Literatura en Flor 2019

rosario.gob.ar

Edición virtual de las obras participantes

LITERATURA EN FLOR - SEGUNDA EDICIÓN

En esta segunda edición de Literatura en flor encontraremos una selección de textos literarios donde se

expresa la idea de Transformación como concepto que remite al movimiento, la continuidad,

el paso de un estado a otro.

Esta antología es corolario de un certamen pensado por la Dirección de Juventudes de la Municipalidad

de Rosario como una manera de fomentar la escritura en las juventudes, reconociendo las dificultades

que existen para entrar en los circuitos literarios, para publicar un libro o editar un disco.

Consideramos que el Estado debe brindar estas oportunidades a jóvenes escritorxs emergentes o con

iniciativa de escritura, por lo cual vimos en la creación de un certamen “amable”, sin demasiadas

restricciones, con criterios de selección amplios, un jurado reconocido y premios de calidad, una buena

ocasión para que las juventudes puedan sentirse motivadas a participar.

Lanzamos la convocatoria a las juventudes de toda la ciudad para que se sientan invitadas a dar su voz y

puedan sentirse y ser percibidas como actores de la comunidad, en una diversidad que

verán plasmada en la publicación.

Queremos hacer visible que ser joven es mucho más que usar los peinados de moda

o seguir a un influencer en las redes. Esta única juventud como tal no existe ni ha existido nunca;

lo que existe y que ha venido ganando presencia son las juventudes en tanto portadoras de diferencias

y singularidades que construyen su pluralidad y diversidad en los distintos espacios sociales, y que

van surgiendo con distintos rostros, olores, sabores, voces, sueños, dolores, esperanzas.

Juventudes que han redefinido sus maneras de habitar estos tiempos: desde el barrio y la escuela, las

universidades y las cárceles, los amores, el arte y la cultura. Juventudes a las que debemos darles

oportunidades para que puedan involucrarse, darse la palabra, y la acción.


Vértigo y potencia

Escribir poesía en los días que corren es un acto valiente y eso es lo que quiero celebrar hoy. La palabra

poética propone el vértigo y la posibilidad de la caída. Es un pacto mágico donde aparecen tesoros y

sobras que la marea alta deja cuando se va. Las voces de estxs poetxs son eso, el mar revuelto y las olas

calmas, el torbellino de arena que nos puede regalar una palabra al final de un verso.

Los aquí elegidxs son escritorxs que están comenzando su camino en la escritura y encontrando su

propia voz que enarbolan como estandarte de lucha e identidad. Comenzar muchas veces es difícil, por

eso celebro su valentía y el acompañamiento de las instituciones que hacen posible que estas banderas

crezcan, que estas voces se visibilicen y que puedan encontrar puentes para seguir maravillándose con el

mundo que nos rodea.

Felicito a lxs que quedaron seleccionadxs. Y a los que no, los felicito más. También es de valientes saber

esperar otras oportunidades pero por sobre todo, no bajar los brazos, les escritorxs se hacen escribiendo

contra viento y marea, escribiendo, escribiendo, probando, leyendo, escribiendo más, recibiendo elogios

y críticas a veces devastadoras pero escribiendo siempre, con la convicción en ese deseo de nombrar

como la palabra nunca jamás soñó ser nombrada. Si desean escribir sigan haciéndolo, busquen nuevas

lecturas, prueben nuevas formas de jugar con la palabra.

Les deseo que este comienzo sea el abrazo o el tropezón que les motive a seguir adelante y me pongo a

disposición de cada unx para charlar de poesía, de esta bandera que yo también quiero tanto, que es

vértigo, que es lucha y que es potencia infinita.

Un honor haberlxs leído a todxs. Gracias, gracias, gracias.

Maia Morosano


A los quince, en tercer año de la secundaria en uno de los tantos trabajos prácticos que hacíamos en la

materia Lengua y Literatura, Laura Capara, la profesora, nos dio a elegir entre una serie de libros para

trabajar. Influído por mi fanatismo en la ciencia ficción, opté inocentemente por uno que llevaba un título

sugestivo: “La metamorfosis”. Sí, nada más y nada menos que de Franz Kafka. Leer e investigar sobre esa

obra fue revelador. De allí en más puedo asegurar que mi forma de ver el mundo cambió para siempre.

Supe así que la literatura y el arte era un prisma por donde cada observador podía interpretar diferentes

lecturas sobre una misma obra, así como también que detrás de la literalidad de las palabras se

esconden, a veces, ideas aún más poderosas. Hay mensajes detrás del mensaje.

Dicha revelación me empujó a producir mis propios textos, cuentos, poesías y notas para la revista de mi

escuela secundaria. Después estudié cine y los guiones eran mi rubro preferido de dicha carrera. Una

cosa llevó a la otra y pronto descubrí que escribir canciones era donde más a gusto me sentía. Desde

aquel trabajo práctico hasta el día de hoy las letras y las palabras siempre estuvieron presentes en mi vida,

de alguna u otra manera fueron actores fundamentales de mi propia historia.

Mientras hacíamos la selección de textos junto a Maia y Leo hallé en éstos ese mismo rastro iniciático de

mi adolescencia. Jóvenes describiendo su entorno, sus sentimientos, sus transformaciones, rescatando

instantes íntimos, imaginando mundos posibles, revelándonos y rebelándose. No puedo tener certeza

qué será del futuro de los nóveles escritores que integran este libro, algunos quizás sigan escribiendo,

otros no, pero de lo que sí puedo estar seguro es de que ninguno de ellos será el mismo después

haberse lanzado a nadar en las aguas de la literatura.

Juan Manuel Godoy


A la edad en la que estos muy jóvenes colegas han participado de este concurso, yo me estaba llevando

Lengua y Literatura a marzo. Y para aprobarla, entre otras cosas que tuve que preparar, tenía que leer y

comentar algunos de los relatos de Crónicas marcianas. Inesperadamente haber leído esos cuentos, y

después el libro completo de Ray Bradbury, me hicieron salir por primera vez de mi barrio. Y no solo a

otro planeta. Leer, escuchar música, bailarla; desde aquel momento se volvieron indispensables para mí.

Más de una década pasó hasta que me puse a escribir. Y también, gracias a un concurso, fue que por

primera vez publiqué. Y que empecé mi carrera como escritor.

Por eso, cada vez que me toca ser jurado, lo asumo con mucha responsabilidad. Porque sé muy bien

todo lo que está en juego en cada texto que llega a mis manos. Es una oportunidad. Muy valiosa. Es un

incentivo para seguir haciéndolo. Es alguien aprobando lo que otro hace en soledad con todas sus

inseguridades y su timidez. Y así y todo es solo una opinión. Y el azar de que uno haya estado justo ahí,

para encontrarse con estas historias y conmoverse con ellas.

Lo fundamental, después de todo este tiempo, me lo señaló aquella profesora de Lengua y Literatura que

tanto me sufrió y que también tanto me quiso como para solicitar entregarme el diploma cuando

terminé la escuela secundaria. Al dármelo, también me dio un beso y al oído me pidió: nunca dejes de

leer. Con lágrimas en los ojos y con una sonrisa de felicidad tremenda. Es eso lo que les pido a todas y a

todos los que son parte de este libro. Y a todas y a todos los que lo estén leyendo: nunca dejen de

hacerlo. Nunca dejen de leer. Lo que sea.

Leonardo Oyola


LI

TE

RE

TURA

EN

FLOR

Segunda

Edición


Albor

Giuliana Andino

Aspiro una mudanza que no apetezca

de compañías tales

como claveles del aire

ni claros de luna

corroídos en duda.

Primavera encuéntrame,

abrazada al sol

iluminada por mi ser,

ese gran farol,

que ilumina mi senda,

la libertad de cada flor.

Encontrar esa sustancia,

ramificada en mis haces vasculares,

hay un límite, una muralla,

un corazón vuelto olvido,

juguete roto.

¡Camino te emprendo!

Denuncio las sonrisas

del verano en el que sé,

lo que hicimos.

Amor, castigo…

suspiro por escuchar la melodía más serena,

la caja musical que comienza la pérdida de mi tesoro

y atraviesa con su vibra mi piel sin resoplo.

Quiero abatir los senderos

engrandecer el interior,

la puerta que abrí,

cuarto de arena y mar,

sea solo mío,

como mi puesta,

mi crepúsculo,

el albor.


Cuatro letras te sostienen

Juan Ignacio Salvi

Deja verse para quien no respira por costumbre.

Es un encuentro cósmico

el convivir con los fantasmas,

una hermosa locura.

A sus encuentros llevo el cuerpo,

entrego intensidad y movimiento.

Me acobijo entre sus brazos

que batallan soledad y lamento.

A los fantasmas se les da guerra

paz amistosa que nos encuentra.

Compartimos el espacio, los cuerpos

se los registra y saluda.

Se hacen bolas de humo

se elevan al cielo.

Se los come el fuego

quemando los egos.

De a poco y sufriendo

no les faltará nada en tal momento.

Se irán como cenizas amargas

combatiendo el humor del viento.

Cuerpos y encuentros han castigado.

Les toca ahora padecer

chicote cuero y madera

castigos de metal, tierra y polvareda.

Hay que sacudirles el pelo,

sus gritos desesperados

buscarán impregnarse en cuerpos

que ya los han olvidado.

Inspirarse con ellos

captar la nueva idea

hacer del miedo movimiento.

Del Arte los cimientos.


Desvelo

Paulina Rodríguez

La oscuridad y el desgano

se apoderan de todo

todo

se tiñe de tristeza

como una mancha de petróleo

arrasando lenta e inevitablemente

como el fuego en los bosques del sur

como una explosión atómica

me despierto en el medio de la noche

perdida en laberintos que no tienen final

todo

es abismo

trato de sostenerme de imágenes concretas

pero la bruma lo borra todo

pienso en ausencias,

cuando sos grande los fantasmas

son más tristes que aterradores.


¿Soy?

María Emilia Díaz

Yo no creía.

Yo no creía en mí.

Yo no creía que alguien se pudiera enamorar de mí.

Yo no me quería.

Y yo, ¿quién soy?

Ni más, ni menos

que una construcción

con cada una de las partes

de quienes me rodean.

Soy, somos lo que nos rodea,

no sus miradas.

Somos más que ojos.

Somos oídos, tacto, olfato, gusto.

Somos sentidos.

Somos como vivimos

y de quienes nos rodeamos.

Somos entorno y contorno.

Somos y hacemos al otro.

Somos el otro y el otro es uno.

Amen, ámense.


Mensaje

Sofía Medina

Véanlo.

Piénselo.

Háganlo.

Vuelvan a ver, vuelvan a pensar, mejoren lo que

hicieron.

Cámbienlo.

Ayuden al mundo a ser mejor.

Esas pequeñas acciones que logran grandes

/cambios,

pequeñas palabras con grandes mensajes,

no se dejen llevar por el qué dirán

pues sus palabras son como barco de papel en

/canaleta

la corriente misma se lo lleva.

Dejen de pensar si los van a ayudar o no,

háganlo ustedes,

sean el cambio que quieren ver en el mundo

transfórmenlo y háganlo mejor.


El paso del tiempo

Bárbara Ausili

Pongo la pava en el fuego.

Mientras sacudo el mate para sacarle el

polvillo a la yerba, miro la pava negra y oxidada.

Todo se pone en pausa, todo se detiene.

La pava oxidada y el portarretratos del

mueble de la cocina parecen querer hablarme.

Mi mente se rebobina velozmente como

las películas en casete que veíamos los domingos

en casa cuando era chica.

Me veo en ese filme, salgo a paso ligero de

la escuela.

Llevo mis cuadernos forrados en la mochi

y una ranita de chocolate que compré en el recreo.

Con el guardapolvo blanquisucio a tablas

voy hacia mi mamá que me está esperando, como

siempre, a las cinco de la tarde.

En mi casa me espera el nono Coco, como

todos los lunes, con una bolsa repleta de heladitos

de invierno, gallinitas y golosinas.

El nono es tan pero tan flaco que, cuando

lo voy a saludar, él infla el cachete para que le dé un

beso.

El agua de la pava se hierve y el vapor

humedece los azulejos de la cocina.

Me invade un aroma y mi cabeza navega

rápidamente en un mar de recuerdos. Mi abuela

Pirula hierve el agua para los tallarines caseros que

mi hermano y yo le pedimos que nos haga.

Es domingo al mediodía, la mesa está

tendida, y el solcito entra por la ventana pegando

en el pan, haciéndolo más crujiente.

Mi papá habla con mi abuelo de política

mientras yo busco en la puerta de la heladera los

caramelos que mi abuela me dejó…

Alguien cierra fuerte la puerta del edificio.

Pestañeo: Estoy sola en mi departamento

sacudiendo el mate.

En la soledad de mi mañana, me preparo

para mi día, a kilómetros de donde nací.

Es domingo, ya no me espera una mesa

tendida al sol y nadie me guardó golosinas hoy.

Hiervo los fideos más berretas que

encuentro y arranco.

Unos cuantos libros, mi bicicleta y el

equipo de mate, me acompañan al parque.

Mis domingos ya no son los mismos.

Crecí…

Pero este escenario es perfecto, aunque

sea distinto.

Y yo quisiera aferrarme a él con todas mis

fuerzas, para que no se discurra entre mis manos

como las tardes de mi niñez.

Pero no puedo hacerlo.

Porque el tiempo, si es que existe.

Ese, somos nosotres, transformando en

nuestra historia, este preciso instante.


La niñez que nunca volverá

Amilcar Unsain

En Alcaraz, allá por principios del 2000, no

había mucho que hacer. Sin celulares ni consolas

de videojuegos, los niños marchaban todos los

días a la plaza para disputar un partidito de fútbol o

una partida a las bolitas, o se juntaban en una casa

a imaginar miles de situaciones con los juguetes de

por medio, en donde la solidaridad y la creatividad

eran valores básicos para compartir un momento

de puro divertimiento.

Partidos que terminaban 10-0, con

golazos que cualquier relator hubiese querido

gritar; jugadores de bolitas con botellas de plástico

llenas de esos pedacitos de vidrio, que mostraban

todos los triunfos que habían obtenido; juergas y

situaciones locas que sólo ocurrían en el mundo

de los muñecos, vehículos y todo lo que podía ser

utilizado como juguete. Estos momentos, y

muchísimos más, constituían una infancia

maravillosa.

