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Revista Hegemonía. Año III Nº. 26

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 26 AÑO III | ABRIL DE 2020

labatallacultural.org

HEGEMONIA

admirable

mundo

nuevo


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HEGEMONIA

Periódico de Política y Cultura

LA BATALLA CULTURAL

EDITOR

Erico Valadares

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece

mensualmente. Hegemonía se sostiene con el

aporte de sus lectores mediante suscripciones

regulares y de auspiciantes, exceptuándose de

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emitidas en esta revista y eventualmente firmadas

son de exclusiva responsabilidad de sus autores

y no representan necesariamente el pensamiento

ni la línea editorial de La Batalla Cultural.


HEGEMONIA

18

CONTENIDO EXCLUSIVO

Admirable

mundo

nuevo

56

ANÁLISIS

Estados Unidos:

retroceder siempre,

rendirse jamás

14

OPINIÓN

Sudestada es

un convento

de monjitas

30

SUPLEMENTO ESPECIAL

Sociología del

estaño para la

construcción del

nacionalismo

popular (V)


EDITORIAL

Lo admirable está aquí

Un admirable mundo nuevo

se revela ante nuestros

ojos ahora mismo,

mientras el atento lector

disfruta de las páginas

de esta 26ª. edición, sin lugar a

dudas la mejor y más profunda

de todas desde que la Revista

Hegemonía apareció por primera

vez a principios del año

2018. Un mundo en el que de

pronto todo parece ser posible

y cambia con velocidad inusitada.

Si bien la modernidad se

definió siempre precisamente

por el vértigo, por la volatilidad

y por la inestabilidad de lo que

hoy parece real y mañana se

esfuma en el aire, en los primeros

días de este 2020 eso se

ha intensificado a punto tal

que tenemos la impresión de

vivir todo un siglo en tan solo

un día. Al momento de escribir

estas líneas, el precio del barril

de petróleo crudo de tipo Brent

en los Estados Unidos caía por

debajo de cero, es decir, cotizaba

con valores negativos en el

mercado. Esa cotización supo

estar por encima de los 120

dólares hace tan solo ocho años

y a partir del 2014 empezó a

oscilar con tendencia a la baja

hasta llegar a esta crisis inusitada,

inesperada y aparentemente

terminal. Ha llegado el día en

el que los productores de ese

petróleo deben pagar para que

los compradores se lo lleven, sin

que nada de eso pertenezca al

mundo de la ficción.

4 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Así se presenta este mundo

nuevo de pandemia, distanciamiento

social, de gente pagando

para que le tapen la boca. Es

el mundo de imposible vuelto

posible y real: en las siguientes

páginas proponemos el ejercicio

de imaginarse leyendo las noticias

de un día como hoy, pero

hace dos o tres meses. ¿Quién

habría creído entonces en esto

que hoy es la realidad? ¿Quién

habría pensado que íbamos a

quedar semanas en nuestras

casas y no por una medida de

fuerza, paro de actividades ni

nada por el estilo? He ahí que

en todo esto hay algo que está

simbolizando la novedad de un

mundo que ya ha cambiado. Es

probable que volvamos a salir a

la calle en algún momento y que

nos encontremos con algo muy

distinto allí cuando lo hagamos.

Es probable que no volvamos

a ver el mundo al que estábamos

acostumbrados y que nos

admiremos de ello, sin que esa

admiración necesariamente

tenga ninguna connotación

positiva o negativa. No sabemos

qué habrá de aquí a dos o tres

meses, nadie puede afirmar

hoy si la sociedad tal y como la

hemos conocido va a estar de

pie cuando pase la pandemia, si

es que pasa.

Si es que pasa, por supuesto,

ya que eso tampoco constituye

una certeza. Nos enfrentamos

a un virus que al parecer es de

muy fácil contagio y para el que

no existe remedio ni vacuna,

un virus que mata a algunos y a

otros no. Y nadie sabe si se podrá

salir otra vez a la calle como

solíamos hacer. Saldremos, seguramente,

aunque nadie sabe

cómo y mucho menos cuándo.

Pase lo que pase de aquí en

más eso será la novedad, será

lo nuevo sin que podamos saber

de antemano si va a gustar el

resultado.

En estos el hombre se está

redescubriendo y muchos

vuelven a descubrir una espiritualidad

que se había perdido en

el vértigo. Lo que antes parecía

prioritario e impostergable, hoy

tiene el aspecto de la nimiedad.

Se subvirtieron todas las escalas

de valores en un mundo que

parece estar patas arriba. ¿O

será que, justamente, se está

poniendo al derecho? Nadie lo

sabe y hoy muchos se aferran a

la fe para sobrellevar el tránsito

de lo desconocido.

Con ese espíritu se produjo

esta nueva edición de nuestra

Revista Hegemonía, así aparece

en estos últimos días de un abril

insólito: con muchas preguntas

sin resolver, pero con muchas

hipótesis para analizar. Y perspectiva

de futuro. Ningún cambio

es sinónimo de derrota en la

previa, todo hay que transitarlo

y toda lucha hay que darla. No

faltará la fe, que es ciertamente

una fe moderna en nosotros

mismos frente a una realidad

sofocante, aunque nunca inescrutable

del todo. Creemos que

es posible sacar conclusiones

muy útiles a partir de lo que

hay es visible y eso mismo es lo

que hacemos en esta edición,

analizando las evidencias para

encontrarnos con que nos están

señalando el camino. Leyendo

entre líneas para captar el mensaje,

haciendo la interpretación

de los hechos para ver qué nos

dicen acerca del futuro.

En cierta ocasión a Fidel

Castro le preguntaron cómo era

posible que todas sus predicciones

se cumplieran siempre,

a veces a rajatabla y quizá otras

veces no tanto, pero siempre se

cumplían. ¿Fidel veía el futuro?

Nada de eso, decía ese ícono

del nacionalismo popular latinoamericano,

el futuro aun no está

escrito, lo tenemos que escribir

todos los días. No se trata de

ver el futuro, sino de conocer la

historia y analizar los hechos del

presente para proyectar lo que

será. Y no fallaba, nunca falla.

Así viene esta 26ª. edición de

nuestra Revista Hegemonía,

mirando por el espejo retrovisor

para ver el pasado, observando

los hechos del presente

y proyectando un futuro que

puede ser. Un futuro que será, si

así lo deseamos, el atento lector

con nosotros, como siempre.

Eso es lo realmente admirable

de la existencia humana y

el futuro, pensado desde esta

perspectiva, siempre es una

aventura. Allá vamos.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


ANÁLISIS

Frágiles

construcciones

políticas

ERICO

VALADARES

En agosto de 1991 la llamada

“línea dura” de los

dirigentes del Partido

Comunista de la Unión

Soviética se lanzó a un intento

desesperado de golpe de

6 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

Estado contra Mijaíl Gorbachov.

Lo que esos dirigentes ideológicamente

“duros” veían entonces

era lo que, pocas semanas

después del intento fallido de

golpe de Estado en Moscú, iba

a concretarse efectivamente:

las reformas introducidas por

Gorbachov con la glasnost y la

perestroika iban a resultar en el

colapso del sistema socialista y

la Unión Soviética iba a terminar

desintegrándose. Dicho colapso

fue inmediato y vino en la forma

de una monumental crisis

económica, social y política que

resultaría en la desintegración

de todo el bloque socialista del

Este en el corto plazo. Frente

a ese colapso y esa desintegración

política, se produjo un

festival de hipótesis entre los

analistas occidentales sobre

qué había realmente pasado


en el Este. La Unión Soviética

—decían los analistas a principios

de los años 1990— era

una construcción política muy

endeble a raíz de su heterogeneidad,

no resistió al colapso

económico y se desintegró, lo

que equivalía a la afirmación

de que los soviéticos estuvieron

unidos mientras hubo riqueza

y en la pobreza, como se ve, se

separaron.

Era frágil entonces la construcción

política soviética, una

especie de federación de 15 repúblicas

cultural y humanamente

muy diversas entre sí. Cuando

escaseó el pan y el paradigma

no supo dar las respuestas

necesarias a las anomalías,

cada vez más abundantes, los

soviéticos se enfrentaron a los

tiros entre los de “línea dura”

que insistían en sostener una

Unión Soviética ya fracasada

como proyecto político y los que

aprovechaban la volteada para

ir declarando la independencia

en casi todas las repúblicas

satélites. Eso fue lo que pasó y

lo que cayó allí fue el socialismo

soviético como proyecto político

en Oriente, sí, pero mucho más:

se desintegró una federación de

naciones que había estado unida

alrededor de dicho proyecto

durante décadas y esa fue una

disolución de una construcción

política, fenómeno particular

muy escasamente analizado por

los observadores. La intelectualidad

de Occidente estaba más

interesada en ver cómo se hundía

la ideología comunista y en

cómo se producía el triunfo final

del modo de producción capitalista

con su ideología liberal, o

el “fin de la historia”, tal como

arriesgara entonces un Francis

Fukuyama en éxtasis.

Lo que la intelectualidad en

Occidente no vio o no quiso

ver en ese momento es que

la desintegración de la Unión

Soviética fue, en el fondo, la

demolición de una construcción

política de tipo federal que no

existía solamente en la Unión

Soviética. Al festejar la caída en

desgracia del enemigo, Occidente

no quiso ver que allí estaba

el prototipo de cómo mueren

las federaciones de un modo genérico.

Y sobre todo que, de las

federaciones que iban a quedar

de pie para sobrevivir a la Unión

Soviética, la más importante de

ellas era justamente el principal

oponente de los finados soviéticos:

los Estados Unidos de

América.

La intelectualidad occidental

no lo vio y, en realidad, el

asunto sigue bastante oscuro

para los que ven la foto fija y no

la película entera, como suele

decirse, pero en la disolución

de la Unión Soviética ya estaba

de antemano mucho de cómo

será en el futuro la disolución

de los Estados Unidos. Aunque

esa realidad está inscrita en el

mismísimo nombre de dicha

construcción política —Los Estados

Unidos de América son solo

eso, una federación de Estados

independientes entre sí en esencia,

pero unidos alrededor de

un proyecto político común y del

hecho de ubicarse geográficamente

en América—, no solemos

entender que esa construcción

también es muy endeble. Tan

El entonces presidente de la república soviética de Rusia, Boris Yeltsin (izq.), subido

a uno de los tanques que habían sido usados en el golpe de Estado de la “línea

dura” del Partido Comunista para sostener la construcción política socialista. Al

romperse esa construcción y al “independizarse” Rusia de la finada URSS, Yeltsin

tendría todo el protagonismo y sería finalmente el mariscal del desastre neoliberal

ruso hasta 1999. En el detalle, el desconsuelo del militar soviético cuyo tanque

había sido detenido y capturado por los partidarios rusos anticomunistas.

7 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


endeble como podrían ser otras

construcciones artificiales muy

famosas, como la Unión Europea

y el propio Reino Unido de

Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda

del Norte, construcciones

que en la actualidad también se

caen a pedazos. Los que miran

la foto fija no ven que detrás

de la aparente buena salud de

la que es hoy todavía la única

superpotencia global hay una

unidad precaria que no descansa

sobre vínculos nacionales de

tipo cultural. No existen naturalmente

el pueblo-nación europeo

ni el pueblo-nación británico,

por lo que tampoco puede existir

el pueblo-nación estadounidense.

“Estadounidense”, como

se ve, ni siquiera es un gentilicio

resultante de una unidad cultural:

es una categoría que existe

mientras exista la unión entre

los Estados involucrados, esto

es, mientras la federación lo

sea.

Entonces los Estados Unidos

de América son eso, un país sin

nombre ni identidad que les sea

común a todos los pueblos que

habitan el territorio y comulgan

hoy en esa unidad artificial. Tal

vez en algunos de los Estados

se haya formado una conciencia

nacional/regional como la

californiana o la neoyorkina,

quizá la texana u otra. Lo que

no termina de formarse jamás

—pese al bombardeo cultural

constante en ese sentido, en el

sentido de instalar un patriotismo

yanqui— es una conciencia

nacional que ponga al neoyorkino,

al texano, al californiano y

a los demás en la misma vereda

con una comunión cultural real.

Cuando las papas queman,

cuando hay peligro de escasez o

de conmoción interna del Estado

y cuando no pueden ponerse

de acuerdo en lo esencial, rápidamente

reflotan en los Estados

Unidos las ideas que supuestamente

habían sido derrotadas

en la Guerra de Secesión

(1861/1865) al caer derrotados

los confederados del sur agrícola

a manos de los unionistas del

norte industrial. Esa lucha no

fue por la abolición o el mantenimiento

del sistema esclavista

en América del Norte, sino una

lucha por imponer un proyecto

político industrial o agrario y

someter a todos a la voluntad

del ganador. Eso pasó, triunfó el

norte fabril y los Estados fueron

unidos para construir un futuro

de potencia global que, según

ellos mismos, ya estaba inscrito

de antemano en su ADN en la

Plano general de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, una colosal federación de 15 naciones sobre un territorio de

aproximadamente 22,5 millones de kilómetros cuadrados. La magnitud del colapso de esta construcción política aun no es del

todo comprendida y tampoco muy bien aceptada por muchos.

8 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


forma de “destino manifiesto”.

Pero la Guerra de Secesión

no termina con el triunfo de

uno de los bandos, cosa que

suele suceder con las guerras

en general. Lo que subsiste es

la idea de una unión artificial y

contra la voluntad de muchos

de los miembros. De hecho, en

los actuales Estados del sur la

cuestión reflota a cada desastre

natural o cada vez que se

percibe una resolución injusta

de un conflicto por parte de la

federación cuyo gobierno político

se asienta en Washington

y el poder real en Nueva York.

No existe realmente una continuidad

cultural entre Alabama

y Massachussets, por ejemplo.

Así, el asunto de la fragilidad

de la construcción política en

los Estados Unidos de América

queda expuesta ante los ojos

del mundo cuando un huracán

como Katrina devasta el sur del

país y los lugareños de Luisiana

y Misisipi se sienten abandonados

por el gobierno federal.

A ningún francés se le ocurre

fragmentar el país en la eventualidad

de una crisis por catástrofe,

conmoción interna del

Estado, guerra, escasez o todo

eso junto. Es que en Francia

existe una continuidad cultural

que precede al propio Estado,

cosa que no existe en los Estados

Unidos. El pueblo-nación

francés es una realidad históricamente

constituida, mientras

que el pueblo-nación estadounidense

es una entelequia sin

nombre propio.

Conmociones

He ahí la diferencia y ahí la fragilidad

inherente a la construcción

política federativa, que es

la misma para la finada Unión

Soviética y para los Estados Unidos,

los que hoy se encuentran

frente a una encrucijada de las

grandes. Y quizá con un grado

Representación de los bandos unionista y confederado, implicados en el Guerra

Civil o de Secesión de los Estados Unidos, que tuvo lugar entre 1861 y 1865. Los

unionistas se impondrían con su proyecto de país industrial y moderno, dando

nacimiento a la que hoy es todavía la única superpotencia global.

extra de dificultad: a diferencia

de lo que pasaba en la Unión

Soviética, en los Estados Unidos

el rejunte está pegado con

liberalismo, que es como decir

pegado con saliva. Con una

Constitución típicamente liberal

cuyas enmiendas garantizan

como sagradas las libertades

individuales y las ponen por

encima del interés colectivo, los

Estados Unidos están siempre a

un pasito de volverse ingobernables

en la eventualidad de una

conmoción interna del Estado.

Claro que eso sumado al altísimo

nivel de autonomía otorgado

por el gobierno central a los Estados

federados resulta en una

totalidad muy precaria y que

puede volverse muy inestable de

la noche a la mañana. Además

de la Constitución ultraliberal

cuya prioridad es el individuo,

cada Estado federado tiende a

reproducir el comportamiento

individualista frente al grupo.

Quizá como una forma de tratar

de asegurar su pertenencia, se

les ha otorgado a los Estados el

derecho a conservar la prerrogativa

de legislarse a sí mismos

de manera casi independiente,

de ahí, por ejemplo, la aplica-

9 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


El derecho a poseer y portar armas de fuego, una garantía constitucional en los Estados Unidos. Fundamentalmente desde la

Guerra Civil en adelante, se ha considerado que una de las bases de la construcción política estadounidense era la garantía

de la posibilidad de que los ciudadanos se alcen en armas incluso contra el Estado nacional para la defensa de sus derechos

individuales. Una encuesta del Instituto Gallup reveló en el año 2017 que por lo menos el 42% de hogares en los Estados Unidos

tenía por lo menos un arma de fuego, estimándose un total de 393 millones de armas distribuidas en unos 118 millones de

hogares. Todo eso en manos de civiles, donde descansa la frágil construcción política de los Estados Unidos de América.

ción de la pena de muerte para

ciertos crímenes en algunos de

ellos, cuando en otros la pena

capital está abolida hace mucho

y hasta se considera inaudita.

Entonces en los Estados Unidos

los Estados están unidos y los

individuos se dan un gobierno

central con asiento en Washington,

votan más o menos directamente

para elegirlo y se atienen

a su régimen, pero no mucho. En

la práctica, los Estados pueden

tener leyes que contradigan la

Constitución y los individuos

están habilitados para excederse

en la defensa de sus intereses

particulares. Un ejemplo de

eso es la libertad para poseer,

portar y usar armas de fuego,

derecho que está consagrado en

la segunda enmienda y significa

que el Estado no va a tener realmente

el monopolio de uso de

la fuerza a la hora de los bifes,

como se dice. Con la mayoría

de los individuos fuertemente

armados y conscientes de que

su libertad individual está por

encima de los intereses del grupo,

el gobierno estadounidense

se sabe siempre al borde de una

guerra civil en la que, para imponer

su voluntad, tendría que

aplicar la fuerza brutal de las

armas de guerra y en cantidad

considerable contra su propia

población civil.

Y eso es un genocidio en

potencia, por supuesto. Asuntos

que en otros países como

el nuestro son tan elementales

como la definición de las responsabilidades

en la administración

de los recursos frente a

una amenaza a la salud pública

como la actual pandemia del

coronavirus pueden volverse

muy complejos en países como

los Estados Unidos. Aquí no hay

mucha discusión y el gobierno

nacional —véase bien la preferencia

por “nacional” sobre

“federal”, aunque técnicamente

10 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


también la Argentina es una

federación de Estados provinciales—

puede asumir y efectivamente

asume la responsabilidad,

los costos y las decisiones

generales en esa administración.

En otras palabras, aquí el

presidente es de la república

cuando todo está muy tranquilo,

pero es de la Nación cuando las

papas queman. Así, el presidente

toma las decisiones y la mayoría

hace caso, con todas las

excepciones que ya conocemos

y no son realmente legales. En

los Estados Unidos, en cambio,

las decisiones del gobierno central

no deben entrar en conflicto

con las leyes de los Estados y,

sobre todo, no pueden de ninguna

manera suponer una amenaza

a las libertades individuales.

Y allí aparece la pregunta esencial

de los tiempos que corren:

si ya quedó demostrado que la

forma de evitar el crecimiento

exponencial de un virus como el

COVID-19 es meter a todos en

sus casas, ¿cómo decretar una

cuarentena que sea obligatoria

para todo el país sin pisarles los

pies a los gobernadores y sin

restringir las libertades individuales

previstas y garantizadas

en la Constitución?

Ellos no tienen una nación,

sino una república donde la res

publica se administra en base

a los preceptos del liberalismo,

que son las leyes del individualismo.

A pesar de toda propaganda

cultural patriótica en

décadas de cine de Hollywood,

los Estados Unidos no son una

nación y probablemente jamás

lo serán, como tampoco serán

una sola nación los nacionales

escoceses y los nacionales

ingleses en el Reino Unido ni los

nacionales daneses y los nacionales

portugueses en la Unión

Europea. El rejunte no está diseñado

para ser una sola pieza

culturalmente homogénea: la

federación está diseñada para

sostener una unidad precaria

entre distintos alrededor de un

fin y cuando ese fin se pierde, la

unidad también se pierde.

La Unión Soviética se disolvió

hace casi tres decadas cuando

ya no fue capaz de sostener

un estándar de vida aceptable

para realizar la igualdad contenida

en su proyecto político e

ideológico. Cuando eso pasó,

los distintos que habían estado

unidos se volvieron hacia sus

respectivas nacionalidades para

barajar y dar de nuevo, esto es,

abandonaron el pacto federativo

fracasado y fueron a tratar

de sus asuntos cada cual por su

parte y lo mejor posible. Eso fue

así al sobrevenir la conmoción

interna que el Estado no supo

enfrentar, la crisis para la que el

poder político central no pudo

dar las respuestas que las partes

esperaban. Eso es lo que les

pasa a las federaciones naturalmente

cuando les llega la hora y

cumplen sus ciclos o cuando su

El gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, uno de los jefes distritales

que más desafía en la actualidad la autoridad del presidente Donald Trump.

En recientes declaraciones, el gobernador Cuomo le “recordó” a Trump que los

Estados son anteriores a la Unión —en una palabra, que Nueva York está antes que

los Estados Unidos, lo que es históricamente correcto, ya que además Nueva York

es una de las trece colonias originales—, en una clara demostración de que la idea

de la fragmentación está siempre latente en la conciencia del estadounidense y no

solo en los Estados del sur del país.

