26.10.2020 Views

Revista Hegemonía. Año III Nº. 32

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

SHOW MORE
SHOW LESS

Create successful ePaper yourself

Turn your PDF publications into a flip-book with our unique Google optimized e-Paper software.

Nº. 32 AÑO III | OCTUBRE DE 2020

labatallacultural.org

HEGEMONIA

TEORÍAS

DE LA

CONSPIRACIÓN


REDES SOCIALES

facebook.com/batallakultural/

En Mar del Plata, a metros del centro

y las mejores playas de La Perla.

Más de 80 habitaciones con pantallas

de 42”, wi-fi y aire acondicionado.

Exquisito desayuno buffet, cochera,

sala de juegos y salón de conferencias.

La mejor gastronomía

hotelera en Mar del Plata.

Exquisitas propuestas gourmet y

una exclusiva carta de vinos.

Abierto todo el año mediodía y noche.

Consultá por nuestros menúes

especiales de fin de año.

twitter.com/LBC_Hegemonia

instagram.com/batallakultural/

t.me/labatallakultural

EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

de sus lectores mediante suscripciones regulares y

de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición

las empresas de capital privado. Para suscribirse

y/o auspiciar esta revista, contáctese:

Teléfono: (2245) 40-3510

Mail: hegemonia@labatallacultural.org

3 DE FEBRERO 2975 | Mar del Plata

Tel./Fax (0223) 495.5552 - 495.9888

reservas@hotel10deseptiembre.com.ar

www.hotel10deseptiembre.com.ar

Hotel 10 de Septiembre

Restaurante 10 de Septiembre

Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas

en esta revista y eventualmente firmadas son

de exclusiva responsabilidad de sus autores y no

representan necesariamente el pensamiento ni la

línea editorial de La Batalla Cultural.


HEGEMONIA

32

CONTENIDO EXCLUSIVO

Teorías

de la

conspiración

20

IDENTIDAD PERONISTA

¿Qué nos

conduce?

54

OPINIÓN

Polémico

y patotero

45

ANÁLISIS

Las nuevas

formas de

dominación


EDITORIAL

El reverso de la trama

En la edición anterior de esta

Revista Hegemonía, la 31ª.,

empezábamos a indagar sobre

aquello que todos queremos

saber y nadie se anima a

preguntar. En concreto, con mucha

sutileza y cautela, preguntábamos

por el rol de Cristina Fernández en

el actual incendio resultante de los

diez primeros meses de gobierno

del Frente de Todos. Pasó un mes y

más, hemos sido obligados a retrasar

muchísimo la impresión de

esta presente edición a la espera

de definiciones y no las hubo. Todo

sigue igual de oscuro, salvo por el

aumento brusco en la visibilidad de

Sergio Massa hacia el interior de

la precaria construcción política y

por eso, porque sigue invisible la

cuestión de la piedra angular de

dicha construcción y por haber un

notorio avance del socio indeseado,

no queda ya margen para la especulación.

Ahora es necesario empezar

a preguntarse directamente,

sin ambages: ¿Dónde está Cristina

Fernández de Kirchner?

Así viene esta 32ª. edición de

nuestra Revista Hegemonía y así

vendrán todas las ediciones posteriores,

ya sin eufemismos respecto

a este delicado asunto. Es hora de

hablar sin prejuicios, sin vueltas y

fundamentalmente sin compromiso

con ninguno de los extremos en la

actual grieta. ¿Por qué? Porque la

situación es límite y no existe ya el

margen de tolerancia a la rosca y a

la intriga que existió hasta hace algunos

meses. La economía nacional

está al rojo vivo en un parate inusi-

4 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


tado que se debe justamente a la

indefinición política en el Frente de

Todos, la situación social se acerca

muy peligrosamente a un estado

de anomia. Todo eso pone en riesgo

otra construcción política, una

mucho más grande e importante:

nuestra construcción política de dos

siglos como pueblo-nación. Lo que

está juego aquí es la integridad de

la Argentina como tal, como país. Y

eso no admite especulaciones.

Mientras los medios de un lado y

del otro de la grieta distraen a los

pueblos con esa intriga delirante

y deslindando responsabilidades

entre el kirchnerismo y el llamado

“macrismo”, que es el antikirchnerismo,

el país se hunde a un ritmo

enloquecido. Los medios de comunicación

dominantes —desde los TN

hasta los C5N, todos los medios—

dedican la totalidad de su programación

a dar un sesgo de confirmación

orientado al consumo de

parcialidades ideológicas, esto es,

no hacen otra cosa que satisfacer

el gusto estético de sus respectivos

extremos ideológicos, a los que se

dirigen con su mensaje diario. Lo

que nadie hace es ir al fondo de la

cuestión para decir de una vez que

aquí existe un problema muy grave

derivado de una indefinición política.

La Argentina está paralizada y

está retrocediendo hacia un pasado

inaudito porque no termina de resolverse

la pugna entre los distintos

sectores que conforman el Frente

gobernante.

Eso es lo que los medios no dicen

y eso es lo que está pasando. Las

luchas intestinas entre el Frente

Renovador de Sergio Massa y el

kirchnerismo genérico de Cristina

Fernández por la conducción del

proceso están trabando al gobierno,

no le permiten asumir una postura

clara que resulte en un plan económico

definido. Sergio Massa quiere

una cosa, Cristina Fernández quiere

otra muy distinta y entonces el

resultado es que ni la una ni la otra

tienen lugar en la práctica. Son dos

proyectos luchando sin que ninguno

de los dos se realice.

Ahora bien, eso nos conduce a

lo siguiente: si Cristina Fernández

tiene la mayoría de los votos en el

Frente de Todos y es políticamente

más fuerte que Sergio Massa, entonces

podría imponerse ya, darle al

gobierno su impronta y resolver con

eso la situación presente, cosa que

no pasa. ¿Por qué no pasa? ¿Por

qué Cristina Fernández simplemente

no toma el control del gobierno

del Frente de Todos y obliga a Alberto

Fernández a hacer aquello que

prometió en campaña, la razón por

la que recibió el voto de millones de

militantes y simpatizantes kirchneristas?

¿Por qué?

Porque algo impide a Cristina Fernández.

Algo, nadie sabe muy bien

qué cosa. Hay especulaciones, hay

hipótesis, pero nadie sabe a ciencia

cierta de qué se trata. Entonces es

necesario cuestionar hasta que se

sepa, es preciso exponer las hipótesis

hasta que aparezca la verdad

y el pueblo argentino sepa por qué

está siendo embestido por una crisis

monumental resultante de una

intriga que está fuera de su alcance

y fuera del alcance de su comprensión.

Alguien debe empezar a

exponer esas hipótesis, ponerlas en

el tapete para disparar el debate

y el cuestionamiento. Y no serán

los medios de comunicación dominantes,

desde luego dominados

por la pauta oficial, por sus propios

intereses y por los intereses de las

parcialidades que los controlan.

Los medios no van a decir qué pasa,

solo van a distraer con asuntos secundarios

mientras el pueblo argentino

lo permita. Los que lo vamos

a decir seremos los medios que no

tenemos compromiso con eso, sino

con los lectores y con los intereses

permanentes de la patria y del pueblo,

del pueblo-nación argentino.

Así viene Hegemonía este mes,

aportando un granito de arena muy

pequeño, pero exclusivo. Lo que se

dice aquí no se dice en ninguna otra

parte. Lo único que se requiere es

coraje y aquí está, con la sola esperanza

de que al atento lector le sirva

para lo que se viene.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


OPINIÓN

Alberto puede triunfar

ERICO

VALADARES

Insatisfacción en los unos, decepción

en los otros. Algunos todavía

con una punta de esperanza,

mientras por otra parte gritan

que la cosa ya no tiene remedio.

Un poco más allá, una minoría se

aferra al fanatismo ciego y sordo

para evitar la caída de la fe, acaso

el último refugio del que no tiene

más que su propia esperanza. A

tan solo diez meses de empezar a

caminar —de los que por lo menos

seis estuvieron signados por la

crisis del coronavirus— el gobierno

del Frente de Todos se encuentra

en medio a la inusitada situación

de verse cuestionado por extraños y

también por propios. No se supone,

como sabrá el atento lector, que un

gobierno reciba tantos embates a

tan poco tiempo de haber asumido

y entonces no son pocos los que

hoy se preguntan por qué. ¿Por qué

habiendo recibido una herencia

tan pesada del gobierno anterior y

habiendo sido embestidos por el

coronavirus a los tres meses de iniciarse

el nuevo gobierno se escucha

tanto ruido de disconformidad que

se niega a callar?

Es una situación realmente insidiosa.

En condiciones consideradas

normales, en diez meses de

6 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


gobierno el panorama tendría que

ser más bien pacífico y la marcha,

triunfante. Por una parte, debería

existir una oposición en silencio,

avergonzada por las calamidades

resultantes de la gestión de gobierno

de su espacio político en los

cuatro años anteriores. Los militantes

y simpatizantes de lo que hoy

se suele denominar vulgarmente

macrismo, siempre en condiciones

normales, tendrían que estar hoy

escondidos, privados de opinión y

apostando al olvido en el tiempo

para llegar con alguna posibilidad

no a las elecciones del 2023, que

es muy poco tiempo para perder la

memoria, sino a las del 2027. Y, no

obstante, dicha oposición está en

llamas, movilizándose por prácticamente

cualquier motivo fútil y a

unas dos cuadras de empezar a decir

que Mauricio Macri tenía razón,

si es que ya no lo dice. Aquellos que

debieron callar por los próximos

siete años y monedas ya están sublevados

y esa es una sublevación

muy precoz.

Por otra parte, hay cuestionamiento

y discusión allí donde solo debió

existir entusiasmo y unidad. Si bien

una pequeña parte de los propios

sigue apoyando incondicionalmente

a Alberto Fernández como si se

tratara de la mismísima Cristina

Fernández, los más lo critican y algunos

dejaron de apoyar al gobierno

albertista, habiendo entre estos

últimos de los que directamente ya

se oponen y gritan esa oposición

en público. Bien observada la cosa,

el escenario es peor que el del año

2015. No había en el último año

del gobierno de Cristina Fernández

tantos cuestionamientos ni mucho

menos, aun con doce años de

gestión a cuestas y todo el desgaste

que eso supone. Por lo pronto, la

sublevación en las filas propias era

inexistente, el entusiasmo general

de la tropa estaba intacto. En cambio,

en tan solo diez meses se ha

llegado a tener un nivel de desgaste

superior al que existió hacia mediados

de 2015 luego de doce años de

gobierno.

Con el giro brusco en la política

exterior simbolizado en el apoyo

argentino al Informe Bachelet, que

denuncia violaciones a los derechos

humanos en Venezuela y condena al

gobierno de Nicolás Maduro por supuestos

crímenes de lesa humanidad,

Alberto Fernández echó la gota

que faltaba para rebalsar el vaso de

la paciencia de una buena parte de

sus hasta aquí seguidores. Muchos

de estos ya venían inquietos ante un

gobierno sin plan económico y que

desde hacía bastante tiempo parecía

no tener rumbo ni más gestión

que la de la crisis del coronavirus.

Pero las cifras de contagio y de

muertes por el virus chino se habían

descontrolado en las últimas

semanas y Alberto Fernández se vio

despojado de la principal bandera

de su gobierno, quizá la única. El

fracaso de la gestión de lo sanitario

dejó a Fernández en una insalvable

contradicción en los propios términos

de su discurso: al haberse

planteado inicialmente la disyuntiva

entre salud y economía y al haber

optado por lo primero en esa misma

dicotomía, Alberto Fernández

apostó todas sus fichas al éxito en

la contención del coronavirus. Y

cuando las cifras de la pandemia

se descontrolaron, el presidente se

encontró de súbito en el peor de los

mundos, con una crisis económica

terminal y también con un infierno

sanitario inesperado entre manos.

Entonces llegó el día fatídico de

los dos anuncios que pusieron a

nocaut técnico la moral de la tropa

Los llamados macristas, que debieron estar en silencio, avergonzados y escondidos más o

menos hasta el 2027 por la catástrofe impuesta por el gobierno que apoyaron. Lejos de eso,

los macristas están tomando las calles hace ya varios meses por cualquier futilidad para

expresar su oposición a un gobierno recién nacido. Este es el síntoma más claro de que algo

no anda bien en la gestión del Frente de Todos y de que es necesario cambiar, recuperar la

iniciativa con mucho volumen político.

7 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Alberto Fernández y la embajadora Alicia Castro, quien dio el portazo tras la definición del

gobierno sobre el asunto Venezuela. Castro representa la opinión del sector kirchnerista del

gobierno, la lealtad a la revolución bolivariana que se construyó durante la gestión de Néstor

Kirchner (2003/2007) y se consolidó con Cristina Fernández (2007/2015). En teoría —y tan

solo en teoría— el Frente de Todos se alinea ideológicamente con el chavismo. Pero en la

realidad fáctica se vio que pisa fuerte el sector de Sergio Massa, notorio agente del imperialismo

occidental y desde siempre un detractor del gobierno venezolano en la Argentina.

propia. Además de colocarse en

oposición a la revolución bolivariana

de Venezuela —aliada histórica

del sector kirchnerista que hoy es la

base de su gobierno—, Fernández

dio a conocer la suspensión del

pago del ingreso familiar de emergencia,

el IFE, que hasta aquí había

funcionado como una garantía de

mínima subsistencia a los millones

que se vieron privados de trabajo y

del respectivo ingreso al imponerse

la cuarentena como método para

la prevención del virus. En un solo

día, el gobierno del Frente de Todos

arrojó sobre la fe y la moral de sus

propios militantes y simpatizantes

dos verdaderas bombas atómicas

muy difíciles de sortear y determinantes

para muchos. El giro de 180

grados en la orientación diplomática

de un gobierno que se supone

es kirchnerista y el no pago del IFE

en el mismo día de la llegada de

una misión del Fondo Monetario

Internacional al país fueron golpes

demasiado duros.

Por eso y por un cúmulo de indecisiones,

claudicaciones y fracasos la

situación del recién nacido gobierno

del Frente de Todos es hoy insólitamente

delicada. Alguien dirá y no

sin razón que Alberto Fernández

viene dejando cantidades de aprobación

por el camino a medida que

va mostrando la orientación real de

su gobierno, esto es, que ya viene

perdiendo apoyo y destruyendo el

entusiasmo de los que considera

propios en los últimos seis meses.

Por ejemplo, en el fiasco de la cerealera

Vicentín y luego, más recientemente,

en la baja de retenciones

al agronegocio. En todos esos tropezones

Fernández volcó baldazos

de agua fría sobre los suyos, pero

hasta la definición de la postura

sobre el asunto Venezuela sumada

al no pago del IFE no había habido

un desbande de gran magnitud.

Ese día todo cambió y, lejos de

agradar y de calmar a la oposición

dicha macrista, el giro diplomático

y el brusco ajuste no hicieron

más que enardecer a los que ya se

oponían, sumando además a ese

grupo una cantidad de desilusionados.

Ahora Fernández se apoya en

una minoría que teme a Mauricio

Macri más que a la propia muerte y

está dispuesta a entregar una a una

todas sus convicciones con tal de

evitar un eventual retorno del expresidente

saqueador. Entre luchar por

lo que quiere y luchar contra lo que

no quiere, esa minoría opta por esta

última opción, quizá sin percatarse

de que está defendiendo un empate

en un callejón sin salida. Todos los

demás están insatisfechos, neutralizados

o directamente en la vereda

de en frente y esa es una situación

de extremo peligro para la estabilidad

de un gobierno que asumió la

botonera del Estado en diciembre

del año pasado, hace tan solo diez

meses.

No todo está perdido

Pese al panorama desolador anteriormente

descrito en una muy apretada

síntesis, Alberto Fernández

aún está a tiempo no solo de salvar

al gobierno del Frente de Todos,

sino además de triunfar y llegar a

2023 como favorito indiscutido a la

reelección. Claro que esta afirmación

hecha así, en vista de lo que en

apariencia es una situación terminal

y sin mucha perspectiva de que

pueda mejorar, le sonará delirante

al atento lector. Pero la política es

un arte, no hay prácticamente nada

imposible para el que domina el oficio

y sabe mover sus fichas estraté-

8 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


gicamente y a tiempo. El presidente

Alberto Fernández puede salvar

su gobierno, darle un sentido bien

determinado y empezar a construir

un triunfo arrollador en las próximas

elecciones generales. ¿Cómo? Pues

tomando decisiones, las decisiones

que el propio Fernández viene

evitando hasta aquí.

Sin ir mucho más lejos, Fernández

puede relanzarse en cuestión de horas

si opta por asumir la identidad

política que supo tener antes de ser

presentado como el candidato titular

del Frente de Todos en las elecciones

del año pasado: la identidad

del antikirchnerista. Eso es lo inesperado

para muchos y, no obstante,

es la movida más obvia que tiene

Alberto Fernández en su abanico

de posibilidades. Habiendo enajenado

ya el apoyo de buena parte

de los militantes y simpatizantes

kirchneristas y conservando apenas

el de aquellos que no logran interpretar

correctamente el silencio de

la conductora, el presidente puede

muy bien optar por dinamitar lo

poco que le queda de eso dándole

al poder fáctico de tipo económico

aquello que Guillermo Moreno suele

llamar la “prueba de amor” y es la

privación de la libertad de la mismísima

Cristina. Si Alberto Fernández

hace eso, la primera consecuencia

es que se pone en frente a la totalidad

del kirchnerismo, a los que ya

no lo apoyan y también a los que

todavía sí. Pero a la vez, automáticamente,

se gana el apoyo de una

enorme proporción de los llamados

macristas, de los que en realidad

no son macristas en absoluto, sino

precisamente antikirchneristas y

desean más que cualquier otra cosa

Las protestas contra la estatización de la cerealera Vicentín marcaron un antes y un después en el gobierno del Frente de Todos. Alberto

Fernández diría luego que había esperado el apoyo incondicional de la sociedad al proyecto de estatización, cosa que no ocurrió. La presión

forzó una marcha atrás que terminó siendo profundamente corrosiva para la moral de los militantes y los simpatizantes del gobierno. Allí

empezaron a surgir cuestionamientos donde antes no los había y apareció, además, el concepto de “tibieza” para definir a Fernández. Nada

volvió a ser igual después del fiasco en Vicentín.

9 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


ver a Cristina Fernández presa.

Un momento”, protestará el atento

lector. “Alberto ganó con los votos

del kirchnerismo, su mandato nos

pertenece a los que bancamos a

Cristina”. Error, no existe ninguna

limitación a lo que puede o no puede

hacer un presidente en el actual

régimen presidencial, tan característico

de nuestra América. En

realidad, los votos son siempre al

candidato sin importar de qué parcialidad

ideológica provengan esos

votos. El pueblo argentino eligió en

las urnas a Alberto Fernández y no

al Frente de Todos como presidente

de la Nación y entonces Alberto

Fernández puede muy bien hacer “la

gran Lenin Moreno”, darse vuelta y

empezar a perseguir judicialmente

a aquellos que posibilitaron su

elección. ¿Lo hará? Nadie lo sabe,

pero no se trata de nada descabellado

ni mucho menos. De hecho,

eso fue precisamente lo que hizo

Lenin Moreno en Ecuador —donde

rige un sistema presidencial como

el nuestro— y allí sigue, con todo el

correísmo en contra, pero gobernando

de igual manera y aspirando

a la reelección. ¿Cómo? Pues con

el apoyo de la contra, de los que

desean más que nada ver a Rafael

Correa pudriéndose en la cárcel.

La grieta es así, tiene la propiedad

de generar parcialidades cuya

orientación ideológica es mucho

más negativa que positiva, es decir,

un montón de gente que sabe lo que

no quiere y muchas veces no tiene

en claro qué es lo que sí quiere. Tanto

en Argentina como en Ecuador o

en cualquier país de la región donde

se instaló la grieta en la política, el

anti o el contreras se mueve básicamente

por el odio. Así, la oposición

ecuatoriana es anticorreísta y tiene

como objetivo primario la destrucción

de Rafael Correa. Cuando

Lenin Moreno asumió esa tarea de

Lenin Moreno, aclamado como presidente de Ecuador gracias a la bendición de su padrino

político Rafael Correa. Al momento de la asunción de Moreno nadie pudo imaginarse

lo que estaba por venir: una traición monumental que en apariencia tomó por sorpresa al

mismísimo Correa. Ahora Moreno es un anticorreísta y lleva a cabo una feroz persecución

judicial contra quienes lo elevaron a la primera magistratura, además de gobernar contra los

intereses de los que lo votaron.

destrucción, en ese mismo momento

fue “adoptado” como propio por

el anticorreísmo y con ese núcleo

duro como base sigue gobernando.

Otro tanto pasa en Argentina, donde

el que se disponga a perseguir

judicialmente a Cristina Fernández

de Kirchner y todo lo que tenga un

mínimo olor a kirchnerismo será

elevado de inmediato a la condición

de máximo referente del campo anti

o contreras.

