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Revista Hegemonía. Año III Nº. 30

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 30 AÑO III | AGOSTO DE 2020

labatallacultural.org

HEGEMONIA

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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

de sus lectores mediante suscripciones regulares y

de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición

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en esta revista y eventualmente firmadas son

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representan necesariamente el pensamiento ni la

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HEGEMONIA

38

CONTENIDO EXCLUSIVO

Doble

hermenéutica

20

HISTORIA + GEOGRAFÍA =

GEOPOLÍTICA

La integración de

América en el

pensamiento de

Perón

14

IDENTIDAD PERONISTA

Deuda

50

ANÁLISIS

Sensación de

inseguridad


EDITORIAL

Y

al fin llegaron las definiciones.

Una vez resuelta la

negociación con los acreedores

externos por la inmensa

deuda contraída por el Estado

argentino a lo largo de los últimos

años, el gobierno de Alberto Fernández

finalmente empezó a dar

señales claras de la orientación

ideológica real y dominante en el

Frente de Todos. Lo que en la 29ª.

edición de esta Revista Hegemonía

habíamos exigido empezó a llegar a

Cara o cruz

las pocas horas del acuerdo con los

bonistas. La Argentina va a pagar —

cosa que ya estaba bastante clara,

por otra parte, nunca existió interés

en la cesación de pagos que suele

llamarse default— y ahora empieza

a verse con claridad quién en Argentina

hará el esfuerzo para cumplir

el acuerdo logrado por el ministro

Martín Guzmán. Ahora que ya

sabemos a ciencia cierta que habrá

el pago, empezamos a definir en la

política el pagador.

Son dos cosas distintas. Por una

parte, el plan de pago que es la negociación

del cuánto y del cómo se

va a pagar lo adeudado. La analogía

con el plan de pago que el atento

lector puede hacer en su vida cotidiana

con un banco o un acreedor

es pertinente: se sientan las partes

a negociar las condiciones para

saldarse una deuda en el mediano

plazo, condiciones que preserven el

interés del acreedor y también la capacidad

de pago del deudor. Como

4 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


solía decir Néstor Kirchner, los

muertos no pagan y es necesario un

acuerdo para que el país no muera

en el proceso. Ese es el plan de

pago logrado por el ministro Guzmán

en los primeros días de este

mes.

No obstante, por otra parte está

la cuestión del pagador. Un país no

es un individuo ni es una familia en

la que los miembros son solidarios

frente a la deuda familiar. En un

país existen intereses contrapuestos,

muchas veces hasta contradictorios.

En un país hay clases dominantes

y hay clases subalternas, hay

oligarquías y hay pueblos. Entonces

cuando en un país el Estado entra

en relación de deuda con otros

países y/o particulares, será en la

política interna donde se dirimirá

el destino del dinero tomado en

empréstito y luego, igualmente importante,

a qué sector de la sociedad

le corresponderá pagar dicho

empréstito. No existe la solidaridad

de hecho en el asunto y siempre

el peso de la deuda se descargará

sobre uno de los dos sectores en

pugna por la distribución del ingreso

nacional. Eso es la política, la

cuestión de pesos y centavos en la

que una sociedad decide cómo va a

repartir la riqueza del país.

Y eso se hace, precisamente,

cuando en la política se definen

asuntos como el actual. Según

sea la definición de quién hará el

mayor esfuerzo para desendeudar

el conjunto se tendrá también la

respuesta sobre cómo se reparte la

riqueza. En este caso en particular,

si el Estado argentino les impone a

las clases dominantes oligárquicas

el costo de la deuda haciendo uso

de instrumentos fiscales como los

impuestos a las grandes fortunas

y las retenciones extraordinarias

a la exportación del agro y sus

commodities, entonces habrá una

tendencia a la igualdad social al

quitarse la riqueza a los de arriba

para favorecer a los de abajo. Pero

si lo opuesto ocurre y se quiere

pagar una deuda enorme con otros

instrumentos fiscales, que son los

impuestos al consumo de las mayorías,

al salario y a la producción,

estamos en presencia de un ajuste

fiscal y la tendencia se revierte.

Habrá entonces desigualdad social

al quitarse la riqueza a las mayorías

populares y empobreciéndolas.

De todo este asunto —que no es

para nada misterioso, es tan solo

una cuestión de saber sumar y

restar, como decía el gran patriota

Raúl Scalabrini Ortiz— viene tratando

esta 30ª. edición de nuestra

Revista Hegemonía. He ahí lo que

venimos a decir: ha llegado el momento

de definir quién en la sociedad

argentina pagará las deudas

contraídas por el Estado. Nada

más ni nada menos. No es cosa de

descifrar el enigma en intrincadas

teorías económicas ni de tratar de

traducir lo que dicen los economistas.

Es tan solo un problema de

definiciones políticas muy claras

y al alcance del entendimiento de

cualquier niño. Se trata tan solo

de observar la política para saber

quién va a pagar los platos rotos.

Así sale esta edición de agosto

de Hegemonía, observando los

movimientos de la política para ver

en ellos las definiciones que ya no

pueden demorarse mucho más.

Si la Argentina quiere cumplir los

compromisos externos asumidos,

en el plano interno tendrá necesariamente

que llenar las arcas. El

Estado tendrá que hacerse de las

reservas suficientes para pagar la

deuda cuyo acuerdo se ha logrado

en los últimos días. Y para hacerlo

solo existen dos métodos: la obligación

a la minoría oligárquica o el

vil ajuste fiscal sobre las mayorías

populares. Pagan los ricos o pagamos

todos los demás, esa es toda la

política. Hoy y siempre es un cara o

cruz.

Por eso Hegemonía viene con un

fortísimo contenido crítico, sin

pelos en la lengua. Venimos diciendo

lo que hay que decir para que

el atento lector esté informado en

la realidad efectiva, más allá del

discurso mediático e ideológico.

Venimos así y esperando, como

siempre, que sea del agrado y de

mucha utilidad para el atento lector

en el camino de la comprensión,

que siempre es la aventura del

conocimiento.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


OPINIÓN

¿Adónde vamos,

Alberto?

ERICO

VALADARES

En la portada de la anterior

edición de esta Revista Hegemonía

la exigencia estaba

explícita: a tomar decisiones,

señor presidente. Desde el

lugar del ciudadano que cumple sus

obligaciones y hace respetar sus

derechos políticos interpelábamos

modestamente al poder político por

definiciones. Los medios en general

son ese nexo entre el pueblo y la

política y en el caso de un medio de

comunicación popular, sin compromisos

forzados por pautas oficiales

ni privadas, dicho nexo es más bien

una comunicación directa. Un sector

numeroso de la sociedad estaba

exigiendo saber qué habíamos votado

los argentinos en las elecciones

de octubre de 2019, esto es, cuál

será finalmente la orientación del

gobierno que ganó esas elecciones

y he ahí la exigencia por definiciones

políticas.

Hasta antes de lograrse un acuer-

6 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


do con los bonistas en el asunto de

la deuda monumental dejada por

Mauricio Macri como una pesadísima

herencia, el gobierno de Alberto

Fernández no había dado ni una

sola de esas definiciones en más de

siete meses desde el 10 de diciembre

del año pasado. A diferencia de

Macri, que apenas asumido el mandato

firmó una catarata de decretos

para marcar la cancha y dejar muy

en claro cuál sería el sentido ideológico

y político de su gobierno —el

de representar los intereses de las

clases dominantes y favorecer todos

los negocios de esa oligarquía, a

la que el propio Macri pertenece—,

Alberto Fernández hizo la llamada

plancha y no anunció de entrada

con políticas públicas claras a qué

había venido. Así transcurrió el

mandato del presidente Fernández

en sus tres primeros meses, hasta

que advino la inesperada crisis del

coronavirus. A partir de entonces

la gestión del Frente de Todos se

redujo a una gestión de lo sanitario

y del control de las medidas de prevención

para evitar una explosión

inicial de los contagios, sin definiciones

de cuño político de ningún

tipo. Más allá de paliativos temporales

como el congelamiento de

las tarifas de los servicios públicos

y del transporte, no hubo decisión

política para un lado ni para el otro.

Hasta el anuncio del acuerdo del

ministro de Economía Martín Guzmán

con los bonistas no hubo una

sola medida de gobierno tendiente

a favorecer a las mayorías populares

ni a la oligarquía antipueblo y

antipatria. Y en ese contexto aparece

la 29ª. edición de esta revista

con aquella exigencia.

La exigencia por definiciones

claras era porque en esta redacción

ya se sabía de qué se trataba. Era

inevitable desde luego llegar a un

acuerdo para pagar de alguna forma

la monstruosa deuda de Macri,

no había posibilidad de hacer un

pagadiós cuestionando la legitimidad

de los empréstitos contraídos

entre el 2016 y el 2019, nadie fuera

de los círculos marginales de la

mal llamada “izquierda” jamás se

planteó realmente no pagar esa

deuda. Por eso la cuestión nunca

fue de sí o no, sino de cómo. O más

bien de quién: desde que asumió

Alberto Fernández como presidente

quedó claro que el problema no

sería la negociación con los acreedores.

Lo que realmente importó

entonces e importa ahora es la

definición de a quién o de a qué

sector de nuestra sociedad le iba a

corresponder hacer el esfuerzo de

pago. Entonces esa indefinición de

Alberto Fernández antes y durante

la crisis del coronavirus no era una

buena señal. En su política, de muy

baja intensidad, no había indicios

de quién iba a tomar la deuda, si el

pueblo trabajador de clase popular

y media o si la oligarquía que había

tomado la deuda a nombre de todos

los argentinos en el Estado y, acto

seguido, había fugado el dinero de

los empréstitos a paraísos fiscales.

Nada, el gobierno del Frente de

Todos nunca anunció claramente

cuál sería su orientación política en

el asunto de pesos y centavos, que

es la propia política.

Hasta que llegó el acuerdo con los

acreedores ya en los primeros días

de este mes de agosto, un acuerdo

muy festejado por el gobierno y

también —primera señal de alarma—

por la sarta de operadores gorilas

en los medios de la oligarquía.

El poderoso se mostró exultante con

el acuerdo para el pago de la deuda

y eso cayó como una bomba en

la conciencia de los que observan

los movimientos del enemigo para

comprender la realidad más allá de

los discursos. La oligarquía ordenó

a sus estertores un total apoyo al

acuerdo logrado por el ministro

Guzmán mediante la difusión de la

crónica elogiosa hasta el panegírico.

Así estuvieron esos operadores

Mauricio Macri y Christine Lagarde, asociados en el brutal endeudamiento de la Argentina.

Para sostener su gobierno, Macri tomó mucha deuda y dejó como herencia al sucesor una

situación que es un condicionante para el futuro del país en el mediano y largo plazo.

7 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


en los medios de los grupos Clarín

y La Nación, entre otros. La euforia

allí era indisimulable y eso no

era buena señal para los pueblos.

Nunca lo es.

Martín Guzmán nunca fue realmente

el ministro de Economía

del gobierno del Frente de Todos.

Hasta lograr el acuerdo de la deuda,

Guzmán se dedicó a esa negociación.

Fue un auténtico ministro de la

Deuda, incluso porque el gobierno

nunca tuvo un plan económico y

Guzmán no tenía mucho que hacer

más allá de la negociación. Entonces

Martín Guzmán logró el acuerdo

de cuánto y cómo la Argentina va

a pagar los miles de millones de

dólares que debe, pero no de quién

en Argentina se va a hacer cargo

de pagar. Martín Guzmán logró el

acuerdo y ya uno o dos días después

se puso a trabajar de ministro

de Economía. ¿El resultado? Pues

que aparecieron las primeras definiciones,

las que habíamos estado

exigiendo en esta revista y en los

espacios de difusión de La Batalla

Cultural, aunque por supuesto no

fueron las que aquí esperábamos.

Ya el 6 de agosto, unas 48 horas

después del anuncio de acuerdo

con los bonistas, Martín Guzmán

se reunió con el titular de YPF para

definir un cronograma de aumentos

en los precios de los combustibles.

Y aunque frente al pequeño escándalo

generado por esos aumentos

y el presumible impacto en la inflación

el jefe de Gabinete se precipitó

en hacer la desmentida, es harto

sabido que los aumentos son inminentes.

Es decir, la primera gestión

de Martín Guzmán como ministro de

Economía efectivo, esto es, en un

tema económico no relacionado con

la deuda, fue una reunión en la que

se discutió la aplicación de un tarifazo.

¿Qué relación tendría eso con

las definiciones esperadas? Pues

que, precisamente, allí había un

conato de respuesta al interrogante

de quién va a pagar la deuda cuyos

cuánto y cómo habían sido acordados

por Guzmán dos días antes.

Hecho el acuerdo con los bonistas,

el siguiente paso del gobierno del

Frente de Todos fue empezar a definir

que la deuda se va a pagar descargando

ajustes contra las clases

trabajadoras medias y populares.

He ahí la definición, ya que nunca

aparece ni siquiera una referencia a

los más de 88 mil millones de dólares

fugados por la oligarquía durante

el gobierno de Mauricio Macri.

Como el impuesto a las grandes

fortunas no avanza y no existen

otras fuentes de ingreso para pagar

la deuda, salvo quizá unas retenciones

al agro de las que tampoco hay

ninguna señal, lo presumible es que

habrá ajuste. Con Marcelo Mindlin

y Daniel Pelegrina sentados en la

mesa, en realidad el resultado es

lógico. La orientación del gobierno

de Alberto Fernández ya se venía

insinuando desde que el presidente

electo eligió ir a Israel como

destino de su primer viaje. Luego

apareció la cercanía con los Mindlin

de Edenor y Pampa Energía y con

los Pelegrina de la Sociedad Rural.

Bien mirada la cosa y analizando

con el diario del lunes, habría sido

delirante esperar otra definición. El

deseo de un cambio en la correlación

de fuerzas mantuvo vivas las

esperanzas durante varios meses,

pero dicho cambio nunca se produjo

y estos son los resultados.

Reprimarización

El ministro de la Deuda Martín Guzmán, aquí junto a la nueva titular del Fondo Monetario

Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Con una lavada de cara, el FMI despidió a Lagarde

y puso un “rostro humano” para asegurar la no insubordinación de la Argentina frente a la

deuda monumental dejada por Macri.

La triste verdad sigue imponiéndose

con la fuerza de la realidad efectiva,

en el hecho de un país profundamente

endeudado y condicionado

por la propia deuda. Frente a esa

realidad cabría la insubordinación y

la reivindicación de lo nacional cargando

sobre la oligarquía local, per-

8 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Las enormes granjas de cerdos en China, una actividad que los orientales quieren deslocalizar progresivamente por razones sanitarias. El

advenimiento del coronavirus prendió la señal de alerta en Beijing y ahora los chinos quieren trasladar el trabajo sucio a otros países en vías

de desarrollo de América y África. A nosotros, para empezar. Es la llamada reprimarización de la economía.

sonera cipaya del imperialismo de

las corporaciones y las élites globales,

el peso de la deuda externa que

hoy nos condiciona. Pero no existe

esa tendencia, el rumbo parece ser

el opuesto. Y en consecuencia el

condicionamiento va a resultar en

la imposición de intereses foráneos

sobre los intereses nacionales. Así

es como aparece entre las definiciones

de Alberto Fernández un primer

ensayo de reprimarización de nuestra

economía para la satisfacción

de intereses ajenos y muy opuestos

a los nuestros. El 12 de agosto, el

diario Página/12 se ponía en modo

crítico y publicaba una nota del productor

y dirigente rural Pedro Peretti

dando cuenta de lo que el mismísimo

Página/12 calificó sarcásticamente

como “un negocio chino”:

la deslocalización desde China de

unas 25 mega granjas criaderos de

cerdos a nuestro país. La reprimarización

es el “negocio chino” que

solo les conviene a los chinos, o el

envío de carne porcina sin ningún

valor agregado.

La lógica indica que frente a una

situación de endeudamiento y

perspectiva de pago en el mediano

plazo un país debe obrar en el

sentido de aumentar sus ingresos

por derechos de exportación para

hacerse de dólares genuinos y,

precisamente, tener las reservas

suficientes para afrontar el cumplimiento

de los compromisos asumidos,

el famoso acuerdo de Guzmán.

Pues al sumarse esa lógica a la

del deterioro de los términos de

intercambio, por el que tienden a

depreciarse los productos primarios

frente a las manufacturas, se obtiene

como resultado una de las verdades

más absolutas de la Economía:

tener más ingresos por derechos de

exportación depende de un mayor

valor de lo que se exporta. Por lo

tanto, se trata de industrializar un

país progresivamente, de agregarles

cada vez más valor a los productos

primarios (alimentos y materias

primas) y nunca todo lo opuesto.

No es necesario ser un economista

graduado en Harvard para saber

que no es lo mismo en términos de

ingresos fiscales exportar carne de

cerdo sin procesar y exportar carne

de cerdo procesada de mil distintas

maneras, lo que se logra con una

agroindustria bastante básica cuya

tecnología ya es accesible para la

Argentina.

Pero el acuerdo que se quiere concretar

con un gigante como China

va en el sentido de reprimarizar

nuestra economía. De ahí quizá el

significado de la expresión “cierta

ruralidad” en el discurso que Alberto

Fernández iba a pronunciar

unos días más tarde. El nivel de esa

9 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


La amistad entre Vladimir Putin y Cristina Fernández de Kirchner fue inmediatamente

suscitada por la tropa militante en las redes sociales cuando el líder ruso anunció el registro

de su vacuna contra el coronavirus. Menos de 24 duraría esa alegría de la militancia: al

día siguiente Alberto Fernández anunciaría que el acuerdo no era con Putin, sino con los

ingleses de Oxford, las élites globales representadas en Bill Gates, Carlos Slim y el sionismo

internacional. Gran contradicción.

“cierta ruralidad” es lo que preocupa

en el contexto. Es sabido que

China quiere ocupar el lugar que en

siglos pasados fue de las potencias

centrales de Occidente como Inglaterra

y Estados Unidos, quiere ser el

“taller del mundo”, concentrando

toda la industria y deslocalizando la

producción primaria a otros países

periféricos. A estos, por lógica, se

les va a negar toda posibilidad de

desarrollo industrial, lo que en sí es

la vieja fórmula imperialista desde

la revolución burguesa a fines del

siglo XVIII. Esa “cierta ruralidad”

expresada por Fernández como deseable

es el lugar semicolonial del

proveedor de alimentos y materias

primas sin valor agregado y es, además

de una pésima idea para pagar

deudas, la garantía de privaciones

para las mayorías populares en un

país con alrededor de 45 millones

de habitantes. La exportación de

productos primarios es insuficiente

para alcanzar los ingresos necesarios

y pagar la deuda y también

genera puestos de trabajo insuficientes

para todos. Lo que emplea

masivamente es la industria, no el

campo. La reprimarización puede

servirles coyunturalmente a pequeños

países como Uruguay y Paraguay.

