La huella más profunda

bancoagricola

Banco Agrícola se enorgullece al presentar un nuevo aporte a la cultura salvadoreña, al explorar los registros más antiguos de nuestra identidad: El Salvador. La huella más profunda, constituye un esfuerzo de divulgación de la información arqueológica prehispánica producida sobre nuestro país.

EL SALVADOR

LA HUELLA MÁS PROFUNDA

the deepest heritage

FOMENTO CULTURAL

BANCO AGRÍCOLA DE EL SALVADOR

1


EL SALVADOR

LA HUELLA MÁS PROFUNDA

the deepest heritage

Lissette de Schilling

Coordinadora Editorial • Editorial Coordinator

Elena Salamanca

Historiadora • Historian

2


Sitio arqueológico Tazumal,

Chalchuapa, departamento de Santa Ana.

4 5


RECONOCIMIENTOS

ACKNOWLEDGEMENTS

Rafael Barraza

Presidente Ejecutivo

Executive President

Coordinación editorial - Editorial coordination

Lissette de Schilling

Historiadora - Historian

Elena Salamanca

Experto - Expert

Heriberto Erquicia

Banco Agrícola agradece la valiosa colaboración de las siguentes

instituciones: Ministerio de Cultura, Museo Nacional de

Antropología Dr. David J. Guzmán, a los museos de sitio: Tazumal,

Casa Blanca. De igual manera agradece a las siguientes personas:

José Heriberto Erquicia, Roberto Gallardo, Federico Paredes,

Pedro Escalante Arce y Carlos Quintanilla, sin cuya colaboración

no hubiera sido posible este proyecto.

Especialista en el texto de:

Escultura Monumental en el periodo Formativo

Monumental sculture in the Formartive Period Expert

Federico Paredes

Ilustraciones - Ilustrations

Claudia Alfaro Moisa

Fotografía - Photography

Nelson Crisóstomo

Eduardo F. Guevara

Traducción - Translation

Hans Schilling

Diseño gráfico - Graphic design

Equipo Creãre

Mauricio Bonilla

Dirección de producción digital y proceso de impresión

Digital production and printing process direction

Lissette de Schilling

Impresión - Printing

Artes Gráficas Publicitarias S. A. de C. V.

Empastado - Binding

Librería y Papelería La Ibérica S. A. de C. V.

930.102 83

E49 El Salvador : la huella más profunda : the deepest heritage /

coordinación editorial Lissette de Schilling ; historiadora Elena

slv Salamanca ; experto Heriberto Erquicia ; especialista en el texto

escultura monumental Federico Paredes ; ilustraciones Claudia

Alfaro Moisa ; fotografía Nelson Crisóstomo, Eduardo F. Guevara ;

traducción Hans Schilling ; diseño gráfico Mauricio Bonilla. -- 1ª ed.

-- San Salvador, El Salv. : Banco Agrícola, 2019.

156 p : il. ; 39 x 29 cm. -- (El Salvador un rincón mágico).

BINA/jmh

Texto español-inglés.

El Salvador : la huella más profunda ... 2019

ISBN 978-99961-955-4-9 (tapa dura, español - inglés)

1. Arqueología - El Salvador. 2. Arqueología - Investigaciones 3.

Excavaciones arqueológicas - Investigaciones. I. Schilling, Lissette

1964 - coordinación editorial. II. Salamanca, Elena, 1982 -

Historiadora. III. Título.

© 2019. Banco Agrícola. Derechos reservados.

Queda prohibida, como lo establece la ley, la reproducción parcial o

total de este libro sin previo permiso por escrito de Banco Agrícola,

con excepción de breves fragmentos que pueden usarse en reseñas en

los distintos medios de comunicación, siempre que se cite la fuente.

Detalle de vaso decorado con un rostro antropomorfo de

una deidad maya rodeado de elementos con forma de glifos.

Periodo Clásico.

Vessel detail decorated with an anthropomorphic face of a

Mayan deity, surrounded by glyphs. Classic Period.

6 7


Sitio arqueológico Cihuatán, municipio de Aguilares,

departamento de San Salvador.

8 9


CONTENIDO

CONTENTS

PRESENTACIÓN

FOREWORD

INTRODUCCIÓN

INTRODUCTION

PATRIMONIO Y DIVERSIDAD

HERITAGE AND DIVERSITY

HACIA UNA HISTORIA ARQUEOLÓGICA

TOWARD AN ARCHEOLOGY HISTORY

13

20

35

138

Metate ceremonial, esculpido en basalto con talla de cabeza

de serpiente y a los bordes diseños geométricos, periodo Clásico.

Ceremonial metate stone sculpted of basalt with carved serpent

head and geometric designs on the edges. Classic Period.

10 11


Vista de la estructura principal

sitio arqueológico San Andrés, Valle de Zapotitán,

departamento de La Libertad.

View of the main structure of San Andrés archaeological site,

Zapotitán Valley, La Libertad.

12 13


PRESENTACIÓN

Nuestras huellas tienen la profundidad de 8 mil años. Tiempo en el que los primeros hombres y

mujeres que habitaron el territorio del actual El Salvador, exploraron costas, valles, y montañas

para constituir su vida cotidiana, basada en sus cosmovisiones y establecerse como una cultura.

Banco Agrícola se enorgullece al presentar un nuevo aporte a la cultura salvadoreña, al

explorar los registros más antiguos de nuestra identidad: El Salvador. La huella más profunda,

constituye un esfuerzo de divulgación de la información arqueológica prehispánica producida

sobre nuestro país.

Para nosotros, es importante que los salvadoreños comprendamos la riqueza y la diversidad

de nuestro pasado. En tiempos antiguos, poblaciones migrantes provenientes del norte y del

sur del continente se asentaron en nuestra tierra y constituyeron un mosaico de culturas que

ahora nos identifica. Somos el resultado de un pasado plural, conservado en los estratos de la

tierra y del tiempo, que narra la historia de un territorio exuberante en naturaleza, convulso

geológicamente y diverso.

En 1995, presentamos El Salvador, Antiguas civilizaciones, escrito por el arqueólogo William

Fowler, libro que se convirtió, de inmediato, en una referencia académica para aquella primera

generación de entusiastas estudiantes que se inscribían por primera vez en el país, en la carrera

de Arqueología, fundada ese mismo año. Ahora, renovamos nuestro compromiso de heredar un

legado a la nación, y presentamos un recorrido por nuestro pasado prehispánico que recoge los

aportes más recientes de la academia nacional, en diálogo y debate constante con la producción

de arqueólogos estadounidenses, franceses y japoneses que han hecho de El Salvador su

primordial tema de investigación.

Banco Agrícola presenta un El Salvador ancestral cautivante, que nos guía a responder quiénes

fuimos y de dónde venimos, porque solo al conocer nuestro pasado podremos dar sentido a

nuestro presente con miras al futuro.

Rafael Barraza

Presidente Ejecutivo

Detalle de cuenco con figura central con atavío y tocado

en forma de penacho, camisa y un braguero decorado con

plumas. Periodo Clásico, Tazumal, Chalchuapa, Santa Ana.

Vessel detail of central figure with attire and headdress in the form

of crest, shirt and a truss decorated with feathers. Classic Period,

Tazumal, Chalchuapa, Santa Ana.

14 15


FOREWORD

The trace of our heritage started 8 thousand years ago. When the first men and women

who inhabited El Salvador originally explored coasts, valleys and mountains, to found

their daily lives, based on their worldviews and establish themselves as a culture.

Banco Agrícola is proud of this new contribution to Salvadoran culture, by exploring

the evidence of our legacy. “El Salvador, The deepest Heritage”, constitutes an effort to

disseminate the pre-Hispanic archaeological infomation about our territory.

It is important for us to understand the richness of our pre-Hispanic past. In ancient

times migrant peoples from the north and south of the continent settled in our land

and founded a mosaic of cultures that now identifies us. We are the result of a

plural past, preserved in the strata of the earth and time, which tells the story of an

exuberant territory in nature, geologically disruptive and diverse.

In 1995, we presented “El Salvador, Ancient Civilizations”, written by archaeologist

William Fowler, a book that immediately became an academic reference for that first

generation of enthusiastic students who enrolled the Archeology career, founded that

same year. Now, we renew our commitment to inherit a legacy to the nation and we

present a journey of our pre-Hispanic past that gather the most recent investigations

of the national academy, in constant dialogue with the production of American, French

and Japanese archaeologists who have made El Salvador their main research topic.

Banco Agrícola shows an ancient and captivating El Salvador, that tells us who we

were, and where we came from. Only by knowing our past, can we make sense of our

present, and project ourselves into the future.

Rafael Barraza

Executive President

Sitio arqueológico Cihuatán, municipio de Aguilares,

departamento de San Salvador.

16 17


1

7 EL TRAPICHE

6 CASA BLANCA

5 NUEVO TAZUMAL

4 TAZUMAL

3 LAGUNA CUSCACHAPA

2 ATACO

SANTA LETICIA

8

9

10

IGUALTEPEQUE

LAGO DE GÜIJA

11

CIHUATÁN

CARRANZA

VERAPAZ

12

LOMA CHINA

PRINCIPALES SITIOS

ARQUEOLÓGICOS

IMPORTANT ARCHAEOLOGICAL SITES

13

QUELEPA

14

ABRIGO ROCOSO ESPÍRITU SANTO

15

ASANYAMBA

16

CARA SUCIA

17

EL CARMEN

18

TACUSCALCO

19

JOYA DE CERÉN

20

SAN ANDRÉS

21

MADRESELVA

N

22

LAGO DE ILOPANGO

O

E

S

23 LOS LLANITOS

24 ISLA PERIQUITO

18 19

25 PUNTA CHIQUIRÍN


Brasero de piedra, esculpido con figura que representa

probablemente la deidad del fuego (Huehueteotl).

Encontrada en Tazumal, departamento de Santa Ana.

Brazier stone sculpted with a figure that probably represents

the fire deity (Huehueteotl). Found in Tazumal, Santa Ana.

20 21


INTRODUCCIÓN

Introduction

En el siglo VII d. C., el rey XII de Copán, K’ahk’ Uti’ Witz’ K’awiil, envió un frasco tallado

al señor de Tazumal. El recipiente fue encontrado por el arqueólogo Stanley Boggs en

una excavación en la pirámide principal de Tazumal en 1952, pero su significado fue

descifrado seis décadas después. Los glifos fueron traducidos por el arqueólogo Jeb Card

(2016), quien sugiere que el regalo demuestra los vínculos políticos de expansión entre

la ciudad maya más grande al sur de Mesoamérica y el occidente del actual El Salvador.

Así como el frasco enviado por el señor de Copán, que actualmente se exhibe en

el Museo Nacional de Antropología Dr. David. J. Guzmán, otros hallazgos en sitios

arqueológicos de El Salvador demuestran los lazos entre los antiguos pobladores de

Mesoamérica. Las relaciones de estos reinos mayas también se establecieron por el

uso de tecnologías como la cerámica, especialmente la Copador. Entre la frontera de

El Salvador y Honduras, tanto la cerámica Copador como la Salúa demuestran flujos

culturales, y económicos constantes.

In the seventh century A.D., K’ahk ’Uti’ Witz ’K’awiil, XII King of Copan, sent a carved bottle

to the lord of Tazumal. The vessel was found in 1952, by archaeologist Stanley Boggs in the

excavation of the main pyramid of Tazumal but its meaning was deciphered six decades

later. The glyphs were translated by archaeologist Jeb Card (2016), who suggests that this

gift implies the political links of expansion between the largest Mayan city in southern

Mesoamerica and the west of current El Salvador.

As well as the carved bottle sent by the King of Copan, which is currently exhibited in the

Museo Nacional de Antropología Dr. David. J. Guzmán, other findings at archaeological

sites in El Salvador demonstrate the ties between the ancient settlers of Mesoamerica. The

relationships of these Mayan kingdoms were also established by the use of technologies

such as ceramic, especially the Copador. Along the border of El Salvador and Honduras,

both Copador and Ulúa ceramic demonstrate constant cultural and economic flows.

Frasco encontrado en la pirámide

principal de Tazumal, muestra cuatro

paneles tallados en bajorelieve,

coloreados con rojo (cinabrio), dos

paneles con personajes y dos con

escritura glífica.

The bottle found in the main pyramid of

Tazumal, display four pannels with red

pigment (cinnabar). Carven in bas-relief, two

of them with rulers seated in their thrones

and two pannels with mayans glyphs.

Pirámide principal, sitio arqueológico Tazumal,

Chalchuapa, departamento de Santa Ana.

Main pyramid archaeological site of Tazumal,

Chalchuapa, Santa Ana.

22 23


Frasco de forma de disco y decorado con glifos grabados en ambas

caras. En el interior contiene restos de cinabrio, mineral empleado en

la cerámica y pintura corporal para ritos fúnebres. Periodo Clásico.

Tazumal, Chalchuapa.

Disk bottle shaped decorated with glyphs and engraved on both sides.

inside it contains cinnabar remains, mineral used in ceramics and body

paint for funeral rituals. Classic Period. Tazumal, Chalchuapa.

La contextualización de la cultura material ha permitido a los arqueólogos y demás científicos

establecer las relaciones entre las antiguas civilizaciones asentadas en la costa del Pacífico

Mesoamericano. Este libro, que rescata y divulga esas investigaciones, pone el acento en la diversidad

de las culturas que habitaron ancestralmente el territorio, vinculadas por los movimientos migratorios

entre norte y sur y las huellas que estos flujos e intercambios dejaron en nuestro actual país:

monumentos, objetos utilitarios y sagrados, formas de hacer y pensar, tecnología y conocimiento.

El antiguo territorio de El Salvador fue un espacio rico en recursos naturales, para los grupos

humanos, ya fuera como puente de migraciones o como punto final de su peregrinaje. Desde el

abrigo rocoso de la Gruta del Espíritu Santo, en Corinto, Morazán, hasta el señorío de Cuscatlán,

los asentamientos en el territorio registran una diversidad cultural que se trazaría desde 8 mil

años atrás. Muchas veces se ha planteado a este espacio como un corredor migratorio, en el

que las poblaciones, comunidades sociedades de norte y sur confluían hasta llegar a un destino.

Actualmente, la arqueología salvadoreña ha demostrado que esta zona de la costa del Pacífico ha

sido también centro de influencia cultural para otros espacios.

Concebida por las jóvenes naciones centroamericanas en los siglos XIX y XX para establecer mitos,

ritos y sitios propios, es decir, nacionales, la arqueología ha recibido un uso político nacionalista

que en lugar de complejizar las dimensiones y riquezas de las antiguas civilizaciones ha logrado

descontextualizar estas relaciones ancestrales. Por lo mismo, romper el relato de las culturas

ancestrales a partir de los espacios nacionales es un imperativo de la arqueología en la actualidad.

Solo así, fuera del molde y la categoría analítica del estado nación, es posible comprender a los

territorios de la actual Centroamérica como parte de una región cultural que ha recibido el

nombre de Mesoamérica (Kirchhoff, 1943), compuesta por México, Guatemala, El Salvador, Belice,

la zona occidental de Honduras, el pacífico nicaragüense y la península de Nicoya en Costa Rica.

El desarrollo histórico de Mesoamérica ha sido datado entre 2500 a.C. y 1521 d.C. El corte

de tiempo que demarca el proceso histórico mesoamericano ha sido definido por la entrada a

Tenochtitlán, capital del imperio mexica, del ejército de exploradores españoles y otros indígenas

mesoamericanos aliados y dirigidos por Hernán Cortés, en 1521. Para el caso salvadoreño, el

periodo se extiende a 1524, pues marca el ingreso del adelantado Pedro de Alvarado al actual

El Salvador. Para ese momento se encontraban siete grupos etnolingüísticos: Pipiles, Potones o

Lencas, Kakawiras o Cacaoperas, Xincas, Mayas Cortís, Mayas Pocomanes y Chorotegas, y cada

uno representaba cosmovisiones e instituciones sociales propias y complejas, lo que demuestra

la densidad demográfica y diversidad cultural en un territorio configurado, ahora por, alrededor

de 21 mil km 2 . A pesar de la intensa campaña de colonización, que implicó la imposición de la

cultura hispánica y católica, las antiguas civilizaciones que habitaron originalmente Mesoamérica

aún existen como comunidades que mantienen algunas de sus prácticas, costumbres, tradiciones y

lengua (cosmovisión), como parte de un proceso largo de resistencia.

Esta edición, dedicada exclusivamente a la cultura material dejada por aquellos habitantes

prehispánicos de Mesoamérica, propone presentar las exploraciones más recientes de las huellas

más profundas en el territorio, de los primeros hombres y mujeres que poblaron la costa del

Pacífico y llegaron hasta nuestros valles y cordilleras.

En 1952, el arqueólogo Stanley Boggs encontró un frasco tallado en la

pirámide principal de Tazumal. La pieza, que supone un intercambio con el

reino maya de Copán, fue traducida hasta 2014 por el arqueólogo Jeb Card,

cuya interpretación de los glifos arroja información para determinar las

relaciones entre ambos espacios en el periodo Clásico.

In 1952, archaeologist Stanley Boggs found a carved bottle in the main pyramid

of Tazumal. The piece, which implies an exchange with the Mayan kingdom of

Copán, was translated until 2014 by archaeologist Jeb Card, whose interpretation

of the glyphs provided information that helped to determine the relations

between both territories in the Classic Period.

24 25


Escultura lítica antropomorfa, conocida como

“El hombre de la banca” (benchman), y seis

hachuelas votivas encontradas como ofrenda

en la parte superior de la estructura 1, del sitio

arqueológico Finca Rosita, en Santa Ana.

Anthropomorphic lithic sculpture, known as

“benchman”, and six votive hatchets found as an

offering at the top of structure I, in the archaeological

site Finca Rosita, Santa Ana.

The contextualization of material culture has allowed archaeologists and other scientists to establish

relations between ancient civilizations settled on the Mesoamerican Pacific coast. This book rescues and

disseminates these investigations, emphasizes the diversity of the cultures that ancestrally inhabited the

territory, linked by the migratory movements between north and south. The traces that these flows and

exchanges left to our current country as its legacy: monuments, utilitarian and sacred objects, ways of

doing and thinking, technology and knowledge.

The ancient territory of El Salvador was an area rich in natural resources, for human groups, either as a

bridge of migrations or as an end point of their pilgrimage. From the rock shelter of the Espiritu Santo

Grotto, in Corinto, Morazán, to the kingdom of Cuscatlán, the settlements in the territory register a cultural

diversity that is traced from eight thousand years ago. Many times, this region has been considered as a

migratory corridor, in which the northern and southern populations, communities and societies, converged

until they reached a destination. Currently, Salvadoran archeology has shown that this area of the Pacific

coast has also been a center of cultural influence for other territories.

The young Central American nations in the nineteenth and twentieth centuries, in order to establish their own

myths, rites and sites, have used archeology from a national and political perspective, that instead of complexing

the dimensions and riches of ancient civilizations, has managed to decontextualize these ancestral relationships.

Therefore, breaking the story of ancestral cultures from national spaces is an imperative of archeology today.

Only then, outside the analytical category of the nation state, is it possible to understand the territories of

current Central America, as part of a cultural region that has received the name of Mesoamerica (Kirchhoff,

1943), composed of Mexico, Guatemala, El Salvador, Belize, the western part of Honduras, the Nicaraguan

Pacific and the Nicoya Peninsula in Costa Rica.

The historical development of Mesoamerica has been dated between 2500 B.C. and 1521 A.D. The time

frame that demarcates the Mesoamerican historical process has been defined by the entry of the Spanish

army, led by Hernan Cortez to Tenochtitlan, capital of the Mexica Empire, in 1521. For El Salvador, the

period extends to 1524, as it marks the entry of Pedro de Alvarado to the current El Salvador. At that time

there were seven ethnolinguistic groups: Pipiles, Potones or Lencas, Kakawiras o Cacaoperas, Xincas, Mayas

Cortís, Mayas Pocomanes and Chorotegas, and each represented their own and complex worldviews and

social institutions, which demonstrates the demographic density and cultural diversity in a territory with an

extension of 21,000 km 2 . Despite the intense campaign of colonization, which implied the imposition of

Hispanic and Catholic culture, the ancient civilizations, that originally inhabited Mesoamerica still remain

and there are some communities that keep some of their practices, customs, traditions and language

(cosmogony), as part of a long resistance process.

This edition, dedicated exclusively to the material heritage left by those pre-Hispanic inhabitants of Mesoamerica,

has the purpose of presenting the most recent explorations of the deepest traces in the territory, those of the

first men and women who populated the Pacific coast and reached our valleys and mountain ranges.

26 27


Metate ceremonial, esculpido en basalto

con talla de felino, encontrado en la

“Cueva de La Tigra” municipio de Caluco,

departamento de Sonsonate.

Ceremonial metate, sculpted in basalt with feline

carving, found in the Cave of “La Tigra”.

Caluco, Sonsonate.

28 29


El espacio primigenio

The primal land

Vista de la cordillera Apaneca Ilamatepec.

Lo que conocemos ahora como nuestro país era un espacio de profusa vegetación de bosques caducifolios en los

valles y montañas, y manglares en las costas. Estos ricos ecosistemas, producto de la migración de especies vegetales

y animales durante el gran intercambio americano (Osborn, 1910), fueron determinantes para el asentamiento y

los procesos de sedentarización y domesticación de ciertos frutos por parte de los grupos humanos, paleoindios,

que dejaron huella al menos 8 mil años atrás. Como ejemplo, algunos elementos vegetales encontrados en El

Paraíso, Chalatenango, como improntas fósiles de peces, hojas y pasto, descubiertas por paleontólogos, arrojan una

antigüedad de 2.5 millones de años (MUHNES, 2019).

La arqueología se ha auxiliado de otras ciencias, como la geología, la paleontología, la botánica e incluso la lingüística,

y la antropología para establecer con mayor veracidad sus hallazgos. Así, un estudio estratigráfico de polen realizado

por Robert Dull (2005), demostró que en la actual Sierra de Apaneca crecían, 8 mil años atrás, diversas hierbas

y flores que crecen en la actualidad y han soportado cambios climáticos. El estudio de Dull también registró la

evidencia de polen del zea (maíz), alrededor de 4400 años atrás.

Hace 5 mil años, en la costa del Pacífico, se formaron esteros y manglares, cuyo ecosistema marino desarrolló un

sistema de subsistencia para los grupos humanos que se fueron asentando en las costas, ahora marcadas por las

fronteras geopolíticas con Guatemala, Honduras y Nicaragua. Estos primeros humanos, además de consumir los

frutos del mar, encontraron en la sal un producto de intercambio. Estos grupos paleoindios se asentaron en la costa

en el Preclásico temprano (2500 a 900 a.C.), en las actuales islas y tierra firme del golfo de Fonseca y Ahuachapán.

En el golfo de Fonseca, la documentación recopilada por las investigaciones del arqueólogo e historiador Heriberto

Erquicia (2006), reparan en una “continuidad cultural”, determinada por los hallazgos de concheros, petrograbados

y estructuras domésticas.

En el actual valle de Zapotitán, 2 mil años a.C., creció un bosque caducifolio, llamado nuboso, formado por guarumos,

robles, su vegetación era rica y florecía todo el año, según las investigaciones de Howard E. Daugherty (1969) y

Payson Sheets (1986). Este bosque se nutría constantemente de manera orgánica, por lo que, siglos después, este

valle llegó a ser el más fértil de El Salvador.

En la costa de occidente, entre profusos manglares, se asentaron los primeros habitantes de este territorio, alrededor

de 1500 a.C., según datación de carbono 14, a partir de los trabajos Arthur Demarest, Bárbara Arroyo y Paul

Amaroli (1989). Localizado en Ahuachapán, el actual sitio arqueológico El Carmen registra la cerámica más antigua

de El Salvador, este sitio fue habitado por grupos sedentarios. (Amaroli et al, 1989: 3-20).

Our country, was a space of profuse vegetation of deciduous forests in the valleys and mountains, and mangroves on

the coasts. These rich ecosystems, product of the migration of plant and animal species during the great American

exchange (Osborn, 1910), were determinant for the settlement and the processes of sedentary and domestication of

certain fruits by Paleoindian groups, which left their footprint 8 thousand years ago. Some plant elements found in El

Salvador, such as fossil imprints of fish, leaves and grass discovered by paleontologists in El Paraíso, Chalatenango are

2.5 million years old (MUHNES, 2019).

Archeology has helped other sciences, such as geology, paleontology, botany and even linguistics to establish its findings

more truthfully. Thus, a stratigraphic study of pollen carried out by Robert Dull (2005) showed that 8 thousand years

ago, in the present Sierra de Apaneca various herbs and flowers grew, that have endured climatic changes and they still

exist today. Dull’s study has also recorded evidence of zea pollen (corn), about 4400 years ago.

5 thousand years ago, on the Pacific coast, estuaries and mangroves were formed, whose marine ecosystem developed a

subsistence system for human groups that settled on the coasts, now delimited by geopolitical borders with Guatemala

and Honduras. These first humans, in addition to consuming the fruits of the sea, used salt as an exchange product.

These Paleoindian groups settled on the coast in the Early Formative (2500 to 900 B.C.), on the current islands

and mainland of the Gulf of Fonseca and Ahuachapán. In the Gulf of Fonseca, the documentation compiled by the

investigations of the archaeologist and historian Heriberto Erquicia (2006) propose a “cultural continuity”, determined

by the findings of shells sites, carved boulders and domestic structures.

2000 years B.C., a forest, formed by guarumos, oaks, and other tree and vegetation species grew in the current valley

of Zapotitán, its vegetation was rich and flourished throughout the year, according to the investigations of Howard E.

Daugherty and Payson Sheets (1986). This forest was constantly nourished organically, so, centuries later, this valley

became the most fertile in El Salvador.

On the west coast, among profuse mangroves, the first inhabitants of this territory settled, araund 1500 years B.C.,

according to investigations and documentation of Paul Amaroli, Arthur Demarest and Bárbara Arroyo (1989). El Carmen

archaeological site in Ahuachapán, records the oldest ceramic in El Salvador, and this site was inhabited by sedentary

groups.

30 31


Ya para 1500 a.C., la agricultura de maíz se había extendido en gran parte de lo que ahora es el territorio

salvadoreño. La siembra del teosinte, el antepasado del maíz, marcó el inicio de la domesticación del

grano, cultivo que configuró el desarrollo nutricional de Mesoamérica. La dieta básica de la cultura agraria

mesoamericana fue determinada por tres cultivos: maíz, frijol y calabaza (conocidas como tres hermanas).

Otros cultivos de consumo alimenticio como la yuca y el chile fueron encontrados en la aldea maya de

Joya de Cerén, nombrada Patrimonio de la Humanidad, en 1993.

La diversidad ecológica ha reflejado las culturas que la habitaron: desde grupos de cazadores y recolectores,

hasta culturas organizadas en relación a estructuras más complejas, en unidades espaciales como aldeas y

ciudades, y organizaciones políticas como cacicazgos y reinos. Estos fueron los primeros paisajes culturales

que conocieron los habitantes primigenios de esta tierra. Los flujos y las relaciones interétnicas estudiadas

hasta ahora demuestran que nuestro país fue un espacio de constantes dinámicas sociales, políticas,

religiosas y económicas. En los últimos 30 años, la arqueología ha estudiado las relaciones y rutas de estos

flujos migratorios, los intercambios comerciales y la transmisión de conocimiento.

By 1500 B.C. corn agriculture had extended to a large portion of present day Salvadoran territory. The planting

of teosinte, the ancestor of corn, marked the beginning of the domestication of the grain, a crop that shaped the

nutritional development of Mesoamerica. The basic diet of the Mesoamerican agrarian culture was determined

by three crops: corn, beans and pumpkins (known as “the three sisters”). Other food crops such as cassava and

chili were found in the Mayan village of Joya de Cerén, recognized in 1993 as a World Heritage.

Ecological diversity has reflected the cultures that inhabited it: from hunter groups and gatherers, to organized

cultures in relation to more complex structures, in units such as villages and cities, and political organizations such

as cacicazgos and kingdoms. These were the cultural landscapes of the first inhabitants of this land. The flows

and inter-ethnic relations studied so far, show that our country was a area of constant social, political, religious and

economic dynamics. In the last 30 years, archeology has studied the relationships and routes of these migratory

flows, commercial exchanges and the transmission of knowledge.

