San Lorenzo Cuenta

marceloquispeortega





[ 2 ]

San Lorenzo cuenta / selección y edición por Pamela Delgado y Augusto

Luna ; presentación por René Valdez Soruco y Ramiro Miranda Armella –

San Lorenzo: Subgobernación de San Lorenzo, 2018.

1. Bolivia – Tradición Oral – Recopilación de historias de tradición oral.

Pamela Delgado y Augusto Luna, prólogo, selección y edición.

1ª edición, Tarija: “San Lorenzo, Cuenta”, 2018

Arte en tapa: Mayra Villa Villa

Ilustraciones interiores: Sadid Arancibia

Diseño de portada: Sadid Arancibia y Augusto Luna

Gestión editorial: Pamela Delgado – Augusto Luna

Diseño Editorial: detrabajosydias.wordpress.com

Diseño y Diagramación: Iván Fuentes Q. – Juan Pablo Orellana F.

Derechos de la presente edición, noviembre 2018:

“Los Caminantes” / Pamela Delgado, Augusto Luna

Los derechos morales de las obras contenidas en el presente libro pertenecen

a los autores.

Nº de Depósito Legal: 9-1-3188-18

Primera Edición: Noviembre de 2018

1.000 ejemplares

Imprenta: Corpografika LTDA

Impreso en Bolivia

Este libro se publica bajo la licencia de Creative Commons:

Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-NC-SA 4.0)

Esta licencia permite a otros crear y distribuir obras derivadas a partir de

la presente obra de modo no comercial, siempre y cuando se atribuya la

autoría y fuente de manera adecuada, y se licencien las nuevas creaciones,

bajo las mismas condiciones.


[ 3 ]

Este libro fue realizado en el marco del Proyecto “San Lorenzo, cuenta”

ejecutado por “Los Caminantes”, ue fue apoyado por el Fondo Cultural

de la Embajada Suiza en Bolivia, administrado por Solidar Suiza.

PROYECTO “SAN LORENO, CENTA”

Responsable: Pamela Delgado Fernández

Comunicación: Augusto Luna

Subgobernación de San Lorenzo: René Valdez Soruco

Coordinación Subgobernación de San Lorenzo: Ramiro Miranda Armella

Dirección Distrital de Educación de San Lorenzo: Sandro Donaire Soruco

Investigación Participativa: “Recopilación De istorias De Tradición Oral”

Profesores a cargo de la investigación y guía en aula:

Alcides Espinoza Arroyo

Carlos Alberto Cruz Sánchez

Carmen Rosa Aban

Cintia Yohana Cardozo uerrero

Claudia Cecilia Quiones Ríos

Deimar Ayarde Cardozo

Edith Miranda onzales

Edith Mariela Sánchez

Eleanne Flores Flores

Elva Arenas Ibáez

Flavio Cazón Miranda

eidy iovana Perales Valdez

Janeth Lorena utiérrez Orosco

Dirección Distrital de Educación de San Lorenzo

Lesby Sonia Jaramillo utierrez

Liliana Benítez

Limberg Yussef Velázuez Villa

Luis enry Duran Cárdenas

Marcelina Castillo Cari

Mery Luz Villa López

Nils Orlando Alarcón Soliz

Oswaldo ira Paredes

Patricia Lorena Acosta Lopez

Roana Tarifa Yebara

ilson Ronald Aazgo Rueda

Yolanda Aban Jaramillo

nidades Educativas del Nivel Secundario participantes:

1 de Abril Eruis Norte

Angel Calabi Pazzonlini 2

Carachimayo

Jarcas

Juan Misael Saracho de Coimata

Julio Sucre

Leon Cancha

Luis Carrasco Salinas

Prof. Osvaldo alvez

Rancho Norte

Sella Méndez

Simon Bolivar de la Victoria

Tomatas randes


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[ 5 ]

Índice

PRESENTACIÓN 9

PRÓLOGO 13

I. RETRATOS 1

AA ROBADA

1

LO QE YO ICE POR MI QERIDA ROSARIO 20

RECERDOS DE N TROPERO 23

DON SALSTRIANO RI 24

DON TOMS CARO

2

ISTORIA DE MI BISABELO

2

LA CREACIN DE LA COMNIDAD DE TOMATITAS 28

LA ISTORIA DEL RO CIQITO 30

ISTORIA DE SAN PEDRO DE LAS PEAS 30

LA ILESIA (DE CAMARN) 33

NOCE OSCRA

3

II. CUENTOS FOLKLÓRICOS 39

PEDRO RDIMAL Y EL DIABLO 39

EL SONSO Y LOS BELOS 41

EL CRA 43

EL ROTO QE ENA AL DIABLO 44

LOS TRES ENAMORADOS DE LA TERTA CECILIA 4

EL CIQILN Y EL REY

4

LA ISTORIA DEL PERRO Y EL OMBRE 49

LOS ERMANOS Y EL DIABLO 49

EL PASTOR Y LA VIREN

4

EL MS ALL

LA FLOR DE LIROLAY


[ 6 ]

CARRETERA FANTASMA

EL ERMANO RICO Y EL ERMANO POBRE

EL OMBRE TONTITO

LA BRJA

LA BRJA Y S CAJA MAICA

LOS DOS AMIOS

LA LEYENDA DEL ROSQETE

0

1

2

3

8

III. LEYENDAS

1

EL ALMA PERDIDA

1

EL BEB EN LA QEBRADA

3

LA ALMITA DE LA CESTA DE SAMA

LA CASA MOCA

LA ISTORIA DE PEDRO

8

ALMA PERTRBADORA

9

EL CAMIONERO Y MARA 81

EL CIDADOR DEL CEMENTERIO 81

EL DA DE TODOS SANTOS 82

EL MOLLE DESCANSADERO 88

EL SEOR NOCERO Y EL CABALLERO EN

EL CABALLO BLANCO 90

EL SSTO QE ME DIO NA LECCIN 92

N ESPRIT TRANSFORMADO 93

EL JOVEN DE PATAS DE ALLO

9

EL ORRO Y LA MJER

9

LA CESTA DEL DIABLO

9

LA POA ASSTADERA 99

MIEDO EN LA QEBRADA 100

CALLE “LA ECICERA” 102

LA MJER BRJA DE LA COMNIDAD 103

LAS BRJAS

10

EL CONDENADO (I)

10


[ 7 ]

EL CONDENADO (II) 108

EL CONDENADO (III) 110

EL CONDENADO (IV) 113

EL LLANTO DEL ORRO

11

LOCRA EN LA NOCE 118

DON JAN DEL DIABLO 120

EL CABALLO DEL DIABLO 122

EL OMBRE QE NO QIO CASARSE 123

EL MOLINO DEL DIABLO

12

LA APARICIN DEL DIABLO 129

LA MALDICIN 130

MI DIOS ME SALV DEL DIABLO

13

NA NOCE TENEBROSA 138

EL MALINO DEL RO CICO 141

EL BEB QE SE CONVIRTI EN DENDE 143

EL DENDE DE LA ACEQIA 144

EL DENDE DEL CAAL

14

LA CASA MOCA

14

LA QEBRADA DEL DENDE 148

LA FLOR DEL DIABLO Y EL PATRONO FLORESTAL 10

LA LEYENDA DE LAS QIRSILLAS

11

EL CERRO SIPI (I)

13

EL CERRO SIPI (II)

1

EL CRANDERO

1

EL OMBRE CON CARA DE BRRO

18

LA APARICIN DE N PEBLO

19

LA CABAA POSEDA

10

LA SALAMANCA (I)

11

LA SALAMANCA (II)

12

LAS POSAS VERDES DE SALAMANCAS

14

EL PENTE DEL RO CALAMA

1

LA SIRENA (I)

19


[ 8 ]

LA SIRENA (II)

10

LA SIRENA DEL CAMINO VIEJO

13

LA SIRENA DEL ADALQIVIR

14

LA SIRENA QE LE APARECA A N OMBRE

EN NA REPRESA

1

EL TAPA

18

EL TORO DE ORO 182

LA VIDA NERA (I) 183

LA VIDA NERA (II) 184

IV. FÁBULAS

18

EL CNDOR Y EL ORRO (I)

18

EL CARCANCO Y EL ORRO (I) 188

EL CNDOR Y EL ORRO (II) 191

LA YTA Y EL ORRO 193

EL CNDOR ENAMORADO 194

EL ORRO Y LA PERDI

19

V. MITOS 199

EL JCMARI (I) 199

EL JCMARI (II) 201

EL JCMARI (III) 204

LA COQENA

20

EL SILBACO

20

EL SEOR POBRE Y LA COQENA 208

MEMORIAS 211

INSTANTÁNEAS 214


eencin

[ 9 ]

11

Con el proyecto “San Lorenzo Cuenta”, me tocó recorrer diversos

espacios educativos. Me fui compenetrando en lo ue

llegaría a ser el resultado de una recopilación de la tradición

oral del pueblo mendeo. Las actividades ue se han realizado

para conseguir estos logros, fueron hechas en conjunto por

uienes participaron de este magnífico proyecto: estudiantes

secundarios, profesores, adultos mayores y, nuestros huéspedes

de honor, Los Caminantes.

Tenemos en este libro, una sabiduría maravillosa. En estas

páginas, cobran vida las costumbres, la narrativa y sus modismos,

el modo de vida, el sentir y los valores de las comunidades

mendeas. Esto nos lleva a valorar las peueas y grandes

historias, y a sentir un cario muy especial por nuestra tierra

y sus costumbres.

El compromiso asumido con el proyecto “San Lorenzo Cuenta”,

nos entrega en recompensa, un teto cargado de historias

mendeas, ue darán vuelta al niverso. Ese es el mayor premio

ue tendrán, uienes pusieron su granito de arena en la creación

de este material.

Esta recopilación de historias de tradición oral, no sólo está

dirigida a los estudiantes, sino también a los profesores y al pblico

en general. Estos relatos, ue pueden disfrutar grandes y

chicos, son incluso una buena ecusa para crear un encuentro

familiar. Confío en ue este libro, pasará a ser un clásico en las

bibliotecas de muchas familias, y un buen material de estudio

en la educación formal.

Agradezco a cada uno de los colegios ue ha participado activamente,

despertando la memoria de nuestra gente. Nuestra

gratitud para los profesores de Lengua y Literatura, ue, con

la eperiencia ue tienen, brindaron su apoyo y guía en la recopilación

de historias; para la Dirección Distrital de San Loren-


12

[ 10 ]

zo y un agradecimiento especial a todas auellas personas ue

fueron artífices de esta obra: “San Lorenzo, Cuenta”

Siempre recuerdo que en la vida hay sueños por los que debemos

luchar. Uno de ellos, y de lo más importantes, es poner en valor y dar

vida, a nuestra tradición e identidad.

Dr. René Valdez Soruco

SUBGOBERNADOR DE SAN LORENZO


Desde los albores de la humanidad, pueblos y comarcas han

ido construyendo historias, cuentos y leyendas, ue fueron la

herencia transmitida de generación en generación, de abuelos

a hijos, de hijos a nietos. San Lorenzo no es la ecepción. Tenemos

mucho ue contar y así fue ue nació el proyecto “San

Lorenzo cuenta”, con el apoyo del Fondo Cultural de la Embajada

Suiza en Bolivia, la participación de la Subgobernación y de

los diferentes colegios del municipio, gestionado y producido

por “Los Caminantes”.

En estos meses de ardua labor cultural, se han abordado

diferentes temáticas a través de la recopilación de historias

locales: narradas por los adultos mayores de las comunidades

y recopilada por los jóvenes estudiantes secundarios.

Paralelamente, se impartieron talleres de formación artística,

para crear y actualizar historias referentes a la identidad de la

región.

Debemos resaltar la participación de nuestros adultos mayores,

uienes son los principales creadores de la narrativa de los

cuentos y leyendas. Auí tenemos el resultado: el Libro San

Lorenzo Cuenta, teto ue servirá y enriuecerá como aporte

intelectual para los investigadores etnógrafos.

Para la nidad de Desarrollo umano de la Subgobernación

de San Lorenzo, es un privilegio el haber apoyado esta iniciativa

de Los Caminantes, dúo de arte y gestión cultural.

Auí se narran las vivencias, tradiciones, costumbres e idiosincrasia

de nuestras comunidades. Con este libro estamos

aportando al desarrollo cultural de nuestra provincia. Los jóvenes

ue participaron en este proyecto, se enriuecieron con

el conocimiento de los mitos y leyendas de nuestros antepasados,

patrimonio cultural ue hoy ponemos a disposición de

todos ustedes.

[ 11 ]

13

Ing. Ramiro Miranda Armella

Jefe Unidad de Desarrollo Humano

SUBGOBERNACIÓN DE SAN LORENZO


[ 12 ]


[ 13 ]

15

Cada vez ue se cuenta una historia, no solo se abren las

ventanas de la imaginación, sino también las puertas del alma.

Los adultos, con nostalgia recuerdan, entre suspiros, todos

esos momentos de la niez cuando reunidos en torno al fuego,

o sentados en el poyito fuera de casa, bajo la sombrita del árbol,

el abuelo o la abuela contaba esa historia ue tan bien se sabía.

Esa ue no contaba solo con palabras, sino con el cuerpo, con

los ojos, con la eperiencia y con el alma entera.

Entonces, nuestro corazón se estremecía al escuchar esas palabras

de miedo o se tranuilizaba con auellas de esperanza.

Nos mirábamos entre todos, guardando ese instante de complicidad,

pidiendo ue se volviera a repetir, ueriendo siempre

una historia más... una nueva, repetida o inventada, no importaba:

solo queríamos unita más.

Contarse historias es un acto puro y sencillo. Al hacerlo, el

cuentacuentos no cuenta solo, sino ue hay mil voces ue hablan

a la vez: los hombres y mujeres ue con sus vidas, escribieron

la historia de la comunidad y sus fantasías.

De seguro ue escuchaste esa aparición de la Sirena a tu

abuelo y no le uisiste creer, o ese remedio casero ue te recomendó

tu abuela y no lo uisiste usar. Pero llegará el día en

el ue etraarás escuchar su voz, y si hablara de nuevo, le

prestarías más atención y le darías más de tu tiempo. Y vas a

hacer el junte de hiervas para el resfrío porue de alguna forma

tenemos ue recordarlos. na forma es con sus historias, ue

alguna vez nos contaron, y ue no olvidaremos jamás.

Al encontrarnos con estas historias estamos reviviendo las

reuniones ue fueron parte de nuestras vidas. En cada relato,

están presentes esos peueos hilos del alma ue tejen, entre

palabras, lazos imposibles de destruir. Depende de los jóvenes

y futuras generaciones continuarlas, para ue no se pierdan y

perduren para siempre en nuestro pueblo.


16

[ 14 ]

Este libro es una recopilación de historias mendeas: un homenaje

a todos los mayores de San Lorenzo, ue con sus relatos

mantienen viva la identidad del pueblo. Porue una historia

no solo contiene palabras, sino ue además posee eso ue

nadie nos puede uitar: la identidad y el amor. Y la felicidad del

encuentro.

Investigación Participativa: Recopilación de Historias

de Tradición Oral

Como parte del Proyecto “San Lorenzo, cuenta”, impulsado

por Los Caminantes, en cooperación con la Dirección Distrital

de Educación de San Lorenzo, se implementó en las 13 escuelas

secundarias del Municipio de San Lorenzo, una tarea (de

carácter individual) en el área de Comunicación y Lenguaje:

recopilar al menos una historia de tradición oral entrevistando

a un adulto mayor de aos. Como resultado, 81 alumnos

recopilaron 8 versiones de historias de tradición oral, todas

acompaadas por un cuestionario ue fue guía para la entrevista

realizada. En esta instancia, fue imprescindible la participación

y el compromiso de 2 profesores del área de Comunicación

y Lenguaje, ue diligentemente guiaron y supervisaron

la tarea. Para esto, previamente, el euipo coordinador diseó

un instructivo sobre Patrimonio Cultural Inmaterial y Tradición

Oral Narrativa, socializado con los profesores. Posteriormente,

y con un cuestionario comn, los alumnos hicieron lo

ue había ue hacer: conversar con los mayores.

El libro: selección de historias de tradición oral

Esta selección de historias se realizó en base a la recopilación

mencionada. emos intentado conservar en estas páginas, la

enorme variedad ue presenta la tradición oral mendea: encantos,

asustaderas, picardía, moralejas, mitos, etc. Asimismo,

nos hemos propuesto ue el presente libro, tenga una representatividad

geográfica y comunitaria. Así es ue todas las nidades

Educativas fueron representadas en la selección, independientemente

de la cantidad de alumnos ue la misma tuviera.

Así también, hay decenas de comunidades ue se representan

auí, con sus historias.


Clasificación

Aunue este asunto tiene mucha tela para cortar, hemos decidido

ordenar las historias bajo uno de los criterios posibles. Para

información del lector, damos las características ue contemplamos

para la segmentación por capítulos, del material:

e Auí se encuentran auellos relatos donde predomina

la historia de una persona o de un espacio, en sus eventos

históricos más destacables, y comprobados.

cen ic. Auí se encuentran los relatos ue no

aseguran ser sucesos de la realidad. Los personajes no son personas

ue conozcamos, ni sucede en lugares muy precisos. Son,

en general, producto de la imaginación e inventiva popular.

eend Auí se encuentran los relatos ue aseguran ser

sucesos de la realidad, y dan información precisa de los protagonistas

(generalmente personas conocidas por el ue relata).

Su carácter de leyenda, se afirma por contener seres o eventos

sobrenaturales, recurrentes e identificables en la tradición oral.

Auí están las historias en las ue los animales presentan

rasgos humanos: conversan con palabras, se ríen, se enamoran,

etc.

i Auí están los relatos ue tienen seres o eventos sobrenaturales,

pero no se precisan como hechos cercanos en la

historia. En estas historias, no se puede comprobar ue los

sucesos descriptos, hayan sucedido a alguien identificable en

la realidad.

La tradición oral, en palabras escritas

Auí se presentan escritas, historias ue no han sido creadas

para eso, sino para ser narradas oralmente. Por este motivo, las

versiones auí presentes, ni son las nicas, ni las “verdaderas” 1 .

Simplemente son un reflejo del enorme Patrimonio Cultural

[ 15 ]

17

1. Siendo el patrimonio cultural inmaterial, algo vivo y cambiante, las epresiones se presentan

de diferentes formas. No hay mejores ni peores, verdaderas ni falsas, simplemente son

diversas.


18

[ 16 ]

presente en las historias de tradición oral en el municipio de

San Lorenzo, Provincia Eustauio Méndez, Departamento de

Tarija, Bolivia.

emos intentado realizar esta transcripción, de lo oral a lo

escrito, de la mejor manera: conservando diversas formas de

epresión oral y modismos locales/regionales, palabras de origen

uechua, o creaciones lingísticas populares, características

de un idioma castellano criollo. Para facilitar la comprensión

del teto, están las aclaraciones al pie de página.

Presentamos al lector, unas gotas de lo mejor del imaginario

popular. De generación en generación, estas narraciones

fueron transmitiéndose de manera oral, al tiempo ue se enri-

uecieron con los dones creativos y espirituales de cada uién

haya contado la historia. Se presentan auí, entonces, apenas

algunas versiones de la infinitud de formas ue las historias

fueron tomando. Nada más vivo ue la tradición oral, y este

libro, no es más ue un probatorio de su eistencia.

Ojalá sirva este trabajo, para salvaguardar el patrimonio vivo,

incentivar a los jóvenes en la tradición oral, y movilizar las voluntades

políticas para que se declare la tradición oral narrativa aquí

presente, “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”.

LIC. PAMELA DELGADO

Narradora Oral

Gestora Cultural

AUGUSTO LUNA

Poeta y Cantor

Investigador Folklórico


I. RETRATOS

[ 17 ]

19

AA ROBADA

Avril Aldana

N

e una tarde como todas las tardes de mayo, clima

seco ventoso y polvoso, donde caminar por el campo significa

andar prendido de Saitilla y Cadillo: las flores de la

temporada.

Yo era una tropera del campo, no por elección sino por

jeraruía de edad, ya ue yo era la séptima de ocho hermanos,

cinco mujeres y tres hombres.

En mí recaía la custodia de las vacas, ovejas y chivos, lo

ue hacía con ayuda de mis dos perros “el diablo” y “corzuela”.

Salí como todos los días por la tarde con mis dos

custodios, un par de ojotas, un sombrero lapa, un bolso con

un cuaderno orejudo, un lápiz a medias, un borrador de papa

y un camote eraca 1 watiyau 2 (ue era mi avío, porue ese día

ya se habían acabado las galletas saltarinas, ue era tostado

de maíz morocho). Lista armada de guapeza me dirigía a la

playa donde corriendo apedriando y gritando dirigía a los

animales al campo con el amén en la boca si hacía dao.

Consiguiendo ue los animales se uedaran pastando, sacaba

mi cuaderno para hacer la tarea, ya ue sino seguro el

castigo en la escuela era tal vez pasar parada descalza sobre

1 rande

2 Cocido a las brazas


20


pepas de durazno o uién sabe.

Ya tardecito, oscureciendo, me disponía a volver pero los

labios secos y polvorientos pedían a gritos un trago de agua.

Corriendo al púgio sin antes echarle un ojo a los animales,

me arrodillé frente suyo y clavando la cabeza le di un gran

sorbo de agua pasando por el cuello con la garganta parada

como gallina me dispuse a dar otro sorbo más cuando en ese

momento una gran eplosión salpicando de agua y enturbeciendo

todo vi salir del agua un hombre pelado, caminando

hacia mí. Yo de rodillas tiritando y con el corazón por saltar

del pecho eché un grito y entonces ese gran hombre empezó

a sacudirse y me di cuenta de ue era mi perro “el diablo”

ue, jugando con “corzuela” cayó al agua frente mío y con

el pelaje pegado al cuerpo me dio la silueta de un hombre.

Tranuilizándome y, no sin antes gritar y putear al perro,

corrí por mis cosas a juntar los animales e irme a casa a descansar

y pintarme los ojos negros con el mechero mientras

hacía la tarea.

Más tarde ya acostada durmiendo cerca de la media noche

salté mirando de nuevo al hombre saliendo del pgio.

Sudando heladito toda la noche apenas cerraba los ojos la

imagen venía a mí. Así estuve como tres días hasta ue mi

madre me llevó a un curandero porue recién era viernes,

día de brujos, limpias y santiguadas.

Me llevó a Calama, Tarija Cancha Norte y San Pedro.

Pero nadie daba con mi mal. Así pasaron los días y semanas

y yo con los ojos hundidos y mal dormidos no encontraba

cura ni con llamadas, limpias y refregadas. asta ue un

día de esos llegó un tatita a cambiar sal, uinua y coime por

maíz y papas. Charlando con mi papá me miró y notó mi

dolencia y dijo “esa imillita 3 ta khisada 4 y grave”. Mi papá le

contó cómo me asustó el perro y él dijo “yo tengo la cura.

No la han curao porue su asustada es de perro y agua. Y los

[ 19 ]

21

3 Nia

4 Asustada, padeciendo asustadera


[ 20 ]

22

remedios ue le han dado eran o bien pa asustada de perro

o asustada de agua. Pero no las dos juntas”. Y entonces vino

hacia mí y me dijo al oído el remedio, pero ue yo no lo dijera

a nadie hasta ue me haya curado. Y así lo hice. En la noche

ya despertando de nuevo por el susto recordé el remedio del

tatita y me dirigí a la cocina, sin ue nadie me escuchara ni

sintiera, como una ladrona ocultada por la noche. Llegando

a la cocina agarré un mate, destapé el cántaro de agua del

pgio y sin pensar me tome siete tragos de agua y dando

un responso a María me fui a dormir. Desperté a la maana

siguiente llena de fuerzas y descansada porue dormí como

una inocente, se borró el susto y la asustada. Y les conté a

mis papás y hermanos ue me curó el remedio del tatita, ue

me dijo al oído un día antes: “hoy en la noche como ladrona

llega a la cocina y roba agua del cántaro, toma siete tragos

reza pa la Virgen María y sin ue nadie se dé cuenta, vete a

dormir y vas ver ue el remedio es el agua robada”.

LO QE YO ICE POR MI QERIDA

ROSARIO

Narrador Oral: Calixto Calizaya

Recopiladora: Fernanda Calizaya

Profesora: Edith Miranda

N

e 14 de noviembre, un día tan soleado, ue yo me

puse bajo la sombra de un lindo y coposo árbol. Yo la vi,

ella estaba tan bonita con un olor tan fragante pasó por

mi lado. En ese momento, me la uedé mirando cuando, a

lo lejos, la llamaron: “Rosario Vente hijita del alma, tu ta-


yta 5 esta enjermo Venite, venite”. Ella sin pensarlo, se perdió

corriendo por esa loma yo al verla tan triste y en apuros,

corrí detrás de ella. Cuando llegué a su casa, la vi tirada

abrazando a su tayta. No aguanté verla en ese llanto, se me

puso la piel de gallina y salí con la ojota en la mano.

Al otro día, lo velaron a su tayta. Como era de esperarse,

al día siguiente, a ella y a su mamá se la llevaron camino

pa otro pago. Me dejó ella un recuerdo en la mano: un lindo

pauelo blanco, bordado con la inicial de su nombre a

cada lado. Me abrazó y dio un beso en la frente diciéndome,

tristemente, ue ella siempre me había amado. Se me partió

el alma al escucharla al oído. Con llanto en los ojos me dijo:

“andá a buscarme y traeme a vivir con vos en tu rancho”.

A los ocho días, me había mandado una carta donde ella

me decía ue yo fuera a buscarla detrás de las tres montañas en

el pueblito que ahí estaba. Sin pensarlo dos veces, alisté mis

alforjas mi poncho, mi avío y emprendí mi largo viaje.

En el camino encontré a un hombre mal herido. Sus patrones

lo habían pegado. Yo, sin pensarlo, lo ayudé a llegar

a su rancho, donde muy amablemente me dieron posada. Al

otro día, muy de madrugada, agradecí al hombre y seguí mi

camino.

Después de varias semanas de caminata, llegué a ver a lo

lejos: una bella cascada. Corrí por un poco de agua ahí

vi a una mujer, tan bella, ue cantaba. Ella estaba en medio

de la posa, muy bien sentada, y de ahí me llamaba “disculpe,

muy bella dama, yo voy en busca de mi amada”. Ella

me miró tan enojada...Yo le pedí un pouito de agua, ella me

sonrió con mala gana, y me dijo: “si quieres, vos tomala”. Alcé

con mi cantimplora, pero casi ya no salgo de ahí

Después seguí mi camino. A la semana encontré a una

anciana Ella me llevó a su casa, donde me tuvo por varios

meses en los brazos de su hija. La moza, al verme tan triste,

me dijo: “mi mamá te hechizó, por eso no recuerdas a tu ue-

[ 21 ]

23

padre


[ 22 ]

24

rida Rosario. Andate bien de madrugada se me va a partir

el alma, pero buscá a tu amada”

Después de cuatro largos aos, yo había cambiado. Me

puse mas juerte y malo, de tanto ue yo la había llorado

Vino un joven y me dijo ue mi Rosario ya casi me había olvidado

y que dentro de cuatro días la iban a hacer casar. Con eso,

yo más me había enojado. Quise volverme y dejarlos pero yo

no creí ue ella me habría olvidado.

Llegué justo el día del casorio. Ella solo me había mirado

y yo, con llanto en los ojos y su pauelo en la mano, corrí

a sus brazos. Su madre, muy triste me había mirado: “tanto

es el amor que la tienes, que hasta aquí has llegado”. Al ver a

mi amada tan alarmada, le di el recuerdo ue ella me había

dado: su blanco pauelo bordado. Le dije despacito “yo

siempre te he amado” Ella, con eso, por fin me recordó

Con el otro nos peleamos y casi nos matamos, pero al

final me casé con mi Rosario. Con ella vivimos unos 0 hermosos

aos. Tuvimos tres hijos: el Santiago, el Calixto y el

Julio. Pero un tres de noviembre, Dios para su lado se la había

llevado.

Yo nunca he olvidado lo ue ella me encargó: que cuide

bien a los muchachos y que ella siempre me había amado.

Y cada tres de noviembre, me siento en la sombra de ese

lindo y coposo árbol, a contar a mis hijos y nietos

lo mucho ue yo la he amado

y todo lo ue yo he pasado por estar a su lado

de mi amada Rosario

yo siendo un pobre campesino mi historia he contado.


RECERDOS DE N TROPERO

[ 23 ]

25

Narrador oral: Vidal Ponce Ayarde

Recopiladora: Lisbeth Alison Vilca Ponce

Profesora: Edith Sánchez

N

dn Vidal cuenta su vida. Lo habían puesto a la escuela

cuando tenía 11 aos. Solo le hicieron estudiar dos aos

donde aprendió a leer y a escribir. A esta edad también lo

mandaban al cerro a cuidar las chivas y tenía ue bajar con

una carga de lea para cocinar. Le hacían comida de yuyos con

un poquito de manteca y algunas arvejas.

Cuenta ue algunas veces le pillaba la lluvia y la granizada

junto con las ovejas y las chivas, la cual hacía ue el

rebao se esparciera. Con la tormenta se mojaba la ropa, ue

era tan solo una camisa y un pantalón ue hacía su mama

de bolsas harineras. La ropa se volvía a secar en su propio

cuerpo.

A veces, el cóndor o el zorro le uitaban alguna oveja o

cordero. El castigo era seguro. Cuando al atardecer él bajaba

con los animales a la casa recibía una guasqueada , le

decían ue no las cuidaba bien.

La vecina también salía con sus ovejas y se sabían juntar

las ovejas y compartían la comida. Sabían encontrarse colmenas

con miel y sacaban las abejas y se partían la miel. A

los 13 aos su mamá lo empleó a uno de sus hermanos y se

crió como empleado hasta los 1 aos.

Cuenta ue le sacaban como a las 5 de la maana a pastear

los bueyes en los días de siembra. El patrón tenía yuntas

mansas pero a él le daban los novillos para ue aprendiera

a amansar. Algunos patrones le daban de comer, otros le

daban migas y le trataban mal.

Y cuando tenía 18 años, comenzó a ir a algunas fiestas siem-

olpiza


[ 24 ]

26

pre con su compañera que estaba con él y eran amigos con mucha

confianza hasta llegar a ser esposos.

DON SALSTRIANO RI

Narrador oral: Delio Isidro Tolaba Rivera

Recopiladora: Carla Andrea Cruz Velasquez

Profesor: Oswaldo Gira

N

e es la historia de Don Salustriano Ruiz. Era un

hombre ue ayudaba y se preocupaba por los pobres. Era

como su defensor y vivía en la provincia Méndez.

Su manera de ayudar a los pobres era muy especial: asaltaba,

robaba y mataba. En esos tiempos eistían terratenientes,

hombres adinerados con mucha riueza. Los lugares

ue Don Salustriano Ruiz atacaba eran: el trayecto de

San Lorenzo a los valles, Las tres aguadas y el Abra Negra.

Muchos temían pasar por ahí. Cuando la gente pasaba con

sus caballos y burros con carga, él los atacaba de sorpresa,

uitándoles el dinero, las alforjas de pan, el avío, la fruta y

papa ue traían de los valles. En caso de no uerer entregar

el dinero o sus pertenencias, él los mataba. Pero todo lo que

quitaba se lo daba a la gente pobre con el fin de ayudarlos.

Don Salustriano Ruiz era muy enemigo de Don onorio

Méndez. Ellos no se uerían, no se llevaban bien para nada.

onorio Méndez era un hombre adinerado, tenía tierras por

douier y molinos, todo por San Pedro de las Peas.

n día, Don Salustriano va a buscar a Don onorio

Méndez en Abra Negra ya ue sabía ue iba a salir del valle.

Lo encuentra y le sale al paso. abían caminado ese trecho

los dos a caballo conversando y molestándose ya ue ese

camino era muy angosto y solo pasaba un caballo. Don Salustriano

le dice a Don onorio ue pase él primero, pero


no uería. ste le dice al otro ue pase él, pero él tampoco

uería. Fue un momento en ue ambos insistían de igual.

asta ue Don onorio logró convencer a Don Salustriano

ue él pase primero. Fue de sorpresa ue Don onorio le da

un machetazo por la espalda a Don Salustriano y lo mata.

Carga el cuerpo en su caballo y se lo lleva a San Lorenzo.

Ahí se acaba la historia de Don Salustriano Ruiz, un

hombre temible y buscado por la justicia por asesinar y robar,

ue con lo robado ayudaba a la gente pobre. Sus enemigos

eran todos los ricos y adinerados de la región, como

Don onorio Méndez.

[ 25 ]

27

DON TOMS CARO

Narradora oral: María Caro Amador

Recopiladora: Mishel Alison Alarcón Rosales

Profesora: Edith Sánchez

N

dn Tomás Caro era un médico casero y también era

partero. Vivía en la Loma de Tomatitas. Todos los vecinos

acudían a su casa para ser atendidos: algunos por lastimaduras,

otros por asustaduras y otras mujeres iban para ser

ayudadas a tener a sus bebés.

Don Tomás también iba a otras comunidades a asistir a

otras mujeres con sus partos, ya ue era una persona conocida,

y la mayoría de ellas le nombraban padrino de bautizo

porue les ayudaba en los partos del nio o la nia.

l también conocía la nube ue traía granizo. l usaba

un cuchillo grande, casi igualito a un machete pero más grande,

y cortaba la nube para ue no caiga granizo y perjudiue en

la agricultura.

En una ocasión le tocó curar a su nieto ue se había asus-


28


tado en una cueva de la uebrada de Tomatitas, cuando estaba

cuidando las ovejas. Llegando la tarde, al recogerse a su

casa con su rebao, escuchaba ue lo llamaban de una cueva,

y entró a ver. Le seguían llamando por su nombre. Cuando

estaba dentro de la cueva de vuelta escuchó su nombre y

eran su tío y su primo muertos. Entonces salió y al día siguiente

amaneció hinchado como una pelota.

Entonces Tomás fue a la cueva a media noche, llevó su

cuchillo grande ue clavó en la tierra diciendo “a mi nieto me

lo dejás” Y así curó a su nieto.

Don Tomás era una persona tradicionalista: sabía tocar

el erke y la caja. Era una persona ue inventaba y cantaba

coplas. Tiempo atrás, cuando había muchísimas fiestas, tocaba

en el carnaval, en San Roue y en La Cruz. En diferentes

chicherías la gente agradecida le regalaba dinero y se lo

compraban chicha, en agradecimiento por tocar sus instrumentos.

Y los hacía bailar también…

[ 27 ]

29

ISTORIA DE MI BISABELO

Narradora oral: Dionisia Velásquez Heredia

Recopilador: Juan Galarza Velásquez

Profesora: Heidy Perales

N

i bisabuelo era un hombre campesino, muy fuerte y

sin enfermedades en todo su cuerpo porue era muy sano.

l era un hombre de estatura normal, humilde, trabajador

y era bueno con las personas de la comunidad. l cuidaba y

mantenía a la familia unida, era muy responsable. Así era mi

bisabuelo, decía mi madre.

l vivía en la comunidad de La Victoria, casi al lado de

mi casa. Luego de un tiempo dice ue inició la guerra del


[ 28 ]

30

Chaco con Paraguay y comenzaron a salir los militares a

reclutar hombres y jóvenes. En ese tiempo pillaron a mi bisabuelo

para llevarlo al Chaco en donde se realizó la guerra.

Al llegar allá, los militares se dieron cuenta ue era viejo

y no podía ser til para disparar. Entonces los militares

le destinaron a transportar municiones y comida. Como en

ese tiempo no había carreteras ni medios de transporte, mi

bisabuelo transportaba la carga en burros. Estos se transportaban

entre muchas personas. Todas ellas caminaban por

donde los caminos eran muy peueos y peligrosos: ellos

iban y volvían para llevar más municiones. Al caminar por

los montes, se encontraban con tigres, leopardos y muchos

animales salvajes.

Cada noche, cuando dormían, encendían como seis fogatas

para ue los animales no les hicieran dao. Ellos tenían

ue hacer lea para ue el fuego no se apagara.

Ya al terminar la guerra, él regresó a casa muy sano,

gracias a Dios. l contino su vida a pesar de la vida muy

peligrosa ue tuvo en la guerra. l no cambió en nada su

carácter y continuó con la humildad ue lo caracterizaba,

todos los días de su vida.

LA CREACIN DE LA COMNIDAD

DE TOMATITAS

Narrador oral: Jacinto Zeballos Montellanos

Recopilador: Kevin Javier Campos Gutierrez

Profesora: Edith Sánchez

N

en los aos de la guerra del Chaco muchos de los pueblos

originarios, se asentaron en lo ue hoy conocemos como

la comunidad de Tomatitas.


Cuenta la historia de dos hombres ue cavaban unas zanjas.

Con la punta de la picota de hierro, golpearon una gran

madera. No le tomaron mucha importancia ya ue pensaron

ue era una raíz o un árbol enterrado, pero como le estorbaba

tuvieron ue desenterrarla. Al lograr retirarla del suelo

compactado, se asombraron al ver ue no era lo ue ellos se

imaginaban, sino ue era una vieja cruz de misiones “Chiriguanas”.

Los hombres se dieron cuenta ue al estar tanto

tiempo bajo la tierra se había daado mucho. Así ue decidieron

llevarla al pueblo en una peuea carreta jalada por un

burro. Al llegar, muchas personas se acercaron a observar y

tocar la cruz para rezarle y tener su bendición para ellos y

para sus hijos. Al acabar la tarde, fueron donde el carpintero

y le preguntaron si la podía arreglar. l dijo ue sí, y en pocos

días la cruz estaba como nueva. La llevaron a un rincón

de la peuea iglesia, pero ésta siempre se caía y al momento

de caerse, moría una persona de auel alegre pueblo.

En este pueblo vivía una persona vidente ue desde tiempos

inmemoriales, se sentaba fuera de su casa en una vieja

silla de madera de eucalipto. Este hombre era el ue predecía

uién iba a morir. Esto siguió pasando unos meses más y no

se volvió a caer.

Al acabar esta horrorosa guerra del Chaco, muchas personas

se asentaron en este pueblo en especial los “Tomatas”

ue eran un pueblo indígena de la zona. De ahí el nombre

Tomatitas. Muchas veces, en las noches frías, se despertaba

el pueblo entero por los sonidos emitidos de unas cadenas

ue arrastraba un hombre llorando todo ensangrentado y

con muchas heridas. Muchos de los comunarios lo veían con

mucha tristeza y en algunas ocasiones los jóvenes se trataban

de acercar para dar de beber un poco de agua a auel

hombre, pero al salir de sus casas, el hombre desaparecía.

Esto siguió pasando por muchos aos más hasta el día de

hoy, ue se siguen escuchando las cadenas de este hombre y

en algunas noches oscuras, en las ue no hay luna, se vuelven

a escuchar los estremecedores sonidos.

[ 29 ]

31


[ 30 ]

32

LA ISTORIA DEL RO CIQITO

Narradora oral: Verónica Arenas Ortega

Recopilador: Guido Renan Fernández Altamirano

Profesora: Elva Arenas

N

seora Verónica Arenas de Tarija Cancha Sud me

contó lo siguiente:

“Se dice ue aos antes, el río chiuito era muy limpio.

Tenía mucha agua, había pescado en los pozos de agua y

también mucho cangrejo. La gente de antes cuidaba la naturaleza

y no había contaminación. Las personas cada vez iban

a pescar y era muy bonito. Pero con el tiempo fue cambiando

y empezaron a desaparecer los peces ue habitaban en el río

chiuito. Se fue secando el agua porue no hay muchas lluvias

como antes. Cambió el tiempo y empezó a eistir más

contaminación. Antes las personas no usaban bolsas plásticas

y después aparecieron las bolsas plásticas y empezó

a contaminarse, el río chiuito. Se secó el agua y desaparecieron

los cangrejos. El río se lleno de bolsas plásticas y

también el agua esta contaminada.

ISTORIA DE SAN PEDRO

DE LAS PEAS

Narradora oral: Bernardina Guerrero Guerrero

Recopiladora: Darlin Guadalupe Tolaba Sigler

Profesor: Nils Alarcón

N

Apariciones de San Pedro

cnn mis abuelos ue hace muchos aos atrás,


en la comunidad apareció una imagen de San Pedro en un

lugar ue se llama “Esuina los loros–Monte negro”. La

imagen estaba en una piedra ue tenía la forma de una urna.

Las personas ue la encontraron decidieron llevarla donde

se encontraba ya la iglesia, más abajo frente a la plaza. Luego

ue la dejan en la iglesia, al otro día no estaba ahí. De

nuevo la hallaban en la piedra en el mismo lugar ue el día

anterior, y otra vez la llevaron a la iglesia. Y de nuevo desaparecía…

y otra y otra vez… la llevaron a la iglesia de nuevo

y desaparecía otra y otra vez...