A la Argentina no le alcanza

ahora ni nunca.

Esa “cierta ruralidad” indica un

principio de reprimarización de la

economía argentina e indica, por

supuesto, un retroceso hacia la

recolonización del país por parte

de China, que ya está en vías de ser

la primera potencia mundial en su

asociación con las corporaciones

trasnacionales. China es eso hoy,

un gigante que se quiere devorar

al mundo entero y que no podrá

hacerlo sin asegurarse la alimentación

de los suyos, que son unos

1.400 millones o más. El suministro

constante de alimentos y materias

primas en abundancia es condición

ineludible de la grandeza de China.

Eso es lo que los chinos esperan

de los países del llamado “tercer

mundo” en África y América, los que

en el pasado fueron las colonias de

las potencias centrales hoy en decadencia.

La recolonización es eso, es

el reemplazo de dominantes en la

dinámica imperialista. Cambian los

dominantes, nunca cambia el perro.

Lo único que podemos cambiar los

perros es de collar, aunque nada

de eso garantiza nuestra soberanía

nacional, como solía decir Arturo

Jauretche.

Depender del poderoso

Otra señal dada por el gobierno de

Alberto Fernández y que va a ser

interpretada como una definición

política llegó en el marco de la

crisis del coronavirus. Mientras en

el plano local el gobierno trataba

de contener la epidemia mediante

restricciones a la circulación, desde

Moscú el presidente ruso Vladimir

Putin anunciaba la Sputnik V, o la

vacuna con tecnología rusa para

la inmunización en masa. Ese día,

coincidiendo con el 11 de agosto

del triunfo del Frente de Todos en

las elecciones primarias del 2019,

muchos creían haber visto la salvación.

La notoria amistad entre Cristina

Fernández de Kirchner y el líder

ruso hizo que durante 24 horas la

tropa militante hirviera en euforia:

Putin iba a compartir la tecnología

de la Sputnik V con los argentinos,

el CONICET se iba a encargar de

la producción y asunto resuelto.

Parecía lógica la alianza sur-sur con

10 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Rusia, sin la necesidad de caer en

negocios oscuros con corporaciones

como Pfizer y sus homólogos.

Pero la euforia iba a durar muy

poco. Al día siguiente, también

coincidiendo con una fecha histórica

para los argentinos —la Reconquista

de Buenos Aires tras la primera

invasión británica en 1806—,

el presidente Alberto Fernández iba

a anunciar un acuerdo para obtener

la transferencia de tecnología de la

vacuna, pero no con Rusia. Fernández

anunciaría un acuerdo de

“cooperación” con la Universidad

de Oxford y la corporación trasnacional

AstraZeneca. Oxford, Cambridge

y Londres, todo en Inglaterra.

En el día del 214º. aniversario de

la Reconquista de Buenos Aires

se anunciaba una nueva invasión

inglesa.

La situación es mínimamente

incómoda si se tiene en cuenta la

simbología inoportuna, sin lugar a

dudas. Pero es un verdadero espanto

si se rasca, aunque sea solo un

poco, para ver quién está detrás de

las fachadas impolutas de la Universidad

de Oxford y de AstraZeneca.

Aquí, poniendo el dinero y moviendo

los hilos fácticamente, están

nadie menos que Bill Gates y Carlos

Slim, justo dos enormes representantes

de las élites globales. Y eso,

en un claro contexto de recolonización,

es mucho decir. En tan solo

24 horas se ignoró la opción rusa ya

totalmente operativa y la Argentina

se inclinó por otra opción, la de un

consorcio entre una universidad inglesa,

una corporación con sede en

Inglaterra y dos “filántropos” superricos,

uno de ellos sospechado de

haber participado de alguna forma

en la manipulación de virus. Nada

de eso pudo caer bien entre algún

sector más crítico de la militancia,

aunque desde luego los adeptos al

seguidismo se esforzaron en toda

suerte de prestidigitación discursiva

para justificar lo injustificable.

La tendencia al acuerdo con Moscú

parecía evidente y también evidente

parecía el rechazo ideológico a todo

lo que Inglaterra y las élites globales

representan para la Argentina

semicolonial.

Pero aquí tampoco puede haber

mucha sorpresa si se mira toda la

situación con el diario del lunes. El

gobierno de Alberto Fernández ya

había demostrado estar muy bien

alineado con las corporaciones

trasnacionales en el asunto del

coronavirus al no cuestionar, sino

acatar totalmente, todas y cada una

de las contradicciones de la Organización

Mundial de la Salud (OMS).

Pese a que este instrumento del

globalismo ha tenido un comportamiento

errático desde que estalló

la pandemia y hasta fue expulsado

de países como los Estados Unidos,

Alberto Fernández nunca puso

límites en la relación con la OMS e

hizo que la Argentina siguiera al pie

de la letra las “recomendaciones”

del organismo, que en la práctica

funcionaron como decretos. En

ninguna parte el manual de la OMS

fue tan aplicado como en la Argentina,

aunque semana tras semana

iban apareciendo contradicciones

a gritos. La OMS está duramente

cuestionada en prácticamente todo

el mundo y hasta vio la luz el oscuro

pasado de su titular, el etíope Tedros

Adhanom Ghebreyesus, quien

participó o sigue participando bien

encumbrado en la mesa chica del

Frente de Liberación de Tigray, una

organización terrorista y separatista,

trabajó directamente luego para

la Fundación Bill y Melinda Gates

e incluso está acusado de participación

en un genocidio contra su

Las conexiones extrañas del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus son

un fuerte indicio de que en la crisis del coronavirus se operan poderosos intereses. Bill Gates,

Xi Jinping y el propio Adhanom suelen mostrarse públicamente juntos y no ocultan sus

relaciones. Adhanom, además, tiene un pasado oscuro que conviene investigar.

11 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


El infectólogo Pedro Cahn, adorado por un sector de la militancia kirchnerista que ignora

tanto los negocios oscuros de Cahn con las corporaciones tanto su carácter de personero

local de los designios de la OMS. Los medios no informan y la verdad no aparece, por lo que

la absurda situación se sostiene.

propio pueblo mientras fue ministro

de Salud de Etiopía. Aun con todo

ese prontuario a la vista, nuestro

ministro de Salud Ginés González

García no cambia de idea y sigue

“casado” con muchachos también

muy oscuros como Pedro Cahn y

otros apoderados locales de Tedros

Adhanom, representantes de los

intereses de la OMS en la Argentina.

¿Por qué esa adhesión ciega del

gobierno del Frente de Todos a la

OMS y cómo pudo haber llegado

un personaje nefasto como Tedros

Adhanom a ser director general

del organismo? La respuesta a

ambas preguntas puede estar en

el mismo lugar. Además del fuerte

vínculo laboral con Bill Gates, se ha

revelado una relación muy cercana

entre Tedros Adhanom y el Partido

Comunista de China (Adhanom es

marxista leninista formado, precisamente,

en el Frente de Liberación de

Tigray). Ahí tenemos relacionados

en la persona del director general

de la OMS el país donde se originó

el coronavirus (China) y el gran

“filántropo” que invierte millones

de dólares en la creación de la

vacuna en el proyecto de Oxford/

AstraZeneca (Bill Gates). Son demasiadas

coincidencias para tratarse

de una casualidad. Quizá sea solo

eso y Tedros Adhanom Ghebreyesus

haya llegado a ser director general

de la OMS únicamente por méritos

propios, siendo etíope. O puede ser

todo lo contrario y lo hayan puesto

allí en el año 2017 para hacer

exactamente lo que está haciendo,

que es todo lo posible para que la

pandemia del coronavirus no llegue

jamás al fin. De hecho, Tedros Adhanom

tuvo la sangre fría para declarar

públicamente el pasado 1º.

de agosto que la pandemia durará

un “largo tiempo” y que probablemente

nunca exista vacuna ni cura.

Una clara expresión de deseo.

China, Bill Gates, imperialismo y

élites globales. No existe aún el relato

completo de esta nueva hegemonía,

pero ya están bien evidentes

los lineamientos generales de esto

que se dio en llamar un novísimo

orden mundial. Parecería tratarse

de un orden multipolar, quizá un

tanto más justo que la hegemonía

unipolar que los Estados Unidos

impusieron a principios de los años

1990 al derrumbarse el campo socialista

en el Este, pero no cierra la

presencia allí de las élites globales.

Lo extraño de la situación es observar

el panorama y ver a los jerarcas

del Partido Comunista de China, el

Partido Demócrata de los Estados

Unidos, la OMS, el sionismo internacional,

hombres como Bill Gates,

George Soros y Carlos Slim, todos

sentados en la misma mesa. No da

ninguna impresión de justicia de

cara al futuro, sino de un nuevo tipo

de colonialismo cuyo objetivo es la

recolonización de países como el

nuestro, que ya estaban en plena

lucha por su segunda y definitiva

independencia. Es innegable que

aquí puede haber un intento por

cambiar de collar sin dejar de ser

perros y parece que hacia allí vamos

de la mano de Alberto Fernández.

Urge cambiar el rumbo, presionar al

gobierno para que vuelva a colocarse

en el camino de la lucha por la

soberanía política, la independencia

económica y la justicia social

en una comunidad organizada de

una Argentina libre. Podremos ser

peronistas sin lograrlo, se seguirá

luchando. Lo cierto es que no

seremos peronistas si optamos por

agachar la cabeza y aceptar una

nueva dominación, aunque esta sea

de colores y con aspectos formales

“progresistas”. El único progreso

aceptable es el propio y el inherente

a uno mismo. Se es libre sin que lo

demás no importe nada o veremos

la bandera de la patria flamear

sobre ruinas.

12 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


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13 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


IDENTIDAD PERONISTA

Deuda

MARCO A.

LEIVA

El mes de agosto en la Argentina

comenzó de manera atípica:

las temperaturas demasiado

elevadas para el pleno invierno

caldeaban los ánimos de propios

y ajenos e invitaban al insomnio.

Fue por eso que en la madrugada

del martes 4 de agosto la noticia

del cierre de un principio de acuerdo

entre el gobierno argentino y los

tenedores de bonos de deuda privados

se conoció prácticamente en

tiempo real. A la mañana siguiente,

la foto de un Martín Guzmán ojeroso

negociando hasta horas de la madrugada

desde su despacho ocuparía

las primeras planas de todas las

ediciones matutinas de los diarios

de tirada nacional.

Quedaba sellada así la primera

etapa del gobierno de Alberto

Fernández, quien desde el comienzo

de su mandato delegó en su ministro

de Economía la difícil tarea

de negociar con los acreedores del

país con el propósito de reestructurar

una deuda que incluso varios de

los propios acreedores reconocían

14 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


como insustentable. Por fin, el ya no

tan recién estrenado gobierno del

Frente de Todos obtenía la primera

victoria económica que mostrar,

luego de ocho meses de definiciones

vagas, prioridades acaparadas

por la pandemia y gestos políticos

de moderación y conciliación excesiva,

aún a costas del malestar del

ala peronista de su base de apoyo.

El acuerdo parecía ser exitoso:

significaba para el Estado argentino

un alivio por cuatro años, durante

los que el monto a pagar se reduciría

a unos aceptables cuatro mil

quinientos millones en moneda

extranjera. Además, entre 2020 y

2030 el acuerdo suponía un ahorro

de 37.000 millones de dólares que

el Estado argentino hubiera tenido

que desembolsar en ese lapso y

que, como consecuencia de la quita

de capital e intereses de la deuda,

los argentinos se verían exentos de

tener que pagar.

Ahora bien, quiénes serían efectivamente

los argentinos cuyo deber

sería el de hacer el esfuerzo de

financiar esos pagos, el gobierno

nacional nunca lo puso de manifiesto.

Hasta el día de la fecha permanece

en el más absoluto misterio la

resolución de esa incógnita. Pero,

¿a quién le toca pagar la deuda?

¿Corresponde que el Estado nacional

vuelque el esfuerzo fiscal hacia

el sector productivo o hacia el sector

que emplea a menor cantidad

de argentinos, pero no obstante

resulta siendo el más competitivo

a nivel internacional, por lo que

estaría más habilitado para obtener

y aportar ese bien tan escaso y

necesario en la coyuntura, que son

los dólares? Para responder esa

pregunta lo primero que debemos

considerar es el origen y la historia

de esta deuda que pende sobre el

futuro de los argentinos como una

espada de Damocles.

Breve historia de la

deuda, 2001-2020

Tras el estallido social que puso fin

al gobierno de la Alianza encabezada

por Fernando de la Rúa, el efímero

presidente Adolfo Rodríguez Saá

declaró la cesación de pagos de

la deuda externa argentina dando

lugar al mayor default hasta entonces

conocido: Argentina arrastraba

por entonces un endeudamiento por

144.279 millones de dólares, que

representaban el 53,8% del PBI,

97% contraído en moneda extranjera,

70% con acreedores privados y

22% con organismos internacionales.

Así, el Estado argentino iniciaba

una etapa en la que no haría frente

a sus pasivos por varios años. La

deuda había sido mayoritariamente

contraída entre la dictadura genocida

de 1976 y el malogrado gobierno

saliente.

La Argentina debería esperar hasta

mediados del mandato del presidente

peronista Néstor Kirchner

para, en 2005, salir de la cesación

de pagos tras haber firmado recién

estrenado su gobierno un acuerdo

stand by con el inefable Fondo Monetario

Internacional (FMI). El país,

bajo la premisa de que “los muertos

no pagan” logró un crecimiento

económico sostenido que le permitió

desembolsar en 2004 81.800

millones de dólares, 76% adeudado

a acreedores privados, con la excepción

de los fondos buitres de Wall

Street, y con quitas de entre 45%

y 75% entre capital e intereses.

Se iniciaba así el ciclo virtuoso del

kirchnerismo, caracterizado por un

El presidente Néstor Kirchner, artífice del desendeudamiento de la Argentina a partir del año

2003. Kirchner había prometido no pagar ninguna deuda con el hambre del pueblo y cumplió:

durante su mandato el país se desendeudó, pero además hubo crecimiento económico

con justicia social.

15 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


En los últimos días de su vida, el ya fallecido juez buitre de Nueva York Thomas Griesa se convirtió en un verdugo para la Argentina al favorecer

a los llamados “holdouts” que no habían adherido a los canjes anteriores para especular con los bonos argentinos.

crecimiento sostenido que tuvo su

correlato en un endeudamiento que

decrecía de manera inversamente

proporcional al crecimiento de la

economía. Además, con la ventaja

de estar representado mayoritariamente

por títulos en moneda nacional.

Así, el gobierno de Kirchner canceló

en 2006 la totalidad la deuda

con el FMI por 9.500 millones de

dólares y en 2010 el gobierno de

Cristina Fernández de Kirchner reestructuró

su deuda con más del 90%

de los acreedores privados, una vez

más sin la adhesión al canje por

parte de los fondos buitres de Wall

Street. La deuda externa argentina

descendía entonces a 164.433 millones

de dólares (que representaban

un 45,8 % del PBI, de los que el

59% se había contraído en moneda

extranjera, el 38% con acreedores

privados y el 11% con organismos

multilaterales de crédito).

Allí por 2012 habría de ponerse

de manifiesto un problema que las

anteriores reestructuraciones no habían

logrado sortear: el de los “holdouts”,

nombre elegante y foráneo

de los fondos buitres que se benefician

de hipotecar el futuro de los

pueblos a través de la especulación

con bonos de deudas soberanas. El

tribunal de Nueva York encabezado

por el tristemente célebre Thomas

Griesa fallaba un reembolso de

4.650 millones de dólares a favor

de los fondos buitres, interviniendo

así un tribunal local y extranjero en

cuestiones internas al manejo de

la economía argentina. “Es sentarse

en el tribunal de Griesa y lo

que Griesa diga, hay que pagarlo”,

manifestaba el por entonces jefe de

Gobierno de la Ciudad Autónoma de

Buenos Aires Mauricio Macri quien,

ya como presidente, pagaría al contado

una suma superior incluso a la

exigida por los fondos buitres.

De esta manera, el flamante presidente

heredaba un país con bajos

niveles de endeudamiento, del

orden del 52% del PBI, e iniciaría

una orgía de reendeudamiento que

en 2018 colocó a la Argentina a la

cabeza de un triste ránking, como el

país que más deuda tomó en todo

el mundo, sin que los argentinos

entendieran bien adónde se estaba

volcando ese dinero. La frutilla del

postre fue un nuevo acuerdo con el

FMI por 57.000 millones de dólares,

de los que el organismo llegaría a

desembolsar 44.000 millones antes

de que, a fines de 2019 el gobierno

entrante rechazara los últimos

desembolsos.

El gobierno oligárquico de Mauricio

Macri, que llegó a emitir bonos

de deuda a pagarse en cien años,

dejó a la Argentina endeudada por

un valor equivalente al 89% de su

PBI, con el arrastre de dos años de

recesión y una contracción de sus ri-

16 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


quezas en 2,2 puntos porcentuales

en 2019. El 33% de los argentinos

eran pobres al finalizar el gobierno

de Macri y la crisis agravada por

la pandemia de coronavirus llevó

esa cifra a un escandaloso 55%.

La inflación interanual es superior

al 50% y la deuda externa total

asciende a 323.065 millones de

dólares.

Que la paguen los oligarcas

De manera tal que la deuda que ese

caluroso 4 de agosto el ministro de

Economía Martín Guzmán negociaba

cómo pagar había sido en su virtual

totalidad contraída en el transcurso

de un periodo de gobierno por

parte de una oligarquía gobernante

que se dedicó sistemáticamente a

instrumentar mecanismos propicios

a la fuga de los capitales del Estado

argentino. La deuda se acrecentó,

pero también se fugó a través de la

especulación financiera y la manipulación

de los tipos de cambio y

las tasas de interés bancarias. La

deuda, finalmente, no se invirtió en

infraestructura o en actividades productivas,

sino que fue apropiada a

través de la bicicleta financiera por

la misma oligarquía que triunfó con

escaso margen en las elecciones de

noviembre de 2015.

Entonces vale plantearse una vez

más la pregunta: ¿y a quién corresponde

pagar esa deuda? ¿Al pueblo

argentino que trabaja y produce o a

la pata financiera de la oligarquía

que se la adueñó cuando fue gobierno

y se la llevó fuera del país?

Independientemente de lo obvio de

la respuesta, es necesario recordar

que la oligarquía en su fase productiva

agraria constituye el sector

económico que más capacidad de

generar divisas tiene dentro del

esquema productivo de la Argentina.

Más allá de si se hubiera o no

apropiado de los fondos invertidos

en el país, lo innegable es que la

base de las exportaciones argentinas

está conformada por los commodities

del agro. Esto coloca al

sector primario en la obligación de

poner los dólares allí donde estos

escasean. Un régimen de derechos

a la exportación que gravara a la

oligarquía de la pampa húmeda

resultaría de urgente necesidad en

el contexto del pago de una deuda

que fue dolarizada por el gobierno

oligárquico.

