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Revista Hegemonía. Año II Nº. 15

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 41-2008 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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. 15 AÑO II | MAYO DE 2019

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HEGEMONIA

22

CONTENIDO EXCLUSIVO

El “evitismo”

y tu nombre

como bandera a

la victoria

6

HISTORIA + GEOGRAFÍA

= GEOPOLÍTICA

¿Quiere y no

puede

o puede y

no quiere?

30

ANÁLISIS

La necesidad de

una Comunidad

Organizada

34

PALABRAS DESDE

EL ÉTER

El “neoprogresismo

de derecha”


EDITORIAL

Cent’anni

Hemos vivido para celebrar

el centenario del nacimiento

de un auténtico

prócer de la patria. Junto

a Perón, su marido, compañero

y amigo, Evita irrumpe

en la política argentina para

cambiar radicalmente la matriz

ideológica de un país y para

transformarlo en nación. Esto

es lo que sostenemos: la importancia

de Evita en la historia

argentina es la de una bisagra.

Una vez aparecida en el escenario

en sociedad con Perón, Evita

marcó un punto de inflexión

para pueblo que hasta entonces

no había sido pueblo-nación y

había estado en la condición de

rehén de una oligarquía cuyo

proyecto fue, es y siempre será

el proyecto de una factoría.

Parece complicado, pero es lo

más sencillo que hay. Existe una

Argentina antes y una Argentina

después de Perón y Evita, sin

que nada de eso sea retórico. La

irrupción del par en la política

de nuestro país transformó una

estructura de explotación de las

riquezas naturales en beneficio

de unas pocas familias en otra

muy distinta. A partir del peronismo

entraron a participar del

reparto las mayorías populares,

que antes habían estado mar-

4 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


ginadas y directamente ignoradas

por los dueños de todo.

No existía un país, no había

un pueblo. Lo que había antes

de Perón y Evita era una gran

estancia sobre la que vagaban

millones de individuos dispersos

y sin conciencia de su lugar

como grupo en la historia. La

obra del peronismo es inmensa,

pero puede resumirse en que

logró agrupar y organizar lo que

antes era estaba difuminado y

era amorfo.

Entonces lo que celebramos

en el centenario de nacimiento

del nacimiento de María Eva

Duarte, que es de Perón por

convicción amorosa y pertenencia

ideológica, es el nacimiento

de uno de los próceres que

vendrían a fundar un país de

hecho y de derecho. Es por eso

que insistimos (y el atento lector

lo verá en todo el contenido de

esta 15ª. edición de nuestra

Revista Hegemonía) en mantener

la asociación necesaria en

Perón y Evita, insistimos en que

no se puede hablar del uno sin

hablar de la otra y viceversa. Allí

donde aparece el nombre de Eva

en la historia, aparece necesariamente

el de Juan Domingo,

pese a ciertas operaciones de

sentido orientadas a “desperonizar”

a la mujer cuyo centenario

hoy conmemoramos. Esas

operaciones parten siempre de

los que pretenden derrotar al

peronismo como instrumento

político de los pueblos, esto es,

de los que no quieren una comunidad

organizada que impida la

libre explotación de las riquezas

del territorio argentino por parte

de un puñado de familias oligárquicas

al servicio del capitalismo

apátrida. En una palabra, la

maniobra es una jugada de los

gorilas y desde este lugar la vamos

a denunciar una y otra vez.

Pero la maniobra es a veces

sutil y no viene presentado como

una diatriba gorila y frontal

contra el peronismo. A veces,

como veremos, el enemigo de

los pueblos opta por penetrar en

el movimiento político y desde

allí lanzar sus operaciones de

sentido para vaciarlo. Una de

esas operaciones es el llamado

“evitismo”, que consiste en

disociar las imágenes de Evita

y Perón y presentar la primera

como una negación del segundo.

El “evitismo” es presentar a

Evita como un fenómeno aislado

y como el factor de contención

contra el peronismo fascista de

un “milico”. En otras palabras,

una apropiación de la representación

como método para negar

lo representado.

Esto es lo que el atento lector

verá en las páginas de esta 15ª.

edición de la Revista Hegemonía,

que vuelve a aparecer con

frecuencia perfecta desde su

lanzamiento en marzo de 2018 y

contra viento y marea. Veremos

mucha doctrina y buena cantidad

de fundamentación teórica

de lo nacional-popular en su

continuidad histórica. Porque

si tenemos en claro que “San

Martín, Rosas, Perón, Evita,

Néstor y Cristina” no es una

simple consigna, sino precisamente

una línea histórica que

une las coyunturas en las que el

proyecto nacional-popular se expresón

triunfando en la política,

no vamos a estar sujetos a las

operaciones de sentido de los

gorilas que pretenden romper la

conciencia de esa línea histórica

para cortarla de cuajo.

En una escena memorable de

la segunda parte del El Padrino,

la esposa sajona de Fredo Corleone

se admira por el brindis

familiar. Al brindar, los Corleone

reunidos en la mesa exclaman

“Cent’anni”, expresión italiana

que Deanna no comprende.

Entonces Fredo le explica a su

mujer que se trata de una expresión

de deseo, un brindis, justamente,

“para que vivamos todos

juntos y felices por cien años”.

Y así, a lo siciliano, elegimos

brindar hoy por el centenario de

Evita, porque gracias a ella los

argentinos tenemos la perspectiva

de vivir todos unidos y

en felicidad plena por un siglo,

siempre y cuando triunfe en el

pueblo la doctrina de Perón, que

es la de Evita y es la de la patria

comprendida como pueblo-nación

organizado en la defensa

de sus intereses. Por ese triunfo

luchamos y creemos que llegaremos

a tiempo.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


HISTORIA + GEOGRAFÍA = GEOPOLÍTICA

¿Quiere y no puede o

puede y no quiere?

ERICO

VALADARES

En su edición del 1º. de

mayo, el Diario Clarín publicaba

una nota en su versión

digital que desorientó muchísimo

a sus ya bastante

desorientados lectores. Para

dar cuenta de la “estrategia

de Trump” en Venezuela, Paula

Lugones se despachaba con

Un Estados Unidos impotente

y sin Plan B para Venezuela, un

artículo que no fue muy bien recibido

por el público habituado

a consumir las operaciones que

Clarín publica a diario disimuladas

en “noticias” y notas de

“opinión”. El revuelo fue tanto

que los administradores del sitio

web de ese medio de difusión

dominante tuvieron que salir a

moderar comentarios, cosa que

raramente ocurre en esos cuarteles.

Frente a la evidencia ululante,

Clarín optó por romper el

contrato tácito con sus lectores

y presentar un texto en flagrante

contradicción con todo lo que

los medios del Grupo Clarín en

general vienen diciendo acerca

de Venezuela en los últimos me-

6 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


ses y años, lo que en sí no deja

de ser extraordinario.

En su polémico artículo, Paula

Lugones habla de la primera

y única superpotencia a nivel

mundial como un país “impotente”,

sin un plan B y con una

estrategia que ha fracasado,

resultando en la parálisis del gobierno

de Trump frente al problema

que supone el qué hacer con

Venezuela. De allí en más, amén

de presentar a Nicolás Maduro

como un presidente cuyo poder

se está consolidando y que tiene

la lealtad de sus fuerzas armadas,

toda la nota es un dardo

envenenado al corazón del

lector de Clarín, pobre. Todo eso

en poco más de 700 palabras —

cantidad por encima del promedio

que suelen consumir incluso

los lectores más iluminados de

Clarín— que cayeron como una

bomba sobre las expectativas

del lector clarinista, tanto en lo

que respecta a Venezuela como

en lo que respecta al diario en sí

mismo.

¿Por qué? Porque existe un

contrato entre el medio y el

lector, el oyente o el telespectador.

Ese es un contrato tácito

que asegura la fidelidad del

consumidor y por el que éste se

“habitúa” a informarse siempre

7 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


con las mismas fuentes, donde

el “hábito” viene dado por una

coherencia interna en el relato

sobre cada uno de los temas

informados y entre todos los

temas en un sistema ideológico.

Así, el lector del Diario Clarín,

acostumbrado durante meses

y años a “enterarse” en esas

páginas de que Venezuela es

poco menos que el infierno en

la tierra y además de que, por

lo tanto, la intervención militar

de los Estados Unidos sobre ese

país es siempre inminente, no

puede encontrarse un buen día

con que eso no es así. Ahí debe

haber una coherencia interna

del relato particular sobre Venezuela

y una coherencia de ese

relato con otros, por ejemplo, el

relato antiperonista y antikirchnerista.

Para formar el sistema

ideológico general del cipayo

gorila, que es la cosmovisión

del lector de Clarín, Venezuela,

peronismo, kirchnerismo, Boudou

y afines están íntimamente

relacionados entre sí y entran

todos en la categoría binaria de

“malos”. Y entonces todo relato

sobre ellos debe ser coherente,

se los presenta siempre haciendo

maldad, siendo ruines,

corruptos, decadentes y estando

para el cachetazo, para el traje

a rayas o ambos.

Por otra parte, en la categoría

binaria opuesta de los “buenos”

van a estar lógicamente los

Estados Unidos y el imperialismo

occidental en general, sus

La periodista Paula Lugones, experta en la política norteamericana y autora de ‘Un

Estados Unidos impotente y sin Plan B’, con la que Clarín rompió el contrato tácito

con su lector al no brindar el sesgo de confirmación sobre el asunto Venezuela.

caras visibles y los que trabajan

para ellos sin declararlo abiertamente,

como los jueces y fiscales

que en Argentina reciben

instrucciones en la embajada

yanqui para imputar, procesar y

encarcelar a los “malos”. Es un

asunto de doctrina de Hollywood

a todas luces, donde el mundo

se divide entre los bad guys y los

good guys sin que exista ningún

gris. Esa es la parte de la coherencia

entre temas que muchas

veces no está escrita, pero

es comprendida por el lector,

oyente o telespectador a fuerza

de repetición sistemática. Por

parte de los que analizamos los

resortes del sistema, la relación

entre Cristina Fernández

o Amado Boudou y los Estados

Unidos está clara: estos últimos

persiguen a los primeros

mediante el llamado “lawfare”

para sacarlos del juego político

y asegurarse de que en Argentina

solo gobiernen aquellos que

estén dispuestos a hacerle la

venia a la bandera de las barras

y las estrellas. Para el lector

de Clarín, no obstante, que no

ve esos resortes o apenas los

intuye, la relación se establece a

fuerza de repetición.

Y la repetición se da en la

coherencia del relato. Amado

Boudou nunca aparece en las

páginas de Diario Clarín si no

es como un corrupto, un mentiroso

y uno que siempre está

“complicado” y cada vez más

con la Justicia, esto es, como

un “malo” o un bad guy. Por lo

tanto, Boudou solo puede ser

enemigo de los Estados Unidos,

puesto que este país siempre

aparece garantizando la libertad

y la estabilidad del mundo, cosa

que se logra castigando a los

“malos” e impidiendo que impongan

sus tiranías orientadas

a hacer el mal. Y si el castigo a

Boudou es impartido por jueces

y fiscales, entonces estos caen

8 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


Guillermo Moreno, con la campaña ‘Clarín Miente’, orientada a instalar en el debate el sesgo de los medios en general.

en la categoría de los “buenos”

o good guys, donde ya están los

Estados Unidos y Occidente en

general (los famosos “países

serios”). La relación entre los

Estados Unidos, los jueces y los

fiscales que comen en la embajada

de ese país y Boudou existe

y la vemos tanto nosotros como

los lectores de Clarín, aunque

estos últimos la conocen empíricamente

o por repetición, como

veíamos.

