matilde ripoll II

memoralia

LA HORA DE DIOS

MATILDE RIPOLL


M A T I L D E R I P O L L

LA HORA DE DIOS



A mi querido hijo Luis, sin cuya ayuda no

habría podido llevar a cabo este libro.

Matilde Ripoll

Matilde Ripoll • 3 • La Hora de Dios



Índice

I. Prólogo .......................................... 7

II. Historia fundacional................. 13

Primera parte........................ 13

Segunda parte....................... 41

III. Convivencias............................ 47

IV. Casos de niños tristes............. 53

V. Testimonios................................ 65

VI. Epílogo.................................... 180

Agradecimiento Político.... 180

Reflexión final..................... 185

VII. Recortes de prensa............. 188

Matilde Ripoll • 5 • La Hora de Dios



I

PRÓLOGO

Quiero hacer constar que yo, como fundadora junto a Carmen

Alonso de La Hora de Dios, sólo me considero un instrumento

en las manos de la divina Providencia. El Señor siempre me

inspiró lo que tenía que hacer y yo lo hacía. Por eso mismo el

auténtico fundador es Jesús.

Todas las personas que nos siguieron son co-fundadores, y les

he pedido a todos los que aún viven que escriban sus vivencias

y qué les ha aportado La Hora de Dios. Yo sólo registraré las

mías y la de los que ya nos han dejado y se han ido con el Padre.

Hemos de tener en cuenta que un día nos llegará a todos La

Matilde Ripoll • 7 • La Hora de Dios


Hora de Dios. La auténtica, la verdadera y estaremos frente a él,

para ser juzgados. Entonces, nos conviene mucho no tener las

manos vacías y que Dios pueda decirnos:

“Venid, benditos de mi Padre, a recibir lo que os tengo reservado

porque: tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y

me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y

me visitásteis”.

Me he decidido hoy a escribir la segunda parte de mi libro “Mi

vida en la Vida” porque así lo he prometido.

No obstante, y después de explicar lo que me ha pasado, toda la

historia versará sobre La Hora de Dios.

El día 30 de abril del año pasado se celebraba en La Hora de

Dios una asamblea general para nombrar al nuevo Presidente

actual. Esta Presidencia recayó en A. Modolell, quien fue elegido

unánimemente.

La asamblea certifica mi prisa por acabar el libro. Quería pre-

Matilde Ripoll • 8 • La Hora de Dios


sentarlo el mismo día. Y pude hacerlo, pero dejándome en el

tintero muchas cosas que hubiera podido contar y no hice.

Mi prisa era que, como digo en el libro, al cumplir 81 años en

abril creía que mi muerte estaba cercana. Por suerte o desgracia,

era así. Me decidí, por fin, a visitar un especialista del estómago,

el Dr. Sánchez Ortega, quien dijo a mis hijos que si no me operaba

de urgencia viviría 14 días, pues llevaba arrastrando una

enfermedad durante un año y eso era lo que podía pasar.

Fuí ingresada en La Sagrada Familia el día 8 de Mayo y me operaron

el 11. Algo me impedía digerir los alimentos, por lo cual

todo lo que comía lo vomitaba, y en un año había perdido casi

20 kilos de peso. La operación, dijo el médico, era muy delicada,

hasta el punto de poder morir en ella o en el post-operatorio.

El día 11 se reunieron en mi habitación mis tres hijos, mi hermana

Remedios y los amigos que me quieren. Todos creían que no saldría

bien, por mis años y por mi extrema delgadez. Pero el cirujano

cortó los intestinos e hizo un puente nuevo por donde pasaran los

alimentos. Todo salió bien y no hubo que internarme en la UCI.

Matilde Ripoll • 9 • La Hora de Dios


Lo que yo he sufrido después, sólo es cosa mía. Ha sido horrible.

Sólo contaré una experiencia maravillosa. En un momento

dado no quise seguir sufriendo más, me bajé de la cama. Fui

hasta la salida de la Clínica, descalza y flotando por el aire. Miré

al cielo y empecé a subir. Iba con una túnica blanca y con mis

rizos de joven, dorados, al aire.

Era tan feliz que pensé que la muerte era muy bonita, que ya

no importaba nada, ni mis hijos ni el dinero ni nada de lo que

dejara en el mundo.

Al atravesar el Universo volando, vi una nube blanca muy grande

donde se apreciaba que había gente dentro y pensé: “Anda,

esto es el Cielo”. Pero de repente me volví a encontrar en la

cama. Fue una decepción.

No obstante, me ha servido de mucho esta visión, o lo que sea.

Como no he podido aceptar nunca mi propia muerte, pienso

que Dios me ha hecho esto para ver que no es mala, sino buena.

Matilde Ripoll • 10 • La Hora de Dios


He podido comprobar que Dios me quiere, y además he aceptado

la muerte por primera vez en mi vida. Me puso dos personas

maravillosas para cuidarme en mi casa. Una fue Merche, que

estuvo los diez primeros días desde el alta. La otra fue René, que

ha estado conmigo desde el primero de julio hasta el día 30 de

julio. Luego me fui a Castelldefels con mi hija Marta, Lucas, Eva

y Paco, además de Luis. A la vuelta de Castelldefels me he encontrado

con otro ángel, la hija de René (Andrea) que es quien

me está cuidando ahora.

Estoy súper-cuidada por mis seres queridos, y doy gracias a

Dios por ir recuperándome poco a poco. Aquí termina mi historia

personal, y ahora voy a lo fundamental.

Matilde Ripoll • 11 • La Hora de Dios



II

HISTORIA FUNDACIONAL

Parte primera

En el año 1962, y siendo funcionaria en el INP, fui trasladada

por O.M. a la delegación de trabajo, a la sección de denuncias.

Allí empecé a vivir los casos de necesidad que me habrían de

movilizar más tarde para fundar La Hora De Dios.

Un día se presentó a reclamar unas cantidades que se le adeudaban

por puntos una mujer embarazada, acompañada de

sus cuatro hijos, todos ellos muy pequeños. Mientras hablaba

conmigo se desmayó; esto causó un gran revuelo entre noso-

Matilde Ripoll • 13 • La Hora de Dios


tras. Cuando volvió en sí, el delegado de trabajo me pidió que

la acompañara a su casa en el coche oficial.

Vivía en Badalona, y por el camino me contó su historia. Su

marido estaba en la cárcel y ella no tenía recursos económicos,

por lo que había tenido que venir andando desde la plaza

Urquinaona hasta la Diagonal. Según me dijo, no había comido

nada desde el día anterior.

Su casa era una barraca, en la cual medio techo aparecía derruido.

Las condiciones de la vivienda eran desastrosas.

Cuando volví a la delegación, todos mis compañeros se interesaron

por el caso y me ofrecieron dinero, con el fin de arreglar

en lo posible el techo de la vivienda, por el cual entraban

el viento y la lluvia.

Asimismo el delegado dio orden para que se le pagaran los

puntos. Con el dinero obtenido pudimos reparar la barraca y

aún nos sobró. Para poder entregar este sobrante nos hablaron

de una gitana que vivía en el Somorrostro con ocho hijos.

Matilde Ripoll • 14 • La Hora de Dios


Allí nos dirigimos un jueves por la tarde, dos compañeras y

yo. Recuerdo que era una tarde lluviosa y oscura de finales

de diciembre. El espectáculo que se nos ofreció fue de lo más

terrible. La gente vivía en chabolas que no medían más de un

metro de altura, construidas con cartones y una argamasa de

cemento. Casi todos estaban alrededor de un brasero, sentados,

pues la altura no les permitía permanecer de pie.

Por todas partes había fango que se adhería a los zapatos. Los

niños, pese al frío, iban con los pies descalzos y el culito al

aire. Parecía que habíamos ido a parar a un país del tercer

mundo.

Una vez realizamos nuestra misión de entregar el dinero y

ropas a la gitana señalada, y cuando ya no marchábamos, de

repente nos rodearon una serie de mujeres que gritando empezaron

a decir: “Señorita, llévese usted el niño, que quiere

vivir”. Todas ellas eran andaluzas, pues eran los tiempos de la

gran emigración de aquella gente hacia Barcelona. Señorita

llévese usted al niño que quiere vivir, repetían sin cesar, acosándonos

cada vez más. Yo, de inmediato, contesté: “Tráeme

Matilde Ripoll • 15 • La Hora de Dios


al niño”. Mis compañeras se asustaron, pues eran muy legalistas

y presentían que me podía meter en un lío.

Rápidamente fueron a buscarlo. El niño venía envuelto en

una chaqueta de hombre, completamente desnudo. Me explicaron

que su padre era un borracho que había dado muerte

a su esposa, recién parida, dándole una paliza. Llevé al niño

a la única casa que servía de ambulatorio y que ocupaba una

gitana. Al verlo a la luz me quedé horrorizada. Era un niño

parecido a un feto, arrugado y lleno de morados por todas

partes. Olía espantosamente, un olor nauseabundo, a miseria,

suciedad y abandono. Al verlo pensé que estaría hambriento

y pedí un biberón, el cual se tragó en un instante.

Mi inexperiencia no me dejó ver que, al estar completamente

desnutrido, su cuerpecito no aceptaba el alimento. Decidí

intentar llevármelo y llamé a mi padre para ver si lo aceptaba

en casa. Pero me contestó que si aparecía por allí con un niño

recién nacido, él y yo saldríamos por el balcón. Cosas de la

época. Yo era soltera y hubiera estado muy mal visto.

Matilde Ripoll • 16 • La Hora de Dios


Lo arreglé como pude con ropitas que allí había y pregunté a

las mujeres si alguna estaría dispuesta a quedárselo mientras

yo buscaba un refugio. La respuesta fue unánime: que no, decían

“si no tengo ni para comer, cómo quiere que me quede

con un niño”. Por fin, se me ocurrió la idea de ofrecer veinte

duros diarios a la que se lo quedara. La gitana que ocupaba la

vivienda del ambulatorio me contestó que ella se lo quedaría,

haciendo una aclaración: “Señorita, no crea que es por los

veinte duros diarios…”.

Por fin había conseguido colocarlo. Marché hacia mi casa llena

de pena. Otra vez, por Navidad, nacía una criatura y no

encontraba acomodo en ninguna parte.

Al día siguiente, al llegar a la oficina, hablé sobre la posibilidad

de adoptar un niño. Un inspector me oyó y me preguntó

si era verdad, pues su esposa soñaba desde hacía años con

tener un hijo.

Vino a buscarme mi hermana, pues iba con su marido al notario

y nos fuimos a ver al niño. Al llegar no despedí al taxi,

Matilde Ripoll • 17 • La Hora de Dios


pues sabía que de un modo u otro me lo llevaría. Y así fue.

Pese a la prohibición de mi cuñado de que no les fuéramos a

traer el niño, lo llevamos. Fue depositado en casa de mi hermana

hasta que por la tarde se lo diésemos a dicho inspector.

Intentamos en vano quitarle el mal olor y el color mugriento

de la piel, pero todo era inútil, ni jabón, ni agua lo consiguieron.

Le pusimos un gorrito con el fin de que pareciera más

presentable, pero se lo quitamos enseguida pues parecía un

monito disfrazado. Al fin nos decidimos a llevarlo a sus futuros

padres, temiendo que no lo quisieran por presentar tan

mal aspecto.

Al ponerlo en brazos de su madre, la mujer temblaba de emoción.

No obstante nos dijeron que ya nos contestarían cuando

lo hubieran pensado.

Volví a bajar las escaleras con el niño en brazos, apenada y

desilusionada.

No obstante, al llegar a la calle bajó corriendo el padre a de-

Matilde Ripoll • 18 • La Hora de Dios


cirnos que no lo entregáramos a nadie, que se lo quedaban,

ya que su esposa estaba haciendo una novena a San Judas (patrón

de los imposibles) pidiéndole un hijo y esa tarde se cumplía

el tercer día de dicha novena, por lo que consideraban

que venía del cielo. Respiré tranquila. Ya habíamos conseguido

dar un destino al niño.

El padre inició enseguida los trámites legales y el niño fue

adoptado. Hoy, después de 48 años, ese niño es un hombre,

abogado y un auténtico cristiano.

En este mismo año, 1962, y tras numerosas vicisitudes internas,

de subidas y bajadas, de cargas de espiritualidad y materialismo,

de encuentros con Dios y con los demonios que

todos llevamos dentro, empecé a vislumbrar un rayo de luz.

Sabía que tenía que hacer algo, que este algo iba a ser importante,

pero no atinaba a ver con claridad lo que era.

Después de vivir el caso del niño del Somorrostro y trabajando

todas las mañanas y tardes en la Delegación de Trabajo

empecé a pensar en si sería capaz de darles a los pobres par-

Matilde Ripoll • 19 • La Hora de Dios


te de mi salario. El esfuerzo realizado ¿serviría para algo? Y

si no era así, me estaría explotando a mí misma. Como era

egoísta no soportaba la idea de tener que dar las 1.000 pesetas

que me pagaban por ir por las tardes y que significaban el

sacrificio de tantas horas de trabajo. Entonces empecé a pensar

que el esfuerzo de una hora sí sería capaz de darlo y que

también podría buscar la colaboración de otras personas que

a su vez entregaran una hora de su trabajo. Esta hora, puesto

que se entregaba a Dios a través de nuestros hermanos, se

llamaría La Hora de Dios.

Estaba haciendo unos ejercicios espirituales con el Opus Dei

en la calle Muntaner y al salir, iba andando y meditando sobre

el amor de Dios. Siempre me he sentido interesada en él y he

dejado que guiara mi destino. Por eso, en cuanto concebí la idea

o nombre de La Hora de Dios, me senté en el despacho de mi

padre y de un tirón quedó plasmada la idea general de lo que

más tarde sería la Fundación.

Recuerdo que el montaje que hoy existe, con su organigrama

completo, ya lo tenía presente, aunque en sus casilleros no

Matilde Ripoll • 20 • La Hora de Dios


tuviera a nadie que los llenara, salvo dos o tres compañeras

que siempre me han acompañado en ésta aventura. Carmen

Alonso, que acogió al niño, Maricruz Salas y Aurora, así como

mi hermana Remedios.

Igual que una criatura al nacer ya posee toda la forma del ser

humano que es, y del adulto que más tarde será, asimismo

La Hora de Dios había nacido completa pero teniéndola que

cuidar como a un bebe.

Muchas veces he dicho que hoy La Hora de Dios ya es como

un adulto que ya puede vivir por sí mismo.

No tengo la pretensión de haberla fundado. Creo que he sido

utilizada por Dios y eso me pone muy contenta, porque en

este camino he sabido decirle que sí. Por eso nunca me han

preocupado excesivamente los problemas por los que hemos

atravesado, sean económicos o de desesperanza social, porque

sabía que él estaba detrás empujando.

En La Hora de Dios se viven auténticos milagros y toda la

Matilde Ripoll • 21 • La Hora de Dios


gente que se ha ido reclutando es maravillosa, llena de fe y esa

providencia que no deja lugar al desaliento.

Saber que él siempre nos ayudará es vivir con la esperanza renovada

de cada día. El amor que allí se respira llena nuestros

corazones de una dulce paz, y no me extrañaría que la gente

crea que somos una especie de extraterrestres venidos de otro

planeta.

Sigo con la historia cronológica de La Hora de Dios.

Carmen Alonso y yo nos preocupábamos constantemente de

hacer socios de nuestra obra. Así conseguimos que muchos

colaborasen con nosotras. Ella era la tesorera y administraba

el patrimonio, que en este primer año ascendió a 44.000

pesetas. Como siempre teníamos algún dinero que repartir y

como no podíamos actuar por nuestra cuenta, nos pusimos

bajo la tutela del doctor Masdesixart que era el consiliario de

la O.C.O., a cuyo centro pertenecía ella.

Más adelante, al morir el padre Masdesixart, nos acogió en la

Matilde Ripoll • 22 • La Hora de Dios


congregación de I’Estrada el padre Villamata. Este sacerdote

fue el que más tarde me casó y bautizó a mis hijos. Yo le quería

mucho.

Durante los años 63 y 64 nos fuimos reuniendo en I’ Estrada

tres o cuatro veces al año para planificar lo que hacíamos con

el dinero que teníamos recaudado, y a quién se lo entregábamos.

Al principio venían dos o tres pobres y era a ellos a

los que auxiliábamos. En la congregación estuvimos cerca de

cinco años.

En noviembre de 1965 yo contraje matrimonio. Este hecho

frenó la acción de La Hora de Dios, ya que en tres años y

medio tuve tres hijos y no demasiado tiempo para cuidar de

la obra. No obstante, nos seguían entregando donaciones los

socios que ya teníamos, por lo que La Hora de Dios siguió

subsistiendo. Dios así lo quería. Curiosamente, en esta época

yo no me sentía feliz. Cuando había conseguido todo lo que

una mujer desea, casarse y tener tres hermosos hijos, me sentía

desgraciada. No atinaba a saber por qué me sucedía esto.

Más tarde, y a través de un cliente que me orientó, hice los

Matilde Ripoll • 23 • La Hora de Dios


cursillos de Cristiandad. Entonces comprendí por qué no era

feliz. Lo tenía todo, pero me faltaba Dios y por eso me sentía

desgraciada. Entonces volví a arrimarme a él con más fuerza.

Llegué a quererle con toda mi alma. En los momentos de soledad

espiritual él me buscaba, y yo decidí no volver a defraudarle,

dándole un nuevo “sí “ con todas mis fuerzas.

Pero bien pronto empezamos a ser conocidas entre los que

nada poseen, y la gente comenzó a acudir a la congregación

masivamente; cantidad de personas que no eran bien vistas

por los vecinos del barrio, los cuales se agruparon y solicitaron

al Padre Villamata que nos echara de dicha congregación.

El padre no pudo evitarlo y nos pidió que nos marchásemos.

Después de rodar por varios locales que nos iban prestando

para recibir a nuestros pobres, nos acogió en su parroquia

Mosén Esteban, el cual era ecónomo de la parroquia de Santa

Mónica, situada al final de las Ramblas, del lado de Atarazanas.

Ese era el sitio ideal pues allí no molestábamos a nadie.

La Hora de Dios empezó a tener mucho auge pues la pobreza

Matilde Ripoll • 24 • La Hora de Dios


crecía cada día más y, por otra parte, las personas dispuestas

a ayudarnos eran muchas.

Recuerdo, por ejemplo, el caso de la familia Paredes. Un domingo

bajé a visitar el albergue de ancianos situado en el parque

de la Ciudadela, allí conocí a Sor Asunción. Esta monja

después de enseñarme el asilo, el cual estaba situado entre las

columnas que sostienen la minúscula piscina que procura el

agua al parque, me dijo: “Venga, le enseñaré a los transeúntes”.

Estos eran una serie de personas que carecían de techo y

de comida. En esos momentos estaban comiendo y me presentó

a la familia Paredes que estaba constituida por el matrimonio

y tres hijos pequeños. Hablé con ellos y me conmovió

profundamente cuanto me explicaron.

Dormían en el albergue del Ayuntamiento de Valldoncella,

del cual tenían que salir a la 7 de la mañana. Desde esa hora

hasta las 12 del mediodía en la que iban a comer tenían que

estar en la calle. La distancia entre el albergue y el asilo era de

más de un kilómetro, por lo que los niños, al caminar durante

todo el día, tenían callos en los pies. Iban calzados con sanda-

Matilde Ripoll • 25 • La Hora de Dios


lias de verano, pese a que hacía un frío espantoso por estar en

pleno diciembre. El padre me contó que venían de Canarias

para ver si en Barcelona conseguían trabajo y un techo donde

refugiarse.

Ante la suciedad de los niños y la penuria de toda la familia,

y pensando que el jueves estaba muy lejos para atenderlos a

través de La Hora de Dios, les cité en mi casa por la tarde y les

di 500 pesetas para un taxi.

