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Revista Hegemonía. Año III Nº. 34

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 34 AÑO III | DICIEMBRE DE 2020

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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

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de sus lectores mediante suscripciones regulares y

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HEGEMONIA

26

CONTENIDO EXCLUSIVO

Un yacaré muy

funcional

al sistema

44

IDENTIDAD PERONISTA

Doctrina

y falacias

12

ANÁLISIS

Arrodillar a

un gigante

38

FILOSOFÍA POLÍTICA

Pensar contra

un elefante


EDITORIAL

¿Libertad de expresión?

La Revista Hegemonía llega a

su 34ª. edición, la última del

tercer año de existencia de este

medio alternativo que jamás

quiso ser paralelo. Y llega a

este hito en medio a una situación

que es complicada en términos

económicos y sociales para nuestro

país, pero aún más dramática

a nivel mundial. Hegemonía tiene

mucho, muchísimo para decir de

todo lo que ocurre y, no obstante,

se encuentra muchas veces con la

resistencia del propio público y con

las limitaciones del sesgo de confirmación,

una constante en todos los

medios.

Es por eso que en esta última

edición de un 2020 para el olvido,

hemos resuelto que esta será también

la última vez que Hegemonía

aparece callando algunas cosas y

diciendo otras de una forma tal que

no sea ofensiva para la fe del lector.

A partir de la edición Nº. 35, que

deberá salir en los primeros días del

nuevo año y corresponderá al mes

de enero, en este medio habrá muy

poco eufemismo y mucha verdad

a gritos, sin importar qué tan desgarradora

puede llegar a ser dicha

verdad. He ahí nuestra resolución

de año nuevo: defender nuestra

4 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


libertad de expresión por encima de

lo que el mismísimo público espera

de nosotros.

Esa resolución de año nuevo nada

tiene que ver con opiniones personales

ni con la subjetividad de cada

uno de los que hacemos esta revista,

sino más bien con la necesidad

objetiva de defender el principio

universal de la libertad de expresión

en un momento clave. La situación

actual es de definiciones en todos

los aspectos y es fundamental saber

y poder decir lo que hay que decir

mientras las cosas ocurren, no esperar

a que ocurran para comentarlas

con el diario del lunes. Existen

ciertas limitaciones discursivas, las

que hasta aquí hemos observado en

función de la defensa de intereses

partidarios temporales —porque

sí, tenemos partido, al igual que

todos los demás medios— y con el

objetivo de no agitar demasiado las

aguas. Pero la contradicción ha llegado

a su límite y estalla, están en

juego los intereses permanentes de

la patria y callar frente al atropello

a esos intereses sería mucho más

que un pecado de omisión. Sería un

crimen.

El globalismo tiene un proyecto de

reconfiguración del mundo y dicho

proyecto, el que se dio en llamar

como antaño “nuevo orden internacional”,

se está llevando a cabo con

grandes perjuicios para las mayorías

populares y no solo aquí en la

Argentina, sino en todo el mundo.

Eso es lo que está pasando en la

coyuntura del coronavirus, de la

pandemia a la que todos los medios

de comunicación promocionan con

fervor en un extremo y otros niegan

rotundamente en el otro. Y así, entre

militantes de la cuarentena, del

barbijo y del alcohol en gel, por una

parte, y militantes del negacionismo

sistemático, por otra, nos están

distrayendo con una grieta estéril

en la que el verdadero problema no

se discute. El problema, veremos,

no es un sí o no. Es un cómo.

En nombre de la necesidad y la

urgencia se llevan por delante todo

aquello que hizo y hace la poca dignidad

de las mayorías populares. La

verdad es que la reconfiguración del

mundo quiere ser el sometimiento

final para resolver la cuestión de los

recursos naturales —abundantes en

países como el nuestro, que son pocos—

o el problema del consumo de

dichos recursos en un planeta agotado.

Hay una realidad de emergencia

que las élites globales quieren

solucionar mediante el saqueo y el

ajuste a los pueblos para asegurarse

ellas mismas su propio estilo de

vida, exclusivo y excluyente.

Nada de eso pertenece al plano

de las “teorías de la conspiración”

y menos aún de la llamada “conspiranoia”,

esa mezcla entre conspiración

y paranoia que los intelectuales

a sueldo del poder imponen

en los medios para descalificar a

los que vemos lo evidente: existe

un proyecto, las caras visibles de

dicho proyecto están visibles como

nunca y ya nadie oculta casi nada.

La censura, la imposición de biopolíticas

muy precisas, la apropiación

de las riquezas de las naciones,

todo está a la vista para el que sepa

observar y al mismo tiempo es lo

que no puede decirse, es lo que le

vale al atrevido los motes de “antivacunas”,

“anticiencia” y hasta de

“terraplanista” que acallan y humillan

mientras se pierde la libertad

de expresión.

La Revista Hegemonía ha dicho

basta al silencio y empezará a decir

lo que los que la hacemos sabemos

por simple observación de la política

internacional y por tener acceso

a cierta información. A partir de

este 2021 que muchos esperamos

ansiosos, por sed de futuro y también

porque el 2020 es ya insoportable,

aquí estarán las palabras justas

que antes también estuvieron,

pero presentadas con un cuidado y

una cautela que ya no pueden tener

lugar. Y si eso es inconveniente para

los que simulan marchar junto al

pueblo y hacen el negocio de otros,

pues así será. No habrá acá el “eso

no se dice”. Caiga quien caiga, la

verdad tiene que aparecer. Caiga

quién caiga y cueste lo que cueste,

como solía decir un cierto revolucionario

que nadie olvida ni olvidará.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


OPINIÓN

El imperialismo

“de izquierda”

GABRIEL

LANUSSE

A

poco más de un mes de las

elecciones que arrojaron

como resultado un probable

triunfo de Joe Biden en la

carrera por la presidencia de

los Estados Unidos, el idilio de los

medios masivos de comunicación

con el veterano candidato demócrata

permanece intacto. A medida que

transcurren las semanas y se conocen

más nombres de los funcionarios

que integrarían un eventual

gabinete en un gobierno de Biden,

el entusiasmo no se diluye. Se espera

que el equipo de funcionarios

que acompañen al presidente se

presente como un auténtico crisol

de razas y diversidades, enteramente

del agrado de los editorialistas

de los principales medios hegemónicos

a nivel global.

En contraposición al “racista, misógino

y homofóbico” Donald Trump

—así catalogado por gran parte

del poder mediático global— Biden

diseña un gabinete negro, latino,

feminista y sexualmente diverso y

de ese modo se garantiza el blindaje

de parte de un progresismo cada

vez más volcado exclusivamente a

la agenda de minorías sexuales, étnicas

y de género. De lo que nunca

se habla es de las trayectorias po-

6 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


líticas individuales que se ocultan

detrás de ese arcoíris de nombres

propios.

El caso más paradigmático y que

le valió a Biden sin lugar a dudas

la simpatía de sectores que no lo

hubieran elegido espontáneamente

es el de su vicepresidenta, Kamala

Harris, la primera mujer de la historia

de la nación norteamericana que

ocupará ese cargo. Harris además

es hija de inmigrantes de la India

y Jamaica, mujer afroamericana

y feminista, lo que constituye un

combo más que suficiente para que

los medios lo destaquen de manera

sincronizada en lugar de a su prontuario.

La relevancia de Harris como operadora

del establishment se puso

de manifiesto durante la campaña

presidencial, cuando la senadora

negoció con los propietarios de

grandes empresas de tecnología y

comunicaciones, farmacéuticas y

seguros privados generosas donaciones

y aportes destinados a

financiar la carrera a la presidencia.

Los vínculos de Harris con este sector

ya habían quedado demostrados

cuando grandes multimillonarios y

ejecutivos de Wall Street celebraron

la decisión de Biden de seleccionar

a Kamala para integrar su fórmula

presidencial. De hecho, a la vicepresidenta

electa se la reconoce

históricamente por sus estrechos

vínculos con la élite de Silicon

Valley, abocada principalmente a

los negocios de la información y la

mass media, y que según el diario

El Español “ya le ha ido dejando

caer su lista de Reyes Magos” pues,

de acuerdo con ese medio, “en la

Costa Oeste tienen claras las prioridades”

y esperan ansiosamente

un vuelco en la política económica

del país que priorice las telecomunicaciones

y las finanzas por sobre el

capital humano y la industria, ejes

principales de la política de Donald

Trump.

Por otra parte, al igual que el

mismo presidente electo, Kamala

Harris es una ferviente defensora

del Estado de Israel. Es frecuente

su participación en el Comité de

Asuntos Públicos Americano-Israelí

(AIPAC, por sus siglas en inglés),

el lobby sionista más poderoso de

EE.UU. Queda demostrado, entonces,

que las razones principales de

los apoyos que la totalidad del arco

mediático global ha brindado desde

inicios de la campaña a esta mujer

joven y atractiva, militante feminista,

negra y descendiente de inmigrantes

son más de corte político

y económico que derivadas de su

pertenencia a una minoría étnica y

de género.

En igual sentido, en las últimas horas,

se conoció que Lloyd Austin resuena

como designado para estar al

frente del Pentágono, oficina estratégica

desde donde se diagraman y

ejecutan las políticas de Defensa (o

ataque, en realidad) de los Estados

Unidos. No obstante, vale resaltar

El “racista, misógino y homofóbico” Donald Trump, quien en determinado momento de su

gobierno hizo un cambio de discurso respecto al emitido en el 2016 y en años anteriores y se

acercó a las causas de las minorías, sin llegar a hacer de ellas un tema central. La poderosa

idea de que las banderas progresistas en lo que se refiere a la moral sexual, religiosa, sexual

y racial les pertenecen a los demócratas se impuso al fin y Trump siguió siendo identificado

como un retrógrado en materia de nuevas libertades civiles, hecho que Joe Biden supo capitalizar

a la perfección en las elecciones de este año.

7 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Afiche de propaganda de orientación republicana en el que se denuncia a Kamala Harris por

su perfil draconiano como fiscal. Harris es bien conocida en el sistema de Justicia estadounidense

por su “mano dura”, con la que siempre abogó por un punitivismo extremo incluso

para delitos menores o no violentos. Ese prontuario de “sheriff” desapareció como por arte

de magia de los medios —salvo del New York Times, diario que publicó tímidamente algún

artículo sobre el asunto— cuando Harris fue elegida como candidata a vicepresidente junto

a Joe Biden. Y ahora Kamala Harris es un ícono del progresismo de minorías, a las que supo

encarcelar mientras fue fiscal.

que los medios de comunicación se

hicieron eco de esta noticia, pero no

por las ideas e intereses que representa

Austin, sino porque se trata

del primer hombre negro en alcanzar

el cargo más saliente dentro de

la política militar de ese país. Así, la

cadena ABC de España titula en relación

con la nominación: “El general

Lloyd Austin rompe el estigma de

los negros en el Ejército de EE.UU.”

Pero, ¿quién es Lloyd Austin?

General retirado del Ejército de los

Estados Unidos tras 40 años de actividad,

Austin integró la 3ª. División

de Infantería cuando esta marchó

de Kuwait a Bagdad en la invasión

estadounidense de Irak, en 2003.

Desde finales de ese año hasta

2005, formó parte de las tropas que

invadieron Afganistán al mando de

la Fuerza de Tarea Conjunta Combinada

180. Durante el mandato

del beligerante presidente Barack

Obama, el primer afroamericano en

habitar la Casa Blanca, el exgeneral

se desempeñó como director del

Comando Central del Ejército entre

2013 y 2016. Dicho organismo

supervisa las acciones militares en

Medio Oriente.

En la actualidad, Austin es

miembro de la junta directiva de

Raytheon Technologies. Esta multinacional

aeroespacial y militar

es una las compañías bélicas más

importantes del mundo y fue denunciada

por The New York Times

el 16 de mayo de este año, cuando

ese importante medio publicó una

nota en la que señalaba a Raytheon

Technologies como una de las

principales proveedoras de bombas

y armamento de la monarquía de

Arabia Saudita, en el contexto de la

cruenta guerra que ese país lidera

desde 2015 contra Yemen, el Estado

más pobre del mundo árabe.

La industria armamentística, una

de las más rentables del mundo,

vive de la guerra. Y eso no es ningún

descubrimiento. En los últimos

años, bajo gobierno de Trump,

Estados Unidos no ha iniciado

nuevas guerras. Sí es cierto que,

pese a que el actual presidente ha

llamado a retirar tropas de Siria y

de otros países de la región, Estados

Unidos sigue manteniendo

8 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


fuerzas militares en Medio Oriente

y en otras regiones del mundo. Sin

embargo, resulta por demás evidente

que la política belicista del país

del norte ha disminuido en intensidad,

por lo que la industria de la

guerra se ha dedicado a presionar

en primer lugar a Trump con el

propósito de que este diera impulso

a nuevas ofensivas militares y,

vista su renuencia, ha hecho lobby

abiertamente en favor de Biden. El

objetivo ha sido siempre el mismo:

negocios son negocios, el complejo

industrial-militar, como solía llamar

Dwight Eisenhower la industria de

la guerra, siempre está a la caza de

cualquier aliado que le garantice

un incremento de las ventas y la

rentabilidad del negocio. Austin, el

funcionario negro postulado para

presidir el Pentágono, podría ser

ese hombre.

En línea con esa política de inclusión

de minorías, el equipo de

prensa de Biden estará compuesto

exclusivamente por mujeres, de

acuerdo con un criterio de respeto

del cupo femenino al interior del gabinete.