Otros instrumentos, como una

reforma tributaria y de la Ley de

Alquileres aplicada en la zona fértil

del complejo sojero contribuirían

también a la recaudación de los

recursos necesarios para que el

Estado se financiara y pudiera hacer

frente a las obligaciones que se ha

impuesto, sin que ello signifique

hacer sufrir carencias a un pueblo

que viene siendo particularmente

maltratado desde que la propia

oligarquía se hizo con las riendas de

los destinos del país.

El proyecto de impuesto a las

grandes fortunas, que fue largamente

promocionado por círculos

legislativos cercanos al gobierno,

así como por los medios de comunicación

afines a este aún duerme el

sueño de los justos, aunque hubiera

significado un alivio para las arcas

del Estado no solo en relación con

la crisis sanitaria desatada a consecuencia

del aislamiento social que

impuso la pandemia, sino también

a largo plazo, con el fin de contribuir

al pago de las obligaciones contraídas

durante el gobierno de Mauricio

Macri que engrosó especialmente

las fortunas de muchos de los nombres

que figuraban en la lista de los

empresarios cuyos capitales personales

hubieran sido alcanzados por

la medida.

Sin embargo, las señales que

El famoso plantón de Donald Trump a Mauricio Macri. Mientras fue jefe de Gobierno de la

Ciudad de Buenos Aires, Macri fue un gran militante de Thomas Griesa en la Argentina. Luego,

ya como presidente, fue quien endeudó salvajemente al país, dejando a los argentinos

condicionados por el peso de una deuda impagable.

17 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Guillermo Moreno es una de las pocas voces en el peronismo que sostiene la necesidad de

pagar la deuda, pero además señala quien debe hacer el esfuerzo de pago: la oligarquía que

fugó al extranjero el dinero de los empréstitos realizados por Macri.

el gobierno emite son aún contradictorias.

Alguna declaración

suelta del ministro de Agricultura

Luis Basterra a fines de junio deja

entrever que el Frente de Todos

no tiene pensado volver a intentar

modificar el régimen de retenciones

a la exportación. Días después de

esa afirmación, el presidente de la

Nación celebra el Día de la Independencia

junto al presidente de la

Sociedad Rural Argentina. Apenas

semanas antes había conversado

en tono amistoso con uno de los

principales beneficiados por el

desgobierno de la oligarquía: el

magnate de la energía Mindlin, a

quien el presidente llama en tono

de camaradería Marcelo, es dueño

de Pampa energía y Edenor, ambas

responsables de aumentos en las

tarifas por 4000% en los años de la

orgía oligárquica.

Otros magnates, como Marcos

Galperín, dueño y responsable del

gigante de las ventas online Mercado

Libre y de la financiera virtual

Mercado Pago ha sido uno de los

principales beneficiados por la pandemia

de coronavirus. Con millones

de asalariados confinados en sus

hogares, la pandemia ha sido un

negocio pingüe, pues las ventas por

internet se dispararon exponencialmente,

lo que permitió a Galperín

invertir en sendos negocios en

Brasil y México. Mientras tanto, las

empresas del grupo sostienen un

conflicto sin cuartel contra el sindicato

de los camioneros, debido a

su reticencia a afiliar a los transportistas

a ese gremio para no hacer

frente a los “costos laborales” del

convenio colectivo del sindicato que

lideran los Moyano.

Sería justo entonces que quienes

más beneficiados salieron del

endeudamiento, la devaluación de

la moneda nacional y la pandemia

sean quienes más contribuyan al

pago de una deuda que el pueblo ni

pidió ni aprovechó, pues mientras

la timba y el saqueo eran moneda

corriente en las entidades financieras,

los argentinos veían destruirse

la matriz productiva de la patria,

con la implementación de un modelo

que osciló entre la especulación

financiera y la reprimarización de

la economía. Es verdad que para

pagar hay que crecer. Pero también

es verdad que es de toda lógica

que quienes construyen la patria,

los hombres que trabajan ya sea de

obreros, de empleados o de empresarios

nacionales, comerciantes o

industriales no deban cargar sobre

sus espaldas el peso de una deuda

que no solo no contrajeron, sino

que además empujó al país a un

ciclo de recesión del que será muy

difícil sobreponerse. Es tiempo de

que hagan el sacrificio aquellos que

diseñaron y aprovecharon la rueda

del endeudamiento para la fuga y el

saqueo. Quienes mataron a tarifazos

a las empresas, les negaron

el crédito o les cobraron tasas de

usura, aprovecharon la apertura de

la economía para competir con la

incipiente industria nacional, quienes

aprovecharon la peor coyuntura

sanitaria de que se tenga registro

para hacer negocios. Esos tienen

que pagar. El ministro Guzmán ha

hecho una gran jugada. Sabemos

cuándo debe el Estado argentino

pagar la deuda y a cuánto asciende

esta. El acuerdo está cocinado,

falta ver quién paga la cuenta. Y

como siempre, la decisión está en el

tejado de quien tiene la lapicera. Es

la política, señores.

18 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


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HISTORIA + GEOGRAFÍA = GEOPOLÍTICA

La integración de América

en el pensamiento de Perón

Para mí este ha sido uno de

los temas esenciales, si no el

esencial de mi vida intelectual

y personal. Y tengo un vínculo

personal con un discurso de

Perón del año 1953 que definió

todas mis perspectivas político-intelectuales.

Por eso para mí el tema

de la integración no es una mera

reflexión académica, sino que involucra

mi percepción y mi comprensión

de mi propio país. En el fondo

uno es hijo de sus primeros amores.

Los primeros amores no se dejan

nunca y, en la vida política, ocurre lo

mismo. Mis primeros amores fueron

dos: el Dr. Luis Alberto Herrera en

Uruguay y el coronel Juan Domingo

Perón en la Argentina, allí por el

año 1945, cuando me empezaba a

asomar a la vida pública. Y fue allí

donde comencé el aprendizaje de

la historia rioplatense, más que del

Uruguay solo o de la Argentina sola.

En octubre de 1995, en el cincuenta

aniversario, tuve el honor que se

me invitara a dar una conferencia

sobre ese discurso de noviembre de

1953 en el que Perón definía a las

ideas fundamentales de su política

exterior y de su comprensión de la

Argentina y Brasil en relación a su

importancia en América Latina.

20 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Esa conferencia se hizo desde un

Perón con una enorme angustia,

una conferencia atravesada por una

sensación de fracaso en una tarea

esencial que él se había propuesto

y que era la unidad argentino-brasileña

como condición de la dinámica

unificadora de América del Sur.

Esta ha sido para mí la originalidad

fundamental de Perón, al punto que

he escrito sobre este aspecto: con

Perón se ha iniciado la política latinoamericana.

Es decir, es el primer

creador de lo que se podría llamar

una política latinoamericana.

Pocas veces hubo una política

latinoamericana y América Latina

está dividida en dos ámbitos: 1º.

El extremo norte que es México, el

Caribe y Centro América. Allí está

México, la potencia hispanoamericana

más importante con una

población actual de casi cien millones

de habitantes. Y era ya lo más

importante desde los comienzos

de la conquista y en la génesis de

América Latina; 2º. El núcleo básico

de América Latina es la isla sudamericana,

el enorme bloque de la

isla sudamericana. Esta isla es lo

más importante de América Latina y

México, en consecuencia, está relativamente

excéntrico de la zona de

decisión. Esta unidad se juega en

América del Sur, no en el conjunto.

Sólo en América del Sur, donde hay

dos componentes básicos: el luso

americano y el hispanoamericano.

Cuando hablo de América Latina

estoy integrando el luso americano

o brasileño y el hispanoamericano,

que son los dos constituyentes principales

de la región.

Hubo intentos de política hispanoamericana.

San Martín y Bolívar, por

ejemplo, no hicieron política latinoamericana

por las circunstancias

históricas, ya que no incluían en sus

perspectivas unificadoras a Brasil.

El único antecedente de política

latinoamericana en América del Sur

fue el lapso de la monarquía de los

Habsburgo de 1580 a 1640. Hubo

sesenta años de un solo rey para

toda la América Latina o hispano-lusitana.

Felipe II de España fue Felipe

I de Portugal. Hubo tres Felipe

que gobernaron en las coronas de

Portugal y de Castilla y en las Indias

Occidentales en su conjunto. Fue un

momento fugaz de sesenta años en

el que existió una política latinoamericana

de la monarquía unificadora

de todo el conjunto. Hubo un

momento en que todos estuvimos

envueltos en una política común.

El eje del imperio español en América

del Sur era el mundo peruano,

que iba por el Océano Pacífico y se

orientaba a través de Panamá al

Caribe y el Atlántico Norte, mientras

que Brasil nace ocupando casi todo

el litoral Atlántico, en el Atlántico

Sur. Buenos Aires era la única puerta

Atlántica española que se fundó

en 1580, el mismo año de la unidad

castellano-lusitana. Buenos Aires

nació con una altísima proporción

de portugueses, era una ciudad casi

portuguesa porque el Atlántico estaba

dominado por el asentamiento

litoral de los portugueses.

La línea divisoria de Tordesillas fue

una línea astronómica, abstracta

anterior a saber qué diablos realmente

iba a dividir. Existió antes la

frontera ideal que el mundo real.

Esa línea abstracta no pasaba por

las bocas del Amazonas y llegaba

un poco más abajo de Santos y es

donde se instala Portugal. Pero

para defender las bocas del Amazonas

de los franceses, de los holandeses

y los demás, la monarquía

unificada le dio la jurisdicción al

Portugal. Era imposible ir a defender

toda la Amazonia que pertenecía

a Castilla desde Quito, desde

Lima o desde Potosí, ni siquiera

desde Asunción o Buenos Aires. Era

infinitamente más accesible hacerlo

desde los puertos portugueses

y es así que naturalmente sobre

los espacios vacíos del interior se

generó la expansión de los puertos

atlánticos portugueses y con esto

el proceso de expansión inicial de

Brasil, con el consentimiento de la

monarquía unificada que actuó simplemente

con sentido común. No

tuvo nada de genial ni de perverso,

Estatua conmemorativa de la entrevista de San Martín y Bolívar, los primeros que pensaron

una política hispanoamericana de manera autónoma e independiente.

21 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Retrato de Felipe II, el primer monarca de la unidad en lo que se dio en llamar América Latina,

el sector hispanoamericano unido a Brasil al unificarse las coronas de España y Portugal,

las respectivas metrópolis de todo el vasto territorio colonial.

fue una expansión que geopolíticamente

era inevitable y necesaria. La

flota española, por ejemplo, recuperó

el territorio de Bahía y Lope de

Vega escribió una de sus célebres

obras, El Brasil restituido. Todo el

imperio festejó la recuperación de

Bahía porque era toda parte de una

gran unidad. Esa unidad se rompe

desde 1640 y comienza una era

conflictiva, donde de alguna forma

España y Portugal son secundarias y

se ajustan este a la política inglesa

y aquella al pacto de familia borbónico

francés. Pasan a ser potencias

en distintas formas y grados ya

secundarios. Pero hubo antes una

alianza peninsular que es la gestora

de la América Latina inicial y que

culmina en esa unidad de la monarquía

que tanto hemos olvidado.

La segunda instancia en que se

empieza a recuperar esa política de

unidad es en el siglo XX con Perón.

De alguna forma se retoma la vieja

alianza peninsular de los Trastámara

y los Habsburgo entre Castilla

y Portugal y se intenta recrear en

una alianza continental sudamericana

desde la Argentina y Brasil.

Es el recomienzo verdadero de una

política latinoamericana. En el

intermedio hubo hostilidad, indiferencia,

acercamientos, no más. Y

hubo idealidades latinoamericanas,

nostalgias, recuperaciones históricas

culturales, pero no políticas.

Políticas reales que discernieron lo

principal de lo secundario y que señalaran

cual era el camino efectivo

de una unidad de América Latina no

existió hasta los planteos de Perón

a la altura del año 1951, que es

cuando él las hace en forma pública

y oficial. Habría que interrogarse

cómo y por qué llega Perón a esta

situación. Porque no era un intelectual,

era un político intelectual.

Los políticos de épocas difíciles

son siempre políticos intelectuales

como Lenin, Napoleón, Haya de la

Torre. Tienen que ser intelectuales

y políticos para poder inventar

grandes novedades. Los políticos

del statu quo conformados por lo

habitual no tienen necesidades de

invención intelectual.

Veamos la historia argentina desde

su organización institucional con la

Constitución de 1853. Al iniciarse

la última mitad del siglo pasado

(nota del editor: el siglo XIX), nace

la primera Argentina liberal agroexportadora

y de recepción inmigratoria.

Es la Argentina del gran

impacto inmigratorio que coincide

con la revolución del ferrocarril en

tierra y la revolución de los barcos a

vapor en el mar, que permitieron por

primera vez que países transoceánicos

pudieran enviar en gran escala

alimentos a los centros industriales

metropolitanos europeos, en especial

Inglaterra.

Jamás había existido un comercio

de alimentación en masa, sino que

durante milenios hubo fundamentalmente

un comercio de grandes

distancias sólo suntuario. Transportaba

poco y sólo podía hacerlo con

pequeñas cantidades muy valoradas.

Solamente la revolución de

las comunicaciones que implica el

barco a vapor permite el nacimiento

de los grandes exportadores de

cereales y de carne oceánicos. Es

el enriquecimiento agro-exportador

de Canadá, de los Estados Unidos,

de Australia, de Nueva Zelandia,

de Argentina y Uruguay. Es un gran

ciclo que va a terminar a poco de

22 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


la II Guerra Mundial y luego vienen

cuarenta años de precios deprimidos

a las materias primas, salvo el

petróleo. Desde hace unos tres o

cuatro años comienza a notarse un

repunte general de los precios de

las materias primas de alimentación

con la irrupción de los grandes

mercados asiáticos.

Muchos aseguran que vendrá otra

onda de expansión de las explotaciones

de alimentos. Canadá,

exportador rural de maderas y

trigo, aplicaba en los años 1920 un

gravamen de 25% a las importaciones

para estimular las industrias

internas, mientras que la Argentina

agro-exportadora no hizo ninguna

política industrial y ponía un gravamen

del 6%. No habrá preocupación

de amparo a su desarrollo industrial.

Solamente la crisis del año

1929/1930 va a obligar al mundo

liberal agro-exportador argentino a

cambiar abruptamente sus perspectivas.

También comienza a detenerse

la fase de las emigraciones a la

Argentina, hecho muy importante,

ya que su mercado interno no será

ampliado por un flujo poblacional

creciente.

Es allí donde los pensadores

liberales, los economistas liberales

empiezan a ser, a pesar suyo,

proteccionistas. No tienen más

remedio porque no pueden colocar

los cuatro o cinco productos que la

Argentina exportaba. Bajan las exportaciones,

no hay divisas y eso estimula

la generación de la industria

de sustitución de importaciones.

La Argentina tuvo la originalidad de

haber inventado en la historia un

socialismo librecambista. Así acaeció

que Pinedo, ante la parálisis de

las exportaciones a los mercados

tradicionales tanto de Inglaterra y

Europa como de Estados Unidos,

pensó hacer una unión aduanera

con los otros países de América

Latina y así lo formuló en una conferencia

durante el año 1931.

La necesidad inicial de un desarrollo

industrial al amparo del mercado

ampliado de una unión aduanera

que comprendiera los países vecinos

de América Latina era todavía

una visión de emergencia y economicista.

Este pensamiento lo

va a retomar en otra forma en el

Plan Pinedo de los años cuarenta,

con la II Guerra Mundial, cuando

las dificultades de importar de los

centros en conflictos obligan a una

mayor expansión industrial. En esas

circunstancias va a nacer el peronismo.

Una serie de autores argentinos

competentes y contemporáneos

como Juan José Llach sostienen que

el rasgo de la irrupción del peronismo

fue un llevar a sus límites un

modelo de sustitución de importaciones,

sacrificando las exportaciones.

Un “mercado internismo”. Ese

reproche que se ha ido gestando

La Guerra Civil, punto de partida de la grandeza de los Estados Unidos hacia la hegemonía en el siglo XX. Aquí, con el triunfo del norte fabril y

la derrota de la oligarquía terrateniente sureña, los Estados Unidos definieron su proyecto industrial y sellaron su destino de potencia.

23 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Juan Domingo Perón y Getulio Vargas, el nacionalismo popular de la unidad argentino-brasilera que en su momento no pudo consolidarse

como Perón y Vargas hubieran deseado. Habría que esperar varias décadas hasta el nacimiento del Mercosur.

en los últimos años de modo sorprendente

no toma en cuenta, en

absoluto, la política exterior de

Perón relacionada con este punto.

El desarrollo interno y el boicot

de los Estados Unidos subsidiando

producciones de exportación

agropecuaria competitivas con la

Argentina para abatirle los precios

hizo que fuera necesaria, ante la

disminución del precio de las exportaciones

argentinas, una expansión

del mercado interno para sostener

el desarrollo industrial. Esto está

ligado a la política de justicia social

y redistribución de ingresos internos

que el peronismo emprendió.

La verdad es que la Argentina en

el año 1946 era un pequeño país

de dieciséis millones de habitantes

con un último impacto inmigratorio

de italianos posterior a la guerra. La

ampliación del mercado interno no

fue alimentada aquí con una masiva

inmigración incesante como en el

proceso industrial norteamericano.

Uno de los rasgos del desarrollo

norteamericano no solamente fue

el proteccionismo industrial —que

nace desde los padres de la patria,

con Hamilton—, sino que además

de eso fue realimentado necesariamente

por un flujo de millones de

inmigrantes en una escala sin igual

en la historia mundial durante todo

el siglo XIX, hizo una ampliación

incesante del mercado interno,

en su marcha hacia el oeste, permitiéndole

generar industrias de

escala. Al comienzo esas industrias

fueron también financiadas por

las exportaciones agropecuarias.

En los Estados Unidos uno de los

conflictos entre el norte y el sur no

fue solo el de la esclavitud, sino,

fundamentalmente, el de las tarifas

proteccionistas. El sur era librecambista

porque quería mandarles

el algodón a las fábricas inglesas y

comprarle a Inglaterra. En cambio,

los fabricantes del norte querían

la protección. La gran batalla del

norte y del sur fue entre los agro-exportadores

del sur contra los proteccionistas

industriales del norte.

Un aspecto generalmente ocultado,

pero que está en la esencia de esa

lucha, de la que los negros no se

beneficiaron demasiado. Recién en

los años 1960 se produjo una gran

reivindicación de la igualdad de los

derechos de las minorías negras en

los Estados Unidos, simbolizada por

Martin Luther King.

Perón en el año 1947 ya intenta los

acuerdos de la unión aduanera con

el presidente de Chile, González Videla.