Eché a correr pues yo había ido con mi marido y mis hijos, y

mientras ellos visitaban el parque yo hacía esta gestión. Quedamos

en vernos a la salida a las dos de la tarde. No obstante,

como se me hizo muy tarde ya no les encontré. Subí en el

coche pensando que mi marido estaría muy enfadado por el

plantón y porque mis tres hijos tuviesen que subir en el autobús.

Al llegar a casa le encontré sonriente y por ello me atreví

a decirle que subiría esta familia. Nada más decirlo sonó el

timbre de la puerta. Eran ellos. Les hice pasar y les dije a los

niños: venid que os lavaré las manos y cara. Pero mi marido

respondió: “No, mételos en la bañera”. No sabe lo que se lo

Matilde Ripoll • 26 • La Hora de Dios


agradecí pues él siempre era contrario a que metiera gente en

mi casa, y este día vi la mano de Dios limando, como siempre,

asperezas.

Bañé a los tres y les puse ropa limpia, de mis hijos. Parecían

tres angelotes, relucientes y preciosos. Al verlos el padre se

echó a llorar y la madre me pidió bañarse en la misma agua

que dejaron sus hijos. Naturalmente la dejé que se bañara,

pero cambiando el agua. Ese día fueron una familia feliz y yo

sólo había compartido una bañera con ellos.

Más adelante en La Hora de Dios pudimos solucionar todo

el problema de esta familia. Les conseguimos una portería y

le encontramos trabajo a él, pues era linotipista, y ella pudo

hacer faenas domésticas. Una señora de La Hora de Dios apadrinó

a su nuevo hijo y se hizo cargo en parte del bienestar

de la familia. Habíamos conseguido entre todos sacarlos del

pozo en el que estaban.

El tiempo transcurría, y en 1976, ante el auge de La Hora de

Dios, vimos la necesidad de regirnos por unos estatutos. Estos

Matilde Ripoll • 27 • La Hora de Dios


no debían encadenarnos en ningún sentido, pues la letra impresa

no debe jamás limitar al espíritu. Por eso se confeccionaron

en un sentido amplio. La Hora de Dios puede atender las necesidades

de los marginados, minusválidos, enfermos, ancianos,

etc... También, entre los que la llevamos, debemos mantener un

alto sentido de solidaridad y ayudarnos los unos a los otros.

Costó bastante que nos los aprobara la jerarquía eclesiástica,

pero al fin fueron firmados por el cardenal Jubany. A partir

de ahí ya tuvimos una autonomía propia. Podríamos realizar

nuestro trabajo a nuestro aire, sin necesidad de seguir cánones

establecidos.

La Hora de Dios se caracteriza principalmente por su inmediatez,

primero da y después pregunta. Se investigan los casos,

no para juzgar sino para resolverlos en profundidad. Se

ha conseguido sacar a muchas familias adelante gracias a la

colaboración de todos. Recuerdo el caso de la familia Ponciano.

Venían de la Argentina a Barcelona, como tantos otros,

buscando la tierra prometida.

Después de recorrer distintas instituciones y de haber inten-

Matilde Ripoll • 28 • La Hora de Dios


tado refugiarse en Asturias en casa de una hermana que resultó

más pobre que ellos, “aterrizaron” en La Hora de Dios

sin ningún dinero y con la esperanza rota.

Recibí a su esposa e hijos, pero el marido, desconfiado y sin

esperanza, se negaba a entrar. Al fin lo conseguimos. Era un

hombre joven y corpulento que me explicó que, tras dar vueltas

por media España buscando trabajo, se había quedado sin

dinero y que, según sus palabras, estaba dispuesto a tirarse

al “charco” que había atravesado. Tenían dos hijos en edad

escolar y dormían en la calle porque no les quedaba dinero ni

para comer. Él estaba lleno de dignidad.

Para ayudarles se me ocurrió que en el apartamento que tenemos

en Castelldefels hacían falta unos porteros. Les dimos

dinero para que vivieran hasta el domingo, pues la junta de la

comunidad de vecinos se reunía ese día.

Allí se presentaron los cuatro miembros de la familia. Yo hablé

en favor de ellos. El presidente me preguntó si tenían trabajo

fijo, especialmente él, pues la portería era para la mujer.

Matilde Ripoll • 29 • La Hora de Dios


Yo le contesté que sí, que vendía libros y pronto lo harían fijo.

Era una mentira que no tenía gran trascendencia y, sin embargo,

sí lo tenía el que esta familia tuviera un techo. Fueron

aprobados y esa misma noche ocuparon la vivienda.

Como en el piso no había muebles les mandamos inmediatamente

tres camas con sus colchones. Más tarde la Comunidad,

al ver nuestra actuación, les fue llenando la casa de

muebles y enseres. Un propietario se interesó por sus hijos

y les buscó un colegio del Ayuntamiento. El padre se puso a

trabajar en una casa de transporte de butano y toda la familia

alcanzó el bienestar económico. Al cabo de dos años de trabajar

duro consiguieron dejar la portería y en la actualidad

son dueños de dos taxis y de un camión de reparto de butano.

Entre todos habíamos conseguido sacar adelante a otra familia.

La Hora de Dios seguía actuando en Santa Mónica pero ante

la enfermedad de Mosén Esteban y su consiguiente muerte

empezamos a tener serios problemas.

Al nuevo párroco que se nombró para regir la parroquia no

Matilde Ripoll • 30 • La Hora de Dios


le gustaba nuestra actuación, de modo que en un momento

dado el monaguillo me asaltó y me dijo: “A partir de mañana

La Hora de Dios se va a la calle”. Yo le contesté: “¿Quién lo

dice? Pues usted, con mis respetos, no me sirve”. Él se limitó

a contestar: “Órdenes recibidas”, a lo que respondí: “Quien le

haya dado estas órdenes que me lo diga por escrito”.

A partir de ahí se desencadenó una lucha entre la jerarquía

de la iglesia y nosotros, que luchábamos porque se respetaran

nuestros derechos. Yo alegaba que la iglesia somos todos

y, prioritariamente, los pobres parroquianos de dicha iglesia.

Ellos contestaban que el local lo necesitaban para otros menesteres.

Finalmente, y tras varias entrevistas con el cardenal Jubany y

el obispo auxiliar doctor Guixch, conseguimos que la jerarquía

de la iglesia nos comprara un local en la calle Cadena

número cuatro.

No obstante, ante semejante actitud, vimos la necesidad inmediata

de que nuestros estatutos fueran aprobados también

Matilde Ripoll • 31 • La Hora de Dios


por el Gobierno Civil. Con esto evitábamos el que, ante un

posible cambio de criterio, la autoridad eclesial nos disolviera.

En aquellos momentos, y pese a los malos ratos que pasamos,

no me importó en absoluto este forcejeo, pues lo que

da autenticidad a una obra que Dios quiere es precisamente

el acoso y persecución que en un momento dado debe sufrir.

Firmamos la escritura del nuevo local que por fin era nuestro,

y en el cual podíamos recibir a los pobres todos los días de la

semana, ya que en Santa Mónica sólo eran los martes por la

tarde. Mossén Junca, que fue el vicario episcopal de la iglesia

en toda esta tramitación, rebosaba de satisfacción. Fue nombrado

nuestro consiliario.

Una vez en la calle Cadena pudimos ampliar nuestros servicios

al máximo. Para poder atender a toda la demanda de

peticiones que cada día iba en aumento, dividimos el trabajo

por servicios.

Así se formó un grupo para la distribución de víveres. Otro

formado por tres personas, que atendía el ropero, uno más

Matilde Ripoll • 32 • La Hora de Dios


lo constituía la bolsa de trabajo. En este servicio se ha conseguido

colocar a muchas personas. Buscamos todos entre

nuestras amistades la posibilidad de que alguien necesite un

pintor, o un paleta, o un electricista, etc., y le mandamos a

un trabajador que en ese momento esté en paro. A partir de

ahí muchos han conseguido nuevos trabajos y hemos logrado

hacerles remontar.

Disponemos también de un equipo de asesoría formado por

una asistenta social y un abogado. Aquí les informamos de

sus derechos y les tramitamos los documentos para cobrar el

FAS o procurarles la cartilla de beneficencia o simplemente

que se saquen DNI. Esta labor la realizan las asistentas sociales

del barrio pero, en ocasiones, no tienen el dinero para la

documentación y nosotros se lo procuramos.

Uno de los servicios más importantes lo constituye la entrega

de vales, para que la gente que carece de vivienda pueda

dormir en una pensión, pues no soportamos la idea de que

ningún ser humano duerma en la calle. En el año 1988 entregamos

15.991 vales que significan igual número de camas.

Matilde Ripoll • 33 • La Hora de Dios


Hemos podido comprobar que los marginados no quieren ir

a dormir a los albergues que el Ayuntamiento ha mantenido

abierto durante años. Este hecho sólo puede tener una explicación.

En el albergue les exigen ciertas formalidades, como

hablar con asistenta social, etc. aparte de que han de entrar a

una determinada hora y salir por la mañana temprano. Esto

es coartar su libertad y la libertad es lo único que esta gente

posee.

Por eso prefieren dormir en la calle antes que en los albergues.

Un punto muy importante, tanto por lo que representa para

los beneficiarios como para nuestro presupuesto, es el pago

de alquileres de los pisos ya que están desahuciados. Supone,

de no afrontarlos, el que una familia entera se quede en la

calle. Durante varios años este servicio lo cubría la condesa

de Godó, la cual recaudaba entre sus amistades el dinero

suficiente como para poder paliar en gran manera el que los

marginados tuvieran que abandonar sus viviendas por falta

de pago.

Matilde Ripoll • 34 • La Hora de Dios


Por desgracia esta señora, al morir, se llevó consigo esta ayuda,

ya que su asociación fue disuelta. Ahora nos toca a nosotros

resolver este grave problema, que significa muchos miles

de euros al cabo del año. No obstante, seguimos adelante pues

nos parece que el asunto es muy importante.

La bolsa de trabajo que funciona en La Hora de Dios es también

un servicio que merece toda nuestra atención. Como es

natural, si conseguimos dar un trabajo a un padre o madre de

familia, salvamos la situación para toda ella.

Recuerdo ahora el caso de unos invidentes que vinieron a

nuestra casa a pedir ayuda. Sus dos hijos pequeños podían

salvar la visión si eran atendidos inmediatamente por un

buen profesional. Recurrimos a la inmensa humanidad del

doctor Barraquer. Los dos niños fueron operados y salvados

de quedarse ciegos. A los padres los mandamos a la organización

nacional de ciegos. Se colocaron allí.

Días después vinieron a darnos las gracias. Hoy son una familia feliz.

Ganan dinero entre los dos y con él se están comprando un piso.

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Una familia más, salvada gracias al apoyo de todos.

Los niños de los marginados son nuestra máxima preocupación.

Si conseguimos sacar de la marginación a 200 niños,

dándoles cariño, educación y clase de civismo, serán muchísimas

más las familias que en un futuro no muy lejano se

incorporarán en la sociedad.

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Borrull dando vales para dormir.

Día de la inauguración en la sede de la calle Cadena 4.

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Día inauguración en la calle Cadena 4 con Antonio Moreno, Matilde Ripoll y Cecilia Bosch.

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Documento fundacional de La Hora de Dios.

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Parte segunda

Durante los primeros años, hasta el año 1980, llevábamos

una contabilidad casera. No se manejaban ordenadores y dos

miembros de la Junta, Francisco Coca y Antonio Moreno,

anotaban todos los ingresos y gastos manualmente.

En el año 1981 Dios nos mandó a Luis Prats y a su secretaria.

Ellos ordenaron nuestra contabilidad, que cada día iba creciendo,

así como los voluntarios y, por supuesto, los usuarios

o pobres.

La Generalidad empezó a reformar el Raval con dinero que

enviaba la Unión Europea. Se trataba de derruir manzanas

enteras de viviendas y locales para conseguir un lugar espléndido

y una avenida que llegara hasta Las Atarazanas. Fuimos

de los afectados, pero a cambio nos ofrecieron dinero.

A nosotros, después de muchos forcejeos nos dieron un dinero

por desalojar el local. Y como delante de La Hora de

Dios, en la calle Cadena nª 4, estaban construyendo locales

Matilde Ripoll • 41 • La Hora de Dios


nuevos, hablé con el administrador y compramos el local actual

de Avenida del Raval número 4 por lo misma cantidad

que habíamos recibido. El local anterior de calle Cadena nos

lo había pagado el arzobispado de Barcelona para que nos

fuéramos de la parroquia de Santa María del Mar, hoy Museo

de Arte Moderno (MACBA).

Cuando el ecónomo del arzobispado me dio el talón me dijo:

“Señora, ha puesto una pica en Flandes, porque aquí no se da

dinero ni a los religiosos”.

Como siempre, fue por la ayuda de Dios, que por encima de

todo quería que su Hora de Dios siguiera viva. Las escrituras

nos las pagaba el señor Antonio Travesset, notario, y que

siempre nos ayudó muchísimo.

En el año 1979 José Armengol y Andrés Roca vieron la necesidad

de ampliar nuestros servicios para poder atender mejor

a los gitanos, que se desplazaban desde Sant Adriá, el célebre

barrio de la mina.

Matilde Ripoll • 42 • La Hora de Dios


Alquilamos un local pequeño para empezar, aunque enseguida

vimos la necesidad de ampliarlo por la cantidad de personas

que venía a buscar alimentos y ropa. Para encontrar el

local, nos ayudó Javier Canals. Contratamos otro local grande

de un carpintero que se había jubilado. Lo reclamamos y

vino a inaugurarlo el padre Ángel Izurmendi (salesiano), que

actualmente es consiliario episcopal de Cataluña, Baleares y

Aragón. Allí fuimos todos los miembros de la Fundación, y

yo lloré al ver cómo Dios siempre nos protegía en todos los

aspectos. En ese nuevo local se hizo mucho bien.

Más tarde se agregó al grupo un matrimonio formado por

Luis Font y Mariuca.

Josep Armengol y Luis Font solían ir a casa de los gitanos

para resolverles toda clase de problemas. Hasta vino TVE,

que filmó un video a Armengol llamándole “el buen samaritano”.

Un testimonio precioso. También se nos unió entonces

Oscar Corominas.

Sigo con La Hora de Dios. En el nuevo local de la rambla del

Matilde Ripoll • 43 • La Hora de Dios


Raval nº 4, seguimos creciendo; montamos el Casal infantil

que ya teníamos, el cual también fue creciendo en niños y

voluntarios. Se instaló en la rambla del Raval nº 7. Allí a los

niños se les enseñaba educación cívica y amor. Se separaban

por edades de tres a cinco años. Otros de seis a nueve y otros

de nueve a 12.

Matilde Ripoll • 44 • La Hora de Dios


Primera junta en la sede de cadena 4 con Roca, Carmen, Moreno, Matilde,

Alejandra y Lluis.

Festejando la inauguración del local de la calle Cadena.

Matilde Ripoll • 45 • La Hora de Dios


Matilde brinda por el futuro de La Hora de Dios.

Matilde Ripoll • 46 • La Hora de Dios


III

CONVIVENCIAS

En La Hora de Dios hacíamos convivencias, y las hacíamos en

el jardín de mi casa. Vivo en las Tres Torres y tenemos unos

bajos muy grandes con un gran patio interior ajardinado.

Hacíamos siempre lo mismo. Primero la misa y después la

comida, que nos preparaba Francisca Zafra, una gran cocinera

que solía hacer paella y, más tarde, la charla entre grupos.

Todo esto une mucho.

Yo me jactaba de que en mi casa había entrado el mayor y más

Matilde Ripoll • 47 • La Hora de Dios


querido personaje del mundo: Dios. Y así era. Dios se hacía

cuerpo entre nosotros a través de la Hostia Santa, y todos

disfrutábamos de su presencia real.

Todo esto ya pertenece al pasado, quizá porque las cosas, al

hacerse grandes, pierden su intimidad. Pero todo forma parte

de la vida, y así hay que aceptarlo. Siempre me dicen: los

tiempos cambian. Y es verdad. Lo importante es no cambiar

por dentro y la realidad es mantener a Dios en nuestro corazón.

Recuerdo que dos veces al año nos veníamos todos los socios

para compartir nuestro diálogo y nuestra amistad.

Unas veces en los grandes jardines que tienen los salesianos

en el colegio del valle Hebrón donde avisábamos una semana

antes y nos hacían la comida las monjitas. Nos reuníamos en

un comedor muy grande donde compartíamos mesas de seis

personas y éramos aproximadamente unas 30.

Después de comer salíamos a los jardines, todos preciosos y

Matilde Ripoll • 48 • La Hora de Dios


nos sentábamos para hablar de Dios y de sus cosas, éramos

felices; teniendo a Dios todo basta.

Por la mañana, al entrar, nos hacía una misa el consiliario, en

la que ya era como un pequeño retiro de un día. Nos hablaba

de nuestra vocación para hacer el bien y estar en La Hora de

Dios, ¡era todo tan bonito!

Por la tarde, al ir a retirarnos, dábamos una placa al socio que

por su edad no podía seguir en la vida activa de la obra y le

dábamos las gracias por su labor en ella.

Todos éramos auténticos amigos.

Matilde Ripoll • 49 • La Hora de Dios


Convivencias en el jardín de casa. El Padre Hilari oficiando la Misa.

Cecilia Bosch, su marido y los Vilurbina.

Matilde Ripoll • 50 • La Hora de Dios


Aurora, Alejandra, Remedios, Matilde, la hija de Mª Cruz y M. Asensi.

Matilde Ripoll • 51 • La Hora de Dios



IV

SEIS CASOS DE NIÑOS TRISTES

En La Hora de Dios tuve muchas experiencias inolvidables

con niños desamparados a los que siempre traté de buscar un

futuro mejor. A continuación contaré algunos casos que me

han marcado especialmente, y en los que actué con el apoyo

del Doctor Berini, director de Protección de Menores, quien

siempre me dio su confianza para ayudar a los niños.

Matilde Ripoll • 53 • La Hora de Dios


Niño abandonado por su madre

En la calle Cadena nº 4 dos mujeres discutían, una decía a la otra:

“Tengo un niño en mi casa y no lo puedo mantener. Es hijo de una

prostituta que me ofreció dinero a cambio de dejarlo, pero no me

ha dado ni un céntimo”. Antes era muy corriente que las prostitutas

mayores se quedarán con los hijos de las jóvenes a cambio de dinero.

Me fui con la anciana a recoger el niño, lo tenía castigado en una

habitación a oscuras, sin ventanas y encerrado con llave. En cuanto

abrió la puerta se tiró a mis brazos y no quería soltarme, tendría tres

o cuatro años, y era muy guapo Lo traje a mi casa y disfrutó como

un loco jugando con mis tres hijos, se sentía gracioso y querido, y

era feliz. Lo natural en los niños que sólo tienen su momento presente.

Yo prácticamente me enamoré de él y quise adoptarlo, pero mi marido

no lo aceptó y me hizo comprender que teníamos tres hijos y

muchos gastos. Tuve que llamar a Montserrat Figueras que tenía

una Asociación para adopción de menores. Perder a este niño me

hizo llorar.

Matilde Ripoll • 54 • La Hora de Dios


Cinco niños abandonados por una prostituta de lujo

Vino un hombre a La Hora de Dios, un hombre muy apuesto,

muy majo y joven que me dijo: “¿Usted es la directora?”. Yo respondí

que sí. “Vengo a que me recojan a mis cinco hijos”. “¿Qué

dice? ¿Quiere que los ponga en un colegio?”, contesté yo, a lo que

el individuo me respondió: “No, no, quiero que los dé en adopción”.

