />
escucharlo, excepto uno, que miraba todo<br />
desde uno de los rincones del pasillo. El<br />
joven policía moreno corrió hasta donde<br />
Jaime se encontraba, cargando un par<br />
de registradores verdes. Con un ademán<br />
saludó a Julio y a Claudia—. Pepe, dale a<br />
ellos las carpetas, por favor —el joven policía,<br />
que apenas llegaba a la estatura de<br />
Claudia, asintió y extendió las carpetas<br />
a Julio sin dejar de observar el entallado<br />
vestido negro que Claudia portaba, el cual<br />
combinaba a la perfección con sus zapatillas<br />
negras de tacón de aguja, su bolsa<br />
plateada y sus arracadas también de color<br />
plata. Su discreto maquillaje hacía lucir su<br />
piel canela y mostraba más sus facciones<br />
a pesar de llevar su cabello de color negro<br />
azabache suelto. Julio tomó los registradores,<br />
después se quitó su cazadora gris<br />
y los envolvió con ellos. Su playera de<br />
color negro y su pantalón de mezclilla de<br />
color gris oscuro mostraban su ligero sobrepeso,<br />
la barba de dos días y su cabello<br />
quebrado hacían parecer que no se había<br />
bañado en días.<br />
—¿Tienes algo que hacer o vas a quedarte<br />
todo el tiempo ahí, mirándome<br />
de esa forma? —preguntó Claudia a<br />
Pepe, mientras tiraba las cenizas del cigarro<br />
en el suelo. Pepe, sonrojado, dio<br />
un paso atrás y bajó la mirada.<br />
—Pepe les llevará toda la información<br />
que se recopile hoy mañana a primera hora.<br />
—Muy bien, en ese caso que la lleve al departamento<br />
de Aurora, ya conoces la dirección<br />
—respondió Julio, mientras abrazaba<br />
los registradores debajo de su brazo derecho.<br />
—Y que no se le olvide el pago al comandante.<br />
Tiene que pagarnos...<br />
—Ya lo sé, la mitad por adelantado y<br />
al final lo demás —interrumpió Jaime<br />
a Claudia—. Tendrán su dinero. No olviden<br />
compartirme todo lo que puedan<br />
encontrar del asesino, aunque debo<br />
decirles que el comandante les pagará<br />
un bono extra si le llevan su cabeza antes<br />
de que nosotros demos con él.<br />
—¡Caramba! —sonrió Claudia—. Haberlo<br />
dicho antes, dile que se lo entregaremos<br />
en bandeja de plata y vivo, por<br />
si quiere ser él quien le cobre lo que hizo.<br />
—En ese caso esperamos la información<br />
mañana. Por favor —dijo Julio, dirigiéndose<br />
a Pepe—, lo más temprano que<br />
puedas llevarla, aunque tampoco te desmañanes<br />
por querer quedar bien con tu<br />
jefe —sentenció, señalando a Jaime con<br />
la mirada, Pepe simplemente dibujó una<br />
sonrisa sin decir palabra alguna.<br />
—No me lo saques del redil, Julio, ya<br />
bastante tengo con cuidarlos a ustedes<br />
como para tener que andar cuidando<br />
a otro escuincle más —exclamó Jaime,<br />
mientras hacía una seña a Pepe para<br />
que se retirara del lugar—. Ahora, yo<br />
les sugiero que no bajen por las escaleras,<br />
hay una escalera de emergencia<br />
del otro lado del pasillo, será mejor que<br />
salgan por ahí si no quieren que todos<br />
los buitres que están allá abajo se lleven<br />
una tajada de ustedes.<br />
—Por primera vez estoy de acuerdo<br />
contigo, tamarindo —exclamó Claudia,<br />
tirando la colilla del cigarro en el suelo.<br />
Jaime les dio la mano a ambos y los<br />
tres caminaron en dirección opuesta<br />
sobre el pasillo, después, él se detuvo<br />
159
en la puerta del departamento y Julio y<br />
Claudia siguieron adelante.<br />
—¡Oye, tamarindo! —gritó Claudia,<br />
dando media vuelta antes de que Jaime<br />
entrara de nuevo al departamento—.<br />
Dale mis condolencias al comandante.<br />
Dile que estamos con él en su<br />
dolor —Jaime, con una mirada de sorpresa,<br />
simplemente asintió y entró al<br />
departamento. Julio, que se había detenido<br />
para observar la escena, siguió<br />
caminando y después Claudia lo alcanzó<br />
rápidamente. Al llegar a la puerta<br />
de emergencias, un policía les abrió y<br />
Julio cedió el paso a Claudia, para después<br />
salir él mientras el policía cerraba<br />
tranquilamente la puerta. Claudia bajó<br />
las escaleras delante de Julio, tratando<br />
de evitar que sus tacones se atoraran<br />
en las pequeñas barras de metal<br />
que formaban los escalones. <strong>La</strong> lluvia<br />
golpeaba sus cabezas con suavidad<br />
mientras bañaba la calle, y las luces del<br />
alumbrado público, así como la de los<br />
pocos automóviles que pasaban por la<br />
calle, se reflejaban en los charcos.<br />
—¿Quién lo diría? Claudia Guzmán tiene<br />
corazón —ironizó Julio, mientras llegaban<br />
al último descanso de las escaleras.<br />
—No seas pendejo, el comandante va<br />
a pagar nuestro cheque, así que lo menos<br />
que podemos hacer es demostrar<br />
empatía por su situación... No es que<br />
me importe, pero él si tiene que creer<br />
que nos interesa lo que les está pasando.<br />
—Yo pensaba que tú y Rosa eran amigas,<br />
creí que la habías reconocido.<br />
—Fuimos amigas, que es muy diferente<br />
—puntualizó Claudia, mientras bajaba<br />
el último escalón—. Pero la muy<br />
puta me dejó de lado para irse con sus<br />
amigos fresitas de la universidad. Además,<br />
¿cómo chingados querías que la<br />
reconociera si ni siquiera podía ver su<br />
cuerpo sin vomitar? ¡Vaya que hay que<br />
ser un maldito enfermo para hacerle a<br />
alguien algo así! ¡En qué demonios se<br />
está convirtiendo nuestra sociedad?<br />
—¿Convirtiendo? —preguntó Julio<br />
con un dejo de ironía—. Así ha sido toda<br />
la vida, No sé de qué te admiras. Además,<br />
no tenías que ver el cuerpo, había<br />
varías fotos de ella y su familia en la estantería<br />
—Claudia lo miró con molestia<br />
y le propinó un puñetazo en el hombro.<br />
—Carajo, sí, entiendo que hay veces<br />
que es necesario matar. ¿Pero hacerlo<br />
con esa saña? Por favor, eso ya es estar<br />
enfermo —dijo, casi a gritos, mientras<br />
caminaban por la acera hacia la esquina,<br />
donde el Datsun 76 rojo de Claudia<br />
estaba estacionado. Julio no respondió,<br />
solo se limitó a seguir caminando. Llegaron<br />
al automóvil, Claudia subió del<br />
lado del conductor y se estiró para abrir<br />
la puerta del copiloto. Julio terminó de<br />
abrir la puerta, se sacudió los zapatos y<br />
entró al automóvil, cerrando la puerta<br />
con suavidad. Después arrojó los registradores,<br />
aún envueltos en su cazadora,<br />
al asiento trasero y bajó un poco la ventanilla<br />
mientras Claudia arrancaba.<br />
—A esta sociedad se la está cargando<br />
la chingada —musitó Julio, mientras<br />
recargaba la cabeza en el respaldo.<br />
—Sí, pero de alguna forma tenemos<br />
que responsabilizarnos de ello —le respondió<br />
Claudia, mientras comenzaba a<br />
acelerar—. ¿Crees que podamos detener<br />
al imbécil este antes de que cometa<br />
un nuevo asesinato?<br />
—Sinceramente lo dudo, pero tenemos<br />
que intentarlo —respndió, lanzando<br />
un suspiro de cansancio—. Vamos<br />
160
por Aurora y por <strong>La</strong>ura, ya no vamos a<br />
poder ir a la fiesta.<br />
—Qué la chingada, ni para lo que me<br />
tarde arreglando.<br />
<strong>La</strong> ciudad, como de costumbre, parecía<br />
estar cubierta por el lúgubre manto<br />
de luces de diferentes colores pertenecientes<br />
a las marquesinas de los locales<br />
de comida y bares que aún seguían<br />
abiertos, los cuales ofrecían cobijo a<br />
las personas que regresaban de sus<br />
trabajos y a todos aquellos que buscaban<br />
pasar la noche olvidando los problemas<br />
y responsabilidades del día. <strong>La</strong><br />
lluvia, poco a poco, había comenzado<br />
a caer con mayor fuerza, empapando<br />
a todo aquel que se aventurara a tratar<br />
de sortear los grandes charcos que se<br />
formaban en los baches de las calles y<br />
creando una profunda capa de oscuridad,<br />
la cual distorsionaba aquel manto<br />
de coloridas luces en Ciudad Satélite.<br />
Pese a ir conduciendo aquel Datsun<br />
76 con pericia, Claudia hacía distintos tipos<br />
de ademanes mientras hablaba, en<br />
algunas ocasiones golpeaba el volante y<br />
su voz era aún más fuerte que el volumen<br />
de la música que salía de las bocinas del<br />
automóvil. Julio, recargado por completo<br />
en el respaldo del asiento del copiloto,<br />
solo miraba las gotas de lluvia golpear la<br />
ventanilla del coche mientras exhalaba<br />
el humo de su cigarrillo, el cual consumía<br />
con cierto grado de desesperación.<br />
—A ver, cabrón —exclamó Claudia<br />
tras dar un golpe al volante, mientras<br />
el automóvil estaba detenido frente a<br />
la luz roja del semáforo—. ¿Me estás<br />
poniendo atención o sólo estoy hablando<br />
como pendeja?<br />
—Perdón… ¿qué me decías? —respondió<br />
Julio, con tranquilidad, mientras<br />
giraba su cabeza para ver a Claudia.<br />
Ella movió la cabeza en franco ademán<br />
de fastidio, y simplemente resopló al<br />
momento en que los automóviles reiniciaron<br />
la marcha.<br />
—Hijo de tu puta madre. No soy tu pinche<br />
chofer como para que vengas tan<br />
tranquilo y ni siquiera tengas la decencia<br />
de ponerme atención —atinó a responder,<br />
tras bufar de forma frustrada—. Te<br />
estoy preguntando si es que crees que<br />
podamos detener al imbécil este antes<br />