Perón nunca creyó en un “mercado

internismo” puro: era consciente

de que había que estimular

a aquellas industrias que pudieran

ser económicas. Pensaba la protec-

24 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


ción a la industria con: 1º. Salarios

altos y gran número de empleados;

2º. El uso de la materia prima nacional.

El despliegue industrial argentino

estaba condenado a toparse con

límites muy estrechos, porque no

surge ninguna potencia industrial

sobre una sustitución de importaciones

apoyándose en un mercado

de 16 o 20 millones de habitantes.

Tempranamente en la política de

Perón se plantea el dilema de la

imposibilidad de un “mercado internismo”

puro. Él tenía una expresión

que repitió continuamente: “No

somos una economía completa. No

disponemos de toda la gama de

recursos posibles para fundar una

sustitución de importaciones total”.

Perón nunca creyó en el “mercado

internismo”. Esto fue el resultado

de su fracaso en la política exterior.

Sabía que era indispensable generar

una ampliación de mercado que

permita ser competitivos. Por esto

nace el planteo de la unión Nuevo

ABC en el año 1951.

Perón plantea el Nuevo ABC del

año 1951 en forma pública el 22

de septiembre de ese año, fecha

del aniversario de la Independencia

del Brasil en la que ofrece un gran

banquete en honor al embajador

Lusardo, que era su amigo y enviado

especial del presidente Getulio Vargas.

Nada influyó más en Perón que

su percepción de la experiencia varguista

de los años 1930. Generalmente

piensan muchos en ejemplos

transoceánicos, yo creo que Perón

tuvo un modelo en Vargas, quien

produjo una irrupción de un nacional

popularismo industrializador en

Brasil. Incluso funda el Ministerio

de Trabajo. Vienen asesores brasileños

pedidos especialmente por

Perón a Vargas. Así como luego la

política de planificación y de metas

que inicia Perón va a repercutir en el

Vargas de la presidencia de 1951.

Hay una interacción mutua primero

de Vargas sobre Perón, luego de

Perón sobre Vargas y es allí, en el

aniversario del Grito de Ipiranga,

que Perón propone y así lo registra

la prensa: la unión argentino-brasileña.

Realmente un salto audaz, impresionante,

porque la conciencia

histórica de la Argentina y la conciencia

histórica del Brasil no tenían

aún ninguna preparación. Estaban

predispuestas para lo contrario. Esa

fue una de las enormes dificultades

que tuvo Perón. El mismo peronismo

no comprendió bien en su época

esta dimensión de Perón. Pensó

que era como una cosa lateral,

cuando en realidad estaba jugándose

el destino de la industrialización

argentina, de la posibilidad de no

quedar atrapado y sin salida. El

fracaso del Nuevo ABC va a llevar a

la Argentina a cuarenta años en una

noria incesante que se va a romper

con el derrumbe de la Argentina en

los años 1980. Martínez de Hoz,

viendo que todo el aparato industrial

argentino en su conjunto no

era competitivo, suponía revertir tal

situación bajando los aranceles y

poniéndolo a la intemperie de una

competición con industrias mucho

más elaboradas. Sólo podía pasar

el arrasamiento de la industria

Getulio Vargas, al asumir como presidente de Brasil por primera vez en 1930. Mientras la

Argentina ingresaba en su Década Infame (1930-1943), Brasil se encontraba con su especie

de peronismo o nacionalismo popular.

25 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Los presidentes José Sarney y Raúl Alfonsín en Itaipú, durante las reuniones de la firma del

Acta de Foz de Iguazú en las que se sentaron las bases del Mercosur en 1985, cuatro décadas

después del nacimiento del peronismo.

argentina, sin ninguna posibilidad.

Distinto es la rebaja de aranceles

cuando se abre simultáneamente

un mercado preferencial interno

mucho más amplio como el caso

del Mercosur. En el Mercosur se

abren las posibilidades de un mercado

gigantesco que la Argentina

no tuvo nunca, con relativa seguridad,

pero mucho más competitivo.

Ahora, si Argentina no compite ni

con Chile ni con Brasil es porque no

compite con nadie, entonces que se

jubile. Me parece que el derrumbe

del sueño de la Argentina industrial

sola, que definitivamente el futuro

de la Argentina potencia sola no era

el de Perón, pero se conservó en la

Argentina y lo conservaron en parte

sectores del peronismo. En los años

1980 se liquidó. Una Argentina con

deuda externa creciente, una Argentina

que cae en la hiperinflación

absoluta, en la liquidación y el desfonde

definitivo de una estructura

relativamente cerrada, constituida

sobre la sustitución de importaciones,

en círculo cada vez más incompetente.

En Brasil también se produjo el

derrumbe del modelo de sustitución

de importaciones bajo otras modalidades.

Pero digamos claramente:

si no hubiera existido tal modelo de

sustitución de importaciones hubiera

sido mucho peor. Nuestras sociedades

alcanzaron una multiplicidad

de capacidades y posibilidades, del

que el modelo liberal agro-exportador

era ya mucho más incapaz. Por

suerte hubo entonces sustitución de

importaciones y se dio una diversificación

interna extraordinaria, que

no era la normal en una sociedad

agraria de gran simplicidad. Aparecieron

ingenieros, técnicos de

toda índole, empresarios nuevos.

Es decir, hubo un enriquecimiento

extraordinario de todas las sociedades

dependientes, tanto en la

Argentina como en Brasil. Hubo una

cualificación del capital humano

y oportunidades que la sociedad

agro-exportadora ya no daba.

En 1951 Perón ya responde inequívocamente

que el modelo de sustitución

de importaciones necesitaba

una ampliación gigantesca del

mercado interno, relativamente amparada

por una nueva unión aduanera

para que, logrando economías

de escalas, pudiera alcanzarse

una verdadera competitividad. Por

eso su respuesta es el Nuevo ABC.

El hablador es Perón, Vargas es el

silencioso. Brasil todavía no había

llegado al agotamiento de ese

camino, pues tenía justamente un

mercado interno virtual mucho más

amplio. Vargas no estaba tan urgido

como Perón. Perón sí estaba acorralado

y la paradoja va a ser que el

que se tenga que pegar un tiro sea

Vargas.

La campaña contra Vargas fue

desencadenada por Lacerda y por el

excanciller Neves (nota del editor:

Tancredo Neves, abuelo del actual

Aecio Neves, candidato derrotado

por Dilma Rousseff en las elecciones

del 2014) a raíz de la alianza

con la Argentina de Perón. En la

caída y suicidio de Vargas el mayor

énfasis fue la campaña contra su

alianza con Argentina. Se querrá

evitar la alianza entre Argentina y

Brasil.

Perón no piensa en América Latina,

sino en América del Sur. Ese es

el horizonte principal. Creo que de

alguna forma refleja la influencia de

un gran geopolítico brasileño Mario

Travassos, que fue editado por el

Ejército Argentino allá por el 1940.

Hubo dos ediciones en la época. Perón

conoció seguramente muy bien

al autor. A Mario Travassos como

brasileño le era fácil hacer lo que

era difícil a un hispanoamericano.

En su obra Proyección continental

de Brasil, breve libro que es una

joya de inteligencia y de sobriedad,

dice: nos importa sólo América del

Sur, más arriba es área norteamericana,

no nos metamos. Meter el

hocico allí es quedar electrocutado.

Para un hispanoamericano esto era

26 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


más difícil porque había una solidaridad

histórica con todo el conjunto,

que no sentía el Brasil de la época

de Mario Travassos. Creo que Perón

se da cuenta que lo primero es

plantear la posibilidad de unificar a

América del Sur, no América Latina.

América del Sur, si lo logra, quizá

sea América Latina. Quizá Perón

sin América del Sur, nada. Por eso

continuamente usa “Sudamérica”,

“Conferencia Sudamericana”. Continuamente

usa la palabra sudamericana

más que unidad de América

Latina. Se da cuenta que es mejor

acotar el espacio. Su pensamiento

eje es que hay sólo un camino principal

para la unidad Sudamericana,

que es la alianza argentino-brasileña.

Brasil solo no puede generar la

unidad de América del Sur, por su

diferencia. No tendría asentaderos

históricos suficientes para llevar

al resto sino imperialísticamente

como un extraño. Argentina sola

tampoco, no tiene capacidad de

generar la unidad. Entonces solo la

alianza del poder central en América

del Sur, que es Argentina, era

una alianza creíble y confiable para

todos los sudamericanos. No había

exclusión hegemónica de ninguna

de las dos dimensiones de América

Latina. En cambio, la alianza de

Brasil con Uruguay o con Paraguay o

con Bolivia sería como anexión, no

es alianza. La alianza de Brasil con

países pequeños sudamericanos

de suyo no tiene significación sino

imperial. Alianza sólo podía empezar

y ser con la Argentina, que tenía

una entidad suficiente como para

asumir una representación de lo

más fuerte y poderoso de lo hispanoamericano.

Perón intenta comenzar

antes su alianza con Chile. La

intentó con González Videla y la hizo

con Ibáñez, o sea que él la hacía

con los radicales y después con los

no radicales. La alianza argentino-chileno

era un interlocutor más

válido, más importante ante Brasil.

El entendimiento con Chile fue una

constante de Perón, tan constante

como el entendimiento con Brasil.

Lo que pasó es que Perón no tenía

el respaldo de una conciencia

histórica colectiva ni en la Argentina

ni en Brasil. La acción y el pensamiento

de Perón contribuyeron a

formarla, pero en su tiempo era más

fuerte la herencia de rivalidad que

la del ensamble común.

Tenía dos preocupaciones, cuenta

Lusardo, dos obstáculos básicos

para la unidad argentino-brasileña:

uno la hegemonía norteamericana y

otro la herencia de la rivalidad entre

España y Portugal. El segundo es el

más importante, es el más esencial,

el otro puede ser coyuntural. Era

tal el obstáculo que un historiador

muy ecuánime y muy nacional, pero

digamos, no enemigo del Brasil

como Scenna escribe un libro en el

año 1973 titulado: Argentina-Brasil,

cuatro siglos de rivalidad. Hace

todo un estudio desde ese ángulo.

El asunto no es así, es mucho más

complejo que eso. Hay vaivén tanto

en la historia de Castilla y Portugal

como acá, un vaivén incesante de

acuerdos y conflictos, pero no un

conflicto uniformemente acelerado.

No podemos hacer aquí la historia

de nuestras relaciones con Portugal

y Brasil. Pero pueden sintetizarse

así: 1º. La alianza peninsular de

Portugal y Castilla, que culmina en

la unidad de 1580 a 1640. Luego

viene la decadencia común. 2º.

Ciclo de la rivalidad: desde 1640

a 1870, fin de la guerra de la Tri-

Tancredo Neves, aquí junto a su joven nieto Aecio en un cúmulo de coincidencias. Aliado a

Carlos Lacerda, Neves había hecho dura oposición a Getulio Vargas y había saboteado los

intentos de unidad argentino-brasilera. Muchos años más tarde Neves sería electo presidente

en una elección indirecta a la salida de la dictadura en 1985, pero moriría antes de

asumir el mandato. Su vicepresidente José Sarney tomó la posta y puso la piedra fundamental

de aquello que Neves no quería: el Mercosur. Por su parte, el nieto Aecio Neves sería el

candidato derrotado por Dilma Rousseff en las elecciones del año 2014.

27 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


ple Alianza. 3º. Desde 1870 hasta

1985, donde hay un statu quo pacífico,

que va preparando la Nueva

Alianza. 4º. Desde 1986 y 1991 al

iniciar la Alianza Sudamericana de

Argentina y Brasil, sus raíces y el

futuro se reencuentran.

En una palabra, sólo hay política

latinoamericana real a partir de

la alianza argentina-brasileña.

Y si no, sólo habrá cháchara. Y

esa comprensión hizo de Perón el

refundador de la política latinoamericana

en el siglo XX. Planteó el

único camino real, modernización

e industrialización latinoamericana

de bases indígenas dinámicas. Esta

percepción que tuvo en el discurso

de Perón del año 1953 ante los

mandatos del ejército para explicar

las razones y la importancia del

Nuevo ABC aquí llegó a decir que

concordaba con Vargas en que,

si hacía falta borrar las fronteras,

pues las borraban. Llega a decir

nada más importante que la cuestión

de esta unidad y que el éxito de

su política será sólo cuando logre

el empalme con Brasil. Brasil tiene

una unidad económica incompleta

y la Argentina también. Hay momentos

del discurso en los que está

verdaderamente angustiado pues

presiente el fracaso, tiene como

explosiones en las que llega a decir

“no quiero pasar a la historia como

un cretino y participar de una danza

de cretinos”. Cretinismo es no saber

la importancia decisiva de esta unidad.

Este discurso fundamental fue

denunciado enseguida y se publicó

en el Uruguay en enero de 1954,

bajo el título El imperialismo argentino.

Fue allí donde lo conocí.

Cuando lo leí, vi que era todo lo

contrario de ese título infame. El

discurso de Perón me llegó en un

momento crucial. En el Uruguay

asomaban también los síntomas de

la crisis de la retirada del imperio

británico, cuando nuestras bases

transoceánicas tambaleaban.

El saludo entre Perón y González Videla, presidente chileno y aliado de Perón en la construcción

del Nuevo ABC entre Argentina, Brasil y Chile.

¿Dónde y cómo reinsertarnos para

tener un nuevo camino viable? El

fundamento histórico de Uruguay

había sido Inglaterra y los ingleses

se nos estaban yendo. ¿En qué se

iba a sostener Uruguay? ¿Hacia

dónde? Fue ese discurso de Perón

que me hizo percibir que el destino

de la Argentina era su alianza con

Brasil, que el destino de Brasil era

su alianza con la Argentina, que el

destino del pequeño Uruguay era no

intentar ser ni Banda Oriental que

era la solución argentina, ni Provincia

Cisplatina que era la solución

brasileña, ni el Uruguay solo que

era la solución inglesa, sino asumir

a la vez la doble condición de la

frontera, que era ser simultáneamente

Banda Oriental y Provincia

Cisplatina. Eso lo aprendí en el

discurso de Perón del año 1953 y

fue el impulso que tuve para fundar

con unos amigos una revistita Nexo

al comenzar el año 1955. El nuevo

destino uruguayo era ser “nexo”

argentino-brasileño.

Ese discurso de Perón no circuló en

la Argentina pues se trataba de un

documento secreto, publicado en

Uruguay por algún infidente. Al ser

publicado en Montevideo en enero

de 1954 fue recogido por la oposición

brasileña. Entonces se desarrolló

la terrible campaña contra

Vargas, que culminó con su suicidio.

La violencia en el ataque contra el

Nuevo ABC y la difícil situación de

Vargas obligaron a la Argentina a

desmentir la autenticidad de ese

discurso de Perón. Yo no lo supe,

porque el desmentido fue en Brasil.

No supe que lo habían desmentido,

para mí fue siempre el discurso básico

de Perón, pero en la Argentina

no circuló porque había sido desautorizado.

A tal punto que, en mis

vínculos con Don Arturo Jauretche

en su exilio en el Uruguay en el año

1956 (época en la que era yo aprendiz

incesante con Don Arturo, pensé

28 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


en hacer un libro en común, pero al

final, por diversas vicisitudes, tuvo

que hacerlo solo. Ejército y Política,

donde comenta: íbamos a hacer el

libro con un joven uruguayo). Me

asombré cuando lo leí, porque para

mí era obvio que Don Arturo estudiando

el Brasil no consideraba el

enfoque de Perón. No lo conocía,

yo lo interrogué y él quedó sorprendido.

Para mí era obvio que los

peronistas lo tenían que conocer,

entonces ni les preguntaba, pero fui

descubriendo que no lo conocían, a

tal punto que le habló de ese discurso

a Abelardo Ramos y él hizo

la primera publicación argentina,

creo que por el año 1964. En el año

1968 Perón reconoce que es de su

autoría. Dijo algo así como: “Han

pasado ya tantos años y reconozco

que es un discurso auténtico, verdadero.

No dije antes esto por respeto

a las distintas personalidades que

estaban involucradas”. Había sido

un discurso secreto ante los altos

mandos y lo más secreto es lo que

los enemigos hacen más rápidamente

público.

La etapa actual de la Argentina no

es más Argentina sola. Es la Argentina

en el Mercosur. La Argentina

sola ya no tiene destino. Perón lo

sabía hace cuarenta y tantos años,

lo sabía perfectamente. En diciembre

de 1951 luego del discurso

donde proclama la necesidad de

una unión entre Argentina y Brasil,

dice que esa unión no es sólo por sí

misma, sino porque es el punto de

apoyo para el conjunto de América

Latina. Lo reitera poco después, en

un artículo firmado por Descartes,

titulado Confederaciones continentales,

donde se plantea en esencia

todo su enfoque y pronuncia una

sola frase: “La unidad comienza por

la unión y ésta por la unificación de

un núcleo básico de aglutinación”.

Para él la alianza argentino-brasileña

no era una unidad en sí misma,

Carlos Menem y Fernando Collor de Mello (der.), sucesores de Alfonsín y Sarney, respectivamente,

consolidaron el Mercosur a principios de los años 1990.

era el número básico de aglutinación.

Era el único centro que hacía

posible que Chile, Uruguay, Bolivia,

Perú, en definitiva, que todo el resto

de América del Sur pudiera integrarse,

no hay otra alternativa. Esa es

la única realidad para una política

latinoamericana. Otra cosa sólo

será literatura. Esta perspectiva

llega a la Argentina casi cuarenta

años después, con una Argentina

con muchas más dificultades, con

más deuda externa, en fin, toda una

historia que ustedes ya saben.

Reafirmo que Perón es el inventor

de la política latinoamericana en el

sentido que, antes de Perón, había

un romanticismo latinoamericano,

un ansia difusa de la unidad

de América Latina. Pero política

es cuando se señalan los caminos

reales, se distingue lo principal de

lo secundario, porque si no diferencio

lo principal de lo secundario

cualquier cosa sirve para cualquier

cosa. Tanto da empezar por Panamá,

por Nicaragua, por Brasil, por

Paraguay, por cualquier lado. Y no

es donde no se puede caminar o por

lo menos solamente como prolegómenos

del camino principal. Prolegómenos

que sólo valen cuando

se emprende el camino. La gran

lección fue retomada por Sarney

y Alfonsín en el DICAB, firmada y

puesta en el gozne más realista por

Collor de Mello y Menem y comenzó

esta aventura extraordinaria para

todos los sudamericanos, que es

la Argentina donde ya no hay más

Argentina sola, hay Argentina en el

Mercosur. En el Uruguay podrá ser

si es en el Mercosur, hasta Brasil

ya no podrá ser sin el Mercosur. Y

el Mercosur es la piedra angular de

la Confederación Sudamericana,

como decía Perón.

En el motivo de esta reflexión es

que se nos ha ido, aunque no parezca,

la vida.

