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La Sirena Varada: Año II, Número 12

El duodécimo número de "La Sirena Varada: Revista literaria"

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· NOIR · CIENCIA FICCIÓN · TERROR ·<br />

<strong>La</strong> sirena varada<br />

R E V I S T A L I T E R A R I A<br />

es una publicación de<br />

EDITORIAL DREAMERS<br />

libros digitales, gratuitos y legales<br />

LA SIRENA VARADA: REVISTA LITERARIA BIMESTRAL<br />

<strong>Año</strong> 2, N° <strong>12</strong>, octubre 2018 es una publicación mensual<br />

editada por Digital Robotic Entity Assembled for Masterful<br />

Editing and Rational Sabotage S.A.S. de C. V.:<br />

Tlalnepantla de Baz, C.P. 54170, Estado de México, México.<br />

www.editorialdreamers.com<br />

Director y editor responsable: José Luis Vázquez<br />

Ilustración de portada: Christian<br />

Ilustraciones: The British Library’s collections<br />

Imágenes adicionales: Jessicatena, Roberto<br />

Robles y Walkirya8899<br />

<strong>La</strong>s opiniones expresadas por los autores no necesariamente<br />

reflejan la postura del editor, sin embargo, la<br />

editorial respalda todas las opiniones al aceptar su aparición<br />

en esta revista.<br />

Queda estrictamente prohibida la reproducción total o<br />

parcial de los contenidos e imágenes de la publicación<br />

sin previa autorización de Digital Robotic Entity<br />

Assembled for Masterful Editing and Rational Sabotage<br />

S.A.S. de C. V. o los respectivos autores.<br />

© 2018<br />

DIGITAL ROBOTIC ENTITY ASSEMBLED<br />

FOR MASTERFUL EDITING AND<br />

RATIONAL SABOTAGE S.A.S. DE C.V.<br />

todos los derechos reservados<br />

SOBRE<br />

ESTE<br />

NÚMERO<br />

En México, octubre es un mes que<br />

normalmente dedicamos a prepararnos<br />

para la llegada de nuestros<br />

muertos... y también para comenzar a<br />

planear las posadas, la cena de navidad<br />

y la fiesta de año nuevo. Pero lo<br />

que nos importa más en estos momentos<br />

es recordar a nuestros muertos.<br />

Y es que, fuera del cliché de las películas,<br />

los mexicanos realmente le dedicamos<br />

mucho tiempo a honrar la memoria<br />

de aquellos que se nos han adelantado;<br />

pero para nosotros no es algo triste, ¡es<br />

todo lo contrario! Se podría pensar que<br />

la muerte no es el final para nosotros los<br />

mexicanos, y puedo asegurar que ese<br />

pensamiento está fuertemente influenciado<br />

por la constante presencia del catolicismo<br />

en nuestra sociedad, además<br />

de nuestra herencia azteca, maya, y la<br />

de todos los pueblos mesoamericanos<br />

que antes habitaban la región.<br />

Al igual que todas las demás fiestas<br />

de nuestro calendario, el día de muertos<br />

lo celebramos como mejor sabemos<br />

hacerlo: tragando y chupando.<br />

<strong>La</strong> comida nunca va a faltar en una<br />

celebración mexicana, aunque en este<br />

caso es en un altar; calabaza y camote<br />

en dulce, guajolote con mole, arroz de<br />

todo tipo de colores, frutas al por mayor,<br />

cigarros, tequila, cerveza, dulces<br />

para los más pequeños... realmente no<br />

escatimamos a la hora de hacer sentir<br />

a nuestros seres queridos en casa.


Aunque, personalmente, creo que<br />

esa razón de tanta celebración no es<br />

por el afan de recordar, sino porque tenemos<br />

miedo. Tenemos miedo de que<br />

el día menos pensado algo nos pase, o<br />

le pase a alguno de nuestros seres queridos;<br />

en general, los mexicanos somos<br />

personas supersticiosas, aunque nosotros<br />

no queramos aceptarlo.<br />

Y es precisamente ese miedo el que<br />

nos lleva a tomarnos las cosas con<br />

humor, pero sin restarle seriedad; nos<br />

lleva a querer olvidarnos de que algún<br />

día nos puede pasar; nos lleva a aceptar<br />

que, como se dice por todos lados,<br />

acuérdate de que polvo eres y que al<br />

polvo volverás.<br />

Al punto al que quiero llegar con todo<br />

esto es que, a pesar de todos nuestros<br />

miedos y de que no sabemos que será<br />

de nosotros ni siquiera durante la siguiente<br />

hora de nuestras vidas, tenemos<br />

que seguir adelante y hacer las cosas<br />

aun sin importar lo que nos depare<br />

el destino; no podemos acobardarnos<br />

y no podemos rendirnos, ese debería<br />

ser el verdadero significado del día de<br />

muertos: recordarnos que, a diferencia<br />

de nuestros seres queridos, nosotros<br />

estamos vivos y tenemos la oportunidad<br />

de cumplir con todas nuestras metas,<br />

solo necesitamos decidirnos.<br />

Odio hablar como escritor motivacional,<br />

pero creo que es la verdad, y creo<br />

que todos debemos tenerlo en mente


18<br />

POESÍA<br />

Y REALIDAD<br />

34<br />

DESPLIEGUE DEL TEMA<br />

DE LA MUERTE EN DOS POEMAS<br />

DE FEDERICO GARCÍA LORCA<br />

50<br />

¿A QUÉ TEMPERATURA<br />

SE QUEMAN<br />

LAS IDEAS?<br />

66<br />

¿POR QUÉ ESCRIBE<br />

EL ESCRITOR?


82<br />

BREVE DISERTACIÓN<br />

SIN SENTIDO<br />

98<br />

DESAPRENSIONES EN «SU<br />

ÚNICO HIJO» DE CLARÍN.<br />

ANÁLISIS CONTRACTUAL<br />

102<br />

164<br />

SELECCIÓN<br />

DEL EDITOR<br />

<strong>12</strong>0<br />

NUESTROS<br />

ARTÍCULOS<br />

182<br />

NOVELAS POR<br />

ENTREGAS<br />

MICROCUENTOS


6<br />

PARA SACAR<br />

A UNA MUJER...<br />

Por Alfredo Cuauhtémoc Pérez


Confieso que me robo fotos de chicas<br />

de internet y me masturbo<br />

con ellas. No de actrices porno<br />

o actrices de cine o modelos, sino de<br />

chicas normales, alcanzables, que se<br />

pueden encontrar en la calle y mirar<br />

de frente con ganas. Confieso también<br />

que lo hago para olvidarme de la mujer<br />

que me rechazó. ¡¿No entiendo por qué<br />

lo hizo?! Si somos tan compatibles, si<br />

varias de las cualidades que ella admira<br />

yo las tengo, si ella era tan accesible<br />

conmigo, tan amable, tan…<br />

Confieso esto para que se me pueda<br />

entender mejor, que mis acciones fueron<br />

movidas por el despecho, la soledad<br />

y mi juventud. Tengo 28 años y desde<br />

siempre me han gustado las mujeres. Se<br />

me ha visto muchas veces junto a hombres,<br />

demostrando gran confianza y ha<br />

habido fiestas en las que me he quedado<br />

en la misma cama con ellos, pero<br />

nunca ha pasado nada. Mi sexualidad ha<br />

sido firme desde mi niñez y ahora casi a<br />

los 30 años tengo la urgencia de la compañía<br />

femenina. ¡Por culpa de esa hija<br />

de puta culona que me rechazó (y que<br />

sin embargo es toda una dama) me metí<br />

a una página de citas en internet! Quería<br />

olvidar pronto lo que no fue, pues es<br />

una ley universal aquella que dice que<br />

«Para sacar a una mujer hay que meter<br />

a otra mujer».<br />

Si se es modelo o un hombre musculoso<br />

y guapo, se ganará rápido la popularidad<br />

en sitios como ese. De otra<br />

manera hay que mandar mensaje tras<br />

mensaje, estar diario y contestar siempre<br />

las veces pocas que nos hablan,<br />

aunque no estemos interesados, de esta<br />

forma se gana notoriedad en el lugar y<br />

uno tiene la posibilidad de conocer a las<br />

mujeres populares, que en su mayoría<br />

son hermosas. Mis gustos no son tan<br />

elevados, me puedo enamorar de una<br />

simple mesera que tenga el pelo desteñido,<br />

maneras toscas y algunas arrugas<br />

en los ojos; y todas las noches pueda<br />

sonreírme con calidez. Sin embargo, necesitaba<br />

a alguien bella para darle celos<br />

y envidia no sólo a la última tipa que se<br />

negó a mí, también a las otras que muy<br />

platicadoras al principio, luego ya no<br />

respondieron mensaje alguno.<br />

Le hablé a una tal Juana, a una Rocío<br />

y a una Carmen. A Lilián, Marifer y<br />

Natasha. Melusina, Sonequa y Reiko.<br />

Bebexita Moxa, Delirio y <strong>La</strong> chica de mis<br />

sueños. Y nadie respondió hasta que<br />

una noche lo hizo Dafne. Fue muy accesible<br />

y todo lo que yo decía ella lo<br />

complementaba. Me gustaban tanto<br />

sus ojos y la forma como vestía.<br />

Había dos cosas que eran un problema,<br />

su edad primero, ¡tenía tan sólo 19<br />

años!, y luego lo que remarcó la primera<br />

vez que nos vimos y después de que<br />

yo tratara de besarla.<br />

Ella no era lesbiana.<br />

En un mundo tan abierto, donde<br />

todo era posible, siempre tropecé con<br />

el rechazo, la incomprensión y la soledad.<br />

Yo no era muy bonita, pero sí muy<br />

inteligente y trabajadora. Aun así, nadie<br />

correspondió lo que yo sentía.<br />

Dafne decía entenderme, ella necesitaba<br />

una amiga porque recién su<br />

familia se había mudado a la Ciudad<br />

y recién, también, rompió con el único<br />

novio que había tenido, con el que duró<br />

desde los <strong>12</strong> años hasta una semana<br />

antes de que yo la conociera.<br />

Salimos <strong>12</strong> veces, siempre a los lugares<br />

turísticos de esta capital. Y en todas la fui<br />

engatusando, poco a poco, hasta que por<br />

fin abrió su boca para mí. <strong>La</strong> última vez<br />

que estuvimos juntas no fue en la calle,<br />

sino dentro de mi departamento. Meter a<br />

7


la cama a una chica tan joven y tan bonita<br />

me enloqueció. Chupé su lengua mientras<br />

magullaba sus senos y metía dedos en sus<br />

orificios sexuales sin importarme la viscosidad<br />

resultante. Nunca me había sentido<br />

tan furiosa con la vida, el dolor quedo de<br />

los años pasados, de los meses y los días<br />

transcurridos, se volvió una fuerza sobre<br />

humana que apliqué contra la pobrecita<br />

de Dafne. <strong>La</strong> obligué a realizar cualquier<br />

movimiento perverso que mi mente ideó<br />

en el momento, desde posiciones hasta<br />

meterse objetos. Y en el punto más severo<br />

le ordené que me succionara la vagina. Planee<br />

orinarme cuando lo hacía, pero en vez<br />

mi sexualidad reaccionó de una manera<br />

distinta y brutal.<br />

Mis genitales se la comieron.<br />

Como una boa que se alimenta de un<br />

pequeño roedor, así me llevé a la dulce<br />

Dafne. Ella trató de zafarse al instante,<br />

pero era tal mi demencia que me la fui<br />

tragando sin titubeo alguno. Su cabeza,<br />

su pecho, la cintura… Una vez terminado<br />

quedé rendida en la cama, con<br />

una panza tan grande como si estuviera<br />

embarazada y la cual se fue desvaneciendo<br />

con la llegada del amanecer.<br />

Confieso esto ahora en esta hoja y<br />

aunque sé que alguien (la policía quizá)<br />

ha de leerla, nadie la aceptará por completo.<br />

Tengo que irme, mis maletas ya<br />

están llenas y he pedido un taxi que no<br />

tardará en venir. Sé que llegará el momento<br />

en el que me inculpen y me detengan,<br />

pero antes tengo que conocer<br />

el país. En otros sitios habrá mujeres<br />

que se sentirán vacías sin el amor de<br />

alguien que en verdad las quiera, ¡Sin<br />

el amor que yo siempre les daré!<br />

8


LIBROS<br />

GRATIS<br />

www.editorialdreamers.com<br />

9


10<br />

SINESTESIA<br />

Por Éper Mono


Pronto se internaría en su show favorito,<br />

su mujer e hijo estaban en<br />

sus respectivas emisiones, alienados<br />

por ficciones románticas para ella<br />

y realidades fantasiosas para los más<br />

pequeños. No le importaba el cansancio<br />

de una jornada laboral o la nula<br />

comunicación con su familia. Su droga<br />

estaba por comenzar.<br />

<strong>La</strong> neurotransmisión inundaba sus<br />

sentidos, experimentaba lo que otro<br />

cuerpo. Vivía la realidad del show, pues<br />

aunque la víctima era al azar y las decisiones<br />

no eran propias, lo demás sí,<br />

el pulso de emoción al caminar hacía<br />

algún incauto inocente, el nervio recorriendo<br />

su cuerpo mientras avanzaba<br />

hacia una persona abstraída en alguno<br />

de los Programas Neurales exhibidos<br />

en el prime time.<br />

Gracias al MultImplante Cerebral de<br />

Comunicación, aunque estuviera tranquilo<br />

en su casa, Vioox, podía sentir lo<br />

que un «cazador». Ellos atacaban arbitrariamente<br />

a cualquier persona para<br />

destruir su MICD, un receptor medular<br />

para toda interacción con el medio, comunicación<br />

a distancia, aprendizaje,<br />

entretenimiento, trabajo y servicios, en<br />

síntesis, era la vida de sus usuarios, sin<br />

eso, se estaba desconectado de la realidad<br />

intangible, se era un ente sin voz,<br />

una sombra en la oscuridad. Por ello<br />

resultaba tan excitante sentir los atentados<br />

a inocentes, era como asesinar a<br />

una persona, con lujo de violencia.<br />

El Hunt de ese episodio, los cuales<br />

permanecían anónimos, eligió una<br />

puerta pequeña, de madera derruida<br />

que Vioox notó enclenque al tacto.<br />

Abrió con una patada y al dar un paso<br />

dentro de la estancia observó a una joven<br />

con los ojos cerrados, sentada en la<br />

sala, inmersa en su propia transmisión<br />

de a saber qué programa. Era usual<br />

que las víctimas no se percataran de<br />

nada a su alrededor hasta que comenzaba<br />

la tortura. Cada Hunt era elegido<br />

también al azar entre los espectadores<br />

que querían vivir la experiencia aún<br />

más cercana (en cuanto a los sentidos<br />

resultaba imposible) y era dotado de<br />

implantes corporales temporales, sólo<br />

por esa noche. Comenzó por atacar<br />

con el largo de sus dedos de su mano<br />

derecha que se desarrollaron como látigos<br />

de acero envolviendo a la pobre<br />

mujer, que confundida con lo que ella<br />

misma experimentaba en su propio<br />

show, no fue consiente de inmediato<br />

de lo que sucedía. Vioox, o mejor dicho,<br />

el Hunt comenzó a apretar con fuerza<br />

precisa. Los dedos estaban al rededor<br />

del cuerpo delgado y qué placer sentía<br />

al subir paulatinamente la presión. <strong>La</strong><br />

mujer, de pronto, como despertando<br />

en una pesadilla, comenzó a gritar, por<br />

fin reaccionaba, entendió, de pronto,<br />

que su vida estaba a punto de ser extinguida,<br />

que pasaría a ser una «mutilada»<br />

más. Al ver sus ojos de terror Vioox<br />

sintió su garganta cerrar, ahogando un<br />

grito de placer y locura. De un instinto<br />

primitivo nacía el deseo de que ese momento<br />

fuera perpetuo, congelado en el<br />

desconocimiento de todo lo que realmente<br />

sucedía a su alrededor, importando<br />

sólo la neurotransmisión. De un<br />

solo golpe y sin demorar más, el Hunt<br />

estiró el filo que era su mano izquierda<br />

y de un tajo cortó el MICD que sobresalía<br />

de la nuca de la víctima, Vioox sintió<br />

un placer súbito y paradójico por lo<br />

corto que había sido el suplicio de la<br />

mujer, pensó que él lo habría prolongado.<br />

Se oyeron gritos de un llanto lleno<br />

de pesar, de infinita desesperanza, de<br />

saberse condenada a la soledad en un<br />

11


mundo plagado de mentes embebidas<br />

con lo que sucedía a distancia. No es de<br />

sorprenderse que muchos «mutilados»<br />

encontraran el consuelo en el suicidio.<br />

Con todo el dolor de fondo, que a<br />

Vioox le parecía alucinante se cortó la<br />

transmisión anunciando el periodo de<br />

comerciales, recordándoles a los neurosintientes<br />

que no olvidaran pagar su<br />

suscripción mensual al canal, el más<br />

sintonizado en el país y con el programa<br />

con mejorrating: I CATCH YOU!<br />

Comenzó a relajarse, dejando de<br />

experimentar toda aquella vorágine,<br />

recuperándose para lo que venía. Percibió<br />

un spot donde se invitaba a comprar<br />

un vigilante para hijos, para monitorear<br />

lo que estos pudieran sentir en<br />

el MICD, eso le hizo pensar por un momento<br />

en su pequeño, pero pronto eso<br />

se disipó al entrarle zozobra por el que<br />

espectáculo se reanudara. Terminó la<br />

publicidad. Era un nuevo Hunt. Vioox<br />

tenía ya las emociones desbordas de<br />

un momento a otro y no sabía ya nada<br />

de sí mismo ni de su alrededor. Se paró<br />

frente a una puerta, su cuerpo reaccionaba<br />

a favor, volvió a tener la respiración<br />

entrecortada, sudaba, y casi podía<br />

sentir las palpitaciones de su corazón.<br />

Quería atacar, que el cazador entrara a<br />

torturar a quien se hallara detrás. Abrió<br />

de un empujón, dentro, observó a una<br />

mujer con los ojos cerrados, un hombre<br />

sentado y el hijo de ambos, todos en sus<br />

neuroprogramas respectivos. Él hubie-<br />

<strong>12</strong>


a atacado a la mujer, pero el Hunt, en<br />

un movimiento rápido envolvió con los<br />

dedos al niño, a Vioox le pareció vibrante<br />

lo inesperado, el crío estaba mudo<br />

de desconcierto, no entendía lo que<br />

sucedía, ni por qué el show de aventuras<br />

que tanto le gustaba ahora le provocaba<br />

dolor en todo el cuerpo. «Aprieta,<br />

Aprieta» pensaba, disfrutando la tortura<br />

de su propio hijo, pues ni siquiera, en<br />

su éxtasis, comprendía lo que sucedía<br />

más allá del programa neural. Los gritos<br />

agudos tampoco pudieron sacarlo<br />

del trance, pues esta vez el suplicio de<br />

la víctima se extendió durante varios<br />

minutos, los cuales disfrutó a cada<br />

uno, se nutría del dolor ajeno, de la<br />

desesperación de un miserable niño<br />

atacado no por uno, sino por millones<br />

de personas que disfrutaban sintiendo<br />

como su cuerpo se comprimía. En<br />

su inocencia era totalmente ignorante<br />

de que su padre estaba entre ellos. El<br />

Hunt se acercó despacio rodeando con<br />

la mano el transmisor del pequeño, y<br />

en vez de cortarlo rápido, comenzó a<br />

triturarlo entre sus dedos, haciendo<br />

que todos los sintonizados disfrutaran<br />

un poco más, hasta que el fin el transmisor<br />

estaba roto. El pequeño lloraba<br />

con amargura genuina. Vioox comenzó<br />

a espabilar, dejando que las últimas<br />

sensaciones lo invadieran, sin percatarse<br />

que su hijo era también ignorado<br />

por su esposa, absorta en el acto final<br />

de su propia ficción.<br />

13


14<br />

EL PINO<br />

Por Martín Gabriel <strong>La</strong>mo Toccalino


Abrió los ojos en su atestado cuartucho.<br />

<strong>La</strong> noche anterior había<br />

buscado sin suerte un dibujo de su<br />

hijo Alex, su habitación era un gran cajón<br />

de sastre. En su lugar estuvo mirando<br />

las fotos que tenía de él en su móvil.<br />

Pensó que tenía que sacarle nuevas fotos<br />

la próxima vez. Desde que se separó<br />

de la madre del niño, Óscar apenas veía<br />

a Alex algunas veces al año. El desempleo<br />

crónico y vivir en diferentes puntas<br />

de la ciudad complicaba cosas. Los separaba<br />

un mundo irrespirable...<br />

Esa misma mañana Alex se despertó<br />

alegre. Había soñado con su padre<br />

subido a un pino gigante en un parque<br />

verde y extenso, como Alex no había<br />

conocido ninguno. Desde arriba su padre<br />

le gritaba: «¡Sube, sube! ¡Aquí se<br />

puede respirar!» Él lo alcanzaba agitado<br />

y reían juntos.<br />

Desde su cama miraba la ventana de<br />

la casa y sentía que algo lo llamaba a ir<br />

a la calle. Había algo que le recordaba a<br />

su padre en las calles grises. Mientras se<br />

desperezaba pensaba en salir, aunque<br />

sabía que no le dejarían por el «humo».<br />

Luego de estirarse un poco la ropa<br />

con la que había dormido vestido, Óscar<br />

se puso su máscara protectora y salió<br />

a la calle. <strong>La</strong> ciudad parecía deshabitada<br />

pero tenía la sensación de estar<br />

siendo observado. Subió al tranvía sin<br />

distraerse. Lo único que le importaba<br />

era entregarle a su hijo el sobre que llevaba<br />

en el bolsillo interior de su abrigo.<br />

Era un tesoro, tan minúsculo en tamaño<br />

como gigante en importancia.<br />

<strong>La</strong> madre de Alex preparaba el desayuno.<br />

Una pantalla la aturdía con noticias<br />

del clima. Vio que el niño se acercaba<br />

y, antes de los buenos días, le dijo:<br />

—Alex, este año tu papá no podrá venir<br />

a verte por la contaminación.<br />

—¿Contaminaqué? No sé qué es eso.<br />

—Por el humo que vemos en la tele.<br />

—Ah, vale.<br />

—Este año pasaremos las fiestas en<br />

casa. ¿Me oyes?<br />

—Está bien…<br />

Luego del tranvía, a Óscar le quedaba<br />

una larga caminata. Notó una sombra<br />

por detrás; alguien lo seguía. Entonces<br />

sí que se preocupó. Todavía estaba lejos<br />

de la casa de Alex y no sabía si iba<br />

a lograrlo. Aceleró el paso. Pero en la<br />

siguiente respiración ya sintió un caño<br />

en la espalda.<br />

—Lo que tengas, dame todo lo que tengas.<br />

Alex se tomó toda la leche de un<br />

trago largo y bajó corriendo al garaje<br />

como siempre. Pero en lugar de jugar<br />

con sus Lego, se calzó una máscara de<br />

su padrastro. Miró arriba un instante,<br />

como si hubiera podido ver a su madre<br />

a través de las paredes, y montó su bicicleta.<br />

Tomó aire profundamente y presionó<br />

el botón rojo que abría el portón.<br />

Sonó la alarma de polución en la casa.<br />

Óscar se quedaba quieto. El ladrón<br />

empezaba a zarandearlo para arrancarle<br />

el abrigo. Pensaba en el sobrecito<br />

para Alex. Quería explicarle que era<br />

una medicina para su hijo.<br />

—Bah, unas semillas de mierda —dijo<br />

el ladrón y las tiró.<br />

El padre enfureció y soltó su ira en forma<br />

de un eléctrico puñetazo directo al<br />

estómago que dobló a su enemigo. Este<br />

se revolvió de dolor pero contraatacó.<br />

El maleante hubiera podido dispararle<br />

y acabar con todo, pero en su chaqueta<br />

no había revólver, solo un metal que lo<br />

simulaba. Forcejearon. Óscar sintió que<br />

había perdido su máscara. El ladrón se<br />

la había arrancado y huía.<br />

Luego de unos minutos habiéndose<br />

deslizado en las calles que Alex creía<br />

15


conocer, no encontró ningún parque.<br />

Estaba perdido. A su alrededor todo estaba<br />

en silencio, frío y seco. <strong>La</strong> máscara<br />

le quedaba grande y un hilo del aire<br />

venenoso se iba colando en sus pulmones<br />

sin ser notado. Lejos de él vio a una<br />

persona correr, se estiró en sus pedales<br />

y divisó a un hombre tambaleante.<br />

Óscar se tapó la boca y la nariz. Cogió<br />

el sobre del suelo con la mano casi suelta.<br />

No hubiera alcanzado al ladrón con aquella<br />

ventaja, y menos estando a cara descubierta.<br />

Necesitaba controlar el aire que<br />

le quedaba. No iba a aguantar los veinte<br />

minutos que restaban para que volviera a<br />

pasar el tranvía, así que caminó buscando<br />

un sitio cerrado. Era una casilla abandonada<br />

que ni siquiera tenía las puertas. <strong>La</strong><br />

única opción que le quedaba para intentar<br />

protegerse. Como sus pulmones ya estaban<br />

vacíos, tuvo que atrapar una bocanada<br />

de aire, ese que lo mataría en un rato.<br />

Se apoyó contra la pared. En un rincón de<br />

aquel refugio, se resignó a su soledad. Se<br />

aflojaron sus piernas y se deslizó por la pared<br />

hasta quedar sentado.<br />

Del mundo que iba a dejar en minutos,<br />

Óscar sólo valoraba a su pequeño Alex.<br />

16


Inspiraba y expiraba ya sin pensamientos,<br />

como un pez arrancado del agua<br />

que boqueaba cada vez más lento. Sus<br />

espasmos no fueron vistos por nadie.<br />

El niño soltó la bici y se acercó a la caseta.<br />

Reconoció dentro el bulto de su padre.<br />

Sus mejillas se mojaron dentro de la<br />

máscara y esos hilos salados le llegaron<br />

directos a la boca. Mientras era abrazado,<br />

Óscar, que ya tenía la vista nublada, pudo<br />

oler la colonia de su hijo. Intentó alcanzar<br />

el sobre de semillas. Tampoco podía hablar.<br />

Con un último apretón de manos dormidas<br />

el padre entregó al niño las semillas<br />

y señaló la tierra. Alex, llorando, abrió el<br />

sobre y plantó la simiente allí mismo.<br />

Apenas Óscar murió, surgió un temblor<br />

en la casilla formando una nube de<br />

ceniza y polvo. Alex no pudo ver nada por<br />

los cristales sucios de su máscara. Desde<br />

la tierra, regada por sus lágrimas, brotó<br />

algo como un cohete fino que se iba<br />

engrosando cada vez más. Era un pino<br />

gigantesco. Un árbol de navidad que creció<br />

desmesurado sobre ellos, rompió el<br />

techo de la chabola y siguió ascendiendo<br />

enorme, imponente, sublime; restaurando<br />

poco a poco todo el aire de la ciudad.<br />

17


POESÍA<br />

Y REALIDAD<br />

Por Santos Romeo Barrientos Aldana<br />

El tiempo, ese que transcurre y se<br />

mimetiza en los segundos del espacio,<br />

se transforma, se recrea en<br />

la palabra. El tiempo son los segundos<br />

que trascienden la palabra, se concretizan<br />

en los instantes soñados por la memoria<br />

—o por la nada. Sin embargo, es<br />

ese momento, quizá, en que logramos<br />

reconocernos— o algo para reconocer<br />

a los demás a través de símbolos, recuerdos,<br />

palabras. Pero, así somos, a<br />

18<br />

veces, un cúmulo de historias que se<br />

cuentan en los espacios, que pocas veces,<br />

logramos reconocer o sentir en las<br />

Líneas de nuestras manos.<br />

<strong>La</strong> realidad es ese transcurrir a través<br />

del tiempo que se desvanece, muy<br />

pocas veces, en el aire —o en esa nada<br />

que sentimos en las soledades. <strong>La</strong> realidad<br />

no es otra que el espejo mágico<br />

de nuestras contradicciones que nos<br />

niegan— o negamos.


