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Revista Hegemonía. Año IV Nº. 37

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 37 AÑO IV | MARZO DE 2021

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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

de sus lectores mediante suscripciones regulares y

de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición

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Mail: hegemonia@labatallacultural.org

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en esta revista y eventualmente firmadas son

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representan necesariamente el pensamiento ni la

línea editorial de La Batalla Cultural.


HEGEMONIA

30

CONTENIDO EXCLUSIVO

Con un

puñal bajo

el poncho

40

IDENTIDAD PERONISTA

La alternativa multipolar

para Hispanoamérica:

la geopolítica,

la ideología, la cultura

18

ANÁLISIS

El 40% del territorio

argentino está ocupado

por una potencia

extranjera

24

FILOSOFÍA POLÍTICA

Un mundo sin

bromas


EDITORIAL

Mientras dormimos

Luego de la enorme repercusión

en la 36ª. edición de nuestra

Revista Hegemonía con la

narrativa del pacto hegemónico

como solución para el empate

que ya dura una década, el análisis

de las consecuencias de dicho

pacto nos tenía necesariamente

que llevar a la proyección de lo que

puede ser. Con el inminente colapso

de la grieta sobre una economía en

terapia intensiva y un pueblo cada

vez menos dispuesto a tolerar la interminable

rosca de los dirigentes,

es necesario levantar la vista para

observar bien cuáles podrían ser las

probables derivaciones de lo que a

esta altura parecería tener todo el

aspecto de un fin de ciclo.

La Argentina ha estado estancada

durante los últimos diez años.

Cuando Cristina Fernández ganó

con el 54% de los votos y casi 40

puntos de ventaja sobre su inmediato

perseguidor las elecciones

del año 2011, el poder supo que el

kirchnerismo se había convertido

en una superpotencia electoral,

una parcialidad dura de la política

argentina por encima de la voluntad

de la oligarquía expresada en los

medios de difusión dominantes. El

poder fáctico comprendió allí que

4 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


que Cristina Fernández tenía ya los

votos suficientes para no estar a tiro

de piedra de las operaciones mediáticas.

Con un núcleo duro sólido

y prácticamente inmune al relato

paralelo de los medios, el kirchnerismo

abrió la grieta en la sociedad

argentina y en un sentido de perfecta

división: de un lado, el poder real

con su público de siempre; de otro,

el kirchnerismo con una narrativa

propia.

Se dio entonces el empate, el que

la propia Cristina Fernández intentó

romper luego con la llamada ley de

medios, tan solo para encontrarse

con que el núcleo opuesto era igual

de duro y además concentraba

poderes fácticos contra los que la

fuerza de los votos es relativa. Al

fracasar la ley de medios a manos

del Poder Judicial, quedó claro al

fin que ninguno de los dos bandos

sería capaz de hundir al otro sin

mediar una verdadera guerra civil. Y

ahí se dio el empate, una situación

en la que ya nadie pudo gobernar

aplicando la totalidad de un proyecto

político puesto que, del otro

lado, siempre hubo de allí en más

oposición total. No existieron más

los consensos mínimos, los dos

proyectos antagónicos se hicieron

del todo incompatibles y, en consecuencia,

ninguno de los dos pudo ya

ser plenamente.

Es así como el resultado de las

elecciones pasa a ser anecdótico

en todo lo que respecta a la implementación

de un programa político.

Cristina Fernández no pudo

desplegar el suyo durante su segundo

mandato y lo mismo le pasó

a Mauricio Macri, quien se limitó

a llevar a cabo un vulgar saqueo

con fuga, pero sin capacidad para

alterar las estructuras del país.

Nadie puede hacer lo que realmente

quiere hacer, o lo que está previsto

en los programas de sus respectivas

parcialidades ideológicas: del otro

lado siempre hay una oposición con

la que no se puede consensuar y

que está siempre dispuesta a trabar

todo, incluso lo que podría ser objeto

de acuerdo por ser beneficioso

para la generalidad.

Eso veíamos en la anterior edición

de esta revista y veíamos que el poder

real dio con la forma de resolver

ese empate, la vía de la extorsión

judicial o lo que se dio en llamar el

“lawfare”. La neutralización judicial

de la conducción de un movimiento

para forzar un pacto y luego una

síntesis, un gobierno resultante del

desempate forzado para la aplicación

de un proyecto político en su

totalidad. Esa síntesis parecería

tener ya un nombre y un apellido,

el atento observador puede ver hoy

con un poco de lógica dónde debería

caer la pelota y eso se trata de

explicar en esta nueva edición de

la Revista Hegemonía. Todo indica

que la síntesis del desempate y del

pacto hegemónico se llama Sergio

Massa.

No es tan complicado de ver, aunque

sí se requiere una argumentación

de los detalles del plan, puesto

que en ellos también hay un engaño

y hay una estafa. El cierre forzado

de la grieta para que el poder real

pueda aplicar la totalidad de su

proyecto político en la Argentina es

una enorme puesta en escena cuyo

objetivo es hacer caer la voluntad

de millones, es dejar sin representación

política a esos millones para

que bajen los brazos y se dejen vencer,

aceptando la opción única que

se quiere como destino ineludible.

De eso se trata en esta 37ª. edición

de Hegemonía, en la que otra

vez ponemos el dedo sobre la llaga

y decimos lo que el atento lector no

verá ni escuchará en ningún otro

medio. Existimos para eso, precisamente,

para decir lo que hay que

decir más allá de los intereses de

quienes no quieren más que el ruido

mediático para silenciar la verdad

de lo que es. Para eso estamos y

por eso somos distintos, siempre

con la esperanza de que al atento

lector le sirva aunque mucho más

no sea para estar prevenido frente a

lo que quieren hacer los dueños de

la verdad mientras dormimos en el

“debate” de la agenda de la distracción.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


OPINIÓN

Un muerto que mata

ERICO

VALADARES

El fallecimiento del expresidente

Carlos Menem en la mañana

del pasado 14 de febrero dejó

al descubierto la existencia

de una situación límite y hasta

inusitada en la opinión pública

politizada de la Argentina. Gracias

a las redes sociales, que les quitaron

a los medios convencionales

el monopolio de la expresión de

opiniones sobre la realidad y de

cierta forma la democratizaron, en

24 horas se vio una enorme cantidad

de subgrietas ideológicas en

espacios donde a priori debió existir

una uniformidad de criterio. Y eso

podría ser un fuerte indicio de que

algo no está funcionando debidamente

en el nivel de los liderazgos

de la política.

El disparador del gran destape de

esas subgrietas ideológicas fueron

los distintos panegíricos dedicados

a Menem que los dirigentes de la

actualidad publicaron en sus redes

sociales. No hubo en el arco político

quienes se hayan abstenido de

comentar la noticia del deceso y allí

fueron a manifestarse los seguidores

de cada uno de esos dirigentes

de una forma pocas veces vista,

fue en la manifestación reactiva de

los de a pie en esas publicaciones

donde se vio claramente que son

innumerables las subdivisiones,

tendiendo estas al infinito a medida

6 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


que se complejiza la agenda política

con la oferta diaria de nuevos

temas de discusión.

Entonces la llamada transversalidad

fue y es total, no hubo ni

hay ningún consenso entre los que

supuestamente piensan parecido

acerca de si Menem fue un buen

presidente o si fue un mal presidente.

Véase bien: no es que uno de los

dos grandes campos de la política

hegemónica del momento se haya

volcado hacia una de las opciones,

dejando la totalidad del otro campo

en la vereda opuesta. Lo que aquí

pasó fue que hacia el interior de los

campos las opiniones se dividieron

y luego —he aquí el dato mayor— lo

mismo ocurrió hacia el interior de

las incontables tribus políticas que

se amalgaman con sus diferencias

en uno o en otro de esos frentes

en torno a los proyectos políticos

hegemónicos.

¿Podría decirse entonces que, en

términos de opinión, la valoración

de Carlos Menem se asemeja al

proyecto de ley de legalización del

aborto que fue aprobado en las

últimas horas del 2020? Podría

decirse que se trata de una situación

similar, aunque eso sería hacer

de la cuestión un análisis limitado,

incompleto, ya que en la valoración

positiva o negativa del menemismo

el corte transversal es mucho más

profundo. Si bien la controversia alrededor

de la legalización del aborto

partió al medio a los dos grandes

campos en ambos lados de la

grieta, habiendo opiniones contrarias

y favorables al aborto tanto en

el llamado kirchnerismo como en el

antikirchnerismo, lo que pasa cuando

el asunto es valorar la política de

los años 1990 del neoliberalismo y

del Consenso de Washington es que

no son los dos grandes campos los

que se parten, sino los grupos por

opinión particular que conforman

esos dos campos.

Hubo loas a Carlos Menem desde

el albertismo, desde el kirchnerismo,

desde el macrismo de Macri y

desde los variados macrismos sin

Macri, también desde otras corrientes

que no se identifican con

ninguna de las anteriores, pero se

ubican más o menos cerca de uno

de los dos grandes polos. Y también

hubo, por supuesto, expresiones

de repudio a Menem desde todos

esos cuarteles. En una palabra, no

es que los dos grandes polos fueron

cortados transversalmente por la

controversia, como había ocurrido

hace poco con la legalización del

aborto: el corte transversal partió al

medio los subgrupos, mostró profundos

desacuerdos ideológicos en

el seno de parcialidades menores

que parecían ser más bien homogéneas.

Ahí está el fenómeno de un muerto

que mata y además fragmenta aún

mucho tiempo después de haber

sido presidente y luego de haber estado

en la política durante casi dos

décadas apenas como un exdirigente

político en actividad. Tómese el

ejemplo de uno de esos subgrupos,

el de los kirchneristas que apoyan

al gobierno de Alberto Fernández.

Entre estos hubo quienes reivindicaran

a Menem y hubo, por otra

parte, quienes lo defenestraran. Y

lo mismo pasó entre los kirchneristas

que ya son críticos al gobierno

de Fernández, entre los albertistas

peronistas, entre los albertistas

progresistas o socialdemócratas,

entre los macristas de Macri, entre

los macristas de otras cepas virales

y hasta entre los morenistas, que

no apoyan al gobierno y también

cayeron en la volteada.

Todos cayeron en la volteada

menemista y un ejemplo de ello

quizá por antonomasia haya sido

el de Malena Galmarini, que es de

Massa. La actual titular de Agua y

Saneamientos Argentinos (AySA) es

feminista, abortera y decididamen-

Grandes controversias. El presidente Alberto Fernández fue mucho más allá de lo protocolar

y eligió palabras elogiosas para hacer su panegírico a Carlos Menem, acompañando dichas

palabras por esta imagen de un cordial saludo entre ambos. Más inteligente fue Cristina

Fernández, quien se limitó estrictamente al discurso breve y justo, adecuado para una vicepresidenta

que además preside el cuerpo legislativo del que Menem formaba parte.

7 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


te progresista de la rama liberal,

es decir, de la socialdemocracia de

siempre. Cayó del lado “izquierdo”

de la grieta por la controversia del

aborto en el Frente de Todos, que

fue de donde luego vinieron las

críticas más duras a Carlos Menem.

Pero Galmarini se despachó rápidamente

con un hilo de Twitter en

el que trataba por el sobrenombre

a Menem, calificándolo como un

“hombre de diálogo”, un “presidente

del pueblo” que “peleó por la

democracia” y además hizo avanzar

la causa feminista. La titular de

Aysa remata su panegírico afirmando

que la historia lo reconocerá y

reivindicará a Carlos Menem en el

futuro. Y allí se armó la subdivisión

en la tribu política a la que Malena

Galmarini fue a recalar en los últimos

años: las respuestas de sus seguidores

fueron furibundas, aunque

también hubo quienes aplaudieran.

Piedrazos y aplausos. ¿Y por qué?

Claro que Malena es Massa y también

es Galmarini, viene de una

cuna profundamente menemista

y luego se casó en alianza matrimonial

con el que pretende llevar

a cabo el proyecto de Menem en

continuidad y actualización. Es

decir, Malena Galmarini es menemista

por los cuatro costados y a

la vez es progresista y feminista,

es de pañuelos verdes calzar, es de

izquierda liberal socialdemócrata

y es eso mismo, el símbolo de una

monumental fragmentación ideológica

cuya primera víctima es la

coherencia en el discurso de los

dirigentes. Carmela Moreau, una alfonsinista

igualmente de izquierda

liberal socialdemócrata que andaba

a los besos y abrazos con Galmarini

hasta hace quince minutos, salió

a liquidar a su aliada y allí se armó

una grieta más dentro de la grieta,

una grieta donde todos creíamos

que había homogeneidad.

La lectura de los infinitos “ismos”

El corte transversal por el aborto y sus consecuencias: kirchneristas y macristas abrazados en una alianza políticamente contra natura. Los

dos proyectos políticos de existencia excluyente —no hay espacio para ambos en el mundo— marchando del brazo para generalizar la confusión

y hacer caer la fe de las mayorías.