Laguna de Cuscachapa, Chalchuapa,

departamento de Santa Ana.

(Ver en mapa No. 3)

32 33


Detalle de manifestaciones gráfico rupéstre en

el abrigo rocoso de la Gruta del Espíritu Santo,

Municipio de Corinto, departamento de Morazán.

Detail of rock art in Espíritu Santo Grotto.

Corinto, Morazán.

34 35


PATRIMONIO Y DIVERSIDAD

Heritage and diversity

La huella más profunda de nuestra historia fue marcada en el oriente del país. Hacia la

frontera natural con la actual república de Honduras, hombres y mujeres se asentaron

en abrigos rocosos en las montañas y en islas formadas por roca volcánica en la costa

del Pacífico.

La hipótesis central de este libro es demostrar que el actual El Salvador fue un espacio

densamente poblado en el que las culturas asentadas crearon una tradición política

y cultural por medio de dinámicas migratorias e intercambio económico. La narrativa

común de la divulgación arqueológica centra la riqueza histórica únicamente en

el centro y occidente del país y su vinculación con los pueblos mayas de la actual

Guatemala. Sin embargo, hasta la llegada de los conquistadores españoles, en 1524, el

desarrollo de las antiguas civilizaciones fue extendido por todo el territorio y una de

sus fuentes más ricas de investigación la representa el oriente del país. especialmente

en los actuales departamentos de San Miguel y La Unión.

Los estudios pioneros de la década de 1960 y 1970 sobre oriente y las investigaciones

arqueológicas de los últimos 25 años, demuestran una interacción total en el territorio

en todas las etapas de la historia antigua: desde el Preclásico salvadoreño (2000 a.C. -

250 d.C.) hasta el contacto (con los españoles) en el siglo XVI. El registro y estudio de

esta dinámica rompe con un orden de relato nacional que, durante décadas, colocó

todo su interés en el occidente, especialmente en el valle de Chalchuapa y el de

Zapotitán, y la relación con los pueblos mayas.

Este capítulo, que representa el corazón del libro, devela el devenir de las primeras

interacciones humanas en el territorio en un orden cronológico hasta 1524, año

señalado como el fin del periodo Posclásico, para El Salvador y Guatemala, y el inicio

del periodo y el sistema colonial (1524-1821).

The deepest heritage of the first inhabitants are located in the East of our current country.

Towards the natural border with the current Republic of Honduras, men and women settled

in rocky shelters in the mountains and islands formed by volcanic rock on the Pacific coast

between 8000 and 4000 years ago.

The main hypothesis of this book is to demonstrate that the current El Salvador was

a densely populated space in which settled cultures created a political and cultural

tradition through migratory dynamics and economic exchange. The common narrative of

archaeological outreach centers historical wealth only in the center and west of the country

and its link with the Mayan peoples of present-day Guatemala. However, until the arrival

of the Spanish conquerors, in 1524, the development of ancient civilizations was extended

throughout the territory and one of its richest sources of research is located in the eastern

part of the country, currently San Miguel y La Unión.

The pioneering studies of the 1960s and 1970s carried out in the eastern part of the

country and the archaeological investigations of the last 25 years, show a total interaction

in the territory at all stages of ancient history: since the Salvadoran Formative period (2000

B.C. - 250 A.D.) until the contact with the Spanish in the sixteenth century. This changes

the belief that all cultural development was only in the western area, especially in the

Chalchuapa and Zapotitán Valley, and due to the relationship with the Mayan peoples.

Abrigo rocoso, Gruta del Espíritu Santo,

Corinto, departamento de Morazán.

This chapter, which represents the heart of the book, reveals the evolution of the first

human interactions in the territory in a chronological order until 1524, a year marked as

the end of the Postclassic Period in El Salvador and Guatemala, and the beginning of the

colonial period (1524-1821).

36 37


Fragmento de cerámica del período Preclásico temprano.

Sitio arqueológico Tacuscalco, Nahulingo,

departamento de Sonsonate.

Ceramic fragment of the Early Formative Period.

Tacuscalco, Nahulingo, Sonsonate.

Vasijas de cerámica con vertedera del sitio arqueológico Verapaz.

Período Preclásico medio, departamento de San Vicente.

Ceramic vessels with spout. Archaeological site Verapaz.

Middle Formative Period, San Vicente.

A lo largo y ancho del país, se localizan zonas arqueológicas que cuentan los procesos históricos de las

civilizaciones antiguas, algunas incluso aún no han sido datadas plenamente respecto a su ocupación pero sus

vestigios, especialmente los restos cerámicos, demuestran una ocupación constante entre 1500 años a.C. y

aún después de la primera fundación de la villa de San Salvador, en 1525. Los flujos humanos transportaron

conocimientos, cosmovisiones, intercambios económicos y tecnologías. La arqueología ha demostrado que esta

dinámica permitió que en nuestro territorio se desarrollaran, desde la domesticación del maíz en el Preclásico

temprano, hasta los grandes asentamientos humanos, que fueron verdaderas ciudades del periodo Posclásico.

Muchos ejemplos demuestran que dentro de Mesoamérica existieron relaciones globales-locales. Para el caso

de El Salvador, son representativas ciertas piezas y símbolos, como una escultura de piedra perteneciente al

período Preclásico encontrada en la llamada Finca Rosita, en Santa Ana, que ehxhibe a un hombre sentado. Este

tipo de “benchman” es parte de una tipología de representación de figuras humanas de estilo olmeca, por lo que

la contextualización de la pieza ha sugerido un flujo de intercambio, político o de comercio, a través de objetos

portátiles de zonas lejanas del actual México, hacia la costa del Pacífico.

De la misma franja del Pacífico, los hallazgos de esculturas monumentales, llamadas comúnmente “Gordinflones”

o “Barrigones”, y Cabezas monumentales de jaguar, encontradas en los actuales departamentos Ahuachapán,

Santa Ana y Sonsonate, establecen una relación política entre grupos mayas en el Preclásico tardío. Esto ha

podido establecerse gracias a las investigaciones de la última década, en la que la escultura monumental ha sido

interpretada también como un símbolo de la consolidación de los estados en Mesoamérica.

En cuanto a transformaciones culturales dentro del territorio, en el período Preclásico se registró un largo proceso

de sedentarización de los grupos nómadas, alrededor del cultivo del maíz, que dio cabida a la construcción de

asentamientos, especialmente domésticos, como El Carmen. Este fue el inicio de la cultura agraria. En cuanto a

tecnología, la cerámica encontrada en los sitios de El Trapiche, en Chalchuapa, Quelepa, en San Miguel, y en las

excavaciones de un entierro de Verapaz, en San Vicente, arrojan los usos tecnológicos, políticos y religiosos de

materiales como la arcilla, el jade, la obsidiana y otros minerales.

Hasta ahora, la arqueología ha demostrado que El Salvador ha sido siempre un espacio de mestizajes, de

transformaciones culturales producto de las migraciones, que fueron desde experiencias de expansión de

grupos dominantes hasta resistencias políticas. Pensar el espacio nacional sin las divisiones políticas actuales, en

los que la centralidad depende de la actual capital es clave para comprender los tiempos y los espacios de los

primeros humanos en este territorio.

Vaso y vasija con vertedero. Período Preclásico medio.

proveniente del sitio arqueológico

Carcagua, departamento de Santa Ana,

Vessels from the archaeological site Carcagua, Santa Ana,

Middle Formative Period.

38 39


Cuenco trípode con soporte de rostros humanos,

(página opuesta) cuyo decorado interior tiene como figura

central un cangrejo, rodeado por bandas con diseños

geométricos y representaciones de serpientes. Periodo Clásico,

sitio arqueológico Tazumal. Departamento de Santa Ana.

Tripod bowl with support of human faces (next page), whose

interior decoration has as a central figure a crab, surrounded by

bands with geometric designs and snake representations.

Classic Period. Found in Tazumal. Santa Ana.

Archaeological zones that reveal the historical processes of ancient civilizations are located throughout the country,

some have not been dated according to their occupation, but their vestiges, especially the pottery remains, demonstrate

a constant occupation between 1500 years B.C. and even after the foundation of the town of San Salvador, in 1525.

Human flows transported knowledge, world views, economic exchanges and technologies. Archeology has shown

that this dynamic allowed our territory to develop, from the domestication of corn in the Early Formative Period, to

monumental sculpture as a technique and as a ritual use in the Classic Period.

There are many evidences that within Mesoamerica there were global-local relations since the Formative Period.

In El Salvador certain pieces and symbols are representative, such as a stone sculpture belonging to the Formative

Period found in Finca Rosita, in Santa Ana, which show a seated man. This type of “benchman” is part of a typology of

representation of human figures of Olmec style, so the contextualization of the piece has suggested a flow of political

or trade exchange, through portable objects, from remote areas of the current Mexico, towards our Pacific coast.

From the same Pacific coast strip, the findings of monumental sculptures, commonly called Fat Men or

Potbellies (Gordinflones or Barrigones), and monumental Jaguar Heads, found in current Ahuachapán, Santa

Ana and Sonsonate, establish a political relationship between Mayan groups in the Late Formative. This has

been established by the investigations of the last decade, in which the monumental sculpture has also been

interpreted as a symbol of the consolidation of the states in Mesoamerica.

As for cultural transformations within the territory, in the Formative Period there was a long process of sedentary

settlement of nomadic groups, due to the cultivation of corn, which conducted to the construction of settlements,

especially domestic ones, such as El Carmen. This was the beginning of the agrarian culture. As for technology,

the pottery found in the archaeological sites of El Trapiche, in Chalchuapa, Quelepa, in San Miguel, and in the

excavations of a burial of Verapaz, in San Vicente, demonstrate the technological, political and religious uses of

materials such as clay, jade, obsidian and other minerals.

Until now, archeology has shown that El Salvador has always been a space of miscegenation, of cultural

transformations resulting from migrations, which went from experiences of expansion of dominant groups to

political resistance. Thinking about the national space without the current political borders, is key to understanding

the times and spaces of the first humans in this territory.

40 41


Detalle de figuras gráfico rupéstres. Gruta del Espíritu Santo.

Corinto, departamento de Morazán.

Rock art detail. Espiritu Santo Grotto. Corinto, Morazán.

Abrigos Rocosos

y manifestaciones gráfico rupéstres

Rock shelter and rock art

Corinto, en Morazán, es el espacio más antiguo que testimonia la vida humana en el actual El Salvador.

Alrededor de unos 9 mil años a.C., el abrigo rocoso, conocido como Gruta del Espíritu Santo, fue

ocupado por grupos nómadas que dejaron, además, su huella para la ciencia y la historia mediante sus

manifestaciones gráfico rupestres. Figuras humanas, manos y aves narran la presencia más antigua de

humanos en nuestro suelo.

Es crucial consignar la antigüedad del espacio para romper con uno de los principales mitos que dominó

la arqueología en el país por mucho tiempo: considerar al río Lempa como una frontera cultural que

dividía al país en dos identidades diferentes. Esta tesis fue acuñada por el viajero estadounidense John

Lloyd Stephens a mediados del siglo XIX (Albarracín y Valdivieso, 2013, 61), y a partir de esta apreciación,

varias generaciones de intelectuales y arqueólogos consideraron al río como una frontera con respecto

a las culturas precolombinas del occidente. La tesis estuvo relacionada a una tendencia de nacionalismo

alrededor de la arqueología, que buscaba una relación con los grupos étnicos del norte de Mesoamérica,

como los olmecas y mayas. Sin embargo, el territorio salvadoreño es tan antiguo que sus ocupaciones

han sido diversas en el tiempo y responden a los cambios ambientales, culturales, y económicos de las

culturas paleoindias.

Corinto, in Morazán, is the oldest territory that witnesses human life in present-day El Salvador. Around 9000

years B.C., the rock shelter, known as the Espiritu Santo Grotto, was ocuppied by nomadic groups that also

left their print for the science and history through its rock art manifestations. Human figures, hands and birds

narrate the oldest presence of humans on our land.

It is crucial to undestand the antiquity of the territory, to break with one of the main myths that dominated

archeology in the country for a long time: considering the Lempa River as a cultural border that divided the

country into two different identities. This thesis was coined by the American traveler John Lloyd Stephens in the

mid-nineteenth century (Albarracín and Valdivieso, 2013, 61), and from this assessment, several generations of

intellectuals and archaeologists considered the Lempa river as a border between the pre-columbian civilizations

of the west and the east territories of El Salvador. The thesis was related to a trend of nationalism around

archeology, which sought a relationship with ethnic groups in northern Mesoamerica, such as the Olmecs and

Mayas. However, the Salvadoran land is so old that its occupations have been diverse over time and respond to

the environmental, cultural, and economic changes of the Paleoindian cultures.

Abrigo rocoso, Gruta del Espíritu Santo,

Corinto, departamento de Morazán.

(Ver en mapa No. 14)

42 43


Los vestigios iconográficos del abrigo rocoso recogen

diversos símbolos que son parte del lenguaje común

del arte rupestre en el continente, fueron pintados

en rojo, amarillo y negro, de origen mineral.

Los asentamientos más atiguos del oriente de país, pertenecen a un periodo arcaico, miles de años antes del

establecimiento de relaciones de sociedades dominantes del Preclásico. Las migraciones del sur, en la actual

zona oriental, dejaron vestigios de uno de los asentamientos humanos más antiguos de Mesoamérica en los

abrigos rocosos de Corinto, Morazán.

Los vestigios iconográficos de la gruta del Espíritu Santo recogen diversos símbolos que son parte del lenguaje

común del arte rupestre en el continente, fueron pintados en rojo, amarillo y negro con pigmentos de origen

mineral. La arqueóloga Elisenda Coladan (1997) considera que Corinto no fue el único sitio de pinturas

rupestre en la zona, y ha señalado también la constante migratoria en el lugar, dado el material cerámico del

Preclásico y Posclásico tardío. En El Salvador, según el Atlas arqueológico de oriente (Amador, 2007), la mayoría

de registros de esta manifestación se encuentran en oriente, en los sitios de la isla de Conchagua, La Pintada, la

Cueva del Toro, El Indio, Yamabal y Rosas Coloradas.

The most ancient settlements in the east of the country belong to the archaic period. Thousands years before

the establishment of relations of dominant societies of the Formative. Migrations from the south, in the

current eastern area, left traces of one of the oldest human settlements in Mesoamerica: the rock shelters

of Corinto, Morazán.

The iconographic vestiges of the Espiritu Santo Grotto in Corinto, Morazan, collect various symbols that are part

of the common language of rock art on the continent, they were painted using red, yellow and black mineral

pigments. Archaeologist Elisenda Coladan (1997) considers that Corinto was not the only site of cave paintings

in the area, she pointed out that the constant migration at the site must also be considered, due to the vestiges

of late Formative and Late Postclassic ceramic material found in the area. In El Salvador, according to the Atlas

Arqueológico de Oriente (Amador, 2007), most records of this manifestation are located in the east, at the sites of

the island of Conchagua, La Pintada, Cueva del Toro, El Indio, Yamabal and Rosas Coloradas.

El primer registro de la gruta del Espíritu Santo se remonta a 1888,

citada por el intelectual Santiago Ignacio Barberena. En 1913, Atilio

Pecocorini reseñó su arte rupestre en Le journal de la societé des

americanistes. En 1952 y 1958, el arqueólogo Wolfgang Haberland

visitó Corinto y lo registró a través de un estudio científico. Según

la tesis de Krishnangi Devi Ramírez (2019), es difícil establecer una

datación precisa para los abrigos rocosos, por lo que propone mirar

a la Centroamérica primigenia en relación a interacciones culturales y

migratorias, y vincula Corinto con la Cueva del gigante en Honduras,

dado que no son las fronteras nacionales las que dividen las regiones o

los asentamientos paleoindios y precolombinos. La Cueva del gigante,

según estudios de Scheffer, fue habitada en el año 9480 a.C.

Las manifestaciones gráfico rupestres, reflejan las cosmovisiones, las

representaciones y las tecnologías que desarrollaron los habitantes de

las cuevas y las grutas, por lo general grupos de cazadores y recolectores

que reflejan la movilidad humana unos 10 mil años atrás. Con el paso

de los siglos, el lugar fue ocupado por otros grupos, que dejaron otros

vestigios de su habitación, como la cerámica y otras herramientas.

The iconographic vestiges of the grotto collect various symbols

that are part of the common language of rock art on the

continent. Painted in red, yellow and black mineral pigments.

The first record of the the Espiritu Santo Grotto dates back to 1888, cited

by the intellectual Santiago Ignacio Barberena. In 1913, Atilio Pecocorini

reviewed its rock art in Le journal de la societé des americanistes. In

1952 and 1958, archaeologist Wolfgang Haberland visited Corinto and

recorded it through a scientific study, but it has been until the twentyfirst

century that the grotto has been scientifically studied. According to

the thesis of Krishnangi Devi Ramírez (2019), it is difficult to establish

an accurate dating for rock shelters, so he proposes to look at primal

Central America in relation to cultural and migratory interactions, and

links Corinto with the Cueva del Gigante in Honduras, since it is not the

actual national borders that divide the Paleoindian and pre-Columbian

regions or settlements. The Cueva del Gigante, according to Scheffer’s

studies, was inhabited in the year 9480 B.C.

The rock art manifestations reflect the worldviews, representations and

technologies that the inhabitants of the caves and grottos developed,

usually hunters and gatherers groups, which reflect human mobility

about 10 thousand years ago. Over the centuries, the place was

inhabitated by other groups, who left other vestiges of their occupation,

such as pottery and other tools.

44 45


Costa del pacífico. Isla Periquito

Pacific Coast

Isla Periquito, frente a las costas del pueblo de San Cayetano, es una de las 32 islas que forman el

golfo de Fonseca. Muchas de las islas, de origen volcánico y están formadas por rocas basálticas. El

área, frontera marina entre Honduras, El Salvador y Nicaragua, ha sido, por lo mismo, disputado por

las potencias coloniales desde el siglo XVIII, y es uno de los territorios más antiguos habitados por

grupos sedentarios en la costa Pacífica del actual El Salvador.

Las investigaciones de Heriberto Erquicia (2005), en tierra firme, islas e isletas del golfo, han

localizado riqueza y variedad de material arqueológico, que narra la historia de nuestro territorio

en una larga duración, desde las primeras locaciones sedentarias hasta la historia independiente

de Centroamérica. En Periquito y demás islas, se documentan concheros, rastro de actividades de

subsistencia de grupos sedentarios. La concha calcarea de algunos moluscos tuvo varios usos en

este periodo: fue utilizada como cimientos para construciones, sus deshechos se transformaban en

argamasa y en algunos sitios se usaron, también para rituales funerarios.

La costa, con sus estuarios de manglares y sus accesos a alimentos y sal, fue el principal espacio de

asentamiento humano sedentario en nuestro territorio. Como ahora, la naturaleza costera fue un

ecosistema y un espacio de sociabilidad importante para los grupos humanos.

Pruebas de carbono, realizadas en la década de 1990, por Paul Amaroli (2017), demostraron que

en Isla Periquito la ocupación humana más antigua puede situarse 1800 años a.C., En los concheros,

se identificaron deshechos prehistóricos de moluscos, crustáceos y otras especies marinas que

constituyeron la dieta y recursos de subsistencia de grupos paleoindios.

Por su biodiversidad y ubicación geográfica, las islas del golfo y su tierra firme fueron ocupadas en

diversos momentos históricos, hasta convertirse en espacio geopolítico estratégico en disputa en

el siglo XIX, después de la disolución de la Federación Centroamericana en 1839. Por lo mismo el

golfo de Fonseca constituye una de las fuentes más ricas de la arqueología para explorar sobre el

territorio nacional.

Islas del Golfo de Fonseca.

La evidencia encontrada en los

concheros, a lo largo de la costa

Pacífica es una de las fuentes

primordiales para la investigación del

periodo Formativo, como evidencia

del proceso de sedentarización de los

primeros grupos humanos.

The evidence found in the shell sites,

along the Pacific coast is one of the main

sources for the investigation

of the Formative Period, as evidence of

the sedentarization process of the first

human groups.

(Ver en mapa No. 24)

Periquito Island, located off the coast of San Cayetano, is one of the 32 islands of the Golfo de Fonseca. This islands are of volcanic origin and are formed

by basaltic rocks. This area is the border between Honduras, El Salvador and Nicaragua, and has been, therefore, disputed by colonial powers since the

eighteenth century, is one of the oldest territories inhabited by sedentary groups on the Pacific coast of present-day El Salvador.

The investigations of Heriberto Erquicia (2005), on the mainland, and the gulf islands have found a variety of rich archaeological material, which tells the

history of our territory for a long period of time, from the first sedentary locations to the independent history of Central America. In Periquito and other

islands, shell sites are documented as an evidence of subsistence activities of sedentary groups. The shells had various uses in this period: they were used

as foundations for constructions, their waste was transformed into mortar and in some places, they were used, also for funeral rituals.

The coast, with its mangrove estuaries and access to salt and food, was the main space for sedentary human settlement in our territory. The coastal

nature was an ecosystem and an important sociability space for human groups and until today it has remain.

Carbon tests carried out in the 1990s by Paul Amaroli (2017) showed that the oldest human occupation in Periquito Island can be 1800

years B.C. In the shell sites, prehistoric wastes of molluscs, crustaceans and other marine species that constituted the diet and subsistence

resources of Paleoindian groups were founds.

Due to its biodiversity and geographical location, the Gulf of Fonseca, its Islands and its mainland were occupied at various historical moments, until it

became a strategic geopolitical space in dispute in the nineteenth century, after the dissolution of the Central American Federation in 1839. Therefore,

the Gulf de Fonseca is one of the richest sources of archeology to explore on the national territory.

46 47


Debido a la rica biodiversidad de los manglares

en la costa del Pacífico los primeros grupos

humanos se establecieron en un espacio

sostenible para su sedentarización.

Due to the rich biodiversity of mangroves on the

Pacific coast, the first human groups established

themselves in a sustainable space for their

sedentary life.

About 1500 years B.C., several human groups settled in the plain near

the mangroves on the shore of the Pacific Ocean, in actual Ahuachapán.

The mangroves offered these inhabitants food and other subsistence

products. The area, now known as El Carmen, had a domestic use, so

it is recognized as the oldest place inhabited by sedentary cultures

in our country. The first sedentary groups in Mesoamerica settled on

the banks of rivers and coasts, as El Carmen demonstrates, since

river systems allowed access to subsistence resources, especially fish,

molluscs and salt. Before settlement, about 3 thousand years B.C., the

sea level was higher and the mangrove was located within the ocean.

The site was discovered by Paul Amaroli in 1986, during an exploration

in the Cara Sucia region, in Ahauchapán. Subsequent investigations

by Arthur Demarest, Amaroli and Bárbara Arroyo (1989), concluded

that the pottery found belonged to the Formative Period. These are

“tecomates” decorated with red lines, in addition, they found three

furnaces and housing structures with mud floors and garbage dumps,

so the function of the first occupation of the site was domestic.

El Carmen

Unos 1500 años a.C., varios grupos humanos se asentaron en la planicie cercana a los manglares a la orilla

del océano Pacífico, en las costas de Ahuachapán. Los manglares ofrecieron a esos habitantes alimentos

y otros productos de subsistencia. El espacio, conocido ahora como El Carmen, tuvo un uso doméstico,

por lo que se reconoce como el lugar más antiguo habitado por culturas sedentarias en nuestro país. Los

primeros grupos sedentarios en Mesoamérica se asentaron en las orillas de los ríos y las costas, como

bien demuestra El Carmen, pues los sistemas fluviales permitían acceder a recursos de subsistencia,

especialmente peces, moluscos y sal.

El sitio fue descubierto por Paul Amaroli en 1986, durante una exploración en la región de Cara Sucia,

en Ahauchapán. Las investigaciones posteriores de Arthur Demarest, Amaroli y Bárbara Arroyo (1989),

concluyeron que la cerámica encontrada perteneció al periodo Formativo o Preclásico temprano. Se

trata de cerámica fitomorfa designada como tecomates decorados con líneas rojas, además, localizaron

tres hornos y estructuras de vivienda con piso de barro y basureros, por lo que la función de la primera

ocupación del sitio fue doméstica.

Las fechas en que el área fue habitada han sido datadas según resultados de carbono 14: alrededor de

1500 a.C. Según los investigadores, para ese momento “no se habían obtenido fechas tan tempranas ...

en el Sur de Mesoamérica” (Amaroli et al, 1989, 7), lo cual significa una evolución temprana en la costa

pacífica mesoamericana, una complejidad cultural reflejada en los usos de las tecnologías con la que la

obsidiana, la piedra y la cerámica fueron trabajadas por los habitantes de El Carmen.

Los asentamientos más antiguos del actual El Salvador demuestran que el flujo migratorio fue constante

entre los primeros habitantes de la costa pacífica. Por la misma riqueza, los sitios fueron repoblados

en diversos momentos históricos, hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI y aún después de la

implantación del sistema colonial.

(Ver en mapa No. 17)

According to carbon-14 dating, the area was inhabited around 1500

B.C. According to the researchers, by that time “no such early dates

had been obtained ...in Southern Mesoamerica” (Amaroli et al, 1989,

7), which shows an early evolution on the Mesoamerican Pacific coast,

a cultural complexity reflected in the uses of technologies with which

obsidian, stone and pottery were worked by the inhabitants of El

Carmen.

The oldest settlements in present-day El Salvador demonstrate that the

migratory flow was constant among the first inhabitants of the Pacific

coast. Due to the richness of this land, the sites were repopulated

at various historical moments, until the arrival of the Spaniards in

the sixteenth century and even after the implantation of the colonial

system.

Fragmentos cerámicos de “tecomates”, sitio

arqueológico El Carmen, departamento de

Ahuachapán, periodo Preclásico temprano.

“Tecomates” clay fragments, El Carmen,

Ahuachapán, Early Formative Period.

48 49


Piedra de las Victorias

La Piedra de las Victorias, Monumento 12 de Chalchuapa, es una de las piezas que atestiguan

los intercambios culturales en la actual zona arqueológica de Chalchuapa. Fue documentado

por Stanley Boggs en la Finca Las Victorias, en una sección conocida por la tradición oral como

“Tablón del dibujo” en la década de 1940, y pertenece al periodo Preclásico, su construcción

pudo realizarse entre 900 a 400 a.C. Según Shione Shibata, la cultura olmeca tuvo presencia en

Atiquizaya en el periodo Preclásico.

Otras piezas encontradas en El Salvador, como el “Benchman” de Finca Rosita, Santa Ana,

demuestran esta vinculación. La cultura olmeca fue la primera en alcanzar una interpretación

jerárquica en Mesoamérica, y se expandió por la costa atlántica de México, especialmente en

La Venta, actual Tabasco, y San Lorenzo, actual Veracruz.

Desde 1940, existen diversas hipótesis alrededor del monumento 12. La primera interpretación

de Stanley Boggs fue la representación en conjunto de los cuatro personajes, entre ellos un

jefe y un comerciante (Baxter, 2008: 111). La interpretación de personajes de poder continuó

hasta finales del siglo XX. Según William Fowler: “es posible que la escultura de Las Victorias

conmemora una visita de personajes principales, quizás diplomáticos o mercaderes, de la

tierra olmeca a Chalchuapa, pero sería más factible, como diría [Arthur] Demarest, que la

piedra de Las Victorias resultó de contactos entre Chalchuapa y otro centro del gran nexo

de interacción La Blanca o Takalik Abaj, en la costa del Pacífico de Guatemala, donde existían

varios cacicazgos poderosos e independientes” (1995: 64).

En 2008, un nuevo aporte interpretativo del monumento fue planteado en la tesis de George

Charles Baxter Giammatei (2008), quien realizó un análisis iconográfico comparativo entre la

piedra de Las Victorias y otros monumentos de tipo olmeca. Baxter sostiene que los cuatro

personajes tallados son acompañados de representaciones del maíz y la tierra, por lo que

expresa que el monumento está dedicado a la fertilidad y al cultivo del maíz (2008:141-144).