Alberto Methol Ferré

Filósofo e historiador uruguayo

(1929-2009)

29 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


OPINIÓN

Manual

para hacer

un monstruo

ERICO

VALADARES

Una de las características

fundamentales de la posmodernidad

es la reducción

de la realidad a un presente

continuo, que se logra mediante

la prescindencia del pasado

y la renuncia al futuro. Lo posmoderno

es eso, es el pensar la realidad

siempre en tiempo presente,

sin tener en cuenta la historia y sin

planificar nada en absoluto. Se es

posmoderno cuando lo único que

importa es el ahora y se vive de una

forma tal que la realidad actual

aparecerá siempre sin causales ni

consecuencias frente a los ojos del

que la observa, la realidad como

nacida de un repollo y además infértil.

Todo lo que actualmente existe

en el mundo resulta de nada y va

a resultar igualmente en nada, solo

es ahora y es así nomás de una vez

y para siempre. Nada tiene explicación

ni produce resultados, solo es.

La posmodernidad es en un tiempo

presente eterno que se asemeja a

un callejón sin salida.

Entonces la posmodernidad es

la foto fija de la polémica cuyo fin

no es la resolución de la proble-

30 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


mática social, sino la polémica en

sí misma. Al no tener en cuenta el

pasado, es incapaz de historizar

para comprender las causales y

atacar el mal por la raíz y, al no tener

tampoco perspectiva de futuro,

no pretende llegar a conclusiones

sólidas sobre las que se pueda

planificar. Es una infertilidad social,

es la polémica por la polémica nada

más, la posmodernidad no tiene un

fin específico. En lo posmoderno,

todo lo que vemos es objeto de una

opinión que no observa la historia ni

tiene en cuenta lo que puede resultar

y he ahí la explicación filosófica,

si se quiere, de otro fenómeno muy

típico de nuestro tiempo: la grieta.

Frente a cualquier hecho de la realidad

actual, con absoluta ignorancia

de la historia y desprecio por el

futuro, cada individuo es convocado

a ponerse de un lado o del otro

de la grieta por opinión particular.

Y luego a batirse en escaramuzas

ideológicas con los que se pongan

del otro lado, por supuesto. En una

palabra, la grieta es la posmodernidad

y es la mejor garantía de la no

resolución del problema debatido,

sea cual fuere ese problema. Como

la cuestión es solo el presente, el

ahora y nada más, nadie analiza las

causas históricas de la problemática

social y, por lo tanto, el resultado

será ninguno, esto es, será sola-

31 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


mente el ensanchamiento infinito

de la grieta sin más finalidad que

esa misma.

Y así es precisamente como se

construyen los monstruos. En la incertidumbre

permanente generada

por el no saber de dónde venimos

e ignorar hacia dónde vamos, toda

la realidad aparece como una cosa

tremenda cuyas posibles soluciones

se ubican en el presente y deben

ser, necesariamente, extremas. La

grieta es un lugar muy caliente en

el que se vuelcan las pasiones del

momento, no hay posibilidad allí

de razonar sobre una historia que

ha sido borrada ni de advertir sobre

las consecuencias de lo extremo,

puesto que tampoco se trata de

planificar nada. Los monstruos

surgen así, en el extremismo de lo

que es tremendo hoy y necesita una

solución presente, sin importar todo

lo que haya fracasado la humanidad

cuando aplicó ese criterio y

sin importar la evidencia de que

las consecuencias solo podrán ser

exactamente las mismas.

Fue así, por ejemplo, en una grieta

posmoderna, como en Brasil hicieron

el monstruo. Cuando los brasileros

fueron inducidos a ubicarse

a la “derecha” o a la “izquierda”

de una grieta que el poder creó al

borrar la historia, hubo millones en

Brasil que, de pronto, se olvidaron

El actual presidente de Brasil Jair Bolsonaro es el ejemplo por antonomasia de monstruo

que nace a partir de la exacerbación en la grieta. Mientras más sucumbía frente a los escándalos

de corrupción, el Partido de los Trabajadores se hundía en el progresismo provocador

del sentido común hasta el hartazgo. Bolsonaro se subió a ese hastío generalizado, habló de

honestismo y de asuntos de moral sexual, religiosa y racial para meterse en el bolsillo a un

electorado que ya estaba harto de tanta provocación.

de dónde venían y empezaron a ver

en el gobierno del Partido de los

Trabajadores un sinónimo exclusivo

de corrupción. Ya despojados de la

comprensión histórica del proceso

político e incapaces por lo tanto

de ver todo el avance social que

se había logrado desde que Lula

da Silva llegó a ser presidente en

el año 2002 —fundamentalmente

perdiendo de vista lo que había sido

Brasil antes de Lula da Silva—, el

debate se redujo a una grieta en la

que, de un lado, se posicionaron

a la “izquierda” los que apoyaban

al gobierno de Dilma Rousseff en

la continuidad de Lula da Silva,

mientras que de otro se ubicaron

otros tantos que solo veían en ese

gobierno corrupción, “comunismo”

y perversión en forma de ideología

de género. Lo que se perdió de vista

fue el desarrollo económico y social

que el Partido de los Trabajadores

había propiciado en 14 años de gobierno

orientado a los intereses de

las mayorías populares. La grieta se

formó, las posiciones se establecieron

hasta cristalizarse y al llegar a

cierto punto de ensanchamiento de

esa grieta las posiciones ya estaban

tan alejadas una de la otra que no

hubo más posibilidad de diálogo.

A partir de allí lo que hubo fue una

“conversación de sordos” en la que

todos gritaban y ya nadie escuchaba

a nadie. El brasilero estaba listo

para aceptar cualquier tipo de subversión

al orden con tal de someter

al que opinaba distinto en el otro

lado de la grieta: desde la “izquierda”

pedían dictadura del proletariado

y desde la “derecha” clamaban

por un golpe de Estado reaccionario

que borrara de cuajo cualquier cosa

que tuviera un mínimo olor a progresismo,

real o imaginario.

El golpe reaccionario llegó, primero

en la forma de maniobra judicial.

El gobierno del Partido de los Trabajadores

se destruyó, pero la caja

32 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


de Pandora ya estaba abierta: los

golpistas no se iban a detener en

un corto gobierno de transición tan

solo para que en nuevas elecciones

volviera a ganar un Lula da Silva

renovado y recargado. El golpe institucional

no hizo más que acentuar

las divisiones y entonces el bando

de la “derecha” estaba dispuesto

a tolerar mucho más, incluso la

proscripción del principal candidato

del bando enemigo que abriría

la puerta al triunfo del monstruo.

Habiéndose subvertido ya el orden

democrático por la voluntad de un

sector mayoritario de la población

que había sido previamente manipulado

para ignorar la historia,

despreciar el futuro y ser netamente

posmoderno, no fue difícil presentar

en elecciones a un candidato cuya

única propuesta electoral fueron

cinco o seis definiciones de cuño

moral. Jair Bolsonaro no dijo durante

la campaña una sola palabra

sobre cómo sería en un hipotético

gobierno suyo el programa económico.

Y aun así resultó electo con

casi 58 millones de votos, o más del

55% de la voluntad popular expresada

en las urnas.

El monstruo había sido creado en

la anomia posmoderna de la supresión

del pasado y el desprecio al

futuro. ¿Por qué? Porque los brasileros

ya vivían en tiempo presente y

no querían otra cosa que una solución

presente a un problema que se

percibía como nacido de un repollo.

El problema era una corrupción

que, vista así, no solo nunca había

existido en el país, sino que además

aparecía como el único problema.

Incapaces de mirar hacia atrás y de

historizar, los brasileros aceptaron

rifar todos los principios de su construcción

política. Y entonces tampoco

les importó la consecuencia

de ello de cara al futuro. Ahí está la

definición precisa de la posmodernidad:

perder de vista el pasado y

La inseguridad, que es el delito generalizado, es el problema social que exaspera a la ciudadanía

y va erosionando de a poco la paz social hasta convertirse en grieta. Ese es el caldo

de cultivo ideal para los monstruos dichos “fascistas”, pero por acción de los monstruos

“progresistas” que abandonan al pueblo y no se hacen cargo de las problemáticas reales.

perder cuidado del futuro. Cuando

eso tiene lugar en una sociedad,

dicha sociedad es posmoderna, vive

en el presente sin contexto y se dirige

hacia ningún lugar. O más bien

hacia un lugar muy puntual, que es

el lugar de la destrucción.

Tragados por la grieta

La corrupción en Brasil como foto

fija y prescindencia total del pasado

como historia está hoy en Argentina

en la llamada inseguridad, esto es,

en el delito contra el patrimonio o la

vida del ciudadano de a pie. Habiendo

perdido de vista las décadas

de ruina moral del Poder Judicial

desde el golpe gorila de 1955 y

sobre todo desde el golpe también

gorila de 1976, la llamada inseguridad

aparece ahora frente a los ojos

del espectador como un problema

presente, sin causales históricas. Y

así, a cada episodio delictivo, una

sociedad adiestrada en la posmodernidad

para la pérdida de los

principios y valores tiende a agrietarse:

un crimen nos va a encontrar

a todos de un lado o del otro de la

grieta, habrá “fascistas” proponiendo

resolver la cuestión a los tiros y

habrá “progresistas” insistiendo en

la absoluta pasividad social frente

al delito. Claro que los “fascistas”

no son fascistas y tampoco son progresistas

los que se hacen llamar

así, acá no existen categorías así

de grandes. Lo único que hay son

divisiones coyunturales por opinión

particular en el presente y en función

de los hechos del presente. La

idea que haga cada uno de un hecho

lo va a posicionar a uno en alguno

de los dos extremos de la grieta,

habrá el bando de los que proponen

“hay que matarlos a todos” y habrá

el bando de los que ponderen “no

puede haber punitivismo con las

actuales circunstancias sociales”.

33 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


La militancia progresista en Brasil, equivocándose: en vez de buscar el diálogo para encontrar

puntos de contacto con las mayorías populares, los militantes del Partido de los

Trabajadores se fueron hacia la extrema “izquierda”, mezclaron consignas de feminismo

con imágenes de la historia de Europa que en Brasil son significantes vacíos y asumieron la

identidad de los comunistas del siglo pasado. El resultado fue que el pueblo-nación de Brasil

comprendió mejor a Bolsonaro, mucho más cercano al sentido común. El lema del “Ele

não” (Él no) terminó de instalar a Bolsonaro y decretó su triunfo. Si las minorías ideológicas

decían que Bolsonaro no, las mayorías en Brasil concluyeron que Bolsonaro sí, puesto que

desprecian a las vanguardias iluminadas de estudiantes universitarios.

Lo que no habrá jamás es el análisis

frío de la problemática para su

resolución. En la grieta posmoderna

de un bando intentando imponer su

opinión sobre el otro en cada una de

las cuestiones que van emergiendo

en un presente infinito, el que

intente hacer un análisis histórico

señalando al Poder Judicial avalador

de sendos golpes de Estado y

luego encubridor de crímenes de

lesa humanidad será debidamente

tragado por la grieta. El problema

de la inseguridad es ahora, es cosa

del presente y en el presente hay

que optar necesariamente entre

las dos posturas extremas. Se elige

entre “meter bala” o “proteger a los

delincuentes”, no hay lugar para

razonamientos.

Existe, no obstante, una creencia

errónea sobre la grieta y dicha

creencia es la de que la irracionalidad

es una propiedad del lado

opuesto al que ocupa uno mismo.

En otras palabras, cuando la grieta

se instala y un individuo se ubica en

uno de sus extremos, ese individuo

tiende a percibirse a sí mismo como

portador de la razón, adjudicando

toda irracionalidad al otro. Ese es

un error por el siguiente motivo: en

cualquier grieta son irracionales

ambos extremos, simplemente

porque ambos son posmodernos

despojados de pasado y sin cuidado

del futuro. En el caso de la llamada

inseguridad, es posmoderno el

“fascista” entre comillas que insiste

en el “hay que matarlos a todos”

porque, al hacerlo, está ignorando

la historia en el abordaje del problema

y también en el cálculo de las

consecuencias de lo que propone,

que ya son conocidas. El “fascista”

elige hacer caso omiso de los desastres

sociales que tuvieron lugar

en la historia cada vez que se aplicó

ese tipo de “mano dura” y entonces,

por lógica, elige también hacerse el

distraído frente a las consecuencias

de ello de cara al futuro. Al caer en

un posmodernismo en el que solo

importa el presente, el que se pone

a la “derecha” de la grieta está

creando el monstruo que pronto se

le volverá en contra, simplemente

porque ignora la lección histórica

del pasado y no tiene ningún cuidado

por el futuro. Es un irracional.

Pero he aquí que en el opuesto

extremo de la grieta tampoco está

la racionalidad. El “progresista” y

“garantista” —todo entre mil comillas,

por supuesto— también es

un posmoderno y se ubica en una

postura irracional al colocarse en

un extremo que inviabiliza el diálogo

y traba cualquier posibilidad de

resolución del problema. Y eso es

un caldo de cultivo de aquello que

el propio posmoderno “progresista”

y “garantista” supuestamente quiere

evitar. Cuando el “progresista” se

va al extremo y “se pasa de progre”,

lo que hace es negar el problema

del delito, justificarlo por las condiciones

sociales y proponer la

pasividad: no hay nada que hacer,

la desigualdad es demasiada y el

delito, en estas circunstancias, es

una consecuencia natural. Y así el

asunto se va a trasladar a la política

grande cuando el ciudadano de a

pie pase de odiar a los delincuentes

a odiar a aquellos que en su óptica

defienden a los delincuentes. Natu-

34 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


ralmente, el que pide “mano dura”

para el que roba y el que mata no

tendrá ningún problema en quedarse

quieto y hasta aplaudiendo

cuando esa “mano dura” se vuelva

en contra del “progresista”. Ahí está

el ejemplo de Jair Bolsonaro, que

ganó prometiendo reprimir al delito

y terminó reprimiendo la protesta

social con absoluta anuencia de su

electorado, que detesta al delincuente

y también detesta al militante

“de izquierda”, porque lo ve

como defensor de los delincuentes,

más bien como parte del problema

y no de la solución.

Enfermedades endémicas

Por eso la grieta de extremos es una

característica fundamental de la

posmodernidad, es la prescindencia

de la historia y es el no cuidado

del futuro. La grieta se traga a los

mejores cuadros de una sociedad, a

los que están dispuestos a razonar

y a debatir los asuntos para resolverlos.

La grieta se traga a los que

pretenden hacer una comunidad

organizada y equilibrada, dejando

en vigencia a los que sostienen las

opiniones extremas que van a cerrar

cualquier posibilidad de diálogo.

Entonces la grieta es la garantía de

que los problemas se discutan a los

gritos y de que, por eso mismo, no

se resuelvan jamás. La posmodernidad,

por lo tanto, es un presente

eterno en el que los problemas presentes

también son eternos y nunca

habrá solución, solo una paulatina

disolución social que tiende a la

demolición de la construcción política,

a la anomia y al surgimiento de

monstruos extremistas.

El que pide “mano dura” está

deseando un Jair Bolsonaro en el

presente por razones de extremismo

ideológico, es cierto. Pero el que

aduce el “garantismo” mal entendido

también hace de todo para

que venga el monstruo. Es que, en

un tiempo presente sin pasado y

sin futuro, toda la política tiende a

reducirse para los individuos involucrados

en ella a una expresión

de deseo por “triunfos” morales

efímeros e inmediatos. Acá no se

trata ya de resolver el problema

del delito que llamamos inseguridad.

Para el “fascista” —que no es

fascista ni nada que se le parezca,

sino un ciudadano que ya no tolera

la delincuencia y no sabe razonar

para resolver el problema, solo sabe

correrse hacia el extremo ideológico

que le marcan—, se trata de

que dicho problema resulte en el

presente en el monstruo que venga

y los mate a todos, sobre todo a los

“zurdos” que en su visión defienden

a los delincuentes. Y tampoco se

trata de resolver el problema del

delito para el “progresista”, sino de

imponer su razón y probar mediante

“triunfos” políticos que la “mano

dura” no sirve. El tema es probar

que uno tiene la razón, con lo que

los extremos demuestran que ninguno

la tiene porque los problemas

no encuentran solución en su dialéctica

de opuestos irreconciliables

donde el debate político es inviable.

La posmodernidad es la muerte de

La grieta en Brasil tocó su límite en las elecciones del año 2018. Los militantes “progresistas” asumieron los colores rojos del socialismo,

mientras que el sentido común se embanderó con los colores nacionales. El resultado no podía ser distinto: una parcialidad optó por identificarse

como una parte y la otra se presentó como la totalidad y, lógicamente, triunfó.

35 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


la razón moderna y entonces todo

posmoderno es un irracional sin

perspectiva histórica ni proyecto a

futuro.

El delito, en el decir del ministro de

Seguridad de la provincia de Buenos

Aires Sergio Berni, es una enfermedad

endémica. Es el resultado de

las condiciones sociales adversas,

claramente, pero no principalmente

de eso. El delito que llamamos

inseguridad es el resultado de una

policía corrompida y adiestrada

para reprimir y ser autoritaria y de

un Poder Judicial que es una cloaca

vieja e inmunda. A su vez, tanto la

policía como el Poder Judicial son

consecuencias de la dictadura genocida,

que impuso su impronta en

ambas instituciones hasta los días

de hoy. Ahí tenemos un poco de la

perspectiva histórica que hace falta

para abordar el problema hacia

su resolución: comprender que la

inseguridad es un mal endémico y

que no se resuelve ni a los tiros ni

tampoco negando el problema a

lo progre, sino atacando la raíz del

mal que se encuentra en un Poder

Judicial donde los jueces cobran

coimas para activar la “puerta

giratoria” en las cárceles y en una

policía que tiene complicidad en

gran parte de la actividad delictiva y

hasta lucra con ella. Todo argentino

avispado sabe que un abogado con

el dinero suficiente entre manos

libera a un preso en prácticamente

cualquier juzgado y también sabe

que ciertos delincuentes salen a

delinquir patrocinados por la misma

policía, en el clásico modus operandi

de liberar zonas y de no atender

a tiempo los llamados. Eso no es

ninguna novedad, está presente en

el sentido común y es como decir

que todos saben que eso existe. Si

no empezamos políticamente y con

Sergio Berni es la esperanza del peronismo en la actualidad para despegarse del “progresismo”

sectario y volver a conectar con el sentido común de las mayorías para superar la grieta

y triunfar más allá de la coyuntura de unas elecciones.

coraje a desmantelar ese aparato

de complicidad, el mensaje hacia

los que quebrantan la ley siempre

será de impunidad. Y la inseguridad

va a seguir siendo endémica por

más tiros que tiremos.

La grieta existe para eso, para

adiestrarnos en la posmodernidad a

no comprender qué nos pasa y para

que hagamos de todo una escaramuza

ideológica en la que sea

imposible razonar en la resolución

efectiva de los problemas. El problema,

ahora sí, es que eso tiene un

límite. De tanto gritarse como locos

entre lados extremos de la grieta y

no ser escuchados por nadie, tendemos

a la anomia y a la caída de la

fe en nuestra construcción política.