8 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


descritos en los anteriores párrafos

(que no son ni la ínfima minoría de

todos los existentes hoy en la política

argentina, hay todavía muchísimos

más) es el propio diagnóstico

del problema fundamental: estamos

avanzando a paso acelerado

hacia un todos contra todos ideológico

que es la anomia, o por lo

menos se le parece mucho. No hay

acuerdos, no hay consensos. Nadie

se deja conducir integralmente por

nadie y todos estamos frente al

desafío de salir a opinar libremente

sobre lo que sea, batiéndonos en

duelo contra el de al lado que discrepa

en cuestiones muy puntuales.

¿Quién pone orden?

Es evidente que las redes sociales

tienen mucho que ver con eso, con

la visibilización del problema. No es

que antes de las redes haya habido

acuerdo total entre más de dos individuos

en todas las cuestiones de la

sociedad y la política, siempre existió

esta fragmentación ideológica

en un mundo naturalmente diverso.

La novedad es que ahora la vemos

y, al verla, asumimos como natural

el ir a pelearnos a muerte con el que

hasta ayer nomás considerábamos

que estaba a nuestro lado.

Se presiente la problemática y se

ve que está escalando claramente.

Luego de observar el fenómeno

de la fragmentación alrededor del

cadáver de Menem, hicimos en las

redes sociales la encuesta sociológica

sugiriendo el tema de la vuelta

a las aulas sin indicar ninguna

opinión particular al respecto. Y la

teoría se corroboró: entre gente que

está de acuerdo en prácticamente

todo hubo una inusitada virulencia

en la defensa de una u otra postura,

a saberlas, si deben o no abrirse las

escuelas del país para el reinicio de

las clases en las próximas semanas.

Malena Galmarini de Massa y sus contradicciones: por un lado, menemista y proyanqui por

matrimonio y por herencia familiar. Por otro, de izquierda liberal y socialdemócrata. Esta

mezcolanza ideológica no puede durar para siempre y en las pequeñas controversias de la

agenda diaria se va efectivamente deconstruyendo.

Dicha encuesta apenas empezaba

al momento de escribir estas líneas

y solo habían opinado en ella unos

cientos de individuos, pero la tendencia

ya estaba clara. Hubo división

entre los que exigen la vuelta

de las clases presenciales y los que

no quieren que eso ocurra tanto

entre los que apoyan al gobierno

de Alberto Fernández como entre

los que no lo hacen. Ya no hay nada

automático en la política y uno no

es oficialista u opositor por apoyar

o por oponerse a las políticas del

gobierno de turno. Ahora cada cual

dice lo que piensa más allá de una

disciplina partidaria que ya es una

pieza de museo, la política es un

pandemonio.

El terreno de la política argentina

se asemeja hoy a una suerte de

campo minado en el que nadie

conoce la ubicación de las minas

y todos estamos además vendados

de ojos, es una situación muy

peligrosa la de esta sociedad de la

opinión sin la orientación política

del liderazgo carismático como

amalgama. Los dirigentes tienen

muchas dificultades para hacer

consensos hacia el interior de sus

propias fuerzas y los cuadros medios,

que son los dirigentes en las

segundas y terceras líneas, están

directamente aterrados. Es imposible

salir a expresar una opinión

sobre lo que fuere sin recibir por

parte de los propios —ya no de los

extraños, que eso sería lo normal,

lo no problemático— una hermosa

cantidad de piedrazos. Entonces los

cuadros medios quedan atrapados

en controversias mínimas por las

que terminan perdiendo el escaso

capital político que venían construyendo

y temen, por lo tanto, dar una

9 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


El ministro de Educación de la Nación Nicolás Trotta, en el ojo del huracán por la controversia

acerca del retorno de las clases presenciales en el país. Las encuestas indican que la

mayoría en la base de sustentación del gobierno de Alberto Fernández no desea que vuelvan

alumnos y docentes a las escuelas mientras no exista una vacunación masiva, pero Trotta

avanza con el proceso y hace más alianzas contra natura con funcionarios de Rodríguez

Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. La imagen del ministro Trotta va en picada y es solo

cuestión de tiempo para que aparezcan sus nexos con la Open Society de George Soros

como golpe de gracia.

definición sobre cualquier asunto.

Ese es el caso de Malena Galmarini,

que es de Massa, pero también

es el de todos los ministros del actual

gobierno de Alberto Fernández,

los que han transitado en silencio

los quince meses de sus gestiones

para no hacer peligrosas olas y ahogarse

en la marea propia. Nadie habla,

las cuestiones van brotando en

la agenda y hasta el presidente se

refugia en una ambigüedad que por

momentos también exaspera. Al no

haber los consensos ideológicos mínimos

en la opinión pública, los dirigentes

se estancan en el lugar de la

representación cabal de la opinión

particular de los dirigidos, que a su

vez es tremendamente variada y es

la nada misma en términos políticos

justamente por eso. En una palabra,

nadie quiere decir nada para no

espantar al ganado propio, pero el

no decir nada es lo que finalmente

lo termina espantando.

Esa tremenda variedad de opiniones

que impide la formación

de unos consensos básicos sobre

temas aún más elementales como

la vuelta a las aulas en la modalidad

presencial o la prosaica

valoración del gobierno de Carlos

Menem surge precisamente de la

escasez de orientación por parte

de los grandes dirigentes. Cuando

el sector politizado de la población

no está orientado por sus referentes,

se encuentra con la obligación

de salir a opinar por cuenta propia

en la era de las redes sociales. Y

lo hace, efectivamente, aunque

no apoyándose en la coherencia

de una doctrina o al menos en el

análisis de orientaciones anteriores

impartidas por la dirigencia cuando

esta todavía hablaba. Lo que hace

cada uno es tomar posiciones aleatorias

sobre cada tema en particular

y volcarlas en las redes sociales, tan

solo para ser embestido a continuación

por el de al lado que hizo el

mismo proceso aleatorio. Y eso es

la guerra civil ya no entre vecinos,

sino entre parientes.

Al ver que la controversia por el

aborto entre pañuelos verdes y celestes

escalaba peligrosamente durante

el año 2018 y ya previendo los

efectos nefastos de dicha escalada

en la organización política necesaria

para afrontar las elecciones del

año siguiente, Cristina Fernández

hizo uso de un foro intelectual —el

foro mundial de pensamiento crítico

del Consejo Latinoamericano de

Ciencias Sociales (CLACSO)— para

ordenar un cese al fuego diciendo

que en la familia kirchnerista había

de los unos y también de los otros y

que no debían pelearse entre verdes

y celestes. Eso dio un resultado

satisfactorio y la controversia por la

legalización del aborto no generó

entonces una ruptura en el campo,

aunque quedó allí latente para dirimirse

en un futuro a corto plazo.

Pasaron las elecciones y Cristina

Fernández se refugió en el estratégico

silencio del que lucha entre

bambalinas contra una extorsión

judicial, en el silencio prudencial. Y

10 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


la controversia por el aborto volvió

a la agenda de la opinión pública,

esta vez ya sin la orientación de

la conductora del campo, dando

como resultado lo esperable: la

virulencia entre verdes y celestes

en el seno del Frente de Todos fue

extrema, inaugurando la etapa del

todos contra todos cuyo desarrollo

está a la vista. Ahora el que alguna

vez pudo definirse como un campo

nacional-popular alrededor de un

proyecto político es un campo de

batalla por opinión particular en el

que entre soldados de una misma

tropa se tiran mutuamente a matar.

Es fundamental entender que esto

siempre fue así, nunca hubo entre

dos individuos una coincidencia

absoluta sobre todos los temas

de la política y de la organización

social simplemente porque la diversidad

existe en la conciencia. Es

natural, ese no es el problema. La

cuestión es que hoy nos definimos

apasionadamente por esos temas

secundarios y buscamos quienes

acuerdan con nosotros en cada uno

de ellos, tan solo para descubrir con

amargura que el aliado en un asunto

puntual es el enemigo en otro

asunto igual de puntual. ¿Qué puede

interesar la opinión vertida frente

a la muerte de un dirigente del

pasado o sobre este o aquel proyecto

de ley frente a la necesidad

mayor de acordar en los contenidos

del proyecto político del presente?

Evidentemente hay contradicciones

primarias y las hay secundarias, el

modelo de país que va a imponerse

en la política para determinar la

calidad de vida de una sociedad y

hasta el grado de soberanía de una

nación es la controversia principal

y todo lo demás puede negociarse,

toda opinión diferente se puede

tolerar. No hay razón para que se

sigan abriendo grietas donde debe

existir un mínimo consenso acerca

de lo esencial.

El mal llamado “gobierno de los científicos”, uno de los errores capitales de Alberto Fernández. Al basarse únicamente en la opinión de

expertos en salud para definir su estrategia de combate al coronavirus, Fernández construyó una narrativa tremendista en la que cualquier

concentración humana sería sinónimo de muerte de no estar vacunada toda la población. Ahora las presiones son inauditas y Fernández

debe autorizar el reinicio de clases presenciales en las escuelas sin mediar ninguna vacunación masiva, cambiando la narrativa a un “hay que

aprender a convivir con el virus” que es el relato típico de los Trump y los Bolsonaro. Pero el cambio brusco no funciona, porque la narrativa

inicial se instaló profundamente en la conciencia de los propios y allí empieza la guerra civil de opiniones.

11 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


Cristina Fernández, aprovechando el foro de CLACSO para parar la mano de la rosca entre pañuelos verdes y celestes, que amenazaba con

fracturar el campo propio de cara a las elecciones del año siguiente. Cuando esta orientación escaseó y luego faltó, la guerra civil entre parientes

ideológicos fue la consecuencia natural.

Pero no es lo que ocurre en la práctica.

Hemos llegado a una etapa de

nuestro desarrollo histórico en el

que no estamos dispuestos a tolerar

que el de al lado tenga una opinión

distinta sobre un asunto particular,

el que fuere. Nos hicimos la delirante

noción de que en una construcción

política todos tienen que

pensar igual sobre todas las materias

del mercado y de que, si eso no

ocurre, es natural agredir y “cancelar”

al que hasta el relativamente

insignificante diferendo había sido

un par. Hemos optado —por razones

que nos exceden, por supuesto,

que son más bien resultantes de

una manipulación— por definirnos

individualmente por aquellos temas

menores ante la escasez de orientación

sobre el tema mayor, que es el

proyecto político.

Nos hemos vuelto profundamente

individualistas, he ahí todo. Ahora

la que vale es la opinión de uno, todos

estamos llamados a gritar bien

fuerte nuestra manera de pensar

sobre todas las cosas para imponerla

sobre los demás. Y en ese sentido

Carlos Menem terminó triunfando al

triunfar el individualismo neoliberal

que él había venido a instalar en la

cultura a instancias del Consenso

de Washington. No es casual que

la fragmentación del todos contra

todos haya quedado al descubierto

al morir Menem, tenía que ser él. Si

fuera cierto el que algunos eligen la

hora de su propia muerte, aquí tendríamos

un caso clásico de alguien

que eligió morir de una forma y en

un momento tales que el triunfo de

su legado quede expuesto de manera

inequívoca. Menem es un muerto

que mata a todos los que se atreven

a hablar de él, pero también es uno

que decreta su triunfo en el último

acto de su vida. El individualismo en

la cultura del pueblo argentino está

al fin a la vista, somos en esencia el

mismo desorden atomizado resultante

de la dictadura cívico-militar

y su rotura del tejido social que

Menem vino a profundizar y a consolidar.

Menem lo hizo, otra vez.

12 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


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13 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


OPINIÓN

La lenta caída

del progresismo

Como si fuera una avivada

lo cuenta. En plan “le di el

registro con un billete de 500

adentro y el cana agarró viaje

enseguida”.

Pero en vez de eso dice “lo llamé

a mi amigo Ginés González García,

del que soy amigo mucho antes de

que...” y luego cuenta el detalle, el

piso donde se la dieron, la inconveniencia

para un anciano de ir hasta

el Posadas, donde hasta deja caer

un “está al lado de la villa Carlos

Gardel” que se estaciona a dos

pasos del motejo clasista.

Sesenta y cinco años de periodismo,

de escritura, de conocer al

dedillo el peso de cada palabra y

cada silencio. Y de pronto, como un

babieca, anuncia que se ha valido

de la confianza de un “amigo” y de

paso revela toda una trama de corrupción,

pero no queda afuera, sino

que se expone como el corruptor.

Ayer, un ratito antes de esto, alguien

me cuenta cuando estuvo en

lo de García, “ese que dirigió Ámbito,

¿te acordás?”. Ese que le regala

a cada invitado una botella de vino,

el de las alas de avión. Y el tipo le

dice “no, no acepto regalos”. Pero

así, no por despreciarlo a él, sino

como una regla de oro que tiene.

Así que el tipo que no acepta una

botella de vino en cámara, mueve

influencias ministeriales para vacunarse.

Como siempre ha sido hombre

dado a las operaciones, alguna vez

14 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


se la agarró con el economista y

especialista tanguero Julio Nudler y,

por una interna del diario, lo demolió

a puro destrato, aunque el otro

ya estaba raído por el cáncer.