No es nada de otro mundo y, bien

mirada la cosa, es la opción más

clara que tiene Alberto Fernández

hoy, incluso por una cuestión de

antecedentes. Fernández tiene más

perfil de Lenin Moreno que el propio

Lenin Moreno, aunque a primera

vista parezca tratarse de una afirmación

absurda. Moreno nunca fue

opositor a Rafael Correa antes de

ser elevado a la presidencia de la

Nación, siempre estuvo al lado de

Correa como uno de sus más fieles

colaboradores. Y sin embargo, para

sorpresa y escándalo de prácticamente

todos, al ser electo presidente

Lenin Moreno cambió de bando,

se pasó con todo al anticorreísmo y

empezó a perseguir judicialmente a

Correa, mientas implementaba políticas

diametralmente opuestas a

las que había sostenido su antecesor

y padrino político. En el caso de

Alberto Fernández respecto a Cristina

Fernández de Kirchner, como es

de público conocimiento, no existe

ningún antecedente de lealtad, sino

todo lo contrario.

Desde que fue corrido por Néstor

Kirchner de la Jefatura de Gabinete

de Ministros en los primeros meses

del gobierno de Cristina Fernández,

el actual presidente de la Nación se

dedicó a hacer una oposición furiosa

a esta última, destilando veneno

en los estudios de televisión, operando

como lobista de Repsol para

sabotear la reestatización de YPF y

hasta participando de la “marcha

10 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


La llamada “marcha del silencio” por el fiscal Alberto Nisman, de la que participó Alberto

Fernández junto a todo el sector anti o contreras. Alberto implicó a Cristina en el supuesto

crimen del fiscal, operó como lobista de Repsol contra la estatización de YPF y fue un feroz

opositor a Cristina Fernández desde que Néstor Kirchner lo expulsara de la Jefatura de

Gabinete de Ministros en el año 2008 por su extraña actuación en la crisis por la Resolución

Nº. 125 y el lock-out patronal correspondiente. Alberto Fernández siempre tuvo la identidad

de antikirchnerista. ¿Es más probable que la siga teniendo o que la haya dejado de tener

milagrosamente en algún momento del año 2019?

de los fiscales” por su tocayo Alberto

Nisman, implicando a Cristina en

el supuesto crimen. Lenin Moreno

jamás dio una sola pista de lo que

iba a hacer una vez aupado a la

presidencia de Ecuador; Alberto

Fernández tiene todas las cartas

sobre la mesa y hace rato.

La traición de Lenin Moreno es

una absoluta sorpresa, ni el propio

Rafael Correa se la esperaba.

¿Podría decirse lo mismo de Alberto

Fernández en la eventualidad de

que efectivamente se diera vuelta

y empezara a fomentar la persecución

judicial contra la conductora

del movimiento que lo puso en la

presidencia de la Nación? La memoria

en nuestro país es corta y

muchos ya se olvidaron de lo que

se comentaba ese sábado por la

mañana cuando Cristina Fernández

anunció en las redes sociales que

el candidato para las elecciones de

2019 iba a ser Alberto Fernández,

pero lo que se decía era exactamente

eso: Cristina eligió a un detractor

suyo para encabezar la lista. No se

hablaba de otra cosa en ese momento,

de cómo Alberto Fernández

había sido hasta allí un feroz opositor

y, de pronto, aparecía como

candidato a presidente por el Frente

de Todos con la propia Cristina Fernández

en el lugar de candidata a

vicepresidente. Eso sí fue sorpresivo.

¿Sería igualmente sorpresivo, no

obstante, si Alberto Fernández se

revelara como el anti que siempre

supo ser? ¿Por qué habría de serlo,

si de hecho nunca fue otra cosa?

Claro que no todo en un gobierno

es persecución judicial y lo que

Guillermo Moreno llama “prueba de

amor” no es más que eso mismo,

una prueba de amor al establishment.

Después de eso, en el caso de

que opte por traicionar a quienes lo

llevaron hasta la primera magistratura,

Fernández tendrá necesariamente

que implementar las políticas

que esos sectores dominantes

exigen. En una palabra, tendrá que

hacer exactamente igual que Lenin

Moreno y hacer de su gobierno un

gobierno conservador. La traición

en estos casos no se reduce a meter

preso al objeto del odio de los

contreras enloquecidos, eso es solo

lo simbólico. La traición es gobernar

en contra de los intereses de los

que lo votaron.

Pero la traición abyecta no es la

única opción que tiene Alberto

Fernández para salvar al gobierno

del Frente de Todos y triunfar hasta

las elecciones del 2023 y más allá.

También está la opción opuesta,

que es tomar la decisión de hacer

aquello que prometió en campaña

y es lo que esperan sus votantes:

un programa de tipo peronista. Si

Alberto Fernández opta por eso y

abandona de una vez y para siempre

su identidad política de anti, recuperará

en el tiempo todo el apoyo

perdido en estos últimos seis meses

y sumará nuevos adeptos a medida

que vaya resolviendo la situación

calamitosa en la que se encuentra

el país actualmente. Es más: al

remontar una crisis que parecería

ser terminal, podrá ser recordado

incluso como uno de los mejores

presidentes de la historia de la

democracia argentina junto a Juan

Domingo Perón, Néstor Kirchner y la

propia Cristina Fernández.

Para hacer eso, no obstante, ade-

11 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Guillermo Moreno es el dirigente peronista que desde el mismo día del anuncio de la fórmula Fernández-Fernández viene haciendo la narrativa

de la verdad sobre el actual presidente de la Nación. Moreno habla de una “prueba de amor”, que sería la privación de la libertad de

Cristina Fernández a cambio del beneplácito del poder fáctico y del apoyo automático de todo el sector contreras en la Argentina. Y a Moreno

se le acusa de pretender un cargo en el gobierno, aunque eso sería técnicamente imposible: además de ser mucho mejor remunerado en el

sector privado, Moreno está inhabilitado para ejercer cargos públicos no electivos.

más de tomar decisiones Alberto

Fernández deberá cambiar y mucho,

tendrá que hacer una gestión muy

distinta a la actual, que es titubeante

y errática. Por lo pronto, urge

abandonar la narrativa de la “pesada

herencia”, que a esta altura solo

sirve para el escarnio, para hacer el

ridículo y para agregar más desgaste

sobre desgaste. O bien se avanza

de una vez contra Mauricio Macri

y sus cómplices para repatriar los

casi 90 mil millones de dólares fugados

por la banda entre el 2015 y

el 2019 y con la respectiva voluntad

de resolver las múltiples acusaciones

que pesan tanto sobre el expresidente

como sobre sus funcionarios

y allegados, o se deja de utilizar

eso como un pretexto para justificar

las vicisitudes del presente. Lo que

ya no se puede seguir haciendo es

ir dando a cuentagotas todos los

días una pequeña información más

sobre el saqueo macrista como si

se tratara de un hallazgo actual en

un rompecabezas que se va armando

de a poco. Todos los delitos del

macrismo en los cuatro años de su

gobierno ya son conocidos por la

opinión pública —por los que deseamos

que caiga sobre los responsables

todo el peso de la ley y también

por los que no lo desean, que son

los simpatizantes fanáticos de esa

fuerza política— y ya no es creíble

presentarlos como si fueran una

novedad.

El atento lector puede comprobar

el abuso de dicha narrativa con tan

solo sintonizar cualquier medio

considerado “amigo” por el gobierno,

ya sea en televisión, radio,

internet o redes sociales. Lo que

se verá allí es que una gran proporción

del contenido diario está

dedicado a desmenuzar una parte

localizada de alguno de los miles

de chanchullos macristas. Toman

uno de esos chanchullos y lo exponen

en esa partecita localizada, un

avance poco significativo en una de

las múltiples causas o el llamado a

indagatoria de un cómplice de poca

12 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


monta es presentado por la mañana

en esos medios con el famoso

titular en letras de molde y fondo

rojo que grita “alerta”. Y luego se

sigue desmenuzando y debatiendo

esa nimiedad durante todo el día

hasta la noche, tan solo para volver

a empezar al día siguiente con otra

pequeñez judicial presentada de la

misma forma rimbombante. Lo que

nunca hay son definiciones, todos

los cómplices siguen en libertad

y gozando del dinero mal habido

sin mayores problemas, amén del

propio dinero, del que el pueblo

argentino no ha vuelto a ver un solo

centavo.

Esa narrativa a cuentagotas del

buraco dejado por el macrismo es

la base del asunto de la “pesada

herencia”, que a su vez se utiliza

para legitimar la resignación frente

al espantoso estado de la economía.

Básicamente el descalabro

actual de la Argentina sería una

suma del saqueo de Macri y la crisis

del coronavirus, lo que es cierto, no

hay ningún error en la proposición

“nos dejaron un país de rodillas y

luego nos embistió la pandemia”. El

problema es que no alcanza y cada

día alcanza menos, cada vez exaspera

más al que observa impotente

una realidad avasallante. Y por una

sencilla razón: nadie vota a un gobierno

para se queje de los problemas

dejados por el gobierno anterior

y los problemas actuales, sino

precisamente para que los resuelva.

Es una obviedad o por lo menos

debería serlo, aunque en la cabeza

de algunos dirigentes parecería

existir la delirante noción de que es

posible dejarse estar en el gobierno

durante cuatro años deslindando

responsabilidades. No lo es, la

narrativa de la “pesada herencia” es

útil en los primeros meses y luego la

ciudadanía empieza a exigir soluciones,

respuestas concretas. Eso

es lo que está pasando abajo y fuera

del microclima militante, donde

ya se escucha con fuerza la insatisfacción

por un gobierno que cambió

de manos y una realidad que sigue

inalterada e incluso empeoró.

Por otra parte, en lo que se refiere

al discurso y a la simbología orientados

al consumo de los propios,

esto es, de la militancia y el núcleo

duro de simpatizantes, Alberto Fernández

va a tener que terminar con

la contradicción que hay en el haber

hecho toda la campaña hablando

de peronismo y, una vez llegado al

gobierno, haber mutado ese discurso

y esa simbología en un verdadero

culto a la personalidad de Raúl

Alfonsín. No hay ningún problema

muy grave con Alfonsín, salvo el

siguiente: para el sentido común de

la militancia peronista Alfonsín fue

un radical que fracasó al no poder

terminar su mandato. Y eso no es

auspicioso. Toda la prédica ideológica

filoradical, socialdemócrata

o simplemente no peronista debe

ser erradicada de la comunicación

del gobierno y Alberto Fernández va

a tener que hacer un esfuerzo para

evitar el escenario más temido por

el peronismo de todos los tiempos,

que es la caída de la fe militante.

El esfuerzo es en el sentido de

peronizar tanto el discurso como la

praxis, por supuesto, pero también

en el de peronizarse en primera persona,

expresando simbólicamente

solo aquello que estimula e incentiva

a luchar a los soldados propios.

No sirve mostrarse en esa postura

A partir de la transición, el gobierno de Alberto Fernández hizo uso de la narrativa de la

“pesada herencia” para justificar las pálidas y las vicisitudes propias, lo que fue muy útil en

los primeros meses de mandato y ahora ya no convence a nadie. Si bien es cierto y todos

saben que Mauricio Macri dejó tierra arrasada, las mayorías populares ya empiezan a exigir

soluciones a los problemas heredados y a los autogenerados. Nadie vota a un gobierno para

que comente las problemáticas, sino justamente para que las resuelva.

13 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


licuada tan típica de la posmodernidad,

el peronista no quiere eso y

no está dispuesto a batirse en lucha

para defenderlo. En otras palabras,

considerando que la mayoría de

los individuos militantes hoy en

el campo de lo nacional-popular

son en efecto o al menos se perciben

peronistas, la única forma de

asegurarse su lealtad en cualquier

circunstancia es mediante la representación

de sus ideales políticos y

esos ideales no son socialdemócratas,

no son “de izquierda” y mucho

menos son radicales. La tropa que

hizo el trabajo militante fundamental

para el triunfo en las elecciones

del año 2019 es una tropa peronista

y desea ver representada esa

idea en el dirigente objeto de su

lealtad. No es nada muy complicado

de entender, es tan básico como

la metáfora futbolística en la que

el fanático de Boca Juniors, por

ejemplo, está dispuesto a todo para

defender a los referentes que se caracterizan

con esos colores, pero no

va a mover un dedo si los referentes

aparecen caracterizados con los

colores de cualquier otro cuadro deportivo.

La lealtad es esa representación

simbólica donde el individuo

se identifica ideológicamente con el

que cree corporizar sus ideales, una

noción más bien básica tanto de la

política como de la sociología, de la

mismísima naturaleza del hombre.

También va a ser necesario un

shock con un cambio profundo

de gabinete y la supresión de los

ministerios superfluos que han

sido creados para agradar el gusto

estético de los sectores sobreideologizados

“por izquierda” en el

La patética relación entre Mauricio Macri y la entonces directora del Fondo Monetario

Internacional (FMI), Christine Lagarde. El régimen de Mauricio Macri endeudó al país y se

fugó todo el dinero, aproximadamente unos 90 mil millones de dólares, de los que el pueblo-nación

argentino jamás volvió a ver un solo peso. ¿Pensará el actual gobierno en avanzar

contra la banda macrista para recuperar ese dinero en su totalidad o en parte? El silencio

sobre esta cuestión es uno de los grandes misterios del presente.

Frente de Todos. Para peronizarse,

habrá que poner el foco en aquello

que el pueblo peronista considera

que son las prioridades y mucho

más en tiempos de crisis, que son

la producción, el trabajo, el salario,

la estabilidad económica y la seguridad.

Con el cambio de gabinete,

la ida de los que en el gobierno

están de adorno y la supresión de

los cargos y ministerios que apenas

sirven para satisfacer la ideología

de unos pocos, habrá que hacer una

reasignación de las partidas presupuestarias

de todo lo que no es

esencial. Apretar los dientes, poner

el dinero donde hay que ponerlo y

no gastar un solo peso en ideología.

Claro que el progresismo en el

Frente de Todos querrá amenazar

con una ruptura, intentará mostrar

su insatisfacción. Pero nadie se irá

a ningún lado: los progresistas son

pocos y son además políticamente

impotentes, siempre van a optar por

ser cola de león en vez de cabeza de

ratón. Ningún progresista argentino

tolera sufrir las humillaciones electorales

que sufren todos los años

sus primos, los trotskistas. Entonces

Alberto Fernández debe despojar

a la mal llamada “izquierda” de

sus actuales “kioscos”, debe enviar

a los progresistas al final de fila y

dar toda la prioridad a los cuadros

del peronismo, que es mayoritario

tanto en el Frente de Todos como en

la misma sociedad.

Una de las principales características

del régimen macrista fue el excelente

manejo de la gestión simbólica,

mediante la que se pudo tapar

el bache de la total ausencia de

gestión política durante al menos

los tres primeros años del régimen

de Mauricio Macri. Esa gestión de lo

simbólico se llevó a cabo en todos

los medios, desde los tradicionales

como la televisión, la radio y los diarios

mediante el pago de brutales

cantidades de dinero en concepto

14 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Para salvar al gobierno del Frente de Todos y triunfar, Fernández deberá abandonar el culto a la personalidad de Raúl Alfonsín (1983/1989),

cuya imagen está asociada a la hiperinflación, la catástrofe económica y el fracaso de un modo general. La épica del triunfo no se construye

con la simbología del estallido social.

de pauta oficial hasta las redes sociales,

con el empleo de auténticos

ejércitos de los llamados trolls. Con

ese aparato, los macristas pudieron

ejecutar una estrategia de diversión

—entendida en su acepción militar,

que es el de distraer al enemigo—

como tapadera ideal para el saqueo

que se realizaba. Así, mientras en el

plano político la gestión era escasa,

casi siempre inexistente, en el

plano económico se llevaba a cabo

un saqueo monumental perfectamente

ocultado por una gestión

simbólica, en la que se invertía una

millonada de dineros públicos. En

una palabra, durante el gobierno de

Mauricio Macri el pueblo argentino

pagó para que lo distraigan y para

no darse cuenta de que le estaban

robando.

Pero no toda la gestión simbólica

puede existir basada únicamente en

el relato propio de los operadores

mediáticos, lo que equivale a decir

que el mal llamado “periodismo” no

puede hacer la narrativa entera si

los personajes no hablan. Esa parte

del humo la aportan los dirigentes

con todo lo que hacen y lo que dicen

se suele llamar “factoide” en el

argot de la política. Cuando un protagonista

hace o dice algo que les

sirve a los operadores mediáticos

para distraer a los lectores, oyentes,

televidentes y usuarios de las redes

sociales, eso es un “factoide”, es

decir, algo que parece un hecho sin

llegar a serlo. Y el régimen macrista

fue pródigo con los “factoides”, no

escatimó esfuerzos en su producción

y produjo, efectivamente, varios

cientos de ellos. A veces hasta

más de uno por día.

He ahí al desnudo la gestión simbólica

que vulgarmente se suele

llamar “estrategia comunicacional”

de los gobiernos oligárquicos o propios

de los poderes fácticos. Para

poder representar los intereses de

las minorías ricas sin perder el favor

electoral de las mayorías populares,

dichos gobiernos tienen que saquear

con una mano y engañar con

la otra, están obligados a construir

un relato paralelo y absolutamente

disociado de la realidad para que el

15 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


El actual gabinete de ministros del gobierno de Alberto Fernández, atestado de radicales, progresistas y de otros que nunca se han probado

en el campo de batalla de la política. En la santísima trinidad económica —Ministerio de Economía, Banco Central y Banco Nación—, Fernández

ubicó a un militante de la Franja Morada formado en los Estados Unidos, a un radical de pura cepa y a un socialista/progresista. Ni rastro

de peronismo en el diseño de la política económica del gobierno. Para triunfar, Fernández deberá hacer un cambio profundo en el gabinete,

llenándolo de cuadros capaces del peronismo que aporten volumen político al gobierno.

plan funcione. ¿Pero cómo? ¿Cómo

hacer que ese relato paralelo sea

aceptado por las mayorías como si

se tratara de la realidad misma?

Pues no permitiendo que la realidad

se discuta, forzando que la discusión

se circunscriba, se limite a los

“factoides”. Por ejemplo, para que

no se hable de una pálida económica

como una inflación demasiado

alta, los dirigentes hacen o dicen

algo polémico para que todos se

“diviertan” discutiendo ese humo.

A cada golpe del macrismo a la

dignidad de las mayorías hubo un

macrista y hasta estuvo el propio

Macri generando polémica con

“factoides” para que eso fuera presentado

por medios como noticia y

la sociedad se pusiera a polemizar.

Ahora bien, el modus operandi

sigue aplicándose en la actualidad.

En menor medida, por supuesto,

nada se compara a la máquina de

humo que hizo funcionar el régimen

macrista. Pero también en el actual

gobierno el “factoide” se ha utilizado

y se utiliza, con mucho éxito en

un primer momento y luego ya no

tanto. Muchos de los militantes y

de los simpatizantes propios, cuyo

nivel intelectual es por lo general

superior al de un macrista promedio,

ya empiezan a sospechar que

funcionan como “factoides” toda la

intriga judicial, la tremenda intensidad

del tratamiento del impacto del

coronavirus, la rosca ideológica que

incluye una insistencia en hablar de

un macrismo ya muerto, la ideología

de género y hasta los furcios de los

referentes. Y eso es así por la simple

razón de que, al haber tanta urgencia

en la gestión política, es insólito

que los medios considerados “propios”

dediquen casi todo el espacio

editorial y de programación a tratar

de cualquier asunto, menos de la

economía real. Muchos militantes y

muchos simpatizantes ya se percataron

de que los están “divirtiendo”

y eso no es bueno para la moral de

la tropa.

La conclusión es lógica, una gran

obviedad: para salvar al gobierno,

será necesario dejar de desviar la

atención. Y para que eso sea así

será fundamental tener aquello que

veíamos anteriormente y es mucho

volumen de gestión política. El

16 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


gobierno debe retomar la iniciativa

haciendo peronismo reconstructor,

un tipo de peronismo de urgencia

que trabaja las 24 horas del día

para apagar incendios, luego limpiar

la zona afectada y sobre ella

reconstruir. Eso fue lo que hizo

Néstor Kirchner desde el primer día

de su mandato en el año 2003, absteniéndose

de generar “factoides”

para la distracción de la opinión

pública y concentrando todos los

esfuerzos en la reconstrucción de un

país que había sido arrasado. Los

cuadros del peronismo deben ser

todos aprovechados en la función

pública, deben trabajar a destajo

durante meses al hilo hasta que

la situación del país esté otra vez

estable, todos los ineptos que hoy

ocupan cargos públicos por afiliación

ideológica deben ser barridos

de inmediato y sus lugares deben

ser asumidos por esos cuadros del

peronismo, que son abundantes.