Es por eso que si mañana

quedara demostrado que Boudou

es inocente de lo que se le

acusa, Clarín no podría presentar

el hecho en forma de noticia,

porque eso sería romper el contrato

con el lector. De hecho, es

notorio el ocultamiento de ese y

de otros medios cuando aparece

una noticia que contradice el

relato que sostienen y si Clarín

se viera forzado a decir sobre

Amado Boudou algo distinto a lo

que viene diciendo acerca de él

en los últimos diez años, tendría

que hacerlo de manera paulatina

hasta ir formando en la

conciencia de sus lectores una

opinión distinta sobre Boudou.

La ruptura del contrato entre

el medio y el consumidor se da

cuando aquel desengaña a este,

lo que casi nunca suele ocurrir.

Pero no vaya a pensar el atento

lector nuestro que el lector

del Diario Clarín es una inocente

palomita engañada, eso no es

así salvo quizá en casos muy

extremos de ingenuidad que no

suelen verificarse en la realidad.

El lector del Diario Clarín ya

sabe perfectamente que Clarín

miente y le miente, acepta eso

como parte del contrato. ¿Por

qué? Primero porque habiéndole

creído en un principio y

habiendo entrado al hábito del

consumo de ese relato (y al del

sostenimiento del mismo en

la mesa del café), no tuvo ya el

valor de frenar y dejar de consumir

dicho relato al percatarse

de que era mentiroso. Y luego

porque el consumidor en general

—no solo el de Clarín, por

supuesto— no consume un medio

de difusión para informarse.

Cuando el consumidor ha formado

una cosmovisión determinada,

consume el contenido de

los mismos medios de siempre

para confirmar aquello que cree

saber ya, esa cosmovisión. He

ahí el sesgo de confirmación.

La posverdad

Lo que en esta última etapa de

la posmodernidad se dio en llamar

por el eufemismo de “posverdad”

no es otra cosa que una

mentira con difusión masiva. No

hay nada de nuevo en ello y ni siquiera

el sesgo de confirmación,

que siempre existió. La novedad

está en el avance tecnológico

de la comunicación que permite

esa difusión masiva a costos

9 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


muy bajos para los que lo hacen.

Estos son los llamados spin

doctors, los doctores en poner

a girar las fake news, que son

las “posverdades” y van a ser

consumidas por los que siguen

el relato para confirmarlo todos

los días.

Eso es lo que son los “periodistas”

hoy, meros spin doctors

de los partidos mediáticos

en cada país que producen

información con sesgo de confirmación

para el consumo de

gente que quiere consumir dicha

confirmación y evitar que se le

caiga toda la cosmovisión. En

una palabra, los “periodistas”

como spin doctors y los medios

como partidos políticos no dan

noticias: solo confirman lo que

sus lectores ya saben con datos

nuevos todos los días dentro del

sesgo de confirmación.

Pero Paula Lugones rompió

ayer el molde en Clarín e hizo

periodismo sin comillas, una

rareza. Paula Lugones hizo un

análisis de la realidad en Venezuela

y sobre la situación de

los Estados Unidos frente a eso.

Rompió el molde y también el

contrato con el lector, negándole

la confirmación del relato

coherente que ya lleva varios

años y tirando por tierra la cosmovisión

de muchos. De pronto

Venezuela no es el infierno en la

tierra o a lo mejor lo es, pero los

yanquis no pueden hacer nada

al respecto. Y eso genera mucha

angustia en el que estuvo

esperando al Capitán América

durante años.

No obstante, como decíamos,

el romper el contrato con el

consumidor de “noticias” no

es una exclusividad de Clarín.

Hace ya más de seis años —curiosamente

también alrededor

del tema Venezuela—, el Diario

Página/12 rompió de manera

escandalosa el contrato con

su lector al publicar No estuvo

bien, un artículo de Santiago

O’Donnell sobre las circunstancias

del fallecimiento de

Hugo Chávez. En dicha nota,

O’Donnell acusaba al gobierno

de Venezuela de mentir sobre la

enfermedad de Chávez y describía

la situación del país como

“fracaso económico” y hablaba

de un “dólar en negro”, una

“inflación récord”, una “criminalidad

récord”, “corrupción”,

“valijas con dinero”, “patotas

armadas”, “Corte Suprema de

mayoría automática”, “odio a

los Estados Unidos” y mucho

más. O’Donnell también acusaba

al recién fallecido Chávez de

abrazarse con todos los dictadores

del mundo, calificaba

a Capriles Radonski como un

“rival odiado” (no un enemigo

golpista) y, de paso, acusaba a

Cuba de seguir “a rajatabla el

modelo totalitario propagandístico

de las dictaduras china

y soviética”. O’Donnell dijo en

Santiago O’Donnell, el periodista desterrado de los medios después su monumental rotura del contrato tácito con el lector en el

artículo ‘No estuvo bien’, de Página/12 del 10 de marzo de 2013, sobre el cadáver todavía insepulto de Hugo Chávez.

10 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


No estuvo bien todo lo radicalmente

opuesto a lo que el lector

de Página/12 buscaba en ese

diario para sostener su cosmovisión,

las creencias de aquel

momento. El artículo en cuestión

salió en la edición impresa

de Página/12 el 10 de marzo de

2013 y sigue disponible en su

versión web, constituyendo una

pieza histórica de la ruptura del

contrato entre medio y consumidor.

O’Donnell se equivocó y

pagó, como diría Maradona, con

un largo destierro de los medios

“de este lado”, del que apenas

empieza a asomar otra vez la

cara en estos días gracias a la

detención de Julian Assange en

Londres: O’Donnell es el recopilador

de las WikiLeaks en su

capítulo argentino y lo dejaron

hablar en C5N hace algunos

días para comentar la detención

del australiano en la embajada

de Ecuador.

Entonces Clarín hizo como

Página/12 en el 2013 y rompió

el contrato con sus lectores al

publicar esta nota sin sesgo de

confirmación por la pluma de

Paula Lugones. Y hay descontrol,

desconcierto y desazón

entre los lectores, que ahora se

sienten obligados a aceptar muchas

cosas que los “kukas” y los

“peronchos” dicen sobre Venezuela,

porque las dijo Clarín. El

efecto no es grande a punto de

romper el blindaje mediático ni

cerrar la grieta, que para eso sería

necesario que todos los medios

del Grupo Clarín y auxiliares

replicaran la información de

Paula Lugones durante meses y

años, todos los días, en la tapa

del diario, en el zócalo del canal

y en los titulares del informativo

radial, cosa que no va a suceder.

Pero a los que leyeron la nota de

Paula Lugones se los ha arrojado

a una dimensión desconocida:

la dimensión de preguntarse

qué es lo que realmente pasa en

Nicolás Maduro, quien según el informe de Paula Lugones está en vías de tener la

vaca atada en Venezuela, noticia que les ha roto el corazón a muchos lectores de

Clarín, hasta entonces deseosos de una invasión yanqui en América Latina.

Venezuela más allá del sesgo de

confirmación.

¿Y entonces? ¿Qué

pasa en Venezuela?

Con todo lo que nos permite el

contrato con nuestro lector y

el sesgo de confirmación en lo

que publicamos, podemos decir

que Venezuela es un país que

está en guerra hace rato, más o

menos desde fines de la década

pasada y hasta el presente. Al

afrontar una guerra, el país se

ha ido descontrolando cada vez

más en el tiempo hasta llegar

a un estado de virtual parálisis

económico que ha impuesto sobre

el pueblo-nación venezolano

todo tipo de privaciones y penurias.

Y también podemos decir

que el enemigo que Venezuela

está enfrentando es el imperialismo

occidental, o más precisamente

los Estados Unidos y sus

corporaciones, los que aprietan

por todos lados para generar

un colapso, detonar al gobierno

de la Revolución Bolivariana y

reemplazarlo por un gobierno

11 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


Además de contar con las mayores reservas de petróleo, Venezuela ha certificado la tercera reserva mundial de oro y se estima

que el coltán —elemento vital para la fabricación de baterías y equipos electrónicos en general— también existe en cantidades

ingentes. Eso es lo que los Estados Unidos y sus corporaciones quieren apropiar por todos los medios.

títere que les garantice el libre

acceso a todos los recursos naturales

del país, entre los que se

destacan ingentes cantidades

de petróleo, oro y coltán, además

de muchas otras riquezas

invaluables.

Entonces sabemos que, de

una parte, en la guerra de

Venezuela, están los Estados

Unidos, sus corporaciones y las

demás potencias secundarias

de Occidente, que son lacayos

de los Estados Unidos por todo

el mundo. Y ahora también

sabemos —gracias a Clarín y a

Paula Lugones— que los Estados

Unidos no están a punto

de lanzar una invasión militar

contra Venezuela. Lo que no

sabemos es por qué no lo están.

¿Quieren y no pueden o pueden

y no quieren? ¿O será que no

quieren ni pueden? Aquí está el

problema.

Para ensayar una mínima

caracterización del escenario a

fines de análisis, debemos necesariamente

ubicar en el otro

bando de la guerra de Venezuela

a todos los “malos” del mundo,

siempre de acuerdo con el relato

de un medio como Clarín, por

supuesto. Ubicaremos del otro

lado a la propia Venezuela, junto

a China, Rusia, Irán y Turquía,

más los agregados de México,

Bolivia y Corea del Norte, que

tiran buena onda de lejos, pero

no se meten de lleno porque no

tienen con qué ni por qué. Debemos

asumir entonces que Rusia

está “de este lado”, aunque no

son pocos los indicios de que,

en realidad, el juego de Vladimir

Putin sería otro e incluiría al

mismísimo Donald Trump. Sin

embargo, como nada de eso

puede demostrarse hasta aquí,

nos vemos obligados a caracterizar

el escenario de esa manera,

con el Occidente “bueno” de

un lado, metiendo presión para

dinamitar el gobierno de Nicolás

Maduro y entrar saqueando al

territorio venezolano, y con los

“malos” emergentes de otro,

luchando para que en Venezuela

griten al fin yanquis go home.

Si tal fuera el escenario real,

la cuestión del querer y/o poder

por parte de los Estados Unidos

frente a la opción de desplegar

una acción militar en Venezuela

sería un asunto de cálculo

geopolítico más bien básico.

Como en el viejo TEG, cuando

una potencia militar avanza

sobre una región del mundo,

concentra en ella sus esfuerzos

bélicos y necesariamente “descuida”

otras posiciones que ya

tiene aseguradas al momento

de iniciar la nueva campaña. Si

en el mundo existen otras potencias

con capacidad de apoderarse

de esas posiciones al bajar

sus defensas, la nueva campaña

en sí es un riesgo para la primera

potencia. En términos concretos,

y siempre suponiendo

que los Estados Unidos y Rusia

sostienen posiciones antagónicas

ahora como en la Guerra

Fría entre 1945 y 1991, lo más

lógico es suponer que la concentración

del poder bélico de

los Estados Unidos en Venezuela

dejaría descubiertas posiciones

muy anheladas por Rusia, como

Ucrania y Arabia Saudí. Entonces

Rusia podría aprovechar el

movimiento de los yanquis para

12 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


avanzar sobre Ucrania —intereses

económicos en el transporte

de gas desde Rusia a Europa

occidental y en las inmensas

del territorio ucraniano, además

de lazos culturales, étnicos y

religiosos existentes— y para

promover una revuelta estilo

“primavera” en Arabia Saudí,

destronar a la monarquía títere

que hoy gobierna allí y hacer un

cambio de régimen por otro más

bien orientado hacia Moscú.