Privilegiado con los tres capitales,

pero sobre todo con el intelectual y

social, como que es hijo de Bernardo

y sobrino de otro que le dio a la

pluma seguido en cine y teatro, el

tipo hizo una carrera respetable ya

en democracia, después de despuntar

la militancia revolucionaria

en Montoneros, de donde salió

convertido en un “líberal”, como

más de una vez se definió, así, con

el acento en la “i”, que es el modo

en que los yanquis se dicen cuando

son socialdemócratas. Es decir, del

partido demócrata, un poco corrido

a la izquierda, algo de Bernie Sanders

y hasta ahí de Ralph Nader.

Sobre su cabeza circuló y circulará

la especie de su lazo con un comodoro,

un libro escrito para la Fuerza

Aérea, la suerte de salvar su vida

sin haber salido del país cuando la

mayoría de sus compañeros fueron

muertos. De ahí que el mote de

servicio lo acompaña de lejos. Y

ahora, justicieramente reforzado, lo

portará hasta la tumba.

De sus últimos odios personales

se lleva las palmas su obcecada

cruzada contra el papa Francisco,

especie refutada en gran parte por

el sólido trabajo de Aldo Duzdevich,

quien de paso también reescribió

la saga de Ezeiza, volviendo sobre

el cómputo de muertos y heridos

y bajándole el tono a la palabra

“masacre”, como para que de una

vez podamos empezar a revisar esa

historia.

Pero lo cierto es que el tipo era

hasta hace dos días una institución.

Y de pronto, paf, toda honra y fama

se han disuelto en el aire.

Porque ya ni puede achacarle a

Francisco haber traicionado a un

par de curas amigos, cuando él ha

llamado “amigo” al tipo al que lisa

y llanamente le tendió una celada

para arruinarle el cargo y la vida.

De algún modo, el gesto nos

devuelve a los setenta, pero de un

modo grotesco, como quien dice

una vez tragedia y la segunda farsa,

porque asume un martirologio en

la forma en que el tipo se incinera,

pero ahora torpe, ilógico y berreta.

Los setenta invertidos. Esta vez no

hay una lucha por la revolución donde

se da la vida, sino una lucha por

la vida donde para recibir una vacuna

se da un codazo a todo aquel

viejo que no tenga influencias.

Vuelven los setenta en esa historia

nunca debidamente debatida sobre

la cultura de la muerte porque, sin

los visos de tragedia de entonces,

sin que corra sangre, sino con estilo

farsesco, el hombre se ha convertido

en un muerto civil. Y de paso, tal

como ocurrió con muchos errores

de las organizaciones guerrilleras,

se ha llevado puestos a otros compañeros,

otros militantes de base

con sus ilusiones un poco ingenuas

sobre este proceso, las posibilidades

de un plan que, timorato y todo

como el de la vacunación albertista,

le estaba rindiendo algún fruto a

esta gestión.

Tal vez exagere, quizás no lo esté

explicando bien. Pero el gesto, despojado,

insisto, de toda heroicidad,

tiene algo de pastilla de cianuro

tragada antes de tiempo.

Desde que volvió la democracia el

progresismo construyó una cultura

que sostuvo pero sobre todo parasitó

gobiernos, dándoles un barniz

Héroes del progresismo que van mordiendo el polvo a medida que la fe progresista encuentra

sus límites. Antes de Verbitsky, el dibujante Rep (al centro) había caído en desgracia al

vulgarizar a Eva Perón en dibujos que fueron clasificados por el peronismo como herejes de

los símbolos máximos del movimiento. Ahora Rep repta en los pocos medios de difusión progresistas

que siguen de pie y no puede realizar ninguna de las actividades públicas que solía

hacer sin que una buena cantidad de peronistas se presente en el lugar a impedírselo.

15 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


Sin el freno de la afinidad ideológica, los de “en frente” nunca tuvieron reparos en repasar

sin eufemismos el prontuario de Horacio Verbitsky. Gabriel Levinas, por ejemplo, publicó en

el 2015 esta biografía obviamente no autorizada, en la que describe sin tapujos la condición

de doble agente del “cuadrúpedo” y su modus operandi de entregar a sus compañeros para

que fueran asesinados por la dictadura cívico-militar (1976/1983).

respetable y, valga la perogrullada,

progresista.

Estuvieron con Alfonsín cuando

les llamaron “la patota cultural”, se

diferenciaron de la guarangada menemista

con medios que fueron de

la tardía Humor y Página/12 hasta

El Periodista y La Maga.

Hubo progresismo como novedad

y vanguardia en el teatro y sus

ardides posmodernos y lo hubo en

el nuevo cine argentino por entonces,

porque fue una expresión

artística y un signo de época que se

plantó con arrestos de distinción,

pero —como siempre pasa con el

progresismo— sin hacerle mella

al poder, sino más bien ocupando

lugares en el establishment cultural.

Fueron columna vertebral de la

Alianza, donde se vio que lo único

que querían era desempiojar un

poco las formas menemistas, algo

que Chacho Álvarez mostró con

ahínco cuando convocó entusiasta

al Mingo para resolver las cosas y se

confirmó con los saltos al vacío de

un Darío Lopérfido.

Se sumaron de a poco al kirchnerismo

y al final le dieron todo

un barniz, como que terminaron

maridándose con un sindicato,

los porteros de Santamaría, en un

teatro y un centro cultural progres y

en infinidad de medios del mismo

estilo.

Con el femirulismo estuvieron de

parabienes, porque apareció una

“lucha” con reivindicaciones, signos,

performances y juventud bailable,

pero sin necesidad de exceder

ningún margen del sistema. Se

opusieron al macrismo desde todo

ese cotillón y se subieron al caballo

de Alberto con pitos y matracas.

Siempre, a lo largo de estos cuarenta

años, estuvieron presentes

con las organizaciones de derechos

humanos, puntales a veces, necesarias

otras, kioscos desde hace

rato, funcionales a las oenegés del

capital financiero trasnacional cada

vez más.

Que los hay de toda laya es cierto,

pero que en general se han quedado

preservando una memoria que

no abarca la totalidad de nuestras

desgracias, que miran para atrás

(cuando nos encaminamos al medio

siglo de la tragedia), incapaces de

abrazar ahora, hoy, con urgencia,

una verdadera lucha por la emancipación

nacional.

16 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


Ayer nomás me decía un amigo,

citando a un analista internacional

de fama, francés él: “No hay mucho

que explicar, el CELS recibe financiación

de Gran Bretaña, Estados

Unidos e Israel. Es explícito. No sé

de qué dudan”.

Verbitsky fue el hilo que pasó por

todos esos medios e instituciones,

desde Crisis a El Periodista, desde

La Opinión a Página/12, desde

El Destape a El cohete a la luna. Y

también fue quien presidió el CELS

como un tótem. Por eso su gesto

implosionó toda esa historia, todos

esos hitos progresistas, toda una

cultura.

Es didáctico recordar el entuerto

entre Dante Palma y Cynthia García

en 6-7-8, epítome del progresismo

kirchnerista, cuando Palma dijo

que se debía criticar a Clarín, cómo

no, pero también a Verbitsky. No

fue casual que Palma terminara

denunciado por maltrato, a través

del progresismo virado a femirulismo,

y que García se catapultara a

la Radio 750, El cohete a la luna,

C5N. Los dos, a su manera, estaban

haciendo su camino: Palma, entreverado

en la lucha por su propia

honra y cada vez más centradamente

peronista; García, arrojada a las

fauces del progresismo 2.0, firmando

notas con títulos como Si te

violan, te jodés, para ilustrar el caso

de una denuncia falsa motorizada

por Elizabeth Gómez Alcorta.

Es que muchos salimos de ahí y

nuestras vidas fueron un derrotero

por esas veredas, de las que tardíamente

nos fuimos yendo. Yo fui

lector inicial de Humor en mi adolescencia,

asiduo de Sur, vitalicio

de Página/12 durante los ochenta

y bien entrados los noventa, espectador

de 6-7-8, televidente de El

Destape.

Con el tiempo, las contratapas

esperadas de Página/12 se deslucieron,

o así me pareció a mí en

ese alejamiento sin prisa, pero sin

pausa, que me llevó a otras veredas.

Y hoy, cuando veo a Navarro despidiendo

a Verbitsky, a Página/12

haciendo malabares para no enterrarlo

definitivamente, al CELS

despegándose de su figura; cuando

veo a la sonsa de Cerruti pronunciar

su enésima estupidez femirula

e imagino cómo el lunes Sylvestre

hará equilibrio para condenar el

hecho, pero puliendo sus bordes

más astrosos, me parece que lo que

ha terminado, gracias a Verbitsky,

es el ciclo progresista como estética,

como factor de poder, como

un modo argentino de presentarse

frente al mundo. Y en ese sentido tal

vez haya que agradecerle el gesto,

porque revela lo mucho de hipócrita,

de pose, de remera del Che que

tuvo siempre esa cultura que podría

rastrearse en nuestros primeros

socialistas, que el peronismo evidenció

con los gorilas de izquierda

y que amablemente se derramó en

hitos queribles como Mafalda.

Por ahí Verbitsky es el enterrador

de todo eso y nosotros, los otrora

progres, los encargados de dar vuelta

esta página de la historia.

por Carlos Balmaceda

Doble y hasta triple agente: Verbitsky nunca pudo explicar cómo hizo para sobrevivir a la dictadura

cívico-militar durante seis años sin la necesidad de exiliarse y ni siquiera de salir de

la Ciudad de Buenos Aires. Tampoco explica muy bien por qué el Centro de Estudios Legales

y Sociales (CELS), oenegé de su propiedad, recibe financiamiento de los Estados Unidos, de

Inglaterra y de Israel, además de la corporación Ford, que fue cómplice de aquel genocidio.

17 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


ANÁLISIS

El 40% del territorio

argentino está ocupado por

una potencia extranjera

El pasado 11 de febrero se

conoció la noticia de que un

submarino estadounidense fue

avistado en el Atlántico Sur,

secundado en su excursión

por aviones británicos. El hecho fue

denunciado por Gustavo Melella,

gobernador de Tierra del Fuego,

como “una flagrante violación a los

acuerdos internacionales” mientras

que un día después la propia Cancillería

a cargo de Felipe Solá emitió

un comunicado en el que señalaba

una “grave preocupación por la

operación de un submarino de los

Estados Unidos en el Atlántico Sur”.

Lo cierto es que el hecho no debería

de sorprender a una dirigencia

política argentina que desde el

advenimiento de la democracia en

adelante solo ha contribuido a la

consolidación del estatus británico

de amo y señor del Mar Argentino, a

través de la concesión de ventajas

económicas al usurpador. La ausencia

de un plan estratégico integral

que implique el encarecimiento de

los costos operativos de la usurpación

constituye el principal motivo

por el que la potencia colonial

18 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


nunca se ha visto en la posición de

sentarse a negociar con la Argentina.

La base que los británicos tienen

en nuestras Islas Malvinas es una

base de la OTAN y los británicos la

administran. Allí son entrenadas

fuerzas que luego son destinadas

a participar en diversas empresas

colonialistas, sobre todo en Medio

Oriente. Desde allí partieron, por

ejemplo, tropas francesas y canadienses

rumbo a Irak, a Afganistán

y a Libia.

Entonces es verdaderamente

insólita la sorpresa de algunos que

se rasgan las vestiduras con esta

“novedad”, siendo que la información

de que la que está emplazada

en Malvinas es una base de la OTAN

que opera en el Atlántico Sur es

pública y no es nueva. En ese sentido,

claro que se trata de un asunto

preocupante, pero que se debe

denunciar en su contexto histórico,

no como un hecho aislado.

La Organización del Tratado del

Atlántico Norte es un organismo

que se creó bajo la égida de los

Estados Unidos en el contexto de la

Guerra Fría con el objetivo de dirigir

las acciones en contra de la Unión

Soviética. Sin embargo, disuelta

la URSS, los objetivos de la OTAN

se modificaron y viraron hacia la

consolidación de los proyectos coloniales

de los países imperialistas

dentro del llamado “tercer mundo”,

incluida la Argentina con nuestras

Islas Malvinas, amén de otras tropelías

y piraterías.

Algunas voces aisladas nos hemos

opuesto desde el final de la guerra

a la política de inacción de parte

de los sucesivos gobiernos en lo

que a la base de Malvinas respecta,

incluso cuando ya durante el gobierno

de Raúl Alfonsín se firmaron

los convenios de las operaciones

UNITAS, porque entendíamos que

sin la intervención norteamericana

en la Guerra de Malvinas el resultado

de la batalla podría haber sido

otro, según lo afirmaron los propios

comandantes ingleses y los jerarcas

de la OTAN y de los Estados Unidos.

Entonces resulta llamativa ahora

esta sorpresa ante la presencia en

nuestro mar de un buque norteamericano.

¿Y cómo no habría de haber

intromisión de flotas extranjeras en

nuestra plataforma continental si

tenemos emplazada en nuestro mar

una base militar de la OTAN? Las

expresiones de quienes recién se

anotician de esta situación resultan

como mínimo llamativas.