11 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


finalidad ideológica se pierde,

deja de tener sentido de destino

común para los participantes.

Desnudos, los Estados Unidos

se ven precarios, como atados

con alambre por todas partes

y sin los elementos necesarios

para afrontar una coyuntura

como la actual. El liberalismo

utilizado por los padres fundadores

como amalgama para la

construcción y luego degenerado

por sus sucesores, probablemente

desde la presidencia de

Woodrow Wilson en adelante, no

lleva inscrito en su naturaleza el

código de organización comunitaria

necesario para imponer los

intereses colectivos sobre los

derechos individuales y tampoco

para someter los Estados

federados a la autoridad de un

gobierno central con traje de

bombero puesto. El gobierno

de los Estados Unidos no tiene

poder real sobre la voluntad de

los individuos, sobre los intereses

particulares de los Estados

y ni siquiera controla realmente

su propio Banco Central desde

que el mencionado presidente

Wilson creara la Reserva Federal

como organismo independiente

del Estado y demasiado cercano

a los banqueros privados.

¿Cómo decretar la cuarentena

con mano de hierro y evitar una

catástrofe sanitaria, si la mano

de hierro no es?

La real naturaleza de la política

grande en los Estados Unidos

va a quedar al descubierto en

las próximas semanas y allí

veremos que el gobierno federal

de Washington, pese a toda su

grandeza aparente, no es más

que un ejecutor de las guerras

que el poder del dinero necesita

para robar alrededor del mundo

y acumular riqueza sin que eso

revierta en beneficios reales

para los estadounidenses.

Ahora veremos la debilidad del

que parecía ser el más fuerte de

todos y veremos cómo lidian los

Estados Unidos con su hora de

Unión Soviética. El rey está desnudo

y quizá veamos que nunca

fue rey de nada, que los reyes

están en cualquier otra parte

menos en el Despacho Oval de

la Casa Blanca. En cualquier

otra parte y a punto de revelar la

cara que han escondido tras la

fachada de una identidad nacional

artificial y endeble.

El anuncio de llegada de la pandemia a los Estados Unidos generó un pánico inicial entre la población, que corrió a vaciar las

góndolas de los supermercados para abastecerse como si se avecinara una catástrofe de grandes proporciones. De acuerdo

con Russia Today, la cadena de distribución de alimentos en los Estados Unidos podría llegar a comprometerse en los próximos

días si el gobierno federal no interviene en el mercado para regularlo y garantizar el abastecimiento. En la tierra del liberalismo.

12 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


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13 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


OPINIÓN

Sudestada es un

convento de monjitas

UNAI

RIVAS CAMPO

El coronavirus está dejando

a cada uno en su lugar.

Los EEUU entierran a sus

muertos en fosas comunes

junto a su posición de potencia

única mundial. La Unión

Europea —perdón, quise decir

el IV Reich— deja morir a sus

colonias para proteger el centro

de su imperio. Mientras tanto

China comienza a mover ficha y

ya es la potencia a la que todos

miran en busca de respuestas.

Ocurre que en las crisis cada

uno se retrata como lo que es.

En la Argentina sucede lo mismo.

Acá también son muchos

los que están quedando desnudos

con sus miserias al viento.

En ese sentido, íbamos a hablar

del trotskismo y sus piruetas

para oponerse y defender la

cuarentena al mismo tiempo.

Pero decidimos no hacerlo. Para

qué burlarse siempre de los

mismos cuando tenemos a ese

convento de monjitas llamado

Sudestada. Y es que la cobertura

que la Editorial/Revista/

Convento le ha dado a la pandemia

no tiene desperdicio. Todo,

pero absolutamente todo lo que

El Convento ha manifestado en

este tiempo cumple a rajatabla

las bases fundamentales de la

parte más rancia del catolicismo,

esa que denunciaba Nietzsche.

Allá por el siglo XIX el filósofo

describió con suma claridad lo

que él denominaba “la moral

de los esclavos”. Dicha moral,

basada en la idea de un Cristo

crucificado, no era otra cosa

que la exaltación de la víctima

como ser espiritualmente

superior y la sospecha sobre

cualquier forma de ejercicio del

poder. Una moral centrada en la

víctima en la que solo se puede

ser bueno y santo cuando estás

dañado o vulnerado de alguna

u otra manera. Una moral en

la que nunca se puede ganar

porque la victoria implica estar

arriba y eso siempre es mirado

con sospecha. Una moral que

santifica al esclavo en su lucha

por dejar de serlo, siempre y

cuando esa lucha no termine

nunca. Porque de terminarse,

el esclavo dejaría de ser víctima

y en un mundo centrado en las

víctimas solo se puede ser víctima

o victimario. No existe por

tanto el error: o estás roto, o sos

14 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


el culpable de romper. Siempre

tiene entonces que existir un

opresor y un oprimido. Siempre

alguien tiene que tener la culpa

y la culpa será del poder. Y no,

no estamos hablando de Marx.

Marx tenía bien en claro que el

poder había que tomarlo. No, El

Convento no es marxista. Tampoco

es peronista. El Convento

es un convento y nada más.

Aquí el problema no es político

porque la política es una cosa

muy compleja que El Convento

ni quiere ni puede comprender.

El problema está en su moral.

A lo largo de las últimas semanas

la Revista/Editorial/Convento

fue construyendo un relato

dentro del que el Estado es visto

desde una sospecha permanente,

mechando sus publicaciones

con “pequeñas historias” al

estilo de “La gente de Bart” y

mucha —pero mucha— culpa

cristiana. Analicemos entonces

cómo funciona el relato culposo

del convento en tres puntos: 1.

Pequeñas historias de héroes

anónimos; 2. Sospecha frente al

Estado y 3. Castigo.

Arranquemos con el punto 1,

las “pequeñas historias”. Allá

por los noventa, en un capítulo

de la popular serie Los Simpson,

a Bart Simpson le tocó conducir

un informativo. Al no saber bien

sobre qué hablar o informar decidió

armar una sección llamada

“La gente de Bart”. En la sección,

Bart se dedicaba a mostrar

a personas de bajos ingresos,

veteranos de guerra, ancianos

o pacientes psiquiátricos desde

un amarillismo extremo. Explicaba

que la sociedad se olvidaba

de estos pequeños héroes cotidianos.

La serie parodiaba así el

formato de pequeñas historias

en las que la virtud moral está

lejos del ejercicio del poder y

solo se puede encontrar en los

actos de solidaridad individual.

En otras palabras, “La gente de

Bart” parodiaba la moral liberal.

Es esa idea de que el bien está

en el individuo, o en los pequeños

grupos. Y si ese individuo es

anciano, pobre, o mentalmente

inestable, mejor; a más víctima

mejor para la moral del esclavo.

¿Y qué tiene esto que ver con

nuestro análisis? Resulta que

en el tiempo que llevamos de

cuarentena Sudestada nos ha

mostrado a la señora de noventa

años que confecciona barbijos

para un hospital cercano,

al músico callejero que toca el

acordeón para sus ancianos padres

en cuarentena, al cartonero

que aplaude a los médicos a las

nueve de la noche y al señor de

noventa años (sí, noventa años

otra vez) al que sus vecinos le

cantan el cumpleaños feliz. Que

quede claro que nuestra crítica

no va contra estas personas

ni descalificamos sus gestos

adorables. Nuestra crítica tiene

como objeto mostrar el uso

que El Convento hace de estas

historias. Porque si a Sudestada

le interesara otra cosa más que

instalar su relato, hubiera dicho

algo sobre otro tipo de héroes,

los héroes que no encajan en su

moral del Cristo víctima muerto

en la cruz y siempre alejado

del poder. De no ser por este

sesgo moral de opereta, sería

lógico que en sus redes sociales

nombraran a la tripulación de

Aerolíneas Argentinas que trajo

más de 13 toneladas de insumos

médicos desde China. Pero

de eso no hablaron, ni hablarán.

Como tampoco hablarán de la

prisión domiciliaria para Amado

Boudou, sobre quien pesa

una causa armada que buscó

castigarlo por haber impedido

que el poder económico siguiera

robando nuestros fondos de

pensiones. Es decir, que esos

ancianos de las “pequeñas

historias” de Sudestada hoy se

pueden jubilar gracias a esta

hazaña. Boudou es un héroe

del que no hablarán, que quede

claro. Sucede que tanto Boudou

como la tripulación de Aerolíneas,

además de ser héroes,

tienen algo en común, algo que

El Convento no perdona: Representan

al Estado.

Esto nos lleva al punto 2, la

sospecha constante sobre el

Estado. Aquí la palabra sospecha

no es inocente. Elegimos

esta palabra entendiendo que

la sospecha es una consecuencia

directa de su moral. No

solo a causa de que la moral

del esclavo condena cualquier

forma de poder, sino por la

idea misma de que el poder

no puede tener errores y solo

puede tener culpas. Por eso se

El victimismo como lugar propio de los justos, una herencia de la tradición judeocristiana

que hace mucha mella en la moral de los dichos “progresistas”.

15 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


La culpa y el castigo, elementos fundamentales de la educación del que se adiestra

para ser subalterno. Con la Iglesia Católica avanzando hacia nuevas formas

pedagógicas, el lugar de la culpa y el castigo fue asumido por la mal llamada

“izquierda” , cuya función ahora es asegurar que el subalterno no deje de serlo.

insiste en colocar al Estado en

un lugar de presunto culpable.

Así, cuando cientos de jubilados

se apilaron en las sedes de los

bancos para cobrar su jubilación,

las monjitas de Sudestada

pusieron el grito en el cielo

acusando al Estado argentino

de desinterés frente a los más

humildes; así, cuando la policía

reprimió a los trabajadores del

Frigorífico Penta, las monjitas

culparon al Estado como parte

necesaria de la represión. Ahora

bien, cuando al día siguiente los

jubilados cobraron sus haberes

en forma ordenada, ¿creen que

nuestro convento de monjitas

dijo algo? ¿Creen acaso que

dijeron “Ok, fue un error, pero

quedó claro que al gobierno le

importa cuidar a los vulnerables”?

¿O creen que cuando las

máximas autoridades provinciales

y municipales condenaron

la represión y sancionaron a los

policías implicados dijeron algo

al respecto? Jamás. Y el motivo

está en lo profundo de la moral

del Convento. Ocurre que apoyar

a un gobierno popular resulta

contrario al relato de Sudestada.

Dan igual las conquistas

políticas, los avances económicos,

las vidas salvadas, eso

no les importa. Todo logro será

atribuido a “la lucha”. Un eufemismo

para decir que el Estado,

entendido como herramienta

del poder, no es una herramienta

válida de transformación,

que la única virtud posible en la

moral del Convento está abajo.

Sí, abajo, de rodillas, es decir

sin poder. De esta forma es

como estas monjitas obedecen

la doctrina que condena a los

pueblos al lugar de esclavos.

Pero aquí hay una trampa.

Porque la Revista/Editorial/

Convento tiene unas monjitas

muy listas. Sucede que, al colocar

al Estado bajo sospecha permanente

de culpa, las monjitas

se aseguran un lugar de poder,

muy perverso, en el que acusan

y condenan a diestra y siniestra.

Así, el Convento pasa a ser un

juzgado, su juzgado. Todo ello

sin hacerse nunca responsable

de ningún error. ¡Pero qué vivas

son las Hermanas de la Santa

Lucha! Ellas juzgan, condenan

y no tienen que hacer absolutamente

nada. Solo levantar el

dedito y señalar al culpable de

la semana. Resulta paradójico

que las mismas monjitas que

viven criticando al poder como

herramienta de transformación

política después lo ejerzan en

secreto. Lo dicho: unas vivas

bárbaras.

Esto nos lleva al punto tres, el

castigo. Aquí nos vamos a poner

serios. Nos vamos a poner serios

porque ya sabemos cómo se las

gastan en El Convento cuando

algo o alguien les marca sus

contradicciones. Y para ejercer

el poder del castigo usarán lo

que sea, incluidos los femicidios.

Y sí, la palabra es usar.

Usan, usan la tragedia del femicidio

para justificar sus críticas

a la idea de Estado. El relato

de un “Estado criminal” al que

odian y que según sus propias

palabras “nunca llega”. De esta

forma el Estado no solo falla,

es cómplice. Y si es cómplice es

culpable y debe ser castigado.

Esta lógica del castigo al Estado

es usada en cada femicidio. De

esta forma durante la cuarentena

vimos cómo Sudestada se

atrevía a decir que el patriarcado

mataba más que cualquier

pandemia. El mismo argumento

que usó el progresismo español

para justificar las marchas del

8-M cuando ya se contaban por

cientos los contagiados.

En todo caso debemos insistir

en la seriedad. De ningún

16 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


modo nos tomamos a broma ni

les quitamos importancia a los

femicidios. Lo que no haremos

jamás es usarlos para ajustarlos

a nuestro relato político.

Jamás. Menos aún para validar

un relato político anti-Estado.

Allá por 2004, cuando desde

la derecha se hacían marchas

contra la inseguridad al grito de

“nos están matando” nosotros

condenábamos el uso político

de esas muertes. No estábamos

de acuerdo con que se bajara

la edad de imputabilidad porque

se mostrara la cara de Axel

Blumberg en un cartel. Entonces

con los femicidios pensamos

exactamente lo mismo. Creemos

en la política, no en la

necro política. Y vamos a hablar

claro aunque duela, a Sudestada

le importan los “héroes

anónimos” tanto como le importan

los femicidios.

Esta lógica punitivista que

predica El Convento se edifica

en una moral de los actos individuales,

con héroes individuales,

víctimas y escrachados. De esta

forma El Convento apunta a

castigar siempre a lo personal.

Aplicando juicios y castigos a

troche y moche. Nada se salva,

ni siquiera el humor. Según

Sudestada “si tu chiste bromea

con los oprimidos, entonces

sos parte de los opresores”.

Aplicando este razonamiento,

la Revista/Editorial/Convento

no critica un chiste por no tener

gracia, sino que juzga y castiga

el humor que no se ajusta a sus

estrictos parámetros de moralidad.

Dejemos atrás los tres puntos

que demuestran el relato

anti-Estado y moralista de

Sudestada y vayamos a las

conclusiones. Pero antes una

pregunta: ¿y la pandemia? Es

decir, aparte de quejarse de los

chistes de opresores, las condenas

morales, la desconfianza en

el Estado y “La gente de Bart”,

uno se pregunta cuáles han

sido los análisis políticos sobre

el mayor desafío que la humanidad

ha enfrentado desde la

segunda guerra mundial. Lo

cierto es que desde el inicio de

la cuarentena Sudestada dijo

poco y nada sobre este asunto.

Aparte de afirmar una y otra vez

que la auténtica pandemia es el

patriarcado, ¿qué dijo durante

este tiempo Sudestada sobre

el Covid-19? La respuesta es

nada. Absolutamente nada.

Bueno, sí. Publicaron una viñeta

muy graciosa donde se ilustraban

a distintas personas pasando

la cuarentena. Pero poco

más.

¿Por qué? La respuesta es

sencilla: saben que se les

termina el negocio. La crisis del

coronavirus está fortaleciendo

la idea de Estado en todo el

planeta. Aquellos países que

se volcaron al liberalismo, que

negaron la necesidad de un

Estado, hoy están juntando sus

cadáveres en cunetas. Entonces

el Estado ha vuelto y eso aterra

al Convento. Resulta que Sudestada

pregona la tesis de que la

única lucha legítima es aquella

que está lejos del poder. Entonces

si herramientas como el

Estado y la conquista del poder

pasan a ser consideradas imprescindibles

les va a quedar la

cara pintada como los liberales

moralistas que son. Lo que Sudestada

no entiende es que eso

ya pasó. Quedaron retratados y

por eso intentan desviar el tema

con fuegos de artificio. Pero

ya es tarde, ustedes fueron. Y

no nos culpen a nosotros. Es la

historia la que se los está llevando

puestos. Chau convento de

monjitas, que te vaya bien.

Imagen del último 8-M en España, evento que se llevó a cabo contra la indicación

de los epidemiólogos y terminó siendo eso mismo, una bomba epidemiológica que

está en la raíz de la dramática situación que se vive hoy en España. El argumento

utilizado por los “progresistas” españoles para realizar el evento es que el patriarcado

mata más que cualquier pandemia y ahora, en todo caso, España tiene los

dos problemas donde antes había uno solo. Brillante argumentación, como se ve.

17 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


CONTENIDO EXCLUSIVO

Admirable

mundo nuevo

(o la estructura de

las revoluciones

políticas)

ERICO

VALADARES

Atento y avispado en todas

las expresiones culturales

que han movido la aguja

a lo largo de la historia,

el lector habrá notado

de entrada, sin la necesidad

de acudir a la lectura de estas

líneas, que el título del presente

artículo hace referencia a dos

obras que, a primera vista, no

parecerían guardar relación

entre sí. Por un lado, surge

18 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

en la primera parte la ficción

distópica, género literario que

ha vuelto a ponerse de moda en

los últimos meses ante la velocidad

con la que se suceden los

cambios a nivel global. Por otro,

el análisis histórico de ciencia

pura y duramente. El título de

esta exposición contiene un

intertexto no accidental a dos

libros que son hitos en un siglo

de muchos libros —el siglo XX—,

pero que en las librerías se

ubicaron siempre en estanterías

muy distintas y separadas una

de la otra por mucha distancia.

O quizá no tanto.

En 1932, el británico Aldo

Huxley publicaba el original de

Brave new world, su libro cumbre

que finalmente apareció

titulado en castellano como Un

mundo feliz. La traducción es

evidentemente una referencia

al contenido de la obra más

que una adaptación del título a

nuestro idioma, decisión editorial

que no fue igual en todos las

regiones e idiomas. El que para

los hispanohablantes apareció

como Un mundo feliz se tituló

en algunos países con expresiones

clásicas de cada literatura

doméstica. Ese fue el caso de

Francia, por ejemplo, donde el

libro fue traducido al francés


y publicado bajo el título de El

mejor de los mundos, expresión

usada por el filósofo Gottfried

Leibniz y luego popularizada

entre los galos por Voltaire en

Cándido, o el optimismo. Otra

fue la idea en portugués, idioma

en el que Brave new world apareció

traducido de modo literal

como Admirable mundo nuevo,

a partir de la inspiración shakespeariana

original de Huxley.

Y así, al igual que aquel admirable

mundo nuevo exclamado por

Miranda en La Tempestad de

Shakespeare, es cómo la expresión

nos sirve hoy de metáfora.

Aldo Huxley nos sirve hoy como

alegoría para empezar a describir

un admirable mundo nuevo

que surge frente a nuestros ojos

sin que el adjetivo “admirable”

tenga ninguna connotación

positiva o negativa per se. El

nuevo mundo que nace de la

contingencia de una pandemia

cuyas consecuencias no sanitarias

no tienen precedentes en la

modernidad es admirable por la

forma cómo cambia y se dirige

hacia lugares inesperados para

la enorme mayoría de los observadores.

Lo que hace tan solo

unos pocos meses se ubicaba

en el terreno de la ficción distópica

huxleyana u orwelliana

empieza a discutirse seriamente

por la opinión pública. Y eso es

admirable, tan admirable como

podría ser un fenómeno natural

de consecuencias catastróficas

para el hombre.

Exactamente tres décadas

después del hito literario de

Huxley en Inglaterra, aparece en

los Estados Unidos La estructura

de las revoluciones científicas,

un texto de Thomas Kuhn

que marcó un antes y un después

en la epistemología, en la

ciencia como un todo y también

(por lo menos para nosotros) en

la manera de interpretar la dinámica

de los cambios políticos. El

19 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


concepto de paradigma y la idea

subsidiaria del cambio brusco

de paradigma como definición

de qué cosa es una revolución

son de extrema utilidad para

comprender cómo hemos llegado

hasta aquí desde el ascenso

revolucionario de la burguesía

a fines del siglo XVIII y también

para entender al fin que esa revolución

ha alcanzado su límite.

Aunque no lo parezca, Huxley y

Kuhn están íntimamente relacionados

ahí, en el hecho de

que el surgimiento de un admirable

mundo nuevo es el resultado

de la caída de un paradigma

ya incapaz de dar respuesta a

las innumerables anomalías del

sistema, del nacimiento confuso

y a las apuradas de un nuevo

paradigma. Huxley y Kuhn se

dan la mano, empalman perfectamente

en tanto y cuanto

tiene que llegar Kuhn para que

aparezca Huxley, aunque este

último venga en un sentido más

bien figurado que literal. No

será exactamente como en Admirable

mundo nuevo, pero será

un mundo nuevo y será, desde

luego, admirable.

