LIBRO 4TO A - PROYECTO PARA SUBIR

ceciliadriazrecchi

Proyecto “Cuentos de la selva”

Colegio Integral Caballito

Proyecto anual 2018

Cuarto grado

Docentes: María Florencia Vera y Juan Emilio

Iardelevsky


Fundamentación

En cuarto grado, como comienzo del segundo ciclo de la escolaridad, se propuso, a

lo largo del primer semestre, un proyecto de lectura y escritura intensiva a partir del libro

“Cuentos de la Selva” de Horacio Quiroga.

Durante el proyecto, los niños leyeron cinco de los ocho cuentos del libro. A cada

lectura le siguió un trabajo de comprensión lectora, tanto en instancias de conversaciones

como de resolución de cuestionarios; así como una consigna de escritura a realizar de

manera individual o en pareja, donde se pusiera en juego la creatividad a fin de fortalecer

las prácticas de escritura. También, de manera grupal, investigaron sobre la vida del autor,

completando la escritura de distintas biografías en varias sesiones de producción y

revisión. Por último, mezclando los personajes de los cinco cuentos y apoyàndose en las

cartas de Propp, pudieron escribir un cuento completo en sintonía con el espíritu del

célebre y centenario libro.

Con todas las producciones realizadas, se propuso la elección de algunas de las

mismas, en función de las preferencias de cada niño sobre producciones propias y ajenas,

para la confección de un libro como producto final del proyecto.

1


Proyecto “Cuentos de la Selva”

Cuarto grado “A”

Colegio Integral Caballito

2


Tomás Abate Aufgang

Autores y autoras

Nicolás Abregú

Uma Baranczuk

Facundo Bocalandro Malchansky

Juana Cardo Formoso

Malena Castro Torres

Simón Chen

Luca Chimienti

Bautista Corbo

Ignacio D’Angelo

Juan Espinoza

Francisco Fossa

Julia Franzoni

Agustín Mancebo

Joaquín Marchetti

Emma Nasello

Lucía Ojeda

Tomás Pereyra Morales

Felipe Plat

Delfina Rodríguez

Adelina Salazar

Morá Samá

Milena Sánchez Romero

Santino Sanzi Dhers

Renata Sinigoj

Olivia Soares Tasso

Docentes de cuarto grado: Florencia Vera y Juan Iardelevsky.

Colaboraron: Ana Hickethier, Cecilia Díaz Recchi y Antonella Cavallone.

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Prólogo

Lo que usted tiene en sus manos no es un libro. O, mejor dicho, no es sólo un libro.

Usted, estimado/a lector/a, está por comenzar a vivir en carne propia el proceso de

aprendizaje de veintiséis lectores, lectoras, escritores y escritoras. Lo que leerá a

continuación no es otra cosa que distintos momentos de esos procesos de aprendizaje.

Por cuestiones de espacio, deberá conformarse con escenas que van desde abril hasta

julio de 2018. Bastante poco tiempo, si se lo quiere comparar con procesos de aprendizaje

de lectura y escritura que se desarrollan a lo largo de toda la vida.

Este pequeño recorte da cuenta de la formación de lectores lo suficientemente

ávidos y autónomos como para devorarse los cuentos que hagan falta, en diversas

situaciones. De escritores tan creativos e irrespetuosos como es necesario para hacer

literatura, sin permitir que la imaginación sea encarcelada por los límites de lo leído.

En estos meses leímos y escribimos. Nos reímos cuando nos tocó examinar las

páginas y cuando fue el turno de agarrar el lápiz. Lloramos cuando no se nos caían ideas.

Dudamos cuando no encontrábamos buenos ni malos. Nos escuchamos y disfrutamos al

encontrarnos. Nos interrumpimos y nos perdimos de nosotros mismos. Discutimos, casi

siempre. Leímos en voz alta y en silencio. Escribimos solos y en parejas. Nos dio vergüenza

leernos. Nos aplaudimos cuando quisimos.

Y el resultado de todas esas situaciones está aquí. Así que deje de perder el tiempo

con los versos del maestro y vaya a leer a los niños y a las niñas, que tienen cosas bien

interesantes para contar.

Juan.

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Índice

Biografía 4

Los cuentos de Horacio 5

Las medias de los flamencos 5

Lo que entendimos 5

Lo que imaginamos 7

El loro pelado 8

Lo que entendimos 8

Lo que imaginamos 9

La guerra de los yacarés 10

Lo que entendimos 10

Lo que imaginamos 11

La abeja haragana 13

Lo que entendimos 13

Lo que imaginamos 14

El paso del Yabebirí 16

Lo que entendimos 16

Lo que imaginamos 17

Los otros cuentos 18

¡Somos Famosos! 18

Los tigres desaparecidos 19

Se reencuentran los animales 19

El animal prohibido 20

5


Biografía 1

Por Tomás Abate Aufgang, Emma Nasello, Felipe Plat y Adelina Salazar.

Su nombre completo es Horacio Silvestre Quiroga Forteza. Nació el 31 de

diciembre de 1878 en Salto (Uruguay), sus padres se llamaban Prudencio Quiroga y Juana

Petrona. Su padre descendía del caudillo Riojano Facundo Quiroga. Los Quiroga habían

comprado una chacra en San Antonio Chico, donde abundaba la caza. A Prudencio le

gustaba mucho cazar y en 1879 murió a causa de un disparo accidental de su propia

escopeta, al intentar descender de una lancha.

La madre, viuda y con cuatro hijos (dos mujeres y dos varones), se trasladó a la

provincia de Córdoba (Argentina) para tratar la enfermedad de una de sus hijas y el asma

de Horacio. Luego de vivir cuatro años en las Sierras Cordobesas, regresaron a Salto.

Quiroga cursó sus estudios primarios en el colegio Hiram, sostenido por masones.

La escuela secundaria incluyó formación técnica en el Instituto Politécnico de Salto.

Horacio vivió en muchos lugares como por ejemplo Salto, Misiones, Chaco y

Buenos Aires. Fue cuentista, dramaturgo y poeta.

Su primera obra fue Arrecifes de Coral. Maestro del cuento latinoamericano, fue

influenciado por Edgar Allan Poe, Leopoldo Lugones, Rubén Darío, Julio Herrera y Reissig y

Rudyard Kipling.

Horacio Quiroga falleció el 19 de febrero tomando un vaso de cianuro (veneno)

porque sufría de cáncer.

1

Este texto fue escrito entre los meses de abril y junio de 2018. Fue elegido entre seis biografías

por el voto del resto de los autores y las autoras de este libro.

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Los Cuentos de Horacio

Las medias de los flamencos

Lo que entendimos

Este cuento fue escrito por Horacio Quiroga en el año 1918. Esta fiesta de animales

no fue un éxito para los flamencos, ser mordidos por víboras es bastante feo. Cierta vez

las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y sapos, a los flamencos y a los

pescados. Luego los flamencos se dieron cuenta de que no tenían ropa y fueron a buscar

ropa, pero ellos querían medias coloradas, blancas y negras. Los principales personajes

son los flamencos y las víboras pero también están los yacarés, las ranas y sapos, el tatú y

la lechuza.

Las medias de los flamencos es parte de “Cuento de la selva”.

Lo recomendamos para más de 6 años. Para nosotros el cuento fue muy

interesante y lindo.

Por Santino Sanzi Dhers, Olivia Soares Tasso y Agustín Mancebo.

7


Horacio Quiroga escribió “Las medias de los flamencos” hace 99 años y medio, en

el año 1918. Los personajes del cuento son los flamencos, víboras, la lechuza y el tatú. El

comienzo del cuento se lo vamos a contar: cierto día las víboras hicieron una fiesta,

invitaron a muchos animales incluidos los flamencos.

A los flamencos no se les ocurrió de qué disfrazarse entonces a un flamenco se le

ocurrió ponerse medias de color rojas, negras y blancas, fueron a todos los almacenes de

un pueblo cercano pero no consiguieron las medias que querían entonces se cruzaron con

un tatú y le dijo que su cuñada la lechuza tenía esas medias.

Forma parte del libro “Cuentos de la Selva”. Edad recomendada: 7 años.

Nos pareció muy buena porque fue muy interesante para nosotros. Que nadie les

cuente el final.

Por Lucía Ojeda, Bautista Corbo y Simón Chen.

8


Lo que imaginamos

Tiempo después del baile, las víboras y los flamencos fueron a quejarse ante un

juez por lo sucedido. El juez les pidió a ambos que le escriban un texto contando lo que

pasó…

Querido señor juez:

Le contaré la historia. Mire, lo que pasó es que nosotros fuimos a todas las tiendas

y nos decían que estábamos locos, que nunca íbamos a encontrar medias desde acá hasta

el río Paraná. Después fuimos con la lechuza y el tatú y nos dieron medias que resultaron

ser hechas de cuero de víboras. Fuimos al baile, empezamos a bailar y recordamos que el

tatú y la lechuza nos habían dicho que no paremos de bailar entonces nosotros queríamos

bailar pero no pudimos. Seguimos bailando hasta que llegó un momento que tuvimos que

parar entonces paramos, nos caímos y las medias nos gritaron: ¡NO SOMOS MEDIAS,

SOMOS VÍBORAS!

Nos mordieron y casi nos matan, no podíamos parar de saltar así que nos fuimos

corriendo hasta el río y no podíamos parar y esa es la razón por la que estamos aquí.

Esta es nuestra historia de por qué antes teníamos las patas blancas y ahora las

tenemos coloradas.

Por Milena Sánchez Romero, con la ayuda de Luca Chimienti.

Vengo a hablar porque lo que digan los flamencos no es verdad porque nosotras

las víboras no les mordimos las patas a los flamencos ¿Entiende? Usted nos tiene que

creer a nosotras, acuérdese.