Stone of Las Victorias, Monument 12 of Chalchuapa, is one of the pieces that attest to cultural

exchanges in the current archaeological zone of Chalchuapa. It was found by Stanley Boggs at Las

Victorias Farm, in a seccion known for oral tradition as “Tablón del dibujo” (drawing board) in the

1940s, and belongs to the Formative Period, its construction could be carried out between 900

to 400 B.C. According to Shione Shibata, the Olmec culture had a presence in Atiquizaya in the

Formative Period.

Other pieces found in El Salvador, such as the Benchman of Finca Rosita, Santa Ana, demonstrate

this contact. The Olmec culture was the first to achieve a hierarchical interpretation in

Mesoamerica, and expanded along the Atlantic coast of Mexico, especially in La Venta, current

Tabasco, and San Lorenzo, current Veracruz.

Since 1940, there are several hypotheses around Monument 12. The first interpretation of Stanley

Boggs was the joint representation of the four characters, including a leader and a merchant

(Baxter, 2008: 111). The representation of power characters continued until the end of the

twentieth century. According to William Fowler “it is possible that the sculpture of Las Victorias

commemorates a visit by leading figures, perhaps diplomats or merchants, of the Olmec land to

Chalchuapa, but it would be more feasible, as [Arthur] Demarest would say, that the stone of Las

Victorias turned out of contacts between Chalchuapa and another center of the great interaction

between La Blanca or Abaj Takalik, on the Pacific coast of Guatemala, where there were several

powerful and independent cacicazgos”(1995: 64).

In 2008, a new interpretative contribution of the monument was raised in the thesis of George

Charles Baxter Giammatei (2008), who performed a comparative iconographic analysis between

the Stone of Las Victorias and other Olmec-type monuments. Baxter argues that the four carved

characters are accompanied by representations of corn and earth, and he says that the monument

is dedicated to fertility and the cultivation of corn (2008: 141-144).

Vista de cuatro personajes.

Durante mucho tiempo se ha

sostenido que esta escultura es

el monumento no portatil, de

estilo olmeca, localizado más

al sur de Mesoamérica. Para

algunos investigadores estos

simbolos representan el culto a

la fertilidad.

La piedra fue encontrada

en Finca Las Victorias en

Chalchuapa y se exhibe en el

sitio arqueológico Tazumal.

Perspective of four characters.

It has long been argued that this

sculpture is the non-portable

monument, in the Olmec

style, located further south

of Mesoamerica. For some

researchers these symbols

represent the cult of fertility.

The stone was found at

Las Victorias Farm and

is shown in Tazumal.

(Ver en mapa No. 4)

50 51


Verapaz

En 2001, las excavaciones de rescate arqueológico de un entierro del Preclásico

medio en Verapaz, en San Vicente, abrieron una veta para la investigación

sobre las prácticas funerarias prehispánicas, pues su ofrenda constituye el

mayor hallazgo arqueológico para el periodo. Como antecedente, entre

1967 y 1978, varios arqueólogos habían encontrado enterramientos en

diversos sitios arqueológicos pero ninguno mostraba tal cantidad de ofrendas

como el de Verapaz. Como ha apuntado Heriberto Erquicia, son pocos los

asentamientos prehispánicos localizados en el Valle de Jiboa; sin embargo, el

espacio fue poblado constantemente entre los periodos Preclásico, Clásico y

Posclásico, por los beneficios ambientales del entorno fluvial.

La ofrenda del entierro de Verapaz actualmente es exhibida la Sala de Entierros

prehispánicos, en el Museo Nacional de Antropología y está formada por

22 objetos cerámicos, entre cántaros, tecomates, cuencos, platos, objetos

ornamentales y misceláneas, siete piezas líticas, objetos de obsidiana como

navajas y puntas de lanza; también un objeto ornamental que consiste en un

pendiente antropomorfo de piedra verde (Erquicia, 2001, 5). Los materiales

de las ofrendas y los lugares del entierro se vinculan a la relación cultural y

política de los personajes enterrados; sin embargo, alrededor del entierro no

se registraron estructuras prehispánicas.

Erquicia concluyó que el entierro primario estaba constituido por dos o

más individuos adultos e infantes enterrados simultáneamente (2001, 9). La

investigación concluye que el personaje enterrado tenía importancia social o

política y fue enterrado junto a otras personas que lo acompañarían en su

viaje al inframundo (MUNA, 2016).

(Ver en mapa No. 11)

Vista del Valle de Jiboa al fondo del volcán de San Vicente.

El hallazgo de Verapaz en las planicies que rodean el

volcán de Chinchontepec constituye la ofrenta funeraria

más grande encontrada hasta la fecha y permite

establecer que fue habitado por grandes poblaciones. Los

materiales de las ofrendas y los lugares del entierro se

vinculan a la relación cultural y política de los personajes

enterrados.

The discovery of Verapaz in the plains surrounding the

Chinchontepec volcano, constitutes the largest funeral

offer found to date and allows to establish that it was

inhabited by large populations. The materials of the

offerings and places of burial are linked to the cultural

and political relationship of the buried characters.

In 2001, archaeological excavations of a burial of the Middle Formative period in Verapaz, San Vicente, were key for research on pre-Hispanic funeral

practices, as their offering constitutes the greatest archaeological finding for the period. Between 1967 and 1978, several archaeologists had found

burials in various archaeological sites but none showed as many offerings as Verapaz’s. As Heriberto Erquicia has pointed out, there are few pre-

Hispanic settlements located in the Jiboa Valley; however, that area was constantly populated between the Formative, Classic and Postclassic periods

due to the environmental benefits of the Jiboa river.

The burial offering of Verapaz is currently exhibited in the Hall of Pre-Hispanic burials in the Museo Nacional de Antropología and consists of 22

pottery objects, including crocks, tecomates, bowls, plates, ornamental and miscellaneous objects, seven lithic pieces, objects of obsidian such as

lacquers, knives and spearheads; also an ornamental object consisting of an anthropomorphic green stone slope (Erquicia, 2001, 5). The materials

of the offerings and places of burial are linked to the cultural and political relationship of the buried characters; however, there were no pre-Hispanic

structures around the burial.

Erquicia concluded that the primary burial consisted of two or more adult and infant individuals buried simultaneously (2001, 9). The investigation concludes

that the buried character had social or political importance and was buried along with other people who would accompany him on his trip to the underworld

(MUNA, 2016).

52 53


El Trapiche

En El Trapiche, en la zona arqueológica de Chalchuapa, en Santa Ana,

han sido registradas pirámides, entierros y esculturas de piedra. Además,

piezas cerámicas de 1200 a 900 a.C. Entre 1977 y 1978, el arqueólogo

William Fowler realizó una excavasión en el montículo E3-7, y encontró

33 entierros (Shibata et al, 2013, 462). Los entierros podían pertenecer

a un sacrificio ya que “Algunos de ellos mostraban huellas de haber sido

“atados” de los pies y de los brazos (Fowler, 1984)”. Las investigaciones de

Shione Shibata, Nobuyuki Ito, Kanji Tanaka y Yasushi Tanaka, publicadas en

2013, han logrado establecer las actividades de la producción escultórica

relacionada en el Preclásico. En este sentido, se confirma una relación

estrecha entre El Trapiche y las Tierras altas Mayas en el periodo. Los

investigadores encontraron varias esculturas de piedra, como dos cabezas

de jaguar, que fueron colocadas antes de la erupción volcánica del Ilopango,

y después fueron cubiertas.

La importancia de las esculturas reside en dos aspectos: la representación

de lo monumental e intercambio de conocimientos escultóricos, pues

según los investigadores comparten rasgos con las culturas olmeca y maya.

En ambas culturas, las piezas monumentales eran esculpidas frente a la

estructura o en la plaza, como han sido señalados los hallazgos de El Trapiche.

Los arqueólogos concluyen que “podría tratarse de una adaptación local

de un concepto escultórico de otra región cultural”, que fue adoptado o

modificado para adecuarse a los ritos particulares de la zona.

A través de un sondeo geofísico se determinó que después de la erupción

de Ilopango, el espacio volvió a ser ocupado, lo cual “confirmó una

secuencia continua del periodo Preclásico Tardío al Clásico en El Trapiche”.

La región de Chalchuapa sostuvo un intercambio étnico y cultural con las

culturas del norte, hoy en día es uno de los sitios más ricos de la investigación

arqueológica del país.

In El Trapiche, archaeological zone of Chalchuapa, Santa Ana, pyramids,

burials and stone sculptures have been recorded. In addition, ceramic pieces

from 1200 to 900 B.C. were found. Between 1977 and 1978, archaeologist

William Fowler excavated the mound E3-7, and found 33 burials (Shibata

et al, 2013, 462). Burials could belong to a sacrifice since “Some of them

showed traces of having been “tied” from the feet and arms (Fowler 1984).”

The investigations of Shione Shibata, Nobuyuki Ito, Kanji Tanaka and Yasushi

Tanaka, published in 2013, have managed to establish the activities of related

sculptural production in the Early Formative period. In this sense, a close

relationship between El Trapiche and the Mayan Highlands in the period is

confirmed. The researchers found several stone sculptures, such as two jaguar

heads, which were placed there before the volcanic eruption of Ilopango.

El Trapiche sigue siendo un centro de investigación en occidente.

Entre 2015 y 2018, las excavaciones encontraron nuevas piezas

cerámicas y líticas, entre ellas un fragmento de estela tallada,

cuyo análisis glífico preliminar lo relaciona al calendario maya en

la cuenta larga del 7 Baktún, según Nobuyuki Ito (2018: 22).

The sculptures are relevant because they represent the exchange of

sculptural knowledge, according to the researchers the finding in El Trapiche

shares features with the Olmec and Mayan cultures. In both cultures, the

monumental pieces were sculpted in front of the structure or in the square.

Archaeologists conclude that “it could be a local adaptation of a sculptural

concept from another cultural region”, which was adopted or modified to suit

the particular rites of the area.

El Trapiche remains a research center in the West. Between 2015

and 2018, the excavations found new ceramic and lithic pieces,

among them a fragment of carved stelae, whose preliminary glyphic

analysis relates it to the Mayan calendar in the long account of 7

Baktún, according Nobuyuki Ito (Ito, 2018: 22).

The geophysical survey has determined that after the eruption of Ilopango, this

space was reoccupied, which “confirmed a continuous sequence of the Late

Formative to Classic Period in El Trapiche.” The Chalchuapa region sustained

an ethnic and cultural exchange with the northern cultures. Today is one of the

richest areas of archaeological research in the country.

(Ver en mapa No. 7)

54 55


Escultura monumental durante el periodo Formativo

Monumental sculpture during

the Formative Period

El territorio que ahora ocupa El Salvador vio florecer, hace por lo menos 23 siglos, un mosaico de asentamientos humanos con un

sistema de Ciudades-Estado cuya interacción social, económica y política estimuló el surgimiento de rasgos culturales que fueron

el gérmen de la civilización maya.

En esta zona se desarrolló el cómputo del tiempo mirando el horizonte y el cielo nocturno, marcando la salida del sol y

usando cerros y montañas como puntos de referencia en el horizonte. Los movimientos de los astros fueron estudiados y este

conocimiento hizo parte de una tradición cultural legada en el calendario mesoamericano. El cacao, el maíz, los tomates, chiles,

calabazas, frijoles, aguacates, entre muchos otros cultivos, hicieron parte de esta cultura y caracterizan la riqueza de un territorio

constituido entre la cordillera volcánica y el océano pacífico, con el beneficio de fértiles tierras, ríos, lagos y agua en abundancia.

El cómputo del tiempo es importante para los pueblos mesoamericanos. Los mayas comenzaron a tallar en piedra los signos

calendáricos a partir del baktun 7 (período de 144000 días que da inicio en el año 354 a.C.), pero su fecha de inicio de la cuenta

larga se ubica en el baktun 0, correspondiente en nuestro calendario al año 3114 a.C. Un signo correspondiente a este sistema

de cómputo del tiempo es el Uinal, unidad de 20 días, que aparece grabado en la estela 1 de Chalchuapa. La escritura jeroglífica,

a una columna de este monumento, demuestra el innovador sistema logo silábico propio del período Preclásico Tardío, también

llamado Formativo Tardío (250 a.C. al 250 d.C., correspondiente a los baktunes 7 y 8 de la cuenta larga maya).

Las Estelas talladas revelan los retratos de gobernantes. El monumento 1 de Chalchuapa lo muestra sentado y con su brazo

izquierdo extendido. Su postura recuerda las representaciones de los reyes sagrados de la cultura maya, que se desarrolló en los

actuales territorios de Petén, Belice, Yucatán y el suroccidente de Honduras hacia el período Clásico (600-900 d.C. que comprende

los baktunes 9 y 10). El monumento 1 de Chalchuapa es unos 500 años más antiguo, lo que supone la existencia de reyes sagrados

en el occidente de lo que ahora conforma El Salvador, antes del surgimiento del llamado esplendor de la civilización maya.

La franja del pacífico es la región donde se han localizado nueve sitios arqueológicos que contienen retratos de gobernantes del

período Formativo Tardío. Dos de ellos se localizan en el actual territorio salvadoreño. La arqueología del occidente de El Salvador

demuestra que los retratos de gobernantes tallados en piedra, conocidos con el nombre de estelas, hacen parte del desarrollo de

un modelo social que articula el culto a los ancestros con un sofisticado sistema de genealogías ancestrales, o linajes, vinculado a

la conformación de territorios, cómputo del tiempo y representaciones de poder sagrado.

The current political margins of El Salvador blossomed 23 centuries ago to a variety of human settlements grouped under a system of city-states,

whose social, economic and political interaction gave rise to cultural features seminal to maya civilization.

This area saw the development of nocturnal sky watchers and observation of the horizon during sunrise using mountains and volcanos as steady

markers. Astronomical observations were refined and that knowledge grew to a cultural heritage embedded in the mesoamerican calendar. Cacao,

maize, tomato, peppers, squash, beans, avocado, among many more crops, nurtured human complex organizations and culture and identify the

wealth of a territory settled between the volcanic chain of the pacific and the ocean, enriched by fertile lands, and abundant water, rivers and lakes.

Time computing is important for mesoamerican people. The maya first carved in stone calendrical signs during the 7o baktun (a period of

144000 days, inaugurated in 354 B.C.), but their initial long count date is set to baktun 0, corresponding to 3114 B.C. A Uinal sign, or a 20 day

count in this computing system was carved in Chalchuapa monument 1. The one column arrangement of the hieroglyphic script of this monument

is characteristic of the innovative logo-syllabic system of the Late Formative, also known as Formative Period (250 B.C. – 250 A.D., corresponding

to baktun 7 and 8 of the maya long count).

Carved stelae are usually used to depict ruler portraits. Chachuapa monument 1 shows the ruler seated with left arm extended. His body posture

brings to mind images of sacred maya rulers spread over Peten, Belize, Yucatan and southwestern Honduras during the Classic Maya Period (600-

900 A.D., carved in the long count calendar during baktun 9 and 10). But Chalchuapa monument 1 is some 500 years older, which reveals the

existence of sacred rulers in the current territories of El Salvador, before the rise of maya civilization.

The Pacific coast of southern Mesoamerica is the region where nine archaeological sites contain ruler portraits during the Late Formative Period.

Two of them are located in the current territories of El Salvador. Western El Salvador´s archaeology proves that ruler portraits, known as stelae,

were part of a social model linking ancestor cults with a sophisticated genealogy system, related to political territories, time computing and sacred

power representations.

Monumento 1 de Chalchuapa: Fragmento de estela tallada

con 8 columnas de escritura jeroglífica. Período Formativo

Tardío (llamado también preclásico tardío). Este monumento

inaugura el culto al gobernante y fue colocado al pie de

la escalinata principal de la pirámide más alta de la zona

arqueológica de Chalchuapa, conocida como El Trapiche.

Chalchuapa Monument 1: carved stele fragment with eight

columns of hieroglyphic writing. Formative Period.

This monument represents the beginning of the cult to the

ruler and was placed at the bottom of the main stairway of

the highest pyramid of El Trapiche. Chalchuapa.

56 57


Monumento 1 de Ataco. Fragmento inferior de estela

tallada que representa un gobernante de pie sobre un glifo

que contiene el nombre antiguo de su territorio. Ambas

piernas van decoradas con tres cuentas circulares en cada

tobillo. Cerca de su pie derecho se observa un elemento

precursor del signo del cargador del día en el calendario

Maya. Dicho motivo está asociado a emanaciones de

líquidos vitales, relacionados con los ritos de sacrificio que

ejecuta el gobernante.

Ataco Monument 1. Lower fragment of carved stelae

representing a ruler standing on a glyph containing the ancient

name of its territory. Both legs are decorated with three

circular beads on each ankle. Near its right foot a precursor

element of the sign of the charger of the day is observed in the

Mayan calendar. This reason is associated with emanations of

vital liquids, related to the rites of sacrifice that the sovereingn.

Región de Ciudades-Estado

A City-State region

Una región de Ciudades-Estado se desarrolló durante el formativo tardío en el sureste

de Mesoamérica, comprendiendo el occidente de El Salvador, la costa pacífica de

Guatemala y sus tierras altas adyacentes, también forman parte de esta región los

territorios costeros y montañosos del estado de Chiapas.

Estos monumentos con escenas de gobernantes y de traspasos de mando, son la

base para argumentar que la vertiente del pacífico es fundamental para entender los

orígenes de la civilización maya. Los textos jeroglíficos escritos a una columna, y los

monumentos con fechas dedicatorias de cuenta larga más antiguos del área maya,

proceden de la franja del pacífico. Es así que la Estela 1 de Chalchuapa es contemporánea

con la estela 10 de Kaminaljuyú, actual Guatemala, la Estela 1 de El Baúl, Escuintla (11 y

37 d.C.), la Estela 2 de Chiapa de Corzo (36 a.C.), actual México y la Estela 2 de Takalik

Abaj (39-19 a.C.), actual Guatemala.

(Ver en mapa No. 2)

A city-state region developed during the Late Formative Period in southeastern Mesoamerica,

comprising western El Salvador, the Pacific Coast of Guatemala and adjacent highlands, and

the coastal and highland region of Chiapas.

The monuments depicting rulers taking office, and/or power handover are fundamental to

argue that the pacific coast region is seminal to maya civilization. The earliest one column

scripts and long count dates of the maya area belong to this region. Chalchuapa monument

1 is contemporary of Kaminaljuyú Stelae 10, current Guatemala, El Baúl Stelae 1, dating to

11 and 37 A.D., current Escuintla, Guatemala, Chiapa de Corzo, Stelae 2 dating to 36 B.C.,

current México, And Takalik Abaj Stelae 2 dating to 39-19 B.C., current Guatemala.

58 59


Casa Blanca llegó a ser un importante sitio maya entre los

años 200 a.C. y 250 d.C. El sitio tuvo varias ocupaciones, la

más temprana fue ubicada 5000 años atrás y la más tardía en

el periodo Posclásico tardío. La estela lisa que se observa en la

imagen está colocada frente a un altar.

Casa Blanca became an important Mayan site between the

years 200 B.C. and 250 A.D. The site had several occupations, the

earliest was registered 5000 years ago and the latest in the late

Postclassic Period. The plain stelae is located front an altar.

Estelas lisas y altares

Plain stelae and altars

La importancia de las estelas lisas y altares se aprecia en la

conmemoración de eventos calendáricos con la colocación

de estelas en lugares públicos, muchas veces, acompañadas de

piedras circulares y aplanadas, que servían como altares. Esta

tradición dio inicio alrededor del año 900 a.C. en las tierras

altas de Guatemala y en el occidente de El Salvador, con la

colocación de columnas de basalto en plazas, al pie de las

escalinatas de edificios piramidales, o en sitios sagrados como

manantiales y observatorios astronómicos.

Plain stelae and altars were used to commemorate relevant

events. Planting stones in the shape of stelae in public spaces and

accompanying them with round altars was a practice around 900

B.C. in the Guatemalan highlands and western El Salvador that

endured through time. Columnar basalt stelae were placed in public

plazas, in the central axis of the stairways of pyramidal structures,

sacred spaces as springs, and astronomical observatories.

(Ver en mapa No. 6)

60


Monumento I, Santa Leticia, Apaneca

departamento de Ahuachapán.

Monumento 2

Monumento 3

Gordinflones o Barrigones de Santa Leticia

The Potbellies of Santa Leticia

El culto al ancestro, fundamental en la construcción del territorio, compañero en el sistema cultural

y social del registro del paso del tiempo, se vinculaba con el derecho sobre las tierras de cultivo

de una comunidad. La nobleza, y los gobernantes eran enterrados en recintos preparados dentro

de estructuras piramidales; los pobladores de las aldeas y villas, agricultores de tiempo completo,

usaban el suelo debajo de la casa de habitación para enterrar a sus ancestros, y mantener fijo el

punto que los vinculaba a su lugar de origen.

Los monumentos que representan seres obesos asexuados, tallados sobre grandes rocas de

basalto, con las manos sobre el cuerpo, mejillas mofletudas, labios en actitud de soplar y ojos

cerrados, llamados popularmente “barrigones o gordinflones”, son esculturas que representarían

el culto al ancestro, o bien representaciones de un dios obeso. En El Salvador, existen ejemplos

de esta tradición cuyas dimensiones son notables. Su región de procedencia es la cordillera de

Apaneca, tres en el sitio arqueológico conocido como Santa Leticia y uno en la isla Teopan del

lago de Coatepeque. Existen también ejemplos de barrigones miniatura, algunos de ellos han

sido localizados en Chalchuapa y en Ataco. La tradición de los barrigones es común al sureste

de Mesoamérica y sus representaciones se extienden desde el sur de Chiapas hasta Nicaragua.

Ancestor cult, fundamental in the building of territories, companion in the social and cultural system of

the reckoning of time, was linked to the right over agricultural lands of a community. The elite and the

rulers were buried in prepared precincts within pyramidal buildings; villagers and full-time farmers used

the soil under their habitational buildings to burry their ancestors, keeping with this action a link to a

traceable origin.

The monuments representing obese human sexless forms, carved over large basalt rocks, with arms

around their body and chest, heavy chicks, thick lips in blowing fashion and closed eyes are commonly

called potbellies, and probably were meant to depict a dead ancestor or a fat god. Monumental size

in these monuments is usual. The best examples in the current salvadoran territories, are a group of

three, located at finca Santa Leticia, in the highland sierra of Apaneca, and one at the Teopan island

in lake Coatepeque. Miniature example of potbellies are also known for Ataco, Chalchuapa and other

sites in western El Salvador. The Potbellies tradition is common in southeastern Mesoamerica, with

representations spread over a region comprising from Chiapas to Nicaragua.

(Ver en mapa No. 1)

62 63


Escultura monumental de la tradición de Cabezas de jaguar,

encontrada en el Occidente de El Salvador.

Monumental sculpture of Jaguar head monumental tradition

found in Western El Salvador.

La tradición de las Cabezas de jaguar

The Jaguar head monumental tradition

Son tallas en roca de basalto y formaron parte de un proceso de

interacción entre entidades políticas de pequeña escala, que no

sobrepasan los 500 km 2 en control territorial. La interacción de

estos centros articula redes de conocimiento, intercambio y disputas

territoriales. En ese marco surgieron las tallas en piedra (estelas) con

representaciones de gobernantes y en dos casos concretos, Chalchuapa

y Ataco, las estelas talladas están asociadas al uso de los monumentos

de la tradición Cabeza de jaguar. A la fecha conocemos 60 monumentos

de esta tradición. Su distribución espacial abarca unos 3000 km 2 , al este

del río Paz.

Cordillera Apaneca Ilamatepec, paisaje cultural del

desarrollo de la tradición de Cabezas de jaguar.

Consist of basalt rock carvings originated as part of an interaction process

between small-scale political entities, which do not exceed 500 km 2 each.

The interaction of these centers articulated networks of knowledge, exchange

and territorial disputes. In this framework, stone carvings (stelae) with

representations of rulers emerged, and in two specific cases, Chalchuapa and

Ataco, carved stelae are associated with the Jaguar Head tradition. To date

60 monuments of this tradition are known. Their spatial distribution covers

about 3000 km 2 , east of the Paz River.

64 65


Las Cabezas de Jaguar poseen un código que requiere estudios

profundos, que apenas van comenzando. Su significado antiguo

podría estar relacionado con entidades anímicas ligadas a

linajes, casas o grupos corporativos, a modo de emblemas.

La importancia de estos monumentos es que permite pensar

en el surgimiento de un emblema político del período

Formativo en la región que ahora ocupan los departamentos

de Ahuachapán, Sonsonate y Santa Ana y que es previo al

surgimiento de la civilización maya del período Clásico. Si

se pensara que los «espíritus familiares» acompañaban al

soberano y podían ser transmitidos, se estaría en presencia

de la configuración inicial de un territorio asociado con un

emblema distintivo, vinculado a linajes gobernantes, todos

factores importantes en la gestación de un Estado arcaico.

The ancient meaning of the Jaguar Head monuments requires

profound research, they carry a code whose decipherment is just

beginning. Their use patterns can be proposed to inform about

psychic entities linked to lineages, houses or corporate groups, in

the form of emblems.

The importance of these monuments is that it allows us to think

about the emergence of a political emblem of the Formative Period

in the region now occupied by the departments of Ahuachapán,

Sonsonate and Santa Ana and which is prior to the emergence of

the Mayan civilization of the Classic Period. If it is plausible to say

that “family spirits” accompanied the ruler and that they could

be transmitted, a political territory surfaces, associated with a

distinctive emblem, linked to ruling lineages, all important factors

in the gestation of an archaic state.

Los monumentos de la tradición Cabeza de jaguar solían

erigirse en grupos de tres, según demuestran los hallazgos

localizados en Ataco, Ahuachapán y en Tapalshucut, Izalco.

The monuments of the “Cabeza de Jaguar Tradition” used to be

built in groups of three, as evidenced by the findings located in

Ataco, Ahuachapán and Tapalshucut, Izalco.

(Ver en mapa No. 2)

66 67


Lago de Ilopango.

(Ver en mapa No. 18)

Tierra Blanca Joven y la explosión de la caldera de Ilopango

Tierra Blanca Joven and the explotion of the caldera of Ilopango

Uno de los mayores impactos ambientales en el Holeoceno en

Mesoamérica fue la erupción de la caldera que formó el Lago de

Ilopango, hacia el año 536 d.C. Según Robert Dull, John R. Southon

y Payson Sheets, una primera datación del proceso eruptivo arrojó

un fechamiento entre los años 260 y 114 d.C., sin embargo una

nueva datación lo ubicó en el periodo Clásico (Dull et al, 2001:

25). El impacto ambiental fue tal que cambió la organización

espacial de la cultura maya, en el actual El Salvador y sepultó buena

parte del paisaje de entonces. Una investigación de Dull, Payson

Sheets y John R. Southon, explora el impacto ecológico en zonas

limítrofes de los actuales Guatemala y Honduras (2001: 25). Según

los investigadores, los habitantes alrededor de Ilopango debieron

haber muerto instantáneamente y los que sobrevivieron emigraron

a causa del colapso agrícola, el hambre y las enfermedades.

One of the greatest environmental impacts on the Holeocene in

Mesoamerica was the eruption that formed Lake Ilopango, around

536 A.D. According to Robert Dull, John R. Southon and Payson Sheets,

a first dating of the eruptive process was between 260 and 114 A.D.

however, a new dating placed it in the Classic Period (Dull et al, 2001:

25). The environmental impact was such that the spatial organization

of the Formative Mayan culture changed in present-day El Salvador

and buried much of the landscape at that time. An investigation by

Dull, Payson Sheets and John R. Southon, explores the ecological impact

in neighboring areas of present-day Guatemala and Honduras (2001:

25). According to the researchers, the inhabitants around Ilopango

must have died instantly and those who survived, emigrated due to

agricultural collapse, hunger and disease.

Radio de extensión de la Tierra Blanca Joven (TBJ)

que alcanzó diversos niveles de espesor que han sido

localizados en todo el territorio de El Salvador.

Referencia Sala 1 Museo Nacional de Antropología

Dr. David J. Guzmán

Extension radius of the Tierra Blanca Joven (TBJ) that

reaches varius levels of thickness that have been located

throughout the territory of El Salvador.