Los comunarios decidieron, para ue no vuelva a la piedra,

romper un pedazo de la piedra con una dinamita donde

dejan la piedra kajsa 7 . Pensaron ue haciendo esto se uedaría

San Pedro en la iglesia. Pero al contrario otra vez desapareció

de la piedra y de la iglesia, esta vez sin vuelta porue

ya no fue a la piedra, simplemente desapareció.

n día una tropera encontró un hombrecito viejito subiendo

por un camino estrecho hacia la pea. l llevaba unas

llaves en la mano, entonces la tropera le pregunta “ué se

llama usted y dónde va”. El dijo “yo soy Pedro y me voy

allá, a la pea a vivir” y siguió caminando. Cuando la tropera

se dio cuenta, Pedro había desaparecido del lugar. Ella

bajo y contó lo sucedido a los comunarios.

Pasó el tiempo y una víspera del 29 de junio encontraron

a un hombre desconocido llegando a la iglesia. Era un hombrecito

humilde y de barba. Cuando una tropera ue estaba

por ahí le preguntó, antes de llegar a la iglesia, “dónde se

va”. l dijo: “estoy viniendo a mi fiesta”. Ella preguntó “y

dónde vive y él dijo “allá en la pea más alta y colorada”.

Sin decir más otra vez desapareció.

Esta noticia de nuevo despertó la curiosidad de las personas

del lugar. De lo ue volvió la imagen a la iglesia, volvieron

a festejar la fiesta, con misas y rezos.

[ 31 ]

33

Partido, partida


[ 32 ]

34

La fiesta de San Pedro

La fiesta de San Pedro se realiza el 29 de junio de todos

los aos. Se realiza con cambio de alférez por medio del

trueue.

El trueue consiste en un cántaro de chicha, una canasta

con tortas, un gallo ticanchau 8 o enflorado, una botella de

caazo, una caldera de canelado 9 y también hacen un amarro

con muchas cosas. Esto lo realizan en un poncho o en un pullo

10 donde van productos ue se producen en la comunidad

y un pedazo de carne.

También se prepara tikas (peueas ofrendas para los

ayudantes), se prepara una cena o almuerzo para todos los

devotos y visitantes. Se realizan carreras de caballos, cuarteadas

a caballo y mano, gallo enterrado 11 para la corcova.

Aos antes, habían muchos devotos ue llegaban de muchos

lugares por la fe ue les movía. Al ver todo esto, los comunarios

se arrepentían de no haber construido un templo

en el lugar del hallazgo.

n tiempo atrás, esta fiesta estaba dejada. oy en día

se retomó con mucha devoción, porue segn la fe, es un

patrón milagroso: cura los enfermos y aparece su imagen a

las personas. A su honor, va esta tonada de San Pedro de las

Peas, ue cantaban los abuelos:

8 Adornado con hilos o papeles de colores

9 Infusión de canela con bebida alcohólica

10 Manta para taparse

11 Juego tradicional consistente en enterrar un gallo con su cabeza a la vista de

todos. n participante debe aproimarse, con los ojos vendados, y golpearlo

con un palo en la cabeza.


Un corregimiento en Sacuyo

Y otro en San Pedro

Un corregimiento en Sacuyo

Y otro en San Pedro

Aquí no hay cura ni alcalde

Casan devalde

Aquí no hay cura ni alcalde

Casan devalde

Casan devalde

Casan devalde

En la plaza de San Pedro

No venden vino

En la plaza de San Pedro

No venden vino

Con su agüita de saitilla 1

Dejan temblando

Con su agüita de saitilla

Dejan temblando

Dejan temblando

Dejan temblando

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35

LA ILESIA (DE CAMARN)

Narrador oral: Robert Velásquez

Recopiladora: Yaneth Felicidad Almazán

Profesor: Nils Alarcón

CRÓNICA

N

ce muchísimos aos en la comunidad de Camarón,

antes ue eistieran las escuelas, eistía una casa enorme

ue vivía una familia muy unida. Pero un día inesperado,

en una noche fría y oscura de julio, cuando toda la familia

dormía, la casa comenzó a uemarse y en esa noche acabó

con toda la familia. Pasó un tiempo y la casa fue derrumbada.

Allí se creó la primera iglesia en honor a la familia ue

murió esa noche. Ahí hacían misas, fiestas tradicionales y

adoraciones.

La encargada de la iglesia era una seora de la comunidad

ue vivía al lado de la iglesia: era muy religiosa y duea del

divino nio Jess. Se acercaba el 2 de diciembre y hacían

adoraciones en honor al divino nio Jess. n 24 de diciembre

por la noche, la seora fue a abrir la iglesia y se encontró

con una nia ue estaba muerta. La seora se asustó mucho


[ 34 ]

36

al punto ue estaba volviéndose loca. Pasó una semana y la

seora murió. Los comunarios decidieron hacer el entierro,

ya ue ella no tenía familiares y decidieron enterrarla en la

puerta de la iglesia, como un símbolo al divino nio Jess y

a la Iglesia.

Pasó un tiempo y las personas ue vivían cerca comentaban

ue se escuchaban gritos muy aterradores de personas,

también se escuchaban ruidos dentro de la iglesia. Cada vez

ue la gente pasaba cerca de la iglesia se asustaba y cuando

celebraban misas, las velas se apagaban y empezaba a correr

un viento lento y bien frio. Fue así ue los comunarios decidieron

hacer traer a un cura para bendecir dentro y fuera de

la iglesia. Después de eso ya no se escucharon muchas cosas.

En esos tiempos las mujeres tenían muchos hijos y algunos

morían por no ser atendidos. Para poder llegar hasta

un hospital tardaban mucho porue antes las personas se

movilizaban en burros, caballos y otros a pie, por lo cual

tardaban días, a veces semanas. Así fue ue los comunarios

decidieron construir una posta cerca de la iglesia para atender

a las mujeres de parto. abía una sola partera. Los comunarios

cuentan ue iban hasta mujeres al día a hacerse

atender. Como era una sola partera, tardaba mucho y no le

daba tiempo de atender a todas, por lo cual algunas mujeres

morían al dar a luz a sus hijos y otras antes de dar a luz;

algunos nios nacían muy pálidos y morían, y todas esas

personas eran enterradas ahí cerca de la iglesia.

Pasaron días, meses, y aos. Los comunarios seguían escuchando

ruidos, gritos de seoras, de nios Iban a ver

ué pasaba y no encontraban nada. Las personas ue escuchaban

eso no podían dormir: les atacaban las pesadillas o

tenían sueos muy aterradores.

Pasó un largo tiempo y la posta dejó de funcionar por

motivo del miedo a los ruidos y las cosas ue pasaban allí.

Con el tiempo construyeron una simple escuela donde solo

podían estudiar los hombrecitos. Las mujercitas se uedaban

en sus casas y decían: “la mujer pa la casa y el hombre


para el estudio”. Como no había escuelas en otras comunidades,

iban nios de diferentes sectores como Cerro Redondo,

Melón Pujio, Jarcacancha, Lluscani, Campanario y otros. Se

les hacía muy difícil llegar a hora porue vivían muy lejos:

algunos caminaban hasta horas para poder llegar. Decidieron

usar la posta para ayudar a los nios de lejos y ue

allí durmieran.

Los nios comentaban ue les asustaban los gritos de

seoras, de bebés algunos dicen ue cuando no hay nadie

en la escuela, por la noche se escuchan ruidos de personas

caminando por el patio y otros ven sombras ue pasan hacia

la iglesia. Los profesores no creían hasta ue un día un profesor

se uedó para ver ué era lo ue tanto asustaba a los

nios. n 20 de septiembre, en una noche fría y oscura, el

profesor se uedó en la escuela. Estaba con un gran miedo

ya casi eran las 11 de la noche cuando sintió el viento se

vio una sombra blanca ue pasó hacia la iglesia. Se uedó

mudo con el miedo y uiso salir de ahí pero la puerta se

cerró y alguien o algo no le dejaba abrir. Siguió intentando

hasta ue logró abrir, salió corriendo y fue donde los nios

ue estaban durmiendo tranuilos. El profesor muy asustado

se uedó ahí. Por la maana contó a uno de los comunarios

lo ue había pasado, pero no dijeron nada.

Pasados unos aos, construyeron una escuela nueva y un

internado, pero se siguen escuchando estas cosas. Se dice

ue son almas perdidas ue buscan la salvación, también se

dice ue los nios ue murieron ahí son duendes. Algunas

personas comentan ue sus hijos juegan con los duendes

porue éstos se les presentan en forma humana. La iglesia

sigue funcionando hasta el momento y se siguen escuchando

todas esas cosas horrorosas en ese lugar.

[ 35 ]

37


[ 36 ]

38

NOCE OSCRA

Narradora Oral: Yolanda Ríos

Recopiladora: Karen Villa

Profesora: Marcelina Castillo

N

n noche muy oscura y fría, caminaba yo solo. Debía

llegar a casa de mi abuelito ue vivía solo porue se había

uedado viudo, y sus hijos se fueron de la casa, incluyendo

mi padre. Ellos dos no se hablaban por algo ue mi padre

nunca me dijo. En el trayecto del camino había un molle muy

viejo y grande, en el ue se dice se había suicidado una mujer

ue estaba embarazada. Sentí mucho miedo, porue al pasar

me tocaron mi hombro, di la vuelta, pero no vi a nadie. No

le di importancia y proseguí. Llegué a casa de mi abuelito,

platicamos, estuvimos mucho tiempo conversando, pero me

dijo ue ya era hora de regresar, entonces me despedí y salí.

Se me estremeció el cuerpo con tan solo pensar ue debía

volver a pasar por ahí, pero seguí. Llegué al lugar, pero esta

vez alguien me habló. La voz de una dama dijo mi nombre

giré hacia la izuierda y allí estaba ella colgada del cuello

con una cuerda muy gruesa. Su aspecto era horrible, tenía

toda la cara desarmándose. De pronto, comenzó a llegar un

olor horrible hacia mí. Ella cayó al suelo y caminó dirigiéndose

al sitio donde me encontraba yo. Empecé a correr y

ella gritaba como si estuviera sufriendo. Tenía una voz muy

gruesa y tenebrosa, me dijo ue ella ya cumplió con advertirme

pero no entendí a ué se refería y le pregunté: “ue

me uiere decir con eso”. Estaba temblando de miedo. Lo

ue me dijo fue ue yo lo comprenderé y desapareció.

Yo tenía un presentimiento, algo me hizo ue volviera

a casa de mi abuelito fue la noche más fea de mi vida. Lo

encontré colgado de la viga del techo de su cuarto. l había

dejado una nota dirigida hacia mí ue decía: “perdóname


hijo mío por no haberte dicho nunca la verdad y la verdad

es ue esa mujer ue se suicidó es tu madre. Yo fui uien la

impulsó a hacer eso, perdóname hijo mío”

[ 37 ]

39



II. CENTOS FOLLRICOS

[ 39 ]

41

PEDRO RDIMAL Y EL DIABLO

Narrador oral: Cimar Cristóbal Velásquez

Recopiladora: Romelia Velásquez Choque

Profesor: Carlos Cruz

N

n día Pedro rdimal estaba en busca de trabajo, donde

se encontró con el diablo y le dijo ue si le pudiese dar un

trabajo y el diablo le respondió diciendo: “bueno maana me

vas a primera hora”.

Pedro regresó al día siguiente. El diablo le dio herramientas

para ue fuera a trabajar y le dijo:

- Tomá el arado y una yunta y me vas a arar; vas y vuelves

por el mismo surco pero avanzando –

Resulta ue se hizo tarde y no avanzó. El diablo fue a las

4 de la tarde a ver el trabajo y al ver ue no había avance le

dijo:

- Pedro, ué pasó - Y Pedro le respondió:

- Si usted me dijo ue vaya y vuelva por el mismo surco

uién tiene la culpa

Después al día siguiente le ordenó ue fuera a cantear la

chacra y ue dejara raso, pero dejando las plantas de utilidad.

Y Pedro le dijo: “bueno patrón”.

Pedro fue a la chacra, agarró el machete y empezó a trabajar

sacando todas las plantas, tanto de utilidad como las

demás, dejando raso el terreno.

Al promediar las 4 pm, el diablo regresó a ver el trabajo

y se encontró con su chacra toda rasa y le dijo:


42


- Qué pasó Pedro Por ué sacaste todas las plantas de

utilidad

Y Pedro respondió diciendo:

- Quién tiene la culpa si usted me dijo ue dejara raso

todo

El diablo muy enojado le dijo:

- Ya jodiste mi chacra más, mejor tomá tu plata y te vas.

[ 41 ]

43

EL SONSO Y LOS BELOS

Narradora Oral: Francisca Iñíguez

Recopilador: Erick Sardina Villa

Profesora: Lesby Sonia Jaramillo

N

Í una vez un sonso gangoso 12 , muy cojudo 13 ue

tenía su mujer y no le gustaba trabajar. Ella le mandaba a

trabajar y él decía: “Cuando Dios uiere dar, por la puerta

hay dentrar” 14 . Cada vez ue su mujer le mandaba a trabajar

para mantener a las guaguas, él decía lo mismo.

n día de esos, un arriero pasaba por la casa del sonso,

con un cargamento de mulas cargadas de plata y oro. Como

en auellos tiempos no había vehículos, cargaban las cosas

en mulas. Para la suerte del sonso, una mula se escapó y entró

a la casa del sonso: esa mula estaba cargada de oro.

El sonso y su mujer descargaron la mula, luego guardaron

la plata contentos; pero al mismo tiempo la mujer se

encontraba preocupada, porue sabía ue su marido cuando

12 Que no habla bien

13 Flojo, ue no le gusta trabajar

14 a de entrar


[ 42 ]

44

se machara 15 en cualuier chichería, abriría la reja 16 . La mujer

rápidamente pensó en una idea: preparó buuelos mientras

ue el sonso estaba echau panza arriba, bajo la sombra de

la higuera. Entonces la mujer salió hacia afuera con su olla

de buuelos y un balde de agua y empezó a tirar dentro del

patio, donde estaba el sonso durmiendo un mate 17 de agua

y un puñau 18 de buuelos, un mate de agua y un puñau de

buuelos... Entonces el sonso empezó a gritar: “Che, che ‘ta

lloviendo buuelos, vení a ver”.

No faltó un día en ue el sonso se fue a una chichería y una

vez borracho comenzó a hablar sobre la mula cargada de

plata. Los amigos, interesados, comenzaron a investigarlo.

En ese momento intervino la mujer del sonso y dijo:

- Maveya 19 ué está diciendo este sonso ustedes no le creyan

nada, a ver, pregntenle cuándo ha siu 20 eso.

- Che, cuándo te pasó eso - y el sonso contestó:

- El día ue ha lloviu buuelos.

- an visto, cuándo ha lloviu buuelos Este sonso macana

21 no sabe nada.

De esa manera la mujer logró uedarse con la plata para

mantener a sus hijos.

1 embriagara

1 Epresión oral para “boca”

1 Recipiente elaborado del fruto del porongo, ue al cortarlo forma un de vaso ovalado

18 puado

19 Epresion oral similar a “caray”

20 Sido

21 tonto


EL CRA

[ 43 ]

45

Narrador oral: Demetrio Abán

Recopilador: Cristian Abán Zenteno

Profesora: Heidy Perales

N

Í una vez, un padre ue llevó a su hija a la iglesia

y el cura se enamoró de ella y le preguntó:

- Cómo se llama tu hija

- Se llama María

- Sabe confesarse

El padre de la nia le dijo:

- La traeré un día de estos.- El padre de María, se dio

cuenta ue el cura se había enamorado de su hija. El cura le

dijo ue la trajera para confesarla a las seis de la tarde y el

padre de María, en vez de llevar a su hija, llevó una burra

arisca y le dijo al cura: “he traído a mi hija”. El cura le dijo

ue la metiera en la sacristilla 22 y él acabando la misa, la confesaría.

Al finalizar la misa, el cura se dirige a la sacristillas

y le decía “María”, y no contestaba. Luego la burra le dice

“jiaujijau” y como estaba oscuro y no se veía casi nada, la burra

le pateaba. El cura decía: “basta María, basta María”

El padre de María llevó a la burra para darle una lección al

cura.

22 confesionario


[ 44 ]

46

EL ROTO QE ENA AL DIABLO

Narradora oral: Felipa Cano

Recopiladora: Fanny Soledad Llanos C.

Profesora: Patricia Acosta

cie día, un joven de 19 aos estaba esperando con

ansias la fiesta del carnaval, pero cuando llegó el día, su padre

le mandó a regar el chocliar 23 . El joven molesto fue a largar

el agua y aproimadamente a las 9 pm aparecieron dos

hombres montando dos caballos blancos y hermosos ue le

dijeron:

- Por ué no estás en la fiesta

- Tengo ue acabar de regar el chocliar 24 – respondió él

con cara de tristeza.

- Vamos, te vamos a llevar

- No puedo ir hasta acabar de regar – respondió el joven.

Los hombres interrumpiéndolo dijeron:

- Cuando vuelvas, el chocliar estará nadando en agua. - El

joven lo pensó y dijo:

- Está bien, vamos.

El joven se fue a cambiar y se subió al caballo. Llegaron

a una fiesta hermosa. no de los hombres le presentó a su

sobrina y los jóvenes se pusieron a hablar. Cuando la fiesta

acabó, el joven se iba triste porue la muchacha le dijo ue le

gustaban personas elegantes y con dinero. El joven caminó

a casa diciendo “necesito dinero” y de repente se alzó una

sombra y allí una cabra diciéndole:

- Yo te puedo ayudar, te doy dinero a cambio de tu alma.

- El joven se había enamorado tanto de la seorita ue no lo

dudó y aceptó. El diablo le preguntó:

- Cuándo te vengo a recoger

- oy mismo – respondió él.

23 Sembrado de choclos

24 Plantacion de choclo


El diablo, confundido porue todas las personas pedían

aos para gozar de sus riuezas, le dijo:

- Estás seguro ue hoy

- No, mejor maana – respondió él. Entonces el diablo escribió

“no te llevaré hoy, pero te llevaré mañana” y firmaron el

contrato. El diablo desapareció y el joven siguió su camino.

Al regresar, notó ue el maíz estaba hecho de oro.

Al día siguiente el diablo vino por lo ue era suyo por

derecho. El joven enojado dijo:

- Diablo estpido, acaso no sabes leer - El diablo sacó

el contrato y vio “no te llevaré hoy, pero te llevaré mañana”.

Dándose cuenta del engao, se fue maldiciendo.

[ 45 ]

47

LOS TRES ENAMORADOS

DE LA TERTA CECILIA

Narrador oral: Idorio Gutierrez Aguilar

Recopiladora: Soledad Patricia Gutierrez Villa

Profesora: Janeth Gutiérrez

N

cenn ue el “chueco” Anastasio fue a casa de su

novia la “tuerta” Cecilia a proponerle matrimonio. Ella acepta,

pero con la condición de ue vaya al cementerio a hacerse

el muerto.

El “sordo” Alfredo, también interesado en la “tuerta” Cecilia,

va a pedirle matrimonio y ella también le acepta, pero

con la condición ue vaya a velar un muerto al cementerio.

l aceptó y llevó todo lo necesario: velas, coca, cigarros

y trago. Llegó donde estaba el muerto y prendió las velas,

rezó, se santiguó, coueó (y tomaba trago para no asustarse).


[ 46 ]

48

El “senka 2 ” Pancrasio también va a pedirle matrimonio a

la “tuerta” Cecilia. Ella le acepta pero con la condición: ue

se vista de diablo y ue vaya al cementerio a llevar un jinau 2

y él acepta.

El sordo Alfredo ve llegar al diablo y grita:

- Ay ermanito, el diablo está auí - El jinau (chueco

Anastasio), se levanta botando las sábanas y grita: “anta

che” y sale corriendo. El sordo Alfredo se asusta de ver

al diablo y el jinau condenarse 2 , y sale huyendo. El diablo

(senka Pancracio) se asusta del condenau 28 y huye por el otro

etremo del cementerio.

Con tremendo susto, los pretendientes renunciaron al matrimonio

con la “tuerta” Cecilia.

EL CIQILN Y EL REY

Narrador Oral:Gregorio Tarifa P

Recopilador: Yeison Brayan Tarifa Calizaya

Profesora: Roxana Tarifa

N

Í una vez, tres hermanos ue buscaban trabajo.

Primero, el más mayor, fue a buscar trabajo donde el rey. ste

encontró trabajo: el rey lo mandó a cargar lea en una mula,

pero él no pudo realizar este trabajo. El rey se molestó y lo

mató: lo sacó la lonja y lo puso a secar.

Al ver ue su hermano mayor no volvía, fue el otro hermano

a buscar trabajo. También encontró trabajo donde el

2 Apodo

2 Epresión oral para “finado”: difunto

2 Levantarse de su tumba

28 Epresión oral para “condenado”: muerto ue se levanta de la tumba


mismo rey: el rey mandó a este a yuntiar 29 , pero tampoco

pudo realizar el trabajo, ya ue lastimó al buey su pata. El

rey, de muy malvado, sacó los ojos al muchacho y le puso a

colgar en el alambre.

Tanta era la preocupación del hermano menor, llamado

Chiuilín, ue no sabía ué hacer al ver ue sus hermanos

no volvían. Se fue a buscarlos donde el rey, pero el asesino de

sus hermanos también le ofreció trabajo. Chiuilín aceptó.

A éste también le mandó a cargar la mula. La mula era mañuda

30 : no se dejaba cargar. Entonces, Chiuilín agarró un

palo y le sacó la oreja al animal, y así logró cargarla. Volvió

a la casa con la mula cargada y sin oreja. El rey, sorprendido

le dijo: “ay papito Cómo vas a hacer eso”. Entonces Chi-

uilín respondió: “se enoja, mi rey. Por eso lo sacó la lonja

Entonces, el rey sorprendido, le dice: “no es ue me enoje

cómo vas a hacer eso”. Resignado, lo manda a realizar otra

cosa: esta vez lo manda a sembrar en un lugar donde se encontraban

barrancas a ambos lados

Al momento de hacer dar la vuelta a los bueyes, uno de

ellos se despeó. Sin importarle a Chiuilín, vuelve a la casa

del rey, con la carne del buey. El rey asustado le dice: “cómo

vas a matar al buey de mi hija”. Entonces Chiuilín malo

responde: “se enoja, mi rey. Por eso le sacó los ojos”. El

rey le dice: “no es ue me enoje, cómo vas a matar al buey

de mi hija ahora ué le voy a decir a ella”. Resignado,

al otro día le manda a Chiuilín con la carne donde su hija.

Chiuilín llega donde tenía ue ir, pero la hija estaba embarazada

y no uiso recibir la carne. Chiuilín, muy enojado,

lanza la carne sobre el estómago de la hija del rey la hija

del rey desgraciadamente muere. Chiuilín, asustado, vuelve

a la casa del rey y el rey le pregunta: “dejaste la carne”.

[ 47 ]

49

29 Trabajar con la yunta de animales

30 Que tiene maas, desobediente o de mal carácter


[ 48 ]

50

Chiuilín responde: “ahí la dejé”. “Bueno”, dice el rey. Al

ver ue chiuilín se encontraba sospechoso, va a verla a su

hija y la encuentra muerta. Vuelve enojado y le dice a Chi-

uilín: “cómo vas a matar a mi hija Ahora ue le diré a

su madre”. Chiuilín responde: “se enoja, mi rey. Por eso

le saco la lonja”. El rey, sin saber ué hacer, decide escapar.

Pero el muy astuto de Chiuilín se da cuenta, y se mete a la

maleta de viaje del rey.

La maleta del rey estaba demasiada pesada y, con el cansancio,

decide descansar y hacer noche. El rey abre la maleta

y sale el Chiuilín. El rey malvado, decide hacer dormir a

chiuilín al lado de una pea, con el resto de su familia. Al

Chiuilín lo ponen en la orilla de la pea, con la finalidad

de empujarlo y matarlo. Pero Chiuilín se da cuenta, y a la

medianoche cuando todos estaban durmiendo, se cambia de

lugar al medio. El rey no se dio cuenta, así ue dice: “pechá 31

másito 32 , mujer, másito”. Pero el chiuilín pechaba más y más

a la mujer del rey hasta ue, al final, la mujer se cayó en la

barranca. Entonces, el rey contento dice “aura ya se hemos liberado

del chiquilín”. El chiuilín responde: “se enoja, mi rey.

Por eso le sacó la lonja”. El rey asustado, sin saber ué hacer

una vez ue amaneció van a tomar agua, y el Chiquilín

ahoga al rey y lo mata.

31 De pechar, hacer fuerza, empujar

32 Epresión oral para “más”


LA ISTORIA DEL PERRO Y EL OMBRE

[ 49 ]

51

Narradora oral: Elia Ramírez Ortega

Recopiladora: Rosalía Benítez Ramírez

Profesora: Elva Arenas

N

Í una vez, un hombre ue vivía en el campo solo

con su perrito. Su casa era la más alejada del lugar. Al caer

la noche, el hombre se fue a su cama y como siempre, dejó a

su perrito afuera. Cuando el hombre estaba por dormirse, el

perro empezó a ladrar sin parar y el hombre salió a ver, pero

no había nadie.

- Perro mentiroso – le decía

Los días pasaban y el perro seguía haciendo lo mismo

n día fue a visitar a una mujer mayor de su comunidad

y ésta le dijo ue se pusiera las lagaas del perro en sus ojos.

l le hizo caso y al amanecer del día siguiente, el hombre

uitó las lagaas al perro con agua y se las puso él. En la noche,

al ladrar el perro, salió afuera y vio como unos hombres

vestidos de negro con caballos, venían hacia él. Corrió sin

parar pero fue en vano lo alcanzaron y se lo llevaron.

LOS ERMANOS Y EL DIABLO

Narradora oral: Amalia Paredes

Recopiladora: Sonia Magaly Ordoñez Aguilera

Profesora: Heidy Perales

N

eiÍn dos hermanos Juan y Víctor. Ambos tenían

su familia e hijos. Juan tenía todo el dinero del mundo para


[ 50 ]

52

satisfacer sus necesidades, pero an así era ambicioso y envidioso

Envidiaba mucho a su hermano Víctor, aunue éste era

muy pero muy pobre y en muchas ocasiones no tenía para darles

de comer a su esposa e hijos.

Todas las noches salía a buscar culimas 33 del campo. Caminaba

por caminos muy etraos donde no había seas de

ue las personas transitaran por ahí.

na noche, cuando ya era de madrugada, intentaba

arrancarlas pero éstas estaban muy duras. De pronto escucha

un ruido etrao, ue se acercaba cada vez más y pudo

notar ue era el ruido de un caballo trotando. Se acercaba

más y más. Lleno de pánico, Víctor no sabía ué hacer ni para

dónde correr. Se uedó ahí a esperar y enfrentar fuese lo ue

fuese. De pronto vio acercase de entre los cerros, un caballo

blanco, enorme con algo ue lo montaba. Mientras más se

acercaba, vio ue era un hombre muy etrao, fuera de lo

normal. Vestía un poncho negro, un sombrero y llevaba un

chicote 34 largo y muy grueso.

- Qué haces auí - le dijo el etrao con voz de enojado.

- Buenas noches seor, es ue yo soy muy pobre y salgo

a buscar algo para poder llevarles de comer a mis hijos y

esposa - contestó Víctor.

- Así ue eres pobre, - dijo el etrao - Ven conmigo tengo

trabajo en mi casa, debes voltear montes en tres días y

cuando termines te pagaré y te podrás ir.

Víctor aceptó y fue con el etrao. Llegaron a la casa.

Era enorme, como un palacio, pero muy etrao, con esculturas

de serpientes gigantes, ue te arrasaban el cuerpo con

solo mirarte. El etrao llevó a Víctor al monte y le dio un

hacha para ue comenzara su trabajo.

33 raíces comestibles

34 cuero trenzado para arrear animales


na vez terminada su obligación, fue a la casa del patrón:

- Ya terminé mi trabajo, - le dijo

- Y volteaste todos los montes - dijo el patrón

- Sí – respondió Víctor

- Entonces ve a ese cuarto y adentro verás ue en un rincón

hay un murro 35 de oro, y en el otro rincón otro murro de

carbón. Toma esta bolsa, ve y llénala de todo el carbón ue

puedas llevar. Toma estos porotos, cuando llegues a tu casa,

los tiras en la pampa y en la maana verás tu pampa llena

de ganado. Y no vuelvas a salir de noche, el día es para las

personas y la noche es para el diablo.

Víctor obedeció: entró en el cuarto y vio en una esuina

un morro de oro ue brillaba cual rayo de sol, en la otra

esuina el carbón. Se acercó y llenó su bolsa de lo ue más

pudo, se la hecho a la espalda y se fue. Mientras iba camino

a su casa, sentía ue su bolsa le pesaba cada vez más. Con la

inuietud, la bajó de la espalda y la abrió para ver por ué

pesaba tanto: el carbón se estaba convirtiendo en oro. Todavía

había seas de carbón. Con una sonrisa cerró la bolsa

y continuó su camino, pero la bolsa pesaba cada vez más,

hasta ue llegó a una parte ue no daba más. Bajó la bolsa al

suelo y empezó a cavar un pozo. Vació la bolsa en el pozo, lo

tapó y contino su camino a casa.

-Aylin ven conmigo, - le dijo Víctor

- Qué pasadónde has estado Pensé ue algo malo te

había pasado.

- Esa noche ue fui a buscar culimas, me apareció un

hombre muy etrao, me llevó a su casa y me pagó con carbón.

Mientras venía por el camino, el carbón se convirtió en

oro Lo dejé enterrado porue pesaba demasiado. También

me dio estos porotos y dijo ue los tirara en la pampa. - dijo

Víctor.

[ 51 ]

53

3 mucho


[ 52 ]

54

- Qué – respondió Aylin. No lo podía creer, creía ue

Víctor estaba loco. Algo le había pasado en esos días ue

despareció. Para ue no la siguiera fastidiando, fue con él

al lugar donde estaba enterrado el carbón. Sacaron la bolsa

del pozo y el carbón ya estaba completamente convertido en

oro. Aylin miró a Víctor y sonrió con una sonrisa infinita.

Se sacó la chomba y la llenó de oro. La otra mitad la llevó

Víctor en la bolsa y fueron a su casa. Al llegar colocaron el

oro en cántaros 3 . Cuando ya estaba por atardecer, antes de

irse a la cama, Víctor tiró los porotos a la pampa y se fue a

dormir con mucho entusiasmo por saber lo ue pasaría al

otro día.

Al día siguiente, muy temprano se levantó y vio la pampa

completamente cubierta de ganado de todo tipo. A Víctor no

le cabía la felicidad ue sentía. Juan fue a visitarle un día y

sorprendido por todo lo ue tenía su hermano y había hecho

aparecer de un día para el otro.

- Víctor, cómo conseguiste todo este ganado y dinero

Víctor no uiso decir nada y no lo hizo. Juan, con la tremenda

envidia ue lo dominaba, un fin de semana hizo chicha

3 y un gran almuerzo. Invitó a Víctor y le dio de beber

hasta hacerlo uedar fuera de sí. Juan nuevamente le preguntó

de dónde había sacado todo lo ue tenía. Víctor, como

estaba ebrio, confesó todo. Al día siguiente, cuando ya era de

madrugada, Juan salió de su casa y fue al mismo lugar ue

le había indicado Víctor. izo todo lo ue hizo su hermano.

Estaba vestido con ropa vieja ue tenía y le había ensuciado

a propósito con tierra para parecer un verdadero pobre.

Estaba esperando ue el hombre apareciera y sí de pronto

escuchó un ruido etrao. Juan ya sabía ue le esperaba, y lo

esperaba con ansias y con toda la mala intención ue tenía.

3 ollas de barro

3 bebida alcohólica (comnmente de maíz) de preparación casera


Vio ue se acercaba un enorme caballo blanco montado por

un hombre ue le dijo:

- Qué haces auí

- Es ue soy muy pobre y no tengo ué dar de comer a

mi familia. Y por eso salgo todas la noches a juntar culimas,

para poder darles de comer. - Dijo en voz baja a punto de

llorar. Pero claro, todo era actuación.

- Ven conmigo, tengo trabajo. Trabajarás tres días volteando

arboles y te pagaré.

Juan aceptó el trabajo con mucho gusto. Se fue con el etrao,

llegaron a la casa, un enorme palacio con esculturas

de serpientes en los pasillos. De inmediato le mandó a Juan a

trocear los montes. Pero no fue solo, le acompaó una perra

negra, para ue lo vigilara. Pasaron dos días y Juan ya iba

terminando de trocear los montes.

- n día más y ya termino, tendré mucho oro y ganado,

- dijo con voz de maldad y ambición.

Dejó todo allí y se fue a dormir a la casa del patrón. Al

día siguiente regresó y todos los montes troceados estaba

parados. Juan muy sorprendido y lleno de dudas volvió a

trocear los montes, no le quedaba de otra. Ese mismo día terminó

de trocear lo ue ya había troceado antes, y un poco

más. Luego del atardecer, se fue a dormir. Al otro día volvió

al trabajo y los montes troceados estaban nuevamente parados.

Juan esta vez estaba muy asustado. No sabía ué hacer,

entonces la perra le dijo ue antes de irse a dormir debía

dejar orinado, para ue los montes no se parasen y dijo “mi

papá te va comer, sino terminas de trocear los montes ma-

ana”. Juan hizo caso a lo ue le dijo la perra negra. Resulta

ue era la hija del diablo y así funcionó y no se levantaron

los montes. La perra había traicionado a su padre porue

la intención del diablo era comer a Juan porue sabía de su

mala intención, y ue era envidioso y mala persona. Por eso

quería darle una lección…

[ 53 ]

55


[ 54 ]

56

EL PASTOR Y LA VIREN

Narradora oral: Alejandra Tárraga Castillo

Recopiladora: Lurdes Aguilera Gutiérrez

Profesora: Claudia Quiñones

N

Í una vez un pastor ue tenía ovejas. n día de

esos, se perdió una de sus ovejas y fue a buscarla, pero no

la encontró y se le hizo tarde. Mientras estaba caminando,

encontró una casa vieja con un horno, entonces, el pastor

entró dentro del horno para dormirse. Cuando despertó, vio

un hombre con asta acercándose y salió de un salto de donde

estaba y se fue rumbo a su casa.

Cuando estuvo muy lejos, otra vez vio al hombre persiguiéndole

y el pastor se apuraba. De repente vio una luz

blanca de una casita, entonces el pastor llegó hasta ese lugar.

Salió una mujer llena de belleza y muy amable, ue era la

virgen. Le dijo al pastor: “ese hombre ue te persigue es el

diablo. Yo te daré este peine, espejo y esta agua bendita la

tiras al piso para ue no te persiga”. Y el pastor obedeció y

se fue miró atrás y la casita desapareció.

Después de un rato, el pastor vio otra vez al hombre ue

lo perseguía. El pastor agarró el peine y lo tiró al suelo

y se convirtió en espinas. racias a esto el hombre no pudo

pasar porue se espinaba. El pastor seguía su camino y de

repente volvió a aparecer el hombre. El pastor agarró el espejo

y lo tiró al sueloy éste se convirtió en muchos espejos.

El hombre se avergonzaba de ver su cara horrible, no sabía

dónde meterse. El pastor siguió su camino y de un rato vio

aparecer al hombre nuevamente. Agarró el agua bendita, la

roció por el suelo y se convirtió en un río inmenso. racias

a eso, el pastor pudo llegar a su casa.


EL MS ALL

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57

Narradora oral: Victoria Valdez Velasquez

Recopiladora: Sandra Celina Obando Valdez

Profesora: Elva Arenas

N

Í una vez una pareja de esposos, Juan y María,

ue vivían en el campo.

Ya se estaba acercando el día de los difuntos y María uería

hacer algo para esperar a las almitas pero Juan no uería

porue él no creía en las almas.

El día de Todos Santos María se levantó temprano y fue a

buscar lea y se puso a hacer chicha, pan y comida. Preparó

todo para esperar a las almas. Pero Juan, muy molesto, le

dijo a María ue ella solo hizo eso para dar de comer a sus

machos y se fue de la casa a caminar. Se hizo de noche y él

ya estaba cansado. Se echó para poder descansar y de pronto

escuchaba charlar a la gente. Cada vez se acercaban más y

decían “vamos a comer a mi casa y después vamos a la tuya”.

Juan se decía “carajo mierda ya vienen por ahí sus machos”. l

esperó ue la gente pasara y fue por atrás. Ellos llegaron a su

casa y empezaron a tomar la chicha y se invitaban entre ellos,

comieron todo lo ue María puso en la mesa. Después, una

de las almitas dijo: ya terminamos todo auí, ahora vamos

a mi casa. Todos se fueron y Juan muy molesto fue a ver a

María a su cuarto y le dijo: “carajo, mierda ya nos has dado

de comer a tus machos y no me has dejado nada para ue yo

coma”. Pero María estaba echada en su cama con sus hijos.

Después ella se levantó, fueron a ver la mesa y todo estaba

intacto como ella lo había dejado. En ese momento Juan

muy arrepentido le pidió perdón a María y desde ese día

empezó a creer en las almitas.

En el siguiente ao, los dos prepararon todo para esperar

a las almitas.


58


LA FLOR DE LIROLAY

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59

Narradora oral: Juliana Villa Villa

Recopiladora: Delinda Martha Rodríguez Caihuara

Profesor: Nils Alarcón

N

e dice ue una vez, en una de las comunidades de la

provincia de Méndez, eistía una familia de muy pocos recursos

económicos: una madre ue tenía tres hijos. Eran

huérfanos de padre, por lo ue la madre los tuvo ue criar

sola desde temprana edad. no de los tres hermanos, el menor,

por desgracia era discapacitado de una pierna (la pierna

derecha), ue se había fracturado al caer por estar jugando

en un árbol. Los doctores dijeron ue no había cura para su

hijo, pero la madre no tomó en cuenta lo ue los doctores le

dijeron.

Siguieron sus vidas como si nada, sólo ue el menor de

los hermanos, por la discapacidad de su pierna, caminaba un

poco chueco, pero no le impedía caminar. Era el hijo más

uerido, el consentido. Sus dos hermanos mayores le guardaban

un inmenso rencor: lo odiaban. Estaban muy cansados

porue la madre le ponía toda la atención, debido a ue

los mayores ya tenían la suficiente edad para madurar, buscar

trabajo y así tener sus propias familias.

n día, como todos los días de la semana, la madre baja

hacia el río en busca del líuido vitalicio (el agua). Ya con el

agua, tenía ue saltar un charco y no pudo: cayó de espaldas

hacia el charco y se lastimó la espalda. Era una mujer de

avanzada edad y no se podía mover. Sus hijos se etraaron

ante la ausencia de su madre y decidieron ir a buscarla, pero

no la encontraron. Mientras ella gritaba: “Auilio, Auilio”.

El menor de los hermanos la encontró, pero como ésta no

se podía mover no la pudo ayudar. Vio conveniente llamar


[ 58 ]

60

a sus hermanos, para ue ayudaran a la madre. Después de

ue sus hijos mayores la llevaron a la casa, pasó un buen rato

y los mayores decidieron ir en busca de un médico casero.

Lo encontraron y le pidieron ue fuera a su casa para ue curara

a su madre, a lo ue el médico casero respondió: “tengo

una agenda muy ocupada, pero tratándose del caso de una

conocida, haré lo posible por estar en su casa maana”. El

hijo mayor al escucharlo le dijo: “bueno, sin más ue decir,

nos retiramos y lo esperamos maana. asta luego”. Y se

fueron a su casa.

Al día siguiente, mientras el médico se dirigía a la casa,

en el camino se encontró con el menor de los hermanos,

ue también se dirigía hacia su casa y se fueron charlando.

Mientras caminaban el menor le contaba ue era despreciado

por sus hermanos mayores, ue no lo uerían, por lo ue

el médico le pidió paciencia, ya ue pronto conocería la gloria

de Dios.

Ya habiendo llegado a la casa, el médico revisó a la madre

para verificar ué era lo ue tenía, porue se veía muy mal.

Pasando un buen rato, salió y comunicó a sus hijos ue necesitaría

unas pócimas de plantas, para ue su madre se pusiera

bien. Los hijos muy curiosos le preguntaron ué tenían

ue hacer. El médico les dijo ue consiguieran una flor, ue

no es comn de encontrar, “la flor de Lirolay” infaltable

para ue hiciera una poción de hierbas. Tenían ue buscarla

en los cerros, ya ue era el nico lugar donde podían conseguirla.