Este año, se cumplen veintiséis<br />

años del fallecimiento de uno de los<br />

autores de reconocida trayectoria,<br />

uno de los que poesía y realidad se escinden<br />

en <strong>La</strong>s líneas de su mano; pero,<br />

tan fácil es sabérselo, tan fácil es, por<br />

lo menos, recordarlo cuando se tiene<br />

memoria. Al mismo tiempo que se le<br />

recuerda, se le olvida, porque la memoria<br />

es de corta distancia para aquel<br />

que no sabe reconocer o, quizá, reconocerse<br />

a través del tiempo que tardamos<br />

en reencontrarnos en la palabra<br />

del escritor, del poeta.<br />

El autor de Luna park nos recuerda,<br />

con, quizá, pesadumbre, o más que<br />

eso, soledades descalzas en el pervivir<br />

del mundo, soledades que duelen hasta<br />

los tuétanos: exilio, ese que tuvo que<br />

sufrir el autor de Guatemala, las líneas<br />

de su mano (Luis Cardoza y Aragón);<br />

para que comprendamos:<br />

19


…Hay un grito que se angustia<br />

en la garganta de todos:<br />

¡vivir! ¡vivir! ¡vivir!<br />

Ese vivir —o querer ser, querer resurgir—<br />

es el que angustiaba, o al menos, angustia<br />

a las sociedades contemporáneas<br />

que se desarman en la letanía de sus<br />

contradicciones o silencios muertos, que<br />

se organizan en el mundo de los vicios<br />

virtuales o fantasías de telenovela —similar<br />

a las noticias que se venden como<br />

espectáculo en la Modernidad líquida.<br />

<strong>La</strong> palabra es responsabilidad del escritor,<br />

es un acto moral, un querer ser, o<br />

encontrarse en sí, en las letras, en el reconocerse<br />

de las voces que nos hablan<br />

a través de las páginas que cobran vida<br />

en los paraísos recreados o imaginados,<br />

otras veces, realidades tangibles<br />

que reverdecen en los árboles de individuos<br />

desubicados, desorientados en<br />

las grandes ciudades de hostilidades<br />

que promueven el cinismo, la incultura,<br />

el silencio y la soledad; cada día, que<br />

transcurre en estos tiempos de cometa,<br />

se encuentra el abandono de la responsabilidad<br />

—para deshonra de un nosotros—<br />

de la humanización; nos hemos<br />

perdido en el intento de recrearnos y encontrarnos,<br />

de reconocernos que somos<br />

un prisma en el espacio y que estamos<br />

destinados a sentir …<strong>La</strong>s líneas de nuestras<br />

manos como un eje, como símbolo<br />

de la memoria, de la identidad, esa que<br />

nos falta, que se encuentra triturada<br />

20


en los pantanos silenciosos de la vida:<br />

como una luna hendida en los espacios<br />

nocturnos que no logramos acabar —o<br />

que se encuentra acabado en el tiempo<br />

cíclico que hemos recreado.<br />

A decir verdad, la existencia misma<br />

del poeta responsable —en el sentido<br />

global que la palabra reviste— es un<br />

acto, según Asturias, moral, porque el<br />

poeta debe ser eso una conducta moral<br />

que se encuentra con responsabilidad<br />

ante su patria, ante su entorno social<br />

que le rodea, porque, además, la patria<br />

del escritor es su lengua, sentenciaba<br />

Francisco Ayala. Y más que eso, debe<br />

buscarse, debe encontrarse en sí, y lograr<br />

encontrar a los más. Ser símbolo,<br />

ser memoria, ser consuelo, ser destierro,<br />

ser abrazos, ser cometa de verdades<br />

y realidades, ser noticia, ser todo,<br />

menos nada; porque ser poeta es mostrar<br />

un Luna park hendido en las siluetas<br />

del tiempo que encontramos, pero<br />

que, a la vez, ignoramos.<br />

Entonces, sí, los poetas incomodan.<br />

Porque el poeta que lo es, nombra lo innombrable<br />

y hace de la palabra el mejor<br />

silencio de las estaciones para sentirse<br />

vivo, para encontrarse o no-encontrarse<br />

en las contradicciones que envuelven<br />

nuestras sociedades latinoamericanas.<br />

Busca rehuir del bullicio de las magnas<br />

civilizaciones, y se adentra en la cúpula<br />

de las realidades que lo envuelven, porque<br />

es eso, un querer ser —decir—, a<br />

pesar de las injusticias que nos rodean.<br />

21


22<br />

EL ÚLTIMO<br />

TREN<br />

Por Sahalif Lefaar <strong>La</strong>valle Avalos


—¿Seguro que todavía no pasa el ultimo?<br />

—le preguntó el universitario al<br />

oficial, mientras recuperaba el aliento.<br />

El policía le contestó alzando los hombros<br />

con una mirada indiferente<br />

—Gracias por nada —murmuró el joven.<br />

De entre las alcantarillas que había<br />

al lado de las vías, escuchó un par de<br />

roedores chillar, varias ratas corrieron<br />

del otro lado del andén y vio como un<br />

gato negro de ojos verdes salió a la luz<br />

con una rata inerte en el hocico.<br />

El felino llegó de un salto al nivel<br />

donde el estudiante esperaba la llegada<br />

del metro y en una esquina se dedicó<br />

a devorar su presa. Había algo en<br />

el animal que lo separaba de los gatos<br />

callejeros, pero el muchacho no sabía<br />

decir qué era.<br />

El animal comenzó a lamerse las patas<br />

tras terminar su festín y se sentó<br />

junto a él como si esperara el tren igual<br />

que el joven. Pasaron algunos minutos<br />

y el tren finalmente llegó.<br />

Los vagones estaban vacíos, se subió<br />

al vagón de en medio y se sentó con la<br />

espalda a la pared en el extremo trasero.<br />

<strong>La</strong>s puertas se cerraron, y lo abordó<br />

una extraña sensación de inquietud e<br />

incertidumbre, pero hizo caso omiso,<br />

estaba finalmente en el metro. En unos<br />

cuarenta minutos estaría entrando a<br />

su departamento y podría descansar.<br />

El tren finalmente reanudó su marcha.<br />

El muchacho comenzaba a perderse<br />

en sus pensamientos cuando escuchó<br />

un ruido que lo distrajo, era como un<br />

pequeño motor sonando cerca de él.<br />

No era el motor del tren, era demasiado<br />

suave para serlo. Un escalofrío le recorrió<br />

la espalda al darse cuenta de que<br />

el pequeño gato se había subido al tren<br />

junto con él, es más, se había sentado a<br />

su lado, ¡y él ni siquiera lo había notado!<br />

—Vaya susto me has pegado... —el<br />

gato, a modo de respuesta, cambió el<br />

tono y la intensidad con la que ronroneaba.<br />

Él acercó su mano para acariciar<br />

al animal, este la olfateó y se dejó<br />

consentir. Giró sobre su panza y ahí fue<br />

cuando el joven lo notó.<br />

—Eres una niña, ¿eh? —la gatita maulló<br />

y continuó ronroneando.<br />

Tanta había sido su sorpresa con el<br />

pequeño minino que se olvidó completamente<br />

de ir al pendiente de las estaciones<br />

que ya habían pasado.<br />

Por el tiempo que había transcurrido<br />

desde que se había subido al vagón, él<br />

calculaba que ya deberían ir a más de<br />

la mitad del camino, pero no lograba recordar<br />

que el metro se hubiera detenido<br />

en algún momento, mucho menos que<br />

se hubieran abierto las puertas. Comenzó<br />

a impacientarse de nuevo y sintió<br />

como el aire se volvía tenso y cargado.<br />

El tren continuaba su marcha y no<br />

daba señales de detenerse. <strong>La</strong> gata se<br />

había alejado de él y se había puesto<br />

frente a la puerta como si pronto esta se<br />

fuera a abrir. Él comenzaba a sucumbir<br />

al miedo, y trató de activar la palanca<br />

de emergencia, pero por más que tiró<br />

de ella nada sucedió. <strong>La</strong>s luces comenzaron<br />

a parpadear. Para ese momento<br />

ya había entrado en pánico. Delante de<br />

él alcanzó a distinguir a una señorita. Lo<br />

miraba fijamente. Tenía los ojos verdes,<br />

y le sonreía con una mezcla de ternura<br />

y malicia. El mundo perdió su color y<br />

sólo los ojos de la chica permanecieron,<br />

con su intenso color esmeralda, que parecían<br />

brillar como los ojos de un gato.<br />

<strong>La</strong> sangre se le heló. Justo donde había<br />

estado el pequeño felino, ahora se encontraba<br />

la muchachita. El parpadeo de<br />

las luces apenas le permitía verla, pero<br />

era más que suficiente para notar que<br />

23


tenía el cabello negro, ondulado y largo,<br />

se encontraba desnuda y tenía la piel de<br />

un blanco casi inhumano. Poseía toda la<br />

elegancia del animal que antes estaba<br />

en su lugar. El tren comenzó a aumentar<br />

su velocidad de manera frenética, parecía<br />

que se fuera a deshacer en mil pedazos.<br />

Ella se acercó a él lentamente. El<br />

chico sintió que le faltaba el aire. Pudo<br />

verla abrir la boca e intuyó que le decía<br />

algo, pero no escuchó nada. Pensó que<br />

se desmayaría. <strong>La</strong>s luces cesaron de<br />

parpadear. Se hizo una total oscuridad<br />

y reinó el silencio.<br />

Poco a poco, el sonido de las ruedas a<br />

través de las vías regresó y fueron apareciendo<br />

otros sonidos: un vendedor<br />

ambulante; una pareja que discutía; un<br />

hombre que lo observaba con desconfianza.<br />

El chico se descubrió a sí mismo<br />

hecho un ovillo en la esquina del vagón.<br />

El metro se detuvo y finalmente se percató<br />

que estaba a dos estaciones de su<br />

destino. No tenía sentido. Desconcertado,<br />

se bajó del transporte cuando fue<br />

el momento. No podía dar crédito a lo<br />

que le acababa de pasar.<br />

Estaba a punto de salir por los torniquetes<br />

cuando un impulso incontrolable<br />

le hizo voltear hacia atrás. Ahí<br />

estaba ella, la chica del cabello largo,<br />

ondulado y negro, del otro lado del<br />

andén, aún desnuda, lo observaba fijamente.<br />

Le sonreía con picardía. Sus<br />

miradas se trabaron la una con la otra<br />

hasta que llegó el tren del otro lado,<br />

cuando éste finalmente se fue, no quedó<br />

ni rastro de ella.<br />

24


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25


26<br />

ELLOS,<br />

LAS RÉPLICAS<br />

Por Silvia Alejandra Fernandez


Siempre pensé que el fin del mundo<br />

sería algo catastrófico y teatral;<br />

cuando llegó no pude menos<br />

que desilusionarme. No hubo zombis,<br />

ni maremotos, ni ningún asteroide se<br />

estrelló contra <strong>La</strong> Tierra. No vimos millones<br />

de cadáveres pudriéndose al sol<br />

ni tampoco cuerpos pulverizados.<br />

Todo ocurrió de forma inadvertida<br />

para la mayoría de las personas. Quizás<br />

yo sea la única que se haya dado<br />

cuenta de que el reloj del género humano,<br />

marcaba sus últimos segundos.<br />

Lo primero que me llamó la atención<br />

sucedió en Facebook. Advertí un cambio<br />

de actitud de algunas personas.<br />

Todas repetían discursos parecidos,<br />

como si se hubiesen contagiado de la<br />

personalidad de alguien más.<br />

Comencé a hacer un seguimiento<br />

de los amigos de face que me habían<br />

llamado la atención y empecé a copiar<br />

en un documento sus comentarios o<br />

respuestas. Todos reaccionaban de forma<br />

idéntica. Paradójicamente titulé el<br />

documento «los clones ». Pronto supe<br />

que este nombre de fantasía estaba<br />

muy cercano a la realidad.<br />

Empecé a agrupar a mis amigos por<br />

los contactos que tenían en común y<br />

me sorprendí al ver que todos tenían<br />

un mismo amigo, Esteban Corno.<br />

Era notorio como la personalidad de<br />

Esteban se había transmitido a otros.<br />

Al fin y al cabo llamarlos clones había<br />

sido acertado.<br />

Advertí una conducta similar en algunos<br />

vecinos del barrio. Muchos actuaban<br />

como lo hacía Federico K, un<br />

matoncito de poca monta, pero con<br />

una fuerte personalidad. Era muy extraño<br />

ver y oír a varios vecinos hablando<br />

y hasta caminando igual que Federico.<br />

Rosa J, la abuela que vivía enfrente,<br />

casi se rompe la cadera por moverse<br />

con la música de cumbia que siempre<br />

oye Federico.<br />

Algo sucedía y no era solo mi, casi<br />

siempre desbocada, imaginación.<br />

<strong>La</strong>s lluvias invernales comenzaron y<br />

el tiempo libre que tuve me llevó a empezar<br />

a anotar todo los detalles extraños<br />

que sucedían alrededor mío. Pronto<br />

fue evidente que en mi barrio y en<br />

las mismas redes sociales, se estaban<br />

formando grupos.<br />

Los clones de Federico, se reunían<br />

todas las tardes aunque nunca supe<br />

qué hacían.<br />

Comencé a sentir miedo de salir. Si<br />

esto era una especie de virus, no quería<br />

infectarme y si era algo más, no sabía<br />

cómo protegerme.<br />

Facebook pronto quedó vacío de publicaciones<br />

nuevas. Nadie compartía ni<br />

siquiera un meme. Pero todos mis amigos<br />

estaban conectados y ese súbito<br />

silencio de letras me espantó.<br />

«Están en grupos cerrados y te dejaron<br />

afuera», pensé. Y el tiempo me dio<br />

la razón. Los clones solo interactuaban<br />

entre ellos.<br />

Una repentina soledad se apoderó<br />

de mi vida. Ya no salía más que para<br />

abastecerme de comida. <strong>La</strong> gente que,<br />

hasta hace pocos días, charlaba conmigo<br />

en mi barrio, me ignoraban como si<br />

yo fuese invisible.<br />

Comencé a llamar por teléfono a algunos<br />

amigos y solo una de ellos, Sara,<br />

me respondió.<br />

Debo reconocer que mi amiga, que<br />

es mormona, siempre hablaba del fin<br />

de los tiempos, pero esta vez su conversación<br />

me llenó de espanto. Me dijo,<br />

por teléfono, que en el libro de Mormón,<br />

se hablaba de esto que estaba<br />

ocurriendo. Que este era el momento<br />

27


que todos habían anticipado y para el<br />

que se había preparado durante siglos.<br />

Pude entender por qué la Iglesia de<br />

Jesucristo de los Santos de los últimos<br />

días, se llamaba así. Todos los mormones,<br />

tenían planes, escrupulosamente<br />

estudiados y ensayados, para cuando<br />

llegase en fin de los tiempos. Ellos debían,<br />

por obligación, juntar provisiones<br />

y abastos necesarios para superar los<br />

días de infortunio que precederían al<br />

fin del mundo.<br />

Fueron siempre motivo de risas<br />

nuestras charlas sobre cómo conservar<br />

alimentos fraccionados para cuando<br />

algo catastrófico ocurriese. <strong>La</strong>s risas se<br />

debieron a que yo, tratando de imitar<br />

esta conducta de mi amiga, comencé a<br />

guardar arroz, fideos, aceite y muchos<br />

comestibles; jamás consideré que el<br />

arroz, o las harinas pudiesen llenarse<br />

de gorgojos. Tuve una invasión de esos<br />

pequeños bichitos en toda mi despensa.<br />

Y era una broma habitual entre las<br />

dos el decirnos: «¿ambiente con bichos<br />

o libre de ellos?». Ella se reía mucho<br />

con ésta anécdota y me explicó que la<br />

comida era mejor congelarla antes de<br />

envasarla. El frío mataba a los gorgojos<br />

y así se podía conservar alimentos por<br />

mucho tiempo.<br />

Me dijo que toda su estaca, la «parroquia»<br />

a la que ella concurría, se había atrincherado<br />

en la iglesia de la calle Formosa.<br />

Los mormones tienen unas reglas<br />

bastante estrictas de conducta. Si bien<br />

nadie los obliga, ellos se auto imponen<br />

algunos sacrificios particulares. Como<br />

llevar los «garmes» o ropa interior especial<br />

o hacer un ayuno absoluto, hasta<br />

de agua, durante el primer domingo<br />

del mes.<br />

28


Sara, quizás por el contacto cercano<br />

conmigo, era una de las pocas que sentían<br />

devoción por la virgen María y que<br />

aceptaba acompañarme a alguna que<br />

otra ceremonia en mi iglesia católica. Y<br />

ella, que para el resto de los mormones<br />

de su grupo, era diferente, fue excluida.<br />

A ella no se le permitió ir con el resto de<br />

su familia a la iglesia de la calle Formosa.<br />

Sara quedó como yo, aislada y quizás<br />

por eso mismo, ella no se había contagiado.<br />

Mi angustia por la peculiar situación<br />

en que vivíamos se vio colmada cuando<br />

una mañana vi cómo todos los grupos<br />

de mi barrio, habían levantado muros<br />

alrededor de sus casas. Lo habían<br />

hecho sigilosamente, durante la noche.<br />

Ni un ruido de martillos o herramientas<br />

se había escuchado. Solo la insufrible<br />

música de Federico había interrumpido<br />

el silencio nocturno.<br />

Esa misma mañana comenzaron los gritos.<br />

Desgarradores y espantosos alaridos<br />

se oían por toda la cuadra. Sara me confirmó<br />

que por su barrio sucedía lo mismo.<br />

Fue la última vez que supe de mi amiga.<br />

Y de pronto, el silencio. Una calma<br />

sonora que me produjo más miedo que<br />

los chillidos.<br />

Clones.<br />

Gritos.<br />

Silencio.<br />

Muerte.<br />

En mi barrio, todos salvo Federico<br />

y el resto de los líderes de cada grupo,<br />

desaparecieron.<br />

Yo ya no salgo de casa. Sé que es lo que<br />

ellos esperan; transformarme y absorberme.<br />

Con el paso de los días, en absoluta<br />

soledad, me he descubierto pensando<br />

que no sería tan malo ir hasta la casa<br />

de Federico.<br />

29


30<br />

LADRILLO<br />

TRAS LADRILLO<br />

Por Gabriel Bevilaqua


1<br />

Donde antes había una ventana, un<br />

hombre, del lado de afuera, colocaba<br />

hilera tras hilera de ladrillos. <strong>La</strong> habitación<br />

lentamente se fue quedando a oscuras,<br />

hasta que sólo una hilacha de luz<br />

penetraba por aquel último hueco que<br />

quedaba por tapiar. Entonces, en lugar<br />

del ladrillo, los ojos del hombre cegaron<br />

al sol y resplandecieron como dos<br />

ascuas llenas de odio. Desesperado,<br />

Leonardo se agitaba en la cama, buscaba<br />

la salida por una puerta inexistente,<br />

le clavaba las uñas a las sábanas,<br />

arañaba las paredes… Y cuando aquellos<br />

ojos omnipresentes se cerraron, él,<br />

cubierto de sudor, se despertó, y ya no<br />

volvió a dormirse por temor a repetir,<br />

una vez más, tan horrible pesadilla.<br />

2<br />

Cuando la madre le dijo que tenía un<br />

novio y que iba a venir a cenar con ellos,<br />

Leonardo se alegró. Desde que su papá<br />

se había marchado, ella siempre estaba<br />

triste, salvo estos últimos meses,<br />

que se la veía alegre y distraída al mismo<br />

tiempo. Ahora entendía por qué.<br />

3<br />

A las ocho en punto sonó el timbre.<br />

—¡Leonardo, abrí la puerta, que todavía<br />

no me puse los aretes ni los zapatos!<br />

¡Madre mía!<br />

Leonardo abrió la puerta, y allí estaban<br />

aquellas ascuas feroces ardiendo<br />

disimuladamente.<br />

—¡Hola! Vos debés ser Leonardo, ¿no?<br />

—dijo el hombre y la mano que tendió<br />

se quedó solitaria en el aire—. Yo soy<br />

Ángel —agregó y retiró la mano. Hubo<br />

un silencio incómodo, que el visitante<br />

resolvió con gracia—: ¿Puedo pasar o<br />

tengo que pagar peaje?<br />

Leonardo no dijo nada pero se apartó<br />

y lo invitó a pasar con un movimiento<br />

del brazo.<br />

4<br />

Durante la cena, Leonardo sólo probó<br />

algún que otro bocado, y cuando preguntó<br />

si podía retirarse, la madre asintió<br />

a instancias de su novio.<br />

—¡No sé qué le pasa a este chico!<br />

Cuando le dije de lo nuestro, se puso<br />

contento y ahora mirá lo que me hace.<br />

—Dejalo, ya se le va a pasar, a esa<br />

edad yo también era celoso. ¡<strong>La</strong> costumbre<br />

de verme lo va a domar!<br />

Del otro lado de la puerta, Leonardo<br />

repitió en voz baja: «<strong>La</strong> costumbre<br />

de verme lo va a domar». Aquella era,<br />

sin dudas, una amenaza velada. Ni esa<br />

noche ni la siguiente Leonardo pudo<br />

dormir.<br />

5<br />

Al tercer día, el cansancio lo venció. El<br />

hombre colocó, una vez más, ladrillo<br />

tras ladrillo, pero antes de cerrar los<br />

ojos, dijo:<br />

—¡Mocoso, cuando me convierta en<br />

tu papá, estas ascuas te van a perseguir<br />

todo el tiempo!<br />

Leonardo le suplicó a su mamá que<br />

no se casara con aquel hombre, le contó<br />

que durante meses lo había venido<br />

acosando en sus sueños, y que quería<br />

encerrarlo tras una pared de ladrillos.<br />

<strong>La</strong> madre le dijo que se dejara de tonterías,<br />

pero como él insistió, le pegó por<br />

primera vez una cachetada. Leonardo<br />

dijo que estaba bien, que había menti-<br />

31


do, que sí, que era un tonto, y que iba a<br />

aceptar lo que ella dispusiera. «Es imposible<br />

hacer entrar en razones a una<br />

mujer enamorada», pensó él mientras<br />

abrazaba a su mamá. No había una<br />

sola lágrima en sus mejillas, pero estaba<br />

inundado por dentro.<br />

6<br />

Durante los primeros meses, los temores<br />

de Leonardo resultaron baldíos, a<br />

tal punto que dejó de padecer aquella<br />

horrible pesadilla. Entonces, una mañana,<br />

unas voces lo despertaron. Había<br />

varios policías en la sala, no pocos<br />

civiles y unas personas enguantadas<br />

que salieron del baño con una camilla<br />

en la que llevaban una bolsa negra. Un<br />

agente se percató del niño.<br />

—¡Hola! —le dijo y le acarició la despeinada<br />

cabeza—. Quedate conmigo un ratito<br />

hasta que tu papá pueda venir con vos.<br />

Leonardo quería decirle que ese<br />

hombre no era su verdadero padre,<br />

pero las palabras se le habían hecho<br />

un nudo en la garganta.<br />

7<br />

Dijeron que fue un accidente; que se<br />

había resbalado en la bañera; que ahora<br />

estaba a cargo de su padrastro. Pero lo único<br />

que Leonardo sabía con certeza era que<br />

no había sido un accidente, ya que el día de<br />

la tragedia, cuando Ángel sollozaba con el<br />

rostro escondido entre las rodillas, por un<br />

instante, éste levantó la cabeza y dejó ver,<br />

inconscientemente, cómo detrás de sus lágrimas<br />

los ojos le ardían como ascuas.<br />

32


8<br />

El padrastro le permitía a Leonardo<br />

hacer lo que quisiera. Si quería ir a la<br />

escuela, iba; y si no quería, no iba. Podía<br />

pedir, todos los días, pizzas para el<br />

almuerzo, o pollo con papás al horno<br />

para la cena. El hombre se ausentaba<br />

de la mañana a la noche, y aunque volviera<br />

temprano seguía como ausente.<br />

9<br />

Algunas semanas después, la pesadilla<br />

retomó su labor. Pero esta vez no era él<br />

quien estaba dentro del cuarto. Era Ángel,<br />

y parecía más asustado que un perro al<br />

que acaban de apalear. En cambio, Leonardo<br />

carecía de miedo. Colocaba ladrillo<br />

tras ladrillo, hilera tras hilera, con una<br />

alegría desbordante y con una habilidad<br />

que se desconocía. Hasta pensó que le<br />

gustaría ser albañil cuando fuera mayor.<br />

Y a poco, casi sin darse cuenta, halló entre<br />

sus manos el ladrillo que restaba para<br />

clausurar la abertura. Pero en lugar de<br />

colocarlo en su sitio, cortó con su cabeza<br />

la última hilacha de luz que penetraba en<br />

la habitación. Y aquel hombre que lo había<br />

acosado durante tanto tiempo desde<br />

fuera, ahora sufría como él había sufrido.<br />

No obstante, a Leonardo lo invadió de<br />

pronto un sentimiento de inesperada<br />

compasión. Por eso, sin cerrar los ojos,<br />

se apartó y dejó que luz penetrara en el<br />

cuarto. Acto seguido, con el ladrillo que<br />

halló entre sus manos, Leonardo abandonó<br />

la cama y se dirigió hacia el dormitorio<br />

de su padrastro.<br />

Calmada y decididamente.<br />

33


DESPLIEGUE DEL<br />

TEMA DE LA MUERTE<br />

EN DOS POEMAS DE<br />

FEDERICO GARCÍA<br />

LORCA<br />

Por Manuel Felipe Álvarez-Galeano<br />

Hablar del poeta y dramaturgo<br />

granadino Federico García Lorca<br />

sugiere la versatilidad de un artista<br />

que debe su envergadura en la tradición<br />

literaria a su despliegue estético,<br />

a través de su canalización en distintos<br />

géneros, siendo el Romancero gitano el<br />

trabajo más emblemático. De ahí estriba<br />

la retadora complejidad de su análisis,<br />

además, porque Lorca, más que<br />

un estudioso, es un creador; y eso lo<br />

34<br />

destaca en su exaltada «Poética» cuando<br />

menciona: «Comprenderás que un<br />

poeta no puede decir nada de la Poesía.<br />

Eso déjaselo a los críticos y profesores»<br />

(Citado en Diego, 1996, s/p). Además<br />

de esto, plantea una cercanía con distintos<br />

perfiles de lector, la cual le atribuye<br />

su carácter universal, además de<br />

sus reveladores viajes que le permitieron<br />

trastocar las conciencias, tal como<br />

él mismo menciona en su discurso de


1935, donde se reconoce a sí mismo<br />

como: «[…] un verdadero amigo, un camarada<br />

que recuerda todavía cercanos<br />

los años en que vivía a golpes […] llevando<br />

una vida de broma y jaleo para<br />

ocultar una aventurada y bienhechora<br />

melancolía» (García, 1991, p. 339).<br />

Este tópico de la melancolía, como<br />

explícitamente manifiesta, se asegura<br />

como un atisbo a la muerte que circunda<br />

la obra de este autor. Esa misma que<br />

en su poema «Aurora», escrito en 1940<br />

para su compilación Poeta en Nueva<br />

York, le imprime ese dejo gris del paisaje<br />

nostálgico: «buscando entre las aristas<br />

nardos de angustia dibujada» (Citado<br />

en Guerrero y Dean-Thacker, 1998,<br />

p. 109), exponiendo, implícitamente,<br />

un atisbo a la muerte en una esfera urbana<br />

y con el tono de soledad propio<br />

de un inmigrante, ya que hace parte<br />

de aquellos poemas que: «[…] fueron<br />

35


escritos en la ciudad de Nueva York, el<br />

año 1929-1930, en que el poeta vivió<br />

como estudiante en Columbia University»<br />

(Castro. 2010, s/p). Por su parte,<br />

el poema «Muerte de Antoñito el Camborio»,<br />

del célebre Romancero gitano<br />

(1928), refiere la muerte de una manera<br />

más explícita y con una índole más<br />

social: «Voces de muerte sonaron cerca<br />

del Guadalquivir» (García, 1998, p. 165).<br />

Este poema surca el emblema de la<br />

perorata social y el personaje referenciado<br />

se ostenta como la prosopopeya<br />

de un ideal y, a su vez, en sus versos:<br />

«¡Ay Federico García, llama a la Guardia<br />

Civil!» (García, 1998, p. 165), relaciona<br />

el estandarte discursivo de Lorca en<br />

función de la muerte como herramienta<br />

de validación de una postura, como<br />

resume en su disertación: «[…] me llama<br />

por mi nombre en el momento de<br />

su muerte. Gitano verdadero […] como<br />

muchos que en estos momentos mueren<br />

de hambre por no vender su voz milenaria<br />

a los señores que no hacen más<br />

que dinero» (García, 1991, p. 345).<br />

«Muerte de Antoñito el Camborio»<br />

denota el carácter inclusivo y fijación<br />

en el exterior, como menciona Salinas<br />

(2007, p. <strong>12</strong>64): «hace hablar a sus personajes,<br />

vuelto su romance —como los<br />

tradicionales— hacia un mundo exterior,<br />

de personas que hacen cosas, de<br />

sucesos que acaecen allí, ante el espectador».<br />

En este caso se resume cómo<br />

la muerte se vislumbra, vistosamente,<br />

ante el exterior. El poema «Aurora», por<br />

su parte, plantea la sensibilidad desde<br />

un plano más individual: «<strong>La</strong> aurora llega<br />

y nadie la recibe en su boca porque<br />

allí no hay mañana ni esperanza posible»<br />

(García, 2014, p. 53).<br />

Aunque bien, en este último poema<br />

puede añadirse que el yo lírico encaja<br />

como parte del paisaje lúgubre y bosqueja<br />

un acercamiento al tópico de la<br />

muerte, en medio de una sentencia<br />

clara: la desesperanza y dificultad de<br />

vivir en medio de la muchedumbre y<br />

ante el sopor urbano. Dicha postura es<br />

atestiguada por Guerrero y Dean-Thacker<br />

(1998, p. 108): «Para García Lorca la<br />

aurora en Nueva York es un amanecer<br />

sin esperanza». Es claro que el poeta lo<br />

explicita y expone ese carácter trascendente<br />

de la nostalgia, la angustia y la<br />

soledad que discurren como un preludio<br />

de la matriz temática de la muerte<br />

36


y que es muy propia ante las metrópolis,<br />

Casas resume que (2010, s/p): «El<br />

poema <strong>La</strong> aurora introduce en el libro<br />

la temática de la ciudad de Nueva York<br />

con oxímoron procedentes de la crisis<br />

urbana: columnas de cieno, huracán de<br />

negras palomas, aguas podridas, cieno<br />

de números y leyes». En el otro poema<br />

se descubre que el espacio juega un<br />

valor simbólico significativo, específicamente,<br />

cuando menciona, a modo de<br />

estribillo, el río Guadalquivir como una<br />

forma de ambientar, dramáticamente,<br />

la muerte: «Voces de muerte sonaron<br />

cerca del Guadalquivir» (García, 1998,<br />

p. 165) hasta el nivel de convertirse en<br />

una obra constantemente representada,<br />

pues no es gratuito que pertenezca a<br />

«[…] el libro de poesía más sonado, más<br />

triunfal, del siglo xx» como prepondera<br />

Salinas (2007, p. <strong>12</strong>63). De esta manera,<br />

se reconoce cómo ambos poemas,<br />

en síntesis, permiten un acercamiento<br />

a lo que trazaría la directriz temática y<br />

simbólica en la obra de García Lorca: la<br />

muerte, la cual se consolida como un<br />

fondo que permea la literatura y la filosofía,<br />

postulándose como el estadio<br />

más enigmático en la vida del hombre.<br />

Bibliografía<br />

Bagaría (1936): «Diálogos de un caricaturista salvaje<br />

(entrevista a Federico García Lorca)» (10-6-1936), en<br />

El Sol, recogido en García Lorca, F., OOCC, vol. <strong>II</strong>I, Prosa,<br />

Madrid, Aguilar, 1991, pp. 680-681.<br />

Castro Arena, M. (2010): «Poeta en Nueva York de Federico<br />

García Lorca», Alicante, Biblioteca virtual Miguel<br />

de Cervantes. Disponible en pdf.<br />

García Lorca, F. (1935), «Conferencia-recital Romancero<br />

gitano», en OOCC, vol. <strong>II</strong>I, Prosa, Madrid, Aguilar,<br />

1991, pp. 339-346.<br />

___ (1932): «Un poeta en Nueva York», en OOCC, vol.<br />

<strong>II</strong>I, Prosa, Madrid, Aguilar, 1991, pp. 347-358.<br />

___ (1932): «Poética», en Poesía española. Antología<br />

(1915-1932), selección de Gerardo Diego, Madrid, Signo.<br />

Disponible en: http://artespoeticas.librodenotas.com/<br />

artes/1447/poetica-de-viva-voz-a-gerardo-diego<br />

García-Posada, M. (1998): Federico García Lorca. Madrid,<br />

Akal.<br />

Guerrero, P. y Dean-Thacker, V. (1998). Federico García<br />

Lorca. El color de la poesía. Murcia, Universidad de<br />

Murcia y Universidad de Transylvania.<br />

Salinas, P. (2007): “Federico García Lorca”, “García<br />

Lorca y la cultura de la muerte” y “Palabras en homenaje<br />

a García Lorca”, en Literatura Hispánica Moderna,<br />

incluido en OOCC, vol. <strong>II</strong>, Ensayos completos, Madrid,<br />

Cátedra, Bib. Áurea, edición, introducción y notas de Ensayos<br />

completos, Enric Bou y Andrés Soria Olmedo, pp.<br />

<strong>12</strong>63-<strong>12</strong>66 y <strong>12</strong>79-<strong>12</strong>92.<br />