Ahora bien, ¿cómo se enmarca

esto que se conoce desde hace

un mes? En primer lugar, hay una

discusión, muchos están diciendo

que no se trata de un submarino

estadounidense, sino que es una

movida enmascarada de Gran

Bretaña de alguna manera involucrando

a la nueva gestión de los

Estados Unidos, la de Biden, en el

asunto del Atlántico Sur. Lo cierto

es que hubo un buque de la patrulla

costera de los Estados Unidos

durante las primeras semanas del

año que ya había venido al Atlántico

Sur cuando el nuevo presidente

no había terminado de asumir su

mandato. Pero no es esta seguidilla

de episodios la que nos debería

escandalizar. Mejor escandalicémonos

ante el hecho comprobado de

que desde la época del Proceso en

adelante la Argentina se ha venido

desarmando de forma unilateral y

renunciando a toda posibilidad de

defensa fundamentalmente de los

mares, pero de todo el territorio en

general. Este proceso es el resultado

de la derrota espiritual que toda

la dirigencia argentina ha sufrido

luego de la guerra en Malvinas, pero

desde el advenimiento de la democracia

en adelante nunca fue posible

hablar seriamente de defensa

de las fronteras nacionales.

Entonces claramente es una situación

preocupante, pero revertir

esto no implica solamente emitir un

El submarino USS Greeneville, aquí siendo escoltado en Filipinas.

19 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


La base militar de Monte Agradable, en la práctica una posesión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en pleno territorio

argentino. El 40% de nuestro espacio soberano se encuentra actualmente ocupado por el imperialismo.

comunicado en el que se plasmen

la preocupación y el escándalo, sino

fundamentalmente revertir lo que

la dirigencia política argentina ha

hecho sistemáticamente a lo largo

de los sucesivos gobiernos, esto

es, la destrucción sistemática de la

defensa nacional. Porque aunque

las capacidades estratégicas de

defensa argentinas que pudieran

desarrollarse en términos de la

defensa en el mar se desplegaran

al unísono con el propósito de

“marcarle la cancha” al usurpador,

jamás podrían llegar a igualarse de

manera simétrica con la de los Estados

Unidos o Gran Bretaña. Pero al

menos parece inevitable la búsqueda

de una capacidad disuasoria tal

que demuestre a los Estados Unidos

y la OTAN que no pueden ser amos y

señores de los mares en el Atlántico

Sur, por lo menos de manera gratuita.

Lo tristemente cierto es que en

este momento los mismos que

fueron artífices de la indefensión

argentina emiten comunicados

expresando su escándalo ante los

hechos recientes, incluso en un periódico

que se ha dedicado en estos

últimos treinta y cinco o cuarenta

años a denostar la capacidad de la

defensa argentina, como es Página/12.

Respecto del episodio recientemente

conocido, el ministro de

Defensa de la Nación Agustín Rossi

ha manifestado que no se trataba

de un buque que trasladara armamento

nuclear, sino que se movía a

propulsión nuclear y que se hallaba

en aguas internacionales y no en

aguas argentinas. De esta manera,

el funcionario le bajó el precio

al asunto, desconociendo que a

través de esta maniobra la OTAN

está ocupando un 40% del territorio

argentino. Reitero: hay un 40% del

territorio nacional, según el mapa

bicontinental y la plataforma extendida

argentina que fue aprobada

por ley, que en este momento está

siendo ocupado por una potencia

extranjera, situación que personalmente

he venido denunciando

desde el final de la guerra, aunque

quienes lo denunciábamos éramos

catalogados de locos y conspiracionistas.

En la actualidad la preocupación

se ha generalizado porque

quedó demostrado que los argentinos

no ejercemos soberanía y que el

verdadero territorio de la Argentina

no termina en la General Paz ni en

la pampa húmeda, sino que el centro

de la república está en la Tierra

del Fuego, en Ushuaia.

Más allá de los papeles y la protesta,

resulta imperativo repensar a

cuántas capacidades la Argentina

ha venido renunciando en función

de dejar de ser una nación para pasar

a ser una semicolonia proveedora

de materias primas a las grandes

20 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


corporaciones transnacionales. Una

colonia impróspera, con la mitad de

los argentinos por debajo de la línea

de pobreza o una nación donde

reconstruyamos nuestras capacidades

nacionales para el disfrute de

los bienes naturales y de las riquezas

para los argentinos. Esas son

las opciones.

Ya desde 1965 la Organización de

las Naciones Unidas reconoce en la

Resolución 2065, precedida por el

alegato Ruda del año anterior, que

Malvinas es un territorio argentino

colonizado por una potencia extranjera

y que la única solución posible

del asunto es la descolonización.

Ahora bien, esto no va a ocurrir de

ninguna manera si tan solo apelamos

a la diplomacia, es necesario

establecer un plan.

En el año 2010, por ejemplo, se reunió

el I Congreso latinoamericano

Malvinas causa de la patria grande,

que congregó a intelectuales,

embajadores, diplomáticos, pensadores

y académicos de todos los

países de la región y que propuso

entre otras medidas encarecer los

costos de la ocupación, en el sentido

de desincentivarla para obligar

al ocupante a sentarse a la mesa de

la negociación por vía diplomática.

Sin embargo, los sucesivos gobiernos,

en especial los de Videla/

Martínez de Hoz, Menem y Macri,

han actuado en la dirección contraria,

facilitando así a Gran Bretaña

la progresiva consolidación de su

ocupación ilegal. Y lo que resulta

imprescindible comprender es que

el Reino Unido únicamente se va a

sentar a una mesa de negociación

el día que le resulte más barato

que no hacerlo. Siendo que en la

actualidad la República Argentina

no posee ninguna capacidad en

la defensa y a la vez no llevamos

adelante ninguna política que contribuya

a encarecer los costos de la

ocupación, naturalmente el Reino

Unido no se verá forzado a negociar,

pues se encuentra en una situación

ventajosa y cómoda que es fruto de

la inacción de la dirigencia política

argentina.

El problema no es británico, el problema

es cómo resolvemos entre los

argentinos una política de Estado

que obligue a Gran Bretaña a negociar.

Pero existen solo dos maneras

de forzar la negociación: a través

de las armas, derrotando a Gran

Bretaña y a la OTAN, o a través de la

presión de los pueblos organizados

por vía pacífica encareciéndole los

costos de la ocupación.

Y en esa área nuestro país tiene

una ventaja, pues el ocupante tiene

que sostener los costos de mantener

a 14.000 kilómetros de distancia

un sistema militar de la OTAN.

La pregunta es cómo haremos para

aprovechar las condiciones de la

actualidad, por ejemplo, la salida

de Gran Bretaña del bloque continental

europeo a través del llamado

Brexit y cómo profundizaremos el

encarecimiento de los costos de la

ocupación británica en Malvinas.

Claramente no será a través de las

políticas que el Estado argentino

viene llevando adelante desde el

advenimiento de la democracia. No

será a través de iniciativas como

Desde el fracaso en la Guerra de Malvinas predominó en la política y en los medios de comunicación

de nuestro país la idea “progresista” del desmantelamiento de todo lo relativo a

la defensa del territorio. El resultado son unas fuerzas armadas incapaces en el presente de

realizar acciones disuasorias mínimas. La invasión extranjera al territorio nacional es gratis

para el invasor.

21 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


Agentes de Prefectura Naval intentan patrullar la pesca ilegal en el Mar Argentino. Se calcula

que el país se desangra en unos 14 mil millones de dólares anuales al no tener la capacidad

de reprimir esa actividad delictiva, de la que se benefician las potencias imperialistas y

fundamentalmente los grandes piratas del presente: los chinos.

la de la Secretaría de Energía de la

Nación, que les ofrece a los británicos

nuevas oportunidades de negocios

en materia minera. No será a

través de las relaciones amistosas

entre la ministra de las Mujeres, Género

y Diversidad Elizabeth Gómez

Alcorta y el embajador Mark Kent,

charlando inocentemente sobre la

agenda de género, como si creyera

de veras que los británicos se

preocupan por las cuestiones de los

argentinos y las argentinas.

Si la Argentina sigue sin cobrar a

los británicos lo que les correspondería

pagar en calidad de derechos

de explotación minera a lo largo

de toda la Cordillera de los Andes,

donde empresas canadienses,

australianas o sudafricanas —esto

es, británicas— están expoliando

y explotando, llevándosela toda y

dejando tras de sí muerte, veneno y

destrucción sin que la ganancia nos

llegue a los argentinos, por omisión

estamos consolidando la posición

británica en la región.

Del mismo modo, la potencia usurpadora

nos saquea a través de la

deuda externa y así resulta evidente

que se encuentra muy cómoda, se

puede pasear por nuestros mares

con un submarino, con un buque

costero y hacer lo que se le antoje

pues desde aquí no poseemos capacidad

alguna de reacción.

Por lo tanto, desde el Observatorio

Malvinas de la Universidad Nacional

de Lanús y desde otras instituciones

que trabajamos activamente por la

recuperación del primer aspecto de

la soberanía que es la conciencia

de patria instamos a retomar políticas

activas, nacionales e internacionales

a nivel de la región de la

América del Sur. Sin un plan serio

de recuperación de la soberanía nos

estaremos limitando a emitir comunicados

de protesta que resultarán

absolutamente inocuos y estériles.

La emisión de una nueva expresión

de parte del Comité de Descolonización

de la ONU está bien, pero

con el actual la Argentina se hace

acreedora de unos cincuenta comunicados

en la misma línea, sin que

ello haya significado que el estado

de la situación se haya modificado

efectivamente. La resolución de

esta ocupación solo puede entonces

estar en manos de los argentinos,

pero para que esta tenga lugar

es importante que la dirigencia

política recupere la confianza en el

pueblo argentino. Si la dirigencia

no cree en su pueblo, no hay salida

posible.

El pueblo argentino ha demostrado

una y mil veces que está dispuesto

a dar las batallas que sean necesarias

para ser una nación soberana.

No estoy hablando de guerras o de

cruzadas alocadas, sencillamente el

pueblo argentino, nuestro gobierno

y toda la dirigencia política, todos

deberíamos estar ocupándonos

activamente en ver cómo podemos

desde la vía pacífica encarecer los

costos de la usurpación. La negociación

debe enmarcarse dentro

de la ley nacional y conforme al

derecho internacional. Lo que como

nación no podemos permitirnos

más es dejarnos saquear nuestros

recursos justamente por los mismos

que están ocupando el territorio

de Malvinas. Desde la ley, desde la

resistencia civil pacífica es posible

encontrar una salida, pero para

ello es imprescindible confiar en el

pueblo argentino.

por César Trejo

Observatorio Malvinas

Universidad Nacional de Lanús

22 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


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23 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


FILOSOFÍA POLÍTICA

Un mundo sin bromas

DANTE

PALMA

Coleman Silk había sido el único

judío en ser decano de la

facultad y uno de los primeros

judíos en enseñar en el departamento

de lenguas clásicas

de una universidad estadounidense.

Tenía predilección por el teatro griego

y por las tragedias en particular.

A propósito de ello, justamente, en

una clase, realizó una broma que

sería su error trágico. Es que ante

la ausencia de dos alumnos que

figuraban en la lista pero que Silk

no conocía porque nunca habían

asistido a clase preguntó: “¿Conoce

alguien a estos alumnos? ¿Tienen

existencia sólida o se han hecho

negro humo?”.

Habría pasado como lo que era

(una humorada) si los dos alumnos

en cuestión no hubieran sido

negros. Así, claro, lo que era una

broma se transformó, para una

audiencia sensible y una universidad

sensible a la sensibilidad de los

alumnos, en un insulto racista que

comenzaría una serie infinita de peripecias

que conforman la trama de

La mancha humana, libro que Philip

Roth publicara en el año 2000 y que

tendría su versión cinematográfica

pocos años más tarde.

La mención viene al caso porque

24 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


son cada vez más los que afirman

que Roth es probablemente el escritor

que mejor ha descrito a la sociedad

norteamericana y es de celebrar

que el éxito de la serie The plot

against America, basada en su libro

homónimo, invite a que tenga cada

vez más lectores. Es que muchas

de las preguntas que nos hacemos

hoy encuentran una respuesta en la

pluma de Roth.

En este caso específico, escrito

algunos años después del affaire

Lewinsky, Roth expone con precisión

el modo en que las universidades

comenzaban a irradiar hacia el

resto de la sociedad el espíritu de

un nuevo puritanismo que se transformaría

en hegemónico a nivel

planetario poco tiempo después. La

absurda denuncia contra Silk, que

culminó con la renuncia de éste,

había sido impulsada por una joven

profesora que respondía a todos los

cánones de la corrección política y

es en este contexto que el abogado

de Silk le indica a nuestro protagonista:

“Anoche tuvo usted un buen

atisbo del mundo que la ha formado

[a esta profesora], que la ha reprimido

y del que (...) jamás escapará.

Todo esto puede terminar en algo

peor (...) Ya no se pelea en un mundo

donde quieren destruirle, echarle

de su puesto y sustituirle por uno

de ellos; ya no está luchando contra

una banda de elitistas de buenos

modales que aparentan ser partidarios

de la igualdad social, política y

civil y que ocultan su ambición tras

unos nobles ideales. Ahora pelea

usted en un mundo donde no hay

nadie que se moleste en esconder

su crueldad bajo el manto de la

retórica humanitaria”.