Hoy en día, las plazas del pequeño pueblo

entrerriano están vacías. Las troyas (círculos sobre

la tierra donde se colocaban las bolitas que se

apostaban) desaparecieron con la crecida de los

pastos, y los juguetes están en alguna caja sucia en

donde se amontona “todo lo que no sirve”.

La infancia de ahora es virtual. Los niños, si

se juntan, juegan con una consola (uno al lado del

otro, pero en una pantalla). Para el cumpleaños no

piden más una pelota, el nuevo muñeco de

Dragon Ball o un juego de mesa, sino un joystick,

unos auriculares o un celular. La pregunta que

surge al observar este panorama es: esa niñez, ¿es

real?

Por suerte todavía hay algún que otro

atrevido que sigue pateando un balón con cascos

celestes y blancos en la canchita, algunas

amiguitas que siguen yendo a hamacarse a la

placita, y pequeñines que escriben su cartita de

Navidad y piden un Woody o un Buzz Lightyear.

Por suerte —no sé hasta cuándo— hay quienes

quieren vivir una niñez real. Esa niñez que, si la era

tecnológica sigue avanzando a pasos agigantados,

nunca volverá.


Masdurar

Carla Soledad Prado

La pelota y los pibes me enseñaron de

disidencia más que toda la escuela junta.

Salía a la vereda cuando escuchaba que

venían,

el Tincho traía el bolo

y

aunque era el más cheto de la cortada

la compartía hasta con el Ángel,

el pibito de siete hermanos.

A veces venía el Puchi, cuando Pablito

tenía casi un año y todavía no tenía que cuidarlo.

El arco estaba dibujado con ladrillo en el

tapial de mi casa. No sé si me dejaban jugar sólo

por eso, pero igual me gustaba.

Algunos me hacían medio el ole porque no

me querían tocar. Mientras los más amigos sabían

que estaba todo bien, que estábamos jugando.

Yo corría como una campeona mientras

aprendía a bajarla de pechito sin que me dolieran

las tetas. Y cada tanto me tocaba el arco.

Una tarde en la explanada del rulo a Santa

Fe me fulminaron. Puntinazo a la boca del

estómago: le hubiese dolido a cualquiera.

Paramos un rato y volvimos a jugar. Casi no me

invitaban esa vez porque ya iban casi diez en el

auto pero sabían que a mí eso no me molestaba.

La Agustina jugaba mejor que todos ellos,

la goleaba, y lo sabían. Alta bandada de pibes

peloteando éramos.

Hasta que vino la escuela,

cada vez más formal.

Los boliches,

lo hétero.

Una tarde que no estaban, el Ángel me tiró

la boca contra el tapial y yo ni enterada. Capaz me

gustaba pero había interferencia de clase.

Nos vio mi viejo, un quilombo. Miedo,

miedo de hablar de ciertas cosas: qué onda un

beso, loco.

Seguimos jugando igual, aunque estuviera

la pica, hasta que la normalidad nos ganó la

chancha y comenzamos a chatear y flashear

juntarnos a coger.

Juguemos a no crecer fuera del tiempo.


Sala 76

Nahuel Juárez

Mira su reloj pulsera por última vez. Tic.

Escucha toser a su compañero. Toc. Lo mira. Tic.

Observa cómo el hijo le alcanza un poco de agua.

Toc. Palpa con la lengua las grietas de sus secos

labios. Tic. Nota a los pies de la cama de al lado,

una silla repleta de bolsos y ropa. Toc. Recorre con

la mirada la junta de las grises baldosas. Tic. Un hilo

de luz en el suelo se abre lentamente como un

abanico. Toc. Blancos zapatos sobre blancas

medias que cubren las pálidas piernas de la

enfermera entran a la habitación. Tic. Cuatro

tirones al rollo de cortina iluminan cada rincón.

Toc. Mira a la enfermera. Tic. El sol entra abrupto

por la ventana abierta. Toc. No siente en su piel el

roce de la brisa. Tic. Ni a la enfermera esconder las

sábanas bajo sus tiesos pies. Toc. La sigue con la

mirada al alejarse por el pasillo. Tic. Ve unos

zapatos marrones bajo la cama vecina. Toc. No

encuentra sus zapatos. Tic. Ve reír al vecino y su

hijo. Toc. No los escucha. Tic. Imagina el sonido.

Toc. Mira hacia la puerta. Tic. Sus ojos, lentos,

perciben el vaivén de personas en el pasillo. Toc. Se

detienen en los detalles del marco de la puerta. Tic.

Curtida. Toc. Por los años. Tic. De uso. Toc.


Una pequeña muerte

Emanuel Martín Canedo

Con las mariposas es más fácil. Si bien el

mito dice que hay especies que sólo viven días, lo

cierto es que algunas, como las monarcas, llegan a

meses, pero en la práctica es lo mismo, si sabés

que te vas a morir pronto te adaptás más rápido.

Nosotros en cambio somos hijos e hijas

del rigor. A veces ni la amenaza de dejar este

mundo nos basta para cambiar.

¡Mirá cómo se vistió! ¡Mirá lo que se hizo en

el pelo! ¡Mirá ese tatuaje! Mirá, mirá, mirá, pero

mejor frená y observá.

Observá que detrás de cada cambio hay

una pequeña muerte y una vida nueva. Esa remera

rosa te costó años de deconstrucción usarla; ese

pelo flúor es ya no creerte lo que eras mucho

tiempo; y ese tatuaje fue un recuerdo que se te

pegó para siempre.

A veces ni siquiera es algo físico. ¿No te

pasó mirarte al espejo y no saber quién sos?

¿Cuántas mañanas te levantaste tan cucharita

revolviendo el café con leche sin poder

azucararte? ¿Cuántas noches no supiste si la

oscuridad era por un farol quemado o la llevabas

adentro?

Por más que lo digan, no hay mentira más

grande que esa que solo se nace una vez. Dirán los

respetables científicos que biológicamente no

podemos venir a este mundo más que en una

ocasión, y algo de razón tendrán, pero yo creo que

nacemos infinitas veces.

Nacemos en cada palabra que transforma

y cura; somos cada frase que te hace detener a

pensar mirando el ocaso, apagando por un rato el

celular y las malditas redes. Somos los que se caen,

para aprender a levantarse; los que experimentan

cambiar la verdad con sus reglas, y no me vengan

con eso de que los tiempos no se modifican,

porque las revoluciones nacieron para eso, para

romper con todo.

Ya sé, a vos también te dejaron en cenizas

el corazón, y casi nunca es sencillo esto de ser

fénix, pero te aseguro que pasa más seguido de lo

que pensás.

Porque para ser como una mariposa no

hace falta mucho. Bastan dos alas bien coloridas, y

el sueño necesario de emprender el vuelo hacía

una vida por estrenar, una que por fin nos cambie,

nos arda por dentro, y haga que esta mentira de

andar buscando néctar y flores valga toda la pena.


Ciclos

María Eugenia Briata

Cerrar círculos viciosos.

Limpiar las heridas con sal.

Cambiar de camino y de guía.

Dejar que todo vuelva a empezar.

Perder las esperanzas oxidadas,

corroídas lentamente por la espera.

Comenzar el duelo inevitable.

Renacer como el Ave Fénix.

Volver al punto de partida.

Tirar los dados, girar la rueda.

Y confiar en que la próxima jugada

traerá de nuevo primavera.

Abrir camino a lo nuevo.

Cambiar el matiz del lente.

Recuerdos con enseñanzas

que duelen por estar latentes.


Constructo

Sabrina Marinozzi

Aprender.

Transformar.

Hacer.

Soñar.

Conocer.

Enseñar.

Vencer.

Todo panfletario, todo de manual,

todo neoliberal.

Que frase de Facebook,

que tatuaje berreta,

que cuadrito en la pared,

que stiker en la carpeta,

en el termo,

en la compu,

en el orto.

Todas planicies,

porque las planicies, decidieron dejar una tercera

dimensión fuera

/negarla

porque no tranzan con las formas.

Planicies que nos dicen cómo vivir, cómo amar,

/cómo subjetivarnos, cómo comer

/cómo, como,

cómo comer a otros.

Plagadas de verbos en infinitivos,

acciones individuales,

exentas de sujeto.

Decir que alguien las hace y nadie las recibe.

Decir que nadie las hace y nadie las recibe

es no decir nada.

Mutar.

Mover.

Cambiar.

Elegir.

Liberar.

Construir.

Desear.

Es que nadie se quiere hacer cargo

#Soltar.

Soltar, una mierda.

No soltemos, hagámonos cargo.

Sostengamos.

Porque sostener es meterse en la porquería

hurgarla, organizarla.

El mal ya se inventó con el bien.

No hay buenos.

Solo son jodidos, que no tienen ganas de

/hacerse cargo de su mal

de ubicarlo en el mejor lugar, donde más brille

donde no haga daño.

Hay que saber dispararlo,

contra algún enemigo competente, con buenas

/armas

alguna que queramos tener en nuestra cancha,

no sé, el aborto.

Un gran bien es organizar nuestros males.

No negarlos fundando ciencias absolutas

ni frases escuetas.

La cosa se hizo, ya existe.

Descuarticémosla, y volvamos a armarla

con todos su pedacitos de historia,

con sus deseos, todos,

los verdes esperanza, los azules eléctricos, los

/rosas, los negros.

La real transformación, no termina.

Es acción constante.


Cines

Laura Inés Miyara

Cuando era chica

y caminaba

con mi padre

por la peatonal

San Martín

él señalaba una

construcción

abandonada y decía

“Esto antes era un cine”

y miraba

perplejo

los fósiles

de su tiempo un

tiempo de cines

sembrados

por toda Rosario un

tiempo de

yogures

más ácidos de

inviernos

más fríos de

céspedes

amarillos

miraba

hacia arriba en

busca de una

esencia

perdida en la

mudanza de

los años en

la traslación

terrestre no hay

alquimia posible

para

recrearla una

vez que

desaparecen

los cines

los videoclubes

los arcades

los cibercafés

es demasiado

tarde pero yo

había encontrado

una salida y

era no aferrarme

a nada a ningún

sabor a ningún

sitio vivir

para siempre

en el no lugar

de la juventud en

la ovulación permanente en

el plexo solar

del optimismo

aliento fresco cabello

suave colores

vibrantes y

aunque

no pueda

desentenderme

del efecto estético

renunciar

a su seducción

sin admitir

en ese acto la

complicidad

de mis poros

tersos mis

caderas

indoloras y

mis aguas dulces

los alcances

de mis atributos

son limitados

como es

limitado

el perfume dentro

de un frasco o el calor

de una sopa la

vida

se va extinguiendo

a la vuelta de

cada cine en

el fondo de

cada yogur

si la guerra es

absurda

qué decir de

la paz el más

controlador

de los dispositivos

no queda

en esta cuadra

ningún cine

en esta arruga

ningún fósil

siquiera

de los cines pero

en vez de evocar

en vez

de buscar

en vez de seguir de largo

hay

que reunir algunos

ladrillos

lijas clavos

baldes

de pintura

y construir

para nosotros

sobre esta tumba

en calle

San Martín

un cine

nuevo.


De pibe siempre quise ser un superhéroe

Gabriel Acosta

Como los que hay en los dibujos que vemos en la tele

un día como hoy

mientras viajaba en mi mente con mi traje de superhéroe

pensaba que volaba y me tiré de la terraza.

Qué tonto fui, qué golpe me di

al darme cuenta que no volaba.

Mientras mis amigos se reían a carcajadas

me llovían los balazos de todos lados

creo que ni el piso toqué de la vergüenza que pasé en el aire.

Me levanté sin pestañar

lo enfrenté.

Y a los golpes me crié.


El cauce correcto (Go with the ow)

Paula Pascuali

Me acostumbré a muchas cosas en la vida

pero hay una que siempre me sorprende.

Cada vez que miro el río se ve diferente

su esencia se mantiene pero nunca es el mismo.

Debe ser que cada vez que me acerco

yo también estoy distinta

muto, germino constantemente

aunque por fuera me vea igual.

Me trepo a una de las barandas

intentando buscar mi reflejo en ese espejo

/infinito

y recuerdo los días cuando éstas ni siquiera

/existían

paseando en auto asomados por la ventanilla

para ser los primeros en ver un pedacito de agua

/amarronada

a través de los frondosos árboles.

Comprendo entonces cómo dejar esa niña atrás,

que siempre buscó su imagen plasmada

inquieta por poseer una identidad

ha sido el motor para atravesar el tiempo

y convertirse en la mujer que soy ahora.

Cada rayo de sol encandila un espectro

de millones de gotas de agua alborotadas

en constante movimiento y excitación

como cada instante efímero de esta vida finita,

como la primera vez que fuimos al parque,

como la primera vez que vimos a “Mi nave”,

como la primera vez que dormimos juntos

el sol salió diferente esa mañana en plaza San

/Martín.

Una ráfaga de viento sacude mi rostro

la realidad me golpea de repente

anticipando que algo nuevo se acerca

todavía no sé qué es pero me dejo llevar por la

/corriente.


Hondura

Georgina Rivolta

Me descalzo, pongo los pies en el agua.

Pienso las olas como augurio de limpieza

de todo atisbo de pasado o, tal vez, presagio de futuro.

¿A quién le hablo de pasado y de futuro?

¿A quién le hablo de pasado y de futuro

si el presente se desarma furioso en la orilla,

descansa y se retrae para volver a armarse?

Una vez, dos veces, tres, infinitas.

Pierdo la cuenta. Me levanto y camino, me sumerjo sin ropa.

Ya no soy una simple espectadora,

ahora soy yo misma estas olas. Ahora soy electricidad pura

alcanzando profundidades insospechadas,

con peces en mi estómago danzando.

Tan lejos de lo estático,

soy ese naranja que se asoma en el horizonte. Me escribo sobre estos granos de arena

que antes fueron rocas y hablan del devenir,

en mi cuerpo que hoy es una fiesta.


Mujeres de nueva historia

Luciana Redondo

Te miro y puedo comprender

cada uno de los lugares donde te duele.

Vamos en el 133 y estoy sentada enfrente tuyo.

No te conozco,

pero aun así te siento cerca,

será que tenemos una historia en común:

somos mujeres.

Reconozco en tus párpados que estás cansada,

llevás con vos la sensación de haber visto ya

demasiados golpes de la mano de otros nombres

que nunca dieron un peso por vos.

Yo también estoy harta,

llevo acalambrada el alma de tanto que se nos ha

/quitado.