Es decir, de movida vemos que

por avanzar sobre la primera

reserva mundial de petróleo en

Venezuela, los Estados Unidos

podrían quedarse sin la segunda

reserva mundial y, de paso,

podrían poner a sus socios de

Europa occidental en un lindo

brete, con las tropas rusas ocupando

Ucrania.

Y también podrían darse otros

conflictos ante la ausencia

del gran gendarme mundial.

¿Cómo se comportaría Corea

del Norte frente a Corea del Sur,

un protectorado de los Estados

Unidos? ¿Qué haría Irán al ver

que no están los yanquis para

cubrir a Israel? ¿Qué movimientos

haría China sobre las aguas

del Mar de China Meridional,

por donde los lacayos asiáticos

de los Estados Unidos no suelen

dejar pasar los buques chinos,

la razón misma por la que China

invierte en una “ruta de la seda”

terrestre, carísima y complicadísima,

para sortear esas limitaciones

a su comercio? Todas

las anteriores y muchas más son

las hipótesis de conflicto que

empiezan a existir si los Estados

Unidos quedaran empantanados

en Venezuela, como sucedió

en Vietnam y, de alguna forma,

también en Afganistán e Irak, en

tiempos más recientes.

¿Qué pasa si los yanquis

logran entrar, pero no logran

salir de Venezuela sino con las

manos vacías y lamentando una

durísima paliza a manos de un

subalterno? Si no sale y queda

empantanado, quema allí

recursos de manera indefinida

mientras sus enemigos por el

mundo hacen a sus anchas. Si

sale golpeado y derrotado, deja

en suelo venezolano su hegemonía

mundial, pues a partir de allí

el trato de las demás potencias

hacia un Tío Sam derrotado en

su “patio trasero” nunca más

será el mismo: perderán el respeto

y ya no serán los valientes

del barrio, además de quedar

vulnerables durante mucho

tiempo a cualquier ataque de un

tercero por las heridas cosechadas,

que tardan en cicatrizar.

Ninguna de las opciones es

conveniente para los Estados

Unidos, máxime con la conciencia

de que en Venezuela

hay por lo menos dos millones

de milicianos, sí, quizá pobremente

armados, pero siempre

en número de dos millones.

¿Cómo se matan a dos millones

de hombres sobre el terreno sin

lanzar bombas atómicas? Y,

aun así, ¿cómo lanzar bombas

atómicas si desde Hiroshima y

Nagasaki nadie nunca más las

lanzó, justamente porque el

resultado de una guerra nuclear

no arroja vencedores, sino un

mundo devastado e inhabitable

para todo el ser vivo que no sea

una cucaracha?

Entonces la hipótesis más

China es el gran socio comercial en ascenso de América Latina y no parece estar

dispuesto a permitir que los Estados Unidos se hagan del control estratégico del

territorio de Venezuela, menos aún en el contexto de una guerra comercial que

recrudece entre las dos potencias y que no permite anticipar el resultado.

13 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


fuerte es la del quiere, pero no

puede. O, mejor dicho, la del

quiere, pero no debe. Los Estados

Unidos tienen todo que

perder y relativamente muy poco

que ganar en Venezuela, aun en

caso de que ocurra un milagro

y su invasión al territorio sea un

éxito rápido y total. Aun en tal

caso, lo más probable es que el

chavismo se retire a un sector

del territorio —emulando a las

FARC en Colombia— y desde allí

lance todo tipo de acciones de

sabotaje hasta tornar inviable la

explotación del petróleo, del oro

y del coltán. Algo similar fue el

escenario en Irak y Afganistán,

que aun peleando solos y sin

respaldo de ninguna potencia

como Rusia, China o Irán, mal

armados y no muy organizados,

destruían los pozos petroleros

con bombas artesanales e

inviabilizaron la explotación del

crudo por parte de las corporaciones

hasta que los Estados

Unidos finalmente se retiraron

en silencio, admitiendo la imposibilidad

de pacificar el territorio

para explotarlo.

Quiere, pero no puede ni debe.

O quizá no quiera ni pueda, ya

que hasta el momento nunca ha

ido más allá de las amenazas, la

guerra económica y la financiación

de una oposición terrorista.

Quizá —y esta es una hipótesis

que va tomando fuerza— a los

Estados Unidos nunca les haya

interesado invadir Venezuela ni

nada por el estilo. Es posible

que los yanquis no estén haciendo

otra cosa que tapar el bache

y disimular lo que a esta altura

ya es más bien indisimulable:

el orden internacional unipolar

resultante de la disolución del

campo socialista en el Este (caída

del Muro de Berlín y desintegración

de la Unión Soviética) ya

cayó y lo que estamos viendo es

una simulación. Tal vez Moscú y

Beijing ya lo sepan y estén esperando

el momento más adecuado

para dar el golpe de gracia

y establecer un nuevo orden

internacional de tipo multipolar,

sin la necesidad de confrontar

directamente con los Estados

Unidos. O quizá tenga razón

Mario Puzo, el autor de El Padrino.

En la novela, Virgil Sollozzo

nunca quiso la guerra con la

familia Corleone y, dirigiéndose

a Tom Hagen, se lo anuncia: “No

me gusta la violencia, Tom. Soy

un hombre de negocios. La sangre

es demasiado cara”. Finalmente,

los Corleone rechazan la

oferta de Sollozzo y lo obligan

a asociarse con la familia Tattaglia,

unos muchachos que sí

priorizaban la guerra sobre los

negocios. La opción se probó

equivocada: Sollozzo termina

asesinado por Michael Corleone

en el Louis, un restaurant italiano

del Bronx. Y El Padrino es

una obra maestra de inspiración

maquiavélica, libro de cabecera

de todos los muchachos que van

a decidir en Venezuela si mejor

es hacer negocios o es hacer la

guerra.

El ruso Vladimir Putin y el yanqui Donald Trump: una relación que no termina que quedar del todo clara ante la opinión pública.

14 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


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15 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


OPINIÓN

Evita y el pueblo

que vuelve a nacer

ROMINA

ROCHA

Se dice que de lo único

que no se vuelve es de la

muerte. Sin embargo, al

pensarnos como pueblo

en nuestra historia en general

y en nuestra identidad en

particular, podemos encontrar

infinidad de momentos en que

hemos vuelto a nacer luego de

haber pasado a la más absoluta

oscuridad. Algunos gustan

de llamar a ese fenómeno que

como individuos atravesamos

cuando superamos dificultades

extremas “resiliencia”, pero más

adecuado sería hablar del amor,

que es transversal a todas esas

cosas que nos suceden en el

tránsito entre el cielo y el infierno.

Desde los inicios de nuestra

constitución como nación, innumerables

frentes han intentado

evitar que nazca de esta tierra

algo trascendental que logre

unificar las voluntades de los

habitantes que, durante mucho

tiempo y mientras se daban las

diversas disputas por lo que

podíamos y debíamos ser, no

encontraban algo que los relacione

entre sí más allá de lo

inmediato, de lo inmanente. La

identificación pasaba exclusivamente

por el arraigo al espacio,

por lo que los ojos llegaban a

visualizar y las necesidades hacían

emerger de entre los individuos.

El “nosotros” se reducía

a los que nos rodeaban en lo

inmediato, los que el rigor de la

vida cotidiana en la que trabajar

para existir era prácticamente la

única cosa que podíamos hacer

nos permitía percibir.

Pero a lo largo y ancho del

proceso constitutivo de nuestra

identidad nacional, distintos

16 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


héroes han sabido reunir en sus

figuras y sus luchas lo que diversos

argentinos sentían en cada

momento en particular para

fortalecer y confirmar sus ideas

de libertad. Porque no es cierto

que los líderes vengan del lado

del mal, de ese lado de la existencia

lo único que emana son

bestias que logran adhesiones

porque exacerban un sentimiento

de odio profundo hacia los

demás, manifestado de formas

que aparentan ser variadas pero

que en el fondo son siempre una

y la misma cosa: odian a los que

creen menos que ellos. Pero ese

odio no nace de un repollo y no

tiene que ver sólo con la cuestión

socioeconómica, ni siquiera

es que se vincula realmente con

algo de clase, raza o religión. En

verdad, el que odia es porque

no entiende, porque hay algo en

el otro que lo pone en contradicción

consigo mismo y eso lo

lleva a odiar a ese otro, porque

es siempre más fácil señalar que

mirarse a uno en sus errores y

deficiencias.

Y dentro de ese odio, de esa

incomprensión que habita en

todos los que pensamos pero

que, en la medida en que ponemos

la voluntad en el ejercicio

de la comprensión permanente,

podemos ir subsanándola para

avanzar y aprender, lo que hay

es miedo. Miedo a lo distinto,

miedo al cambio, miedo al

futuro, miedo a vivir, pero sobre

todas las cosas: miedo al amor.

Y fácil es ver esto cuando para

ejemplificar ponemos a Evita en

el centro de nuestra atención,

que es con quien nace el sentido

de la trascendencia en el pueblo

argentino. Porque Perón nos dio

las estructuras filosóficas, políticas

y económicas para construir

la Patria justa, libre y soberana

que aún hoy estamos luchando

por construir, pero Evita llenó

todo eso de espíritu, del alma

colectiva que renace en cada

compatriota que, al igual que

la mayoría de nosotros, no ha

tenido la bendición de conocerla

y sin embargo la siente latiendo

fuerte en el pecho cada vez que

se invoca su nombre.

El milagro de que un pueblo

despierte a un alma colectiva

es la peor pesadilla de quienes

desean someter a los hombres

para adueñarse de las riquezas.

Desde ese entonces, desde que

los argentinos comenzamos

a abrir los ojos ante nuestro

propio destino, el enemigo

hubo de ir redoblando esfuerzos

progresivamente para evitar lo

inevitable que sucedió cuando

apareció Perón: venía con

él la mujer que completaba

la ecuación, la que le daba el

cierre final y definitivo al pacto

de lealtad entre el pueblo y su

conductor. Y esa bendición no

la tuvieron otros grandes líderes

de revoluciones en la historia de

nuestra humanidad; siempre se

trató de una figura acompañada

de fieles compañeros y guerreros,

pero que el amor entre dos

personas se trasladara al amor

incondicional y paternal de ellos

para con sus representados, es

nuestra gran historia de entrega

absoluta y eterna, es la marca

de fuego que sella nuestra

argentinidad.

Ahí comienza el sueño de la

Comunidad Organizada que

Perón definiera en aquel maravilloso

primer Congreso de

Filosofía que tuviera lugar en la

ciudad de Mendoza, hoy hace ya

70 años, pero con una vigencia

y una actualidad en las expresiones

como en la cosmovisión

que sólo podemos naturalizar

viniendo de un visionario como

lo fue nuestro Juan Domingo.

17 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


Pero, nuevamente, no podemos

concebir el despertar de nuestra

identidad nacional sin el alma y

el corazón de nuestra Evita, de

la abanderada de los humildes,

de quien llevara siempre en

su garganta la voz de quienes

habían sido invisibles hasta que

llegaron ellos, nuestros padres

inmortales. Ella, que de tanto

sufrir había aprendido a tanto

amar, en el tiempo efímero pero

eterno que transitó el suelo que

hoy pisamos nos enseñó lo que

es la entrega, lo que es el fuego

sagrado del fanatismo, lo que es

la fe.

