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Revista Hegemonía. Año IV Nº. 39

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 39 AÑO IV | MAYO DE 2021

labatallacultural.org

HEGEMONIA

TERRORISMO

MEDIÁTICO


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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

de sus lectores mediante suscripciones regulares y

de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición

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representan necesariamente el pensamiento ni la

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HEGEMONIA

36

CONTENIDO EXCLUSIVO

Terroristas

mediáticos

50

IDENTIDAD PERONISTA

inteligencia,

honestidad

y patriotismo

56

OPINIÓN

Negacionistas

conspiranoicos

32

FILOSOFÍA POLÍTICA

De la pedagogía

del cuidado a la

épica de la libertad


EDITORIAL

Tener coraje

Frente a la situación de indefinición

y estancamiento de la política

local a nivel nacional, las atenciones

se vuelven necesariamente a lo

que el General Perón solía llamar

la “verdadera política”, o la política

grande: el juego de los intereses

geopolíticos que antes fueron entre

las naciones y hoy son entre estas

y las corporaciones. La actual

contingencia del coronavirus en

todo el mundo requiere ahora de

los Estados ingentes esfuerzos en

la contención de los pueblos, pero

además requiere de quienes nos

ocupamos de pensar la realidad

un poco de coraje. Hay que tener

coraje para enfrentar la hegemonía

y cuestionar un discurso único que

se sustenta sobre la potencia de los

medios de comunicación y más aun

sobre el miedo de las mayorías.

Y es que, para empezar, debemos

saber que nuestra política nacional

se encuentra prácticamente paralizada

por eso mismo, porque en el

mundo están pasando cosas. Las

grandes potencias globales y las

corporaciones intentan hoy redefinir

la sociedad a nivel mundial y eso

impacta aquí en la Argentina en una

forma muy negativa: en la forma de

la imposición del silencio y la quietud.

Los argentinos no podemos

dar definiciones ni se las podemos

exigir a un gobierno cuyo único

discurso parecería ser la pandemia.

Es como si en nuestro país estuviéramos

esperando a ver de qué lado

cae una moneda que está en el aire

para definir qué cosa vamos a hacer

de nosotros mismos.

4 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


En otras palabras, se libra hoy una

guerra sin cuartel entre los poderes

mundiales por una nueva hegemonía,

la que resultará de la presente

crisis del coronavirus y se llamará

“nueva normalidad”. Mientras esa

“nueva normalidad” no llega, en los

países periféricos pareceríamos estar

condenados a esperar sin hacer

demasiadas olas. La pasividad y la

debilidad aparentes del gobierno

de Alberto Fernández tienen su

origen allí, es como si estuviéramos

esperando a que termine un evento

bélico para ponernos del lado del

vencedor. Y por eso no hay definiciones

en el plano local, todo sigue

igual que en diciembre de 2019.

Todo, salvo la situación socioeconómica

de los argentinos, la que

se deteriora todos los días un poco

más.

Entonces es del todo inútil analizar

la política local hoy, no hay nada

que analizar. Lo que parece ser una

lucha entre oficialismo y oposición

es una simulación cuyo único objetivo

es ganar tiempo. Nadie, ni lo

que gobiernan ni los que se oponen,

puede tomar hoy una decisión

respecto al rumbo de la Argentina:

estamos esperando el resultado

de la guerra y por eso es necesario

hablar de guerra. De lo único que se

puede hablar hoy sin hacer ficción

política para el gusto de quienes están

cómodos y no quieren realmente

saber de qué se trata es justamente

de qué se trata. Y eso hoy está en la

disputa entre los Estados y las élites

globales por el control del planeta

después del coronavirus, esto es, en

la “nueva normalidad”.

He ahí todo. La discusión política

hoy son los contenidos futuros de

esa “nueva normalidad”, lo que

se debate es qué forma tendrá la

sociedad global en un futuro a mediano

plazo. Entonces el coraje hoy

es el coraje de discutir esos contenidos

y de poner en evidencia las

maniobras que el poder realiza para

llevarnos a un lugar determinado.

¿Y por qué hay que tener coraje

para discutir eso? Porque no se

puede, está prohibido cuestionar.

Todo el aparato mediático se vuelca

hoy al terrorismo mediático que

paraliza por miedo y hace perder

el horizonte, la perspectiva, a las

mayorías. Y la va a pasar mal el

que se atreva a denunciar eso, a

decir que en realidad los medios de

comunicación están destruyendo la

moral de los pueblos para que estos

firmen una rendición incondicional

sin fijarse en sus términos.

El problema es ese mismo, es que

hay una agenda mediática fija a

nivel global y nadie puede pretender

hablar de otra cosa. Y mucho menos

a cuestionar el uso del coronavirus

para fines geopolíticos. El que haga

eso será clasificado de “conspiranoico”,

“anticiencia”, “antivacunas”

y hasta de “terraplanista”, será

reprimido y será descalificado.

Las mayorías tienen miedo y están

dispuestas a aceptar una narrativa

que existe para meterles aún más

miedo. Es un círculo vicioso.

Es por eso que en la presente edición

de esta Revista Hegemonía y

en las subsiguientes vamos a dedicarnos

a tener un poco de coraje

para discutir lo que nadie se atreve

a discutir: la mano que está detrás

de la pandemia y la utilizar para

formatear el mundo según su propia

conveniencia. En esta edición, la

39ª., empezamos justamente por

los medios de difusión y su terrorismo

mediático, el instrumento

cultural del poder para llevar a cabo

el plan de reconfiguración que el

propio poder dio en llamar “el gran

reseteo”.

¿Es conspiranoia? A lo mejor lo es,

pero solo si uno acepta someterse

a las categorías de los servicios de

inteligencia estadounidenses, los

que hace ya varias décadas crearon

la figura del “conspiranoico”

para descalificar a quienes quieren

conocer la verdad más allá de la

narrativa oficial. Frente a eso hay

que tener coraje para eso estamos.

Ese es nuestro trabajo y este es el

resultado: la revista que el atento

lector tiene ahora entre manos.

Esperamos que le sirva para ver un

poco en ese reverso de la trama que

el poder llama “conspiranoia” para

ocultarlo. Pero es solo la verdad, la

incómoda verdad.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


ANÁLISIS

Hacia la macdonaldización

planetaria

ERICO

VALADARES

El estudio en profundidad de la

historia, ese que va más allá de

una memorización de fechas

de batallas e hitos simbólicos

que marcan el comienzo y el fin

de las coyunturas, es fundamental

para entender el presente. Claro

que semejante afirmación es casi

una perogrullada, no hay prácticamente

nadie dispuesto a negar que

el comportamiento social es más

bien invariable en el tiempo y que

la dinámica de un hecho pasado

es básicamente la misma, calcada

en los hechos del presente, cambiando

únicamente los nombres

propios que ilustran la narrativa.

Marc Bloch decía, dando toda una

definición para la posteridad, que la

historia es la acción de los hombres

en el tiempo. Lo que Bloch no dijo

ni pudo decir, puesto que aún no

había llegado la hora para decirlo,

es que esa acción en el tiempo es

una suerte de “loop” allí donde la

acción en sí es básicamente siempre

la misma. Al no haber variación

en el comportamiento social por

no variar tampoco la naturaleza

de los que hacen la historia, que

son los hombres, lo que vemos en

el análisis histórico y en su posterior

contraste con el presente es

6 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


que vivimos en un eterno día de la

marmota, en los moldes de aquella

obra filmográfica.

Es siempre lo mismo, siempre la

misma lucha por el poder con el fin

de introducir modificaciones sociales

—esencialmente económicas,

puesto que se trata de una cuestión

de pesos y centavos desde el principio

de los tiempos— que luego se

desgastarán y serán sucedidas por

una nueva lucha y por nuevas modificaciones.

Y así hasta el infinito.

En lo esencial la historia es siempre

la misma y entonces no existen

razones para sospechar que esta

vez sí va a ser distinto. No lo será, la

acción es la acción de los hombres

en el tiempo, en eso tenía y seguirá

teniendo la razón Marc Bloch, no se

hace la historia sola ni nada nace

de un repollo. Pero esa acción es un

calco y por esa razón los analistas

que no somos historiadores profesionales

estamos ya en condiciones

de afirmar que hoy mismo se está

cocinando una nueva coyuntura

histórica en la acción de los hombres

en el tiempo presente. En una

palabra y para el disgusto de los

que ven cambios profundos en cada

revuelta y en cada catástrofe de escala

mundial, aquí lo único que va a

cambiar es el esquema social en un

sentido económico, un cambio que

vendrá lógicamente acompañado

por su impacto en la cultura de los

pueblos.

Vivir en el cotidiano es perder la

perspectiva histórica y olvidar que

los hechos del presente, por más

dramáticos o tremendos que aparezcan

frente a los ojos del contemporáneo,

son más bien ordinarios.

No existe realmente nada nuevo

bajo el sol, todo lo que pasa hoy ha

pasado antes, salvando las distancias

entre épocas por el avance

tecnológico. Por eso, decir que de

una coyuntura histórica resultará

una humanidad totalmente nueva

en el aprendizaje colectivo, en la

experiencia del fracaso o en lo que

fuere es francamente delirante. He

ahí lo que puede saberse desde

luego a partir del análisis histórico y

de la invariable naturaleza humana:

lo único que cambia cada vez que

algo ocurre y parecería que todo va

a cambiar es el esquema cultural

de producción y reproducción. Todo

lo demás va a seguir inalterado,

es decir, va a seguir siendo lo que

siempre fue en esencia.

Enormes discursos se construyen

en estos días y el tremendismo está

de moda para dar cuenta de una

enfermedad que el poder declaró

como pandémica, todo un léxico del

hipocondríaco se despliega en los

medios de difusión prácticamente

las 24 horas del día: virus, contagios,

agujas, camas, terapia intensiva,

internación, barbijos, distancia

social, enfermedad, muerte. Buena

parte o casi todo de lo que se dice

hoy en los canales de televisión o se

escribe en los diarios es muerte en

sus distintas presentaciones. Y así

se construye día tras día una narrativa

tremendista que no permite ver

un mañana, no hay mañana. Cuando

uno asume y naturaliza el léxico

del hipocondríaco, lo hace propio y

pasa a pensar en esos términos, en

ese preciso momento les ha puesto

un número a los días de vida que le

quedan. El resultado, como se sabe,

es la eliminación simbólica del mañana.

No tiene futuro el que tiene

los días contados y eso lo sabe todo

el mundo.

Todo el mundo lo sabe, esa comprensión

está en el nivel del sentido

común de prácticamente todas las

culturas. Y, no obstante, se pierde

de vista el hecho de que el léxico del

hipocondríaco es propio de quienes

viven cada día como si fuera el

último sin proyectar nada hacia el

futuro. Al perderse de vista la perspectiva

histórica se ignora aquella

verdad de Perogrullo, la de que

nada realmente va a cambiar y que

un nuevo día vendrá con un nuevo

esquema y poco más que eso.

Prende entonces como el fuego en

el pasto seco la narrativa tremendista

de los medios que manipulan

la opinión pública hacia la incorporación

del léxico del hipocondríaco,

los días contados y la consiguiente

renuncia al mañana. Como se ve

en este sencillo ejercicio lógico, la

falta de perspectiva histórica no

resulta solo en la incomprensión

del presente, sino además en la

pérdida del futuro. Naturalmente, el

que no sabe dónde está parado muy

difícilmente podría saber adónde se

dirige y ni siquiera que se dirige a

alguna parte.

Todo este rodeo se hace necesario

como el preludio a una vulgar crítica

a los medios de comunicación.

Perspectiva histórica, la acción de

los hombres en el tiempo e historia

como proceso cíclico, todo eso para

decir que la especialidad de los

medios no es el pasado ni el futuro,

sino el presente. La observación

etimológica de la propia palabra

“periodismo” remite a lo que es

periódico y lo deja en evidencia: no

hay para el periodista ni el ayer ni el

mañana, lo que ocurre hoy tiene que

ser único, inédito, tremendo y sin

precedentes si lo que se quiere es

hacer de eso una noticia. Si no fuera

así, esto es, si los periodistas en los

medios relativizaran sus primicias

y sus “bombas” informativas con la

perspectiva histórica y concluyeran

que “es grave, aunque no es nuevo

y el resultado se puede conocer de

antemano”, entonces no habría

primicias y mucho menos titulares

bombásticos. Pero no podría ser

así por la mismísima naturaleza de

los medios de comunicación y del

oficio de periodista, que es el de la

permanente venta de humo para

que se vendan los diarios y haya

7 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


como el coronavirus de un modo

genérico siempre anduvieron por

ahí, no se trata de ninguna novedad.

Por lo general, el truco de los

medios para transformar en noticia

lo que es ordinario no pasa de una

maniobra de ocultación de la perspectiva

histórica con la finalidad de

no revelar el hecho de que no hay

realmente nada extraordinario en

la actual coyuntura como para que

se modifiquen los esquemas sociales

de la noche a la mañana, con

todas las consecuencias nefastas

de ese cambio brusco y forzado. De

haber una perspectiva histórica que

conduzca a la comprensión de que

igualmente habrá un mañana, aunque

exista hoy la falsa percepción

de un apocalipsis, lo que se pierde

es la primicia y el negocio esencial

de los medios de comunicación

desaparece. Entonces el léxico del

hipocondríaco con su avalancha

alarmista diaria es la clave para

que el negocio siga, allí donde la

única forma de atrapar al público

con una narrativa es mediante el

sostenimiento del interés general y

nada es más potente en ese sentido

que el miedo, nadie pone más de su

atención a un relato que el temeroso

a las posibles consecuencias de

lo que se relata.

¿Por qué mienten?

Una edición de ‘Introducción a la Historia’, de Marc Bloch, el cofundador junto a Lucien Febvre

de la escuela historiográfica francesa que fue fusilado por los nazis por haberse enrolado

en la Resistencia. En esta obra cumbre, Bloch da la definición de la historia como la acción

de los hombres en el tiempo. Un legado para todos los tiempos.

rating para los canales, share para

las radios y clics en los portales de

la web. La noticia vieja no vende

porque no es noticia, es historia

conocida.

Eso es lo que pasa hoy en la relación

entre la pandemia del coronavirus

y los medios de comunicación,

existe una voluntad manifiesta de

hacer del hecho una noticia diaria.

Y para que eso funcione es necesario

omitir que tanto las pandemias

Cabría aquí la metáfora de los cuentos

de terror o de la espeluznante

crónica del crimen para ilustrar el

magnetismo que ejerce el miedo

sobre el hombre a punto de captar

y monopolizar su atención. Las

narrativas tristes o felices —ambas

placenteras por distintos motivos

para el que las consume— pueden

funcionar y de hecho funcionan

bien en la captación de la atención

del público, pero suelen ser abandonadas

al surgir en el horizonte

8 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


simbólico del receptor algo de

mayor importancia requiriendo su

atención. Eso no ocurre con el relato

del miedo, nadie abandona una narrativa

si entre sus alternativas está

la amenaza a la existencia de uno

o de los suyos, justamente porque

nada es más importante que existir.

Si primero está la existencia y luego

vienen las condiciones, como indica

la lógica más elemental, entonces

la amenaza a la vida es el miedo

mayor y es, finalmente, la garantía

última de que el individuo atrapado

por una narrativa de ese tipo jamás

la va a abandonar para poner su

atención sobre lo que es de menor

importancia.

El atento lector puede corroborar

fácilmente todo lo expuesto con tan

solo encender el televisor o la radio,

darse una vuelta por los portales

de noticias en la web o leer el diario

físicamente. Allí está, a cualquier

hora y durante todo el día, la narrativa

del miedo cuyo léxico es

el léxico del hipocondríaco y cuyo

significado subyacente es muerte.

Eso está por todas partes, en cualquier

canal de televisión o estación

de radio. No hay ningún medio de

comunicación que no ocupe la casi

totalidad de su programación diaria

—y a veces la totalidad, como en el

caso del Canal 5 Noticias (C5N)—

con la narrativa del terror de una

muerte inminente. Entendámonos

bien: no es que el asunto no dé para

difundirse, es de suma importancia

y no puede no comunicarse, pero

la narrativa del miedo no tiene por

finalidad informar a nadie, sino

sobreinformar básicamente con una

especulación que es del todo inútil

para la sociedad.

Ahí está el meollo de la cuestión,

de la relación entre el coronavirus y

los medios de comunicación. Unas

pocas horas diarias distribuidas a

lo largo de la programación serían

más que suficientes para difundir lo

esencial a la prevención de la enfermedad,

para generar la conciencia

suficiente en la población sobre la

problemática actual, los cuidados

necesarios, etc. Pero no, no son

solo unas pocas horas diarias. En

canales como C5N la narrativa del

miedo y de la muerte inminente

ocupa la totalidad de la programación,

ya sea directa o indirectamente.

Es directa cuando los periodistas

se ponen a especular sobre cosas

que no saben y que a las pocas

semanas se demostrarán imprecisas,

inexactas e incluso falsas.

Y es indirecta cuando se habla de

otros temas de interés y allí también

aparece la narrativa del terror. Si se

habla de fútbol, por ejemplo, necesariamente

debe aparecer algún

titular de escándalo sobre jugadores

y directores técnicos contagiados,

protocolos que se van a aplicar

a la realización de los partidos, si se

suspenden o no las competencias

por el riesgo de contagio y la mar en

coche. Y cuando el asunto que se va

a tratar no permite mechar el relato

del miedo, la misión se cumple con

el uso de la imagen donde periodistas,

cronistas y noteros aparecen

innecesariamente con las caras

tapadas por sendos barbijos o máscaras,

asegurándose así la omnipresencia

de la narrativa deseada.

Incluso en el mismísimo pronóstico

del tiempo se cuela el mensaje. Un

hermoso día de sol está previsto,

pero no se recomienda salir de casa

porque en la plaza del barrio pueden

estar el contagio y la muerte.

Ahora bien, todo eso es fácilmente

corroborable, como decíamos en

el anterior párrafo, basta con mirar

poniéndole la suficiente atención

a la semántica exhibida más que a

los contenidos propiamente dichos.

Y la explicación de la narrativa del

miedo como relato atrapante también

es de sencilla comprensión

para empezar a entender por qué

en los medios de difusión hay tanto

tremendismo y tanta sobreinformación

inútil, tanta especulación

gratuita en la actualidad, pero es

insuficiente. La crítica al proceder

de los medios es inconducente si no

viene acompañada de una denuncia

contra los intereses reales que

mueven a ese proceder. Nada de lo

Momento televisivo en Todo Noticias (TN), de la mañana del 19 de abril. Sin importar el día

o la hora, al sintonizar cualquiera de los canales de noticias el televidente se encontrará con

las placas rojas de escándalo, los números exorbitantes de contagiados y muertos. El miedo

como instrumento para disciplinar a la sociedad está a la orden del día.

9 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Escena de la película ‘El día de la marmota’, protagonizada por Bill Murray, obra que en España se tituló justamente ‘Atrapado en el tiempo’ y

caracteriza la insólita situación de un hombre que repite el mismo día una y otra vez. Esa es una buena metáfora de la historia cíclica, o de la

idea de que en la acción de los hombres en el tiempo lo único que cambia son los nombres propios de los hombres, jamás la acción.

que se dice en los medios de comunicación

hegemónicos es resultado

de la voluntad de los periodistas,

que son meros empleados y repetidores

de un guion predeterminado.

El famoso “Gato” Sylvestre o el extático

Pablo Duggan no están todo

el día vociferando la extinción de

la humanidad de no meterse todos

los humanos en un pozo porque se

hayan obsesionado con el coronavirus

o hayan perdido la cordura.

Tanto el uno como el otro y todos

los demás predicadores mediáticos

hacen a diario sus “stand-up” para

aterrorizar al televidente que tiene

la desgracia de escucharlos simplemente

porque se les paga muy bien

para hacerlo.

Eso es lo que el buen sentido

popular define como “la culpa no

es del chancho, sino del que le da

de comer” y ahí está, precisamente,

el huevo del tero. Los periodistas

saben que están especulando con

cosas que desconocen, saben que

con esa especulación no contribuyen

en nada a la prevención de la

enfermedad y saben, sobre todo,

que enloquecen al consumidor de

noticias con sus elucubraciones,

pero no pueden hacer nada al

respecto más que seguir y seguir

la huella. Son empleados, como se

ha visto, no tienen voluntad propia

sobre el trabajo que realizan. El

asunto es poner el foco sobre los

empleadores, ver bien quiénes son

los que ponen el dinero para que la

narrativa del miedo y de la muerte

ocupe la totalidad de la pantalla,

del éter radial y de las páginas de

los diarios. Es ahí, en la mano que

mueve al títere, donde el atento

lector encontrará los verdaderos intereses

detrás de una sobreinformación

que tiene por finalidad sembrar

el terror para cosechar otra cosa.

Fines e intereses

inconfesables

Está claro que los objetivos políticos

inmediatos o de vuelo corto

están presentes en las motivaciones

de los periodistas y no deben soslayarse

en el análisis. De un modo

superficial, vale decir que C5N y

Todo Noticias (TN) no hacen el relato

del miedo y de la muerte con la

misma finalidad a corto plazo. Para

los operadores mediáticos de C5N,

10 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


por ejemplo, la sobreinformación

del coronavirus sirve para tapar una

realidad indecible e indecente en

materia social y económica y entonces,

al ser oficialistas, a dichos

operadores les viene como anillo

al dedo especular todo el día sobre

lo que se desconoce para no tener

que informar sobre el estado de la

economía nacional, que es catastrófico

y hasta terminal. En la vereda

contraria, los operadores mediáticos

de TN hacen lo propio, pero con

la finalidad opuesta, a saberla, la

de cargar sobre el gobierno toda la

responsabilidad por la catástrofe

sanitaria. Esa es la obviedad ululante,

lo que puede percibirse a

primera vista en un rápido análisis

del contenido de los medios de

comunicación y lo que resuelve una

parte del problema sin resolverlo

en su totalidad. C5N se declara

abiertamente oficialista y TN se

declara abiertamente opositor, no

hay incoherencias hasta aquí ni son

necesarias más explicaciones.