de que cometa un nuevo asesinato. Digo,<br />
ya te dije mis teorías, pero estoy segura<br />
de que no pusiste nada de atención a lo<br />
que te estaba diciendo, ¿verdad?<br />
—Tranquila, realmente no te ignoraba,<br />
también pienso en todo lo del caso…<br />
Principalmente en el comandante —lentamente<br />
sacó otro cigarrillo de su cazadora<br />
y lo encendió una vez que apagó<br />
el que ya casi se había consumido en<br />
el cenicero del automóvil—. Pienso en<br />
Rosa y pienso que eso le puede pasar a<br />
cualquiera de ustedes…<br />
—¡Ja! —interrumpió Claudia, con una<br />
marcada ironía—. ¿Tú crees que a nosotras<br />
nos puede pasar algo así?<br />
—Nadie sabe lo que puede pasar —respondió<br />
Julio, con la misma calma que<br />
demostraba en ese momento.<br />
—Hasta parece que no nos conoces —añadió<br />
Claudia, soltando una carcajada llena<br />
de ironía—. Rosa era una tarada y si le pasó<br />
lo que le pasó fue por eso, por tarada. Estoy<br />
segura de que ella dejó pasar a su asesino.<br />
¡Además era hija de un policía! ¿De verdad el<br />
comandante no supo enseñarle a defenderse…?<br />
—tras decir esto hizo una pausa, miró<br />
de reojo a Julio y suspiró—. A nosotros no<br />
nos puede pasar eso y mucho menos con<br />
todo lo que traemos a cuestas…<br />
161
—No lo sé, mejor dímelo tú… —respondió<br />
Julio, con la misma tranquilidad que<br />
había mantenido durante toda la conversación—.<br />
Has estado muy insistente<br />
con todo este asunto, más de lo normal…<br />
Mejor dime, ¿qué te preocupa? —preguntó,<br />
Claudia guardó silencio y evitó dirigirle<br />
la mirada. Se aferró con un poco más<br />
de fuerza al volante, y respondió:<br />
—Es que no le encuentro sentido a<br />
todo esto —respondió Claudia, de forma<br />
sincera y preocupada—. Nosotros<br />
nunca nos habíamos hecho cargo de<br />
algo así. El pinche tamarindo siempre<br />
nos deja cosas que ellos no se molestan<br />
en resolver además de los casos<br />
que nos llegan a nosotros, pero esto,<br />
pese a que nos va a dejar una muy buena<br />
paga, es algo bastante grande.<br />
—¿Crees que no demos el ancho? —<br />
preguntó Julio nuevamente, con un<br />
dejo de curiosidad en su voz.<br />
—Claro que no me refiero a eso, nosotros<br />
somos más capaces que esos<br />
imbéciles que andan en patrulla —respondió<br />
Claudia, molesta—. Quiero decir<br />
que debe haber algo más que no<br />
nos han dicho…<br />
—Es sencillo —interrumpió Julio, tras<br />
una bocanada al cigarrillo—. El comandante<br />
no quiere justicia y estoy seguro<br />
de que tampoco le preocupa si hay o<br />
no más muertes. El comandante, lo<br />
que en realidad quiere, es venganza…<br />
—Venganza… —repitió Claudia en voz<br />
alta—. Qué no se haga pendejo, él tiene<br />
los recursos para hacerlo. No necesita<br />
de nosotros para ir a matar al pendejo<br />
que se chingó a su hija.<br />
—Sí nos necesita —interrumpió Julio<br />
nuevamente—. Con la presión de los<br />
medios y de los grupos contrarios dentro<br />
del gobierno no se puede iniciar la<br />
cacería de un hombre con recursos de<br />
la policía sin que nadie se entere —hizo<br />
una pausa para tomar una bocanada<br />
más de su cigarrillo antes de que este se<br />
consumiera—, y si la gente se entera de<br />
que hay un loco que está matando mujeres<br />
nada más porque sí, no solo le va a<br />
estallar el problema en la cara a él, sino<br />
que también le va a estallar al regente…<br />
—¿Piensas que ese imbécil también<br />
está enterado de todo? —preguntó<br />
Claudia, con sincera ingenuidad, mientras<br />
que bajaba la velocidad del automóvil<br />
para estacionarse a un lado de la<br />
banqueta. El fuerte ruido de la música<br />
que salía de aquel lugar opacaba el ruido<br />
del estéreo del automóvil.<br />
162
—Claro, debió enterarse al segundo<br />
o tercer asesinato —Claudia apagó el<br />
motor del automóvil y ambos se quedaron<br />
dentro. Julio, sin pensarlo sacó<br />
otro cigarrillo—. Estas cosas no escapan<br />
de su oficina y menos si de alguna<br />
manera le puede perjudicar. Pero al<br />
final eso nos conviene, nos van a dar<br />
todo lo que podamos necesitar.<br />
—Dinero, y mucho… esto no va a ser<br />
sencillo —añadió Claudia, después de<br />
haberse estacionado y mientras apagaba<br />
el motor del automóvil. Ambos guardaron<br />
silencio mientras que, a su alrededor,<br />
la vida nocturna del lugar se mostraba<br />
en todo su esplendor. Julio sacó la cajetilla<br />
de su cazadora y la entregó a Claudia,<br />
quien tomó uno de los cigarrillos y lo encendió<br />
rápidamente, con el encendedor<br />
que también estaba dentro de la cajetilla.<br />
A su alrededor, diversos grupos de jóvenes<br />
entraban y salían de las discotecas<br />
que había en toda la zona.<br />
—Bueno, ya, lo que sea que tenga que<br />
pasar, pasará… y no podremos evitarlo.<br />
Si tenemos que esperar a que vuelva<br />
a matar para capturarlo entonces<br />
así tendrá que ser —exclamó Claudia,<br />
estirando su cuerpo sobre el asiento<br />
mientras exhalaba el humo del cigarrillo.<br />
Después abrió la ventanilla del<br />
automóvil, dejando entrar el sonido de<br />
la música de las discotecas, el cual se<br />
mezclaba formando una infortunada<br />
melodía—. ¿En qué disco se supone<br />
que iban a estar Aurora y <strong>La</strong>ura? —Julio<br />
guardó silencio un momento, para después<br />
lanzar una ligera carcajada—. ¿De<br />
qué te ríes, pendejo?<br />
—Es que se supone que teníamos que<br />
verlas en el Magic Circus —respondió<br />
Julio, aun riendo. Claudia azotó las manos<br />
en el volante, para después lanzar<br />
el cigarrillo por la ventanilla.<br />
—No mames, ¿y por qué no me dijiste<br />
antes? A mi <strong>La</strong>ura me había dicho que<br />
era en Satélite.<br />
—Sí, pero <strong>La</strong>ura no conoce nada de<br />
esta zona, no puedes culparla por decirte…<br />
—después de azotar las manos<br />
en el volante, Claudia encendió de<br />
nueva cuenta el automóvil y lo aceleró<br />
bruscamente. <strong>La</strong> lluvia se disolvía poco<br />
a poco en el pavimento, reflejando todas<br />
las luces de los bares y discotecas<br />
de la calle.<br />
Continúa en el siguiente número...<br />
163
164
NUESTROS<br />
ARTÍCULOS<br />
165
166
EL DÍA DE<br />
MUERTOS ES<br />
DEL DIABLO<br />
Por Carolina Alpuche<br />
Es una verdad universalmente reconocida<br />
que todas personas van a imponer<br />
sus creencias sobre las de los demás;<br />
la única diferencia es que algunos lo<br />
hacen de una forma pasivo-agresiva, queriendo<br />
parecer tolerantes y conciliadores,<br />
mientras que otros tantos son menos doble<br />
cara y lo hacen de forma activa y amenazante.<br />
Claro que esto no se limita solo<br />
a las creencias religiosas, sino a todos los<br />
ámbitos de nuestra vida cotidiana: que si<br />
las vacunas son buenas o malas, que si los<br />
videojuegos son buenos o malos, que si<br />
las andaderas son beneficiosas o no para<br />
los niños, que si la mayonesa debe ir en el<br />
refrigerador o la alacena… No obstante,<br />
me limitaré solo a hablar de asuntos religiosos,<br />
específicamente de una tradición<br />
muy importante, posiblemente la más<br />
importante, para muchos mexicanos: el<br />
día de muertos.<br />
No me voy a detener mucho a explicar<br />
el origen de esta tradición, porque<br />
incluso en este rubro hay quienes quieren<br />
imponer su visión del origen. Es bien<br />
aceptado por historiadores y antropólogos<br />
actualmente que esta festividad<br />
tiene un origen prehispánico, la cual se<br />
mezcló con las tradiciones católicas que<br />
trajeron los españoles y fueron aprovechadas<br />
para agilizar el proceso de evangelización;<br />
pero, por otro lado, hay algunas<br />
personas que mencionan que su<br />
origen es meramente europeo, como lo<br />
plantea Elsa Mavido, investigadora del<br />
INAH* en uno de sus ensayos: [el origen,<br />
las ceremonias y festejos relacionados<br />
con el Día de Muertos] son netamente<br />
españolas, coloniales, cristianas y en<br />
algunos casos romanas paganas, enseñadas<br />
por frailes, curas y otros europeos<br />
a los indios y mestizos (Mavido, 2018),<br />
pero no nos adentraremos mucho en<br />
ese tema tampoco.<br />
¿De qué es de lo que pienso hablar<br />
entonces? Pues bien, aunque esto ha<br />
167
sido desde siempre, ahora, con el auge<br />
que el día de muertos ha tenido gracias<br />
a películas como Coco o El libro de la<br />
vida, he encontrado en internet mucha<br />
información que diversos grupos<br />
religiosos, incluso católicos, han compartido<br />
con la intención de tratar el<br />
tema. Algunos de ellos brindando una<br />
explicación sobre su origen, su impacto<br />
y hasta sobre las tradiciones que cada<br />
pueblo mexicano en particular practica;<br />
por otro lado, también me he encontrado<br />
con textos llenos de rampante<br />
furia contra el maligno, y de cómo é<br />
usa falsas tradiciones para que la gente<br />
se aleje de Dios…<br />
Y es que, por alguna extraña razón (bueno,<br />
no es tan extraña si consideramos que<br />
cada fanático va a buscar que su religión<br />
sea considerada como la única y verdadera),<br />
todos los fanáticos de religiones ajenas<br />