Yo me quedé perpleja y le pregunté el porqué. “Donde usted

los ponga estarán mejor que con su madre, y prefiero hacerlo así”,

me dijo.

Entonces quedamos ya en vernos al día siguiente, yo fui con un

compañero. El portero de la casa me dijo: “Sobre todo que no se

entere la policía porque está prohibido”. Subí las escaleras y comprobé

que todo estaba desconchado y que en una cama grande había

cinco niños, tendrían entre seis años y seis meses. Me miraban

todos con unos ojitos tristes y yo los veía desfallecidos de hambre,

por lo que bajé corriendo y compré alimentos de los que les gustan

(leche, plátanos, chocolate, pan, galletas, un poco de todo). Cuando

puse en la cama los alimentos los niños fueron como cinco

perritos hambrientos, y hasta el pequeño gateaba para coger algo.

Matilde Ripoll • 55 • La Hora de Dios


Al final aparecieron dos personas que se suponía que eran sus padres.

Ella era una mujer muy guapa, muy elegante, prostituta de

lujo, y se veía que no quería saber nada de los niños. Entonces

yo le dije: “¿Qué quieres? ¿Dar estos niños?, y me dijo: “Sí. Mire

señorita, es que yo no puedo cuidarlos, y prefiero que los cuiden

otras personas”. Yo le respondí: “Bueno, mira, este pequeño está

desnudo, dame algo para cubrirlo”, pero no me quiso dar nada.

Entonces saqué mi chaqueta y se la enrollé. Después comencé a

bajarlos. En el coche me estaba esperando mi compañero. Yo me

senté detrás y me empezaron a caer niños y niños encima. En ese

momento le dije a la mujer: “Oye, ¿no les das un beso? Mira que

es la última vez que los vas a ver”, y me dijo “Sí, señorita”, y con la

mano les tiró un beso. Unas amigas se ocuparon de ellos y llamé

enseguida a Berini que es el protector y el secretario de protección

de menores, y le dije lo que pasaba. Su respuesta fue: “Pues no me

los traigas al tribunal, mejor que los des en adopción con tal de

que los lleven al colegio, les den de comer y los quieran”. Darlos

fue una de las experiencias más tristes que pasé, pues no existía el

bienestar social y nadie protegía a los pobrecitos niños. No había

nada, ni siquiera asistenta sociales… y esa fue una más de las experiencias

que viví en La Hora de Dios.

Matilde Ripoll • 56 • La Hora de Dios


Niña violada por su padre

Un día, en la parroquia de Las Atarazanas, se presentó una niña de

12 años, muy bonita y bien formada, que quiso hablar con la directora

y a quien enseguida recibí. Me contó que vivía con su padre

y que éste la violaba todos los días. También me dijo que como en

esos momentos estaba en la cárcel había aprovechado para venir y

pedir ayuda. Hablé con las monjas Olatas y la directora me dijo que

la llevara a su convento. Le dieron una habitación, comida y ropa,

y allí se quedó.

Al poco tiempo tuve una llamada de un hombre que quería hablar

conmigo... era el padre de la niña, y me dijo: “Estoy en el manicomio

de Sant Boi y sé que usted ha recogido a mi hija, quiero verla”,

y me amenazó. Yo la recogí y fui con ella al manicomio. Aquello fue

como una película de miedo. Allí había un corredor largo y varios

espejos en las paredes que ponen para qué te des cuenta si algún

loco viene por detrás. Ella entró con su padre en una habitación y

yo me quedé esperándola. Nos fuimos otra vez al convento, pero a

los pocos días me llamó la directora para decirme que apareció el

padre por allí y se la llevó. No volví a saber de ella.

Matilde Ripoll • 57 • La Hora de Dios


Mendigo abandonado por todos y acogido por Dios

Quiero hablar ahora sobre uno de los casos de La Hora de

Dios más importantes. Sobre todo porque Félix, que era un

mendigo, siempre andaba en la calle. Estaba enfermo de sida

y casi siempre medio muerto pidiendo dinero porque tenía

claro que debía tomar droga. Se apostaba en la puerta de un

bingo y cuando salía la gente les pedía una moneda para comprar

su droga.

Yo, que le conocía, le decía: “Félix, tienes 27 años ¿Por qué

no vienes a La Hora de Dios?”. Si quieres pasas y te cambian,

te duchan, te afeitan, te peinan, y encima te visten. Si vas yo

prometo regalarte 5.000 pesetas. Casi al día siguiente vino, y

vino guapísimo, pues parecía un Jesucristo resucitado porque

además tenía una cara muy bonita. Le di las 5.000 pesetas,

pero también le había buscado una casa donde albergarlo de

una señora que me había ofrecido una habitación.

No hubo forma humana de convencerlo, no la hubo, él quería

a toda costa su droga y luego pasó lo que pasó. Nos llamaron

de un hospital evangélico de Barcelona diciendo que Félix

Matilde Ripoll • 58 • La Hora de Dios


estaba ingresado, por lo que mi hermana y yo fuimos a verle.

Era un esqueleto viviente sin una pizca de carne en todo

el cuerpo. También había ido a visitarle nuestro compañero

Armengol, que daba clases de catequesis. Él le habló mucho

del amor de Dios y cuando yo llegué las enfermeras nos dijeron

que no pusiéramos mascarillas y guantes. Pero resulta

que no nos pusimos nada y nos fuimos con él. Fue entonces

cuando me dijo una cosa muy bonita: “Mira Matilde, ves ese

que está ahí (era un crucifijo muy bonito), pues me voy con

él, porque él me ama, porque es el único que me ha amado en

este mundo por ello me voy con él”. Lo sorprendente es que

estaba completamente convencido, y eso teniendo en cuenta

que Rosa Flores le había gestionado una pensión… pero no le

importaba ya ni el dinero, ni nada. Sólo quería irse con Jesús,

y fue tan bonito porque murió feliz y eso es importantísimo

para una persona que había pasado su vida en la calle. Llamamos

a sus padres y a sus hermanas porque vivían en Sabadell.

La cuestión es que él se fue al Cielo con Jesús.

Matilde Ripoll • 59 • La Hora de Dios


Niña con piojera

Estando en la iglesia de Santa Mónica, en Las Atarazanas, se

presentó un día una mujer con una niña que tenía una corteza

grande en la cabeza. Dejó en mis manos la niña y me dijo

que no la podía mantener. Yo pensé traérmela a mi casa, pero

primero le llevé a un ambulatorio que estaba al lado e hice

que la examinase una enfermera que siempre atendía muy

bien a los pobres. Ésta me dijo, “Mira Matilde, no te la lleves

a tu casa, porque tú tienes niños pequeños y podrían contagiarse”

Entonces llamé a Hilda de Felipe, una voluntaria que trabajaba

con los capuchinos de Sarriá, le traje la niña y ella se hizo

cargo de llevarla a un hospital. Al día siguiente me llamó y

me dijo: “¿Sabes Matilde lo que tenía esta niña? Era piojera,

una enfermedad que existía en la Edad Media. El médico le

ha quitado la costra y le han salido piojos a docenas, ahora

está internada por la infección que tenía”. Se quedaron con la

niña y ya no volví a saber de ella. Supongo que fue adoptada.

Matilde Ripoll • 60 • La Hora de Dios


Niño que Dios quiso que se salvara

Un día en Cadena nº 4 me hablaron de que debíamos ir a

Hospitalet a recoger un niño que estaba grave. Su madre, decían,

estaba loca, salía a la calle y se acostaba con cualquiera.

Éste niño recién nacido ya era el tercero.

Fuimos a la casa, el ayudante de Montserrat Figueras y yo.

Me sorprendió ver que quien me abría la puerta, una anciana

muy limpia, en cuya casa todo relucía. Tenía un montón

de ropa recién lavada en un rincón del comedor. Pasamos,

por fin, a ver al niño, que estaba en una habitación oscura, y

cuando lo ví me horroricé. Exclamé: “Este niño se está muriendo,

esta pequeño, flaco, y ni siquiera abre los ojos”. Por lo

visto ni lo alimentaba, ya que la abuela lo único que hacía era

renegar de su hija.

Cogí en brazos al niño, estaba desnudo, le pedí un poco de

ropa para ponérsela, pero no me la quiso dar. Lo arropé con

mi rebeca y hablé con el abuelo, que estaba mirándonos. Le

dije: “Me llevo al niño a San Juan de Dios, pero usted se viene

conmigo, no quiero que luego me acusen de un rapto”.

Matilde Ripoll • 61 • La Hora de Dios


Al llegar a San Juan de Dios pasamos delante de todas las

urgencias. Lo vio un médico y empezó a llamar a los demás

compañeros, pues ninguno se explicaba que ese trocito de

carne estuviera vivo.

El médico me dijo: “Lo salvamos, ¿y luego qué?”. Yo contesté:

“Tranquilo, a su casa no vuelve”. El abuelo firmó la renuncia,

y el niño estuvo siete meses en una incubadora.

Matilde Ripoll • 62 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 63 • La Hora de Dios



V

TESTIMONIOS

Ahora, puesto que La Hora de Dios somos todos, he pedido

a cada uno de sus miembros co-fundadores que relaten sus

vivencias en la misma.

Matilde Ripoll • 65 • La Hora de Dios


Jos Galán

(María del Mar, que fue nuestra presidenta, falleció casi de

repente. Su marido Jos Galán nos explica la gran labor de

María del Mar en el Raval)

Este es un pequeño texto semblanza de lo que yo creo que era

María del Mar en su faceta en el Raval, en l’Hora de Déu y en

Ekumene.

María del Mar era sobre todo una mujer práctica, con una

fe inquebrantable en la Providencia. Una fe como la llamada

“fe del carbonero”, que no se hacía preguntas ni quería

explicaciones, pero que buscaba continuamente respuestas

para ejercer el más importante de los mandatos, el amor al

prójimo, un amor sin sentimentalismos ni sensiblerías, una

caridad práctica, llamando a las cosas por su nombre y no

pidiendo nada a cambio.

Su vida se fue concentrando cada día más en el Raval, hasta

su inesperada marcha. Y se fue con las botas puestas.

Matilde Ripoll • 66 • La Hora de Dios


Además de eso era muchas otras cosas: una compañera de

vida insustituible, una pedagoga extraordinaria, una madre

excelente y una incipiente abuela adorada por sus nietos,

pero eso es para la historia personal y familiar.

Matilde Ripoll • 67 • La Hora de Dios


Mercedes Asencio

(Era la vicepresidenta de La Hora de Dios cuando falleció

María del Mar. Durante un año, pese a su avanzada edad,

ha luchado sin tregua muy bien)

En poques línees explicaré el que ha estat per a mi i és L’Hora

de Déu.

Un bon dia, uns amics m’hi van inscriure com a voluntària

i, d’això fa uns 40 anys. Es un lloc del qual he rebut moltes

satisfaccions. Ajuden a les persones que les fa falta. La recompensa

la reben nosaltres dintre de L’Obra Social, es on he

trobat els millors amics.

Durant aquests anys he conegut diverses directives. La primera,

la fundadora Sra. Matilde Ripoll. Ella quan va dimitir

ens va deixar la seva frase inoblidable: “Primero dar i después

averiguar”. Això ens ajuda a no equivocar-nos.

Actualment, tenim una junta molt responsable que es preocupa

pel bon funcionament de L’Obra Social; i un voluntariat

Matilde Ripoll • 68 • La Hora de Dios


disposat a sacrificar totes les hores de feina que facin falta.

El qui llegeixi aquest llibre i va pertànyer a L’Hora de Déu que

estigui tranquil que tot va molt bé.

Gràcies pels que van començar i gràcies als que ens ajuden a

continuar.

Matilde Ripoll • 69 • La Hora de Dios


Remedios Ripoll

(Mi hermana gemela, que empezó La Hora de Dios conmigo,

fue vicepresidenta mucho tiempo hasta que por asuntos

personales se tuvo que retirar. Su energía y su fuerza

han ayudado mucho a La Hora de Dios. Falleció antes de

que este libro saliera de la imprenta)

Hoy voy a hablar de algo que cada vez es más importante entre los

seres humanos: la caridad; de la caridad hacia nuestro prójimo.

Es terrible ver el egoísmo que proyectamos hacia nuestros semejantes

más necesitados, sin importarnos lo que le ocurre al vecino

que tenemos al lado, al pobre y con el que nos cruzamos con todos

sus problemas a cuestas. Esos ancianos abandonados. Niños huérfanos.

Los que están en la cárcel. Y todos son seres humanos como

nosotros. Seres humanos que sufren y padecen sin que nos apercibamos

a pesar de ser nuestros semejantes; nuestros hermanos.

¿Qué nos ha pasado? Crees que siempre ha sido así, pero ya es hora

de cambiar. También nosotros somos esos semejantes para los demás,

y cada uno desde nuestro rincón imaginamos por momentos

Matilde Ripoll • 70 • La Hora de Dios


lo que podríamos hacer a favor de los otros. No se trata de hacer

caridad para decirnos que somos muy buenos, sino como obligación

que tenemos todos hacia nuestros semejantes.

Por esta necesidad de ayuda ha nacido nuestra obra, a la que llamamos

La Hora de Dios.

Es una obra de dedicación al prójimo no durante la vida, ni un

mes, ni siquiera una semana, ni un día, sino una hora, tan sólo una

hora de nuestro trabajo, de nosotros mismos dedicados al prójimo.

Para que todos nos unamos y colaboremos por un bien común,

Matilde Ripoll • 71 • La Hora de Dios


para que allí donde se nos necesite estemos nosotros con la mejor

intención colaborando por un bien común, y así dejar de ser piedras,

para convertirnos en esponjas, y ser cristianos de ley dejando

una huella de bienaventuranza. Que sepan los demás que cuentan

con nosotros de verdad.

Hemos de intentar imitar a Cristo, que en cada uno de nosotros

deje fe con su comportamiento, limando asperezas para conseguir

un mundo mejor. Proyectar hacia nuestros semejantes el amor que

sentimos hacia nosotros y nuestros hijos y seres queridos. ¡Cuánto

bien pueden hacer a veces una mirada, una palabra, un simple acto

de amor!

Decidámonos a ser mejores. Sólo lo conseguiremos en la profundidad

de nuestra mente. Al fin y al cabo no tenemos ningún mérito

en ser como somos si hemos nacido así, con más o menos cualidades.

Lo importante es trabajar por los que carecen de lo necesario,

que han nacido sin los medios que a nosotros nos han regalado.

Al que le rodea el amor muchas veces es porque Dios le concedió

ese don preciadísimo de haber tenido hijos que lo querían, el que

Matilde Ripoll • 72 • La Hora de Dios


está sano puede enfermar, así es que no podemos presumir cuando,

de un día para otro, puede cambiar nuestra suerte y encontrarnos

necesitados como los que hoy en día nos necesitan y podemos

ayudar en momentos de angustia. Es entonces cuando realmente

valoramos y agradecemos esa mano amiga que nos consuele, nos

dé amor, ayuda económica, medicamentos o lo que en ese momento

necesitemos y nos haga felices conseguir.

Nuestra obra está recién iniciada, pero podría ser la de todos nosotros,

la obra de nuestros cursillos, la oración hecha acción, la que

nos sirviera para unir nuestros lazos a favor de los desgraciados y

los que sufren y así nosotros podríamos realizarnos todos unidos a

favor de un bien común. Todo aquel que sale de cursillos y quiere

hacer algo positivo ya tendría su meta en la colaboración con esta

Hora de Dios.

Muy pequeñitas nacieron otras obras del apostolado y ahora están

por el mundo entero. ¿Por qué no podemos aspirar a que a esta le

pase lo mismo? Pero para eso debemos contar con que todos los

afortunados, los generosos, los que desean hacer algo en bien del

prójimo, no le demos la espalda a Dios ni a nuestros semejantes.

Matilde Ripoll • 73 • La Hora de Dios


Marta Cantón

(Es mi hija: obtuvo el título de Asistententa Social, ingresó

en La Hora de Dios e introdujo una gran calidad de trabajo,

que mejoraron la gestión en muchos aspectos de la

Fundación)

La Hora de Dios es parte de mi vida; de hecho, no puedo separar

una cosa de la otra, puesto que siempre ha estado ahí.

Soy la hija de la fundadora. Y lo digo con todas las palabras,

y con orgullo. Porque he tenido una madre trabajadora, que

ha conseguido mucho en la vida. Y una de las cosas que ha

conseguido es fundar una obra con la que miles de personas

han salido adelante en momentos muy críticos de su vida.

Soy Marta Cantón, la hija de Matilde, artífice de esa gran asociación;

un lugar donde cientos de voluntarios han prestado

su ayuda a lo largo de los años, pensando más en los demás

que en ellos mismos, porque esa es la esencia del voluntario,

y sin ellos nada habría funcionado. Yo misma he sido voluntaria

en la asociación desde que tengo uso de razón; primero,

Matilde Ripoll • 74 • La Hora de Dios


Rafi con mis tres hijos y yo.

repartiendo juguetes entre los niños el día de Reyes, cuando

yo era también una niña.

Tengo muchos recuerdos de aquellos días, cuando nos visitaba

el “rey mago”, ¡también voluntario, por supuesto!, y los

niños del Raval se agolpaban a las puertas, esperando recoger

un juguete de manos de tan insigne personaje. Confieso que

yo también recogía alguno...

De esos años recuerdo también a los niños que mi madre traía

a casa. Eran niños hijos de prostitutas las más de las veces,

Matilde Ripoll • 75 • La Hora de Dios


que sus madres abandonaban por no poder hacerse cargo de

ellos. Los acogíamos en casa como un hermano más (éramos

tres), y convivían con nosotros unos cuantos días, hasta que

eran acogidos en alguna institución. Quizás de aquellas convivencias

nos haya quedado a mis hermanos y a mí un poso

de generosidad y tolerancia hacia las otras personas. Todo

eran enseñanzas vitales.

Más tarde, ya adolescente, me ocupé de los niños, de los hijos

de la gente necesitada que acudía a solicitar alguna ayuda. Los

teníamos reunidos a todos, y jugábamos con ellos, les leíamos

cuentos... les dábamos el máximo cariño posible, que de eso

también tenían carencia. Recuerdo a niños felices dentro de su

miseria, que te ofrecían lo poco que tuvieran.

Me hace sonreír el recuerdo de un niño en concreto, de ocho

años, que vino una tarde con una pulsera de oro para mí. Me

dijo que la había robado para regalármela. Fue un detalle bonito

dentro de lo ilegal. Por supuesto, no acepté el obsequio,

y le hice reflexionar sobre su acto. Pero la verdad es que me

provocó mucha ternura.... Ese niño hoy tiene un puesto de

Matilde Ripoll • 76 • La Hora de Dios


pájaros en la Rambla de los

animales.

Matilde con una de las niñas

recogidas en su casa.

Cuando llegó el momento, estudié

en la Universidad la Diplomatura

de Trabajo Social,

con lo cual, al acabar, me convertí

en la primera trabajadora

social de La Hora de Dios (por

supuesto, al principio, voluntaria). Los primeros tiempos fueron

muy duros, el departamento de Trabajo Social no estaba

instaurado, con lo que se tuvo que empezar desde cero. No había

horarios, ni expedientes, no había de nada, así que tuve que

ir moldeando el servicio según iba viendo las necesidades. Fue

una experiencia agotadora, pero gratificante. Crear una cosa así

de la nada es una satisfacción enorme.

A partir de ahí, ya siempre fui trabajadora social de la asociación.

Poco a poco se fueron añadiendo más personas al departamento,

amigas mías que creían en el proyecto, y la verdad es

que se creó un clima precioso.

Matilde Ripoll • 77 • La Hora de Dios


Matilde con su marido, su hija Marta y Mercedes Irles.