Pero la política local es de muy

poca monta si se la compara con el

juego mayor de los intereses globales

que durante el kirchnerismo

solíamos llamar corporaciones y

ahora pasaron, misteriosamente,

al plano de la “conspiranoia”. El

General Perón solía decir que la

verdadera política es la política

internacional y esa es la del actual

globalismo que pugna por introducir

profundas modificaciones sociales

a nivel global en lo que ya se dio

en llamar la “nueva normalidad”,

esos son los intereses realmente

importantes detrás de una ingeniería

social de enorme magnitud en la

manipulación mediática. Dicho de

otra forma, si bien los medios hacen

la narrativa del miedo y la muerte

en un principio para lograr objetivos

inmediatos en el plano local, esas

son las achuras del matadero. La

carne está en otra parte.

La narrativa del miedo tiene su

magnetismo, sí, pero tiene además

la propiedad de disciplinar hasta al

más rebelde. La reiteración diaria

de cantidades exorbitantes de contagiados

y muertos —la que, otra

vez, no es de ninguna utilidad para

la prevención de nada, simplemente

sirve para meter más miedo— en

placas rojas de escándalo está

significando la advertencia: aquí

hay que plegarse o morir. ¿Pero

plegarse a qué? ¿Cuáles son las

condiciones impuestas para evitar

el contagio y la muerte? Esta es

una cuestión de proyección, de ver

las cosas en potencia como en la

serpiente aún en el huevo poniendo

este a contraluz para saber que, en

efecto, de allí saldrá una serpiente.

Lo que los adiestradores de masas

que son los ingenieros sociales

pusieron rápidamente en las categorías

hirientes de “conspiranoia”,

“terraplanismo”, “anticiencia” y

afines es la capacidad de proyectar

sobre algo que está aún en estado

incipiente, inviabilizaron esa facultad

del hombre para que el hombre

nuevamente quede atrapado en un

La conductora de Canal 5 Noticias (C5N), María Belén Aramburu, aquí exhibiendo orgullosamente

su tapabocas. Con la aceleración del proceso, algunos operadores mediáticos televisivos

empezaron a presentarse de esta forma frente a las cámaras, en frontal contradicción

con todo lo que venían diciendo y haciendo hasta aquí. Ahora en los canales oficialistas

como C5N y la TV Pública no se ven más bocas ni narices destapadas, un paso más hacia el

adiestramiento para la estandarización de las mayorías.

11 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


presente sin perspectiva histórica,

sin pasado, pero fundamentalmente

sin horizonte, sin futuro. Observar

las novedades impuestas en nombre

de la salud y hacer la hipótesis

de que esas novedades llegaron

más con fines de disciplinamiento

que de prevención sanitaria es hoy

poco menos que un delito.

Es fácil adivinar, no obstante, los

planes del poder fáctico a nivel

global en muchas de las medidas

de control que van imponiéndose

bajo el pretexto de lo sanitario,

sobre todo en aquellas que prescriben

cambios en el comportamiento

social habitual de las mayorías de

a pie y en la introducción de mecanismos

automatizados de control

mediante el uso de los ya omnipresentes

teléfonos celulares. No

es solo el adiestramiento para la

ocultación intensiva de los rostros

y para el mantenimiento de una

El inefable Gustavo “Gato” Sylvestre, hoy el gran difusor del léxico del hipocondríaco y del

miedo en la pantalla de la televisión. Luego de trabajar para Héctor Magnetto en TN, Sylvestre

se cruzó de vereda y se ubicó en C5N, canal supuestamente rival. Y desde allí predica

todos los días el mensaje de las corporaciones con la amenaza constante de contagio y

muerte, pero blindado por la voluntad militante que lo considera un “compañero”.

distancia que para el hombre es

contra natura, eso es lo de menos y

puede tolerarse temporalmente sin

mayores problemas. Lo que estamos

naturalizando todos los días en

nombre de la salud pública, en el

fondo, es un cambio de paradigma

en lo que se refiere a la libertad relativa

del individuo frente al poder,

sin que nada de eso esté a tono ni

mucho menos con los delirios de los

mal llamados “libertarios”, los que

ven toda la opresión en el Estado

sin comprender que la orwelliana

1984 es, en realidad, una metáfora

perfecta de las corporaciones actuales.

Hay un poder supranacional

y dicho poder considera que están

dadas todas las condiciones técnicas

para realizar el Gran Hermano

de la ficción. Y eso es lo que estamos

naturalizando por miedo.

Otra vez se hace necesaria la

perspectiva histórica para la comprensión

de que este es un proceso

cíclico. Ha habido a lo largo de la

historia periodos de más o menos

control por parte del poder central

sobre los individuos atomizados: el

caos de los últimos dos o tres siglos

de la Antigüedad fue reemplazado

por el control social instrumentado

por la religión institucionalizada y

luego, al llegar la modernidad, la

revolución burguesa con la destrucción

del orden medieval propiciará

otro periodo caótico que habría de

durar hasta los primeros años del

siglo XX. Fue el Estado entonces el

que tomó la posta, burocratizando

el control social de la política. Pero

finalmente llegó la posmodernidad

y con ella la crisis de representación

en desmedro de la autoridad

estatal, otro periodo de caos relativo

que dura hasta el presente.

Aquí tenemos, en cinco grandes

coyunturas —decadencia del mundo

antiguo hacia el siglo V, el llamado

Medioevo hasta fines del siglo XVIII,

la primera modernidad industrial,

hasta mediados del siglo XIX, la

consolidación del Estado moderno

hasta la II Guerra Mundial y la posmodernidad—

una alternancia entre

periodos de mayor o menor control

social del poder sobre las mayorías

populares.

Una sexta coyuntura está en vías

de empezar y la caótica situación

de un Estado en decadencia y ya

incapaz de controlar a la sociedad

de masas, o sobre las cenizas de

ese ordenamiento caduco, deberá

emerger la nueva autoridad. Es

natural que así sea: al igual que el

Estado antiguo y la Iglesia institucionalizada

como poder político, el

Estado moderno de los burgueses

revolucionarios ha tenido sus periodos

de ascenso, esplendor, decadencia

y caducidad. Bien mirada

la cosa, eso se asemeja siempre al

ciclo vital de un solo hombre, que

normalmente se resume en nacer,

12 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Representación artística de la novela orwelliana ‘1984’, en la que muchos vieron erróneamente una metáfora del Estado opresor. En realidad,

dada la naturaleza global y la omnipresencia del Gran Hermano, este se asemeja más a una corporación en poder de los medios tecnológicos

suficientes para un total control de la humanidad. Orwell va a terminar siendo un visionario por haber anticipado una realidad de la que hoy

vemos plasmadas las primeras pinceladas.

crecer, reproducirse, envejecer y

morir. Y por eso puede decirse que

es natural en todos los sentidos, al

ordenamiento moderno le ha llegado

la hora de ser reemplazado por

otra cosa y el problema se reduce a

saber o a conocer la real naturaleza

de esa cosa. El problema es verla

venir.

Contestatarios

Si el atento lector apela a las expresiones

culturales para simbolizar

esa alternancia entre periodos de

mayor o menor control social del

poder sobre las mayorías, verá

claramente en esas expresiones la

manifestación del espíritu de época

en cada una de las épocas. Sin ir

demasiado lejos con la observación

de esos fenómenos, alcanzará con

ver cómo el siglo XX ha sido testigo

de marchas y contramarchas en

términos de control social por parte

de un poder central. En los albores

de los años 1900, aun en el arrastre

del primer Estado moderno no

del todo consolidado —véase los

esfuerzos del Barón Haussmann

por rediseñar la ciudad de París en

la segunda mitad del siglo XIX para

hacerla menos vulnerable a las

barricadas, por ejemplo—, la regla

general fue el caos, esto es, una

situación de poco control social que

va a culminar en su momento de

mayor libertinaje: la Belle Époque.

Hasta aquí tenemos el esplendor de

las artes y de la política de hacha y

tiza, cuyo símbolo máximo es una

revolución rusa que en otro contexto

sería utópica. La era de las guerras

mundiales y el ascenso del totalitarismo

en Europa impusieron otra vez

el control y el orden, con el Estado

asumiendo todas las funciones de

vigilancia, control y represión. Décadas

más tarde, el sociólogo francés

Michel Foucault haría un análisis de

ese periodo, hallando los conceptos

de panóptico, biopolítica y biopoder,

por ejemplo, típicas herramientas

de control estatal en la etapa

totalitaria que va desde los años

1920 hasta los años 1950.

Lo que Foucault ve en los años

1970 y 1980 es ya, para esa época,

una simulación. En los “Treinta

Gloriosos” que van desde el fin de la

13 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


El barón Jorge Eugenio Haussmann, quien hacia la segunda mitad del siglo XIX llevó a cabo

un monumental plan de obras con la finalidad de reconstruir la ciudad de París, modificando

la naturaleza caótica de su entramado urbano. Los estrechos callejones de la capital parisina,

en la visión de Haussmann, eran ideales para la insurgencia en la forma de barricadas.

A partir del rotundo triunfo de Haussmann, empiezan a existir en el Estado moderno muchos

de los conceptos de control que serán comunes desde principios del siglo XX hasta finalizar

la II Guerra Mundial.

II Guerra Mundial hasta la crisis del

petróleo en 1973 lo que hay es una

edad dorada del capitalismo en la

que el Estado de bienestar es también

un periodo de apertura donde

florecen otra vez las expresiones

caóticas de los individuos sin tanto

control: es el tiempo de los hippies,

del amor libre, de las drogas recreativas,

el feminismo, la liberación

sexual y de la juventud como sujeto

social. Se relajan los controles en

medio a la abundancia económica

de posguerra y con un Estado más

preocupado en reconstruir que en

controlar.

El resultado es el cuestionamiento

a la autoridad estatal. Resulta

hoy un poco difícil de creerlo, pero

la generación denominada “baby

boomer” por la expresión en inglés

para denominar a la explosión de

nacimientos posterior a la guerra

fue inmensamente más contestaria

y más libre que todas las posteriores,

incluso la actual. Pero los cuestionamientos

se dirigían siempre a

lo que en ese momento se percibía

como la autoridad opresora: el

Estado. Los “baby boomers” nunca

vieron venir el ascenso de las corporaciones

como poder fáctico con

el proyecto político de un gobierno

global, siempre interpretaron las

expresiones culturales de su generación

—las novelas 1984 y Un

mundo feliz, entre otras— como una

metáfora del Estado. Seguía fresco

el recuerdo de los Stalin y de los

Hitler en la memoria colectiva y el

resultado fue que toda una generación

le ladró al árbol equivocado,

por decirlo de alguna forma.

Así el Estado moderno decayó en

el tiempo hasta llegar a la monumental

crisis de representación de

nuestros tiempos, que es terminal.

Y fueron las corporaciones, el poder

fáctico global, en ascenso y en reemplazo

del Estado moderno en el

lugar de la autoridad. El periodo de

libertad relativa viene terminándose

hace tres décadas a medida que el

Estado profundiza su decadencia,

crece el poder de las corporaciones

y, quizá lo más importante, avanza

la tecnología que hará posible la

realización del proyecto de control

mundial y definitivo que las

élites globales quieren imponer a

la caducidad final de los Estados.

Desde la posibilidad de rastrear a

todos los individuos mediante el

uso de los teléfonos celulares hasta

las cámaras de seguridad —que hoy

14 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


están literalmente por todas partes,

ya no hay forma de hacer nada por

fuera de la vigilancia del ojo omnipresente

del Gran Hermano—, están

dadas las condiciones técnicas en

la actualidad para un gobierno central

cuyo control centralizado será

virtualmente imposible de evadir.

Los “baby boomers” cometieron

un error histórico al cuestionar la

autoridad de un Estado que, para el

momento de ese cuestionamiento,

ya no ejercía sobre los individuos

la presión controladora que supo

ejercer entre los años 1920 y 1950.

Y ese error propició el avance de las

corporaciones, que siempre vinieron

precisamente con un proyecto

de control elevado a la perfección. Y

aquí está lo central de dicho proyecto:

el perfeccionamiento de los

mecanismos de control es aquello

que el sociólogo estadounidense

George Ritzer llamó, ya a mediados

de los años 1990, la macdonaldización

de la sociedad o un proceso

mundial de racionalización social

tendiente a estandarizar el planeta

entero con fines de control. En una

palabra, mientras la sociedad sigue

discutiendo con los gobiernos en el

Estado sobre si se puede o no salir

a la calle o la adquisición de agujas

milagrosas, verdaderas panaceas

universales, las corporaciones están

imponiendo esquemas sociales

de producción y reproducción que

se asemejan al modelo de “fastfood”

de McDonald’s para establecer

una dominación global.

Piense el atento lector en un

McDonald’s, en un restaurant de

comida rápida al que acuden masivamente

los individuos a pagar para

comer chatarra, sí, pero literalmente

para que los pongan en fila. En su

obra, Ritzer se refiere a los procesos

de producción de McDonald’s y

habla de conceptos como previsibilidad,

eficiencia, cálculo y, véase

bien, control. El esquema McDonald’s

es una forma de garantizar

que los empleados humanos, desde

el gerente hasta el que trapea el

piso, hagan siempre lo que se espera

de ellos en el momento preciso,

de la misma manera y sin pérdida

de tiempo ni recursos. Eso es lo que

Ritzer señala y extrapola al ordenamiento

social, proyectando el

esquema McDonald’s sobre todos

los demás esquemas de producción

y reproducción, o una sociedad

automatizada en la que nadie hace

lo que quiere o considera que es lo

mejor en un determinado momento,

sino tan solo lo que está establecido

en el programa.

Con los patitos en fila

Ahora bien, el esquema McDonald’s,

si se mira con atención,

no tiene solo por objetivo estandarizar

el comportamiento de los

empleados, sino también el de los

consumidores. Y esto es lo esencial:

en un restaurante de la cadena

McDonald’s el consumidor es el

menú, uno se robotiza, por decirlo

de alguna forma, cuando va a comer

a un “fast-food”, va a que lo ordenen.

El consumidor entra, se pone

en fila; pasa por una caja a hacer

su pedido entre opciones limitadas

que ya están preparadas y solo ne-

Los hippies, el movimiento contracultural de los “Treinta Gloriosos” por antonomasia en

Occidente y luego en casi todo el mundo. Al abandono del modelo de Estado totalitario al

finalizar la II Guerra Mundial, se siguió un periodo de apertura y relajación que terminaría

siendo letal para el propio Estado, ya que la posmodernidad vendría con una crisis de representación

en la que la autoridad estatal sería cuestionada hasta desaparecer virtualmente.

El poder fáctico global se beneficia del proceso y prepara su dominación, global y supranacional,

cuya naturaleza es similar a la del Estado totalitario del periodo comprendido entre

las décadas de 1920 y 1950.

15 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


cesitan recalentarse o quizá ni eso;

recibe un ticket con un número de

orden y luego espera que el sistema

le ordene retirar una bandeja con lo

que ha comprado para sentarse en

una silla fija a comer velozmente y

sin sobremesa —la arquitectura del

lugar está diseñada para desalentar

esas demoras innecesarias— y

luego a retirarse, dejando el lugar

desocupado para que venga otro

robot. Uno se porta bien, demasiado

bien, cuando va a comer a un

McDonald’s. ¿Y por qué?

Porque el sistema conduce y

determina el comportamiento del

hombre, el que se adapta a su entorno

y empieza inmediatamente a

proceder de cierta manera al verse

condicionado por ese entorno: la

manera deseada por quienes diseñan

el esquema. Entonces la macdonaldización

de la sociedad solo

puede ser un asunto que se reduce

a extrapolar esos esquemas predeterminados

para condicionar el

comportamiento de los individuos

en todas partes, no solo en los restaurantes

chatarra de McDonald’s.

El desiderátum del poder global es

Imagen muy representativa del llamado “baby boom”, tomada el 1º. de enero de 1946 en una maternidad de Francia. Al terminar la II Guerra

Mundial hubo una explosión de nacimientos y un nuevo día, que vendría además con reconstrucción y bonanza económica: la edad de oro del

capitalismo. Se considera que la generación de los “baby boomers” comprende a los nacidos entre 1946 y 1980, aunque no existe consenso

en esa temporalidad. Lo cierto es que los “baby boomers” fueron educados en un esquema de menos control respecto al que se le impuso a

la generación anterior, signada por el paradigma del Estado totalitario y la guerra.

16 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


ese control, esa previsibilidad, es

que los hombres en su vida cotidiana

hagan siempre lo que se espera

de ellos en el momento preciso, de

la misma manera y sin pérdida de

tiempo ni recursos, pero además sin

cuestionamientos.

Es sencilla la observación de

cómo, a través de una intensa

campaña en los medios de comunicación,

el poder fáctico global

finalmente ha dado con la forma de

lograr que la humanidad se pliegue

sin cuestionar al esquema de macdonaldización

de la sociedad. Esa

forma es la extorsión por el miedo,

más precisamente el miedo a la

muerte. Ir a comer comida rápida

chatarra a un McDonald’s siempre

fue opcional, las campañas publicitarias

en los medios se construyen

en clave de lenguaje expresivo, esto

es, en un tipo de comunicación en

el que se apela a las emociones del

consumidor para que este “quiera”

—no quiere, como se ve, sino que

es impelido sutilmente a ello— ir a

robotizarse a un McDonald’s, donde

lo pondrán en fila y le servirán

comida de muy baja calidad nutricional

que además no es barata

para el bolsillo promedio en ciertas

regiones del mundo como la nuestra.

Entonces a un McDonald’s no

van todos los individuos, hay gente

que no pisa un restaurante de dicha

cadena ni aun por decreto. Y ese es

un problema si lo que se quiere es

generalizar el esquema de dominación.

El coronavirus como pandemia,

como amenaza de muerte y como

un potente modificador social

resuelve el problema desde el

punto de vista de quienes diseñan

el sistema, permite el reemplazo

del viejo lenguaje expresivo de la

publicidad sugestiva por el lenguaje

directivo del Estado o de la Iglesia

controladores de antaño. “Lavate

bien las manos”, “Usá alcohol en

‘La macdonaldización de la sociedad’, obra del sociólogo estadounidense George Ritzer en

la que se describe un proceso de estandarización social tendiente a intensificar el control

por parte de los que controlan. Quizá al publicar el libro a mediados de los años 1990, Ritzer

no haya tenido todavía la conciencia de que describía el proceder de las corporaciones

hacia su proyecto de gobierno mundial y control tecnológico imposible de evadir. Sea como

fuere, el libro es esencial para comprender lo que nos pasa en la actualidad.

gel”, “tapate la boca y la nariz en

todo momento”, “mantené dos

metros de distancia respecto a otro

ser humano”. Esas son medidas de

prevención, no hay ninguna duda

de ello ni se cuestiona su utilidad

práctica respecto al fin declarado,

que es el de evitar el contagio de la

enfermedad que se presenta como

nueva. El tema es el adiestramiento,

el hombre se está acostumbrando

otra vez a seguir directivas que

aparentemente bajan de una autoridad

sanitaria estatal, pero que en

realidad son la instrumentación de

una ingeniería social desde mucho

más arriba. Se naturaliza el acatamiento

a medidas de prevención

expresadas en un lenguaje directivo

que lleva solapado en su mensaje la

extorsión: hacer caso o morir.

Si pudiera callejear tranquilamente

en los tiempos que corren, el

flâneur de Walter Benjamín vería las

consecuencias del acatamiento de

ese lenguaje directivo por parte de

las mayorías en una sociedad que

avanza hacia la macdonaldización,

que progresivamente va poniéndose

en fila, como los patitos. De una

forma imperceptible para muchos,

por miedo a la muerte nos estamos

17 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Escena de la película ‘Filadelfia’, que sintetizó en 1993 la amenaza que marcó a la generación

educada en los años 1980: la muerte como castigo a un comportamiento sexual

promiscuo. ‘Filadelfia’ es, en el fondo, una descripción de la aplicación de la biopolítica con

fines de biopoder, un antecedente directo del actual coronavirus en todos los sentidos. El

castigo ahora es a la materialidad de la interacción social.

plegando a un orden determinado,

el que será la normalidad para las

próximas generaciones educadas

en la comprensión de que el contacto

humano es una cosa peligrosa.

Desde el punto de vista de un “baby

boomer” muy tardío —casi un “millennial”—

como quien aquí escribe,

no hay ninguna novedad en ello.

Para frenar la promiscuidad en el

comportamiento sexual que había

sido regla general durante las décadas

de 1960 y 1970, surgió el virus

de inmunodeficiencia humana (VIH)

y, en consecuencia, nuestra generación

fue educada a partir de los

años 1980 en un esquema de extorsión,

de comportamiento condicionado

por miedo a la muerte. Fuimos

distintos y se nos aparece como

de ciencia ficción el relato de las

experiencias sexuales de nuestros

padres, aquellos “baby boomers”

auténticos. Todo eso se considera

hoy inviable y algo similar les pasará

a los que hoy son niños respecto al

contacto humano: si bien los llamados

“centennials” ya son propensos

al aislamiento social detrás de las

pantallas de las computadoras, son

los pequeños nacidos después del

2010 de la presente generación alfa

los que quedarán marcados a fuego

al haber sido educados por la nueva

extorsión directiva del léxico del

hipocondríaco que baja desde los

mercenarios mediáticos y se instala,

con la complicidad de dirigentes

cobardes o corrompidos. De no

mediar una enorme rebelión a nivel

global que tuerza la historia, ellos

vivirán hacia el 2030 en un mundo

absolutamente macdonaldizado y

esa será su normalidad.

