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Revista Hegemonía. Año III Nº. 29

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 29 AÑO III | JULIO DE 2020

labatallacultural.org

HEGEMONIA

A TOMAR

DECISIONES,

SEÑOR

PRESIDENTE


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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

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en esta revista y eventualmente firmadas son

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representan necesariamente el pensamiento ni la

línea editorial de La Batalla Cultural.


HEGEMONIA

36

CONTENIDO EXCLUSIVO

A tomar

decisiones,

señor

presidente

26

HISTORIA + GEOGRAFÍA =

GEOPOLÍTICA

Genealogía de una

insubordinación

fundante

14

OPINIÓN

La Ilustración

criolla

6

ANÁLISIS

Hacia arriba

o hacia abajo?


EDITORIAL

Horas decisivas

Los ánimos estaban caldeados

al momento de cerrar esta 29ª.

edición de nuestra Revista

Hegemonía. Mientras desde el

gobierno de Alberto Fernández

llegaban algunas precisiones sanitarias

sobre cómo seguirá la Argentina

en su lucha contra la crisis

del coronavirus, una multitud de

escaramuzas se registraban entre

los dirigentes del Frente de Todos.

“Arde la interna en el kirchnerismo”,

relataban los medios de difusión

del enemigo de los pueblos. Pero

allí donde esos medios intentaban

vender una interna con el objetivo

de debilitar a Cristina Fernández de

Kirchner —el verdadero objeto de su

odio—, en realidad existía la exigencia

por definiciones. Por decisiones,

para ser más precisos. Lo que

pasaba en el interior del Frente de

Todos al finalizar la tercera semana

de julio y al dirigirse una vez el

presidente a la Nación por asuntos

de cuarentena era la expresión de

la necesidad de saber al fin quién

ganó las elecciones de octubre de

2019.

El atento lector podrá espantarse

y hasta escandalizarse con esa

afirmación, puesto que el resultado

de esas elecciones debería estar

4 HEGEMONIA - julio DE 2020


claro y fresco en su memoria. Ganó

Alberto Fernández y ganó el Frente

de Todos por una diferencia de unos

8 puntos, esa es la realidad visible.

Pero la cuestión de la definición

del ganador real es lo que, por lo

general, no se ve. Lo que aun falta

decidir es qué sector ganó las elecciones

al resultar electos el candidato

Fernández y la lista del Frente

de Todos. En una palabra, a más

de siete meses de la asunción del

nuevo gobierno todavía no se sabe

exactamente para quién gobierna.

No es una cuestión de nombres

propios, sino de intereses reales

en la eterna pugna entre las clases

populares y la oligarquía por saber

quién va a pagar la cuenta.

Un saqueo de cuatro años, una

monumental deuda externa que

nadie sabe cómo podrá pagarse

y, para colmo de males, una crisis

sanitaria que terminó de tullir la

economía nacional. Así, en la suma

de todas esas calamidades, se

encuentra la Argentina hoy en el laberinto.

Prácticamente un cuarto de

las pymes que a duras penas habían

logrado sobrevivir al macrismo y que

tenían puesta toda su fe sobre este

nuevo gobierno teóricamente peronista

terminaron cerrando durante

con Alberto Fernández al no poder

resistir los efectos del parate económico

resultante de la cuarentena.

Por lo menos ocho y hasta nueve de

cada diez familias percibían algún

tipo de ayuda de un Estado endeudado

hasta la médula y privado de

gran parte de sus ingresos fiscales

gracias al mismo parate económico

por razones sanitarias. La emisión

monetaria al rojo vivo, para ir tapando

el bache. Lo que nadie sabe

hasta el momento es quién va a

pagar todo eso simplemente porque

el gobierno de Alberto Fernández no

presenta el plan económico. Simplemente

porque no se sabe aun

de quién es el gobierno de Alberto

Fernández.

De un modo general, aquí, en la

China y hasta en el Congo Belga,

que ya ni existe, un gobierno puede

ser siempre propio de uno de los

dos grandes sectores sociales que

en todas partes son antagónicos:

puede ser un gobierno popular y

cargar la mayor parte del peso del

Estado sobre los ricos, o puede ser

un gobierno de las clases dominantes

y cargar los costos sobre las espaldas

dobladas de los trabajadores.

Y si bien en condiciones dichas

“normales” los dirigentes políticos

con poder en el Estado suelen hacer

ciertos equilibrios en la cuestión y

no hay pureza absoluta, no es menos

cierto que en una coyuntura de

graves contingencias como la actual

el equilibrio se vuelve una quimera.

Las cosas como están y en una situación

terminal como la presente,

va a ser muy difícil lo salomónico:

alguien tendrá que cargar con los

costos de la crisis que es la suma

de la herencia dejada por Mauricio

Macri y la destrucción económica

posterior tras cuatro meses de inactividad

por cuarentena. El peso de

la carga es inmenso y, no obstante,

todavía no se sabe a ciencia cierta

sobre qué sector social se descargará.

Por eso la portada de esta 29ª.

edición de nuestra Revista Hegemonía

viene exigiendo una definición,

la que por otra parte debe llegar

necesariamente en los próximos

días. La emisión monetaria ya toca

sus límites, se agotan los márgenes.

La lucha entre dirigentes, que

se acentuó y se hizo visible en esta

tercera semana del mes de julio, es

el síntoma de eso: son esos mismos

dirigentes de un bando y del otro

demostrando que el frente es de

todos, pero el gobierno no puede

serlo. Se gobierna para los de arriba

o se gobierna para los de abajo y

esa es la decisión que deberá tomar

el presidente Fernández.

La Argentina sabrá pronto quién

realmente ganó las elecciones del

2019. Mientras tanto, el atento

lector puede adelantarse con el

análisis de la cuestión que presentamos

en esta edición. Y esperamos

que le sea de mucha utilidad para

comprender siempre un poco mejor

la realidad, la que nunca veremos

en televisión.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - julio DE 2020


ANÁLISIS

¿Hacia arriba

o hacia abajo?

ERICO

VALADARES

No sin cierto nivel de asombro,

se vio en los últimos días en

los medios de todo el mundo

la noticia de que en plena

pandemia del coronavirus

los Estados Unidos han recuperado

entre los meses de mayo y junio casi

8 millones de los puestos de trabajo

que se habían perdido en los meses

anteriores. En tan solo 60 días y

sin esperar que aparezcan vacunas

u otras soluciones milagrosas, los

estadounidenses ya han logrado revertir

una tercera parte de la pálida

económica resultante de la llegada

del virus chino al país. Mientras

la caída de la economía parecería

acentuarse en otras latitudes y

tampoco se estarían viendo señales

de recuperación en el corto plazo,

los Estados Unidos ya empezaron

a desandar el camino y prometen

ponerse de pie mucho más rápidamente

de lo esperado. Frente a los

pronósticos de debacle y derrota a

6 HEGEMONIA - julio DE 2020


manos de China hechos por muchos

—incluso por nosotros, mea culpa—

hace tan solo tres o cuatro meses,

este resurgimiento económico que

se verifica hoy en la única potencia

global no deja de ser sorpresivo.

Pero más allá del asombro y la

sorpresa ante la resiliencia de los

estadounidenses, que por momentos

parece ser inagotable, es

interesante indagar un poco en

las razones de tan rápido rebote.

¿Cómo es posible una recuperación

de esta magnitud sin que estén

dadas las condiciones sanitarias

para una reapertura plena de la

economía? Aquí, por supuesto,

hay mucho de la potencia de una

economía que fundamentalmente

imprime la moneda de referencia

global: los Estados Unidos tienen

una posibilidad que nadie más en

el mundo tiene, que es la de emitir

dinero virtualmente sin límite para

salvar una situación crítica sin que

ello impacte negativamente —al

menos no de inmediato— en su

economía. En una palabra, los

Estados Unidos imprimen dólares y

por eso mismo pueden hacer de la

noche a la mañana un Plan Marshall

para sí mismos, de ser necesario.

Es así cómo al estallar la crisis del

coronavirus la asistencia estatal a

las empresas y a los trabajadores

que se vieron privados de empleo

fue inmediata y masiva, con lo que

Donald Trump pudo sostener la estabilidad

interna durante los meses

más críticos, que fueron marzo y

abril, quizá hasta los primeros días

de mayo. En esos días el Estado intervino

fuertemente en la economía,

emitió los dólares necesarios para

hacerlo, evitó la catástrofe y resistió

con éxito al primer golpe, que

siempre es el más demoledor. A los

entusiastas de la supuesta “mano

invisible del mercado” no les va a

gustar la conclusión, pero está claro

que Washington no dejó la economía

del país librada a dicha “mano

invisible”, sino que hubo un Estado

presente y dispuesto a utilizar todos

los recursos existentes, además

de crear recursos nuevos prácticamente

de la nada, para sostener la

estabilidad nacional. La emisión

monetaria descontrolada entre los

meses de marzo y mayo fue eso, fue

el Estado con fuerte presencia en

un momento crucial de la historia

del país, lo que en la forma y en el

fondo no será del agrado ideológico

de ningún liberal.

Por otra parte, es importante notar

que el plan económico de Donald

Trump venía siendo muy exitoso

hasta los últimos días de febrero,

cuando los Estados Unidos fueron

embestidos por la pandemia. Hasta

ese momento, existía en el país una

situación de pleno empleo y fuerte

expansión económica. A diferencia

de lo que ocurre en nuestro país,

por ejemplo, los estadounidenses

no venían saliendo de un ciclo de

saqueo y recesión cuando el coronavirus

llegó, sino al contrario:

había un cierto colchón que pudo

ser utilizado para sobrellevar los

primeros días de la crisis sin poner

en juego la estabilidad del país. La

repatriación de capitales promovida

por Trump desde el 2016 en adelante

había dado algunos frutos y si

bien la clase media se vio obligada,

por otra parte, a restringir su consumo

en un primer momento, lo cierto

es que esa clase media de decenas

de millones tuvo los ahorros suficientes

para sostenerse bien al

paralizarse la economía sin tener

Un trabajador revisa una plancha de nuevos dólares en la Oficina de grabado e impresión

donde se imprime el dinero para la Reserva Federal de los Estados Unidos. Por tener la

moneda de referencia a nivel global, este país es virtualmente el único con capacidad de imprimir

cualquier cantidad de dinero sin ningún respaldo en otro tipo de riqueza (oro, reservas

de otras monedas extranjeras, etc.) sin que eso implique en una devaluación de la moneda

allí impresa. Esa capacidad es clave para que los Estados Unidos puedan superar un trance

interno sin que colapse la economía o haya un estallido social.

7 HEGEMONIA - julio DE 2020


Donald Trump y su ‘Make America great again’, que consiste en la repatriación de industrias que en décadas anteriores se habían deslocalizado,

fundamentalmente a Asia. Esa repatriación de capitales posibilitó la generación de millones de puestos de trabajo y una situación de

pleno empleo que existió en los Estados Unidos hasta febrero de este año, cuando llegó la crisis del coronavirus. Esa crisis encontró a los

estadounidense en buenas condiciones y por eso también la recuperación puede ser tan veloz.

que caer en aquello que para ese

sector sería la humillación suprema:

acudir a la ayuda del Estado. Eso

fue fundamental para mantener la

calma interna y evitar la corrosión

social, la que suele ser determinante

e irreversible cuando tiene lugar.

¿A qué apuestan?

Lo cierto, lo fáctico en lo numérico

es que los Estados Unidos venían

económicamente bien y entonces

la pandemia, al llegar de China

vía Europa, tomó relativamente en

buenas condiciones a los estadounidenses.

Pero hay mucho más. En

la rápida recuperación económica

que está ocurriendo hoy en los Estados

Unidos también hay cuestiones

culturales que son insoslayables y

hay una buena cuota de inteligencia

estratégica por parte de los cerebros

del Partido Republicano a la

hora de definir tanto el contenido

del discurso como la acción de gobierno

para, valga la redundancia,

gobernar la crisis. En primer lugar,

esos asesores jamás perdieron de

vista las enseñanzas maquiavélicas,

sobre todo las que sugieren cuáles

son las prioridades verdaderas en

la conciencia colectiva. En El Príncipe,

Maquiavelo explica que “Los

hombres olvidan antes la muerte

del padre que la pérdida del patrimonio”,

esto es, que la disyuntiva

entre vida o economía no solo es en

un principio falsa, sino que además

puede no ser lo que suponemos que

es. Lo que entendieron los asesores

de Trump desde un primer momento

es que el estadounidense promedio

tiende a perdonar incluso una catástrofe

sanitaria, siempre y cuando

el relato de dicha catástrofe sea

exitoso en el sentido de deslindar

responsabilidades. Lo que ningún

yanqui perdonaría jamás —y menos

aun en un país en cuya cultura el

dinero, el alto nivel de consumo y la

riqueza ocupan un lugar central— es

la catástrofe económica. De haber

sido asesorado en un sentido de

apagar la actividad económica con

la finalidad de evitar contagios

mediante un aislamiento social estricto,

a Trump no lo salvaría ningún

argumento de “estamos salvando

vidas” si eso resultara en serias

8 HEGEMONIA - julio DE 2020


dificultades económicas.

En eso también juega la cultura,

que en el caso de los Estados

Unidos es única. El valor asignado

a la vida humana allí no es, a todas

luces, el mismo que en países

como el nuestro. En la Argentina

un crimen puede ocupar la primera

plana de todos los diarios durante

semanas, mientras que en los Estados

Unidos se cometen decenas de

homicidios todos los días sin que

se inmute la sociedad por ello. Los

hispanoamericanos somos mucho

más sensibles ante el hecho de la

muerte que los anglosajones, lo que

en sí no es novedad para nadie. Y

entonces Trump comprende que, de

haber una contradicción entre vida

y economía, en el mediano plazo su

electorado tiende a optar por esta

última, o por lo menos a tener esa

percepción. He ahí todo: Trump logró

instalar en la percepción que el

suyo es el rol del que cuida la economía

del país y eso va prendiendo

hasta hacerse un relato dominante,

hegemónico. Tal como prescribía

Maquiavelo.

