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Revista Hegemonía. Año IV Nº. 42

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 42 AÑO IV | AGOSTO DE 2021

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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

de sus lectores mediante suscripciones regulares y

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HEGEMONIA

30

CONTENIDO EXCLUSIVO

No tendrás nada

y serás feliz

50

HISTORIA + GEOGRAFÍA =

GEOPOLÍTICA

Juegos

geopolíticos

16

ANÁLISIS

La exacerbación

“libertaria” del

liberalismo

26

FILOSOFÍA POLÍTICA

Una juventud

con todo el

pasado por

delante


EDITORIAL

Es preciso decir la verdad

La agenda del debate público

en una sociedad mediatizada

es una cosa profundamente

autoritaria. Esta es la definición

de la dictadura perfecta, de un

esquema en el que la tiranía de los

pocos sobre los muchos se sofistica

hasta llegar a ser imperceptible

para estos últimos, quienes viven

la totalidad de sus vidas creyendo

existir en una democracia. Pero no

hay democracia y, en realidad, la

agenda es la propia dictadura al no

permitir la discusión para la posterior

resolución de los problemas

reales de las mayorías.

Lo que se discute son únicamente

los temas impuestos por la agenda

a través de los medios de difusión,

mal llamados “de comunicación”.

Los medios no comunican a nadie

y sirven tan solo para difundir los

temas de la agenda, para imponerlos

sobre la sociedad mediatizada.

El atento lector podría pensar que

eso no tiene toda la importancia

que aquí le atribuimos, podría creer

que es un asunto exclusivo de los

medios de difusión y que para ser

libre uno puede simplemente desconectarse

de los medios, no mirar

televisión, no leer los diarios, no

escuchar la radio, etc.

Es cierto, uno puede hacer eso. De

hecho, aun en esta sociedad hiperconectada

hay gente (más bien

poca) que elige no consumir nada

de información mediática, ni siquiera

en las redes sociales. Uno puede

hacer eso y aun así no es libre. Se

desconecta de la matriz informativa

y no es libre porque vive en

4 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


sociedad y sus problemas serán los

problemas de esa sociedad, vaya

donde vaya.

Al momento de escribir estas

líneas, el intendente Fernando

Espinoza de La Matanza se presentaba

en un acto transmitido en vivo

por los canales de televisión para

presentar un programa de higiene

menstrual. Así como se lee: con

mucho entusiasmo, Espinoza hablaba

de la “soberanía menstrual”

y anunciaba alegremente cómo el

municipio de La Matanza —uno de

los distritos con más necesidades

básicas insatisfechas de la provincia

de Buenos Aires— resolvía el

problema y garantizaba la llamada

“soberanía menstrual”.

No solo La Matanza, por cierto,

sino toda la Argentina está hoy

hundida en una crisis terminal y

multidimensional. Podría decirse

que el país está prendido fuego con

más del 50% de los argentinos por

debajo de la línea de pobreza, una

inflación galopante que contribuye

a empeorar ese número, la desocupación

muy alta y en aumento,

el Estado a punto de quebrar entre

una deuda que no se puede pagar

y una recaudación por el piso. Pero

los medios eligen poner en la agenda

la “soberanía menstrual”, es

decir, imponen eso como prioridad

sobre la catástrofe económica. Eso

es la agenda.

Es solo un ejemplo, uno muy pequeñito

y cotidiano. Mientras nos

hacen debatir asuntos que nada

tienen que ver con la problemática

real de las clases populares trabajadoras

y medias, van ocultando esa

problemática. ¿Por qué? Porque

hay un límite de las cosas que podemos

discutir simultáneamente, una

cuota diaria máxima, digamos. Y si

esa cuota se utiliza para lo accesorio,

entonces lo esencial quedará

invisibilizado, no se discutirá y no se

resolverá.

Los problemas reales van a seguir

ahí y van a agravarse en el tiempo

por deterioro de la situación social.

Entonces el atento lector no es libre

al no poder resolver sus propios

problemas en una sociedad que

tiene puestas unas anteojeras como

las que se aplican a los caballos y a

las vacas para que solo miren hacia

una dirección determinada.

Es por eso que decir la verdad es

hoy más revolucionario que nunca y

más revolucionario que nunca es intentar

perforar el blindaje mediático

de la agenda difundiendo los temas

que realmente modifican la realidad

social. No está permitido hacerlo,

tanto los medios tradicionales

como las redes sociales censuran

al que plantee temas que no están

en la agenda y de ahí el calificativo

de “revolucionario”: frente a un

statu quo bien cristalizado, el que

se atreve a subvertir el orden hace

revolución.