Somos un montón de heridas abiertas que

/caminan

en una habitación rodeada de cuchillos.

Hoy llevás ese dolor, mujer,

porque no te has pertenecido desde hace

/décadas.

A puro sedante hemos sido criadas

para ser obedientes y hacer silencio.

¿Pero quién nos ha podido mentir tanto

para que nos creamos seres incapaces?

Si nacimos mitad espada mitad flor,

si llevamos en la sangre la capacidad de

/transformar la oruga en mariposa.

Con el tiempo nos convertimos en esas ciudades

que están tan rotas que se vuelven poesía,

de tanto arder empezamos a iluminarnos.

Avanzamos con todos los semáforos en rojo,

agarramos la bronca atornillada en la garganta

y los adjetivos que no existían para describir tanta

/violencia,

y nos volvimos a pertenecer.

Hoy te miro, mujer,

y te abrazo,

siempre se me ha dado fatal

respirar cerca de una injusticia.

Ya no seremos más esa que se dormía,

despojada de hasta su último aliento,

con la mitad de ellos perdida en alguna parte de

/su cuerpo.

Rotas, caminaremos igual,

Porque ¿quién va a saber de ausencias más que

/nosotras

que somos una menos cada 30 horas?

Quiero decirles

que no nos dejaron más remedio

que aprender por nuestra cuenta

otras maneras de usar los labios

para nunca más volver a callar.

Como en los viejos tiempos,

en los que se cantaba para medir el tiempo

cuando todavía no existían los relojes,

ahora el latido de nuestra lucha marca el ritmo

de esta nueva historia.

Hoy la mano salvadora viene de nosotras

/mismas.

Qué bien brillas, mujer

olés a libertad

tanto como yo.

La vida se nos dio en medio de todo este caos

y no está en mis planes volver a ocultarme.

Hoy me apropio de la escritura,

de las calles

de mi cuerpo

de todo lo que siempre fue mío.

Hoy me quito la muerte,

como mejor me sale:

con un poema.


Paloma Siemens

Se seca la última lágrima.

Nace un vello en un ombligo gris.

Se rompe una maceta con una esperanza

en un patio triste sin esperanza alguna.

A dos cuadras

una anciana arrellanada en su sillón

da vuelta la página del diario.

Un niño

sin saberlo

presencia el último vuelo de una mariposa.

Te vuelvo a llamar

pero no contestas.

Lejos

en algún patio interno

cae un mosquitero.

Fin de una ventana.

Hueco.

Olvido.

Mosquito.


Primavera somos

Ayelén Farías

Hablamos y nos miramos

al borde del colchón verde

de agua

que ya era tu pileta

que combinaba

con el pasto del patio

con tu remera

y tus ojos

(hermosos).

Nos callamos y no nos miramos

ahora

embobados

miramos

perdidos

el panal vacío que colgaba del árbol del fondo

sin ver

que las abejas volaban

sobre nosotros.

Sin darnos cuenta, habíamos florecido.


Vos

Candela Settecase

El significado de la palabra “vértigo”, lo descubrí cuando volvía del parque,

un viernes a la tardecita,

con los auriculares puestos:

tu voz en un audio cantándome un tema

desde el patio de tu casa.

Cuando me da miedo la distancia

busco en el mapa el camino que deja tu delineador

en la funda de la almohada

y te encuentro.

En un rincón de mi boca siento el perfume

que me dejaron los besos que te di en el cuello.


Dignidad – Lealtad – Educación

o Las Metamorfosis De Silvio.

Pedro Silvio Vivono

I. EXHORTACIÓN.

Bajo luz de Atenea,

justa senda pisemos.

El paso de un estado

a otro, analicemos.

Los problemas difíciles

serán que moldeemos.

Extrañas soluciones

combinados forjemos.

II. CAMBIO Y CONTINUIDAD.

El nuestro movimiento,

muta como Proteo,

el que anula lo actual,

guarda vigilia atenta.

Combate erguido contra

Scrooge explotador.

Ráfaga armada sobre

narco envenenador.

¿No querés esta opción?

Queda aceptación, o huida:

adentrate en lo insano,

de irrealidad fluida.

III. ALUCINACIÓN.

Sumerge tu cerebro

en el éter onírico,

y trasplanta tus ojos

a lugar psicodélico:

revoluciona torno

al corazón esférico,

transita por no euclídeos,

fractales edificios,

junto al mármol que cubre,

blanquísimos caminos,

a los cuales animan

obesos Dendrosicyos.

IV. CRUDO.

Te saco de un idilio

para al fango caer.

Volvamos al concreto,

hay mucho por hacer.

Sólo muy fuertes brazos

lograrán deshacer

entuertos y crueldades

que hacen languidecer.

Ya que la sociedad

vive larga agonía,

sin ideas perdió

a su alma en simonía;

sin gana o compromiso

a hedoné seguiría;

aplastada y engañada

yugo no quitaría.

IV. PUNTA.

Como de Echeverría,

mis rimas son políticas.

Doy mensajes del día

que hacia el futuro envían.

Vivir con dignidad,

respeto y autoestima

con certeza yantar.

Para salvar lo bueno,

vivir con lealtad.

Una vida educada:

saber que nuestro hogar

no vamos a entregar.

Joven, abrí la puerta,

aplicá cierta dosis,

para dar el acmé

de una metamorfosis.


En todos lados está

Matías Bengoechea

Esta primavera transformamos todo,

paisajes, pasajes, camuflajes.

Llamálo como quieras, y sea lo que sea,

en este paraje llamado vida se transforma todo.

Tomando un mate en el lago,

hago metamorfosis, dosis de cambios, como una relación de simbiosis.

En este período, todos parecemos alquimistas,

porque es donde formamos días de oro.

Transformación, mutación de todo ser vivo,

por un simple motivo, supervivencia.

La esencia, la belleza de la naturaleza,

tanto nos otorga, desborda gentileza,

sin esperar ninguna ofrenda.

Es como una diosa, pero más bien

es una princesa que en primavera se vuelve reina.

Tantos cambios, ni nos damos cuenta,

vivimos ocupados en nuestra jungla de asfalto,

faltos de consciencia…

En vez de aprovechar los espacios verdes,

vivimos pensando en ganar unos billetes verdes.

Y no es primicia,

llegamos a los cuarenta y nos damos cuenta,

cuánto tiempo se desper-dicia.

Como se transforma una idea en una mente crédula,

como se trasforma una larva en una libélula,

como un átomo con ayuda de otros pasa a ser célula,

como un hueso solo no es nada, pero muchos forman

una médula espinal, y para la primavera no hay final,

porque en todos lados está.


Entre luz y sombra

Dani Blue

Hoy te veo pasar,

entre luz y sombra.

Ya es algo natural,

como quién lo nota.

Cuando te nombran y me emociona,

es la ilusión...

En la que tu boca a mí me convoca,

en corazón.

Entiendo que no sos el centro, no,

del universo.

Pero sí un color más,

que se satura,

se derrite,

y se desdibuja entre las líneas,

cuando lo pidas.

Voy a tener tu mente en frente de nuevo.

No sé si pueda calmarme ahora que te veo.

Mi historia no tiene nada que ver en esto.

Sos la magia que inunda mi mundo hoy.

Cuando te nombran y me emociona,

es la ilusión…

En la que tu boca a mí me convoca,

en corazón.

Entiendo que no sos el centro, no,

del universo.

Pero sí un color más,

que se satura,

se derrite,

y se desdibuja entre las líneas

cuando lo pidas.


Aquelarre

Juan Ignacio Ramírez

El bosque brillaba de magia aquella noche. Podía sentir la energía flotando en el aire

y por todo el lugar. Las luces de una fogata resaltaban entre los árboles, como luciérnagas

en la oscuridad. La llamaban. Debía estar allí. Se internó entre los árboles, apartando ramas

a su paso. Apurada, como con miedo a que aquello tan maravilloso desapareciera. Cuando

llegó al claro del bosque, quedó extasiada con la escena que presenció.

Decenas de brujas bailaban alrededor de la enorme hoguera. Sus pechos estaban

desnudos y sus cabellos y cinturas adornados con flores frescas del bosque. Danzaban

abrazadas a faunos de pelos rizados y pezuñas de cabra. Saltaban al son de la música que

tocaban bellos elfos de cabellos plateados y rostros angelicales. Danzaban y saltaban libres.

Y cantaban. ¡Ay de aquel que pudiera oír ese canto! Las voces del aquelarre se

elevaban al estrellado cielo nocturno junto al humo de las ramas sagradas.

Al verla, chillaron de alegría ante la presencia de una igual. Con manos juguetonas,

la tomaron de los brazos y la hicieron saltar y girar alrededor del fuego. Su mente estallaba

de emociones y sensaciones. El olor de las ramas de pino al quemarse, el rocío del pasto en

sus pies y las manos de los seres apretando las suyas. Danzó y danzó hasta que sus piernas

no pudieron más. Y, finalmente, cayó agotada entre las hojas que cubrían el suelo para

sumergirse en un pesado sueño.

Cuando despertó no quedaba rastro alguno que demostrara que la pasada noche

había sido real. Parecía todo salido de un delirante sueño. Sin embargo, su vida cambiaría

por completo cuando descubriera más tarde las marcas de pies y pezuñas en el pasto verde

de aquel paraíso terrenal.


Brindis por el silencio

Adwin Akin

El silencio da su invitación cordial; nos expone a la conciencia de dos

factores, corazón fríamente, y nos enfrenta a una realidad que, aceptándolo o no,

nos empuja a transformarnos por la realidad que se aproxima entre estragos de la

sociedad moderna global contemporánea. Surge ese desconfiado origen del

dilema "ser o no ser" y por lo dislocado de la propuesta competitiva de consumo

de cosas necesaria e innecesarias lleva el interrogante "qué ser" ¿qué nos gustaría

ser?

No nos dejemos engañar, la materia es efímera y en momentos

compartidos activa nuestra naturaleza social compartir el calor de ser benignos

unos con otros y entender que estamos todos juntos en las crisis y victorias.

Ahora ¿cómo transformar mi distraído corazón y mente con tanta distracción

tecnológica? El incómodo pero sabio silencio me pone a pensar, retractarme y

autovalorarme, y saber qué me transforma.


Brújula

Pablo Daniel Herrera

No quiero que seas testigo de mi experiencia, quiero que seas cómplice de mi

devenir. Una venganza moderna hoy, volver a las raíces del uno a uno. Quien pudiera.

¿Cuándo fue que caminar de un lugar a otro se convirtió en una balsa a la deriva? Ya no

hay norte, estamos en el medio de la brújula girando continuamente. Moralejas surcan mi

cabeza esta mañana de sábado. Crucé fabulas en el tiempo para encontrarme, pero abro

los ojos y ya no reconozco el paisaje. Quedan rastros, siempre los habrá, las migajas para

pegar la vuelta. Sólo quiero que la lluvia las desaparezca

Por eso miro el río, esperando que me arrastre con él. Al otro lado del mundo,

miraba los remolinos armarse y desvanecerse. Otros tonos y otros ecos. Allí, en la

soledad de otro instante me sentía feliz. No sólo por mirar el horizonte eterno, sino por

ver otro cielo caerse a la distancia.

Auriculares, una voz susurra que puedo parar y respirar, sin necesidad de buscar

más lejos por la felicidad, porque el corazón encontró el hogar. Le creo, es sincera. Ansío

que un poco de esa honesta paz derrame en mis oídos. Se apodera del día una fresca

brisa otoñal, esas que entumecen las mejillas, la única piel que le muestro al sol. Se abre

paso en el noreste, obligándome a achinar los ojos, y por instantes cerrarlos.

La rutina irrumpe, mi compañero es joven, despierto para sus incipientes veinte

años, y yo aquí, pisando otra década. Estudiante, cínico y comprometido. Cualidades que

hacen un gran expediente en mi inmarcesible búsqueda romántica, pero no es para mí.

Otra oportunidad perdida que pesa sobre mis hombros. Necesito romper con el

anonimato voyerista de estar siempre unos metros atrás del amor. Validar quien soy, con

quien soy, yo. Diseminar una sonrisa en mi alma inquieta.

Un llamado rompe el silencio. La música sigue recitando: ella está sentada en el

techo del mundo, sin saber cómo llego, ni cómo bajar. No puedo evitar añorar, con mis

manos heladas ¿alguna vez me sentiré así, con los pies lejos del piso, pendiente solo del

momento, de ese momento?


Bucles de presunta Resiliencia

Brenda Maela Guaglianoni

“Cambiaste”. No sería la que primera vez que alguien te soltaría esas palabras, así como tampoco

sería la última.

De a poco. Con cada caída. Con cada golpe. Con la culpa sobre los hombros. Con la rabia en la

mente. Una opresión en el pecho. Todo comienza a distorsionarse. Cicatrices. Escozor. Estigma. Te

preguntás en qué momento te percataste que las cosas no volverían a ser como antes.

En qué momento te percataste que la música tenía un sonido distinto. Que los sabores los

percibías con otro gusto. Que los colores los veías a través de nuevos cristales. Que los aromas te

despertaban incluso otros recuerdos. Que ahora vos disfrutabas de ciertas cosas con un deje agridulce,

la nostalgia se te presenta con la melancolía como su compañera indiscreta.

Y a la vez que todo te resultase tan sospechosamente familiar, como un constante déjà vu.

¿Debiste sobrepasar la vida como una pista de obstáculos? ¿Cuál ha sido la recompensa? Quizás

en cada una has logrado una metamorfosis. Seguir sobreviviendo, cada día, cada minuto. Algunas por

etapas. Otras eran una mentira para sobrellevar todo mejor. ¿Te ha costado lo que has querido? ¿O sentís

que aún no te recuperaste del todo?

Si pudiste lograrlo: ¿Crisis se convirtió en Oportunidad? ¿Escuchaste esas palabras de apoyo y

cliché: "Sé fuerte y podrás superarlo todo”? Miserable ley del más fuerte. A pesar de tus oportunidades,

¿pudieron contra tus desventajas? ¿Alcanzaste o no la famosa Resiliencia?

Comenzás a aprender de tus errores del pasado para entonces cometer otros. E incluso, con tus

ausencias y tu misma inexistencia, para otras personas será parte de su propia metamorfosis, constante.

Te reinventás y los demás a su manera, a tu alrededor también.