Cuando comprendamos que todo

es igual y nada va a tener solución,

que el delito es lo que es y nadie

está dispuesto a hacer nada al

respecto, vamos a estar preparados

para hacer nuestro propio monstruo.

Vendrá como el mesías, con

cinco o seis definiciones imprecisas

como “hay que matarlos a todos” y

“hay que terminar con la joda” y la

sociedad lo apoyará masivamente.

Se habrá perdido lo poco que queda

de perspectiva histórica y el futuro

se nos aparecerá como un abstracto

utópico, como una cosa irrealizable.

Seremos entonces del todo posmodernos

y estaremos listos para dar

el paso decisivo hacia la disolución

de nuestra comunidad, que ya está

maltrecha. Si no aprendemos a

discutir los problemas en vez de

discutir la ideología del otro para

decir que no sirve, haremos nuestro

propio monstruo. Lo haremos entre

todos, entre los “fachos” y los “progres”.

Y lo padeceremos también

entre todos, porque los monstruos

suelen desconocer, más temprano

que tarde, a su creador. Por eso son

monstruos.

36 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


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ERICO

VALADARES

El atento lector que haya tenido

la oportunidad de viajar por el

vasto continente americano y

haya conocido más o menos

bien los demás países de Hispanoamérica

y el gigante Brasil lo

sabe: en nuestra región la Argentina

es distinta a todos los demás. No

se sabe quizá muy bien por qué y tal

vez sean necesarias estas líneas y

muchas más para empezar a explicar

esa diferencia. Hay algo en la

Argentina —o más bien en el pueblo

argentino, esta no es una cuestión

de paisajes— que la hace diferente

a los demás, única y admirable. Nos

resta saber qué cosa es.

El primer análisis superficial y también

el que más ha difundido sus

conclusiones pone el foco sobre la

inmigración. De acuerdo con dicho

análisis, la Argentina es distinta

porque ha recibido como ningún

otro país de la región un flujo migratorio

europeo decisivo entre los

siglos XIX y XX. Pero a todas luces

es flojo poner el acento en la cues-

38 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


tión migratoria para determinar en

qué la Argentina es un país distinto

a sus vecinos. Por una parte, está

claro que otros países de la región

también recibieron gran cantidad

de inmigrantes en el periodo, sin

que nada de eso fuera determinante.

Brasil, por ejemplo, ha tenido

una inmigración más numerosa y

también más variada que tampoco

se limitó a Europa: al igual que

Perú, Brasil ha acogido a una enorme

cantidad de eficientes y laboriosos

inmigrantes japoneses, los que

aquí prácticamente no llegaron. Por

lo demás, será siempre insuficiente

cualquier explicación que parta de

la premisa de asignarles a otras etnias

y pueblos ciertas propiedades

mágicas en el desarrollo de países

anfitriones. No es así y, si bien es

cierto que los inmigrantes siempre

aportan muchísimo a la sociedad

que los recibe, hace falta algo más

para que ese aporte no caiga en

saco roto y se transforme en desarrollo

efectivo. Con tan solo abrir las

puertas a la inmigración no alcanza.

También podría argumentarse

que las condiciones geográficas

de Argentina en su ubicación son

privilegiadas. Con espacio de sobra,

abundancia de recursos hídricos

39 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Se suele considerar que los inmigrantes europeos, sobre todo los italianos y los españoles,

marcaron la diferencia entre Argentina y los demás países de la región, lo que es insuficiente

como explicación. Si bien los inmigrantes fueron fundamentales en el desarrollo del país,

nuestros vecinos también los tuvieron y, ciertos casos, en mayor cantidad y variedad.

y naturales en general, variedad

climática y una fertilidad del terreno

para la agricultura que no se verifica

en todas partes, es innegable que

la Argentina nace ya con la base

material de una potencia. Y otra vez

se ve que tampoco esas condiciones

son determinantes, puesto que

en Brasil se encuentran prácticamente

las mismas e incluso en un

espacio geográfico mucho mayor.

Otros países de la región tienen

sobreabundancia de recursos

naturales —Venezuela está sentada

sobre las reservas de petróleo más

grandes del planeta y Bolivia tiene

gas natural para abastecer a todo

el continente, además de alrededor

del 80% de las reservas de litio— sin

que nada de eso haya sido decisivo

para marcar la diferencia. La lista

de agraciados por la naturaleza en

nuestra América es larga, no hay

prácticamente ningún pueblo-nación

americano que no haya sido

favorecido en suerte con riquezas

incalculables y, aun así, la diferencia

sigue estando entre la Argentina

y el resto.

La diferencia es política, no inherente.

Fue en una construcción

política única en su clase donde el

pueblo-nación argentino se formó

diferente a sus pares, esto es, construyó

políticamente un país distinto

a la media general. El peronismo

como movimiento de justicia social,

soberanía política e independencia

económica con fuerte participación

de los trabajadores tanto en el debate

como en el reparto de los beneficios

es un fenómeno que no tiene

similares en ninguna parte, solo

existe en Argentina. Y así se forma

una clase trabajadora muy calificada

y, por otra parte, muy exigente.

Unas clases populares deseosas de

progreso social y preparadas para

conseguirlo políticamente mediante

la organización para la lucha. La

fórmula del éxito del peronismo es

el haber sabido interpelar y luego

incluir social y políticamente a las

grandes masas populares: derechos

sociales y también derechos políticos,

eso es lo que el peronismo les

dio a los pueblos. Les dio entidad

en el contexto, les asignó un lugar

protagónico y al hacerlo logró aquello

que en ninguna parte fue posible.

El peronismo subsiste porque

trascendió el limitado tiempo de

vida de su artífice haciéndose carne

en millones.

Surge otra vez la comparación inevitable

que nos lleva a Brasil, o a la

historia reciente de Brasil para ver

qué pasa. También en Brasil hubo

una suerte de peronismo e incluso

más tempranero. El caudillo Getulio

Vargas fundó el laborismo brasilero

sobre bases parecidas a las

que luego serían reivindicadas por

Perón: derechos sociales, un conato

de soberanía política y la tendencia

a empezar a discutir la independencia

económica nacional con una

fuerte vocación para la industria.

Desde 1930 —al calor de la depresión

mundial resultante de la quiebra

de la bolsa de valores de Nueva

York el año anterior y bajo toda esa

presión inaudita— hasta 1945 y

luego entre 1951 y 1954, Vargas

colmó a los brasileros con derechos

sociales con los que ese pueblo-nación

ni siquiera había soñado antes

de la llegada del caudillo. Trabajo

registrado con prestaciones, salario

mínimo, aguinaldo, vacaciones,

etc., exactamente como Perón en

Argentina, con la bandera de la

justicia social. Y, no obstante, el

varguismo como expresión política

e instrumento para modificar la realidad

social no sobrevivió al suicidio

del propio Vargas en 1954. Algunos

dicen que por eso mismo, porque en

política los suicidas no dejan herederos.

Pero lo más probable es que

en su caudillismo a la moda antigua

Vargas no haya sabido hacer

lo que Perón hizo magistralmente:

convocar a los pueblos dándoles

derechos sociales, sí, pero también

40 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


derechos políticos y el derecho al

protagonismo. Con Perón el pueblo

argentino se sintió partícipe y, por

momentos, hasta señor de su destino.

Lo mismo no pasó con Vargas

y el pueblo-nación de Brasil. Esa

fue una relación de amor del pueblo

hacia el conductor sin que ese amor

llegara a expresarse activamente en

poder popular.

Hubo símiles de Getulio Vargas por

toda América. Desde Chile, pasando

por Perú, Bolivia y Colombia y

llegando a México, los pueblos se

han encontrado en cada momento

con sus líderes carismáticos para

empezar a reivindicarse. Pero no fue

sino hasta el advenimiento de Hugo

Chávez en Venezuela y ya muy tardíamente,

a fines del siglo XX, que

en nuestra región pudo emularse el

peronismo en términos de concreción

de un proyecto político de tipo

nacional-popular con justicia social

y, más importante, como veíamos,

la debida interpelación de las

mayorías para la defensa propia de

intereses propios. Lo mismo pasó

luego con Lula en Brasil y con Evo

Morales en Bolivia, pero ya era muy

tarde para lograr lo que en Argentina

se dio a partir de 1946. Argentina

partió con medio siglo de ventaja

respecto a los demás países de la

región y por eso, en esos 50 años,

se constituyó de una manera distinta.

En Brasil, Bolivia, Venezuela y

otros empezaron a saber a fines del

siglo pasado y en los primeros años

del presente lo que el trabajador

argentino sabía desde hacía medio

siglo: que tiene derechos y que puede

mover la aguja en la política si se

organiza para hacerlo.

Eso es el peronismo y entonces

la Argentina, aun habiendo sido

vapuleada por sucesivos golpes de

Estado, dictaduras genocidas y una

serie de saqueos tanto durante esas

dictaduras como en periodos de democracia

tutelada, sigue presentando

indicadores sociales superiores

a sus pares en la región. La Argentina

sigue siendo un país diferente

al resto porque el peronismo la

supo modificar profundamente en

su matriz cultural. Si bien es cierto

que sigue habiendo una hegemonía

oligárquica y esa es la razón de

tanto retroceso desde 1955 hasta

esta parte, culturalmente el pueblo-nación

argentino quedó dotado

de un instrumento para hacer

política que los demás no tuvieron

o solo llegaron a encontrar hace

muy poco tiempo. Cuando advino el

peronismo y “educó” al pueblo-nación

argentino empoderándolo

en defensa propia, ni aun toda la

reacción blanca de la oligarquía

pudo destruir del todo ese progreso

cultural y borrarlo de la memoria de

las mayorías populares.

El peronismo antiperonista

Año 2020. A más de siete décadas

del triunfo del General Juan Domingo

Perón sobre la Unión Democrática

del embajador estadounidense

Spruille Braden en las elecciones de

1946, en la política argentina sigue

habiendo tan solo dos lugares posibles:

el peronismo y el antiperonismo.

Setenta y cuatro años han pasado

y aun hoy prácticamente toda

la expresión nacional-popular del

país sigue organizándose alrededor

del movimiento y de las banderas

plantadas entonces por Perón. Lo

bombardearon, lo golpearon, lo

derrocaron y lo mandaron al exilio

durante casi dos décadas. Volvió,

arrasó en las urnas y luego pasó a la

inmortalidad. Hicieron otro golpe,

el más feroz de todos con un genocidio

incluido, aniquilando brutalmente

el gobierno de su compañera

y vicepresidenta con la finalidad de

terminar de desperonizar al país.

Sin éxito. El peronismo como expresión

auténtica del pueblo-nación

argentino no para de nacer una y

Las riquezas naturales en el territorio, otro argumento para intentar explicar en qué la Argentina

es diferente a sus pares. Pero esas riquezas son menos determinantes de lo que se

suele pensar. Venezuela, por ejemplo, tiene las mayores reservas de petróleo del mundo sin

que eso haya sido decisivo para el desarrollo del país hasta aquí en su historia.

41 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


otra vez en sucesivas generaciones.

La Argentina no termina de caer al

abismo porque el peronismo está

allí y no lo pueden borrar. Entonces

este es un país todavía diferente

porque se inventa la diferencia pese

a todo y por encima de todo.

Peronismo y antiperonismo, así

El advenimiento del peronismo fue decisivo en la formación del pueblo-nación argentino en

la diferencia respecto a los demás pueblos de nuestra región.

hicieron abiertamente la política

en Argentina durante décadas. De

una parte, los peronistas con sus

disidencias internas, pero con una

agenda doctrinaria más o menos

clara y unánime entre sus partes;

de otra, los gorilas, que es como se

denominan los antiperonistas históricamente,

con ese antiperonismo

abierto y furioso en la negación

frontal de todo lo que el peronismo

sostiene como bandera. El peronismo

luchaba por la justicia, la

soberanía y la independencia y el

gorila, por su parte, oponía un discurso

abiertamente liberal, cipayo y

oligárquico. Estuvo todo bien claro

en la dicotomía entre peronismo y

antiperonismo, hasta que el gorila

se sofisticó. En algún punto de la

lucha, muy probablemente durante

la década de los años 1990 y

el Consenso de Washington en la

hegemonía unipolar de los Estados

Unidos, el antiperonista comprendió

la obviedad ululante: en la

agresión frontal y abierta, honesta

en sus propios términos, iba a ser

muy difícil destruir al peronismo y

borrarlo de la historia del país. Al fin

y al cabo, a cada maldad del gorila

el peronismo resurgía más fuerte y

con más vitalidad, que es la vitalidad

propia de los núcleos sanos

de una sociedad. El gorila hacía un

bombardeo, un golpe y forzaba el

exilio del conductor, prohibía hasta

la mención de su nombre y llevaba a

cabo una inmensa farsa durante 18

años, tan solo para ver cómo crecía

la resistencia peronista hasta lograr

el retorno de Perón. Luego subieron

la apuesta e hicieron otro golpe,

ahora imponiendo un genocidio de

30.000 argentinos. Y allí estaba el

peronismo otra vez, renaciendo en

otra generación. ¿Qué más podían

hacer los gorilas antipatria y antipueblo

para desperonizar al país de

una buena vez?

Nada, ninguna agresión frontal

sería suficiente para desmantelar lo

que el General Perón había armado.

El peronismo está muy bien arraigado

en la cultura del pueblo-nación

argentino como la representación

de lo nacional-popular por antonomasia

y la agresión frontal no solo

nunca fue el método más idóneo

42 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


para lograr el objetivo de destrucción

propuesto, sino que, por el

contrario, siempre fue contraproducente.

A cada bombardeo, fusilamiento,

golpe, dictadura, masacre,

saqueo y genocidio el peronismo

volvía a aparecer más fuerte, más

reivindicado como la respuesta a la

maldad de las clases dominantes.

Al peronismo lo estaban martirizando

y había que sofisticarse. He

ahí lo que después de tanto tiempo

el gorila comprendió: al peronismo

solo se lo puede matar apuñalándolo

por la espalda. Únicamente la

traición puede derrotar la valentía

de un pueblo.

Fue así como a partir de los años

1990 y sin desarmar su propio

bloque, el gorila empezó con la estrategia

del entrismo, que consiste

simplemente en penetrar el campo

del enemigo con sus agentes y, una

vez dentro, instalar allí premisas

ideológicas no compatibles con la

doctrina del movimiento infiltrado.

Durante la última década del siglo

XX aprovecharon la hegemonía

total de los Estados Unidos con

su neoliberalismo reinante para

interpolar en la doctrina peronista

aquellas premisas liberales que el

peronismo no solo jamás tuvo, sino

que además nació para combatir.

El resultado fue una enorme confusión

y un cisma, el primer desbande

importante en el peronismo desde

los tristemente célebres sucesos de

Ezeiza y Plaza de Mayo entre 1973 y

1974. Puede argumentarse, no obstante,

que aquel cisma setentero

es un hecho legítimo de dos expresiones

que genuinamente hacían

diferentes interpretaciones de la

doctrina peronista y finalmente, al

retornar Perón del exilio, encontraron

el límite de sus incompatibilidades.

Lo que pasó en los años 1990

es muy distinto, es un claro caso de

entrismo en el que los entristas en

cuestión nunca tuvieron la intención

Antiperonismo abierto. Con Spruille Braden en la época de la Unión Democrática estaba

todo muy claro y durante muchas décadas eso siguió siendo así. En la Argentina se era peronista

o se era contreras. Pero los gorilas se sofisticaron y con el entrismo están destruyendo

la identidad peronista mediante la estrategia de transformarlo en “progresismo”.

de interpretar de alguna forma la

doctrina peronista. El único objetivo

de esos entristas era el de interpolar

ideología liberal en el movimiento,

generar la división interna

y forzar la escisión. La derrota de

la doctrina peronista fue entonces

brutal y los gorilas tuvieron la confirmación

de que estaban en lo cierto.

No hay nada más efectivo para destruir

al enemigo que hacerlo desde

sus mismas entrañas, conclusión

lógica que pertenece hasta al sentido

común de la calle. Las cosas se

voltean desde su interior.

Así es como nace el concepto de

peronismo antiperonista, esto es,

el puñal clavado por la espalda.

A la par del antiperonismo furioso

y abierto que sigue existiendo

como opción política para la contención

de los que se identifican

con los postulados de la ideología

oligárquica, aparece dentro del

movimiento peronista un sector

cuyo discurso y praxis están en

contradicción frontal con la doctrina

de Perón. La lógica y funesta

consecuencia es la interna, donde

los peronistas genuinos pasan a

43 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


catalogarse como “doctrinarios”

u “ortodoxos” y los entristas asumen

la forma del “renovador” cuyo

objetivo declarado es “aggiornar” la

doctrina y hacer un “peronismo del

siglo XXI”, supuestamente más a

tono con la época. En los 1990, implosionado

el campo oriental socialista

al fenecer la Unión Soviética, la

justicia social del peronismo —que

nunca fue socialista, siempre fue

de tercera posición— fue tildada de

“zurda” y “trasnochada”. El mundo

había cambiado y había que “aggiornar”,

privatizar el patrimonio nacional,

entregar la soberanía e imponer

la injusticia social manifiesta

del neoliberalismo como “meritocracia”.

Tuvieron un éxito rotundo

los entristas, se impuso la ideología

liberal como relato dominante y los

peronistas díscolos fueron marginados

bajo la acusación hiriente de

“ortodoxos” y “doctrinarios”, eran lo

viejo, viejos dinosaurios y había que

extinguirlos.

El “peronismo” fue liberalismo y

la primera consecuencia, grave,

fue el desbande. Pero la segunda

consecuencia fue mucho más grave

y fue la siguiente: la caída de la fe

del pueblo. Veíamos en este texto

que el peronismo, a diferencia de

expresiones políticas similares en

países de nuestra América, había

logrado trascender la existencia de

su creador al haber sido capaz de

interpelar, de convocar y de implicar

al pueblo-nación en la defensa propia.

Es el arte de vivir de la fe, de tener

una cosmovisión ordenada más

por el horizonte que por el presente

actual. Cuando los pueblos vieron al

peronismo hacer política de gorilas

liberales, destruir el aparato productivo,

rematar el patrimonio de

la nación e instalar la desigualdad

social, los pueblos perdieron la fe.

¿Qué tipo de fe perdieron los pueblos?

La fe en la existencia de una

alternativa. Perón estuvo 18 años

en el exilio y prohibido en la Argentina,

mientras los gorilas hacían

desastres. Pero la fe estaba intacta

en que “Perón vuelve y pone orden”.

¿Qué fe puede existir si los herederos

de Perón hacen ellos mismos el

desastre? ¿Qué queda en el horizonte

si la representación popular

ya no representa y del otro lado solo

hay el antipueblo?