En ese sentido, el presidente

electo designó a Jen Psaki, quien

fuera portavoz del Departamento

de Estado en el gobierno Barack

Obama, a la cabeza de la Secretaría

de Prensa del gobierno federal. En

el historial de declaraciones de esta

joven mujer se destaca su defensa

de la intervención de parte del

gobierno norteamericano sobre la

El general (R) Lloyd Austin, aquí junto a Joe Biden en Irak, probablemente durante la vicepresidencia del demócrata. Todo el progresismo estadounidense

está encantado con el anuncio de Austin como titular del Pentágono, sin observar que se trata de un enorme halcón y un militar

con las manos manchadas de sangre, uno de los ejecutores de la larga y brutal campaña estadounidense de recolonización en Oriente Medio.

El hombre es lo que parece ser, nunca lo que realmente es, hizo o hace en efecto.

9 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Alejandro Mayorkas, uno de los más destacados “gusanos” anticastristas de los Estados

Unidos que ahora será nada menos el secretario de Seguridad Nacional de los Estados

Unidos. Los medios anticastristas de Miami titularon con bombos y platillos, como un hecho

extraordinario, que “una mujer y un cubano estarán al frente de la Seguridad”, poniendo en

evidencia que para ellos mismos las mujeres y los hispanos son inferiores y no se supone

que deban ocupar esos cargos. Traiciones del inconsciente que son propias de la mezcla

contra natura entre cipayos cubanos y la “izquierda” colorida de los Estados Unidos.

República Bolivariana de Venezuela.

Entre otras afirmaciones, ha manifestado

que “el objetivo de las sanciones

(que Estados Unidos impuso

sobre el país bolivariano) es persuadir

al gobierno de Venezuela de que

cambie de comportamiento”.

Otra mujer destacada en el gabinete

del flamante 46°. presidente

de los Estados Unidos será Avril

Haines, quien estaría destinada a

desempeñarse como Directora de

Inteligencia Nacional, siendo la

primera mujer en ocupar tal puesto.

Haines ejerció como viceconsejera

de Seguridad Nacional durante la

administración Obama. Anteriormente

había ocupado el cargo de

vicedirectora de la CIA.

En la actualidad, el 52% del equipo

de transición del presidente

Biden está compuesto por mujeres

y el 46% son negros o latinos. Una

vez en el gobierno, pareciera que

la proporción tendería a repetirse.

El Secretario de Seguridad Interior,

por ejemplo, será un inmigrante

cubano, Alejandro Mayorkas, férreo

opositor a la Revolución Cubana y a

la Revolución Bolivariana de quien

el propio Biden ha declarado: “Me

enorgullece que, por primera vez en

la historia, el departamento esté dirigido

por un inmigrante, un latino,

que sabe que somos una nación de

leyes y valores”.

Estas nominaciones forman parte

de una minuciosa estrategia del

Partido Demócrata para cautivar el

ala progresista de la sociedad norteamericana.

Los seleccionados son

individuos que se muestran a sí mismos

como referentes del feminismo,

de la lucha contra el racismo y de

los derechos de diversas minorías,

pero resulta evidente para el atento

observador que se trata de una

mera estrategia de márketing cuyo

objetivo es el de limpiar la imagen

de una serie de oscuros personajes,

escondiendo bajo la alfombra su

criminal prontuario.

La pregunta fundamental que

hemos de hacernos a nosotros

mismos es cuál es la relación lineal

que existe entre la pertenencia a

determinado sector social víctima

de la “opresión” o la discriminación

y la idoneidad para ocupar cargos

públicos en el gabinete del país

aún hoy más poderoso del mundo.

¿Desde cuándo haber nacido negro,

mujer o pertenecer a la comunidad

homosexual, ser inmigrante o hijo

de inmigrantes garantiza que una

persona está ipso facto capacitada

para desempeñarse de manera

eficiente en un determinado cargo?

¿Importan el color de piel de un

funcionario, el género que lo represente

o su orientación sexual, si a

la hora de arremeter contra pueblos

inocentes lo hace sin ningún tapujo?

Alguna vez el amigo de los pueblos

Bertold Brecht ha sabido decir:

“Qué tiempos serán los que vivimos,

que hay que defender lo obvio”.

Será necesario, entonces, recordar

que los asuntos de la política poco

tienen que ver con las cuestiones

que atañen a las etnias, los sexos,

las identidades de género, las

religiones o cualesquiera otras variables

que pudieren tomarse para

dividir o clasificar a las sociedades.

En los Estados Unidos, como aquí

y en la China, la política es la arena

en la que no se decide otro asunto

que no sea la repartija de la torta.

10 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


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11 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


ANÁLISIS

Arrodillar a

un gigante

MARCELO

GULLO

El historiador y filósofo uruguayo

Alberto Methol Ferré solía afirmar

que para explicar cualquier

fenómeno era necesario partir

desde lo más elemental, para

así reconstruir el todo desde lo simple

hacia lo complejo. Analizar los

desafíos geopolíticos de la patria

grande en el contexto de la consolidación

de un nuevo orden mundial

multipolar implicará entonces partir

de la premisa más elemental que

caracteriza a nuestra región y ha

venido determinando su devenir

histórico desde que fue declarada

la independencia política de los Estados

americanos: fuimos y somos

una semicolonia británica.

Esta afirmación podría parecer

arriesgada, si no fuese porque se ha

corroborado en todas las etapas de

la historia a través de la propiedad

directa o indirecta de la infraestructura

de comercio internacional de

nuestro país en manos de capitales

británicos, así como en los sucesivos

procesos de endeudamiento

que pusieron en jaque la independencia

económica de los países

de la región. Pero el imperialismo

inglés se ha puesto de manifiesto

sobre todo en sus semicolonias de

la América Hispana a través de la

12 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


importación de ideologías de la

subordinación que facilitaron la

colonización pedagógica de las oligarquías

locales y fueron replicadas

y difundidas por las clases medias

aspiracionales o, como las llamaba

Arturo Jauretche, el mediopelo.

Para diseñar una estrategia de

inserción de la Argentina y de la

América Hispana en su conjunto

como polo de poder en el mundo

multipolar que se avecina es fundamental

entonces partir desde lo

simple hacia lo complejo, asumir

nuestra condición histórica de

semicolonia en primer lugar, identificar

los procesos que mediaron

la consolidación de ese estatus y

finalmente librar la batalla por el

sentido de manera de desactivar

el mecanismo de ingeniería social

que la oligarquía financiera internacional

ha instalado en el sentido

común de las naciones americanas

con el propósito de rubricar el estatuto

legal del coloniaje, versión 2.0.

El futuro de Hispanoamérica depende

necesariamente de reasumir su

nacionalidad única y continente y

recobrar los vínculos de fraternidad

entre los pueblos que nunca debieron

haberse quebrantado.

Para comprender cuáles han sido

los mecanismos que condujeron a

la fragmentación del gigante iberoamericano

en unidades políticas

menores luego de las guerras de

independencia y a la cristalización

del estatus semicolonial de cada

13 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Al presagiar su propia decadencia, el imperialismo británico hizo un enorme esfuerzo por

ponerse en alianzas con la potencia en ascenso en el siglo XX y que se hizo finalmente del

liderazgo luego de la II Guerra Mundial: los Estados Unidos de América. Así, mediante alianzas

con potencias ascendentes, los británicos empezaron a desplegar una nueva estrategia

con la que finalmente se aliaron con los chinos y con las élites globales para seguir dominando

en sus semicolonias.

una de las unidades resultantes es

necesario entender qué cosa diferenció

a la Inglaterra imperial de las

metrópolis que habían sabido erigirse

como tales en cada uno de los

regímenes imperiales desarrollados

a lo largo de la historia. El rasgo

fundante del imperialismo británico

es la autoconsciencia de la

construcción de su propio poder, es

decir, que la diplomacia inglesa es

la primera de la historia consciente

de la capacidad de las naciones de

construir poder. En todo momento,

el imperio británico implementó

en las excolonias españolas un

manual de instrucciones para la

dominación que celosamente había

diseñado con el objetivo explícito

de consolidar su injerencia sobre

la política económica de los nacientes

Estados. Paralelamente al

proceso de independencia y durante

la consolidación de los Estados

nacionales americanos, Inglaterra

usufructuó cuatro ideologías de la

subordinación para degradar a esas

unidades a la condición de colonias

económicas: 1) La leyenda negra de

la conquista española, 2) El nacionalismo

de campanario, 3) El libre

comercio y 4) El iluminismo.

La leyenda negra de la conquista

española, a la sazón la primera

fake news de la historia, tuvo como

objetivo y resultado principales la

hispanofobia, esto es, la negación

de los rasgos de la hispanidad

comunes a todas las naciones de

la América Hispana. A través de la

instalación de ese relato la diplomacia

inglesa logró que los pueblos

americanos repudiáramos aquello

que nos había dado identidad y nos

había aglutinado como un pueblo

nuevo, único y continente, con un

pasado en común, una única lengua

y valores tradicionales idénticos.

La leyenda negra ha cuajado de tal

manera en el sentido común de las

naciones americanas que resulta

casi imposible no toparse con ella

en todo momento, incluso entre

algunos sectores cercanos al nacionalismo

de inclusión. La identificación

de la conquista española

con el “genocidio del indio” es

automática y constituye aún hoy la

base del relato de la historia oficial.

Sin embargo, nacionalistas como

Manuel Ugarte, Juan José Hernández

Arregui o el propio Juan Perón

han discutido la idea del genocidio,

de la que Eva Perón ha sabido afirmar:

“La leyenda negra con la que

la reforma se ingenió en denigrar la

empresa más grande y más noble

que conocen los siglos, como fueron

el descubrimiento y la conquista,

solo tuvo validez en el mercado de

los tontos o de los interesados”.

¿Con qué propósito el imperialismo

británico estimuló la hispanofobia?

El objetivo de Inglaterra respecto

del Nuevo Mundo ha sido siem-

14 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


pre el mismo: la apropiación. Las

ideologías de la subordinación

tuvieron el objetivo de fraccionar el

vasto territorio americano en tantas

unidades como fuera posible. Así,

el gigante americano se convertía

por vía diplomática en el conjunto

de pigmeos que la guerra no había

terminado de conformar.

El mismo propósito de división y

olvido de la fraternidad persiguió

el que llamamos nacionalismo de

campanario, consistente en la exaltación

del terruño rayana en el odio

desmedido hacia el vecino. Este

se consolidó a través de la Guerra

de la Triple Alianza (1864/1870),

cuádruple infamia fruto de las

intrigas de la diplomacia inglesa en

connivencia con las oligarquías de

Argentina, Uruguay y Brasil y que

trajo aparejados dos resultados ampliamente

beneficiosos a la corona

británica: el desmantelamiento

del primer proyecto industrializador

del Nuevo Mundo, el Paraguay

del Mariscal Solano López, con el

consiguiente genocidio fratricida

ejemplificador y la exacerbación de

los odios entre pueblos no mucho

antes considerados hermanos. La

Guerra del Pacífico (1879/1884)

atizó ese estado de hostilidad latente

perseguido por el imperio. El objetivo

británico todavía inconcluso

es el resurgimiento de las lenguas

indígenas y el establecimiento de

estas como lenguas oficiales para

que de ese modo, de norte a sur el

continente pase a ser una Torre de

Babel en la que, olvidada la lengua

común, cada nación no pueda entenderse

con sus hermanas.

La tercera ideología de subordinación

fue el libre comercio. Este

fue diseñado exclusivamente con el

propósito de expoliar las riquezas

de las naciones, lo que se demuestra

por el férreo proteccionismo

económico que caracterizó a Gran

Bretaña a lo largo de todo el periodo

que estamos estudiando, mientras

los agentes de la diplomacia y

la intelectualidad orgánica esparcían

la doctrina liberal en todas las

regiones del mundo. En otras palabras,

el liberalismo no es sino una

pata más del proyecto geopolítico

del imperialismo cuyo fin no es otro

que comprar a precio vil las riquezas

del mundo y colocar excedentes industriales

en relación de coloniaje.

Finalmente, la cuarta ideología

que la corona utilizó en América fue

el iluminismo. Deberíamos aclarar,

no obstante, que en rigor de verdad

esta ha sido la primera tanto

en importancia como en orden

cronológico, pues el iluminismo ya

operaba en las colonias del continente

cuando estas permanecían

bajo el dominio político de España.

El historiador Fermín Chávez descubrió

cuál fue el motivo del impulso

a esta ideología en las Américas:

Inglaterra exportó el iluminismo con

el firme objetivo de desterrar del

alma de las naciones incipientes lo

trascendente del hombre, para borrar

del corazón de las masas toda

creencia sobrenatural o religiosa, la

que en la nación continente hispanoamericana

estaba constituida por

la religión católica. Los ingleses, en

tanto que primer imperio autoconsciente

de la capacidad de las naciones

para construir poder, hicieron

uso del iluminismo para deconstruir

la fe fundante de la hispanidad.

Independientemente de la existencia

o no de Dios, discusión lateral

en lo que atañe a la geopolítica de

la dominación, el manual de instrucciones

del coloniaje británico

establecía la imperiosa necesidad

de destruir la fe fundante de las

naciones subordinadas. La intelectualidad

británica pudo ver que

toda nación posee como base de

Imágenes como esta representación de un auto de fe, obra de Robert Fleury, fueron ampliamente

utilizadas para difundir la leyenda negra de la colonización española en todo

Occidente, impactando lógicamente aquí en las colonias. Al imponerse la idea de que los

españoles fueron terribles, se impuso también otra idea: la de que todos los demás fueron

buenos, incluyendo a los ingleses en su vastísimo imperio por todos los continentes.

