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Comic de ARTURO PRAT ...Tomo 1

Este Comic nos muestra la vida de nuestro Héroe Arturo Prat Chacón desde su niñez hasta la gloriosa gesta heroica del 21 de Mayo en donde dio la vida por su Patria. "Investigación, texto e ilustraciones son ceración del historiador y profesor Christián Olivares S

Este Comic nos muestra la vida de nuestro Héroe Arturo Prat Chacón desde su niñez hasta la gloriosa gesta heroica del 21 de Mayo en donde dio la vida por su Patria.
"Investigación, texto e ilustraciones son ceración del historiador y profesor Christián Olivares S

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Investigación, texto e ilustraciones: historiador y profesor Christian Olivares S.

Proyecto acogido a la Ley de Donaciones Culturales

©2021, Christian Olivares Salas

©De esta edición:

2021, Fundación “Mar de Chile”

ISBN: 978-956-09365-1-6

Inscripción N°146.479 y N°156.180

Impreso en Quilicura Impresores, Santiago de Chile.

Ejemplar gratuito, prohibida su venta y reproducción total o parcial.

Todos los derechos reservados.


Con su masa de acero, el coloso

avanza implacable. Sólo los separa

el humo de las descargas, los gritos

de lucha de su tripulación y una

brisa marina que acaricia su frente.



El momento ha llegado.

¿Qué es el deber? ... ¿qué es la tradición? ... ¿qué es hacer lo correcto?

Toda su vida ha sido un continuo enfrentar con fe las

adversidades que el destino le ha deparado.


La metralla del blindado surca el

espacio y sus zumbidos de muerte

y dolor se cruzan frente a él.

Tiene el revólver en su cinturón y

su espada se encuentra como unida

naturalmente a su mano empuñada,

firme y desafiante.

¿Qué diría mi madre si me viera?


Sus ojos son

lo primero que

se me viene a la

mente cuando

recuerdo mi

niñez.

Arturo Prat nació el 3 de abril de 1848, cuando

ella, junto a su querido viejo, ya casi cumplían

más de una década viviendo en San Agustín de

Puñual, la hacienda de su tío Andrés Chacón.

¡Alégrese, misia

Charito! ¡Es un

hombrecito!

Cuando la matrona le golpeó

dijeron que no lloró.

¡Por Dios, misia

Rosario, su hijo

salió mudo!

Pero al segundo golpe, su

voz se oyó fuerte...


Sus padres, Agustín Prat Barril y Rosario Chacón y Barrios,

habían enfrentado, desde los inicios de su matrimonio, la

desigual contienda que la adversidad les tenía preparada.

Así, se sobrepusieron al incendio que destruyó, a las dos

semanas de casados, el negocio que don Agustín poseía

en la Plaza de Armas, quedando solamente con lo puesto.

De esa manera, optaron por el abrigo que les

ofrecía la hacienda del cuñado Andrés en los

faldeos del cerro Coiquén: San Agustín de Puñual...

La calamidad no los quiso

abandonar, acompañándolos

hasta el sur. Allí vieron nacer y

morir, antes de cumplir un año, a

sus tres primeros hijos...

Por eso, cuando al

nacer el pequeño

Arturo vieron su débil

contextura, por sus

mentes se cruzó el

recuerdo de la suerte

de sus primeros hijos;

mas doña Rosario

estaba decidida a verle

crecer fuerte y sano.

Espero que sea un

sufrido y se haga

un valiente.


Así, sus padres

le cuidaron

solícitamente

ese invierno de

1848.

De manera que sólo en los

primeros días de marzo de 1849

fue bautizado, en la parroquia

de Ninhue, por el párroco

Bartolomé Venegas.

Agustín Arturo

Prat Chacón.

Pero los obstáculos continuaron golpeando

a la familia Prat Chacón. El padre comenzó a

sufrir repentinos ataques de parálisis, que

afectaron su salud, y ese mismo año su cuñado

Andrés, agobiado por graves problemas

económicos, debió vender la hacienda.

Las dos familias debieron

abandonar San Agustín, viajando

a Talcahuano para embarcarse

luego hacia Valparaíso.