En fin, La Hora de Dios sigue su curso. Se ha convertido en

una organización enorme, ya no es aquel grupo de personas

que actuaban movidas más por el corazón que por la cabeza,

ya no está en un local desvencijado, ya no tiene que mendigar

dinero para cubrir las necesidades... todo ha cambiado mucho,

no creo que sea ni mejor ni peor, sino diferente, pero, como

siempre, cuenta con un ángel de la guardia, su madre, mi madre,

Matilde, que, aunque desde la distancia, sigue velando por

“su hijo”, y, de vez en cuando, le da un toque de atención, para

que no se desvíe del camino correcto. ¿Qué madre no ha hecho

eso con un hijo?

Matilde Ripoll • 78 • La Hora de Dios


Juan Antonio Cantón

(Dedicado a una madre llena de amor hacia los demás)

Yo, y mis muy queridos hermanos Marta y Luis, vinimos a este mundo

entre 1966 y 1970, fruto de la unión de mi madre y mi padre, Antonio

Cantón. Ambos fueron, son y serán a lo largo de toda nuestra

vida un punto de referencia y de admiración en nuestros caminos.

Pero, por encima de todo, han sido el AMOR personificado en forma

de padres. Ellos nos dieron la luz con su amor, el pan y la educación

con su trabajo, el sentido común y las reglas de este juego que es la

vida con su razonamiento, su comprensión, su cariño y su ternura.

Sin embargo, no son estos detalles de mi infancia lo que me pidió

mi madre que escribiera. Simplemente es una introducción a lo que

ahora explicaré. Algo que quizás poca gente sepa y que ya se centra

más en el tema.

He hablado de mis padres, de mis hermanos y de mí. Pero tratándose

de un relato familiar, he olvidado, deliberadamente por supuesto,

algo transcendental en nuestras vidas.

Matilde Ripoll • 79 • La Hora de Dios


Mi madre, Matilde Ripoll, tuvo un cuarto hijo (simbólicamente

hablando, La Hora de Dios). Nació en una chabola del

Somorrostro de Barcelona una tarde lluviosa y oscura de finales

de diciembre de 1962. Lo parió prácticamente sola, y

sola prácticamente lo sacó adelante como pudo, apenas con

la ayuda de unas pocas amigas, pero con toda la fuerza, el

espíritu de luchadora, el coraje, la fe, y el amor que siempre la

han caracterizado.

Ella siempre dice que lo puso en manos de Dios, y no digo

que no fuera así, pero si él daba las órdenes y el camino a

seguir, ella era la que andaba el camino y sorteaba todos sus

baches. Al poco tiempo, y después de uno de esos baches de

la vida, Dios puso en el camino a Antonio, con quien se casaría

y con quien nos tuvo a mí y a mis hermanos. Mi padre

(que tanto nos quería y al que tanto amó), no sólo dio el “sí”

a mi madre, sino también al hijo (La Hora de Dios) que iba

con ella, y que ya tenía tres añitos. Colaboró con ella siempre

que pudo en la formación y crecimiento del niño (La Hora de

Dios). Después llegamos nosotros, mis hermanos y yo.

Matilde Ripoll • 80 • La Hora de Dios


Por mi parte, guardo un grato recuerdo de mi infancia y de

mi hermano mayor. Él me enseñó algunos de los valores fundamentales

de mi vida, como el amor al prójimo o la humildad.

Tenía un don especial desde que nació en aquella chabola,

aquella tarde lluviosa de diciembre. Tocado por el dedo

de Dios, era capaz de obrar milagros; daba de comer al hambriento,

daba un techo al que no tenía donde ir, daba ropa

al que tenía frío, y, sobre todo, daba esperanza e ilusión al

desesperado. Ya desde pequeño despertó inquietud en mucha

gente. Recuerdo a mi madre muchos momentos pegada al teléfono

conversando con gente que se interesaba por él.

Pero el tiempo pasa. Todos hemos crecido. Mi hermano mayor

tiene ahora 48 años y ya voló hace tiempo del regazo de

mamá. Ahora tiene otros jefes, directores que dirigen su crecimiento

y su don. Ya no es lo mismo que antes, es cierto,

pero… ¿es que hay algo comparable en este mundo al amor

de una madre por su hijo?

Yo también volé, hace años. Y ahora que mi hijo Alejandro

empieza a despegar, también me doy cuenta de lo mucho que

Matilde Ripoll • 81 • La Hora de Dios


se echa de menos a un hijo, de lo mucho que me echa de menos

mi madre a mí, de lo que echa de menos a mi hermano

mayor o a mi hermana Marta.

Pero también me doy cuenta de que, en el lugar y en el momento

que mi hijo me necesite, allí estaré para tenderle mi

mano, mi abrazo y mi vida, si fuera preciso. Porque un hijo

es lo más maravilloso de esta vida. Y, del mismo modo, sigue

mi madre protegiendo a sus cuatro hijos en todo momento.

Quiero acabar dando gracias a Dios por poner un guardaespaldas

en el último trayecto del camino de mi madre. Un

ángel con un corazón infinito que es mi hermano Luis, que

canceló todos sus vuelos para cuidar y acompañar a mis padres

al final de sus caminos..

Matilde Ripoll • 82 • La Hora de Dios


Zoé Giménez

(Colaboradora desde el principio de la Fundación. Muy señora.

Sin ganas de destacar. Una mujer humilde y buena)

Conocí La Hora de Dios en una charla que nos dio Matilde en

la autorizada de Nuestra Señora de Montserrat, creo que fue

a primeros del año 1975. Ya desde principio, me comprometí

a colaborar con una cuota mensual.

Pensé que para dar a conocer la obra se podrían hacer reuniones

en casas, y que Matilde viniera a dar charlas. Yo hice unas

cuantas, conseguimos que todos los asistentes se comprometieran

a colaborar mensualmente. Han pasado muchos años,

pero aún quedan muchos que pagan el recibo que yo pago

también por el banco.

De mi recuerdo el primer lugar donde estuvo situada la obra

fue en la calle Muelas, una esquina de Fontanella. Después

pasó a la iglesia de Santa Mónica, donde había mucho espacio,

era fácil ir con el coche y dejarlo en doble fila, ya que lo

vigilaba un guardia urbano que estaba allí.

Matilde Ripoll • 83 • La Hora de Dios


Yo recogía paquetes de ropa usada cuando me llamaban por

teléfono, y con el coche cargado podía vaciarlo sin problemas.

También antes de los Reyes Magos iba cargada de juguetes

recogidos entre amigos y colegios, para repartir a los

niños. Cuando La Hora de Dios se trasladó a la calle Cadena,

que es muy estrecha, ya fue más difícil descargar el coche allí.

Actualmente está en la rambla del Raval y al principio llevaba

los paquetes que recogía en el colegio de las teresianas de

la Travesera de Gracia, que también eran voluntarias, y con

una furgoneta cargada lo llevaban todo, hasta que dejaron de

hacerlo.

También conseguí un año por Navidad, previa presentación

de impresos acreditativos de los servicios de la obra llevada

a cabo, un buen lote de productos alimenticios de la empresa

Caprabo.

Al principio, cuando se organizó la lotería de Navidad y yo

me hice cargo de muchos talonarios, llegué a más de 100, que

repartía entre amigas que trabajaban en despachos. Con el

Matilde Ripoll • 84 • La Hora de Dios


Varios de los colaboradores con Matilde y Zoé.

tiempo, se han ido jubilando las que trabajaban y ya no me

piden tantos talonarios. La realidad es que ahora mi pedido

es muy inferior, pero se hace lo que se puede.

Muchos recordarán la exposición de la virreina de cuadros

regalados por diversos artistas y que tuvo éxito de asistencia

y de adquisición de obras. Las restantes se sortearon con

Matilde Ripoll • 85 • La Hora de Dios


la venta de números. Yo, particularmente, además de haber

comprado un cuadro, fui afortunada con otros, cuyo número

salió premiado.

Quisiera recordar la labor realizada por Carmen Alonso desde la

creación de La Hora de Dios hasta el final de su vida, con su entrega

y dedicación, su temperamento siempre afable y efectivo en

todas las actividades y gestiones que hubo de realizar en cada momento

por el cargo desempeñaba.

También merecen nuestro recuerdo los servicios prestados por

Francisca Zafra, con su entrega incondicional. Llegó incluso a hacer

de albañil, concretamente construyendo un aseo, y demás labores

que se presentaran.

Un recuerdo también para otros que nos han ido dejando como

Salvador Figueras, tan activo hasta el final, Mercedes Irles, siempre

dispuesta, María del mar Bonmatí, eficientes hasta final... y

otros muchos que ya no están y han dejado su huella ayudando a

La Hora de Dios para que fuera progresando, hasta llegar a donde

ahora sigue, dando servicio a tantas personas que lo necesitan.

Matilde Ripoll • 86 • La Hora de Dios


Dios me dio la oportunidad de conocer La Hora de Dios, con

lo cual me inicié en un servicio a los necesitados que me ayudó

a llenar mi vida espiritual y sigo desde entonces ayudando

en todo lo que está a mi alcance.

Según el criterio de Matilde, la fundadora, el funcionamiento

debe ceñirse al sistema. Cuando acude alguien con hambre a

pedir, primero hay que dar y luego preguntar por su situación

y necesidades y rellenar el cuestionario que sea preciso para

seguir la norma que tiene la obra.

Matilde Ripoll • 87 • La Hora de Dios


Alejandra Casanova

(Siempre buena amiga y eficaz colaboradora)

Me llamo Alejandra Casanova Salinas y desde la Fundación

de la Obra Social “La Hora de Dios” me sentí impulsada a

participar en ese proyecto tan solidario y hermoso, que nos

llevó a ayudar a las personas necesitadas que malvivían en el

Raval y otros barrios pobres.

Por ello actué como secretaria durante el período que Matilde

Ripoll era presidenta de la Obra. Todos los que estábamos al

servicio de la Obra participábamos en el ropero y recogida y

reparto de alimentos. También mi hermana Rosa y yo asesorábamos

a algunas personas para conseguir pensiones y ayudas

sociales del sistema de la Seguridad Social.

Toda esta labor que desempeñé en su momento enriqueció

mi vida y reafirmó mi convicción de que somos Instrumentos

de Dios.

Matilde Ripoll • 88 • La Hora de Dios


Alejandra Casanova, Padre Hilari, Mercedes Irles y mi marido.

Mi madre, Remedios, Mari Casanova, Matilde y Alejandra.

Matilde Ripoll • 89 • La Hora de Dios


Xesca Abellán

(Secretaria del Sr. Prats, es

una persona muy inteligente y

trabajadora)

Que em fa fer un

voluntariat

Durant l’estiu de l’ any 1.995 jo

treballava a Construccions Praba. La fortuna va fer que jo

pogués anar de vacances a Austràlia amb companyia d’una

bona amiga. Entre totes les meravelloses coses que es poden

fer i veure a aquest país tant extraordinari, estava la visita i

pujada a la muntanya Uluru, també conegut com Ayers Rock,

es el segon major monolit del mon . Sorgeix des del cor de la

terra seca del centre d’australià con un enorme vigilant de les

mes antigues tradicions.

Vaig tenir la gran sort de veure la sortida del sol en el punt

més alt de la muntanya, i als meus peus, una immensa extensió

de desert. Em vaig sentir tant feliç i tant privilegiada

de poder experimentar aquella sensació, que en aquell

Matilde Ripoll • 90 • La Hora de Dios


precís instant vaig decidir que jo tenia tant, que també tenia

l’obligació de compartir, de donar ajuda de prestar els meus

serveis a persones que, per desgracia, en aquest món no són

tan afortunades com ho era jo.

I a partir d’aquí, de prendre aquest decisió, la vida i l’Univers

vam fer la resta.

Com he arribat a L’Hora de Deu

Com he dit a l’ inici, jo treballava de Comptable a Construccions

Praba i la “causalitat” va fer que el Sr. Lluis Prats, que

era un dels propietaris de l’empresa em demanés ajuda per fer

la comptabilitat de la Fundació benefica L’Hora de Déu, que

estava situada en el barri del Raval de Barcelona.

Aquí va començar la meva col•laboració i voluntariat a l’Hora

de Déu. El Sr. Prats feia la comptabilitat de la fundació, però,

arribat el moment de informatitzar-la per tal de poder presentar

els comptes a diverses entitats a les que la fundació

demanava subvencions, es quan el Sr. Luis Prats em va demanar

ajuda. Vam començar que, un o dos cops per setmana, el

Matilde Ripoll • 91 • La Hora de Dios


Sr. Prats i jo fèiem feina de L’Hora de Deu al propi despatx de

l’empresa, i això va durar un temps.

Desprès d’un temps jo vaig ajustar el meu horari de feina i

vaig demanar festa el dijous a la tarda per fer coses meves. I

a partir d’aquell dia vaig utilitzar el dijous a la tarda per anar

a la seu Social de L’Hora de Déu, anava un cop per setmana i

de vagades més si era necessari, i amb el temps , poc a poc i

amb l’ajuda del Sr. Prats, vaig passar a ser la responsable de la

Comptabilitat de l’Hora de Déu.

Que m’ha aportat l’Hora de Déu

El que m’ha aportat estar a L’Hora de Deu són valor difícils de

quantificar, per exemple, conèixer grans persones:

He conegut persones molt importants a la meva vida, entre

elles el Sr. Prats, una persona molt respectuosa, amb una capacitat

de feina important i sempre amb una actitud de poc

protagonista, el que més l’importava era la feina ben feta i

el servei al més desfavorit. Era molt acurat amb la feina, tot

havia de estar ben fet, ben quadrat, i una persona molt poli-

Matilde Ripoll • 92 • La Hora de Dios


da, molt acurada amb els papers, molt organitzada . Pera mi

va ser un exemple, i molt còmoda treballar amb ell. Sempre

li estaré molt agraïda per que ell va ser el fil conductor per a

que jo col•laborés amb l’Hora de Déu, i això ha fet que posteriorment

dediqui part de la meva vida a l’ajuda als altres.

Gracies Sr. Prats.

Una altre persona molt important va ser el Sr. Salvador Figueres,

que va passar a ser la persona que m’ajudava amb la

comptabilitat quan el Sr. Prats ho va deixar. Quina persona el

Sr. Salvador, era increïble, per a mi va ser importantíssima,

quina entrega tenia, quina voluntat , la seva vida era L’Hora

de Déu, no tenia límits a l’hora de treballar. I el seu caràcter

tan amable, amb mi va ser un àngel, sempre que jo arribava

a l’oficina, m’esperava amb un somriure o un acudit, sempre

em preguntava per la meva família, s’interessava per la

meva feina, pels meus, en resum, sempre em feia sentir que

jo l’importava. Era una meravellosa persona. De vagades jo

arribava sense dinar al migdia, i ell m’esperava i anàvem a

dinar junts. Era molt divertir, recordo que jo també esperava

el dijous per què ell em feia sentir bé, i amb la feina jo tenia

Matilde Ripoll • 93 • La Hora de Dios


un ajudant excepcional, em tenia tots els papers preparats, tot

apunt. Ho va donar tot fins el darrer dia de la seva vida. Va ser

una gran pèrdua per a tots, però va deixar molta feina feta i

va ser el causant de molts somriures i estones bones. Gràcies

Salvador per tot el teu amor als altres.

També he coneguts altres moltes grans persones a L’Hora de

Déu. Totes i cadascuna d’elles han aportat alguna cosa a la

meva vida.

Però sobretot L’Hora de Deu m’ha aportat la necessitat i l’

exemple de ajudar als mes desfavorits.

El que Crec haver aportat jo a l’hora de Deu

El que jo crec haver aportat a L’’Hora de Déu, és la meva voluntat

d’ajuda i el meu temps . He dedicat tot el temps que he pogut,

en moltes, moltes ocasions, m’he portat feina a casa, per què en

una tarda no era suficient i he treballat en hores que he tret de

la meva feina, o, fins i tot, hores lliures, crec que he donat tant

com he pogut. Tot i que sóc conscient que la meva era una feina

que no es veia, que no era quantificable.

Matilde Ripoll • 94 • La Hora de Dios


M’he implicat en la trajectòria de la Fundació, i sempre he procurat

el millor per a la Fundació i per a les persones que estàvem

dintre .

També he aportat el meus coneixements a nivell comptable i de

gestió.

La meva vivència a L’Hora de Deu

La meva vivència a L’hora de Deu la podria definir coma molt

positiva, ha fet que em donés compte d’una realitat sovint

amagada o desconeguda, si no fos per l’Hora de Déu, no sé si

jo ara estaria fen la feina que faig. En aquests moments estic

treballant amb una ONG al Perú, en la que estem fent una

feina molt important .

Crec que L’Hora de Deu, ha estat el meu fil conductor a formar-me

amb uns valor més humans, he vist coses que m’han

impactat, que m’han fet ser conscient d’una realitat moltes

vegades oculta. He vist la necessitat de moltes persones, i

també he vist l’entrega d’altres moltes grans persones.

He conegut persones que m’han aportat molt, la Matilde Ri-

Matilde Ripoll • 95 • La Hora de Dios


Lluis Prats con el pare Hilari en la calle Cadena número 4.

poll, Lluis Prats, Salvador Figueres, el Sr. Font, les voluntàries

que feien els entrepans, les assistentes socials, però també

i han altres moltes que recordo la seva cara, encara que no

recordi el seu nom, totes i cadascuna d’elles m’han ensenyat

coses.

Gràcies a tots i totes i gràcies a l’Hora de Déu. Y Gràcies a tu

Matilde per fer aquesta feina de recull que es de gran valor.

Matilde Ripoll • 96 • La Hora de Dios


Mercedes Sánchez

(A cargo del Casal de

niños del Raval. Actualmente

atienden allí a 76

niños de diversas edades)

Hace aproximadamente 16

años, por una casualidad de

la vida, vi un letrero en la

comunidad de Franciscanos

Mercedes Sánchez ayudando

a un niño del Casal.

que precisaba voluntarios

para un casal de niños en el

Raval. Siempre había tenido muchas ganas de hacer algo de voluntariado

y precisamente con niños, por aquellos hijos que nunca

tuve.

Así empecé mi aventura en La Hora de Dios, como voluntaria en

el casal un día a la semana. La verdad, nunca pude imaginar cómo

aquellos pequeñajos me engancharon tanto. En aquellos tiempos

el casal estaba situado en la calle Carretas, una calle fea, sucia, típica

del Raval de aquella época.

Matilde Ripoll • 97 • La Hora de Dios


Posteriormente se hizo la reforma del barrio y quedó la actual

Rambla del Raval. Siempre tuve también la ilusión de haber ido

a algún país de misiones, pero las circunstancias de la vida me lo

impidieron, así que aquello me parecía estar haciendo algo como

misionera No podía imaginar nunca que en mi propia ciudad hubiera

tanta necesidad. Siempre he dado gracias a Dios por haber

parado allí.

El Casal de niños entonces era un local (el mismo que el actual),

de una sola nave, sin apartados, con un lavabo y poca cosa más. El

Casal funcionaba desde hacía más de 20 años, en locales mucho

más deprimentes, así que aquel local parecía el Cielo. Todo ello

gracias a voluntarios que vieron en su día la necesidad de montar

un casal para que, mientras las familias iban a recoger la comida a

La Hora de Dios, los niños estuvieran recogidos.

Ya posteriormente, y con el local nuevo, empezó a funcionar como

casal todas las tardes, con unos objetivos en aquel entonces muy

sencillos pero necesarios: que esos niños no estuvieran por la calle,

pues la mayoría después del colegio estaban en las calles y no

era precisamente el lugar más adecuado.