al catolicismo, y hasta los mismos católicos<br />
que viven fuera de México, consideran que:<br />
1) El día de muertos es una festividad<br />
que celebra a <strong>La</strong> Muerte, como una<br />
entidad. Algo parecido a lo que sucede<br />
con <strong>La</strong> santa muerte.<br />
2) El día de muertos es una celebración<br />
en la que se invocan a los espíritus<br />
de los muertos.<br />
3) El día de muertos es una celebración<br />
que El diablo instituyó para que las personas<br />
se alejen de la gracia de Dios.<br />
4) El día del indio muerto (sí, así lo<br />
llama un grupo de evangélicos en<br />
particular) no agrada a Dios porque<br />
en la biblia no se menciona nada sobre<br />
esa celebración.<br />
5) El día de muertos no agrada a Dios porque<br />
solo a Dios se le debe rendir culto.<br />
168<br />
Así hay muchísimos argumentos<br />
en contra de esta celebración, y más
en inglés. Personalmente es algo que<br />
comprendo que suceda, y más aún en<br />
países anglosajones, sin contar a los<br />
latinos que practiquen religiones derivadas<br />
de la reforma protestante o la<br />
reforma anglicana.<br />
Curiosamente, todas las personas<br />
que sueltan este tipo de frases utilizan<br />
a la biblia como su principal fuente de<br />
argumentos inagotables en contra de<br />
todo lo que no les agrade o no esté a<br />
gusto con lo que ellos quieren; versículos<br />
como Isaías 8:19 (Si alguien les<br />
dice: «Consulten a las pitonisas y a los<br />
agoreros que susurran y musitan; ¿acaso<br />
no es deber de un pueblo consultar<br />
a sus dioses y a los muertos, en favor<br />
de los vivos?»), Timoteo 4:7 (Rechaza<br />
las leyendas profanas y otros mitos semejantes.<br />
Más bien, ejercítate en la piedad,),<br />
<strong>II</strong> Crónicas 33:6 (Sacrificó en el<br />
fuego a sus hijos en el valle de Ben Hinón,<br />
practicó la magia, la hechicería y<br />
la adivinación, y consultó a nigromantes<br />
y a espiritistas. Hizo continuamente<br />
lo que ofende al Señor, provocando<br />
así su ira.) Revelaciones 18:4 (Luego oí<br />
otra voz del cielo que decía: «Salgan<br />
de ella, pueblo mío, para que no sean<br />
cómplices de sus pecados, ni los alcance<br />
ninguna de sus plagas) son sacados<br />
de su contexto literario y se les da un<br />
nuevo sentido, no importa si están<br />
hablando de un tema completamente<br />
diferente, no, si dice lo que ellos buscan<br />
y viene en la biblia, con eso es más<br />
que suficiente. Sin embargo, utilizando<br />
la misma estrategia yo podría citar <strong>II</strong><br />
Macabeos <strong>12</strong>:46 (Por eso mandó hacer<br />
este sacrificio expiatorio en favor de los<br />
muertos, para que quedaran liberados<br />
del pecado.). A mí no me interesa que <strong>II</strong><br />
Macabeos <strong>12</strong> hable de la venganza que<br />
Judas Macabeo tomó frente a los habi-<br />
169
tantes de Joppe por haber lanzado al<br />
mar a más de doscientos judíos, lo único<br />
que me interesa es que ese versículo<br />
en particular habla de que se le se hace<br />
una ofrenda o sacrificio en nombre de<br />
los muertos, y yo lo puedo entender<br />
como que está bien hacer ofrendas por<br />
los muertos y para ellos.<br />
¿Verdad que es una estupidez?<br />
Y es que es muy difícil para algunos<br />
entender que el origen de las tradiciones<br />
que hoy en día tenemos, no solo en<br />
México, sino en casi toda <strong>La</strong>tinoamérica,<br />
derivan del sincretismo entre las creencias<br />
españolas y las creencias mesoamericanas,<br />
necesario y obligado para<br />
la evangelización de los pueblos mesoamericanos;<br />
pero por muy difícil que<br />
sea también lo tendrían que entender,<br />
porque las creencias cristianas están<br />
basadas en creencias aún más antiguas.<br />
Podríamos mencionar, por ejemplo,<br />
que el mito del diluvio universal es una<br />
copia del poema de Atrahasis, un poema<br />
acadio que abarca toda la creación<br />
del hombre; también podríamos mencionar<br />
todas las similitudes entre Jesús,<br />
Horus, Dionisio y muchísimas deidades<br />
más; pero estoy segura de que a más<br />
de uno le explotaría una vena de la cabeza<br />
y correría por su biblia de cabecera<br />
a leerla sin parar.<br />
Si usted, amigo lector, profesa alguna<br />
religión derivada de las reformas antes<br />
mencionadas y tiene moderados conocimientos<br />
de lo que cree, sé que de inmediato<br />
habrá descartado mi citación<br />
de Macabeos, pero si no tiene esos conocimientos<br />
o es como yo, que no sabe<br />
nada de esas religiones, le comento que,<br />
convenientemente, los libros de Macabeos<br />
son considerados apócrifos por los<br />
judíos rabínicos y caraítas, por los judíos<br />
mesiánicos, y por los cristianos protestantes,<br />
anglicanos y restauracionistas. Y<br />
esa es otro de mis argumentos, aunque<br />
sé que caeré en una falacia al mencionarlo:<br />
¿Quién decide que un texto es<br />
apócrifo o es merecedor de ser parte del<br />
canon? ¿No es sino el hombre quien lo<br />
decide? ¿Bajo qué intereses? ¿A quién le<br />
conviene que sea así? ¿Por qué la inspiración<br />
divina de unos es más válida que<br />
la de otros? Y es que, si seguimos la lógica<br />
que defienden estas personas, podemos<br />
decir que los libros de L. Ron Hubbard<br />
son verdaderos textos religiosos,<br />
¿o no? Porque finalmente, el canon está<br />
hecho solo para que no se contradigan<br />
los textos entre ellos, pero nada más.<br />
Independientemente de todo, y para<br />
la tranquilidad de todos, en México tenemos<br />
libertad de culto; y no importa<br />
si sigues una religión que cree en los<br />
muertos, o si sigues una religión que un<br />
rey creó solo por el berrinche de divorciarse<br />
de su esposa para andar de ladino,<br />
o si tu religión te obliga a comprar<br />
agua del río Jordán o dejarte morir por<br />
no hacerte una transfusión de sangre;<br />
en México, (y en el mundo, yo supongo),<br />
lo importante es respetar a los demás<br />
sin importar nada, porque básicamente<br />
eso es lo que las religiones deberían<br />
hacer: unirnos.<br />
*Instituto Nacional de Antropología e Historia<br />
Mavido, E. (2018). <strong>La</strong> festividad de todos santos,<br />
fieles difuntos y su altar de muertos en México,<br />
Patrimonio “Intangible” de la humanidad.<br />
Cuadernos De Patrimonio Cultural Y Turismo,<br />
(16), 48-55.<br />
170
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171
172
CRÓNICA DE<br />
UNA TIERRA<br />
SIN VARONES<br />
Por Cerdo Venusiano<br />
El otro día me encontré con esta<br />
pregunta en Twitter donde me<br />
preguntaban qué harían si TODOS<br />
los hombres desaparecieran en un<br />
solo instante, cómo era Twitter el hilo<br />
se llenó de comentarios sobre vestirse<br />
cómo quisieran y bañarse desnudas en<br />
la playa. Eventualmente llega Daniela<br />
(le arruino la diversión a todas) Guzmán<br />
a hablar de cómo ella perdería su<br />
domicilio actual y de cómo tendría que<br />
regresar a su ciudad natal para evitar<br />
que el hogar materno colapsara, yo<br />
tomé esa oportunidad para hablar de<br />
la crisis sanitaria y energética que eso<br />
ocasionaría, lo cual me mereció un justo<br />
bloqueo del hilo, pero la pregunta sigue.<br />
Así que, utilizando el simulador de<br />
desastres naturales de la EPA, cargué<br />
los datos de mi ciudad y maté a todos<br />
los hombres en medio de la madrugada<br />
sin dañar ni un ápice la infraestructura.<br />
A continuación un resumen:<br />
crónica de una tierra sin varones<br />
Día de la desaparición<br />
Son las 7:42 AM del 23 de junio del 2018,<br />
Tania López se ha levantado y vestido<br />
cómo todas las mañanas, le ha dejado<br />
un sobre de comida a Kaa, su gato macho<br />
de dos años, y salió con prisas en su<br />
Chevrolet Spark directo a la oficina, dio<br />
un suspiro de alivio al encontrar la avenida<br />
Lázaro Cárdenas prácticamente vacía.<br />
En la oficina ha dado un rodeo para<br />
no hablar con <strong>La</strong>ura, la recepcionista<br />
que llora en su mostrador mientras<br />
algunas de sus compañeras intentan<br />
consolarla. En otras circunstancias se<br />
acercaría a ayudar, pero son las 8:04 y<br />
la junta en el quinto piso debió comenzar<br />
puntual a las 8:00.<br />
Solo Silvia Castro se ha presentado a<br />
la junta, en sus respectivos smartphones<br />
las chicas buscan algún correo del comité<br />
de seguridad cambiando la fecha o<br />
173
la ubicación de la junta. Ninguno de los<br />
involucrados contesta el teléfono, lo cual<br />
es evidencia de que la junta está sucediendo<br />
en otro lado. Una llamada de la<br />
madre de Tania interrumpe la búsqueda:<br />
su padre y su hermano de diecinueve<br />
años no aparecieron esta mañana.<br />
Tania inspecciona con la mirada la oficina<br />
semivacía, aparentemente solo las<br />
mujeres se han presentado a trabajar.<br />
—¿Por qué lloraba <strong>La</strong>ura? —pregunta<br />
con hilo de voz.<br />
—Alguien secuestró a su hijo anoche y<br />
cree que fue su exesposo, el imbécil no<br />
contesta el teléfono.<br />
—¿Has visto a algún hombre el día de hoy?<br />
—No.<br />
Tania se dirige al almacén de mantenimiento<br />
y saca cuatro bidones de un<br />
galón sin decir nada a nadie, después<br />