Y a la vez que nos enseñó con

sus palabras y sus obras, nos

enseñó poniendo en evidencia a

quienes la odiaban, nos mostró

el verdadero rostro de la bestia

que aún hoy está entre nosotros

y que ahora nos gobierna.

Tan intenso fue su amor por

nosotros y su odio por ellos que

como toda luz que se enciende

e ilumina puso todo a la vista,

lo bueno y lo malo, lo milagroso

y lo infernal. Desde entonces,

desde aquellos tiempos en los

que el goce de los trabajadores

hacía pudrir la sangre de los

oligarcas, hay una raza de seres

que no podemos llamar humanos

—porque han renegado

de su humanidad— que ponen

todos sus esfuerzos en destruir

lo que Perón y Eva Perón nos

dejaron guardado en el corazón.

Una y otra vez, tirando bombas,

prendiendo fuego, proscribiendo,

persiguiendo, torturando

y matando, no han podido ni

podrán eliminar de este pueblo

el legado de quienes llenaron el

espacio de símbolos, de señales

y de marcas para no perder nunca

el camino hacia la liberación.

Porque para eso son las

canciones, figuras, verdades,

máximas, normas, doctrina: son

todas las cosas que, como seres

humanos olvidadizos y dispersos,

siempre a la defensiva ante

un mundo que va variando su

forma de hostilidad ante nuestro

desarrollo con la permanente

propuesta de desafíos para

avanzar y superarnos o sucumbir,

necesitamos tener a la vista

y a la mano. La posmodernidad

con su voracidad va rápidamente

destruyendo todo lo que nos

recuerde de dónde venimos para

que no sepamos hacia dónde

queremos ir. Los símbolos son

reemplazados por marcas, los

significados por abstracciones,

los sentidos por excesos y las

verdades por supuestos. Todo

pareciera hacerse inmanencia

pura, todo indicaría que el único

camino posible es hacia la

desintegración de las historias

memorables para que en su

lugar queden los extractos de

una vida que pierde el sentido a

cada paso.

Pero, aunque sabemos bien

que pelear con la bestia inmunda

es cosa de titanes, debemos

recordar y nunca olvidar que

nosotros, argentinos, tenemos

ese as bajo la manga con el que

ningún representante del mal

ha podido ni podrá: tenemos

al puente de amor entre Perón

y nosotros y se llama Evita,

nuestra María Eva Duarte de

Perón. Y hoy, a cien años de su

llegada a este mundo y a esta

tierra que ha sido glorificada

18 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


con su existencia, el amor que

despierta en nuestros corazones

inquietos y oprimidos por el mal

de los tiempos que vivimos se

hace fuego y nos quema enteros,

hasta sublimarnos para

renacer otra vez, una vez más,

y así poder seguir luchando por

esa Patria libre, justa y soberana

que todavía podemos construir.

Porque somos fanáticos, no un

club de fans: nosotros sabemos

lo que es estar dispuestos a dar

la vida por ese sueño de amor y

prosperidad porque nuestra fe,

nuestra inclaudicable fe está

puesta en el porvenir, donde nos

esperan con los brazos abiertos

quienes dejaron todo de sí para

que nosotros podamos seguir

soñando, para que tengamos

la brújula calibrada y no perdamos

jamás de vista el horizonte,

porque vamos a llegar a cumplir

con nuestro destino cueste lo

que cueste y caiga quien caiga.

Decía Evita sobre los fanáticos:

Solamente los fanáticos —que

son idealistas y son sectarios—

no se entregan. Los fríos y los

indiferentes no deben servir

al pueblo. No pueden servirlo,

aunque quieran. Para servir al

pueblo hay que estar dispuesto

a todo, incluso a morir. Los

fríos no mueren por una causa,

sino de casualidad. Los fanáticos

sí. Me gustan los fanáticos

y todos los fanatismos de la

historia. Me gustan los héroes

y los santos. Me gustan los

mártires, cualquiera sea la

causa y la razón de su fanatismo.

El fanatismo que convierte

a la vida en un morir permanente

y heroico es el único

camino que tiene la vida para

vencer a la muerte. Por eso

soy fanática. Daría mi vida por

Perón y por el pueblo. Porque

estoy segura que solamente

dándola me ganaré el derecho

de vivir con ellos por toda la

eternidad. Así, fanáticas quiero

que sean las mujeres de mi

pueblo. Así, fanáticos quiero

que sean los trabajadores y los

descamisados. El fanatismo

es la única fuerza que Dios les

dejó al corazón para ganar sus

batallas. Es la gran fuerza de

los pueblos: la única que no

poseen sus enemigos, porque

ellos han suprimido del mundo

todo lo que suene a corazón.

Por eso los venceremos. Porque,

aunque tengan dinero,

privilegios, jerarquías, poder y

riquezas no podrán ser nunca

fanáticos. Porque no tienen

corazón. Nosotros sí. Ellos no

pueden ser idealistas, porque

las ideas tienen su raíz en la

inteligencia, pero los ideales

tienen su pedestal en el corazón.

No pueden ser fanáticos

porque las sombras no pueden

mirarse en el espejo del sol.

Frente a frente, ellos y nosotros,

ellos con todas las fuerzas

del mundo y nosotros con

nuestro fanatismo, siempre

venceremos nosotros. Tenemos

que convencernos para

siempre: el mundo será de los

pueblos si los pueblos decidimos

enardecernos en el fuego

sagrado del fanatismo. Quemarnos

para poder quemar,

sin escuchar la sirena de los

mediocres y de los imbéciles

que nos hablan de prudencia.

Ellos, que hablan de la dulzura

y del amor, se olvidan que

Cristo dijo: “¡Fuego he venido a

traer sobre la tierra y que más

quiero, sino que arda!” Cristo

nos dio un ejemplo divino de

fanatismo. ¿Qué son a su lado

los eternos predicadores de la

mediocridad? Encendámonos

en el fuego sagrado del fanatismo,

hasta arder.

No podrán con nosotros, jamás

podrán. Amemos y venceremos.

19 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


IDENTIDAD PERONISTA

El arte de derrochar

humanidad y

mantenerse primera

MARCO A.

LEIVA

Si Evita viviera, como usualmente

se dice, cumpliría

hoy exactos cien años de

su nacimiento. Pero ello

no es más que una forma

de decirlo, ya que somos pocos

los de esta especie humana los

que tenemos la dicha de vivir

un siglo para contarla. Si Evita

viviera físicamente sería un lujo

tenerla entre nosotros para los

que físicamente existimos, pero

no hay necesidad de ejercicios

contrafácticos: Evita vive en

el legado que le ha dejado al

pueblo argentino, que es inmortal

y trasciende la existencia del

individuo para perdurar en la

eternidad. Los que mueren por

la vida, decía Ali Primera, no

pueden llamarse muertos.

Para los peronistas y para

cualquier analista más o menos

serio de nuestra historia y

realidad, hay en Argentina un

antes y un después de Perón.

Antes, como se sabe, la patria

soñada por San Martín fue una

entelequia derrotada en Caseros,

convertida por la oligarquía

triunfante en una factoría en

provecho de unos pocos, de

20 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


esas mismas familias. En esa

factoría no existía lugar para

los pueblos en el reparto de

las riquezas del territorio entre

sus habitantes para que podamos

hablar de ciudadanos.

La diferencia entre habitante

y ciudadano es la que media

justamente entre ser y no ser en

un proyecto de país. Y el pueblo

argentino solo pasó de habitar

el territorio a participar como

ciudadano en la nación después

de Perón.

El peronismo fue el fenómeno

político y cultural que supo

transformar todas las matrices

de un país que se había privatizado

y permitir que de dicho

país participaran sus hijos. Después

de peronismo el pueblo

argentino se hizo pueblo-nación,

al empezar allí con sus tareas

de reivindicación, como decía

Scalabrini Ortiz en El subsuelo

de la patria sublevado. Antes de

Perón el argentino fue El hombre

que está solo y espera y solo

tras el advenimiento del peronismo

finalmente fue.

Y he aquí que para que el pueblo

nación-argentino finalmente

fuera ha tenido que pasar Perón,

que es como decir ha tenido que

pasar Evita. Contrario a los que

especulan y pretenden separar

lo que no se puede dividir, al

decir Perón y al decir peronismo

uno dice necesariamente Evita

como la mitad ineludible de una

idea que fue práctica y cambió

la historia de un país. No hay

Perón sin Evita ni hay Evita sin

Perón.

“Perón cumple, Evita dignifica”,

reza el adagio peronista, de

los más clásicos. Y es que son

cuatro palabras que expresan

una de las grandes verdades de

nuestra historia: como jefe de

gobierno y conductor político,

Perón cumplió muchísimo más

de lo que pudo haber prometido,

aunque prometió muy poco,

desde luego. Desde el Estado

transformó la realidad, la volcó

enteramente llevando a cabo

una auténtica revolución, que

fue la revolución peronista. A

su lado, “esa mujer” —que es

como los gorilas de entonces se

referían a Evita, para no tener

que nombrarla, cuando no

usaban directamente nombres

despectivos y denigrantes—, la

que complementó la obra política

inaugurando prácticamente

la acción social en Argentina.

Mientras Perón avanzaba sobre

los privilegios de la oligarquía

y hacía la justicia social a puro

coraje, Evita tendía la mano al

más humilde, inspiraba a los

que antes estaban invisibles, a

los que estaban solos y esperaban,

los empoderaba y los llenaba

de amor. Pero no de un amor

retórico, demagógico, un amor

de cartón para la foto. Lo que

Evita distribuía a su paso era el

amor que históricamente se les

había negado a millones. Y ellos

decían que ella era su madre.

Fue, efectivamente, la madre

de millones de huérfanos en

un sentido social. De millones

que jamás hasta ese momento

habían sido mirados por alguien

con respecto y consideración,

mucho menos con amor, o

directamente nunca habían sido

objeto de una mirada. Evita fue

la jefa espiritual de una nación a

la que le estaban faltando jefes

espirituales de los que se connaturalizan

con los pueblos.

Cuenta el compañero y escritor

Pablo Ramos que su padre tenía

ocho o nueve años esa semana

de reyes de 1950, cuando una

caravana de Evita pasaba por

Sarandí. El papá de Pablo, que

era bien chiquito, se abrió paso

entre la multitud y llegó hasta el

lugar donde Evita recibía y daba

amor, como de costumbre. Una

vez frente a ella, ella imponente

sobre un camión de bomberos,

aquel niño le rogó: “Una bicicleta,

señora. Una bicicleta”. Era el

juguete soñado, al que los chicos

de familias de trabajadores

no podían ni soñar en acceder.

“Una bicicleta para mí y para

mis hermanos”. Evita lo miró al

niño con ternura y, al ver que ya

no quedaban bicicletas, sacó de

la caja un par de patines y se los

dio, diciéndole:

—No me quedan más bicicletas,

negrito. Salime campeón

con esto.

El papá de Pablo salió campeón

en los Torneos Evita, tan

solo seis meses de ese episodio.

Campeón, efectivamente. Con

esos mismos patines. Cuando el

compañero Pablo Ramos quiso

saber por qué y se lo preguntó a

su papá, ya hecho hombre grande

y curtido, la respuesta no se

hizo esperar:

—No sé. Me lo había pedido

ella.

Quizá ese niño no supiera allí

teorizar sobre la independencia

económica, explicar qué significa

la soberanía política ni en

qué lo beneficiaba la justicia

social de las políticas implementadas

por el General Perón

mediados de la década anterior.