Entonces la reactivación económica

es posible, aunque el coro de

epidemiólogos y otros científicos

grite horrorizado que los contagios

serán masivos y morirá mucha

gente. Socialmente hablando, el

coronavirus o cualquier enfermedad

no es una cuestión de verdad o

mentira, sino un asunto de percepción:

si una sociedad llega a creer

que la muerte de una cantidad de

sus miembros es un precio justo a

pagarse por el bienestar de todos

los demás, entonces la amenaza del

contagio pasa a un segundo plano

y el miedo a dicha amenaza desaparece,

lo que podría ser similar a

la lógica del soldado que avanza en

el frente de batalla, aunque lluevan

las balas. Al existir un objeto

claro en el discurso hegemónico,

la muerte es tan solo una circunstancia

y mucho más cuando se

trata de un enemigo invisible que,

además, según los datos conocidos

hasta el momento, no suele victimar

a los jóvenes ni a los individuos

sanos, que son la enorme mayoría

de la población. ¿Por qué habría

de temer un joven estadounidense

decidido a trabajar y ganar el dinero

necesario para sostener un nivel

de consumo que lo define culturalmente

como sujeto? No quedan

dudas de ello y la expresión “antes

muerto que pobre” se vuelve literal

cuando aplicada sobre gente que

no conoce las penurias económicas

y quizá no sabría convivir con ellas.

Es un error grosero ver la realidad

de los Estados Unidos con los ojos

de un argentino acostumbrado a

no consumir cada vez que el ciclo

económico cambia y hay una recesión.

Ellos no conocen el hambre ni

pretenden conocerla.

Por eso la tendencia es a la expansión

sin límites. A medida que

más y más estadounidenses vayan

perdiéndole el miedo al coronavirus

y pasen a entenderlo como algo

parecido más bien a la Gripe A o

incluso a la gripe estacional común

y silvestre, la tendencia es a que

desafíen las imposiciones de los gobernadores

demócratas que siguen

resistiendo con sus cuarentenas y

exijan el fin de las restricciones a

la circulación. Y eso, sumado a la

recuperación inicial de 8 millones

de puestos de trabajo deberá actuar

sobre la economía en un sentido de

ciclo virtuoso de tipo keynesiano,

donde al haber más gente trabajando

aumenta a la vez la demanda y

eso genera, finalmente, más puestos

de trabajo. Es el efecto rebote

por el que Trump piensa recuperar

todo el empleo perdido y volver a

encender la economía hasta los

niveles existentes antes del coronavirus

e incluso más allá. Si eso

pasa en los próximos tres o cuatro

meses, cumpliéndose las proyeccio-

La capacidad de ahorro de la clase media estadounidense, otro factor clave en la pronta

recuperación económica. Si bien esa clase media se vio obligada a restringir su consumo

durante los meses más recios de la crisis, al reactivarse la economía el índice de confianza

del consumidor repunta fuertemente y la clase media hace circular el dinero ahorrado para

satisfacer la demanda reprimida en los meses de menos consumo.

9 HEGEMONIA - julio DE 2020


nes de los analistas, la reactivación

total de la economía de los Estados

Unidos llegará justo para el mes de

noviembre, para las elecciones en

las que Donald Trump debe ganar

sin despeinarse de ser así. Salvado

el estilo de vida que define culturalmente

al pueblo-nación estadounidense,

un Trump ya reelecto estará

en posición de comparar la mortalidad

del coronavirus con la de otras

gripes ya existentes y demostrar en

el discurso que no había ninguna

necesidad de destruir la economía

nacional con medidas sanitarias

demasiado extremas. Y entonces la

primera consecuencia será la derrota

total de la estrategia de Beijing

y un avance de los Estados Unidos

sobre posiciones que se habían

perdido a manos de los chinos.

Ahora bien, ¿cómo? ¿Cómo es

posible que Trump conquiste la

reelección con todos los medios de

difusión gritando “muerte” y sembrando

el terror continuamente? Es

posible porque, en una derivación

informal de lo enseñado por Maquiavelo

sobre la muerte del padre

y el patrimonio, también es una

verdad universal la de que cuando

el hombre vota —aquí, en el Congo

Belga y en todas partes—, lo hace

con el bolsillo. Y mucho más, como

es de suponerse, en los Estados

Unidos de la calidad de vida comprendida

culturalmente como capacidad

de consumo. Como nadie en

el mundo el estadounidense promedio

vota con el bolsillo, esto es,

está atento a la economía mucho

más que a cualquier otra cosa a la

hora de definir su voto. Priorizando

la cuestión de pesos y centavos, la

apuesta de Trump es a una reactivación

total para fines de octubre,

con la finalidad de que el estadounidense

vaya a votar a principios de

noviembre con la percepción de que

uno de los candidatos —el propio

Trump, por supuesto— se paró firme

frente a la extorsión china, sostuvo

la economía nacional y es el artífice

de una situación de bonanza mientras

en otros países hay debacle.

Esa es la apuesta de Donald Trump,

la de que luego de un conato de

crisis generalizada predomine la

percepción de un comienzo de ciclo

económico expansivo y de abundancia

gracias a su propia gestión de la

crisis. Si los 8 millones de puestos

de trabajo que se recuperaron en

los dos primeros meses se multiplican

por el empuje de una población

que le pierde el miedo al virus y los

Clásico retrato de Nicolás Maquiavelo, padre fundador de la ciencia política. Maquiavelo enseña que “los hombres olvidan antes la muerte

del padre que la pérdida del patrimonio”, esto es, que entre las ofensas de un gobierno la más grave siempre es la económica. Donald Trump

y sus asesores, como se ve, tienen muy bien leído al florentino.

10 HEGEMONIA - julio DE 2020


Estados Unidos llegan a noviembre

con niveles de producción y empleo

similares a los de febrero, el relato

va a prender y Trump va a ser electoralmente

invencible.

Consecuencias

Además de un profundo revés para

las expectativas de China en la

guerra declarada por la hegemonía

mundial, el resurgimiento de los Estados

Unidos tendrá consecuencias

inmediatas sobre nuestra región,

la que los estadounidenses consideran

como su zona de influencia

natural. Claro que China tendrá que

recalcular toda su estrategia frente

a un enemigo fortalecido y no de

rodillas con un cataclismo económico

y una población paralizada por el

miedo, que es lo que Beijing pudo

haber deseado. Pero los chinos son

ya una potencia global y cualquier

revés que puedan tener en su avance

no será más que un retraso en su

marcha hacia la hegemonía mundial.

En soledad o compartiendo

dicha hegemonía con socios como

Rusia y los mismísimos Estados

Unidos, lo cierto es que China sigue

en camino a la realización de su

proyecto expansionista, por lo que

una recuperación de los yanquis no

afecta demasiado a China. Quizá,

como suele decir Guillermo Moreno,

los Estados Unidos logren extender

la fecha de vencimiento de su

hegemonía unipolar por unas dos

décadas más, aunque de ninguna

forma se detiene el proceso que ya

está en marcha. El asunto está en

nuestra América.

Es presumible que, una vez puestos

de pie y frente a la debacle

generalizada, los Estados Unidos

quieran fortalecer su posición

dominante en todos los países de

la región y eso necesariamente

empieza por el asunto Venezuela.

La sorpresiva alianza entre Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, que desconcertó

a muchos analistas progresistas y hasta puso en un brete al presidente Alberto Fernández.

Esa alianza entre los Estados Unidos y México es una patada al tablero, puesto que López

Obrador funcionará presumiblemente como un mediador de Trump con líderes de la región

que han permanecido reacios al diálogo, como Nicolás Maduro.

En un hipotético segundo mandato

suyo, Donald Trump se verá obligado

a resolver la situación de un país

que está sentado sobre las mayores

reservas de petróleo y gas natural

a nivel mundial y que hoy tiende a

funcionar en la órbita de las potencias

del Este, constituyendo para

los yanquis una amenaza en el Mar

Caribe muchísimo más seria de la

que fue Cuba en su momento. Y

eso porque, más allá de un enclave

soviético a 90 millas de la Florida

y un potencial emplazamiento de

armas, Cuba siempre fue un país

muy pobre en términos de recursos

naturales y nunca pudo hacer mucha

cosa por su propia cuenta para

molestar a los Estados Unidos. El

caso de Venezuela es muy distinto

y Washington lo sabe. Permitir que

Venezuela caiga definitivamente en

manos de un consorcio ruso y chino

sería el punto de partida para que

desde las costas venezolanas parta

algún día la agresión oriental que

los estadounidenses tanto temen.

Por lo tanto, un poco por las riquezas

naturales de Venezuela y otro

poco por su ubicación estratégica,

muy deseada por las potencias

emergentes del Este, Trump tendrá

necesariamente que resolver la

cuestión y es poco probable que

eso se haga mediante una invasión

militar ni nada que se le parezca. La

11 HEGEMONIA - julio DE 2020


estrategia de la imposición de un

títere como Juan Guaidó tampoco

ha dado buenos resultados y está

hoy prácticamente descartada. Lo

único que va quedando es la opción

de la buena y vieja diplomacia, para

la que Trump ya viene preparando el

terreno. Luego de declarar crípticamente

que se reuniría con el presidente

Nicolás Maduro para conversar,

Trump ha dado un paso decisivo

para que se establezca un canal

de comunicación con Caracas que

permita algún tipo de acercamiento:

la nueva relación de amistad

con el presidente de México Andrés

Manuel López Obrador. La reciente

reunión entre Trump y AMLO, en las

que ambos se tiraron flores mutuamente

y hablaron de amistad,

unidad y cooperación, preanuncia

la posibilidad de que López Obrador

funcione en un futuro a mediano

plazo como un mediador serio entre

Trump y Maduro. La resolución del

asunto Venezuela por la vía diplomática,

como se ve, se vuelve una

posibilidad real que tanto China

como Rusia tendrán que sabotear

fuertemente, con la dificultad extra

de que México y Estados Unidos son

socios naturales y, por lo tanto, tienden

siempre a establecer alianzas

muy difíciles de romper.

Todo depende de esta recuperación

económica de los Estados

Unidos, depende de que sea rápida

y que esté visible para los primeros

días de noviembre. Si Donald

Trump logra triunfar en el plano

local, instalando su discurso con un

correlato en la economía real, el estadounidense

promedio va a perder

el miedo al coronavirus del todo, va

a volver al trabajo y habrá un formidable

rebote. En esas circunstancias,

la reelección de Trump será un

hecho consumado —es inusual que

un presidente yanqui no sea reelecto

para un segundo mandato— y las

consecuencias empezarán a sentirse

aquí ya en los primeros meses

El líder chino Xi Jinping aparecía como gran el ganador en la volteada del coronavirus a nivel

global, pero los estadounidenses no aceptaron la extorsión y resistieron, retrasando quizá

varios años el avance de China hacia la hegemonía mundial.

del 2021. Con todos los países de

Sudamérica saliendo maltrechos

y hasta devastados de la crisis

del coronavirus, ninguno estará

en condiciones reales de resistir a

un reforzamiento de la presencia

estadounidense en la región. Y el

problema es aun más serio en el

caso de nuestro país, que se encuentra

ahora mismo enfrascado en

una negociación de la deuda externa

en la que los Estados Unidos

pueden tener una opinión decisiva.

Sea como fuere, las cartas están

todas sobre la mesa. Si ya en condiciones

consideradas “normales”

la influencia de los Estados Unidos

suele ser inevitable por irresistible,

en un escenario como el que se está

proyectando el pronóstico es el de

una hegemonía incontestable.

Muchos esperábamos el debilitamiento

de Washington frente a la

crisis del virus que surgió en China,

hizo estragos en Europa y luego

llegó a América. Eso no sucedió

y ahora estamos ante la posibilidad

de que los Estados Unidos

salgan fortalecidos de la crisis y

encuentren a todos sus vecinos

en un estado lamentable tanto

económica como socialmente. El

cálculo de Beijing falló, los meses

pasan y el miedo a la muerte va

desapareciendo de la conciencia de

los estadounidenses. El resultado

puede ser un triunfo rutilante de

Trump y un escenario en el que aquí

no tenemos la maquinita de imprimir

dólares y tampoco tenemos una

cultura preparada para encender la

actividad económica por encima de

la amenaza epidemiológica. Y allí

puede demorarse el Consenso de

Beijing, al que ya se estaban suscribiendo

algunos de los nuestros.

Tendrán que dar marcha atrás. Si la

proyección se confirma, el Consenso

de Washington habrá renovado

su fecha de vencimiento.

12 HEGEMONIA - julio DE 2020


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13 HEGEMONIA - julio DE 2020


OPINIÓN

La Ilustración criolla

ROSARIO

MEZA

En 1784 el filósofo alemán Immanuel

Kant publicaba un texto

corto titulado Respuesta a

la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?,

en el que presentaba la

Ilustración —el movimiento cultural

que en Europa dio a luz a los valores

que eclosionarían en la revolución

burguesa de 1789— como “la salida

del hombre de la condición de menor

de edad de la cual él mismo es

culpable. La minoría de edad es la

incapacidad de servirse de su propio

entendimiento sin la dirección

de otro”. En ese sentido es posible

trazar un paralelismo entre iluminismo

y peronismo, para dar cuenta

del potencial revolucionario que ese

movimiento habría de manifestar

al interior de la sociedad argentina

desde 1945 hasta la fecha.

