La épica del hielo

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Reportaje para National Geographic


GROENLANDIA

LA ÉPICA

DEL

HIELO

Tres Aventureros del Año

de National Geographic se

embarcan en una travesía

con kite esquís por el

manto de hielo de la gran

isla blanca con un único

objetivo: cumplir el sueño

de descender en kayak

uno de los ríos más

septentrionales del planeta.

20 NATIONAL GEOGRAPHIC AVENTURA


Ben Stookesberry y Sarah McNair-Landry avanzan

con crampones por el cauce helado del río ártico

mientras arrastran sus kayaks y trineos cargados

con el material y los víveres. Deben caminar por

la orilla, donde el hielo parece más resistente, y

confiar que aguante su peso sin que la superficie

se quiebre. El azul intenso del agua lo invade todo.

groenlandia, ERIK BOOMER la épica del hielo 21


Durante la travesía por el río glaciar, los tres

aventureros encontraron un tramo bloqueado

por un desprendimiento de hielo. La única

manera de seguir avanzando consistía en

escalar la pared vertical, andar varios metros

con todo el equipo a cuestas y descender

de nuevo hasta volver al fondo del cañón.

ERIK BOOMER

22 NATIONAL GEOGRAPHIC AVENTURA


groenlandia, la épica del hielo 23


El río les tenía reservada una sucesión de

increíbles cascadas y rápidos. Ben Stookesberry

inicia el descenso en kayak de esta catarata

de 14 metros que desembocaba en una zona de

turbulencias a la que bautizaron «The Gatekeeper»

porque ya presagiaban la llegada al océano Ártico.

La siguiente tenía cinco metros y la tercera, tres.

SARAH MCNAIR-LANDRY 24 NATIONAL GEOGRAPHIC AVENTURA


groenlandia, la épica del hielo 25


Por Kat Long y David Moreu

Fotografías de Erik Boomer

y Sarah McNair-Landry

Cuando los tres deportistas de

élite –y Aventureros del Año de

National Geographic en ediciones

anteriores– Sarah McNair-

Landry, Erik Boomer y Ben Stookesberry

lle garon a Groenlandia a principios de agosto

de 2016, eran conscientes de que la expedición

de mil kilómetros que estaban a punto

de emprender podía cambiar sus vidas para

siempre. ¿El objetivo? Cruzar la isla de costa

a costa en un plazo de 45 días para descender

los rápidos de uno de los ríos más septentrionales

y desconocidos del planeta, que previamente

habían localizado en Google Earth.

¿Cómo lograrlo? Poniendo a prueba su experiencia

en travesías polares combinando el uso

de kite esquís y del kayak en una zona remota

de la bahía de Baffin que bautizaron como

Twin Galaxies («Galaxias Gemelas»), un guiño

a la célebre plataforma que registra los

récords mundiales de videojuegos. El resto

era una incógnita que dependería de las condiciones

meteorológicas, la fuerza del viento

y el nivel del cauce fluvial.

Groenlandia, el escenario de esta aventura, es la

mayor isla del mundo, un marco geográfico de un

blanco cegador. El 80 % de su superficie está cubierta

de hielo, y su población es de apenas 60.000 habitantes,

la mayoría de ellos inuit. El rigor del clima

hace que en estos parajes inhóspitos y a la vez su -

blimes los escasos núcleos de población, famosos

por sus casas de colores, estén diseminados por la

es carpada costa occidental. Pero la ubicación en

el círculo polar Ártico de esta región autónoma

perteneciente a Dinamarca es decisiva desde el

punto de vista geoestratégico, algo que llevó al

Ejército estadounidense a montar la base aérea de

Thule en la zona noroccidental durante la Guerra

Fría y que hoy alberga diversas estaciones científicas

dedicadas al estudio del cambio climático y

de la fusión del hielo en Groenlandia.

El día que los tres exploradores llegaron a este

país de hielo, el sol veraniego brillaba en el cielo,

apenas había nubes en el horizonte y lo único que

veían desde la barca eran icebergs flotando a la

deriva en la inmensidad del océano Atlántico. Era

el 7 de agosto. Sarah conocía bien el lugar; hija de

un legendario aventurero canadiense y guía ártico,

creció en la Tierra de Baffin entre kite esquís y

trineos de perros, dedicada a la exploración polar.

Su pareja, Boomer, es un kayakista especializado

en descensos internacionales de máxima dificultad.