15 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


sustentación una fe fundante que

la sostiene y la cohesiona y que el

poder de las naciones se empieza a

des-construir cuando la fe fundante

se erosiona. Para muestra basta

un botón, la caída de la URSS es

una demostración reciente de esta

premisa: cuando la élite comunista

dejó de sentir al marxismo como la

fe fundante de su andamiaje, la que

había constituido una élite revolucionaria

mutó en burocracia y la

Más piezas de propaganda orientadas a instalar el maridaje de una Gran Bretaña decadente

con potencias en ascenso. Aquí vemos otra vez la alianza pretendida con los estadounidenses

mediante diversas consignas, entre las que está el idioma inglés (véase en el extremo

inferior y en el centro de la imagen) como factor de unidad. Como se ve, lo que es bueno para

ellos está asimismo prohibido por ellos para nosotros. El imperialismo británico ha luchado

desde siempre por destruir la unidad idiomática de América hispana.

Unión Soviética se desmoronó como

un castillo de naipes.

La leyenda negra de la conquista,

entonces, estuvo orientada a exacerbar

el odio hacia lo hispano, el

nacionalismo de campanario atizó

los odios entre pueblos hermanos y

facilitó la fragmentación territorial,

el liberalismo económico fue el fundamento

ideológico de la desprotección

de los propios recursos y el

iluminismo erosionó el espíritu de la

nación continente iberoamericana.

Así se consolidó el estatus semicolonial

del continente americano.

Haciendo uso del método de

Methol Ferré hemos partido de la

premisa básica de nuestra condición

semicolonial e hicimos un racconto

de los medios que derivaron

hacia ese estatus. Pero si hemos

de proseguir analizando desde lo

más simple hacia lo más complejo,

deberemos establecer el estado de

situación de las relaciones internacionales

en la actualidad para

responder al interrogante principal

que nos ocupa: de qué manera la

región podrá insertarse en el nuevo

orden mundial multipolar como

polo de poder y no como colonia o

semicolonia. Ese desafío nos obliga

a indagar a través de qué mecanismos

se sostiene la condición

semicolonial de la América Hispana

y a qué metrópoli respondemos,

pues claramente las ideologías de

subordinación han mutado siglo

a siglo en función de la evolución

de las relaciones de dominación.

Hemos pasado de cargar el collar

invisible borbón al británico y este

se transfirió en algún momento a

los Estados Unidos. La pregunta es

cómo se sostiene ese collar hoy y a

qué nación dominante pertenece.

La respuesta estará una vez más

en la oligarquía financiera internacional.

Este actor que hoy domina

la escena geopolítica a nivel global

surgió en Inglaterra hacia fines del

16 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Boris Yeltsin, liderando el movimiento de disolución o implosión de la Unión Soviética. Al perderse la fe fundante —el marxismo—, el país se

estancó y se perdió, con lo que la reacción del cipayo occidental Yeltsin era solo cuestión de tiempo. En el centro de la imagen, un soldado

soviético llora su derrota y captura a manos de los golpistas.

siglo XVIII, se consolidó durante las

guerras napoleónicas y llegó prácticamente

a fundirse con el Estado

británico hasta 1911, cuando se

alió con el Estado norteamericano

durante la presidencia de Woodrow

Wilson. A partir de ese giro, la

oligarquía financiera se asimilaría

con el gran país del norte, utilizando

su infraestructura estatal y militar

para canalizar sus demandas, al

menos hasta la década de 1990,

cuando el presidente Bill Clinton

habilitó la concentración de los

medios masivos de comunicación a

manos de un puñado de compañías

financieras. Así, con los medios de

producción y los medios de opinión

en su poder, la oligarquía financiera

internacional consolidaría su autonomía

respecto de Estado alguno,

pues le bastarían su capacidad

de moldear la opinión pública y

dar golpes de mercado a voluntad

para prescindir casi totalmente de

un aparato militar. El resultado de

ese cambio pervive hasta nuestros

días: el mundo se divide hoy en

democracias secuestradas por la

propia oligarquía financiera en los

países desarrollados y democracias

coloniales en los países periféricos.

Estos últimos, entonces, han alcanzado

un estatus inédito de doble

subordinación: a manos de alguna

metrópoli estatal y a manos de un

poder supraestatal, la oligarquía

financiera internacional. El interrogante

es si efectivamente en la actualidad

existe algún poder estatal

que ejerza como metrópoli en los

Estados americanos, y de quién se

trata.

Raúl Scalabrini Ortiz había identificado

con precisión a Inglaterra

como metrópoli a la que respondía

nuestro país hacia comienzos del

siglo XX, basándose en la demostración

de que ese Estado controlaba

los principales resortes de

nuestra infraestructura comercial:

los ferrocarriles y los puertos. En

la actualidad, la concentración de

capitales se reparte entre compañías

que siguen siendo británicas,

aunque se disfracen de australianas

o canadienses y sociedades anónimas

cuyo principal accionista es el

Estado chino. Esa es la respuesta

a la cuestión de la primera fase de

la doble subordinación, correspondiente

a los poderes estatales.

Resta entonces analizar de qué

modo opera la élite global, responsable

de la segunda fase de la

doble dominación, la fase supraes-

17 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


tatal. Esta se pone de manifiesto a

través de nuevas ideologías de la

subordinación, derivadas a la vez

del liberalismo clásico: el neoliberalismo

o liberalismo de derecha

y el progresismo o liberalismo de

izquierda, que a su vez tiene diseñadas

para nuestra región tres

estrategias de control social: 1) La

ideología de género, 2) El aborto

serial indiscriminado y 3) El fundamentalismo

indigenista fragmentador

o supremacismo indigenista

balcanizador.

Neoliberalismo y progresismo,

entonces, no son sino la forma que

en la actualidad cobró la tercera

ideología de la dominación de la

etapa analizada más arriba. Consolidado

el estatus semicolonial de

la región, solo restaba sostenerlo

a través de la sujeción económica.

El neoliberalismo es la pata del

liberalismo destinada a disolver las

matrices productivas de las naciones,

la relación entre los Estados

y los trabajadores y dinamitar la

protección sindical que el hombre

había alcanzado en décadas

anteriores. El progresismo, por su

parte, se ocupa de disolver el último

reducto de comunidad y solidaridad

que persiste en pie, la familia, para

arrojar al mundo a un hombre solo,

vulnerable y desprotegido, presa

natural de la dominación. Esto les

suena a algunos alocado, exagerado

o rayano en la conspiración, pero

se corrobora largamente por infinidad

de vías. Un ejemplo básico del

deseo explícito de constituir un nuevo

orden mundial de hombres solos

arrojados a su suerte lo constituyó

el artículo firmado por Sophie Lewis

que en abril de este año publicó la

Open Society Foundation propiedad

del magnate “filántropo” George

Soros. Allí la fundación exhortaba a

la población mundial a aprovechar

el confinamiento social producto

de la epidemia de coronavirus para

“abolir la familia tradicional, que

apesta”.

El interés expreso de la oligarquía

financiera internacional en financiar

y sostener la ideología progresista

—que se corrobora sencillamente

observando los libros contables

del multicolor espectro de oenegés

“filantrópicas” militantes de cuestiones

raciales, sexuales o étnicas—

debe poner en alerta a los pueblos

acerca de la peligrosidad de plegarse

a la agenda del progresismo, la

pata izquierda del liberalismo clásico,

esto es, la nueva y más perfecta

Caricatura precisa del imperio británico atropellando literalmente a los “extranjeros” con los conceptos de libre comercio y reforma impositiva.

El liberalismo que Gran Bretaña impuso a sus colonias jamás se aplicó en la misma Gran Bretaña, donde rige un proteccionismo brutal.

18 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


ideología de la subordinación. Claro

que no es fácil luchar contra el

Leviatán cuando este posee y utiliza

nada menos que las mentes de sus

subordinados, a través de la formación

de opinión fruto de la difusión

de su sistema de ideas en el ámbito

académico, los medios masivos de

comunicación y las redes sociales,

veinticuatro horas al día, trescientos

sesenta y cinco días al año y en

todas las latitudes del mundo. La

progresía, en definitiva, no es sino

la expresión actual, académica y

social del mediopelo.

La inserción de la región iberoamericana

como polo de poder

en un mundo multipolar dependerá

necesariamente de la ruptura de

los collares que nos sujetan: el

de la alianza anglochina y el de la

oligarquía financiera internacional.

Lo primero depende de rechazar de

plano las ofertas de alianzas económicas

desventajosas, basadas en

los intentos de reprimarización de la

economía regional para dar impulso

a una fuerte industrialización de los

países de la América Hispana. Lo

segundo depende de la voluntad

política de rechazar el modelo económico

que propone el neoliberalismo,

pero sobre todo la trampa de

libertad que ofrece el progresismo.

La nación continente hispanoamericana

debe reconstituir los lazos de

hermandad, desechar los proyectos

de control de la natalidad, balcanización

del territorio y el nacionalismo

de campanario para abrazar

la noción de patria grande con la

que soñaron los libertadores y que

en definitiva es la condición natural

de su ser como nación continente

despedazada de manera artificial

por una diplomacia inglesa en un

brutal intento de fundar una colonia

de enanos allí donde habitaba un

colosal gigante, único en su especie

e indestructible.

La paradoja de nuestro tiempo se

Los cipayos, elemento básico de la colonización británica. En la actualidad, los cipayos

vienen más “por izquierda” que “por derecha”, puesto que la dominación se encuentra en la

etapa de disolución de los valores nacionales de sus países víctimas y esa es una tarea que

debe llevar a cabo el progresismo. Así es cómo Victoria Donda se abraza con el embajador

británico Mark Kent para celebrar los colores de lo que el imperio llama “diversidad” hoy.

bifurca en dos opciones antagónicas

e igualmente radicales: saldremos

de esta encrucijada habiendo

sellado nuestra doble dependencia

de manera definitiva o habiendo

decretado nuestra segunda independencia,

constituyéndonos en

una auténtica potencia mundial,

con condiciones naturales, ambientales,

climáticas y humanas incomparables

a nivel planetario. Sería

una verdadera pena que en este

contexto de latencia de un nuevo

orden mundial, abriéndose una

ventana de oportunidades insuperables,

la región no participara del

crecimiento en virtud de su propia

incapacidad para consolidar un

polo de poder sólido e industrializado.

El verdadero desafío consiste

en privilegiar el bien común por

sobre las ideas rimbombantes y

tomar siempre en consideración el

auténtico criterio de verdad de los

pueblos: si la oligarquía financiera

internacional desea para nosotros

la adopción de una práctica o

ideología, esta necesariamente no

puede ser buena para los pueblos.

Cuestiones en apariencia justas,

basadas en presuntos derechos tales

como el derecho a decidir sobre

el propio cuerpo, por ejemplo, no

pueden ser buenas para los pueblos

si se corrobora que están siendo

vehementemente impulsadas por la

oligarquía financiera internacional,

agente histórico del desgarro y la

hemorragia material y espiritual de

los pueblos. Porque, si Drácula nos

pide que dejemos abiertas las ventanas

por las noches, invitando al

vampiro a ingresar a desangrarnos,

¿hemos de obedecerle en función

de su encanto macabro y su diabólica

amabilidad o tapiaremos las

ventanas, soportando calor y humedad,

en pos de la preservación de

nuestras propias vidas? El que fuere

buen patriota americano que sepa

elegir la opción que mejor le sirva a

su dignidad.

19 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


POLÍTICA INTERNACIONAL

La guerra del agua

ROSARIO

MEZA

Diciembre comenzó con una

noticia extraña e inquietante:

el agua, recurso fundamental

para la reproducción de la

vida, comenzaría a cotizar en

el mercado de futuros de Wall Street

y su precio estaría determinado por

una combinación del volumen y la

disponibilidad del líquido en cada

región. En un planeta en el que dos

mil millones de personas —un tercio

de la población mundial— tiene

dificultades para acceder al agua

potable, el hecho de que el elemento

esencial de la vida cotice en

bolsa implica necesariamente una

acentuación de las desigualdades

preexistentes. Pero, ¿qué sucede en

el Cono Sur? ¿Qué posibles consecuencias

se podrían desprender

de una futura escasez de agua que

empujase hacia arriba el precio de

ese bien, en el contexto del reordenamiento

mundial que tiene lugar

en la actualidad?

La respuesta es ciertamente una

incógnita, puesto que depende

directamente del derrotero histórico,

de cómo se resuelva la inserción

de la región en el nuevo esquema

mundial, cuestión que aún hoy está

pendiente. Pero eso no es todo: si

Hispanoamérica lograse insertarse

20 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


como polo de poder, de todos modos

el verdadero desafío sería el de

fortalecer el sistema de defensa de

toda la región, blindar sus fronteras

y prepararse para unos cuantos dolores

de cabeza, con la total seguridad

de que los buitres del mundo

vendrían por el agua.

En el año 2003, de hecho, el

Banco Mundial convocó a representantes

de los países integrantes del

Mercosur a una reunión realizada

en Montevideo, la que culminaría

con la firma de un documento y la

ulterior creación del Proyecto de

Protección Ambiental y Desarrollo

Sustentable del Sistema Acuífero

Guaraní. Este sería apoyado por

el propio Banco Mundial (BM) con

ayuda del Fondo para el Medio

Ambiente Mundial (FMAM), la Organización

de los Estados Americanos

(OEA), los gobiernos de Alemania y

los Países Bajos y la Agencia Internacional

de Energía Atómica (AIEA),

entre otras entidades. Es decir, que

el interés de los países centrales y

la élite global por el monumental reservorio

hídrico de América del Sur

no es nuevo. Desde hace décadas

se viene cocinando a fuego lento un

intento de apropiación de las reservas

de agua dulce por parte de los

poderosos del mundo.

