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Revista Hegemonía. Año IV Nº. 38

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 38 AÑO IV | ABRIL DE 2021

labatallacultural.org

HEGEMONIA

la dama,

el silencio

y el futuro


REDES SOCIALES

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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

de sus lectores mediante suscripciones regulares y

de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición

las empresas de capital privado. Para suscribirse

y/o auspiciar esta revista, contáctese:

Teléfono: (2245) 40-3510

Mail: hegemonia@labatallacultural.org

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Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas

en esta revista y eventualmente firmadas son

de exclusiva responsabilidad de sus autores y no

representan necesariamente el pensamiento ni la

línea editorial de La Batalla Cultural.


26

CONTENIDO EXCLUSIVO

La dama, el

silencio y el

futuro

HEGEMONIA

34

IDENTIDAD PERONISTA

Jauretche, Rosas

y el revisionismo

histórico

56

OPINIÓN

Disney y la dictadura

de lo políticamente

correcto

18

FILOSOFÍA POLÍTICA

El olvido en

un mundo de

Eróstratos


EDITORIAL

El silencio no es salud

La agenda del debate de lo

público en la Argentina prácticamente

había sido copada por

el coronavirus y sus derivados

mientras aparecía esta nueva

edición de nuestra Revista Hegemonía,

la 38ª. de una larga serie

que promete ser mucho, muchísimo

más larga aún. Al momento de cerrar

esta edición que el atento lector

tiene entre sus manos, ocho o nueve

de cada diez minutos del tiempo

televisivo en los canales dichos de

“noticias” se dedicaban a la polémica

de si se debía volver a imponer

un aislamiento social estricto

frente a lo que se anuncia como una

segunda ola de contagios del virus

chino y, por otra parte, a vender

pánico al por mayor. No había espacio

para discutir nada más, toda la

sociedad argentina estaba absorta,

divagando en cifras de contagios,

de muertos, de agujas y de camas

de terapia intensiva disponibles en

el mercado. De una forma un tanto

patética, el argentino hizo suyo el

léxico del enfermo y la sociedad

entera enfermó mucho más allá de

lo habitual en los primeros días de

abril.

El coronavirus, sabemos hoy, es la

suspensión de la normalidad tam-

4 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


bién en términos políticos. El coronavirus

suspende el debate público

de lo público, aunque la política en

sí no se detiene: cual efecto distractorio,

la coyuntura declarada como

pandemia y su famosa segunda

ola —la que viene más o menos a

extinguir la humanidad, de acuerdo

con la narrativa tremendista de los

medios de difusión— se lleva todas

las marcas, arrastra la atención de

la opinión pública hacia cualquier

parte mientras los dirigentes políticos

siguen la rosca. El hecho de

que el ciudadano medianamente

politizado no hable de política y sí

de virus no significa que la política

no esté. Está y sigue su marcha

con todos los procesos en absoluta

normalidad.

Uno de esos procesos es la batalla

entre la principal dirigente

del campo nacional-popular en la

actualidad y la persecución judicial

que llamamos “lawfare”. Mientras

los de abajo contamos contagios y

cadáveres junto a los periodistas en

los medios, se da en el nivel de la

política grande una guerra a brazo

partido entre Cristina Fernández y

los poderes fácticos de tipo económico

para resolver nada menos que

el futuro del país. Lo que veremos

en estas páginas es que en las mal

llamadas “causas judiciales de Cristina”

se decide mucho más de lo

que puede imaginarse después del

análisis superficial. Se equivocará

quien piense que la cuestión se reduce

a si Cristina Fernández está o

no está en libertad, hay más detrás

del “lawfare” de lo que podría soñar

la vana filosofía del mal observador,

como diría Shakespeare.

De cara al futuro de un país que

viene saqueado y maltratado desde

que Mauricio Macri se hizo de la

banda y el bastón presidenciales en

el año 2015, lo que está en juego

hoy son los contenidos del proyecto

político que deberá imponerse en lo

que ya se suele llamar la “pospandemia”,

o la “nueva normalidad”

proyectada. Se acomodan en el

tablero todos los países del mundo

para insertarse de una manera o

de otra en ese nuevo orden mundial

anunciado y la Argentina no

es la excepción: decidiremos si la

inserción de nuestro país al nuevo

concierto de las naciones será en

carácter de un país con cierto grado

de soberanía política o si finalmente

seremos incorporados al mundo

como una factoría en un esquema

neocolonial. Mientras todas las

atenciones están puestas sobre el

virus del presente, en la política se

da la lucha por los contenidos del

futuro.

He ahí que en el resultado del

“lawfare” está buena parte de esa

decisión. Si los poderes fácticos

que desean la recolonización de la

Argentina para someterla a un esquema

de exportaciones de productos

primarios y poco más logran el

objetivo de proscribir definitivamente

a la dirigente que en el interior

del Frente de Todos representa los

intereses opuestos a eso, el camino

estará allanado para la aplicación

total del proyecto neocolonial y

la suerte de los argentinos estará

sellada. No hay aquí ninguna cuestión

simbólica, no existe el odio en

la conciencia de quienes llevan a

cabo el “lawfare”. Todo es una fría

cuestión de pesos y centavos cuyo

objetivo es la imposición de un programa

político determinado.

Eso es lo que se juega hoy en la política

mientras la opinión pública se

distrae con cosas que no comprende

ni puede controlar, con los humos

y los espejos virales. Y en esta

Revista Hegemonía no perdemos

de vista lo esencial ni nos dejamos

distraer, mantenemos la coherencia

del discurso y del análisis para

entregarle todos los meses al atento

lector que nos apoya con su suscripción

una información privilegiada,

objetiva y de una calidad que no se

ve en ningún otro medio.

Nos acercamos sin prisa, pero sin

pausa, a la edición cincuentenaria

de esta revista. Mes a mes leyendo

y desmenuzando el reverso de la

trama para hacer de esto un modesto

aporte en la lucha contra la

manipulación mediática presente,

la que ahora consiste básicamente

en distracción.

Llegaremos a tiempo. Pese a todo,

llegaremos.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


OPINIÓN

La enfermedad es mental

ERICO

VALADARES

En los últimos días de marzo

llamó la atención de la opinión

pública una placa —o un “graph”,

que es como suele decirse

en la jerga televisiva— de un

canal de noticias que se consume

exclusivamente por uno de los

extremos de la grieta. Dicha placa

acompañaba un titular alarmista en

el zócalo sobre segundas olas de

contagios con la imagen de un individuo

tapado con una máscara antigás,

una de esas que se repartían

entre la población civil de Occidente

en plena Guerra Fría mientras la

amenaza de un holocausto nuclear

pareció ser una posibilidad real. El

canal de televisión en cuestión fue

C5N, pero el modus operandi de

sembrar el pánico con la crisis del

coronavirus no ha sido ni mucho

menos una exclusividad de un solo

medio de difusión en la Argentina.

Quizá con un poco menos de amarillismo

y sin apelar tanto a máscaras

que existen únicamente para

la eventualidad de una catástrofe

nuclear, prácticamente todos los

canales, radios y diarios del país,

con sus extensiones en las redes

sociales, han intensificado en los úl-

6 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


timos meses la narrativa apocalíptica

acerca del virus chino. Tal vez sea

C5N el medio que más uso hizo de

la manipulación simbólica con fines

de instalar el pánico, de exagerarlo

hasta el absurdo, pero lo cierto es

que el abuso de la narrativa de la

pandemia y de la inocencia de los

televidentes, oyentes y lectores ha

sido un recurso del periodismo en

general.

El atento lector podrá corroborar

esta afirmación ahora mismo o en

cualquier momento con tan solo

prender el televisor y hacer el llamado

“zapping” por los canales

de cable que venden operaciones

mediáticas en un ropaje de noticias.

Desde América 24, pasando por el

novedoso y aún poco visto canal de

La Nación y el también falto de rating

Canal 26, hasta los campeones

del rubro que son Todo Noticias (TN)

y Canal 5 Noticias (C5N), todos esos

canales dedican la mayor parte de

sus programaciones a especular

acerca de nuevas cepas virales, medidas

de restricción a la circulación,

vacunas y cantidades exorbitantes

de muertos y contagiados. Todos los

días y a toda hora es lo mismo, ya

muy poco es lo que les queda a los

demás temas de la agenda. A cualquier

hora, como se ve, uno puede

sintonizar en cualquiera de esos

canales y allí va a estar la narrativa

de coronavirus, con un nivel de alarmismo

cada vez más alto. En ciertos

horarios es posible incluso transitar

entre esos canales para comprobar

que todos están hablando de lo

mismo a la vez: dándole un enfoque

quizá algo distinto, hay momentos

del día televisivo en los que todos

los canales están haciendo la narrativa

del coronavirus, dejando sin

más alternativa al televidente que

la de participar en la hegemonía o

la de apagar el televisor, lo que no

suele ser una opción.

Lo mismo ocurre con los medios

impresos y radiales, donde la narrativa

del virus es constante a lo largo

de todo el día y en cada edición que

sale de imprenta o en las actualizaciones

de los portales digitales.

Hay virus para satisfacer todos los

gustos y todos los morbos: las nuevas

cepas mortales que van apareciendo

en Londres, en California, en

Sudáfrica, en Río de Janeiro y hasta

en la Amazonía, el toque exótico

que no puede faltar en ningún relato;

la situación en otros lugares del

mundo, donde los medios tienen

corresponsales improvisados que

transmiten con un teléfono celular

mientras caminan por la calle

como cualquier peatón y con la sola

finalidad de atrapar al televidente

no por el contenido o por lo que se

dice, sino por el paisaje que se ve

de fondo; la danza de las vacunas

de distintas corporaciones y países,

cuántas nos van a llegar y cuándo

nos van a tocar, algo de la efectividad

o de los efectos colaterales

de cada una de ellas, etc. Así todo

el día y cuando escasean las “noticias”

de esa naturaleza, empieza el

relato de las fiestas clandestinas,

de si se contagian o no los alumnos

en las escuelas, del protocolo, que

ya es todo un significante vacío, de

famosos que se contagiaron y la

mar en coche. Pero en el fondo se

está hablando todo el día de coronavirus

en los medios, como si nada

más sucediera en la realidad cotidiana.

¿Por qué?

Alguien dirá, apresurándose, que

el coronavirus es de los problemas

el más urgente, el más acuciante de

todos. Y que, por lo tanto, es justo

y necesario que se esté todo el día

durante meses y años hablando de

eso. Los problemas sociales deben

visibilizarse y se visibilizan de hecho

cuando existe la voluntad política

para ello, pero toda visibilización

de un problema tiene el límite de su

Una máscara de tipo antigás, similar a la asociada por C5N al coronavirus. La narrativa

del virus como evento de extinción masiva crece en los medios de difusión, conduciendo

a la sociedad quizá a la aceptación pasiva de la destrucción del esquema de interacción

considerado normal en miles de años y con ello la destrucción de la economía tal y como

la conocemos. El tremendismo en los medios es la preparación cultural necesaria para la

introducción de modificaciones sociales. Solo resta saber en qué consistirán esas modificaciones,

la naturaleza misma de lo que hoy llamamos “nueva normalidad”.

7 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Al empezar la crisis del coronavirus se dio la hegemonía mediática total, cuyo símbolo es

esta unanimidad expresada en la portada de todos los diarios de circulación nacional. De

allí en más todos los medios de comunicación acordaron la narrativa única del coronavirus,

un hecho que por sí solo es ya demasiado sospechoso, aunque no levanta casi sospechas.

Todos estamos cómodos con el relato único y eso históricamente nunca suele terminar bien.

propia utilidad, es decir, existe una

frontera práctica entre concienciar

y alarmar respecto a una situación

determinada, entre la noticia y

la operación. Un ejemplo de ello

puede ser la llamada inseguridad,

que es el delito cuando se percibe

como fuera de control, o la propia

corrupción, temáticas de las que

los medios de comunicación hacen

un abuso de tiempos en tiempos

cuando a los intereses de los propietarios

de esos medios y a sus

socios les conviene. Respecto a la

inseguridad, se ha cuestionado en

innumerables ocasiones la utilidad

de la difusión de los más mínimos

detalles de un crimen, por ejemplo.

¿En qué contribuye a la disminución

del delito la reproducción sistemática

de las minucias de un caso

delictivo específico hasta el hartazgo?

En nada, por cierto, ahí solo hay

un interés en aumentar la realidad

en la percepción de quienes reciben

el mensaje, el lector, el televidente

y el oyente. Y lo mismo ocurre con la

corrupción, que es un hecho constante

al menos en nuestra región y

que, sin embargo, reflota mediáticamente

con intensidad inusitada

en determinados momentos sin que

nada de eso sea útil para terminar

con el problema ni mucho menos.

Entonces la sobreinformación de

un problema social no tiene ninguna

relación con la gravedad de

dicho problema, no es por más o

menos grave que ocupará prácticamente

todo el espacio televisivo,

radial y de prensa. El que los medios

estén todo el día “informando”

—en rigor, especulando sobre cosas

que desconocen porque al difundirse

todavía no son dadas a conocer

públicamente— sobre el virus chino

no hace a la prevención que podría

existir respecto a dicho virus. Aquí

debe haber otra cosa y eso necesariamente

responde a un interés

determinado, como ocurre con

los ejemplos anteriormente vistos

que son los de la inseguridad y la

corrupción. En una palabra, puede

afirmarse sin miedo a equivocarse

que los medios de comunicación no

ponen el foco sobre una temática o

una problemática con la finalidad

de ayudar en su resolución, no hay

nada de eso. Cuando los medios se

vuelven de pronto monotemáticos

es porque hay un interés en el tema

propuesto y por eso no se habla ya

de otra cosa. La lógica indica que

no es distinto con el actual coronavirus.

Por eso debe descartarse el argumento

de la seriedad o la gravedad

como explicación para la fijación

con un tema en particular. Todos

los medios de difusión de la Ar-

8 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


gentina no ocupan el 80% de sus

programaciones con el coronavirus

y sus derivados porque el virus sea

una amenaza a la existencia de la

humanidad, aun en la eventualidad

de que efectivamente lo fuera, sino

porque en esa reiteración sistemática

hay un interés. Aquí se quiere

instalar y reforzar una idea con una

finalidad bien específica, se quiere

generalizar el miedo hasta que se

convierta en pánico para que eso

resulte en otra cosa. ¿Y qué podría

ser eso? Las hipótesis son muchas,

algunas catalogadas como “conspiranoia”

y otras quizá un poco

más verosímiles, una infinidad de

posibilidades sobre en qué podría

resultar una sociedad espantada

por el temor a la muerte inminente

y, claro, qué intereses podría haber

en ello para quienes controlan la

comunicación en un esquema de

monopolio y a la vez de hegemonía.

No cabe en este modesto artículo

enumerar todas esas hipótesis,

sino tan solo señalar la famosa

obviedad ululante y es la que hemos

visto hasta aquí, la de que existe

un interés en los fines y por eso los

medios para lograrlo son comunes

a todos, incluso a los que parecían

ser díscolos.

No sabemos ni sabremos qué es lo

que quieren lograr con la mal llamada

“nueva normalidad” que debería

resultar de una sociedad temerosa

en la pospandemia hasta que ese

momento llegue y los resultados

estén todos a la vista. Y otra vez se

trata de una cuestión lógica, ya que

un truco no tiene éxito si el que lo

observa lo conoce de antemano,

esto es, no es lógicamente posible

saber hoy qué quieren lograr los que

controlan la información con venta

diaria de pánico o eso no podría

lograrse. Por lo tanto, las hipótesis

acerca de la real naturaleza de la

“nueva normalidad” no son más que

ejercicios intelectuales sin mucha

finalidad práctica. De existir un plan

del poder fáctico para reconfigurar

el mundo a partir del coronavirus y

forjar una sociedad humana disciplinada

para fines de dominación,

es inútil y hasta contraproducente

el pretender adivinarlo hoy. Lo que

sí se puede hacer es observar el

proceso presente para ver en ese

proceso los hilos de manipulación

actual y allí se ven los hechos. Uno

de esos hechos es el que venimos

viendo, el de que todos hablan de

lo mismo —todos, incluso los que

parecían ser enemigos en una grieta

política insalvable— y lo hacen con

igual intensidad. Más allá de en qué

quieren que resulte la cosa, es la

propia cosa la que está actualmente

a la vista y puede ser analizada.

Escepticismo prohibido

Dicho todo esto de una forma puntual,

puede observarse el fenómeno

de la comunión entre supuestos

enemigos o lo que solemos llamar

el pacto hegemónico: si los canales

noticiosos de cable TN y C5N son

la expresión televisiva de la discordia

existente entre dos proyectos

políticos contradictorios entre sí, la

Malcolm X sufrió en carne propia las consecuencias de oponerse a la hegemonía mediática.

De esa experiencia, que para él fue letal, sacó la siguiente conclusión, expresada en una frase

inmortal: “Si no estamos prevenidos ante los medios de comunicación, nos harán amar

al opresor y odiar al oprimido”. Algo así está pasando con la narrativa alrededor del coronavirus,

donde las mayorías aceptan pasivamente el proyecto del poder que va en desmedro

propio o directamente antihumano.

9 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


primera señal de alarma frente a los

ojos del observador es el hecho presente

de que TN y C5N se pusieron

de acuerdo y empezaron a decir lo

mismo. Ese dato de la realidad, que

es fácilmente verificable y al mismo

tiempo es un escándalo, ya es en

sí suficiente para comprender que

algo en la práctica no es coherente

con lo que se anuncia en el discurso.

Descartando de plano la hipótesis

de que los medios de comunicación

informan legítimamente, si dos

medios cuyos intereses expresados

son mutuamente opuestos empiezan

a hacer la misma narrativa,

entonces los intereses por detrás

de esos medios no son realmente

contradictorios o existe por encima

de ellos un poder que los determina

a ambos. En la sencillez del sentido

común podría decirse lo mismo,

pero con las siguientes palabras: si

dos enemigos se ponen de acuerdo

en algo, es porque nunca estuvieron

realmente enemistados o es porque

ambos responden un mismo amo.

Para comprender bien esta situación

es necesario inicialmente

separar el coronavirus de su narrativa,

es preciso comprender

que una cosa no es lo que se dice

de ella ni es la forma en la que el

hombre construye para sí mismo

un relato. Más allá de la existencia

del coronavirus, que no parece

ser cuestionada por nadie o por

casi nadie, existe una narrativa del

propio virus más o menos como

evento de extinción humana a nivel

La agresión a un móvil del Canal 5 Noticias, motivada por la asociación entre ese canal y el

oficialismo actual. No obstante esa asociación, hoy por hoy no difieren en su narrativa este

canal y los que supuestamente están del otro lado de la grieta en lo que se refiere al coronavirus.