De una manera o de otra el futuro

se construye y también los esquemas

para ordenar el mundo. La

diferencia siempre está en un mayor

o en un menor nivel de libertad de

los individuos atomizados respecto

al poder, o bien en las formas

de organización de aquellos para

contrarrestar los deseos de control

que siempre existen entre los mandones.

El VIH, el SARS, el MERS, el

H1N1 o “Gripe A”, la perspectiva

histórica a corto plazo nos indica

que las corporaciones ya venían

ensayando hace unas décadas la

imposición de un nuevo biopoder y

una nueva biopolítica, no es difícil

ver que todas esas enfermedades

han sido antecedentes del actual

coronavirus como modificador social.

No es realmente mucho lo que

se puede hacer, el discurso de la

ingeniería social es demasiado potente,

las inversiones en danza son

descomunales y por eso no puede

haber fracaso. Lo que sí se puede

hacer al respecto es comprender

el proceso históricamente para

transitarlo de una forma tal que el

propio tránsito no se convierta en

un martirio para el contemporáneo.

Muchos la están pasando muy mal

en la actualidad sin estar enfermos

de nada, simplemente por la angustia

de cara a un futuro que no

ven. Esa es la perversión del poder,

contra la que solo se puede pisar

la pelota, pensar y argumentar. Y

fundamentalmente apagar el televisor,

la radio, las redes sociales de

los frenéticos cuyo objetivo es meter

miedo y hacer daño. El hombre

es mucho más espiritualidad que

materia, la calidad de esta depende

del nivel de aquella, nunca al revés.

Cuidar la integridad de la conciencia

no creyendo en cosas que uno

no comprende para no sufrir, como

decía Stevie Wonder, es el único

camino posible.

Habrá un nuevo día. Siempre lo

hay.

18 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


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19 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


LA TRIBUNA DE ROSAS

Como extranjeros en

nuestra propia tierra

CÉSAR

MILANI

Hace tres décadas que el pueblo-nación

argentino no es

dueño de los recursos propios

de nuestros ríos interiores

ni tampoco de los réditos

obtenidos en el comercio fluvial y de

ultramar de nuestro país. Por el contrario,

los argentinos vivimos como

extranjeros en nuestra propia tierra,

mientras que las corporaciones

transnacionales del comercio son

amas y señoras de nuestras aguas

y obedecen las órdenes directas del

poder global, gozando de la connivencia

de los sucesivos gobiernos

nacionales y locales para la realización

del proyecto de expoliación

de nuestros recursos naturales y su

consiguiente resultado: la cristalización

del estatus semicolonial de la

Argentina.

Se trata de una situación de suma

gravedad que atenta de manera

directa contra la soberanía nacional

pero también contra la inconmensurable

riqueza de nuestras aguas y el

equilibrio ambiental de los distintos

biomas que la cuenca de los grandes

ríos contribuye a formar. De una

resolución expeditiva y definitiva de

la situación de las aguas argentinas

que responda al legítimo derecho

soberano de los argentinos sobre

20 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


las aguas fluviales y marítimas y

garantice además el empleo de

tecnologías que respeten la armonía

con el medio ambiente depende

la abismal diferencia entre sellar un

destino de sumisión o implantar un

modelo de desarrollo sustentable

en el tiempo.

Desde las Invasiones Inglesas

(1806/1807) hasta la gesta de

Obligado (1845), sin olvidar la

ocupación de nuestras Islas Malvinas

(1833), la historia de nuestro

país sobreabunda en ejemplos de lo

deseable que nuestro territorio y sus

riquezas han sido desde siempre

para las potencias imperiales. Sobre

todo nuestros recursos hídricos,

tanto por sus óptimas condiciones

para la explotación ictícola como

por la posición estratégica del país

desde el punto de vista geopolítico,

pues se trata de una región con una

costa muy extensa que culmina

en su extremo con la unión de dos

océanos. Pero también porque a

través de la cuenca del Paraná es

posible una comunicación directa

con el corazón del continente,

desde Argentina hasta Brasil y Paraguay

pasando por el Uruguay.

Las ventajas comparativas que

implican la cuenca del Paraná para

el sistema de transporte resultan

de lo más seductoras para las

potencias interesadas en satisfacer

sus prerrogativas comerciales y la

demostración más cabal de esos intereses

es la inagotable voluntad de

apropiación que dichas potencias

han manifestado a lo largo de los

dos siglos de nuestra historia, pues

es sabido que el poder no renuncia

jamás a una ganancia cuantiosa,

aunque ello le demande años de

esfuerzo.

En la actualidad, de hecho, un consorcio

de empresas multinacionales

de comercio exterior con capitales

predominantemente de origen belga

tiene a su disposición el control

total del tráfico fluvial en la cuenca

del Río Paraná. Sin embargo, el

contrato con Hidrovía Sociedad

Anónima, establecido en el año

1995 por el gobierno del presidente

Menem, venció recientemente, más

precisamente el pasado viernes 30

de abril.

En ese contexto, la Argentina tuvo

por primera vez en veintiséis años

la oportunidad de hacerse con el

control de los ríos interiores para la

explotación de la pesca y las tareas

de un transporte de cargas que

acapara las tres cuartas partes de

su comercio destinado a ultramar,

compuesto en su mayor parte por

cereales y oleaginosas, en particular

la soja que se produce en el país

y que se destina mayoritariamente a

la exportación hacia China. Pero la

concesión fue prorrogada de manera

precaria por otros 90 días, durante

los que el gobierno de Alberto

Fernández deberá tomar la decisión

definitiva.

Si el gobierno argentino recuperase

los ríos para el país, la recaudación

fiscal del Estado argentino

se incrementaría en unos siete mil

millones de dólares anuales derivados

únicamente del cobro de derechos

de circulación y exportación

a través del transporte fluvial. Pero

eso no es todo: el Estado argentino

podría garantizar la aplicación de

tecnologías benévolas con el medio

ambiente en las tareas de dragado

del lecho del río, garantizando así

el cese del daño ambiental que en

la actualidad está teniendo lugar

a raíz de un dragado agresivo que

lesiona el lecho, lo que necesariamente

ocasionará desastres ambientales

a mediano y largo plazo y

en toda la extensión de norte a sur

del río.

Esto último resulta de vital impor-

Representación artística de la Batalla de Vuelta de Obligado, en la que el Brigadier General

Juan Manuel de Rosas defendió con valentía la soberanía nacional en 1845 frente a las

pretensiones de ingleses y franceses sobre la navegación de nuestros ríos interiores. La

escuadra anglo-francesa tenía una descomunal ventaja tecnológica, pero obtuvo un auténtico

triunfo pírrico, insuficiente para imponer la voluntad del invasor. Los criollos supimos

defender entonces la patria y otra vez somos llamados a hacerlo. La obra está expuesta

actualmente en el Museo del Bicentenario, anexo a la Casa Rosada.

21 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Retrato de Santiago de Liniers, héroe de la defensa de Buenos Aires durante las invasiones

inglesas a principios del siglo XIX. Los intentos por doblegar la resistencia de los argentinos

datan ya de la etapa colonial.

tancia para la conservación de los

biomas nativos de la Argentina, en

particular de los humedales emergentes

del Acuífero Guaraní y de la

Pampa Húmeda, pues las infiltraciones

derivadas de la destrucción

del lecho del río como consecuencia

de un dragado erosivo provocarán

cada vez más sequías en los humedales

e inundaciones al sur, en la

cuenca del Río de la Plata. Esto, sumado

a la desertificación propia de

la agricultura de saqueo, es decir,

el cultivo de la soja, está horadando

parte de las riquezas naturales de

uno de los países más extensos del

mundo y más variados en climas y

biomas como consecuencia de su

amplitud de latitudes.

Así, con una administración estatal

del tráfico de los ríos interiores,

además de recuperar el dominio

soberano sobre sus propios recursos,

el pueblo-nación argentino

sería capaz de revertir el daño

ocasionado en la biosfera nacional,

garantizando la sustentabilidad de

la vida en el país. Llegado el caso

contrario, si la Argentina no se pone

los pantalones largos y se hace de

la posesión en lo que le pertenece

por derecho, las élites globales

encarnadas en las grandes corporaciones

del comercio internacional

se llevarían toda riqueza y toda

fertilidad del suelo nativo, dejando

tras de sí tierra arrasada y a los argentinos

un país devastado y con su

ecología gravemente dañada, acaso

de manera irreparable.

Sin embargo, existen algunos

proyectos que vienen analizando

estas cuestiones en conjunto, tanto

la cuestión económica como la

ambiental, y que prevén además

la necesidad de garantizar a los

habitantes de la ribera el acceso

al río y el aprovechamiento de las

riquezas obtenidas de este a través

de la pesca artesanal. Entre ellos se

cuentan el proyecto de ley de transporte

por agua con reserva de carga

y aquel que prevé la creación de un

fondo de desarrollo de la industria

naval.

Este último en particular sugiere

recaudar un gravamen del 2% de

los fletes de ultramar, con el que se

podría financiar cada año la construcción

en astilleros nacionales

de entre cinco y siete buques tipo

Panamax del tamaño de los que en

la actualidad operan en la cuenca

del Paraná para ampliar la flota

naval del país y formar una empresa

estatal de transporte que se haga

cargo de los fletes sin necesidad de

acudir a empresas de capital privado.

A través de la aplicación del

llamado Plan Naval Argentino sería

posible la financiación de la construcción

en astilleros nacionales de

trenes de barcazas destinados a un

dragado armonioso con el lecho del

río, benévolo con el medio ambiente

de la zona de la Mesopotamia

argentina.

Estos proyectos en conjunto, que

componen dicho plan, datan del

año 2002 y poseen amplio respaldo

por parte de diversos sectores del

arco político. No obstante, hace

diecinueve años que duermen el

sueño de los justos mientras las

corporaciones aprovechan el río y

lo destruyen y los gobiernos provinciales

y municipales consienten el

22 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


saqueo por parte de los poderosos

mientras persiguen a los pescadores

locales.

Respecto a esta problemática, el

presidente del Foro Naval Argentino

y referente de la agrupación Social

21/La Tendencia, Martín Ayerbe,

expresó: “Los criollos son perseguidos

por las autoridades que controlan

el río y les son confiscadas

las artes de pesca o se les imponen

multas por la práctica de la pesca

de supervivencia, mientras que el

río es monopolizado por empresas

multinacionales que se apropian de

la riqueza de los argentinos. Estamos

hablando de argentinos que

viven como extranjeros en su propia

tierra”.

Con el vencimiento del contrato de

Hidrovía S.A. se inaugura entonces

una disyuntiva histórica, acaso un

punto de inflexión que podría torcer

el rumbo de la actividad fluvial en la

Argentina, culminando en la ejecución

de la oportunidad única en tres

décadas de retomar el poder soberano

sobre los principales recursos

hidrográficos del país o bien diluyéndose

en la demostración cabal

de una voluntad expresa de rendir

culto a los intereses transnacionales

y al poder de la élite global. La

moneda está en el aire, pocas veces

la historia nos coloca frente a encrucijadas

tan claras que demuestran

de un modo tan lineal cuáles son los

intereses que un gobierno se propone

defender.

Estamos a las puertas de una

nueva gesta de Obligado, pues de

un lado se hallan los argentinos y

en la orilla opuesta se encuentran

agazapados los emisarios del poder

imperial. ¿Cuál será el derrotero

que escogerá el gobierno argentino?

¿Renovará la concesión cambiando

de collar, pero sin dejar de

ser perro, o luchará por los derechos

legítimos de todos los argentinos,

esta vez no colocando cadenas

como hiciera el patriota Lucio

Mansilla, sino rompiendo aquellas

que nos atan y nos obligan a cargar

con un lastre de dos siglos, luego de

aquella triste derrota de Caseros en

que el poder venció y los argentinos

perdimos?

En tres meses lo sabremos, si es

que la concesión no vuelve a prorrogarse

precariamente. Lo insuperable

de la coyuntura es que en este

cauce que se bifurca en dos brazos

afluentes no hay medias tintas. La

ruta que se elija sellará sin dejar

lugar a dudas la declaración de los

principios que el gobierno elegirá

de ahora en más para que guíe su

política en materia de comercio

internacional. Luego del 30 de julio

nadie podrá hacerse el desentendido

respecto de la orientación de

la política argentina. ¿Soberanía o

colonialismo? He ahí la cuestión.

La draga Alvar Núñez Cabeza de Vaca, utilizada por la concesionaria Jan de Nul para aumentar la profundidad del río y permitir la navegación

de buques tipo Panamax. Los argentinos estamos en condiciones de tener dragas propias y hacer el trabajo sin la necesidad de la intervención

de corporaciones extranjeras.

23 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


OPINIÓN

Populismo oligárquico

ERICO

VALADARES

Mauricio Macri, Patricia Bullrich

y María Eugenia Vidal.

Los mascarones de proa del

pasado régimen macrista

intentan y seguirán intentando

mantenerse vigentes mediante

maniobras simbólicas típicas de

quienes están en el llano y por eso

no tienen la iniciativa que da la gestión

en el Estado. De hecho, los tres

personajes han calcado la fórmula

ganadora de Cristina Fernández y

han puesto a circular sus discursos

ideológicos en la prosaica forma

de un libro, tratando de emular el

batacazo de las elecciones en las

que fueron derrotados en las urnas

gracias a esa misma maniobra. Macri,

Bullrich y Vidal publicaron sus

libros de memorias o autobiográficos

con la finalidad de reinstalarse

en el debate mediático, aunque

quizá precipitándose en al menos

dos años y con unos resultados más

bien magros en comparación a la

bomba cristinista previa a las elecciones

del año 2019, cuando con

su Sinceramente Cristina Fernández

conmocionó la política argentina,

recuperó toda la centralidad y logró

el triunfo.

Se equivocan, no obstante, quienes

ven en los esfuerzos de Macri,

24 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Vidal y Bullrich un intento de posicionarse

para competir electoralmente

con un oficialismo que

estaría para el cachetazo, todavía

no hay nada de eso. La maniobra de

publicar libritos escritos por manos

ajenas a las suyas y cuyo contenido

es un rosario de obviedades

para reinstalar sus nombres en los

canales de televisión, en las radios

y en las redes sociales no es aún

con la finalidad de ganar elecciones

generales, sino internas. En esta

etapa, Macri, Vidal y Bullrich se

pelean entre sí, están muy lejos de

tener el poder en el Estado y primero

deberán resolver la crucial cuestión

de quién va a tener la lapicera

en el frente opositor. Sin los cargos

que dan la exposición mediática

diaria y sin la caja del Estado para

financiar sus campañas, ninguno de

estos tres próceres del cambiemismo

puede hoy dar por sentado que

liderará la coalición antikirchnerista

cuando llegue la hora de presentar

las listas para las elecciones que

valen, que son las del año 2023.

Deben luchar mutuamente en una

feroz interna y eso hacen al poner

en evidencia sus individualidades,

al forzar un verdadero culto a sus

propias personalidades. Aunque

frente a los ojos del observador superficial

la alianza contreras aparezca

como un bloque sólido e inquebrantable

entre viejos socios —el

pasto del vecino siempre es mucho

más verde en la percepción del que

desconoce la realidad del hogar del

vecino—, no hay realmente ninguna

unidad en el actual Juntos por el

Cambio. Más bien todo lo contrario:

la guerra civil en esa coalición es

mucho más intensa que las desavenencias

en el Frente de Todos, por la

sencilla razón de que “de este lado”

la gestión de gobierno y los cargos

garantizan una paz relativa que en

el llano es inviable. Macri, Vidal y

Bullrich están en guerra entre sí y

luego los tres por separado contra

otro general cambiemita, este

último en una posición estratégica

muchísimo más favorable respecto

a sus tres rivales, como verá el atento

lector más adelante.

Una de las verdades más verdaderas

del sistema electoral hoy vigente

en la Argentina y en la mayoría de

los países es que las elecciones

no se ganan ni se pierden en las

urnas, sino mucho antes, en las

mesas chicas donde se arman las

listas. La llamada partidocracia es

el sistema que la revolución burguesa

encontró para garantizar que el

pueblo no gobierne ni delibere sino

por medio de sus representantes,

pero básicamente que no pueda

tampoco elegir libremente a estos.

De un modo general, puede decirse

que el ciudadano de a pie vota a

los candidatos que hay y nunca a

los que quiere porque al entrar al

cuarto oscuro no tiene la posibilidad

de elegir a cualquier candidato,

lo que por otra parte sería bastante

caótico en una sociedad de masas y

hasta cierto punto contraproducente

para el propio funcionamiento de

Rutherford Birchard Hayes, el 19º. presidente de los Estados Unidos, ganador de las elecciones

de 1876 en las que el emperador Pedro II de Brasil recibió insólitos cuatro mil votos.

El sistema electoral habría de perfeccionarse para evitar estas anomalías, del todo indeseables

en una sociedad de masas.

25 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


‘Primer tiempo’, de Mauricio Macri, ‘Guerra sin cuartel’, de Patricia Bullrich y ‘Mi camino’, de María Eugenia Vidal, las emulaciones pretendidas

de los “sin tierra” de la oposición al éxito de Cristina Fernández con ‘Sinceramente’. Al no tener lugar de gestión ni caja para financiar sus

actividades, Macri, Bullrich y Vidal apelan a forzar una exposición mediática para mantenerse en vigencia. Una misión casi imposible.

las elecciones. Se dice que luego de

una gira por treinta y una ciudades

de los Estados Unidos en la que se

reunió con Graham Bell y dio un discurso

en la Sociedad Americana de

Geografía, el emperador de Brasil

Pedro II se hizo muy famoso en el

país del norte y por eso recibió unos

cuatro mil votos en las elecciones

presidenciales del año 1876. He

ahí el dato de color, que no es tan

de color: alrededor de cuatro mil

estadounidenses —el voto en ese

entonces se restringía a unos pocos

millones de ciudadanos— pudieron

votar “libremente” a un personaje

extranjero al que consideraban

entrañable, pero que no se había

postulado formalmente y a todas

luces no estaba habilitado para

ocupar el cargo de presidente para

el que fue “libremente” votado.

Una gran anomalía del sistema,

sin lugar a dudas. El sistema electoral

en los Estados Unidos y en los

demás países de Occidente y de las

colonias habría de perfeccionarse

en el tiempo hasta dar con la limitación

de las opciones para el elector

y evitar anomalías como la de Pedro

II en 1876, se encontró la fórmula

de boletas electorales en las que

solo podían ser votados los candidatos

nominados por los partidos

políticos legalmente constituidos y

el sistema electoral, en consecuencia,

se normalizó hasta nuestros

días. Pero la contradicción en el

concepto de elecciones en la modernidad

sigue a la vista y es que,

en realidad, hay electores que son

más importantes que otros, el voto

calificado existe. Si los candidatos

habilitados a disputar una elección

son solamente aquellos que surgen

de la voluntad de la partidocracia,

entonces los que en el seno del

partido político eligen a esos candidatos

con la lapicera para componer

las listas son los electores

de primera categoría. Y todos los

demás ciudadanos son electores

de segunda, puesto que votan por

opciones previamente limitadas por

otros, eligen lo que pueden y no lo

que quieren.

Es así como en la realidad práctica

y fáctica las elecciones se pierden

o se ganan en las internas de los

partidos y las coaliciones, las elecciones

en sí mismas se resuelven al

momento de armar las listas: al ser

nominado por el partido que tendrá

la mayoría de los votos populares,

un candidato ya sabe de antemano

que ganó las elecciones varios meses

antes de que estas se realicen

formalmente. No conviene soslayar

que cualquier otro sistema sería

contraproducente para la sociedad

de masas y por eso no se trata de

decir que la actual partidocracia

esté bien ni mal, simplemente es la

forma típica de democracia masiva,

quizá la única posible. Lo que sí

es importante observar es que las

futuras elecciones del año 2023

se están resolviendo ahora mismo

26 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


fuera de la vista del elector de a pie.

La guerra civil entre generales cambiemitas

ante la expectativa de un

fracaso del actual gobierno es, de

consolidarse efectivamente dicho

fracaso, la pugna cuyo resultado

será el nombre del próximo presidente

de la Nación. De no ganar el

Frente de Todos en 2023, ganará

Juntos por el Cambio, por eso del

bipartidismo, etapa superior de la

partidocracia. Por lo tanto, los resultados

de las elecciones de 2023

serán conocidos antes de octubre

de 2023, literalmente cuando quede

resuelto quién tendrá la lapicera

para el armado de las listas en cada

uno de los dos bandos hegemónicos

y esté visible la tendencia hacia un

lado o hacia el otro.

Las religiones del libro

Eso es lo que actualmente llamamos

“elecciones”, la posibilidad de

elegir entre dos opciones predeterminadas

por otros en mesas chicas

a las que muy poquitos acceden

y en las que normalmente un solo

individuo tiene la última palabra.

La democracia es la partidocracia y

es el bipartidismo en casi todos los

países del mundo, salvo en aquellos

donde el que rige es un esquema

de partido único. Incluso allí donde

una multiplicidad de partidos

políticos parecería existir, como en

Brasil, por ejemplo, antes de todas

las elecciones se forman dos grandes

alianzas hegemónicas y de la

disyuntiva salen los nombres de los

próximos presidentes, gobernadores

e intendentes municipales en

la alternancia prestablecida. No es

distinto en la Argentina y los generales

cambiemitas lo saben, saben

que el ganar las elecciones se

reduce a una cuestión de imponerse

en las internas sobre el rival o los

rivales y luego tener la lapicera para

componer la lista con su propio

nombre a la cabeza. Lo que hay en

el fenómeno literario de los Macri,

las Vidal y las Bullrich es nada más

que eso, la lucha interna entre rivales

y hermanos por la lapicera.