El peronismo en Argentina ha sido

capaz, al igual que la Revolución

Francesa en Europa, de establecer

un corpus doctrinario de categorías

capaces de ordenar el mundo que

le es propio, es decir, la sociedad

argentina, así como los valores de

la revolución de 1789 ordenaron

la política y la sociedad europeas

durante todo el largo siglo XIX y el

corto siglo XX, al decir del historiador

Eric Hobsbawm.

La característica más saliente y

superadora del peronismo respecto

de la categorización francesa es, sin

embargo, su condición de respuesta

14 HEGEMONIA - julio DE 2020


nativa, genuinamente argentina,

a las demandas políticas de la

sociedad que lo vio nacer, por el

contrario de la implantación de las

categorías foráneas. La doctrina nacional

justicialista, que es el corpus

doctrinario que enuncia la filosofía

política propia del peronismo, se

percibe a sí misma como de tercera

posición, es decir, como superadora

de la oposición entre las ideologías

de “izquierda” y de “derecha” que el

mundo heredó de la revolución francesa.

La tercera posición nacional

justicialista se opone a los postulados

del liberalismo y del comunismo,

pues persigue la justicia social

y la felicidad general sin destruir el

sistema económico. Se trata de una

doctrina social que acepta al capitalismo

como sistema ordenador de

la economía, por lo eficiente de este

para generar riqueza, pero a su vez

reconoce al capital una función social

ineludible. Si bien no es posible

considerar al justicialismo como un

“justo medio” entre el liberalismo y

comunismo, sí es posible encontrar

puntos de convergencia entre esa

doctrina y elementos propios de

esos dos sistemas. El peronismo,

sin embargo, es superador.

Se entiende por “peronismo” a dos

principales fenómenos: el primero

es el movimiento de masas que

cristaliza el 17 de octubre de 1945

en Argentina, cuya figura resultante

es el coronel Juan Domingo Perón,

exsecretario de Trabajo y Previsión,

ministro de Guerra y vicepresidente

de la Nación designado en el interregno

de 1943/1945, durante el

gobierno de la revolución militar

que puso fin a la llamada “Década

Infame”. El segundo fenómeno es la

doctrina que nace como consecuencia

de la praxis política del propio

Perón como líder de ese movimiento

y como cabeza del Estado entre

1946 y 1955, pero que trasciende a

Perón y lo sucede aún en el exilio y

aún luego de su desaparición física.

Lo que entendemos por “kirchnerismo”

puede considerarse como un

heredero del movimiento peronista

original.

Populismo o peronismo

La doctrina nacional justicialista

se basa en cuatro banderas fundamentales:

la soberanía política, la

independencia económica, el nacionalismo

cultural y la justicia social.

Toma su nombre, no obstante, de

esta última, pues se entiende que la

justicia social es una consecuencia

natural de las otras tres banderas.

El contexto histórico de su surgimiento,

sumado al carácter nacionalista

de su doctrina, a la peculiar

relación que el coronal Perón y su

esposa mantuvieron con el pueblo

argentino y a la desconfianza del

imperialismo hacia un movimiento

de enorme potencialidad revolucionaria

para la región del Cono

Sur, implicaron una interpretación

errónea del peronismo por parte de

la intelectualidad argentina, que

durante décadas consideró al movimiento

nacional justicialista como

un movimiento “populista”.

El concepto de “populismo” tiene

El concepto de tercera posición peronista, expresado en la metáfora del péndulo. Contrariamente

a la creencia de algunos, el peronismo no es el “centro” entre la “izquierda” y la

“derecha”, sino que está precisamente por encima de esas posiciones ideológicas occidentales

y superándolas dialécticamente.

15 HEGEMONIA - julio DE 2020


en las ciencias políticas una connotación

marcadamente peyorativa.

Según la definición de Ernesto

Laclau, “por ‘populismo’ no entendemos

un tipo de movimiento

—identificable con una base social

especial o con una determinada

orientación ideológica—, sino una

lógica política.” Es decir, un movimiento

populista puede ser urbano

o rural, de “izquierda” o de “derecha”,

restaurador o revolucionario.

Lo que realmente lo identifica como

tal es la forma en la que articula un

discurso que a su vez define una

noción de “pueblo”. Un movimiento

populista surge, explica Laclau,

“cuando un conjunto de sectores de

la sociedad es excluido, ignorado

o descalificado como interlocutor

cuando demanda soluciones específicas

al Estado, al que reconoce

como legítimo. Lo que eran en

principio peticiones democráticas

son posteriormente articuladas por

un liderazgo y se convierten en una

confrontación que implica una ruptura

con los esquemas tradicionales

de dicho Estado y devienen, entonces,

en demandas populares”.

En el caso del peronismo, la primera

acusación de “populismo”

provino del sociólogo italiano

nacionalizado argentino Gino Germani,

quien, en concordancia con

la intelectualidad contemporánea

al propio gobierno de Perón, vio en

el justicialismo un movimiento de

cuño “fascista” y populista y en Perón

a un líder de masas asimilable a

Hitler o Mussolini.

Pero el concepto de “populismo”

contiene un vicio de origen. Si bien

la raíz del concepto es la palabra

“pueblo”, se consideran populistas

aquellos movimientos que sostienen

una relación emotiva con las

“masas populares”. Populismo,

El gran intelectual gorila. Gino Germani fue uno de los grandes animadores de las categorías

del antiperonismo “científico”, poniendo la expresión de la antipatria en un lenguaje académico

óptimo para el consumo de gorilas elegantes con pretensiones intelectuales.

entonces, es sinónimo, intercambiable

por “demagogia”, es decir,

literalmente, “decir lo que el pueblo

quiere oír”. Según la interpretación

canónica de Germani, esta “masa”

es “heterónoma” por contraposición

a “autónoma”, pues vierte una

pasión irracional y afectiva hacia la

figura del líder carismático. La explicación

del estrecho vínculo entre

Perón y su pueblo y la capacidad

para perdurar en el imaginario de

la sociedad argentina de un movimiento

como el peronismo, según

esta interpretación, entonces,

quedaría reducida exclusivamente a

la capacidad de oratoria y al carisma

del líder. Interpretación que de

mínima subordina a un rol pasivo y

casi infantil al pueblo argentino que

se identificó peronista.

Una interpretación más moderna,

que logra establecer una explicación

equilibrada entre la escuela

de Germani y la de historiadores

posteriores, como Miguel Murmis

y Juan Carlos Portantiero o Juan

Carlos Torre, acerca de cuál es el

origen de la adhesión popular hacia

el peronismo es la que propone el

historiador británico Daniel James.

Este historiador, estudioso

del movimiento sindical argentino,

logra dar en la tecla respecto de la

capacidad de Juan Perón para granjearse

la lealtad de los trabajadores

argentinos. James critica la postura

despreciativa de Germani respecto

de las capacidades intelectuales

de la clase trabajadora (o, más

precisamente, de lo que Germani

considera la “nueva clase trabajadora”,

que es aquella que él asimila

al peronismo). Pero, además, James

discute con el que considera como

un “instrumentalismo materialista”,

que es el que predomina en las teorías

de Torre o Portantiero. James

plantea que estas reducen la adhesión

al peronismo a una cuestión

meramente económica, derivada de

16 HEGEMONIA - julio DE 2020


los derechos económicos que Juan

Perón le reconoció al movimiento

obrero argentino.

De acuerdo con la explicación que

brinda James, el pueblo trabajador

argentino volcó su adhesión

hacia el peronismo debido a la

capacidad natural de sus líderes

Juan y Eva Perón para resignificar la

noción de ciudadanía en términos

no solo políticos sino económicos

y fundamentalmente, sociales. El

nacionalismo popular de inclusión

argentino, que tomó el nombre de

su principal impulsor y filósofo, no

solo le reconoció al trabajador su

participación en la construcción de

la patria, sino que lo hizo a través

de un lenguaje llano, de carácter

concreto y creíble y con arraigo

en la idiosincrasia nacional de la

Argentina, en contraposición con

la experiencia de ignominia que lo

había sometido durante la “Década

Infame” y que aún permanecía

fresca en la memoria popular. De

ahí su penetración en la conciencia

social, que perduró en el imaginario

de la sociedad argentina y perdura

hasta nuestros días. En palabras

de Eva Perón, “el peronismo es la fe

popular hecha un partido en torno a

una causa de esperanza que faltaba

en la patria”.

Peronismo y kirchnerismo

El presidente Néstor Kirchner

afirmaba sobre el llamado “kirchnerismo”

lo siguiente: “somos

peronistas; nos dicen kirchneristas

para bajarnos el precio”. Pero, ¿es

efectivamente así? ¿Es el “kirchnerismo”

un nombre de fantasía para

el peronismo del siglo XXI o existe

efectivamente una identidad novedosa

que entronca en la tradición

del nacionalismo popular del peronismo,

sin identificarse por completo

con este?

El “kirchnerismo”, literalmente la exaltación de Néstor Kirchner, fue la expresión del peronismo

junto a ciertos sectores dichos “de izquierda” y progresistas en el siglo XXI, pero siempre

con una idea económica que abreva en la tradición del peronismo.

La respuesta es incierta.

Luego del golpe de Estado que

derrocó al gobierno de Juan Domingo

Perón en 1955, ningún otro ciclo

político logró el crecimiento económico,

la distribución progresiva de

la renta y la obtención de derechos

civiles, sociales y económicos que

otorgó la virtual década que va

desde 2003 hasta 2013, es decir,

coincidente con el gobierno de Néstor

Kirchner y casi la totalidad del

de Cristina Fernández de Kirchner.

La efervescencia de la actividad

política, la capacidad para movilizar

a la sociedad, el carácter nacionalista

popular de la política y la procedencia

justicialista de los líderes

del llamado “kirchnerismo” constituirían

argumentos a favor de la

hipótesis de que, tal como lo manifestaba

el propio Kirchner, el Frente

para la Victoria fue una coalición

propiamente peronista, heredera de

la doctrina del General Perón.

Sin embargo, existen especificidades

en el llamado “kirchnerismo”

que harían suponer que no es posible

identificar de manera automática

a este movimiento con el que

surgió al calor de la sublevación

popular del 17 de octubre de 1945.

Para empezar, la convergencia

hacia el Frente para la Victoria de

sectores que no se identifican con

el peronismo y que en determinados

momentos históricos se han alineado

abiertamente en contra suya.

Tal sería el caso de vertientes del

socialismo, el comunismo y la ideología

“progresista” que promueve

reivindicaciones sociales propias de

17 HEGEMONIA - julio DE 2020


El Frente para la Victoria, en sus últimos días. Con la derrota de la fórmula Daniel Scioli/Carlos Zannini el “kirchnerismo” volvería a agruparse

sin el peronismo dos años después en la forma de Unidad Ciudadana y luego, para las elecciones del 2019, ya otra vez con peronistas en sus

filas para triunfar con la fórmula Alberto Fernández/Cristina Fernández y el Frente de Todos.

minorías (de género, étnicas, religiosas,

etcétera) en contraposición

con el contenido social universalista

(de mayorías) de la doctrina

justicialista.

Estas ideologías “de izquierda” se

aliaron al Frente para la Victoria sin

haber abrevado en el peronismo y

se asimilaron tanto a él que es dable

preguntarse si en la mezcolanza

ideológica aquello que se ha dado

en llamar “kirchnerismo” no es en

definitiva un fenómeno distinto del

peronismo cuya doctrina escribió

y ejerció Juan Perón. Una doctrina

novedosa, nacionalista popular y

derivada de la justicialista, pero

kirchnerista al fin.

No obstante, es imprescindible

reconocer en el plano de lo económico,

que es el que define el verdadero

rumbo de un país, importantes

hilos conductores entre la política

de los gobiernos peronistas y la de

los gobiernos denominados kirchneristas.

En primer lugar, el entendimiento

de una economía como necesariamente

arbitrada por el Estado

nacional, aunque sin que este

intervenga como empresario necesariamente,

pues el objetivo es que

la actividad económica esté mayoritariamente

ocupada por el sector

privado, al que se le reconoce una

función social.

En segundo lugar, la intervención

del Estado en sectores clave de la

economía, estratégicos para el desarrollo

de las industrias nacionales

y de la soberanía política y económica

del país. En el caso del primer

peronismo, esto se vio de manifiesto

en políticas tales como la política

energética, la nacionalización de

los servicios públicos y del transporte

ferroviario o la creación de flotas

navales y aéreas manejadas por el

Estado. En el caso del kirchnerismo,

la matriz se repite, con políticas tales

como la reestatización de los ferrocarriles,

la aerolínea de bandera,

o la explotación hidrocarburífera,

actividades que habían sido privatizadas

durante la orgía neoliberal de

la década de 1990.

En tercer lugar, el estímulo al

consumo de las capas medias y

populares como motor económico

por excelencia, con atención a la

industrialización para abastecer

al consumo interno, en detrimento

del modelo agroexportador, que es

el que defiende históricamente la

oligarquía argentina.

La raigambre popular del movimiento

“kirchnerista”, el origen humilde

de sus líderes, la capacidad

para canalizar demandas de de-

18 HEGEMONIA - julio DE 2020


rechos civiles y sociales, a los que

en la “década ganada” se sumó el

reclamo por los derechos humanos,

propio de la era de la posdictadura,

también entroncan con la tradición

del movimiento que debe su nombre

a la justicia social que persigue.

Son estos los elementos que cuajan

en la sociedad y explican la profunda

adhesión popular, rayana en lo

religiosa, al peronismo y a su heredero,

el kirchnerismo.