El Sistema Acuífero Guaraní es

el tercero del mundo en volumen,

detrás del Areniscas de Nubia en

África y la Gran Cuenca Artesiana

en Australia. Ocupa 1.200.000

kilómetros cuadrados de territorio

compartido entre cuatro países: el

70% de su superficie corresponde

a Brasil, el 19% a la Argentina, el

6% al Paraguay y el 5% restante, al

Uruguay. Por el norte toma contacto

con el Pantanal brasileño, conectándose

de manera indirecta con la

Amazonia. El límite oeste en el Paraguay

es difuso, mientras que en el

territorio argentino las estimaciones

suponen que se extiende en el norte

hacia la cuenca del Bermejo y al sur

no se descarta que continúe hacia

la región pampeana o eventualmente

hacia la Patagonia, para alimentarse

de los grandes lagos, al pie de

la Cordillera de los Andes. El volumen

total de agua del acuífero se

estima en unos 30.000 kilómetros

cúbicos y las reservas explotables,

en unos 2.000 kilómetros cúbicos

al año. La recarga del acuífero en

los lugares en los que aflora es de

solo 5 kilómetros cúbicos al año.

El área más importante y fundamental

de alimentación del reservorio

es la Triple Frontera entre

Argentina, Paraguay y Brasil y en

particular, la cuenca fluvial que

conecta a los ríos Paraguay, Paraná

y Uruguay con el Río de la Plata,

aunque también recibe parte de

su caudal desde los Andes a través

del Acuífero Puelche. De acuerdo

con las estimaciones, las disponibilidades

de agua potable del

Acuífero Guaraní serían suficientes

para abastecer a una población

del orden de los 360 millones de

personas, con una dotación de 300

litros diarios por habitante. En otras

palabras, se trata de una auténtica

mina de oro líquido.

Si las reservas de agua potable

del mundo comenzaran a escasear,

sin lugar a dudas la América del

Sur pasaría a constituir un tesoro

mucho más preciado aún que en la

actualidad. Recordemos algunas

de las maravillas de la región: a las

inagotables reservas de petróleo de

Venezuela podemos añadir el coltán

en ese mismo país o el litio en el

Caricatura simbolizando al Banco Mundial —véase el detalle del logotipo en la billetera— alimentando

a los buitres del mercado financiero. Ya el propio concepto de un banco supranacional

cuyo poder se ubica por encima de los Estados nacionales es una clara evidencia

de cómo este y otros organismos multilaterales como el FMI, la OMS y tantos otros fueron

creados y existen para representar los intereses de las élites globales.

21 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Las Cataratas del Iguazú, en el centro geográfico del área por la que se distribuye el Acuífero Guaraní. El agua es el recurso natural que

probablemente sea más escaso y por lo tanto más valioso en un futuro a corto plazo. Las élites globales, ni lerdas ni perezosas, ya pusieron a

funcionar su máquina institucional para garantizar el libre acceso a esas reservas en exclusividad.

desierto de Atacama y las cuencas

salinas adyacentes de los territorios

de Bolivia, Argentina y Chile. Se trata

de ejemplos paradigmáticos por

su actualidad y por la proyección

a futuro de su explotación, pues si

bien ya existen intentos aislados

por prescindir de los combustibles

fósiles, el recambio no pareciera

pronto a realizarse, por lo que sin

lugar a dudas la disputa por el

petróleo se irá agravando en vez de

apaciguarse. Otro tanto sucede con

el litio y el coltán, materias primas

básicas en la producción de baterías

y dispositivos móviles, es decir,

de la industria de punta en un futuro

no muy lejano. Esto sin contar el colosal

almacén de minerales y agua

pura de la Cordillera de los Andes y

el pulmón verde de la Amazonia.

Eso significa que nos hallamos

literalmente parados encima de una

auténtica bomba de tiempo geopolítica.

Independientemente del

modo como la América del Sur logre

acomodarse en el nuevo tablero

político del mundo multipolar, lo

indefectible es que sus vastísimos

recursos naturales implicarán más

tarde o más temprano el conflicto

en el mejor de los casos diplomático

por el acaparamiento de esas

riquezas por parte de las élites globales,

mal acostumbradas a nunca

recibir un no por respuesta.

El programa impulsado por el Banco

Mundial, entonces, no es sino la

punta de lanza de todo un proyecto

de la élite global destinado a convencer

a los Estados nacionales

de la presunta conveniencia de

flexibilizar las legislaciones locales

en materia de concesión de recursos

naturales para que les sean

permitidas a compañías privadas

de capital multinacional la exploración,

explotación, potabilización y

distribución, esto es, literalmente,

la entrega del agua de todos los

sudamericanos a los poderosos del

mundo, sin asegurarse previamente

la provisión necesaria para los Estados

soberanos en cuyo territorio nacional

está emplazado el acuífero.

Según informes elaborados por el

propio Banco Mundial, 40 millones

de dólares habían sido destinados

en esa ocasión, allí por el 2003, a

estudios y exploraciones de toda

la cuenca guaraní que incluye ríos,

arroyos, lagunas y esteros para

diseñar e implementar en forma

conjunta entre los organismos de

crédito y las empresas privadas un

marco institucional y técnico para

22 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


el manejo y la preservación de este

sistema. Su interés sería reconfigurar

el manejo de la cuenca, con el

único objetivo de propiciar la transferencia

de los servicios hídricos al

sector privado multinacional, que es

como decir impulsar la concentración

de la explotación en un puñado

de actores, colocando a las multinacionales

en el centro de la escena

como beneficiarias de la gestión y el

usufructo del agua.

A medida que vaya en aumento la

cotización de ese preciado bien en

el mercado de futuros, impulsada

por una agudización de la falta

de disponibilidad de agua que es

inversamente proporcional al volumen

del stock mundial, el negocio

resultará más atractivo y cualquier

reserva natural de agua dulce apta

para el consumo humano se encontrará

en un potencial peligro ante

las veleidades de la demanda y la

codicia de la élite global.

El proyecto de privatización del

agua ya está en marcha, la pregunta

es si efectivamente llegará a cristalizarse,

lo que va a depender de las

decisiones de un bloque continental

sólido, con vínculos afianzados y

una política proteccionista de los

propios recursos, integral y supranacional.

Sin la existencia de un

polo fuerte, que se inserte en el

mundo como una potencia única, la

victoria de los buitres en la guerra

por el agua parece inevitable. Esta

podrá tomar previsiblemente tres

formas, derivadas de la relación que

los Estados nacionales establezcan

con las empresas multinacionales.

1º. A través de la venta total de los

sistemas de distribución, tratamiento

y/o almacenamiento del agua

por parte de los Estados nacionales.

Esto implica la privatización

directa y significa lisa y llanamente

que los argentinos, brasileños,

paraguayos y uruguayos no serán

dueños del agua que subyace a

la capa continental sobre la que

habitan; 2º. A través de la concesión

directa de parte de los Estados

nacionales para que las empresas

de propiedad directa o indirecta de

la élite global se hagan cargo del

servicio y del cobro por la operación

y mantenimiento del sistema

en uso, o un proceso similar al que

actualmente ya está teniendo lugar

en la explotación minera en los

países de la región. 3º. A través de

un contrato restringido mediante el

que un Estado nacional contrate a

una sociedad anónima, muy probablemente

una empresa multinacional

para que administre el servicio

de agua a cambio de un pago por

costos administrativos. De las tres

alternativas, los antecedentes en

materia de relaciones de explotación

de recursos minerales de las

naciones dependientes tienden a

hacer suponer que se privilegiará

la segunda, acarreando la pérdida

total de la soberanía de los pueblos

sobre sus recursos hídricos.

Pero ahí no se acaban los problemas.

Aún si la región lograse

erigirse en una auténtica potencia

mundial es difícil suponer que los

buitres del mundo se quedarían de

brazos cruzados y aceptarían una

derrota sin adoptar alguna estrate-

Representación artística del retirado CEO del Grupo Nestlé, Peter Brabeck-Letmathe, quien

en el año 2005 declaró públicamente que el agua es una mercancía y no un derecho humano.

Con el diario del lunes, vemos que el austriaco Brabeck-Letmathe fue entonces todo

un visionario y dejó en evidencia lo que hoy estalla como escándalo al cotizar el agua por

primera vez en Wall Street.

23 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Protesta en Michigan, Estados Unidos, contra la privatización del agua que llevaban a cabo corporaciones como el Grupo Nestlé. En el letrero,

literalmente, se lee: “Nestlé, pare de robarnos el agua”.

gia lateral de apropiación. Lo más

previsible es que sin una fuerte política

de defensa a nivel continental,

que implique la expulsión de todo

agente foráneo y el despliegue de

tropas en territorio y en las fronteras

como ofensiva disuasoria de

posibles invasiones, en un futuro no

muy lejano los conflictos armados

estén emparentados con el agua,

así como con el resto de los tesoros

que alberga nuestro suelo.

La victoria de un Joe Biden —cuyo

gobierno parece estar adelantando

un claro sesgo belicista inferido de

los nombres que integran su gabinete,

tanto como de los apoyos a la

campaña presidencial de los demócratas,

gigantes de la producción y

venta de armas incluidos— se suma

a la noticia de la cotización en bolsa

del precio del agua para poner en

alerta a las naciones dependientes

acerca de la imperiosa necesidad

de prepararse para el mundo que

se viene, en una estrategia conjunta

de industrialización, estatización de

los recursos estratégicos y defensa

del territorio.

La independencia de los pueblos

americanos se emparenta directamente

con la unidad continental

pero también con la protección de

las riquezas que hacen de nuestro

continente una región única en el

planeta. La inserción del Cono Sur

y de toda la América hispana como

polo de poder en el nuevo orden

mundial multipolar va a estar determinada

por la expresa voluntad

política de los Estados nacionales

de sostener los vínculos de fraternidad

de los pueblos, diseñar

una estrategia económica común

reforzando el bloque continental y

establecer alianzas inteligentes con

otros polos, que no impliquen la

entrega de nuestras riquezas naturales

ni tampoco la reprimarización

de las economías regionales. El derrotero

histórico de lo que viene aún

es incierto y está por resolverse. Lo

que ningún nacionalista puede ya

desoír es que de la unidad depende

la fuerza de nuestra región. Eso está

claro como el agua.

24 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


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25 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


CONTENIDO EXCLUSIVO

Un yacaré muy

funcional

al sistema

ERICO

VALADARES

Sería un misterio el que las

expresiones “poder fáctico” y

“corporaciones” hayan desaparecido,

como por arte de

magia, del léxico propio de

aquellos que se hacen llamar kirchneristas

en nuestra política. Sería,

decimos, si el motivo por el que el

discurso haya cambiado tanto en

tan poco tiempo no constituyera

una auténtica obviedad ululante. El

kirchnerismo, el mismo que hasta

fines del año 2015 tenía muy bien

identificadas a las corporaciones y

su poder global que pugna por estar

por encima del poder legítimo de

los Estados nacionales, ha olvidado

todo eso y ha pasado a resumir

toda su crítica al sistema —si es que

se la puede calificar como tal— a

un señalar a Mauricio Macri como

el origen de todo mal. Y eso, semejante

metamorfosis discursiva,

habría sido un misterio si no fueran

evidentes las razones por las que

esa metamorfosis se da, las que

se reducen a lo siguiente: nunca

26 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


hubo una convicción real sobre lo

expresado, ni antes ni ahora. Antes

se hablaba del poder fáctico de las

corporaciones sin saber de qué se

trataba; ahora, igualmente, se habla

de Mauricio Macri sin comprender

la dinámica real de la política.

Eso es lo obvio, o la obviedad

ululante propiamente dicha. Al

apearse del poder en el Estado a

fines del año 2015, el kirchnerismo

empezó a transitar un proceso de

disolución muy característico de las

fuerzas políticas que nacen siendo

gobierno. Una vez en oposición y

ya sin el control de los resortes del

Estado, el kirchnerismo tiró por la

ventana los papeles que antes habían

orientado su discurso y dejó de

identificar correctamente al enemigo

principal. Y al quedarse virtualmente

sin conducción durante los

largos periodos de silencio de Cristina

Fernández, el kirchnerismo tuvo

una regresión intelectual y vulgarizó

su palabra apelando a lo visible. Ya

no convenía teorizar sobre el poder

fáctico global de las corporaciones

y elaborar un discurso político que

se renovara sobre sí mismo, como

había hecho brillantemente hasta

el 2015. Ahora toda praxis política

se iba a resumir al insulto dirigido a

27 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


La confusión en que quedó sumido el kirchnerismo luego de la derrota en las elecciones del

2015, en una imagen: desparecieron del discurso las corporaciones, el poder fáctico global

y la oligarquía parasitaria para dar paso al Emmanuel Goldstein de la política argentina. En

Mauricio Macri se concentró toda la atención y así empezó el giro discursivo kirchnerista

desde un movimiento nacional-popular, clásicamente peronista, a una parcialidad rosquera

que reduce la lucha política a una cuestión de nombres propios que, por lo demás, son de

muy poca monta.

Mauricio Macri, señalado como la

suma de todo lo que está mal.

Véase bien, es un proceso realmente

notable: una fuerza política

joven, numerosa y con mucha vitalidad

que súbitamente abandona

uno de los pilares de su éxito —el

discurso que interpela y que convoca—

para caer en la vulgaridad

de concentrar su crítica en la pobre

figura del referente del campo

enemigo, uno que además no tiene

las luces suficientes para ocupar

ese lugar. Durante los cuatro años

de gobierno de Mauricio Macri no

se habló más de las corporaciones,

desapareció el concepto de poder

fáctico o ilegítimo y ya no hubo una

élite global detrás de las movidas

de nuestra oligarquía local. Todo fue

Macri de allí en más, como si Macri

fuera una especie de genio de la

política y detentor de todo el poder

real. Así fue cómo el kirchnerismo

transitó los cuatro años de paso por

la oposición, en los que lo único distinto

fue una repentina adscripción

a la ideología de género que antes

había sido sistemáticamente ignorada

por orden de la conducción.