Ahora bien, es curioso y digno de

mención el hecho de que los generales

cambiemitas hayan optado

por emular a Cristina Fernández y se

hayan lanzado a la exposición mediática

desde el llano no con un clásico

hecho político, sino con la publicación

de un libro, un hecho más

bien literario. Cristina Fernández

supo en el año 2019 que la nuestra

es una cultura judeocristiana, esto

es, derivada de la tradición occidental

que, a su vez, se conforma en

base al judaísmo y al cristianismo.

Estas son dos de las tres religiones

del libro —el islam es la tercera en

el grupo, la más joven de las tres—,

religiones cuyos fundamentos están

plasmados justamente en sendos

libros sagrados: la Biblia, el Tanaj y

el Corán. En nuestra cultura el libro

es una cosa mística, es el símbolo

de la sabiduría y lo es mucho más

para quienes no lo leen, para los

que solo ven lo simbólico de su

existencia. Con la publicación de

Sinceramente a mediados de 2019,

Cristina Fernández supo perfectamente

que en nuestra cultura eso

es así y que, por lo tanto, el hecho

literario iba a impactar fuerte en

la opinión pública, catapultándola

desde el llano al nivel suficiente de

exposición mediática para patear el

tablero y ganar las elecciones con

su propia coalición. Macri, Vidal y

Bullrich probablemente no hayan

tenido en cuenta estas disquisiciones

filosóficas e históricas, es

más probable que frente al éxito del

triunfo de Cristina Fernández sobre

ellos mismos hayan optado simplemente

por repetir la fórmula ganadora

cuyo origen está en nuestra

tradición cultural judeocristiana.

Pero lo cierto es que ahí están,

cada cual con su librito sagrado,

tratando de ponerse en evidencia

para movilizar otra vez a sus núcleos

duros de simpatizantes. Los tres

La Biblia, el Corán y el Tanaj, los libros sagrados de las “religiones del libro” o abrahámicas.

El cristianismo y el judaísmo están en la base de la formación de la incipiente cultura

argentina, razón por la que el libro es para nosotros un objeto que simboliza la sabiduría y la

elevación.

27 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


con la misma estrategia calcada y

desde el llano, lo que en la práctica

significa que ninguno de los tres

tiene un cargo en el poder ejecutivo

como para generar desde la iniciativa

hechos políticos de gestión ni

tiene la caja del dinero público para

financiar sus campañas, ya sea con

el reparto de contratos en el Estado

o con dinero contante y sonante

propiamente dicho, pauta publicitaria

en los medios de difusión, etc.

Como se suele decir vulgarmente

en el léxico popular, Macri, Vidal y

Bullrich están más en bolas que Tarzán

a pesar de contar con el apoyo

del poder fáctico de tipo económico

en mayor o en menor medida. Los

poderosos no van a invertir fuertemente

en una interna, sino más

bien quedarse en la expectativa

de la resolución de la misma para,

entonces sí, volcar en el ganador las

inversiones del caso. Si Macri, Vidal

y Bullrich quieren hacerse la guerra

El entorno plebeyo —de clase media— de María Eugenia Vidal, la que compite en inferioridad

de condiciones frente a sus tres rivales en la interna de los cambiemitas. Además de

no tener fortuna, Vidal tampoco tiene abolengo y esas son limitaciones a sus aspiraciones

presidenciales. Vidal tendrá que vender el alma al diablo y tener además mucha suerte para

imponerse en la interna.

mutuamente, deberán aplicar recursos

propios y, sobre todo, mucho

ingenio.

De ahí sus anunciados lanzamientos

literarios, una forma tanto de

llegar a la exposición mediática

suficiente como de recaudar cierta

cantidad de dinero, con el que

podrían financiarse en la lucha.

El de Mauricio Macri es el mayor

patrimonio de los tres y estaría

teóricamente en una posición más

cómoda respecto a sus dos contrincantes,

ya que Patricia Bullrich es

oligarca, pero no rica, mientras que

María Eugenia Vidal es directamente

plebeya, lo que se dice un piojo

resucitado. Pero sin cuidado de

estas especificidades patrimoniales

que en realidad no mueven demasiado

la aguja porque las campañas

políticas grandes tienen un costo

que no está al alcance del bolsillo

particular de ningún dirigente político,

estos tres generales cambiemitas

luchan entre sí, es cierto, pero

finalmente contra un rival mucho

más poderoso que los tres combinados:

el actual jefe de gobierno de

la Ciudad de Buenos Aires Horacio

Rodríguez Larreta.

Si el atento lector observa bien

la situación, verá que entre estos

cuatros favoritos de cara a la definición

de quién tendrá la conducción

en Juntos por el Cambio el único

que no lanzó ningún libro ni tiene

que generar hechos puramente

culturales es precisamente Rodríguez

Larreta, el gran oligarca que

heredó de Macri el gobierno de la

ciudad más rica de América hispana

en el año 2015, cuando Macri fue

elevado al lugar de presidente de la

Nación. ¿Y por qué? ¿Por qué Rodríguez

Larreta se deja “madrugar” por

sus rivales en la interna cambiemita

y no se hace escribir un librito para

pasearse luego por los medios de

comunicación hablando de su figura?

Porque no lo necesita. Gracias a

que Macri y Vidal fueron derrotados

en las elecciones del año 2019,

Rodríguez Larreta fue el único cambiemita

con relevancia y proyección

a nivel nacional que retuvo el poder

político en el Estado al triunfar holgadamente

y al renovar su mandato

de jefe de gobierno —en rigor, de

intendente municipal— en la Ciudad

de Buenos Aires. Los rivales bajaron

al llano y Rodríguez Larreta resistió

al tsunami cristinista del Frente

de Todos, se quedó con una caja

multimillonaria y, fundamentalmente,

con un cargo ejecutivo cuyo solo

ejercicio alcanza para mantener su

vigencia de candidato.

Eso es lo que ve actualmente en la

polémica por la suspensión o no de

la actividad de clases presenciales

en las escuelas. Mientras Macri,

Vidal, Bullrich y demás dirigentes

cambiemitas se limitan a lo que

pueden hacer al respecto, que es

opinar en Twitter o hablar en los me-

28 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


dios cuando a los medios les sirva

darles el espacio, Rodríguez Larreta

se pone al frente de la demanda de

un sector de la sociedad, lo hace

activamente, como le es propio al

poder ejecutivo, metiéndose en el

bolsillo a toda una minoría numerosa

que en la controversia le exige

al Estado el mantenimiento de la

presencialidad en las escuelas. Y

no se trata de nada despreciable:

se habla aquí de una multitud de

papás y mamás no solo en Capital

Federal, sino en todo el país, que

ya no saben cómo armonizar sus

actividades cotidianas con el hecho

de tener a sus hijos todo el día en

casa. Para los sectores medios y

populares de la sociedad, donde el

salir todos los días a trabajar es la

norma, la escuela significa mucho

más que la educación de los hijos.

La escuela es el lugar al que van los

hijos cuando los padres se van al

trabajo.

Por más que lo disimulen con bellos

discursos ideológicos acerca de

la importancia de la educación de

cara al futuro, de la presencialidad

como esencial para la sociabilización

de los niños, etc., en el fondo

el problema es qué hacer con los

hijos en una rutina más vieja que la

propia sociedad. Rodríguez Larreta

sabe que hay millones de papás y

mamás deseando el sostenimiento

del régimen presencial en las escuelas

para poder retomar la normalidad

de sus rutinas y por eso se pone

al frente de la demanda, que es la

demanda de muchos incluso entre

los que votaron al Frente de Todos

en las últimas elecciones. Aquí no

hay ni podría haber por parte de

Rodríguez Larreta ninguna convicción

ideológica sobre la necesidad

de clases presenciales, lo que hay

es un cálculo frío e inteligente: una

parte muy importante del electorado

está incómoda con la suspensión

de las clases presenciales y ve que

María Eugenia Vidal observa y sonríe mientras Mauricio Macri le pasa la posta en la Ciudad

de Buenos Aires a Horacio Rodríguez Larreta. De aquella coyuntura triunfante, solo el último

sobrevivió a la posterior avalancha kirchnerista que despojó al cambiemismo de los gobiernos

en la Nación y en la provincia de Buenos Aires. Hoy Rodríguez Larreta es el único de los

tres que tiene la palanca en el Estado, con todas las consecuencias del hecho a la vista.

todos los dirigentes políticos sostienen

dicha suspensión priorizando

la contingencia sanitaria. Entonces

hay un espacio sin ocupar, el de la

representación de los intereses de

quienes consideran que la prioridad

es otra. Rodríguez Larreta ocupa

ese espacio vacío desde un lugar

de gestión, desde una función que

Macri, Bullrich y Vidal no pueden

realizar, y hace un verdadero carnaval

demagógico al volcar todos los

recursos de la Ciudad de Buenos

Aires a la pelea contra el gobierno

nacional, los gremios docentes y

todos los dirigentes que han optado

por priorizar la contingencia sanitaria.

Con el aspecto

del peronista

Además de tener lo que Mauricio

Macri no tiene, que es la palanca de

la gestión política en el Estado, Rodríguez

Larreta es de una naturaleza

muy distinta respecto a quien lo elevó

al gobierno municipal en Capital

Federal para asumir la presidencia

de la Nación en 2015. Podría decirse

que Rodríguez Larreta es superior

a Macri tanto en capacidad de

gestión como en la habilidad para

la construcción política y hasta en

materia de carisma. Y también en

potencial dañino, por supuesto.

Al ser superior a Macri en todos

los aspectos, Rodríguez Larreta es

perfectamente capaz de ejecutar

la totalidad del proyecto político

de la oligarquía a la que él mismo

pertenece por los cuatro costados.

Macri fracasó miserablemente en

esa tarea, hizo un saqueo monumental

y no pudo, sin embargo,

modificar las estructuras del país en

la forma deseada por la oligarquía.

Profundizó casi todo lo que supuestamente

había venido a alterar, fue

incapaz de hacer la construcción

política necesaria para sostenerse y

fue barrido después de tan solo un

mandato de cuatro años. Y además

es vago, le tiene ojeriza al trabajo,

29 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Parodia militante sobre la proverbial vagancia de Mauricio Macri, un tipo muy poco adicto al trabajo y más bien amante del “dolce far niente”.

La militancia kirchnerista se acostumbró a tener como rival a un hombre que duerme todo el día y aún no comprendió el peligro de un Rodríguez

Larreta que es todo lo opuesto a eso.

indigna condición de la que el obsesivo

Rodríguez Larreta está en las

antípodas.

Es por eso que subestimar a Rodríguez

Larreta viendo en su figura

una continuidad de Mauricio Macri

es un error gravísimo que podrá

pagarse muy caro en el futuro. No

corresponde ver en Rodríguez Larreta

una suerte de porteño galerita,

no hay nada de eso. En realidad,

este oligarca puro con larguísimo

abolengo —recuerde el atento lector

que, aun en comparación, Macri es

bastardo al mezclar la sangre azul

de los Blanco Villegas con la de un

inmigrante italiano contrabandista,

para la oligarquía eso es un problema—

es lo más parecido a un peronista

que puede haber en lo que se

refiere a la política de hacha y tiza

que es la construcción territorial.

Pese a su cuna oligárquica, Rodríguez

Larreta es un hábil “populista”

en el sentido planteado por Ernesto

Laclau, a saberlo, el de articular con

los distintos sectores de la sociedad,

sobre todo en sus estratos más

bajos. Rodríguez Larreta no duda en

meterse en el barro, arremangarse y

tejer con los liderazgos barriales, en

dar la cara frente al vecino porteño

de a pie.

No como Macri, como se ve, a

quien sus subalternos debían

despertar pasadas las doce del

mediodía para que firmara desde la

comodidad del despacho un documento

o grabara un spot televisivo.

Rodríguez Larreta está todo el día

prendido a la rosca, operando en

persona la ejecución del proyecto

oligárquico que pretende representar

a nivel nacional desde el 2023

en adelante. De no haber sido un

gorila, Rodríguez Larreta habría

estado en el peronismo como el pez

en el agua, rosqueando todo el día

en la política, respirando literalmente

política y tejiendo acuerdos

coyunturales por doquier, el modus

operandi del peronista clásico. Es

bueno recordar que grandes peronistas

han sido hijos de la oli-

30 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


garquía, hasta en la familia de los

Pinedo los hay porque el peronismo

no excluye por portación de apellido.

Ni ese impedimento habría

tenido Rodríguez Larreta si por el

acaso hubiera caído del lado opuesto

de la grieta.

Pero cayó del lado gorila y eso es,

un tremendo cuadro de la política

y de la oligarquía como clase dominante

regresiva en la Argentina.

Rodríguez Larreta es ese atraso

histórico de un país que nunca supo

constituir una burguesía nacional y

nacionalista como clase dominante.

Y es un peligro doble, triple y cuádruple,

puesto que a diferencia de

los demás gorilas en su clase parasitaria,

Rodríguez Larreta no duda

en asumir la totalidad de la identidad

de un peronista a la hora de

hacer política, hace todo lo que un

peronista hace y lo hace para llevar

a cabo el proyecto radicalmente

opuesto al peronismo. Su demagogia

extrema en el caso de la polémica

por las clases presenciales es el

ejemplo de ello por antonomasia.

Ahí se ve claramente cómo ese as

de espadas de la fuerza brutal de la

antipatria, en palabras de Eva Perón,

es capaz de levantar o de bajar

literalmente cualquier bandera con

tal de triunfar.

No estamos frente a otro Mauricio

Macri ni mucho menos, aquí lo que

hay es otra cosa. Una cosa de distinta

naturaleza, de un nivel superior

de peligrosidad para los intereses

permanentes del pueblo-nación

argentino. El actual equivalente a

Macri es Sergio Massa, es el mal

disimulado bajo una fachada de

alianzas que son una farsa y que,

si llega a triunfar, hará muchísimo

daño a la Argentina, no hay dudas

de ello. Pero Rodríguez Larreta es

aún más peligroso porque trabaja

más, comete muchos menos errores

y casi no se presta a la payasada

tilinga como método para llamar la

atención y mantener la vigencia, el

método Macri. Rodríguez Larreta

es serio, es seriamente peligroso

para el pueblo-nación al venir con la

totalidad del proyecto neocolonial

bajo el brazo. Y cada vez que en una

controversia sus detractores lo insultan

y lo eligen para polarizar, están

perdiendo de vista el hecho de

que él allí está precisamente para

eso, para posicionarse como antagonista

y cosechar las voluntades

disidentes, que son muchísimas.

Los Macri, las Vidal y las Bullrich

van a seguir presentando sus libros

en la esperanza de que eso les

alcance para hacerse de la conducción

en Juntos por el Cambio, pero

eso es muy difícil. El que tiene la capacidad

de provocar hasta la locura

con hechos políticos concretos de

gestión al llamado kirchnerismo es

Rodríguez Larreta, es el que tiene la

palanca y la caja rebosante de una

Ciudad decisiva. En esa provocación

sistemática va a estar su posicionamiento

como líder indiscutido

del cambiemismo, pues la reacción

natural a esa provocación resultará

en que todos los demás comprendan

que no es Macri, ni Vidal y

mucho menos Bullrich, sino Horacio

Rodríguez Larreta el referente del

antikirchnerismo con la capacidad

de ganar las elecciones y realizar

el proyecto gorila. Como los aprendices

de brujo, que evocan fuerzas

para ellos desconocidas y luego son

incapaces de controlarlas, quieren

pavimentarle el camino a Rodríguez

Larreta los que lo detestan y son

a su vez detestados por un vasto

sector de la sociedad. Al igual que

con Macri en el 2015, pero en esta

ocasión con consecuencias infinitamente

más nefastas. El peligro es

inminente.

De campaña rutinaria en el barrio. Horacio Rodríguez Larreta es un clásico “populista” que

no hesita en dar la cara, desplegando por todo el territorio su aparato político para tejer

alianzas con los sectores de la sociedad y sumar. El peligro en el triunfo de Rodríguez Larreta

sobre sus rivales en la interna cambiemita es que podrá dotar al proyecto oligárquico de un

dirigente que se arremanga y trabaja, un hueso durísimo de roer.

31 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


FILOSOFÍA POLÍTICA

De la pedagogía del cuidado

a la épica de la libertad

DANTE

PALMA

La libertad está en el centro de

la discusión de la agenda pública.

No porque efectivamente

esté amenazada o no al menos

en el sentido en que algunos

afirman que lo está. Ha sido un

mérito de la oposición que los

asuntos de la política se discutan

en términos de libertad especialmente

porque de todas las concepciones

de la libertad se ha elegido

una libertad individualista y naif

que ha llevado el clásico sentido

de la no interferencia hasta límites

delirantes. Así, la obligación de usar

barbijo o la invitación a ponerse una

vacuna es vista como una medida

estalinista; o que se impidan fiestas

multitudinarias en el marco de una

pandemia se traduce como un intento

de trasladar el régimen chino

a occidente, como si al gobierno

argentino le importaran tus modos

de ganarte una resaca o las selfies

pelotudas con un trago en la mano.

Pero también la cuestión de las

clases presenciales se planteó en

estos términos. No se discute si ello

produce más o menos contagios ni

si los pibes aprenden algo en este

sistema de presencialidad (des)ad-

32 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


ministrada. Lo único que se discute

es si la Ciudad es autónoma para

decidir políticas. Entonces allí aparece

el Estado nacional como cuco

de una ciudad que no es provincia,

pero que busca las prerrogativas

de un sistema federal. No discutiremos

aquí los aspectos técnicos del

fallo de la Corte, pero el debate se

planteó en términos libertarios: la

ciudad busca ser libre ante la injerencia

del poder central y la épica

de la libertad vence a la pedagogía

del cuidado, esa pedagogía buenista,

protocolizante y progresista con

visos de paternalismo que apela a

una sensatez aburrida.

Frente a ello no es casual que buena

parte de la juventud se oponga.

Porque hay “otra juventud” que ya

no es maravillosa ni militante, sino

que reacciona contra esa construcción

y contra esa pedagogía; una

juventud que se forma a través de

YouTube y las redes, y a la que le

seduce más la lógica del Joker que

la campaña de la “Cuidadanía”.

Todo esto mientras se pagan ingentes

masas de dinero de pauta

oficial para que la TV reproduzca

en “cadena nacional privada” los

discursos del presidente todos los

mediodías y las espadas mediáticas

del oficialismo sigan discutiendo la

tapa de un diario en papel mientras

se preguntan por qué perdió Pablo

Iglesias en España.

La épica de la libertad, además,

sirvió para minar un poco más la

autoridad de la palabra presidencial

que no puede imponer algo a

través de un DNU, fracasa cuando

apela a la buena voluntad de los

empresarios para que no le suban

los precios y recibe un nuevo cachetazo

de la Justicia cuando, lejos

de la ya mítica ley de medios, hoy

ni siquiera puede sentarse con las

empresas de telecomunicaciones a

consensuar un aumento. El colmo

fue cuando tampoco logró echar a

un subsecretario en lo que fue la

novela de la semana que derivó en

una foto de unidad para disipar,

temporariamente, fantasmas.

Para Rodríguez Larreta todo es

ganancia porque asumió un rol de

víctima y encontró la oportunidad

de aparecer como abanderado de

la educación y los chicos. Imposible

luchar contra eso. Decir en Argentina

“educación” y “chicos” supone

cancelar todo debate. Que los números

expongan la desinversión en

materia educativa del PRO en sus

años de gestión no importa y que

las fotos empiecen a mostrar a los

chicos en sus pupitres con acolchados

cubriéndoles el cuerpo para no

morir de frío por la ventana abierta

es un detalle. Solo interesa que el

gobierno nacional, imponiendo una

medida sensata como la suspensión

de clases, le dio a Rodríguez

Larreta todo servido y lo ubicó como

el héroe blanco que resiste el poder

presuntamente omnímodo de los

peronistas negros y malos que

buscan encerrar a los chicos porque

prefieren las alpargatas o The Wall.

Entonces ya ni siquiera es por los

Alberto Fernández y el barbijo, a tono con la campaña de la “Cuidadanía” y también en función

de la pandemia como monotema que le permite seguir en el gobierno sin hacer prácticamente

nada más que gestionar la pandemia. ¿Qué pasará cuando termine la contingencia

y queden expuestas todas las falencias de un gobierno absolutamente pasivo?

33 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Martín Guzmán, de ser el “mejor ministro del gobierno” a sufrir feroces embates por parte

del kirchnerismo. Guzmán se ha tomado muy en serio las “recomendaciones” de ajuste

del Fondo Monetario Internacional, tanto que algunos empiezan a sospechar que vino en

realidad precisamente a ajustar y nada más. Pese a todo eso, sigue en su cargo. Y ajustando

bajo el escudo del coronavirus como blindaje y como pretexto.

chicos. Es por la libertad. Total, si

hay más muertos los va a pagar el

gobierno nacional.

Por lo tanto, Rodríguez Larreta

puede cometer todo tipo de irresponsabilidades

en nombre de la

libertad y de un electorado con un

antiperonismo patológico que lo

puede llevar hasta el negacionismo

zonzo de la gravedad epidemiológica.