A diferencia de otros movimientos

populares, el peronismo fue capaz

de romper la barrera que separa a

la política del pueblo. La relación

íntima de retroalimentación entre

el peronismo/kirchnerismo y su

pueblo es posible por el origen social

popular de los cuadros que han

liderado a esos movimientos, por la

capacidad de hacer carne la idiosincrasia

popular argentina y por el

reconocimiento de los trabajadores

argentinos de su estatus de agentes

de la construcción de una nación. El

carácter concreto y asequible y a la

vez profundamente humano del discurso

peronista hizo posible que la

relación entre este movimiento y sus

seguidores penetrara en el corazón

del pueblo, de manera tal de perdurar

en la memoria colectiva bajo

ese halo de ensueño que rodea al

peronismo, resumido en la consigna:

“los días más felices fueron, son

y serán peronistas”, que describe

con la sencillez del lenguaje popular

la experiencia de comunión, de fraternidad,

de pertenencia que fueron

las características de ese tiempo.

El peronismo ha sido revolucionario

en sus métodos y en sus efectos.

La sociedad argentina es imposible

de pensar sin el estudio minucioso

de la década del gobierno de

Juan Perón, las dos décadas de

proscripción subsiguientes y los

intentos reaccionarios de eliminar

al peronismo de la faz de la Tierra,

que fueron las sucesivas dictaduras

gorilas. Si la Ilustración fue considerada

por Kant como la salida de

la humanidad de la minoría de edad

a que se había sometido ella misma

tras siglos de un presunto oscurantismo,

el peronismo es la salida de

la sociedad argentina de la minoría

de edad, implica la maduración de

la clase trabajadora argentina y el

reconocimiento de ella misma de su

capacidad creadora, de su potencial

revolucionario y de su carácter

protagónico en la construcción de la

patria.

En espejo, si la clase trabajadora

creó a Juan Perón como líder popular,

cuando un 17 de octubre se

volcó a las calles el “subsuelo de la

patria sublevado” en reclamo de la

libertad de aquel coronel que había

cometido la osadía de reconocerles

a los trabajadores sus derechos

laborales, del mismo modo Juan

Perón creó la clase trabajadora

argentina, puesto que luego del

surgimiento de la doctrina justicialista

la historia argentina no volvería

nunca a ser la misma.

19 HEGEMONIA - julio DE 2020


OPINIÓN

Lanata, el pirata

(y la búsqueda

del tesoro K)

ERICO

VALADARES

No es secreto para nadie más

o menos avisado la verdad

de que los medios construyen

o son capaces de construir

realidades a partir de

muy poco, o directamente a partir

de nada en absoluto. Una intriga,

una floja hipótesis o una mínima

sospecha son suficientes para

hacer un relato con cierto nivel de

coherencia interna y para hacer que

dicho relato dure en el tiempo, que

sea apto para consumirse durante

semanas y meses por los millones

de lectores, oyentes y telespectadores

de los medios. No importan

los hechos, diría Nietzsche, sino la

interpretación que alguien hace de

esos hechos. Ese alguien son los

medios, cuya voz hegemónica tiene

suficiente potencia para generalizar

su interpretación de lo fáctico e

instalarla como la verdad.

En ocasión del crimen de Fabián

Gutiérrez en Santa Cruz y en un primer

momento, los “de este lado” en

la famosa “grieta” entre “kukas” y

“globos” fuimos inducidos a pensar

que los medios de la oligarquía

estaban tramando otra operación

20 HEGEMONIA - julio DE 2020


clásica con el fin de vincular a la

vicepresidenta Cristina Fernández

con otro asesinato, una suerte de

reedición del caso Nisman. La idea

de un “otro Nisman”, de hecho,

duró hasta el domingo (5) por la noche,

cuando Jorge Lanata apareció

en la pantalla de Canal 13 y resolvió

la intriga inicial deschavando la

verdadera intriga: la vinculación de

CFK con el crimen de Fabián Gutiérrez

era tan solo un objetivo secundario

y los intelectuales orgánicos

de la clase dominante oligárquica

habían hecho la del tero, poniendo

el huevo en una parte y el grito

en otra. La vinculación de Cristina

Fernández de Kirchner con la muerte

de su exsecretario es una cosa

forzada, muy tirada de los pelos, no

sirve para construir una segunda

edición del caso Nisman más que

en la conciencia de una minoría

sobreideologizada muy delirante.

Fabián Gutiérrez muerto les sirve a

esos intelectuales orgánicos para

reflotar el mito de la existencia de

un “tesoro K” escondido en algún

lugar de la Patagonia argentina.

Al atento lector no le costará recordar

el patético espectáculo mediático

y judicial del año 2016 —primer

año del gobierno oligárquico que

había triunfado en las elecciones de

noviembre de 2015— en el que el

fiscal Guillermo Marijuan movilizó

21 HEGEMONIA - julio DE 2020


Retrato actualizado artísticamente de Federico Nietszche, el filósofo alemán referente de

los nihilistas y uno de los más importantes pensadores de la cultura occidental. Nietzsche

supo detectar la predominancia de la interpretación sobre los hechos concretos, que son

directamente inexistentes para los que solo acceden a la interpretación y son la inmensa

mayoría siempre, dándole al pensamiento una herramienta fundamental para comprender

esta posmodernidad mediática.

una cantidad de retroexcavadoras

hacia las estancias de Lázaro Báez,

en el marco de la causa de la “ruta

del dinero K”. Esa fue la instalación

en el sentido común de la idea de la

existencia de un “tesoro K” que, en

teoría, habría sido resultado de un

esquema de corrupción sistemático

en la obra pública entre el 2003 y

el 2015. Como se ve, la cosa es de

un nivel altísimo de abstracción y

requirió, por supuesto, de un intenso

relato mediático para instalarse

y prender, además de un derroche

infernal de recursos por parte de

un Poder Judicial cómplice, ya que

el show del fiscal Marijuan no fue

gratis ni mucho menos para el bolsillo

del contribuyente argentino. La

hipótesis fundamental empezaba ya

muy floja de papeles al no existir la

certeza de la existencia de ningún

esquema de corrupción en la obra

pública durante los gobiernos peronistas

de Néstor Kirchner y Cristina

Fernández y, de hecho, la propia

CFK le había solicitado a la Justicia

una auditoría integral de toda la

obra pública en el periodo, pedido

que fue extrañamente negado por el

Poder Judicial. Así y todo, sin ni siquiera

una evidencia que indicara la

existencia del esquema de corrupción

sistemático en la obra pública

más que sendos rumores y extrapolaciones,

la “ruta del dinero K” se

instaló en la conciencia de millones

de argentinos, quienes a partir de

allí estuvieron convencidos de que

la corrupción en los doce años de

gobierno peronista recién finalizado

había sido monumental.

Así fue como un fiscal federal pudo

desplegar un operativo digno de

Hollywood, tanto en términos de espectacularidad

como de presupuesto,

para buscar en tierras áridas y

remotas de la Patagonia un tesoro

que podía estar enterrado literalmente

en cualquier parte. Guillermo

Marijuan excavó la Patagonia y estuvo

más cerca de encontrar restos

fósiles de dinosaurios que cualquier

rastro de dinero escondido. Pero el

“fracaso” de Marijuan no fue ningún

fracaso, porque logró terminar

de instalar la idea de la existencia

de un “tesoro K” escondido en la

provincia de Santa Cruz. ¿Cómo?

Pues muy fácil y lógicamente: el no

hallazgo de algo no demuestra que

ese algo no existe, sino que debe

estar muy bien escondido y que

debe buscarse mejor.

Entendámonos en esto el atento

lector con nosotros: es imposible

demostrar la inexistencia de un

supuesto “tesoro K”, no se pueden

revolver con excavadoras unos 250

mil kilómetros cuadrados de tierra

hasta determinar con certeza

22 HEGEMONIA - julio DE 2020


que no hay allí dinero escondido y,

aunque se pudiera, eso no nos diría

más que la posibilidad de que el

dinero esté escondido en otro lugar

o que no está precisamente enterrado,

sino guardado en alguna bóveda,

por ejemplo. No hay forma de

demostrar fácticamente que el “tesoro

K” no existe y entonces, desde

el punto de vista de los medios del

poder fáctico, la cuestión se reduce

a reflotar la hipótesis de tiempos en

tiempos.

He ahí el objetivo principal de la

operación mediática en torno al

crimen de Fabián Gutiérrez y he ahí

también la razón por la que el Poder

Judicial no aceptó la propuesta de

Cristina Fernández de hacer una

auditoría total de la obra pública

realizada entre los años 2003 y

2015. La intriga solo puede existir

allí donde hay oscuridad, donde no

queda del todo claro el fin de las

cosas. Entonces el “tesoro K” es

una hipótesis muy débil al no existir

asimismo la certeza de que hubo un

esquema de corrupción mediante

el que ese tesoro pudo amasarse,

pero los hechos no tienen tanta

relevancia frente a sus interpretaciones

y la hipótesis se convierte

en intriga, el “tesoro K” tiene que

estar en alguna parte y es cuestión

de seguir buscándolo, como en las

películas de piratas con mapas en

islas desiertas.

¿Dónde buscarlo? ¿Con qué mapa

habría que dirigirse al lugar de las

excavaciones para dar con esos

miles de millones de dólares escondidos?

El “se robaron todo” elevado

a “se robaron un PBI entero” no

tiene correlato judicial, no hay evidencia

de que se haya robado nada,

pero eso no tiene importancia. Si

los medios tienen la capacidad de

sostener el relato en una nebulosa

de sospechas, dudas y permanente

incertidumbre —y la tienen, por

supuesto, como ya hemos visto— lo

único que deben hacer es ofrecer

una versión del mapa del tesoro

cada tanto para que la hipótesis

vuelva a instalarse como verdad

revelada y eso dé los resultados

políticos esperados. El mapa del

tesoro es eso, es el indicio de que

el dinero puede estar escondido en

un lugar más o menos determinado.

Ese lugar hoy son los dominios del

finado Fabián Gutiérrez.

El primer mapa del “tesoro K”

condujo a Guillermo Marijuan a las

estancias de Lázaro Báez. Marijuan

contó los pasos y puso las máqui-

El show mediático del fiscal federal Guillermo Marijuan, con retroexcavadoras en la Patagonia para generar el factoide de la existencia de un

tesoro enterrado. El mamarracho de Marijuan le costó millones de pesos al Estado y quedará probablemente impune.

23 HEGEMONIA - julio DE 2020


nas a trabajar, pero el mapa lógicamente

era humo. Marijuan nunca

quiso encontrar nada allí, el objetivo

era otro. Lo que el fiscal Marijuan

hizo fue darles a sus socios en los

medios de difusión un factoide

desde el que los operadores mediáticos

pudiesen hacer todo el relato

subsiguiente. Si Marijuan despliega

un operativo de película en la Patagonia,

pensará el sentido común

con cierta lógica, es porque Marijuan

encontró el mapa del “tesoro

K” en sus investigaciones. Entonces

el “tesoro K” existe y si Marijuan

no lo pudo encontrar, véase bien,

es porque el terreno es inmenso o

porque en realidad el dinero está

en otra parte, muy bien escondido.

Otra vez, el no hallazgo de algo no

demuestra su inexistencia: solo nos

indica que debemos buscarlo mejor,

que debemos seguir buscando.

Entonces ahora la búsqueda se

traslada a los dominios de Fabián

Gutiérrez, hay un nuevo mapa del

“tesoro K”. Y otra vez los operadores

de nuestra oligarquía dominante en

el plano local y subalterna frente a

la sinarquía internacional va a revolver

tierra en la provincia de Santa

Cruz, va a montar un show, pero con

cierta moderación: el poder sabe

que no debe agotar todas las posibilidades

y esto es por la sencilla

razón de que el poderoso sabe que

el “tesoro K” es humo. Y por eso

no puede agotar las posibilidades,

siempre debe dejar una cantidad de

lugares oscuros para que aparezcan

más tarde nuevos mapas del tesoro

y el relato pueda renovarse de tiempos

en tiempos.

En cierto sentido, parecería más

fácil en esta posmodernidad manipular

la opinión pública de lo

que fue, digamos, a mediados del

siglo pasado. Cuando la oligarquía

La afición del General Perón por los automóviles calzó justo para que los golpistas de 1955,

luego de llevado a cabo el golpe autodenominado “Revolución Libertadora” y concretado el

exilio de Perón, “encontraran” autos de lujo que supuestamente habían sido adquiridos por

Perón con dinero de la corrupción. La leyenda del “tirano prófugo y corrupto” de los gorilas

se basó en esos relatos, para los que se produjeron sendas fotografías. En aquellos tiempos,

por lo menos, era necesario mostrar una foto del tesoro para hacer creer que había uno. Hoy

con el relato nada más ya alcanza.

triunfó con el golpe de 1955 y el

General Perón fue forzado al exilio,

todos los días aparecía en los

medios una “noticia” del hallazgo

de tesoros que el “tirano prófugo”

había tenido escondidos en alguna

parte. Autos de lujo, joyas, los

carísimos vestidos de Eva Perón,

todo lo que en ese momento se

consideraba como símbolos de

riqueza y resultado de dinero mal

habido. Eso pasó y aun así, bien

mirada la cosa, aquellos golpistas

de la autodenominada “Revolución

Libertadora” se esmeraron mucho

más en la construcción de su relato

que sus actuales sucesores gorilas.

En 1955 y en adelante tuvieron el

cuidado de presentar físicamente

automóviles de lujo, joyas y otras

riquezas para atribuírselas a Perón.

Ahora, en cambio, nunca aparece

nada, ni siquiera se toman la molestia

de producir la puesta en escena

del “tesoro” tan buscado. Ahora el

“tesoro” es abstracto, es una entelequia

que puede estar escondida

en cualquier parte y es un acto de

fe a todas luces. Nadie nunca vio ni

verá jamás un solo peso que haya

sido enterrado o una bóveda que no

sea una maqueta en cartón pintado

presentada por un Jorge Lanata

en televisión, pero muchos están

convencidos. Eso también nos está

hablando de nuestra involución

cultural: para dejarse engañar, el

argentino de 1955 necesitaba ver

algo, autos, joyas, billetes, vestidos.