¿Nunca fueron realmente enemigos o hay una mano única que finalmente mueve a

todos los peones mediáticos cuando la situación lo amerita?

global. El atento lector verá que no

hay una relación necesaria entre

las dos cosas y que el virus puede

existir como existen tantos otros de

igual naturaleza en el mundo, pero

que esa existencia como amenaza

mortal a la humanidad es nada

más que un relato. En su momento

histórico, el virus de la influenza fue

en el relato esa extinción masiva y

también lo fueron el SARS, el MERS

y el H1N1, la Gripe A, sin que en la

realidad jamás se diera nada de eso

ni cerca. Todas esas fueron enfermedades

infecciosas y contagiosas

de tipo gripal al igual que el propio

coronavirus y todas han tenido sus

víctimas. Y en todos los casos se

hizo de ellas una narrativa tremendista

que al final no se corroboró en

los hechos al no resultar en ninguna

extinción masiva.

He ahí que a partir de esa separación

entre lo que es fáctico y lo que

está en el nivel del relato sobre los

hechos se empiezan a ver, digamos,

las muchas hilachas en la narrativa

presente del coronavirus, que de ser

bien observada hace agua por todas

partes. En primer lugar, veremos

que se hace todo un relato enorme

sobre algo que es desconocido hasta

el momento. Al parecer, la todopoderosa

ciencia, esa fe moderna,

no ha sido capaz aún de aislar el

virus en laboratorio para estudiarlo

y saber de qué se trata. Y si eso

fuera así, ya serían de entrada

cuestionables todas las afirmaciones

periodísticas y de los infames

infectólogos mediáticos acerca de

nuevas cepas virales geográficamente

identificables. ¿Cómo se conoce

la copia sin haberse conocido

el original? Es bastante risible que

se hable de nuevas cepas como esa

amenaza de extinción frente a la

que estamos más o menos inermes

cuando en realidad nadie ha podido

ver en un microscopio el virus

original del que en teoría se derivan

10 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


El titular de la Organización Mundial de la Salud, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, aquí en uno de sus muchos encuentros con el chino

Xi Jinping. El origen del virus y su administrador simbólico, unidos en alianza sin que nada de eso pareciera hacerle ruido a nadie. La mejor

manera de ocultar algo, diría Edgar Allan Poe, es poniéndolo a la vista de todos. Así, el que cuestione solo podrá ser un “conspiranoico”.

esas cepas al multiplicarse, ya sea

en Londres, en la Ciudad del Cabo o

en Río de Janeiro.

Pero las nuevas cepas son un hecho

que se da por sentado y nadie

se atreve a cuestionar lo obvio. Lo

mismo ocurre con las vacunas, las

que fueron desarrolladas en tiempo

récord sin que esa velocidad inusual

haya despertado ninguna sospecha.

¿Cómo se desarrolla el anticuerpo

contra algo que no se conoce y

encima en cuestión de meses? Allí

quedaron las nuevas cepas como

la amenaza y las vacunas como

esperanza, la muerte por una parte

y la vida por otra, aunque ninguna

de las dos opciones se explica

lógicamente en los propios términos

del lenguaje científico, que es

sagrado. Simplemente los medios

de comunicación hablan durante el

día entero de “nuevas cepas” que

causan sucesivas olas de contagios,

contra las que la respuesta sería la

vacuna. Y así, como se ve y se sabe,

se van instalando en la conciencia

de las mayorías las asociaciones

entre unas cosas y las otras sin que

—fíjese bien el atento lector— ni las

unas ni las otras puedan demostrarse

todavía por la ciencia. Es un

Nietzsche aplicado, donde la interpretación

siempre es superior a los

hechos.

Cuando un relato tiene la potencia

que da la hegemonía y todas las

voces sobre el escenario repiten

lo mismo en el tiempo, ya nadie

se atreverá a cuestionar lo que se

presenta como incuestionable.

Evidentemente existen las enfermedades

infecciosas y contagiosas

de tipo gripal y el coronavirus

ciertamente será un miembro de

esa familia, es irrelevante discutir

hoy si se trata de una variación

más de los influenza, de los SARS,

los MERS, los H1N1 o de la propia

gripe que es la madre de todos esos

borregos, o si en realidad estamos

11 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


La narrativa tremendista del coronavirus, en la que cualquier interacción social resulta

necesariamente en la muerte, pone todas sus esperanzas en la aguja como si de la panacea

universal se tratara, pero con un problema muy grave: si el virus no ha sido correctamente

aislado en laboratorio, es probable que las vacunas no sirvan para terminar con la pandemia.

En tal caso, los que apostaron a un discurso basado en lo desconocido tendrán la

tormenta perfecta sobre sus cabezas.

frente a una de esas enfermedades

modificadas de alguna manera, ya

sea por manipulación en laboratorio

o mutación. Lo que sí debería

cuestionarse ahora son los alcances

de una enfermedad de esas características.

¿Son evitables? Probablemente

no, nunca fue posible

prevenir la gripe o cualquiera de

sus variantes antes enumeradas

y, de hecho, tanto el original como

sus copias siguen matando gente

todos los años desde siempre: una

de las causas de muerte de adultos

mayores es la gripe, aunque existe

hace mucho una vacuna con cierto

grado de efectividad. No es necesario

ser científico para saber que en

organismos debilitados por el paso

del tiempo o por la concurrencia de

otras enfermedades la mismísima

gripe común suele ser letal, eso es

casi una verdad consuetudinaria y

entonces es un hecho de la existencia

humana cuya única solución es

la convivencia. Todo hombre nace

sabiendo que va a morir y luego

descubre que probablemente esa

muerte vendrá tras muchos años de

vida por una infección gripal. No hay

aquí realmente ninguna novedad

para la humanidad en su existencia.

Ahora bien, si nada de eso es

evitable ni existe la “cura para la

muerte”, otros cuestionamientos

deberían surgir, como el siguiente:

¿Qué es lo que queremos lograr

restringiendo toda actividad humana

considerada normal, es decir,

prohibiendo el contacto y la circulación

que han sido habituales durante

miles de años? Es comprensible

que las mal llamadas cuarentenas

tengan lugar en un primer momento

para mitigar el impacto del golpe de

una supuesta nueva enfermedad y

para adecuar la estructura sanitaria

hasta hacerse de las condiciones

mínimas necesarias para el combate

a ese mal, son los recaudos

lógicos si lo que quiere el Estado

es evitar un colapso de los hospitales

y sus nefastas consecuencias.

Pero lo que se hace en Argentina y

en casi todos los países del mundo

es, por una parte, sembrar el

pánico a través de los medios de

comunicación y, por otra, limitar

indefinidamente la actividad social

mediante el recurso de las sucesivas

olas de contagio. A cada una de

esas olas, se siguen las medidas de

restricción y por la canaleta de las

cuarentenas se va buena parte de

la actividad económica, arrastrando

en el torbellino el empleo, el salario

y la calidad de vida de millones de

familias. ¿Para evitar lo inevitable,

debería cuestionarse el periodista,

se hace todo esto?

Camisa de once varas

Pero ningún periodista se atreve a

cuestionar la obviedad por delante

de sus narices, el escepticismo se

asocia automáticamente al negacionismo

y está prohibido para los

que se pretenden serios. Frente a la

hegemonía, es mucho más cómodo

y más seguro para un comunicador

social seguir la corriente y así se

pasa sin escalas de informar acerca

de la existencia de un nuevo virus

con cierta mortalidad como resultado

a especular sobre nuevas cepas

y sobre la efectividad supuestas

de vacunas, sobre la cualidad de

panacea universal de esas vacunas,

sin tener sobre lo que se dice la más

12 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


mínima certeza. La propia ciencia

sigue o se muestra todavía confundida

frente al coronavirus, cambiando

de opinión a medida que va presentando

hallazgos inciertos sobre

la marcha, pero los anuncios de los

periodistas en televisión, en la radio

y en los diarios tienen el peso de

la afirmación y sobre una materia

absolutamente desconocida la opinión

se va formando en la sociedad.

Es mucho, muchísimo más lo que la

ciencia no sabe sobre la realidad,

el hombre es casi totalmente ignorante

del mundo, lo que no impide

que en los medios se construya toda

una narrativa basada en verdades

reveladas que no lo son.

Eso es así en parte porque la narrativa

del coronavirus viene ya con

un “seguro anticrítica”, un mecanismo

en el propio relato con el que las

voces disidentes se descalifican en

los términos del relato en sí mismo,

esto es, la narrativa se hace de una

forma tal que cualquier cuestionamiento

se ubica en el lugar del

“conspiranoico” y naturalmente

se prohíbe. ¿Quién querrá quedar

como un negacionista delirante?

Nadie, por cierto, razón por la que

nadie cuestiona nada aunque la

cosa es muy cuestionable, es evidentemente

cuestionable. La narrativa

del coronavirus tiene la propiedad

de basarse en “existe una

enfermedad” y “la gente muere”,

que son verdades innegables, puesto

que efectivamente existen las enfermedades

y todo hombre muere,

para encadenar una larga serie de

otras afirmaciones que no solo no

pueden demostrarse en los términos

del lenguaje científico, sino que

además son inverosímiles si se las

mira con atención. Ahí tenemos la

construcción de una narrativa sobre

algo que es real, pero interpolada

por una enorme cantidad de afirmaciones

francamente arbitrarias.

Políticamente hablando, toda narrativa

es un discurso cuya finalidad

es la de crear una realidad simbólica

sobre la que deberían construirse

unos consensos sociales como

medio para lograr modificaciones.

El relato, se ve, es un medio para

la obtención de un fin, nunca el fin

en sí mismo. Y el relato del coronavirus,

miedo y pánico mediante,

existe en forma actual porque a

alguien le interesa introducir modificaciones

en nuestra sociedad. Esa

Mural de un Trump a los besos con Xi Jinping, barbijos mediante. El gobierno de Trump cayó victimado por el coronavirus al optar por una postura

extrema que en su momento estuvo en contradicción directa con la narrativa dominante. Los negacionistas pagaron el costo político de

la crisis, pero los fanáticos que afirman lo desconocido también lo pagarán ante las consecuencias nefastas de las políticas dichas sanitarias

de destrucción del tejido social en el mediano plazo.

13 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


es la propia descripción clásica de

la política como lucha por el poder

en el Estado y conduce a la reflexión

sobre cuáles podrían ser las finalidades

de un gobierno —un poder

político inestable y muy limitado en

el tiempo— cuando dicho gobierno

adhiere de lleno a una narrativa tremendista

acerca de una enfermedad.

Si bien no nos es dado conocer

todavía las motivaciones del poder

fáctico, que es el poder real estable

y sin limitaciones en el tiempo,

es posible proyectar desde ya las

consecuencias de la adhesión o la

oposición de un gobierno al relato

del coronavirus actual. Y también

concluir desde luego que ambas

opciones tienen consecuencias

nefastas para dicho gobierno. El coronavirus

es una crisis justamente

por eso, porque normalmente todas

las opciones son malas al meterse

uno en camisa de once varas.

Desde que la Organización Mundial

de la Salud (OMS) declaró que

el coronavirus es una pandemia, los

Estados nacionales con sus gobiernos

del momento han adoptado

posturas extremas frente al hecho

político de esa declaración. Por una

parte, hubo de los Donald Trump y

de los Jair Bolsonaro, de los que se

mostraron en una posición negacionista

del problema. El primero pagó

ya el costo político de su decisión

con una derrota electoral que de

otra forma no habría tenido lugar,

mientras que el segundo tambalea

y no debería llegar en buenas

condiciones a las elecciones del

2022 de no haber un giro brusco

en la situación. Por otra, los que

adhirieron a la narrativa global y

se plegaron completamente, como

en el caso de Alberto Fernández en

nuestro país. Desde el primer día, el

presidente Fernández ha hecho un

relato tremendista de la coyuntura,

presentando incluso como bandera

El presidente Fernández y el jefe de Gabinete Cafiero, reunidos con el delirante comité de

“expertos”, los aprendices de brujo que indujeron al gobierno a afirmar lo desconocido como

si fuera ciencia y a tomar decisiones que hoy le pesan muchísimo a Fernández. Con una

economía devastada y el relato de una segunda ola de contagios en puerta, el presidente no

tiene ya la carta de la prohibición de la actividad y queda a la espera de una vacuna que, de

llegar en tiempo y forma, puede no funcionar correctamente. Una apuesta de altísimo riesgo.

la peligrosa disyuntiva entre salud

y economía, en la que optó por lo

primero. Fueron pocos, realmente

muy pocos los dirigentes políticos

que han encontrado una manera

equilibrada de afrontar el desafío,

la enorme mayoría eligió el extremo

del negacionismo o el de la afirmación.

Y ambos lógicamente se

equivocaron, puesto que negaron o

afirmaron lo que no sabían.

Trump y Bolsonaro pagaron y pagan

el costo político de sus decisiones,

pero lo mismo le está pasando

a Alberto Fernández. Si bien en un

primer momento la adhesión al

relato global de la pandemia como

evento de extinción masiva y las

drásticas medidas coercitivas de

cuarentenas y prohibiciones a la

actividad económica se interpretaron

positivamente entre la población

y la popularidad de Fernández

tocó niveles inusualmente elevados,

ese triunfo resultó ser demasiado

efímero cuando las mayorías empezaron

a sentir el impacto económico

de las medidas gubernamentales.

Fue el momento de transitar

gradualmente hacia un esquema

de más flexibilidad, pero Alberto

Fernández ya se había casado con

la narrativa tremendista y no pudo

cambiar. Desde que asoció el salir

a la calle con la muerte segura —

otra vez, la afirmación de lo que no

se sabía entonces y ni siquiera se

sabe ahora—, Fernández se obligó

a sostener su palabra y con eso

agotó económica y socialmente a la

sociedad argentina, sobre todo en

sus clases trabajadoras populares

y medias, las que vieron menguar

sus ingresos familiares y padecieron

un infierno. Alberto Fernández

apostó a lo que no sabía, asesorado

por un comité de “expertos” que no

pueden serlo, lógicamente, puesto

que nadie es experto en lo desconocido,

salvo los brujos. Y el resultado

fue naturalmente el siguiente: los

14 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Oportuna ilustración sobre las consecuencias del coronavirus sobre la economía de las familias. Las medidas de restricción a la circulación

considerada normal por la humanidad destrozaron el comercio y destruyeron millones de puestos de trabajo en todo el mundo.

“expertos” se equivocaron y siguen

equivocándose, pero no pagan ni

pagarán ningún costo. Lo pagará el

presidente Fernández por hacerse

asesorar por aprendices de brujo.

De un modo general, los negacionistas

fueron castigados primero

y por eso perdió Donald Trump en

los Estados Unidos, quien tuvo la

mala suerte de revalidar su mandato

durante el auge de la narrativa a

la que él mismo había optado por

negar. Pero también serán castigados

los que afirmaron lo que no

sabían, los que escucharon únicamente

a los mal llamados “expertos”,

se ocuparon únicamente de

la administración de la pandemia y

directamente hicieron caso omiso

de todos los demás aspectos sociales,

entre ellos la economía de un

modo central. En este último grupo

está Alberto Fernández, quien ahora

será embestido por la narrativa

de la segunda ola y de las nuevas

cepas exóticas, una narrativa que él

mismo promocionó en un principio,

pero ya con casi un año y medio de

gobierno a cuestas y la mitad de la

población por debajo de la línea de

pobreza, una economía nacional

devastada y un gran desgaste tanto

de su imagen como de su autoridad.

¿Cómo imponer en estas circunstancias

nuevas restricciones a la

actividad social normal?

Alberto Fernández está en un callejón

sin salida en todo lo que respecta

al coronavirus, está preso de su

propia narrativa. Ni siquiera puede

hacer uso del canal oficialista para

intentar revertir la situación, puesto

que C5N está adherido al relato global

del tremendismo y es verdaderamente

el más tremendista de todos,

ya acostumbró a su público —el que

coincide justamente con la base de

apoyo del gobierno— al pánico de

saber que salir a la calle resultará

en una muerte segura y al poco saludable

hábito de no cuestionar el

relato global dominante. Fernández

está en esa camisa de once varas y

con él todos los comunicadores sociales

que han adherido a la narrativa

del coronavirus como un dogma,

algunos de ellos habiendo afirmado

15 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


El escándalo del llamado “vacunatorio VIP” hizo rodar la cabeza de Ginés González García

unos pocos días después de su mayor logro: la obtención de la ley del aborto. Pero también

dañó seriamente la cohesión de todo el relato de la gestión gubernamental del coronavirus.

Las cosas se han puesto muy cuesta arriba para Alberto Fernández luego del “vacunatorio

VIP” al devaluarse enormemente su palabra y escasear su credibilidad.

a los gritos y en alta definición que

“quedate en casa o vas a morir”.

Para colmo de males, el haber

apostado a la panacea universal

de la vacuna presenta el problema

de no tenerla y, por lo tanto, de ser

responsabilizado por esa escasez,

máxime mediando un escándalo

como el del “vacunatorio VIP”, que

dañó seriamente la imagen del

gobierno y la cohesión del relato

sanitario. Pero además por la lógica

razón de que existe la posibilidad

de que la vacuna sea tan efectiva

para prevenir el coronavirus como

lo ha sido siempre para evitar la

gripe común y silvestre, esto es,

casi nada. El verdadero infierno, la

tormenta perfecta para la política,

será si luego de una vacunación

masiva el coronavirus sigue matando

grandes cantidades de gente,

como ocurre con la propia gripe

desde siempre. Esos también son

los resultados de apostar a lo desconocido

y de afirmarlo como si se

tratara de la verdad revelada. No se

sale de eso fácilmente y quizá no se

salga en absoluto.

En el fondo, el problema es que

la narrativa de un evento de extinción

masiva no es compatible con

la existencia humana, justamente

porque la viene a extinguir. De una

manera o de otra, siempre se trata

de una profecía autocumplida: si la

amenaza es realmente letal como

se afirma sin saberlo, entonces la

extinción es un hecho y el coronavirus

va a diezmar la población

mundial sin que se pueda hacer

mucho al respecto, lo que en sí es

la definición de evento de extinción

masiva. Pero si, por el contrario, el

coronavirus termina confirmando

sus ínfimas tasas de mortalidad y

realmente no impacta en la población

mundial, entonces será la destrucción

del tejido social generada

por la suspensión de las actividades

económicas la que hará el trabajo

de extinción. Y eso es lo que no

parecen comprender los dirigentes

políticos en la actualidad, la dura

realidad de que podrían terminar

involucrados en delitos de lesa

humanidad por haber hecho bandera

con un discurso de “protección

a la vida” cuyas premisas no son

conocidas y cuyas consecuencias

pueden ser nefastas para la vida

misma. Todo dirigente debe saber

que existen dos reglas de oro en la

actividad política. La primera es que

si todos los medios de comunicación

se ponen de acuerdo en algo,

es porque allí hay un tongo. Y la

segunda es que, como el narcotraficante,

uno jamás debe consumir

aquello que vende. Las narrativas

son necesarias para la construcción

de los consensos que van a resultar

en la modificación de la realidad

social que toda política persigue,

pero nunca dejan de ser relatos. Al

fin y al cabo, lo único verdadero es

la realidad efectiva y esta indica

que la enfermedad mata y que el

hambre también, que apostar todas

las fichas a lo que está fuera del

control propio es normalmente una

mala decisión y que Maquiavelo tenía

razón al enfatizar la importancia

de vender humo para triunfar en la

política, pero más énfasis aún en la

necesidad de no consumir el propio

humo. Queda la esperanza de que

cuando llegue el momento de tronar

el escarmiento, el pueblo no vaya a

buscar a los responsables solamente

a las casas de gobierno, sino a

la fuente de la enfermedad, que es

mental: a los medios de comunicación.