se dirige a una gasolinera en Ocho de<br />
julio donde presumiblemente solo<br />
atienden mujeres.<br />
Wendy Muro está operando la cámara<br />
en una transmisión en vivo por<br />
primera vez, está más que lista para<br />
hacerlo, pero en lugar de sentirse emocionada<br />
no puede evitar afectarse por<br />
el ambiente pesado del estudio; ella, al<br />
igual que todas las becarias y practicantes<br />
del canal, ha sido requisada por<br />
el noticiario. En cámara están las presentadoras<br />
de espectáculos y el clima<br />
que, con un nudo en la garganta, anuncian<br />
que según los reportes a las 4:26<br />
horas del 23 de junio del 2018 todos los<br />
machos humanos han desaparecido,<br />
eso incluye a homosexuales, travestis y<br />
trans. Se puede afirmar que lo que sea<br />
que haya pasado podía identificar a los<br />
hombres a nivel genético.<br />
El gobierno no ha dicho nada al respecto,<br />
la administración pública restante<br />
se ha atrincherado en una junta de<br />
174<br />
emergencia en el palacio de gobierno.<br />
En la confusión inicial la gente parece<br />
olvidar que todavía quedan instituciones<br />
de gobierno. Pero la mejor amiga<br />
de Wendy, Sara, espera junto con una<br />
camarógrafa cualquier anunció oficial.<br />
Andrea Mijangos, junto con su compañera<br />
Lissette Zubaiga, han pasado<br />
toda la madrugada atendiendo automóviles<br />
que se quedaron sin chofer de<br />
un momento a otro, cómo paramédicos<br />
están obligadas a buscar si había mujeres<br />
en los vehículos, afrontadamente la<br />
mayoría de los carros «abandonados»<br />
viajaban solos. Hace un esfuerzo mental<br />
para no pensar en el autobús Guadalajara–Aguascalientes<br />
que salía a las tres<br />
de madrugada y llegaba a las cinco. De<br />
momento nadie piensa en eso, los servicios<br />
de emergencia están sobrepasados<br />
con los incidentes en la ciudad.<br />
El radio suena, una mujer se aventó del<br />
balcón de su departamento, es el primero<br />
de muchos reportes de suicidios que le<br />
esperan durante la próxima semana.<br />
En nuestra simulación tomamos datos<br />
reales demográficos de la Zona<br />
metropolitana de Guadalajara; en<br />
la práctica, los altos mandos de las<br />
compañías están ocupados por varones,<br />
mujeres cómo Tania conocen<br />
a la perfección el fenómeno conocido<br />
como «Techo de Cristal», que se<br />
repite actualmente en los cargos<br />
públicos. Afortunadamente Tania es<br />
adaptable y rápidamente ha entendido<br />
el fenómeno que se aproxima.<br />
En la industria de las comunicaciones<br />
hay una relación 40-60 de mujeres<br />
mientras que en los servicios de<br />
emergencias (en el caso de paramédicos)<br />
la relación es 45-55 la industria<br />
del trasporte cuenta con una
elación de 20-80. En todos estos casos<br />
se pierde la mayoría de la fuerza<br />
laboral, pero entre más equilibrada<br />
es la relación menor es la afectación.<br />
Segunda semana desde el desastre<br />
Tania López viaja en helicóptero sobre<br />
el océano, debería sentirse privilegiada<br />
de los novecientos dieciséis pilotos<br />
de helicópteros licenciados que había<br />
a principios de mes ahora solo quedan<br />
veintiocho, su piloto es la Capitana Daniela<br />
Cuevas y se dirigen a la plataforma<br />
Tamazula en el golfo de México, cómo la<br />
ingeniera petroquímica de mayor rango<br />
en la compañía es su responsabilidad<br />
comandar a los equipos que desactivarán<br />
y evacuarán las torres petroleras.<br />
Su equipo está conformado sesenta<br />
mujeres, la mayor es la doctora Margarita<br />
Barrera, quien dejó su jubilación<br />
para ayudar con la desactivación, la<br />
más joven es Concepción, que tiene<br />
diecisiete años y entrenamiento de<br />
paramédico. <strong>La</strong> mayoría del equipo se<br />
traslada en barco y una vez que la torre<br />
esté desactivada el equipo será evacuado<br />
a la torre Tláloc donde se espera<br />
continuar con la extracción.<br />
Wendy termina su jornada en la sala<br />
de edición, hoy deberían de terminar<br />
sus prácticas profesionales, pero parece<br />
que ahora es la jefa de cámaras de<br />
facto, la mayoría del personal veterano<br />
ha sido ascendido meteóricamente o<br />
ha dejado el negocio. Se supone que<br />
no debería faltarle el dinero ahora,<br />
pero todos los precios comienzan a subir,<br />
excepto por la comida; parece que<br />
los precios de la carne, frutas y verduras<br />
se mantienen, debería proponer un<br />
reportaje al respecto.<br />
<strong>La</strong> entrevista de mañana es con Carmen<br />
Pinos, a quien le van a agravar el<br />
175
trauma de que su novio desaparezca a<br />
mitad del coito con doce minutos de escarnio<br />
en TV; presumiblemente embarazada,<br />
oficiales de policía armadas con<br />
rifles automáticos la escoltan a donde<br />
quiera que va. Después del espectáculo,<br />
la sargento Camacho de la policía municipal<br />
de Guadalajara aparecerá anunciando<br />
su convocatoria para mujeres de<br />
dieciséis años en adelante que quieran<br />
hacer carrera en la corporación.<br />
176<br />
Una de las primeras prioridades<br />
de las mujeres tras la desaparición<br />
deben ser las torres petroleras y las<br />
centrales nucleares, ambos complejos<br />
han perdido entre el sesenta<br />
y el ochenta por ciento de su personal,<br />
y en caso de colapsar los daños<br />
ambientales serían irreparables;<br />
además una sociedad moderna<br />
puede mantenerse estable siempre<br />
y cuando la energía esté presente,<br />
con la mitad de la humanidad<br />
desaparecida la demanda energética<br />
se reduce considerablemente,<br />
por lo cual se puede mantener la<br />
sociedad funcionando con menos<br />
recursos.<br />
En México hay aproximadamente<br />
doscientos treinta y dos policías por<br />
cada cien mil habitantes, de los cuales<br />
en Jalisco, con las recientes políticas<br />
de contratación de mujeres en<br />
la fuerza, tenemos un treinta y dos<br />
por ciento de mujeres, lo cual nos<br />
deja con setenta y dos policías por<br />
cada cien mil habitantes. Si bien los<br />
crímenes post-desastres suelen ser<br />
cometidos por hombres, aun así es<br />
necesario incrementar la cantidad<br />
de policía en la ciudad, las agresiones<br />
de tipo sexual disminuyen en un<br />
noventa por ciento y los homicidios
en un setenta por ciento, lo cual nos<br />
permite reclutar oficiales más jóvenes,<br />
en especial conforme la rutina<br />
comience a establecerse.<br />
Cinco semanas después de la<br />
desaparición<br />
Andrea Mijangos no se acostumbra a<br />
correr con una pistola en la cintura, le<br />
asignaron el arma después de atender<br />
a una mujer atacada por una jauría, la<br />
cantidad de perros callejeros ha aumentado<br />
un veinticinco por ciento y<br />
la mayoría han encontrado refugio en<br />
casas abandonadas; en una respuesta<br />
a emergencias lo esencial sería atrapar<br />
al animal para verificar que no tenga rabia,<br />
pero en este momento no se puede<br />
arriesgar al personal de emergencias.<br />
Guadalajara y el occidente del país<br />
se han vuelto un centro migratorio en<br />
los últimos días, la planta hidroeléctrica<br />
está trabajando al noventa por ciento<br />
de su capacidad gracias a la estricta<br />
supervisión que las ingenieras ejercen<br />
sobre un grupo de noventa chicas reclutadas<br />
de la universidad y preparatorias<br />
técnicas. Hubo una reducción de<br />
demanda considerable así que, de momento<br />
toda la ciudad cuenta con electricidad.<br />
Esto ha sido aprovechado por<br />
Lissette, que en una bodega abandonada<br />
en la colonia Moderna aprovecha a<br />
las numerosas inmigrantes que han llegado<br />
para la fabricación de antidepresivos<br />
y otros materiales cuya demanda<br />
se ha incrementado.<br />
Wendy y Sara editan su más reciente<br />
trabajo, las tomas de la catedral<br />
metropolitana cubierta de fotografías<br />
de niños mientras mujeres lloran la<br />
perdida de sus hijos. Clementina Maldonado,<br />
esposa del desaparecido gobernador<br />
que no ha sido considerada<br />
para el gobierno interino de la ciudad,<br />
da un discurso con «corazón de madre»<br />
habla de la virgen María y la virgen de<br />
Guadalupe y cómo es posible concebir<br />
por medio de la fe.<br />
<strong>La</strong>s mascotas siempre generan problemas<br />
en los simuladores de desastres<br />
naturales, un buen porcentaje<br />
de los animales domésticos son<br />
abandonados a su suerte y, en este<br />
caso, por lo menos un dieciocho por<br />
ciento de las mascotas se ha quedado<br />
sin sus familias de un día para<br />
otro. Estos animales tienden a permanecer<br />
en las ciudades, transformándose<br />
en un vector de riesgo que<br />
puede transmitir enfermedades.<br />
De acuerdo con el simulador, el<br />
consumo de estupefacientes se incrementa<br />
conforme pasa el tiempo<br />
y no hay rescate de desaparecidos,<br />
los elementos religiosos de estas<br />
comunidades también se incrementan<br />
con los desastres naturales; de<br />
acuerdo con las encuestas las mujeres<br />
tienden a ser más religiosas<br />
que los hombres, por lo tanto las<br />
instalaciones eclesiásticas cumplirán<br />