Algo. El argentino de hoy, como se

sabe, no es tan exigente. Con un

relato de riquezas enterradas a lo

pirata en alguna isla desierta y un

mapa apócrifo que aparece modificado

de vez en cuando ya alcanza.

La mala noticia es que nos han bajado

enormemente el precio y ahora

con muy poquito hacen de nosotros

lo que ellos quieran.

24 HEGEMONIA - julio DE 2020


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25 HEGEMONIA - julio DE 2020


HISTORIA + GEOGRAFÍA = GEOPOLÍTICA

Genealogía de una

insubordinación fundante

MARCELO

GULLO

En la historia de las relaciones

internacionales, la primera

unidad política en utilizar de

forma consciente, sistemática

y premeditada el imperialismo

cultural —es decir, la subordinación

ideológico-cultural como herramienta

fundamental de su política

exterior para imponer su voluntad

a las otras unidades políticas— fue

Gran Bretaña. Los británicos exportaron

como ideología de dominación

el libre comercio, idea que

se cuidaron muy bien de no aplicar

sobre su propio territorio. En Argentina,

el primer intento denodado por

desafiar esa lógica de dominación

imperial a través de una insubordinación

fundante del ser nacional lo

ha constituido el gobierno de Juan

Domingo Perón.

Una de las cuestiones más llamativas

y a la vez más ignoradas de la

historia de las relaciones internacionales

se refiere al hecho de que

26 HEGEMONIA - julio DE 2020


a partir de su industrialización Gran

Bretaña pasó a actuar con deliberada

duplicidad. Una cosa era lo que

efectivamente había realizado en

materia de política económica para

industrializarse y progresar industrialmente

y otra muy distinta la que

propagaba ideológicamente con

Adam Smith y otros voceros. Inglaterra

se presentaba al mundo como

la patria del libre comercio, como

la cuna de la no intervención del

Estado en la economía, cuando en

realidad había sido en términos históricos

la patria del proteccionismo

económico y del impulso estatal.

De esa forma, la subordinación

ideológica en las naciones que

aceptaron los postulados del libre

comercio se constituyó en el primer

eslabón de la cadena que las ataba

y condenaba al subdesarrollo endémico

y a la subordinación política,

más allá de que lograran mantener

los atributos formales de la soberanía.

Por lógica consecuencia,

para que a partir de entonces un

proceso emancipatorio emprendido

por cualquier unidad política sometida

a la subordinación ideológica

británica fuese exitoso debía necesariamente

partir de la ejecución

de una insubordinación fundante,

es decir, de la puesta en marcha

de una insubordinación ideológica

consistente en un rechazo de la

ideología de dominación difundida

por Gran Bretaña. Eso debía ser

complementado por la aplicación

de un adecuado impulso estatal

que pusiese en marcha el proceso

de industrialización y de reconstrucción

del ser nacional. Fue gracias

a la realización de sus respectivas

insubordinaciones fundantes que

países como los Estados Unidos,

Alemania, Japón, Canadá y Corea

del Sur lograron industrializarse y

reconstruirse moralmente, factores

estos que le posibilitaron a cada

una de estas naciones convertirse

Propaganda política del Partido Liberal inglés promocionando las maravillas de un libre

comercio que era para todo el mundo, menos para el mercado interno de los británicos.

en unidades políticas efectivamente

independientes. A partir del proyecto

político de Perón, Argentina

no alcanzó tal grado de desarrollo

no por ausencia de un impulso a la

insubordinación fundante, sino por

la intervención directa del poder

imperial sobre el gobierno legítimo

a través del golpe de Estado de

septiembre de 1955.

Política y economía en

los países subordinados

José Pablo Feinmann afirma que

“para Perón la economía sólo existe

en tanto es orientada por un proyecto

político nacional. Si hay política,

27 HEGEMONIA - julio DE 2020


Más propaganda liberal, aquí presentando una comparación entre la riqueza del libre comercio y la miseria del proteccionismo.

hay economía. Si no hay política, la

que se adueña de todo es la economía.

Y como la economía la dominan

los países centrales, son ellos

los que se adueñan del país cuando

el país carece de un proyecto político

que los enfrente. ¿Qué requiere

un proyecto político que haga de la

economía uno de sus resortes, pero

no su fundamento? Requiere un

Estado fuerte”. Fue justamente un

Estado fuerte el que construyeron,

por ejemplo, los Estados Unidos

luego de la guerra civil, tras la victoria

del norte industrialista sobre el

sur librecambista y probritánico.

Nada quedó en los Estados Unidos

librado a la mano mágica del mercado.

Para garantizar el desarrollo

industrial en su territorio, luego de

la guerra civil los Estados Unidos

debieron regular y limitar enérgicamente

la inversión extranjera en

recursos naturales, los derechos de

explotación minera a ciudadanos

norteamericanos y sociedades anónimas

estadounidenses, prohibir

la compra de tierras por parte de extranjeros

no residentes, establecer

una barrera arancelaria para proteger

a la industria norteamericana de

la competencia británica y utilizar la

indisciplina monetaria y financiera

para solventar su desarrollo industrial.

Hasta 1862, es decir, hasta

el fin de la guerra, Estados Unidos

había sido un país dependiente del

monocultivo del algodón con todas

las características de un país periférico.

Los países dependientes son países

pobres o relativamente pobres,

monoproductores o, en el mejor de

los casos, proveedores de varias

materias primas. Y económicamente

débiles. Pero como lo demuestra

la historia de los Estados Unidos,

Canadá y Australia, por mencionar

algunos ejemplos, no son dependientes

porque son pobres, son

pobres porque son dependientes,

como otra vez señala Feinmann:

“Esta dependencia les ha sido

impuesta por las naciones imperialistas,

quienes han realizado su

política de dominación con la más

poderosa de sus armas: la economía.

¿Por qué el libre comercio

de Smith y Ricardo? ¿Por qué esa

confianza en la mano invisible? Porque

ahí ganaban ellos, los dueños

de la economía. Lo dice Canning

cuando festeja la liberación de

28 HEGEMONIA - julio DE 2020


Hispanoamérica: ‘Si llevamos bien

nuestros negocios es nuestra. Nada

de cañonazos ni soldados, la economía

se encargará de la política de

dominación’”.

La estructura económica

neocolonial

El modelo económico instaurado

después de Caseros le había dado

a la Argentina una fisonomía agrícola-ganadera

dependiente. Una

fisonomía análoga a la que tenían

los Estados Unidos de Norteamérica

hasta el triunfo en su guerra

civil. En Argentina, el modelo agrícola-ganadero

fue acompañado por

“un modelo educativo que impedía

toda conciencia industrialista en

el sector empresario: sus hábitos

mentales inducidos lo empujaban a

considerar como poco noble dedicarse

a las manufacturas”, afirma

Fermín Chávez. De hecho, si bien

la I Guerra Mundial, la depresión

de 1929/1930 y el estallido de la

II Guerra Mundial habían promovido

un cierto desarrollo fabril, se

miraba a esa industria “como un

sucedáneo artificial, destinado a

desaparecer en cuanto se normalizasen

las apuntadas circunstancias

excepcionales”.

Por otra parte, el Banco Central

creado en 1935 tendría como funciones

principales la de determinar

la orientación del crédito (cosa que

en términos más completos incluye

el manejo de la tasa de interés y con

ello el poder de acelerar o desacelerar

la economía), la paridad monetaria

y la emisión del circulante.

Quedó entonces organizado como

una institución de capital mixto

conformada por el Banco de la Nación

Argentina, los bancos provinciales,

las entidades bancarias de

capital privado consideradas como

empresas argentinas y los bancos

extranjeros. Así conformado el Banco

Central, el Estado nacional en

el caso de que pudiera convencer a

las provincias de que votaran siempre

de forma conjunta con él podía

llegar a reunir, como máximo, 2777

votos en la asamblea accionaria de

esa entidad. La banca privada en su

conjunto podía reunir nada menos

que 5941 votos.

La estructura económica de la

Argentina sobre la que tuvo que

operar el peronismo era verdaderamente

neocolonial. Pero este hito

—la creación de un Banco Central

controlado por el capital foráneo

—la hizo peor aún porque había

quedado “institucionalizada” y con

plena dominación de la economía

doméstica. Un Banco Central “privado”

se constituirá así en piedra

angular de la estructura neocolonial

—es decir, de la dominación

del capital extranjero que en ese

momento era mayoritariamente inglés—

sobre la Argentina. El Estado

argentino perdería entonces total

poder sobre su política económica

interna, dejando aun las decisiones

más coyunturales en manos del extranjero.

Así, en la práctica la banca

extranjera “orientó” la política

económica argentina desde 1935

hasta 1946.

La conclusión es que la economía

argentina era dirigida completamente

por la banca de Gran Bretaña.

Nacionalizar el Banco Central

significaba entonces herir de muerte

al dominio profundo, sutil y casi

imperceptible que los británicos

ejercían sobre la Argentina y justamente

esa herida mortal infligida

a la dominación británica fue lo

que la élite política de ese país no

perdonaría jamás a Juan Domingo

Perón.

El mundo según

los Estados Unidos

El politólogo e historiador estadounidense

John Lewis Gaddis afirma

que, durante el transcurso de la II

Guerra Mundial, “los líderes norteamericanos

consideraban que

Los estadounidenses, por su parte, mucho más expresivos en su manera de difundir mensajes

ideológicos, sobre todo los de naturaleza librecambistas.

29 HEGEMONIA - julio DE 2020


la reconstrucción de la economía

mundial era un objetivo a lograr, tan

importante como la autodeterminación

si es que se quería terminar

verdaderamente con las causas de

la guerra”. Cabe entonces preguntarse:

¿Cómo debía reconstruirse la

economía mundial según los líderes

norteamericanos? Para ellos,

responde Gaddis, era claro que los

nacionalismos económicos eran la

causa principal de las guerras y que,

por lógica consecuencia, la economía

mundial que los Estados Unidos

debían reconstruir después de

la guerra era una economía basada

en el libre comercio absoluto. “El

veterano secretario de Estado Cordell

Hull —sostiene Gaddis— hacía

ya mucho que se había convencido

de que los nacionalismos económicos

eran la causa de las guerras. La

solución, creía Hull, era eliminar las

barreras comerciales de cualquier

tipo para que todo el mundo comerciara

con todo el mundo”.

Es de suponer entonces cuál sería

la posición de los Estados Unidos

ante la aparición de un joven

coronel que en los confines de la

periferia decidía aplicar todo tipo

de trabas al comercio internacional

para defender la industria naciente

de su propia nación. Ciertamente

no había ninguna originalidad en el

discurso de Cordell Hull, pues era lo

que habían sostenido siempre los

liberales clásicos. Hull retomaba

en su discurso el pensamiento de

David Ricardo y John Stuart Mill de

que el proteccionismo económico

era la principal causa de las guerras

y el libre comercio, la mejor garantía

para la paz. Lo novedoso era que lo

expresara el secretario de Estado

de una nación que había aplicado y

defendido desde su independencia

el más feroz proteccionismo económico.

Es poco después de junio de 1943

que el secretario de Estado Cordell

Hull eleva como propuesta al presidente

Roosevelt el primer plan de

intervención militar en Argentina

para acabar con el gobierno surgido

en Buenos Aires en junio de 1943.

La “sugerencia” norteamericana,

encarnada en el secretario de Estado

Hull, era que Brasil debía cooperar

con los Estados Unidos bombardeando

Buenos Aires con armas

norteamericanas. La propuesta

contó con el beneplácito de algunos

diplomáticos y militares brasileños

que se entusiasmaron con la ilusión

de que, en compensación por

el esfuerzo realizado, Brasil podría

extender sus fronteras hasta el río

Paraná, ocupando las provincias

argentinas de Misiones, Corrientes

y Entre Ríos. Sin embargo, la oferta

fracasó por no recibir apoyo del

presidente Getulio Vargas.

Cordell Hull acusó entonces al

gobierno argentino de haber promovido

el golpe de Estado de diciembre

de 1943 que derrocó en Bolivia

al presidente Enrique Peñaranda y

de pretender expandir la influencia

del gobierno argentino a Paraguay,

Uruguay, Chile y Perú.

En febrero de 1944 el almirante

norteamericano Jonas H. Ingram

al mando de una escuadra conformada

por barcos estadounidenses

y brasileños se aproximó a la Argentina

con el objetivo específico

de “promover el bloqueo del Río de

la Plata, lo que por cierto precipitaría

el conflicto armado forzando

a Brasil a invadir la Argentina”.

Una vez más, solo la oposición del

presidente Getulio Vargas hizo que

la amenaza de la invasión norteamericano-brasileña

se desvaneciera

momentáneamente.

El significado profundo de

las elecciones de 1946

Imagen del Archivo General de la Nación en la que se ve el apoyo de la Unión Cívica Radical,

del Partido Socialista, del Partido Progresista y del Partido Comunista a la política colonial

que los Estados Unidos quisieron imponer con la Unión Democrática de Spruille Braden.

Después de su triunfo electoral en

febrero de 1946, Juan Domingo

Perón le pidió al General Farrell la

creación de cuatro instrumentos decisivos

para poder poner en marcha

el proceso de insubordinación fundante

en Argentina: la nacionalización

del Banco Central y de los depósitos

bancarios, la asunción por

parte del Banco Central de todas

30 HEGEMONIA - julio DE 2020


las facultades relativas al control

de cambio y la creación del Instituto

Argentino de Promoción del

Intercambio (IAPI). Medidas todas

implementadas por decretos-ley por

el presidente Farrell antes de junio

de 1946.