Paradigmas

Existíamos hace unos pocos

meses en un mundo que parecía

ordenado, pese a cierto

desorden eventual. El sistema

capitalista con su relación entre

capital y trabajo, el concierto

de las naciones más o menos

integradas al sistema, el consumo

masivo como motor de la

economía global y los conflictos

generalizados o localizados

como factor de equilibrio en

el tiempo. Si el atento lector

piensa bien en la modernidad

desde que la burguesía destruyó

el orden aristocrático a fines

del siglo XVIII y puso en movimiento

un mundo que aparecía

hasta entonces como parado

en el tiempo, lo que verá ahí es

un paradigma. Y verá además

que, en los términos de Thomas

Kuhn, es altamente probable

que dicho paradigma de más

de dos siglos de edad ya no sea

capaz de resolver la multitud

de anomalías que han venido

apareciendo en el sistema

probablemente desde mediados

de los años 1970, cuando hizo

agua el Estado de bienestar social

que Occidente había creado

para parchar los baches de la

última gran crisis de su paradigma

liberal: la II Guerra Mundial.

De allí en más, con la crisis del

petróleo en 1973 y la posterior

degeneración del liberalismo en

neoliberalismo, ha habido casi

medio siglo de debacle sin la

posibilidad de barajar y redistribuir

con una guerra a nivel

mundial. Claro que la quiebra

del bloque socialista en el Este,

la disolución de la Unión Soviética

y la caída del Muro de Berlín

sirvieron para disimular la debacle

liberal y para seguir tirando,

pero el resultado ya estaba en-

Representación artística de un admirable mundo nuevo en una suerte de mezcla entre Aldous Huxley y George Orwell, donde el

distanciamiento social viene dado por el desarrollo de las redes de comunicación y el control está a la orden del día.

20 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


tonces puesto. El liberalismo de

la burguesía revolucionaria está

agotado hace rato y se mantuvo

artificialmente con vida mientras

no aparecía su relevo.

Un paradigma político es,

sobre todo, una cosa que desde

la perspectiva de la existencia

humana es de muy larga duración.

Cuando la burguesía en

ascenso logró acumular mucho

dinero con el cercamiento de los

campos que en el pasado habían

sido de uso comunal —hecho

histórico que en Inglaterra

se conoció como enclosures— y

se dispuso a transformar esa

riqueza en capital invirtiendo

en el desarrollo y la aplicación

industrial de la máquina a

vapor, esa clase social ascendente

se encontró con que el

paradigma aristocrático no

daba las suficientes garantías

para llevar a cabo la empresa.

La burguesía tenía dinero, tenía

planes y hambre de gloria, pero

no tenía para empezar a triunfar

un sistema de protección de la

propiedad privada que le brindara

la famosa seguridad jurídica.

¿Cómo invertir en máquinas,

construir fábricas y ponerlas a

producir masivamente, si el poder

político estaba en manos de

una aristocracia acostumbrada

a los impuestos confiscatorios

como instrumento legal para

el mantenimiento del Estado

monárquico? La burguesía

debió necesariamente hacer

una revolución, esto es, debió

superar el paradigma político

aristocrático vulgarmente llamado

“medieval” e imponer su

propio paradigma. Así fue cómo

en Inglaterra la monarquía fue

desplazada del lugar del poder

político y en Francia directamente

se la desposeyó de todo

y se la liquidó en la guillotina.

La burguesía tomaba el poder

político e instituía el paradigma

liberal con sus parlamentos, sus

leyes y, sobre todo, su sistema o

El filósofo, físico e historiador estadounidense Thomas Kuhn, autor de ‘La estructura

de las revoluciones científicas’, obra que marca un antes y un después en la

forma como comprendemos el concepto de revolución al introducirse el concepto

de cambio brusco de paradigma frente a un exceso de anomalías no resueltas.

modo capitalista de producción,

en el que quedaban sacramentados

la relación entre capital y

trabajo, el salario y la plusvalía,

la propiedad privada jurídicamente

asegurada. Nacían la

modernidad industrial y el capitalismo

bien entendido como

elementos esenciales del paradigma

político liberal, el que a

su vez iba a ordenar las sociedades

humanas hasta los tiempos

que corren. Todo lo que somos

hoy, nuestra forma de comprender

el concepto de Estado

moderno, el trabajo asalariado

y el lucro empresarial —que son

la propia relación entre capital

y salario, inexistente antes de

la revolución burguesa—, la

propiedad privada, la seguridad

jurídica y las demás garantías y

libertades individuales. Todo lo

que somos es una síntesis del

liberalismo triunfante a fines del

siglo XVIII.

Somos un paradigma liberal

que, por otra parte, está agotado.

Después de prácticamente

dos siglos y medio el liberalismo

no parece ser capaz de tapar el

bache, las anomalías son muchas

y ya no pueden ocultarse

bajo la alfombra mediante una

guerra mundial que redistribuya

las cartas entre los mismos

jugadores para que el juego siga

sin la necesidad de un cambio

de reglas. Al paradigma liberal

le pasa hoy lo que le pasó al paradigma

anterior, aristocrático o

“medieval”, a fines de los años

1700. La tecnología entonces

emergente de la máquina a vapor

exigía un andamiaje normativo

que posibilitara su pleno

desarrollo y dichas normas se

impusieron. La tecnología ahora

emergente de la robótica, la

inteligencia artificial y las redes

de comunicación a grandes

velocidades exige nuevas normas

que resuelvan la siguiente

anomalía, que es terminal: la

relación entre capital y trabajo

en un capitalismo industrial

cada vez menos dependiente

de la fuerza laboral humana y

21 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


cada vez más presionado por el

frágil equilibrio entre el consumo

masivo y el agotamiento de

los recursos naturales. Y esas

normas, lógicamente, se van a

imponer en el marco de un nuevo

paradigma político surgido

de una revolución que ya está en

curso, o la propia marcha de la

historia.

He ahí en muy pocas palabras

la estructura de las revoluciones

políticas, la traslación de la

epistemología de Kuhn al terreno

de la lucha por el poder en el

Estado. Las revoluciones políticas

son eso, un cambio brusco

de paradigma ocasionado por

una proliferación de anomalías

que no pueden resolverse en el y

por el sistema. Hemos llegado a

una etapa de nuestro desarrollo

histórico en la que todo lo sólido

está a punto de desvanecerse

en el aire y todas las que fueron

certezas hasta muy poco tiempo

atrás son inútiles para ordenar

el mundo. Un admirable mundo

nuevo se abre ante nosotros

y, de pronto, naturalizamos el

distanciamiento social, el uso

de tapabocas —véase bien, en el

liberalismo de la libertad de expresión

como valor sagrado estamos

hablando de tapabocas

como algo positivo—, el toque

de queda y el no salir a cumplir

nuestra parte en la relación

entre capital y trabajo. Hágase

el atento lector la siguiente

pregunta: ¿Qué pensaría de la

anterior descripción de la realidad

si la leyera hace tan solo

dos o tres meses en un diario o

en esta misma revista? Ciertamente

pensaría tratarse de una

muy delirante pieza de ficción

distópica, bastante mala e

indigna, por cierto, tanto de los

Huxley como de los Orwell. Ellos

pensaron en el condicionamiento

y en el Gran Hermano, pero no

se atrevieron a imaginar tapabocas,

aislamiento social y mucho

menos ruptura en la relación

entre capital y trabajo. Nuestro

admirable mundo nuevo supera

con creces cualquier ficción

La multitud celebra en las calles de Nueva York la rendición de los nazis y el fin de

la II Guerra Mundial. Los conflictos bélicos localizados y generalizados han sido la

forma mediante la que el paradigma liberal ha tapado los baches históricamente,

barriendo sus anomalías debajo de la alfombra para tirar algún tiempo más. Esa

forma de resolución precaria, no obstante, se encuentra con un obstáculo para

tener lugar actualmente: la renuencia de las potencias emergentes del Este, que no

quieren ir a la guerra para estirar aun más lo que ya está terminado.

distópica y esa es una señal

inequívoca del agotamiento de

un paradigma: cuando suceden

cosas que ni las imaginaciones

más creativas pudieron pensar

en el marco simbólico del

paradigma presente, es porque

esas cosas están representando

anomalías insalvables para ese

mismo paradigma.

¿Qué hacer con la crisis?

Al liberalismo probablemente

le haya llegado la hora, pero

no así al modo de producción

capitalista. El capitalismo no

es otra cosa que la obtención

de plusvalía en el marco de una

relación entre capital y trabajo

regulada por un esquema político

de seguridad jurídica sobre

la propiedad privada. Y nada de

eso en realidad depende mucho

del liberalismo. De hecho, bien

mirada la cosa, también en los

regímenes dichos socialistas —y

en los de tercera posición, por

supuesto— ese esquema existe,

aunque es regulado de otra

manera por el Estado. Es que

el capitalismo como modo de

producción no necesita de nada

más que esa seguridad jurídica

para la protección del derecho a

la propiedad privada y el liberalismo

burgués, como se ve, no

pasa de un paradigma en el que

se garantiza ese derecho hasta

sus últimas consecuencias. En

una palabra, el liberalismo solo

es el priorizar las libertades

individuales por encima del interés

colectivo. Y eso es absolutamente

prescindible.

Dos siglos y medio de llevar

hasta sus últimas consecuencias

las libertades individuales,

doscientos cincuenta años de

dejar hacer y dejar pasar sin

pensar mucho en el impacto

que eso tiene sobre el grupo han

resultado en un mundo desordenado,

caótico e ingobernable.

Lo que le está pasando al mun-

22 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


do es que el paradigma liberal

dominante cumplió su ciclo y ya

hace como cincuenta años que

está en tiempo de descuentos,

como se usa decir en la jerga

futbolera. Y entonces una crisis

sanitaria global viene y deja al

descubierto lo que por debajo

ya estaba podrido hace rato.

Esto es lo fundamental: no es

que el liberalismo venía bien y

fue súbitamente arrollado por la

pandemia del COVID-19, de ninguna

manera. El liberalismo ya

había caducado, ya era incapaz

de dar respuesta a las anomalías

del sistema y la pandemia

hizo que esas anomalías se expresaran

con mucha más fuerza

de lo habitual. Podría decirse

entonces que el liberalismo ya

era viejito, andaba muy mal de

salud y que lo agarró el coronavirus

y lo liquidó.

La metáfora es muy simpática,

pero además muy útil si se

quiere entender lo que realmente

pasa. Desde la mal llamada

“izquierda” hay gritos y festejos

por lo que sería finalmente la

tan anunciada muerte del modo

capitalista de producción. Pero

eso difícilmente podría ocurrir,

puesto que lo que hace crisis no

es el esquema de seguridad jurídica

sobre la propiedad privada,

sino una forma específica de

implementar ese esquema. La

propiedad privada está intacta e

históricamente se demostró una

manera muy eficaz de fomentar

la movilidad social: el hombre

se esfuerza si y solo si ve la posibilidad

de recompensarse por

ello en el horizonte. Y entonces

el problema no es realmente el

modo de producción capitalista

en tanto y en cuanto seguridad

sobre la propiedad privada,

sino —y aquí está lo que solemos

llamar el santo grial de la

política— la función social que

tiene o no tiene dicha propiedad

privada. Como se sabe,

en el finado liberalismo esa

Retrato de Jean-Jacques Rousseau, obra de Maurice Quentin de La Tour que se

encuentra actualmente expuesta en el Museo de Bellas Artes Antoine Lecuyer en

Saint-Quentin, Francia. Rousseau fue una de las grandes luces del liberalismo,

aunque la actual debacle liberal está en frontal contradicción con sus ideas.

función social es directamente

ninguna, esto es, solo se trata

de acumular capital y riqueza

sin límites, aunque esa acumulación

resulte en miseria para

innumerables miembros del

grupo social. Al llevar el ideal

de la seguridad jurídica sobre

la propiedad privada hasta sus

últimas consecuencias, lo que

el liberalismo hace es legitimar

la creciente desigualdad social.

En el mediano plazo eso resulta

en una contradicción fatal para

el propio liberalismo. Según un

enorme liberal como Jean-Jacques

Rousseau, “La igualdad en

la riqueza debe consistir en que

ningún ciudadano sea tan opulento

que pueda comprar a otro,

ni ninguno tan pobre que se vea

precisado a venderse”. Y lo que

el liberalismo hace al permitir

la acumulación sin límites y el

capital sin función social es que

haya una minoría con capacidad

para comprar a otros y que haya

una mayoría permanentemente

precisada a venderse.

Entonces el problema no es el

modo de producción capitalista,

sino que el paradigma actual

no prevé una función social

para el capital que garantice

el cumplimiento de la máxima

del liberal Rousseau. Claro que

aquí hacemos una referencia

al santo grial de la política que

se menciona más arriba y es el

concepto de comunidad orga-

23 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Viñeta en inglés en la que se caracteriza el capitalismo en China como “autoritario” y en la que se ve a la burguesía calificando

el país como la “tierra de la esperanza y la oportunidad”. El carácter “autoritario” del capitalismo en China resulta de la incomprensión

de Occidente acerca de la función social del capital, que debe ser garantizada por el Estado.

nizada que da el nacionalismo

popular llamado peronismo

en Argentina. El peronismo es

ese santo grial de la política en

tanto y en cuanto determina la

función social del capital para

hacer realidad la justicia social

ya reivindicada por Rousseau

allá lejos y hace tiempo. El

peronismo es la tercera posición

entre el liberalismo que es todo

individualidad y el socialismo,

que es todo colectivo. Allí donde

los liberales tratan de suprimir

la función social de la propiedad

privada y los socialistas quieren

directamente suprimir la

propiedad privada, dejando sin

horizonte a los que son movidos

por la recompensa al esfuerzo,

el peronismo propone un equilibro.

El peronismo propone organizar

la comunidad para que

nadie sea tan rico como para

comprar a otros ni nadie sea tan

pobre como para que tenga que

venderse.

El peronismo es eso, pero no

es el único en el mundo. China

es una nación con un régimen

político de tipo socialista, pero

con la particularidad de tener

una economía no planificada, es

decir, una economía basada en

el modo de producción capitalista.

Un socialismo capitalista

que confunde a mucha gente,

aunque no debería ser motivo

de confusión. Lo que China

viene haciendo en las últimas

décadas es buscar el santo grial

de la política, el equilibro entre

individualidad y colectividad. Y

entonces China ha estado intentando

construir el nuevo paradigma

para la superación del

liberalismo que muere, pero sin

caer en la opción del socialismo

que ya había fracasado en otras

partes al no dar tampoco las

respuestas a sus propias anomalías.

Si bien los chinos han

entendido que el liberalismo

como paradigma ya está agotado,

entendieron asimismo que

el capitalismo como modo de

producción va a seguir vigente

aun por mucho tiempo porque

allí donde se lo intentó suprimir

el resultado fue la farsa de

un retorno al paradigma dicho

“medieval” al burocratizarse la

política en el Estado hasta que

los dirigentes se convirtieran en

una casta y luego en una clase

social en sí misma. Los dirigentes

en el Estado que intenta

suprimir la individualidad del

todo terminan ocupando ellos

mismos el lugar de la aristocracia

que había sido derrotada

por la modernidad industrial de

los burgueses revolucionarios

a fines del siglo XVIII. Eso es

una imposible marcha atrás en

la historia y el resultado es la

anomia en el grupo social, una

de las principales razones por

las que el bloque socialista en el

Este terminó colapsando por su

propio peso entre las décadas

de los años 1980 y 1990.

China no quiere esa cristalización

y no quiere esa anomia.

Lo que China quiere es lograr el

santo grial de la política e ir llegando

al nuevo paradigma para

24 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


enterrar de una vez por todas

al liberalismo. ¿Y cuál será ese

nuevo paradigma? Es incierto,

el juego se está jugando ahora

mismo. Pero ya se puede afirmar

que no será liberal, sino la

superación del liberalismo.

Mientras se nos revela un

admirable mundo nuevo resultante

de la caída del paradigma

liberal, en Oriente toman los

conceptos generales del nacionalismo

popular que en Argentina

llamamos peronismo para

construir el nuevo paradigma. El

modo de producción capitalista

existe en China ya sin las reglas

del liberalismo: los chinos dejan

hacer y dejan pasar, sí, siempre

y cuando se cumpla una serie

de criterios impuestos por el

Estado nacional para organizar

la comunidad haciendo el

equilibrio entre capital y trabajo.

China permite el desarrollo del

modo de producción capitalista

mediante el reconocimiento de

la propiedad privada industrial,

pero controla con mano de hierro

los sectores clave de la economía

que son el transporte, la

energía, la minería y el comercio

exterior, de modo que uno puede

en China ser propietario de

industria y hasta puede ser muy

grande —de hecho, las fábricas

en China son ingentes inversiones

de capital—, pero debe

darle a su capital la función

social exigida por el Estado. Si

no lo hace, el propietario está

sujeto no a la confiscación, porque

en China raramente se tiene

que llegar a ese extremo, sino a

verse privado de la energía y de

las materias primas que necesita

para producir, del transporte

que necesita para mover esa

materia prima y luego la mercancía

manufacturas y además

de la posibilidad de exportar,

puesto que existe un control

sobre el comercio exterior. En

una palabra, en China el capitalista

cumple su función social sí

o sí, porque si no la cumple deja

automáticamente de ser capitalista

y no porque caiga bajo la

bota de las confiscaciones, sino

porque los sectores clave de la

economía están bajo el control

del Estado y ninguna industria

puede funcionar sin eso.

El santo grial de la política

está ahí, en la constitución de

un Estado potente y presente,

aunque no omnipotente y tampoco

omnipresente. La construcción

de un Estado con la

capacidad práctica de obligar

al capital a cumplir su función

social sin la necesidad de suprimirlo.

Los chinos siguen cobijados

bajo la tradición simbólica

de Mao y su revolución, por lo

que su instrumento político es

el partido comunista. Pero en la

práctica, como se ve, el programa

nada tiene que ver con lo

que el sentido común espera de

los comunistas. Lo que realmente

hay en China desde hace mucho

tiempo es un nacionalismo

popular para la construcción de

una comunidad organizada en el

equilibro entre capital y trabajo.

Y la experiencia de China podrá

impactar en la definición de

nuevo paradigma político para

el mundo que se viene, puede

que el nuevo paradigma tenga

mucho de China hasta ser ese

nacionalismo popular enterrador

del liberalismo. En este admirable

mundo nuevo de tapabocas

como panacea universal,

cuarentena y distanciamiento

social, lo que puede resultar de

la caída del paradigma liberal

es un orden distinto en el que

los pueblos-nación empoderados

en el Estado puedan ponerle

el cascabel al gato y lograr la

función social del capital para

organizar la comunidad. Ese sería

un admirable mundo nuevo

en el que “admirable” tendría —

ahora sí— una connotación muy

positiva.

25 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


IDENTIDAD PERONISTA

El peronismo en

los tiempos de

la pandemia

MARCO A.

LEIVA

El peronismo en los tiempos

de la pandemia. ¿Cómo

resolverá el gobierno nacional

el caos que generó la

crisis mundial por el coronavirus?

¿Saldremos airosos

de esta coyuntura tan apremiante

o nos condenaremos a un

destino de colonia y sumisión?

Las preguntas son complejas,

pero la respuesta, desde que el

mundo es mundo, siempre ha

sido la misma: todos los caminos

conducen a Perón y no a una

Roma asediada por la muerte y

26 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

la desolación.

18 de abril de 2019: a través

de un video publicado en redes

sociales, la líder del peronismo

a nivel nacional Cristina

Fernández de Kirchner anunciaba

la fórmula ganadora.

Nos resultó de toda obviedad

a algunos la rutilante victoria

de una fórmula que no podía

no ganarle a la alianza conservadora,

habida cuenta de que

era la única capaz de aglutinar

y amalgamar a los más amplios

sectores del arco político de

orientación justicialista. Era

necesario asegurar la victoria a

como diera lugar, literalmente

se nos iba la vida en ello. La vida

como pueblo-nación, dado que

una derrota hubiera rubricado

el destino de colonia y la definitiva

venta al mejor postor de la

Argentina. Pero sobre todo, se

nos iba la vida en ello porque la

derrota hubiera significado la

desaparición física de miles —

acaso millones— de argentinos

y argentinas excluidos de un

sistema en el que hubieran sobrado.

La muerte simbólica de la

patria redunda necesariamente

en la muerte física de los compatriotas

más postergados.

27 de octubre de 2019: aquello

que se había anticipado se

cristaliza. La victoria de un

frente capaz de reunir a los más

variados sectores de raigambre

popular triunfa en elecciones

nacionales. Sin embargo, contra

todos los pronósticos, lo hace


por unos ocho puntos de ventaja,

virtualmente la mitad de

los quince que las encuestas

se aventuraban a arriesgar. Es

decir, que a pesar de la debacle

económica; de la descarada

manipulación de las instituciones

democráticas en favor

de la impunidad y la impudicia;

del estallido social en ciernes,

contenido apenas por el colchón

de derechos sociales heredados

del “kirchnerismo”; del saqueo y

de la ignominia, la alianza conservadora

es capaz de repuntar

la diferencia y achicar la brecha.

Visto desde fuera, una hazaña.

Desde ese día en adelante la

alianza conservadora esperó.