En esos cerros altos había un viento frío y aterrador.

Después de lo dicho, el médico casero se fue y los tres

hermanos salieron decididos en busca de la flor. Salieron

el primer día: buscaron y buscaron, pero no encontraron.

El segundo día, lo mismo. Y así... Se cansaron de buscar la

maldita flor por lo ue obligaron al menor a ue la buscara

porue ellos ya no uerían hacer nada.

El menor de los hermanos buscó y buscó. Por esta razón

estaba ya muy cansado, pero tenía esperanzas de ue la encontraría.

Por fin la encontró y con alegría fue a mostrar-


les a sus hermanos mayores, ue estaban muy sorprendidos.

Muriéndose de envidia porue él era el de la suerte, el consentido,

el ue más uería su madre, planearon matarlo. Con

ese plan entre manos, le preguntaron dónde había encontrado

la flor y, pues, el inocente les mostró el camino. Acto

seguido, los hermanos tomaron coraje y lo mataron ahí en

la arena ue había en una parte de la misma uebrada.

Volvieron a casa con la flor los dos hermanos mayores.

La madre, etraada, preguntó por el menor, a lo ue le respondieron

ue mientras buscaban la flor, se había perdido.

La madre se puso melancólica, no podía dejar de llorar. Para

ue su madre ya no lloré más, sus hijos mayores le dijeron

ue lo irían a buscar en la maana. Se sintió un poco más

tranuila al escuchar eso de sus hijos mayores, pero tenía la

sensación de ue algo le había ocurrido a su hijo menor.

Al día siguiente, llegó el médico casero y les pidió la flor

a sus hijos mayores. Se la dieron al médico para ue haga

la mezcla de hierbas y tomara la madre. También preguntó

etraado por el hijo menor y los mayores respondieron con

mucha molestia ue a él no le importaba ese asunto y solo

tenía ue curar a la madre. Después de curar a la madre, le

recomendó ue se cuidara mucho y se marchó. Ya había pasado

un día y etraaba muchísimo a su hijo. No paraba de

llorar, mientras reposaba en casa. Se hacía más dao porue

seguía llorando. Los hijos mayores se fueron de la casa, por-

ue no podían más con la consciencia, mientras la madre se

uedó sola en casa y sin parar de llorar.

La madre salía a buscar a su hijo, pero no lo encontraba y

un día de esos murió en su casa de pura tristeza. Nunca supo

de su hijo y no sospechó ue sus hijos mayores lo habían

matado. A los pocos días, un nio ue pastoreaba sus ovejas,

justo donde había ocurrido el asesinato, se puso a jugar en la

arena. Salió una sombra negra, ue era una calavera con una

capa negra, pronunciando ue sus hermanos lo habían matado

por una flor de Lirolay, ue iba en busca de sus hermanos

para ue se arrepientan de lo ue habían hecho.

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61


[ 60 ]

62

Al oír eso de esa figura tan etraa, el nio huyó despavorido.

Después de un tiempo, los hermanos mayores regresaron

donde había muerto su madre para llevársela y la

enterraron en el mismo lugar donde habían enterrado a su

hermano. Se encontraron con la misma etraa figura ue

les repetía la misma frase. Los hermanos despavoridos y

muy asustados huyeron.

Desde esa vez, la etraa figura los perseguía y no los

dejaba dormir por la noche: estaban traumados. Decidieron

irse a vivir a otro lado. Sin embargo, por más lejos ue se

iban, la etraa figura les perseguía torturándolos durante

aos. Los hermanos no pudieron más y se quitaron la vida.

CARRETERA FANTASMA

Narrador Oral: Celestino Mejía

Recopilador: Benjamín Mejía Rivera

Profesora: Marcelina Castillo

N

e cuenta ue hay una carretera donde ocurren unos sucesos

un tanto etraos. Lo más impactante es ue, en los

ltimos meses, más de diez personas han muerto allí. No se

sabe bien por ué. Nadie se había percatado de esta circunstancia,

no le había dado importancia hasta ue el testimonio

del seor Martín Ruiz. Este hombre narra un suceso importante

ue causó impacto ya ue ha hecho ue se investiguen

los sucesos.

El seor Ruiz vive en un chalet situado en la carretera.

na noche conducía a casa de regreso del trabajo. Iba con

mucha preocupación porue en el ambiente reinaba un ambiente

espeso y muy poco apropiado de auella zona. Nunca

había visto una niebla tan densa, nunca. De repente, tuvo


ue dar una curva, dio un frenazo brusco y se encontró ante

un cruce en la carretera. Pero un cruce ue no había visto

nunca. l llevaba 10 aos viviendo allí, pasando dos o tres

veces al día, y nunca había visto ese cruce.

Reanudó el trayecto con una sensación de etraeza

enorme. Dudaba si realmente había visto un cruce o sólo era

una sealización. Podía haber sido un efecto de la luna en la

niebla, pero estaba seguro de haberlo visto. Al día siguiente

regresó por el mismo camino en dirección al trabajo y al pasar

por el mismo punto un escalofrío recorrió su cuerpo. No

había ningn cruce en auel lugar solo un terraplén de 4 metros

de altura. En ese momento, se dio cuenta ue si hubiera

cogido ese camino se hubiese caído y se habría despeado.

racias a ue conocía el camino no lo cogió.

El suceso le había dejado muy confundido. Lo comentó

con sus amigos, al llegar al trabajo todos se rieron, salvo

uno ue palideció al instante porue conocía esa historia. De

un camino ue aparecía sbitamente en la noche de niebla,

pero nunca la creyó, ahora todo parecía aclararse

[ 61 ]

63

EL ERMANO RICO Y EL ERMANO

POBRE

Narrador oral: Silverio Bamba

Recopiladora: Soledad Patricia Guerrero Bamba

Profesora: Janeth Gutiérrez

N

Í una vez dos hermanos: el uno era rico y el otro era

pobre. El hermano ricacho ya no uería dar de comer a su

hermano pobre ni le uería hacer caso. El hombre pobre se

fue a rodar el mundo, dejando a sus hijos y a su mujer. l estaba

yendo por un camino y escuchó un ruido ue se acercaba.


[ 62 ]

64

El ruido se escuchaba detrás suyo. l no tenía miedo y miró

hacia atrás. Resulta ue era la C’oquena uien le preguntó al

hombre:

- Dónde estás yendo

- Me voy a rodar el mundo - le contestó el hombre.

Entonces la Couena le dijo ue le ayudara a ajustar las

cargas. l fue y vio ue la soga era de cuero de víboras. Después

llegaron a casa de la Couena y él le ayudó a bajar las

cargas y acomodarlas. Ella le dijo ue descanse porue era

muy de noche y en la maanita lo iba a despachar.

Amaneció y la Couena le dio una cajita encargándole

ue no mire y ue no le cuente lo sucedido a su familia ni a

nadie.

Llegó tarde a su casa y puso la cajita en la esuina, como

le había dicho la Couena. Al día siguiente se levantó a ver

y era plata pura. Se alegró y tomó un poco para comprarse

lo ue él uería. Sacaba más y más y más plata tenía.

El hombre pobre se hizo rico y el otro hermano rico, ue

era codicioso, le tenía envidia. l también decidió a ir a buscar

a la Couena para ue le diera plata como a su hermano

la Couena le dijo: “t eres rico”. l se enojó y uiso

pelear con la Couena. Ella se enojó y lo mató, lo cargó a sus

mulas y se lo llevó para comérselo.

EL OMBRE TONTITO

Narradora Oral: Natalia Estrada Velasquez

Recopiladora: Carolina Gareca Rueda

Profesora: Eleanne Flores

N

Í una vez un hombre muy tonto ue había llegado

a un pueblo. La gente de ahí no lo aceptaba. En el pueblo


había muchas fiestas y a todos los lugares ue iba: no lo

aceptaban.

En la orilla del pueblo había un matrimonio. El tontito

les dijo si le pueden hacer pasar a su casa. El matrimonio

aceptó y lo hizo pasar. El matrimonio tenía un hijo y una

vaca. El matrimonio ya había preparado todo de comer y le

invitaron todo al tontito. Le dijeron ue no tenían carne. El

tontito le dijo ue vayan y sauen la pierna de la vaca. Ellos

fueron y le hicieron caso.

Al otro día, el tontito les dijo ue se vayan a un monte

ue había cerca, y les dijo: “no miren al pueblo”. Así hicieron.

Al llegar el matrimonio arriba, empezaron a oír muchos ruidos.

La mujer por curiosa se volteó, pero el hombre siguió

sin mirar atrás. La mujer observó ue el pueblo se estaba

uemando, y después de eso, la mujer uedó atrapada en una

piedra para siempre, por no obedecer a Jess.

[ 63 ]

65

LA BRJA

Narradora Oral: Elucinda Acosta

Recopiladora: Daily Shineth Velásquez Vides

Profesora: Cintia Yohana Cardozo Guerrero

N

ee es uno de los muchos cuentos ue nos contaban los

antiguos para pasar nuestras noches en vela y así comienza

abía una vez una seora ue vivía en el campo con sus

tres hijos en una peuea chocita. Esta familia era muy, muy

pobre. Algunos días no tenían ni ue comer. El hijo menor

tenía virtudes de curandero, podía ver algunas cosas antes

ue pasen.


[ 64 ]

66

Al ver esta triste situación ue vivían y, siendo los muchachos

ya jóvenes, decidieron irse a trabajar. Le dijeron a

su mamá ue se irían a recorrer el mundo. La madre, por su

parte, les aconsejó ue no se fiaran de la gente etraa. Puso

sus sombreros limpios acabaus en las cabezas de sus hijos; les

dio sus avíos ue preparó con apenas motecitos y un pedazo

de charue, los despidió con un beso y les deseó suerte. Los

changos agarraron sus bolsas y se fueron sin rumbo.

n buen día, de tanto caminar y caminar, se hizo de noche.

Buscando donde dormir llegaron a una casa, llamaron a

la puerta pero nadie salía. Después de tanta insistencia, salió

una seora ue era muy amable. Le contaron su situación,

por lo ue ella se conmovió y los hizo pasar. Les dio de comer,

luego les dijo: “deben estar cansados, les daré lugarcito

junto a mis hijas. Que tengan buena noche”.

Esta seora, resulta ue tenía tres hijas: eran lindas mozas.

Así fue ue cada chango durmió junto a una de las hijas,

se sacaron sus sombreros y ojotas y se acostaron. El

más chiqui 38 les dice a sus hermanos: “no se van a dormir,

no conocemos a estas personas, además ue tengo un mal

presentimiento”. Ya a medianoche, la mayor de las hermanas

se levantó y les puso sus sombreros aujerudos a los changos

y se fue a acostar. El menor de los hermanos ue no dormía,

vio lo ue hizo, se levantó y fue a cambiar los sombreros. Se

los puso a las hijas de la seora y se volvió a la cama pero

sin dormirse.

Pasaron algunas unas horas de lo sucedido y apareció la

seora en el cuarto, pero ahora se veía fiera con lunares y

verrugas grandes. En las manos llevaba un hacha ue arrastraba.

Ya frente a las camas, donde dormían los hermanos

alza el hacha y le mete un hachazo a los ue tenían los sombreros

agujereados, les separa la cabeza y se va a dormir.

38 peueo


Al aclarar el día, el hermano menor despierta a sus hermanos

y les dice: “vámonos de auí antes ue despierte la

bruja”. Salen sin hacer ruido y se pierden por el campo.

En la maanita la bruja despierta feliz y les dice a sus

hijas: “levanten hijas, hijitas, tenemos carne humana de comer”.

Las hijas no se levantaban, ni contestaban, entonces la

bruja ya molesta, va a ver porue no venían las hijas y cuando

destapa la cama las ve muertas con la cabeza separada.

Llena de rabia sale la vieja bruja en busca de los muchachos

agarrando una caja de fósforos, un costal y un machete. La

vieja iba gritando: “cajita pumpum, cae joven al costalcajita

pumpum, cae joven al costal cajita pumpum, cae joven al

costal”

El hermano menor siente la presencia de la bruja y les

advierte a los hermanos ue no miraran para atrás aunue

pase lo ue pase. La bruja ya estaba cerca y seguía yendo detrás

de los jóvenes y gritando: “cajita pumpum, cae joven al

costal” Antes de dar la vuelta al cerro uno de los changos

mira para atrás y cae llenito al costal. Viendo esto el hermano

menor le dice a su otro hermano: “daremos la vuelta al

cerro y vamos a salir allá detrás de la bruja”. Entonces van

rapidito sin ue la bruja se de cuenta. an dado la vuelta el

cerro y salen detrás de la bruja y los hermanos empiezan a

decir: “cajita pum pum, cae vieja al costal cajita pum pum,

cae vieja al costal” y la vieja sin darse cuenta mira para

atrás y cae llenita al costal, uedando atrapada. Liberan a su

hermano y amarran fuerte el costal en el ue estaba la bruja,

lo prenden fuego completo hasta ue muere la bruja.

Así los hermanos logran salvarse. Se uedan con la casa

de la bruja y sus valiosas posesiones. Van a buscar a su mamá

para llevarla con ellos y viven tranuilos y felices trabajando

la tierra y sin volver a sufrir de hambre.

[ 65 ]

67


[ 66 ]

68

LA BRJA Y S CAJA MICA

Narrador oral: Clemente Cardozo

Recopilador: Edilberto Cardozo Tarifa

Profesora: Janeth Gutiérrez

N

ce muchísimos aos en los valles, eistía una bruja

malvada ue tenía dos hijas hermosas. Su casa era cerca del

camino y los muchachos del pueblo se uedaban en la casa

de la bruja para echarles un ojo a las hijas. La bruja, acostumbraba

asesinar a uienes se uedaran en su casa, para

preparar mondonguitos.

La gente, al saber lo ue la bruja hacía, mandaron a dos

muchachos desconocidos ue llegaron, a uedarse donde la

bruja. Se decía ue ella les ponía una estrella en la frente

para sealar a su víctima. na vez llegada la noche y apagadas

las luces, la bruja les dio las buenas noches, pero ellos

recordaron lo ue había dicho la gente y simularon estar

dormidos. La bruja vino a poner las estrellas. Mientras iba

a traer el hacha, los muchachos cambiaron las estrellas a las

frentes de las hijas de la bruja. Cuando ella volvió dio los

hachazos a las víctimas con la estrella en la frente

Los muchachos sabiendo lo ue pasó, ya de madrugada,

se fueron. Para cuando había amanecido, la bruja se levantó

y gritó:

- ijitas Levántense a hacer los mondonguitos - Así gritó

dos o tres veces, pero las muchachas no se levantaban. La

bruja fue al cuarto donde dormían las hijas, y para su sorpresa,

encontró solo a las dos muchachas muertas. Como

la bruja tenía “su arte”, levantó un costal y sacó una caja y

dijo: “ahora van a ver” Se fue detrás de los jóvenes. Ellos

escucharon los gritos enfurecidos de la bruja y se fueron corriendo

hacia la montaa.


Ya los jóvenes estaban cansados y la bruja ya casi los alcanzaba.

no de ellos se había escondido cerca cuando la

bruja estaba pasando dijo “cajita tintin, cae niño al costal!”. El

joven miró hacia abajo y cayó al costal. Pero la rabia de la

bruja era tan fuerte ue siguió yendo detrás del otro. l se

había escondido en un árbol. Cuando la bruja lo descubrió

volvió a decir: “cajita tintin, cae niño al costal”. Pero el joven

no miraba hacia abajo y no caía. La enfurecida mujer subió

al árbol dejando todo en el suelo. El muchacho ágilmente

bajó por los gajos del árbol y sacó al otro joven del costal.

Mientras uno agarró el costal, el otro tomó la caja y dijeron:

“cajita tintin, cae vieja bruja al costal”. La bruja miró hacia

abajo y cayó. La amarraron bien en el costal, juntaron lea

y la uemaron.

[ 67 ]

69

LOS DOS AMIOS

Narradora Oral: Natalia Estrada Velásquez

Recopiladora: Adela Soledad Valeriano Rivera

Profesora: Eleanne Flores Flores

N

cie noche, dos amigos ue viajaban a tierras lejanas,

decidieron uedarse a dormir al lado del camino. La

noche estaba fría. El amigo ue deseaba llegar no tan pronto

a su destino, decidió hacer su cama a un lado del camino.

El otro preparó la cama en todo el medio del camino. En la

noche, se escuchaban muchos ruidos etraos: masticaban

chanchos, gritos en el camino y otros ruidos. l no sabía

ué pasaba y por no ser, o parecer, curioso, decidió dormirse.

Al otro día, fue donde se encontraba el amigo, y vio ue

todavía el amigo no se levantaba. Lo habló, pero no le contestaba.

Fue a doblar su cama y cuando volvió, el amigo se-


[ 68 ]

70

guía echado. Levantó las mantas, y solo vio un montón de

huesos. l se fue escapando, pero vio ue la cabeza del hombre

lo seguía diciendo: “no te vayas no te vayas”. La calavera

se le acercaba más y él corría todo lo ue podía, pero se

le acercaba mucho. Al pasar una peuea zanja, la calavera

cayó y el hombre se salvó.

Desde esa vez no se supo más del hombre. Por eso se dice

ue nunca se debe dormir en medio del camino: porue el

diablo viene y se come a la persona.

LA LEYENDA DEL ROSQETE

Lizeth Ávila Segovia

N

Se cuenta ue unos ángeles descendieron del cielo a un

peueo lugar de San Lorenzo. Cuando estuvieron en el lugar,

se sacaron sus alas y sus aureolas para ue la gente no

se diera cuenta ue eran ángeles. Las dejaron encima de una

piedra, dentro de una cueva, y se fueron a recorrer el pueblo.

Cerca de ese lugar, donde los ángeles habían escondido

sus pertenencias, vivía una familia muy pobre: una madre

con varios hijos. Estos nios salieron a caminar y estaban

con mucha hambre. De repente empiezan a oler algo y se

dirigen a la cueva. Allí se encontraron con las alas y las

aureolas de los ángeles. no de los nios agarró y lo probó,

comprobando ue era muy rico y dulce. Los nios corren a

avisar a su madre y le dicen: “Mamá, mamá Encontramos

mucha comida en una cueva”. La madre coge una canasta

y se dirigen a la cueva. Recogen todo en su canasta y se lo

llevan para comer.

Llegaron los ángeles a la cueva a recoger sus pertenencias

para volver al cielo pero no encontraron nada. Se pu-


sieron a llorar, y uno de los nios los vio. Volvió corriendo a

su casa a decirle a su madre ue vio a unos hombres blancos,

chocos y muy altos, llorando en la cueva porue no encontraban

sus pertenencias.

La madre, para remendar el dao, comenzó a hacer masa

y fue formando con la masa, unas alas. Por encima les puso

blanueo. Lo mismo hizo con las aureolas, les dio forma y

puso blanueo por encima.

A lo ue iba preparando, salía un olor agradable y la gente

se acercaba para comprarle. izo para vender y luego se

dirigió a la cueva a dejar lo ue hizo para ue los ángeles

pudieran volver al cielo.

Pero cuando los ángeles vieron, lo agarraron y lo probaron:

eran muy ricos y dulces. Les gustó y decidieron uedarse

en el pueblo de San Lorenzo.

Pasó el tiempo y los ángeles se enamoraron y formaron

sus familias en San Lorenzo, y la madre de los nios enseó

y dio la receta de cómo hacer los rosuetes y las empanadas

blanueadas.

Por eso se dice ue en el pueblo de San Lorenzo, hay

algunas personas blancas, chocas y altas porue sus ancestros

fueron ángeles.

[ 69 ]

71


72


III. LEYENDAS

[ 71 ]

73

EL ALMA PERDIDA

Narradora Oral: Felicidad Aguilera López

Recopiladora: Ilsen Dayana Ortega Mercado

Profesora: Roxana Tarifa

N

n vez, hace muchos aos, en Tarija Cancha había una

seora ue tenía mucha plata blanca. Poco antes de morir

había enterrado la plata: un poco en una olla en la puerta de

su casa, lo demás lo enterró en un virqui 39 en la puerta del

corral, donde hacían la Pachamama 40 . Al oscurecer, llegaba

la hora de ue de la puerta del cementerio de San Lorenzo,

salía un viento en el medio, el silbido y la voz de una mujer

ue iba hasta la puerta de la casa en donde vivía y otra vez

volvía al cementerio. Las personas ue vivían ahí se asustaban

y se escondían ya ue sabían la hora ue iba a pasar ese

viento.

Al padre de la Iglesia de San Lorenzo, ya le había dado

miedo. Decidió hablar con los hijos de la seora para decirles

ue uno de ellos tenía ue hablarle al alma de su mamá,

porue ella se ha había ido debiendo algo o dejando algo

pendiente. Después de haberles dicho eso, fue un hijo de la

seora a confesarse donde el padre. El padre le puso santos

oleos, reliuias, le había bendecido y le dijo: “vas a ir a la entrada

de la casa, te vas a acostar en la tierra de costado vas

a esperar a ue ella llegue después le vas a hablar”. l decía

ue iba a hablarle a su mamá, para ue ella le avise donde

39 Recipiente de greda

40 Madre Tierra


[ 72 ]

74

dejó enterrados los tapados para él poder sacarlos. Pasó un

tiempo en el ue él esperaba a su mamá en la entrada de su

casa. Llegó la hora, él se puso bien atento en ue su mamá

ya iba a llegar, e hizo lo ue el padre le dijo. Cuando sintió y

escuchó el silbido del alma de su mamá, ue ya estaba ahí, él

le dijo “Mamá”. Ella respondió: “Qué uieres hijo”. Al oír

eso se desmayó y cayó a suelo. No hizo nada. El padre dijo

ue fue porue él era muy angurriento, el peor de todos los

hermanos, y ue él no tenía ue ser así.

Después el otro hijo decidió hablarle al alma de su mamá

porue pensaba ue era algn enemigo, o algo ue ella debía

a alguien. El hijo fue donde el padre, con buena fe a confesarse,

y le dijo ue él no le iba a tener miedo al alma de su

mamá. El padre hizo lo mismo ue con el otro hijo: también

le puso lo mismo pero a él, a diferencia de a su hermano, le

eplicó todo bien empezando porue él no tenía ue ser angurriento

ni debería ir a hablarle a su mamá por ambición.

Sino ue tiene ue ser con buena fe y por su propia voluntad.

Entonces el hijo le hizo caso, fue a la entrada de la casa, esperó

ahí echado en la tierra de costado, escuchó el silbido de

su mamá ue ya se estaba acercando, esperó hasta ue llegue

ahí, se puso atento y una vez ue ya estaba ahí le dijo al alma

de su mamá:

- Mamita, ué uieres, ué necesitas - La madre le respondió

al hijo:

- Sauen la plata. Está enterrada en una olla en la entrada

de la casa y lo demás está en la entrada del corral, donde

hacíamos la Pachamama. - Le dijo:

- Van a desenterrar la plata y se van a repartir la plata

pesando en romana por igual todo. Ninguno no se va a hacer

uedar más. - Por ltimo le dijo: - háganme rezar un

novenario para ue Dios me perdone por haber escondido la

plata blanca, en vez de repartirla a mis hijos.

- Está bien mamá.- Al día siguiente los hijos fueron a desenterrar

los tapados, hicieron todo lo ue le dijo su mamá,


hicieron rezar los novenarios y desde auél día, el alma perdida

de la señora no volvió a salir de la puerta cementerio hasta

hora.

[ 73 ]

75

EL BEB EN LA QEBRADA

Narradora Oral: Asunta Gutiérrez

Recopiladora: Yesica Natali Chavez Gutiérrez

Profesora: Edith Miranda

N

n vez, cuando yo era chica, mi papá nos ha mandado

a cuidar a los animales al campo. Siempre ue íbamos a

cuidar a los animales, llevábamos ropa para lavar y de paso

íbamos a baarnos. na vez ue hemos llevado los animales,

les hemos echado por ahí arriba y nos hemos puesto a lavar

ropa. Por primera vez, mi cuada ha ido con nosotras, y ella

tenía su bebé chiuito. emos terminado de jabonar la ropa

y todavía faltaba enjuagar. Mi hermana se ha puesto a lavar

la cabeza ahí en el agua. Mi cuada estaba con su bebé, ahí

lavando ropa cuando de pronto sentimos ue un bebé lloraba

y lloraba. Entonces nosotros decíamos “ué bebé es

ue llora” y mi hermana pensaba ue era el otro hermano

mas chiquito que nos ha seguido dice:

- Debe ser el Elías, ue nos ha seguido y no nos hemos

dado cuenta.

Yo he subido de una sola carrera ahí arribita a ver si era él.

Lloraba y lloraba, y subo ahí arribita... y resulta ue no era

él. Era de ande nosotros ue lloraba el bebé. En la uebrada

y nosotros nos hemos empezau a asustar, a tener miedo, qué

bebé era que lloraba y nos hemos desesperau... y no sabíamos

ué hacer. Le veíamos el bebé de mi cuada: él estaba durmiendo

(era bebé de un mes) estaba durmiendo.

No sabíamos ué hacer y todavía faltaba enjuagar la ropa.


76

[ 74 ]

Cuando de pronto el bebé era una cosa que se acercaba más

y más ande nosotros. El miedo era más ue nosotras, no sabíamos

ué hacer. emos empezau a salir de la uebrada,

les digo: “vamos”. emos saliu de la uebrada corriendo.

emos dejau toda la ropa ahí en la uebrada, porue faltaba

enjuagar, y mi cuada ha agarrau a su bebé a las marcas 41 , y

hemos salido a carrera. Ya el bebé ue lloraba, era fuerte y

ahisito sentíamos era como si fuera al lado de nosotros ue

lloraba el bebé y no veíamos nada. Así ue se hemos asustado

feo. emos saliu ahí arriba, al bordito y ahí se hemos sentado

todos asustados.

Ahí estábamos con los animales, y nadie uería bajar a la

uebrada. De pronto, el bebé seguía llorando y seguía llorando

ahí y después ya se ha ido alejando. Ya se sentía

como más lejos, más lejos... como que se iba ese ruido quebrada

arriba. Se ha empezau a callar, pero ha durau como uince

minutos poray 42 . Recién se ha empezau a alejar, así más lejos

y se ha ido. Después ue ha pasau todo eso, recién nosotros

de nuevo hemos hecho coraje de bajar a enjuagar la ropa. Así

con miedo hemos enjuagau y hemos sacau a tender la ropa.

Ya tarde se hemos ido a la casa y le hemos contau a mi papá.

Mi papá segn decía porque el bebé de mi cuñada no era bautizado

que poray el duende se ha queriu apegar a él. Nosotros

allí jamás nos habíamos asustau... y así ue, de esa vez, no

hemos vuelto nunca más.

41 Rapidamente

42 Por ahí, aproimadamente


LA ALMITA DE LA CESTA DE SAMA

[ 75 ]

77

Narrador oral: Celso Barrios Jaramillo

Recopiladora: Daniela Fernanda Barrios Zenteno

Profesor: Carlos Cruz

N

cen esta historia sobre un camionero ue llevaba

carga a la ciudad de Potosí. En una noche fría, de vuelta a

Tarija, dicen ue en la cumbre de Sama, él volvía solo sin

ayudantes. En una curva apareció una seorita ue le hacía

seas para ue le lleve hasta Tarija. Don Juan se detuvo y

le dijo ue subiera, y la llevó. En el camino, él le prestó su

campera (por el frio ue hacía) y le conversaba. Ella decía

llamarse Sandra y él le decía “qué hace sola en este lugar”. Ella

le contestó ue estaba yendo de vuelta a su casa para visitar

a su madre.

Llegando a Tomatitas, ella le dijo ue se uedaba y ue la

esperara. Como ella no tenía plata, iba pedirle a su madre

y que le espere un ratito. Se bajó y entró a su casa.

Al ver ue ella no salía, Don Juan toca la puerta y de

pronto sale una seora mayor y éste le pregunta por Sandra.

rande fue la sorpresa, cuando la seora respondió: “era mi

hija pero murió hace 3 aos atrás en la cuesta de Sama”.

Don Juan comentó todo lo ocurrido a su madre y le eplicó

ue le trajo hasta auí y ue se entró a su casa. Don Juan

solo uería ue Sandra le devuelva su campera. Luego Don

Juan se marchó a su casa y comentó a su esposa.

En otro viaje, yendo a Potosí, Don Juan paró donde había

levantado a Sandra, y verificó ue había una cruz donde

decía “Sandra Ruiz”. Al regreso de Potosí a Tarija, él decidió

volver a preguntar dónde estaba Sandra enterrada. Así Don

Juan visitó el lugar del nicho, donde sorprendido encontró

su campera.


78

[ 76 ]

Don Juan, al pasar el tiempo, comenzó a hablar de la almita

y un día se volvió loco Al pasar los meses, apareció

muerto.

LA CASA MOCA 43

Narradora oral: María Ordóñez Jaramillo

Recopiladora: María de los Ángeles Barón Villa

Profesor: Limberg Velásquez

N

cie día de febrero, en épocas de carnaval, donde las

mozas más airosas y sus churos 44 chapacos salían a disfrutar

de una rica chicha 45 y un buen baile, un grupo de amigos

llegaron a casa de Doa uadalupe Jaramillo. Entre risas y

coplas se fue pasando la tarde.

Como de costumbre, al caer el sol María debía volver del

campo donde todas las maanas solía partir con su alforja

cargada de una mollera, su pedazo de ueso y su cantimplora

cargada de agua. Tan linda era ella con sus ojotas charoleadas

46 , ue tan solo al verla te alegraba. Entre juegos y risas,

María cuidaba sus ovejitas. A ella le gustaba coser y bordar

sus propias muecas. Buscando una sombra donde refugiarse,

logró dar con la conocida “Casa Mocha”. Ahí pasaba las horas

cosiendo y jugando hasta ue el sol se entraba 47 cerca de

43 Sin techo

44 De bien, bueno, agradable

4 Bebida alcohólica de producción casera

4 De charol

4 Bajaba al horizonte


79


[ 78 ]

80

la oración debía volver. Ahicito 48 de llegar a su casa, se dio

cuenta ue le faltaba una oveja. A tuita 49 carrera cuesta arriba

fue a traer a su ovejita. Dio vueltas y vueltas y de pronto

a lo lejos, dentro de la casa mocha, la escuchó balar. Al

llegar, grande fue su sorpresa al ver como el duende hacía

bailar a sus muecas sosteniéndolas de las manos. Cuenta

ue ella ahí escondida, divisó a la oveja perdida a un lado

y rápidamente la levantó con sus brazos. De pronto escuchó

como este peueo hombre de sombrero grande y nariz

puntiaguda le preguntaba: “María con cuál mano uieres

ue te pegue con la de plomo o con la de lana”. Del susto,

María presionó con tal fuerza a la oveja, ue ésta comenzó

a balar. Su padre y su hermano, al ver ue María no volvía,

fueron en busca de ella y de pronto escucharon a la oveja balar.

Asustados corrieron hasta donde estaba María. Al llegar

donde ella, las muñecas se desvanecieron y el pequeño hombre

desapareció.

LA ISTORIA DE PEDRO

Narradora oral: Gabriela Peñas

Recopiladora: Florentina Peñas Añagua

Profesora: Heidy Perales

N

en una cierta época, un hombre llamado Pedro, de veintiocho

aos de edad, vivía en Villa Charcas. Decidió ir a

trabajar a la Argentina, dejando a su esposa Rosa y a sus

tres hijos ue eran María, Rosaura, Ana y José. Eran de tres,

cinco y siete aos de edad.

48 Cerca

49 Toda


Las palabras de Pedro a su esposa fueron:

- Cuida mucho a nuestros hijos. Yo regresaré pronto y

traeré mucho dinero. No uisiera irme, pero t sabes ue

donde iré hay mucho trabajo. Los uiero, se cuidan y volveré

pronto.

Después de un ao Pedro iba de regreso y feliz de volver

a ver a su familia. El iba caminando a su comunidad por los

cerros y de pronto vio a una mujer ue estaba a lo lejos. Caminó

más rápido para alcanzarla y se dio cuenta ue era su

esposa Rosa y él le preguntó:

- Qué haces en este lugar

- Yo me estoy yendo y no volveré nunca más. Ve rápido a

casa dejé a nuestros hijos sin comer. Cuando llegues cuídalos

y dales de comer – respondió ella.

Pedro llorando le pide ue no se vaya, ue no lo abandone,

por favor. Ella se fue por la dirección contraria y Pedro

triste siguió su camino. Llegó a un cerro desde donde se veía

su comunidad. l miraba en dirección a su casa y vio ue había

muchas personas. Se puso a pensar qué estaría ocurriendo.

Se apresuró y cuando ya estaba cerca de su casa, encontró

a una vecina y le preguntó ué hacía tanta gente en su casa.

Ella un poco apenada, le dijo que su esposa había fallecido.

[ 79 ]

81

ALMA PERTRBADORA

Narradora oral: Severa Porco Mamani

Recopilador: José Vasquez Porco

Profesora: Edith Sánchez

N

cnd mi abuelita vivía en la localidad de Eruiz

Oropeza, cada maana ella iba a trabajar muy temprano,

como a las tres de la maana, porue debía bajar a pie hasta


[ 80 ]

82

la carretera principal. Cada vez ue salía de su casa, siempre

le aparecía un señor de negro ue estaba sentado en la orilla

del camino. Ella se asustaba mucho. Cuando salía de su casa,

tenía miedo porue notaba algo raro en ese seor disfrazado

de negro. l tenía algo ue cubría su rostro. Ella pensaba

ue era un ladrón, ue le iba a hacer algo y, por ese motivo,

no se atrevía a ir a su trabajo.

n día le contó a mi abuelito ue le aparecía cada maana

un seor disfrazado de negro. Salieron con mi abuelito

a ver, pero no había nada en la orilla del camino. Otro día

mi abuelita se atrevió a hablarle y, cuando iba a hacerlo, ese

seor desapareció de la nada. Cuando mi abuelita vio eso,

ella se asustó demasiado y rápidamente se fue corriendo a

su trabajo. Cuando llegó a su trabajo, estaba más tranuila,

pero al terminar su jornada y cuando ya iba a su casa, vio a

ese mismo seor sentado en una plaza. Ella se fue corriendo

porue ya no uería ver más a ese hombre.

Cuando llegó a su casa se puso a pensar: “si ese hombre

fuera una persona normal, no estaría siguiéndome pero

si es un alma, eso sería aterrador Si de veras es un alma

vino por algo”. Así ue pensó ue debería armarse de coraje

y preguntarle. Ella era amable, se llevaba bien con las personas

ue conocía.

n día salió a enfrentar al alma y le preguntó: “ué te

hice yo a ti”. El alma hizo una seal y esa seal era el fallecimiento

de esa persona. Mi abuelita se asustó al ver ue

hizo esa seal de muerte. Mi abuelita escribió en la tierra:

“yo no te maté. Esa persona fue mi amiga ue uería venganza”.

De repente, el alma se fue y mi abuelita al fin pudo

estar tranuila. Esa historia le pasó hace 2 aos atrás.


EL CAMIONERO Y MARA

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83

Narradora Oral: Victoria Cavero

Recopiladora: Vanessa Varinia Guzmán

Profesora: Eleanne Flores

N

dicen ue había un camionero ue pasaba siempre por

Tomatitas. na vez, el camionero vio a una chica ue le alzaba

la mano. El camionero le alzó en el camión y le prestó

su campera. Mientras charlaban, el camionero le preguntó

su nombre. Ella le respondió: “me llamo María”.

El camionero le llevó a su casa y se olvidó pedirle su

campera. Al otro día, fue a su casa y le salió a atender una

seora. El camionero le dijo: “auí dejé una joven llamada

María y me olvidé pedirle mi campera”. La seora asustada

le dijo: “María murió, si no me cree vamos a su tumba” y su

campera estaba en la tumba de María. El camionero, desde

esa vez, se quería volver loco.

EL CIDADOR DEL CEMENTERIO

Narradora oral: Mirna Ayarde Ponce

Recopiladora: Mirna Estefani Mariscal Ayarde

Profesora: Yolanda Abán

N

ce unos aos atrás, se cuenta ue en el cementerio de

San Lorenzo, una noche como cualuier noche de auellas,

el sereno o cuidador tuvo ue uedarse a dormir allí. ubo

un comentario en el pueblo: estaban robando los cuerpos del

cementerio y los vecinos ue vivían alrededor argumentaban

ue escuchaban muchos ruidos por las noches.


[ 82 ]

84

Así es ue el cuidador decide uedarse a dormir, y así

averiguar lo ue estaba pasando. Transcurría la noche de

luna llena, no podía conciliar el sueo: escuchaba hablar a

personas en el cementerio, como si fuera de día. Sale a ver y

observa a muchos nios y personas adultas paseándose por

las diferentes calles del cementerio: algunos comentaban,

otros reían, otros lloraban y los nios jugaban. A lo lejos ve

ue en algunas tumbas habían velas prendidas. Viendo todo

esto, el cuidador se asusta y sale corriendo dejándolo todo.

Al otro día comenta con los pobladores sobre lo sucedido

y muchos no le creyeron. An así, los pobladores acuden

dudando al cementerio, para verificar la narración del cuidador.

Se uedan asombrados al verificar ue en las calles ue

eran de tierra, se podía observar huellas de adultos, de nios

descalzos y en algunos lugares como si bebés hubieran gateado.

EL DA DE TODOS SANTOS

Narradora Oral: Melchora Cáceres Caro

Recopiladora: Dina Gutiérrez Franco

Profesrora: Cintia Cardozo

N

neci muy hermoso y fresco esa maana. Con

pocas nubes en el cielo se veían lindas las puyaspuyas 0 floreciditas.

Fui a ver la chacra, estaba todo rocío. Pude sacar unos

cuantos choclos, bajar unas cuantas peras y duraznos. Llegué

a la casa a hacer mi avío con lo ue recogí y mi uesito

de chiva pa’ mi marido y pa’ mí. Después él se fue a cortar

la chacra y yo dejé acomodando todo en mi casa, k’arando 51 los

0 Flores

1 Dando de comer


cuchis 2 , chawando(ordear) las chivas y comencé a sacar

mi hacienda camino al campo. Cuando llegué a un lugar verdecito,

en eso me acuerdo de la jiesta 3 de Todos Santos. Me

volví corriendo a la casa a decirle a mi marido, el Néstor, ue

vaya al molino a hacer moler maíz pa’ hacer la chicha pa’ todos

santos. l como siempre nunca le gustaban las jiestas y era

un celoso acabau no me ha jecho 4 caso. Mejor, a gritos me ha

agarrau, diciéndome:

-¡Carajo de mierda!, te mandau 55 a cuidar los animales y no

a pensar en jiestas. Que botes los animales a las chacras. ¡Zonza,

burra! Pensando en las jiestas nomás parás 56 … ¿Qué es eso?

¿Acaso las fiestas te van a ayudar? ¿De fiesta en fiesta nomas queras

parar, acaso?¡Crees en todos santos!¿Acaso ves las almas?¿Qué

te han dicho, haber… ves que comen?¡Eres una sonsa, no sabes

nada!¡Ándate a ver los animales, que hagan daño pero, ya vas a

ver!¡Te voy a hacer pagar a vos…vas a ver!

Yo muy enojada sin decirle nada me saliu puerta ajuera

a ver mi haciendita. Ya estaba subiendo, jaldita 58 arriba

pensando... “Cómo hacer pa’ ir al molino pa’ hacer alguito pa’

esperar la almita de mi mamá” l no uería ni saber de hacer

nada. Así me pasau todo el día pensando y viendo la manera

de cómo iba a hacer.

Ya se iba yendo el día cuando me fui a amontonar a mis

animalitos. Mientras me juntaba unos cuantos palos de lea

pa la cena, ya que él no sabía ni de cuál lau 59 hacer llegar un

palo de leña pa hacerle de comer. Iba de camino a mi casa

[ 83 ]

85

2 chanchos

3 Fiesta

4 hecho

Te he mandado

Andas pensando en fiestas solamente

Me he salido

8 Faldita, falda

9 lado


[ 84 ]

86

y en eso me encuentro con mi comadre la Reinalda. Ella me

podía ayudar, le conté lo ue me ha pasau y ella me ha dicho:

- Mire Cuma, mi marido era igual ue el compadre, pero

lei dicho a mi suegra y ella la dau una güena latiguiada.

- El cumpa no cree nada

- No le haga caso yo se lo voy a llevar el maíz al molino.

De maanita voy a bajar pa San Lorenzo, usted llévelo

más tarde, cuando él no esté en la casa.

-Yo buscaré la jorma de llevar el maíz, muchas gracias

asta lueguito, iré pasando.