Por Lucía Ojeda, con la ayuda de Tomás Abate Aufgang

Señor juez, nosotros estábamos bailando muy felices con nuestras nuevas medias

que nos regaló la lechuza hasta que las víboras saltaron sobre nosotros y dijeron que

habíamos matado a sus hermanas. Pero nosotros no matamos a nadie y nos comenzaron

a morder los pies y nos dejaron los pies colorados.

Por Felipe Plat, con la ayuda de Adelina Salazar.

Hola mi señoría, la cosa es así. Nosotros estábamos en un baile. Nosotros los

estábamos mirando porque sus medias eran muy raras y pensábamos que era piel de

víbora de nuestros amigos porque murieron hace poco, un día antes de la fiesta. Y otra

cosa, en un momento los flamencos no estuvieron. Juez nosotros sospechábamos mucho,

porque antes de que se vayan de la fiesta estaban medio tristes y cuando volvieron tenían

algo en las patas.

Por Agustín Mancebo, con la ayuda de Julia Franzoni.

9


Un día un loro centinela vigilaba

hasta que vino un peón y le disparó, se lo

llevó a la casa del patrón y los hijos del

patrón lo curaron. Come pan con leche,

toma té con leche después aprendió a

hablar, “-buen día lorito –rica papa –papa

para Pedrito“. Luego de 5 días de lluvia

salió el sol y Pedrito salió afuera y se fue al

Paraná y fue a descansar a un árbol hasta

que vio dos luces verdes. Era un tigre.

Estuvo bueno el cuento porque hay

pelea y rescate lo que nos parece muy

bueno. Forma parte de “Cuentos de la

Selva”. Recomendado para 8 a 12 años.

Por Joaquín Marchetti y Nicolás Abregú.

El loro pelado

Lo que entendimos

“Un día un hombre

bajó de un tiro a un loro

centinela, el que cayó

herido y peleó un buen rato

antes de dejarse agarrar.”

El peón lo llevó a la casa

para los hijos del patrón,

los chicos lo curaron

porque no tenía más que

un ala rota”. El loro Pedrito

tomaba té con leche y pan

mojado y decía “rica papa,

buenos días lorito”. Un día

fue a Paraguay y se

encontró con un tigre.

Este cuento forma

parte de “Cuentos de la

Selva”. Para todos el cuento es muy divertido porque Pedrito dice palabras muy divertidas

como “rica papa”. Nosotros calificamos el cuento para mayores de 5 años .

Por Renata Sinigoj, Juan Espinoza y Adelina Salazar

10


Lo que imaginamos

Cuando el loro y el hombre llegaron a la casa después de haber matado al tigre,

le contaron la historia a Enzo y Laura, los hijos del hombre. Laura se puso muy contenta

porque se habían vengado del animal que había lastimado a su amado loro. Enzo, en

cambio, se puso muy triste al enterarse de que su papá había matado a un animal. A la

noche, en su cuarto, hermano y hermana discutieron sobre esto.

A la noche Enzo y Laura

empezaron a discutir.

- Estoy feliz porque mataron a ese

tigre desquiciado - dijo Laura.

- Estoy triste porque me gustan

los tigres - dijo Enzo.

- Ah, ahora te querés hacer el

defensor de animales. Además, quiso

matar a Pedrito.

- Sí soy súper Enzo el defensor de

los animales.

- Ah bue, ahora te traigo las

cámaras ¿Y a qué periodista querés?

- Sí a Lucas el periodista de

Animales.

Y Laura se quedó dormida.

Por Mora Samá e Ignacio

D’Angelo.

- Estoy feliz de que hayan matado

a ese tigre - dijo Laura.

- Yo estoy triste porque mataron a

un inocente tigre - dijo Enzo.

- ¿En serio? Yo pienso que está

bien porque trató de matar a nuestro

Pedrito - dijo Laura.

- Lo que pasa es que es un pobre

animal ¡No! - dijo Enzo.

- ¡Sí! - dijo Laura.

- ¡No! -Dijo él.

- ¡Sí! - Dijo ella.

- ¡Basta! Está bien que maten al

tigre - Dijo Enzo.

- Está bien, mejor - dijo Laura.

- ¿Por qué estás triste Enzo? - Dijo

Laura.

- Porque papá mató a un animal -

dijo Enzo.

- ¿Y por qué no te gusta que

maten animales?

- Porque no me gusta, imagínate

si te lo hicieran a vos.

- Igual yo soy un humano, no un

animal y papá mató al tigre porque

lastimó a Pedrito.

Por Juan Espinoza y Simón Chen.

- Yo pienso que no está bien que

alguien mate a un animal por la razón

que sea, me puse muy triste - dijo Enzo.

- Estuvo muy bien lo que hicieron

papá y Pedrito porque el loro se

defendió. Si no, ¡No iba a volver pedrito !

- respondió Laura.

- Sí pero pensá que matar a

alguien está muy pero muy mal ¿Por qué

pensás que está bien matar a alguien?

- Está mal matar a alguien pero

vos preferís que muera Pedrito antes que

el tigre. Lo dejó pelado a Pedrito, ¡Por un

dedo casi lo mata!

- Papá nos llama para cenar

¿Vamos?

Entonces Enzo y Laura fueron a

comer y mientras comían choclo,

hablaron del tema.

Por Delfina Rodríguez y Tomás

Pereyra Morales.

Por Santino Sanzi Dhers y Renata

Sinigoj.

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La guerra de los yacarés

Lo que entendimos

“-¡Eso no es una ballena!-

le gritaron en las orejas porque

era sordo.

-¿Qué es eso? ¿Qué pasa?

El viejo yacaré le explicó

entonces que era un vapor, lleno

de fuego, y que se iban a morir si

seguía pasando”.

Los personajes del cuento

son: los yacarés, el surubí, el viejo

yacaré, los marineros y el oficial.

Los yacarés estaban en un lago

que ni un humano conocía y de la nada

vino un buque. Los yacarés discutían con

los marineros para que no pase el buque

porque si seguía pasando los peces se

iban a ir y los yacarés se iban a morir de

hambre entonces los yacarés decidieron

hacer un dique. Este cuento forma parte

de “Cuentos de la selva”. Edad

recomendada más de 7. Nos gustó

porque tiene guerra pero es aburrido

cuando buscan al surubí.

Por Francisco Fossa y Luca Chimienti

La guerra de los yacarés es un

cuento de Horacio Silvestre Quiroga

Forteza del año 1918. El cuento se trata

de unos yacarés. Un día llegó un buque

que lanzaba mucho humo y espantaba a

los peces. Ellos hicieron un dique.

“-Eh yacarés- dijo el oficial.

-Qué hay- respondieron los

yacarés.

-Nos está estorbando esocontestaron

los hombres.

-Ya lo sabemos.

-No podemos pasar.

-Es lo que queremos.

-Saquen el dique.

-No lo sacamos.

Los hombres del bote hablaron un

rato en voz baja entre ellos y gritaron

después:

-Yacarés.

-¿Qué hay? Contestaron ellos.

-¿No lo sacan?

-¡No!

-Hasta mañana entonces.

-Hasta cuando quieran.”

Por Tomás Abate Aufgang,

Ignacio D’Angelo y Tomás Pereyra

Morales

Lo que imaginamos

“Mientras el viejo Yacaré fue a

buscar al Surubí, otros yacarés, que

desconfiaban de él, decidieron ir a

buscar ayuda en otro lado. Eligieron

nadar hasta otros cuentos del libro y

pedirles a los personajes de esos cuentos

12


que los acompañaran en su guerra.”

Los yacarés no fueron con el sabio

yacaré y oyeron la leyenda del portal del

cuento. El portal del cuento es un portal

que te tele-transporta de un cuento a

otro.

Entonces los yacarés fueron a

pedirle ayuda a los flamencos y a las

víboras por el portal del cuento. Después

a Pedrito, al peón y al tigre, y todos ellos

fueron a la dimensión "La guerra de los

yacarés".

Como tardaron mucho, cuando

llegaron estaban asesinando al viejo

yacaré así que el patrón le dio un

escopetazo al que estaba asesinando al

viejo yacaré y todos dijeron “¡Libertad!”.

Al final terminaron ganando los yacarés y

gritaron de orgullo “avanza el enemigo,

rascándose el ombligo” y al final hicieron

un festín comiéndose a los del buque de

guerra.

Por Tomás Abate Aufgang.

El viejo yacaré fue a buscar al

Surubí. Y los otros yacarés en busca de

los flamencos y las víboras así que

armaron un cohete con cosas de la selva:

hojas y troncos. Fueron volando hasta la

casa de los flamencos y de las víboras.

Primero fueron a la casa de los flamencos

y un yacaré tocó la puerta de la casa y

dijo:

-Hola ¿Hay alguien aquí?

Un flamenco abrió la puerta y

dijo:

-¿Quién es? Ah hola mi amigo

yacaré, ¿Qué pasa?

- Necesito ayuda. Bueno,

necesitamos. Hay un buque de guerra

que nos está espantando los peces y nos

vamos a morir de hambre ¡Necesitamos

tu ayuda! - dijo un yacaré.

-¡Qué mal, es horrible lo que les

está pasando, yo los ayudaré! - dijo el

flamenco.

Así que fueron a ver a las víboras.

Un yacaré tocó la puerta y dijo:

-Hola, víboras, ¿Están ahí?

Una víbora abrió y dijo:

- Hola, yacarés ¿Qué pasa? - dijo

con alegría la víbora.

-Necesitamos su ayuda, un buque

de guerra nos está espantando a los

peces y nos moriremos de hambre

¡Necesitamos su ayuda! – dijo un yacaré.

-¡Claro que los ayudaré! Lo que

sea por nuestros amigos.