Matilde Ripoll • 98 • La Hora de Dios


Así que poco a poco fueron haciendo un proyecto educativo. En

este punto más o menos llegué al casal. Después de un año aproximadamente

me propusieron entrar en la Junta de la asociación,

algo que me daba mucho respeto, pues nunca había pertenecido

a ninguna. También ayudé en diversas tareas que me propusieron

como cajera y secretaria. Nunca fue lo que más me gustó pues

mi objetivo era estar con los niños, pero en aquel momento hacía

falta cubrir algunas plazas de voluntarios.

Posteriormente se vio la necesidad de arreglar el casal, pues estaba

que se caía. En primer lugar, la propietaria del local cedió el mismo

con un contrato para muchos años. Así que se puso manos a la

obra a buscar dinero y se pudo arreglar el casal, y con dos arreglos

más posteriores según las normas actuales quedó tal como está en

la actualidad. Aquello sí que nos pareció el paraíso.

A partir de ahí se fueron buscando más recursos y se creó el Aula

Jove porque los niños a partir de los 12 años debían marcharse ,

ya que era incompatible tener tantos niños en un solo local y de

tan diversas edades. Además, era una edad mucho más peligrosa,

en la que podían perder todo el trabajo educativo realizado hasta

Matilde Ripoll • 99 • La Hora de Dios


El Sr. Duran y Lleida con niños del Casal.

la fecha. Gracias a Dios se consiguió, y empezamos en la plaza

Padró. No era el mejor local pero así se empezó. También se fue

creando “La Escola de Madres”, un proyecto muy bonito, en principio

para ayudar a las madres a que hablaran castellano, catalán,

etc. Las madres acudían mientras los niños estaban en el colegio

de 15:00 a 16:30 horas. De esa forma también pudimos transmitir

a las madres muchos hábitos que se les enseñaba a los niños.

Así, poco a poco, se han ido consiguiendo objetivos. Fue una época

de voluntarios fantásticos que trabajaron con mucho ahínco

para conseguir todo esto. Pero no todo fue tan fantástico, y por

Matilde Ripoll • 100 • La Hora de Dios


El Sr. Duran i Lleida visitando el Casal.

diversidad de opiniones en la Junta se decidió separar los proyectos

educativos de La Hora de Dios. Así que se creó una nueva asociación

con el nombre de Asociación Educativa Integral del Raval,

asociación a la que pertenezco en la actualidad y que gracias a

voluntarios que han puesto mucho cariño y trabajo, y al apoyo

del Centro San Frances de Asís, Salle Bonanova y muchos socios

y empresas, volvimos a seguir luchando por los centros. Hoy, con

cuatro proyectos en marcha, cuenta con más de 50 voluntarios,

Ese fue mi paso por La Hora de Dios. He pasado momentos bue-

Matilde Ripoll • 101 • La Hora de Dios


nos y no tan buenos, pero solo me quedo con los buenos, y siempre

daré gracias a Dios por haberme concedido el privilegio de

llegar hasta allí. He conocido personas maravillosas, y doy las gracias

en particular a la Sra. Matilde Ripoll, mujer tenaz y luchadora,

por que un día, junto a otros voluntarios, fundara La Hora de Dios

y me diera esa oportunidad de hacer algo por los demás sin nada

a cambio. Ha sido, sin duda, una de las cosas más gratificantes de

esta vida.

Muchas gracias Matilde, un abrazo.

Matilde Ripoll • 102 • La Hora de Dios


Albert Martí

(Vicesecretario provincial de Cruz Roja. Siempre se ha

portado muy bien con nosotros y ha sido un gran amigo)

AMB motiu de conmemorar-se el 25è aniversari de L’Hora

de Déu, la Sra. Matilde Ripoll, ex presidenta d’aquesta associació

situada al bell mig del Barri del Raval de Barcelona,

em va demanar que pogués glossar amb unes curtes línies,

la col•laboració mantinguda amb L’Hora de Déu durant tots

aquests anys, la qual cosa faig amb molt de grat.

Com a Vicesecretari Provincial de la Creu Roja a Barcelona

i responsable a nivell d’aquesta demarcació del Programa

Aliments per a la Solidaritat, auspiciat per la Unió Europea,

recordo que l’inici de la col•laboració amb L’Hora de Déu es

remonta a l’any 1987 i està estretament lligat a l’ona de fred

que va afectar Europa aquell hivern i que, mesos més tard,

propiciaria l’origen d’aquest important programa que fa ja 22

anys que es ve fent de forma ininterrompuda, tot i que la Creu

Roja va deixar de gestionar-lo en el període 2006-2008, que

ho seria per la Fundació Banc dels Aliments de Barcelona.

Matilde Ripoll • 103 • La Hora de Dios


Recordo que L’Hora de Déu fou una de les primeres entitats –

concretament la número 14– en acollir-se com a beneficiària

d’aquest programa, que l’any 1987 va canalitzar ajut alimentari

a 16.751 persones a través de les 42 entitats que constaven

homologades aquell exercici a la província de Barcelona. En

els anys següents la col•laboració s’aniria enfortint i, en conseqüència,

també es veurien notablement incrementades les

assignacions d’aliments per part de la Creu Roja a la indicada

associació, doncs amb el pas dels anys aquesta consolidava,

si cal encara més, la seva acció en el Barri del Raval, creixent

progressivament en el nombre i tipologia de les persones

ateses i ampliant en conseqüència la seva capacitat d’ajut al

proïsme amb un ventall més extens de projectes a favor de les

persones més vulnerables de l’entorn social.

Quan l’any 1996 es va fer un balanç dels primers deus anys

d’història del Programa d’Aliments per a la Solidaritat, es va

deixar constància que la Creu Roja havia canalitzat ajut alimentari

a 81.151 usuaris a través de les 381 entitats que constaven

homologades aquell any. L’Hora de Déu figuraria en el

llistat amb un total de 1.800 usuaris, majoritàriament del sec-

Matilde Ripoll • 104 • La Hora de Dios


tor de famílies i persones soles, però, sota aquest paraigües

sectorial també quedaven inclosos beneficiaris d’altres sectors

poblacionals com ara els de gent gran, infància, persones

discapacitades, minories ètniques, malalts físics i psíquics,

toxicòmans, dones en situació d’exclusió, exreclusos i un llarg

etcètera. L’any 2005, que fou el darrer en que la Creu Roja va

canalitzar ajut d’aquest programa a L’Hora de Déu, l’entitat

constava amb un total de 3.400 beneficiaris. Posteriorment

han rebut aquest ajut a través de la Fundació Privada Banc

dels Aliments de Barcelona, havent quedat homologada com

un centre receptor d’aquest, essent-li canalitzats aliments del

programa de la Unió Europea així com dels que habitualment

recull i distribueix aquesta Fundació.

Acabo el breu resum deixant constància de la tasca de tants

voluntaris i voluntàries de L’Hora de Déu, el seu valuós capital

humà!, alguns dels quals he tingut l’oportunitat i goig de

conèixer al llarg de tots aquests anys. No en cito cap perqè

ben segur que m’en deixaria algun i no seria just.

Animo des d’aquestes línies a totes les persones que conformen

avui L’Hora de Déu, perquè no defalleixin en la seva

Matilde Ripoll • 105 • La Hora de Dios


Socios colaboradores de La Hora de Dios.

dedicació i esforç en favor de les persones més desfavorides

de l’entorn, a les quals tenim tots plegats l’obligació moral de

servir per apaivagar el seu sofriment i millorar en la mseura

del possible les seves condicions de vida.

Fins sempre amics de L’Hora de Déu!

Albert Martí Roig

Responsable Programa Aliments UE

Matilde Ripoll • 106 • La Hora de Dios


María Luisa Prado

(Ella y su esposo colaboraron desde el principio con la

Fundación como una forma de realización personal)

Me piden que cuente un poco cómo ha sido mi experiencia

como colaboradora de La Hora de Dios. Solo puedo contar

que para mí ha sido una de las cosas que más han impactado

en mi vida.

Todo empezó hace mucho tiempo. Yo hacía un seguro para

que cuando las madres llegasen a la jubilación cobrasen un

poco de ayuda. Por aquel entonces yo llegué, por casualidad,

al domicilio de una señora la cual me comentó que era estupendo

lo que yo le proponía, pero para ella era imposible

ya que tenia 11 hijos. Y la verdad es que cuando conocí su

historia me impactó, pues las condiciones en que vivían eran

increíbles.

Un día hablando con Matilde le expliqué la historia y ella

enseguida me sugirió que me pusiese en acción. Conseguí

nuevos socios y así fue cómo poco a poco fuimos incremen-

Matilde Ripoll • 107 • La Hora de Dios


María Luisa Prado, Roca, Mª Dolores Beragua y Agustín Moreno.

tando con otros niños esta ayuda. Nos enamoramos de esta

hermosa obra y digo nos enamoramos, pues mi marido y yo

empezamos dedicando un día a la semana para atender a los

pobres que acudían a la Parroquia de Santa Mónica y, la verdad,

es que ahora, cuándo vemos los locales donde se ubican

los centros de la obra, no tiene ni punto de comparación.

Lo extraordinario es que allí nadie se quedaba sin ser atendido

o escuchado. Cuando la cosa empezó a crecer se formaron

grupos para atender según necesidad, anotando cada semana

lo que cada persona recibía. Empezamos a abrirles una ficha

Matilde Ripoll • 108 • La Hora de Dios


y la verdad es que, haciendo mil equilibrios para que a los

pequeños no les faltase un vaso de leche para desayunar, todo

se fue programando.

Tengo infinidad de historias y anécdotas que nos han pasado.

Y nunca olvidaremos las cosas que nos han pasado. Creo que

han sido unos años estupendos conociendo la generosidad de

tantas personas buenas con las que hemos tenido la suerte de

compartir mucho tiempo, y viendo a menudo la mano visible

de Dios en tantos momentos difíciles.

Matilde Ripoll • 109 • La Hora de Dios


Josep Armengol

(Su escrito lo dice todo. La televisión le hizo un reportaje

titulado “El buen samaritano”. Se lo mereció)

Em demana li faci un petit report de les meves experiències

a l’Hora de Déu.M’he resistit a donar-li un sí per dues raons:

el meu estat de salut m’imposa les seves limitacions,i la meva

edat (88 anys) va deriorant les meves facultats memorístiques.

Però tot i l’esforç que em demana sento clar que no m’hi

puc negar. A fi de comptes l’experiència d’ajut als pobres ha

aportat un actiu a la meva personalitat que li dec a ella,ja que

d’aquesta entitat benèfica n’és fundadora i a més personalment

m’ha ajudat a trobar el meu lloc en la institució.

Em sembla que no puc començar a fer aquest petit historial

del meu pas per l’Hora de Déu sense abans fer constar

que,com tantes altres coses en la meva vida,no sóc pas jo que

m’he proposat d’endinsarme en aquesta experiència de solidaritat

sinó que un Altre m’hi ha capbussat. Aquest Altre és la

Providència a la que vull rendir una fervent acció de gràcies!

I - TRUCANT PORTES

Matilde Ripoll • 110 • La Hora de Dios


Un bon dia l’amic Lluis Prats em parlà de la seva col.laboració

a l’Hora de Déu fent-me indirectrament invitació de sumarm’hi

jo també.Ja incorporat “oficialment” a l’entitat i ben desorientat,

no sabent per on començar, vaig demanar en que

podria ésser útil. La resposta fou immediata: fer informes de

totes les famílies beneficiàries de l’obra.Aquest fitxer que calia

executar implicaria visitar una per una les llars de les dites

families.

Dit i fet;al dia següent començava a pujar per una escala fosca

del Raval i a trucar una porta llardosa. Començava per mi

una experiència forta que em qüestionava personalment.

El contacte amb la pobresa extrema no deixa mai indiferent.

Com a mínim marca una emprempta en l’esperit que ajuda

a veure la realitat des d’una perspectiva nova .Alguna de les

famílies visitades era d’ètnia gitana.Això em portà ben aviat a

trasl.ladar les meves visites al barri de La Mina,a Sant Adrià

del Besós.

II - LA MINA

Matilde Ripoll • 111 • La Hora de Dios


Donada la distància -no pas curta- entre el Raval i S.Adrià

vais haver de recòrrer a un canvi d’estratègia.Amb el meu R-5

vermell carregat fins dalt,cada dia,després d’un rigorós control

i seguiment,anava entregant paquets d’aliments a aquella

bona gent tant pobre,tant desestructurada i marginada,i tant

allunyada de la nostra cultura.

Em plau recordar que alguns dies, en el meu viatge Raval-

La Mina, m’acompanyava el meu bon amic seminarista Ignasi

Fuster,actualment Mn.Ignasi,Rector de no sé quina Parròquia

de no sé quin poble.

III – FINS I TOT L’ENFERMETAT

COL.LABORA

Després de molt de temps de repartir paquets i de pujar a

peu,esbufegant,fins i tot deu pisos del carrer Mart, una sobtada

enfermetat em va abatre.

Ingrés a l’Unitat de sangnants de l’Hospital Vall d’Hebron.Un

cop sortit de cures intensives em trasl.laden a una habitació

d’un sol llit. Per tant un lloc i un temps molt a propòsit per

Matilde Ripoll • 112 • La Hora de Dios


a reflexionar en la soledat de la cambra. Aquella crítica circumstància

em feu intuïr que en endevant la meva activitat ja

no podia ser la mateixa.Vaig rebre allí,entre altres,la visita del

meu bon amic Xavier Canals,col.laborador també de l’H.de

D. a qui vaig demanar de seguir amb el que jo feia;ell hi accedí

amb generositat.Vaig deixar-li el meu R-5 i ja tenim en Xavier

repartint ajuda als gitanos de la Mina tal com jo havia fet fins

llavors. Ell seguia visitant-me a l’Hospital i un bon dia vaig

parlar-li d’un projecte gestat a hores perdudes en la solitud de

la meva habitació hospitalària: la fundació d’una sucursal de

l’Obra a Sant Adrià del Besòs. Això facilitaria una tasca més

propera i àgil entre aquella gent i a la vegada quedariem deslliurats

de la pèrdua de temps en viatges.Però això no deixava

d’ésser un somni,un preprojecte.

Calia cercar ubicació,calien recursos econòmics i de

personal,calia planificar bé..i per damunt de tot calia no

llençar-se a una aventura estèril. Naturalment ens era necessari

posar en coneixement de la Direcció de l’Obra el nostre

projecte.Així ho férem.En Xavi i jo varem proposar-lo a la

Matilde.Ella no s’ho pensà dues vegades i accedí a ajudar-nos

Matilde Ripoll • 113 • La Hora de Dios


en tot quan vam demanar-li. I ja tenim en Xavi recorrent carrers

i carrerons de Sant Adrià cercant un local de lloguer.Per

fi el trobà: carrer de l’Orella,6.Un carreró estret i sense sortida

ben al front de l’Església de Sant Adrià.Un lloc tranquil dins

un barri de gent benestant.

IV – SUCURSAL A SANT ADRIÀ

Amb l’ajuda de l’Òscar Corominas,l’Andreu Roca,la Mariuca

Marcet,les Assistentes Socials en període de proves que la Generalitat

ens facilitava,la Pili esposa de l’Òscar i molts d’altres

voluntaris que anaven desfilant, ben aviat aquell carrer estret

es convertia en un formiguer de gent esperant torn per a ser

atesos.

Des del nostre Centre del Raval es desplaçava cada setmana

una camioneta plena d’aliments preparats curosament per

l’amic Iglesias que l’equip de distribució cuidava de fer arrivar

als seus destinataris: els pobres i gitanos de La Mina.

L’equip d’Assistents socials,l’Òscar i jo mateix cuidàvem de

redactar informes i determinar les ajudes requerides o deri-

Matilde Ripoll • 114 • La Hora de Dios


En el Casal de Sant Adriá.

vacions a altres entitats.

V – CASAL SANT ADRIÀ

Ben consolidada ja la sucursal de l’Hora de Déu a St.Adrià,

sobtadament -provi dencialment- plega el negoci de fusteria

un amic del nostre estret carrer.Talment un llampec que espetega

de cop,una idea s’obre pas en el meu cervell: llogar

la vella fusteria i fer-ne un casal cultural al servei dels pobres

que acollim. Mogut pel temor que un altre posible lloga-

Matilde Ripoll • 115 • La Hora de Dios


Día de la Inauguración del Casal de Sant Adría.

ter ens passi al devant m’afanyo a entrevistar-me amb l’amic

fuster,amb el propietari i amb la Matilde.Tot a peu pla! Mans

a l’obra.Contacto amb l’Institut de la Construcció dedicat a la

formació de personal i després de força temps i gestions ens

és concedida la nostra petició:la transformació gratuïta del

vell local en un habitatge destinat a un casal cultural.

Paral.lelament un petit grup de professionals de

Matilde Ripoll • 116 • La Hora de Dios


l’ensenyamentencapçalats pel Salesià P.Àngel Asurmendi,i la

professora Iraida Nicolàs,ajudats per l’Òscar Corominas i jo

mateix,anàrem esboçant el que esdevindria Reglament del futur

Casal St Adrià. S’inaugura el Casal (2 de febrer del 1994),

s’escolaritzen infants,es potencien el lleure,la cultura,l’esplai.

Es munta un equip de catequesi.Aconseguim retornar el

somriure,sembrar felicitat, obrir horitzons d’esperança a aquelles

famílies víctimes de la marginalitat.No vull allargar-me

més.Sí que podria descriure entre pàgina i pàgina multitud

d’experiències viscudes de tots colors –tristes i joioses- que

constitueïxen l’eix de la vida diaria d’una ONG com aquesta.

Acabo donant gràcies a Déu perquè és tant bo i tant benèvol

envers la meva pobra i fràgil persona, fent que hagi pogut fer

el que no se fer ni mereixo fer.Dono gràcies per tot quan de bé

he rebut de la gent senzilla i pobra;dels gitanos de la Mina,dels

companys i companyes de la Institució que generosament han

fet possible que l’Hora de Déu il.luminés S.Adrià.

Matilde Ripoll • 117 • La Hora de Dios


Xavier Canals i Flores

(Artista e hijo de Rosa Flores, colaboró con La Hora de Dios)

Me pides unas letras para tu libro y a mí se me llena el corazón

de satisfacción y gratitud. Y, claro; me sumerjo en los recuerdos

de aquel tiempo, hace ahora quince años. Un tiempo

personalmente muy difícil en el que en mi viaje por la vida

se iban derrumbando figuras y paisajes e, incluso, mi propio

interior. En medio de ese caos conocí “L´Hora de Déu”. Esa

organización benéfica que tan callada como efectivamente ha

ido trabajando para los más desfavorecidos, los olvidados, los

apartados cruelmente en la cuneta del destino. Y, desde luego,

para los que creemos en lo divino, esa es una manera auténtica

de llenar la letra con el Espíritu.

Recuerdo las colas de necesitados de todas las razas y credos esperando

una bolsa de comida, la solución de su recibo de la luz o

una visita concertada con las mujeres que ejercían de asistentas

sociales. Todo ello y más ocurría en el pequeño y bullicioso local

de la calle Cadena, en medio del enjambre barcelonés.

Matilde Ripoll • 118 • La Hora de Dios


Los ojos, la mirada de esas mujeres, niños y hombres, tenían

en común la tristeza, la desesperanza, el vacío sin ilusión. La

comprensión de que este es un mundo de demasiadas palabras

huérfanas de hechos, donde el egoísmo, la arrogancia y

la ignorancia van ganando desvergonzadamente su terreno

en el corazón de los seres.

Estuve un tiempo, creo que algo más de un año, colaborando

en la calle Cadena hasta que me propusiste ayudar a Josep

Armengol a llevar comida al barrio gitano de La Mina. Íbamos

con un trotado Renault 5 repleto hasta el techo de bolsas

llenas de alimentos. En una sencilla libreta, Josep tenía apuntados

los nombres de las familias gitanas. Había que llevar un

orden porque cuando llegábamos a las esquinas del barrio se

producía un asalto anárquico al pobre R-5. Evidentemente,

nunca llegaba para todos e íbamos turnando las entregas.