La esperanza es lo último que

se pierde.

16 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


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17 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


FILOSOFÍA POLÍTICA

El olvido en

un mundo de

Eróstratos

DANTE

PALMA

Tomará el revólver, cargará las

seis balas y saldrá a la calle.

Las primeras cinco balas serán

para los cinco primeros desgraciados

que azarosamente

se crucen en su camino. La sexta

será para él mismo. Harto de vivir

en un mundo de mierda, rodeado de

gente de mierda que da náusea y a

la que siempre es mejor mirar desde

arriba para no rozarse, el personaje

en cuestión ha decidido ser un Eróstrato

de nuestro tiempo.

Para quienes no lo recuerden,

Eróstrato era un pastor que allá por

el siglo IV antes de Cristo, según

dicen, más precisamente el mismo

día en el que habría nacido Alejandro

Magno, incendió el Templo de

Artemisa en Éfeso, aquel considerado

una de las siete maravillas del

mundo antiguo. Nadie se explicaba

por qué lo había hecho; no había

razones políticas, ni religiosas ni

simbólicas en un sentido amplio.

18 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Sin embargo, tras un largo interrogatorio

que incluyó hasta torturas,

el incendiario confesó: lo había

hecho para ser recordado. Y a pesar

de que los efesios ordenaron quitar

toda referencia a su persona para

que no lograra su cometido, la historia

le daría la razón pues de hecho

nadie sabe quién construyó aquel

templo pero todos sabemos quién

lo destruyó. Es más, hasta figuras

de la talla de Unamuno, Gracián,

Cervantes, Víctor Hugo, Chéjov,

Pessoa y Verne, entre otros, le han

dedicado al menos una línea en sus

obras. Estar en el recuerdo por la

razón que fuera, o incluso por malas

razones, pero estar. La psicología

misma habla de un Complejo de

Eróstrato para definir aquellas personalidades

con baja autoestima

dispuestas a buscar la fama a cualquier

costo y cada vez que leo casos

como estos recuerdo que una lógica

parecida persiguió el asesino de

John Lennon quien luego declararía

que cometió el crimen para poder

ser más famoso que el exbeatle.

Además de los mencionados, la

figura de Eróstrato inspiró también

19 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Portada de la edición de Edhasa de la ‘Teoría General del Olvido’, del angoleño José Eduardo

Agualusa, quien hizo de todo para ser olvidado y hoy se recuerda como autor de esta pieza

literaria. No hay derecho al olvido en el mundo del recuerdo informatizado.

a J. P. Sartre, quien publicara un

cuento que llevaría justamente el

nombre del pirómano más famoso

y que sería recopilado en el libro

El muro. Como se indicaba en el

primer párrafo de esta nota, Sartre

piensa en Eróstrato cuando crea

el personaje de un hombre que

aborrecía vivir rodeado de gente y,

de repente, decide salir a la calle

a matar de manera indiscriminada

como una suerte de legado para

la posteridad antes de suicidarse.

Para desgracia del protagonista las

cosas no salieron como pensaba,

pero invito al lector que lea por sí

mismo esa fantástica historia. Con

todo, lo que sí podemos sacar en

limpio hasta ahora es que a lo largo

de la historia ha habido muchos

Eróstratos pero nunca fue tan fácil

convertirse en uno de ellos como

sucede en la actualidad.

De hecho, no casualmente, de

manera periódica nos anoticiamos

de locos terroristas que perpetran

masacres que transmiten en vivo

en sus redes sociales solo por ser

“reconocidos”, por alcanzar una

“fama” aunque más no sea desde el

horror. No olvidemos ese punto ya

mencionado. Se trata de trascender

por la trascendencia misma y no

necesariamente por alguna virtud.

El gran descubridor y el gran asesino

valen lo mismo envueltos en el

mismo lodo de Wikipedia. Y, a su

vez, Eróstratos ha habido siempre.

Sin embargo, como les indicaba,

hay tiempos históricos que son un

caldo de cultivo para este tipo de

acciones. Y, claro, no descubrimos

nada si indicamos que una cultura

donde todo se hace para ser visto

sea proclive a la multiplicación de

Eróstratos. Si todo es trascender y

la competencia por esa trascendencia

es feroz, los más cuerdos vivirán

empastillados para soportar la

presión y los menos cuerdos serán

capaces de hacer desastres contra

terceros y contra sí mismos.

Sin embargo, intuyo que en paralelo

comenzaremos a convivir también

con el fenómeno contrapuesto. Una

suerte de pretensión de regreso al

anonimato que será muy potente en

20 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


las nuevas generaciones. Insisto en

que serán fenómenos que se darán

a la par: tendremos por un lado una

dinámica disparatada de personas

necesitadas de llamar la atención

con cada vez más frecuencia en una

competencia frenética y, al mismo

tiempo, muchos otros que aun

presos de la tecnología tenderán a

permanecer ajenos, a intentar pasar

desapercibidos, a vivir una vida

menos expuesta. Efectivamente,

serán cada vez más frecuentes los

pedidos de lo que se conoce como

“derecho al olvido” que más allá de

Con el asesinato de John Lennon, Mark David Chapman se hizo efectivamente famoso y no precisamente por ninguna virtud. La conmoción

mundial por este auténtico incendio de un templo viviente fue enorme y a fines de 1980 Chapman alcanzó la fama mundial.

21 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


referir, desde el punto de vista legal,

al derecho a que se quite de la web

información maliciosa o que daña la

reputación de un afectado, podemos

pensarlo de manera metafórica

como un derecho a no ser recordados,

el derecho a una vida que no

trascienda.

A propósito, hace unos días revisaba

el libro Teoría General del Olvido,

del angoleño José Eduardo Agualusa,

y me encontré con este párrafo

en la página 158 de la edición de

Edhasa de 2012: “Ciertas personas

padecen del miedo a ser olvidadas.

A esa patología se la llama atazagorafobia.

A él le sucedía lo opuesto:

vivía en el terror de que nunca lo

olvidasen. Allá, en el delta de Okavango,

se había sentido olvidado.

Había sido feliz”.

Estoy pensando en la cantidad de

casos de jóvenes que hoy cuentan

con 30 años y están arruinados en

el presente por el simple hecho de

haber expuesto su vida y sus opiniones

en una red social cuando

tenían, quizás, 13, 14 o 15 años.

Esa web que todo lo recuerda y que

privilegia lo viralizado, es decir, le

da preponderancia a lo que más circuló

independientemente de si ese

contenido es verdadero o falso, está

arruinando la vida de miles de personas

impulsadas por una cultura y

una tecnología incapaz de separar

lo público de lo privado. Esa opinión

indebida vertida cuando tenías

Representación artística de 1572 sobre lo que pudo haber sido el Templo de Artemisa —Diana,

en su equivalente romano— en Éfeso, actual Turquía, antes de haber sido incendiado por

Eróstrato. Para la posteridad, el Complejo de Eróstrato quedó como la necesidad personal

de obtener fama a cualquier costo.

16 años, un video compartido con

amigos, un comentario privado que

alguien hace público, todo puede,

de un momento a otro, transformar

tu vida en un infierno, llevarte a ser

un Eróstrato pero, claro está, de

manera involuntaria.

No deja de ser curioso que en casi

todos los sistemas legales existe la

figura de la prescripción de algunos

delitos y que, sin embargo, en

paralelo, culturalmente estemos

presos de un sistema de memoria

infinita que permite juzgar a la

gente por hechos o acciones que

ni siquiera son delitos; donde no

hay posibilidad de arrepentirse por

una foto desafortunada o por una

opinión vertida hace 15 años con la

cual quizás hoy no comulguemos.

Porque la gente cambia, para bien

o para mal, pero el combo entre una

maquinaria de almacenamiento

total con una sociedad deseosa de

vigilar, juzgar y castigar con valores

del presente hechos de un pasado

en el que los valores eran otros,

está generando mayores calamidades

que actos reparatorios, además

de minar una vida en sociedad en la

que todos estamos a tiro de la policía

del pensamiento que decrete la

muerte civil del señalado de hoy.

Como conclusión, entonces, seguirán

floreciendo y, algo aún peor,

seguirán intentando florecer los

Eróstratos, cada vez más patéticos

y probablemente más dañinos.

Pero atención con la reacción ante

ese fenómeno. Cuando creemos

que todo está a la vista, puede que

se esté gestando en paralelo un

mundo subterráneo donde la gente

pueda y pretenda vivir sin ser recordada.

Y quizás, como decía Agualusa,

puede que en ese mundo esa

gente lleve adelante el acto contracultural

más grande: la revolución

de ser feliz.

22 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


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23 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


ANÁLISIS

Crisis de representación

ERICO

VALADARES

Francis Fukuyama es un politólogo

estadounidense de origen

japonés que se hizo de un gran

reconocimiento a nivel mundial

cuando acuñó, después de la

caída del Muro de Berlín y la posterior

disolución del campo socialista

en el Este —concretamente, con el

derrumbe de la Unión Soviética en

1991—, la categoría de “fin de la

historia”. Para Fukuyama, al fracasar

el socialismo oriental como

alternativa ideológica al liberalismo

occidental, se acababa la historia

en términos más bien marxistas,

es decir, la historia movida por la

lucha política entre dos proyectos

políticos antagónicos. Esos proyectos

fueron los grandes relatos que

animaron la modernidad desde la

revolución burguesa de fines del siglo

XVIII en adelante y sobre ellos se

debatió toda la humanidad como en

un péndulo: entre la derecha liberal

con su proyecto capitalista y la

izquierda comunista con el socialismo

real como horizonte se discutió

durante dos siglos, hasta que este

último gran relato mordió el polvo

con el colapso soviético. Ni lerdo

ni perezoso y además financiado

por los intereses occidentales que

buscaban entonces establecer un

24 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


nuevo orden mundial con hegemonía

unipolar en los Estados Unidos,

Fukuyama decretó allí el fin de la

historia, anunciando que el futuro

de la humanidad sería con el liberalismo

occidental y sin discusión.

En muy resumidas cuentas, lo

que Fukuyama anunciaba en ese

naciente orden global unipolar no

era otra cosa que la quiebra de una

posibilidad de representación política

entre las dos existentes hasta

allí. Y no era moco de pavo. Habían

sido doscientos años desde que

la burguesía revolucionaria introdujera

el liberalismo como relato

hegemónico al destruir hasta sus

cimientos el antiguo régimen de las

monarquías absolutas que durante

un milenio había sido indiscutible.

Esa burguesía liberal y sus conceptos

de república, división de poderes

y de igualdad entre los hombres

ante la ley había creado el Estado

moderno y prácticamente todo lo

que aún hoy tenemos en la base

de nuestra organización política

tiene en esa revolución su origen.

Los parlamentos, los gobiernos, el

poder judicial, la Constitución como

garante supuesto del orden en medio

a la lucha política y mucho más,

todo eso resulta de las cabezas

iluminadas de aquellos burgueses

revolucionarios, quizá un poco más

en Francia que en Inglaterra, pero

en Occidente de un modo general.

Hasta el ordenamiento horizontal

de derecha a izquierda que tan

instalado tenemos en la conciencia

los que pensamos la política es

obra intelectual de la revolución

burguesa.

Semejante es el legado de 1789

y con tanta fuerza hegemonizó la

política a nivel global que incluso

su propia antítesis, el marxismo o

socialismo científico, existe únicamente

como una derivación del

liberalismo fundante. El mismo

Marx es un hijo de la revolución y

nunca hubiera sido sin ella. Como

negación dialéctica del capitalismo

liberal, el socialismo también

liberal, pero por izquierda, nace a

mediados del siglo XIX para ser esa

alternativa moderna e industrial

cuya diferencia quizá única respecto

al modo de producción capitalista

está en la propiedad de los medios

de producción. Bien observada la

cosa, la revolución rusa de 1917

que se inspiró en el marxismo para

sacudir el mundo desde Rusia fue

la continuación lógica de 1789,

fue el liberalismo de la igualdad,

la fraternidad y la libertad llevado

a sus últimas consecuencias, la

idea original por la que los primeros

jacobinos conocieron el filo frío de

la guillotina luego de haberlo usado

contra la monarquía. El triunfo del

socialismo en una vasta región del

planeta, la oriental, fue el triunfo

de una vertiente del liberalismo

francés, la que en Occidente suelen

llamar “radical” puesto que representa

cabalmente el jacobinismo

extremo de la revolución temprana.

La revolución burguesa tuvo tanto

éxito en el tiempo porque ya tenía

en sí misma su propia dialéctica,

no dejaba nada por fuera de su

sistema y todo lo resolvió de allí en

más en una interna liberal entre la

izquierda y la derecha generadas en

su seno.

Esa inmensa y larga interna fue la

que Francis Fukuyama vio caerse al

derrumbarse el bloque socialista en

el Este y de ahí la gravedad contenida

en la sentencia del “fin de la historia”.

Francis Fukuyama fue testigo

de lo que François Furet llamó la

muerte de la revolución, acaso dos

formas de decir lo mismo. Donde

Fukuyama veía el fin de la historia

al hundirse uno de los polos del

empate liberal hegemónico, Furet

La obra de Francis Fukuyama, especialmente ‘El fin de la historia y el último hombre’, libro

en el que este politólogo estadounidense de origen japonés afirma que la historia en un

sentido de lucha ideológica terminó al saldarse la Guerra Fría entre el Occidente demoliberal

y el Oriente socialista. Con la caída de este último, sostiene Fukuyama, el mundo tendría su

aspecto definitivo en el demoliberalismo.

25 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


el llamado concierto de las naciones

parecería corroborar esa hipótesis

y dar lugar a la idea de una

nueva guerra fría entre Occidente y

Oriente para renovar la vieja interna

de la modernidad.

Algo muere

La caída del Muro de Berlín, el acto de guerra final que disparó el proceso de disolución del

campo socialista en el Este. Como la caída de la Bastilla en 1789 marca simbólicamente el

inicio de la modernidad en términos políticos, este hecho de 1989 va a simbolizar el nacimiento

de la posmodernidad expresada también en la política. Aquí no termina la historia,

como se sabe, pero termina a exactos doscientos años de su inicio la historia de la revolución

burguesa, que subsiste hoy como una mera simulación al no estar definidos todos los

caracteres de la nueva era.

anunciaba la muerte de la revolución

burguesa de Francia a exactos

doscientos años de la caída de la

Bastilla. Tanto Fukuyama como

Furet, cada cual a su manera, vieron

en 1989 el fin de una era. Furet no

es claro respecto a lo debía suceder

a la modernidad revolucionaria,

pero Fukuyama sí lo es y sin ambages:

el fin de la historia sería el

triunfo final de la fracción derecha

en la interna liberal. De allí en más

no habría lucha, no habría política y,

por lo tanto, no habría historia.

A la vista de recientes acontecimientos

en Oriente y hasta en América,

Fukuyama quiso matizar sobre

lo que había dicho a principios de

los años 1990 y hasta admitió que

pudo haberse equivocado. El ascenso

de Vladimir Putin (otra vez en

Rusia) y de un Hugo Chávez hablando

de socialismo sentado sobre las

reservas más grandes de petróleo

del planeta podrían ser la evidencia

de que la historia sigue y de que

el orden unipolar estadounidense

había sido nada más que un corto

interregno. La historia sigue, habrá

pensado un ya canoso Fukuyama.

Quizá no como una interna liberal

clásica entre izquierda y derecha,

pero sigue. La irrupción de China

con vocación de potencia global en

Pero Fukuyama no se equivocó y las

nuevas manifestaciones políticas

de los Putin en Rusia y los Chávez

en Venezuela son de una naturaleza

muy distinta respecto a lo que fue la

política en la modernidad industrial

que es la propia revolución burguesa.

Es cierto que hay una nueva ola

de movilización aquí y allí, también

en nuestro país la década de los

1990 se superó con el advenimiento

del kirchnerismo y se movilizaron

muchos de los que habían sido

derrotados por el “fin de la historia”,

pero todo eso pertenece ya a

una era distinta. El error de Francis

Fukuyama está mucho más en la generalización

de la idea de una historia

que termina cuando termina

una era, una época con sus características

históricas que son únicas e

irrepetibles. Fukuyama se equivocó

como publicista de la hegemonía

unipolar, aunque eso fue mucho

más la expresión de una militancia

rentada que un error propiamente

dicho. Pero no se equivocó como

intelectual: la historia de la modernidad

industrial —o, en términos

de Furet, la revolución burguesa de

1789— realmente terminó.

El atento lector verá que eso hoy es

una obviedad ululante. Hoy, a más

de treinta años de la caída del Muro

de Berlín, es muy fácil entender que

la política existe como una cosa de

distinta naturaleza. En otras palabras,

está claro que hoy no se hace

política como en los siglos XIX y XX,

algo cambió efectiva y suficientemente

como para que podamos

26 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


hablar de un cambio de época,

como diría el portugués Sousa Santos.

No es que haya habido algunos

cambios dentro de una coyuntura

histórica, sino que empezamos a

transitar una coyuntura completamente

nueva y sin mucha continuidad

respecto a la anterior. Hoy

podemos ver y sabemos que a partir

de la quiebra del proyecto político

socialista y el fin de la Guerra Fría

es adecuado hablar de una posmodernidad

en oposición o como superación

de la modernidad industrial

resultante de 1789, hay una ruptura

fundamental y el problema que tenemos

los contemporáneos es quizá

similar al que tuvieron aquellos a

los que les tocó transitar las primeras

décadas del siglo XIX, a saberlo,

es que seguimos buscando en el

presente referencias que en el presente

existen únicamente como un

recuerdo del pasado, como fantasmas

o como nostalgia. Los primeros

posmodernos, nosotros mismos,

estamos buscando hoy referencias

que ya no existen y por eso estamos

tan confundidos.

Una de esas referencias es la

representación política, que ya

no existe como existió en la modernidad.