Y Ben, también un profesional del kayak

extremo, había recorrido los cinco continentes en

busca de ríos salvajes. Sin embargo, aquella era la

primera vez que emprendían una travesía conjunta

y sin asistencia externa, cuyo resultado épico

quedaría inmortalizado en un documental.

Al desembarcar en el puerto de Kulusuk, un pe -

queño asentamiento del sudeste de la isla, repartieron

el equipo entre los tres trineos (alrededor de

100 kilos de material cada uno), amarraron los ka -

yaks a sus arneses e iniciaron la travesía a pie por

el segundo manto de hielo más grande del planeta.

26 NATIONAL GEOGRAPHIC AVENTURA


Arriba, los tres protagonistas de esta expedición sin asistencia técnica: la experta en travesías polares Sarah

McNair-Landry y los kayakistas profesionales Erik Boomer y Ben Stookesberry. Abajo: primera parte de esta aventura

única por Groenlandia, que consistió en atravesar a pie un enorme glaciar con todo el equipo a cuestas.

ERIK BOOMER (TODAS)

groenlandia, la épica del hielo 27


Los registros confirmaban que ese era el verano

más caluroso en la región desde que se hacen mediciones.

Cuando el termómetro se dispara en la

zona de ablación de Groenlandia, la superficie

helada se fragmenta y se cubre de enormes grietas

que dificultan el avance, incluso usando crampones

y piolets. Tardaron siete intensas jornadas, con

temperaturas nocturnas de hasta -25 °C, en recorrer

a pie los primeros 12 kilómetros de esta aventura,

al final de los cuales el hielo daría por fin paso

a la nieve y podrían utilizar los kite esquís.

«Las condiciones cambiaban a diario y necesitamos

una semana para perder de vista el océano

Atlántico –recuerda Ben–. A partir de ese momento,

todo estuvo a merced de la meteorología, de la

latitud y del hielo».

Una vez culminada esta primera fase caminando

sobre el hielo, los kite esquís les permitieron

avanzar a mayor velocidad por la interminable

llanura blanca que se extendía frente a ellos. Pese

a que Ben y Boomer tenían poca experiencia con

ese medio de transporte, lograron dominar los

fuertes vientos y se vieron capaces de afrontar casi

un mes de ruta hacia lo desconocido. Solo debían

guiarse por las puestas de sol, que marcaban el

camino hacia los fiordos del oeste.

Pero ninguno de ellos contaba con que una

experta como McNair-Landry pudiera sufrir un

aparatoso accidente mientras preparaba su cometa

y que ese contratiempo pondría en peligro la

expedición. El primer día en que se disponían a

usar los kite esquís, una repentina ráfaga de viento

golpeó a los tres esquiadores y sus cometas se inflaron

rápidamente. Sarah intentó soltar el pestillo

de seguridad del arnés que llevaba alrededor de la

cintura, pero este se atascó. La racha de viento la

levantó más de seis metros y, con la misma rapidez,

la dejó caer de cabeza sobre el hielo. El casco protector

se rompió y ella quedó inconsciente durante

unos pocos pero aterradores minutos.

Cuando recobró el conocimiento y comprobó

que podía moverse con más o menos normalidad,

sus compañeros de expedición se enfrentaron a

algunas decisiones difíciles de tomar. ¿Debían llamar

a un helicóptero para evacuarla? ¿Y si sus

lesiones eran menores y malgastaban tiempo y

recursos para nada? ¿Podían arriesgarse y seguir

adelante sin más?

28 NATIONAL GEOGRAPHIC AVENTURA


Izquierda: para no perder tiempo, los exploradores deben proseguir la travesía por la nieve en esquís cuando

no hay suficiente viento para utilizar los kite esquís. Arriba: lo más complicado de avanzar por el manto de hielo

de Groenlandia es sortear las enormes y peligrosas grietas que se forman en el suelo con el kayak a cuestas.

«Era difícil saber qué debíamos hacer –dice

Sarah–, porque en ese momento no conocíamos

el alcance real de la lesión». Pero ella decidió seguir

adelante y retomaron el plan original trazado al

emprender esta aventura. «Queríamos probar una

manera novedosa y original de atravesar la isla de

costa a costa y llegar a esa zona desconocida para

descubrir aquellos ríos septentrionales tan remotos»,

explica. Ya en 2011 ella y su hermano, Eric,

habían completado la primera travesía del Paso del

Noroeste con kite esquís. «En Groenlandia hay

unos vientos y unas condiciones increíbles. Con

kite esquís puedes viajar mucho más rápido y más

lejos que únicamente con esquís, sobre todo cuando

tienes que arrastrar trineos; estoy hablando de

unos 150 kilómetros diarios, según el día, frente a

los 20 o 30 como máximo que avanzas esquiando».