Josep enfermó. Le ingresaron en el hospital y tuve que afrontar

en solitario la tarea diaria. En aquel tiempo creamos una

maravillosa sinergia con ese pueblo gitano. Josep Armengol

era un hombre completamente entregado a los demás. Era

Matilde Ripoll • 119 • La Hora de Dios


una auténtica necesidad para él. Me contaba lo feliz que se

sintió al jubilarse pues podía por fin dedicar todo su tiempo

a su misión. Para mí era un hombre íntegro, un santo. Enfermó,

como digo, y me propuso buscar un local cerca de La

Mina, entre barrios marginales, con el fin de llegar a más necesitados.

Allí donde la mayoría son mujeres y niños ya que

un elevado porcentaje de hombres cumplen sus condenas en

la cárcel.

Busqué el lugar adecuado. Tendríamos una recepción, un sencillo

despacho y un pequeño almacén de comida. Y mientras Josep seguía

convaleciente, lo encontré.

L´Hora de Déu había dado el visto bueno. Fueron momentos de

gran ilusión. El local estaba detrás de la iglesia de Sant Adriá del

Besós, en un callejón sin salida que nos ofrecía suficiente intimidad.

Josep fue dado de alta y se incorporó enseguida al trabajo con

el entusiasmo de siempre.

Durante unos meses continué colaborando en el local. Luego la

vida me deparó otras circunstancias. Otro camino de aprendizaje

dentro del gran Camino. Pero está claro que nunca olvidaré la lec-

Matilde Ripoll • 120 • La Hora de Dios


ción de solidaridad y humildad que recibí en mi trato con L´Hora

de Déu.

Viendo cómo va el mundo no hay duda acerca de la importancia

social de los movimientos benéficos. Me temo que irán proliferando

a medida que continúe la crisis. No digamos ya si ésta crece.

Dios no lo quiera. La experiencia nos habla de que es difícil ponerse

en la piel de otro a no ser que hayas experimentado su propio

dolor. Pero tenemos la razón y la imaginación para despertar nuestra

compasión. Imaginar que ese niño triste, desnutrido, con sus

días contados, podría ser nuestro propio hijo, ello ayudaría a sentir

solidaridad. Los gobiernos no parecen estar por la labor más allá de

ciertos detalles propagandísticos.

Se sienten suficientes aplicando ese miserable 0´7 % del presupuesto

para mitigar la pobreza. No se avergüenzan de gastar enormes

sumas en aparatos de guerra o en ayudar con elevados e inmediatos

créditos a los banqueros y financieros. No se avergüenzan de

permitir ese sucio mensaje televisivo, constante, de programas lujuriosos

y soeces. Ellos y toda la sociedad somos responsables de

ese mirar a otro lado ignorando hipócritamente la realidad.

Matilde Ripoll • 121 • La Hora de Dios


En fin, la crisis no es económica. En esencia es una grave crisis espiritual

que ha derivado en la económica. Porque si la mayoría de

los humanos fueran solidarios y trabajasen menos con la cabeza y

más con el corazón, tendríamos un mundo muy diferente con un

reparto equitativo y un respeto mayor por las riquezas de nuestro

planeta.

Apocalipsis es una palabra griega que significa “revelación”, y, sí,

creo completamente que la Humanidad está a punto de recibir esa

revelación. Sencillamente será un recordatorio de que Dios exíste,

que nos hemos olvidado de Él y de que todos somos hermanos

viajando por el espacio en la misma esfera. Y evidentemente sufriremos

el dolor que hayamos causado a nuestros hermanos. Me da

la sensación de que a los egos duramente encerrados en sí mismos,

sólo les puede impresionar algo realmente contundente. Y eso la

vida lo sabe.

Y nada más. Felicito de todo corazón a L´Hora de Deu y a todos los

que dedican sus vidas, o parte de ellas, a paliar las necesidades del

hermano mundo marginado.

Matilde Ripoll • 122 • La Hora de Dios


Ya sabes, Matilde, que todos somos labradores abonando o envenenando

ese huerto particular que nos espera cuando cerremos los

ojos por “última” vez.

Recibe un abrazo lleno de luz.

Matilde Ripoll • 123 • La Hora de Dios


María Beltran

(Mujer trabajadora, le encargué una misión muy difícil y

pudo realizarla, tal como explica en su escrito)

Hacía tiempo que en mi interior notaba un vacío, sentía la

necesidad de hacer algo positivo que llenara mi espíritu y

que diera sentido a mi vida.

Me hablaron de La Hora de Dios, una obra que se dedicaba

a ayudar a la gente en todos los problemas que se les presentaran.

Me gustó la idea de poder ser útil, me presenté y

empecé mi trabajo con gran ilusión y decidida a dar todo lo

mejor de mí.

Un día la presidenta, Matilde Ripoll, mujer vital, responsable,

con un gran sentido del deber, infatigable y con un corazón

lleno de amor al prójimo, me dijo: “Mª Antonia, tú

que siempre me estás preguntado qué puedes hacer, tengo

algo precioso pero difícil de llevar a cabo… pero es un reto

importante para ti y mucho más para la obra si lo consigues”.

Matilde Ripoll • 124 • La Hora de Dios


Me explicó entonces que le habían comentado que en Alella,

un pueblo cercano a Barcelona, había una gran torre de

tres pisos, rodeada de un espacioso jardín, cuyos propietarios

habían sido unos grandes terratenientes que a su muerte

la habían donado para que en ella se albergara a todos los

pobres del pueblo. Estaba terminada, amueblada y equipada

con todo lo necesario, pero no había manera de que el patronato

que habían elegido los propietarios se pusiera de acuerdo

para abrirla. Hacía de ello 27 años y parecía imposible,

pero era una realidad.

“Hace tiempo – continuó Matilde – comentabas que te gustaría

que abriéramos una residencia para alojar a gente mayor

necesitada, ahora tienes tu oportunidad: ¡Ábrela! Tienes

carta blanca para actuar como te parezca”. Recuerdo que entonces

me quedé paralizada, no podía hablar. Señor –pensé-

¿es eso lo que quieres? Sin tu ayuda no seré capaz. Ayúdame.

Y me ayudó.

Durante dos largos años estuvimos la Madre Asunción y yo

yendo de un lado a otro, buscando lo que exigía el patronato:

Matilde Ripoll • 125 • La Hora de Dios


una orden religiosa que dirigiera la residencia, un médico y

un descendiente de una antigua familia del pueblo.

Hubo muchas Órdenes que lo aceptaban, pero con la condición

de poder dirigirla ellos solos. Cuando ya casi desistimos

de poder solucionarlo, unas monjas seglares accedieron

a llevarlo con nuestras condiciones.

Tengo que explicar quién era la Madre Asunción, pues nunca

he conocido a una mujer como ella: inteligente, culta, sencilla,

de grandes valores morales e incansable en sus trabajos.

La conocí en el asilo del Parque. Multitud de pobres de todas

partes hacían cola para que les pusieran en el plato el pan y

la comida que con tanto amor les preparaba día a día. Para

todos tenía una palabra de aliento. Era un ángel.

Cuando al fin se pudo abrir la Residencia Hermanos Puig

Aymar, me dolió que en el día de su inauguración no se hablara

de la labor desempeñada por la Madre Asunción y La

Hora de Dios. También me entristeció el hecho que no cumplieran

la promesa de ceder tres habitaciones para hospedar

Matilde Ripoll • 126 • La Hora de Dios


a nuestros indigentes; con el tiempo los fueron sacando uno

a uno para hospedar a personas de distintas localidades que

pagaban su estancia con dinero.

Como final de la historia, y con la intención de dejar constancia

de la manera de pensar de la madre Asunción, un recuerdo

muy dulce: me encontraba disgustada por el hecho

de que me dejaran sin uno de nuestros viejecitos dentro de

la residencia, y escribí a la Madre diciéndole:

“Madre, estoy muy triste, nos han sacado todos nuestros pobres.

No hay derecho, solo quieren a gente con dinero para

que paguen”. Y ella me contestó: “Querida MªAntonia, no

estés triste, sonríe, Dios está contento con lo que has hecho.

Tu objetivo era abrir la Residencia para gente que era pobre

y estaba sola. Pues bien has cumplido, la Residencia está

funcionando y piensa que la gente rica también a veces está

muy sola”.

Hoy en día la Residencia Hnos. Puig Aymar sigue en pleno

rendimiento gracias a la labor de la Madre Asunción y de La

Matilde Ripoll • 127 • La Hora de Dios


Hora de Dios. Todavía veo la foto de los tres hermanos en la

pared del despacho que durante más de dos años nos acompañó

en las reuniones semanales. Mientras trabajé en este y

otros proyectos de fui feliz.

Aunque lo nuestro no deja de ser un grano de arena comparado

con la inmensidad de las playas, grano a grano se forman

montículos. Como bien dijo la Madre, a fin de cuentas

hay muchos ricos que se sienten solos y están muy necesitados

de amor.

Matilde Ripoll • 128 • La Hora de Dios


Cecilia Bosch

(Mujer inteligente y con una gran formación. Fue vicepresidenta

de mucho tiempo y hoy es regidora de Bienestar

Social en el Ayuntamiento)

Hace unos 30 años que fuimos a pasar la Semana Santa en

una Masía denominada “Puigdefábregas”, que era cedida a la

compañía de Jesús para encuentros familiares.

Allí conocí a Matilde Ripoll y a su esposo Antonio Cantón.

Las actividades que se llevaban a cabo eran tanto de reflexión

como de buscar espacios para el ocio y conocimiento de las

personas del grupo.

En uno de esos espacios de ocio, hubo un sorteo para elegir

parejas para una “ginkama”, y a mí me correspondió llevarla

a término con Antonio (esposo de Matilde). Era una persona

sumamente amable, delicada y muy inteligente. Además,

ganamos el primer premio. A raíz de este hecho nos relacionamos

un poco más con él y su esposa Matilde, quien me

explicó la tarea que estaba llevando a cabo en El Raval. Yo le

Matilde Ripoll • 129 • La Hora de Dios


comenté que hacía muchos años que también me dedicaba a

temas sociales, y ella me invitó a conocer La Hora de Dios.

Recuerdo que era un martes, ya que era el día que Mosén Herrando,

gentilmente, nos cedía el uso de la Parroquia de Santa Mónica, local

que compartíamos con otro grupo que lo utilizaba para gente con

dependencia alcohólica.

Es sus puertas había unas colas enormes de personas, con imágenes

muy deterioradas y un señor “bajito” que ponía orden para su acceso,

a quien se le respetaba mucho.

Cuando conseguí tener acceso al local vi que era un espacio con bancos

alineados y personas esperando, con diversas mesitas y personas

voluntarias en la parte superior atendiendo por riguroso turno.

Amablemente me explicaron las tareas que allí se llevaban a cabo.

Unos daban tickets para dormir, otros ajos para vender, otros asesoraban

jurídicamente (especialmente por desahucios), otros daban

pequeñas cantidades de dinero o autorizaciones para que se les dieran

bolsas de comida.

Matilde Ripoll • 130 • La Hora de Dios


Aquello me recordaba un poco el antiguo Ejército de Salvación

Americano. Lo que más me llamó la atención fue la delicadeza

con que se atendía a las personas. Lo que más me

dolió fue ver unos rostros tan deteriorados y a personas tan

desesperadas

Con esta falta de humildad que siempre me ha caracterizado,

pensé que aquello se tenía que ordenar, y que yo podría arreglarlo.

Generalmente, en los lugares que había intervenido

anteriormente siempre lo había conseguido.

Me ofrecí como voluntaria para el martes siguiente. Al llegar,

Francisca, con aquel “arremango” que la caracterizaba, me apañó

una mesa y me trajo a una persona para que la atendiera. Yo no

tenía ni idea de qué hacer, y me dediqué a escucharla. Una vez

atendida su demanda, la cual no recuerdo, y antes de derivarla a la

mesa correspondiente, se me ocurrió preguntarla por su situación

personal. Intenté orientarla y motivarla ofreciéndome a escucharla

cada vez que lo necesitase.

Pasado un mes tenía largas colas de personas delante de mi

Matilde Ripoll • 131 • La Hora de Dios


mesa. No entendía por qué venían, si yo no daba nada, pero

ellas me enseñaron que dar no es solo dar cosas, sino el darnos

nosotros, ponernos en la piel del otro y aprovechar esta

formación y valores que, lamentablemente, no han recibido

otras personas.

Estuve en La Hora de Dios muchos años, incluso cuando fundé

junto con Mosén Juncá el Casal de Verano de la actual

Fundación Privada Escó, dedicada al acompañamiento a familias

con riesgo de exclusión social y a mujeres de la calle.

Doy gracias a Dios por haber conocido La Hora de Dios, tanto

a la Institución como a las personas necesitadas y los voluntarios,

que han sido para mí unos verdaderos maestros,

tanto en lo que debemos, como en lo que no debemos hacer

en el ámbito social.

Recuerdo especialmente a todo y a cada uno de ellos, pero

quisiera destacar a Antonio Moreno. Era un voluntario de

muchos años, de pelo blanco y con el corazón más grande que

he conocido. Tenía una tienda en la calle del Carmen, “Mue-

Matilde Ripoll • 132 • La Hora de Dios


Cecilia Bosch, Coca y el Padre Hilari.

bles La Media Luna”. No tenía nunca un “no” para nadie, y,

cuando no daba nada, daba lo principal, es decir, su persona,

ante cualquier necesidad.

También recuerdo con gran estima a María Dolores Beraguas,

tantos años con mala salud y no fallando nunca en el

ropero (era un trabajo muy pesado) que ella llevó a cabo

muchísimos años y con gran constancia. Y a tantos y tantos

que siguen en mi corazón, como Maricruz Salas, Ali-

Matilde Ripoll • 133 • La Hora de Dios


cia, Blanca, Pepa, Mercé, Lluis, Agustín, Borrull, Mercedes,

Rosa, etc.

A lo largo de estos años en el Raval he comprendido que yo

no cambiaría nada, y que quizás poco habría yo que cambiar

de los pobres, pues son ellos los que a menudo nos enseñan

a compartir de verdad, cuando a veces comparten lo que no

tienen con nosotros.

Le debo al Raval, al hermano Adriano de La Salle y al padre

Hilario Escolapio, el haber vivido una vida mejor, a pesar

de muchas dificultades, especialmente de salud. También le

debo mucho a mi madre, que ya de pequeña me llevaba de

su mano a las reuniones, y a mi padre, una persona con gran

calidad humana con todos. Por último, también quiero dar

las gracias a mi esposo e hijos, que siempre han apoyado esta

vocación.

Mi agradecimiento quiero hacérselo llegar muy especialmente

a Matilde Ripoll por haberme invitado a la visita a La Hora

de Dios aquella Semana Santa.

Matilde Ripoll • 134 • La Hora de Dios


Jaume Jané i

Bel

(Ex diputado del

parlamento catalán

y hoy presidente

de la Gent Gran

en Unió. Durante

años colaboró con

La Hora de Dios)

Juguetes entregados en La Hora de Dios

REMEMBRANÇA

Ja fa una pila d’anys vaig fer una útil descoberta : la manera més

pràctica i ràpida d’anar del Poble Sec a la Ciutadella és creuar tota

la ciutat vella d’abans, d’ara i, de ben segur, de sempre. Travessar El

Raval, la Boqueria, no badar massa a La Rambla i endinsar-se al

Gòtic per anar a parar del Born a la Ciutadella. O, si cal, el camí a

l’inrevés per tornar.

I, sortosament, encara faig servir aquesta ruta. Les cames i el cor

Matilde Ripoll • 135 • La Hora de Dios


ho segueixen permeten. No cal perdre el temps agafant autobusos

i/o metros. Caminar i, si no tens pressa, deixar-te portar pels “ulls

de mirar”.

Sí que són importants els estudis sociològics i les seves dades empíriques

i cal fixar-nos-hi. També ens donen índexs que cal tenir

presents.

Però no hi ha punt de comparança amb la lliçó que es pot aprendre

fent aquest camí i, sobretot, si ahir o demà no passem pels

mateixos carrers.

El conjunt humà, la diversitat i el nombre de persones amb les que

ens creuem expliquen moltes coses. Barcelona és ben expressiva

tot caminant.

No fa gaire dies, vaig desviar-me al llarg – amunt i avall – de la

Rambla del Raval. I vaig passar i em vaig aturar per uns segons

davant la porta de la seu de “L’hora de Déu”.

Records ràpids de molts anys – molts – d’admiració. I seguir caminant.

Matilde Ripoll • 136 • La Hora de Dios


Matilde con Rafi, uno de los niños ayudados en La Hora de Dios.

Matilde Ripoll • 137 • La Hora de Dios


Ara, avui, Matilde em demana – com negar-li res ? – uns mots

de remembrança d’aquesta institució. Sí, institució més que associació.

Un punt de record que em va saltar davant la porta de la seva seu :

Quina diferència d’aquest local actual i d’aquell de primera hora !

Malgrat tot això: millora dels locals, més i productiva organització,

experiència feta eficàcia, els destinataris de l’acció segueixen

essent idèntics.

Persones, sobretot dones – mares de família – que lluiten i sofreixen

per anar endavant. Que en la seva majoria un dia llunyà o

proper van haver de deixar el seu lloc i marxar vers la millora de

vida. I no sempre n’ha resultat un èxit.

I a “L’hora de Déu” segueixen oberts a l’altre. Oberts amb bondat

a qui truca la porta o “fa cua” amb altres que també busquen.

I entre ells, entre elles, es fa evident una llum d’esperança. Hi ha

persones que són capaces de donar-se la mà. De donar-se. Qui ve

a buscar també la dóna. També dóna.

Matilde Ripoll • 138 • La Hora de Dios


Les persones que – al llarg de tants anys – van fent possible que

Déu ens arribi a l’hora són capaces de connectar amb gent de vides

i dedicacions ben diverses per tal d’establir xarxa de solidaritat.

A Sants, al carrer de tota la meva vida – el del Vallespir – hi ha

un bon grup de veïnes i veïns amb continuïtat i relleus que es

venen organitzant per a fer festa popular en comú : festa major,

cavalcada de Reis, recollida de joguines, . . . I elles i ells també són

sensibles a la crida de “L’hora de Déu” i fan possible que els Mags

de l’Orient, amb la col•laboració de patges de l’Occident fan arribar

– any darrera any – unes quantes joguines al Raval.

I, si més no, uns quants infants més poden fer-nos arribar els seus

innocents somriures.

Que “L’hora de Déu” ens segueixi fent més real la presència de

Déu a cadascuna de les nostres hores.

Des de Sants, a 10 de novembre de 2009

Jaume Jané i Bel

Antic Diputat al Parlament de Catalunya

President de la Unió de la Gent Gran

Matilde Ripoll • 139 • La Hora de Dios


María Dolores Veragua y Andrés

Roca

(Fundó el ropero de La Hora de Dios. Mujer valiente y fuerte)

Este matrimonio ha sido fabuloso para La Hora de Dios. Toda

su vida se han dedicado a los demás. Fueron de los primeros

en trabajar y entregarse.

Él pagaba recibos, visitaba a los pobres, y les ayudaba en todos

los sentidos. Estuvo en San Adrián con Armengol, repartían lotes

de comida entre los gitanos de La Mina.

Convivencia con Mª Dolores Veragua.

Matilde Ripoll • 140 • La Hora de Dios


Mª Dolores Beragua con su marido, Andrés Roca.