Seguimos hablando de

pertenencias ideológicas, somos

peronistas, somos liberales o

somos comunistas, pero sin serlo

en absoluto. He ahí la confusión

de esta posmodernidad temprana:

muchos de los contemporáneos

hemos sido formados en la modernidad

tardía, en los últimos años

de la Guerra Fría de las identidades

políticas e ideológicas duras, y por

eso seguimos hablando de lo que

aprendimos entonces. Pero eso

ya no existe de hecho y por la muy

elemental razón de que la política

ya no se hace como antaño. No hay

referencias duras, los dirigentes políticos

no se aferran a su identidad

ideológica pretendida y el resultado

final es que la personificación de la

ideología ha dejado de funcionar.

La personificación de la ideología

es el proceso por el que los muchos

empiezan a identificar a uno o a

unos pocos como los depositarios

de una idea política en un tiempo

determinado. Por ejemplo, en el

siglo XX el socialismo hecho carne

fueron los bolcheviques con Lenin y

Stalin y el fascismo fueron Mussolini

y Hitler. Si uno quería entonces

defender esas ideas con una militancia

coherente a los fines previstos

en cada uno de esos programas

ideológicos, entonces se hacía

militante y se ponía a las órdenes

de esos referentes máximos, con

la mediación de una multitud de

cuadros medios que a su vez respondían

orgánicamente al líder. Ahí

estaba personificada la ideología y

además de formarse políticamente

para su actividad militante, uno debía

poner atención en las palabras

y en los actos del liderazgo para

orientarse bien. El atento lector

que tiene ya sus años de vida y fue

educado en ese esquema entenderá

al instante que aquí hay una descripción

cabal de cómo funciona la

política desde el punto de vista de

su organicidad. Y también deberá

entender que nada de eso existe

actualmente.

¿Por qué no existe? Por varias

razones, pero fundamentalmente

porque los tocayos Francis Fukuyama

y François Furet estaban en lo

cierto respecto a que algo muere o

murió. Con la caída del socialismo

en el Este y la consagración del liberalismo

occidental como ideología

única, hegemónica a nivel global,

todo el sistema político existente

antes de ese derrumbe deja de

Vladimir Putin y Hugo Chávez, el uno con herencia de la Unión Soviética y el otro hablando

de socialismo sobre las más grandes reservas de petróleo y gas del planeta. El advenimiento

de estos titanes de la política habría sido la evidencia de que la historia no se terminó, de

que todavía hay una lucha ideológica en curso. Y eso es verdad, aunque la naturaleza de esa

lucha es muy distinta a lo que fue en el pasado. Tanto Putin como Chávez son ya, en mayor o

en menor medida, la posmodernidad naciente.

27 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


existir. Al no haber una controversia

entre al menos dos grandes relatos,

el relato sobreviviente tiene la

viudez como destino: existir durante

algunos años en soledad, pero ya

sin el sentido que supo tener mientras

tuvo pareja. Lo que le pasó al

liberalismo occidental al quebrar

el socialismo en Oriente fue eso, se

quedó privado de un fin y naturalmente

languideció, murió en esencia

al morir su par opuesto. En esa

sobrevivencia con los días contados

no tuvo motivaciones para sostener

el sistema y el sistema se cayó. Así,

el derrumbe del socialismo soviético

resultó en el vaciamiento de los

partidos políticos, los que perdieron

sus funciones de formación política

de sus cuadros militantes y pasaron

a ser meros instrumentos electorales.

Sin tener una finalidad específica

en un mundo donde la controversia

había quedado saldada en

favor de una narrativa, el sistema de

partidos quebró.

Por lógica, al no haber partidos políticos

con función de formación de

cuadros y aglutinación de militantes

y simpatizantes de una ideología,

el resultado necesario fue aquello

que hace mucho se dio en llamar la

crisis de representación. “La gente

ya no cree en los políticos”, arriesgaba

el opinólogo en los canales de

televisión para dar cuenta de dicha

crisis. El fenómeno se hizo cada vez

más visible en el tiempo, pero nadie

parecía muy interesado en dar con

su origen. Todo fue un “la gente

ya no cree en los políticos” como

explicación, sin comprender que los

“políticos” —esto es, el liderazgo

ideológico personificado en dirigentes

de carne y hueso— son esos

mismos cuadros ahora sin formación,

son resultantes de la quiebra

del sistema. ¿Cómo creer en “políti-

Representación artística posmoderna de la Guerra Fría, que es en sí un enorme anacronismo. No existe entre los Estados Unidos y China la

controversia ideológica que existió entre los primeros y la Unión Soviética en el pasado, pese a los símbolos aparentes. China está absolutamente

integrada al liberalismo global e incluso pugna por dirigir el proceso. Trump no es Eisenhower y Xi Jinping está muy lejos de parecerse a

Stalin, pero el presente insiste en vestirse con el manto del pasado al no poseer todavía una narrativa propia de su época.

28 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


cos” que un día dicen una cosa y al

día siguiente dicen la cosa opuesta,

sin ninguna coherencia con la vieja

etiqueta ideológica que usan para

identificarse? No importa el color

de dicha etiqueta, el dirigente

político de la posmodernidad es un

cuadro militante elevado a un lugar

de poder, como siempre, pero ya sin

la formación ideológica necesaria

para ocupar ese lugar y además

con la obligación de liderar a otros

cuadros, militantes y simpatizantes

que tampoco han sido formados en

las generales de la ideología.

La crisis de representación no es

en el fondo mucho más que eso, es

el problema de que en la cultura de

los representados los principios y

valores morales (ideológicos, por lo

tanto, en el nivel del sentido común,

que es la ideología de las masas populares)

permanecen sin alteración,

mientras los dirigentes desorientados

a veces representan esas ideas

y a veces no lo hacen, casi siempre

escudándose en el pretexto de un

supuesto “pragmatismo” que, en

realidad, es falta de formación política

e ideológica. La crisis de representación

no es, en otras palabras,

que esté escaseando la credibilidad

de los dirigentes, sino la escasez de

la propia representación.

Acá tenés los pibes para la

liberación

En todos los cuarteles militantes

del presente existe un hambre feroz

de representación. Con un cierto

arrastre de tiempos pasados o

algo de orientación ideológica que

persiste, los militantes de todos los

sectores buscan desesperadamente

ser bien representados por un

liderazgo ideológico personificado.

Esa es la explicación de por qué

el llamado kirchnerismo se aferra

tanto a una Cristina Fernández que

Enemigos íntimos. Mauricio Macri y Cristina Fernández lideran los campos de la política hegemónica

en la actualidad y la “grieta moral” declamada por ambos bandos es, en realidad,

una lucha de esos liderazgos personificados donde los simpatizantes de un lado se nutren

de la oposición de los simpatizantes del otro, se retroalimentan hasta el punto de que se

mantienen unidos ya no por principios y valores ideológicos comunes, sino con la finalidad

de derrotar electoralmente el clásico rival. El medio se convierte en fin y la política es una

lucha en la que nadie sabe muy por qué desea la victoria.

prácticamente no habla y el macrismo

no deja ir a un Mauricio Macri

que como líder es un verdadero

fracaso. Ambos campos necesitan

esos liderazgos para no disolverse,

puesto que no están realmente

unidos por un programa político e

ideológico definido. La unidad de

los campos la dan aquellos liderazgos

personificados, aunque ideológicamente

son incoherentes en sí

mismos al contradecirse cada vez

que expresan sus ideas rectoras. No

han sido debidamente formados y

son la propia posmodernidad como

resultado del “fin de la historia”,

pero son de lo mejor que hay entre

los dirigentes políticos del presente.

Y por eso ahí están.

Todo eso impacta profundamente

en la calidad actual de la política

en la práctica: al no tener la debida

formación ideológica que solían

impartir los partidos políticos y al

orientarse únicamente por la individualidad

de un liderazgo personificado

que tampoco es ideológicamente

estable, los cuadros medios

son inservibles y la militancia queda

sujeta a sucesivos bandazos en el

tiempo. Existe una grieta y aparentemente

es entre dos cosmovisiones

o dos ideologías distintas,

dos maneras de ver el mundo y de

proyectar cómo debería ser absolutamente

opuestas. Pero eso solo en

apariencia. En realidad, no hay una

verdadera lucha ideológica como

la que existió en la modernidad, los

campos de la política no están enfrentados

por la voluntad de imponer

cada cual su programa político.

Lo único que hay es lo que ambos

extremos llaman la grieta moral, es

decir, una cuestión que en el fondo

es meramente estética y está movi-

29 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


El ministro de Economía de Alberto Fernández, Martín Guzmán, en relaciones carnales con el Fondo Monetario Internacional. Pese al hecho

de esta promiscuidad que no difiere mucho de la existente en el macrismo, hasta hace muy poco el kirchnerismo estuvo dispuesto a matar

para defender al que consideraba “el mejor ministro del gobierno”, aunque nadie supiera explicar muy bien por qué. Ahora, tras la desautorización

de Cristina Fernández al ministro, el kirchnerismo irá “descubriendo” de a poco que este discípulo de Joseph Stiglitz tiene muy poco

de kirchnerista en el sentido ideológico que el kirchnerismo supuestamente tiene. Pero es tarde: Guzmán ya hizo lo que tenía que hacer y es

absolutamente descartable para los poderes que lo instalaron.

da por el deseo de diferenciarse del

otro y derrotarlo electoralmente. Y

allí termina de morir la política.

El llamado kirchnerismo actual es

el ejemplo por antonomasia de todo

ese embrollo ideológico por escasez.

A partir de la enigmática alianza

con Alberto Fernández y Sergio

Massa para ganar las elecciones de

2019 derrotando al clásico rival —

como si de un asunto futbolístico se

tratara, la metáfora calza a la perfección—,

los kirchneristas negaron

todos y cada uno de los principios

ideológicos que supuestamente

habían sido la amalgama del campo.

Hace ya casi un año y medio

que el gobierno de los Fernández

viene haciendo un ajuste y una

devaluación de la moneda nacional

a cuentagotas, ajuste y devaluación

que no difieren salvo en la intensidad

de las políticas aplicadas

por el anterior gobierno, al que se

quería superar o por lo menos así se

declaró entonces. Hay mucha más

continuidad que ruptura respecto al

gobierno de Mauricio Macri, incluso

en las relaciones carnales con

el Fondo Monetario Internacional,

pero aún así el kirchnerismo sigue

firme o al menos quieto frente a la

realidad de dicha continuidad. En

otras palabras, el kirchnerismo hoy

milita lo que supo criticar mientras

estuvo en oposición a Macri. ¿Por

qué?

Primero porque los principios ideológicos

nunca fueron tales, como

se decía anteriormente. No hubo

una verdadera formación política e

ideológica en el génesis del campo

kirchnerista y el poco peronismo

doctrinario que existe en ese núcleo

está muy lejos de hegemonizar el

espacio para imponer su doctrina.

A decir verdad, el kirchnerismo no

es más que el liderazgo personificado,

no es realmente una corriente

ideológica determinada. Y tampoco

podría serlo en el marco del fin de

la historia en el que nace: como

identidad política netamente posmoderna,

el kirchnerismo es la no

formación ideológica por definición.

De haberlo sido, esto es, de no ser

posmoderno y de haber tenido una

estructura partidaria con función

de adoctrinamiento en la base de

su creación, el kirchnerismo habría

incorporado los principios y valores

ideológicos del peronismo, en el

que supuestamente debería abre-

30 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


var al tratarse de una continuación

histórica necesaria. Y allí se hubiera

parado de manos frente a Alberto

Fernández a la primera señal de

ajuste en las tarifas de los servicios

públicos o devaluación de la

moneda nacional, por ejemplo. La

doctrina del peronismo, su esencia

ideológica, es la incondicional

defensa del pueblo-nación de clase

trabajadora popular y media, esa

es la razón de su existencia en la

política o lo que representa.

Pero nada de eso jamás ocurrió,

el kirchnerismo nunca ni siquiera

amagó con pararle la mano a Alberto

Fernández y ahora el ajuste, la

inflación galopante y la devaluación

de la moneda han agravado la obra

de destrucción de Macri hasta niveles

inimaginables. Hay más argentinos

hoy por debajo de las líneas de

pobreza e indigencia que a fines del

año 2001 y también es más profundo

el quebranto económico general.

Todo esto, claro, gracias a la complicidad

y hasta la colaboración

del kirchnerismo, el que lejos de

exigirle a Alberto Fernández el nivel

de decisión política para avanzar

sobre la oligarquía saqueadora y

hacerla pagar la cuenta, discursivamente

utilizó los argumentos típicos

del macrismo para justificar cada

maldad contra el pueblo-nación.

Los “hay que darle tiempo”, “dejen

gobernar” y “la pesada herencia” de

los días de Macri volvieron, aunque

en palabras ligeramente distintas,

en boca del kirchnerismo. En boca

de los pibes para la liberación,

entendámonos bien.

Todo está encadenado lógicamente.

Al no ser una identidad política

con formación suficiente, el kirchnerismo

solo puede amalgamarse

alrededor de un liderazgo personificado.

Pero Cristina Fernández sigue

en silencio hace ya seis años y medio

y solo para las campañas electorales

de 2017 y 2019 se expresó

para orientar a la tropa. Sin la orientación

del liderazgo personificado y

sin formación ideológica suficiente,

¿qué cosa es la que mantiene unido

al kirchnerismo? Pues la grieta, es

la sola motivación de no ver ganar

las elecciones al clásico rival lo que

define hoy por hoy a un kirchnerista,

se es kirchnerista en el presente por

aceptar lo que fuere, tragar cualquier

sapo, con tal de que no vuelvan

los que se fueron.

Entonces llegamos, el atento lector

con nosotros, a la raíz del problema,

que es un problema de escasez. El

kirchnerismo aquí es el símbolo o

el ejemplo cabal de la escasez de

formación ideológica que deriva

en unas motivaciones políticas no

relacionadas con ningún programa

político en absoluto, sino en una

cosa meramente identitaria por

exclusión, es decir, en definirse el

ser por el no ser o el ser siempre en

oposición a otros, los que tampoco

son de modo definitivo. En espejo,

toda la descripción del kirchnerismo

es válida para los macristas,

quienes discursivamente hablaban

de la “cultura del trabajo” como si

se tratara de un principio y de un

valor propio, por ejemplo, pero no

La ministra de Desarrollo Social de Macri, Carolina Stanley. Durante su gestión, se amplió el

asistencialismo hasta niveles inauditos. Todo macrista sabe que eso fue así y, no obstante,

pese a que el hecho está en frontal contradicción con el eslogan de la “cultura del trabajo”,

los macristas toleraron ese “fomento a la vagancia” —en sus propios términos— considerando

que criticar a Macri hubiera sido favorecer el retorno del kirchnerismo. Cuando no existe

formación ideológica, los sapos para tragar se multiplican y se tragan sin hesitación.

31 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


hesitaron en ponerse detrás de un

notorio delincuente contrabandista

que jamás conoció el trabajo y,

una vez en el poder en el Estado,

fomentó la vagancia de los ricos

especuladores por arriba y la vagancia

del lumpenaje por abajo con una

ampliación de las prebendas que se

suelen llamar “asistencia social”,

el famoso asistencialismo. Lo que

se llama macrismo hoy por hoy y es

una suerte de gorilismo aggiornado

a la posmodernidad —los gorilas

modernos, vale recordar, estaban

muy bien formados en su ideología

liberal mitrista— que, por supuesto,

no se constituye alrededor de una

formación política determinada,

sino en contra del kirchnerismo que

se había hecho del gobierno allá por

el 2003. Al igual que el kirchnerista,

el macrista también es un posmoderno

y es el resultado del fin de la

historia, de la quiebra del sistema

político de la modernidad. Todas las

expresiones políticas hegemónicas

en el mundo lo son.

En todo el mundo, por cierto. En todos

los países se da el fenómeno de

la destrucción de la modernidad y

su reemplazo por esta cosa líquida,

como decía Zygmunt Bauman, que

es la posmodernidad. En España,

por ejemplo, una realidad que nos

es dada a conocer en profundidad

por los lazos culturales en común.

Allí tanto Partido Popular (PP) como

el Partido Socialista Obrero (PSOE)

quebraron tras la caída del Muro

de Berlín y perdieron sus funciones

de formación ideológica de sus

cuadros medios y militantes. Ambos

se convirtieron en meros sellos

electorales y así fue posible ver a un

Rodríguez Zapatero hacer neoliberalismo

a ultranza o a un Mariano

Rajoy hacer populismo, hasta que

el cambalache fue demasiado y eso

resultó en el nacimiento de Podemos,

ese engendro posmoderno que

declamó el comunismo soviético

hasta el ascenso de sus dirigentes a

lugares de poder en el Estado. Ahora

Podemos hace lo que sea, perdió

los papeles que nunca tuvo y usa el

“pragmatismo” a modo de pretexto

para no reconocer que nunca tuvo

principios y valores ideológicos

porque es la propia posmodernidad

hecha grupo. España es un lío aún

más complejo que Argentina y sería

un verdadero caos social y económico

de no haber estado en Europa,

sino en América, del lado de los

explotadores y no de condenados

de la tierra.

El problema actual es un problema

sistémico, el problema de que

algo murió y los contemporáneos

aún no hemos sido capaces de

registrar el hecho debidamente.

Francis Fukuyama habría dado en

el clavo si en vez de “fin de la historia”

hubiera hablado con más

precisión de un “fin de la historia

de la modernidad”, porque lo que

muere con la quiebra de una de las

patas de la revolución burguesa de

1789 al caer el Muro de Berlín en

1989 es el sistema moderno en sí,

es la propia revolución. La Bastilla

en el principio y el Muro en el final,

dos actos de guerra para marcar

el nacimiento y la muerte de una

época. La posmodernidad es un

hecho histórico y es presente, es

innegable. Y toda frustración tiene

su origen en que todavía intentamos

ordenar el mundo con categorías

que ya no existen, queremos un

Partido Justicialista que adoctrine a

sus militantes como antaño y ningún

partido puede hacer eso en los

días de hoy. Queremos un liderazgo

personificado y carismático que

tenga una coherencia interna en

todo su discurso, pero los dirigentes

son hijos de su tiempo y representan

a muchos que también lo son.

Hará falta una nueva política para

salir de este berenjenal y una nueva

política habrá, aunque no sin sangre,

sudor y muchas lágrimas. Antes

de que seamos capaces de hacer lo

nuevo tendremos que terminar de

matar lo viejo y eso duele. Ya está

doliendo y dolerá mucho todavía.

32 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


33 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


IDENTIDAD PERONISTA

Jauretche, Rosas

y el revisionismo

histórico

MARCELO

GULLO

Desde hace algunos años han

proliferado historiadores,

biógrafos y ensayistas que,

definiéndose todos ellos de

alguna manera como admiradores

y continuadores del pensamiento

de Arturo Jauretche, dieron

a luz una copiosa producción de escritos

en los que, paradójicamente,

opinan sobre Juan Manuel de Rosas

todo lo contrario de lo que expresara

Don Arturo durante su vida

sobre el Restaurador de las Leyes.

