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Laurenano

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Una mirada desde el corazón

Laureano

Álvarez-Rementería



Índice

Trayectoria vital

4

Prólogo

20

Infancia

y juventud

36

Universidad

Facetas

95

Laureano y

su familia

113

Laureano

compañero

156

Laureano

amigo

182

Laureano

maestro

196

Laureano

el personaje

227

Laureano

el médico


48

Primeros

pasos

profesionales

62

La Clínica

Integal

76

Fundación

Rementería

Agradecimientos

236 240

Agradecimientos

Los que no

han podido

estar

Anexo

242

Anexo



“Who

PRÓLOGO dares

wins”



Quien arriesga, gana

Dicen que el amor es un ejercicio continuo de memoria, y este libro está lleno de

ella. La memoria que nos deja la vida de mi padre, el Doctor Laureano Álvarez-Rementería.

Sin embargo, este no es un libro de memorias. Si bien nació con esa intención, durante

el proceso hemos ido descubriendo cómo esta idea se iba definiendo y tomando

forma propia hasta llegar a ser lo que es: una recopilación de testimonios que dibujan la

trayectoria profesional y humana de un oftalmólogo, un esposo, un padre, un maestro y

un amigo. Testimonios en los que la parte de mi padre que habita en ellos es tan importante

como la parte de la persona que lo cuenta y que les vuelve a dar vida al narrarlos

y compartirlos.

Tampoco es una biografía, ni una novela (aunque seguro que daría pie para una).

Es un ejercicio que sigue más allá de la última página de este libro. Porque sabemos

que seguiremos descubriendo y compartiendo muchas de las pequeñas semillas que

mi padre fue dejando: experiencias de pacientes, de alumnos, de colegas médicos con

los que compartió quirófanos y congresos, horas de amigos a la mesa de un restaurante

cualquiera en Punta Umbría arreglando el mundo (o al menos intentándolo) o pacientes

a los que devolvió la vista en sus expediciones médicas a Senegal, Tanzania o Argelia.

Han sido meses de mucho trabajo emocional; de muchas horas de conversaciones; de

muchas cartas, emails y llamadas; incluso grabaciones de WhatsApp. Muchas reflexiones

sobre si era mejor afrontarlo desde un punto de vista u otro, si debíamos hablar solo de

Prólogo 7


su carrera profesional (una trayectoria impecable que, de manera tangible, deja una de las clínicas

referentes en España en oftalmología) o de él como persona: un hombre que pasó por la vida tratando

de devolver todo lo que de ésta recibía desde la mayor humildad y con la más grande de las

generosidades que hasta ahora he conocido.

Repasándolo sé que hemos acertado con la fórmula y gracias a todos se ha convertido en un libro

grande que da cabida a muchas voces y vivencias. Las que han entrado en estas páginas que nos

marcaban un límite físico (pido perdón desde aquí pues, como suele decirse, son todos los que están,

pero no están todos los que son) y las que nos siguen llegando y hacen, como decía, que este libro

siga más allá de sus portadas.

Gracias a todos por el impulso que nos animó a hacerlo y por la energía de quienes se arremangaron

y se pusieron manos a la obra. Quiero agradecer especialmente a mi madre todo el trabajo que

ha realizado para que este libro viera la luz. Sin ella, nada de esto hubiera sido posible.

Ahora nos toca a mis hermanos y a mí recoger ese testigo en la parte que le corresponde a cada

uno. Seguir manteniendo el proyecto de Clínica Rementería “en la cresta de la ola”, como solía decir,

y en la vanguardia de la oftalmología en España. Seguir con su ejemplo humano. Seguir con su

generosidad. Seguir con su máxima porque no olvidamos ni olvidaremos nunca que: “Curamos ojos,

tratamos personas”.

Laureano Álvarez-Rementería Capelo

8 Prólogo




Infancia

y juventud



Laureano Álvarez-Rementería Fernández nació en Sevilla el 1 de julio de 1955. Fue el

tercer hijo de Eduardo Álvarez-Rementería Reyes y Rufina Fernández Tavora. Sus padres

eran sevillanos, pero se trasladaron a Madrid cuando Eduardo comenzó a trabajar como

piloto de las líneas aéreas Iberia. Por entonces ya habían tenido dos hijos, Eduardo e Isabel.

Para dar a luz a los dos siguientes, Laureano y Ana, Rufina decidió trasladarse junto

a su madre para contar con su ayuda en los primeros meses. De este modo, todos los

hermanos nacieron en Sevilla, aunque se criaron en Madrid.

Nuestro protagonista heredó el nombre de su abuelo materno, aunque de niño sus

primos le llamaban “El Chiqui”. Pasó la infancia jugando a indios y vaqueros, coleccionando

los coches a escala Dinky Toys, muestra de los juguetes novedosos que su padre

traía del extranjero, y viviendo aventuras con su hermano Eduardo, con quien compartía

habitación y todavía retiene estos recuerdos. Comenzaban los años sesenta y en casa de

los Álvarez-Rementería se escuchaban los grandes éxitos del soul norteamericano.

Con seis años comenzó el colegio en Pinar de Chamartín, regentado por estrictas monjas

irlandesas, y a los nueve pasó a los Jesuitas de Nuestra Señora del Recuerdo. Inquieto

y carismático, no tardó mucho en ser conocido como “Laure”, a pesar de que el resto de

los alumnos era llamado por su apellido.

A los diez años le llegó el momento de cumplir con una tradición instaurada por su padre

para todos sus hijos: pasar tres meses con una familia en Irlanda para perfeccionar el

inglés. Cada vez que uno de los hermanos regresaba de ese iniciático retiro, lo celebraban

Infancia y juventud 13


con un viaje en familia. Su primera gran aventura fue por Rhodesia, Suráfrica y Mozambique.

Aún no podía imaginar Laureano en esos momentos las expediciones futuras que haría para

curar la visión de tantos pacientes africanos.

Algunos veranos la familia cambiaba de residencia durante varios meses. Era práctica

habitual por entonces que a los pilotos de Iberia se les ofreciera un destino diferente al suyo

durante el estío, y Eduardo siempre aceptaba la oferta. Así, la familia vivió un verano en

Palma de Mallorca, otro en Málaga… y si no había destino sorpresa, los veranos se repartían

entre las residencias estivales de sus abuelos en Cádiz y Punta Umbría. Era en esta localidad

onubense donde el joven Laure se reunía cada año con su pandilla. Y donde conoció a Mariluz,

su amor incondicional. Ambos rondaban los 17 años y él se las ingenió para convertirse

en su profesor de inglés y así tener la excusa perfecta para disfrutar todos los días de su

compañía… Boquerón que se duerme, se lo lleva la corriente.

14 Infancia y juventud


Día de la Primera Comunión de Laureano, en Madrid, año 1961. Con

su padre y sus hermanos en el Colegio Nuestra Señora del Recuerdo.

Infancia y juventud 15


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Curiosidad,

inquietud,

cercanía

Conversacíón con Eduardo, Isabel y Ana,

hermanos de Laureano

- ¿Cómo definiríais a Laureano?

Era buena persona. Era generoso, familiar y

disfrutón, como un oso grande con los ojos muy

abiertos. Disfrutón pero trabajador. “Disfrutaba

mucho de los meses de verano”. Su filosofía era

trabajar para vivir y no al revés. Y también le

encantaba disfrutar con la gente que quería.

No daba importancia al aspecto material

de las cosas. Era feliz compartiendo y haciendo

partícipe a la gente de las cosas con las que él

disfrutaba –su casa, su familia, navegar-. Su barco

era como las barcas de El Retiro, para pasear

a gente todo el rato.

Hay varias anécdotas que ilustran su generosidad

y su gracejo: un verano íbamos todos

en el barco, estaba lleno de gente a rebosar. Le

paró la Guardia Civil y él, sabiendo que le podían

poner una multa, les dijo: “Ya, sí, pero ¿a

quién le digo que no se monte? ¿Qué hago yo?

¡Son todos mis sobrinos, no puedo dejar a ninguno

fuera!”.

La segunda es que hubo unas inundaciones

en Altea y él , al ver el coche, que se había que-

16 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

dado inservible, comentó: “No hay que dar importancia

a la cosas materiales”.

Unas navidades, nuestros padres decidieron

pasar la Nochebuena en una finca en Sevilla.

Yendo hacia allí Laure en su R5, sufrió un

accidente. Iba solo y salió ileso. Dio la casualidad

que el llevaba en el coche una imagen de

la Virgen de La Milagrosa, a la que la familia

tenía mucha devoción. Cuando salió del coche

se dio cuenta de que la Virgen estaba destrozada.

Laure comentó: “La Virgen se ha partido la

cara por mí”. Aun hoy conserva aquella imagen

en su casa.

Unificaba a la familia, era el centro. Familias

Rementería y Fernández siempre han estado

Imagen de La

Milagrosa tal y

como se quedó

después del

accidente. El

R5 en el que

Laure sufrio el

accidente.

Infancia y juventud 17


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano, segundo por la derecha en la ultima fila,

con sus compañeros de clase.

unidas, éramos una piña. Las navidades eran

inolvidables, él y Mariluz eran un “pegamento”

para todos. Siempre que podía encontraba la

ocasión para juntar a la familia. Ha inculcado el

valor familiar a sus hijos. Buena prueba de ello es

que ahora, cuando tienen algo importante que

decidir en su vida (casarse, tener un hijo, siempre

me dicen “díselo a los tíos”).

Laureano siempre fue curioso, muy inquieto,

y desde pequeño siempre quería apuntarse con

los mayores. Leía por costumbre varios libros a la

vez, y en su casa estaba siempre leyendo. También

18 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

era un manitas a quien le encantaba desmontar y

montar cosas: de pequeño cogía las planchas de

casa y las desmontaba. O le decían “se ha roto la

aspiradora” y él decía “yo la arreglo” y desarmaba

todas las piezas; luego siempre faltaba o sobraba

alguna. Esta “afición” también la llevó al mundo

de los barcos, que le encantaban. Se rompió la

embarcación 420 que tenía en la casa de verano

en Punta Umbría. Y enseguida dijo: “Me la llevo al

pantano y la arreglo”. Claro, el barco murió en el

pantano. Ahí se quedó.

De su infancia hay que recordar que se escondía

en el cuarto de baño para que no le vieran que

no estudiaba, sino que estaba leyéndose los libros

que a él le interesaban. Nunca aprobaba todas en

junio. Un año dijo: “Si apruebo la reválida, me tenéis

que comprar un perro”, al final la aprobó y le

regalaron a Kira.

Algún verano entero le mandaron interno a El

Campillo, en Málaga. Allí conoció a Eduardo Campoy

–amigo de la infancia con el que hacía gamberradas-.

Por ejemplo, una vez se hicieron pasar

al teléfono por el padre de un amigo para que le

dieran permiso para salir de cole. Se escapó del

internado y apareció en Punta Umbría.

De pequeño competía con su hermana para

ver quién había crecido más después de unos días

malos con fiebre en la cama. Su disfraz preferido

era el de Jimmy Pecas, un vaquero de aquella época.

Su afición principal, el mar. De ahí que su

barco se llamase Sea Light (Mar y Luz, nombre

a su vez de su esposa). Todos los hermanos

coinciden en que el día mas importante de la

vida de Laureano fue sin lugar a dudas el día

que conoció a Mariluz.

El momento más duro de su vida fue el fallecimiento

prematuro de su nieto, aunque, sin

duda, también la noticia de su enfermedad.

Pero la vivió con una entereza tremenda. Jamás

se quejó. No quería que nadie sufriera. Tomó a

Isabel como paño de lágrimas y hablaba mucho

con ella. Tenía una espada de Damocles porque

él sabía que no iba a vivir un año más.

Infancia y juventud 19


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Socios de

aventuras

Manuel Capelo, cuñado

Conocí a Laureano cuando yo tenía 12 o 13

años, a través de mi querido primo Pepe Zamora,

en Punta Umbría. Pronto se las ingenió

para ser el profe de inglés de mi hermana, supongo

que así podrían ligar más cómodamente.

Enseguida fuimos cómplices de alguna que

otra gamberrada, asunto que a él le apasionaba.

Encontró en mi un “socio” perfecto.

Os contaré un par de anécdotas para explicar

más fácilmente el grado de complicidad.

Recuerdo que tomábamos “prestado” el

Mini de mi hermana, los dos sin carnet, y nos

paseábamos por donde hiciera falta. Años

más tarde, y siguiendo la costumbre de tomar

“prestado” dicho coche, empecé con mis primeras

participaciones en pruebas automovilísticas

con la estrecha colaboración de Laure, ya

que él se encargaba de que ese coche no fuera

necesario para él y Mariluz ese fin de semana.

Todo acabo cuando no se le ocurrió otra cosa

y con el objeto de hacer risas él y sus amigos,

que llevar a mi querida hermana a la salida de

20 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

A la izquierda, Mariluz en su

Mini. A la derecha, el mismo

Mini pero tuneado para un

rally.

un Rally en el cual yo participaba con su coche,

pensando Mariluz que su vehículo estaría

aparcado tranquilamente en el garaje de casa.

La broma se le fue de las manos ya que, a raíz

de aquella gracia, mi hermana decidió cambiar

cualquier cerradura que me diera acceso a un

vehículo, incluido el de mi padre. Estuve sin

conducir algunas semanas hasta que, a través

de un amigo que trabajaba en una ferretería,

logramos Laure y yo restablecer la situación.

No fue difícil, cuestión de que él sustrajera

las preciadas llaves del bolso de mi hermana

en algún descuido y en pocas horas todo resuelto.

Os enseño un par de fotos del coche en

cuestión en situación de reposo y en traje de

Infancia y juventud 21


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

combate para que veáis lo que éramos capaces

de organizar en poco tiempo.

Días previos a su boda con mi hermana,

le deje el famoso Mini a un amigo para ir a

ver a su novia a El Escorial sin conocimiento,

obviamente, de la propietaria. La mala suerte

hizo que mi amigo volcara en el Puerto de

Galapagar a altas horas de la madrugada. La

primera llamada fue a Laure, que preocupado

al ver que el coche no venía a su sitio según

acuerdo, se encontraba pegado al teléfono de

su casa. El Mini fue siniestro total y mi amigo

con cuatro puntos en la cabeza, que como no

podía ser de otra forma fueron aplicados por

Laure en la confusión de la noche. Yo creo que

fueron los primeros puntos que puso. Hoy en

día, cada vez que mi amigo se toca una extraña

calva en la zona central de la cabeza, dice que

se acuerda de Laure. Nunca supimos cómo ni

con qué le dio los puntos necesarios, dado que

la experiencia medica en esas lides de mi querido

“socio” y doctor favorito comenzó ese día.

Ni que decir tiene que se enteraron su familia,

la mía y la del accidentado, provocando

un lio fenomenal, de los grandes, como hacia

todo Laure, a tres o cuatro días de la boda.

Además, se quedaron sin coche los primeros

meses de matrimonio…. Laure siempre se reía

muchísimo de aquello cuando lo recordábamos

juntos, pero a mí entonces no me hizo

ninguna gracia, ya que me dejaron seis meses

sin conducir y siguiendo los sabios e insistentes

consejos de mi “socio” y ya cuñado, me

compré un coche.

Aunque a partir de entonces las cosas se

fueron normalizando, la edad, el matrimonio y

sus primeras responsabilidades profesionales

y familiares sin duda colaboraron a ello, Laure

siguió siendo mi socio colaborador en todos

los aspectos de mi vida, tanto personales

como profesionales, siendo para mí una compañía

de valor incalculable. Una vez más

¡GRACIAS LAURE!

22 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Educación

y religión

Rafael Herrera, amigo

de la infancia

Intentaré con estas líneas describir mi relación

de amistad con Laureano. No podré ser objetivo

pues él ha sido, o mejor es, prefiero hablar en

presente, mi gran amigo y una de las personas

que más ha influido en mi vida.

Coincidimos en el Colegio del Pinar de Chamartín

en octubre de 1961, donde durante tres

años cursamos Párvulos, Ínfima y Medio. El colegio

estaba dirigido por mojas irlandesas y todas

las asignaturas se impartían en inglés.

Teníamos muchas cosas en común: vivíamos

a una manzana de distancia, por lo que compartíamos

el autobús del colegio diariamente,

de lunes a sábado; nuestros padres eran compañeros

de trabajo, pilotos de Iberia; y como

yo le decía a mi madre: “hablan andaluz como

nosotros”.

A pesar de la terrorífica regla que utilizaban

las monjas para imponer disciplina fueron unos

años maravillosos que recuerdo con gran cariño,

como aquellas celebraciones por el Día de

San Patricio… En mayo de 1961 él me invitó a su

Primera Comunión, que se celebró en la Capilla

del Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo.

En 1965, cursados estos tres años, y ya con

Infancia y juventud 23


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

nueve años, pasamos al colegio de los mayores,

Nuestra Señora del Recuerdo, dirigido por los

padres Jesuitas. Aquí cursamos el Ingreso y los

seis cursos de Bachillerato.

No se puede entender nuestro desarrollo

personal sin reconocer la gran influencia que

supuso la educación que recibimos en el Colegio,

basada en los valores del cristianismo y la

Excelencia en los estudios académicos, y, por lo

tanto, con un alto nivel de exigencia.

Recuerdo a Laure -pronto se le llamó por su

nombre mientras al resto se nos llamaba por

nuestro apellido- como una persona plena de

vitalidad y generosidad. Siempre contento y

con gran capacidad de esfuerzo para superar los

cursos del Bachillerato.

Todo lo grande que era físicamente también

lo era en bondad y generosidad. No recuerdo

que alguna vez se enfadara conmigo.

Qué lejanos quedan estos recuerdos en el

tiempo, pero qué frescos en la memoria, como

esas interminables jornadas de clase con el maravilloso

recreo tras la comida. Así fueron pasando

los años hasta que, por fin, el 31 de mayo

de 1972, aquellos que en 1965 formábamos por

primera vez en la explanada un poco asustados

junto al resto de los cursos superiores en el acto

de Despedida de los que dejaban el Colegio,

éramos ahora los protagonistas de la Despedida

de nuestra Madre del Santo Recuerdo.

Este acto significaba el final de nuestra infancia,

y ya con 17 años, nuestro paso a la Universidad.

Como decía nuestro himno: ‘’... Negar

que fui tu hijo y que en tus brazos se pasó como

un sueño mi niñez.’’

Creo que fue en este verano, 1972, cuando

entró en la vida de Laure la persona que se convirtió

en su compañera de camino, Mariluz. Ella

aportó, con su gran corazón y su inteligencia, la

estabilidad necesaria para que Laure madurara.

Sin duda hay un antes y un después en su vida a

partir de la llegada de Mariluz.

24 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano en el

Día de su Primera

Comunión, con

su hermana Ana

y su amigo Rafael

Herrera.

Año tras año su relación se fue fortaleciendo

y fueron llegando los frutos, Laure terminó la

carrera de Medicina, se casaron, y con el tiempo

llegaron los hijos y los primeros éxitos profesionales

de ambos, que siempre formaron una

pareja tan excepcional que no se puede entender

al uno sin el otro.

Con el paso de los años mi cariño fue convirtiéndose

en admiración y orgullo por los logros

que ambos iban alcanzando. A pesar de estos

éxitos siempre mantuvieron su sencillez y generosidad

con todos los que les rodeaban. Era

tanto el amor de esta pareja que éste se irradiaba,

además de a su familia, a todos los que les

rodeaban, amigos, personal y un largo etcétera

de gente que trabajaba con ellos, y con el tiempo,

a tantas personas lejos de España a los que

alcanzó la mano solidaria de la pareja.

Quiero agradecer a Mariluz, como amigo de

Laure, todo el amor y el apoyo que le ha dado en

estos cuarenta y cuatro años, y manifestar que sin

ella nada de lo logrado hoy habría sido posible.

Infancia y juventud 25


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Aquellos

veranos

Pepe Zamora,

primo de Mariluz

Un pequeño querubín 1 comentó a sus compañeros,

que revoloteaban en las mismas puertas

del cielo: “¿Quién será esa persona que se

acerca y que me ha quitado el sueño en estos

últimos tiempos por su salud?”. De pronto a las

puertas se acerca y encuentra una figura que

le es conocida, grande, con inmensa bondad,

al igual que su cuerpo, y con voz profunda que

le suena familiar. Instintivamente corre a abrazarlo,

y la curiosidad propia de un niño le lleva

a preguntarle ¿quién eres? El recién llegado, y

que reconoció a ese pequeño ángel, le respondió

con mucho cariño:

“Desde los años setenta, iba a Huelva en

vacaciones con mi familia. Con mis primos los

Zalvide y un grupo numeroso de amigos, formamos

lo que llamábamos La Pandilla, y entre

ellos estaba tu padre, con el que rápidamente

congenié”.

Tengo divertidos y entrañables recuerdos

1 Mi hijo Javier falleció de leucemia infantil. Este texto simula un

dialogo entre él y Laureano.

26 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano con Javier, el pequeño querubín.

de los paseos en barco por la ría esquiando

en la motora, las excursiones a la Isla de Pepe

López en el Huevo Duro, que era nuestro 420,

las fiestas con la pandilla en la que recopilábamos

entre todos los amigos la música de Simón

y Garfunkel, Leonard Cohen, y otros cantantes

de nuestra época. Mi padre también, como el

tuyo, por su profesión viajaba continuamente,

y a mis hermanos y a mí nos traía regalos

como la moto Graziela, la bici que frenaba con

los pedales... cosas que en esos tiempos no se

comercializaban en nuestro país, y que después

servían de diversión para todos los que formábamos

la amplia pandilla de amigos.

Por esos años, tu padre pasaba los veranos

con sus tíos y primos en un apartamento de La

Canaleta, donde yo también vivía. A través de él

conocí a tu tía Mariluz, que me atrajo desde el

primer momento que la vi. Hacía todos los días

por encontrármela, y siempre la veía en el toldo

de la Canaleta con su familia. Al final conseguí

que esa rubia preciosa se fijara en mí y fuera

mi novia, el único amor de mi vida. Tu tía y yo,

como cualquier pareja de esa época, continuamos

después nuestra relación porque ambos

residíamos en Madrid. Y cuando llegaban las vacaciones

de verano volvíamos a Punta Umbría.

Recuerdo esas tardes de verano pasando divertidos

ratos en las “clases de inglés” donde tu

padre se peleaba literalmente con la pronunciación,

sobre todo con las palabras acabadas en x,

por ejemplo, “six”, eran motivo de risa por parte

mía y de tu tía; también por Navidad y Semana

Santa volvíamos a Huelva ¡Qué recuerdos de

fines de año en Lady Godiva, ¡Qué madrugadas

de Viernes Santo en Sevilla, días de Feria!

El tiempo pasa, y al acabar los estudios de

medicina aquel verano realicé mi primer trabajo

como médico con una sustitución de “médico

de familia” en Aracena. Y con mi R5 realizaba

los viajes por esas reviradas carreteras de la sierra

de Huelva para poder pasar los fines de semana

con Mariluz y los amigos en la playa, aunque

los primeros “pasos clínicos” fueron con tu

Infancia y juventud 27


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Postal de Punta Umbría en la que

aparecen Laureano, Isabel y Ana

con el “huevo duro” y la perrita Kira.

tío Manolo Mojarro, ginecólogo de profesión,

al que muchas veces le acompañaba cuando le

llamaban para atender un parto y nos desplazábamos

desde Punta Umbría a Huelva, Recuerdo

incluso que una vez fue tu padre el que nos

llevó a la Vieja Clínica San Vicente donde muchos

niños vieron por vez primera la luz. Eran

los primeros momentos en los que me sentía

médico, aunque esta especialidad no fuera la

más atrayente para mí.

El pequeño ángel le interrumpe, ¡Ya sé quién

eres! y le comenta los ratos que ha pasado con

su padre hablándole de su amigo Laure, de los

momentos de juventud que nunca se pueden

olvidar. En una de las muchas conversaciones

sobre ti me explicaba tu interés por la Oftalmología

y los deseos por realizar esa especialidad

ya que pensabas que la vista es la función de los

ojos, pero la visión es función del corazón. De

ahí tu vocación por esa especialidad, tu deseo

de poder atender a tantas personas que padecen

problemas de visión, que simplemente es el

tacto del espíritu. Esos fueron los motivos que

te llevaron a convertirte en un gran oftalmólogo.

Siempre destacaba la parte humana de ese

hombre bueno y querido por todos con un corazón

más grande que su cuerpo, abierto a ayudar

a quien lo necesitara. Especialmente me quedé

con un detalle, jamás te vio discutir o tener

diferencias con nadie y, recalcaba, que para ti

lo más importante eran los demás, siempre te

mantenías en un segundo plano y constantemente

dispuesto a lo que alguien te pidiera. Y

lo más llamativo de todo, cuando con tu tesón y

trabajo te convertiste en uno de los grandes de

28 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano y Mariluz en Punta Umbría, en los años 70.

la oftalmología eras aún más bueno como persona,

y tu grandeza personal era igual o mayor

que la científica.

Y el ángel continuó comentándole que, leyendo

desde este balcón inigualable del Cielo,

en los pensamientos de mi padre -en las proximidades

de la festividad de la Inmaculada Concepción-,

que deliberaba en voz baja, a pesar

de la pena provocada por la distancia geográfica

que os separaba, te escuchó que le decías ¡Nunca

te falté la fe y la bondad hacia los demás, el

amor y la ilusión hacia la familia y amigos! Y al

momento se cruzaron vuestras miradas en la lejanía.

Y desde ese día, cada vez que mi padre

se acerca hasta este rincón maravilloso, que

es Punta Umbría, vive momentos donde verdaderamente

se encuentra como si estuviera

a tu lado, y que parece como si vuestras miradas

volvieran a cruzarse, y en sus ojos brotan

de nuevo lágrimas de amistad. Pero, aunque ya

vuestras almas no vuelen juntas por el paraíso

de La Canaleta él se consuela porque sabe que

ya no te despegas ni un momento del lado de

Jesús de la Pasión.

Infancia y juventud 29


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

El Chiqui

Dr. Fernández- Távora,

primo de Laure

Y mira que era grande… ¡Grande de cuerpo

y gigante de espíritu! Sin embargo, en su infancia

Laure, para sus primos, era “El Chiqui”.

Los primeros recuerdos del Chiqui me llevan

a la capota del Ford de nuestro abuelo

Laureano en la siempre mágica Cabalgata de

Reyes de Sevilla. Era en la Avenida, frente al

Coliseo, donde Miguel López, “Ua”, aparcaba

el coche para que todos los primos disfrutáramos

del espectáculo y cogiéramos caramelos

desde ese palco tan privilegiado. Los reyes

dejaron esa noche los regalos en la salita de

entrada de la casa.

A la mañana siguiente, tras descender sigilosamente

por la escalera capitaneados por los

mayores, descubrimos emocionados los juguetes:

El Chiqui se convirtió rápidamente en “Jimmy

El Pecas”, un vaquero con dos pistolas al cinto,

chalequillo y sombrero tejano que correteaba

el jardín de la casa de nuestros abuelos en Heliópolis

entre la tienda de los indios, las plumas de

los indios Apaches, los arcos y las flechas.

30 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Si Lima 1 era el lugar de encuentro familiar

en Sevilla en Navidad, en vacaciones de verano

lo era Cádiz. En aquellos periodos estivales

de finales de los años cincuenta y principios

de los sesenta Laure inició un idilio con el mar

que nunca abandonaría. Lo recuerdo con la

piel tan bronceada, tan negra, que casi parecía

mulato; y es que pasábamos todo el día en

la playa. Rara vez encontrabas a un niño a la

sombra del toldo.

“Hay patatas…, patatas fritas”, pregonaban

los vendedores cuyas voces competían con las

de los marisqueros: “Llevo bocas, camarones,

cangrejos y cañaillas”. Todos ellos vestían de

blanco y portaban al brazo su mercancía en

canastos de mimbre sosteniendo una tijera de

madera en el otro brazo, que utilizaban para

apoyar el canasto cuando se les acercaba un

comprador. Esos pregones eran la música de

fondo de nuestra playa que, de cuando en

cuando, se interrumpía por los altavoces municipales

anunciando un niño perdido.

El toldo, además de ser la referencia para

no perdernos y el cobijo de los cubos y las

palas, era donde nuestra abuela Rufina, peor

que mejor, vigilaba que los niños no cogiéramos

de la carretilla los paquetes de patatas

fritas antes de tiempo. Llegado el momento

nos mandaban al agua para quitarnos la arena

y nos daban, uno a uno, el paquetito individual

de patatas para evitar la discordia entre

nosotros.

Más que hacer castillos de arena, que, por

supuesto lo intentábamos, nos gustaba hacer

volcanes. Nuestros vesubios al final entraban

en erupción y emitían humo por sus cráteres

cuando encendíamos los papeles aceitosos

de los paquetes de patatas, que colocábamos

en la base de las montañas de arena a la que

se accedía por cuatro pequeños túneles perpendiculares

perforados pacientemente por

la mano del más pequeño, el Chiqui.

¡Qué bien nadaba! Daba unas brazadas

larguísimas con un estilo para mí envidiable.

Infancia y juventud 31


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Destacaba por su estatura, por su complexión

atlética, crecía tan fuerte y fibroso que en

pocos años a Laure nadie le llamaba ya Chiqui.

La casa de nuestros abuelos en Cádiz en

la calle Brasil tenía en la acera de enfrente el

campito de futbol del Hogar, una institución

benéfica municipal. Allí jugábamos por las

tardes nuestros partidos con nuestros padres

de espectadores desde la terraza. A Laure lo

poníamos casi siempre de portero porque era

muy valiente, capaz de arrojarse a los pies

de los delanteros para arrebatarles la pelota.

Eran veranos largos que finalizaban con el

Trofeo Carranza a finales de agosto. Tuvimos

el privilegio de ir a varios trofeos con el tío

Fernando Lumbreras. Cogidos de su mano nos

turnábamos para entrar en el estadio gratis, y

así pudimos ver jugar a famosos futbolistas,

como a Di Stefano, Kubala, Eusebio…

Con nostalgia recuerdo los riquísimos cucuruchos

de helados que nos tomábamos,

unas veces en La Camelia de la calle Columela

y otras en Los Italianos próximos a la plaza

de San Antonio. Otras tardes eran de cartuchos

de pipas en la Plaza de Mina y juegos

de carreras bajo los gigantescos árboles de la

Alameda Apodaca.

Pocos años después de fallecer nuestro

abuelo Laureano, la familia Álvarez-Rementería

primero y las tías María del Carmen y Anita

después, dejaron Cádiz y pasaron a veranear

a Punta Umbría, instalándose a la orilla de la

ría, en La Canaleta. Los recuerdos de aquella

época son ya puntuales puesto que nuestras

visitas veraniegas a Punta Umbría eran de pocos

días. Sin embargo, suficientes como para

comentar que fue aquí donde Laure desarrolló

su pasión marinera. Pasión compartida y

animada por su padre y su hermano Eduardo.

¡Con qué destreza navegaba Laure por la

ría en su velerito “Huevo Duro” y que bien se

deslizaba en el esquí acuático del fueraborda

color rojo de su padre!

No puedo terminar esta semblanza sobre

32 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

la infancia de Laure que -como primo mayor-

me ha solicitado Mariluz, sin remarcar

un rasgo muy importante de su personalidad:

su gran generosidad. Mi primo Laure desde

chiquitito lo compartía todo, sus juguetes, su

barco, su tiempo y sus habilidades profesionales,

fue siempre la antítesis del egoísmo.

Tuve la satisfacción de felicitarle en un

momento cumbre de su carrera profesional

con el lema del escudo de nuestros antepasados

portugueses (el apellido Távora de nuestra

abuela Rufina):

QUAS CUNQUE FINDIT (Más lejos no se

puede llegar).

Laureano en brazos de su madrina

el día de su Bautizo. Junto a él, su

primo José Mari.

Infancia y juventud 33


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Nuestro

primo

Laureano

Fernando Lumbreras,

primo de Laure

Cuando Mariluz Capelo me pide escribir sobre

Laureano me parece algo muy difícil por la

cantidad de vivencias y recuerdos que tengo de

él. Pese a ello me he atrevido a seleccionar algunos.

Siempre recordaré que cuando yo tenía 12 o

13 años, me pilló un día en Punta Umbría (Huelva),

me llevó al apartamento de sus padres (junto

al de mis padres) y me afeitó el bigotillo que

yo empezaba a tener. Como él era uno de los

primos mayores no me pude negar, a pesar de

lo asustado que yo estaba.

Casi 25 años más tarde Laureano, el 6 de abril

de 2002 en Villafranca de los Barros (Badajoz),

fue el conductor del coche de la novia, Estrella,

el día de nuestra boda. Y en nuestra familia

tenemos la imagen de Laureano bajándose del

coche y acompañando a la novia y al padrino

hasta la entrada de la iglesia de los Jesuitas con

un paraguas aquel lluvioso día de primavera.

Y fuera de vivencias personales quiero destacar

una virtud de Laureano: NO SE AUTOLIMITA-

34 Infancia y juventud


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano en el DC10.

BA. Y como consecuencia de esta virtud tuvo la

capacidad de aprovechar las oportunidades que

la vida le brindaba y de innovar continuamente

en su profesión, la oftalmología.

Sí, aprovechaba las oportunidades.