Así y solamente así el presidente

Fernández tendrá el volumen político

necesario para recuperar la

iniciativa e ir levantando cabeza. Al

cabo de dos o tres meses el gobierno

ya estará marcando otra vez la

agenda y los medios de difusión se

verán obligados a retornar a la función

para la que fueron diseñados,

que es la de correrla de atrás.

Finalmente, hay que olvidar a

Mauricio Macri. Si bien es una

cosa ideal para mantener elevada

la moral del núcleo más duro de

la militancia, el odio a Macri tiene

escasa efectividad como motivador

entre el sentido común popular.

Este es un asunto de cálculo frío y

así debe analizarse, dejando a un

lado las ideas propias que no son

compartidas por la generalidad.

Tanto el amor como el odio a los

dirigentes políticos en un escenario

de grieta son propios de los núcleos

militantes y no mueven la aguja

fuera de esos círculos. El odio a

Mauricio Macri se circunscribe a

los fanáticos kirchneristas y el odio

a Cristina Fernández se limita a los

fanáticos macristas, es una cosa de

rivalidad que se restringe a los rivales,

únicamente. Entre las mayorías

populares no politizadas la valoración

es igual de mala para todos los

dirigentes, sin que esa valoración se

acerque nunca a nada parecido al

odio. “Las mayorías no odian, odian

las minorías”, explicaba el sociólogo

del estaño Arturo Jauretche.

Y lo opuesto también es verdadero,

allí donde el culto a la personalidad

de los líderes solo existe en las

tropas propias: solo los macristas

aman a Mauricio Macri y únicamente

los kirchneristas aman a Cristina

Fernández, es un fenómeno que

no ocurre fuera de esos círculos.

Entonces la estrategia de hablar

de Macri todo el tiempo es igual

de inútil para sostener el favor de

las mayorías para el kirchnerismo

hoy como lo fue para el macrismo

ayer hablar todo el día de la “pesada

herencia” dejada por Cristina

Fernández. Sirve para mantener la

motivación de los soldados propios

y hasta ahí nomás, ya que entre la

tropa ya empiezan a surgir los cuestionamientos.

No es suficiente con ser mejores

que Macri, la vara está muy baja.

Si vamos a intentar gobernar con el

argumento de que el macrismo fue

una calamidad y de que, hagamos

lo que hagamos, seremos mejores

que eso, en el mediano plazo el

pueblo nos va a repudiar. Hay que

dejar que la Justicia investigue los

delitos de Macri y no contar con eso

para hacer parámetros de la gestión

propia. Hay que olvidar a Macri y

concentrarse en los problemas reales

de las mayorías populares, trabajar

las 24 horas del día y los siete

días de la semana para resolver

esos problemas uno a uno sin pen-

Losardo, Gómez Alcorta y Frederic: la omisión, el humo y la ineptitud representados en tres

ministros del gabinete que han sido ubicados allí por afiliación ideológica y pertenencia

al grupo de un oscuro operador mediático y judicial considerado “propio”. El amiguismo y

el agradar a los extremos ideológicos en los cargos públicos han resultado en un gabinete

paralizado, sin capacidad de respuesta. El triunfo requiere de funcionarios de hacha y tiza,

gente dispuesta a trabajar a destajo y, fundamentalmente, a dar la cara en las más difíciles.

17 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Mientras la socialdemocracia hacía rosca ideológica en Alemania, la hiperinflación y la devaluación

galopante que resultaban del Tratado de Versalles hacían estragos en la economía

del pueblo-nación alemán. El Tratado de Versalles era la “pesada herencia”, los socialdemócratas

no resolvían el problema y fueron percibidos por el pueblo como ineptos. Así fue

cómo parieron a Hitler, quien surgió en el horizonte con un discurso incendiario y se llevó el

favor electoral de las mayorías. La historia de la que algunos no quieren aprender.

sar si son heredados o autogenerados.

Un problema es un problema y

requiere solución inmediata, eso es

lo que espera el sentido común no

politizado de cualquier gobierno.

En todo caso y en última instancia,

solo nosotros mismos desde el

pueblo podemos salvar el gobierno

al que votamos en octubre del año

pasado. Y de un modo muy sencillo:

cambiando el apoyo incondicional,

obsecuente y en todo sentido

acrítico por otro tipo de apoyo, uno

que tenga ciertas condiciones o que

directamente imponga esas condiciones

desde abajo, presionando

a los dirigentes todos los días para

que hagan lo que tienen que hacer.

Si seguimos en silencio creyendo

que nuestra crítica pone en peligro

la estabilidad del gobierno, estaremos

logrando lo opuesto a lo deseado.

Lo que le resta estabilidad

a un gobierno no es la crítica de los

propios, es la falsa sensación de

que todo está bien cuando todo se

cae a pedazos. Si los propios callamos

y el gobierno cree que estamos

conformes con lo que hay, es poco

probable que haga algo por modificar

la realidad. Únicamente expresando

nuestra inquietud y exigiendo

peronismo los peronistas podremos

conseguir lo que queremos, que es

un gobierno cuya gestión se base en

los principios y valores de la doctrina

peronista. Alberto Fernández no

dejará de ser un socialdemócrata

alfonsinista motu proprio, hay que

obligarlo a ser peronista.

Cuando en un futuro a corto y mediano

plazo veamos a los que hoy se

hacen llamar “republicanos” destruyendo

esta caricatura de república

que tenemos y haciendo fascismo

sin eufemismo, vamos a llorar que

su “republicanismo” era es una

máscara y que en el fondo siempre

fueron autoritarios. Vamos a tener

toda la razón, aunque de muy poco

nos va a servir tenerla. Una vez que

ellos estén montados sobre el sentido

común en oposición a toda la ola

de “progresismo” y socialdemocracia

rosquera e inepta que el sentido

común de las mayorías desprecia,

una vez que sean considerados por

la opinión pública como los “salvadores

de la patria”, allí no habrá

punto de retorno. Si las mayorías no

politizadas perciben que el gobierno

del Frente de Todos es incapaz

de resolver los múltiples problemas

de una sociedad que está hundida

en la crisis, va a buscar refugio en

el discurso incendiario de lo que

llamamos la “extrema derecha”. Así

fue cómo la socialdemocracia alemana

parió a Hitler y así fue cómo

la socialdemocracia brasilera del

Partido de los Trabajadores parió

a Bolsonaro. A eso no debemos

llegar.

Guillermo Moreno suele decir, con

mucho realismo, que Alberto Fernández

no debe seguir las recetas

que fracasaron en el pasado, las

recetas de los gobiernos radicales.

Moreno insiste en que Fernández

tiene que cambiar o fracasará irremediablemente,

pero la sentencia

también puede leerse al revés. Si

Alberto Fernández cambia, triunfará.

Triunfará y hará el gobierno que

las mayorías populares trabajadoras

y medias en Argentina están

necesitando para recuperar la dignidad.

Fernández tiene que cambiar

y en eso los que votamos al Frente

de Todos jugamos un rol protagónico.

Si nosotros cambiamos, abandonamos

esa actitud de resignada

pasividad, de gris obsecuencia, el

gobierno de Alberto Fernández va a

definirse inmediatamente. Sabremos

la verdad en el cara o cruz, solo

depende de nosotros.

18 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Tu web online,

siempre.

www.duplika.com

19 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


IDENTIDAD PERONISTA

¿Qué nos conduce?

ANDREA

MELO

El 17 de octubre trajo aparejadas

diversas acciones de

dirigentes de peso, también

silencios y pronunciamientos

que dan cuenta del estado de

ebullición del movimiento peronista

y específicamente, de la preparación

del terreno para las próximas

elecciones en el Partido Justicialista

nacional y sobre un definitivo rumbo

gubernamental.

Esto es así porque, más allá de los

postulados posmodernos puestos

en escena a partir de las declaraciones

del mismísimo Alberto Fernández,

su jefe de gabinete y/o voceros

presidenciales provenientes de los

sectores más progresistas, el Partido

Justicialista es sin duda el último

vestigio y bastión del peso que el

partidismo puede tener en la arena

política, muy a pesar de lo que hace

tiempo ronda por aquí y por allá:

una voz que pide a gritos presenciar

el fin de los partidos políticos

y con ello, de la política como arte

de lo imposible. Ya hemos asistido

al cambio de formas, nos han

convencido de que los candidatos/

dirigentes exitosos deben mostrarse

siempre conciliadores para gustar y

quizá encontremos algo de estratégico

en esto, porque supuestamen-

20 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


te hay sondeos que lo evidencian.

Pero también es innegable que

la política (en términos prácticos)

muchas veces tiene más que ver con

los consensos que con las enemistades

y que es necesario discutir o

confrontar, debatir ideas. Siempre

que hay voluntad política de transformar

una realidad, hay intereses

que se afectan.

El día 17 y los días previos dieron

entonces como resultado una serie

de eventos que nos obligan a pensar

lo que está pasando en la actualidad

política. En primer lugar, el

Consejo Nacional del Partido Justicialista

convocó a una movilización

virtual con posibilidad de elección

de un lugar en la plaza (también

virtual) y de un avatar que serviría

de identificación/personificación.

No es necesario, pero se hace difícil

dejar de pensar que hace un año, y

hoy también, esto pinta a disparate.

Así y todo, el sitio aparentemente

fue hackeado y lo que había sido

anunciado con bombos y platillos

se reprodujo por el tradicional

canal de YouTube. Claro está, Gioja

había planeado que ese día se iba a

proclamar al presidente Fernández

como candidato único a encabezar

el Partido Justicialista, con lo cual

el día de la lealtad se aprovechaba

para visibilizar un apoyo central en

pos de “poner de pie a la Argentina”,

pero casi sin pedir nada a

cambio.

Sin embargo, a tan solo un día

del evento el sanjuanino no había

recibido confirmación oficial acerca

de si el mandatario nacional iba a

aceptar o no aquel ofrecimiento.

Alberto realizó el cierre del acto,

discurso de por medio, pero la

cuestión central siguió sin definiciones,

solo hubo silencio al respecto.

También hubo silencio en sus redes

sociales el día del natalicio de

Perón y al final del día el presidente

no lo recordó públicamente. Una

efeméride tan particular para el

peronismo, el aniversario de su líder

histórico, pasó desapercibido por

quien fuera convocado a liderar el

partido. Hay quienes entienden que

ello es un hecho menor, hay quienes

disfrutaron con los memes que

recordaban sus publicaciones sobre

el natalicio de Bob Dylan y Alfonsín

y hay quienes creen que cualquier

duda, crítica o apreciación problemática

en torno de Alberto y sus

acciones es desestabilizador. Y

entonces no critican nada, aplauden

todo y se enojan con quienes

tienen algo más que señalar. Pero

ignoran que la democracia es consenso

y debate, conflicto y acuerdo,

no meramente un espectáculo para

aplaudir o abuchear dependiendo

de sus preferencias.

Así, la coherencia y el posmodernismo

no parecen ir de la mano,

pues todo es relativo, nada es tan

grave, se hace lo que se puede

y lo que no, por algo será. Claro

está que para este enfoque no hay

futuro, solo el día de hoy (aunque

el actual presente parece ser todo

menos placentero). Puede sonar

bien conectarnos con el presente,

apelando al espiritualismo yogui,

Guillermo Moreno, el dirigente peronista que se sublevó contra la proscripción impuesta por

Gioja en el Partido Justicialista y fundó un nuevo partido político para disputar las elecciones

de medio término del año que viene sin plantearle una interna a Alberto Fernández, que

podría serle letal al presidente.

21 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


La extrañísima foto del presidente y la primera dama junto Sergio Massa y Malena Galmarini durante el triste acto en la CGT por el Día de la

Lealtad Peronista, justo en un momento en el que crecen los rumores acerca de las pretensiones presidenciales de los Massa y empieza a

verse el peso específico del Frente Renovador en gobierno de Alberto Fernández: múltiples interpretaciones de lo mismo.

pero cuando hablamos de la organización

y conducción del Estado, se

torna preocupante.

Guillermo Moreno había anunciado

algo respecto a la jugada del

presidente del Partido Justicialista.

Cuando le preguntaron por las elecciones

del partido a nivel nacional,

Moreno manifestó rotundamente

que no era conveniente disputarle

ese lugar a Alberto Fernández pues

debía cuidarse de no debilitar al actual

gobierno, ya que recordaba lo

que había pasado con Fernando De

la Rúa, quien cayó posteriormente a

que Rodolfo Terragno le ganara las

internas en la Unión Cívica Radical.

Y mientras algunos pensaban que

Alberto podía depositar su confianza

en Sergio Massa y en Máximo

Kirchner, porque el silencio también

puede ser síntoma de desinterés

o cristalización de otros intereses,

se expresaba Sergio Berni sobre su

ambición respecto de la presidencia

partidaria. Más tarde apareció en

la escena Alberto Rodríguez Saá y

posteriormente Eduardo Duhalde,

casi desafiando a un Gioja que

parece estar más al servicio de la

obsecuencia que de la representación

de todos los sectores del

peronismo.

Así las cosas, al ofrecimiento que

Fernández compartió más tarde

en la red social Twitter le siguió el

silencio con el que algo más nos

quiso decir. ¿Y Cristina? Pues su

silencio no puede deberse a la

reconversión de las formas, las

apariencias y de lo que es más

conveniente en el actual contexto,

ya que no hay que ser demasiado

inteligente para entender que un

conductor, al menos de un gran

espectro del peronismo, no debe ni

puede permanecer callado en tanto

y en cuanto sin conducción hay caos

más que organización. Ese silencio

también nos dice algo, algo que no

es tan sencillo de definir pero que

puede estar atado a cierta presión

judicial, geopolítica y demás y/o

simplemente a un callar porque

se otorga, o porque no hay nada

positivo para señalar, aquí y allá.

Cristina es dueña de sus silencios,

22 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


claro está, pero en absoluto puede

ser síntoma de normalidad.

Sobre la falta o el silencio de conducción

en la puerta de una elección

que está cada día más cerca,

en la chiquita, en la cotidiana, se

puede apreciar que todos están con

todos y nadie está con nadie. Que,

sin conducción seccional y nacional,

el panorama no va a cambiar

mucho más, la lapicera seguirá en

las mismas manos o en peores y el

futuro que nos espera no trae nada

nuevo bajo el sol. Este parece un

panorama cada vez más incierto.

Sin conducción, o con un posible

presidente del Partido Justicialista

que se cansó de decir que era de

todo menos peronista, lo único que

queda pensar es que o se está rifando

el partido con o sin consciencia

de ello, o simplemente que fue una

medida de presión que Alberto no

respondió y se dio el lujo de ignorar

hasta el momento. Como en una

partida de ajedrez, cualquier jugador

puede ofrecer una pieza al oponente

en pos de su estrategia (que

es ganar la partida) pero obligando,

claro está, a que el otro jugador

haga lo que se pretende, que en

este caso podría traducirse en la

toma de un rumbo nacional justicialista.

Sin embargo, las definiciones

no llegaron y esa sí es la marca

registrada del gobierno actual.

Mientras tanto, como dijimos al

principio, la certeza es que el peronismo

está en ebullición y que, con

buen tino, Rodríguez Saá presentó

una nota en el Partido Justicialista

marcando la expresión de un sector

del peronismo que quiere internas

después de varias décadas sin elecciones

de este estilo y que le pide al

partido que no entorpezca con más

burocracia dicha cuestión. Por allá

también volvió a hablar Eduardo

Duhalde, asegurando que la interna

será una realidad efectiva mientras

Guillermo Moreno presentaba un

nuevo partido, llamado Principios

y Valores, casi sin más opciones,

habiendo analizado el panorama

general y proponiendo una alternativa

electoral doctrinaria para el año

próximo.

Finalmente, de lo que se trata es

de considerar la oposición entre

posmodernismo y el planteo de los

tres principios del peronismo, de las

20 verdades, de la doctrina de amor

y paz que surgió del último pueblo

nuevo, mestizo y americano.

Vivimos tiempos líquidos, tiempos

de agitadores de la deconstrucción.

¿Todo está permitido? Es decir,

¿todo puede deconstruirse? Si el

criterio de verdad no es la realidad,

entonces a cada quien su verdad,

todo se torna relativo y corremos el

límite para que asome el caos, la

anomia o en un panorama menos

desalentador el fin de los partidos

políticos y de la política como vocación,

ingredientes a contramano de

los que entienden que la doctrina

del general Perón no solo sigue vigente,

sino que parece ser el rumbo

que se consolida a escala mundial

en detrimento del globalismo.

Sobre la política como vocación,

quiero hacer una apreciación respecto

del sociólogo que incursionó

en dicho ámbito por herencia y

por decisión, pero cuyas obras se

ubican dentro del marco de la sociología.

Con una pluma emotiva y

definiciones concretas, Max Weber

aporta luz sobre un costado poco

considerado de la política. Con un

enamoradísimo planteo sobre la

necesidad de contemplar primero

la ética de la responsabilidad por

sobre la ética de la convicción,

considerando un sano equilibrio

entre ambas, con un deslumbrante

análisis de los tipos de dominación

y con una descripción brillante de la

figura del caudillo como quien mejor

representa al conductor de otros

pares, se describe al jefe político

como aquel que vive para su obra

y no de la política esencialmente.

Así, página tras página, se trabaja

sobre la autoridad que tiene aquel

cuyo carisma personal lo convierte

La sede nacional del Partido Justicialista en la Ciudad de Buenos Aires, en una imagen de la

intervención del 2018 y los confusos episodios que marcaron esa coyuntura.

23 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


en el jefe del partido y usa el discurso

como fuente de poder, siendo la

pasión junto a la mesura aquellas

cualidades que lo transforman en el

representante de la vocación política

personificada. Casi al finalizar su

obra, nos deja un mensaje difícil de

olvidar: solo aquel que se muestre

lo suficientemente fuerte cuando

todo parece desvanecerse, solo

aquel que a pesar de todo plantee

un sin embargo es quien detenta la

política, no como deporte, casualidad

o beneficio personal, sino y

sobre todo como vocación.

Es así que dicho planteo nos

remite al mismísimo sentido humanístico

de la política, más allá

de las palabras decorativas y los

discursos tibios que solo buscan

acomodarse a los buenos modales

que prometen cerrar la grieta que,

finalmente, ensanchan. Pues para

lograr consenso social se requiere

más que buenos modales, para

conducir un Estado con sentido

peronista no solo se requiere de la

vocación y de la voluntad política

de proceder con una planificación

y una organización que ordene la

sociedad en un sentido material y

espiritual constante. Es necesario

también consolidar con principios y

valores fundantes las instituciones

centrales en el seno de la sociedad:

tanto la institución familiar como la

religiosa y estatal, todas marcan un

rumbo, generan identidad colectiva,

contienen a los sujetos como parte

de un todo. Pero al degradarse, los

pueblos quedan presos del individualismo

(nótese que no hablo de

la mera individualidad) que exacerbado

solo posterga el sentido de

comunidad. Los críticos del posmodernismo

han sostenido que cuando

los antiguos esquemas mentales

ya no sirven, la persona se desconcierta

y puede entrar en crisis. Esta

cultura sustituye lo consistente

por lo banal y la única norma es la

ausencia de toda norma.

Guillermo Moreno es quien parece

estar más ocupado en dicha cuestión,

y ha señalado que, si deconstruimos

todo, también se trastocan

el bien y el mal a la par de los

principios y valores fundantes del

pueblo argentino cristalizados en

las 20 verdades y en la comunidad

organizada, fundamento filosófico

del movimiento peronista.

Todo esto está en discusión pues,

de lo contrario, “el ser peronista” se

convertirá en un eslogan atado a la

adhesión a ciertas personalidades

de la arena política y a símbolos

que mueren cuando mueren sus

significados fundantes. Es claro que

esta discusión no interesa a todos,

pero hay que convertirla en un planteo

hegemónico porque es tiempo

de librar una vez más esta batalla

por el sentido de lo que llamamos

patria.

24 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


HD

LIBROS

LA LIBRERÍA COMPAÑERA

CONGRESO

RIVADAVIA 1711

CABALLITO

RIVADAVIA 4000

(ESQ. YAPEYÚ)

ABASTO

CORRIENTES 3315

(ESQ. SHOPPING)

25 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


NUESTRA AMÉRICA

Hay que verlo caminar

ERICO

VALADARES

Cuando de manera fulminante

Evo Morales fue destituido

por un golpe de Estado violento

a fines del año pasado

una infinidad de conjeturas

sobrevoló el imaginario colectivo.

Esas conjeturas eran sobre el golpe,

o sobre qué fuerzas misteriosas

habrían estado operando para que

dicho golpe se llevara a cabo. Y

ahora todas esas hipótesis vuelven

a tener relevancia con el triunfo del

Movimiento al Socialismo (MAS) en

las elecciones del último domingo,

aunque por razones todavía insospechadas

para muchos.