Mientras don Agustín descansaba en el camarote

del velero, doña Rosario subió a cubierta con

el hijo. Allí, Arturo Prat tuvo su primer

contacto con el océano.

Sonreía al recibir las pequeñas

gotas de mar, producidas por

el choque del suave oleaje

contra el casco de la nave.

¿Te gusta,

Arturo?

Es el océano.

Grande y sereno, como

ahora. Pero a veces puede

enfurecerse.

Es como la vida, hijo mío.

Puede llegar a ser un desafío

gigantesco, pero con fe uno lo

puede llegar a sortear y salir

airoso. Es algo que debes llegar a

asimilar y aprender

en tu vida.

Rosario Chacón había tomado

su decisión. Pondría sobre sus

hombros, de ahí en adelante,

la pesada carga de dirigir a su

familia. El sentido del deber

estaba arraigado en sus raíces

valóricas, y para ello contaba

con una sobriedad espartana

inigualable y una fe en Dios a

toda prueba.


La familia halló amparo en la chacra

santiaguina del abuelo de Arturo,

don Pedro Chacón, quien los recibió

con los brazos abiertos.

su padre se restableció un poco. Y a Arturo su

madre no dejó ni un día de administrarle el

llamado “método Priessnitz”, también llamado

“hidropatía” o “sudores hidropáticos”, que eran

masajes diarios con agua helada.

Contra todo lo previsto, su salud se afirmó, contribuyendo

notoriamente a ello la gran libertad y el contacto con la

naturaleza, lo cual potenció su desarrollo físico y espiritual.

¡Cabro chico vivo!

Al mismo tiempo, durante esos

cinco años la familia continuó

creciendo con la llegada de

más hermanos para Arturo.


Un nuevo ataque de

parálisis afectó a don

Agustín, postrándolo en

una silla, pero eso nunca

fue impedimento para que

fuera un hombre bueno y

cariñoso con sus hijos.

Papá, ¿qué

es eso?

Son nubes,

Arturo.

¿Y eso de allá?

Es la Luna, que ya

está saliendo.

El buen hombre nunca

demostró la más mínima

molestia.Incluso

denotaba una alegría

inmensa por estar

compartiendo, aunque

fuera sólo un poco, con

los suyos.

Debido a la enfermedad del

padre de Arturo Prat, su madre

buscó trabajo, convirtiéndose

en preceptora. De esta forma,

ganó algo de dinero y a la vez

se ocupó de los primeros pasos

de la educación de su hijo.

Tiempo después, en 1854,

don Pedro Chacón debió

vender la chacra a la Casa

de los Expósitos. Así, hubo

un nuevo cambio de

domicilio, trasladándose a

una modesta vivienda en la

calle Nueva San Diego (hoy

Arturo Prat), en el centro

de Santiago.


Prat inició su vida escolar el 1 de

junio de 1856, a la edad de 8 años,

en la escuela de la Campana, dirigida

por don José Bernardo Suárez.

Allí comenzó a “cumplir su deber”,

realizando las tareas que el

profesor entregaba y dedicando

mucho tiempo al estudio.

Dentro de sus

compañeros se

encontraría uno

de los ingenieros

de la “Esmeralda”,

Vicente Mutilla,

futuro camarada

de una mañana de

Iquique...

Hola,

Arturo.

Pero, al mismo tiempo, tuvo

algunos “encontrones” con

niños mayores.

¡Ja, ja! ¡Allá

va el mateo

Prat!

¡Mañana te

daremos un buen

“capote”!

¡Te estaremos

esperando!

Abusadores.


Al día siguiente, Prat

fue donde un

almacenero vecino.

Gracias, don

Ignacio.

Bueno, cabrito. Te

voy a prestar este

cuchillo para cortar

azúcar. Me lo traes a la

tarde sin falta.

Entonces, al

llegar a la

escuela...

Ya, Prat, no

te puedes

arrancar.

¡Sí, “mateíto”,

enséñanos a

pelear!

¡Ja, ja!

¿Quieren

aprender?

¡AAH, Prat tiene

un machete!

¡Mamáaaa!

¡Huyamos!


Los agresores rápidamente

regresaron acompañados por

el Director de la escuela...

Mire, señor. Ese

es el machete.