Ella, su esposa, fundó el ropero de La Hora de Dios y estuvo al

frente 37 años. Cuando abría el ropero los martes entregaba con

la ropa un bocadillo que ella misma preparaba en su casa (unos

120 semanales).

Fue una mujer fuerte, valiente y estupenda. Soportó una enfermedad

muy grave y dolorosa durante 15 años y no se le oía

quejarse nunca, al contrario. Acudía a cumplir con los pobres

todas las semanas, y su muerte fue un duro golpe para su esposo

y para todos. Por eso yo personalmente relato el testimonio de

ellos en La Hora de Dios, porque para Andrés es muy doloroso.

Matilde Ripoll • 141 • La Hora de Dios


Oscar Coromines y Pili

(Hoy es director de Radio Estell y de la Hoja Cristiana de

Cataluña. Que Dios te bendiga, Óscar)

Hay momentos en la vida en los cuales, sin darte cuenta, te

estás planteando cosas, y fruto de este planteamiento surge

una actitud de búsqueda que puede que no sea direccional, o

sea, sin rumbo; rompes amarras porque al abrigo del puerto

no estás cómodo y empiezas a navegar por donde te lleva la

corriente.

Y así fue nuestro recalar en La Hora de Dios, y al decir nuestro

me estoy refiriendo a Pili, mi esposa, y yo. Después de

algún contacto sin resultado en alguna ONG de prestigio, de

la mano de un amigo fuimos a llamar a la puerta de esta asociación

para ofrecer parte de nuestro tiempo.

La calle de la Cadena en pleno Raval de Barcelona estaba formada

por edificios bajos, de planta y piso como máximo, con

fachadas y puertas de entrada en condiciones bastante vetustas.

Creo recordar que la sede estaba en el número 6 y allí fue

Matilde Ripoll • 142 • La Hora de Dios


donde tuvimos nuestro primer contacto con la presidenta,

Matilde Ripoll, a quien nos había dirigido un amigo común.

Fuimos atendidos con suma amabilidad por aquella vivaracha

mujer que desprendía dinamismo por los cuatro costados

y humilde orgullo por lo que había conseguido –cito sus

palabras- “gracias a la Providencia”, y después de escucharnos

brevemente por haber estado avisada con anterioridad

de nuestra visita nos presentó a Josep Armengol, un joven de

unos setenta y cinco años a quien el tiempo le cundió para

entusiasmarnos con su proyecto incipiente en Sant Adrià.

“Veréis –nos comentó– este local es pequeño, está colapsado

y los gitanos que se desplazan desde del barrio de La Mina

son mal vistos por estos lares mientras guardan cola en la calle

para recoger su bolsa de comida. Para evitar esto cargo las

bolsa en mi coche, me desplazo hasta su barrio y así conozco

su manera de vivir para poder ayudarles mejor, pero empiezo

a tener algún achaque y necesito alguien que me venga conmigo

para controlar este reparto”.

Matilde Ripoll • 143 • La Hora de Dios


¿Quién no se encandila con unas palabras así, escenificadas

por un actor que escribía la obra con el corazón?

Poco costó ponerse manos a la obra. Del reparto desde el coche

surgió la posibilidad de instalarnos en un local de la calle

de l’Orella, de Sant Adrià del Besòs. Así, un poco distantes de

La Mina podíamos objetivar la necesidad de cada familia a la

que atendíamos. En la planta baja repartíamos las bolsas que

habíamos llenado con la comida que nos traían en furgoneta

desde la central de La Hora de Dios (¡nos habíamos convertido

en una sucursal!) y con la que también a menudo habíamos de

proveernos nosotros mismos por el aumento constante de la

demanda.

En el altillo adaptado a modo de oficina atendíamos las demandas

de pagos de suministros, alquileres, etc. que las madres de

familia, la mayoría de raza gitana, nos planteaban con bastante

necesidad y cierta astucia; escuchábamos problemas, acompañábamos

lloros y procurábamos entrar en sus vidas lo suficiente

para poder entender su necesidad, pero lo justo para no vernos

demasiado involucrados emocionalmente; así y con todo mu-

Matilde Ripoll • 144 • La Hora de Dios


chas veces esta precaución sucumbía ante el sufrimiento ajeno

comparado con el propio bienestar.

De la experiencia de relación diaria con estas personas surgió,

al cabo de un tiempo, el proyecto de proveerles de algo más

que de una bolsa de comida. Nos dimos cuenta de que solamente

se podía romper la espiral de la necesidad dedicando

recursos a la educación, tanto de jóvenes como de adultos.

Así fue como pudimos experimentar en carne propia las palabras

de Matilde, y “gracias a la Providencia” surgió el Casal

Sant Adrià, un local alquilado, colindante al nuestro, para dedicarlo

a la formación. A este nuevo espacio acudían los hijos

para combinar, después de la merienda, las clases de refuerzo

con las actividades de esplai, mientras que las madres estaban

orgullosas de que alguien les escuchara y les dedicara algún

tiempo para enseñarles informática, costura, manualidades,

etc. Ahí fue también donde el joven Josep pudo realizar su

sueño: ofrecer su testimonio cristiano a quien lo aceptara a

través de las sesiones de catequesis.

Matilde Ripoll • 145 • La Hora de Dios


Alegrías, valor de la escucha, formación, agradecimiento,

tristezas, gozo, amistad, oportunismo, fraternidad, miedo,

perdón, trascendencia, miseria, cárcel, muerte...son palabras

que pudimos experimentar mientras el proyecto se construyó,

se hizo realidad y acabó “gracias a la Providencia”... ¿por

qué no ?

El contacto con La Hora de Dios representó para nosotros

la posibilidad de conocer y de amar el mundo de la pobreza,

esta pobreza que solo se entiende y por la que se lucha desde

una única opción, la opción del Amor.

Matilde Ripoll • 146 • La Hora de Dios


Rosa Flores Plá y David

(Dos colaboradores estupendos

que hicieron

una gran labor)

Rosa Flores y David en la Feria.

Tuve conocimiento de La

Hora de Dios a través de

una amiga, Ana, quién me

explicó la labor humanitaria

que desde allí se hacía.

Siempre con la inquietud

que me caracteriza ante estas

cuestiones tan honorables,

quise conocer el lugar.

En cuanto entré, supe que era el sitio que yo estaba buscando,

y que Dios había guiado mis pasos allí. Mi integración fue muy

rápida, pues era el lugar que yo necesitaba para darme a los demás

y por ello no dudé nada.

Matilde Ripoll • 147 • La Hora de Dios


Allí las personas necesitadas que acudían eran de lo más diferente,

todos llevaban una carga demasiado pesada, así que iban

a La Hora de Dios, donde casi siempre encontraban ayuda (digo

casi siempre porque a veces era imposible satisfacer sus peticiones).

Aún así se fueron extendiendo más áreas en donde se atendía,

con lo que pudimos derivar a parte de la gente a los servicios

sociales, donde se hacía un seguimiento de su caso y se estudiaban

las ayudas.

Una de nuestras andaduras nos llevó a repartir alimentos en un

lugar inhóspito. Matilde, su marido Antonio, David y yo llenamos

al tope una furgoneta de la obra y fuimos hasta una masía

cerca de Ripoll. Un grupo de chicos y chicas nos recibió con

gran alegría, y aunque todos ellos estaban en tratamiento de

desintoxicación y les faltaba casi de todo, al vernos se llenaron

de alegría. Compartimos tiempo, confidencias y, cómo no, la

ilusión del trabajo bien hecho. Una vez descargada la furgoneta

partimos de vuelta a Barcelona y nos despedimos de aquellas

personas con el corazón tranquilo.

Matilde Ripoll • 148 • La Hora de Dios


Rosa Flores y su marido David.

También recuerdo el caso de Félix, un personaje famoso por

su idiosincrasia, que se ponía de rodillas a la salida de los cines

de Barcelona. Iba tan sumamente desaliñado, (quizás para dar

pena) que la gente lo rechazada precisamente por la suciedad

que llevaba encima.

A través de Matilde (él era su ojito derecho) conseguimos que

viniese a La Hora de Dios. Recuerdo que ella le decía: “Primero

te duchas y te cortas el pelo, y luego vendrás y te ayudaremos”.

Matilde Ripoll • 149 • La Hora de Dios


Encargados centro de rehabilitación de toxicómanos.

Cuando se le estaba tramitando una paga no contributiva se

descubrió que tenía el Sida, y ahí empezó su calvario. Vivía

sólo y deambulaba por la vida, era joven pero su cuerpo ya no

respondía, y su vida duró sólo 33 años. Cuando ingresó en la

Alianza nos habló al fin de su familia, a la que encontramos, por

lo que no murió sólo, ya que estaban su madre y su hermana.

Siempre lo he llevado en mi corazón. Su muerte fue ejemplar,

ya que había aprendido a amar a Jesús a través de Armengol.

Cuando fuimos a verlo, Matilde y yo, nos dijo “Ése que está ahí

Matilde Ripoll • 150 • La Hora de Dios


Antonio Cantón, esposo de Matilde repartiendo alimentos en centro de

rehabilitación de toxicómanos.

(apuntando a un crucifijo) me ama, yo me voy con él, nadie me

ha querido en este mundo y el sí. Ahora yo también le quiero”.

Hay muchísimas más anécdotas de las situaciones vividas en

La Hora de Dios, y yo doy testimonio de ello. Mi experiencia

durante diez años ha sido única.

Matilde Ripoll • 151 • La Hora de Dios


Maite Suay

(Psicóloga. Hoy presta sus servicios dentro de la Fundación)

Conocí La Hora de Dios a través de las hermanas Matilde y

Remedios Ripoll en el año 1974. En aquella época Matilde y Remedios

compaginaban su trabajo con la dedicación a la entidad

captando socios por doquier. A mí me convencieron al decirme

por qué le pusieron el nombre de La Hora de Dios a la organización:

la finalidad era dedicar a los más necesitados una hora

de tu trabajo al mes. Por aquel entonces, la entidad no recibía

ninguna subvención de ninguna clase, funcionaba sólo con las

cuotas de los socios. Después de más de treinta años, todavía

pago mi cuota.

En el año 2007, y a causa de una crisis personal, decidí hacer

algo más por La Hora de Dios. Por aquel entonces, había recibido

un boletín en el que pedían voluntarios o voluntarias unas

horas a la semana para colaborar directamente con la entidad.

Me puse en contacto con la oficina y hablé con María del Mar

Bonmatí, la presidenta, mujer entrañable que supo captar mi

Matilde Ripoll • 152 • La Hora de Dios


interés y, casi sin darme cuenta, ya estaba colaborando con ellos.

Recuerdo que empecé a finales de mayo o principios de junio,

y que los primeros días lo pasé fatal: una cosa es oír hablar de

la inmigración en abstracto y otra es encontrarte al inmigrante

cara a cara, que te explique sus problemas, sus penas, sus alegrías,

el porqué de su emigración...

He de reconocer incluso que tenía mis prejuicios respecto a las

personas de cultura musulmana. Para mí, tratar con ellos ha

sido una lección de vida, ya que he podido comprobar que no

somos tan diferentes, sobre todo las mujeres. Ellas, cuando te

hablan de sus hijos, de sus ilusiones y de sus proyectos, desean

para sus hijos lo mismo que deseamos nosotras, es decir, que

sean buenas personas, que puedan estudiar, que tengan oportunidades

y que puedan tener un futuro mejor que ellos.

Si algo he aprendido durante estos años es que debemos centrarnos

en lo que nos une y no en lo que nos desune. Si lo hiciéramos,

seguro que todo iría mucho mejor. Hay que ser conscientes

de que no hay personas de primera clase y personas de

segunda o tercera. Todos nos merecemos unos mínimos bási-

Matilde Ripoll • 153 • La Hora de Dios


cos, y los países desarrollados no pueden seguir ignorando la

pobreza y el hambre en el mundo.

Han pasado casi tres años y sigo yendo los martes por la tarde

a atender visitas: mi trabajo como psicóloga no es imprescindible,

pero creo que en muchos momentos sirve para dar comprensión

y moral a algunas personas que sufren.

De todos modos, he de decir que si por una parte yo ayudo

en algo a la entidad al ir allí, para mí supone a la vez un gran

aprendizaje donde he aprendido a valorar lo que tengo y a dar

gracias por todas las cosas buenas que hay en nuestra vida cotidiana.

Cosas que, precisamente por ser cotidianas, a veces no

valoramos como es debido.

En fin creo que Matilde y Remedios, junto con todas las personas

que fundaron “La Hora de Dios”, hicieron una aportación

muy importante a la sociedad y quizás no han recibido el reconocimiento

que se merecen.

Matilde Ripoll • 154 • La Hora de Dios


Manolita Ferrer y Rita Bastardas

(Ambas montaron en el Palacio de la Virreina de Las Ramblas

una exposición de pintura para recaudar fondos para

La Hora de Dios)

En 1977 Matilde Ripoll, presidenta y fundadora de la Asociación

benéfica La Hora de Dios, se le ocurrió encomendarme (ya que

en aquellos tiempos estaba familiarizada con el mundo de la pintura

y conocía a muchos pintores) que organizase una exposición

benéfico-social de pintura. En aquel momento acepté e impliqué a

todas mis amigas para que me ayudaran.

Desde las 8 de la mañana hasta bien entrada la noche, no hacía

otra cosa que llamar a los pintores que conocía y a explicarles porqué

tenían que regalar un cuadro a la exposición que pensábamos

organizar. El motivo: recaudar fondos para los más necesitados de

Barcelona. Todos aceptaron. También los amigos pintores de la

escuela de Antonio Cantón (esposo de Matilde Ripoll) regalaron

cuadros, así como amigas mías, entre ellos un Opisso de Rita Bastardas

(que, por cierto, compró Antonio Samaranch).

Matilde Ripoll • 155 • La Hora de Dios


Manolita con el Sr. Joan Antoni Samaranch.

Al final se recaudaron 152 cuadros, la exposición duro dos semanas

y pudo celebrarse en el Palacio de la Virreina de las Ramblas,

el cual fue cedido muy gentilmente por el concejal del distrito de

aquellos tiempos. La exposición terminó con una ganancia de

400.000 pesetas con las cuales pudimos ayudar a las personas más

necesitadas que acudían a La Hora de Dios. El acto fue un éxito

total. Todos, socios y amigos, ayudaron a preparar el ágape.

Doy gracias a Matilde y a La Hora de Dios porque fue una de las

experiencias más bonitas de mi vida. Trabajar para los demás por

amor a Dios.

Matilde Ripoll • 156 • La Hora de Dios


Manolita y Matilde con varias personalidades.

Reunión de amigos pintores por Sant Lluç.

Matilde Ripoll • 157 • La Hora de Dios


Aurora Marfil

(Pionera junto a mí en La Hora de Dios. Me ha ayudado

muchísimo siempre)

A Matilde Ripoll en su 80 cumpleaños

El más hermoso perfume

en tarro pequeño existe,

y el alma grande en el mundo

en un corazón humilde.

Largo tiempo y lucha noble

con entrega y con firmeza,

tú diste al mundo Matilde,

tu coraje y entereza

cumpliendo así el gran deber

que te dictó tu conciencia

dar a aquel que nada tiene

con el lema “inmediatez”.

Tu sombra fue siempre el faro

de los más desamparados.

Hiciste de afán y celo,

que en los caminos del cielo,

Matilde Ripoll • 158 • La Hora de Dios


aunque torcidos estén,

Dios escribiera derecho

por todo aquel que hace el bien.

No importan nuestros errores,

eso es cosa pasajera

cuando se trata de hacer

lo que Dios quiso que hicieras,

que aunque a veces no pudieras,

nunca dejaste de hacer.

Esa fue tu gran misión:

crear la casa de todos,

del pobre y el desvalido,

del hambriento y sin amor,

del que necesita todo.

Esa es:

“La Hora de Dios”.

De tu amiga en el camino,

Aurora

13 de abril del 2008, Barcelona

Matilde Ripoll • 159 • La Hora de Dios


Rose Puyuelo

(Gran colaboradora y señora que recordaré por lo mucho

que nos ha ayudado tanto en el ropero como en el reparto

de alimentos)

Conocí La Hora de Dios por mediación de Alejandra. Me contó

que colaboraba en una asociación de ayuda a los pobres del Raval.

Por aquel entonces estaban en la calle Cadena.

Empecé yendo los jueves por la tarde. Alejandra, mi hermana

Montse y yo recogíamos en un coche una cantidad de pan que nos

proporcionaban en un horno de Sarriá, lo bajábamos a la obra y allí

lo usaban para hacer los bocadillos. Colaboré también haciéndolos

y repartiéndolos.

Más adelante pasé al ropero y también colaboré con la recogida y

reparto de alimentos. En La Hora de Dios conocí a muchos colaboradores,

desde la presidenta Matilde hasta otros muchos compañeros

más. Cuando ya me hice mayor deje de acudir cada semana, y

después he seguido ayudando en la venta de la lotería de Navidad.

Matilde Ripoll • 160 • La Hora de Dios


Petri

(Aunque no haya trabajado mucho con nosotros es muy cristiana

y socia de la Fundación. Opina que “obras son amores y

no buenas razones”)

Conocí la obra hace muchos años por mediación de Remedios

Ripoll. La Hora de Dios me pareció admirable por su compromiso

humanitario y por ser un modo concreto y eficiente de traducir

la fe en obras, pues ¡obras son amores y no buenas razones!

Cuando el tiempo me lo permitió participé en algunas de las

actividades. La Hora de Dios es una hora de compromiso, afecto

y acción permanente hacia las personas más necesitadas de

nuestro entorno. Mi aportación ha sido sólo un granito de arena

en la inmensidad de las playas, un simple instante en la “Hora”,

pero a cambio he recibido un tesoro de eternidad.

En La Hora de Dios he conocido a personas entregadas de lleno

a este objetivo de fe. Estoy agradecida por haber trabajado con

tantas personas que callada y sencillamente trabajan por implantar

la frase “venga a nosotros tu reino”, que es de justicia, de

amor y más…

Matilde Ripoll • 161 • La Hora de Dios


Mari Cruz Salas Baladasano

(Fiel compañera de principio a fin. Trabajando las dos en

el INSS se fundó La Hora de Dios)

Eran los comienzos de los años 60 y, como en todas las épocas,

había mucha gente con problemas económicos. Nosotras

trabajábamos en la Delegación de Trabajo, ubicada en

un palacete de la Diagonal venido a menos, del que recuerdo

las puertas de madera maciza y tallada, el artesanado de los

techos y especialmente el del despacho del Delegado, que era

el salón de la casa.

El edificio lo derribaron años más tarde, fue una lástima. No

voy a seguir divagando sobre aquellos años felices en que parecíamos

una gran familia y no simples compañeros de trabajo,

años en los que sufríamos y gozábamos con lo que nos

acontecía a cualquiera de nosotros, razón por la cual muchos

hemos conservado una gran amistad para siempre.

Este inciso era para ambientar el lugar donde nació La Hora

de Dios, ya que en esa Delegación de Trabajo se presentaban

Matilde Ripoll • 162 • La Hora de Dios


Comida con el ministro de trabajo Mª Cruz Salas y Matilde.

denuncias y conflictos que había que resolver, y de nosotros

dependía que una familia pudiera o no cobrar y, por ende,

comer o padecer miseria. Pues de estas situaciones, que en

algunos casos tardaban tiempo en resolverse y la gente venía

llorando por no tener medios de sustento hasta que se

resolviese su asunto, surgió La Hora de Dios: en una cajita

en un cajón de una mesa de despacho con algún dinero que

recolectábamos entre los compañeros.

Matilde Ripoll • 163 • La Hora de Dios


Luego pasó a ser, como su nombre indica, trabajar una hora

por Dios para los pobres, lo que quedó en una aportación

que todos los meses el Sr. Micó, que era el habilitado, y José

Mª Martínez Orozco, nos descontaban de la nómina.