una labor de relevancia, en el<br />
caso de las drogas siempre habrá<br />
alguien dispuesta a venderlas a<br />
buen precio.<br />
Diez semanas después del<br />
acontecimiento<br />
El gobierno estatal interino ha decretado<br />
que investigar las causas de la<br />
desaparición no es una prioridad en<br />
la ciudad; el gobierno federal no ha logrado<br />
reestablecerse del todo, pero los<br />
gobiernos estatales y municipales continúan<br />
manteniendo el orden e incluso<br />
comienza a generarse una rutina.<br />
177
<strong>La</strong>s plantas eléctricas a base de carbón<br />
todavía son inestables, los hospitales<br />
y servicios de emergencia del sureste<br />
del país mantienen los generadores de<br />
emergencia funcionando, requisando<br />
vehículos abandonados y extrayendo el<br />
combustible; en occidente, las plantas<br />
hidroeléctricas mantienen la energía<br />
llegando a la ciudad, pero, hasta que el<br />
equipo de Tania López estabilice la única<br />
refinería del país, el combustible en<br />
Guadalajara es de uso exclusivo para los<br />
servicios de emergencias.<br />
En el palacio de gobierno la sargento<br />
Camacho presenta sus preocupaciones<br />
al comité, conforme el estado de shock<br />
se agota otros problemas comienzan a<br />
surgir: el uso de cocaína está incrementando<br />
en la ciudad, los bancos siguen<br />
sin reactivarse y probablemente nunca<br />
lo hagan, de momento el efectivo mantiene<br />
en circulación la comida y los servicios,<br />
pero esto puede acabar de un<br />
momento a otro.<br />
Wendy está en junta con la producción;<br />
la mayor fuente de noticias internacionales<br />
es el internet. En la madrugada<br />
llegaron algunas grabaciones de<br />
Ankara, donde una turba había incendiado<br />
numerosas mezquitas. En Zapopan,<br />
la basílica se ha convertido en un<br />
campamento militar donde Clementina<br />
reúne cientos de mujeres indignadas<br />
por la cancelación de la búsqueda<br />
de sus seres queridos.<br />
En una casa de seguridad, compartiendo<br />
habitación con dos oficiales armadas<br />
con rifles de asalto, Silvia Ontiveros<br />
le realiza una ecografía a Carmen.<br />
Efectivamente, hay un bebé varón en su<br />
vientre; con este son ya seis casos confirmados<br />
de mujeres esperando varones<br />
en la ciudad. Sería más fácil si fuera<br />
una niña. <strong>La</strong> abuela del bebé de Carmen<br />
178<br />
ha comenzado a volverse pública, la señora,<br />
junto con otras abuelas, exige la<br />
custodia del nieto, Clementina está utilizando<br />
esto para ganar influencia.<br />
De acuerdo a la OTI, las mujeres representan<br />
el setenta por ciento de<br />
la industria alimentaria, muchas<br />
de las granjas y ranchos operados<br />
por mujeres funcionan más cómo<br />
comunas igualitarias que cómo<br />
fábricas; estas comunas son más<br />
aptas para sobrevivir a las crisis<br />
económicas.<br />
En el otro lado de la moneda es<br />
muy probable que los bancos nunca<br />
se recuperen, primero debería<br />
haber mucha gente dispuesta a<br />
recuperarlos.<br />
Semana veintiocho de la crisis<br />
demográfica<br />
<strong>La</strong> sargento Camacho está condecorando<br />
al cuerpo de doctoras y enfermeras<br />
de la clínica de maternidad San José,<br />
hace una semana una turba intentó<br />
saquear el almacén de muestras de esperma<br />
y tuvo que ser defendido a tiros<br />
por el personal médico. En cuanto termina<br />
la ceremonia, Sara, en su bicicleta<br />
y con la cámara en la mochila, va de regreso<br />
al estudio donde espera incluir la<br />
ceremonia en las noticias de las cuatro.<br />
En parte se siente culpable, pues hace<br />
unos días se publicó una nota de una<br />
mujer vendiendo el esperma congelado<br />
de su marido en noventa mil pesos. <strong>La</strong><br />
descendencia es ahora un lujo.<br />
<strong>La</strong> carretera Guadalajara–Zapotlanejo<br />
luce cómo un ciempiés rechinante<br />
mientras carretas trasladan comida a<br />
la ciudad, los contenedores herméticos<br />
de acero han facilitado la presencia<br />
de leche en la ciudad y un equipo de
chicas en Zapopan presume de poder<br />
fabricar más por lo que los productos<br />
lácteos pueden volverse parte de la<br />
dieta diaria en unas semanas.<br />
Cris Castillo ya tiene un plan para las<br />
necesidades de acero y otros metales,<br />
de momento las reservas locales han<br />
bastado, pero cuando sea necesario<br />
fundir algo hay centenares de vehículos<br />
abandonados en las calles.<br />
Durante los próximos trece a dieciocho<br />
años la única forma de reproducción<br />
con la que contarán será la<br />
inseminación artificial (lo cual incluye<br />
la clonación), las muestras de<br />
esperma se volverán mucho más valiosas<br />
ya que serán la única forma de<br />
preservar los genes de una persona.<br />
Treinta y dos semanas de solo mujeres<br />
Con las elecciones extraordinarias<br />
anunciadas para dos meses las tensiones<br />
se vuelven presentes en la ciudad,<br />
el actual comité interino ha presentado<br />
como candidata a la Doctora Margarita<br />
Barrera, quien participó activamente<br />
en la reactivación energética de la ciudad<br />
y ha demostrado tener un don nato<br />
para la logística; su principal contendiente<br />
es Clementina Maldonado, que<br />
se ha empeñado en que la prioridades<br />
deben ser buscar a los desaparecidos;<br />
hay una tercera candidata, Lissette Zubaiga,<br />
que busca el sufragio para las<br />
chicas de quince a diecisiete años que<br />
recientemente se han incorporado a la<br />
fuerza laboral de la ciudad y son más<br />
necesarias que nunca.<br />
Mijangos tiene otro problema encima:<br />
Murciélagos. <strong>Número</strong>s edificios,<br />
fábricas y bodegas abandonadas han<br />
servido para que las ratas, perros, gatos<br />
y otros animales se reproduzcan,<br />
179
pero al parecer los murciélagos salidos<br />
de la cañada de Huentitán también<br />
han encontrado su espacio en la ciudad<br />
semivacía.<br />
Con más de la mitad de las fuerzas<br />
de trabajo desparecida, la primera<br />
opción para llenar las vacantes<br />
serán las amas de casa (esto ya ha<br />
pasado en las guerras), inmediatamente<br />
seguirán las chicas de quince<br />
a diecisiete años. Igual que en las<br />
guerras, este sector de la población<br />
comenzará a tener mayor participación<br />
política una vez que conformen<br />
su posición en la economía local.<br />
Un detalle curioso del simulador<br />
es que los animales salvajes comienzan<br />
a acercarse a las zonas desocupadas<br />
de la ciudad, los murciélagos<br />
son la primera opción del simulador.<br />
Semana treinta y seis<br />
Wendy y la sargento Camacho observan<br />
desde la sala de cámaras el anunció de<br />
Lissette Zubaiga, que después de conseguir<br />
el voto para las chicas de quince a diecisiete<br />
años ha declinado su candidatura<br />
a la gubernatura de Jalisco, Wendy sospecha<br />
que las otras dos candidatas le han<br />
ofrecido un puesto en la transición con la<br />
esperanza de que su salida incline la balanza<br />
hacia su favor, la sargento espera<br />
que las elecciones distraigan la atención<br />
de los partos que no tardan en suceder.<br />
En un quirófano resguardado por<br />
más de veinte oficiales veteranas nace<br />
el hijo de Carmen Pinos; en la basílica<br />
de Zapopan, mujeres armadas con cuchillos<br />
y pistolas calibre .22 esperan<br />
que «<strong>La</strong>s abuelas» den el grito de guerra<br />
para ir a reclamar los bebés que les<br />
pertenecen por derecho.<br />
180
Esta es la parte en la que cada sociedad<br />
debe decidir su futuro para sí misma.<br />
Cuando algo no controlado se vuelve<br />
valioso mucha gente se asume derechos<br />
que no existían, esto siempre<br />
causa problemas.<br />
Cumpleaños cinco de Adán<br />
Wendy coordina el noticiario, se esperan<br />
temperaturas máximas de 24° y mínimas<br />
de 18°, los cielos despejados ayudarán<br />
con los festejos del aniversario de la victoria;<br />
es curioso que ya nadie piense en la<br />
desaparición. En otras noticias, Lissette<br />
Zubiaga se presenta hoy cómo candidata<br />
a Presidenta de las Mexicanas.<br />
Con la extracción del carbón reducida<br />
al uno por ciento, el consumo de<br />
combustibles fósiles al veinte y varias<br />
poblaciones y campos de cultivo asilvestrados,<br />
el efecto invernadero comienza<br />
a perder intensidad. ¡Mira que<br />
solo había que matar a todos los hombres<br />
del planeta y problema resuelto!<br />
<strong>La</strong> general Camacho sonríe, en una<br />
ceremonia privada por sus labores en<br />
la estabilización del país, prevención<br />
de catástrofes ecológicas y su invaluable<br />
ayuda en mantener la sociedad<br />
funcionando, el gobierno de Jalisco le<br />
ofrece a Tania López una inseminación,<br />
que los genes más valiosos sean los<br />
que se preserven al unísono.<br />
Nota del cerdo:<br />
Ninguna de las personas mencionadas en esta<br />
crónica son reales en la manera en que me inventé<br />
los nombres para llevar la narración, pero son<br />
muy reales en el ámbito de que hay cientos de chicas<br />
allá afuera con la capacidad de preservar la<br />
civilización o destruirla por completo.<br />
181
182