Los mismos ubican a Rosas como

una expresión más del centralismo

porteño e interpretan la traición

de Urquiza —quien en momentos

en que la Confederación Argentina

se encontraba en guerra contra el

Imperio esclavista del Brasil decidió

marchar sobre Buenos Aires y no

sobre Río de Janeiro— como una

reacción de los pueblos del interior

contra la hegemonía porteña. Rosas

fue el heredero del sable corvo

que acompañó a San Martín en la

guerra de la independencia, ya que

34 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


el prócer lo consideraba un continuador

de la liberación nacional al

luchar contra Francia e Inglaterra

en Obligado. Pero los historiadores,

biógrafos y ensayistas que supuestamente

admiran a Jauretche ven a

Rosas como una expresión más de

la concepción portuaria de la patria

chica, como un Rivadavia vestido de

colorado.

En esta nueva y curiosa versión de

la historia, como en la elaborada

por Mitre, la Batalla de Caseros tiene

un sentido positivo. Rosas aparece

como un unitario disfrazado

de federal y la Batalla de Caseros

como una importante victoria del

campo nacional y popular. Algunos

pensarán que podría tratarse de

que estos nuevos historiadores en

teoría jauretcheanos tienen apenas

una diferencia de matices con el

pensamiento de Jauretche. Sin embargo,

creemos que estos ensayistas

no plantean una simple cuestión

de matices sino que, por el contrario,

contradicen el nudo o la piedra

angular del pensamiento de Jauretche.

Podría pensarse también que

aun siendo así, esa diferenciación

con el pensamiento del maestro

no tiene hoy una mayor relevancia

política, que no tiene implicaciones

35 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


prácticas y que en nada afecta al

presente y futuro de los argentinos y

de la Argentina. Hay no obstante razones

para creer que esta nueva tergiversación

de la historia realizada

irónicamente en nombre de Jauretche,

quien combatió durante toda

su agitada vida intelectual y política

contra la falsificación de la historia,

tiene una importancia fundamental

porque sin el conocimiento de

una historia auténtica es imposible

el conocimiento del presente y el

desconocimiento del presente lleva

implícita la imposibilidad de calcular

el futuro, como decía el propio

Don Arturo. Jauretche nunca se

cansó de repetir que “lo de ahora”

no se puede resolver sin entender

previamente “lo de antes”.

Juan Manuel de Rosas fue el

objetivo táctico principal del primer

revisionismo histórico y fue el rescate

de su figura histórica el elemento

que le permitió a Jauretche articular,

definitiva y sistemáticamente,

su pensamiento: “De mí, puedo

decir que solo he integrado mi

pensamiento nacional a través del

revisionismo, al que llegué tarde.

Solo el conocimiento de la historia

verdadera me ha permitido articular

piezas que andaban dispersas y no

formaban un todo”.

Desde su vuelco al revisionismo

histórico, Jauretche se convirtió en

uno de los más agudos y perseverantes

predicadores de esa corriente

y de la reivindicación de la figura

de Juan Manuel de Rosas. Su libro

Política nacional y revisionismo

histórico fue el fruto directo de esa

incansable prédica, o un texto que

Jauretche construyó con los apuntes

de dos conferencias que pronunciara

en la sede central del Instituto

Juan Manuel de Rosas y en la filial

Fuerte Federación de la ciudad de

El Palomar de Caseros, sitio histórico de la batalla en la que suerte de la nación argentina

quedó decidida, hoy emplazamiento del Colegio Militar. Aquí fue derrotado Juan Manuel

de Rosas por un Urquiza que debió marchar contra Río de Janeiro, pero había pactado con

la diplomacia brasileña la traición a la patria y así cayó derrotado el primer proyecto de

insubordinación política para la soberanía nacional luego de las guerras de independencia.

Junín, en la provincia de Buenos

Aires. Afirma el autor en su obra:

“El revisionismo histórico se ha

particularizado en un momento de

la historia argentina: el que va del

año 1820 a Caseros, aunque cada

vez se extienda más, hacia atrás y

hacia adelante. Su pivote ha sido la

discusión de la figura de Don Juan

Manuel de Rosas y su momento.

Explicaremos que no podía ser de

otra manera porque es figura clave;

tan clave, que la falsificación de la

historia hubo de hacerse tomándolo

como pivote a la inversa. Nada se

puede entender sobre esa época ni

lo que ocurrió más adelante, si no

se trata de entender lo que significó

Rosas”.

En el intento de explicar el significado

histórico de Rosas en Ejército

y Política, un libro escrito poco después

del derrocamiento del General

Juan Domingo Perón el 16 de setiembre

de 1955, Arturo Jauretche

afirma: “La patria grande resurge

por la aparición en Buenos Aires de

una tendencia opuesta a los directoriales

y unitarios, cuya expresión

política es Rosas. Esta tendencia,

que no se divorcia del pasado

hispanoamericano, tiene la concepción

política de la patria grande,

es celosa del mantenimiento de

la extensión. Y si bien representa

las tendencias predominantes del

puerto, comprende la necesidad de

una conciliación con los intereses

del interior y representa los primeros

pasos industrializados del país,

en la economía precapitalista del

saladero, que es propia”.

Ya en Política nacional y revisionismo

histórico, al que ya hemos

hecho referencia y se publicó años

después del golpe de 1955, Jauretche

entra en debate con aquellos

historiadores, quienes para negar la

figura de Rosas argumentaban que

el Restaurador mantuvo tercamente

en sus manos el control de la Adua-

36 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


na tal como habían hecho antes los

unitarios y que la verdadera figura

que expresó el federalismo por

aquellos días había sido el gobernador

de Corrientes, Pedro Ferré.

Jauretche contesta que “(...) La

necesidad de mantener la aduana

para conservar el poder unificador

que exigía la permanente guerra internacional

como garantía del orden

en peligro es cosa que se olvida,

se le impuso cualquiera fueran sus

puntos de vista teóricos. Anótese

en cambio la ley de aduanas que

significó la defensa de la industria

del interior, que reverdeció bajo su

influencia restableciendo el trabajo

estable y organizado en las provincias.

Se pretende reeditar un viejo

argumento falsificador, presentando

a Rosas como a un unitario

vestido de colorado, para lo que es

necesario aceptar que los cándidos

federales se engañaban. Por el contrario,

estos eran políticos realistas;

tal vez para ellos Rosas no fuera lo

más federal, pero era lo más aproximado

a un federal que podía dar

Buenos Aires, pues la opción eran

los rivadavianos y sus continuadores.

Es cierto que un antirrosista,

Don Pedro Ferré, intelectualmente

era el federal más profundo, pero

este, en los hechos, actuó siempre

a favor de los unitarios. Y en política

son los hechos, y no las ideas

abstractas, los que valen”.

Justamente por eso, porque precisamente

los que valen son los

hechos, por aquello de que la única

verdad es la realidad, conviene en

este momento de nuestra argumentación

realizar una breve reseña

histórica del gobierno de Juan

Manuel de Rosas para poder situar

en su real dimensión las afirmaciones

realizadas por Jauretche sobre

Rosas y su gobierno.

El primer gobierno de Rosas fue

una época de salarios altos donde

la economía creció más que la

Don Arturo Jauretche, abanderado del pensamiento nacional junto a Raúl Scalabrini Ortiz.

Los supuestos “jauretcheanos” mitristas hacen un mal uso de la obra de Jauretche y del

revisionismo histórico de un modo general.

disponibilidad de mano de obra,

aun sin romper con el esquema

de libre comercio heredado de la

época colonial borbónica y de los

primeros gobiernos autónomos que

se sucedieron a partir de 1810. En

su primer gobierno, Rosas no supo,

no quiso o no pudo manifestarse

en contra del libre comercio. Sin

embargo, esta posición librecambista

cambiaría radicalmente al ser

nuevamente elegido por una amplia

mayoría popular para ejercer un

segundo mandato.

En los primeros años de la década

de 1830 comienza una asombrosa

insubordinación ideológica en el rechazo

al liberalismo económico y su

doctrina del libre comercio, identificándola

como una ideología de dominación

al servicio de los intereses

británicos. En 1831, en ocasión de

discutirse el Pacto Federal, Pedro

Ferré planteó la necesidad de una

política aduanera proteccionista.

El diputado por Corrientes Manuel

Leiva —partidario de la reunión de

un Congreso Constituyente que

estableciera el proteccionismo

económico y la nacionalización de

la aduana de Buenos Aires— escribe

una carta al catamarqueño Tadeo

Acuña que será publicada en todas

las provincias y hará doctrina. Leiva

afirma en esa carta: “Buenos Aires

es quien únicamente resiste a la

formación del Congreso porque

pierde el manejo de nuestro tesoro

con que nos ha hecho la guerra y se

cortará el comercio de extranjería

que es el que más le produce (...)

Los provincianos debemos trabajar

en sentido contrario a ellos para

que nuestro tesoro nos pertenezca y

para oponer trabas a ese comercio

que insume nuestros caudales, ha

muerto nuestra industria y nos ha

reducido a una miseria espantosa”.

La carta de Leiva a Acuña llegó

rápidamente a través de Facundo

Quiroga a las manos de Juan Manuel

de Rosas. Paulatinamente, la

polémica proteccionismo/librecambio

se fue agudizando y caldeando

37 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Portada de ‘Ejército y Política’ de Arturo Jauretche, publicado en la célebre revista de pensamiento

nacional ‘Qué’, en febrero de 1958.

los ánimos de los intelectuales y

de la mayoría de la población de

las Provincias Unidas. La discusión

llega a su punto más alto cuando

los amigos de Ferré publican un

folleto anónimo en abierta oposición

al librecambismo en el que se

sostiene: “El proteccionismo resolvería

indudablemente muchos de

los problemas que afligen al país.

Abriría nuevos campos de acción a

la actividad económica y proporcionaría

trabajo a obreros de ambos

sexos. Esa fue al menos la experiencia

de Corrientes. Esta provincia solía

importar azúcar; ahora el azúcar

se produce y elabora en su territorio

y la provincia mejoró su balanza de

comercio en cerca de $80.000 (...)

Este resultado prueba el beneficio

que recibiría la provincia de Cuyo

si la nación cerrase la entrada de

los vinos y aguardientes extranjeros

(...) El hecho es que la Argentina,

después de un régimen de comercio

libre de más de veinte años, se halla

ahora dirigida por un puñado de extranjeros.

Si el proteccionismo diera

como resultado el desplazamiento

de los comerciantes extranjeros de

sus posesiones de preeminencia,

el país se podría felicitar por haber

dado el primer paso para recuperar

la independencia económica (...) La

nación no puede vivir sin las restricciones

que pueden desarrollar su

industria”.

Minada la firmeza de la doctrina

liberal por la insubordinación

ideológica protagonizada por Ferré,

Leiva, Marín y otros hombres representativos

de las provincias, una

ascendente ola a favor de la instauración

del proteccionismo económico

partió de los artesanos y fabricantes,

que fueron acompañados

en sus demandas por numerosos

intelectuales de las clases medias.

La protesta generalizada contra el

liberalismo económico tuvo amplio

eco en la Legislatura de la Provincia

de Buenos Aires. Fue entonces

que el gobernador de Buenos Aires,

Juan Manuel de Rosas, se decidió

por la instauración definitiva del

proteccionismo económico. El 18

de diciembre de 1835, después de

25 años de aplicación radical del

libre comercio, se sanciona la Ley

de Aduanas. La conversión de Rosas

al proteccionismo se define “sin

cortapisas”. En el mensaje del 31

de diciembre del año 1835, refiriéndose

a la nueva ley, sostiene: “Largo

tiempo hacía que la agricultura y la

naciente industria fabril del país se

resentían de la falta de protección

y que la clase media de nuestra

población, que por cortedad de sus

capitales no puede entrar en empleos

de ganadería, carecía de gran

estímulo al trabajo que producen

las fundadas esperanzas de adquirir

con él, medios de descanso en

la ancianidad y de fomento de sus

hijos. El gobierno ha tomado este

asunto en consideración, y notando

38 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


que la agricultura e industria extranjera

impiden esas útiles esperanzas,

sin que por ello reporten ventajas

en la forma y calidad (...) ha publicado

la ley de Aduanas”. Provincias

del interior como Córdoba, Catamarca,

Cuyo, Tucumán y Salta, que

habían sufrido los efectos devastadores

de la política librecambista

instaurada desde 1778 y reforzada

desde 1810, recibieron alborozadas

la nueva Ley de Aduanas.

Evaluando la figura política de

Rosas, su condición de clase y la

política económica aplicada durante

sus gobiernos, Arturo Jauretche

afirma: “Rosas es uno de los pocos

hombres de la clase alta que no

desciende de los Pizarros de la vara

de medir que en el contrabando y

en el comercio exterior fundaron su

abolengo. Por eso no tuvo inconvenientes

en ser burgués. Fundó la

estancia moderna y después fundó

el saladero para industrializar su

producción. Y fundó, paralelamente,

el saladero de pescado para

satisfacer la demanda del mercado

interno. Y defendió los ríos interiores

y promovió el desarrollo náutico

para que la burguesía argentina

transportara su producción. Integró

la economía ganadera con la industrialización

y la comercialización del

producto y le dio a Buenos Aires la

oportunidad de crear una burguesía

a su manera. Pero, además con la

Ley de Aduanas, de 1835, intentó

realizar el mismo proceso que realizaban

los Estados Unidos: frenó la

importación y colocó al artesanado

nacional del litoral y del interior en

condiciones de afirmarse frente

a la competencia extranjera de la

importación, abriéndole las posibilidades

que la incorporación de la

técnica hubiera representado, con

la existencia de un Estado defensor

y promovedor, para pasar del artesanado

a la industria”. Siguiendo

el certero análisis de Jauretche es

posible entonces afirmar que con

la Ley de Aduanas Rosas retoma,

aunque con limitaciones, el sendero

iniciado por Artigas: el camino de la

insubordinación fundante.

Importa precisar que cuando

Rosas decidió emprender un proceso

de insubordinación fundante

durante su segundo gobierno cuya

tendencia fue hacia completar la independencia

política declarada en

1816 con la independencia económica,

es decir, a liberar a la Argentina

del dominio informal inglés, el

gobierno de Gran Bretaña estaba

en las manos de uno de los políticos

más brillantes de su historia: Henry

John Temple, tercer vizconde de

Palmerston, quien fuera autor intelectual

de la Guerra del Opio, después

de la que China no solo se vio

obligada a permitir la importación y

el consumo de opio sino que perdió

el control de sus aduanas, debiendo

aceptar el libre comercio, dejando

también en manos de Inglaterra la

Imagen Henry John Temple, tercer vizconde de Palmerston. El Lord Palmerston fue canciller,

ministro del Interior y luego primer ministro de Gran Bretaña durante los tiempos de definición

en la Argentina. Y por eso fue gravitante en todo el proceso.

39 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


potestad de fijar el régimen arancelario

del Imperio chino. Este hecho

no puede ser livianamente pasado

por alto cuando se analiza objetivamente

este periodo de la historia

argentina.

Por otra parte, para comprender la

importancia de La ley de Aduanas

como piedra angular de la insubordinación

fundante que se inicia en

el segundo gobierno de Rosas hay

que ubicarla en el contexto de otras

medidas tendientes a librar a la

Argentina de la subordinación británica.

La primera de estas medidas

fue la disolución del denominado

Banco Nacional controlado por el

capital inglés, producida el 30 de

mayo de 1836. Dicha banca fue reemplazada

por una Comisión Fiscal

que, funcionando en la Casa de la

Moneda, comenzó a actuar como un

verdadero banco estatal. La segunda

de las medidas aludidas fue la

prohibición de exportar oro y plata

decretada el 31 de agosto de 1837.

Evaluando esta medida, Vivián Trías

sostiene: “Así se enjugó la pérdida

incesante de metálico que aparejaba

el comercio exterior deficitario

(agravado por la guerra) y también

se entorpeció el funcionamiento del

patrón oro en la relación con la economía

rioplatense. Es otro certero

golpe contra los intereses del Imperio

británico que habría de gravitar

en los esfuerzos del gobierno de su

Majestad por tumbar al gobernador

federal”.

Es importante recordar además

que en 1837 se reforzaron las normas

proteccionistas. Se estableció

entonces que todos los artículos

que pagaban un 10% ad valórem

o más sufrieran un recargo del 2 al

Representación artística de la Batalla de Vuelta de Obligado, en la que el 20 de noviembre de 1845 Juan Manuel de Rosas defendió la

incipiente independencia económica de una Argentina en proceso de formación contra la expresión de la revolución industrial occidental, que

aquí quiso navegar libremente nuestros ríos interiores para volcar sus manufacturas y ahogar el desarrollo industrial nacional. En inferioridad

de condiciones, los argentinos triunfaron en esa batalla —o en todo caso no les dejaron más opción a franceses e ingleses que un victoria

pírrica, la no obtención del botín— y en honor al heroísmo de aquellos patriotas se celebra desde el gobierno de María Estela Martínez de

Perón el Día de la Soberanía Nacional cada 20 de noviembre. La obra está expuesta en el Museo del Bicentenario, anexo a la Casa Rosada.

40 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


4% (el 2% los que pagaban del 10%

al 17% y los que tributaban el 24%

o más, el 4%). En 1838, el primer

ministro británico Lord Palmerston,

al constatar la insistencia de Rosas

en el proteccionismo, comunicó al

embajador británico que no hiciera

uso del derecho de protesta formalmente,

pero que deseaba que el

embajador aleccionara al gobierno

de Buenos Aires sobre las virtudes

del libre comercio y la locura de los

altos impuestos aduaneros y que

le señalara los perniciosos efectos

sobre el comercio del país que con

tanta seguridad se seguirían de

aquellos”.

No hay duda —sostiene Vivián

Trías— de que la virazón en la política

aduanera de Rosas influyó en el

cambio operado en las relaciones

con Gran Bretaña”. En noviembre

de 1845, una flota anglo-francesa

compuesta por 22 barcos de guerra

equipados con la tecnología militar

más avanzada de la época penetró

en el Río de la Plata. El objetivo de

ingleses y franceses era claramente

el de restablecer el libre comercio.

La guerra que se desató entonces,

en la que la Confederación Argentina

resultó victoriosa, fue calificada

por el General José de San Martín

como una “segunda guerra de independencia”.