También empezamos a hacer propaganda entre las amistades,

y fuimos aumentando el número de socios. Aquello empezó

a tomar forma con algunos casos muy graves; como un

niño que salvaron Matilde Ripoll y Carmen Alonso, que habían

sido las promotoras y fundadoras de esta gran obra. Un

día, en una de sus incursiones por los barrios pobres en un

Seat 600, encontraron tres niños abandonados, los dos mayores

tiraban piedras al pequeño, que tenía escasos meses.

Yo recuerdo alguno de los casos que trataba de resolver, pero

lo único que podía hacer con toda mi buena voluntad era

ayudar, acompañar y escuchar. Recuerdo un caso de una

abuela que vivía en Sant Vicens dels Horts en una barraca.

Ella era la única normal de la familia, y había trabajado como

limpiadora en el cuartel de la policía, pero no habían cotizado

por ella a la Seguridad Social. Tenía un hijo subnormal

Matilde Ripoll • 164 • La Hora de Dios


juntado con otra deficiente mental con la que tenía tres hijos,

todos retrasados ¿qué se podía hacer? Como era imposible

meterlos en un colegio traté de ingresarlos en algún centro,

pero estaba complicado y tampoco querían separarse. Se me

ocurrió darles algo de comida, pagarles las medicinas y tratar

que alguien reconociera los años trabajados por la abuela,

que a sus 70 años seguía trabajando… ella, agradecida, me

traía espárragos silvestres que recogía en el campo.

En un principio nos reuníamos en la calle Molas, en un local

pequeñito que pertenecía a la Asociación de Oficinistas, luego

nos dejaron un local en la parroquia de Santa Mónica, que

también servía para reuniones de Alcohólicos Anónimos y

los Cofrades de la Macarena. A nosotros nos lo dejaban las

tardes de los martes y allí recibíamos a la gente.

Cuando llegaban por primera vez casi siempre los atendían

Antonio Moreno y Coca, y luego rellenábamos unas fichas

para controlar lo que les dábamos: leche, ropa, vales para

comprar comida en un colmado con el que teníamos concertado

que les dieran aceite, arroz, etc.… Eso cuando eran

Matilde Ripoll • 165 • La Hora de Dios


Mari Cruz Salas, en el INNS con el Ministro de Trabajo.

familias. Si se trataba de personas solas se les daban vales

para dormir en la pensión “La Paloma” durante algunas noches.

El resto de días dormían en la calle. De aquella época

recuerdo a una mujer, Carmen Gili, a quien le dábamos vales

para la pensión pero prefería la calle porque en la pensión

la hacían bañarse, lo mismo que sucedía en el albergue de

Valldoncella.

Matilde Ripoll • 166 • La Hora de Dios


El día de Reyes hacíamos una fiesta para los niños, les dábamos

juguetes que nos habían regalado particulares, colegios,

Radio Barcelona o algunas tiendas o fábricas. Algunos años

vinieron chicos de “Los Luises de Gracia” vestidos de Reyes

Magos a entregar los juguetes. También les dábamos lotes

por Navidad.

La verdad es que algo hacía nuestra ayuda, y aunque haya

muchos necesitados y pocos medios, todo valió la pena. Yo

era un granito de arroz en un gran saco, pues no quiero citar

nombres, aunque sí he citado algunos pero eran muchos

los que trabajaban duro, y sin ellos La Hora de Dios no hubiera

llegado a ser lo que es hoy, con un local propio, unos

estatutos y una gran organización. Esta época ya no la he

vivido pues por motivos familiares tuve que dejar de ir y mis

andanzas terminan en el viejo local de la calle Cadena y el

ropero de la calle Aurora, sin olvidar el esplai para los niños

a los que se les daba la merienda y que, entre juegos, algo

aprendían.

Para mí La Hora de Dios ha sido muy importante en mi vida

Matilde Ripoll • 167 • La Hora de Dios


y sé que todo lo que se ha hecho vale la pena. Hay muchas

familias que carecen de lo más necesario para vivir como es

casa, alimentos, etc. Y lo más triste es ver a esos niños que

no tienen juguetes ni comida, que no van al colegio y a los

que les falta el cariño de sus padres porque estos tienen que

ir a pedir limosna o, en el peor de los casos, son drogadictos.

Matilde Ripoll • 168 • La Hora de Dios


Iraida

(Psicóloga que colaboró en La Hora de Dios de la mano de

mi buen amigo Ángel Azurmendi).

Encara recordo, ara fa 14 anys, tot just acabar la llicenciatura

de Pedagogia Social, el salesià Angel Asurmendi, company

d’universitat i un bon amic, em va plantejar fer el projecte d’un

casal “per a nens amb necessitats”. No tenia molt clar què havia

de fer però no vaig dubtar gens, tenia moltes ganes de fer

quelcom per ajudar les famílies i els infants més desfavorits.

Així que vam començar l’elaboració del Projecte. Érem un grup

molt heterogeni, cal esmentar al Josep Armengol, a l’Angel

Asurmendi, a l’Òscar Coromines, a la Núria Bonafont i a la

meva companya de facultat Lluïsa Sebastià, sense oblidar-nos

al Lluís Font. Proveníem de llocs diferents però a tots ens unia

un objectiu comú: “cobrir una necessitat important com era

l’educació dels infants i adults més marginats de Sant Adrià

del Besòs”. I així és com setmana rera setmana, trobada rera

trobada ens vam anar compactant cada vegada més, cadascú

Matilde Ripoll • 169 • La Hora de Dios


tenia el seu paper i amb l’aportació de tots, amb cada granet

de sorra particular es va poder fer realitat el nostre projecte

del Casal.

Va costar tot un curs, entre fer el Projecte i les obres del local

per adequar-lo com a centre, però amb l’esforç de moltíssima

gent, al setembre de l’any 1996 vam poder obrir.

Em van proposar ser la coordinadora i amb la il•lusió que

tenia no va ser gaire difícil acceptar, tot allò que havíem escrit

en un paper, totes aquelles propostes s’havien de portar a

terme, era una responsabilitat i un repte personal molt gran,

però gràcies a un equip de voluntariat molt implicat i compromès,

les famílies de Sant Adrià, Sant Roc i Santa Coloma

de Gramanet van poder assistir al Casal.

S’atenia a nens, nenes i adults, la situació dels quals era de risc

social i pobresa. I a l’hora de seleccionar les famílies es donava

prioritat a aquelles que podien ser ateses en la seva totalitat

(pares i fills). D’aquesta manera es pretenia realitzar una tasca

educativa i de promoció humana en el camp cultural i social,

Matilde Ripoll • 170 • La Hora de Dios


dins d’un model d’home de societat cristians, considerant al

subjecte com a protagonista de la seva pròpia promoció.

I amb aquesta filosofia, un promig de 40 nens i nenes i 15

adults en van poder gaudir durant 5 anys.

Per als infants el Casal oferia berenar, higiene personal (dutxes

incloses), reforç escolar, ludoteca i manualitats i es celebraven

les festes tradicionals catalanes i d’altres cultures. I

per als adults es feien classes d’alfabetització, costura, informàtica,

catequesi i fins i tot, es va iniciar un projecte molt

interessant, anomenat “Projecte Dones” que no només estava

enfocat a tenir una funció lúdica sinó que va ser dissenyat per

anar molt més enllà i arribar a formar una cooperativa per

treure’n profit econòmic.

Va ser una etapa molt especial, durant aquells anys vaig conviure

amb gent molt marginada per la societat, la qual em va

deixar una empremta inesborrable i el millor de tot, em va fer

créixer com a persona.

Matilde Ripoll • 171 • La Hora de Dios


Sr. Iglesias

Sr. Borrull con Sr. Iglesias a la derecha.

Es un hombre muy trabajador,

ha hecho mucho

por La Hora de Dios y sigue

haciéndolo, los años

que a todos nos van apartando, por él no pasan. Es incombustible.

Sr. Biosca

Quiero hacer referencia

especial a Salvador

Biosca, es un socio extraordinario.

Durante

muchos años, siendo

director general de una

Salvador Biosca con Martín.

empresa muy importante que fue trasladada al extranjero, todos

los años me entrega un talón de 3000 € para La Hora de

Dios.

Matilde Ripoll • 172 • La Hora de Dios


Referencia Especial

Tengo que hacer una especial referencia de dos personas:

Mercedes Irles y Francisca Zafra.

Mercedes fue una mujer luchadora, humana y con una vida

muy dura. Yo la quería mucho, trabajó muchos años en La

Hora de Dios. Fue buena y ejemplar, y ahora está en el Cielo.

Francisca, por su parte, tenía la sabiduría de un Sancho Panza.

Nos hacía unas paellas buenísima cuando nos reuníamos

en el jardín de mi casa, para celebrar la Santa Misa y luego

comíamos. Tiempos muy felices. También ella, ya está en el

Cielo.

Matilde Ripoll • 173 • La Hora de Dios


Carmen Alonso

Carmen Alonso con Matilde Ripoll.

Tengo que hacer una

especial referencia a

Carmen Alonso, mi

compañera, amiga y

co-fundadora conmigo.

Era una persona

buena, exquisita y una

señora de la cabeza a

los pies. Cuando empezamos con La Hora de Dios en la Delegación

de Trabajo ella era la tesorera y yo la que buscaba

socios y dinero. La tuve a mi lado siempre hasta que cumplió

tantos años que no pudo seguir. Murió a los 99 años, casi a

punto de cumplir 100. Para mí siempre ha sido mi apoyo, mi

norte y mi ejemplo. Pocas personas en el mundo son como

ella. Lo tenía todo y, sobre todo, tenía a Dios. Ya está con él.

Matilde Ripoll • 174 • La Hora de Dios


Borrul

Borrull, para mí el más santo de todos los hombres que

he conocido. Fue ejemplar con los pobres. Estaba hasta las

12 la noche repartiendo vales para dormir. Se quedaba sin

comer y daba todo lo

que tenía al necesitado.

Este artículo, publicado

en la prensa

catalana, da buena

cuenta de él.

Después de comer hablamos

con el Señor

Borrull, un hombre

que tiene fascinado

a Francisco Candel.

“Todos los días está

Borrul y su esposa

aquí, en la cocina; por

la mañana se levanta a

las seis para ir a Mercabarna y después, algunas tardes, está

en La Hora de Dios”.

Matilde Ripoll • 175 • La Hora de Dios


Borrull considera que hay mucho trabajo para hacer. “La gente

se tiene que concienciar del problema. Falta ayuda humana.

La Hora de Dios busca esta solidaridad dando una hora

de trabajo al mes para ayudar a los pobres”.

La Hora de Dios, obra benéfica y social organizada por seglares

en concierto con la Generalitat de Catalunya, es uno

de los locales de la ciudad donde, de 6 a 9 de la tarde, se da

comida, ropa y medicamentos a quien lo necesita.

Cuando llegamos al local, en la calle Cadena, la gente hace

cola en la entrada. En el interior, llenísimo, hombres y mujeres

con niños esperan ser llamados para subir al primer piso,

donde hablarán con los colaboradores de la asociación para

exponer su caso. Un hombre va organizando a la gente, y, en

un momento dado, me acompaña arriba, donde encuentro al

señor Borrull. La segunda planta ofrece el mismo aspecto; el

sitio es triste, mal cuidado. No hay tiempo ni recursos para

dedicar a los detalles.

Matilde Ripoll • 176 • La Hora de Dios


El señor Borrull me presenta a Matilde Ripoll, presidenta de

La Hora de Dios; me enseñan las bolsas de comida –aceite,

pasta, arroz, galletas...- que esperan a ser distribuidas. En un

rincón, dos personas preparan la merienda: panecillos con

salchichón. Al final de la sala está la despensa, donde se acumulan

los alimentos.

“Lo que intentamos”, explica Matilde Ripoll, “es crear un banco

de alimentos con los sobrantes de las fábricas y con el programa

de pobreza de la CEE, que suministra los excedentes

alimentarios que vienen de Bruselas y de París. Creemos que

empieza a haber un sentimiento de solidaridad y estamos trabajando

con la Generalitat para intentar dar salidas, encontrar

trabajos y ayudar a los niños; porque aunque los padres

muchas veces no tienen solución, los hijos pueden ser recuperables.

Las instituciones tienen que ayudar.

CIUTAT VELLA: AQUÍ HAY HAMBRE

Cuando nos encontramos con Francisco Candel, se refirió a

la campaña de Ciutat Vella en Barcelona y nos puso en contacto

con Pilar Mercader, de la Comisión Gestora de la ope-

Matilde Ripoll • 177 • La Hora de Dios


ración “Aquí hay hambre, alimento solidario”.

“Esta campaña”, explica Pilar Mercader, “surge cuando los vecinos

del barrio apreciamos el deterioro que se está produciendo los últimos

cinco años, y al ver que ni el Ayuntamiento ni la Generalitat

toman la iniciativa para solucionarlo. La campaña se inicia ante la

realidad de casos de enfermedad, paro, de ancianos que no pueden

pagarse ni el agua ni la luz y que viven sin vidrios en las ventanas...”.

Durante una semana, se organizó la recogida de alimentos y

dinero. Se recopilaron 26 toneladas de comida y seis millones

de pesetas.

“A partir de aquí”, sigue Pilar Mercader, “la ciudad empieza a sensibilizarse

ante el problema, y pasado un tiempo, se tiene la primera

entrevista con el alcalde Pascual Maragall, que promete reformas

en el barrio”.

Los seis millones recogidos servirán para la creación de un centro

donde se dará comida, se enseñará a cocinar y se repartirá alimentos

a domicilio para gente de la tercera edad. Las 26 toneladas de

Matilde Ripoll • 178 • La Hora de Dios


comida se distribuyen entre La Hora de Dios y las Parroquias.

Pilar Mercader constata que “a partir de la campaña, el problema

se ha agravado porque ha aparecido gente silenciosa,

familias con problemas, ancianos que viven sin sanitarios,

personas en paro... Ahora, ante esta realidad, tenemos el reto

de hacer cosas, de dar soluciones. Hemos enseñado la miseria,

hemos concienciado a la opinión pública, pero ahora

tenemos que canalizar todo este movimiento de denuncia y

solidaridad en hechos concretos”.

Las instituciones implicadas, la Generalitat y el Ayuntamiento,

tienen, ahora, la palabra. ¡Aquí hay hambre!

Matilde Ripoll • 179 • La Hora de Dios


VI

EPÍLOGO

Agradecimiento político

El Sr. Josep Antoni Duran i Lleida, el mejor y más competente político

que conozco, ha venido en dos ocasiones a La Hora de Dios.

Con su presencia nos ha animado a seguir luchando. La primera

vez que vino nos entregó un talón. De esto hace 12 años.

Hace poco tiempo volvió y se entusiasmó con la idea de la formación

que damos a la juventud y se hizo socio de La Hora de Dios.

Matilde Ripoll • 180 • La Hora de Dios


Sr. Borrull, Excmo. Sr. Jordi Pujol, Matilde y Rosa Yúfera

Por su parte, el Sr. Jordi Pujol, cuando era presidente de la

Generalitat, nos apoyaba y nos enviaba un sustancioso talón

a fin de año. Quiero dar las gracias a los dos mejores políticos

que tiene España.

Hace un mes el Ayuntamiento de Barcelona nos ha premiado

con el primer premio al voluntariado, y nos ha dado 6.000

euros.

Gracias a todos.

Matilde Ripoll • 181 • La Hora de Dios


Excmo. J. A. Duran i Lleida visitando La Hora de Dios.

Día de la inauguración de la sede actual de La Hora de Dios por el Conseller Antoni

Comas con Matilde, el escritor Francisco Candel, Lluis Prats y Josep Maria Font

Matilde Ripoll • 182 • La Hora de Dios


Primer premio concedido a La Hora de Dios

el mes de febrero 2010

Placa Conmemorativa y medallas.

Matilde Ripoll • 183 • La Hora de Dios


“Llegué al mundo

sin nada.

Me iré del mundo

sin nada,

excepto amor.

Todo lo demás

es prestado”.

Matilde Ripoll • 184 • La Hora de Dios


Reflexión final

Lo importante es ver que La Hora de Dios sigue viva después

de 48 años, pese al cambio de personas o voluntarios que la

rigen, ver que sigue brillando con luz propia y que Dios la

quiere y protege a miles de personas que piden ayuda material

y a otras miles que necesitamos ayuda espiritual.

Por eso vuelvo a afirmar, como ya dije en el prólogo, que el

auténtico fundador de La Hora de Dios es... Jesús.

A modo de despedida, me gustaría dar todo mi amor a los

voluntarios de antes, de ahora y de siempre.

Matilde Ripoll Sánchez

Fundadora de La Hora de Dios

Barcelona, 26 de abril de 2010

Matilde Ripoll • 185 • La Hora de Dios


Socios cofundadores de La Hora de Dios:

Carmen Alonso, una mujer exquisita, prudente y buena de los pies a la

cabeza.

Francisco Flores Peñafiel (abogado), nos redactó los primeros estatutos

de La Hora de Dios.

Francisco Coca y esposa, nos ayudaron mucho y han dejado un legado

importante en su testamento

Los Moreno, grandes trabajadores. Antonio consiguió encontrar el local

de Cadena 4. Daba muchos muebles de su tienda.

Borrull, para mí el más santo de todos los hombres que he conocido. Fue

ejemplar con los pobres. Estaba hasta las 12 la noche repartiendo vales

para dormir. Se quedaba sin comer y daba todo lo que tenía al necesitado.

Mercedes Irles, incansable trabajadora, hizo de tesorera al morir Carmen

Alonso.

María Dolores Beragua, llevó el ropero de nuestra obra durante 35 años.

Hacía 120 bocadillos semanales en su casa y a su cargo, para los pobres que

iban a buscar ropa.

Enrique. Muy joven, murió en un accidente, aunque tuvo tiempo de ayudar

mucho en cualquier trabajo.

Matilde Ripoll • 186 • La Hora de Dios


Montserrat Olivé, también murió muy joven, murió de leucemia a los

veinticinco años. Su vida y su muerte fue un ejemplo para todos.

María del Mar Bonmatí, nuestra última presidenta. Dedicaba su vida

entera al servicio de los demás. Con ella creció más y más La Hora de

Dios.

Antonio Cantón (mi marido), bueno, honesto y trabajador. Sin su ayuda

no hubiera sido posible realizar mi trabajo de directora de La Hora de

Dios.

Francisca Zafra. Yo lo llamaba Sancho Panza, por su dedicación en los

asuntos humildes y su sabiduría del pueblo. Nos montaba las comidas

que hacíamos en casa. Era una gran cocinera.

Rosa Yufera, ocupaba la bolsa de trabajo. Colocó a muchas personas.

Era muy entregada. Yo la quería mucho. Con el trabajo salvó a muchas

familias.

Salvador Figueras, muy trabajador.

María Beltrán, muy trabajadora...

María Dolores Plana, colaboradora.

Alberto Estádella, colaborador.

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VII

RECORTES DE PRENSA

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Antigua sede en la calle Cadena número 4.

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Sede actual de La Hora de Dios en la Rambla del Raval nº 7.

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Matilde Ripoll • 198 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 199 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 200 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 201 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 202 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 203 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 204 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 205 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 206 • La Hora de Dios


Matilde Ripoll • 207 • La Hora de Dios



Espero que la lectura de este libro haga

comprender a muchas personas que

la felicidad auténtica sólo se puede

encontrar en el AMOR.

Amor y donación hacia los demás, y

AMOR a Dios.

Todo el resto, dinero, lujo o bienestar,

es prestado, y en la mayoría de las

ocasiones, no nos sirve para nada.

Ese es el testimonio de todos los que han

contribuido a forjar esta gran historia.

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