En la casa de sus padres, Rufina y Eduardo,

en la calle Juan Bravo (Madrid), había una foto

de Laureano tumbado en una enorme y vacía

cabina de pasajeros de un avión. Siempre me

llamaba la atención la foto, y más aún cuando

Laureano me dijo que aquella foto se hizo durante

un viaje que no podía desaprovechar. Su

padre, comandante de IBERIA, DC10, tenía que

ir a recoger un nuevo avión a California, y aunque

tenía mucho que estudiar y algún examen

próximo, decidió acompañarle.

Me confesó Laureano que a su entonces novia,

Mariluz, aquello no le había sentado nada

bien porque no se estaba centrando ni en estudiar

ni en acabar la carrera.

Y sí, era un innovador.

En muchas profesiones siempre se intenta

mejorar sobre algo que ya existe. Sin embargo

Laureano fue capaz de ver que las cosas se podían

hacer de otra manera gracias a la tecnología.

Además tuvo la valentía de aplicar esa tecnología

y, por tanto, de innovar

No hace muchos años Laureano me dijo que

si no hubiera sido médico, hubiera montado

una empresa relacionada con la informática, internet

o comunicaciones.

Infancia y juventud 35



Universidad



Laureano disfrutaba desmontando todos los aparatos que caían en sus manos. Ya

fuera un televisor, una radio o cualquier maquina que se averiara, él siempre estaba dispuesto

a destriparlos para intentar arreglarlos. Aunque apuntaba maneras para la ingeniería,

eligió ser médico oftalmólogo. La falta de marcados antecedentes de profesionales

de la medicina en la familia hizo que su decisión fuera algo sorprendente y arriesgada.

Pudo resultar inspirador que su padre le trajera como regalo de uno de sus viajes a

Estados Unidos un oftalmoscopio manual con el que Laureano observaba el fondo del

ojo de todo el que podía, incluida Kira, la cocker spaniel de la familia; o que un problema

ocular le llevara a descubrir su vocación. En cualquier caso, su gran contribución al campo

de la oftalmología hace difícil imaginarle ejerciendo otra profesión.

Cursó sus estudios de Medicina durante los años setenta en la Universidad Complutense

de Madrid. Seguía siendo un estudiante inquieto, involucrado en la adquisición de

conocimientos, jugador de equipo, pero no demasiado disciplinado. A Laureano le gustaba

disfrutar de la vida y Mariluz le aportaba las dosis de responsabilidad que necesitaba

para no perder el rumbo. Ella, que cursaba Filosofía, le llamaba por teléfono a casa para

comprobar que estaba estudiando; él intentaba muchas veces escabullirse para no rendir

cuentas, pero al final mostraba orgulloso a Mariluz las papeletas con las notas de los

exámenes que iba realizando. Los dos formaban un buen equipo que funcionaba siempre

de manera coordinada.

Universidad 39


Terminados sus primeros años de Medicina tuvo la ocasión de asistir en partos, demostrando

talento para ser ginecólogo, pero finalmente se especializó en Oftalmología

en el Hospital Clínico de Madrid.

Para Laureano los ojos eran mucho más que el órgano de la vista, eran un vehículo

que permitía conectar con el corazón, donde se producía la auténtica visión de las cosas.

Un enfoque muy cercano a la reflexión plasmada por Antoine de Saint-Exupéry en El Principito:

“No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Aquel niño al

que sus primos llamaban “El Chiqui” no sólo se había convertido en médico, también era

un hombre alto, de voz grave, porte elegante y manos grandes, que al mirarlas pensaba:

“¿Cómo voy yo a hacer de cirujano?”

Esas manos portentosas no tardarían mucho tiempo en convertirse en el instrumento

más valioso de un prestigioso microcirujano ocular, innovador y valiente, pero que sabía

medir los riesgos. En el futuro afirmaría “En medicina hay que estar a penúltima y no usar

nunca algo que no se sabe si es seguro”.

40 Universidad


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Años de

estudios,

amores y

diversión

Dr. Casinello

Me pidió Mariluz que contara mis recuerdos de

la época universitaria de Laureano, con objeto

de la realización de un libro de apuntes sobre su

vida. Quiero advertir que seré totalmente parcial

porque he tenido y tendré siempre a gala ser su

amigo, y no en vano él firmó como testigo de mi

boda.

En el mes de julio de 2016 envié a Laure una

fotografía de 1976 -aparece en la página siguiente-

en un WhatsApp, y contestó rápido: “Buenos

tiempos, Andrés”.

Esos tiempos comenzaron al inicio de la carrera

en la Facultad de Medicina de la Universidad

Complutense de Madrid. Los primeros tres años

fueron en la propia Facultad y los tres siguientes

en el Hospital Clínico “San Carlos”. Fueron tiempos

intensos, entre 1973 y 1979, en plena Transición

política, hecho que incidió de forma particular

en una universidad de la que guardamos

entrañables recuerdos, y no sólo académicos.

Seis años de carrera, pasando por las aulas

tipo anfiteatro de la Facultad y por las más peque-

Universidad 41


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano y Andres Casinello

durante una excursión a

Toledo.

ñas del Hospital Clínico, día tras día, en el mismo

círculo de amigos y compañeros. Pasamos el primer

ciclo de la Facultad con la Anatomía de Oliveros,

la Fisiología de Tamarit, la Histología e Zamorano,

la Neurología de Gallego, la Farmacología

de Velázquez y el resto de las asignaturas, entre

las que se incluían Formación Política y Gimnasia.

Luego, ya en el Clínico, la Patología General de su

tío Fernández Cruz, las Quirúrgicas con La Fuente

Chaos y Vara, Las Médicas con Schuller y Salmerón,

la Historia de la Medicina con Laín Entralgo,

la Ginecología con Botella y Del Sol, y el resto de

todas las asignaturas de la carrera de Medicina.

Sin embargo, en sexto no coincidimos en la asignatura

que luego marcaría su vida, Oftalmología,

con Julián García Sánchez como catedrático.

No sé cuándo comenzó el interés de Laure

por esta especialidad, si bien es cierto que en

quinto de carrera su padre le había regalado un

oftalmoscopio manual, el mejor del mercado en

aquella época, traído desde Estados Unidos en

uno de sus viajes. Lo manejaba con destreza y observó

el fondo de ojo hasta a su perra Kira.

A Laure le atraía la Ginecología-Obstetricia, de

hecho, me comentó que pudiera ser que al finalizar

la carrera se decantase por hacer esa especialidad,

y lo único que le hacía dudar es que tenía las

manos grandes, algo que para la cirugía pensaba

que podía ser un hándicap. Quién le iba a decir

entonces que con esas manos grandes llegaría

a realizar microcirugía ocular con esa maestría y

perfección a la que nos acabaría acostumbrando.

42 Universidad


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laure era un joven estudiante de Medicina

inteligente, de fe cristiana hasta la médula, con

una simpatía especial y comedida, enjundia en

sus comentarios, participativo con el tiempo que

le tocó vivir, con un buen saber estar en todas

las situaciones, amigo de sus amigos y excelente

compañero de estudios.

En el plano personal recuerdo la estima y admiración

que sentía por su familia, y la permanente

mención que hacía a su entonces novia

Mariluz, sin duda, la persona que más influencia

tuvo en su carrera de estudiante de Medicina y

a lo largo de toda su vida. A las clases del Clínico

entrábamos por las puertas que daban a la plaza

de Cristo Rey, y al finalizar la jornada salíamos por

la puerta del Oncológico, porque allí tenía que esperar

a que le recogiese Mariluz, que venía de la

Facultad de Filosofía y Letras.

En las clases, podemos generalizar que había

dos tipologías de estudiante: el que se pasaba la

clase tomando apuntes sin parar, y el que sólo

escuchaba al profesor. Yo era de los primeros y

Laure de los segundos.

Cuando llegaba la época de exámenes nos

reuníamos a repasar temas tres o cuatro compañeros,

Laure no faltaba nunca a la casa de mis padres,

por la zona de Moncloa. Solíamos comenzar

a las once de la noche y terminar a las seis de la

mañana. Él se encargaba de suministrar un café

excelente que traía su padre de sus viajes a Sudamérica,

pues en mi casa sólo había un sucedáneo

llamado “mocanor” que Laure no estaba dispuesto

a tomar. Es cierto que estudiábamos intensamente,

pero había interrupciones para comentar

aspectos que no tenían nada que ver con el estudio

bastante más divertidos y relativos al día a día

de cada uno.

En algunas ocasiones, ya fuera por tener bastante

preparado el examen o por todo lo contrario,

sobre las tres de la madrugada nos íbamos

en el R5 de Laure a tomar algo al Drugstore de la

calle Fuencarral o al de Velázquez; no había por

aquel entonces en Madrid muchos sitios donde

ir a esas horas y, además, el ambiente variopinto

de los concurrentes resultaba cuando menos

curioso.

Ahora voy a contar algunas anécdotas más de

esas pausas de estudio:

Universidad 43


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

La primera se produjo una vez a las seis de la

mañana que paramos de estudiar, y como eran

las fiestas de Pozuelo, decidimos llamar por teléfono

a nuestras respectivas novias, a esas horas…

para irnos a correr los toros tipo San Fermín, pero

en Pozuelo. Y allí nos plantamos, Laure se quedó

tras una talanquera con su novia y la mía, pues

no tenía físico ese día para correr. Yo finalicé el

trayecto delante de los morlacos, y Laure salió de

la talanquera sin percatarse de que un cabestro

iba directo hacia él… y no le corneó de milagro.

En otra ocasión, estrenaba su Seat 127 un

amigo residente de Urología en la Fundación Jiménez-Díaz,

a la sazón sobrino del fundador, y

que a esas horas nos invitó a probarlo por la carretera

de La Coruña. Conducía el urólogo y de

copiloto iba un primo mío que preparaba oposiciones

a Inspector de Trabajo. Detrás íbamos Laure

y yo. Bajando la cuesta de las perdices por el

carril de aceleración el urólogo decidió probar la

estabilidad del coche dando dos volantazos contrapuestos.

El resultado fue una vuelta de campana

aterrizando de costado en el arcén. Tras salir

como pudimos del vehículo comprobamos que

todos estábamos perfectamente y, una vez puesto

el 127 de nuevo en sus ruedas, conseguimos

llegar a casa muy despacito.

La última que contaré fue la vez que más… digamos

enfadado, vi a Laure. Estando en una concurrida

barra del Drugstore de Fuencarral, en la

que no había ninguna mujer, aprovechándose del

tumulto y de las apreturas, algún homosexual no

pudo contenerse y pellizcó a traición y con saña

el culo de Laure. Su reacción fue bastante impetuosa...

y menos mal que no dio con el culpable.

Qué “buenos tiempos” Laure, a pesar del cabestro,

del 127 y del pellizco en mala sea la parte.

A pesar de la Fisiología de Tamarit, de la coja tonta

que hacía asambleas informativas en la clase

de Histología, de los nervios al recoger las papeletas

con las calificaciones. A pesar de todo… cómo

te echamos de menos.

44 Universidad


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Humilde

y brillante

Dr. García Sánchez

catedrático

De Laureano me impresionó, siempre, que no

necesitaba presumir de nada, era un gran cirujano

y una persona de éxito, pero no se le subió

a la cabeza, no como otros. Él no solo fue buen

médico, sino que también alcanzó el éxito en el

mundo empresarial

Yo le conocí como alumno. Él era uno más,

pero destacaba por su sencillez. De esa generación

salió gente muy buena. Hizo la especialidad

en el servicio de Oftalmología del Clínico,

donde estuvo sus tres años de residencia. Tenía

mucha capacidad de trabajo. Durante la Especialidad

era de esas personas que sabían que,

cuanto más trabajo se le diera, mejor, ya que así

su aprendizaje sería mayor.

Yo le considero uno de los motores de la cirugía

moderna en España. Contribuyó mucho

a la transformación de la cirugía de las cataratas,

fue de los pioneros con la implantación

de lentes intraoculares con extracapsulares, lo

cual hizo posible que un paciente operado de

cataratas pudiera llevar unas gafas razonables,

Universidad 45


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

sin necesidad de aquellas que se llevaban de

culo de vaso. La segunda gran transformación

en cirugía de cataratas fue la introducción de la

técnica de la facoemulsificación, y ahí el Dr. Rementería

tuvo un gran protagonismo.

En el momento de aquella transformación,

la habilidad del cirujano era clave. Era aún una

técnica desconocida y él fue capaz de entrar

muy rápido en esta tecnología. Los primeros

tiempos fueron difíciles, estamos hablando de

una época en la que a lo mejor había dos o tres

oftalmólogos en España haciendo facoemulsificaciones.

También me gustaría destacar el hecho de

que decidiera hacer su tesis doctoral y que encontrara

tiempo para poder hacerlo, en plena

cumbre de su carrera y con una clínica a plena

actividad. A su edad, encontrar tiempo y energía

para dedicarle a esto, no es fácil. Fue una

gran alegría cuando decidió hacerla.

46 Universidad


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano aprendiendo el uso del

facoemulsificador.

Universidad 47



Primeros pasos

profesionales



A finales de los años setenta, Laureano se incorpora al servicio de Oftalmología del

Instituto de Diabetología de la Cruz Roja Española. Aprende las técnicas más novedosas,

como la angiografía fluoresceínica y la utilización de láseres de argón para fotocoagulación,

y demuestra tener una gran destreza como cirujano. Durante un tiempo compagina

esta actividad con la medicina ambulatoria, lo que supone una gran carga de trabajo,

pero también de aprendizaje.

Se casa con Mariluz en 1980, matrimonio del que nacerían tres hijos: Laureano, Gonzalo

y Manuel. Hábil para administrar el tiempo, no deja que su intensa actividad profesional

perjudique la vida familiar. Trabaja con intensidad, pero también dedica tiempo

a los suyos y procura reservar diariamente algunos minutos para una de sus grandes

aficiones: la lectura.

En 1985 el Dr. Laureano Álvarez-Rementería, especialista en Oftalmología, abre su

primera consulta en la calle Hermosilla de Madrid. Una estancia pequeña, de 45 metros

cuadrados, donde contaba con la ayuda de una enfermera. Para las intervenciones quirúrgicas,

médico y paciente debían trasladarse a la Clínica La Paloma.

Generoso y desprendido, en lo material y lo personal, reconocía el talento ajeno y lo

alababa, siguiendo la sabia actitud de rodearse de los mejores sin temer su competencia.

Así, su equipo creció en función de las necesidades, especialmente a principios de los

años noventa, cuando se produjo una gran revolución en la oftalmología con la llegada

de la facoemulsificación ultrasónica y la cirugía láser. Laureano, siempre ávido de nuevos

métodos y conocimientos, fue de los primeros en utilizar estas técnicas en España. Su

Primeros pasos profesionales 51


interés por los avances médicos y tecnológicos era constante, plasmándose tanto en

sus lecturas diarias de medicina como en su asistencia a congresos. Reflejaba su sentido

del humor en las ponencias, que nunca tenían lugar a primera hora de la mañana,

porque había dos cosas que a Laureano no le gustaban nada, como él decía: “Madrugar

y levantarme temprano”.

Compartía sus conocimientos con la misma naturalidad con que convencía a los

recepcionistas para conseguir la mejor habitación del hotel, y por si el viaje era largo

o surgían retrasos imprevistos, se pertrechaba con lecturas y reproductores de música

para no desperdiciar en tiempo con lamentaciones.

A mediados de los años noventa Laureano fue consciente de la necesidad de disponer

de un quirófano propio para poder ofrecer a sus pacientes un servicio integral.

La consulta de la calle Hermosilla, a pesar de haber crecido en espacio, no reunía las

condiciones necesarias y con la ayuda de Mariluz, siempre partícipe de sus proyectos,

se lanzó a la búsqueda de una nueva sede, que encontró en Almagro 38, finca en la que

erigiría la prestigiosa Clínica Rementería.

52 Primeros pasos profesionales


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Profesional

pionero

Dr. Cintrano

Con el protagonista de estas páginas coincidí

los primeros tres años en la Facultad y en plena

Transición política. No sé muy bien de dónde le

viene la pasión por la oftalmología, pero recuerdo

que le hizo ilusión un oftalmoscopio manual

que le regaló su padre.

No olvido que cuando aprobaba las asignaturas

iba corriendo a enseñarle las papeletas

a Mariluz. También que él iba para ginecólogo

y que tenía complejo de sus manos grandes.

¿Cómo voy a hacer yo de cirujano? decía siempre.

Era una persona de firmes creencias y valores

morales muy arraigados que ponía en práctica

en su día a día. Hacía siempre comentarios

con mucha enjundia porque era una persona

ingeniosa y muy chisposa.

Sinceramente, para mí era un lujo ser su

amigo. Me trataba como si fuera de su familia.

Era especial. Era una persona entrañable. Era

generoso. Siempre que estrenaba o inauguraba

algo me lo enseñaba.

Como oftalmólogo era valiente, innovador.

Él fue el primero que me habló de las lentes intraoculares,

y de la anestesia tópica. Me enseño

Primeros pasos profesionales 53


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano y Manuel Cintrano en los toros.

una cosa que es fundamental en la oftalmología:

hacer angiografías. Y siempre me hablaba de la

importancia de las pruebas diagnósticas, porque

él no tenía secretos, compartía sus hallazgos.

Y era muy emprendedor. Quería volar. Siempre

ha tenido una manera de proyectarse rodeándose

de mucha gente. Era otra de sus cualidades,

que todo el mundo le adoraba, incluso

diría que le idolatraba, pero él no era presuntuoso.

A lo largo de su carrera ha tenido esa inquietud

continua por progresar, por descubrir cosas

nuevas. Siempre quería estar a la última, poseía

la capacidad de incorporarse a una técnica nueva

y afrontar cualquier novedad, algo muy característico

y suyo.

Fue pionero en muchas cosas. Por poner algunos

ejemplos:

• Anestesia tópica en lugar de anestesia

retrobulbar.

• Operar cataratas sin dilatar previamente

la pupila.

• Intervención sin suturas.

• Operar sin puntos de fijación ocular.

• La inyección de antibióticos intraoperatorio

para evitar los tratamientos tópicos

de gotas, presentado en FacoElche.

• Incisiones contrapuestas en la córnea

para intentar corregir el astigmatismo sin

variar el eje inicial.

Pero lo más importante de Laure es el carisma

que infundía. El Dr. Rementería ponía en práctica

una técnica y a los que teníamos el orgullo de pertenecer

a su grupo de amigos nos lo contaba en

primicia. Ha tenido siempre la capacidad de involucrar.

No tenía enemigos.

54 Primeros pasos profesionales


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

“Long time

ago”

enrique Cebrecos

Ahora hace ya 23 años que conocí al Dr. Rementería.

Con los nervios y la ilusión de un neófito

en el mundo de la oftalmología, al que me había

incorporado escasamente hacía dos meses,

me presenté en la Clínica La Paloma de Madrid,

pregunté en la recepción y me indicaron dónde

se encontraba: era en un pequeño quirófano

aislado del área quirúrgica, al final de un pasillo.

Llamé a la puerta, la entreabrí y a través de

la pequeña abertura pude ver, en la penumbra,

una luz, procedente de un microscopio que se

reflejaba en una persona con una presencia

enorme, inquietante y poderosa, que me recordó

a la imagen de Wesley dirigiéndose, a la luz

de una antorcha, al príncipe Hamperdinck y sus

soldados en el maravilloso cuento “La princesa

Prometida”. Cuando pregunté: “¿El Dr. Rementería?”,

levantó la cabeza del microscopio, la luz

ahora le iluminaba la cara, y me respondió en un

tono amable y cercano: “soy yo, por favor, espera

que acabe y te atiendo”. Unos minutos después

ya estábamos hablando distendidamente.

Primeros pasos profesionales 55


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano operando en la Clínica La Paloma

junto al Dr. Cintrano.

Desde entonces, Long time ago, esa imagen,

esa enorme presencia del Dr. Rementería,

independientemente de la amistad, reconocimiento,

y por qué no decirlo, cariño que desde

aquel primer encuentro nos profesamos, me ha

acompañado.

Todas las numerosas personas que le conocimos

no se sorprenderán de esa amabilidad e

interés con que me acogió –a un novato, que lo

más que aportaba eran conocimientos de fluidos,

mecánica, marketing y poco más-, ya que

así era su forma de ser, la forma de comportarse

de un profesional avanzado a su tiempo en la

aplicación de las últimas técnicas y tecnologías

para mejorar la vida de sus PACIENTES, en mayúscula,

porque para él sus pacientes eran lo

primero. “Patients first”, pero también un “medico”

en el sentido más romántico de la palabra,

que se caracterizaban por su humildad, su

predisposición por aprender y a compartir sus

conocimientos.

Durante esos más de veinte años compartimos

muchas horas, muchas conversaciones, en

la que siempre estaban presentes dos temas: su

preocupación por los pacientes, sin etiquetas ni

apellidos, y su proyecto personal, la Clínica Rementería,

como medio y vehículo para poder

llevar a cabo su pasión por ofrecer la mejor calidad

de visión.

Y, humildemente, creo que algunas de las

ideas que pude aportarle en esas charlas las

tuvo en consideración y, bajo el prisma de su

56 Primeros pasos profesionales


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano en una intervención de cataratas.

enorme sentido común, empatía y “autoritas”

–en la acepción latina- sirvieron para hacer crecer

la clínica.

Siempre le agradeceré que me haya considerado

uno más dentro de su proyecto, la honestidad

y la confianza que, durante más de dos

décadas, me demostró, y que fue recíproca, o

al menos así lo intenté siempre. Estoy seguro

de que ahora mismo, según escribo estas palabras,

haya donde esté, estará asintiendo con la

cabeza.

También hubo muchas anécdotas, como

aquella vez que, durante un Congreso en Santander

materialmente “me secuestró” a la hora

de comer, para compartir la tarde junto a otros

amigos, disfrutando en la bahía en un día soleado

del mes de mayo. Cuando aparecí en el trabajo,

al día siguiente, todos los compañeros me

estuvieron preguntando qué me había pasado.

El tiempo pasa, pero los legados permanecen,

y el legado que nos ha dejado el Dr. Rementería

como profesional, permanecerá, estoy

seguro, mucho tiempo.

Sin embargo, personalmente, el legado de

Laureano Álvarez-Rementería, de la persona, es

infinitamente superior, por los valores que conlleva

y que nos demostraba día a día: honestidad,

humildad, solidaridad, reconocimiento del

otro, compromiso y AMISTAD con mayúsculas…

ese legado permanecerá siempre en todos

aquellos que hemos tenido la gran suerte de

conocerle y tenerle como amigo. Hasta siempre

y gracias Doctor.

Primeros pasos profesionales 57


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Jefe y

amigo

Pilar Santos

Conocí al doctor cuando yo estaba sin trabajo. Me

habían operado de un cáncer de pecho, acababa

de dar a luz y estaba viviendo con mi madre. Necesitaba

un trabajo y a través de Navarro (dueño

de Ópticas Navarro) me puse en contacto “con un

amigo suyo que estaba empezando con una consulta

de oftalmología”. Así que ni corta ni perezosa

me fui a ver al doctor.

Lo primero que me impresionó de él fue su

personalidad, su voz, su cara de persona maravillosa.

Desde el principio me pareció alguien en

quien podía confiar. Él me dijo que necesitaban a

alguien de manera temporal, así que empezamos

a trabajar juntos. Cada mes yo no sabía si me iban

a renovar. Al final me quedé a su lado veintiún

años. Empecé ayudando en el quirófano y luego

me convertí en su ayudante para todo porque conectábamos

muy bien.

De él aprendí a ser persona, a saber estar con

la gente, a ponerme a cada momento en mi sitio,

a ayudar a todo el mundo. Era un hombre súper

trabajador, pero en el trabajo lo más importante

son las personas y él siempre buscaba estar rodeado

de gente con muchas ganas.

Era un hombre con una visión clara en todo.

58 Primeros pasos profesionales


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano y su equipo en

la Clínica La Paloma y

la Game Boy regalada al

hijo de Pilar.

En lo personal y en lo profesional. Le atraía mucho

la tecnología, y un día me dijo a mí, que era su instrumentista:

“Pilar, yo sueño con que un día solo

me tengas que poner los guantes”.

Como anécdota recuerdo que un día, cuando

mi hijo tenía diez años y vino a la calle Hermosilla,

el doctor le dijo que quería hablar con él. Se

metieron en su despacho y al rato salió mi hijo

diciendo que se iba a hacer un recado que le había

encargado el doctor. ¡Se fue al Corte Ingles

porque le había dado dinero para comprarse la

Game Boy que quería! Aun hoy, aunque mi hijo

tenga más de treinta años, guarda aquel dispositivo

como oro en paño.

Al doctor los pacientes le querían mucho porque

era buena persona, y muy amigo de sus amigos.

Se podría decir que todo lo bueno que tiene

el ser humano, lo tenía él.

Y a mí, como supongo que al resto del mundo,

me dio todo y me ayudó a salir adelante en muchos

sentidos.

Salí a flote gracias al doctor y a toda su familia.

Fue siempre un referente para mi hijo, que ha resultado

ser un chico maravilloso.

También tenía sus momentos difíciles. Y a veces

me decía: “Pilar, a veces me dan ganas de soltarme

la melena, de perderme”. Lo decía porque

tenía muchas responsabilidades, y eso pesa.

Primeros pasos profesionales 59


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

La maestría

de un gran

compañero

Dra. Coronado

Conocí a Laureano en la reunión de la Sociedad

Madrileña de Oftalmología, allá por noviembre de

1995. Nos presentó Ángel Regueras, mi Ángel, intentando

convencerle de que era imposible que el

mejor cirujano de cataratas de Madrid trabajara sin

un retinólogo al lado (claro, que barría para casa…)

Y así llegué yo, el 2 de enero de 1996, a Hermosilla,

planta 5ª, porque la consulta anterior no la

conocí. Se acababa de jubilar Mercedes, secretaria

y ayudante del jefe durante años y, al tiempo nos

incorporamos Isabel en Administración, Marisa y

Mar de auxiliares, y yo. Ya entonces trabajaban con

él Álvaro Lago, Pilar y Lidia.

Era una clínica muy mona, para que mentir,

pero pequeña, muy pequeña para todos los que

éramos, con dos despachos de pruebas, la sala de

espera, una recepción enana y apiñada de gente

(auxiliares, administración, archivo…) y dos gabinetes

de consulta en los que nos teníamos que ir

turnando Álvaro, Laureano y yo.

Así que yo estaba en consulta cuando el jefe estaba

en el quirófano y viceversa, pero pasábamos

juntos la consulta de los martes por la tarde, que

para mí era el mejor rato. Él me enseñaba Refractiva

(y yo miraba la topo… y ella me miraba a mi…

60 Primeros pasos profesionales


Laureano y Alba.

y nos mirábamos las dos). Yo le enseñaba a usar el

binocular (“Niña, esto se ve muy pequeño y del revés…”,

me decía).

Recuerdo el libro de citas en la recepción, un

mazacote lleno de tachones de tipex (analógico

puro) cuando aún ni nos planteábamos tener una

consulta informatizada. Veíamos muchos menos

pacientes que ahora, claro, pero no teníamos óptico

de apoyo y lo teníamos que hacer casi todo

nosotros. Y recuerdo la parada obligada, a eso de

las doce, para tomar un café que subíamos del

bar de enfrente hasta que llevé una cafetera, y

ese rato olía toda la consulta a café.

Operábamos en La Paloma. El quirófano de

cataratas, perfectamente organizado, funcionaba

de cine, pero las retinas… no os quiero contar

la odisea. Y, además, si surgía una urgencia, aunque

sólo fuera dar un punto, había que llamar

para buscar hueco, trasladarse cirujano y paciente…

En fin, era un lio siempre depender de otros.

Por eso, desde el minuto uno, le rondaba a

Laureano la idea de tener quirófano propio para

no depender de nadie.

Buscar local. No quiero ni pensar cuántos

miraron Laureano y Mariluz (siempre ella, ayudando

en el quirófano, en la consulta, pendiente

de todo y de todos, no soy capaz de recordar

a Laureano sin ella a su lado).

Buscar posibles socios, que nunca hicieron

falta. Encontrar un local, montar la clínica y los

quirófanos desde cero para inaugurar Almagro

en 1997.

Entre todos hicimos la mudanza y el mailing,

nos llevamos las cartas a casa y estuvimos todas

las familias cerrando sobres durante un fin de

semana.

¡Madre mía, qué tiempos! Ahora, y con lo

complicada que se ha vuelto la vida, casi me

parecen de risa, pero creo que han sido de los

momentos más intensos de mi vida.

Recuerdo al Laureano que conocí, recién

cumplidos los 40, con la cabeza llena de ideas y

de ilusión y a la niña que yo era, acercándome

a la treintena, y queriendo los dos comernos

el mundo. Para mí fue mucho más que un jefe.

Fue mi compañero, mi maestro y mi amigo.

Primeros pasos profesionales 61



La Clínica Integral,

un sueño hecho

realidad


64 Prólogo

Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida


En 1997 Laureano Álvarez-Rementería abre las puertas de la nueva Clínica de Cirugía

Ocular en la entreplanta de un distinguido edificio de la calle Almagro 36 de Madrid, un

palacete de principios de siglo y edificio singular en la mejor zona del barrio de Chamberí.

En esta nueva ubicación Laureano consigue hacer realidad su proyecto pionero de crear

una clínica integral donde fuese posible tratar al paciente de principio a fin, desde la primera

consulta hasta la intervención quirúrgica. Y en ese nuevo quirófano, el prestigioso

cirujano ocular se da el gusto de operar a ritmo de country, su género musical preferido,

seleccionando previamente los temas e incluyéndolos en un pendrive los primeros años

y en una lista de spotify más tarde...siempre a la vanguardia tecnológica. Hasta los Reyes

Magos se vieron involucrados en el proyecto el año que recibieron la petición de Laureano

de regalarle unos buenos altavoces Bosch para aumentar la calidad del sonido. Además

de música no faltaba tampoco en su quirófano un crucifijo, muestra de su profunda

convicción religiosa y que le resultaba reconfortante.

Inspirado y preciso, el artista de la faco operaba cincuenta cataratas a la semana,

buscando la mínima incisión para absorber ese velo que se interponía entre el paciente

y todo lo que a través de la vista podía llegarle al corazón. Siempre estaba pensando en

cómo innovar para hacer el proceso lo más cómodo posible a las personas. Su lema “Curamos

ojos, tratamos personas” ha quedado como eslogan descriptivo de la filosofía de

la Clínica Rementería, nombre actual y que Laureano se resistía a utilizar por ese pudor

que siempre le acompañaba de no darse importancia.

Le llamaban El Jefe, porque era el líder. Dejaba hacer, valoraba a su equipo, siempre

La Clínica integral 65


tenía tiempo para escuchar, aunque a la hora de hablar era parco en palabras y generoso

en expresivas miradas que lo decían todo. Siempre le acompañaba su sentido del humor

y su estilo elegante. Si alguna paciente decía “qué guapo es usted”, él contestaba: “No

hay duda de que debe operarse la vista”.

El equipo, compuesto por tres especialistas y otras tantas enfermeras que llegaron

a la calle Almagro, fue creciendo con los años hasta los veinticuatro especialistas y cuatro

quirófanos con los que cuenta actualmente. Un total de ochenta personas trabajan

y colaboran con la clínica y mantienen vivo el legado de Laureano Álvarez-Rementería

Fernández, cuyo testigo ha recogido su hijo Laureano Álvarez-Rementería Capelo, oftalmólogo,

como su padre.

Historia de la clínica

Clínica Rementería es una clínica oftalmológica situada en las calles Almagro 36 y Monte

Esquinza 45, en el madrileño barrio de Chamberí. Con más de 30 años de experiencia,

ofrece las soluciones más avanzadas para la salud visual de forma personalizada e integral:

diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Tras muchos años de tener su consulta el

Dr. Rementería en la calle Hermosilla, la Clínica se ubicó definitivamente en la calle Almagro

36 a finales del año 1997, con la instalación de un quirófano y fue, por ello mismo,

una clínica pionera en integrar consulta y quirófano en Madrid.

66 La Clinica integral


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

En el año 2008 se amplió la dotación de consultas en el local de la calle Monte Esquinza,

así como los servicios de la clínica con médicos especialistas en las distintas patologías

de la visión. En este año la Clínica Rementería fue reconocida como Centro Europeo

de Excelencia de Cirugía Ocular. A lo largo del mes de diciembre del año 2010 la clínica

adquirió la plataforma refractiva Wavelight®, compuesta por el Láser de Excimer Allegretto®

y el láser de femtosegundos para la realización de la cirugía LASIK. En octubre

de 2011 Clínica Rementería es la primera clínica en Madrid en incorporar la plataforma

Lensx® de láser de femtosegundos para la cirugía de cataratas.

La Clínica integral 67


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

En 2011 se constituye la Fundación Rementería, a través de la cual se canaliza la Responsabilidad

Social Corporativa de la Clínica. Se trabaja con programas de atención a

personas sin suficientes recursos, se colabora con el Dispensario de San Antonio en la

calle Jaén 3 de Madrid, que atiende a personas en riesgo de exclusión. Además, desde

la Fundación se han impulsado acuerdos con Cáritas (campaña revisión oftalmológica a

niños y adultos en la Cañada Real y campaña de cirugía oftalmológica en Thies, Senegal),

realizado acuerdos específicos con otras entidades sociales para colaborar en la prevención

e investigación de problemas oculares (por ejemplo, la Fundación Retina Madrid,

FEDER, Quintiles, etc.). La labor social llevada a cabo por la Fundación ha sido reconocida

con el premio SERES 2015 por contribuir a la prevención y tratamiento de enfermedades

oculares de personas en riesgo de exclusión.