Reference showroom 1 Museo Nacional de Antropología

Dr. David J. Guzmán

(Ver en mapa No. 22)

68 69


La primera vez que la Tierra Blanca Joven (TBJ) fue identificada en El Salvador fue en 1917,

en un estudio estratigráfico de Jorge Lardé Arthés, quien determinó que esta capa de

ceniza podía estar vinculada con la erupción de Ilopango. En 1926, Lardé Arthés publicó

los resultados de su investigación estratigráfica. Fue hasta las calibraciones de radiocarbono

realizadas por Dull que la actividad de Ilopango pudo fecharse entre los años 408 y 536 d.C.

y cuyo colapso ambiental fue en 536. Dull et al, sugieren que la TBJ se formó por al menos 7

eventos sucesivos ocurridos entre estos años.

A finales del siglo XX, la TBJ fue también un elemento determinante del estudio de las

poblaciones del Preclásico y sus prácticas agrarias, especialmente con respecto a la

sedimentación del polen de maíz realizadas por Dull (2001), en la Laguna de Cuzcachapa,

en Chalchuapa, Amaroli y Dull (2009) exponen sobre diversas milpas enterradas por

material volcánico en el Preclásico. La investigación de Dull sobre polen de Zea mays, en la

cuenca de la laguna, sostiene una presencia humana de 3700 años atrás, lo cual demuestra

la antigüedad de la domesticación del grano, que coincide con el desarrollo de la zona de la

actual Chalchuapa.

Por otro lado, los estudios de las prácticas del cultivo de milpa y la TBJ realizadas por Amaroli

y Dull, caracterizan la técnica agraria de surcos y camellones entre 800 a.C y 600 d.C.

Según los autores, las milpas sepultadas por la TBJ no se encontraron cercanas a alguna

población, sin embargo: “La distribución y aparente abundancia de estas milpas sugieren que

fueron producidas por una densa población, cuyo uso intensivo del paisaje probablemente

resultaba en una severa y general modificación de la vegetación natural. Este uso del paisaje

correspondía con el apogeo del desarrollo social Protoclásico observado en varios centros

del occidente salvadoreño” (2009:15).

The first time the “Tierra Blanca Joven” (TBJ) was identified in El Salvador was in 1917, in a stratigraphic

study performed by Jorge Lardé Arthés, who determined that this layer of ash could be linked to the

Ilopango eruption, Lardé Arthés published the results of his stratigraphic research in 1926. It was until

the radiocarbon calibrations performed by Dull, that the activity of Ilopango could be dated between

408 and 536 A.D. and whose environmental collapse was 536 A.D. Dull et al suggest that the Tierra

Blanca Joven (TBJ) was formed by at least 7 successive events occurring between 410 to 535 A.D.

At the end of the twentieth century, TBJ was also a determining element in the study of populations and

their agricultural practices in the Formative Period, especially in relationship with the sedimentation of

corn pollen carried out by Dull (2001) in the Cuzcachapa Lagoon, Chalchuapa, and also for the study

performed by Amaroli and Dull (2009) explain about various corn fields buried by volcanic material

in the Formative Period. Dull’s research on pollen from Zea mays in the lagoon basin, evidences

human presence 3700 years ago, which demonstrates the domestication of corn at that time, which

coincides with the development of the current Chalchuapa area.

Other studies about the practices of the cultivation of cornfield and the Tierra Blanca Joven (TBJ)

carried out by Amaroli and Dull, characterize the agrarian technique of furrows and ridges between

800 B.C. and 600 A.D. According to the authors, the corn fields buried by the Tierra Blanca Joven

(TBJ) were not found close to any population, however: “The distribution and apparent abundance

of these corn fields suggest that they were produced by a population, whose intensive use of the

landscape probably resulted in a severe and general modification of natural vegetation. This use of

the landscape corresponded with the apogee of the Protoclasic social development observed in

several centers of the western territories of El Salvador” (2009: 15).

Vista del corte estratigráfico, en donde se observa la capa de la TBJ

sobre surcos y camellones de cultivo. Corte ubicado en el

Boulevard Monseñor Oscar Arnulfo Romero. (Fotografía: Shione Shibata)

View of the Stratigraphic cut, where layer of

the TBJ is observed on the furrows and crop rides. section located in the

Monsignor Oscar Arnulfo Romero Boulevard. (Photo: Shione Shibata)

70 71


Placa de jade con rostro, periodo Clásico

Tazumal, departamento de Santa Ana.

Jade plaque with human face, Classic Period.

Tazumal, Santa Ana.

72 73


Brasero de piedra, probablemente el objeto lítico más

antiguo del área de Tazumal. Encotrado en la tumba 14

situada en el arranque del edificio de las columnas. Dos de sus caras

representan un anciano, probablemente Huehueteotl, y la posterior,

el fuego. Periodo Clásico tardío. Tazumal, departamento de Santa Ana.

Stone brazier, probably the oldest lithic objject in the Tazumal area.

Found in tomb 14 at the foundations of the columns

building. Two of their faces represent an old man

probably Huehueteotl and, the others, the fire.

Late Classic Period, Tazumal. Santa Ana.

El esplendor de Tazumal

The grandeur of Tazumal

Tazumal representa, para la arqueología salvadoreña, uno de los espacios más explorados

científicamente. Además uno de los sitios arqueológicos de mayor ocupación humana en el actual

territorio salvadoreño. Aunque su ocupación temprana es en el Preclásico, su apogeo pertenece al

periodo Clásico y continuó teniendo ocupación en el Posclásico. En sus estructuras principales, la B1

y la B1-2, el arqueólogo Stanley Boggs encontró, en la década de 1940, piezas representativas aún

estudiadas por los arqueólogos contemporáneos.

Tazumal pertenece a la zona arqueológica de Chalchuapa, que abarca 5 km 2 , en el que se encuentran

los sitios de Las Victorias, El Trapiche, Casa Blanca, Cuzcachapa y Nuevo Tazumal, entre otros. La zona

ha sido ampliamente estudiada y excabada por arqueólogos como William Fowler, Stanley Boggs,

Robert Sharer, Paul Amaroli, Fabio Amador, Kuniaki Ohi, Shione Shibata, Nobuyuki Ito, Akira Ichikawa,

Heriberto Erquicia, Fabricio Valdivieso, entre otros.

Tazumal is one of the archaeological sites with longest human occupation and represents one of the

most scientifically explored areas for Salvadoran archeology. Although its early occupation is in the

Formative Period, its heyday was during the Classic Period and it continue to be inhabitated in the

Postclassic Period. In its main structures, B1 and B1-2, archeologist Stanley Boggs discovered, in the

1940s, representative pieces that are still studied by contemporary archaeologists.

Pirámide principal de Tazumal. Chalchuapa,

departamento de Santa Ana.

Main pyramid, Tazumal. Chalchuapa, Santa Ana.

Tazumal belongs to the archaeological zone of Chalchuapa, which covers 5 km 2 , and includes the sites

of Las Victorias, El Trapiche, Casa Blanca, Cuzcachapa and Nuevo Tazumal among others. The area has

been widely studied and excaved by archaeologists such as William Fowler, Stanley Boggs, Robert Sharer,

Paul Amaroli, Fabio Amador, Kuniaki Ohi, Shione Shibata, Nobuyuki Ito, Akira Ichikawa, Heriberto Erquicia,

Fabricio Valdivieso, among others.

(Ver en mapa No. 4)

74 75


Plato con un ave estilizada rodeada de figuras onduladas.

Periodo Clásico. Sitio arqueológico Tazumal, Chalchuapa, Santa Ana.

Shallow plate. The inner surface displays a boldly stylised bird surrounded by

undulating spirals. Classic Period. Tazumal, Chachuapa, Santa Ana.

Cuenco decorado con cintas y bandas circulares y paralelas.

Periodo Clásico. Sitio arqueológico Tazumal, Chalchuapa, Santa Ana.

Vessel decorated with disks and parallel bands. A stylised figure appears

in the middle. Classic Period.

Vista de cajete de base anular decorado. Periodo Clásico.

Sitio arqueológico Tazumal, Chalchuapa, Santa Ana.

Shallow vessel with ring-shaped, decorated with parallel strips and bands

containing geometric figures. Classic Period.

Desde la década de 1940, el sitio significó un espacio de

desarrollo científico dentro del proyecto cultural de la nación,

su importancia fue institucionalizada durante la presidencia del

general Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944), periodo

en el que se fundaron el Instituto Indigenista Salvadoreño,

en 1942, y los proyectos arqueológicos de las regiones de

Chalchuapa y Valle de Zapotitán (Erquicia y Paredes, 2013: 23).

La pieza emblemática del sitio es una estela maya tallada, que

actualmente se exhibe en el Museo Nacional de Antropología,

llamada “Virgen de Tazumal” por Santiago Ignacio Barberena

hacia el último cuarto del siglo XIX (Valdivieso, 2007: 7).

Según Shione Shibata, Tazumal fue un espacio de producción

de escultura mesoamericana desde el Preclásico temprano

(Shibata, 2014: 748), pero el mayor desarrollo cultural y político

del espacio ocurrió en el periodo Clásico.

William Fowler (1995: 117) sostiene que Tazumal fue el principal

centro del Periodo Clásico, en Chalchuapa y se han registrado en

él 13 etapas de construcción. Las más intensas construcciones

se realizaron entre 550 y 850 d.C. Las etapas fueron ordenadas

cronológicamente mediante tumbas (Fowler, 1995: 117). El

apogeo del sitio está relacionado también a una recuperación

ambiental y cultural posterior a la explosión de la caldera del

Ilopango, en el Clásico. Además, el sitio, según Fowler, pudo estar

vinculada con la metrópoli teotihuacana (Fowler, 1995: 95).

Tazumal, fue en el periodo Clásico, una ciudad de intercambio

cultural dinámico y constante. A su vez, los arqueólogos William

Fowler y Fabricio Valdivieso (2007) han sostenido la presencia

tolteca en el sitio.

Las tormentas del año 2004, causaron un derrumbe en la

estructura B1-2. Dado que las principales construcciones de

Tazumal fueron recubiertas con capas de cemento para su

conservación en la década de 1950 (Valdivieso, 2007: 7), el agua

filtró la estructura y provocó su colapso. La grieta que se abrió

entonces significó un espacio para la investigación científica

del desarrollo arquitectónico y el sistema constructivo del

lugar. Valdivieso registró que Tazumal se había construido con

muros de basalto y piedra volcánica, escalinatas de piedra vista

y un canal de drenaje de piedra basáltica tallada, que difería

significativamente con el estilo arquitectónico impuesto por

la conservación de cemento dirigida por Boggs (2007: 5-24).

Para Erquicia, Tazumal también representa uno de los mayores

símbolos prehispánicos asociados a la “identidad ancestral

salvadoreña” (2012: 19).

Incensario con rostro humano y barba en alto

relieve. Periodo Clásico. Sitio arqueológico Tazumal.

Chalchuapa, Santa Ana.

Censer with human face and beard in high relief.

Classic Period. Tazumal, Chalchuapa, Santa Ana.

76 77


Al centro incensario color crema con tres asas y base

anular, a la izquierda vaso monocromo con decoración

insisa y a la derecha insensario color café con estuco y

decoración zoomorfa. Tazumal. Chalchuapa, Santa Ana.

Censer cream color with three handles and annular base.

On the left monochrome vessel with incised decoration on

the right brown censer with zoomorohic decoration. Tazumal,

Chalchuapa, Santa Ana.

Since 1940, during the presidency of General Maximiliano Hernández Martínez, archaeological

research was incorporated into the national project and the government created the Salvadoran

Native Institute in 1942 and research in Chalchuapa and Zapotitán Valley regions became very

important. (Erquicia and Paredes, 2013, 23).

The emblematic piece of the site is a carved Mayan steale, named as “Virgen de Tazumal”

by Santiago Ignacio Barberena in the last quarter of the nineteenth century (Valdivieso,

2007: 7) it is currently exhibited in the Museo Nacional de Antropologia. According to

Shione Shibata, Tazumal was a production area for Mesoamerican sculpture since the Early

Formative Period (Shibata, 2014: 748), but the greatest cultural and political development

occurred in the Classic Period.

William Fowler (1995: 117) argues that Tazumal was the main center of the Classic

Period and since then, 13 construction stages have been registered in it. The most relevant

constructions were made between 550 and 850 A.D. The phases that were discovered

there, helped to establish the chronological order of the construction stages. (Fowler, 1995:

117). The heyday of the site is also related to an environmental recovery after the explosion

of the Ilopango volcano, during the Classic Period. According to Fowler Tazumal might have

had relationship with Teotihuacan (Fowler, 1995: 95). Tazumal was in the Classic Period

a city of dynamic and constant cultural exchange. William Fowler and Fabricio Valdivieso

(2007) affirm the Toltec kept its presence on the site.

Incensario color crema con protuberancias a manera de

ceiba. Tazumal. Chalchuapa, departamento de Santa Ana.

Censer cream color with bumps like ceiba tree.

Tazumal. Chalchuapa, Santa Ana.

In the 1950s the main constructions of Tazumal were covered with layers of cement for

its conservation (Valdivieso, 2007: 7), but in 2004, the heavy storms caused a collapse in

structure B1-2. Water filtered the structure and caused its collapse. The crack caused by the

flow of water was an opportunity for scientific research of the architectural development

and the construction method of Tazumal. Valdivieso documented that Tazumal had been

built with basalt rocks and volcanic stone walls, with exposed stone staircases and a carved

basaltic stone drainage channel, which differed significantly with the architectural style due

to the cement conservation layer directed by Boggs (2007: 5-24). For Erquicia, Tazumal

also represents one of the greatest Pre-Hispanic symbols associated with the Salvadoran

ancestral identity (2012: 19).

78 79


El altar del Jaguar, de Quelepa, recuperado en las

excavaciones de Wyllys Andrews pasó a la colección del

Museo Nacional de Antropología en la década de 1970.

The altar of the Jaguar, of Quelepa, recovered in the

excavations of Wyllys Andrews passed to the collection of the

Museo Nacional de Antropologia in the 1970s.

80 81


Palma ceremonial de basalto con forma de

serpiente o pescado, probablemente representa

a la deidad Quetzalcóatl. Procede de Quelepa,

San Miguel. Periodo Clásico.

Ceremonial palma carved from basalt, in the

shape of a feathered serpient or fish, probably

representing Quetzalcoatl.

From Quelepa, San Miguel, Classic Period.

Quelepa

Palma ceremonial de basalto, esculpida

en alto y bajo relieve. Muestra un

personaje sentado, lujosamente

ataviada y con un tocado de plumas.

Lleva una máscara bucal con un

labio largo que lo identifica como

Quetzalcóatl en su advocación de

Ehécatl, deidad del viento, procedente

de Quelepa, San Miguel.

Periodo Clásico. actualmente en

Museo Nacional de Antropología.

Ceremonial Palma carved from basalt in

high and low relief. Seated figure, luxuriously

attired and with featherred headdress.

He wears a beak-shaped bucal mask

identifying him as Quetzacoatl in his

manifestation as Ehecatl,

the Wind deity. From Quelepa, San Miguel.

Classic Period. It is exhibited in The

Museo Nacional de Antropología.

Quelepa ha sido uno de los sitios mejor estudiados de la Zona

Oriental del país. Está situado en San Miguel, a orillas del río San

Esteban. Significativamente, la investigación arqueológica ha estado

más vinculada al occidente del país. Sin embargo, a finales de la década

de 1960, Wyllys Andrews realizó la exploración más importante

para la Zona Oriental y se basó en la creación de una secuencia

arqueológica para el sitio, mediante el estudio de la cerámica.

El sitio arqueológico fue un asentamiento representativo formado

de estructuras con grandes plataformas escalonadas, plazas, juego

de pelota y otras estructuras cívicas. (Amador, 2009: 22-24). A

pesar de que el punto más alto del desarrollo de Quelepa fue el

Clásico tardío, hacia el año 1000 d.C., los pobladores de Quelepa

abandonaron el lugar y, a diferencia de otros sitios, no fue ocupado

nuevamente (Fowler, 1995: 143).

En su investigación en la década de 1960, Andrews estableció Tres

fases culturales: fase Uapala (500-400 a.C. al 150 d.C.); fase Shila,

dividida en Shila I y Shila II, (150-625 d.C.) y la fase Lepa (625-1000

d.C.) (Toledo, 2011: 25). Estas fases culturales han sido la base de

interpretación de las secuencias cerámicas de los demás sitios

arqueológicos del oriente del país. Mediante su análisis, también es

posible identificar las relaciones con el Golfo de México (Amador,

2010), Honduras y Costa Rica. Según otros estudios, dentro de las

dinámicas locales, Quelepa tuvo relación con sitios en La Unión,

como Los Llanitos y Punta Chiquirín (Toledo, 2011: 103).

Según Fowler, los rasgos culturales de Quelepa durante el Preclásico

tardío son semejantes a los sitios en el oeste de Honduras, como

Copán, Yarumela, Los naranjos y Santa Rita (1995:91). Hacia el

periodo Clásico, sin embargo, la influencia en Quelepa fue más

mexicana. Los habitantes ancestrales de Quelepa fueron Lencas.

Fabio Amador sostiene que Andrews estableció una ocupación

Lenca desde el Preclásico hasta el Clásico tardío (Amador, 2009:12);

sin embargo, matiza, que la ocupación Lenca no puede replicarse a

todos los sitios del oriente del país: “A diferencia de Los Llanitos. No

obstante, para el Clásico Tardío esta población se vio influida por

grupos mexicanos que introdujeron nuevas formas de construcción,

nuevos estilos cerámicos y probablemente una nueva ideología.

Esta ruptura es importante ya que señala un cambio cultural muy

marcado para el oriente y por consiguiente la redefinición de

identidades culturales”, explica Amador (2009:12). Otro elemento

que determina la influencia mexicana en Quelepa es el culto a

Ehécatl-Quetzalcóatl, extendido hasta el Posclásico.

(Ver en mapa No. 13)

Quelepa has been one of the best studied sites in the Eastern Zone

of the country. It is located in San Miguel, on the banks of the San

Esteban River. Significantly, archaeological research has been more

linked to the west of the country. However, at the end of the 1960s,

Wyllys Andrews carried out the most important exploration for the

Eastern Zone and was based on the creation of an archaeological

sequence for the site, due to the study of ceramic.

The archaeological site was a representative settlement formed of

structures with large stepped platforms, squares, ballgames and

other civic structures. (Amador, 2009: 22-24). Although the heyday

of Quelepa was in the Late Classic, around 1000 A.D., the residents

of Quelepa left the place and, unlike other sites, it was not occupied

again (Fowler, 1995: 143).

In his research in the 1960s, Andrews established Three cultural

phases: Uapala phase (500-400 B.C. to 150 A.D.); Shila, divided

into Shila I and Shila II, (150-625 A.D.) and the Lepa phase (625-

1000 A.D.) (Toledo, 2011: 25). These cultural phases have been

the basis of interpretation of the pottery sequences of the other

archaeological sites in the east of the country. Through its analysis,

it is also possible to identify relations with the Gulf of Veracruz,

Honduras and Costa Rica. According to another study, within local

dynamics, Quelepa was related to sites in La Unión, such as Los

Llanitos and Punta Chiquirín. (Toledo, 2011: 103).

According to Fowler, the cultural features of Quelepa during Late

Formative are similar to the sites in western Honduras, such as

Copán, Yarumela, Los Naranjos and Santa Rita (1995: 91). Towards

the Classic Period, however, the influence in Quelepa was more

Mexican. The ancestral inhabitants of Quelepa were Lenca. Fabio

Amador argues that Andrews established a Lenca occupation from

Formative Period to Late Classic Period in Quelepa (Amador, 2009:

12); however, he clarifies, the Lenca occupation cannot be replicated

to all the sites in the east of the country: “Unlike Los Llanitos,

Andrews does establish a Lenca identity for Quelepa. However, for

the Late Classic this population was influenced by Mexican groups

that introduced new forms of construction, new ceramic styles and

probably a new ideology. This rupture is important as it shows a very

marked cultural change for the East and therefore the redefinition of

cultural identities”, explain Amador (2009: 12). Another element that

determines the Mexican influence in Quelepa is the cult of Ehecatl-

Quetzalcoatl, extended to the Postclassic.

82 83


Reproducción del plano arquitectónico de Los Llanitos

de John M. Longyear III (1944).

Drawing of the architectural plan of Los Llanitos of John M. Longyear III

(1944).

(Ver en mapa No. 23)

Los Llanitos

RLaguna El Jocotal, departamento de San Miguel.

Los Llanitos es uno de los sitios arqueológicos más representativos

del periodo Clásico tardío de la zona Oriente, poco a poco ha

desaparecido producto del uso del suelo para actividades agrícolas y el

saqueo. Los montículos principales del sitio están agrupados alrededor

de una plaza con un eje Norte-Sur y un juego de pelota ubicado en

el extremo Nor-Oeste. Sus estructuras fueron construidas con piedra

pómez, localizada en una cantera cercana al sitio.

Se estableció en el Valle de río Grande, a 12 kilómetros al sur de San

Miguel, la importancia hídrica de los ríos Lempa y Grande determinó

mucho de los asentamientos prehispánicos. Los Llanitos ha sido una

importante fuente de investigación científica entre 1940 y 1970.

En 1930, Samuel K. Lothrop, en su estudio sobre el Oriente, situó los

límites de la frontera maya en la ribera occidental del río Lempa (Amador,

2012: 6). Esta división marcó una perspectiva de estudiar la arqueología

nacional que siguió aplicándose incluso a finales del siglo XX. Entre los

sitios más importantes de Oriente entonces estaba Los Llanitos, situado

en el primer mapa de Oriente, de 1944, producto de investigaciones de

John M. Longyear III, quien excavó el sitio e hizo una comparación cerámica

de diferentes sitios de Oriente y Occidente a través de la cerámica local

y la cerámica importada, la cual define las relaciones con otros sitios de

Mesoamérica (Amador, 2012: 6). Una de las fases cerámicas identificadas

en Los Llanitos es la Lepa, datada hacia 625-1,000 d.C. La secuencia Lepa

fue establecida por Wyllys Andrews mediante un análisis de cerámica en

Quelepa, San Miguel.

El arqueólogo Fabio Amador explica que “de acuerdo a Longyear,

el contacto entre Los Llanitos y el área maya fue limitado, debido

probablemente a que la distancia y el río Lempa formaron barreras

que limitaron la interrelación entre estas áreas” (2012: 9). En Oriente,

sin embargo, Los Llanitos estableció relaciones con otros sitios de la

zona como Quelepa, en San Miguel, Asanyamba o El Chapernalito, en

la Unión, según las investigaciones de Marylin Beaudry, de 1982, a través

de la aparición de cerámica policroma Ulúa en los tres lugares.

Los Llanitos is one of the most representative archaeological sites of

the Late Classic Period in the east region, it has gradually disappeared

as a result of land use for agricultural activities and looting. The main

mounds of the site were grouped around a square with a North-South

axis and a ball game located at the North-West end. Its structures

were built with pumice stone, extracted from a quarry near the site.

It was located in Rio Grande Valley, 12 kilometers south of San Miguel, of

water importance from the Lempa and Grande rivers determined much

of the pre-Hispanic settlements. Los Llanitos has been an important

source of scientific research between 1940 and 1970.

In 1930, Samuel K. Lothrop, in his study about the east region,

placed the boundaries of the Mayan border on the western bank

of the Lempa River (Amador, 2012: 6). This division marked a

perspective of studying our national archeology, that continued

to be applied even at the end of the twentieth century. At that

time, one of the most important archaeological sites in the Eastern

area was Los Llanitos, as it appears on the first map of the East,

from 1944. John M. Longyear III excavated the site and made a

comparison of local and imported ceramics from different sites

in the east and west regions, which evidence the relations with

other sites in Mesoamerica (Amador, 2012: 6). One of the ceramic

phases identified in Los Llanitos is the Lepa phase, dated around

625-1,000 A.D. The Lepa sequence was established by Wyllys

Andrews through a ceramic analysis in Quelepa, San Miguel.

Archaeologist Fabio Amador explains that “according to Longyear, the

relationship between Los Llanitos and the Mayan area was limited,

due to the distance and natural barrier of the Lempa River that limited

the interrelation between these areas” (2012: 9). However in the East,

according to the investigations of Marylin Beaudry, 1982, through the

appearance of Ulúa polychrome ceramic in all three places, Los Llanitos

established relationship with other sites, such as Quelepa, in San Miguel,

and Asanyamba or El Chapernalito, in La Unión.

84 85


Vaso trípode con asas y cuenco trípode, ambos

con representaciones artísticas. Periodo Clásico

tardío. Sitio arqueológico Chiquirín,

departamento de La Unión.

Tripod vessel with artistic representations. Late

Classic Period. Chiquirín, La Unión.

Chiquirín

La alta concentración de sitios arqueológicos en golfo de Fonseca demuestra una larga

duración de ocupación humana, desde el Preclásico a los siglos XVI y XVII durante la

Colonia (Erquicia, 2003). Marlon Escamilla y Shione Shibata señalan que la mayoría de

concheros registrados en el país, están localizados en la zona golfo de Fonseca (Escamilla

y Shibata, 2005: 537), Punta Chiquirín, Isla Zacatillo, Meanguera, Conchagüita, Isla Periquito,

entre otros (Valdivieso, 2007: 9).

Punta Chiquirín está localizado 8 kilómetros al sur de la ciudad de La Unión, en una saliente

terrestre del golfo de Fonseca. John Longyear, en 1944 publicó información sobre los sitios

arqueológicos del golfo. Las excavaciones exploratorias realizadas por Escamilla y Shibata

entre 2002 y 2003 registraron un primer conchero asociado a muros de piedra; en el

conchero se registraron conchas, ostras, cascos de burro y caracoles. Bordeado por los

muros de piedra, se encontró un entierro de tipo secundario cuya ofrenda contó de 20

piezas de cerámica policroma entre vasos, cuencos y ollas, así como un innumerable lote

de tiestos cerámicos y restos óseos (2005: 538). Según los investigadores, el entierro fue

realizado en el Clásico tardío, de 600 a 900 d.C.

Vista de la región del Golfo de Fonseca,

Chiquirín en una saliente del golfo

en tierra firme sobre las faldas del volcán Conchagua.

En primer plano isla Zacatillo.

Gulf of Fonseca region. Chiquirín on the

slopes of the Conchagua volcano.

In the foreground Zacatillo Island.

The high concentration of archaeological sites in the Gulf of Fonseca demonstrates a long

human occupation, from the Formative Period to the sixteenth and seventeenth centuries

during the colony (Erquicia, 2003). Marlon Escamilla and Shione Shibata point out that, of the

25 registered shell sites in the country, 24 are located in La Unión (Escamilla and Shibata,

2005: 537), in the Gulf of Fonseca, Isla Zacatillo, Meanguera, Conchagüita, Periquito Island,

among other places (Valdivieso, 2007: 9).

Punta Chiquirín is located 8 kilometers south of the city of La Unión, on the Gulf of Fonseca.

In 1944 John Longyear was the first to publish information about the archaeological sites of

this region. The exploratory excavations carried out by Escamilla and Shibata between 2002

and 2003 registered a shell site associated with stone walls; shells, oysters, and snails were

recorded in the shell site. Bordered by the stone walls, a secondary burial was found, whose

offering featured 20 pieces of polychrome pottery between vessels, bowls and pots, as well as

an innumerable batch of pottery sherds and bones (2005: 538). According to the researchers,

the burial was performed in the Late Classic, from 600 to 900 A.D.

(Ver en mapa No. 25)

86 87


Vasija con asas zoomorfas decorada con

formas geométricas. Periodo Clásico tardío.

Punta Chiquirín, departamento de La Unión.

Vessel with zoomorphic handles and

geometric designs. Late Classic Period.

Punta Chiquirín, La Unión.

En 2011, Michelle Toledo presentó un estudio del material cerámico encontrado, en el entierro de Punta

Chiquirín. La ofrenda estudiada por Toledo constó de 48 piezas completas y fragmentadas. Entre sus hallazgos,

la secuencia arqueológica de Punta Chiquirín reúne características de la cerámica de Quelepa. Los cuencos,

cuencos trípodes, cántaros y vasos con soporte anular y vasos trípodes datan de los años 626 a 900 d.C.

(2011: 79).