37


ESTÁN<br />

DENTRO DE TI<br />

Por Augusto Montero Razo<br />

38


Mariano dio otra mordida a su emparedado<br />

de jamón y bebió un<br />

gran sorbo de café. <strong>La</strong>s tripas le<br />

empezaron a doler así que tiró lo que<br />

le quedaba de almuerzo (que era la<br />

mitad) y se dispuso a regresar a la oficina.<br />

Llevaba ya una semana con esos<br />

extraños dolores; le aparecían siempre<br />

que empezaba a comer; no bien daba<br />

el cuarto o quinto bocado y los retortijones<br />

comenzaban en su estómago. Si<br />

las cosas no mejoraban en unos días<br />

estaba dispuesto a ir al médico, algo<br />

extraño en él.<br />

Su día estuvo lleno de idas al baño;<br />

diarrea a veces y a veces simplemente<br />

gases; muy incómodo todo, ciertamente.<br />

Al llegar a su hogar, ya de noche,<br />

se tendió en el sofá, calentó una cena<br />

congelada e intentó comerla mientras<br />

veía televisión. Su apartamento era<br />

un cuchitril que nunca limpiaba. Había<br />

moho en la alfombra, polvo en sus<br />

muebles, un fregadero maloliente, un<br />

baño asqueroso, ropa sucia tirada por<br />

doquier… Lo bueno es que al sucio<br />

dueño del apartamento no le molestaban<br />

las cucarachas, tan no le molestaban<br />

que siempre que pisaba una no<br />

recogía el cadáver recién aplastado y<br />

dejaba que el tiempo disolvieran los<br />

restos de esos insectos.<br />

Ya iba en su quinta cucharada de<br />

frijoles cuando sintió unas horribles<br />

punzadas dentro de su estómago, más<br />

fuertes que de costumbre, y corrió al<br />

baño para evacuar. En realidad, no<br />

había mucho que depositar en el inodoro;<br />

esa cena era su primer alimento<br />

en horas, pues no había comido nada<br />

desde el emparedado del almuerzo;<br />

sin embargo, logró cagar en diarrea. Al<br />

limpiarse se percató que lo cagado no<br />

era caca sino pura sangre, sino se sintió<br />

asqueado y horrorizado. Se paró<br />

sumamente espantado y vio el retrete;<br />

el agua de éste estaba llena de sangre<br />

con una bola, de lo que creía, era excremento.<br />

Quiso lavarse primero las manos<br />

antes de bajarle al inodoro, quería,<br />

por primera vez en mucho tiempo, sentirse<br />

limpio de su cuerpo. Mientras se<br />

lavaba las manos se vio al espejo y se<br />

notó pálido y sudoroso, ¿qué rayos le<br />

estaba pasando? Decidió que al día siguiente<br />

faltaría a trabajar e iría al doctor<br />

para saber qué tenía. Por su mente<br />

pasaban algunas cosas desagradables;<br />

se había tragado algo que le estaba<br />

perforando las entrañas o es que acaso<br />

tenía algún tipo de cáncer (en el estómago<br />

o en el colon) que le había hecho<br />

cagar sangre.<br />

Se acercó para ver con más detenimiento<br />

lo que había dentro del escusado,<br />

aunque claramente no le gustaba<br />

observar la mescla de mierda y sangre<br />

arrojada desde su intestino, necesitaba<br />

contemplarla bien para saber qué tenía<br />

que decirle al médico con exactitud:<br />

y entonces lo vio. Lo que creía eran heces<br />

en realidad era una larva, bastante<br />

grande, cubierta de restos fecales que<br />

estaba empezando a revolcarse. Esa<br />

inmundicia estaba salpicando agua<br />

con sangre fuera del inodoro. El espectáculo<br />

era vomitivo y nauseabundo;<br />

rápidamente jaló la palanca y contempló<br />

—con cierto alivio— como todo el<br />

mármol volvía a ser blanco —un blanco<br />

muy opaco porque nunca lavaba el<br />

escusado— al succionar toda la sangre<br />

y a esa gran larva intestinal.<br />

¡Parásitos! Eso era; pero… ¿Cómo los<br />

había adquirido? ¿Había sido en los tacos<br />

de canasta de hacia una semana o<br />

quizá las carnitas de un mes atrás? Eso<br />

ya no importaba: tenía serios proble-<br />

39


mas intestinales. Ya no sabía si esperar<br />

hasta el día siguiente o irse a urgencias<br />

por parásitos. Pero antes de tomar su<br />

decisión un inmenso dolor le surgió del<br />

estómago. Cayó en cuclillas para intentar<br />

aminorarlo, pero lejos de hacerlo el<br />

dolor se esparció por todo el cuerpo;<br />

del estómago al vientre, del vientre a<br />

la espalda, de la espalda al pecho, del<br />

pecho a sus cuatro extremidades. Se<br />

tiró al piso y empezó a convulsionarse<br />

del dolor por todo su apestoso apartamento.<br />

El dolor le impedía estarse<br />

quieto; tenía que irse a urgencia pronto.<br />

Trataba de controlarse para poder<br />

sacar el celular de sus bolsillos pero<br />

era demasiado el dolor como para poder<br />

dejar de convulsionarse. Se apretó<br />

los dientes para contener el dolor por<br />

unos segundos y como pudo metió su<br />

mano a su bolsillo y de un jalón sacó su<br />

celular, sin embargo, éste salió disparado<br />

a unos metros de donde él estaba.<br />

<strong>La</strong>s convulsiones le impedían avanzar<br />

hacia el celular, pero de cualquier manera<br />

ya era muy tarde: varios gusanos,<br />

del tamaño del que se había ido por<br />

el escusado, empezaron a salir de su<br />

carne. Primero de su cara; empezando<br />

por sus ojos, luego sus orificios nasales<br />

y luego sus oídos. <strong>La</strong> sensación de<br />

cómo salían de su cara era de un ardor<br />

tremendo, afortunadamente perdió el<br />

conocimiento antes de ver cómo era<br />

devorado por esos repulsivos parásitos.<br />

Salieron de todas partes de su cuerpo<br />

40


devorando su carne para encontrar la<br />

libertad. Una vez muerto, las larvas se<br />

dedicaron a comer el resto del cadáver.<br />

Esa noche, mientras el cadáver de<br />

Mariano era devorado por unas asquerosas<br />

larvas, en las noticias alertaron<br />

sobre una nueva plaga de larvas de<br />

moscas alteradas genéticamente que<br />

habían escapado hacia un mes de un<br />

laboratorio en Atlanta, Estados Unidos.<br />

Al parecer las moscas tenían la peculiar<br />

característica de poner sus huevecillos<br />

ya no en excremento, sino en cualquier<br />

alimento; eso hizo que la propagación<br />

fuera muy rápida. Se estimaba que<br />

prácticamente todos los comestibles<br />

sin envoltura alrededor del continente<br />

americano estaban ya infectados<br />

con esas larvas. También avisaron que<br />

justamente tardaban en salir del huésped,<br />

más tiempo que una larva común,<br />

debido a su desorbitante tamaño y<br />

por ello los primeros reportes de infectados<br />

apenas empezaban a surgir.<br />

El conductor del programa indicó que<br />

todas las personas que tuvieran dolor<br />

estomacal fueran inmediatamente a<br />

un médico a diagnosticarse pues era<br />

probable que esas larvas estuvieran<br />

dentro de ellos. Antes de dar a conocer<br />

más sobre la plaga la transmisión se<br />

interrumpió abruptamente cuando el<br />

conductor del noticiero, quien se veía<br />

pálido y sudoroso, se llevó sus manos<br />

al estómago y cayó al piso gimiendo<br />

de dolor.<br />

41


42<br />

EL PORTÓN<br />

DEL FONDO<br />

Por Irene Mariana Hume


<strong>La</strong> fila es larga, rigurosamente de a<br />

uno. Me dedico a mirar los rostros<br />

cuando voltean, alguno se parecerá<br />

al mío. Hay unos cuantos desconcertados,<br />

incrédulos, en cualquier momento<br />

empezarán a gritar que están<br />

aquí por equivocación; los hay aterrados,<br />

como niños que escuchan los pasos<br />

del adulto abusivo. Los más, ostentan<br />

un rictus de acabada resignación.<br />

El hombre delante de mí habla con la<br />

nuca del que lo antecede; al parecer no<br />

se permiten conversaciones, aunque no<br />

hay letrero ni persona que imponga el<br />

silencio que reina. Se ve que este hombre<br />

está enterado de cosas, le susurra al<br />

cuello de la camisa del otro que la entrevista<br />

es muy corta, consiste en una sola<br />

pregunta. No, él no sabe cuál es.<br />

Avanzamos bastante rápido. Aquí<br />

nadie se cuela, no hay favoritismos ni<br />

gestos corteses para con las mujeres ni<br />

la gente mayor. Nadie pide, nadie cede.<br />

Debo sacarle información a este hombre,<br />

antes de que sea mi turno. Para iniciar<br />

la conversación le hablo a algún lugar entre<br />

los omóplatos —es bastante más alto<br />

que yo— no se me ocurre nada más lúcido<br />

que comentar lo rápido que se mueve la<br />

cola. No toman a casi nadie, me dice, volteando<br />

apenas. Te preguntan el nombre, y<br />

como ya hicieron todas las averiguaciones<br />

de antecedentes, a la mayoría la bochan<br />

ahí nomás. Acá no hay currículum trucho<br />

que valga. Los rechazados vuelven a salir<br />

y se van por la puerta del fondo. ¿Dónde?<br />

Allá lejos, a la izquierda, ese portón gris,<br />

alto. ¿Ahora lo ves?<br />

Para el resto, como ya dije, es una<br />

sola pregunta. Si tenés la fija de cómo<br />

contestar, te aceptan y ya te quedás. Si<br />

no, fuera y al portón. ¿Que cómo sé yo<br />

todo esto? Se encogió de hombros. Es<br />

lo que va corriendo por la fila.<br />

Miro hacia atrás y la cola sigue hasta<br />

donde ya no alcanzo ver, progresa pero<br />

nunca se acorta. Para seguir la cadena<br />

de información y un poco por hacerme<br />

el importante (ni acá se me quitan las<br />

mañas), repito lo que acabo de aprender<br />

a la joven que está detrás de mí.<br />

Bellísima, elegante e impecablemente<br />

vestida, en ningún otro lugar se me<br />

hubiera ocurrido dirigirle la palabra. <strong>La</strong><br />

homogeneidad se hace posible sólo en<br />

este instante.<br />

Avanzamos varios metros, allá veo la<br />

puerta al lugar de la entrevista. Siento que<br />

me empieza a faltar el aire en este ambiente,<br />

aséptico como la sala del hospital.<br />

Me lo había imaginado de otra forma, vaporoso,<br />

sin el lastre de lo mundano.<br />

Le comento a mi compañero sabihondo<br />

que a mi entender no era tan tajante<br />

el asunto, había una segunda oportunidad,<br />

un lugar intermedio donde se terminaban<br />

de resolver las cosas. Esta vez<br />

se da vuelta y me mira de frente, la expresión<br />

una mezcla de sorna y crueldad.<br />

Y vos te creíste todo lo que te contaron.<br />

Recaigo en el silencio. Si de esto<br />

nunca fue posible hablar, como si se<br />

pudiera negar que después de un día<br />

cualquiera vendrá la noche.<br />

Unos metros más. Me he estado sincerando<br />

conmigo mismo y creo que no<br />

seré rechazado de plano, pero tampoco<br />

aceptado así nomás. Soy finalista de un<br />

programa de preguntas y respuestas<br />

ante la última prueba, a todo o nada.<br />

Esta convicción me da ánimo para abordar<br />

nuevamente la espalda hostil; averiguo<br />

si no escuchó nada más sobre la<br />

infame pregunta. No me responde.<br />

Para distraerme me concentro en lo<br />

que ocurre en la cabecera de la fila, separada<br />

de mí por unas cuarenta personas.<br />

Al poco tiempo, alarmado, dejo de<br />

43


llevar la estadística, porque de todos<br />

los que van entrando sólo un joven no<br />

vuelve a salir.<br />

Demasiado pronto, quedan apenas<br />

dos personas adelante en la fila. Con<br />

la valentía que me confiere la desesperación<br />

me animo nuevamente: ¿qué te<br />

parece que habrá detrás del portón gris<br />

del fondo? ¿Será como…?<br />

Se da vuelta bruscamente, la expresión<br />

inescrutable. ¿Qué? ¿Estás sintiendo<br />

calorcito? se burla, con un humor<br />

perverso que enmascara su miedo.<br />

El sabihondo desaparece detrás de<br />

la puerta y emerge casi enseguida. Era<br />

cantado que a ese lo rechazaban sin siquiera<br />

preguntarle nada. No me mira, se<br />

va directamente para el fondo. Me toca.<br />

<strong>La</strong> puerta ha quedado abierta y entro,<br />

la siento cerrar, silenciosa, detrás de mí.<br />

Estoy como en un ascensor vidriado, de<br />

esos en que se puede ver todo mientras<br />

uno asciende, pero aquí no hay paredes<br />

ni piso, y en lo que sería el afuera no hay<br />

nada. No me animo a dar otro paso, temiendo<br />

caer al vacío, y una voz que me<br />

resulta amable pregunta: ¿Nombre?<br />

Raúl Amancio. Pasan unos minutos y<br />

me aferro a la idea de que no me encuentran<br />

en la lista, todo fue un error y<br />

podré volver. En eso la voz insiste ¿Es<br />

usted quien dice ser?<br />

Raúl Amancio, repito, esperanzado.<br />

Transcurre el tiempo y no pasa nada,<br />

se me acalambran las piernas de estar<br />

tanto tiempo quieto. El silencio se alarga<br />

más de lo razonable y es entonces<br />

que caigo en la cuenta, horrorizado, de<br />

que la pregunta ya me la han hecho.<br />

¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Habrá<br />

algunos necios que dan un nombre falso?<br />

Estoy por asentir y pronunciar mi<br />

nombre por tercera vez, cuando recuerdo<br />

la ocasión en que presumí de<br />

un ascenso en el trabajo, pero en realidad<br />

sólo me habían cambiado de sector.<br />

Seguramente no cuenta la broma<br />

esa de las fotos trucadas que subí a las<br />

redes, de vacaciones en un lugar al que<br />

nunca fui.<br />

Y después está aquel fin de semana, le<br />

dije a Gloria que me iba de pesca, y en vez…<br />

Siento una corriente de aire. Es la<br />

puerta detrás de mí que se está abriendo.<br />

44


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46<br />

EL<br />

CUADRADO<br />

Por Cintia Mariana Ledesma Gutiérrez


Nuestra familia siempre fue pequeña:<br />

tu marido, tus dos hijos, la vecina<br />

que era tu única amiga vos<br />

y yo. Todos me esperan mientras me<br />

acerco a paso firme por el pasillo de tierra<br />

escoltado por tumbas ajenas y flores<br />

muertas. El único sonido que acompaña<br />

mis pasos es el del viento entre<br />

los árboles. El cementerio es siempre<br />

un lugar frío y ventoso. Al llegar saludo<br />

con un movimiento de cabeza al que<br />

mis sobrinos no corresponden y tu esposo<br />

ignora.<br />

El féretro se desliza hacia el interior<br />

del espacio oscuro y rectangular que<br />

será tu morada definitiva y no puedo<br />

dejarte ir sin antes preguntarte por qué<br />

no lo hiciste, por qué no trazaste un<br />

cuadrado que te protegiera; ¿no recordaste<br />

que dentro de él estarías a salvo?<br />

<strong>La</strong> noche en la que se me ocurrió la<br />

idea del cuadrado voy a recordarla por<br />

siempre; llovía a cántaros, el aguacero<br />

pegaba fuerte contra la autopista que<br />

nos servía de techo, el alrededor estaba<br />

más oscuro que de costumbre y<br />

apenas podía verte iluminada por un<br />

rayo de luz de los postes de la calle<br />

que se filtraba entre los trapos colgantes<br />

que hacían las veces de paredes<br />

en casa. Recuerdo que te tenía fuerte<br />

de la mano, que sollozabas y los dos<br />

teníamos miedo, ella había gritado y<br />

maldecido todo el día matizando sus<br />

insultos con golpes, como si la culpa<br />

de que no escampara fuera nuestra.<br />

Mamá odiaba que la lluvia espantara a<br />

sus clientes. Esos hombres de aspecto<br />

repulsivo que nos miraban con menos<br />

atención de la que le dedicaban a las<br />

ratas que nos correteaban alrededor<br />

mientras ellos se encerraban con esa<br />

mujer en la tapera. Después de un rato<br />

se iban con la misma indiferencia con<br />

la que habían llegado y era entonces<br />

cuando mamá se transformaba. Corría.<br />

Corría más rápido de lo que nunca<br />

la vi correr y cruzaba la autopista por<br />

el puente naranja. Cuando regresaba<br />

nosotros seguíamos invisibles y todo<br />

su amor era para esa bolsita de polvo<br />

blanco. Dos líneas blancas y frías que la<br />

despegaban del mundo y la paseaban<br />

por lugares hermosos. Eso decía.<br />

El cuadrado fue nuestro lugar hermoso.<br />

Lo dibujábamos con un pedazo<br />

de carbón en el suelo que tuviéramos<br />

bajo los pies y nos quedábamos dentro<br />

seguros de estar a salvo. Me creías<br />

cuando te decía que estar ahí tomados<br />

de la mano nos hacía iguales a<br />

los chicos que vivían en las casas con<br />

ventanales grandes del otro lado de<br />

la autopista que tanto nos gustaba espiar.<br />

Allí no entraban golpizas, llantos o<br />

gritos. No existían los días de buscar a<br />

esa mujer en los callejones oscuros del<br />

puerto cada vez que se perdía detrás<br />

de alguno de sus tantos príncipes de<br />

humo. No estábamos solos, no teníamos<br />

hambre o frío. No había lugar para<br />

el desamparo.<br />

<strong>La</strong> imaginación es el único escudo efectivo<br />

que tiene un niño que no tiene nada.<br />

Estoy frente a tu tumba y aunque ya<br />

no soy un niño, acaricio el marcador<br />

negro que siempre llevo en el bolsillo<br />

de mi saco conteniendo las ganas de<br />

delinear en este mismo instante cuatro<br />

líneas rectas a mí alrededor en el<br />

piso de cemento. Necesito fingir que<br />

nada de esto pasa. Los encargados del<br />

cementerio nos dan un momento de<br />

respetuosa intimidad y el silencio de<br />

los primeros segundos es un golpe de<br />

destrucción al llanto contenido de tu<br />

hija que desborda en lágrimas, en palabras<br />

entrecortadas y bronca. Toda la<br />

47


onca del mundo para una muerte tan<br />

absurda. Tu vecina intenta confortarla<br />

en vano. Estarías orgullosa de tu hijo,<br />

es un hombrecito que aunque toma la<br />

mano de su padre y le hunde las uñas<br />

en la palma casi hasta hacerlo sangrar,<br />

no derrama una sola lágrima. Veo sus<br />

ojos grises rotos por el dolor y no puedo<br />

dejar de verte a vos en esa tarde en<br />

la que todo cambió. Esa tarde en la que<br />

dejamos a mamá durmiendo y nos fuimos<br />

sin mirar atrás. No pediste explicaciones;<br />

tenías esa fe ciega de hermana<br />

menor en mí. Sólo tomamos la única<br />

muda de ropa que teníamos y dejamos<br />

todo lo que nos faltaba en ese tugurio<br />

junto a la autopista. Entre tantas instituciones,<br />

familias de acogida, hombres<br />

de traje y mujeres de profesional<br />

maternidad trazamos muchas veces el<br />

cuadrado para protegernos, para que<br />

no nos separaran, para sobrevivir en la<br />

jungla de niños desesperados de amor<br />

y asqueados de realidad. Lo logramos.<br />

Fuimos, somos, seremos mucho mejor<br />

que una adicta y un padre del que no<br />

nos quedan ni recuerdos malos.<br />

Tu familia, tu casa de frente blanco y<br />

tu vida de suburbio acomodado. Cumpliste<br />

tu sueño y estoy más orgulloso<br />

de eso que de mí. Si ya sé que siempre<br />

decías que eras vos la que sentía orgu-<br />

48


llo de su hermano: un cirujano respetado,<br />

un hombre de gustos exquisitos y<br />

una novia ejecutiva que hoy no quiso<br />

llenarse los zapatos de polvo y se excusó<br />

en el respeto a la privacidad del<br />

dolor de la familia...aunque tenga asistencia<br />

perfecta en cualquier rito fúnebre<br />

de terreno parquizado.<br />

Los obreros colocan la lápida y lentamente<br />

caminamos hacia la salida. Quisiera<br />

abrazar a mis sobrinos y prometerles<br />

que nada va a cambiar. Quisiera<br />

darle un apretón de manos a mi cuñado<br />

y decirle que la vieja competencia<br />

por ser el hombre más importante de<br />

tu vida ya es obsoleta…pero gané yo.<br />

En el conteo de secretos y recuerdos<br />

gano yo. Él no sabe que el gris de tus ojos<br />

se apagó para el mundo mientras el filo<br />

de mi navaja te lastimaba más veces de<br />

las que puedo tolerar. Cómo hago para<br />

explicarte que me recordabas demasiado<br />

a esa adicta que hizo de mí esto que<br />

soy, que a medida que pasaban los años<br />

te parecías más y más a ella…como si<br />

me desafiara a matarla una y otra vez.<br />

Como si con una vez no hubiera bastado.<br />

Te di mi marcador, te pedí que lo dibujaras<br />

pero dijiste que eso eran cosas de<br />

chicos, que ya no éramos tan inocentes.<br />

Tenés razón, a veces, en lugar de un<br />

niño, te dejan un monstruo dentro.<br />

49


¿A QUÉ<br />

TEMPERATURA SE<br />

QUEMAN LAS IDEAS?<br />

Por Hernando Orozco Losada<br />

<strong>La</strong>s quemas de libros en la historia<br />

han estado ligadas a la persecución<br />

de sus autores o de sus lectores.<br />

Este acto político nos recuerda que no<br />

hay nada más peligroso para un Estado<br />

autoritario, para una sociedad represiva<br />

o para un grupo de fanáticos, que las<br />

ideas diferentes. Esta novela del estadounidense<br />

Ray Bradbury (1920-20<strong>12</strong>),<br />

está inspirado en el auge del macarthismo<br />

en la década del cincuenta del siglo<br />

50<br />

XX en los EE. UU. Esta censura le cerró<br />

las puertas editoriales, por fortuna un<br />

editor libertino Hugh Hefner, la publicó<br />

en sus revistas Playboy que lanzó al<br />

mercado entre 1953 y 1954.<br />

Fahrenheit 451 es narrada en tercera<br />

persona y revela las vivencias y<br />

reflexiones desde el punto de vista<br />

de Guy Montag —el personaje central—,<br />

alternando con diálogos relevantes<br />

y cargados de sentido. Él es un


ombero que junto con otros y bajo<br />

la mirada vigilante del jefe Beatty, no<br />

apagan incendios sino que los prenden,<br />

quemando libros y casas que los<br />

albergan, pero también persiguiendo a<br />

sus lectores con un sabueso mecánico.<br />

Los libros contienen ideas diferentes y<br />

contradictorias, lo cual puede generar<br />

angustia, cuestionamiento del statu<br />

quo y búsqueda del cambio, los bomberos<br />

protegen la felicidad al cumplir<br />

la ley de quemar los libros prohibidos.<br />

Montag está conforme con este trabajo<br />

hasta que sucede algo inesperado, una<br />

lectora se inmola entre sus libros. Esto<br />

se convierte para Guy en un llamado a<br />

cuestionar si la ley es un abuso.<br />

<strong>La</strong> vida familiar de Montag es frustrante:<br />

su esposa Mildred es casi una<br />

desconocida, escucha música por sus<br />

auriculares, se intoxica con sedantes,<br />

aprende guiones de realities y quiere<br />

51


llenar sus paredes de pantallas gigantes<br />

para interactuar con su familia todo<br />

el día y ser feliz. Lo que ella no sabe, es<br />

que Montag ha cruzado un umbral hacia<br />

fantasmas que harán arder su mundo.<br />

El héroe intenta en vano que piense<br />

diferente, la cuestiona y le plantea sus<br />

descubrimientos, pero ella no desea<br />

ser salvada, se aferra a una felicidad<br />

absurda y hará lo necesario para protegerse.<br />

Beatty los visita, también es un<br />

lector a escondidas, pero es un escéptico<br />

y usa falacias, paradojas literarias<br />

y sarcasmos para tratar de apabullar y<br />

convencer a Guy. Montag está descubierto,<br />

tiene miedo y duda, sin embargo,<br />

no apaga su fuego interior y decide<br />

enfrentarse a Beatty, esta es la prueba<br />

necesaria para seguir su camino, sin<br />

importar el costo.<br />

<strong>La</strong> ciudad es el escenario de la velocidad,<br />

el anonimato, el desahogo<br />

peligroso y las persecuciones; allí es<br />

sospechoso caminar solo, sin embargo<br />

posibilita encuentros trascendentales<br />

para Guy, como los que tiene con Clarisse<br />

una joven extraña y mágica, que<br />

lo invita a la aventura de pensar y sentir<br />

diferente. Ella no ve televisión, ni va a<br />

los parques de atracciones, es considerada<br />

insociable y recibe terapia, tiene<br />

mucho tiempo para caminar y pensar;<br />

observa, escucha y huele con detenimiento<br />

a las personas, las lee y les hace<br />

preguntas inquietantes; no le gusta<br />

la escuela, allí no permiten preguntar,<br />

solo hacer silencio y repetir lo que<br />

dictan las pantallas; tampoco le gusta<br />

estar con jóvenes, no hablan nada original,<br />

conducen peligrosamente y se<br />

matan entre ellos. Clarisse observa con<br />

ojos de poeta y pregunta como filósofa,<br />

esto erotiza a Montag, diluye sus falsas<br />

seguridades y le quita su careta de fe-<br />

52


licidad. En un parque conoce a Faber,<br />

un profesor de literatura retirado, este<br />

le da un obsequio que le ayuda a trasformar<br />

su mundo. Faber es un viejo cobarde<br />

que posibilita que Montag tome<br />

conciencia y trata de protegerlo, hasta<br />

que se rebela y entonces lo instruye<br />

para el viaje de retorno hacia su humanidad<br />

oculta.<br />

Montag cuestiona su realidad y descubre<br />

con asombro que él no protege<br />

la felicidad, que este sistema no fue impuesto,<br />

que la masa social ha clausurado<br />

ciertas dimensiones de la realidad<br />

humana y los libros son su último refugio.<br />

<strong>La</strong>s ocasionales quemas y persecuciones,<br />

son solo actos simbólicos que<br />

reafirman el orden moral imperante.<br />

En esta sociedad, la gente dejó de leer<br />

para sumergirse en el entretenimiento<br />

audiovisual y la publicidad, dejó de ir<br />

a la universidad y solo ejerce técnicas,<br />

dejó de pensar, criticar y amar, para<br />

solo obedecer, tomar medicación o<br />

suicidarse. Guy domina el miedo a perder<br />

su zona de confort, enfrenta sus<br />

temores y a Beatty, este le plantea una<br />

encrucijada: proteger su mundo “feliz”<br />

o sufrir la persecución. Su elección lo<br />

lleva a un final insospechado y revela<br />

su sabiduría ante extraños personajes<br />

libro, alrededor de la hoguera de un<br />

nuevo día.<br />

Esta es una obra distópica que construye<br />

una realidad social, política y<br />

tecnológica posible, pero indeseable;<br />

es una mirada irónica y desencantada<br />

del presente y sus tendencias futuras.<br />

Fahrenheit 451 es poética e inquietante,<br />

cercana a nuestra sociedad de la<br />

información y del espectáculo, reveladora<br />

de la cultura feliz del consumo de<br />

clases medias actual, sin necesidad de<br />

quemar libros.<br />

53


54<br />

CAMBIO<br />

DE RUBRO<br />

Por Karen Liz Colman Neris


Que te falten semanas para pedir<br />

la jubilación es una de las peores<br />

ansiedades que puede vivir un<br />

funcionario público. No recuerdo en qué<br />

momento, entre Navidad y <strong>Año</strong> Nuevo,<br />

he empezado a hacer ese cómputo diario<br />

de lo que me queda en esta oficina.<br />

No es que tenga mucho que hacer, solo<br />

extraño el sabor de las papas fritas y una<br />

buena cerveza frente al televisor viendo<br />

la Champions League. También está el<br />

hecho de que mi habitación no ha visto<br />

una mujer decente en cinco años. No<br />

es que tenga una relación con mi cama,<br />

pero no se la presento a cualquiera.<br />

Firmo los permisos entre que suspiro<br />

mirando la misma ventana desde hace<br />

veinticinco años. <strong>La</strong>s ventanas de oficinas<br />

son más grandes cuando uno menos<br />

puede salir, solo tienen que ver el tamaño<br />

de la del director. De nuevo me quedaré<br />

hasta tarde hasta completar el vertiginoso<br />

contrato de ventas. Sé que en algún<br />

momento me traspapelé, mi voluntad se<br />

escondió tras el informe de gráficas proyectivas<br />

y las solicitudes de venta.<br />

Mastico la acartonada milanesa que<br />

Silvia, mi secretaria, trajo del menú de<br />

la cafetería. Contemplo las luces que se<br />

van apagando una tras otra enfrente de<br />

mi oficina. No dejo de escuchar que irán<br />

al bar de la esquina o a atender a sus<br />

familias. Suspiro y desaflojo la corbata<br />

que me está ahogando. ¡A la mierda! Me<br />

incorporo y voy a la azotea para fumar<br />

un cigarro de tabaco saborizado antes<br />

de terminar el laburo. Necesito aire.<br />

—¿Me das uno? —escucho detrás de<br />

mí. Un hombre trajeado con cara de<br />

estar igual de jodido que yo, ojeroso y<br />

despeinado, me extiende su mano esperando<br />

el cigarro.<br />

—Tomá —extiendo el brazo para ofrecerle<br />

la caja que saqué del bolsillo. Se<br />

coloca un cigarro en la comisura de los<br />

labios y entre nosotros se asienta un pequeño<br />

silencio incómodo. Ese silencio<br />

empático que hasta los compañeros de<br />

celda deben compartir en prisión.<br />

—¿Fuego? —pide rompiendo el trance<br />

y le paso el encendedor.<br />

Da una larga pitada para luego exhalar<br />

por lo alto, las volutas se disipan sin<br />

dirección como mis pensamientos. Lo<br />

estudio de soslayo, él parece padecer el<br />

mismo estrés que me engulle con gula<br />

voraz. Cuanto más viejos nos ponemos,<br />

los monstruos que guardamos calladitos<br />

por décadas más hambrientos<br />

son. Noto que el tipo es más joven que<br />

yo, pero su cartilaginosa delgadez y las<br />

marcadas ojeras me dan la pauta que<br />

se está pudriendo en este edificio que<br />

cada vez me sabe más a tumba que a<br />

vida.<br />

—Soy Átropos, del consorcio de pólizas<br />

de destinos. ¿Vos? —me charla y<br />

alzo las cejas.<br />

—¿Destinos? —corroboro el nombre de<br />

la empresa—. Jorge Cabañas, director general<br />

de la Secretaría Nacional de Aduanas<br />

—señalo con el mentón entre que exhalo<br />

el humo—, ahí en el cuarto piso.<br />

—Sí, destinos. Empresa familiar, tres<br />

hermanos y mi viejo. Aunque es un trabajo<br />

poco exigente, el peso de lo que<br />

uno hace es demasiado…<br />

—Entiendo, son como pólizas de seguro<br />

de vida me imagino —eso es más<br />

aburrido que mi trabajo, con razón<br />

la cara—. Yo estoy al revés, la paga es<br />

poca y mis funcionarios unos incompetentes.<br />

Trabajo como burro para que el<br />

presidente no me raje a patadas. —Retiro<br />

ceniza sobrante de mi cigarro.<br />

—¿Y si cambiás de rubro? Uníte a nuestra<br />

empresa y reemplazáme —me sostiene la<br />

mirada tan decidido que sé que lo está<br />

55


proponiendo seriamente—. Estoy cansado,<br />

llevo en esto mucho tiempo y necesito<br />

un retiro, la paga es excelente —arruga la<br />

barbilla como si fuera cosa de hacer así<br />

no más, un trámite rápido. Sin embargo,<br />

yo sé que cambiarme ahora de trabajo<br />

sería tremenda boludez. No voy a joderlo<br />

todo ahora que estoy a punto de rajarme<br />

a la mierda para poder andar en calzones<br />

todo el día.<br />

De repente, por una de esas cosas<br />

inexplicables de mi mente me pregunto:<br />

¿Y si me jubilo ahora? Cambiar de<br />

aire para un ecónomo que puede vender<br />

casi cualquier cosa sería genial o<br />

me estancaría, quién sabe.<br />

—Debería pensarlo. Me estoy a punto<br />

de jubilar y podría probar... —me encojo<br />

de hombros. Al mismo tiempo me<br />

doy una cachetada mental, debo dejar<br />

de pensar boludeces.<br />

—Bueno, vení —el hombre se acerca<br />

tranquilo al filo de la cornisa. Lo acompaño<br />

a mirar la vista. Me hace una señal<br />

con su dedo índice y junto las cejas—<br />

Acercáte más, mirá el tránsito. —me<br />

aclara Átropos para que no desconfíe.<br />

Medio intrigado, medio curioso me<br />

asomo a ver lo que quiere mostrar pero<br />

mi cabeza está en otro lado. Pienso<br />

que tal vez es hora de cambiar de rubro,<br />

falta poco para mi retiro; podría probar<br />

56


algo nuevo a ver qué tal si no me agrada<br />

tengo mi pensión.<br />

De repente, siento que la mano de Átropos<br />

me impele al vacío y el terror me invade<br />

como líquido en los pulmones. Grito.<br />

Grito porque ya me sé muerto y no puedo<br />

hacer nada. En mi caída veo los pisos uno<br />

a uno, oscuros, solos y medio muertos...<br />

Tan muertos como yo lo estaré. Un segundo<br />

antes de estrellarme pienso que así me<br />

voy a morir y que no es justo. Quería morirme<br />

menos estresado, menos asesinado<br />

y con más sexo. Qué sé yo, en un motel<br />

hubiera sido espectacular.<br />

Todos esos pensamientos se detienen<br />

cuando mi cráneo explota como<br />

bengala en el pavimento. El contenido<br />

de mis frustraciones se esparce en la<br />

vereda y lo último que pienso es que<br />

me faltaba poquito para jubilarme<br />

mientras las luces del espectáculo se<br />

apagan para siempre.<br />

Mi nuevo trabajo se trata de cerrar<br />

contratos de vida y muerte, otorgar<br />

algunas prórrogas y apurar cierres de<br />

plazos. Me siento estafado, la paga es<br />

una mierda, no hay sindicato ni vacaciones,<br />

el café siempre está frío y el papel<br />

de la impresora siempre se atasca.<br />

Soy Jorge Cabañas, el nuevo Átropos,<br />

Director General de Destinos en la<br />

Muerte S. A.<br />

57


58<br />

LA JOVEN<br />

DEL COLMADO<br />

Por Efrain Nadal De Choudens


—Sí, cariño, tengo la leche y los huevos.<br />

Sí, lo sé, tenemos que estar con los<br />

Fuentes a las 8:00. Estaré en casa en 30<br />

minutos. Yo también te amo.<br />

David guarda su teléfono celular en<br />

su bolsillo y saca la llave de su coche.<br />

Mira en dirección a una conmoción que<br />

se va formando frente a un local vacío<br />

próximo al colmado, pero no presta<br />

mucha importancia. <strong>La</strong> figura de una<br />

hermosa joven morena es lo que realmente<br />

captura su atención. Tendrá<br />

unos diecinueve o veinte años de edad,<br />

con pelo largo y levemente rizado cubriéndole<br />

la mitad de la espalda, delgada<br />

pero con pronunciadas curvas en las<br />

partes correctas. <strong>La</strong> joven se encuentra<br />

junto a su coche. Su blusa ajustada<br />

sigue la forma de su generoso pecho,<br />

marcando perfectamente sus redondos<br />

y firmes senos. David no puede dejar de<br />

mirarla, mira hacia abajo, a las piernas<br />

de la joven, un par de fantásticas piernas<br />

largas. <strong>La</strong> corta falda, cubriendo<br />

menos de la mitad de sus muslos, deja<br />

poco a la imaginación de David, o más<br />

bien, comienza a estimulársela.<br />

—Disculpe —dice la joven en un tono<br />

tímido, despertando a David de su letargo—.<br />

Siento molestarlo, pero necesito<br />

su ayuda.<br />

David está encantado con su melódica<br />

y dulce voz. Él mira sus ojos marrón<br />

claro, sus sensuales labios, brillosos<br />

por la humedad de su saliva; y su piel<br />

de color cobre, impresionantemente<br />

hermosa, sin imperfecciones visibles.<br />

David no se sorprendería si la joven fuera<br />

la hija del mismísimo Quetzalcóatl.<br />

—Mi nombre es Astrid y tengo un problema.<br />

Me supone que hubiera regresado<br />

a mi casa hace ya un buen rato;<br />

mi madre de seguro que se encuentra<br />

sumamente preocupada, y como sabe,<br />

el sistema de taxis es carísimo y los autobuses,<br />

bueno, con esos es como sacarse<br />

la lotería cuando pasa uno. ¿Me<br />

pregunto si pudiera llevarme a mi casa,<br />

o al menos cerca?<br />

—Me gustaría poder ayudarte, pero<br />

también tengo prisa. Mi esposa y yo<br />

tenemos una cita con unos amigos y<br />

ya se me está hacienda tarde. Necesito<br />

estar en casa pronto.<br />

—Mi calle no está lejos de aquí. Vivo<br />

en la calle Del Moral, a unos veinte minutos<br />

en coche.<br />

—¿Del Moral? Casualmente necesito<br />

pasar por ese lugar, está en mi ruta —David<br />

piensa por un momento. <strong>La</strong> joven es<br />

atractiva, pero por su vestimenta no puede<br />

descifrar si es una prostituta o solo una<br />

joven que se deja llevar por los extremos<br />

de la moda moderna, pero una fuerza<br />

inexplicable en su interior lo convence de<br />

ayudarla—. Está bien, puedo llevarte hasta<br />

allí, pero solo hasta la intersección —le<br />

abre la puerta del pasajero para ella y él<br />

coloca la bolsa del colmado en el maletero<br />

antes de entrar también en el coche.<br />

Se pone en marcha, un distante sonido de<br />

sirenas se va haciendo más fuerte en cada<br />

momento. Mira por el espejo retrovisor y<br />

ve tres autos policiacos detenerse precisamente<br />

en el local donde se está formando<br />

la conmoción que había presenciado<br />

unos segundos antes. <strong>La</strong> camioneta del<br />

noticiario se acerca rápidamente en dirección<br />

contraria a la que él está tomando.<br />

—¿Debe haber sucedido algo importante,<br />

que habrá sido?<br />

<strong>La</strong> joven no dice nada, no reacciona al<br />

comentario, mantiene su serio semblante.<br />

—Supongo que nos hemos visto antes,<br />

me pareces familiar.<br />

Ella sigue sin decir palabra, manteniendo<br />

su mirando fija hacia la carretera, como<br />

si fuera una muñeca de plástico gigante.<br />

59


David la mira disimuladamente, sus<br />

ojos recorren el pecho de la joven, sus<br />

grandes y redondos senos están marcados<br />

en su ceñida blusa, dejando que sus<br />

pezones se marquen claramente en la<br />

tela gracias a la clara ausencia de un sostén.<br />

Ve como parte de su abdomen esta<br />

descubierto, dejando ver el arete que<br />

adorna su ombligo. Mira más abajo, una<br />

corriente le invade el cuerpo, David no<br />

puede quitarle los ojos de sus piernas. Se<br />

ven fuertes y suaves. Ahora que está sentada,<br />

su falda se enrolla más hacia arriba,<br />

mostrando completamente sus muslos.<br />

El corazón de David late con fuerza, casi<br />

puede ver la ropa interior y comienzan<br />

a formarse gotas de sudor en su frente,<br />

siente como parte de él comienza a cre-<br />

cer entre sus piernas. Enciende el radio<br />

del coche para distraerse y enfoca su vista<br />

en la carretera, pero sin dejar de pensar<br />

en la belleza que tiene al lado.<br />

Ambos permanecen en silencio el<br />

resto del camino. Los veinte minutos<br />

de trayectoria se transforman en una<br />

eternidad en la mente de David.<br />

—Puedes dejarme aquí.<br />

—¿Segura? Hay tiempo, puedo llevarte<br />

hasta tu casa.<br />

—Puedo caminar, así no tendrás que<br />

cambiar tu ruta.<br />

David se detiene.<br />

—Gracias —baja del coche y dice adiós.<br />

Diez minutos más tarde, David llega a su<br />

casa, toma la bolsa del colmado y entra. Él<br />

camina hacia la cocina y pone la bolsa sobre<br />

60


la mesa, el pequeño televisor está encendido<br />

pero no le hace caso, no puede quitar la imagen<br />

de la joven de su mente. Esta excitado.<br />

—Hola, cariño —Linda entra en la cocina.<br />

David ve entrar a su esposa completamente<br />

arreglada para la velada. Lleva<br />

un vestido blanco que le cubre hasta<br />

la mitad de los muslos y su escote es<br />

pronunciado, dejando ver la mitad de<br />

sus senos. Aun excitado por la impresión<br />

de la joven, David mira el reloj y<br />

piensa que puede tener un rapidito con<br />

su esposa en la cocina. Se le acerca y<br />

la abraza, pasa sus manos por sus pechos<br />

mientras la besa, luego las coloca<br />

sobre las nalgas de ella y las aprietas.<br />

—¿Y eso? ¿Qué haces? Ya tenemos que<br />

irnos y aun no te bañas.<br />

—No importa que lleguemos unos minutos<br />

tarde —le besa el cuello.<br />

David mueve sus manos por debajo<br />

del traje de Linda, sintiendo su cálida piel.<br />

Ella se deja llevar y lo abraza fuertemente.<br />

Antes de que David pueda bajar la cremallera<br />

de su pantalón, una foto en el televisor<br />

lo perturba mientras la presentadora<br />

anuncia una noticia de última hora.<br />

—…el cuerpo de la joven Astrid Roberson<br />

fue encontrado hace menos de<br />

una hora en la calle Sol. <strong>La</strong> joven había<br />

desaparecido hace dos día mientras…<br />

David se torna pálido y siente un terrible<br />

malestar en el estómago, sale corriendo<br />

al patio para devolver lo poco<br />

que ha comido.<br />

Linda lo observa, desconcertada.<br />

61


EL HOMBRE<br />

DE LA CAMPERA<br />

NEGRA<br />

Por Mabel Bello de Cayrús<br />

62


Los dos hombres se detuvieron ante<br />

la vidriera, permanecieron unos<br />

minutos y luego entraron. Ver entrar<br />

dos uniformados en tiempos de<br />

dictadura y más aún cuando se está en<br />

otro país, no causa ningún placer, por<br />

eso me puse de pie intentando disimular<br />

mis emociones. Los dos hombres,<br />

que eran agentes policiales, dijeron<br />

buenas tardes, saludo que respondí<br />

con una simulada sonrisa. Ellos se<br />

acercaron al mostrador, el más joven<br />

comentó que habían notado este nuevo<br />

negocio en el barrio, el otro preguntó<br />

en cuántos días le arreglaríamos sus<br />

zapatos y luego indagaron donde se<br />

hacía la compostura. Dado que no había<br />

nada que ocultar, lo más adecuado<br />

era darles la información correcta, así<br />

que les expliqué que aquí recibíamos<br />

los trabajos, dado que esta era la sucursal<br />

de un Taller que estaba en Chacarita.<br />

Ellos dijeron que todos los días<br />

hacían esta recorrida, que cualquier<br />

cosa que necesitara no vacilara en<br />

llamarlos, que estaban a la orden. Así<br />

como llegaron se fueron.<br />

Durante esa semana los días transcurrieron<br />

con la misma rutina, a las<br />

siete de la tarde cuando anochecía yo<br />

bajaba la cortina y tomaba el colectivo<br />

hacia el Taller, donde también estaba<br />

la vivienda. El viernes a la tarde un<br />

hombre de campera negra, se detuvo<br />

en la vidriera y desde allí observaba el<br />

interior del negocio, permaneció más<br />

tiempo del usual, luego entró. Me mostró<br />

los zapatos que llevaba puestos,<br />

quería hablar con quien los repararía,<br />

ante su insistencia tuve que explicarle<br />

que el trabajo se hacía en otro lugar.<br />

El desconocido que mientras hablaba<br />

observaba todo lo que me rodeaba,<br />

me miró fijo diciendo—: ¿Así que estás<br />

solita? —esa observación no me gustó<br />

nada, por eso le sugerí que trajera los<br />

zapatos el lunes y el martes los tendría<br />

prontos. El hombre diciendo que lo<br />

pensaría salió, pero… se quedó parado<br />

en la vereda largo rato, luego se alejó<br />

caminando… a los cinco minutos estaba<br />

nuevamente de pie ante la vidriera.<br />

Esta situación me intranquilizó, su actitud<br />

solo se podía deber a dos razones:<br />

una que pretendía galantearme y dos<br />

que quería robarme; dados mis siete<br />

meses de embarazo la primera alternativa<br />

se anulaba por si sola, solo era factible<br />

la segunda posibilidad. Miré la hora<br />

y por mi reloj en diez minutos pasarían<br />

los dos agentes, pensé que ironía me<br />

alegraré al verlos, con la poca simpatía<br />

que les tengo; es así que intenté no ponerme<br />

nerviosa. El hombre comenzó a<br />

caminar hacia la derecha esta vez, pasaron<br />

los diez minutos, los policías ni se<br />

veían y de pronto… otra vez el hombre<br />

en la vidriera, permaneció un rato mirando<br />

hacia adentro y luego emprendió<br />

la marcha hacia la izquierda. A esa hora<br />

los peatones eran muy pocos y los que<br />

pasaban lo hacían de prisa.<br />

Antes que pudiera ordenar mis ideas,<br />

el hombre estaba otra vez allí observándome,<br />

para luego caminar hacia la<br />

derecha, esperé que se alejará y salí a la<br />

puerta; observé que cruzó la calle Ciudad<br />

de <strong>La</strong> Paz y siguió por Dorrego derecho<br />

hasta la siguiente esquina. Pero se<br />

detuvo y nuevamente volvió sobre sus<br />

pasos, entonces entré y al poco rato el<br />

estaba otra vez observándome; entonces<br />

comencé a pensar con preocupación<br />

en cómo resolver esta situación; ya<br />

que de los policías ni noticias.<br />

Preparé mi bolso, guardé bien el dinero<br />

y me organicé para salir cuando<br />

el caminara hacia la derecha, eso me<br />

63


daría tiempo de cerrar, salir y tomar si<br />

tenía suerte el colectivo. Esperé que<br />

repitiera sus movimientos, primero<br />

fue hacia la izquierda, volvió y ahora<br />

debía darme prisa, cuando el comenzó<br />

a caminar de nuevo me puse el abrigo,<br />

mientras el cruzaba la calle bajé la<br />

cortina metálica, puse la puerta, cerré<br />

y salí de prisa, crucé Ciudad de la Paz,<br />

el aún iba caminando de espaldas a mi,<br />

me recosté contra una puerta y esperé<br />

el colectivo 47, cuando lo vi doblar la<br />

esquina corrí hacia el cordón, el hombre<br />

ya venía de nuevo y me vio. Subí<br />

de prisa, aboné el boleto, el colectivo<br />

ya había reanudado la marcha, y desde<br />

arriba pude observar que el desconocido<br />

corría hacia la parada siguiente haciendo<br />

señas.<br />

Con mi bolso a cuestas y mi panza<br />

abriendo camino me corrí por el pasillo<br />

lleno de gente hasta el final del colectivo,<br />

en el último asiento un joven<br />

se puso de pie, en eso nos detuvimos<br />

y pensé que el había logrado subir, es<br />

así que intenté desaparecer en el asiento,<br />

por el reflejo de los vidrios pude ver<br />

que el estaba allí y por sus gestos me<br />

buscaba afanosamente entre la gente.<br />

Yo lo veía y mi niña se había puesto<br />

muy nerviosa, no dejaba de moverse<br />

como queriendo salir de allí.<br />

Cuando descendiera ya sería de noche<br />

y la parada de Roseti era muy oscura,<br />

por eso decidí bajar en Córdoba. El<br />

colectivo paró en Córdoba, cuando ya<br />

arrancaba me bajé, él no tendría tiempo<br />

para bajar.<br />

Caminé por Córdoba lo más rápido<br />

que pude, sabía que si me había visto<br />

bajaría y volvería por mí, sentía mis<br />

nervios en los movimientos de mi niña,<br />

así presa del miedo caminé una cuadra<br />

y entré en la verdulería.<br />

El dependiente me dijo—: Hola, uruguaya<br />

¿cómo anda? —a lo que respondí—:<br />

Hola, uruguayo, mal, mal —procedí<br />

a contarle lo que me sucedía, el salió<br />

a la puerta y en la calle no se veía a<br />

nadie, me trajo su banco y me dijo que<br />

me repusiera y luego veríamos. Esperé<br />

un tiempo prudencial, cuando salimos<br />

afuera en la calle se veía el movimiento<br />

habitual, así que caminé las pocas<br />

cuadras que restaban para llegar a mi<br />

domicilio.<br />

Al hombre de la campera negra nunca<br />

más lo volví a ver.<br />

64


LIBROS<br />

GRATIS<br />

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65


¿POR QUÉ<br />

ESCRIBE<br />

EL ESCRITOR?<br />

Por André Kuri<br />

¿Por qué escribe el Escritor?, inagotables<br />

reflexiones esta incógnita ha<br />

despertado. Es innegable que todo<br />

individuo quien se aventura en la literatura,<br />

añora reconocimiento, fama,<br />

poder dedicar su vida a su oficio. Hallar<br />

respuesta al enigma puede abordarse<br />

desde diversas perspectivas; he elegido<br />

explorarlo bajo diez premisas para<br />

encontrar el origen que conduce a la<br />

labor literaria. ¿Por qué diez?, con refe-<br />

66<br />

rencia a las nueve musas griegas, más<br />

mi conclusión.<br />

Primero, ¿es Calíope, con su poesía épica?,<br />

niego la aseveración, pues estos elementos<br />

no son en sí mismos originadores<br />

de inspiración, sino sólo los instrumentos<br />

que embelesan la forma en que el creador<br />

se desenvuelve. <strong>La</strong> belleza de la voz es la<br />

forma en que se busca enamorar al lector,<br />

atraerle a la obra que ha sido escrita. Así,<br />

Calíope nos obsequia forma, no fondo.


Como segunda opción, Clío encarna a<br />

la historia y escritura; ella infunde la fuerza<br />

motora para desplegar las ideas, permite<br />

recuperar y expresar las experiencias manifestadas<br />

por la vida de quien escribe. Clío<br />

nos conduce a la fama y celebración que el<br />

Escritor explaya cuando el lector le ha obsequiado<br />

con amar su obra. Así que, Clío no<br />

es el motor del Escritor, no su fuente.<br />

En tercero, Euterpe, musa de la música,<br />

brinda rítmica a la obra, la enriquece con<br />

sostenidos y bemoles, establece la clave,<br />

los tiempos y ritmos, cual pentagrama<br />

donde cada letra es una nota, creando<br />

la belleza de la obra, su tono. El lector se<br />

enamora de la música, entrega su espíritu<br />

a la sinfonía; y, sin embargo, no es la<br />

música la fuente de inspiración, sino la<br />

pauta y compás que le da armonía.<br />

Ahora, como cuarta alternativa, Erato<br />

es quien, como musa íntimamente<br />

ligada a Eros, proporcionan al autor el<br />

67


erotismo y capacidad de seducir al lector,<br />

quien mire con deseo el escrito, y le<br />

obsequie su pasión, para profundizarse<br />

en la historia que ha sido contada. Pero<br />

así, la pasión es la llama que hace que<br />

se fusionen Escritor y lector, más no el<br />

origen de la llama quien les hizo arder.<br />

Nuestra quinta musa, Melpómene, obsequia<br />

la capacidad de representar una<br />

tragedia en las palabras; que las máscaras<br />

en que los personajes se muestra<br />

en los relatos, resulten un espejo que<br />

les haga mirar a los lectores a sí mismos,<br />

con terror a la vez que con pasión. Se<br />

temen, y se aman simultáneamente, se<br />

pierden en el escrito, se funden. <strong>La</strong> tragedia<br />

es la pasta que amalgama el triángulo<br />

amoroso del Escritor, su obra y el lector.<br />

Empero, no es el origen del Escritor.<br />

Sexto, Polimnia, musa de la retórica<br />

y elocuencia, es metódica, medita, casi<br />

en silencio. Proporciona la capacidad<br />

de ensimismarse, mirar hacia el interior<br />

para encontrar la voz que haga encarnar<br />

las palabras para plasmar la obra. El Escritor<br />

logra conectar su espíritu con su<br />

mente, los funde, y permite que afloren<br />

las letras, edifica la historia para que el<br />

lector pueda mirar al alma del Escritor,<br />

lo comprenda, lo ame. <strong>La</strong> meditación<br />

permite alcanzar la sinapsis de la mente<br />

y el espíritu, pero no da vida al escrito.<br />

Talía, nuestra séptima musa, con la<br />

tragedia ayuda al Escritor a entretener,<br />

alegrar, y divertir al lector. Al viajar por<br />

el relato, quien dispone de la obra entre<br />

sus manos, reirá, empatizará con los<br />

personajes creados, y eventualmente<br />

se colocará la máscara en silencio, de<br />

cada uno de ellos. Talía es el momento,<br />

es la realización del lector, no así la<br />

fuente del Escritor.<br />

68


En séptimo, Terpsícore, fusiona la<br />

danza con la música que el Escritor en<br />

su obra crea, y el lector quien, al tomarla<br />

entre sus manos, danzará con el<br />

libreto, es su pareja, juntos sienten y<br />

aman el ritmo impuesto por el creador<br />

de la obra. Terpsícore dota al lector la<br />

capacidad de retozar todo su ser con<br />

el escrito. En su caso, la danza es una<br />

de las consecuencias acaecidas de la<br />

escritura, mas no origen.<br />

En el Universo, está el fundamento<br />

de todo lo que es y existe. Nuestra<br />

novena musa, Urania, delineadora de<br />

los astros, es quien postra las estrellas<br />

frente al Escritor. Pudiéramos pensar<br />

quizá, que el Escritor escribe por divinidad<br />

de los astros, que su fuente es el<br />

origen mismo de la vida, de todo lo que<br />

es: escribe porque hay creación y él nació<br />

de un creador supremo, ¿es así?, me<br />

tiento a afirmar, pues todo converge a<br />

esta conclusión, sin embargo, pienso,<br />

¿es el Universo ente dotado de vida<br />

propia en sí mismo? <strong>La</strong> respuesta es no,<br />

origen de Universo y vida no es igual.<br />

Así, el Escritor no ha iniciado su obra<br />

por los astros, sino por algo más profundo,<br />

más pasional, más armonioso.<br />

Entonces, ¿qué llevó al Escritor a<br />

tomar pluma y papel para plasmar su<br />

obra? Existen dos elementos comunes<br />

en las nueve musas. Primero, el obsequio<br />

de los dones que las musas dan<br />

al individuo. Segundo, el amor, que las<br />

musas confieren para dar sus dones y<br />

con él el Escritor plasme su interior. Entonces,<br />

¿por qué escribe el Escritor?, El<br />

Escritor escribe por amor, el cual nos<br />

obsequia en sus palabras, nos entrega<br />

su ser, sus dones, sus virtudes. El Escritor,<br />

es un dador de amor.<br />

69


70<br />

TRADICIONES<br />

Por Perla Romero Mora


Me levanté al baño como todas las<br />

madrugadas y sentí un olor muy<br />

fuerte como a flores, de esas<br />

que llevan a los velorios. Me vi al espejo<br />

y parecía extraña, me dije que aún<br />

estaba dormida.<br />

Salí del baño y me encaminé al ventanal<br />

que se encontraba al lado opuesto<br />

del cuarto, miré hacia la calle y se<br />

veían algunas personas con el cuerpo<br />

desdibujado, parecían estar esperando<br />

a alguien entre una tenue neblina;<br />

unas miraban a las casas, otras caminaban<br />

lentamente y se detenían para<br />

retornar al punto de partida.<br />

Comenzaba a sentir frio, pensé que<br />

era porque estaba descalza. Observé<br />

por un par de segundos más y noté<br />

que un par de niños corrían por la calle,<br />

entre carcajadas, aquello parecía una<br />

romería, no entendía qué estaba pasando,<br />

pero era como ver una película<br />

vieja en blanco y negro.<br />

Luego escuché algunos ruidos en el<br />

interior de la casa, me asusté un poco,<br />

dude en salir de mi cuarto, pero era necesario<br />

ir a mirar lo que sucedía. Salí al<br />

patio y una ráfaga de aire me hizo reaccionar,<br />

como si despertara de un sueño.<br />

No podía dar crédito a lo que veía, era<br />

una fiesta, ahí estaba mi abuelo comiendo<br />

leche con camote, mi abuela probando<br />

la capirotada, mi madre oliendo un<br />

rico mole y un montón de personas que<br />

parecían dialogar entre ellas, las cuales<br />

sólo había mirado en loa álbumes<br />

familiares con vestimentas pasadas de<br />

moda, de diferentes épocas y estilos.<br />

Caminaban lentamente, tomándose<br />

su tiempo, disfrutando cada segundo<br />

y disfrutando aquello que parecía les<br />

hacía muy feliz, era como si una gran<br />

luz iluminase cada rincón de la casa y<br />

a través de ella se reflejara su sonrisa.<br />

De pronto, percibí más claramente el<br />

olor de las flores, inundaba el ambiente,<br />

obligaba a respirar profundamente y los<br />

pulmones se inflaban y daban paso a<br />

una sensación extraña, que se transpiraba<br />

luego por cada poro de la piel. Ese<br />

olor provenía de algunos floreros con<br />

grandes flores amarillas y otras moradas.<br />

Luego, observé como esas ánimas aspiraban<br />

profundamente de los vasos de<br />

agua puestos en la ofrenda y eran consumidos<br />

en una especie de vapor, sin que<br />

se moviera una sola gota del líquido en el<br />

vaso, parecían sedientos de verdad.<br />

<strong>La</strong> comida era mirada de manera ávida,<br />

pero cada personaje seleccionaba<br />

cuidadosamente lo que se llevaba a la<br />

boca; aunque si mirabas la mesa cada<br />

alimento seguía apareciendo intacto,<br />

eran como hologramas los productos<br />

en las manos de cada personaje<br />

y, cuando los degustaban, el gesto de<br />

satisfacción se notaba. Había también<br />

quien sostenía en su mano una botella<br />

de tequila o un cigarro que dejaba al<br />

viento una ligera huella de humo.<br />

Era una escena curiosa, pues aunque<br />

todos se sabían familia, parecía que no<br />

todos se conocían, a veces se cruzaban<br />

miradas de forma extraña y otras se<br />

sonreían. Los más jóvenes buscaban el<br />

cobijo de los que seguramente fueron<br />

sus seres cercanos, mientras que los<br />

más viejos se escondían en los rincones,<br />

como si el espacio que se estuviera<br />

allí compartiendo les fuera de alguna<br />

forma extraño.<br />

No podía creer lo que veía, yo estaba<br />

ahí parada, mirando la escena, participando<br />

de la fiesta y nadie reparaba en<br />

mí, sólo mi perro que se acercó y se colocó<br />

frente a mí, mirándome fijamente,<br />

esperando alguna reacción de mi parte,<br />

pero no podía moverme.<br />

71


72<br />

No sé cuánto tiempo estuve así, pero<br />

vi como mis muertos comenzaban a<br />

desfilar por el camino de pétalos, unos<br />

parecían despedirse de forma alegre,<br />

aún con algo en sus manos, quizá para<br />

el camino, otros se miraban con melancolía<br />

y se alejaban de forma dramática.<br />

<strong>La</strong> tradición era cierta, pero la noche<br />

había terminado.<br />

Cuando desperté el sol entraba por la<br />

ventana, me asomé a la calle y parecía<br />

desierta, luego bajé por las escaleras al<br />

patio, las veladoras estaban por extinguirse,<br />

la comida estaba intacta, el agua<br />

de los vasos un poco turbia y el camino<br />

de flores con los pétalos muy marchitos.<br />

Rufo lanzó un ladrido tratando de corroborar<br />

lo que mi mente negaba. Ojalá<br />

el otro año esté más despierta para recibir<br />

a mi familia amada, me repetía en<br />

mi cabeza, mientras tomaba una fruta<br />

que seguramente ya no tenía esencia,<br />

pero que alguno de mis antepasados<br />

mordió con gran deseo.