En febrero de 2014 se llevó a cabo la ampliación de la clínica en la calle Almagro 36

-entreplanta izquierda- con dos nuevas consultas y un quirófano adicional. También en

este año se incorporó la tecnología denominada “quirófano inteligente”, y que incluye y

comunica las tecnologías Verion®, facoemulsificación Centurion®, Microscopio Luxor® y

Lensx®).

En 2015 se crea el Aula Socio Sanitaria dentro de la clínica, un espacio divulgativo para

pacientes, profesionales en general, medios de comunicación, etcétera. En febrero de

2016 se lleva a cabo la última ampliación de la clínica, en la calle Monte Esquinza Bis, con

instalaciones para oftalmología pediátrica y consulta general. Y en el 2017 se establece

la Rementería Academy, orientada a la formación de médicos, ópticos y estudiantes de

medicina.

En cuanto a los procesos de trabajo en la Clínica, están certificados a través de varios

sellos de Calidad:

68 La Clinica integral


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Bendición de uno de los quirófanos de la Clinica Rementería el dia de su inauguración.

Desde el año 2012, como apuesta por la innovación permanente, el compromiso con

la mejora continua, la responsabilidad social, la satisfacción de los clientes internos y

externos y la contribución activa al desarrollo económico y social de la región de Madrid,

Clínica Rementería obtiene la marca de calidad Madrid Excelente, distinción que

renovada en 2015 por tres años. En el 2016 la clínica también obtuvo el certificado del

sello IMP (Proceso multifocal inteligente) e inició la renovación concedida en 2003 para

la certificación.

La Clínica integral 69


Cirugía en directo

Un hito: La Clínica Rementería siempre ha estado a la vanguardia de la técnica y ha sido pionera

en la aplicación de las últimas tecnologías. Prueba de ello fue la retransmisión en directo de

un cirugía realizada por Laureano Álvarez-Rementería por el ESCRS de Londres en el año 2014. En

las imágenes puede apreciarse el despliegue realizado por el equipo de filmación venido desde el

extranjero.



Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Vanguardia

y excelencia

Dr. Fernández-Cruz

Catedrático

El Dr. Rementería fue un grandísimo profesional.

Destacaría su enorme dedicación, sus ganas

continuas de aprender y su entrenamiento

singular en cirugía de cataratas. Una especial

capacidad –que suelen tener los grandes profesionales

– es que no se distraen, de alguna

forma son “obsesivos compulsivos”. Como Nadal

o Federer, aparte de su profesionalidad, tenía

una motivación intrínseca que le empujaba

continuamente a tener incentivos para luchar

por ello. Esa motivación e incentivación no era

comparable, es lo que le hizo separarse de los

demás y destacar entre otros de su generación.

Otro aspecto llamativo era su necesidad de

compartir sus conocimientos con diferentes

sistemas sanitarios disponibles. Él decidió que

tenía que ofertar su profesionalidad de forma

abierta para que nadie quedara desenganchado,

y así en su vida aparece el otro gran componente

que yo destacaría de él, y que es la generosidad.

72 La Clinica integral


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Hay un grupo de cinco o seis oftalmólogos

relevantes a los cuales debe mucho la oftalmología

española. Me refiero a ese grupo que han

destacado todos por su carácter innovador y saber

estar por delante, cada uno de una manera.

Son el Dr. Barraquer, Dr. Arruga, Dr. Fdez. Vega,

en retina el Dr. Corcóstegui y también el Dr. Encinas

aquí en Madrid y, por supuesto, el Dr. Rementería.

El catedrático Julián García Sánchez

que ha formado a esa generación debería estar

también en esta lista.

Es destacable que Laureano tuviese siempre

una visión integral. Comprendía que debía haber

especialistas de retina, de córnea, de vítreo,

de ojo seco… pero todo eso debía de ofrecerse

de manera integrada. El concepto de equipo

era para él muy importante, es algo característico

de su visión que le ayudo a situar su clínica

como centro de referencia en Madrid.

Es difícil saber de dónde provenía la vocación

de Laureano, aquí la foto de familia es difícil,

pues que yo sepa no había ningún miembro

de la familia que hubiera sido medico antes.

Yo creo que mi padre, el maestro Fdez-Cruz,

que era el médico de cabecera de sus padres,

influyó en su decisión. Imagino, y solo puedo

imaginar, que el trato con mi padre le impactó.

Como me impactó a mí y a mis hermanos, que

nos decantamos también por la carrera médica

como nuestro padre. Yo creo que fue su entorno

lo que en algún momento definió que él

quería ser médico. Sigmund Freud decía que

los momentos críticos marcan y hacen que un

individuo descubra habilidades que lleva dentro.

Si luego estas habilidades las aderezas con

entrenamiento, con disciplina y con una velocidad

de aprendizaje excepcional como la que

tenía él, de ahí sale un gran médico.

De las conversaciones que mantuve con él

recuerdo que siempre apreciaba la excelencia,

estar a la vanguardia de la técnica avanzada y

de precisión era su verdadera pasión. Hablá-

La Clínica integral 73


74 La Clinica integral

Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Fiesta de inauguración de la Clínica Integral.

bamos mucho de innovación, y a él le atraía

mucho todo lo que le contaba de mi formación

americana. Recuerdo especialmente una conversación

que mantuvimos en el año 2000… él

tenía en mente cómo fabricar herramientas de

precisión para su especialidad. Antes quería conocer

mi opinión, mi enfoque, y cómo trasladar

aquellas ideas al mundo de la oftalmología.

Me gustaría a darle un consejo su hijo Laureano,

portador hoy del legado de su padre.

Es difícil ser el hijo de un grande, porque la

comparación siempre es inmediata. Es un reto

continuo. Pero también tienes un privilegio, y

es que no partes de cero, y eso es importantísimo.

Aprovecha a tope los recursos y las oportunidades,

y también tocaras el cielo.

La Clínica integral 75



Fundación

Rementería



Laureano concibe desde el principio la medicina como servicio, no como negocio.

Ese corazón solidario le lleva a ejercer desinteresadamente y para personas sin recursos

dentro y fuera de nuestras fronteras. En Madrid pasando consulta una tarde por

semana en el dispensario de San Antonio de los Frailes Capuchinos y colaborando con

Cáritas en la Cañada Real. Fuera de España, realiza su primera expedición de cooperación

a Perú, recorriendo durante tres meses la selva amazónica. En aquella ocasión,

Mariluz se queda en Madrid, al cuidado de sus tres hijos y apoyándolo esta vez desde

la distancia, esperando el momento familiar adecuado para unirse al viaje.

Desde 2005 comienza a realizar una expedición al año con la ONG Médicos Sin Fronteras

para operar cataratas en diversos países africanos donde el sol abrasador hace

estragos. Las anécdotas vividas darían sin duda para escribir un libro aparte, pero sirva

de ejemplo las cuatro horas que estuvo navegando por un lago africano lleno de

pirañas para llegar al lugar donde le esperaban para realizar su labor altruista. Viajes

agotadores de trabajo infinito, en los que con cada amanecer aparecían largas colas de

personas a la espera de turno para recuperar su vista. Maratones en los que la tarea

nunca termina porque siempre se quedará mucho pendiente, pero que alimentan el

espíritu y van sentado las bases de lo que luego será la Fundación Rementería, creada

en 2011. En ella se involucran clínica, familia y amigos, respondiendo a esa inquietud

de Laureano por ayudar a los demás y que queda plasmada en su expresión recurrente

“Hay que hacer más”.

Y siguiendo esa máxima, La Fundación Rementería va más allá de las expediciones

médicas internacionales y el servicio gratuito, ampliando su ámbito a la formación y

la investigación. Laureano, que a pesar de tener grandes dotes para la docencia nunca

Fundación Rementería 79


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano y “su rubia” Mariluz, en Mangola (Tanzania).

ejerció como profesor, comenzó a recibir en la clínica a estudiantes de Oftalmología. Con

precisión y calma, compartió con los futuros especialistas los pormenores del ejercicio de

su profesión, animándolos a que no perdiesen detalle de cuanto ocurre en el quirófano.

Haciendo gala de su empatía, nunca olvidó que un día él también tuvo que aprender y

otros le obsequiaron con su tiempo y sus conocimientos.

Laureano estaba convencido de que, a pesar de alcanzar el prestigio y el éxito, siempre

quedaba algo por hacer.

80 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Regalo de los empleados de la clínica a Laureano.

Fundación Rementería 81


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Reunión del Patronato de la Fundación en el Aula Santa Lucía.

82 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano y sus pacientes africanos.

Abajo, el Dr. Rementería

y su equipo de quirófano en el

Hospital San Juan de Dios, en la

ciudad de senegalesa de Thies.

Fundación Rementería 83


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

A la izquierda, Laureano y su hijo Gonzalo

en Mangola, Tanzania. Debajo, los componentes

de una de las expediciones a Senegal

en el aeropuerto de Barajas (Madrid).

84 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Mucho que

aportar

Concepción Sepúlveda*

Laureano el dia de la lectura de su tesis doctoral con

Conchita Sepulveda y los catedráticos Garcia Sanchez y

Benitez del Castillo.

*

Secretaria del Patronato

de la Fundación

Desde el primer momento que conocí a Laureano

hubo feeling, en el sentido de que percibí que era

una persona que tenía mucho que aportar. Le animé

a que completara su proyecto profesional con

una tesis doctoral, ya que una persona que había

llegado a tanto en su profesión creo que debía

complementar lo que hacía y en algún momento

dedicarse a la investigación y a la docencia, llegar

a ser catedrático.

Yo le convencí (él me decía siempre que era

una lianta). Hizo su tesis en la Universidad de Cádiz,

se la dirigió el Dr. Benítez del Castillo y fue

co-director Manuel Rossetti, decano de la Universidad

de Cádiz. El título de la tesis fue “Facoemulsificación”

y le dieron Sobresaliente Cum Laude el

seis de junio de 2014

También creo que puse mi granito de arena

empujándole a que creara la Fundación Rementería.

Él ya hacia labor social, pasaba consulta para

colectivos con pocos recursos en la Cañada Real

y en el en el dispensario de la calle Canarias. Hizo

una primera expedición a Perú y luego fue a Senegal

con otros dos oftalmológicos de la Clínica

Arruzafa, pero él tenía que hacer algo propio y por

ello constituyó la Fundación en el año 2011 con el

apoyo incondicional de Mariluz, con quien siempre

ha formado un gran equipo.

LFundación Rementería 85


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Los patronos y colaboradores de la fundación responden

1. ¿Qué significa para ti formar parte de la Fundación?

2. ¿Qué te ha impactado más en estos años de actividad?

3. ¿Cuáles son los retos futuros de la Fundación Rementería?

Mariluz Capello García

Presidente

1.- Para mí es un orgullo muy grande Presidir

la Fundación que con

tanta ilusión constituimos

y que ahora

la familia continuemos

con el mismo

espíritu que él nos

inculcó.

2.- Lo que más me ha

impactado es que

con entrega, ilusión y amor se puede conseguir

que la salud visual esté al alcance de

todos. Y lo bien que te encuentras cuando

lo logras.

3.- El reto principal para mi es que la Fundación

Rementería perdure en el tiempo como deseaba

su Fundador.

José Manuel Benitez del Castillo

Patrono

1.- Un honor muy importante. Se trata de una

Fundación creada alrededor de una empresa

de gran prestigio en la

Oftalmología y fundada

por el Dr. Laureano

Álvarez-Rementería

una persona excepcional

tanto en su

calidad profesional

como humana. Como

oftalmólogo cuando

Laureano me ofreció

pasar a formar parte

de la Fundación fue una gran satisfacción

para mí. Se trata de un proyecto con múltiples

facetas y de todas me siento inmensamente

orgulloso.

2.- La inmensa labor social acometida por la

Fundación, inicialmente capitaneada por

Laureano padre y actualmente por Mariluz

86 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

y Laureano hijo. Esta labor consistente en el

tratamiento oftalmológico de los más desfavorecidos

en África, pero también en España

es encomiable. Se trata de dar algo de lo

que tenemos y sabemos hacer a unos pocos

que no tienen nada. Es admirable.

3.- Para mí debemos involucrarnos más en la

investigación. Eso era algo que estaba en

mente del fundador y es nuestro deber llevar

a buen fin. Para conseguirlo considero

importante crear la Cátedra Laureano Álvarez-Rementería.

De este modo uniremos

asistencia, docencia e investigación, las tres

a un nivel de excelencia.

Enrique Chico

Patrono

Ser Patrono de la Fundación Rementería es

en primer lugar un honor. Un honor por lo

que significó en mi vida la relación profesional

con su fundador y creador el Dr. Laureano

Álvarez de Rementería. Esta intensa relación

profesional acabo siendo para mí una

relación de amistad y compañerismo con

una de las personas, mejores y buenas que

he conocido en mi vida. Ello me obliga a poner

todo lo que modestamente pueda aportar,

y siempre es poco, por lo que uno se

siente con cargo de conciencia permanente.

El entusiasmo e ilusión que el Dr. Álvarez de

Rementería puso en su Fundación nos obliga

a colaborar con la misma para que ésta

siga aportando a la sociedad atención oftalmológica

de primera

clase a personas sin

recursos, formación a

jóvenes profesionales

e investigación en patologías

oculares.

La Fundación es

una institución relativamente

joven, pero

llena de entusiasmo y

con unos pilares muy

sólidos. Pilares basados en unos valores humanos

extraordinarios como son el esfuerzo,

el trabajo, la solidaridad, el conocimiento,

el sacrificio y la honestidad, con los que

gracias a ellos ha ido aportando a la sociedad

su granito de arena, de cara a colaborar

en la mejora la salud ocular y calidad de vida

de las personas.

Pero los retos son muchos y no fáciles.

Fundación Rementería 87


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

La ilusión que puso su fundador es el primer

reto, y debemos seguir con la misma

ilusión porque de ser así los demás retos serán

más fáciles de superar, y siempre con los

valores que existen en la Fundación y que

son sus pilares. Toda Fundación necesita de

una financiación para poder llevar a cabo

sus objetivos, y por supuesto esta es un gran

reto, pero con ilusión, trabajo, conocimiento

y esfuerzo, estoy convencido que se conseguirá.

Arturo Fernández-Cruz

Patrono

1.- Un gran honor y un

placer por ser parte de

un proyecto participativo

y generoso.

2.- La calidad humana de

su presidente/a.

3.- Mantener el espíritu

de los estatutos de la

Fundación que son muy ambiciosos.

José María Martínez

Patrono

1.- Formar parte de la Fundación para mí supone,

sobre todo, dos aspectos: contribuir a

continuar la obra profesional y humana de

una persona irrepetible como Laureano Álvarez

de Rementería, su fundador, y formar

parte y aprender de un grupo de personas

que fueron, son y seguirán siendo afines a él

en la búsqueda de la excelencia profesional

y de los valores humanos deseados para la

sociedad actual.

2.- Sin duda la generación de proyectos solidarios

de ayuda tanto fuera como dentro de

España. Esta parte se olvida muchas veces y

es tan importante o más que la primera en

épocas de crisis económicas asumiendo las

frustraciones que ella genera para el que ha

perdido todo lo que tenía.

3.- Transmitir apoyo de cultura y conocimientos

en el área de las enfermedades de la

visión tanto a otros profesionales sanitarios

no médicos, a jóvenes oftalmólogos aún con

poca experiencia, a colectivos deprimidos y

a toda la sociedad en general, sin mensajes

88 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

de triunfalismos ni fuera de contexto. Manteniendo

los valores de responsabilidad social

conseguidos y dentro de una política

total de transparencia

Y, por supuesto, dedicar una parte muy importante

al nexo entre ambos objetivos, la

Medicina y el humanismo con los pacientes,

a través de sus programas socio-sanitarios.

Celia Sánchez Ramos

Patrono

1.- El espíritu de generosidad y de aportación

social que imprimió nuestro fundador en

acciones dirigidas a devolver

la visión a l as

personas impregna toda

una labor que durante

los años de existencia de

la Fundación se ha realizado.

Actualmente, ha

tomado el testigo de la

presidencia Dña. Mariluz

Capelo, continuando

el trabajo de aportación

social en el campo de la oftalmología con

una dedicación e ilusión impresionantes.

Todos los componentes de la Fundación

Rementería trabajamos para solventar enfermedades

visuales que provenga de cualquier

lugar del mundo y para cualquier ser

humano que requiera atención oftalmológica.

Para mí, este colectivo de personas unido

alrededor de la figura del Dr. Laureano

Álvarez-Rementería, son un ejemplo de dedicación

y esfuerzo y para mí ha sido y es un

honor y una gran satisfacción colaborar en

la Fundación.

2.- No voy a desvelar nada diferente a lo que

todo el mundo conoce. El Dr. Álvarez-Rementería

tenía entre sus múltiples virtudes

la humildad y la sencillez unidas a una eficacia

y saber profesional fuera de serie. Creo

que ha conseguido aunar personas que,

desde distintos campos, trabajan con ilusión

para cumplir los objetivos de la Fundación

Rementería. El esfuerzo, la dedicación,

la generosidad; en definitiva, las ganas de

ayudar, es lo que más me ha impactado y

me motiva para afrontar nuevos retos a futuro

en esta Fundación.

3.- Estoy convencida que el futuro es muy prometedor

y se continuará la labor realizada

Fundación Rementería 89


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

en estos años y afrontar retos alcanzables

que nos puedan surgir y que permitan culminar

los fines de la Fundación. La continuidad

en el servicio social está asegurada en

sus tres hijos, Laureano, Gonzalo y Manuel,

que han tomado el testigo y el ejemplo de

sus padres y que estoy segura realizarán en

el futuro una extraordinaria labor. La actividad

en el entorno próximo, colaborando con

el tratamiento farmacológico, optométrico

y quirúrgico de los más necesitados a través

de las campañas con Caritas y el Dispensario

de San Antonio van a continuar proporcionando

una mejora visual en las personas

más necesitadas de nuestro entorno. Además,

las campañas en Senegal para la realización

de cirugías de cataratas y de otras

enfermedades oculares, con la colaboración

de los Hermanos San Juan de Dios, seguirán

y serán cada vez más fructíferas e incluso se

abrirán a otros países con necesidades en

este campo. El espíritu de generosidad que

se imprime en todos los empleados de la

Clínica Rementería seguirá permitiendo un

trabajo ilusionante y fructífero.

Mercedes Sevilla

Patrono

Los comienzos en el mundo de la cooperación

en los países menos desarrollados

fueron de la mano de Laureano, por lo que

formar parte de la Fundación es para mi un

privilegio y un honor. Me regaló poder compartir

con él y con

Mari Luz días de intenso

trabajo, y poder

ser útiles a los

que lo necesitaban,

a través de nuestra

gran pasión: la medicina!!,

acompañada

siempre de una sonrisa

y gran cariño.

Laureano es ( y

digo es, porque sigues siempre en mi corazón

) de esas personas, que cuando tienes la

gran suerte de encontrarlas en el camino de

la vida, te atrapan con esa LUZ especial que

emana de los “ GRANDES DE CORAZÓN“, y

hace que no te falten las fuerzas para dar

siempre lo mejor de ti mismo. Conocer a

Laureano... era quererle !!!! GRACIAS POR

TODO, querido amigo.

90 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Este año 2017, la Fundación ha seguido

trabajando en favor de los mas necesitados...como

siempre él hizo. Y nos ha acompañado

con su fuerza y cariño a través de

Mari Luz y Laure que continúan de forma

infatigable la labor iniciada. GRACIAS FAMI-

LIA !!

Conchita Sepulveda

Patrono

1.- Un grandísimo honor

2.- La atención a pacientes sin recursos. Los

viajes a países donde

sin la presencia de la

Fundación Rementería

ha devuelto la visión

a miles de personas.

3.- La Investigación y la

Docencia. Seré feliz el

día que la Fundación

Rementería tenga la

acreditación para la

formación de Médicos Residentes de España,

y dentro de la Universidad la Cátedra Rementería.

Objetivos que tantas veces compartí

con el Maestro Laureano Álvarez de

Rementería.

Eduardo Álvarez-Rementería

1.- Formar parte de la Fundación Rementería

me permite sentirme realizado como persona.

Desde pequeño siempre he tenido tres

inquietudes: ayudar a los más necesitados, la

tecnología y la medicina; Gracias a la Fundación

y a través de los diferentes proyectos de

cooperación en los que he tenido la oportunidad

de formar parte, puedo integrar las tres

en una misma actividad. Además, el poder hacerlo

a través de la Fundación Rementería me

permite hacerlo con mi familia, otro valor muy

importante para mí.

2.- Sin duda, conocer las diferentes realidades

que existen en sitios tan diversos como la

Cañada Real Galiana, el valle de Mangola

en Tanzania o Thiès en Senegal. Todas estas

experiencias hacen que me sienta afortunado

y hacen que los problemas cotidianos

que tengo en mi día a día se minimicen. Sin

duda, “Poner la salud visual al alcance de todos”

adquiere un valor mucho mayor cuando

eres consciente que muchas personas se

Fundación Rementería 91


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

quedan ciegas por patologías que aquí, en

el mal llamado primer mundo, se soluciona

en unos pocos días.

3.- Por último, quiero agradecer expresamente

al Dr. Álvarez-Rementería, a nuestra actual

presidenta y al resto de la familia Álvarez-Rementería

Capelo la confianza depositada

en mí, lo que me permite colaborar en una

Fundación ágil, productiva y de alto servicio

social. Debe seguir creciendo poco a poco

y consolidando los diferentes proyectos que

hay en marcha. Desde mi punto de vista, el

principal reto es que con el paso de los años

no se pierda el espíritu con el que mis tíos

alumbraron esta Fundación.

Otilia Fernández

1.- Cuando Laureano me pidió que fuera la

secretaria del Patronato de la Fundación,

no lo dude porque me pareció que podía

ayudar con mi experiencia en el ámbito de

las fundaciones.

Es un granito de arena más a la labor desinteresada

que con tanto cariño y dedicación

iniciaron Laureano y Mariluz y que

continúa hoy gracias a Mariluz, sus hijos y

por supuesto el resto de los miembros del

Patronato.

2.- La labor tan impresionante que realizan

por la salud oftalmológica en África, de la

que no solo no desisten, sino que al contrario

están buscando

la fórmula de ampliarla

y llegar aún a

más gente.

3.- Casi está relacionada

con la anterior,

veo mucha ilusión

y muchas ganas de

crecer y hacer más

cosas para beneficiar

la salud de los más necesitados y, sobre

todo, seguir con el espíritu que llevo

a su fundador a crear y poner en marcha

esta Fundación.

92 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Fundación Rementería 93


Laureano Álvarez-Rementería Trayectoria vital

Laureano y

Mariluz con Sor Olvido.

94 Fundación Rementería


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Laureano

y su famila

La Fundación Rementería 95


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Ejemplo

a seguir

Dr. Laureano Alvarez-Rementería Capelo

Es muy complicado elegir tres palabras que definan

a mi padre. Pienso en él y se me vienen a la

cabeza multitud de virtudes difícilmente definibles

sólo con tres palabras. Mi padre era una persona

bondadosa, no sólo en su definición como

cualidad de bueno, sino como su natural inclinación

a hacer el bien. Era una persona divertida,

siempre sabía disfrutar de lo que hacía, conseguía

que todos los que estábamos a su alrededor disfrutáramos

del momento y de su compañía, no

es casualidad que tuviera tantos amigos y tantas

personas que le querían. Mi padre era una persona

comprometida, comprometida con sus valores

cristianos, comprometida con su familia y comprometida

con sus pacientes.

Son multitud los momentos que compartí con

él que nunca olvidaré, pero desde luego si me tuviera

que quedar sólo con algunos de ellos sería

con los viajes que realizábamos en familia en los

que disfrutábamos juntos de su compañía, de su

inmensa cultura, ya que era una persona adicta

a la lectura y de sus bromas y sus chistes. Los

96 Laureano y su familia


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Laureano y su familia 97


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

A la izquierda, Mariluz y Laureano en el Parque de El

Retiro. A la derecha, Laureano de cacería con sus tres

hijos.

momentos que compartíamos mientras navegábamos,

una de sus pasiones, durante las largas

jornadas de navegación teníamos mucho tiempo

para conversar. Y por supuesto los deportes que le

gustaban y a los que nos aficionamos mis hermanos

y yo como la caza y el buceo.

Yo aprendí de mi padre todo, tanto profesional

como personalmente. Es común entre las personas

jóvenes tener un ídolo al que buscamos parecernos

lo máximo posible, y para mí ése siempre

ha sido mi padre. Es curioso que compartiendo

profesión cuando estábamos solos casi nunca hablábamos

de oftalmología, aprendí de él a tratar a

los pacientes no sólo en el aspecto médico sino en

el personal ya que era un grandísimo oftalmólogo,

pero todavía era mejor persona.

“Quien no arriesga no gana”, era una frase que

le acompañó a lo largo de su vida y a la que recurrimos

mis hermanos y yo con frecuencia cuando

nos surgen dudas. “No es más rico el que más tiene

sino el que menos necesita”, era otra de sus

frases que tengo grabada.

Mi padre era una grandísima persona, marido,

padre y amigo, en definitiva, era un hombre

bueno. Hay una cita de la Madre Teresa de

Calcuta que dice “que nadie se acerque jamás

a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y

más feliz” y eso resume la vida de mi padre, todos

los que hemos tenido el privilegio de compartir

con él, aunque sólo sea un momento de

nuestras vidas, nos hemos sentido mejores y

más felices.

98 Laureano y su familia


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

¡Maestro

de tantas

cosas!

Gonzalo álvarez-Rementería capelo

Si tuviera que elegir tres palabras para definir a

mi padre serían: Generoso, Amigo y Divertido.

Él era la persona más generosa y desinteresada

que he conocido. Disfrutaba compartiendo

lo que tenía. Lo daba todo sin pedir nada a

cambio y siempre estaba dispuesto a poner de

su parte para cualquier cosa en la que se le requiriese.

De ahí la Fundación Rementería y los

múltiples viajes de cooperación a los que iba, y

en los que disfrutaba.

Su gente era algo sagrado para él y siempre

supo rodearse de personas que le querían

y a las que quería. Disfrutaba al máximo de las

comidas, cenas o cualquier reunión de amigos,

compañeros de profesión o familia.

Siempre estaba de buen humor y en las reuniones

era el que tenía el comentario más gracioso

o las palabras adecuadas para hacer reír.

Le gustaba hacer que la gente que le rodeaba

se sintiera bien, ya fuese su suegra, sus amigos,

su mujer, su nuera… Se divertía y hacía que los

demás también se divirtieran.

Laureano y su familia 99


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laure, Gonzalo y Manuel

en la playa.

Entre mis momentos preferidos de cuantos

pasé en su compañía están los viajes que hacíamos

en familia y en los que disfrutábamos

muchísimo, especialmente los de cada Semana

Santa. También están las cacerías, a las que

cada vez le gustaba menos ir porque tenía que

madrugar y a las que acudía solo para estar con

su familia. También las fiestas en casa o los domingos

viendo las motos por televisión.

De él aprendí a darle valor a las cosas que importan

de verdad, cooperar, navegar, la pasión por

la lectura, la historia, la música, viajar, esquiar, su

devoción por la Virgen de La Milagrosa, su amor

por España, hablar inglés… ¡tantas cosas!

Le gustaba tomar su comida favorita y su

tarta de limón en sus cumpleaños, y siempre

escuchaba Vaughan radio camino del trabajo.

Estos detalles, como tantos otros, permanecen

en mi memoria, junto con sus frases

más recurrentes: “Haz el bien y no mires a

quien”, “El que se enfada tiene dos cosas que

hacer, enfadarse y desenfadarse” y “El que no

arriesga no gana”, o como le gustaba decir a

él: Who dares wins. Y como colofón, su bendición

de la mesa en Nochebuena, que ya se ha

convertido en un clásico: “El niño Jesús que

nació en Belén, bendiga esta mesa y a nosotros

también”.

100 Laureano y su familia


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Respeto y

amor al

prójimo

Manuel álvarez-Rementería capelo

Si tengo que definir a mi padre en pocas palabras

diría que era una buena persona, generosa,

alegre, trabajadora, humilde y feroz lector.

Fueron tantos los momentos maravillosos

que compartimos que es difícil seleccionar,

pero destacaría los que pasamos en el barco,

los viajes en general, las cacerías, bucear, ver

las motos los domingos, hacerle reír, investigar

y arreglar algo.

Mi padre me enseñó a ser mejor persona,

la humildad, el respeto absoluto a su mujer, el

respeto por el prójimo el amor y dedicación a

la familia, la alegría, las ganas de vivir, el amor

a su patria, la caballerosidad, el inconformismo

moderado, el desapego a lo material, la lealtad

a sus amigos, el constante humor, saber disfrutar

y vivir los momentos del día a día, la fuerza

para sobreponerse a las complicaciones, no

quejarse nunca, saber escuchar, ser comprensible,

saber tratar al sexo opuesto, ser cercano

y cariñoso con los demás, las ganas de celebra-

Laureano y su familia 101


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

La familia en Navidades.

ción constantes, diferenciar las cosas importantes

de la vida, la aceptación y el aprendizaje de

las nuevas tecnologías. En definitiva, he tenido

un ejemplo constante en casa por lo tanto he

aprendido todo de él.

Tenía frases recurrentes que reflejaban su

forma de ver la vida como “No hay nadie imprescindible”,

“No es más rico el que más tiene

sino el que menos necesita” o “Mejor comer

dos veces que dar explicaciones”. que siempre

guardaré en mi memoria.

102 Laureano y su familia


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Ejemplo

vital

Adelita Parra, nuera

Me cuesta muchísimo escribir sobre mi suegro

porque es muy difícil abarcar con palabras a un

hombre tan grande y que ha dejado tanto amor

tras él.

Ese ejemplo universal que a todos atraía

como un imán marcó su vida. Ejemplo por la

persona maravillosa que era, por el médico brillante,

por su carácter sereno y divertido siempre,

por el marido que idolatraba a su mujer

y por el padre entregado. Es el ejemplo que,

como hombre, mi marido se esfuerza en seguir

todos los días y yo le admiro tanto por ello porque

el listón está muy alto, altísimo, casi igual

de alto de cómo debe estar ahora Laureano,

muy cerquita de Dios.

Te echamos de menos cada día y te queremos,

Suegro....

Con amor (de hija), tu Siera*.

* Si era la que quería para mi hijo

Laureano y su familia 103


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Adelita con Laureano en el hospital.

104 Laureano padre


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Compartirlo

todo

Otilia Fernández, cuñada

Conocí a Laureano cuando empecé a salir con

Manuel, hermano de Mariluz, hace unos veinte

años. La primera impresión que tuve es que en

aquella pareja reinaba la armonía. Laureano era

una bellísima persona y el mejor cuñado que se

pueda tener.

Resulta curioso que, gustándole mucho su

trabajo y siendo un gran profesional, valorara

tanto el tiempo libre y compartirlo con su familia

y amigos. Coincidíamos los dos en disfrutar

un buen vino durante las celebraciones, muy

habituales en casa de Laureano y Mariluz. Para

él cualquier excusa era buena para hacer una

fiesta: Si aprobaba el niño, fiesta; si le daban un

premio, fiesta; si le salía bien algo, fiesta… Para

él sus triunfos no valían si no los compartía con

los demás. Recuerdo como le gustaba organizar

la mesa y disponer los sitios de los comensales,

siempre pesando en que todo resultara lo más

acogedor posible. Cuando en las celebraciones

coincidían varias generaciones, hacía dos fies-

Laureano y su familia 105


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laure con Mariluz y Otilia en Verona.

tas paralelas, separando a los adultos de los jóvenes

para que éstos últimos pudieran disfrutar

a su aire. Y si cualquier excusa era buena, la Feria

de Sevilla mucho más. Cada primavera convertían

su casa en una caseta de feria y se vestían

todos de arriba abajo: las mujeres con traje

de volantes, los hombres de corto, farolillos por

todos lados, a bailar sevillanas y a disfrutar… él

siempre disfrutando.

Nunca le vi triste, ni enfadado. Cuesta mucho

encajar que se vaya tan pronto una persona

tan generosa y con tanto que dar aún en la vida.

Brindo con él, allá donde esté, con el mejor vino

que pueda encontrar.

106 Laureano y su familia


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Familia Alvarez-Rementería en las bodas de plata de Laureano y Mariluz.

Laureano y su familia 107


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Innovador

y trabajador

Ángeles Calvo, cuñada

De la personalidad de Laure, yo me quedo con

la fuerza para conseguir sus objetivos sin dejar

de disfrutar de la vida, llego donde quiso y lo

paso muy bien

Su diferencia con los demás, aparte del tamaño

de sus manos y “la voz que surge de la

caverna”, era un señor, como se entiende en mi

tierra, que nunca “perdía los papeles” y lo demostró

hasta el final

Yo no tengo recuerdos de anécdotas destacables,

si de una vida compartida desde muy

jovencitos, primero en la pandilla de Punta,

escapadas y gamberradas con Carlos, Alberto

y Álvaro, después como cuñados, bodas, bautizos,

comuniones y algún mal rato, pero siempre

ahí y los últimos veranos, viajes en barco, con el

miedo que me daba cruzar el estrecho,

El legado profesional y personal para mí se

funden; fue un gran innovador en su profesión

que consiguió trasladar su forma de trabajar y

vivir a su familia, clínica y fundación.