La mayoría de los exploradores viajan a la isla

blanca en invierno, cuando la capa de hielo es gruesa

y sólida. Sin embargo, el equipo había decidido

viajar en verano para que el río formado por agua

de fusión hubiese alcanzado su caudal máximo y

los meses cálidos hubiesen convertido la superficie

del manto de hielo en aguanieve. Soportaron

días de lluvias fuertes y una sensación térmica de

bajo cero a más de 2.200 metros sobre el nivel del

mar, lo que hizo mella en su capacidad de resistencia.

Y encontraron campos con profundas grietas

que les obligaron a retroceder y desviarse de

su ruta para dar con un paso seguro.

«Fue un verdadero acto de fe para nosotros –dice

Boomer–. Confiábamos en que Sarah sería capaz

de encontrar una ruta viable a través de las grietas

y los glaciares. La pusimos al frente, nos atamos a

ella con una cuerda y la seguimos».

Para mantener alta la moral del equipo, Stookesberry

cantaba los grandes éxitos de la década de

1980. «¿A quién no le gusta un poco de Phil Collins,

por ejemplo, I’m Still Standing, o incluso Time of

My Life, de la banda sonora de Dirty Dancing,

ERIK BOOMER (AMBAS)

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Ben Stookesberry durante una de las largas

jornadas en las que pudieron avanzar varios

kilómetros con los kite esquís gracias a unos

vientos perfectos. Debido al retraso acumulado

en la primera parte de la expedición, tuvieron

que ganar tiempo aprovechando todas las horas

de viento de que disponían hasta el anochecer.

groenlandia, ERIK BOOMER la épica del hielo 31


especialmente cuando el viento sopla a favor y la

cometa acaba de empujarte más de 900 kilómetros

a través de Groenlandia?», ríe.

Ya en el extremo occidental del casquete polar

groenlandés, y después de atravesar con kite esquís

esos más de 900 kilómetros, llegaron a una zona

cubierta de montículos altos y redondeados que

llamaron moguls, por su parecido con las formaciones

de nieve de las pruebas de esquí acrobático.

«Ese hielo se derrite y se vuelve a congelar cada

año, formando moguls de hasta tres metros de

altura, y las grietas se hacen cada vez más profundas

–dice Boomer–. Subes y bajas por un terreno

infernal con la carga a rastras. A esas alturas, estábamos

más que ansiosos por meternos en el río».

Para salir del campo de moguls, el equipo descendió

haciendo rápel hasta un impresionante

cañón que serpenteaba en medio del paisaje blanco

–un desfiladero natural formado por la acción del

deshielo– con la esperanza de que el curso de aquel

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ERIK BOOMER


GROENLANDIA

0 km

400

Arriba, ruta seguida por

la expedición Into Twin

Galaxies. El objetivo

final era descender

en kayak el río glaciar

que desemboca en el

océano Ártico, pero

estaba helado en pleno

mes de agosto y había

formado un profundo

cañón que serpenteaba

a lo largo de varios

kilómetros hasta

desembocar en un lago.

En algunos tramos,

los aventureros tuvieron

que pasar por debajo

de enormes túneles de

hielo con carámbanos

y afrontar el riesgo

de desprendimientos.

río glaciar les condujese al nacimiento de las

Galaxias Gemelas. Era la jornada 30. Tuvieron que

avanzar por debajo de gigantescos puentes de

hielo que podrían desprenderse en cualquier momento,

y aunque en algunos tramos el agua era lo

bastante profunda como para introducir sus

kayaks y remar, en otros tuvieron que ponerse los

trajes estancos y los crampones y caminar sobre

la fina capa de hielo que cubría el río, con el temor

de que se quebrara bajo el peso de su equipo.

Cuando salieron del cañón helado,

una jornada y 11 kilómetros después,

pisaron tierra firme por primera vez tras

32 días de travesía polar. Rodeados de montañas

y sin apenas nieve, habían alcanzado el

último reto de la expedición: descender el gi -

gantesco y turbulento río que, según cuenta Boomer,

encontraron sorprendentemente grande.