El panorama hacia fines de enero

de 2020 resulta siendo más

o menos el esperado: un gobierno

recién nacido que busca

renegociar una deuda impagable

por los plazos y los montos,

con el propósito de garantizar

la independencia económica

y la política soberana sobre el

pueblo-nación que lo eligió. Una

gira presidencial que abarca los

más amplios destinos, desde

la vieja Europa hasta Israel.

Apoyos “por derecha” y “por

izquierda”. Política. Pragmatismo.

Hasta un día de enero,

el día 30, más precisamente,

en que una institución llamada

Organización Mundial de la

Salud declara como pandemia

a un virus llamado “corona”,

que provoca una enfermedad

respiratoria que es nombrada

“COVID-19” para diferenciarla

de otras enfermedades hermanas

que son causadas por otras

cepas de ese hoy tristemente

célebre, aunque hasta hace muy

poco completamente ignorado

coronavirus.

Suene exagerado o dramático

(o no), ese día el mundo cambió.

Una especie de “resfrío” que

alguno que otro habíamos oído

nombrar porque desde diciembre

azotaba lejanas regiones

de una China misteriosa, cuya

geografía nos es ajena y sus

topónimos más, llegó a las más

vastas regiones del globo, con la

única excepción del continente

Antártico. Desde ese día en adelante,

el mundo de las comunicaciones

cambió para siempre.

El coronavirus lo invadía todo.

Y no era para menos, claro.

Al momento de escribir estas

líneas, la enfermedad COVID-19

se ha cobrado unas setenta mil

vidas alrededor del mundo, con

un estremecedor número de

más de un millón de infecciones

reportadas y otras tantas sin

reportar. Y Argentina no es una

excepción al desastre: hay miles

de infectados y varias decenas

de fallecidos.

Menudo desafío para un gobierno

que apenas llevaba unos

noventa días de gestión cuando

la crisis mundial por coronavirus

se desató.

Todos los caminos

conducen a Perón

Sin embargo, no todo está perdido.

La crisis mundial debida

a la pandemia de coronavirus

tiene un carácter inédito en la

historia de los Estados nacionales.

Puede parecer exagerado

dicho así, sin que haya habido

una distancia del fenómeno

para poder visualizarlo desde

todas sus aristas. Por increíble

que pueda parecer, el hecho es

que el mundo globalizado tal

y como se lo conocía antes de

esta contingencia internacional

murió y no volverá a ser el

mismo (“contingencia” o no; no

es del interés de este artículo

escudriñar los orígenes del virus

ni tampoco de su carácter de

El doctor Ramón Carrillo, gloria del peronismo en el campo de la salud pública.

Aquí se representa al Dr. Carrillo en un episodio de ‘Las aventuras de Zamba’ para

la educación de las nuevas generaciones en el conocimiento de sus próceres.

27 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Los Fernández, Alberto y Cristina: oportuno triunfo para dotar la Argentina de un gobierno capaz de capear la tormenta.

pandemia).

No obstante, aquí en Argentina

tenemos un as bajo la

manga casi inédito en el resto

del universo: tenemos peronismo.

La segunda buena noticia

es que mientras que los países

“centrales” se han visto superados

y arrasados por la enfermedad,

en Argentina poseemos los

recursos naturales que pueden

asegurarnos la subsistencia

no solo a los argentinos sino a

unos cuantos miles de millones

de seres humanos de todas las

nacionalidades. Contando todo

el territorio nacional bicontinental,

Argentina posee alrededor

de seis millones de kilómetros

cuadrados de superficie, contra

los aproximadamente diez

de la totalidad del continente

europeo. Argentina es un país

bicontinental y bioceánico. Si

se cuenta solo la plataforma

continental americana, resulta

siendo el octavo país más extenso

del mundo, con una infinita

riqueza en recursos agrícolas,

ganaderos y pesqueros. El

paraíso del hambriento. Y tiene

peronismo.

De manera tal que si hace

uso de esas dos maravillas que

le ha ofrecido la Divinidad, la

Argentina tiene todas las ventajas

comparativas y competitivas

para ser una de las potencias

más firmes del mundo multipolar

que no solo se viene, está

aquí. Lo inauguró con una tijera

de médico, portando guantes y

barbijo, el coronavirus.

Aunque los grupos concentrados

están buscando desprestigiar

al gobierno para poder

hacerse de pingües ganancias

en la etapa que viene, está

resultando cada vez más claro

que en el mundo la única manera

de sobrevivir a la crisis que

genera el parate de la actividad

económica, sumado al colapso

de los sistemas de salud y el

desabastecimiento consecuencia

de la paralización del comercio

es una: apelar al Estado.

El Estado como garante de las

relaciones entre capital y trabajo,

el Estado como ejecutor de

presupuestos, el Estado como

recaudador de impuestos. Mientras

esa misma oposición que se

había agazapado allí por diciembre

de 2019 vuelve a arremeter

contra el rol del gobierno

popular en la administración de

la pandemia, el bloque oficialista

en el Parlamento analiza

medidas interesantes.

No debería sorprender a un

lector más o menos informado

que las mismas personas que

han recortado la jubilación a

los ancianos (en dos oportunidades,

en 2001 y en 2018)

ahora lloren compungidas por

redes sociales denunciando

una desinteligencia del gobierno

que se resolvió en pocas

horas. Es que se trata de divertir.

“Si no hay pan, que haya

circo”. Diversión en el sentido

de la jerga marcial: distracción.

Mientras se discuten las sillas

disponibles para jubilados a las

puertas de las entidades bancarias

o se insta a batir ollas y

cacerolas en repudio al salario

de funcionarios y legisladores,

las principales fortunas del

país despiden empleados y la

oligarquía se salva de que le

aumenten los porcentajes de

los derechos de exportación. Es

que es más abstracto para el

vecino desinformado pensar en

la fortuna personal de ocho mil

millones en dólares de un Paolo

Rocca (USD$ 8.000.000.000,

no nos tomaremos el trabajo

de pasar a pesos esa cifra, no

nos alcanzaría un renglón para

escribir tantos ceros) que en

los ciento cincuenta mil pesos

mensuales de una Carla Vizzoti,

secretaria de Acceso a la Salud.

La indignación del ciudada-

28 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


no llega hasta donde llega su

imaginación en el sentido más

estricto de la palabra, como recreación

de imágenes en la mente.

Porque, ¿quién de nosotros

es capaz de imaginar una pila

de billetes verdes tal que llegue

a sumar ocho mil millones?

Pero existe el peronismo,

decíamos. Los denodados

esfuerzos de la corporación

gorila y sus esbirros políticos

y mediáticos por ensuciar a la

política haciendo política de la

antipolítica tienen como fundamento

el miedo de las corporaciones

al peronismo. La Constitución

de 1949, redactada por

Arturo Sampay, planteaba en

su artículo 39: “El capital debe

estar al servicio de la economía

nacional y tener como principal

objeto el bienestar social. Sus

diversas formas de explotación

no pueden contrariar los fines

de beneficio común del pueblo

argentino”. Vaya peligro para

aquellos que han vivido históricamente

de enriquecerse a

costa contrariar los fines de

beneficio común de nuestro

pueblo-nación.

En esa línea van los proyectos

como el que propone el jefe

de la bancada oficialista en

diputados Máximo Kirchner.

Que las grandes fortunas que

blanquearon activos aporten

forzosamente el 1,5% de sus

capitales para distribuirlas de

manera equitativa entre todos

los argentinos. En salud, en alimentos,

en justicia social. Está

en la Constitución, la que es legal

pues fue derogada de facto

por un gobierno dictatorial. Y si

no tienen efectivo (permítasenos

un poco de humor) pues, que

aporten las vacas, que aporten

los granos, que aporten el acero

y los medicamentos. Los servicios

públicos gratuitos, los

capitales que duermen ociosos

en los bancos. Es constitucional

y corresponde por obligación

ética de un pueblo cristiano que

no puede permitirse que sus

hermanos mueran por hambre

o enfermedad. La doctrina

peronista es profundamente

humanista y cristiana. Al que le

sobra abrigo, que se lo preste a

su hermano: o es para todos la

cobija o es para todos el invierno.

No lo harán por caridad, que

lo hagan por ley.

Y después está el comercio.

Un país que produce alimentos

para diez veces su población

se encuentra en la posición

privilegiada de poder negociar

los bienes estratégicos que él

mismo no produce y asegurarse

así tecnología de punta para su

pueblo. Mientras que una Europa

devastada se está quedando

sin alimentos a causa del cese

de actividades industriales, en

Argentina el alimento camina y

pasta por las pampas. Bienes

estratégicos en un mundo en el

que el valor del dinero se perdió.

Nacionalizar el comercio asegura

el abasto a los de adentro y

una posición para negociar con

los de afuera. Es prerrogativa

del Estado, legítima y legal;

depende exclusivamente de una

decisión política nomás. Resulta

claro por qué algunos sectores

hacen política de la antipolítica

y divierten. Tienen mucho por

perder y el pueblo argentino,

mucho por ganar.

Desde abril de 2019 el mundo

ha virado completamente, la

historia parece haberse puesto

a rodar en cámara rápida. En

Argentina como en el mundo,

los tiempos se aceleraron y ya

nada será igual. Más allá de

los cálculos contrafactuales de

dónde nos encontraríamos si

en octubre hubiera triunfado la

fórmula de las corporaciones y

la oligarquía, resulta evidente

que el gobierno actual asusta

lo suficiente como para que los

embates sean virulentos y constantes.

Es que nuestro país (y

el gobierno que encabeza Alberto

Fernández) tiene a la mano

una oportunidad única para

llevar al acto su potencia productiva

y económica y erigirse

en gigante del Cono Sur. La

posibilidad está latente, falta la

decisión política. Nosotros tenemos

las vacas, ellos tienen el

hambre; veremos quién aguanta

más. Como siempre, desde que

el mundo es mundo, todos los

caminos conducen a Perón.

29 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


SUPLEMENTO ESPECIAL | PARTE V

Sociología del

estaño para la

construcción del

nacionalismo

popular

ERICO

VALADARES

En las cuatro anteriores

entregas de esta Sociología

del estaño para la construcción

del nacionalismo

popular se ha expuesto la

necesidad de un proyecto político

que les sirva a los pueblos de

30 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

un modo genérico para afrontar

la realidad de un mundo que

tiende a prescindir del trabajo

humano, reemplazarlo por máquinas

con inteligencia artificial

y enviar al descarte las grandes

mayorías populares, desfasadas

estas respecto a la tecnología

actual. Hasta aquí, la exposición

de lo que en nuestra opinión

debería ser una construcción

política de tipo nacional-popular

basada en la cultura del

pueblo-nación —elementos estos,

cultura, pueblo y nación que

están en la base del proyecto y

son todos sinónimos equivalentes

entre sí— ha puesto énfasis

en esa necesidad, que viene

dada por la introducción de

unas tecnologías cuyo avance

no puede detenerse. El atento

lector podrá sacar de las anteriores

entregas la conclusión de

que sin un nacionalismo popular

orientado a preservar la vida y la


dignidad de los pueblos las élites

globales no encontrarán en

los Estados una resistencia real

a su proyecto macabro de descarte

de las mayorías, sino más

bien una cómoda complicidad

para llevar a cabo un genocidio

sin precedentes en la historia

de la humanidad. Si los pueblos-nación

no logramos empoderarnos

verdaderamente con la

política hasta conquistar definitivamente

el poder en el Estado

nacional, la misma estructura

estatal será utilizada por las élites

globales para sus propósitos

y los pueblos, dispersos y desorganizados,

pereceremos sin

posibilidad de resistencia frente

a la fuerza brutal de la antipatria

que concentra hoy la gran parte

de la riqueza y quiere despoblar

rápidamente el mundo. Lo que

hemos querido expresar en los

anteriores capítulos de esta

obra a cuentagotas es que el

nacionalismo popular no constituye

una alternativa ideológica

por la que los pueblos pueden

optar sí o no, sino la única posibilidad

de evitar la derrota final

a manos de las élites globales.

No se trata de ir de “izquierda” a

“derecha” en un arco horizontal

imaginario en el que se discuten

matices al interior de un mismo

proyecto político invariablemente

liberal. Se trata, eso sí,

de superar al fin el liberalismo

31 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


caduco y de construir un proyecto

nuevo con la capacidad

y la voluntad de contemplar la

existencia de miles de millones

por todo el mundo más allá de

los intereses de las minorías. La

cuestión fundamental del nacionalismo

popular es una cuestión

de vida o muerte, es un triunfar

o morir mucho más literal de lo

que se suele imaginar.

Entonces llegó la hora de

analizar las razones por las que

esa necesidad, la de un proyecto

nacionalista popular para la

defensa mutua de los más, no

se satisface. ¿Por qué los pueblos

no terminamos de comprender

el peligro que acecha y

seguimos presos de un debate

inconducente entre versiones

ideológicas de un liberalismo

que ya hizo agua? ¿Por qué, en

una palabra, seguimos fragmentándonos

entre “izquierda”,

“derecha” y “centro”, por

ideología, si aquí lo único que

hay es una lucha a muerte entre

los de arriba y los de abajo por

ver quiénes van a subsistir en el

mundo en un futuro a mediano

plazo? Llegó el momento de ver

cómo la ideología es un estorbo

en el camino a la construcción

de un proyecto realmente nacional-popular

y entonces veremos

en las próximas líneas una

descripción de aquello que aquí

hemos dado en llamar la santísima

trinidad de la ideología liberal

“progresista”, a saberla, los

tres pilares ideológicos sobre

los que el poder fáctico a nivel

global funda hoy el falso debate

entre falsas opciones políticas

para que los pueblos-nación no

lleguen jamás a la comprensión

respecto a qué hay realmente

detrás de tanta cortina de

humo. Esa trinidad ideológica

El general César Milani, ejemplo paradigmático de víctima de la ideología “antimilico”

en Argentina. Al ser nombrado como jefe del Ejército por Cristina Fernández

de Kirchner y con la misión de empezar a construir el nacionalismo popular en las

Fuerzas Armadas, Milani fue embestido por una operación encomendada por las

élites globales y ejecutada localmente por Horacio Verbitsky, entre otros. Gracias a

la ideología “antimilico”, Milani fue crucificado por propios y extraños muchísimo

antes de que la Justicia le dictara sentencia. Y si bien al final quedó demostrado

que Milani era inocente de las acusaciones en su contra, ya era tarde: había sido

destruido “por izquierda” el proyecto de un Ejército nacional-popular.

liberal y “progresista” se conforma

de la ideología “antimilico”,

de la ideología “antifascista” y

de la ideología “de género”, allí

donde las tres se retroalimentan

mutuamente para arrastrar

hacia las falsas dicotomías un

debate que debió ser pragmático,

puntual y objetivo: pueblos

o corporaciones, naciones

soberanas o élites globales con

poder universal.

La ideología “antimilico”

De acuerdo con las generales

de la ley, que son las reglas por

las que las categorías quedan

establecidas de una vez y para

siempre para permanecer inmunes

a los procesos de doble

hermenéutica orientados a

vaciarlas de sentido y liquidarlas,

la aplicación de un proyecto

político de tipo nacional supondrá

siempre la necesidad de

contrarrestar la oposición en la

influencia de fuerzas cuyos intereses

son ajenos y contradictorios

a los de una nación. Eso

es el nacionalismo en esencia

y es, dicho en otras palabras,

la verdad no relativa de que el

nacionalismo existe porque

existen primero las fuerzas

antinacionales y, por supuesto,

antipopulares, allí donde

pueblo y nación son sinónimos

necesarios. Y entonces el nacionalismo

es popular y no puede

ser otra cosa que una respuesta

colectiva o un grito político de

liberación frente a la tiranía de

la fuerza brutal de la antipatria.

Eso es lo general y, al igual que

los demás tipos de nacionalismo

expresados, el nacionalismo

popular es esa respuesta colectiva

allí donde el colectivo que

se reivindica es el colectivo de

una nacionalidad en particular.

En el ABC del nacionalismo de

modo genérico, lo que se tiene

siempre en frente es una fuerza

externa, ajena y contradictoria

32 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Fidel Castro y Hugo Chávez, ejemplos de cómo las armas del Estado pueden integrarse a la vida nacional-popular. En Cuba y en

Venezuela la ideología “antimilico” no es dominante y no hace mella en la conciencia de la militancia, por lo que Cuba y Venezuela

pueden defenderse con el fusil en la mano frente a la amenaza de los ricos del mundo y son los países de América Latina

mejor preparados para defender sus soberanías, derrotando la globalización neoliberal.

a los intereses colectivos del

pueblo-nación que se quiere

defender, ya sea esa fuerza una

potencia imperialista visible,

con nombre propio y bandera,

como pudieron haber sido los

imperialismos británico o el

estadounidense, el romano o

el otomano, cada uno de ellos

en su momento histórico de

dominación global, o una fuerza

menos visible, como las corporaciones

trasnacionales, el

capital financiero apátrida o las

élites globales.

Para los efectos prácticos de

la lucha nacionalista la naturaleza

específica de la fuerza

foránea a la que el nacionalismo

se opone es, sin embargo,

irrelevante. El problema en esa

oposición se reduce siempre a

una cuestión de correlación de

fuerzas en la que el nacionalismo

debe hacerse de los medios

necesarios para enfrentarse

a dicha fuerza foránea, ya sea

esta la de una potencia imperialista,

la de una coalición de

potencias, un grupo de corporaciones

y/o especuladores

financieros o las propias élites

globales reunidas. Sea el que

fuere, el enemigo foráneo debe

ser combatido y derrotado,

porque de lo contrario el nacionalismo

caerá y esas fuerzas

foráneas impondrán su voluntad,

resultando en el sometimiento

del pueblo-nación y su

destrucción. Lo que se dice aquí

es que el nacionalismo en su

lucha por la liberación nacional

debe necesariamente hacerse

de los medios para triunfar o

ser derrotado, es decir, dejar

expuesto al pueblo-nación a

los intereses del enemigo, el

que suele ser despiadado en la

victoria. Sin importar la naturaleza

específica del poder

foráneo que pretende someter

al pueblo-nación para hacerlo

funcional a sus intereses particulares,

el nacionalismo de un

modo genérico no puede darse

el lujo de flaquear frente a dicho

enemigo y debe, por lo tanto,

reunir todos los recursos necesarios

para no ser derrotado en

la lucha. Entre esos recursos el

más importante suelen ser las

armas: para hacerle frente a un

poder foráneo, a la fuerza brutal

de la antipatria, cualquier nacionalismo

debe necesariamente

armarse.

Los ejemplos históricos de

cómo diferentes pueblos-nación

se armaron para la defensa

de la patria son abundantes

en todo el siglo pasado. Sin ir

33 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


mucho más lejos, aquí en América

sigue vigente la lucha del

pueblo-nación cubano, el que

en las últimas seis décadas

ha sido víctima de embestidas

infernales por parte de todo el

imperialismo occidental —con

los Estados Unidos a la cabeza—

y ha soportado estoicamente un

bloqueo criminal que ese mismo

imperialismo impone sobre la

economía del país. Desde que

vino Fidel en adelante, Cuba ha

resistido a todos los embates

con gran heroísmo, empezando

con la batalla de Playa Girón en

el marco de la invasión de bahía

de los Cochinos, una operación

bélica organizada por la CIA en

la que participaron terroristas

cubanos radicados en Miami.

De allí en más Cuba ha resistido

con el fusil en la mano a todas

y cada una de las agresiones

imperialistas y allí sigue firme la

revolución, sin dar signos de que

vaya a flaquear en el corto y mediano

plazo. Otro tanto ocurre

actualmente también en Venezuela,

donde las fuerzas armadas

coordinan esfuerzos con las

milicias populares en la defensa

del suelo patrio, hasta aquí con

éxito. En ninguno de estos dos

casos ni en caso alguno a lo largo

de la historia la defensa de la

soberanía de un pueblo-nación

en su territorio nacional se logró

de otra manera que no haya sido

mediante la resistencia armada,

numerosa y bien organizada. Y

aquí hay otra verdad no relativa

u otra ley general de la política

internacional: cuando la fuerza

brutal de la antipatria embiste,

no existe forma de frenarla que

no sea a los tiros, precisamente

porque dicha fuerza nunca viene

a dialogar, sino a matar para

robar.

Todo eso es indiscutible, no

hay forma de tratar ideológicamente

la cuestión. Lo único

que puede hacerse frente a la

amenaza externa es aplicar el

pragmatismo y atender a los

casos históricos que marcan

todos ellos el mismo camino: o

se para el pueblo-nación firme

con el fusil en la mano frente

La fuerza brutal de la antipatria, aquí representada en unos soldados estadounidenses invadiendo alguna región de Medio

Oriente para asegurar allí los intereses de las corporaciones. La dicotomía para cualquier país que aspira a ser soberano es la

siguiente: cuando el imperialismo se disponga al saqueo de los recursos del pueblo-nación, ¿cómo responderá dicho pueblo?

¿Hará como venezolanos, cubanos, vietnamitas y otros que no se dejaron avasallar, o se entregará sin resistir?