108 Laureano y su familia


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Socio y

amigo

Manuel Capelo, cuñado

Con el paso de los años y sin abandonar esa

complicidad que tuvimos desde la juventud,

fuimos construyendo una relación muy sólida

entre los dos. Hablábamos de muchas cosas, y

él sabía siempre darme muy buenos consejos,

pero también pedirlos, algo propio de una persona

humilde como él. Yo desarrollé mi carrera

en el ámbito de la gestión empresarial, y creo

que vio en mí una posible ayuda en momentos

clave de su trayectoria, cuando acometía proyectos

empresariales, como dar el paso de una

consulta oftalmológica a una clínica integral de

oftalmología, lo cual suponía un paso de gigante

en todos los sentidos. De alguna forma, él estaba

haciendo Empresa y eso hizo que se iniciara

nuestra relaciónn profesional.

Me llena de alegría haber podido ayudar y

participar en el proyecto empresarial y profesional

de Laure. Recuerdo muy especialmente

una conversación que tuvimos durante un viaje

a Verona. Caminamos mucho rato, intentando

seguir el frenético ritmo de compras de mi es-

Laureano y su familia 109


Las familias Capelo y

Alvarez-Rementeria,

reunidas.

posa y de mi hermana, y percibí en él una mezcla

de ilusión y a la vez preocupación por la dimensión

que su proyecto empresarial y clínico

estaba alcanzando. No en vano, fue pionero en

la implantación de quirófanos extra hospitalarios.

De alguna manera aquella conversación y

otras muchas que tuvimos después, le llevó a la

conclusión que existía la necesidad de poner en

marcha una organización empresarial, sin perder

nunca de vista la prioridad médica, que le

permitiera un crecimiento sostenible de su proyecto.

Espero estar contribuyendo a que aquellas

conversaciones lleven a buen puerto la transición

a las siguientes etapas que tiene por delante

la Clínica Rementería y consecuentemente

fortaleciendo su legado. Querido LAURE, continuaremos

con tu proyecto

110 Laureano y su familia


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Cercano y

modesto

Andrés Fernández, cuñado

¿Cómo conociste a Laureano y qué impresión

te causó la primera vez?

A través de su hermana Ana, en 1961, cuando

íbamos a comer a casa de sus padres los

sábados. En aquella época ya me pareció una

persona afable y de trato fácil.

¿Qué destacarías de la personalidad de Laureano?

Destacaría su cercanía y su modestia, era

una persona muy accesible con una conversación

amena y culta, además de bromista, según

el momento y el interlocutor. Por otro lado, su

modestia en los temas referentes a su profesión,

en los que nunca percibí el más mínimo

atisbo de soberbia.

¿Qué crees que le diferenciaba de otras personas?

Que, habiendo alcanzado un nivel profesional

tan alto, siguiera manteniendo esa senci-

Laureano y su familia 111


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

La familia Capelo al

completo.

llez con todo el mundo sin haberse endiosado,

cuando podía haberlo hecho. Era una persona

muy generosa y divertida que lograba hacer

partícipes a los demás de lo que él era y tenía.

¿Recuerdas alguna anécdota entrañable con él?

Recuerdo varias, por ejemplo, cuando nació mi

hijo Andrés me trajo una botella alegando que

el padre también debería haber contribuido en

algo al nacimiento.

También recuerdo los líos que organizaba a la

hora de pagar en los restaurantes, pues al hacer la

cuentas, con todos los cambios y devoluciones de

por medio, nos reíamos todos porque siempre le

sobraba dinero y no sabíamos cómo lo hacía.

¿Cuál es su legado personal y profesional?

Realmente amplio: en el personal, será recordado

por su forma de ser, no solo a nivel

familiar sino también a nivel social, como lo

demuestra la gran cantidad de personas que

le testimoniaron su afecto y gratitud en el momento

de su adiós.

En el profesional, por su apuesta novedosa y

de éxito, por estar siempre a la última, siguiendo

atentamente y poniendo en práctica todos

los avances que se iban logrando en el campo

de la oftalmología, lo que le llevó a tener su

propia y prestigiosa clínica, que actualmente ya

perpetua su memoria.

112 Laureano y su familia


Laureano

compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Valentía

y tenacidad

Dr. Poyales

Hablar de un amigo que se ha ido, es difícil, se

recupera la tristeza y se remueven los recuerdos

que, aunque me hacen sonreír, los labios se empeñan

en temblar y el aire parece volverse más

denso y frío y se pega al alma, esté donde esté,

pero en algún sitio dentro del pecho.

No soy bueno recordando fechas, pero sí en

recuerdos, más presentes y pesados cuanto más

han influido en el desarrollo de mi vida y mi profesión,

lo que probablemente sea una redundancia,

porque no puedo separar ni distinguir lo uno de

lo otro.

Laureano está presente en casi todo lo importante

que puedo recordar. Ha sido mi amigo, mi

contrincante mi gran ayuda y sobre todo ese explorador

que me ha guiado en un largo camino a

lo largo de más de 30 años.

No voy, no puedo hacer una biografía de Laureano.

No nos veíamos a menudo, no teníamos

tratos comerciales y ejercíamos en centros diferentes,

así que los que le veíais a diario disfrutabais

de su tozudez, de su compañía o de su amor,

seguramente lo haréis mejor que yo. Pero sí que

tengo una amistad y admiración que es exclusiva

114 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

y que, hasta su muerte, algo me dice que fue mutua

y digo hasta entonces, porque su entereza su

coraje y dignidad ante la enfermedad y la muerte,

echó por tierra cualquier pretensión que yo

pudiera tener de equilibrar con mi amistad y mi

admiración, la suya. Como no voy a enumerar una

vida de recuerdos, me permitiréis que me refiera

a alguno de los que marcaron mi paseo por la vida

y en ella y con papel estelar, la oftalmología.

Corría el año 97 y Laureano, Mariluz, Begoña

(mi mujer) y yo ya habíamos recorrido mucho camino

juntos. Habíamos conocido a Kelman, hablado

de astigmatismo y dejado un buen boceto

del conoide de Sturd en una servilleta de papel

del Oak Room del Waldorf Astoria. Pero es en

ese año, en que Laureano inaugura la Clínica de

Cirugía Ocular en la calle Almagro y nos invitó a la

fiesta de inauguración.

Como os decía, hay momentos que te cambian

la vida y este, singularmente, ha sido uno de

estos. Estaba su familia, sus empleados, Manolo

Cintrano y su mujer y nosotros. Nos quedamos

boquiabiertos. El gran recibidor con vidriera, la

enorme chimenea, los despachos y sobre todo...

los quirófanos. Perfecto hasta el más mínimo detalle.

En todas partes se apreciaba la mano de

Mariluz y el tesón y la minuciosidad de Laureano.

Y los quirófanos, llevábamos años innovando con

la facoemulsificación, la vitrectomía y las lentes

intraoculares y allí, estaba todo perfecto: el facoemulsificador,

el microscopio, la camilla... todo

para y por la cirugía oftalmológica.

Habíamos compartido quirófanos durante

años en el sanatorio de Nuestra Señora de la Paloma,

dando los primeros pasos de la facoemulsificación,

probando máquinas, organizando, protocolizando

y mejorando todo lo que nos permitía

la estructura y el consentimiento de la dirección y

ahora, allí estaba todo plasmado, impecable, perfecto,

envidiable.

Sentí vértigo, por su valentía, su visión de futuro

y su tenacidad de llevar un sueño a la realidad.

Vértigo que no era más que admiración, con un

toque de envidia y de baño de realidad al darme

cuenta de Laureano había sido capaz de hacer

realidad nuestros más aventurados sueños.

Allí en medio del recibidor y delante de la chimenea,

se nos acercaron Laureano y Mariluz. Nos

Laureano compañero 115


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Paco Poyales y Laureano jugando al golf.

cogieron de la mano y con su voz profunda me

dijo que formaba parte de aquello y que quería

compartirlo conmigo.

No soy un tipo especialmente duro, pero en

ese momento se me escapó el alma del pecho y

se me saltaron las lágrimas, luego a Begoña, a Mariluz

y también a Laureano. Terminamos ensuciando

pañuelos y sorbiendo mocos como para acabar

con las servilletas de papel de todo el catering.

Al día siguiente, acudí a la Paloma, me despedí,

cogí el instrumental, el equipo de filmación, el

vitreotomo y me instalé en la Clínica de Cirugía

Ocular.

Laureano añadió en la chapa de la entrada mi

nombre con algo así como “codirector médico” o

alguna otra mentira piadosa para darle realce a mi

presencia allí y durante los siguientes años pasamos

a operar en su fantástico quirófano.

Laureano era y es a pesar de la barrera de

la muerte, mi amigo, pero también era mi competencia,

pero entendió que dejando aparte

la amistad (aunque no me lo creo) sobre todo

éramos compañeros, colegas que queríamos lo

mismo y que sumábamos juntos y restábamos

separados.

Con el tiempo, amparado por lo aprendido a

su lado, monté mi propia clínica, pero seguimos

colaborando, felicitándonos por nuestros éxitos

y apoyándonos en las dificultades y su muerte

no va a ser más que un pequeño inconveniente

en nuestro proyecto que sigue vivo con Mariluz,

sus hijos, Miguel y hasta el maravilloso grupo de

anestesistas, tan amigos como colaboradores

que compartimos.

Seguramente otros le habréis visto mucho

más a menudo, habréis trabajado a sus órdenes,

y disfrutado de su afecto cotidiano, pero a mí me

dio su amistad, su visión y hasta el arreón de la

competencia, algo que me hizo más fuerte y mejor

profesional.

116 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Al hilo de

una amistad

Dr. Aguilar

El día 6 de diciembre de 2016, martes, a las 6:30

horas de la madrugada, falleció en Madrid, a la

edad de 61 años el insigne médico oftalmólogo

Laureano Álvarez-Rementería Fernández. La causa

fue una cruel enfermedad a la que se enfrentó

con valentía hasta el último aliento, haciendo

gala curso de la calidad humana y las virtudes que

desplegó durante toda su vida. Demostró ser tan

buen enfermo como médico, e incluso ambas cosas

a la vez, hecho verdaderamente notable, pues

los médicos, acostumbrados a su papel rector en

la relación con sus pacientes, quizá por deformación

profesional no suelen representar con la misma

dignidad ni docilidad el papel inverso. Conservó

sus facultades mentales intactas hasta el final y

él mismo se ocupó de dirigir con gran entereza las

últimas medidas terapéuticas que lo condujeron

digna y serenamente a la muerte.

El Dr. Rementería vino al mundo el 1 de julio

de 1955 en Sevilla, circunstancia de la que se sentía

muy orgulloso. Nacimos los dos el mismo año

y el mismo mes, con una diferencia de 19 días.

Laureano era el mayor. Solíamos bromear y presumíamos

de ello; él alardeaba de su mayor edad y

Laureano compañero 117


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

de que me aventajaba ampliamente en experiencia,

y yo de que lo superaba, netamente, en juventud

y dinamismo.

Nos conocimos de pequeños, hacia el año

1962, si no recuerdo mal, en el colegio del Pinar

de los Padres Jesuitas en Chamartín, hoy desaparecido,

que estaba al final de las calles de Arturo

Soria y Pío XII, cuando la zona era aún un verdadero

bosque rodeado de huertas, campos abandonados

y casas deshabitadas, paraje ideal para

jugar y hacer travesuras a la salida de las clases

cuando se presentaba una oportunidad.

En el año 1964 pasamos a cursar el «Ingreso»

en el colegio de los mayores en la plaza del duque

de Pastrana, que fue la plaza mayor del pueblo de

Chamartín de la Rosa antes de convertirse en un

distrito de la capital. La institución, fundada en

1880, quedó inmortalizada en la novela Pequeñeces

del padre jesuita Luis Coloma S.J., (Bilbao,

1890), cuyos primeros capítulos se sitúan en el famoso

«colegio de las cuatro torres», obra de los

arquitectos Rabanal y Cubas, que fue substituido

en 1960 por la actual residencia de los jesuitas.

Laureano siempre gozó de una notable popularidad

y muchas simpatías entre sus compañeros,

debido a su buen carácter. Ya de colegial se

desarrolló mucho físicamente, era muy fuerte, y

estaba entre los más altos, lo que como es bien

sabido, concede un plus de prestigio y de respeto

a los escolares. Coincidíamos con frecuencia en

los magníficos patios y campos del colegio, pues,

aunque estábamos en el mismo curso, nunca lo

hicimos en la misma clase. Su fuerte complexión,

el color atezado de su piel y una voz grave muy

característica conferían a mi amigo un singular

atractivo a su ya, por entonces, cautivadora personalidad.

Al finalizar el bachillerato, estrenando el

que fue primer curso de orientación universitaria,

«el COU», el grupo de alumnos que pensaba hacer

Medicina se desdobló pasando a las facultades

de la Universidad Complutense y de la Autónoma.

Recuerdo ahora a algunos de aquellos compañeros,

hoy médicos eminentes: Mario Alonso Puig,

Lorenzo Aguilar Alfaro, Isidoro Bruna Catalán, Santiago

Serrano Fiz, Pepe Almagro Martínez, Isabel

Alonso Gómez, Rafael Dal-Ré Saavedra, Andrés

118 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Soriano Mas y Javier Palacio Domínguez, que acabaría

siendo oftalmólogo; y, especialmente ahora,

al grande por tantos conceptos Joaquín Belmonte

López, queridísimo compañero, que desapareció

prematuramente víctima de un accidente de ferrocarril,

cuando cursaba el último año de carrera.

Laureano, que había salido del colegio en 6.º

curso de bachillerato, hizo el COU en el Colegio

San Pablo del CEU y después pasó a la Complutense.

Empezamos la carrera de Medicina en

1972, y coincidíamos de cuando en cuando en

las aulas y pasillos de la Facultad. Fue al acabar

cuando afianzamos nuestra amistad, con ocasión

de nuestra llegada a la Escuela Profesional

de la Cátedra de Oftalmología de la Universidad

Complutense de Madrid, en el Hospital Clínico,

donde bajo la dirección del profesor Julián

García Sánchez, joven y flamante catedrático,

que sucedía al repentinamente fallecido doctor

Rafael Bartolozzi, iniciamos el estudio de nuestra

especialidad, la oftalmología.

Recuerdo con bastante precisión aquel día de

últimos de septiembre o primeros de octubre de

1979. Acababa yo de volver a Madrid, recién licenciado

del servicio militar, desde Granada, cuando

encontré a Laureano entre aquel grupo de jóvenes

médicos aspirantes a oftalmólogos que se

hallaba reunido en la antesala del despacho de

profesores en la 6.ª planta. La memoria me trae

en estos momentos, con especial brillo y emoción,

a los maestros Federico Moreno Casanovas

y Luis López Bartolozzi—tristemente fallecidos en

un accidente de aviación pocos años más tarde—,

que, entre inquisitivos e irónicos, nos sometieron

a examen. Laureano y yo pasamos dicha prueba

junto a otros compañeros.

La experiencia en el Clínico fue magnífica. La

Cátedra y Servicio de Oftalmología era un hervidero

por el gran número de jóvenes aspirantes a

oftalmólogos, llenos de inquietudes profesionales

y de ilusión, que giraban alrededor del claustro

de los profesores, entre los cuales había grandes

figuras de la profesión. Al frente estaba el mencionado

doctor García Sánchez, «don Julián», un

gran señor por encima de todo, excelente oftalmólogo,

experto en glaucoma, que proveniente

Laureano compañero 119


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

de Cádiz, acababa de llegar a Madrid. Nos trataron

muy bien, como amigos y compañeros antes que,

como alumnos, y pusieron, todos ellos, a nuestra

disposición, generosamente, cuanto sabían, en un

clima de gran libertad.

La oftalmología de finales de los años 70 del siglo

pasado era muy diferente a la de ahora, se basaba

principalmente en el quehacer personal y en

el prestigio de figuras individuales. Por aquel entonces,

mi padre, José María Aguilar Bartolomé,

era una de las más insignes y representativas de

la profesión. Procedente del Hospital Central de la

Cruz Roja, había sido nombrado Jefe de Servicio

del Hospital Primero de Octubre en 1971, cuando

se inauguró. En 1975 tenía su consulta privada en

una de las clínicas más prestigiosas del momento,

la Clínica de La Luz, en la calle general Rodrigo de

Madrid, donde se había reunido una pléyade de

médicos de todas las especialidades, muy prestigiosos,

en su mayoría procedente, precisamente,

del mencionado Hospital Primero de Octubre.

Paralelamente a nuestra actividad en el Hospital

Clínico, nos reuníamos alrededor de mi padre,

que era la hospitalidad personificada, un pequeño

grupo de amigos y compañeros, oftalmólogos

en ciernes, para complementar la formación que

recibíamos oficialmente. Entre ellos estaba Laureano,

a quien mi padre tomó especial afecto, que

era correspondido cariñosamente por este.

Durante aquellos años, hasta 1983, en que

acabamos la especialidad, y después, además de

«don Julián», «nuestro maestro», mi padre fue

para nosotros la figura de referencia que nos amparaba,

ejerciendo un magisterio y un estímulo

profesional constante,

Laureano era muy decidido y, merced a ello,

pronto se convirtió en un excelente angiografista.

La angiografía fluoresceínica, era una de las principales

y más avanzadas técnicas de la oftalmología

de entonces. Mi padre había adquirido uno de los

primeros equipos, un aparato de la marca Kowa,

y lo había instalado en su consulta de la Clínica de

la Luz. Laureano aprendió a manejarlo enseguida,

y no solo tomaba excelentes fotografías, propias

dicha técnica, sino que además inyectaba él mismo

a los pacientes el imprescindible contraste en

120 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano almorzando con José María Aguilar, Gustavo Leoz y otros compañeros.

Laureano compañero 121


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

vena, la fluoresceína sódica, con suma desenvoltura

y precisión. Pronto se convirtió en «un artista»

de la AFG, siglas por las que se conocía y se

conoce tal procedimiento.

A mi amigo le gustaban toda clase de máquinas

y se le daba muy bien manejarlas, no solo los

aparatos pertenecientes a la oftalmología, sino

cualquier otro, desde las modernas cadenas de

música o los televisores, los teléfonos portátiles

y los ordenadores, hasta los coches, en especial,

que le encantaban. Era un buen conductor. Cuando

empezó a ganar algún dinero se compró un

flamante Opel Escort. Solía gastar una broma a

los que se subían en el vehículo por primera vez.

Consistía en dar un pequeño frenazo sin avisar y,

al bascular hacia delante los cuerpos y cabezas de

sus acompañantes, exclamaba: «saluden, saluden».

Siempre fue muy divertido. La de bromista,

sin maldad, era otra de sus facetas más atractivas.

En el año 1972 mi padre organizó un modesto

pero singular servicio de Oftalmología, dentro del

Instituto de Diabetología de la Cruz Roja Española,

centro fundado por el gran maestro, pionero de

los estudios sobre la diabetes, el eminente profesor

doctor Luis Felipe Pallardo Peinado, dedicado

al tratamiento de los enfermos diabéticos, que se

hallaba muy descuidado. Dirigía por entonces el

Instituto un distinguido diabetólogo, el Dr. Manuel

Fernández Vega, discípulo del doctor Pallardo.

A partir del año 1979, Laureano y yo nos incorporamos

a dicho servicio—no había entonces

el problema de las incompatibilidades—, donde

aprendimos todo lo tocante a las complicaciones

oculares de esta importante enfermedad, cuyo

tratamiento con láser se consolidaba por entonces

y en el que nos especializamos.

También contaba mi padre con uno de los primeros

láseres de argón para fotocoagulación, de

la marca inglesa Britt, con el que empezamos a

trabajar inmediatamente. Esta novedosa técnica

resultó fundamental en aquellos años para el tratamiento

de la retinopatía diabética, que se había

convertido en la primera causa de ceguera, y también

para tratar ciertas enfermedades del polo

posterior del ojo, incluyendo la prevención y la cirugía

del desprendimiento de la retina. Laureano,

122 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano en el quirófano.

a quien interesaba especialmente, llegó a manejar

el láser de modo magistral.

Aquellos jóvenes estudiantes de oftalmología

nos incorporábamos también a la Medicina Pública

a través de los ambulatorios, donde se desarrollaba

una importantísima labor sanitaria. Laureano

asistía al de Vicente Muzas, en Ciudad Lineal,

y yo al de Orcasitas, próximo al hospital Primero

de Octubre. La oftalmología, en esa época, tenía

un marcado carácter artesanal. Con medios escasos,

ciertamente precarios comparados con los

de ahora, se realizaba un gran trabajo, tanto en la

consulta como en el quirófano. Inmediatamente

empezamos a operar, pues la cirugía, además de

su inherente atractivo, ofrecía amplias posibilidades

a los más jóvenes, ya que había muchos oftalmólogos,

jefes de los equipos quirúrgicos, que por

diversas circunstancias apenas operaban, dejando

las operaciones en manos de sus ayudantes más

inclinados hacia la actividad quirúrgica. Realizábamos

juntos las intervenciones de nuestros cupos

respectivos, e incluso de otros, cuando se terciaba,

en sanatorios de la Seguridad Social. Debo

recordar aquí que entre los años 1979 y 1983 los

quirófanos del servicio de Oftalmología del Hospital

Clínico permanecieron cerrados por reformas,

motivo por el que, como se dice vulgarmente,

«había que buscarse la vida—quirúrgica—en otra

parte». Eso hicimos, ¡y de qué manera!

En el año 1983, ya en posesión de nuestro título

oficial de oftalmólogos, desde el año anterior,

obtuvimos por oposición—creo que fue la última—

una plaza de ayudantes de Equipo Quirúrgico

o cupo de oftalmología en nuestros respectivos

ambulatorios. Recuerdo la inestimable ayuda

que para prepararla prestó a todos sus alumnos

del Clínico el doctor Federico Moreno Casanovas.

Poco tiempo más tarde, en medio de la gran crisis

de las incompatibilidades, abandonaríamos

la plaza obtenida, atraídos por el horizonte más

dinámico y prometedor de la Medicina privada,

aunque durante el tiempo que permanecimos en

el puesto alcanzamos a operar un gran número de

pacientes de las patologías más diversas.

Laureano compañero 123


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano con su equipo

médico.

En el año 1985, mi padre dejó la Clínica de La

Luz para instalarse en un piso de la calle Hermosilla,

momento que aprovechó Laureano para montar

su consulta privada, de 45 metros cuadrados,

en un piso del mismo edificio, con una enfermera,

Mercedes, como él mismo ha recordado en alguna

entrevista cuando le preguntan por sus comienzos.

Hay que decir que al cabo de poco tiempo ya

tenía un oftalmólogo ayudante, el doctor Álvaro

Lago y otra enfermera. Desde el primer momento,

Mariluz, su mujer, se implicó en la práctica profesional

de Laureano y su importancia en el esquema

de la Clínica fue aumentando a medida que

el proyecto oftalmológico se desarrollaba y crecía,

hasta convertirse en una pieza fundamental.

Un aspecto que hay que destacar es la capacidad

de organización de nuestro amigo. Trabajaba

intensa pero muy ordenadamente, sin prolongar

exageradamente la jornada laboral, a pesar de la

gran afluencia de pacientes a su consulta. Ello le

permitió compatibilizar admirablemente la vida

familiar con la profesional. Nunca sacrificó su familia

al trabajo. Su mujer y sus hijos siempre fueron

para él lo primero. Y por supuesto, cada año,

al llegar las vacaciones de verano, todos viajaban

a Punta Umbría, «Punta», destino ineludible. Era

raro, sin embargo, el día en que Laureano, antes

de marcharse a casa, no pasara por nuestra consulta

a despedirse de mi padre.

En torno a esa fecha, la colaboración y la amistad

entre nosotros alcanzaron su culmen. La oftalmología

experimentaba un cambio radical con

124 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Aprendiendo con el facoemulsificador.

la aparición de una tecnología verdaderamente

impresionante. Llegaba la novedosa cirugía de la

catarata con técnica extra capsular e implantación

de lentes intraoculares, que traía de la mano nuevos

y perfeccionados instrumentos, las bombas

de infusión-aspiración, la biometría ultrasónica y

el láser YAG; cirugía a la que nos aplicamos con

tesón hasta llegar a dominarla. Nacía también la

moderna cirugía vitreorretiniana con el advenimiento

de los primeros vitreotomos, unos aparatos

increíbles, junto a un instrumental muy sofisticado.

No puedo olvidar ahora el aspecto personal de

nuestra relación, pues Laureano y yo, además de

compañeros y colaboradores, éramos muy amigos.

Durante la carrera mi amigo ya salía con Mariluz

Capelo, su encantadora novia de siempre—

la conoció en el verano de 1973—, que después

convirtió en su mujer—se casaron en 1980 muy

jóvenes para lo que ahora se estila— y más tarde

en madre de sus tres hijos, con quien formaba

una pareja excepcional. Poco tiempo después, en

1983, hacía yo lo propio con Laura Munoa—nos

hicimos novios en 1981. Salíamos, a menudo en

compañía de otras parejas, generalmente a cenar.

Mariluz y Laureano tenían muy buen gusto y nos

llevaban a sitios de moda. ¡Qué tiempos aquellos!

Tuvieron tres hijos varones: Laureano, Gonzalo y

Manuel; Laura y yo, una hija, Sol, que era la envidia

de Laureano que suspiraba por tener una.

A mí, aunque también me gustan las niñas, quise

tener un hijo varón que no llegó. Cosas de la vida.

Laureano, «el chico», y Sol, decidieron imitarnos,

se hicieron oftalmólogos y representan ahora la

continuidad genealógica y profesional de nuestras

familias.

¿Cómo era el doctor Rementería en aquellos

tiempos, ya legendarios, os preguntaréis? Pues

bien, sin exagerar, puede decirse que Laureano

poseía unas cualidades singularísimas, óptimas,

tanto para el ejercicio de la profesión como para

el disfrute de la vida. Lo reunía todo. Era un señor,

en el mejor sentido de la palabra, muy distinguido

de maneras, y también en el vestir—destacaba

Laureano compañero 125


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano en una expedición

médica a Perú.

particularmente por el uso de vistosas corbatas

a la última moda, con las que nos deslumbraba

literalmente—, simpático y cariñoso con todo el

mundo, sumamente inquieto profesionalmente y

muy trabajador. Además, su voz, grave y sugerente,

y su sencilla y directa forma de hablar, un poco

atropellada a veces, le granjeaban la confianza

y simpatía de los pacientes, a los que a menudo

dejaba «fasmanizados». Empleo esta expresión

en vez de la más corriente de «turulatos» u otras

por el estilo, acuñada por Laura, mi mujer—que

era y sigue siendo, la gracia y la agudeza en estado

puro—, para caracterizar esa habilidad, si así puede

llamarse, que tiene un número muy contado

de médicos, y que el doctor Rementería poseía en

grado superlativo.

El año 1989 surgió en Madrid un proyecto

sanitario singular, el Hospital de Madrid, en torno

a un médico precursor, el doctor Juan Abarca

Campal, a quien me uní en aquella empresa. Procuré

involucrar a mis compañeros y amigos de

profesión de entonces. Naturalmente, hice todo

lo posible para asociar a Laureano, pero por diversas

razones que ahora no vienen al caso, no

se decidió a participar.

A finales de los 80 y comienzos de los años

90, la oftalmología experimentaba una tremenda

explosión tecnológica que la transformó por completo.

Por una parte, comenzó a desarrollarse una

nueva y revolucionaria técnica de cirugía de cataratas

que iba a cambiar, no solo el panorama de

dicha intervención, sino de toda la especialidad,

la facoemulsificación ultrasónica. También se desarrollaba

con mucha rapidez la cirugía refractiva

con láser excímero, que en poco tiempo creó una

subespecialidad a su alrededor, la cirugía refractiva,

al tiempo que la tecnología para la cirugía

vitreorretiniana se perfeccionaba de manera increíble.

El Dr. Rementería, con la inteligencia práctica

que en él era característica, se percató de que esta

«nueva oftalmología», eminentemente tecnoló-

126 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

gica, representaba el futuro y exigía un planteamiento

empresarial propio. Con mucho coraje dio

los pasos necesarios. Por un lado, se volcó personalmente

en la cirugía de cataratas mediante la

fulgurante técnica de facoemulsificación. Visitó a

los cirujanos pioneros, los más importantes del

mundo en este campo, y al cabo de poco tiempo

la realizaba con excelencia, lo que le permitió

situarse a la cabeza de esta importantísima cirugía.

Con gran visión empresarial se dio cuenta,

además, de que la moderna oftalmología, por su

enorme desarrollo, exigía la organización de equipos

humanos especializados e instalaciones muy

complejas y costosas. De modo que mientras yo

optaba por una práctica dentro de un hospital, él,

en 1997, creaba una clínica integral de Oftalmología

en unas instalaciones independientes. Acertó

plenamente. Fue uno de los primeros que supo

verlo en el momento oportuno.

Entretanto, la muerte de mi padre a finales

de 1992 significó un gran golpe para nosotros,

ya que era la figura paternal que nos abrigaba a

quienes girábamos profesional y moralmente en

torno suyo, y nos unía, presidiendo nuestra actividad.

Fue víctima de la misma enfermedad que se

llevaría a Laureano 25 años después. Mi padre se

fue un día 29 de diciembre; Laureano el 6. Cuando

Laureano fue diagnosticado a principios del año

pasado, y hablamos de ello, lo primero que me

dijo fue cuánto se acordaba de mi buen padre, su

amigo también, que nos había abandonado asimismo

por sorpresa.

Cuando mi padre falleció, Laureano quiso

quedarse con la vieja columna de exploración

Haag-Streit que aquel empleó durante más de 20

años. Fue un gran honor para mí que la conservara.

En 1994 trasladé la consulta al barrio de

Chamberí, muy cerca del modesto pero orgulloso

Hospital de Madrid, levantado sobre lo que

quedaba del antiguo sanatorio de San Pedro, en

el cual me integré después de haber fundado

uno de los primeros servicios privados de Oftalmología

de corte hospitalario.

En 1997 se abrían las puertas de la Clínica Re-

Laureano compañero 127


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

mentería en la calle Almagro de Madrid, con un

nuevo concepto, que resultó un éxito total. La idoneidad

de este tipo de clínica, cuyo modelo contribuyó

a crear nuestro amigo, es incuestionable

en la actualidad.

No pasó inadvertido para nadie en el mundo

oftalmológico, de modo que otros oftalmólogos

emprendieron el camino marcado por Rementería.

Así lo hicimos nosotros en 2008, gracias

al empuje de mis dos socios, el doctor Emilio

Córdoba, médico anestesiólogo y organizador

incomparable, y el doctor Hervé Álvarez Viersou

un joven y emprendedor oftalmólogo, excelente

cirujano de catarata, admirador del doctor

Rementería. Decidimos independizarnos físicamente—si

bien, no moralmente—del Hospital

Madrid, ampliamos las instalaciones de nuestra

consulta y congregamos a un magnífico equipo

de oftalmólogos de todas las subespecialidades

y de personal clínico y administrativo. En 2014,

abrimos, por fin, el bloque quirúrgico de nuestra

Clínica.

Querido Laureano, incomparable y admirado

amigo, como verás, vamos siguiendo el camino

que tú marcaste, aunque algunos pasos por detrás.

Otro aspecto muy destacado del doctor

Rementería era su vocación y talento para la

docencia. Invitado regularmente a reuniones

y congresos, con un estilo expositivo preciso y

ameno, se convirtió en maestro de una generación

de oftalmólogos, especialmente los residentes,

que lo echarán mucho de menos.

En el año 2011 el doctor Rementería creo la

Fundación que lleva su nombre. Por medio de

ella puso en marcha algunos proyectos con los

que había soñado siempre, dando rienda suelta

a su filantropía, dentro y fuera de España.

Gracias a la Fundación pudo viajar a diversos

lugares de África: el Sáhara, Tanzania y Senegal,

realizando sus operaciones de catarata y atendiendo

a numerosos enfermos. En colaboración

con Cáritas, la Obra Misionera de Jesús y María,

la Obra de Rosalía Rendu y los Hermanos de San

128 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Juan de Dios, ha realizado una admirable labor

socio-sanitaria dentro y fuera de nuestro país.

Entre sus honores estaba especialmente

orgulloso de pertenecer a la Maestranza de

Caballería de San Fernando, en calidad de

consejero, institución creada en 1999 para

agrupar a los descendientes de los caballeros

de la Real y Militar Orden de San Fernando.

En especial fue grande su satisfacción y

alegría al recibir el año pasado un merecido

premio, la Medalla de Oro de la Sociedad Española

de Cirugía Ocular Implanto Refractiva,

por sus continuas y relevantes aportaciones

científicas a dicha Asociación.

Para concluir, es imposible dejar de mencionar

dos aspectos de la personalidad de

nuestro ilustre, y benemérito, amigo y compañero:

su profunda religiosidad católica y

su patriotismo, que han presidido toda su

actividad médica y su vida personal. El quirófano

donde él operaba estaba presidido por

un crucifijo, que como decía «no molesta a

nadie, es parte de la cultura de los españoles,

y, para la mayoría, de nuestra religión».

Era muy querido por el personal del clero y

por los creyentes laicos que sabían de su fe

católica.

El día de su fallecimiento, su ataúd aparecía

envuelto en la bandera de España, y en la misa

celebrada en su honor en la capilla del Tanatorio

de la M-30, llena a rebosar, sonó el himno

nacional. Se iba de este mundo un español que

amó mucho—y le hubiera gustado seguir haciéndolo

otro poco de tiempo y aún más intensamente,

como confesaba durante sus últimos

días—, por encima de todo, a España. Dios lo

tenga, a ser posible, en su cielo español.