La cerámica de Punta Chiquirín representa figuras zoomorfas de monos, cuyas cabezas fueron modeladas

como agarraderas y su cuerpo fue pintado, además, otros símbolos representan a peces y aves. Estas

representaciones dan cuenta de la importancia de la fauna de la zona (Toledo, 2011: 59-60). Las piezas

guardan relación con otras secuencias cerámicas encontradas en las Vegas del Valle de Comayagua, en

Honduras, o con el policromo del sureste de Nicaragua y el noreste de Costa Rica. Por lo que Toledo

concluye un flujo de intercambio mayor en esta zona de Mesoamérica: “Es interesante tener los primeros

indicios de semejanzas o detalles comunes que podría sugerir primeramente que estaba sucediendo en el

periodo Clásico tardío en la Zona Oriental y que posibles relaciones culturales puede tener esta región con

el centro y sureste de Honduras, Nicaragua y Costa Rica” (2011: 82).

In 2011, Michelle Toledo presented a study of the pottery founded at the burial of Punta Chiquirín. The burial

offering, studied by Toledo, consisted of 48 complete and incomplete pieces. Among its findings, the archaeological

sequence of Punta Chiquirín brings together characteristics of Quelepa. The bowls, tripod bowls, pitchers and

vessels with annular support and tripod vessels (2011: 61) date from the years 626 to 900 A.D. (2011: 79).

The pottery of Punta Chiquirín represent zoomorphic figures of monkeys, whose heads were modeled as

handles and their body was painted, in addition, other symbols represent fishes and birds. These representations

realize the importance of the fauna of the area (Toledo, 2011: 59-60). The pieces are related to other ceramic

sequences found in the Las Vegas of the Comayagua Valley, in Honduras, or with the polychrome of southeastern

Nicaragua and northeastern Costa Rica. So Toledo concludes that there was a greater exchange flow in this

area of Mesoamerica: “It is interesting to have the first signs of similarities or common details that could suggest

what was happening in the Late Classic Period in the eastern area, and what possible cultural relations this

region could have had with the center and southeast of Honduras, Nicaragua and Costa Rica”(2011: 82).

Detalle de vasija con asas zoomorfas.

Periodo Clásico tardío. Punta Chiquirín,

departamento de La Unión.

Vessel detail with zoomorphic handles and

Late Classic Period.

Punta Chiquirín, La Unión.

88 89


Cuenco con soportes de sonaja,

en su interior dibujo de cuatro paneles.

Periodo Clásico.

Asanyamba, departamento de La Unión.

Basin with rattle stands, a four-panel

drawing is observed. Classic Period.

Asanyamba, La Unión.

Asanyamba o El Chapernalito

En 1977, el arqueólogo Stanley Boggs encontró un conchero del periodo Clásico en un lugar llamado El

Chapernalito, en San Alejo, en el departamento de La Unión. Boggs llamó el sitio como Asanyamba, que en

lenca significa “caliente”, sin embargo, el lugar es conocido como El Chapernalito, contiguo a la bocana de El

Pecho. En 2007, una exploración de Fabricio Valdivieso registró 22 estructuras arqueológicas y 15 montículos

de conchas. Según Valdivieso, los concheros fueron erigidos en los extremos del sitio, al noroeste y al noreste

y los considera un área de aprovisionamiento más que un basurero (2007: 7). Los materiales utilizados en

la estructura eran roca basáltica, combinada en algunas ocasiones con conchas. Valdvieso sostiene que no

existen pruebas para relacionar a Asanyamba como un sitio de producción de sal (2007: 8).

Entre 1979 y 1980 Hammed Posada realizó excavaciones de rescate en Asanyamba (Escamilla y Shibata,

2005: 536). Por los mismos años, Stanley Boggs identificó los estilos cerámicos de la evidencia material del

lugar, entre escudillas bicromas y policromas, cajetes bicromos y policromos, cajetes del tipo campana Ulúa y

jarras y cántaros similares al tipo obrajuelo de Quelepa (Toledo, 2011: 83). Según Toledo, entre Asanyamba

y Punta Chiquirín existe una relación cerámica, identificada también por la recurrencia del motivo zoomorfo

del mono (2011: 84-85). Por las características de la cerámica, la ocupación humana se realizó el periodo

Clásico terminal, entre 650 y 950 d.C. Las similitudes cerámicas plantean las relaciones establecidas entre

Asanyamba con otros sitios en el país e incluso del norte de Honduras (2011: 85).

In 1977, archaeologist Stanley Boggs found a shell site from the Classic Period in El Chapernalito, La Unión.

Boggs named this site as Asanyamba, which in Lenca means “hot”. In 2007, an exploration by Fabricio Valdivieso

recorded 22 archaeological structures and 15 shell mounds. According to Valdivieso, the shell mounds were

erected at the ends of the site, to the northwest and northeast and consider them a supply area rather than

a dump (2007: 7). The construction method was based on basaltic rock, sometimes combined with shells.

Valdvieso argues that there is no evidence to relate Asanyamba as a salt production site (2007: 8).

Cuenco con soportes de sonaja estilizados y franjas verticales, en

su interior aparece pintado un venado (página opuesta).

Periodo Clásico. Asanyamba, La Unión.

Basin with stylized rattle stands and vertical stripes,

with a deer painted on the inside. (opposite page).

Asanyamba, La Unión.

Between 1979 and 1980 Hammed Posada carried out rescue excavations in Asanyamba (Escamilla and

Shibata, 2005: 536). At the same time, Stanley Boggs identified the ceramic styles of the place, bichrome and

polychrome bowls, bichromic and polychrome bowls, Ulúa bell-type cauldrons and jugs and vessels similar to the

Quelepa work type (Toledo, 2011: 83). According to Toledo, between Asanyamba and Punta Chiquirín there is a

ceramic relationship, also identified by the recurrence of the monkey’s zoomorphic motif, (2011: 84-85). Due to

the characteristics of ceramics, the human occupation was carried out during the Late Classic Period, between

650 and 950 A.D. The ceramic similarities raise the relations established between Asanyamba with other sites

in the country and even in northern Honduras (2011: 85).

(Ver en mapa No. 15)

90 91


Madreselva

Plato decorado en el exterior con rostros

humanos. Periodo Clásico.

Madreselva, departamento de La Libertad.

Shallow decorated with human faces. Classic

Period. Madreselva, La Libertad.

Después de la firma de los Acuerdos de paz, en 1992, un boom urbanístico propició hallazgos e

investigaciones arqueológicas, como la realizada por los arqueólogos Paul Amaroli, Bernard Hermes y

Juan Luis Velásquez, quienes en 1994 localizaron el sitio arqueológico Madreselva. Este tipo de hallazgos

ha sido paradójico, pues la expansión de las ciudades propicia hallazgos, pero no todos los casos pueden

ser investigados. Madreselva es un caso excepcional porque permitió conocer la historia de uno de los

sitios más importantes del Clásico y Posclásico.

El origen del sitio Madreselva, que toma su nombre de la urbanización en la que se encontraba, es

producto de una de las migraciones humanas del centro de México al sureste de Mesoamérica, iniciadas

alrededor del año 900 d.C. (Amaroli et al, 1994).

En la actual urbanización Madreselva, donde los trabajos arqueológicos localizaron la ocupación entre los

años 600 y 1524, en el Clásico tardío y Postclásico. Los hallazgos del Clásico tardío (600-900 d. C.) describen

una aldea grande de 500 hectáreas en las inmediaciones del actual Plan de la Laguna, en la que los ranchos

fueron construidos con bahareque, y en las mismas viviendas se realizaban enterramientos, cuyo análisis fue

posible gracias al hallazgo de ofrendas y osamentas.

After the signeage of the Peace Accords in 1992, an urban boom led to archaeological findings and investigations,

such as that carried out by archaeologists Paul Amarolli, Bernhard Hermes and Juan Luis Velazques, who in

1994 studied the Madreselva archaeological site. This type of findings has been paradoxical, as the expansion

of cities leads to archaeological findings, not all of them can be investigated. Madreselva is an exceptional case

because it allowed to know the history of one of the most important sites of the Classic and Postclassic Period.

The origin of the Madreselva site is the product of one of the human migrations from central Mexico to

southeastern Mesoamerica, initiated araund in the second half of the seventh century.

The archaeological works carried out in Madreselva, establish the occupation time frame of the site between 600 and

1524, in the Late Classic and Postclassic. The findings of the Late Classic (600-900 A.D.) describe a large 500-hectare

village in the immediate vicinity of the current Plan de la Laguna, in which the houses were built with bahareque, and

in the same houses, burials were carried out, whose analysis were possible due to the finding of offerings and bones.

(Ver en mapa No. 21)

Vista del Plan de la Laguna y zona de

Madreselva, al fondo el volcán de

San Salvador o Quezaltepec.

View of the Plan de la Laguna and

Madreselva area in the background the

San Salvador or Quezaltepec volcano.

92 93


Los entierros recuperados fueron localizados dentro de la TBJ

(Amaroli et al, 1994: 528), lo que significa que los pobladores

excavaron dentro de los depósitos de la erupción de Ilopnago, para

enterrar a sus muertos. Para el Clásico tardío se desarrolló una

fuerte actividad constructiva.

Los científicos sostienen que “la población que habitó el área durante

este momento [Clásico tardío] pertenecía al mismo grupo étnico que

los habitantes de San Andrés, Joya de Cerén y otras comunidades

coetáneas del valle de Zapotitán; este grupo humano estaba

estrechamente relacionado con los ocupantes del área de Chalchuapa

y Santa Ana (Fase Payu), probablemente hasta el grado de compartir

un mismo idioma, que es factible perteneciera a la familia lingüística

Maya” (Amaroli et al, 1994: 529).

Plato decorado venado estilizado.

Periodo Clásico.

Shallow decorated with stylized deer.

Classic Period.

The burials recovered were located within the TBJ (Amaroli et al, 1994: 528),

which means that the inhabitants dug into the deposits of the Ilopango

eruption, to bury their dead. For the Late Classic a strong constructive

activity was developed.

Scientists argue that “the population that inhabited the area during this

time [Late Classic] belonged to the same ethnic group as the inhabitants

of San Andrés, Joya de Cerén and other contemporary communities in the

Zapotitán Valley; this human group was closely related to the inhabitants

of the Chalchuapa and Santa Ana area probably to the extent of sharing

the same language, which is likely to belong to the Maya linguistic family”

(Amaroli et al, 1994: 529).

Cuenco Salúa con personajes ricamente ataviados.

Salúa vessel, decorated with richly dressed figures.

Cuenco con tres soportes decorado en alto relieve

con cabezas de aves y glifos. Periodo Clásico.

Madreselva, departamento de La Libertad.

Tripod vessel with carved glyphs and bird heads.

Classic Period. Madreselva, La Libertad.

Cuenco Salúa con banda de aves y otras fantásticas figuras.

Salúa bowl with fantastic figures.

94 95


Vaso con tres soportes huecos

semiesféricos, decorado con dos

paneles simétricos en bajorelieve, se

observan dos personajes sentados en

sus respectivos tronos y otras figuras

fantásticas. En la parte superior una

banda de glifos.

Periodo Clásico, Cara Sucia,

departamento de Ahuachapán.

This vessel with three hollow,

semispherical supports is decorated with

two symmetrical panels in low relief

depicting two figures with Maya features

in profile. Each of them is seated on

his respective throne accompanied by

fantastic figures. The upper part

displays a band of glyphs.

Classic Period, Cara Sucia, Ahuachapán.

96 97


La icónica escultura conocida como Disco del Jaguar,

muestra la cara de un jaguar, está asociado a la

guerra y era un símbolo de poder. Periodo Clásico.

Sitio arqueológico de Cara Sucia,

departamento de Ahuachapán.

The iconic disk of Jaguar, found in the archaeological site

of Cara Sucia, in Ahuachapán. The jaguar was associated

with warfare and was a power symbol. Classic Period.

Cara Sucia

Vista de la planicie de la costa del Pacífico.

departamento de Ahuachapán.

Pacific coast. Ahuachapán.

En 1967, Stanley Boggs reportó 31 montículos en Cara Sucia, la ciudad

estaba compuesta por un centro monumental, casas de la élite y

dos canchas de pelota (Perrot Minnot, 2008: 83). Amaroli, quién en

la década de 1980 investigó este sitio, lo describe como un centro

ceremonial compacto, con una acrópilis de planta rectangular y terrazas

bajas construidas para crear terraplenes en un terreno natural, cuya

suave pendiente servía para contrarestar las inundaciones proclives en

la planicie costera (2017: 234). El sitio se encontraba en una propiedad

privada. En 1980, una parte de la hacienda pasó a manos del Estado

mediante la reforma agraria, lo cual tuvo un mayor impacto en el lugar

debido al saqueo. Para 2008, apenas 17 se conservaban (Moraga et al,

2010: 1180). El arqueólogo Sébastien Perrot-Minnot (2008) sostiene

que Cara Sucia ha sufrido “uno de los peores saqueos de la arqueología”

(2008: 93), tema crucial para la investigación arqueológica.

Tanto Boggs como Perrot-Minnot reportan que las estructuras de Cara

Sucia fueron construidas con tierra y adobe con revestimientos de

cantos rodados del río cercano al asentamiento, por lo que el impacto

ambiental en el sitio ha contribuido también a la erosión.

Cara Sucia tuvo también una larga duración de ocupación humana.

Aunque el primer asentamiento pertenece al Preclásico, el apogeo

del sitio ocurrió en el periodo Clásico tardío (600-900 d.C.). Un

decrecimiento de su desarrollo tiene relación directa con la explosión

del Ilopango, por lo que en las investigaciones en el lugar ha sido

localizada la TBJ (Moraga et al). Perrot-Minnot sostiene que el sitio tuvo

relación con la cultura Cotzumalguapa en la costa sur de Guatemala, de

la que se encuentra situada apenas a 12 kilómetros. Las conclusiones

del estudio cerámico por Moraga, Mencos, Costa y Perrot-Minot en

2008 demostraron la relación con la costa del sur de Guatemala por

medio del análisis de la secuencia cerámica.

La cerámica cotzumalguapa recurre a representaciones de temas

mitológicos y guerreros. En 2008, los científicos analizaron 3308 tiestos,

12 figurillas y dos malacates (usos para hilar) revelados por los trabajos

de campo del año 2006. En el sitio también se encontraron piezas de

obsidiana, artefactos de piedra, barro quemado, carbón y huesos. Las

piezas correspondieron al Clásico tardío.

In 1967, Stanley Boggs reported 31 mounds in Cara Sucia, the city was

composed of a monumental center, elite houses and two ball game

courts (Perrot Minnot, 2008: 83). In the 1980s Paul Amaroli studied

this site, and he describes it as a compact ceremonial center, with a

rectangular acropoilis and low terraces built to create embankments

in a natural terrain, whose gentle slope served to counteract the

floods prone in the Coastal plains (2017: 234). At that time, the

site was on private property. In 1980, due to agrarian reform a part

of the farm became a state property, this had a greater impact on

the lack of conservation and looting of the site. In 2008, only 17

mounds were preserved (Moraga et al, 2010: 1180). Archaeologist

Sébastien Perrot-Minnot (2008) argues that Cara Sucia has suffered

“one of the worst looting of archeology” (2008: 93), a crucial issue

for archaeological research.

Boggs and Perrot-Minnot report that the Cara Sucia structures were

built with dirt and adobe with boulder coverings from the river near

the settlement, so the environmental impact on the site has also

contributed to erosion.

Cara Sucia also had a prolongued human occupation. Although the

first settlement belongs to the Formative Period, the site’s heyday

was in the Late Classic Period (600-900 A.D.). A decrease in its

development is directly related to the explosion of the Ilopango,

studies held on site show that Tierra Blanca Joven (TBJ) has been

found in the place (Moraga et al). Perrot-Minnot argues that the site

was related to the Cotzumalguapa culture on the southern coast

of Guatemala, located just 12 kilometers away. The conclusions of

the ceramic study, through the analysis of the ceramic sequence by

Moraga, Mencos, Costa and Perrot-Minot in 2008, demonstrated the

relationship with the coast of southern Guatemala.

Cotzumalguapa ceramic uses representations of mythological

and warrior themes. In 2008, scientists analyzed 3308 sherds, 12

figurines and two “malacates” (spinning uses) revealed by the 2006

field work. On the site there were also pieces of obsidian, stone

artifacts, burnt mud, coal and bones. The pieces corresponded to the

Late Classic Period.

Perrot-Minnot sostiene que Cara Sucia, “a pesar de ser uno de

los principales sitios prehispánicos de El Salvador, ha sido, hasta la

fecha, relativamente poco publicado” (2008: 94).

Perrot-Minnot argues that Cara Sucia, “despite being one of the

main pre-Hispanic sites in El Salvador, has been, to date, barely

published” (2008: 94).

(Ver en mapa No. 16)

98 99


San Andrés

En el Clásico tardío (650-900 d.C.), San Andrés fue el principal centro religioso y político del

Valle de Zapotitán. El sitio arqueológico principal abarca unas 30 manzanas, aunque es mucho

más grande. En el centro monumental acentúa la Acrópolis, con cuatro pirámides y hacia

el norte de ellas una gran plaza delimitada por estructuras alargadas (Amaroli, 2017: 212).

Los gobernantes de San Andrés sometieron a muchos pueblos a sus alrededores, entre sus

tributarios estaba la aldea maya de Joya de Cerén (Fowler, 1995: 106). El desarrollo del sitio

está vinculado a sus suelos fértiles y también a la proximidad al actual río Sucio o Nixapan

(que significa en nahuat río de ceniza).

Para 1940, el sitio era uno de los mejor conservados del país, junto a Tazumal. Las primeras

excavaciones realizadas por John Dimick y Stanley Boggs en esa década determinaron que San

Andrés fue una capital regional que tuvo relación con el oriente de Guatemala y el occidente

de Honduras, como demuestra la cerámica de una ofrenda en la estructura 7. En 1977, Boggs

dirigió una excavación en dicha estructura, en la cual su ayudante Jorge Mejía encontró el Pedernal

excéntrico, que representa a un rey maya y es una de las piezas claves de la arqueología nacional

para establecer vínculos con Copán, el mayor centro maya del occidente de Honduras.

In the Late Classic (650-900 A.D.), San Andrés was the main religious and political center of the

Zapotitán Valley. The main archaeological site has an extension of 20 hectares, although it is much

larger. In the monumental center it accentuates the Acropolis, with four pyramids and to the north

of them a large square bounded by elongated structures (Amaroli, 2017: 212). The rulers of San

Andrés subjected many surrounding villages, among their tributaries was the Mayan village of Joya

de Cerén (Fowler, 1995: 106). The development of the site is also linked to the proximity to the

current Sucio River and its fertile soils.

By 1940, the site had one of the best conservations in the country, along with Tazumal. The first

excavations carried out by John Dimick and Stanley Boggs in that decade, determined that San Andrés

was a main regional city, that had a relationship with eastern Guatemala and western Honduras, as

evidenced by the pottery of an offering found in structure 7. In 1977, Jorge Mejía, Boggs assistant, found

the Eccentric Flint, which represents a Mayan king and is one of the key pieces of national archeology

to establish links with Copan, the largest Mayan center in western Honduras.

(Ver en mapa No. 20)

Sitio arqueológico San Andrés, La Libertad.

El excéntrico de pedernal representa a un gobernante maya sentado en su

trono y es una pieza única en su clase. sostiene un cetro en su mano y lleva

un tocado de plumas en su cabeza. Es parte de una ofrenda y fue localizada

en la estructura 7 de San Andrés, que además contenía vasijas de Petén y

Belice, conchas, huesos de animales y una especie de Mantaraya.

The Eccentric Flint, represents a Mayan king sitting on his throne and

it is unique in its class. He holds a scepter in his hand and wears a

feather headdress on his head. It is part of an offering and was located in

structure 7 of San Andrés, which also contained Petén and Belize baskets,

shells, animal bones and a species of stingray.

Fowler (1995) describe a San Andrés como un estado regional

poderoso durante el periodo Clásico (103), también con intercambios

comerciales con el norte de Mesoamérica, mediante mercaderes de

obsidiana de Guatemala y pigmentos en vasijas pequeñas cilindradas,

y circulares, llamadas frascos o perfumeras, que indican centralización

económica. La fertilidad del Valle de Zapotitán aunó al desarrollo

político y cultural de esta capital regional. En 1978, Kevin Black

registró 42 sitios habitados en el Clásico tardío en la región (Fowler,

1995: 97), en ese mismo periodo el Proyecto Protoclásico, dirigido

por Payson Sheets planteó el registro de 350 sitios en esta área.

Fowler (1995) describes San Andrés as a powerful regional state

during the Classic Period (103), that had commercial exchanges with

northern Mesoamerica. Guatemalan Merchants trade obsidian and

pigments in small, cylindrical, circular vessels, called jars or perfumers,

which indicate economic centralization. The fertility of the Zapotitán

Valley was key to the political and cultural development of this regional

city. In 1978, Kevin Black recorded 42 sites inhabited in the Late Classic

in the region (Fowler, 1995: 97), in that same period the Protoclassic

Project, led by Payson Sheets, raised 350 sites in this area.

100 101


Cántaro con cabeza de

cocodrilo. Periodo Clásico,

Joya de Cerén, La Libertad.

Jug with crocodile head

Classic Period,

Joya de Cerén. La Libertad..

Joya de Cerén

La riqueza del actual Valle de Zapotitán fue, en el periodo Clásico, uno

de los determinantes para la articulación de Ciudades Estado como

San Andrés y aldeas tributantes como Joya de Cerén, sitios sumamente

estudiados hasta la actualidad.

El valle estaba rodeado por ríos y un bosque caducifolio cuyo sistema

lo volvía un sitio fértil permanentemente, que fue aprovechado por los

primeros grupos migratorios después de la erupción de Ilopango.

En el siglo VII, Joya de Cerén era una aldea maya, cuyas viviendas fueron

contruidas con paredes de bajareque y techos de zacate. Sus habitantes

se dedicaban a la agricultura de subsistencia de maíz, frijoles, chiles, yuca,

ayotes, malanga, achiote, jocote, cacao, guayaba y maguey. Los alimentos

y las semillas se conservaban en cuencos, vasijas y cajetes de cerámica;

algunas especies de aves ya eran parte de los animales domesticados

para consumo humano. La aldea estaba rodeada por milpas y se abastecía

de un río cercano. La vegetación original del valle estaba compuesta

por árboles de ceiba, conacaste, volador, amate, ojushte, cedro, bálsamo,

madrecacao y pinos.

The richness of the current Zapotitán Valley was, in the Classic Period, one of

the determinants factors for the articulation of City States such as San Andrés

and tributary villages such as Joya de Cerén, places where archaeological

studies are held until today.

The valley was surrounded by rivers and a deciduous forest whose ecosystem

made it a permanent fertile site, which was used by the first migratory groups

after the eruption of Ilopango.

In the seventh century, Joya de Cerén was a village in which the Maya had built

their houses with walls of bajareque and roofs of grass and were dedicated

to subsistence agriculture of corn, beans, chilies, cassava, ayotes, malanga,

achiote, jocote, cocoa, guava and maguey. The food was kept in crocks, bowls,

vessels and ceramic boxes and some bird species were already part of the

domesticated animals for human consumption. The village was build near a

river and was surrounded by cornfields. The original vegetation of the valley

was a forest of ceiba, conacaste, amate, ojushte, cedar, balm, madrecacao

and pine trees.

(Ver en mapa No. 19)

Vista del valle de Zapotitán.

102 103


Cántaro y vasija con decoración en

color crema y naranja, Joya de Cerén,

departamento de La Libertad.

Jug and vessel with cream and orange

decoration, Joya de Cerén, La Libertad.

En el siglo VII, el volcán Loma Caldera provocó terremotos y finalmente erupcionó en el año 650 d.C., y

cubrió de lava, tefra y ceniza a la aldea. En el siglo XX, este espacio perteneció a una finca llamada Joya

de Cerén, en San Juan Opico, cerca del río Sucio, de este valle dependió en gran medida la producción

de hortalizas del país hasta 1980.

En 1976, sobre ese terreno agrícola se realizaron trabajos de terracería poniendo al descubierto una

estructura cubierta por ceniza y materiales volcánicos a cuatro metros debajo de la superficie. La maquinaria

removió fragmentos de cerámica; luego con el pasar de los años, poco a poco las excavaciones arrojaron

11 estructuras, entre casas, bodegas, una cocina y un temazcal.

La preservación que encontró en 1978 el arqueólogo Payson Sheets fue extraordinaria, “congelada” en el

tiempo, bajo diversos estratos de ceniza y material volcánico. Se trataba de escenarios de la vida cotidiana

de los mayas que poblaron el territorio al menos mil años antes de la llegada de los conquistadores

españoles. A medida que las excavaciones avanzaban, los hallazgos arqueológicos demostraron que la

aldea había sido conservada.

Joya de Cerén, preservó la cotidianidad y su valor radica en contarnos cómo vivía el pueblo maya llano,

pues la literatura y la ciencia hasta el momento narraban una historia épica, de élites y grupos de poder

enfrentados. La aldea, en cambio, era un episodio más de la vida común, de hombres, mujeres y niños,

rodeados de una fauna y un paisaje cultural exhuberante que fue plasmado en mucha de su cerámica

utilitaria y ceremonial.

In the seventh century, the Loma Caldera volcano caused earthquakes and finally erupted in 650 A.D., and

covered the village with lava, tephra and ash. In the twentieth century, this area belonged to a farm called Joya

de Cerén, in San Juan Opico, near the Sucio River, due to its fertile soil, the production of vegetables in El Salvador

depended heavily on this valley until 1980.

In 1976, on that agricultural land, while ground leveling works were carried out, a structure covered by ash and

volcanic materials four meters below the surface was discovered. The machinery removed ceramic fragments.

Over the years 11 structures, including houses, warehouses, a kitchen and a temazcal were gradually excavated.

The preservation of this archaeological site under various strata of ash and volcanic material, found in 1978 by

the archaeologist Payson Sheets, was extraordinary, it was like “frozen” in time. There were scenarios of the daily

life of the Mayan people, who populated the territory at least a thousand years before the arrival of the Spanish

conquerors. As excavations progressed, archaeological findings showed that the village had been well preserved.

Joya de Cerén preserved the everyday life of the ordinary Mayan people. Literature and science so far have

showed us an epic story of elites and power groups. The village, instead, was an episode of common life, of men,

women and children, surrounded by wildlife and an exuberant cultural landscape that was embodied in much of

its utilitarian and ceremonial pottery.

Laguna de Loma Caldera. departamento de La Libertad.

104 105


Cuenco con soportes de sonajas,

decorado con franjas horizontales y figuras

geométricas, Joya de Cerén,

departamento de La Libertad.

Vessel with rattle supports, decorated with

horizontal stripes and geometric figures.

Joya de Cerén, La Libertad.

En sus estructuras, los arqueólogos encontraron platos y vasijas, herramientas e incluso

juguetes. Sobre la agricultura, los vestigios han dado testimonio del modo de siembra de la

milpa, a base de surcos y camellones.

La investigación científica demostró que Joya de Cerén es invaluable para el estudio de las

antiguas civilizaciones mesoamericanas y en 1993 el sitio fue reconocido como Patrimonio

de la Humanidad por la UNESCO.

La aldea fue construida sobre un espacio habitado antes, que desapareció también por

otra erupción volcánica, que entre los siglos V y VI dio origen al lago de Ilopango. Esta

erupción tuvo un impacto ambiental global y cambió la configuración de la Tierra. Como ha

demostrado Payson Sheets (1986), el suelo volcánico es muy fértil y sobre la ceniza blanca

arrojada por el Ilopango volvió a crecer la vegetación y un siglo después el espacio fue

habitado por pueblos migrantes.

Joya de Cerén era un espacio vivo por la regeneración constante de la vegetación y las

migraciones humanas, en el que los volcanes fueron determinantes de la transformación

del espacio y la formación de sus diversas identidades, pues habían destruido, cubierto y

conservado el rastro del ser humano y la naturaleza.

In their structures, archaeologists found plates and vessels, tools and even toys. On agriculture, the

vestiges show us the way of planting the cornfield, based on furrows and ridges.

Scientific research showed that Joya de Cerén is invaluable for the study of ancient Mesoamerican

civilizations and in 1993 the site was recognized as a World Heritage Site by UNESCO.