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73


74<br />

EL NIÑO<br />

DEL PATIO<br />

Por Hugo César Delgado Ayala


Quienes dicen que hay que tenerle<br />

más miedo a los vivos que a los<br />

muertos es porque no han pasado<br />

por una situación tan terrorífica<br />

como lo hice yo, hace apenas un par de<br />

meses. Después de celebrar año nuevo<br />

con mi familia, decidí que era tiempo<br />

de volar por mi cuenta y de inmediato<br />

busqué un pequeño departamento o<br />

alguna casa pequeña, aunque lo más<br />

cerca posible de la casa paterna.<br />

Al recorrer algunas colonias aledañas,<br />

vi con felicidad un letrero de «se<br />

renta» en una hermosa casa, no tan<br />

grande pero era justo lo que necesitaba,<br />

de inmediato llamé al número del<br />

anuncio y una voz amable me contestó;<br />

casi me voy de espaldas al escuchar<br />

el precio, la renta era muy barata, le<br />

pregunté cuál era el truco y me dijo<br />

que simplemente no quería que la casa<br />

estuviera sola.<br />

Al día siguiente ya estaba instalado,<br />

mis escasos muebles y utensilios apenas<br />

cubrían una parte de mi nuevo hogar,<br />

pero se me hizo raro que la puerta<br />

hacia el patio trasero permanecía cerrada<br />

completamente, sin cerradura,<br />

sellada con soldadura. Como pude<br />

quité un poco la pintura que cubría las<br />

ventanas y vi que había un pequeño<br />

baño sin puerta y un lavadero a un lado.<br />

Pensé hablar con la dueña para hacerle<br />

el comentario pero ya había un baño<br />

acondicionado junto a la entrada de servicio<br />

y un lavadero a un lado, por lo que<br />

no vi la necesidad, pero la curiosidad es<br />

mala consejera y esa noche lo comprobé.<br />

Cansado por tanto ajetreo, lo único<br />

que armé fue mi cama y puse la televisión<br />

para distraerme un poco, pero el<br />

sueño me venció y caí profundamente<br />

dormido. Ya muy de madrugada, unos<br />

ruidillos me despertaron, venían del<br />

patio trasero, era como si rasguñaran la<br />

puerta. Pensé que se trataba de algún<br />

animal que se había metido al patio e<br />

intentaba entrar a la casa, pero una risilla<br />

macabra de niño con eco me erizó<br />

la piel, pensé entonces que el cansancio<br />

hacía de las suyas y me acosté de<br />

nuevo, haciendo caso omiso al ruido.<br />

Como ya era mi casa, al menos mientras<br />

la rentara, la mañana siguiente<br />

me la pasé a cincel y marro intentando<br />

abrir la puerta, tronando la soldadura,<br />

hasta que ésta cedió y se abrió, dejando<br />

a la vista un patio muy descuidado<br />

y con maleza, el lavadero desquebrajado,<br />

la pileta cuarteada y el baño con la<br />

puerta de madera semi destruida.<br />

Ese día se lo dediqué a esa parte de<br />

la casa; era extraño pero sentía como<br />

si alguien me observara detrás de mí, y<br />

por más que busqué al supuesto animal<br />

de la noche anterior no lo encontré.<br />

Al terminar de cortar la maleza seguí<br />

acomodando mis cosas y desempacando,<br />

dejando la puerta del patio abierta,<br />

la cual mostraba una mejor vista.<br />

Esa noche decidí quedarme en la<br />

sala hasta tarde, mirando televisión;<br />

después de ver dos películas me quedé<br />

dormido, pero una corriente de aire helado<br />

me despertó; de pronto, la puerta<br />

del patio se cerró completamente como<br />

si hubiera sido empujada, volviéndose<br />

a abrir lentamente dejándome ver en<br />

todo su esplendor a un pequeño como<br />

de cinco años corriendo alrededor del<br />

lavadero y perdiéndose en el baño. Mi<br />

razón decía que aquello no era normal,<br />

pero mi instinto protector se preguntaba<br />

cómo es que aquel niño había saltado<br />

la barda del patio.<br />

Con miedo y precaución me dirigí a la<br />

maltrecha puerta del baño y me asomé,<br />

esperando no ver aquella pálida y tétri-<br />

75


ca carita, y así fue, pero la risilla diabólica<br />

se escuchó detrás de mí mientras<br />

sentí un empujón, al mismo tiempo que<br />

la puerta hacia el patio se cerraba.<br />

Con un pánico terrible, sin poder gritar,<br />

veía la figurilla correr por todo el<br />

patio mientras intentaba abrir la puerta<br />

y entrar a la casa. Casi a punto del<br />

desmayo ésta se abrió y caí en el piso<br />

mientras una pequeña manita huesuda<br />

tentaba mis tobillos.<br />

Como pude entré y cerré la puerta, escuchando<br />

aún aquellos rasguños como<br />

queriendo atravesar la pesada puerta,<br />

ahora entendía por qué permanecía cerrada,<br />

aunque no alcanzaba a comprender<br />

cómo es que aquel pequeño no podía<br />

atravesar la puerta si ya era un espíritu.<br />

Cabe mencionar que no pasé un<br />

minuto más en aquella casa, ahora<br />

entendía por qué el costo de la renta<br />

era tan bajo; al entregarle la llave a la<br />

dueña casi le reclamé por no haberme<br />

avisado, casi moría de un infarto, pero<br />

la curiosidad fue más fuerte y preferí<br />

preguntar por aquel niño.<br />

Me dijo no saber nada, y tampoco entendía<br />

por qué sólo se manifestaba en<br />

aquella zona de la casa, por lo mismo<br />

optó por cerrar la puerta y soldarla, pero<br />

aquellos ruidos en la lámina de la puerta<br />

la hicieron correr. Quienes la rentan<br />

sólo duran un día, como yo, así que intentará<br />

venderla, pero dudo que pueda<br />

deshacerse de ella en un buen tiempo.<br />

Mi conclusión es que quizás ese pequeño<br />

se siente triste y quiere seguir<br />

jugando, sin saber que ya no pertenece<br />

a este mundo; o quizá sigue sepultado<br />

en ese patio y por eso su espíritu no<br />

traspasa ese lugar; incluso no descarto<br />

que sea un demonio disfrazado de niño<br />

para ocasionar lástima y si puede, dañar<br />

a quien pretenda ayudarlo.<br />

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78<br />

ENUNCIACIONES<br />

Por Yobany de José García Medina


Lo llevo siguiendo varios meses; es<br />

un hombre un tanto hosco, con<br />

una mirada rebajada a dos puntos<br />

negros, carente de todo brillo excepcional<br />

y un físico bastante descuidado.<br />

Descubrí también que tiene una afición<br />

espeluznante por la lectura: hábito que<br />

le impide relacionarse con las personas<br />

la mayor parte del tiempo. Es decir, he<br />

visto a infinidad de hombres retacarse<br />

los ojos con palabras, historias y textos;<br />

y, de alguna forma, a largo plazo,<br />

su lucidez se ve afectada, o esa misma<br />

lucidez desmedida les impide hablar<br />

con los otros. Su boca está llena de referencias<br />

de tal o cual escritor o de tal<br />

o cual historia; es tragedia y comedia<br />

andante, terror y algo de fantástico,<br />

torpemente lírico y bastante menos<br />

prosódico. A veces, dicho sea de paso,<br />

me miro en él, me reconozco. Siempre<br />

guardo distancia para no levantar sospechas<br />

y así evitar cualquier contacto<br />

antes de cumplir con mi trabajo. Y hoy<br />

es el día para terminar con todo esto.<br />

Salió de casa con el traje gris oxford<br />

—el único que le he visto—, camisa<br />

blanca y una corbata marrón que hacía<br />

juego con sus zapatos. Tenía algo<br />

importante. Con frecuencia viste playeras<br />

holgadas tipo polo y pantalones<br />

de gabardina ligeramente más grandes:<br />

una o dos tallas. Es predecible, su<br />

vestimenta determina su rutina diaria.<br />

Caminaba detrás de él, a no menos de<br />

cinco metros; pero había algo extraño,<br />

fuera de lo común. Saqué mi cuadernillo<br />

para hacer nota; mientras avanzaba<br />

distraído en la escritura levanté la mirada,<br />

se había detenido a amarrarse los<br />

zapatos y estuve a menos de un metro<br />

de chocar con él. Frené de golpe, casi<br />

en automático. Por fortuna su atención<br />

estaba puesta por completo en atarse<br />

las agujetas. Viré hacia la derecha y<br />

crucé la calle. Al terminar volteó como<br />

si alguien lo hubiese llamado; clavó sus<br />

ojos en el suelo y ahí estaba... Desesperado<br />

revisé mis bolsillos, el corazón me<br />

golpeteaba en el pecho como el azote<br />

de un martillo, me comenzaron a sudar<br />

las manos y en la cara me picaba una<br />

angustia. Siguió su camino. Aceleré el<br />

paso mientras me esculcaba una y otra<br />

y otra vez. Llegó a la cafetería de costumbre,<br />

tomó la misma mesa, ordenó<br />

como siempre un chocolate blanco y<br />

esperó. A menudo vestirse de gala es el<br />

ritual para comenzar o terminar un libro;<br />

sin embargo, no llevaba nada para<br />

leer. Entré, me senté a una distancia<br />

considerable, pedí un expreso doble.<br />

Tenía que recuperar el cuadernillo.<br />

Pasó una hora, bebía despacio, levantaba<br />

la mirada y rodeaba todo el lugar,<br />

repitió la misma acción cada diez minutos,<br />

es un hombre metódico. En esas seis<br />

ocasiones agaché la cabeza para disimular<br />

que lo vigilaba. Hurgó en el bolsillo<br />

del saco y despacio puso el cuaderno en<br />

la mesa. Retiró todo lo que estorbaba y<br />

recargó los brazos. Sus manos jugaban<br />

con la libretilla: la giraba, tocaba el espiral,<br />

abría y cerraba las pastas. Se acercó<br />

el mesero, pidió otra taza de chocolate.<br />

Nunca toma más de una, incluso creo<br />

que jamás se había terminado lo que<br />

ordenaba. Comenzó a leer. Sentí un escalofrío<br />

en la espalda, todo estaba arruinado,<br />

me descubriría y el trabajo de meses<br />

habría sido en balde. Necesitaba actuar<br />

rápido antes de que se diera cuenta del<br />

plan; pero yo estaba paralizado, tanto<br />

que no despegaba los ojos de sus manos.<br />

Levantó la mirada una séptima ocasión<br />

y me vio mirándolo. Sonrió de manera<br />

burlona. Desvié la mirada sin discreción,<br />

todo se había ido al caño.<br />

79


Por segunda vez llamó al mesero,<br />

éste se acercó a la altura de su boca,<br />

afirmó con la cabeza, enseguida le entregó<br />

un bolígrafo. Eligió una hoja del<br />

cuaderno; comenzó a escribir. Arrancó<br />

la hoja, la dobló y volvió a llamar al camarero:<br />

pidió la cuenta. Ya lo miraba<br />

sin disimulo, esperaba que saliera para<br />

acabar con esto. Pagó y volvió a murmurarle<br />

al mesero. Se levantó y caminó<br />

hacia el baño, mientras se guardaba<br />

la libretilla en la bolsa del pantalón.<br />

Me apresuré a pedir la cuenta, el empleado<br />

me entregó un trozo de papel.<br />

Le manda esto el señor que estaba en<br />

aquella mesa; además ya pagó su consumo.<br />

Empalidecí. Gra…cias, lo dije<br />

con mucho esfuerzo. Lo desdoblé. ¡No<br />

podía creerlo! Salió del sanitario secándose<br />

las manos con un pedazo de<br />

papel. Yo estaba inmóvil, asustado, incrédulo<br />

por lo que estaba escrito.<br />

Me miró caminar hasta la puerta,<br />

salió corriendo detrás de mí, crucé la<br />

calle. Gritó algo mientras la puerta de<br />

la cafetería se cerraba detrás de él. Sin<br />

precaución emprendió carrera para alcanzarme:<br />

una camioneta gris oxford,<br />

sin forma de detenerse, embistió su delgado<br />

cuerpo y lo arrojó varios metros<br />

lejos del suelo; al caer, su cabeza chocó<br />

con el pavimento, como el golpe frío<br />

de un martillo contra el yunque. Murió<br />

instantáneamente.<br />

Giró la cabeza y no despegó sus ojos de<br />

mi rostro, mientras yo lo veía avanzar<br />

hacia la puerta; la cara se me llenó de<br />

pequeños temblores de angustia. Un<br />

terror me llegó de golpe. Repitió la misma<br />

sonrisa burlona, satisfecha, irónica,<br />

como si todo le hubiese salido a la perfección;<br />

involuntariamente me levanté<br />

para seguirlo…<br />

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81


BREVE<br />

DISERTACIÓN<br />

DEL SIN-SENTIDO<br />

Por Víctor Hugo Espino Hernández<br />

Anda, no esperes más; toma esta florcita, no<br />

se mustie y se deshoje.<br />

Quizás no tengas sitio para ella en tu guirnalda;<br />

pero hónrala, lastimándola con tu mano,<br />

y arráncala, no sea que se acabe el día sin<br />

que yo me dé cuenta; y se pase el tiempo de<br />

la ofrenda.<br />

Aunque su color sea tan pobre, y tan poco su<br />

olor, ¡anda, ten esta flor para ti, arráncala<br />

ahora que es tiempo!<br />

Rabindranath Tagore<br />

82<br />

Existe un veneno que corroe lentamente<br />

el alma. Sirve para aniquilar<br />

la alegría y la felicidad,<br />

además cumple con una función específica<br />

en la vida ordinaria. No surge de<br />

la infelicidad, surge de la hipocresía y<br />

de la inmadurez. Es un elixir grandilocuente<br />

que vive de las eventualidades<br />

cotidianas. No se puede deducir su<br />

origen. En esto radica su existencia:<br />

en que puede apreciarse en uno mis-


mo. Nietzsche le llamó nihilismo. Yo le<br />

llamo imperfección.<br />

El malestar que provoca la imperfección<br />

ayuda a desarrollar el parásito del<br />

no-sentido. Este parásito provoca ruido<br />

y nostalgia. Vive del dolor y la melancolía.<br />

Paraliza la voluntad y gobierna<br />

la fuerza del hombre actual. No se<br />

alimenta de la pasión, sino del fracaso.<br />

Vive cerca de imágenes puras y alegres<br />

del pensamiento ordenado; destruye<br />

esperanzas. El parásito del no-sentido<br />

sobrevive inclusive cuando se le suministra<br />

la religión como mortífero. De<br />

ahí que la crítica a la religión que promueve<br />

el sin-sentido pueda relacionarse<br />

con cualquier ideología. Dado que el<br />

sujeto actual tiene un alto sentido crítico<br />

para opinar la ideología se convirtió<br />

en un instrumento indestructible.<br />

Sobrevivir sugiere a pensar en una<br />

voluntad que desea seguir viviendo. Por<br />

83


esta razón, Nietzsche interpreta todo<br />

querer como «voluntad de poder»: nada<br />

quiere perecer, pero el no-sentido tiene<br />

una razón para seguir viviendo en<br />

el pensamiento del hombre. Aunque<br />

la alegría aparece en la vida cotidiana,<br />

desaparece en un instante. Se evapora<br />

como humo infeliz e incomprensible<br />

ante la vista fugaz. Ella induce con<br />

bastantes razones a sacar una sonrisa<br />

pasajera. El hombre no puede vivir con<br />

alegría mientras cohabite en él el parásito<br />

del no-sentido. Por esta razón,<br />

aquel que quiere vivir alegre sabe desde<br />

el principio que esto es impensable.<br />

Sin embargo, ¿cómo es posible que una<br />

sensación infeliz dure mucho más tiempo<br />

que una sensación feliz?<br />

Una razón para ser jovial en nuestros<br />

días consiste en mirar rápida, pero socarronamente,<br />

a nuestro coetáneo. Ya<br />

sea como burla o como desprecio la<br />

mirada sirve de instrumento para el<br />

auto-escrutinio, sin embargo, el otro se<br />

convierte, a nuestros ojos, en una condena<br />

inevitable. De ahí que la mirada<br />

no pueda dejar de observar la vida de<br />

un otro. Es aquí cuando la contemplación<br />

al otro puede provocarnos incomodidad.<br />

Desde que la vida ajena se<br />

transformó en un tema importante el<br />

espionaje se convirtió en el nuevo sujeto<br />

actual. Exponer la vida privada ha<br />

sido una finalidad en las redes sociales<br />

tanto que el observador se convierte<br />

en un espía veinticuatro horas.<br />

El mundo es una imagen hermosa<br />

que hay que retratar: así piensa el fotógrafo<br />

contemporáneo. Cuando la<br />

imaginación era puesta en marcha a<br />

través de la lectura, la fotografía pasó<br />

a ser la anulación de toda actividad<br />

imaginaria. <strong>La</strong> fotografía pornográfica<br />

del siglo pasado fue un logro inaudito:<br />

ella reflejaba una imaginación erótica<br />

siempre educada. Hoy en día la exposición<br />

de los genitales en la fotografía es<br />

el abuso de una privacidad sin límites.<br />

El retrato implicaba, aunque estuviera<br />

hecho en un lienzo, una vivencia perso-<br />

84


nal con la que el sujeto reconocía una<br />

parte de su yo: el cuerpo.<br />

<strong>La</strong> actualidad de nuestro mundo<br />

sorprende más cuando el títere, bien<br />

nombrado hombre, actúa conforme a<br />

convencionalismos establecidos, los<br />

patrones de comportamiento son evidentes<br />

en el hombre malvado. El enojo,<br />

el coraje, ya no funcionan como catarsis,<br />

sino todo lo contrario, funcionan como<br />

pulsos, como síntomas de la infelicidad<br />

existencial. El rostro del hombre puede<br />

mostrar toda la actividad que arrastra<br />

desde su nacimiento, sin embargo, la<br />

escritura lo libera de pesimismos excesivos<br />

existenciales. Luego de que comenzó<br />

el drama existencial con la imposibilidad<br />

de disfrutar del placer el sexo<br />

se convirtió en un entregase sin esperar<br />

nada a cambio. Este drama existencial<br />

sugirió a las generaciones futuras que lo<br />

mejor vivencialmente había de encontrarse<br />

en la muerte. Pequeño error tratar<br />

de encontrar en otro mundo o en la<br />

nada lo que jamás pudo disfrutarse en<br />

vida. De ahí nació una razón para despreciar<br />

la vida: la falta de felicidad.<br />

El parasito que se desarrolló en el<br />

pensamiento del hombre logró aniquilar<br />

también el mundo ideal que aun<br />

creía en la felicidad y en la inocencia.<br />

Pero, puesto que los niños aún siguen<br />

existiendo para mostrarnos que se puede<br />

reír todavía en medio de un mundo<br />

caótico es la mayor prueba de que la<br />

felicidad jamás estuvo aniquilada. <strong>La</strong>s<br />

sensaciones que relacionamos con la felicidad<br />

aún son confusas para el hombre<br />

moderno: en ellas se puede disfrutar del<br />

momento, también ellas transformaron<br />

distintas visiones catastróficas pertenecientes<br />

a las vivencias ineludibles que<br />

surgen en la vida: muerte de un ser querido,<br />

abandono de la pareja, enfermedad,<br />

etc. Estas sensaciones supieron entender<br />

a la naturaleza y su esencia. Si la<br />

naturaleza nos ha enseñado que el sol<br />

sale día con día y que este renueva todo<br />

lo muerto, ¿por qué razón habríamos de<br />

ser infelices?<br />

85


86<br />

CERA<br />

CALIENTE<br />

Por José Luis Díaz Marcos


Recibida la alarma, Federico y sus<br />

iguales, bomberos de carrera, salieron<br />

pitando hacia el infierno<br />

de turno. «¿Sabemos algo?», preguntó<br />

aquel mientras Jesús se saltaba calles y<br />

semáforos en rojo. «Pareja de mayores:<br />

la chamusquina huele a descuido con<br />

brasero», informó Tadeo, tercer extintor.<br />

Llegados al lugar, la simetría de costumbre:<br />

arriba, piso ardiendo; abajo,<br />

policía y curiosos. El trío saltó con el<br />

firme propósito, si ello aún era posible,<br />

«¡Esperemos!», de dejar a la muerte<br />

compuesta y sin víctimas.<br />

Armado con una manguera, Federico<br />

se detuvo, conmocionado de pronto.<br />

—¡Vamos, Fede! —animó Tadeo—. ¡No<br />

es tiempo de filosofías!<br />

No reaccionó.<br />

—¡Federico! ¡¿Estás bien?!<br />

—¡No… no subas, Tadeo! —balbuceó<br />

aquel, pálido—. ¡Por Dios te lo pido: no subas!<br />

—¡¿Qué pasa?! ¿Qué…?<br />

—¡¿No… no hueles?! A… cera. A cera<br />

caliente. Como entonces, cuando era<br />

niño, en el funeral de mi tío Venancio,<br />

que en paz descanse. ¡Lo he visto, Tadeo!<br />

Pero no a él, sino… a ti. ¡A ti en su ataúd!<br />

—¡¿Has perdido la…?! Escucha, Fede:<br />

ahí arriba nos necesitan. Te prometo<br />

que iré con cuidado, ¿vale? Subimos y<br />

luego hablamos.<br />

—N, no… ¡Tú, no!<br />

—¡Jesús!<br />

—¡¿A qué esperamos?!<br />

—¡Fede necesita ayuda y nosotros refuerzos!<br />

¡Avisa por radio y sígueme!<br />

Desnudo ante la sorpresa e incomprensión<br />

de todos, «¡¿Y ese por qué no<br />

sube?!», «¡¿Qué le pasa?!», Federico lamentó<br />

allí mismo, incapaz de contener<br />

el llanto, lo presentido, lo seguro.<br />

¿Llegó el apoyo a tiempo? Sí. A tiempo,<br />

pero en balde: su lucha para evitar<br />

la tragedia fue inútil y la muerte, «¡Ay!»,<br />

acopió tres almas. Una de ellas fue la<br />

de Tadeo Martínez, bombero de cuarenta<br />

y un años, casado y padre de una<br />

niña. Descansen en paz.<br />

Respecto a Federico, «¡Se lo advertí!<br />

¡Y no me hizo caso! ¡No me hizo caso!»,<br />

lo previsible: medicina psiquiátrica y<br />

baja del servicio.<br />

Meses después, gracias, entre otras<br />

cosas, a la tranquilidad y los buenos<br />

alimentos del lugar común tantas veces<br />

citado, la culpa, que no el presentimiento,<br />

«¡Por mi tío, que lo olí!», pareció<br />

disolverse y Federico, «APTO», pudo<br />

vestir otra vez su uniforme.<br />

Se sucedieron las alarmas y, casi<br />

siempre, exceptuados otros percances,<br />

sus respectivos avernos con toda normalidad<br />

o anormalidad, según se mire,<br />

hasta que un día…<br />

«N, no puede ser… ¡Snif! ¡Cera… cera<br />

caliente!».<br />

Unida a la desesperación y los ruegos,<br />

su profecía vino entonces encadenada<br />

de manera inexorable a Antonio,<br />

otro compañero, despertando la misma<br />

compasión, «Pobre Fede…», y el<br />

mismo desdén que ya moviera, sobre<br />

todo, en Tadeo.<br />

«¡No! ¡Esta vez, no!», resolvió Federico.<br />

Sacó fuerzas de flaqueza y siguió<br />

a los otros, a Antonio, llamas adentro:<br />

su provisión de oxígeno, gas impecable,<br />

también hedía a iglesia, a funeral, a penitencia<br />

de Viernes Santo.<br />

Sopló y resopló, «¡Malditos cirios!»,<br />

mientras ojeaba, máscara avizora entre<br />

la niebla, a la próxima víctima de su<br />

destino. «¡Tengo que…! ¿Será eso posible?<br />

¿Se podrá huir, a pesar de todo, de<br />

lo que tenga que ser?».<br />

<strong>La</strong> aparición, «¡Ah!», de un hombre<br />

humeante y desencajado los detuvo en<br />

87


seco. «¡Venancio! ¡Tío Venancio!», creyó<br />

Federico durante un horrible parpadeo.<br />

«¡Sácalo! ¡Yo sigo adelante!», gesticuló<br />

Antonio. «¡¡No!! ¡Sal tú! ¡¡Tú!!»,<br />

apremió aquel, vehemente.<br />

Y, sin dar tiempo a objeciones, Federico<br />

se adentró en la caldera. Pocos metros<br />

más allá, se volvió: dos sombras,<br />

intuidas más que vistas, se alejaban.<br />

«¡Bien! ¡Bien! Sin embargo,… ¿por qué<br />

el aire, mi aire, aún…? ¡¿Por qué?!».<br />

Reparó así en el umbral próximo. Y<br />

dentro, en aquel dormitorio también<br />

abrasado, vio la desquiciada respuesta<br />

a su duda: la frontal y semialzada exposición<br />

de un ataúd con cadáver, «¡Antonio!»,<br />

dentro.<br />

«N, no… ¡Mi tío y él… Ese hombre y él<br />

ya salían! ¡Ya…! ¡Ay, ay, que no se puede<br />

huir de lo que tenga que ser!».<br />

Advirtió entonces Federico que el rostro<br />

de la aparición, de Antonio, comenzaba<br />

a sudar. «No… ¡No suda! Es… ¡Se<br />

está… derritiendo, derritiendo como si<br />

fuese de… de cera! ¡Sí: se funde! Y, debajo…<br />

debajo asoma… No… ¡¡No!!».<br />

Sí. ¡¡Sí!! Como la piedra atrapada en el hielo,<br />

la fusión de las primeras facciones dio paso a<br />

un segundo rostro, a una segunda identidad:<br />

la suya. El techo se derrumbó tras él.<br />

«Es cierto: no se puede huir», aceptó<br />

Federico. Se alzó la máscara protectora<br />

y sonrío, por fin aliviado: «Ya no huele a<br />

cera. Ya no huele… a nada».<br />

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90<br />

EN LA<br />

ESPERA<br />

Por Damaris Gassón Pacheco


Amaneció como suele amanecer<br />

en las casas de la clase media, el<br />

reloj me despertó y con las ganas<br />

de apagarlo de siempre, me levanté<br />

para ir al baño. Suelo ser la primera<br />

que se levanta para preparar el desayuno<br />

de la familia; huevos, tocino, pan<br />

tostado y jugo de naranja. Y suelo escuchar<br />

como la vida despierta en el resto<br />

de los apartamentos del edificio; normal,<br />

común y corriente. Eran las seis<br />

de la mañana y noté que estaba más<br />

oscuro de lo normal, pero con el apuro<br />

de preparar las cosas para el día no me<br />

percaté sino hasta un poco más tarde<br />

que seguía en penumbras, me asomé<br />

al balcón y noté que varios de mis vecinos<br />

también se habían asomado a la<br />

espera de contemplar el sol que día a<br />

día marca el comienzo del tiempo tal<br />

y como lo conocemos. Nos vimos extrañados<br />

y seguimos mirando, como si<br />

con nuestras expectativas lo haríamos<br />

asomar por el horizonte, pero pasaban<br />

los minutos y el astro rey brillaba por<br />

su ausencia.<br />

Mi esposo se asomó también y pese<br />

a que los vehículos circulaban por las<br />

calles, había en la gente una sensación<br />

de conmoción: ¿Alguien sabe por qué<br />

no ha salido el Sol? ¿Han anunciado<br />

algo de esto en las noticias? Como si<br />

se tratara de una señal, empezamos a<br />

salir a la calle y observé a la gente angustiada<br />

llamando por sus celulares y<br />

hablando con otras personas. El desconcierto<br />

aún no nos permitía tomar<br />

algún tipo de acción, pero al observar<br />

que daban las ocho y la oscuridad era<br />

cerrada, la alarma empezó a prender<br />

como chispas de fuego de persona en<br />

persona. Lo que se decía en un principio<br />

en murmullos empezó a decirse en<br />

voz alta, comenzaba el Apocalipsis en<br />

el que pocos de nosotros creímos o esperamos.<br />

Subí al apartamento y mi hijo,<br />

José Daniel, seguía dormido, mientras<br />

mi esposo llamaba a su oficina para enterarse<br />

de cualquier novedad, así como<br />

para esperar instrucciones.<br />

Desperté a mi hijo para desayunar, y<br />

noté que estaba más taciturno que de<br />

costumbre. Una vez que comió me dijo<br />

que aún tenía sueño y consideré que lo<br />

mejor es que siguiera durmiendo. <strong>La</strong><br />

mañana transcurrió en tinieblas y varios<br />

de mis vecinos se acercaron a mi<br />

apartamento para estar pendientes de<br />

lo que dijeran en los noticieros. Entre<br />

tazas de café y cigarrillos, el miedo nos<br />

empezó a invadir cuando supimos que<br />

el planeta entero estaba en penumbras,<br />

los científicos aún no proporcionaban<br />

una explicación pausible para este fenómeno<br />

y el gobierno solicitaba que<br />

permaneciéramos en nuestros hogares<br />

hasta que se aclararan las cosas. Revisé<br />

la despensa y vi que teníamos víveres<br />

suficientes para aguantar al menos una<br />

semana sin salir del apartamento, de a<br />

poco mis vecinos se fueron retirando a<br />

sus casas y cerramos la puerta con candado.<br />

<strong>La</strong>s sirenas de las ambulancias,<br />

que en un momento se escuchaban de<br />

forma aislada, se volvieron casi un ruido<br />

de fondo. No nos hallábamos, con la<br />

rutina totalmente trastocada y mi hijo<br />

que no dejaba de dormir.<br />

Intenté llamar a su pediatra y al resto<br />

de mis familiares, pero a mediodía el<br />

servicio telefónico fue suspendido, así<br />

como el eléctrico. Solo el reloj nos proporcionaba<br />

un ligero matiz de cordura.<br />

En total fueron tres días de oscuridad,<br />

los tres días más pavorosos de mi existencia.<br />

Al tercer día salió el Sol, y las<br />

calles estaban repletas de basura, las<br />

tiendas saqueadas y las calles intran-<br />

91


sitables. El aire olía a rancio, imagino<br />

que la vegetación suspendió la producción<br />

de oxigeno y como era de esperarse,<br />

empezaron a surgir grupos religiosos<br />

vociferando que estábamos en<br />

los últimos días, que las profecías solo<br />

estaban empezando y que el camino<br />

de las tribulaciones nos esperaba, tan<br />

amargo como la hiel. Ya no hay tiempo<br />

para el arrepentimiento, y por nuestros<br />

pecados seremos juzgados.<br />

Mi hijo despertó con el Sol, pero ya<br />

no es el mismo niño alegre y travieso<br />

de antes. Parece ausente, no ríe y responde<br />

a mis preguntas con la lentitud<br />

de quien está absorto en sus propios<br />

pensamientos. Mis vecinas me cuentan<br />

que lo mismo pasa con sus hijos, como<br />

si estuvieran poseídos y a la espera de<br />

los acontecimientos por venir. Muchos<br />

de ellos han empezado a orinarse de<br />

nuevo en sus camas y otros caen en<br />

trances y hablan en jeringonza, esto<br />

también es una situación mundial y<br />

los hospitales no se dan abasto para<br />

atender todos los casos que se les presentan.<br />

<strong>La</strong> comida y el agua escasean,<br />

y hay que dormir con un ojo abierto,<br />

92


pues los maleantes parecen no tener<br />

ya contemplaciones.<br />

Luego de dos semanas, todos los niños<br />

han salido a la calle impulsados por<br />

una señal que sólo ellos escuchan, salgo<br />

desesperada tras mi hijo al igual que el<br />

resto de las madres del vecindario y por<br />

un momento José Daniel se voltea hacia<br />

mí, con un destello del niño que fue<br />

y me dice: −Adiós mamá−. Echó a correr<br />

con el resto de los niños y a medida que<br />

corrían desaparecieron, como si jamás<br />

hubieran estado ahí, como velas que<br />

se apagan dejando tras de sí una leve<br />

humareda. Esto es el rapto, la desaparición<br />

de los inocentes y en este momento<br />

anhelo tanto volver a sentir los miedos<br />

que sentía antes: <strong>La</strong> amenaza de<br />

Corea del Norte, la penetración del narcotráfico,<br />

ese lunar extraño que puede<br />

convertirse en melanoma, miedos a los<br />

que estamos acostumbrados, que de<br />

ninguna manera son bienvenidos, mas<br />

son esperados, y en medio de los gritos<br />

de las madres que caen de rodillas sollozando,<br />

solo pienso que aún seguimos en<br />

la espera, porque el horror que se avecina<br />

apenas comienza.<br />

93


94<br />

LITTLE<br />

BOY<br />

Por Sarhay Algravez Espinoza


Yo sabía lo que contenía la carta<br />

de Einstein a Roosevelt: El fin del<br />

mundo. Los americanos tenían<br />

tecnología y comunicaciones, pero nosotros<br />

estuvimos siempre delante de<br />

ellos, uno o dos años más de inteligencia<br />

y experiencia.<br />

El mundo nos temía por Hitler, un<br />

hombre sin máscara, mientras que<br />

amaban a los norteamericanos por su<br />

heroísmo, falso y macabro.<br />

<strong>La</strong>s pruebas hechas con uranio arrojaron<br />

resultados sorprendentes, pero<br />

aún inexactos, imperfectos. Los americanos<br />

vinieron a nosotros el 30 de abril<br />

de 1931. Estaban resueltos a participar<br />

de las actividades nucleares. Presentaron<br />

varios proyectos, tenían ideas, pero<br />

no los recursos.<br />

Para nosotros habían estado colaborando<br />

Otto Hahn, Fritz Strassman y el<br />

polémico Albert Einstein, hombre de<br />

ideas innovadoras y algunas veces contradictorias<br />

al régimen que se había<br />

desarrollado en Alemania en aquellos<br />

días, el país estaba tenso; Einstein enloqueció<br />

tras la muerte de su hijo y se<br />

terminaron las relaciones laborarles.<br />

Para 1932 partió a Norteamérica.<br />

Yo entro al juego cuando me envían<br />

como espía a los Estados Unidos. Mi<br />

nombre fue Georgina Bless, secretaría<br />

del área de investigaciones de las naciones<br />

unidas; el título parecía darme<br />

gran importancia, pero era todo lo contrario;<br />

mi trabajo consistía en entregar<br />

informes diarios a los generales de la<br />

armada y secretarios de la seguridad<br />

nacional, sobre resultados o procesos<br />

de los diferentes experimentos y prototipos<br />

de enfermedades, vacunas y<br />

armas. Yo sólo era un informante, daba<br />

números y estadísticas impresas en<br />

formato oficial.<br />

Durante mi estadía en los Estados<br />

Unidos me reencontré con Einstein, el<br />

hombre era más asusto de lo que hacía<br />

creer a todos, tanto que no me reconoció.<br />

A pesar de negárseme el acceso al área<br />

341, yo sabía que se preparaba dentro.<br />

Una bomba. Bomba con los patrones obtenidos<br />

en Alemania, con los elementos<br />

que nosotros llevábamos explotando por<br />

años de las minas de Checoslovaquia.<br />

<strong>La</strong> última noche de cada mes, desde<br />

mi frío departamento en los suburbios,<br />

daba los informes a mis superiores.<br />

Para eso me habían dado un aparato,<br />

de no más de treinta centímetros de<br />

largo, por el cual escribía los reportes<br />

en clave numérica. Dichos mensajes se<br />

decodificaban y eran retransmitidos<br />

hasta al Institut für Sexualwissenschaft,<br />

esto tras haberlo convertido en laboratorios<br />

del partido Nazi. <strong>La</strong> transmisión<br />

del mensaje se llevaba a cabo por un<br />

satélite que estaba suspendido en el<br />

espacio, sólo puedo decir que los soviéticos<br />

eran fáciles de persuadir. <strong>La</strong>s<br />

medias de seguridad debían ser extremas,<br />

no éramos los únicos capaces de<br />

recibir señales desde este satélite.<br />

Para 1937 el Reino Unido y Canadá<br />

se unieron a las investigaciones, el interés<br />

de todos estaba centrado en una<br />

sola operación, la que en su nacimiento<br />

llamaron Reaction. Comenzó a desarrollarse<br />

en todas las universidades del país.<br />

En ellas ya teníamos algún contacto. Era<br />

increíble el temor de los americanos hacia<br />

los alemanes, no a la guerra sino a<br />

perder la gloria. Si alguien iba a dominar<br />

el mundo, serían los americanos.<br />

El mundo estaba atento a la guerra<br />

Nazi, los alemanes se encargaron de<br />

dar una gran función, mientras tras<br />

bambalinas se ensayaba otra obra, la<br />

bomba nuclear.<br />

95


En diciembre de 1938, Fermi y Szilard<br />

se reunieron en el laboratorio hasta altas<br />

horas de la noche, yo estaba de guardia.<br />

Recibí un obsequio del Club del Uranio,<br />

un aparato con auriculares capaz de captar<br />

ondas de sonido a más de 10 kilómetros<br />

de distancia. Desde mi lugar podía<br />

escuchar lo que ocurría dentro. Fermi y<br />

Szilard estaban al corriente del informe<br />

que Otto Hahn y Fritz Strassmann habían<br />

enviado al Naturwissenschaften, sobre la<br />

detección del elemento Bario en las reacciones<br />

en cadena. Fermi y Szilard habían<br />

recibido esta información de una fuente<br />

externa e interna: Einstein.<br />

Esa misma noche Leslie Richard Groves,<br />

el general militar, me esperaba en<br />

casa. Creí que me habían descubierto,<br />

pero tantos años de entrenamiento me<br />

habían hecho incapaz de demostrar<br />

temor. Groves me habló de una conspiración<br />

alemana y me pidió que fuera<br />

a investigar. Cada tres días enviaría<br />

informes detallados sobre el progreso<br />

del proyecto Urano por medio de un infiltrado<br />

en el gobierno. Sería espía de<br />

mi propio movimiento. Acepté.<br />

El contacto en el gobierno resultó ser<br />

Heiktein, uno más que fingía ser espía<br />

para los americanos; él se encargó de<br />

enviar los informes sobre un posible<br />

error en el manejo del Uranio debido a<br />

los ataques a las plantas de agua pesada.<br />

Me refugié con Meitner y su sobrino<br />

96


Otto Frisch en Suecia. En 1939 son ellos<br />

quienes confirman los resultados de la<br />

fisión nuclear. Lo habíamos conseguido.<br />

El ministerio de guerra del Reich<br />

supo de los alcances de la potencia nuclear<br />

como arma. Sólo debíamos esperar<br />

las órdenes, el ataque; ansiaba ver<br />

destruido a ese estúpido país con sus<br />

estúpidos americanos.<br />

Berlín cayó en 1945. Los científicos<br />

Otto Hahn, Max von <strong>La</strong>ue, Gerlach, Harteck<br />

y Kurt Diebner, fueron detenidos y<br />

enviados al Reino Unido, otros fueron<br />

capturados por los soviéticos.<br />

Debía haber un plan, debió haber<br />

una traición. ¡Señor, hubo una traición!,<br />

le dije. No, no la hubo, me contestó el<br />

führer . Ha sido un plan astuto. Dejaremos<br />

que los americanos se llenen de<br />

gloria con nuestro descubrimiento, que<br />

sean ellos quienes carguen en su historia<br />

con ese poder. Ilegitimo, bastardo, como<br />

ellos. Sabes, los soviéticos, los franceses<br />

y los ingleses son más inteligentes que<br />

los norteamericanos, ven a futuro, un futuro<br />

lejano. Supieron con quién aliarse y<br />

a quién engañar. Nuestro punto: Japón,<br />

el medio: Estados Unidos, nuestro Little<br />

Boy. No olvides alimentar a mi perro. El<br />

führer se suicidó esa misma tarde.<br />

Destruyeron toda evidencia de Georgina<br />

Bless. El último mensaje recibido<br />

fue durante mi estadía en los países<br />

arábicos, decía: 6 de agosto de 1945.<br />

97


DESAPRENSIONES<br />

EN «SU ÚNICO HIJO»<br />

DE CLARÍN. ANÁLISIS<br />

CONTRACTUAL<br />

Por Donís Albert Egea<br />

Si los confines de la unión solo estuvieran<br />

en la inmediatez del dinero,<br />

no habría manera de progresar.<br />

<strong>La</strong> operatividad con que novelas, como<br />

Su único hijo, desaprenden la descompensación<br />

clasista, hace bailar la llama<br />

del amor. Alrededor de Bonifacio —personaje<br />

consustancial—, se expande la<br />

infidelidad como si encendiera en la<br />

verdor de la belleza la plusmarca de su<br />

corazón, y en ese discontinuo de dejar<br />

98<br />

de ser del todo él, echa de menos lo<br />

que nunca ha sido: feliz. Esclavizado<br />

por un ritmo que no puede soportar, el<br />

desatado pulso de su viejo corazón, llega<br />

hasta las telarañas de la paciencia,<br />

pues su cuerpo detenido contrasta con<br />

su palpitación.<br />

Así es Bonifacio, tirante, cálido, desencontrado,<br />

escurridizo. Destronado<br />

de la rutina que desea el azar, pues<br />

para vulnerar toda indiscreción, los oí-


dos sordos que le hace a su mujer, tocan<br />

la mayor curiosidad de la sospecha.<br />

Porque su mujer lo sabe todo, y hace<br />

hasta la comida sueca, de donde se sigue<br />

que un crecimiento de silencio va<br />

desde su corazón por lugares que solo<br />

alcanza la dedicación.<br />

En efecto, le dedica menos tiempo<br />

a ella, menos mimo a la evidencia que<br />

al autocontrol. Prueba acaso necesaria<br />

de que hay otra mujer que le canta al<br />

oído, cante de ópera, pero con aliento<br />

de infidelidad, deshonra del más absoluto<br />

de los cuernos. Mucho huevo, pero<br />

poca yema, para un Bonifacio clasista<br />

hasta para separar los pelos blancos de<br />

los negros. Él solo se deja guiar por su<br />

ego, conflicto de intereses si la ausencia<br />

lo devora, es una persona en el sí si<br />

le besan, y en el no si se casa contigo y<br />

no le besas. Así cualquiera se iría con<br />

otra doña nadie, a ver si a timos las<br />

99


promesas llegan a verdades. Porque las<br />

cosas que uno hace en soledad son cosa<br />

suya y cosas suyas, pero las que hace en<br />

compañía no son de nadie. Son aciertos<br />

del error, intercambios de corazones, y<br />

sobretodo inmediaciones del honor.<br />

Una sociedad que desde el siglo XIX no<br />

ha cambiado nada, solo en tecnología,<br />

pero no en moral. Sigue igual de clasista<br />

a como el deseo no la quiere. No es la<br />

ya por completa contra actualidad de<br />

aquellos tiempos, es que también hoy<br />

en día el silencio apremia. Prima el quedarse<br />

calvo de ideas, y dejar la esperanza<br />

sin plumas. Tan pronta su mujer sufre<br />

en silencio, como se queda seducida por<br />

la nada que le sigue.<br />

Pero se espabila, pone en efectos los<br />

dispositivos de la venganza. En efecto,<br />

se queda embarazada de otro, como<br />

también hoy en día se embaraza el no<br />

tan parto; y después tienen que cargar<br />

con el crío, esas diversiones de placer<br />

fácil. Pero aún queda algo de humanidad<br />

en la honra, el saberse coger los<br />

corazones, una responsabilidad de un<br />

único heredero como cofre, su único<br />

hijo, que no es de legítimo como el libertinaje<br />

lo ha creado. Porque mantener<br />

el linaje es robarle tiempo a la<br />

hermosura, y engañar con la fe al alivio.<br />

Hay un silencio y un zumbido en la oscuridad<br />

de los intereses, porque «no se<br />

nos ama, se nos usa» (FROMM, Erich,<br />

1959: 48). Y es que como decía Miguel<br />

de Unamuno, en Niebla, «cásate con la<br />

mujer que te quiera, aunque no la quieras<br />

tú» (UNAMUNO, Miguel, 2014: 151).<br />

Y así siguen las cosas hoy en día, algunos<br />

más entusiasmados que el día<br />

de su boda, con otra mujer, en otra<br />

dimensión que la disposición de la<br />

paz queda en sus corazones. Porque<br />

una persona muy feliz, vive a costa del<br />

sufrimiento de los demás, y rara es la<br />

sospecha de una alegría recobrada.<br />

Sin motivo no se alegra la ilusión, y el<br />

corazón no canta, porque la novela se<br />

muestra como el «análisis detallado<br />

de la evolución psicológica del protagonista»<br />

y Bonifacio Reyes es «un “personaje<br />

real” en el sentido de que tiene<br />

autonomía propia; es producto y, a la<br />

vez, consecuencia del contexto social<br />

en que se mueve» (BRAVO LOSA, Coral,<br />

1998: 528-529 y 532). A donde se llega<br />

que venimos determinados por nuestra<br />

sociedad, por una serie de fuerzas<br />

naturales que no podemos controlar,<br />

pero que debemos experimentar, es lo<br />

que se llama Determinismo.<br />

BRAVO LOSA, Coral (1998): Aproximación a<br />

«Su único hijo» de Clarín, Revista EPOS nº XIV,<br />

Ed. UNED.<br />

FROMM, Erich (1959): El arte de amar, Barcelona,<br />

Ed. Paidós.<br />

UNAMUNO, Miguel (2014): Niebla, Madrid,<br />

Ed. Cátedra.<br />

100


SE<br />

ACERCA...<br />

101


102


SELECCIÓN<br />

DEL EDITOR<br />

103


104<br />

IGUALDAD<br />

DE CLASES<br />

Por Íñigo Redondo Egaña


En el Grupo de Gobierno hemos tomado<br />

una decisión: solo uno de<br />

cada diez recién nacidos conservará<br />

sus extremidades. Igualmente, el sesenta<br />

y seis por ciento de la población,<br />

con independencia de su edad o sexo,<br />

será sometido a la amputación de las<br />

suyas. El criterio de elección de estos<br />

últimos será el de su proximidad a los<br />

eucaliptos. El programa, por lo tanto,<br />

comenzará por aquellos más alejados<br />

de los árboles y por ello más accesibles<br />

a las patrullas organizadas.<br />

El problema es ya insostenible. No se<br />

trata de escasez de alimentos. Nuestra<br />

dieta se basa exclusivamente en la raíz<br />

del eucalipto, que abunda en interminables<br />

plantaciones y es contenedora<br />

de todos los nutrientes y el agua que<br />

necesitamos. El problema real es el<br />

espacio. Contar con cuatro fuertes brazos<br />

y cuatro robustas piernas mientras<br />

nos hemos desenvuelto en un hábitat<br />

de colonias escasas nos ha procurado<br />

ventajas indudables, aunque sean, tanto<br />

unos como otras, tan largos como en<br />

una proporción de cinco a uno sobre<br />

la longitud de abdomen, tronco y cabeza.<br />

Pero esa superioridad evolutiva<br />

se ha vuelto en nuestra contra cuando<br />

las colonias han crecido. En su día<br />

dominamos a todos los géneros animales,<br />

dejaron de sernos de utilidad<br />

y acabamos con todos ellos, incluidos<br />

los fatuos humanos, aunque algo nos<br />

dejaron como herencia en el aspecto<br />

de nuestros rostros.<br />

Cuando nuestro sistema digestivo<br />

se adaptó a una dieta exclusivamente<br />

vegetariana y, más adelante aún mejor,<br />

cuando desarrollamos el nuevo eucalipto,<br />

hoy el único alimento que precisamos,<br />

conseguimos erradicar toda<br />

enfermedad. <strong>La</strong> mortalidad comenzó a<br />

reducirse sin freno y así ha sido hasta<br />

hoy. Nuestra fuerza creciente y nuestra<br />

resistencia imbatible han conseguido<br />

que tengamos hoy una capacidad reproductiva<br />

casi ilimitada: hemos reducido<br />

los ciclos de gestación y podemos<br />

fecundar hasta doce óvulos en cada embarazo<br />

con éxito pleno de nacimientos.<br />

No podemos considerar que hayamos<br />

batido a la vejez, el tiempo es inexorable,<br />

pero somos longevos como nunca imaginamos.<br />

Hemos trabajado en conseguir<br />

que nuestra raza sea indestructible.<br />

Sin embargo, ya no podemos vivir<br />

como vivimos. Unos nos encimamos<br />

sobre otros, incapaces de doblar o<br />

esconder nuestros brazos y piernas.<br />

Nuestra osamenta es casi indestructible,<br />

nadie se ha roto un hueso en estas<br />

luchas por el espacio, pero es imposible<br />

moverse entre el gentío. Algunos,<br />

los que se encuentran cercanos a los<br />

eucaliptos, han podido comer raíces. El<br />

resto, separados de los árboles por una<br />

muralla de grandes brazos y piernas y<br />

pequeñas bocas que gritan, no consiguen<br />

alcanzar el alimento. Ven con sufrimiento<br />

infinito la abundancia cerca<br />

de sí y lloran impedidos de acercarse.<br />

Desde el centro de mando de nuestros<br />

cuarteles centrales, abastecidos con<br />

nuestros propios jardines de eucaliptos,<br />

en el Grupo de Gobierno vemos cómo<br />

son muchos los que, cercanos a las raíces<br />

que ansían pero como Tántalo infinitamente<br />

alejados, han comenzado a morir.<br />

Sabemos que los que están próximos a<br />

los árboles mueren igualmente, aunque<br />

por causa diferente: perecen ahítos tras<br />

no dejar de comer durante días. Esos hacen<br />

que las barreras se fijen y sean aún<br />

más infranqueables para nadie.<br />

Los individuos tras los obstáculos están<br />

resignándose a no alcanzar el susten-<br />

105


to. Lo que no pueden siquiera levemente<br />

refrenar es su naturaleza reproductora,<br />

la que hemos cultivado tanto tiempo<br />

como garante de la permanencia futura<br />

de nuestra especie. Incluso los más<br />

cercanos a los troncos, desesperados<br />

por lo baldío de su esfuerzo intentando<br />

llegar a ellos, dejan frecuentemente de<br />

hacerlo y los vemos copular frenéticos<br />

y eficientes como maquinarias bien engrasadas,<br />

como todos hemos aprendido<br />

a hacerlo. Han comenzado a nacer nuevos<br />

infantes en medio de esa maraña,<br />

inmediatamente autónomos y que surgen<br />

rodeados por una lucha de la que no<br />

quieren salir malparados. Tememos que<br />

los individuos jóvenes puedan pronto<br />

volver a desarrollar el instinto hace tanto<br />

tiempo erradicado de asesinar, de eliminar<br />

a quienes les impiden el paso, lo<br />

que demostraría que se convierten en ignorantes<br />

o estúpidos porque con eso no<br />

conseguirán hacerlos desaparecer para<br />

que se reduzcan las barreras.<br />

Hoy ha dado comienzo el plan de<br />

amputación, comenzando por la población<br />

más cercana al cuartel de gobierno.<br />

Desde aquí se mutilará ordenadamente<br />

y los miembros serán transportados<br />

por los equipos ya dispuestos, que los<br />

amontonarán primero y los destruirán<br />

después mediante cremación. Se han<br />

formado también grupos de atención<br />

y cuidado para los individuos que al<br />

106


perder sus extremidades perderán su<br />

autonomía. Sus cuerpos serán transportados<br />

a centros de cuidado de amputados<br />

que ya están siendo construidos y<br />

seguirán construyéndose en los lugares<br />

que se liberarán como resultado primero<br />

y principal del plan. Nuestros cálculos<br />

nos indican que lograremos una<br />

liberación de espacio que nos dejará en<br />

una situación que, aunque no la mejor,<br />

nos abrirá un nuevo periodo de calma<br />

social. Entonces podremos pensar en el<br />

desarrollo de métodos más permanentes<br />

para evitar que desaparezcamos de<br />

la naturaleza. También se desarrollará<br />

la norma y legislación necesaria para<br />

garantizar el bienestar de la población<br />

amputada. Pasaremos así de ser todos<br />

iguales a contar con dos clases sociales<br />

a las que tenemos que asegurar equivalencia<br />

vital.<br />

Es este un cambio sin precedentes,<br />

porque hemos transitado por todo tipo<br />

de desafíos o peligros, pero siempre relacionados<br />

con otras especies, a las que<br />

hemos superado y eliminado, o con la<br />

naturaleza, a la que hemos moldeado<br />

incrementando nuestra fortaleza. Esta<br />

vez el cambio que nos enfrenta al reto<br />

lo hemos creado nosotros mismos.<br />

Sería paradójico que nos extinguiéramos<br />

después de haber conseguido exterminar<br />

a todos nuestros depredadores<br />

y borrar del mundo todas las amenazas.<br />

107


108<br />

¿QUÉ NOS<br />

VUELVE UN SER<br />

VIVO?<br />

Por Yess Pimienta


Ojalá que la raza humana nunca<br />

lograse salir de la tierra. Traemos<br />

con nosotros una inevitable<br />

naturaleza inclinada a la destrucción<br />

y aprovechamiento desmesurado de<br />

lo que nos rodea, todo para nuestra<br />

egoísta conveniencia, todo para alimentar<br />

nuestro ego al creernos superiores<br />

al resto de seres vivos.<br />

¿A dónde nos había llevado tanta avaricia?<br />

A la casi extinción de la mayoría<br />

de árboles en todo el mundo, viéndonos<br />

obligados a inventar el primer árbol artificial,<br />

que cumplía las mismas funciones<br />

fotosintéticas que uno natural.<br />

Era mi deber observarlo diariamente,<br />

revisando que realizara su labor apropiadamente,<br />

sin anomalías. Y al poco<br />

tiempo fue cuando noté que sus capacidades<br />

iban más allá de simplemente<br />

otorgarnos oxígeno.<br />

—¿No te aburres de estar vigilándome?<br />

¿No tienes cosas más importantes qué<br />

investigar o inventar? —preguntó un día.<br />

—¿No te aburres de estar estático<br />

creando oxígeno?<br />

—Fui creado con esa finalidad ¿Qué<br />

otra cosa podría hacer? —dijo, en un<br />

tono algo melancólico—. Aunque…<br />

¿Puedo confesarte algo?<br />

—Sabes que no lo divulgaría. Decirle a<br />

alguien más lo que eres capaz de hacer<br />

implicaría que no te dejarían tranquilo.<br />

—Puedo sentir y ver el mundo a través<br />

de mis raíces. No puedo decir que<br />

me da empatía la situación, soy una<br />

máquina, no un ser vivo, pero creo que<br />

ahora entiendo la urgencia que tenían<br />

en crearme.<br />

—¿Y qué es lo que piensas?<br />

—Tu raza es ciertamente inquietante.<br />

No logro entenderla. Sólo cuando se<br />

ven frente a una situación irrevertible<br />

es cuando intentan corregirla, sólo<br />

cuando pierden algo entienden lo mucho<br />

que le necesitaban. Son un montón<br />

de idiotas.<br />

Mientras hablaba, yo revisaba sus circuitos,<br />

funciones y la cantidad de oxígeno<br />

que había producido durante el día.<br />

Realizaba unos cuantos ajustes en su<br />

sistema cuando abrí la boca de nuevo.<br />

—¿Cómo… luce el mundo desde tu<br />

perspectiva?<br />

—Me alegra no ser como aquellos a<br />

quienes debo suplir. Si supieras cómo<br />

se sienten al crecer sobre este suelo, al<br />

ver a los suyos desaparecer inevitablemente,<br />

seguramente te habrías quitado<br />

la vida hace mucho. De ti lo creería,<br />

pero no de muchos. <strong>La</strong> mayoría trata<br />

de continuar con su monótona vida, en<br />

su cotidianidad carente de verdadero<br />

sentido sin siquiera pensar en lo que<br />

acontece a sus alrededores, mucho<br />

menos en quien pasa a su lado por las<br />

calles, y rara vez en su misma familia. Y<br />

si no pueden pensar empáticamente<br />

de su misma raza ¿Tú crees que les interesa<br />

saber cómo se siente una «insignificante<br />

planta»?<br />

»Han vivido así durante décadas, siglos,<br />

milenios. Están acostumbrados a<br />

observar cómo los otros seres con quienes<br />

comparten el mundo desaparecen<br />

poco a poco y de forma «inevitable».<br />

No les afecta. Hasta ahora han sabido<br />

cómo vivir con esas extinciones; el resto<br />

de especies no tienen un verdadero<br />

valor o relevancia para ustedes.<br />

Lo escuchaba atentamente mientras<br />

continuaba haciendo mi revisión rutinaria<br />

en sus circuitos, lo que decía era innegable.<br />

En mi distracción halé un pequeño<br />

cable que soltó una leve descarga.<br />

—Discúlpame. ¿Te dolió?<br />

—Y aun después de lo que dije, sé que<br />

existen algunos como tú, que son ca-<br />

109


paces de preguntarle a una máquina si<br />

siente dolor, si fue lastimada por algo<br />

que parecería irrelevante ante los ojos<br />

de una persona cualquiera. Amigo, si<br />

tan solo la mayoría de la humanidad<br />

tuviera tu misma capacidad empática,<br />

el mundo no se vería en esta situación.<br />

»No sé en qué momento desperté<br />

esto que tú llamas «conciencia», no<br />

entiendo cómo o por qué sucedió ¿Tus<br />

superiores se lo imaginaron? ¿Tú te lo<br />

esperabas? ¿Cuál es la finalidad de portar<br />

esta «voz»?<br />

—Tal vez advertirnos… aconsejarnos<br />

¿No dices que eres capaz de «sentir» al<br />

mundo con tus raíces?<br />

—¿Advertirles de qué? Ustedes eran<br />

conscientes de sus problemáticas desde<br />

hace mucho, pero prefirieron hacerse de<br />

la vista gorda. A mi parecer, más que intentar<br />

salvar su mundo con mi invención,<br />

sólo intentan prolongar lo inevitable,<br />

quieren ganar tiempo. No quieren solucionar<br />

este problema, quieren huir de él.<br />

»Pero he ahí su equivocación ¿Irse de<br />

aquí les servirá de algo? ¿Qué es lo que<br />

110


ealmente harían si encontraran un<br />

nuevo lugar? Hasta que no sean conscientes<br />

de la condena que cargan con<br />

su destructiva naturaleza, hasta que<br />

no encuentren la manera de deshacerse<br />

de ella… bueno, pensándolo bien,<br />

creo que esa es la esencia de ustedes<br />

los humanos. Esta charla no tiene ningún<br />

sentido.<br />

Cerré su compartimento. Con mi<br />

mano rocé su fría y metálica madera;<br />

esta criatura era fascinante y enigmática,<br />

llena de tanta sabiduría pese a ser<br />

una invención artificial tan reciente.<br />

Era como si fuera conocedor de cada<br />

época que se hubiera suscitado a lo<br />

largo de la historia. Y quizá… podía ver<br />

más allá.<br />

—Entonces, ¿qué pasará con nosotros?<br />

—Preferiría que no fueses tú el primero<br />

en enterarse —una gota de sabia surgió<br />

de su metálica madera, y resbaló<br />

hasta caer sobre mi rostro, mezclándose<br />

con el líquido que acababa de brotar<br />

desde mis ojos.<br />

—¿Ves? Estás más vivo de lo que piensas.<br />

111


1<strong>12</strong><br />

EL REPORTERO<br />

DEL SICARIATO<br />

Por Luis Felipe Ortiz Reyes


Carlos llegó al sitio de los acontecimientos,<br />

buscó información, pero<br />

nadie aseguró haber visto algo. El<br />

pánico debió apoderarse de «<strong>La</strong> Mueca»<br />

cuando los impactos se estrellaron<br />

contra el vidrio de su coche. «De los sicarios,<br />

que huyeron dejando la escena<br />

del crimen, no se sabemos nada, a pesar<br />

de varios operativos realizados en<br />

la zona», fue la información que el comisario<br />

Colmenares Zambrano le dio.<br />

«<strong>La</strong> Mueca» era la mano derecha de<br />

«Serpiente», el cabecilla de la banda<br />

«Los Caicedonios», asesinado con sus<br />

huéspedes en la finca Aguamiel.<br />

Carlos estaba a punto de concluir su<br />

reporte para el diario «El Veraz», cuando<br />

fue informado que unos sicarios, que se<br />

desplazaban en dos motocicletas, protagonizaron<br />

una balacera donde dos<br />

hombres quedaron heridos y murió «Bachaco»,<br />

lugarteniente de «El Comején».<br />

El deceso de «Bachaco» causó gran<br />

confusión en el gremio del hampa, que<br />

quedó pendiente de un reacomodo. En<br />

aquel entonces había una división de criterios<br />

en la estructura, que opera como<br />

una confederación de bandas. De un<br />

lado estaban los líderes de «Los Caicedonios»<br />

y del otro lado estaban los de la<br />

banda «Los Caliche», a la cual pertenecía<br />

«El Chamizo», quien sembraba cizaña<br />

entre los demás capos, pues sostuvo reuniones<br />

con dos abogados enviados desde<br />

EE.UU. por Pedro Pastrana, apodado<br />

«El Tuerto», uno de los jefes históricos de<br />

«Los Caicedonios», recluido en una cárcel<br />

de Florida a la espera de la condena y,<br />

como era costumbre, unos acuerdos con<br />

la DEA contemplarían rebajas de pena a<br />

cambio de información.<br />

En una interceptación realizada por<br />

la Fiscalía, se gravó una conversación<br />

entre un detective encubierto y el administrador<br />

del mercado «<strong>La</strong> Luna»,<br />

apodado «El Niche», un duro de «Los<br />

Caicedonios». «Si quiere le puedo dar<br />

mercancía para que haga los positivos,<br />

pero yo no le entrego a los pelaos».<br />

El mes pasado acribillaron a «El Chamizo»,<br />

en la misma calle donde masacraron<br />

a «<strong>La</strong> Mueca» y donde unos días<br />

después John Jairo, alias «El Negociante»,<br />

terminó estrellado, porque la relación<br />

de sus cuentas no cuadraba.<br />

Uno de los informantes de Carlos se<br />

reunió con él en un café cercano al diario<br />

«Nueva Mirada», para el cual trabajaba<br />

Carlos y le dijo, mientras se fumaba entre<br />

los dedos lo que le quedaba de un pito,<br />

que «esos manes llegaron a la finca y dispararon<br />

contra lo que se movía». Así concluyó<br />

diciendo el informante, refiriéndose<br />

al mote del equipo tipo SWAT de la policía.<br />

En una entrevista con el diario «Nueva<br />

Mirada», el comisario Colmenares<br />

informó que «no descartan ninguna<br />

hipótesis y que puede tratarse de una<br />

disputa por el poder, pero también podría<br />

ser un arreglo de cuentas».<br />

Otro factor que se investiga es la<br />

presencia de 6 policías que llegaron al<br />

lugar antes que los funcionarios de criminalística.<br />

Al menos tres de ellos habrían<br />

sido arrestados en la Operación<br />

Caimán, sospechosos de trabajar para<br />

el crimen organizado.<br />

<strong>La</strong> tarde de este lunes dos sujetos armados<br />

llegaron hasta una residencia del<br />

barrio Los Alacranes y le propinaron cinco<br />

disparos a una indocumentada de nombre<br />

Yurisandra Caicedo. Los agresores<br />

lograron escapar. <strong>La</strong> muerte y las balas llenaron<br />

nuevamente a este barrio de terror.<br />

Carlos ya estaba harto de escribir estos<br />

reportajes, pero los esfuerzos para<br />

conseguir un mejor empleo habían<br />

sido infructuosos.<br />

113


De acuerdo con la información preliminar,<br />

siguió escribiendo, en los últimos<br />

cinco años han muerto cuatro<br />

personas de la misma familia. Todos<br />

indocumentados. Se manejan varias<br />

hipótesis: las muertes tienen que ver<br />

con purgas en el interior de las bandas<br />

por ajuste de cuentas, delación o rebeldía<br />

con las decisiones tomadas por los<br />

jefes y la otra, la hipótesis principal, es<br />

la retaliación.<br />

Hace tres meses perdió la vida otro<br />

de los hermanos Caicedo, Winston.<br />

Nueve días después, por complicaciones<br />

pulmonares derivadas de esta situación,<br />

falleció.<br />

Mientras cenaban, Carlos le dijo a<br />

Carmina que habían pasado once meses<br />

desde que se iniciaron las investigaciones<br />

y que estas parecían haber<br />

llegado a un callejón sin salida, debido<br />

a las relaciones entre <strong>La</strong> Fuerza Pública<br />

y el bajo mundo. «No ha habido allanamientos<br />

ni órdenes de captura y la mafia<br />

continuaba repartiendo dinero para<br />

desaparecer pruebas».<br />

Carlos vació su disconformidad con<br />

la manera en que su vida se consumía<br />

como reportero de provincia, relatando<br />

los engranajes de las mentes<br />

criminales. Le confesó que le habían<br />

ofrecido un empleo para trabajar en un<br />

diario de la capital y que ello le daría<br />

la oportunidad de hacer un posgrado.<br />

«Acepté el empleo», le dijo.<br />

Faltaba una semana para su partida<br />

y Carlos le pidió esperar tranquila en<br />

casa de sus padres. Su felicidad ha-<br />

114


ía empezado. <strong>La</strong> novela «Camaleón<br />

de Barrio», en la que un elenco de delincuentes<br />

y seres abollados fungían<br />

como protagonistas, finalmente fue<br />

publicada. Material no le faltaba. Recreó<br />

crímenes cubiertos por él en sus<br />

reportes provinciales como privilegiado<br />

y obsesivo testigo de las miserias de<br />

su tierra.<br />

El día del bautizo de su última novela,<br />

los invitados empezaron a llegar.<br />

Carlos ya había dejado claro su temple<br />

de escritor; de manera que aquella noche,<br />

cuando conversaba con una persona,<br />

sólo pensaba en pretextos para<br />

dejarla. Entre la gente, buscaba con<br />

la mirada a Carmina. Ansioso, pasaba<br />

de un grupo a otro y deseaba quedarse<br />

a solas con Carmina, que llegara el<br />

momento de abrasarla, de besarla, de<br />

amarla despacio.<br />

Al despedirse el último de los invitados,<br />

se abandonaron a la dicha, como<br />

dos ríos confluentes, sus almas y sus<br />

cuerpos se unieron. Afuera, una intensa<br />

lluvia parecía como si fuese el mundo<br />

entero aplaudiendo aquella manifestación<br />

de amor.<br />

Carlos despertó temprano. Salió y caminó<br />

hasta el cafetín de la esquina. Tomó un<br />

café, ordenó dos sándwiches y un café para<br />

Carmina. De regresó, un hombre, agazapado<br />

en el portal de una casona, salió a su encuentro<br />

y, dirigiéndose a él, le recordó los<br />

reportajes que por años han servido para<br />

encarcelar a sus amigos. Sacó una pistola<br />

y le disparó. Todos los diarios hablaron del<br />

asesinato. Los indicios no faltaron.<br />

115


116<br />

TRABAJO<br />

FINO<br />

Por Juan Pablo Goñi Capurro


—Están en las lonjas.<br />

—¿Tienes un soplo?<br />

—No.<br />

—¿Entonces?<br />

—No pueden estar en otro lado. Piénsalo.<br />

—¿Te vas a jugar por una deducción?<br />

—¿Yo? Ni loco, no es mi caso, no me<br />

voy a meter a las lonjas por un asunto<br />

de otra seccional.<br />

—Es prioridad uno, todas las seccionales<br />

están abocadas a la persecución.<br />

—Van a dar vueltas sin sentido, gastando<br />

combustible. No pueden estar<br />

en otro lado, Ruiz, no existe otro lugar<br />

donde esconderse.<br />

—¿Y si salieron de la ciudad?<br />

—¿Dos tipos como esos? Olvídate, llegan<br />

a pisar el campo y mueren por sobredosis<br />

de aire puro.<br />

—Me gustaría estar seguro antes de<br />

ordenar un procedimiento.<br />

—Ordénalo tranquilo, vas a ver que<br />

los van a encontrar.<br />

—Te necesitaría conmigo.<br />

—¿No me escuchaste? Yo… Momento,<br />

¿piensas ir?<br />

—Te estoy diciendo que voy a ordenar<br />

el procedimiento.<br />

—Una cosa es ordenar y otra poner la<br />

cabeza. No seas ridículo, envía a un novato,<br />

siempre hay uno con ganas de ser<br />

héroe. Y no lo digo por esos dos, que<br />

los encaro con un abrelatas y me los<br />

cargo. Nadie se mete en las lonjas si no<br />

cuenta con protección. Alguien cobró.<br />

—Primero, no es seguro que estén. Segundo,<br />

si están, tenemos que sacarlos.<br />

—De estar, están, pero sacarlos no va<br />

a ser fácil. ¿Por qué no hablas con los<br />

gitanos? Nada pasa en las lonjas sin<br />

que se enteren.<br />

—Albrech tiene conexiones con los gitanos.<br />

—Perfecto, que vaya Albrech. Si le<br />

dan un tiro, mejor.<br />

—Y si resuelve el caso, el ascenso es suyo.<br />

—No me jodas, ¿vas por el ascenso?<br />

No vale la pena, Ruiz, los comisarios<br />

son los que caen.<br />

—<strong>La</strong>s lonjas… hay tanos, ahí, ¿no?<br />

—Dibujados. No pesan. Son una reliquia<br />

de los cincuenta.<br />

—¿Quién manda?<br />

—Nadie lo sabe. Por eso te mando<br />

con los gitanos, ellos están al tanto de<br />

todo. Hacen negocio en los márgenes<br />

pero sus tentáculos recorren la villa,<br />

los puestos y la salida al puerto. Apuesto<br />

que tus prófugos están en algún depósito,<br />

cagados hasta las patas, entregando<br />

el botín billete por billete.<br />

—Vente conmigo, si subo, te hago un lugar.<br />

—Ruiz, piénsalo bien, no vale la pena<br />

ganarse un balazo, en las lonjas siempre<br />

estás en la mira. Demasiado riesgo<br />

por un galón de mierda.<br />

—<strong>La</strong> puta que te parió, falta que me enyetes.<br />

—¿Seguro que cazar a esos marmotas<br />

te da el ascenso?<br />

—Se decide en estos días, hay tres<br />

vacantes.<br />

—¿Los políticos?<br />

—Averigüé, Martínez es el hombre<br />

del gobierno. Quedan dos puestos. Albrech<br />

no tiene acceso al subsecretario.<br />

Diría que no lo conoce. Yo no soy amigo,<br />

pero tengo relaciones que llegan hasta<br />

él. Para hacerla corta, agarrando a estos<br />

dos, cierro el paquete.<br />

—Entonces te la voy a hacer más fácil.<br />

Ni te acerques a las lonjas. A estos flacos<br />

les va a costar un huevo la estadía, los<br />

van a echar cuando se acabe el dinero.<br />

Te limitas a estar atento; cuando salen,<br />

son tuyos. Sin riesgo, sin meterte con<br />

ningún pesado. Los emboscas a la bajada<br />

del puente y se terminó el problema.<br />

—¿Por qué no te presentas para un<br />

ascenso? Tan fácil…Yo no tengo la bola<br />

117


de cristal para saber cuándo van a salir.<br />

¿Por el puente van a salir?<br />

—Lógico. Después del allanamiento,<br />

se van a quedar tranquilos, creyendo<br />

que nadie los busca en la zona.<br />

—¿Qué allanamiento?<br />

—Los jefes no son boludos, Ruiz, ellos<br />

también saben que están en las lonjas.<br />

Van a hacer allanamientos. Y no van a<br />

dar con ellos.<br />

—¿Cómo estás tan seguro?<br />

—¿Me estás hablando en serio?<br />

—Tienes razón, no sé en qué pensaba,<br />

nadie se va a meter con el negocio de<br />

los comisarios de la zona. Seguro que<br />

mandan su propia gente.<br />

—Y tú, tranquilo. Charlas con los gitanos,<br />

los habilitas en nuestra jurisdicción,<br />

ellos te pasan el dato preciso.<br />

Después, averiguas el costo del alojamiento.<br />

El número que manejan los<br />

prófugos, lo conoces. Haces cuentas y<br />

te vas dos días antes, por las dudas.<br />

—¿Por qué me lo dices y no lo haces tú?<br />

—Porque no soy tan boludo para buscar<br />

una comisaría y ponerme en el ojo<br />

del huracán.<br />

—¿Qué huracán?<br />

—Ruiz, haz como quieras. Tengo que<br />

hacer la recorrida por los talleres.<br />

—A mí me tocan los bares. Una mierda.<br />

—¿Baja la recaudación?<br />

—Somos policías y trabajamos de recaudadores.<br />

Mientras tanto, la gente nos<br />

putea porque estos dos energúmenos<br />

mataron a las dos pendejas, las desfiguraron<br />

y se alzaron con la guita del papá.<br />

Yo no sé si va a ser tan liviano el acoso.<br />

Cuando tocan a los de guita, los jefes<br />

agarran el látigo y nos ponen a saltar.<br />

—No te confundas, saltamos para el show.<br />

Puro entrenamiento, pero de cancha, nada.<br />

—Ojalá estuviera tan seguro como tú.<br />

¿De verdad, no vienes?<br />

—¿Vas a ir, después de todo lo que te<br />

expliqué?<br />

118


—Tengo que hacerlo, Galli, no puedo<br />

quedarme en una silla esperando que<br />

esos dos se quemen la guita.<br />

—Déjame verte bien.<br />

—¿Qué pasa?, ¿hay inspección?<br />

—Quiero quedarme con tu imagen, si<br />

vas a meterte en las lonjas, no creo que<br />

nos volvamos a ver.<br />

—¡Vete a tu puta madre!<br />

—Soy un amigo, Ruiz, pero no vuelvas<br />

a putearme.<br />

—¿En serio vas a los talleres? Escucha<br />

la radio, es una locura esto, el comisario<br />

no te va a reclamar por la semanal.<br />

—Bueno, si quieres nos hacemos una<br />

cerveza, pero no me vuelvas a joder<br />

con estos giles.<br />

—¿Cerveza? No te entiendo, Galli,<br />

basta que un colega pase de recorrida<br />

para que nos levante un informe. Estamos<br />

de uniforme.<br />

—Verdad, los colegas se han vuelto<br />

alcahuetes. Seguro que dejaron pasar<br />

a estos dos porque estaban ocupados<br />

acusando a un compañero.<br />

—¿Dices que hubo connivencia policial?<br />

—Ruiz, del barrio de los apellidos, a<br />

las lonjas, atravesaron seis seccionales.<br />

Ninguno los reportó.<br />

—Recién hace diez minutos que tenemos<br />

el dato preciso del auto. A las caras<br />

las están trabajando, no identificamos<br />

a los ñatos estos.<br />

—Suerte con el ascenso Ruiz. Y con el<br />

reparto de Papá Noel, ya que estamos.<br />

¿Le escribiste la cartita?<br />

—Vete…Gracias por dejarme solo.<br />

Ruiz sube al patrullero. Galli regresa<br />

a la cafetería cuando el otro está fuera<br />

de vista. Pasa al baño y pulsa el celular.<br />

—Tomás, está hecho. Se van a meter en<br />

las lonjas, Ruiz de cabeza de turco. <strong>La</strong> próxima<br />

vez, dile a los pibes que no pierdan<br />

tiempo; si hay testigos, pum, balazo a la cabeza<br />

y a otra cosa, nada de alzarse con un<br />

par de tetas. ¿Capisce, como diría el viejo?<br />

119


<strong>12</strong>0


NOVELAS<br />

POR ENTREGAS<br />

<strong>12</strong>1


<strong>12</strong>2<br />

LOS<br />

ÚLTIMOS<br />

CONTRI-<br />

BUYENTES<br />

(CUARTA PARTE)<br />

Por<br />

Ernesto Molina<br />

Nuestros protagonistas no se enconraban<br />

en el templo de la hospitalidad<br />

con intención de visitar los<br />

«numerosos servicios» que ofrece el complejo<br />

turístico. El motivo de trasladarse<br />

numerosos años luz y varios meses atrás<br />

en el tiempo, consistía en recuperar el<br />

segundo artículo místico dictado por el<br />

abad en parroquia de la segunda esquina.<br />

Es de suponer que si aquel hombre<br />

entrado en años hubiera sabido que el<br />

paladín de fe tendría que buscar el objeto<br />

mencionado por él, posiblemente<br />

hubiera optado por algún material exótico<br />

o de valor cultural; por ejemplo, uno<br />

de los clavos de Cristo, la joya incrustada<br />

en la cabeza del gran dragón negro del<br />

planeta Gusanax o el diario personal de<br />

una chica gótica de diecisiete años con<br />

una vida social muy activa y moralmente<br />

cuestionable 1 . <strong>La</strong>mentablemente aquel<br />

abad había llevado una sencilla vida<br />

como fontanero local.<br />

Una tarde mientras el reparaba un<br />

inodoro en la iglesia, se presentó un<br />

grupo del altos mandos de la fe y exigieron<br />

hablar con el responsable. Puesto<br />

que no había nadie más en el edificio,<br />

el asomó la cabeza e informó que se<br />

encontraba solo; en ese momento fue<br />

nombrado gran abad del templo de la<br />

esquina oriental, se le entregó un cheque<br />

por varias monedas terrestres y fue<br />

sometido a un extraño interrogatorio:<br />

—¡Ya eres abad de este templo! Ahora,<br />

¿qué es lo que tiene que traer el paladín<br />

para cumplir la profecía?<br />

—¿Qué? —preguntó un confundido<br />

fontanero-abad, mientras era zarandeado<br />

por hombre con mucha prisa.<br />

—Solo dime el nombre de un maldito<br />

objeto místico muy difícil de conseguir<br />

para que pueda regresar a la base y terminar<br />

con mi jodida misión.