Hoy, el legado material y espiritual de Laureano,

su obra toda, queda seguro en manos

de su mujer, sus hijos, sus hermanos, y la Fundación

Rementería. La dirección de la Clínica

por su sucesor, e hijo primogénito, el doctor

Laureano Álvarez-Rementería Capelo, garantiza

la continuidad de todo el proyecto.

Laureano compañero 129


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

In memoriam

Dr. Leoz

Le conocí en 1982. Desde entonces y hasta su

fallecimiento, mantuvimos una excelente amistad.

Siempre admiré su cordialidad, su simpatía

gran sentido del humor, pero fundamentalmente

su gran humildad y generosidad. También su

actitud vital, su tenacidad y fuerza de voluntad.

Era inasequible al desaliento.

Profesionalmente, con su talento, esfuerzo y

tesón, llegó a ser una de las primeras figuras de

la cirugía oftálmica. Sin ser en el sentido académico

profesor fue, sin embargo, un gran docente.

Siempre que conversabas con él aprendías.

Nunca se guardaba nada, te lo decía todo. Rápidamente.

Si había ideado alguna maniobra quirúrgica

o la modificación de algún procedimiento,

te las comunicaba desinteresadamente. Te

ayudaba siempre que se lo pedias. Además de

atender su consulta, trabajó mucho, sin afán

crematístico alguno, para ayudar a más desfavorecidos

y necesitados. Le recordaré siempre

como un ser humano excepcional y magnífico

profesional y compañero.

Descansa en Paz

130 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Congresos

inolvidables

Dr. Argüeso

No recuerdo con exactitud cuando vi por primera

vez a Laureano, aunque debió ser sobre 1996.

Por esas fechas él ya era un consumado cirujano

de cataratas, de los pioneros de la “faco” y

yo llevaba solo 2 años en ello. Lo que sí recuerdo

es que lo conocí (y desde entonces comenzamos

a coincidir en cursos y reuniones) en el

congreso de la SECOIR de Chiclana, en 1998. Yo

presentaba varios vídeos de cirugía de catarata

al día siguiente y me acosté temprano. Marta,

mi mujer e instrumentista del quirófano, se

quedó tomando una copa con los delegados de

Alcon que nos habían invitado al hotel. A la mañana

siguiente, desayunando, veo que se viene

acercando Laureano directo a nuestra mesa, le

da un beso a Marta y ella me dice: te presento

a Laureano Álvarez-Rementería, al que tantas

ganas tenías de conocer; yo lo conocí anoche

tomando un gin-tonic con Ramón Lorente.

Hay personas con las que conectas mejor

que con otras y es más fácil congeniar con ellas.

Laureano era así.

Laureano compañero 131


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Lureano con el Dr. Argüeso

y el Dr. Giménez de La

Linde.

Desde el principio se estableció esa conexión

que poco a poco se transformó en amistad.

Una amistad que seguro que no ha sido ni

más ni menos que la que habrá surgido entre él

y casi todas las personas que lo trataron. Y ahí

estáis todos sus amigos para confirmar lo que

digo.

A partir de ahí intentábamos coincidir varios

amigos (con nuestras mujeres cuando era posible)

para vernos y hablar dentro y fuera del

congreso. Y pasarlo bien

Y así ocurrió en una reunión internacional

celebrada en Marrakech en 2006. Bueno, pues

después de muchas horas de oír hablar de una

nueva lente y de un nuevo “faco”, hicimos una

visita a la “cashba” los dos matrimonios, Mariluz

y él y Marta y yo, donde sabéis que se te

acercan los lugareños para venderte las cosas

más variopintas por unos cuantos “dirhams”. Si

lo recordáis, Laureano era de pelo negro y tez

morena en invierno (en verano ni te cuento).

Imagínate la situación en repetidas ocasiones…

a Mariluz a Marta y a mí se dirigían en inglés.

Y a Laureano, directamente en marroquí. ¡Pero

hasta los niños y la policía local! Nos moríamos

de risa.

Quiero recordar algo que sucedió hace 15

años y que manifiesta, a mi modo de ver, la forma

de ser de Laureano ante la adversidad. Lo

mismo que manejaba una situación complicada

o un reto quirúrgico era capaz de manejar situaciones

tan particulares como la que voy a contar.

Con serenidad, con simpatía, con habilidad,

con “chispa” y con “arte”.

132 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Era junio del año 2002 y estábamos en el

Congreso anual de la Sociedad Andaluza de

Oftalmología que celebrábamos en Marbella,

cuando un ruido enorme que rompió cristales

del Palacio de Congresos interrumpió la charla

sobre cirugía de catarata que, hasta ese momento,

nos daba Laureano. Hubo unos minutos

de confusión tras los cuales supimos que ETA

había hecho estallar un coche-bomba a unos 50

metros, escasos, de nosotros. Gracias a Dios sin

consecuencias personales. Pero antes de saberlo

y antes de los cuchicheos en la sala, se hizo

un silencio corto pero intenso que manifestaba

incertidumbre o miedo en los asistentes.

De pronto, la voz ronca de Laureano se volvió

a oír y, micrófono en mano, dijo: “señores,

que forma tan bestial de interrumpir mi comunicación;

sabía que era mala, pero no tanto

como para bomba”.

En ese momento la carcajada fue general y

lejos de escenas de pánico (lógicas y esperadas)

los asistentes no solo nos relajamos un poco, sino

que alguien se permitió bromear con su apellido y

le dijo que eso pasaba por llamarse Laureano “de

Rentería”

Aunque la policía nos prohibió abandonar el

Palacio de Congresos por nuestra seguridad y en

él permanecimos por lo menos media hora, cuatro

de nosotros conseguimos escaparnos por una

puerta lateral. Laureano fue el cerebro de la fuga.

Podría pasarme horas y horas escribiendo recuerdos.

0Pero resulta que escribir no es lo mío.

Y, además, tampoco se trata de contar la historia

entera.

Fue un hombre grande, por fuera y por dentro.

Buen médico, honrado, buena persona, de

las que te hacen fácil quererlas, al que tengo presente

tanto como en vida y al que nunca olvidaré.

Guárdanos un sitio en la última fila y perdónanos

el retraso porque, aunque en tu compañía se esté

en la gloria, no nos importa llegar un poco más

tarde.

Laureano compañero 133


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Entrañable

amigo

Dr. Nova

Con Laureano tuve el placer de compartir numerosos

encuentros profesionales con los que

se ganó mi respeto, primero, y que acabaron

forjando una excelente amistad.

Igualmente, compartí con él unas maravillosas

vacaciones, fruto de uno de esos planes

que, como no se planifican, por supuesto salen

genial. Nos encontramos en el aeropuerto, la

casualidad de coincidir en la zona de embarque

y al preguntarnos sobre el destino, cuál fue

nuestra sorpresa que nos íbamos al mismo país

y en el mismo avión. Cuando hablamos sobre

la ciudad, a su vez también íbamos a la misma.

Ya riéndonos sobre la gran coincidencia hablamos

de que sería casi imposible coincidir en el

mismo hotel, que eso ya sería una casualidad

tremenda. Pues, efectivamente, teníamos el

mismo hotel. Pasamos una semana excelente

de vacaciones, en la cual pude apreciar que,

aparte de lo excelente amigo y oftalmólogo que

era, lo gran padre y esposo que fue siempre. Era

una de esas personas con las que pasar el tiempo

siempre era un privilegio. Un día nos fuimos

134 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

a jugar al golf, deporte en el cual se estaba iniciando,

y recuerdo que nos reímos mucho.

Me han concedido la oportunidad de decir

unas palabras para honrar a un buen amigo,

siempre estas cosas suelen ser amargas. Despedirte

de un ser querido nunca es fácil, ni bonito,

siempre el dolor es intenso, y para todos

aquellos que apreciamos la vida, el que le sea

cortada a un allegado siempre es doloroso, por

todo aquello de lo que somos privados con la

muerte. Lo que ocurra a partir de mañana ya

no lo veremos, ni compartiremos con aquellos

a quienes queremos a nuestro lado.

Pero estamos obligados a ver las cosas de

otra manera, la profesión de un oftalmólogo

consiste en concederle a las personas segundas

oportunidades. Segundas oportunidades para

tener una visión con la que tener una vida lo

más plena posible, sea el caso fácil, difícil, grave

o insignificante, muy pocos pacientes me preguntan

“¿doctor durante cuantos años más voy

a poder ver?”. Los pacientes, lo que nos preguntan

es, si van a recuperar el 100% de su visión.

A los pacientes no les preocupa el tiempo, les

preocupa si van a poder tener una percepción

del 100% sobre lo que van a ver.

Este hecho, a fuerza de repetirse todos los

días varias veces, es un hecho que cambia la

forma de vivir de un oftalmólogo, de manera

que el concepto tiempo, va perdiendo valor en

tu vida, frente al concepto intensidad. Te vas

dando cuenta que la intensidad es la clave de

una vida plena, y que el tiempo es una condición

sobre la que no podemos incidir de forma

tan directa.

La intensidad con la que nuestros pacientes

quieren ver hace que nos esforcemos al máximo

para que puedan ver el máximo posible,

nuestros pacientes nos contagian esa intensidad

y hace que los oftalmólogos, por deformación

profesional, trabajemos con intensidad, 12

horas al día todos los días laborables, y por extensión,

vivimos nuestra vida con la intensidad

con la que trabajamos.

Asumimos sin darnos cuenta de que la intensidad

es la clave que nos proporciona una

Laureano compañero 135


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano con Ángel

Nova y el Dr. Orbegozo.

vida plena a nosotros, y a la gente que nos rodea.

Los oftalmólogos tenemos la suerte de vernos

varias veces al año, todos los años durante

los que ejercemos nuestra profesión, esta relación

va forjando amistades, y aunque venimos

de partes diferentes de España y el mundo en

ocasiones, te vas dando cuenta que, por la forma

en la que entendemos nuestra profesión y

la vida, tenemos muchas cosas en común. De

tal manera que, pasados los años, a los Congresos

no sólo vas a aprender, sino que vas a juntarte

con los amigos, amigos que se encuentran

en su día a día los mismos problemas, amigos

que buscan las mismas soluciones y sobre todo

amigos que viven su profesión y su vida con la

intensidad con la que la vives tú,

He tenido la suerte de rodearme en mi

vida de grandes amigos y de compartir toda

mi vida profesional con grandes profesionales,

Laureano ha sido ambas cosas, un excelente

profesional y entrañable amigo. Con el

que compartido casos complicados y excelentes

copas de vino.

Una persona que transmitía la intensidad

con la que es necesaria vivir el día a día y que

siempre guardaremos en nuestro corazón.

Buen oftalmólogo, mejor profesional y excelente

persona. Un fuerte abrazo.

136 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Humor

elegante

Dr. Giménez de la Linde

Querido Laureano :

Que fácil es hablar de un buen amigo! Es

pensar en ti y revivir multitud de momentos.

Dicen que eso es la verdadera amistad. Yo

creo que eso es verdadero cariño.

Ha sido un honor para mi ser tu amigo y

cuando Marilúz me llamó para invitarme a

participar en este “homenaje” que te estaba

organizando, me sentí muy halagado, aunque

yo no soy mucho de expresar mis sentimientos

y menos por escrito es por eso, por lo que

unas veces hablo en presente y otras en pasado

pero es que me cuesta verdadero trabajo

no pensar en ti en presente ya que formas

parte de nuestra vida diaria.

A propósito de escribir y de sentimientos

me acorde lo que te ocurrió a ti cuando la

junta directiva de la SAO te invitó a participar

como “oftalmólogo de pro” fuera de nuestra

comunidad. Lo que Ignacio Vinuesa Silva, con

su gracia e ingenio vino a llamar “ fuga de cerebros”

y que tú , con tu gran ingenio también

Laureano compañero 137


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

decías que sería mejor llamarlo “descerebrados

andaluces por el mundo”. Que por cierto

aparece en otro capítulo de este libro. Creo

que fue unas de las intervenciones mas simpáticas,

ingeniosas, y emotivas que hemos vivido

y con ese sentido del humor tan fino que

te caracterizaba.

Si lo leéis no olvidaros de recordar ese

tono y esa voz grave tan característica que le

daba un acento especial a todo lo que decía o

comentaba (para mí eran como sentencias…).

Quiero recordar algunos momentos o

anécdotas tuyas o compartidas.

Una, que yo cuento alguna vez, fue cuando

hablabas en público de una nueva LIO y

explicabas como había que prepararla para su

implantación. Intento poner tu voz y decías

(más o menos):

“ Si es la enfermera la que prepara la LIO,

es muy importante calentarla previamente

(me refiero a la LIO y no a la enfermera…) antes

de introducirla en el cartucho.

Comprobar que tiene las patitas bien

abiertas (me sigo refiriendo a la LIO…) “

Estos comentarios en mitad de su presentación

con esa voz tan grave hizo saltar las

carcajadas de toda la sala.

Cuando Fernando Soler nos invitó a comunicar

en Faco-Elche nuestra experiencia

al haber operado a nuestras mujeres de lensectomia

refractiva (que valientes fuimos o

insensatos o descerebrados como dirías tú…)

te llamé por teléfono para comentar algunos

detalles y en la conversación me sueltas, de

pronto, que habías operado a tus dos reinas

… me quedé algo perplejo pues no sabía a

que te referías .

Pero más aún cuando te pregunte que

querías decir con eso de tus dos reinas y me

dices que una era la Reina de tu casa y otra

la Reina de España. Toma…chúpate esa… dos

Reina y casi de una tacada!!!

La verdad que lo presentaste con una gracia

y un humor tan elegante y distinguido

138 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

como acostumbrabas y como requerían tan

reales pacientes.

Recuerdo muchas cenas de congresos

donde nos buscábamos para compartir esos

momentos distendidos y contarnos anécdotas

divertidas y algún que otro chistecillo. Que

por cierto siempre recuerdo el que contabas

de los dos borrachos en el callejón… Nota del

autor ( el que no lo sepa se lo podemos contar

en privado).

Quizás seas la persona más pragmática y

sencilla que he conocido. Casi siempre aportabas

algo nuevo en la cirugía de cataratas.

Bien a nivel quirúrgico como a nivel organizativo.

Todavía sigo usando el dedo para contrarrestar

la presión en las incisiones. Así no lesiono

la conjuntiva, ni provoco hemorragias

y se controlan las fuerzas perfectamente. Alguien,

que no era el mejor cirujano, me lo vio

hacer y me comentó que era una maniobra

algo burda. E inmediatamente le respondí

que lo había aprendido de uno de los mejores

cirujanos de cataratas de España, de Laureano

Álvarez de Rementería . Y ya no hubo

contrarréplica.

Me llamaba mucho la atención la relación

que tenias con todo el mundo. Siempre deferente

con cualquiera que te preguntase lo

que fuera. Siempre correcto en tus preguntas

y respuesta. No conozco a nadie que no hable

bien de ti.

Hace unos días comentaba con uno de mis

optometristas (Rafael Barañano) sobre tu forma

de ser y me decía que “no conocía a nadie,

(de ese nivel), tan afable, natural cercano

y sencillo como tu”. Menos mal que Rafael es

de Madrid y dijo sencillo, porque una vez en

mi consulta una señora me dijo que le gustaba

mi trato porque yo era una persona simple.

La hija le corregía abochornada por haberme

llamado simple y ella insistía “ si niña, simple

como nosotras!! ”

Mención especial tu trato con las mujeres.

Laureano compañero 139


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Que discreto, elegante , pendiente de darle

su lugar con ese estilo tan tuyo que todas se

sentían atraídas. Eras un donjuán . Todas decían

que eras encantador, un hombre, educadísimo,

atractivo ( decían un atractivo especial).

Y tu sin saberlo… o lo sabias?… menos

mal que no eras tan guapo…que sino hubieras

sido un peligro.

Con esa voz te hubiera pasado como al

butanero que llamó a una casa de vecinos y

preguntó la mujer que quien era y dijo “ el

butanero” a lo que ella contestó : “anda sube

que tienes una labia…”

A mi mujer , “Carmen Plus”, como tu le llamabas,

le encantabas , porque siempre tenias

la palabra o el piropo adecuado.. Ella te llamaba

“mi tesoro”…

He de aclarar, Mariluz, que lo de “Carmen

Plus” era por las lentes que tiene implantadas y lo

de “mi tesoro” era por que él era el tesorero de la

SECOIR. Yo también lo aclaré en su momento!!!.

En varios de los congresos de la SAO, ya

hace de esto algunos años, cuando se celebraba

en Marbella y la Faco estaba en sus

albores , tuve el honor de contar con tu participación,

al igual que otros distinguidos colegas

y amigos, en medio de tu presentación

se oyó un ruido tremendo, ¿una explosión?...

nos quedamos callados sin saber que podría

haber sido. Y tu desde el atril de ponentes exclamaste

con tu vocecita : “Es una BOMBA.

Pero no crean que yo tengo algo que ver con

eso, aunque me llame Remetería”. (Era efectivamente

una bomba colocada por los asesinos

de eta en un lugar próximo). Y ya ves en

un momento tan delicado te das cuenta de lo

que ocurre y te sale ese humor tan original y

rápido como el tuyo.

Una reacción parecida, pero en otro ambiente,

tuviste cuando, en un congreso de

CIMO celebrando la cena de gala del congreso

en un cortijo impresionante y de pron-

140 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano con su hijo mayor y

Miguel Giménez de la Linde.

Laureano compañero 141


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

to comentas: “Cada vez más cerca…HACIEN-

DA!!!”. Yo no sabia a que te referías. Te mire

con cara de interrogación y encogiéndome

de hombros y sin hablar me hiciste un gesto

para que mirara hacia arriba. Miro y en la parte

de arriba de la puerta principal, done estábamos,

ponía “HACIENDA….”( no recuerdo el

nombre de la hacienda ) .

No se si en esos momentos tenias alguna

investigación. Pero veías a Hacienda por todos

lados.

Recuerdo con especial cariño el día de la

boda de tu hijo Laureano. Que bien lo pasamos!!!.

En la iglesia sonó el Himno Nacional

y se me pusieron los vellos de punta. Yo soy

como tu muy orgulloso de ser ESPAÑOL.

También cuando lo interpretó en la iglesia

una Srª con un violín el día que nos dejaste y

estuve a punto de gritar ¡Viva España! ¡ Viva

Laureano!. No lo hice por chiripa… pero yo se

que te hubiera gustado.

Al salir de la iglesia se lo comente a Paco

Poyales y me dijo que a él también le había

ocurrido igual. ¡Que pena que no seamos espontáneos

algunas veces!.

Estés donde estés seguro que no pasarás

desapercibido y si estás donde creo que estás

me imagino que un tal Pedro, al verte llegar y

al oír tu voz grave y profunda se habrá levantado

y con una bienvenida especial te llevará

a un lugar privilegiado.

Te llevaremos siempre en nuestro corazón

y en nuestro mejor recuerdo.

Enhorabuena por la familia que has tenido

y enhorabuena a la familia por el marido y padre

que habéis tenido. Un abrazo muy fuerte

a todos de parte de Carmen Plus y mío.

Gracias por haberme dejado ser tu amigo.

142 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

El gran

“librillo del

maestrillo”

Dr. Palomino

Muchos nos esforzamos por ser medianamente

salientes en diferentes áreas de nuestra vida,

pero Laureano consiguió destacar en muchas

de ellas con nombre propio: Marido, padre,

amigo y por supuesto Oftalmólogo. Así era él,

Laureano, al que tuve la gran suerte de conocer

en el Hospital Clínico de Madrid en la Cátedra

de Oftalmología que dirigía D. Julián García Sánchez.

Una mañana en la que yo subía de galeras

donde se estaba el primer año y nos disponíamos

a marchar hacia el Hospital de La Paloma

para operar junto con el Dr. D. Luis Bertolucci, el

Dr. Valverde y el Dr. Moreno cuando me presentaron

a un tal Laureano, un residente más mayor

que sin yo saberlo, se convertía en ese mismo

instante en un amigo que perduraría para

toda la vida y sobre todo en mi corazón. Fue en

este hospital en el que tantísimas veces coincidimos

en nuestro proceso por aprender de los

más grandes, en mi caso empezando como ayudante

del gran Dr. Bartolozzi hasta aquel horrible

accidente de aviación que nos lo arrebató,

siguiendo como mano derecha de D. Julián y

Laureano compañero 143


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano con los doctores

Cintrano, García

Ortueta y Palomino.

sus pacientes libios y posteriormente en la asociación

con Miguel Fernández.

En esa época nuestra amistad fue creciendo,

añadiendo a la mezcla ingredientes tan indispensables

como Manuel Cintrano y José Ángel

Cristóbal con los que compartimos inolvidables

experiencias en los Congresos dentro y fuera de

España. Recuerdo uno en concreto, en Milán

que fue especialmente divertido. Después de

comer como pequeños principitos (con ansias

de aspirar a ser reyes algún día) nos dedicábamos

a ir en busca de las tiendas más a la última

en moda de zapatos. Laureano, hombre valiente

y revolucionario, no solo en su día a día sino

en lo que a vestimenta se refiere, creyó conveniente

llevar zapatos marrones con trajes grises

o azules, todo un acontecimiento en aquel

momento y que solo una personalidad como

lo suya sería capaz de convertir en tendencia.

Podría sin duda considerarle mi mentor en estos

osados atrevimientos, pero también tuvo a

bien a enseñarme una de las lecciones más importantes

de mi vida: cómo conseguir la mejor

habitación de hotel.

En uno de los múltiples congresos me despedí

de él en el lobby, le seguí con la mirada mientras

cogía su maleta y se ponía en dirección a su

habitación asignada, cuál fue mi sorpresa cuando

a los pocos minutos le descubrí de nuevo en

la recepción algo airoso, empezó a argumentar

con la recepcionista del hotel con la vehemencia

que tanto le caracterizaba. Yo miraba la escena

cambiando mi foco de atención de Laureano a

la recepcionista, de la recepcionista a Laureano;

esta asentía ante el discurso del doctor, que

finalmente consiguió la mejor habitación del

144 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

hotel con las vistas más espectaculares, en ese

momento echó la vista atrás para encontrarse

con mi mirada atónita a lo que contestó con un

simple guiño y una gran sonrisa. El “maestrillo”

decidió cederme su “librillo” y gracias a él y a su

oratoria compartida muchas habitaciones de hotel

cayeron rendidas a mis pies.

Muchas son las cosas que he compartido

con Laureano, salvo su pasión por el mar, por

surcar las olas y saborear esa libertad de tonos

salitres que sin duda sí compartió con nuestro

amigo Cintrano.

Dentro del capítulo de la Oftalmología podría

escribir cientos de libros hablando sobre

todo lo que ha supuesto Laureano, un auténtico

Da Vinci osado e innovador a partes iguales,

que se aventuró a construir la primera consulta

con quirófano hace ya más de 20 años, a realizar

cirugías con anestesia atópica o sin viscoelásticos.

Pero triunfó en todo lo que hizo.

Sí, porque Laureano fue un triunfador, pero

por encima de todos sus éxitos como profesional

o como persona siempre tuvo en mente un

gran triunfo, el que perdurará incluso después

de haberse marchado, el de ser un gran padre.

Y en esto, pocas palabras son necesarias puesto

que es su legado el que habla por sí solo, gracias

por tanto Laureano, nunca te olvidaremos.

Sus hijos, sin duda dignos de un gran padre.

Su mujer, compañera de vida y como no amiga

Mariluz, sin la que Laureano no habría sido

Laureano. Todos sus amigos pudimos disfrutar

de uno de los momentos más enriquecedores

para un padre como el de ver a su hijo decir el

sí quiero, y reciente y dolorosamente una silla

quedo vacía cuando me tocó a mí entregar a mi

hija. Porque eso es lo que Laureano ha dejado

tras de sí, un gran e insustituible vacío.

Llegó por fin a ser abuelo, pero sería injusto si

no dijera que lo hizo por muy poco tiempo. Tampoco

pudo disfrutar de ver a su hijo Laureano

seguir sus pasos como Oftalmólogo todo lo que

él habría deseado. Ahora me viene a la mente,

cuando hablando sobre un congreso de Bombay

Laureano compañero 145


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

al que yo había acudido recientemente me cogió

cariñosamente por el brazo y me dijo “cuando

esté mejor, iremos los tres allí a operar”. Pero

desgraciadamente esto tampoco fue posible.

Cuantas veces consultábamos casos, cuantas

veces nos aplaudíamos… No puedo evitar

sonreír al recordar su característico andalucismo

cuando me decía: “Niño lo que tienes que

hacer es…” o “¿Cómo estás niño?”. Siempre fue

amable y reconfortante tenerle cerca.

Otra de las cosas por las que le profesaba una

gran admiración, era su entrega religiosa y su

vocación de servicio sin parangón, que posiblemente

fueron para él un mástil en el que sostenerse

en los momentos más duros. Muchas son

las conversaciones a este respecto que compartimos,

pero que quedarán solo para nosotros.

Su vocación de servicio le llevó a vivir grandes

aventuras, como aquella vez que decidió

ir a un inhóspito lugar de Sudamérica, para lo

que tuvo que atravesar un lago durante 4 horas

lleno de pirañas. Él me contaba su viaje apasionado

y yo no pude evitar decirle “Niño, si te

hubieran comido las pirañas, menudo festín”

a lo que él contestó con una sonora carcajada.

En esa época me brindó la gran oportunidad

de ocupar su lugar los sábados en un lugar

de monjitas maravillosas al que él llevaba

acudiendo mucho tiempo, pues su fundación

le tenía totalmente atado. Intenté suplirle durante

un año, y digo intentar porque tú Laureano

querido amigo, no tienes ni tendrás jamás

sustituto.

No he pretendido con mis palabras contar

una historia o hacer un panegírico de mi gran

amigo, solamente he abierto mi corazón en

la medida que mis torpes palabras me lo han

permitido para compartir con todos vosotros

la grandeza de un gran Laureano, vista desde

mis ojos y mis vivencias personales junto a él.

Ha sido un hombre maravilloso, en absolutamente

todos los sentidos. Tu enseñanza,

amor y cariño queda y quedará con nosotros

para la eternidad.

146 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Mochilero

en EE.UU

Dr. Lorente

Nos conocimos hará más o menos 24 años, cuando

comenzaba la facoemulsificación como técnica

revolucionaria para realizar la cirugía de cataratas,

gracias a nuestro común amigo Amalio Bances.

Alcon, por medio de Amalio, organizaba cursos

por toda España para difundir la técnica, y en

muchas ocasiones me encargaban que dirigiera Yo

los cursos. Durante más o menos 6 meses Amalio,

siempre que organizaba un curso me pedía que

invitara a un “tal “Laureano Álvarez – Rementería

de Madrid, me decía que era muy bueno y Yo le

decía que no, que no había oído nunca hablar de

él. Tanto insistió que en una ocasión le contesté

que sí, pero que si no tenía videos de sus cirugías

era imposible invitarle. (Yo estaba convencido que

no tendría, pero, Amalio sonrió y me contestó;

graba todas las cirugías. Con lo cual no tuve más

remedio que invitarle, muy a mi pesar. Desde entonces

siempre que he organizado cualquier tipo

de reunión él era uno de los principales ponentes.

(Foto La Toja 1998) Como en esta foto del Congreso

de La Toja de 1998. Eso sí…él hablaba a partir

de las 10.30h, de madrugar nada….

Una de las anécdotas más graciosas que recuerdo

ocurrió durante un congreso de la Sociedad

Andaluza, que se celebró en Marbella hace

15 años aproximadamente. Estaba Laureano pre-

Laureano compañero 147


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Ramón Lorente con Marta Argüeso

y Mariluz.

sentando su charla cuando sonó un estruendo

tremendo en el auditorio, mientras los demás nos

llevamos un buen susto…, él con su flema característica

y sin inmutarse, dijo “hombre, la charla

no es muy buena pero tampoco es para que me

pongan una bomba”, porque efectivamente justo

al lado del auditorio ETA acababa de poner una

bomba.

Realmente no recuerdo haberle visto nunca

perder la compostura, ni discutir seriamente con

nadie, ni conmigo que soy del Barça, y eso él con

lo patriota que era no lo podía entender.

Otro ejemplo de que nunca perdía la compostura

ocurrió viniendo de un mitin en un pequeño

pueblo cerca de San Francisco y con un

aeropuerto también muy pequeño: Teníamos el

tiempo bastante justo para enlazar con el vuelo

que salía de San Francisco para Madrid, cuando

nos anuncian que debido a una tormenta se retrasaba

la salida del vuelo. Yo empecé a protestar

donde podía, es que me subía por las paredes

y él permanecía sentado sin inmutarse y leyendo

un libro (esa era otra) Así que le pregunto: pero…

¿no te has enterado ¿y dice sí, y le digo: y ¿no te

cabreas ¿podemos perder el enlace con Madrid.

Y sin levantar la vista del libro me contestó: No

sé para qué te enfadas si te va a dar lo mismo. Al

final pasó la tormenta pudimos coger el vuelo a

tiempo y llegamos a la hora prevista a Madrid.

Eso sí…él mucho más relajado que Yo.

Sin embargo, era un pésimo compañero de

viajes. Íbamos a un congreso a Los Ángeles y

sacamos los billetes para ponernos juntos en el

avión. Era un viaje largo y pensé que había tenido

suerte de ir con Laureano. Me sorprendió que

fuera con mochila, porque no le pegaba. Despegamos,

abre la mochila y empieza a sacar unos

auriculares, un i-Pod o algo parecido, un libro,

con un título muy raro, por cierto, y así se pasó

todo el viaje. No hubo manera de hablar con él

más de tres palabras.

Así era el Laureano q ue yo conocí, flemático,

tranquilo (las charlas se las tenías que poner a

partir de las 10.30 de la mañana), bueno, tenaz,

rápido e irónico al contestar…, pero un pésimo

compañero de viaje.

148 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Sencillez

y naturalidad

Dr. Cristóbal

Una de las cosas que resultan más difíciles es

valorar a un querido amigo. Pienso, ¿y si me

paso en elogios?, ¿y si por ese pensamiento, me

quedo corto? Así que voy a dejar que mi corazón

se exprese, que realmente fluya todo y me

permita saber expresar toda mi admiración por

una gran persona.

Conocí a Laure hace años, enfocados los dos

en el segmento anterior, coincidíamos en congresos

y teníamos amigos comunes. Comidas,

cenas y viajes nos daban para comentar las novedades

que habíamos aprendido y que íbamos

a poner en marcha. Me gustó, creo que nos caímos

bien, me pareció un tío sano, a pesar de ser

un forofo, muy forofo del Real Madrid.

De esa fase de colega, pasamos a tener más

cercanía y comenzamos a cazar juntos. Disfrutar

del tiempo libre y de nuestra afición me hicieron

su amigo. Pasábamos dos o tres fines de

semana en temporada dando rienda suelta al

divertimento cinegético, a veces acompañados

de otros amigos de profesión, y de miembros

de su familia. Siempre venía también su hermano

Eduardo, los hijos cazadores (y también del

Laureano compañero 149


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Madrid!), Mariluz y sus cuñadas. Me trataban

como uno más, eran ya mi familia.

Podría contar muchas anécdotas de esos

fines de semana, no me resisto a algunas. Recuerdo

aquella perdiz agazapada en un matorral

y sin parar de cantar, los dos hermanos rodean

la mata, la perdiz que no sale, hasta que

harta del achuche, sale entre los dos y después

de la descarga de los hermanos, ¡se fué a críar!.

Por cierto, no es frecuente que Eduardo falle,

pero la rivalidad fraternal precipitó el tiroteo. Y

el fallo no fue lo peor, Ramón estaba presenciando

el lance con lo que eso conlleva.

Otra jornada, un perdigacho no dejaba de

canturrear en otro matorral. Los veteranos fuimos

hacia él, no había forma de sacarlo, patadas

a la mata, piedras, nada. Mosque total. Así

que yo, más de campo que Laure, me dispuse

a aplastar el refugio, y aquel bicho seguía cantando

sin parar. Oímos gritos de un empleado

de la finca ¡estábamos a punto de cargarnos un

carisimo reclamo de perdiz!

Otro día en una finca con abundantes liebres,

estábamos haciendo un mini ojeo. Aparecieron

las primeras barras de pájaros y conseguimos

dos dobletes, es decir dos perdices cada

uno. La sorpresa fué que al cobrarlas, había tres

perdices y una liebre, ¿quien disparó a una liebre

voladora ? siempre nos quedaremos con la

duda.

Otra curiosidad interesante. ¿Sabiais que

fue el quien me convenció de viajar con maleta

pequeña sin facturar? Me llamaba la atención

que Alfonso nunca facturaba, incluso en

los viajes de una semana. Sabía cómo plegar la

ropa. Me pareció que como era menos grande

que yo podría hacerlo. Pero lo que me llamo la

atención es que Laureano, uno de mis medidas,

hiciese lo mismo. Habían aprendido como aprovechar

el espacio, y a llevar lo que se usa.

Dijo Moliere “Cuanto mas se quiere a una

persona, menos preciso es adularla” y voy a recordar

la sencillez y naturalidad con la que hacía

las cosa simples o las complicadas. Laureano

era noble y “Un hombre noble atrae a todos

los hombres nobles y sabe mantenerlos” decía

Goethe.

«La vida es un ligero sueño que se disipa”

según Napoleón. Yo no quiero que se disipe tu

recuerdo. Espero que donde sea y cuando sea

podamos volver a cazar juntos, aunque sea una

suelta en el Bernabeu. .