Desde el punto de vista económico

puede remarcarse que debido

a la Ley de Aduanas y quizá por los

propios bloqueos se neutralizó la

importación de productos extranjeros

—tal como había ocurrido en los

Estados Unidos cuando este país,

en 1812, entró en guerra también

con Gran Bretaña— permitiendo

la aceleración de un proceso de

industrialización importante que,

de haberse sostenido a través del

tiempo, hubiese convertido a la

Argentina en un país tempranamente

industrializado. Sin embargo, no

todas las provincias respetaron la

Uno de los famosos daguerrotipos del General Justo José de Urquiza, primer presidente de la

Confederación Argentina resultante de la derrota de Rosas en la Batalla de Caseros.

Ley de Aduanas ni estuvieron a favor

del proteccionismo económico. “Es

importante subrayar que en Entre

Ríos no regía la ley aduanera de

1835 ni la prohibición de exportar

oro; Urquiza, gobernador de esa

provincia, practicaba el liberalismo

económico tal como la City de Londres

lo predicaba”.

El gobernador de Buenos Aires

Juan Manuel de Rosas había logrado

resistir con éxito la invasión anglo-francesa,

pero cayó el 3 febrero

de 1852 en la Batalla de Caseros.

El gobernador Urquiza de Entre

Ríos, jefe del ejército de vanguardia

que la Confederación Argentina había

preparado para la Guerra contra

el Brasil, luego de entrar en tratos

con la diplomacia brasileña decidió

marchar sobre Buenos Aires y no

contra Río de Janeiro. Creemos que

las razones que explican el cambio

de bando de Urquiza y la posterior

derrota de Rosas, más allá de la

conocida flaqueza de principios del

General entrerriano, deben buscarse

en los cambios producidos en el

sistema económico internacional y,

principalmente, en su centro: Gran

Bretaña.

En 1843, el sistema capitalista

entra en una larga onda de prosperidad,

la que duró a pesar de la

recesión de 1847. Ese periodo de

bonanza va a acelerar la incorpora-

41 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Retrato de un joven Pedro II, emperador de Brasil contemporáneo al gobierno de Juan

Manuel de Rosas en Buenos Aires, aquí a sus 24 años de edad. Brasil es un caso atípico en

toda la región, puesto que gracias a la invasión de Napoleón Bonaparte a Portugal y la consiguiente

huida de la familia real portuguesa, la corte se instaló en Río de Janeiro y Brasil

fue metrópoli durante un breve periodo de la historia. Cuando Napoleón cayó derrotado y

los Braganza pudieron volver a Lisboa, Pedro II optó por quedarse en su país natal y Brasil

fue entonces un imperio. La obra es del francés Francisco Renato Moreaux y está expuesta

en el Museo Imperial de la exquisita Petrópolis —ciudad de Pedro, precisamente—, una joya

histórica ubicada a unos 70 kilómetros al norte de Río de Janeiro.

ción de las periferias dependientes

al sistema. Se produjo en ese período

una revolución en los transportes

con el ferrocarril y el barco a vapor

y una revolución en las comunicaciones

con el telégrafo. La primera

le permitió a Gran Bretaña llegar al

corazón de las áreas subordinadas

y la segunda le facilitó la aplicación

de nuevos procedimientos

bancarios como la letra de cambio,

procedimientos que les dieron a los

movimientos financieros internacionales

una inusitada velocidad. Por

otra parte, en Gran Bretaña, centro

de la economía internacional, las

fábricas de tejido de lana se multiplicaron

“pasando de 32 mil a 80

mil entre 1838 y 1850”.

El complejo textil lanero británico

necesitaba para su funcionamiento

importar el 70% de la materia prima

que consumía como insumo básico.

Los estancieros de la Mesopotamia

argentina, con Urquiza a la cabeza,

advirtieron perspicazmente esa situación

y se decidieron a emprender

la explotación ovina en gran escala

para abastecer al mercado británico

en mejores condiciones —dada la

mayor proximidad a Inglaterra— que

lo que lo venían haciendo los ganaderos

australianos. Los estancieros

entrerrianos estaban “dispuestos a

ajustarse a los nuevos requerimientos”

del mercado inglés y no estaban,

en consecuencia, interesados

en la aplicación de leyes proteccionistas

(como la Ley de Aduanas de

1835), las que eran para Inglaterra

causal de excomunión.

Trías destaca agudamente que

esta actitud de los estancieros

entrerrianos significaba la sujeción

política a las exigencias de Gran

Bretaña. Es decir, “(...) la apertura

de los ríos al comercio internacional

(que Rosas había rechazado

con éxito venciendo a la flota anglo-francesa),

el liberalismo económico

y el libre comercio (a los que

Rosas frenaba con la Ley de Aduanas

de 1835), la paz con el gobierno

de Montevideo (a la que Rosas se

oponía en la esperanza de lograr,

en el tiempo, la reincorporación de

la Banda Oriental a la Confederación

Argentina) y el abandono de

esa áspera e intransigente defensa

de la soberanía que Rosas había

llevado al extremo”. La arquitectura

económica que Rosas trataba

de implantar en la Confederación

42 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Argentina era claramente contraria

a los intereses de los ganaderos entrerrianos

y, por lógica consecuencia,

los estancieros mesopotámicos

estaban predispuestos a enfrentar a

Rosas ni bien las circunstancias les

parecieran favorables.

En 1851, Urquiza llega a la conclusión

de que con el apoyo militar,

armamentístico, económico y logístico

del Imperio del Brasil estaría en

condiciones de eliminar el principal

obstáculo para la “alianza” (léase

subordinación) con Inglaterra que

era Rosas. En febrero de 1852 los

hechos estaban consumados. Lo

indiscutible es, como afirma Manuel

Gálvez, que “(...) Cuando cayó

Rosas y con él su ley de Aduanas,

nuestras industrias se arruinaron.

Ya he dicho que solamente en Buenos

Aires había ciento seis fábricas

y setecientos cuarenta y tres talleres

y que la industria del tejido florecía

asombrosamente en las provincias.

El libre comercio significó la entrada,

con insignificantes derechos

aduaneros, de los productos manufacturados

ingleses, con los que no

podían competir los nuestros. Y la

industria argentina murió”.

Analizando el significado histórico

de la derrota de Rosas en la Batalla

de Caseros, Arturo Jauretche

afirma: “Caseros es la victoria de la

patria chica, con todo lo que representa

desde la desmembración

geográfica al sometimiento económico

y cultural. La historia oficial ha

disminuido su carácter de victoria

de un ejército y una política extranjera,

la de Brasil. Si para los liberales

y unitarios la caída de Rosas

y la confederación significaba un

cambio institucional y la posibilidad

de un nuevo ordenamiento jurídico,

para los intereses económicos de

Gran Bretaña significó la destrucción

de todo freno a su política de

libertad de comercio y la creación

de las condiciones de producción a

que aspiraba. Para Brasil fue cosa

fundamental. Derrotado siempre

en las batallas navales y terrestres,

Brasil tenía conciencia clara de que

su marcha hacia el sur y hacia el

oeste estaría frenada mientras la

política nacional de la patria grande

subsistiera en el Río de la Plata.

Era necesario voltear a Rosas,

que la representaba, y sustituirlo

en el poder por los ideólogos que

odiaban la extensión y que serían

los mejores aliados de la política

brasileña, destruyendo al mismo

tiempo toda perspectiva futura de

reintegración al seno común de los

países del antiguo virreinato. Caseros

significa así, en el orden político

internacional, la consolidación de la

disgregación oriental, altoperuana

y paraguaya y las manos libres para

su expansión para el Brasil, para su

expansión definitiva sobre los países

hispanoamericanos limítrofes,

de los que la Confederación constituía

el antemural”.

Para dejar en claro la errónea

visión, actualmente muy en boga

entre cierta línea de historiadores

que se esmeran en presentar

a Caseros como una victoria del

federalismo por sobre el unitarismo

y de elevar a Urquiza al nivel de

adalid de las banderas del interior,

Jauretche agrega: “Lo que importa

es dejar establecido que en Caseros

triunfó la política nacional del

Brasil sobre la política nacional de

los argentinos y que su resultado

en la política de la guerra significa

el abandono de la línea nacional.

Pero lo más grave no consiste en

que Caseros sea una victoria brasileña,

sino que se la presente como

una victoria argentina, porque ese

punto de partida falso imposibilita

la construcción de un esquema

racional de nuestra política exterior

y de defensa. Así la revisión histórica

se impone como una exigencia

lógica para establecer las bases del

razonamiento y del punto de apoyo

de nuestras acciones. Sabiendo que

Caseros es una victoria brasileña

y una derrota argentina, la política

nacional es una e inversa, ignorándolo”.

El monumento a la Batalla Vuelta de Obligado, emplazado en el partido de San Pedro, en el

nordeste de la provincia de Buenos Aires.

43 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


CONTENIDO EXCLUSIVO

La dama, el

silencio y el

futuro

ERICO

VALADARES

Con abundancia se ha barajado

en las anteriores ediciones

de esta Revista Hegemonía,

concretamente en las de

enero, febrero y marzo de este

año, la terrible hipótesis del pacto

hegemónico para dar cuenta de una

situación en la que un duradero empate

había trabado la aplicación de

un proyecto político determinado y

debió ser resuelto por medios poco

ortodoxos, muy probablemente a

través de la extorsión judicial. Si lo

que se quisiera hacer aquí fuera una

síntesis en pocas palabras de la hipótesis

presentada y que parecería

querer corroborarse todos los días

un poco más, podría decirse que el

poder fáctico de tipo económico ha

forzado el cierre de la grieta mediante

la sucia maniobra de quitar

del camino a la principal jugadora

de la política en nuestro país. Frente

a la imposibilidad de destruir al

kirchnerismo que desde el 2003 en

adelante venía alterando la “normalidad”

de un poder político absolu-

44 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


tamente sometido al poder fáctico

de tipo económico, o de derrotarlo

más que coyunturalmente en elecciones

sin jamás lograr desterrarlo

de una vez y para siempre, el poder

real dio al fin con la carta ganadora

definitiva para resolver el problema.

Ese ancho de espadas fue la extorsión

judicial sobre Cristina Fernández

o más seguramente sobre su

familia y habría puesto a la conductora

de un movimiento de masas en

una situación de jaque mate en la

que el pacto hegemónico habría de

resultar en la opción única, el cierre

de la grieta por arriba dejando sin

representación a una numerosa minoría

como consecuencia. Si no se

le puede destruir, neutralizarlo es la

tarea y así hizo el poder —de acuerdo

con nuestra hipótesis— con el

kirchnerismo para desatar el nudo y

avanzar.

El atento lector que haya seguido

el reverso de la trama en estas

páginas y haya además observado

con atención las alternativas de la

política en el cotidiano sabrá que

esa hipótesis, que la del llamado

“lawfare” como forma de anular

políticamente a los dirigentes indeseables,

es entre todas las hipótesis

sobre el silencio de Cristina Fernán-

45 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Caricatura del juez brasileño Sergio Moro, con un arma apuntada contra la cabeza de la Justicia.

Moro es la expresión más visible y hasta estereotipada del llamado “lawfare” en nuestra

región: sin pruebas de la comisión de ningún delito e incluso confesando que se basaba

únicamente en “convicciones personales”, Moro destruyó al Partido de los Trabajadores de

Brasil desde un juzgado menor en Curitiba y el resultado fue la cárcel para “Lula” da Silva.

dez la más fuerte. Hecho el contraste

de la teoría con la realidad

fáctica y viéndose la situación de

un país que se hunde económica y

socialmente en el abismo mientras

su principal dirigente se mantiene

en una actitud prescindente que no

es ni podría serle propia, no existe

en el mercado una tesis mejor para

intentar explicar esa absurda situación.

Claro que en los cuarteles

del núcleo duro kirchnerista que es

donde pululan los que han priorizado

el liderazgo carismático sobre la

ideología y aman a Cristina Fernández

por encima de todas las cosas

la idea no es bien recibida, aunque

la propia conductora la ha expresado

una y otra vez. Cada vez que puede,

Fernández de Kirchner habla de

“lawfare” y llama la atención sobre

sus nefastas consecuencias, pero

la barra no quiere escuchar esas

razones, las que ahí son campanas

de palo. El verdadero “hincha” de

la jefa va a seguir creyendo que la

elección de Alberto Fernández en

las elecciones del 2019 y el silencio

de la conductora ante el descalabro

de la gestión del elegido son una

magistral jugada de ajedrez, aunque

no la entienda nadie.

Es que para el que la ama con

pasión —son muchos los que lo

hacen—no hay imposibles para Cristina

Fernández. Esa adoración es

religiosa en todo sentido y así ella

es para sus fieles como una diosa o

incluso como Dios, todo lo puede,

todo lo sabe y sabe además cosas

que solo ella sabe, escribe derecho

en renglones torcidos sin que los

mortales tengamos la capacidad

de entender el mensaje. “Vas a ver,

hermano”, insiste el militante o el

simpatizante del núcleo más duro

del kirchnerismo. “Más adelante vamos

a entender por qué ella puso a

Alberto y por qué lo deja hacer”. Es

la fe religiosa, como se ve, o por lo

menos se le parece. La fe en que las

cosas se arreglan casi milagrosamente

un buen día sin que podamos

comprender cómo, ese es el estado

de espíritu del kirchnerista promedio

y por eso no tolera la expresión

de la hipótesis del “lawfare” como

extorsión seguida de pacto. El “lawfare”

existe, puesto que lo denuncia

la propia jefa, pero con ella nunca

van a poder y en cualquier momento

va a patear el tablero.

Pero todo eso es improbable, para

no decir directamente imposible,

por la simple razón de que el sujeto

de la prédica es un sujeto humano,

no dotado de superpoderes ni

mucho menos divino. Es evidente

y nadie cuestiona el hecho de que

Cristina Fernández es el cuadro

político más brillante que ha dado

la política argentina después del

General Perón y tal vez de Néstor

Kirchner. En todo caso, la discusión

será sobre si ha superado a Kirchner

e incluso al propio Perón y, aunque

suene a herejía esto último, no son

pocos los que estarían dispuestos

a firmarlo ante un escribano. No

hay dudas, en materia de estrategia

y muñeca para hacer política y

lograr objetivos Cristina Fernández

es superlativa y de ella se puede

esperar casi todo, salvo milagros.

La actual vicepresidenta de la

Nación puede hacer muchas cosas,

pero difícilmente podría sortear una

conspiración en su contra si dicha

conspiración fuera impulsada por

46 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


el poder fáctico de tipo económico,

tanto por sus nexos internacionales

como por sus apoderados locales.

Si el “lawfare” existe y tiene, tal

como sostenemos, por objetivo

principal neutralizar a Fernández de

Kirchner para quitarla del camino y

matar al kirchnerismo decapitándolo,

entonces habría muy poco que

hacer al respecto. Y en consecuencia

aparece con fuerza la hipótesis

del pacto hegemónico forzado por

la persecución judicial, aunque la

idea mucho no le guste al kirchnerista.

Marcada por varios jugadores,

lesionada y con el último aliento a

los 48 del segundo tiempo, meterá

de todas formas el gol del triunfo.

Es una mera cuestión de tener fe en

ello.

Eso no ocurre. En el tablero de

la política real la fuerza del poder

fáctico suele desplegarse de manera

implacable, todos se juegan

la existencia en este juego que no

tiene partidos amistosos ni admite

amistades. En los últimos 20 años o

en prácticamente todo lo que va del

presente siglo, el kirchnerismo ha

trastornado el esquema de sumisión

de la política a los intereses

privados al convocar a una multitud

con la ilusión de que un país distinto

es posible. El famoso “puesto

menor” de Héctor Magnetto a

Carlos Menem en los años 1990 fue

la expresión más acabada de esa

sumisión, de una política que existió

entonces con la única finalidad

de gerenciar los intereses de las

clases dominantes y sin representar

a las mayorías populares, las que se

limitaban a votar y luego a olvidarse

del asunto. El kirchnerismo vino a

romper ese esquema, vino a proponerles

a los representados una

verdadera representación de sus

intereses y a convocarlos a la discusión,

vino a interpelar a los pueblos.

Y eso es un gran trastorno para el

que acostumbra darles órdenes a

los dirigentes de la política como

si estos fueran subalternos suyos,

a obtener todo lo que quiere sin

mediar trámites y a ignorar la voluntad

de los muchos. Es un enorme

trastorno, el kirchnerismo sacudió

el tablero y desordenó lo que había

estado ordenado desde el punto

de vista del de arriba. Entonces el

kirchnerismo debe ser destruido

para que no genere más trastornos

y para que todo pueda volver a la

normalidad de la política tutelada.

Como es de suponerse, para hacer

esa obra de destrucción el poderoso

tiene que estar dispuesto a invertir

muchísimo y también a un despliegue

de la totalidad del armamento

disponible. Son ya dos décadas de

ver trabada la aplicación de su proyecto

político, son muchos los negocios

que no se hicieron o al menos

no se hicieron en su totalidad, el

poder fáctico pierde mucho dinero

cuando la política se subleva. Se

equivoca, por lo tanto, el que ve en

esto una cuestión estética o ideológica

en un sentido simbólico, no hay

nada de eso. Para el poder fáctico

el único problema en la práctica

es reducir al sublevado, anularlo

y restablecer el orden anterior: el

ordenamiento de la sumisión de la

política a los intereses particulares

de las minorías privilegiadas en el

que las casas de gobierno son escribanías

de los ricos. El poderoso

tiene que lograr esa destrucción y

hará todo lo necesario, pondrá todo

lo que tiene sobre el tablero, incluso

una sucia persecución judicial.

Lawfare o nada

Lo que quizá le cuesta comprender

al kirchnerismo enamorado de su

liderazgo carismático es el hecho de

que si el “lawfare” no es la razón del

silencio y la prescindencia de Cristina

Fernández, entonces las opciones

restantes la dejarían muy mal

parada a la conductora. Este es un

El culto a la personalidad de Cristina Fernández, que no es propiedad exclusiva del kirchnerismo

ni mucho menos. La fe de tipo religioso en el conductor es una característica de

los liderazgos carismáticos, allí donde en cierto momento del proceso el individuo se pone

por encima de los ideales con los que inicialmente llego a la conducción. Hoy por hoy el

kirchnerista está poco dispuesto a observar fríamente la coyuntura y es más bien tendiente a

esperar un milagro, una nueva “magistral jugada de ajedrez” que nadie podrá anticipar.