Seguía jarreando mis animales, pensando cómo iba hacer

llegar el maíz a su casa de mi Cuma. Cuando he llegau a la

casa, no estaba el Néstor. Rapidito cerré los animales, pesé

el maíz y me fui ande mi Cuma. Le deje el maíz, la plata y me

volví rapidito y con suerte llego a la casa y no había todavía

mi marido. Me he puesto a hacer de cena una rica sopa de

trigo. Mientras, lavaba los platos en la batea de palo y se

me acabó el agua. Corriendo fui a traer agua en los galones,

de la quebrada. Ya se acercaba la noche y él no llegaba, ya oscurito

ha llegau cansau de k’orar 0 , le serviu su plato para ue

cene y me jui a descansar. Al otro día me levante de maanita

a hacerme de comer un guiso de trigo con panza de vaca,

mote con ueso y ok’as 1 hervidas. Me puesto mi avío y mei

ido al corral a amamantar los chitos 2 y cha’war 3 las vacas pa

dejar la leche. Echando la panchera 4 para ue se haga ueso

y de nuevo me jui con mi hacienda y así pasó la semana.

Me jui a traer la harina di ande 65 mi Cuma. n día domingo

desperté y le dije al Néstor ue vaya a cuidar los anima-

0 desmalezar

1 Variedad de tuberculo, peuea

2 Bebé de cabra

3 ordear

4 Cuajo casero, usado para cortar leche

De donde


les, ue yo iba hacer pancito pa comer, él me ha jecho caso y

se fue al campo.

Ya se acercaba Todos Santos. Me puesto a hacer pan, tortas,

escaleras y muyapos para hacer la chicha. l solo sabía

ue yo iba hacer pan Escondí los muyapos y las tortas. Al

otro día el Néstor se fue a trabajar y yo me fui a cuidar las

chivas y las vacas. Las dejé pastando y me he puesto a hacer la

chicha para esperar las almas, y así hice tres días hasta ue

ha arropau .

Cuando llegó el día de Todos Santos, le mandé a mi marido

a San Lorenzo a comprar mercadería pa la casa y se

ha ido mientras ue yo me jui a sacar k’ora para ka’rar los

animales y ponerme a hacer lo ue yo tenía que hacer pa’ las

almitas. Me puesto a hacer él té pa poner a la mesa, he ido a

comprar flores de mi cuma y otras cosas ue necesitaba. Al

volver me puesto a cocinar lo ue más le gustaba a mi mamá

como: la leche con mote, papas con ueso, sopa de maní, alverjada,

guiso de lisa y otras comidas más. Al día siguiente

he saliu de maanita al cementerio a limpiar y enflorar la

tumba de mi papá y de mi mamá. Les he puesto sus guirnalditas

y me vuelto a alzar la mesa, porue ya iba llegar el

Néstor. Al llegar a mi casa rapidito, he sacau los animales a

cuidar, me llevau mi avío y mi puisca 8 jilando 9 . Como tres

aos he jecho lo mismo para Todos Santos. n ao me dice

el Nestor enojau:

-Vos ponís la mesa todos los aos a escondidasPensás

ue no me doy cuenta Yo voy a ver si queris Si es cierto

ue vienen tus almas voy ir a la uebrada a remojar este

[ 85 ]

87

piezas de harina de maiz

Instancia intermedia del proceso de fabricación de la chicha

8 Instrumento de madera para hilar lana

9 Epresión oral para hilando


[ 86 ]

88

cuero de vaca y me voy esconder debajo del cuero, auí en este

ku’cho 70 .

-No seas sonso Las almas te van a llevar pal ao yo

ué voy a hacer, escondete. Ya ue no me creis, pero ya verás

ue las almas te van llevar.

Ese día me levantau de maanita a hacer el tecito, mientras

acomodaba la casa pa poner la mesa he lavantau los

jarros para poner a la mesa. e puesto leche con pancito,

torta y un virqui de chicha, chancaca con pan y unas cuantas

flores.

Pa las doce he cosinau una sopita de maní, unas papas con

ueso, hey matau una gallina para hacer fritar, pa poner con

papas a la mesa, hey puesto arrope, mote con cuajada, y otras

comidas más ue les gustaba a los finaus. Mientras ue él

estaba escondiu debajo del cuero en el ku’chito de la casa, sin

mover ni un pelo. Yo hey dejau puniendo todo eso y mei ido a

cuidar mis animales, ahi arriba en el mojón del taita. Estaba

el cóndor sentado mirando mis ovejas, me saliu cuesta arriba

a espantarlo volando sea ido pa la banda, me juntau unas

cuantas leas, mientras cuidaba mis animales. La vaca desgraciada

se pasaba pal lau la chacra, me bajau jalda abajo a

alcanzarla. Le hablaba ue güelva y más rápido se bajaba. Ha

llegau nomás a la chacra. Le sacau cagando a la desgraciada

p’arriba y me ido a bajar las ovejas ue ya estaban arriba.

Les hey amontonau y me dau cuenta ue jaltaba la borreguita

ue estaba preada. Hey saliu waico 1 arriba buscándola. Ahí

arriba ha stau 72 ya con su corderito. Ley jarriado 73 , ande estaban

los demás animales y les he llevau rapidito al corral. Hey

cerrau rapidito, y mei ido a ver la mesa. No había nada lo qui

hey dejau. Me ido a la cocina a hacer más comida y hey puesto

0 Rincón

1 uebrada

2 a estado

3 Les he arreado


más chicha y más arrope, anchicito. Hey jecho un guiso de

lisas y una caldera de té, hey puesto eso y recién ha saliu el

Nestor de debajo del cuero. Todo calladito y asustau, me

saliu de ahí adentro 4 .

Me sentau en el poyito 75 y él se sienta a mi lau. Y me dice:

“Che… haya siu verda lo que me desiyas! Tu mamá a

llegau con hartas mujeres y hombres. Ella decía:

- Ay, que hará hecho mi hijta, su marido es malo y celoso,

no le deja hacer nada. Ella hace escondidito las cosa pa’

poner a la mesa. ¡Pasen, pasen! Comamos lo que hay.

Han entrau harta gente y no alcanzaba lo que estaba en

la mesa, no ha pasau ni cinco minutos y raspaban los platos.

El virqui de chicha raspaban juerte. Al ratito ha hablau ella

otra vez, decía:

- Ay, desgracia no ha enterau pa’ nada lo que ha puesto.

Otra señora le ha dicho:

- No comadre no se preocupe al menos a jecho algo, peor

es nada. Vamos a mi casa mejor cuma, mi hija hace harto

¡vamos,vamos!

Han salido todos por la puerta, unos tenían cajas, otros

erques y caas.”

Yo me he quedau calladita no lei dicho nada y él me ha

dicho:

- Pal año voy hacer yo, voy comprar mesas, sillas, voy matar

un bueye, un cuchi, un chivo, voy hacer dos cargas de chicha, todo

pa’ las almas.

Al otro ao se ha puesto a hacer todo él sólo, no uería

ni ue le ayude en nada. izo todo lo ue había dicho ha

puesto sus mesas y todo lo qui a jecho, y ese ao, en esos días

ha caído enjermo y ha muerto todo lo que él ha jecho ha serviu

pa’ su velorio y entierro.

[ 87 ]

89

4 Me ha asustado, saliendo de ahí adentro

Piedra para sentarse


[ 88 ]

90

Yo como todos los aos sigo haciendo pa todos santos pa

recibir las almas de la jamilia, mis hijos y mis nietos también

siguen la costumbre en sus casas.”

EL MOLLE DESCANSADERO

Narradora oral: Dora Arroyo

Recopilador: Daniel Alejandro Villa Velásquez

Profesora: Yolanda Abán

N

eced la seora Dora Arroyo ue hace muchos

aos atrás, le contaban sus abuelos ue entre la comunidad

de Tarija Cancha Sud y la Calama, había un lugar solitario

llamado el prieto, o también conocido como el tajo. Allí había

un gran molle viejo ue hacía una enorme sombra. Los

comunarios lo llamaban “el Molle Descansadero”, porue la

gente acostumbraba descansar en ese lugar bajo la sombra

de dicho árbol. Cuando algn comunario fallecía, se trasladaba

al difunto para enterrarlo en el cementerio del pueblo

de San Lorenzo, porue en la comunidad de la Calama no se

contaba con un cementerio propio en esos tiempos. Todos se

trasladaban a pie y el trayecto ue tenían ue caminar era

muy largo y soleado.

Ella cuenta ue los comunarios tenían mucho miedo de

pasar por ese lugar durante las noches, dice que ahí asustaba:

aparecían una tropa de cuchis negros con unos grandes colmillos;

se escuchaba el grito de los zorros en algunas ocasiones;

aparecía un hombre grande sentado y apoyau 76 en el

molle descansadero, con su sombrero grande y viejo, vestido

todo de negro, al ue no se le veía el rostro. Se veía un ca-

Epresión oral para “apoyado”


jón bajo el molle o cruzando la calle o camino, y el hombre

viejo desaparecía al instante. La gente comentaba ue era el

diablo o las almas de los difuntos ue hacían descansar en el

“molle descansadero”.

[ 89 ]

91


[ 90 ]

92

EL SEOR NOCERO Y EL CABALLERO

EN EL CABALLO BLANCO

Narradora oral: Rosa Paredes Fernández

Recopiladora: Ana Viviana Paredes Alvarado

Profesora: Carmen Rosa Abán

N

ce muchos aos, don Isidoro le contó a su hija doa

Rosa, ue en la época cuando él vivía en Tucumilla, le habían

contado ue en Iscayachi, sabía andar un hombre llamado

Ricardo.

Ricardo era un hombre de unos 0 aos ue andaba en

las noches. Salía como a las de la tarde de Iscayachi y bajaba

por Sama, luego por Tomatitas, hasta llegar al pueblo. Se

uedaba en Tarija hasta las de la tarde y luego volvía por

el mismo camino de noche. Caminaba toda la noche hasta

llegar a la madrugada a su pago. l tenía esta costumbre

ya eran como veces ue el hombre andaba así.

Cada tanto, volvía a bajar al pueblo en la tarde y luego

volvía a su pago a la misma hora. Pero el hombre, una vez,

cuando se dirige por Sama, escucha por detrás un ruido

era un caballero. Pasó nomás, no le dijo nada. La siguiente

vez ue volvía a su casa, escuchó de nuevo la misma bulla

por su detrás volvió a encontrarse de nuevo con el seor

sentado en su caballo blanco. El caballero le dijo a Ricardo

ue subiera a su caballo, ue él le iba a acercar. Ricardo

le dijo: “no se preocupe, puedo ir caminando”. Entonces el

caballero se fue y él siguió caminando solo y así llegó a su

pago.

Otra vez volvía del mercado y como de costumbre, subía

por Sama. Nuevamente apareció el caballero ue le dijo ue

subiera a las ancas del caballo. El hombre, para no decirle

ue no como la otra vez, hizo caso y se subió. El caballero

caminó con el caballo una larga distancia y Ricardo no po-


día aguantar en las ancas, por ue estaban muy uemantes.

De un rato, llegaron donde había dos caminos: uno era a

la derecha y el otro a la izuierda. El caballero estaba yendo

por el lado izuierdo. Entonces Ricardo le dijo:

– Por auí no es el camino, mi camino es por la derecha.

– Por auí es – respondió el caballero

Por ese lado sólo había una pea y estaba muy oscuro.

Ricardo, al ver ue el camino no era por ahí, se bajó de las

ancas y se cayó echado. Entonces el caballero se detuvo, y le

preguntó

– Por ué te has bajado del caballo

– Porue allí no es mi camino – el hombre respondió.

– Te voy a hacer unas preguntas: tienes cigarro, coca,

alcohol y cuchillo

– Sí – le dijo Ricardo, y le mostró las cosas.

El caballero le hizo ue fumara al hombre, ue coueara,

ue tomara el alcohol y por ltimo ue mordiera el cuchillo.

Luego ue el hombre hizo esas cosas el caballero le dijo:

– ijito, escucha. sta es la ltima vez ue te encuentro

por auí. No andes por la noche: la noche es mía y el día es

tuyo.

Diciendo esto el caballero se fue por el lugar oscuro donde

era una pea. El caballo corría, con las patas largando

chispas de fuego. El seor muy asustado se fue por su camino

un largo trecho y al caminar escuchó un ruido muy fuerte

y de miedo ya no volvió por ese camino. Enderezó por una

zanja pero ya no faltaba mucho para llegar a su casa. Estaba

muy alterado, subió por la zanja cayéndose, levantándose reiteradas

veces. Así perdió su sombrero y su ojota. Llegó a su

casa todo lastimado de espinas a los 8 días se enfermo, y a

los 15 días murió.

[ 91 ]

93


[ 92 ]

94

EL SSTO QE ME DIO NA LECCIN

Narrador oral: Hermójinez Martinez

Recopiladora: Mely Dayana Martinez Aguirre

Profesor: Flavio Cazón

N

en los aos 1980, mi abuelo trabajaba de casero de Don

Oscar, cuidando y regando plantas hasta las 19 pm. n día

de esos, ya eran las 2 am y él recién llegó a casa. Todos le

preguntábamos ué pasóPor ué no llegaste a cenar l

respondió con su peuea pero llamativa historia:

“Me uedé a regar las plantas y limpiar la casa del seor

Oscar y a mi regreso, venía solo y sin acompaante De

pronto escuché pasos detrás mío. Di la vuelta para ver uién

me seguía, pero para mi sorpresa no había nadie. Los pasos

seguían detrás de mí no les tomé importancia y seguí caminando.

Pero los pasos estaban cada vez más cerca, hasta

ue llegué a asustarme.

Empecé a caminar más rápido de lo comn, para ue los

pasos ue venían detrás, no me alcancen. En un momento

sentí un aliento y una respiración en mi hombro, algo ue

me hizo estremecer pero no paré de caminar. (Yo no creía

mucho en Dios, ni en los milagros; tenía 38 aos, los cuales

pasé sin creer y sin tener fe). De repente mis pensamientos

fueron interrumpidos por una voz gruesa ue decía mi nombre.

De tal susto, empecé a rezar una oración a Dios

Ya no había nadie detrás mío. Ya no sentía los pasos, ni la

voz ue me hablaba. Todo desapareció era un alivio para

mí. Solo se sentía la suave brisa de la noche y una tranuilidad

nica.

Seguí rumbo a casa. Al llegar eran las 2 am y mi esposa

me esperaba con ansias fuera de la casa con velas encendidas.

Les epliué todo. Ella me dio un fuerte abrazo y con

lágrimas en los ojos me dijo:


– Eres muy valiente

– No hubiera logrado nada, sin Dios a mi lado.”

desde esa vez, mi abuelo se convirtió en un seguidor de

Dios, yo creo ue fue una lección ue Dios le dio para creer

en los milagros y en la salvación.

[ 93 ]

95

N ESPRIT TRANSFORMADO

Narradora oral: Laura Tolaba Fernández

Recopiladora: Talia Gallardo Soruco

Profesor: Nils Alarcón

N

n tarde de agosto dos hermanos habían ido desde

Carachimayo al molino de San Lorenzo a hacer moler su

maíz ue iba cargado en sus burros. Justamente durante la

noche de ese mismo día, un seor junto a su familia, ue

vivían en Carachimayo, los cuales no eran del lugar, habían

ido a un bautismo, porue el seor era padrino del nio bautizado.

Festejaron, se divirtieron, comieron y bebieron. Luego

la familia uiso retornar a su casa en su auto, pero el

seor se perdió porue estaba borracho. Se dirigió con su

auto por el camino y en el puente de Carachimayo, sufrió un

accidente. Se había caído por un barranco hasta llegar al río.

Cuando los dos hermanos volvieron de San Lorenzo, por

la noche a eso de las 12 pm, escuchaban ue alguien se uejaba

en el río, pero ninguno de ellos sabía ue podría ser. nos

minutos después, uno de los hermanos volvió a sentir un

movimiento ruidoso más etrao ue el anterior. Entonces

le comentó a su hermano pero como éste no escuchó nada,

porue era sordo, entonces nada le preocupaba. En cambio el

otro hermano estaba un poco asustado e inuieto.

Siguieron su camino y, cuando estaban pasando por el

puente donde estaba el seor muerto en el río, sintieron frío,


96

[ 94 ]

se les pararon los cabellos y sintieron escalofríos y se les

arrasó 77 el cuerpo. En ese momento, salió una joven alta, de

buen cuerpo, cubierta la cara con un velo negro y con unos

libros en la mano. no de los hermanos le saludó, pero el

otro no le uiso saludar. Pasó esta joven y se fue camino

abajo.

Poco tiempo después salió un toro negro, resollando

fuerte, subió hacia arriba y volvió a bajar. Estos hermanos,

asustados al ver ue el toro se dirigía hacia ellos, apuraron

a sus burros sin importar si se les caía la carga de maíz

molido. Corrieron y corrieron sin parar. A uno de ellos se

le cortó la ojota y éste volteó a buscar su ojota pero no la

encontró, así ue corrió a pata pila 78 . Alcanzó a su hermano

y entonces corrieron sin parar hasta encontrar la casa

más cercana. Mientras corrían, voltearon a ver hacia atrás y

veían ue el toro venía botando fuego por la boca y haciendo

chispear las uas.

Luego lograron llegar a la casa de una familia humilde

(la primera ue encontraron). Llamaron a la puerta y salió

el dueo, sin pantalón y algo asustado al oír la manera

desesperada en ue gritaban este par de hermanos. Luego

salieron los perros. Ladraron y ladraron, lo ue hizo ue el

toro se volviera un polvo negro y desapareciera.

El seor les hizo pasar a los dos hermanos y les preguntó

ué les había pasado precisamente. Ellos empezaron a contarle

lo ue habían visto.

Al otro día, recién supieron ue había muerto un seor

en el puente y se les arrasó el cuerpo, y así supieron ue el

toro ue les apareció, no era toro, sino ue era el espíritu

transformado.

Ese día, la familia del seor ue había muerto, se dio

cuenta ue murió un miembro de su familia y dijeron ue

“Escalofrío”, “Nerviosismo”, “Adrenalina”.

8 De pie pelado, o descalzo


la casa estaba embrujada. Por ese motivo se fueron para no

volver.

En cuanto a los dos hermanos, por las noches tenían pesadillas

y se levantaban gritando. Ambos murieron por el

susto ue pasaron. Primero falleció uno y poco después el

otro, porue no se habían hecho curar bien.

A partir de ese día, en ese lugar donde se asustaron los

hermanos se hizo asustadero para cualuier persona ue pasara

por ahí en la noche o en horas no indicadas. Se dice ue

hay malas horas como ser las 12 del día o 12 de la noche. Así

es ue puede aparecer cualuier cosa ue llegue a asustar, y

más an en los lugares conocidos como asustadero.

Se dice ue cuando una persona obra mal en su vida, al

fallecer, pena su alma. Puede ser ue esté penando cuando

grita el zorro, cuando chilla la lechuza, cuando relincha un

caballo o una mula. O se puede transformar en cualuier

cosa, sobre todo en las noches.

[ 95 ]

97

EL JOVEN DE PATAS DE ALLO

Narradora Oral: Victoria Cavero

Recopiladora: Vanessa Varinia Guzmán

Profesora: Eleanne Flores Flores

N

Dicen ue habían unos enamorados ue se veían muchas

veces en un lugar ubicado en Monte Méndez. Ellos se veían

muchas veces, hasta ue un día la chica se uedó esperando

en ese lugar y el joven no llegaba. Pasando 30 minutos, el

joven llegó con un caballo colorado. La chica uedó mirándolo,

porue su caballo era de color blanco. La chica pensó

ue él se había prestado ese caballo. Se saludaron y también

se besaron, y el joven uería llevarla a otro lugar, pero el


98

[ 96 ]

caballo no uería ue suba la chica. La chica miró bien al

chango 9 , y vio ue tenía patas de gallo al pasar eso, la

chica se volvió loca.

EL ORRO Y LA MJER

Narradora Oral: Teodora Paredes Farfán

Recopiladora: Rosemery Fernández Paredes

Profesora: Eleanne Flores Flores

Lugar que ocurrió: En Cañahuayco

N

Í una mujer ue paraba siempre sola. Ella hilaba

mucho. na de esas noches, le apareció a la mujer, un mozo

con su violín. La mujer se enamoró del mozo. l se uedó y

le preguntaba muchas cosas a la mujer. Estaban durmiendo

los dos juntos, hasta ue amaneció. El zorro dijo: “yo iré

a barbechar 80 y t cocina, y llévame almuerzo a las doce.”

“Bueno”, dijo la mujer. Agarró el azadón y se fue el zorro a

barbechar.

La mujer hizo el almuerzo y fue a buscarlo al mozo. Anduvo

y no lo encontró. Solo vio a un zorro escarbando bostas.

Se bajó la mujer a su casa y cuando apareció el mozo:

“por ué no me llevaste la comida” dijo.

- Te busué por todos lados y no te encontré. Solo vi a un

zorro escarbando bostas.

- Ese fui yo - dijo el mozo. Entonces la mujer agarró y le

echo a los perros.

El zorro se fue guacaquiando 81 .

9 Joven

80 labrar

81 Aullido de zorro, gritando


LA CESTA DEL DIABLO

[ 97 ]

99

Narradora oral: María Sánchez Aguilera

Recopilador: Horacio Aldana Sánchez

Profesor: Limberg Velásquez

N

en la provincia de Méndez, en la parte norte de San

Lorenzo, se encuentra la comunidad de Tomatas randes.

oy dividida por sus habitantes, lleva el nombre de Tomatas

1 de Abril.

En auel pueblito maravilloso por su paisaje de sauces

llorones y su hermoso río de aguas cristalinas, sobre la carretera

principal, se encuentra la tenebrosa cuesta del diablo,

y al pie de ella, una curva bien cerrada.

En auella época no eistía un medio de transporte ue

llegara hasta esta comunidad. Los vecinos debían bajar

hasta la altura de la escuelita de la comunidad de Tomatas

randes para poder viajar a la ciudad. Iban a vender sus

productos como ser papa, trigo, arvejas, maíz, verduras, pelones

y otros, al tiempo ue aprovechaban para comprar las

cosas ue necesitaban y ue ellos no producían. El camión,

de marca Leylan, era del seor René Riuelme. ste hacía el

servicio a la ciudad de Tarija como nico medio de transporte

para las comunidades de Tomatas, Corana y Canasmoro.

Todos los días pasaba a las 4 de la madrugada, así ue la

gente debía madrugar para poder llegar a tiempo a la parada

(como ellos la llamaban) sino se hacían dejar 82 . Por lo feo de la

carretera, el camión tardaba, más o menos, unas dos horas en

llegar a la ciudad. nas personas viajaban solas, otras acompaadas,

y todos traían sus productos a lomo de burro, en

mulas y caballos. Todos debían pasar por la cuesta del diablo,

82 Se iba el camión sin ellos


[ 98 ]

100

una cuesta alejada de las casas, lugar solitario cubierto por

grandes molles, ue solo con la proyección de su sombra en

noches de luna llena, daba miedo.

En este lugar, sucedían apariciones de cosas diabólicas:

perros grandes ue caminaban junto a los viajeros y en un

determinado lugar se convertían en peueos y desaparecían

causándoles gran susto. na joven vestida de negro ue

les coueteaba a los hombres y cuando uerían acercarse

a ella, desaparecía dejándolos sin aliento; un jinete vestido

con un hermoso traje y del caballo ni qué decir todo ensillao

chapiau 83 con riendas de pura plata blanca. Causaba el espanto

de las bestias ue transportaban su carga y cuando

alguien se atrevía a mirarlo observaba toda la dentadura de

puro oro y veían caer de su boca grandes gusanos amarillos

ue les causaba tanto terror ue los dejaba mudos. En otras

ocasiones de repente, les alcanzaba justo en ese lugar otra

persona ue conversaba con ellos de forma normal. Pero no

faltaba un curioso ue observaba la vestimenta ue llevaba,

percatándose ue uno de sus pies tenía la forma de una pata

de gallo ue podían advertir por la presencia de la luz de

la mecha con la ue viajaban. Sin importarles la oscuridad

echábanse a correr sin parar hasta llegar al lugar donde les

esperaba el camión en el ue debían viajar.

Nadie pasaba por auel lugar sin eperimentar el terrible

miedo por las diferentes apariciones ue solían suceder en la

tenebrosa cuesta del diablo.

83 Epresión oral para “ensillado chapeado”: recado o montura con elementos de plata


LA POA ASSTADERA

[ 99 ]

101

Narradora oral: Asunta Villarpando Ivara

Recopiladora: Celinda Segovia Villarpando

Profesora: Janeth Gutiérrez

N

Í una vez en la comunidad de San Pedro de las

Peas, cuatro hermanos ue fueron a una poza verde y honda

a baarse. Cuando se disponían a salir por una cuestita,

les apareció una paloma de colores y se hizo muy grande.

Los nios se asustaron y se fueron a su casa. Algunas horas

más tarde, en la noche de carnaval, el hermano mayor murió.

Sus hermanos estaban asustados y decidieron hacerse

curar con un médico casero de la comunidad.

Al día siguiente, un hombre fue a buscar sus vacas tempranito.

Al estar pasando por esa misma poza, encontró un

caballo blanco grande sobre ésta, pero él no le dio importancia

y continuó buscando sus vacas. Finalmente las encontró

muertas y partidas por la mitad. El diablo le apareció y

él se asustó y uedó mudo. Cuando volvió a su casa, su mujer

le preguntó sobre las vacas pero él solo hacía seas.

Luego fue con el curandero ue le preguntó dónde se

había asustado. l dio a entender ue fue en una p’ajcha 84 ,

entonces el curandero, llevando su chicote y su cuchillo, lo

lleva hasta ese lugar. Encontró al caballo con el diablo, le

hizo la seal de la cruz en la paleta del caballo y entonces el

alma del hombre ue se asustó, regresó a su cuerpo.

Desde entonces se cuenta en la comunidad, ue esa p’ajcha

es asustadera.

84 Cascada, chorro de agua


[ 100 ]

102

MIEDO EN LA QEBRADA

Narrador oral: Amado D. Gutiérrez Tolaba

Recopilador: Elián Fernando Gutiérrez Osorio

Profesor: Nils Alarcón

N

n noche helada tenía ue ir a hacer un trabajo grupal,

ya ue en esos tiempos estaba yo cursando el 2 do de Secundaria

(ue ahora es el 4 to ). Antes de salir de clases nos

organizamos con mi grupo ue estaba compuesto por Roberth

y Luis. Decidimos ir a hacer el trabajo en la casa de

Roberth, ya ue él vivía más cerca del colegio. Quedamos

en encontrarnos a las 1 hs. en su casa. En esos tiempos estudiábamos

con luz de mechero ya ue no contábamos con

electricidad. Roberth tendría listas las velas y el combustible

para el mechero.

Antes de dirigirme a la casa de Roberth, mi mamá me

dijo ue alimentase a los animales en la mañanita, porue

ella no iba a estar.

Salí rumbo a la casa de Roberth. Estaba caminando tran-

uilo, y pasando por una uebrada, de repente grita un zorro.

Salté de susto y le apedrié 85 . El zorro se perdió por los chur-

uis y ya no lo volví a ver. Seguí caminando hasta llegar a la

casa de Roberth. Allí ya me estaban esperando y rápido nos

pusimos a hacer el trabajo, ya ue era mucho. Conversando

entre nosotros salió la charla de ue justo en la uebrada

donde gritó el zorro, era un asustadero 86 . Roberth dijo ue

a él le apareció una velita y Luis dijo ue él había visto una

sombra perderse al fondo de los arboles. Luego decidimos

seguir haciendo el trabajo para no perder el tiempo.

8 Epresión oral: apedreé

8 Sitio donde suceden apariciones o eventos ue asustan o espantan.


Acabamos nuestra tarea a las 10 de la noche y como ya

estaba oscuro, Roberth nos ofreció uedarnos en su casa a

dormir. Luis aceptó, pero yo recordé ue mi mamá me había

dicho ue alimente a los animales. Sí o sí 87 tenía ue irme a

mi casa. Me dirigí a mi hogar pensando en lo ue dijeron

mis compaeros del asustadero.

La noche estaba bastante oscura y sólo la tenue luz de la

luna, hacía ue las sombras se desprendieran de los arboles,

e iluminaba un poco el camino.

Yo caminaba tranuilo pateando piedritas y jugando con

mi honda. Ya a la mitad del camino a casa tenía ue cruzar

ese lugar oscuro ue llamaban asustadero. Yo estaba indeciso

entre cruzar o rodearlo, pero rodearlo llevaría el doble

de tiempo. En ese rato ue paré a pensar, pasaron unos 10

minutos.

Mi reloj de mueca marcaba las 22:30. Para mi suerte

vi una seora ue venía caminando lento. Por la ropa y su

forma de caminar, supe ue era una seora mayor con un

bastón en la mano, y decidí ayudarla. Lo confieso: solo fue

por sentirme acompaado y sentirme protegido por lo ue

me podía pasar en el asustadero. Me acerué a la seora y le

dije “ué hace una mujer sola a estas horas Si me permite

le tomaré del brazo y la ayudaré a pasar por este lugar”. Moviendo

la cabeza me dijo ue sí.

Y así fuimos cruzando el asustadero. Yo iba mirando a

todas partes por el miedo, pero no lograba ver nada más ue

las sombras de los arboles ue la luz de la luna proyectaba,

y el camino. Caminábamos lento, al ritmo de la seora; más

lento de lo ue yo hubiera uerido.

Ya llegando al final del llamado asustadero, di un suspiro

de calma, sabiendo ue esa noche no me había pasado nada.

Se me ocurrió preguntarle a la anciana si no le daba miedo

caminar a esas altas horas de la noche por estos lugares:

[ 101 ]

103

8 obligadamente


[ 102 ]

104

– No le da miedo la oscuridad – le pregunté

irando su rostro hacia mí dijo:

–Cuando estaba viva, sí.

Al ver ese rostro pálido, ojos hundidos, poco cabello, piel

arrugada, salí asustado y corriendo llegué a mi casa y no

pude hablar hasta ue llegó mi mamá. Con mucho llanto le

conté lo ue me había pasado. Mi uerida madre me llevó al

curandero más cercano donde me hizo santiguar, y me bendijo

diciéndome ue era una mala hora para andar por esos

lugares.

CALLE “LA ECICERA”

Narrador oral: Carlos López

Recopiladora: Katerin López Fernández

Profesora: Elva Arenas

N

varias generaciones, en el lugar ue ahora es el

Barrio Oscar Alfaro, eistió una curandera a la cual la gente

llamó “la hechicera”. Llegaron a ponerle a una calle, ese

mismo nombre. Toda la comunidad se asombraba por la agilidad

ue esta persona tenía para curar. Ella vivía en una

propiedad en la cual tenía su propia casa de dos plantas: antigua,

oscura y de adobe.

Ella era una persona ue siempre se esmeraba en sus curaciones.

Algunas personas pensaban ue todo era pura brujería

para curar a toda persona de su enfermedad. También

decían ue escuchaban a ciertas brujas rodear el lugar en

donde vivía la curandera. Veían volar a las brujas a eso de las

12 de la medianoche y eso hacía dar más temor al acercarse

a ella. Esas brujas aparecían casi todas las noches en el lugar

donde la hechicera habitaba y se creía ue esas etraas

criaturas, eran creadas y dirigidas, por la hechicera del pueblo.


LA MJER BRJA DE LA COMNIDAD

[ 103 ]

105

Narrador Oral: Arnildo Rivera Aparicio

Recopilador: Cinthia Yanina Rivera Valdez

Profesora: Lesby Sonia Jaramillo Gutiérrez

N

n vez en la comunidad de Bordo Calama, vivía una

mujer llamada Catalina. Ella era muy temida por su fama de

bruja, los vecinos y toda la gente del lugar decían ue tenía

pacto con el diablo.

Don Armando, con sus más de 80 aos, aseguraba ue

el acuerdo se celebró en el cerro de las aguaitas a las 12 de la

noche de un viernes. Por efectos del pacto, la mujer podría

hacer y conseguir todo lo ue uisiera especialmente: curar

enfermedades, adivinar pérdidas y hacer dao. A cambio de

ello entregaría su alma al diablo el día de su muerte.

En prueba del acuerdo, el diablo le sacó a la mujer el dedo

mayor de su mano izuierda y él le entregó la punta de su

cuerno del mismo lado. La mujer lucía en su cuello el cuerno

diabólico, a modo de medalla. Lo mostraba orgullosa a sus

clientes, y así su fama se etendió por todos lados. Desde

entonces los vecinos de la comunidad acudían a ella en busca

de la solución a sus problemas. Su casa se convirtió en una

posada ue se tornó terrible y peligrosa. Ya anciana sufrió

por primera vez de una etraa enfermedad, a consecuencia

de la cual desapareció por 4 días, sin ue nadie pudiera dar

razón de su paradero. Cuando reapareció lo hizo totalmente

cambiada: ya no uería trabajar, ni ver a nadie. Duró pocos

meses y al fin dejó de eistir.

Aunue en la comunidad, se acostumbraba velar a los difuntos

durante 3 noches, poca gente acompaó al velorio

por temor a ue algo malo les ocurriera. Cuando el diablo se

enteró del fallecimiento de su socia, emprendió rápido viaje,

ensilló su caballo negro con una montura plateada, ue relampagueaba

con los reflejos de la luna.


[ 104 ]

106

Además como la distancia ue le separaba de la casa de

la bruja muerta era de varios kilómetros, debía darse prisa.

Iba dejando a su paso un ruido sordo ue retumbaba por

todos los confines. En ese momento dos campesinos ue se

dirigían a su chacra, arriando 88 su burrito, escucharon de

pronto el ensordecedor ruido ue cada vez se acercaba más.

Se detuvieron para atender mejor y uedaron paralizados

de terror al observar el relámpago de los aperos y espuelas

de la maligna figura. En menos de unos segundos, el diablo

cogió a unos de los campesinos, lo subió al anca del caballo y

le dijo: “Agárrate fuerte” y prosiguió su loca carrera. Llegó

a eso de las 3 de la madrugada. De inmediato se dirigió al

cuartito de la bruja, convertido en perro negro. De repente

se apagaron las velas y se pudo escuchar el ruido de la

tapa al abrirse el atad. Varios vecinos se inmovilizaron de

espanto, otros rezaban, cuando otra vez se encendieron las

velas. El cajón apareció destrozado por el suelo, el cadáver

había desaparecido, el diablo llevó a la muerta de una sola

mano. Cuando el día ya clareaba, se detuvo, bajó el cadáver

al suelo, le pasó la ua por la frente, la partió en dos partes

iguales ue se distribuyó con su acompaante, diciéndole:

“Toma tu parte. Esta es mía”. Rápido volvió a cabalgar y se

perdió sin rumbo. n poco recuperado del susto, el campesino

caminó sin saber por dónde, pues estaba completamente

perdido. Después de unos ocho días pudo llegar a su casa.

Profundamente conmovido, refirió la historia a su familia y

se retiró a descansar. Se le brindó toda la clase de cuidados,

en medio de rezos y oraciones, pero cuando uiso levantarse

sintió fuertes dolores de cabeza. Se enfermó muy seriamente

y comenzó a enflauecer, hasta ue a los pocos días murió.

Desde entonces los vecinos de la comunidad tienen mucho

miedo a los brujos, especialmente a los descendientes de la

mala mujer.

88 arreando


LAS BRJAS

[ 105 ]

107

Narradora oral: Lucía Villa

Recopiladora: Camila Nataly Fernández Rivas

Profesora: Yolanda Abán

N

generaciones pasadas, cuando los papás de nuestros

abuelos eran nios y no había tele, ni radio, menos teléfonos,

ni luz siuiera

“Después de terminar una jornada de trabajo,

donde todos ayudaban y compartían una comida con

alimentos de la propia tierra donde trabajaban, era

costumbre sentarse a escuchar una historia de Quevedo,

para reír mucho, o mejor todavía si era de miedo

para ue al salir e irnos a acostar, agarrados de las

manos, sintiéramos los jalones de los más miedosos.

La historia ue más recuerdo y la ue nos gustaba

escuchar varias veces a mis hermanos y a mí, era la

historia de las brujas:

eneralmente, cuando habían fiestas y los hombres

se ecedían tomando unas copitas de más y se

recogían solos, pasada la medianoche, por las calles

oscuras de San Lorenzo (lo ue hoy es el barrio “La

Banda”), se les aparecía la bruja: una cabeza de mujer

con los cabellos sueltos y revueltos ue volaba y perseguía

al ue encontraba, amenazando con llevárselo.

Cuando muerto de miedo y curado hasta de su

borrachera, llegaba el hombre a su casa gritando, la

bruja era espantada y solo se iba si alguien salía con

una manta y hacía el ademán de tirársela encima. Entonces,

la cabeza despeinada se iba volando y se enredaba

en un churui, de donde pedía ue se la sauen,

pero se la dejaba ahí hasta ue desapareciera”


108


Lo raro era que la cabeza de la bruja era de una mujer conocida

del pueblo y que mi abuela no me quiso dar su nombre.

[ 107 ]

109

EL CONDENADO (I)

Narradora oral: Ermelinda Ramos Ramos Rueda

Recopilador: Rodrigo Villa Perales

Profesora: Heidy Perales

N

cen la historia ue, cerca de un pueblito muy pe-

ueo, con apenas algunas viviendas, una iglesia y algunos

caminos de tierra, eistía una casa donde vivía una mujer

con sus tres hijos. Su esposo acababa de fallecer. Pasaron

tres días y el hombre se había levantado de su tumba. Muchos

creen ue se convirtió en un condenado. Antes la gente

decía condenado a las personas ue generalmente se levantaban

de su tumba y estas personas se comían a su propia

familia.

El hombre fue a su casa y su esposa se había sorprendido

al ver a su esposo caminando. l le dijo: “yo estoy vivo,

no muerto”. También le dijo a su mujer ue no le contara a

nadie ue él estaba ahí y la mujer estuvo de acuerdo. Al día

siguiente la mujer se fue a traer lea y llegó tarde a su casa y

vio ue le faltaba uno de sus hijos y le preguntó a su marido:

“dónde está nuestro hijo”. Y el respondió: “está sentado en

la ventana”. Ella le creyó. Pasó otro día y la mujer de nuevo

llegó tarde a su casa y notó ue faltaba otro de sus hijos.

Ella le preguntó: “dónde está nuestro hijo”. Y de nuevo él

le dijo ue estaba en la ventana. Ella siguió confiando en él

y cada vez ue le daba algo de comer él le decía ue no tenía

hambre y así pasó otro día. La mujer esta vez vio ue la ropa

de su marido estaba con sangre, el piso también estaba con


[ 108 ]

110

sangre y no estaba ninguno de sus hijos en su casa. Ahora la

mujer le preguntó: “dónde están los nios” Y el le respondió

enojado: “ué se yo”.

Ella se había dado cuenta ue su marido se había devorado

a sus hijos. Inmediatamente la mujer pensó en escapar y

le dijo a su marido ue iba a orinar. na vez afuera empezó a

correr rumbo al pueblo, pero él le seguía y le gritaba: “Dónde

estas”. Ella escuchaba cada vez más cerca los gritos de él

y finalmente llegó al pueblo y pidió ayuda a unas monjas ue

pasaban por el camino. Ellas, al oír lo ue le había pasado, se

pusieron alrededor de ella formando un círculo.

Estaban agarrando sus cruces y orando cuando el condenado

llegó hasta donde estaba la mujer. Intentó sacar a

la mujer del circulo hasta ue en uno de sus esfuerzos cayó

y su estomago se reventó. Las monjas uemaron el cuerpo

y en medio del fuego salieron tres palomitas. Las monjas

le dijeron a la mujer ue esas tres palomitas eran sus hijos.

Luego de todo esto la mujer se fue a otro lugar y nunca más

regreso.

EL CONDENADO (II)

Narradora oral: María Castrillo

Recopiladora: Gustavo Tribeño Castrillo

Profesora: Heidy Perales

N

e esposo de María había muerto dejándola a ella y a

sus hijos en la miseria. La familia desconsolada no dejaba

de llorar. Ella no iba a visitar la tumba por prescripción del

médico, ya ue padecía de una afección cardíaca causada por

los maltratos del esposo.


Muchas tardes se la había visto mirar meditabunda el

horizonte, como si esperara la llegada de él. Así lo hacía día

a día. Deteriorada su salud por tan singular pérdida, y perseguida

por las deudas de su esposo y los recuerdos, decide

alejarse de la comunidad junto a sus hijos. Se trasladan a

la capital donde busca trabajo para mantener a sus hijos y

olvidar el pasado.

n día, recibe la visita de Julia, amiga inseparable, uien

le cuenta todas las novedades ocurridas en el pueblo natal.