En este caso el antiperonismo

se transformó en una verdadera

cruzada que los lleva a arriesgar su

vida más allá del detalle de que lamentablemente

también arriesgan

la vida de los demás. Dicho esto,

no podemos dejar pasar que había

sido el gobierno nacional el que se

había puesto delante de la gesta

del regreso a las clases presenciales

(a las que se había opuesto el

año pasado) para que Rodríguez

Larreta no se lleve esa bandera.

Pero es tanto el desconcierto que

mientras Carla Vizzotti y Nicolás

Trotta defendían que los colegios

son seguros, el presidente mandaba

el DNU de cierre. Cosas que pasan

cuando se gobierna según el humor

social y sin plan B ante la escasez

de vacunas.

A propósito, el gobierno se deja llevar

por la agenda pública impuesta

la cual cree que representa a la

gente. Es un triple error: creer que

hay una agenda pública objetiva,

creer que ésta representa lo que la

gente piensa y, por último, seguir

lo que se cree que la gente piensa.

A esto sumemos un cuarto error:

si vas a gobernar según lo que la

gente piensa al menos habría que

comprenderla. Y no parece el caso.

Todo se juega en el humor social de

la caja de resonancia de la Ciudad

de Buenos Aires, los medios capitalinos

y un puñado de influencers en

redes sociales. Eso es hoy “lo que el

argentino piensa” según un gobierno

que funciona como compartimentos

estancos: espantado por

una inflación que vuelve a acercarse

a la del último año de Macri, Guzmán

recorta mientras la militancia

está en otra cosa, cada ministerio

juega su juego y el presidente,

sobreexpuesto, toma decisiones

inconsultas que lo desgastan.

No falla solo la comunicación.

Fallan la coordinación y las políticas.

Por poner dos ejemplos, ¿en el

marco de qué plan de gobierno se

enmarca el “lunes sin carne” que

impulsa el Ministerio de Ambiente

junto a personajes del espectáculo?

No digo ni que esté mal ni que esté

bien la propuesta, pero la pregunta

que cabe es: ¿En qué cosmovisión,

en qué idea de país se incluye esta

iniciativa? ¿Hacia allí vamos? ¿Fue

consensuada esta propuesta con

el resto de los ministerios, especialmente

con los de Producción,

Energía y Agroindustria, por ejemplo?

Asimismo, las declaraciones

del flamante ministro de Transporte

sobre la Hidrovía, declaraciones con

un tono despectivo que fue poco feliz

y que hacían alusión al presunto

desconocimiento de la ciudadanía

y a la falta de aptitud por parte del

Estado para hacerse cargo, ¿representan

el sentir del presidente y del

Frente? Para algunos es una causa

nacional y puede que lo sea o puede

que no, pero hay un país que pensar

más allá de la pandemia.

En este punto también uno puede

hacer hincapié en el silencio de

Cristina Fernández de Kirchner, no

en el sentido de la interpretación

que hacen esos periodistas opositores

que sueñan con ella y chillan

34 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


cuando habla y gritan cuando calla

porque encuentran en su figura

la excusa perfecta para justificar

su limitada capacidad de análisis.

CFK se transformó para ellos

en algo más que el objeto de sus

exabruptos y una recurrencia digna

de diván. Es peor que una obsesión.

Les surge involuntariamente a

través de su garganta como un acto

reflejo maldito, una suerte de hipo

incurable.

En realidad, me refería al silencio

de CFK en el sentido de que si bien

yo soy de los que cree que la única

razón por la que CFK siguió en la

política después del 2015 fue por

responsabilidad partidaria y no por

las ansias de poder ni por la búsqueda

de fueros como le endilga la

oposición, su silencio es incómodo

también para sus votantes. Porque,

en un sistema como el nuestro, el

que decide es el presidente, pero

ella no es meramente una comentarista

de Twitter. Su perfil institucionalista

y la conciencia de que

un mayor protagonismo minaría la

figura desgastada de Alberto, probablemente

sea lo que explique sus

contadísimas intervenciones, pero,

insistimos: Cristina no es un particular.

Es la actual vicepresidenta.

Un eventual fracaso del gobierno de

Alberto también la implicará a ella.

Algo debería decir y algo debería

incidir. Sabemos desde hace tiempo

que los poderes fácticos son más

fuertes que los formales. Pero si

desde el rol de vicepresidenta no se

puede determinar alguna política o

un conjunto de acciones ¿qué nos

queda a los ciudadanos de a pie en

nuestro afán de pretender cambiar

algo?

Por último, la pandemia ha sido

una tragedia para todos los gobiernos

del planeta y el argentino no

ha sido la excepción. Pudo jugarle

a favor que recién asumía y como

excusa para ocultar las propias

incapacidades, pero nadie hubiera

querido tomar el timón en semejantes

condiciones. Sin embargo, la

vida sigue y la pandemia también.

El punto es que en la medida en

que el gobierno sigue sin un perfil

definido o en todo caso ha elegido

como marca de gestión un perfil

indefinido, la pandemia es una

bendición indeseada porque le

permite al gobierno reducir toda su

gestión a un monotema. A tal punto

que todo el éxito de su política de

salud y de su política en general

pasa por evitar la foto de un muerto

en un pasillo. Todo se reduce a que

no colapse el sistema. El gobierno

compró el nuevo número de cuantificador

de la angustia que no es ni

el dólar oficial, ni el dólar blue, ni el

riesgo país sino el porcentaje de camas

de terapia intensiva ocupadas.

Se le teme más a que ese número

llegue al 100% que a la cantidad de

muertos. Es curioso. Pueden morir

los que tengan que morir siempre

y cuando el sistema les haya dado

asistencia.

Asimismo, el cuantificador de

la angustia debería actuar como

efecto disciplinador para una ciudadanía

que posee un sector que

vive en una suerte de anomia que,

en algunos casos, genera rebeldías

que saben a estudiantina. Mientras

tanto a esperar que lleguen las

vacunas y que el rebote natural de

la economía alcance para ganar

la elección. A eso se han reducido

nuestras expectativas mientras nos

debatimos entre los pedagogos del

cuidado y la épica libertaria. No

mucho más que eso. Parece poco. Y

lo es.

Estratégico, Horacio Rodríguez Larreta supo acercarse a Alberto Fernández mientras la

imagen positiva de este estuvo elevadísima y luego supo despegarse y hacerle la contra

cuando esa imagen se desgastó. Con la caja de la ciudad más rica de América Hispana y un

lugar de comodidad relativa —de poca responsabilidad frente a la crisis, que siempre estalla

en el gobierno nacional—, Rodríguez Larreta está agazapado y esperando la debilidad de

Fernández para aprovecharse otra vez y asumir el rol de líder de la oposición de cara a las

elecciones de 2023.

35 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


CONTENIDO EXCLUSIVO

Terroristas

mediáticos

ERICO

VALADARES

Para la sorpresa de algunos y el

espanto de muchos, apareció

durante la tarde del 26 de

abril en la edición digital de

Clarín una nota anónima en la

que se anunciaba lo inaudito: el coronavirus

va a durar todavía mucho,

tal vez para siempre. Coronavirus:

los sobrevivientes tendrían un 60%

más probabilidades de morir en los

siguientes 6 meses, titulaba ese

diario y agregaba lo siguiente en

la bajada del titular: “Incluye a los

asintomáticos y a los que no tuvieron

complicaciones. Es de acuerdo

al que se cree es el estudio integral

más grande de COVID-19 hasta la

fecha”. La nota no llevaba la firma

de nadie y apenas se atribuía muy

discretamente sobre el final del

texto a ScienceDaily, un oscuro

portal de noticias seudocientíficas

que declara ubicar su redacción en

un pueblito perdido del interior del

estado de Maryland, en los Estados

Unidos. Y eso es todo. A partir

de lo dicho en un blog extranjero

36 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


de internet cuya plantilla de operadores

se resume a dos personas

de un mismo núcleo familiar —Dan

y Michelle Hogan, al parecer una

pareja de Rockville, el pueblito estadounidense

en cuestión—, Clarín

optó por poner en conocimiento de

los argentinos un rumor, el de que

todos los que han tenido coronavirus

y lo han superado tienen una

probabilidad de hasta el 60% de

morir en los próximos seis meses.

Una pila monumental, aunque solo

potencial, de cadáveres.

Esa sola noticia, su titular, su

bajada, la forma en que se presenta

y sobre todo la fuente en la que

se basa, que es una lágrima, ya

deberían ser más que suficientes

para prender todas las alarmas y

para disparar un debate acerca del

comportamiento de los medios de

comunicación en nuestro país y en

todo el mundo en esta coyuntura

de pandemia. Bien mirada la cosa,

lo que hay en esta vil operación

de Clarín es que uno de los diarios

más importantes de América del

Sur sale a público con un artículo

al que nadie quiso firmar para

decirles a sus lectores y a todos los

que escuchan las repeticiones de

Clarín en televisión, radio y redes

37 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


La alianza contra natura entre medios que defienden intereses muy contradictorios entre

sí, en el hito inicial de la crisis del coronavirus en la Argentina. A principios del año pasado,

todos los medios escritos del país acordaron en publicar la misma portada y, aunque en ese

momento no pudo verse de qué se trataba, allí estaba plasmada la unidad de la agenda

mediática con fines de terrorismo. Hoy la maniobra se revela con claridad frente a los ojos de

cualquier observador con perspectiva histórica a corto y mediano plazo.

sociales que millones tienen el 60%

de probabilidades de morir en los

próximos seis meses. Eso es lo que

se lee en ese titular, aunque luego

entre tecnicismos indescifrables el

cuerpo de la nota matice la amenaza

con una infinidad de potenciales

hasta llegar a la nada misma. En

una palabra, tenemos al diario de

mayor circulación del país haciendo

eco de una “fake news” para decretar

la muerte de millones.

La publicación del Diario Clarín

luego fue calcada desde el titular

hasta el punto final por Página/12 y

es solo un ejemplo entre un océano

de noticias que aparecen todos los

días en los medios y que configuran

un auténtico terrorismo mediático.

La atenta observación del proceso

de construcción de la narrativa

del coronavirus desde los diarios

hasta las radios, la televisión y las

redes sociales dará como resultado

la existencia de una tendencia al

alarmismo constante, un esfuerzo

aunado con la sola finalidad de

mantener a la población en un estado

de terror permanente respecto

a la enfermedad que había sido

declarada pandémica por la Organización

Mundial de la Salud (OMS)

hace ya más de un año. Desde que

el coronavirus empezó a circular a

nivel mundial hasta llegar a nuestro

país, los medios de comunicación

han unificado su relato, se han

puesto todos de acuerdo para decir

lo mismo. Y ese hecho, además de

ser extraordinario, es un dato duro

de la realidad que curiosamente

las mayorías pasan por alto. El solo

hecho de que Página/12 y Clarín

decidan publicar la misma “noticia”

(ya se ha visto que se trata de una

operación) y encima recurriendo a

una fuente de dudosa procedencia

ya debería hacer saltar todas las

térmicas del escándalo.

Pero nadie se escandaliza, hay total

normalidad, como diría el propio

Clarín si tuviera que titular la cosa.

Todos los medios de comunicación

están diciendo lo mismo más allá

de sus respectivas orientaciones

ideológicas, sin que nada de eso

resulte mínimamente llamativo.

Pero lo es, es una inmensa alerta

roja la revelación de que, sin cuidado

de sus intereses particulares,

Clarín y Página/12, C5N y TN, Radio

Mitre y AM 750 estén de acuerdo en

toda la agenda. Y lo es simplemente

porque los intereses subyacentes

a esos medios —por lo menos en

teoría— son contradictorios entre sí

o radicalmente opuestos. Todos los

medios hoy imponen el terrorismo

mediático disimulado en “campañas

de concienciación” que no

tienen nada de eso para asustar a

38 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


la población y hacer de ese miedo

colectivo el motor de algo. El atento

lector dirá que la situación es grave

y amerita que los medios por única

vez dejen de lado sus diferencias

ideológicas y se pongan a tirar el

carro para el mismo lado. Sería

verdaderamente admirable y digno

de aplauso, pero eso no existe en la

práctica.

No hay razón ni contingencia que

ponga del mismo lado a los que están

para representar en el campo de

la comunicación intereses que para

nada son conciliables. Y entonces, a

sabiendas de esta verdad universal,

lo que resta es preguntarse por qué.

¿Por qué los medios de difusión

superan en apariencia diferencias

insalvables para sus agendas y le

presentan a la ciudadanía un discurso

único? Aquí empieza aquello

que se dio en llamar “conspiranoia”,

esto es, una infinidad de

teorías e hipótesis acerca de un

poder central cuyo brazo largo, al

fin y al cabo, manipula en el mundo

toda la política sin distinción de

banderías y por lo tanto determina

el comportamiento de los medios

de comunicación, que son la política

expuesta frente a los ojos del

público. La “conspiranoia” es el intento

de adivinar sin más datos que

la obviedad ululante de la realidad

frente a uno mismo la existencia de

ese poder, que sería un poder global

casi ilimitado y cuyos tentáculos se

extienden sobre todos los países

corrompiendo a los dirigentes políticos

para que simulen oponerse

mutuamente, tan solo para ejecutar

en la práctica un mismo proyecto.

Si los llamados “conspiranoicos”

son unos delirantes o, por el contrario,

se acercan intuitivamente a la

verdad es un asunto que aquí no tiene

ninguna relevancia. Las certezas

ideológicas del atento lector alcanzarán

para resolver esa disyuntiva y

este artículo no tiene otra finalidad

que la de comprender por qué en la

práctica hay un discurso único y una

censura a todas las voces disidentes,

lo que finalmente nos permitirá

empezar a saber por qué ese discurso

es un discurso de miedo, un

terrorismo mediático a todas luces.

En el fondo la única utilidad del conocimiento

es saber en qué modifica

la realidad el objeto a conocerse

y aquí, en esta unidad mediática

inesperada, estará la respuesta

para el actual interrogante: ¿Por

qué todas las empresas mediáticas

coinciden en hacer terrorismo y por

qué nadie puede contradecir esa

narrativa?

El léxico del hipocondríaco

La primera evidencia de que está en

marcha ese terrorismo mediático es

que todos los operadores en radio,

televisión y prensa escrita están con

la muerte en la punta de la lengua.

La constante en todo lo que baja

hoy en la forma de “noticias” es lo

que en esta revista hemos dado en

llamar el léxico del hipocondríaco,

es decir, la reiteración sistemática

de ciertas palabras clave cuyo efecto

es la instalación de un determinado

estado de ánimo. El despliegue

incesante y diario de conceptos

como enfermedad, camas, terapia,

virus, vacunas, colapso y muerte,

entre otros, va mucho más allá del

interés informativo que puede existir

en el contexto de una pandemia.

La intensidad y el énfasis que ponen

los operadores en ese despliegue

desde hace ya más de un año queda

expuesta con tan solo sintonizar

un canal de noticias o una radio en

cualquier parte, no solo en la Argentina.

Estará destinado a enloquecer

Eduardo Van der Kooy, uno de los “jóvenes sobresalientes” de Videla durante la última dictadura

en Argentina. Luego de casi medio siglo ocupándose del comentario de la política, Van

der Kooy cambió súbitamente de especialidad y pasó a tratar de asuntos de virus, contagios

y muertos. Nadie resiste a la predominancia de la agenda del terror y todos deben plegarse o

ser excluidos del juego. La hegemonía es total.

39 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


el que haga una estadística de

cuántas veces aparecen por hora de

programación las palabras clave del

léxico del hipocondríaco, con qué

intensidad se habla hoy de muerte

y de todos sus derivados en los

medios de comunicación.

El despliegue del vocabulario

propio del moribundo resulta exactamente

en eso mismo, en la generalización

de un estado de ánimo

colectivo que se asemeja al del que

está a punto de morir. Y más allá de

si eso es una operación efectivamente

coordinada —como sostienen

los llamados “conspiranoicos”

anteriormente vistos—, lo cierto es

que en la práctica los medios vienen

desmoralizando a la sociedad todos

los días con sus contenidos. La

reiteración sistemática y el hecho

de que todos los medios estén haciendo

lo mismo a diario es lo que

levanta las sospechas acerca de

una verdadera asociación ilícita mediática

cuya finalidad sería derrotar

‘La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre’, obra de la periodista canadiense

Naomi Klein en la que se describen muchos de los métodos actualmente utilizados

para la transformación forzada y acelerada del mundo a partir del coronavirus. Desafortunadamente,

las explicaciones de los procesos que brinda Klein en este libro no suelen

aparecer sino muchos años después de finalizada la coyuntura en cuestión. Es muy probable

que comprendamos la transformación global que se está llevando a cabo con el terrorismo

mediático cuando dicha transformación haya concluido y esté bien consolidada, cuando la

“nueva normalidad” sea normalidad a secas.

moralmente al pueblo.

También el lunes 26 y en TN, otro

medio del Grupo Clarín, el veterano

operador Eduardo Van der Kooy

—el periodista favorito de Jorge

Rafael Videla durante la dictadura

cívico-militar de los 1970 y 1980—

empezaba su programa nocturno diciendo:

“No tenemos más remedio,

la pandemia es el eje de la realidad

argentina y tenemos que seguir

hablando de eso”. No es necesario

un análisis profundo del discurso de

Van der Kooy para comprender ya

a primera vista allí una necesidad

manifiesta de excusarse frente a

lo que dicho operador sabe que es

una enorme y exagerada operación.

Van der Kooy empezó su programa

esa noche “abriendo el paraguas”,

como se usa decir en la jerga popular,

manifestando de entrada tener

la conciencia de que en la próxima

hora iba a hacer un recorte deliberado

de la realidad absolutamente

por fuera del interés informativo.

Y así fue nomás. Ese día en La Rosca,

Van der Kooy hizo un despliegue

monumental del léxico del hipocondríaco

y mandó a dormir a sus televidentes

un poco más deprimidos.

Un programa de televisión que en

general se dedica a la politiquería

de los dirigentes —esa es la “rosca”,

precisamente— y que suspende su

programación normal para tratar

de asuntos médicos con los que,

además, ni el conductor ni la producción

del programa están familiarizados.

Hablan sin saber, por

supuesto, pero dándole a la cosa un

énfasis y una intensidad suficientes

para hacer creer a los despistados

en la autoridad de quien habla en la

materia. Van der Kooy no sabe nada

de asuntos de virus, pandemias y

afines, se dedica a otra cosa hace

ya casi medio siglo, pero vende con

pasión el léxico del hipocondríaco

como si fuera un infectólogo. ¿Por

qué?

40 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Porque la finalidad no declarada,

pero evidente, es la de desmoralizar

al telespectador, al oyente y al

lector. El observador frío que no se

deja asustar por los contenidos e

intenta más bien poner la mirada

sobre las formas no tiene dificultades

en ver allí una campaña de

desmoralización, una operación

cuyo objetivo solo puede ser el

derrotar a las mayorías mediante

el terror. Es ya todo un clásico de la

literatura en la ciencia de la política

la idea de que se puede limitar y

reducir las aspiraciones de un grupo

acorralando a los individuos, acotando

las alternativas de elección.

La teoría del shock expuesta por la

periodista canadiense Naomi Klein

es un ejemplo de ese método: con

una terapia de choque instrumentada

en una sucesión de desastres

y catástrofes —siempre en el marco

de un proceso controlado, nada es

accidental—, es posible reajustar

las aspiraciones de los individuos

gradualmente hasta que estos

estén listos para aceptar lo mínimo

necesario para la subsistencia allí

donde antes habían exigido calidad

de vida plena.

El hombre es materia, se dice que

en hasta un 75% compuesto de

agua. Pero en esencia es mucho

más espiritualidad e intelectualidad.

De hecho, la materialidad solo

predomina en los animales que

no tienen lenguaje lógico y, por lo

tanto, no tienen la capacidad de

hacer proyecciones, abstracciones,

etc. El hombre es capaz de todo eso

y se diferencia de los demás animales

precisamente porque a partir

de una situación presente puede

proyectar escenarios futuros, puede

hacer abstracciones muy complejas

y entonces es capaz de tener una

cosmovisión. ¿Y qué es una cosmovisión?

Pues eso mismo, la posibilidad

de interpretar el mundo y

luego, a partir de esa interpretación

Los franceses prueban una bomba atómica gigante de 0.9 megatón en el atolón de Mururoa,

Polinesia Francesa, a mediados de 1970. Pese a estas pruebas y todo el desarrollo del arma

nuclear de destrucción masiva, las bombas atómicas solo fueron efectivamente utilizadas

dos veces, ambas por los Estados Unidos sobre un ya rendido Japón y en un periodo de tres

días. Luego de Hiroshima y Nagasaki en 1945, el armamento nuclear existió solamente

para disuadir y evitar la guerra, aunque la reconfiguración del mundo que antes se hacía a

los tiros seguía siendo una necesidad. Por eso la guerra cambió y hoy hablamos de ataques

biológicos y terrorismo mediático: el poder siempre encuentra la forma de hacer la guerra

para dirimir sus asuntos de intereses irreconciliables.

simbólica de lo real y actual, de proyectar

cómo podría o debería ser si

se le introducen modificaciones. La

humanidad es básicamente las aspiraciones

que tiene cada individuo

en base a lo que ya es real y actual,

es decir, el hombre es un ser que

aspira a cosas abstractas y todavía

irreales basándose en lo que ya

tiene entre manos. Eso es el logos,

propiedad exclusiva del hombre.

Entonces el hombre puede destruirse

sin tocarse físicamente

mediante la destrucción de sus

aspiraciones, de su horizonte simbólico.

La reducción a un estado

de animalidad ocurre en el hombre

cuando este se ve despojado de

esperanza en el futuro. Cuando eso

tiene lugar, el hombre pasa a vivir

en un presente estático, pierde de

vista no solo el pasado, la perspectiva

histórica, sino además el futuro.

