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A los humanos les tomó 2,000 años quemar casi 50 por ciento de la biomasa de la tierra, principalmente en la forma de combustibles fósiles.

Biomasa y combustibles alternos,

dos caminos diferentes

La humanidad ha quemado la mitad de los recursos combustibles del planeta

en solo dos milenios. Ante ello, generar combustibles alternos es primordial

para la preservación del medioambiente.

Hoy la lección es muy clara:

quemar carbón y petróleo

produce dióxido de carbono,

el gas que atrapa calor y contribuye

al calentamiento de

nuestro orbe. Solo eso es causa suficiente

para creer que los combustibles fósiles no

son una base sustentable para la sociedad.

Pero he aquí otra razón: tomó millones,

incluso miles de millones de años para que

se acumularan esos combustibles, y los estamos

agotando a un ritmo asombrosamente

rápido. En 2015, un estudio publicado por

PNAS, revista de la Academia Nacional de

Ciencias de Estados Unidos, calculó que hemos

quemado casi la mitad de la biomasa

de la tierra en los últimos 2,000 años, con

10 por ciento de ello consumido solo en el

último siglo.

El autor del estudio, John Schramski,

de la Universidad de Georgia, compara a la

tierra con una batería. Las plantas han cosechado

gradualmente la energía solar durante

eones y la han convertido en energía química

en la forma de combustibles fósiles,

reservada en la tierra para siempre, hasta

que la obtuvimos. Cuando quemamos esa

materia en fábricas y automóviles, mucha

de la energía que la tierra había acumulado

regresa al espacio en forma de calor.

La energía no puede ser creada o destruida.

Pero la biomasa sí. Y ahora, “la batería

de biomasa de la tierra se está agotando”,

dijo Schramski en su momento.

La biomasa de la tierra es el factor clave

que la distingue de todos los planetas inhóspitos

en nuestro sistema solar, que no

la contienen hasta donde sabemos, dice William

Schlesinger, biogeoquímico emérito

del Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas.

Al quemar demasiada biomasa, nos

estamos volviendo más similares a uno de

esos mundos sin vida, agrega Schlesinger.

No obstante, es difícil decir con exactitud

cuánto tardó en producirse toda la

FOTO: ADOBE STOCK

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