47 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


ejercicio de lógica pura: si Cristina

Fernández puso la presidencia de

la Nación en manos de un dirigente

como Alberto Fernández, un histórico

cavallista, lobista de corporaciones

como Repsol, operador del

Grupo Clarín y gerente de esos intereses

particulares, si adopta una

postura pasiva frente a un gobierno

que favorece a los privilegiados y

esquila al pueblo para pagar la fiesta

y nada de eso se debe a que está

extorsionada por una persecución

judicial, entonces los motivos tienen

que ser otros. ¿Cuáles podrían ser

esos motivos de la prescindencia y

del silencio de Cristina Fernández

en una coyuntura que requiere de su

participación activa? ¿Una traición,

un giro ideológico? El atento lector

verá que eso es lo realmente improbable,

es una quimera el dirigente

que al final de su trayectoria deja

caer sus banderas históricas y se

pasa de bando para negarse a sí

mismo el paso a la inmortalidad

luego de haber luchado a brazo partido

por décadas en defensa de sus

ideales. Ningún dirigente político

hace eso porque sí, gratuitamente,

Un joven Héctor Magnetto, mucho antes de llegar a ser el poder detrás del poder. El periodista

Samuel “Chiche” Gelblung revelara en cierta ocasión un diálogo entre el entonces presidente

de la Nación Carlos Menem y el CEO del Grupo Clarín en el que el primero acusaba al

segundo de querer sentarse en el sillón de Rivadavia, a lo que Magnetto habría respondido

que la presidencia es un “puesto menor”. Ahí está la expresión anecdótica de un poder fáctico

que se ubica por encima del poder político resultante de la voluntad popular.

los dirigentes que se pasan de bando

son aquellos ubicados aún en los

cuadros medios al ver la posibilidad

de triunfar con el giro o la conveniencia

de enriquecerse en ello.

Un dirigente ya consagrado y cuya

única perspectiva es la de llegar a

la inmortalidad histórica no cambia

de opinión, muere con sus ideales

intactos simplemente porque no

tiene alternativa.

Todo esto puede decirse más

claramente si se presenta la coyuntura

en todos sus colores, esto es,

como una continuidad del ajuste

realizado por Mauricio Macri hacia

su consolidación, la que solo es

posible si hay un cierre de la grieta.

De tener representación de sus

intereses en la política, el sector de

la sociedad que no quiere ajustes

nunca va a permitir que esa consolidación

tenga lugar, siempre va a

trabar la ejecución de ese plan y eso

fue justamente lo que se vio durante

los cuatro años de gobierno de Macri.

Cambiemos (luego Juntos por el

Cambio) pudo hacer muchas cosas,

la mayor parte de ellas ilegales y/o

tendientes a facilitar un vulgar saqueo,

pero no pudo tocar lo estructural

porque tuvo oposición. He ahí

el famoso empate hegemónico que

traba y viene trabando la aplicación

del programa político del poder en

la Argentina. Para que esa aplicación

tenga lugar es preciso un pacto

mediante el que ambas fuerzas

políticas hegemónicas ejecuten el

programa bajo el manto de la alternancia,

que es lógicamente una

simulación. Si cada vez que hay un

cambio de gobierno habrá también

un volantazo, no podrán renovarse

las estructuras del país de cara al

objetivo mayor: insertar a la Argentina

como colonia en el nuevo orden

mundial que va a resultar del coronavirus.

En una palabra, si el kirchnerismo

sigue estorbando con sus

ideales de soberanía, de multilate-

48 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


ralidad y de descolonización, para

lo único que les va a servir ganar

las elecciones a los poderosos será

para llevar a cabo saqueos como el

de los cuatro años de Macri. Y nada

más, la resistencia al proyecto de

factoría sometida a las corporaciones

siempre va a estar allí.

Ese es el empate hegemónico que

se rompe mediante la imposición

del “lawfare” para acorralar a la

conductora del kirchnerismo y neutralizarla,

posibilitando la ejecución

de un mismo programa sin cuidado

de quien gane las elecciones. Eso

es lo que ocurre en la mayoría de los

países donde el bipartidismo existe,

como en España, por ejemplo.

Gane quien gane allí las elecciones,

sea el Partido Popular que teóricamente

es “de derecha” o el Partido

Socialista Obrero que aún más

teóricamente es “de izquierda”, el

proyecto de país no varía. Pero el

kirchnerismo no es por naturaleza

ni la izquierda ni la derecha, abreva

en la tradición peronista de la

tercera posición y tiende, si se le

permite existir en forma autónoma

y sin condicionamientos judiciales,

a romper el esquema de simulación

del bipartidismo formal. Entonces la

pregunta persiste, no quiere callar:

si Alberto Fernández gobierna en

continuidad de las políticas de Macri

y eso indica el cierre de la grieta

por arriba para ejecutar un mismo

programa político en la simulación

de una alternancia, ¿por qué Cristina

Fernández no pone el grito en

el cielo, siendo ella el exponente

máximo de la fuerza que nació para

romper esa simulación?

Todos los caminos conducen a

Roma y la respuesta al cuestionamiento

será siempre la misma, la

de la extorsión judicial. Todas las

demás opciones son lógicamente

inválidas, no hay forma de que esto

sea así sin que esté operando a

modo de modificador un “lawfare”

El afectuoso abrazo entre Alberto Fernández y Mauricio Macri durante el acto de asunción de

aquel, el 10 de diciembre de 2019, preanunciaba la continuidad de las políticas macristas

en el nuevo gobierno. Muy pocos fuimos capaces de advertir el hecho en ese momento y el

cariño entre Macri y Fernández fue pasado por alto, pero era efectivamente una muestra de

la cercanía entre dos dirigentes del mismo signo político que se sucedían en una alternancia

simulada: el pacto hegemónico.

violento cuyo objetivo probablemente

sea Florencia Kirchner, la

hija menor de la vicepresidenta. La

historia de las causas judiciales por

asociación ilícita estratégicamente

fabricadas en el pasado contra la

hija de Kirchner es bien conocida y

la perspectiva de que la joven caiga

en prisión no solo es una pesadilla

para Cristina Fernández, sino que

es verdaderamente la única amenaza

posible. Veíamos en ediciones

anteriores que dirigentes de la talla

de Cristina Fernández, “Lula” da

Silva y similares no temen la cárcel

para sí mismos pues conocen bien

la naturaleza de la política como

esa continuación de la guerra por

otros medios. Los grandes liderazgos

carismáticos saben que la

cárcel es una probabilidad en caso

de captura por parte del enemigo,

no la temen y hasta la afrontan con

entereza, de ser necesario, precisamente

como ocurrió con “Lula”

da Silva. No se les puede amenazar

con eso, no van a cambiar de

opinión, no van a suscribir ningún

pacto por la perspectiva de ir presos.

Pero si en cambio esa amenaza

es contra un miembro civil de sus

familias, entonces es posible que la

extorsión sea exitosa.

El poder fáctico de tipo económico

es moralmente inferior a la mafia

común y silvestre justamente por

49 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Una joven Florencia Kirchner, participando del acto de asunción de su madre en el año

2011. Al morir, Néstor Kirchner le habría pedido a su compañera que cuidara a la hija menor

de ambos y ese pedido quedaría como un mandato familiar y como el talón de Aquiles de

Cristina Fernández frente a un poder fáctico que tiene menos códigos que la mafia y por eso

tampoco tiene limitaciones morales para meterse con los familiares civiles de los dirigentes

para apretarlos.

el hecho de que en su proceder no

tiene los códigos o los límites morales

de los mafiosos clásicos. Uno

de esos límites es la regla de oro de

no meterse jamás con los hijos de

sus enemigos si son civiles, es decir,

si esos hijos no están involucrados

en la lucha. El poder fáctico de tipo

económico no tiene problemas en

ese sentido, no duda en apretar

donde realmente más duele para

lograr sus objetivos. Y ahí está el

problema de que para doblarle la

mano a una Cristina Fernández, que

además de dirigente de la política

es madre y es abuela, es necesario

que el peso del “lawfare” como

extorsión judicial caiga sobre sus

hijos, más precisamente sobre su

hija menor, a quien Néstor Kirchner

le había encargado el cuidado a su

compañera antes de morir como un

fortísimo mandato familiar.

La hipótesis es fuerte y es difícil

discutirla a falta de más información

del caso. Cristina Fernández renunció

al lugar natural de candidata

titular a la presidencia de la Nación,

puso allí a un operador del enemigo

y está en silencio mientras dicho

operador ejecuta el programa del

poderoso en continuidad respecto

a Mauricio Macri y eso es porque

tiene contra su familia una monstruosa

persecución judicial a modo

de extorsión, que se activará ciertamente

en caso de que no cumpla

su parte en el acuerdo. El atento

lector que es kirchnerista y está

a punto de enojarse con nosotros

debe comprender que, de no ser así,

la alternativa no sería nada buena

para la imagen de la propia Cristina

Fernández. Como hemos visto, una

de las opciones en la eventualidad

de que no exista el “lawfare”

como extorsión y como garantía del

cumplimiento del pacto es la de que

Cristina Fernández haya cambiado

de bando, que se haya ido con el

enemigo de los pueblos a militar

ajustes, devaluaciones, endeudamiento

y más promiscuidad con

el Fondo Monetario Internacional

(FMI), amén de la genuflexión frente

a la oligarquía local y a las corporaciones

globales, que eso es el

gobierno de Alberto Fernández más

allá de la falsa retórica de moderación.

Cristina Fernández lo hace

porque tiene sobre su cabeza la

espada de Damocles o lo hace por

haberse cambiado de camiseta, lo

que ya sabemos es improbable.

Otra posibilidad sería la de una

verdadera jugada de ajedrez a mediano

y a largo plazo: no por ninguna

extorsión judicial ni por haberse

cruzado de vereda ni mucho menos,

sino por un cálculo, Cristina Fernández

habría puesto a Alberto Fernández

donde está y haría silencio frente

al naufragio de su gobierno para

propiciar un estallido social similar

al del año 2001, después del que un

verdadero clamor social en medio

a los escombros exigiría su retorno

para que arregle la situación. Eso

tendría varias ventajas para Cristina

Fernández, entre ellas la de un

escenario de estado terminal sobre

el que se puede reconstruir todo,

incluso reformar la Constitución y

refundar la Argentina, puesto que

de los escombros solo se puede

salir hacia arriba y no existen las

limitaciones, nadie se va a oponer.

Y también la consagración de

una narrativa muy frecuente en los

liderazgos carismáticos, típicamente

cristiana, en la que el conductor

mesiánicamente vuelve a redimir

al pueblo en el marco de una épica

perfecta, bíblica, si se quiere.

Pero ninguna de las dos opciones a

la extorsión judicial que se usa llamar

actualmente “lawfare” hablaría

bien de la propia Cristina Fernández,

no hay en ellas ni un rastro de

la nobleza que los kirchneristas le

atribuyen. En la primera opción, que

es la del cambio de bando, estaría

la muerte de mismísimo kirchne-

50 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


rismo como expresión política al

abandonarse todas y cada una de

sus convicciones ideológicas fundacionales.

En otras palabras, si

se corrobora la floja hipótesis del

cambio de camiseta, lo que termina

en el mismo acto de esa corroboración

es el movimiento, donde solo

van a quedar los que estén dispuestos

a renunciar a todos los ideales

de justicia social, independencia

económica y soberanía política

para sostener todo lo contrario de

la noche a la mañana con la sola

finalidad de seguir bajo la conducción

del liderazgo carismático, ya

sin cuidado de qué proyecto representa

ese liderazgo en la práctica.

Esta hipótesis es floja y debería ser

la peor pesadilla del más pesimista,

porque sería lo equivalente a la

caída de la fe para millones.

La segunda opción sería igualmente

inmunda, pues en ella estaría

el hecho de la revelación de una

personalidad fría y calculadora, la

de un individuo dispuesto incluso

a sacrificar al pueblo —al propio

sujeto de la construcción política,

a lo que le es inherente a esa

construcción— con tal de lograr sus

objetivos personales. Si la jugada

maestra a largo plazo de Cristina

Fernández incluye la tolerancia a

un gobierno que adrede se dirige a

toda velocidad hacia el abismo cuyo

resultado no podrá ser otro que el

sufrimiento para millones de argentinos,

aunque ese sea el precio de

la redención posterior al estallido

social, entonces otra vez estaríamos

hablando de una traición a los principios

y valores del peronismo que

orienta o al menos debería orientar

doctrinariamente al kirchnerismo. El

peronismo hace muchas cosas, algunas

de ellas non sanctas, puesto

que así es la lucha política y nadie

puede estar en ella sin embarrarse.

Lo que el peronismo nunca hace ni

como medio y mucho menos como

fin es permitir el sufrimiento del

pueblo argentino. Y por eso también

esta segunda opción está floja de

papeles, ya que resulta muy difícil

sospechar que Cristina Fernández

estaría dispuesta a enviar estratégicamente

al matadero a millones de

compatriotas. Eso simplemente no

puede ser así.

El poskirchnerismo

Como se ve, la hipótesis de la

extorsión judicial, tenga o no posibilidad

de resolverse, es la que

más favorece a CFK para explicar

su silencio y su pasividad ante la

catástrofe anunciada de un gobierno

que parecería hacer de todo para

naufragar miserablemente, como

si tuviera por meta la emulación

del alfonsinismo o del delarruísmo.

¿Por qué Fernández de Kirchner no

habla para orientar de una vez una

tropa que ha estado varios años en

la total oscuridad, tratando de interpretar

el más mínimo gesto de la

conducción para saber qué hacer?

¿Por qué no habla y encauza de una

vez el gobierno del Frente de Todos

para evitar el desastre? Solo se explica

este absurdo con la hipótesis

de la extorsión judicial.

Ahora bien, en este punto la argumentación

lógica se pone interesante

al empezar a aparecer las

respuestas probables al cuestionamiento

central, que es sobre el

silencio y la pasividad. De asumir

finalmente que Cristina Fernández

está extorsionada judicialmente y

por eso fue forzada a firmar y luego

a sostener en silencio el pacto

hegemónico de cierre de grieta

cuyo objetivo es la continuidad de

un programa político sin rupturas a

El estallido del año 2001, corolario de la mayor crisis política, social, económica e institucional

de la historia argentina. Desde el punto de vista de quienes desean cambiar las

estructuras de una nación, no hay ocasión más propicia para hacerlo que la inmediatamente

posterior a un estallido de esa magnitud y no conviene descartar ese cálculo de las hipótesis

sobre qué puede estar cocinando la política, aunque es difícil imaginar un proceso dirigido

intencionalmente hacia la catástrofe con la finalidad de reconstruir posteriormente.

51 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


cada proceso electoral, entonces de

aquí se desprenden dos opciones:

o bien el “lawfare” puede ser derrotado,

o bien no puede serlo. Dicho

de otra forma, asumiendo que la

persecución judicial existe como

extorsión y es la explicación para la

prescindencia y el silencio de Cristina

Fernández, toda la cuestión se va

a reducir a qué se puede hacer con

eso. Todo lo demás es ya irrelevante,

solo interesa saber si el pacto

hegemónico es un triunfo definitivo

del poder fáctico o si es todavía reversible,

si el nudo gordiano extorsivo

se puede o no se puede cortar.

Si la respuesta es afirmativa,

entonces la maniobra de Cristina

Fernández será claramente la de colocarse

en posición de desarticular

la extorsión judicial desde dentro,

hacer trinchera en la vicepresidencia

de la Nación y desde allí avanzar

paulatinamente contra el sector

corrompido del Poder Judicial que

instrumenta la persecución. Esta

hipótesis también es muy fuerte por

el hecho de que se ven las consecuencias

de la maniobra todos

los días en las noticias cuando se

ubican nuevos jueces aquí y allí,

se cambia el ministro de Justicia,

etc. Al parecer, Cristina Fernández

está luchando silenciosamente en

esa guerra, no puede hablar porque

sigue vigente la amenaza del “lawfare”,

aunque entre bambalinas va

moviendo estratégicamente con el

El ya fallecido juez Claudio Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli, en las celebraciones del Día

de la Independencia de los Estados Unidos en la embajada de ese país en Buenos Aires. El

“lawfare” pareció cesar al morir Bonadío y al complicarse Stornelli como imputado en una

causa por espionaje, pero nada de eso ocurrió. La persecución judicial con fines políticos no

es ni podría ser obra de individuos aislados, sino un entramado institucional cuya profundidad

es desconocida. ¿Podrá desactivarse dicha persecución en el tiempo?

objetivo de fortalecer su posición

frente y hasta dentro del Poder Judicial

para, en el futuro, desarticular

eventualmente la trama urdida en

su contra. Todo cierra cuando se

mira la cosa por esta perspectiva,

pues así resultaría sencillo comprender

por qué la opción por la vicepresidencia

como lugar de poder

político desde el que, además de

cierto blindaje ante los atropellos

de jueces pistoleros, Fernández de

Kirchner se hizo de la palanca para

introducir sin prisa, pero sin pausa,

las modificaciones tendientes a

desarmar el “lawfare”.

Pero si la respuesta es negativa y

el “lawfare” en la estructura judicial

no es algo que se pueda desarticular

sin apelar a la fuerza, si finalmente

los jueces perseguidores van

a seguir en sus puestos más allá de

cualesquiera maniobras políticas

para neutralizarlos, entonces la

vicepresidenta no tiene realmente

ninguna perspectiva a mediano ni a

largo plazo de terminar con la persecución

judicial en su contra y lo

único que hace es reforzar una posición

defensiva en la medida de sus

posibilidades. Si el “lawfare” no es

una cosa que se pueda desarticular,

la única posibilidad es la de aprender

a convivir con el problema, lo

que finalmente equivale a aceptar

políticamente la situación y adaptarse

a ella. Ese panorama es un

tanto desolador, por cierto, aunque

para nada terminal. Hay formas de

transitar la coyuntura sin padecer la

totalidad de las consecuencias del

mal.

Todo se reduce ahora a esto, a si

el “lawfare” como extorsión judicial

y como condicionante del accionar

político puede cesar. Si la que se

da es la primera opción, la de ser

posible derrotar al “lawfare” con

trabajo, estrategia, paciencia e

inteligencia, entonces Cristina Fernández

podrá volver triunfante a la

52 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Manifestaciones en Brasil por la liberación de “Lula” da Silva, quien fue a dar con los huesos en la cárcel luego de ser víctima de una persecución

judicial con fines políticos llevada hasta sus últimas consecuencias. El “lawfare” es mucho más que una teoría y es, en perspectiva, la

nueva manera de hacerles la guerra a los representantes de los intereses de las mayorías para neutralizarlos y despejar el camino.

política una vez que logre desactivar

la persecución judicial en su contra

o en contra de su familia, si es que

logra hacerlo efectivamente desde

el lugar que actualmente ocupa. No

es más que una cuestión de tiempo

y Cristina Fernández estará otra vez

plenamente habilitada para ejercer

la actividad política y disputarle

a Sergio Massa la conducción del

Frente de Todos, imponiendo la

impronta del programa del kirchnerismo

en el gobierno de cara a

las elecciones del 2023, en las que

podrá además presentarse como

candidata titular para reencauzar el

proceso en primera persona y en el

lugar formal que le corresponde. Por

el contrario, si la que se verifica es

la segunda opción y el “lawfare” no

es neutralizable, entonces Cristina

Fernández ya está hoy técnicamente

retirada de la política al saberse de

antemano inhabilitada de por vida

y no podrá disputar la conducción

del proceso, no habrá en su futuro

ninguna política real. Aquí está el

problema más grave.