Entonces todos subieron a la nave

y se fueron al dique de los yacarés.

Cuando llegaron los flamencos y las

víboras se escondieron para que después

salten y ataquen. Un rato después

¡Saltaron y atacaron! Las víboras los

mordieron y los flamencos les pegaron

en la cara y picaron. Después los yacarés

les agradecieron y un yacaré los llevó a

su casa.

Por Julia Franzoni.

El viejo yacaré estaba buscando al

surubí, parecía que él sacrificaría la vida

por él, pero no sólo eso, también les

decía a los yacarés “sólo tardaré unas

horas o días o semanas o meses o años o

siglos o décadas” y sinceramente se

largaba a llorar, a veces más fuerte y a

veces sólo se ponía triste. Los yacarés no

creían que él pudiera encontrarlo ni

salvarlo, entonces los yacarés buscaban

lugares como villas para pedir ayuda.

Ellos iban a buscar a alguien que los

apoye.

Hasta que un día se durmieron y a

la mañana el viejo yacaré no estaba pero

13


los yacarés no se preocuparon porque

esto había pasado muchas veces y

siempre volvía. Pero cuando pasó una

semana empezaron a ver si sacó comida

para sobrevivir esa semana porque

lógicamente no querían que muera y se

dieron cuenta de que no había sacado ni

bebida ni comida. Muchos días después

estaban todos los yacarés durmiendo y

un yacaré gritó “¡¡¡¡Pasaron 365 días!!!!”

y otro se despertó y gritó “Noooooo

pasaron 12 meses”.

Entonces buscaron cualquier ser

vivo que los ayude y de suerte

encontraron al loro pelado comiendo

papa y diciendo “rica papa” y les daban

ganas de reírse a los yacarés pero no

podían por el viejo yacaré. Ellos

pensaban que estaba muerto porque un

surubí está en el agua. Después se

encontraron a los flamencos en el

camino, estaban en la orilla del río para

no quemarse entonces los flamencos les

dijeron que los habían visto con el

hombre con una escopeta y el jefe con

un revólver. El loro los distrajo, mientras

tanto los yacarés empujaban el bote. El

jefe quiso tirarles un tiro y no le pegó a

nadie y pasó lo mismo con el hombre de

la escopeta pero congelaron a los

flamencos y pudieron agarrar al viejo

yacaré vivo después un yacaré le pegó al

hielo y lo rompió. A los flamencos no les

dolían más los pies.

Por Joaquín Marchetti.

Buscaron y buscaron sin cesar

entre páginas y páginas hasta que

encontraron al loro pelado.

-Vení lorito Pedrito - dijeron los

Yacarés.

- ¿Qué quieren?- preguntó

Pedrito.

- Necesitamos ayuda - dijeron los

Yacarés.

- ¿Por qué?- añadió el Loro.

- Nos invadieron unos marineros y

espantan a nuestros peces -

respondieron los Yacarés, suplicándole al

loro.

- Los ayudaré - agregó el loro.

Volvieron y el viejo Yacaré vio al

Loro y se sorprendió pero igual no vino el

Surubí entonces no se enojó.

- Lolo, ¿Por qué está ese loro? -

susurró el viejo Yacaré.

Lolo le hizo una seña como que

no sabía pero de repente un marinero

dijo:

- ¿Vamos a pelear?

- Por supuesto, nuestro nuevo

dique está mejor.

-Lo veremos - contestó el oficial.

Pero los yacarés tenían un arma

secreta: el loro pelado. Mientras los

yacarés los molestaban a los marineros,

el loro con la ayuda de un yacaré,

desataron el ancla y despacito se fue

moviendo el barco.

Cortaron el ancla y el timón y

estuvieron a las órdenes del mar.

Por Emma Nasello.

La abeja haragana

Lo que entendimos

14


“-Compañera es necesario que

trabajes porque todas las abejas

debemos trabajar.

La abejita contestó:

-Yo ando todo el día volando y me

canso mucho.

-No es cuestión que te canses

mucho – respondieron- sino de que

trabajes mucho. Es la primera

advertencia que te hacemos.”

La abeja haragana es un cuento

de Horacio Quiroga de 1918. Los

personajes son: la abeja haragana, las

abejas guardianas y la culebra. Había

una vez una abeja haragana que no

trabajaba y entraba a la colmena y volvía

a salir.

Por Mora Samá y Juana Cardo Formoso

puerta de las colmenas hay siempre

unas cuantas abejas que están de

guardia para cuidar que no entren

bichos en la colmena”. Un día la

abejita había vuelto de básicamente

no hacer nada. Las abejas guardianas

la retaron. “Está bien, mañana

trabajaré” - dijo la abejita. Las abejas

guardianas la dejaron entrar. Al otro

día, la abeja haragana no trabajó,

entonces, las abejas guardianas no la

dejaron entrar. La abeja haragana ahí

afuera tenía mucho frío, entonces vio

una caverna y se metió ahí. Parecía

que no había nadie, pero de repente

apareció una culebra y la culebra la

quería comer. Forma parte de “Cuentos

de la Selva”. Edad recomendada: 7 años.

A nosotros nos gustó porque es muy

creativo.

Por Facundo Bocalandro

Malchansky, Julia Franzoni y Delfina

Rodríguez.

“Era, pues, una abeja haragana.

Todas las mañanas, apenas el sol

calentaba el aire, la abejita se asomaba a

la puerta de la colmena, veía que hacía

buen tiempo, se peinaba con las patas,

como hacen las moscas, y echaba

entonces a volar, muy contenta del lindo

día. Como las abejas son muy serias,

comenzaron a disgustarse con el

proceder de su hermana haragana. En la

15


Lo que imaginamos

En otra versión del cuento, que

finalmente Quiroga decidió no publicar,

la abeja no reaccionó del mismo modo

al ser expulsada de la colmena. En vez

de huir a intentar sobrevivir en la selva,

la abeja decidió llamar a unas amigas

del canal “Miel TV” y a unos primos del

diario “Periodismo y aguijones”. Cuando

llegaron, le hicieron una entrevista a la

abeja, quien se quejó por lo sucedido y

acusó a las abejas guardianas de

asesinas porque, según ella, la estaban

condenando a muerte expulsándola de

la colmena.

Cuando echaron a la abeja

haragana, ella llamó a unas amigas para

ir a pedir una entrevista. Al otro día se

preparó y fueron al estudio y esperaron

1 minuto.

- Hola abeja haragana, ¿Cómo

estás?

- ¡Por fin! Uh perdón ¿Dónde

están mis modales? ¿Cómo estás? Bien

¿Y vos?

- También estoy muy bien.

- Trajimos a una invitada especial,

Abeja Giménez.

- Fue testigo.

- ¿Ella que vio?

- Vio cómo me echaron de la

colmena y no le pareció que estuviera

bien.

- Okey.

- Vamos a la colmena.

- Ya entiendo lo que pasó, este

problema no tiene solución.

La abeja, feliz de haber salido en

televisión, entendió que nunca más

volvería a ver a la colmena.

Por Malena Castro Torres.

Al llegar, la abeja haragana

protestó:

- ¡Me tiraron de la colmena

rodando!

Después dijo el periodista con voz

seria mirando a la cámara:

- Bueno, parece que esta abeja

tuvo una vida adrenalínica.

La abeja, como una abeja, lo

pinchó y empezó a sentirse mal porque

no podía sacar el aguijón y dijo:

- ¡¡¡Me duele la cola!!! - dijo la

abeja dolorida hasta que lo sacó - sé que

casi muero…

Y todo el público estaba asustado.

Por Ignacio D’Angelo.

- Hola, yo soy el periodista

Leonzales. Estoy en el puerto Mielita

para charlar con Cecilia, “la abeja

haragana”. Ahora estoy en la puerta de la

abeja haragana, “Cecilia”.

“¡Toc toc !” escucho la abejita y

abrió.

- ¿Quién es?

- Yo soy el periodista Leonzales y

te quiero entrevistar.

-Ok.

- Y estamos en vivo con la abeja

haragana. Primera pregunta ¿Cómo se

sintió cuando las abejas guardianas la

echaron?

16


-Me sentí muy rechazada porque

estaba lloviendo y tenía mucho frío. ¡Así

que si las abejas guardianas están viendo

esto van a lamentar lo que hicieron! -

dijo la abeja.

- Muy bien. Siguiente pregunta

¿Por qué la culebra le hizo un reto?

- Miren, para mí es porque tenía

hambre, porque las culebras comen

abejas.

- Y última pregunta ¿La culebra

ahora es buena con usted?

- Sí, ahora somos muy amigas y

hacemos patín, skateboard, vamos de

compras y vamos al cine.

- Bueno, eso es todo, nos vemos

en el próximo programa de “Miel TV”.

Por Julia Franzoni.

- Hola señor juez - dijo la abeja.

- ¿Qué pasa? - respondió el juez.

- Lo que pasa es que yo no

trabajaba y hacía lo que quería, entonces

me dijeron que tenía que trabajar. Yo les

dije a mis compañeros que me canso

volando todo el día, pero me volvieron a

decir lo mismo. Como no les hice caso,

me echaron de la colmena y casi muero.

Yo no estoy de acuerdo, porque hacía

frío y había mucho viento.

- Bueno, y dígame Señora Abeja

¿Qué quiere que hagamos al respecto?

- Yo creo que deberían arrestarlas

o ponerles una multa. ¡Use la cabeza

Señor Juez!

- Está bien, lo intentaremos.

Por Juana Cardo Formoso.