150 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Un vacío

irrellenable

Dr. Soler

Con el paso de la vida se nos mueren amigos y

conocidos que nos causan cierto pesar. De vez

en cuando quien se mure es un AMIGO y el pesar

se convierte en duelo, tristeza y dolor por la

ausencia infinita. Cuando Laureano se nos fue

se generó ese duelo, tristeza y dolor, los cuales

nos siguen acompañando. A diario.

Tuvimos una iniciativa que fue crear en

nuestro FacoElche tan querido por Laureano,

un Libro de Condolencias Virtual donde personas

de nuestro entorno y otras ajenas al mismo

pudieran expresar su pesar y acompañar con su

consuelo a la familia doliente. Fue un éxito, recibiendo

cientos de mensajes de amigos, compañeros

e incluso de pacientes.

A modo de colofón y de cara al FacoElche

que llegaba, el que suscribe cerró el Libro con el

mensaje que sigue a continuación.

Querido Laureano:

Te escribo a dos días de empezar FacoElche

2017, tu cita querida con nosotros de todos los

años. En sus hasta ahora dieciocho ediciones

solo tres causas de fuerza mayor te impidieron

estar con nosotros: un asunto familiar grave en

Laureano compañero 151


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Imágenes de Laureano

en el Congreso Facoelche

2015.

Sevilla, tener que operar en esos días a una paciente

“Real” y cuando te pusiste malito. Ahora

quédate tranquilo pues vas a estar con nosotros

a lo largo de toda la vida, larga espero,

de FacoElche. Lo malo es que estarás en forma

virtual a través del Espacio de Innovación Laureano

Álvarez-Rementería y no de manera presencial,

pero la realidad es que todos vamos a

sentir tu presencia entre nosotros.

Te recordaremos con las nuevas ideas que

traías a FacoElche, rompedoras e innovadoras,

creando escuela. Con tu pijama blanco en

el quirófano, con tus cirugías casi imposibles,

como aquella de 2004 que te encumbró definitivamente.

Con tu voz grave dando opiniones

que marcaban caminos a seguir. Fuiste el cazador

dentro de la sesión del cazador cazado con

colegas operados por ti en la mesa y glosando

sus resultados. Son tantas las vivencias en FacoElche…

La gente te quería y todos te hemos llorado.

La prueba la tienes en este Libro de Condolencias

que la gran familia de FacoElche ha

preparado para que lo tengáis en casa y reconforte

a todos los tuyos. Por cierto, estate

tranquilo con ellos pues les vamos a cuidar. A

152 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Mariluz, a Laure a Gonzalo, a Manuel, a todos.

La gente fantástica de la Clínica que con tanto

esfuerzo encumbraste en lo más alto de la Oftalmología

española, todo FacoElche, las monjitas

y su desamparada gente, los negritos y los

del Sáhara, y tus amigos, la legión de amigos

que has dejado acá, todos vamos a ayudar a

los tuyos para que se encuentren arropados en

el inmenso manto de bondad y bonhomía que

dejaste entre nosotros.

De Laure estate tranquilo pues en lo que

podamos y se deje le iremos guiando para que

sea el hijo oftalmólogo que siempre soñaste.

Madera tiene pues de casta le viene al galgo.

Será un triunfador en todos los planos de la

vida pues tuvo el mejor maestro que se pueda

tener.

Laureano te fuiste y nos dejaste un gran

hueco, pero no puedes hacerte idea de la fuerza

que tiene tu espíritu entre todos nosotros

rellenando ese hueco y colmando nuestras esperanzas.

Pervives y pervivirás otras muchas

vidas entre todos los que te queríamos.

Chony te envía un gran beso y yo un abrazo

inmenso. Recíbelos allá donde tú estés y no te

olvides que se te quiere y añora. Mucho.

Laureano compañero 153


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Un gran

legado

Dr. Almagro

Querido Laureano:

Fue cuando me llamó Mari Luz para decirme

si podía escribir algo sobre ti, cuando me

sobrevino la certeza de que te habías ido. Aunque

unas semanas antes había estado en el tanatorio

para abrazar a tu familia, esa llamada

me volvió a llenar de tristeza, pero también

me hizo sentirme honrado de tu amistad, y sí,

claro que quiero escribirte algo y sobre todo

decirte que tu recuerdo permanece querido

amigo.

Te has ido pronto, discreto, sin hacer ruido,

en tu línea. Se agolpan en mi memoria momentos

vividos en el colegio, la universidad; en tu

atención profesional a toda mi. familia. Todo

se mezcla en un sentimiento de amistad y gratitud.

Últimamente nos veíamos poco: alguna

comida con amigos comunes, algún contacto

de ámbito médico…pero era lo mismo. Cuando

nos veíamos teníamos la complicidad de casi

sesenta años en el mismo barco. He buscado

una foto que tenía mi madre de nuestra prime-

154 Laureano compañero


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Típica postura de Laureano

ra comunión en el colegio; no he podido encontrarla,

pero nos veo a nosotros, dos niños

vestidos de marinero, con nuestras facciones,

en un tiempo pretérito…y luego la vida por delante,

hasta ahora. De todas formas, el recordarte

me hace sentir bien, sigues estando ahí.

Por mi trabajo paso a menudo por la puerta

de tu consulta. Me gusta imaginar que oigo tu

voz potente y grave y tranquilizadora; intento

pensar en cuánta gente ve la vida gracias a ti.

Qué legado dejas amigo. Y de eso se trata; de

lo que la gente te quiso, te quiere, de la huella

que has dejado en todos los que te conocimos.

Laureano compañero 155



Laureano

amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Profunda

admiración

Miguel Alamillo

Mi testimonio sobre el Doctor Rementería tiene

una doble vertiente. Una, como amigo y otra,

como colaborador en su proyecto de realizar

una clínica integral y con una dimensión adecuada

para que pudieran continuarla sus hijos

en los años venideros.

Como amigo es innegable que me ha dejado

una huella que durará todo lo que me resta de

vida. Era muy grande en todos los sentidos, no

sólo en el aspecto físico sino más todavía en su

forma de ser, de entender a todos y en las circunstancias

que fuesen. Su generosidad, cariño

y amistad me la demostró a lo largo de los más

de 25 años que nos conocimos y en los que tuvimos

momentos inolvidables.

Los recuerdos se me agolpan uno tras otro,

y a cuál mejor, no creo que vuelva a vivir instantes

tan bonitos, entre otros muchos, como los

compartidos con él en el mar. Cada vez que loveo

en el horizonte automáticamente me viene

su voz grave, su risa, su amena conversación, su

sentido del humor contando chistes, su imagen

leyendo libros uno tras otro, y en definitiva sus

158 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Imagen que decora

a día de hoy el

despacho de Miguel

Alamillo dentro de la

Clínica Rementería.

ganas de vivir y de hacer disfrutar a las personas

que estábamos junto a él.

He tenido el privilegio de estar estos últimos

años a su lado y para mí es el mayor legado que

me ha podido dejar. Su experiencia vital ha sido

tan rica que me acompañará siempre.

Ya en los últimos meses me dijo que él había

disfrutado de la vida y que había sido muy feliz,

que no podría haber pedido más al tener una

gran familia, muy buenos amigos y tener una

profesión de la que estaba también muy orgulloso.

Si como persona era entrañable y encantador,

como oftalmólogo lo tenía todo, sin necesidad

de tener que demostrar nada, era un

“grande entre los grandes”. Al carisma personal

con las personas y con sus pacientes, le acompañaba

su saber, su experiencia, su inquietud

por la innovación y por la tecnología. Era, sin

duda, uno de los mejores oftalmólogos.

Recuerdo que en alguno de los congresos

que he asistido con él, al llevar a cabo la cirugía

en directo, la realizaba tan bien que cuando se

presentaba alguna complicación los asistentes

Laureano amigo 159


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

creíamos que él mismo las provocaba para que

viéramos cómo se debían afrontar las mismas. Y

nada más lejos de la realidad. A él también le surgían

situaciones complicadas, como a cualquier

otro, pero tenía una gran tranquilidad y gran cabeza

para resolverlas sin mayores problemas.

Otro de los aspectos que yo destacaría es

que dejaba hacer a todo su equipo. Si necesitabas

de él, allí estaba siempre. Pero si no, dejaba

que crecieras. Era un verdadero y carismático

líder.

Para el personal de su Clínica, era un referente

en todos los sentidos. Con su mirada o

con un gesto suyo todos le entendíamos. Le respetábamos

y le queríamos.

Su inquietud permanente era mejorar profesionalmente.

Para él la innovación era su motor,

tanto en nuevas técnicas y tratamientos como

en la búsqueda de equipamiento avanzado, etc,

para ofrecer estas mejoras a sus pacientes, que

eran para él su otra gran familia.

Además, no sólo se conformó con desarrollar

su profesión lo mejor posible, sino que fue

pionero en entender cómo ofrecer una oftalmología

de calidad. Ejemplo de ello es que en

Madrid fue el primero en instalar una clínica

con quirófano incorporado.

Si la innovación fue su motor, el trato al paciente

fue su objetivo permanente. La frase de

“curamos ojos, tratamos personas”, es buen reflejo

de ello y forma parte del ADN de su Clínica

a presente y futuro.

Otra de las frases que ha impulsado su actividad

profesional ha sido “la salud visual al alcance

de todos”. Alrededor de este deseo fue

creciendo y desarrollándose su gran ilusión de

ayudar a los más desfavorecidos. De esta forma

colaboraba desinteresadamente con el dispensario

de San Antonio de los frailes Capuchinos

de Madrid, donde desde hace más de 20 años

pasaba consulta gratuita una tarde a la semana.

Y para él es como si pasara la consulta en su

Clínica, en todos los sentidos.

También inició proyectos de colaboración

con otras ONG para operar en otros países necesitados

(Argelia, Cuba, y Tanzania, entre otros),

160 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

hasta que hace 5 años fundó la Fundación Rementería

con su mujer, Mariluz, que ha sido la

compañera ideal que le ha apoyado en su vida

en todo. Se dice, y en este caso es verdad, que,

al lado de un gran hombre, como es el caso, ha

habido una gran mujer, y esa ha sido Mariluz.

En el ámbito de la Fundación se han impulsado,

con la participación de todo el personal

de su Clínica, proyectos de ayuda humanitaria

tanto en Senegal con la obra de los Hermanos

de San Juan de Dios, como dando continuidad a

las consultas en el dispensario de San Antonio,

colaborando con Cáritas y otras ONG. Me consta

que el Doctor le quería dedicar a futuro, de

haber sido posible, una gran parte de su tiempo

a ayudar a los demás.

Así era él, una extraordinaria persona y un

excepcional oftalmólogo, y sobre todo agradecido

a la vida y a los demás. No me cabe la

menor duda que sus hijos Laureano, Gonzalo y

Manuel serán continuadores del camino iniciado

por su padre.

Laureano amigo 161


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

El hombre

querido por

todos

Juan manuel Martín

Ortega y Gasset había escrito en su juventud: “Los

muertos no mueren por completo cuando mueren;

largo tiempo permanecen; largo tiempo flota

entre los vivos que los amaron algo incierto de

ellos. Si en esta sazón respiramos a plenos pulmones

y abrimos las puertecillas de nuestros sentimientos,

los muertos entran dentro de nosotros,

hacen en nosotros morada y agradecidos, como

sólo los mue1tos saben serlo, nos dejan en herencia

la henchida aljaba de sus virtudes.”

Diríase que Laureano Álvarez-Rementería se

nos fue como vivió, con la delicada discreción de

quien no quiere molestar a nadie. De bondad auténtica

y no impostada, todo el que le conocía y le

trataba le quería, porque era “querible”. Con una

rectitud de intención y un sentido moral tan elevado,

que la elegancia parecía en él una segunda

conciencia. Incluso entre sus colegas, que son muchos

los que he conocido, he podido comprobar

que era el más admirado y respetado, pues de las

pequeñas cosas que entre ellos podían surgir en

algún momento, él era el único que siempre salía

indemne, porque era amigo de todos, simplemente

era Laureano. Respetuoso con las personas,

162 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano y Mariluz con Juan Manuel

Martin el día de la inauguración

de la clínica de Almagro.

cuidadoso de las amistades, amante de la tradición,

era de una raza que escasea, para desgracia

de nuestro mundo.

Conocí a Laureano hace más de 22 años y

debo decir que quedé asombrado por su categoría

humana. Más tarde, con ocasión de los trabajos

que desde entonces tuve la suerte de hacerle,

tanto en la implantación de su Clínica (la primera

con quirófano propio en Madrid), como en la

construcción de su casa, me sirvieron no sólo para

confirmar aquella primera impresión, sino para

seguir descubriendo en él nuevos atributos.

Es difícil puntualizar lo que para mí corresponde

al cariño acendrado del amigo, a la gratitud por

la confianza con que siempre me distinguió y a la

admiración que siento ante su imponente figura

médica. Por eso, ahora que se me piden unas líneas

para su homenaje me falta serenidad para

escribirlas, por lo que lo único que me es dado hacer,

es aprovechar la ocasión para reproducir mis

sentimientos, los cuales por cierto son sabidos

por todos los que me conocen.

Laureano era por encima de todo, un hombre

de grandes valores morales. En él lo que más impresionaba

era su hombría de bien, su acrisolada

honradez, su hondo sentido moral y su respeto a

los demás. Español hasta el fondo de su alma. De

profunda fe religiosa. Cristiano auténtico, entendiendo

por ello que ser cristiano no es otra cosa

que darse a los demás. Y eso fue lo que él practicó,

dando soluciones oftalmológicas a pacientes de

escasos recursos y realizando hasta seis viajes con

su equipo a distintos países de África, ejecutando

intervenciones de cirugía ocular en los lugares

más necesitados, donde en muchos casos conseguía

devolverles la vista a personas desvalidas.

Dotado de una extraordinaria sensibilidad, lo

que le permitía empatizar con cualquier persona,

Laureano amigo 163


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

ya que tenía un muy acusado sentido de la justicia

natural. No dudaba en dar su apoyo incondicional

a los amigos que lo necesitaban, y por ello ocupaba

por méritos propios, un puesto de liderazgo en

su profesión. Su estabilidad emocional le reportaba

felicidad, éxito y realización personal, porque

era sensible y receptivo a los sentimientos de los

demás. Estoy convencido de que entendía que la

felicidad no radica en gozar de los placeres lícitos

de la vida, como consciente o inconscientemente

sentimos la mayoría de los seres humanos, incluso

cristianos y aun de gran piedad, sino en vivir

para el amor a Dios y al prójimo. Laureano era un

hombre con una rica vida afectiva, familiar y amistosa,

que todo es casi lo mismo, puesto que los

amigos son los hermanos que se escogen. Por lo

que la devoción por su familia, así como sus amigos

y su actividad médica ocuparon lo mejor de

sus afanes.

Su obra fue tan intencionadamente humilde

como objetivamente notable. Hombre cabal, sin

ocultaciones ni presunciones. En él no había cabida

para la conveniencia ni para la falacia, puesto

que esas son cosas que se encuentran en las antípodas

de su carácter. La figura ya fijada de este

ser excepcional se agiganta hoy ante los ojos de

quienes, con todo nuestro cariño le hemos tratado,

y queda asentada y firme por su propio peso,

como un monumento de granito, para recuerdo y

modelo imperecedero de lo que ha sido una vida

ejemplar, uniéndonos perennemente a su espíritu

con plena admiración y profundo respeto.

Jamás olvidaré cuando construyendo su casa,

me confirmaron que tenía cáncer de próstata y

que debía someterme a una intervención quirúrgica.

Como dicha intervención requería un postoperatorio

de al menos tres meses, lo primero que

hice fue llamar a Laureano y decirle que tenía necesidad

de hablar con él cuanto antes. Me dijo

que pasara esa misma tarde sobre las ocho, que

habría terminado la consulta. Así lo hice. Cuando

llegué, creo que él pensó que habría surgido algún

problema importante en la obra, por lo que

me dijo: “Niño (ésta era una expresión cariñosa

que él usaba conmigo frecuentemente), ¿qué

pasa?”, le contesté: “Tengo cáncer de próstata y

me han dicho que debo operarme lo antes posible,

por lo cual, durante un tiempo, no voy a

poder como hasta ahora, vigilar diariamente la

ejecución de tu obra.” No me dejó terminar, me

164 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano y Juan

Manuel revisando las

obras de su casa.

interrumpió, se puso de pie, me abrazó emocionado

y me dijo: “Lo primero eres tú, la obra no

corre prisa, se acabará cuando se pueda.” Éste

era Laureano.

La práctica de la oftalmología y en especial la

cirugía de cataratas era en él fiel reflejo de la excelencia

de su alma, tan fecunda en buenas acciones

y loables pensamientos. Verle operar cataratas

constituía un auténtico gozo de espíritu, incluso

para los que como yo no somos profesionales de

la Medicina. Quizás por exceso de pudor no presumía

de sus logros en este campo, donde llegó a ser

una figura de vanguardia a nivel internacional. En

un artículo publicado tras su muerte, se le equiparó

con Hermenegildo Arruga y Joaquín Barraquer.

Podría decirse, que, para Laureano, la Medicina

se convierte en un quehacer teologal, en la que el

enfermo pone la fe y la esperanza, y el médico, la

ciencia y la caridad.

Su calidad humana quedó patente por última

vez, momentos antes de morir, cuando

manifestó a su confesor que, “sentía no haber

dispuesto de tiempo para haber amado mucho

más”. Y no sólo a su familia, sino a todos aquellos

que lo necesitaban. Esto dio lugar a que en

su funeral de corpore insepulto, dicho sacerdote

dijera: “No sólo ha muerto un gran cirujano,

sino un hombre bueno, un hombre santo”.

El historiador romano Camelio Tácito en su

Vida de Agripa, dice: “No con el cuerpo mueren

las grandes almas”. Y en el siglo XX, uno de los

mejores escritores en lengua española, merecedor

sin duda del premio Nobel, dejó impreso

que “siendo la in mortalidad el privilegio de

unos pocos, sólo de los grandes, ésta consiste

en perdurar en el recuerdo de los hombres”. Por

lo que sin duda él perdurará en el de todos los

que tuvimos la fortuna de conocerle y tratarle.

Por todo ello debió de morir pensando aquello

que dijo el clásico, ya que son palabras que a

él le vienen como anillo al dedo: “Tuve amor, y

tengo honor. Esto es cuanto sé de mí”.

Laureano amigo 165


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Valores e

ideas claras

Guillermo Escribano

He intentado recordar cuándo nos conocimos,

Laureano, pero mi memoria es tan frágil que no

consigo recuperar aquel momento. Imagino que

nos presentaron, que nos dimos un apretón de

manos… nada memorable. Después sí, después

de muchos encuentros inolvidables y, también,

ocasiones perdidas, hasta llegar a este tiempo

tan difícil del final de tu camino, en el que cada

mensaje tuyo, cada respuesta a los míos, ya no

podré olvidarlos.

Laureano, has sido un hombre con un extraordinario

“don de gentes”. Vivías rodeado de

amigos. De nuestra amistad guardo una foto que

nos hicimos, a petición tuya, a las puertas de tu

quirófano. Tú con bata y gorro verdes de cirujano,

y yo con mirada de asombro. Apoyabas tu

brazo en mi hombro. Nunca me pasaste esa foto,

pero no importa, la estoy viendo ahora.

Con tus manos has curado, has desvelado

los ojos de muchas personas a las que quiero.

Todas sintieron un trato afectuoso, tu cercanía

con los pacientes, querido “Oftalmólogo de

Madrid”.

166 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano y

Mariluz con Guillermo

y su mujer

Carmen.

Tengo recuerdos de tu generosidad, también

conmigo. Gestos que hacías de forma casi anónima.

No te gustaba apuntarte tantos, sino ayudar sencillamente.

Tenías claridad de ideas. Ideas basadas en

valores irrenunciables, y ahí demostrabas la firmeza

de tu carácter. Dios, patria, mujer, familia, amistad,

profesión…En estas y otras cuestiones fundamentales,

no hacías concesiones. Pero siempre salía a relucir

tu sentido del humor, tu optimismo contagioso.

Sí, siempre rodeado de amigos, Laureano, era

difícil tener una exclusiva contigo. En el círculo de

los imprescindibles tenías overbooking. No me

importaba, siempre estabas lejos, pero te sentía

cerca.

Ahora, escribir sobre ti no me resulta fácil.

Contigo delante todo era mucho más sencillo.

Pensar en ti, sin embargo, siempre me resulta

gratificante.

Laureano amigo 167


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

G4 .

El G4 y sus

consortes

Isabel de León / Francisco Martin

Mercedes Sevilla / Francisco Llagostera

Marian Torralba / José Manuel Antón

Mariluz / Laureano

Esta pandilla nace gracias a que Mariluz, Marián,

Mercedes e Isabel se conocen a través del

colegio, ya que los niños eran compañeros del

colegio y jugaban juntos en el equipo de baloncesto.

Al principio quedaban para comer para

hablar de los niños y organizar las actividades.

Poco a poco las madres fraguaron amistad y se

empezaron a ver con mas frecuencia, y pronto

hicieron extensivos sus encuentros a sus respectivos

maridos, Laureano; Jose Manuel, Francisco

y Paco. Con el paso de los años se convirtió

en un grupo muy compacto y unido, se lo

pasaban pipa. Cenas, fiestas, comidas…lo que

fuera con tal de verse. Y como suele pasar ene

stos casos, los maridos también se convirtieron

en intimos amigos que se veian al menos una

vez al mes para comer y departir a gusto sobre

la vida y el mundo. Los tres recuerdan aquellas

comidas gloriosas, a veces en casa de Laureano,

y la sobremesa eterna escuchando a Supertramp.

Con gran nostalgia añoran aquel ultimo

cocido que les reunió en Malacatín.

168 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Parte de los G4 en los patios de Córdoba.

Laureano amigo 169


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

G4 consortes.

Cuando le preguntamos a cualquiera de la

pandilla qué opinan de Laureano, todos coinciden

en lo mismo: una persona sobre todo,

muy humana, muy cariñoso, muy entrañable.

Sobre todo buena persona. Laureano irradiaba

humanidad. Daban ganas de achucharle. Otro

rasgo de su personalidad era la enorme generosidad.

Era esplendido y desprendido. Disfrutaba

compartiendo todo lo que tenia. Y otra cosa

que conseguia de forma automatica Laureano

era aglutinar a la gente en torno suyo, era un

gran catalizador. Tenia un gran sentido del humor,

ese humor inteligente que le hacia único.

Era sagaz e ingenioso, a todo le daba un toque

especial.

Desde el punto de vista profesional, algunos

de los componentes de la pandilla le han conocido

más de cerca y todos apuntan a la enorme

capacidad que tenia de llevar a cabo proyectos

ambiciosos, lo que le situó en la picota de su

profesión. Y todo con el gran mérito de conservar

la humildad y esa cercania que a veces se

pierde cuando se triunfa. Muy destacable por

supyesto también la creación de la Fundacion,

que es el mas claro ejemplo de su generosidad

y bondad.

Todo ello gracias a Mariluz, “su rubia”. Todo

lo consultaba con ella.

Sigues con nosotros Laure, te echaremos

mucho de menos.

170 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Décadas de

amistad

Marian Torralba

De las cosas buenas de la vida... Sin lugar a duda

conocer a Laureano.

Quiero dar las gracias eternas a Álvaro y Laure,

por los que nos conocimos Mariluz y yo, y

a raíz de esto nuestros maridos, que se hicieron

inseparables. Unos amigos de verdad, sin

discusiones, solo alegrías con su apoyo en los

momentos malos y sus risas en los buenos que

han sido casi todos… encima con la suerte de

que nuestros hijos también han conseguido ser

amigos auténticos y han vivido juntos mil experiencias.

Hablar de Laureano es muy fácil... era un

tipo excepcional. Profesionalmente, no tengo

nada que decir, era el mejor, inteligente y hábil,

cercano con sus pacientes y honesto. Además,

tuve la suerte de que me operara y gracias a él

veo como cuando era niña.

Como amigo, en 30 años de convivencia con

él, reconozco que pocas veces le vi enfadado.

Era un disfruton... Podría contar mil anécdotas,

Laureano amigo 171


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Marian y José Manuel.

pero no es el caso. Era serio y a la vez divertidísimo.

Buena persona, generoso, preocupado solo

por lo que tenía importancia, nada más. Amante

de su mujer, hijos familia y amigos. Le encantaba

disfrutar y hacer partícipe de ello a su

gente, entre los que tuve la suerte de estar. Viajamos

juntos en muchas ocasiones, unas veces

las dos familias y otras las dos parejas y siempre

fue maravilloso. ¡Salíamos a comer o cenar

asiduamente y muchas veces con otros amigos

comunes y siempre tenía un chiste o anécdota

con la que nos moríamos de risa… cuando yo

me enteraba, claro! Cuando íbamos en el barco,

me llamaba su práctico, pues yo le dirigía la

maniobra de atraque, aunque no lo necesitaba.

En fin…

La vida no ha sido justa con él... ha dado

mucho a los demás, aunque no perdió jamás

su sentido del humor. Siempre los mejores se

van los primeros. Era grande físicamente, pero

mucho más como persona. Me hizo muy feliz

poder disfrutar con él durante todo este tiempo,

que me parece muy corto porque le echo

mucho de menos y nos quedaba mucho por hacer

todavía juntos.

Tengo la suerte, no obstante, de seguir disfrutando

de Mariluz, los niños y de los que vengan…

que me llenarán de alegría. Muchos besos

Laureano de tu morena que te ha querido, te

quiere y te querrá siempre.

172 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Navegando

juntos por

la vida

José Manuel Antón

He tenido la inmensa fortuna de haber conocido

a Laureano y haber disfrutado de su

amistad desde hace más de treinta años, una

amistad que se fue fraguando en el transcurso

del tiempo y que el destino quebró en un día

tan señalado para España como el día de la

Constitución.

Recuerdo, que el día que nos conocimos.

Fue en mi casa, en una cena informal (que organizaron

nuestras esposas, La Rubia y la Morena

¡como siempre!) y con la apertura de no

menos de diez botellas de vino, porque a mí

me parecía que el vino estaba picado, mientras

que, a él, le parecía que estaba buenísimo.

Os podéis imaginar cómo acabó la velada.

En ese momento me dije, este tipo tiene que

ser mi amigo, qué buena gente (dicho sevillano

que solía decir a menudo).

Pasaron las semanas, los meses y fuimos

entablando una sólida amistad. Ya hacíamos

planes ambas familias para ir a esquiar en la

Laureano amigo 173


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Semana Blanca (deporte que intenté que le

gustase sin conseguirlo, pero por sus hijos, lo

que hiciera falta), vacaciones de verano (en

Palma de Mallorca, (había que vernos a los

dos en el Aeropuerto, sudando, con la camisa

empapada y tirando de dos carros llenos de

maletas), pero qué maravillosos momentos.

Éramos una gran familia, de dos matrimonios

y cinco maravillosos hijos.

También viajamos juntos a otros muchos

lugares, pero recuerdo en un viaje a Egipto, en

el Aeropuerto, varias personas se le quedaban

mirando como si le conociesen, un tanto extrañados.

Pasaron varios días y en el crucero

por el Nilo, el guía nos aclaró el entuerto, era

por su gran parecido con el ministro del Interior

de aquel País, qué risas…

En otro viaje a Turquía y en el gran bazar,

le preguntaron en una tienda de alfombras

que cuantos camellos quería a cambio de su

mujer, imaginaos la cara de extrañeza que se

nos quedó, el motivo fue que una mujer rubia

en ese País es signo de distinción. También recuerdo

subiendo a un Castillo Templario en Simena

con una temperatura altísima y una humedad

de más del 75%, que prometió a unas

niñas (6-8) de corta edad, darle unas monedas

cuando bajásemos. Las niñas no se quedaron

y subieron con nosotros. En un momento que

hicimos un alto en el camino, me dijo; si no

llegan a subir con nosotros las niñas, (por vergüenza)

yo no había subido. Era un espectáculo

ver como sudábamos y nuestras mujeres

como si nada.

En la Feria de San Isidro, siempre que sus

obligaciones se lo permitían, íbamos a los toros,

no había día que no le saludase alguien

¡buenas tardes Doctor Rementería¡: eran sin

duda pacientes que él conocía de la consulta.

Pasados unos años, allá por 1.996, compró

su primer barco (Sea Light, nombre que

fue poniendo a los dos siguientes, en honor

174 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

a su mujer “La Rubia”, apelativo que utilizaba

con frecuencia), ¡¡ que gozada ¡¡, yo le decía

que era un privilegiado de tener un amigo con

barco, ya que lo disfrutaba y el, quien pagaba

todas las facturas (combustible, mantenimiento,

etc..). Él me contagió su pasión por

el mar, gracias Amigo. Fue entonces, cuando

comenzamos a realizar la famosa travesía Altea-Punta

Umbría, en la última semana del

mes de Julio, (a veces con alguno de nuestros

hijos, otras con Amigos, pero siempre con una

condición ¡¡¡ solo hombres ¡¡). El fin era tener

el barco durante el mes de Agosto (sus ansiadas

vacaciones), para disfrutarlo con toda su

familia. Algunas de estas travesías tuvieron un

cierto índice de peligro, sobre todo las primeras.

Pero juntos y con loa confianza que teníamos

el uno con el otro, las solventamos favorablemente,

todas ellas fueron experiencias

inolvidables y que siempre recordaré con mucha

nostalgia y ahora con mucha tristeza. No

hacía falta que nos hablásemos, solo con una

mirada, sabíamos lo que queríamos cada uno

en todo momento. Él, sí que consiguió que yo

amase el Mar y la náutica.

Laureano, me enseñó muchas cosas, pero

sobre todo una que él hizo durante toda su

vida dedicada a la oftalmología (su gran pasión),

que fue dar sin pedir nada a cambio,

¡qué gran persona¡. Sencilla, humilde, generosa,

sensible, honrado y todos los calificativos

que se nos vengan a la cabeza. Siempre con su

lema CARPE DIEM. Lo único que le escuchaba

con frecuencia era un dicho muy gracioso al

que ponía música y decía así ¡¡¡ Lo que diga mi

mujer ¡¡¡, yo, a estas alturas de la vida, aún no

he aprendido ni a entonarlo ni a decirlo.

Comenzó su consulta privada en la Calle

Hermosilla, pero con el paso del tiempo, ésta,

se quedó pequeña. Un día le comenté que, en

la Calle Almagro,36 se encontraban las oficinas

de Técnicas Reunidas, S.A., y que un di-

Laureano amigo 175


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laure y José Manuel.

176 Laureano amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

rectivo de la misma me había comentado, que

estaban valorando buscar otra sede más grande.

Se lio la manta a la cabeza, apoyado como

siempre por Mariluz e hizo realidad su sueño;

tener una consulta médica con quirófano incorporado,

la primera en Madrid, con mucho

esfuerzo, sacrificio y su Santa Lucia consiguió

inaugurarla el 13 de diciembre de 1.997. Por

supuesto, que la decoración corrió a cargo de

nuevo, de su Rubia.

En lo único que era un verdadero desastre,

era con el dinero. Primero lo llevaba en el bolsillo

de cualquier manera, luego en su famoso

sobre y ya en una tercera etapa, colocado en

su cartera, como yo le enseñé, pero el sobre

siempre estaba, (sobre todo en los viajes). Ni

que decir tiene, que las matemáticas no fueron

su fuerte, ya que cuando había que dividir

la cuenta de un restaurante y cogía en la nota,

era un desastre. Siempre faltaba o sobraba dinero.

Contagiados por él, no había ciudad que

Marian y yo visitásemos, en la que no buscásemos

la Iglesia donde se encontraba la imagen

de Santa Lucía, ante la que siempre rezábamos

una oración para que le protegiese y le

mandaba la foto de la Santa. En Siracusa, fue

un horror hasta que la encontramos

En verdad, tengo que reconocer que, al escribir

estas líneas, me embarga un sentimiento

de emoción, pero a la vez de orgullo y satisfacción

de haber disfrutado de su amistad.

Querido Amigo, me has dejado cuando

quizás, más falta me hacías, pero todos sabemos

que el destino es cruel en algunos momentos

de la vida, quebrando de nuevo, una

de tus ilusiones cuando llegase tu jubilación y

haberla compartido juntos. Te llevo y te llevaré

en lo más profundo de mi corazón, hasta el

día que me pueda reunir contigo y podamos

darnos un ABRAZO ETERNO.

GRACIAS AMIGO

Laureano amigo 177


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Frases de Carmen y Dore *

178 Laureano amigo

* matrimonio amigo de Punta Umbría


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

“Era una persona magnífica, que te hacia sonreír nada más verle”

“Siempre te ayudaba, cuando tenías un problema, ahí estaba”

“Te hacia valorar siempre lo positivo de las cosas”

“Era divertido”

“¡Me daba envidia cómo bailaba!”

“Destacaría de él su compromiso social. Decía que él siempre había recibido

tanto, ahora era su turno de dar a los demás. Era generoso y desinteresado”

“Lo que ha movido siempre alrededor suyo, todo el mundo le quería”

“Su último deseo fue que no le llevaran flores a su tumba, ese dinero que

se lo dieran a los pobres decía. No quiso que le hicieran funeral”.

“Sencillo, bueno, generoso”

“Lo difícil lo hacía fácil”.

“Era muy coherente, muy fiel a sus propias ideas. Ejemplo: el crucifijo en el

quirófano”.