Partiendo del principio que es una

obviedad ululante y es la certeza

de que los enemigos locales del

MAS son absolutamente incapaces

de llevar a cabo nada muy serio y

mucho menos un plan golpista, al

ser destituido Morales inmediatamente

se conjeturó la participación

de sectores del poder global en

la asonada. Dicho de otra forma,

frente a la ineptitud manifiesta

de los Carlos Mesa, los Fernando

Camacho y demás contreras bolivianos,

hasta el más despistado de los

observadores tuvo la certeza de que

el golpe contra Morales había sido

obra de agentes foráneos. El golpe

26 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


de Estado en Bolivia lo hicieron los

poderes fácticos globales.

¿Cómo no creerlo, si todas las

evidencias indicaban que eso había

sido así? De hecho, lo que luego

dio en llamarse la “guerra del litio”

era precisamente la idea de que

el poder fáctico había decidido

derrocar a Morales para resolver el

problema de un presidente terco

que se negaba a enajenar las riquezas

naturales del país en manos de

las corporaciones. El litio es el oro

del momento con el que se fabrican

las baterías, sin las que los aparatos

electrónicos como las computadoras,

los celulares y hasta el

promisor coche eléctrico no podrían

funcionar. Muchos querían el litio

de Bolivia, Morales no lo quería

regalar y entonces la hipótesis de

que la codicia foránea estuvo detrás

del golpe de Estado del 2019 fue

entonces y sigue siendo ahora la

más fuerte.

Ahora bien, la idea de que el golpe

contra Evo Morales fue obra de

los poderes fácticos a nivel global

y no de la contra local, apenas un

partícipe del proceso como mano

de obra barata, nos conduce a

un enorme problema presente: el

triunfo del MAS por más de 50% de

los votos y por encima incluso de la

proscripción de su líder carismático.

Si los poderes fácticos del mundo

hicieron el golpe para apoderarse

de las enormes reservas de litio

de Bolivia, ¿por qué dicho poder

habría de permitir que tan solo un

año después de la movida golpista

el partido derrocado vuelva a tener

el poder político en el Estado?

La pregunta es central y es lo que

muchos no logran comprender.

¿Para qué fue el golpe, con todo

lo que cuesta y todo lo que duele?

¿Con qué finalidad habrá invertido

el poderoso una cantidad de dinero

para financiar la subversión, si

tan solo un año después el control

de las reservas de litio vuelven a

las manos de los que habían sido

golpeados?

El primer ensayo de respuesta,

inmediatamente descartable, es

la ineptitud. De alguna forma misteriosa,

los dueños del mundo no

supieron “atar la vaca” para hacer

triunfar a un candidato suyo en las

elecciones del último domingo. Esta

hipótesis es descartable, porque si

suponemos que los poderes fácticos

son incapaces de imponer su

orden en un país como Bolivia —que

no es Rusia, no es China y ni siquiera

es Venezuela—, entonces los

poderes fácticos no existen, no son

poderes. Pero como el poder fáctico

a nivel global existe en la forma de

corporaciones, bancos y capital

financiero en general, es muy poco

probable que haya querido y no

haya podido imponerse en las elecciones

bolivianas.

No se requiere, el atento lector lo

sabe, de mucho para llevar a cabo

un fraude electoral en nuestra

América cuando el que desea dicho

fraude ya tiene el poder político en

el Estado. Por lo tanto, si los poderes

fácticos a nivel global estuvieron

detrás del golpe del 2019 y luego

manejaron a Jeanine Áñez como un

títere suyo, esos poderes pudieron

tranquilamente hacer el fraude

en las elecciones y ubicar en la

presidencia a Mesa, a Camacho o

incluso a un mono, si eso fuera de

su agrado. Pero fraude no hubo, el

MAS ganó las elecciones con mu-

Dramáticas escenas del golpe de Estado en Bolivia, a fines del año pasado. Un golpe que

se hizo a sangre y fuego, con enormes costos económicos y políticos. ¿Con qué finalidad se

hizo dicho golpe?

27 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


un cascarón vacío y sin utilidad

para que simule gobernar. Pero no,

porque tanto el litio como el gas

siguen en sus yacimientos, siguen

en territorio boliviano, de modo que

el gobierno en el Estado los sigue

controlando. Un año no es tiempo

suficiente para un saqueo de esos

recursos, el proceso es más bien de

largo aliento.

El enigma de las sucesiones

La mal llamada “derecha” boliviana, en rigor los contreras más o menos al servicio de los

intereses de la fuerza brutal de la antipatria. Además de Luis Fernando Camacho (en la foto),

estuvieron involucrados en el golpe los sectores de Carlos Mesa y los militares. El resultado

de ese mamarracho fue una Jeanine Áñez absolutamente fuera de contexto, una demostración

cabal de la ineptitud del brazo local del golpe, incapaz por sí solo de llevar a cabo

ningún plan ni nada que se le parezca a la política.

cha ventaja y entonces hay que preguntarse

por qué. ¿Por qué dejaron

ganar a Luis Arce?

Es necesario insistir: si se tratara

de un juego entre bolivianos, sin la

injerencia del poder fáctico global,

la hipótesis de la ineptitud de los

golpistas para sostener la farsa

sería aceptable. Al fin y al cabo, la

famosa contra boliviana es tan o

más inútil que la oposición venezolana

para todo lo que tenga que ver

con hacer política y triunfar. Mesa,

Camacho y la mismísima Áñez son

una sarta de ineptos cuya ineptitud

está demostrada y certificada por

escribano público, no hay ninguna

duda de ello. Pero el juego de la

política en Bolivia no es entre bolivianos

como el juego de la política

en Argentina no es entre argentinos,

siempre hay mucha interferencia

foránea en los asuntos internos de

los países de nuestra región.

Entonces es necesario seguir

preguntando y preguntarse por qué

luego de haber hecho un golpe de

Estado a sangre y fuego, después

de haber instalado a un títere en la

presidencia y habiendo tomado el

control de la junta electoral los golpistas

simplemente dejaron ganar

al candidato del referente que había

sido víctima de ese golpe. ¿Por

qué no hicieron fraude, que era lo

esperable?

Una posible respuesta sería la de

que ya se hicieron del botín que

habían venido buscando, esto es,

que ya se apoderaron de todo el

litio y todo el gas natural de Bolivia,

dejándole al presidente electo Arce

Está ya bastante claro y ejemplificado

históricamente que las sucesiones

nunca son una cosa lineal,

nunca el proceso es lo que a primera

vista podría suponerse que es. En

una palabra, cada vez que hay una

sucesión empieza una etapa distinta

mucho más que una continuidad.

Los nombres propios son diferentes

y también distintas son las cabezas,

las ideas rectoras, la orientación

ideológica, los intereses involucrados,

etc. Entonces el nuevo gobierno

de Luis Arce no es ni podría ser

la continuación del gobierno de Evo

Morales. Para que eso fuera así,

tendría que haber ganado Morales

las elecciones y eso no es posible,

porque Morales está proscripto y

además exiliado.

He ahí que para ver cuáles son las

continuidades y cuáles son las rupturas

entre el nuevo gobierno electo

de Bolivia y el que fue destituido a

fines del año pasado habrá que esperar

y tener paciencia, puesto que

es necesario dejarlo caminar a Arce

para saber bien en qué se parece a

Morales y qué se va a diferenciar.

Habrá un tiempo prudencial, quizá

hasta natural de algunos meses

en los que Arce podrá utilizar los

pretextos de la “pesada herencia”

de la pandemia del coronavirus

para hacer las cosas, digamos, con

pie de plomo y sin que nadie pueda

determinar si es fiel o no a la tra-

28 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


dición política que lo ha elevado a

la presidencia de Bolivia. Dicho de

otra forma, Luis Arce estará protegido

por la identidad de Morales durante

algún tiempo, aunque no haga

de su política una continuación de

la de Morales.

Luis Arce podrá hacer su propio

juego —cuya naturaleza es precisamente

el enigma que nos ocupa—

durante los primeros meses y hasta

durante el primer año de gobierno

sin mayores problemas, podrá incluso

hacer algo muy distinto a lo que

hacía Evo Morales y serán pocas y

aisladas las voces en disidencia.

La orientación de la política económica

del gobierno de Luis Arce

no podrá definirse con exactitud de

inmediato por los que observamos

y entonces es imposible saber de

entrada cuál es el juego de Arce,

salvo en un aspecto: la proscripción

y el exilio de Evo Morales.

En concreto, aquí hay dos posibilidades

extremas, entre las que hay

una miríada de grises: Arce puede

ser Cámpora o puede ser Lenin

Moreno. Si es lo primero, tendrá

que levantar la proscripción a Evo

Morales, repatriarlo de inmediato

y convocar a nuevas elecciones, en

las que Morales debe ser el candidato

del MAS para que el pueblo

lo reconduzca a la presidencia de

Bolivia. Pero si es lo segundo, es

decir, si opta por hacer la gran Lenin

Moreno, por el contrario, Arce deberá

avalar la proscripción a Morales,

mantenerlo en su exilio e intensificar

la persecución judicial en su

contra, que es lo que hizo Moreno

respecto a Rafael Correa al llegar a

la presidencia de Ecuador.

Esta segunda hipótesis subsiste,

existe el fantasma de la “leninmorenización”

de Arce. ¿Y por qué? Justamente

por el misterio de por qué

el poder fáctico a nivel global no

quiso seguir con su golpe y permitió

que Arce gane las elecciones del

último domingo. Una de las explicaciones

posibles de eso es justamente

la de que Luis Arce ya acordó

de antemano con el poder su propia

“leninmorenización”, es decir, hizo

un pacto para ganar las elecciones

El litio, considerado el “oro blanco del siglo XXI”. Sin el litio —esencial en la fabricación de baterías—, serían inviables casi todos los equipos

electrónicos del presente como las computadoras portátiles y los teléfonos celulares, o por lo menos inviable su masificación. Bolivia está en

la encrucijada de la nueva revolución industrial sin ser un país industrializado, pero teniendo en su suelo la materia prima clave para el desarrollo

del proceso. He ahí el interés manifiesto de los poderes fácticos a nivel global en la conducción del gobierno en el Estado.

29 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


El presidente electo Luis Arce, adornado según la tradición boliviana durante un acto de

campaña. La sucesión de Evo Morales luego del golpe de Estado que puso fin a 14 años de

gobierno es todavía un misterio, puesto que nadie sabe a ciencia cierta qué hará Arce una

vez asumida la presidencia.

y dicho pacto es la garantía de que

los poderes fácticos globales van a

seguir teniendo la manija en la explotación

del litio y del gas bolivianos.

Pero Morales no puede pactar

con eso y, por lo tanto, pasa a ser un

escollo como lo fue y sigue siendo

Rafael Correa frente al entreguismo

de Lenin Moreno en Ecuador.

La alternativa, como veíamos, es

la gran Cámpora, quien ganó las

elecciones de marzo de 1973 para

sortear la proscripción de Perón,

ganó con mucha ventaja y gobernó

unos pocos meses para convocar

a nuevas elecciones en las que el

General Perón pudo ser candidato,

ganar por una ventaja aun mayor

—la más grande registrada hasta

ahora en la historia de nuestro

país— y acceder por tercera vez a la

presidencia. Si Luis Arce opta por

esta opción, si elige estar para Evo

Morales como Cámpora para Perón,

entonces la respuesta la tendremos

de inmediato: Arce deberá asumir y

mostrar las cartas, deberá levantar

la proscripción y Morales deberá

retornar a Bolivia ya para la asunción

del nuevo gobierno, que será

de breve transición.

La única forma de saber inmediatamente

a qué viene Luis Arce como

presidente de Bolivia es así, si hace

una versión boliviana del acuerdo

entre Cámpora y Perón. Incluso

porque si Arce asume la presidencia

y Evo Morales no vuelve a Bolivia

de inmediato, lo que se cae es la

condición de refugiado político

del propio Morales. ¿Cómo podría

estar uno exiliado por un gobierno

propio? No se puede, por supuesto,

Evo Morales no puede estar en el

exilio mientras Luis Arce sea el presidente

de Bolivia sin incurrir en una

monumental contradicción.

La diferencia entre Luis Arce y

Alberto Fernández es precisamente

esa, allí donde el argentino llegó a

ser presidente sin que pesara sobre

la conductora de su espacio político

ninguna proscripción ni exilio, ni

mucho menos. Por el contrario: la

conductora del espacio participó

de la fórmula ganadora en el lugar

de candidata a vicepresidente y por

eso Alberto Fernández no tuvo ningún

dilema que resolver al asumir

como presidente de Argentina. Luis

Arce tiene ese dilema: ¿Levanta

la proscripción a Evo Morales, aun

a sabiendas de que el retorno del

líder seguramente elevará a niveles

inauditos la presión por nuevas

elecciones, abreviando su propio

mandato? ¿O no lo hace, manteniendo

la persecución judicial y la

imposición del exilio sobre el líder

natural del espacio político y colocándose

en una situación similar a

la de Lenin Moreno?

Por suerte o por desgracia, según

sea el resultado, la respuesta al

enigma sobre quién es Luis Arce en

realidad no tardará mucho en llegar.

Las dudas acerca de su ilógico

triunfo electoral se van a despejar

apenas Arce asuma la presidencia,

no puede tardar mucho más que

eso. Evo Morales es la clave, la

proscripción, la persecución judicial

y el exilio del “Jefazo” son la vara

de medir con la que sabremos de

inmediato la verdad. No es para

entusiasmarse y tampoco para

desesperarse: es para observar con

atención. Toda la verdad sobre este

economista boliviano educado en

Inglaterra, aunque a la vez arquitecto

de un verdadero milagro económico,

está a la vuelta de la esquina.

30 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Habitaciones recientemente

recicladas a nuevo, wi-fi,

desayuno buffet, restaurante,

TV LED 42”, aire acondicionado,

teléfono, despertador,

sommier, cochera cerrada,

frigobar, caja de seguridad.

La mejor gastronomía

hotelera en Mar del Plata.

Exquisitas propuestas gourmet y

una exclusiva carta de vinos.

Abierto todo el año mediodía y noche.

Consultá por nuestros menúes

especiales de fin de año.

3 DE FEBRERO 2975 | Mar del Plata

Tel./Fax (0223) 495.5552 - 495.9888

reservas@hotel10deseptiembre.com.ar

www.hotel10deseptiembre.com.ar

Hotel 10 de Septiembre

Restaurante 10 de Septiembre

31 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


CONTENIDO EXCLUSIVO

Teorías

de la

conspiración

ERICO

VALADARES

En una nota de opinión publicada

en el diario español El País

el 20 de octubre de este año,

el operador mediático Ernesto

Tenembaum mete el dedo en

la llaga y se cuestiona, ya desde el

titular, sobre El paradero desconocido

de Cristina Kirchner. Es sabido

que Tenembaum no tiene más

compromisos que los asumidos

con quienes le pagan para opinar y

por eso puede preguntarse abiertamente

por aquello que muchos de

nosotros en el lado opuesto tenemos

prohibido: el verdadero rol de

Cristina Fernández de Kirchner en la

actual construcción política precaria

que hace el Frente de Todos

desde diciembre de 2019. Ernesto

Tenembaum ya empieza recordando

que nuestra vicepresidenta dio

el faltazo en el acto por la lealtad

peronista celebrado tres días antes

de la publicación y sugiere que esa

ausencia no es anecdótica, sino que

significa “algo más”.

La nota de Tenembaum en El País

32 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


no tiene mucha importancia, no

es otra cosa que la opinión de un

reconocido operador cuyo objetivo

es agitar las aguas en un escenario

de río ya bien revuelto. Lo que sí es

interesante notar es la emergencia

de algunas voces que empiezan a

cuestionar esta situación —a todas

luces extrañísima— de ausencia en

la conducción del Frente de Todos.

En todo lo que va del año, la voz

más autorizada del campo de lo

nacional-popular prácticamente no

abrió la boca más allá de lo estrictamente

esencial para el cumplimiento

del rol institucional de

presidente del Senado que por ley

le corresponde al vicepresidente de

la Nación. Cristina Fernández solo

habló públicamente para presidir

las sesiones del Senado y apenas

en cuestiones relacionadas a esa

función. Políticamente hablando,

o en todo lo que tiene que ver con

opinar sobre los asuntos de la organización

social del país, desde la

asunción del nuevo gobierno Cristina

Fernández jamás se manifestó.

De hecho, Cristina solo habló vía

Twitter y además muy escasamente:

desde la primera tuiteada en enero

hasta la fecha, fueron poco más de

cien tuits de la vicepresidenta en

33 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


diez meses, con un promedio aproximado

de un mensaje bien cortito

cada tres días.

Es escaso y además con poca sustancia.

Cristina Fernández utilizó el

inmenso canal de Twitter que tiene

mayormente para celebrar efemérides,

retuitear alguna que otra ocurrencia

de los suyos y poco más que

eso. Un breve análisis del contenido

publicado por la vicepresidenta

en la red del pajarito arroja como

resultado que, salvo por ese artículo

de Página/12 escrito por Alfredo

Zaiat que contenía una crítica a la

economía política del gobierno y

que fue publicado a mediados de

julio, Cristina no dio opinión sobre

El operador mediático Ernesto Tenembaum, autor del cuestionamiento sobre el silencio de

Cristina Fernández de Kirchner en el ‘Diario El País’. Al no tener compromisos militantes con

el sector kirchnerista, Tenembaum puede levantar una liebre que para los que estamos “de

este lado” resulta muy incómoda.

el rumbo de la verdadera política

del país, que es la política económica.

Las cosas ocurren, el país avanza

hacia una situación de extrema

complejidad, hasta terminal para

algunos, pero la jefa del movimiento

que tiene (al menos en teoría, como

veremos más adelante) el poder

político en el Estado simplemente

no se manifiesta. No lo hace para

decir que está bien y tampoco para

decir que está mal, no lo hace en

absoluto.

Y eso es llamativo. A esta altura

de los acontecimientos y ante el

estado de la economía, sobre un

escenario político demasiado inestable,

cientos de miles de militantes

y otros tantos simpatizantes de

lo nacional-popular en su variedad

de colores no saben para qué

lado disparar. La única instrucción

que tiene la tropa kirchnerista de

la conducción es de la campaña

electoral, esto es, data de hace más

de un año: había que votar a Alberto

Fernández, elevarlo a la presidencia

de la Nación y así se hizo. Después

de eso no hubo más instrucciones

y desde entonces la multitud de

seguidores de Cristina Fernández

se ha dedicado prácticamente a

adivinar la voluntad de la conductora.

Los militantes y simpatizantes

hacen eso mismo, buscan en ella

algún gesto, alguna pista hasta en

su lenguaje corporal que permita

deducir una orden, sin éxito. Y entonces

su procedimiento es lógico

porque se limita a aferrarse a la última

orden emitida allá por octubre

de 2019. Al no haber comandos,

rige el último comando recibido.

El resultado práctico es que el llamado

kirchnerismo sigue apoyando

el gobierno de Alberto Fernández,

aunque cada vez con menos intensidad

y básicamente solo porque en

la vicepresidencia está la conductora

del movimiento, porque ella dijo

hace más de un año que eso era lo

34 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


que debía hacerse. Por su parte,

los cuadros medios se contradicen

entre sí y no logran hacerse de la

debida autoridad para conducir

parcialmente ante la ausencia de

la jefa de todos. Y allí empieza una

dispersión que crece todos los días,

hora tras hora va debilitándose la fe

que es el motor de toda militancia

y el gobierno va perdiendo apoyo a

medida que se estanca y claudica

en sus fallidos intentos por recuperar

una iniciativa que, a esta altura,

parece irrecuperable. El sector

jacobino del kirchnerismo opta por

hacer caso omiso del estancamiento

y la claudicación del gobierno de

Alberto Fernández y sigue allí, firme

en la defensa de ya no se sabe muy

bien qué cosa. Pero lo cierto es que

la mayoría de los que apoyaron y

votaron la lista del Frente de Todos

en octubre de 2019 o bien ya bajó

los brazos, está apática y hasta

demuestra públicamente su insatisfacción

frente a lo que parecería

encaminarse a un rotundo y peligroso

fracaso.

La hipótesis “buena”

Todo eso, como veíamos, ante un

ensordecedor silencio de Cristina

Fernández, un silencio que aturde

y confunde sobre todo a los que se

acostumbraron a la presencia fuerte

de la conducción, una marca registrada

del peronismo en general y de

Cristina en particular. Se despide el

mes de octubre y pronto estaremos

a treinta días de despedir el primer

año de un gobierno que llegó con

las más altas expectativas y hasta

aquí no pudo hacer pie, los focos de

conflicto se multiplican y se diversifican

por todo el país abriéndole

nuevos frentes de lucha a un Alberto

Fernández atribulado, desbordado

por una situación potencialmente

explosiva a la que no logra dar

Imagen de portada, cargada de semiología, de ‘La conducción política del poder económico’,

el artículo de Alfredo Zaiat con el que Cristina Fernández rompió el silencio enviando

por Twitter un mensaje clarísimo que, no obstante, no fue correctamente interpretado por la

tropa. El kirchnerismo no funciona con mensajes cifrados ni por la conducción de intelectuales

y cuadros medios, sino con la presencia clara y el discurso inequívoco de la conductora.

respuestas. Y a todo eso Cristina

Fernández sigue en silencio, sin dar

una sola pista de qué opinión tiene

sobre la realidad actual. Nada, la

conductora no dice nada y entonces

entre los conducidos la pregunta

es inevitable: ¿Dónde está Cristina

Fernández de Kirchner?