Y al preocuparse solamente por la

subsistencia actual, resulta en un

animal sin aspiraciones al que lo

estrictamente necesario para la

subsistencia es suficiente, o en la

pérdida del logos y de la cosmovisión

en consecuencia.

Armas de destrucción

masiva

En el pasado de la modernidad industrial

la guerra se resolvió de manera

definitiva con el advenimiento

de las armas de destrucción masiva,

sobre todo de la llamada bomba

atómica. Al aparecer como posibilidad

un holocausto nuclear como

punto final de la evolución humana,

la guerra pasó a ser localizada, se

limitó a conflictos muy puntuales

en los que los grandes intereses

nunca se ponían del todo en juego.

Pero las guerras modernas a gran

escala como las dos guerras mundiales

de la primera mitad del siglo

XX habían tenido un propósito: el

del reordenamiento a escala global

hacia un nuevo equilibrio entre los

grandes intereses de las potencias.

41 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Afiche de propaganda de la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial en el que se afirma

que por detrás de las tres potencias aliadas —Gran Bretaña, Estados Unidos y Unión Soviética—

estaban los judíos. La propaganda de este tipo se imprimió y se distribuyó intensamente

por toda Europa en esa época y fue clave para generar y sostener el estado de guerra. Hoy,

no obstante, con los medios electrónicos y el veloz desarrollo de internet se dan por primera

vez las condiciones para que esa propaganda sea a escala industrial y aún mucho más. Nunca

antes en su historia la humanidad fue tan rehén de la propaganda como en la actualidad.

Con la bomba atómica se esfumó

esa posibilidad de reordenamiento

a los tiros, ya no fue viable resolver

las diferencias a la vieja usanza

porque eso podría resultar en una

guerra nuclear y en la extinción de

la humanidad, en un resultado malo

para todos los involucrados.

Pero el problema de la necesidad

de un nuevo equilibrio en la dinámica

de los intereses que cambian

de tiempos en tiempos persiste,

el mundo se tiene que reordenar

cuando cambia la correlación de

las fuerzas entre los que defienden

intereses. Por eso la guerra tradicional

fue sustituida por lo que algunos

ya se atreven a llamar guerra

de quinta generación, la que se

resume básicamente a estrategias

mediáticas (más específicamente

propagandísticas) de destrucción

de las sociedades: la ingeniería o el

“fracking” social es eso, es el instrumento

de penetración ideológica en

la sociedad del país enemigo con la

finalidad de hacerla implosionar, de

romper el tejido social mediante la

desmoralización de los individuos.

Los rudimentos de lo que hoy se

llama la guerra de quinta generación

ya estaban presentes en otras

guerras del pasado. Por ejemplo,

durante la II Guerra Mundial fue

intensa la propaganda nazi que caía

sobre la Unión Soviética en panfletos

escritos en ruso que se arrojaban

desde el aire o en mensajes

emitidos por altavoces ubicados en

el frente, en los que los alemanes

invitaban a los rusos a abandonar

la lucha, que no valía la pena morir

por la opresión estalinista, etc. La

propaganda sobre el campo del

enemigo siempre existió, aunque

nunca con una fracción de la potencia

actual que el desarrollo tecnológico

viabiliza. La llamada guerra

de quinta generación reemplaza la

guerra tradicional porque hoy es

posible destruir una sociedad sin

disparar un solo tiro, menos que

menos emplear armas nucleares.

Hoy sabemos que es posible hacer

daños más profundos con un aparato

mediático bien aceitado que con

bombardeos.

Entonces no es necesario ser

“conspiranoico” para comprender

que los medios de comunicación

se están utilizando como arma de

destrucción masiva en países como

el nuestro, no es difícil percibir que

está en curso una intensa campaña

de desmoralización por el miedo, lo

que aquí se llama terrorismo mediático.

En todo caso, la cuestión sería

descubrir la mano que mueve a esos

peones o el sector del poder fáctico

42 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


global que en el nuevo tablero mixto

de la geopolítica, donde los Estados

nación compiten con las corporaciones

por el poder, manipula la

información y la convierte en propaganda,

en arma de destrucción

masiva en esta guerra de quinta

generación.

Claro que entre los medios de un

lado y del otro de la grieta en el

plano local hay diferencias respecto

a cómo esa propaganda se va a

utilizar y se va a capitalizar políticamente,

más allá del objetivo de

desmoralización general, que es

común a todos. Es presumible que

estando en el lugar del opositor

—al menos en teoría, no conviene

perder de vista el pacto hegemónico—,

medios como el Diario Clarín,

TN, Radio Mitre, Canal 13 y otros

estén llevando a cabo la desmoralización

colectiva para generar un

malestar social generalizado y dar

el batacazo electoral con el famoso

“voto bronca”, o por lo menos esa

sería la explicación más sencilla si

se tratara de entender el comportamiento

de los medios del Grupo

Clarín en un escenario clásico de

polarización. Sin problematizar

demasiado, lo evidente es que el

comportamiento de los medios

opositores en una crisis siempre es

el de aumentarla en la percepción

de la opinión pública y hasta aquí

estaríamos explicados. Lo que es un

poco más difícil de comprender es

el comportamiento de los otros, de

los medios que en teoría representan

los intereses opuestos a los de

Héctor Magnetto, el gran cacique

histórico del Grupo Clarín.

Hablamos aquí de canales de

televisión como C5N, diarios como

Página/12 y radios como AM 750,

todos ellos identificados de una

forma o de otra con lo que se suele

llamar “campo popular”. ¿Por qué

habrían estos medios de priorizar su

alineamiento al poder fáctico global

sobre sus intereses políticos inmediatos,

que son los de preservar la

existencia de un gobierno al que

consideran propio y del que forman

parte desde el lugar de lugar de la

comunicación en el Estado ampliado?

Sí, porque la desmoralización

del pueblo no daría, al menos aparentemente,

ningún rédito al gobierno

de turno, sino más bien todo lo

contrario: ya hemos visto que la propaganda

como arma de destrucción

masiva tiene por objetivo la rotura

del tejido social y eso normalmente

resulta en una bomba de tiempo

para cualquier gobierno. En una

palabra, sembrar el terror entre la

población no podría ser conveniente

para el que ejerce el poder político

en un determinado momento.

Cuáles serán entonces los verdaderos

intereses de C5N, Página/12,

AM 750 y demás medios del “campo

popular” al sumarse al terrorismo

mediático e incluso ser los más

terroristas? La única explicación

lógica y posible a esto que parecería

ser una enorme contradicción

sería la del blindaje mediático, esto

es, el recorte grotesco de la realidad

haciendo foco en uno solo de

sus aspectos para ocultar todos los

demás. Si los mal llamados “medios

populares” —en rigor son empresas

privadas con fines de lucro,

no tienen nada de populares— se

suben al terrorismo mediático y lo

exacerban hasta sus últimas consecuencias,

solo puede ser porque

cumplen el mandato del poder

fáctico global como hacen todos los

demás medios, pero además porque

pretenden con ello minimizar

el espacio informativo destinado a

otros temas. Concretamente, si C5N

ocupa el 85% de su programación

Más ejemplos de propaganda nazi durante la II Guerra Mundial, ahora escrita en ruso y

orientada a desmoralizar a los soldados soviéticos. Allí se lee: “¡Mira detrás de ti, soldado!

¿Quién es tu titiritero? ¿Por quién te diriges a una muerte segura? ¿Aún no te has dado

cuenta?”. El objetivo aquí era el de azuzar el odio a los judíos —que era muy común entre el

pueblo ruso entonces— para forzar la deserción de tropas. Al parecer, la estrategia tuvo buenos

resultados, aunque fue insuficiente para ganar la guerra puesto que el bando enemigo

también hizo mucha propaganda, además de tirar sendos tiros.

43 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


con asuntos de muerte, con el léxico

del hipocondríaco desmoralizante,

eso en la práctica significará que

solo el 15% del tiempo total quedará

para hablar, por ejemplo, del

estado catastrófico de la economía

nacional o de la exasperante pasividad

del actual gobierno frente a esa

durísima realidad.

Y es exactamente eso lo que hacen

hoy y desde hace algún tiempo los

“medios populares” como Página/12,

AM 750 y principalmente

C5N, el que a esta altura bien

podría rebautizarse como “Coronavirus

TV”. El atento lector puede

hacer la prueba por sí mismo,

puede prender el televisor sintonizando

C5N y ver que en cualquier

momento del día o de la noche allí

va a estar el terrorismo mediático

en su máxima expresión: conductores

y panelistas anunciando la

catástrofe a los gritos, placas rojas

de escándalo con muerte, muerte y

más muerte, reiteración absurda de

El extático y casi siempre delirante Pablo Duggan, quien luego de publicar un libro un

tanto conspiranoico sobre la muerte del fiscal Nisman giró bruscamente y pasó a ser, junto

a Gustavo Sylvestre, una de las voces autorizadas en el “campo popular”. Hoy Duggan y

Sylvestre hacen terrorismo mediático en C5N para el consumo del llamado kirchnerismo,

que los escucha con atención sin sospechar que estos dos “panqueques” —Sylvestre viene

del Grupo Clarín— representan intereses inconfesables. Con el griterío, la histeria y el terror

diario, Duggan, Sylvestre y demás operadores de C5N contienen a los que están en un lado

de la grieta e impiden que estos hagan preguntas molestas.

cifras de espanto. ¿Y por qué? ¿Por

qué aumentar significativamente

una realidad que a todas luces es

malísima? ¿Por qué hacerla aún

peor de lo que es en la percepción

del consumidor de noticias?

Por las dos razones antes mentadas,

a saberlas, la posición subalterna

de los dueños de los medios

de comunicación respecto a las

élites globales y, en el plano local,

la necesidad inmediata de blindar

mediáticamente a un gobierno fracasado

para evitar su descomposición

política. La clásica explicación

del morbo como atractivo es aquí

secundaria, puesto que el rating no

es lo esencial para los medios que

viven de negociar favores políticos

a cambio de jugosas pautas oficiales.

C5N, Página/12, AM 750 y

demás medios hoy oficialistas no

tienen por objetivo primario ganar la

carrera de ratas por rating, share o

cantidad de lectores, sino oficiar de

voceros y reproductores de la propaganda

oficial. Y esto nos conduce

a un problema aún mayor: si los medios

oficialistas son repetidores de

lo que desea comunicar un gobierno

en cualquier momento, entonces

el contenido de esos medios está

digitado por el propio gobierno.

El problema es grave porque aquí

estaría el Estado involucrado en el

terrorismo mediático de manera

incomprensible. ¿Por qué querría

un gobierno desmoralizar, utilizar

armas de destrucción masiva de

quinta generación sobre su propio

pueblo?

Hablar seriamente

de cosas serias

Hay cuestiones que son misterios,

son enigmas de los que la solución

no suele aparecer sino muchos años

después de terminada la coyuntura

en la que existen como tales.

44 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Desde el vamos, Alberto Fernández apostó en la narrativa tremendista del coronavirus para desviar la atención y ocultar las graves falencias

de su gobierno. Adictos a la generosa la pauta oficial de Fernández, los “medios del campo popular” exacerban en consecuencia esa narrativa

hasta el límite de la tolerancia humana y así logran alejar a la militancia kirchnerista de cualquier cuestionamiento peligroso sobre la gestión

del gobierno. Una clásica estrategia de blindaje mediático.

El interés del gobierno de Alberto

Fernández en la desmoralización

sistemática del pueblo argentino es

uno de esos enigmas, es un misterio

para el que hoy nadie tendría la

solución, salvo los “conspiranoicos”,

otra vez, quienes sostienen

la afiliación del Frente de Todos

a un esquema de reconfiguración

global cuyo objetivo sería el “reseteo”

de las aspiraciones del pueblo

en todas partes para imponer una

“nueva normalidad” de pobreza

generalizada y absoluto control por

parte de un gobierno mundial de las

corporaciones. “No tendrás nada y

serás feliz”, sería el lema de dicho

proceso de “reseteo” global hacia

su culminación prevista para el año

2030.

Son hipótesis que deberían por

cierto discutirse, puesto que el

poder global existe, se constituye en

una oligarquía sin fronteras y podría

estar manipulando la información

para reconfigurar el mundo a su

gusto. Sería necesario un profundo

debate del propio coronavirus

como arma bacteriológica lanzada

no accidentalmente por algún

poder para generar un estado de

confusión y desorden desde el que

se podría reconstruir el mundo de

un modo distinto al actual. ¿Por

qué no? Todo eso pertenece hoy al

campo de la “conspiranoia” y es

comprensible que así sea, aunque

gran parte de la información que

los “conspiranoicos” utilizan en la

argumentación de sus hipótesis es

pública, casi siempre dicha a viva

voz por los mismísimos plutócratas,

quienes ni se molestan en ocultar

sus intenciones. Nada de eso se

discute, el coronavirus se naturaliza

como un accidente e incluso menos

que eso, ya que ni siquiera se habla

de su origen. Pero es comprensible

que eso sea así porque los encargados

de visibilizar ese debate central

lo ocultan deliberadamente enterrándolo

bajo una avalancha diaria

de información inútil. Son cosas

serias de las que deberíamos hablar

seriamente, pero que se ocultan y

se descalifican poniéndolas en la

categoría infamante de “conspiranoia”.

En la tarde del miércoles 28 de

abril, la operadora de las tardes en

TN Sandra Borghi se puso grave,

cambió el tono de voz y anunció

una noticia lúgubre: la India había

llegado a la espantosa marca de

200 mil muertos por coronavirus

desde que empezó la pandemia, es

decir, en poco más de un año. Y el

telespectador una vez más quedó

espantado, desmoralizado por la

45 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


Según algunas proyecciones y gracias a la política demográfica china, la India debería ser ya

el país más poblado del planeta con unos 1,5 mil millones de habitantes, todos comprimidos

en un territorio ligeramente superior al de la Argentina. Sin embargo, estos datos fácticos

nunca aparecen en la narrativa de los medios, los que hoy utilizan la India para hacer el

terrorismo mediático con “noticias” que no son noticia ni siquiera para los indios.

noticia de que el coronavirus está

diezmando a la población mundial,

amenazando la existencia de la propia

humanidad. Pero si hablamos

seriamente de cosas serias veremos

que eso no es así.

Cuando los medios dicen que han

muerto 200 mil personas en la

India a causa del coronavirus en un

año, pero no incluyen en esa información

el dato de que la India es el

país más poblado del mundo con

más de 1.500 millones de habitantes,

eso es una grosera manipulación

cuya finalidad es ocultar la

perspectiva para darle tremendismo

al dato presentado. No se incluyen

tampoco otros datos, los que relativizarían

el titular bomba de la

actualización noticiosa. Por ejemplo,

el dato de que suponiendo una

mortalidad regular de diez por mil o

del 1% —la que en las estadísticas

del Banco Mundial son un promedio

global—, en la India mueren anual y

normalmente unos 15 millones de

personas. Mueren en accidentes,

por distintas enfermedades, de

viejas, simplemente mueren. Esa

es la ley de la vida, todos los seres

vivos en algún momento deben

cerrar su ciclo vital y eso en la India

puede representar la cantidad de

15 millones por año. Por lo tanto,

los 200 mil fallecidos registrados

como víctimas del coronavirus son

una cosa relativa y para nada tremendista

tanto si son comparados

a los que mueren por otras razones

como si son puestos en el contexto

de un universo estadístico de 1.500

millones.

Estamos hablando allí del 0,013%

de la población india, pero el dato

de 200 mil muertos en un año

presentado fuera de ese contexto

genera una sensación, 200 mil son

muchos. Y no es que se trate de un

problema no atendible: si algo en la

India provoca la muerte del 0,013%

del total de la población, es presumible

que el gobierno indio tome las

medidas del caso para evitar que

eso ocurra. Ese no es el problema,

sino el manejo o la manipulación

de un dato estadístico para desinformar

al público. ¿Por qué alguien

haría eso? ¿Con qué intereses un

periodista diría a los gritos que la

India llegó a 200 mil muertos en un

año por coronavirus sin agregar que

allí hay 1.500 millones de habitantes

y que ese triste número, puesto

en su debido contexto, representa

el 0,013% de la población total

del país? ¿Por qué no decir que

anualmente mueren en la India por

los más variados motivos unos 15

millones de habitantes, 75 veces

más que por coronavirus?

Porque evidentemente se trata de

formar la opinión pública con una

idea determinada, no hay dudas de

ello. Y tampoco hay ninguna novedad

acá. Los medios siempre hicieron

eso, siempre hicieron un recorte

deliberado de la información para

transmitir un discurso nada lógico,

sino absolutamente ideológico, tan

solo para defender los intereses

de los propietarios de los medios y

sus socios de clase social. Y entonces

es del interés del atento lector

empezar a preguntarse por qué los

medios desinforman con el coronavirus,

por qué gritan anunciando un

apocalipsis que está muy lejos de

ser tal. ¿Por qué en los medios no

se habla del coronavirus poniendo

todos los datos sobre el tapete, con

el análisis frío de la situación real

que podría orientar bien al consumidor

de noticias frente a una contingencia

que lo tiene en vilo?

Porque además de la desmoralización

social, el terrorismo mediático

tiene otro fin: el de cubrirse a sí

mismo. Si se hablara seriamente

de las cosas serias y se dijera, para

empezar, que la India está muy

lejos de aquí en todos los sentidos,

se caería el tremendismo de la

noticia sobre los 200 mil muertos

en la India hasta el punto de no

constituir noticia alguna. En una

palabra, si los medios se dedicaran

46 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


a la información y no al terrorismo

mediático, sería inviable el propio

terrorismo. ¿De qué le sirve en la

práctica a un argentino saber lo que

pasa en la India y encima saberlo

fuera de contexto, saberlo mediante

un muy grosero recorte de la realidad?

De nada y entonces ahí no

hay realmente una noticia, no hay

nada allí que sea de interés público

o informativo. No tiene utilidad para

nadie, ni siquiera para los propios

indios, saber que en la India muere

el 0,013% de la población en un

año por coronavirus, puesto que

mueren 75 veces más individuos

por otras razones.

Y si no es noticia es operación, es

decir, si algo resulta de un recorte

de la realidad que es arbitrario, entonces

allí hay una intencionalidad.

Es el propio manual de periodismo

básico, la regla de utilidad informativa

de las cosas. La intencionalidad

es espantar, meter terror, llevar a

cabo el terrorismo mediático para

condicionar a los individuos a la

aceptación de una nueva realidad:

la “nueva normalidad” de un

mundo mucho más desigual que el

presente, con mucha más pobreza

y menos posibilidades de aspiraciones

para el hombre. Pero también

la intencionalidad de preservar el

truco en sí mismo para poder seguir

usándolo. Mientras se ocupan de

hacer tremendismo con lo que no es

noticia, los medios no ponen sobre

el tapete la discusión seria sobre

las cosas serias. ¿Qué es realmente

el coronavirus? ¿De dónde sale y

por qué? ¿Qué mortalidad real tiene?

¿Existe un equilibrio razonable

entre la destrucción social que está

provocando y el daño que causa a la

salud pública?

Son preguntas serias que al ser

planteadas desde los márgenes

de la política y de la comunicación

se reciben en los medios con enfurecidos

gritos y acusaciones de

“conspiranoia” y “negacionismo”,

tras lo que se pasa nuevamente al

relato tremendista del terrorismo

mediático. ¿Por qué los interrogantes

de ciertos sectores de la sociedad

no se debaten propiamente,

aunque más no sea para demostrar

mediante la lógica que esos cuestionamientos

son infundados? ¿Por

qué todos los expertos a los que

se les presta el micrófono están de

acuerdo en todo, sin cuidado de en

qué canal, radio o diario se expresan?

Véase bien: no hay en estas

cuestiones ningún negacionismo,

no es razonable hoy negar la existencia

del coronavirus y quizá nunca

lo sea. Esa no es la cuestión, no es

el negacionismo lo que los terroristas

mediáticos prohíben. Lo que no

está permitido en todos los medios

de comunicación es el cuestionamiento.

Hemos llegado a una etapa del desarrollo

humano de enorme avance

de la técnica, que es la ciencia, pero

paradójicamente también de la

negación de la filosofía. En nombre

de la ciencia se prohíbe la argumentación,

la duda filosófica y ontológica,

el cuestionar una narrativa en

sus propios términos. El terrorismo

mediático se está utilizando como

arma de destrucción masiva en

una guerra de quinta generación,

los medios están desmoralizando

a la población y están bajando las

defensas de los cuerpos, las que

tendrían justamente que estar altas

frente a un virus que ataca el sistema

inmune del hombre. Y para que

eso funcione, se está limitando la

posibilidad de cuestionar la propia

guerra, sus medios y sus fines, no

El jefe de la banda. Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), el etíope Tedros Adhanom

dirige la orquesta y alimenta el terrorismo mediático con información confusa, casi

siempre contradictoria, sobre el coronavirus. Lo que la OMS nunca hace es hablar seriamente

sobre las cosas serias: revelar el origen real del virus, exponer sus tasas de mortalidad

relativas a la población total, etc. Y así, basándose en la OMS como autoridad máxima sobre

lo sanitario a nivel global, los medios bombardean todos los días a los consumidores de

noticias con oscuros anuncios que bajan paulatinamente la moral y las defensas de esos

consumidores. Se da la profecía autocumplida, allí donde una masa de inmunodeprimidos

tenderá efectivamente a contagiarse no solo de coronavirus, sino de cualquier enfermedad,

donde incluso las más prosaicas y estacionales llegan a ser letales.