“Mariluz era “su rubia” como él decía. Creaban un tándem muy fuerte. Mariluz

siempre estaba a su lado y ella tiene muy buena cabeza. Hablaban el

mismo idioma. Mariluz estaba “al lado” se mantenía discretamente al margen,

pero Laure no hacía nada sin consultarle”

“Era un lector empedernido siempre ávido de aprender”

Laureano amigo 179


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Frases de Pitu y Jaime *

180 Laureano amigo

* matrimonio amigo


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

“Desde el primer momento congenie muy bien con él. Era divertido

y muy ingenioso. Se buscaba le vida genial, era muy trabajador.

Daba clases de inglés y en el año 74 también se iba a la discoteca el

“Nichols” a pinchar discos”

“Navegábamos en el 420 que le llamábamos el huevo duro por la ría de

Punta Umbría, Pepe Zamora, Mariluz, Laure y yo”

“Daba gloria estar con él. Parecía serio, pero luego no lo era”

“Su mayor cualidad era que le encantaba compartir”

“Cuando ibas a su casa estabas como en tu casa, de verdad!”

“Muy generoso, no le daba importancia a lo material”

“Era muy disfruton”

“Era todo bondad”

“Era dreamer & thinker”

Laureano amigo 181



Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Laureano

maestro


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Cercano,

bondadoso,

amigo

Juan Carlos Villanueva

Hola jefe:

Así me gustaba llamarte y tú reías cada vez,

los dos sabemos el motivo. El tiempo pasa rápidamente,

los días, las semanas, los meses, pero

todo este tiempo sigo echando de menos las conversaciones

que manteníamos. Todavía me cuesta

entrar a la Clínica y no encontrarme allí al jefe.

Eran conversaciones, sobre nuestros hijos,

su futuro, lo orgullosos que estábamos de ellos,

algún rato hablábamos de futbol y también de

nuestro País. Qué poco te gustaría lo que ahora

está pasando en España. Raras veces hablábamos

de negocios, solo si teníamos que preparar algún

evento o reunión con alguien. Algunas veces me

pedías consejo a nivel profesional pero afortunadamente

pocas veces me hacías caso, tú siempre

tenías una visión mucho más acertada.

Cuando me pidieron que escribiera unas líneas

y, a pesar de que nunca he sido un gran escritor,

pensé que sería muy fácil. Llegada la hora

de ponerme delante del papel me he dado cuenta

la cantidad de conversaciones que eran entre nosotros

y me resultaba imposible plasmar en estas

cuatro palabras.

184 Laureano maestro


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Ha sido una gran fortuna contar con tu amistad

todo este tiempo, una persona tan grande, en

todos los sentidos, era a la vez tan cercano y bondadoso.

No puedo, ni quiero, entrar en detallar las

conversaciones pues eran muy nuestras, pero si

quiero dejar algún ejemplo de tu grandeza como

persona, y lo agradecido que eras con nosotros.

No olvidabas jamás a los amigos. Cada año proponías

ir a comer para recordar a Sergio, y eras

quien más presión metías para que lo organizáramos.

Tenías una máxima, para ti lo importante

siempre eran las personas. Como olvidar aquella

inolvidable partida de golf en Murcia, Ángel se enfadaba

con lo poco serio que eras jugando al golf,

¿recuerdas las pataditas a la bola de golf cuando

se quedaba en un sitio complicado?, por cierto,

seguimos sin encontrar el hierro 2. Fue una de las

tardes más divertidas que recuerdo. Ha sido muy

duro que los dos hayáis marchado. Tu invitación

anual para acudir a la fiesta de Santa Lucia era

todo un honor para mí y encima me dabas las gracias

por acudir.

He tenido un mar de sentimientos encontrados,

al escuchar durante tu despedida que marchaste

pensando que deberías haber entregado

más a los demás. Por un lado, rabia, rabia de pensar

que dicho pensamiento pudiera entristecerte

durante tus últimos días, por otro lado, admiración,

admiración mayor si cabe de la que ya te tenía,

como una persona tan generosa con aquellos

que te rodeaban puede sentir que siempre puede

hacer más por ellos. Yo solo te pido que me ayudes

a ser la décima parte de generoso que has sido,

para todos aquellos que hemos tenido la suerte

de estar cerca de ti y para otros muchos a los que

has ayudado simplemente porque era tu convicción

y tu mandato de vida. Aunque conociéndote

tampoco me extraña que todo te pareciera poco.

Tú no quisiste que en los últimos meses nos

viéramos porque te emocionabas, y cruzábamos

mensajes a través del teléfono, lo pasaba mal

cuando no había respuesta y era una alegría muy

grande cuando finalmente llegaban.

El mundo y la vida no para, pero sin duda, hoy

es un poco mejor, porque todos hemos tenido la

suerte que pasaste por aquí para mejorarlo. Estoy

seguro de que desde allí arriba estarás orgulloso

de muchas de las cosas que han ido pasando desde

qué no estás y también que sigues velando por

todos nosotros. Un fuerte abrazo amigo

Laureano maestro 185


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Un

caballero

español

Félix Tovar

Una vez más me siento delante de este papel

con la esperanza de que los recuerdos y

la incontrolable emoción de la añoranza, me

permitan continuar con la encomiable tarea de

escribir sobre Un Caballero Español.

Entre otras acepciones, dice el diccionario

de la real academia española de la lengua, que

un caballero es una persona poseedora de un

código de conducta gentil, atento y solidario.

Es esa virtud la que hace de un hombre una

persona honrada y circunspecta, alguien cuya

urbanidad, compostura y templanza le obliga

a que en todo momento se muestre servicial,

atento y gentil con las mujeres, los humildes y

los desfavorecidos, así como tan fuerte y honorable

como para desautorizar y en su caso

impedir cualquier bajeza, incorrección, grosería

o ruindad.

Con la venia de tan ilustre institución yo

186 Laureano maestro


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

me atrevería a añadir que, tratándose de un

Caballero Español, dentro de ese código de

conducta se deberían incorporar algunas otras

características propias que, siendo muy difícil

encontrar en una sola persona, supongan un

reto para las futuras generaciones, dentro de

un ámbito contemporáneo.

Familiar: Amante y defensor a ultranza de su

mujer, hijos, hermanos y cualquier otro miembro

de la familia que por amor y derecho se

incorporasen a tan apreciado grupo.

Amigo: Amigo de sus amigos, sus compañeros,

sus empleados, sus colaboradores, sus pacientes;

amigo de la nobleza y amigo del quiosquero

y el camarero. Amigo, finalmente, de todos

los que pasan por su vida y dejan algo en su

corazón.

Humilde: Siempre encuentra una persona a

su lado al que agradecer y hacer parte de los

merecidos éxitos que obtiene en su incansable

labor.

Generoso: Generoso en sonrisas, en abrazos,

en silencios, en miradas cómplices, en agradecimientos,

en su trabajo con los más necesitados…

Entrañable: Incluso poniendo como barrera un

cuerpo generoso y una voz extremadamente

grave (sobre todo por las mañanas) todos los

que le conocen puedan ver claramente su cercanía,

amabilidad, complicidad y saber estar.

Y antes de que una vez más me atrape el

desconsuelo, sólo me queda decir, que no es

mi intención remendar las definiciones de la

real academia de la lengua, sino más bien intentar

pobremente describir a quien, para mí,

ha sido, y es, un ejemplo a seguir, como persona.

Laureano maestro 187


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

El gigante

de las

cataratatas

Dra. Sanz

Me pide Mariluz que escriba algo para tu libro.

Es muy fácil escribir sobre alguien cuando hay

tantas cosas buenas que decir, lo difícil es encontrar

algo que no esté dicho ya.

No fue necesario que desaparecieras de

nuestras vidas para que todos supiéramos lo

que representabas en ella y, por suerte, tuvimos

más de una oportunidad de decírtelo.

Pero nunca está de más repetir, tantas veces

como apetezca, todo lo relacionado con el cariño.

Y, desde ese cariño que te tengo, te repito,

porque sé que lo escucharás, que pocas veces

en la vida nos cruzamos con alguien como tú.

Me habían dicho que en la Clínica La Paloma,

operaba un oftalmólogo, en una mañana, siete

cataratas con facoemulsificación. Lo normal era

hacer tres o cuatro si todo se daba muy bien y,

por supuesto sin facoemulsificación. Llamé por

teléfono a su consulta y no me pusieron ninguna

dificultad para asistir un día a verlo operar.

Cuando llegué, encontré un gigantón con voz

188 Laureano maestro


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano en plena

intervención quirúrgica.

grave (yo mido 1.54) que me dejó impresionada

para siempre por su calidad profesional y humana,

para el que varios años después, tuve la

suerte de trabajar y de ser su amiga.

Todo lo que puedo decir sobre ti está dicho

ya por otros, poco se puede añadir. Fuiste un

gran profesional, un gran jefe, un gran compañero

y un gran amigo.

Aprovecho la carta para decirte que me

jubilo. Siempre decías que lo teníamos que

hacer juntos; juntos y pronto, en cuanto pudiéramos

pasar el testigo a nuestros hijos. No

ha sido como queríamos, pero el fin, lo hemos

logrado. Tu obra profesional, la Clínica Rementería,

será dirigida con gran acierto por tu hijo

que siempre podrá contar con la colaboración

de los míos para lo que sea necesario.

Nunca te olvidaré.

Laureano maestro 189


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Orgullo

profesional

Nuria Rodríguez

Después de mucho pensar, escribir y tachar, por

fin he terminado la reseña sobre el jefe.

Como definir lo que fue para mí el DOCTOR

REMENTERÍA, era eso, DOCTOR, JEFE, todo en

mayúsculas. Era una persona muy importante

que cumplía con las características que debe tener

alguien que sea así:

-Excelente profesional

-Buena persona

-Sencillo

-Cercano

Conozco muy pocas personas que teniéndolo

todo para creerse los mejores, nunca hacen

alarde de sus cualidades, y se comportan siempre

con sencillez y cercanía, EL JEFE era una de

esas personas.

Aprendí mucho trabajando con él, siempre

pensando en introducir nuevas técnicas y modificaciones

sobre la cirugía de catarata, era imposible

aburrirse en su quirófano.

Tuve la inmensa suerte de conocerle tanto

en el ámbito laboral, como en el entorno familiar

y no tengo más que palabras de admiración

y de inmenso cariño hacia él.

Espero que le guste y mil gracias por dejarme

hacer esta pequeña colaboración, para mí

es un orgullo.

190 Laureano maestro


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Gracias

maestro

Concepción Latorre

Hace 20 años, el Dr. me dio la oportunidad de

trabajar en la Clínica. Ha sido mi maestro, siempre

paciente, incansable y sonriente contagiando

las ganas de trabajar.

He tenido la oportunidad de viajar a Senegal

y verle operar, en el Dispensario pasando consulta

y siempre sus palabras de agradecimiento

eran para los demás.

Ahora me toca agradecerle: su sonrisa, su

sencillez, su cariño, su ánimo etc. Y la mejor

forma es seguir trabajando como usted nos ha

enseñado.

Expresar los sentimientos es muy difícil pero

siempre le llevaré en mi corazón.

Año 1998, hace 20 años llegué a esta Clínica y

todavía recuerdo cuando me dijeron en la entrevista

vas a conocer al Dr. Rementería y cuando

le vi entrar tan grande y tan serio mis nervios

ya no sabía dónde estaban y mi cara era como

un pimiento de rojo.

Desde entonces hasta ahora, siempre he

pensado que tuve la mejor suerte del mundo,

estaba trabajando con el mejor medico de España,

pero además con la mejor persona y de la

que he aprendido de lo bueno lo mejor.

Tengo que agradecer haber compartido con

él 20 años estando a su lado y haberme mostrado

tanto cariño y afecto, es lo que percibía de él

y era lo que yo le transmitía.

Cariño y

afecto

Olga Hernández Sánchez

Laureano maestro 191


Laureano en tres palabras


Laureano Álvarez-Rementería Facetas


mágia

entregado

cariñoso

pionero

ejemplo

bondad

lealtad

bueno

agradecido

aptitud

bondad

ejemplar

grande

Caballero

Humano

ejemplarconfianza

doctor

excelente

sencillez

Especial bueno mejorar

direccion

firmeza

talante talento

Grande amable compañero

Grandeza

lealtad

entrañable

carisma

bondad

compromiso

afable

grande

sincero

gracias

campeón

generoso

bueno brillante

gentil

generosidad

profesionalidad

gratitud

sensible

incansable

divertido


Grandeza

lealtad entrañable

carismático

emprendedor

innovador

ejemplo valores especial

valiente

progreso

confianza bondad

humildad

adoración

humanidad

cariño

amor

torunda

cariñoso

humilde

ejemplo

humano ejemplar

gran persona

humilde

cariñoso

luchador

honestidad

bondad

generosidad

oportunidad

excelencia

innovación

bondad

humildad

cercanía

resiliencia

compasión ataraxia

aptitud

bondad

ejemplar

grande

caballero

humano

confianza

dirección

firmeza

sencillez

bondad

saber

Afable

Grande

Sincero

único

responsable

amable


196 Prólogo

Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Laureano el

personaje

Prólogo 197


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano y Mariluz con Jaime y su mujer, Carmen.

198 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Grande

entre

grandes

Jaime Peñafiel

Articulo publicado en El Mundo LOC, “La semana

de Jaime Peñafiel”, 10 de diciembre 2016.

Hermenegildo Arruga, Joaquín Barraquer y Laureano

Álvarez de Rementería han sido los tres

más grandes oftalmólogos que ha habido, no

sólo en España. El primero de ellos falleció en

1971. Los otros dos, este año que se va como se

fueron ellos: Barraquer el 26 de agosto, a los 89

años, y Rementería el pasado martes, cuando

tan sólo tenía 61 años. La muerte de Laureano ha

causado tal impacto que, sin haber dado tiempo

a incluir la noticia de su fallecimiento en periódico

alguno (el fallecimiento se produjo a las 6,30

de la madrugada), cientos de personas abarrotaron

el tanatorio de M-30, donde se encontraba

su cadáver envuelto en la bandera de España.

La misa fue oficiada por el capuchino hermano

Jesús. Siempre desconfío de las palabras que se

pronuncian en los funerales. A menudo son palabras

sin sentido ni sentimiento, que no proceden

de afecto alguno y que no significan nada. Muchas

veces desgarran el corazón por las simplezas,

por no decir tonterías, que se dicen: que si

Laureano el personaje 199


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

lo ha querido Dios, que si resignación cristiana,

que ya está en el cielo cuando Mari Luz, su viuda,

y sus hijos Laureano Jr. Gonzalo, Manolo y Adela

preferían tenerle aquí, con ellos. “¿Dónde estaba

Dios cuando murió?”, preguntó con reproche el

capuchino, con palabras no para cubrir la verdad

sino para decirla, por muy cruda que fuera. “Me

reconoció, momentos antes de morir, que sentía

no haber dispuesto de tiempo para haber amado

mucho más”. Y no sólo a su familia, sino a todos

aquellos que lo necesitaban. Porque el doctor Rementería,

como era conocido, no sólo devolvió la

visión a los bellísimos ojos color uva de la Reina

Sofía, afectados durante un tiempo de cataratas,

sino a miles de personas con dolencias oculares.

Los niños de SenegalLo hacía en su clínica madrileña,

una de las más importantes de Europa,

y también cuando viajaba todos los años con su

muy personal equipo a campos de refugiados del

Sáhara pero, sobre todo, a Thies (Senegal)zona

donde las cataratas afectan a niños que se quedaban

ciegos. También lo hacía en Madrid, en la

Cañada Real, con Cáritas y en la Obra de Rosalía

Randu. Su colaboración con la Obra Misionera de

Jesús y María se puso de manifiesto con la presencia

en la misa de monjas que testimoniaron

el dolor de la pérdida de Laureano, con la lectura

de un emotivo texto.

Todo esto lo hacía como un apostolado. Con

gran humanidad, tan grande como físicamente

era él. Nunca se planteó el ejercicio de la medicina

como negocio, sino como un servicio a sus semejantes.

Por ello, recibió el Premio Europeo a la

Excelencia. El oftalmólogo desaparecido era uno

de los profesionales de nuestro continente que

más intervenciones de cirugía de cataratas había

realizado, permitiendo que todos ellos, desde la

Reina hasta los pobres senegaleses, pudieran ver

de cerca y de lejos. Conociendo todo esto, hago

mías las palabras del hermano capuchino, cuando

reprochó a Dios haberse llevado a Laureano

tan joven. Con ello impedía que sus pacientes

pudieran ver las cosas tales como son y no lo que

están acostumbrados a ver antes de que les operara.

No sólo ha muerto un gran cirujano, sino un

hombre santo, un hombre bueno.

200 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Un lujo

de cliente

Francisco González

(Paco el sastre)

Conocí a Laureano Álvarez Rementería hace

muchísimos años y a pesar del tiempo transcurrido

todavía mantengo aquella primera imagen

en el recuerdo.

Yo trabajaba en la prestigiosa sastrería de

Jaime Gallo en la calle Ayala. El padre de Laureano

era cliente habitual y le gustaba vestir muy

bien. Tenía mucho gusto a la hora de elegir sus

trajes y destacaba por su elegancia. Tenía con

Jaime Gallo una relación muy fluida y este le eligió

para salir en su programa de televisión. Este

acto hace tantos años era un acontecimiento

social, y resultó muy bien la sesión.

Por aquella época era bastante normal que

el padre llevara a los hijos al sastre para que,

siguiendo la tradición, le hiciera su primer traje

a medida, y este detalle también lo ha tenido

Laureano con sus tres hijos, y eso es lo que hizo

don Eduardo con Laureano. Fue entonces cuando

le conocí. Recuerdo que entró en la tienda

acompañado por una chica muy atractiva -Ma-

Laureano el personaje 201


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

riluz- y cargado de libros porque venía de clase.

Estaba estudiando Medicina. Recuerdo que un

compañero de la sastrería llamado Antonio hizo

el comentario “vaya par de tortolitos”.

Después le perdí la pista durante muchos

años. Fue en la tienda “Best” que yo dirigía en

la calle Serrano, también de Jaime Gallo, cuando

le volví a ver. Entró acompañado, como no

podía ser de otra manera, por Mariluz, convertida

desde hacía mucho tiempo en su flamante

esposa. Le atendí yo, y fue después de un rato

de hablar y observar cuando le reconocí. Salió a

colación el tema de los trajes de su padre, y me

contó que tenía tres hijos y que se había especializado

en Oftalmología y que tenía consulta

privada en la calle Hermosilla.

Desde entonces hemos mantenido una sólida

relación, tanto personal como profesional,

la cual ha desembocado en un profunda amista

que incluye a nuestras respectivas familias.

Recuerdo que me indicaba en algunas ocasiones

que estuviera atento por si surgía algún

local en la Serrano y aledaños porque quería

montar una clínica nueva que dispusiera de los

medios más avanzados. Encontró el sitio perfecto

en la calle Almagro. Allí implantó y fundó

la ya famosa Clínica Rementería, la cual ha ido

extendiendo y actualizando hasta convertirla

en una de las más prestigiosas. Gracias a su esfuerzo,

estudio constante y amor a su profesión

goza del máximo respeto entre sus colegas y es

muy conocido a nivel internacional.

Sus pacientes, muchos clientes míos si surgía

el tema de cataratas, tenían a gala decir “a

mí me ha operado Rementería”. Querido Laureano,

a nivel profesional ¡misión cumplida!

¿Y cómo era como cliente de la sastrería?

Pues muy especial. Extremadamente práctico

y sensiblemente cómodo. Siempre le acompañaba

su inseparable Mariluz. Ella me facilitaba

la tarea, ambos depositaban su confianza en mí

y siempre quedaron muy complacidos. Tenían

predilección por los trajes de ojo de perdiz porque

al ser lisos le facilitaban la combinación de

camisas y corbatas. Tenía un excelente guardarropa

donde nunca faltaban varios Príncipes de

202 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Gales, así como Fil a Fil azulados. Le gustaban

los trajes italianos, las corbatas francesas y los

zapatos ingleses. Tenía mucha distinción y, aunque

no era tan presumido como su padre, entre

su porte, los trajes, sus corbatas vistosas y su

estupendo aroma reflejaba una personalidad

muy destacada. Es conocido de todos que nunca

usaba bata en la consulta, en la que siempre

posaba con su impecable traje.

Y qué decir de su faceta humana…

Como marido, mejor imposible. Adoraba

a Mariluz. Hubo un tiempo en mi vida en que

me fui a vivir solo, y cuando se lo conté me dijo

“¿y cómo te las arreglas? Yo me moriría, no sé

hacer nada sin mi mujer”. Y era verdad, He conocido

pocos matrimonios tan felices como los

Rementería.

Como padre, ideal. Ha disfrutado mucho de

tres hijos maravillosos, y por poco no llegó a conocer

a su primer nieto.

Para mí donde ha destacado Laureano ha

sido en su grandeza personal. Qué generosidad.

Qué sencillez, qué amor por el prójimo, qué

cercano a los más necesitados. Conozco varios

casos de inmenso agradecimiento. Tenía yo un

amigo nacido en Carmona que un día, estando

los dos en la sastrería, calificó a Laureano de

“buena gente”. Esa frase es determinante.

Y ahora unas curiosidades, anécdotas y vivencias:

Era muy despistado. En varias ocasiones me

ha traído pantalones para arreglar y me he encontrado

dinero en los bolsillos de atrás… Elegía

los mismos trajes. Menos mal que yo tenía

reflejado en su ficha todo lo que se hacía, pero

nunca se acordaba. Por navidad siempre le regalaba

corbatas. En una ocasión me devolvió

una porque tenía dibujos de plumas y me dijo

que no se la ponía…

Cuando sufrió un atraco me llamó para indicarme

que me regalaba todas las entradas de

los toros. No me dijo que le había pasado hasta

después de la Feria…

En una ocasión él personalmente me llevó a

la tienda una caja llena de botellas de vino que

pesaba lo suyo. Era muy bueno contando chis-

Laureano el personaje 203


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida


Laureano vistiéndose con sus hijos

para la boda de su hijo primogénito.

tes, aunque yo nunca los entendía. Siempre se

metía con el ordenador de la tienda, decía que

lo llevase a un anticuario porque me lo pagarían

muy bien.

Y para despedirme, querido Laureano,

cuánto me gustaría saber escribir para glosar

tu recuerdo con la sabiduría que te mereces,

pero como no la tengo la sustituyo por el inmenso

cariño que he puesto en el empeño.

Gracias Laureano por darme ánimos en

aquellos momentos tan duros… cuando lo

tuyo me fuiste a ver para contarme el mazazo

que te habían dado diciéndome: “Paco, ya estamos

en la misma cofradía”. Qué disgusto me

llevé. Acordamos mutuamente que teníamos

que remar, remar y remar, y fue nuestro querido

amigo José Manuel quien me dio la noticia

de tu adiós.

Hoy, precisamente hoy, me llega una canción

que su texto dice “Tú que estrenas a diario

una vida, cediendo el paso, que es tu filosofía…

eres niño todavía… si tú no vas al cielo

nadie iría…”

Un abrazo, amigo.

Laureano el personaje 205


206 Laureano el personaje

Laureano Álvarez-Rementería Facetas


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano el personaje 207




Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Un ejemplo

de humildad

cristiana

Padre Francisco Jesús Chinarro

Estas cuatro palabras reflejan cómo era mi relación

de amistad con Laureano. Lo primero que

quiero compartir con todos los que leáis estas

letras es que mi relación con Laureano viene exclusivamente

de su colaboración en el Dispensario-Médico-Jurídico

San Antonio.

En septiembre del año 1999, a raíz del Capítulo

Provincial (cada tres años), se reorganizan nuestras

actividades, presencias y responsabilidades.

Yo recibo la “obediencia” de incorporarme en la

Fraternidad –o convento- de San Antonio de Cuatro

Caminos. Me encargaré de la Enfermería Provincial

(a modo de residencia de mayores, exclusiva

para nosotros, los Capuchinos). Entonces el

Dispensario sólo era para mí un “recurso”: a una

distancia de tres pisos en ascensor disponía de

varios médicos especialistas que me venían muy

bien para evitar complicados desplazamientos

con sillas de ruedas, etc. con los frailes ancianos.

No puedo recordar en qué momento conozco

al Doctor; imagino que, en cualquier tarde

de miércoles, acompañando a alguno de estos

frailes mayores…

210 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

En poco tiempo, me convertí en su “ayudante”,

especialmente cuando venía él solo a pasar

consulta.

Tres años después, los superiores de la Orden

Franciscana Capuchina (“mis superiores”),

me encomiendan la coordinación o dirección

de dicha obra o institución. En estos tres años

mi presencia en el Dispensario es obligada y no

circunstancial, como lo era hasta el momento.

En el siguiente Capítulo Provincial, agotado

por la parte del trabajo con los hermanos ancianos,

soy destinado a otro convento, el Sdo.

Corazón de Jesús, de Usera, en Madrid. “Liberado”

de las anteriores responsabilidades, de vez

en cuando paso por el Dispensario y aprovecho

para saludar al Doctor.

Con el Capítulo Provincial de 2008 la “obediencia”

me lleva a Gijón, otros tres años. Estos

últimos seis años seguramente requieren una

aclaración. Más adelante.

En Gijón tenía que operarse de cataratas un

compañero. Yo le animaba a viajar a Madrid

para operarse con “un oculista conocido, muy

bueno”. No logré convencerle. Me vi discutiendo

con los médicos de la clínica de Gijón: “¡Pero

sin en Madrid ya salen viendo del quirófano…!”

Nada. Reposo y ojo tapado 24 horas. Todo fue

bien… pero con un postoperatorio muy lento e

incómodo.

Mi relación con Laureano era siempre de

pocas palabras, pocos minutos, los valiosísimos

momentos del comienzo y final de la consulta

en el Dispensario, pequeños comentarios entre

pacientes; y, algún rato más extenso en torno a

un café o una cerveza (últimamente Coca-Cola

sin todo).

Recuerdos sueltos de Laureano:

Solía comentarme sobre los congresos y encuentros

en los que participaba, y en los que

con frecuencia tenía que explicar y mostrar su

forma de trabajar y su técnica. Hasta que en

una ocasión me dijo que ya no pensaba asistir

más a ellos. La explicación me dejó descolocado:

“Ya no me aportan nada, no me enseñan

nada, y sólo sirven para halagarme y que me digan

lo bien que lo hago, pero a mí no me apor-

Laureano el personaje 211


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

tan nada…” Creo que no supe responderle en

ese momento, sino que tuve que esperar a la

siguiente vez que nos encontramos para decirle

mi respuesta y opinión: “Puede ser que esos

congresos no te aporten ya gran cosa; puede

ser que ahora te toque a ti aportar a los demás.

Y tal vez tengas que aceptar esa parte de halagos,

que también es reconocimiento hacia tu

profesionalidad…”

Una preocupación que con frecuencia era

motivo de nuestras breves charlas era la educación

de sus hijos. Como cualquier padre, quería

que sus hijos fueran buenos estudiantes, etc. Y,

además, que fueran conscientes de todo lo que

han recibido, de todo lo que tienen y que otros

no tienen. ¿Cómo se logra eso?

En uno de sus primeros viajes de carácter

solidario fue a La Habana, Cuba. Aproveché

para enviar con él algunas medicinas y cosas urgentes

a mi hermano mayor (también religioso

franciscano-capuchino, misionero en La Habana).

Por supuesto, le ofrecía en nombre de los

Capuchinos de Cuba, la posibilidad de sentirse

en casa, en su casa, entre ellos. Y –creo- que

así fue. Después de terminar sus jornadas de

cirugías, se pasaba por aquella sencilla casa

(convento) del Cristo de Limpias, en La Habana

Vieja (centro antiguo de la ciudad, con exceso

de población hacinada en casas antiguas y sin

infraestructuras suficientes), donde tomaba algún

café, y se relajaba un poco charlando.

A su vuelta de Cuba, después de darme noticias

de mi hermano, me sorprendió: “No vuelvo

a Cuba”. Una vez más tuve que pedirle explicaciones:

“No he operado a gente necesitada,

sino a esposas y familiares de los dirigentes. No

he podido ayudar a la gente que de verdad lo

necesita.”

Una preocupación que de vez en cuando me

recordaba: “Jesús, hay que hacer más. Tenemos

que hacer más”. “No puede ser que, pudiendo

hacer más, nos contentemos con dar gafas”. “Yo

puedo hacer más…” Preocupación que siempre

iba en primera persona: ¿Cómo puedo hacer?

Era consciente de que con su capacidad y medios

debía hacer más. Y no le servía de coartada

212 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano el día de la entrega de los Premios SERES.

moral todo lo que ya venía haciendo. Él mismo

reflexionaba: nos vamos a otros países a operar,

y ¿aquí? ¿no va a haber forma de hacer más

aquí?

Terminados aquellos 6 años primeros de mi

presencia en Cuatro Caminos (1999-2005), en

el Dispensario, tuve que trasladarme a otros

conventos, primero y Madrid, y posteriormente

en Gijón. Os decía antes que esto tal vez necesitaba

una aclaración. Al salir de un destino los

Capuchinos intentamos romper con el destino

anterior y centrarnos en el siguiente. Esto supone

con frecuencia hacer un fuerte ejercicio

de desprendimiento, el voto de pobreza, y no

llevarse consigo “cosas” del destino anterior

(afectos, amistades, obras realizadas, respon-

Laureano el personaje 213


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

sabilidades, preocupaciones…). En estos seis

siguientes años apenas mantuve contacto con

Laureano. Alguna visita a la consulta acompañando

a algún hermano capuchino, y poco más.

La idea es evitar intervenir en las responsabilidades

que ya no nos corresponden (parroquias,

colegios, etc.) estorbando a los responsables

del momento.

Después de esos 6 años regresé al convento

de San Antonio de Cuatro Caminos (septiembre

de 2011), con las mismas tareas y responsabilidades

que abandoné años antes: responsable

de la atención a los hermanos mayores (la Enfermería

Provincial) y director o coordinador

del Dispensario Médico-Jurídico San Antonio.

En ese tiempo, estos 6 años, la Clínica Rementería

ha conocido muchos cambios; ampliación

de locales, médicos nuevos, más médicos,

ausencias, más personal (ópticos, auxiliares,

etc). También hubo cambios en la vida del Doctor,

que seguí, un poco, informado por las Hermanas

del Dispensario… Y es que no siempre

esa “ruptura” con los destinos anteriores es

perfecta o completa.

En esta segunda etapa mantuvimos el mismo

estilo. Charlas breves y sencillas.

Volvimos a retomar preocupaciones antiguas.

“Hay que hacer más…” Y nuevas: “Rezad

mucho por mí, que me estoy metiendo en líos

muy gordos…” Haciendo referencia a las obras

y ampliaciones que iba haciendo en la Clínica.

En la Clínica Rementería han atendido a muchos

compañeros frailes (capuchinos), muchos

de ellos misioneros, a los que yo he acompañado.

Generalmente los veía primero en el Dispensario,

y ahí nos decía si convenía la cirugía.

Dada su apretada agenda del quirófano, con

frecuencia el criterio para “elegir” cirujano era

el de la prontitud (los misioneros suelen disponer

de dos o tres meses de “vacaciones”, tiempo

que aprovechan para los asuntos de salud).

Salvo algunos pacientes que prefería atender

214 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

él mismo, comprendía que “prefiriésemos” a

otros cirujanos –con mejor agenda- a lo que solía

responder: “Es muy bueno en lo suyo. Es el

mejor”. No sé decir cuántas veces he escuchado

estas palabras refiriéndose a los distintos médicos

de la Clínica Rementería.

Con frecuencia, acompañaba esas palabras

con el reconocimiento: “El doctor X (o doctora)

sabe mucho más que yo (en lo suyo)”. “Por eso

los contrato” terminaba diciendo; E intentaba

convencerme de lo bien formados que salen

ahora los médicos…

Él mismo me enseñó a confiar en todos los

médicos de la Clínica: “Esto (…) se lo tenemos

que consultar al Dr. … (o a la Dra. …) que es su

especialidad, y aquí es quien más sabe de eso”.

Aun así, de vez en cuando, bromeaba: “… como

no te fías de mí, y recurres a otros médicos…”.

Hubo un asunto simpático. Entre nosotros,

los franciscanos capuchinos, es fácil encontrar

una disputa acerca de cómo queremos ser tratados:

a los sacerdotes se les suele dar el tratamiento

de “Padre”; en los capuchinos hay

frailes que son sacerdotes y frailes que no son

sacerdotes, a quienes tradicionalmente se ha

tratado de “fray” o “hermano” (antiguamente

se les llamaba “legos” –sin estudios-). En el trasfondo

de esto se encuentra el mismo fundador

San Francisco de Asís, quien quería que todos

los frailes se consideraran entre sí como iguales;

opción testimonial y profética, teniendo

en cuenta la sociedad feudal y la Iglesia de su

época (ss. XII-XIII). En esa “guerra” veníamos las

religiosas que colaboran en el Dispensario y yo:

que me tratasen de “hermano” y no de “padre”,

pese a ser sacerdote… En estas que Laureano

nos pregunta una tarde: “Estoy preocupado,

estamos preparando la boda de mi hijo y no tenemos

sacerdote. ¿No conocerás tu alguno de

confianza…?”

Junto a él he aprendido: A ser humilde. No

sé, es más, ni menos, que los demás. Y en pues-

Laureano el personaje 215


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

tos de responsabilidad, creo que es todavía más

valioso.