Está en la vicepresidencia de la

Nación y encabezando el Senado,

eso es una obviedad. Físicamente

Cristina está allí y en ocasiones hasta

se deja ver, no es misterioso. Lo

enigmático es la ubicación de Cristina

en el escenario político actual, es

decir, el lugar que ocupa realmente

la conductora de multitudes en el

presente proceso. “Cristina banca”,

dicen los kirchneristas más duros,

sobre todo los que ocupan cargos

o funcionan en el aparato. “No

habla, pero banca”. La afirmación

es temeraria y da lugar a hipótesis

sobre los motivos reales del silencio

de la jefa, hipótesis que le quitan el

sueño a más de uno. Una de esas

hipótesis es “buena”, esto es, se

basa en que la respuesta al misterio

está en la voluntad de Cristina, en

que la vicepresidenta resolverá el

problema cuando quiera. Y la otra

es “mala” en la suposición de que,

por el contrario, Cristina Fernández

quiere resolver y no puede, hay algo

que le impide hacer lo que tiene que

hacer.

La hipótesis “buena” es que puede

y no quiere intervenir, o que por lo

menos no quiere hacerlo ahora. Y

la primera posibilidad de por qué

no quiere hacerlo es la más evidente,

aunque también la menos

probable: Cristina Fernández calla

y otorga, es decir, no habla porque

suscribe y está de acuerdo con el

modo de gobernar de Alberto Fernández.

El atento lector sentirá el

ruido que hace la sola enunciación

de esta parte de la hipótesis, la

afirmación de que Cristina Fernández

calla y otorga porque está de

acuerdo con el modo de gobernar

de Alberto Fernández y por lo tanto

con los resultados, porque suscribe

los ajustes, las devaluaciones, las

concesiones al poder, las claudicaciones

y demás horrores que le son

absolutamente ajenos. La idea de

35 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Cristina Fernández de Kirchner, visible en la presidencia del Senado que por ley le corresponde al vicepresidente de la Nación. Más allá de

estas apariciones protocolares, Cristina ha estado en absoluto silencio durante lo que va del año, dando lugar a una serie de conjeturas que

ahora se ponen al rojo vivo ante la situación terminal del país.

que Cristina no habla porque “banca”

es la favorita de ese kirchnerismo

duro que está instalado en la

administración pública y sin dudas

es la más obvia, pero también es la

más inverosímil.

Por razones de historial político e

ideología, por razones lógicas, si

Cristina Fernández no habla porque

“banca” la totalidad de la gestión

albertista, entonces muy lejos tendrá

que haber quedado la que fue

dos veces presidenta de la Nación e

hizo casi siempre todo lo opuesto.

Es muy poco creíble, como se ve,

allí donde la ideología de Cristina

Fernández ya es bien conocida y es

improbable que haya cambiado, sería

difícil aceptar que la conductora

de un movimiento popular de masas

durante más de una década haya

cambiado ideológicamente a punto

de que le parezca aceptable el

descalabro actual. En una palabra,

si Cristina Fernández calla y otorga

en el presente contexto, entonces

hubo en ella un cambio de ideología

radical y eso no es una cosa fácil de

aceptar.

También existe la posibilidad de

que su silencio sea estratégico, lo

que en sí es la idea favorita de los

más optimistas entre los kirchneristas,

de los que tienen una fe cuasi

religiosa en la capacidad estratégica

de Cristina Fernández. Aquí,

el silencio de la vicepresidenta no

se debería a que suscribe el descalabro

del gobierno del candidato

que ella misma —supuestamente—

eligió, sino más bien a que tiene

todavía una jugada oculta, una

carta más en la manga y fuera de

nuestra vista. ¿Cuál podría ser esa

carta? Pues es imposible anticiparlo,

dada la naturaleza misteriosa

de la mente estratégica de Cristina.

Nadie sabe ni tiene la más remota

idea de qué podría ser, pero los que

creen están seguros de que algo hay

y por lo tanto el silencio de Cristina

Fernández se explica en una jugada

estratégica que en algún momento

conoceremos, cual una revelación o

una epifanía.

La conjetura de un silencio estratégico

es cuasi religiosa, sí, pero

de ninguna manera es delirante.

Bien mirada la cosa, Cristina Fernández

ha roto el silencio luego de

largos periodos de ausencia con el

anuncio de alguna movida estratégica

que dejó desconcertados

a propios y extraños. A mediados

del año pasado, sin ir mucho más

lejos, cuando anunció la inesperada

fórmula del Frente de Todos para las

elecciones de octubre con Alberto

Fernández encabezando la lista y

ella misma en el lugar de vice, por

ejemplo. Cristina podría perfectamente

estar agazapada, esperando

el momento de pasar a la ofensiva

con un plan previamente concebido

y esa es la fe que sigue moviendo

a una gran cantidad de militantes

y simpatizantes kirchneristas pese

a las pálidas que distribuye al por

36 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


mayor el gobierno del Frente de

Todos hoy.

También en la hipótesis “buena”

está la alternativa prescindente,

que se divide en dos partes. Por un

lado, la sencilla posibilidad de que

calla porque quiere estar en silencio

y simplemente no le interesa más

intervenir en la política. Por otro, la

de que calla porque no sabe o no

tiene la solución al problema. Ambas

serían muy decepcionantes, sobre

todo para un cierto fan club que

le atribuye poderes sobrenaturales

a CFK, por supuesto. La hipótesis de

la prescindencia sigue siendo “buena”

porque no existiría la incidencia

de los peligrosos factores externos

que veremos en la hipótesis “mala”,

pero no por eso dejaría de producir

una enorme tristeza entre los que

siguen a Cristina Fernández incondicionalmente.

Si Cristina puede y no quiere simplemente

porque ya se retiró de la

política por voluntad propia —tiene

ganas de dedicarse a su familia, a

su hija y sus nietos, o lo que fuere—,

entonces con mucha desilusión

descubriríamos que ella es humana

y que, como tal, desea tener un estilo

de vida familiar que normalmente

se les prohíbe a los dirigentes políticos

de alto perfil. Muchos se pondrían

tristes si llegaran a enterarse

alguna vez de que CFK se retiró por

razones estrictamente personales,

no relacionadas con ninguna presión

externa ni nada por el estilo,

pero lo cierto es que tampoco se le

podría reprochar la decisión. Cristina

dio mucho, muchísimo hasta

aquí en todos los años en los que

estuvo activa. Sería hasta injusto

exigirle que dé más.

Ahora bien, si por esa misma

naturaleza humana que le es inherente

lo que ocurre es que Cristina

quiere y no sabe cómo intervenir

para resolver el problema, entonces

estaríamos frente al dilema de

aceptar de una buena vez la falibilidad

de los que creíamos infalibles.

Puede pasar tranquilamente que la

situación se haya vuelto demasiado

compleja y que Cristina Fernández

no tenga toda la solución con los

recursos presentes. Sería verdaderamente

inútil en tal caso y hasta

contraproducente meter la cuchara

para embarrar aún más una cancha

sobre la que ha llovido muchísimo

y es ya puro barro. Si no es para

resolver la cuestión o por lo menos

para hacerla avanzar hacia una probable

resolución, lo más prudente

es no intervenir en ella y quizá esa

sea la razón del silencio de Cristina

Fernández ante el descontrol creciente

del gobierno del Frente de

Todos.

La hipótesis “mala”

Hasta ahí la hipótesis “buena” con

las distintas alternativas de una

CFK en silencio frente a un gobierno

que ganó las elecciones gracias a

su voto y que, sin embargo, no logra

emular la performance que la propia

Cristina Fernández supo tener

mientras fue presidenta. La hipótesis

“buena” siempre supone que

todo está sujeto a la sola voluntad

de la conductora y en que, por lo

tanto, no existen factores externos

forzando su silencio. ¿Pero qué

pasaría si no fuera así? ¿Qué pasaría

si, en realidad, Cristina no puede

opinar y debe mantener un perfil

bajísimo por razones que exceden

su propia voluntad?

Para analizar esa alternativa y

el abanico de posibilidades que

pueden desprenderse de ella habrá

que retroceder en el tiempo por

la ancha avenida de la memoria y

tratar de temas muy incómodos, de

cosas que al día de hoy son verdaderos

tabúes entre la militancia y

demás simpatizantes de la causa de

los pueblos en toda su diversidad.

En una palabra, habrá que indagar

Mientras fue presidenta de la Nación, Cristina Fernández no solo ejerció una conducción

clara y constante, como se ve en esta imagen de los famosos “patios militantes” en los que

daba orientación a la tropa, sino que además implementó políticas que difieren radicalmente

de las actualmente propuestas por Alberto Fernández. La idea de que Cristina suscribe lo

hecho por Alberto es ideológicamente delirante. Y prácticamente también.

37 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


en el origen de la alianza entre CFK

y Alberto Fernández, en el génesis

del Frente de Todos tal vez hasta

mediados del año 2018 y más atrás

también. Habrá que meterse en ese

asunto de lleno, sin prejuicios y sin

dar nada por sentado si lo que se

quiere es acercarse asintóticamente

a la verdad, averiguar qué fuerzas

externas a la voluntad de la conductora

podrían estar forzando su

silencio. Y eso puede ser más que

incómodo para algunos.

Hay que empezar desde el principio

para comprender de qué se

trata. Allá por el año 2003, cuando

Carlos Menem ganaba las elecciones

y luego se bajaba del ballotage

para evitar un “efecto Le Pen” en

su contra, Néstor Kirchner asumía

la presidencia de la Nación con tan

solo el 22% de los votos. Empezaba

un gobierno débil de entrada, sin la

debida legitimidad electoral. Y allí

el Diario La Nación, representando

la voz del establishment, le presentó

a Kirchner un pliego de cinco condiciones

entre las que constaban la

impunidad para los genocidas de

la última dictadura (1976/1983),

el acuerdo con la embajada de los

Estados Unidos y el pacto con los

“empresarios”, esto es, con el poder

fáctico de tipo económico. A través

de un José Claudio Escribano como

emisario, ese poder fáctico intentó

madrugar y condicionar a Kirchner

antes de que asumiera, pero Kirchner

fue valiente, desoyó las condiciones

que le imponían desde arriba

La “jugada estratégica magistral” que sorprendió tanto a propios como a extraños. Luego

de un largo periodo de silencio, Cristina apareció un buen día con la fórmula para derrotar

a Mauricio Macri. ¿Por qué no habría de hacerlo otra vez, emergiendo desde la oscuridad

con la fórmula salvadora? Esa es la fe del kirchnerismo en la conductora: la fe del hincha en

el crack al que no se lo sustituye jamás porque en cualquier momento del partido hace la

jugada genial y gol ganador, aunque haya estado apagado durante todo el partido.

y optó por hacer todo lo opuesto.

Así es como sale publicado en el

propio Diario La Nación la declaración

de guerra en la forma de un

editorial titulado Treinta y seis horas

de un carnaval decadente, del 15 de

mayo de 2003, donde el mismísimo

Escribano decreta que la Argentina

había resuelto darse un gobierno

por un año.

Estaba entonces declarada la

guerra contra el nuevo gobierno por

parte del poder fáctico, el establishment

declaraba su oposición a

diez días de la asunción del nuevo

presidente. Frente al desafío, Néstor

Kirchner hizo lo que indica el manual:

construyó una correlación de

fuerzas favorables para la lucha. Lo

primero que hizo fue pactar con el

Diario Clarín, en el que se iba a recostar

durante todo su gobierno. De

hecho, la fusión entre Cablevisión

y Multicanal fue el precio que pagó

Kirchner por el apoyo de Héctor

Magnetto, fundamental para hacerles

frente a los oligarcas representados

en La Nación. El acuerdo estaba

sellado, Magnetto iba a tener

la fusión deseada y solo necesitaba

una garantía fuerte de que Kirchner

cumpliría lo pactado. Esa garantía

fue el nombramiento de Alberto

Fernández en la Jefatura de Gabinete

de Ministros. Fernández ya era en

ese entonces un notorio operador

de Héctor Magnetto y fue el elegido

para garantizar el pacto funcionando

como el hombre de Clarín en el

gobierno de Néstor Kirchner.

El tiempo pasó, Kirchner triunfó

y sacó a flote un país que se había

hundido desde el estallido de

diciembre del 2001. Néstor Kirchner

terminó su mandato y no tuvo

problema en hacerse suceder por su

compañera, Cristina Fernández de

Kirchner, quien ganó las elecciones

del año 2007 en primera vuelta con

un 46% de los votos, muchos más

de los que había obtenido Néstor

38 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


La familia, una de las razones probables de la prescindencia de Cristina Fernández. La vicepresidenta ya es abuela y no está demasiado lejos

de cumplir los 70 años de edad, por lo que sería natural que tuviera deseos de dedicarse más a los suyos y menos a la rosca infinita contra el

poder fáctico.

cuatro años antes. Pero Cristina

también tuvo que hacer concesiones

para llegar. Una de ellas fue

aceptar a un radical como Julio Cobos

en el lugar de la vicepresidencia

y la continuidad de Alberto Fernández

en la Jefatura de Gabinete. Se

renovaban las alianzas para mantener

a raya a los oligarcas nucleados

en La Nación, que seguían buscando

la forma de colocar a uno de los

suyos en la primera magistratura

del país.

Pero esas alianzas habrían de

durar muy poco. Ya en los primeros

meses del nuevo gobierno, a raíz de

la Resolución Nº. 125 estallaba el

famoso “conflicto con el campo”,

en rigor un lock-out patronal contra

las modificaciones propuestas

en el régimen de retenciones a las

exportaciones del agro. La propia

Resolución Nº. 125 es cosa puerca,

es donde el diablo metió la cola,

aunque eso no es tan relevante por

el momento. El asunto es que allí

se termina la alianza entre el kirchnerismo

y el Grupo Clarín, Julio

Cobos traiciona en la presidencia

del Senado y Alberto Fernández

termina expulsado del gobierno

por el propio Néstor Kirchner y por

razones que ahora resultan más que

evidentes. Néstor intervino allí para

depurar de entrada el gobierno de

su compañera y para inaugurar una

nueva etapa: el tiempo de la guerra

total contra todas las corporaciones

mediáticas juntas. Se alineaban

ahora Clarín y La Nación en contra

del gobierno del Cristina Fernández

de Kirchner y empezaba una lucha

que sigue hasta los días de hoy.

Precisamente a los medios del

Grupo Clarín —del que siempre fue

39 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


un empleado y un operador— fue

Alberto Fernández a ocupar el lugar

de feroz detractor del gobierno de

Cristina Fernández. Una y otra vez

Alberto golpeó a Cristina en los medios

de Héctor Magnetto, acusándola

permanentemente, sin mucho

éxito. Cristina Fernández ganaría

las elecciones del año 2011 por

una cantidad aún mayor de votos, el

54%, para más precisiones. Alberto

seguía atornillado en los estudios

de televisión y la cosa seguiría

aparentemente inalterada hasta las

elecciones legislativas de 2013, en

las que cae derrotado el gobierno a

manos de un Sergio Massa acompañado

por Alberto Fernández en

el Frente Renovador, cuya única

plataforma había sido el punitivismo:

Massa prometía “frenar” a CFK,

enviarla a prisión, meterla presa.

Y el pretexto habría de aparecer a

fines del año siguiente cuando con

otro Alberto, el fiscal Nisman, el

poder fáctico dio finalmente con la

bala de plata. La operación Nisman

hizo temblar el escenario político

del país y fue letal para la continuidad

del gobierno con un sucesor de

Cristina Fernández. Y allí estuvo Alberto

Fernández en la marcha por el

fiscal Nisman, implicando a Cristina

en el supuesto crimen.

Todo esto en muy resumidas cuentas

para demostrar que Alberto Fernández

fue uno de los más feroces

opositores al gobierno kirchnerista

desde que Néstor Kirchner lo expulsara

del lugar de operador del

Grupo Clarín en el propio gobierno.

Y entonces la hipótesis “mala” aquí

empieza necesariamente con una

pregunta: ¿Cómo termina Alberto

Fernández otra vez “casado” con el

kirchnerismo y ungido por la mismísima

Cristina Fernández como

candidato a presidente del espacio?

El atento lector que logre dar

con la respuesta a dicha pregunta

no tendrá dificultades en comprender

que aquí lo que hay es un nuevo

pacto, un acuerdo motivado por un

condicionamiento.

Nadie sabe, por supuesto, de qué

se trata específicamente, esa es la

carta que nadie ve y no está para

que la veamos. Pero la hipótesis

“mala” es que Cristina Fernández

está atada de pies y manos, está

amordazada y obligada a aceptar

condiciones a raíz de una extorsión

probablemente de tipo judicial. La

hipótesis “mala” es que Cristina

quiere y no puede, que su silencio

no es voluntario, no resulta de una

estrategia suya a mediano y largo

plazo, sino de que sus enemigos la

han logrado neutralizar de una forma

que todavía no comprendemos.

La neutralizaron y pactaron con ella

primero el apoyo y la participación

Cristina Fernández en el 2017, durante la malograda experiencia progresista en Unidad Ciudadana. A partir de esa derrota las cosas cambiaron

y en algún momento del año 2018 se da acuerdo con Alberto Fernández para hacer la fórmula al año siguiente. Todo lo que ocurrió en ese

periodo es un enorme misterio, del que apenas son conocidos algunos retazos de verdad a partir del testimonio de los actores de reparto involucrados.

De boca de Cristina o de Alberto todavía no se sabe absolutamente nada de lo sucedido mientras las luces estuvieron apagadas.

40 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


en una fórmula encabezada por

el viejo topo de siempre y luego el

silencio ante la obra de destrucción

que dicho topo estaría llevando

a cabo de modo disimulado, sirviéndose

para ello del prestigio y

del discurso de la propia Cristina

Fernández de Kirchner.

La hipótesis “peor”

Alguien aducirá la imposibilidad

de la existencia de una extorsión

judicial en contra de Cristina Fernández,

puesto que ella es inocente

de lo que se le acuse y nunca han

podido reunir pruebas de lo contrario

para privarla de su libertad. Eso

es incorrecto, la extorsión judicial

no depende de pruebas concretas

para tener lugar. Si observamos la

historia reciente a nivel regional,

encontraremos en Brasil el ejemplo

de cómo es posible encarcelar y

sacar de circulación a un dirigente

de masas con tan solo reunir las voluntades

de cuatro o cinco sicarios

judiciales dispuestos a destruir sus

carreras en el mediano plazo a cambio

de mucho dinero. Lula da Silva

estuvo preso por varios meses para

allanar el camino al triunfo de Jair

Bolsonaro en el año 2018 sin que

pesase en su contra ninguna prueba

de la comisión de delitos. Aun

siendo inocente frente a la ley, Lula

da Silva conoció la cárcel y ahora

subsiste en la política de Brasil en

un lugar de extraña pasividad, un rol

que habla a los gritos de un retiro

forzado.

La hipótesis “peor” es que dicha

extorsión judicial —el famoso “lawfare”—

esté hoy pesando sobre

Cristina Fernández quizá en algo

relacionado a la llamada “causa

de los cuadernos” u otra cosa para

posibilitar un pacto de impunidad.

En otras palabras, la peor alternativa

aquí es que hayan forzado el

Alberto Fernández y Martín Lousteau, padres del engendro conocido como Resolución Nº.

125 que puso en una situación de mucho peligro al recién nacido gobierno de Cristina Fernández.

Al ver la actuación de Alberto en esa coyuntura, Néstor Kirchner perdió la paciencia

y echó al operador de Magnetto del gobierno, dando inicio a la guerra contra el Grupo Clarín.

retiro de Cristina Fernández con

una acusación falsa, pero suficiente

para privarla de su libertad, con el

objetivo de garantizar la impunidad

a quienes sí cometieron delitos. Es

bien sabido o al menos esperable

que de haber estado activa y con

poder en el Estado, Cristina Fernández

estaría hoy exigiendo investigación,

juicio y castigo a los responsables

por el monumental saqueo que

se llevó a cabo durante el gobierno

de Mauricio Macri entre el 2015 y el

2019. Si Cristina pudiera hablar y si

tuviera en sus manos la botonera,

activaría de inmediato una seria

investigación por los casi 90 mil millones

de dólares fugados por Macri

y sus secuaces en el periodo.

Pero dicha investigación no tiene

lugar, ni siquiera se habla del tema.

Tanto Macri como sus socios siguen

en libertad, el botín del saqueo

sigue escondido en paraísos fiscales

y aquí, señores, no pasó nada.