34 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


a la amenaza, o esa amenaza

se concretará y el pueblo-nación

perecerá bajo la bota del

invasor. Si en vez de armarse

y prepararse para enfrentar a

los tiros los intentos de invasión

orquestados por la CIA los

cubanos hubieran tratado de

dialogar, entonces la invasión se

hubiera concretado sin oposición

y Cuba habría sido invadida

y recolonizada sin mayores trámites

al ser destruida la revolución

que previamente la había

liberado. La revolución cubana

con poder en el Estado hizo lo

debido al formar y al preparar un

ejército profesional para la defensa

del territorio patrio desde

el vamos, hizo lo que tenía que

hacer a sabiendas de la amenaza

de la antipatria siempre al

acecho. Como veíamos antes,

no es posible abordar esta cuestión

ideológicamente, ya que

ningún argumento ideológico

puede resolver la contingencia

que supone una invasión armada.

Lo mismo han comprendido

los venezolanos y, si se quiere,

los vietnamitas, los norcoreanos

y tantos otros que durante todo

el siglo XX se han parado firmes

para resistir frente al enemigo

imperialista.

El atento lector verá que el

tema de las armas y la organización

de fuerzas armadas regulares

para la defensa de la soberanía

de un pueblo-nación está

bastante claro, con todas las

conclusiones del caso apoyadas

en sendos ejemplos históricos

que son igual de cristalinos en

sus resultados. No obstante, el

asunto de las armas presenta

varios problemas que no suelen

ser resueltos de igual manera

por todas las culturas. Está

claro, decíamos, que no existe

alternativa que no sea el empleo

de la fuerza para resistir cuando

la fuerza ha sido empleada por

un agresor/invasor, no hay posibilidad

de diálogo con el que

El general Juan Domingo Perón, máxima expresión del nacionalismo popular en Argentina

y fundador de su principal movimiento político. Si viviera, Perón descubriría

amargamente cómo el “progresismo” liberal introdujo en el peronismo la ideología

“antimilico”, ideología que corresponde a dicho movimiento, por razones lógicas.

no viene a dialogar. Y está claro

también que los pueblos-nación

en lugares como Cuba, Venezuela,

Vietnam y Corea del Norte

han llegado a tener la comprensión

histórica del hecho, lógicamente

más en virtud de las

circunstancias que mediante un

proceso planificado de reeducación

colectiva. No obstante,

la forma en la que resuelven

el asunto de las armas no es

la misma en Vietnam que en

Argentina y eso, como se sabe,

es así por razones históricas y

culturales: tanto la experiencia

histórica como la cultura —sin

olvidar que la cultura resulta,

por su parte, del propio devenir

histórico— del pueblo-nación

vietnamita son muy distintas a

las del pueblo-nación argentino,

lo que en sí es una obviedad.

Entonces la obviedad ululante

es que la forma de resolver el

problema de la aplicación de la

fuerza de las armas en la defensa

de la soberanía jamás podría

35 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Jorge Rafael Videla, en el banquillo de los acusados por crímenes de lesa humanidad.

La dictadura ejecutada por Videla llevó a cabo un genocidio y fue fundamental

para que se instalara en Argentina la ideología “antimilico”. Videla fue condenado

y murió en prisión, pero sus cómplices civiles nunca se las vieron con la Justicia.

ser la misma en Argentina y en

Vietnam.

Por razones que veremos más

adelante, en nuestro país se

da la particularidad histórica

y cultural de la existencia de

un pueblo-nación que obtuvo

y sostuvo su primera y parcial

independencia con las armas en

la mano, pero que las detesta

en la actualidad. La Argentina

es una construcción política

resultante de la acción de

militares, tiene una multitud

de militares en su galería de

próceres y además le debe su

principal movimiento político,

el peronismo, a un militar. Y no

obstante todo eso, es un país

en el que la llamada ideología

“antimilico” está más difundida

que en cualquier otra parte. Eso

tiene una explicación histórica:

fueron militares los que ejecutaron

un verdadero genocidio

contra el pueblo-nación durante

la dictadura que tuvo lugar entre

los años 1976 y 1983. A partir

de ese genocidio que victimó al

menos 30.000 argentinos, se

ha difundido masivamente el

rechazo ideológico a todo lo que

tenga aspecto a militarismo,

rechazo que incluye la policía

y demás fuerzas de seguridad.

El argentino detesta la “gorra”

y considera que la expresión

ideológica de ese rechazo es

condición sine qua non para

ser biempensante. Hoy resultan

prácticamente incompatibles la

expresión política pública y la

ponderación de lo militar: para

participar del debate público en

la Argentina, uno debe primero

expresar su cuota de ideología

“antimilico”, o corre el riesgo de

ser descalificado de antemano.

Y ese es un enorme problema

práctico para la organización

de una defensa estable del

pueblo-nación frente a la amenaza

foránea, un estorbo monumental

a la construcción de

un nacionalismo popular. A raíz

del trauma ocasionado por el

genocidio de la dictadura de los

años 1970 y 1980, en la política

argentina es inaceptable

debatir la función social de los

militares. Esa función debe ser

ninguna y entonces en la política

argentina es virtualmente

imposible lograr un consenso

sobre la necesidad de armarse

para la defensa de la soberanía

nacional.

Claro que en ello hay un grosero

error —llamémoslo así, ya

que es efectivamente un error

por parte de los que lo cometen,

aunque nunca por parte de los

que lo inducen— de apreciación.

Si bien es cierto que fueron

militares los que ejecutaron el

genocidio contra el pueblo-nación

y fueron militares todos los

que posteriormente recibieron

el debido castigo, la dictadura

genocida está muy lejos de haber

sido fundamentalmente militar

y más lejos aún de ser obra

exclusiva de los militares. La

llamada responsabilidad civil es

un tema que jamás termina de

instalarse en la agenda pública

y el resultado lógico de eso es

que aquí no vemos lo esencial:

la dictadura fue obra intelectual

de civiles y, para peor, obra de

civiles foráneos. Los militares la

ejecutaron y pusieron la cuota

concreta de tortura, muerte y

desaparición de personas. Pero

lo hicieron por encargo de otros

poderosos que no usan uniforme

y probablemente jamás

hayan pisado un cuartel. El error

es grosero porque ya sabemos

36 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


que se trató de una dictadura

cívico-militar, una dictadura con

dos patas, pero nos negamos a

hacer justicia con los civiles que

fueron los autores intelectuales

del crimen y estos permanecen

impunes.

Esa impunidad es el primer

efecto deletéreo del error grosero

de apreciación respecto

a la dictadura genocida de los

años 1970 y 1980, pero no es

el único. Además de inviabilizar

el juicio y el castigo a los de

saco y corbata que financiaron,

instigaron y hasta dirigieron a

los militares, generamos entre

nosotros mismos un prejuicio

inconducente contra toda una

institución, que es la de las

armas. Omitimos la abundancia

de militares patriotas habidos

en nuestra historia, desde San

Martín hasta Perón, poniendo el

foco sobre una sola generación

de militares que fueron golpistas

y genocidas y extrapolando

esas cualidades a todos los

demás militares, de modo que

en la Argentina “militar” termina

siendo sinónimo de “golpista”

y “genocida”. Véase bien: la

inmensa mayoría de los militares

argentinos no fueron ni

son ninguna de las dos cosas y

muchos de ellos fueron héroes

de la patria, pero no dudamos

en aplicar la generalización del

comportamiento de una minoría

a todo el conjunto. El resultado

es el que venimos analizando,

a saberlo, la imposibilidad de

hablar de la defensa armada de

la soberanía nacional porque el

hacerlo equivale a la apología

del golpe y del genocidio. He

ahí que la Argentina es un país

hoy absolutamente vulnerable

a cualquier agresión externa

porque los dirigentes se ven

ideológicamente impedidos por

la opinión publica de invertir en

tecnología militar, por ejemplo.

Es un error grosero, lógicamente,

puesto que los militares

y las armas no necesariamente

deben usarse contra el pueblo-nación,

como sabemos por

lo que ocurre en países como

Venezuela y Cuba, donde las

fuerzas armadas están perfectamente

integradas a la vida

nacional-popular y se paran

junto al pueblo-nación. Pero es

una trampa en realidad, no es

algo que ocurra naturalmente.

La ideología “antimilico” en la

Argentina no existe por obra

y gracia del acaso ni resulta

automáticamente de ninguna

dictadura ni de ningún genocidio.

La ideología “antimilico” es

un ardid de los civiles cómplices

en la dictadura y en el genocidio

para desviar la atención sobre

su propia responsabilidad y

además —esto es lo principal—

garantizar que el pueblo-nación

argentino no llegue a tener los

medios para defender su soberanía.

Por lo primero, la simple

observación del comportamiento

de algunos civiles en las

últimas décadas es suficiente

para demostrar lo afirmado. El

Centro de Estudios Legales y

Horacio Verbitsky, propietario de la oenegé Centro de Estudios Legales y Sociales

(CELS) y de una infinidad de otros kioscos bastante más oscuros, a través de los

que recibe millones de dólares en donaciones de las élites globales para instalar la

ideología antinacional “por izquierda” en Argentina.

37 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


James Hackett, actual CEO de Ford. Esta corporación financió y apoyó la dictadura genocida de los años 1970 y 1980, pero

financia y apoya a los que investigan y promueven los juicios por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante dicha

dictadura antinacional. El poder real, como siempre, en ambos lados del mostrador para garantizar su propia impunidad.

Sociales (CELS) es una ONG de

propiedad de Horacio Verbitsky

y ha sido uno de los principales

impulsores de los juicios a

los militares involucrados en

crímenes de lesa humanidad

cometidos durante la dictadura

genocida de los años 1970 y

1980. Gracias a la acción del

CELS, cientos de genocidas

fueron juzgados y condenados

por sus delitos y eso es grandioso,

sin lugar a dudas. Se llama

justicia y la Argentina es el

único país del mundo que tuvo

la capacidad de hacerla con sus

propios genocidas, gracias en

parte a la iniciativa de los abogados

que militan en el CELS.

Pero si el atento lector pone

un poco la lupa y se dispone a

echar un breve vistazo sobre la

declaración que el propio CELS

publica para informar el origen

de quienes aportan a la causa

con cuantiosas donaciones, verá

que entre esos desinteresados

donantes hay civiles cuya participación

en la propia dictadura

es probada, como la Fundación

Ford, por ejemplo. Ford es una

de las corporaciones trasnacionales

que financiaron y apoyaron

la dictadura cívico-militar y

ahora financia y apoya una ONG

cuyo objetivo declarado es la

lucha por los derechos humanos,

para la investigación de los

crímenes de lesa humanidad

cometidos bajo el auspicio de

la mismísima Ford. ¿Contradicción?

Ninguna. Los jerarcas

de Ford están muy interesados

en instalar la ideología “antimilico”

para que a nadie se le

ocurra cuestionar el rol de los

civiles —entre los que está la

propia Ford— en la dictadura

y en el genocidio. Por lo tanto,

la exacerbación de la ideología

“antimilico” tiene por primera

finalidad el encubrimiento de la

complicidad de ciertos civiles

en el crimen de lesa humanidad

contra el pueblo-nación

argentino. Nada de esto resiste

mucho análisis ni requiere de

profundas investigaciones para

revelarse. El propio CELS informa

en su web oficial el origen de

las donaciones a la ONG y sus

respectivos aportantes, entre

los que está Ford, entre muchos

otros santurrones.

Entre estos muchos otros santurrones

están los que inciden

sobre la segunda finalidad de la

difusión de la ideología “antimilico”,

que es la de asegurar

que el pueblo-nación renuncie

voluntariamente a la defensa de

su soberanía, o que permanezca

indefenso por voluntad propia.

Entre los que apoyan con mucho

dinero al CELS en su cruzada por

los derechos humanos también

está un baluarte de las élites

globales, uno que está muy interesado

desde siempre en que

ningún país tenga capacidad

militar para defender su propia

soberanía. Allí está, pagándole

cientos de miles de dólares

a Horacio Verbitsky para que

este esparza el virus ideológico

antinacional entre los argentinos,

el inefable George Soros a

través de su Open Society. Todo

esto muy bien documentado y

expuesto públicamente por el

propio Verbitsky en la web del

CELS, como decíamos.

Si el diablo está en los deta-

38 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


lles, como dicen en la de Shakespeare,

las intenciones concretas

pueden estar expuestas

en los titulares. Las “sociedades

abiertas” que viene promocionando

en las últimas décadas

el magnate George Soros son

“abiertas” en un sentido muy

prosaico, que es el sentido de

que cualquiera pueda penetrar

en ellas como Pedro por su

casa. “Abiertas” tienen que estar

las fronteras y “abiertas” tienen

que ser las culturas a toda

innovación ideológica que surja

de los laboratorios de ideas que

el poder sostiene a base de mucho

dinero. Para el gusto de Soros,

debemos estar “abiertos” al

mundo, a la globalización liberal

en todos sus aspectos, porque

de lo contrario nuestras defensas

estarán siempre muy altas

y seremos inmunes al poder del

globalismo en su desiderátum

de gobierno mundial. Por eso es

fundamental que no pensemos

como los cubanos, como los venezolanos

o los vietnamitas en

defender la soberanía nacional

sobre las riquezas de nuestro

territorio. La sociedad argentina

debe ser “abierta” en ese sentido

y está claro que tener fuerzas

armadas numerosas, organizadas

y tecnológicamente bien

pertrechadas no contribuye a

lograr ese fin. Ahí está la función

principal del virus ideológico

antinacional, de la ideología

“antimilico” al descubierto: si

el argentino detesta a los militares

de una manera genérica,

entonces el argentino tiende

a rechazar cualquier iniciativa

en el sentido de organizar una

defensa armada de su soberanía

nacional y dicha soberanía

será siempre, en consecuencia,

una entelequia. Nuestra sociedad

estará “abierta” para que

penetren cuando quieran en el

territorio los que de aquí necesiten

extraer. Y entonces el dinero

de la Open Society se invertirá

siempre en el CELS para que

el alcance de los juicios de

lesa humanidad se limite a los

militares, hasta que se instale

la idea de que todo mal emana

de los “milicos” —nunca de los

civiles que fueron cómplices y

autores intelectuales del mal— y

la ideología “antimilico” se cristalice

en un rechazo permanente

a todo lo militar.

Claro que el CELS y Horacio

Verbitsky aquí no son más que

botones de muestra y ha sido

necesario extender la financiación

foránea a una multitud

de periodistas, intelectuales

y dirigentes para convencer a

la sociedad argentina de que

la defensa de su soberanía es

equivalente a genocidio. Desde

mamarrachos propagandísticos

como la “desmalvinización”

y la reducción de los héroes

de la Guerra de Malvinas a la

condición de “pobres víctimas”

hasta la exaltación de la cultura

“tumbera”, que con códigos

propios del lumpenaje enseña

el valor positivo en odiar a la

“gorra”, todo el discurso está

orientado a educar al argentino

en el tiempo para que renuncie

voluntariamente a la defensa de

la soberanía nacional sobre sus

riquezas asociando esa defensa

a lo más oscuro de la represión

y la muerte. La asociación es

absurda, desde luego, pero muy

efectiva y nadie se atreve a decir

una palabra en su contra, nadie

parece dispuesto a afirmar

la obviedad de que el rey está

desnudo: la constitución de

fuerzas armadas numerosas y

bien equipadas para la defensa

de la patria no tiene ninguna

relación necesaria con la obra

de horror de algunos militares

en el pasado, obra que además

se realizó por cuenta y orden

de intereses antinacionales y

contra los intereses del pueblo-nación

que esos militares

habían jurado defender. El que

se atreva a decirlo en la política

El soldado Jacinto Eliseo Batista, en la imagen que dio vuelta al mundo de la

rendición del enemigo inglés en Malvinas. Luego de la guerra, héroes como Batista

serían literalmente bastardeados a raíz de la campaña de “desmalvinización”, una

de las estrategias de comunicación del poder para instalar la ideología “antimilico”

en el seno de la sociedad argentina.

39 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


José Stalin, Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill, reunidos en Yalta al

finalizar la II Guerra Mundial. La alianza contra natura entre el socialismo soviético

y el liberalismo occidental fue el modelo utilizado por Braden para hacer en la

Argentina otra alianza antinatural: la Unión Democrática, donde de “izquierda” a

“derecha” se suspendieron las supuestas convicciones ideológicas —teóricamente

opuesta e irreconciliables— para fundirse todos en un enorme abrazo gorila y en el

pretexto del combate a un enemigo fascista que aquí nunca existió.

argentina será acometido por

los síntomas de otro virus ideológico

y será inmediatamente

ubicado en la categoría de

“facho”, alejado del escenario

y políticamente enterrado vivo.

Y mientras tanto, la Argentina

es una “sociedad abierta” en

los términos propuestos por

la Open Society de un George

Soros, que asociado con el resto

de las élites globalistas pretende

destruir todo lo nacional para

instalar el gobierno mundial de

las corporaciones.

La ideología

“antifascista”

Hasta allí el alcance, los límites

y las finalidades de la ideología

“antimilico”, que debe destruirse

con urgencia si la Argentina

quiere tener en el mediano plazo

la posibilidad de defenderse

de un hipotético avance de la

fuerza brutal de la antipatria

sobre sus riquezas y la seguridad

de su pueblo. La ideología

“antimilico” es una colonización

pedagógica que entra “por

izquierda” en la conciencia del

ciudadano promedio y logra

el objetivo de impedir que un

pueblo-nación pueda dotarse

a sí mismo de una fuerza armada

para la defensa de su

propia soberanía nacional, una

colonización pedagógica cuyo

resultado es privar al pueblo-nación

del nacionalismo popular

que necesita, pero por voluntad

“propia” del mismo pueblo-nación.

Esa voluntad no es propia,

por supuesto, es una voluntad

aprendida y lo insidioso de toda

colonización pedagógica es la

manipulación de la voluntad

de los colonizados mediante la

instalación de premisas ideológicas

que parecen ser una cosa,

pero en realidad son otra muy

opuesta. La colonización pedagógica

es ideológicamente falsa

y es un proceso sofisticado que

incluye otras ideologías, las que

van a emparentarse luego con

la ideología “antimilico” hasta

funcionar como accesorios suyos.

Una de ellas es la ideología

“antifascista”, canónica entre la

mal llamada “izquierda” y todo

el progresismo antinacional en

general.

Lo primero que debe notarse

de esto es que en el actual tiempo

y espacio cualquier “antifascismo”

solo puede existir así,

entre muchas comillas, puesto

que si el fascismo todavía existiera

en estos días y en la forma

de neofascismo —lo que en sí ya

es discutible—, esa existencia

no sería local y sería, desde luego,

absolutamente ajena a los

americanos en general. En otras

palabras, si en algún lugar de

Europa subsistiera alguna forma

de fascismo, eso difícilmente

podría ser un problema para los

que no somos europeos. Entonces

no puede existir aquí ningún

antifascismo al no existir asimismo

su opuesto ideológico.

No pueden existir “antifascistas”

donde fascistas tampoco

los hay, salvo que estemos ante

una simulación o una colonización

pedagógica cuyo fin sea

ponerle el mote de “fascismo” a

algo que no lo es para socavarlo

“por izquierda” y derrotarlo.

Eso es precisamente lo que

ocurre en América, donde no

hay ni nunca hubo fascistas por

el simple hecho de que el fascismo

es una ideología que existió

en un tiempo y en un lugar muy

específicos: el fascismo fue un

movimiento político que tuvo

lugar en Europa a principios y

hacia mediados del siglo XX y

que fue derrotado al finalizar

la II Guerra Mundial. Todos los

ecos posteriores de esa ideología

pueden clasificarse como

neofascismos y nada de eso, ni

el original y tampoco las fotocopias,

tiene nada que ver con

América. Aquí el fascismo no

existe ni jamás existió y enton-

40 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


ces lo que ideológicamente se

ha dado en llamar “fascismo”

en estas tierras solo puede ser

otra cosa. La pregunta es por

qué. ¿Por qué llamar una cosa

por el nombre de otra y no por el

suyo propio?

Al concluir en Europa la II

Guerra Mundial gracias a la

alianza contra natura entre el

liberalismo estadounidense

y el socialismo soviético, los

Estados Unidos envían a la

Argentina como nuevo embajador

a Spruille Braden con una

misión muy específica: organizar

y unificar la oposición de

“derecha” a “izquierda” con la

finalidad de frenar el ascenso

de Juan Domingo Perón, que

finalmente se demostró imparable.

Braden la tenía muy

difícil y parecía poco probable

que lograse al fin sentar en una

misma mesa de la embajada de

los Estados Unidos en Buenos

Aires tanto a liberales y conservadores,

radicales y afines,

como a socialistas y comunistas.

Era necesario reunirlos en

una causa común a los que a

primera vista parecían ideológicamente

irreconciliables.

¿Cómo hacerlo? ¿Cómo darles

a esos dirigentes tan distintos

en apariencia el argumento

suficiente para que se reunieran

todos en la embajada sin que

sus bases observaran que, en

realidad, no existía entre ellos

prácticamente ninguna diferencia?