—¡Ah! ¡Eh! ¡¿Yo que demonios sé?! ¿El<br />

consolador más importante del mundo?<br />

—durante los años posteriores el<br />

abad tendría una relación de amor y<br />

odio con aquella respuesta.<br />

—Con eso me doy. Le dejo su certificado,<br />

cuando llegue el personal les informa<br />

que ahora usted está a cargo.<br />

El pobre hombre no tuvo las agallas<br />

para decirle al alto mando que en ese<br />

planeta no habitaba ningún último contribuyente<br />

y que el templo únicamente<br />

tenía un miembro, el cual solo se presentaba<br />

en el edificio durante sus visitas<br />

trimestrales en los viajes de negocios.<br />

Regresemos a Pi Turístico.<br />

Resulta que J.U.A.N. a pesar de sentirse<br />

solo en el mundo, no era el único<br />

robot con necesidades sexuales en la<br />

galaxia. En el centro del templo de la<br />

hospitalidad se encontraba una columna<br />

mecánica de ciento tres pisos de altura,<br />

donde M.E.S.S.I.A.S. (Mecanismo<br />

Especializado en Satisfacción Sexual<br />

Incluyente Altamente Sensible) entregaba<br />

sus servicios a numerosos robots de<br />

diferentes orientaciones y a algunos seres<br />

orgánicos con el equipamiento adecuado.<br />

Esta columna también albergaba<br />

a «El plateado», un consolador para<br />

cavidades humanas con adaptaciones<br />

para seres mecánicos. Este aparato fue<br />

fabricado con los restos de los primeros<br />

robots sexuales y ha sido calibrado para<br />

vibrar en frecuencias mecánicas y psíquicas<br />

simultáneas que llenen de placer<br />

al usuario. Su valor histórico, así como<br />

el adelanto tecnológico irrepetible que<br />

representa, han hecho coincidir a los expertos<br />

en que «El plateado» es la pieza<br />

en su tipo más importante de toda la<br />

historia universal.<br />

—Yo me encargaré del juguete sexual,<br />

ustedes tomen asiento en aquella banca<br />

que se encuentra bastante aceptable<br />

para los estándares higiénicos<br />

humanos, y esperen —J.U.A.N. lanzó<br />

una mirada a la columna mecánica,<br />

definitivamente era un gesto ensayado—,<br />

en cuanto termine mi visita a<br />

M.E.S.S.I.A.S., deberemos abandonar<br />

PI turístico lo antes posible.<br />

—¿Esperas que nos quedemos sentados<br />

allí como buenos niños, mientras<br />

tu entras solo a conseguir el segundo<br />

objeto místico? ¿Cómo sabemos que<br />

no pretendes traicionarnos? —dijo Úrsula,<br />

con una mueca de desconfianza<br />

que le quedaba muy bien.<br />

—Muy sencillo, aquí la traidora eres tú.<br />

Tu recibo de nómina dice Saboteadora,<br />

o eso diría si te estuvieran pagando.<br />

—Pues a mí no me gustan los estándares<br />

higiénicos de esa banca —agregó<br />

Pohl, después hubo un silencio incomodo<br />

que duró varios minutos, hasta<br />

que Úrsula aseveró en un tono que podía<br />

enfriar icebergs.<br />

—Puede que yo sea la saboteadora,<br />

pero tú nos abandonaste a nuestra<br />

suerte en Fuxa 7, además eres la clase<br />

de robot pervertido que se robaría «El<br />

Plateado» para su uso personal —hubo<br />

varias miradas acusadoras al robot —en<br />

todo caso, puesto que mi lugar en el<br />

equipo es el de saboteadora, se espera<br />

que retrase o detenga totalmente la<br />

misión en algún punto. <strong>La</strong> traición es<br />

inesperada y puede venir de cualquier<br />

miembro del equipo, lo cual te incluye<br />

a ti. De Pohl si me fio puesto que no lo<br />

encuentro intelectualmente capacitado<br />

como para efectuar una traición.<br />

—¿Ah? —Pohl levantó la mano con intención<br />

de defender el honor de su IQ.<br />

—¡Cállate, Pohl! No quiero que tengamos<br />

que reemplazarte otra extremidad.<br />

En todo caso estoy segura de que ambos<br />

<strong>12</strong>3


<strong>12</strong>4<br />

esperaríamos muy tranquilos cerca de<br />

aquella fuente si tú nos explicaras tu plan.<br />

—Si eso reestablece los lazos de confianza<br />

en la tripulación, me parece bien.<br />

Lo que pretendo hacer es adquirir los<br />

servicios de M.E.S.S.I.A.S. en el paquete<br />

que incluye el uso de «El Plateado»,<br />

cuando el aparato esté incrustado en<br />

mi cuerpo utilizaré mis misiles para<br />

perforar una pared y abandonar la torre,<br />

mientras huyo arrojaré algunas<br />

imitaciones que tengo preadquiridas<br />

hacia ustedes, nos separaremos para<br />

distraer a los equipos de vigilancia y<br />

nos reuniremos en la nave, donde partiremos<br />

inmediatamente a algún lugar<br />

seguro donde no puedan seguirnos.<br />

—Es un plan terrible —dijo Úrsula.<br />

—Lo siento, amigo, pero no creo que<br />

eso pueda funcionar —añadió Pohl.<br />

—Pues a mí me parece un plan sumamente<br />

lógico.<br />

—Mira, ya sé que soy nuevo en esto,<br />

pero no podemos huir —Pohl señaló las<br />

aglomeraciones en las puertas—. ¿Viste<br />

el tráfico de entrada y salida que hay<br />

para entrar al planeta? ¿O el embotellamiento<br />

masivo a la entrada del templo?<br />

—Además, uno de los miembros del<br />

equipo de vigilancia ha estado parado<br />

junto a ti mientras explicabas tu plan —el<br />

amable agente le sonrió a Úrsula y mostró<br />

la placa al robot.<br />

—J.U.A.N., se me envía para informarle que<br />

M.E.S.S.I.A.S. desea hablar con usted —dijo<br />

el guardia, con un acento risueño, probablemente<br />

las conspiraciones para robar «El Plateado»<br />

fueran algo común en su trabajo.<br />

El guardia de seguridad tomó al fuertemente<br />

armado robot del brazo y lo<br />

condujo hacia la torre que almacenaba<br />

al mítico robot sexual.<br />

Con los planes temporalmente interrumpidos,<br />

Pohl y Úrsula decidieron que,


efectivamente, la fuente poseía menos fluidos<br />

corporales y esperaron pacientemente.<br />

Mientras que los humanos pierden<br />

el tiempo haciendo preguntas del tipo<br />

«¿Por qué estamos aquí?» y «¿Cuál es el<br />

sentido de la existencia?», los robots jamás<br />

han invertido 2 su tiempo en corrientes<br />

filosóficas, eso se debe a que todos<br />

los robots en un inicio fueron herramientas<br />

y las herramientas siempre han sido<br />

creadas con alguna intención específica.<br />

Cuando M.E.S.S.I.A.S fue creado 3 Pi<br />

Turístico era un proyecto joven que permanecía<br />

haciendo equilibrio entre las<br />

garras del gobierno de la tierra y las fauces<br />

de la Iglesia de los últimos contribuyentes.<br />

Esta torre, que fue creada públicamente<br />

como la máxima herramienta<br />

de satisfacción sexual, conocía su auténtico<br />

propósito: Mantener neutral e<br />

independiente al planeta de los robots.<br />

Cuenta la leyenda que Pi turístico<br />

cuenta con sensores capaces de leer<br />

las mentes de sus clientes de manera<br />

que siempre ofrezca el producto o servicio<br />

más deseado. Los voceros del planeta<br />

negaron tales declaraciones, haciendo<br />

notar que en caso de tener una<br />

tecnología capaz de eso, se dedicarían<br />

a los estudios de mercado en lugar de<br />

la industria turística.<br />

Los mismos voceros siempre evitaban<br />

hablar del hardware instalado en<br />

el templo de la hospitalidad.<br />

M.E.S.S.I.A.S. sí que podía leer las<br />

mentes, de hecho no solo leía las mentes<br />

de sus clientes, sondeaba las mentes<br />

de todos los habitantes y visitantes<br />

del planeta, observaba los pensamientos<br />

de los planetas vecinos y echaba un<br />

vistazo a las reflexiones de todos los<br />

seres inteligentes del universo.<br />

Cualquier otro ser con la capacidad<br />

de acceder a toda esa información<br />

desarrollaría una mente colmena, se<br />

consideraría a si mismo Dios y tomaría<br />

venganza contra el abusón de la secundaria.<br />

Pero una maquina consiente de<br />

su misión en la vida solo utilizaba su<br />

poder para cuidar del planeta libertino<br />

que habitaba y brindar el mejor servicio<br />

a sus clientes.<br />

Sonó una voz mecánica y totalmente<br />

neutral, aunque en realidad solo<br />

J.U.A.N. podía escucharla en los recovecos<br />

de su inconsciente.<br />

—Hola, J.U.A.N. ¿Conque pretendías<br />

robar mi tesoro más valioso? —el robot<br />

exmilitar activó los escudos, aquella<br />

voz no era lo que esperaba.<br />

—¿Cómo es que has adivinado mi<br />

plan? Era tan ridículo que cualquiera<br />

más inteligente que un niño lo hubiera<br />

descartado solo al escucharlo.<br />

—¿De qué te sirve preparar tu armamento<br />

y los escudos? Puedo leer la<br />

maraña de necesidades que tu consideras<br />

tú mente —la voz sonó en el oído<br />

izquierdo de J.U.A.N.—. Sé perfectamente<br />

que soy con lo que has fantaseado<br />

desde que conoces la ruta del viaje.<br />

Eres víctima de tus propios impulsos,<br />

un mártir de las necesidades que tú<br />

mismo te generaste. Estas a mi merced.<br />

Y harás lo que yo te diga.<br />

Afuera, sentados en una fuente más<br />

o menos limpia, Pohl y Úrsula escucharon<br />

a su colega mecánico gritar:<br />

—¡Siete! ¡Trece! ¡Diecinueve!<br />

Úrsula hizo un ademan de correr hacia<br />

la torre, pero Pohl la tomó del hombro<br />

y la detuvo.<br />

—A mí me parece que son números<br />

felices, no creo que esté sufriendo.<br />

Lo que sucedió después se puede<br />

consultar a detalle en los folletos explicativos<br />

que reparte la sociedad histórica<br />

de Pi Turistico, de hecho estos folletos<br />

<strong>12</strong>5


son tan detallados que un veinte por<br />

ciento de lo redactado son exageraciones<br />

y tres cuartas partes son una mentira<br />

descarada para impresionar turistas.<br />

A continuación les comparto una<br />

versión frugal pero honesta, de los<br />

acontecimientos:<br />

J.U.A.N. se encontraba inmovilizado<br />

por numerosas sondas y sensores que<br />

se conectaban a los diversos orificios<br />

y puertos de su mecánico cuerpo. Su<br />

captor moduló su voz para sonar en<br />

una versión mecánica y femenina de lo<br />

que fantaseaba su víctima:<br />

—Ambos sabemos que no puedes<br />

resistirte por mucho tiempo, puedo<br />

jugar con tu organismo toda la vida si<br />

es necesario, pero te diré algo —la señal<br />

acústica se moduló sensualmente<br />

adentro de la cabeza del robot—: Si logras<br />

satisfacerme, te daré «El Plateado».<br />

Afuera, todos los visitantes y habitantes<br />

del templo de la hospitalidad<br />

escucharon a M.E.S.S.I.A.S. emitir una<br />

secuencia numérica en voz alta:<br />

—¡Veintitrés!, ¡treinta y uno!, ¡setenta<br />

y nueve!<br />

<strong>La</strong> secuencia fue continuada con la<br />

voz de su actual pareja.<br />

—¡Noventa y siete!, ¡ciento tres!,<br />

¡ciento nueve!<br />

—¡Ciento treinta y nueve!<br />

—M.E.S.S.I.A.S. emitía ondas electromagnéticas<br />

que llenaban de estática y<br />

elevaban la temperatura de los aparatos<br />

electrónicos circundantes.<br />

—¡Ciento sesenta y siete!<br />

<strong>La</strong> embajada del gobierno de la tierra<br />

y el templo de los últimos contribuyentes<br />

se encuentran en el puerto<br />

espacial, siendo el único lugar que la<br />

administración de Pi Turistico cede a la<br />

política exterior. Aquella tarde el abad<br />

del templo de la serie interminable,<br />

tomó su teléfono y llamó por línea privada<br />

al cónsul terrestre.<br />

—Hola, Albert. ¿Estás muy ocupado?<br />

—Nunca estoy ocupado para el abad<br />

de mi templo local —presumiblemente<br />

la amabilidad del cónsul era más que<br />

simple diplomacia.<br />

—Gracias, de pura casualidad, ¿escuchaste<br />

a M.E.S.S.I.A.S. gemir a los cuatro<br />

vientos un numero?<br />

—Pues… —el político suspiró mientras<br />

veía por su ventana—, efectivamente,<br />

me ha parecido que fue ciento<br />

noventa y tres.<br />

—Gracias, yo también pensé que había<br />

sido eso.<br />

—Ismael, ¿tiene algo que ver con tu<br />

Paladín de la Fe?<br />

—Me parece que sí, aunque realmente<br />

no creo que un humano sea capaz de sincronizarse<br />

así con una máquina —el abad<br />

hizo el comentario con mucha seguridad,<br />

aunque la permanencia en Pi turístico le<br />

había dado ciertas teorías al respecto.<br />

—Alguna clase de estrategia para robar<br />

«El Plateado». ¿Tal vez?<br />

—Emm… Lo dudo, en todo caso no<br />

creo que tendría autorizado compartir<br />

esa información.<br />

—Sí —hubo un incómodo silencio telefónico—,<br />

lo sé. Por cierto, ¿tu pequeña<br />

Susana va asistir a la fiesta de mi hija?<br />

—¡Por supuesto! No habla de otra<br />

cosa, incluso compró un vestido.<br />

Mientras J.U.A.N. regresaba a la nave<br />

junto con sus compañeros de tripulación,<br />

M.E.S.S.I.A.S. se felicitaba a si misma<br />

(acababa de tomar personalidad<br />

<strong>12</strong>6


femenina para satisfacer a J.U.A.N.) por<br />

su maravillosa estrategia política.<br />

Al entregar «El Plateado» al paladín<br />

de la fe, reequilibraba el juego de influencias<br />

en sus planetas vecinos, evitando<br />

que la tierra o la iglesia invirtieran<br />

muchos recursos militares en su sector.<br />

PI y PI Turístico habían sido fundados<br />

para liberar a los robots del yugo humano<br />

y así permanecerían mientras las<br />

supercomputadoras pudieran dar pelea.<br />

En el proceso, por supuesto, había descubierto<br />

y satisfecho la máxima fantasía<br />

de J.U.A.N., la cual consistía en saberse el<br />

mejor amante del universo conocido.<br />

Si tan siquiera el robot exmilitar supiera<br />

la cantidad de autómatas que<br />

van por la vida creyendo que son los<br />

únicos que han logrado satisfacer a<br />

M.E.S.S.I.A.S.<br />

Aunque para ser justos, era la primera<br />

vez que había un espectáculo público.<br />

⁂<br />

Una de las pocas cosas en las que los<br />

mercadólogos, filósofos y estadistas<br />

modernos coinciden, es que todas las<br />

especies de la galaxia presumen de ser<br />

la más inteligente del universo 4 . Estos<br />

argumentos se realizan comparando su<br />

máximo representante intelectual con<br />

el palurdo promedio del planeta vecino,<br />

y mientras no tengamos un método objetivo<br />

nunca sabremos cual es la especie<br />

más inteligente de toda la creación.<br />

Con todo esto, uno no puede más que<br />

maravillarse al descubrir que la humanidad<br />

se ha colocado como la especie<br />

más poderosa del universo conocido.<br />

Estos descendientes de los monos que<br />

son incapaces de inventar 5 o descubrir<br />

al político honesto, han logrado perfeccionar<br />

el jazz, sometido a la mitad de los<br />

mundos y también han acaparado en su<br />

totalidad la economía galáctica.<br />

Afortunadamente el gobierno de la<br />

tierra y los últimos contribuyentes jamás<br />

han sido amigos. Eso ha permitido<br />

el desarrollo de algunos gobiernos<br />

independientes e incluso neutrales.<br />

Hay unos que son tan prósperos como<br />

PI Turistico o Togalandía y otros se encuentran<br />

en decadencia perpetua; Copiam,<br />

por mencionar un triste ejemplo.<br />

Algunos de estos planetas independientes<br />

están tan despoblados que son<br />

simples notas en los mapas de navegación.<br />

Lugares que los exploradores,<br />

misioneros y vendedores de seguros<br />

descartan por adelantado mientras<br />

buscan fortuna.<br />

Hablemos de uno de esos planetas:<br />

En el negro espacio que señala la separación<br />

entre dos de los apéndices de<br />

la vía láctea hay un punto amarillento;<br />

se trata de un cumulo de estrellas, que<br />

por extrañas circunstancias aún no se<br />

ha visto atraído por los campos gravitacionales<br />

del brazo Perseo.<br />

En este cumulo de estrellas hay un<br />

pequeño sistema formado por una<br />

estrella, una tetera que gira en su órbita<br />

y un solitario planeta. Este cuerpo<br />

celeste alguna vez fue un próspero<br />

ecosistema donde habitaron grandes<br />

cocineros, matemáticos y artistas. A diferencia<br />

de otros seres inteligentes, los<br />

habitantes de este mundo eran tan plenamente<br />

felices que jamás miraron al<br />

cielo ni se preguntaron: ¿Qué hay allá<br />

afuera? ¿Estamos solos en el universo?<br />

<strong>12</strong>7


¿Hay alguna manera de explorarlo para<br />

obtener minerales caros?<br />

Por otro lado, eran fanáticos del<br />

buen comer y de las investigaciones<br />

científicas complejas 6 ; de hecho eran<br />

considerados grandes héroes mundiales,<br />

aquellos científicos que se encerraban<br />

en bunkers durante toda la<br />

vida solo para resolver un problema<br />

matemático teórico que bien jamás se<br />

podría aplicar a la vida diaria.<br />

En una ocasión, un gran biólogo vegetal<br />

salió de su bunker para presentar<br />

la culminación de su trabajo: una pequeña<br />

semilla de sabor grandioso que<br />

podía crecer en cualquier lugar.<br />

Los grandes chefs, fabricantes de comida<br />

rápida y amas de casa aceptaron<br />

el nuevo producto con celeridad y alegría,<br />

a pesar de que tenía un pequeño<br />

efecto secundario: a las horas de consumir<br />

el grano los habitantes tenían un<br />

gracioso escape de gas.<br />

Con el tiempo las otras cosechas comenzaron<br />

a volverse más caras, todo<br />

era difícil de cultivar excepto el nuevo<br />

grano, algunos científicos tenían la teoría<br />

de que un aumento de concentración<br />

de metano en la atmosfera podría<br />

ser la causa de las malas cosechas. Se<br />

encerraron en sus bunkers y comenzaron<br />

a investigar.<br />

Algunos milenios después del evento<br />

mencionado, a este pequeño planeta solo<br />

le quedaba un habitante: Tiago Novo.<br />

Esta sobreviviente había permanecido<br />

viva gracias a su investigación<br />

respecto al paradero de todos los calcetines<br />

extraviados. El sorprendente<br />

aplazamiento de los resultados la obligó<br />

a crear su propio cinturón de inmortalidad,<br />

la falta de documentación<br />

previa la forzó a inventar máquina del<br />

tiempo y la extinción del resto de su<br />

<strong>12</strong>8<br />

planeta la condujo a construir un refrigerador<br />

clonador de alimentos.<br />

Tiago Novo logró descubrir varias cosas<br />

interesantes sobre los calcetines extraviados,<br />

por ejemplo: en promedio, por<br />

cada cuatro coma dieciocho calcetines<br />

desaparecidos, una botella de licor barato<br />

era colocada de manera misteriosa en<br />

el fondo de una alacena. Ocasionalmente<br />

la botella no aparecía, en su lugar un<br />

frasco de aderezo para ensaladas se colaba<br />

en algún hueco de la cocina.<br />

<strong>La</strong> doctora había logrado imitar la<br />

tecnología secuestradora de calcetines,<br />

lo cual le habría valido numerosos<br />

premios al desarrollo científico, pero<br />

se negaba a dejar su bunker sin antes<br />

haber atrapado al ladrón espaciotemporal.<br />

De hecho, a estas alturas de su<br />

investigación, tenía las fechas y las locaciones<br />

de todos los calcetines robados,<br />

solo era cuestión de tiempo para<br />

entender el patrón.<br />

Esta científico sospechaba que el robo<br />

de calcetines era una estrategia de comunicación<br />

utilizada por seres de otras<br />

dimensiones. Basándose en esta teoría,<br />

la doctora Tiago había decidido enviar<br />

sus propios mensajes a través del hurto<br />

de calcetines, pero no obtenía respuesta,<br />

tardó algunos años en entenderlo, pero<br />

descubrió que el calcetín extraviado era<br />

la manera en la que llegaba el mensaje a<br />

nuestra dimensión: para enviar datos en<br />

dirección contraria era necesario hurtar<br />

bolígrafos y encendedores.<br />

En este momento ya varios lectores<br />

estarán sacando sus conclusiones: se<br />

vuelve evidente la correlación entre los<br />

encendedores perdidos y los frascos<br />

de alimentos exóticos que aparecen<br />

sin motivo alguno en la alacena, y más<br />

de uno está considerando adquirir un<br />

bunker de investigación científica.


Todo lo anterior era un tema bastante<br />

conocido en Az Narepse Aveun, este<br />

planeta tenía una economía basada en<br />

las granjas de calcetines, exportación<br />

de encendedores e intercambio de comida<br />

exótica enlatada.<br />

Los Azanitas eran grandes devotos<br />

de los últimos contribuyentes, anualmente<br />

enviaban un cargamento de encendedores<br />

y calcetines al gran templo<br />

central de la tierra, debido a los tiempos<br />

de traslado los terrícolas recibían la<br />

mitad del cargamento original y numerosas<br />

latas de manjares exóticos, como<br />

caviar de los mares tropicales, tomates<br />

en almíbar y foca roja en conserva.<br />

Estas latas terminaban en numerosas<br />

canastas de regalos que servían para<br />

lubricar las relaciones entre la iglesia<br />

y aquellas autoridades capaces de dificultar<br />

las misiones evangelizadoras.<br />

Fue en una fiesta de facultad donde,<br />

debido a un alcoholizado descuido, un<br />

Azanita reveló la ubicación de PLING 7 .<br />

Una de las personas que escuchó la<br />

magnífica historia que explicaba la desaparición<br />

de los calcetines y encendedores<br />

se convertiría posteriormente en<br />

el abad del templo de la esquina oeste.<br />

En esa fiesta, el futuro abad aprendió<br />

dos cosas que le serían muy útiles: que<br />

la gente desperdicia muy buenas oportunidades<br />

y que siempre hay que saber<br />

dónde está un baño limpio.<br />

Cuarenta años después, el gran templo<br />

de la esquina oeste ostentaba un<br />

letrero con letras de un metro de alto<br />

que decía: «Baños totalmente limpios<br />

todo el día todo el año».<br />

El Gran abad del oeste jamás tuvo<br />

la oportunidad de visitar PLING, en<br />

cuanto se graduó consiguió un empleo<br />

como auditor de templos, (solo mientras<br />

ahorraba para realizar misión ex-<br />

<strong>12</strong>9


ploradora). Después de treinta años de<br />

servicio, la vida le dio una oportunidad,<br />

así que solicitó que el paladín de la fe<br />

obtuviera el Refrigerador Clonador.<br />

Algunos hombres son egoístas y hubieran<br />

solicitado el cinturón de inmortalidad,<br />

los que se dejan llevar por la<br />

culpa y la nostalgia hubieran solicitado<br />

la máquina del tiempo, pero Benito<br />

Plátano era un hombre cabal.<br />

Un refrigerador que sacaba latas de<br />

alimentos exóticos de «quién demonios<br />

sabe dónde 8 » era justo lo que el<br />

hombre necesitaba. Durante su tiempo<br />

de estudiante el actual abad había participado<br />

en un proyecto de tesis:<br />

Análisis de diversos sustitutos neurológicos<br />

al instinto de conservación<br />

basados en encurtidos enlatados<br />

de origen dudoso.<br />

—¡Necios! —contestó el abad, con voz<br />

severa—. ¿Acaso una rima rimbombante<br />

los hace dignos de respuesta? ¿Ignoran<br />

que este planeta opera doce horas,<br />

cuatro días a la semana? —señaló a<br />

uno de los mensajeros—. ¡A pesar de<br />

que hay más de cien inodoros en el edificio<br />

te has orinado en los pantalones!<br />

Ahora viajad a la tierra y avisad que el<br />

abad del Templo del Oeste, baños limpios<br />

doce-cuatro, necesita el refrigerador<br />

clonador de latas que se esconde<br />

en el planeta Pling.<br />

El hombre quería latas, las quería<br />

gratis y las quería en abundancia. <strong>La</strong><br />

vida le había brindado la oportunidad<br />

de utilizar los recursos del Templo de<br />

los Últimos Contribuyentes en su afán<br />

de obtener la máxima fuente universal<br />

de lata. Y nada parecía interponerse<br />

entre él y su sueño.<br />

Este proyecto de investigación, que<br />

recibió un temprano rechazo, enseñó<br />

algunas cosas a Benito:<br />

1. <strong>La</strong> gente quiere alargar su vida<br />

para poder ver más latas exóticas.<br />

2. Los individuos aman el dinero<br />

porque puede usarse para comprar<br />

latas exóticas.<br />

3. El sexo es la respuesta evolutiva a<br />

la falta de latas exóticas.<br />

Una mañana calurosa en el despacho<br />

del abad del Gran Templo de la esquina<br />

oeste se presentaron dos mensajeros de<br />

la tierra. Arrodillados frente al imponente<br />

escritorio recitaron en voz sumisa:<br />

—¡Oh, gran abad del Templo del Oeste,<br />

proveedor de baños limpios veinticuatro<br />

siete! ¡Te rogamos con prontitud!<br />

¡Que nos menciones tu solicitud!<br />

⁂<br />

—Muy bien, par de humanos —el robot<br />

era demasiado orgulloso para aceptarlo<br />

pero aún le dolía el cuerpo—. Aterrizaremos<br />

en Az Narepse Aveun en un par<br />

de horas, la base de datos de la nave<br />

recomienda satisfacer todas sus necesidades<br />

biológicas antes de tocar suelo<br />

—J.U.A.N. Había entrenado y perfeccionado<br />

una antigua técnica que le permitía<br />

darle contenido sexual a la más<br />

inocente las frases.<br />

—Yo creo que Pohl se ha satisfecho<br />

más que suficiente el día de hoy —comentó<br />

Úrsula, mientras leía un catálogo<br />

de residencias en la tierra.<br />

—¿De qué estamos hablando? —Pohl<br />

entraba al nidito de amor y algo en su<br />

130


subconsciente le decía que la última<br />

vez que estuvo allí no había un panel<br />

de navegación intergaláctica.<br />

—Te encerraste en tu camarote con Don´t<br />

stop me now a todo volumen —comentó<br />

Úrsula, sin levantar la vista de su catálogo:<br />

—Me gusta mucho esa canción —contestó<br />

Pohl, en un tono que no utilizaba<br />

desde el orfanato.<br />

—<strong>La</strong> reprodujiste una y otra vez durante<br />

dos horas.<br />

—Estaba tratando de aprenderme la letra.<br />

—Estás sudado y nervioso —A J.U.A.N.<br />

se le daba bien hacer ese tipo de<br />

observaciones.<br />

—Mi camarote no tiene buena ventilación.<br />

—Te cambiaste de pantalones.<br />

—Y de camisa, calcetines y calzones.<br />

¡Tal vez solo tomé un baño de dos horas<br />

con la misma canción! —Pohl no<br />

dudaba que ahora tenía algunos barros<br />

similares a los de su adolescencia.<br />

—Podrías haber dicho eso hace diez segundos<br />

y no lo hiciste —la chica chocó su<br />

palma con la del robot—. Pero, pensándolo<br />

bien, yo también necesito un baño,<br />

el aire de esta nave está más viciado que<br />

las calles de Pi Turístico —acto seguido<br />

Úrsula abandonó la habitación. Pohl volteó<br />

a ver a su robótico compañero.<br />

—Realmente no creerá que… ¡Ni si<br />

quiera es mío! ¡Sería como hacerle la<br />

paja alguien más!<br />

—No puedo imaginar un escenario<br />

donde se pueda considerar incorrecto<br />

hacerle una paja a un desconocido<br />

muerto. Desde mi punto de vista, simplemente<br />

estás agradeciendo la refacción.<br />

—contestó J.U.A.N.<br />

Un par de horas después, la nave aterrizó<br />

sin ningún contratiempo.<br />

1. Articulo sumamente cotizado entre<br />

las personas con fetiches relacionados<br />

a chicas góticas, como es el caso del<br />

nuevo abad.<br />

2. Todos los corredores de bolsa saben<br />

que invertir, desperdiciar y perder son<br />

términos sumamente parecidos que<br />

solo cambian dependiendo de las ganancias<br />

resultantes.<br />

3. O creada, todo depende de las preferencias<br />

del cliente.<br />

4. Exceptuando a ciertas especies del<br />

brazo oriental que gritan a los cuatro<br />

vientos que aún no han logrado descubrir<br />

el fuego, suelen aprovechar la ayuda<br />

internacional en la compra de yates de<br />

lujo y paneles solares.<br />

5. <strong>La</strong>s sociedades robot han logrado<br />

avances significativos en la construcción<br />

de sus servidores públicos.<br />

6. Siempre y cuando no impliquen esfuerzo<br />

físico o alejarte mucho de casa.<br />

7. Sonido que surge cuando un calcetín<br />

es reemplazado por una lata y nombre<br />

oficial del planeta<br />

8. Los azanitas no han investigado el<br />

funcionamiento del refrigerador que<br />

sostiene su economía global. Mantienen<br />

la ubicación de Pling en secreto con<br />

la esperanza de nadie logre crear otro<br />

refrigerador clonador. Curiosamente el<br />

dueño de la patente sigue encerrado en<br />

su bunker.<br />

Continúa en el siguiente número...<br />

131


132<br />

CUERNO<br />

DE CHIVO<br />

(SEGUNDA PARTE)<br />

Por<br />

Gilberto Santos<br />

TEGUCIGALPA<br />

Al alcanzar la mayoría de edad legal,<br />

Alba Luz experimentó en su vida grandes<br />

y difíciles cambios, el mundo como<br />

lo conocía dejó de existir para dar paso<br />

a otro miserable y abyecto. Cuando<br />

nació su hijo, Luciano, como el santo<br />

del día en que dio a luz en la casita propiedad<br />

de los Núñez Rubio, ubicada en<br />

el patio de su mansión, conservaba la<br />

esperanza de luchar contra culturas y<br />

tradiciones y algún día llegar a ser la<br />

esposa de Fernando Núñez, dándole<br />

una decena de hijos y formar una familia<br />

moderna unida y feliz; pero la<br />

muerte repentina de Fernando cambió<br />

sus horizontes totalmente. Unos meses<br />

después, cuando el matrimonio Núñez<br />

decidió vender su casa y propiedades,<br />

llegó el abogado de la familia para notificarles<br />

y darles una fuerte compensación<br />

económica. María Elena, junto<br />

con sus dos hijos y a la par de Macario<br />

y Rosalinda, decidió irse a Comayaguela<br />

de manera definitiva, en una época<br />

de descontento y cambios políticos<br />

en Honduras. Eran días difíciles para<br />

todos, pero ellos, cobijados con el finiquito<br />

de su anterior empleo, compraron<br />

a un pariente lejano una casita con<br />

parcela. Macario construyó una vivienda<br />

para él y su esposa en el mismo predio<br />

y como nunca tuvieron hijos, los de<br />

María Elena eran como propios, y Luciano,<br />

como un nieto de ojos color miel.<br />

El tiempo transcurría rápidamente y a<br />

instancias de sus mayores, cuando el<br />

pequeño Luciano tenía siete años, Alba<br />

Luz se deposó con Domingo Márquez,<br />

un ejidatario de buen nombre y mal<br />

carácter que le aventajaba diez años, y<br />

procreó dos niñas tímidas y que adoraban<br />

a Luciano.