MICRO<br />
CUENTOS<br />
183
Conocí a un profeta. Decía siempre:<br />
«escuchad ovejas, Dios ha venido instaurar<br />
su mandato». Acepté una invitación<br />
al templo. Me llevó al sótano<br />
donde albergaba un monstruo encadenado.<br />
El loco me dijo que eso era Dios.<br />
Estaba comiéndose una cabeza. Le pregunté<br />
que de adonde llegó. Me dijo que<br />
en una nave espacial, y si hacia todo lo<br />
que decía estaría salvado. Me dijo que<br />
trajera alimento, jóvenes y niños para<br />
empezar. Al rato volví con una escopeta<br />
y les disparé cien veces. Cuando me<br />
sentenciaron por el asesinato me enteré<br />
que maté a un loco y a su «hijito».<br />
Hector Fabio Garcia Libreros<br />
184<br />
Este hombre muere una vez. Se levanta<br />
(después de haber sido asesinado)<br />
y camina con la cabeza colgando de su<br />
mano izquierda. Se dirige (sin piernas)<br />
al camino muchas veces recorrido. Y sin<br />
los ojos que le permitan ver dónde fue<br />
atacado por los hombres de la muerte,<br />
él va gritando su nombre (sin su voz).<br />
Pero lo mata la indiferencia de los otros,<br />
cuando no ven a un cadáver caminando.<br />
E, irremediablemente, se le asesina otra<br />
vez, al depositarlo en la bóveda (helada)<br />
de la morgue oficial para establecerle<br />
un nombre que no es su nombre.<br />
Pascual Verioli
<strong>La</strong> misión era mantener la luz prendida<br />
y esperar. Pero uno enfermó y otro se<br />
lo llevó en la única barca. Su retorno se<br />
registró con lo que se supuso, la embarcación<br />
completa; así que las raciones<br />
se despacharían solo para noviembre.<br />
Mientras tanto en el faro, la demencia<br />
repartió el menú.<br />
Se trató de un malentendido, de esos<br />
que suelen resolverse con risillas tontas,<br />
disculpas apresuradas, bebida caliente<br />
y miradas nerviosas. Pero aquel<br />
se resolvió con hachazillos tontos, huidas<br />
apresuradas, sangre caliente —a<br />
medio coagular— y centrales nerviosas<br />
fragmentadas.<br />
Debían salvar vidas, lo tuvieron presente<br />
al salvar la suya.<br />
<strong>La</strong>dy Akasha<br />
Ella caía a gran velocidad, ya no sentía<br />
nada. «Es otra pesadilla» pensó y cerró<br />
los ojos mientras continuaba cayendo al<br />
vacío. Entonces sintió el impacto, un dolor<br />
indescriptible. Vio su vida pasar delante<br />
de sus ojos en cuestión de segundos,<br />
pronto notó cómo una parte suya se<br />
alejaba de su propio cuerpo inerte hecho<br />
trizas ante la vista de la gente.<br />
Mario Ruddyart Bermúdez Pérez<br />
185
Cada cuanto hay huellas y manchas<br />
sobre mi pantalla de 40 pulgadas, con<br />
origen desconocido, pero de un obvio<br />
patrón. Diversas sustancias no identificables<br />
y proporciones que corresponden<br />
con alguien adulto.<br />
Nunca he sido creyente de los fantasmas<br />
hasta que presté atención a esas<br />
huellas y manchas para concluir que<br />
no soy el único que ve Netflix en este<br />
departamento. Un Smartanfasma.<br />
Hugo Chávez Mondragón<br />
El teléfono sonaba sin censar. Sin duda,<br />
era urgente<br />
Tomó el auricular y escuchó atentamente<br />
el relato que, con voz entrecortada<br />
y entre sollozos, su interlocutor se<br />
esforzaba por terminar.<br />
Respiró profundamente. Su respuesta<br />
consistió en resumir la situación con un<br />
dejo autoritario y un tono frío —magníficas<br />
herramientas para distanciarse de<br />
la trágica noticia y del triste mensajero.<br />
—Entiendo, murieron ambos, un accidente.<br />
Recuperaron los cuerpos. El<br />
funeral será mañana.<br />
Dio sus condolencias. Colgó, cerró los<br />
ojos y luego sonrió: el viejo y su mujer habían<br />
muerto y él poseía la única copia del<br />
testamento. El plan había funcionado.<br />
186<br />
Mauricio Nieto
Cuando se me notificó, ella estaba<br />
tendida en el suelo. Yo no podía creerlo,<br />
traté de simular que no la conocía,<br />
pero no pude contenerme. Le grité a<br />
mis hombres, blasfemé, y colérico desmadré<br />
la llanta del coche de al lado: nadie<br />
se burla de un detective al mando.<br />
<strong>La</strong> volví a mirar, me postré a su lado,<br />
y tomé su mano helada. Un papel amarillo<br />
sobresalía, que decía: <strong>La</strong> muy puta<br />
iba a llamarte para cobrarte los favores.<br />
Levanté la cabeza, miré de frente y vi a mi<br />
benefactor. Se esfumó entre las sombras.<br />
Alfonso Archundia<br />
El sonido que producen las gotas de<br />
lluvia al caer es placentero, el olor que<br />
desprenden al chocar sobre la tierra es<br />
delicioso, la excusa para tomar un buen<br />
café es exuberante, la idea de quedarse<br />
en cama es incitante y la armoniosa<br />
tranquilidad de escuchar los truenos es<br />
seductora pero… el escuchar tus suplicas,<br />
ver tus ojos llorosos, sentir la firmeza<br />
de tu piel al apuñalarla, oler el sudor<br />
que desprendes y ver como caen una a<br />
una las gotas de tu sangre mientras te<br />
encuentras de cabeza es la cosa más exquisita<br />
que puedo ver en el mundo.<br />
D.M.H.S.<br />
187
Luis entro en aquella habitación, buscando<br />
a su amigo, quizás por última vez.<br />
—Raúl, mamá me ha dicho que no<br />
hay nada de malo en tener amigos imaginarios,<br />
pero que llega cierta edad en<br />
la que los tenemos que dejar ir.<br />
—¿Y crees que ya estamos en edad?<br />
—Me temo que sí. Llega un momento<br />
en el que debes de matar a tu amigo<br />
imaginario.<br />
—Está bien. Lo malo es que no te has<br />
dado cuenta, que tú eres el imaginario.<br />
Raúl procedió a matar a Luis y salió<br />
de aquella habitación, por última vez.<br />
Reyna Romyna Olmos Hernández<br />
188<br />
Maldito caballo, de nueva cuenta me<br />
ha derribado. Esta vez me estrelló contra<br />
una rama. No lo puedo escuchar,<br />
pero no puede estar lejos.<br />
Condenado, deja que te encuentre... ¡Con<br />
un diantre! Me he enredado en los espinos.<br />
A tientas, en esta noche perpetua, es<br />
imposible... Sólo espero que no haya<br />
barrancos por aquí. Maldito caballo,<br />
mil veces Maldito por hacerme esto a<br />
mí. A mí, al terrible «Jinete sin cabeza».<br />
Sería mejor tener un perro; un lazarillo,<br />
quizá. ¡Voto a...! Esto es un río...<br />
César H. Vázquez S.
Escuchó alarmado un crujir de huesos en<br />
el lóbrego pasadizo. Aceleró sin conseguir<br />
distanciar el eco perseguidor. Un fétido<br />
vaho serpenteaba entre los jirones de<br />
su ropa, deshecha tras años de encierro.<br />
Había sido una condena injusta, aducida<br />
por viles artimañas. Encadenado<br />
en las mazmorras donde antaño sufrieron<br />
sus enemigos, privado de casa y tierras,<br />
existía solo para la venganza.<br />
Liberado al fin, se dirigió al lugar<br />
donde perpetraría la masacre.<br />
Hasta los más fervientes ocultistas<br />
se horrorizaron cuando, en el salón<br />
de la casona abandonada, irrumpió el<br />
espectral esqueleto, fiel a su condena,<br />
dispuesto a revivir la fecha señalada.<br />
Juan Pedro Agüera Ortega<br />
Él habita Betelgeuse, si miro la noche<br />
en diciembre, lo miraré en la constelación<br />
de Orión. Al mirar el cielo nocturno<br />
puedo escuchar su risa que hace<br />
titilar a las estrellas. De vez en cuando<br />
viaja con el viento usando una pompa<br />
de jabón eterna, revolotea en mis cabellos<br />
y su recuerdo en mi mente deja;<br />
no lo veo, jamás lo contemplé, nunca<br />
lo he de conocer, pero sé muy bien que<br />
allá, en esa estrella roja su madre luna<br />
lo consuela y lo cuida bien, bañando<br />
sus párpados con polvo de estrellas y<br />
besando su frente antes de dormir.<br />
Orugazul<br />
189
Con su aliento mortífero, el dragón de<br />
humo descendió por el escarpado paraje,<br />
arrasando ramas y hierbajos. Cruzó<br />
el estrecho camino y penetró la barrera<br />
formada por los Morros. Los paladines se<br />
blandecieron ante la avanzada del dragón,<br />
el valiente Galillo no pudo contener<br />
el ataque mortífero y permitió que el animal<br />
invadiera el castillo. <strong>La</strong> bestia exhaló<br />
su letal aliento necrosando los restos<br />
de vida aun existentes, dominando para<br />
toda la eternidad el imperio de los Lungs.<br />
—Si no hubiese fumado ese cigarrillo<br />
aun estaría con nosotros —el médico le<br />
informaba a la familia.<br />
Omar Fuentes Martínez<br />
—Preparando la liberación de espacio<br />
en la memoria. Por favor, espere.<br />
En la pantalla, imágenes y vídeos de un<br />
bebé se suceden a la velocidad de un suspiro.<br />
—Tiempo estimado, tres minutos. Datos<br />
liberados, cincuenta y cuatro por ciento.<br />
<strong>La</strong>s visiones del niño van desapareciendo<br />
poco a poco. Aparece la imagen<br />
de un accidente.<br />
—Datos liberados, noventa y nueve por<br />
cierno, ¿está seguro que desea continuar?<br />
—Sí.<br />
Entonces, el hombre desenchufa el<br />
cable USB de su anclaje cerebral. Sus<br />
recuerdos más dolorosos han sido borrados.<br />
Apaga el ordenador, se levanta<br />
y va a la cocina a por un café.<br />
190<br />
Raquel Sánchez López
—Irá todo como la seda —le aseguró la<br />
mujer mientras le entregaba el artefacto.<br />
Él la miró con arrobo y pensó que su<br />
chica era tan excepcional que hasta sabía<br />