No te has detenido alguna vez a pensar: ¿Serías esa persona de siempre si todo aquello jamás

hubiera sucedido? ¿Pensaste alguna vez que aquellas personas que forman parte de tu vida las

conocerías? Que muchos de ellos tuvieron que sufrir para ser esas personas amables. Que muchos de

ellos tuvieron una vida difícil y por eso su actitud austera y desconfiada. ¿O nacieron así? ¿Los astros han

tenido que ver o son sólo una mera excusa?

“Cambiaste”. De nuevo, pensás en esa palabra ¿Realmente cambiamos? ¿O tan sólo aprendiste a

adaptarte, acostumbrarte, y quizás un poco, a resignarte? Te queda eso o simplemente seguir en tu

bucle. Pero algo dentro tuyo dejará siempre de ser igual.


Caleidoscopio

Yanin Mariel Gulam

Sentada frente a las facturas que ella misma había llevado -no podía caer con las manos

vacías a ese pueblo en donde nada abría hasta después de las cinco- se preguntó si alguna vez

tendría con Juani lo que miraba en la televisión. Dos viejitos bailaban tango agarrados firmes de la

mano. Se miraban y sonreían, vestidos con trajes que parecían disfraces. ¿Se habrán acordado de

las fiestitas de la escuela, cuando también tenían que producirse y parecer más jóvenes de lo que

eran? ¿Hacían festejos escolares en los años treinta? Celina se perdía en divagaciones mientras

escuchaba la explicación de ese viejito de la tele que ahora estaba al lado de ella, y que le contaba

de esa vez en el crucero -15 de abril de 2010- cuando se había animado al concurso de talentos

con Rosita y los turistas habían aplaudido, y ellos se habían reído de vergüenza y felicidad.

Los abuelos de Juani eran unos genios. Eso quería decirles cuando terminara el

video. Habían comenzado a disfrutar aquello que los jóvenes -decía Rosita- habían logrado

obtener sin esperar al reuma ni a la artrosis: el tiempo de ocio.

Tan distinto a lo de su papá. A Celina eso la angustiaba. Él se había muerto sin poder

disfrutar de su jubilación. Le había agarrado un ataque en su consultorio, en pleno trabajo. Ella

creyó que su mamá se moriría de pena, siempre pegada a él, tan amorosa, tan frágil. Había sido

muy difícil.

Sus papás se amaban, y estos abuelos también, así que no podía ser tan complicado,

pensó. Pero un miedo la seguía, y parecía susurrarle amenazas al oído. Ella quería ser Rosita dentro

de cuarenta años. Y nada más.

La canción de tango frenó de golpe y los turistas se pararon a aplaudir. Celina vio a una

mujer colorada que después del vitoreo besó con énfasis a su acompañante. Un hombre de traje y

corbata, algo canoso, de aspecto cansado. El señor miró a la cámara por un instante, y fue

suficiente para que ella comprendiera lo que ahora sabe y nunca quiso ver: su padre y sus

congresos eternos. Quince días antes de haberlo llorado mirando su ataúd. Esas lágrimas, que

habían corrido a velocidad crucero, se repetían ahora, lentas, impasibles, frente al televisor. Eran

unos genios y ella se había emocionado, sólo eso iba a decir. Sólo eso.


Cambios de estado

Silvina Joana Di Vito

“Nada se pierde, todo se transforma”, escuchó desde pequeña, en el estribillo de la famosa

canción. La inocencia de cantar sin comprender el mensaje, sin preocuparse del mañana, llevó

esas estrofas al olvido, porque no significaban nada, porque no era el momento. La vida sigue.

Los años pasaron. La niña creció. Su cuerpo ya no era el mismo. Sus pensamientos

tampoco. En la convulsionada neblina en la que se encontraba, donde no había aparente salida,

pudo hallarse de a poco. Construir su yo, en un mundo donde el hoy no es igual al mañana. Los

cambios siguen.

La joven no entendía, sin embargo, la razón de sus alteraciones. La canción preferida que

variaba constantemente. Las amistades que se fueron y las que llegaron. Las ganas de luchar y de

permanecer inmóvil. El hielo derretido y el agua evaporada. Las transformaciones siguen.

En el presente todo parece más claro que nunca. Esa etapa de reposo, donde cada cambio

es aceptado e incorporado lentamente, casi disfrutándolo. Ahora ella escucha muy seguido esas

palabras, y explican el universo a su alrededor. Se deja arrastrar por la corriente invisible que nos

lleva, inevitablemente, a seguir.

“La energía no se crea ni se destruye, se conserva y se transforma”. Primera ley de la

termodinámica. Así lo enseñan, y así lo escuchó la mujer también. Incluso al abrazar la física años

más tarde seguía siendo confuso, como la canción. Pero llegó el momento donde comprendió

que ella también es energía y experimenta lo mismo que todos los demás sistemas. Sólo en ese

entonces, estas palabras cobraron sentido.


Como cuando jugaba con mis hermanos en verano

Mauro Iván Granata

Siento asfixia. Como cuando jugaba con mis hermanos en verano, metidos en la pileta.

Veíamos quién aguantaba más, quién podía lograr administrar eficientemente el oxígeno

circulante por todo el cuerpo. Siento la misma presión que sentía sobre los oídos o dentro de ellos

y la cabeza a punto de estallar de un momento a otro. Algo pesa sobre mis espaldas. No es el

agua, tampoco es una mochila cargada de libros, ni una bolsa para hacer mandados. Desconcierto

y duda. No sé qué hacer; si salir al exterior o quedarme ahí, sumergido y relativamente protegido

aunque asfixiado en aquella oscuridad. Oscuridad llena de puntos blancos como estrellas que no

iluminan; su luz restringida a su lugar. Están bailando y moviéndose como una pareja de

enamorados en una pista de baile, al son del silencio que se transforma en un silbido estridente,

que aturde, pero que uno aprende a hacerlo suyo. El silbido se transforma en un insulto, el insulto

en una escupida, la escupida en un golpe en la cara que trasciende al corazón y al alma, si es que

existen; ¿tengo corazón? ¿Tengo alma? me pregunto. Los golpes duelen pero queman como debe

quemar la onda expansiva de una bomba atómica; y me ciegan como debe cegar la luz de la

explosión. Ya no puedo respirar. El oxígeno se extinguió y mi cuerpo lo reclama como se reclama

a aquél amor perdido que no se sabe que existía hasta que no se tuvo más. Esa dicotomía entre

existir muerto o vivir, llega. Sabía que llegaría en algún momento. No, siempre estuvo ahí, presente,

pero ahora se revela como un secreto que estuvo latente en la boca de todos y me llega, tarde,

pero lo hace al fin. Sé que es una cuestión de decisión, aunque suponga la destrucción de lo que

fui. Grito, pero el agua impide que tenga sentido lo que digo: solo salen burbujas y algún sonido

deforme. Me empujo y rompo la superficie que estaba calma. Una llanura mentirosa que intentaba

representar un orden que no existe más que en la mente de los demás. El aire ingresa y llena cada

rincón de mis pulmones como el agua de la lluvia que se mete en las grietas de la tierra arrasada

por la sequía. Por momentos abruma y es asfixiante, pero el peso del que fui desapareció. Ahora

soy y eso es lo que importa.


De cuando ella regresa

Josefina Toscano

Era abril y Olivia recordó lo mismo que el abril anterior: las cosas no eran igual que antes.

Cerró los ojos y se vio a sí misma sentada en el sillón del living con su papá y su hermano,

abrazándola, por última vez. Del otro lado de la casa estaba su mamá. Cerró más fuerte los ojos

pero no pudo recordar qué estaba haciendo. La imaginó en su cuarto, echándole agua a las

hortensias que su papá le regalaba cada aniversario de cada mes. Olivia sentía una especie de

magia en ese ritual.

Mientras la escena familiar se desdibujaba poco a poco, trató de recordar lo que había

hecho en ese momento, pero un año atrás. Antes que el vendaval que le tocó en suerte

cambiara su vida para siempre. Se pensó riendo, abrazando a su hermano o haciendo nada. Le

dio vértigo lo que su memoria olvidaba con el tiempo.

De pronto abrió los ojos, se posó sobre la ventana del dormitorio de su papá. Olivia se

miró al espejo y se notó menos colorida que el día anterior. Había pasado un año y todavía no se

acostumbraba a que el color de sus alas no la dejase mentir sobre cómo se sentía. A veces, la

felicidad la teñía de naranja y, otras, la soledad de color gris.

Revoloteó por la habitación un rato. Quiso volar con los ojos cerrados pero se chocaba

con los muebles que ahora habían cambiado de lugar. Extrañaba lo fácil que era su vida cuando

sencillamente podía aferrarse a las cosas importantes.

Su padre interrumpió su paseo matutino, estaba un poco más viejo y más cansado. No

del todo rendido. Lo vio regar las hortensias donde a ella le gustaba reposar por las mañanas y,

que ahora, le traían el perfume del pasado.

Batió sus alas con furia esperando que algo sucediera, pero las cosas solo parecían

cambiar cuando cerraba sus ojos. El vuelo era cada vez más intenso y, mientras surcaba de un

lado a otro alrededor de las hortensias como si aquello mágico volviera a ocurrir, se preguntó

cuál sería el huracán que su aleteo estaría causando en ese momento.


Despedida

Fabrizio De Lisa

Lara giró por última vez a mirar. Todo parecía tan siniestramente tranquilo esa tarde que ni

el perro de los Roble se animó a romper el hilo de silencio que recorría la casa. No sabía bien por

qué pero sentía que la luz coloreada del vitral, a través de su molino geométrico e incompleto, no

le permitía dejar el lugar. Con una especie de nostalgia prestada (sólo recordaba haber estado en el

campo una vez de niña) se despidió de aquella imagen como quien se despide de un viejo amigo al

que nunca volverá a ver. En su paso triste y pesado, abstraída en sus recuerdos, tropezó con una

baldosa floja del pasillo del este, tropiezo que le valió la mesita ratona del teléfono la cual no

resistió el desesperado abrazo. La baldosa, que había saltado por los aires con la patada, dejó ver

un papel amarillento y ajado que guardaba secretamente bajo su espalda. “Ja, los albañiles del siglo

XX más que con alambre lo arreglaban todo con papel” pensó, y le causaba gracia. Mas cuando fue

a acomodar todo en su lugar descubrió que ese papel era algo más que un nivelador provisorio. Lo

desplegó, con el cuidado de quién desencofra una momia, y leyó:

13 de marzo de 1934.

Dejo constancia, en este papel que firmo, de que jamás volveré a pisar este suelo. No a

ningún otro sino a mí mismo; A mí, yo futuro, que pronto será pasado, será olvidado. El humear de

esa chimenea no es más que la quema de mi historia; El buque un candado, mi punto final; Y esta

baldosa suelta lo último que me detiene, la última piedra en mi camino. No tengo dudas: quien no

comprende mis pasiones no merece mi compañía. Y no digo más porque es hora de partir. ¿Pudo

haber sido diferente? Quizás, nunca lo sabré. Hoy creo comprender mi destino. Ya no me resisto a

él.

Francisco S.

Lara terminó de leer, guardó el papel en su bolsillo y acomodo todo. Miró su reloj, se hacía

tarde. Apuró el paso poniendo atención esta vez en no chocarse con nada. Revisó su agenda:

“Muelle 8”. Tomó los pasajes. Cerró la puerta y dio al cerrojo dos vueltas por última vez.


El árbol de la plaza

Berenice Guitard

Gala iba todos los días al árbol de la plaza. Se sentaba a las tres de la tarde y

a las seis partía devuelta. No hacía nada en especial. Simplemente se apoyaba contra

la áspera corteza, tomaba aire fresco, se nutría del sol.

Gala no era una mujer cualquiera, por más que lo parecía.

No tenía hijos, pareja o amigos. Su sobrina era una de las pocas personas

con la cual podía compartir cafés y un poco de charla. Pero ni siquiera le satisfacía

hacerlo. Sólo cumplía con la obligación ya que resultaba la única pariente familiar

viva y con la que no estaba peleada.

Gala era demasiado inteligente. Sabía más de cuatro idiomas, estudio dos

carreras universitarias al mismo tiempo, y siempre lograba salirse con la suya.

Disfrutaba hablar sobre política, literatura, filosofía griega. Cine y temas tabú.

Pero los hombres con los que ella siempre recaía en salir, se mostraban reticentes

de besarla al final de la cita ya que no les agradaba ni un poco el hecho de que una

hermosa mujer con suave nombre y larga cabellera se mostrase tan letrada y

orgullosa de ello.

Por eso, solo se concentraba en sus diarios personales, en militancias, en

recetas veganas. Todo para ella. Pero no lograba disfrutarlo.

Los fines de semana, los feriados, cualquier rato que tuviese libre se lo

tomaba para ir al árbol de la plaza. Amaba el árbol de la plaza. Su gran tronco donde

los jóvenes enamorados escribían sus iniciales, las hojas amplias y elevadas, la

sombra que solo él, entre todos los árboles, brindaba.

Pero Gala últimamente había estado muy cansada. Ya no escribía cartas a su

difunta madre, ni iba a la pileta de natación. Solo quería descansar en un melodioso

lecho de hojas verdes, suaves, como las que soltaba el árbol de la plaza en

primavera.

Una mañana, después de tanta espera, sucedió. Fue el inusitado sentimiento

de ver por medio de algo que no eran ojos, aquel ilusorio amanecer. El sol saliente,

los colores por todas partes, la luz. Fue la alegría de escuchar, por algo que no eran

oídos, los pájaros cantando, los ruidos humanos.

Fue la cálida emoción de poder sentir, por algo que no era corazón, pero

que si era alma (verdadera y dulce alma), el sosiego de un domingo por la mañana.


Entre escalofríos y estructuras

Valentina Terrazzino

Margarita Azcuénaga tenía sesenta y un años y era una señora de rutinas.

En la heladera colgaba un calendario a modo de agenda para labores esporádicas. Si

antes no las anotaba, era inviable llevarlas a cabo.

La impulsividad, la espontaneidad y el "carpe diem" no se llevaban muy bien con su

personalidad.

En la adolescencia, por ejemplo, se limitaba a salir a bailar sólo si era un acto

planificado. El "¿Hoy salimos?" de su amiga Martita le revolvía el estómago.

Pero un día pasó algo que no sólo le revolvió el estómago. Su garganta se anudó, sus

ojos se pusieron como platos y sus piernas temblaron. La llamaron para, ese mismo día, hacer

el Camino de los Siete Lagos ¡y ella dijo que sí!