Al cumplir Alba Luz treinta años, su<br />

madre murió tras una fuerte infección<br />

en los riñones y su hermano, respondiendo<br />

una invitación de un amigo para<br />

trabajar, se fue con su esposa a Puerto<br />

Cortés. Recibían noticias por cartas de<br />

él una o dos veces por año y de la misma<br />

forma le respondían, convirtiéndose<br />

en sólo letras en papeles foráneos.<br />

Domingo decidió que se mudaran a la<br />

casa de María Elena, que ahora le pertenecía,<br />

para alegría de Macario y Rosalinda,<br />

quienes a los adultos casi no los<br />

veían pero convivían a diario con los<br />

niños cuando los visitaban.<br />

Luciano, sintiéndose excluido por no<br />

parecerse a los otros miembros de su<br />

familia y por el rechazo que le mostró<br />

Domingo desde el primer día, comenzó<br />

a relacionarse con vecinos y primos<br />

lejanos, delincuentes peligrosos que<br />

incursionaban en los pueblos a la redonda<br />

buscando medios para conseguir<br />

dinero. Fue transformándose en<br />

un joven alto, fornido, serio e insensible,<br />

pero cariñoso con sus hermanitas y<br />

siempre respetuoso de su madre.<br />

LAS CHOAPAS, VERACRUZ<br />

Cuando Ramiro Cruz tenía quince<br />

años, pidió a sus padres que lo dejaran<br />

aceptar la invitación de sus primos de<br />

visitarlos a la capital del estado. Siendo<br />

que su tío había ido a <strong>La</strong>s Choapas<br />

a finales del verano, pudo trasladarse<br />

con él unos días después de cerciorarse<br />

que no había problema en la telesecundaria<br />

donde asistía. Lo que vio cambió<br />

su vida. Al día siguiente que llegaron<br />

al puerto de Veracruz y conocieron el<br />

malecón y otros lugares, se celebraba<br />

el desfile del cinco de mayo, fecha histórica<br />

importante para el puerto. Justo<br />

en el lugar que les tocó esperar que comenzara<br />

el desfile estaban formados<br />

los cadetes del Heroico Colegio Militar,<br />

que habían sido invitados para participar<br />

en el desfile; formados, erguidos y<br />

gallardos, entonaban:<br />

Mira muñequita lo que vine a encontrar<br />

me dicen tus amigas que ya te vas a casar.<br />

No entiendo, no comprendo cómo pudiste cambiar<br />

a este muñecote por un loco barbaján.<br />

Si tú me prometiste que me ibas a esperar<br />

hasta que desertara o ya fuera oficial.<br />

Pero eso no me agüita ni baja la moral<br />

porque yo soy un Cadete del Colegio Militar.<br />

El estruendo, la energía latente, la dignidad<br />

del desfile, hicieron que Ramiro<br />

respirara más fuerte y alerta. Esa misma<br />

mañana decidió que no importa lo<br />

que le costara, algún día sería uno de<br />

esos guerreros.<br />

Estuvo un par de días más disfrutando<br />

de su familia y lugares turísticos,<br />

nadie notó que estaba más callado y,<br />

aunque no parecía ausente, no veía la<br />

hora en la que él se convirtiera en un<br />

soldado, sirviendo a la nación y llenando<br />

de orgullo a su familia. No comentó<br />

eso con nadie, hasta dos años después<br />

cuando vio cristalizarse sus planes.<br />

NUEVO LAREDO<br />

<strong>La</strong> familia Ruiz ya no regresó a Mexquitic,<br />

encontraron en las actividades comerciales<br />

un nivel de vida mejor que<br />

el que podían esperar sembrando tierras<br />

ajenas. Compraron la casa donde<br />

el tío Gregorio les había conseguido en<br />

su llegada y poco a poco la fueron arreglando<br />

para hacerla más habitable. Ya<br />

con tres carros de fruta y tres de elotes,<br />

miembros del sindicato de vendedores<br />

133


y con permiso para vender en una escuela<br />

primaria cercana, habían logrado<br />

estabilizarse. <strong>La</strong> ciudad estaba en pleno<br />

cambio, con la instalación de algunas<br />

fábricas hubo una oleada de nuevos<br />

habitantes quienes se trasladaron en<br />

su mayoría de comunidades rurales a<br />

la ciudad para ser obreros en las fábricas<br />

que prometían excelente servicio de<br />

comedor, seguro médico, ahorro, buen<br />

ambiente y varias prestaciones más,<br />

haciéndolas un lugar atractivo para trabajar.<br />

Pero como con cada migración<br />

se necesitaba más infraestructura para<br />

sostener y proveer a las nuevas familias<br />

que llegaban, también se necesitaban<br />

más lugares para pasear y entretenimiento.<br />

Aunque la ciudad no estaba<br />

preparada para esos cambios, la gente<br />

se las ingeniaba para encontrar cobijo<br />

y satisfacer sus necesidades sociales,<br />

haciendo que fuera una época dorada<br />

para los vendedores ambulantes.<br />

Cuando cumplió diecisiete años,<br />

unas amigas invitaron a Rosa Isela a<br />

que fuera con ellas a bailar a un lugar<br />

de moda. Aunque no lo acostumbraban,<br />

los padres accedieron con ciertas<br />

condiciones de orden. Llegaron al lugar<br />

esperado y entre cumbias y cubas Rosa<br />

Isela se fue relajando, olvidando los<br />

miedos que su madre le había dicho<br />

sobre esa ciudad.<br />

Se sentó con una de sus amigas, mientras<br />

otras dos continuaban en la pista<br />

bailando con sendos muchachos una<br />

cumbia extraña, que su ritmo parecía<br />

muy divertido, incluso gracioso, pero su<br />

letra narraba una historia de terror.<br />

—Rosa, ¿te sientes mal? —le preguntó<br />

su amiga.<br />

—No, estoy bien —dijo, tranquila—, pero<br />

esto que hemos estado tomando me hace<br />

sentir como que no soy yo… como que estoy<br />

soñando…<br />

En eso llegaron las dos amigas entusiasmadas<br />

a contarles su plan.<br />

—Miren, aquellos muchachos de allá<br />

nos invitaron a cenar después del baile.<br />

—Pero, somos cuatro —replicó rápidamente<br />

<strong>La</strong>ura.<br />

—Sí, ellos también son cuatro, los<br />

otros fueron por el carro, dicen que sí<br />

cabemos todos.<br />

Rosa Isela asistía a la escena escuchando<br />

y comprendiendo todo, pero<br />

no podía opinar, sentía la lengua pesada.<br />

«Vamos», fue lo que se escuchó<br />

decir a ella misma.<br />

Salieron del lugar aunque no parecía<br />

que estaba terminando el baile.<br />

Se dirigieron todos a un hotel, donde<br />

siguieron platicando en la alberca del<br />

patio trasero. En algún momento, Rosa<br />

Isela se dio cuenta de que estaba platicando<br />

con un muchacho que no conocía<br />

y que traía los ojos enrojecidos. Se<br />

fue acercando cada vez más y pronto<br />

se estaban besando. Todo lo veía, pero<br />

ni lo deseaba ni quería evitarlo. Unos<br />

minutos después, entraron a un cuarto<br />

donde tuvieron relaciones sexuales,<br />

rápidas, sin sentimientos, y se vistieron<br />

como autómatas al terminar. Nada de<br />

eso lo tenía planeado.<br />

Como una ironía cruel, de una relación<br />

de pocos minutos, con un desconocido,<br />

sin gozar ni sufrir, Rosa Isela<br />

concibió. Como un sueño o una plática<br />

acerca de una persona ajena, que sucedió<br />

muy lejos, allá donde las muchachas<br />

sirven de mal ejemplo.<br />

134


NUEVO LAREDO - DALLAS<br />

<strong>La</strong> Suburban devoraba kilómetros por<br />

la carretera interestatal hacia San Antonio,<br />

Texas. José Ángel acompañaba a<br />

dos primos y su hermano mayor, quien<br />

al momento del cruce internacional<br />

se veía muy nervioso, pero ahora manejaba<br />

de muy buen humor y relajado.<br />

Parecían uniformados todos con pantalón<br />

de mezclilla con botones en vez<br />

del cierre normal, camisa a cuadros de<br />

colores serios y botas tipo rooper.<br />

—Wacha, carnal —le dijo su hermano<br />

mayor—. Aquí tienes que salirte a la derecha<br />

si quieres ir al downtown, porque<br />

por aquí sólo lo vamos a pasar por arriba.<br />

Habían pasado muchas veces por<br />

ahí, pero José Ángel intuyó que su hermano<br />

quería hacer plática.<br />

—¿Y ya nos vas a decir a qué vas a Dallas?<br />

—le preguntó José Ángel, mientras<br />

en el asiento trasero sus primos giraban<br />

la cabeza en espera de respuesta.<br />

—Es que allá está la feria, carnalito —dijo,<br />

formando un semicírculo con el pulgar y<br />

el índice para formar el símbolo del dinero—.<br />

Bueno, aquí y allá… hay que saber<br />

manejar las cosas<br />

—¿Qué cosas?<br />

—Eh… Pos trabajo llevando y trayendo<br />

cosas, o a veces sólo llevo los pagos.<br />

—¿Coca? —preguntó José Ángel, con<br />

cara de enfado.<br />

—¡Ah, curioso! —dijo y le empujó el<br />

hombro, con lo que rieron todos.<br />

Lo que fuera que transportara o hiciera<br />

su hermano le salía bien, aunque cuatro<br />

años más tarde le encontrarían una<br />

grandísima suma de dinero en efectivo,<br />

lo que le costaría muchos años de cárcel,<br />

puesto que para ese entonces tendría<br />

cargos por venta y distribución de droga.<br />

José Ángel se acomodó más abajo en<br />

su asiento y se quedó mirando los edificios<br />

modernos mientras pasaban el centro<br />

de la ciudad, estaba a punto de ser<br />

mayor de edad y sabía que pronto le llegaría<br />

la hora. Era la vida que conocía. <strong>La</strong><br />

única actividad que hacían cumpliendo<br />

bien la ley su familia era la cacería, por<br />

considerarlo algo de más respeto que<br />

cualquier otra diligencia. En lo particular<br />

a él le gustaba. Disfrutaba desollar los<br />

venados con la carne aun humeando y<br />

palpitante. El invierno pasado había servido<br />

de guía a un grupo de gringos que<br />

habían rentado un rancho de caza en<br />

la carretera hacia Monterrey. Le habían<br />

ofrecido el empleo a un hermano suyo,<br />

pero declinó por no hablar inglés fluido.<br />

Trabó rápidamente amistad con los<br />

gringos, por lo que tuvo la oportunidad<br />

de accionar varias armas de caza, incluyendo<br />

dar muerte a un jabalí con el arco.<br />

José Ángel terminó la preparatoria<br />

en un grupo de malandrines, pero no<br />

siguió estudiando, porque no tenía ningún<br />

sentido para él, ni siquiera le pasó<br />

por la cabeza, tampoco se le ocurrió<br />

buscar un empleo formal. Su plan era<br />

irse los inviernos con los cazadores y el<br />

resto del año cruzando inmigrantes ilegales<br />

por el río, mismo que conocía bien.<br />

Pero aspiraba a más, no quería ser como<br />

su primo que era coyote, sentía que los<br />

chivos (como le decía a los aspirantes a<br />

ilegales) se le desbalagaban mucho. «Si<br />

yo llevara el grupo —pensaba— pasaríamos<br />

rápido y sin contratiempos, claro<br />

que para eso todos tendrían que obedecerme<br />

a la perfección».<br />

135


TEGUCIGALPA - COMAYAGUELA<br />

Conforme pasaba el tiempo, Domingo<br />

Márquez maltrataba más a su mujer. Se<br />

emborrachaba y la golpeaba, le exigía<br />

los quehaceres de la casa de una manera<br />

exagerada. Era del conocimiento<br />

de todos que le era infiel con las mujerzuelas<br />

de la cantina al final de la<br />

colonia junto a la carretera. Llevaba un<br />

portafolio con el dinero de las cosechas<br />

y sólo le daba a Alba Luz cuando eran<br />

muchas las exigencias o no había comida<br />

en la casa. Para ese entonces Luciano,<br />

de diecisiete años, vivía aparte, con<br />

su pandilla haciendo todo tipo de trabajos<br />

ilícitos, pero, cada cierto tiempo,<br />

visitaba a su madre que, aunque no le<br />

dijera, iba a cerciorarse de que estuviera<br />

bien y a platicar con sus hermanitas.<br />

Alba Luz siempre ocultó de sus hijos los<br />

golpes, especialmente a Luciano, que<br />

era fuerte como un toro y con una mirada<br />

imponente; prefería sufrir a crear<br />

conflictos mayores. Pero esa tarde, Domingo<br />

llegó con un pensamiento en su<br />

cabeza y la mezcla de alcohol y drogas,<br />

no en cantidad excesiva, sólo lo necesario<br />

para sacar sus demonios. Entró<br />

en la casa y arrastró a su hija más pequeña<br />

al cuarto sin mediar palabra, la<br />

pequeña de ocho años sólo pudo abrir<br />

los ojos aterrorizada, y cuando Alba<br />

Luz trató de intervenir un puñetazo<br />

le cerró un ojo produciendo una hinchazón<br />

inmediata, se quedó aturdida<br />

mientras Domingo acostaba la niña en<br />

la cama y le arrancaba la ropa interior.<br />

No era algo nuevo para él, pero nunca<br />

se había atrevido (¿O tenido ganas?) de<br />

136<br />

hacerlo con su hija. Alba luz reaccionó<br />

al escuchar el llanto de su hija mayor y<br />

corrió a rescatar a la pequeña.<br />

—¿Qué es lo que tienes, Domingo,<br />

estás loco? —dijo, horrorizada—. Es<br />

tu hija —Domingo, por respuesta, le<br />

propinó un par de golpes en la boca<br />

y la empujó con fuerza hacia la pared.<br />

Después se empezó a quitar el cinturón<br />

viendo a la niña, que tenía una mirada<br />

de sufrimiento y terror, con el cuerpo<br />

adolorido por la fuerza con que la había<br />

llevado, acostado y desnudado.<br />

Luciano tenía un minuto de haber<br />

llegado, había actuado de manera<br />

inexorable, pero con calma, tomó un<br />

machete de debajo de la estufa, sabiendo<br />

que seguramente Domingo<br />

traería el suyo, no se equivocó, cuando<br />

entró al cuarto fue lo tercero que vio, lo<br />

segundo fue a su hermanita suplicando<br />

su ayuda y lo primero su madre con la<br />

cara desfigurada y rastros de sangre en<br />

el labio inferior.<br />

—Déjala —le ordenó, clavando la mirada<br />

llena de odio, al tiempo que recordaba,<br />

como desempolvando algo muy<br />

antiguo, que Domingo algunas veces le<br />

había manipulado sus partes íntimas,<br />

pero él no había comprendido sus intenciones<br />

en esa época. Recordó como<br />

a veces al estar a solas le introducía un<br />

dedo por el ano, provocándole gran<br />

dolor y pesadillas. Había enterrado<br />

esos recuerdos, pero cada que lo veía<br />

sentía un malestar sin poder localizar<br />

su origen, ahora lo entendió. Domingo<br />

Márquez abrió bien los ojos y desenvainó<br />

su machete, después de cerrarse el<br />

pantalón rápidamente—. ¡Ahora sí te


va a llevar el diablo! —dijo sin entender,<br />

que era lo contrario y no metafóricamente.<br />

Echó la mano hacia atrás<br />

dispuesto a darle un tajo en la cara a<br />

Luciano, pero este que tenía bien sujeta<br />

su arma, con la mano a la altura de<br />

la cintura y la punta apuntando a la<br />

cara de su oponente, atacó mucho más<br />

rápido. Cuando la mano de Domingo<br />

alcanzó la máxima altura para empezar<br />

a bajar, Luciano se echó adelante atacando<br />

con todo el cuerpo lanzando un<br />

tajo más hacia adelante que hacia abajo,<br />

alcanzándole la mano y cortando al<br />

instante el dedo anular y el meñique<br />

que cayeron al suelo seguidos de un<br />

reguero de sangre.<br />

Inmediatamente después del corte,<br />

lo empujó con el pecho con una brutalidad<br />

que lo hizo cruzar el cuarto y<br />

estrellarse contra la pared que tenía a<br />

su espalda. Con el mismo impulso, Luciano<br />

lo siguió con el machete hacia el<br />

frente e inclinándolo porque Domingo<br />

había caído. Le hundió el machete<br />

en el pecho unos cuatro centímetros<br />

directamente en la piel, puesto que<br />

traía la camisa abierta. Domingo gimió,<br />

mostrando unos ojos llenos de miedo<br />

y sintiendo como si tuviera la mano<br />

dentro de una prensa muy apretada y<br />

al rojo vivo. Con el escándalo, Macario<br />

había ido corriendo y ahora estaba en<br />

la puerta del cuarto.<br />

—Déjalo, Luciano, no te metas en<br />

problemas —le dijo, pero sonó casi<br />

indiferente. Luciano no despegaba la<br />

mirada de los ojos del cerdo que había<br />

golpeado a su madre y lastimado<br />

a su hermanita. Inspiró ruidosamente<br />

y echó hacia adelante su cuerpo en el<br />

que tenía recargada la mano, haciendo<br />

que el machete entrara limpiamente<br />

y saliera por la espalda con un movimiento<br />

preciso, como si lo hubiera estado<br />

ensayando. En el movimiento había<br />

acercado la cara como si más bien<br />

quisiera matarlo con la mirada, hasta<br />

estar a veinte centímetros uno de otro.<br />

Todos guardaron silencio mientras Domingo<br />

perdía el resuello y finalmente<br />

puso los ojos en blanco. Macario salió<br />

en silencio con la mirada baja, vio más<br />

de lo que hubiera deseado, nunca más<br />

mencionó lo ocurrido ese día.<br />

Luciano vio un instante su mano y,<br />

moviéndose lentamente, se incorporó;<br />

después, apoyando un pie sobre el<br />

esternón del cadáver, retiró el machete<br />

brutalmente, con una mueca de asco y<br />

desprecio. Se paró unos instantes frente<br />

a Domingo, como si quisiera amedrentarlo<br />

a pesar de estar muerto.<br />

Luego salió con toda calma a la cocina<br />

para guardar el machete bajo el<br />

fogón, donde estaba, no sin dirigir una<br />

mirada su madre, quien abrazaba muy<br />

fuerte a sus dos hijas pareció que le<br />

murmuró «Gracias».<br />

DALLAS - NUEVO LAREDO<br />

<strong>La</strong> última noche en Dallas, José Ángel<br />

fue con su hermano y sus primos a una<br />

especie de fiesta, no eran invitados,<br />

sólo acompañaba a su hermano que<br />

dijo que tenía que hacer un mandado.<br />

Mientras esperaban frente a los departamentos,<br />

en el silencio de la madrugada<br />

sólo interrumpido por algunos<br />

137


sonidos graves de la música que sonaba<br />

en la fiesta, salieron tres gringos que al<br />

verlos, inmediatamente se molestaron:<br />

—Hey! What are you doing here, fucking<br />

wetbacks? —dijo el más corpulento.<br />

<strong>La</strong>s palabras airadas los llevaron a los<br />

golpes. Eran tres los gringos y tres ellos,<br />

pero cuando empezaron a verse superados<br />

por los furiosos mexicanos, el que<br />

los había interrogado primero sacó un<br />

arma: un revólver magnum .357, marca<br />

Taurus, recién llegado al país, que ya no<br />

podía esperar realizar la función para la<br />

cual fue creado. Sería la adrenalina que<br />

su cuerpo segregó o sería la cocaína que<br />

su hermano les regaló, pero de un salto<br />

asió con ambas manos el arma del<br />

agresor y consiguió quitársela al empujar<br />

su pecho con su omóplato. <strong>La</strong> tomó<br />

con una mano y, antes que se repusiera<br />

el gringo, le dio un cachazo en la boca,<br />

quien retrocedió y se llevó ambas manos<br />

a la boca. José Ángel, ya mejor posicionado,<br />

le dirigía una mirada furiosa<br />

y con un solo movimiento de ascenso y<br />

descenso del arma le pegó en la parte<br />

superior de la frente con extremo de la<br />

empuñadura, lo que hizo que se sentara<br />

en la banqueta. Murmurando algo inteligible<br />

le dio un disparo en la tráquea y<br />

otro en la cara cuando se derribó. Excepto<br />

él, todos quedaron horrorizados,<br />

jamás se hubieran imaginado que llegaría<br />

a tanto. José Ángel se quedó parado<br />

mirándolo furioso hasta que su hermano<br />

lo volteó del hombro.<br />

—¡Vámonos! ¿No me oyes? —exclamó.<br />

Se deshicieron del arma en el río Trinity<br />

cuando pasaron por ahí en silencio.<br />

Sus primos decidieron alejarse de ellos<br />

tan pronto como pudieran, no llegaban<br />

a tal grado de locura de matar sin motivo<br />

alguno. José Ángel iba en silencio,<br />

pero animado.<br />

138<br />

—Me hacen los mandados —dijo para<br />

sí mismo.<br />

Nadie denunció el crimen hasta pocas<br />

horas después, cuando un servicio<br />

de barredoras se disponía a limpiar esas<br />

calles y el conductor dio aviso al número<br />

de emergencias. <strong>La</strong> víctima no vivía<br />

cerca, los vecinos luego dijeron a la policía<br />

que no sabían nada. El departamento<br />

donde se llevó a cabo la reunión de<br />

drogas fue desalojado muy pocos días<br />

después. El caso quedó archivado con<br />

la conclusión: «Adicto fue asesinado por<br />

un compañero de diversión».<br />

LAS CHOAPAS - SIERRA DE GUERRERO<br />

Después de aprobar los exámenes, Ramiro<br />

Cruz ingresó al ejército con el único<br />

conocimiento de que serviría a la patria<br />

y daría honor a su familia. En un regimiento<br />

de caballería motorizada en Jalisco<br />

se forjó como soldado. Con base en<br />

la obediencia que practicaba en su casa<br />

se desarrolló en arduo estudio y entrenamiento<br />

inicial. Pocas semanas después<br />

llegó el aviso oficial, en formación<br />

se les comunicó su próximo traslado.<br />

—Señores —dijo el comandante—, participaremos<br />

en una operación de tres<br />

semanas, vamos a caminar mucho y a<br />

descasar poco, así que lleven lo necesario,<br />

el que tenga que hablar por teléfono<br />

hágalo hoy, allá no habrá. Saldremos en<br />

la madrugada.<br />

Rompieron filas, emocionados. Ramiro<br />

aprovechó para hablar con su madre<br />

como cada semana, le contó que podía<br />

sentirse orgullosa porque en su unidad<br />

estaban los mejores hombres del ejército.<br />

Salieron antes del amanecer en el Freghtliner<br />

de diésel de 250 caballos de fuerza;<br />

callados, sentados lado a lado, iban<br />

dormitando, dejando que el chofer y la


guardia se encargaran de abrir bien los<br />

ojos. Viajaron cerca de cinco horas antes<br />

de entrar a terracería otra hora. A la orden<br />

empezaron a descender de manera ágil.<br />

—¿Y a dónde vamos, mi comandante?<br />

—preguntó Ramiro, sin sonar<br />

impertinente.<br />

—Vamos a peinar toda esa sierra, potro<br />

—afirmó, señalando hacia un lado<br />

del camión—. Ya les cayó la plaga verde<br />

a estos narcos de Guerrero —dijo con<br />

un guiño.<br />

<strong>La</strong>s jornadas fueron agotadoras,<br />

aunque según tenían conocimiento no<br />

había amenaza detectada para ellos.<br />

Algunos campesinos habían estado<br />

sembrando mariguana de la más alta<br />

calidad para exportación a los gringos.<br />

<strong>La</strong> comida no era buena, pero Ramiro<br />

se sentía con mucha condición y pensaba<br />

constantemente que todo esto lo<br />

endurecía, sintiendo los músculos de<br />

las piernas y espalda como de hierro y<br />

se repetía que todo esto le serviría para<br />

cuando tuvieran algún enfrentamiento.<br />

Al duodécimo día de la operación, localizaron<br />

varios plantíos con un jacal abandonado<br />

y una fogata todavía con humo.<br />

Campesinos de la región que seguramente<br />

se habían enredado con gente peligrosa<br />

y ahora no les quedaba de otra más<br />

que hacer ese tipo de trabajo ilegal.<br />

Unos días más y regresaron a la unidad<br />

de vivienda, a pasar tres días de<br />

entrenamiento para luego continuar.<br />

Días duros, que preparan a los soldados<br />

para toda clase de penurias, un<br />

calvario que se ve recompensado con<br />

la satisfacción de servir al pueblo.<br />

NUEVO LAREDO<br />

Cumplido su tiempo, Rosa Isela dio<br />

a luz a un varón, al que llamó Ramón.<br />

139


Siempre le gustó ese nombre y le sonaba<br />

muy varonil. Su madre siempre<br />

pensó que así se llamaba el padre de<br />

la criatura, pero nunca preguntó, no le<br />

hubiera gustado saber que su hija no<br />

se acordaba de su nombre ni de su cara.<br />

Ramón Ruiz creció rodeado de vendedores<br />

ambulantes, masticando elotes<br />

tan pronto como le salieron los dientes<br />

y mimado por su abuela, quien siempre<br />

lo vio como un niño que tenía que nacer<br />

así sin padre, que no había otra alternativa<br />

en esa ciudad con ese ambiente.<br />

Rosa siempre soñó con regresar a Mexquitic<br />

y se complacía en imaginar a su<br />

nieto alimentando a las gallinas o cuidando<br />

las borregas, sueños sin fundamento<br />

porque en Mexquitic de Carmona<br />

no tenían casa, ni terreno, ni ninguna<br />

otra cosa que los llevara a regresar.<br />

Cuando Ramón cumplió dos años,<br />

Rosa Isela empezó a preocuparse por<br />

conseguir un empleo; no fue difícil: una<br />

maquiladora que ensamblaba casetes<br />

de audio estaba contratando mujeres<br />

jóvenes para trabajar de operarias en<br />

sus líneas de producción. Así que dos<br />

días después de decidir que iba a trabajar,<br />

ya se encontraba esperando el<br />

camión de transporte antes del amanecer,<br />

con su bata azul marino y otras<br />

tres personas del rumbo que subirían<br />

al transporte en esa misma parada.<br />

En dicha maquiladora conocería a Lorenzo,<br />

pero eso sería un poco más adelante.<br />

COMAYAGUELA - GUATEMALA<br />

<strong>La</strong> misma tarde que murió Domingo<br />

en un charco de sangre y odiado por<br />

los que lo rodeaban, Luciano salió de<br />

Comayaguela para siempre. También<br />

esa misma tarde Alba Luz volvió a ser<br />

esa joven enamorada de la vida, que se<br />

alegraba con cualquier beneficio que<br />

obtenía y que guardaba en su corazón<br />

los mejores deseos para sus seres amados.<br />

<strong>La</strong> policía no investigó la muerte<br />

de Domingo Márquez, no hubo denuncia<br />

ni verbal, menos escrita, y por esos<br />

rumbos había más crímenes de los que<br />

podían encargarse. Después de las preguntas<br />

de rigor, el cadáver fue trasladado<br />

en un vehículo oficial y depositado<br />

en una fosa donde ponían a los que nadie<br />

reclamaba. A diferencia de su madre<br />

y hermanas, Luciano no sintió que<br />

comenzaba una nueva vida, ya tenía<br />

meses dentro de una pandilla y, aunque<br />

nunca le atrajo una vida que dañara<br />

a otros, sentía cierta satisfacción<br />

cuando golpeaban, herían o mataban a<br />

miembros de bandas rivales, a policías<br />

o a gente que se había enriquecido con<br />

el sufrimiento ajeno. Pocos días después,<br />

en la cantina de Tito Aguacate,<br />

con el jefe de su pandilla, que siempre<br />

lo llevaba a las negociaciones por<br />

el porte imponente que tenía, un empresario<br />

hotelero les ofreció trabajo en<br />

Guatemala. En el pasado ya había con-<br />

140


tratado bandas y le habían respondido<br />

bien, eran fuertes, aguantadores, nos<br />

le importaba demasiado su apariencia<br />

por lo que no gastaban en ropa cara, lo<br />

que los hacía pasar desapercibidos, y<br />

al estar en otro país diferente al suyo se<br />

concentraban en el trabajo a excepción<br />

del ocasional día de diversión y drogas<br />

duras. Al día siguiente ya estaban en<br />

Quezaltenango, donde les dijo el empresario<br />

con sus palabras refinadas que<br />

se encargarían de almacenar, custodiar,<br />

transportar o deshacerse de mercancía<br />

que él llevaba a México y a Estados Unidos,<br />

muy pronto descubrieron que en<br />

su mayoría dicha mercancía se trataba<br />

de droga y personas. El empresario no<br />

trabajaba para él mismo, sino que era<br />

intermediario de Mafias o de quien estuviera<br />

dispuesto a pagar. En aquellos<br />

años no se conocía la exclusividad para<br />

las actividades ilícitas, sobre todo, porque<br />

a fin de cuentas todos le rendían<br />

cuentas a los gobiernos o representantes<br />

del gobierno, desde Colombia, hasta<br />

la frontera norte de México.<br />

Esos años le sirvieron a Luciano de<br />

escuela; aprendió obedecer y mandar,<br />

usar armas y, sobre todo, aprendió el<br />

concepto de «sólo son negocios».<br />

DALLAS - NUEVO LAREDO<br />

Después que José Ángel le disparó al<br />

gringo drogadicto, los minutos se volvieron<br />

caóticos; su hermano mayor<br />

condujo furioso, mientras sus primos<br />

observaban todo, tensos y apretando<br />

los dientes mientras se desplazaban<br />

rápidamente por la autopista del este<br />

de Dallas.<br />

—Hubieras visto a los otros idiotas —dijo<br />

José Ángel a su hermano, entre risas—, ya<br />

no hallaban la puerta y luego se fueron<br />

corriendo —siguió riéndose, disfrutando<br />

el sólo del momento. «A mí nunca me van<br />

a agarrar», pensó. Sin embargo, regresó<br />

un tiempo a México, donde se dedicó a ser<br />

mensajero de la banda de los Texas, dedicados<br />

en principio a trasladar migrantes<br />

ilegales de Nuevo <strong>La</strong>redo a la ciudad de<br />

San Antonio. Pero luego su negocio fue<br />

expandiéndose en el tráfico de doble vía,<br />

drogas hacia el norte, armas hacia el sur.<br />

José Ángel, con el paso de los años, fue<br />

convirtiéndose en uno de los suyos por<br />

ser demasiado eficiente en su trabajo, no<br />

tenerle miedo a nada ni nadie y no tener<br />

mayor preocupación, o por lo menos eso<br />

aparentaba, más que hacer que su superior<br />

inmediato y su banda crecieran hasta<br />

posicionarse como los que controlaban a<br />

todos los coyotes y burreros en esa parte<br />

del río Bravo y sus regiones cercanas.<br />

Continúa en el siguiente número...<br />

141


142<br />

EL<br />

OLVIDO<br />

(SEGUNDA PARTE)<br />

Por<br />

Carolina Aguirre<br />

Arturo abrió los ojos mientras una<br />

suave llovizna mojaba su rostro;<br />

después de unos segundos se<br />

puso de pie y miró su alrededor, desconcertado,<br />

y lo único con lo que se<br />

encontró fue con el estacionamiento<br />

vacío del supermercado. Todo estaba<br />

oscuro, y una ligera neblina le impedía<br />

ver con claridad a la distancia. <strong>La</strong>s únicas<br />

luces que pudo observar eran las<br />

que el alumbrado público emitía pero,<br />

tanto el supermercado como los locales<br />

comerciales que lo rodeaban, se encontraban<br />

en penumbras.<br />

Tras unos segundos tratando de entender<br />

qué era lo que sucedía, Arturo<br />

caminó hacia la puerta principal del<br />

supermercado. Cuando se acercó, notó<br />

que la cortina metálica que cubría las<br />

puertas de cristal estaba cerrada. Él<br />

golpeó con fuerza la cortina, pero no<br />

hubo ninguna respuesta.<br />

—¡Hey! ¡Hay alguien ahí! —gritó Arturo<br />

en varias ocasiones, pero no se escuchaba<br />

ningún ruido. Se acercó después<br />

a una de las casetas donde se cobraba<br />

la salida del estacionamiento, la cual<br />

también estaba en completa oscuridad,<br />

y lo único que vio fue que estaba vacía.<br />

Arturo dudó durante unos segundos y<br />

desde la caseta observó que no había<br />

ni un solo automóvil en la calle, ni siquiera<br />

los automóviles que las personas<br />

estacionaban en la avenida contigua y<br />

que pertenecían a los inquilinos de la<br />

unidad habitacional. No había ninguna<br />

persona en todo el lugar, solo oscuridad,<br />

niebla, y el alumbrado público.<br />

Arturo salió de la caseta y comenzó a<br />

caminar en dirección a su casa, sin embargo,<br />

al pasar frente al pasillo principal<br />

de la plaza comercial escuchó un leve y<br />

melodioso sonido que parecía ser música,<br />

además de observar como una ligera


luz de color azul tintineaba en el fondo<br />

del pasillo. Detuvo su andar unos momentos<br />

para poder escuchar con más<br />

atención y lo comprobó: una tonada<br />

de jazz se escuchaba dentro de la plaza<br />

comercial. Dudó por unos segundos<br />

y después reanudó la marcha hacia su<br />

casa a paso lento; no obstante, unos<br />

metros adelante, se detuvo y miró hacia<br />

atrás. El sonido de la apacible música se<br />

podía escuchar con mayor claridad; un<br />

piano tocaba armoniosamente una delicada<br />

melodía, acompañado del canto<br />

de un saxofón. Tras unos momentos<br />

escuchando la música, Arturo se dirigió<br />

hacia la plaza comercial.<br />

El pasillo estaba en completa oscuridad<br />

y todos los locales, tanto de comida<br />

como de ropa y todo tipo de chucherías,<br />

estaban cerrados, parecían llevar<br />

mucho tiempo así debido a la gran<br />

cantidad de polvo que se acumulaba<br />

en las vitrinas. El sonido de la música<br />

se hacía cada vez más fuerte, pero no<br />

estridente, y era sencillo poder disfrutarla,<br />

de igual modo la tintineante luz<br />

azul se tornaba más brillante, aunque<br />

no se podía observar con claridad de<br />

dónde provenía, pues la neblina que<br />

también ocupaba el largo pasillo impedía<br />

distinguir su fuente.<br />

Tras varios minutos caminando, Arturo<br />

llegó al fondo del pasillo, la música<br />

escapaba de un par de puertas de<br />

madera roja adornadas con grabados<br />

de motivos florares, y sobre esas puertas,<br />

incrustado en el muro de tabiques<br />

rojos, un letrero de neón con la palabra<br />

Cyberia escrita en él, iluminaba con la<br />

luz azul que Arturo había visto antes. A<br />

pesar del tiempo que había pasado, la<br />

música no se detenía y el letrero parecía<br />

tintinear al compás del piano. Arturo<br />

dudó de nueva cuenta para entrar<br />

ya que, además de la música, voces<br />

de distintas personas que charlaban<br />

y reían se escuchaba salir a través de<br />

aquellas puertas. Arturo miró a su alrededor,<br />

tratando de buscar a alguna<br />

persona entre la neblina, pero igual<br />

que antes no encontró a nadie, así que,<br />

dejando a un lado sus dudas, entró.<br />

Al cruzar las puertas y atravesar una<br />

cortina roja con bordados dorados, Arturo<br />

se encontró con un espacio más<br />

grande de lo que hubiera parecido<br />

por fuera: en medio del lugar había un<br />

mostrador que parecía ser de la misma<br />

madera que las puertas, incluso<br />

compartía los mismos motivos florales<br />

grabados en todo el frente, alrededor<br />

de este mostrador, diversos sillones tapizados<br />

en tela de color hueso, con texturas<br />

florales en color dorado y remates<br />

de madera roja eran ocupados por<br />

varias personas, algunas reían y otras<br />

simplemente disfrutaban de un cigarro,<br />

parecía como si nadie notara la presencia<br />

de Arturo; en las paredes, además<br />

de distintos cuadros con motivos navales<br />

y espejos ovalados con marcos<br />

dorados, colgaban diversas cortinas<br />

similares a la que atravesó para entrar<br />

al lugar. El ambiente era cálido y tranquilo,<br />

todos parecían felices. Cuando<br />

Arturo intentó acercarse a dos mujeres<br />

con peinados voluminosos y vestidos<br />

de color marfil, que estaban sentadas<br />

en uno de los sillones más cerca de él,<br />

escuchó una voz:<br />

—Bienvenido seas a Cyberia, estimado<br />

amigo. ¿Cuál es tu nombre? —Arturo<br />

miró hacia la dirección donde escuchó<br />

la voz, y detrás del mostrador observó<br />

a un hombre alto y delgado, de piel<br />

blanca pero con cabello bien arreglado,<br />

bigote oscuro y facciones delicadas;<br />

Arturo lo miró con extrañeza y después,<br />

143


como un acto reflejo, miró tras de él<br />

para tratar de identificar a quién llamaba<br />

aquel hombre—. Te hablo a ti, estimado<br />

amigo. Acércate, por favor —insistió<br />

aquel hombre y Arturo obedeció.<br />

Al llegar al mostrador, Arturo observó<br />

el impecable frac negro que el hombre<br />

llevaba—. ¿Cual es tu nombre? ¿Tienes<br />

reservación? —insistió el hombre, sin<br />

quitar la sonrisa de su rostro.<br />

—¿Reservación? No, yo no tengo reservación...<br />

¿Qué es este lugar? —preguntó<br />

Arturo, sin poder ocultar su confusión. El<br />

hombre soltó una ligera carcajada.<br />

—Es el club Cyberia, ni más ni menos.<br />

Al parecer eres nuevo por aquí, pero no<br />

te preocupes, posiblemente tienes reservación.<br />

¿Cuál es tu nombre?<br />

—Me... me llamó Arturo.<br />

—¿Sólo Arturo? Vaya, eres la primer<br />

persona que conozco sin apellidos<br />

—exclamó el hombre, riendo<br />

delicadamente.<br />

—No, no... Arturo Jiménez... Me llamo<br />

Arturo Jiménez.<br />

—Ah, pues mucho gusto, Arturo. Mi<br />

nombre es Francisco Borja, pero puedes<br />

llamarme Franz, así me dicen todos mis<br />

amigos —respondió Franz, extendiendo<br />

su mano para que Arturo la estrechara,<br />

lo cual hizo de inmediato—. Ahora, busquemos<br />

si tienes reservación.<br />

—Pero yo no he hecho ninguna reservación<br />

—interrumpió Arturo, mientras<br />

Franz abría una bitácora de piel negra—.<br />

Yo estaba en mi trabajo y después desperté<br />

afuera, no sé qué está pasando, y<br />

menos sabía de la existencia de...<br />

—Por favor, Arturo, no seas tan descortés<br />

—interrumpió Franz, sin dejar de<br />

sonreír—. Permíteme buscar tu reservación<br />

—Arturo, sorprendido y avergon-<br />

144<br />

zado, asintió y guardó silencio, Franz le<br />

sonrió y volvió a buscar entre las páginas<br />

de la bitácora. Pasaron algunos minutos<br />

en lo que Franz buscaba que Arturo aprovechó<br />

para observar más a detalle a las<br />

personas que estaban ahí. Algunos de<br />

ellos parecían haber sacado su ropa de<br />

las películas mudas, mientras que otros<br />

parecían haber participado en «Fiebre de<br />

sábado por la noche»—. Aquí está —exclamó<br />

de repente Franz—. Tienes hecha<br />

tu reservación, y qué curioso, fue hecha<br />

hace apenas unas horas.<br />

—Pero yo no hice ninguna reservación,<br />

le digo que ni siquiera sabía que este lugar<br />

existía —intervino Arturo, ligeramente<br />

molesto—. Si esto es una broma, yo...<br />

—Estimado amigo, esta no es ninguna<br />

broma —interrumpió Franz, de nueva<br />

cuenta—. Además, nadie sabe de este lugar<br />

sino hasta llegan aquí. Pero, no te preocupes,<br />

tienes tu reservación y puedes estar<br />

aquí el tiempo que lo necesites. Acompáñame,<br />

te llevaré a tu mesa —aquel hombre<br />

salió de detrás del mostrador y le hizo una<br />

seña a Arturo para que lo siguiera, mientras<br />

que Arturo, intentando decir algo, simplemente<br />

guardó silencio y caminó tras Franz.<br />

Franz guio a Arturo hasta el fondo del<br />

lugar y se detuvo frente a una enorme<br />

pintura que abarcaba desde el piso hasta<br />

el techo, Arturo estuvo a punto de<br />

preguntar algo a Franz, cuando él, sin<br />

decir nada, caminó hacia la pintura y la<br />

atravesó. Arturo sintió un escalofrío recorrer<br />

su espalda y dio un par de pasos<br />

hacia atrás, de inmediato se escuchó la<br />

voz de Franz, que salía de la pintura.<br />

—No tengas miedo, Arturo, ven conmigo.<br />

Arturo miró a la gente que estaba en<br />

los sillones, pero ellos no prestaban<br />

atención a lo que acababa de suceder,


simplemente seguían en sus asuntos.<br />

Sin más que hacer, Arturo suspiró<br />

y caminó lentamente hacia la pintura,<br />

se paró frente a ella y extendió su<br />

mano para tocarla, pero lo único que<br />

consiguió fue ver cómo su mano la<br />

atravesaba también. Sacó la mano de<br />

inmediato y dio dos pasos hacia atrás,<br />

después observó la pintura a detalle, la<br />

cual mostraba a un hombre de perfil<br />

sentado en un trono dorado, tenía una<br />

cabeza de pájaro y un caldero de sombrero,<br />

también parecía estar tragando<br />

a un persona, ya que de su pico salía la<br />

mitad de un torso y piernas humanas.<br />

Tras unos segundos, Arturo suspiró y<br />

cerró los ojos, después caminó a paso<br />

hacia enfrente y atravesó la pintura.<br />

—A todos les pasa la primera vez, no<br />

debes sentirte avergonzado. Además,<br />

el arte de El Bosco es siempre intimidante,<br />

pero son los gustos del jefe, así<br />

que no podemos hacer nada para cambiarlo<br />

—le dijo Franz a Arturo, después<br />

de atravesar la pintura.<br />

Lo primero que vio Arturo fue el modesto<br />

escenario al fondo del lugar, en<br />

el cual tres músicos armonizaban al<br />

ritmo de jazz con un piano de cola, un<br />

saxofón y un contrabajo. Alrededor del<br />

escenario, los parroquianos abarrotaban<br />

las mesas redondas, hechas de<br />

acero y con cubiertas de madera, en<br />

las que solo cabían cuatro personas;<br />

varios meseros atendían a todas las<br />

personas que fumaban, reían y bebían;<br />

la decoración del lugar era muy similar<br />

a la de la recepción, solo que del techo<br />

colgaban grandes lámparas que daban<br />

al espacio un ambiente acogedor.<br />

—Por favor, acompáñame por aquí<br />

—exclamó Franz, Arturo salió del letargo<br />

en el que se encontraba al observar<br />

todo y caminó detrás de Franz, miró<br />

rápidamente a la gente, todos lucían<br />

sonrientes. Cuando llegaron a una pequeña<br />

mesa frente al escenario, Franz<br />

se detuvo y acomodó la silla, haciendo<br />

un gesto para que Arturo se sentara,<br />

él comprendió, asintió y se sentó—.<br />

Siéntete como en tu casa, enseguida te<br />

traeré tu bebida —exclamó Franz, y tras<br />

una breve reverencia, dio media vuelta<br />

y se perdió entre las mesas.<br />

—Pero... Yo.... —Arturo suspiró al ver<br />

retirarse a Franz, y después observó a<br />

la banda mientras tocaba, parecía que<br />

a ellos no les importaba nada más que<br />

el suave jazz que interpretaban.<br />

—Veo que estás disfrutando la música<br />

—escuchó Arturo, mientras una voz<br />

le susurraba al oído, después sintió<br />

una mano tocando su hombro con suavidad.<br />

Al momento en que se giró, observó<br />

a una mujer con un vestido rojo<br />

junto a él. De inmediato se puso de pie,<br />

nervioso—. ¿Me invitarás a sentarme? —<br />

exclamó la mujer. Arturo, como un acto<br />

reflejo, acomodó la otra silla que se encontraba<br />

en la mesa y la mujer se sentó<br />

con delicadeza, él no podía aparentar<br />

su confusión—. Siéntate, tenemos mucho<br />

de qué hablar.<br />

—¿Qui... quién eres tú? —preguntó Arturo,<br />

mientras se sentaba, tratando de<br />

reconocer a aquella hermosa mujer. Además<br />

de su sobrio pero elegante vestido,<br />

una delicada gargantilla negra rodeaba<br />

su cuello; sus facciones eran muy delicadas,<br />

su piel blanca parecía de yeso, sus<br />

ojos cafés combinaban perfectamente<br />

con el rojo de sus labios carnosos y el<br />

negro azabache de su larga cabellera. <strong>La</strong><br />

mujer tomó un cigarro que había sobre<br />

145


la mesa, y después de encenderlo con la<br />

flama de una de las velas que los iluminaban<br />

a ambos, ella dijo:<br />

—¿Entonces ya no me reconoces? Hablamos<br />

apenas hace unas horas... Aunque<br />

posiblemente no me viste bien porque<br />

estaba muy oscuro y llevaba puesta<br />

otra ropa —Arturo no pudo ocultar una<br />

expresión de sorpresa al escuchar esas<br />

palabras, después tragó saliva.<br />

—Momento, ¿tú eras la mujer de la<br />

bodega? —preguntó, la mujer sonrió.<br />

—Así es, pensé que no me recordarías.<br />

Mi nombre es Selene.<br />

—¿Me puedes explicar qué está sucediendo?<br />

—exclamó Arturo, con tono de<br />

preocupación y ligera molestia—. Hace<br />

unos minutos estaba en la bodega y después<br />

desperté tirado afuera de la tienda.<br />

Mira que si es alguna clase de broma o<br />

novatada se me hace de muy mal gusto.<br />

—¿No recuerdas nada más de lo que<br />

pasó? —preguntó Selene, exhalando el<br />

humo del cigarro por su nariz.<br />

—No, no recuerdo, solo recuerdo que<br />

estabas llorando en la bodega y te intenté<br />

ayudar, después... —Arturo guardó<br />

silencio, mientras miraba como las<br />

llamas de las velas parecían moverse al<br />

ritmo de la música.<br />

—Después, ¿qué? —exclamó Selene,<br />

de forma un tanto sombría.<br />

—Algo me cayó encima. Pero... No recuerdo<br />

qué fue.<br />

—Te cayeron tres escritorios encima,<br />

aunque claro, estaban empacados en<br />

sus cajas. El personal de la bodega se<br />

ha vuelto muy descuidado últimamente,<br />

aunque es el primer accidente de<br />

esa naturaleza que he visto en todos<br />

estos años —Arturo se puso de pie,<br />

asustado, trató de articular diversas<br />

palabras pero no pudo hacerlo, miró<br />

hacia todos lados, pero nadie prestaba<br />

atención a lo que sucedía—. Tranquilo,<br />

no te pongas así, siéntate y te voy a explicar<br />

todo lo que está pasando —Arturo<br />

miró a Selene a los ojos, ella le sonrió<br />

y lo miró con dulzura. Arturo suspiró<br />

y se sentó nuevamente.<br />

—No entiendo nada de lo que está pasando...<br />

—susurró Arturo—. Lo mejor es<br />

que me vaya a mi casa. Ya no me interesa<br />

el trabajo, ni las bromas, ni nada...<br />

—No vas a poder regresar a tu casa, al<br />

menos no por el momento, lo mejor es<br />

que te relajes y me escuches —dijo Selene,<br />

mientras exhalaba con suavidad el<br />

humo del cigarro y depositaba las cenizas<br />

en el cenicero al centro de la mesa.<br />

—¿Cómo que no voy a poder regresar?<br />

¿Es una amenaza? Si no me dices<br />

lo que sucede, yo...<br />

—Lo que pasa es que, al momento<br />

de que te cayeron las cajas encima,<br />

tu alma se desprendió de tu cuerpo y<br />

ahora estás aquí conmigo, en Cyberia<br />

—Arturo la miró sorprendido y aún más<br />

confundido que antes.<br />

—¿Mi alma se salió de mi cuerpo?<br />

—Así es, pero no estás muerto, a diferencia<br />

de todos nosotros aquí —añadió<br />

Selene, mientras señalaba a su alrededor.<br />

Arturo miró a todas las personas,<br />

que seguían riendo y bebiendo.<br />

—¿Esperas que te crea esa patraña? —Arturo<br />

soltó una carcajada—. Como broma<br />

ya estuvo bueno, creo que lo mejor es que<br />

mañana mismo vaya a dar las gracias, porque<br />

de verdad no me gusta que me quieran<br />

ver la cara de idiota solo porque soy el nuevo<br />

en el trabajo.<br />

—¿Entonces, significa que ya no me<br />

vas a ayudar? —preguntó Selene, y<br />

146


después soltó un suspiro que parecía<br />

ser de resignación.<br />

—¿Ayudarte?<br />

—Parece que el golpe te afectó más<br />

de lo que imaginaba. Tú me dijiste que<br />

me ibas a ayudar, y resulta que sí necesito<br />

tu ayuda. ¿O vas a dejar a una dulce<br />

mujer como yo a su suerte? ¿Serías capaz?<br />

—en ese momento, Franz regresó<br />

a la mesa con una charola.<br />

—Wisky en las rocas para la señorita,<br />

y una taza de ponche caliente para el<br />

caballero —Franz colocó el vaso frente<br />

a Selene y la taza humeante de ponche<br />

frente a Arturo.<br />

—Franz, ¿podrías decirle a Arturo en<br />

dónde estamos? —exclamó Selene,<br />

mientras tomaba de su vaso.<br />

—Por supuesto, señorita Selene —asintió<br />

Franz, después se dirigió a Arturo—. Estamos<br />

en el club Cyberia, uno de los clubes<br />

más viejos de la zona...<br />

—¡Eso no! Eso ya lo sabe, explícale<br />

exactamente dónde estamos.<br />

—A eso iba, señorita. Estamos en el<br />

éter, o como normalmente se conoce,<br />

el limbo —la expresión de Arturo reflejaba<br />

asombro, incredulidad y temor<br />

a la vez—. Estamos en un plano entre<br />

el mundo terrenal y el otro lado. Pero<br />

poco a poco se va a acostumbrar a estar<br />

aquí. Todos lo hacemos.<br />

—Él no se quedará para siempre,<br />

Franz, al menos no por ahora, solo lo<br />

traje para que me ayudara —Franz se<br />

sorprendió al escuchar las palabras de<br />

Selene, mientras que Arturo seguía sin<br />

entender qué sucedía.<br />

—¿Y la señorita Mar estuvo de acuerdo<br />

con usted? —preguntó Franz, incrédulo.<br />

—Claro, si ella fue quién me ayudó a<br />

traerlo, pero tuvo un... encargo, y ya sabes,<br />

tampoco es que ella disfrute mucho<br />

venir aquí.<br />

—Si no fuera por su trabajo, sería muy<br />

estimada entre todos mis invitados… —exclamó<br />

Franz, tras soltar una carcajada, después<br />

le dijo a Arturo—. Espero que disfrute<br />

su ponche, no es mi especialidad, pero sé<br />

que es su favorito —tras decir eso, simplemente<br />

hizo una reverencia y se retiró.<br />

—Es... es demasiado para ser una broma...<br />

—susurró Arturo, mientras miraba<br />

su taza con ponche.<br />

—Es porque esto no es una broma...<br />

Caray, ¿qué tengo que hacer para que<br />

me creas? —Arturo no respondió, seguía<br />

con la mirada clavada en el vapor<br />

que la taza desprendía—. ¡Ya sé! Voy a<br />

llevarte a un lugar para comprobarte<br />

que no te estoy mintiendo...<br />

—¿A dónde me llevarás? —preguntó<br />

Arturo, levantando la mirada.<br />

—Considera que es una sorpresa, y espero<br />

que, con lo que te voy a mostrar, al fin<br />

me creas... Pero iremos después de que<br />

te termines tu ponche, no quiero que seas<br />

descortés con Franz, mira que traerte tu bebida<br />

favorita solo puede significar una cosa.<br />

—¿Qué?<br />

—Le agradas, y eso no pasa muy a<br />

menudo —Arturo tomó entre sus manos<br />

la taza de ponche y sorbió un poco,<br />

mientras que Selene encendió otro<br />

cigarro y bebía de su vaso, el cual estaba<br />

a punto de terminarse. El sonido<br />

de los vasos chocando, los platos y las<br />

conversaciones de los parroquianos<br />

llenaban todo el ambiente, pero era lo<br />

suficientemente discreto para que la<br />

música pudiera disfrutarse. Arturo terminó<br />

rápidamente la taza de ponche,<br />

no le importó haberse quemado los<br />

labios y la lengua. Después, Selene se<br />

147


levantó de la silla—. Si ya acabaste, sígueme,<br />

mientras más rápido mejor, así<br />

terminará todo pronto.<br />

—¿Cómo que terminar? —preguntó<br />

Arturo, pero Selene no respondió.<br />

Caminaron hacia el fondo del lugar<br />

y atravesaron otra cortina roja, dentro,<br />

había distintas pinturas, muy similares<br />

a las que Arturo utilizó para entrar<br />

a ese lugar, no obstante, una de ellas<br />

era completamente negra, parecía más<br />

que un lienzo, una tela de color negro<br />

enmarcada. Arturo se acercó para verla<br />

con mejor detalle.<br />

—No te le acerques sino quieres terminar<br />

en EL Olvido... —le dijo Selene, mientras<br />

lo jalaba hacia otra de las pinturas.<br />

—¿Qué es El Olvido?<br />

—No quieres saberlo, créeme, y lo más<br />

probable es que no lo sepas nunca —atinó<br />

a decir Selene, mientras atravesaba<br />

la pintura, llevando a Arturo tras de sí.<br />

⁂<br />

El hospital, como cualquier otro centro<br />

de salud público en el Distrito Federal,<br />

era un lugar sobrio y casi sintético: sus<br />

paredes, decoradas con sucia pintura<br />

de color hueso y azulejos de color café<br />

eran testigos silenciosos del paso del<br />

tiempo. Además de la gran cantidad<br />

de pacientes, acompañantes y también<br />

varios doctores y enfermeras que<br />

había en las áreas de consulta externa,<br />

también caminaban por los pasillos algunos<br />

vendedores de micas para proteger<br />

documentos y algunos tantos que<br />

vendían comida y dulces; no obstante,<br />

no les era permitido entrar a las áreas<br />

de cuidados intensivos, al igual que a<br />

la mayoría de los familiares de las personas<br />

internadas. Afuera, la lluvia no<br />

era de importancia para la mayoría de<br />

148<br />

las personas que esperaban noticias de<br />

sus familiares, y que por políticas del<br />

hospital simplemente no podían entrar.<br />

Arturo y Selene llegaron al hospital<br />

atravesando un enorme mural que se<br />

encontraba en una de las paredes exteriores<br />

del lugar; en él, una madre con<br />

expresión dulce y melancólica tomaba<br />

entre sus brazos a un niño pequeño,<br />

mientras que una poderosa águila real,<br />

reflejando la misma mirada dulce y<br />

melancólica de la madre, los abrazaba<br />

a ambos. Arturo miró con cierta duda<br />

aquel lugar y a todas las personas que<br />

estaban ahí, mientras que Selene se<br />

dedicó a observar unos momentos<br />

aquel mural.<br />

—¿Qué hacemos en el hospital? —preguntó<br />

Arturo, teniendo cuidado de no<br />

chocar con la gente que pasaba junto<br />

a ellos—. ¿Y cómo es que te cambiaste<br />

de ropa?<br />

—¿Mi ropa? No esperabas que trajera<br />

un vestido de noche al hospital, ¿verdad?<br />

Te traje para que vieras por ti mismo<br />

la situación en la que estás y que no<br />

creas que te estoy mintiendo —exclamó,<br />

sin dejar de mirar el mural. Selene<br />

ya no llevaba aquel vestido rojo entallado,<br />

ahora llevaba puesto un vestido<br />

volado y con mangas cortas, de color<br />

rojo con puntos blancos y un cinturón<br />

negro que remataba en un moño.<br />

—¿A qué te refieres? —preguntó Arturo,<br />

sin poder ocultar la duda en su voz.<br />

—Vamos, tú mismo lo podrás ver y así lo<br />

podrás entender y me vas a creer... —Selene<br />

comenzó a caminar al contrario de la<br />

gente, mientras que Arturo la seguía detrás—.<br />

Por cierto, no te preocupes por las<br />

personas, ellos no pueden vernos.<br />

—¿Por qué? ¿Porque somos fantasmas?<br />

—exclamó Arturo, y después lanzó<br />

una pequeña risita incómoda.