17


El paso del Yabebirí

Lo que entendimos

“Como en el Yabebirí hay

también muchos otros peces,

algunos hombres van a cazarlos

con bombas de dinamita. Tiran

una bomba al río, matando

millones de peces. Todos los

peces que están cerca mueren,

aunque sean grandes como una

casa. Mueren también todos los

chiquitos, que no sirven para

nada. Ahora bien: una vez un

hombre fue a vivir allá, y no

quiso que tiraran bombas de dinamita

porque tenía lástima de los pececitos. Él

no se oponía a que pescaran en el río

para comer; pero no quería que mataran

inútilmente a millones de pececitos.”

Un día un zorro vino corriendo a

avisarle a las rayas que el hombre estaba

peleando con un tigre, estaba herido,

muy ensangrentado, tenía rota la camisa,

la sangre le caía por la cara, pero las

rayas lo ayudaron pero a quien no

ayudaron fue al tigre y ahí empezó una

sangrienta pelea.

Este cuento forma parte de

“Cuentos de la Selva”, los niños buscan

un poco de guerra mezclando la amistad

de los animales. Recomendado para

niños de 8 años para arriba. Este cuento

contiene mucha imaginación entre los

animales, hay guerra pero se arregla, es

muy lindo. Podés lograr lo imposible

entre la imaginación.

Por Emma Nasello, Malena

Castro Torres y Felipe Plat.

Un día fue un hombre al río

Yabebirí, él era el único que no quería

matar a las rayas, por eso las rayas lo

querían mucho. Pasaron los días que se

querían. Ese día el hombre se fue y

cuando volvió al río todo lastimado por

un tigre, el tigre quiso pasar el río y lo

picó una raya. En ese momento se armó

la batalla.

Recomendado a partir de los 6

años.

A nosotras nos gustó porque

estuvo buenísimo.

Por Uma Baranczuk y Milena

Sánchez Romero.

18


Lo que imaginamos

A veces nos pasa que tenemos peleas muy intensas y que duran mucho tiempo.

Duran tanto tiempo que nos olvidamos por qué estábamos peleando. Sabemos que la

pelea del tigre con el hombre fue feroz. Pero ¿Sabemos por qué se pelearon?

Había una vez un hombre que se

fue a buscar ramas para hacer fuego para

acampar, pero se encontró con un zorro

que le dijo:

- ¡Hay un tigre que te busca!

El hombre le dijo:

- ¿Por qué?

Y el zorro le respondió:

- ¡Porque vos le sacaste su cena!

El hombre le dijo muy

preocupado:

- ¿Su cena?

- ¡Sí, los pescadores! - respondió

el zorro - ¡¡¡Mejor me voy que ahí

viene!!!

- ¡Aaaah no, no te vayas! - dijo el

hombre…

Continuará…

Por Mora Samá y Nicolás Abregú

El hombre se fue a la selva para

hacer trampas de animales para

conseguir alimentos, entonces el tigre

cayó en la trampa pero pudo escapar

fácilmente. El tigre descubrió que cerca

de ahí estaba escondido el hombre.

Entonces dio un salto, lo rasguñó y el

hombre salió corriendo. El hombre le

hizo un trato al tigre, el tigre lo aceptó. El

trato era: si el hombre le conseguía algo

rico para comer, el tigre lo dejaría en paz

y nunca lo atacaría, pero si el hombre no

le conseguía algo rico para comer, él lo

comería. El tigre lo aceptó pero el

hombre no le pudo conseguir nada rico,

entonces el tigre intentó matarlo pero no

pudo porque el hombre escapó.

Por Uma Baranczuk y Simón Chen

Un día el hombre salía a caminar

por la selva y de repente apareció un

tigre. El hombre se sorprendió y el tigre

le dijo:

- ¿Por qué te metes en mi selva?

-Esta no es tu selva, es de todos y

así será - dijo el hombre.

-No es de ti ni de nadie, sólo mía y

de los tigres - dijo el tigre.

-Se acabó, declaró una batalla

desde ahora.

-Ok ¡Batallaaaaaaaa!

Pasaron 10 horas peleando, cada

minuto era infinito, pasaban

lastimándose hasta que un zorro los vio y

fue corriendo a avisar rápidamente a

todos. Les avisó a las rayas, un minuto

después el hombre llegó sangrando casi,

casi por morir.

Por Lucia Ojeda y Francisco Fossa

Había una vez un hombre que se

fue al bosque a cazar un animal. Después

se encontró con un tigre y el tigre era el

hermano del otro tigre. El hombre le

disparó al hermano del tigre y lo mató.

Entonces el otro tigre lo persiguió al

hombre porque mató a su hermano. Él se

fue y regresó a su casa, pero el tigre lo

atrapó antes de que regresara. Pelearon

y después el hombre regresó todo herido

y el tigre también.

Por Luca Chimienti y Adelina

Salazar.

19


Los otros cuentos

“Allí donde duele, río; allí donde duele, canto;

allí donde bifurca la línea el quiromante

salto a la otra orilla para no caer.

Allí donde duele, espero; allí donde duele, sueño

que los pequeños mundos con sus pequeñas sangres

traen los otros cuentos que me van a hacer feliz.”

Jorge Fandermole.

Cuando Horacio Quiroga terminó de escribir ‘Cuentos de la Selva’, se dedicó a

recorrer distintos lugares para venderlo. En uno de sus viajes, se le cayeron algunos

libros al Río Paraná. Entre el agua, los vientos y algunas rayas y flamencos que andaban

dando vueltas por ahí revolvieron todo lo que había adentro de los libros. Así, se

mezclaron personajes, situaciones y lugares…

¡Somos famosos!

Por Emma Nasello y Tomás Abate Aufgang.

Un día los hijos del patrón estaban tomando mate al lado de un Río llamado Río

Paraná y vieron unos libros.

Toto que era uno de los hijos dijo:

- ¿Qué son estos libros?

- A alguien se le habrá caído ¿No? - respondió Laura.

- ¿Y si lo leemos? - preguntó Toto.

- ¡Dale! - añadió Laura.

Los leyeron y unos animales les parecieron raros, eran un tigre y un carpincho. Los

buscaron y estaban en un lugar horrendo, espantoso y se preguntaron:

- ¿Los mataron?- dijo Laura.

-Sí. Yo leí que en este lugar los mataban, hay que salvarlos y llevarlos a un lugar

mejor - dijo Toto.

Entraron, pero les costó una parte que decía prohibido, tenía llave de huella digital

y lograron entrar.

Los salvaron y los llevaron a un lugar mejor. Lo increíble es que se volvieron

famosos, aparecieron en la tele y todo. Pero lo más importante es que salvaron a los

animales.

20


Los tigres desaparecidos

Por Bautista Corbo y Delfina Rodríguez.

Un día en la granja el hombre tenía mucho trabajo, pero no lo podía hacer solo así

que se fue de viaje a recorrer todo el mundo para ver si encontraba un peón. Le costó

mucho pero lo encontró. Entonces el hombre y el peón volvieron a la granja, el hombre

estaba muy feliz de ver a los tigres. Al principio el peón tuvo un poco de miedito con los

tigres, pero después se fue adaptando. Al día siguiente el hombre se despertó y vio que

los tigres no estaban, estaba muy asustado. Como vio que el peón estaba feliz le hizo un

interrogatorio. El peón no tenía mucha información, pero le dijo que él había visto a los

tigres tratando de abrir la puerta de la cerca

-Seguramente se habrán escapado - le dijo el hombre muy preocupado.

Salió a buscarlos. Fue a la selva, no estaban los tigres. Fue al zoológico, no estaban

los tigres. Volvió a la granja, estaban los tigres pero no el peón…

Se reencuentran los animales

Por Santino Sanzi Dhers y Francisco Fossa.

Después de todo el desastre, las víboras, la lechuza y el surubí fueron a parar al

cuento “Loro pelado”.

La lechuza estaba volando desequilibrada por tener un ala rota, las víboras

lastimadas y con hambre buscaban a alguien más, y el surubí estaba en Paraguay

buscando algas en el agua para comer.

Las víboras vieron a la lechuza volando en el cielo, entonces dijeron

-¡Ey! Miren hermanas, la lechuza en el cielo, parece que tiene hambre, preparemos

una trampa para después comerla.

Las víboras fueron a buscar gusanos en la tierra, ramas, hojas y lianas. Ataron las

lianas a un árbol, ataron otra liana y fabricaron una jaula. La trampa resultó bien.

-¡La lechuza se acerca! ¡Mmm Comida!-

La lechuza cayó en la trampa.

-¡Siii! - gritan las víboras - caíste en la trampa lechuza, te vamos a comer.

Comieron a la lechuza y mientras tanto el surubí recolectaba algas, tomaba sol,

relajado, comía algas y sin ningún problema.

21


El animal prohibido

Por Facundo Bocalandro Malchansky y Olivia Soares Tasso.

Había una vez un pueblo de yacarés en Korea y en ese pueblo había tres mejores

amigos: Bobby, Roberto y Abril (que, por accidente, nació en mayo).

En ese pueblo, también había un rey que era viejo que se llamaba Juan. Pero un

día, llegó una abeja haragana y le dijo a Juan:

- ¡Ey viejo despertate hay un Puma en el pueblo!

- ¿Qué? ¡Pero están prohibidos! - Dijo Juan.

Pero el rey no sabía que la abeja lo estaba engañando. Los yacarés Bobby, Roberto

y Abril fueron a buscar al animal prohibido.

Como los yacarés no estaban en el pueblo la abeja hizo una reunión para decir a

sus amigos qué quería hacer:

-Bueno chicas hoy estoy aquí para decirles qué pasó.- dijo la abejita - ese viejo rey

en el colegio cuando éramos bien chiquitos me burlaba un montón y todavía me dice

petisa, hormiguita y miguita de pan y hoy me voy a vengar, voy a hacer que salgan todos y

voy a llamar a todas las abejas y los yacarés van a quedar calientes no van a tener donde

vivir.