¿Cómo es

posible esto,

señor Prat?

Fue sólo para

asustarlos,

señor.

Ellos me amenazaron

ayer con palos y hoy

me iban a pegar entre

los tres.

¡Ah! ¡ Así fue

la cosa entonces!

Bien. Ustedes

tendrán su castigo

por cobardes.

Y usted, señor Prat,

por su arrojo.

Vuelvan a clases.

Arturo Prat continuó con su desarrollo

normal en la escuela como todo niño, jugando,

aprendiendo, estudiando y compartiendo.


La vida familiar del clan de don Pedro

Chacón era muy activa, desarrollando

todas las semanas entretenidas reuniones

y tertulias, donde Arturo Prat pudo

conocer a distintos parientes.


Entre éstos destacaba don Jacinto Chacón,

hermano de la madre de Arturo Prat, personaje

que tenía una atrayente personalidad.

Se había casado con doña

Rosario Orrego, viuda de don

Juan José Uribe, con quien

había tenido un hijo, Luis Uribe.

Era maestro de

oratoria sagrada,

literatura e historia,

a lo que sumaba su

afición a la poesía, la

teología y el derecho

público, satisfaciendo

sus dotes de escritor

e intelectual.

Hola Lucho.

Hola Arturo.

¿Vamos a comernos los

pasteles?

Con la enfermedad de don Agustín

avanzando, doña Rosario buscó apoyo en su

hermano Jacinto, quien ejercería una

significativa influencia en los Prat Chacón.

Un nuevo ataque de parálisis

afectó otra vez al padre

de Arturo Prat. La situación

económica se hizo precaria

y doña Rosario, con serias

dificultades, debía velar por

sus cinco hijos.


Los esporádicos trabajos

como profesora sólo

alcanzan para reunir un

exiguo presupuesto familiar.

Su hermano Jacinto llegó,

como siempre, con una solución,

la que sería decisiva...

Arturo, existe la

posibilidad de que puedas

ingresar a la Escuela Naval como

cadete por la provincia de

Arauco, en una de las dos becas

por provincia que ha dado el

presidente Montt.

Así es, mi niño.

Luchito Uribe ha

decidido postular

también.

Están abiertas

las puertas, pequeño.

Pero debe ser una

decisión totalmente

tuya.

Y así fue. Arturo Prat envió su solicitud el 24 de junio

de 1858 y el 12 de agosto fue nombrado cadete naval.

El día 24 rindió sus exámenes de admisión, los que

fueron aprobados totalmente, ingresando el 28 de

agosto junto a Luis Uribe a la Escuela Naval, ambos

apadrinados por don Jacinto Chacón.

Tío Jacinto,

entonces yo

salto y la tomo.


Junto con los dos niños ingresaron también sus compañeros.

Ninguno de ellos podría imaginarse que en el futuro serían

recordados como el “Curso de los Héroes”. Entre otros,

figuraban Carlos Condell, Juan José Latorre, Constantino

Bannen, Jorge Montt, Wenceslao Frías, Guillermo Peña,

Carlos Moraga y Miguel Gaona.

El primer domingo de salida, Prat y

Uribe salieron con don Jacinto,

luciendo sus flamantes uniformes

náuticos por las calles de Valparaíso.

Aquí es,

muchachos.

Pasen...

adelante,

señores.

Aquí le traigo a

estos jóvenes cadetes, don

Matías. Su entrada a la

Escuela Naval amerita un

recuerdo.

Está todo

preparado ya,

don Jacinto.


Tomen posición,

por favor, y eviten

moverse demasiado.

Posición de

firme,

muchachos.

Durante su primer año en la Escuela Naval, Arturo

Prat sometió a prueba su estirpe sureña,

sobreponiéndose a la distracción, las dificultades

en las matemáticas, las pruebas físicas y a la

lejanía de su hogar.


Pero con sacrificio

y mucho tesón

venció toda clase

de obstáculos.

Paralelamente,

su contextura

débil y enfermiza

fue cambiando

hasta adquirir un

gran vigor.

En base a distintos sucesos,

como juegos y distracciones

(incluyendo algunas pequeñas

riñas con compañeros y

amigos), su personalidad se

fue desarrollando.