Peronistas “creativos”

El desbande del movimiento es

realmente grave y debe evitarse a

toda costa, sin lugar a dudas. Pero

la caída de la fe entre los civiles no

militantes es la consecuencia más

nefasta de la desviación causada

por el entrismo. Y eso es exactamente

lo que vuelve a pasar en los

días de hoy, aunque los aspectos

formales del entrismo actual aparezcan

distintos a lo que fueron

en los años 1990 y, por lo tanto,

aun no detectables para el sentido

común de la militancia en general.

Desde los incidentes al regresar Perón del exilio y durante su breve tercer gobierno, se normalizó la división entre un peronismo “heterodoxo”

y uno dicho “ortodoxo”, donde este último reivindica la doctrina del General y el primero sigue siendo un instrumento del gorila para hacer

entrismo por ambos flancos y hacer peronismo antiperonista, esto es, peronismo sin doctrina.

44 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Habiéndose agotado el truco del

entrismo neoliberal —sería imposible

volver a instalar las premisas

ideológicas del Estado mínimo, de

las privatizaciones, de la meritocracia

y otros liberalismos baratos

entre militantes que vivieron todo

eso en carne propia y tienen bastante

fresco el recuerdo del hecho

y sus consecuencias—, los gorilas

se las tuvieron que ingeniar hasta

dar con la fórmula o el formato

con el que penetrar otra vez en el

peronismo para dividirlo, desviarlo

y vaciarlo de sentido. Como en los

1990, el antiperonismo hace otra

vez una doble hermenéutica de la

categoría “peronismo” y de nuevo

viene a instalar que los contenidos

de dicha categoría no son los establecidos

en la doctrina del General

Perón. En la última década del siglo

XX los contenidos interpolados,

como veíamos, fueron los del neoliberalismo

del avasallante Consenso

de Washington. Y ahora son los de

la socialdemocracia dicha progresista,

que también es como decir

liberalismo, pero en colores y a pura

alegría efímera y posmoderna.

Así es como los entristas del momento,

con una gran habilidad para

hacer el mal y hacer el daño, vienen

logrando instalar en la conciencia

de la militancia bajo la categoría de

“peronismo” una infinidad de contenidos

que no pertenecen a la doctrina

rectora del movimiento que le

dio la felicidad al pueblo argentino y

que a veces incluso están en frontal

contradicción con esa doctrina.

Los entristas están logrando otra

vez instalar que el peronismo es

algo que no les sirve a las mayorías

populares y un ejemplo de ello es el

mal llamado “garantismo”, que de

garantismo no tiene nada y sí mucho

de un posmarxismo con cierto

tufo a Foucault. Para la fe que tiene

el pueblo argentino en el peronismo,

una de las verdades es la paz

El Consenso de Washington en los años 1990 impactó en el peronismo y el entrismo por

“derecha” triunfó, marginando al peronismo “doctrinario”. La situación se repite hoy, con el

cisma y el desbande incluidos, pero “por izquierda”.

reinante de la comunidad organizada,

que incluye la garantía para el

trabajador de clase popular y media

de que no habrá amenazas constantes

a la vida y/o al patrimonio

de los individuos y las familias del

pueblo. En otras palabras, la fe del

argentino en el peronismo es de que

el peronismo tendrá siempre a raya

a los delincuentes y existirá el orden

social. Es el fenómeno de la inseguridad

que los peronistas actuales

no saben, no pueden y, más probablemente,

no quieren controlar.

¿Por qué? Porque son rehenes de

la ideología “garantista” por la que

cualquier intento de planificación

y ejecución de políticas de seguridad

será interpretado como “mano

dura”. Ahí está el infame peronismo

“garantista” que va a ser leído por

el sentido común de los civiles no

militantes como “hay derechos humanos

para los delincuentes, pero

no para la gente”. Es una infamia

y es, desde luego, una catástrofe.

Se instala día a día la asociación

contra natura del peronismo con el

desorden, o de que en un gobierno

peronista hay más inseguridad que

durante un régimen gorila.

Importan muy poco aquí las disquisiciones

filosóficas de los biempensantes

intelectuales progresistas y

posmarxistas, no es una cuestión

de debatir a ver quién tiene la razón.

No es sino otra obviedad ululante

la de que buena parte del delito en

este actual sistema capitalista tiene

su origen en la desigualdad social

y en la marginación de los muchos

por una sociedad egoísta. ¿Quién

lo va a negar? Nadie y aun así el

problema subsiste. El delito que llamamos

inseguridad victima fundamentalmente

a las clases populares

y medias trabajadoras que caminan

por la calle y están expuestas al

robo y al crimen. Los ricos no padecen

el mal, pues tienen seguridad

privada y se trasladan casi siempre

muy bien blindados por tierra y por

aire. La inseguridad destruye la

armonía de las mayorías populares,

les quita la paz. Y sin dejar de

reconocer que el origen del problema

está en la desigualdad social,

el peronismo está en la obligación

45 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


San Martín, Rosas y Perón, la línea histórica del peronismo repleta de militares que los peronistas “heterodoxos” dichos “progresistas” intentan

ignorar y ocultar, haciendo un relato falsificado.

de resolver el problema de modo

inmediato —ahora, disponiendo ya

de los recursos para castigar, sacar

de circulación y luego reeducar a

los que incurren en la comisión de

delitos— mientras va implementando

políticas a mediano y largo

plazo tendientes a disminuir y hasta

erradicar la desigualdad social que

está en la raíz del problema. Pero la

cháchara progresista y posmarxista

de los peronistas “garantistas”

es la propia ineptitud y no hace ni

lo primero ni lo segundo. No pone

orden mediante el uso del monopolio

de la fuerza que es inherente

al Estado y tampoco hace políticas

de mediano y largo plazo efectivas

hacia la justicia social. No hace

nada, el progresismo infiltrado en el

peronismo no hace nada que no sea

perder el tiempo en sendos debates

en los que cada intelectual disfruta

del bello sonido de su propia voz. Y

mientras tanto, como se sabe, la inseguridad

campea en los barrios de

las ciudades y hasta de los pueblos,

consolidando la perniciosa idea de

que el peronismo no pone orden

y hasta por el contrario, fomenta

la “vagancia” y la delincuencia en

general.

Hay muchos más ejemplos de

cómo el progresismo infiltrado en

el peronismo para hacer entrismo

instala ahora el posmarxismo de los

autores posmodernos más perfumados

de Francia para vaciar al peronismo

de su sentido original y volver

a llenarlo con contenidos que le son

extraños, lo que es la descripción

exacta del proceso de doble hermenéutica.

Además de los oprobiosos

“garantistas” de la manito blanda,

hay peronistas que militan la ideología

“de género”, están los que

pierden el tiempo con un pobrismo

inconducente, los hay imbuidos de

una ideología “antimilico” (en un

movimiento fundado por un militar y

que tiene todos militares en su línea

histórica, desde San Martín hasta

Juan José Valle y César Milani,

véase bien) y hasta hay de los que

se reivindican hijos de la cultura hippie,

nada más alienígena para un

criollo hispanoamericano. Lo único

que escasea son peronistas de las

20 verdades que estén ocupados en

devolverle la felicidad al pueblo-nación

argentino. Hay muchos más

ejemplos, como decíamos, de peronistas

que militan lo que les venga

en gana y no lo que el pueblo quiere

y son entristas como lo fueron los

que en los años 1990 metieron el

liberalismo por la puerta y sacaron

al peronismo por la ventana, pero

todo conduce siempre a lo mismo: a

las luchas fratricidas entre compañeros,

al desbande de la militancia

y la caída de la fe del pueblo en que

el peronismo resuelve los problemas

y trae la felicidad.

Esta última es la consecuencia

más grave, es lo que conduce al

fin a la anomia, al “son lo mismo”

y a las ya bien conocidas crisis de

representatividad. Ahora como

entonces, los entristas están logrando

desconectar al peronismo

del pueblo y están, en una palabra,

destruyendo la esencia del peronismo.

En la política lo único que tiene

46 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


el peronismo para ofrecerle al pueblo

argentino es la felicidad, es la

realización material y espiritual del

individuo en una comunidad que se

realiza, como diría el General Perón.

Si el peronismo pierde eso, si deja

de darle felicidad al pueblo, entonces

el peronismo es un sello electoral,

uno más entre tantos. Y desde el

punto de vista de los millones que

votan cada dos y cuatro años todos

los sellos electorales son iguales.

Al no haber sustancia en ninguno

de ellos el voto se va a definir siempre

por el marketing electoral y

ahí está el peronismo destruido. El

entrismo progresista, posmarxista

y posmoderno nos conducirá a la

derrota “por izquierda” como hizo

el neoliberalismo en los 1990 “por

derecha”. La diferencia es solo de

banda, porque el resultado es rigurosamente

el mismo.

Interna y otros aspectos

La lucha por el contenido del peronismo

como categoría no es una

guerra de egos por ver quién conduce

ni es una cuestión de imponerse

ideológicamente por razones estéticas.

La pelea es a muerte, es a

cara de perro, como suele decirse,

por definir para qué va a servir el

peronismo en la reconstrucción del

destino nacional en Argentina. De

hecho, la suerte de los 45 millones

de argentinos está atada y hasta

subordinada al resultado que arroje

esa lucha hermenéutica en la interna

peronista. Si el peronismo cae

definitivamente en manos de los

socialdemócratas dichos progresistas,

entonces el peronismo dejará

de ser nacionalista popular y, por

lo tanto, será una especie de herramienta

política “cosmopolita” en

manos de los poderes globales para

cristalizar el estado semicolonial

del país, sometiéndolo a una dominación

arraigándose profundamente

en la cultura hasta la supresión

del ser nacional. Un peronismo así,

sin patria y sin cuidado de todo lo

nuestro, funcionará en la construcción

de una hegemonía infernal en

la que habrá dos falsas opciones de

proyecto de país, ambas perfectamente

alineadas con el imperialismo

globalista. Pero si el peronismo

logra recuperar sus principios y valores

establecidos en la doctrina del

General Perón y pisa fuerte con el

nacionalismo popular que lo caracteriza,

al pueblo argentino le restará

la esperanza de liberación, felicidad

y paz. Por más poderosa que sea

y siga siendo nuestra oligarquía

cipaya como personera local de

los intereses del poder global, si el

pueblo-nación argentino tiene fe

en el peronismo como una opción o

un instrumento político mediante el

que pueda ser protagonista y expresarse

en su necesidad de soberanía

política, independencia económica,

justicia social y paz, la lucha seguirá

y los pueblos tendrán la posibilidad

de triunfar.

Pero esa posibilidad desaparece

si el peronismo cae en manos de individuos

cuya ideología e intereses

particulares no coinciden con los

intereses generales de los argentinos.

La derrota popular estará

finalmente sellada y en la política

argentina se discutirán artículos de

perfumería para no hablar jamás de

lo esencial. La derrota, una vez más,

se va a consolidar como definitiva

al no existir ya la posibilidad de

lucha. Es por eso que en la interna

del peronismo se juega mucho más

que cuestiones partidarias. Con el

radicalismo ya difunto y todas las

demás fuerzas existentes sin poten-

El General César Milani, víctima del peronismo “progresista” al ser falsamente denunciado

en base a “investigaciones” de Horacio Verbitsky entregadas al trotskismo. La Justicia

encontró a Milani inocente de todas las acusaciones, pero el daño ya estaba hecho: el gobierno

de Cristina Fernández de Kirchner perdió la oportunidad dorada de lograr un Ejército

peronista para la defensa de los intereses del pueblo-nación.

47 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Emiliano Zapata: “El que quiera ser águila que vuele y el que quiera ser gusano que se arrastre,

pero que no llore cuando lo pisen”. En esta frase del patriota americano está la disyuntiva

del pueblo argentino en la actualidad.

cia, capacidad o voluntad de asumir

lo nacional-popular, el peronismo

es hoy la última esperanza del

pueblo argentino para insubordinarse

frente a esta neocolonización

que llega desde las corporaciones

mayormente asentadas en China.

Muchos de los nuestros se están

dejando convencer por el relato

progresista del globalismo de que el

único imperialismo posible es el de

los Estados Unidos y eso no solo no

es así, sino que es una idea trasnochada

puesta a propósito de generar

confusión. Los estadounidenses

ya están en franco descenso y luchando

ellos mismos por encontrar

una forma de salir del berenjenal en

el que se metieron tras asumir una

hegemonía unipolar insostenible a

partir de la disolución de la Unión

Soviética, su contraparte histórica.

Entonces hay entre nosotros los que

simpatizan con una China en ascenso

y ven allí una alternativa.

No hay alternativa en la sumisión,

todos los imperialismos hacen

siempre lo mismo con sus subalternos,

no hay imperios mejores

ni imperios peores. El entrañable

sociólogo del estaño Arturo Jauretche

decía, en su enorme sabiduría

criolla, que cambiar de dominante

—en su tiempo la alternativa imperial

ofrecida por los progresistas

de la época era la Unión Soviética—

no es más que cambiar de

collar, pero de lo que se trata es de

dejar de ser perros. Fuimos perros

de los españoles y llamamos a los

ingleses para echarlos a principios

del siglo XIX; luego, vinieron los

estadounidenses y reemplazaron a

estos después de la II Guerra Mundial.

Fuimos entonces perros de

los Estados Unidos, con la Doctrina

Monroe y finalmente el Consenso de

Washington como nuevo estatuto

legal del coloniaje. Y ahora, finalmente,

el progresismo nos propone

empezar a funcionar en la órbita de

un globalismo apátrida que localiza

sus corporaciones en China. Esos

son, al parecer y en el relato de la

socialdemocracia posmoderna que

quiere redefinir el contenido del

peronismo, el “futuro”. De lo que

nunca hablan esos “ciudadanos del

mundo” es de dejar de ser perros y

declarar, de una vez y para siempre,

nuestra segunda y definitiva independencia.

Quieren cambiar otra

vez de collar y necesitan asegurarse

de que un peronismo alejado del

pueblo y de cualquier conato de nacionalismo

popular no sea estorbo

para sus planes globales. El pueblo

argentino tendrá la última palabra

esta vez. ¿Estará a la altura de las

circunstancias? ¿Comprenderá la

importancia de lo que se juega en

la interna peronista, que es trascendental?

Si las respuestas son

negativas, entonces cambiaremos

de collar sin dejar de ser perros y

habrá pasado por lo que queda de

este siglo XXI otra oportunidad histórica

para descolonizar. Pero si las

respuestas a los interrogantes son

positivas y el peronismo no se deja

victimar por la doble hermenéutica

de los posmodernos, podremos llevar

a cabo y concretar el proyecto de

San Martín y Bolívar. En todo caso,

está en nuestras manos. “El que

quiera ser águila que vuele y el que

quiera ser gusano que se arrastre”,

decía un enorme patriota hispanoamericano

como el General Emiliano

Zapata. “Pero que no grite cuando

lo pisen”. ¿Águila o gusano? Una

vez más y para siempre, este asunto

está en nuestras manos.

48 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


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49 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


ANÁLISIS

Sensación de

inseguridad

ERICO

VALADARES

De manera involuntaria, pero

efectiva. Así fue cómo el

gobierno de las contingencias

abrió un nuevo frente de

batalla cuando la ministra

Sabina Frederic dio en los primeros

días de agosto ante los medios de

difusión un concepto muy parecido,

tanto en la forma como en el fondo,

a una clásica y desafortunada frase

de la política de otros tiempos. Al

ser consultada sobre la posible

relación entre el aumento de casos

de robo y un mayor nivel de circulación

de personas al flexibilizarse el

aislamiento social obligatorio tras

casi 150 días de confinamiento,

Frederic habló en cambio del rol de

los medios de difusión y dijo que

“no hay muchos robos, pero los

hacen visibles”. O por los menos

así informaron los propios medios,

en los que opera gente experta en

tergiversar lo dicho y reproducirlo

hasta el infinito para generalizar su

50 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


interpretación como verdad, como

prescribiera un Nietzsche hace más

de un siglo. Frederic dijo lo que dijo

o quizá haya dicho algo parecido,

eso es irrelevante. Para el caso, será

suficiente con saber que Sabina

Frederic abrió la caja de Pandora al

hablar y al minimizar el problema

de la inseguridad en un momento

delicado de la coyuntura.

Como veíamos, es un nuevo frente

de batalla para que luche allí un

gobierno con unos ocho meses de

existencia, en los que el presidente

Alberto Fernández la ha corrido

de atrás y con el traje de bombero

puesto. La pandemia del coronavirus

que golpeó sobre los últimos

días del verano y forzó la adopción

de medidas sanitarias resultó ser

el golpe de gracia a una economía

que ya venía maltrecha luego de

cuatro años de un monumental

saqueo oligárquico. La economía

nacional está hoy en estado de calamidad,

arruinada quizá hasta sus

cimientos, con el índice de pobreza

trepando por arriba del 55%, el

de desocupación ya en niveles de

angustia y la quiebra generalizada

de empresas y de negocios. Pero

eso no es todo porque hasta ahí la

descripción es de lo que sucede, en

mayor o en menor medida, en todos

los países de mundo. El coronavirus

puso un frenazo a la economía mundial

y nadie se salva realmente de la

calamidad económica generada por

las cuarentenas, los aislamientos

sociales y demás restricciones a la

circulación que detienen necesariamente

toda actividad. La apertura

del frente de la inseguridad llega

para el gobierno de las contingencias

en un momento delicado, en el

que además del coronavirus y sus

consecuencias están el fracaso en

la expropiación y en la intervención

de la cerealera Vicentín, el proyecto

de reforma judicial, el acuerdo por

la deuda externa con los bonistas,

miles de intrigas corriendo en paralelo

y mucho más. En una palabra,

al resurgir el miedo a la inseguridad

en el horizonte de los argentinos el

gobierno de Fernández ya tenía varias

contingencias, varios frentes de

batalla abiertos. Y desde ninguno

de ellos llegaban buenas noticias.

Entonces reflotó el problema de

aquello que era anunciado y que en

Argentina se suele llamar “inseguridad”,

o el delito contra la propiedad

y/o la vida de la ciudadanía, sobre

todo contra las clases populares y

medias trabajadoras que circulan

por la calle y están expuestas al

flagelo. Al finalizar el mes de julio y

al reanudarse hasta ciertos niveles

la circulación de personas luego

de casi cinco meses de un estricto

confinamiento, esa actividad delictiva

que llamamos inseguridad y

que había desaparecido del escenario

al establecerse el aislamiento

social obligatorio como medida de

prevención sanitaria volvió. Estaba

anunciado, como decíamos: con la

enorme mayoría de los individuos

refugiados en sus casas por la

cuarentena y, en consecuencia, casi

ninguna circulación en las calles,

los índices de delito habían descendido

a niveles bajísimos, de ensueño.