Pero llegaron las elecciones del

año 2019 y mediante una maniobra

en el armado de la lista apareció la

oportunidad de recuperar el poder

en el Estado, cosa que finalmente

se concretó. Con la conductora en

el lugar de la vicepresidencia y con

un titular que en ese momento se

veía como una inesperada movida

de ajedrez, el kirchnerismo ganó

otra vez las elecciones. Las ganó,

al menos en teoría. Las ganó en el

sentido de que triunfó la lista considerada

propia. Alberto Fernández

asumió la presidencia y hubo entonces

un consenso acerca de una restauración,

volvían los días felices de

la década ganada, Alberto Fernández

se había pasado al bando de los

“buenos” luego de diez años de ser

un feroz detractor y el kirchnerismo

llegaba de nuevo a ser gobierno. Así

se pensó ese 10 de diciembre y así

se siguió pensando durante varios

meses. De hecho, aún hoy y aún

frente a todo lo dicho por Cristina

Fernández en las últimas semanas y

todo lo hecho por Alberto Fernández

en un año, no son pocos los que ven

kirchnerismo en el actual gobierno.

¿Lo es o no lo es? ¿El Frente de

Todos es más Frente para la Victoria

o es más Frente Renovador? Irrelevante.

Lo que sí interesa para lo que

aquí se quiere analizar es que lo

que nunca más volvió fue el discurso

como base de la praxis política.

El kirchnerismo, aún después de

un año del triunfo de una fórmula

compuesta por su conductora, no

volvió a apuntar sus dardos contra

las corporaciones, no habló más

del poder fáctico, de los buitres del

capital financiero y mucho menos

de la oligarquía local, que antes se

identificaba como la personera cipaya

de esos oscuros poderes locales.

Y no solo eso, sino que además

se dio todo lo opuesto. Lo que antes

de la derrota electoral del 2015

había sido la base del discurso,

quedaba ahora directamente prohibido.

El kirchnerismo ya no habla de

corporaciones, de globalismo y de

poder fáctico. No lo hace y además

persigue al que lo haga.

He ahí la metamorfosis propiamente

dicha, un giro discursivo de

180 grados en el que una fuerza política

pasa sin escalas de sostener

una idea a reprimir a los que insistan

en sostenerla. Hoy por hoy, para

los desgraciados que nos ubicamos

del lado de los pueblos en la contradicción

fundamental e insistimos en

colocar a las corporaciones del otro

lado de esa contradicción lo único

que hay son los hirientes motes de

“conspiranoico”, “anticiencia”, “antivacuna”

y hasta “terraplanista”.

Se da el milagro de la conversión

y el objeto de un discurso político

e ideológico —el poder fáctico de

28 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


las corporaciones apátridas— pasa

a ser “teoría de la conspiración”

para los simpatizantes y militantes

de ese mismo discurso. El mismo

kirchnerista que hasta el 2015

sabía a ciencia de la existencia de

un oscuro poder global moviendo

los hilos de nuestra política local

hoy censura y embiste con inusitada

agresividad contra el que hable de

ese poder. Es como si en el lapso

de cuatro años los militantes del

Partido Comunista de la finada

Unión Soviética pasaran de furiosos

marxistas a violentos macartistas.

¿Cómo es posible eso?

Es probable que sea una cuestión

de conducción, o bien de los intereses

puntuales de la conducción en

cada momento. Mientras estuvo en

la presidencia de la Nación, Cristina

Fernández sufrió el duro embate de

los poderes fácticos globales de las

corporaciones y por eso condujo a

la tropa a dar esa batalla, identificó

claramente al enemigo y orientó a

los suyos a disparar hacia ese lado.

Una vez que ya no estuvo en ese

lugar, la pelea de Cristina Fernández

pasó a ser puntualmente contra

los jueces y fiscales cooptados por

el poder fáctico de tipo económico

y no contra ese poder directamente.

En consecuencia, el kirchnerismo

dejó de denunciar al globalismo

apátrida y pasó a hablar exclusivamente

de un lawfare que sería obra,

por supuesto, de Mauricio Macri.

Como Cristina Fernández no orienta

desde el lugar de comandante, los

soldados no saben para qué lado

disparar y, en un primer momento,

quedan inertes. Luego la conducción

vuelve a aparecer con un objetivo

distinto y allí van los soldados a

luchar en ese frente. No es, como se

ve, nada de otro mundo. Es el hecho

o la verdad universal de que ninguna

militancia se hace con librepensadores,

sino con leales seguidores

muy atentos a su conducción.

Virus ideológico

Pero llegó el coronavirus a la Argentina

a mediados del mes de marzo

y ya nada fue igual para nadie. De

entrada, el gobierno vio en la pandemia

una oportunidad dorada de

consagrarse a una misión específica

y utilizar el hecho de esa dedicación

para tapar todos los baches,

que eran muchos. Al haber una pandemia,

un enemigo invisible, todo lo

demás podía suspenderse mientras

ese enemigo no fuera debidamente

derrotado. Así fue cómo Alberto

Fernández llegó a su primer año de

mandato sin haber hecho nada de

aquello que inicialmente prometiera

en campaña y más bien habiendo

hecho todo lo contrario. No se pudo

resolver el problema de la deuda

dejada por Macri, los números de la

economía se encuentran en peor estado

respecto a los de diciembre del

2019, sigue existiendo la cuestión

de los presos políticos y los problemas

crónicos como la inflación y

los tarifazos siguen allí, sostenidos

en el tiempo como si no hubiera

habido un cambio de gobierno. Pero

la gestión de Alberto Fernández

parecería estar blindada mientras

dure el coronavirus y nadie se atreve

realmente a cuestionarla, menos

que menos a desafiarla, aunque

haga todo mal.

En los círculos de la política ya

se sabe ampliamente que Alberto

Fernández no vino a cumplir sus

promesas de campaña, las que hizo

ante una ciudadanía golpeada y deseosa

de peronismo, sino a cumplir

el preciso mandato de aquellos poderes

fácticos, a los que sirvió des-

Sergio Massa, junto al entonces presidente Mauricio Macri en un encuentro con Joe Biden.

Massa y el Frente Renovador lograron poner en la presidencia a uno de los suyos —Alberto

Fernández— sin que el kirchnerismo se percatara de que allí estaba el golpe massista. Ahora

Fernández lleva a cabo el ajuste que está previsto en el proyecto de Massa y Cristina Fernández

intenta, con un año de retraso, alertar a los suyos acerca del peligro. Al momento de

cerrar esta edición, las embestidas de Cristina Fernández contra el gobierno del que forma

parte como vicepresidenta habían recrudecido, sin que por ello la tropa terminara de asumir

que gobierna Sergio Massa de facto. Cristina Fernández tendrá que ser aún más explícita.

¿Podrá serlo sin hacer peligrar su propia situación judicial y la de su hija?

29 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


de siempre como representante del

Grupo Clarín en el gobierno de Néstor

Kirchner y luego como lobista de

Repsol contra la petrolera nacional

YPF. Entonces Alberto Fernández

debe necesariamente congelar la

crítica a los poderes fácticos, no la

puede permitir. Debe manipular al

kirchnerismo para que no haga lo

que hizo hasta las elecciones y la

derrota del 2015. En una palabra,

Alberto Fernández es funcional a los

intereses del poder fáctico global

e indirectamente de la oligarquía

cipaya local. Es un topo que surge

de un acuerdo impuesto a Cristina

Fernández por las circunstancias: si

se presentaba como candidata titular,

perdía seguramente las elecciones

al tener un techo muy bajo del

orden del 30%. El Frente de Todos

necesitaba un candidato que no

fuera Cristina Fernández para que

la alianza con el Frente Renovador

de Sergio Massa se concretara y se

pudiera superar el techo electoral.

Pero para eso Cristina Fernández

debió aceptar a un candidato del

enemigo encabezando su lista y ahí

están los resultados.

Alberto Fernández debe llevar a

cabo el ajuste, la devaluación y la

entrega de las riquezas del país,

obra de destrucción que Mauricio

Macri había empezado y no pudo

terminar. Y en eso está, mientras

Cristina Fernández intenta sutilmente

—y a veces hasta explícitamente—

explicarle a su tropa la

situación. Rehén de una extorsión

judicial que incluye hasta a su hija,

Cristina Fernández tiene las manos

Afiche callejero de los buenos tiempos del kirchnerismo, tiempos en los que la denuncia a las corporaciones estaba a la orden del día y a

nadie se le tildaba de “conspiranoico” por decir que existe un poder fáctico gobernando el mundo desde las sombras. Si un kirchnerista del

año 2015 se encontrara en una charla de café con otro kirchnerista, pero versión 2020, seguramente lo vería muy desmejorado a este y lo

clasificaría de reaccionario y hasta de gorila.

30 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


bien atadas. Mientras tanto, Alberto

Fernández va llevando a cabo la

devaluación y el ajuste a cuentagotas,

administrando las tensiones al

interior del Frente de Todos entre

Sergio Massa (que es el verdadero

jefe y gestor del ajuste) y el kirchnerismo

desorientado. El kirchnerismo

presiente que algo anda mal, pero

como no comprende la situación y

no termina de descifrar las señales

de su conductora, oscila entre militar

el ajuste creyendo que Cristina

Fernández es parte del plan y criticarlo

tibiamente, por las dudas.

Pero la principal tarea de Alberto

Fernández es terminar con el embate

contra las corporaciones que

los gobiernos kirchneristas habían

instalado en la agenda nacional.

Paulatinamente, Alberto Fernández

debe ir borrando de la conciencia

de los kirchneristas la idea de

que existe un poder fáctico global

que gobierna desde las sombras y

cuyo objetivo es apoderarse de las

riquezas de la Argentina. Eso debe

olvidarse y para ello se proponen

nuevos enemigos: por una parte,

Mauricio Macri, que ya no gobierna

hace un año y sigue no obstante

siendo el responsable de todo lo

que está mal en el país, una suerte

de Emmanuel Goldstein, el chivo

expiatorio universal de la novela

1984 de George Orwell. Por otra,

el coronavirus, que es el enemigo

invisible e imposible de derrotar,

el que viene en sucesivas olas y

también en distintas cepas, dura

para siempre sin posibilidad de que

se resuelva con ninguna vacuna ni

remedio. Finalmente, el trumpismo

y el bolsonarismo negadores de la

realidad. Esta última es la parte

fundamental del asunto.

La única forma de disuadir a alguien

de luchar contra un enemigo

al que ya se había identificado anteriormente

es mediante la instalación

de la idea de que esa lucha es

Alberto Fernández, ya como presidente la Nación, en un almuerzo con Héctor Magnetto del

Grupo Clarín en la sede de la Asociación Empresaria Argentina. Muchos se sorprendieron

entonces y algunos se siguen sorprendiendo al ver las imágenes de este almuerzo, pero la

verdad siempre estuvo a la vista: Fernández fue jefe de gabinete de Néstor Kirchner como

parte del acuerdo de ese gobierno con el Grupo Clarín para contrarrestar los embates del

Diario La Nación. Cuando la paz entre el kirchnerismo y Clarín terminó con el lock-out patronal

del año 2008, el propio Néstor Kirchner se encargó, ya como expresidente, de expulsar a

Alberto Fernández del gobierno de su mujer. Y desde entonces el actual presidente sigue en

la nómina de Héctor Magnetto.

moral o intelectualmente inválida.

Dicho de otra forma y concretamente,

para lograr que el kirchnerismo

deje de luchar contra el poder

fáctico de las corporaciones no iba

a alcanzar con distraerlo mediante

las consignas de la “pesada herencia”

macrista, el coronavirus o la

ideología de género. El kirchnerista

promedio se caracteriza por verse a

sí mismo en una posición de superioridad

moral e intelectual respecto

al resto de la sociedad y entonces

la única manera realmente efectiva

de evitar que luche contra el poder

fáctico del globalismo es convenciéndole

de que esa bandera les

pertenece a los que son inferiores

moral e intelectualmente. Si se impone

la idea de la inexistencia del

poder fáctico global, luchar contra

eso solo puede ser cosa de conspiranoicos,

es decir, de gente con

escasa moral y escaso intelecto. En

ese lugar el kirchnerista no tolera

estar.

El advenimiento de Donald Trump

y Jair Bolsonaro —considerados

intelectual y moralmente inferiores

por los operadores mediáticos de

C5N y prácticamente por todos los

demás medios— fue absolutamente

funcional a esa estrategia. Como

Trump, Bolsonaro y sus seguidores

son malos, brutos y “de derecha”,

será la tendencia para el kirchnerismo

opinar siempre lo opuesto a

lo que opinen en esos cuarteles.

Por lo tanto, si Trump, Bolsonaro

y sus acólitos lanzan sospechas

sobre la naturaleza intencional del

coronavirus, el kirchnerismo va a

jurar que nada de eso existe, que el

virus es accidental y que nadie está

detrás de ello. Si Trump, Bolsonaro

y los suyos cuestionan las vacunas

que resultan de un ardid al que ya

habían denunciado como no accidental,

entonces el kirchnerismo se

fanatizará con las vacunas hasta el

31 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Caricatura de Jair Bolsonaro y las vacunas, parte de la intensa campaña mediática cuyo objetivo fue y sigue siendo homologar automáticamente

cualquier crítica al relato hegemónico con el bolsonarismo. Al existir un consenso acerca de que esa postura es moral e intelectualmente

inferior (algo así como el nazismo visto en perspectiva histórica, esto es, con el diario del lunes), se generaliza la idea de que para

evitar caer en eso es preciso adherir a la totalidad del relato opuesto. Así la voz dominante se impone entre aquellos que solían combatirla.

punto de olvidar que en el asunto

está metido nada menos que el

laboratorio Pfizer, de propiedad de

BlackRock, el mismo fondo buitre

que tiene al país entre la cruz y la

espada con la deuda externa ilegítima.