El "problema" no fue que la invitaran a hacer algo no programado. Ya que eso, si bien la

incomodaba, le ocurría día a día. El "problema" fue que ella aceptó sin pensárselo dos veces.

Su padre le había contado maravillosas anécdotas de esa travesía por lo que el Camino de los

Siete Lagos ha sido su sueño desde muy corta edad.

"¿Acaso el deseo rompe con la estructura?", se planteó Margarita mientras se mordía las

uñas cual viejita nerviosa que no comprende sus emociones.

Sesenta y un años. Sesenta y un años habían pasado sin ella poder hacer algo por

impulsividad sin sentirse culpable por haberlo hecho.

Pero, ¿por qué Margarita era así?

No es que fuese temerosa, ni mucho menos cobarde: Margarita no quería cambiar. Le

asustaba hacer algo diferente porque, según ella, "las cosas no le iban a salir bien".

Le comentó a su íntima amiga, Rosita, lo del inesperado viaje y esta le preguntó: "Pero

Margarita, ¿alguna vez cambiaste?".

De pronto, la anciana divisó todo con más claridad. ¿Cómo le iba a tener miedo al

cambio si nunca había querido aceptar que a diario cambiaba? ¡Por supuesto que había

cambiado! No era la misma persona que hace cinco años, ni la misma que hace tres días, ni la

misma que hace un segundo.

Ella era estructurada, un rasgo intangible de su personalidad. Pero luego de cumplir su

deseo y disfrutar como nunca, llegó a la reflexión de que los cambios son inevitables y

necesarios. Negar una transformación es como oponerse a que las flores crecen, a que

después de la primavera viene el verano o a que el universo se expande constantemente.


Herencia

Bruno Borelli

Es así, como cuando el nono nos dijo que caminaba diecisiete kilómetros, ida y vuelta, para

ver a la nona. Que la vida era muy parecida a la vuelta; pero que de vez en cuando, hay alguna que

otra ida.


Metamorfosis

María Eugenia Chulibert

Cuando me adentré en mí ser, me transformé. A mi de edad pude sentir por primera vez la

metamorfosis, pasé de ser una oruga a ser una mariposa. Ustedes dirán cuántos años duró esta

transformación. Y yo se los afirmo. Un cambio radical emerge de extensas navegaciones, de un largo

recorrido entre neuronas, piel, emociones, abrazos, dolor, llanto. El cambio es aquello que subyace de la

experiencia acompañada de sabias teorías. Somos seres dinámicos, estamos en constante

transformación, tal como ocurre con el ciclo de agua. Cambia de líquido a gaseoso, de gaseoso a

líquido, de líquido a sólido pero siempre y jamás deja de conservar su esencia. ¿No es maravilloso acaso

transformarse pero conservar aquello que nos identifica?

Cuando me desnudé frente a mí, me habité. Y fue lo más hermoso que alguna vez sentí.

Haber descubierto que amo mi compañía, mis charlas, mi momento conmigo y que algunos seres

tienen la potencia de fortalecer y hacerme sentir mucho más.

Cuando me miré al espejo, me gusté. Y aprendí que no necesito halagos, aunque de vez en

cuando necesito de un estímulo externo, acaso la mirada de un otro es parte de mi propia mirada.

Cuando me animé a tomar mates sola en un parque, entendí que puedo hacer lo que quiero sola

y que nada me detiene en la búsqueda de mis deseos.

Cuando sentí con alegría y placer estar sola, encontré la piedra preciosa más valiosa. Aprendí que

soy una mariposa con alas para volar, para buscar y perseguir mis anhelos sin querer copiar a otros.

Asumí que cada cual debe necesariamente emprender su propio vuelo y en esos vuelos me

cruzaré con mariposas con las que haré dulces danzas y seguiré.

La vida es eso que transcurre mientras vamos cambiando de disfraces, de pensamientos, de ideas,

de gustos, de necesidades, de intereses. La vida es sinónimo de cambio, de transmutación.

Cuando supe que soy una mariposa me dejé volar, me habité y viví el presente y dejé que el reloj

no se quede sin pilas.

Después de todo, la belleza que se puede llegar a vivenciar, guarda escondida la voluntad que

requiere escalar.


Pasajes de la vida

Sebastián Monzón

¿Podrá cambiar esta sociedad? Cambia la vida cambia. La juventud pareciera perdida en un

mundo sin salida. Laburar o delinquir, ¿cuál voy a elegir? Algunos curan su alma con el amor, otros

con la música, no es olvidar el pasado sino empezar desde cero en un mundo nuevo.

La diferencia entre pasado y presente no es revolución en sí, sino es uno mismo que al

cambiar está cambiando el mundo.

Mientras en un mundo paralelo alguien se levanta con alarmas para ir a laburar, otros se

levantan por disparos en el barrio.

“Andá a laburar” le gritan al que junta cartón de sol a sol. “Están ahí porque quieren” dicen

mientras ven a una familia bajo el puente. Pareciera que la gente naturaliza la pobreza que está ahí

frente a nuestros ojos pero decidimos no mirar.

Tener que decidir entre dos opciones, el camino fácil: aceptar la propuesta de aquel chico

que te dice que no va a pasar nada si salís de caño a robarle al de las garrafas y podés comprarte

las zapas que tanto soñás. Capaz no volvés a casa pero puede que valga la pena. El camino difícil:

estudiar, terminar la escuela, tirar CV aun sabiendo que no te van a tomar por falta de experiencia,

aguantarte que cada persona te diga que eso no es para vos. ¿Para qué? ¿Por qué lo hacés? ¡Mejor

es estar en la esquina, no servís!

Seguir tu sueño para sacar adelante a tu vieja, para poder tener qué comer, para un futuro

mejor. Verdaderamente ¿quién tiene la solución? ¿El gobierno? ¿Las empresas? ¿Nosotros mismos?

Si todos pudieran poner su granito de arena a su metro cuadrado el mundo mejoraría,

porque si no seguimos poniendo tierra bajo la alfombra y no cambia nada.


Primavera árabe

Camila Levrand

"Es brillante", todos asentimos. Destruimos nuestro mundo a pasos agigantados y, aun así, miramos

con asombro nuestra guerra. Nos deleitamos con la belleza de una flor, aunque esté marchita, sentimos

compasión por ella y al ayudarla, necesitamos que se nos vea. Somos humildes, por fuera. No sé qué

somos por dentro.

Llega el final del invierno y nuestro principal motor son los rayos del sol, que iluminan, pero

también arden y queman. Son despampanantes, y a la vez, no los quiero cerca, que duele. El brillo del

arcoíris, formado por el pincel del cielo, tiene tonos alegres, aunque llovió y todo a su alrededor, está con

colores oscuros. Pero qué más da, si habrá más días soleados o eso pedí en soledad, para sostenerme,

porque nadie me toma la mano, aunque soy bastante cobarde para desistir.

Tengo miedo y no dejan de decirme que la temperatura aliviará mi frío. Es que a veces lo siento tan

intrínseco a mí, que no sabría cómo me sentía antes de empezar a percibirlo. En la época en donde todo

crece, florece, me encuentro con tristeza y anhelo al menos el ramé de las cosas. Me siento un taciturno

en horarios diurnos, y deduzco que mis ojos no pueden ver la claridad del día. Me olvidé los anteojos, no

importa, prefiero no ver.

El desinterés constante no me daña, prefiero eso antes de que me dé migraña de tanto escuchar

palabras, idealizando futuros, en donde yo sería el futuro. Y ahora estoy debajo de una cama. Si me subo,

capaz esté con telarañas, y así estoy seguro. Dijeron tantas cosas, formaron mi esperanza, pero la

primavera no la quiero más, estoy exhausto de experimentarla. Desde que comenzó, solo quiero

apaciguarla y prefiero mil ventiscas, que escuchar armas. Dicen que pasará, o eso me dijo mi maestra,

pero no la veo desde que corrí del salón de clases. Ella me mostró lo que es la primavera y los girasoles

no se parecían a las máscaras de gases. Quizá es mi culpa creer en la alegría, la realidad no se parece en

nada, pero al no ser el único que lo creía, pensé que no estaba tan equivocado, que en realidad existía.

Es brillante, sí. Y viene hacia aquí. No tengo mucho tiempo para pensar pero quisiera unos minutos

más jugando a las canicas con mis hermanos. Me dijeron que las estrellas fugaces, cumplen tus deseos.


Separaciones

Santiago Izaguirre

Felipe Castro tiene la calidad que solo se alcanza cuando en algún laboratorio se conjugan dos

poderosísimas y preciadas pociones: el talento y la humildad. En el patio de su casa en el barrio

montevideano de Malvín, Felipe me ceba un mate y, sin quererlo, hace sociología espontánea: “No

podemos esperar nada. Queremos ya. Queremos la moto ahora, la casa ahora, queremos casarnos

ahora, queremos todo y ahora”, arranca. Y cuando Felipe se envalentona ya no para.

Dice que la impaciencia de la gente está en que esta se muere por llegar a lo suyo. Los

accidentes de tránsito se dan porque la gente está apurada. ¿Apurada para qué? ¿Para llegar a dónde?

¿Qué es lo que te tiene tan apurado? Apurarte para llegar a tu casa, ver tu televisor y ver tus cosas. Por

eso los comités están vacíos, y las comisiones de fomento tanto como la escuela pública están como

están.

Felipe cree que por diferentes razones la gente se separó. Se separó del vecino y puso rejas. Se

separó de sus cosas, de su cultura, de tomar decisiones, se separó de sentirse parte responsable y

activa de lo que ocurre en la sociedad. Empieza en la casa de uno, empieza desde la computadora, de

los momentos familiares, empieza en la madre y el padre no estando en la casa de uno tanto tiempo

como estaba antes, de la cantidad de colegios privados que te hacen dejar a tus hijos y que vos te

vayas a hacer lo tuyo, y puntualmente y claramente, en las rejas.

Y antes de irse a cambiar la yerba, concluye: “¿Sabes cuándo se pudrió todo esto? Cuando la

gente se separó de la gente”.


Su magia

Tamara Aguirre

Tan pequeño es el espacio, pero tan acogedor también. Lindo lugar para sentir su calor, su amor.

Así de triste, me acuesto a su lado, de costado y derecha como un palito, intento quedarme lo más

quieta posible, mientras siento sus rulos pegados a mi cara y escucho su fuerte respiración.

Mágicamente me siento mejor. Mientras duerme me da la espalda, pero así, sin darse cuenta, sin hacer

nada, me cura el alma entera.

Un lugar incómodo para cualquier otro, el lugar más lindo para mí. Cualquiera que mire este

pequeño sommier de una plaza, en el que me acuesto casi con medio cuerpo afuera, y ella también,

pensaría que es el peor lugar para dormir de a dos. Pero para mí, para mí es donde puedo ir siempre,

cada noche que me sienta mal. Pero no porque sea el lugar el que sana, sino porque es ella, quien

ocupa ese espacio para descansar, quien sólo haciéndome un lugar a su lado, apaga mi dolor, cura mi

alma y enciende nuevamente todo mi amor.


Todo está manchado

Camila Sánchez

Vos, yo, todos, somos esto, lo mismo. Somos, carne y hueso.

Con sentimientos, pensamientos, con vida de salir del agujero.

¿Pero ellos? ¿Qué son?

Almas frías, con miradas de robots.

Quieren intentar superar su ego interior.

Están hechos de ira, de desamor, de no buena intención.

Se ahogan en dinero, algunos más otros menos.

El pueblo cae y pide a gritos una salvación. Lo someten a retorcerse de dolor, de engaño y

frustración al darle esperanzas, con habladurías insensatas.

Mientras que ellos se enriquecen, tras debates, jueces, fiscales, policías, tratando de mostrar

empatía, por nosotros, ocultándonos verdades.

Están ciegos de poder, no pueden vernos.

El trabajo, en este entonces, es nuestro sostén, nuestra transformación.

Vamos a seguir gritando, cada vez más fuerte, alguien tiene que escucharnos.

Mientras tanto, creamos sensores de protección, para cuidarnos, para tener la esperanza de una

posible transformación.


Transformación del alma

Nerina Aldana Gutiérrez

En un pueblo muy cerca de la ciudad vivía un joven de 20 años llamado Ángel Metatrón que se

dedicaba a dar clases de gimnasia para todas las edades, y en sus momentos libres invitaba a sus

alumnos a meditar y disfrutar de la naturaleza. Al cumplir 25 años le llegó una importante oportunidad

de trabajar en la ciudad, luego de evaluar las condiciones y pensarlo, decidió aceptar la propuesta.

Su primer día en Rosario, Ángel se encontraba ansioso y con muchas ganas de conocer a sus

nuevos alumnos y compañeros, hasta que al fin llegó la hora de su clase. En el gimnasio lo esperaban

muchos jóvenes con buenas energías y ganas de aprender.

Pasaron los días, las semanas y comenzó a meditar en parques donde empezó a observar a los

ciudadanos, sus comportamientos, sus formas de hablar, sus costumbres y muchas cosas más. Ángel

se llevó una gran sorpresa, adonde miraba había discusión, falta de respeto, alteraciones y malas

energías, todo eso lo entristeció.

Al día siguiente en su clase contó lo que le sucedió y lo triste que estaba, por esa razón propuso

hacer una meditación en su hora y escuchar también las distintas maneras de pensar de cada uno,

todos sus alumnos le agradecieron por mostrarle otra manera de ver la vida y al otro ser humano.

Ángel decidió aportar a la ciudad algo distinto, por eso en los parques se acercó a invitar a las

personas a meditar al aire libre de forma gratuita y darles charlas. Muchos ciudadanos se animaron a

esta nueva experiencia y se dieron cuenta que la mayor parte de Rosario estaba llena de malas

energías, motivo por el cual no se podía avanzar como sociedad.

Gracias a Ángel todo se empezó a transformar en aquel lugar, las personas ya no miraban el error

ajeno, sino que comenzaban a corregir sus propios errores y cambiar, cuidando la naturaleza,

respetando la opinión ajena, ayudando al prójimo y eligiendo distintas artes para dar color a la ciudad.

Finalmente aquel joven comprendió que su misión en Rosario iba más allá que dar actividad

física, y de eso se trata la vida, transformar cada lugar oscuro o alma oscura que conocemos en color y

buenas energías, respetar al de al lado y a la naturaleza es la manera de que se avance como sociedad.