¡Condell, al encierro

por pegarle a Prat!

¡Prat! ¡Por pelear

con Condell, cuatro

horas de arresto!

¡ Ja,ja,ja!

Al finalizar 1859,

Arturo Prat recibe

una medalla de plata

por sus logros en los

estudios, seguido de

otras distinciones.


Ese mismo año comienza su aprendizaje

náutico, embarcado en el vapor

“Independencia” hacia Caldera y luego a

la costa de Arauco.

Durante el viaje, los

cadetes son instruidos en

emocionantes ejercicios de

vela y aparejo.

¡Esto es

espectacular,

cabros!

De vuelta en Valparaíso, los

cadetes recibieron, en enero

de 1860, una importante

noticia.

Señores cadetes, debo

informarles que a contar de

la próxima semana deberán

embarcarse en la corbeta

“Esmeralda”.


Era esta nave una bella corbeta de casco de madera

y aparejo de tres palos. Desplazaba 850 toneladas

y cuatro calderos producían 200 HP de sus máquinas,

lo que con su velamen le permitía alcanzar una

velocidad máxima de entre 7 y 8 millas por hora.

Había sido construida en los astilleros ingleses de Northfleet entre

diciembre de 1854 y septiembre de 1856. Su lema eran las palabras que

ocupó como santo y seña Cochrane y sus marinos en la captura de la

primera “Esmeralda”, en la bahía de El Callao en 1820: “Gloria y Victoria”.

Los cadetes abordaron entusiasmados

el orgullo de la Armada chilena,

siendo recibidos por el estricto

comandante José Anacleto Goñi.

Prat pudo pisar por primera

vez la toldilla de popa de

la capitana.

Arriba. Rápido,

señores.


Pronto comenzaron

los ejercicios de

artillería y marinería.

¡ Fuegooo! Embarque y desembarque,

simulacros de combate y

abordaje...

Los primeros viajes a bordo

de la “Esmeralda” son a

Quintero y, durante 1861,

a Talcahuano y Lota, como

también al Archipiélago de

Juan Fernández.

El 13 de julio de 1861, Prat egresa

de la Escuela Naval en calidad de

guardiamarina sin examinar.

Felicitaciones,

hijo mío.


El 1 de octubre, mientras la “Esmeralda” se

hallaba fondeada en Valparaíso, un pontón

francés, llamado “Infernal” y en cuyo interior

había importantes suministros de explosivos y

municiones, de improviso comenzó a arder.

¡Se quema el

“Infernal”!

¡Debemos sofocar ese

incendio! ¡Puede estallar

y causar problemas!

Varios botes fueron despachados

en su auxilio desde la “Esmeralda”.

Uno de ellos iba comandado por

el guardiamarina Arturo Prat, de

tan sólo trece años.

El pontón francés fue

abordado por Prat y los

marinos bajo su mando.

¡Rápido, debemos

apagar el fuego!


Después de más de dos horas el

incendio se hizo incontrolable, por

lo que los marinos chilenos tuvieron

que abandonar el “infernal”.

Esta cuestión no

se hunde nunca, mi

guardiamarina. Y está

lleno de pólvora.

Es cuestión

de tiempo,

marinero.

Se trató de echarlo a pique

desde una lancha a vapor

con un cañón de bote.

Repentinamente el “Infernal”,

haciendo honor a su nombre,

explosionó violentamente

frente al bote de Prat, lo cual

obligó a todos a arrojarse al

suelo para cubrirse.

El único que

se mantuvo de

pie había sido

Arturo Prat...

El buque, lentamente,

se fue sumergiendo en

las profundidades.


Luego de este incidente, la

“Esmeralda” zarpó rumbo a

Mejillones, en el norte de

Chile, para defender los

intereses de nuestros

connacionales frente a las

autoridades bolivianas de

Cobija.

Después de permanecer un

tiempo en el litoral

nortino, la capitana

regresó al sur en 1863,

pero cuando navegaba a la

altura de Totoralillo, en

medio de una densa niebla...

¡Rayos!...

¿Qué fue

eso, Prat?

Parece que

tocamos

fondo, Montt.