The Mayan village was built on a previously inhabited area, which also disappeared due to another

volcanic eruption, which in the fifth and sixth centuries created the Lake Ilopango. This eruption had

a global environmental impact and reconfigured the structure of the Earth. As Payson Sheets has

shown (1986), the volcanic soil is very fertile and vegetation grew on the white ash thrown by the

Ilopango and a century later this area was inhabited by migrant peoples.

Joya de Cerén was a living space for constant flora regeneration and human migrations, in which

volcanoes were a determinant factor for the transformation of space and the formation of its

diverse identities. The volcano eruptions had destroyed, covered and preserved the trail of human

and nature.

Esta estructura que muestra el modelo de

construcción y la vida cotidiana en la aldea maya

Joya de Cerén.

Structure showing the construction model and daily life in

the Mayan village of Joya de Cerén.

106 107


Incensario con asa con figura zoomorfa,

Joya de Cerén, departamento de La Libertad.

Senser with zoomorphic figure handle,

Joya de Cerén, La Libertad.

Paul Amaroli ha señalado que Joya de Cerén tuvo también una ocupación tardía; siglos

después de la erupción de Loma Caldera, otros pueblos, ahora nahuas, volvieron a

habitar ese territorio y existen restos prehispánicos que probablemente demuestren una

ocupación a vísperas de la conquista española (en el período Posclásico Tardío, 1200-

1524 d.C.).

Los parques arqueológicos de El Salvador son también espacios de desarrollo científico,

y especialmente Joya de Cerén, que ha sido investigado desde 1976 a la actualidad.

Esto demuestra el valor inconmensurable del espacio como fuente de investigación. En

noviembre de 2018, justo en el XXV aniversario de su reconocimiento como Patrimonio

de la Humanidad, un grupo dirigido por la arqueóloga Michelle Toledo encontró una

osamenta humana, enterrada con una navaja de obsidiana. Esta ha sido la primeros restos

encontrados en Joya de Cerén, en los 40 años de investigación en el sitio.

Como región arqueológica, en el valle de Zapotitán o San Andrés han sido localizados

hasta hoy muchos sitios arqueológicos. Esta densidad de asentamientos en el estrecho

territorio del valle, ha demostrado las relaciones sociales y políticas de la época, en la que

la narrativa histórica rompe con las descripciones comunes de la sumisión y el vasallaje

del pueblo llano y los grupos de poder, como ha señalado el arqueólogo Payson Sheets:

“Ya fuese por cualquier razón social, política o religiosa, la gente común tenía una opción:

ellos podían decidir comerciar no solamente en un lugar. Esto significa que la élite no tenía

el control absoluto en el valle. La gente común tenía cierto poder en las negociaciones

sobre sus vidas” (Sheets, 2018: 13).

Joya de Cerén es fuente para la práctica de arqueología doméstica y para la historia

agraria prehispánica. Sobre la arqueología doméstica, Sheets (2013) apunta que su aporte

es introducir una “democratización” en la ciencia, dado que los agentes estudiados son

habitantes comunes y la tradición mesoamericana privilegió a las élites: “la arqueología

doméstica empieza “del suelo para arriba” al investigar el funcionamiento de las sociedades

prehistóricas empezando con el bloque de construcción básico: la casa” (45-46).

La conservación de los materiales agrarios en el sitio, tanto de plantas cultivadas como

de semillas, ofrece un campo de investigación para la arqueología mesoamericana, e

incluso la economía agraria. Payson Sheets concluye que “Joya de Cerén es el primer

sitio arqueológico donde podemos calcular la productividad por unidad/área. El

estándar internacional de productividad actual es el peso seco de comida producida

por hectárea (100 x 100 metros, o un poco más grande que una cancha de fútbol

americano)” (2013: 67).

Estructura del Temazcal. Joya de Cerén,

Departamento de La Libertad.

108


Cántaros con decoración en color

crema y naranja, Joya de Cerén,

departamento de La Libertad.

Jug with cream and orange decoration,

Joya de Cerén, La Libertad.

Paul Amaroli has pointed out that Joya de Cerén also had a late occupation: centuries after the eruption, other

peoples, like the Nahuas, re-inhabited that territory and “there are pre-Hispanic remains that probably date on

the eve of the Spanish conquest (in the Late Postclassic Period, 1200-1524 A.D.)”.

The archaeological sites of El Salvador are areas for scientific development, and especially Joya de Cerén, which

has been investigated since 1976 until present day. This demonstrates the immeasurable value of this site as a

source of research. In November 2018, just on the XXV anniversary of its recognition as a World Heritage Site,

a group led by archeologist Michelle Toledo found a human skeleton, buried with an obsidian knife. This has been

the first human skeleton found in Joya de Cerén, in the 40 years of research on the site.

Many archaeological sites have been located so far in the Zapotitán or San Andrés Valley. This density

of settlements has demonstrated the social and political relations of that time, and provide us another

perspective of the daily life of the common people, which differs from the traditional descriptions of power

groups, submission and servant people, as noted by Archaeologist Payson Sheets: “Whether for any social,

political or religious reason, ordinary people had a choice: they could decide not only to trade in one place.

This means that the elite did not have absolute control in the valley. Ordinary people had some power in the

negotiations over their lives.” (Sheets, 2018: 13.).

Joya de Cerén is a source for the practice of domestic archeology and for pre-Hispanic agrarian history. On

domestic archeology, Payson Sheets (2013) points out that its contribution is to introduce a “democratization”

in science, because the objects of study are common inhabitants and the Mesoamerican tradition had privileged

the elites: “domestic archeology begins “from the ground up” when investigating the operation of prehistoric

societies starting with the basic building block: the house”(45-46).

The conservation of agricultural materials on the site, both of cultivated plants and of seeds, offers a research

field for Mesoamerican archeology, and even agrarian economics. Payson Sheets concludes that “Joya de Cerén

is the first archaeological site where we can calculate the productivity per unit / area. The current international

productivity standard is the dry weight of food produced per hectare (100 x 100 meters, or slightly larger than

a soccer field)” (2013: 67).

Vaso con decoración antropomorfa,

Joya de Cerén, departamento de La Libertad.

Cilindrical vessel with antrophomorfic decoration

Joya de Cerén, La Libertad.

110


Sahumerio monocromo con decoración

zoomorfa estilo Mixteca Puebla.

Periodo Posclásico temprano.

Monochrome incense burner with zoomorphic

decoration. Mixteca Puebla style.

Early Postclassic Period.

112 113


Sitio arqueológico Cihuatán,

rodeado por un bosque joven.

Cihuatán archaeological site

surrounded by recent forest.

Aguilares, San Salvador.

114 115


Figurilla hueca con ruedas, conocida como

perro de Cihuatán. Sin embargo por las

incisiones que acentúan los rasgos de la

cara y los colmillos se ha sugerido que

representa un felino.

Hollow figure with wheels, known as Cihuatán dog.

However, because of the incisions that accentuate

the features of the face and fangs,

it has been suggested that they represent a feline.

Cihuatán

El año 900 d.C. fue construida una de las ciudades prehispánicas más importantes del Posclásico, del actual

El Salvador. Cihuatán, construida sobre una pequeña loma y bordeada por los ríos Acelhuate y Lempa, fue

la acrópolis de mayor extensión estudiada hasta ahora. Amaroli concluye que la loma fue elegida como

espacio estratégico: “La cima de la loma fue artificialmente nivelada para servir como el centro de la

ciudad, con un recinto amurallado conocido como el Centro Ceremonial y una gran plataforma llamada

Acrópolis” (2015: 267).

La ciudad fue habitada entre el año 900 y 1200 d.C, periodo que coincide con la Fase Cihuatán, designada

por Wolfgang Haberland en 1960, y que supone una nueva cultura arqueológica que sostuvo relaciones

con el centro de México. El área de la fase Cihuatán abarcó unos 7000 km 2 con dos ciudades y numerosos

asentamientos menores. (Amaroli, 2015: 267).

Es el sitio prehispánico de investigación más temprana en país, pues en 1926 fue estudiado por Samuel

K. Lothroph, y en 1929, Antonio Sol inició sus investigaciones formales académicas. En la década de 1950

a 1960, Stanley Boggs realizó excavaciones en la estructura 7, la pirámide principal, y encontró cerámica

representativa del sitio como una figura hueca con ruedas, diversas investigaciones atribuyen a un felino

o un canino, conocida como “perrito con ruedas de Cihuatán”.

One of the most important pre-Hispanic cities of the Postclassic, of present-day El Salvador was built in

900 A.D. Cihuatán, built on a small hill and bordered by the Acelhuate and Lempa rivers, is the largest

acropolis studied so far. Amaroli concludes that the hill was chosen as a strategic area “The top of the hill

was artificially leveled to serve as the center of the city, with a walled enclosure known as the Ceremonial

Center and a large platform called Acropolis” (2015: 267).

The city was inhabited between 900 and 1200 A.D., a period that coincides with the Cihuatán Phase, designated

by Wolfgang Haberland in 1960. It represents a new archaeological culture that held relationships with central

Mexico. The Cihuatán phase area covered about 7000 km 2 , it was constituted by two cities and numerous

smaller settlements. (Amaroli, 2015: 267).

It is the earliest pre-Hispanic research site in the country, because in 1926 it was studied by Samuel K. Lothroph,

and in 1929, Antonio Sol began his formal academic research. In the 1950 to 1960, Stanley Boggs excavated

structure 7, the main pyramid, and found ceramic representative of the site. One of the pieces is a hollow figure

of an animal with wheels. Some researchers attribute feline and other canine physiognomy. It is popularly known

as the “Cichuatán’s dog with wheels”.

(Ver en mapa No. 10)

Pirámide principal sitio arqueológico Cihuatán.

Municipio de Aguilares,

departamento de San Salvador.

116 117


Figura fitomorfa que representa a una

biznaga, cactus originario del desierto

del norte de méxico y fue utilizada

como almena en el templo Q-40. Según

Paul Amaroli la representación de esta

planta sustenta la relación de los pueblos

fundadores de Cihuatán con los pueblos

nahuas de México (2015: 276-282).

Phytomorphic figure representing a biznaga,

a cactus that originated in the desert

of northern Mexico and was used as a

battlement in the Q-40 temple. According to

Paul Amaroli, the representation of this plant

supports the relationship of the founding

peoples of Cihuatán with the Nahua peoples

of Mexico (2015: 276-282).

Cihuatán fue dividida en tres áreas principales: un centro ceremonial al

poniente, una acrópolis al oriente y una zona habitacional, entre nobles y

pueblo llano. En el sitio fueron construidos dos juegos de pelota, uno al

poniente y otro al norte. Amaroli señala que entre los habitantes de las

residencias comunes de Cihuatán pudieron encontrarse grupos culturales

descendientes de los mayas del Clásico (2015: 275).

Las estructuras de Cihuatán fueron construidas con relleno de piedra, tierra

y lajas talladas. Como en otras construcciones del Clásico y el Posclásico, la

piedra pómez, producto de la tefra expulsada por las erupciones de Ilopango y

Loma Caldera, fue usada frecuentemente en construcción para revestimiento

de muros y pisos. El palacio de la Acrópolis, identificado como Palacio de los

señores, fue construido con muros y columnas de adobe.

Las excavaciones realizadas por Fabio Amador, Paul Amaroli y Karen Bruhns,

en un templo circular arrojaron que posiblemente estuvo dedicado a

Ehécatl, deidad del viento. Según Amador et al, “los pocos grupos cerámicos

encontrados incluyen Plomiza Tohil, Policromo Nicoya y Las Lajas Pestaña

Impresa, todos los cuales forman parte del Posclásico Temprano” (2003: 52).

Cihuatán was divided into three main areas: a ceremonial center to the west,

an acropolis to the east and a residential area, amount nobles and common

people. Two ball game courts were built on the site, one to the west and one

to the north. Amaroli points out that among the inhabitants of the common

residences of Cihuatán there could be cultural groups that were descendants

of the Maya of the Classic Period (2015: 275).

Cihuatán structures were built with stone fill, earth and carved slabs. As in other

constructions of the Classic and the Postclassic Periods, the pumice stone, product

of the tephra expelled by the eruptions of Ilopango and Loma Caldera, was

frequently used in construction to cover walls and floors. The Acropolis palace,

identified as the Palace of the Lords, was built with adobe walls and columns.

Juego de pelota, Cihuatán.

Juego de pelota y pirámide principal, sitio

arqueológico Cihuatán. Ball game court. Cihuatán.

Municipio de Aguilares, departamento de San Salvador.

The excavations in a circular temple carried out by Fabio Amador, Paul Amaroli

and Karen Bruhns, made them believe that it was possibly dedicated to Ehécatl,

deity of the wind. According to Amador et al, “the few pottery groups found

include Plumbate Tohil, Polychromed Nicoya and Las Lajas Pestaña Impresa, all

of which are part of the Early Postclassic Period” (2003: 52).

118 119


Botella de soporte anular con figura de Tláloc,

deidad de la lluvia entre los Pipiles. Se identifica

por los anillos en los ojos a manera de anteojeras,

los bigotes y los largos dientes. Contiene restos

de pintura azul. Periodo Posclásico. Cihuatán.

Annular bottle with Tlaloc figure, the Rain deity

among the Pipiles. He is identified by the goggle like

rings around his eyes, moustache like upper lip, and

long fang like teeth. The vessel has remnants of blue

pigment. Postclassic Period, Cihuatán.

Las investigaciones sobre Cihuatán han concluido que en la cuidad fueron veneradas

deidades del panteón mexicano como Tlalóc, Quetzalcóatl en su avatar de Ehécatl y Xipe

Tótec. “Lo importante es que acá aparecen en conjunto, transplantados integralmente a

estas tierras, señalando así una transferencia ideológica” (Amaroli, 2015: 284).

Como ha ocurrido con otros asentamientos del Posclásico estudiados por Escamilla

(2012), Cihuatán fue construida en una elevación topográfica como estrategia defensiva.

Según Amaroli, “Casi todos los sitios de Fase Cihuatán se ubican en posiciones defensivas,

como mesetas e islas, y es evidente su diligencia en prever un ataque” (2015: 267).

Cihuatán fue deshabitado entre los años 1050 y 1100 d. C., probablemente debido a las

guerras y conflictos de la época. La ciudad fue quemada, como puede comprobarse en

los vestigios encontrados en los templos y casas.

The investigations on Cihuatán have concluded that in that city, deities of the Mexican pantheon

were venerated such as Tlaloc, Quetzalcoatl in his avatar of Ehecatl and Xipe Totec. “The

relevant issue is that here, they appear together, transplanted integrally to these lands, thus

indicating an ideological transfer” (Amaroli, 2015: p. 284).

Like other Postclassic settlements studied by Escamilla (2012), Cihuatán was built on a

topographic elevation as a defensive strategy. According to Amaroli, “Almost all the Cihuatán

Phase sites are located in defensive positions, such as plateaus and islands, and their diligence

in anticipating an attack, is evident” (2015: 267).

Cihuatán was uninhabited between 1050 and 1100 A.D., probably due to the wars and

conflicts of that time. The city was burned, as we can see evidence of it, in the remains found

in temples and houses.

Almena utilizada en el palacio de los señores de

manera defensiva y efigie de jaguar en cerámica

encontrados en Cihuatán.

Battlement used in the Palace of the Lords in a

defensive manner and jaguar effigy of ceramic,

found in Cihuatán.

120 121


Escultura de un jaguar con las fauces

abiertas, en su interior el rostro de

un personaje. Periodo Posclásico, sitio

arqueológico Carranza.

Carranza

Sculpture of a jaguar with open jaws,

inside the face of a character.

Postclassic Period,

archaeological site Carranza.

El sitio arqueológico de Carranza en la planicie del Acelhuate, está a solo un kilómetro de Cihuatán, y

próximo al sitio arqueológico Zacatonal. Las investigaciones de Paul Amaroli (2002) demostraron que

Carranza pertenece al Posclásico temprano y pudo haber sido construido con anterioridad a Cihuatán.

En el siglo XX, el sitio fue dedicado a diversas labores agrarias, que perjudicaron la conservación de las

estructuras. Sin embargo, la importancia de Carranza consiste en el hallazgo de una escultura del Xipe

Tótec, nuestro señor el desollado, en la estructura 1. Además, en el sitio se encontraron restos de tiestos

de cerámica tipo Plomiza Tohil, como en otros sitios del país que fueron poblados por emigrantes toltecas.

Según Amaroli, la estructura 1 pudo ser un templo, pues, se encontraron fragmentos de Xipe Tótec a ras

de suelo: “casi todos fueron encontrados apilados en un solo grupo, sin evidencia de haber sido colocados

en una fosa (por ejemplo, como ofrenda). Por lo anterior, una posibilidad es que la estatua fue quebrada

en su lugar en el momento de la destrucción de la Estructura 1” (Amaroli, 2002: 7).

Carranza, al igual que Cihuatán, Tazumal y otros asentamientos del Posclásico, fue abandonado antes del

siglo XVI, por lo que su desaparición no tiene relación con la llegada de los españoles, sino con guerras

locales. Las puntas de lanza encontradas en la estructura 1 indican una batalla que ocasionó su destrucción.

Esta misma hipótesis guarda relación con el abandono de Cihuatán, entre 1140 y 1220 d.C.

The archaeological site of Carranza, on the plains of the Acelhuate River, is only one kilometer from Cihuatán, and close

to the Zacatonal archaeological site. The investigations of Paul Amaroli (2002) showed that Carranza belongs to the

Early Postclassic and could have been built before Cihuatán.

In the twentieth century, the site was dedicated to various agricultural labors, which damaged the conservation of

the structures. However, the importance of Carranza consists in the finding of a sculpture of Xipe Totec, our lord the

skinned, in structure 1. In addition, on the site were found remains of plumbate Tohil pottery sherds, as in other places

in the country which were populated by Toltec emigrants.

According to Paul Amaroli, structure 1 could be a temple, because fragments of Xipe Totec were found at ground level:

“almost all were found pilled in a single group, with no evidence of being placed in a pit (for example, as offering).

Therefore, one possibility is that the statue was broken in its place at the time of the destruction of Structure 1.”

(Amaroli, 2002: 7).

As Cihuatán, Tazumal and other Postclassic settlements, it was abandoned before the sixteenth century, so its

disappearance is not related to the arrival of the Spaniards, but to local wars. The spearheads found in structure

1 indicate a battle that caused their destruction. This same hypothesis is related to the abandonment of Cihuatán,

between 1140 and 1220 A.D..

(Ver en mapa No. 9)

122 123


The cult of Xipe Totec, our lord the skinned, deity of spring, harvest

and fertilization, was widespread in Mesoamerica during the

Postclassic Period, and especially in the Late Postclassic Period. Traces

on the Mesoamerican Pacific coast, demonstrate a long-lasting cult

and religious political extension for its time. Fowler (1995) argues

that the second occupation of Chalchuapa in the early Post-Classic

period already shows Mexican features such as architecture (Tazumal

structure 2, “talud tablero” style, circular temple), and the veneration of

an established and diffused pantheon with sculptural representations

such as Chac Mool and a clay effigy of Xipe Totec (155).

Culto a Xipe Tótec

Xipe Totec cult

Ofrenda al culto a Xipe Tótec encontrada

en el sitio arqueológico Carranza.

Offering to the cult Xipe Totec,

found in arqueological site Carranza.

El culto al Xipe Tótec, nuestro señor el desollado, deidad de la primavera, la cosecha y la

fecundación, fue muy extendido en Mesoamérica durante el Posclásico. Vestigios en la costa

Pacífica mesoamericana, demuestran un culto de larga duración y una extensión política religiosa

para su tiempo. Fowler (1995) sostiene que la segunda ocupación de Chalchuapa en el Posclásico

temprano ya muestra rasgos mexicanos como la arquitectura (estructura 2 de Tazumal, el estilo

de talud-tablero, templo circular), y la veneración de un panteón establecido y difundido con

representaciones escultóricas como el Chac Mool y una efigie de barro de Xipe Tótec (155).

En 1945, Stanley Boggs localizó la primera representación del Xipe Tótec, en Tazumal, cuya efigie

se encontró fragmentada; durante las décadas siguientes, diversas efigies de la deidad fueron

encontradas en sitios poblados durante el Posclásico en diversos estados de conservación y

puntos del país. Paul Amaroli (2015) sostiene que para El Salvador han sido localizadas al menos

11 representaciones del Xipe Tótec en: una en Tazumal, dos en Cihuatán, dos en Carranza, una

en Las Marías, dos en la isla El Cajete en La Barra de Santiago, una en Azacualpa en las orillas

del lago de Güija, dos en Güija y un hacha en Quelepa con la efigie del Xipe Tótec (294). En una

excavación en el sitio Los Gavilanes, en la zona arqueológica de Chalchuapa, Heriberto Erquicia (2007)

localizó dos fragmentos de una escultura de Xipe Tótec, perteneciente al Posclásico temprano. Los

fragmentos fueron encontrados dentro de una estructura, que además contenía un pequeño espacio

tipo “fogón,” que sugiere alguna actividad ritual asociada a la deidad.

Boggs (1976) estudió el culto al Xipe Tótec en relación a un hallazgo de efigies en la isla de Igualtepeque,

en el lago de Güija. Reportó que en el fondo del lago de Güija fueron extraídas y traficadas dos

esculturas en la década de 1960. Según el arqueólogo, el saqueo provocó la eliminación del contexto

cultural y la referencia geográfica exacta para su investigación científica (Boggs, 1976: 110).

Luis Casasola y Boggs sostuvieron que los estilos de las figuras encontradas en el actual El Salvador

guardan relación con las del centro de Veracruz mediante la identificación de pintura amarilla como

recubrimiento, decoración del pastillaje, uso de sandalias, decoraciones punzonadas, entre otras.

Amaroli (2015), ahonda en la festividad y el ritual: “Los ritos locales de Xipe Tótec no pueden haber

sido idénticos a las celebraciones que se realizaban durante Tlacaxipehualiztli tres siglos después en

la gran ciudad de México Tenochtitlan, pero podemos suponer que compartían algunos aspectos,

definitivamente la imaginería y el uso de templos. De hecho, una comunidad pipil (posterior a la fase

Cihuatán) era denominada por el templo de Xipe Tótec: Yopico (hoy San Juan Opico)” (294).

In 1945, Stanley Boggs located the first representation of the Xipe

Totec, in Tazumal, whose effigy was fragmented. During the following

decades, various effigies of the deity were found in populated sites

during the Postclassic Period in certain locations of El Salvador and in

different conservation status. Paul Amaroli (2015) argues that for El

Salvador at least 11 representations of Xipe Tótec have been dicovered:

one in Tazumal, two in Cihuatán, two in Carranza, one in Las Marías,

two in El Cajete island, in La Barra de Santiago, one in Azacualpa on

the shores of Lake Güija, two in Güija and an ax with the effigy of

Xipe Totec in Quelepa (294). In an excavation at Los Gavilanes site,

in Chalchuapa, Heriberto Herquicia (2007) located two fragments of

a sculpture of Xipe Totec, belonging to the Early Postclassic Period. The

fragments were found withing a structure, which also contained a small

burner that suggests some ritual activity associated with the deity.

Boggs (1976) studied the cult of Xipe Totec in relation to a discovery

of effigies on the island of Igualtepeque, on Lake Güija. He reported

that at the bottom of Lake Güija two sculptures were extracted

and trafficked in the 1960s. According to the archaeologist, the

looting caused the elimination of the cultural context and the exact

geographical reference for his scientific research (Boggs, 1976: 110).

Luis Casasola and Stanley Boggs argued that the styles of the figures

found in present-day El Salvador, are related to those of the center

of Veracruz by identifying yellow paint as a coating, decoration of the

pastillage, use of sandals, punched decorations, among others.

Amaroli (2015), delves into the festivity and ritual: “The local rites of

Xipe Totec cannot have been identical to the celebrations that took

place during Tlacaxipehualiztli three centuries later in the great city

of Tenochtitlan (Mexico), but we can assume that they shared some

aspects, definitely the imagery and use of temples. In fact, a Pipil

community (after the Cihuatán phase) was named by the temple of

Xipe Totec: Yopico (today San Juan Opico)”(294).

El Xipe Tótec o nuestro señor el desollado

fue una deidad importante en la región

mesoamericana durante el Posclásico.

localizada en el sitio

arqueológicoTazumal, Santa Ana.

The Xipe Totec our lord the skinned was an

important deity in the Mesoamerican region

during the Postclassic Period.

Found in Tazumal, Santa Ana.

124


Chac Mool fue encontrado

en Tazumal, Chalchuapa, en la

década de 1940.

Chac Mool was found in Tazumal,

Chalchuapa, in the 1940s.

Chac Mool

Durante las migraciones del Posclásico, los pipiles trajeron consigo sus cosmovisiones, rituales y

deidades, entre ellas un panteón compuesto por Tláloc, Quetzalcóatl, Xipe Tótec, entre otros.

Dado que viajan las entelequias de estos estados en disgregación, la cultura material del periodo,

caracterizada por cerámica y esculturas que representan a los dioses, demuestra las diferencias

culturales introducidas. Una de las piezas significativas de esta emigración y su impacto cultural es

la escultura en piedra del Chac Mool, encontrado en Chalchuapa.

El Chac Mool fue una representación escultórica expandida por los toltecas en el Posclásico, del

900 d. C. en adelante y en algún momento estuvo vinculado al juego de pelota según Herbert J.

Spiden (1915: 472-474), aunque otros debates lo vinculan a una figura sacrificial o un sacerdote.

La mayoría de ejemplares de esta escultura han sido encontrados en México en Tula, Hidalgo, y en

Chichén Itzá, Yucatán, entre los espacios más representativos. La expansión de Tula hasta el actual

territorio salvadoreño ha sido comprobada a través del material arqueológico cerámico Plomizo

Tohil, encontrado en Tazumal y Casa Blanca.

Spiden analizó diversas colecciones privadas y la del Museo Nacional de El Salvador a inicios

del siglo XX y concluyó que el Chac Mool representa la transferencia del culto a través de

la expansión del juego de pelota. Con él, fueron trasladados otras deidades y su culto, cuyas

representaciones escultóricas son parte de la colección del Museo Nacional de Antropología, Dr.

David J. Guzmán.

During the migrations of the Postclassic Period, the Pipiles brought their worldviews, rituals and deities,

including a pantheon composed of Tlaloc, Quetzalcoatl, Xipe Totec, among others. Since the people of

these states in disintegration traveled, the brought their entelechies with them, and the material culture

of the period, characterized by pottery and sculptures representing the gods, demonstrates the cultural

differences introduced. One of the significant pieces of this emigration and its cultural impact is the

stone sculpture of the Chac Mool, found in Chalchuapa.

The Chac Mool was a sculptural representation expanded by the Toltecs in the Postclassic Period, from

900 A.D. Hereafter and at some point, he was linked to the ball game court according to Herbert J.

Spiden (1915: 472-474), although other debates link him to a sacrificial figure or a priest. Most of

Chac Mool’s sculptures have been found in Mexico in Tula, Hidalgo, and in Chichen Itza, Yucatan. The

expansion of Tula to the current Salvadoran territory has been proven through the Plumbate Tohil

leaden ceramic archaeological material, found in Tazumal and Casa Blanca.

Spiden analyzed various private collections and that of the Museo Nacional de El Salvador in the early

twentieth century and concluded that the Chac Mool represents the transfer of worship, through the

expansion of the ball game. With him, other deities and their cult were transferred, whose sculptural

representations are part of the collection of the Museo Nacional de Antropología, Dr. David J. Guzmán.

Juego de pelota, sitio arqueológicoTazumal.

Municipio de Chalchuapa, departamento de Santa Ana.

Ball game court, Tazumal, Santa Ana.

126 127


Tazumal en el posclásico

Tazumal in the Postclassic Period

William Fowler (1995) ha descrito al Posclásico como un periodo de

migraciones, confusión y guerras. En este periodo, sostiene que “los grupos

de habla náhuat arribaron a Centroamérica en múltiples oleadas de

migración, iniciando muy tempranamente en el período Clásico terminal y

continuando a través del Posclásico”.

Tazumal fue uno de los sitios ocupados por éstos grupos migrantes en el

Posclásico temprano, entre 950 y 1050 d.C., y el principal vestigio de esta

nueva ocupación es la construcción de una pirámide, conocida como B1-2,

en la que se localizaron dos entierros correspondientes al periodo Clásico

terminal y el Posclásico temprano.