47 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


¿El silencio es salud? La prohibición del cuestionamiento, tema que será central en la próxima

edición de esta Revista Hegemonía.

se puede hablar de eso. El coronavirus

es una fatalidad del destino y

va a liquidar la especie humana si

no se siguen al pie de la letra todas

las “recomendaciones” de aquellos

expertos que acuerdan en todo, por

más ilógicas que sean estas. No

hay nada detrás de la cosa, ningún

poder visible o invisible manipulando

la información. Todo viene

bajado del cielo en tablas sagradas

y discutirlo es un crimen.

Podría argumentarse que la reiteración

sistemática del léxico del

hipocondríaco en los medios de comunicación

responde a la lógica de

la prevención, es decir, hablar todo

el día de muerte sería para evitarla.

Pero eso no es así. De hecho, el

vocabulario del enfermo es del todo

inútil para prevenir enfermedades y

es, además, nocivo para la salud. El

hombre jamás piensa en enfermedad,

salvo que esté enfermo y para

comprobarlo piense el atento lector

en cómo era su propia vida antes

del 2020 y verá que las palabras

del léxico de la enfermedad no

estuvieron hasta ese momento en

su vocabulario cotidiano. Ud. podía

pasar semanas, meses y hasta años

sin pensar en contagios, camas de

hospital, terapias, infecciones, virus,

casos, vacunas, médicos, etc. Y

ahora, en cambio, Ud. piensa en eso

todos los días. Como uno es básicamente

lo que piensa por el hecho de

que la psiquis determina el estado

físico del cuerpo, lejos de ayudar

en la prevención del coronavirus

el terrorismo mediático hace que

Ud. le envíe a su cuerpo el estímulo

para enfermarse. O, de mínima,

para que sus defensas bajen por

desmoralización y en consecuencia

su cuerpo quede vulnerable no solo

al coronavirus, sino directamente a

cualquier mal.

He ahí la obviedad ululante, la

que está a años luz de cualquier

tipo de conspiranoia o de negacionismo.

Hay un paquete cerrado

que debemos comprar sin mirar y

encima bajo la presión del terror

apremiante. No se nos permite

pensar, no se nos deja historizar

ni proyectar: todo es hoy, es ahora

y hay que aceptar la agenda diaria

sin hacer preguntas. Lo obvio

es el propio terrorismo mediático

como arma de destrucción masiva

en esta guerra de quinta generación,

la desmoralización diaria que

destruye la psiquis y lógicamente

termina afectando el cuerpo, que

multiplica las posibilidades de

enfermedad y muerte a gran escala.

Y al historizar se escucha el eco

de la voz de Rodolfo Walsh, quien

explicaba que el terror se basa en

la incomunicación y recomendaba

romper el aislamiento, hacer circular

la verdad. Para Walsh, derrotar

el terror sería sentir la satisfacción

moral de un acto de libertad. Para

nosotros, sin embargo, es hoy una

cuestión de vida o muerte. Moriremos

física y espiritualmente si no

somos capaces de derrotar a los

terroristas mediáticos para llegar a

la verdad. Nos bajarán las defensas

para liquidar físicamente a algunos

de nosotros y luego conducirán a

los sobrevivientes a un lugar oscuro

donde la propia vida tendrá poco

sentido. Esto es guerra. Haga circular

esta información.

48 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


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49 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


IDENTIDAD PERONISTA

Inteligencia, honestidad

y patriotismo

MARCELO

GULLO

El 1°. de mayo ha significado

para el pueblo peronista una

fiesta popular, la fiesta del

trabajo, en la que el líder se reunía

una vez al año con los trabajadores

para ejercitar la docencia

en doctrina. El General Perón,

ideólogo de la revolución de amor y

paz que tuvo lugar en la Argentina

a partir de 1943, se caracterizó por

su prédica de justicia social, la que

supo llevar a la práctica con inteligencia,

honestidad y patriotismo,

para que por una vez en la historia

de los pueblos subordinados del

mundo tuviera lugar una verdadera

democracia, aquella donde el

pueblo es élite, una auténtica élite

multitudinaria.

El significado del 1°. de mayo

peronista posee una connotación

festiva que no está presente en el

origen luctuoso de la efeméride,

pero que constituye la mayor riqueza

que la fecha concentra, pues se

trata de la celebración de la reconciliación

de los trabajadores argentinos

con Dios y con la patria.

Dios y la patria, elementos de la

cultura popular de los trabajadores

que habían sido vilipendiados por la

tradición marxista, la que caracterizaba

a la religión como el “opio de

los pueblos” y a la patria como un

“capricho burgués”. El marxismo, a

través de la prédica del internacio-

50 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


nalismo y el ateísmo, erosionó la fe

fundante de los trabajadores cuando

fue importado a nuestra tierra a

partir de las oleadas inmigratorias.

El coronel Perón, un auténtico

estratega de la política, supo ver

en aquel entonces que el fantasma

del comunismo que acechaba a

las naciones tenía su origen en la

deshumanización de los trabajadores

fabriles como consecuencia

de la incipiente industrialización.

No obstante, Perón fue capaz de

comprender en su capacidad de

visionario que el comunismo no era

en sí mismo sino un efecto, una reacción

de la masa trabajadora ante

la explotación inhumana a la que la

sometía el capital.

Así, a partir de la revolución patriótica

de 1943, revolución que puso

final a una seguidilla de gobiernos

ilegítimos y fraudulentos, los oficiales

del GOU con Perón a la cabeza

se abocaron a la tarea de reconciliar

a la masa de trabajadores con

los elementos propios de su idiosincrasia

histórica. Los trabajadores

del primer peronismo eran en gran

medida inmigrantes o hijos de inmigrantes.

El peronismo les otorgó el

estatus no solo de argentinos sino y,

sobre todo, de actores protagonistas

de la revolución patriótica. De

esa manera, a través de la conciencia

colectiva como agente de la

transformación, los trabajadores se

reconciliaron con la patria.

Perón entendió además que el motor

del desarrollo de las potencialidades

del país reposaba en la industria.

Una industria artificial, por

cierto, nacida al calor de la guerra

y por necesidad más que en virtud

de un plan, pero que el líder comprendió

que se trataba de la única

vía que el país tendría a disposición

para acumular poder. La industria

genera poder en la forma de armamento,

infraestructura, inteligencia,

transporte. La riqueza silvestre sin

poder que la proteja no tiene valor

en sí misma pues permanece vulnerable

y es fácilmente expoliada por

el enemigo, ya sea por vía de la guerra,

la deuda o la diplomacia. Por

otra parte, la industrialización por

sustitución de importaciones había

generado el empleo de cientos de

miles de familias que se incorporaron

a la vida urbana como mano de

obra de las fábricas y talleres.

El peronismo comprendió que

la oligarquía con olor a bosta de

vaca no haría frente por sí misma a

un plan de industrialización, pues

deseaba con todas sus fuerzas

retomar la posición del país como

“granero del mundo”, a costas

del desempleo y el abandono de

las familias que habían pasado a

51 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


depender de la incipiente industria.

Se respaldó entonces en el apoyo

de la masa trabajadora a cuyas demandas

históricas la revolución de

junio primero y el gobierno de Perón

después respondieron otorgando

las leyes laborales que el socialismo

había venido demandando sin

que hubieran recibido apoyo alguno

desde la política.

Sin embargo, a diferencia de los

socialistas, el peronismo como doctrina

de tercera posición fundó las

leyes de reconocimiento de los derechos

de los trabajadores no en la

lucha de clases que perseguían los

marxistas sino en la doctrina social

de la Iglesia. De esa manera reconcilió

a los trabajadores con Dios,

recuperó al Dios que los marxistas

habían vilipendiado y burlado.

La “fiesta del trabajo” fue como se

llamó durante la década peronista a

la celebración del 1°. de mayo y fue

una festividad de hermandad entre

los trabajadores y el líder, cuyo

objetivo era el de elevar a la masa a

la condición de pueblo. Pero, ¿qué

significa esto?

El presidente Perón era ante todo

un maestro, un docente eterno que

comprendía que el conjunto de los

hombres no representa necesariamente

a un pueblo, sino simplemente

una masa informe. El pueblo

es la masa organizada, la masa

amorfa es como un organismo sin

cabeza, así como un pueblo sin

doctrina es un cuerpo sin alma.

La fiesta del trabajo junto con

otras celebraciones multitudinarias,

como las del día de la lealtad, eran

ocasiones en que tenía lugar la

comunión entre el líder y esa masa

en camino de ser pueblo. El adoctrinamiento

no era para Perón otra

cosa que el modo más accesible de

organizar a la masa a través de la

prédica de los principios y valores

propios de la doctrina justicialista,

como la amistad entre los hombres,

el amor a la patria, la lealtad y el

temor de Dios.

El fin que el adoctrinamiento perseguía

no era otro que la práctica

de la verdadera democracia, una

democracia directa en la que la élite

gobernante fuera el pueblo, una

verdadera élite multitudinaria. Pero,

¿qué define a una élite? ¿Acaso

no se entiende por ese concepto

el grupúsculo de privilegiados que

miran por encima a todos los subordinados?

Por el contrario, Perón entendía

por élite al conjunto de los ciudadanos

capaces de sacrificarse

por el bien común, los cuadros

intermedios de la conducción que

precisamente crecían y se multiplicaban

al calor de sus discursos.

Una élite multitudinaria, esa era la

que gobernaba con Perón dando

origen a una democracia directa,

que se diferencia de la demagogia

en que el pueblo es verdaderamente

agente de su destino, no un mero

espectador al que la dirigencia

supuestamente representa.

A través de acontecimientos como

la fiesta del trabajo Perón retomó

entonces el reconocimiento de los

valores y principios de la patria,

pero también del pirata inglés que

es el enemigo histórico del pueblo

hispanoamericano. A sabiendas

de que, tal como afirmó Alberdi y

retomó Jauretche, “el origen de la

mala política es la mala historia”,

el peronismo acercó al pueblo al

reconocimiento de su patrimonio

soberano y del enemigo, a través

del adoctrinamiento, pero también

de la difusión del trabajo de los historiadores

revisionistas. Sin embargo,

fue la venganza de ese poderoso

enemigo la que resultó en el fin de

la propia revolución.

Porque a contramano de lo que

afirman algunos pseudohistoriadores

del peronismo que es un segundo

Caseros, el golpe de Estado

de 1955 no tuvo su origen en los

errores del peronismo ni de Perón.

En realidad, fueron los aciertos de

la revolución pacífica de los trabajadores

argentinos y la venganza del

pirata hambriento de las riquezas y

el poder lo que motivaron ese golpe.

52 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


El peronismo había venido a terminar

con esa infamia y fue por ello

golpeado.

Con la caída de Juan Perón llega

a su fin la época de festejos y

celebración del trabajo y se inicia

una etapa de lucha, una auténtica

segunda guerra de independencia.

Dicha guerra habría de culminar

tras dieciocho años de exilio con

el regreso de Perón y la ruptura del

“mito del no retorno” de la politología

gorila que sostenía que los

líderes populares no logran jamás

regresar al poder luego de haber

sido derrocados.

Perón volvió a sabiendas de que

su misión histórica se completaba

con la unión del pueblo argentino,

la re-unión de los trabajadores con

la patria, con Dios y con las fuerzas

armadas que desde 1955 en adelante

habían apuntado sus armas

contra el pueblo cuyo mandato era

defender.

Pero el 1°. de mayo no regresó. La

fiesta de la amistad entre los trabajadores

de la patria, la celebración

de la alianza del movimiento obrero

organizado con Perón, el festejo que

por dieciocho años los trabajadores

habían añorado se vio arruinado

por los agentes de la infiltración.

Tras haber asesinado a José Ignacio

Rucci en la navidad de 1973, estos

agentes desafiaban a Perón en la

plaza apenas dos meses antes del

fallecimiento del veterano conductor.

Tras propinar cánticos insultantes

los infiltrados dedicaron silbatinas

y el General Perón, quien había sido

paciente con ellos, los echó de la

plaza pronunciando en su discurso

estas palabras: “Los días por venir

serán de reconstrucción nacional y

de liberación no solo del colonialismo

sino también de estos infiltrados

que trabajan adentro y que son

más peligrosos que los que trabajan

desde fuera, sin contar con que la

mayoría de ellos son mercenarios al

servicio del dinero extranjero”.

Lamentablemente, esos mercenarios

de los que hablaba Perón

fueron los mismos que triunfaron a

lo largo de las décadas y en la actualidad

se apropiaron del Partido

Justicialista, practicando el entrismo

al interior de la propia doctrina.

Ellos fueron los que precipitaron la

traición de las fuerzas armadas contra

el gobierno legítimo de Isabel

Martínez de Perón.

Aquellos a quienes Perón echó de

la plaza se apropiaron del peronismo

trayendo consigo el progresismo

como ideología de subordinación

luego de que el neoliberalismo hubiera

destruido el aparato productivo

del país.

Mientras que los falsos peronistas

que permitieron la infiltración del

neoliberalismo contribuyeron con

su silencio y su accionar a la des-

53 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


trucción de la matriz productiva y

del movimiento obrero organizado,

la columna vertebral del movimiento

nacional justicialista. Es decir,

mientras que los neoliberales han

dinamitado materialmente a la

patria, la misión de los progresistas

es destruir el espíritu del pueblo, robarle

su alma y quitar de su memoria

todo recuerdo de la fe fundante

que lo amalgamaba.

Una vez más, Dios, la patria y los

trabajadores argentinos se encuentran

enfrentados, tal como antes

de 1943. Pero, ¿es este un proceso

irreversible? Claramente no lo es,

pero revertirlo depende de tres

elementos que no abundan en la

dirigencia argentina: inteligencia,

honestidad y patriotismo, cosas

que escasean mientras nos sobran

recursos.

La Argentina posee un territorio

vastísimo, pero se encuentra camino

del suicidio, un suicidio inducido

por el progresismo que es la cara

“amigable” del liberalismo. Desde

los tiempos de FORJA, pero también

desde Rosas, el liberalismo

siempre ha llevado la misma bandera:

la bandera del pirata, hoy en

alianza con el imperio chino que

se ha aliado con los ingleses para

garantizar no solo la obtención de

nuestras riquezas sino y sobre todo

para condenarnos al subdesarrollo

definitivo, cultural y material.

Los sucesivos gobiernos, incluido

el actual, han no solo hecho la vista

gorda ante la amenaza del pirata

sino que deliberadamente propiciaron

su avance. Hoy el 1°. de mayo

es otra vez una jornada luctuosa,

de lucha, pues el pueblo sin patria y

sin Dios no goza del fruto del trabajo,

no puede ganarse el pan con el

sudor de su frente y se debate entre

el apoyo al infiltrado y la tibia rebelión.

Los días más felices se están

perdiendo, borrados de la memoria

del pueblo por la erosión deliberada

a que nos somete el enemigo. Nuestros

jóvenes no conocen el rumbo,

los ancianos no son privilegiados de

una patria que no les reconoce los

servicios prestados. El pueblo va en

camino de ser otra vez masa amorfa

y así será a menos que de sus

entrañas resurja la insubordinación

fundante que finalmente derrote

al enemigo, humillándolo como

nuestros aviadores lo humillaron en

mayo de 1982, evadiendo controles

y radares en las aguas circundantes

a nuestras Islas Malvinas.

El pueblo va en camino de ser

masa, pero habrá esperanza siempre

que resurjan entre los trabajadores

argentinos los valores sobre

los que se fundó la revolución justicialista:

la honestidad, la inteligencia

y el patriotismo.

54 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


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55 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


OPINIÓN

Negacionistas

conspiranoicos

ERICO

VALADARES

En la mañana del domingo 25

de abril, entre la típica intrascendencia

de la información

dominical que existe más

para llenar un espacio que

para informar propiamente, en los

medios se anunció el éxito en una

misión que se quiere científica,

pero responde a grandes intereses

económicos: la cápsula Crew Dragon

de SpaceX se había acoplado

sin incidentes a la Estación Espacial

Internacional (ISS, por sus siglas en

inglés), haciendo ingresar con seguridad

a dicha estación una tercera

tripulación como parte de un contrato

multimillonario firmado entre

la Agencia Espacial de Estados Unidos

(NASA, también por sus siglas

en inglés) y el famoso plutócrata

Elon Musk. Avanzaba otro paso más

la privatización del espacio exterior,

un delirio que ni los profetas distópicos

del siglo XX vieron venir.

Como de costumbre, la difusión de

la noticia se hizo con la construcción

de una narrativa plagada de

tecnicismos e ilustrada por imágenes

de la NASA, ambos elementos

con la propiedad de causar fascinación

entre los que aquí abajo

miramos al espacio con curiosidad.

Los tecnicismos le dan a cualquier

56 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


noticia científica un aspecto casi

místico, mientras las imágenes del

espacio exterior convencen de la

grandiosidad natural de la cosa,

nos muestran algo que está muy por

fuera del alcance de nuestra comprensión

y que, no obstante, puede

ser y es efectivamente explorado

por el hombre. Tecnicismo científico

e imagen controlada por la entidad

que genera el hecho, he ahí en una

síntesis todo lo que hay desde el

punto de vista de los terráqueos en

la carrera espacial desde que en

aquel remoto año de 1957 los soviéticos

pusieron en órbita el Sputnik

1, el primer satélite artificial. De

allí en más el espacio exterior fue

para el observador con los pies en

la tierra un relato milagroso cuya

culminación sería la llegada del

hombre a la Luna en 1969 con Neil

Armstrong y dos amigos suyos a

bordo de la nave Apolo 11.

Todo eso es enorme y aun fuera

del contexto de la Guerra Fría en el

que se generó sigue presentándose

como un logro de la humanidad, el

triunfo del hombre sobre la naturaleza

hostil, etc. Todavía hoy, a

más de tres décadas de la caída

del Muro de Berlín que puso fin a la

coyuntura mundial bipolar de lucha

entre estadounidenses y soviéticos

y a la propia modernidad industrial,

la carrera espacial se usa como

propaganda para convencer a las

mayorías de algo. No es ya una

cuestión geopolítica clásica entre

dos potencias globales, por cierto,

pero sigue alimentando la geopolítica

en un contexto distinto, que

es el de las corporaciones. En una

palabra, la ciencia que antes fue un

arma de guerra más bien fría en el

concierto de las naciones ahora es

un arma de guerra en manos de los

que luchan contra las naciones, sin

que la naturaleza de la cosa se vea

modificada en absoluto. Antes, yanquis

y soviéticos a ver quién hacía el

cohete más largo, con más alcance;

ahora las corporaciones del poder

fáctico global entre sí y frente a los

Estados con la misma finalidad.

Para los modestos objetivos filosóficos

de este artículo, no obstante,

esa rosca geopolítica está de más.

De lo aquí se trata de observar es la

forma en que la ciencia es utilizada

para convencer políticamente a las

mayorías de lo que fuere, ya sea de

la factibilidad de viajes interestelares,

de la conveniencia en el uso de

un brebaje como medicamento o de

lo que en un determinado le resulte

interesante a quienes hacen ese

uso. Sí, porque la difusión masiva

del avance científico y tecnológico

—por fuera de los círculos científicos,

que es por donde naturalmente

esa información se difunde— solo

puede tener una finalidad política,

económica. Desde las hermosas

ilustraciones soviéticas representando

a la heroica perrita Laika en

el espacio exterior hasta las imágenes

en alta definición del presente,

en las que se ven sendos acoples

entre cápsulas y estaciones espaciales,

siempre se trató y se trata de

un monumental proyecto de difusión,

de la comunicación desde los

pocos y hacia los muchos.

El fin de esa comunicación y el

cómo funciona son, o al menos deberían

ser, materia de observación

y debate. La manera en la que los

avances científicos y tecnológicos

se difunden hasta penetrar y sedimentar

en la cultura de los pueblos,

las finalidades últimas de todo el

proceso, he ahí lo que es de suma

importancia para el quehacer político

en tanto y en cuanto resulta en

una modificación de las subjetividades,

que a su vez es esencial para

todo cambio social. El reverso de

cualquier trama siempre pasa por

hacer caso omiso del contenido del

mensaje públicamente difundido y

por poner atención sobre cómo ese

discurso se construye, la semántica,

las motivaciones de quienes invierten

todos los años miles de millones

El plutócrata Elon Musk, Donald Trump y la nave espacial privada, todo en una misma

imagen simbolizando un nuevo tiempo, pero con los métodos de siempre. La utilización de la

ciencia y en particular de la carrera espacial es todo un clásico de la lucha por la acumulación

de poder y Musk lo sabe.

57 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


de dólares en esa construcción y

en esa difusión a través del monstruoso

aparato mediático universal

existente. Es preguntarse sin prejuicios

y sobre todo sin miedo a lo que

veremos más adelante y es el hiriente

mote de “conspiranoico” por qué

en un proyecto científico y/o tecnológico

el presupuesto para la comunicación

es siempre muy superior al

que se destina a la investigación y

al desarrollo propiamente dichos.

Citius, altius, fortius

Es una crítica a la ciencia, por cierto,

pero no al quehacer científico en

sí, sino más bien al uso que hace el

poder real de sus resultados en un

mundo de mercantilización de todo,

incluso de la propia ciencia. ¿Qué

hay realmente detrás, por ejemplo,

de las fantásticas imágenes de un

acople entre una cápsula y una

estación espacial? ¿Son legítimas

todas las afirmaciones que se

hacen tanto sobre eso como sobre

el resto de las presentaciones de

los pretendidos logros de la ciencia

y la técnica o, en realidad, todo eso

no es más que un engranaje en el

fenomenal esquema publicitario

cuyos fines son invisibles?