Pero un yacarecito escuchó esa charla y se lo contó al viejo yacaré Juan. Entonces

Juan reunió a todos los yacarés y fueron al pueblo. Bobby, Roberto y Abril pusieron flores

con veneno (el veneno era pedo) y todas las abejas se murieron.

22


Proyecto “Cuentos de la Selva”

Cuarto “B” 2018

Colegio Integral Caballito

23


Autores y autoras:

Julián Álvarez

Tomás Anitúa Monclus

Vera Anzoategui Larrandart

Daniel Barbi Di Giorgio

Matteo Buonanotte

Lautaro Cellerino

Benito Cirilli

Federico Conde

Diamante Dorr

Joaquín Espiñeira

Luca Gamas de Maio

Florencia García Lesci

Constantino Guagnini

Juan Pablo Kennard

Martina Lamounan

Alexander López Figueroa

Agustina Moretti Zucchi

Paulina Narváez

Juan Ignacio Navarro

Tiziana Orellana Rebai

Jano Otero

Mateo Pairetti

Luciano Pavesi

Máximo Pelayes

Nina Platini Torres

Violeta Riveyro

Manuel Sande

Vicente Sosa Martínez

Docentes del grado: Florencia Vera y Juan Iardelevsky.

Colaboraron: Ana Hickethier, Cecilia Díaz Recchi y Antonella Cavallone.

24


Prólogo

Lo que usted tiene en sus manos no es un libro. O, mejor dicho, no es sólo un libro.

Usted, estimado/a lector/a, está por comenzar a vivir en carne propia el proceso de

aprendizaje de veintiocho lectores, lectoras, escritores y escritoras. Lo que leerá a

continuación no es otra cosa que distintos momentos de esos procesos de aprendizaje.

Por cuestiones de espacio, deberá conformarse con escenas que van desde abril hasta

julio de 2018. Bastante poco tiempo, si se lo quiere comparar con procesos de aprendizaje

de lectura y escritura que se desarrollan a lo largo de toda la vida.

Este pequeño recorte da cuenta de la formación de lectores lo suficientemente

ávidos y autónomos como para devorarse los cuentos que hagan falta, en diversas

situaciones. De escritores tan creativos e irrespetuosos como es necesario para hacer

literatura, sin permitir que la imaginación sea encarcelada por los límites de lo leído.

En estos meses leímos y escribimos. Nos reímos cuando nos tocó examinar las

páginas y cuando fue el turno de agarrar el lápiz. Lloramos cuando no se nos caían ideas.

Dudamos cuando no encontrábamos buenos ni malos. Nos escuchamos y disfrutamos al

encontrarnos. Nos interrumpimos y nos perdimos de nosotros mismos. Discutimos, casi

siempre. Leímos en voz alta y en silencio. Escribimos solos y en parejas. Nos dio vergüenza

leernos. Nos aplaudimos cuando quisimos.

Y el resultado de todas esas situaciones está aquí. Así que deje de perder el tiempo

con los versos del maestro y vaya a leer a los niños y a las niñas, que tienen cosas bien

interesantes para contar.

Juan.

25


Índice

Biografía 27

Los cuentos de Horacio 28

Las medias de los flamencos 28

Lo que entendimos 28

Lo que imaginamos 29

El loro pelado 30

Lo que entendimos 30

Lo que imaginamos 31

La guerra de los yacarés 9

Lo que entendimos 9

Lo que imaginamos 10

La abeja haragana 13

Lo que entendimos 36

Lo que imaginamos 374

El paso del Yabebirí 406

Lo que entendimos 406

Lo que imaginamos 417

Los otros cuentos 19

Hasta la próxima guerra 19

La guerra animal 44

El fracaso de la boda 440

La trampa de la culebra 21

26


Biografía 2

Por Julián Álvarez, Vera Anzoategui Larrandart, Lautaro Cellerino y Constantino Guagnini.

Horacio Silvestre Quiroga Forteza nació el 31 de diciembre de 1878 en Salto,

Uruguay, al este del río Uruguay. Cuando Quiroga tenía dos meses su papá se murió en un

barco por un escopetazo. En 1891 la viuda se casó con Ascencio Barcos, que fue un buen

padrastro con el chico pero sufrió un derrame cerebral en 1896 que lo dejó semiparalizado

y mudo. Se suicidó disparándose en la boca con una escopeta manejada con el

pie justo cuando Quiroga, que tenía 18, entraba a la habitación.

Hizo sus estudios en Montevideo, capital de Uruguay, hasta terminar el colegio

secundario. Estos estudios incluyeron formación técnica (Instituto Politécnico de

Montevideo) y general (Colegio Nacional), y ya desde muy joven mostró interés por la

literatura, la química, la fotografía, la mecánica, el ciclismo y la vida de campo. A esa

temprana edad fundó la sociedad de ciclismo de Salto y viajó en bicicleta desde Salto

hasta Paysandú (120 km).

En 1897 fundó la revista de Salto. Después del suicidio de su padrastro, que

presenció, Horacio decidió invertir la herencia recibida en un viaje a París. Estuvo

(contando el tiempo de su viaje) cuatro meses ausente. Sin embargo, las cosas no salieron

como había planeado: el mismo joven orgulloso que había partido de todos modos en

primera clase, regreso en tercera andrajoso, hambriento y con una larga barba negra que

no se la quitaría nunca más. Resumió sus recuerdos de esta experiencia en Diario de un

viaje a París (1900).

Horacio Quiroga fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue maestro del

cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.

Murió el 19 de febrero en 1937 con 58 años en Buenos Aires, Argentina,

suicidándose.

2

Este texto fue escrito entre los meses de abril y julio de 2018. Fue elegido entre siete

biografías por el voto del resto de los autores y las autoras de este libro.

27


Los cuentos de Horacio

Las medias de los flamencos

Lo que entendimos

Cuento de Horacio

Silvestre Quiroga Forteza.

Cierta vez las víboras

planearon un baile e invitaron

a todos los animales. Los

flamencos llevaban unas

medias que les había dado una

lechuza y las víboras dudaban

de si eran sus hermanas.

La edad recomendada

son 10 años de edad.

“Cierta vez las víboras dieron un

gran baile. Invitaron a las ranas y los

sapos, a los flamencos y a los yacarés, y a

los pescados”. Los flamencos no sabían de

qué disfrazarse y fueron a pedirles a los

almaceneros y les dijeron “esas medias son

imposibles de encontrar nunca van a

conseguirlas”, entonces se encontraron

con un tatú que les dijo que su cuñada la

lechuza las tenía. Fueron a buscar a la

lechuza pensando que los iba a ayudar

pero al final no sirvió tanto.

La historia aparece en el Río Paraná

y es de “Cuentos de la Selva” de Horacio

Quiroga. Para nosotros la edad

recomendada es de 8 años. El cuento para

nosotros es muy bueno.

Por Máximo Pelayes, Diamante Dorr y Tomás Anitúa Monclus.

Por Tiziana Orellana Rebai, Martina Lamounan y Vicente Sosa Martínez.

28


Lo que imaginamos

Tiempo después del baile, las víboras y los flamencos fueron a quejarse ante un

juez por lo sucedido. El juez les pidió a ambos que le escriban un texto contando lo que

pasó.

Señoría:

Estábamos en la fiesta del río, todos teníamos medias y los flamencos estaban

celosos porque ellos no tenían y se fueron del baile. Pensamos que mataron a nuestras

hermanas y hermanos, se pusieron sus cueros como medias y volvieron a la fiesta. Le

pedimos, su señoría, mandarlas a prisión, desterrarlas o algún otro castigo. Pero usted

elija señoría, espero que elija lo correcto.

Por Alexander López, con la ayuda de Julián Álvarez.

Las víboras nos picaron sin saber si nosotros las matamos. Las mató la lechuza,

ahora tenemos las piernas envenenadas y no podemos salir del agua. Lo entiendo, sí,

capaz usamos piel de víbora pero nosotros no las matamos a lo sumo encarcelen a la

lechuza, no a nosotros. Y a las víboras sáquenle el veneno para que no haya otras víctimas.

Y a nosotros cúrenos las piernas para que podamos salir del agua.

Su señoría:

Por Matteo Buonanotte, con la ayuda de Paulina Narváez.

Ésta es nuestra versión. Era el baile y nos vestimos muy bien, hasta tenían envidia

de nosotras (o eso creemos). En un momento del baile, los flamencos se fueron volando,

tiempo después volvieron y hablaron con el tatú y se fueron de nuevo. Volvieron con

medias negras, rojas y blancas. Luego de bailar un rato largo, nos interesó de qué estaban

hechas las medias, hicimos de todo pero no pudimos saber, hasta que un flamenco

(cansadísimo) tropezó con un cigarrillo y se cayó. Todas las víboras fuimos a ver pero... nos

dimos cuenta de que no eran medias: ¡¡Eran nuestras hermanas!! En ese momento cada

víbora se enroscó en la pata de un flamenco y les deshicimos las medias a mordiscos, los

dejamos libres cuando ya no tenían medias, y ellos se fueron al río.

Su brillantez:

Por Luca Gamas De Maio, con la ayuda de Mateo Pairetti.

En el baile estábamos buscando medias. Se las pedimos a un tatú y nos mandó con

una lechuza. Esa lechuza nos dio las medias pero resulta que era la piel de víboras de coral

asesinadas por ella, y no por nosotros. Después las víboras nos mordieron sin razón y nos

duele mucho. Nuestras patas quedaron coloradas e hinchadas. Sin razón nos mordieron

en las patas hermosas que tenemos. Por eso tenemos que llevar un balde a todas partes

para calmar el dolor. ¡No podemos caminar!

Por Tomás Anitúa Monclus, con la ayuda de Constantino Guagnini.