Transformarte

Ana Paula Signorelli Larumbe

Algunos nos proponemos cambiar el mundo, arrojando ideas hacia un contexto egocentrista que

busca un bienestar material individual y deja de lado los valores de un amor colectivo.

Crecemos un poco y vamos aumentando velocidad sin pensar en riesgo alguno. Soltamos una

parte del manubrio y confiamos en que seguiremos haciendo equilibrio, que somos irrepetibles y

omnipotentes ante un suelo que a lo alto se ve más pequeño. Esa grandeza también tiene un límite que

no vemos. Creemos conocer todo lo que nos vayamos a encontrar porque suponemos que es como nos

decían. Seguimos pedaleando y la fuerza que hacemos va disminuyendo, cada día es un poco más fácil

pero lo difícil, es hacerlo cada día. Nuestros utópicos pensamientos le dan un permiso inconsciente a

nuestros brazos diciéndoles que se levanten, que suelten ese manubrio, y ahí es cuando nos hacen caer.

Entonces, dudamos:

-¿Será que esta bicicleta tiene las ruedas pinchadas? O ¿será que el suelo está minado de

obstáculos que no percibimos?

Te levantás, estás lastimado viviendo una situación frustrante en compañía de errantes culpas que

buscan encerrarte. Seguís creciendo con el olvido de tus dolorosas caídas y de a poquito se van tus días

despejados de cielos azules, solo y sin más que con una bicicleta sucia, oxidada y algo destartalada que a

pesar de toda imperfección, te hacía pasar los mejores momentos con tu verdadera vos, el viento

cariñoso que te despeina y te acaricia las mejillas. Vuelven los recuerdos y es impensable para los demás

ver cómo te divertís con tan poco, cuando algunos viajan por el mundo, tienen una heladera repleta, un

guardarropa infinito de prendas elegantes aún sin estrenar, un servicio doméstico competente y aun así

viven amargados porque no les alcanza. Se quedan dentro de un mundo en el que soñar y transformar no

tiene significado alguno. Yo me animé a romper con ese pensamiento impuesto y sobrevalorado de

“perteneces acá o allá”. Cada caída sirve para mi propio avance como persona en esta sociedad que cree

muchas veces que comenzar de nuevo no es posible. Hoy me desperté pensando en transformarnos

mutuamente. ¿Vos también te animás?


Un orecer en mi amor

Victoria Leones

El cruce de nuestras palabras me avisa que debo besarte, entonces corrí hacia un lado aquellas

penas que nos manchaban y te puse delante de mí.

No sabía que debía decirte, pero sostuve tus mejillas sonrojadas porque eran lo más lindo que

había visto en mi vida.

Entonces no te besé, te abracé porque el roce de tus labios era comenzar un incendio que nadie

podría apagar.

Te sostuve por segundos y me quede callada sin musitar palabra alguna, pero avanzaste con tu

alma de acero y me tocaste.

Tus labios en los míos mientras las hectáreas de mi cuerpo se desmoronaban con tu tacto y es

que a veces no sabes la catástrofe que podrías ocasionar en mí.

Me armas y me desarmas, me agregas y me quitas, se siente una zona de guerra a mí alrededor.

Mis ojos se transforman en un océano y vos, mi hechizo catastrófico, te encargas de hacer que el

sol se pose a lo alto iluminándolo.

Fragilidad, cada vez que te miro y un poco de miedo siente mi ser.

Cansada ya de haber perdido a tantas personas en mi vida, se acerca mi temor más grande:

perderte.

La furia de la tormenta se desata junto con el mar de mi interior.

Me doy vuelta lentamente y una lágrima en silencio se dispara por mi mejilla, quito todo rastro de

pena y trago en mi garganta aquello que a veces golpea mi corazón. Hay muchos capítulos de la vida

que se cierran para dar comienzos a libros enteros, enfoco mi mirada en el piso de la habitación, hay

tantas cosas de las que me arrepiento.

Siento tu brazo deslizarse por mi cuerpo y todo de mí se desmorona.

¿Cómo es que percibes que necesito a alguien? ¿Cómo es que siempre eres tú?

En cada instante, eres tú.

Perdida en el eco de este laberinto, me estoy volviendo adicta a cada curvatura de tu cuerpo y

recorro esa comisura donde cada noche salto ahogándome en los roces de tus labios.

Que inhumano es de tu parte hacerme tan bien, sin notar lo necesitada que me estoy volviendo

de tus besos, tu atención y afecto.


Un pequeño escrito

Jeremías Santiago Alvarez

¿Qué es lo primero que piensas al escuchar “Transformación”?

La gente de mentalidad cerrada pensará en cosas simples, como una oruga se transforma en

una mariposa, ya sea literal o metafóricamente.

Personalmente prefiero ir a la realidad, después de todo de qué te sirve que andes con

vueltas si al fin y al cabo la vida te enseña por las malas. Y nosotros no aprendemos hasta que nos

lastiman. Las personas tenemos la manía de tomarnos todo a la ligera hasta que salimos

lastimados.

¿Querés transformarte en una mejor persona?

Vive la vida, no vivas en una burbuja. Piensa antes de actuar o alguien saldrá lastimado. En

esta vida puedes caerte mil veces pero te daré un consejo: cuando te caigas, antes de levantarte

reflexiona lo que hiciste mal. Entonces levántate y vuelve a intentarlo.

No existen personas perfectas, solo personas que se equivocaron demasiado pero

aprendieron de cada uno de sus errores.


Volviste

Camila Benítez

Te vi, te sentías tan mal, tan poca cosa… ¿Era tu culpa? Él te gritaba porque vos te

peinabas, te decía puta porque te maquillabas. No quería que hables con nadie. ¿Y era tu

culpa?

Dejaste que se apodere de tu ser, dejaste que te borre tu brillo y tu sonrisa. Te hice la

pregunta que no supiste contestar, "¿Por qué no lo dejas?" Costumbre tal vez, porque no creo

que lo ames.

Pasaron días y no te vi, semanas, meses.

Hasta que un día iba por la calle y no te reconocí, estabas hermosa, tu sonrisa volvió, tu

brillo volvió, me acerqué, te saludé y me lo dijiste. Me contaste, por fin lo dejaste. Fue difícil,

pero lo lograste.


Adolescencia en el terrario

Mateo Nazareno Tasso

un cuerpo tendido

perdiendo el vigor que lo envuelve

la adolescencia como flor en un terrario

¿se inscribirá en la piel algún signo del ego?

ahora

que estoy lejos en el tiempo

-lo suficiente

como para formular

un acto de creaciónrecuerdo

cuando dijiste

que el vacío

es permeable al crecimiento

que donde muere un amor

el deseo

-la promesa de sentirnos

mueve

allí supe

que cargar baldes a montones

con la tierra arrinconada en abandono

para hacer una mezcla de agua y moho

y construir una ciénaga

para sumergirme en lo más profundo

y sentir

cómo mi cuerpo

enchastrado de lodo

escurriéndose frente a tus ojos

concentre la potencia necesaria

para traspasar la barrera

que impide

a tus brazos

infatuar mi imagen

desde fuera del terrario

señalaste

la posibilidad de ver

del otro lado del cristal

y encontrarme

entre las paredes agrietadas y descascaradas

un jardín

que me ofrece el fruto

de su conocimiento


Como el ave fénix

Candela Fumale

¿Cuántas veces puede una

morirse y renacer?

Dejar caer la piel muerta,

dejarse caer,

dejarse

Pararse de entre las cenizas,

lamerse como un gato las heridas.

Mirar en el espejo y notar

que la propia cara cambió un poco,

apenas, pero está distinta.

Así como crecen las plantas

de un verano a otro.


Crecer

Jackeline Mercedes Paz

Creer y tener fe

fue lo que me cambió

Mi transformación en alguien mejor

Para cada cosa, un propósito

Para cada daño, un perdón

Para cada lágrima, una gota

Para cada mentira, una verdad

Para recibir, dar

Poner en orden cada cosa

Manejar el temperamento,

Y sobre todo tener paz

Paz en cada circunstancia

Todo va a estar bien


De porqué el pájaro vuela y vos no

Florencia Pérez

Pensá, callá, sé paciente

todo llega

no es fácil trabajar bajo presión.

Pensá lo que decís

todo queda grabado

todo vuelve alguna vez.

Esclavizáte

pasá nueve horas sentado

pasá nueve horas centrado.

No te pierdas nada

ni un detalle

no dejes de mirar para adelante.

Pensá pero no pienses

no razones

no desarrolles nada propio.

Sé eficiente

mecanizáte

no sientas.

Las máquinas no sienten

no sienten y funcionan

funcionan mejor que vos.

Todos funcionan mejor que vos

no sientas

sólo sentáte y no me cuestiones.

El pájaro te saluda desde afuera

no pienses

no necesitás saber por qué él es libre y vos no.

No necesitás saber

yo te voy a resolver todo

no pienses.

Independizáte

no te voy a resolver siempre todo

no hacés nada.

No sabés

ni siquiera te interesa pensar

no me servís.

Ya no te necesito

¿qué seguís haciendo acá?

nadie te llamó.

No me respondas

no podés

no te dejo.

Pará de quejarte

te di un montón de oportunidades

tu tiempo ya pasó.

Estás solo

pen

¿qué hacés?

Pen

estás solo

ya no servís.

Pen

no sos útil

seguí pensando.

Pensá no te sirve

no te sirve de nada

no servís para nada.

Pensá pen

abstraete

ya todo terminó.


Desde el punto más sentido del alma

Jonathan Gastón Reimondi

Sentirás mi ausencia y tu ser se reducirá a cenizas.

Serás la mismísima nada intentando respirar.

Tus ojos perderán la mirada,

tu boca querrá hipotecarse a sí misma para poder pronunciar una palabra.

Perturbadoras paredes blancas rodearán tu presencia,

un silencio ensordecedor se apoderará de tu sombra,

alivio sentirás si escucharas caer paja.

Serás piel cubriendo una carne roja,

huesos vestidos por consumido tejido muscular.

Carecerás de sentido.

Tu vida perderá sentido.

Sentirás mi ausencia y tu suerte sería ser menú para los carroñeros.

Saldrá de tus entrañas quien de sangre es bombeador,

serán tus propias extremidades culpables de ello.

Y ni siquiera así estarías en reposo,

porque morir sería un desmerecido premio.

Sentirás el ardor de mil purgatorios.

El infierno de Dante bañará tus pies dolidos,

subirá por tu tronco y eclipsará el resto de tu diminuto ánimo.

El jadeo del mismo Lucifer penetrará en tu cerebro.

El salado sanguíneo rebalsará de tus mejillas

Sentirás mi ausencia, sufrirás mi ausencia.

Sentirás mi ausencia y tarde habrá sido.

Yo, ya no estaré aquí en cuerpo.

Tu sufrir, será mi sufrir disminuido.

Mi sufrir, tu sufrir potenciado.

Un sufrir que hace rato me ha llegado.

Padecer que con el peor final cerró el telón de mi destino.

Sentirás mi ausencia así como yo no soporté,

con anterioridad, la tuya.


Destino Soledad

Micaela Sol Basso

Siento que me ahogo

Y no estás

Se terminó la magia

No soy la princesa de tu cuento

Ni del mío

Soy esa chica a la que se olvidaron

En el andén de los sueños y el amor

La cual se quedó esperando el siguiente tren

Con las mismas esperanzas

Pero sólo se encontró con uno vacío

Uno que no iba a destino ni a tiempo

Que la llevaba devuelta al olvido

Al dolor sin escala, a la oscuridad habitual

Siento que me ahogo, me falta el aire

El tren va rápido, y ahí es cuando la veo

A mi lado, siempre, la soledad me saluda

Avisándome que ya es hora de descender

Y volver a casa.

Una casa que al llegar huele a desazón y tristeza que contagia hasta a los pájaros que la

rodean.

Una casa que será refugio de mi último viaje

Del cual volví más perdida de lo que me encontré al llegar

La soledad me abruma, las personas ya no me reconocen, ni yo no lo hago, sólo ella.

¿Y si al final de todo mi amor está a su lado? Si la soledad, mi eterna amiga fiel, es la que

me da la mano siempre al volver, ¿por qué no aceptarla y quedarme a su lado para el

resto de la eternidad?


Dulce compañero

Virginia Isabel Cuel

De pronto una mañana mis ojos se abrieron

y en el hueco de mi corazón que hirieron

había sentado un dulce compañero.

Sus muecas y sus risas

de a poco reconstruyeron,

con las herramientas del alfarero

y el reloj del relojero,

un jardín de ensueños.

Risas rosas, palabras mariposas

abrazo de árbol y fuerza de vientos.

Hicieron todo nuevo y con esmero

el jardín de ensueños quedó completo

sano y abierto.

Hoy, es el refugio cuando hay vientos,

de los olvidados en el tiempo,

de los callados con tormentos,

de los muertos viviendo.

Hoy, el jardín de ensueños

está en funcionamiento.


El día ya empezó

Humberto Kuperman

Amanecer frío

Que aburrido

Acá siempre lo mismo

Te pienso y por eso sigo

Los versos de amor son para vos

Vivimos el hoy

Capacito a lo mejor

Yo sin vos sigo pero es un bajón

Te extraño y se siente el dolor

Muy pronto estaré mejor

Me expreso porque me lo dice mi corazón

Transformo noches de invierno

Porque sos mi sol

Y la literatura presente

Porque el día ya empezó


En brigadas

Emiliano Ramos

Y si caminando nos encontramos

una vida durmiendo en la respiración del olvido

en el polvo de los días

no podemos echarnos consigo a dormir

sus miradas temblorosas dejarán

el odio por donde calla el fuego

Y si se nos acercara une niñe

a mendigar monedas opacas

las que después de una jornada

no podemos darle un centavo

cuando retumben las calles

sus cansados pies anidarán la esperanza

Y si asesinan a un sueño por la espalda

y después vemos a los entrañables llorar

la justicia de esteras mutiladas

no podemos dar testimonios

cuando caigan los cielos

traeremos mil vidas con memorias

Y si los uniformados rompieran el dibujo

que les artistas callejeres

decoraron con flores alegres

para regalarle al rostro endurecido

tomaremos la inmensidad de la plaza

y cantaremos para dormir a las bestias

Y si cae en nuestra paciencia

la dificultad de la alegría

y la tierra gime de innaturales

aventuras productivistas

daremos vuelta los edificios

las estaciones y los colores

¿Pero, cómo haremos todo esto?