A ser sencillo. Siendo consciente de que con

el propio esfuerzo y compromiso en las tareas

de cada día se va construyendo. Sin grandes

pretensiones de origen (salvo la constancia),

hacer lo que se pueda, al final uno logra hacer

bastante más. Obras, y después, palabras.

A ser cristiano. La mayor dificultad de nuestra

fe, la dificultad de ser cristiano en la actualidad,

en el mundo de hoy, consiste, seguramente,

en saber ser cristiano en nuestra vida diaria,

concreta, en nuestras circunstancias. No es hacerse

una fe a medida, sino medir la propia vida

desde la fe, y ajustarse a ella. Personalizar la fe.

Aquello de: “Cuando uno no vive como piensa,

acaba pensando cómo vive.”

En mis despedidas suelo decir alegremente:

“Se bueno”. En respuesta a eso, consciente de

su ser cristiano, me decía en alguna ocasión:

“No es fácil. No es fácil ser bueno.”

Seguramente de fe y asuntos de religión,

como tal, sea de lo que menos hemos hablado

Laureano y yo en estos años. Conscientes, los

dos, de que toda nuestra vida, la de cada uno

en su propia medida, giraba en torno a Dios. Y

nuestras obras dependían de ello.

En este tiempo he conocido, por lo que él

iba compartiendo, los progresos de la Clínica

Rementería, y la creación y progreso de la Fundación

Rementería. Desde el trabajo y la entrega

constantes, y siempre consciente de la importancia

de todas las personas que colaboran

en una y otra iniciativas.

Aquello de “hay que hacer más…” empezaba

a tomar forma, poco a poco, en las distintas

actuaciones de carácter social que se han ido

realizando (y que todos conocéis de sobra).

Y siempre, desde la gratitud a Dios. Desconozco

si Laureano conocía estas palabras de

San Francisco de Asís, con su obrar las tenía en

cuenta: «Y restituyamos todos los bienes al Señor

Dios altísimo y sumo, y reconozcamos que

todos son suyos, y démosle gracias por todos

ellos, ya que todo bien de Él procede» (1 R

17,17).

216 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Amor por

su trabajo

Fernando de Gracia, farmacéutico

Conocí al “jefe” -como me gustaba llamarlepor

ser el padre de mi mejor amigo Laure. Una

amistad que formalizamos en un campamento

de verano en el año noventa y algo y que dio

grandes frutos puesto que hoy tengo el privilegio

de formar parte del mejor grupo de amigos

y amigas que pueda existir.

Volviendo a Laureano, de su imagen, lo primero

que llamaba la atención era el carisma, la

fuerza. Alguien tan grande, con una voz tan grave

que parecía mentira que la clave de su profesión

fuese un poco lo contrario: la precisión,

la delicadeza y la habilidad del artesano experimentado.

Laureano vivía plenamente. Jugaba de cara,

sin ningún tipo de filtro, volcando en cada cosa

que hacía un amor absoluto. Y la vida se lo devolvía.

El mayor reflejo de ello es lo que nos ha

dejado, su mujer Mariluz, con quien hacía una

pareja envidiable, sus hijos, espectadores de

lujo de sus lecciones, sus amigos -fieles escude-

Laureano el personaje 217


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

ros- y su trabajo -por no llamarlo pasión-, donde

formó otra gran familia más.

Siempre creyó en el equipo. En vivir y trabajar

rodeado de ‘su gente’, y ayudar lo máximo

posible. Conmigo hizo lo mismo, convirtiendo la

farmacia de mi familia en la farmacia dispensadora

de la Clínica Rementería. Se lo comentó su

hijo Laure y Laureano no dudó ni un segundo.

Dijo, adelante, y con la colaboración de Miguel

Alamillo procedimos a cambiar los papeles de la

anterior farmacia por la de mi familia. Le estaremos

eternamente agradecidos.

Este vínculo con la Clínica me permitió comprobar

el gran respeto y cariño gigante que cada

uno de sus miembros le tienen. Por algo será.

No se me ocurren demasiados trabajos donde

ocurra algo parecido. Sin embargo, el lado que

más conmovedor de la trayectoria profesional

de Laureano, para mí es, sin duda, su labor en

la Fundación Rementería. Puede que volcarse en

los demás durante un día no sea muy difícil, pero

tantos años, tanta ayuda, tantos proyectos, tanta

constancia… es espectacular. Y lo mejor es que lo

hacía con una normalidad alucinante.

Eras y eres un ejemplo, con todas las letras,

y por la parte que me toca, cuidaré de los tuyos

siempre. Gracias, Laureano, porque tengo la sensación

de haber conocido a alguien único, algo

así como un ángel, y no exagero ni un ápice. Te

echamos de menos, jefe.

218 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Paz y

confianza

Braulio Gil-Fournier

Septiembre 2017, Clínica Rementería, acompaño a mi

mujer María, la operan catarata ojo derecho. Comienzo

a notar una extraña sensación de bienestar, pensando

en Laureano, cuando aparece mi amiga Nuria, comento:

“Siento en estas paredes la presencia del Dr. Rementería”.

¿Qué años aquellos cuando Laureano, su inseparable

Mercedes y yo, dedicábamos tiempo libre, ¡buscando

piso con el objeto de instalar su propio quirófano!

Desde el día que se presentó en la Farmacia de mi

mujer hasta hoy, ha transcurrido la mitad de mi vida. Se

había instalado en una consulta de 40 metros cuadrados

con sus ayudantes Dr. Lago, Mercedes y Pilar, desde

entonces tomamos café antes de comenzar la jornada

de tarde.

Hoy me encuentro esperando a mi mujer protegido

por toda la humanidad que creó a su alrededor. Su hermana

Isabel, a la cual tenemos gran afecto, hace cinco

minutos ha venido acompañada de Mariluz, transmitiendo

paz y confianza.

Desde que le conocí, los recuerdos se me amontonan,

todos extraordinarios, de un hombre que lo único

puedo decir de él, es que era un hombre bueno.

Su carrera profesional de todos es bien conocida. Su

carrera humana se queda entre nosotros. Su herencia

también. Cuando acudo a la clínica su cariño persiste.

Laureano dejó en este mundo, menos cataratas,

más metros cuadrados de consulta y mucho más amor.

Gracias

Laureano el personaje 219


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Gran

corazón

y manos

de amigo

Carmen Pedrouzo, farmacéutica

Testimonio de Carmen

Me ha encantado poder participar en este

libro sobre Laureano por todo lo que él representa

para mí y mi familia. Nos conocimos cuando

nuestros hijos empezaron juntos el colegio

y se hicieron buenos amigos. Desde entonces

entramos a formar parte de su familia, y juntos

hemos vivido momentos inolvidables: viajes,

fiestas, celebraciones familiares que han ido

engrandeciendo una maravillosa amistad.

Su gran corazón y sus manos de amigo y

gran profesional me dieron la confianza necesaria

para afrontar una operación que para él era

muy sencilla pero que para mí representaba un

gran temor y de la que estoy encantada con los

resultados. Este es el caso también de mi nuera

y de mi hijo.

No me olvido de mencionar la relación Farmacia-Clínica-Fundación

que él ha promovido.

Quedarán siempre en mi memoria y en la de mi

familia las cenas de Navidad en las que, como

un padre, nos cogía de la mano y bendecía la

mesa.

Para Laureano, el más sentido recuerdo mío

y de toda mi familia.

220 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Monólogo de oftalmólogo

Por Laureano Álvarez-Rementería

Quiero daros las gracias por estar aquí escuchándome,

a vosotros, y no a la junta directiva por invitarme

a hablar en la sesión de fuga de cerebros,

aunque yo la llamaría “descerebrados andaluces

por el mundo”. Para mí es una faena, esto de hablar

en público.

A mí no me gusta hablar en público… Bueno,

mi mujer dice que ni en público ni en privado….

Y la junta directiva me ha puesto en un brete

al tener que hablar ante vosotros… de lo que

sea, dicen.... Yo os quería hablar del femtofaco,

en lo que tengo experiencia de más de un año y

así casi nadie me puede rebatir. Pero no. Tiene

que ser de algo diferente. Me dijeron: “habla de

lo que te guste”. Y ¿de qué voy a hablar, de mujeres?

¿De comida? ¿De libros? ¿De navegar?

Bueno, como no puedo hablar de oftalmología,

os voy a contar mi historia de “Por qué me

hice oftalmólogo”.

Yo me hice oftalmólogo Por dos razones, una

psicológica y otra anatómica. La primera razón, la

psicológica, fue por MIEDO. Sí, Miedo. Yo terminé

la carrera de medicina en junio de hace muchos,

muchos, años, con mi título de licenciado

en medicina y cirugía que por aquellos años podías

ejercer de medico desde el primer día y no

como ahora que terminas la carrera y no puedes

ejercer de nada (me parece una injusticia) y me

fui a Huelva de vacaciones… Imaginaros de dónde

es mi mujer: de Huelva.

Allí me ofrecieron un trabajo de médico de

urgencias, e, inconsciente de mí, lo acepté igual

que inconsciente de mi acepté hablaros hoy. Poneos

en mi lugar: recién terminada la carrera, de

noche, en un ambulatorio, en un pueblo precioso

de la sierra de Huelva, Aracena, y 5 aldeas de

alrededor. De viernes a domingo, yo solo, un celador

cojo (en aquel tiempo todos los celadores

tenían una “minusvalía”) y un enfermero homosexual.

Y la primera noche entra un herido por

asta de ciervo, sangrando una barbaridad, pensaba,

este tiene seccionada la yugular. Y yo que

Laureano el personaje 221


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

no sé coser y el enfermero, que sí sabe, dice que

no es su labor…. Al final lo cosimos como pudimos

y dejo de sangrar, pero desde entonces se

pasea por Aracena, con el calor que hace sea invierno

o verano, con jersey de cuello vuelto.

Después de ese primer susto, varios más.

Otra noche entra un paciente que parece tener

un infarto se iba poniendo blanco y yo más que

él. Sudor frio y yo sudor no sé si frio o caliente.

La tensión le bajaba y a mí me subía. Con el

Harrison debajo del brazo y varios manuales de

urgencias, yo le decía: “No se angustie, que bastante

angustia tengo yo.” Y al final solo tenía un

corte de digestión. El infarto casi me da a mí.

Otra vez evacué a una chica joven que yo

pensé que tenía apendicitis. Después de 2 horas

de tocarle la tripa y hacerla estirar la pierna a ver

si le dolía, vete tú a saber lo que tenía. El caso es

que la evacuamos a Sevilla y la ambulancia volcó

cerca de allí, (las carreteras de hace 30 años

no son las de ahora) y tuvimos que mandar dos,

ambulancias una para la paciente y otra para el

conductor. Y como estas, muchas más. Con lo

cual me fui de allí huyendo para hacer el MIR y

una especialidad, y no pasar tanto miedo. Sinceramente,

os digo que no me he atrevido a volver,

por Aracena por si acaso está por allí el del cuello

o cualquier otro damnificado.

La segunda razón es anatómica. Con estas

manos que Dios me dio, más bien grandes,

un primo mío, ginecólogo de Huelva al que yo

acompañaba en verano a algún parto y alguna

cesárea, y además me pagaba, me aconsejó

que, de ginecología, nada de nada. Ahora que

reflexiono, lo que aprendí de coser con el ginecólogo

en las episiotomías, se parece mucho al

bordado del cuello del paciente de Aracena, tal

vez por eso lleva el cuello alto. En todo caso, me

aconsejó que hiciera urología o proctología. Por

cierto, eso también me lo aconsejó el enfermero

homosexual... Pero me decidí por hacerme oftalmólogo.

Al menos no pasaría tanto miedo.

222 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

La razón psicológica y si hay que meter un

dedo en el ojo, lo tengo más fácil que otros la

razón anatómica

Y desde entonces llevo más de treinta años

en esto del ojo, que como dijo un ilustre andaluz,

Antonio Machado:

EL OJO QUE VES, NO ES OJO PORQUE TU LO

VEAS, ES OJO PORQUE TE VE.

Y ES AQUI EN ANDALUCIA DONDE SE DIFE-

RENCIA ENTRE VER Y MIRAR.

No es lo mismo ver que mirar. Nuestro premio

nobel Camilo José Cela le pillaron en el parlamento

dormido y cuando se lo reprocharon él

dijo que no estaba dormido, sino que estaba

durmiendo, le preguntaron qué diferencia había

y él dijo la misma diferencia que hay entre estar

jodido y jodiendo

Porque El sur es el sur, y desde luego no es lo

mismo poner los ojos que poner la mirada, como

canta Alberto Cortez: “ yo puse los ojos; ella, la

mirada.”

Hay una vieja letra de seguidilla Del siglo diecinueve

que resume tanto en tan poco, y dice así:

NO ME MIRES

QUE MIRAN QUE NOS MIRAMOS.

MIREMOS LA MANERA DE NO MIRARNOS

NO NOS MIREMOS.

Y CUANDO NO NOS MIREN,

NOS MIRAREMOS

O la letra de un fandango de la tierra de mi mujer,

que dice:

TIENES UNOS OJOS, NIÑA,

Y UNA NIÑA EN ESOS OJOS,

QUE LOS OJOS DE ESA NIÑA

SON LA NIÑA DE MIS OJOS

Y es que los ojos son el orto y el ocaso de nues-

Laureano el personaje 223


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

tra existencia: cuando venimos al mundo, “abrimos

los ojos”, y cuando nos vamos, los cerramos

para siempre o nos los cierran. Y en nuestro caso,

además, los ojos son la razón de ser de nuestra

bendita profesión. Una profesión que tiene la

suerte de que el Código de HAMURABI y su famosa

ley del TALION no esté vigente, pues si se

aplicara lo de “ojo por ojo y diente por diente”,

veríamos a más de un dentista mellado, pero

en esta sala, muchos estaríamos, como mínimo,

tuertos o anoftalmicos

La verdad es que, aunque nos llamemos ahora

oftalmólogos, que es más fino, siempre hemos

sido OCULISTAS, y la suerte es que Bibiana Aido

(la ministra) se ha ido, porque si no, nos llamarían

OCULISTOS, y el nombre tiene su guasa.

Aunque en tiempos de crisis como los que tenemos

ahora podríamos ampliar nuestro campo de

acción y así tratar también el tercer ojo, no el que

describe Lobsang Rampa en las ciencias ocultas,

sino el tercer ojo al que Quevedo dedicó todo un

tratado: “Gracias y desgracias de ojo del culo.”

Aunque tendría su guasa oír a los colegas diciendo:

“Por ahí viene el oculisto”.

O si no sabes algo, pregúntale al oculisto. Y

más que guasa, tendría su morbo decirle al paciente

que le vamos a dilatar el tercer ojo, porque

no se ve el fondo…

Hablando del tercer ojo … Hay una coplilla

andaluza y cachonda de los ojos, que dice:

Tres ojitos tienen el puente, mi niña

y tú tienes dos solamente

Tres ojitos tienen el puente.

Pero si cuento el del culo,

ya tienes tres, como el puente.

O el epigrama que, a modo de epitafio no aconsejable

para el mármol de su tumba, alguien le

escribió a un marqués madrileño con reconocida

fama de sodomita y de pedorro, decía así:

224 Laureano el personaje


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

DEJÓ ESTE MUNDO DE ABROJOS,

AYER, EL SEÑOR MARQUÉS.

AL FINAL, CERRÓ LOS OJOS.

LOS TRES.

Pero un buen amigo mío me dijo, y con razón:

“Laureano, no importunes a las musas de la poesía;

y dedícate a la oftalmología.”

Y le hago caso: dejo la poesía a un lado que

no es lo mío y os cuento.

Para mí, la oftalmología ha supuesto una experiencia

maravillosa; tened en cuenta que llevo

más de treinta años de ejercicio. Empecé operando

cataratas sin micro y sin guantes. La verdad

es que, de mi talla, un 8 y medio, muchas

veces no había.

La primera revolución fue el microscopio.

Teníamos que empezar a utilizar los pies, y por

eso muchas veces metíamos la pata. Después,

las lentes intraoculares de cámara anterior. Después,

la extra-capsular, la revolución de la faco.

Yo, que fui de los primeros en la faco tardaba

más de una hora en cada una. Lo pienso ahora y

me pregunto qué hacía yo en una hora, y además

acababa mojado por el suero hasta los calzones,

y no es exageración. Pero así era. Después vino

la anestesia tópica, la cirugía refractiva con cuchilletes;

y después, los láseres. Y ahora, el femtofaco.

Dicho todo esto, la verdad es que somos muy

afortunados en trabajar en algo que es apasionante,

por lo cambiante, que es y que nos hace

estar despiertos -no como este orador-, pues no

hay cosa peor que un oftalmólogo dé una charla

y cierren los ojos los que atienden con sopor.

Y esta bendita profesión nos permite hacer muchas

veces algo bueno por los demás. Eso sí que es

importante, y también os aseguro que es mucho

menos estresante que esto de escribir en público.

Igual que no es lo mismo ver que mirar, tampoco

lo es oír que escuchar y a vosotros os doy

las gracias por escuchar

Laureano el personaje 225


226 Laureano el personaje

Laureano Álvarez-Rementería Facetas


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Laureano

el médico

Prólogo 227


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Laureano y SM La Reina

Dña. Sofia.

228 Laureano el médico


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano con Alfredo Di Stefano.

Laureano el médico 229


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida


Collage del paciente José

Manuel Nicolás.


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Reverso del collage de Manuel Nicolás.

232 Laureano el médico


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Dibujo realizado por el humorista y dibujante Guillermo Summers en señal de agradecimiento

Laureano el médico 233


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Enrique Hernández Luike

Carta remitida por Enrique Hernandez-Luike.

234 Laureano el médico


Laureano Álvarez-Rementería Facetas

Laureano el médico 235


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Quiero dar las gracias de todo corazon a los que

habeis colaborado con vuestros testimonios

para la realizacion de este libro, cuyos autores

sois todos vosotros. Se dice que nunca se muere

del todo mientras alguien te recuerde. Laure,

estoy convencida de que tu recuerdo perdurara

para siempre.

Se que ha sido muy emotivo para todos y que

ha supuesto un esfuerzo volver a revivir muchas

cosas de su vida. Para mi ha sido muy duro leer

tantos testimonos y recordar tantos momentos

compartidos, pero a la vez muy reconfortante

ver la cantidad de cosas bonitas que se han dicho

de él.

Pido disculpas a todos los que les hubiera

gustado participar pero ha sido imposible por

cyestions de espacio. Aunque no estéis en estas

páginas, sí estais en nuestro corazón.

Se fue como lo que era, un hombre extraordinario

en todos los sentidos y lo demostro hasta

en los últimos minutos de su vida. Para mi ha

sido un honor y una satisfaccion compartir la

vida con él

Nos has dejado un legado tan grade como tú.

Gracias por darme a mi la posibilidad de disfrutar

de una vida rodeada de unos hijos maravillos,

un nieto precioso, unos amigos extraordinarios


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Agradecimientos




Los que no han podido escribir




Anexo

Casa de Almagro

una historia


Frontón Beti Jai año 1900

244 Anexo


Historia del Almagro 36

Introducción

A principios del siglo XX Madrid era una ciudad de casi un millón de habitantes que crecía

considerablemente. Las clases populares la ensanchaban hacia el sur, los Carabancheles, y

hacia el este, Vallecas. Por el norte la ciudad creció cuando una serie de nobles empiezan

a edificar sus palacetes a lo largo del Paseo de la Castellana que entonces terminaba an el

antiguo Hipódromo que estaba situado en lo que hoy son los Nuevos Ministerios y que en

su época era uno de los lugares más frecuentados por la aristocracia. A lo largo de la calle de

Almagro, antiguo Paseo del Huevo, que discurría casi paralela a la Castellana, y que recibió su

nombre del conquistador Diego de Almagro, que acompañó a Pizarro en sus aventuras por

Perú y que cayó en desgracia por la posesión de la ciudad de Cuzco y fue hecho prisionero

y ajusticiado, se empiezan a construir también palacetes y casas señoriales que salpican su

calle así como obras de beneficencia a las que eran muy dada la aristocracia de la época,

como el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, sita en el número siete de la calle, así como

conventos, hospitales e iglesias. También la existencia en la zona de otro lugar de reunión

social como el frontón Beti Jai, ahora en reconstrucción, lugar donde se podía apostar, incidió

en la construcción de palacios como el de Osma, en la calle de Fortuny, el Santo Mauro, hoy

convertido en uno de los más lujosos hoteles de la capital, o la casa de Garay actual sede del

colegio de Ingenieros, entre otros muchos que jalonan la calle de Almagro y las adyacentes

Zurbano, Monte Esquinza o Fortuny entre otras.

Los años veinte

La casa es construida, en 1919, por D. Francisco de Ussía y Cubas, II Marqués de Aldama,

Grande de España, abogado, banquero y miembro del Congreso de los Diputados durante el

periodo conocido como Restauración Borbónica. Su escudo se conserva en la ventana del interior

del portal de la entreplanta derecha. La casa, concebida como palacio tenía la vivienda

Anexo 245


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

en la entreplanta derecha; en el primer piso, o principal de la época, los salones de baile, y

hasta hoy se conserva lo que era una capilla en el tercer piso. Las caballerizas se encontraban

en la parte de la calle de Monte Esquinza, donde hasta no hace mucho tiempo se conservaban

los bebederos de los caballos. En aquellos años en la entreplanta izquierda parece ser

que había un sanatorio o pequeña clínica que trataba temas neumológicos, con habitaciones

o camas situadas en el sótano que hoy está debajo del patio. El cuarto piso estaba ocupado

por los Condes de Monterrón, también Grandes de España, cuya hija aún viviría en esta casa

hasta finales de los noventa. De la amistad del Marqués de Aldama con D. Alfonso XIII, da

fe una anécdota contada por el portero de entonces, Ramón: “Un día vino el Marqués de

Aldama con muy mala cara, fiebre, dolor de cabeza y me dijo: “Ramón, tengo un gripazo de

miedo y mira, venga quien venga, no estoy para nadie. Di que no sabes dónde estoy o lo que

se te ocurra. Me voy a meter en la cama ya”. Al cabo de una hora aparece por la casa el mismísimo

Rey de España, D. Alfonso XIII, preguntando por el Marqués. Al fin el Rey se marcha

pensando que allí no estaba ni se le esperaba, tal y como fue informado diligentemente. A los

pocos días el Marqués, ya repuesto, entra en la casa y se dirige a Ramón: “¡Pero a quién se

le ocurre, viene el Rey a verme y no le dices donde estoy! ¡Menos mal que me ha felicitado

y me ha dicho que ya le gustaría a él tener a su servicio a persona tan fiel como tú!”. A veces

el espíritu de Ramón se pasea por el portal…

Los años treinta

El Marques de Aldama fallece en 1931, tras algunos problemas ocurridos con la Minero Siderurgia

de Ponferrada, creada por su hermano D. Luis de Ussía y Cubas, afectado por una

suspensión de pagos que acaba con sus hermanos en la cárcel. Durante la Guerra Civil, la casa

se convierte en una “Checa”, la Checa de las Milicias de Vigilancia de Retaguardia, y también

de lugar de refugiados. Sus salones están ahora ocupados por familias hacinadas que se han

quedado sin nada. Son años oscuros. Tras la guerra civil se convierte en sede de la Brigada

246 Anexo


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Plano Madrid años 30

Anexo 247


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Celda de Felipe Sandoval

con sus pertenencias en

Almagro, 36

de la División de Investigación Política, donde presos políticos son interrogados hasta pasar,

los más afortunados, a disposición judicial. Por aquí paso el escritor Eduardo de Guzmán,

que narro su experiencia en el libro Nosotros los asesinos. También conozco un documental,

cuyo autor estuvo por la casa recopilando información, que se llama El honor de las Injurias,

dirigido por Carlos García Alix, que cuenta la historia de uno de los presos que falleció en

esta casa Felipe Sandoval.

Los años de la dictadura

Compra la casa el Marqués de Valverde, D. Salvador Ferrándiz y Álvarez de Toledo, cuyo

escudo nobiliario puede verse encima de la chimenea de la entreplanta derecha. En las tres

primeras plantas se ubica la sede de la recién creada Sección Femenina, dirigida por Dña.

Pilar Primo de Rivera, hasta su extinción en 1977. En la segunda planta estaba la sección

dedicada a las” labores femeninas” y traían bordados y mantelerías de todas las partes de

España, algunas auténticas joyas, y por ello era frecuente que apareciera la mujer del jefe del

248 Anexo


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Clase de bordado en la Sección

Femenina, Madrid)

Estado, Dña. Carmen Polo de Franco, y que al salir hubiera sido “obsequiada” con alguna de

esas maravillas. A partir de esos años la casa la habitan : El Marqués de Valverde y familia la

entreplanta derecha, que tenían una gran biblioteca, en lo que hoy es la administración de

la Clínica Remetería, repleta de ejemplares de un gran valor histórico; en la entreplanta derecha

estuvo muchos años la Embajada de Pakistán; primero, segundo y tercero , donde se

hacía el Servicio Social, obligatorio para todas las mujeres, por la Sección Femenina; el cuarto

izquierda por los Condes de Monterrón, en cuyas fiestas anuales aparecían la flor y nata de

la nobleza madrileña, hasta llegar a cortar la calle Almagro por la policía el día de mayoría de

edad de una de las hijas de los Condes; el cuarto derecha es la residencia de Gerardo López

Quesada, creador de la banca que lleva su nombre, que tenía su sede principal en el palacio

de Vistahermosa, hoy sede del Museo Thissen. Se construye un quinto piso constituido por

una ampliación en dúplex de los dos cuartos y un único piso en la fachada de Almagro. Por

este pasan durante los años posteriores, el Conde de Villa Padierna, conocido como el último

dandi, aficionado a damas, coches (daba la salida y la llegada en el Gran Premio de España

de fórmula uno) y caballos, según sus biógrafos; un señor inglés Mr. Thomas, que tenía la

casa como residencia cuando venía a Madrid, muy de tarde en tarde y a un general argentino

peronista exiliado, el General Mayorga. En las antiguas caballerizas, que dan a la calle de

Monte Esquinza estuvo unos años la empresa Ferrovías, dedicada, evidentemente, a hacer

vías para los trenes. Luego hubo un taller mecánico y un almacén de productos variados.

Anexo 249


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Los años setenta

Desaparecida la Sección Femenina con la llegada de la democracia, los tres primeros pisos

son ocupados a su vez por estamentos oficiales: al primero viene el Instituto Español de Turismo,

al segundo los Paradores Nacionales, y al tercero la Biblioteca Central de Turismo. En

la entreplanta derecha sigue viviendo los Marqueses de Valverde, este hijo del anterior. Los

Condes de Monterrón en el cuarto izquierda, los López Quesada en el cuarto derecha y en

el quinto uno de los hijos de los López Quesada se casa con una hija del primigenio Marqués

de Valverde y se van a vivir al quinto piso. Por la parte de Monte Esquinza, por aquellos años,

se instala unas dependencias del Ministerio de Hacienda, las Clases Pasivas, en las que, las

vueltas que da la vida abonan las pensiones a los militares de la República a los que se les

reconoce su rango durante la Guerra Civil.

los años ochenta

Traspasadas las competencias de turismo a las Comunidades Autónomas se quedan vacíos

el primer y el segundo piso donde, al poco tiempo se convierte en la sede del recién creado

Instituto de la Mujer, otra paradoja, ocupando las mismas oficinas que en años anteriores

ocupara la Sección Femenina. En el tercer piso la Biblioteca de Turismo seguiría algún tiempo

más hasta desaparecer, piso que sería ocupado por una agencia de publicidad DRAFTWOL-

RDWIDE. Las agencias de publicidad, en plena expansión, empiezan a entrar al edificio, así al

cuarto derecha viene TAPSA, agencia de reciente creación que sería y es una de las principales

del país. Una filial suya ODM ocupará la entreplanta izquierda. Por aquella época los Marqueses

de Valverde dejan la entreplanta derecha y el piso es adquirido por la INMOBILIARIA

CENTUSA. También al quinto piso viene a vivir un abogado D. Juan Lorca Cano.

250 Anexo


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Los años noventa

El Instituto de la mujer ocupa también el cuarto derecha, dirección, y la entreplanta izquierda,

asesoría jurídica, al cambiar Tapsa de domicilio e irse a la calle de Jenner. Unos meses

antes de las elecciones de 1996 una noche de domingo, el que esto escribe observó como

de una de las ventanas del Instituto de la Mujer por la parte de Monteesquiza pendía una

cuerda que llegaba hasta la calle. Inconscientemente, por lo que sabría después, tire de ella y

vi que llegaba hasta una batería de coche que estaba en la calzada entre dos coches. Alarmado

avisé a la policía que, al verlo, mandaron a los artificieros. Al parecer habían tirado por la

ventana una mochila cargada de mecheros de gas y una lata de gasolina que pretendían que

explotara con la batería. ´Al tirar la desconecté sin querer. El hecho tuvo alguna repercusión

en prensa, radio y televisión. Unos años después los Condes de Monterrón, ya mayores, también

se van del edificio y su piso es adquirido por ODGERS BERNDTSON, hasta la actualidad.

El Instituto de la Mujer cambia de sede y deja vacíos cuatro pisos que van a ser ocupados

rápidamente: la entreplanta izquierda por el INSTITUTO MEDICO LASER, especializada en

estética y dermatología; el primer piso por PEPER ESPAÑA, muestrario de ropa italiana y

que realizan desfiles de moda de cuando en cuando; al segundo viene una empresa de trabajo

temporal que no estaría mucho tiempo BCS ESPAÑA; y al cuarto derecha el despacho

de abogados de JIMENEZ DE PARGA, uno de cuyos despachos fue ocupado por D. Manuel

Jiménez de Parga que, entre otros cargos, fue presidente del Tribunal Constitucional.

Se queda vacía la entreplanta derecha y es ocupada por la CLINICA DE CIRUGIA OCULAR,

embrión de lo que hoy es la CLINICA REMENTERÍA, al segundo piso tras el paso de MRM DI-

RECTING, empresa de publicidad viene unos años después EL LABORATORIO, también de publicidad,

en el tercer piso al irse la agencia DRAFTWORLDWIDE viene el bufete de abogados

de JIMENEZ DE CISNEROS, y al quinto otro despacho de abogados GUTIERREZ DE LA ROZA…

Anexo 251


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Un nuevo siglo

En estos años las oficinas han ido cambiando poco a poco:

la marcha del Instituto Médico Láser y la adquisición de

la entreplanta izquierda por la CLINICA REMENTERÍA hace

que ésta ahora ocupe las dos entreplantas con los anexos

de sus sótanos con salida a la calle de Monte Esquinza, al

cambiar de dirección las oficinas de CLASES PASIVAS, con

lo que su ampliación hace que ocupe las dos entreplantas,

con entrada por Almagro, y dos entradas por Monteesquinza

45 estando todo a la vez comunicado por el interior. En

el primer piso está actualmente BEST DOCTORS, especie de

seguro médico que pone a disposición de sus asegurados

el acceso a los mejores especialistas del mundo; en el segundo EL LABORATORIO que, tras una breve

estancia en el cuarto derecha, se mudarán a otro lugar. A este piso viene la empresa PORTOBELLO CA-

PITAL, que es una gestora de fondos de inversión; en el tercer piso continúan los abogados de JIMENEZ

DE CISNEROS; en el cuarto izquierda, a la caza de talentos continúa ODGERS BERNDTSON, al cuarto

derecha viene SAFFRON BRAND CONSULTANST, empresa dedicada al diseño gráfico y al quinto otros

nuevos vecinos, la empresa SERVICE PROFIT CONSULTING, que se dedica al asesoramiento de empresas

en materia de marketing y desarrollo.

Epílogo

Próxima a cumplir el siglo, la finca de Almagro 36 sigue no solamente en pie, sino llena de actividad y en

todo su esplendor, ya que, en sus restauraciones y adecuación a las nuevas tecnologías, imprescindibles

para las oficinas en la actualidad, siempre ha sido respetada su esencia, señorío y personalidad. Puede

observarse en su amplio portal, con su puerta de hierro forjado; la escalera principal con su ascensor de

252 Anexo


Laureano Álvarez-Rementería Memoria de una vida

Fotograma de la película A cambio de nada

cabina de madera y asiento señorial; su verja, que no puede ser cambiada por ser, como otros elementos

estructurales , patrimonio artístico; las vidrieras emplomadas, que también pueden observarse en

la entreplanta derecha en una reproducción de un cuadro de Diego Velázquez, cuya restauración solo

puede ser manual, casi artesanal; la fachada, imponente y una de las más amplias de la calle, muchas

veces utilizada como plató cinematográfico, (películas como Hable con ella, Mujeres al borde de un

ataque de nervios, A cambio de nada o series como La República de TVE se han filmado aquí, además

de varios spots publicitarios) los patios que conservan su diseño original y muchos de los pasillos, salones,

habitaciones cariñosamente restaurados en los aún se escuchan los ecos, las pisadas, las voces ,

las heridas, las risas de los que durante casi un siglo lo habitaron.

Jesús López Esteban (portero de Almagro 36)

Anexo 253


Este libro se entregó en

Madrid el día de 13 dicembre de 2017,

Día de Santa Lucía,

patrona de los oftalmólogos.



Editado por

Coordinado por: Jorge Escohotado Álvarez de Lorenzana

Textos: Beatriz Saló

ISBN: 978-84-697-8150-0

Depósito Legal:

Calle Azcona 20, 7ºA

28028 Madrid

91 143 49 67

www.memoralia.es


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