Con bastante preocupación le refiere la aparición de un

hombre parecido a su esposo. Al recibir esta noticia, María

se ueda perpleja. Desde la visita de Julia, para María las

noches son más largas y las lágrimas ya no son un consuelo.

Ella maldice la hora de su matrimonio y su nico consuelo

son sus hijos, ue son la razón de su vida.

na maana, dejando a los nios dormidos, con actitud

resuelta, se dirige a la cancha donde le dicen ue “Jampiri”

sabía de estas cosas y ue podía ayudarla. Echadas las hojas

de coca, el adivino le asegura ue su marido se ha condenado

y ue la está buscando, pero ue el condenado se perdió en

un pantano.

Cansada de tanto acoso, decide acudir a un sacerdote de

la iglesia más cercana, uien le dice ue es menester ue ella

espere rodeada de nios, a los ue los aparecidos, no se acercan

por ser angelitos, y le pregunte el motivo de su condena.

Resuelta a enfrentarlo, retorna a su pueblo rodeada siempre

de nios. Espera pacientemente el espectro hace su aparición,

pero al verla rodeada de nios, desde lejos y con voz

lastimera le dice:

- Ven, no te voy hacer nada.

Ella muerta de miedo, pero sintiéndose segura con los ni-

os, sigue al aparecido. Al fondo del patio de su anterior vivienda,

al tiempo de sealar un rincón, cae y se vuelve polvo.

Al siguiente día, muy intrigada por lo ocurrido la noche

antes, llama a algunos vecinos para cavar el lugar donde indicó

el aparecido. Más grande fue su sorpresa, al encontrar a

[ 109 ]

111


[ 110 ]

112

poca profundidad, un cofre lleno de oro, dinero y joyas. Bendice

el alma del difunto esposo y con ese dinero hacer dar

sendas misas por su alma y con el resto salvó su situación.

EL CONDENADO (III)

Narradora Oral: Genoveva Bamba

Recopiladora: Karen Magali Castillo Baldiviezo

Profesora: Cintia Cardozo

N

e cuenta ue en la comunidad del Rosal, donde las casas

son distantes y las viviendas humildes, vivía una pareja

ue no había contraído matrimonio. Tenían un nio de un

ao de edad. El hombre era malo y le pegaba mucho a su

mujer. Además le daba para los gastos medidito, para ue ella

cocine: primero comía él, hasta ue se hartaba bien, y luego

recién podía comer ella, si es que sobraba alguito. Si no sobraba,

tenía que raspar la olla para poder comer siquiera alguito.

n día él se fue al cerro a ver los sembrados. Ella aprovechó

de hacerse algo para comer, porue ese día no había sobrado

nada de comida para ella. Ya era tarde y tenía hambre.

Se cocinó rapidito y se apuró lo más ue pudo y cuando ya

estaba comiendo, vio ue venía su marido. Escondió rápido

la olla y su plato. Su bebé estaba llorando, así ue alzó a su

bebé para ue se callara. En eso, llegó su marido y se enojó

mucho al escuchar llorar al nio. Le pegó a la seora, le dió

de patadas y puetes uería matarla. Ella logró hacerse

soltar y escapó con su bebé en brazos. l salió por su detrás 89

para poder alcanzarla. Ella se escondió en un corral de piedra

viejo ue encontró, y él, no viéndola, se fue por otro ca-

89 Detrás de ella


mino. Ella volvió a su casa y cerró bien la puerta (para ue,

por si acaso él regresaba, no pudiera entrar). l se fue por el

cerro y se hizo de noche mientras seguía buscándola. Cuando

estaba volviendo a su casa, pasando por el río, vio ue venía

un hombre, vestido todo de negro, sentado en su caballo.

El caballo venía a todo galope, canchando 90 los herrajes. l se

apuró y corrió lo más ue pudo, pero como estaba oscuro, no

se dio cuenta de donde pisaba, se despeó y murió.

El día siguiente, al amanecer, la mujer despertó y se le

hizo raro ue no apareciera su marido. Pensó en esconderse,

creyendo ue volvería más enojado, esta vez a matarla. Se

fue con su bebé donde su hermana. sta tenía una hija jovencita

de 14 aos, ue iba a cuidar sus ovejas todos los días por

el mismo caminito. Ese día la moza salió con sus animales

como de costumbre, y en el camino vio a alguien echado ue

no se movía. Las ovejas se espantaron, pero ella se acercó

para ver si estaba bien, y le dijo:

- Seor levántese, mis ovejas se asustan - pero él no se

movía. La joven pensó ue estaba muerto, se asustó muchísimo

y regresó corriendo a su casa. Le dijo a su mamá lo ue

vio. Ella también se asustó y fue a avisar a los demás vecinos

para ue fueran a ver ué es lo ue pasaba. Todos fueron al

lugar cuando llegaron hasta ahí, la mujer se acercó a ver

uién podría ser. Se asustó porue era su marido, y más an

porue tenía los ojos y la boca abiertos. Los mayores de la

comunidad le dijeron ue el diablo le había robado el alma

al hombre. La mujer les pidió a sus vecinos ue estaban ahí,

ue la ayuden a llevarlo hasta su casa, donde lo velaron y

luego lo enterraron. La mujer se sentía triste aunue más

tranuila porue ya no volvería a golpearla el marido.

Pasó como 91 una semana y la mujer seguía con su vida normal.

Ella se ponía a hilar y se uedaba hasta tarde hilando.

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90 Sacando chispas

91 Aproimadamente


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114

Como en ese tiempo no había luz, se hacían claridad con una

vela y en una de esas de noches alguien le habló por la ventana.

Sin dejarse ver, le dijo:

-Le pasaré una velita de hueso - ella se asustó y se uedó

calladita con su bebé sin decir nada.

-Por ué trabajas hasta tan de noche Para eso es el día

El día es para vos y la noche es para mí - y se fue Ella

miró por una rendijita de la puerta y vio ue era un hombre

ue estaba todo de negro, con su caballo canchando los herrajes.

La mujer se uedó temblando con su hijo en brazos y

esa noche no durmió nada. Amaneció sentada en su cama

Al amanecer puso a su bebé en la cama, y se fue a prender

el fuego. Puso la caldera, se hizo té y se preparó su avío.

Después se fue al cerro con su hijito a cosechar lo ue su

marido había sembrado antes de morir. Se hizo tarde y bajó

rapidito para hacerse cena. Ya oscurito, mientras ella cenaba,

vio desde su ventana, ue a lo lejos venía alguien. Era un

hombre, vestido de negro. Le hablo a la mujer diciendo:

-Seora, por dónde es el caminito para llegar hasta su

casa-. Ella le dijo - por ahisito nomás vengase-. Llegó a su

casa, lo hizo pasar y le invitó un plato de comida. La vela

ya se estaba apagando y no hacía mucha luz por lo ue no

se veía muy bien. La mujer fue a prender otra vela para ue

hubiera más luz y cuando miró bien al hombre vio ue era

su marido. l ya tenía su cuerpo totalmente descompuesto:

gusanos le caían de su cara, le salían de los ojos, la boca y los

oídos. El hombre le dijo:

- Me llevó el diablo, estoy condenado por ser tan malo en

vida. T no sabías pero además de pegarte, me metí con mi

sobrina cuando era joven.

La mujer, muerta de miedo, agarró a su hijo y salió corriendo.

Al mirar atrás, el condenado venía detrás de ella. La

mujer se apuraba lo más ue podía e iba rezando a la Virgen

María, pidiéndole ue la ayudara. El condenado se acercaba

cada vez más y la mujer rezaba y pedía con más fuerza. De

pronto, le apareció la imagen de la virgen y le dijo ue no


se asustara, ue ella le ayudaría. Le dio unas reliuias, ue

eran como una luz muy fuerte, y le dijo ue se subiera a un

molle y ue cada vez ue él mirara hacia arriba, ella dejara

caer una reliuia para ue él no la pudiera ver, y ue se bajara

del molle cuando el gallo cantara por tercera vez. Ella le

agradeció llorando y se apuró a subir a un molle ue estaba

en el camino. Apenas terminó de subir, llegó el condenado

y decía:

- uele a carne humana - y uería mirar hacia arriba

ella lanzaba una reliuia y él ya no podía verla. Así pasó

toda la noche, en el molle lanzando las reliuias cada vez

ue miraba el condenado. Antes de ue amanezca, apareció

el diablo y se lo comió al condenado. l también uería

mirar hacia arriba y la mujer lanzó una reliuia, y el diablo

desapareció.

Por fin amaneció. Esperó arriba hasta ue el gallo cantó

por tercera vez. La mujer pudo bajar del molle con su bebé

y se fue a su casa. Temía por ella y por su hijo, así ue fue a

la iglesia y le pidió al padre ue fuera bendecir su casa. Después

de eso, vivió tranuila por mucho tiempo, hasta ue su

hijo se convirtió en todo un hombre.

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EL CONDENADO (IV)

Narradora Oral: Modesta Sánchez

Recopiladora: Rilda Mamani López

Profesora: Marcelina Castillo

N

na de las historias ue les puedo contar es algo ue me

pasó a mí y a mi familia. Aos antes se escuchaba hablar

mucho sobre la eistencia del condenado porue en realidad

eistía. A mí me apareció dos veces:


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116

Como a las ocho de la noche, estábamos cenando yo y mi

familia. Mi hermano fue el primero en terminar de comer y

salió al patio. Como nosotros no teníamos luz, sólo utilizábamos

el mechero. Con la poca luz ue reflejaba el mechero

desde la cocina, mi hermano llegó a ver una persona afuera

del patio merodeando nuestra casa, y como el muro ue

rodea a nuestro patio no era muy alto pudo observar ue la

persona ue estaba afuera era un hombre. Mi hermano pensó

ue era el enamorado de mi hermana, entonces le dijo ue

se fuera, pero el hombre no le hizo caso.

Entonces mi hermano agarró una piedra y le tiró, volviendo

a repetir ue se fuera. Pero el hombre le respondió

tirándole una piedra al patio ue cayó muy cerca de mi hermano.

ste buscó la misma piedra y uiso tirarle, pero lo

ue le tiró, no era una piedra era un pedazo de puyla 92 . Cuando

mi hermano la alzó, se espinó toda la palma de su mano.

Asustado pensó ue ese hombre no era una persona, porque

una persona no puede agarrar y sacar un pedazo de puyla y tirarla.

Así ue entró en la cocina medio tembloroso, y nos contó,

cerrando la puerta con fuerza.

Al escucharlo, todos asustados no sabíamos ué hacer.

Mis hermanos y yo nos metimos en la cama casi llorosos

y mis padres pusieron al fuego un palo con punta de fierro

para ue cuando el condenado uiera entrar nos podamos

defender con el palo. Pero el condenado no entró, más bien,

dio la vuelta a la casa haciendo ruidos fuertes, como si tuviera

unas gigantes botas de agua, luego empezó a llorar y

gritar de una manera terrorífica.

Todos asustados escuchábamos los gritos del condenado

y los ladridos del perro, ya ue los perros cuando ven a un

condenado ladran y hay veces en ue no pueden ladrar o

empezando a ladrar lloran de susto con el cuerpo tembloroso

y sin poder moverse. Pero cuando escuchamos ladrar

92 Planta peuea con espinas parecida a un cactus


más lejos y más fuerte a los perros nos pusimos tranuilos

todos porue los perros lo estaban espantando. Esa noche

no salimos de la cocina.

Al día siguiente, cuando apenas amaneció, fuimos a buscar

las huellas del hombre condenado al lugar donde había

estado parado. Pudimos observar las huellas de sus manos

y dedos en la parte donde había buscado la puyla para tirarle

a mi hermano. Las huellas de sus manos eran muy grandes,

como de un gorila, y las huellas de sus pies eran igual de

grandes y se veía como si los hubiese arrastrado.

icimos curar a mi hermano de las heridas ue le dejaron

las espinas de la puyla. La segunda vez ue yo vi a un condenando

fue cuando salí a pastar a mis chivas y ovejas y al

volver en la tarde a mi casa me faltaban como cinco ovejas.

Mi mamá me regaó y me mandó a buscar a las ovejas en

plena noche.

Yo fui a buscar al cerro donde había ido a pastear. Cuando

estaba por la mitad del cerro, atrás mío había un hombre con

poncho blanco. Como mi tío Ricardo utilizaba un poncho

blanco y pensando ue era mi tío le hablé diciéndole: “tio

Ricardo”, pero no me respondió. Entonces seguí subiendo

más arriba del cerro, pero el seor del poncho blanco me

perseguía. Le volví a decir “tío Ricardo”, pero tampoco me

respondió. Fue entonces ue sentí ue mi cuerpo cambió

bruscamente.

Mi cuerpo temblaba, mi cabello era como si prendiera

fuego, mis dientes rechinaban, mis pestaas sonaban como

si hubiera electricidad, me escapé y me alejé lo más rápido

ue pude por encima de todo, sea espina, sea piedra, sea puyla,

sea lo ue sea, escapé sin sentir nada de dolor, ya ue

estaba muy asustada.

Bajé al otro lado del cerro, donde estaba mi escuela.

Cuando llegué, habían muchas personas porue se celebraba

una fiesta comunal. Mi hermano y mi hermana me fueron a

buscar gritando mi nombre pero yo no fui a responder nada

porue ya estaba al otro lado del cerro. Cuando me estaban

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buscando, mis hermanos vieron algo blanco en la mitad del

cerro y pensaron ue era un cactus blanco. Ellos recordaron

ue nunca habían visto un cactus blanco en ese lugar del

cerro y con el miedo se volvieron.

Entonces mi tía me llevó a mi casa. Mi mamá me regaó

porue no llegué con ninguna oveja y luego le epliué lo

ue me ocurrió. Me comprendió y me dijo ue las iríamos a

buscar al amanecer.

“Bueno así fue como yo conocí al condenado. Cuando el condenado

se acerca, nuestro cuerpo siente miedo igual que el de un

perrito. También dicen que si somos débiles, nos sangra la nariz

y no podemos caminar rápido, es como si estuvieran amarradas

las mismas partes de los tobillos. Los perros también sienten miedo

cuando ven un condenado, su cuerpo también reacciona de

manera diferente: no pueden moverse y a medida que ladran, ya

no pueden ladrar solo sueltan un pequeño gemido y se orinan de

miedo. El condenado es el mismísimo diablo ya que asusta a las

personas y puede quitarles su alma a las personas que les aparece

causándoles la muerte o quedar mal de la cabeza. El condenando,

después de aparecer, puede terminar en cualquier cosa ya sea un

gato negro, una víbora, una piedra, una planta, etc.”

EL LLANTO DEL ORRO

Narrador oral: Demetrio Arenas

Recopilador: Vladimir Barrios García

Profesora: Lesby Sonia Jaramillo Gutiérrez

N

en la comunidad de Calama, se cuenta ue el llanto del

zorro representa sucesos sobrenaturales o paranormales

como apariciones, llantos y gritos. Este seor nos relata una

historia muy interesante sobre un suceso en relación a lo

eplicado:


“Se cuenta ue aos atrás, un joven se encontraba camino

a su maizal para abastecerlo de agua; pero en el camino

escuchó los gritos o llanto de un zorro. En ese instante,

recordó ue sus abuelos le comentaron ue cuando eso sucede

uno debe alejarse del lugar, porue eso significa ue

algo peligroso puede ocurrir. Pero a este muchacho nunca le

fue fácil obedecer entonces tomó vigor y coraje y se adentró

en el monte para ver la razón por la cual el zorro gritaba.

Al acercarse, vio algo ue brillaba a unos metros de distancia.

Creyó ue era una persona ue se encontraba por ahí.

Se acercó más y notó una figura humana ue acechaba al

animal. l se aproimó y le habló, pero no respondía. De

pronto el silencio lo consumió. Se acercó más y lo tomó

de un hombro, pero lo ue vio fue algo muy espantoso: era

una persona en descomposición, se podría decir un cadáver

o condenado viviente. Tenía el rostro infestado de gusanos,

los parpados descompuestos y una nariz partida y colgando

junto a su ojo derecho. Esto aterrorizó al muchacho, uien

se uedó sin aliento y ni siuiera pudo eclamar un grito.

El muchacho se desmayó en ese momento y al día siguiente

su familia estaba en busca de él. Lo ue encontraron fue

terrorífico: su hijo estaba manchado de sangre y el animal

descuartizado de una forma muy atemorizante. Los padres

tomaron a su hijo y se lo llevaron. Al despertar el muchacho,

se encontraba asustado y con mucho temor a todo lo ue lo

rodeaba. Sus padres lo cuestionaron pero él no podía decir

una palabra: era como si se hubiese uedado mudo.

Desde auel día el chico actuaba de una manera etra-

a. Desaparecía por las noches y sus padres tenían ue salir

a buscarlo. Estuvo así durante varios meses, hasta ue

un día desapareció por varios días. Sus padres angustiados

lo buscaban sin parar. De pronto una noche se escucharon

nuevamente los llantos del zorro y durante la maana los

comunarios y su familia fueron a ver lo ue sucedió. Se encontraron

con una escena espantosa: el joven se encontraba

nuevamente ensangrentado y el animal hecho pedazos. Pero

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lo anormal, lo más sorprendente, fue ue el chico se encontraba

en descomposición al igual ue auel condenado.

Los comunarios, lo llevaron y lo enterraron.

Desde entonces, se dice ue el chico aparece por las noches,

en las uebradas y lugares oscuros, donde existen pocas

personas, y poca luz.

LOCRA EN LA NOCE

Narradora oral: Felipa Cano

Recopiladora: Fanny Soledad Llanos C.

Profesora: Patricia Acosta

N

cnd yo era nia, tendría como ocho aos, mis

padres me llevaron a visitar a un tío. l estaba muy enfermo,

cuando llegamos a su casa lo vimos recostado y muy agonizante.

Su esposa se encontraba muy preocupada ya ue no

sabía lo ue le pasaba. Mis padres le aconsejaron llamar a

uno de esos brujos chamanes, pero mi tía no creía en esas cosas:

ya los había llamado y no habían curado a mi tío.

n día mi tía llegó a mi casa muy espantada y nos contó

ue ayer por la maana mi tío había escapado y no sabían

donde estaba Mi tío ya llevaba como unos tres días desaparecido,

cuando mi padre volvía de trabajar en la chacra

vio a un hombre boca abajo flotando en el río. Fue a ver uién

era y era mi tío. Lo llevó a mi casa y mi madre le dio una

sopa. Pero él le dijo ue no uería ella insistió él empezó

a actuar violentamente, empezó a tirar las cosas y a patearlas.

Yo estaba muy asustada, mi tío no era el mismo de antes, él

era como si fuera otra persona. Mi padre después de calmarlo,

lo llevó con su esposa ya ue estaba harto de su actitud.

Con la ayuda de otros vecinos lo llevaron a su casa para des-


pués atarlo en una silla. Su esposa estaba aliviada y acordaron

uedarse despiertos para ue no se soltara y se vaya.

Ya eran las diez de la noche y se escuchó un ruido muy

fuerte mi tío se había desatado y estaba corriendo hacia el

monte. Mi padre y los otros lo seguían pero él gritaba:

- Déjenme ir l me persigue

Corrieron tanto hasta ue lo perdieron. En ese momento

no habían linternas así ue no podían ver nada. Estuvieron

unas horas buscándolo pero lo dieron por perdido y dijeron

ue volverían al amanecer. Cuando era de madrugada,

todos salimos a buscarlo y después de un rato de bsueda

lo encontramos pero él estaba muerto.

En ese momento todos estábamos espantados ya ue jamás

habíamos visto algo así. Mi tío tenía el estómago ensangrentado,

con sus tripas salidas y con las moscas alrededor.

Y lo más impactante era ue no tenía los ojos. Todos pensamos

ue fueron los animales del monte y no uisieron ue la

noticia se epanda, así ue le dimos una religiosa sepultura”

[ 119 ]

121

DON JAN DEL DIABLO

Narrador oral: Belisario Rueda

Recopilador: Samuel Marcelo Fernández Rueda

Profesor: Yolanda Abán

N

cn mi bisabuelo, ue en sus tiempos vivía en la

comunidad de Lajas un hombre llamado Juan Méndez ue

hizo un pacto con el diablo. Mientras toda la gente trabajaba

de sol a sol sin descanso alguno, los gobiernos dictadores de

la época día a día devaluaban la moneda. Por eso en lugar de

ganar algunos pesitos con la cosecha de temporada, terminaban

en deuda.


122


Pero a Don Juan se lo veía estrenar de fiesta en fiesta. La

gente no sabía cuáles eran sus negocios ue le daban tanta

prosperidad: tenía un hermoso caballo negro con montadura

enchapada en plata, ojotas charoleadas 93 , la hacienda ue

crecía día a día, un molino, la mirada de todas las mozas y la

envidia de los mozos.

Así transcurrían los días y Don Juan prosperaba ineplicablemente.

Se casó con la moza más linda de la zona, uien

le dio un nico hijo. Parecía ue los aos lo hacían más joven

y al mismo tiempo aumentaban los rumores de su pacto con

el diablo. No faltó un mozo audaz y corajudo llamado Pedro

ue estaba decidido a seguirle los pasos para conseguir la

buena fortuna. Estaba tan entusiasmado ue empezó a vigilarlo

día y noche a fin de comprobar si era verdad lo ue

decían las habladurías. Así descubrió ue de vez en cuando,

algunas personas ue iban a moler maíz al molino de propiedad

de Don Juan en el Picacho, no volvían: él los empujaba a

la posa. También pudo observar ue algunas noches de luna

llena, Juan se metía a la posa montado en su caballo Pedro

suponía ue iba a hacer tratos con el Diablo.

na noche de esas, Don Juan salió de su casa alrededor

de la medianoche. Rápidamente ensilló su caballo y se dirigió

hacia el Río rande, y Pedrito a carrera limpia por

atrás. No tardó en aparecer un rayo de fuego río abajo, con

dirección a ellos. Pedro se tiró de panza tras unas piedras y

pudo ver una terrible aparición ue se acercaba a todo galope.

Se escuchaba relinchar un caballo blanco con un jinete

vestido del mismo color, las riendas del caballo eran de oro

y al galopar brotaban chispas de las patas, resollaba fuego

vivo por la boca y en los ojos del caballo, se veía el mismo

infierno. El pobre Pedrito hubiese uerido salir corriendo

pero estaba paralizado del susto. No se atrevió a alzar la vista

para mirar al jinete, uien después de hablar un momento

[ 121 ]

123

93 De charol


[ 122 ]

124

con Juan, soltó una estremecedora carcajada. Mientras Don

Juan rogaba y suplicaba, el jinete alzó galope río abajo hasta

perderse en el picacho. Don Juan se uedó en el río llorando

y rogando a Dios por su esposa y su hijo.

El susto de Pedro fue tan grande ue llegó a su casa empapado

en sangre y nunca más se atrevió a seguir a don Juan

del Diablo. Al poco tiempo la esposa de Don Juan se volvió

loca y unos meses después murió su hijo. Esto llevó a Don

Juan a envejecer rápidamente y a la repentina muerte.

Mi abuelito decía ue cuando se hace pacto con el diablo,

siempre se pierde, porue el diablo da todo lo ue le piden

pero eige a cambio almas inocentes y cada vez más cercanas

al pactante y en caso de incumplir el trato, de todas

maneras se los lleva y les quita todo.

EL CABALLO DEL DIABLO

Narradora oral: Lila Arenas

Recopiladora: Mayra Pamela Arenas

Profesora: Heidy Perales

N

en la comunidad del Rincón de la Victoria, se cuenta

ue en las noches a partir de las ocho de las noche, aparece

un caballo blanco. n día se le apareció a un hombre llamado

Aurelio Cuellar, de sesenta aos de edad, ue vivía en esa

comunidad con su hijo y su esposa.

l estaba llegando de su trabajo, ebrio. Justo cuando estaba

andando por allí a esa hora, vio un caballo blanco ue

estaba lastimado. Don Aurelio era apasionado por los caballos,

así ue trató de llevarle al río para darle agua. Luego

lo llevó al mismo lugar donde lo encontró. Al llegar a su

casa contó lo ue le había sucedido a su esposa. Después de


unos días, Aurelio enfermó y le empezaron a salir manchas

negras por todo el cuerpo. Pasados algunos días falleció por

esa etraa enfermedad ue todos desconocían.

Al pasar el tiempo su esposa recordó todo lo ue le había

ocurrido a su esposo y contó la historia a su hijo. El joven

Paulo Cuellar fue al mismo lugar como a las doce de la noche

y le pasó igual ue lo ue le había contado su madre: vio

al caballo blanco ue estaba herido. l se asusto y corrió

hasta llegar a su casa y le contó a su madre. Desde ese día

esta leyenda se epandió por la comunidad y también por

comunidades vecinas: denominaron al caballo blanco como

el caballo del diablo.

[ 123 ]

125

EL OMBRE QE NO QIO CASARSE

Narrador oral: Estanislao Velásquez Jurado

Recopilador: Antonio Velásquez

Profesor: Carlos Cruz

N

ce muchos, muchos aos, en el Cantón de Tomayapo,

en Loros, vivía una pareja en concubinato. El hombre de

nombre Santos no uería casarse por nada. Siempre estaba

huyendo del cura y buscando cualuier ecusa para no

casarse. n día, él salió de su casa para ir en busca de comestibles

a la tienda del pueblo. Cuando estaba de vuelta a su

casa, le alcanzó el padre de la parrouia montado en su caballo

negro: el padre se llamaba Ananías. Le alcanzó al seor

Santos y le dijo ue en la noche iría a su casa para charlar

con su mujer y para casarlos de inmediato. Ahí fue ue el

Diablo en la forma del Padre del pueblo, Ananías, ya lo tentó

al seor Santos.


[ 124 ]

126

Cuando llegó a su casa, estaba actuando de una forma

rara y le dijo a su esposa Saturnina Velásuez, tía de Don

Estanislao, ue lo encontró al padre Ananías y le dijo ue

“va a venir a la casa para casarnos”, y ue él no uería casarse.

Entonces le dijo a Doa Saturnina, su mujer, ue le diga al

padre cuando venga, ue él se viajó y no volvería en días. Ella

le preguntó “Dónde te vas a esconder” y él le dijo ue se

iba a dormir por esa noche a la chacra. Agarró un cuero de

oveja, su poncho y se fue a la chacra.

Cerca de la medianoche, Don Santos escuchó los pasos

de un caballo ue entraba por la chacra, e iba directo donde

estaba él.

Al otro día la mujer fue a verlo porue no volvía y sólo

encontró el cuero y su poncho: él desapareció.

Ella avisó a los vecinos y lo buscaron por todos lados

pero no lo encontraban. Paso mucho tiempo, cuando llegó

una noticia de unos pastores de ovejas de la comunidad vecina

de Paicho, diciendo ue encontraron a un hombre en el

cerro donde nadie podía subir porue era peligroso y empinado:

de nombre Santos y de Tomayapo. En ese tiempo

el corregidor del Pueblo de Tomayapo era Don Estanislao

Velásuez, sobrino de Doa Saturnina y Don Santos. Le

avisaron a él, e hicieron un grupo de personas y fueron a

verlo cuando llegaron a Paicho, Don Santos había muerto.

Las personas ue lo habían hallado todavía con vida, dijeron

ue él había dicho ue el padre Ananías lo dejó ahí, y ue le

dijo ue volvería por él.

Las personas ue fueron a traerlo, buscaron un cajón

para llevárselo de vuelta a Tomayapo. Cuando lo llevaban

y justamente pasaban por el lugar cerca de donde fue encontrado,

el cajón se cruzaba de un lado a otro, y los ue

lo llevaban le echaron agua bendita y así dejo de cruzarse.

Cuando llegaron a la casa donde él vivía, lo velaron una noche

y esa noche

A medio de velarlo, en el cuarto donde estaba el muerto,

las gatas rasguaban el techo, uerían entrar y era como si


alguien echara tierra al techo y al cajón. Luego, en la puerta,

se apareció una mula negra relinchando y sacando fuego por

la boca. La gente ue estaba ahí sintió mucho, mucho miedo.

Don Estanislao tomó un chicote y salió atrás de la mula ue

se fue relinchando. Al día siguiente, lo llevaron a enterrar y

cuando lo estaban metiendo a la sepultura, el cajón se cruzaba

y no se dejaba manejar. Al final con mucho trabajo lo

metieron a la sepultura.

Al otro día, fueron a dejar agua bendita y flores. Encontraron

la sepultura abierta y el cajón abierto: no había el cuerpo

de Don Santos. Se presume que el diablo lo sacó y lo llevó.

[ 125 ]

127

EL MOLINO DEL DIABLO

Narradora Oral: Melchora Cáceres Caro

Recopiladora: Érica Vilte Orozco

Profesora: Cintia Cardozo

N

cen la gente ue hace mucho tiempo, en la comunidad

de Carachimayo eistía un molino. Allí habitaba una

serpiente de ojos rojos sangre, ue irradiaba brillo incandescente

con el sol. Reposaba en un molle ue se encontraba

al lado de auel molino abandonado, donde hoy en día, sólo

uedan escombros en el lugar. Se dice ue auella serpiente

era guardiana del molino y ue el Diablo la había dejado

para auellas personas desventuradas ue se les ocurriera

andar por ahí. Auellos ue lo hacen condenan su alma y

son capturadas por la serpiente en el molino, para ue al

anochecer el Diablo aparezca y se coma su alma. ritos desgarradores

perturban a las personas de Carachimayo.

Esta es la historia de Isidoro Fernández un hombre comn,

humilde, de campo. Lo caracterizaba su masculinidad:


[ 126 ]

128

se podría decir ue era un hombre honrado, de buena fe

ue más adelante daría un cambio drástico en la naturaleza

de su persona.

Todo inicia durante la época de carnaval, cuando Carachimayo

se pintaba de dalias y flores de campo. Era de notar

ue el verano era una época demasiado alegre, los hombres

salían montados a caballo con sus cajas y erues, su vestimenta

de bayeta, acompaada de sombrero y poncho, ue

caracterizaba su masculinidad. Salían cantando coplas, dando

bienvenida al carnaval.

Sus mujeres preparaban la rica chicha, el arrope y aloja

para la marcada de los animales. Las alegres chapaquitas

vestían con pollera, blusa, manta, sombrero con su característica

flor en la oreja y con los colores vivos del verano. Las

personas adultas con sus alegres danzas y tonadas repartían

chicha y aloja.

Justo fue durante la época de carnaval, ue Isidoro estaba

pasando por una necesidad económica muy fuerte. Mientras

otros festejaban, él estaba en el borde de la locura. Las desgracias

naturales ue acontecieron durante esos meses por

la zona, acabaron con sus sembradíos y, con la desesperación

de haberlo perdido todo, de no saber ué hacer, no podía ni

siuiera conciliar el sueo. Todo lo llevó a no encontrar otra

salida y tuvo ue pedir la ayuda del diablo.

na noche lo invocó, pidiéndole ue lo ayudara y ue a

cambio le daría lo ue uisiera. En ese momento pasó lo

impensable: al conocer la desesperación de este hombre,

pensando en aprovecharse de su humanidad, se presentó el

diablo en el lugar y le propuso un pacto.

Este consistía en ue Isidoro tendría todo lo ue uisiera,

pero a cambio él tendría ue entregarle un alma cristiana

cada mes y de no hacerlo condenaría su propia alma. Se llevó

adelante el acuerdo y así fue ue todos los meses Isidoro

le entregaba una persona. Misteriosamente empezaron

a desaparecer personas de la comunidad, y de comunidades

aledaas, de las cuales no se sabía nada. na vez ue desa-


parecían, solo sus ropas se encontraban, era como si la tierra

se los tragara, nadie veía nada.

Isidoro se había vuelto dueo de todos los molinos de ese

tiempo, un hombre con mucho dinero y muy poderoso en

auel entonces. Pero no lo hacía notar a los ojos de la gente.

Durante las fiestas de carnaval, la gente acostumbraba a

salir a compartir a las chicherías.Al anochecer la mayoría de

las personas retornaban a sus casas, pero una ue otra persona

se iba a reunirse en grupos para desvelarse copleando,

mientras tomaban chicha y bailaban.

na familia ue había venido desde el campo a celebrar la

fiesta de carnaval a la comunidad, se les hizo de noche y no

encontraban un lugar para descansar. Mientras caminaban

sin rumbo, de repente Isidoro se apareció y amablemente les

ofreció techo para pasar la noche, la familia muy agradecida

aceptó.

Isidoro llevó a la familia al molino para ue pasaran la noche.

Al llegar les dio unas mantas para ue pudieran echarse

a descansar. Se acomodaron con su hijito en medio. La noche

parecía tranuila, hasta ue fueron las tres de la maana...

todo estaba muy oscuro, no había ni una sola estrella en el

cielo, y la luna no había salido. n viento frio empezó a correr,

la puerta comenzó a rechinar lentamente una sombra

oscura y escalofriante se asomó por la puerta, algo agarró a

la mujer repentinamente y la sacó del molino.

Al amanecer el hombre abrió los ojos bruscamente al escuchar

a su hijo llorando, entonces vio ue su mujer no se

encontraba en el lugar. ritó, gritó y gritó su nombre pero

no apareció ni un rastro de ella. Así transcurrieron los días

y semanas pero no la encontró. no de esos días, cerca del

río un comunario encontró las ropas de la mujer ue vestía

ese día ue desapareció. Siguió con su bsueda, con la

esperanza de encontrar a su mujer, pero después de mucho

tiempo de buscarla terminó aceptando lo peor: ue nunca

más la volvería ver.

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129


[ 128 ]

130

Sin embargo, la verdad es ue esa noche auella sombra

ue se había infiltrado, había sido Isidoro. Su pura intención

de haber invitado a dormir a esa familia, fue para entregar a

la mujer al diablo.

Después de lo ue hizo, y al ver la desesperación y el dolor

del esposo por esa pobre mujer ue él entregó, se sintió

tan mal ue se dio cuenta ue no podía seguir haciéndolo.

Por un buen tiempo no entregó ningn alma cristina, pero

sabía ue le pasaría lo peor. Isidro no estaba cumpliendo con

lo pactado, así ue esa noche el Diablo anunció su llegada

con auel viento frio y tenebroso de costumbre. Pero Isidoro

tenía un plan entre manos: le uería proponer otro trato,

mejor an, para ue le perdonara la vida. En ese momento,

en la sombra más oscura del cuarto, salió de donde se encontraba,

mostrándose enorme, alado, con tres cuernos como

agujas ue trastornaban hacía atrás, sus pies eran como las

de un perro y sus manos pintaban uas grandes y gruesas

como la de un gato gigante y una cola larga con punta de

lanza. Isidoro al verlo y sentir un miedo aterrador en su interior,

rogó por su vida, suplicó, imploró, y por ltimo le

prometió ue le daría muchas más almas ue sólo necesitaba

más tiempo. El diablo muy molesto no aceptó y le dijo ue

un trato es un trato y ue como no tenía un alma para entregarle,

se llevaría la suya. El demonio con una sonrisa de

malicia y placer en el rostro, le dijo: “por tu avaricia y falta,

es hora de morir eternamente Isidoro”. ritos terribles de

dolor se escucharon esa noche.

Aos después de la muerte de Isidoro Fernández, sus

molinos se repartieron entre sus familiares, y terminaron

pasando de mano en mano, llegando a uedar solo ruinas de

ellos y en algunos casos absolutamente nada.

En la comunidad de Carachimayo la gente an cuenta

ue cada febrero en las fechas de carnaval, se suele sentir

un aire caliente y olor a azufre cerca de auel molino ue

impregna el cuerpo y el olfato. En unos senderos se puede

sentir como el cuerpo se estremece.


Así que si van algún día por la comunidad y ven un molino

tengan cuidado porque no es seguro ese lugar.

[ 129 ]

131

LA APARICIN DEL DIABLO

Narradora oral: Salomé Valdez

Recopiladora: Carmen Zenteno Tolaba

Profesor: Carlos Cruz

N

en la comunidad de Rancho Norte, cuando una persona

andaba a la medianoche, se le aparecía el diablo en forma

de un gallo blanco, o de persona parada adelante, incluso

muchas veces en forma de una persona muy uerida. Ese

lugar era un asustadero. abían dos partes donde aparecía:

la primera es en el puentecito de la casa de Doa Maura y

la segunda es en el canal de agua por el camino viejo (era

donde más asustaba). abía unas horas ue la gente decía

ue eran malas horas: desde las 12 de la noche hasta las 4 de

la madrugada. Las personas ue bajaban a esas horas por la

noche no tenían ue mirar atrás porue les aparecía… Donde

antes vivía Don José Luis enteno Valdez aparecía siempre

un hombre parado, todas las noches y se perdía por medio

de los arboles.


[ 130 ]

132

LA MALDICIN

Narrador Oral: Estanislao Benitez Choque

Recopiladora: María Isabel Gutierrez Benites

Profesora: Lesby Sonia Jaramillo G.

N

Í una vez, hace mucho tiempo, un hombre llamado

Manuel Baldivieso vivía cerca de Iscayachi, en la comunidad

de Tres Cruces, un lugar tranuilo con pocos habitantes.

En auellos tiempos don Manuel era un hombre de paz,

tranuilo, generoso, le gustaba compartir con la gente y hacer

amigos. l tenía veinticinco aos y estaba soltero. Solía

ir a pasar la fiesta de Santiago a Chamata, comunidad cercana

a Tres Cruces. n veinticuatro de julio, como todos los

aos, emprendió su viaje por la tardecita, acompaado de

sus amigos. Eran cinco o seis muchachos, iluminados por

los ltimos rayos del sol, el camino no era muy largo, pero a

ellos les gustaba pasarse el tiempo charlando y recordando

lo lindo ue pasaron la fiesta el ao pasado. Ellos recordaban

más ue todo a las mozas de polleritas cortas, a la chicha

de doa Lucinda y se preguntaban si ese ao iba ser igual de

divertido y lindo. Don Manuel estaba muy contento y emocionado,

nunca imaginó ue auel día tan esperado marcaría

su vida para siempre.

A la madrugada del veinticinco de julio llegaron a Chamata,

era el día del puchero y los tistinchos 94 . Llegaron bien

de maanita a la casa de doa Lucinda donde era la fiesta.

De llegadita, les dio un plato de puchero con sus tistinchos

ue no cabían en el plato, se pasaron el día cantando, conversando

y en la noche era lo bueno: el baile. Para su desgracia

don Manuel había tomado más de la cuenta estaba

94 Maíz maduro en mazorca hervido


irreconocible. No era ni la sombra de lo ue solía ser cuando

estaba sano. Los tragos hicieron de él un hombre bochinchero,

molestoso y malcriado. Más tarde, a eso de las once y

cuarto de la noche, comenzaron las peleas. Don Manuel molestaba

a uno y a otro, de pronto un hombre llamado Felipe

se le dio la vuelta y se agarraron a los golpes. Sus amigos

intentaron separarlos y parar la pelea. Pero era intil, no pudieron,

así ue decidieron dejarlo y retirarse. Como los dos

estaban muy borrachos tropezaron y cayeron, don Manuel

cayó encima y no dejaba de golpearlo, don Felipe sacó un

cortaplumas y le cortó todo el estómago. El corte era muy

grave, porue las tripas de don Manuel estaban casi afuera,

lo increíble fue ue no se daó ninguna. Todos los espectadores

se uedaron muy asustados en completo silencio. Don

Manuel se levantó sujetando sus tripas dio dos o tres pasos

y cayó inconsciente. Se les pasó la borrachera a todos y la

fiesta terminó. nos corrían a alzar a don Manuel, otros

corrían a agarrar a don Felipe, ue lo primero ue hizo fue

intentar escapar.

En ese momento hicieron un callapo 95 de palos para poder

alzar a don Manuel y llevarlo al hospital de San Lorenzo

para ue pudiera ser atendido urgente porue don Manuel

an permanecía con vida, aunue inconsciente, pero más o

menos . Veinte minutos después, él recuperó el conocimiento

y decía con una voz temblorosa y agonizante: “bájenme me

muero Me muero Por favor bájenme” Consiguió ue lo

bajaran, empujaba sus tripas con sus manos hacia adentro,

daba dos o tres pasos y se volvía a desmayar. Entonces lo

volvían a cargar y seguían su camino, esto se repitió tres o

cuatro veces, hasta ue don Manuel uedó completamente

inconsciente. A don Felipe le hicieron cargar solo la parte

de adelante del callapo amarrado con un lazo por la cintura

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133

9 Camilla


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134

para evitar ue escape. Otros dos hombres cargaban el callapo

de la parte de atrás, lo bajaron por Choroma y luego

por la cuesta de Calama, debían llegar al hospital de San Lorenzo.