Lo que hizo Braden para

lograrlo no fue ninguna genialidad,

sino el aplicar calcado el

modelo de alianza que se había

formado en la guerra que estaba

terminando. Para que liberales,

conservadores, radicales,

socialistas y comunistas unieran

sus fuerzas en una causa común

era necesario un enemigo

también común a todos ellos y

ese enemigo durante la II Guerra

Mundial había sido precisamente

el nazifascismo europeo, cuya

irrupción en el escenario había

suspendido la discordia entre

el liberalismo de Occidente y el

socialismo de Oriente. Entonces

estaba dada la fórmula por la

experiencia histórica reciente,

todavía presente en esos tiempos.

Lo único que debió hacer

Spruille Braden fue trasladar las

caracterizaciones desde el teatro

de guerra europeo y anunciar

solemnemente que Perón era

una suerte de mezcla de Hitler

y Mussolini, pero criollo. En una

palabra, Braden solo tuvo que

presentarse a decir que Perón

era nazifascista y todo el arco

político fue corriendo a sentarse

en su mesa, dando allí nacimiento

al antiperonismo como

expresión genuina —aunque

artificialmente fabricada— de la

política argentina.

Al decir que el peronismo era

fascismo, Spruille Braden hizo

la magia y allí nacieron los gorilas,

esto es, los antiperonistas

en nuestra política. De pronto,

estaba bien visto que un socialista

y un comunista se sentaran

a cenar con un radical, un liberal

y un conservador en la embajada

de los Estados Unidos. ¿Por

qué no, si frente a ellos rebro-

El embajador estadounidense Spruille Braden, introductor de la ideología “antifascista”

en la Argentina. En esta representación, que fue portada de la Revista Time

en su época, Braden aparece simbolizado como el que viene a fumigar la plaga

fascista en nuestro país. He ahí la operación de sentido: al colocar el peronismo

en el lugar del fascismo, Braden logró la adhesión automática de todas las fuerzas

políticas que se habían aliado en la II Guerra Mundial, trasladando aquellas

consignas a la Argentina. Y así dio nacimiento al antiperonismo, que son los gorilas

protegidos por el manto del “antifascismo”.

41 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


taba la “amenaza fascista” que

con tanto sacrificio el mundo

había derrotado en una guerra

sangrienta? Era necesario frenar

otra vez la “bestia parda” y allí

fueron tanto los Ghioldi como

los Frondizi a conspirar junto

a los Menéndez y a los Pastor,

más toda la oligarquía, contra el

“fascista” Perón para evitar su

ascenso. Todo eso porque Braden

no dijo la verdad —porque

esto es la política y son los intereses,

no un concurso de sinceridad,

como diría Maquiavelo si

pudiera observar la escena— y

no declaró que, en realidad,

había sido enviado por Harry

Truman no para combatir ningún

fascismo, que aquí no había

ninguno, sino una expresión

nacionalista popular que nacía

de la mano del entonces coronel

Juan Perón. ¿Cómo vender

como si fuera “progresista” una

alianza contra un movimiento

cuyos objetivos son la soberanía

política, la independencia económica

y justicia social para un

pueblo-nación? ¿Cómo se corre

“por izquierda” a un movimiento

de justicia para los pueblos?

¿Con qué argumentos se vende

esa idea sin una épica falsificada?

Eso claramente no es

posible y entonces Braden jugó

El famoso “Libro azul” de Spruille Braden, en el que exponía la conclusión oficial

del gobierno de los Estados Unidos acerca de la existencia de un régimen fascista

en los planes de Perón. El peronismo naciente respondería con el “Libro azul y

blanco”, en el que se formularía la consigna ganadora de “Braden o Perón”.

inteligentemente la carta del

“fascismo” para lograr ese relato

épico. La jugada le salió de

maravilla, puesto que logró la

unidad de todo el gorilaje recién

nacido bajo su patrocinio, aunque

en el corto plazo esa unidad

iba a fracasar. Perón ganaría

las elecciones de 1946 por un

amplio margen con el genial

lema “Braden o Perón”. Braden

dejaría fundado el antiperonismo

y por ello sería premiado en

su país con un cargo político de

primera línea en el gobierno del

presidente Truman.

El premio era muy merecido.

Contrariamente a lo que se

suele pensar, Braden no fue derrotado

en la dicotomía “Braden

o Perón”. Su alianza, la Unión

Democrática, perdió las elecciones

de 1946, sí, pero a la vez se

instaló en la Argentina la ideología

“antifascista” en todo el

arco de “izquierda” a “derecha”,

donde el peronismo pasó a ser

la versión local del “fascismo”

europeo. La doctrina de liberación

nacional, desde el punto de

vista de los gorilas “por derecha”

y “por izquierda” es “fascismo”,

idea que subsiste hasta

los días de hoy. He ahí el triunfo

de largo alcance de Braden al

homologar ideológicamente un

nacionalismo popular de paz e

inclusión con el nacionalismo de

tipo europeo, que es de guerra,

agresión y muerte. Lo que Spruille

Braden logró en la Argentina

fue inocular el virus ideológico

que luego los gorilas locales se

fueron encargando de esparcir.

Esta colonización pedagógica

funciona y seguirá funcionando

porque se basa en una comparación

entre cosas que se

ven en la superficie, sin entrar

a ver qué hay por debajo. Perón,

Hitler y Mussolini tenían

en común el uniforme militar y

la retórica nacionalista, además

de un proyecto que se

presentaba como de tercera

42 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Benito Mussolini y Adolfo Hitler, el auténtico nazifascismo como expresión política en un lugar y tiempo muy puntuales. Si esa

expresión fue derrotada en la II Guerra Mundial, ¿por qué habría de emularla Perón en Argentina? ¿Cuál sería la ventaja de

hacerse cargo de una derrota ajena? Cosas que, evidentemente, Spruille Braden nunca pudo explicar.

posición entre el liberalismo de

Occidente y el socialismo de

Oriente, autónomo respecto a

estos dos grandes relatos de

la modernidad industrial. Y así,

poniendo de manifiesto estas

coincidencias superficiales,

Braden logró instalar la homologación

y el imperialismo pudo

de allí en más sofocar la expresión

nacionalista tildándola

de “fascista” para combatirla

desde la “derecha” y desde la

“izquierda” en simultáneo. Pero

la colonización pedagógica es

burda porque, más allá de lo

visible que son las formas y la

retórica típicas de una época,

lo que existe entre el peronismo

y el nazifascismo es un abismo

insalvable que podría resumirse

así: el peronismo es un nacionalismo

popular de tipo americano

cuyo objetivo es la liberación

nacional, la justicia social para

el pueblo-nación argentino y

la posterior unidad de los pueblos-nación

de la región, de la

Patria Grande, ideas que no les

son propias ni al fascismo ni al

nazismo. Mientras existieron,

los fascistas y los nazis reales

de Europa no estuvieron interesados

en ninguna liberación nacional,

sino en disputarles a los

tiros la hegemonía mundial a las

viejas potencias colonialistas.

Mientras aquí el peronismo perseguía

la soberanía nacional, la

independencia y la justicia para

el pueblo-nación argentino, en

Europa el fascismo y el nazismo

trataban de someter a los

pueblos-nación vecinos, reducirlos

por la fuerza a su mínima

expresión para apoderarse de

las riquezas de sus territorios

y garantizar para sí mismos el

llamado “espacio vital”, el que

consideraban necesario para la

realización de lo que los estadounidenses

llaman “destino

manifiesto” y es la vocación

imperialista que tanto los nazis

como los fascistas proyectaban

para sus países. El peronismo

es la liberación del pueblo-nación

propio, el fascismo y el

nazismo son el sometimiento de

otros pueblos-nación. ¿En qué

medida podrían homologarse

más que como una zoncera de

la colonización pedagógica que

fundó aquí el señor Braden por

cuenta y orden del imperialismo

yanqui?

Así es como el liberalismo “por

derecha” y “por izquierda” es

hasta los días de hoy en la Argentina

“antifascista”: esa es la

forma eufemística que Braden

les dejó de herencia a los liberales

diestros y zurdos para que

no tengan que asumir que son

gorilas antiperonistas a secas,

43 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Imagen del llamado “Día D”, el desembarco de las fuerzas aliadas en Francia para

luchar en el frente occidental de la II Guerra Mundial. En la película ‘Eva Perón: la

verdadera historia’, el personaje del “socialista” Ghioldi conspira junto a Frondizi,

Menéndez y demás gorilas y oligarcas para organizar un golpe contra el ya

presidente Perón. En determinado momento de la escena, el personaje de Ghioldi

concluye con entusiasmo que dicho golpe sería como desembarcar otra vez en

Normandía, evidenciando la ideología “antifascista” dejada por Braden unos años

antes y luego reproducida indefinidamente por gorilas locales como Ghioldi.

para que no se vean obligados

a confesar que, en realidad,

luchan contra los intereses

del pueblo-nación y funcionan

coordinados en el sistema de

dominación del imperialismo

Occidental, esto es, que militan

en la política para sostener esa

dominación sobre sus propias

cabezas. No lo confiesan, ubican

al peronismo en el lugar

del “fascismo” y así combaten

contra los intereses del pueblo-nación

argentino como si

estuvieran desembarcando en

Normandía.

Entonces la ideología “antifascista”

es un enorme estorbo en

el camino de la construcción de

un nacionalismo popular de paz

e inclusión, puesto que dicha

ideología será utilizada una y

otra vez para chicanear “por

derecha” y “por izquierda” todas

y cada una de las veces que el

peronismo intente argumentar

con la necesidad de organizar

la comunidad, de defender la

soberanía nacional, de hacer

justicia social, de fortalecer el

Estado nación para lograr todo

eso. Si el peronismo propusiera,

por ejemplo, la nacionalización

del comercio exterior para

garantizar la justa redistribución

de las riquezas del país,

lo correrían “por derecha” los

gorilas diestros con la reafirmación

del fascismo implícito en la

nacionalización de lo que fuere.

Y si el peronismo propusiera la

fuerte inversión del Estado en

equipar las fuerzas armadas

del país para defender aquellas

riquezas, lo correrían los gorilas

zurdos “por izquierda” con

la reafirmación del fascismo

implícito en cualquier idea de

militarismo. Y así con todos los

ejemplos de cosas que el peronismo

debe hacer para no ser

liberal ni socialista, sino de tercera

posición: haga lo que haga,

al peronismo lo van a tildar de

“fascista” y lo van a correr por

ambos flancos. Ese es el costo

real de la ideología “antifascista”,

que además es un simulacro

en un escenario político

donde el fascismo nunca existió

ni existe, en un país donde la

discusión siempre fue entre la

oligarquía y el pueblo-nación en

su conjunto. Mientras se sigan

cazando “fascistas” donde no

los hay, la fuerza brutal de la

antipatria va a seguir manipulando

el arco político ordenado

en horizontal para evitar que el

peronismo lo ponga en vertical

y organice a los de abajo para

derrotar de una vez a los de

arriba. No podrá haber liberación

nacional mientras el nacionalismo

popular peronista sea

“fascista” y el gorilaje diestro

y zurdo siga disimulando su

profunda vocación antinacional

bajo la máscara “progresista”

del “antifascismo”.

La ideología “de género”

Completa la santísima trinidad

de las ideologías que estorban

la construcción de un nacionalismo

popular una ideología muy

insidiosa en tanto y en cuanto

penetra, gracias a su aspecto

de justicia “progresista”, en las

mismas filas de lo nacional-popular

de los tiempos que corren.

La ideología “de género” es eso

y es, además, una actualización

ideológica cuyo objetivo es renovar

el juego artificial de contradicciones

entre “izquierda” y

“derecha” para seguir ocultando

que la verdadera dicotomía no

es entre los pares que piensan

de una manera o de otra sobre

los aspectos particulares de la

organización social, pero sí entre

los que estamos abajo y los

que están arriba. La ideología

“de género” viene a eso, a generar

una nueva grieta ideológica

entre los que estamos abajo y

somos la inmensa mayoría para

que no veamos que el enemigo

del pueblo-nación no está a la

“derecha” ni a la “izquierda”, no

está entre nosotros, sino muy

44 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


arriba. Tan arriba que puede

manipularnos desde allí y hacernos

pelear mutuamente a los

que debimos estar unidos para

enfrentarlo.

La cosa es insidiosa porque no

se la puede criticar sin pagar un

alto costo político y entonces los

dirigentes no están dispuestos

a hacerlo hoy. Como nadie se

atreve a discutir la ideología

“antimilico” por miedo a ser

tildado de “facho”, nadie discute

tampoco la ideología “de

género” por miedo a ser puesto

en el lugar del “antiderechos”,

del “machista” y del “trasnochado”.

La ideología “de género” se

presenta como lo nuevo y como

lo más “progresista” que puede

haber en el mundo actual, por lo

que oponerse a ella es exponerse

a un verdadero linchamiento

social. Pero esa es una manipulación

perversa del debate

allí donde nadie dio todavía con

la fórmula para parar la pelota,

frenar la locura y aclarar lo

siguiente: lo discutible aquí no

es la igualdad de género, sino

la ideología “de género” como

instrumento de fragmentación

social creado, financiado e

impulsado por las mismas élites

que están detrás de las otras

dos ideologías en esta santísima

trinidad sobreideológica.

Lo primero que debe decirse

es que el nacionalismo popular,

que en Argentina es el peronismo,

difícilmente podría oponerse

a la igualdad de género.

Más bien todo lo contrario: no

hay en la historia de nuestro

país una fuerza política que

haya ampliado más los derechos

de las mujeres y los de las

llamadas disidencias sexuales

que el peronismo. Desde el

voto femenino hasta la unión

civil entre personas del mismo

sexo, fue siempre durante

gobiernos de signo peronista

cuando más se reivindicaron los

intereses particulares de grupos

por género o por orientación

sexual. La historia no miente,

de modo que tildar de “machista”

o de “antiderechos” es un

verdadero despropósito o es

una deshonestidad, según de

quién provenga la calificación.

El peronismo nacional-popular

no sería “antiderechos” y mucho

menos “machirulo” si se

pusiera a cuestionar el efecto

disolvente que la ideología “de

género” produce en la sociedad

al discutir las cuestiones sexuales

planteando una guerra entre

hombres, mujeres y otros que no

se definen ni como una cosa ni

como la otra. No hay tal guerra,

no puede haberla. Lo que el

peronismo nacionalista popular

propone es la comunidad organizada,

tipo de organización

social de tercera posición entre

el liberalismo individualista y el

socialismo colectivista en la que

no existen los conflictos entre

razas, credos ni entre clases

sociales que no sean parasitarias.

¿Cómo podría haberlos,

entonces, entre los sexos y

mucho menos entre grupos por

orientación sexual? Esa es la

Aberraciones de la ideología de género: las peronistas Mayra Mendoza, Lucila de Ponti y Mónica Macha, junto a la “progresista”

Gabriela Cerruti y los gorilas Daniel Lipovetzky y Silvia Lospennato, todos metidos en una misma bolsa. Y allí está la verdad

ideológica expresada: “por derecha” y “por izquierda”, la ideología de “género” deja expuestos a los liberales en su estado real

y en su cruzada por instalar el virus ideológico que desorganiza la comunidad y fomenta la lucha entre pares.

45 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


doctrina de amor e igualdad del

nacionalismo popular y es, por

lo tanto, deshonesto y hasta

ultrajante pretender implicar en

una falsa grieta entre iguales al

peronismo que no discrimina

entre individuos, salvo por cómo

se posiciona cada uno en la

grieta real que es la lucha entre

pueblo-nación y la fuerza brutal

de la antipatria.

La comunidad organizada es la

justicia social entre los géneros

sin la necesidad de ideologizar

la cuestión. No hay necesidad

de una ideología de “género”

donde se resuelve prácticamente

la cuestión mediante la ampliación

de derechos que tiende

a la igualdad entre iguales. Pero

la ideología “de género” que

plantea la guerra no fue creada

para lograr ninguna igualdad,

sino precisamente para instalar

la lucha mutua entre los que no

tienen que luchar mutuamente.

Y aquí está el problema: las

élites globalistas que fabricaron

la ideología “de género” en sus

laboratorios de pensamiento

buscan eso mismo, la desunión

de los pueblos-nación en la mayor

cantidad posible de grietas

ideológicas artificiales. Donde

no existe un problema, las élites

lo generan y donde el problema

está en vías de resolverse, esas

élites embarran la cancha para

que no se resuelva. ¿Cómo?

Pues mediante la fragmentación

del grupo que en unidad iba en

camino de alcanzar la solución.

Si el diablo foráneo no mete

la cola y simplemente permite

que un pueblo-nación resuelva

sus contradicciones con soluciones

basadas en su propia

cultura, en su propio modo de

vida, ese pueblo-nación naturalmente

llegará a la armonía

al establecer en su seno las

normas de organización social

para alcanzar el equilibrio. Pero

si el pueblo-nación logra eso,

como se sabe por experiencia

histórica de los pueblos que han

sido soberanos, llega también

a tener un nivel de conciencia

nacional que luego imposibilitará

la aplicación de la estrategia

Eva Duarte de Perón, ejerciendo su recién conquistado derecho al sufragio ya en

los últimos días de su vida. Con Eva, el peronismo siempre fue pionero en la ampliación

de los derechos de las mujeres sin la necesidad de plantear para ello una

guerra entre los sexos. El peronismo resuelve la cuestión de la igualdad de género

en el marco de la comunidad organizada, no en el de la lucha entre pares.

por parte de quienes pretenden

colonizarlo.

Y aquí llegamos al meollo del

asunto, que nada tiene que ver

con la cuestión de género ni

con la de sexualidad, nada de

eso. El asunto se reduce a un

divide y reinarás necesario para

imponer una dominación foránea

sobre el pueblo-nación. En

una palabra, la ideología “de

género” —al igual que la ideología

“antimilico” y la ideología

“antifascista— es un sofisticado

instrumento de colonización o

recolonización que las corporaciones

y las élites globales que

las poseen utilizan para destruir

la unidad nacional-popular

de un pueblo-nación como el

nuestro, fragmentarlo mediante

la instalación de las luchas

intestinas y luego someterlo. No

es nada más que eso, nada más

que una generación de contradicciones

artificiales para que

luchen y se destruyan entre sí

los que tendrían que estar unidos

para enfrentar al enemigo

real, que es común a todos.

Lo contrario a lo expresado

anteriormente, esto es, la afirmación

de que la ideología “de

género” es legítima más allá de

quienes la hayan creado y de

quienes la financien y la promocionen

internacionalmente

equivaldría a afirmar asimismo

que el interés de un Soros, de

un Rothschild o de cualquier

miembro de las élites globales

en asuntos como feminismo,

diversidad sexual y aborto, por

ejemplo, es genuino. Si la Open

Society, la International Planned

Parenthood Federation y demás

oenegés de propiedad de las

élites globales —todas auspiciantes

del CELS de Horacio

Verbitsky, para que se vea bien

la relación existente— vuelcan

millones de dólares por todo el

mundo y no es para fragmentar

a los pueblos-nación y luego

colonizarlos, entonces tiene que

46 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


ser porque se trata de gente

de buen corazón y realmente

interesada en promocionar las

libertades individuales de las

personas allí donde estas se encuentran

oprimidas. Claro que

esta segunda opción equivale a

creer en las nobles intenciones

de las corporaciones y de las élites

globales, cosa que el atento

lector seguramente no tiende

a hacer. Es una verdad a gritos

la de que los ricos del mundo

no hacen nada que no sea en

el sentido de someter a otros,

concentrar más riqueza y más

poder. ¿Quién en su sano juicio

podría dudar de ello y ponerle

una fichita al buen corazón de

un Soros o de un Rockefeller, de

un magnate sin patria ni arraigo?

Los problemas de una sociedad

no se arreglan “abriéndola”

a la influencia de fuerzas

externas: esos problemas se

resuelven en el seno de la misma

sociedad, entre los actores

reales presentes y permanentes

en ella, que son los que van a

atenerse luego a las consecuencias

de dicha resolución. Los

problemas de un pueblo-nación

en su desarrollo histórico no

pueden resolverse más que por

la acción del mismo pueblo-nación

sin interferencias externas

y mediante la aplicación de

soluciones ya existentes en la

cultura de cada pueblo-nación.

La forma de lidiar con los posibles

conflictos sociales no es la

misma en Holanda que en la India,

no es la misma en Argentina

y en Canadá. La forma como el

pueblo-nación canadiense resuelve

culturalmente un asunto

tan sensible como puede ser el

aborto no es aplicable para el

pueblo-nación argentino. Pero

eso es justamente lo que quieren

hacer las élites globales,

quieren exportar ideología prefabricada

a todos los rincones

del planeta y avasallar con esa

Caricatura del detestable magnate George Soros, aquí representado financiando

revoluciones “liberales” desde la década de los años 1970. Soros es el gran

impulsor de la ideología “de género”, repartiendo dinero entre oenegés, dirigentes

e intelectuales al efecto por todo el mundo, también en la Argentina.

ideología las especificidades

culturales de cada región, las

que derivan del desarrollo histórico

de los pueblos-nación. No

es tan complicado como podría

parecer a primera vista, solo se

trata de una cuestión lógica al

alcance de cualquier niño de

siete años. El objetivo es avasallar,

destruir la cohesión social,

dividir y reinar.