Quizá haya entendido esas tres

banderas ya de grande o quizá

no, el hecho no tiene relevancia.

Lo que sí es cierto es que

ese campeón de los patines del

Viaducto, pibe de barrio, supo

mejor que nadie qué es el peronismo

gracias la humanidad de

Evita. Y ahí, en una palabra, se

define cabalmente la mitad del

todo, que es el aporte de Eva

al peronismo: humanidad. No

porque le faltara a Perón, sino

porque a ella le sobraba.

Por eso vive y vivirá, por eso

algunos no la entienden. Es necesaria

mucha humanidad para

entender lo divino cuando lo

divino se expresa en lo humano

sin anunciarse.

21 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


CONTENIDO EXCLUSIVO

El “evitismo” y tu

nombre como

bandera a la victoria

ERICO

VALADARES

En una memorable escena

de la película Eva Perón:

la verdadera historia, el

director Juan Carlos Desanzo

recrea magistralmente el

episodio de una extraordinaria

reunión entre Evita y los obreros

ferroviarios que entre los meses

de noviembre de 1950 y enero

de 1951 llevaron a cabo una

huelga contra el gobierno nacional-popular

del General Perón

por mejoras salariales. La escena

recrea ese inusual encuentro,

ocurrido una madrugada de

enero en los talleres de Remedios

de Escalada, partido de

Lanús, en la que Evita confronta

a los obreros para exigirles que

levanten el paro. “La huelga,

compañeros, que ustedes están

haciendo contra el gobierno peronista

es una huelga contra el

movimiento obrero. Una huelga

contra ustedes mismos”, dice

Esther Goris, representando el

personaje de Evita en la película.

“Escuchen bien, compañeros:

el que le hace una huelga al

peronismo es un carnero de la

oligarquía”.

La escena dura cuatro minutos

y medio y está ambientada en

22 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


un taller ferroviario de la época.

En ella vemos la representación

de una Evita que les recuerda a

los obreros que las conquistas

de los trabajadores desde 1946

hasta ese momento solo habían

sido posibles gracias a que el

peronismo lograra derrotar a la

oligarquía, sosteniendo el poder

político en el Estado frente a

la oposición de los sectores

concentrados, que pocos meses

después de la reunión en

Remedios de Escalada llevarían

a cabo la primera intentona golpista

contra el General Perón.

“Hay muchas cosas que todavía

no son justas. Los sueldos se

van a llevar a 500 pesos, eso se

lo juro yo. Pero también les juro

que solamente lo haremos si

abandonan esta huelga, muchachos.

Además, compañeros,

¿estamos hablando solamente

de salarios? ¿Qué pasa? ¿Y la

vivienda? ¿Y los derechos sociales?

¿Y las jubilaciones, las

vacaciones pagas? ¿Qué pasa,

compañeros, se olvidaron ya?

¿Quién les dio todo eso? ¡Se lo

dio Perón!”.

Toda la película Eva Perón: la

verdadera historia —que además

de Esther Goris en el papel

protagónico tiene el guion de

José Pablo Feinmann y un Víctor

Laplace impecable en el papel

de Perón— es un canto al peronismo

nacional-popular y tam-

23 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


ién una fuerte declaración contra

el llamado “evitismo”, esa

forma extraña de hacer peronismo

poniendo el acento sobre

la figura de Evita para ocultar a

Perón. Contrario a lo que podría

suponerse, la película no intenta

hacer esa absurda separación,

sino todo lo contrario: en todo

momento el personaje aparece

tal como realmente es, la primera

militante peronista y la más

leal a Perón en todas sus luces

y contradicciones. Esta es Evita,

la que el próximo 7 de mayo

cumpliría 100 años de edad si

aún estuviera entre nosotros.

Pero los buenos parecen estar

destinados a vivir poco tiempo

y Evita habría de dejar huérfana

una nación a la joven edad de

33 años, luego de haber protagonizado

junto a su marido

y compañero una auténtica

revolución en un país que antes

de ellos había sido poco más

que una muy extensa estancia

de propiedad de una oligarquía

absolutamente ignorante del

pueblo.

Se presume que Eva María

Duarte —luego de Perón— nació

el 7 de mayo de 1919 en la

localidad de Los Toldos, actual

cabecera del partido de General

Viamonte, en la provincia

de Buenos Aires. Fue lo que en

esos tiempos se usaba clasificar

como “hija natural”, esto es,

ilegítima, de Juan Duarte, un renombrado

político conservador

y propietario rural de la región

de Chivilcoy. El “Vasco” Duarte,

además de Eva, tuvo con Juana

Ibarguren otros cuatro hijos

y mantuvo dos familias hasta

1926, año en que falleció en un

accidente automovilístico. En

dicha dualidad que al parecer

era una costumbre muy difundida

para la época, a la familia de

Juana Ibarguren le había tocado

el rol de paralela y este hecho,

el de la “ilegalidad de origen”,

habría de ser determinante en

la formación del carácter de la

mujer que poco más de dos décadas

después se iba a convertir

en la jefa espiritual de una joven

nación.

Más allá del dato biográfico

que puede ser algo incierto,

las circunstancias de la primera

infancia de Evita y hasta la

muerte de su padre en 1926 son

fundamentales para empezar a

comprender cómo se forma la

personalidad de la abanderada

de la lucha de un pueblo-nación

contra una clase dominante

oligárquica y sostenedora de un

estado de atraso y subdesarrollo

planificados y orientados a

perpetuar la condición colonial.

La conciencia de ser hija “ilegítima”

de un oligarca conservador

de evidente doble moral, todas

las privaciones que derivaron

del hecho y hasta la humillación

sufrida cuando junto a su madre

y sus cuatro hermanos fue prohibida

de asistir al entierro de

su padre (escena que también

está brillantemente representada

en el film de Juan Carlos

Desanzo) por la familia “oficial”

de Juan Duarte están en la raíz

de la actitud de Evita frente a la

oligarquía. Es imposible comprender

la fortaleza con la que

pudo dar la lucha contra la clase

dominante hasta el último de

sus días sin entender asimismo

que pocos conocieron y conocen

mejor que Eva Perón a los oligarcas

y sus miserias.

La mujer que cumpliría sus

100 años este 7 de mayo es

mucho más que una militante

24 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


y una dirigente extraordinaria.

Evita es la síntesis misma de

un pueblo-nación en el proceso

de liberación política de

un régimen de opresión. Bien

analizada la cosa, lo que se ve

en la trayectoria de Evita desde

los primeros días en Los Toldos

o en Junín, sea cual fuere la

versión histórica más aceptada,

es la rebeldía de un pueblo que

quiere emanciparse y entiende

que eso solo puede lograrse

mediante la conquista del poder

político en Estado y las transformaciones

que únicamente

pueden realizarse desde allí.

Evita es la expresión de ese

poder en manos de los pueblos,

del empoderamiento de los más

humildes representándose en

el caudillo y protector. Y cuando

Evita reprende a los obreros ferroviarios

huelguistas esa noche

de verano de 1951 en Remedios

de Escalada, les está diciendo

justamente eso: ustedes hacen

un paro en contra de ustedes

mismos y eso es un tiro en el

propio pie.

De ahí, de la conciencia alrededor

de la necesidad de tener

el poder en el Estado y de todo

lo que es preciso hacer para

sostenerlo, surge la verdadera

imagen de una Eva Duarte, pero

de Perón. Desvincularla del

General y hacer “evitismo” a la

manera “progre” para ocultar al

indeseable “milico” no solo es

una burda (y desleal) falsificación

de la historia, sino además

una imposibilidad práctica. La

actitud “evitista” no difiere mucho

y tiene el mismo componente

antiperonista de una actitud

más reciente, aunque no menos

dañina: la del “nestorismo”, que

supone a la vez hablar de un

“kirchnerismo” sin peronismo

y reivindicar a Néstor Kirchner

como “muy distinto” a su compañera,

sucesora y actual conductora

del movimiento, Cristina

Fernández, que es de Kirchner

como Eva Duarte fue de Perón.

No hay posibilidad de separar

todos esos componentes de una

mismo tradición y continuidad

histórica, salvo para fines de

análisis. Eva no es de Perón ni

Cristina es de Kirchner en un

sentido de propiedad, ya que la

mujer en el peronismo siempre

caminó a la par del hombre, sino

en un sentido de continuidad.

Al empoderarse en un joven

coronel Perón, los trabajadores

de la Argentina oligárquica se

encontraron con el poder político

en el Estado y se encontraron

con la otra mitad del liderazgo

de Perón, con la otra parte de la

conducción. Evita nunca condujo,

no quiso ni pudo hacerlo

más allá de Perón. Evita fue

el complemento necesario de

esa conducción extraordinaria

que habría de cambiar de una

vez y para siempre las matrices

social, económica, política y

cultural del país.

Por lo tanto, el centenario de

Eva Perón es mucho más que la

conmemoración del centenario

de uno de los más destacados

próceres de la patria en poco

más de doscientos años de

historia. El centenario del nacimiento

de Evita es también

el centenario de la mitad del

peronismo y de la idea de lo

nacional-popular en Argentina.

Se trata de un alineamiento de

planetas: Perón no pudo ser sin

Evita y Evita tampoco pudo ser

sin Perón.

¿De qué se trata?

“Soy peronista, entonces, por

conciencia nacional, por procedencia

popular, por convicción

personal y por apasionada solidaridad

y gratitud a mi pueblo,

vivificado y actuante otra vez por

el renacimiento de sus valores

espirituales y la capacidad

realizadora de su jefe: el general

Perón”, escribía Evita, para no

permitir que subsistieran dudas.

“Mi dignidad de argentina y mi

25 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


conciencia de ciudadana se

sublevó ante una patria vendida,

vilipendiada, mendicante ante

los mercaderes del templo de

las soberanías y entregada, año

tras año, gobierno tras gobierno,

a los apetitos foráneos del

capitalismo sin patria y sin

bandera”.

Mucho más que una figura

histórica gravitante, Evita es un

referente necesario para comprender

toda una cosmovisión.

Esa importancia superlativa es

la razón por la que su figura sea

objeto de disputa entre sectores

de distinto pelaje que pretenden

hacerse con esa cosmovisión

para su uso en la política del

presente. Y ahí está el tironeo

entre los que quieren definir la

naturaleza del peronismo: el

tironeo empieza con Evita.

Sería llover sobre mojado

entrar a analizar la personalidad

y los datos biográficos de Evita

desde una de esas posiciones

enfrentadas. Lo que se ve muy

a menudo es la manipulación

de esos datos y de esa biografía

con el objeto de hacerlos coincidir

con las distintas maneras de

afirmarse peronista hoy. Un teórico

monumental como Carlos

Marx solía decir, palabras más o

menos, que la política en el presente

se viste con el manto del

pasado para legitimarse, esto

es, además de proponer una

visión del mundo de lo que es y

de lo que debería ser, la política

busca su legitimidad en los referentes

históricos para sintetizar

su discurso en una sola imagen.

Cuando no hay espacio para

decir, por ejemplo, soberanía

política, independencia económica

y justicias social, lo que se

hacer es exponer las imágenes

de Perón y Evita. En esta última,

sin embargo, el tironeo es más

fuerte.

Las manipulaciones sobre Evita

suelen venir de “izquierda” a

“derecha” del arco político, que

es como decir que Evita sirve

hoy tanto para un barrido como

para un fregado. En términos

de Ernesto Laclau, Evita sería

en esa manipulación y en ese

tironeo un auténtico significante

vacío, cuya enunciación solo tiene

algún sentido según el contexto

y según quien la enuncia.