Cuando llegaron al hospital inmediatamente lo cargaron

a un camión y lo pasaron a la ciudad de Tarija al hospital

San Juan de Dios donde lo atendieron de emergencia. A

don Felipe le hicieron pagar todos los medicamentos desde

la cárcel porue cuando internaron a don Manuel, apresaron

a don Felipe de inmediato. Permaneció en la cárcel hasta ue

don Manuel uedó completamente recuperado, más o menos

tres meses después.

Entonces recién don Felipe pudo conseguir su libertad,

obviamente, le hicieron pagar algunas multas para ue pudiera

salir sin problemas. Don Manuel se recuperó muy bien,

pero nunca volvió a ser el mismo. Después del accidente,

poco a poco, la avaricia y la ambición lo iban consumiendo.

Así fue pasando el tiempo. Don Manuel se casó, formó una

familia y nunca más se volvió a cruzar con don Felipe. Se

corrían rumores de ue don Manuel había hecho un pacto

con el diablo, pues no encontraban respuesta, ni eplicación

para la grande riueza ue poseía. En ese entonces, se lo

veía bajar por Chamata con una gran hacienda montando a

su mula negra. Don Manuel solía salir mucho en la noche y

su rumbo casi siempre era la cuesta de la Quiua. Caminaba

y caminaba hasta cierto lugar llamado El Cajón, lo llamaban

así porue era un camino muy angosto ue se desprendía del

cerro. En medio de dos barrancos muy altos, había un vacío

muy oscuro y profundo. Ese lugar era temido por todos y

más ue todo en la noche. Nadie se atrevía a pasar por allí,

sólo porue en ese lugar se habían cometido muchos crímenes.

Cuando los viajeros pasaban por allí con sus mulas cargadas

de plata, los cuatreros los asaltaban los mataban y

los tiraban al cajón. Don Manuel llegaba hasta ese lugar y

pasaba la noche allí, luego volvía a su casa todo tranuilo.

En la época de siembra, él sembraba mucho maíz para cam-


biarlo por sal o venderlo a los forasteros. Entregaba alrededor

de veinte o treinta cargas por semana. A pesar de ue él

era poseedor de grandes riuezas, siempre andaba andrajoso

vestía sus trapos viejos hechos de lana de oveja y tejidos por

su esposa.

n día había hecho un trato con un forastero para entregar

mucho maíz y no convenía perder auel negocio y

de ver ue el forastero no iba a recoger el maíz don Manuel

decidió ir a buscarlo a Chamata. Don Manuel vivía siempre

preocupado y con esto se molestó mucho y perdió la razón.

Estaba tan obsesionado con el dinero ue, cuando encontró

al forastero, lo obligó a ue fuera a recoger el maíz. Estaban

en camino y don Manuel actuaba como si estuviese discutiendo

y peleando con alguien, pero no había nadie. El forastero

estaba a unos cuantos pasos más atrás, llegaron a un

río el cual tenía dos maneras de cruzar: una era rodearlo y la

otra cruzar recto. Don Manuel decidió rodearlo y el forastero

como tenía prisa cruzó recto. Cuando llegó al punto de

encuentro, don Manuel no aparecía. Minutos después se fue

a buscarlo y se encontró con su cuerpo flotando en una poza

del río muy profunda. Muy sorprendido y asustado el forastero

no se atrevió ni a intentar sacarlo, lo nico ue hizo fue

correr a avisar a su familia. Se reunió mucha gente de Tres

Cruces y se lo llevaron para enterrarlo. Después de velarlo

lo llevaron al cementerio, los hombres de la comunidad decían:

“pronto vendrá y lo sacará”. Se uedaron a cuidar cinco

o seis hombres todos con coca, cigarrillos y trago, para

agarrar coraje por si algo pasaba. Todo estaba tranuilo y

de repente a la media noche vieron ue algo se acercaba muy

rápido: era una mula blanca ue botaba fuego por la boca, al

mismo tiempo ue pisaba soltaba chispas. n gran jinete de

sombrero negro, ue no dejaba ver su cara, llegó y entró al

cementerio. Los hombres muertos de miedo se ocultaron detrás

de una pared, se uedaron todos abrazados y temblando.

El jinete desmontó su mula caminó hacia la sepultura de

don Manuel y le dijo: “Manuel Baldivieso levántate”. Don

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Manuel se levantó de la tumba como si estuviera vivo, luego

le dijo: “uítate esa ropa” y don Manuel le hizo caso se uitó

toda la ropa, la dejó al lado de su tumba. Entonces el jinete

agarró a don Manuel lo puso en las ancas de su mula y se fue

eactamente por donde vino. Los cuidadores muy asustados

se fueron a casa y avisaron lo sucedido a los familiares. Fue

un momento muy triste así ue decidieron no comentarlo

con nadie y olvidar lo sucedido.

Varios aos después los hijos de don Manuel ya eran adultos.

no de ellos llamado Luis Baldivieso, había seguido los

pasos de su padre: practicaba mucho la brujería, se decía ue

era el brujo más eficiente del lugar. n día salió a caminar

a la comunidad vecina y cometió el error más grande de su

vida. Luis se enamoró de la persona euivocada, se enamoró

de Jacinta. na moza bonita, muy buena ue odiaba las

personas ue se dedicaban a la brujería. Fueron enamorados

por mucho tiempo, pero ella empezó a escuchar rumores de

ue Luis era un brujo. Así ue decidió ir a visitarlo sin avisar.

Justo auel día Luis había salido en su función de brujo

para lo cual desprendía sus ojos y su cuerpo, solo salía con su

cabeza, dejó sus ojos y su cuerpo en su cuarto. Jacinta llegó,

preguntó por él, su mamá ue estaba haciendo chicha, le dijo

ue había salido y no tardaba en regresar. Jacinta decidió

esperarlo, en un peueo descuido se metió en el cuarto de

Luis y se encontró con el cuerpo y sus ojos. Llena de rabia

agarró los ojos y actuó de la manera más normal con su suegra.

Se acercó a la olla de arrope y sin pensarlo dos veces los

tiró allí. Se despidió como de costumbre y se fue.

Al regresar Luis no encontró sus ojos, se dice ue le uitó

los ojos a un cuervo. A partir de auel día casi nunca salía

de su casa porue no podía ver bien ni caminar y nunca más

pudo volver a hacer brujería. Jacinta había uedado embarazada,

volvió después de un tiempo con el nio. Los comunarios

no uerían a nadie de esa familia así ue decidieron

matar al nio. n día lo secuestraron, lo llevaron al cerro y

lo abandonaron allí solo. Se dice ue el nio se convirtió en


un duende ue se les aparecía a los nios y se los robaba para

jugar con ellos y nunca más volvían.

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MI DIOS ME SALV DEL DIABLO

Narrador Oral: Jorge Ortega

Recopiladora: Juanita Ortega Soliz

Profesora: Edith Miranda

N

ce unos aos atrás, había un seor ue tenía un pacto

con el diablo. Yo era nio cuando, una tarde de esas, escuché

sonidos de herramientas, como si estuvieran peleando.

Mi mamá se asustó mucho y fuimos a ver lo ue pasaba. De

repente el seor Mateo Segovia salió del caal. Ella le preguntó

llorando:

- Qué ha pasado Quién lo estaba pegando

- No, no era nada ahijada era sólo una cochinada ue

me apareció. - Como mi mamá sabía ue era comprometido

con el diablo, imaginó ue eso fue lo ue se le apareció.

Pasaron tres meses ya era noviembre, tiempo de lluvias.

Todos estaban apurados, guardando sus cosas para ue

la lluvia no las mojara A la madrugada, sentí un tremendo

alboroto, lo cual me despertó. Era el mismo seor, Mateo

Segovia, padrino de mi mamá, ue renegaba gritaba a sus

sirvientas y peones. Me levanté de la cama, caminé hacia

mi madre y mientras ella cocinaba, yo me calentaba con el

fuego. De repente, vi dos hombres. Sus pies eran como patas

de gallina, sus sacos eran largos y overos. Ellos se dirijían al

rancho de Don Mateo Yo uería ver la cara de auellos,

pero no pude: estaban tapados con un trapo largo y negro.

Asustado pregunté


[ 136 ]

138

- Mamá, mamá... Quiénes son auellos hombres

- Dónde... - dijo ella. Intentaba verlos, pero no pudo.

Ella me regaó diciéndome: “llok’alla 9 mentiroso, chosñoso

97 ... ué ves si no hay nada”. Me dio un pechón 98 y caí

sobre las cenizas. Al instante ue entraron esos hombres al

rancho, el seor se calmó. Se tranuilizó, como si eso fuese

lo ue estaba esperando y tuviesen hecho un arreglo entre

ellos.

Pasaron los aos la gente desaparecía y morían de

vez en cuando, porue ese seor entregaba personas al diablo

a cambio de riuezas.

Crecí, y siendo ya joven, como era técnico, el seor Mateo

me hacía llamar varias veces para ue le fuera a arreglar

radios. Me hizo llamar con varias personas pero mi mamá

no me dejaba rogaba ue no fuera. Yo, caprichoso, ya no

le hice caso y me dije: “ué me puede hacer l no es más

ue Dios”.

Fui a la casa de ese seor, llegué y ufff!. Me sirvió diferentes

platos de comida, de lo mejor. Todo el día me alimentó

muy bien. Cuando uise venirme, no me dejaba. Sacaba

una y otra radio para arreglar. Tardecito, ya cansado, entre a

su casa para pedirle un alambre para captar ondas. Lo vi de

rodillas, sin sombrero, en dirección al sol. ablaba, saboreaba

y hacia pasar sus salivas A mi me dio vergenza entrar

e interrumpir lo ue estaba haciendo. Di media vuelta para

irme y justo hizo volar una gallina blanca, haciendo caer mi

gorra. Me fijé adonde cayó la gallina, pero no había ni una

blanca... todas eran de color oscuro. Me puse a pensar en

ese momento salió el seor. Yo ya uería irme, pero él no me

dejó: rogó ue me uedara. Entonces imaginé ue tal vez

uería hacerme algo. Como yo creía en Dios, clamé y dije:

9 Nio o adolescente

9 Lagañudo, ue tiene lagaas en los ojos

98 Empujón


“Dios mío, si este hombre me quiere hacer algo, por favor protégeme,

de las garras de satanás”

Así, confiando en Dios, acepté uedarme. Me dio un

dormitorio aparte. Cuando ya era medianoche, sentí ue alguien

chupaba y saboreaba mis cabellos. Desperté bien: era

Don Mateo.

En ese momento me puse a pensar ué hacer, uise darle

un puetazo por no faltarle el respeto no le se lo dí. Quería

hablarle pero gracias a Dios me llegó la idea de empujar

y moverme un pouito. Eso fue suficiente, ya no pudo

hacerme nada, porue se asustó. Y dijo: “va a disculpar

Don Orteguita, no uería despertarlo, estaba buscando unas

soguitas, ya sabe ue siempre hacen falta para cualuier cosita”.

Cuando salió del cuarto, todavía me uedé pensando,

ue tal vez había sido un sueo cuando toué mi cabeza,

mis cabellos estaban mojados y, comprobé ue era real.

Luego, a los pocos días, me enteré ue enfermó. A lo tres

días después de asustarse con mi murmullo. Ahí fue cuando

me hizo llamar, pidiéndome ayuda y me decía ue solo mi

Dios le podía salvar Rogaba, suplicaba y me abrazaba, diciéndome

ue por favor le pida a mi Dios ue lo salve. Yo le

contesté:

- Pero ué hizo usted en su vida, ué ha hecho de malo

Confiese todo lo ue ha hecho, pídale perdón, entonces l

podrá perdonarlo.

A los pocos días, vuelta me hizo llamar. Otra vez fui a

verlo. Estaba muy mal con todas sus fuerzas me abrazó y

murió en mis brazos. No le pidió perdón a Dios, y se lo llevó

el diablo, porue él falló y no pudo entregarme: yo tenía fe

en Dios Padre todopoderoso, el cual me salvó.

Después de su muerte, comenzaron a morir sus animales.

Toda su riueza se acabó y su familia uedó en la pobreza, y

ni siquiera les alcanzaba para comer.

[ 137 ]

139


[ 138 ]

140

NA NOCE TENEBROSA

Narradora oral: Santusa Anachuri Altamirano 99

Recopiladora: Lizbeth Isabella Aparicio Anachuri

Profesora: Osvaldo Gira

N

n noche, Don Marcelo Anachuri, estaba regresando

de curar. Acostumbraba llevar a un compaero pero el se-

or ue le acompaó esta vez era muy miedoso. Cuando ya

terminaron de curar, era más o menos las 12 de la noche. Al

regresar para dejarlo en su casa, Don Marcelo iba montado

por delante y su compaero le seguía a pie por detrás. Caminando

iban, conversando, pero de pronto, el caballo empezó

a inuietarse bastante. Cuando se dio vuelta para verlo a su

compaero, con la oscuridad vio ue venía él, pero estaba

raro. Cuando le habló, no le respondió. Entonces encendió

su linterna y vio ue no era él: tenía los ojos rojos, sus dientes

podridos y sus patas eran como de cabra. Como él no

conocía el miedo, de un salto se bajó del caballo, sacó su

chicote ue siempre llevaba en la cintura y le preguntó por

su amigo. Le dio tres látigos y le echó agua bendita y desapareció

ante sus ojos.

Fue a buscar a su compaero ue ya estaba cerca del río y

el río ese día estaba caudaloso. l lo uiso hacer volver, pero

el compaero no se dejó, sino ue seguía caminando. Don

Marcelo se dio cuenta ue por delante del hombre, iba un

caballo del mismo color ue el suyo. Entonces agarró fuerte

a su compaero para ue no entrase al río. El caballo ue

iba por delante, se entró al río pero no sintieron ue saliera

del otro lado. Don Marcelo volvió a encender su linterna

en la otra banda del río, no había nada. Le subió a su amigo

99 ija de Don Marcelo Anachuri, agricultor y curandero de Tomatas 1 de abril


al caballo y regresaron. Lo hizo llegar a su casa al hombre,

muy asustado por lo ocurrido. Lo dejó en su cama para ue

durmiera.

Don Marcelo volvió a montarse para regresar a su casa.

De pronto sintió un ruido, y su caballo volvió a agitarse y a

no uerer seguir caminando. De atrás le alcanzó un hombre

montado en un caballo de color blanco ue le saludó con una

voz muy fuerte a lo ue él respondió. Lo miró y no era

conocido. Empezaron una conversación de lo más normal.

Avanzaron con sus caballos a paso lento, el sujeto le dijo ue

era de la comunidad cercana de uancoiro, ue no está muy

lejos de Tomatas. Don Marcelo le creyó porue él conocía

a algunas personas de ese lugar y cuando él las mencionaba,

este sujeto las conocía también. Así ue entablaron una

larga conversación pero el caballo no uería caminar y

empezó a darse vueltas hasta ue Don Marcelo terminó en

el suelo. El caballo jalaba, uería escapar, pero él no se soltó

de las riendas y logró montarse nuevamente. El sujeto empezó

a reír a carcajadas. Le dijo: “ué pasa, los hombres de

este lugar no saben ni manejar un caballo” y continuaron

el camino.

Cuando llegaron cerca del cementerio, el sujeto le dijo:

- Espéreme, ue tengo ue entrar a sacar un encargo de

auí.

Ahí fue recién cuando Don Marcelo se dio cuenta ue

no era una persona y empezó a apurar el caballo y a hacerlo

correr pero fue en vano. El sujeto le siguió galopando y

se le cruzó:

- Aydeme a sujetar el caballo mientras entro a sacar mi

encargo del cementerio o sino me lo cargo a usted.

Así ue Don Marcelo tuvo ue dar la vuelta porue no

le dejaba avanzar. Llegaron a la puerta del cementerio, Don

Marcelo se bajó del caballo y lo amarró a un churue. El

sujeto desmontó y le dio su caballo para ue lo agarre. Antes

de irse lo advirtió: “si se va, donde sea lo encontraré”. Se

tuvo ue uedar en ese lugar esperándolo. Tardó un rato

[ 139 ]

141


[ 140 ]

142

Don Marcelo sintió ue era una eternidad hasta ue por

fin salió cargado con algo en el hombro. Primero pensó ue

era un uintal de algo, como estaba oscuro no se podía ver

bien. Cuando ya estaba más cerca, pudo ver ue no era lo

ue pensaba, sino el cuerpo de una persona muerta: de un

hombre. Le dio un poco de miedo. El sujeto le cargó en las

ancas de su caballo, le aseguró bien, se montó a su caballo

y le dijo: “gracias por ayudarme. Ahora puede seguir con su

camino, yo me tengo ue ir. Le dejo este jabón para ue se

lave las manos”. Entregándole el jabón se alejó a todo galope.

Don Marcelo guardó el jabón en el bolsillo, se monto a

su caballo y siguió despacio a su casa. No uería apurarse

porue pensaba ue le alcanzaría, ya ue se fue en la misma

dirección ue tenía ue irse él. Llegó a su casa y dio gracias

a Dios porue no le pasó nada.

Al otro día en el desayuno, contó a toda su familia lo ue

le había ocurrido. Para ue lo creyeran, se fue a buscar en su

bolsillo el jabón, y lo sacó delante de todos pero era solo un

hueso viejo.

a curiosidad le hizo ir hasta el cementerio donde ocurrió,

para ver a uién se lo llevó el diablo. Revisando todas

las tumbas dio con una ue estaba un poco hundida: era de

un hombre, ue la gente comentaba, ue en vida había estado

con su comadre.


EL MALINO DEL RO CICO

[ 141 ]

143

Narradora oral: Lidia Marina Choque Arenas

Recopiladora: Carla Lorena Aramayo Arroyo

Profesora: Yolanda Abán

N

cenn algunas personas de antao lo ue les voy a

relatar Ocurrió en el Río Chico, ue es el río ue separa a

Tarija Cancha Sud y Tarija Cancha Norte. Se dice ue antes

había una peuea poza en el río. Algunos cuentan ue por

el atardecer se les podía aparecer un hombre o una mujer,

depende de la persona ue se muestre ante el o ella. El hombre

o la mujer invitaba a jugar en la poza a todos los nios

ue cruzaban por ahí sin la compaía de un adulto. Algunos

nios se acercaban y no se daban cuenta de la poza y terminaban

ahogados.

Fue así ue un día a mi abuelita

“junto a una de mis hermanas, nos mandaron a

llevar pan a una de nuestras tías. En el camino, me

vine a uedar atrás de mi hermana, cuando de pronto

veo a un hombre vestido con un saco largo, pantalón

holgado y un sombrero grande sentado en una roca

en el centro del río chico, ue la incitaba a ir a jugar

diciéndole ue él tenía muchos juguetes dentro de su

bolsa ue solo tenía ue acercarsecasi lo hace, sin

darse cuenta de la poza ue tenía al frentele di un

grito ue la hizo voltearse y nos fuimos...”

Llegando a casa de sus tíos les contó lo sucedido sobre la

aparición del hombre en el río. Sus tíos asustados los acompaaron

a su casa por temor a ue ese hombre se les apareciera

de nuevo. Cuando llegaron a su casa también les contaron

a sus padres lo ue sucedió. Sus padres les contaron ue


144


en esa poza siempre se aparecía a los nios ue les gustaba

jugar y estaban sin la compaía de un adulto. Por eso es

mejor ue por esa parte del río siempre hay ue ir acompa-

ado porue en ocasiones aparecieron dos nios ahogados,

y nadie supo cuál fue el motivo.

Con el paso de los aos la poza fue desapareciendo poco

a poco. ay algunos ue aseguran ue el hombre/mujer ue

aparecía en el río era el Maligno ue trataba de llevarse a los

nios a su mundo.

[ 143 ]

145

EL BEB QE SE CONVIRTI

EN DENDE

Narradora oral: Plásida Humacata Añazgo

Recopiladora: Nelva Soledad Say

Profesora: Carmen Rosa Abán

N

e dice ue hace 30 aos, un día del mes de septiembre a

las 12 pm., en el cerro de Eruiz, conocido como “Cabrería”,

Doa Plásida fue a cuidar a sus ovejas y vacas. En ese lugar,

había duraznos, peras y membrillos. Mientras ella fue a bajar

duraznos para comer, llegó Don uillermo. En sus brazos

traía flores y un bebé muerto. Don uillermo le eplicó

a Doa Plásida ue su hijo había nacido muerto y lo uería

enterrar en ese sitio. A los pocos minutos cavaron un pozo

para enterrarlo. Don uillermo llamó a los vecinos para ue

lo acompaaran en su dolor durante el entierro. Don uillermo

les invitó un vaso de canela a todos, y después se

despidieron del muertito y se marcharon a sus casas.

Así pasaron los días, y el bebé que fue enterrado en la tierra de

la quebrada, se convirtió en duende.


[ 144 ]

146

A los 2 meses Don uillermo fue al lugar donde enterraron

a su hijo a dejar flores. Más grande fue su sorpresa al

ver el hueco ue había, donde antes hubiesen enterrado a su

hijo: estaba destapado y en el hueco no había nada.

Don Julio, esposo de Doa Plásida, todas las tardes iba

al cerro a buscar lea y varas para hacer canastas. Cuando

pasó por el lugar donde enterraron al nio, le apareció un

duende. El duende le hacía seas para ue se apegue hacia

él, pero Don Julio no le hizo caso y se fue. Al día siguiente

pasó por el mismo lugar y otra vez le apareció el duende

haciéndole seas para ue se acerue. Don Julio decidido,

hizo con sus manos una cruz. El duende salió escapando

por el cerro y se perdió en la uebrada, a la ue ahora le

llaman “Molloso”. Desde esa vez nunca más se apareció el

duende por ese lugar.

EL DENDE DE LA ACEQIA

Narradora oral: Emma Castrillo Añazgo

Recopilador: Manuel Yahir Cruz Castrillo

Profesora: Edith Sánchez

N

e por el ao 193 en la comunidad de Tomatitas. La

seora Marcelina Aazgo, pastora de ovejas, en ese tiempo

era una nia. Todos los días salía muy temprano a pastar sus

ovejas y sus chivas. Tenía un horario para recorrer ciertos

lugares. Llevaba sus animales largas distancias y luego las

llevaba a la aceuia para ue puedan beber agua. Las llevaba

por la maana y un día por la tarde muy cansada se sentó a

descansar y se uedó dormida.

Al despertar, muy asustada por la hora, retornó a su casa

rápidamente para meter los animales al corral. Su papá la


esperaba para ayudarle pero cuando estaban terminando de

cerrar los animales, su papá notó ue faltaban una oveja y

su corderito.

En ese momento su papá muy enfurecido le mandó a buscarlos.

Ya eran las nueve de la noche y Marcelina seguía

buscando hasta que por fin escuchó el balido y era cerca

de la aceuia. Tenía miedo de entrar ahí de noche ya ue

contaban ue por esa parte asustaba y comentaban ue ahí

enterraron un bebé. Más grande fue su sorpresa al ver ue de

arriba de un molle saltó a la aceuia un hombrecillo de sombrero

grande.

Al ver esto Marcelina huyó corriendo del lugar sin importarle

nada y escuchaba ue alguien entre risas como un

bebé la perseguía. Sin darse vuelta, Marcelina siguió corriendo

hasta llegar a su casa.

Su papá la esperaba en la puerta muy angustiado porue

no volvía. Al verla a lo lejos corrió a darle alcance. Marcelina

estaba sin aliento y muy asustada que no podía hablar. En

eso su papá la calmó y tranuilizó.

La maana siguiente el papá fue al corral y vio ue los

animales estaban completos n escalofrío corrió a través

del cuerpo de Marcelina y de su padre, ue uedaron sorprendidos

al ver esto.

A partir de ese día, Marcelina cambió de lugares para pastar

los animales y volvía más temprano a casa.

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147


[ 146 ]

148

EL DENDE DEL CAAL 100

Narrador oral: Agapo Aban Altamirano

Recopiladora: Paola Dayana Aban Huanca

Profesora: Heidy Perales

N

en Rancho Norte había una familia local de bajos recursos.

Ellos tenían terrenos en un sitio alejado, cerca del

río. La familia tenía un hijo peueo de 2 ó 3 aos de edad.

Como la familia era de bajos recursos, iban a cosechar verduras

ue ellos mismos plantaban en su terreno, el cual estaba

cerca de un canal.

n día como cualuiera, la madre junto a con su peueo,

como todos los días fue a sacar verduras del terreno ue poseían.

El nio jugaba muy animado mientras su madre sacaba

verduras. La madre acostumbraba a lavar verduras cerca

del terreno en el canal, para poderlas vender más rápido y

con mejor calidad. Cerca del canal había un caal en ambas

orillas donde formaba una cueva un poco oscura. Después de

sacar las verduras, la madre fue a lavarlas y su nio la acompaó.

l se fue a jugar en el callejón del caal y después de

un rato, la madre, al terminar su labor, se dio cuenta ue su

hijo ya no estaba en el lugar donde ella lo había dejado. Se

dio cuenta ue el nio estaba en el caal e inmediatamente

fue a ver su hijo y vio ue el nio jugaba con un peueo

nio de piel blanca y de ojos de color negro, vestido con un

trajecito de color blanco, con un gran sombrero blanco en su

mano. Era el duende. Después de un rato de ue el duende

viera a su madre comenzó a jalar al nio porue uería llevárselo.

El nio lloraba, entonces la madre fue corriendo y

agarró al nio de su mano y se lo llevó.

100 Caaveral, zona de caas


Los otros días siguientes no lo llevó. Después de un tiempo,

comenzó a llevarlo nuevamente y el nio lloraba cada

vez ue pasaban por el caal. Dicen ue cerca del caal se

escucha llorar un bebé y en los días impares se lo ve bailar

solo.

[ 147 ]

149

LA CASA MOCA 101

Narradora oral: María Ordóñez Jaramillo

Recopiladora: María de los Ángeles Barón Villa

Profesor: Limberg Velásquez

N

cie día de febrero, en épocas de carnaval, donde las

mozas más airosas y sus churos 102 chapacos salían a disfrutar

de una rica chicha 103 y un buen baile, un grupo de amigos

llegaron a casa de Doa uadalupe Jaramillo. Entre risas y

coplas se fue pasando la tarde.

Como de costumbre, al caer el sol María debía volver del

campo donde todas las maanas solía partir con su alforja

cargada de una mollera, su pedazo de ueso y su cantimplora

cargada de agua. Tan linda era ella con sus ojotas charoleadas

104 , ue tan solo al verla te alegraba. Entre juegos y

risas, María cuidaba sus ovejitas. A ella le gustaba coser y

bordar sus propias muecas. Buscando una sombra donde

refugiarse, logró dar con la conocida “casa mocha”. Ahí pasaba

las horas cosiendo y jugando hasta ue el sol se entra-

101 Sin techo

102 De bien, bueno, agradable

103 Bebida alcohólica de producción casera

104 De charol


[ 148 ]

150

ba 105 cerca de la oración debía volver. Ahicito 106 de llegar

a su casa, se dio cuenta ue le faltaba una oveja. A tuita 107

carrera cuesta arriba fue a traer a su ovejita. Dio vueltas y

vueltas y de pronto a lo lejos, dentro de la casa mocha, la escuchó

balar. Al llegar, grande fue su sorpresa al ver como el

duende hacía bailar a sus muecas sosteniéndolas de las manos.

Cuenta ue ella ahí escondida, divisó a la oveja perdida

a un lado y rápidamente la levantó con sus brazos. De pronto

escuchó cómo este peueo hombre de sombrero grande

y nariz puntiaguda le preguntaba: “María con cuál mano

uieres ue te pegue con la de plomo o con la de lana”.

Del susto, María presionó con tal fuerza a la oveja, ue ésta

comenzó a balar. Su padre y su hermano, al ver ue María

no volvía, fueron en busca de ella y de pronto escucharon a

la oveja balar. Asustados corrieron hasta donde estaba María.

Al llegar donde ella, las muñecas se desvanecieron y el pequeño

hombre desapareció.

LA QEBRADA DEL DENDE

Narrador oral: Gregorio Rafael Jerez Gutiérrez

Recopiladora: Fernanda Katherine Jerez Miranda

Profesora: Heidy Perales

N

familia Chocala criaba diferentes animales en Rancho

Norte. n día de esos la madre fue a cuidar a su ganado,

como todos los días. abía dejado a su bebé jugando con

10 Bajaba al horizonte

10 Cerca

10 Toda


arena cerca de la uebrada. Al atardecer regresó la madre a

buscarlo y ya no se encontraba ahí. Lo buscó toda la tarde

y no lo encontró. Regresó a su casa con todo su ganado y

de ahí fue a avisar a sus vecinos. Fueron a la uebrada (de

la tranca, más arriba) pero no lo encontraron. En la noche

seguían buscando, uebrada por uebrada de Rancho, pero

desgraciadamente no lo hallaban.

Ellos ya estaban desesperados y fueron a curanderos o

suertiadores 108 , y ellos le dijeron ue el duende se lo había

robado. También dijeron ue, al día siguiente al mediodía,

iba a aparecer el nio en la uebrada. Así es ue todos los

vecinos se prepararon y se escondieron por ahí. A las 12 del

mediodía, el nio apareció jugando solo. Las personas ue

estaban en ese lugar, le atraparon pero él no uería venirse

porue él decía ue estaba feliz y contento jugando con

otros amiguitos. Estaba tentado por el demonio del duende.

Pasaron los aos, y este chico se sanó, pero no del todo.

Quedó un poco atontado, distraído y disperso de la realidad.

Cuando fue más grande, se fue a la Argentina a trabajar en

los caales y de un día para otro desapareció de allí.

[ 149 ]

151

108 Adivino, oráculo


[ 150 ]

152

LA FLOR DEL DIABLO Y

EL PATRONO FLORESTAL

Narradora oral: Verónica Ponce Miranda

Recopiladora: María Belén Ponce Camacho

Profesora: Mery Luz Villa

N

ie atrás, un joven de 28 aos llamado Antonio

vivía en la ciudad. n día decidió ir a visitar a sus padres ue

vivían en el campo, un lugar muy bonito rodeado de cerros.

Al llegar a casa de sus padres y verlos, se puso muy contento

y decidió uedarse un tiempo con ellos.

Los padres de Antonio tenían algunos animales ue criaban

en corrales cerca de su casa y a otros los despachaban

al cerro para ue fueran a comer pasto. n día el padre de

Antonio tenía ue ir a ver a sus animales en el cerro. Como

el hombre ya era mayor y le costaba subir, Antonio, ue era

bueno y generoso, decidió ir en su lugar.

Al amanecer del día siguiente, Antonio preparó su avío

y se fue al cerro. Mientras subía, iba admirando las flores y

plantas ue crecían ahí. Cuando llegó, donde se encontraban

sus animales, vio ue todo estaba bien. Al bajar fue sacando

unas plantitas ue le gustaron mucho y al llegar a su casa

las colocó en macetas y las cuidó.

A Antonio le gustaron mucho las plantas. Pasaron dos

semanas y decidió ir a buscar más. A la subida, fue sacando

unas cuantas plantitas y se sentó a observar el paisaje. Pasó

el tiempo y cuando se dio cuenta, ya se había hecho de noche

e inmediatamente se levantó para ir a su casa. Mientras

bajaba vio ue en una pea brillaba algo. Fue a asomarse a

ver ue era y vio ue era una linda flor alantuya 109 de color

109 Flor de varios colores, fraganciosa y bonita


violeta. Se uedó muy sorprendido y bajó donde estaba la

flor para sacarla. Cuando estaba a punto de sacarla, escuchó

una voz ue le decía: “no saues mi flor o morirás” Antonio

se asustó mucho e intento irse pero no podía, porue la

flor lo tentaba. Intentaba sacarla de nuevo cuando siente ue

alguien lo empuja. Cayó y uedó inconsciente.

Al recuperar la conciencia, se encontraba en su casa todo

golpeado. Sus padres le preguntaron ué le había pasado.

Lo nico ue pudo recordar fue ue alguien lo empujó por

tratar de sacar una flor y un hombre lo cargó en su hombro

y lo llevó cerca de su casa y le dijo: “nunca más vuelvas a

sacar ninguna flor porue la flor ue intentaste sacar es del

diablo sino otra vez no la cuentas”. Por la eperiencia ue

pasó, Antonio uedó muy asustado y lastimado. Sus padres

lo llevaron al médico para ue lo curaran. La persona ue

salvó a Antonio era el Patrono Florestal.

[ 151 ]

153

LA LEYENDA DE LAS QIRSILLAS

Narradora oral: Lucía Mesa

Recopilador: Kevin Ángel Condori Mesa

Profesora: Osvaldo Gira

N

e una vez en la localidad de Quirusillas en la provincia

de Méndez. Allí vivían dos hermanos, Juan y Cirila, ue

pasaban cuidando las chivas de su uerida madre. Siempre

los observaba pasar por mi casa y seguir su recorrido hasta

una uebrada al pie de la montaa, conjuntamente con

sus animales. na maana mientras preparaba el desayuno,

escuché a los dos hermanos tener una discusión y luego se

comenzaron a empujar hasta ue los perdí de vista. Al ponerse

el sol, mientras estaba en mi casa, vi a Juan regresar


[ 152 ]

154

con sus chivas, pero no se encontraba con su hermana Cirila.

Pensé ue tal vez no había observado bien, y seguí con mis

actividades.

Ya eran las diez de la noche y me estaba por entrar a la

cama, cuando de pronto, alguien toca la puerta. Voy a observar

y era Cirila, uien se encontraba echada en la puerta

de mi casa. La metí a mi cama y ahí, un poco asustada, le

pregunté ué le había pasado:

“estaba peleando con mi hermano Juan durante

todo el camino hasta llegar a la uebrada. Ahí

se me ocurrió empujarlo al arroyo y lo hice. l se

enfadó mucho, pero no me hizo nada. Cuando llegó

la hora de volvernos, subíamos de retorno y en una

pea medio peligrosa me empujó y yo caí inconsciente

en el arroyo. Cuando volví a despertar, ya era

de noche y me encontraba con muchos golpes. Vi

una luz muy resplandeciente en el fondo del arroyo,

me acerué a observar y vi una gran cantidad de

uirusillas ue se podían mover y también creo ue

hablaban un lenguaje muy raro. Me acerué para

comprobar si lo ue vi era real y no recuerdo

nada más, solo ue desperté auí”

Lo ue me dijo Cirila me dejó pensando mucho. Por más

ue yo pensé ue se había inventado todo lo ue dijo, la realidad

es ue la encontré en mi puerta echada sobre plantas

de quirusilla 110 .

110 Planta comestible ue crece en siénagas o charcos barrosos


EL CERRO SIPI (I)

[ 153 ]

155

Narradora Oral: Margarita Caro

Recopilador: Rodrigo Noe Rojas Caro

Profesora: Cintia Cardozo

N

ce mucho tiempo, cerca del cerro Sipi, vivía una familia

muy pobre. Era invierno y la madre con su hijo estaban

en la casa con mucho frio. Como no había lea para

calentarse, la mujer con desconfianza mandó a su hijo para

traer lea del cerro con su burro. ste no era muy despierto

ue digamos, así ue su madre le dio algunas recomendaciones

y le pidió ue se apresurara.

El joven se fue cantando coplas al cerro por un camino

muy viejo y angosto ue daba recelo 111 , el chango no tenía

miedo, para él todo era un juego. Mientras caminaba sintió

ue el suelo se movía, entonces gritó: “terremoto, sálvese el

ue pueda”

En ese momento el burro se le escapó asustado y el muchacho

lo fue a buscar. Buscaba y buscaba, entonces escuchó

hablar a la gente ue estaba por ahí, se escondió rápidamente

en un churui. Entre tolas y escondido miró ue eran hombres

ue tenían vestimentas ue nunca había visto y tenían

animales raros cargados con sacos y algunos burros, ellos

estaban haciendo un campamento en el lugar.

El joven por miedo decidió volverse. Cuando iba de regreso

pensaba cómo iba eplicarle a su madre ue había

perdido el nico burro ue tenían. En ese momento vio un

pato, lo agarró, lo amarró y se lo llevó. Al llegar a su casa le

dijo a su mamá: “mira mamá el burro se tranjormó 112 en pato

111 Miedo

112 Epresión oral de “transformó”


[ 154 ]

156

para comerlo”. La mamá más viva le dijo: “con ué vamos a

cocinar el pato si no hay lea Mejor anda a buscar la lea

y al burro”.

Al día siguiente se fue de regreso por el campo hacia el

cerro, ya cerca de llegar al lugar donde perdió el burro, vio

a los mismos hombres, tomó coraje y se acercó. Los hombres

se pararon sorprendidos, al ver ue sólo era un chango y se

volvieron a acomodar. El muchacho les contó lo ue le pasó,

entonces uno de los hombres, se levantó y le dijo: “agarra ese

burro de ahí, descárgalo y lárgate de auí y no vuelvas por

estos rumbos”.

El chango va a desamarrar el burro y no se da cuenta

ue la soga era una víbora. La desata y de lejos le gritan:

“cuidado” El muchacho se asusta, pero sigue soltando los

sacos. Al caer los sacos se ve ue estaban hechos de sapos,

éstos salen brincando. En su interior tenía cantidad de pepas

de oro, así ue toma unas cuantas sin ue lo vean, las guarda

en su chuspa 113 y se va apurau 114 .

Cuando estaba aclarando, llega a su casa con el burro

cargado de lea, le cuenta lo ue le había pasado a su madre.

sta muy viva decide hacer buuelos toda la noche sin

dormir nada, para luego al día siguiente bien temprano tirar

todos los buuelos por el patio.

Al pasar en la maana, la gente con sus animales, miraba

con asombro los buuelos y le preguntaban ue había

pasau 115 . La mujer les decía ue en la noche llovieron puro

buuelos, ue ahora se habían vuelto ricos, gracias a los bu-

uelos. Cada vez ue compraban algo decían ue era gracias

a los buuelos.

La mamá le enseó al hijo para ue diga lo mismo y no

los haga pillar porue nadie podía saber cómo ahora tenían

plata.

113 Bolsa peuea de hilo

114 Epresión oral de “apurado”

11 Epresión oral de “pasado”


De los hombres misteriosos no se había hablado más, no

se sabía nada de ellos, por esa razón hasta estos días se dice

ue el Sipi es un cerro rico del ue no se puede salir con vida.

[ 155 ]

157

EL CERRO SIPI (II)

Narradora oral: Pascuala Vaca

Recopiladora: María Celena Bamba Vaca

Profesora: Elva Arenas

N

e pasó en la provincia Méndez en una comunidad

llamada apatera, un día como todos los días. Era una tarde

soleada cuando un hombre dejó de trabajar en su potrero.

El hombre se fue a su casa a comer. Terminó de comer y se

sentó a contemplar la tarde fresca cuando su compadre

venía por el camino de piedra montado en su caballo. Su

compadre le dijo:

- Compadrito aydeme a ir a buscar a mis vacas, se han

escapado del corral.

El compadre le dijo:

- Vamos Pero espéreme hasta ue me ponga mi poncho

y saue el caballo del corral.

Se fueron montados a caballo por el camino viejo. Cuando

dieron las doce de la noche, llegaron hasta una casa vieja

y abandonada. Los hombres bajaron de su caballo y tuvieron

la curiosidad de entrar ahí. Entraron con miedo y encontraron

un cántaro lleno de oro.

Los compadres salieron rápidamente, se montaron en su

caballo y se fueron cuando desde lejos vieron un cerro ue

brillaba como oro puro. Ya no podían ir a caballo. Se bajaron

y fueron a pie cuando apareció una tropera con sus ovejas.

Los hombres se acercaron y le dijeron:


[ 156 ]

158

- Qué haces auí tan sola

- Estoy auí porue la bruja del pueblo me echó una maldición.

stedes ue hacen auí

Los compadres dijeron:

- Estamos buscando el oro de este cerro

- Este lugar esta bendecido por el diablo, porue de auí

no volverán a salir.

De pronto el compadre vio a su toro a tres metros, intenta

agarrarlo pero le fue imposible. Entonces la tropera

alcanzó a darle una pedrada en una de sus astas y salió un

pedazo. El toro siguió corriendo hasta ue el hombre terminó

cayéndose por detrás del toro. Cayeron a un remolino

muy hondo y ahí uedaron hasta el día de hoy. La historia

cuenta ue en ese cerro hay mucha vegetación y está lleno

de minerales, sobre todo de oro. También está la tropera ue

cuida ovejas a partir de las 12 de la noche. También se dice

ue miles y miles de personas están atrapadas en el remolino

más profundo.