Entonces la hipótesis peor ya sin

comillas es esa misma, la de que

hayan dado con la bala de plata

para retirar de la política a Cristina

Fernández y para ubicar en el lugar

de presidente a un Alberto Fernández

cuyo objetivo es meramente

cocinar en fuego lento una crisis

terminal sin amenazar jamás a los

que se robaron un país entero y provocaron

la crisis, que como vemos

es terminal porque aquí no quedó

nada de nada luego del saqueo.

De ser así, la coartada de Alberto

Fernández para llevar a cabo el plan

es perfecta. Habiendo sido despojado

de su conducción y sin saber qué

hacer, el kirchnerismo se ve obligado

a seguir apoyando a Alberto Fernández

en base al último comando

emitido por la conductora durante

la campaña electoral. También en

ese sentido, el coronavirus le habría

41 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


El juez Sergio Moro, uno de los sicarios judiciales que aceptaron corromperse por dinero

para privar de la libertad a Lula da Silva sin tener las pruebas para hacerlo. El “lawfare” es

justamente eso, es el momento en el que el poder fáctico reúne las condiciones suficientes

para encarcelar a un dirigente político más allá de la existencia de pruebas en su contra.

¿Qué pasaría si esas condiciones estuvieran dadas en nuestro país respecto a Cristina Fernández

o incluso respecto a Florencia Kirchner, que está en el país y no cuenta con fueros?

venido al pelo al nuevo presidente

para congelar la situación, distraer

con un problema real y estirar el

proceso indefinidamente basado

en un pretexto ideal para justificar

cualquier fracaso y cualquier claudicación:

la pandemia. Existe la amenaza

del coronavirus y así es imposible

llevar a cabo ninguna gestión

de gobierno que no sea fomento a

la ideología de género (una exigencia

del poder real concentrado en

las corporaciones trasnacionales,

la sinarquía internacional de la

que solía hablar Perón) y la gestión

dudosa de la misma pandemia. No

hay lugar para nada más y mucho

menos para investigaciones sobre

el destino de esos casi 90 mil millones

de dólares que Macri y los suyos

saquearon en cuatro años.

Es un verdadero pacto hegemónico

entre el Frente Renovador (Sergio

Massa, Alberto Fernández, Felipe

Solá y asociados) y Juntos por

el Cambio (Mauricio Macri y sus

socios saqueadores) en el que se

garantiza la impunidad de estos

últimos a cambio de la gobernabilidad

futura de los primeros, esto

es, el saqueo queda impune y Macri

acepta la entronización de Massa

como presidente cuando Fernández

termine de “hundirse”. En realidad

no se hunde en absoluto, por

supuesto, ya que funciona en el

pacto y en un rol preciso que más

adelante será debidamente remunerado.

El tema es que en dicho

pacto hegemónico el kirchnerismo

entraría como convidado de piedra,

como garante de la estabilidad de

Alberto Fernández sin ninguna contrapartida.

Lo único que obtiene el

kirchnerismo es la presente libertad

de Cristina Fernández, una libertad

que, de no cesar el “lawfare” en el

futuro, tendrá sus días contados

cuando Sergio Massa se haga del

control y ya no necesite el apoyo del

tercio duro kirchnerista. Cuando el

proceso esté concluido, el saqueo

quede definitivamente enterrado y

Alberto Fernández termine su cocción

a fuego lento, surgirá Massa

en el horizonte con la vieja idea de

encarcelar a Cristina Fernández y

así ganarse el apoyo de todos los

que desean eso, amén del apoyo

de los que, hundidos en la pobreza,

van a estar suplicando un gobierno

fuerte que resuelva la situación.

El plan solo funciona porque la piedra

angular no se mueve. Cristina

Fernández no habla, no les explica

la coyuntura a los suyos y estos, en

consecuencia, optan por no innovar,

el kirchnerismo sin una conducción

presente, clara y visible no existe

como fuerza política, no es más

que el rejunte de individualidades

autoconvocadas por un difuso ideal

de justicia. Si Cristina Fernández no

habla y no ordena la tropa, lo único

que puede seguir pasando es esta

disolución a cuentagotas donde todos

los días van cayendo derrotados

moralmente los soldados. Y mientras

tanto Alberto Fernández sigue

cocinando en fuego lento la debacle

total de un país. Por su parte,

Cristina trata de hacer aquello que

está hoy a su alcance y es intentar

desactivar el “lawfare” mediante

la acción de sus alfiles contra el

poder judicial y así los Mauricio

Macri siguen libres, disfrutando de

lo robado y cumpliendo su rol en

el pacto hegemónico, que es el de

distraer al kirchnerismo con sendas

provocaciones.

Todo eso es lo que Tenembaum en

su indagación no indaga ni indagará

jamás, es lo que el poder no quiere

que se vea. Macri es el pasado y

Massa es el futuro, sobre un escenario

de poskirchnerismo y cierre

de la grieta por disolución de uno

de los polos, algo parecido a lo que

ocurrió al terminar la Guerra Fría

con la caída de la Unión Soviética.

Todo eso es lo que tanto el kirchnerismo

como el antikirchnerismo

42 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


no ven al estar ambos extremos

enfrascados en la entelequia de una

contradicción que ya dejó de existir.

Y todo eso, nada más ni menos que

eso, es lo que tiene paralizado a un

país entero allí donde los dirigentes

abandonaron la gestión política del

Estado para construir una transición

de cara al futuro. Los objetivos

son garantizar la impunidad del

macrismo y la neutralización del

kirchnerismo hasta la disolución de

ambos bandos, la construcción de

una síntesis en la figura de Sergio

Massa, borrón y cuenta nueva en el

mediano plazo.

Eso es lo que está pasando mientras

Cristina no habla, ya sea porque

puede y no quiere o porque

quiere y no puede, es irrelevante.

Si la conducción del único espacio

político con representación real

de uno de los sectores de nuestra

sociedad no habla, la consecuencia

inevitable es la disolución del

propio espacio. Algunos ya comprendieron

que la Argentina no es

viable con esa grieta que Néstor

Kirchner reflotó allá por mayo de

2003 al declararle la guerra a la

oligarquía representada en el Diario

La Nación, que no es viable eso sin

que una o ambas parcialidades en

la grieta se hundan. Y ante la imposibilidad

manifiesta de hundir una

sola —puesto que se retroalimentan

mutuamente, el macrismo existe en

tanto exista el kirchnerismo y viceversa—,

optaron por hundir a ambas

donde, más adelante y en realidad,

los intereses de solo una de las dos

se verán representados en la síntesis.

No vienen a cerrar esta grieta

con una idea peronista de tercera

posición. Vienen a eliminar las

identidades fuertes para hacer un

proyecto de colonia que el kirchnerismo

ha jurado combatir. Y todo

eso con la complicidad del propio

kirchnerismo, que sin conducción

es un gigante bobo, torpe y funcional

a su propia destrucción.

Sea como fuere, la perspectiva de

cara al futuro no es buena para los

pueblos. El silencio nunca es salud.

La puesta en escena del “café” durante el que Alberto Fernández habría persuadido a Sergio Massa a sumarse al Frente de Todos, una enorme

patraña. Massa siempre fue el jefe del Frente Renovador y por lo tanto siempre fue el conductor de Alberto, no al revés. El Frente Renovador

es uno de los suscriptores del pacto hegemónico y Fernández no es más que un adelantado, un lugarteniente de Sergio Massa.

43 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


SOLUCIONES IT PARA PYMES

Soporte tecnico

remoto y presencial

Administracion de redes

Soporte web

Community management

44 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020

TECHCARE

SOLUCIONES it

techcare.com.ar/soporte-it/


ANÁLISIS

Las nuevas formas

de dominación

MARCELO

GULLO

Hacia fines de abril de este

año, la comunidad científica

sufrió un sobresalto inesperado.

El premio Nobel de

Medicina Luc Montagnier,

galardonado por sus investigaciones

referidas al Virus de Inmunodeficiencia

Humana (VIH) afirmó en

la televisión abierta de su Francia

natal, ante la estupefacción de todo

un país, que el coronavirus que

azota al mundo podría haber sido

creado en un laboratorio a partir de

la inserción de secuencias de ADN

del VIH en un coronavirus anterior,

como parte de un trabajo de investigación

destinado a encontrar

una vacuna contra el SIDA. Desde

entonces, esta afirmación le ha valido

al prestigioso médico infinidad

de críticas negativas alrededor del

mundo. Sin embargo, tanto si el virus

mutó de manera natural como si

ha surgido por una causalidad accidental

o por la voluntad deliberada

de una élite cuyo propósito guardase

intereses ocultos, lo verdaderamente

innegable de la pandemia es

que su irrupción ha significado la

implantación del mayor experimento

de control social de la historia de

la humanidad, únicamente contrarrestable

por una reacción conjunta

de los pueblos emergentes, cuya

insubordinación fundante signifique

su independencia definitiva de los

45 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


poderes globales.

Es necesario reiterar esa idea:

estamos viviendo el experimento de

control social más gigantesco que

como especie nos haya tocado atravesar.

No ha habido en la historia

de la humanidad otro experimento

de control social mayor al que tiene

lugar en la actualidad, porque este

abarca a la totalidad del universo,

con ciertas excepciones a la regla,

que tienden a corroborar la hipótesis

de que efectivamente se trata de

un experimento que se inició con la

pandemia de coronavirus y esto no

quiere decir que estemos afirmando

que el virus exista o no exista,

pertenece al campo de la medicina

arriesgar ese tipo de afirmaciones.

Pero lo que está claro es que independientemente

de la peligrosidad

del virus o la ausencia de ella, independientemente

de si el virus ha

sido creado o no, de si es real o no

y de si es terriblemente mortal o no,

una vez acontecido el hecho que se

dio a conocer como “pandemia” por

la Organización Mundial de la Salud

(OMS), lo que comenzamos a observar

es cómo operó desde el inicio de

la implementación del aislamiento

social alrededor del mundo el control

de la información sobre lo que

había que hacer o dejar de hacer en

torno al tratamiento y la prevención

de la infección por COVID-19. Además,

cualquiera que se atreviese a

decir algo contrario a lo establecido

por el organismo global y replicado

en todas las latitudes por infinidad

de medios de comunicación y a

través de las redes sociales, era automáticamente

satanizado, sacado

del Paraíso y llevado al Infierno, tal

como le sucedió al doctor Montagnier.

La extraña intimidad entre un representante visible de las élites globales como Bill Gates y el

jefe de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom: una muestra de cómo los poderes

que quieren reordenar el mundo en sus propios términos ya ni se molestan en ocultar

su alianzas estratégicas y sus propósitos.

A partir de la irrupción de la pandemia

y el desconocimiento de su

origen, causa, alcances y posibles

consecuencias, el analista crítico

tenía un único camino posible: un

silencio prudente, porque ante un

hecho de esta naturaleza, inédito

para la historia de los vivos, lo mejor

era desensillar hasta que aclarase.

Meses después, lo que comenzamos

a observar es a un pequeño

país nórdico a cuyo gobierno no

podemos acusar ni de fascista ni

de populista ni de retrógrado, que a

partir de la reunión de una comisión

de expertos determinó que la cuarentena,

tal cual la sugería —o más

precisamente la imponía, a partir de

la presión de los medios de comunicación—

la OMS, no servía para

nada. Ese fue un primer asombro, la

decisión política de no apegarse a

los dictámenes de la OMS por parte

de las autoridades suecas apoyadas

en su propio comité de expertos.

Aunque quedaba por verse si tenía

razón o no. Ahora hemos vuelto a

ensillar, porque ha aclarado. Y es

que el número de infectados por

millón de habitantes es idéntico en

Suecia que en cualquier otro país

del mundo que haya respetado una

cuarentena estricta (y podría decirse,

una cuarentena irracional, pues

ha dinamitado el tejido social y la

musculatura productiva) como la

que siguió, por ejemplo, el gobierno

argentino. Claro que no es posible

afirmar lo mismo del número de

muertos, este depende de diversas

variables entre las que se encuentran

el estado previo del sistema de

salud antes de declararse la pandemia,

el estado de la salud general

de la población, etcétera.

No obstante, bastaría para corroborar

que estamos ante un sistema

global de control de la información

el hecho de que a ningún canal de

noticias de la Argentina se le haya

ocurrido enviar corresponsales a

46 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Suecia para analizar las particularidades

del caso sueco.

Pero ahora el lector se preguntará:

¿quién estaría interesado en imponer

un sistema de control social y

a quién le podría beneficiar esto?

¿Cuál sería la geopolítica del experimento

de control social que se

estaría aplicando?

Las estadísticas comprobarían que

nos hallamos ante un sistema de

control social, porque los números

demostrarían el potencial verdadero

del peligro que la pandemia

encierra. Por eso hacía falta que las

estadísticas comparativas entre un

país como Suecia y otro como por

ejemplo la Argentina no se hicieran

públicas. ¿Para qué? Para crear

miedo. ¿Y el miedo es funcional a

qué? Pues, a la creación de una crisis

económica artificial de carácter

global. Alguien podría preguntarse

entonces por qué alguien querría

provocar una crisis económica de

escala mundial, con qué propósitos

y además seguramente uno se preguntará

qué actor se beneficiaría de

esa crisis. La respuesta está en el

capital financiero internacional, un

actor que cada vez está cobrando

más importancia en las relaciones

económicas internacionales.

La oligarquía financiera internacional

controla un 60% de la producción

del mundo. Se trata de unas

seiscientas empresas en total cuyo

capital concentra el 60% de lo que

se produce en el planeta. Cuando

decimos “todo lo que se produce en

el mundo” nos referimos a la totalidad

de valor material e inmaterial,

incluidos la información, los contenidos

audiovisuales y la creación de

sentido. Por otra parte, de acuerdo

con estudios que realiza anualmente

la Universidad de Zúrich, es

posible resumir estas seiscientas

compañías en unas doscientas

que concentran la actividad de las

seiscientas antes consideradas. Se

Andrés Tegnell, el epidemiólogo sueco que se cortó solo de la hegemonía pretendida por

la Organización Mundial de la Salud y obtuvo buenos resultados, dejando en evidencia las

estrategia de dominación del poder fáctico global.

trata, entonces, de una auténtica

plutocracia o más precisamente,

de una “bancocracia”, pues esas

doscientas compañías que controlan

a las principales seiscientas

empresas del mundo son entidades

financieras.

Está comprobado, desde los

tiempos de Marx, que toda crisis

del capitalismo provoca una concentración

del capital. Mientras que

las pequeñas y medianas empresas

se funden, las empresas grandes

sobreviven y como se plantea en el

refranero popular, a río revuelto,

ganancia de pescador. O bien: el

pez grande se come al pez chico.

Pero además, en contextos de

crisis el pez grande, la oligarquía

financiera internacional, aprovecha

para hacer compras a futuro. Es

decir, aprovecha la baja del costo

de la producción. La crisis deprime

los precios de las materias primas,

como el cobre, el petróleo o el oro, y

el capital financiero aprovecha para

comprar por varios años, de manera

tal de hacer ganancias cuando la

recuperación de la economía vuelva

a alzar los precios. La crisis actual,

si bien no estamos en condiciones

de afirmar que la pandemia haya

sido creada por el capital financiero

internacional de manera deliberada,

sí resulta evidente que ha sido

usufructuada por esa oligarquía,

47 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


muy sencilla, la diferencia entre el

experimento actual y las anteriores

crisis de la historia del capitalismo

es la magnitud y la profundidad

de la misma como experimento de

control social, que viene dada por

la capacidad de la oligarquía internacional

para controlar los sistemas

de opinión y de sentido a nivel

global.

Un feliz 1984

Ilustración de portada de una edición de ‘Un mundo feliz’, de Aldous Huxley, obra de ficción

distópica en la que se describe una humanidad futura absolutamente disciplinada y sometida.

Al igual que en ‘1984’ de George Orwell, se prevé una dominación de las masas a través

del miedo y una hegemonía total del poderoso.

pasando la aspiradora por todo el

mundo, sorbiendo toda la riqueza

del mundo y concentrándola aún

más. Cuando hayamos atravesado

esta pandemia, muy presumiblemente

la oligarquía financiera internacional

no concentrará el 60% del

PBI mundial, acaso habrá ascendido

al 70 o 75% de esa capacidad.

De manera que estamos asistiendo

a un experimento de control social

tendiente a crear miedo, el miedo

genera una depresión económica

y esta resulta funcional a que unos

pocos compren a precio de nada lo

que valía mucho. Es una operación

El mundo que la oligarquía financiera

internacional está conformando

es un mundo que combina elementos

de las fantasías distópicas

del George Orwell de 1984 y el

Aldous Huxley de Un Mundo Feliz.

A partir del gobierno del presidente

demócrata Bill Clinton en los

Estados Unidos, que levantó a los

capitales financieros la prohibición

de hacerse con las empresas de

telecomunicación audiovisual, en

Occidente se produjo el surgimiento

y la profundización de un modelo de

control social similar al propuesto

por Huxley, basado principalmente

en la distracción a través de estímulos

positivos.

Si dividiéramos arbitrariamente

a fines de análisis el mundo en

Oriente y Occidente, entonces hallaríamos

que las sociedades occidentales

tienden a emular mayoritariamente

el modelo Huxley, en una

proporción 70/30, con gobiernos

democráticos y un importante influjo

de los medios de comunicación y

las redes sociales como sucedáneo

del “soma”, la droga legal de uso

generalizado en la sociedad pensada

por el novelista británico. En las

sociedades orientales, por su parte,

tiende a invertirse la ecuación

70/30. En el caso de Occidente, los

sistemas de gobierno resultan funcionales

al imperio de la oligarquía

financiera internacional. Mientras

48 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


que los países periféricos han desarrollado

un sistema de democracias

tuteladas o coloniales, los países

centrales practican una democracia

“secuestrada”, en el sentido de que

gobiernan para la manutención del

statu quo que resulta en la hegemonía

total de la oligarquía financiera

internacional.

En el caso de Oriente, se impone

principalmente el modelo Orwell,

con la existencia de regímenes de

partido único, semidictatoriales,

que ejercitan el control social más

a través de la represión y la censura

que de la sobreabundancia de

estímulos.

Este nuevo orden internacional,

que podríamos caracterizar como

la fusión entre Orwell y Huxley, una

suerte de “Feliz 1984” constituye el

proyecto global de la oligarquía financiera

internacional desde 1989,

con la caída del Muro de Berlín. Por

eso, a lo largo de las últimas tres

décadas el nuevo orden mundial ha

suscitado infinidad de intentos de

reacción por parte de los pueblos

subordinados. De hecho, el proyecto

totalizador de la élite global es

previo a 1989. Sin embargo, a lo

largo de las últimas tres décadas

la oligarquía internacional ha sido

capaz de adquirir una autonomía

que hasta ese momento no había

poseído. A partir del Consenso de

Washington la oligarquía financiera

internacional se emancipó del

estado norteamericano, que había

actuado como su punta de lanza

hasta ese momento, el ejército norteamericano

ha fungido por décadas

como un auténtico ejército de la

élite global.

A partir de década de 1990, el

capital financiero internacional

prescinde —aunque no totalmente,

claro está, pues la violencia ha

permanecido como instrumento de

coerción hacia países díscolos— de

las alianzas estratégicas con los

gobiernos de los Estados Unidos

de Norteamérica, pues adquiere la

capacidad de dar golpes de mercado

tan dañinos como un bombardeo

convencional y además es capaz de

hegemonizar la opinión pública a

La ficción distópica del Gran Hermano en ‘1984’ —que llegó a la pantalla del cine— está muy bien lograda y se ve cada vez más verosímil. No

obstante, George Orwell comete un error en su predicción al homologar el poder universal a un modelo de dictadura similar a los de países

socialistas en el siglo XX. Esa era la inspiración de Orwell en el momento para figurarse el autoritarismo y es comprensible, pero el poder

global resultó no ser estatal, sino un poder fáctico de corporaciones sustentado en una hegemonía mediática.

49 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


su favor a través del dominio de los

medios masivos de comunicación,

luego del ya mencionado “regalo”

otorgado por el presidente Clinton.

De esta manera logra tutelar o falsear

las democracias de Occidente,

que pasan a ser funcionales a los

intereses de la propia oligarquía.

Así, a través de los medios de

comunicación, el capital internacional

es capaz de instalar en agenda

al interior de las naciones temas de

su interés como el libre comercio,

la flexibilización laboral o la desregulación

del mercado de trabajo

—como eufemismo para la pérdida

de derechos por parte de las clases

trabajadoras—, la privatización de

las empresas del Estado a ultranza,

etcétera.

Pero a partir del gobierno del presidente

demócrata Barack Obama, el

modus operandi de la élite global

sufrió un significativo cambio. En

vez de financiar a instituciones de

ideología netamente neoliberal,

hacia fines de la primera década del

nuevo milenio ingentes volúmenes

de capital pasaron a engrosar las

cuentas bancarias de instituciones

ligadas a la ideología filomarxista,

progresista, y a las oenegés autoproclamadas

“filantrópicas” que

abogan por reivindicaciones de

minorías tales como la legalización

del aborto, la ideología de género,

el lenguaje inclusivo o las demandas

de minorías sexuales. Pero,

¿por qué? ¿Cuál es el motivo por el

que la oligarquía financiera internacional

querría hacerse eco de

demandas que en su cosmovisión

no comparte necesariamente?

