Revista Q 139 Junio 2019

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Revista Q Qué... México. Edición 139. Mes Junio. Año 2019. León, Gto.

La emblemática calle Línea, una de las principales arterias de La Habana

“Vamos a caminar

se está poniendo

el sol y La Habana

se muda al

malecón” reza la

canción del trovador

cubano Ireno García.

No son los únicos versos

dedicados a una

ciudad donde cierta

decadencia se convierte

en poesía. Con sus

claros y sus sombras,

La Habana lleva 500

años enamorando a

quienes la visitan.

UN DÍA EN LA HABANA DE HOY

Hoy en día la urbe vibra entre la historia que guarda su centro

histórico, una gran oferta cultural y el latir del malecón. Se puede

caminar La Habana serpenteando entre el pasado y el futuro.

No hay una única manera de caminar por La Habana, pero esta

puede ser una de las posibles rutas para celebrar su 500 cumpleaños.

Para acercarse a los primeros años de la ciudad, los viajeros pueden

aproximarse a conocer la muralla, más bien el fragmento que queda

de ella, que la defendía de invasores. Su construcción se completó en

el siglo XVII y tenía casi 5.000 metros de longitud, un metro y medio

de ancho y diez de alto.

Un carretón con un caballo y un bicitaxi circulan por una calle de La Habana, Cuba

Perderse por las calles de La Habana Vieja siempre

es una buena idea. Parte de esta zona de la ciudad

ha sido rehabilitada en los últimos años y, aunque la

presencia de turistas es más alta que en otros lugares,

su belleza vale la pena. Algunas paradas obligatorias

en el barrio son: la farmacia Taquechel, la Casa de la

Obra Pía o el callejón de los Peluqueros.

Para salir de los cauces turísticos, el barrio de Playa

y Habana Centro son dos buenas apuestas. En sus

calles se respira vida habanera con diferentes cafés y

bares en los que disfrutar de lo auténtico.

Para comer, los Nardos es un restaurante muy conocido

y frecuentado por turistas y locales, aunque a

veces la proporción no es equilibrada. Encontrarlo es

fácil: si se sitúa en las escaleras del Capitolio verá una

cola larga de gente esperando acceder a un edificio

verde. Es ahí.

El museo de la Revolución es una oda a la resistencia

de Cuba frente a Estados Unidos. En él se pueden

encontrar objetos y documentos que atestiguan los

años de guerrilla de Castro. Para los que más se interesen

por la etapa revolucionaria del país, la visita a

la Plaza de La Revolución es obligatoria. Es allí donde

se puede contemplar la famosa silueta de Ernesto

“Che” Guevara, sobre la fachada del Ministerio del

Interior.

Para cuando va cayendo el sol, el malecón es un

lugar especial. A la vera del mar, con una buena botella

de ron sobre el muro y con el murmullo de los

locales de fondo.

A las nueve en punto, hay otra cita histórica –y curiosa-

“el cañonazo”. En la fortaleza de San Carlos

de la Cabaña, a esa hora se dispara un cañón. En la

época colonial, a la que se remonta esta tradición, se

anunciaba así el cierre de las puertas de la muralla.

Y con la noche ya encima, las opciones para cenar

son numerosas. En el restaurante Café Laurent, por

ejemplo, se pueden degustar algunos de los platos

más típicos de la gastronomía cubana. Y, para disfrutar

de la música local, un nombre entre muchos: el

Salón Rosado Benny Moré, con música en vivo.

Hay muchas maneras de conocer la ciudad y disfrutar

de la huella que han dejado en ella 500 años

de historia, música y cultura. Y todas ellas válidas. El

tiempo nunca es perdido por las calles de La Habana.

Dos jóvenes bailan en la calle en el

popular barrio de Centro Habana


Cuando uno llega a La Habana, siente que algo le seduce, le atrae, le atrapa, no deja indiferente a

nadie. A veces la ciudad está cubierta por un velo de decadencia. Pero cuando tú rompes el velo

aparece el esplendor de su urbanismo”.

Para salir de los cauces turísticos, el barrio de Playa y Habana Centro son dos buenas apuestas. En

sus calles se respira vida habanera con diferentes cafés y bares en los que disfrutar de lo auténtico.

Q 73

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