fabricar bombas. Ella le había convencido<br />
de que era más efectivo descerrajar<br />
las cajas fuertes con explosivos<br />
que dedicarse a torturar a los dueños<br />
de las casas de campo que asaltaba<br />
con el propósito de arrancarles la combinación<br />
de apertura.<br />
<strong>La</strong> mujer también sonrió, imaginándose<br />
al tipo despedazado. Tragándose<br />
el odio y el asco, lo había seducido<br />
hasta ganarse su confianza. Sus padres,<br />
asesinados por aquel canalla, iban a<br />
ser vengados.<br />
Héctor Daniel Olivera Campos<br />
El fiscal antisecuestro solicitó un perito<br />
en materia de retrato hablado para la<br />
realización del perfil gráfico del rostro<br />
de la persona que había secuestrado a<br />
la víctima del caso.<br />
A la fiscalía llegó una hermosa mujer<br />
identificándose con su oficio de designación<br />
y su credencial que acreditaban<br />
su experiencia en retrato hablado.<br />
El fiscal se asombró de ver a una bella<br />
mujer como perita, pero cuando la oyó<br />
hablar y expresarse con un florido y folclórico<br />
lenguaje que contrastaba con su<br />
belleza física, pensó—: Aquí tenemos a<br />
una experta en retrato mal hablado.<br />
A. E. Hassan.<br />
191
Desde que nació, siempre fue travieso;<br />
le gustaba revolcarse en el suelo y<br />
asustar a los más pequeños.<br />
Cuando el Bobby cumplió tres años,<br />
la celebración fue en grande, modo de<br />
peleas, y compartió fraternalmente con<br />
el derby, chapatin, el lula, en un rico almuerzo<br />
que preparo el bobby grande.<br />
Se paseaba feliz por el barrio recorriendo<br />
sus dominios y preparándose<br />
para ser un buen guardián, no en vano,<br />
se había titulado con honores y su diploma<br />
en el living de la casa decía: al bobby,<br />
el mejor alumno de la escuela canina.<br />
Firmado, su instructor.<br />
Victor Hugo Toledo Aguilar<br />
Hace poco leí un relato de crimen, en<br />
primera persona, en donde un hombre<br />
aseguraba haber asesinado a otro<br />
por haber leído un relato de crimen,<br />
porque lo que menos se esperaba la<br />
víctima es que aquel relato fuese en<br />
realidad una especie de confesión camuflada<br />
de ficción.<br />
Investigué y resultaba que nadie había<br />
sido asesinado de esa forma.<br />
Le enseñé el relato a un amigo y él<br />
estuvo de acuerdo conmigo. Entonces,<br />
sin que se diese cuenta, antes de finalizar<br />
el relato, lo acuchillé por la espalda<br />
y lo hice confesar que él era el autor.<br />
Ahora había culpable.<br />
192<br />
Nar Cienfuegos
Mi vecina es rara. Siempre escucho<br />
golpes cuando pego la oreja a la barda.<br />
Hoy me ha invitado a pasar, y he metido<br />
en la conversación, con sutileza, el<br />
tema. Se ha reído, me ha invitado a<br />
más té helado. Dice que es la lavadora,<br />
que a menudo la sobrecarga y es bajo<br />
esas circunstancias cuando emite ese<br />
infernal ruido a batacazos. Justo ahora<br />
lo escucho. Le pido permiso para ir<br />
al baño, pero en realidad voy en busca<br />
del artefacto, y ahí está, no obstante,<br />
cuando lo inspecciono, encuentro la<br />
clavija averiada y desconectada.<br />
Rubén Herrera<br />
―Por favor, tío, sea breve porque hay<br />
varios esperando, ¿vale? ―le dijo el<br />
conserje de un viejo hotel madrileño,<br />
mientras ella lo invitaba a pasar a la<br />
habitación. Cuando luego se le acercó<br />
insinuante, la tomó del cuello y la estranguló.<br />
Después de escapar por la<br />
ventana, se subió a un coche y arrancó<br />
perseguido por un patrullero de la<br />
Guardia Civil. Pero cuando huía echando<br />
putas por las calles de Madrid se colgó<br />
el Internet, ante su decepción y la de<br />
los cabrones que estaban aguardando<br />
pacientemente usar la única computadora<br />
que había en el hall del hotel.<br />
Néstor Quadri<br />
193
194
CONOCE A<br />
LOS AUTORES<br />
QUE COMPONEN<br />
ESTE NÚMERO<br />
195
Alfredo Cuauhtémoc Pérez<br />
Nació en uno de los veranos más raros<br />
que se recuerden o eso le contaba su padre<br />
antes de que muriera siendo niño;<br />
desde entonces quiere vencer a la muerte,<br />
pronto supo como hacerlo. ¡Escribiendo!<br />
Éper Mono<br />
Nació en Ciudad de México y radica en<br />
ella, tiene veintitrés años. Actualmente<br />
estudia la licenciatura de Lengua y<br />
Literaturas Hispánicas en la Facultad<br />
de Filosofía y Letras de la UNAM. Es un<br />
apasionado de la ciencia ficción, lector<br />
compulsivo de ella.<br />
Santos Romeo Barrientos Aldana<br />
Nacido en Puerto Barrios,Izabal,Guatemala.<br />
Es estudiante en la Facultad<br />
de Ciencias Jurídicas y Sociales de la<br />
Universidad de San Carlos, escribe<br />
ensayos de distintos temas en blogs y<br />
revistas. Tiene un reconocimiento por<br />
participar en Ensayo Internacional (Tokio,<br />
Japón, 2018). Se ha desempeñado<br />
en el área jurídica. Es investigador, escritor<br />
y crítico. Ha participado en foros,<br />
diplomados y en distintos concursos<br />
de carácter académico.<br />
196<br />
Sahalif Lefaar <strong>La</strong>valle Avalos<br />
Nació en la ciudad de México el 9 de<br />
julio del 88. Creció en Poza Rica, Veracruz<br />
, lugar donde vivió hasta los 18<br />
años. Después de dejar la facultad de<br />
ingeniería de la UNAM ,estudió diseño<br />
gráfico en varias universidades. Actualmente<br />
es tatuador, ilustrador, artista<br />
de cómic y escritor. Le gustan casi todos<br />
los géneros, particularmente la<br />
fantasía y la ciencia ficción.
Martín Gabriel <strong>La</strong>mo Toccalino<br />
Nació en Buenos Aires en 1975, estudió<br />
publicidad, relaciones públicas, y creatividad.<br />
Nunca ha podido trabajar de<br />
ello aunque sí tiene tiempo para leer y<br />
escribir relatos. Actualmente es un padre<br />
separado que vive en España (San<br />
Sebastián) y trabaja como administrativo<br />
en un restaurante. Su hijo Nicolás<br />
es, de momento, su mejor público. Ha<br />
conseguido publicar algunos cuentos<br />
en periódicos locales.<br />
Ernesto Molina<br />
Ingeniero ambiental mexicano que<br />
se dedica principalmente a sistemas<br />
hidráulicos, es autor del blog Cerdo<br />
Venusiano y hace varias reseñas de videojuegos<br />
y equipos mecánicos para<br />
revistas especializadas. Su primera<br />
novela Los últimos contribuyentes consiste<br />
en un desesperado intento para<br />
salir de la rutina, hacerse el gracioso y<br />
conocer mujeres.<br />
Silvia Alejandra Fernandez<br />
Escritora argentina de Ciencia Ficción y<br />
terror. Algunos de sus trabajos publicados<br />
incluyen: El día de Julia. Antología<br />
Pulsiones I. Un ángel en jeans. Antología<br />
Relatos inconexos. Ella. Antología<br />
Letras del face 13. Alfonsina Antología<br />
Micrópticos. Brugmansia Antología Lire.<br />
Gabriel Bevilaqua<br />
Escritor argentino afincado a orillas del<br />
río Paraná. Se dedica especialmente<br />
al cultivo de la minificción y el cuento.<br />
Sus textos han aparecido en una veintena<br />
de antologías de Argentina, México<br />
y España. Entre otras: Cienfictimínimos<br />
(México, 20<strong>12</strong>); De antología. <strong>La</strong><br />
logia del microrrelato (España, 2013);<br />
Brevedades (Argentina, 2013); 40 plumas<br />
y pico (España, 2014); <strong>La</strong>s palabras<br />
contadas (España, 2015). Mantiene la<br />
bitácora El elefante funambulista.<br />
197
Manuel Felipe Álvarez-Galeano<br />
Medellín, Colombia. Filólogo hispanista,<br />
por la Universidad de Antioquia.<br />
Magíster en Literatura Española e Hispanoamericana,<br />
por la Universitat de<br />
Barcelona. Escritor, corrector, columnista<br />
y conferencista. Docente de griego,<br />
italiano, portugués, latín y otras<br />
materias. Ha recibido premios en <strong>La</strong>tinoamérica.<br />
Su obra ha sido publicada y<br />
antologada en quince países y traducida<br />
a siete idiomas.<br />
Augusto Montero Razo<br />
Egresado de la Licenciatura de Lengua<br />
y Literatura Hispánica por parte de<br />
la UNAM. Hombre de letras que gusta<br />
de la escritura pero no más que de la<br />
lectura (sobretodo de textos de terror,<br />
ciencia ficción y fantasía). He participado<br />
en varios coloquios de literatura<br />
tanto en el ámbito académico como en<br />
el de creación literaria.<br />
Karen Liz Colman Neris<br />
Nació en una expedición científica en la<br />
Colonia Neuland (Paraguay, 1989). Proviene<br />
de una familia de biólogos, decidió<br />
formarse en ciencias pero encontró<br />
su verdadera pasión en las letras. Desde<br />
pequeña ha publicado poemas en<br />
guías de fauna. Ejerció como rescatista<br />
de fauna silvestre y ha contribuido en<br />
investigaciones científicas ambientales.<br />
Además, cuenta con tres novelas y relatos<br />
disponibles para su lectura gratuita<br />
en internet.<br />
198<br />
Mabel Bello de Cayrús<br />
Nació en Montevideo, Uruguay Publicaciones:<br />
Como co-autor en el libro El<br />
alma de Puerto Sauce son sus escritores…<br />
sus poetas… sus artistas y en Gacetilla<br />
Literaria ABRALAPALABRA. Obtuvo<br />
el 1° Premio Historia de una noche de<br />
tormenta, de la Biblioteca José E. Rodó.<br />
El 1° Premio El río ensombrecido y El último<br />
tropero, en la Revista <strong>La</strong> voz de la<br />
arena, entre otros.