Este universo cultural que está

muy bien desarrollado en el libro

La transformación de la mente

moderna, que publicaran los estadounidenses

Jonathan Haidt y

Greg Lukianoff en el año 2019, es

descrito por Roth con una agudeza

encomiable. Es que en La mancha

humana ya está presente cómo se

estaba conformando la generación

de la ultraseguridad con su victimización

y sus espacios seguros;

aquella capaz de exigir a profesores

y a la universidad que quiten textos

por considerarlos ofensivos para la

nueva moral.

Sin ir más lejos y si bien el eje de la

novela tiene que ver con el racismo,

Roth, por ejemplo, dedica un pasaje

a la controversia que Silk tuviera

con la mencionada profesora a propósito

de una alumna que le exigió

a ella que intercediera en tanto

directora de departamento para

que Silk quitara de su plan de estudios

dos tragedias de Eurípides por

considerarlas ofensivas para con las

mujeres. Allí se da un diálogo en el

que Silk le dice a la profesora haber

leído estas obras y haber reflexionado

sobre ellas toda la vida, a lo cual

su colega le espeta que eso puede

haber sido así pero que esas lecturas

nunca fueron desde una perspectiva

feminista. Frente a ello Silk

responde con sarcasmo: “[Tampoco

lo hice] desde la perspectiva judía

de Moisés. [Ni] desde la elegante

perspectiva nietzscheana sobre la

perspectiva”.

Evidentemente a Roth no le importaba

demasiado la corrección polí-

Anthony Hopkins y Nicole Kidman en la versión cinematográfica de ‘The Human Stain’ (Estados

Unidos, Alemania y Francia, 2003. 106min.), adaptación de la obra de Philip Roth sobre

la historia del profesor Coleman Silk.

25 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


El dibujo animado de Pepe Le Pew, de Warner Bros, Looney Tunes y Merrie Melodies, víctima de las recientes cancelaciones anacrónicas de

una cultura que no admite aquello que considera ofensivo para la sensibilidad progresista de una era de censura “por izquierda”.

tica y las citas podrían seguir, pero

quisiera tomar una última pronunciada

por la hermana de Silk cuando

se le revela aquello por lo que

había tenido que pasar su hermano.

Ella dice: “Cada época tiene sus

autoridades reaccionarias” y esto

nos permite pegar un pequeño salto

en el tiempo para conectar con otro

texto, en este caso de 1967, escrito

por Milan Kundera. Se trata de La

broma, su primera novela y aquella

que le valió una temprana persecución

del gobierno comunista en

Checoslovaquia. Ludvik, el personaje

principal, un joven estudiante

universitario y miembro del partido

comunista checo, no hace un chiste

sobre negros sino una ironía sobre

el optimismo imperante y sobre la

interna entre trotskistas y estalinistas

fingiendo tomar partido por los

primeros. Más específicamente, en

su intento por agradar a Marketa,

una joven compañera, Ludvik, que

siempre creyó tener un sentido del

humor sutil no apto para tiempos

de pocas sutilezas, le escribió una

carta que culminaba de la siguiente

manera: “¡El optimismo es el opio

del pueblo! El espíritu sano hiede a

idiotez. ¡Viva Trotsky!”.

Como se comentaba anteriormente,

esta ironía no captada le

costaría muy caro a Ludvik quien

se transformaría, a los ojos de los

estalinistas, en un “trotskista”

que acabará expulsado de la universidad

y del partido para luego

ingresar en un tortuoso régimen de

conscripción que implicaba trabajos

pesados y lo ubicaba dentro del

grupo de “enemigos del régimen”.

Pero él no lo era y de hecho se

sentía identificado profundamente

con el partido. Sin embargo, lo

importante era que los demás ya no

lo veían así. No había Wikipedia, ni

algoritmos, ni redes sociales para

los tiempos en los que la novela

estaba ambientada. Tampoco cultura

de la cancelación. Pero al igual

que ahora a nadie le importaba la

verdad o la verdad era la que determinaba

el partido, lo cual “no es lo

mismo, pero es igual”. De aquí que

Ludvik realice una reflexión dema-

26 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


siado acorde a nuestros tiempos:

“Comencé a comprender que no

habría fuerza capaz de modificar

esa imagen de mi persona que está

depositada en algún sitio de la más

alta cámara de decisiones sobre

los destinos humanos; comprendí

que aquella imagen (aunque no se

parezca mucho a mí) es mucho más

real que yo mismo; que no es ella

la mía sino yo su sombra; que no

es a ella a quien se puede acusar

de no parecérseme, sino que esa

desemejanza es culpa mía; y que

esa desemejanza es mi cruz, que no

se la puedo endilgar a nadie y que

debo cargar con ella”.

Asimismo, no debemos pasar por

alto que en su broma, más allá del

comentario sobre Trotsky, lo que

Ludvik hacía era poner en tela de

juicio el optimismo. Ese punto es

interesante porque cuando Kundera

describe a la joven idealista Marketa,

la ubica como una persona dispuesta

a entusiasmarse por cualquier

cosa, pero manteniendo la

seriedad de las personas afligidas

cuya lucha es tan incesante que no

debe olvidar la importancia del gesto

adusto; y ese entusiasmo bobo

es otro de los signos de enorme

actualidad. Hay una suerte de vacío

profundo que necesita ser rellenado

por un entusiasmo vertiginoso sobre

causas más o menos nobles. Este

tipo de entusiasmo adolescente

también abrazado por adultos tiene

buena prensa más allá de que sea

tan intenso como efímero.

Lo cierto es que la broma y la

ironía, incluso el eventual cinismo,

no tenían lugar en una generación

demasiado comprometida como

para darse el lujo de reír. Los espíritus

demasiado graves necesitan un

mundo sin bromas o, al menos, un

mundo donde no se pueda bromear

sobre determinadas cosas. Basta

fijarse de qué no nos podemos reír

para entender dónde está el poder.

A su vez, en la novela, estos espíritus

entienden que la alegría no

puede ser individual sino siempre

colectiva. Ludvik lo dice así: “Sí,

aquellos años afirmaban ser los

más alegres de todos los años y

quienquiera que se no se alegrara

era inmediatamente sospechoso de

estar entristecido por la victoria de

la clase obrera o (...) de estar individualistamente

sumergido en sus

tristezas interiores (...) Porque mis

chistes eran excesivamente poco

serios, en tanto que la alegría de

‘La broma’, de Milan Kundera, en una versión en inglés de Penguin Books. La literatura,

como siempre, anticipando los hechos en la observación aguda de los escritores geniales.

27 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


No por ninguna broma, sino por opiniones ideológicas, la actriz Gina Carano fue “cancelada”

en el momento cumbre de su carrera y fue despedida por Disney siendo la estrella de la

multimillonaria producción televisiva ‘The Mandalorian’. Lo “políticamente correcto” es la

espada de Damocles que pende sobre las cabezas de quienes se atreven a decir algo más

que el discurso prefabricado de la hegemonía.

aquella época no era amante de la

picardía y la ironía, era una alegría,

como ya he dicho, seria, que se

daba a sí misma el orgulloso título

de ‘optimismo histórico de la clase

triunfante’, una alegría ascética y

solemne, sencillamente la Alegría”.

La única “Alegría” llevaba mayúscula

y era la del conjunto. Una

“Alegría” seria, distinta de la alegría

con minúscula, burguesa, corrosiva

e individualista.

Para concluir, entonces, quiero

retomar el “cada época tiene sus

autoridades reaccionarias”. Eso no

significa comparar lo incomparable,

claro está. Vivir en los años ‘50 en

Checoslovaquia no se parece a vivir

en los años ‘90, o en la actualidad,

en Estados Unidos o en el mundo

occidental. Sin embargo, algo en lo

que sí parece haber una coincidencia

es en la incomodidad que generan

las bromas en contextos donde

hay un poder que busca legitimarse

en causas nobles. Es ese poder el

que determina qué es lo risible y en

la prohibición establece una nueva

sacralidad, un nuevo canon de

moralidad que comienza como una

gran invención y luego se literaliza

en base a repetición. Sobre X no

se puede bromear porque en la

disputa, en la indignación, en las

acusaciones cruzadas la nueva hegemonía

se posiciona, pero lo que

no puede tolerar nunca es la broma.

La broma es la gran deconstructora

de las construcciones impuestas.

Es tal la potencia de la broma que

en determinados regímenes podía

costar la vida a quien la ejecutara.

Hoy, en el marco de sistemas más o

menos republicanos, más o menos

democráticos y más o menos liberales,

por suerte no se llega a tanto.

Apenas se condena al bromista a la

muerte civil y a una separación de

hecho de la comunidad como gesto

de disciplinamiento para el resto de

potenciales bromistas.

Pero para llevar algo de optimismo

digamos también que hay otra

cosa en común que puede inferirse

de los ejemplos de las novelas

mencionadas y es que este tipo de

procesos llevan siempre hacia un

mismo destino: aquello sobre lo que

no se puede bromear cada vez es

más amplio y en un contexto donde

todos competimos por tratar de

demostrar que somos más víctimas

que el prójimo, llegará un momento

en que habrá un límite. Es como si

por su propia naturaleza la burbuja

que intenta proteger los nuevos

principios sacros necesite ser más

grande para mantener alejada de

la crítica a esos principios que han

dado lugar la burbuja. Y cuanto más

grande sea esa burbuja, cuanto más

pretenda abarcar, más injusticias y

más opresión creará. Hasta que un

día, sin saber exactamente por qué,

lo que estaba al límite, explota.

28 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


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29 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


CONTENIDO EXCLUSIVO

Con un puñal

bajo el poncho

ERICO

VALADARES

El lector que siga con atención

las últimas publicaciones de

esta Revista Hegemonía y haya

podido acceder al detallado

informe central de la 36ª. edición,

en el que se hizo la narrativa

del pacto hegemónico, sabe que en

la Argentina del presente la aplicación

total de un proyecto político

es una imposibilidad práctica. Por

razones que se explican en aquel

informe, ninguna de las dos fuerzas

actualmente en pugna ha sido capaz

desde el año 2011 a esta parte

de gobernar el país con el nivel suficiente

de consenso para esa aplicación,

para imponer la totalidad de

su programa político-económico.

Lo que hay en rigor es lo que Juan

Carlos Portantiero habría calificado

como un empate hegemónico, una

situación de tablas en la que ambas

fuerzas políticas con proyectos antagónicos

se reconocen incapaces

de neutralizar al enemigo y de llevar

así a cabo su propio programa sin el

escollo de una oposición que traba

30 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


e impide sistemáticamente.

He ahí en una síntesis muy apretada

la situación política de la Argentina

en la famosa grieta. Desde

que en las elecciones del 2011 el

kirchnerismo se consolidara como

una superpotencia electoral con

los suficientes votos propios para

declararse independiente de las

operaciones destituyentes de los

poderes fácticos, quedaron bien

definidos los dos polos opuestos

y ya ninguno de ellos fue capaz de

imponerse sobre el otro más que en

los muy relativos, efímeros triunfos

electorales. En ese empate hegemónico

se ha paralizado todo un

país, no se ha podido implementar

ningún proyecto político sin la constante

amenaza del quiebre y la realidad

del impedimento. Había que

saldar el empate en favor de una de

las dos parcialidades radicalizadas,

aunque socias en la hegemonía. Y la

solución al problema fue el pacto.

La última edición de esta revista

hizo tanto ruido por eso, por expresar

la hipótesis de dicho pacto, el

que fundado en una extorsión judicial

alteró el resultado de las elecciones

en su origen —es decir, ya

desde la composición de las listas

de candidatos— con la finalidad de

31 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


Portada de la edición de febrero de esta Revista Hegemonía, en la que está la descripción

del pacto hegemónico cuya síntesis pretendida es la conducción de Sergio Massa para el

cierre artificial de la grieta y la imposición de un proyecto político en su totalidad. La lectura

de ese artículo anteriormente publicado es esencial para la comprensión de por qué Massa

viene con el puñal bajo el poncho.

empezar a construir la síntesis que

se quiere superadora para que al fin

en la Argentina pueda aplicarse un

proyecto político en su totalidad. La

hipótesis es integral en sí misma,

aunque hasta aquí no había contemplado

la síntesis. La narrativa

del pacto hegemónico que se había

expuesto en nuestra anterior edición

no incluyó en su hora la descripción

de lo que debería resultar

del pacto en cuestión para lograr el

fin deseado. Neutralizada la dueña

de los votos por una parte mediante

la persecución judicial y derrotado

por otra en las urnas su antagonista

de la grieta que se quiere cerrar

en nombre de una gobernabilidad

total, la pelota debería caer inmediatamente

en otro lugar, en el

encargado de asumir la tarea futura

de aplicar plenamente un programa

político-económico determinado.

Eso es precisamente lo que está

pasando hoy fuera de la vista de la

opinión pública, en los entretelones

de política argentina.