29


El loro pelado

Lo que entendimos

Fue escrito por Horacio Quiroga. “Buen día Pedrito”. Los personajes son: Pedrito,

los loros, el peón, el patrón, los hijos del patrón y el tigre. Pedrito era el loro centinela de

la bandada, pero un día

llegó un peón y bajó de

un tiro a Pedrito. El peón

se llevó al loro con el

patrón, lo curó y le puso

de nombre Pedrito. Un

día quiso ir a Paraguay y

se encontró con un tigre.

Pedrito lo invitó a tomar

té con leche pero el tigre

entendió mal y le sacó

todas las plumas.

Nos gustó porque

Pedrito dice muchas

frases graciosas como “la pata Pedrito” Y “buen día Pedrito”. Edad recomendada: 7 a 10

años.

Por Constantino Guagnini, Julián

Álvarez y Manuel Sande.

“Había una vez una

bandada de loros que vivía en el

monte. De mañana temprano iban

a comer choclos a la chacra y de

tarde comían naranjas. Hacían

gran barullo con sus gritos, y tenían

siempre un loro centinela en los

árboles más altos, para ver si venía

alguien”. El cuento se trata de un

loro y un tigre y así empieza el

cuento, como acabamos de

mostrar al principio al loro lo cazan, pero con suerte no murió y se lo llevaron y se

encariño. El autor es Horacio Silvestre Quiroga Forteza y los personajes que inventó son:

Pedrito el loro, el tigre, el peón, el patrón y los hijos del patrón.

El cuento aparece en el Río Paraná. Es bueno y es recomendado para 7 años.

Por Jano Otero y Juan Ignacio Navarro Vinante.

30


Lo que imaginamos

Cuando el loro y el hombre llegaron a la casa después de haber matado al tigre,

le contaron la historia a Enzo y Laura, los hijos del hombre. Laura se puso muy contenta

porque se habían vengado del animal que había lastimado a su amado loro. Enzo, en

cambio, se puso muy triste al enterarse de que su papá había matado a un animal. A la

noche, en su cuarto, hermano y hermana discutieron sobre esto.

- ¡Eh Laura! ¿Podemos hablar del

tema de la venganza de Pedrito al tigre?

- preguntó Enzo.

- Sí, Enzo - respondió Laura.

- ¿Para vos, estuvieron bien en

vengarse? - preguntó Enzo.

-Sí. Porque a Pedrito le sacó las

plumas de la cola - dijo Laura.

- Para mí no, porque no me gusta

matar animales - dijo Enzo.

- Pero si le hizo algo muy malo a

nuestro lorito - exclamó Laura.

- ¡Ya sé! Pero no me gusta matar

animales - repitió Enzo.

- Pero Pedrito no quería quedarse

con las ganas de vengarse - dijo Laura.

- Bueno… mañana seguimos

hablando - dijo Enzo.

- ¡Perfecto! - respondió Laura.

- Bueno… vamos a dormir - dijo

Enzo.

-De acuerdo - terminó Laura.

- Esto es muy feo - dijo Enzo.

- Pero vengamos a nuestro

querido loro - respondió Laura.

- Pero no puedo creer que

nuestro padre haya matado a un pobre

animal.

- ¡Pero es un tigre carnívoro! -

gritó Laura.

- Pero es un ser vivo como

nosotros.

- No puedo creer que pienses

como ellos - murmuró Enzo.

- No puedo creer que ames más a

ese tigre que a nuestro loro.

- No es que lo amo, es que no

quería que lo maten.

- No puedo estar con alguien que

ame más a un sucio tigre que a mi loro.

Chau.

Por Tomás Anitúa Monclus y

Constantino Guagnini.

Por Tiziana Orellana Rebai y Juan

Pablo Kennard.

- Hola Enzo ¿Cómo estás? - dijo

Laura.

- Yo estoy triste - respondió Enzo.

- ¿Por qué?

- Porque nuestro papá mató a un

animal.

- ¡Pero si el tigre casi mata a

Pedrito! ¡Se lo merecía! Chau me voy.

Por Vicente Sosa Martínez y

Paulina Narváez.

- ¿Por qué querían vengarse? -

Preguntó Enzo.

- Porque peló al loro - respondió

Laura.

- Pero lo peló, no lo mató.

- Pero eso hizo que Pedrito no

apareciera por 1 mes.

- Había que dejarlo descansar y

había dejado de tomar té con leche.

Por Máximo Pelayes y Nina

Platini Torres.

31


La guerra de los yacarés

Lo que entendimos

“El oficial gritó:

-¡Eh yacarés!

-¡Qué hay! - respondieron estos.

- ¿No sacan el dique?

- No.

- ¿No?

- ¡No!

- Está bien - dijo el oficial - entonces lo vamos a echar a

pique a cañonazos.

- ¡Echen! - contestaron los yacarés.”

En la guerra de los yacarés hay muchos personajes por ejemplo: yacarés, marineros,

el oficial, surubí y el yacaré sabio. El cuento comienza así: en un río muy grande, en un país

desierto donde nunca había estado un hombre, vivían muchos Yacarés. Eran como cien, o

más de mil. Comían pescados, bichos que iban a tomar agua al río, pero sobre todo,

pescados. Dormían la siesta en la arena de la orilla, y a veces, jugaban sobre el agua cuando

había noches de luna, todos vivían muy tranquilos y contentos. Pero una tarde, mientras

dormían la siesta, un yacaré se despertó de golpe y levantó la cabeza porque creía haber

sentido un ruido, así que preparó oídos y escuchó de lejos un sonido sordón y profundo. El

cuento para nosotras es muy interesante, muy intenso y divertidos los diálogos, pero lo

recomendamos para mayores de 8 años.

Por Florencia García Lesci, Vera Anzoategui Larrandart y Violeta Riveyro

“La guerra de los yacarés” es un

cuento de guerra porque un día pasó

un buque cerca de los yacarés y

espantó a todos los peces. Los yacarés

crearon un dique pero… no aguantó.

Luego hicieron otro más duro pero…

no aguantó, luego los yacarés fueron a

buscar al surubí para que les diera su

arma. Este cuento se encuentra en

“Cuentos de la Selva”. Nosotros lo

recomendamos para gente de 8 años

en adelante.

Es un buen cuento para: Mateo Pairetti y Luca Gamas de Maio

Lo que imaginamos

32


Mientras el viejo Yacaré fue a buscar al Surubí, otros yacarés, que desconfiaban

de él, decidieron ir a buscar ayuda en otro lado. Eligieron nadar hasta otros cuentos del

libro y pedirles a los personajes de esos cuentos que los acompañaran en su guerra.

Los yacarés se fueron al cuento del loro pelado. Cuando llegaron se encontraron

con el patrón y le pidieron ayuda.

- Hola, soy el patrón. ¿En qué los ayudo? - Respondió el patrón.

- Bueno, entonces un buque de guerra está espantando a los pescados y si no se va

nos vamos a morir de hambre - dijeron los yacarés.

-Bueno, los ayudo pero voy a ir a buscar a Pedrito mi loro y a un tigre.

- Ok, nos vemos en Las medias de los flamencos, chau.

Cuando llegaron al otro cuento se encontraron con los flamencos y les dijeron:

- Hola, ¿Nos pueden ayudar?- Los yacarés preguntaron.

- Hola, ya llegamos - gritó el patrón.

- ¡Hola patrón! - exclamaron los yacarés

- Hola, ¿Necesitan algo? - preguntaron los flamencos

- Oh, hola un buque de guerra espanta a los pescados y nos morimos de hambre,

¿Nos ayudan? - dijeron los yacarés.

- Ok, los ayudamos pero antes vamos a ir a buscar a las víboras de coral - respondieron

los flamencos.

Cuando todos se reunieron, fueron a La guerra de los yacarés y ahí estaba el buque

de guerra. El patrón con su escopeta, Pedrito los distraía, los flamencos con Pedrito y las

víboras los mordían. El buque se hundía cada vez más y todos festejaron porque se habían

vengado del buque de guerra entonces siempre cuando viene un buque ya saben a

quiénes llamar y a qué cuentos ir. Desde ese día son mejores amigos.

Por Agustina Moretti Zucchi.

-Este surubí no nos va a contestar. Yo me voy a buscar al tigre - dijo Bruno.

33


- ¿Queeeeeee? Es muy peligroso caminar hasta otro cuento. No nos permiten eso -

dijo Benja.

- Yo voy a ir, no sé vos. Además, si nadie nos ve. Prefiero vivir que quedarme acá

como un tonto muerto de hambre.

Y así como Bruno dijo, lo hizo. Cada vez la cueva estaba más oscura y más y más.

- Bueno, esperame. ¡Ahí voy! - dijo Benja cuando vio que su amigo se desvanecía

entre las páginas.

- ¡¡Ey Tigre!!

- ¿Qué les pasa? ¡Estoy durmiendo, molestos!

- Necesitamos que vengas a nuestro cuento.

- ¿Para?

- Hay un buque que viene todos los días y los peces hace un tiempo se asustaron y

no vuelven y nosotros ya no sabemos qué hacer.

- Ok, los voy a ayudar, pero con una condición.

-¿Qué?

-Después les digo. ¡Vamos!

Cuando el tigre, Benja y Bruno llegaron, había yacarés dormidos, con frío, con

hambre y con sed. Después de unas horas llegó el buque y esta vez les preguntaron:

- ¡Hey, Yacarés!

- ¿Qué pasa?

- ¿Y? ¿Nos dejan pasar sin hacer nada?

- Sí.

- ¿Por qué?

- Porque no creo que quieran pasar ya que tenemos a nuestro amigo el tigre.