EL CRANDERO

Narradora oral: Marcelina Velázquez

Recopiladora: Iveth Pamela Tolaba

Profesor: Nils Alarcón

dicen ue hace mucho tiempo, un curandero debía rescatar

el espíritu de una seora ue estaba enferma y no podía

despertar. Entonces el hombre, decidido a recuperar ese

espíritu, fue a hablar con el diablo para ue se lo regresara.

Llegando el hombre a la matanza, el lugar de donde nadie

vuelve, con su compaero, se pararon frente a una montaa

y el hombre dijo unas palabras y la montaa se comenzó

a abrir. Se llamaba el “Palacio del Diablo”, o más conocido

como La ciudad de Sipi. Dicen ue era un lugar enorme,


donde había muchas personas ue se encontraban allí por

una muerte no natural o por haber obrado mal en la vida.

Estaban allí esclavos, servidores del diablo. Allí todo era ri-

ueza del diablo, todo hecho de oro y en los suelos estaban

tirados montones de oro y otras cosas de mucho valor. Todo

pertenecía al diablo: el rey de la ciudad del Sipi y gobernante

del infierno. Entonces el curandero le pidió al diablo ue le

entregara el espíritu de la mujer y el diablo se lo dio en forma

de una mosca en un frasco.

El curandero y su acompaante salieron de esa ciudad y

se fueron a la casa de la seora. En cuanto llegaron, el curandero

sacó la mosca y la untó en la espalda de la mujer y

la refregó hasta ue desapareciera. La mujer comenzó a despertar

y le agradeció por haber traído de vuelta su espíritu.

Después de mucho tiempo, el curandero volvió a ir al palacio

del diablo para pedirle otro favor: esta vez el favor era

ue le devolviera las almas de dos nios. Pero esta vez el diablo

le negó su petición y entonces el curandero dijo ue los

nios no habían hecho nada malo. El diablo le dijo al curandero

ue aceptaría devolverles sus almas, si él le entregaba

la suya o la de otra persona. El curandero aceptó uedarse,

pero tenía una condición: no ser su esclavo. El diablo aceptó y

el curandero se quedó en el Sipi.

[ 157 ]

159


[ 158 ]

160

EL OMBRE CON CARA DE BRRO

Narradora oral: Clara Zenteno

Recopilador: Alexander Caro Choque

Profesor: Alcides Espinoza

N

en las de la maana. Todavía estaba un poco oscuro

cuando junto a mis hermanos, Andrés y Santos, nos

fuimos a matar palomas con la honda. Llevábamos una linterna

y nos acompaaba mi perrito. Cuando estábamos por

el bosue escuchamos voces de mucha gente hablando, como

si fuera una fiesta. Fuimos a ver ué era y vimos un hombre

con sombrero y un saco tenía aspecto de burro. Estaba al

lado de un churqui ue se balanceaba de un lado a otro Así

nos uedamos unos momentos escuchando y mirando.

En eso, la bulla de la gente se sentía más cerca y el hombre

con cara de burro nos comenzó a corretear. Nosotros escapamos

corriendo, mientras nuestro perrito le gochaba 116

Mientras corríamos, tropecé con una piedra y el perrito se

paró al frente mío y le seguía ladrando. Pude levantarme y

seguir corriendo pero mi perrito no gochaba más, como si

algo le tapara la boca o como si le faltara el aire. Mientras,

el hombre con cara de burro nos gritaba fuerte mientras nos

alejábamos del bosue.

Llegamos a la casa y les contamos lo sucedido a nuestros

padres. Felizmente, nuestro perrito ya estaba bien.

11 ladraba


LA APARICIN DE N PEBLO

[ 159 ]

161

Narradora Oral: Santusa Anachuri Altamirano

Recopilador: Alexis Sebastián Espinoza Anachuri

Profesora: Edith Sánchez

N

i abuelo vivía en la comunidad de Tomatas 1 de abril

primera sección de la Provincia de Méndez. Como aos antes

no eistía transporte, ellos trasladaban sus productos en

animales cargueros hasta San Lorenzo.

na noche regresaba de vender sus productos y se le hizo

muy tarde. Eran las doce de la noche. Estaba por el lugar llamado

“El Mollar”, ue está ubicado cerca de su casa. Cuando

de pronto, frente a él, se produjo un sonido estremecedor.

Contó ue, en ese lugar, se abrió como un pueblo muy iluminado.

Vio a muchas personas blancas, hombres, mujeres,

nios y una mesa grande llena de servicios muy lujosos.

Como apareció en el camino por donde tenía ue pasar, tuvo

ue detener sus burritos, uedándose uieto al lado de sus

animales, observando como conversaban, reían y jugaban

los nios. Se uedó a un lado del caballo porue temía ser

visto.

De pronto uno de los hombres dice ue olía carne humana

y hacía como si estuviera olfateando. En ese momento,

sintió mucho miedo y empezó a rezar, sacó el cuchillo ue

acostumbraba a llevar en su cintura y el chicote. Contó ue

nunca había sentido tanto miedo porue él era curandero y

estaba acostumbrado a ver cosas ue asustan. De pronto,

aparecieron dos hombres montados a caballos blancos ue

les dijeron a las mujeres ue tengan todo listo para la cena,

ue ellos traían la carne.

Mi abuelito contaba, en forma de broma, ue él pensaba

ue sería la cena, pero los hombres pasaron por su lado con

sus caballos a todo galope. Luego de un rato, volvieron y


[ 160 ]

162

en las ancas de uno de los caballos trajeron el cuerpo de un

hombre pelado 117 ue estaba muerto y tenía tierra sobre su

piel, parecía sacado de la tumba. Dijo ue lo pusieron sobre

la mesa, le levantaron y lo metieron dentro de un tanue. Ya

cocido lo sacaron y lo pusieron sobre la mesa y todos empezaron

a comer cortando con sus cubiertos, hasta uedar

llenos.

En ese momento, dijo mi abuelito, ue cantó el primer

gallo y todo desapareció antes sus ojos, uedando todo en

tinieblas por la oscuridad de la noche. Muy asustado juntó a

sus burritos contino su camino hasta llegar a su casa. Pasó

un buen rato sin poder hablar por el susto, esto preocupó a

toda la familia, pero luego habló y contó todo lo ue vio.

LA CABAA POSEDA

Narrador oral: Alfredo Nieves

Recopiladora: Geovana Sarah Saldaña Nieves

Profesor: Alcides Espinoza

N

dicen ue aos antes, cerca de la plaza de San Lorenzo,

había un seor ue era pobre. l había encontrado una

casa vieja y dicen ue al pasar el tiempo el viejo iba arreglando

más la casa. na noche no había ya la casa. En

cambio, había una cabaa chiquita… era como si nadie viviera

ahí. El hombre hizo un ritual y entonces todas las noches

la cabaa desaparecía.

Dicen ue ese hombre era un curandero y ue todas las

personas ue le buscaban para ue los cure y él al curarlos

decía “entra a la cabaa de abajo”. Eso era como un remedio

para los enfermos cuando la gente salía de la cabaa la

cabaa desaparecía.

11 Sin ropa


Y dicen, ue al llegar las 12 de la noche el seor prendía

una fogata en un cerro muy lejano. Se desvestía y bailaba alrededor

de la fogata diciendo: “cuando la cabaa desaparezca

yo seguiré de pie”.

La gente creía ue al bailar era como si él estuviera despertando

al diablo, y cuando uerían ver, la cabaa desaparece.

Esto asustaba mucho a la gente del lugar. Entonces un

día prometió irse lejos de allí con su cabaa, apuntando un

cerro muy alto en el horizonte.

Al pasar el tiempo la gente decía que vivía en una cueva con

su cabaña.

[ 161 ]

163

LA SALAMANCA (I)

Narradora oral: Francisca Choque Subelza

Recopiladora: Evelin Aracely Rivera Tapia

Profesor: Limberg Velásquez

N

cen esta historia lo ue le ocurrió a Don Vidal. En

época de carnaval, Don Vidal estaba retornando de la fiesta

y se dirigía a su casa. Estaba por donde ahora está construido

el Cristo, un poco más arriba, (en ese ao todavía no había

el Cristo). Entonces se le apareció una seorita bien linda

y hermosa, rubia y le dijo: “vamos allá”. l, como estaba

medio ebrio, fue. De pronto se abrió una puerta y entraron.

El cuarto era bien lindo y la seorita le quería hacer echar

ahí 118 pero él pensó y dijo ue no. Como siempre manejaba

un cuchillo, sacó eso y le amenazó con matarle, entonces ella

le dejó salir y él se fue. Cuando Don Vidal salió, no hubo

118 Recostarse


[ 162 ]

164

nada, ni cuarto, ni puerta. Entonces se fue con su cuchillo en

la mano. Ahí apareció eso porue había una Salamanca ue

se abre cuando es carnaval y le puede aparecer a cualuiera,

pero más a los hombres.

Aos antes cuando le apareció eso a Don Vidal, no había

el Coliseo ni el Cristo, y esta salamanca se encuentra cerca

del coliseo, más abajo, en dirección al río Calama.

LA SALAMANCA (II)

Narradora Oral: Celestina Torrez

Recopilador: Elmer Josué Zambrana Guerrero

Profesora: Roxana Tarifa

N

en una humilde casita de la comunidad de Corana Sud,

vivía una familia conformada por cinco nios y sus padres:

María (de 10 aos), ngel (de 8), Severo (de ), Juana (de 4)

y Juan (el más peueo).

na tarde, cuando la familia se disponía a cenar a la redondilla

119 , los perros comenzaron a ladrar. El esposo salió a

mirar y vio ue pasaba muy veloz un caballo blanco con su

jinete ue poco se distinguía. Los perros lo siguieron hasta

ue llegó a la uebrada, donde eistía una poza de forma

redonda, muy pero muy honda, llamada “salamanca”. Fue tan

grande la curiosidad del esposo, ue fue hasta el lugar para

observar. Encontró a los perros ladrando alrededor de la

salamanca sintió una brisa ue le entró al cuerpo, y de

repente un sentimiento de miedo, al ver ue no había nada.

Regresó a la casa, tan rápido como pudo. Al llegar, no podía

119 Sentados en circulo en el suelo


hablar estaba mudo. No sabía ué pasaba Quedó tan

mal, ue desde ese día, el hombre no uería comer. Salía a

mediodía y volvía pasada la medianoche y así la rutina de

todos los días.

Su mujer, muy preocupada, salió en busca de ayuda. Llegó

donde un curandero de la región, ue tenía mucha fama

porue curaba a las personas ue iban con fe. Le cuenta todo

lo sucedido a su marido, éste agarra la coca en sus manos,

seleccionando algunas hojas, sopla tres veces y lo echa sobre

un trapito. Segn lo ue revelaba la coca, dijo ue el seor se

había asustado y ue estaba muy difícil de curarlo. Comentó

ue hay alguien ue quiere robar su alma, y si no se hace algo

a tiempo, podría morir.

El curandero, después de ver tres veces en la coca, le dice

a la mujer ue debe cumplir con todo lo ue le diga si uiere

ver curado a su marido. Le da la receta diciendo: “usted va a

seguir a su marido donde vaya cuando salga a la hora acostumbrada.

Donde él se siente a descansar y vea ue se ueda

por mucho tiempo, va a ir con un chicote, lo saue a wasca 120 ,

le echa agua bendita y agua bendita, hasta llevarlo a su casa.

Así lo hizo la mujer. Salió por detrás de él sin ue se diera

cuenta justo llega a la salamanca y lo perdió. Se encontró

con un hombre alto de sombrero negro, uien no le dejaba

avanzar. Ella veía un salón rojo, con gente elegante donde

todas las cosas brillaban como si fueran de oro. Al fondo

estaba su marido Ella entró a la fuerza, sacó a su esposo a

chicotazos, y al salir golpeó al hombre de traje negro (uien

supuestamente era el diablo) y le echó el agua bendita por

los ojos. Aprovechó ue no podía correr, y escaparon de la

salamanca. Llegaron a la casa todos agitados.

El esposo, a los días, volvió a la normalidad y tranuilidad,

y vivieron felices por mucho tiempo. Se regó la noticia

[ 163 ]

165

120 olpeando


[ 164 ]

166

y los comunarios no uerían ya pasar por auella uebrada.

Ya con los aos, y con la lluvia y la erosión, la uebrada se

llenó de arena y la salamanca uedo como una leyenda de la

comunidad.

LAS POAS VERDES DE SALAMANCAS

Narrador Oral: Plácido Soliz

Recopilador: Carlos Soliz

Profesora: Cintia Yohana Cardozo Guerrero

N

e cuenta ue en la comunidad de Carachimayo, por la

zona norte, vivía don Marcos uzmán, una persona ue se

decía ue tenía un pacto con el diablo y utilizaba la magia

negra para sus intereses.

Los comunarios comentaban ue esta persona sabía usar

su magia para hacer maldad a la gente. También se decía ue

a este seor le gustaba hacer bromas pesadas, como hacer

asustar a la gente.

Esta persona era odiada por los comunarios, no tenía

casi amigos, todos le tenían recelo: sólo Plácido Soliz, era su

nico amigo. Plácido conocía a Marcos desde hacía mucho

tiempo y lo consideraba una buena persona sin importar lo

ue la gente comentara, él ignoraba las malas voces.

Marcos con Plácido sabían tomar mucho trago, chicha,

entre otras bebidas ue se podían encontrar en el pueblo.

Marcos tenía ue entregar a alguien al diablo, para ue éste

no le uite su magia. l tenía algo en mente, uería entregar

a Plácido, pero tenía ue llevarlo a un lugar especial donde

estuvieran solos. Entonces Marcos puso su magia a prueba,

para ue ésta le diera más poder.


na tarde, como muchas en las ue se reunían los cumpas

de tomada, se pusieron a beber: trago, vino, chicha, alcohol,

hasta uedar bien borrachos.

na vez ue no tenían más bebida, Marcos le pedió prestado

un billete de 10 bs a Plácido, Marcos agarró el billete

lo apuó y dijo: “billete de 10 convertir en 100”. Ahora con

más platita, seguían tomando, mientras iban camino a su

destino.

Lo ue Marcos no sabía era ue su buen amigo Plácido

tenía algo ue lo protegía. Estaba protegido por las 4 magias:

la magia blanca, el cigarro; la verde, la coca; la amarilla,

el alma y la roja, el machete. Por eso, Plácido siempre

estaba bien coquiau 121 , con machete en la cintura y un cigarro

en la boca.

Cuando estaban por llegar al lugar, Plácido reaccionó de

la inconsciencia ue tenía por el alcohol, gracias a la protección

de estas magias.

Viendo esto Marcos, pensó en intentarlo de nuevo. Ahora

uería llevarlo a Churuiguayco pasando la banda. Marcos

hizo tomar de nuevo a Plácido para llevarlo.

En el camino le dio una bebida muy fuerte preparada. Al

tomar uedó muy borracho e inconsciente, cerca de llegar al

lugar esperado. La tierra se puso de color sangre y del frente

de ellos salió un chivo parado en dos patas, tenía astas ue

median como dos metros con cara de humano, deforme y cubierto

de pelos. En ese momento, para protegerlo a Plácido,

se activaron las cuatros magias, intentando salvarlo de esa

terrible situación.

La magia amarilla del alma le dio una salida a Plácido

mostrándole cuatro caminos: uno de ellos era una pea profunda,

el otro un alambrado lleno de espinas en suelo, en el

otro estaba el diablo y el ltimo había un arenal con piedras

puntiagudas.

[ 165 ]

167

121 Epresión oral de “coueado”


[ 166 ]

168

Entonces Plácido siguió su instinto, eligiendo ir por el

camino del arenal, gracias a esto logró salvar su vida. El

arenal resultó ser el río ue estaba lleno de arena.

De allí salió Plácido muerto de miedo por lo ue le había

sucedido, pero sano y salvo ue era lo importante. Al

día siguiente la madre de Plácido, Sita Soliz fue a buscar

al curandero del pueblo para hacer curar a su hijo ya ue

éste estaba con una fuerte asustadura. Temblaba, estaba ojos

adentro, pálido y no conseguía dormir. Fueron en busca de

Calito para ue le dé una santigada, con esto se logró curar

de la maldad de la ue había sido víctima.

Pasando como dos semanas de lo ocurrido, Plácido al

entrar en una tienda de la comunidad, encontró a Marcos

tomándose unos tragos, entonces Plácido le dijo:

-Maldito, desgraciau 122 Sinvergenza Mal amigo Quisiste

entregarme al diablo Eso lo pagaras caro, te lo prometo

Yo te digo ue vas a morir en una semana, por el poder

de la magia amarilla.

Marcos no hizo caso de lo ue había escuchado.

abía pasado una semana desde auel encuentro, cuando

Marcos se encontraba volviendo del cerro con sus burros

durante la época de siembra. Al pasar por una poza, el agua

empezó a burbujear y salió de entre el agua el diablo diciéndole:

-T no me diste a alguien en sacrificio, en mi nombre

Entonces te llevare a ti.

El diablo agarrándolo de los pies, lo empezó a arrastrar

al interior de la poza, una vez adentro el diablo empezó a

escupir una baba verde y decía:

-Las pozas verdes de salamancas Las pozas verdes de

salamancas Y desaparecieron de entre el agua verde.

122 Epresión oral de “desgraciado”


Este suceso lo presenció Don Teófilo Torres. ste hombre

estaba juntando sus vacas y pudo ver todo lo ue había

pasado. Llegó a reconocer ue era Marcos el amigo de Plácido,

y al día siguiente este seor fue a contar a Plácido lo

ue había pasado con Marcos. Plácido simplemente guardó

silencio y bajó la cabeza en seal de duelo.

Estas pozas tomaron el nombre de “Las Pozas verdes de

Salamancas” y en la actualidad siguen estando ubicadas en

la zona norte de la comunidad de Carachimayo. Como cuenta

la historia, es de color verde y muy atrayente. Algunas

personas dicen ue si llegas a entrar a esa poza el diablo se

te aparece y te lleva con él, por eso la gente suele temer a ese

lugar, y alejarse de él lo más posible.

[ 167 ]

169

EL PENTE DEL RO CALAMA

Narrador oral: Modesto Huaita Portal

Recopiladora: Eldi Fernanda Albornoz Huaita

Profesor: Carlos Cruz

N

e dice ue en el puente del río Calama, en la esuina,

había una cascada de agua cristalina. Antes de carnaval, la

gente del lugar siempre iba a dejar sus cajas 123 ue estaban

destempladas. Cuando iban a recoger, las cajas estaban totalmente

retocadas: listas para el carnaval. Nadie sabía uién

las retocaba.

n día, mi abuelo fue a San Lorenzo y a la vuelta, llegó

al río Calama, donde vio una sirena colgada del puente. Era

123 Instrumento típico de la zona, tambor de mano, con parches de cuero y cuerda


170


hermosa, su cabello era de color oro y también era largo. Mucha

gente la vio y empezaron a pensar ue ella era la ue retocaba

las cajas dejándolas como si fueran nuevas. Otro día,

cuando ya era carnaval, mi abuelo volvió a ir a San Lorenzo

y a la vuelta, en la cascada, otra vez estaba la sirena, sentada

en una piedra. Su cabello le tapaba el cuerpo desnudo y con

una caja en la mano cantaba. Su voz era tan bella y melodiosa

ue todos los ue pasaban por allí, la escuchaban cantar.

[ 169 ]

171

LA SIRENA (I)

Narradora Oral: Gabriela Gareca

Recopiladora: Esmeralda Yhanela barca

Profesora: Marcelina Castillo

N

cenn ue en la huerta de mi abuelos había una

aceuia; ue al pasar el agua, se detenía un poco en el pozo,

donde, segn decían, se encontraba una sirena ue solía cantar

hermosamente. Los vecinos de ahí solían dejar sus cajas

124 dos semanas antes de compadres 125 para componerlas 12 .

Dichas cajas eran colocadas en un molle ue estaba ladiado

127 , chueco hacia el pozo. El molle tenía sus ramas como

ganchos, cómodos para dejar colgando las cajas. Las nicas

personas ue tenían ue dejar las cajas, eran los hombres,

tan solo ellos. Las cajas se uedaban ahí durante una semana,

después cuando volvían a recogerlas, se habían con-

124 Instrumento musical percusivo con el ue se acompaan las coplas

12 Fecha de encuentro de compadres, celebración de la amistad y el compadrazgo

12 Alistar, afinar el instrumento.

12 Inclinado o torcido sobre un lado


[ 170 ]

172

vertido en las mejores ue se podían escuchar en toda la

comunidad.

Pero dicen también ue un hombre, que le ganó la curiosidad,

a las 12 de la noche, fue a la huerta. Escuchó y vio como

la sirena estaba tocando la caja y componiéndola. La sirena

le decía al hombre ue se acercara, ue ella no le haría ningn

dao. El hombre fue hacia ella porue la sirena era muy

hermosa. Al entrar al pozo, no volvió a salir nunca más. Al

día siguiente vieron como empezaba a salir del agua, pedazos

de la ropa del hombre ue no volvió a aparecer. Desde

entonces, nunca más la gente volvió a dejar las cajas ahí en

el molle. Tan solo iban los dueos de la huerta, ue son mis

abuelos.

LA SIRENA (II)

Narradora Oral: María Elena Chocala Fernández

Recopiladora: Valeria Sarahi Chocala Paredes

Profesora: Marcelina Castillo

N

e una tarde bella y calurosa. Caminaba por el campo

en compaía de mi hermana Juana y mi perro llamado Solovino.

Nos íbamos al campo, ue en ese entonces le llamaban

La Loma, para cuidar a todos nuestros animales: las vacas,

las ovejas, los chivos y los burros. En ese entonces, Juana

tenía doce aos.

Camino al campo jugábamos por esa peuea uebrada

llena de rocas y un poco de agua. Saltábamos y cantábamos

coplas de carnaval, de la pascua, de la cruz, en fin, siempre

cantando de todo sin descuidar a todos los animales.

Cada vez nos alejábamos más de las casas y nos íbamos

por medio de las montaas con nuestras ojotas rotas y polle-


ritas viejas, con nuestra cana 128 sucia, nuestras blusitas blancas

bordadas, nuestra comidita al quepe 129 , en medio de un

aguayo multicolor, mote pelado, papa con cascara, ají molido

y un pedazo de charki 130 de vaca; ese era nuestro almuerzo.

Nos detuvimos, en medio de la uebrada, a jugar con

agua y así baarnos un poco, pero entonces todos los animales

se dispersaron. nos fueron para un lado y otros por el

otro lado. Al darnos cuenta de esto, salimos inmediatamente

del agua para ir a buscar a todos los animales y ue no se

nos perdieran. Pasamos como una media hora buscándolos y

por fin los reunimos a todos.

bamos alejándonos cada vez más y ya estábamos por llegar

a la comunidad de Santa Bárbara rande, (ue en ese

tiempo solo habitaban ocho familias).

Cada vez nos íbamos acercando y en un chorro de agua,

ue estaba en medio de las montaas, nos asomamos a ver

ese bello chorro. Cuando de repente, vimos ahí, en medio

del agua sentada en las orillas de una roca, a una mujer bella

ue se estaba peinando. La mujer era blanca, tenía el cabello

rubio, era alta, traía puesta una pollera roja hermosa llena de

brillantina, una blusa blanca floreada, unas ojotas charoleadas,

una manta amarilla ue brillaba como oro, era de boca

roja, traía unos aretes largos y resplandecientes.

Nosotras solo la mirábamos a la distancia, pero esa mujer

nos llamaba y nosotras no le hacíamos caso, pero ella cada

vez nos llamaba más y más. En medio de las manos, tenía

una mueca grande y hermosa, con esa mueca nos uería

atraer.

En ese momento a nosotras nos comenzó a dar miedo.

Nuestros corazones latían rápidamente, nuestro cuerpo estaba

temblando, la cara rosada y los ojos llorosos.

[ 171 ]

173

128 cabello

129 Bulto ue se lleva en la espalda

130 Carne seca, alimento


[ 172 ]

174

Sin dejar pasar más tiempo comenzamos a correr rápidamente

uebrada abajo sin mirar para atrás, dejando las ojotas

botadas, las ollas con la comida en el suelo y a todos los

animales botados en La Loma. Seguimos corriendo uebrada

abajo tropezándonos con piedras y metiéndonos espinas

de churui en los pies.

Ya llegábamos por la Cuchilla, un lugar de 3 peas pe-

ueas alargadas y gredosas. Ahí paramos a descansar un

momento porue a Juana le comenzó a dar una toz inmensa.

Nos dimos la vuelta para ver si la mujer nos estaba siguiendo,

y allí estaba. Seguimos corriendo hasta llegar al

Taco Morado, un lugar ue es como una pampa. Ahí esta ese

tronco grueso, viejo, sin nada de hojas y ramas. Nuevamente

descansamos y vimos a la mujer detrás de nosotras pero ya

iba despareciendo era como si el viento poco a poco se llevaba

la imagen de la mujer.

Ya íbamos llegando a mi casa, asustadas y temblorosas.

Le contamos a nuestra madre lo ue nos había pasado. Le

dijimos ue a las orillas de un chorro de agua nos apareció

una mujer hermosa vestida de chapaca y ue nos llamaba

para ue vayamos donde estaba ella.

Nuestra madre nos dijo ue era una mala hora y ue por

eso nos había aparecido esa mujer.

Al pasar los días Juana y yo nos enfermamos, teníamos

fiebre, nos dolía la cabeza, no podíamos comer nada y sobre

todo no dejábamos de pensar en esa mujer ue vimos en

La Loma. Al pasar una semana, vino un hombre curandero

ue se llama Manuel Llaves. Tenía como 40 aos y vivía en

Tabladita. Venía por Rancho Norte a hacer cambios de producto,

él traía losas, virquis, platos y a cambio uería maíz.

l nos vio mal, enfermas y nos dijo ue estábamos así por

la asustadera. Nosotras le dijimos lo ue vimos en La Loma

a esa mujer. Y él nos dijo ue esa mujer era una sirena y ue

nos uería llevar. Nos dijo también ue si no nos hacíamos

curar nos íbamos a volver locas...


LA SIRENA DEL CAMINO VIEJO

[ 173 ]

175

Narrador oral: Eulogio Llanois Herrera

Recopiladora: Alesandra Yhessenia Fernández Murillo

Profesora: Yolanda Abán

N

en auel tiempo no había el puente del río La Calama.

abía cuatro caminos: uno a la mano izuierda, otro de frente

camino a San Lorenzo, otro a la derecha camino al monte,

y otro camino más donde los pasajeros esperaban a los camiones

ue eran de René Ponce, Cesar Ponce, Elvia Molina

y Osorio Méndez.

En el Río Calama, hasta el día de hoy eiste la sirena. Yo

Eulogio Llanos desde muy peueo escuchaba sus coplas y

tonadas carnavaleras 131 todos los domingos de carnaval a las

12 de la noche.

na maana de domingo de carnaval, en el ao 19, mi

padre me mandó a las de la maana a comprar puchero,

cabeza de cordero, y las patitas para cocinar. En el camino

me encontré con una linda moza de cabello largo, rubio, de

ojos verdes, sentada en una gran piedra y me dijo:

- Joven a dónde vas tan apurado Quédate a charlar conmigo

un rato.

Yo no sabía ue ella era sirena; inocentemente me uedé.

- Y t cantas – me preguntó

- Sí, canto - le respondí. Me dijo ue aprenda éstas dos

coplas, y ue la buscara el martes de carnaval en Tarija Cancha

Sud:

“Las mujeres son el diablo

Parientes del gallinazo

Se comen la tripa gorda

Al huevo no le hacen caso

Yo soy nacido en el rancho

En medio del algarrobal

Por eso yo nací alegre

Soy hijo del carnaval”

131 Propias de la época de carnaval


[ 174 ]

176

Con esas dos coplas la busué en Tarija Cancha Sud al

martes siguiente y no la encontré a la seorita de cabello

rubio y ojos verdes. También me dijo ue cuando regresara

a mi casa, un amigo me visitaría y me dejaría un regalo en

mi cama.

A medida ue me iba yendo, ella se iba dando vuelta, hasta

ue vi como una cola de pescado yo no le tomé importancia

y me fui. Cuando regresé a mi casa fui directo a mi

cuarto y debajo de mi almohada había un libro de coplas.

Todas las tardes me subía a la copa de un molle a leer ese

libro, hasta ue mi mamá lo encontró y lo uemó. Esta era

la ltima copla del libro ue me dio la sirena, desde entonces

tengo el don de cantar, hasta el día de hoy:

“Cuando llega el carnaval

Canto tres noches y tres días

No comía ni dormía

De coplas me mantenía”

LA SIRENA DEL ADALQIVIR

Narador Oral: Evaristo Caseres

Recopiladora: Abigail Brinda Caseres Baldiviezo

Profesora: Cintia Yohana Cardozo Guerrero

N

cen la gente de la comunidad, ue en el rio uadaluivir

ue pasa por la comunidad del Bordo de Carachimayo:

“como antes no se encontraba el puente ue hoy vemos

en el lugar y los habitantes tenían ue pasar el río caminando,

cuando llovía, tenían ue cruzar entre varias perso-


nas, agarrados en forma de cadena, ya ue se ponía caudaloso

y se los podía llevar.”

[ 175 ]

177

Dicen ue al pasar la media noche, por el río, se escuchaba

la voz de alguna mujer. na vez un chapaco ue pasaba

por ahí, escuchó la voz de una mujer cantando. Pensó ue

era una mujer baándose, ue seguramente sería una imilla

132 kala 133 . No le dio mayor importancia y se fue.

En otra ocasión, tiempo después, pasaron dos muchachos

y escucharon sonar platos.

-Ve la Elvira, sigue laburando - comentaron entre ellos.

Ella era una seora ue era muy comedida 134 en la casa de

sus suegros. Siguieron caminando, cuando sonaron fuerte

estos platos como si se estuvieran rompiendo, se asustaron

y se apuraron a pasar.

Después pasaron otras personas y también escucharon

voces, como si fuera una mujer cantando, el llorido 135 de un

nacido, quejidos, etc. Ya mucha gente se había asustado en el

lugar, así ue los comunarios preocupados llamaron a un curandero

de la zona. La hicieron santiguar la poza y las voces

pararon por un tiempo.

Para el carnaval siguiente las voces volvieron, pero esta

vez les pasó a unos chapacos y chapacas chupaus 136 ue volvían

el lunes de carnaval desde Canasmoro. Pasada la una

de la madrugada, ellos alegremente iban contrapunteando y

bebiendo

132 Nia, moza

133 Desnuda

134 Servicial, laboriosa

13 llanto

13 Epresión oral para “chupados”, o ebrios.


[ 176 ]

178

Empezaron a cantar los mozos:

-Por ué me miras tan triste

Negrita y tan sin consuelo

Si no te gusta la cama

Negrita bájate al suelo

Las mozas respondieron con picardía:

-Ya no sirves, ya no vales

Negrito ya no haces nada

Ni en el suelo, ni en la cama

Seguían el camino alegremente, cuando de repente se callaron

y vieron a una mujer a la orilla del río sin ropa, como

si se estaría baando. Las chapacas poco interesadas siguieron

su camino, pero los chapacos se uedaron a contemplar

la belleza de la mujer su piel brillaba por la luz de la luna,

parecía moldeada por los Dioses. Tenía un cuerpo cautivante,

su voz era la de un ángel. No podían dejar de verla, pero

a la vez se movía para no dejarse ver la cara, por un rato

estuvieron contemplando a la mujer. Su voz los hechizó sin

dejarlos moverse del lugar. Lo ue paso después, nadie sabe

bien: ni los jóvenes saben qué sucedió, cómo volvieron a sus casas.

Ellos estaban en bien y no saben más, el menor de los muchachos

fue el más afectado, con solo veinte aos. Saturnino

enloueció, hablaba k’ jaka 13 Su madre doa Candelaria

preocupada, le preguntaba ué había ocurrido. Pero ellos no

podían eplicar nada. Su hijo solo aclaraba:

- Ella no uería llevarme mamay, dile ue vuelva.

La gente mayor de la comunidad dice ue lo ue los desdichados

muchachos vieron, era el alma de una mujer ue se

ahogó en esa poza (eso pasó antes que ellos nacieran)...

que su alma espera salir de la poza, para irse al cielo y descansar

en paz

13 tartamudeando


que atrae a las personas para que tomen su lugar y así poder

ella salir de ese lugar que la tiene atrapada,

que más bien corrieron con suerte,

que se los hubiera llevado.

Los comunarios le pusieron de nombre: “la sirena del

uadaluivir” a la joven mujer ue aparece en esa poza. Le

guardan recelo al lugar, aunue ahora con el puente ue hay

en el lugar, ya no se volvió a escuchar la historia de la sirena.

[ 177 ]

179

LA SIRENA QE LE APARECA A N

OMBRE EN NA REPRESA

Narradora Oral: María Vargas

Recopiladora: Layda Lucía Condori Rojas

Profesora: Eleanne Flores

N

Í una vez, en Sella Quebradas, un hombre ue estaba

regresando a su casa de trabajar. Vio una luz en una

represa y él se acercó. Vio a una chica muy bonita, ue tenía

mucho brillo en su cuerpo. Al ver la sirena, el hombre se

uedó hipnotizado. Entonces la sirena se le iba acercando.

l no se dio cuenta la sirena más se le iba acercando. l se

iba uedando hipnotizado

Su mujer creía ue su marido se había enojado y habría

dormido en la casa de su madre. Entonces al otro día fue a la

casa de su suegra y le preguntó:

- Mi marido durmió en su casa

- No - respondió su suegra. Entonces la mujer fue a

buscarlo a su trabajo y le pregunto a su patrón:

- sted le ha visto a mi esposo

- Ayer se fue, en la tarde, rumbo a su casa.


[ 178 ]

180

Entonces se volvió a su casa y pasando por la represa vio

a su marido, hipnotizado. El seor perdió la memoria y su

esposa no sabía ué hacer. Así ue lo llevó a un curandero

donde lo hizo curar.

EL TAPA 138

Narradora oral: Eloiza Cabezas

Recopiladora: Lourdes Quispe

Profesor: Nils Alarcón

N

Introducción: Los Tobas

en auellos aos (más de cien), en la Jarka eistían los

Tobas 139 ue vivían en una cueva profunda. Ellos se vestían

con ropa de hilo de lana de oveja: hilaban la lana y luego la

tejían. Así las mujeres se hacían polleras, blusas, chompas y

para los hombres hacían pantalones de lana y ponchos. Ellos

en ese tiempo vestían de caito 140 y también tejían pullos 141 ,

colchas para taparse

Sus colchones eran de cuero (de vaca, de chivo o de oveja).

Curtían los cueros en una pecana 142 grande, ahí los ablandaban

mojándolos. Limpiaban dentro de su cueva y dormían

en el suelo. Los tobas comían carne de sus ganados por-

138 Epresión oral para “tapado”: antiguo tesoro enterrado

139 Pueblo originario

140 Palabra uechua: hilo de lana, usado para la vestimenta típica de bayeta

141 Frazadas hechas de caito, hilo de lana

142 Piedra para moler


ue criaban muchas vacas, ovejas, chivas, llamas y venados.

También hacían mucho ueso, reuesón, suero, pirí 143 y todo

eso comían con mote. Con eso se alimentaban, con cosas

sanas ue sembraban más antes como ser lisa, trigo, avena,

etc. En auellos tiempos no escaseaba la carne porue mataban

sus animales sin miedo ya ue criaban muchos.

Se dedicaban a sembrar para tener alimentos. Sabían

vender animales, y con eso ganaban plata. Toda esas riuezas

ue tenían (como ser la plata blanca, oro, joyas, etc.), lo

ponían en virquis 144 o en ollas, jarrones, calderas y cajones.

Esos recipientes llenos de riuezas los enterraban de manera

secreta para ue nadie supiera donde se encontraban.

Solo tenían el pensamiento de guardar la plata bien escondida

donde nadie viera, porue en esos aos no había en ué

gastar la plata. Cuando fallecían esas personas, los tesoros

uedaban enterrados y encantados por el diablo... Y con los

aos se los llamó “tapados”, por ser tesoros tapados de tierra.

Con el tiempo la gente buscaba los tapaus para sacarlos

y venderlos, pero estos tapaus hasta ahora ya tienen un siglo

de antigedad.

Desentierro de tapados

Se dice ue para sacar estos tapaus es mejor sacarlos el 29

y 30 de agosto de cada ao porue en esas fechas despiden

una llama ue es controlada por la luz de la luna. Esta es

la noche del diablo donde se pueden buscar y sacar tapaus.

Para sacarlos, hay ue realizar un ritual ue consiste en pagar

a la tierra en manera de agradecimiento con ofrendas

como ser coca, pillagüa, cigarro, alcohol, vino o animales de

color negro, o hasta personas se tiene ue entregar a cambio

del tesoro. Pero eso no puede sacarlo cualuier persona.

[ 179 ]

181

143 Comida

144 Cántaro de greda


[ 180 ]

182

Tiene ue ser una persona con sangre pesada, corajuda ue

no tenga miedo a nada, ya sea un medico o un brujo. Algunas

personas al sacar el tapau se hacen soplar con la tierra 14

o sino les aparece un gato, un tigre o un león. De no ser así,

es posible ue el tapau se lo coma a toda la familia uno por

uno.

n seor sacó un tapau sin pedir permiso y sin pagar a

la tierra. Lo llevó a su casa y al llegar a su casa lo colocó en

un cuarto. Cuentan ue el tapau en la noche ha empezado a

arder ue ardía como un juego 146 grande y se dice ue

al otro día unas vacas amanecieron muertas. Y así se repitió

hasta ue terminó con todos sus animales. Luego comenzó

con la familia Al día siguiente amaneció muerto un seor

ue se llamaba Teófilo, y al otro día siguió con la finadita

Ana y luego la finadita Lidia y después la finadita Isabel

y después se lo comió al ue ha sacado el tesoro y por

ultimo al finadito Eusebio y a Emiliano Tolaba. Así uedó

un solo seor vivo en la familia. l, al ver como el tapau se

comía a la familia, se armó de coraje y se fue a enterrarlo de

nuevo a la jarka para salvarse. Al dejarlo enterrado de nuevo,

ya dejaron de morirse personas.

La coquena 147

También se dice ue a alguna persona ue tiene suerte, o

ue es pobre y le hace falta recursos para alimentarse u otra

cosa importante, les aparece de la nada una coquenita.

na tarde un seor salió al morro de la jarka a ver sus

animalitos. Le apareció una couenita, ue era una mujerci-

14 ay numerosos relatos ue cuentan de un viento, hediondez, o soplo de tierra ue pasa

enfermando a uien desentierra el tapado, perdiendo la vida en pocos días.

14 fuego

14 Ser mitológico u aparición en forma de mujer, ue es el espíritu de la tierra


ta bien quepidita 148 y con su sombrerito llenito de flores del

campo y con su pollerita de lana ue estaba con su cantina

hilando.

La coquena era la Tierra, solo ue la Tierra se hacía ver

como una mujercita. Dicen ue el seor le convidó su co-

uita, su vinito, su pillaga y ue le habló bien a la tierra. Y

con eso el hombre ofrendó y abonó a la Tierra. Dicen ue

entonces la coquena, le habló al hombre y ue el seor no le

tuvo nada de miedo. Y la coquena le ha dicho al seor “vení,

seguíme, vamos allacito”.

El seor la siguió y la coquena lo ha llevado a una uebradita

y le ha dicho “así como vos me has abonado y no me has

tenido miedo ahora yo te voy a dar un toro de oro” Al darle

el toro de oro, ella le ha dicho “ahora te vas a ir sin mirar

hacia atrás”. El hombre le dio las gracias y se ha ido contento

con su toro de oro bien quepiu. Dicen ue ha caminado un

largo trecho y ue se ha dado la vuelta a ver lo ue hacía la

mujercita pero ue no logró ver nada porue la coquenita se

ha hecho chincas 149 .

El seor se volvió rico se compró casas, camiones, lotes,

de todo con el toro de oro ue le había dado la Madre Tierra.

Pero él siempre le da gracias a la Tierra dándole su couita,

su traguito, su pillagita porue gracias a la Madre Tierra

él se volvió rico.

Por eso se dice, que el cerro del morro que llaman “ jarka”, es

un cerro rico: por los tapaus que hay.

[ 181 ]

183

148 Palabra de origen uechua, proviene de epi: bulto, carga. Quepidita puede ser robusta,

o cargada con su kepi o bulto

149 Se ha desaparecido


[ 182 ]

184

EL TORO DE ORO

Narrador oral: Erasmo Mamani Tejerina

Recopilador: Tony Nezareth Sandoval Mamani

Profesora: Yolanda Abán

N

dicen ue aos antes no había dinero en billetes. Lo

nico ue había de valor era el oro. Ocurrió ue en los cerros,

cerca del Río Calama, eistía un toro de oro ue se

caminaba por los alrededores una vez por temporada.