La respuesta está en lo que le

quedó inconcluso al imperio del

neoliberalismo. Este logró limar

a los Estados nacionales a través

de la imposición de la ideología

globalista, logró que las naciones

emergentes practicaran la apertura

irrestricta de las fronteras comerciales

en detrimento propio, logró

limar la contención que el trabajador

hallaba en el sindicato. Pero no

terminó de atomizar a la sociedad,

no logró dejar al hombre en la total

soledad e indefensión. Para ello,

para que el hombre sea más fácilmente

esclavizado por la oligarquía

global es imprescindible dinamitar

la célula primaria de contención

social y económica del ser humano:

la familia.

La insubordinación

fundante

El magnate húngaro y estadounidense de origen judío George Soros, propietario de Open

Society y de la conciencia de una gran cantidad de dirigentes políticos en la Argentina, a los

que compró y sigue comprando a base de un aluvión de dólares.

Esto conlleva una reflexión necesaria

y es la siguiente, que hemos de

afirmar taxativamente: si los buitres

del mundo, los que expolian a los

pueblos, los que gobiernan a través

de la opinión para saquear a las

naciones y concentrar la riqueza

vuelcan incontables recursos para

persuadir a las sociedades respecto

de la presunta conveniencia

de prácticas tales como el aborto,

50 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


A partir de la caída del Muro de Berlín, la disolución del bloque socialista en el Este y el

consiguiente Consenso de Washington, el poder fáctico pudo empezar a prescindir de los Estados

nacionales para el sostenimiento de su dominación. Hoy el divorcio es total y las élites

globales directamente operan en la disolución de los Estados Unidos, país que le había sido

útil para sostener el poder universal durante todo el siglo XX.

necesariamente esas medidas no

pueden ser buenas para los pueblos.

Ese es el criterio de verdad

que debe utilizarse para determinar

cuándo una política resulta beneficiosa

al crecimiento y al desarrollo

de la patria: si la oligarquía financiera

internacional está interesada

en algo, eso no puede ser bueno

para los pueblos. Sin embargo,

expresar una opinión contraria a

la que la élite global estimula, es

decir, a lo “políticamente correcto”,

puede significar para quien se atreviere

a manifestarse un virtual exilio

social, el ostracismo. Asistimos,

entonces, a una verdadera dictadura

de lo políticamente correcto, que

no tiene antecedentes en la historia

de la humanidad.

En el caso argentino, la evolución

desde la ideología neoliberal hacia

la ideología progresista por parte

de la oligarquía financiera se observa

tanto en la lista de políticos

financiados por las organizaciones

no gubernamentales de la élite

global, como la Open Society del

magnate de origen húngaro George

Soros, como en la infiltración del

máximo movimiento de liberación

nacional del tercer mundo, el peronismo,

por parte del neoliberalismo

en la década de 1990 y por el progresismo

en la actualidad. De esta

manera, el que una vez fue el mayor

movimiento de liberación nacional,

capaz de generar el segundo intento

de insubordinación fundante en la

Argentina posterior a Caseros, pasó

a transformarse en un partido de

administración de la dependencia.

La ventaja que el peronismo otorga

a la élite global es que como movimiento

de liberación nacional su

obra ha sido tan grandiosa que el

pueblo argentino sigue en la actualidad

volcando su lealtad hacia ese

partido, aún cuando este ha dejado

de ser un movimiento de liberación

para ser un partido de administración

de la dependencia. La segunda

ventaja, que lo hace apetecible a

ojos de la oligarquía financiera global,

es que el peronismo ha demostrado

a lo largo de las últimas tres

décadas una mayor capacidad para

administrar de hecho esa dependencia

que la Unión Cívica Radical

como expresión de oposición al

Partido Justicialista. Las incursiones

en el gobierno por parte de los

radicales han concluido invariablemente

en un fracaso económico con

estallido social, situación que no

tuvo correlato en el caso del peronismo,

cuya simbología, aunque

trastocada, pervive y perdura como

expresión mayoritaria de la lealdad

y el amor de las mayorías populares

en la Argentina.

51 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Las mega granjas de cerdos que China pretende “exportar” a nuestro país para deshacerse

de un problema ambiental y sanitario muy serio, trasladándoselo a otros. La profundización

del modelo agroexportador que le han impuesto a la Argentina en la división internacional

del trabajo es uno de los objetivos de las élites globales y para ellos el instrumento es la

destrucción de la comunidad.

Pero, ¿es posible refundar la patria

y salir de la lógica que impone la

oligarquía financiera internacional?

Absolutamente. Argentina está en

condiciones de recuperarse de la

crisis y pasar a ser una potencia,

pero para ello debe eliminar de

su organismo todo rastro de esas

ideologías ponzoñosas que son el

neoliberalismo y su hermano más

joven, el progresismo. Argentina

debe apelar al espíritu de la experiencia

de insubordinación fundante

del peronismo, que fue capaz de

proyectarse a futuro y observar

el mundo que se venía. En 1945,

Perón vio que la única forma de proyectar

la potencialidad de un país

escasamente poblado era a través

de la generación de valor agregado.

Por ello profundizó la industrialización

incipiente del territorio, pero

con acento en la industria pesada y

química. Es decir, aquella capaz de

generar más riqueza.

En el nuevo milenio, la salida sigue

siendo la generación de valor agregado.

Perón vio que era necesario

fundar una doctrina de tercera

posición, ajena a los imperialismos

de la época, el marxismo soviético y

el liberalismo estadounidense. En la

actualidad, el imperio se ha unificado

en torno a la oligarquía financiera,

pero con sus vertientes neoliberal

y progresista. Sin embargo, el

Estado chino, el taller del mundo,

emerge y se impone cada vez más

como la cara visible del imperialismo

y sus intentos injerencistas en

la América Hispana ya se pueden

observar. Argentina no está exenta

de esa injerencia y de allí los intentos

de China por convertir a nuestro

país en su chiquero, sumado a la

agricultura de muerte que supone

el agronegocio sojero iniciado en

la década de 1990 y desarrollado

hasta estos días. El negocio para

la Argentina deberá estar en la

generación de valor agregado, en

la exportación de alimentos sanos,

orgánicos, que son el alimento del

futuro. El agronegocio envenena

nuestra tierra, mata a sus hijos y

resulta siendo un negocio de corto

plazo, pues es evidente que en el

futuro los países desarrollados descartarán

los alimentos contaminados

y tóxicos que están enfermando

a las poblaciones.

La Cordillera de los Andes, una auténtica

pila inabarcable de riquezas

infinitas y únicas en el mundo, está

siendo expoliada, aprovechada por

las empresas inglesas que se disfrazan

de canadienses o australianas,

pero que siguen siendo tan inglesas

como en los tiempos de Scalabrini

Ortiz. El negocio minero, el fracking,

están contaminando las aguas de la

patria y privándonos de lo nuestro

sin que a ningún gobierno parezca

generarle contradicción. El Mar

Argentino, auténtica Pampa Azul, es

la superficie marina más vasta del

mundo en concentración de peces,

pero su inconmensurable valor está

siendo hoy depredado por barcos

chinos, ingleses o japoneses, ante

la quietud de los gobiernos administradores

de la dependencia.

Argentina no necesita recursos

para salir de la crisis. Es uno de los

países más ricos en recursos, que

bastarían para abastecerse a sí

misma y a los países de la región.

La salida del laberinto es necesariamente

política, de abajo hacia

arriba, desde el pueblo hacia los

gobiernos. La insubordinación fundante

última y definitiva del pueblo

argentino deberá consistir necesariamente

en refundar la tercera

posición, en retomar la soberanía

cultural que le permita rebelarse

contra las dos patas de la dominación,

que ya no se identifican con el

liberalismo y el marxismo del primer

peronismo, sino con el neoliberalismo

que dinamita materialmente

a los pueblos y el progresismo, que

dinamita su espíritu.

52 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


53 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


OPINIÓN

Polémico

y patotero

ERICO

VALADARES

Él está en todos los canales y en

todas las radios, dice presente

en las redes sociales sin ni

siquiera darles mucha importancia.

Aparece por todas

partes y muchos lo ven hasta en la

sopa, menudo nivel de exposición

para un cuadro medio que en la

actualidad no ocupa cargo público

ni lidera un espacio numeroso en el

tablero de la política a nivel nacional.

Y aún así lo ven en todos lados

y hablan de él, dándole un protagonismo

inusitado para un dirigente

que no es uno de los cuatro grandes

—Cristina Fernández de Kirchner y

Alberto Fernández, por una parte,

Mauricio Macri y Elisa Carrió, por

otra— en el presente. Al interpelar

a una multitud que en condiciones

consideradas normales ni registraría

su existencia, Guillermo Moreno

se convierte en un fenómeno cuya

explicación no parecería estar al

alcance del entendimiento del que

analiza la política con las categorías

tradicionales.

54 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Pero el análisis político tiene una

infinidad de otras categorías que

pueden ser útiles para comprender

cómo Guillermo Moreno hace para

irrumpir en el debate sin apelar al

clásico movimiento de pararse claramente

en un extremo de la grieta

para obtener la visibilidad necesaria.

Moreno no hace lo que hace la

mayoría de los dirigentes actuales,

que es alinearse automáticamente

a uno de los extremos en pugna

para disputar con otros el favor de

uno de los núcleos duros existentes,

sino más bien todo lo contrario.

Guillermo Moreno tiene y utiliza

estratégicamente su capacidad de

crispar a ambos bandos y eso, bien

observado el escenario actual, es

algo que nadie sabe, puede o quiere

hacer. Todos los dirigentes, desde

Cristina Fernández y Mauricio Macri

hacia abajo, funcionan en la lógica

binaria del amigo/enemigo, esto

es, apuestan por ser la representación

total o parcial de uno de los

extremos del arco político haciéndose

en consecuencia odiar por

el extremo opuesto para lograr el

reconocimiento de los propios. Esa

es la lógica de la grieta, o el sentido

común de la política argentina:

pararse ostensivamente de un lado,

55 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


cosechar la enemistad automática

de los que están del otro lado

y así obtener el apoyo de los que

se ubican del lado propio. Todos

los referentes en la política actual

sostienen sus posiciones de liderazgo

general o localizado siguiendo la

lógica de la grieta, salvo Guillermo

Moreno y, quizá en menor medida,

Sergio Berni. A contramano del sentido

común de la política presente,

Moreno opta por crispar a griegos y

también a troyanos. ¿Por qué?

Por una simple cuestión de cálculo.

La observación de la realidad en

su debida profundidad dará como

resultado el hecho de que la grieta

es una cosa potente, pero que

no arrastra ni mucho menos a las

mayorías con su fuerza centrípeta.

Dicho de otra manera, no es cierto

que la mayoría de los argentinos

hayamos sido absorbidos por el microclima

de la grieta que se da hoy

y desde hace bastante tiempo entre

dos bandos, cuyos máximos exponentes

son los presidentes Cristina

Fernández de Kirchner y Mauricio

Macri y se denominan kirchnerismo

y macrismo respectivamente. Podría

argumentarse que los más sí están

parados en uno de los llamados

tercios duros y que eso, por lo tanto,

resultaría en una mayoría combinada

del orden del 60%, pero la cosa

no funciona así. En la práctica, los

núcleos duros que conciben la política

como una realidad de compartimientos

estancos son realmente

muy minoritarios. Tanto hacia el

interior del kirchnerismo como del

macrismo hay una buena cantidad

de individuos que no están dispuestos

a firmar cheques en blanco, esto

es, que nunca dejan de comunicarse

con la política por fuera de la

pecera propia. Así, el “macrismo”

sería una entelequia en tanto y en

cuanto no todos los que se ubican

en ese tercio son realmente macristas

de un modo cerrado o excluyente.

Y lo mismo vale para el “kirchnerismo”

entre comillas, donde solo

la parte muy extrema ha cortado

Guillermo Moreno, en una de sus participaciones en el programa de Viviana Canosa. En los

últimos meses, Moreno se ha convertido en un fenómeno de exposición y aprovecha cada

invitación para exponer en los medios su idea de cómo debe conducirse el programa económico.

Dando la cara en programas como el de Canosa, Moreno da a conocer su imagen

y su discurso a un público que solía ignorarlo o, en todo caso, que solo conocía el relato de

Clarín sobre su personalidad. Y así logra lo que pocos dirigentes pueden: hablarle al sector

indefinido de la sociedad, el que con su voto define y definirá siempre todas las elecciones

por ser la primera mayoría y oscilar entre extremos a cada dos años.

las líneas de comunicación dinamitando

los puentes con la política.

Entonces solo una minoría numerosa

del orden del 30% o quizá hasta

del 40% ha sido absolutamente

absorbida por la grieta y no admitirá

jamás otra cosa que toda la razón y

la verdad revelada en el lado propio.

Todo el restante 60% o 70%

del electorado —incluyendo a los

no fanatizados de ambas partes y

a los llamados “ni-ni”, cuyo voto va

oscilando de elección en elección

como una veleta— sigue abierto y

accesible al discurso político alejado

de los extremos ideológicos.

Eso es lo que comprende Guillermo

Moreno e intenta, por lógica,

hacerse visible entre el 60% o el

70% mayoritario mediante la estrategia

de crispar a ambos extremos

de los núcleos duros. ¿Para qué?

Pues para que hablen de él todo el

tiempo los que se ubican en dichos

extremos ideológicos. Moreno sabe

que no existe la mala propaganda y

tampoco la imagen negativa como

determinante del voto en elecciones.

Lo que sí es un impedimento

insalvable para cualquier referente

con aspiraciones electorales es la

no imagen, el desconocimiento por

parte del electorado de la figura

del postulante. Guillermo Moreno

debe hacerse conocido, remontar

los escalones de la política hacia

un nivel que le permita poner en

discusión su programa y para eso

se sirve de los unos y de los otros,

de los sectores donde su imagen ya

es conocida, para darse a conocer

entre los que aún lo ignoran.

Ahora bien, no es más ni menos

que estrategia política o lo que en

la posmodernidad se dio en llamar

marketing electoral, una forma

inteligente de superar las limitaciones

propias de la democracia en las

sociedades de masas. Pero es una

estrategia que no cualquiera sabe,

puede o está dispuesto a desplegar:

56 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Sergio Massa, reafirmando junto a Mauricio Macri en una reunión con Joe Biden los lazos de amistad entre el antiperonismo argentino y el

Partido Demócrata de los Estados Unidos, una alianza que quedó sellada cuando Spruille Braden formó aquí la Unión Democrática en un intento

desesperado por frenar a Juan Domingo Perón en 1946. Por su parte, Massa quiso hacer su “ancha avenida del medio” alternando entre

extremos. Luego de alinearse con Macri durante el gobierno de este, Sergio Massa vino a formar en el Frente de Todos para derrotar al propio

Macri. Un verdadero panqueque tragado por la grieta.

además de comprender el juego, el

aspirante a superador de una grieta

en todo momento debe contar con

ciertos atributos inherentes para no

ser tragado por la propia grieta en

determinado momento. No es una

simple cuestión de transitar la “ancha

avenida del medio” negando

tanto la tesis como la antítesis en

la lucha dialéctica. La superación

verdadera de la dicotomía solo puede

ser la síntesis, que en política

es la concertación de los intereses,

de las esperanzas y los miedos de

la generalidad, no de las partes. El

primer atributo inherente al candidato

superador es ese mismo, el de

ser sintético a punto de representar

un auténtico enigma desde el punto

de vista de los extremos, cosa que

jamás pudo lograr, por ejemplo,

Sergio Massa. La “ancha avenida

del medio” massista nunca fue otra

cosa que la negación frontal en

cada momento de uno u otro extremo

de la grieta, se trató tan solo de

acercarse alternativamente al kirchnerismo

y al antikirchnerismo según

la dirección del viento, que es el

humor electoral cambiante. No es lo

que hace Guillermo Moreno, quien

no se acerca jamás a los extremos y

genera con ello una confusión monumental

por aquello de que nada

es más difícil de entender que la

obviedad ululante. Moreno crispa a

ambos extremos ideológicos sin que

nadie logre fijarlo de una vez y para

siempre en el lugar del enemigo.

Por una parte, Moreno crispa a

los que están ubicados en lo que

vamos a llamar —solo para fines de

análisis— el extremo derecho del

arco político al identificarse como

lo que realmente es, a saberlo, un

dirigente peronista que se desempeñó

durante más de diez años

como el más leal de los funcionarios

en los gobiernos de Néstor Kirchner

y Cristina Fernández de Kirchner,

además de ser el enemigo público

Nº. 1 desde el punto de vista de los

Héctor Magnetto y los Grupo Clarín.

Como ese extremo derecho odia al

peronismo, odia al kirchnerismo

y considera al Grupo Clarín como

propio, como un refugio ideológico,

tiende a volverse loco cada vez que

ve a Guillermo Moreno, pues ve allí

representada buena parte de aquello

que odia. Aquí funciona la larga

e intensa campaña de desprestigio

que Héctor Magnetto llevó a cabo

“por derecha” contra Moreno,

atribuyéndole arbitrariamente las

categorías de “polémico”, “pato-

57 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Con Axel Kicillof como ladero, Guillermo Moreno se metió en la junta de accionistas del

Grupo Clarín en representación del Estado argentino, tenedor de acciones del holding de

Magnetto desde la estatización de los fondos de las AFJP. Moreno fue el ariete de Cristina

Fernández de Kirchner tanto en el control a los especuladores desde la Secretaría de Comercio

como en la lucha contra el poder fáctico representado en Héctor Magnetto. Un soldado

cuya lealtad y valentía nunca estuvieron en discusión.

tero”, “maleducado” (un delirio,

jamás se lo escuchó a Moreno decir

ni siquiera una mala palabra o se

lo ha visto en un gesto descortés),

“mafioso” y un largo etcétera. Pero

la confusión empieza cuando ese

mismo extremo derecho observa

el costado dicho “conservador” de

Moreno, sus críticas internas al discurso

y a la praxis kirchnerista, su

respeto a la propiedad privada con

función social y su absoluta omisión

en el irritante debate de la agenda

“progresista”. Entonces el extremo

derecho se confunde, quiere odiar a

la figura que le genera fascinación

y, finalmente, en consecuencia,

no puede dejar de hablar de dicha

figura.

En el extremo opuesto que con la

finalidad de análisis llamaremos el

extremo izquierdo la situación es la

misma, pero en espejo. El sector dicho

“progresista” del kirchnerismo

observa el costado “conservador”

de Moreno, le reprocha el no subirse

a la agenda de los asuntos del

“progresismo” europeizante, condena

su respeto a la propiedad privada

y literalmente enloquece cada

vez que escucha su crítica interna

al discurso y la praxis del kirchnerismo.

Pero de pronto recuerda que

Moreno fue el funcionario más leal

en los gobiernos de Néstor y Cristina

Kirchner, que puso a raya a los especuladores

formadores de precios,

que tiene una historia de 50 años

en la militancia peronista y que fue

el único con las suficientes agallas

para enfrentar a Héctor Magnetto

yendo a las entrañas mismas de la

bestia al meterse en la asamblea

de accionistas del Grupo Clarín a

cantarles las cuarenta a los que

allí habían estado desde siempre

bien sosegados haciendo negocios

fuera de la vista de las mayorías.

Por eso el extremo izquierdo también

se confunde muchísimo, quiere

odiar al personaje que le produce

fascinación y tampoco puede dejar

de hablar de Moreno cada vez que

Moreno da la cara, lo que es prácticamente

todos los días.

He ahí que Guillermo Moreno tiene

todos los atributos inherentes para

no ser tragado por la grieta y para

hacer levantar temperatura en

ambos extremos ideológicos, tanto

en el “conservadurismo” como en

el “progresismo”. Y entonces Moreno

tiene que hacer muy poco para

que hablen y hablen de él todo el

tiempo. Lo único que debe hacer

es dar la cara y exponer justamente

las ideas que pretende instalar

en el debate político: las ideas del

sentido común de las mayorías

populares. Cuando Moreno hace

eso, hace volar en fiebre al extremo

derecho y al extremo izquierdo a

la vez —un atributo esencial a todo

peronista que se precie de serlo— y

obliga a dichos extremos a criticarlo

tanto “por derecha” como

“por izquierda”, con lo que se da la

situación ideal. El sentido común de

las mayorías desprecia los extremos,

busca siempre el discurso más

equilibrado y entonces lo único que

logran desde los extremos ideológicos

al criticar a Moreno es poner en

visibilidad la verdad no relativa de

que el propio Moreno es la expresión

política del sentido común

de las mayorías populares. En una

58 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


palabra, cada vez que de un lado o

del otro de la grieta se vuelven locos

y salen a gritar rabiosos contra

Guillermo Moreno, lo que en realidad

hacen es decirles a todos los

demás, al 60% o al 70% de los que

no están enajenados de la realidad

en la grieta, que Guillermo Moreno

los representa. Es el campeón del

sentido común.