Al suscribirse el pacto hegemónico

de nuestros días, probablemente

en algún momento entre las elecciones

de medio término de 2017 y

los primeros meses de 2019, debió

establecerse allí mismo la forma

de instrumentación de lo que podría

llamarse vulgarmente el cierre

de la grieta por arriba, es decir, es

poco probable que no haya quedado

establecida una hoja de ruta

precisa para el despliegue de una

maniobra tan sofisticada como la

de dejar sin representación política

real a dos tercios del electorado.

Ya al momento de suscribir el pacto

de la nueva gobernabilidad debió

designarse el conductor futuro o la

cara visible de esa gobernabilidad

sin escollos. Y es con un poco de

lógica deductiva como el atento

lector podrá desentrañar eso que

parecería ser un misterio, pero que

está a la vista de todos en sus múltiples

expresiones. En una palabra,

es posible saber hoy y sin más información

que lo públicamente visible

adónde pretende llegar la dirigencia

política con el hundimiento controlado

y disimulado tanto del kirchnerismo

como del macrismo y también

puede deducirse con precisión la

identidad del tapado al que se ha

encargado la misión.

Las cosas no siempre son lo que

parecer ser y normalmente nunca

lo son en la política. Un ejemplo de

ello es el objeto de este artículo,

una de las imágenes más icónicas

de nuestra historia reciente: la del

entonces candidato Alberto Fernández

en un denodado esfuerzo

por persuadir, café de por medio,

a un Sergio Massa aparentemente

indeciso a subirse al tren del recién

nacido Frente de Todos. La difusión

32 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


de esa imagen fue fundamental

para terminar de instalar la idea de

la “jugada magistral” de Cristina

Fernández, base simbólica de la

alianza electoral que pocas semanas

más tarde ganaría cómodamente

las elecciones de 2019. Existía en

la época como un dogma la certeza

de que sin Massa sería imposible

obtener el 45% mínimo necesario

de los votos para triunfar en primera

vuelta y evitar un ballotage que se

anticipaba como muy peligroso. En

otras palabras, se creía entonces

que si Massa se presentaba como

candidato por su parte con el Frente

Renovador, le restaría con su lista

al Frente de Todos los votos que

necesitaba para derrotar a un Mauricio

Macri aupado al oficialismo y

empoderado en el aparato estatal.

Ahí está la descripción de una

parte de la “jugada magistral” de la

dueña de los votos: el haber “fichado”

a Alberto Fernández para que

luego este, haciendo uso de sus

habilidades como operador, hiciera

entrar a Sergio Massa, reuniendo el

caudal electoral suficiente para el

triunfo del Frente de Todos en octubre,

sin la necesidad de peligrosos

ballotages. Una narrativa brillante y,

hasta cierto punto, épica. Y así quedó

finalmente instalado en la conciencia

colectiva, como una jugada

de ajedrez que posibilitó la victoria,

la que puso punto final a una pesadilla

de cuatro años de saqueo

y masacre macristas. Alberto Fernández

sería el presidente y Sergio

Massa tendría el control del poder

legislativo en la presidencia de Diputados,

pero el gobierno lo tendría

efectivamente Cristina Fernández

por haber aportado el 90% de los

votos. Todo el que tenga fresca la

memoria de esos días tan intensos

que precedieron las primarias del

mes de agosto de 2019 recordará

que ese era el plan y que por ese

plan la enorme mayoría aceptó

tragarse el sapo de Sergio Massa

como candidato a primer diputado

y el sapo del propio Alberto Fernández

en un lugar que de ninguna manera

le correspondía ocupar, amén

de muchos otros sapos. Había que

ganarle a Macri.

De acuerdo con el relato dominante

de la época, Sergio Massa fue

el gran elector en aquel decisivo

2019. Massa tenía la llave y si presentaba

su propia lista “por fuera”

del armado del Frente de Todos, el

resultado previsto sería un empate

técnico entre el kirchnerismo y el

macrismo, con la decisión postergada

a una segunda vuelta en la

que un alineamiento de las fuerzas

de la reacción blanca podría darle

el triunfo a Macri. Todos parecían

saber que la única forma de terminar

con la pesadilla del saqueo

macrista era alcanzando en octubre

el 45% de los votos, o el mínimo

necesario para ganar las elecciones

ya en primera vuelta. Y que para eso

era fundamental la concurrencia del

Frente Renovador, el acuerdo con

un Sergio Massa muy poco querido

por la militancia. En cualquier otra

circunstancia, una alianza con Massa

sería resistida y rechazada por

los simpatizantes y los militantes

kirchneristas. Pero Massa tenía que

entrar para lograr la síntesis, como

veremos más adelante, para instrumentar

el pacto. Y entonces la clave

tiene que estar precisamente en las

circunstancias.

“Sapos” para tragar

Las cosas en la política, como se

veía más arriba, normalmente no

son lo que parecerían ser y estamos

hoy en condiciones de saber que

la ya muy ponderada “jugada magistral”

fue tan solo un simulacro,

Sergio Massa y el Frente Renovador, su creación política con la finalidad de enterrar al

kirchnerismo y hacer la “renovación”. Suele perderse de vista la realidad de que el Frente

de Todos no es sino una alianza entre el Frente Renovador de Massa y lo que había quedado

del Frente para la Victoria luego del descalabro con Unidad Ciudadana en el año 2017, una

alianza fundada sobre una extorsión judicial. El Frente Renovador tiene hoy la palanca y el

propio Alberto Fernández es uno de sus cuadros, algo que también suele olvidarse en el

debate cotidiano. Pero el objetivo es claro, ha sido declarado a viva voz por Massa: frenar a

Cristina Fernández a como dé lugar.

33 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


una puesta en escena muy bien

elaborada con la finalidad de lograr

un objetivo puntual que es el de

generar las circunstancias. Aquí no

hay ni podría haber valoraciones de

tipo moral, no se trata de buenos

y malos. Se trata, como diría Maquiavelo,

de los fines. Un proyecto

político determinado debe aplicarse

para romper el estancamiento, que

ya dura una década, debe emerger

una figura que sea aceptada tanto

por griegos como por troyanos para

encabezar ese proceso.

¿Cómo puede saber el atento

lector que eso es así, que estamos

ante una monumental operación de

sentido para el cierre de la grieta

rompiendo el empate? Pues utilizando

la lógica, ordenando las

premisas de acuerdo con la información

pública actualmente disponible.

Y allí la primera verdad insoslayable

es la siguiente: si de Sergio

Massa realmente hubiera dependido

el resultado de las elecciones del

año 2019, de ninguna manera el tigrense

hubiera inclinado la balanza

ni mucho menos en favor de Cristina

Fernández. El que conozca la trayectoria

de Massa y también sepa

a qué intereses reales representa

en la política, sabrá intuitivamente

que el objetivo central del Frente

Renovador es la destrucción total

del kirchnerismo. El propio Massa lo

afirmó en varias ocasiones y hasta

prometió en encendidos discursos

de campañas pasadas que venía

a frenar a la dueña de los votos.

Acompañado por Sergio Massa, Mauricio Macri viajó por el mundo tejiendo la red para el endeudamiento

de la Argentina y el posterior saqueo de los empréstitos. La obviedad ululante

es que el actual “compañero” Massa es más que cómplice del vaciamiento del país: es un

partícipe necesario, el que dio la gran parte de la gobernabilidad que Macri necesitaba para

llevar a cabo su plan infernal.

Después de eso, Massa colaboró

con el triunfo de Mauricio Macri en

las elecciones del año 2015 y fue

un aliado fundamental del régimen

macrista. Es lógico, por lo tanto,

que si Massa hubiera sido de hecho

el gran elector en 2019, si el resultado

de esas elecciones hubiera

dependido de su voluntad, entonces

se hubiera impuesto la alianza con

ese sector específico del poder que

es el macrismo y Macri no hubiera

tenido mayores problemas en

obtener su reelección. ¿Por qué

habría de cambiar de bando, si al

menos teóricamente siempre estuvo

del lado que mejor representa sus

propios intereses?

El Frente Renovador existe y se

llama así precisamente porque

se ha presentado siempre como

esa “renovación” pretendida que

se reduce a la superación del kirchnerismo.

El que Massa nunca

haya podido llevar a cabo la faena

deseada es una simple cuestión

de impotencia electoral, esto es,

Massa nunca fue capaz de derrotar

al kirchnerismo en las urnas, salvo

en unas elecciones de medio término

en las que la decisión no estuvo,

incluso porque su triunfo en esa

ocasión no fue a nivel nacional. La

primera premisa del razonamiento

lógico en el pacto hegemónico es

esa misma, es que Sergio Massa y

el Frente Renovador solo existen en

la política argentina porque tienen

por meta la destrucción total del

kirchnerismo, se los financia para

eso. Por lo tanto, de haber sido el

gran elector en las elecciones del

año 2019, Massa habría optado por

hacer perder al kirchnerismo, nunca

al revés. De esta primera premisa se

desprende una disyuntiva crucial, a

saberla: o bien la decisión de quién

ganaría las elecciones de 2019

nunca estuvo en manos de Massa, o

bien el Frente de Todos nunca fue el

kirchnerismo. Es un dilema lógico,

34 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


una cuestión binaria que no admite

grises.

Si el Frente de Todos expresa el

proyecto kirchnerista, entonces Sergio

Massa jamás se hubiera subido

a ese tren para hacerlo ganar elecciones.

Al existir en la política como

representación de un proyecto que

ya por definición es diametralmente

opuesto al kirchnerismo entendido

como lo nacional-popular, como

heredero directo del peronismo clásico,

el Frente Renovador y el propio

Sergio Massa jamás le darían el

triunfo a ninguna coalición donde

hubiera un mínimo olor a kirchnerismo.

En una metáfora extrema y a la

vez patética, si tuviera que elegir entre

el kirchnerismo y el diablo, Massa

optaría siempre por este último

y no por ningún encono, no es nada

personal. Es que son antikirchneristas

los intereses que financian

al Frente Renovador y garantizan la

existencia del propio Sergio Massa

en la política. Massa no podría ni

tendría ninguna razón para obrar en

contra de los intereses que lo nutren.

En una palabra, sea cual fuere

el proyecto del kirchnerismo, Massa

va a estar siempre en la vereda

opuesta. Para eso existe.

Quedamos entonces, el atento lector

con nosotros, frente a la disyuntiva

esencial de todo este intríngulis.

¿Hubiera ganado las elecciones

del año 2019 el Frente de Todos

sin el concurso decisivo de Sergio

Massa? Es contrafáctico, por cierto,

pero es lícito suponer que una lista

del Frente Renovador —considerando

el alcance de la estructura

massista, sobre todo en la provincia

de Buenos Aires— hubiera obtenido

entre el 8% y el 15% de los votos,

ubicándose claramente como tercera

fuerza. ¿De dónde habrían venido

esos votos? Ciertamente tanto del

macrismo como del kirchnerismo,

puesto que Massa se presenta justamente

como esa “ancha avenida

Mauricio Macri y Sergio Massa, junto al entonces vicepresidente y actual presidente de los

Estados Unidos, Joseph “Joe” Biden, ya en los primeros días del gobierno macrista. El objetivo

de Macri fue entonces el de obtener el apoyo estadounidense a su gobierno, pero Massa

tenía otras intenciones y fue a buscar la bendición del poder global para su plan futuro, el

propio pacto hegemónico que no funcionaría sin el Poder Judicial y, por supuesto, el apoyo

de la embajada yanqui.

del medio” y naturalmente bebe en

ambas fuentes. Se deduce entonces

con facilidad que el 48,24%

ganador de Alberto Fernández no

hubiera sido, no llegaba el Frente

de Todos al 45% mínimo necesario

para ganar en primera vuelta sin

Massa y todo se hubiera definido

en un ballotage, donde todas las

demás fuerzas minoritarias —incluso

la de Sergio Massa— se hubieran

unido a Juntos por el Cambio para

ganar otra vez por un punto, como

en el 2015.

La única respuesta lógicamente

posible es que el Frente de Todos no

es una “jugada magistral” de Cristina

Fernández convocando a Alberto

Fernández para que este, a su vez,

hiciera entrar a Sergio Massa en la

alianza, sino todo lo contrario. El

Frente de Todos solo puede ser obra

del propio Sergio Massa, no puede

ser otra cosa que su criatura para el

cierre de la grieta forzado y basado

en el engaño. Con el peso de la

extorsión judicial a cuestas (como

explicábamos en la última edición

de esta revista), a Cristina Fernández

se le impone a Alberto Fernández

en la cabeza de la lista y más

tarde se genera entre este y Sergio

Massa la puesta en escena del cafecito

y la persuasión sobre el cierre

de las listas. Pero son humo tanto

el cafecito como la persuasión, ya

todo venía cocinado de antemano y

Sergio Massa no necesitó otra cosa

que esperar para hacerse rogar por

los kirchneristas. De haber hecho

al revés y de haber blanqueado la

situación, no habría logrado convencer

a la enorme tropa kirchnerista

a aceptarlo y todo el plan haría

35 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


El Famoso cafecito entre Alberto Fernández y Sergio Massa, puesta en escena genial para instalar la idea de que aquel venía a convencer a

este a formar en el Frente de Todos como primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Esa es una de las más grandes

patrañas de la historia política argentina. Fernández no puede persuadir a Massa de nada en absoluto, puesto que allí existe una muy

bien definida relación de subordinación en la que Massa está arriba y Fernández abajo. El cafecito instaló la narrativa patas arriba, el Frente

de Todos siempre fue el instrumento de Sergio Massa para hacer la demolición controlada y la transición.

agua. Pero la narrativa del Frente

de Todos como una maniobra de

Cristina Fernández cuya condición

sine qua non para el éxito fue el

concurso de Massa habilitó la idea

del “sapo” a tragarse para ganar. En

otras palabras, un Sergio Massa en

el origen del proceso y como artífice

del Frente de Todos sería inaceptable

para la tropa, pero el mismo

Sergio Massa como un “sapo” cuya

ingestión aparecía como necesaria

para el triunfo del armado ya no

es aceptable ni inaceptable, sino

directamente obligatorio.