Así había acontecido. El choque de la corbeta

con las rocas produjo una avería considerable,

debiendo ser remolcada hasta Valparaíso.

Prat se reúne con sus compadres Juan

José Latorre, Luis Uribe y Jorge Montt.

Muchachos, ha

surgido la posibilidad de

zarpar hacia California, en

los Estados Unidos.

¿Pero

cómo?

Se está

pensando enviar la

“Esmeralda”a los astilleros

del río Sacramento, en San

Francisco, para que allí sea

reacondicionada.


Prat y Uribe tienen la ocasión

de reunirse con sus familias en

Valparaíso.

Estoy expectante.

Esto de viajar por el mundo

nos tiene a todos los que

formamos parte de la

tripulación realmente

ansiosos.

Entre los asistentes a la tertulia

estaba la joven Carmela

Carvajal. Ella era huérfana de

padre y madre y por esa razón

vivía junto a su hermano mayor,

José Jesús, quien se encontraba

casado con Concepción Chacón,

hermana de la

madre de

Arturo Prat.

La química y afinidad entre los

dos muchachos había hecho lo

suyo, surgiendo un idilio entre

Carmelita y Arturo.

Quizás el viaje

a Sacramento sea

más entretenido.

Las estaciones

que cubrimos en el norte

a veces resultan irritantes.

Incluso hay semanas de

ocio obligado.


De regreso los recibió Carlos

Condell con noticias...

¡Muchachos, les

tengo noticias!

¿Qué pasó?

El viaje a Sacramento

ha sido cancelado. El lugar

de las reparaciones fue

sustituido por el varadero

de Huito.

¡Chiloé!

Y yo que quería

aprender inglés.

La “Esmeralda” debió viajar

entonces a la costa oriental

de la Isla Grande de Chiloé,

al solitario Huito, donde fue

sometida a reparaciones por

varias semanas.

La tripulación tuvo que

soportar con tedio la soledad

de la región y las inclemencias

del tiempo.

Prat, incluso, confesaría a su

madre en una carta el “pecado de

haber llegado a leer novelas

románticas para matar el tiempo”.


Ya reparada, la corbeta chilena debió zarpar una

vez más hacia Mejillones, donde los problemas

entre chilenos y bolivianos no cesaban.

Durante estas estaciones, Prat se esforzaba en

poner al día su libro de memorias, descripciones

y planos de puertos, experiencias a bordo, etc.

Tengo que

estar bien preparado

para los próximos

exámenes de

Guardiamarina.

Y así, el 21 de julio de

1864, en Valparaíso...

De esta manera

finaliza mi exposición,

mi Comandante.

¡Excelente, señor Prat!

¡ Magníficamente

presentado!

¡Felicitaciones,

señor Prat! Su examen ha

sido aprobado con

mención especial de

competencia.

Gracias, mi

comandante

Williams.

Y es más,

solicitaré de

inmediato que usted

sea trasbordado a la

“Esmeralda”, bajo mi

mando.

Será un honor

seguir bajo sus

órdenes, mi

Comandante.


Más tarde...

¡Bravo!

Un brindis por

nuestros muchachos,

Arturo y Lucho, los

nuevos guardiamarinas de

la Armada de Chile.

Gracias, tío

Jacinto.

¡Bravo!

Muchas felicidades,

Arturo. Estoy muy

orgullosa de tí.

Ya sólo te

falta un buque

propio.

No, ya lo tengo. He

sido confirmado en mi

querida “Esmeralda”.

¡Salud por

nuestra

capitana!

Gracias,

Carmelita.


Mientras esto ocurría, la situación internacional

del Perú era sumamente delicada, debido a la

presencia de la flota de guerra de España en

sus costas. El país ibérico exigía al Perú reconocer

las deudas contraídas por el Virreinato y que

estaban impagas al declararse la independencia.

Al no acatar el Perú esa demanda, la

escuadra española ocupó las islas peruanas

de Chinchas, en abril de 1864.

El único país americano

que reaccionó ante este

hecho fue Chile.

Se organizó un Congreso Americano en Lima, para

tratar de atenuar las diferencias entre hispanos

y peruanos. La “Esmeralda” zarpó en septiembre,

llevando consigo una delegación encabezada por

don Manuel Montt.