De modo que, para saber de qué

se trata es necesario ver quién

lo trata y cómo.

En un principio podría decirse

que la primera apropiación de

la imagen de Evita fue por parte

de los sectores dichos conservadores

del peronismo, lo que

se suelen clasificar (muy mal)

como la “derecha”. Heredados

por el General Perón después de

la Masacre de Ezeiza y el lamentable

incidente del 1º. de mayo

de 1974 en Plaza de Mayo, esos

sectores se esforzaron en difundir

la idea de que Evita habría

sido el apéndice o pata social

de la política de Perón. Si bien

ello no es del todo falso, puesto

que Evita encabezó la iniciativa

social del gobierno nacional-popular

desde el lugar de primera

dama y de presidenta de la

fundación que llevó su nombre,

es imposible verla como un

apéndice de Perón ni de nadie.

Con evidente luz propia, Evita

estuvo muy lejos de funcionar

como un instrumento ciego

o meramente un adlátere de

Perón, pese a toda su lealtad y

amor al General. La idea de una

26 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


Evita “hada buena” de una revolución

es absurda, como se ve.

Evita era la propia revolución,

era la mitad de ella, y la imagen

que hacen los peronistas conservadores

—reforzada por La

razón de mi vida, una obra que

no la caracteriza con precisión

como sí lo hace Mi mensaje— es

incompleta porque oculta una

voluntad fuerte como las fuerzas

de la naturaleza.

En el extremo opuesto del

tironeo está el comportamiento

que solemos clasificar

como “evitismo”, propio de la

“izquierda” del peronismo. El

“evitismo” es una falsificación

de la historia orientada a ocultar

aquello que, desde el punto de

vista del progresismo argentino,

es vergonzoso: el hecho de que

Perón fue un militar, un cristiano

y un gran populista, en el

mejor sentido de la expresión.

El “evitismo” sirve para pintar

de color pueblo a los llamados

progres (casi siempre ubicados

en los sectores medios de la

sociedad, donde predomina el

“paladar negro” cuando el asunto

es tomar y dejar en política)

que no se animan a decir “soy

peronista”. Entonces dichos

progres reivindican la figura de

Evita y además lo hacen con

una intensidad algo desmedida,

pues deben decir con una lo que

debieron decir con dos.

El “evitismo” progre hace lo

mismo que la “derecha” del peronismo,

pero en espejo: pone

de manifiesto un aspecto de la

personalidad de Evita para presentarla

como una montonera,

una guerrillera socialista que no

pudo llevar la revolución hasta

sus últimas consecuencias porque

el “milico” no se lo permitió,

conservador que era. Aquí hay

una disociación peligrosa entre

Perón y Evita, una separación

que resulta en la negación de

una parte fundamental del peronismo.

Todo eso está emparentado

con la idea de que existen

por lo menos dos versiones de

Perón, una mientras Evita vivió

y otra después de su muerte, en

una decadencia que va a culminar

en el “último” Perón, el de

1973, cuya obra es directamente

negada y ocultada.

No obstante, la caracterización

progre de Evita tampoco

es del todo equívoca, ya que

existió efectivamente una Evita

dispuesta a poner las armas en

manos de los trabajadores de la

CGT (Confederación General del

Trabajo) para asegurar con el

fusil en el hombro —al estilo de

Lenin— el éxito de la revolución.

Existió una Evita deseosa de

llegar hasta las últimas consecuencias

contra la oligarquía,

de barrer de la faz de la tierra

a la “razas de los explotadores

y los privilegiados”. Existió, en

efecto, esa “Evita montonera”

con un odio de clase racializado,

más parecido al de los negros

sudafricanos oprimidos por el

Apartheid. Esa Evita existió,

aunque nada de eso jamás

existió independientemente ni

en contradicción con Perón. Y

27 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


Desde el lecho donde yacía ya muy enferma, en el Hospital de Avellaneda, Evita

pudo ejercer el derecho al voto en las elecciones de 1951. Las mujeres pudieron

votar por primera vez en esas elecciones gracias a la tenacidad de una mujer que

jamás se dio por vencida y se enfrentó a una sociedad muy conservadora para

ampliar derechos que nunca más pudieron ser quitados por la oligarquía.

ahí está el error en la caracterización

de la llamada “izquierda

peronista”.

Para el gusto de nuestro progresismo

la figura de Perón no

es potable, no cierra con la idea

de un socialismo importado de

Occidente. Perón era demasiado

americano, demasiado criollo y

demasiado “milico” cristiano. El

caudillo es la figura que refleja

el promedio del pueblo al que

conduce y, por lo tanto, no es

apta para el consumo de los

que se ubican en una vanguardia

iluminada y en la crítica a

la supuesta “ceguera” de los

que se dejan conducir por un

caudillo. Pero los progres saben

que es imposible tener llegada

y predicamento en la política

argentina si no es al interior del

peronismo y ahí está su cálculo

político: no reivindican a Perón,

porque contradice su ideología

importada de Occidente, pero

levantan a Evita, separándola

de su par y vendiéndola como un

significante vacío, doble hermenéutica

mediante.

Además de ser una manera

encubierta de ser gorila, el

“evitismo” trae aparejado otros

riesgos, entre ellos el de asociar

la imagen de Evita con ideas

de las que Evita estaba en las

antípodas. Una cosa es ocultar

una parte de la biografía y de

la personalidad para construir

un personaje adaptado para

logra un fin. Otra muy distinta es

utilizarlo para hacerlo decir lo

opuesto a lo que decía en vida.

Concretamente, en los últimos

meses, la progresía argentina

difundió e hizo circular innumerables

trastocadas imágenes de

Evita en las que se la ve usando

un pañuelo verde, símbolo de

campaña por la legalización

del aborto en nuestro país y en

otros países. Ahí hay deshonestidad

intelectual y hay un error.

La deshonestidad propiamente

dicha está en que el asunto

en cuestión —la legalización

del aborto— ya existía en los

tiempos de Perón y, al parecer,

ni Evita ni el peronismo de la

época opinaban favorablemente

a dicha legalización. Podrá

argumentarse y no sin razón

que los tiempos cambian y no

es igual la opinión en 1950 que

en el siglo XXI, por lo que es

factible que Evita cambiara de

parecer. Pero eso no pasa de un

ejercicio contrafáctico. Lo poco

probable es que Evita se embanderara

con una causa contraria

a la opinión de las masas en los

barrios, que son profundamente

cristianas y susceptibles a ofenderse

con la idea de la interrupción

voluntaria del embarazo.

Es poco probable —por no decir

imposible— que Evita se posicionara

junto a la juventud de los

sectores medios y en contra de

las clases más postergadas en

un asunto que pudiera enajenar

y confundir a estas últimas y, en

consecuencia, la utilización de

la imagen de Evita “pañuelo verde”

encierra el peligro de generar

esa confusión en el sentido

común, desnaturalizar la imagen

que hacen los más humildes de

Evita y dañar irremediablemente

su valor político para la causa

de lo nacional-popular, que en

Argentina es el peronismo y está

anclado en los sectores más

postergados de la sociedad.

Entre las manipulaciones y los

usos de la imagen de Evita la

más perniciosa y la más gorila

es, por lo tanto, el “evitismo”. Ni

siquiera los agravios de los gorilas

abiertamente gorilas —que

28 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


son los antiperonistas sin tapujos,

oligarcas y sus sirvientes—

son tan dañinas, puesto que

estos últimos vienen del sector

que se para en frente, vienen de

boca del enemigo declarado y

son tomados como lo que son:

agravios. El “evitismo”, en cambio,

es insidioso al presentarse

con una apariencia amigable y,

no obstante, corromper la historia

en el proceso. Cuando el que

se presenta como “compañero”

trata de imponer un relato que

niega una parte de la historia

por considerarla antiestética,

cuando esa imposición viene

disimulada en elogios desmedidos

a una de las mitades de

la sociedad indivisible y cuando

eso es utilizado para enajenar

a las clases populares de un

proyecto político que se funda

en ellas, el resultado siempre es

una desnaturalización del proyecto

que se orienta a su muerte

como tal.

No hay Perón sin Evita ni

puede haber Evita sin Perón. Al

formarse esa sociedad genial se

encontraron el combustible con

la chispa que provoca la ignición,

se juntaron las dos partes

de un todo indisoluble. Evita

sin Perón no hubiera pasado

del oenegeísmo y el intento de

hacer justicia social sin contar

con los recursos del Estado, que

sirven para eso. Perón sin Evita

probablemente no hubiera logrado

la inserción en el corazón

de los pueblos, los que amaron y

aman a Evita reputándola como

una madre. He ahí, quizá, la

explicación biológica del fenómeno

peronista: para concebir

la nueva Argentina y para que el

subsuelo de la patria se sublevara

e iniciara sus tareas de

reivindicación fueron necesarios

el padre y la madre. No está mal

ni es una declaración de carencia

o debilidad, sino un reconocimiento

de lo que es. Al fin y al

cabo, más allá de ciertos experimentos

científicos de resultado

mucho más que dudoso, en la

naturaleza hace falta una sociedad

entre dos para la creación,

para dar la vida. Y el pueblo-nación

argentino ni pudo jamás

nace hasta que esa sociedad

se formó y lo parió. Sí, entre

ambos. Sí, en responsabilidad

compartida. Y sí, entre Perón y

Evita. Tuvo que pasar un siglo

desde San Martín hasta el nacimiento

de Evita, cuyo centenario

conmemoramos hoy. Y tuvieron

que pasar algunos años más

hasta que ella se encontrara con

él y juntos dieran el génesis de

la Argentina nacional-popular

que la oligarquía no quiere. Los

oligarcas, afiliados desde siempre

a la muerte, odian la vida.

Y por eso odiaron tanto a Evita,

porque veían en ella el origen de

la vida de una nación.

Evita vive, junto a Perón, en lo

más profundo del alma de cada

argentino y de cada latinoamericano

que conoce el verdadero

significado de patria.

29 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


ANÁLISIS

La necesidad de una

Comunidad Organizada

JUAN

GODOY

La Argentina viene de largos

años de una crisis profunda

desde lo económico, político,

social y cultural sobre

todo desde el quiebre que

significó el golpe de estado del

‘76 contra el tercer gobierno

peronista y no solo contra éste,

sino contra un modelo de país

que desde el ‘55 se procuraba

romper y no se lo lograba. Desde

ya que en los últimos cuarenta

años tuvimos altibajos en la

misma. La crisis amenaza, más

aún a partir de la profundización

de los años de gobierno Cambiemos,

ser fatal.

No resulta casual que el entonces

cardenal Jorge Bergoglio

por el año 2003, en la “salida”

de la crisis del 2001, incita a

que “todos, desde nuestras

responsabilidades, debemos

ponernos la patria al hombro,

porque los tiempos se acortan.

La posible disolución (nacional)

la advertimos en otras oportunidades,

en esta misma fecha

patria. Sin embargo, muchos

seguían su camino de ambición

y superficialidad, sin mirar a los

que caían al costado: esto sigue

amenazándonos (…) No tenemos

que esperar todo de los que

nos gobiernan (…) sólo falta el

deseo gratuito, puro y simple de

30 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


querer ser nación (…) Comenzar

de abajo y de a uno, pugnar por

lo más concreto y local, hasta el

último rincón de la patria”. Palabras

que retomamos en tanto

consideramos su actualidad.