¿Por qué funciona?

Alberto Fernández no puede persuadir

a Sergio Massa de nada y

mucho menos de entrar en alianzas

por el simple hecho de que allí los

roles están ya claramente definidos

de antemano. Luego de abandonar

el cavallismo y de ocupar la Jefatura

de Gabinete durante el primer kirchnerismo

en la calidad de garante

magnettista del célebre acuerdo

entre Néstor Kirchner y Héctor Magnetto,

Fernández fue desde siempre

un subalterno de Massa en el Frente

Renovador. Sergio Massa siempre

fue, todo el mundo lo sabe, el jefe

36 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


en ese armado que le es propio,

por lo que aquí la narrativa está

patas arriba. Alberto Fernández no

convence a Sergio Massa en último

minuto a sumarse al Frente de Todos.

Sergio Massa inventa el Frente

de Todos ya con Alberto Fernández

en el lugar de candidato titular a

presente y luego le impone a Cristina

Fernández —extorsión judicial de

por medio— el esquema.

Allí tenemos una narrativa que es

diametralmente opuesta a la realidad,

hay un Frente de Todos que

no solo no es lo que nos han dado

a pensar que es, sino que además

es todo lo contrario. Todo el actual

gobierno de Alberto Fernández, su

política económica, sus contradicciones

groseras, su comportamiento

errático y la guerra sorda entre

un kirchnerismo extorsionado y un

massismo que no puede todavía

mostrar su verdadera cara de dominante

son la expresión cotidiana de

la naturaleza massista del Frente

de Todos, su real naturaleza. Sergio

Massa es el ungido por el poder

para sintetizar el kirchnerismo y

el macrismo, cerrar la grieta en la

Argentina y terminar con el empate

hegemónico aplicando la totalidad

de un proyecto político-económico

luego de una década exacta de estancamiento

en la grieta. La pelota

va a caer donde él está.

Ahora bien, ¿cómo es posible que

funcione semejante maniobra?

¿Cómo se hace para que la tropa

kirchnerista no sospeche que está

siendo arrastrada hacia un cierre

de grieta que supondrá y ya está

suponiendo el abandono de todas

las convicciones que definen al

kirchnerismo como fuerza política

y representación? Con tiempo y,

fundamentalmente, con astucia.

Luego de llevar a cabo la brillante

maniobra de imponer una narrativa

patas arriba, el propio Frente de

Todos como una creación de Cristina

Fernández para derrotar a Macri,

llega el momento de gobernar y

aquí se presenta un nuevo problema:

una campaña electoral son los

discursos de los candidatos, son

palabras; un gobierno, no obstante,

son decisiones políticas que puestas

en un contexto son suficientes

para determinar la real naturaleza

del mismo gobierno. Fue posible

manipular a todo el kirchnerismo

durante la campaña con eslóganes

como “poner la Argentina de pie” y

“terminar con la pesadilla macrista”.

¿Cómo lograr, sin embargo, que

los manipulados no vean la hilacha

a medida que el gobierno avanza

con la ejecución de un programa

que nada tiene que ver con las

convicciones declamadas durante

la campaña electoral?

Quince meses han pasado desde

la asunción de Alberto Fernández en

diciembre de 2019 y el gobierno del

Frente de Todos no ha aplicado una

sola política de Estado que materialice

las convicciones expresadas en

el discurso electoral, no se ve en las

decisiones del presidente Fernández

ni un solo vestigio de kirchnerismo,

sino más bien todo lo contrario.

Entre ajustes, devaluaciones a

cuentagotas, agachadas, retrocesos,

sumisión al Fondo Monetario

Internacional y a la oligarquía saqueadora

y mucha ineptitud simulada

para tapar el bache, el gobierno

de Alberto Fernández despliega con

exuberancia la agenda del Frente

Renovador, que es la agenda de

Sergio Massa. El mismísimo Massa

asoma una y otra vez, asumiendo el

protagonismo por momentos y hasta

inaugurando obras en un rol de

poder ejecutivo que teóricamente

no debe jugar. Todas las evidencias

El pacto hegemónico, con el Frente Renovador por una parte y el kirchnerismo por otra.

Limitada por la extorsión judicial contra sí misma y contra su familia, Cristina Fernández ha

debido pactar y, de no haber sorpresas en el proceso, el tercio duro del kirchnerismo tiene

como destino una futura reconversión, a plegarse paulatinamente al proyecto único que

resultará como síntesis del colapso de la grieta.

37 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


indican que el Frente de Todos es el

Frente Renovador, que el kirchnerismo

ha sido inducido a votar y a

apoyar un proyecto político que no

le es propio e incluso le es contradictorio,

todo está a la vista y, aun

así, existe una enorme cantidad de

kirchneristas que sigue apoyando

al gobierno como si se tratara del

primer kirchnerismo. ¿Cómo puede

ser semejante disparate?

Claro que el advenimiento del

coronavirus ayudó mucho para

sostener la farsa. Con la llegada de

la pandemia, se suspendió durante

varios meses la política y el gobierno

pudo además refugiarse en

el lugar del gestor de la crisis, un

lugar desde el que pudo no tomar

decisiones de política económica

o bien ocultarlas tras el discurso

de la emergencia sanitaria y el de

la unidad nacional con el “enemigo

invisible”. En paralelo, el FMI

como pretexto de una negociación

interminable que nadie parecería

comprender sirvió también para

retardar los tiempos. Los casi 500

días de gobierno de Alberto Fernández

han sido posibles sin un quiebre

definitivo con el kirchnerismo

traicionado en buena parte porque

la política estuvo suspendida por

la pandemia en más de la mitad

de esos días. Si bien las señales

de alarma aparecieron ya en los

primeros días de gobierno, al viajar

oficialmente el presidente a Israel a

reunirse con Benjamín Netanyahu,

las contradicciones no habrían de

presentarse en todo su esplendor

sino hasta mediados del 2020 con

Entre la gestión del coronavirus y el uso de la ideología de género para distraer al sector más

fanatizado de la militancia, Alberto Fernández ha podido llevar a cabo quince meses de ajuste,

devaluación y entrega de la soberanía nacional en las mesas de la especulación financiera

sin que se diera un quiebre con el kirchnerismo. Muchos militantes ya sospechan que han

sido engañados, pero mientras tenga en frente la perspectiva del retorno del macrismo van a

seguir apoyando a Fernández aunque este aumente la intensidad de la implementación del

proyecto cipayo.

el fiasco de Vicentín. De allí en más

el gobierno del Frente de Todos ha

ido enajenando apoyo del kirchnerismo

de forma paulatina. A cada

contradicción iban apareciendo los

“desilusionados”, aunque todavía

son minoría. La mayoría de los

adherentes de Cristina Fernández

sigue apoyando al gobierno del

Frente de Todos, quizá ya sin tanta

pasión. Pero allí están y son la garantía

de que el gobierno del Frente

de Todos no vaya ni para adelante ni

para atrás.

Terminado el coronavirus como

pretexto para la inacción, el apoyo

de los kirchneristas que aún siguen

en el Frente de Todos se sostiene

con recursos para los intendentes

y gobernadores, cargos para los dirigentes

“sin tierra” y mucha grieta

para los de a pie. Hoy por hoy, más

que un verdadero apoyo a Alberto

Fernández lo que predomina entre

la tropa es el sentimiento de deber

patriótico en el sostener al actual

gobierno para que no vuelva el

macrismo. No hay logros de gestión

para reivindicar, es cada vez más

difícil defender con argumentos la

posición albertista. La solución,

por lo tanto, es correr el eje: con la

hegemonía mediática al servicio del

pacto, todos los medios asumen la

agenda única de la grieta en la que

jamás se pone la lupa sobre la economía.

Y así se suceden los pequeños

escándalos aquí y allí, donde el

macrismo actúa como guardián de

la moral con la bragueta abierta y

los de en frente, sin nada positivo

para argumentar puesto que la gestión

de gobierno sigue con el ajuste

de los cuatro años anteriores, pero

con mucho gradualismo, solo atinan

a recordar que durante el gobierno

de Macri todo estaba peor. La grieta

anula a ambos bandos, los macristas

sin autoridad moral para exigir

nada en absoluto y los kirchneristas

asumiendo la defensa de aquello

38 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


que consideran ser lo menos peor

en las actuales circunstancias.

El objetivo de Sergio Massa es

transitar todo lo que falta hasta

el 2023 de esta forma, para que

Alberto Fernández asuma todo el

desgaste y termine su mandato

como un cadáver político, inhabilitado

ni siquiera para pensar en

reelecciones. En poder del aparato

estatal y con la complicidad de una

“oposición” que no es tal, sino un

instrumento sucio de la oligarquía y

del poder fáctico en general, la Argentina

llegará a octubre del 2023

con un presidente en retirada, con

la dueña de los votos inhabilitada

por la extorsión judicial y la mesa

servida para que Sergio Massa gane

las elecciones sin mayores problemas.

Si el plan falla y un estallido

abrevia la presidencia de Fernández,

el resultado es el mismo, pero

con elecciones anticipadas y un

Massa triunfante con el apoyo del

kirchnerismo —el que no se va a mover

de donde está mientras exista

el macrismo en el horizonte— y el

discurso de la unidad y la reconstrucción

nacional.

El Frente de Todos es el plan de

transición y de cierre de grieta que

los poderosos del mundo han pergeñado

para la Argentina. Cuando

la transición concluya, ambos bandos

en la grieta estarán moralmente

derrotados, el macrismo por el monumental

saqueo entre el 2015 y el

2019 y el kirchnerismo por haberse

quedado literalmente pegado con

un rotundo fracaso posterior al saqueo.

La anomia predominará en la

sociedad hasta los límites del “que

se vayan todos”, todos los dirigentes

de las etapas anteriores estarán

signados por el rechazo popular y

solo Sergio Massa, el oportunista

que se hace visible únicamente en

las buenas, como en la propuesta

de la reciente actualización del

impuesto a las ganancias o en las

obras que se presenta a inaugurar

aquí y allí, tendrá una imagen relativamente

preservada para asumir

la conducción de la nueva etapa.

Y entonces sí, hundidos tanto el

kirchnerismo como el macrismo en

la grieta colapsada, Sergio Massa

llegará por aclamación a imponer

un proyecto político-económico que

no tendrá oposición durante los

primeros años de su aplicación: el

proyecto de los ricos del mundo en

asociación con nuestra oligarquía

cipaya en la agenda del nuevo orden

mundial que el coronavirus vino

a poner en marcha.

Sergio Massa es un brillante dirigente

político. Es, en palabras del

propio Alberto Fernández, el que

más preparado está para ser presidente.

Y lo será más o menos como

lo fue Carlos Menem, como un adalid

de la aplicación de un proyecto

político diseñado por los de arriba

y por los de afuera. Massa viene

como Menem, con un puñal bajo el

poncho y con el agregado de que no

tendrá que proponer “salariazo” ni

“revolución productiva”, esa estafa

ya la hizo Alberto Fernández. Sergio

Massa vendrá como profeta sobre

tierra arrasada, probablemente

proponiendo la dolarización sobre

un peso argentino muerto. Vendrá

a decir solo una verdad y una mentira:

hemos tocado fondo y esta es

la única salida. La verdad será la

obviedad ululante en un país de

rodillas y la mentira será aceptada

al no haber en la política ni una sola

voz con capacidad para decir que

hay otro camino más allá de la sumisión

cipaya. Si el plan de Massa

funciona, ese será el destino de la

Argentina. ¿Quién podrá evitar que

el plan de Massa funcione?

39 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


IDENTIDAD PERONISTA

La alternativa multipolar para

Hispanoamérica: la geopolítica,

la ideología, la cultura

MARCELO

GULLO

La estrategia de dominación que

predica el establishment mundial

para todos los pueblos del

mundo, que ha sido muy bien

definida por Aleksandr Dugin,

es el liberalismo como ideología

de subordinación. Tanto el liberalismo

de izquierda, que en nuestra

región llamamos “progresismo”

como el liberalismo de derecha que

llamamos “neoliberalismo”, ambas

vertientes constituyen una dictadura

liberal de lo políticamente correcto,

fuera de la que es ilegítimo

pensar. No está permitido pensar

o actuar por fuera de este pensamiento

dictatorial pues el sistema

se defiende solo y castiga al díscolo

con el ostracismo o la acusación de

retrógrado, conservador o abiertamente

fascista.