Saldremos en brigadas cargadas

con abrazos

con panes

con libros

Serán brigadas que duerman

sobre un cerro con la

marca de un río enterrado

Brigadas de quienes observan

el horizonte a través de sus lágrimas

esperando el sol de lunar estallido

para marcar sus armas en las manos

Esas armas son un misil poético

pintaremos enérgicamente

la noche con miles de soles

Y si el temblor opaco de las guerras

se multiplica en los rincones

y se sienten en los cuerpos

las heridas insanables de la historia


Esquivar la muerte

Gabriela Requino

La clepsidra lentamente se seca

y con ella

cada latido del corazón se ralentiza.

La muerte espera en el umbral del poeta

y este se desespera

escarbando en sus heridas

buscando el poema perfecto

que logre espantarla.

No hay nadie más bello que la muerte

pero el poeta se paraliza

con solo pensar en enamorarla.

Silencio melancólico regálale un verso.

Primavera

busca parir una rosa sin espinas

que ablande el hosco corazón de la muerte.

El tiempo se agota

y la flor se niega a florecer en las sombras.

Allí donde reina el olvido

el corazón del poeta se esfuerza

en latir para destilar cálidos rayos de luz

que logren iluminar a la rosa.

La muerte sigue a la espera

buscando lapidarlo

porque este odia al amor

y así se torna difícil manipularlo.

El agua se evapora,

la sangre se seca

y el latido se debilita aún más.

La rosa transmuta

Y con ella los versos comienzan a florecer.

Con ingenuidad el poeta recibe a la muerte,

esta le sonríe

gozando de como él piensa

que logró retener el agua de la clepsidra.

Un cuchillo en la espalda de la muerte

espera apuñalar a la rosa

justo cuando el reloj se diseque;

justo cuando el corazón deje de latir.


Estaciones

Lautaro Emmanuel Juárez

La primavera me cambia de humor

Los días comienzan a alargarse y las alarmas se detienen

Las plantas florecen

Me recuerda las flores secas

que necesitaron caerse

Para abonar la tierra

para abonarnos

¿Cuál es el secreto del buen comer?

Alumbra el paisaje

En el invierno me hundo

La fórmula que contiene el medicamento me hará mal

Por fin descalzo converso conmigo mismo

¡Al fin los sospechosos sospecharon del detective!

Y el año comenzó a marchitarse

La cobardía superó las expectativas

El silencio se expresó a través de la música

Uno se siente vacío cuando el amor se pierde

¡Que sea caos todo aquel movimiento que transforme!

Su casa era mediocre…

Pero su alma era digna de celebración

La llegada de la primavera me desanima

Prefiero la tranquilidad de la soledad

Lo real es lo actual

La decepción de una mala compañía

Nuevamente…

Tengo que ser valiente para que la mierda no me pese


Juventud

Sebastián Antonio

Aquí me encuentro,

caminando sin silueta,

y a ti veo a lo lejos

con la garganta verde de la libertad.

Quien lo hubiera dicho,

albriciada de universalidad.

Tan fresca y florecida,

si era yo, quien te invitaba a pensar.

Hoy levantas banderas que yo he dejado hace tiempo

mi juventud murió la tarde en que me despedí de tus besos.

Me siento muy orgulloso de ti,

pero no puedo esconder cierta pena

ni este pérfido remordimiento.

Injustamente tuve que amar la noche nuestra.

(No es que la ame, es que no la tengo)

Vi lo peor de ti y me quedé,

y te di lo mejor de mí.

Penentonces,

¿Qué hago con toda esta ternura que se muere

por dentro porque a quien dársela no tengo?

Si todo te lo llevaste, todo te lo di

¡Hasta mis versos!

Pero gracias a Dios me dejaste estas ganas de seguir amando.

¿Qué haré con todo el amor que nace nuevamente y que ahora me queda?

Lo volveré un poema.

Tú tienes el bocado más dulce que se puede ofrecer.

Yo nada de eso tengo, todo te lo di.

Pero canto, y que más da.

Se hace visible otra vez la primavera,

y esta vez prometo ya no volver a hablar de los restos de aquel árbol.


La danza de las mareas

Luisina Ruiz Díaz

Si existiera algo que nunca cambia, los sentimientos y las mareas perderían su esencia.

Si existiera algo que nunca se mueve, mi danza y el horizonte no se perderían en la efímera

oscuridad del atardecer.

Si existiera algo que nunca se convierte, todos los pasos que damos no llegarían a ningún lado.

Pero a pesar de todo, a veces el movimiento se estanca, nunca se detiene, pero sí se vuelve

pequeño.

Si al bailar me siento sola me acuerdo de ella, que no llora, y solo así puedo seguir sin perder el

paso. Es entonces cuando la música se vuelve silencio que aturde, sólo queda esperar, que el

dolor se disipe.

Aquel movimiento inconcluso que tanto se hace desear, en algún momento dejará de ser

pensamiento, en los lugares más oscuros yace la verdad, y lo que está a simple vista es un

misterio.

Las miradas que a veces enamoran, que cosas tan bellas pueden decir, incontrolables se

convierten en algo que hiere, y como si todo lo que tocara se volviera vacío, dolor,

desesperanza.

Solo en ese momento es cuando me doy cuenta que las palabras se desdibujan, no tienen

sentido y pierden su valor original.

El tiempo impasible no se deja esperar,

siento sobre mí el pasar de las horas revolviendo en el interior de las sombras.

Encuentro un suspiro que me estremece por completo.

El destello de aquel momento fue único.

Se impregnaba en el aire,

su presencia dejó una estela de sensaciones indescriptibles.

Me desarmo y me dejo caer al suelo,

tal vez,

este no sea el momento para decirte que te quiero.

Solía recorrer con la mirada los torbellinos de basura acumulada

de aquel característico patio, que de manera peculiar demostraba tener personalidad,

ser irremplazable.

Si te escribo un verso no es para dejarte ganar,

es para contarte que no voy a estar y

que si me voy es para no volver más.


La memoria de América

Javier Alejandro Colussi

¿Qué ha pasado con el árbol que ayer aquí estaba?

¿Por qué para ellos el tiempo se gasta?

¿Qué es entonces el tiempo?

Parece que tendré que pisarte mi tierra.

Olvidar tu olor, tus colores y animales.

Pensé que ambos éramos uno.

Pero estas gentes separan todo como ninguno.

Subía y bajaba por las sierras y a la vuelta estaba mi gente.

Aquel pasto y aquella agua hoy se ven diferente.

Eiyopeuos o Europeos se hacen llamar.

Pero ni conmigo ni contigo quieren hablar.

Ha pasado poco tiempo desde 1492 y ya pisan sobre ti.

No te ven. No te sienten.

Quizá con estas líneas te podrán recordar.

Querer ver y sentir lo que tú nos das.

El agua es a la tierra lo que la sangre a la vida.

Animales, aguadas, plantas es lo menos que nos das.

Mañana serán los jóvenes los que te querrán visitar.

Si tú vives ellos vivirán.


Los ojos detrás del sol

Xavier Izurieta

Un nuevo horizonte que se orienta con un nuevo tiempo

una nueva brújula

un nuevo norte

un nuevo movimiento

Será hora de renovar

para no naturalizar

las manos que tocan

los labios que besan

los pies que caminan

la boca que habla

Será tiempo

de reconocer

la inmensidad que habita dentro

Ese fuego que arde

revelando misterios

Será hora de destrabar el tiempo,

que todo pausaba,

que todo media

Que marchitaba

que no se movía

Serán tiempos nuevos

de esos que son

Y van entrando al cuerpo

como una brisa marina

que solo avanza

que nada la intimidad

Y así todo surge

Lento, a su tiempo y sin prisa


Me enamoré de tus colores

Maitena Leone

“Si somos capaces de pasar media hora en una tienda dudando

sobre qué tono elegir para una pared o qué zapatillas combinan

mejor con nuestra ropa, es porque los colores nos importan… y mucho.

Es que para bien o para mal ellos nos afectan profundamente.”

Ana von Rebeur

me enamoré de tus colores

me enamoré de tu rojo

sangre

alquímico

carmesí

me enamoré de tu naranja

sabroso

antiestético

destinal

me enamoré de tu amarillo

amargo

venenoso

mortal

me enamoré de tu verde

esperanzado

clorofílico

sexy

me enamoré de tu azul

temible

costoso

fermentante

me enamoré de tu púrpura

imperial

inteligente

violento

me enamoré de tu rosa

alegre

femenino

masculino

me enamoré de tu luz

me enamoré de tu oscuridad

me enamoré de tus colores

me enamoré de ti


Metamorfosis

Zoe Ramírez

Me veo encerrada en la rueda del cambio

me veo aburrida si me trabo en el camino

Avanzar implica un hilo

Que no sé si estoy preparada para sentirlo

Quema como ceniza de pucho fresca

La sensación de algo nuevo

Me atormenta

Quiero vivir sin la presión de la arena

Baja y sube en un recipiente de vidrio

¿Es hora ya? De que pase de libro

¿Es hora ya? De teñirme de rubio

¿Es hora ya? De sentirte distante y turbio

Lo que sé es que esto no me va ayudar

Limón y agua destilada no son la mejor receta

Mejor algo que me empuje de la meseta

Mejor algo que me lleve hasta mi meta

Y cuál es la pregunta que te tengo que hacer

Para que me digas la respuesta que necesito

Si al final todo esto es un hito

Que te pida ayuda, sin hacer ningún grito

Esperar no transforma dicen en los sobrecitos

Quién dijo que yo estoy esperando

Más bien necesito un empujoncito

Metamorfosis para lograr la plenitud

Parece ser la más acertada opción

Para que en este momento

Deje de sentir este tormento


Mudar el alma

Jorgelina Sorrequieta

Un día domingo

me vine a buscar

la calma del río

y mi propio cantar.

Remada a remada

se ve el litoral

no hay nada más lindo

que camalotear.

Las olas del río

rompiendo se irán

y el canto del viento

me viene a acunar.

Mis pies en la costa

alegres están

pues sienten lo suave

del barro ancestral.

Mis ojos al cielo

reposan en paz

y el canto de un ave

se acerca a trinar.

Repollos del agua

costeando se van

con la bajante

camino hacia el mar.

El sol junto al río

se funde en metal

destello dorado

en el verde caudal.

La pava en el fuego

a punto ya está

y el mate, ansioso

no puede esperar.

Aroman la tarde

el sauce y la flor

los árboles muestran

sus hojas al sol.

Abejas curiosas

danzando al compás

buscando lo dulce

el néctar será.

Veleros y barcos

el cauce abrirán

trayendo el oleaje

del gran Paraná.

Poquito a poquito

la calma vendrá

la carga del día

ya se alejará.


No lo sé

Tatiana Rita Prandi

Lo azaroso, la incertidumbre,

lo volátil, lo liviano, lo ligero.

El instante, la intermitencia,

el flash, el pasar, la existencia.

El segundo, la milésima,

la felicidad y la tristeza.

La vida… La vida… La vida.

La transformación… ¿Florecer?

Tal vez vivir.


Oíd Mortales.

Candela Sarmentero

De política me hastía hablar,

y posiblemente vaya a resguardarme bajo el techo del estado.

Como escudo para anunciar, que de aquello no relato.

Pobres son estos cimientos,

de cristal deben de estar hechos.

Y no alcen mano las mujeres,

que no son para ellas los lamentos.

Ya cansados respiramos,

y a la cabeza del gato nos apuntamos.

Que mundo tan polar, aquel que juró por los que pagamos.

Y recordar a la europea cuando por sus años fallezca.

Desastrosa resultaba en su tierra, y renació en una nueva.

Sin dejar de ser quien era,

sin renunciar a la esencia que le queda.

O quedaba en un futuro, ya que olvidada y envidiada estará entre tantos y muchos.

Mañero aquel padre, y pensar que aquella vez, entendí se refería a una madre.

Con refunfuño de caballo y temblando de la molestia,

a paso galope caminaba entre las oscuras calles que pintaban la hora de las doscientas.

Desolada la esperaba, aunque abrumada estuve,

al sentir el aire tan espeso como el de quien respira una nube.

Cuántos habrían llevando a cabo esa tarea.

¿Serían aquellos de edificios negros, o los que viven con ventanas rotas, incluso de madera?

Y qué difícil es perderse en una juventud que agobia.

Muy sencillo me resulta inmiscuirme en este tema que da fobia.


¡A tener cuidado! Que la cuna del futuro debe de mecerse y no sacudirse.

Muerden sus labios aquellos que afirman que estos nacidos en moisés residen.

Pasados los años y siguen repitiendo lo que los hombre en la punta de la mesa declamaban.

La autonomía de la persona, dura mientras no se diga nada.

¿Y qué tanto se puede esperar de alguien como yo?

Que un día es adolescente exagerado,

y al otro un adulto contrariado.

Los edificios pueden ser más grandes, la ropa más bonita,

pero a pesar de eso, el mundo sigue sentado en dinamita.

Mientras hay chicos corriendo en la noche, armados con latas,

hay hombres de panzas llenas y sonrisas ingratas.

Tengo miedo de salir a la calle, por suerte no a manifestarme,

pero sí a que algún día, alguien decida matarme.

Oíd mortales, ya nada es como antes.

Bienvenidos al país, de los no cambiantes.


Otoño

Manuel Lautaro Páez

Las soberanas latitudes del cenit

construirán la cadencia declinante del polvo iluminado.

Los árboles entregaran al viento el fruto

dorado de su efímera eutanasia,

sometida a las penumbras equinocciales

La tarde perderá su jovial lentitud,

ante el movimiento de la orbita

Se inclinará lo sensible,

sumergidos en su vértigos

Los rostros mutaran su identidad,

¡oh divina entidad de la Renovación!

En tu esencial metamorfosis crearé el silencio de mi caos,

en las profundidades de tu halito polar

encontraré la dicha de sentirme vivo.


Raíz insumisa

María Laura Giudici Navarro

¿Cuál es la palabra

que condensa el hechizo

para liberar a Dafne?

La desesperación

de la persecución

que convierte un instante

en temporalidad infinita,

en muerte hecha carne

de pies rotos

de tanto escapar.

La desesperación

de saberse presa,

de exhalar con presión

el dolor de mil cuerpos

que se saben idos.

Dafne prefiere ser una

con la naturaleza noble

porque al menos transmutada

logra seguir siendo suya

y no un vacío

con sello de propiedad.