En el presente se impone una

profundización del individualismo.

El individuo y la satisfacción

de su placer en forma individual

es la finalidad. De esta forma se

robustece el hedonismo, el consumismo,

la ruptura de los lazos

solidarios, la prédica contra la

intervención del estado en asuntos

que se consideran del ámbito

privado, el desinterés por

el pasado y el futuro en pos del

“vive hoy”, etc. La satisfacción

del placer del individuo está por

encima de todo. Solo importa

el Yo y desaparece el Nosotros.

Estas características que adquiere

la vida actual destruyen

toda posibilidad de vida en

comunidad. En este contexto no

resulta casual el fortalecimiento

y difusión de las agendas de las

minorías en detrimento de la

búsqueda de soluciones a las

grandes problemáticas nacionales

y/o de las mayorías populares.

El debilitamiento de las instituciones

que fortalecen la

comunidad como pueden ser los

sindicatos, clubes barriales, las

fuerzas armadas, la familia, las

escuelas, iglesias, por nombrar

algunas significativas, resultan

claramente perniciosos a

la nación. Se puede discutir el

sentido de cada una de éstas (al

interior de cada una existe una

lucha constante), en diferentes

momentos históricos, pero esa

es otra discusión, lo que sostenemos

aquí es que a partir de

su debilitamiento se destruyen

los lazos que le permiten asentarse

a la comunidad nacional.

La comunidad organizada no se

articula con los derechos individuales,

sino que lo hace con las

instituciones que representan la

vida comunitaria.

El individualismo acérrimo

es un pilar en el liberalismo y

también en el neoliberalismo.

En este marco, se favorece las

empresas transnacionales que

sueñan con la desaparición del

Estado-nación para imponer su

interés, su “forma de vida”, no

tener controles y acrecentar sus

ganancias.

Este esquema de pensamiento

que penetra (lamentablemente)

a propios y ajenos resulta

fundamental dejar de lado el

sentido de la trascendencia en

los sujetos, así lo único que importa

es el hoy y la satisfacción

de los placeres individuales del

presente. Los lazos sociales se

debilitan al tiempo que la moral

que cohesiona a la comunidad

se relativiza.

Nos interesa traer el pensamiento

de Guillermo Furlong,

quien considera que la patria no

se limita al territorio, sino que

también es “el vínculo sucesivo

de la tradición histórica y el

vínculo simultáneo de la unidad

espiritual”, la ligazón entre las

generaciones y los hombres de

un territorio en común que se

Una edición de ‘La Comunidad Organizada’, obra doctrinaria de Juan Domingo

Perón que debió ser lectura obligatoria para todos los que desean militar en el

peronismo, aunque está muy poco difundida. Esa difusión escasa está en la raíz de

la confusión que nos envuelve.

31 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


Mientras en Argentina la doctrina filosófica y política de Perón es escasamente estudiada, en otros pagos la empiezan a descubrir

y a concluir que es fundamental para la organización de la comunidad. El filósofo e historiador ruso Aleksandr Duguin

—reputado como el intelectual favorito de Vladimir Putin— se ha convertido en un exégeta de Perón en el mundo, destacando la

gran importancia de su obra y pensamiento.

unen en hermandad. Y profundizando

aún más en el concepto

afirma que la Patria es “aquello

que, en el planeta que todos

habitamos y en la historia que

todos diariamente tejemos,

tiene una misión, le está señalado

un destino, configura una

empresa colectiva”. Es la unión

entre el pasado, el presente y el

porvenir. Y esa unión se cimenta

a partir hacer más fuerte una

conciencia común en torno a

un destino trascendental. Todos

como parte de una misma

historia nacional con algo para

aportar a la misma.

Así los individuos que nacen

en nuestro territorio tienen un

destino que se liga a la comunidad

nacional. Tienen algo

para contribuir a la misma. Los

individuos se realizan en comunidad,

no lo pueden hacer por

fuera de ésta. Es por ello que

si se elimina de la conciencia

de los sujetos el ser parte de

un proyecto y un destino colectivo,

la comunidad nacional

tiende a debilitarse y cuando

no a desaparecer. Si no existe

una misión en vinculación a una

empresa colectiva no se encuentra

fundamento que apunte

permanecer unidos. Puesto que,

como remarca Furlong, “(...) no

olvidemos que un pueblo si no

posee sentimientos comunes,

intereses idénticos, creencias

semejantes, no pasará de ser

una polvareda de individuos

sin cohesión, sin duración y sin

fuerza”.

Jorge Bergoglio, al igual que

Furlong encuadrado en la tradición

jesuita, durante el Te Deum

que coincide con el Bicentenario

de la Revolución de Mayo toma

de un Mensaje de la Conferencia

Episcopal la idea que “(...) la Patria

es un don que hemos recibido,

la nación una tarea que nos

convoca y compromete nuestro

esfuerzo”. Esa es la misión que

debemos asumir con espíritu

solidario. En el mismo sentido,

ya siendo Papa, Francisco insiste

en Bolivia en que el “arraigo

al barrio, a la tierra, al oficio, al

gremio, ese reconocerse en el

32 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


ostro del otro, esa proximidad

del día a día, con sus miserias

porque las hay, las tenemos y

sus heroísmos cotidianos, es lo

que permite ejercer el mandato

del amor, no a partir de ideas

o conceptos sino a partir del

encuentro genuino entre personas,

necesitamos instaurar esta

cultura del encuentro porque

ni los conceptos ni las ideas se

aman; se aman las personas”.

Por su parte, para el pensador

nacional Juan José Hernández

Arregui, quien piensa la nación

en términos de la Patria Grande,

el espacio hispanoamericano

existe no obstante lo cual “Hispanoamérica

no es puro espacio.

El mero espacio es privación.

Y aunque la comprensión

de nuestra ubicación en el mapa

es indispensable para predecir

nuestro destino, el espacio

como tal, es más bien la materia

que resiste a las fuerzas dinámicas

de la cultura”. Pensar sólo

en términos geográficos no nos

permite dar cuenta de la “pata

cultural”.

De esta forma, Hernández

Arregui sostiene que el “ser espiritual”

que nace de la cultura,

crece en la tierra que le otorga

sus medios de subsistencia, su

poder económico. Resalta los

lazos que tienden a la homogeneidad

cultural, y la explotación

de los recursos del territorio.

Invoca la revalorización de la

cultura autóctona, lo autóctono

aquí como la percepción de una

imagen colectiva primordial. El

“ser nacional” articula la relación

del hombre con la naturaleza

y con el devenir histórico. La

cultura propia es lo que define

al “ser nacional” que emerge

como comunidad no en tanto

esencia, sino como creación del

pueblo en movimiento. Relaciona

lo nacional con un acto, o

más bien una cadena de actos:

la voluntad colectiva. “(...) Y si

el ‘ser nacional’, ahora despojado

de sus velos abstractos,

es afirmación y no negación,

simultáneamente es conciencia

antimperialista, voluntad de

construir una nación”.

Consideramos que para pensar

en un proyecto de liberación

nacional hay que dejar de lado

las abstracciones y partir de la

realidad, pensar en la totalidad,

buscar los puntos de coincidencia

para la construcción de un

proyecto nacional, encontrar la

articulación con las demandas

de las mayorías populares, y

apuntalar las instituciones que

son pilares de la Comunidad Organizada

para que el individuo

encuentre su realización en el

marco de ésta, y que su destino

se vincule a la construcción de

la Patria. La Comunidad Organizada

es el punto de partida para

la nación. Romper la dependencia

y construir una Patria soberana

nuestra misión.

Para finalizar, tomamos a

Juan Perón, quien sintetizó en

varios escritos y discursos la

concepción de la Comunidad

Organizada que “sólo puede

realizarse en la medida que se

realice cada uno de los ciudadanos

que la integran”. Para dicha

integración los individuos deben

sentir como propia la comunidad

e identificar sus intereses

particulares con los que apunta

la Patria. Y esa comunidad no

puede construirse “sin claridad

de objetivos, sin base ideológica

común que reúna a los hombres

que sientan de una misma manera

lo que consideran fundamental

para el país”. A lo largo

de nuestra historia se han ido

construyendo los pilares donde

asentar la comunidad nacional,

está en nosotros retomar esos

puntales y construir una patria

libre, justa y soberana.

33 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


PALABRAS DESDE EL ÉTER

El “neoprogresismo

de derecha”

JORGE

HALPERÍN

El viernes estuve hablando

de ese fenómeno que se

describe como “neoprogresismo

de derecha”, que

combina el ultraliberalismo

económico con una visión aparentemente

moderna en temas

socioculturales. Es absolutamente

favorable al gran capital

financiero, pero al mismo tiempo

presume de moderno en temas

como ecología, feminismo,

respeto por las lesbianas, los

gays, los bisexuales, transgénero,

etc. Eso lo vuelve digerible

para mucha gente que se excita

con la idea de una derecha

moderna. Y contamos el viernes

que, al mismo progresismo, que

predominó en las últimas dos

décadas y todavía está ahí, le

salió como respuesta el populismo

de derecha e izquierda. ¿Y

qué hizo el nuevo progresismo,

entonces? Denigrar al populismo,

calificándolo muchas veces

de nazi o fascista.

Lo hizo Durán Barba, el asesor

de Macri, que comparó el

gobierno de Hugo Chávez en

Venezuela con Hitler y el nazismo.

Lo han hecho Elisa Carrió, el

Diario La Nación, Mauricio Macri

34 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


y algún otro dirigente opositor

(en su tiempo) refiriéndose al

gobierno de Cristina o a alguno

de sus colaboradores como

el heredero de Hitler. Tanto lo

hicieron, que la DAIA pidió hace

algún tiempo que dejen de comparar

lo incomparable.

El sábado se cumplieron 130

años del nacimiento de Hitler,

en 1889, el monstruo. Vamos

a ver en esta columna algunas

razones que explican por qué no

existe ninguna forma de comparar

racionalmente un gobierno

popular de América Latina con

el régimen nazi. Tampoco por

el supuesto de que el nazismo

surgió en una democracia. Y

vamos a verlo tomando lo que

dice quien hoy se considera

el biógrafo más completo de

Hitler, el inglés Ian Kershaw. Él

reconoce que se han escrito más

de 120.000 libros sobre Hitler y

el nazismo. Y hay biógrafos muy

importantes como Alan Bullock

o Joachim Fest, este último

de una riqueza notable. Pero

Kershaw tiene la biografía más

actualizada porque incluye algo

que los otros no tuvieron: las

cartas de Goebbels, el ministro

de Propaganda de Hitler.

En un pasaje inicial, señala

Kershaw que la dictadura de Hitler,

más que la de Stalin o Mao,

encendió una señal de aviso que

todavía arde luminosamente

mostrando como una sociedad

moderna, avanzada y culta

puede hundirse con gran rapidez

en una barbarie que culmina

en una guerra ideológica, una

conquista de una rapacidad y

una brutalidad difícilmente imaginables,

y un genocidio como

el mundo no había presenciado

nunca anteriormente. Sigue

Kershaw: “La dictadura de Hitler

equivalió al colapso de la civilización

moderna, a una especie

de explosión nuclear dentro de

la sociedad moderna”.