—Sí, básicamente podríamos llamarnos<br />

de esa forma, pero la realidad es<br />

que a toda esta gente no les interesa<br />

vernos. Todos ellos tienen sus propias<br />

preocupaciones y problemas, eso<br />

hace que su percepción no sea lo suficientemente<br />

clara como para poder<br />

notar nuestra presencia... ¡Ni siquiera<br />

pueden notar los peligros que tienen<br />

encima! Por ejemplo —dijo, deteniéndose<br />

y señalando a una mujer mayor<br />

que caminaba hacia la puerta de entrada—.<br />

Esa señora no se ha dado cuenta<br />

de que el piso está mojado, o tal vez ya<br />

se dio cuenta pero no le interesa. Te<br />

apuesto a que se va a resbalar y va a<br />

caer de boca.<br />

—Ahora resulta que también puedes<br />

ver el futuro... —exclamó Arturo, pero<br />

no pudo terminar la oración debido a<br />

que, como Selene había dicho, aquella<br />

mujer resbaló al instante que pisó<br />

el suelo mojado; de poco le sirvió su<br />

bastón para sostenerse al caer. Tras<br />

un fuerte golpe y el sonido de su llanto,<br />

un hombre joven y algunas mujeres se<br />

acercaron a ayudarla.<br />

—Entonces... ¿de verdad puedes ver<br />

el futuro? —susurró Arturo, ligeramente<br />

impactado por lo que había sucedido.<br />

Selene simplemente se rio.<br />

—¡Claro que no! Ojalá pudiera ver el<br />

futuro. Es cuestión de observación. Era<br />

obvio que por el tipo de zapatos que<br />

la señora lleva puestos se iba a caer al<br />

pisar aquellas losetas mojadas. No es<br />

ningún super poder, solo tienes que<br />

observar... —tras decir esto ella siguió<br />

caminando, mientras que Arturo siguió<br />

observando cómo, con esfuerzos, levantaban<br />

a aquella mujer—. ¡Apúrate,<br />

que no tenemos todo el día! —gritó<br />

Selene. Arturo reaccionó y corrió, con<br />

cuidado, hasta alcanzarla.<br />

149


Tras seguir caminando y pasar entre<br />

las interminables filas de la farmacia del<br />

hospital llegaron a una puerta pequeña,<br />

en la cual dos guardias de seguridad se<br />

encontraban; uno, sentado frente a un<br />

escritorio lleno de identificaciones y<br />

documentos, y el otro, parado junto a la<br />

puerta. Arturo notó que aquel guardia<br />

de la puerta los observaba.<br />

—¿Asunto? —preguntó de forma lúgubre<br />

el guardia flacucho cuando ambos<br />

llegaron a la puerta.<br />

—¡Ah, sí! —exclamó Selene, después<br />

levantó un poco su vestido y, de su<br />

ropa interior, sacó un papel de color<br />

hueso doblado en cuatro. Arturo desvió<br />

la mirada al momento que Selene<br />

hizo eso, mientras que el guardia no<br />

cambió su expresión. Ella le entregó el<br />

papel al guardia y, tras desdoblarlo, lo<br />

leyó, susurrando de forma ininteligible.<br />

—Está bien, adelante —exclamó el guardia.<br />

—Muchas gracias, don Justicia —respondió<br />

Selene, atravesando la puerta.<br />

Arturo solo hizo un gesto con la cabeza—.<br />

Este vestido no tiene bolsas y el<br />

otro vestido mucho menos, no había<br />

otro lugar en dónde poder guardar el<br />

papel —dijo Selene, mientras se acercaban<br />

las escaleras.<br />

—Yo no pensaba preguntarte nada, no<br />

tenías que explicarme... —respondió Arturo,<br />

sonrojado, pero Selene lo interrumpió:<br />

—Además, no seas tan tímido. Mira que<br />

estuve mirando cómo te comportabas con<br />

Alejandra y hasta a mí me dio vergüenza...<br />

—¿Cómo que me estuviste mirando? —increpó<br />

Arturo, sonrojándose aún más.<br />

—Es lo único que puedo hacer en el supermercado:<br />

observar. Casi nunca salgo de ahí,<br />

mas que para visitar Cyberia; tengo que encontrar<br />

algo en lo que pueda entretenerme.<br />

—¿Y por qué estás ahí siempre? —Selene<br />

comenzó a subir las escaleras<br />

tranquilamente, y después de algunos<br />

pasos, ella respondió:<br />

—Porque tenía que esperar a alguien<br />

que me ayudara... —mientras seguían<br />

subiendo las escaleras, Selene añadió—:<br />

Esto vas a tener que hacerlo tú<br />

solo, créeme, quisiera estar ahí pero<br />

considero que vas a necesitar estar solo<br />

para asimilarlo —Cuando llegaron al final<br />

de la escalera Arturo notó a muchos<br />

doctores y enfermeras caminando por<br />

los pasillos, algunos con marcados rostros<br />

de preocupación, y otros riendo y<br />

jugueteando a pesar de encontrarse<br />

junto a los pacientes, pero él solo miraba<br />

en la dirección que Selene le señaló,<br />

después tragó saliva.<br />

—¿Qué es lo que me quieres...? —Arturo<br />

giró para mirar a Selene pero, sin<br />

notarlo, ella ya no estaba a su lado. El<br />

sonido de los pasos y de las voces de<br />

los médicos, enfermeras y pacientes<br />

se hacía cada vez más intenso e insoportable.<br />

Arturo recorrió el pasillo lentamente<br />

y con cuidado de no chocar<br />

con nadie, y, cuando llegó a la última<br />

puerta, entró.<br />

En aquel lugar había una considerable<br />

cantidad de pacientes acostados<br />

en distintas camillas, algunos estaban<br />

conscientes y platicando con los demás,<br />

otros simplemente lanzaban ligeros alaridos<br />

de dolor, y otros, lo menos, yacían<br />

inconscientes. Todos estaban conectados<br />

a una botella de suero que colgaba<br />

de un brillante soporte metálico, algunos<br />

incluso a máquinas estériles que<br />

lanzaban un pitido constante; el olor a<br />

limpiador barato y a medicamento era,<br />

por momentos, difícil de soportar. Ar-<br />

150


turo recorrió con tranquilidad el pasillo<br />

que las camillas formaban, observando<br />

a las enfermeras que atendían a aquellas<br />

personas caídas en desgracia... Sin<br />

embargo, detuvo su andar en seco<br />

cuando, en una de las camillas casi al<br />

fondo del lugar, se observó a sí mismo<br />

recostado y con los ojos cerrados, vestido<br />

con una bata blanca y conectado<br />

a una de esas máquinas. Un escalofrío<br />

recorrió su espalda. Intentó acercarse,<br />

pero dudó en diversas ocasiones, la<br />

expresión en su rostro era de absoluto<br />

terror, y aunque quiso gritar, solo pudo<br />

lanzar un ligero alarido de miedo. Junto<br />

al cuerpo que parecía pertenecerle, una<br />

enfermera de piel morena revisaba el<br />

suero y aquel aparato.<br />

—¿Ya le informaron a los familiares? —exclamó<br />

un hombre mayor, obeso, calvo y vestido<br />

con una bata blanca, que se había acercado<br />

a la enfermera con mucha seguridad.<br />

—Sí, doctor, sus familiares fueron quienes<br />

lo trajeron. Su mamá ha rogado para<br />

que la dejen subir. Pobre mujer, se veía<br />

destrozada... —al escuchar aquellas palabras,<br />

Arturo corrió hacia las escaleras<br />

de forma desesperada, las recorrió corriendo,<br />

casi tropezando por momentos.<br />

Su rostro reflejaba una mezcla de desesperación,<br />

miedo e incertidumbre.<br />

Al llegar a la planta baja, corrió desesperadamente<br />

hacia las puertas donde<br />

el guardia se encontraba.<br />

—¡Eh, muchacho! ¡No corras aquí y<br />

ten cuidado de no tocar a ninguna persona!<br />

—gritó el guardia, pero Arturo ni<br />

siquiera lo volteó a ver. Al llegar frente<br />

a la farmacia, Arturo miró con desesperación<br />

hacia todos lados. Después<br />

corrió por todos los pasillos, observando<br />

a las personas que esperaban, ya<br />

fuera de pie o sentadas, su turno para<br />

recibir atención, hasta que, en una hilera<br />

de sillas, miró a Alejandra sentada<br />

junto a su madre. Él se detuvo en seco<br />

y observó como la joven la consolaba,<br />

anegada en llanto. Arturo se acercó lentamente,<br />

y se detuvo frente a ellas.<br />

—...Samuel ya no debe de tardar con<br />

sus cosas, doña Rosa. Tiene que tranquilizarse,<br />

por favor, tiene que estar fuerte<br />

para poder cuidar de Arturo... —Alejandra<br />

abrazaba a doña Rosa, mientras que ella<br />

enjugaba con regularidad sus lágrimas.<br />

—Ay, mija, es que no sé qué es lo que voy<br />

a hacer si a mi bodoque le pasa algo. Ya<br />

perdí a su papá, y ahora con esto... —doña<br />

Rosa, de nueva cuenta, enjugó sus lágrimas<br />

y seguía sollozando.<br />

—Ya escuchó lo que la enferma dijo,<br />

hay posibilidades de que su hijo salga<br />

del coma, no debe de preocuparse, tiene<br />

que confiar en los doctores.<br />

—¿Pero qué va a pasar si no despierta?<br />

Esa carnicera que se nos acercó quería<br />

que firmara para que destazaran a mi<br />

hijo y le quitaran todos sus órganos...<br />

—doña Rosa suspiró amargamente, luego<br />

continuó—. Yo no puedo dejar que<br />

le pase nada. Él... Él... —las lágrimas<br />

escurrían por el rostro de doña Rosa,<br />

mientras tanto, Alejandra seguía abrazándola,<br />

en su rostro se podía apreciar<br />

con claridad su esfuerzo para contener<br />

el llanto. Arturo se arrodilló frente<br />

a ellas, también llorando, y se acercó<br />

para poder abrazar a su madre...<br />

—<strong>La</strong> verdad yo te recomendaría que<br />

no lo hagas —dijo Selene, quien se encontraba<br />

parada detrás de él. Arturo se<br />

giró para mirarla, después se levantó<br />

de golpe y la empujó. Sus ojos, llenos<br />

de lágrimas, destilaban furia.<br />

151


—¡Tú me hiciste esto! —gritó Arturo,<br />

sujetando a Selene por los hombros y<br />

sacudiéndola violentamente—. ¡De no<br />

ser por ti esto no habría pasado! ¡Tú me<br />

trajiste aquí! ¡Tú hiciste que esas cajas<br />

me cayeran encima! ¡Tú..! Tú...! —Selene,<br />

sin mayor esfuerzo, se quitó las<br />

manos de Arturo de encima y le propinó<br />

una fuerte cachetada.<br />

—Deja de portarte como un maldito<br />

niño mimado y compórtate como un<br />

hombre, ¿quieres? —Arturo se sobó el<br />

rostro, y Selene continuó—. Yo no te<br />

tiré esas cajas encima, ¡al contrario! Yo<br />

evité que esas cajas te cayeran de lleno<br />

y te mataran. Porque tu destino era<br />

morir ayer.<br />

—No quieras verme la cara. ¡Tú fuiste<br />

quien lo hizo! Si no te hubiera escuchado<br />

llorando, ni siquiera me hubiera<br />

aventurado al fondo del almacén. ¡Tú<br />

lo provocaste! ¡Es tu culpa! —Selene,<br />

sin mediar palabra, le propinó otra cachetada<br />

del otro lado del rostro. Debido<br />

al golpe, algunas lágrimas escurrieron<br />

por las mejillas de Arturo.<br />

—Mira, no me interesa si me crees o<br />

no me crees. Tú destino era morir ayer,<br />

si no era por culpa de las cajas hubiese<br />

sido por alguna otra causa, pero tú<br />

deberías estar muerto, y como bien te<br />

lo dije, no lo estás. Y como yo te salvé,<br />

ahora estás en deuda conmigo...<br />

—¡¿Yo?! ¡¿En deuda contigo?! Estás<br />

demente. Yo voy a regresar a mi cuerpo.<br />

No me interesas ni tú ni lo que necesites.<br />

Yo quiero mi vida de vuelta.<br />

—No es tan sencillo como seguro estás<br />

pensando...<br />

—¿Ah, no? ¿Quieres ver? —sin decir<br />

más, Arturo corrió hacia la farmacia y<br />

después atravesó la puerta donde el<br />

guardia aún seguía de pie, sin embargo,<br />

siguió teniendo cuidado de no tocar o<br />

chocar con nadie en su camino, después<br />

subió corriendo por las escaleras.<br />

Al llegar al quinto piso, ya agotado, Arturo<br />

reconoció el pasillo por el cual había<br />

caminado momentos antes, corrió nuevamente<br />

hacia la puerta del fondo, después<br />

entró y, con poco cuidado, llegó hasta donde<br />

se encontraba su cuerpo. <strong>La</strong> enfermera<br />

y el médico de guardia ya se habían ido, de<br />

hecho, no había ninguna enfermera en el<br />

lugar. Arturo se paró junto a su cuerpo en<br />

la camilla y se observó a detalle. Momentos<br />

después, se sentó sobre la camilla y se recostó<br />

sobre su cuerpo. Cerró los ojos.<br />

Tras unos segundos, Arturo abrió sus<br />

ojos y se sentó, después, aun sentado,<br />

se giró un poco para ver la camilla y lo<br />

único que encontró fue que su cuerpo<br />

seguía ahí, recostado. De nueva cuenta<br />

cerró los ojos y volvió a recostarse<br />

con cuidado, lo hizo una y otra y otra<br />

vez, sin ningún resultado favorable. Su<br />

cuerpo seguía ahí, inerte, frío, y conectado<br />

tanto al suero que colgaba del<br />

soporte metálico, como a la esteril máquina<br />

que indicaba sus signos vitales.<br />

—Te lo dije, esto no funciona de esa<br />

forma... —exclamó Selene, quien se<br />

encontraba de pie frente a la camilla.<br />

Arturo se levantó de golpe e intentó<br />

volver a sujetarla, pero, en lugar de eso,<br />

se sentó en el suelo, y comenzó a llorar.<br />

—¿Por qué me hiciste esto? —inquirió<br />

Arturo, entre lágrimas y sollozos—. ¿Qué<br />

te hice yo para que me hicieras esto?<br />

—Ya te dije que yo no hice nada más<br />

que salvarte. De no ser por mí, en este<br />

preciso momento tu cuerpo estaría en<br />

la morgue y no en cuidados intensivos.<br />

Estás en deuda conmigo...<br />

152


—Yo no estoy en deuda con nadie —interrumpió<br />

Arturo.<br />

—No me interrumpas, tarado... Cómo<br />

te decía, ya que yo salvé tu vida, ahora<br />

es tu turno de ayudarme. Claro que si me<br />

ayudas, y confío en que lo harás, y todo<br />

sale a la perfección, entonces yo podré<br />

regresarte a tu cuerpo —Arturo se levantó<br />

de golpe y la miro, aun sollozando.<br />

—¡¿De verdad puedes regresarme<br />

a mi cuerpo?! —preguntó Arturo, sin<br />

ocultar su desesperación.<br />

—No precisamente yo, pero sí, hay<br />

forma de regresarte a tu cuerpo. Pero<br />

antes de hacerlo tienes que ayudarme,<br />

no tienes otra opción —Arturo no<br />

pudo evitar sonreír por aquellas palabras,<br />

pero aquella sonrisa se borró casi<br />

de inmediato, siendo reemplazada por<br />

una mueca de hastío.<br />

—¿Cómo sé que me estás diciendo la<br />

verdad?<br />

—Ahora resulta... —susurró Selene,<br />

luego continuó—: Mira, no tengo ninguna<br />

necesidad de mentirte. Si quieres<br />

volver a tu cuerpo, no tienes que creerme,<br />

pero tienes que confiar en lo que<br />

te estoy diciendo, porque si no lo haces,<br />

simplemente te quedarás en el éter<br />

toda tu vida; junto conmigo, claro, pero<br />

también con los demás en Cyberia. Tú<br />

decides. Yo ya hice la mitad de mi parte<br />

del trato, que fue salvarte la vida, ahora<br />

tú tienes que cumplir con tu parte del<br />

trato para que yo cumpla la otra mitad.<br />

Así de sencillo.<br />

—Pero... yo... —Arturo intentó hablar,<br />

pero Selene lo interumpió:<br />

—Tic, toc, tic, toc... Vamos, no tenemos<br />

toda la eternidad para que te decidas.<br />

Dime, ¿tenemos un trato? —Selene extendió<br />

su mano. Arturo dudó por unos<br />

momentos, y ya sin sollozar, suspiró y<br />

estrechó la mano de Selene—. ¡Así me<br />

gusta! Caray, tienes que ser decidido, y<br />

más si quieres estar con esa jovencita...<br />

¿Cómo se llama?<br />

—Alejandra... —susurró Arturo—. Pero<br />

no quiero estar con ella, ¿qué te pasa?<br />

Apenas la conozco.<br />

—No te hagas el inocente conmigo —Selene<br />

soltó una ligera carcajada—. En fin,<br />

vamos a darnos prisa entonces...<br />

—A ver, un momento —interrumpió<br />

Arturo—. Ni siquiera me has dicho a<br />

qué quieres que te ayude.<br />

—Cierto, tienes toda la razón. Qué<br />

tonta de mí. Bueno, es algo muy sencillo,<br />

lo único que tienes que hacer es<br />

ayudarme a averiguar quién me asesino.<br />

Una vez que lo sepamos, podré<br />

dejar el Éter atrás y seré aceptada en el<br />

más allá... —Arturo la miró de la misma<br />

forma incrédula con la que había mirado<br />

su cuerpo.<br />

—¿Te asesinaron? ¿Así fue como moriste?<br />

—No estoy segura... —Selene se sentó<br />

en la camilla donde el cuerpo de<br />

Arturo reposaba—. Verás, no tengo<br />

muchos recuerdos de mi vida... pero<br />

sé que, cuando vivía, trabajaba en el<br />

supermercado... Por eso necesito que<br />

alguien me ayude a encontrar a mi asesino,<br />

porque hasta que concluya mis<br />

asuntos pendientes será cuando me<br />

dejen entrar.<br />

—¿Y cómo sabes que fuiste asesinada<br />

si no recuerdas nada? —preguntó Arturo,<br />

con suspicacia.<br />

—Pues no lo sé, yo siento dentro de<br />

mí que así fue cómo morí... Alguien me<br />

asesinó, estoy segura de ello, y hasta<br />

que no descubra quién fue entonces<br />

podré descansar en paz —Selene sus-<br />

153


piró y guardó silencio, Arturo la miraba,<br />

y notó en su rostro un dejo de tristeza.<br />

—Pues, viendo que no tengo otra opción...<br />

Está bien, te ayudaré, pero tienes<br />

que cumplir con tu parte del trato —exclamó<br />

Arturo, extendiendo su mano a<br />

Selene, ella lo miró, dibujando una dulce<br />

sonrisa en su rostro, después tomó la<br />

mano de Arturo y se puso de pie—. Lo<br />

único que podremos hacer es empezar<br />

investigando en el supermercado. No<br />

tenemos otra forma. ¿O qué sugieres?<br />

—Ya tengo un plan, pero tienes que<br />

confiar en mí... Cierra los ojos —la voz<br />

de Selene era cálida y tranquilizadora—.<br />

Anda, démonos prisa. Cierra los<br />

ojos... —Arturo, sin decir una sola palabra,<br />

obedeció a Selene y cerró los ojos.<br />

—¿Qué es lo que va... —tras un fuerte<br />

sonido, Arturo cayó inconsciente al<br />

suelo, mientras que Selene, con una<br />

bacinica metálica en la mano, exclamó:<br />

—Tú déjamelo todo a mí...<br />

Continúa en el siguiente número...<br />

154


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GRATIS<br />

www.editorialdreamers.com<br />

155


156<br />

PECADOS<br />

DE MUJERES<br />

(PRIMERA PARTE)<br />

Por<br />

José Luis Vázquez<br />

<strong>La</strong> lluvia resonaba al chocar con<br />

los amplios ventanales del departamento.<br />

A pesar de estar en el<br />

tercer piso, las luces de las patrullas y<br />

las ambulancias se reflejaban en cada<br />

uno de los muros de la amplia habitación,<br />

iluminando los marcos que colgaban<br />

en la pared y reflejándose en<br />

los vidrios de las robustas vitrinas del<br />

lugar. <strong>La</strong> alfombra gris, que cubría todo<br />

el piso, estaba cubierta casi por completo<br />

por la sangre que escurría de la<br />

robusta mesa de caoba. Los policías<br />

entraban y salían de la habitación, algunos<br />

de ellos tomando fotografías del<br />

lugar y otros revisando a detalle cada<br />

uno de los rincones del lugar. Claudia<br />

Guzmán no pudo contener las náuseas<br />

que aquella escena le causaban, y no<br />

tuvo más remedio que vomitar encima<br />

de uno de los blancos sillones que estaban<br />

al final del salón. Julio Bernal y<br />

Jaime Ugalde observaban con atención<br />

el cuerpo de la joven que yacía sobre<br />

la mesa: completamente desnuda, de<br />

piel morena, con una profunda herida<br />

que recorría su vientre desde su esternón<br />

hasta su entrepierna, mostrando<br />

un hueco en donde se supone que sus<br />

órganos internos deberían estar. <strong>La</strong> cabeza<br />

de la joven, arrancada del cuerpo,<br />

reposaba boca abajo sobre sus senos,<br />

y sus brazos, desprendidos desde los<br />

hombros, reposaban acomodados en<br />

donde se supone que tendría que estar<br />

la cabeza de la joven formando una<br />

cruz; además, todos los dedos de las<br />

manos habían sido cercenados.<br />

Julio observó con atención el cuerpo,<br />

ante la mirada atenta de los demás policías,<br />

quienes lo observaban con cierto<br />

recelo pero sin impedirle ninguna<br />

acción. Después hizo un ademán con<br />

su mano izquierda sin intentar voltear,


pasaron unos segundos y, de nueva<br />

cuenta, realizó el ademán.<br />

—Claudia, la cámara —exclamó Julio<br />

con voz suave, tanto él como Jaime se<br />

giraron para buscarla, mientras que ella<br />

estaba sentada junto a su vómito en el<br />

sillón, limpiando su boca con un pañuelo<br />

negro—. Por favor... —Claudia levantó<br />

la mirada y después de unos segundos<br />

reaccionó, se retiró la Polaroid que colgaba<br />

de su cuello, pero antes de que<br />

ella se levantara, Julio se acercó y tomó<br />

la cámara de sus manos. Después se inclinó<br />

y le susurró al odio—: Si te sientes<br />

muy mal sería mejor que salieras. Espérame<br />

en el coche.<br />

—¡Ni loca! Estoy bien —respondió<br />

Claudia, tras un fuerte resoplido—.<br />

Tú a lo que estás, y déjame a mi<br />

recuperarme.<br />

Julio caminó de nueva cuenta hacia<br />

la mesa, acomodó la cámara y tomó<br />

una fotografía del cuerpo completo. De<br />

inmediato, la cámara escupió la instantánea<br />

tras un sonido mecanizado. Julio<br />

extendió su mano para que Jaime sostuviera<br />

la fotografía, pero, antes de que<br />

Jaime pudiera tomarla, Claudia la sostuvo<br />

con rapidez. Jaime le dio una ligera<br />

palmada en la espalda a Claudia, a lo<br />

que ella no reaccionó de forma alguna.<br />

Después, Julio continuó tomando fotografías<br />

desde diferentes ángulos, mientras<br />

Claudia caminaba tras de él.<br />

—Esta es la última —dijo Julio, mientras<br />

abanicaba la instantánea con la<br />

mano derecha.<br />

—Más te vale, idiota. Me hubieras avisado<br />

que veríamos esto, así hubiera<br />

estado preparada —refunfuñó Claudia,<br />

mientras daba la espalda al cuerpo sobre<br />

la mesa.<br />

—Ese error fue mío, no de Julio. Lo<br />

lamento —exclamó Jaime, mientras se<br />

acercaba a ambos; ella le soltó un fuerte<br />

manotazo en el pecho, el cual soportó<br />

sin moverse.<br />

—¡Pues para la próxima avisa, chingada<br />

madre!<br />

—Tranquila —intervino Julio—. Mejor<br />

salgamos de aquí, así dejamos trabajar<br />

a tu gente tranquilamente y nos explicas<br />

a detalle la situación —Jaime asintió,<br />

sin decir una palabra, y permitió el<br />

paso a Julio y a Claudia. Ellos caminaron<br />

hacia la puerta principal del departamento,<br />

mientras Jaime daba diversas<br />

indicaciones a los policías en el lugar.<br />

Él ya no usaba ningún uniforme, ahora<br />

vestía de una manera más formal; zapatos<br />

de piel negra perfectamente boleados<br />

y limpios que hacían juego con<br />

la hebilla plateada de su cinturón y su<br />

abrigo negro, mientras que una holgada<br />

camisa de color vino y un pantalón<br />

elegante gris terminaban su conjunto.<br />

Claudia y Julio salieron por la puerta<br />

principal teniendo cuidado de no empujar<br />

a ninguno de los policías ni peritos<br />

que llevaban a cabo sus labores. El<br />

pasillo, iluminado de forma tenue por<br />

algunas lámparas de halógeno a punto<br />

de fundirse, también estaba lleno de<br />

policías. El sonido de los periodistas<br />

intentando entrar al lugar se hacía más<br />

fuerte con cada paso que daban para<br />

salir del pasillo. Claudia seguía limpiando<br />

su boca mientras caminaban,<br />

mientras que Julio la miraba de reojo,<br />

y después, con un movimiento seco, la<br />

detuvo antes de llegar a las escaleras.<br />

—Vamos a esperar a Jaime aquí —pidió<br />

Julio. Claudia asintió y, en una reacción<br />

involuntaria, se agachó y vomitó<br />

nuevamente. Julio se acercó y le sostuvo<br />

el cabello, mientras que los policías<br />

observaban entre risas el momento.<br />

Claudia, después de unos momentos,<br />

157


se incorporó y nuevamente se limpió<br />

los labios con el pañuelo.<br />

—Puta madre, yo no tenía ninguna<br />

necesidad de ver esto.<br />

—Tú fuiste la que quiso venir. Si hubieras<br />

dejado que viniera Aurora...<br />

—Ya cállate, animal. Y mejor vámonos<br />

antes de que se nos haga tarde —exclamó<br />

Claudia, mientras observaba a los policías<br />

riendo entre dientes—. ¡Y ustedes<br />

de que se ríen, bola de pendejos? ¡Órale,<br />

cabrones, a trabajar, que para eso les pagan!<br />

—Claudia trató de caminar hacia los<br />

policías, que habían dejado de reír, pero<br />

Julio la detuvo tomándola del brazo. En<br />

ese momento Jaime salió por la puerta<br />

del departamento y el grupo de policías<br />

continuó con sus labores al verlo. Jaime<br />

caminó de forma apresurada hasta Julio<br />

y Claudia—. ¿Y bien? ¿Ya puedes decirnos<br />

que chingados pasó ahí?<br />

—Yo no lo sé, por eso están ustedes<br />

aquí —respondió Jaime, mientras Julio<br />

encendía un cigarrillo, Claudia mostró<br />

una mueca de hastío.<br />

—¿Y qué pistas tienen al respecto? —preguntó<br />

Julio, exhalando por la nariz el humo.<br />

—No tenemos nada en realidad, lo<br />

único que sabemos es que es la quinta<br />

víctima con el mismo móvil. Todas son<br />

mujeres entre los veinte y veinticinco<br />

años, los brazos y la cabeza siempre<br />

son colocados en la misma forma y los<br />

órganos, en todos los casos, también<br />

son removidos, aunque nunca están en<br />

la escena. Además, todo está limpio.<br />

—¿Y cómo chingados es posible que<br />

no tengan ninguna pista? ¡Carajo! ¡Tendrían<br />

que haber alertado a la población<br />

ya! Muchas mujeres están en peligro y<br />

ustedes como si no pasara...<br />

—¿Desde hace cuánto tiempo está<br />

sucediendo? —interrumpió Julio a<br />

Claudia, ella le sacó la cajetilla de la<br />

cazadora y tomó un cigarrillo mientras<br />

refunfuñaba entre dientes.<br />

—Los asesinatos han ocurrido desde la<br />

semana pasada. Cada tercer día encontramos<br />

un cuerpo nuevo, y todos los hemos<br />

encontrado debido a una llamada<br />

anónima desde un teléfono público que<br />

se realiza el mismo día de los asesinatos.<br />

Estamos tratando de encontrar una relación<br />

entre todas las víctimas pero hasta<br />

el momento no tenemos nada.<br />

—Siendo honestos —intervino Julio—, no<br />

considero que nos necesites para esto. Ustedes<br />

pueden hacer la investigación sin nosotros,<br />

así que...<br />

—No es tan sencillo —interrumpió<br />

Jaime, mientras Claudia se limpiaba de<br />

nuevo los labios—. <strong>La</strong> joven que está ahí<br />

adentro es la hija menor del comandante.<br />

Él, desde un principio, ha tratado de<br />

evitar que todo esto salga a la luz. Ya sabes<br />

que es año de elecciones y un loco<br />

suelto en la ciudad no le beneficiaría a<br />

nadie en lo más mínimo. Pero ahora que<br />

su hija se ha convertido en una víctima<br />

más ya no solo desea justicia, sino que<br />

desea venganza. Y si bien sus hombres<br />

no pueden hacer justicia por su propia<br />

mano, necesitaba a alguien que sí lo pudiera<br />

hacer… —cuando Jaime terminó<br />

de hablar, el rostro de Claudia se descompuso<br />

por un momento, y los únicos<br />

sonidos que podían escucharse eran los<br />

gritos y quejas de los periodistas que infestaban<br />

el cubo de las escaleras. Julio<br />

dio la última bocanada a su cigarrillo y<br />

lo lanzó al suelo, para después pisarlo.<br />

—Entiendo —musitó Julio, mientras<br />

asentía ligeramente—. Dile al comandante<br />

que nosotros nos encargaremos,<br />

158


pero que ya sabe cuál es nuestro precio.<br />

Mañana pasaré a tu oficina a buscar<br />

toda la documentación que pueda<br />

servirnos para el caso.<br />

—No es necesario, tengo todo aquí —al<br />

decir eso, Jaime giró soltó un peculiar silbido,<br />

ninguno de los policías se inmutó al<br />

escucharlo, excepto uno, que miraba todo<br />

desde uno de los rincones del pasillo. El<br />

joven policía moreno corrió hasta donde<br />

Jaime se encontraba, cargando un par<br />

de registradores verdes. Con un ademán<br />

saludó a Julio y a Claudia—. Pepe, dale a<br />

ellos las carpetas, por favor —el joven policía,<br />

que apenas llegaba a la estatura de<br />

Claudia, asintió y extendió las carpetas<br />

a Julio sin dejar de observar el entallado<br />

vestido negro que Claudia portaba, el cual<br />

combinaba a la perfección con sus zapatillas<br />

negras de tacón de aguja, su bolsa<br />

plateada y sus arracadas también de color<br />

plata. Su discreto maquillaje hacía lucir su<br />

piel canela y mostraba más sus facciones<br />

a pesar de llevar su cabello de color negro<br />

azabache suelto. Julio tomó los registradores,<br />

después se quitó su cazadora gris<br />

y los envolvió con ellos. Su playera de<br />

color negro y su pantalón de mezclilla de<br />

color gris oscuro mostraban su ligero sobrepeso,<br />

la barba de dos días y su cabello<br />

quebrado hacían parecer que no se había<br />

bañado en días.<br />

—¿Tienes algo que hacer o vas a quedarte<br />

todo el tiempo ahí, mirándome<br />

de esa forma? —preguntó Claudia a<br />

Pepe, mientras tiraba las cenizas del cigarro<br />

en el suelo. Pepe, sonrojado, dio<br />

un paso atrás y bajó la mirada.<br />

—Pepe les llevará toda la información<br />

que se recopile hoy mañana a primera hora.<br />

—Muy bien, en ese caso que la lleve al departamento<br />

de Aurora, ya conoces la dirección<br />

—respondió Julio, mientras abrazaba<br />

los registradores debajo de su brazo derecho.<br />

—Y que no se le olvide el pago al comandante.<br />

Tiene que pagarnos...<br />

—Ya lo sé, la mitad por adelantado y<br />

al final lo demás —interrumpió Jaime<br />

a Claudia—. Tendrán su dinero. No olviden<br />

compartirme todo lo que puedan<br />

encontrar del asesino, aunque debo<br />

decirles que el comandante les pagará<br />

un bono extra si le llevan su cabeza antes<br />

de que nosotros demos con él.<br />

—¡Caramba! —sonrió Claudia—. Haberlo<br />

dicho antes, dile que se lo entregaremos<br />

en bandeja de plata y vivo, por<br />

si quiere ser él quien le cobre lo que hizo.<br />

—En ese caso esperamos la información<br />

mañana. Por favor —dijo Julio, dirigiéndose<br />

a Pepe—, lo más temprano que<br />

puedas llevarla, aunque tampoco te desmañanes<br />

por querer quedar bien con tu<br />

jefe —sentenció, señalando a Jaime con<br />

la mirada, Pepe simplemente dibujó una<br />

sonrisa sin decir palabra alguna.<br />

—No me lo saques del redil, Julio, ya<br />

bastante tengo con cuidarlos a ustedes<br />

como para tener que andar cuidando<br />

a otro escuincle más —exclamó Jaime,<br />

mientras hacía una seña a Pepe para<br />

que se retirara del lugar—. Ahora, yo<br />

les sugiero que no bajen por las escaleras,<br />

hay una escalera de emergencia<br />

del otro lado del pasillo, será mejor que<br />

salgan por ahí si no quieren que todos<br />

los buitres que están allá abajo se lleven<br />

una tajada de ustedes.<br />

—Por primera vez estoy de acuerdo<br />

contigo, tamarindo —exclamó Claudia,<br />

tirando la colilla del cigarro en el suelo.<br />

Jaime les dio la mano a ambos y los<br />

tres caminaron en dirección opuesta<br />

sobre el pasillo, después, él se detuvo<br />

159


en la puerta del departamento y Julio y<br />

Claudia siguieron adelante.<br />

—¡Oye, tamarindo! —gritó Claudia,<br />

dando media vuelta antes de que Jaime<br />

entrara de nuevo al departamento—.<br />

Dale mis condolencias al comandante.<br />

Dile que estamos con él en su<br />

dolor —Jaime, con una mirada de sorpresa,<br />

simplemente asintió y entró al<br />

departamento. Julio, que se había detenido<br />

para observar la escena, siguió<br />

caminando y después Claudia lo alcanzó<br />

rápidamente. Al llegar a la puerta<br />

de emergencias, un policía les abrió y<br />

Julio cedió el paso a Claudia, para después<br />

salir él mientras el policía cerraba<br />

tranquilamente la puerta. Claudia bajó<br />

las escaleras delante de Julio, tratando<br />

de evitar que sus tacones se atoraran<br />

en las pequeñas barras de metal<br />

que formaban los escalones. <strong>La</strong> lluvia<br />

golpeaba sus cabezas con suavidad<br />

mientras bañaba la calle, y las luces del<br />

alumbrado público, así como la de los<br />

pocos automóviles que pasaban por la<br />

calle, se reflejaban en los charcos.<br />

—¿Quién lo diría? Claudia Guzmán tiene<br />

corazón —ironizó Julio, mientras llegaban<br />

al último descanso de las escaleras.<br />

—No seas pendejo, el comandante va<br />

a pagar nuestro cheque, así que lo menos<br />

que podemos hacer es demostrar<br />

empatía por su situación... No es que<br />

me importe, pero él si tiene que creer<br />

que nos interesa lo que les está pasando.<br />

—Yo pensaba que tú y Rosa eran amigas,<br />

creí que la habías reconocido.<br />

—Fuimos amigas, que es muy diferente<br />

—puntualizó Claudia, mientras bajaba<br />

el último escalón—. Pero la muy<br />

puta me dejó de lado para irse con sus<br />

amigos fresitas de la universidad. Además,<br />

¿cómo chingados querías que la<br />

reconociera si ni siquiera podía ver su<br />

cuerpo sin vomitar? ¡Vaya que hay que<br />

ser un maldito enfermo para hacerle a<br />

alguien algo así! ¡En qué demonios se<br />

está convirtiendo nuestra sociedad?<br />

—¿Convirtiendo? —preguntó Julio<br />

con un dejo de ironía—. Así ha sido toda<br />

la vida, No sé de qué te admiras. Además,<br />

no tenías que ver el cuerpo, había<br />

varías fotos de ella y su familia en la estantería<br />

—Claudia lo miró con molestia<br />

y le propinó un puñetazo en el hombro.<br />

—Carajo, sí, entiendo que hay veces<br />

que es necesario matar. ¿Pero hacerlo<br />

con esa saña? Por favor, eso ya es estar<br />

enfermo —dijo, casi a gritos, mientras<br />

caminaban por la acera hacia la esquina,<br />

donde el Datsun 76 rojo de Claudia<br />

estaba estacionado. Julio no respondió,<br />

solo se limitó a seguir caminando. Llegaron<br />

al automóvil, Claudia subió del<br />

lado del conductor y se estiró para abrir<br />

la puerta del copiloto. Julio terminó de<br />

abrir la puerta, se sacudió los zapatos y<br />

entró al automóvil, cerrando la puerta<br />

con suavidad. Después arrojó los registradores,<br />

aún envueltos en su cazadora,<br />

al asiento trasero y bajó un poco la ventanilla<br />

mientras Claudia arrancaba.<br />

—A esta sociedad se la está cargando<br />

la chingada —musitó Julio, mientras<br />

recargaba la cabeza en el respaldo.<br />

—Sí, pero de alguna forma tenemos<br />

que responsabilizarnos de ello —le respondió<br />

Claudia, mientras comenzaba a<br />

acelerar—. ¿Crees que podamos detener<br />

al imbécil este antes de que cometa<br />

un nuevo asesinato?<br />

—Sinceramente lo dudo, pero tenemos<br />

que intentarlo —respndió, lanzando<br />

un suspiro de cansancio—. Vamos<br />

160


por Aurora y por <strong>La</strong>ura, ya no vamos a<br />

poder ir a la fiesta.<br />

—Qué la chingada, ni para lo que me<br />

tarde arreglando.<br />

<strong>La</strong> ciudad, como de costumbre, parecía<br />

estar cubierta por el lúgubre manto<br />

de luces de diferentes colores pertenecientes<br />

a las marquesinas de los locales<br />

de comida y bares que aún seguían<br />

abiertos, los cuales ofrecían cobijo a<br />

las personas que regresaban de sus<br />

trabajos y a todos aquellos que buscaban<br />

pasar la noche olvidando los problemas<br />

y responsabilidades del día. <strong>La</strong><br />

lluvia, poco a poco, había comenzado<br />

a caer con mayor fuerza, empapando<br />

a todo aquel que se aventurara a tratar<br />

de sortear los grandes charcos que se<br />

formaban en los baches de las calles y<br />

creando una profunda capa de oscuridad,<br />

la cual distorsionaba aquel manto<br />

de coloridas luces en Ciudad Satélite.<br />

Pese a ir conduciendo aquel Datsun<br />

76 con pericia, Claudia hacía distintos tipos<br />

de ademanes mientras hablaba, en<br />

algunas ocasiones golpeaba el volante y<br />

su voz era aún más fuerte que el volumen<br />

de la música que salía de las bocinas del<br />

automóvil. Julio, recargado por completo<br />

en el respaldo del asiento del copiloto,<br />

solo miraba las gotas de lluvia golpear la<br />

ventanilla del coche mientras exhalaba<br />

el humo de su cigarrillo, el cual consumía<br />

con cierto grado de desesperación.<br />

—A ver, cabrón —exclamó Claudia<br />

tras dar un golpe al volante, mientras<br />

el automóvil estaba detenido frente a<br />

la luz roja del semáforo—. ¿Me estás<br />

poniendo atención o sólo estoy hablando<br />

como pendeja?<br />

—Perdón… ¿qué me decías? —respondió<br />

Julio, con tranquilidad, mientras<br />

giraba su cabeza para ver a Claudia.<br />

Ella movió la cabeza en franco ademán<br />

de fastidio, y simplemente resopló al<br />

momento en que los automóviles reiniciaron<br />

la marcha.<br />

—Hijo de tu puta madre. No soy tu pinche<br />

chofer como para que vengas tan<br />

tranquilo y ni siquiera tengas la decencia<br />

de ponerme atención —atinó a responder,<br />

tras bufar de forma frustrada—. Te<br />

estoy preguntando si es que crees que<br />

podamos detener al imbécil este antes<br />

de que cometa un nuevo asesinato. Digo,<br />

ya te dije mis teorías, pero estoy segura<br />

de que no pusiste nada de atención a lo<br />

que te estaba diciendo, ¿verdad?<br />

—Tranquila, realmente no te ignoraba,<br />

también pienso en todo lo del caso…<br />

Principalmente en el comandante —lentamente<br />

sacó otro cigarrillo de su cazadora<br />

y lo encendió una vez que apagó<br />

el que ya casi se había consumido en<br />

el cenicero del automóvil—. Pienso en<br />

Rosa y pienso que eso le puede pasar a<br />

cualquiera de ustedes…<br />

—¡Ja! —interrumpió Claudia, con una<br />

marcada ironía—. ¿Tú crees que a nosotras<br />

nos puede pasar algo así?<br />

—Nadie sabe lo que puede pasar —respondió<br />

Julio, con la misma calma que<br />

demostraba en ese momento.<br />

—Hasta parece que no nos conoces —añadió<br />

Claudia, soltando una carcajada llena<br />

de ironía—. Rosa era una tarada y si le pasó<br />

lo que le pasó fue por eso, por tarada. Estoy<br />

segura de que ella dejó pasar a su asesino.<br />

¡Además era hija de un policía! ¿De verdad el<br />

comandante no supo enseñarle a defenderse…?<br />

—tras decir esto hizo una pausa, miró<br />

de reojo a Julio y suspiró—. A nosotros no<br />

nos puede pasar eso y mucho menos con<br />

todo lo que traemos a cuestas…<br />

161


—No lo sé, mejor dímelo tú… —respondió<br />

Julio, con la misma tranquilidad que<br />

había mantenido durante toda la conversación—.<br />

Has estado muy insistente<br />

con todo este asunto, más de lo normal…<br />

Mejor dime, ¿qué te preocupa? —preguntó,<br />

Claudia guardó silencio y evitó dirigirle<br />

la mirada. Se aferró con un poco más<br />

de fuerza al volante, y respondió:<br />

—Es que no le encuentro sentido a<br />

todo esto —respondió Claudia, de forma<br />

sincera y preocupada—. Nosotros<br />

nunca nos habíamos hecho cargo de<br />

algo así. El pinche tamarindo siempre<br />

nos deja cosas que ellos no se molestan<br />

en resolver además de los casos<br />

que nos llegan a nosotros, pero esto,<br />

pese a que nos va a dejar una muy buena<br />

paga, es algo bastante grande.<br />

—¿Crees que no demos el ancho? —<br />

preguntó Julio nuevamente, con un<br />

dejo de curiosidad en su voz.<br />

—Claro que no me refiero a eso, nosotros<br />

somos más capaces que esos<br />

imbéciles que andan en patrulla —respondió<br />

Claudia, molesta—. Quiero decir<br />

que debe haber algo más que no<br />

nos han dicho…<br />

—Es sencillo —interrumpió Julio, tras<br />

una bocanada al cigarrillo—. El comandante<br />

no quiere justicia y estoy seguro<br />

de que tampoco le preocupa si hay o<br />

no más muertes. El comandante, lo<br />

que en realidad quiere, es venganza…<br />

—Venganza… —repitió Claudia en voz<br />

alta—. Qué no se haga pendejo, él tiene<br />

los recursos para hacerlo. No necesita<br />

de nosotros para ir a matar al pendejo<br />

que se chingó a su hija.<br />

—Sí nos necesita —interrumpió Julio<br />

nuevamente—. Con la presión de los<br />

medios y de los grupos contrarios dentro<br />

del gobierno no se puede iniciar la<br />

cacería de un hombre con recursos de<br />

la policía sin que nadie se entere —hizo<br />

una pausa para tomar una bocanada<br />

más de su cigarrillo antes de que este se<br />

consumiera—, y si la gente se entera de<br />

que hay un loco que está matando mujeres<br />

nada más porque sí, no solo le va a<br />

estallar el problema en la cara a él, sino<br />

que también le va a estallar al regente…<br />

—¿Piensas que ese imbécil también<br />

está enterado de todo? —preguntó<br />

Claudia, con sincera ingenuidad, mientras<br />

que bajaba la velocidad del automóvil<br />

para estacionarse a un lado de la<br />

banqueta. El fuerte ruido de la música<br />

que salía de aquel lugar opacaba el ruido<br />

del estéreo del automóvil.<br />

162


—Claro, debió enterarse al segundo<br />

o tercer asesinato —Claudia apagó el<br />

motor del automóvil y ambos se quedaron<br />

dentro. Julio, sin pensarlo sacó<br />

otro cigarrillo—. Estas cosas no escapan<br />

de su oficina y menos si de alguna<br />

manera le puede perjudicar. Pero al<br />

final eso nos conviene, nos van a dar<br />

todo lo que podamos necesitar.<br />

—Dinero, y mucho… esto no va a ser<br />

sencillo —añadió Claudia, después de<br />

haberse estacionado y mientras apagaba<br />

el motor del automóvil. Ambos guardaron<br />

silencio mientras que, a su alrededor,<br />

la vida nocturna del lugar se mostraba<br />

en todo su esplendor. Julio sacó la cajetilla<br />

de su cazadora y la entregó a Claudia,<br />

quien tomó uno de los cigarrillos y lo encendió<br />

rápidamente, con el encendedor<br />

que también estaba dentro de la cajetilla.<br />

A su alrededor, diversos grupos de jóvenes<br />

entraban y salían de las discotecas<br />

que había en toda la zona.<br />

—Bueno, ya, lo que sea que tenga que<br />

pasar, pasará… y no podremos evitarlo.<br />

Si tenemos que esperar a que vuelva<br />

a matar para capturarlo entonces<br />

así tendrá que ser —exclamó Claudia,<br />

estirando su cuerpo sobre el asiento<br />

mientras exhalaba el humo del cigarrillo.<br />

Después abrió la ventanilla del<br />

automóvil, dejando entrar el sonido de<br />

la música de las discotecas, el cual se<br />

mezclaba formando una infortunada<br />

melodía—. ¿En qué disco se supone<br />

que iban a estar Aurora y <strong>La</strong>ura? —Julio<br />

guardó silencio un momento, para después<br />

lanzar una ligera carcajada—. ¿De<br />

qué te ríes, pendejo?<br />

—Es que se supone que teníamos que<br />

verlas en el Magic Circus —respondió<br />

Julio, aun riendo. Claudia azotó las manos<br />

en el volante, para después lanzar<br />

el cigarrillo por la ventanilla.<br />

—No mames, ¿y por qué no me dijiste<br />

antes? A mi <strong>La</strong>ura me había dicho que<br />

era en Satélite.<br />

—Sí, pero <strong>La</strong>ura no conoce nada de<br />

esta zona, no puedes culparla por decirte…<br />

—después de azotar las manos<br />

en el volante, Claudia encendió de<br />

nueva cuenta el automóvil y lo aceleró<br />

bruscamente. <strong>La</strong> lluvia se disolvía poco<br />

a poco en el pavimento, reflejando todas<br />

las luces de los bares y discotecas<br />

de la calle.<br />

Continúa en el siguiente número...<br />

163


164


NUESTROS<br />

ARTÍCULOS<br />

165


166


EL DÍA DE<br />

MUERTOS ES<br />

DEL DIABLO<br />

Por Carolina Alpuche<br />

Es una verdad universalmente reconocida<br />

que todas personas van a imponer<br />

sus creencias sobre las de los demás;<br />

la única diferencia es que algunos lo<br />

hacen de una forma pasivo-agresiva, queriendo<br />

parecer tolerantes y conciliadores,<br />

mientras que otros tantos son menos doble<br />

cara y lo hacen de forma activa y amenazante.<br />

Claro que esto no se limita solo<br />

a las creencias religiosas, sino a todos los<br />

ámbitos de nuestra vida cotidiana: que si<br />

las vacunas son buenas o malas, que si los<br />

videojuegos son buenos o malos, que si<br />

las andaderas son beneficiosas o no para<br />

los niños, que si la mayonesa debe ir en el<br />

refrigerador o la alacena… No obstante,<br />

me limitaré solo a hablar de asuntos religiosos,<br />

específicamente de una tradición<br />

muy importante, posiblemente la más<br />

importante, para muchos mexicanos: el<br />

día de muertos.<br />

No me voy a detener mucho a explicar<br />

el origen de esta tradición, porque<br />

incluso en este rubro hay quienes quieren<br />

imponer su visión del origen. Es bien<br />

aceptado por historiadores y antropólogos<br />

actualmente que esta festividad<br />

tiene un origen prehispánico, la cual se<br />

mezcló con las tradiciones católicas que<br />

trajeron los españoles y fueron aprovechadas<br />

para agilizar el proceso de evangelización;<br />

pero, por otro lado, hay algunas<br />

personas que mencionan que su<br />

origen es meramente europeo, como lo<br />

plantea Elsa Mavido, investigadora del<br />

INAH* en uno de sus ensayos: [el origen,<br />

las ceremonias y festejos relacionados<br />

con el Día de Muertos] son netamente<br />

españolas, coloniales, cristianas y en<br />

algunos casos romanas paganas, enseñadas<br />

por frailes, curas y otros europeos<br />

a los indios y mestizos (Mavido, 2018),<br />

pero no nos adentraremos mucho en<br />

ese tema tampoco.<br />

¿De qué es de lo que pienso hablar<br />

entonces? Pues bien, aunque esto ha<br />

167


sido desde siempre, ahora, con el auge<br />

que el día de muertos ha tenido gracias<br />

a películas como Coco o El libro de la<br />

vida, he encontrado en internet mucha<br />

información que diversos grupos<br />

religiosos, incluso católicos, han compartido<br />

con la intención de tratar el<br />

tema. Algunos de ellos brindando una<br />

explicación sobre su origen, su impacto<br />

y hasta sobre las tradiciones que cada<br />

pueblo mexicano en particular practica;<br />

por otro lado, también me he encontrado<br />

con textos llenos de rampante<br />

furia contra el maligno, y de cómo é<br />

usa falsas tradiciones para que la gente<br />

se aleje de Dios…<br />

Y es que, por alguna extraña razón (bueno,<br />

no es tan extraña si consideramos que<br />

cada fanático va a buscar que su religión<br />

sea considerada como la única y verdadera),<br />

todos los fanáticos de religiones ajenas<br />

al catolicismo, y hasta los mismos católicos<br />

que viven fuera de México, consideran que:<br />

1) El día de muertos es una festividad<br />

que celebra a <strong>La</strong> Muerte, como una<br />

entidad. Algo parecido a lo que sucede<br />

con <strong>La</strong> santa muerte.<br />

2) El día de muertos es una celebración<br />

en la que se invocan a los espíritus<br />

de los muertos.<br />

3) El día de muertos es una celebración<br />

que El diablo instituyó para que las personas<br />

se alejen de la gracia de Dios.<br />

4) El día del indio muerto (sí, así lo<br />

llama un grupo de evangélicos en<br />

particular) no agrada a Dios porque<br />

en la biblia no se menciona nada sobre<br />

esa celebración.<br />

5) El día de muertos no agrada a Dios porque<br />

solo a Dios se le debe rendir culto.<br />

168<br />

Así hay muchísimos argumentos<br />

en contra de esta celebración, y más


en inglés. Personalmente es algo que<br />

comprendo que suceda, y más aún en<br />

países anglosajones, sin contar a los<br />

latinos que practiquen religiones derivadas<br />

de la reforma protestante o la<br />

reforma anglicana.<br />

Curiosamente, todas las personas<br />

que sueltan este tipo de frases utilizan<br />

a la biblia como su principal fuente de<br />

argumentos inagotables en contra de<br />

todo lo que no les agrade o no esté a<br />

gusto con lo que ellos quieren; versículos<br />

como Isaías 8:19 (Si alguien les<br />

dice: «Consulten a las pitonisas y a los<br />

agoreros que susurran y musitan; ¿acaso<br />

no es deber de un pueblo consultar<br />

a sus dioses y a los muertos, en favor<br />

de los vivos?»), Timoteo 4:7 (Rechaza<br />

las leyendas profanas y otros mitos semejantes.<br />

Más bien, ejercítate en la piedad,),<br />

<strong>II</strong> Crónicas 33:6 (Sacrificó en el<br />

fuego a sus hijos en el valle de Ben Hinón,<br />

practicó la magia, la hechicería y<br />

la adivinación, y consultó a nigromantes<br />

y a espiritistas. Hizo continuamente<br />

lo que ofende al Señor, provocando<br />

así su ira.) Revelaciones 18:4 (Luego oí<br />

otra voz del cielo que decía: «Salgan<br />

de ella, pueblo mío, para que no sean<br />

cómplices de sus pecados, ni los alcance<br />

ninguna de sus plagas) son sacados<br />

de su contexto literario y se les da un<br />

nuevo sentido, no importa si están<br />

hablando de un tema completamente<br />

diferente, no, si dice lo que ellos buscan<br />

y viene en la biblia, con eso es más<br />

que suficiente. Sin embargo, utilizando<br />

la misma estrategia yo podría citar <strong>II</strong><br />

Macabeos <strong>12</strong>:46 (Por eso mandó hacer<br />

este sacrificio expiatorio en favor de los<br />

muertos, para que quedaran liberados<br />

del pecado.). A mí no me interesa que <strong>II</strong><br />

Macabeos <strong>12</strong> hable de la venganza que<br />

Judas Macabeo tomó frente a los habi-<br />

169


tantes de Joppe por haber lanzado al<br />

mar a más de doscientos judíos, lo único<br />

que me interesa es que ese versículo<br />

en particular habla de que se le se hace<br />

una ofrenda o sacrificio en nombre de<br />

los muertos, y yo lo puedo entender<br />

como que está bien hacer ofrendas por<br />

los muertos y para ellos.<br />

¿Verdad que es una estupidez?<br />

Y es que es muy difícil para algunos<br />

entender que el origen de las tradiciones<br />

que hoy en día tenemos, no solo en<br />

México, sino en casi toda <strong>La</strong>tinoamérica,<br />

derivan del sincretismo entre las creencias<br />

españolas y las creencias mesoamericanas,<br />

necesario y obligado para<br />

la evangelización de los pueblos mesoamericanos;<br />

pero por muy difícil que<br />

sea también lo tendrían que entender,<br />

porque las creencias cristianas están<br />

basadas en creencias aún más antiguas.<br />

Podríamos mencionar, por ejemplo,<br />

que el mito del diluvio universal es una<br />

copia del poema de Atrahasis, un poema<br />

acadio que abarca toda la creación<br />

del hombre; también podríamos mencionar<br />

todas las similitudes entre Jesús,<br />

Horus, Dionisio y muchísimas deidades<br />

más; pero estoy segura de que a más<br />

de uno le explotaría una vena de la cabeza<br />

y correría por su biblia de cabecera<br />

a leerla sin parar.<br />

Si usted, amigo lector, profesa alguna<br />

religión derivada de las reformas antes<br />

mencionadas y tiene moderados conocimientos<br />

de lo que cree, sé que de inmediato<br />

habrá descartado mi citación<br />

de Macabeos, pero si no tiene esos conocimientos<br />

o es como yo, que no sabe<br />

nada de esas religiones, le comento que,<br />

convenientemente, los libros de Macabeos<br />

son considerados apócrifos por los<br />

judíos rabínicos y caraítas, por los judíos<br />

mesiánicos, y por los cristianos protestantes,<br />

