Revista Las Hojas Diciembre

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Constelaciones Familiares

Sobre la felicidad

y lo nuevo

Es un anhelo muy natural de los seres humanos desear y buscar

la felicidad. La felicidad como un ideal que llegaría a nosotros si el

amor fuera de cierta manera, si los hijos trajeran menos conflictos,

si no existiera tal enfermedad, si tuviera otros padres u otra familia,

si el país fuera distinto, si mi trabajo fuera otro... y podríamos seguir

enumerando condiciones que ponemos a la vida para que ella nos

traiga la felicidad.

Y así en ese periplo de evitación transcurre nuestra vida, se

diluye el presente en un futuro condicionado por deseos que nos

encarcelan en el camino de la frustración prometiéndonos un

ideal que es en si mismo la matriz generadora de su opuesto: la

repetición y el sufrimiento.

Entonces, ¿qué es la felicidad? ¿Cómo accedemos a lo nuevo?

Cuando el tiempo lineal abre una esperanza porque se produce

simbólicamente un cierre, porque algo se termina dentro nuestro

por ejemplo cuando cumplimos años y una edad se va para

siempre al destierro de la memoria, o cuando un año calendario

se termina y con el muere un momento y tenemos la esperanza de

que otro nazca, los seres humanos volvemos a sentir la esperanza

de que en ese futuro algo nuevo, algo bueno nos suceda.

sí a una revisión profunda y sostenida de la vida y lo vivido que

comienza en un proceso interior.

Este proceso de transformación puede iniciarse en muchos

caminos pero en algún momento todos nos vemos interpelados a

mirar nuestra historia familiar, nuestros orígenes y aquello que nos

condiciona de una manera tan íntima que casi no podemos verlo,

como una segunda piel.

En el año 2020 abriremos un espacio de formación en

Constelaciones Familiares con una mirada especial sobre el

trauma individual, sistémico y social que invita a todos los que

quieran saber mas de este enfoque filosófico y terapéutico a hacer

un camino de transformación que pueden llevar a su vida personal,

vincular y laboral.

¡Que este nuevo tiempo los encuentre con esperanza y

movimientos activos para un cambio real y sostenido en sus vidas

y en sus vínculos!

¡Felicidades!

Dra. Verónica Molina

Y en efecto la esperanza es un sentimiento potente y generativo

de posibilidades, pero por si sola no seria suficiente para que los

cambios ocurran. La esperanza debe estar instrumentada por una

serie de acciones reales que nacen en nuestro interior. Es en el

corazón que se abona el terreno propicio para que la semilla de lo

nuevo se desarrolle en movimientos de vida nuevos.

¿Y cómo?

Pareciera que el futuro como posibilidad de novedad solo surge

si lo pasado fue resuelto. Pero resolver no es cerrar, olvidar, no

nombrar, callar, tapar, cortar, evitar... resolvemos una situación

cuando luego de que esto se termina podemos convivir con ella en

nuestro mundo interno sin rencor, odio, enojo o negación.

Resolvemos cuando aquello que fue difícil dejó sus frutos y crecen

en nosotros las posibilidades de hacer algo bueno con lo difícil.

Así nos vemos interpelados a ponernos activos en la esperanza.

Ya no es de afuera solamente que todo sucede sino que podemos

y debemos hacer algo, o mucho, para que la felicidad aparezca

en nosotros, ya no porque algo externo paso, sino porque en

nosotros se desarrolla una actitud nueva que mira lo pasado con

otros ojos, ojos que abrazan nuevas comprensiones, que incluyen

lo doloroso como parte de la vida, que se despiden de relaciones

o sucesos con amor, que aceptan la sabiduría de la vida que

habilita ciertos caminos y cierra otros, que comprende lo que no

pudo ser con otra conciencia.

El asentimiento que no es sometimiento, la benevolencia que no

es indefensión, la compasión que no niega, la comprensión que no

domina.

La entrega que es activa y comprometida con el propio destino

son frutos de un camino del corazón que se inicia en un primer

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