Por fin, si Trump, Bolsonaro y

su gente afirman que el coronavirus

es una variación de la gripe y que

eso no justifica encerrar a un país

entero y destruir toda la economía

(y también la salud, como se sabe),

el kirchnerismo actuará en consecuencia

y militará por la cuarentena

indefinida a como dé lugar.

¿Por qué? ¿Por qué el kirchnerismo

opta por definirse no positivamente,

con una opinión propia

sobre cada asunto, sino por oposición

a otros? Tal vez porque, en la

lógica de la grieta que posibilita la

existencia del kirchnerismo como

expresión de una parcialidad radicalizada,

estar de acuerdo con

el otro en tan solo una cuestión

pondría en jaque la fe maximalista.

Concretamente, el kirchnerista promedio

cree, está convencido de que

si una opinión coincide en algo con

la agenda de Trump o Bolsonaro,

entonces el que emite dicha opinión

es trumpista, bolsonarista o ambas

cosas a la vez. Allí está la cuestión,

allí está lo que sabe Alberto Fernández

y lo que usa Alberto Fernández

para desactivar la voluntad kirchnerista

de lucha contra las corporaciones:

si esa lucha la dan los que son

moral e intelectualmente inferiores,

el kirchnerismo la abandonará,

renegará de ella y pasará —véase

bien— a perseguir policíacamente

a los herejes en el campo propio

que insistan en seguir dándola. He

aquí que la vieja conclusión de los

opuestos en espejo se aplica una

vez más y el kirchnerismo no es, al

fin y al cabo, otra cosa que un reflejo

exacto del macrismo, campo de

la política en el que las opiniones se

forman negativamente, es decir, en

oposición a lo que sostenga el de en

frente.

Manipular mediáticamente

La conclusión es por cierto bastante

dura pues homologa a dos pares

opuestos que, en la propia opinión

de cada uno de esos pares, no se

parecerían en nada. El kirchnerismo

considera al macrismo moral e

intelectualmente inferior, pero lo

opuesto también es verdadero y el

macrismo está plenamente convencido

de su superioridad intelectual

32 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


y, sobre todo, moral. Por eso la

conclusión caerá como una bomba

en ambos campos, aunque no

deja de ser cierta. El kirchnerismo

y el macrismo no son iguales, son

opuestos en espejo. Son el reflejo

exacto uno del otro en términos de

praxis. Lo que el uno hace, el otro

imita cambiando solo los colores de

la ideología. Bien mirada la cosa,

son todos argentinos y raro sería

que fueran de distinta naturaleza.

No lo son.

Entonces el método para conducir

a los macristas y lograr que sean

funcionales a un determinado plan

debe ser rigurosamente el mismo

para la conducción de los kirchneristas.

Si la manipulación mediática

del Grupo Clarín fue tan efectiva

para la construcción y el mantenimiento

de un núcleo duro y convencido

de una vez y para siempre de lo

que fuere, para hacer lo mismo en

el campo opuesto lo único que se

requiere es la instalación de medios

no alternativos, sino paralelos

—esta diferencia es fundamental,

como veremos— que sean percibidos

como propios por el público

en el otro extremo ideológico. Y así

surgen en televisión C5N, la 750

en radio y el diario Página/12 en la

prensa escrita, entre otros, como

los medios considerados como

propios por el kirchnerismo, tal y

como el macrismo tiene sus TN, sus

Radio Mitre y sus diarios Clarín y

La Nación. Queda finalmente configurada

la grieta en la fuente de

información y a partir de aquí cada

extremo será ideológicamente un

compartimiento estanco donde solo

habrá sesgo de confirmación para

los unos y los otros y lo único que se

sabrá del lado opuesto vendrá siempre

mediado por los operadores de

los medios propios, será siempre

parte de un relato endogámico y

endogámicamente construido para

la reproducción de la endogamia.

La sociedad está partida definitivamente

en dos.

Ahora bien, el Grupo Clarín pertenece

a los poderes fácticos globales

como una pieza estratégica en el

territorio y nunca, por lógica, denunció

ni denunciará jamás a esos poderes.

Y lo mismo podría decirse de

La Nación, cuya afiliación al poder

del globalismo es indirecta y se da a

través de la oligarquía cipaya, personera

local de los intereses de los

ricos del mundo. Sea como fuere,

no serán Clarín ni La Nación los que

súbitamente cuestionarán a las corporaciones

ni los que les dirán a los

suyos que nuestra política nacional

está condicionada por los intereses

de los ricos del mundo. Si realmente

existe un tongo global y las élites

apátridas están usando la crisis del

coronavirus para imponer su nuevo

orden mundial, para reconfigurar

el mundo a su voluntad, no serán

los medios de Clarín, La Nación e

ideológicamente afines los que van

a denunciar y ya podemos tachar de

movida a un 40% de la población

argentina de la posibilidad de retobarse

contra eso. El que hoy se hace

llamar macrista en nuestra política

lo es porque consume medios de

información notoriamente cipayos y

no será en esta ocasión cuando se

rebelarán frente a un nuevo intento

de recolonización del país. Ni ahora

ni nunca.

Entonces queda el restante 60%,

del que es necesario restar a los

que no siguen la política más que

una vez cada dos años al acudir

a las urnas. Para la defensa de la

patria frente al embate de las élites

globales y sus corporaciones solo

El operador mediático Gustavo Sylvestre, fichado por el kirchnerismo de las filas de Héctor

Magnetto y hoy uno de los más fervientes defensores de Alberto Fernández. Durante meses

al hilo Sylvestre vociferó en su programa de televisión contra “el estúpido de Bolsonaro”,

instalando la idea de que allí estaba el modelo de todo lo que nadie con pretendida superioridad

moral e intelectual debe ser. Cuando Bolsonaro apareció negando la gravedad del

coronavirus la operación concluyó: ahora cualquier cuestionamiento a lo que baja de la

OMS y de los medios dominantes es inmediatamente puesto en la infamante categoría de

bolsonarismo. Y entonces nada cuestiona nada.

33 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


queda el 40% de siempre, el que

se identifica con el peronismo y

cuya mayoría se identifica hoy con

el kirchnerismo. Es irrelevante aquí

determinar si la pandemia fue generada

artificialmente para imponer

la voluntad de los ricos del mundo

o si esos ricos se aprovecharon de

un accidente de la naturaleza para

hacerlo. Lo que sí importa es saber

que detrás del terror al coronavirus

hay gente operando para que en la

volteada caigan las naciones y el

gran capital financiero apátrida se

quede con todo. Eso está sucediendo

ahora mismo y contra eso son

necesarias defensas, es preciso que

el núcleo sano de cada una de las

sociedades alce su voz para denunciar

esa situación y plantee una

oposición seria.

Pero he aquí que ese núcleo sano

se encuentra hoy bajo un estado de

manipulación mediática similar al

que se impone sobre el otro extremo

de la grieta. Lo que sucede aquí es

que, en paralelo y en espejo, hoy

por hoy tanto el macrismo como el

kirchnerismo están consumiendo la

misma información y con igual intencionalidad:

la de desactivar cualquier

cuestionamiento al manejo

que hacen los poderosos del mundo

de la coyuntura del coronavirus. Se

da, por lo tanto, la muy particular

situación en la que los extremos de

la grieta están de acuerdo en todo

lo que se refiere al plano internacional

de la política. Macristas y

kirchneristas están absolutamente

cerrados a la duda, no admiten

sospechas y tienen ya todas las certezas.

Gracias a lo que se ve todos

los días en televisión, cada cual en

el canal que le brinde el sesgo de

Caricatura occidental representando la idea del globalismo apátrida de reconfigurar el mundo a partir de la crisis del coronavirus. De izquierda

a derecha, Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, pisoteando la libertad de expresión; Jeff Bezos, de Amazon, destruyendo los pequeños

comercios clausurados por las cuarentenas; George Soros, con el globalismo entre manos y pisoteando las naciones; Bill Gates, vendiendo

miedo para vender vacunas. Es la “dictadura del billonariado”, con los cuatro exclamando “estamos en esto juntos”. De alguna forma ellos

lograron que la sociedad no sospeche, aun teniendo todas las cartas sobre la mesa.

34 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


confirmación deseado, se sabe a

ciencia cierta que el coronavirus

existe como enfermedad mortal, se

origina de un accidente de la naturaleza

y muta en distintas cepas,

con lo que probablemente nunca

más termine. Pfizer y los demás

laboratorios son desinteresados filántropos

que se encuentran en una

cruzada por salvar a la humanidad y

la Organización Mundial de la Salud

es más o menos palabra santa. El

coronavirus cerró la grieta en la

Argentina, pero no por el bien de la

patria. La grieta se cerró y los extremos

se han puesto de acuerdo para

que el de afuera haga negocios.

¡Muerte a los

terraplanistas!

Ahora bien, eso no ocurre realmente

porque se hayan puesto de acuerdo

entre los de abajo. Lo que realmente

hay es un lock-out mediático en

el que participan absolutamente

todos los medios con el objetivo de

unificar el mensaje y educar a la

población en un sentido de adiestramiento

para el silencio y la resignación.

El método para lograrlo, por

su parte, es de lo más prosaico que

puede haber: el de la vieja inquisición,

que consiste en difundir una

verdad revelada y en perseguir a los

que se atrevan a poner en duda esa

verdad. Y aquí es donde se ve más

claramente la unidad de criterio entre

medios de comunicación que en

teoría representan opiniones distintas

y opuestas en la política del país

y del mundo y terminan, sin embargo,

emitiendo el mismo mensaje.

El último viernes 18 de diciembre

el presidente de Brasil Jair Bolsonaro

sorprendió a propios y a extraños

con una impertinente humorada.

Frente a los micrófonos, Bolsonaro

dijo, palabras más o menos, que inyectarse

la vacuna de Pfizer podría

El lock-out mediático, expresado en la imagen de las portadas de todos los diarios de

circulación nacional difundiendo la misma idea más allá de las diferencias ideológicas entre

ellos, que parecerían ser insalvables. Al fin y al cabo, como se ve, tan insalvables no eran

esas diferencias…

resultar en que uno se transformara

en un yacaré y que él, Bolsonaro, no

se haría cargo de ello. Claro que la

expresión es delirante, exagerada.

Aunque la fórmula de las vacunas

contra el coronavirus en general

sigue siendo secreta y los laboratorios

en efecto han exigido plena

inmunidad jurídica ante futuros

efectos colaterales indeseados en

su utilización, es poco probable que

alguien se convierta en un animal

luego de vacunarse. Pero lo cierto

es que durante todo el día los

medios del Grupo Clarín hicieron un

festival con las declaraciones del

presidente Bolsonaro, agregándole

a la noticia (que es un factoide) los

adjetivos de “antivacunas”, “anticiencia”

y hasta “terraplanista”

para calificar al presidente bufón

de Brasil. Héctor Magnetto no gana

nada al descalificar a un presidente

que en teoría se alinea con los

intereses que el propio Magnetto

defiende, pero abundaron las burlas

a lo largo de toda la programación.

¿Por qué?

Si el atento lector hace un poco de

memoria no tendrá dificultades en

percatarse de cómo la mesa de la

operación de blindaje al coronavirus

viene siendo servida en los últimos

dos años como un plan muy bien

ejecutado. En el periodo recobraron

relevancia mediática los viejos

movimientos antivacunas y terraplanista,

sin que nadie se preguntara

por qué. Súbitamente se empezó a

hablar de las delirantes teorías de

esos grupos minoritarios en todos

los medios y la cuestión fue motivo

de chacota en todo el mundo hasta

el punto de que “terraplanista”

y “antivacunas” (y “anticiencia”,

que es una variación de los anteriores)

se conviertan en adjetivos

para calificar, o descalificar, mejor

dicho, a quienes en cualquier

debate plantearan una opinión

ajena al sentido común canónico.

En cualquier discusión el disidente

pasó a ser llamado “terraplanista”,

“antivacunas” y “anticiencia”. Y entonces

apareció el coronavirus, un

problema cuya solución requiere de

35 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


ciencia —la que afirma que la Tierra

no es plana, además— y de vacunas,

que son producidas por esa

misma ciencia. La conclusión está

a la vista y es que durante dos años

nos estuvieron preparando para no

cuestionar y para descalificar de

entrada al que lo haga.

Al poderoso le tienen sin cuidado

los verdaderos terraplanistas, los

antivacunas y los anticiencia, que

son muy poquitos y no mueven la

aguja. Su exagerada exposición

mediática en los dos años previos

al surgimiento del coronavirus tuvo

por único objetivo crear e instalar

la falacia del hombre de paja, que

es la siguiente: criticar el secretismo

en el negocio de Pfizer (que es

BlackRock, es importante no perderlo

de vista) o los tejemanejes de

los ingleses en Oxford, por ejemplo,

pone hoy al crítico inmediatamente

en el lugar del “antivacunas”;

cuestionar el caso de China, país

donde se originó el coronavirus y

que no obstante directamente no lo

padeció, transforma al hereje en un

“anticiencia” y hasta en un “terraplanista”.

Y, por supuesto, decir hoy

“tengo dudas sobre todo esto” es

cosa de bolsonaristas, de gente que

cree que una vacuna transforma a

un hombre en un yacaré. Durante

dos años nos han estado adiestrando

para cerrar la boca y para

descalificar al que no acepte hacer

lo mismo.