Pero las conversaciones llevadas

a cabo no llegaron a buen

término, debido a problemas

internos del Perú.

Asumió el mando de la escuadra

española el almirante José

Manuel Pareja, quien recibió

orden de zarpar hacia Chile

para exigir disculpas públicas

por las manifestaciones

hostiles contra España.

El almirante Pareja era hijo del

general fallecido en Chile durante las

campañas de Independencia de la Patria

Vieja, y por esta razón mantenía un

resentimiento contra el pueblo chileno.


Se ordenó, entonces, a la corbeta “Esmeralda”

entrar al dique “Duprat”, reembarcar su

artillería y alistarse para zarpar.

Ten mucho cuidado,

Arturo, y compórtate

como siempre lo has

hecho.

Así lo haré, mamá.

Te tendré en mis

pensamientos.

El 17 de septiembre arribó

frente a Valparaíso la

poderosa escuadra española.

Desde la cubierta de la

“Esmeralda”, el comandante

Williams y su tripulación

observaron la llegada de las

naves españolas.

Señores, esa imponente

fragata de 46 cañones es la

“Villa de Madrid”, comandada

por el almirante Pareja.


De la “Villa de Madrid” se desprende un bote

llevando un ultimátum del almirante Pareja

a las autoridades chilenas, exigiendo saludar

al pabellón español con 21 cañonazos y

dar las satisfacciones correspondientes por

las ofensas a la Corona.

Señor

oficial, informe a los

chilenos que, de lo contrario,

quedarán rotas las relaciones

y las reclamaciones se harán

extensivas a una indemnización

de guerra.

Tan pronto como el gobierno chileno recibió

el ultimátum, dio instrucciones al comandante

Williams Rebolledo para zarpar hacia Chiloé.

Señor

Thomson, ordene a

los hombres alistarse para

zarpar junto con el

vapor “Maipú”.

A su orden, mi

Comandante.

A la medianoche del 18

de septiembre, la

“Esmeralda” y el “Maipú”

levaron anclas y se

pusieron en movimiento.

Frente a las naves chilenas,

la escuadra española.


Toda la tripulación chilena cubría con expectación

los puestos de zafarrancho de combate.

Lenta, pero resuelta

a todo, la corbeta

chilena pasó a

escasos cien metros

de la “Villa de

Madrid”, seguida del

vapor “Maipú”.

Es la corbeta

chilena “Esmeralda”,

señor Almirante.

Dejémosla

salir... Pronto la

volveremos a

ver.

Ya fuera de la bahía, las dos naves chilenas tomaron

rumbo a Chiloé. El vapor “Maipú” no era una nave de

guerra, siendo recientemente artillado, y la “Esmeralda”

había logrado montar sus 16 cañones, teniendo una

tripulación de 120 hombres, a lo que se agregaba que

hacía agua a razón de 3 a 4 pulgadas por hora.

Mas el pueblo chileno no estaba

dispuesto a ser humillado, y su

respuesta al ultimátum de Pareja

fue la declaración de guerra

inmediata. De esta manera Chile,

empujado por la opinión pública,

entraba en un conflicto necio, a

manera de Quijote, defendiendo

la honra del Perú.

Pareja reaccionó

rápidamente, iniciando

las hostilidades con el

bloqueo a todos los

puertos chilenos.

No tendrán entrada

ni salida de ninguna

naturaleza.


La pequeña flotilla chilena

arribó a Huito, donde

completó sus reparaciones.

Williams recibió instrucciones

para partir al Perú, tratando

de concertar una alianza y

efectuar un ataque sorpresivo

a la escuadra española.

Los chilenos llegaron al vecino país el 28 de octubre,

reuniéndose Williams con el almirante Lizardo

Montero, jefe de la escuadra peruana, pero...

Williams decidió regresar entonces, sin

esperar el desenlace de los problemas

internos peruanos.

Así es, comandante Williams.

A la oficialidad peruana no le interesa

operar con Chile contra los españoles,

mientras no se resuelvan los problemas

de gobernabilidad que afectan a

nuestra nación.

El jefe chileno

había decidido

atacar de

“guerrilla” a la

flota hispana.