Ahora bien, en el marco de esa dictadura

liberal de lo políticamente

correcto, ¿cuál es la estrategia particular

del establishment mundial

para Iberoamérica y para la América

del Sur en específico? Pues, para

América del Sur la oligarquía financiera

mundial, nudo del establishment

mundial que predica el liberalismo,

tiene dos ideologías de la

subordinación específicas: una de

ellas es el abortismo, la prédica del

establecimiento del aborto serial

indiscriminado, y la otra es la prédica

del fundamentalismo indigenista

fragmentador. Es decir, son dos

estrategias dentro de la estrategia

general, cuyo propósito hemos de

40 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


desmenuzar si queremos entender

por qué han sido diseñadas específicamente

para nuestra región.

Podríamos preguntarnos antes

de iniciar el recorrido a través de

las ideologías de la subordinación

por qué el núcleo de la plutocracia

se ha interesado en nuestra región,

pero la respuesta es sencilla:

la América del Sur es uno de los

espacios más ricos en el mundo en

posesión de materias primas, en

biodiversidad y en climas, mucho

más que el África, pues la geografía

lo ha determinado así, ampliando

infinitamente las posibilidades

climáticas debido a la presencia insoslayable

de esa enorme columna

vertebral que cruza el continente de

punta a punta, la Cordillera de Los

Andes, a la sazón, la región más rica

en minerales en todo el planeta.

Ciudades como Bogotá o Lima,

cuya latitud coincide prácticamente

con la zona tropical, tienen climas

templados debido a la influencia de

esa columna vertebral. Bogotá porque

tiene altura y Lima porque los

vientos fríos del Pacífico provenientes

de la Antártida son encajonados

por la cordillera elevando la temperatura

media de la ciudad. Todos los

climas, todos los biomas y todos los

minerales están en América del Sur,

lo que hace que las posibilidades

de producción de este continente

para convertirse en el granero del

mundo y en la principal potencia minera

del mundo sean incalculables.

En ese contexto, la prédica del

aborto serial, primera estrategia de

dominación y la más avanzada de

ellas en ejecución, tiene por objetivo

el despoblamiento de la América

del Sur, tal como lo determinó Juan

Domingo Perón cuando en una

entrevista le hicieron esta pregunta

en la década de 1970. Es decir que

el establishment mundial desea una

América del Sur vacía de personas

para que resulte fácilmente dominada

y explotada y para que sirva

únicamente como un reservorio de

materias primas.

Como decíamos, esto ya lo había

advertido el General Perón en la

década de 1970, primero en los

discursos anteriores a su llegada a

la tercera presidencia de la Nación

y más tarde siendo ya presidente,

en casi todos sus discursos y sobre

todo en su testamento político, el

Modelo Argentino para el Proyecto

Nacional. Pero hoy asistimos a una

ofensiva gigantesca del establishment

mundial para instaurar el

aborto en toda América del Sur,

comenzando por Argentina, en un

efecto dominó que arrastrará hacia

el mismo destino a todos los demás

países que conforman la región.

Por desgracia, en la actualidad

también asistimos a la gran paradoja

histórica de que el movimiento

creado por Juan Domingo Perón,

que era un movimiento contrahegemónico,

un movimiento nacional de

liberación, se está transformando

en un partido de administración

de la dependencia encabezado por

el presidente de la Nación Alberto

Fernández. La función específica de

este partido de administración de la

dependencia es precisamente aplicar

las políticas emanadas directamente

del establishment mundial.

El presidente Fernández se hizo

portavoz y abanderado de las políticas

emanadas del establishment

mundial en el mismo instante en

que se declaró promotor de la ley

que legaliza el aborto y que finalmente

fue aprobada por el Senado

de la Nación el pasado 30 de diciembre.

Independientemente de

la discusión ideológica o ética en

torno al aborto, lo que nos interesa

El potencial económico y las riquezas naturales de nuestra América, objetivo invariable de

los poderes globales y del imperialismo desde tiempos inmemoriales. Múltiples proyecciones

señalan que el agua será, en un futuro a mediano plazo, uno de los principales commodities

en el mercado internacional. Buena parte del agua potable del mundo descansa bajo

los pies de los americanos y el poder lo sabe.

41 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


El presidente Alberto Fernández ha sido desde un primer momento el gran impulsor del aborto y de la ideología de género como políticas

de Estado en la Argentina, respondiendo abiertamente a los intereses especificados en la agenda del globalismo. Fernández aquí logra un

doble objetivo, porque además arrastra al peronismo a la subalternidad respecto a las élites globales y va hundiendo el movimiento nacional

justicialista como defensor y garante de la soberanía nacional.

resaltar es que la aprobación de

esta medida en los países de la

región constituye una orden directa

de la oligarquía financiera internacional.

La segunda gran ideología de

subordinación que predica el establishment

es el fundamentalismo

indigenista fragmentador. Esta

ideología, tal como lo explicó Manuel

Ugarte, patriota de la unidad

iberoamericana, no tiene nada que

ver con la reivindicación de nuestros

hermanos indios más postergados

ni con sus reivindicaciones sociales,

el fundamentalismo indigenista

fragmentador no se emparenta con

la cuestión social, que por supuesto

debe ser atendida y requiere de las

naciones el compromiso de subsanar

todas las heridas abiertas.

El indigenismo va de la mano de la

prédica de la leyenda negra de la

conquista española de América, la

primera fake news de la historia y

la obra más genial del marketing

político británico, largamente refutada

por intelectuales de la talla del

peruano José Carlos Mariátegui y el

argentino Rodolfo Puiggrós.

Estos autores demostraron que

la España que llega a América a

finales del siglo XV es una España

premoderna, lo que constituye la

clave para comprender desde el

punto de vista filosófico la conquista

tal y como los españoles la concibieron.

El imperio español no llegó

a América impulsado por un afán de

lucro propio de una potencia imperial

en el mundo capitalista, sino

que ejecutó una auténtica virtud, el

mestizaje, origen de un pueblo nuevo

fruto de la mezcla. Como resultado

del mestizaje, el pueblo que ya

habitaba el continente deja de ser

como era y el que llega deja de ser

como llegó y la síntesis resulta en el

nacimiento de un pueblo nuevo, tal

como lo describió Antenor Orrego.

Un pueblo nuevo y unido en lengua

y en valores, desde California, Texas

y Arizona hasta la Tierra del Fuego,

un pueblo continente que no pudo

constituir una única nación por

intriga de la diplomacia británica

y sus logias que boicotearon los

42 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


proyectos unionistas de San Martín

y de Bolívar.

Fue por acción directa de la diplomacia

inglesa que Iberoamérica se

constituyó en una nación inconclusa

y fragmentada cuya fragmentación

redundó en el subdesarrollo que

hoy la caracteriza. Iberoamérica

no nació pobre, no nació subdesarrollada:

está subdesarrollada a

causa del rotundo éxito de un plan

finamente ejecutado por el imperio

británico con el firme propósito

de dividir a la nación continente

hispanoamericana y condenarla a

la amnesia, al olvido de su origen

único y común desde México hasta

Argentina.

Ahora bien, el fundamentalismo

indigenista fragmentador toma para

sí la leyenda negra de la conquista

española y la hace carne, rechazando

de plano el mestizaje, esto es,

la unión de los dos pueblos que se

encuentran para formar una nación

novedosa. Por eso rechaza la lengua

castellana y los valores comunes

de la hispanidad, pero el idioma

en común es el principal rasgo de

la unidad de los pueblos, el fundamentalismo

indigenista es fragmentador

precisamente porque supone

la ruptura de la unidad de la nación

continente hispanoamericana. Unidad

nacional que, a diferencia del

nazismo que la sitúa en parámetros

biológicos —como lo son los rasgos

fenotípicos—, preferimos situarla

en valores culturales y en la lengua

en común. El indigenismo fragmentador

presupone la existencia

de tantas naciones como lenguas

nativas, con igual número de banderas,

esto es, brega abiertamente

por la atomización de las unidades

políticas de la América Hispana, la

balcanización del territorio.

Atendiendo a esas dos ideologías

de la dominación, entonces, el

establishment mundial se propone

el despoblamiento de la región y

la fragmentación del gigante americano

en una colonia de pigmeos

indefensos ante el saqueo y la

expoliación. De hecho, el continente

ya está escasamente poblado,

principalmente en la zona central

ocupada en su mayor parte por la

Amazonía. Pero el proyecto global

de la oligarquía financiera internacional

sugiere que se siga despoblando

hasta ser reducido a su

mínima expresión, al escaso número

de hombres indispensables para

llevar adelante las tareas propias de

la producción primaria.

Pero eso no es todo. Prédicas

como el abortismo y el indigenismo

se abrazan a causas que pretenden

ser justas para tergiversar su sentido

y trastocarlo a beneficio del

proyecto del establishment. Esa

es precisamente la tarea principal

del progresismo o liberalismo de

izquierda, encabezado en nuestro

país nada menos que por el presidente

de la Nación. Ante un problema

real, el progresismo aplica un

remedio que es peor que la enfermedad,

como en el caso del abortismo

en Argentina como supuesto

Los llamados mapuches, cuyas consignas penetraron profundamente en el kirchnerismo

tras el caso Santiago Maldonado. La organización de estos militantes para fragmentar el

territorio nacional es dirigida y financiada desde Bristol, Inglaterra, siguiendo los viejos

lineamientos de los británicos en el sentido de seguir fragmentando nuestra América en

países cada vez más pequeños e indefensos. No obstante, buena parte del actual peronismo

muerde el anzuelo y hace suya una militancia que ni los anarquistas se animaban a llevar a

cabo: la punta del lanza del indigenismo teledirigido desde los poderes globales.

43 HEGEMONIA - MARZO DE 2021


Representación de concepto de integración americana en la diversidad, pero bajo la misma

bandera la unidad territorial hasta formar una sola nación, grande, variada y poderosa. El

proyecto de San Martín y Bolívar que los poderes globales pugnan por destruir sirviéndose

de los cipayos aquí instalados.

derecho de las mujeres con el

propósito de defender unas presuntas

reivindicaciones de las mujeres

pobres. Otro buen ejemplo, que

a mediano plazo originará serios

proyectos de secesión es el caso

de las reformas constitucionales en

Perú y en Chile, dentro de las que el

progresismo anglófilo propone la inclusión

de cláusulas habilitantes de

la fragmentación indigenista fruto

del reconocimiento de una presunta

plurinacionalidad.

Existe un antecedente de fragmentación

del territorio derivado

linealmente del reconocimiento de

parte de un Estado soberano de

una presunta plurinacionalidad. El

caso yugoslavo nos demuestra que

el reconocimiento de la existencia

de múltiples naciones implica en

todo momento un riesgo de fragmentación

del territorio, reconocido

y avalado por el derecho internacional

por encima del derecho a la integración

territorial. Por lo tanto, si

los Estados americanos sancionamos

constituciones plurinacionales

caemos en la trampa del imperialismo,

pues inevitablemente a lo largo

de las próximas décadas surgirán

movimientos que se sublevarán

en reclamo de su independencia,

apelando a su favor al derecho de

autodeterminación de los pueblos.

Así, a través de las ideologías de la

dominación el establishment mundial

se asegura el despoblamiento

del continente, la ruptura del territorio

y previene el surgimiento de

un nuevo poder sudamericano que

se incorpore como polo fuerte en el

contexto del nuevo orden mundial

multipolar. Tal como nos enseñó el

General Perón a través de la experiencia

del bloque ABC, la integración

iberoamericana no es posible

sin la integración de Argentina y

Brasil, que constituyen el núcleo de

poder de la región. La integración

argentino-brasileña es fundamental

para lograr la integración sudamericana

y esta es necesaria para

obtener la integración de la América

Central y de México. Por eso pensamos

en todo momento en Iberoamérica,

la unión firme entre la nación

continente hispanoamericana y el

Brasil con sus raíces lusitanas.

La región entera debe incorporarse

al mundo multipolar como bloque,

como una nación única y continente,

como polo de poder, no como

productora de materias primas. La

región debe producir valor, pues la

producción primaria no basta para

garantizar trabajo y sustento a la

población total de los países que

la conforman. Y debe recuperar su

identidad única como nación continente:

su identidad mestiza. Todo

aquello que atente contra la industrialización

de la Iberoamérica,

contra el poblamiento de América

del Sur y contra el reconocimiento

de la identidad mestiza de la nación

iberoamericana será fácilmente

reconocible como una política del

establishment mundial para destruir

este polo de poder que no solo

es posible, es necesario.

Las naciones americanas no

tenemos ninguna posibilidad histórica

de sostener nuestra soberanía

si no encaramos seriamente

el proceso de reconstrucción de la

unidad perdida, esa que debemos

recordar que nos caracterizó en los

comienzos de la historia pero que

fue deliberadamente destruida por

las intrigas del enemigo que desde

tiempos inmemoriales se ha propuesto

dominarnos.

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