En un país tan poco occidental

como Ecuador, un gran líder de

masas como el expresidente Rafael

Correa ha clasificado desde

siempre la ideología “de género”

como una “barbaridad”.

Correa es uno de los pocos dirigentes

de lo nacional-popular a

nivel regional que se atreven a

alzar la voz contra la movida de

introducción de la ideología “de

género” en las culturas de América

Latina, lo que evidentemente

viene con cola: lo que Correa

cosecha al posicionarse tan

claramente frente al atropello

de las élites globales es precisamente

lo que esas élites buscan,

a saberlo, una fragmentación de

la fuerza política que representa

los intereses del pueblo-nación

ecuatoriano en la política. “Me

van a decir conservador, ya no

soy de izquierda... porque esa

es otra novelería, ¿no? El que

no se adscribe a estas cosas

no es de izquierda, si uno no es

proaborto no es de izquierda. O

sea, si Pinochet era proabortista,

era de izquierda y si el ‘Che’

Guevara estaba en contra de

aborto era de derecha. Eso no

tiene nada que ver con izquierda

y derecha. Son barbaridades,

son novelerías, son cuestiones

morales (...) Entonces me van a

decir conservador porque creo

en la familia. Bueno, creo en la

familia. Y creo que esta ideología

‘de género’ y estas novelerías

destruyen la familia convencional

que sigue siendo y creo

que seguirá siendo —felizmente—

la base de nuestra sociedad.

Que vivan las mujeres, que

viva ese movimiento feminista

por igualdad de derechos, pero

atentos con esos extremos”.

Correa aquí cae ciertamente en

la también falsa dicotomía entre

“izquierda” y “derecha”, pero a

47 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


El filósofo ruso Aleksandr Dugin, famoso por exponer la estrategia “progresista” de las élites globales para destruir la unidad

nacional-popular y someter a los pueblo-nación. Dugin afirma sin eufemismos que Soros debe ser colgado en plaza pública.

modo de respuesta a los que en

ese momento lo querían ubicar

a la derecha del arco y eran sus

propios partidarios que adscribían

a la ideología “de género”.

He ahí lo más importante: más

allá de cómo se resuelva finalmente

el asunto en Ecuador, las

élites globales que se sirven del

virus ideológico para introducir

la fragmentación ya lograron

parte de su cometido con tan

solo instalar en Ecuador un debate

que no había allí. Con tan

solo eso, esas élites lograron

debilitar la fuerza que defiende

los intereses del pueblo-nación

ecuatoriano en la lucha política,

lograron crear en el seno de esa

misma fuerza una grieta artificial.

Es por eso que la mayoría de

los dirigentes políticos cercanos

a lo nacional-popular por toda

la región o bien evitan definirse

frente a la cuestión o abrazan la

ideología “de género” tal como

viene bajada de las oficinas

de las Open Society y afines.

Existe un miedo generalizado a

confrontar con eso a sabiendas

de que el resultado de dicha

confrontación puede ser la fragmentación

y el desbande. Entonces

lo que hay es una auténtica

extorsión, en la que muchos

no pueden decir lo que piensan

y saben que es lo correcto por

temor a las consecuencias. “En

el último de los casos vamos a

consulta popular”, dice Rafael

Correa en una entrevista a una

radio de su país. “Porque yo

tuve ataques por Twitter, por

redes sociales, de los representantes

de esos grupos diciendo

son mis prejuicios y mis creencias.

Bueno, propongamos una

consulta popular para ver si son

los prejuicios y creencias del

presidente o los de la inmensa

mayoría del pueblo ecuatoriano”.

Y allí Correa resuelve el

problema apelando al juez más

supremo que puede existir en

un país soberano: la cultura del

pueblo-nación de dicho país.

Lo que hizo Correa fue poner

en evidencia que la ideología

“de género” venía importada

de otra parte y lógicamente no

tenía arraigo en la cultura del

pueblo sobre el que se quiso

instalar a fuerza de gritos, con lo

que pudo desactivar una operación

en contra de sí mismo:

si los dirigentes dejan de omitir

y fundamentalmente dejan de

aceptar la extorsión ideológica,

deben remitir la cuestión a la

resolución por parte de quienes

van a disfrutar o van a padecer

los resultados de la decisión

a tomarse. Si la ideología “de

género” coincide con la cultura

de un pueblo-nación, entonces

será incorporada y sus postulados

serán llevados a la práctica

en la política desde el Estado.

Eso es lo que pasaría, probablemente,

si se la sometiera a

consulta popular en Canadá o

en Holanda. ¿Pero qué pasaría

si dicha consulta se realizara en

Argentina o en Ecuador?

Quizá nunca sepamos el resultado

y no porque el pueblo-nación

en Argentina o en Ecuador

no esté preparado para expresar

su opinión cultural sobre un

asunto, cualquier asunto, sino

porque las élites globales no

quieren consulta popular. Lo

48 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


que las élites globales no quieren

es una decisión que resuelva

el problema creado artificialmente

por ellas, no quieren que

la discusión termine. No está en

juego el género, la sexualidad,

el aborto ni nada de eso, el

resultado final es irrelevante e

indeseable para las élites, sea

cual fuere ese resultado. Lo que

el globalismo quiere es la fragmentación

del pueblo-nación en

infinitas grietas artificiales para

que allí no se forme una verdadera

unidad nacional y no surja

un nacionalismo popular. Lo

que nunca puede quedar claro

es que la lucha real es entre las

mayorías nacionales populares y

las minorías elitistas del globalismo

apátrida de un modo general.

Los pueblos deben pelear

entre sí indefinidamente.

Ese es el divide y reinarás que

aplican las élites globales y sus

corporaciones sobre los pueblos-nación

en todo el mundo

mediante la inoculación del

virus ideológico en las sociedades,

que por su parte son cada

vez más “abiertas” y tienen, por

lo tanto, cada vez menos inmunidad.

“Izquierda” y “derecha”,

abortistas y provida, ateos y

creyentes, “antifascistas” y “fascistas”,

civiles y “milicos”, veganos

y carnívoros, siempre es

lo mismo. Por todo se pelea, por

todo se discute y por todo nos

dividimos en grupos ideológicos

cada vez más pequeños, allí

donde si se está en desacuerdo

en lo que se discute en una de

las minigrietas —aunque se esté

de acuerdo en todo lo demás—

el resultado debe ser la escisión

y más fragmentación. Es la guerra

civil ideológica permanente

como preludio de la guerra civil

concreta y es, finalmente, la mejor

garantía de que nunca habrá

unidad ni consenso acerca de la

necesidad de defender lo propio

contra la codicia de unas minorías

que concentran casi toda

la riqueza a nivel mundial, a las

que nadie nunca le ve las caras

ni nadie sabe muy bien dónde

viven. Mientras nos peleamos

con el vecino, con un familiar o

un compañero de trabajo o de

estudio en cualquiera de las

muchas minigrietas que están

abiertas, en algún lugar del

planeta un magnate observa

las encuestas, se ríe y espera.

Llegará el momento en que la

fragmentación esté completa,

el momento de la conversión de

un pueblo-nación en una torre

de babel ideológica. Cuando

eso pase, ese pueblo-nación

habrá dejado de serlo y no será

otra cosa que un enorme rejunte

de gente incomunicada entre

sí y dispuesta a entregar voluntariamente

las riquezas de su

territorio.

En un mundo que cambia y

que ahora mismo está definiendo

su sistema de funcionamiento

para las próximas muchas

décadas, hay una minoría que

no puede tolerar la unidad. Pero

también hay pueblos-nación

que la necesitan para garantizar

su propia existencia. Ahí está la

guerra, quizá la III Guerra Mundial

que no será ciertamente

entre países bien identificados

con sus himnos, símbolos

y banderas, sino una guerra

entre las mayorías populares y

unas minorías sin nombre y sin

rostro, pero con mucho dinero

y mucha más codicia. La forma

cómo esas mayorías van a

agruparse y organizarse todavía

está indefinida, va a depender

del nivel de conciencia nacional-popular

que tengan cuando

la lucha empiece. El nacionalismo

popular es esa conciencia

y es esa organización para la

lucha. Está en nuestras manos

entenderlo o ser diezmados por

la enfermedad resultante del

contagio del virus ideológico

para cumplir el mandato de los

que en el mundo opinan que

sobramos. Pero siempre está en

nuestras manos y en las próximas

entregas de esta Sociología

del estaño para la construcción

del nacionalismo popular veremos

algunas formas posibles de

inmunización para la soberanía

y la felicidad del pueblo-nación.

El expresidente ecuatoriano Rafael Correa se atrevió a denunciar la ideología “de

género” como disolvente para la comunidad y fue inmediatamente expuesto a un

linchamiento público. Correa, no obstante, jamás dio un paso atrás y sigue sin

aceptar la extorsión de las élites globales hasta los días de hoy.

49 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


DOCTRINA PERONISTA

Análisis y crítica

de las condiciones

generales

imperantes

Estamos asomándonos a

una etapa histórica en la

vida del mundo. Se viven

días de acentuado dramatismo.

Los hombres, en

esta epopeya transformadora

y trágica, son conmovidos por

hechos sociales superiores al

hombre mismo; y el signo de la

incomprensión ha empujado a

los pueblos al martirio. Estamos,

no obstante lo que puede

decirse acerca de un mundo

50 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

futuro, prontos y con ansias de

entrar en los nuevos rumbos de

paz y de trabajo que se aproximan

para toda la humanidad,

puesta de nuevo en marcha,

vencidas las cegueras, para

alcanzar la dignidad humana, en

el límite mismo de lo perfecto,

entre las angustias del pasado

y las esperanzas de un porvenir

venturoso y superior.

Mundo de mañana, que anhela

el bienestar general, base

granítica de la convivencia

humana sobre la que pueden

construirse en oro puro, las

columnas de la libertad, como

fundamento de una verdadera

y auténtica recuperación moral.

No hay moral sin libertad; ni

esta puede fundarse en la miseria

y en la injusticia.

Por eso es que, sin que hayan

desaparecido aún las causas

y los efectos de la lucha cruel,

estamos ya elaborando pacien-


temente los medios que habrán

de servirnos para enfrentar con

seguridad los acontecimientos

del futuro. Y en esta tierra nuestra,

donde se han confundido y

delineado los tipos sociales de

las más encontradas inmigraciones,

estructuramos con fervor

humanitario los fundamentos

económicos y sociales de

un nuevo convivir, que no tiene

más aspiraciones que la acción

reconstructora de lo que el

hombre pudiera haber perdido

por su individualismo excesivo,

no enteramente compatible con

nuestras instituciones de honda

raíz democrática.

Las generaciones de hoy, observadoras

fieles de un episodio

que no se borrará jamás, sufridas

y prietas por las paralelas

de las dos guerras, entrenadas

más en la necesidad que en la

abundancia, en la que debieron

vivir, están dispuestas a seguir

el camino de la seguridad social

que supone la comprensión

ciudadana e impone la defensa

del núcleo familiar, fundamento

inconmovible de la grandeza de

las naciones.

Vivimos una época de la

historia del mundo en que el

egoísmo ha pasado a ser una

de las peores desgracias de la

humanidad. Es necesario que

día a día, poco a poco los hombres

ricos o pobres, pudientes o

51 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


humildes, se convenzan de que

nada en la vida puede valer la

desgracia de un niño que llora

o de una madre que no puede

darle de comer.

La naturaleza, intensidad y

alternativas de la guerra han

producido en todos los países

del universo graves trastornos

de orden moral, social y económico,

cuya extensión y arraigo

pueden dificultar la normalización

de las condiciones de

equilibrio y mesura que deben

constituir el más firme apoyo de

la justicia y del progreso de los

pueblos. Por otro lado, la confusión

de ideas y sentimientos

de tales trastornos derivada,

enturbia las conciencias, fomenta

el espíritu de disociación

entre distintos sectores sociales

y agudiza oposiciones injustas,

sin reparar comúnmente en que

para disiparla bastará fortalecer

la serenidad en el juicio, la

templanza en la imputación, la

comprensión de las acciones

ajenas y la hombría de bien en

las propias.

El actual momento exige

formar una conciencia colectiva

sobre los aspectos más destacados

de los problemas que

puedan afectar al país, como

consecuencia de las repercusiones

de la guerra, pero ello solo

será posible si a los organismos

y a las autoridades que tienen

confiada la misión de velar por

el ordenamiento social y económico

llegan las auténticas

inquietudes y aspiraciones del

pueblo argentino y a este, las

previsiones que para la defensa

de su tranquilidad, bienestar y

progreso estructuran los correspondientes

resortes del Estado.

El mundo vive una etapa de

profunda transformación social,

política y económica. Aún no

sabemos cuál será su fisonomía

definitiva ni tesitura estable. Ni

es el caso tampoco de arriesgar

vaticinios o profecías prematuras.

Pero sí sabemos, porque

ello está a la vista de quien

lo quiera ver, que en lo social

quedarán abolidos todos los

privilegios, como no sean los del

espíritu, la cultura y el trabajo;

que en lo político, advendrá una

democracia auténtica, tan ajena

a los totalitarismos o dictaduras

de izquierda o de derecha, como

incompatible con la demagogia

o con la ficción representativa

de los politiqueros de un mal

llamado régimen democrático,

por lo menos entre nosotros;

finalmente sabemos también

que en lo económico tendrá que

venir la armonía definitiva del

capital con el trabajo, a base de

instituciones orgánicas de previsión

social, a base de sueldos

y jornales equitativos y a base

también, por supuesto, de un

régimen flexible, pero no menos

orgánico, de obligaciones,

deberes y derechos recíprocos

entre los patronos y obreros.

El progreso social ha llevado a

todos los países cultos a suavizar

el choque de intereses y

convertir en medidas permanentes

de justicia las relaciones que

antes quedaban libradas al azar

de las circunstancias, provocando

conflictos entre el capital y el

trabajo.

La táctica del Estado abstencionista

era encontrarse frente

a ciudadanos aislados, desamparados

y económicamente

débiles, con el fin de pulverizar

las fuerzas productoras y conseguir,

por contraste, un poder

arrollador.

La contrapartida fue el sindicalismo

anárquico, simple

sociedad de resistencia, sin

otra finalidad que la de oponer

a la intransigencia patronal la

indiferencia del Estado, una

concentración de odios y resentimientos.

El abandono por el Estado de

una dirección racional de su

política social, cualquiera que

ella sea, es, sin duda, el desgo-

52 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


bierno y la disociación paulatina

de las fuerzas productoras de

la Nación. En nuestro concepto,

esa ha sido la política seguida

hasta ahora. El Estado, en gran

parte, se había desentendido

del problema social, en lo que

él tiene de trascendente, para

solucionar superficialmente los

conflictos y problemas parciales.

Es así, que el panorama de

la política seguida representa

una serie de enmiendas colocadas

alrededor de alguna ley, que

por no haber resultado orgánicamente

la columna vertebral

de esa política social, han

resuelto parcialmente el problema,

dejando el resto totalmente

sin solución.

Desde los venturosos días de

mayo en ningún momento la

República ha necesitado tanto

de ciudadanos libres y honorables

que sepan jugar su vida por

el futuro de la Nación, como en

nuestros días. Es indiscutible

que hay fuerzas antagónicas

que luchan por otros ideales

que no son los nuestros y sabemos

también que el problema

de nuestra Nación puede resolverse

rápidamente si nos decidimos

a vender lo que puede

venderse de este país. Pero

no creemos que estas generaciones

de argentinos puedan

desertar ante la historia y no

se levanten, siquiera sea, por

respeto a los que murieron por

darnos libertad y autonomía,

para oponernos firmemente a

toda posible claudicación frente

a propios y extraños.

El problema argentino no solo

hay que penetrarlo, sino que es

menester sentirlo, y solamente

pueden sentirlo los verdaderos

patriotas, a quienes el tiempo

no haya marchitado el corazón

ni las tentaciones les hayan

sumido en la ruindad de una

entrega.

Si en 1810 fuimos libres

políticamente gracias a esos

hombres héroes que siempre

recordamos, no podemos afirmar

lo mismo de los que les

sucedieron, que lejos de conquistar

nuestra independencia

económica, han perdido el

tiempo para entregarnos a una

situación de verdadero coloniaje,

como nunca el país ha soportado

antes.

Podemos decir que la oligarquía,

servida por hábiles políticos,

no solamente cometió

delitos contra el país, sino algo

más grave aún: tuvo sojuzgadas

numerosas generaciones de

argentinos, a las que disoció de

sus verdaderos valores.

Y así, etapa tras etapa llegamos

a nuestros días.

La historia de los días infaustos

se repetía.

En lo interno, de nuevo las

fuerzas de la regresión parapetadas

en los intereses de los

círculos dirigían al Estado con

prescindencia del interés público

y de las necesidades vitales

de los trabajadores argentinos,

hipotecando la riqueza del país

y llegando hasta admitir que poderes

inherentes a la soberanía

nacional se ejercitasen dentro

de nuestro territorio por núcleos

foráneos enquistados en el engranaje

de nuestra economía.

El mismo fenómeno regresivo

se observaba en el escenario

político, los llamados partidos

tradicionales, en cuyas filas

actuaron con brillo, con eficacia

y con patriotismo muchos

hombres públicos argentinos

que han merecido la gratitud de

la Nación alternaron y se desgastaron

en el gobierno, acusando

índices de corrupción que

concluyeron por desintegrarlos,

por disminuirlos ante la opinión

pública en su jerarquía moral.

En lo externo, una lamentable

inhabilidad para hacernos

comprender, en todo lo que

tiene de generoso, de honesto,

de cordial, pero también de

altivo el espíritu argentino, y

una lamentable y correlativa

incomprensión de quienes, por

53 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


no haber releído nuestra historia

olvidaron que, si es fácil rendirnos

por el corazón, es imposible

doblegarnos por la prepotencia.

Había, pues, que recurrir una

vez más, a las virtudes patricias

que dormían en el alma argentina.

Y el alma argentina despertó.

Despertó en la maravillosa

intuición del pueblo; en la confianza

que este puso en la capacidad

de recuperación de sus

hijos, en el alegre y bullanguero

desdén con que se movió entre

la incomprensión y las turbias

confabulaciones de resentidos,

que en un momento dado llegaron

hasta a renegar de su propio

linaje para servir propósitos

extranjeros y dieron, por esa

razón, el triunfo que merecía el

auténtico pueblo argentino.

Ese fue, sin duda, el comienzo

de todos los males: la división

en banderías enconadas que

habrían de perpetuarse a través

del tiempo y de la historia

y la acción política posterior

fue siempre de disociación. Ya

el pueblo argentino no volvió a

sentirse unido, sino que fue un

verdadero campo de lucha entre

facciones políticas por la disputa

del poder y del gobierno. Esa

lucha fue inspirada en el odio,

que es factor de separación y

destrucción, no se guio por el

amor, que es factor de unidad y

54 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

construcción.

Las propias organizaciones

obreras eran escenario de una

lucha intestina por la posesión

de los cargos directivos, cumplida

a espaldas de una masa

defraudada, que asistía indiferente

a una suicida destrucción

de valores.

Muchos de nuestros gobiernos

han dejado de ser, bajo

esta influencia, representantes

del pueblo para convertirse en

representantes de intereses especiales,

dirigidos por máquinas

que a su vez no eran dirigidas

por el pueblo.

Es preciso comprender que el

mundo está en plena revolución.

El problema argentino no es de

carácter local: es un problema

del mundo. Para comprobarlo

bastaría mirar a todos los continentes

y a todas las naciones

del universo: pero dentro de

todo, deberíamos agradecer a

Dios por hacernos vivir en esta

tierra, en la cual los problemas

no han llegado a agudizarse al

extremo de hacer sufrir a los

hombres y donde la Providencia

ha derramado tantos bienes

maravillosos, que hacen a esta

pampa grandiosa el lugar donde

el futuro se forjará el porvenir

del mundo.

Esa revolución que se viene

cumpliendo en todos los pueblos

sobre la tierra y que marcará

una etapa en la historia, es la

que nosotros tratamos de llevar

adelante con nuestras conquistas

sociales, que constituyen,

no una época en la historia de

la Nación, sino un cambio tan

trascendental que afirmamos no

podrá ser borrado en adelante

por ninguna fuerza de este país.

Nos hemos dado a la tarea de

construir, enfrentando los problemas

en su dimensión exacta,

superando las relativas ventajas

de las soluciones forjadas para

un instante, para reemplazar las

otras de aplicación en el tiempo,

flexibles y ágiles, para que

coexistan con las mutaciones

propias del progreso social.

No queremos dejarles a los

hombres de mañana una Argentina

disminuida ni triste, ni habitada

por ciudadanos que hayan

sido vencidos por la pobreza, las

enfermedades o el abandono.

El Estado no puede permitir

que la falta de recursos impida

el logro del destino humano. Por

eso, insistiremos en la necesidad

de ponernos de acuerdo

sobre lo esencial. Sobre lo que

es inherente a nuestro destino

histórico para proclamar que ha

llegado la hora de establecer los

puntos básicos que sean prenda

de unión de todos los argentinos.