-Hammm… Nos están llamando, así que… bueno… nos vamos y ya no vamos a

volver. ¡Adiós! Jejeje…-

Y así pasaban los días y el buque no volvía. Lo que sí volvió era la comida, o sea, los

peces y los bichos. Comieron como nunca antes y durmieron mucho y ahora son felices

para siempre.

Por Diamante Dorr.

34


Los yacarés fueron nadando hasta la casa del patrón, Pedrito y el tigre y les

pidieron ayuda a sus viejos amigos.

- Hola - dijo el yacaré.

- ¿Quién es? - respondió el patrón.

- Somos los yacarés - dijeron.

- Mis viejos amigos, ¿en qué los puedo ayudar?

- Hay un buque de guerra que está pasando y espanta a los pescados y nos

moriremos de hambre - dijeron.

- Sí, claro - respondió.

Los yacarés se fueron de vuelta con el patrón, Pedrito y el tigre. Cuando volvieron

se dieron cuenta de que no habían convencido al Surubí.

El patrón y el tigre les aconsejaron construir el dique otra vez con troncos gruesos y

madera dura con su ayuda, tal vez terminaban antes de que pase el buque de guerra.

Mientras comían, Pedrito les mostró el plan y se fueron a dormir. A la mañana apareció el

buque de guerra y le pidieron irse tranquilamente pero no funcionó.

Entonces empezó el plan B, que era la distracción de Pedrito, que después el tigre

salte, se meta y amenace al General con matarlo y comérselo.

El General se fue y nunca volvió y los yacarés desarmaron el dique con la escopeta

del Patrón.

Los yacarés llevaron al tigre, al Patrón y a Pedrito. Luego se despidieron y le

agradeció. Les dijeron que si necesitaban algo le avisaran.

Por Martina Lamounan.

Los yacarés fueron a buscar al patrón, al peón y al tigre. Cuando los yacarés

buscaron a los personajes fueron a la orilla del río. Los yacarés y los personajes hicieron un

dique altísimo, enorme y con fuerza. Cuando llegó el buque de guerra el oficial gritó:

- ¿Sacan el dique?

- No - dijo el yacaré.

- Ah, miren - dijo el oficial - ¿Personajes nuevos, no?

- Sí - dijo el yacaré.

- Bueno, si no sacan el dique lo sacamos nosotros – dijo el oficial.

- ¿A qué, a balas? ¿Como la última vez que tardaron mucho? – dijo el yacaré.

- No, a misilazos - gritó el oficial - ¡Lancen los misiles! ¡En tres, dos, uno,

Fuegoooooo!

Cuando el acorazado lanzó misiles todos los palos del dique explotaron. El patrón,

el peón y el tigre ayudaban a los yacarés que se iban muriendo. Hasta que no quedó

ningún yacaré ni los personajes, todos murieron. Los oficiales ganaron.

Por Daniel Barbi Di Giorgio.

35


La abeja haragana

Lo que entendimos

El autor es Horacio Quiroga, los

personajes son la abeja haragana, las abejas

guardianas, la culebra y las otras abejas. El

cuento comienza así: había una vez una

abeja que era haragana, que le sacaba la

comida a sus hermanas que trabajaban y las

hermanas empezaron a disgustar de su

hermana haragana hasta que en un

momento le empezaron a decirle que

trabaje, pero ella era tan haragana que no

hizo nada. Cuando la abeja quiso entrar la

echaron y se cayó dentro de un hueco del

árbol, ahí había una culebra que se la quería

comer a la abeja y la culebra le dijo:

“-Si me ganas en un reto no te como y te

dejo quedarte acá toda la noche, pero si

pierdes te como.

-Acepto- respondió la abeja”

El cuento sucedió en el Río Paraná.

Para nosotros tendrían que leerlo los chicos de 4 años para arriba. A nosotros nos gustó

mucho el cuento porque es muy entretenido.

Por Paulina Narváez, Benito Cirilli y Federico Conde.

Esta historia maravillosa a

nosotros nos pareció interesante.

La historia de una abeja que era

muy holgazana. A esta abeja no le

gustaba trabajar entonces ella en

vez de con el polen hacer miel se lo

tomaba todo hasta que un día las

abejas que custodiaban la entrada

le advirtieron una vez, después otra

vez y a la tercera la echaron y la

abeja se las tuvo que arreglar en la

selva. Este cuento lo

recomendamos a partir de 8 y 9

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años, tercer grado. Este cuento de Horacio Quiroga y aparece en “Cuentos de la Selva”.

Este cuento a nosotros nos gustó porque una abeja haragana es un tanto graciosa.

Por Matteo Buonanotte, Agustina Moretti Zucchi y Nina Platini Torres

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Lo que imaginamos

En otra versión del cuento, que finalmente Quiroga decidió no publicar, la abeja

no reaccionó del mismo modo al ser expulsada de la colmena. En vez de huir a intentar

sobrevivir en la selva, la abeja decidió llamar a unas amigas del canal “Miel TV” y a unos

primos del diario “Periodismo y aguijones”. Cuando llegaron, le hicieron una entrevista a

la abeja, quien se quejó por lo sucedido y acusó a las abejas guardianas de asesinas

porque, según ella, la estaban condenando a muerte expulsándola de la colmena.

-Me quejo porque cuando me expulsaron me condenaron a muerte, también me

trataban mal y me decían que tenía que trabajar más pero no todas las abejas trabajan. Yo

no trabajo más y que no me condenen más a muerte - dijo la abeja haragana.

-Abeja haragana, ¿Por qué decís que te trataban mal? – preguntó el periodista.

-Porque yo trabajaba bien y me expulsaron porque decían que trabajaba mal.

-¿Y eso es verdad? ¡No me mienta!

-¡De verdad le digo que no es mentira! ¡Y si no me creés andate y no me creas!

Por Lautaro Cellerino.

- Bienvenido a “Miel TV “- dijo el periodista.

- Soy una nena, no un varón – dijo la abeja.

- Lo siento, ¿Está de acuerdo con el gobierno colmena?

- ¿Qué se cree? ¡¡Soy científica, no presidente!!

- Cálmese señora, esto es TV.

- Así termina, corten, renuncio.

- ¡¡Esto no es su trabajo, no puede decir corten!!

- ¡¡Sí puedo!!

- ¡¡No puede!!

- ¡¡Sí puedo!!

- ¡¡Sólo el director!!

- ¡¿Quién es?!

- ¡¡Yo!!

- ¡¡Usted no es, soy yo!!

- Ok es usted, lo siento.

- Ok.

- Usted gana.

- Ahora ¡¡Fuera de aquí!!

- Usted no manda.

- Sí te puedo mandar.

- No puede.

- Ok – la abeja se fue tranquila a su laboratorio.

Por Nina Platini Torres.

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-Señora abeja ¿Por qué la echaron? - preguntaron Gerardo y Guillermo, las abejas

periodistas.

-¡¡¡¡¡¡Porque dicen que tengo que trabajar!!!!! - exclamó la abeja - me condenaron

a muerte.

- ¿Quién la echó? - Preguntaron las abejas, impresionadas.

-Las abejas guardianas. - cuando dijo las palabras “abejas guardianas” hizo una

mueca de asco – Tengo derecho a no trabajar.

- ¿Quiere decirnos cómo eran las abejas guardianas? - dijeron los periodistas.

-Por supuesto que sí -respondió la abeja– eran malas, robustas y viejas, muy viejas.

-Y así termina “Miel TV”- dijeron las abejas de “Miel TV”.

Por Juan Ignacio Navarro.

La abeja haragana, las amigas y los primos se sentaron en una roca cada uno y las

amigas empezaron a pensar qué preguntar y de repente una saltó y dijo:

- ¡¡Ya sé! ¿Qué sentiste cuando te echaron de la colmena?

- Sentí mucho enojo porque yo también soy una abeja y me tienen que dejar entrar

- dijo la abeja.

- Perdón que diga esto pero no tenés razón - respondió Lili, una de las amigas.

Un periodista se unió a la charla y dijo:

- Yo estoy con Lili.

La abeja haragana había pensado que sí la iban a ayudar y se puso muy, muy, muy,

muy furiosa.

- ¡No puede ser! ¿Todos son tontos acá o qué? - gritó la abeja muy furiosa.

- Bueno, bueno, nos relajamos un poco, haragana - respondió Lili.

La abeja se enojó tanto, tanto que los echó a todos, pero después de 5 horas de

pensar y pensar se dio cuenta de que ellos son sus amigos y tenían razón. Además así no

se trata a los amigos. Ella, al final, aprendió su lección.

Y colorín colorado este cuento ha terminado.

Por Vera Anzoategui Larrandart.

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El paso del Yabebirí

Lo que entendimos

“El paso del Yabebirí” es un

cuento que escribió Horacio Silvestre

Quiroga Forteza. Cierta vez en el

Yabebirí vivía un hombre muy bueno, un

día se peleó con un tigre y generaron

una gran pelea donde estaban

involucrados las rayas, otros tigres, los

dorados y el carpinchito. El cuento

aparece en “Cuentos de la Selva”.

Edad recomendada: más de 6

años. El cuento es muy bueno porque

hay una pelea muy empatada y que

dura mucho tiempo.

Por Daniel Barbi Di Giorgio,

Luciano Pavesi y Juan Pablo Kennard.

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El paso del Yabebirí, Horacio

Quiroga.

Los personajes son: los

tigres, las rayas, el hombre, el

zorro, el carpincho, y los dorados.

En el inicio del cuento el

zorro corriendo les dijo a las rayas

que el hombre que las quería

estaba herido por el ataque de un

tigre. Cuando el tigre se acercaba,

las rayas enseguida decidieron

ayudar al hombre que las quería.

Las rayas le dijeron que no podía

pasar y eso comenzó la guerra.