Heriberto Erquicia (2012) sostiene que la arquitectura erigida durante

el Posclásico temprano es importante para comprender los procesos

históricos en Chalchuapa: “La pirámide principal se abandonó al final del

período Clásico, y enseguida, durante el Posclásico temprano, se adosó una

pirámide de estilo y construcción muy diferente, la cual refleja el ingreso de

poblaciones de fuerte identidad mexicana durante este período” (Erquicia,

2012: 47). En este periodo también fueron construidas más estructuras,

como plazas y casas, en el sitio conocido como Nuevo Tazumal, ubicado al

noreste de Tazumal (Shibata, 2005).

William Fowler (1995) has described the Postclassic as a period of migration,

confusion and wars. In this period, he argues that “Nahuat-speaking groups

arrived in Central America in multiple migration waves, beginning very early in

the Terminal Classic Period and continuing through the Postclassic Period”.

Tazumal was one of the sites occupied by these migrant groups in the

Postclassic Period, between 950 and 1050 A.D., and the main vestige of this

new occupation is the construction of a pyramid known as B1-2, in which two

burials were located, corresponding to the Terminal Classic Period and the Early

Postclassic Period.

Heriberto Erquicia (2012) argues that the architecture erected during the

Early Postclassic Period is important to understand the historical processes

in Chalchuapa: “The main pyramid was abandoned at the end of the Classic

Period, and then, during the Early Postclassic Period, another pyramid was

attached and its construction style is very different, which reflects during this

period, the income of new populations with strong Mexican identity .”(Erquicia,

2012: 47). During this period, more structures, such as squares and houses,

were also built on the site known as Nuevo Tazumal, located northeast of

Tazumal (Shibata, 2005).

Sitio arqueológico Tazumal.

(Ver en mapa No. 4)

128 129


Fabricio Valdivieso (2005) sostiene que muchos sitios del Posclásico

en el occidente, en la cordillera del Bálsamo y en el Valle de

Zapotitán, son ocupaciones de un grupo identificado ahora como

pipiles provenientes de las migraciones del imperio tolteca, cuya

hipótesis se sostiene mediante los hallazgos de Plomizo Tohil en

Tazumal y sitios alrededor (2005: 22-23). Estos espacios fueron

deshabitados antes de la llegada de los españoles, pues, en efecto,

Tazumal fue abandonado alrededor de 1200 d.C. Una investigación

de Marlon Escamilla (2012) demostró que la cordillera del Bálsamo

fue poblada por pueblos nahuas en diáspora desde el altiplano

central mexicano mediante masivos movimientos migratorios

entre los años 600 y 900 d.C. en el Clásico tardío y del 900 a 1524

d.C. del Posclásico (2012: 67).

De la influencia de esta migración depende la apropiación

del paisaje cultural en la zona occidental, por lo que Escamilla

concluye que “los datos arqueológicos recolectados y analizados

indican que las migraciones Posclásicas de los grupos nahuapipiles

probablemente estuvieron asociadas a un modelo de diáspora

migratoria, en la cual estos grupos se apropiaron y transformaron

un paisaje defensivo de difícil acceso, como las “lengüetas” de la

Costa del Bálsamo. Esta apropiación del paisaje no solamente se

realizó con fines defensivos, estratégicamente militaristas, sino con

fines simbólicos a través de un proceso de emulación simbólica

con su lugar de origen, el altiplano mexicano” (2012: 85).

Fabricio Valdivieso (2005) argues that many Postclassic sites in the

west, in the Balsam mountain range and in the Zapotitan Valley are

occupations of a group identified now as pipiles, who came from the

migrations of the Toltec empire, this hypothesis is supported by the

findings of Tohil Plumbate in Tazumal and surrounding sites (2005: 22-

23). These areas were uninhabited before the arrival of the Spaniards.

Tazumal was abandoned around 1200 A.D. Marlon Escamilla’s

research (2012) showed that the Balsam mountain range was

populated by Nahua peoples in diaspora from the central Mexican

highlands through massive migratory movements between 600 and

900 A.D. in the Late Classic Period and from 900 to 1524 A.D. of the

Postclassic (2012: 67).

The appropriation of the cultural landscape in the Western Zone

is a result of the influence of this migration, so Escamilla concludes

that “the archaeological data collected and analyzed indicate that

migrations of the Nahuapipil groups in the Postclassic Period were

probably associated with a migratory diaspora model, in which these

groups appropriated and transformed a defensive landscape of difficult

access, like the “lenguentas” of the Balm Coast. This appropriation

of the landscape was not only carried out for defensive purposes,

strategically militaristic, but also for symbolic purposes through a

process of symbolic emulation with its place of origin, the Mexican

highlands.” (2012: 85).

Nuevo Tazumal

Nuevo Tazumal es un sitio de 9.71 manzanas que colinda al

noreste con el parque arqueológico Tazumal y al sur con la laguna

Cuzcachapa, en Chalchuapa. El terreno había sido destinado a la

urbanización pero entre 2001 y 2002 fueron localizados tiestos del

Clásico tardío y Posclásico. Shione Shibata (2005), investigador del

sitio, señala que los 7 montículos que forman el sitio arqueológico

fueron registrados desde 1944 en el primer mapa de la zona

arqueológica de Chalchuapa levantado por John M. Longyear.

Durante dos fases de investigación del sitio, Shibata registró

una plataforma circular (Estructura 1), dos plataformas largas

(Estructuras 2a y 2b), una plataforma poligonal (Estructura 3), dos

plataformas semi-ovaladas (Estructuras 4 y 7), cuatro plataformas

cuadrangulares (Estructuras 5, 6, 8 y 9), ocho cimientos (Estructura

10, Conjunto Arquitectónico 1 y Conjunto Arquitectónico 2),

que fueron construidas con piedras y lodo. “La mayoría de las

piedras utilizadas como material constructivo son de origen

volcánico, las cuales abundan alrededor de la Zona Arqueológica

Chalchuapa”, apuntó Shibata (2005: 4). Nuevo Tazumal apunta una

construcción del Posclásico relacionada con el núcleo central del

sitio arqueológico Tazumal, sus habitantes probablemente fueron

migrantes del centro de México.

(Ver en mapa No. 5)

Nuevo Tazumal is a 7 hectares site that borders the Tazumal

Archaeological Park northeast and south of Cuzcachapa Lagoon, in

Chalchuapa. The land had been destined for urbanization, but between

2001 and 2002 sherds of the Late Classic and Postclassic were located.

Shione Shibata (2005), researcher of the site, points out that the 7

mounds that form the archaeological site had already been recorded

in 1944, on the first map of the archaeological zone of Chalchuapa

raised by John M. Longyear.

During the two phases of site investigation, Shibata recorded a circular

platform (Structure 1), two long platforms (Structures 2a and 2b), a

polygonal platform (Structure 3), two semi-oval platforms (Structures

4 and 7), four platforms quadrangular (Structures 5, 6, 8 and 9), eight

foundations (Structure 10, Architectural Ensemble 1 and Architectural

Ensemble 2), which were built with stones and mud. “Most of the

stones used as a construction material are of volcanic origin, which

abound around the Chalchuapa Archaeological Zone,” said Shibata

(2005: 4). Nuevo Tazumal reveals a construction related to the central

core of Tazumal archaeological site, its inhabitants were probably

migrants from central Mexico.

Entre las principales piezas del patrimonio de

Tazumal está la Estela tallada, probablemente entre

el Clásico tardío y el Posclásico temprano, conocida

popularmente como “Virgen del Tazumal”.

Actualmente se encuentra en exhibición en el

Museo Nacional de Antropología, Dr. David J. Guzmán.

Among the main pieces the heritage of Tazumal is the

Carved Stelae, probably between the Late Classic and

the Early Postclassic. Popularly known as “Virgen del

Tazumal”. It is currenly on display in the Museo Nacional

de Antropología, Dr. David J. Guzmán.

130 131


Loma China

Vista del embalse de San Lorenzo en presa 15 de Septiempre

(ver mapa No. 13)

A la rivera del río Lempa, en Nueva Granada, y bajo las aguas de la presa San Lorenzo se encuentra el sitio Loma

China, en el que se identificaron 4 montículos pertenecientes al periodo Posclásico. (Amador, 2012: 27).

Entre 1980 y 1981, el arqueólogo Manuel Melgar realizó un rescate arqueológico en la presa, de la cual se extrajo

cerámica del tipo Plomizo Tohil, Policromo Nicoya y Naranja Fina. 21 puntas líticas y cuatro discos circulares de

piedra arenisca (Barrera, 2016: 34).

Según Paul Amaroli, Loma China es el sitio más informativo sobre la influencia del comercio con Tula en el

Posclásico, y los discos circulares obtenidos en su rescate arqueológico “constituían insignias de alto estatus y

relacionadas con el mundo tolteca” (2015: 258).

La investigación de Julián Barrera, sostiene que en Loma China “la práctica de los entierros estaban asociados

a un canje de elementos culturales entre los grupos Toltecas. También, se comprobó que los yacimientos de

obsidiana que más se explotaron para el comercio en la Zona Oriental se encuentran: El de Ixtepeque y El

Chayal (ambos en territorio guatemalteco en la actualidad). En lo que concierne a las puntas de flecha de

obsidiana gris y obsidiana verde proveniente de Pachuca (México) [de predominio de Tula]” (Barrera, 2016: 76).

Vaso plomizo con rostro humano en altorelieve.

Loma China, departamento de Usulután.

Plumbate ware vessel with detail human face relief.

Loma China, Usulután. (Ver en mapa No. 12)

In the archaeological site Loma China, four mounds belonging to the Postclassic Period were identified, this site

was located on the banks of the Lempa river, in Nueva Granada and due to the construction of the San Lorenzo

dam, it is currently under waters (Amador, 2012: 27).

Between 1980 and 1981, archaeologist Manuel Melgar carried out an archaeological rescue at the dam, from

which plumbate Tohil pottery, Nicoya Polychrome. 21lithic spearheads and four circular sandstone discs were

extracted (Barrera, 2016: 3. 4).

According to Paul Amaroli, Loma China is the most informative site on the influence of trade with Tula in the

Postclassic Period and the circular disks obtained in its archaeological rescue “constituted high status badges

and related to the Toltec world” (2015: 258).

Julian Barrera’s research argues that in Loma China “the practice of burials was associated with an exchange of

cultural elements among Toltec groups. Also, it was found that the obsidian deposits that were most exploited for

trade in the eastern region were Ixtepeque and El Chayal (both in the current Guatemalan territory). Regarding the

arrowheads of gray obsidian and green obsidian from Pachuca (Mexico) [predominantly Tula]” (Barrera, 2016: 76).

132 133


La isla de Igualtepeque

en el lago de Güija

Igualtepeque Island in Lake Güija

La isla de Igualtepeque, en el lago de Guija, fue ocupada durante

el Posclásico (900-1500 d.C). Documentada por Stanley Boggs en

el primer lustro de la década de 1940, en una exploración a su

pirámide principal.

Según Paul Amaroli (2006) en la orilla se localiza la mayor concentración

de petrograbados en roca volcánica conocida en Centroamérica, más

de doscientos (200). La investigadora Andrea Stone (2004) registró en

1997, 225 petrograbados, tallados cuidadosamente como si se tratara

de esculturas. Su investigación demostró que las tallas “sólo presentan

una influencia esporádica de los estilos artísticos mesoamericanos que

se dan en las regiones cercanas. La iconografía hace énfasis en los pájaros,

serpientes, ciervos, peces y otros componentes de la fauna, al igual que

en las figuras humanas esquemáticas, los rostros que miran al frente,

y otras formas no figurativas, en particular líneas sinuosas y círculos. El

estilo esquemático y el énfasis puesto en las aves estarían indicando

conexiones con Centroamérica meridional, que podrían inclusive

llegar hasta Costa Rica” (Stone, 2004: 1). Sin embargo, los arqueólogos

aún no han podido establecer una relación entre los petrograbados

y las estructuras arquitectónicas construidas en el Posclásico, dado

que, según Amaroli, ningún sitio del Posclásico identificado con la fase

Guazapa, posee petrograbados (Amaroli, 2006: 1).

The island of Igualtepeque, on Lake Guija, was occupied during the

Postclassic Period (900-1500 A.D.). Documented by Stanley Boggs in

the first five years of the 1940s in an exploration of its main pyramid.

According to Paul Amaroli (2006) the highest concentration of

carved boulders on volcanic rock in Central America is found on

the shore of this island, there are more than two hundred. In 1997

the researcher Andrea Stone (2004) recorded 225 petroglyphs,

carefully carved as if they were sculptures. Her research showed

that the carvings “only have a sporadic influence of Mesoamerican

artistic styles that occur in nearby regions. The iconography

emphasizes birds, snakes, deer, fish and other element of wildlife,

as well as schematic human figures, faces facing forward, and

other non-figurative forms, particularly sinuos lines and circles.

The schematic style and emphasis placed on birds would indicate

connections with southern Central America, which could even reach

Costa Rica” (Stone, 2004: 1). However, archaeologists have not yet

been able to establish a relationship between the petroglyphs and

the architectural structures built in the Postclassic Period, according

to Amaroli, since no Postclassic site identified with the Guazapa

phase has a carved boulders (Amaroli, 2006: 1).

Petrograbados en la isla de Igualtepeque,

Lago de Güija, municipio de Metapán, Santa Ana.

(Ver en mapa No. 8)

Carved boulders on Igualtepeque island,

Güija Lake, Metapán, Santa Ana.

134 135


Lago de Güija, Santa Ana.

La arquitectura del sitio fue identificada por Amaroli como fase Guazapa o Cihuatán (900-1200 d.C),

caracterizada por vínculos arquitectónicos con otros sitios en México, lo cual establece la relación con

la migración que originó el asentamiento de los pipiles en el actual territorio salvadoreño. En la isla

fueron encontrados también tiestos de cerámica del tipo plomizo Tohil, como los encontrados en otros

sitios que guardan la misma relación histórica del desplazamiento del centro de México. El saqueo en

la isla ha sido una constante y actualmente Igualtepeque se encuentra en riesgo de depredación por

la acción antrópica humano.

The architecture of the site was identified by Paul Amaroli as Guazapa or Cihuatán phase (900-1200 A.D.),

characterized by architectural links with other sites in Mexico, which establishes the relationship with the

migration that originated the settlement of the Pipiles in the current Salvadoran territory. Ceramic pots

of the Tohil-plumbate style were also found on the island, such as those found in other sites that have the

same historical relationship with the migration flows from central Mexico. Looting on the island has been

constant and currently Igualtepeque is at risk of predation due to human anthropic action.

En 1997 Andrea Stone registró

225 petrograbados en la isla de

Igualtepeque.

In 1997 Andrea Stone catalogued

225 carved boulders on the

Igualtepeque island.

136


El paisaje cultural salvadoreño fue espacio de constantes migraciones, que configuraron regiones culturales y

circuitos comerciales los espacios más productivos del territorio, que fueron primordialmente aprovechados

por los adelantados españoles que exploraron el actual El Salvador en el siglo XVI.

El final del período Posclásico tardío ha sido trazado por los arqueólogos por la llegada de las huestes del

adelantado Pedro de Alvarado, desde México Tenochtitlan y Guatemala, y estaban formadas por pueblos

indígenas mexicanos y guatemaltecos que decidieron aliarse con los españoles. Debido a los conflictos

bélicos como a las nuevas ocupaciones humanas, la cultura material de este período es poco conocida,

por lo que hay que tomar en cuenta el contacto entre los conquistadores y los conquistados. La cultura

material de este proceso podría ser denominada como “híbrida”, pues marca el desarrollo sincrético de

los modos de ser y hacer.

Quizá el mayor conocimiento sobre este espacio temporal pueda adquirirse de la etnohistoria, de los

pictogramas, de las narraciones elaboradas por los cronistas y de las visitas pastorales que documentaban y

registraban las poblaciones indígenas del territorio en los siglos XVI y XVII.

La cosmovisión de las antiguas civilizaciones que poblaron El Salvador no desapareció durante el proceso

colonizador y su principal herencia son las comunidades nahuat, lenca y kakawira, que siguen vivas en el país.

Aunque la arqueología estudia la cultura material del pasado, su vinculación con el presente y con comunidades

históricamente subalternas es innegable; por lo que para muchos arqueólogos sociales la aplicación de la

memoria como método se ha convertido en un imperativo científico.

El legado de este libro es recoger de la ciencia lo que define nuestras identidades y nos acompaña

cotidianamente en nuestro hacer, pensar y sentir como sociedad

The Salvadoran cultural landscape was a space of constant migrations, which configured the most productive spaces

of the territory in cultural regions and commercial circuits, which were primarily used by the Spaniards who explored

the current El Salvador in the sixteenth century.

The arrival of the Spanish conqueror Pedro de Alvarado, on his journey from Mexico Tenochtitlan and Guatemala

has been established by archaeologists as the end of the late postclassic period. The Spanish army was joined by

a group of Mexican and Guatemalan natives who decided to ally with them. Due to the warlike conflicts as to the

new human occupations, the material culture of this period is little known, so the contact between the conquerors

and the conquered must be taken into consideration. The material culture of this process could be called “hybrid”,

as it marks the syncretic development of ways of being and doing.

Perhaps the greatest knowledge about this time frame can be acquired from ethnohistory, from pictograms, from

narratives elaborated by chroniclers and from pastoral visits that documented and recorded the native populations

of the territory in the sixteenth and seventeenth centuries.

The worldview of the ancient civilizations that populated El Salvador did not disappear during the colonization

process and its main heritage is the Nahuat, Potón and Kakawira communities, which are still living in the country.

Although archeology studies the material culture of the past, its link with the present and historically subaltern

communities is undeniable. Therefore, for many social archaeologists, the application of memory as a research

method has become a scientific imperative.

The legacy of this book is to collect from science what defines our identities and accompanies us daily in our doing,

thinking and feeling as a society.

Vestigios de la herencia material, se pueden encontrar en

algunos lugares de nuestro territorio. En Guatajiagua aún se

elaboran comales de barro como en el siglo XVI.

Traces of material inheritance can be found in some places of

our territory. Mud Comals are still made in Guatajiagua as in

the sixteenth century.

138 139


Hacia una historia arqueológica

Towards an archaeological history

La arqueología, en tanto ciencia que estudia el pasado, ha sido utilizada políticamente

en América Latina, relacionada, sobre todo, a la creación y consolidación de una

identidad nacional. En el caso salvadoreño, la arqueología cumplió, a inicios del

siglo XX, la función de contar el relato nacional liberal dentro de una historia

centroamericana en la que el sentido de lo nacional fragmentó las relaciones

espaciales, políticas y culturales de Mesoamérica. Hace 150 años, muchas de las

explicaciones arqueológicas usadas por el Estado articularon una nación única con

un pasado ancestral glorioso. En este sentido, una legión de intelectuales y viajeros

escribió los primeros relatos fundacionales de los pueblos originarios de lo que

ahora es la República de El Salvador, y estas escrituras, entre la ciencia y la ficción,

han prevalecido incluso hasta nuestros días.

A pesar de que los registros más antiguos de investigación arqueológica se remontan

a la segunda mitad del siglo XIX, en este libro partimos del hallazgo de la ceniza

de la erupción de la caldera de Ilopango en 1917, para establecer el inicio de un

siglo de ciencia arqueológica en El Salvador. Este corte entra en discusión con los

planteamientos de los demás historiógrafos de la arqueología nacional, que han

puesto el acento en establecer cronologías de las experiencias de su propio oficio.

En la última década, una considerable producción publicada por Heriberto Erquicia,

Marlon Escamilla, Fabricio Valdivieso, Federico Paredes, Paul Amaroli y Fabio Amador,

entre otros, demuestra el interés de los arqueólogos por comprender la historia de

su disciplina.

Este capítulo ha sido estructurados en complementación a la primera parte,

en la que se abordan los principales hallazgos y propuestas de la producción

arqueológica respecto a los sitios de mayor investigación e importancia histórica

del país. Las temporalidades propuestas para escribir una historia de la arqueología

en El Salvador buscan cruzar el proceso histórico de esta ciencia en consonancia

con la historia nacional.

Archeology, as a science that studies the past, has been used politically in Latin

America, related, above all, to the creation and consolidation of a national identity.

In El Salvador, archeology fulfilled, at the beginning of the twentieth century, the

function of telling the national liberal story within a Central American history in which

the sense of the national fragmented the spatial, political and cultural relations of

Mesoamerica. 150 years ago, many of the archaeological explanations used by

the State, articulated a unique nation with a glorious ancestral past. In this sense, a

legion of intellectuals and travelers wrote the first foundational stories of the original

peoples of what now constitudes the Republic of El Salvador, and these writings,

between science and fiction, have prevailed until today.

Although the oldest records of archaeological research date back to the second

half of the nineteenth century, in this book we start from the discovery of the

ash from the eruption of the Ilopango caldera in 1917, to establish the beginning

of a century of Archaeological science in El Salvador. This can cause divergence

with the approaches of the other historiographers of the national archeology, who

have put the emphasis on establishing chronologies from a different perspective.

In the last decade, a considerable production of studies published by Heriberto

Erquicia, Marlon Escamilla, Fabricio Valdivieso, Federico Paredes, Paul Amaroli

and Fabio Amador among others, demonstrates the interest of archaeologists in

understanding the history of their discipline.

This chapter has been structured as a complement to the first part, which deals

with the main findings and proposals of archaeological production regarding the

sites of greatest research and historical importance in the country. The proposed

temporalities to write a history of archeology in El Salvador seek to cross the historical

process of this science in line with national history.

Sitio arqueológico Cihuatán, municipio de Aguilares,

departamento de San Salvador.

140 141


Ilustraciones del libro Le Salvador Précolombien.

F. de Montessus de Ballore, 1891.

Ilustrations of the book Le Salvador Précolombien.

F. de Montessus de Ballore, 1898.

Tiempos propios para un pasado común

Time frames for a common past

En su libro, Antiguas Civilizaciones, William Fowler propone cuatro

episodios para el estudio de la arqueología, basado en Gordon R.

Willey y Jeremy Asabloff: Especulativo (1492-1840); Clasificatorio

Descriptivo (1840-1914); Clasificatorio-Histórico (1914-1960) y

Explicativo (1960-presente), que responden a las actividades y modos

de pensar predominantes en cada época (Fowler, 1995: 2).

El primer periodo, de 1492 a 1840, de orden especulativo, recurre

a fuentes etnográficas, etnohistóricas y lingüísticas creadas durante

el proceso de conquista del siglo XVI, en el que los vestigios de las

antiguas civilizaciones pertenecían al presente de forma tangible y

sus historias eran recopiladas desde fuentes orales. En el periodo

clasificatorio descriptivo, de 1840 a 1914, se traza una periodización

basada en la aplicación de ciencias modernas, como la geología, la

biología, el positivismo. Este periodo está basado en la Modernidad,

como gran proceso histórico que transforma el quehacer científico.

El episodio clasificatorio histórico, de 1914 a 1960, se establece

alrededor de una preocupación cronológica y metodológica, en el que

es introducido el método estratigráfico como método científico. El

último periodo, el explicativo, comienza en 1960 y llega a la actualidad,

está relacionado a procesos de cambio cultural; para El Salvador,

Fowler sostiene que se establecieron investigaciones con perspectiva

interregional, para la que se crearon secuencias cerámicas, regiones y

fases (Fowler, 1995: 6-20).

Lo que propone este capítulo es establecer cuatro periodizaciones

que ponen el acento en la historia de El Salvador, desde la perspectiva

política y social, para comprender el quehacer arqueológico, la

circulación de las ideas y la historia intelectual; es decir que la

arqueología se convierte en una Fuente de la Historia. Articular una

historia arqueológica desde esta perspectiva sostiene una ruptura

con el presentismo; es decir, con el recurso de mirar un proceso

histórico con los ojos del presente, con el fin de descontextualizar los

procesos científicos en su época.

Las periodizaciones recurren al establecimiento de una cronología en

la que ciertos hitos o procesos significativos representan los cortes

cronológicos, por lo que no obedecen a una duración homogénea

de décadas, cuartos de siglo, etc. Cada periodización está planteada

desde tres aspectos: las miradas sobre la nación, las metodologías

empleadas y las perspectivas historiográficas. Estos periodos

corresponden a un diálogo con la historia nacional de 1850 a 1926;

de 1926 a 1960; de 1960 a 1993 y de 1993 a la actualidad. Este es

un aporte de esta investigación para estimular las discusiones sobre

la arqueología nacional.

In his book, Ancient Civilizations, William Fowler proposes four time

frames for the study of archeology, based on Gordon R. Willey and Jeremy

Asabloff: Speculative (1492-1840); Descriptive Qualifier (1840-1914);

Classificatory-Historical (1914-1960) and Explanatory (1960-present),

which respond to the predominant activities and ways of thinking in each

time frame (Fowler, 1995: 2).

The first time frame, from 1492 to 1840, is of Speculative order,

and is based on ethnographic, ethnohistoric and linguistic sources

created during the spanish conquest in the sixteenth century, in which

the vestiges of the ancient civilizations belonged to the present in

a tangible way and their stories were collected from oral sources.

In the Descriptive classification time frame, from 1840 to 1914, a

periodization based on the application of modern sciences, such as

geology and biology took place. This period is based on Modernity,

as a great historical process that transforms scientific work. The

Historical classification time frame, from 1914 to 1960, is established

based on chronological and methodological investigations, in which

the stratigraphic method is introduced as a scientific method. The

last time frame, the Explanatory, is from 1960 until today, is related

to processes of cultural change. Fowler argues that in El Salvador,

investigations with an interregional perspective were established, for

which ceramic sequences, regions and phases were created (Fowler,

1995: 6-20).

In this chapter we propose to establish four periodizations that

emphasize El Salvador’s history, from a political and social perspective,

to understand archaeological work, the circulation of ideas and

intellectual history; that is to say that archeology becomes a Source

of History. Articulating an archaeological history from this perspective

differs with presentism; which consists in evaluating a historical process

with the eyes of the present, in order to decontextualize the scientific

processes in its time.

The periodizations are based on the establishment of a chronology

in which certain significant milestones or processes represent the

chronological cuts, so they do not obey a homogeneous measurement

of time lapses such as decades, quarters of a century, etc. Each

periodization is based on three aspects: the vision of the nation, the

methodologies used and the historiographic perspectives. These time

frames correspond to a dialogue with the national history from 1850

to 1926; from 1926 to 1960; from 1960 to 1993 and from 1993

to the present. This is a contribution of this research to stimulate

discussions about national archeology.

142 143


Vista panorámica del patio del

sitio Tazumal, rodeado con las

estructuras B-1a y B-1b.

Fotografía tomada del Museo

de Sitio arqueológico Tazumal.

Panoramic view of the couryard,

surrounded by structures B1-1a

and B1-1b.

Photo from Tazumal Museum.

Vista de las excavaciones en El Trapiche.

Fotografía tomada del Museo de Sitio arqueológico Tazumal.

Foto de una osamenta de las 33 encontradas como sacrificio en la estructura E3-7

en El Trapiche. Está exhibida en el sitio arqueológico Casa Blanca, Chalchuapa.

One of the 33 sacrifices offered to Structure E3-7, El Trapiche site. Showed in Casa Blanca

Archaeological site, Chalchuapa.

Entre 1850 y 1926, la investigación arqueológica tuvo una relación

directa con la formación del estado nacional. En este sentido, puede

iniciar con la Estadística general de la República de El Salvador,

publicada en 1858 por Ignacio Gómez, en el contexto del recién

fundado Estado de El Salvador después de la disolución federal.

Gómez registró espacios habitados por pueblos nahuas y registró

como “ruinas” los vestigios prehispánicos (Erquicia, 2013). Mucha

de la producción arqueológica del período fue descrita por viajeros

que buscaban en Centroamérica la extensión o las relaciones de

los imperios mexicanos, mayas o mexicas. Su escritura está basada

en una transición de la narrativa nacional épica, al método científico,

como la obra de Ephraim G. Squire, enviado por Estados Unidos

a conocer los procesos de las naciones centroamericanas (Lindo

Fuentes, 2000) o la publicación de El Salvador Precolombine, de

Brasseur de Bourbourg, entre otras publicaciones del siglo XIX.