Entonces los principales países

latinoamericanos a raíz del estallido

de la II Guerra Mundial, que interrumpe

casi totalmente el suministro

de los productos industriales

desde Europa y Estados Unidos,

inician un proceso de industrialización

acelerada. Un proceso

anárquico y no planificado, sino

hijo de la necesidad de abastecerse

de bienes de consumo imposibles

de ser importados desde las metrópolis

industriales. Aunque en

menor escala, el mismo fenómeno

se había producido ya durante la

I Guerra Mundial. La interrupción

de las importaciones había creado

las condiciones necesarias para el

desarrollo industrial.

No se puede entender la historia

reciente de América Latina sin

comprender que el objetivo de los

Estados Unidos —convertido en

campeón del libre comercio luego

de haber sido durante casi 100

años la patria del proteccionismo

económico— era que cuando terminara

la guerra todo volviera a la normalidad,

los países latinoamericanos

siguieran exportando productos

primarios e importando productos

industriales.

Curiosamente se pasa por alto en

los estudios sobre el peronismo

que, en las elecciones de 1946, lo

que estaba en juego era si la Argentina

iba a seguir el “consejo” de

los Estados Unidos de aplicar una

política basada en el libre comercio

o si, en cambio y de alguna manera,

iba a intentar defender su industria

naciente.

Es claro que la Unión Democrática,

conformada entre otros partidos

El presidente laborista Getulio Vargas de Brasil, importante personaje en la historia de

nuestra América que se negó en repetidas ocasiones colaborar con el imperialismo yanqui

en proyectos de agresión contra la Argentina. Un verdadero patriota americano.

por la UCR y el Partido Socialista

e integrada por muchos sectores

como la Sociedad Rural y finalmente

patrocinada, financiada y

organizada por el embajador de los

Estados Unidos de Norteamérica,

en caso de triunfar en las elecciones

hubiese seguido el “consejo” norteamericano

de llevar adelante una

apertura irrestricta de la economía

argentina. Y es claro que el peronismo

intentó defender la industria

naciente del país. Este es el hecho

que nos permite afirmar que el

peronismo representó el intento

de realizar una insubordinación

fundante. Rechazó la ideología del

libre comercio propuesta primero

por Gran Bretaña y después por los

Estados Unidos e intentó, mediante

el impulso estatal, poner en acto las

potencialidades de la Argentina. El

rechazo del libre comercio (apertura

indiscriminada de la economía que

hubiese llevado al “infanticidio”

industrial argentino y generado la

indigencia de las 720.000 personas

que por inicios de la década

de 1940 dependían de la industria

para su subsistencia) y el intento de

aplicar una política pro industrial

alcanzan para calificar al peronismo

como un intento de insubordinación

fundante.

La decisión del gobierno peronista

de implementar una serie de medidas

que sirvieran de protección

a la industria nacional para evitar

esa especie de “infanticidio industrial”

impidió que la Argentina se

desindustrializara, volviendo a la

condición de exportadora exclusiva

de productos primarios sin elaboración.

Así, mientras los países

latinoamericanos se sometían a

un proceso de reprimarización de

31 HEGEMONIA - julio DE 2020


Juan Domingo Perón recibe del General Edelmiro Farrell los atributos presidenciales, luego de haber ganado las elecciones de 1946 y haber

sentado junto al propio Farrell las bases de la insubordinación fundante del peronismo posterior.

sus economías, la Argentina peronista

profundizaba su proceso de

industrialización y los trabajadores

participaban del 50% del Producto

Bruto Interno.

Es este razonamiento el que nos

lleva a afirmar que el peronismo no

fue tan importante por lo que hizo,

sino por lo que no dejó hacer. De

haber triunfado la Unión Democrática

se hubiese producido, empleando

una terminología acuñada por

Alexander Hamilton, secretario del

Tesoro y padre del industrialismo

norteamericano, un “infanticidio

industrial”.

A esta afirmación se le podría oponer

la idea de que la política industrial

del peronismo fue, en términos

coloquiales, una política de pan

para hoy y hambre para mañana,

pues se basó en la industria liviana

y no en la construcción de la industria

pesada. A la acusación de no

haber comenzado por la industria

pesada, resulta interesante la refutación

hecha por Arturo Jauretche:

“Las industrias se crean en el orden

de las necesidades del mercado y el

primer mercado es el de la industria

liviana, que a su vez origina el de la

industria pesada. Pero, aunque el

argumento en contra fuera válido en

un mundo abstracto, no es válido en

el mundo concreto. Parece que se

olvidan deliberadamente de que el

país estaba bloqueado internacionalmente,

que regían para el mismo

toda clase de trabas financieras y

que nos estaba cerrado totalmente

el acopio de materiales críticos”.

Por otra parte, Jauretche hace notar

que muchos economistas razonan

como si la política no existiese,

como si una medida económica

pudiese ser tomada y aplicada sin

consideración alguna de la situación

política. Es en ese sentido que

afirma: “Por otra parte, postergar el

desarrollo de la industria liviana a

un hipotético desarrollo de la industria

pesada significaba destruir la

base de sustentación democrática

de los gobernantes. Surgidos estos

de la voluntad de un pueblo en ascenso,

se pretende que frenaran las

formas de producción que originaban

ese ascenso, tal vez por simple

imitación del sistema aplicado en

los regímenes totalitarios. Hitler

podía imponer coercitivamente

sacrificios de esa naturaleza, como

el de ‘menos manteca y más cañones’.

También Stalin lo hizo en sus

sucesivos planes, pero esta política

era impracticable en la Argentina,

32 HEGEMONIA - julio DE 2020


además de disparatada, por lo

dicho anteriormente. La industria

pesada debía venir en su hora. La

verdad es que en definitiva todo lo

que existe en la materia tiene su

punto de partida allí”.

El impulso estatal y la

defensa de la industria

naciente: pilares de

la insubordinación

El Primer Plan Quinquenal estimuló

entonces la industria liviana con el

propósito de evitar la desocupación

en la posguerra. Es decir, la desocupación

que se hubiera producido si

el peronismo hubiese aceptado las

“sugerencias” venidas de Washington

de aplicar una política absolutamente

librecambista.

Sin embargo, el dato políticamente

más relevante que los economistas

suelen desconocer por su falta de

formación en historia de las relaciones

internacionales es que, terminada

la II Guerra Mundial, los Estados

Unidos comenzaron a predicar

en el mundo que el origen de las

guerras y del fascismo se encontraba

en el proteccionismo económico.

Si el razonamiento norteamericano

fuese correcto, habría que concluir

que George Washington, al aplicar

un programa económico basado en

el proteccionismo siendo presidente

de los Estados Unidos, fue decididamente

un líder fascista.

Se comprende entonces la enorme

presión a la que estuvo sometido el

peronismo, decidido a llevar a cabo

una política de protección de la

industria nacional. Con su política

económica, el peronismo se insubordinaba

como en su momento

lo habían hecho el propio Estados

Unidos, Alemania y Japón a los

dictados de la potencia hegemónica

y por ello tuvo que resistir todo

tipo de presiones y agresiones. En

ese marco poco importa saber si

el peronismo estableció o no una

jerarquía clara de objetivos o si

estableció minuciosamente los instrumentos

específicos a utilizar para

alcanzar las metas generales, definidas

en el Plan Quinquenal como

ingenuamente pretenden algunos

economistas sin entender que la

improvisación se debía, entre otros

motivos, a que la Argentina estaba

casi en estado de guerra con Estados

Unidos, potencia que no estaba

dispuesta a permitir en su zona de

influencia ninguna experiencia proteccionista

ni proindustrial.

El peronismo intentó defender a la

industria naciente con una batería

de medidas, pero importa destacar

en ese sentido que una de las más

significativas fue la política crediticia

desarrollada a través del BCIA

(Banco de Crédito Industrial Argentino)

y el Banco de la Nación Argentina,

de los bancos provinciales y de

otros organismos financieros como

el IAPI o el IMIM, que movilizaron

depósitos y otros recursos finan-

33 HEGEMONIA - julio DE 2020


cieros para las necesidades de las

actividades productivas.

El impulso estatal necesario para

poner en acto todas las potencialidades

contenidas en la Argentina,

en su territorio y en su gente, fue

llevado a cabo por el peronismo

principalmente a través de la planificación

y ejecución de un plan de

obras públicas que, por su envergadura,

nunca antes se había visto en

la historia argentina. Sin embargo,

más allá de la enumeración realizada

con mala gana por muy pocos de

los académicos que se han dedicado

a estudiar al peronismo, la

descripción de las obras y la explicación

de la importancia de cada

una de ellas brilla acientíficamente

por su ausencia.

Como el déficit energético estructural

de la Argentina impedía el

desarrollo industrial y constituía el

talón de Aquiles de cualquier proyecto

industrializador, el esfuerzo

principal del gobierno peronista

estuvo dirigido a la superación de

ese problema estratégico. El plan

de obras públicas se puso en marcha

el 19 de enero de 1947, apenas

cumplidos 6 meses de la asunción

oficial del gobierno por parte del

presidente Perón el 4 de junio

de 1946. Las primeras medidas

consistieron en terminar las obras

iniciadas por la revolución del 4 de

junio de 1943: los diques Escaba en

Tucumán y Nihuil en Mendoza, con

sus centrales hidroeléctricas y el

dique Los Quiroga, en Santiago del

Estero.

Si entendemos entonces que una

insubordinación fundante consiste

en el rechazo de la ideología de

subordinación exportada por la o

las potencias dominantes, más la

aplicación de un adecuado impulso

estatal, no cabe duda alguna

de que el peronismo constituyó un

intento de insubordinación fundante.

Intento, no obstante, que quedó

trunco porque fue interrumpido por

el golpe militar que en septiembre

de 1955 derrocó al gobierno

constitucional presidido por Juan

Domingo Perón. El peronismo es

una insubordinación fundante,

hispanoamericana, nacionalista y

formadora de una idiosincrasia argentina

e hispana que quedó inconclusa

no por falta de proyecto o de

impulso, sino abiertamente como

consecuencia de la violencia que se

aseguró, aunque fuese por algunas

décadas, el rol de colonia de la Argentina.

Será imprescindible refundar

ese espíritu de insubordinación

a la doctrina liberal foránea para

que el pueblo argentino recupere

las riendas de su propio destino.

34 HEGEMONIA - julio DE 2020


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35 HEGEMONIA - julio DE 2020


CONTENIDO EXCLUSIVO

A tomar

decisiones,

señor

presidente

ERICO

VALADARES

Un sábado por la mañana y en

medio a un clima de desazón

e incertidumbre que no pesaba

solo sobre la tropa propia,

sino sobre la generalidad del

pueblo, Cristina Fernández anunció

en las redes sociales con un video

de estilo motivacional y de casi 13

minutos aquello que nadie pudo

anticipar: ella sería candidata en

las elecciones de ese 2019, sí, pero

no en el lugar que todos esperaban.

Cristina Fernández de Kirchner formaría

en una lista de unidad como

candidata a la vicepresidencia y

dicha lista, para asombro de propios

y extraños, sería encabezada

por un Alberto Fernández que nadie

vio venir. El secreto mejor guardado

—o quizá no tanto, puesto que ya

se veía el acercamiento de Alberto

y Cristina en las presentaciones de

Sinceramente— se revelaba esa

mañana, revolucionando los medios

de difusión y las redes sociales

desde las nueve. Cristina Fernández

a la vicepresidencia y, aún más

36 HEGEMONIA - julio DE 2020


asombroso, un detractor suyo como

candidato titular en la lista.

La categoría de “jugada maestra”

no tardó en aparecer cuando el

primer análisis del anuncio arrojó

que la fórmula sería ganadora simplemente

por destrabar el problema

del techo electoral que la propia

Cristina Fernández tenía y amenazaba

con darle a Macri la reelección.

Con Cristina alejada del lugar

de mayor visibilidad y dicho lugar

siendo ocupado por un dirigente de

perfil tibio y conciliador (que además

estaba insospechado de ser

kirchnerista, puesto que había sido

hasta entonces un tenaz contreras),

se removía la última traba existente

para que los saqueados por Macri

votaran a una lista alternativa.

La “jugada maestra” fue eso, una

concesión al votante que la estaba

pasando mal con el gobierno de

Mauricio Macri, pero estaba igualmente

dispuesto a volver a votarlo

con tal de que no viniera otra vez la

“yegua”. Cristina Fernández ya no

era candidata titular y, de pronto,

una lista suya pasaba a ser potable

para muchos como por arte de

magia. El movimiento fue efectivamente

de jaque mate y desconcertó

a los intelectuales de Juntos por

37 HEGEMONIA - julio DE 2020


el Cambio hasta el punto de forzarlos

a intentar emular la jugada

presentando a un peronista como

Miguel Ángel Pichetto en el lugar

del candidato a vicepresidente para

intentar contrarrestar los efectos de

la bomba, sin mucho éxito. El golpe

ya había sido dado.

Alberto Fernández se había escindido

del gobierno de Cristina

Fernández de Kirchner a mediados

del año 2008, luego de la derrota

parlamentaria en el conflicto sobre

la resolución 125 y la intentona

golpista fracasada de la oligarquía

terrateniente. A partir de ese abandono,

el que ahora se presentaba

como titular en la lista del kirchnerismo

recorrió todos los canales y

radios haciendo oposición abierta

al gobierno y hasta participó, en el

2015, de la marcha por un tocayo

suyo, el fiscal Alberto Nisman,

implicando allí su opinión de que el

gobierno kirchnerista tenía responsabilidades

en el hecho, mínimamente.

Entonces Alberto Fernández

no solo no era ningún kirchnerista,

sino que además era considerado

por la opinión pública como todo lo

opuesto. Hasta ese sábado por la

mañana, cuando fue ungido por la

mismísima Cristina Fernández como

candidato a presidente por el que

sería el Frente de Todos. “Unidad

verdadera entre gente que piensa

distinto”, fue la siguiente conclusión

de aquella movida estratégica.