Terminamos

combatiendo

solos, amigos.

Creo que los peruanos se

encuentran en una especie

de guerra civil y por eso

no nos pueden acompañar,

Latorre.

Quizás

debamos felicitarnos

de esta situación, pues sería más

crítico el estado en que nos

dejarían si se les hubiera ocurrido

esto a punto de entablar

combate.


En tanto el “Maipú” se dirigía hacia

Chiloé, la “Esmeralda” llegó a Lebu,

donde Williams recibió noticias

importantes...

Señores

oficiales, he recibido la

noticia de que el vapor “Matías Cousiño”

ha sido capturado y ahora, junto a la nave

española “Virgen de la Covadonga”, se

hallan sosteniendo el bloqueo de

Coquimbo.

Mi intención es atacar

esa división de la flota hispana,

recuperando al “Matías” y

capturando a la “Covadonga”.

El teniente Manuel Thomson recibió

Guardiamarina Prat,

el encargo de organizar una

usted ha sido asignado

división de abordaje.

para acompañarme en una

partida de abordaje.

A su orden,

mi Teniente.

Verifique que cada

hombre lleve un

puñal y un revólver.

Nuestro santo y

seña será...

“Patria-Chile”.


La corbeta chilena navegó hasta llegar frente

a Tongoy, donde supo que la fragata española

“Blanca” se había sumado al bloqueo. Luego de

esto prosiguió su viaje al sur, y en la mañana

del 25 de noviembre...

Se creyó reconocer a la

“Covadonga” y toda la tripulación

se llenó de entusiamo, preparándose

para el combate.

¡Huuuumooooo

al suur!

Pero, al acercarse, se dieron cuenta que se

trataba del vapor chileno “Fósforo”...

¡Solemne chasco!...

es el “Fósforo”.

A la distancia

era parecido.

Mas la “Esmeralda” continuó su

proyectada cacería, y en la

mañana del 26 de noviembre de

1865, a la altura de Papudo...

¡Humo a

proaaa!


¡Esta vez sí

es la “Covadonga”, señores! ¡Teniente

Thomson, toque de zafarrancho de

combate!

¡A su

orden!

Tratando de evitar una fuga

precipitada de la nave

hispana, Williams ordenó izar

el pabellón inglés.

La “Covadonga” cayó en el engaño,

deteniendo su andar. No obstante, cubrió sus

puestos de combate. La “Esmeralda” continuó

acercándose hasta llegar a una distancia

conveniente.

Los cañones, dirigidos por los

guardiamarinas Prat, Latorre, Condell

y Montt, retumbaron frente a Papudo.

Entonces, Williams

ordenó izar el

pabellón chileno y...

¡Baterías de

estribor...

FUEGOOOO!


La “Covadonga” respondió, pero la puntería de los

guardiamarinas chilenos causó serios destrozos en la

arboladura y casco de la goleta española.

Un certero disparo cayó justo en el

centro del personal que servía el

cañón de proa de la nave hispana.

¡ Bravo,

muchachos!

¡Inutilizamos su

cañón de proa!

Los españoles intentaron escapar, pero

la distancia con la “Esmeralda” era muy

corta y, viendo inminente el desastre,

abrieron sus válvulas, al mismo tiempo

que arriaban su bandera.

¡Prepararse para

el abordaje!

¡Preparados, mi

Teniente!


Concluía el combate naval de Papudo

y se reunían, por primera vez, las dos

naves que en un futuro darían gloria

y orgullo a Chile.


Rápidamente, el grupo de abordaje

chileno, con Thomson y Prat a la cabeza,

saltaron sobre la cubierta enemiga.

¡Hyatt, revise las

válvulas de fondo por

si las han abierto para

hundir la nave!

¡ Allá voy,

mi Teniente!

La “Covadonga” ya tenía 4 pies de agua en la

bodega. El ingeniero Hyatt y sus hombres

actuaron de inmediato, deteniendo la inundación.

¡Ya, aquí están

las válvulas!

La tripulación española fue

trasbordada a la corbeta

chilena y Thomson asumió el

mando de la nueva nave de la

armada chilena.

Prat, ice

nuestra

bandera.

¡A su orden,

mi Teniente!