Nos recuerdan los falsos

liberales que Hitler llegó al

poder por el voto, al igual que

Chávez. Hay que aclarar que el 6

de noviembre de 1932 hubo en

Alemania comicios para elegir

a los miembros del Reichstag

en medio de una disolución del

Parlamento. En esos comicios

el Partido Nazi siguió siendo

la primera fuerza política, pero

logró un 33% y perdió 34 escaños,

quedando lejos de alcanzar

la mayoría absoluta. Esas fueron

las últimas elecciones “democráticas”

alemanas, porque las

de marzo de 1933 se hicieron

bajo una atmósfera violenta, de

represión e intimidación nazi.

Cierto, en marzo de 1933 y en

medio a persecuciones y asesinato

que ejecutaban los nazis

contra comunistas, socialdemócratas

y centristas, con grupos

paramilitares de Hitler, con

dinero que le pusieron veinte de

los más poderosos industriales y

con el sospechoso incendio del

Reichstag mediante —del que

los nazis acusaron a los comunistas—,

la clase media, histérica

en ese momento, concurrió a

votar por los nazis masivamente

en esas elecciones amañadas

en las que, aún así, Hitler no

logró mayoría absoluta. ¿Ustedes

se dan cuenta de que es un

disparate decir que Hitler surgió

La operación para instalar la idea de una homologación entre los gobiernos de corte

nacional-popular de América Latina y el nazismo europeo encuentra su resultado

en las expresiones de los colonizados pedagógicamente por el aparato mediático

en sus protestas. Lo curioso es que, de haber alguna similitud entre lo nacional-popular

y lo nazi, ninguna de esas manifestaciones públicas sería tolerada y sus

participantes serían víctimas de una feroz represión, cosa que jamás ocurrió.

35 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


de elecciones “democráticas”?

Apenas seis años más tarde,

con una población judía ya sometida,

Alemania emprendía la

invasión y conquista de muchas

naciones, la peor guerra. Díganme

si hay algo que permita

la remota comparación con

gobiernos populares de América

que abolieron toda represión de

la protesta, como el kirchnerismo,

o que no matan opositores,

como Hugo Chávez.

Ahora bien, ¿cómo entender

la magnitud de la violencia que

ejecutó el régimen de Hitler en

una sociedad culta y moderna?

¿Cómo llegaron a esa descomposición?

Hay que ver esto que

cuenta Kershaw: “En la Alemania

que siguió a la derrota en la I

Guerra Mundial la brutalización

de la sociedad que generó la

guerra y la semiguerra civil, con

la perturbación y los trastornos

de la revolución socialista que

fracasó en 1919, prepararon

el terreno para que hubiese

una predisposición a tolerar la

violencia, que se consideraba

paradójicamente como el mejor

medio para conseguir la vuelta

al orden y la normalidad. Hubo

una indiferencia moral ante

la violencia generalizada que

traería el gobierno nazi. Había

como una apatía, se soportaba

esa violencia brutal.

Era ya una Alemania llena

de ejércitos privados, fundamentalmente

de la derecha.

Estaban, por ejemplo, los ejércitos

privados contrarrevolucionarios,

como el Freikorps. Las

asociaciones de voluntarios, las

fuerzas de defensa de los ciudadanos...

todas milicias irregulares,

de decenas o de cientos de

miles, surgidas después de la

I Guerra y que las autoridades

estatales usaron y apoyaron

activamente. Por ejemplo, la

Fuerza de Defensa de los Ciudadanos

tenía 400.000 hombres

y 2,5 millones de armas. Y era

solo una de las fuerzas paramilitares.

Otro grupo, que se

llamaba Organización Cónsul,

ejecutó 350 asesinatos políticos

entre 1919 y 1922 en medio de

la frágil democracia de Weimar.

Era una sociedad armada hasta

los dientes y proclive al asesinato.

Piensen en lo que más les

molesta del gobierno anterior y

de su presidenta, y díganme si

no es una canallada compararlo

con el nazismo.

¿Y por qué lo hacen? ¿Simplemente

de exagerados? Yo creo

que no. Así como el colega Alfredo

Zaiat publicó un libro sobre

la economía del miedo, donde

explica cómo en un gobierno

popular angustian deliberadamente

a los ciudadanos los

anunciadores de devaluaciones

brutales, cracks económicos

y estampidas inflacionarias,

fíjense cómo se está usando el

miedo ahora. Elisa Carrió salió a

meter miedo, toda clase de miedo

de que todo se va al diablo

(como si no se estuviera yendo

al diablo ahora) si es elegida

Cristina. Hay una política del

miedo asociando falsamente

un gobierno popular con un

régimen de nazismo para que la

gente reaccione con susto y se

la pueda disciplinar en las ideas

del mercado para que asocien

con la verdadera democracia.

La comparación de un gobierno

que tiene gran apoyo popular

con Hitler no es una ligereza. Es

una operación infame con resultado

calculado. En nuestro caso,

el resultado calculado es Macri

y estos cuatro años que no nos

llevan a Venezuela, sino a Haití.

*En Radio del Plata AM 1030

(23/04/2019, 12:40)

Imagen del incendio del Reichstag, atribuido a los comunistas por los nazis, que abrió las puertas del infierno en Alemania.

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37 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


OPINIÓN

Redes sociales:

sociedad de micro-masas

MAURO

BRISSIO

Durante mucho tiempo y

desde diversos espacios

del campo de la comunicación

popular se luchó —

con éxito— por erradicar la

zoncera del periodismo objetivo

e independiente. De hecho, se

ha logrado un consenso generalizado

de que los medios de

difusión son empresas corporativas

que poseen sus propios

intereses económicos y políticos

que inciden en la representación

del mundo que les aportan a sus

lectores de manera cotidiana.

El desafío fue logrado, se

desenmascaró al poderoso. Sin

embargo, su habilidad radica en

cambiar de forma para que no

podamos o no sepamos cómo

atacarlo. Hoy se metamorfoseó

en las redes sociales y, más que

nunca, tiene acceso a nuestra

esfera más íntima sin que lo

notemos. Pero ahí está, manipulándonos

y ofreciéndonos un

mundo de fantasía que encaja a

la perfección con nuestra representación

de él.

Este debe ser nuestro desafío

para el siglo XXI: entender que

las redes son corporaciones que

ganan dinero cuando logran

que pasemos muchas horas

sumergidos en las diversas plataformas

que nos ofrecen, para

ello, nos ofrecen como anzuelo

“mundos cognitivamente cómodos”

que nos gustan y nos

apasionan.

En realidad, esto de nuevo

no tiene nada ya que se sigue

repitiendo la misma lógica con

la que actúan los medios de

difusión. Ya lo sostuvo el se-

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miólogo Eliseo Verón cuando

apuntaló que “(...) el discurso en

el que creemos es aquel cuyas

descripciones postulamos como

las más próximas a las descripciones

que nosotros mismos

hubiéramos hecho del acontecimiento

si hubiéramos tenido de

éste una experiencia directa”.

El periodismo corporativo

vehiculiza distintas representaciones

de la realidad a las que

adherimos cuando su representación

coincide con nuestra

visión del mundo. Es más:

ni siquiera importa que sean

verdaderas o no, solo interesa

que estemos de acuerdo con

ellas ya que existe un contrato

que se sustenta en una coincidencia

ideológica y es el reflejo

perfecto de nuestros intereses y

deseos.

Las redes sociales no se escapan

de esta lógica. La diferencia

es que ahora no somos nosotros

quienes buscamos a los medios

de difusión, ahora son ellos

quienes mediante un sistema de

predicción algorítmica creada

a partir de nuestros “likes” o un

simple clic pueden —y de hecho

lo hacen— ofrecernos estos

“mundos cognitivamente cómodos”,

es decir, páginas, grupos o

personas que comparten contenidos

que nos van a gustar,

porque de antemano saben qué

nos gusta a nosotros.

Ellos tienen algo más certero

que una bola de cristal. Tienen

nuestros historiales de búsqueda

y con ello son Gardel porque

filtran, a partir de diversos

códigos, aquellos contenidos

que más se adecuan a nuestro

perfil de necesidades. El resultado

de esto es que dos personas

busquen la misma palabra,

por ejemplo “cambio climático”

y dependiendo si se trata de

un científico, un activista o un

empresario petrolero la web le

arrojará resultados distintos.

La misma lógica se aplica en

todas las plataformas que nos

ofrece la web. La diferencia con

los clásicos medios de difusión

está en que nosotros sabemos

con exactitud qué mira la audiencia,

es decir, sabemos qué

miran cuando miran Canal 13

en determinada franja horaria.

Todo lo contrario sucede cuando

el público se sumerge en

sus pantallas digitales ya que

cada uno estará consumiendo

información completamente

diferente, relacionada con sus

interacciones, volviendo muy

difícil el análisis en cuestión

debido a que no podemos saber

qué mira el que está sentado al

lado nuestro por más que comparte

nuestro mismo círculo de

amigos.

Sin embargo, alguien nos está

mirando. De hecho, nos está

controlando para que miremos

lo que él quiere. Entonces, el

libre albedrío digital que nos

hace pensar que somos libres

de buscar lo que queremos no

es más que la nueva mentira

democratizante del mercado

que haría despertar de sus

pesadillas más profundas a Max

Horkheimer y a Theodor Adorno.

Estamos en una nueva fase de

estandarización de la sociedad y

aún no lo hemos notado.

Pero esta estandarización

lejos está de la que advertían

los apocalípticos padres de la

teoría crítica. Es que ya no hay

una sociedad de masas moldeada

por la industria cultural,

más bien, hay una sociedad de

micro-masas como consecuencia

de aquello que el gurú de

la tecnología, Eli Pariser, denominó

“filtro burbujas” entendiéndola

como “una selección

personalizada de la información

que recibe cada individuo que le

introduce en una burbuja adaptada

a él para que se encuentre

cómodo, pero que está aislada

de las de los demás”. Es decir,

esta burbuja aísla al cibernavegante

de opiniones distintas a

las suyas, construyendo un mundo

virtual que coincide con su

representación del mundo pero

que, al mismo tiempo, lo aleja

de esos otros miles de mundos

distintos al suyo.

¿Nunca se preguntaron por

qué si tenemos miles de amigos

en Facebook, le dimos “Me gusta”

a centenares de páginas y

perdimos la cuenta de en cuántos

grupos estamos, siempre

terminamos viendo las mismas

publicaciones?

Si te hiciste esa pregunta es

porque te diste cuenta que no

todo era tan aleatorio y el regalo

que te hacían creer desinteresado

no era tal. Es más bien todo

lo contrario a lo que Mark Zuckerberg

auguró cuando sostuvo

que “(...) Lo más importante que

podemos hacer con Facebook

es desarrollar infraestructuras

sociales que le den a la gente

el poder de construir una comunidad

mundial adecuada para

todos”.

Lejos de esto, el individuo

cada vez está más aislado por

esa micro-masa a la que solo él

tiene acceso y que no hace más

que eclipsar los momentos que

comparte con personas reales.

Es la distopía a la que tanto

miedo le tenían Aldous Huxley,

Ray Bradbury y George Orwell.

Si no neutralizamos el algoritmo,

él nos neutralizará a

nosotros. La mejor forma de

hacerlo es no permitiendo que

elija el contenido por nosotros,

abandonando la comodidad que

nos brinda y buscando personas

puente para llegar a otras posturas,

otras ideas que enriquezcan

nuestro conocimiento y rompa el

aislamiento al que nos somete

nuestras propias sociedades de

micro-masas.

39 HEGEMONIA - MAYO DE 2019


LA EXPRESIÓN DE LO NACIONAL-POPULAR

POR CAPE

40 HEGEMONIA - MAYO DE 2019

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