Es sabido que hacia el interior del

Frente de Todos Sergio Massa es

un socio fundador y fundamental,

además de ser la representación de

los intereses de las corporaciones

globales y de las potencias imperialistas,

más específicamente de

la embajada de los Estados Unidos.

Todos esos vínculos quedaron

expuestos con la difusión de los

WikiLeaks, no es realmente secreto

para nadie que Massa tiene por

objetivo dinamitar al kirchnerismo

para despejar el camino e imponer

en la Argentina el programa político

de los ricos del mundo. Por lo tanto,

Sergio Massa y Cristina Fernández

son socios en la expectativa mutua

del fracaso, es decir, solo existen

de manera excluyente. No pueden

triunfar Massa y Fernández de Kirchner

a la vez, uno de los dos debe

caer puesto que representan proyectos

políticos irreconciliables. De

lograr desactivar la extorsión judicial

que pesa en su contra, en contra

de su familia o ambas, Cristina

Fernández desplazará sin mayores

problemas electoralmente a Sergio

Massa y lo relegará al lugar de la

irrelevancia al hacerse del control

del Frente de Todos, porque tiene

los votos que Massa no tiene. Pero

si no lo logra y sigue atada de pies y

manos, sus días ya están contados

53 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Un sonriente Sergio Massa junto a Mauricio Macri, la verdadera cara del enemigo de los

pueblos y el peligro real. Si el “lawfare” resultara ser irreversible y la consecuencia fue la inhabilitación

definitiva de Cristina Fernández, quedaría despejado el camino para que Sergio

Massa haga el cierre de la grieta por arriba mediante la eliminación de la representación de

ambos extremos. Y así podría volver a implementarse la totalidad del proyecto político deseado

por el poder, destruyendo el empate hegemónico que venía trabando esa aplicación.

y lo que Massa hace, en realidad,

es allanarse el camino a sí mismo

y aparecer triunfante en el 2023,

prácticamente sin oposición para

aplicar en su totalidad el programa

que le fue encargado por el poder

fáctico.

Nadie sabe realmente quién triunfará

en esa pugna decisiva, en la

que se define el futuro de un país.

A decir verdad, nadie fuera de los

círculos íntimos de esos dirigentes

sabe a ciencia cierta ni siquiera si

la propia pugna ya está definida, si

el “lawfare” es o no neutralizable

y, por ende, si Cristina Fernández

ya suscribió el pacto hegemónico

a sabiendas de ello, con el fin de

llevar a cabo una simulación cuyo

objetivo ulterior sería la conducción

de los kirchneristas suavemente a

través del periodo de transición sin

rebeliones hacia un “peronismo”

futuro bajo la conducción de Sergio

Massa, su parte del acuerdo. De ser

así, claro está, el objetivo massista

se habría alcanzado ya y estaríamos

aun sin saberlo en la etapa poskirchnerista

de la historia de nuestro

país, el periodo de la eliminación

de lo que estaba trastornando la

política de unos pocos y el retorno

a una política tutelada en la que

el de presidente de la Nación es

un “puesto menor” frente al poder

fáctico de tipo económico.

No es infrecuente en cierto sector

del peronismo la crítica mordaz,

hasta despiadada, a Cristina Fernández.

Parte de esa crítica se basa

en el argumento de que la vicepresidenta

solo se ocupa de sus causas

judiciales sin importarle mucho el

destino del país con un gobierno

condenado al fracaso como el de

Alberto Fernández, pero eso constituye

una gran incomprensión de los

hechos actuales. En realidad, las

causas judiciales no son tales, sino

una auténtica extorsión judicial que

no le permite a Cristina Fernández

actuar abiertamente sobre las cuestiones

políticas del momento, que

son candentes. Lo que los críticos

no comprenden es que no habrá

Cristina Fernández como conductora

ocupándose de los problemas del

país si Cristina Fernández no logra

quitarse de encima la extorsión

judicial del “lawfare”, es condición

sine qua non que esas causas

judiciales construidas con finalidad

de persecución se resuelvan, o la

dos veces presidenta de la Nación

estará neutralizada hasta el último

de sus días por amenaza siempre

vigente. Los que esperan de ella

conducción deben saberlo: para

conducir un proceso político de

manera autónoma, sin estar al servicio

de los poderes fácticos como

Sergio Massa, la primera condición

es la de no tener un arma apuntada

contra la cabeza. Y lo que se juega

ahora es eso mismo, la dama lucha

en silencio y permanecerá así en el

futuro mientras siga pendiendo sobre

sí esa espada de Damocles porque,

en perfecta concordancia con

la undécima verdad peronista, no

es héroe ni mártir. No habrá unidad

nacional mientras haya lucha. ¿A

qué opción se aferrará el argentino

frente al desafío del futuro, que ya

llegó hace rato y es todo un palo?

54 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


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55 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


OPINIÓN

Disney y la dictadura de

lo políticamente correcto

ROSARIO

MEZA

Uno de los momentos más felices

de mi niñez ha sido el día

en que mi padre compró una

videocasetera y copias de varios

de los clásicos de Disney:

La sirenita, La Cenicienta, La bella

durmiente, Fantasía, La noche de

las narices frías, El libro de la selva,

Dumbo, La dama y el vagabundo

y La bella y la bestia. Recuerdo

haber aprendido de Bella el valor

de la lectura y que una mujer debía

unirse al hombre por amor y no por

conveniencia. De Dumbo aprendí

que no hay vínculo más fuerte sobre

la tierra que el amor de una madre,

y Balú, el oso haragán de El libro

de la selva, me enseñó que hasta el

último “estúpido paria vagabundo”

es capaz de hallar su propio coraje

cuando un amigo está en peligro. En

el contexto de una infancia plagada

de necesidades, era un soplo de

aire fresco ese mundo de fantasía

que aún hoy me evoca recuerdos

felices y que me inculcó el gusto por

la buena animación, las artes gráficas

y la música que me acompaña

hasta la madurez.

Claro que no todo era color de

rosa, en retrospectiva sé que el

dinero de la videocasetera salió de

la indemnización que papá cobró

56 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


cuando cerró la fábrica. Y de la misma

manera, al crecer me di cuenta

de que la vida no era tan sencilla

como dar el beso de amor verdadero,

pues incluso luego de hallado

el Príncipe Azul, a menudo la vida

nos prolonga la espera y nos niega

el “felices por siempre”. Sin embargo,

el bagaje cultural que descubrí

a partir del universo de Disney me

definió en valores éticos, cultivó mi

imaginación y me condujo a adentrarme

en obras imprescindibles de

la literatura universal, tales como

la de Shakespeare —¿a quién no

impactó esa pomposa recreación

de Hamlet en la figura de Simba, El

rey león? —, Rudyard Kipling o los

hermanos Grimm.

Pero al parecer la cuestión es espinosa.

Aquellos clásicos que en el

recuerdo de algunos pueden parecer

inofensivos y, por el contrario,

evocar maravillas de un universo de

ficción que bien podía evadirnos de

un mundo real bastante hostil, hoy

en día parecieran estar plagados de

modelos negativos y poco menos

que destructivos para las nuevas

generaciones. En el contexto de la

dictadura de lo políticamente correcto,

Disney se ha constituido en

uno de los principales blancos de

crítica por parte de la “generación

de cristal” que todo lo amalgama y

lo achata. Tan es así que el gigante

del entretenimiento infantil ha tomado

la determinación de establecer

una versión “para adultos” de su

plataforma de streaming, en la que

publica las películas de siempre y

no las versiones pornográficas que

ese temible título, “para adultos”

nos tendería a anticipar.

Es que, atendiendo a los consejos

de “organizaciones líderes que abogan

por las comunidades que representan

y que están a la vanguardia

de impulsar el cambio narrativo en

los medios y el entretenimiento”,

la empresa notó la proliferación de

mensajes por demás “negativos”

para los pequeños, tan nocivos

que requieren que los niños miren

los largometrajes en compañía de

sus padres. Ya poco importan los

valores positivos en la ficción, solo

se tienen en cuenta los modelos

“tóxicos” —término predilecto de la

progresía liberal— que las películas

parecieran reflejar, según la opinión

del público en redes sociales y “los

expertos” en “diversidad”.

El conglomerado empresarial de

entretenimiento para niños inició

su despegue autocensor el pasado

octubre, cuando colocó carteles de

precaución al comienzo de clásicos

como Dumbo o El libro de la selva,

advirtiendo que, debido a la antigüedad

de las cintas, estas contenían

mensajes que podían resultar

nocivos para la correcta formación

de “las niñeces”. Ejemplos de esos

disvalores subyacentes a las obras

señaladas lo constituirían el estereotipo

de la negritud del sur de los

Poster promocional de ‘La Dama y el Vagabundo’ para el público occidental. Buscándole la

quinta pata al gato —o al perro, en este caso específico—, muy poco de lo expresado en la

obra sería adecuado para los niños de hoy según los nuevos códigos morales y estéticos,

que se presentan como “progresistas” y en realidad son bien victorianos.

57 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


El personaje de Lola Bunny en ‘Space Jam’, de Warner Brothers, masculinizado para la

reversión del clásico de los años 1990 para eliminar lo que el nuevo orden considera que es

“sexismo”. Para los códigos actuales, parte de la dignidad femenina es no tener apariencia

femenina, precisamente, sino parecerse a un varón.

Estados Unidos encarnado en los

cuervos en Dumbo o el regodeo en

su holgazanería en el ya mencionado

Balú de El libro de la selva.

Independientemente de que tanto

los cuervos como el oso haragán

sean personajes amigables que

ayudan en cada caso al protagonista

a superar sendas vicisitudes, de

acuerdo con la moral victoriana de

la era posmoderna está mal visto

mostrar la negritud o la haraganería,

estas se deben esconder, advertir

sobre su extrema peligrosidad y

en última instancia, enviar al sótano

de la “pornografía” para niños.

La decisión de apartar directamente

las películas prohibidas de

los perfiles infantiles en la plataforma

de contenidos fue tomada con

posterioridad, luego de que Disney

Plus consultara con su “comité de

expertos”, el que recomendó enfáticamente

tomar medidas drásticas

por el bien de los niños. Pero ese no

es el único método de autocensura

aplicado por la productora en estos

tiempos de plumaje blanco, otro

lo ha constituido el corte de cuajo

de elementos indeseables, como

sucedió con la escena de Fantasía

(1940) que representa una bacanal

dionisíaca de la que cuidadosamente

se han eliminado los centauros

negros, mitad cebra y mitad humano,

con rasgos fisonómicos marcadamente

africanos. Estos oficiaban

de esclavos de un rechoncho Baco

en evidente estado de ebriedad.

La empresa consideró inaceptable

la asociación de la negritud con la

esclavitud, sin lugar a dudas carente

de todo asidero histórico, por lo

que fue necesario eliminar de plano

toda representación del África en

ese largometraje. Muerto el perro

se acaba la rabia.

De manera más solapada, aunque

igualmente forzada, la introducción

innecesaria de personajes políticamente

correctos en las reversiones

de películas clásicas marca un

cambio de época en la ideología

dominante que los productos dejan

traslucir. La nueva versión de La Bella

y la bestia (2017) presenta en su

elenco a un personaje evidentemente

homosexual encajado anacrónicamente

en la sociedad francesa

de alrededor del siglo XIII, e incluso

sugiere la “salida del ropero” de un

personaje transgénero y la presencia

de una alta cortesana negra. La

nueva Mulán, reversión de una de

las cintas que más han resaltado el

rol de la mujer como heroína épica

en toda la trayectoria de Disney,

fuerza el guion original para incluir

una escena de artes marciales entre

la protagonista y su antagónica

para más tarde sugerir una alianza

de “sororidad” entre ambas frente

al enemigo común, un varón.

En su sitio web, Disney pretende

explicar por qué “cancela” sus

propios productos o los modifica

a gusto y placer de los paladares

negros de la nueva moral, aclarando

algunos de los motivos, película

por película.

•Dumbo: “Los cuervos y el número

musical rinden homenaje a los

espectáculos racistas de juglares,

donde artistas blancos con rostros

ennegrecidos y ropa hecha

jirones imitaban y ridiculizaban a

los africanos esclavizados en las

plantaciones del sur. El líder del

grupo en Dumbo es Jim Crow, que

comparte el nombre de las leyes

que imponen la segregación racial

en el sur de los Estados Unidos”.

•Peter Pan: “La película retrata

a los nativos de una manera

estereotipada que no refleja ni la

diversidad de los pueblos nativos

ni sus tradiciones culturales auténticas.

Se refiere repetidamente

a ellos como pieles rojas, un

término ofensivo. Peter y los Niños

Perdidos bailan, usan tocados y

otros tropos exagerados”.

•Los Aristogatos: “El gato (siamés)

(Shun Gon) se representa

como una caricatura racista de

los pueblos del este de Asia con

ojos rasgados y dientes de conejo.

58 HEGEMONIA - ABRIL DE 2021


Canta en un inglés con poco acento

expresado por un actor blanco y

toca el piano con palillos”.

•El libro de la selva: “Se ven

estereotipos tanto en el grupo

de monos como en la aldea de

humanos, considerando que

representaban a los indios que

vivían bajo el yugo de las colonias

británicas”.

Y así sucesivamente. Como se ve,

los argumentos remiten a cuestiones

de extrema peligrosidad para la

formación de los infantes a quienes

evidentemente se subestima, suponiendo

son absolutamente incapaces

de separar fantasía de realidad

o disfrutar de una pieza cinematográfica

sin tomarse el trabajo de

analizar su corrección política con

pelos y señales.

Pero tampoco ha de sorprendernos

esta sensibilidad de Disney para

proteger su imperio en el contexto

de la posmodernidad. Otras marcas

de ficción, como Harry Potter o

Pepé Le Pew (Warner Brothers) han

pasado por la lupa de las cortes

victorianas en la era de la cancelación.

En el caso de Harry Potter

porque su autora, la británica J.

K. Rowling, se refirió en términos

“despectivos” hacia la comunidad

homosexual, sugiriendo que ser un

“cuerpo menstruante” es una facultad

exclusiva de la mujer biológica.

En cuanto al zorrino enamoradizo de

los Looney Tunes, se lo ha acusado

de promover la “cultura de la violación”,

debido a sus insistentes y

arrebatados lances amorosos hacia

una hembra de otra especie, una

gata.

En la misma línea de la nueva

corrección política, el cambio de

paradigma se observa en otras

cintas, tales como Valiente (2012)

o Frozen (2013) que se caracterizan

por la presencia de heroínas femeninas

que optan por la castidad

antes que someterse a los encantos

del “amor romántico”, antiguo

ideal de desenlace en el universo de

Disney. Respecto de Frozen, se ha

llegado de deslizar incluso que una

de las protagonistas, Elsa, podría

de hecho ser lesbiana. Maléfica

(2014), remake de La bella durmiente,

relativiza la maldad de la

villana paradigmática explicándola

por la traición del varón hacia la

mujer en una relación amorosa y

enalteciendo el amor entre mujeres

por sobre las relaciones románticas

con el sexo opuesto.

Y todo esto no sería problemático

si no acarrease consigo un lastre, un

duro peso. Si cada una de las creaciones

artísticas debe someterse

introspectivamente al análisis con

microscopio para garantizar no solo

la no ofensa de ningún colectivo de

minorías sino además expresamente

representarse a sí misma como lo

suficientemente “diversa”, ¿dónde

queda la originalidad? Cuando terminamos

de contar que haya frente

a las cámaras el suficiente número

de mujeres heroínas, negros en

puestos de poder, homosexuales,

Pepe Le Pew y Speedy González, dos víctimas más de la cultura de la cancelación por anacronismo. El primero al transformarse su caricatura

de romanticismo estilo francés en “acoso sexual” y el segundo por considerarse “racista”. La lista no tiene fin.

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chinos, indígenas no estereotipados

y la mar en coche, ¿cuántos minutos

de largometraje nos restan para

crear algo nuevo, bello, original,

audaz?

Uno de los principales peligros de

la cultura de la cancelación aplicada

a las creaciones artísticas es

precisamente el riesgo de cancelar

el arte. Que lo políticamente correcto

se coma a la obra y la energía

creativa del artista termine por

resultar absorbida por completo

por la autocensura, resultando en

la muerte del arte como medio de

expresión del artista, para que este

pase a representar apenas un panfleto

de la ideología que el poder

desea imponer.

Nada de eso sería novedad, por

supuesto, ya que los dibujos animados

infantiles siempre fueron

utilizados para adoctrinar a las generaciones

desde la tierna infancia,

como decían Dorfman y Matellart

ya a principios de los años 1970

en Para leer al Pato Donald, toda

una revelación para la época. La

Portada de una edición de Siglo Veintiuno de la obra ‘Para leer al Pato Donald’, en la que

se revelan ya a principios de los años 1970 las maniobras de adoctrinamiento del poder a

través de los dibujos animados infantiles.

diferencia con este tiempo son los

límites ideológicos allí donde lo que

antes existía era una libertad para

hacer mímesis de la realidad y desde

esa mímesis introducir el adoctrinamiento

deseado. Hoy ocurre el

proceso inverso, donde ese adoctrinamiento

parte de los límites, de lo

que no se puede decir ni se puede

mostrar, para luego sí introducir

los nuevos caracteres de la ideología

dominante, que son bastante

limitados. Antes se iba desde lo

artístico hacia lo ideológico; ahora

lo ideológico está primero y va hacia

la nada misma, el medio es el fin y

lo artístico queda suprimido.

En el prólogo de esa mordaz crítica

de la doble moral de la sociedad

victoriana que dio en llamar El

retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde

nos advertía ya acerca de los riesgos

de que la ética juzgue a la obra

artística y se imponga por sobre la

estética a la hora de evaluar al arte:

“Quienes descubren significados

ruines en cosas hermosas están corrompidos

sin ser elegantes, lo que

es un defecto. Quienes encuentran

significados bellos en cosas hermosas

son espíritus cultivados. Para

ellos hay esperanza. Son los elegidos,

y en su caso las cosas hermosas

solo significan belleza. No existen

libros morales o inmorales. Los

libros están bien o mal escritos. Eso

es todo”. Grave y certera sentencia.

A veces vale la pena desempolvar

viejas obras de arte y observarlas

en contexto, aunque incluyan en su

universo rasgos salvajes, antiguos

o anacrónicos que no serían aceptables

o quizá incluso ya no existan

en la actualidad. Al fin y al cabo,

del pasado se puede aprender y de

la comprensión de que el arte no

siempre imita a la realidad o a la

ética también depende crecer. La

vida no es tan sencilla como un “y

vivieron felices por siempre”.

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