“Si Cristina está dispuesta a cederle

el lugar de cabeza de lista a alguien

que hasta hace muy poco fue su

enemigo, es porque quiere cerrar

la grieta”, concluyeron varios en el

momento.

Así transitaron Cristina y Alberto

Fernández las subsiguientes semanas

hasta las elecciones primarias

del mes de agosto, en las que la

fórmula Fernández-Fernández arrasó

con un triunfo aplastante sobre

la lista del gobierno con Mauricio

Macri a la cabeza y Miguel Ángel

Pichetto de escolta. Los casi 16

puntos de ventaja en favor del Frente

de Todos fueron demoledores y el

gobierno de Macri tambaleó ese domingo

11 de agosto. Luego de una

demora en la entrega de los resultados

por parte de la empresa contratada

por el gobierno para los cómputos,

apareció el famoso 48% para

Alberto Fernández contra un 32%

para Macri, muy magro resultado

para un presidente que buscaba la

reelección. Por su parte, la gobernadora

María Eugenia Vidal no tuvo

La expresión de la derrota. María Eugenia Vidal, Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto, tras dirigirse al público para anunciar los resultados

catastróficos de las elecciones. Pichetto había sido para Macri una forma de contrarrestar la maniobra de Cristina Fernández con el anuncio

de la fórmula, pero esa apuesta macrista no dio resultados: los efectos del golpe cristinista ya no podían mitigarse.

38 HEGEMONIA - julio DE 2020


mejor suerte y quedó en un estado

incluso más precario al ser vapuleada

por Axel Kicillof en la provincia

de Buenos Aires por una diferencia

aun más abultada. Todo indicaba

que el gobierno de Macri estaba

terminado y que Alberto Fernández

ya era el virtual presidente de la

Argentina. El golpe de las PASO del

11 de agosto fue tan brutal para el

oficialismo macrista que hasta el

asesor estrella Jaime Durán Barba

salió despedido e inmediatamente

huyó a Ecuador. Todo en Juntos por

el Cambio era descalabro.

Pero faltaban unos 80 días para

las elecciones generales del 27 de

octubre. Faltaba eso, la campaña

electoral propiamente dicha y

durante ese periodo Alberto Fernández

dio fuertes definiciones

de peronismo explícito dando a

entender que su gobierno, doctrina

en mano, habría de borrar hasta el

último rastro de presencia oligarca

en el Estado argentino. Mientras

tanto, en el campo del enemigo,

con la ida de Durán Barba y tras una

primera semana de furia, con varios

movimientos erráticos y hasta berrinches,

Macri y Vidal se ponían a

trabajar y empezaban a hacer lo que

sería una excelente campaña de

recuperación de cara a las elecciones

generales. Y así, con un Alberto

Fernández peronizándose por un

lado y el oficialismo apostando todo

a una fuerte campaña mediática

llegaron las elecciones generales,

en las que el macrismo recuperó

más 2,5 millones de votos respecto

a agosto y la diferencia se recortó

a la mitad, consolidándose en un

48%/40% o unos ocho puntos

porcentuales, bastante más digna

para el perdedor, por cierto, aunque

insuficiente para evitar el triunfo en

primera vuelta del Frente de Todos.

La fórmula Fernández-Fernández

evitaba así un ballotage que, dadas

las características del escenario,

Las proporciones de la masacre electoral en las PASO fueron incalculables a punto de que

el asesor estrella Jaime Durán Barba (aquí en una imagen junto a Pichetto) salió despedido

y se fue prácticamente corrido a Ecuador. Hasta las primarias de agosto, pocos en Argentina

se animaban a discutir la autoridad de Durán Barba en todo lo que se refiere a vender humo

para ganar elecciones. Hoy nadie le cree ni la hora, como se dice en el barrio.

hubiera sido demasiado peligroso.

Luego de tan solo un mandato de

cuatro años, era desplazado del

Estado por la fuerza de la voluntad

popular expresada en las urnas un

gobierno pura sangre de la oligarquía

apátrida. Una auténtica hazaña

electoral, sin lugar a dudas.

Elección, sur y después

Los días que mediaron entre las

elecciones del 27 de octubre y la

asunción presidencial el 10 de

diciembre se hicieron eternos para

todos los que padecimos cuatro

años de saqueo oligárquico. Flotaba

en el aire la expectativa en torno

a la asunción de Alberto Fernández

con la posibilidad de que con medidas

de shock lograra inyectar en la

sociedad argentina la dosis justa de

optimismo y esperanza para seguir y

también volaban los pronósticos de

lo que haría el nuevo presidente una

vez sentado en el famoso sillón de

Rivadavia. Mientras tanto, Mauricio

Macri mantenía la compostura y

negaba las especulaciones de una

transición conflictiva. Con el correr

de los días, fue quedando claro que

esa transición iba a ser ordenada,

como es el del gusto de los que

ponderan las formas republicanas y

demás adornos.

El tan esperado 10 de diciembre al

fin llegó y con un Alberto Fernández

simpático, arribando al Congreso

de la Nación conduciendo su propio

auto, gesto que puso en estado de

gracia a la tropa propia, dispuesta a

leer todas señales bajo una luz positiva

para terminar de enamorarse

del candidato ungido por Cristina

Fernández unos meses antes. Las

multitudes copaban esperanzadas

las calles y, como el que no quiere

la cosa, apareció de pronto la

39 HEGEMONIA - julio DE 2020


Alberto Fernández manejando su propio coche al Congreso de la Nación para asumir el

cargo de presidente. Con gestos como este, Fernández se ganó el corazón de la militancia

kirchnerista y borró momentáneamente los recuerdos de su reciente pasado de contreras.

primera señal de alarma: durante la

ceremonia de asunción del mandato

Alberto Fernández y Sergio Massa

se mostraron amistosos y hasta

algo efusivos al saludar a Mauricio

Macri, el presidente saliente. Cristina

Fernández, por el contrario, hizo

todo lo posible para dejar bien en

claro con el lenguaje corporal que

nada de eso estaba bien. En ese

momento la actitud de CFK se interpretó

como una expresión de rencor

personal suyo hacia Macri, pero el

diario del lunes nos diría otra cosa.

Lo que Cristina Fernández marcaba

es que allí había cosas puercas, cosas

que Dios no quiere, como suele

decir el buen sentido popular.

Alberto Fernández produjo un

discurso de asunción en el que

algunos vieron similitudes con el

de Néstor Kirchner en el 2003 y

luego, antes de que empezaran

las clásicas celebraciones en la

Plaza de Mayo, el nombramiento

del gabinete de ministros fue el

primer baldazo de agua fría para el

peronista que observa los hechos

más allá de la euforia del momento.

Uno tras otro los nuevos ministros

juraban y se iba concretando inequívocamente

la realidad: había

muy poco peronismo en el nuevo

gabinete y, en cambio, una profusión

de socialdemócratas, radicales

e indefinidos, todos ellos ubicados

en sectores estratégicos del nuevo

gobierno. Hasta Horacio Verbitsky

logró acomodar a tres de las suyas

como titulares en ministerios, lo que

no implicaba ningún augurio de que

allí estaba empezando un proyecto

político nacionalista popular ni

mucho menos.

Otra señal de alarma imperceptible

por el clima de euforia que se

vivía apareció durante los discursos

al cerrar el multitudinario acto en

Plaza de Mayo, en el que militantes

y simpatizantes se dieron un desahogo

durante toda la tarde con

espectáculos musicales, algunos

—dicho sea de paso— de gusto muy

dudoso y hasta vulgares. Finalizadas

esas presentaciones musicales,

se dirigieron a la multitud tanto el

presidente recién asumido como su

flamante vicepresidenta y la bandera

amarilla de atención apareció en

las palabras de esta. Mirándolo en

retrospectiva, es posible comprender

que Cristina, frente a una plaza

repleta y frente a otros tantos que

lo miraban por televisión en todo el

país, le recomendaba al presidente

que no se apoyara en titulares de

los diarios, sino en el pueblo. La larga

y harto conocida relación entre

Alberto Fernández y Héctor Magnetto,

gran jefe del Grupo Clarín, era

lo que flotaba en el aire y entre las

palabras de Cristina Fernández de

Kirchner. “En mis años trabajando

en Jefatura de Gabinete”, solía decir

un compañero de larga trayectoria

en la función pública, “nunca supimos

si Alberto fue el hombre del

gobierno en el Grupo Clarín o si fue

el hombre del Grupo Clarín en el

gobierno”.

A gobernar

Las sospechas pasaron, no obstante,

a un segundo plano. Y al fin

empezó el tan esperado gobierno

del Frente de Todos, aunque sin las

medidas de shock esperadas por

la militancia para revertir de golpe

los efectos del saqueo macrista que

finalizaba. Por el contrario, en los

días subsiguientes a la asunción

fueron apareciendo más radicales

y socialdemócratas a formar en

las filas del presidente Fernández.

Algunos de ellos incluso en los

lugares más neurálgicos del gobierno,

como el radical Miguel Pesce

en el Banco Central y el socialista

Claudio Lozano en el Banco Nación.

Ahora en la santísima trinidad de la

economía no había ni un solo rastro

de peronismo, con lo que quedaba

ya descartada allí mismo cualquier

posibilidad de aplicación de la política

económica peronista.

Seguían pasando los días y llegaba

el año nuevo con un conato de

conflictividad social por parte de

ciertos sectores de la mal llamada

40 HEGEMONIA - julio DE 2020


“izquierda” plantados en las vías

del ferrocarril. Y con la ausencia de

medidas de fondo para reorganizar

económicamente un país muy

maltrecho. Aparecían entonces, ya

a principios de enero, los primeros

cuestionamientos desde el peronismo

en ese sentido al expresarse

Guillermo Moreno ante la ausencia

de un plan económico claro. Esos

cuestionamientos tuvieron poca y

ninguna difusión, ya que todo indicaba

existir un esfuerzo de reorganización

del Estado y una herencia

muy pesada. Moreno habló de los

90 días de gracia que todo gobierno

debe tener para afirmarse y tomar

un rumbo definitivo, un gobierno

debe disfrutar de esa “luna de

miel” con su electorado mientras va

ocupando los espacios en la función

pública. La idea de que Fernández

debía emular a Macri firmando

decretos a troche y moche para

defender los intereses de su sector

fue rápidamente descartada y, por

alguna extraña razón, la tropa que

había estado ansiosa por cambios

simplemente aceptó un gobierno

estático. La mayoría terminó aceptando

que en el caso de Alberto

Fernández todo debía empezar a

resolverse después del verano, aunque

lo cierto es que las definiciones

siguieron sin aparecer y esa situación

sigue hasta los días de hoy.

Lo que no tardó en aparecer fueron

las contradicciones de tipo ideológico,

que se expresaron tanto

mediante declaraciones del propio

Alberto Fernández a los medios

como en movimientos erráticos de

su entorno o del propio presidente.

Para empezar, Fernández eligió

hacer su primer viaje oficial como

presidente a Israel, país que para

el grueso de la militancia propia

simboliza el sionismo y el genocidio

sobre el pueblo palestino. Entonces

el viaje fue interpretado como un

signo de debilidad del país por la

crisis heredada del macrismo y la

necesidad de “ir al pie” para resolver

esa debilidad, pero lo cierto

es que Alberto Fernández pasará

inexorablemente a la historia como

el presidente que no siguió la tradición

de hacer su viaje inicial a Brasil

y eligió ir a un país en el que las

violaciones a los derechos humanos

son sistemáticas. El costo político

no se pagó en ese momento pues

había una “luna de miel” o el famoso

periodo de gracia de 90 días,

pero queda.

Después de casi 90 días de un gobierno

prácticamente detenido en el

que apenas tuvieron algún protagonismo

los flamantes ministerios de

género y afines con un gran despliegue

ideológico progresista, llegó la

crisis del coronavirus tomando por

sorpresa a un ministro de Salud que

parecía estar dibujado. La inacción

del gobierno de Alberto Fernández

en materia de construcción de políticas

públicas para revertir el daño

del macrismo anterior se convirtió

pronto en el llamado “gobierno de

científicos”, esto es, en un gobierno

muy activo, pero únicamente en

todo lo que se refiere al manejo de

la contingencia sanitaria. La política,

que ya se encontraba suspendida,

se detuvo por completo

Señales inequívocas: “Dios no quiere cosas puercas”. Mientras Alberto Fernández y Sergio

Massa saludaban cálidamente a Mauricio Macri, Cristina Fernández utilizó el lenguaje corporal

para expresar su reprobación. Allí se vio por primera vez una diferencia significativa de

posturas y criterios en el seno de la alianza Fernández-Fernández. Habría de venir más.

41 HEGEMONIA - julio DE 2020


En plena “luna de miel” con el electorado o los llamados 90 días de gracia, Alberto Fernández hizo su primer viaje oficial a Israel para reunirse

amistosamente con Benjamín Netanyahu, un personaje repudiado por 9 de cada 10 militantes y simpatizantes de lo nacional-popular por

sus sistemáticas violaciones a los derechos humanos y su política expansionista sobre territorios de Palestina. Seguían llegando las señales,

aunque era entonces todavía demasiado temprano para verlas con claridad.

mientras un equipo de infectólogos

daba las cartas e imponía medidas

extremas para intentar contener el

avance del virus que había llegado

de China vía Europa. En una palabra,

el coronavirus fue llover sobre

mojado o dar un buen pretexto para

la inacción gubernamental. Y un

excelente pretexto, uno indiscutible

en tanto y en cuanto se trataba de

salvar vidas. La actitud de toda la

militancia, que ya había sido pasiva

hasta allí, fue la de justificar la

parálisis por la pandemia y entonces,

al no haber ya nadie exigiendo

la aplicación de políticas concretas

dichas políticas no se aplicaron

jamás.