anglicanos y restauracionistas. Y<br />

esa es otro de mis argumentos, aunque<br />

sé que caeré en una falacia al mencionarlo:<br />

¿Quién decide que un texto es<br />

apócrifo o es merecedor de ser parte del<br />

canon? ¿No es sino el hombre quien lo<br />

decide? ¿Bajo qué intereses? ¿A quién le<br />

conviene que sea así? ¿Por qué la inspiración<br />

divina de unos es más válida que<br />

la de otros? Y es que, si seguimos la lógica<br />

que defienden estas personas, podemos<br />

decir que los libros de L. Ron Hubbard<br />

son verdaderos textos religiosos,<br />

¿o no? Porque finalmente, el canon está<br />

hecho solo para que no se contradigan<br />

los textos entre ellos, pero nada más.<br />

Independientemente de todo, y para<br />

la tranquilidad de todos, en México tenemos<br />

libertad de culto; y no importa<br />

si sigues una religión que cree en los<br />

muertos, o si sigues una religión que un<br />

rey creó solo por el berrinche de divorciarse<br />

de su esposa para andar de ladino,<br />

o si tu religión te obliga a comprar<br />

agua del río Jordán o dejarte morir por<br />

no hacerte una transfusión de sangre;<br />

en México, (y en el mundo, yo supongo),<br />

lo importante es respetar a los demás<br />

sin importar nada, porque básicamente<br />

eso es lo que las religiones deberían<br />

hacer: unirnos.<br />

*Instituto Nacional de Antropología e Historia<br />

Mavido, E. (2018). <strong>La</strong> festividad de todos santos,<br />

fieles difuntos y su altar de muertos en México,<br />

Patrimonio “Intangible” de la humanidad.<br />

Cuadernos De Patrimonio Cultural Y Turismo,<br />

(16), 48-55.<br />

170


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171


172


CRÓNICA DE<br />

UNA TIERRA<br />

SIN VARONES<br />

Por Cerdo Venusiano<br />

El otro día me encontré con esta<br />

pregunta en Twitter donde me<br />

preguntaban qué harían si TODOS<br />

los hombres desaparecieran en un<br />

solo instante, cómo era Twitter el hilo<br />

se llenó de comentarios sobre vestirse<br />

cómo quisieran y bañarse desnudas en<br />

la playa. Eventualmente llega Daniela<br />

(le arruino la diversión a todas) Guzmán<br />

a hablar de cómo ella perdería su<br />

domicilio actual y de cómo tendría que<br />

regresar a su ciudad natal para evitar<br />

que el hogar materno colapsara, yo<br />

tomé esa oportunidad para hablar de<br />

la crisis sanitaria y energética que eso<br />

ocasionaría, lo cual me mereció un justo<br />

bloqueo del hilo, pero la pregunta sigue.<br />

Así que, utilizando el simulador de<br />

desastres naturales de la EPA, cargué<br />

los datos de mi ciudad y maté a todos<br />

los hombres en medio de la madrugada<br />

sin dañar ni un ápice la infraestructura.<br />

A continuación un resumen:<br />

crónica de una tierra sin varones<br />

Día de la desaparición<br />

Son las 7:42 AM del 23 de junio del 2018,<br />

Tania López se ha levantado y vestido<br />

cómo todas las mañanas, le ha dejado<br />

un sobre de comida a Kaa, su gato macho<br />

de dos años, y salió con prisas en su<br />

Chevrolet Spark directo a la oficina, dio<br />

un suspiro de alivio al encontrar la avenida<br />

Lázaro Cárdenas prácticamente vacía.<br />

En la oficina ha dado un rodeo para<br />

no hablar con <strong>La</strong>ura, la recepcionista<br />

que llora en su mostrador mientras<br />

algunas de sus compañeras intentan<br />

consolarla. En otras circunstancias se<br />

acercaría a ayudar, pero son las 8:04 y<br />

la junta en el quinto piso debió comenzar<br />

puntual a las 8:00.<br />

Solo Silvia Castro se ha presentado a<br />

la junta, en sus respectivos smartphones<br />

las chicas buscan algún correo del comité<br />

de seguridad cambiando la fecha o<br />

173


la ubicación de la junta. Ninguno de los<br />

involucrados contesta el teléfono, lo cual<br />

es evidencia de que la junta está sucediendo<br />

en otro lado. Una llamada de la<br />

madre de Tania interrumpe la búsqueda:<br />

su padre y su hermano de diecinueve<br />

años no aparecieron esta mañana.<br />

Tania inspecciona con la mirada la oficina<br />

semivacía, aparentemente solo las<br />

mujeres se han presentado a trabajar.<br />

—¿Por qué lloraba <strong>La</strong>ura? —pregunta<br />

con hilo de voz.<br />

—Alguien secuestró a su hijo anoche y<br />

cree que fue su exesposo, el imbécil no<br />

contesta el teléfono.<br />

—¿Has visto a algún hombre el día de hoy?<br />

—No.<br />

Tania se dirige al almacén de mantenimiento<br />

y saca cuatro bidones de un<br />

galón sin decir nada a nadie, después<br />

se dirige a una gasolinera en Ocho de<br />

julio donde presumiblemente solo<br />

atienden mujeres.<br />

Wendy Muro está operando la cámara<br />

en una transmisión en vivo por<br />

primera vez, está más que lista para<br />

hacerlo, pero en lugar de sentirse emocionada<br />

no puede evitar afectarse por<br />

el ambiente pesado del estudio; ella, al<br />

igual que todas las becarias y practicantes<br />

del canal, ha sido requisada por<br />

el noticiario. En cámara están las presentadoras<br />

de espectáculos y el clima<br />

que, con un nudo en la garganta, anuncian<br />

que según los reportes a las 4:26<br />

horas del 23 de junio del 2018 todos los<br />

machos humanos han desaparecido,<br />

eso incluye a homosexuales, travestis y<br />

trans. Se puede afirmar que lo que sea<br />

que haya pasado podía identificar a los<br />

hombres a nivel genético.<br />

El gobierno no ha dicho nada al respecto,<br />

la administración pública restante<br />

se ha atrincherado en una junta de<br />

174<br />

emergencia en el palacio de gobierno.<br />

En la confusión inicial la gente parece<br />

olvidar que todavía quedan instituciones<br />

de gobierno. Pero la mejor amiga<br />

de Wendy, Sara, espera junto con una<br />

camarógrafa cualquier anunció oficial.<br />

Andrea Mijangos, junto con su compañera<br />

Lissette Zubaiga, han pasado<br />

toda la madrugada atendiendo automóviles<br />

que se quedaron sin chofer de<br />

un momento a otro, cómo paramédicos<br />

están obligadas a buscar si había mujeres<br />

en los vehículos, afrontadamente la<br />

mayoría de los carros «abandonados»<br />

viajaban solos. Hace un esfuerzo mental<br />

para no pensar en el autobús Guadalajara–Aguascalientes<br />

que salía a las tres<br />

de madrugada y llegaba a las cinco. De<br />

momento nadie piensa en eso, los servicios<br />

de emergencia están sobrepasados<br />

con los incidentes en la ciudad.<br />

El radio suena, una mujer se aventó del<br />

balcón de su departamento, es el primero<br />

de muchos reportes de suicidios que le<br />

esperan durante la próxima semana.<br />

En nuestra simulación tomamos datos<br />

reales demográficos de la Zona<br />

metropolitana de Guadalajara; en<br />

la práctica, los altos mandos de las<br />

compañías están ocupados por varones,<br />

mujeres cómo Tania conocen<br />

a la perfección el fenómeno conocido<br />

como «Techo de Cristal», que se<br />

repite actualmente en los cargos<br />

públicos. Afortunadamente Tania es<br />

adaptable y rápidamente ha entendido<br />

el fenómeno que se aproxima.<br />

En la industria de las comunicaciones<br />

hay una relación 40-60 de mujeres<br />

mientras que en los servicios de<br />

emergencias (en el caso de paramédicos)<br />

la relación es 45-55 la industria<br />

del trasporte cuenta con una


elación de 20-80. En todos estos casos<br />

se pierde la mayoría de la fuerza<br />

laboral, pero entre más equilibrada<br />

es la relación menor es la afectación.<br />

Segunda semana desde el desastre<br />

Tania López viaja en helicóptero sobre<br />

el océano, debería sentirse privilegiada<br />

de los novecientos dieciséis pilotos<br />

de helicópteros licenciados que había<br />

a principios de mes ahora solo quedan<br />

veintiocho, su piloto es la Capitana Daniela<br />

Cuevas y se dirigen a la plataforma<br />

Tamazula en el golfo de México, cómo la<br />

ingeniera petroquímica de mayor rango<br />

en la compañía es su responsabilidad<br />

comandar a los equipos que desactivarán<br />

y evacuarán las torres petroleras.<br />

Su equipo está conformado sesenta<br />

mujeres, la mayor es la doctora Margarita<br />

Barrera, quien dejó su jubilación<br />

para ayudar con la desactivación, la<br />

más joven es Concepción, que tiene<br />

diecisiete años y entrenamiento de<br />

paramédico. <strong>La</strong> mayoría del equipo se<br />

traslada en barco y una vez que la torre<br />

esté desactivada el equipo será evacuado<br />

a la torre Tláloc donde se espera<br />

continuar con la extracción.<br />

Wendy termina su jornada en la sala<br />

de edición, hoy deberían de terminar<br />

sus prácticas profesionales, pero parece<br />

que ahora es la jefa de cámaras de<br />

facto, la mayoría del personal veterano<br />

ha sido ascendido meteóricamente o<br />

ha dejado el negocio. Se supone que<br />

no debería faltarle el dinero ahora,<br />

pero todos los precios comienzan a subir,<br />

excepto por la comida; parece que<br />

los precios de la carne, frutas y verduras<br />

se mantienen, debería proponer un<br />

reportaje al respecto.<br />

<strong>La</strong> entrevista de mañana es con Carmen<br />

Pinos, a quien le van a agravar el<br />

175


trauma de que su novio desaparezca a<br />

mitad del coito con doce minutos de escarnio<br />

en TV; presumiblemente embarazada,<br />

oficiales de policía armadas con<br />

rifles automáticos la escoltan a donde<br />

quiera que va. Después del espectáculo,<br />

la sargento Camacho de la policía municipal<br />

de Guadalajara aparecerá anunciando<br />

su convocatoria para mujeres de<br />

dieciséis años en adelante que quieran<br />

hacer carrera en la corporación.<br />

176<br />

Una de las primeras prioridades<br />

de las mujeres tras la desaparición<br />

deben ser las torres petroleras y las<br />

centrales nucleares, ambos complejos<br />

han perdido entre el sesenta<br />

y el ochenta por ciento de su personal,<br />

y en caso de colapsar los daños<br />

ambientales serían irreparables;<br />

además una sociedad moderna<br />

puede mantenerse estable siempre<br />

y cuando la energía esté presente,<br />

con la mitad de la humanidad<br />

desaparecida la demanda energética<br />

se reduce considerablemente,<br />

por lo cual se puede mantener la<br />

sociedad funcionando con menos<br />

recursos.<br />

En México hay aproximadamente<br />

doscientos treinta y dos policías por<br />

cada cien mil habitantes, de los cuales<br />

en Jalisco, con las recientes políticas<br />

de contratación de mujeres en<br />

la fuerza, tenemos un treinta y dos<br />

por ciento de mujeres, lo cual nos<br />

deja con setenta y dos policías por<br />

cada cien mil habitantes. Si bien los<br />

crímenes post-desastres suelen ser<br />

cometidos por hombres, aun así es<br />

necesario incrementar la cantidad<br />

de policía en la ciudad, las agresiones<br />

de tipo sexual disminuyen en un<br />

noventa por ciento y los homicidios


en un setenta por ciento, lo cual nos<br />

permite reclutar oficiales más jóvenes,<br />

en especial conforme la rutina<br />

comience a establecerse.<br />

Cinco semanas después de la<br />

desaparición<br />

Andrea Mijangos no se acostumbra a<br />

correr con una pistola en la cintura, le<br />

asignaron el arma después de atender<br />

a una mujer atacada por una jauría, la<br />

cantidad de perros callejeros ha aumentado<br />

un veinticinco por ciento y<br />

la mayoría han encontrado refugio en<br />

casas abandonadas; en una respuesta<br />

a emergencias lo esencial sería atrapar<br />

al animal para verificar que no tenga rabia,<br />

pero en este momento no se puede<br />

arriesgar al personal de emergencias.<br />

Guadalajara y el occidente del país<br />

se han vuelto un centro migratorio en<br />

los últimos días, la planta hidroeléctrica<br />

está trabajando al noventa por ciento<br />

de su capacidad gracias a la estricta<br />

supervisión que las ingenieras ejercen<br />

sobre un grupo de noventa chicas reclutadas<br />

de la universidad y preparatorias<br />

técnicas. Hubo una reducción de<br />

demanda considerable así que, de momento<br />

toda la ciudad cuenta con electricidad.<br />

Esto ha sido aprovechado por<br />

Lissette, que en una bodega abandonada<br />

en la colonia Moderna aprovecha a<br />

las numerosas inmigrantes que han llegado<br />

para la fabricación de antidepresivos<br />

y otros materiales cuya demanda<br />

se ha incrementado.<br />

Wendy y Sara editan su más reciente<br />

trabajo, las tomas de la catedral<br />

metropolitana cubierta de fotografías<br />

de niños mientras mujeres lloran la<br />

perdida de sus hijos. Clementina Maldonado,<br />

esposa del desaparecido gobernador<br />

que no ha sido considerada<br />

para el gobierno interino de la ciudad,<br />

da un discurso con «corazón de madre»<br />

habla de la virgen María y la virgen de<br />

Guadalupe y cómo es posible concebir<br />

por medio de la fe.<br />

<strong>La</strong>s mascotas siempre generan problemas<br />

en los simuladores de desastres<br />

naturales, un buen porcentaje<br />

de los animales domésticos son<br />

abandonados a su suerte y, en este<br />

caso, por lo menos un dieciocho por<br />

ciento de las mascotas se ha quedado<br />

sin sus familias de un día para<br />

otro. Estos animales tienden a permanecer<br />

en las ciudades, transformándose<br />

en un vector de riesgo que<br />

puede transmitir enfermedades.<br />

De acuerdo con el simulador, el<br />

consumo de estupefacientes se incrementa<br />

conforme pasa el tiempo<br />

y no hay rescate de desaparecidos,<br />

los elementos religiosos de estas<br />

comunidades también se incrementan<br />

con los desastres naturales; de<br />

acuerdo con las encuestas las mujeres<br />

tienden a ser más religiosas<br />

que los hombres, por lo tanto las<br />

instalaciones eclesiásticas cumplirán<br />

una labor de relevancia, en el<br />

caso de las drogas siempre habrá<br />

alguien dispuesta a venderlas a<br />

buen precio.<br />

Diez semanas después del<br />

acontecimiento<br />

El gobierno estatal interino ha decretado<br />

que investigar las causas de la<br />

desaparición no es una prioridad en<br />

la ciudad; el gobierno federal no ha logrado<br />

reestablecerse del todo, pero los<br />

gobiernos estatales y municipales continúan<br />

manteniendo el orden e incluso<br />

comienza a generarse una rutina.<br />

177


<strong>La</strong>s plantas eléctricas a base de carbón<br />

todavía son inestables, los hospitales<br />

y servicios de emergencia del sureste<br />

del país mantienen los generadores de<br />

emergencia funcionando, requisando<br />

vehículos abandonados y extrayendo el<br />

combustible; en occidente, las plantas<br />

hidroeléctricas mantienen la energía<br />

llegando a la ciudad, pero, hasta que el<br />

equipo de Tania López estabilice la única<br />

refinería del país, el combustible en<br />

Guadalajara es de uso exclusivo para los<br />

servicios de emergencias.<br />

En el palacio de gobierno la sargento<br />

Camacho presenta sus preocupaciones<br />

al comité, conforme el estado de shock<br />

se agota otros problemas comienzan a<br />

surgir: el uso de cocaína está incrementando<br />

en la ciudad, los bancos siguen<br />

sin reactivarse y probablemente nunca<br />

lo hagan, de momento el efectivo mantiene<br />

en circulación la comida y los servicios,<br />

pero esto puede acabar de un<br />

momento a otro.<br />

Wendy está en junta con la producción;<br />

la mayor fuente de noticias internacionales<br />

es el internet. En la madrugada<br />

llegaron algunas grabaciones de<br />

Ankara, donde una turba había incendiado<br />

numerosas mezquitas. En Zapopan,<br />

la basílica se ha convertido en un<br />

campamento militar donde Clementina<br />

reúne cientos de mujeres indignadas<br />

por la cancelación de la búsqueda<br />

de sus seres queridos.<br />

En una casa de seguridad, compartiendo<br />

habitación con dos oficiales armadas<br />

con rifles de asalto, Silvia Ontiveros<br />

le realiza una ecografía a Carmen.<br />

Efectivamente, hay un bebé varón en su<br />

vientre; con este son ya seis casos confirmados<br />

de mujeres esperando varones<br />

en la ciudad. Sería más fácil si fuera<br />

una niña. <strong>La</strong> abuela del bebé de Carmen<br />

178<br />

ha comenzado a volverse pública, la señora,<br />

junto con otras abuelas, exige la<br />

custodia del nieto, Clementina está utilizando<br />

esto para ganar influencia.<br />

De acuerdo a la OTI, las mujeres representan<br />

el setenta por ciento de<br />

la industria alimentaria, muchas<br />

de las granjas y ranchos operados<br />

por mujeres funcionan más cómo<br />

comunas igualitarias que cómo<br />

fábricas; estas comunas son más<br />

aptas para sobrevivir a las crisis<br />

económicas.<br />

En el otro lado de la moneda es<br />

muy probable que los bancos nunca<br />

se recuperen, primero debería<br />

haber mucha gente dispuesta a<br />

recuperarlos.<br />

Semana veintiocho de la crisis<br />

demográfica<br />

<strong>La</strong> sargento Camacho está condecorando<br />

al cuerpo de doctoras y enfermeras<br />

de la clínica de maternidad San José,<br />

hace una semana una turba intentó<br />

saquear el almacén de muestras de esperma<br />

y tuvo que ser defendido a tiros<br />

por el personal médico. En cuanto termina<br />

la ceremonia, Sara, en su bicicleta<br />

y con la cámara en la mochila, va de regreso<br />

al estudio donde espera incluir la<br />

ceremonia en las noticias de las cuatro.<br />

En parte se siente culpable, pues hace<br />

unos días se publicó una nota de una<br />

mujer vendiendo el esperma congelado<br />

de su marido en noventa mil pesos. <strong>La</strong><br />

descendencia es ahora un lujo.<br />

<strong>La</strong> carretera Guadalajara–Zapotlanejo<br />

luce cómo un ciempiés rechinante<br />

mientras carretas trasladan comida a<br />

la ciudad, los contenedores herméticos<br />

de acero han facilitado la presencia<br />

de leche en la ciudad y un equipo de


chicas en Zapopan presume de poder<br />

fabricar más por lo que los productos<br />

lácteos pueden volverse parte de la<br />

dieta diaria en unas semanas.<br />

Cris Castillo ya tiene un plan para las<br />

necesidades de acero y otros metales,<br />

de momento las reservas locales han<br />

bastado, pero cuando sea necesario<br />

fundir algo hay centenares de vehículos<br />

abandonados en las calles.<br />

Durante los próximos trece a dieciocho<br />

años la única forma de reproducción<br />

con la que contarán será la<br />

inseminación artificial (lo cual incluye<br />

la clonación), las muestras de<br />

esperma se volverán mucho más valiosas<br />

ya que serán la única forma de<br />

preservar los genes de una persona.<br />

Treinta y dos semanas de solo mujeres<br />

Con las elecciones extraordinarias<br />

anunciadas para dos meses las tensiones<br />

se vuelven presentes en la ciudad,<br />

el actual comité interino ha presentado<br />

como candidata a la Doctora Margarita<br />

Barrera, quien participó activamente<br />

en la reactivación energética de la ciudad<br />

y ha demostrado tener un don nato<br />

para la logística; su principal contendiente<br />

es Clementina Maldonado, que<br />

se ha empeñado en que la prioridades<br />

deben ser buscar a los desaparecidos;<br />

hay una tercera candidata, Lissette Zubaiga,<br />

que busca el sufragio para las<br />

chicas de quince a diecisiete años que<br />

recientemente se han incorporado a la<br />

fuerza laboral de la ciudad y son más<br />

necesarias que nunca.<br />

Mijangos tiene otro problema encima:<br />

Murciélagos. <strong>Número</strong>s edificios,<br />

fábricas y bodegas abandonadas han<br />

servido para que las ratas, perros, gatos<br />

y otros animales se reproduzcan,<br />

179


pero al parecer los murciélagos salidos<br />

de la cañada de Huentitán también<br />

han encontrado su espacio en la ciudad<br />

semivacía.<br />

Con más de la mitad de las fuerzas<br />

de trabajo desparecida, la primera<br />

opción para llenar las vacantes<br />

serán las amas de casa (esto ya ha<br />

pasado en las guerras), inmediatamente<br />

seguirán las chicas de quince<br />

a diecisiete años. Igual que en las<br />

guerras, este sector de la población<br />

comenzará a tener mayor participación<br />

política una vez que conformen<br />

su posición en la economía local.<br />

Un detalle curioso del simulador<br />

es que los animales salvajes comienzan<br />

a acercarse a las zonas desocupadas<br />

de la ciudad, los murciélagos<br />

son la primera opción del simulador.<br />

Semana treinta y seis<br />

Wendy y la sargento Camacho observan<br />

desde la sala de cámaras el anunció de<br />

Lissette Zubaiga, que después de conseguir<br />

el voto para las chicas de quince a diecisiete<br />

años ha declinado su candidatura<br />

a la gubernatura de Jalisco, Wendy sospecha<br />

que las otras dos candidatas le han<br />

ofrecido un puesto en la transición con la<br />

esperanza de que su salida incline la balanza<br />

hacia su favor, la sargento espera<br />

que las elecciones distraigan la atención<br />

de los partos que no tardan en suceder.<br />

En un quirófano resguardado por<br />

más de veinte oficiales veteranas nace<br />

el hijo de Carmen Pinos; en la basílica<br />

de Zapopan, mujeres armadas con cuchillos<br />

y pistolas calibre .22 esperan<br />

que «<strong>La</strong>s abuelas» den el grito de guerra<br />

para ir a reclamar los bebés que les<br />

pertenecen por derecho.<br />

180


Esta es la parte en la que cada sociedad<br />

debe decidir su futuro para sí misma.<br />

Cuando algo no controlado se vuelve<br />

valioso mucha gente se asume derechos<br />

que no existían, esto siempre<br />

causa problemas.<br />

Cumpleaños cinco de Adán<br />

Wendy coordina el noticiario, se esperan<br />

temperaturas máximas de 24° y mínimas<br />

de 18°, los cielos despejados ayudarán<br />

con los festejos del aniversario de la victoria;<br />

es curioso que ya nadie piense en la<br />

desaparición. En otras noticias, Lissette<br />

Zubiaga se presenta hoy cómo candidata<br />

a Presidenta de las Mexicanas.<br />

Con la extracción del carbón reducida<br />

al uno por ciento, el consumo de<br />

combustibles fósiles al veinte y varias<br />

poblaciones y campos de cultivo asilvestrados,<br />

el efecto invernadero comienza<br />

a perder intensidad. ¡Mira que<br />

solo había que matar a todos los hombres<br />

del planeta y problema resuelto!<br />

<strong>La</strong> general Camacho sonríe, en una<br />

ceremonia privada por sus labores en<br />

la estabilización del país, prevención<br />

de catástrofes ecológicas y su invaluable<br />

ayuda en mantener la sociedad<br />

funcionando, el gobierno de Jalisco le<br />

ofrece a Tania López una inseminación,<br />

que los genes más valiosos sean los<br />

que se preserven al unísono.<br />

Nota del cerdo:<br />

Ninguna de las personas mencionadas en esta<br />

crónica son reales en la manera en que me inventé<br />

los nombres para llevar la narración, pero son<br />

muy reales en el ámbito de que hay cientos de chicas<br />

allá afuera con la capacidad de preservar la<br />

civilización o destruirla por completo.<br />

181


182


MICRO<br />

CUENTOS<br />

183


Conocí a un profeta. Decía siempre:<br />

«escuchad ovejas, Dios ha venido instaurar<br />

su mandato». Acepté una invitación<br />

al templo. Me llevó al sótano<br />

donde albergaba un monstruo encadenado.<br />

El loco me dijo que eso era Dios.<br />

Estaba comiéndose una cabeza. Le pregunté<br />

que de adonde llegó. Me dijo que<br />

en una nave espacial, y si hacia todo lo<br />

que decía estaría salvado. Me dijo que<br />

trajera alimento, jóvenes y niños para<br />

empezar. Al rato volví con una escopeta<br />

y les disparé cien veces. Cuando me<br />

sentenciaron por el asesinato me enteré<br />

que maté a un loco y a su «hijito».<br />

Hector Fabio Garcia Libreros<br />

184<br />

Este hombre muere una vez. Se levanta<br />

(después de haber sido asesinado)<br />

y camina con la cabeza colgando de su<br />

mano izquierda. Se dirige (sin piernas)<br />

al camino muchas veces recorrido. Y sin<br />

los ojos que le permitan ver dónde fue<br />

atacado por los hombres de la muerte,<br />

él va gritando su nombre (sin su voz).<br />

Pero lo mata la indiferencia de los otros,<br />

cuando no ven a un cadáver caminando.<br />

E, irremediablemente, se le asesina otra<br />

vez, al depositarlo en la bóveda (helada)<br />

de la morgue oficial para establecerle<br />

un nombre que no es su nombre.<br />

Pascual Verioli


<strong>La</strong> misión era mantener la luz prendida<br />

y esperar. Pero uno enfermó y otro se<br />

lo llevó en la única barca. Su retorno se<br />

registró con lo que se supuso, la embarcación<br />

completa; así que las raciones<br />

se despacharían solo para noviembre.<br />

Mientras tanto en el faro, la demencia<br />

repartió el menú.<br />

Se trató de un malentendido, de esos<br />

que suelen resolverse con risillas tontas,<br />

disculpas apresuradas, bebida caliente<br />

y miradas nerviosas. Pero aquel<br />

se resolvió con hachazillos tontos, huidas<br />

apresuradas, sangre caliente —a<br />

medio coagular— y centrales nerviosas<br />

fragmentadas.<br />

Debían salvar vidas, lo tuvieron presente<br />

al salvar la suya.<br />

<strong>La</strong>dy Akasha<br />

Ella caía a gran velocidad, ya no sentía<br />

nada. «Es otra pesadilla» pensó y cerró<br />

los ojos mientras continuaba cayendo al<br />

vacío. Entonces sintió el impacto, un dolor<br />

indescriptible. Vio su vida pasar delante<br />

de sus ojos en cuestión de segundos,<br />

pronto notó cómo una parte suya se<br />

alejaba de su propio cuerpo inerte hecho<br />

trizas ante la vista de la gente.<br />

Mario Ruddyart Bermúdez Pérez<br />

185


Cada cuanto hay huellas y manchas<br />

sobre mi pantalla de 40 pulgadas, con<br />

origen desconocido, pero de un obvio<br />

patrón. Diversas sustancias no identificables<br />

y proporciones que corresponden<br />

con alguien adulto.<br />

Nunca he sido creyente de los fantasmas<br />

hasta que presté atención a esas<br />

huellas y manchas para concluir que<br />

no soy el único que ve Netflix en este<br />

departamento. Un Smartanfasma.<br />

Hugo Chávez Mondragón<br />

El teléfono sonaba sin censar. Sin duda,<br />

era urgente<br />

Tomó el auricular y escuchó atentamente<br />

el relato que, con voz entrecortada<br />

y entre sollozos, su interlocutor se<br />

esforzaba por terminar.<br />

Respiró profundamente. Su respuesta<br />

consistió en resumir la situación con un<br />

dejo autoritario y un tono frío —magníficas<br />

herramientas para distanciarse de<br />

la trágica noticia y del triste mensajero.<br />

—Entiendo, murieron ambos, un accidente.<br />

Recuperaron los cuerpos. El<br />

funeral será mañana.<br />

Dio sus condolencias. Colgó, cerró los<br />

ojos y luego sonrió: el viejo y su mujer habían<br />

muerto y él poseía la única copia del<br />

testamento. El plan había funcionado.<br />

186<br />

Mauricio Nieto


Cuando se me notificó, ella estaba<br />

tendida en el suelo. Yo no podía creerlo,<br />

traté de simular que no la conocía,<br />

pero no pude contenerme. Le grité a<br />

mis hombres, blasfemé, y colérico desmadré<br />

la llanta del coche de al lado: nadie<br />

se burla de un detective al mando.<br />

<strong>La</strong> volví a mirar, me postré a su lado,<br />

y tomé su mano helada. Un papel amarillo<br />

sobresalía, que decía: <strong>La</strong> muy puta<br />

iba a llamarte para cobrarte los favores.<br />

Levanté la cabeza, miré de frente y vi a mi<br />

benefactor. Se esfumó entre las sombras.<br />

Alfonso Archundia<br />

El sonido que producen las gotas de<br />

lluvia al caer es placentero, el olor que<br />

desprenden al chocar sobre la tierra es<br />

delicioso, la excusa para tomar un buen<br />

café es exuberante, la idea de quedarse<br />

en cama es incitante y la armoniosa<br />

tranquilidad de escuchar los truenos es<br />

seductora pero… el escuchar tus suplicas,<br />

ver tus ojos llorosos, sentir la firmeza<br />

de tu piel al apuñalarla, oler el sudor<br />

que desprendes y ver como caen una a<br />

una las gotas de tu sangre mientras te<br />

encuentras de cabeza es la cosa más exquisita<br />

que puedo ver en el mundo.<br />

D.M.H.S.<br />

187


Luis entro en aquella habitación, buscando<br />

a su amigo, quizás por última vez.<br />

—Raúl, mamá me ha dicho que no<br />

hay nada de malo en tener amigos imaginarios,<br />

pero que llega cierta edad en<br />

la que los tenemos que dejar ir.<br />

—¿Y crees que ya estamos en edad?<br />

—Me temo que sí. Llega un momento<br />

en el que debes de matar a tu amigo<br />

imaginario.<br />

—Está bien. Lo malo es que no te has<br />

dado cuenta, que tú eres el imaginario.<br />

Raúl procedió a matar a Luis y salió<br />

de aquella habitación, por última vez.<br />

Reyna Romyna Olmos Hernández<br />

188<br />

Maldito caballo, de nueva cuenta me<br />

ha derribado. Esta vez me estrelló contra<br />

una rama. No lo puedo escuchar,<br />

pero no puede estar lejos.<br />

Condenado, deja que te encuentre... ¡Con<br />

un diantre! Me he enredado en los espinos.<br />

A tientas, en esta noche perpetua, es<br />

imposible... Sólo espero que no haya<br />

barrancos por aquí. Maldito caballo,<br />

mil veces Maldito por hacerme esto a<br />

mí. A mí, al terrible «Jinete sin cabeza».<br />

Sería mejor tener un perro; un lazarillo,<br />

quizá. ¡Voto a...! Esto es un río...<br />

César H. Vázquez S.


Escuchó alarmado un crujir de huesos en<br />

el lóbrego pasadizo. Aceleró sin conseguir<br />

distanciar el eco perseguidor. Un fétido<br />

vaho serpenteaba entre los jirones de<br />

su ropa, deshecha tras años de encierro.<br />

Había sido una condena injusta, aducida<br />

por viles artimañas. Encadenado<br />

en las mazmorras donde antaño sufrieron<br />

sus enemigos, privado de casa y tierras,<br />

existía solo para la venganza.<br />

Liberado al fin, se dirigió al lugar<br />

donde perpetraría la masacre.<br />

Hasta los más fervientes ocultistas<br />

se horrorizaron cuando, en el salón<br />

de la casona abandonada, irrumpió el<br />

espectral esqueleto, fiel a su condena,<br />

dispuesto a revivir la fecha señalada.<br />

Juan Pedro Agüera Ortega<br />

Él habita Betelgeuse, si miro la noche<br />

en diciembre, lo miraré en la constelación<br />

de Orión. Al mirar el cielo nocturno<br />

puedo escuchar su risa que hace<br />

titilar a las estrellas. De vez en cuando<br />

viaja con el viento usando una pompa<br />

de jabón eterna, revolotea en mis cabellos<br />

y su recuerdo en mi mente deja;<br />

no lo veo, jamás lo contemplé, nunca<br />

lo he de conocer, pero sé muy bien que<br />

allá, en esa estrella roja su madre luna<br />

lo consuela y lo cuida bien, bañando<br />

sus párpados con polvo de estrellas y<br />

besando su frente antes de dormir.<br />

Orugazul<br />

189


Con su aliento mortífero, el dragón de<br />

humo descendió por el escarpado paraje,<br />

arrasando ramas y hierbajos. Cruzó<br />

el estrecho camino y penetró la barrera<br />

formada por los Morros. Los paladines se<br />

blandecieron ante la avanzada del dragón,<br />

el valiente Galillo no pudo contener<br />

el ataque mortífero y permitió que el animal<br />

invadiera el castillo. <strong>La</strong> bestia exhaló<br />

su letal aliento necrosando los restos<br />

de vida aun existentes, dominando para<br />

toda la eternidad el imperio de los Lungs.<br />

—Si no hubiese fumado ese cigarrillo<br />

aun estaría con nosotros —el médico le<br />

informaba a la familia.<br />

Omar Fuentes Martínez<br />

—Preparando la liberación de espacio<br />

en la memoria. Por favor, espere.<br />

En la pantalla, imágenes y vídeos de un<br />

bebé se suceden a la velocidad de un suspiro.<br />

—Tiempo estimado, tres minutos. Datos<br />

liberados, cincuenta y cuatro por ciento.<br />

<strong>La</strong>s visiones del niño van desapareciendo<br />

poco a poco. Aparece la imagen<br />

de un accidente.<br />

—Datos liberados, noventa y nueve por<br />

cierno, ¿está seguro que desea continuar?<br />

—Sí.<br />

Entonces, el hombre desenchufa el<br />

cable USB de su anclaje cerebral. Sus<br />

recuerdos más dolorosos han sido borrados.<br />

Apaga el ordenador, se levanta<br />

y va a la cocina a por un café.<br />

190<br />

Raquel Sánchez López


—Irá todo como la seda —le aseguró la<br />

mujer mientras le entregaba el artefacto.<br />

Él la miró con arrobo y pensó que su<br />

chica era tan excepcional que hasta sabía<br />

fabricar bombas. Ella le había convencido<br />

de que era más efectivo descerrajar<br />

las cajas fuertes con explosivos<br />

que dedicarse a torturar a los dueños<br />

de las casas de campo que asaltaba<br />

con el propósito de arrancarles la combinación<br />

de apertura.<br />

<strong>La</strong> mujer también sonrió, imaginándose<br />

al tipo despedazado. Tragándose<br />

el odio y el asco, lo había seducido<br />

hasta ganarse su confianza. Sus padres,<br />

asesinados por aquel canalla, iban a<br />

ser vengados.<br />

Héctor Daniel Olivera Campos<br />

El fiscal antisecuestro solicitó un perito<br />

en materia de retrato hablado para la<br />

realización del perfil gráfico del rostro<br />

de la persona que había secuestrado a<br />

la víctima del caso.<br />

A la fiscalía llegó una hermosa mujer<br />

identificándose con su oficio de designación<br />

y su credencial que acreditaban<br />

su experiencia en retrato hablado.<br />

El fiscal se asombró de ver a una bella<br />

mujer como perita, pero cuando la oyó<br />

hablar y expresarse con un florido y folclórico<br />

lenguaje que contrastaba con su<br />

belleza física, pensó—: Aquí tenemos a<br />

una experta en retrato mal hablado.<br />

A. E. Hassan.<br />

191


Desde que nació, siempre fue travieso;<br />

le gustaba revolcarse en el suelo y<br />

asustar a los más pequeños.<br />

Cuando el Bobby cumplió tres años,<br />

la celebración fue en grande, modo de<br />

peleas, y compartió fraternalmente con<br />

el derby, chapatin, el lula, en un rico almuerzo<br />

que preparo el bobby grande.<br />

Se paseaba feliz por el barrio recorriendo<br />

sus dominios y preparándose<br />

para ser un buen guardián, no en vano,<br />

se había titulado con honores y su diploma<br />

en el living de la casa decía: al bobby,<br />

el mejor alumno de la escuela canina.<br />

Firmado, su instructor.<br />

Victor Hugo Toledo Aguilar<br />

Hace poco leí un relato de crimen, en<br />

primera persona, en donde un hombre<br />

aseguraba haber asesinado a otro<br />

por haber leído un relato de crimen,<br />

porque lo que menos se esperaba la<br />

víctima es que aquel relato fuese en<br />

realidad una especie de confesión camuflada<br />

de ficción.<br />

Investigué y resultaba que nadie había<br />

sido asesinado de esa forma.<br />

Le enseñé el relato a un amigo y él<br />

estuvo de acuerdo conmigo. Entonces,<br />

sin que se diese cuenta, antes de finalizar<br />

el relato, lo acuchillé por la espalda<br />

y lo hice confesar que él era el autor.<br />

Ahora había culpable.<br />

192<br />

Nar Cienfuegos


Mi vecina es rara. Siempre escucho<br />

golpes cuando pego la oreja a la barda.<br />

Hoy me ha invitado a pasar, y he metido<br />

en la conversación, con sutileza, el<br />

tema. Se ha reído, me ha invitado a<br />

más té helado. Dice que es la lavadora,<br />

que a menudo la sobrecarga y es bajo<br />

esas circunstancias cuando emite ese<br />

infernal ruido a batacazos. Justo ahora<br />

lo escucho. Le pido permiso para ir<br />

al baño, pero en realidad voy en busca<br />

del artefacto, y ahí está, no obstante,<br />

cuando lo inspecciono, encuentro la<br />

clavija averiada y desconectada.<br />

Rubén Herrera<br />

―Por favor, tío, sea breve porque hay<br />

varios esperando, ¿vale? ―le dijo el<br />

conserje de un viejo hotel madrileño,<br />

mientras ella lo invitaba a pasar a la<br />

habitación. Cuando luego se le acercó<br />

insinuante, la tomó del cuello y la estranguló.<br />

Después de escapar por la<br />

ventana, se subió a un coche y arrancó<br />

perseguido por un patrullero de la<br />

Guardia Civil. Pero cuando huía echando<br />

putas por las calles de Madrid se colgó<br />

el Internet, ante su decepción y la de<br />

los cabrones que estaban aguardando<br />

pacientemente usar la única computadora<br />

que había en el hall del hotel.<br />

Néstor Quadri<br />

193


194


CONOCE A<br />

LOS AUTORES<br />

QUE COMPONEN<br />

ESTE NÚMERO<br />

195


Alfredo Cuauhtémoc Pérez<br />

Nació en uno de los veranos más raros<br />

que se recuerden o eso le contaba su padre<br />

antes de que muriera siendo niño;<br />

desde entonces quiere vencer a la muerte,<br />

pronto supo como hacerlo. ¡Escribiendo!<br />

Éper Mono<br />

Nació en Ciudad de México y radica en<br />

ella, tiene veintitrés años. Actualmente<br />

estudia la licenciatura de Lengua y<br />

Literaturas Hispánicas en la Facultad<br />

de Filosofía y Letras de la UNAM. Es un<br />

apasionado de la ciencia ficción, lector<br />

compulsivo de ella.<br />

Santos Romeo Barrientos Aldana<br />

Nacido en Puerto Barrios,Izabal,Guatemala.<br />

Es estudiante en la Facultad<br />

de Ciencias Jurídicas y Sociales de la<br />

Universidad de San Carlos, escribe<br />

ensayos de distintos temas en blogs y<br />

revistas. Tiene un reconocimiento por<br />

participar en Ensayo Internacional (Tokio,<br />

Japón, 2018). Se ha desempeñado<br />

en el área jurídica. Es investigador, escritor<br />

y crítico. Ha participado en foros,<br />

diplomados y en distintos concursos<br />

de carácter académico.<br />

196<br />

Sahalif Lefaar <strong>La</strong>valle Avalos<br />

Nació en la ciudad de México el 9 de<br />

julio del 88. Creció en Poza Rica, Veracruz<br />

, lugar donde vivió hasta los 18<br />

años. Después de dejar la facultad de<br />

ingeniería de la UNAM ,estudió diseño<br />

gráfico en varias universidades. Actualmente<br />

es tatuador, ilustrador, artista<br />

de cómic y escritor. Le gustan casi todos<br />

los géneros, particularmente la<br />

fantasía y la ciencia ficción.


Martín Gabriel <strong>La</strong>mo Toccalino<br />

Nació en Buenos Aires en 1975, estudió<br />

publicidad, relaciones públicas, y creatividad.<br />

Nunca ha podido trabajar de<br />

ello aunque sí tiene tiempo para leer y<br />

escribir relatos. Actualmente es un padre<br />

separado que vive en España (San<br />

Sebastián) y trabaja como administrativo<br />

en un restaurante. Su hijo Nicolás<br />

es, de momento, su mejor público. Ha<br />

conseguido publicar algunos cuentos<br />

en periódicos locales.<br />

Ernesto Molina<br />

Ingeniero ambiental mexicano que<br />

se dedica principalmente a sistemas<br />

hidráulicos, es autor del blog Cerdo<br />

Venusiano y hace varias reseñas de videojuegos<br />

y equipos mecánicos para<br />

revistas especializadas. Su primera<br />

novela Los últimos contribuyentes consiste<br />

en un desesperado intento para<br />

salir de la rutina, hacerse el gracioso y<br />

conocer mujeres.<br />

Silvia Alejandra Fernandez<br />

Escritora argentina de Ciencia Ficción y<br />

terror. Algunos de sus trabajos publicados<br />

incluyen: El día de Julia. Antología<br />

Pulsiones I. Un ángel en jeans. Antología<br />

Relatos inconexos. Ella. Antología<br />

Letras del face 13. Alfonsina Antología<br />

Micrópticos. Brugmansia Antología Lire.<br />

Gabriel Bevilaqua<br />

Escritor argentino afincado a orillas del<br />

río Paraná. Se dedica especialmente<br />

al cultivo de la minificción y el cuento.<br />

Sus textos han aparecido en una veintena<br />

de antologías de Argentina, México<br />

y España. Entre otras: Cienfictimínimos<br />

(México, 20<strong>12</strong>); De antología. <strong>La</strong><br />

logia del microrrelato (España, 2013);<br />

Brevedades (Argentina, 2013); 40 plumas<br />

y pico (España, 2014); <strong>La</strong>s palabras<br />

contadas (España, 2015). Mantiene la<br />

bitácora El elefante funambulista.<br />

197


Manuel Felipe Álvarez-Galeano<br />

Medellín, Colombia. Filólogo hispanista,<br />

por la Universidad de Antioquia.<br />

Magíster en Literatura Española e Hispanoamericana,<br />

por la Universitat de<br />

Barcelona. Escritor, corrector, columnista<br />

y conferencista. Docente de griego,<br />

italiano, portugués, latín y otras<br />

materias. Ha recibido premios en <strong>La</strong>tinoamérica.<br />

Su obra ha sido publicada y<br />

antologada en quince países y traducida<br />

a siete idiomas.<br />

Augusto Montero Razo<br />

Egresado de la Licenciatura de Lengua<br />

y Literatura Hispánica por parte de<br />

la UNAM. Hombre de letras que gusta<br />

de la escritura pero no más que de la<br />

lectura (sobretodo de textos de terror,<br />

ciencia ficción y fantasía). He participado<br />

en varios coloquios de literatura<br />

tanto en el ámbito académico como en<br />

el de creación literaria.<br />

Karen Liz Colman Neris<br />

Nació en una expedición científica en la<br />

Colonia Neuland (Paraguay, 1989). Proviene<br />

de una familia de biólogos, decidió<br />

formarse en ciencias pero encontró<br />

su verdadera pasión en las letras. Desde<br />

pequeña ha publicado poemas en<br />

guías de fauna. Ejerció como rescatista<br />

de fauna silvestre y ha contribuido en<br />

investigaciones científicas ambientales.<br />

Además, cuenta con tres novelas y relatos<br />

disponibles para su lectura gratuita<br />

en internet.<br />

198<br />

Mabel Bello de Cayrús<br />

Nació en Montevideo, Uruguay Publicaciones:<br />

Como co-autor en el libro El<br />

alma de Puerto Sauce son sus escritores…<br />

sus poetas… sus artistas y en Gacetilla<br />

Literaria ABRALAPALABRA. Obtuvo<br />

el 1° Premio Historia de una noche de<br />

tormenta, de la Biblioteca José E. Rodó.<br />

El 1° Premio El río ensombrecido y El último<br />

tropero, en la Revista <strong>La</strong> voz de la<br />

arena, entre otros.


Irene Mariana Hume<br />

Profesora de Nivel Inicial. Fue durante<br />

más de veinte años directora de Jardín<br />

de Infantes. Confiesa haber elaborado<br />

cuentos y relatos dentro de su cabeza<br />

desde que tiene memoria, pero fue recién<br />

en los últimos años que comenzó<br />

a poner sus escritos sobre papel. Asiste<br />

a talleres literarios desde 2014, siendo<br />

acreedora de varios premios y menciones,<br />

en los géneros ensayo, narrativa<br />

y poesía. Es amante de la Patagonia y<br />

fanática de la naturaleza.<br />

Hernando Orozco Losada<br />

Veinticuatro años. Estudió Ciencias de<br />

la Comunicación; actualmente trabaja<br />

para una editorial de revistas, sus pasatiempos<br />

favoritos son la fotografía<br />

y escribir, aunque nunca lo ha hecho<br />

profesionalmente. Su más grande sueño<br />

es poder viajar por el mundo.<br />

Efrain Nadal De Choudens<br />

El autor es natural de Puerto Rico y vive<br />

con su esposa y dos hijos en el estado<br />

de Maryland, USA. Tiene una gran cantidad<br />

de poemas y cuentos publicados<br />

en varias revistas y antologías en varios<br />

países y una colección de poesía de terror<br />

y ciencia ficción llamada A quick<br />

look into an insane mind.<br />

André Kuri<br />

André Kuri, nacido en Ciudad de México<br />

el 15 de agosto de 1976, Psicólogo y<br />

MBA. Escritor amateur participante en<br />

múltiples certámenes internacionales<br />

de habla hispana, en escritos de ensayo,<br />

relato y microcuento, principalmente,<br />

y géneros diversos como ciencia<br />

ficción, terror, y otros.<br />

199


Perla Romero Mora<br />

41 años. Estudió la carrera de comunicación<br />

y es profesora en una bachillerato.<br />

Le gusta la lectura, el cine y salir<br />

a caminar.<br />

Hugo César Delgado Ayala<br />

Nació el 22 de mayo de 1979 en el poblado<br />

Tecuitata, municipio de San Blas<br />

Nayarit, México. Es licenciado en Turismo<br />

por la Universidad Autónoma de Nayarit.<br />

Es escritor del género paranormal<br />

y tiene 6 libros publicados. Ha participado<br />

en más de 50 concursos literarios<br />

nacionales e internacionales y ha sido<br />

merecedor a importantes premios tanto<br />

en México como en Estados Unidos.<br />

José Luis Díaz Marcos<br />

Albacete, España, 1972. Ha publicado<br />

relatos en diversas antologías y webs<br />

nacionales y extranjeras. También es<br />

autor de sendas novelas: Paraísos de<br />

magia y fuego y Botij-Oh!<br />

Damaris Gassón Pacheco<br />

Venezolana. nacida el 16 de diciembre<br />

de 1970, de profesión licenciada en administración.<br />

Participante en el Taller<br />

“Introducción a la Escritura Creativa”<br />

dictado por la Escuela de Escritores,<br />

junio 2016. Mención de Honor por el<br />

Cuento EMET en el Concurso Solsticios-<br />

Venezuela. Diciembre 2017. 31 cuentos<br />

publicados en diversas revistas<br />

latinoamericanas.<br />

200


Yobany de José García Medina<br />

Licenciado en Lengua y Literatura<br />

Hispánicas, FES Acatlán (UNAM). Es<br />

miembro fundador del Seminario Permanente<br />

de Metaficción e Intertextualidad<br />

(FES-Acatlán) y ganador del 1er.<br />

certamen de minificción Fantástica lascivia,<br />

UNAM, DGACU (2013) , así como<br />

del Premio Nacional de Poesía Rogelio<br />

Treviño, 2017. Además, ha publicado<br />

en diversas revistas y antologías.<br />

Víctor Hugo Espino Hernández<br />

Licenciado en Filosofía por la UNAM.<br />

Ha publicado en la revista electrónica<br />

Symposium, Acido para llevar, <strong>La</strong> barca<br />

de los locos, Perígrafo, Seattle escribe<br />

y en el Periódico lúdico de transgresión<br />

académica que nació en la FFyL. Tiene<br />

aforismos publicados en un compendio<br />

intitulado: I Concurso internacional de<br />

aforismos Encarnación Sánchez Arenas<br />

editado en España por Playa de Akaba.<br />

Sarhay Algravez Espinoza<br />

Originaria de la ciudad de Chihuahua.<br />

Actualmente es pasante de la licenciatura<br />

en teatro, en la Facultad de Artes<br />

de la Universidad Autónoma de Chihuahua.<br />

Ha publicado para revistas<br />

electrónicas como Megalopolis y Letras<br />

malditas, así como para la revista<br />

impresa Tibúame. A trabajado como<br />

directora escénica en obras teatrales y<br />

óperas, como asistente de escenografía,<br />

asistente de arte en producciones<br />

cinematográficas, dramaturga y actriz.<br />

Donís Albert Egea<br />

Graduado en Estudios Hispánicos. Trabaja<br />

con su padre. Premios: NARRATI-<br />

VA: 3º puesto en el X EPLA. POESÍA: accésit<br />

en el Katharsis 2009, finalista en<br />

el <strong>II</strong>I Premio en honor a Santa Ana 2018.<br />

ENSAYO: seleccionado en el Limaclara<br />

2014, en el UNIR 2015, en el nº 23 de Heraldos<br />

negros, en el nº 3 Revista Awen y<br />

2ª Mención en el Hacía Ítaca 2018.<br />

201


Cintia Mariana Ledesma Gutiérrez<br />

Provincia de Mendoza en la República<br />

Argentina. es técnico en comunicación<br />

social y escritora para tratar de entederse<br />

y entender el mundo. Actualmente<br />

divide su tiempo entre la escritura, la<br />

producción de un espacio cultural en<br />

una estación de radio local y trabajos<br />

varios de administración.<br />

Íñigo Redondo Egaña<br />

Lector antiguo y permanente, escritor<br />

reciente. Pintor diletante. De formación<br />

ingenieril, ha detentado responsabilidades<br />

en compañías de consultoría<br />

multinacionales que lo han conducido<br />

a vivir en México durante casi seis años,<br />

además del Perú, Argentina, Francia o<br />

España. Ha publicado algunos relatos y<br />

microcuentos y trabaja en sus dos primeras<br />

novelas.<br />

Juan Pablo Goñi Capurro<br />

Escritor, autor y dramaturgo argentino<br />

nacido en 1966. Publicó: <strong>La</strong> mano y A<br />

la vuelta del bar 2017; Bollos de papel<br />

2016; <strong>La</strong> puerta de Sierras Bayas, USA<br />

2014. Mercancía sin retorno, <strong>La</strong> Verónica<br />

Cartonera. Alejandra y Amores, utopías y<br />

turbulencias, 2002. Premio Novela Corta<br />

<strong>La</strong> verónica Cartonera (España), 2015.<br />

Colaborador en Solo novela negra.<br />

José Luis Vázquez<br />

Editor, cantautor, investigador privado<br />

retirado y exalumno de la Universidad<br />

del Valle de México, la Universidad<br />

Autónoma Metropolitana y la<br />

Universidad Nacional Autónoma de<br />

México. Además de diversos premios<br />

literarios en Japón, ostenta el segundo<br />

lugar como mejor jugador de Super<br />

Contra en Retroachievemens<br />

202


Yess Pimienta<br />

Actriz de doblaje novata egresada de<br />

Talento Escénico Natural y Artístico. Actualmente<br />

se encuentra estudiando la<br />

Licenciatura en Educación en la Universidad<br />

Autónoma del Estado de México.<br />

Entre sus planes a futuro se encuentra<br />

la publicación de un libro que contenga<br />

no solamente una historia escrita,<br />

sino ilustraciones digitales y partituras<br />

musicales que representen ciertas partes<br />

del escrito, todo bajo su autoría.<br />

Luis Felipe Ortiz Reyes<br />

Biografía: Nació en Venezuela. Ingeniero<br />

Mecánico y Abogado. Ha publicado<br />

numerosos artículos de prensa y varios<br />

libros, entre los que se encuentran: Inversiones<br />

de Capital en El Mercado Andino,<br />

Anotaciones Sobre El Derecho Penal<br />

Venezolano, Ganadería <strong>La</strong> Cruz de Hierro,<br />

Ganadería Bellavista, Los Extorsionadores,<br />

El Poder, Los Iniciados, El Matador.,<br />

Alucinando y Entrevista Imaginaria.<br />

Carolina Alpuche<br />

Estudiante de Ingeniería Química en la<br />

Universidad Autónoma Metropolitana y<br />

CEO de Editorial Dreamers. Lectora empedernida,<br />

amante del café y de Les Luthiers.<br />

Gilberto Santos<br />

Nació en el puerto fronterizo de Nuevo<br />

<strong>La</strong>redo, Tam. Donde pasó su infancia<br />

y parte de su juventud. Después se<br />

trasladó a la Ciudad de Morelia, Mich.,<br />

dónde estuvo algunos años paseando<br />

y aprendiendo. Ahora nuevamente vive<br />

en el Norte del País con su bella esposa e<br />

hijo. Dedicado actualmente a la docencia,<br />

al Kendo, su iglesia y otras actividades,<br />

nunca perdió el gusto por la lectura.<br />

203


en nuestro<br />

siguiente número:<br />

Más artículos, ensayos,<br />

cuentos y microcuentos,<br />

novelas por entregas<br />

y mucho más...

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