Los comunarios buscaban la forma de agarrarle, pero en

vano eran los intentos. A pesar de ser buenos toreros con el

lazo en las marcadas 150 , ninguno podía enlazar al toro de oro.

n día, un grupo numeroso de hombres valientes, epertos

en enlazar toros, acordaron pillarlo en grupo. Mucho

tiempo estudiaron su camino por donde recorría, las épocas

del ao y las horas en ue pasaba de un lugar a otro con

enormes mugidos.

Cuando ya tenían todo preparado, lo emboscaron en un

angosto de su camino y le acecharon. Cuando ya lo tenían

casi cercado, antes ue lancen sus lazos, el toro de oro dio

un salto increíble y, casi sobre ellos, se entró al Río Calama,

en el remanso más grande y profundo. Levantando su cola y

dejando caer un poco de sus astas, se entró al río.

Los hombres, asustados y frustrados, lo vieron fijamente

como se entraba al río poco a poco. Se acercaron y levantaron

su bosta. La sorpresa fue ue era de oro fino, del mejor

quilate. Desde ese tiempo es buscado por toreros y oreros 151

ue no pierden la esperanza de, un día, poder verlo y, por lo

menos, encontrar su ecremento en las orillas del río.

10 Jornadas en las ue se marca el ganado con hierros ardientes

11 Buscadores de oro


LA VIDA NERA (I)

[ 183 ]

185

Narradora oral: Florentina Altamirano Cardozo

Recopiladora: Ruth Noemi Eguez Cruz

Profesor: Carlos Cruz

N

e dice ue hace mucho tiempo, por las calles más antiguas

de San Lorenzo, en diferentes caminos oscuros, se

aparecía una mujer vestida de negro.

na de esas noches, un hombre había ido a una fiesta y al

volver, vio un camino muy oscuro. El estaba borracho por-

ue había bebido mucho en auella fiesta. Decidido a ir por

ese camino para ver a ué lugar llegaba, o lo ue había por

allí, caminó hasta ue en un momento escuchó un ruido. No

lo tomó en cuenta y siguió aunue era muy oscuro y no se veía

nada (ni lo ue había por el camino). Más allá escuchó una

voz de mujer ue le decía ue él vaya hacia donde ella, pero

él no la veía, así ue siguió. De pronto vio una sombra

como si una persona estuviese allí delante. Escuchó ue le

dijo ue fuera donde ella, y él fue. Llegó hasta ella. Ella le

acompaó hasta un lugar más oscuro, mucho más oscuro, y

lo mató.

Al otro día encontraron su cadáver, avisaron a la familia

sobre lo sucedido. La familia muy triste lloraba y así lo

enterraron. Desde entonces nadie va por esa calle, por la

historia ue cuentan. La Viuda Negra siempre aparece por

las noches: su manto es negro, y se mueve con el viento. Se

te acerca cuando estás solo, y más an si has bebido se te

va a acercando con el afán de no sentirse sola.


[ 184 ]

186

LA VIDA NERA (II)

Narradora oral: Nélida Sánchez Ávalos

Recopiladora: Nancy R. Segovia V.

Profesor: Carlos Cruz

N

Hace aproximadamente 43 años 152 , frente a la escuela

Eustauio Méndez (de San Lorenzo) había una casita ue

vendía trago, chicha y otros. na noche muy tarde viene

don Julgencio Cáceres, un hombre ue siempre solía venir

a esta mala hora. En ese tiempo no era bueno estar hasta

cierta hora, porue se dice ue los duendes ue vivían en el

sauce roto, de ahí salían y se llevaban a todos los nios y

personas ue andaban a altas horas de la noche.

Don Julgencio uería comprar trago, pero pasados unos

minutos ue no lo atienden, se va al lado del sauce roto. El

padre uiere salir a atenderlo pero escucha como si Julgencio

estuviese peleando con alguien. ritaba:

- ¡Me estás pegando, me estás pegando!

Cuando todos salen a ver con uién estaba peleando, se

llevan una sorpresa muy grande. Frente al hombre había

una mujer vestida toda de negro y con un gran velo ue le

cubría la cara. Pero lo más llamativo eran sus pies que en

realidad eran patas de gallina. Pasó unos minutos y la mujer

se fue para arriba, por el camino del hospital. Cuando llega

a una casa mocha, ue está antes de entrar al hospital, la

mujer se uita el velo y resulta ue su cara era pura calavera.

El hombre ue se había peleado con la mujer viene a la

casa, y realmente estaba como si hubiera peleado con alguien,

porue su cara estaba toda rasguada, araada, con

heridas profundas. Su cara, camisa y manos estaban con san-

12 En 19


187


[ 186 ]

188

gre. Asustado y traumado, decía repetidas veces: “me uería

llevar, me uería llevar”. Pasaron algunas horas y recién se

animaron a llamar a la policía. Entraron al lugar donde había

entrado la mujer y no encontraron nada.

abía pasado un año aproximadamente de lo sucedido y el

hombre muere. Algunos decían que murió porque se volvió loco

y otros porque él era un alcohólico y eso lo mató.


IV. FBLAS

[ 187 ]

189

EL CNDOR Y EL ORRO (I)

Narrador oral: Eusebio Tellez Melendres

Recopiladora: Virginia Villca Tellez

Profesora: Heidy Perales

N

e historia se trata de un zorro ue buscaba comida

en el bosue y de repente se encontró con un cóndor. El

zorro uiso matarlo, para después poder comérselo. Pero el

cóndor le dijo: “no me mates, yo te puedo dar la mejor comida”.

El zorro se subió a la espalda del cóndor y empezaron a

elevarse. Pararon en una nube y en esa nube había muchos

cóndores. El cóndor escondió al zorro para ue nadie lo vea

y le dijo: “espera auí ue yo iré por comida y te traeré los

huesos”. El zorro esperó y esperó hasta ue no aguantó el

hambre y se lanzó sobre los demás cóndores. Todos se fueron

asustados y enojados. El cóndor le dijo al zorro: “eres un

tonto ahora te dejo auí”. El zorro contestó: “no me importa

al menos tengo comida”. El cóndor, sin decir nada, se fue.

Pasaron varios días y el zorro uería bajar pero no había

cómo. Se le ocurrió hacer una soga de algunos pedazos de

trapos ue encontraba y cada día hacía más larga la soga.

l empezaba a soltar la soga para ver si alcanzaba a tocar la

tierra. n día cuando todo estaba listo, empezó a bajar por

la soga. Estuvo por horas bajando hasta ue se encontró con

unos loros. El zorro empezó a molestarlos diciendo:

- Loros picudos.- Ellos se enojaron y le dijeron:

- Vamos a cortar tu soga si nos sigues molestando.- El

zorro arrepentido les pidió perdón. Los loros aceptaron sus


[ 188 ]

190

disculpas y se fueron pero cuando volvieron a pasar por el

mismo lugar el zorro volvió a molestarlos diciéndoles: “loros

picudos”. Ellos no aguantaron los insultos y, molestos,

cortaron la soga. El zorro empezó a caer hasta ue cayó

sobre una piedra enorme y eplotó.

Pasaron los días y en ese lugar empezó a crecer maíz.

Los animales iban ese lugar para recoger maíz para poder

alimentarse ya ue, cada día, crecía más y más.

EL CARCANCO Y EL ORRO (I)

Narrador oral: Nolberto Claudio Zenteno Quispe

Recopiladora: Claudia Belén Zenteno Flores

Profesora: Heidy Perales

N

e historia se desarrolla en un campo ue se encontraba

alejado de la cuidad. Se trata de dos amigos: un zorro

ue era muy desobediente y malicioso, y un carcancho ue

era muy elegante. El carcancho siempre participaba de reuniones

muy importantes con sus amigos de clase alta (andaban

siempre de traje y corbata).

Ellos eran compadres y un día el carcancho le dijo a su

compadre zorro:

- Cumpita, tengo una reunión con mis amigos en el cielo

- Oh, compadre lléveme con usted, lléveme a la reunión.

- Ya compadre, pero no me va hacer uedar mal, no – le

preguntó el carcancho.

- No compadre, no lo haré. - El carcancho con voz muy

firme le dijo:

- Está bien compadre, pero cuando sirvan la comida y

pongan el plato sobre la mesa, prométame ue no saltará

encima de la mesa como un muerto de hambre. Porue si así


lo hace no lo traeré devuelta a la tierra y tendrá ue arreglárselas

solo para bajar del cielo

Terminaron de hablar sobre la reunión. Llegó la hora de

ir y el carcancho llevó al zorro hasta el cielo. Llegaron todos

y se sentaron en sus respectivos lugares. Todos los amigos

del carcancho se encontraban con su traje y corbata. Pasó

un momento y empezaron a servir la comida dando a cada

cual, su respectivo plato. El carcancho observaba a cada rato

al zorro, para ver ue no hiciera nada malo. Pasó un momento

y el zorro saltó a la mesa como un muerto de hambre

uitando a cada uno de los amigos del carcancho, su plato de

comida. El carcancho al ver todo lo ue había hecho el zorro,

se acercó a él, lo agarró de una de sus patas y lo arrojó fuera

de la reunión. El carcancho estaba bastante enojado

El zorro, ue había uedado solo en el cielo, vio eso y se

asustó. Empezó a caminar, de un lado al otro lado, pensando

ué hacer para bajar del cielo. Entonces un día, de tanto andar

pensando, se le vino una idea a la cabeza: se acordó ue

eistía una planta llamada sivinga. sta se podía trenzar y

hacer de ella, un tipo de cuerda. El zorro empezó a trenzar

la sivinga cada día era poco lo ue podía trenzar. Todos

los días tiraba la cuerda desde el cielo hasta la tierra, para

ver si ya podía bajar con seguridad y tranuilidad.

El zorro tenía mucha hambre y lo nico ue tenía, eran

unas semillas ue le había dado Dios. l se las dio al zorro,

para ue se las llevara a sus hijos en la tierra. Como el zorro

era tan desobediente, no hizo caso y en todo el camino se

las empezó a comer. n día, de tanta desesperación, tiró la

cuerda hacia la tierra.

l creía ue la cuerda llegaba hasta la tierra, pero no fue

así. Empezó a bajar y llegó hasta el final de la cuerda. El

zorro estaba colgando de la cuerda muy desesperado porue

estaba muy alejado de la tierra y tenía miedo de caer. n

loro pasó por ahí, entonces el zorro empezó a molestarlo

diciéndole:

[ 189 ]

191


[ 190 ]

192

- Loro quechichi 13 , no vas a cortar la sivinga. - El loro lo

amenaza diciéndole:

- La voy a cortar con mi pico si me sigues molestando.

- Ya no te molestaré por favor, no cortes la cuerda.

El loro se alejaba hasta cierta distancia y el zorro otra

vez lo molestaba

- Loro uechichi.

- Ahora sí te cortaré la cuerda, te lo advertí zorro. - El

zorro muy desesperado le pedía disculpas una y otra vez

pero el loro ya no le hacía caso. Tomó un poco de distancia

y con mucha rapidez fue hacia la cuerda y la cortó. Mientras

caía, el zorro gritaba:

- Seor aydame Pongan colchones ue auí va el zorro

Pero los hijos de Dios no le hicieron caso y al contrario

pusieron una roca en la ue cayó el zorro. Cayó y su panza

eplotó. Al eplotar, salieron bruscamente las semillas ue

se había comido. Se distribuyeron en diferentes direcciones

haciendo ue aparezcan todas las plantas ue ahora se encuentran

en nuestro entorno. Estas semillas se reprodujeron

rápidamente en un bello y cálido campo en el ue no había

mucha vegetación.

El zorro ya había muerto y gracias a eso, aparecieron todo

tipo de plantas.

13 Epresión colouial para cochino o sucio


EL CNDOR Y EL ORRO (II)

[ 191 ]

193

Narrador Oral: Pascual Orosco Navarro

Recopilador: Gustavo Yamil Orosco Méndez

Profesora: Cintia Cardozo

N

Í una vez un cóndor y un zorro ue eran compadres.

n día el cóndor fue invitado a una cena en el cielo y

el zorro se enteró. Le rogó a su compadre ue lo llevara y

después de tanta insistencia, el cóndor aceptó llevarlo. Pero

le dijo:

- Suba a mi espalda pa poder llevarlo, pero no me va

hacer uedar mal cumpa

- Ta bien, no hay problema cumpita, - dijo el zorro.

Entonces, el zorro subió a la espalda de su compadre

y se fueron al cielo. na vez ue llegaron al lugar, vieron

un enorme banuete. abía una variedad de platillos para

comer. Mientras, los demás cóndores se iban sentando a la

mesa. El cóndor le dijo a su compadre zorro:

- Espere auí cumpa mientras nosotros comemos. Ya

después le voy a invitar.

Mientras los cóndores comían, los huesos volaban por la

mesa de un lado para el otro. El zorro, al ver esto, no pudo

aguantarse las ganas y se lanzó tras los huesos por sobre la

mesa donde estaban los cóndores comiendo. Todos se enojaron,

incluso el compadre del zorro. Los invitados se fueron

furiosos y dejaron al zorro en el cielo, totalmente solo. El

zorro gritaba desesperadamente:

-Compadre no me deje, cumpita por favor - pero el cóndor

se bajó nomás, haciendo oídos sordos.


[ 192 ]

194

El zorro sin encontrar cómo bajar, pasó un ao en el cielo

haciéndose una cincha 154 con sivingulla 1 para poder bajar del

cielo. Durante todo el ao sólo comió semillas de lo ue encontraba,

grandes y peueas, de: lacayote, guineo, zapallo,

achojcha 1 , poroto y garbanzo.

Cuando el zorro ya había acabado de hacer la cincha, listo

para regresar a casa, la tiró hacia abajo y empezó a bajar.

Cuando estaba bajando, vio pasar una bandada de loros y el

zorro les gritó:

-Loros kechinches 1 Loros kechinches Loros

kechinches

Como a los loros no les gustaba ue les dijeran así, estos

se dieron la vuelta y empezaron a picotear la cincha para

cortarla. El zorro suplicó ue no cortaran la cincha y los

loros al verlo tan asustado se fueron y lo dejaron. Cuando

estaban lejos, el zorro volvió a gritar:

-Loros kechinches Loros kechinches, ja ja ja ja ja

Esta vez los loros se enojaron mucho más, volvieron rápidamente

para terminar de cortar la cincha y poder acabar

con la vida del zorro burlón. Mientras el zorro estaba cayendo,

decía:

- Pongan cama y colchón, ue está cayendo su Dios

Pero nadie puso nada y el zorro cayó encima de unas piedras,

reventó por todas partes y se esparcieron todas las semillas

ue tenía en su estómago. Desde entonces se cuenta

cómo aparecieron las semillas de lacayote, guineo, zapallo,

achojcha, poroto, garbanzo, y otras. Cuenta la gente ue antes

de lo ocurrido al zorro no habían esas hortalizas.

14 Correa o cinturón

1 De sivinga, planta larga ue sirve para hacer cuerdas

1 Fruto blando de forma alargada

1 molestosos


LA YTA Y EL ORRO

[ 193 ]

195

Narradora Oral: Aurora Ordoñez Soruco

Recopilador: Luis Yamil Aparicio Ortega

Profesora: Roxana Tarifa

N

Í una vez, una yuta 18 ue apareció con sus tropas

de guagüitas 19 pintadasy apareció el zorro y le dijo:

- Cómo pinta, comadre, a sus guagitas así de bonitas

Y la yuta le dijo:

- Fui a traer un quepe 10 de lea y le prendiu el horno y les

metí ahí, al horno y se pintaron asíVaya a traer la lea

y junda 11 el horno y métale ahí sus guaguas y agárrese la

caja 12 diciendo: “pinta guagita, pinta guagita, pinta guagita”así

hizo el zorro y las guaguas del zorro comenzaron

a reventar en el horno.

Al otro día, fue a sacar las guaguas y estaban todas hechas

carbón. Con eso, se fue el zorro a encontrarle a la yuta.

Le encontró y le dijo: “comadre, por ué usted me hizo uemar

mis guaguas... ahora me lo como a usted”. Y ella le

respondió:

- Soy agria y no me puede comer.

- Auí lo como.

- Vaya a buscar ají con sal, si uiere comerme -. Ahí el

zorro se fue a buscar el ají con la sal. Molió y trajo un atau,

y la yuta le dijo:

- Ahora vamos a la punta del bordito y ahísito cachinche-

18 ave

19 ijitos/as

10 carga

11 Encender, calentar

12 Instrumento musical


[ 194 ]

196

me 13 . - Ella etendía sus alitas y él le puso el ají por todos

lados, por debajo de sus alitas, por todo ello lo cachinchó y dijo:

- Ahora me la como

- Cómame. - l ya estaba por abocarlo y la yuta tiró un

bólido, sacudió sus alas y llenó los ojos del zorro de ají, uien

cayó pea abajo, partiéndose la cabeza.

EL CNDOR ENAMORADO

Narradora oral: Ramona Fernández

Recopilador: Humberto Denis Velásquez

Profesora: Lesby Sonia Jaramillo Gutiérrez

N

Í una vez, una madre ue tenía una hija ue era

muy floja. No le gustaba ue la manden a cuidar las ovejas,

porue se dormía por ahí en el cerro y los zorros se comían a

sus ovejas y su madre le regaaba por ser descuidada.

n día, cuando la chica estaba yendo a cuidar a sus ovejitas,

de repente le aparece un hombre con traje de color negro

bien corbateado y le pregunta: “dónde estás yendo”. La

chica le cuenta ue tiene ue ir a cuidar las ovejas al cerro

porue su mamá le ha retado, diciendo que las hace comer con

el zorro. El hombre le dice: “échalas por ahí a tus ovejas,

uieres venirte conmigo” y ella le contestó ue sí él le

dice ue se suba a su espalda.

Cuando de repente empieza a volar, ella se da cuenta ue

era un cóndor. Se la lleva a una cueva en una pea. oras

después, llegaban las ovejas solas a la casa y ella no llegaba.

Su mamá preocupada le manda a su papá que le vaya a buscar.

Su papá salió a buscarla, y no la encontró.

13 sazóneme


197


[ 196 ]

198

La chica estaba en la cueva y el cóndor le traía toda clase

de carne, pero cruda la chica no uería comerla, porue

era cruda. Después a unos troperos ue fueron a cuidar por

ahí, la chica les gritaba ue llamen a su papá. Los troperos

le van a avisar. Su papá va y ella le dice ue mate una vaca,

y ue etienda la carne a la vista.

Ella le decía al cóndor ue la baje, ue ella uería elegirse

la mejor carne con sus propias manos. El cóndor no uería

bajarla, pero tanto rogarle al cóndor, la bajó donde estaba la

carne. Cuando estaban llegando, aparecieron muchos perros

para corretearlo, el cóndor escapó y se fue a esperar en la

bandita.

El papá se llevó a su hija. icieron una parrillada con

toda su familia y en la noche para asegurar ue el cóndor no

se la lleve, le pacharon 14 un virki grande encima. Al otro

día fueron a ver a su hija, pero la encontraron muerta por

falta de aire.

El cóndor seguía esperando y donde estaba él, había gotas

de sangre. l había llorado toda la noche, ya ue él estaba

enamorado de la tropera.

EL ORRO Y LA PERDI

Carla Añazgo Quiñones

N

Í una vez un zorro y una perdiz ue se hicieron

compadres. n día, la perdiz se enojó con el zorro y, como

ella corría peligro al lado del zorro, buscaba la manera de

deshacerse de su compadre.

14 Echaron


n día, el zorro le pregunta a la perdiz:

- Comadre, cómo es ue tiene sus guagitas tan bonitas

Y la perdiz le dice:

- Mire compadre, póngale lea al horno, préndalo, caldee

bien el horno y métale ahí a sus guagitas. Tápele bien el

horno y cante alrededor del horno “pinta guagita, pinta

guagita”.

El zorro hace todo lo ue la perdiz le dijo y cuando fue a

ver el horno, vio ue sus guagitas estaban hechas chicharrón,

muertas. El zorro va a ver a la perdiz y le reclama:

- Ahora sí, comadre, no se escapa de mí Por ué es usted

tan mala, tan perversa Por ué mató a mis guagitas

Ahora sí me la voy a comer.

A lo ue la perdiz le responde:

- Compadre, usted para comerme a mí yo soy desabrida

así ue me tiene ue echar salcita debajo de mis alitas

y con eso recién me puede comer.

El zorro, sonso, va y busca la sal y le echa por las alitas.

La perdiz emprende vuelo, echándole la sal en los ojos, y le

deja ciego al zorro. Así ya el zorro, no pudo comerse a la

perdiz, ue se fue volando. Por eso se dice ue el zorro, desde

ese día, no ve bien en el día, y ve mejor en la noche.

[ 197 ]

199



V. MITOS

[ 199 ]

201

EL JCMARI (I)

Narradora oral: Alejandra Saldaña Ovando

Recopilador: Luis Alberto Gonzales Ovando

Profesor: Carlos Cruz

N

cenn ue hace muchos aos, una ovejera salió al

campo a cuidar a sus ovejas. En un momento le apareció

el Jucumari, y le dijo “tóqueme mi espalda” y ella le tocó. La

llevó quepio 1 a la cueva donde él vivía y la encerró con una

piedra grande. Ahí la mantuvo mientras él iba a robar ollas

de carne de las casas silenciosas, para ue la ovejera pudiese

alimentarse. Pasaron muchos meses en los ue el jucumari

le hizo tener un hijo suyo. Mientras, la familia de la ovejera,

la tenían por desaparecida a su hija la ovejera.

Ella le pedía al Jucumari carne y sal para ue pudiera

alimentar a su hijo. Ella lloraba mucho. Su hijo crecía muy

rápido, hasta ue un día le dijo: “mami no llores más, yo voy

a crecer y voy a empujar la piedra”. En el transcurso de los

días ue pasaban el hijo hacía mover la piedra, más y más...

n día de esos, la ovejera le pidió al Jucumari ue fuera a

buscar miel para darles de comer. Mientras fue a buscar la

miel, su hijo empujó la piedra y sacó a su madre de la cueva.

El jucumari escuchó el ruido de la piedra caerse desde muy

1 Cargada al hombro


[ 200 ]

202

lejos. Mientras su hijo y su madre estaban escapando, él estaba

volviendo rápidamente y se encontraron en el camino.

- Dónde están yendo – preguntó el jucumari.

- Estamos yendo a ver a mis abuelos Papi auí hay miel

–dijo el hijo, alzando una planta. - Mete tus dos manos –

El jucumari le hizo caso, y el hijo le hizo apretar con la

planta y ahí se uedo atascado su padre hasta morir.

Luego se fueron a la casa de su madre donde sus padres le

recibieron y se alegraron mucho de ue ella hubiera vuelto.

Su hija les contó la historia a sus padres, de ue su hijo era

del jucumari. Ellos aceptaron criar a su hijo y le pusieron en

la escuela.

Era el mejor alumno del curso mientras ue sus compa-

eros no podían. Su maestro le dijo al nio ue les “corrija

a sus compañeros”... a los ue no podían ue les de un cocacho

(golpe). Cuando su maestro volvió, los alumnos estaban

muertos. Le preguntó “ué se hicieron tus compaeros”, y él

le respondió “ellos están durmiendo”.

El profesor comunicó a todos los comunarios ue su

alumno había matado a sus demás compaeros. Todas las

personas se reunieron en el colegio y la madre del alumno,

dio la autorización para ue lo maten a su hijo (porue su

padre era un jucumari). Todas las personas le rodearon y lo

mataron con palos y otras cosas su madre siguió adelante.


EL JCMARI (II)

[ 201 ]

203

Narradora oral: Ela María Garzón Vides

Recopilador: Neyder Daniel Reyes Choque

Profesora: Heidy Perales

N

en los relatos de las personas antiguas ue se fueron

transmitiendo de generación en generación, se cuenta la

historia del jucumari.

Esta historia comienza en una comunidad muy lejana en

medio de los cerros. En esta comunidad, los caminos eran

peueos senderos y las casas estaban hechas de paja y barro.

Las personas vivían de los animales y por eso salían todos

los días a pastorearlos. n día, una joven muy hermosa

de cabello negro, ojos negros y tez morena, llamada María,

salía a pastar a sus animales al campo. Todo el día estuvo

en eso, y cuando volvía a su casa de noche se le apareció el

jucumari, ue era un animal de dos metros cubierto de pelos

ue tenía la fuerza de diez hombres. Ella al verlo se asustó

y salió corriendo hacia una uebrada a esconderse, pero el

jucumari la atrapó y se la llevó. Ella gritaba “auilio, por

favor aydenme”, pero nadie acudió a ayudarla. Así el jucumari

se la llevó a su cueva ue se encontraba al pie de una

montaa.

La cueva estaba llena de restos de animales: huesos, cueros,

pezuas. Ahí encerró a María, trancando la entrada con

una enorme roca. Cuando volvió, el jucumari encontró a

María sentada en una esuina llorando. ste le trajo ropa y

comida y le dijo:

- Toma

Ella al escucharlo a hablar se uedó sorprendida. Tomó

las cosas ue había traído y así pasó el tiempo. Ella se acostumbró

a vivir con él y después de un tiempo uedó embarazada.

Como toda mujer embarazada, tenía antojos y el ju-


204


cumari tenía ue complacerlos. Así pasaron los nueve meses

y ella dio a luz a un nio mitad humano, mitad animal: era

una persona ue estaba cubierta de pelos. Así pasaron los

aos y María an tenía el deseo de ser libre de esa cueva.

Su hijo, al ue le había puesto por nombre Juan, ya era todo

un adolescente. Además podía hablar y se vestía a pesar de

estar cubierto de pelos. n día Juan logró derribar la enorme

roca ue trancaba la entrada (porue además de estar

cubierto de pelo, también sacó la misma fuerza de su padre).

María, al ver ue podía irse, tomó algunas cosas y se fue con

su hijo. Cuando el jucumari volvió, encontró la cueva vacía

y salió corriendo en busca de ellos. María y Juan, cansados

de tanto correr, decidieron descansar bajo la sombra de un

árbol. De pronto escucharon el grito del jucumari ue se

estaba acercando. Comenzaron a correr hasta ue llegaron

a un río muy caudaloso. Para cruzar, Juan derribó un árbol

por donde pasó su madre María y después él. Esperó a su

padre y cuando llegó le dijo:

- Papá, cruza por auí.

ste le hizo caso y cuando estaba cruzando Juan volteó

el árbol y arrojó a su padre al agua. Fue arrastrado por el

rio y murió ahogado. María y su hijo Juan, al verse libres del

jucumari decidieron irse y comenzar una nueva vida.

[ 203 ]

205


[ 204 ]

206

EL JCMARI (III)

Narrador oral: Weimar Abel Sánchez Vega

Recopiladora: Mariette Celina Sánchez Cardozo

Profesora: Heidy Perales

N

cenn ue hace ya mucho tiempo, vivían en la espesura

del monte, una raza de seres dotados de una fuerza

descomunal. Por ser velludos, se habían alejado de los seres

humanos para vivir en la espesura de los bosues.

Siendo todos varones y al no haber mujeres para mantener

viva su especie, entraron en una profunda crisis. Luego

de una larga y discutida reunión, decidieron acudir al

jucumari mayor, para ue les diera un consejo sabio para

resolver el problema. ste les dijo “al igual ue el águila real

es seor de las alturas, los jucumaris, de la misma manera,

somos dueos de todo lo ue es de la tierra”.

A partir de ese día, estos seres se dispersaron para buscar

la solución a sus problemas de supervivencia. Los hombres

evitaban a toda costa encontrarse con ellos. Sin embargo,

un día un joven jucumari, desde la espesura del bosue, contempló

a una joven sin pelos, uedándose enamorado por su

encanto y voz, tierna y dulce. Desde ese día iba ver a la mujer

sin acercarse. na tarde en ue la mujer entró a baarse,

el jucumari, sin pensarlo dos veces, corrió y tomó a la joven

para luego perderse en la espesura del bosue.

Caminaron varias horas y solo descansaban para comer

algunos frutos, hasta ue llegaron a una cueva donde vivía

el jucumari. Introdujo a la mujer a la cueva, pese a la débil

oposición de ella. Pasaron los aos y tuvieron un hijo, al ue

ella le dio toda su protección, atención y educándolo como

pudo. Pero su hijo preguntaba ué había fuera de su hogar.

Tanto ue el nio insistió, logró convencer a su madre de

salir de la cueva.


na maana, cuando el padre se fue en busca de alimentos,

la madre y el hijo hicieron un esfuerzo para mover la

piedra y así escaparon hasta la población más cercana, donde

fue amparada por los vecinos protegiéndola de la furia del

jucumari, ue la buscaba por todo el bosue. La mujer, con

tal de darle una buena educación a su hijo, lo inscribió en

una escuela, sin darse cuenta ue el nio tenía la piel llena

de pelos, lo cual fue notado por sus compaeros uienes se

burlaron de él.

n día, el nio se cansó de las burlas de sus compaeros

y le dio un golpe a uno de ellos, dejándolo inconsciente en el

suelo. Lo mismo hizo con otros ue lo insultaban. La fuerza

ue tenía, no fue del agrado de todos y vieron al nio como

una amenaza. La madre, al enterarse del hecho y temiendo a

la reacción de la población, se fue con su hijo al bosue, para

nunca más volver.

[ 205 ]

207

LA COQENA

Narradora oral: Joaquina Gareca

Recopiladora: Alba Abigail Ramos

Profesora: Heidy Perales

N

n hombre muy pobre, de unos sesenta aos, vivía en

una choza de paja. El pobre hombre no tenía ué comer, no

tenía dinero y su ropa era vieja.

n día el hombre tenía muchísima hambre. Se fue al cerro

a cazar venados para poder comer. Mientras logra cazar

seis venados, le aparece la couena ue le dice al hombre:

- Por ué cazas mis venados

- Yo los uería cazar para poder comer, porue yo no

tengo nada y soy una persona pobre – respondió el hombre.


208


- Yo te voy a dar un arte. Andáte a tu casa y no vuelvas

más por auí a cazar mis animales.

El hombre obedeció y se fue. Durmió toda la noche y al

despertar a la maana siguiente, se uedo muy asombrado al

ver todo lo ue encontraba dentro de su casa. abía variedades

de papas, maíz, frutas, verduras, arroz, etc.

El hombre decidió vender todo auello y se hizo millonario.

Pasaron unos días y uno de sus compadres le preguntó:

- Compadre, usted era pobre. Cómo se hizo rico de la

noche a la maana

- Compadre, fui al cerro a cazar unos venados y de la

nada me aparece la couena. Me dijo ue me iba a dar un

arte y ue me viniera a la casa y no volviera más y al despertar

a la maana siguiente me encontré con una variedad

de papas, verduras, frutas.

Su compadre al oír todo esto fue al cerro a cazar venados,

aparece couena y el hombre rico le dice a la couena:

- Yo he venido a cazar los venados porue no tengo nada

ue comer soy pobre.

Pero couena no le creyó, ya ue era rico y no pobre.

- Yo te voy a dar Andáte a tu casa y no vuelvas más.

El hombre obedeció y se fue a su casa. l se durmió y no

despertó más: se había muerto por mentiroso.

[ 207 ]

209

EL SILBACO

Narradora oral: Amalia Alvarado Avendaño

Recopiladora: Faviola Paredes Alvarado

Profesora: Mery Luz Villa

N

e dice ue por las noches, en lo más profundo de los

bosues, en los montes y uebradas, con un frío ue viene

del sur, se suele oír un sonido estremecedor, parecido a un


[ 208 ]

210

llanto o lamento, al ue los lugareos llaman: el silbido del

Silbaco. Si estas solo y con pena, podrías escuchar al silbaco

y llorar del susto.

Dicen ue el sonido es producido por una indiecita guaraní

convertida en ave nocturna por su propio padre.

Su padre era malvado y no soportaba el amor de su hija

con un hombre. ste no era de su agrado y por eso lo mató

con un machete. Su hija fue testigo de este crimen. El padre

malvado, para no ser descubierto, convirtió a su hija en un

pájaro.

Desde entonces, esta indiecita convertida en ave, vagó

arrastrando sus penas por el monte chaueo. Quien la escuche

y trate de seguirla, se perderá junto a ella hasta

llegar a su casa donde el ave lleva a cualuier persona ue la

escuche o la imite en su silbido. Este pájaro es conocido en

el chaco como el silbaco.

EL SEOR POBRE Y LA COQENA

Narradora oral: Natividad Cazón

Recopiladora: Celina Cazón Alarcón

Profesora: Claudia Quiñones

N

Í una vez un seor muy pobre ue no tenía ué

comer. Del hambre ue tenía, se iba a cazar a las jurinas 166

con su perro.

Ya eran muchas las veces ue cazaba las jurinas el hombre

pobre. n día se descuidó y su perro desapareció. El

perro se fue a cazar solito las jurinas. Cuando estaba a punto

1 Animal parecido a un peueo venado


de cazar, le apareció la duea de auellos animales y le dijo:

“Qué estas por hacer con mis animales Ahora te voy a matar”.

El perro agachó la cabeza y soltó unas lágrimas de sus

ojos. La couena, duea de las jurinas, llevó al perro a su

casa. Pasaban los días y el perro no regresaba a la casa de

su dueo.

El seor pobre estaba muy preocupado y decía: “Qué habrá

pasado ue no aparece mi perro”. Se puso muy triste, se

hizo tarde, y el perro no llegó. Al otro día, el seor pobre

se levantó de su cama a hacer el avío, preparó el pirí 1 y lo

ató en un trapito para llevarlo a su perrito. Se lo cargó en un

bolso y salió a buscar.

Subió un cerro muy alto y silbó para llamar a su perro.

Bajó una senda muy larga y de nuevo silbó. Cuando levantó

la vista, miró unos corrales muy llenos de jurinas. Llegó a

la casa de la couena y estaba muy asustado. De repente, vio

a su perro amarrado del cuello con una serpiente. Se acercó

al corral donde la couena hacía amamantar a los chivitos de

las jurinas.

El seor pobre le saludó a la seora couena y ella le

respondió:

- Buenos días - muy enojada le dijo - Mirá tanto costo

ue me das con tu perro, ue mató a mis jurinas. Soltaré a

tu perro con una condición: ue ya no mate a mis animales

- Bueno, ya nunca más soltaré a mi perro. - La seora

couena le dijo:

- Espérame auí. Yo iré a casa a traer una cosita para

usted.

El seor pobre lo esperó muy asustado... la seora couena

tardó en volver.

Volvió con un atadito en sus manos y le entregó al seor

pobre y le dijo: “este atadito ue te estoy dando, lo vas a po-

[ 209 ]

211

1 Comida hecha de trigo molido


[ 210 ]

212

ner en un rinconcito de la casa”. El seor pobre se fue a su

casa sin mirar hacia atrás. Cuando llegó a su casa colocó el

atadito en un rincón como dijo la couena.

Al otro día el seor pobre despertó y vio ue su casa

estaba llena de dinero, ue no podía abrir la puerta por esa

razón. Desde ese día nunca más sufrió por falta comida y

tenía todo para vivir muy feliz.

innne

Algunos de los Profesores de Comunicación y Lenguaje participantes

nidad Educativa

Prof. Osvaldo álvez

(La Calama)

Prof. Lesby Jaramillo

nidad Educativa

Tomatas randes

Prof. Nils Alarcón

Prof. Deimar Ayarde


ei

[ 211 ]

213

SAN LORENZO, CUENTA

Proyecto de arte y transformación social

“San Lorenzo, cuenta”, tuvo como finalidad la promoción de

la identidad local, a través de las historias. Para esto, realizamos

dos grandes tareas: formación artística en narración

oral y recopilación de historias de tradición oral.

La formación artística en narración oral se realizó desde

julio hasta noviembre de 2018, en encuentros semanales de

2 horas. Los talleres estuvieron a cargo de la profesora Lic.

Pamela Delgado, uien acompaó y guió el proceso de formación

artística de cada uno de estos jóvenes, facilitando

aprendizajes significativos. Además, se contó con la participación

de ecelentes artistas ue vinieron desde La Paz

a brindar talleres de especialización. El primero se realizó

en el mes de septiembre a cargo de Janeth Cordero, y el

segundo en octubre, a cargo de Martín Céspedes. Participaron

de estos talleres formativos, estudiantes de secundaria

del “Colegio Simón Bolívar de la Victoria” motivados por la

Profesora eidy Perales, (uien creyó en este proyecto y lo

valoró la oportunidad para sus estudiantes); y cuatro mujeres

de San Lorenzo de edades diversas. En ambos grupos,

se realizaron actividades ue tuvieron como resultado, el desarrollo

de la personalidad, la confianza, y la epresión de

uienes formaron parte. En algunos casos, esta formación,

fue suficiente para despertar y sacar a la luz, al artista ue

había latente en cada uién.

Por otra parte, en los meses de Julio, Septiembre y Octubre,

se realizaron espectáculos de narración oral. El primero

estuvo a cargo del do “Los Caminantes”, presentando

su espectáculo “Historias del camino, un viaje entre cuentos y

canciones”. En septiembre se presentó el grupo “Tarambanas


[ 212 ]

214

Teatro” con su obra “Joshua” y en octubre, Martín Céspedes

con su espectáculo “Cuentos ue abrazan”. Ambos, tuvieron

una ecelente recepción de los alumnos y también de

las profesoras y profesores del Colegio Simón Bolívar de la

Victoria.

Complementando lo anterior, se realizó un conversatorio

en la Escuela Normal de Formación de Maestros de Canasmoro:

“Identidad Local en tiempos de Cultura lobal”.

Contamos con la presencia de destacados cultores de Tarija:

Lucila López Tamayo (poetisa y escritora), Paulino Figueroa

(escritor, recopilador y compositor) y Francisco Perales

(agricultor, profesor y e director de la Escuela Normal).

Además se realizaron dos audiocuentos por parte de Los

caminantes. Los mismos fueron adaptaciones de un cuento

y un poema del reconocido escritor mendeo, Don Oscar

Alfaro. Esto tuvo como objetivo, la difusión del proyecto y

la valorización de la cultura local.

La recopilación de historias, estuvo dirigida por Augusto

Luna, uien promovió la Investigación Participativa “Recopilación

de istorias de Tradición Oral”, diseada como

tarea con valor pedagógico, en el área de Lenguaje y Comunicación.

La misma, se materializó con un instructivo para

los profesores, donde se definieron los aspectos generales

del concepto de Patrimonio Cultural Inmaterial, los aspectos

específicos de recopilación folklórica, y la consigna nica

y comn a todos: recopilar una historia de tradición oral, a

través de la entrevista de un adulto mayor a aos. Los

materiales entregados a los estudiantes recopiladores fueron:

folletín de ejemplos y cuestionario para la entrevista.

Para el entusiasmo de la población estudiantil, dicha tarea se

enmarcó en el “Concurso de istorias de Tradición Oral”, el

cual planteaba la premiación de los mejores trabajos.

racias al convenio de cooperación firmado con la Dirección

Distrital de Educación, a cargo de Lic. Sandro Donaire


Soruco, los profesores de Lenguaje y Comunicación (mencionados

en los créditos iniciales del presente libro), pusieron

en práctica la tarea en la mayoría de los cursos de las 13

nidades Educativas del Nivel Secundario, del municipio de

San Lorenzo. Esta investigación participativa se desarrolló

eitosamente en los meses de septiembre y octubre. De una

población total de 100 estudiantes secundarios, se logró

ue 81 jóvenes recopilaran un total de 8 versiones de historias

de tradición oral, siguiendo las indicaciones y completando

el cuestionario.

Las recopilaciones se llevaron a un proceso de selección

y edición por parte de Augusto Luna y Pamela Delgado,

uienes se encargaron de mantener la esencia narrativa y la

oralidad, de cada una de las historias seleccionadas.

El do narrativo – musical “Los caminantes”, gestores y

productores del proyecto, agradecen a todas las personas de

San Lorenzo, ue confiaron y aportaron para el éito de las

propuestas: profesores, estudiantes, adultos mayores y población

general.

Con la alegría de dejar a nuestro paso un aporte fundamental

y significativo, no solo para los presentes sino para las

futuras generaciones, esperamos ue el presente libro sirva

para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de

la provincia Méndez. Asimismo, anhelamos ue los jóvenes,

nios y nias, se apropien de este teto leyéndolo una y otra

vez. Si este libro cumple su objetivo y despierta el interés de

los menores por la tradición oral, le dejamos el mejor consejo

ue le podemos dar al lector: vaya y converse con los adultos

mayores, pidiéndoles ue les cuenten auellas historias

ue sus padres le habrían contado en su infancia.

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