La “Esmeralda”, seguida por la

“Covadonga” y el “Maipú”, zarpó con

rumbo sur. Al llegar a Ancud, Arturo

Prat escribió a su madre, dejando un

vivo testimonio de sus sentimientos y

de los de sus compañeros de armas:

“ Hoy la senda de la gloria se nos

presenta a la vista, nadie vacila en

seguirla, todos la deseamos, pues en

Chile no es conocida la cobardía y en

nuestros buques se la desprecia”.


La victoria chilena de Papudo trajo consigo

muchas consecuencias importantes: el almirante

Pareja no soportó la derrota y se suicidó,

asumiendo el mando hispano Casto Méndez Núñez,

mientras el Perú declaró la guerra a España y

ordenó el zarpe de su escuadra hacia el sur para

unirse a la chilena.

La figura del comandante Juan

Williams Rebolledo fue elevada a

nivel de héroe. Todos los

participantes del combate fueron

ascendidos y recibieron una medalla

al honor obsequiada por Bolivia. El

ahora teniente Arturo Prat era

trasbordado a la “Covadonga”,

bajo las órdenes de Manuel

Thomson.


Por fin se reunieron las naves chilenas y peruanas en el estuario de

Challahué, estacionándose entre el continente y la isla de Abtao.

Para su infortunio, la nave peruana “Amazonas” encalló, perdiéndose

totalmente al igual que el vapor “Lautaro”, que luego del estallido

de su caldera quedó totalmente inmovilizado.

Williams Rebolledo se

reunió con los jefes

peruanos, entre los que

se encontraba el capitán

Miguel Grau.

Señores, partiré

con la “Esmeralda” hacia

Ancud en busca del

carbón y los pertrechos

que vuestras naves

necesitan.

De esta manera,

usted queda al mando de

la división estacionada en

Abtao, comandante

Manuel del Villar.

El día 5 de febrero de

1866 la”Esmeralda”

zarpaba, dejando a la

flota chileno-peruana.

Ésta estaba conformada por las naves peruanas

“Unión”, “América” y “Apurimac”, más la goleta

chilena “Covadonga”, encontrándose bajo el

mando de Manuel Thomson y entre cuyos

oficiales estaba el joven Arturo Prat.


Pero mientras Williams

emprendía su viaje, la

escuadra española buscaba

venganza de la derrota

de la “Covadonga”,

merodeando por los mares

del sur de Chile tratando

de encontrar el

apostadero aliado.

Así, al amanecer del día 7, las poderosas

fragatas hispanas “Villa de Madrid” y “Blanca”

se presentaron frente al apostadero de

Abtao.

La flota chileno-peruana se formó en una sola

línea de fila cerrada, dominando las dos bocas

formadas por la punta norte de la isla de Abtao

y el continente.

¡Es el

enemigo! ¡Todos

a sus puestos de

combate!

La “Blanca” se asomó por la boca

del puerto, siendo recibida por una

descarga cerrada de artillería...

Había comenzado el combate

de Abtao. Las naves rivales se

enfrascaron en un cañoneo

sin descanso por más de dos

horas.


La fragata hispana

“Blanca” fue afectada

por un tiro bajo la línea

de flotación, viéndose

obligada a refugiarse

tras un islote.

¡Se han varado!

¡Vamos! ¡Proa hacia

la “Blanca”!

Con una audacia sin límites, Thomson

lanzó a la “Covadonga” rumbo a la nave

española con la idea de cañonearla.

Mas la nave española, aún

operativa, recibió con una

granizada de proyectiles a

la pequeña nave chilena.

La tripulación, sorprendida,

se arrojó sobre cubierta

mientras los disparos pasaban

sobre sus cabezas...


Thomson se disponía a reprochar la actitud de sus hombres,

cuando observó que uno solo se había mantenido en pie.

Era el teniente Prat,

quien conservaba la

mayor tranquilidad.

La “Covadonga” se mantuvo por casi 10 minutos

enfrentándose a las dos naves españolas...

un cañón contra noventa y seis...

Luego de más de 1.500 cañonazos

entre ambos contendientes sin

resultados positivos, las fragatas

hispanas se retiraron.



Continuará


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