Es probable que quienes no

tengan suficientemente encarnados

estos sentimientos

puedan disentir con las disposiciones

presentadas, pero

en las soluciones de conjunto

juegan más las necesidades de

la comunidad que el egoísmo

efímero de unos o la imprevisión

circunstancial de otros.

*Juan Domingo Perón


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55 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


ANÁLISIS

Estados Unidos: retroceder

siempre,

rendirse jamás

ERICO

VALADARES

A

mediados de 1956, apenas

empezada la guerra

de Vietnam y en pleno

auge de la revolución

popular en China, Mao Ze-

56 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

dong presentaba un brevísimo

escrito titulado El imperialismo

estadounidense es un tigre de

papel, en el que hacía un diagnóstico

de la hegemonía yanqui

en el mundo señalando —como

se indica ya en el título del documento—

que dicha hegemonía

se basaba en una fuerza que no

era tal. De acuerdo con el gran

Mao, el imperialismo yanqui se

sustentaba en una apariencia

de poder que no se verificaba en

la realidad y de ahí la caracterización

de dicho imperialismo

como un tigre de papel: visto

desde lejos, ese tigre parecía

inmenso y muy feroz; pero al

acercar la mirada se veía que

se trataba de eso mismo, de un

tigre de cartón pintado. Mao

consideraba que los Estados


Unidos no constituían ni siquiera

un problema estratégico

para China y para los demás

pueblos-nación antimperialistas

del mundo, sino una cuestión

simplemente táctica.

Más de seis décadas han pasado

desde aquella precisa definición

maoísta y mucho llovió

desde entonces: Fidel Castro

hizo en Cuba una revolución y

la sostuvo a escasos kilómetros

de las costas de los Estados

Unidos, el fracaso de Washington

en Vietnam fue estrepitoso

y apenas pudo disimularse, se

derrumbó el bloque socialista

en el Este por su propio peso y

los Estados Unidos se quedaron

con el lugar de única superpotencia

a nivel global a partir de

la década de los años 1990,

lugar desde el que incursionaron

militarmente en varias

regiones, casi siempre tan solo

para quedarse empantanados

durante un tiempo y tener que

retirarse posteriormente sin

conseguir demasiadas ganancias

para las corporaciones

cuyos intereses representaban.

Los Estados Unidos han hecho

varios desastres bélicos en to-

57 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


das partes y muchos más desde

que se quedaron sin su contraparte

soviética para equilibrar

el tablero. Pero lo cierto es que

desde entonces, desde que la

Unión Soviética colapsó y se

desintegró, los Estados Unidos

como Estado y como nación vienen

luchando contra sí mismos

para sostener una posición que

realmente no es sostenible ni

redituable.

En pocas palabras, el lugar

de única superpotencia a nivel

global es un lugar muy incómodo,

un lugar que requiere

de ingentes gastos de mantenimiento

y que no le reporta al

pueblo-nación del Estado que lo

sostiene muchos beneficios. La

estructura militar, diplomática y

de servicios de inteligencia que

los Estados Unidos deben mantener

año tras año para sostener

la dominación simultánea sobre

todos los demás es carísima y

funciona en el aire, está siempre

al borde del descalabro a causa

de su complejidad. Y además

genera una aparente paradoja,

en la que el contribuyente estadounidense

paga la totalidad

del costo de ese mantenimiento,

aunque nunca ve los réditos.

Las grandes ganancias de las

invasiones militares a los países

con abundancia de recursos

naturales se las suelen llevar

las corporaciones trasnacionales

que se instalan en dichos

territorios y se respaldan en las

armas de los Estados Unidos

para hacer negocios allí sin que

nadie les estorbe el juego. El

pueblo yanqui paga la máquina

de guerra, pero no se queda con

el botín y entonces los Estados

Unidos con su imperialismo no

representan los intereses de su

propio pueblo-nación, sino los

intereses de corporaciones que

no tienen ningún arraigo territorial.

“En la actualidad, el imperialismo

norteamericano exhibe

una gran fuerza, pero en realidad

no la tiene”, decía Mao

Zedong en 1956. “Políticamente

Representación artística de una reunión entre Mao Zedong y el soviético José Stalin.

Pocos meses después de la muerte de este, se produjo la ruptura sino-soviética

y China empezó a transitar un camino revolucionario independiente. La URSS

habría de colapsar en 1991, resultando en la desintegración del bloque socialista

en el Este sin que eso afectara demasiado a China.

es muy débil, porque está divorciado

de las grandes masas

populares y no agrada a nadie;

tampoco agrada al pueblo norteamericano.

Aparentemente es

muy poderoso, pero en realidad

no tiene nada de temible: Es un

tigre de papel. Mirado por fuera

parece un tigre, pero está hecho

de papel y no aguanta un golpe

de viento y lluvia. Pienso que

Estados Unidos no son más que

un tigre de papel”. Mao ya sabía

entonces lo que sabemos ahora,

que el imperialismo yanqui

no es conveniente para nadie y

tampoco para el pueblo-nación

estadounidense, el que paga

la cuenta para que los beneficios

se los lleve otro. Entonces

el imperialismo yanqui en el

lugar de única superpotencia a

nivel global no solo es un tigre

de papel, sino que además es

un problema para los mismos

yanquis.

Desde el punto de vista del

que vive en los Estados Unidos

y se las tiene que ver con el

fisco para sostener la máquina

de dominación imperialista,

esa máquina es indeseable. Si

un yanqui, cualquier yanqui,

comprende que está pagando

impuestos no para que reviertan

en servicios públicos de salud

y educación, por ejemplo, sino

en armas para la defensa de los

intereses de empresas privadas

que no le pertenecen, ese yanqui

debe necesariamente llegar

a esa conclusión. Y también

debe llegar a otra, mucho más

fácil de observar: el llamado

“sueño americano” dejó existir

precisamente cuando el gasto

militar de los Estados Unidos

creció exponencialmente ante

la necesidad de sostener una

hegemonía unipolar. En los últimos

treinta años el nivel de vida

del ciudadano estadounidense

ha descendido bruscamente y

ese ciudadano ha tenido que

endeudarse para sostener cierto

58 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Ronald Reagan, George Bush y Mijaíl Gorbachov, reunidos en Nueva York al finalizar la presidencia del primero y empezar la del

segundo. A partir de este momento histórico, los Estados Unidos habrían de quedar como la única superpotencia global.

consumo, al que ya se había

acostumbrado. Existe entonces

una relación directa entre el

derrumbe del socialismo en el

Este y el descenso de la calidad

de vida en los Estados Unidos:

ahora el dinero que antes se

destinaba a subvencionar la

existencia en abundancia de un

pueblo va a parar en la máquina

de guerra que las corporaciones

necesitan para lucrar. Y eso no

tiene nada que ver con lo que el

pueblo-nación estadounidense

quiere.

El divorcio

Cuando aquí pensamos en los

Estados Unidos solemos pensar

en una cosa homogénea, en un

país con un Estado centralizado

y con un gobierno potente, sin

grietas. Pensamos un pueblo

uniforme, perfectamente adiestrado

por Hollywood en las

premisas ideológicas del liberalismo,

que son la meritocracia,

las libertades individuales y el

libre comercio. Y en parte eso

es así, ya que sería imposible

sostener la enorme mentira si

las mayorías populares supieran

de qué se trata. El problema

ahora, a tres décadas de la

supuesta consagración de los

Estados Unidos como reyes a

nivel mundial, es que empezó

a existir una grieta entre las

clases dirigentes y ya no todos

están contentos en ser funcionales

a los intereses de corporaciones

trasnacionales que

poco y nada tienen que ver con

los Estados Unidos. Y en dicha

grieta un grupo propone abrirse

de eso, es decir, propone que

los Estados Unidos no sostengan

ya una dominación mundial

para garantizar la operación y

el lucro de las corporaciones en

todas partes. En resumen, una

parte de la clase dirigente de

los Estados Unidos ya no quiere

defender militarmente los

intereses de las corporaciones

y además comprendió que el

lugar de única superpotencia

global se ha vuelto insostenible.

Pero lo insostenible no es ni

jamás fue la dominación, puesto

que esta nunca existió de

hecho, sino más bien como una

idea que los dominados aceptan

como real. Como un tigre

de papel, precisamente: bien

mirada la cosa, en el terreno

militar los Estados Unidos han

cosechado muchos más fracasos

que éxitos y hasta se suele

decir que ese país perdió todas

y cada una de las guerras en las

que estuvo involucrado, salvo su

guerra de independencia contra

Gran Bretaña. Es una afirmación

audaz y para corroborarla

habría que definir muy bien qué

59 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Los Estados Unidos de las Corporaciones, una simpática representación de cómo un país puede privatizarse y ponerse al servicio

de los ricos del mundo.

cosa es un triunfo bélico. Pero

lo cierto es que, por lo menos

desde mediados del siglo pasado

a esta parte, no queda muy

claro qué victorias militares

han tenido realmente los Estados

Unidos. Empezando por la

guerra de Vietnam —que fue una

derrota estrepitosa, como veíamos,

a manos de un ejército de

campesinos descalzos—, todas

las incursiones militares de los

Estados Unidos han resultado

en fracaso o estancamiento, sin

que se haya logrado ninguna

victoria clara. Es cierto que las

corporaciones y el complejo

industrial-militar hicieron muy

buenos negocios con las invasiones

de Irak y Afganistán, pero

nunca hubo allí ningún triunfo.

Los Estados Unidos invadieron

países que ya estaban en la

lona, estacionaron sus tropas

allí para cuidar los negocios

privados y luego se retiraron.

¿Dónde está el triunfo militar?

Lo que los Estados Unidos

vienen sosteniendo a base de

mucha inversión es la idea de

que su flota sería capaz de

ocupar y de reprimir simultáneamente

a todos los países que

se atrevieran a sacarse los pies

del plato. Esa es la idea del tigre

de papel por la que nadie salta,

el temor al látigo que nadie ve,

pero que todos creen que existe.

Y, no obstante, si observamos

también los casos de los países

que se atrevieron a cuestionar

la dominación yanqui desde la II

Guerra Mundial hasta la actualidad,

nos vamos a encontrar

con que los Estados Unidos no

han podido dominar y someter

a ninguno de ellos, empezando

por Cuba y luego pasando por

todos los casos en los que los

Estados Unidos amagaron avanzar

y luego recularon, sobre todo

en años recientes: Crimea, Siria,

Irán, Corea del Norte, Venezuela.

En todos estos la autoridad

de la superpotencia universal

ha sido desafiada y en ninguno

de ellos la flota estadounidense

pudo hacer nada para responder

al desafío.

Crimea, Siria, Irán, Corea del

Norte y Venezuela. Algo está

pasando y es que el grupo disidente

en las clases dominantes

de los Estados Unidos está

intentando instalar una idea: la

del divorcio entre el pueblo-nación

estadounidense que paga

la cuenta y las corporaciones,

las que se quedan con el botín.

Hay alguien queriendo explicarle

a la opinión pública estadounidense

que la hegemonía en

un sistema-mundo unipolar es

inconveniente, indeseable y a

todas luces insostenible.

La hipótesis es sencilla y ha

sido abundantemente explorada

por nosotros tanto en esta

60 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


Revista Hegemonía como en

La Batalla Cultural: frente a la

insostenibilidad del esquema

unipolar, habrá que optar entre

dos modelos de destrucción

de un imperio. Por una parte,

el modelo romano, que es el

de la inflexibilidad, el de ponerse

“duros” en la negación de

la decadencia. Y, por otra, el

modelo inglés, que es el de la

retirada ordenada, el descenso

suave en el tiempo. El primero

es el modelo del “morirse con

las botas puestas” y sosteniendo

una dominación que en la

práctica no existe. El resultado

de eso puede ser el descenso

brusco, esto es, las “invasiones

bárbaras”, el saqueo y

la destrucción del territorio, la

exposición de la población civil

a los actos de violencia revanchista.

Si los Estados Unidos

insisten en sostener la posición

de única superpotencia a nivel

mundial, deberán entrar en

guerra contra las potencias

emergentes —China y Rusia,

básicamente— y no podrán

flaquear jamás, puesto que a

la primera señal de debilidad

la rebeldía sería generalizada

y sería solo cuestión de tiempo

para que todos hagan fila para

“cobrar” la factura de las atrocidades

que los militares de los

Estados Unidos cometieron por

todo el mundo, que son muchas.

Y el problema de este modelo

es que se resume a una simple

cuestión de tiempo, puesto que

es imposible sostener la guardia

alta indefinidamente. Sería solo

cuestión de tiempo hasta que

los Estados Unidos se vieran obligados

a destinar su máquina

de guerra a una guerra proxy y

dejaran descubierto algún flanco.

“Todo está sujeto a cambio.

Las grandes fuerzas decadentes

tendrán que ceder el lugar a las

pequeñas fuerzas nacientes.

Las fuerzas pequeñas se transformarán

en grandes, porque la

gran mayoría de la gente exige

el cambio”, decía Mao en El

imperialismo estadounidense

es un tigre de papel. “La fuerza

del imperialismo norteamericano,

que es grande, pasará a ser

pequeña, debido a que el pueblo

norteamericano también está

descontento con el gobierno de

su país”. Como se ve, tan solo

una cuestión de tiempo.

Retiradas

El modelo alternativo al de la

inflexibilidad romana, el inglés,

es el de la retirada ordenada en

el tiempo hasta estacionarse

en el lugar de potencia en un

mundo con otras potencias,

con lo que se evita el peligro

de las “invasiones bárbaras” y

de la violencia revanchista. Y si

bien es claramente el modelo

más racional, es también el

más difícil de implementarse.

¿Por qué? Porque la opinión

pública no está adiestrada

y preparada para aceptar su

implementación. Esto es un

poco difícil de comprender

si pensamos como solemos

pensar los que estamos en la

periferia del imperio, por lo que

es necesario hacer un ejercicio

de abstracción y tratar de ver

la cosa como la vería el ciudadano

yanqui promedio. ¿Qué

pensaría ese ciudadano si un

dirigente político se presentara

públicamente con el proyecto de

retroceso estratégico? Luego de

décadas de adiestramiento para

convencerse de que los Estados

Unidos tienen un poder militar,

tecnológico y económico superior

al de todos los demás países

del mundo combinados, ¿cómo

convencerse de lo contrario?

¿Cómo aceptar mansamente y

sin previo aviso la realidad de

que los Estados Unidos no solo

no tienen toda esa fuerza, sino

que además están siendo superados

por la alianza oriental

entre Rusia y China en todos los

campos? ¿No era que habíamos

derrotado a los comunistas soviéticos

y había llegado el fin de

La guerra de Vietnam, en las que los Estados Unidos entraron a dar una paliza y

una demostración de su poderío frente a la Unión Soviética, pero terminaron derrotados

y humillados por un ejército formado básicamente por campesinos descalzos

y dispuestos a defender la patria con la vida.

61 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


La imagen del Tío Sam, utilizada para convocar al reclutamiento militar a los jóvenes.

Hoy el Tío Sam ya no tiene tanto músculo y el estadounidense promedio debe

comprenderlo si quiere integrarse al nuevo sistema-mundo.

la historia, con el triunfo final de

la libertad y la democracia? ¿De

dónde rayos salen estos rusos y

estos chinos, si ya los habíamos

enterrado?

No, ningún dirigente político

en los Estados Unidos está

hoy en condiciones de decir la

verdad y proponer un descenso

suave para evitar las “invasiones

bárbaras”. Nadie puede hablar

de esto públicamente hoy sin

ser enterrado vivo por la opinión

pública, nadie puede decir que

el estatus de superpotencia

única en el mundo está caduco

porque los argumentos todavía

no están a la vista. La clase

dirigente sabe que esto es así,

pero está dividida entre los que

trabajan para las corporaciones

(todo el Partido Demócrata y

buena parte del Partido Republicano)

y los que quieren el divorcio.

No hay consenso. ¿Cómo

lograr el consenso entonces?

Pues reeducando la opinión

pública para que esta comprenda

el peligro, genere presión

social y el consenso se forme. Si

el ciudadano yanqui promedio

comprende que en otros países

ya entendieron que los Estados

Unidos como única superpotencia

global son un tigre de papel

y son un instrumento bélico de

las corporaciones y las élites, va

a comprender igualmente que

esa situación es peligrosa. La

hegemonía está resquebrajada,

los subalternos están a punto de

golpear y si la opinión pública

en los Estados Unidos comprende

eso, entonces la fracción

del grupo dirigente que trabaja

para las corporaciones y para

las élites globales va a tener que

callarse y el modelo inglés de

retirada o descenso suave va a

poder implementarse.

Y cuando pensamos en la otra

fracción del grupo dirigente,

la que desea el divorcio con

las corporaciones y sus élites y

desea el descenso suave hasta

el lugar de potencia mundial en

un sistema-mundo multipolar,

mucho más cómodo, sustentable,

barato y redituable, conviene

no olvidar que en la entronización

de Donald Trump está el

affaire Putin en las elecciones

del año 2016 en los Estados

Unidos. Conviene no pasar por

alto la posibilidad de que Trump

haya llegado a ser presidente

de la mano de Putin y con un

mandato preciso: instalar en el

debate los argumentos necesarios

para afirmar la urgencia de

una retirada estratégica de los

Estados Unidos de una posición

dominante que ya no existe en

la práctica. En otras palabras,

es preciso tener en cuenta la

posibilidad de que Trump esté

haciendo todo lo que hace para

demostrarle al pueblo-nación

estadounidense que al Tío Sam

ya no le da la nafta. Y que es urgente

un plan de retirada ordenada,

porque el peligro acecha y

es grande.

Si eso fuera así, estaríamos

ante una movida de ajedrez por

parte de las potencias emergentes

del Este para evitar la guerra

abierta contra unos Estados

Unidos que están en decaden-

62 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


cia, sí, pero que pueden hacer

todavía muchísimo daño en

caso de conflicto bélico. La

movida sería justamente en

el sentido de evitar esa deflagración

generalizada —o la III

Guerra Mundial, probablemente

mucho más destructiva que las

dos anteriores combinadas, por

el desarrollo tecnológico del

complejo industrial-militar en

los últimos 75 años— y entonces

podrían entenderse perfectamente

todos los movimientos

“en falso” de Donald Trump en

los últimos años: avanzar sobre

Crimea, sobre Siria, sobre Irán,

sobre Corea del Norte y sobre

Venezuela y luego retroceder

ante la primera oposición presentada

por China, por Rusia

o por ambos. Retrocediendo

sin luchar. ¿Cuál es el mensaje

implícito en esos movimientos

“en falso”? Pues ese mismo, el

de que al Tío Sam ya no le da la

nafta para ser el halcón que alguna

vez fue, al menos supuestamente.

Es necesario empezar

a recular.

Todo eso parecía ser cierto incluso

con las bravatas de Trump

en la famosa “guerra comercial”

contra China, en la que una y

otra vez cedió luego de avanzar.

Y ahora, frente a la crisis sanitaria

provocada por la pandemia

del coronavirus, la tendencia a

los movimientos “erráticos” por

parte de Trump para instalar la

idea del peligro inminente se

confirma. La opinión pública

estadounidense está asustada,

confundida, golpeada. Con la

cantidad de víctimas por el coronavirus

en aumento y el caos instalado

entre el gobierno federal

y los gobiernos estatales a nivel

regional, el estadounidense promedio

empieza a comprender

su propia vulnerabilidad frente

a una amenaza externa. Todo el

adiestramiento hollywoodiano

se va esfumando junto a la idea

de “destino manifiesto” inevitable,

la falsa creencia en un

poder que los Estados Unidos

no tienen ni nunca tuvieron.

Mao también decía que “(…)

Lo grande no tiene nada de

temible. Será derribado por lo

pequeño. Y lo pequeño se hará

grande”. Y luego afirmaba:

“Sólo podrá haber paz cuando

haya sido eliminado el imperialismo.

Llegará el día en que el

tigre de papel será destrozado.

Pero no desaparecerá por sí

mismo; para ello hace falta el

golpe del viento y la lluvia”. El

tigre de papel no son los Estados

Unidos como país y como

nación, eso es una potencia real

con más de 300 millones de

habitantes asentados sobre el

cuarto territorio nacional más

extenso del mundo. El tigre de

papel es el imperialismo yanqui

al servicio de las corporaciones

y las élites globales, el que en sí

es más una simulación de poder

que poder real. Es un tigre de

papel que va a sucumbir ante

el golpe del viento y la lluvia.

¿Habrá llegado al fin la hora

de la tormenta que exponga la

verdad y reordene el mundo con

una redistribución geográfica

del poder? La respuesta puede

estar llegando en los próximos

capítulos de esta historia que se

está escribiendo ahora mismo.

El encuentro entre Kim Jong Un y Donald Trump, luego de este agitara todo tipo de amenazas contra Corea del Norte: un movimiento

“errático” que corrobora la tesis del avance y retroceso orientados a reeducar la opinión pública estadounidense.

63 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020


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64 HEGEMONIA - ABRIL DE 2020

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