También del espacio —en un sentido

muy figurado— viene el que quizá

sea el mejor ejemplo para ilustrar

toda esta hipótesis: el del ya mentado

alunizaje del Apolo 11 en el

Brillante iconografía soviética para representar la carrera espacial, o los años dorados tanto

del capitalismo occidental como del socialismo oriental en el marco de la Guerra Fría. Aquí,

un tierno Yuri Gagarin sostiene a la perrita Laika, primer hombre y primer animal en la órbita

de la Tierra.

año 1969. Un breve repaso por los

datos de lo que quedó registrado

oficialmente en la historia demostrará

que el gobierno de los Estados

Unidos invirtió en el mediano plazo

mucho más en la publicidad del

hecho científico y tecnológico de

dicho alunizaje que en posibilitarlo,

si es que efectivamente lo hizo. Eso

significa que los yanquis gastaron

más dinero dándole a conocer al

mundo la pretendida hazaña de Neil

Armstrong, Buzz Aldrin y Michael

Collins a bordo de la nave Apolo 11,

seguramente con la finalidad de imponerles

a sus rivales soviéticos una

derrota dura y definitiva. Para fines

de la década de los años 1960 los

estadounidenses se encontraban

en un verdadero brete al haber sido

derrotados por el enemigo ideológico

que, para colmo de males, era

económicamente muy inferior. Sin

la abundancia de recursos que la

NASA disponía para llevar a cabo

su proyecto espacial, la Unión

Soviética desde el cosmódromo de

Baikonur en Kazajstán ya les había

ganado a los Estados Unidos en

1957 con el primer satélite artificial

(el Sputnik 1) y el primer ser vivo en

órbita (la perrita Laika, a bordo de

la nave Sputnik 2), para derrotarlos

otras dos veces más, colocando al

primer hombre (Yuri Gagarin con la

Vostok 1) y la primera mujer en el

espacio (Valentina Tereshkova, Vostok

6), respectivamente, en 1961 y

1963.

Cuatro hitos de la carrera espacial

que en la época dejaban a los

hombres de la NASA en una posición

de extrema debilidad frente

a la opinión pública mundial —y

fundamentalmente frente al contribuyente

yanqui, que con sus impuestos

pagaba la fiesta—, quienes

se preguntaban cómo era posible

que los soviéticos derrotaran una y

otra vez a los poderosos estadounidenses,

siendo que todo el dinero

58 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


lo tenían estos últimos. Esa era la

narrativa de la época, quizá algo

pueril para el gusto de los tiempos

que corren, pero crucial en el contexto

de la Guerra Fría. Y entonces

los Estados Unidos tenían que jugar

la carta del alunizaje, del hombre

caminando sobre la Luna, para

contrarrestar el efecto de los logros

del socialismo soviético sobre el

capitalismo occidental. De eso se

trataba, de demostrarle al mundo la

superioridad de uno u otro proyecto

político en lo que se refiere a hacer

más, llegar más lejos y conquistar.

Otro tanto pasaba en paralelo con

el deporte y siguió pasando hasta

bien entrada la década de los 1990,

más precisamente con los Juegos

Olímpicos, pero era en la carrera

espacial donde se había puesto el

parámetro para definir quién era el

mejor.

Así los Estados Unidos se jugaron

todas las fichas en la conquista de

la Luna y el 20 de julio de 1969 el

mundo se detuvo para ver cómo la

nave Apolo 11 tocaba suelo lunar y

descendían de ella, algunas horas

después, ya al día siguiente en

horarios terrícolas, Neil Armstrong

y Buzz Aldrin plantando la bandera

de los Estados Unidos en el satélite

natural de nuestro planeta. Tamaña

fue la potencia de la difusión del

evento —con transmisiones en vivo,

colores en la imagen, cosas novedosas,

exclusivas y muy caras para la

época— y con tanta fuerza penetró

en la cultura global que el 20 de

julio terminaría estableciéndose en

países sin ninguna relación con la

hazaña como el Día del amigo, una

forma de simbolizar la unidad de

lo humano alrededor de uno de sus

logros capitales. He ahí lo esencial:

la campaña publicitaria del alunizaje

fue más grande que el propio

alunizaje y los Estados Unidos como

primera potencia mundial se beneficiaron

de los frutos de esa campaña

Otro sensacional lanzamiento en el Cosmódromo de Baikonur, la herencia soviética en las

estepas de Kazajstán. De aquí partieron los cohetes que llevaron al espacio el triunfo soviético

contra todas las probabilidades sobre los ricos estadounidenses. Pero el diablo tiene

sus trucos y los Estados Unidos habrían de resultar vencedores, quizá con algo de trampa.

muchísimo más que de las consecuencias

científicas del hecho.

Infinitamente más.

La conquista de la fe

¿Y todo eso por qué, alrededor de

qué cosa se construyó el relato

épico más grande de la Guerra Fría

entre los Estados Unidos y la Unión

Soviética en representación de dos

proyectos políticos antagónicos?

Pues alrededor de un hecho cuya

legitimidad es disputada. Empezando

por los rusos, que son los herederos

naturales de los soviéticos,

aun al día de hoy existe una enorme

cantidad de gente que cuestiona la

autenticidad de las imágenes que

el mundo entero vio en colores a

partir del 20 de julio de 1969, esto

es, gente afirmando con una catarata

de argumentos que el supuesto

alunizaje de la nave Apolo 11 fue

una puesta en escena hecha en un

estudio de cine, una obra maestra

de Hollywood para darles a los

estadounidenses un respiro en una

carrera espacial que ellos, los yanquis,

venían perdiendo por goleada

a manos de los soviéticos.

“¿Qué hacemos con eso?”, se

preguntará el atento lector. Y la

respuesta es nada, literalmente

nada se puede hacer con la controversia

alrededor del real o supuesto

alunizaje estadounidense de 1969.

La verdadera utilidad de esa controversia

para los fines aquí propuestos,

que son los de entender la

superioridad cualitativa de la narrativa

sobre los hechos concretos,

es la de comprender también que

Nietzsche tenía la razón al ubicar

la interpretación de los hechos en

un lugar prioritario respecto a los

hechos en sí mismos, o el poder de

transformación de la realidad de

59 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


La imagen de la victoria de la Unión Soviética sobre los Estados Unidos en la semifinal olímpica del basquetbol de 1988, en Seúl. Además de

derrotar a los yanquis en el deporte estadounidense por antonomasia, los soviéticos arrasaron con el medallero de los Juegos Olímpicos de

aquel año, demostrando una salud que su sistema político ya no tenía: la URSS habría de desintegrarse antes del nuevo ciclo olímpico y ya

llegaría representada por un nombre de fantasía provisorio a Barcelona en 1992.

la primera sin cuidado de la autenticidad

de los últimos. Realmente

importa poco si el alunizaje de

1969 fue real o si se lo escenificó

para las cámaras en un estudio de

Hollywood, lo importante es el impacto

que significó eso en la cultura

de la humanidad como un todo y,

en consecuencia, en la política de

época hasta los días de hoy.

Es así cómo vamos acercándonos

a la respuesta para el interrogante

que nos ocupa desde el comienzo

de este texto y es el siguiente: ¿Por

qué la inversión en publicidad y en

comunicación de un modo general

es muy superior a la que se hace en

la producción del hecho que luego

se quiere comunicar? No trasciende

ni podría trascender hasta tomar

estado público, pero Elon Musk invierte

mucho menos en el proyecto

SpaceX que en “ensobrar” a dueños

de medios de comunicación,

periodistas y opinólogos en todo el

mundo para que estos digan que

SpaceX es la expresión del futuro de

la humanidad. Entendámonos bien:

desde el punto de vista de Elon

Musk es absolutamente irrelevante

el éxito de la ciencia en el proyecto,

no hay nada allí para él. Lo único

que le interesa es instalar en la opinión

pública la idea de que SpaceX

es eso mismo, es el avance científico

y tecnológico de este tiempo y,

en ese sentido, Elon Musk procede

calcando tanto a estadounidenses

como a soviéticos en lo que respecta

a los fines. Acá se trata de ganar

una guerra y la lucha no es en el espacio,

el espacio es una entelequia.

La lucha es aquí nomás.

De vuelta a los años de la Guerra

Fría, es fácil hoy observar que la

meta de los Estados Unidos y de

la Unión Soviética con su carrera

espacial se redujo siempre a incrementar

su poder en la Tierra, no en

la Luna y mucho menos en Marte,

que es donde dice querer llegar el

señor Musk con su revival de los

años 1950, 1960 y 1970. Más allá

de si se llega o no al espacio exte-

60 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


rior, a la Luna, a Marte o a cualquier

rincón de la galaxia, lo realmente

importante es la fe de los terrícolas

en eso. Así, pasamos de asociaciones

necesarias del pasado a asociaciones

necesarias del presente:

“¿Cómo no creer que el sistema

capitalista es superior al socialismo

soviético, si los Estados Unidos

pisaron la Luna?” sin escalas a

“¿Cómo no creer que las criptomonedas

promocionadas por Elon

Musk son el futuro de la economía

mundial, si ese mismo Elon Musk

es capaz de pisar en Marte con su

proyecto SpaceX?”. Todo es una

cuestión de fe que conduce a asociaciones

necesarias y la conquista,

por lo tanto, no es la conquista del

espacio: es la conquista de la fe.

Lo mismo ocurre con aquello que

ya se había propuesto anteriormente

como ejemplo en este texto, a

saberlo, la lucha a brazo partido

entre los Estados Unidos y la Unión

Soviética por el primer puesto en el

medallero olímpico. Es francamente

delirante imaginarse a un Richard

Nixon o a un Leonid Brézhnev sentados

frente a un televisor en la Casa

Blanca o en el Kremlin y haciendo

fuerza por un deportista por puro

amor al deporte. No hay nada de

eso, los grandes dirigentes políticos

no tienen tiempo para lo que

no mueve la aguja en la lucha por

el poder y su única pasión es esa

misma. La pelea entre estadounidenses

y soviéticos por las medallas

de oro, que fue la constante entre

los Juegos Olímpicos de Helsinki en

1952 y los de Barcelona en 1992 y

solo terminó porque la Unión Soviética

se desintegró, siempre fue otra

manera de demostrar la superioridad

de un proyecto político, de un

sistema, sobre el otro. Los laureles

son para los atletas y el poder, para

los poderosos.

Las asociaciones necesarias de la

época, impulsadas por una propaganda

intensa por parte de ambos

bandos, partían de la premisa de

que el deporte es un fuerte indicador

de desarrollo humano y concluían

en que una potencia olímpica

solo podía ser una potencia mundial

en todos los demás sentidos,

es decir, que en ese país laureado

con decenas de medallas olímpicas

de oro había un altísimo estándar

de vida y eso solo podía deberse al

triunfo del proyecto político subyacente

en todo lo que respecta a

la organización social. Puede ser

cierta o no la asociación, sus premisas

y conclusiones, es irrelevante

para el caso. Y aunque otra vez se

nos aparezca como pueril poner en

discusión la calidad de un proyecto

político según la performance de

atletas, nadadores, gimnastas y

demás deportistas olímpicos, la

verdad es que eso fue verdad —valga

la redundancia— entre los años

1950 y 1990 y vuelve a ser verdad

hoy con la retomada de la tradición

olímpica de la Unión Soviética por

parte de China. Por primera vez en

muchas ediciones, los Estados Unidos

fueron superados en cantidad

de medallas de oro y esa hazaña de

los chinos en los Juegos Olímpicos

De acuerdo con la narrativa disputada por los “conspiranoicos”, Neil Armstrong fue el primer

hombre en poner los pies sobre la Luna. Al hacerlo, Armstrong diría frente al mundo entero

que seguía la transmisión en directo del evento la siguiente frase: “Un pequeño paso para

el hombre, un gran salto para la humanidad” (“That’s one small step for man, one giant leap

for mankind”, en su inglés original). Allí los Estados Unidos “sociabilizaban” su hazaña y

convencían a la opinión pública de una manera fulminante.

61 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


de Beijing en 2008 fue presentada

por los propios chinos como un signo

de la superioridad de su proyecto

político.

Funciona

La fe en el socialismo de características

chinas, sucesora natural

a la fe en el socialismo soviético

del siglo XX. Nadie puede dudarlo,

todos los indicios de que eso es así

están a la vista en lo simbólico, en

lo que se utiliza para motorizar esa

fe y, a la vez, para dejar en evidencia

que todo es una eterna lucha por el

poder. La utilización de la ciencia,

de la tecnología, del deporte y del

hombre de un modo general para

producir discursos que son metadiscursos

cuyo objetivo central, finalmente,

es la incrementación del

poder de quien los hace. Ya sea en

el uso geopolítico del alunizaje por

parte de los Estados Unidos, en la

promesa de llegar a Marte que hace

Elon Musk o en las 55 medallas de

oro obtenidas por la Unión Soviética

en los Juegos Olímpicos de Seúl en

1988 —en esa edición el segundo

lugar del medallero quedó en manos

de otro país del bloque socialista,

la Alemania Oriental, quedando

el capitalismo de los Estados Unidos

reducido a un humillante tercer

puesto—, hay siempre mucho más

de propaganda en el discurso que

de recuento de la realidad fáctica. Y

eso es lo central de la cuestión.

Todo lo dicho hasta aquí, sin

embargo, no deja de ser una preparación

del terreno previa a la

siembra, fundamentalmente porque

el problema central de la manipulación

de la opinión pública mediante

la propaganda está en otra parte.

No está realmente del todo mal que

el hombre haga la asociación entre

capacidad tecnológica, potencia

olímpica o lo que fuere y éxito de un

proyecto político. Al fin y al cabo,

un modelo de organización social

es una cosa compleja, tiene múltiples

aspectos y es perfectamente

posible que el desarrollo humano

en términos de salud, educación

y cultura en una sociedad se refleje

en la capacidad de un país

para producir cohetes espaciales

o ganar medallas olímpicas, algo

de eso hay. El problema es cuando

la premisa inicial de la asociación

que se propone como verdadera es

falsa, es decir, cuando con un uso

intensivo de la propaganda se hace

creer, por ejemplo, que un sistema

político es bueno por haber pisado

la Luna, pero este último hecho no

es cierto, es un factoide comunicacional

y no un hecho.

En líneas generales, el problema

de la actualidad se asemeja mucho

al del alunizaje de 1969 en el caso

de que este no se haya producido,

Los soviéticos quisieron maravillar al mundo con el oso Misha en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, pero el horno no estaba para

bollos: los Estados Unidos y los países que le hacían entonces el seguidismo —Japón, Alemania, Canadá, Chile y Argentina entre ellos— boicotearon

esos Juegos. En respuesta a eso, todos los países del Pacto de Varsovia menos Rumania boicotearían los Juegos Olímpicos de Los

Ángeles cuatro años más tarde. Tiempos de guerra fría en todos los órdenes.

62 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


es una cuestión de movilizar la

sociedad alrededor de una simulación,

lo que en verdad sería trágico.

¿Qué pasaría si los postulados

científicos actuales estuvieran manipulados

por intereses económicos

con el objetivo de comunicar lo que

no es y beneficiarse alguien de las

consecuencias? El ejemplo del alunizaje

de 1969 —otra vez, en el caso

supuesto de que los rusos tengan la

razón y eso jamás haya tenido lugar

más que en un set de película— nos

ofrece la respuesta: no casualmente

a partir de los años 1970 los Estados

Unidos fueron consolidando

su superioridad, lanzaron el neoliberalismo

y sitiaron a la Unión

Soviética hasta desintegrarla, todo

con la venia de un mundo que había

quedado convencido por el éxito

rotundo de los yanquis en la carrera

espacial. ¿Y si no fuera así? ¿Y si el

alunizaje de 1969 fuera una puesta

en escena? ¿Cómo hacer las asociaciones

necesarias hasta concluir

que el socialismo soviético era cualitativamente

inferior al capitalismo

occidental?

Por eso la veracidad de los hechos

importa menos que su instalación

con valor de verdad. Sin importar si

el alunizaje fue real o no, el impacto

de su anuncio fue central para el

triunfo del proyecto político que lo

había logrado o simulado, es decir,

se produjeron modificaciones

sociales muy profundas a partir de

un hecho o una simulación, pero las

modificaciones sí que son reales.

La opinión pública a nivel mundial

quedó convencida, se consolidó una

tendencia hasta la formación de

una hegemonía global y este es el

mundo que tenemos hoy. Y todo lo

que tuvieron que hacer los estadounidenses

para lograrlo fue disponer

de los recursos necesarios, pagarles

a quienes forman la opinión de la

mayoría y sentarse a ver pasar el

féretro de su enemigo ideológico

La nadadora Kristin Otto, quien cosechó seis medallas de oro en los Juegos Olímpicos de

Seúl en 1988. Otto ganó todas las competencias en las que participó y así colaboró para

que su pequeño país socialista, la República Democrática Alemana (o Alemania Oriental),

terminara como escolta de la Unión Soviética en el medallero, relegando a los Estados

Unidos a un insólito y humillante tercer puesto. Este cénit del deporte en el socialismo, no

obstante, fue inmediatamente anterior al colapso político del bloque soviético en el Este.

por la puerta de la casa, lo que

ocurrió unos veinte años después de

la hazaña, pretendida o real, de la

nave Apolo 11.

Un nuevo proyecto político deberá

imponerse sobre las cenizas del

actual, pero ya llevando hasta sus

últimas consecuencias las pretensiones

de universalidad del capitalismo

occidental posterior a la Guerra

Fría. Lo que se quiere ahora es

un solo modelo para todo el mundo,

sin bloques regionales, cortinas de

hierro ni excepciones. Esa será una

profunda, muy profunda modificación

social y solo podrá tener lugar

a partir de un evento que movilice a

la sociedad a nivel global, formando

63 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


El encuentro del líder soviético Leonid Brézhnev y el presidente de los Estados Unidos

Richard Nixon en 1973. En posesión del diario del lunes, sabemos hoy que al momento de

tomarse esta imagen los días de Nixon y de la Unión Soviética como constitución política ya

estaban contados. Nixon renunciaría meses después en el escándalo de espionaje político

conocido como Watergate y la URSS transitaba ya un proceso de decadencia que habría de

culminar menos de veinte años después.

su opinión de un modo decisivo. Y

dicho evento, a su vez, podrá ser

real o simulado. Podrá ser una demostración

de fuerza por parte del

poder que pretende imponerse, una

amenaza irresistible, un virus que se

presente pandémico o lo que fuere,

realmente no importa la naturaleza

del evento. Lo único que importa es

comunicarlo con la potencia de la

verdad revelada, corrompiendo en

el proceso a los que forman la opinión

de las mayorías: periodistas,

intelectuales, científicos. Si todos

se ponen de acuerdo en que la Apolo

11 descendió sobre suelo lunar,

entonces quedará toda la humanidad

presa de la fascinación, nadie

se atreverá a cuestionar. Y si aún así

alguien se atreve, el problema del

disenso podrá resolverse sin escándalos

mediante la aplicación del

hiriente mote de “conspiranoico”, el

que será reproducido por aquellos a

quienes la fe fue conquistada hasta

acallar debidamente la voz disonante

por humillación.

Todavía hoy hay gente que se enoja

muchísimo cuando se encuentra

con la hipótesis de que el alunizaje

fue una farsa, una puesta en escena

hecha por los yanquis en un estudio

de televisión para reproducir un

hecho que no fue y para ganarles de

mano a los soviéticos. Hay gente de

a pie que reacciona violentamente

contra los “conspiranoicos negacionistas”

del alunizaje, como si fueran

ellos mismos, los de a pie, parte de

ese logro. Lo hacen propio, sienten

que participaron colectivamente del

proyecto de la NASA estadounidense,

esa es la fuerza de la cultura, es

la consecuencia de la penetración

profunda de una idea en esa cultura:

al presentar aquel alunizaje

como “un gran salto para la humanidad”,

en palabras textuales

de Neil Armstrong, la negación del

salto produce el rechazo de quienes

sienten que saltaron cuando Armstrong

saltó. Cuando una verdad es

revelada y están de acuerdo en ella

todos los que deben estarlo para

que sea hegemónica, el “conspiranoico

negacionista” es rápidamente

reprimido por sus pares y el poder

descansa tranquilo en la certeza de

haber delegado esa represión en

manos subalternas.

El atento lector puede irse a dormir

esta noche bien tranquilo, en la seguridad

de que es incapaz de saber

lo que pasa a una cuadra de su casa

de no mediar un tercero que le informe

acerca de lo que pasa allí, lisa y

llanamente porque el atento lector

allí no está. Y sin embargo hay verdades

que son certezas, aunque nadie

las haya visto jamás, es la forma

de cognoscibilidad que tenemos los

hombres. Es el famoso “San Martín

cruzó los Andes” (en camilla, a

caballo, a lomo de mula) de Bartolomé

Mitre, una proposición a todas

luces verdadera que, no obstante, a

Mitre nadie jamás le disputó. Mitre

allí no estuvo y el atento lector tampoco,

pero tenemos fe y ese es un

lugar cómodo, por lo menos hasta

que un Jan Hendrik Schön es descubierto

tras haber publicado casi una

veintena de artículos falsos en las

más prestigiosas revistas científicas

del mundo. El fraude de Schön no

suponía un beneficio para el poder

y finalmente Schön cayó, pero solo

después de sostener prácticamente

en soledad una farsa monumental

durante cuatro años y de estar a

punto de ganar el Premio Nobel de

Física.

Haga el atento lector las asociaciones

del caso, no es difícil ver de qué

se trata. La Apolo 11 ha alunizado

y los medios de comunicación de

todo el mundo solo hablan de eso

las 24 horas del día, con la potencia

de la verdad revelada. Y el mundo va

a cambiar en consecuencia y gracias

a la capacidad extraordinaria

de los conquistadores de la fe.

64 HEGEMONIA - MAYO DE 2021


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66 HEGEMONIA - MAYO DE 2021

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