Pero bastó con que se flexibilicen

las restricciones a la circulación

para que empezaran a recuperarse

los números reales del delito, lo

que fue muy bien aprovechado por

los medios para crear un relato. La

fuerte baja en los índices de seguridad

al establecerse la cuarentena

no aparece en ese relato mediático,

no se explica que el delito de hoy es

el delito de ayer que había estado

suspendido y ahora vuelve. De la

forma en la que los medios presentan

el “aumento de la inseguridad”

parecería que el aumento es respec-

La ideología progresista “de izquierda” le jugó otra mala pasada a la ministra de Seguridad

de la Nación Sabina Frederic, quien no logra conectar con el sentido común de las mayorías

ni bajar de la torre de marfil de los intelectuales.

51 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


to a lo que había en marzo. Y eso no

es verdad. Hay mucho menos delito

hoy en Argentina que a principio de

este año, no se registra un aumento

real en los casos de inseguridad.

Por lo tanto, es probable que

la ministra Sabina Frederic haya

querido sublevarse y denunciar la

operación de sentido de los medios.

Y que, al hacerlo, sus convicciones

ideológicas le hayan jugado una

mala pasada: con “no hay muchos

robos, pero (los medios) los hacen

visibles” Frederic terminó emulando

una de las más infelices declaraciones

públicas de la historia de

la política argentina. Sin quererlo

y también sublevándose contra la

operación de sentido mediática,

a fines de julio de 2006 Aníbal

Fernández le regaló con un moño

a la intelectualidad orgánica del

poder la frase ideal para sacarse

de contexto y operar. Ese día, un

26 de julio muy simbólico para el

peronismo, Fernández hablaría de

una “sensación” de descontrol en

la seguridad ciudadana que, en

definitiva, no se correspondía con

el nivel de delito real existente en la

calle. Los operadores mediáticos no

necesitaron más para instalar en el

sentido común de la mayoría la idea

de que para el entonces ministro

del Interior Aníbal Fernández —y

para el gobierno de Néstor Kirchner

de un modo general, ahí estaba

el objetivo de la operación cuyo

origen fue la redacción del Diario

La Nación— la inseguridad es solo

una “sensación”, esto es, la idea de

que el gobierno negaba, en vez de

combatir, el problema del delito. La

misma idea fue instalada intensivamente

por los medios en los primeros

días de este mes de agosto del

presente, cuando la frase de Frederic

fue tomada y usada en el mismo

sentido y otra vez la conclusión fue

la de que el gobierno de Alberto

Fernández niega la inseguridad en

vez de combatirla. En resumen, la

“sensación de inseguridad” de los

Aníbal Fernández y los Néstor Kirchner

de ayer se recicla y se le atribuye

al actual gobierno. La misma operación

de sentido funcionando igual

en dos distintos momentos de la

historia y de la política argentina.

¿Por qué?, se preguntará el atento

lector. ¿Por qué la insistencia en

tropezar varias veces con la misma

piedra haciendo tantas declaraciones

para relativizar el problema

de la inseguridad? ¿Por qué no

atacarlo de frente con un discurso

y una política concreta de combate

al delito real? ¿No sería más fácil y

productivo cazar de una buena vez

el ratón? La respuesta puede ser un

misterio para algunos o puede ser el

resultado del alineamiento de varios

planetas en un sistema cuyo sol es

la ideología, es decir, la solución al

enigma de por qué elegimos negar

la problemática en vez de resolverla

está en las limitaciones ideológicas

típicas de quienes tradicionalmente

confundimos seguridad con represión

y nos limitamos a no hacer lo

primero para no correr el riesgo de

incurrir en lo segundo. Un ocurrente

diría que hay cosas que no hacemos

porque nuestra religión no nos las

permite.

Los límites ideológicos

El ‘Diario La Nación’ le atribuyó a Aníbal Fernández en el año 2006 la autoría del infeliz concepto

de “sensación de inseguridad”, que sirve hasta los días de hoy tanto para un barrido

como para un fregado. Cada vez que los medios quieren instalar que un gobierno peronista

no se ocupa de la seguridad ciudadana, se insinúa la “sensación de inseguridad” y listo,

la idea ya estaba previamente instalada en el sentido común de las mayorías y prende con

facilidad. Sabina Frederic no hizo otra cosa que reforzar y renovar ese prejuicio.

La incómoda verdad es que esa

tendencia a la negación de la

inseguridad tanto en Aníbal Fernández

como en Sabina Frederic es

representativa del comportamiento

general de la militancia de la causa

nacional-popular en Argentina. Por

alguna extraña razón —o tal vez por

una construcción de sentido poco

lógica, como veremos—, hablar

52 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


El concepto universal de derechos humanos, que en la Argentina fue derivando en las más variadas interpretaciones. Para el llamado “progresismo”

se trata de una propiedad del lumpenproletariado, lo que subleva la conciencia de las clases trabajadoras populares y medias.

de seguridad hoy en el interior del

peronismo que se agrupa en el novísimo

Frente de Todos es conflictivo,

a mucha gente le molesta el tema.

Desde los años 1980 y tras finalizar

la dictadura genocida, el progresismo

que en los Estados Unidos

califican como “liberal” porque es

eso mismo, el heredero más directo

de los jacobinos franceses, empezó

a hacer entrismo en el peronismo y

fue instalando entre las prioridades

ideológicas del movimiento el falso

“garantismo”. El peronismo, por su

parte, el que históricamente jamás

había sido tolerante con la delincuencia

y menos aun cuando va en

contra los trabajadores, de pronto

pasó a ponderar los “derechos

humanos” de los delincuentes a la

manera del progresismo, esto es,

considerando el accionar de la policía

y de la Justicia en la represión

y castigo al delito como violaciones

a los derechos humanos. Cuando el

sentido común en los barrios vocifera

que “solo hay derechos humanos

para el delincuente, nunca para la

víctima”, está expresando de un

modo brutal esa contradicción. Y de

este lado de la grieta no podemos

evitar la mueca de fastidio al escuchar

esa expresión.

Es que el ciudadano de a pie observa

con el sentido común lo que la

militancia ideológicamente no logra

ver: desde el punto de vista del que

no está involucrado en la lucha

política, que es la enorme mayoría,

el Estado no aparece jamás para

prevenir y/o para reprimir el crimen

y el delito cotidiano, pero está siempre

presente para garantizar los

“derechos humanos” (en un sentido

de impunidad) de los malvivientes.

El reciente caso del jubilado que

persiguió y ejecutó a un ladrón en

Quilmes es la expresión clásica de

esa opinión mayoritaria. Al parecer,

hubo omisión por parte de la policía

en reiteradas ocasiones de robo no

solo al jubilado en cuestión, sino al

vecindario entero y, por extensión,

a todos los vecindarios del país.

La fuerza de seguridad no hizo su

trabajo para evitar que cinco delincuentes

entraran a la casa del

trabajador jubilado Jorge Ríos, lo

torturaran con herramientas y lo

interrogaran por dinero atesorado.

Solo cuando Ríos mató a uno de

los delincuentes mientras estos

huían apareció la policía y, para

peor, aparecieron también algunos

de los nuestros para condenar

socialmente al trabajador jubilado.

Una vez más quedó reforzada en la

conciencia del sentido común del

argentino no politizado la delirante

idea de que los peronistas defendemos

los “derechos humanos” de los

delincuentes a modo de zoncera por

encima de los intereses del pueblo

trabajador.

Ahora bien, si eso pasa y si una

parte de nuestro pueblo hace esa

idea de la militancia peronista

es porque el propio peronismo

está haciendo algo mal o, mejor

dicho, se omite en cierto modo.

Al dejarse colonizar por el progre-

53 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


el pragmatismo le genera espanto.

El exceso de ideología en el Frente

de Todos —donde el propio Sergio

Berni es un cisne negro— le da el

aspecto de una alianza de “centroizquierda”,

si se quiere, con una

idea socialdemócrata más cercana

a los ideales de Raúl Alfonsín que

a la doctrina del General Perón. En

los puestos claves de la administración,

que es desde donde debió

partir la iniciativa de combatir el

delito con las herramientas más

idóneas para lograr el objetivo,

abunda la limitación ideológica y la

respuesta, en consecuencia, es la

negación del problema.

Dar respuestas

Patricia Bullrich es la hija de la oligarquía que supo capitalizar el sentido común, pero con el

discurso extremo de la “mano dura”. En el Frente de Todos muchos no pueden comprender

cómo Bullrich sigue teniendo altos niveles de imagen positiva entre las clases populares.

sismo en las últimas décadas y al

aceptar la interpolación del falso

“garantismo” en su doctrina, el

peronismo impuso a sí mismo un

límite ideológico sobre una cuestión

pragmática de la realidad efectiva.

Se ató las manos. Esposados,

los peronistas de hoy no pueden

debatir abiertamente soluciones

efectivas al problema del delito y

deben limitarse, precisamente, a la

repetición de las viejas fórmulas de

“educación, trabajo y contención

social”, que son la solución a mediano

y largo plazo. Para dar una

solución inmediata al vecino del

barrio al que ya le han robado una

infinidad de veces o a la madre cuyo

hijo perdió la vida en una situación

de inseguridad, sin embargo, nadie

se atreve a decir nada. No vaya a

ser cosa que el de al lado considere

que allí hay una expresión de “mano

dura” y meta escrache por “facho”.

Salvo en el sector de Sergio Berni,

ningún dirigente peronista se

anima hoy a enfrentar la extorsión

progresista y decir lo obvio ululante

sobre la inseguridad. Lo único que

se nos ocurre es negar, minimizar y

repetir el guion de lo políticamente

correcto. El “garantismo” de cotillón

tiene una fuerza similar a la ideología

dicha “de género” hoy en el

peronismo y son muy pocos los que

se atreven a decir una palabra y a

cuestionar.

He ahí que es muy difícil para el

peronismo cazar el ratón de la inseguridad,

o resolver de una buena vez

aquello que el ministro de Seguridad

de la provincia de Buenos Aires

Sergio Berni llamó “enfermedad

endémica”, utilizando una metáfora

muy acorde a los tiempos. La fe de

los peronistas se materializa hoy en

la forma frentista de una alianza dominada

por un progresismo al que

En teoría, el Frente de Todos es

la diversidad del pensamiento al

interior de una alianza entre diferentes.

Pero en la práctica hay una

hegemonía progresista que impide

al peronismo acercarse al sentido

común de las mayorías. El resultado,

como se sabe, es el dejar sin

representatividad a vastos sectores

no politizados de la población. El

progresismo no quiere la “mano

dura” y es rápido al homologar a

Berni y a Patricia Bullrich, aunque

las diferencias entre estos son escandalosas.

¿Serán necesarias las

Bullrich, las doctrinas Chocobar y

las “mano dura” para que la ciudadanía

se sienta cuidada y representada

por la política?

Si se prescinde de la ideología y se

observa el problema desde la óptica

pragmática, resulta evidente que la

solución al problema de la inseguridad

no es ninguna operación sofisticada

y mucho menos tiene que

ver con ninguna “mano dura”, no

es asunto de tirar tiros con gatillo

fácil. Es una cuestión de justicia, de

hacer justicia, como suele decir un

peronista tan emblemático como

54 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


Guillermo Moreno. “Dentro de la ley

todo, fuera de la ley nada”, reitera

una y otra vez el exsecretario de Comercio.

En primer lugar, es necesaria

una profunda reforma del Poder

Judicial para juzgar con mayor

celeridad los crímenes y delitos ya

cometidos. El progresismo no lo ve,

pero permitir que un individuo esté

demasiado tiempo detenido sin acceso

a un juicio rápido y con amplia

defensa no solo es pernicioso para

todo el sistema, sino que constituye

una grave violación a los derechos

humanos sin comillas, que son los

derechos humanos reales. El garantismo

también sin comillas no es el

no castigo de las faltas: es la garantía

de justicia efectiva en el juzgarlas

correctamente y en la aplicación

de los castigos establecidos en la

ley.

Es necesario empezar por ahí, por

el Poder Judicial, que es la base

de todo el sistema y se encuentra

profundamente corrompido. Una

vez lograda esa celeridad en los

juicios con la observación de todas

las garantías constitucionales será

preciso asegurar el cumplimiento

efectivo de las condenas. La idea

de una “puerta giratoria” en las

cárceles y de la promiscuidad entre

jueces, fiscales y abogados es la

que termina de persuadir al sentido

común no politizado de que es solo

cuestión de tiempo (más bien poco)

hasta que un delincuente salga en

libertad para volver a delinquir. La

situación es exasperante, no hay

forma de argumentar con el ciudadano

de pie convencido de que un

preso sale de la cárcel si tiene el

dinero suficiente y un abogado con

los “contactos” indicados. Cada vez

que un delito o crimen sea cometido

por un reincidente que debió estar

en cumplimiento de una condena

los medios de difusión van a explotar

el hecho hasta el infinito para

reforzar la idea de la “puerta giratoria”.

La única forma de evitarlo es

obligando al Poder Judicial a cumplir

la ley para que nadie salga de la

cárcel un solo día antes del cumplimiento

de la condena fijada. Para

recuperar la fe del ciudadano en la

Justicia es fundamental que el que

quiebra la ley pague la totalidad de

su deuda con la sociedad.

Tampoco es cuestión de “mano

dura”, sino precisamente de garantismo

bien entendido, el asegurar

que luego de recibir una condena

en un juicio con amplio derecho a

defensa el preso sea alojado en un

penal con todas las condiciones humanas

de seguridad e higiene, sin

hacinamiento ni amenazas contra

su integridad física, moral y espiritual.

Esa es la obviedad ululante, la

de que las cárceles como máquina

de picar carne humana no cumplen

su función de resocializar al que

haya cometido un delito. Más bien

todo lo contrario: la actual estructura

carcelaria de la Argentina es

un espanto, no resocializa a nadie y

termina siendo un curso acelerado

de cómo volver a delinquir una vez

recuperada la libertad. En la práctica,

el encierro no tiene otra finalidad

que la de sacar de circulación

por un tiempo al que cometió una

falta contra la sociedad, un problema

cuya solución está ya contenida

en la enunciación del problema: la

finalidad o la utilidad de tener gente

encerrada en cárceles. ¿Para qué

están presos y qué hacen mientras

lo están? La alternativa es barata,

sencilla y encima redituable, es

darle una utilidad presente y futura

al tiempo de encierro. ¿Cómo? Con

trabajo y estudio, con actividades

que los presos pueden realizar sin

salir de la cárcel y que pueden ser

decisivas para que allí no vuelvan

en el futuro.

Hay innumerables proyectos en ese

sentido y todos coinciden en que,

al ser ingresado a un penal, a un

detenido con condena se le deben

ofrecer dos opciones de ocupación

a tiempo completo: profesión u

oficio. Si elige aprender un oficio,

deberá trabajar las ocho horas

legales en ello y deberá percibir un

salario acorde al trabajo realizado.

El salario podrá ser entregado en

parte a la familia del delincuente

Sergio Berni es el cisne negro en una alianza ubicada en la “centroizquierda” como el Frente

de Todos. Al ser peronista, no se deja capturar como rehén por el ordenamiento ideológico

horizontal entre “izquierda” y “derecha” y pone el oído en las calles.

55 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020


condenado y en otra parte depositado

en una caja de ahorro, a la que

podrá acceder una vez cumplida su

condena y liberado. Así se asegura

el bienestar de los familiares del

condenado por la Justicia —si los tuviere—

y a la vez queda garantizado

un fondo económico suficiente para

volver a insertarse en la sociedad

con su nuevo oficio, sin la necesidad

de reincidir en el delito. Varios

pájaros de un solo tiro, como se ve.

Por otra parte, si un detenido con

condena firme optara por una profesión

en el esquema de ocupación a

tiempo completo, le correspondería

al Estado proveer las condiciones

para que sea posible el estudio de

la totalidad de la carrera universitaria

en la cárcel. ¿Gratis? Para nada.

Una vez recibido en la profesión

elegida y cumplida su condena, el

ahora profesional asumiría el compromiso

de restituirle a la sociedad

el costo de su educación superior

trabajando para el Estado durante

un periodo determinado, que podría

ser equivalente a la duración de la

carrera. Todo perfectamente ajustable,

perfectible como la vida misma,

aunque en esencia siempre se trata

de lo propio y nunca tiene nada que

ver con ninguna “mano dura” inhumana,

innecesaria, indeseable y

contraproducente para la sociedad.

Los derechos humanos reales de

un individuo nunca pueden pasar

por ni pueden resultar en impunidad

para quien viola la ley. Si eso

ocurre, no solo hay una perversión

del concepto de “derechos humanos”,

sino que además tiene lugar

una violación a los derechos humanos

de las mayorías populares

trabajadores que no delinquen. Y

eso es una injusticia, lo opuesto a la

justicia tan anhelada. Es probable

que la construcción de una política

de seguridad seria y efectiva siga

siendo todo un tabú entre los que

militamos la causa de los pueblos,

es muy difícil romper la inercia. Pero

la inseguridad en nuestro país es un

problema real, crónico, es la “enfermedad

endémica” en los dichos

de Sergio Berni y no se irá solita a

Las espantosas condiciones de alojamiento en el sistema penal argentino resultan en

sendos motines, pero además hacen de las cárceles una garantía de la imposibilidad de

reinsertar a los presos en la sociedad: salen de allí más delincuentes que al entrar.

ninguna parte.

No conviene olvidar que la política

es el arte de representar a los

muchos y que, en la construcción de

proyectos políticos de largo aliento,

el grado de éxito está en proporción

directa con el nivel de arraigo en

el sentido común de las mayorías

de los dirigentes y militantes del

proyecto en cuestión. Los gobiernos

son coyunturas que duran más

o menos según su capacidad de

evitar el microclima de los círculos

políticos, poner el oído en la calle

y hacer su política real en base a

la satisfacción de los deseos, los

miedos y las esperanzas del hombre

de a pie.

Así, finalmente, un gobierno tiende

a alargar su coyuntura y tiende

asimismo a acercarse asintóticamente

a la concreción de su proyecto

a medida que, en el proceso,

va logrando equilibrar la aplicación

del programa con la representación

de los intereses objetivos y subjetivos

de las mayorías populares.

A la inversa, una parcialidad en la

política tiende a abreviar su estancia

en el poder en el Estado cuando

se aleja del sentido común e intenta

imponer su verdad. Los problemas

sociales no desparecen si los barremos

debajo de la alfombra o los

intentamos minimizar en consignas

ideológicas. Lo único que se logra

con eso es perder la representación

de aquellos que alguna vez creyeron

en nuestro proyecto. Para que

nuestra coyuntura sea larga y podamos

realizar el proyecto de país

nacional-popular necesariamente

hay que atender las demandas de

la mayoría de nuestro pueblo-nación.

La seguridad es una de esas

demandas, no es una sensación ni

un relato de los medios. Es real y el

peronismo se tiene que hacer cargo

para que deje de serlo.

56 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2020

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