El cuento aparece en

“Cuentos de la Selva”. Lo

recomendamos de 8 años para

arriba. El cuento es no tan violento.

A los chicos les puede gustar.

Por Joaquín Espiñeira, Lautaro Cellerino y Alexander López Figueroa.


Lo que imaginamos

A veces nos pasa que tenemos peleas muy intensas y que duran mucho tiempo.

Duran tanto tiempo que nos olvidamos por qué estábamos peleando. Sabemos que la

pelea del tigre con el hombre fue feroz. Pero ¿Sabemos por qué se pelearon?

Una vez en Misiones, estaba un tigre sentado a la sombra de un árbol, cuando de

repente, vio venir por la colina a un hombre. Resulta que tiempo atrás, hubo un cazador

de tigres que pasó por esos lugares y disparó contra la familia del Tigre. Cuando el Tigre

vio al Hombre, lo confundió con el cazador, y se acercó al hombre para preguntarle.

- ¿Cómo te llamas? - preguntó el tigre.

- Alex - respondió el hombre.

- Yo me llamo Manuel - dijo el tigre.

- ¡¡¡Vos sos el cazador que mató a toda mi familia!!!! - dijo el tigre.

- ¡No, no, me debes estar confundiendo! - dijo el hombre.

- Esta vez, no dejaré que me mates ¡Ni a mí, ni a mis amigos! - dijo El Tigre.

Y en ese instante, el tigre se abalanzó sobre el hombre y comenzaron a luchar. Tan

fuerte lucharon, que ambos estaban malheridos. Por un instante pararon de luchar, y fue

el momento que el hombre aprovechó para salir corriendo de las garras del Tigre.

Por Manuel Sande y Florencia García Lesci.

Un día un tigre y un hombre fueron a un concurso, y la señora preguntó “¿Quién

tiene más éxito de los dos?” El hombre respondió “yo” y el tigre dijo “no, yo” y la señora

dijo “entonces voy a elegir yo: es el hombre”. Después el tigre volvió a su cueva enfadado

y la tigra le preguntó: “¿Qué te pasó?” “El hombre me gano con mucho éxito”. Unos días

después se encontró con el hombre y le dijo me “ganaste por hombre, no es justo ¡Me

vengaré!”.

Por Luciano Pavesi y Martina Lamounan

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El hombre iba a cazar disfrazado de tigre porque pensaba que el tigre no se iba a

dar cuenta. Entonces, el tigre se dio cuenta y pensó que iba a matar a su tigra y el tigre

reaccionó pegándole varias patadas y el hombre se defendió pegándole un lanzazo en la

panza y salió rengueando para la isla de las rayas.

Por Julián Álvarez y Federico Conde.

Hace mucho tiempo un hombre y un tigre se conocieron en una selva. El hombre

era muy rico, el tigre era muy carenciado. Por eso, el tigre le tenía mucha envidia, tanta

que fue así que el hombre y el tigre se pelearon. Resulta ser que el tigre le tenía mucha

envidia por el hombre porque el hombre lo estaba burlando diciendo:

- ¡¡¡¡Ay mírenme soy millonario y ustedes no jajaja!!!!

Por eso el tigre se enojó y así empezó un lío tremendo. Entonces se empezaron a

pelear, el tigre lo mordió profundo, el hombre se rindió y el tigre lo siguió mordiendo. El

hombre se fue corriendo con las rayas, el tigre lo siguió, se puso a luchar contra las rayas,

peces, y muchos tipos de peces más hasta que en un momento una raya lo picó al tigre.

Las rayas estaban desesperadas por defender a su querido hombre que las había

protegido. El tigre se fue corriendo con un dolor en el pie tremendo.

Por Benito Cirilli y Juan Pablo Kennard

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Los otros cuentos

“Allí donde duele, río; allí donde duele, canto;

allí donde bifurca la línea el quiromante

salto a la otra orilla para no caer.

Allí donde duele, espero; allí donde duele, sueño

que los pequeños mundos con sus pequeñas sangres

traen los otros cuentos que me van a hacer feliz.”

Jorge Fandermole.

Cuando Horacio Quiroga terminó de escribir “Cuentos de la Selva”, se dedicó a

recorrer distintos lugares para venderlo. En uno de sus viajes, se le cayeron algunos

libros al Río Paraná. Entre el agua, los vientos y algunas rayas y flamencos que andaban

dando vueltas por ahí revolvieron todo lo que había dentro de los libros. Así, se

mezclaron personajes, situaciones y lugares.

Hasta la próxima guerra

Por Violeta Riveyro y Mateo Pairetti.

Después de la guerra de los yacarés, la lechuza fue al cuento “La guerra de los

yacarés” a hacerles una propuesta a los marineros que quedaron vivos: destruir al surubí

y en otros tiempos a los flamencos. Los marineros aceptaron pero el surubí, tan astuto

como siempre, escuchó todo y creó un plan para salvarse a sí mismo y para castigar a la

lechuza y a los marineros.

La lechuza y los marineros partieron en camino al buque. Cuando se dieron cuenta

de que el surubí los estaba siguiendo lo atraparon y lo dejaron en el buque. La lechuza le

dijo a los a los marineros que tenía una cueva en el cuento “Las medias de los flamencos”

así que fueron hacia allá. El viaje fue muy largo pero cuando llegaron a la cueva todo

mejoró. El plan iba perfecto, el surubí estaba atrapado y los flamencos iban a ser

destruidos.

El surubí logró escapar y atacó a los marineros con sus filosos dientes mortales,

pero la lechuza voló hacia la orilla y el surubí no tuvo otra opción que saltar hacia el agua

y así comenzó una nueva guerra entre la lechuza y el surubí. Obvio que el surubí ganó y

les dio su merecido a la lechuza y a los marineros. Luego de eso nadie más lo molesto así

que vivió tranquilo y feliz para siempre.

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La guerra animal

Por Joaquín Espiñeira y Luca Gamas de Maio.

Un día en la costa de Hawai en 1978, un tigre tenía hambre y en su casa no había

comida. Descubrió que el patrón, que era su enemigo, tenía hijos cuya casa estaba cerca.

Vio al yacaré viejo en el patio de atrás de la casa del patrón. Sabía que si entraba por el

garaje lo iban a descubrir, si entraba por el patio de atrás, el yacaré viejo lo iba a morder.

Así que entró por el patio de adelante, pero el yacaré viejo estaba con los hijos del patrón

y pronto la hija del patrón vio al tigre. Y se acordó que el patrón le dijo “cualquier cosa

mala, la escopeta está en el garaje” pero cuando agarró la escopeta, el yacaré viejo ya le

había comido una pata al tigre. La hija le disparó al tigre en la cabeza y la hija lo envolvió

en un papel de regalo para luego dárselo a su papá. El tigre no sabía el castigo que iba a

recibir.

El fracaso de la boda

Por Vicente Sosa Martínez y Federico Conde.

Había una vez una manada de dorados que se fueron de viaje a París y uno de

ellos encontró el amor de su vida que era una abeja muy haragana como él. Vivieron

mucho tiempo juntos, hasta que el dorado le propuso a la abeja casarse y la abeja le dijo

que sí. Se emocionaron mucho y empezaron a organizar la boda, hicieron la lista de los

invitados y entre ellos estaban los otros dorados, el papá de la abeja haragana, el oficial.

Hasta que llegó el día de la boda, estaban muy contentos. La abeja estaba

contenta porque tenía su vestido favorito que le había hecho su papá y el dorado estaba

contento porque había comprado unas alianzas hermosas en una joyería. Cuando

llegaron a la boda, al dorado se le cayeron las alianzas por una alcantarilla y no se dio

cuenta; estaban todos los invitados, llegó el momento de darse las alianzas y el dorado no

las encontraba. Las buscaron mucho tiempo, hasta que un dorado fue al auto a buscarlas

y no estaban. Cuando salió vio algo brillante dentro de la alcantarilla y llamó a todos

menos a la abeja y al dorado que se iban a casar. Hicieron fuerza para sacar la alcantarilla

y meterse. Cuando lograron sacar la tapa todos se metieron adentro, vieron los anillos

flotando por el agua sucia que se había metido ahí, agarraron las alianzas nadando para

afuera y darles los anillos al dorado y a la abeja. Se casaron y vivieron felices para

siempre.

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La trampa de la culebra

Por Paulina Narváez y Jano Otero.

El hombre (de “El paso del Yabebirí”), la culebra (de “La abeja haragana”) y un

flamenco (de “Las medias de los flamencos”), emprendieron viaje. Luego de caer de la

cascada de un río, pensaban que estaban mal de la vista, pero no. Lo que pasó fue que

habían llegado a Uruguay. Muertos de miedo y sorprendidos, los capturaron y después de

un rato empezaron a pensar un plan para escaparse. De repente a la culebra se le ocurrió

una idea: ella quería construir un arma para matar a las personas que los habían

capturado.

- Pero culebra, no tenemos balas - dijo el hombre.

- Si, tenemos - respondió la culebra.

- ¡¿Entonces qué esperamos?! - interrumpió el flamenco. Pasó un largo tiempo y

terminaron.

- ¡Dame las balas! - gritó el hombre.

- Acá las tenés - y se las entregó.

- ¡Culebra, las balas son de cartón!

- Jijiji-.

- Basta de trampa, danos las balas verdaderas - se metió el flamenco.

- Okey, tomen - y la culebra se las entregó - Yo disparo que tengo re buena

puntería

Ella quería matar al flamenco y cuando iba a disparar le apuntó al flamenco y lo

mató.

-¡¡¡¡¡Nooooooo!!!!!- gritó el hombre.

- Jajajaaja, también adiós para vos - y mató al hombre. Feliz y vengada siguió su

vida sin arrepentirse porque ellos habían matado a su padre.

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