Alimentado por el agua del deshielo proveniente

de los glaciares cercanos, el río serpenteaba por

un antiguo lecho rocoso, formando cascadas y

rápidos entre los muros de roca de un cañón entre

montañas de más de 1.800 metros de altitud.

«El lugar era un poco diferente a las imágenes

de satélite que habíamos visto en Google Earth

cuando preparábamos la expedición –dice Boomer–.

Nos sorprendió mucho que la primera cascada

del río no apareciese en ninguna de ellas,

probablemente porque entonces estaba oculta bajo

el agua o tal vez cubierta de hielo».

Mientras los tres aventureros transportaban su

equipo río abajo, pudieron evaluar la ruta y planear

el descenso. «Había grandes cañones y tres o

cuatro cascadas de unos 30 metros por las que no

osamos descender, pero conseguimos salvar tres

cascadas muy respetables y un buen tramo cuya

dificultad era de clase IV», dice Boomer.

McNair-Landry remó junto con Stookesberry y

Boomer a lo largo de las secciones más fáciles, pero

solo los dos últimos se metieron de lleno en las

cascadas y los rápidos. «El río superó de lejos nuestras

expectativas –asegura Boomer–. No po díamos

creerlo: habíamos hecho un larguísimo viaje preguntándonos

todo el tiempo si íbamos a encontrar

agua, aunque solo fuese al final. El verdadero clímax

fue la última sección del río, que se convirtió

en el punto álgido de la expedición». Llegaron a

la bahía de Baffin un atardecer, con -18 °C.

MAPA: FERNANDO J. SÁNCHEZ / E OSGIS.COM

groenlandia, la épica del hielo 33


La mayor parte del río estaba cubierta por una

capa de hielo lo bastante gruesa para impedir

al equipo navegar en kayak, y lo bastante fina

como para quebrarse y caer en sus aguas

gélidas, como le ocurre a Sarah McNair-Landry.

Por este motivo iban equipados con trajes

estancos, chalecos hinchables y crampones.

ERIK BOOMER 34 NATIONAL GEOGRAPHIC AVENTURA


groenlandia, la épica del hielo 35


36 NATIONAL GEOGRAPHIC AVENTURA


Boomer y Stookesberry descienden una ladera

acarreando sus kayaks para acometer uno de

los rápidos más asombrosos que encontraron

en la expedición, alimentados por la fusión de los

glaciares circundantes. Sabían que solo podrían

lograrlo a finales de verano, aunque no esperaban

que el frío extremo llegara tan deprisa a la región.

SARAH MCNAIR-LANDRY

groenlandia, la épica del hielo 37


Abajo: el primer día que los exploradores pudieron adentrarse en el cauce del río con los kayaks descubrieron una

línea de descenso en el horizonte que desembocaba en un rápido de más de 30 metros de longitud. Una de las orillas

era montañosa y la otra estaba formada por el enorme glaciar, que se inclinaba imponente sobre el agua.

Derecha: después de haber descendido un rápido con diversas cascadas de gran dificultad técnica, Erik Boomer y

Ben Stookesberry comentan la experiencia vivida a bordo de sus kayaks. Tuvieron la suerte de encontrar un río glaciar

que transcurría a lo largo de varios kilómetros por un profundo cañón flanqueado por enormes montañas nevadas.

El equipo completó la expedición en 46 días, el

21 de septiembre, y cada uno de ellos se retiró a

su respectivo campamento base: McNair-Landry

a la isla de Baffin, Boomer a Idaho y Stookesberry

al norte de California.

Días más tarde, en octubre, McNair-Landry supo

que el accidente sufrido con el kite esquí era más

serio de lo que habían imaginado: se trataba de

una fractura en una vértebra torácica.

«Sabiendo lo que sabemos ahora [del accidente],

el hecho de que Sarah no solo alcanzase la meta

que se había propuesto, sino que además coronase

su trayectoria de exploradora con una misión de

tal magnitud, es para mí una de las muestras de

superación de la adversidad más valientes y conmovedoras

que he visto», afirma Stookesberry.

A pesar de la lesión, Sarah saborea todo lo que

el equipo aprendió mientras atravesaba el manto

de hielo de Groenlandia. «En una expedición es

muy fácil disfrutar de las cosas sencillas que olvidas

en tu vida diaria. Aprendes a apreciar esos

momentos –dice–. Una taza de chocolate caliente

al final de una caminata es la mejor parte del día,

la que te hace más ilusión». j

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ERIK BOOMER (ARRIBA); SARAH MCNAIR-LANDRY (DERECHA)


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