The Red Bulletin Noviembre 2019 (MX)

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en Downsizing cuando su teléfono empezó a

sonar enloquecidamente. Davis intentó ignorar

los repiques y vibraciones –insiste en que

uno debe ver las películas sin interrupciones–

pero a la larga se dio cuenta de que su agente,

Rich Paul, debía tener noticias importantes.

Y así fue. Davis descubrió después que la

gente de Instagram se había enterado incluso

antes que él que un cambio deseado y discutido

desde hacía mucho tiempo para irse a

los Lakers ya era un hecho. Y entonces, en

cuestión de minutos, su nuevo compañero

de equipo –el cuatro veces MVP de la liga,

LeBron James, considerado por muchos como

el mejor jugador en la historia del juego–

le enviaba mensajes de texto: Sí, viejo, finalmente

te conseguimos.

Y así, todo fue diferente.

LOS BÍCEPS

Los Nikes talla 17 de Davis están acomodados

a menos de 3 cm de la línea de tres puntos

mientras él clava varios justo en la red. Su

brazo derecho, que apunta hacia arriba al

soltar cada tiro, está cubierto con tatuajes

que cuentan una especie de historia sobre

su origen. Su hombro derecho está decorado

con un gran retrato de su abuelo, Lamont

Eberhardt, adornado con las letras “Rest Up

Champ” (descansa, campeón). Eberhardt,

que murió en 2010, fue un mentor incansable

para la futura superestrella. En el bícep derecho

de Davis hay un gran letrero tatuado que

solo dice “Chicago 1993”, lo cual en 2015 se

hizo escribir para hacer honor a dónde y

cuándo comenzó su narrativa.

El gimnasio de la preparatoria Crespi Carmelite

en Encino está muy lejos del Staples

Center –no hay nadie llamado Leonardo ni

Denzel ni Charlize ni Jack vitoreando en el

estadio, y sin duda no puedes saborear un

sándwich Ludo Lefebvre mientras ves el show

de luces– pero sin duda es una mejora en

comparación con el lugar en que Davis jugó

en la preparatoria, en el sur de Chicago. Ahí,

estuvo en una escuela particular orientada a

lo académico llamada Perspectives, la cual ni

siquiera tenía una cancha techada. Ocasionalmente,

las prácticas ocurrían en el gimnasio

de una pequeña iglesia cercana, pero era más

común que fueran en el exterior, en un pequeño

pedazo de pavimento en Perspectives.

“Sacábamos una canasta móvil al asfalto y

lo encadenábamos a la reja”, cuenta Davis a

The Red Bulletin.

“Solo jugábamos media cancha”. La visión

estaba ahí mucho antes de que el camino

fuera evidente. “Siempre soñé con estar en

la NBA; era una meta desde niño”, dice Davis.

Y en el lapso de cuatro años en Perspectives,

Davis, creció más de 25 cm y pasó de ser

bueno a buenísimo a fuera de este mundo.

Fue un poco más que reconocimiento. De

pronto, las mejores preparatorias deportivas

de Chicago se acercaron; después de todo,

¿por qué un jugador de élite con potencial

de profesional jugaría para una escuela particular

más famosa por sus clases de ciencias

y matemáticas aeleradas que por sus programas

deportivos? “Algunos de los más grandes

equipos de Chicago me querían”, admite.

“Pero yo fui leal a mi preparatoria y no quería

dejarlos”.

Sin embargo, la secuencia de eventos que

vinieron le volarían la cabeza a cualquier

niño, incluso a un adolescente tremendamente

talentoso con buenas razones para creer que

los sueños con la NBA eran realistas. Casi

13 meses luego de recibir un certificado de

preparatoria, Davis recibía un uniforme de

los Hornets de Nueva Orleans como el mejor

seleccionado del draft de 2012 de la NBA.

Mientras tanto, él llevó a los Kentucky Wildcats

a un campeonato de la NCAA, donde

ganó el premio al jugador del año a nivel

nacional por la temporada regular, así como

el premio al jugador más destacado en el

torneo. Y aquel verano jugó en Londres junto

a leyendas como Kobe Bryant, LeBron James

y Kevin Durant en un equipo que ganó el oro.

“Fue muy divertido poder experimentar eso

con futuros miembros del Salón de la Fama

y All-Stars”, dice Davis, uno de apenas un

puñado de jugadores estadounidenses en la

era moderna que han jugado en un equipo

olímpico sin tener un solo juego de experiencia

en la NBA. “Lograr ir directo a los Juegos

Olímpicos y aprender de estos tipos realmente

ayudó en mi carrera”.

Podría decirse que Davis comenzaba una

carrera hacia el Salón de la Fama, pero eso no

lo detuvo de recordar dónde había comenzado

todo esto. Algunos años antes de que él se

tatuara la palabra “Chicago” en el bícep, la

recién firmada estrella de la NBA fue de vuelta

al Joslin Campus de Perspectives –donde él y

sus compañeros habían arrastrado la canasta

para las prácticas– y ayudó a transformar

el antiguo estacionamiento de maestros en

una cancha permanente y de alta calidad

de basquetbol.

LA ENVERGADURA

A pesar de que no hay dudas de que los 2.08

metros de Davis lo hacen un tipo extremadamente

alto, en el exclusivo mundo de la NBA,

es ordinario. Y entonces es ahí cuando él estira

los brazos de lado a lado.

“Me emociono”,

dice Davis acerca de

sus posibilidades de ir

en 2020 a los Juegos

Olímpicos en Tokio.

“Mi intención es jugar”.

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