Coyunturas

Una de las características fundamentales

del extremo ideológico

en todo tiempo y lugar es la escasa

tolerancia a la crítica y el absoluto

rechazo a la autocrítica. Uno se

acerca a los extremos en la política

a medida que va convenciéndose a

sí mismo de ser poseedor de la verdad

revelada o, lo que es lo mismo,

se radicaliza del todo en un extremo

cuando abandona el debate político

y se atribuye toda esa verdad,

imputando en consecuencia toda la

falsedad, la fealdad y la maldad al

extremo que considera opuesto. Eso

es lo que les pasa tanto al kirchnerismo

como al macrismo hoy y es

por eso que no existe el debate político

en la Argentina. Lo único que

hay son provocaciones, chicanas y

agresiones de parte a parte, nadie

está dispuesto a discutir seriamente

la gestión de lo público hacia la resolución

efectiva de los problemas

reales y el resultado lógico es el

estancamiento. Cuando gobiernan

ellos, nosotros bloqueamos todo;

cuando somos nosotros los que

gobernamos, ellos son esa infernal

máquina de impedir. La sociedad se

paraliza en el empate hegemónico.

En la actual coyuntura el kirchnerismo

comprende que gobierna y

el macrismo entiende que es oposición.

Eso quedó determinado así

pese a las numerosas anomalías

existentes y el sector kirchnerista

del campo nacional-popular quiere

discutir con el macrismo, aunque

el macrismo como expresión política

ya está derrotado. El macrismo

como proyecto político fracasó,

no es realmente una opción válida

para los “tibios” que no están en su

propio extremo ideológico, que son

casi todos los argentinos. En una

palabra, hay una situación en la que

ambos quieren elegirse mutuamente

como enemigos, pero por fuera

de esa grieta están pasando otras

cosas. El kirchnerismo quiere atribuirse

un gobierno cuya agenda no

coincide con su propia ideología y

cuyos funcionarios le son casi todos

ajenos, mientras que el macrismo

quiere ocupar un lugar de oposición

que el resto de la sociedad no le va

a legitimar por el fracaso que lleva

a cuestas. Pero en la cabeza de los

unos y de los otros el kirchnerismo

gobierna y el macrismo es la oposición.

Así está la grieta del momento.

Al ser un extremo ideológico fanatizado

y al hacerse de la idea de que

gobierna, el kirchnerismo va a rechazar

de plano toda crítica contra

el gobierno que considera propio,

es una operación lógica: soy lo que

me pertenece y si no acepto que me

critiquen, tampoco voy a aceptar

que critiquen lo que es mío. Ahí está

la explicación de por qué hoy por

hoy la figura de Guillermo Moreno

levanta mucha más temperatura en

el extremo izquierdo que llamamos

kirchnerista que en el otro extremo.

Moreno es el pecado mortal, es

la autocrítica que no tiene perdón

El empate hegemónico, en una imagen. El ganador de las elecciones de 2015 saluda a su

enemiga acérrima luego de ser derrotado en las elecciones de 2019. El kirchnerismo y el

macrismo se eligen mutuamente como enemigos sin que uno de los bandos logre finalmente

derrotar al otro. Y así se reproduce la grieta de modo indefinido, donde el bando que gana

las elecciones intenta gobernar y el bando perdedor se dedica a impedir. No existe ningún

consenso en Argentina sobre los lineamientos mínimos básicos de un proyecto de país, lo

que resulta en volantazos y en una suma cero.

59 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


porque no solo critica lo que el

kirchnerismo quiere blindar —el gobierno

que considera propio—, sino

que además lo hace desde dentro.

La certeza de la lealtad de Moreno

a Cristina Fernández, que fue denunciada

por el mismísimo Alberto

Fernández en una entrevista a

Alejandro Fantino hace cinco años,

cuando el actual presidente era un

notorio opositor, hace de Moreno un

propio y entonces no se le permite

la autocrítica. Lo que realmente

duele no es el ataque de un extraño,

sino la crítica de los propios. Cuando

eso ocurre, las falencias de uno

quedan totalmente expuestas.

Pero la lealtad de Guillermo Moreno

es una lealtad peronista en un

sentido estricto. Moreno le debe

lealtad al pueblo argentino y a la

conductora del movimiento político

que lo contiene, jamás a un gobierno

encabezado por un dirigente

cuya legitimidad desconoce. Moreno

es propio del peronismo y es

propio de quien lo conduce, que es

Cristina Fernández de Kirchner, no

propio del gobierno de Alberto Fernández.

Y entonces se ve obligado

a señalar sin ambages que la razón

de esa no propiedad es la sencilla

verdad de que con ingredientes

de una ensalada no se hace una

torta. Cuando Guillermo Moreno

anuncia que el gobierno de Alberto

Fernández es un poco radical y

otro poco socialdemócrata, nunca

peronista, se basa para ello en la

experiencia histórica: cada vez que

se les dio a los radicales (o al antiperonismo

de un modo general) el

manejo de la economía nacional, el

resultado siempre fue la debacle,

la catástrofe y la posterior anomia.

La torta que se pretende hacer es

el peronismo, pero los ingredientes

son de una ensalada allí donde el

presidente del Banco Central es un

radical, el titular del Banco Nación

es un socialista/progresista y el

Durante una entrevista con Alejandro Fantino a principios del año 2016, en los primeros meses del gobierno de Macri, el actual presidente

Alberto Fernández “denunció” a Guillermo Moreno señalándolo como un soldado de Cristina Fernández de Kirchner. Esa fue una de las tantas

veces en las que el presidente “escupió para arriba” diciendo cosas de las que hoy se arrepiente. Resulta que su principal crítico peronista es

leal a la conductora del movimiento y el hecho subsiste como una bomba de tiempo a la espera de que el kirchnerismo lo descubra.

60 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


ministro de Economía es un universitario

de Harvard al que no se le

conoce ninguna militancia política.

No hay ingredientes para hacer una

economía de tipo peronista, pero

se insiste en que el resultado de

la receta lo es. ¿Cómo pueden un

radical, un socialista y un indefinido

aplicar el programa económico de

un peronismo que no conocen y con

el que no comulgan? No se puede,

por cierto. Y ahí está la razón de la

no pertenencia de Guillermo Moreno

al gobierno de Alberto Fernández,

está en su composición y también

en su destino, que de darse la

lógica histórica ya está cantado.

La definición de la naturaleza

ideológica de Alberto Fernández y

su gobierno no es un asunto anecdótico

ni mucho menos, no es por

una cuestión de “peronómetro”

que se intenta definir de qué se

trata. Cuando Alberto Fernández

anuncia públicamente su fe en la

socialdemocracia de tipo europeo y

hasta afirma pensar con una cabeza

europea, lo que está diciendo allí

es qué tipo de políticas pretende

implementar en la gestión de gobierno

y eso nos afecta a todos. La

orientación ideológica de un presidente,

lejos de ser un tema meramente

identitario o simbólico, es la

indicación del rumbo que va a tener

su gestión. Y si Alberto Fernández

insiste en que su referente y modelo

es Raúl Alfonsín, además de hacerse

la opción por el radicalismo por

encima del peronismo, adelanta su

convicción de que probablemente

correrá la misma suerte del que en

1989 tuvo que abreviar su mandato

en medio a una fenomenal

hiperinflación. Guillermo Moreno

suena antipático cada vez que pone

de manifiesto el no peronismo de

Alberto Fernández, parece una

pelea por ver quién es más peronista.

Pero no hay nada de eso. Si

el argentino estuviera atento a las

El culto a la personalidad de Raúl Alfonsín, una constante de Alberto Fernández. Además

de dicho culto, Fernández ha dado sendas definiciones de su orientación ideológica que

variaron desde la predilección por la socialdemocracia de tipo europeo, la influencia de

la cultura hippie estadounidense y hasta una naturaleza posmoderna, rarísima definición

que apareció en el discurso de su jefe de gabinete y amigo Santiago Cafiero. Lo que fue

desapareciendo de las definiciones de Alberto Fernández luego de ser electo presidente fue

el peronismo, aunque lo había expresado con mucha pasión durante la campaña electoral

para asegurarse el voto peronista.

palabras de sus dirigentes, no necesitaría

a Moreno para saber qué

matriz ideológica orienta la praxis

del presidente: el propio Fernández

ha dicho una y mil veces que tiene

más de la cultura hippie que de las

20 verdades.

Aunque son menos hoy que hace

un mes y muchos menos de los que

fueron en diciembre del año pasado,

aún hay muchos en el kirchnerismo

considerando propio un

gobierno cuya totalidad del equipo

económico, buena parte del gabinete

y hasta el propio presidente o

bien no son peronistas o bien directamente

son antiperonistas. ¿Cómo

esperar que un cuadro militante del

peronismo en las últimas cinco décadas

como Guillermo Moreno forme

parte o apoye un gobierno con el

que no comparte nada? Es evidente

que eso no puede pasar y entonces

es injusta la exigencia de algunos

en el sentido de que Moreno dé su

apoyo. Para que eso sea posible,

sería necesario primero reemplazar

a los actuales funcionarios radicales,

socialistas, progresistas e indefinidos

por cuadros del peronismo,

61 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Miguel Ángel Pesce, un radical al frente del Banco Central de la República Argentina, un puesto clave en la definición de la política económica

del país. Junto al titular del Banco Nación, al ministro de Economía y casi todos los ministros, Pesce configura un gabinete no peronista y, en

algunos casos, hasta antiperonista. ¿Cómo hacer una política en la que no se cree y con la que no se comulga?

lo que resultaría en un inmediato

cambio de orientación en el gobierno

de Alberto Fernández. Como

eso no parecería que vaya a ocurrir

porque la investidura presidencial

es unipersonal y Alberto Fernández

debe hacer desde la soledad del

poder lo que le parezca mejor a su

propia conciencia —que es socialdemócrata,

quizá un poco radical

alfonsinista—, lo más probable es

que el actual equipo económico y el

actual gabinete estén compuestos

por los que son de su agrado. Por

lo tanto, a Guillermo Moreno no le

queda otra opción que despegar

simbólicamente al peronismo de

eso, lo que se hace exponiendo el

plan alternativo. Todo aquello que

una parte del kirchnerismo recibe

como un ataque a un gobierno que

todavía considera propio nada más

es que la expresión del peronismo

en disconformidad con un programa

político y económico que, en su

apreciación, no es peronista.

El plan

Entonces Moreno transita sobre

los intersticios de la grieta en su

intento de hacer la síntesis entre

lo que fue derrotado y lo que existe

sin llegar a ser la expresión deseada

por el peronismo. Y lo hace

explotando el potencial del rechazo

irreflexivo que es tan característico

de los extremos con escasos niveles

de inteligencia estratégica. Se da a

conocer para ir ocupando espacios

relevantes en la política, desde los

que pueda exponer su programa

político y económico. Está claro que

Guillermo Moreno quiere romper el

empate hegemónico, desempatarlo

de alguna forma y proponer un

proyecto que permita a la Argentina

volver a avanzar sobre las bases de

cierto consenso y sin el escollo de

una u otra parcialidad siempre al

bloqueo.

A mediados del año, Guillermo Moreno

presentó oficialmente un plan

económico para superar la crisis actual,

que es una crisis de ingresos y

de equilibrio fiscal. De un modo muy

genérico, Moreno sostuvo entonces

que el Estado argentino debe

empezar a hacer pagar la cuenta a

los más ricos, pero no a cualquier

rico: el plan económico presentado

por Moreno se basa en la idea de

recaudar unos 7,5 mil millones de

dólares anuales del núcleo agroexportador

de la Argentina mediante

la aplicación de retenciones, control

62 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


de los precios del combustible y ley

de alquileres. El plan presentado

por Moreno fue ignorado por el

gobierno del Frente de Todos y no

tuvo apenas difusión por parte de

los medios en ambos lados de la

grieta y eso dio como resultado que

la militancia jamás se enterara de

la existencia del plan, creyendo que

la única opción seguía siendo el no

plan del presidente Fernández.

De acuerdo con las proyecciones

de Moreno, es posible recaudar

esos 7,5 mil millones de dólares

anuales para el fisco nacional sin

entrar en un conflicto como el que

tuvo lugar en el 2008 por ocasión

de la Resolución 125, esto es, sin

amenazar con una baja en la rentabilidad

del productor rural. Lo

que Moreno dice es que se puede

sostener esa rentabilidad subiendo

las retenciones al agro. ¿Cómo?

Mediante un esquema que reduzca

los principales costos que pesan

sobre la producción, que son los

alquileres de la tierra y el gasoil que

se utiliza en las máquinas. La idea

es compensar lo que se paga en

concepto de retenciones con una

baja en los costos de producción

para que el nivel de rentabilidad del

productor rural quede inalterado.

Pero la cuenta lógicamente la tendría

que pagar alguien, es imposible

hacer una suba de retenciones sin

alterar la rentabilidad del productor

y a la vez pretender que esos dólares

no salgan de alguna parte real

y concreta. He ahí que, a diferencia

de lo que ocurrió con el proyecto

de la 125 ideado por Martín Lousteau

en el año 2008, la idea es no

afectar a la mayoría de productores

rurales, sino precisamente a los

dueños de la tierra que viven de la

renta agraria sin producir nada ni

trabajar. No es más ni menos que

hacer pagar la cuenta a la oligarquía

terrateniente tan mentada en

el discurso peronista desde Perón

y Evita en adelante, nada puede ser

más peronista en un sentido estricto

que hacer impactar el costo de

las retenciones sobre los que poseen

el campo en propiedad privada

improductiva y no sobre los que lo

trabajan.

La oligarquía terrateniente es ese

sector improductivo, rentista de

la sociedad argentina. De no ser

por los productores que alquilan la

tierra para hacerla producir, vastas

extensiones de la Pampa Húmeda

habrían quedado desde luego

vacías o, como mucho, con alguna

que otra vaca dispersa pastando

aquí y allí. La propiedad privada de

la oligarquía terrateniente —sin ni

siquiera tener que entrar a cuestionar

el origen de los títulos de

propiedad que ostenta— es por

definición improductiva, lo que en

las categorías peronistas es la inutilidad

social del capital. El peronismo

como tercera posición entre el

liberalismo y el socialismo defiende

la propiedad privada (no es marxista),

siempre y cuando esta cumpla

una función social en la comunidad

(no es liberal) y si no la cumple,

entonces no es propiedad ni debe

ser privada. La idea de Guillermo

Moreno se enmarca en esa filosofía,

por la que el productor rural no solo

no debe ser afectado por las retenciones,

sino que debe ser fomentado

e incentivado a producir, puesto

que le da una función social a una

propiedad privada que encima le es

ajena. El peso fiscal debe necesariamente

recaer sobre la oligarquía

rentista cuya propiedad privada no

tendría ninguna función social de no

haber sido trabajada por otros.

El radical Martín Lousteau, protagonista en la crisis generada para la Resolución Nº. 125,

de su autoría. El intento de avanzar sobre la rentabilidad del productor rural y la imprudencia

de no distinguir entre grandes y pequeños fue un gravísimo error que hizo peligrar el recién

nacido gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en los primeros meses de 2008. Queda

demostrado que la carga fiscal debe no pesar sobre los que producen, sino sobre oligarquía

parasitaria, a la que Lousteau representó con su proyecto de retenciones.

63 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


Ahí está lo que ningún peronista

mínimamente atento a la doctrina

del nacional justicialismo que profesa

o debió profesar puede pasar

por alto. El plan económico de Guillermo

Moreno no solo es la única

forma viable de superar la crisis de

ingresos y de equilibrio fiscal del

Estado argentino, es mucho más

que eso: es un poner en práctica la

doctrina del peronismo forzando la

existencia de la función social de la

propiedad privada y golpeando en el

corazón de la oligarquía parasitaria,

enemiga natural del peronismo. Si a

la oligarquía no le interesa el negocio

de vivir de la renta pagando los

impuestos del caso, puede siempre

optar por vender la tierra y dejar de

ser terrateniente, a lo que Moreno

también propone una solución

práctica que es el otorgamiento de

créditos estatales a los productores

para que con el dinero adquieran

las tierras que ellos mismos ya trabajan

desde siempre, desplazando

del escenario al parásito oligárquico.

Ahí está la sustitución de una

oligarquía premoderna estilo Francia

antes de la caída de la Bastilla

por una burguesía agraria moderna,

con vocación de trabajo, tecnificada

y lista para cumplir la función social

prevista en la parte del programa

del peronismo dedicada a la propiedad

privada. Es la revolución burguesa

en nuestro país con unos 250

años de retraso respecto a Occidente,

pero lo es al fin.

La situación del Estado argentino

es grave, diríamos terminal, pero no

hay en ello ningún misterio. El Estado

necesita ingentes cantidades de

dinero para sostenerse y eso debe

necesariamente venir de alguna

parte, deben ser recursos genuinos

cuyo origen no puede ser la emisión

monetaria. Entonces solo hay dos

maneras posibles de obtener ese

dinero: lo ponen las minorías adineradas

e improductivas, unas mil

familias ubicadas en el sector oligárquico

de la sociedad, o lo ponen

las mayorías populares trabajado-

Representada en la Sociedad Rural Argentina, la oligarquía terrateniente de rural, en realidad, tiene poco y nada: al no hacer producir las

inmensas extensiones de campo que tienen en propiedad privada, los oligarcas argentinos viven de la renta y muchas veces son además

ausentistas, viviendo la mayor parte del año fuera del país. De no ser por los productores rurales que alquilan los campos, la Pampa Húmeda

probablemente no tendría más utilidad que la de servir de pasto para unas pocas vacas. Ese es el capital sin utilidad social que el peronismo

se dispone a combatir desde su advenimiento a mediados del siglo pasado.

64 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


ras y medias. Siempre es un ajuste

fiscal y la cuestión se reduce a

sobre quién deberá pesar el ajuste.

Si el gobierno de Alberto Fernández

cambia de rumbo y aplica la política

económica del peronismo sugerida

en el plan alternativo de Guillermo

Moreno, abrirá un frente de guerra

infernal con la Sociedad Rural

Argentina, con esas mil familias

dueñas de virtualmente toda la tierra

en nuestro país. Pero si opta por

seguir con el rumbo actual, deberá

realizar ajustes sucesivos en tarifas

de servicios públicos e impuestos,

tendrá que devaluar regresivamente

los salarios y las jubilaciones mediante

la destrucción del poder de

compra del peso argentino, cosa

que se logra con devaluaciones de

la moneda nacional y su respectiva

inflación. Pero en ese caso abrirá

una infinidad de otros frentes de

guerra, igualmente infernales, a

medida que vayan sublevándose los

sectores de los trabajadores, de la

clase media y de los jubilados.

No se hacen tortillas sin romper

huevos, es imposible gobernar sin

desposeer a alguien y menos aún en

un país repleto de urgencias, desigualdades,

pobreza y miseria. Lo

único que se puede hacer es optar

entre quitarle unos 7,5 mil millones

de dólares anuales a la oligarquía

terrateniente e ir a la guerra o

quitarles más o menos lo mismo a

todos los demás e ir igualmente la

guerra. El asunto se reduce a elegir

el enemigo. Cuando en el pasado

hubo que dirigir un país deshabitado

gobernar fue poblar y luego,

una vez poblado el territorio, hubo

que crear trabajo. Hoy gobernar es

luchar, es definir de una vez quién

va a pagar la cuenta de un país que

en cuatro años fue brutalmente

saqueado y cuya economía hoy

está paralizada, deprimida, un país

de rodillas. Alguien va a tener que

pagar los platos rotos y el peronismo

dice que eso le corresponde a

la oligarquía. ¿Abrirá el gobierno

de Alberto Fernández el frente de

guerra contra la oligarquía terrateniente,

dándole una vez más la razón

al polémico patotero Guillermo

Moreno? ¿O seguirá con aumentos

a cuentagotas en los combustibles,

luego en las tarifas, devaluaciones

e inflación hasta que se subleven

las mayorías populares y las clases

medias en las calles? Habrá guerra,

es solo una cuestión de optar con

quién o con quiénes. La respuesta

en los próximos capítulos, que en

esta Argentina vertiginosa e insostenible

en estos términos siempre

puede ser literalmente pasado

mañana.

La pelea con el Grupo Clarín, tarea que nadie en el gobierno kirchnerista se animó a asumir y

que le valió a Moreno una persecución judicial con inhabilitación para la función pública.

65 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020


LA EXPRESIÓN DE LO NACIONAL-POPULAR

POR PUNCH

66 HEGEMONIA - OCTUBRE DE 2020

Hooray! Your file is uploaded and ready to be published.

Saved successfully!

Ooh no, something went wrong!