El poderoso ha descubierto el

santo grial de la censura, o la forma

perfecta de acallar a los críticos sin

pagar el costo político que pagaron

aquellos que, en el pasado,

impusieron la censura mediante la

Los terraplanistas, al igual que los antivacunas, pequeños grupos militantes de ideas

excéntricas y muy específicas que cobraron una inusitada relevancia en los medios durante

los dos últimos años antes del surgimiento del coronavirus. Nadie lo supo entonces, pero la

humanidad estuvo siendo preparada para asociar el cuestionamiento al relato dominante

con la conspiranoia y el delirio. Hoy por hoy, en ciertos círculos de debate, uno es fácilmente

tildado de “antivacunas” por decir que Pfizer es de propiedad del fondo buitre BlackRock

—detentor de la mayor parte de la deuda argentina, por ejemplo— o de “terraplanista” por

cuestionar las idas y vueltas de la OMS en lo que se refiere al manejo de la pandemia. Las

élites globales han logrado materializar el diablo de Baudelaire convenciendo a casi todos

de su propia inexistencia. O por lo menos convenciendo de que cuestionar esa existencia es

cosa de brutos y conspiranoicos, gente moral e intelectualmente inferior.

fuerza. La censura de aquí en más

va a funcionar en piloto automático

al quedar previamente convencidos

todos de que disentir con el relato

hegemónico no es un buen negocio

para la reputación intelectual de

nadie. Cuando todos los medios

afirmen una verdad absoluta como

la que vienen afirmando en esta

coyuntura del coronavirus, el que

se atreva a dudar será perseguido y

descalificado, pero no por el Estado

o por ningún poder establecido:

será delatado, perseguido y descalificado

por sus propios pares, a los

que el poder ha delegado la función

de censura.

El poder fáctico tiene hoy todas

las de ganar y probablemente logre

reconfigurar el mundo sin mayores

problemas a su voluntad, no habrá

oposición a eso. En cada país, los

que tendrían que cuestionar los

tejemanejes del poderoso son los

primeros en censurar a los disidentes,

la policía del pensamiento

ahora está ubicada a la “izquierda”.

Pasa con el kirchnerismo en

Argentina, con el lulismo en Brasil y

con los “demócratas” —con Bernie

Sanders y Noam Chomsky a la cabeza—

en los Estados Unidos, pasa lo

mismo en todas partes. Las fuerzas

históricamente críticas y habituadas

a examinar el reverso de la trama

para anticipar las conspiraciones

reales del poder fáctico han capitulado,

ya no queda nadie para disentir.

Y aquí, los que marchamos junto

a los kirchneristas en las últimas

dos décadas nos llevamos la peor

parte. El tongo es una obviedad y

no puede decirse. Nadie quiere ser

puesto en lugar de la inferioridad

moral e intelectual, nadie desea

para sí los motes de “terraplanista”,

“anticiencia” y “antivacunas”. Y

entonces todos callamos.

Aunque, como diría Galileo, sí se

mueve.

36 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


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37 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


FILOSOFÍA POLÍTICA

Pensar contra un elefante

DANTE

PALMA

El ejercicio del pensar con libertad

tiene hoy en frente a un

enemigo tan grande como un

elefante. A propósito de ello,

entre 1922 y 1927, George

Orwell, quien dos décadas después

escribiría Animal Farm y 1984 sirve

a Gran Bretaña como parte de la

policía imperial en Birmania. De

aquellos años surgirá el libro Los

días de Birmania, pero también un

artículo publicado en New Writing,

en otoño de 1936, titulado, justamente,

Matar a un elefante.

Allí Orwell cuenta las tribulaciones

que tenía y la sensación de estar

prisionero de un punto de vista

crítico frente a la actitud imperial de

Gran Bretaña y, en paralelo, tener

un odio visceral hacia los nativos

que lo repudiaban como repudiaría

todo nativo a un policía de la potencia

que ocupa el territorio. La

tensión aparece con fuerza a partir

del episodio de un elefante que se

había escapado y “se había vuelto

loco” a tal punto que rompió casas

y asesinó a un hombre. Desesperados,

algunos locales lo llamaron

para que “el policía Orwell” acabara

con la bestia y al rato eran casi

2.000 nativos quienes se lo exigían

a pesar de que el elefante ya se

38 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


había tranquilizado y a pesar de que

Orwell no quería matarlo. La presión

por representar el papel de policía

imperial ante la actitud de la multitud

lleva a Orwell a las siguientes

reflexiones: “De pronto caí en la

cuenta de que tendría que matar

pese a todo al elefante (…) Y fue en

ese momento, allí de pie con el rifle

en las manos, cuando por primera

vez capté la vacuidad, la futilidad

del hombre blanco en Oriente. Allí

estaba yo, el hombre blanco, de pie,

al frente de un ejército de nativos

inermes, cual actor protagonista de

la escena, cuando en realidad no

era más que una absurda marioneta

manejada por la voluntad de aquellos

rostros aceitunados que tenía a

mis espaldas. Comprendí entonces

que, cuando el hombre blanco se

vuelve tirano, es su propia libertad

lo que destruye. Se convierte en una

especie de muñeco sin vida, hueco,

mera pose (…) Y es que es condición

de su mando dedicar su vida a

impresionar por todos los medios a

los ‘nativos’, de modo que en cada

crisis ha de hacer lo que los ‘nativos’

esperan de él. (…) Tenía que

matar al elefante (…) [Si no lo hacía]

el gentío se reiría de mí a la cara. Y

toda mi vida, como la de cualquier

hombre blanco en Oriente, no era

sino una dilatada pugna para que

no se rieran de mí”.

Pero déjenme hablarles de un

segundo elefante, el que alguna

vez hemos mencionado aquí. Me

refiero al elefante que es el símbolo

del partido republicano estadounidense

y que llevó al profesor de

lingüística George Lakoff a escribir,

en 2004, un breve pero muy interesante

libro llamado No pienses

en un elefante. El libro está dirigido

a los demócratas y allí se intenta

explicar cómo hacer para imponerse

en los debates públicos y triunfar

en las elecciones. La conclusión

general es que si quieres ganar una

discusión pública no debes luchar

en el terreno del adversario ni con

las palabras de él. De aquí que un

demócrata no debiera pensar en

un elefante porque ello implicaría

pensar tal como lo hacen los adversarios

republicanos. El ejemplo

que Lakoff pone es el de George W.

Bush presentando como un “alivio

fiscal” una baja de impuestos para

los ricos. Naturalmente es mucho

más digerible presentar esa medida

como un “alivio fiscal” antes que

como una “reducción de impuestos”

para ricos. Pero, además, la

palabra “alivio” vinculada a lo fiscal

presenta el pago de impuestos y

a la existencia del mismo Estado

Portada de edición en inglés de Penguin Books de la obra de George Orwell ‘Los días de

Birmania’.

39 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


El burro y el elefante, mascotas simbólicas de los partidos Demócrata y Republicano estadounidenses,

respectivamente. La historia de la adopción de estos símbolos consta de dos

divertidas anécdotas que remontan al siglo XIX e involucran a Andrew Jackson y posteriormente

a Abraham Lincoln. Sea como fuere, es un símbolo universal de la grieta entre posturas

de izquierda y derecha que arrastran todo a su paso y tienden a suprimir el pensamiento

crítico y hasta el sentido común.

como una carga que es deseable

reducir. En la actualidad, la lista de

eufemismos equivalente a “alivio

fiscal” utilizada por los gobiernos en

torno a la pandemia, comenzando

por “nueva normalidad”, etc., bien

merecerían un artículo entero, pero

usted ya las conoce.

Lakoff fundamenta su posición en

la idea de ciertos marcos cognitivos

que todos tenemos y que se activan

con determinadas palabras. Los

marcos son estructuras mentales

que conforman nuestra manera de

ver el mundo y en Estados Unidos

hay dos grandes tipos de marcos

vinculados a la concepción de

familia que tienen demócratas y

conservadores. Los conservadores

tienen un modelo familiar de “padre

estricto” que supone que el mundo

es un lugar peligroso en el que hay

que competir; que existen el bien

y el mal absolutos y que los niños

nacen “malos”, en el sentido de

que solo buscan hacer lo que les

place y en tanto tales, necesitan

ser “enderezados” para poder vivir

en sociedad. Lo que se busca es

un padre estricto que impulse la

autodisciplina porque solo el sujeto

autónomo tiene posibilidad de ser

exitoso en un mundo donde reina

la ley de la selva. Esto, claro está,

tiene consecuencias a la hora de

pensar políticas públicas: un Estado

que funciona como padre estricto

debe propiciar el mayor campo de

libertad para el sujeto autónomo;

pensar a sus habitantes como

ciudadanos y no como sujetos a ser

tutelados; debe intervenir lo menos

posible y debe acabar con el proteccionismo.

Por último, tiene que

comprometerse con evitar políticas

sociales que generen clientelismo y

dependencia.

En cuanto al modelo de familia

demócrata-progresista, Lakoff lo

llama “modelo de padre protector”.

Desde este punto de vista, a diferencia

del modelo anterior donde

era el padre el que imponía las

condiciones, aquí padre y madre

son corresponsables de la crianza

en igual medida; los niños nacen

buenos y, si se los cría fomentando

la empatía y la responsabilidad,

pueden ser mejores; el mundo incluso

puede ser más agradable de lo

que es y no hay un destino ineludible

de competencia individualista,

a tal punto que la única manera de

realizarse es en el marco de una

comunidad sana e igualitaria donde

todos tengan las mismas oportunidades.

Si este modelo lo trasladamos

al Estado, naturalmente nos

daremos cuenta que aquí pensamos

en un Estado mucho más grande,

preocupado por una redistribución

más equitativa, que tiene en cuenta

a los grupos desaventajados por

quienes vela a través de subsidios o

políticas de acción afirmativa, etc.

Los marcos son tan importantes

que son capaces de hacer rebotar

los hechos que los contradicen.

Así, acomodamos la realidad a la

necesidad de nuestras estructuras

y valores. Lakoff escribió este libro

antes de la omnipresencia de los

algoritmos que no hacen otra cosa

que reforzar creencias, de modo

que ustedes pueden imaginar cuál

es la situación en este momento. Se

trata, por cierto, de un fenómeno

que, naturalmente, excede a los

Estados Unidos.

Elegí estos dos textos porque

juntos explican los desafíos del

40 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


momento actual: nuestro accionar,

como le ocurrió a Orwell, depende

de la presión cada vez más ubicua

del “qué dirán” expuesto en las

redes sociales; y, por otra parte,

en la terminología de Lakoff, se

está creando una serie de marcos

que conectan un conjunto de

ideas cuya relación se nos obliga

a aceptar como dada de manera

acrítica. El fenómeno es transversal

y no es propiedad original ni

de derechas ni de izquierdas. Por

ejemplo, si alguien advierte sobre

las derivas autoritarias de algunos

gobiernos en su accionar en

el marco de la pandemia, o exige

libre circulación, acaba sintiéndose

compelido a militar contra las

vacunas, primero esgrimiendo su

derecho a impedir ser vacunado y

luego directamente fomentando

cualquier teoría conspirativa que

pudiera generar zozobra en la

población respecto de la eficacia

de las vacunas. Sin embargo, se

podrían advertir las derivas autoritarias

de algunos gobiernos y no

caer en posiciones tan obcecadas

porque no hay relación necesaria

entre una cosa y la otra. Puedo ser

el paladín de la libre circulación y

hasta demostrar que las cuarentenas

no han sido efectivas, pero

de ahí no se sigue oponerse a las

vacunas y mentir en torno a ellas;

podemos criticar el modelo chino,

pero de ahí no se sigue afirmar que

el coronavirus es parte de un plan

para gobernar el mundo a través

de la implantación de vacunas que

modificarán nuestro ADN mientras

las farmacéuticas hacen negocios.

Del mismo modo, defender la

igualdad formal y sustantiva de

las mujeres y repudiar distintas

formas de violencia que se ejercen

sobre ellas no necesariamente

supone eliminar la presunción de

inocencia, impulsar formas de

neoescrache y cancelación, o considerar

que la lucha de los grupos

LGBT coincide con la de las mujeres.

De hecho hay espacios feministas

que toman algunas de estas

banderas al tiempo que desechan

otras y a lo largo de la historia,

porque el feminismo existe desde

hace ya muchas décadas, mujeres

verdaderamente revolucionarias

enarbolaron las banderas de la

igualdad sin necesariamente

suscribir al conjunto de reivindicaciones

que hoy se exige; se puede

defender el aborto, pero considerar

que el denominado “lenguaje

inclusivo” quizás sea redundante;

o se pueden esgrimir razones para

justificar políticas de acción afirmativa

sobre determinados grupos

de mujeres o sobre las mujeres

en general sin que eso suponga

comprometerse con la idea de

que el origen de la desigualdad en

el mundo obedece a una disputa

entre varones y mujeres. Puede

que sea así, pero la conexión no es

necesaria y no es todo lo mismo.

Ni que hablar respecto del marco

más general que genera una presunta

continuidad entre ser joven,

antipunitivista, feminista, vegano,

ecologista, exigir la legalización de

las drogas y militar contra el racismo.

Se pueden hacer conexiones

entre todas estas reivindicaciones,

pero esa conexión no es necesaria.

Se puede militar contra el racismo,

pero repudiar la legalización de las

George Lakoff, investigador y lingüista estadounidense dedicado a la lingüística cognitiva.

Como profesor en la Universidad de California, Lakoff fundó la corriente de la semántica

generativa en lingüística durante los años 1960, la de la lingüística cognitiva en los 1970 y

fue uno de los investigadores de la teoría neural del lenguaje durante la década de 1980.