Irene Mariana Hume<br />
Profesora de Nivel Inicial. Fue durante<br />
más de veinte años directora de Jardín<br />
de Infantes. Confiesa haber elaborado<br />
cuentos y relatos dentro de su cabeza<br />
desde que tiene memoria, pero fue recién<br />
en los últimos años que comenzó<br />
a poner sus escritos sobre papel. Asiste<br />
a talleres literarios desde 2014, siendo<br />
acreedora de varios premios y menciones,<br />
en los géneros ensayo, narrativa<br />
y poesía. Es amante de la Patagonia y<br />
fanática de la naturaleza.<br />
Hernando Orozco Losada<br />
Veinticuatro años. Estudió Ciencias de<br />
la Comunicación; actualmente trabaja<br />
para una editorial de revistas, sus pasatiempos<br />
favoritos son la fotografía<br />
y escribir, aunque nunca lo ha hecho<br />
profesionalmente. Su más grande sueño<br />
es poder viajar por el mundo.<br />
Efrain Nadal De Choudens<br />
El autor es natural de Puerto Rico y vive<br />
con su esposa y dos hijos en el estado<br />
de Maryland, USA. Tiene una gran cantidad<br />
de poemas y cuentos publicados<br />
en varias revistas y antologías en varios<br />
países y una colección de poesía de terror<br />
y ciencia ficción llamada A quick<br />
look into an insane mind.<br />
André Kuri<br />
André Kuri, nacido en Ciudad de México<br />
el 15 de agosto de 1976, Psicólogo y<br />
MBA. Escritor amateur participante en<br />
múltiples certámenes internacionales<br />
de habla hispana, en escritos de ensayo,<br />
relato y microcuento, principalmente,<br />
y géneros diversos como ciencia<br />
ficción, terror, y otros.<br />
199
Perla Romero Mora<br />
41 años. Estudió la carrera de comunicación<br />
y es profesora en una bachillerato.<br />
Le gusta la lectura, el cine y salir<br />
a caminar.<br />
Hugo César Delgado Ayala<br />
Nació el 22 de mayo de 1979 en el poblado<br />
Tecuitata, municipio de San Blas<br />
Nayarit, México. Es licenciado en Turismo<br />
por la Universidad Autónoma de Nayarit.<br />
Es escritor del género paranormal<br />
y tiene 6 libros publicados. Ha participado<br />
en más de 50 concursos literarios<br />
nacionales e internacionales y ha sido<br />
merecedor a importantes premios tanto<br />
en México como en Estados Unidos.<br />
José Luis Díaz Marcos<br />
Albacete, España, 1972. Ha publicado<br />
relatos en diversas antologías y webs<br />
nacionales y extranjeras. También es<br />
autor de sendas novelas: Paraísos de<br />
magia y fuego y Botij-Oh!<br />
Damaris Gassón Pacheco<br />
Venezolana. nacida el 16 de diciembre<br />
de 1970, de profesión licenciada en administración.<br />
Participante en el Taller<br />
“Introducción a la Escritura Creativa”<br />
dictado por la Escuela de Escritores,<br />
junio 2016. Mención de Honor por el<br />
Cuento EMET en el Concurso Solsticios-<br />
Venezuela. Diciembre 2017. 31 cuentos<br />
publicados en diversas revistas<br />
latinoamericanas.<br />
200
Yobany de José García Medina<br />
Licenciado en Lengua y Literatura<br />
Hispánicas, FES Acatlán (UNAM). Es<br />
miembro fundador del Seminario Permanente<br />
de Metaficción e Intertextualidad<br />
(FES-Acatlán) y ganador del 1er.<br />
certamen de minificción Fantástica lascivia,<br />
UNAM, DGACU (2013) , así como<br />
del Premio Nacional de Poesía Rogelio<br />
Treviño, 2017. Además, ha publicado<br />
en diversas revistas y antologías.<br />
Víctor Hugo Espino Hernández<br />
Licenciado en Filosofía por la UNAM.<br />
Ha publicado en la revista electrónica<br />
Symposium, Acido para llevar, <strong>La</strong> barca<br />
de los locos, Perígrafo, Seattle escribe<br />
y en el Periódico lúdico de transgresión<br />
académica que nació en la FFyL. Tiene<br />
aforismos publicados en un compendio<br />
intitulado: I Concurso internacional de<br />
aforismos Encarnación Sánchez Arenas<br />
editado en España por Playa de Akaba.<br />
Sarhay Algravez Espinoza<br />
Originaria de la ciudad de Chihuahua.<br />
Actualmente es pasante de la licenciatura<br />
en teatro, en la Facultad de Artes<br />
de la Universidad Autónoma de Chihuahua.<br />
Ha publicado para revistas<br />
electrónicas como Megalopolis y Letras<br />
malditas, así como para la revista<br />
impresa Tibúame. A trabajado como<br />
directora escénica en obras teatrales y<br />
óperas, como asistente de escenografía,<br />
asistente de arte en producciones<br />
cinematográficas, dramaturga y actriz.<br />
Donís Albert Egea<br />
Graduado en Estudios Hispánicos. Trabaja<br />
con su padre. Premios: NARRATI-<br />
VA: 3º puesto en el X EPLA. POESÍA: accésit<br />
en el Katharsis 2009, finalista en<br />
el <strong>II</strong>I Premio en honor a Santa Ana 2018.<br />
ENSAYO: seleccionado en el Limaclara<br />
2014, en el UNIR 2015, en el nº 23 de Heraldos<br />
negros, en el nº 3 Revista Awen y<br />
2ª Mención en el Hacía Ítaca 2018.<br />
201
Cintia Mariana Ledesma Gutiérrez<br />
Provincia de Mendoza en la República<br />
Argentina. es técnico en comunicación<br />
social y escritora para tratar de entederse<br />
y entender el mundo. Actualmente<br />
divide su tiempo entre la escritura, la<br />
producción de un espacio cultural en<br />
una estación de radio local y trabajos<br />
varios de administración.<br />
Íñigo Redondo Egaña<br />
Lector antiguo y permanente, escritor<br />
reciente. Pintor diletante. De formación<br />
ingenieril, ha detentado responsabilidades<br />
en compañías de consultoría<br />
multinacionales que lo han conducido<br />
a vivir en México durante casi seis años,<br />
además del Perú, Argentina, Francia o<br />
España. Ha publicado algunos relatos y<br />
microcuentos y trabaja en sus dos primeras<br />
novelas.<br />
Juan Pablo Goñi Capurro<br />
Escritor, autor y dramaturgo argentino<br />
nacido en 1966. Publicó: <strong>La</strong> mano y A<br />
la vuelta del bar 2017; Bollos de papel<br />
2016; <strong>La</strong> puerta de Sierras Bayas, USA<br />
2014. Mercancía sin retorno, <strong>La</strong> Verónica<br />
Cartonera. Alejandra y Amores, utopías y<br />
turbulencias, 2002. Premio Novela Corta<br />
<strong>La</strong> verónica Cartonera (España), 2015.<br />
Colaborador en Solo novela negra.<br />
José Luis Vázquez<br />
Editor, cantautor, investigador privado<br />
retirado y exalumno de la Universidad<br />
del Valle de México, la Universidad<br />
Autónoma Metropolitana y la<br />
Universidad Nacional Autónoma de<br />
México. Además de diversos premios<br />
literarios en Japón, ostenta el segundo<br />
lugar como mejor jugador de Super<br />
Contra en Retroachievemens<br />
202
Yess Pimienta<br />
Actriz de doblaje novata egresada de<br />
Talento Escénico Natural y Artístico. Actualmente<br />
se encuentra estudiando la<br />
Licenciatura en Educación en la Universidad<br />
Autónoma del Estado de México.<br />
Entre sus planes a futuro se encuentra<br />
la publicación de un libro que contenga<br />
no solamente una historia escrita,<br />
sino ilustraciones digitales y partituras<br />
musicales que representen ciertas partes<br />
del escrito, todo bajo su autoría.<br />
Luis Felipe Ortiz Reyes<br />
Biografía: Nació en Venezuela. Ingeniero<br />
Mecánico y Abogado. Ha publicado<br />
numerosos artículos de prensa y varios<br />
libros, entre los que se encuentran: Inversiones<br />
de Capital en El Mercado Andino,<br />
Anotaciones Sobre El Derecho Penal<br />
Venezolano, Ganadería <strong>La</strong> Cruz de Hierro,<br />
Ganadería Bellavista, Los Extorsionadores,<br />
El Poder, Los Iniciados, El Matador.,<br />
Alucinando y Entrevista Imaginaria.<br />
Carolina Alpuche<br />
Estudiante de Ingeniería Química en la<br />
Universidad Autónoma Metropolitana y<br />
CEO de Editorial Dreamers. Lectora empedernida,<br />
amante del café y de Les Luthiers.<br />
Gilberto Santos<br />
Nació en el puerto fronterizo de Nuevo<br />
<strong>La</strong>redo, Tam. Donde pasó su infancia<br />
y parte de su juventud. Después se<br />
trasladó a la Ciudad de Morelia, Mich.,<br />
dónde estuvo algunos años paseando<br />
y aprendiendo. Ahora nuevamente vive<br />
en el Norte del País con su bella esposa e<br />
hijo. Dedicado actualmente a la docencia,<br />
al Kendo, su iglesia y otras actividades,<br />
nunca perdió el gusto por la lectura.<br />
203
en nuestro<br />
siguiente número:<br />
Más artículos, ensayos,<br />
cuentos y microcuentos,<br />
novelas por entregas<br />
y mucho más...