Devora, Dafne,

devora todo a tu alrededor,

véngate, ajustíciate,

devora con la potencia

de todas las que somos raíces,

madera, frutos,

aroma en el viento,

que acaricia tu piel,

que baila junto a tus hojas.


La sombra del recuerdo

Luisina Martin

¿De qué manera impactó la fuerza de tu alma que hoy, aún sin el deseo vivo de

encontrarte, o sí, no sé, sigue ejerciendo peso sobre mí? Esto no es una carta de amor, ni

mucho menos un momento de melancolía. Es más una pregunta filosófica acerca de

cuánto impacta un cuerpo contra otro cuerpo, un nombre junto a otro nombre, un ser

fundido en otro ser. ¿Cómo se puede ser siempre la misma persona si vivimos entre

flechas, balas y plumas, si un paso nos arma y el otro nos desarma? ¿Por qué mientras

más amamos nos hacemos les tontes y sonreímos a escondidas y cuando se tiene que

amar de frente nos cagamos encima y nos sentimos estúpides por sentir tanta gracia

recorriéndonos el cuerpo? Si todo aquello que se suspendió en la humedad de esa

habitación se guardó en cada parte de mí, haciéndose sangre, ¿cómo es que nos

enseñan que está bien olvidar las cosas que más nos hicieron florecer? ¿De qué se trata

todo esto? ¿Cuál es el plan macabro que llevamos adelante?


Reexión sobre mi transformación

Brenda Sariah Abonizio

Me transformó esa indiferencia de mis compañeras del preescolar.

Me transformó ese libro de Pescetti que leí a los seis.

Me transformó el insulto de ese niño en segundo grado.

Me transformó ver las huellas del Ratón Pérez al lado de mi cama una mañana al despertar.

Me transformó aquella vez que vi a mi papá llorar.

Me transformó esa burla frente a todo el curso por parte de mi maestra en cuarto grado.

Me transformó la mención que gané en ese concurso literario a los diez.

Me transformó esa vez que armé mi primer grupo de amigas.

Me transformó pasar a secundaria sintiéndome como una niña asustada por el hecho de crecer.

Me transformó aprender cosas nuevas que me llevaron a pensar.

Me transformó pasar otro año y escuchar las críticas por mi forma de ser.

Me transformó sentirme sola y ver la vida color gris.

Me transformó pensar que ya no podía seguir... y ver la sangre correr por mi mano.

Me transformó hablar con una amiga, mirar al cielo y sonreírle a Dios.

Me transformó viajar a ese campamento y sentirme querida otra vez.

Me transformó su sonrisa cuando sus ojos encontré.

Me transformó esa nueva escuela en la que comencé.

Me transformó levantar la mano en clase para responder.

Me transformó aquel libro que leí aquella vez, y aquel también, y aquel...

Me transformó ese otro año que pasó y el día de lluvia (y mucho llanto) en el nuevo campamento que llegó.

Volvió a transformarme su sonrisa y su mirada al bailar.

Me transformó despedirme con abrazos de aquellas personas que iba a extrañar.

Me transformó organizar un baile, y otro, y otro más...

Me transformó... soltarme, dejarme ser, liberarme...

Me transformó y me transforma hacer las cosas que más quiero; bailar, escribir, reír a carcajadas al hablar con las

personas que quiero o al leer un libro.

Llorar, caer de rodillas y levantarme; mirar al frente y seguir caminando.

Me transforma y me hace crecer el pensar en las personas que me importan. Porque pueden pasar mil cosas,

pero sin todas esas situaciones no llegaría donde he llegado y no sería quien soy ahora.

No puedo saber qué va a pasarme después, pero sí sé que, sea lo que sea, la forma en la que yo lo afronte va a

transformarme en la persona que llegaré a ser. Y esa será, sin lugar a dudas, la mejor versión de mi misma.


Rosa china

Victoria García

Rosa china, exótica,

tranquila, llena de pasión.

Que no sabe del mañana,

que no entiende de dolor

Flor eterna, caótica,

agotada de compasión.

Que las paredes araña

sin perder la convicción.

Cara bella, hipnótica,

que con tierna expresión

me dedicás por la ventana

tu oscura preocupación.

Te aseguro que mañana

todo va a ser mejor:

cuando te mueras y renazcas

con otra cara, como otra flor.


Silencio

Laura Pizzorno

Tuve una sólida conversación conmigo

que soy muchas,

ayer

y fue un día de tanto llover por los ojos.

Limpié mi vacío porque es hora de dejar de llenarlo, soportar la pausa.

- Vos no te aflijas - me dije

también hay brillo en lo triste, en el saquito de té que ya tomé, por ejemplo, encuentro cierta luz si

hago un esfuerzo, y en el polvo del sahumerio o en el último beso sin saber su condición de

irrepetible.

Vi brillando una perla, grano de sal rosa, espectro de sol en todo.

Y entonces me dije

- Silencio -

me estoy transformando.


Arístides Marcucci

Elías Piedrabuena

Me pongo el cabezal de esgrima

escucho los tambores de guerra

El tatami está presentado

Tomo mi caña

saludo a mi rival con respeto

y el kali se comparte

como cultura

Me transformo en yaguareté

Mi rival me apresa

con destreza la adrenalina

despierta mis sentidos

se evapora mi sangre

Mi respirar es perfecto

mi corazón se normaliza

y evado el ataque

sabiendo que ya gané la batalla

Con una clavada de bandera

lo tengo donde quería

mientras él tapea

Mis ojos eyectados en la victoria

como un yaguareté

para atrapar un antílope

represento lo que se me enseñó

Mis ojos de yaguareté


Kohay Ornelas Patlan

en el departamento de Ana

encuentro un boletín de la escuela

recuerdo

mi boletín con las materias de biología

pienso que pude haber sido

una exploradora, bióloga, antropóloga

cuando le dije a mis padres

que quería ir a África

lo dije con una mano en la tarjeta de crédito

—si hubiera tenido una

a los catorce años—

pero hace once decidí estudiar literatura

—con ninguna tarjeta de crédito

y como si fuera posible estudiarla—

como si no fuera posible

que la poesía me tome a mí

me lleve a contemplar el río

y me diga

qué bueno que estamos aquí

en una isla

con la piel tostada bajo el sol

el tereré listo

y las amigas tocando una guitarra


Sobre el Paraná

Victoria Mac Clay

De niña

solía jugar en el río,

me dejaba llevar por las olas

imaginando

que estaba

dentro de un mar,

sin ninguna preocupación.

Eso extraño:

no tener miedo.

Ahora,

escribo sobre el Paraná

porque desconfío,

de sus aguas.

La vida

es como un espiral,

hay cosas

que siempre nos acompañan,

solo que a veces,

toman otras formas.

Ya no me divierte tanto el río

ya no juego en él,

ahora lo observo

desde lejos

parada en la orilla,

casi como una extraña.

Del Paraná apren

que yo también,

soy un remanso del río.

Soy sus aguas quietas y calmas.

Soy su correntada turbia,

invadida por camalotes,

imposible de penetrar,

ahuyentando a quien

decida acercarse.

Pero así como el río,

fluyo,

me transformo,

soy un sinfín

de emociones variables,

en constante movimiento.

Aunque parezca mansa,

mi procesión va por dentro

(y es equilibradamente caótica)

Soy el agua del Río

pero también

soy la tierra fértil...

Solo que

a veces

me olvido

de regarme.

(y mojar la tierra,

es siempre

necesario

para florecer)


Transformación

Emanuel Olivera

Cuántas definiciones se me vienen a la mente

cuántos lugares, momentos, decisiones, sistemas.

Así como la oruga se transforma en mariposa,

una mala decisión transformó mi vida.

Pero en este caso es a la inversa

porque yo volaba libre por la vida

y hoy me encuentro arrastrando.

Pero esta transformación logró transformar mi mente, mis pensamientos.

Por eso hoy agradezco

y no dejo de asombrarme.

Esta transformación transformó mi vida

porque la misma estaba destinada a ser oruga

pero hoy mi mente transformada me empuja a ser mariposa.

Sé que ya termina este tiempo de transformación

y que ya pronto voy a volver a volar libre por la vida

y a disfrutar del mundo.

Por eso "transformación" bienvenida a mi vida.


Transformándonos

Mila Martínez

Todos vivimos el cambio…

Hoy es invierno, mañana será verano.

Y así como en el ecosistema,

cada etapa aporta algo distinto,

porque suceden cosas diferentes.

A cada uno de nosotros… también.

Ese pedacito de vida tan bien creado…

Y no, no nos damos cuenta,

de todo lo que nos habita.

Y así, vamos caminando…

Un tiempo siendo gusanos,

brillando como orugas,

convirtiéndonos en elegantes mariposas.

A veces… existiendo como cactus,

acumulando reservas para sobrevivir.

Otras… viviendo como jazmines,

esparciendo de nosotros la fragancia.

Pero… al recordar lo experimentado,

¡está la vida surgiéndonos!

Es el vivir, ése poquito de naturaleza...

Que aunque no parezca,

se ausenta la certeza,

de que permanezca en nuestras cabezas,

y en nuestro ser… crezca.

Ahí estamos…

Siendo otoños,

saliendo del capullo,

mudándonos de piel.

Y de vez en cuando, como en la niñez,

soltando todo lo que somos,

para volver a nacer…

Nos deshojamos o nos podan.

Entonces…

es fácil entender,

para un anciano,

un joven de 16;

es un retoño,

un loto en la penumbra de su lodo,

un bulbo de narciso aferrándose.

Y aunque… para alguien de unos 26;

puede que su vida, hoy huela a rosas,

puede que para otros, duela a rosas…

Todos, todos ellos,

los que están en su florecer,

que se ve acontecer con un sin fin de matices,

ese ambiguo pero histérico sentir.

Donde se permite descubrir,

lo dulce del perfume,

lo suave de los pétalos,

lo amargo de las espinas.

Yaciendo así, rosas por un instante…

Tal vez…

lo agrio de la vida,

sea el continuo cambio.

Tal vez,

lo que nos unió,

sea el lío de no dejar de crecer…

Que comprender sea,

¡transformación!

Trans – flor - ando.

Sólo transmutando,

florecemos amando…


Transfórmate antes que el mundo lo haga por ti

Leila Cortes

La flor que hoy nace,

mañana puede ser ceniza.

Y nuestro grito más fuerte,

mañana puede quedarse sin voz.

El mundo donde cómodamente tienes todo a la mano,

mañana puede ser difícil de sostener.

Y los ríos donde hoy nadas,

mañana pueden desaparecer.

La percepción hoy cambia cuando tú ríes,

y el ambiente muere.

Donde lo único que se recicla,

son las sonrisas,

y los únicos desechos,

son sueños.

Y el viento con polvo te arrastrará,

y te soplará en el oído,

que antes que el mundo se hubiera transformado,

habrías tenido tú que haberlo intentado.

El cielo se puede tornar gris,

si las nubes se acumulan a tu alrededor.

Puede cambiar ese paisaje reluciente,

por un cuadro sin luz,

y cuando ya no haya vuelta que dar, te vas a cuestionar.

¿Por qué el mundo se transformó en esto?

En ríos negros,

y plantas sin flores.

En océanos eternos,

y animales sin hogares.

Donde aquí el oro vale en cuestión de comida,

y vale más un techo

que una vida.


Una or y la chica de ojos limón

Milagros Moresco

Ella se despertó

y bajo un cielo gris lloró

pero en el fondo de su corazón

una raíz nació.

Ella se levantó

y cabizbaja llamó

al vecino del galpón

que no la saludó.

Ella se encaminó

hacia el puente Pueyrredón

pero en la esquina se encontró

con una chica de ojos limón.

Ella se enfren

a una fuerte emoción

que no la controló

y del pasado se olvidó.

Ella se asustó

y de su miedo floreció

un jazmín que la abrazó

y una herida desenclavó.

Ella se aferró

a la transformación

y de repente entendió

que nada era una ilusión.

Ella observó

desde el puente Pueyrredón

que el amor que recibió

sus cadenas rompió.


Y si es de mirar

Natalia Gurini

Pienso si es de mirar hacia adelante y si es de mirar afuera a la calle hacia varias partes de la calle,

al espacio para respirar y piensa que la vida es mejor ser libre con su tranquilidad al verlo.

Y si es de mirar algo más profundo de lo que siento y hago en el momento correcto

y si es de llenar ese camino de amor.

No sé si es de mirar varios colores en el dibujo, pero sé que es de mirar color en su vida,

porque la hizo a su brillo y a su manera sorprendiéndose más aun de lo que se imaginó.


Intendenta

Mónica Fein

Dirección de Juventudes

Dirección

Rocío González

Coordinación general institucional

Emmanuel Vaskas

Coordinación territorial

Carolina Cardozo

Coordinación general de Literatura en flor

Cecilia Ducca

Asistencia general y Edición de textos

Pablo Colacrai

Agradecimientos

Queremos agradecer a todas las personas y

equipos sin los cuales esto no hubiese sido

posible:

Maia Morosano, Juan Manuel Godoy, Leonardo

Oyola; Claudia Giri, Ignacio Benitez y Equipo

Matricial en Contexto de encierro del programa

“Nueva Oportunidad”; Mirna Calamari, Roxana

Gómez y Gabriel Alba del espacio de Creación de

cuentos ilustrados; Gabriel Antille; Guadalupe

Freire, Alejandra Fábregas, Jimena Fossa y Maite

Dujovne del equipo de Comunicación de la

Dirección de Juventudes; Laura Peretti y Pablo

Carcovich del DIS en la Unidad 6; y a todas las

juventudes que se sumaron a esta propuesta.

Arte de tapa y Diseño editorial

Francisco Toledo

Ilustraciones

Joan Leyton para “Albor”

Guido Martinelli para “Cuatro letras te sostienen

y “Una pequeña muerte”

Tamara Ojeda para “Desvelo”

Micaela Pérez para “¿Soy?”, “El cauce correcto” y

“Hondura”

Ramona Brevel para “Mensaje”

Álvaro Barquero para “La niñez que nunca

volverá”

Stefanía Aballay para “Masdurar”, “De pibe

siempre quise ser un superhéroe”, “Mujeres de

nueva historia” y “Primavera somos”

Jonatán Ayala para “Ciclos”

Nahuel Castillo para poema sin título

Karen Arredondo para “Sala 76”, “Cines” y “Vos”

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