Esta periodización termina en 1926 con la publicación sobre el

análisis estratigráfico de Jorge Lardé Arthés y Sammuel K. Lothrop,

cuyo análisis del hallazgo, en 1917, de la ceniza volcánica de la

erupción del Ilopango (Fowler, 2015). Herbert J. Spiden (1915)

estableció cinco periodos para una cronología arqueológica

precolombina. Tanto el trabajo de Spiden como el de Lardé y

Lothrop constituyeron la fuente para los estudios posteriores

que acuñarían el análisis de la Tierra Blanca Joven. Dentro de la

dinámica nacional, la cultura política salvadoreña había encaminado

su discurso hacia una nación mestiza, en la que el pasado indígena

respondía a la paradoja de crear el futuro desde el pasado, pero

sin el presente, que se traducía en el debate del pasado ancestral

y mítico frente a las necesidades políticas de los pueblos indígenas

contemporáneos representados por muchos pensadores, como

David Joaquín Guzmán (1915),quienes consideraban al indígena

como retraso al progreso de la nación moderna.

From 1850 to 1926, archaeological research had a direct relationship

with the formation of the national state. In the context of the newly

founded State of El Salvador after the federal dissolution, a good starting

point is the document “General Statistics of the Republic of El Salvador”,

published in 1858 by Ignacio Gómez, where he registered territories

inhabited by Nahua peoples and pre-Hispanic vestiges were recorded

as “ruins”. (Erquicia, 2013). Much of the archaeological production of

this time frame was described by travelers seeking in Central America

the extension or relations of Mexica, Mayan or Mexican empires. Their

documentation is based on a transition from the epic national narrative,

to the scientific method, such as the work of Ephraim G. Squire, who

was sent by the United States to know about the processes of the

Central American nations (Lindo Fuentes, 2000) or the publication

of El Salvador Precolombine, by Brasseur de Bourbourg, among other

publications of the nineteenth century.

This periodization ends in 1926 with the publication of the stratigraphic

analysis carried out in 1917 by Jorge Lardé Arthés and Sammuel K.

Lothrop, and his analysis of the finding of volcanic ash from the Ilopango

eruption, (Fowler, 2015). Herbert J. Spiden (1915) established five

periods for a pre-Columbian archaeological chronology. Both Spiden and

Lardé and Lothrop’s work constituted the source for further studies that

would coin the Tierra Blanca Joven (TBJ) analysis. Within the national

dynamic, Salvadoran political culture had directed its discourse towards

a mestizo nation, in which the indigenous past responded to the paradox

of creating the future from the past, but without consideration of the

present time, which resulted in the debate of an ancestral and mythical

past facing the political needs of contemporary indigenous peoples.

Many thinkers, such as David Joaquín Guzmán (1915), considered the

indigenous as a delay to the progress of the modern nation.

144 145


Restauración de la escalinata principal

del Edificio de las Columnas (B1-1d)

Sitio arqueológico Tazumal.

Fotografía tomada del Museo de Sitio

arqueológico Tazumal.

Restoration of the main staircase of

Edificio de las Columnas (B1-1d) Tazumal

archaeological site.

Photo from Tazumal Museum.

Uno de los entierros denominado Tumba 14, fue colocado al pie del Edificio de las Columnas, registrándose

más de dos individuos asociados con diversas ofrendas como vasijas de cerámica, candeleros (objeto

característico de la Cultura Teotihuacana del Altiplano de México), un incensario de piedra, metales, manos,

entre otros. Se supone que los entierros de la Tumba 14 fueron sacrificios al momento de construir una

nueva estructura (BI-Id-V) que cubre las anteriores. Con base al estilo de cerámica asociada en los entierros

de la Tumba 14, ésta, pertenecería al Período Clásico Temprano (300 d.C. - 600 d.C.).

One of the burials called Tomb 14, was placed at the foot of the Building of the Columns, registering more

than two individuals associated with various offerings such as ceramic vessels, candlesticks (characteristic

object of the Teotihuacan Culture of the Highlands of Mexico), a stone censer, metals, hands, among others. It

is assumed that the burials of Tomb 14 were sacrifices at the time of building a new structure (BI-Id-V) that

covers the previous ones. Based on the ceramic style associated with the burials of Tomb 14, it would belong

to the Early Classic Period (300 A.D. - 600 A.D.).

Entre 1926 y 1960, se desarrolló un proceso de institucionalización

de la arqueología, que puso el acento en la construcción de

un andamiaje para su estudio vinculado al Estado mediante la

fundación de instituciones como el Departamento de Historia del

Museo Nacional de Antropología (1928) y del Departamento de

excavaciones arqueológicas (1960) (Valdivieso, 2010), hechos que

marcan los cortes de la temporalidad.

En 1928, Antonio Sol pasó a dirigir el Departamento de

arqueología del museo nacional, donde se crearon los primeros

depósitos de piezas y materiales culturales; el primer proyecto

de investigación científica del departamento fue sobre el sitio

de Cihuatán, en 1929. Posteriormente este departamento fue

dirigido por Tomás Fidias Jiménez y Stanley Boggs.

En este periodo se realizaron los mayores hallazgos y aportes para

la comprensión de la expansión de los pueblos originarios en el

actual El Salvador, como Tazumal y San Andrés, en la década de

1940, se construyeron los primeros museos de sitio, el registro de

colecciones privadas y la publicación de materiales especializados

sobre lingüística y arqueología, como las revistas La Cofradía y la

continuidad de los Anales del Museo.

En 1944, John M. Longyear realizó una cartografía de sitios

arqueológicos como Tazumal, Los Llanitos, Cihuatán, entre otros. En

1958, Wolfgang Haberland estudió la Gruta del Espíritu Santo, en

Corinto, en Morazán (Escamilla, 2015).

En el ámbito formativo nacional, desde el siglo XIX y aún en ese

periodo, las exploraciones y análisis eran llevadas a cabo por lingüistas,

antropólogos, etnógrafos, escritores, abogados y arqueólogos empíricos,

nutridos por la influencia de los arqueólogos estadounidenses

establecidos en el país, como Stanley Boggs, cuyo trabajo constituye la

mayor tradición metodológica en el país dada su larga duración en la

dirección de proyectos arqueológicos nacionales.

From 1926 to 1960, an institutionalization process of archeology was

developed, linked to the State through the founding of institutions such

as the Department of History of the Museo Nacional de Antropología

(1928) and the Department of archaeological excavations (1960)

(Valdivieso, 2010).

In 1928, Antonio Sol was the director of the Department of archeology

of the national museum, where the first deposits of cultural pieces

and materials were created. The department’s first scientific research

project was on the Cihuatán site in 1929. Subsequently, this department

was directed by Tomás Fidias Jiménez and Stanley Boggs.

During this period, the greatest findings and contributions for

understanding the expansion of the original peoples in present-day

El Salvador were made, such as Tazumal and San Andrés. In the

1940s, the first museums of archaeological sites were built, the

registration of private collections and the publication of specialized

materials on linguistics and archeology, such as the magazines La

Cofradía and the continuity of Anales del Museo were made.

In 1944, John M. Longyear mapped archaeological sites such as Tazumal,

Los Llanitos, Cihuatán, among others. In 1958, Wolfgang Haberland

studied the Espiritu Santo Grotto, in Corinto, Morazán (Escamilla, 2015).

In the national formative field, since the nineteenth century and

even in this period, the explorations and analysis were performed by

linguists, anthropologists, ethnographers, writers, lawyers and empirical

archaeologists, nourished by the influence of American archaeologists

established in the country, like Stanley Boggs, whose work constitutes

the greatest methodological contribution in the country, due to his

prolonged work in the direction of national archaeological projects.

146 147


Sitio arqueológico Joya de Cerén.

Excavaciones en el sitio arqueológico Joya de Cerén,

2008, Proyecto de cubiertas en los complejos 3-4.

De 1960 a 1993 se desarrollaron proyectos de excavación e

investigación basadas ya en el concepto de regiones culturales

mencionado por Fowler en su análisis de periodizaciones. Algunas

de estas experiencias fueron ejecutadas durante la guerra civil

(1980-1992). Marlon Escamilla (2012, 2013 y 2015) ha realizado un

esfuerzo significativo para recoger cronológicamente las mayores

investigaciones del periodo y las tendencias metodológicas. En

este sentido, Escamilla y Fowler (2013) que señalan que en la

década de 1960, se desarrollaron dos importantes proyectos de

investigación arqueológica, el Proyecto Chalchuapa, en occidente,

dirigido por Robert J. Sharer; y el Proyecto Quelepa, en oriente,

a cargo de Wyllys Andrews. Ambos crearon secuencias cerámicas

para establecer cronologías respecto a la producción, comercio y

circulación cerámica en el territorio del actual de El Salvador y

comprender los vínculos con pueblos de al norte de México y al

sur de Centroamérica.

En 1978, en un predio agrícola destinado a la urbanización en Opico,

se realizó el hallazgo de lo que posteriormente sería llamado Joya

de Cerén, el único sitio arqueológico del país que registró la vida

cotidiana del pueblo maya, conservado excepcionalmente por la

ceniza arrojada por la erupción de Loma Caldera. Este hallazgo

y su investigación posterior, dirigida por Payson Sheets, marcaron,

teórica y metodológicamente, el quehacer de la arqueología en

Mesoamérica, especialmente por introducir el análisis del paisaje

cultural y agrario y la arqueología doméstica (Sheets, 1993).

La década de 1970 registró un auge de proyectos arqueológicos

ejecutados por la academia estadounidense, pero publicados hasta

la década de 1980, entre ellos las investigaciones de Karen Bruhns

en Cihuatán, de 1977 a 1978 y en 1980; las exploraciones de

William Fowler y Howard Earnest, en 1985 en Cerrón grande; el

proyecto Protoclásico de Payson Sheets en el Valle de Zapotitán, en

1986; El proyecto “Pipil Nicarao in Central America”, dirigido por

William Fowler en 1989; las exploraciones de Arthur Demarest en

1986 en Santa Leticia, Ahuachapán. Para la década de 1980, década

de la guerra civil, es importante destacar las investigaciones de Paul

Amaroli, especialmente con su proyecto “Cuscatlán”, además de

su trabajo junto a Manuel Murcia y Jorge Mejía en Cara Sucia en

1984. El proyecto “Izalco”, de William Fowler, fue desarrollado la

misma década (Escamilla, 2015). Muchos de estos proyectos, como

otros realizados en el periodo anterior, fueron posibles debido a la

subvención de universidades estadounidenses en los proyectos de

sus estudiantes.

En 1993, Joya de Cerén fue nombrada Patrimonio de la

Humanidad por la UNESCO. Ese mismo año, la Asamblea

Legislativa decretó la Ley Especial del Patrimonio Cultural, el marco

legal de las investigaciones arqueológicas en El Salvador, y, por

tanto, fundamental en el desarrollo de la arqueología. Estos dos

acontecimientos establecen hitos definitorios que marcan el fin del

proceso histórico de este periodo.

From 1960 to 1993 excavation and research projects were carried

out based on the concept of cultural regions mentioned by Fowler in his

periodization analysis. Some of these during the civil war (1980-1992).

Marlon Escamilla (2012, 2013 and 2015) has made a significant

effort to chronologically collect the largest investigations of the period

and methodological trends. Escamilla and Fowler (2013) point out that,

in the 1960s, two important archaeological research projects were

developed, the Chalchuapa Project, in the west, directed by Robert J.

Sharer; and the Quelepa Project, in the east, by Wyllys Andrews.

Both created ceramic sequences to establish chronologies regarding the

production, trade and ceramic circulation in the territory of present-day

El Salvador and through these analyzes, to understand the links with

peoples of Mexico to the north, and Central America to the south.

In 1978, in an agricultural property that had been destined for urban

development in San Juan Opico, the discovery of what would later be

called Joya de Cerén was made, the only archaeological site in the

country that recorded the daily life of the Mayan people, conserved

exceptionally by the ash thrown by the eruption of Loma Caldera.

This finding and its subsequent research, directed by Payson Sheets,

marked, theoretically and methodologically, archeology in Mesoamerica,

especially for introducing the analysis of the cultural and agrarian

landscape and domestic archeology (Sheets, 1993).

The 1970s recorded a boom in archaeological projects executed by the

American academy, but published until the 1980s. Among the most

prominent are: the investigations of Karen Bruhns in Cihuatán, from

1977 to 1978 and in 1980; the explorations of William Fowler and

Howard Earnest, in 1985 in Cerrón Grande; the Protocol of Payson

Sheets in the Zapotitán Valley, in 1986; the “Pipil Nicarao in Central

America”, a project directed by William Fowler in 1989 and the

explorations of Arthur Demarest in 1986 in Santa Leticia, Ahuachapán.

In 1993, Joya de Cerén was declared as a World Heritage Site

by UNESCO. That same year, the Congress enacted the Special

Law on Cultural Heritage, which established the legal framework

for archaeological research in El Salvador. These two events

establish defining milestones that mark the end of the historical

process of this period.

For the 1980s, the decade of the Salvadoran civil war, it is important

to highlight Paul Amaroli’s research, especially his “Cuscatlan”

project, so as his work with Manuel Murcia and Jorge Mejía in

Cara Sucia in 1984 and the “Izalco” project by William Fowler

(Escamilla, 2015). Many of these projects, like others carried

out in the previous period, were possible due to the subsidy of

American Universities in their student’s projects.

148 149


From 1993 to the present. Sources, historical debates and national

academy. The signeage of the Peace Accords in 1992 marked a

process of state transformation through the consolidation of democracy

as a political process. In this time frame, there was a flourishing of

academic and cultural activities, such as the creation of cultural and

heritage foundations, the emergence of magazines and cultural spaces

and among others (Salamanca, 2017).In 1995 the University of San

Jorge created for the first time in the country the carrer of Archeology

(Erquicia y Paredes, 2013; Escamilla, 2015). This career became part

of the curriculum of the Universidad Tecnológica de El Salvador. due

to the closure the Universidad de San Jorge. This was the first time,

in a century of archaeological practice, that Salvadoran students had

the possibility to became archaeologists in their own country. In the

previous decades, the formal study of archeology should be carried out

abroad, in Guatemala, Mexico and the United States. The foundation of a

career of archeology led to the formation of an intellectual class, the creation

of a job opportunities and the development of academic spaces such as

congresses and colloquiums.

Complejo Estela-Altar de sitio arqueológico Tapalshucut, Izalco.

De 1993 a la actualidad. Fuentes, debates históricos y academia

nacional. La firma de los Acuerdos de paz, en 1992 marcó un

proceso de refundación del Estado a través de la consolidación

de la democracia como proceso político. En este periodo, se

reportó un florecimiento de actividades académicas y culturales,

como la fundación de revistas, espacios y fundaciones culturales

y patrimoniales, entre otras (Salamanca, 2017). En 1995, fue

fundada la primera carrera de Arqueología en el país (Erquicia y

Paredes, 2013; Escamilla, 2015), inicialmente en la Universidad de

San Jorge. Al cierre de la Universidad, la carrera pasó a ser parte

del plan de estudios de la Universidad Tecnológica de El Salvador.

Esta fue la primera vez, en un siglo de práctica arqueológica, que

los estudiantes salvadoreños tuvieron la posibilidad de formarse

profesionalmente como arqueólogos en su propio país. En las

décadas anteriores, el estudio formal de la arqueología generó

migraciones académicas, hacia Guatemala, México y Estados

Unidos, lo cual formó una masa crítica dispersa. La fundación

de una carrera supuso propició la formación de una clase

intelectual, la creación de una bolsa de trabajo y el desarrollo

de espacios académicos, congresos y coloquios.

Desde 1995 hasta la actualidad, los graduados han realizado

aportes sobre arqueología, especialmente prehispánica, en diálogo

con lo que puede considerarse una tradición arqueológica basada

con la escuela estadounidense, en este sentido, también puede

señalarse que muchos de los estudios de arqueólogos graduados

están encaminados a explorar la investigación en el oriente del

país, para romper con el mito historiográfico de un complejo

desarrollo mesoamericano únicamente en la zona occidental de El

Salvador. En 2009, fue significativa la edición del Atlas arqueológico

de oriente, dirigido por el arqueólogo Fabio Amador. También en

este periodo son sustantivos los aportes de la escuela japonesa

de arqueólogos en proyectos de investigación en sitios como El

trapiche, Casa Blanca y Tazumal, Chalchuapa, entre otros.

En cuanto a la administración de los sitios que pertenecen al

Estado algunos son investigados y administrados por FUNDAR,

la Fundación Nacional de Arqueología de El Salvador, que desde

1996 ha desarrollado investigaciones en sitios significativos, como

Cihuatán. FUNDAR ha generado también una masa crítica al crear

un fondo documental de la producción arqueológica histórica en

su página web.

Con respecto a la cultura editorial, en 2005, fue lanzada la revista El

Salvador investiga, del Departamento de Arqueología, del entonces

Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), la

revista solo fue activa durante la gestión 2004-2009.

Como han anotado varios arqueólogos, la academia se enfrenta a un

contexto nacional adverso pero sobre todo a riesgos relacionados

al saqueo, el coleccionismo ilegal y el hurto de piezas arqueológicas.

Sobre el saqueo, además de depredar el patrimonio nacional, se

desata un proceso de descontextualización de las piezas y por

tanto de pérdida de conocimiento científico y memoria. Otro reto

significativo es la integración del paisaje cultural y los espacios de

investigación de excavaciones con los pueblos originarios, tanto

en su representatividad histórica y política y como parte de las

comunidades que habitan los espacios explorados. La investigación

de la arqueología nacional ha aumentado considerablemente

en el último cuarto de siglo, sin embargo, en producción es

considerablemente asimétrica en materia de género. Por lo que es

importante señalar crear los espacios y reconocer el aporte de las

mujeres, valioso pero poco visible, durante un siglo de investigación

en el su trabajo ha estado relacionado a funciones como la

traducción, la gestión y administración de proyectos y la docencia.

Stelae-Altar complex of archaeological site Tapalshucut, Izalco.

Figurilla, proyecto arqueológico Ataco.

From 1995 to the present, archaeologists graduated in El Salvador have

made contributions on archeology, especially pre-Hispanic, in dialogue

with what can be considered an archaeological tradition based on the

American Academy. Many of their studies are aimed at exploratory

research in the east of the country, to break with the historiographic

myth that only the western area of El Salvador was part of the complex

Mesoamerican development. The edition of the Archaeological Atlas of

the East, directed by the archaeologist Fabio Amador in 2009 was very

significant. Also relevant are the contributions of the Japanese school

of archaeologists in research projects in sites such as El Trapiche, Casa

Blanca and Tazumal, among others.

Some of the archaeological sites that belong to the State are investigated

and administered by FUNDAR, the Fundación Nacional de Arqueología

of El Salvador, which since 1996 has conducted research in significant

sites, such as Cihuatán. FUNDAR has also generated a critical mass

by creating a documentary collection of historical archaeological

production on its website.

Regarding to editorial support for archeology, the Departamento

de Arqueología of the Consejo Nacional para la Cultura y el Arte

(CONCULTURA) launched in 2005 the magazine El Salvador Investiga

that was only in circulation during the 2004-2009 administration.

As several archaeologists have pointed out, archeology faces an adverse

national context, but the main risk is related to looting, illegal collecting

and theft of archaeological pieces. Looting not only depredates the

national heritage, but unleashes a process of decontextualization of

the pieces and therefore of loss of scientific knowledge and cultural

memory. Another significant challenge is the integration of the cultural

landscape and excavation research spaces with native peoples, both

in their historical and political representativeness and as part of the

communities that inhabit the explored areas. The research of national

archeology has increased considerably in the last quarter of a century,

however, in production it is considerably asymmetric in terms of gender.

It is important to point out the need to create spaces and recognize the

contribution of women, valuable, but not very visible, during a century of

research in their work has been related to functions such as translation,

project management and administration and teaching.

150 151


La arqueología en El Salvador ha especializado cada vez más

sus campos de estudio. Para este periodo, los proyectos sobre

vulcanismo e historia ambiental de Payson Sheets y Robert Dull

sobre las erupciones volcánicas, especialmente de la caldera de

Ilopango, han marcado la aproximación al paisaje cultural y la

historización del territorio. También, como ha señalado Escamilla

(2012), la arqueología nacional ha ampliado sus líneas de

investigación, desde la perspectiva colonial, industrial, histórica, etc.

Las nuevas brechas de investigación de la arqueología subacuática

precolombina (Escamilla) e industrial (Gallardo, 2016) también

se relacionan directamente con las comunidades respecto a

la conservación de la memoria. Sobre este nuevo campo de

investigación en El Salvador, una de las preocupaciones de Roberto

Gallardo (2016) ha señalado los riesgos de la desprotección del

patrimonio cultural marítimo y la amenaza de pérdida de estos

objetos de investigación; Escamilla (2012), por su parte, lo considera

un recurso metodológico y una fuente de investigación de mayores

proyecciones científicas para el país.

Ofrenda cerámica del entierro

1 del sitio arqueológico

Verapaz, San Vicente.

Periodo Preclásico medio.

Los debates historiográficos recientes están encaminados a

establecer temporalidades de las migraciones del Posclásico

(Escamilla, 2012; Amaroli, 2015, Valdivieso, 2005), periodo del que

además existen pocos registros tangibles, ya que muchos espacios

fueron repoblados o refundados por los españoles en la conquista

y colonización del país. Un gran aporte para las relaciones con la

cultura maya en el occidente del país en el Posclásico temprano son

los trabajos de Shibata (2005-2019) para la zona de Chachuapa;

y de Paredes (2012-2019) para la sierra de Apaneca, para el

Preclásico tardío.

Uno de los temas que aún es crucial en el debate de la arqueología

es respecto a las ocupaciones y los desplazamientos migratorios.

Respecto a la divulgación sobre las ocupaciones de las antiguas

civilizaciones, los estudios de los primeros tres periodos siguen

siendo fundamentales para establecer continuidades culturales o

rupturas históricas. En este sentido, los trabajos sobre el Preclásico

de Stanley Boogs, Shione Shibata, Federico Paredes, entre otros,

demuestran las influencias del estilo olmeca y de la ocupación

maya en la región occidental del país. Una investigación reciente

de Ito (2018), localizó fragmento de una nueva estela en la zona

de El Trapiche, por lo que los sitios arqueológicos continúan siendo

espacios importantes para la investigación. Para comprender los

procesos económicos y culturales en el Clásico, Claudia Alfaro

Moisa (2013) ha estudiado la relación comercial y política con

Copán, en Honduras, mediante el comercio de cerámica copador

de la fase Payu (650-900 d. C) en Chalchuapa, Joya de Cerén, San

Andrés y Madreselva. Para el Posclásico, Escamilla y Fowler (2013)

han señalado migraciones nahuas en el Posclásico en la Cordillera

del bálsamo. Según Erquicia (2012), en el Posclásico temprano,

Chalchuapa era un pueblo pipil, y los hablantes de poqoman

llegaron a dominar a este pueblo entre el período Posclásico tardío

y la conquista (43).

En Tazumal, el estudio de Valdivieso (2005) sobre la construcción de

la pirámide B1-1 demuestra una nueva construcción y ocupación

en el Posclásico. Más evidencias de la influencia mexicana basadas

en el culto a Tlalóc, Ehécatl y Xipe Tótec son aún pendientes de

una ampliación analítica para comprobar la relación con los grupos

migrantes mexicanos nahuas, como ha señalado Amaroli (2015).

Fowler, quien ha estudiado los debates historiográficos entre Walter

Lehmman, Eric S. Thompson y Wigberto Jiménez Moreno sobre las

Diferentes vistas del proceso de excavación de un entierro y sus

respectivas ofrendas cerámicas del periodo preclásico medio en el

sitio arqueológico Verapaz, departamento de San Vicente.

Different views of the burial excavation process and their respective

ceramic offerings of the Middle Formative period at the archaeological

site Verapaz, San Vicente.

migraciones nahuas que desde México originaron el asentamiento

de una cultura conocida posteriormente como pipil, estima un

fechamiento aproximado del año 800 d.C. para estas migraciones

(1995: 147); sin embargo, ha advertido que “no hay ningún indicio

arqueológico de la presencia de los pipiles en El Salvador durante

el clásico tardío” (1995: 147), por lo que el tema requiere de una

mirada interdisciplinaria.

Para terminar, la arqueología ha demostrado, en un siglo de

producción científica, que el estudio del pasado es un imperativo

para la construcción del futuro y constituye actualmente una de

las fuentes más ricas para los estudios interdisciplinarios en el país,

desde la economía agraria hasta la lingüística.

Archeology in El Salvador has increasingly specialized its fields

of study. For this periodtime frame, the projects on volcanism and

environmental history of Payson Sheets and Robert Dull on volcanic

eruptions, especially the caldera of Ilopango, have marked the

approach to the cultural landscape and the historicization of the

territory. National archeology has expanded its lines of research,

from a colonial, industrial, historical perspective, etc. The new research

gaps of pre-Columbian (Escamilla 2012) and industrial underwater

archeology (Gallardo, 2016) also relate directly to communities

regarding memory conservation. On this new field of research in El

Salvador, one of Roberto Gallardo’s concerns (2016) has pointed out

the risks of the lack of protection of the maritime cultural heritage

and the threat of loss of these research objects; Escamilla (2012),

meanwhile, considers it a methodological resource and a source of

research for major scientific projections for the country.

Recent historiographic debates are aimed at establishing temporalities

of Postclassic migrations (Escamilla, 2012; Amaroli, 2015, Valdivieso,

2005), period of which there are also few tangible records, since

many spaces were repopulated or refounded by the Spaniards in

the conquest and colonization of the country. A great contribution to

relations with the Mayan culture in the west of the country in the Early

Postclassic Period are the investigation of Shibata (2005-2019) for the

Chachuapa area; and Paredes (2012-2019) for the Sierra of Apaneca,

for the Late Formative Period.

One of the crucial issues in the archeology debate is regarding

occupations and migratory movements. Regarding the dissemination

of the occupations of the ancient civilizations, studies of the first

three periods remain fundamental to establish cultural continuities or

historical ruptures. In this sense, the works on the Formative of Stanley

Boogs, Shione Shibata, Federico Paredes, among others, demonstrate

the influences of the Olmec style and the Mayan occupation in the

western region of the country. A recent investigation by Ito (2018),

Ceramic offering of burial

1 of the archaelogical site

Verapaz, San Vicente.

Middle Formative Period.

located a fragment of a new stelae in El Trapiche, so archaeological

sites continue to be important spaces for research. To understand the

economic and cultural processes in the Classic Period, Claudia Alfaro

Moisa (2013) has studied the commercial and political relationship

with Copán, in Honduras, through the trade of ceramic of the Payu

phase (650-900 A.D.) in Chalchuapa, Joya de Cerén, San Andrés and

Madreselva.

For the Postclassic, Escamilla and Fowler (2013) have pointed out

Nahua migrations in the Postclassic in the Balsam Range. According

to Erquicia (2012), in the early Postclassic period, Chalchuapa was a

Pipil people, village and poqoman speakers came to dominate them

between the late Postclassic Period and the conquest (43). In Tazumal,

Valdivieso’s (2005) study on the construction of the B1-1 pyramid

demonstrates a new construction and occupation in the Postclassic.

More evidence of Mexican influence based on the cult of Tlaloc,

Ehecatl and Xipe Totec are still pending an analytical expansion to

verify the relationship with Mexican Nahua migrant groups, as Amaroli

(2015) has pointed out. Fowler, who has studied the historiographical

debates between Walter Lehmman, Eric S. Thompson and Wigberto

Jiménez Moreno on the Nahua migrations that originated from the

settlement of a culture later known as Pipil, estimates an approximate

date of 800 A.D. for these migrations (1995: 147); However, he has

warned that “there is no archaeological evidence of the presence of

the Pipiles in El Salvador during the Late Classic” (1995: 147), so the

subject requires an interdisciplinary look.

In a century of scientific production, Archeology has demonstrated that

the study of the past is an imperative for the construction of the future

and is currently one of the richest sources for interdisciplinary studies in the

country, from agricultural economics to Linguistics.

152 153


Sitio arqueológico Tazumal.

Chalchuapa, Santa Ana.

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Esta edición consta de 2500 ejemplares de156 páginas.

El Salvador, La Huella más Profunda se terminó de imprimir

en Artes Gráficas Publicitarias S.A. de C.V.

San Salvador, El Salvador, septiembre de 2019.

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