A eso se sumaron otras movidas

ideológicas bastante extrañas,

como la negación de la bandera

peronista que Fernández había

levantado con fervor en campaña

y su reemplazo por una reivindicación

de la cultura hippie y un culto

a la personalidad de Raúl Alfonsín,

un radical. Alfonsín fue un símbolo

al que acudió Fernández cada vez

que surgía algún cuestionamiento

a la gran pasividad de su gobierno,

esgrimiendo al histórico dirigente

radical como modelo de ética. Eso

fue socavando de a poco las bases

peronistas del gobierno, las que

vieron como una traición el abandono

de las banderas del nacional

justicialismo en el gobierno.

Y finalmente aparecieron los

nuevos “amigos”, muchos de ellos

directamente involucrados en el saqueo

de la etapa macrista anterior

y hasta en la dictadura genocida de

los años 1970/1980. Alberto Fernández

se acercó a Marcelo Mindlin,

coautor de la monumental fuga

de capitales y de los tarifazos en los

servicios entre el 2016 y el 2019.

Mindlin es propietario de Edenor y

de Pampa Energía y un notorio socio

de Mauricio Macri, pero fue presentado

en un acto como un socio

del gobierno de Alberto Fernández,

amén de otros grandes gorilas

como el titular de la Sociedad Rural

Daniel Pelegrina y hasta el jefe de

gobierno de la ciudad de Buenos

Aires, el oligarca Horacio Rodríguez

Larreta, al que Fernández calificó

como un amigo suyo. El famoso eslogan

de “es con todos” se revelaba

de una forma literal, por una parte,

pero contradictoria, por otra: aparecían

por todas partes los cómplices

del saqueo y se sumaban. Los que

jamás se acercaban a la mesa eran

los peronistas.

La naturaleza de los frentes

Los argentinos ya llevábamos más

de cien días de confinamiento y la

economía nacional se encontraba

42 HEGEMONIA - julio DE 2020


en estado de calamidad cuando

Alberto Fernández hizo pública su

amistad con Horacio Rodríguez

Larreta y esa quizá haya sido la

gota que rebalsó el vaso. En un

determinado momento, más allá

del coronavirus y todo lo que está

implicando en términos más bien

económicos y sociales que sanitarios,

empezó a existir entre los

simpatizantes y militantes de lo

nacional-popular la conciencia de

la naturaleza de los frentes electorales.

Cuando la heterogeneidad

resultó al fin en el acercamiento

de símbolos del enemigo a la conducción

del proceso político, la

generalidad de los votantes del

Frente de Todos empezó a comprender

la existencia de una interna o

una lucha por esa conducción. De

pronto, dejó de existir en la conciencia

de muchos la cándida idea de

que el Frente de Todos era un grupo

de dirigentes políticos que estaban

todos de acuerdo en todo unos con

los otros. En ese justo momento

empezaron a tener lugar las primeras

escaramuzas en la guerra

por ver quién finalmente va a tener

la llamada manija en el presente

gobierno. Al momento de cerrar

esta edición de la Revista Hegemonía,

concluía una semana agitada

en la que esas escaramuzas fueron

muchas y preanunciaban el inicio

de las hostilidades.

El domingo 12 de julio la vicepresidenta

Cristina Fernández de Kirchner

habló abiertamente de política,

algo que en ella había sido inusual

desde la asunción del gobierno el

10 de diciembre del año pasado.

Cristina Fernández lanzó apenas un

escueto mensaje en Twitter recomendando

la lectura de un artículo

que venía firmado por un periodista

propio suyo —uno del riñón, como

se usa decir— y que fue interpretado

como la expresión de una crítica

cristinista a la política económica

del gobierno de Alberto Fernández,

que es prácticamente ninguna. El

artículo de Alfredo Zaiat fue correctamente

leído por propios y extraños

como si hubiera sido escrito por

la mismísima CFK y eso dio inicio a

un movimiento de sublevación que

se había hecho esperar, uno que

quizá se haya demorado más allá

de la cuenta por la contingencia

sanitaria. La conducción política del

poder económico fue el título de la

nota de Zaiat que CFK calificó como

“el mejor análisis que he leído en

mucho tiempo”, agregando que allí

no había subjetividades ni anécdotas

y rematando con que, en tiempos

de pandemia, esa lectura era

imprescindible para entender y no

equivocarse. Más claro imposible:

había un poder económico influyendo

en la conducción política —los

nuevos “amigos” del presidente

Fernández, como se ve— y el asunto

aquí pasaba a ser entenderlo y

no equivocarse. La vicepresidenta

informaba a la tropa su desacuerdo

con la política económica conducida

por la voluntad de los enemigos

del pueblo, aunque entonces

muchos eligieron mirar para el otro

lado y hacerse los desentendidos.

Esa postura de desentendimiento

de la guerra por la conducción del

proceso político sería cada vez más

difícil de sostener en los siguientes

días. Ya el lunes posterior, Sergio

Berni, el ministro de Seguridad de

la provincia de Buenos Aires y uno

de los soldados más fieles de Cristina,

se hizo presente en un canal

de aire para decir que “la patria no

se construye con los traidores de la

patria”, en otra alusión muy clara a

los nuevos “amigos” que el presidente

Fernández había sentado a su

mesa. Por si eso fuera poco, menos

de 24 horas después cayó otro torpedo

brutal, tanto en la forma como

en el contenido: desde la asociación

de Madres de Plaza de Mayo

Hebe de Bonafini le envió a Alberto

Fernández una carta abierta en la

que lo acusaba de haber sentado en

su mesa a todos los que explotan a

los trabajadores, a los que saquea-

El arte elegido puntualmente para ilustrar ‘La conducción política del poder económico’, el

artículo de Alfredo Zaiat que CFK difundió para expresar que el poder fáctico estaba avanzando

sobre (o en) el poder político del gobierno de Alberto Fernández. La semiología aquí

es poderosa y compara dos ciclos económicos —el virtuoso y el vicioso— asignando el color

amarillo típico del macrismo al segundo.

43 HEGEMONIA - julio DE 2020


ron el país y, lo más grave de todo,

a los que en un pasado más lejano

habían estado involucrados en la

dictadura genocida ya mencionada

en este artículo.

Tres bombas de mucho efecto en

tres días, con las que la guerra se

declaraba inequívocamente. Se

siguieron otras escaramuzas entre

soldados de Cristina Fernández y

defensores del gobierno de Alberto

Fernández, como la trifulca tuitera

entre Julio de Vido y Juan Grabois,

en la que intervino inesperadamente

el abogado y amigo de Cristina

Fernández, Gregorio Dalbon, y luego

el diferendo por Venezuela. Aquí las

posiciones terminaron de establecerse,

con Sergio Massa posicionándose

claramente como el jefe

ideológico de uno de los bandos y

un apagado Fernández intentando

equilibrar desdiciendo a su embajador

en la ONU. Al finalizar la semana

en la que cerramos esta edición

de nuestra revista, la situación era

ya bastante clara y la guerra por la

conducción del proceso ya estaba

declarada.

Ahora bien, ¿por qué? ¿Por qué los

dirigentes se pelean entre sí justo

en el momento más crítico de la crisis

sanitaria y en pleno descalabro

económico? Desde el punto de vista

del que vio en el Frente de Todos

una unidad verdadera, esto es, una

unidad con unanimidad de criterios,

las escaramuzas de la semana aparecen

como un “puterío” entre dirigentes

ególatras, más o menos. Y

de hecho así se expresaron muchos

en las redes sociales, reprobando

Sergio Berni, uno de los soldados más leales de Cristina Fernández, se presentó en televisión

el lunes posterior a la publicación de Alfredo Zaiat en Página/12 a decir que “la patria

no se construye con los traidores a la patria”, en una clara alusión a las nuevas “amistades”

del presidente Fernández. El tono de las escaramuzas escalaba rápidamente.

la actitud de esos dirigentes “ahora

que necesitamos estar más unidos

que nunca”.

Pero esa es una forma inocente de

encarar la realidad de lo que es la

política verdadera y nada tiene que

ver con la política en sí. Los dirigentes

raramente se pelean en público

por razones de ego u otros motivos

así de prosaicos. Y mucho menos

en el presente caso. Aquí, las escaramuzas

entre dirigentes son un

síntoma —o el síntoma más inequívoco—

de la existencia de dos bandos

bien marcados en la lucha por

la conducción del proceso político.

En otras palabras, a mediados de

julio de 2020 había empezado en

la Argentina la guerra por ver quién

debería tener la manija en el gobierno

surgido del triunfo del Frente de

Todos en octubre de 2019. “¿Pero

no ganó Alberto Fernández las elecciones?

¿Quién va a tener la manija

sino el propio Alberto Fernández,

que es el presidente?”, se pregunta

el que desconoce o pretende ignorar

la naturaleza de los frentes en la

política.

Pero eso, como decíamos, es

inocencia o una candidez simulada

con la finalidad de no encarar

la realidad. Mientras los mortales

nos quedamos en casa porque hay

una pandemia, el coronavirus y

todo el riesgo que se anuncia como

inminente, la lucha política no se

detiene. La lucha política nunca se

detiene y ahora mismo, al momento

de escribir estas líneas, se lleva a

cabo una guerra feroz por ver quién

va a conducir el presente proyecto

político. Y en dicha guerra hay

dos bandos bien determinados: el

bando que podría ideológicamente

ubicarse en un progresismo o una

socialdemocracia cuyo proyecto es

el proyecto del globalismo, el de

reprimarizar la economía y hacer

de Argentina una factoría agroexportadora

sin rastros de desarrollo

44 HEGEMONIA - julio DE 2020


Sergio vs. Sergio. En la interna del Frente de Todos, Massa es la contracara de Berni o el

representante más claro del bando cuyo proyecto político es de exclusión. En medio a las escaramuzas,

Massa se manifestó afirmando que en Venezuela hay una dictadura, una opinión

radicalmente contraria a la de Cristina Fernández y del kirchnerismo en general, que tiene en

Nicolás Maduro un aliado estratégico en la región.

industrial. Por otra parte, el peronismo

con la clásica idea de soberanía

política, independencia económica

y justicia social, con la defensa de

las pymes como sostén de nuestro

siempre incipiente desarrollo industrial

y la inclusión del 100% de

los argentinos al progreso. Esos dos

bandos luchan y seguirán luchando

para imponer su propio proyecto.

Y son alternativas directamente

antagónicas. Las dos corrientes

que existen al interior del Frente

de Todos no son conciliables simplemente

porque la aplicación del

proyecto de uno de los dos bandos

automáticamente excluye al proyecto

del otro, todos los intereses de

ambos están en juego. Eso son los

frentes: son lugares simbólicos a

los que acude gente con ideas muy

distintas con la sola finalidad de

ganar las elecciones y después, una

vez logrado el triunfo, definir con el

poder político en el Estado quién va

a ejercer la conducción para implementar

su propio proyecto. Seguramente

ahí reside la razón de la

inexistencia de un plan económico

a siete meses de iniciado el gobierno

del presidente Fernández: al no

haberse saldado todavía la disputa,

ninguna definición puede tener

lugar. Si Fernández se inclina por el

proyecto de los pueblos representado

por el ala peronista del frente,

el otro bando empieza a desestabilizar

con sus medios de difusión

hegemónicos, el Poder Judicial y el

monstruoso aparato de inteligencia

que posee. Y si, por el contrario,

tiende hacia el proyecto de la

oligarquía personera cipaya de las

élites globales en general, el que

se retoba es el peronismo, que es

exactamente lo que estamos viendo

en estos momentos. Las escaramuzas

son el efecto de la expresión de

disconformidad del peronismo respecto

al avance de oligarcas como

Rodríguez Larreta, Mindlin, Pelegrina

y asociados sobre los lugares de

decisión al interior del gobierno. Lo

que sabe Cristina Fernández es que

debe evitar ese avance, no puede

permitir que el rumbo se defina para

el lado del proyecto de la fuerza

brutal de la antipatria. Y por eso

reacciona, habla indirectamente

mediante sus delegados y se prepara

para intervenir directamente

cuando la coyuntura lo amerite.

Alberto Fernández tendrá que

tomar decisiones, especialmente

una que será central en la definición

de la guerra: ¿De dónde saldrá el

dinero necesario para la reconstrucción

de un país que hoy está

económicamente destrozado en la

combinación letal de cuatro años

de saqueo y cuatro meses de parate

económico a raíz del coronavirus?

¿Pagará la cuenta la oligarquía

cipaya y parasitaria de su bolsillo,

anunciando el triunfo del peronismo

en la lucha? ¿O la cuenta se pagará

sobre la base de infinitos ajustes a

los trabajadores, imponiéndose así

la oligarquía? Ningún plan de reactivación

económica será real mientras

eso no esté claramente definido,

no existe la posibilidad de que

la Argentina se ponga de pie sin que

se sepa quién va a pagar la cuenta.

El acuerdo por la deuda externa que

viene intentando lograr el gobierno

con las gestiones de Martín

Guzmán, por lo tanto, no pasa por

cuántos centavos de dólar pagará

la Argentina por cada dólar debido,

sino precisamente por quién va a

pagar. Alberto Fernández tendrá

que tomar decisiones, es solo una

cuestión de días y horas. Nuestro

país es insostenible si no aparece el

que lo va a financiar y la guerra por

la conducción es por esa definición.

El presidente Alberto Fernández

tendrá que tomar decisiones, ya las

está tomando. Y entonces veremos

de qué lado va a caer la moneda.

¿Pueblo o antipueblo? Empieza a

conocerse hoy el resultado de octubre

del 2019. El pueblo argentino

sabrá al fin quién ganó realmente

esas elecciones.

45 HEGEMONIA - julio DE 2020


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46 HEGEMONIA - julio DE 2020

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