41 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


El “encadenamiento lógico” que se va formando según la actual lógica de la grieta: si uno es de izquierda, entonces necesariamente es

feminista, debe militar por el aborto, la separación de la Iglesia y el Estado, la legalización de las drogas y una infinidad de otras causas. Por

el contrario, si uno es de derecha debe llevar la contra y oponerse a todo eso. En la grieta las ideas de encadenan de manera arbitraria y el

resultado es la supresión del pensamiento crítico: el que se atreva a no adscribir al paquete ideológico completo será escrachado, expuesto y

públicamente humillado por uno y hasta por ambos bandos.

drogas y entender que se exagera

sobre el cambio climático, del mismo

modo que se puede ser feminista,

pero ser punitivista y comer

carne. Parece una tontería tener

que aclararlo, pero en la lógica de

las polarizaciones se nos intentan

vender paquetes completos. Algo

así como “combos de ideas” de

derecha y de izquierda porque

hay una necesidad de etiquetar

para que el marco identifique si

el pedazo de realidad al que nos

enfrentamos debe ser rechazado

o no. La presión social hace el

resto. Es como si todos estuviésemos

con el rifle en la mano y

2.000 nativos detrás exigiéndonos

disparar contra el elefante. En

caso de rechazar hacerlo, no solo

haríamos el ridículo y seríamos el

hazmerreír, sino que correríamos

el riesgo de la cancelación y la

marginalidad porque hoy el negocio

es jugar dentro de un marco.

Lakoff considera que los marcos

no son inalterables y Orwell, casi

20 años después, se sacaría de

encima prejuicios y escribiría dos

profundas críticas a los totalitarismos,

tras la enorme decepción

que causó el estalinismo en su

militancia socialista. De modo que

no habría que perder la esperanza,

pero el elefante que está adelante

y que nos invita a la autocensura

es muy potente. Romper con las

etiquetas, tratar de meternos en

los marcos para quitar la hojarasca

de las falsas conexiones que

nos compelen a un comportamiento

masificado, y evitar comprar

paquetes enteros, son los grandes

desafíos que tiene hoy el pensamiento

crítico que se digne de

valiente y libre. Se trata de una misión

casi imposible. Pero, ¿quién

dijo que pensar con libertad iba a

ser fácil?

42 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


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43 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


IDENTIDAD PERONISTA

Doctrina y falacias

ROSARIO

MEZA

Acaso desde los hoy día lejanos

tiempos de fines del primer

kirchnerismo pero de manera

más acentuada desde la

asunción del Frente de Todos,

unas cuantas falacias han estado

rondando el discurso de muchos de

los dirigentes y los militantes autopercibidos

peronistas y/o kirchneristas.

Primero, que la doctrina se

puede “actualizar” o “aggiornar”

(italianismo para “poner al día”);

segundo, que el peronismo se debe

enorgullecer de la epidemia de

ollas populares y planes sociales y,

tercero, que resolver la crisis depende

del valor nominal de la moneda,

es decir, que para arreglar la brutal

depresión económica que asola a

nuestro pueblo basta con imprimir

más y más billetes. Eso por mencionar

tan solo algunas.

Se trata, claramente, de flagrantes

falacias derivadas todas ellas

de un único problema: la escasa o

nula formación doctrinaria de las

bases militantes y de los cuadros

superiores, cuando no de la deliberada

adherencia de estos últimos a

ideologías que no se corresponden

con la doctrina justicialista. Uno

de los principales problemas que

hoy aquejan al peronismo como

movimiento nacional de emancipación

es la mínima correspondencia

que los militantes de base esperan

verificar entre los preceptos de la

doctrina y las políticas del gobierno.

La escisión entre el decir y el hacer y

la supremacía en la escala de valores

de la palabra por sobre la acción

demuestran el desvío de nuestra

44 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


doctrina y nos dan cuenta de que

estamos metidos en un berenjenal

del que quizás nos resulte imposible

salir, pero de intentarlo depende

la mínima oportunidad de recobrar

las riendas como “fe popular hecha

un partido en torno a una causa de

esperanza que faltaba en la patria”.

La decimotercera de las Veinte

Verdades del peronismo reza

taxativamente: “Un gobierno sin

doctrina es un cuerpo sin alma. Por

eso, el peronismo tiene una doctrina

política, económica y social: el

justicialismo”. Justicialismo es la

doctrina de la justicia social, entendida

esta como la eliminación de

las diferencias entre los hombres

que componen el organismo social.

Pero entender qué es la justicia social

y de dónde surge depende del

estudio de la doctrina y del análisis

de la realidad a través de las anteojeras

o la vara de medir que esta

nos propone. Cuando decimos que

las máximas básicas de la doctrina

de Perón son noticias de ayer y

las desconocemos para encajar el

nombre de peronismo a lo que se

nos antoje, estamos incurriendo en

la ignorancia en el mejor de los casos,

cuando no en la tergiversación

malintencionada.

Pongamos un ejemplo burdo:

cuando una ideología propone la

no regulación de los mercados y la

no intervención del Estado en los

procesos económicos, llamamos a

esa ideología “liberal”, pues propone

el librecambio de bienes y servicios

sin marcos regulatorios que

limiten el comercio. Sería improcedente

llamar “proteccionista” a una

ideología que propusiera el libre

comercio, pues estaríamos tergiversando

flagrantemente el sentido

primario de la expresión. Decimos

“proteccionista” de cualquier medida

estatal destinada a encarecer la

competencia de productos importados

con la producción local por

vía de aranceles a la importación.

De modo tal que ser liberal no es lo

mismo que ser proteccionista, sino

que es más bien todo lo contrario,

por lo que llamar “proteccionista”

a una política abiertamente liberal

solo puede ser un error fruto del

desconocimiento de las definiciones

económicas o ciertamente una

tergiversación malintencionada.

Durante los años del kirchnerismo,

a diferencia de durante el peronismo,

el adoctrinamiento de las

tropas, la educación en doctrina

de la militancia fue defectuosa y

estuvo exclusivamente encarnada

en la conductora. Era Cristina

Fernández de Kirchner quien emitía

jugosos discursos políticos en sus

comentadas cadenas nacionales y

sus “patios militantes”, aunque durante

la mayor parte del tiempo se

delegaba la educación de las nuevas

generaciones de adherentes y

militantes a través de programas de

televisión de dudoso conocimiento

de la doctrina justicialista, tales

como los célebres 6-7-8 o Televisión

Registrada. Así, más allá de la

repetición de la palabra de la “jefa”,

casi siempre la militancia se estaba

ocupando de la arenga propia, el

culto a la persona de la conductora

y el análisis de los medios opositores,

casi nunca de las definiciones

naturales de los basamentos de la

doctrina, la naturaleza de estos y los

procesos que conlleva la búsqueda

de las banderas de la justicia social,

la independencia económica, la

soberanía política o el nacionalismo

cultural.

Mirando en retrospectiva, aquella

juventud revolucionada que abrazó

Las ollas populares y el error de considerarlas como “justicia social” por parte de la militancia

“de izquierda”, cierto sector del kirchnerismo y por el gobierno de Alberto Fernández. No

hay mayor justicia social que en la dignidad del trabajador de poder alimentar a su familia

en su hogar y con el fruto de su trabajo, la propia definición de lo que está en la base de la

comunidad organizada.

45 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


Edición histórica del decálogo peronista de las ‘Veinte Verdades’, que debió ser el manual

introductorio de toda militancia nacional justicialista y, no obstante, descansa en algún

cajón, olvidado por muchos de los que reivindican al peronismo sin conocer sus contenidos.

la política luego de la experiencia

de la ignominia y la crisis de representatividad

que sus mayores habían

atravesado durante la década

neoliberal no fue educada en los

fundamentos de los procesos políticos,

sino apenas entrenada para

vivar, cantar consignas y practicar el

“aguante” a modo de hinchada de

fútbol. Las fervorosas consignas de

“Nos mean y los medios dicen que

llueve”, “Patria sí, colonia no”, “Si

la tocan a Cristina qué quilombo se

va a armar” y tantas otras que se

repetían como mantras en aquellos

años dorados parecen hoy olvidadas

o en todo caso, queda de manifiesto

en la actualidad que la militancia

nunca llegó a interiorizarlas,

no las comprendía sino que actuaba

motivada por un impulso emotivo

más que por el análisis racional de

los procesos que estaban teniendo

lugar en cada momento. Dicho en

otras palabras, la talibanización de

la militancia echó por tierra cualquier

intento racional por adoctrinar

a las masas kirchneristas.

Así, cuando el gobierno actual

demuestra posturas opuestas o

de mínima contradictorias con las

banderas de la soberanía política

o la independencia económica,

por ejemplo, la militancia no está

preparada para discernir y se limita

a permanecer en perpetuo estado

de “aguante” derivado de una

organicidad irracional, ciega. “Ella

lo eligió”, vociferan, aludiendo a

la actualmente vicepresidenta y al

presidente de la Nación, sin comprender

los procesos que subyacen

a esa elección ni el hecho de que

en todo caso ella tiene derecho a

ser falible y él se puede equivocar

o desviarse involuntariamente de

la doctrina. No disciernen porque

no están entenados para ello, sino

para vivar irreflexivamente. Cuando

el gobierno hace liberalismo aduce

proteccionismo, utilizando el ejemplo

de más arriba, y la tropa es incapaz

de notarlo, pues sencillamente

desconoce la diferencia.

Juan Perón dijo que “en la nueva

Argentina de Perón, el trabajo es un

derecho que crea la dignidad del

hombre y es un deber, porque es

justo que cada uno produzca por lo

menos lo que consume.” Es la quinta

verdad peronista y debería valer

como fundamento de cualquier gobierno

que se autopercibiese peronista.

Dicho más fácil, en un país en

el que todo está por hacerse, gobernar

es crear trabajo. No, no es entregar

planes sociales a mansalva,

no es celebrar que en cada esquina

se arme una olla popular. Un gobierno

peronista debe entender que la

dignidad del hombre es consecuencia

del trabajo, pero también lo es

la reproducción de la propia doctrina.

Una familia cuyo jefe o jefes de

hogar trabajen y puedan mantener

46 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


el hogar va a estar cohesionada,

unida por vínculos de amor. Cuando

los hijos almuerzan y cenan en la

mesa familiar junto a sus padres y

sus hermanos crecen en comunidad

organizada, estrechan las redes de

sociabilidad al interior del núcleo

de la sociedad. Cuando los padres

no pueden brindar el sustento a

sus descendientes las relaciones

interpersonales se resquebrajan, la

familia se disgrega y el círculo virtuoso

del buen adoctrinamiento en

principios y valores de comunidad

y justicia social se rompe. Cuando

un presidente de la Nación se jacta

de su peronismo pero inaugura una

olla popular en el aniversario del

fallecimiento de Eva Perón luces de

alarma se encienden en el corazón

del pueblo peronista.

Pero todavía hay más falacias por

desactivar. El principio elemental

de que cada hombre debe producir

como mínimo lo que consume tiene

un fundamento práctico, al igual

que cada una de las premisas de

la doctrina justicialista que es ante

todo profundamente pragmática.

Del hecho de que la producción se

detenga se derivan necesariamente

la escasez de bienes de consumo y

el consiguiente desabastecimiento

que repercuten a su vez en la escalada

inflacionaria que no parece

tener fin. Es un principio de lógica

básica y sin embargo el falso adoctrinamiento

basado exclusivamente

en el “aguante” y el culto a la personalidad

de la líder lo ignora, sencillamente

porque no se ha detenido

a pensar.

Guillermo Moreno se suele referir a

esta última falacia en los siguientes

términos: si la economía se limitase

a la impresión y distribución de

dinero, bastaría con que los economistas

estudiasen diseño gráfico

para resolver todos los problemas

de la economía. Pero así no se mueve

el mundo, el dinero no se come

y un pueblo que no produce por lo

menos lo que consume está condenado

al hambre o a ser víctima de la

especulación de parte de terceros.

Es inevitable y de toda evidencia,

pero no es posible observar esa realidad

sin un mínimo de comprensión

de los procesos lo que una vez más

está sujeto a la ausencia de toda

educación doctrinaria de un pueblo

politizado que no entiende de política

ni de economía, sencillamente

porque ha sido entrenado para no

comprender.

Cuando Raúl Scalabrini Ortiz nos

advertía acerca de la trampa de los

discursos tecnocráticos y nos decía

que si un economista no era inteligible

significaba que nos estaba

tratando de robar, nos estaba explicando

que no hay misterio detrás

de la política o lo que es lo mismo,

de la puja por la distribución de la

renta. Por eso Perón pudo sistematizar

años de reflexiones y de praxis

política en veinte puntos clave,

las Veinte Verdades de la doctrina

justicialista. Por eso son cuatro las

banderas que guían nuestro caminar.

No hace falta ser un académico

ni un intelectual de renombre para

comprender los procesos que atañen

a la independencia económica,

la soberanía política y la justicia

social imperante entre los pueblos

libres. Basta que las masas sean

educadas en la doctrina y en el discernimiento,

para que, entendiendo

racionalmente cómo opera la política,

puedan juzgar con sabiduría,

ejercer su rol soberano, desechar

las discusiones infructuosas y no

correr el riesgo de encontrarse a sí

mismas aplaudiendo en su propio

funeral.

El presidente Alberto Fernández, en visita de campaña a CGT junto al movimiento obrero

organizado. De las muchas promesas doctrinarias que hizo Fernández ese día frente a los

trabajadores, ninguna se ha cumplido hasta el momento. Así y todo, son pocos los peronistas

que se animan hoy a poner en cuestión el real carácter ideológico de un gobierno que ya

cumplió una cuarta parte de su mandato y sigue sin definir el rumbo (o bien ya lo ha definido

y no es el que se había prometido).

47 HEGEMONIA - diciembre DE 2020


LA EXPRESIÓN DE LO NACIONAL-POPULAR

POR PUNCH

48 HEGEMONIA - diciembre DE 2020

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