La revolución es un cambio brusco

de paradigma y eso necesita

la humanidad. En esta edición

veremos cómo las élites globales

intentan sostener el paradigma con

la idea de un “gran reinicio” a nivel

mundial que no es reinicio ni mucho

menos, sino una forma de oficializar

el statu quo cristalizado en la forma

de un gobierno global. Todo eso

mientras los medios de difusión nos

distraen con la agenda, impiden la

resolución de los problemas reales y

debilitan la sociedad todos los días

un poco más.

Decir la verdad es revolucionario y

aquí está Hegemonía, diciendo su

verdad popular a los gritos, aunque

no masivamente. Lo masivo son los

medios de difusión y esta es una

lucha muy desigual. Pero la verdad

se dice igualmente sin cuidado de si

la escucharán los más o los menos,

la verdad se dice y es revolución

en ciernes con tan solo ser dicha.

Lo contrario a eso es la omisión de

saber de qué se trata y callar y esa

no es una alternativa para quienes

tenemos como proyecto para el

futuro ser un poco más dignos que

hoy.

Así aparece esta nueva edición

de Hegemonía, que es un medio

alternativo justamente porque no

se pliega a la agenda y la denuncia

siempre. Los resultados están en

siguientes páginas de esta revista

que el lector tiene entre manos.

Digamos y socialicemos la verdad:

solo ella nos hará libres.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural

5 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


OPINIÓN

Una encrucijada

ERICO

VALADARES

Las recientes declaraciones del

Dr. Pedro Cahn a los medios,

en las que trata de despegarse

del escándalo alrededor de las

fiestas clandestinas de Alberto

Fernández en Olivos, ponen en evidencia

un problema gravísimo que

el gobierno del Frente de Todos tendrá

que enfrentar de aquí en más:

hay una grave contradicción discursiva

y eso hace peligrar la continuidad

del gobierno o el sostenimiento

de la narrativa sanitaria que ha sido

la razón de ser del propio gobierno

desde marzo del año pasado.

El escándalo aún está al rojo vivo y

por eso no está del todo claro cuáles

serán sus consecuencias en el

mediano plazo, aunque esas consecuencias

no se le escapan al ojo del

observador que sabe proyectar. Más

allá del terremoto político ocasionado

por la aparición de fotos en las

que se ve al presidente de la Nación

celebrando con un grupo de amigos

el cumpleaños de su mujer en plena

etapa de aislamiento social obligatorio

—medida de prevención contra

el coronavirus decretada por el mismísimo

presidente—, el escándalo

tiende a forzar a los apoyadores del

gobierno a optar en una encrucijada

durísima. Y eso es lo que todavía no

6 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


se ve.

Todo empieza por el principio de

autoridad en la política, es decir,

el por qué los más le hacen caso

a uno o a los menos cuando estos

dictan órdenes desde el Estado.

No es difícil confundirse y pensar

que un gobierno tiene autoridad

simplemente porque ganó las

elecciones, pero eso no funciona

así en la práctica. Las elecciones

son la consagración formal de una

autoridad que se fundamenta en la

credibilidad, las elecciones son solo

la expresión visible y cuantitativa

de esa credibilidad. Un presidente

o un primer ministro en el Estado

no tienen autoridad porque ganaron

las elecciones, sino porque las

mayorías creen en ellos y a partir

de eso están dispuestas a seguir su

liderazgo.

En una palabra, la autoridad no

está en el cargo ocupado por un

dirigente en el Estado tras haber

sido electo para ello, sino en el liderazgo

que ejerce ese dirigente. Sin

ir mucho más lejos, existen países

donde el líder de masas no ejerce

ningún cargo formal en el Estado y

de igual manera gobierna mediante

otros personajes que sí tienen cargos,

aunque los tengan únicamente

para hacer aquello que ordena el

líder real. Gobernar entonces es una

cuestión de tener liderazgo político,

de tener influencia sobre los gobernados.

Y el liderazgo político es una cosa

más bien moral, es decir, se es líder

cuando moralmente se tiene el

reconocimiento de dicho liderazgo

entre los que serán liderados, nunca

al revés. Un líder no es el que dice

serlo, sino el que los demás reconocen

como tal. Ese es el principio de

autoridad moral que rige la política

desde tiempos inmemoriales y que

empezó a expresarse formalmente

al advenir la modernidad con sus

elecciones. Un líder existe, tiene un

liderazgo moral reconocido por las

mayorías y luego, en consecuencia,

gana las elecciones para ejercer

sobre la sociedad entera una autoridad

que emana de la propia sociedad.

Con esa autoridad el líder hace

cosas, lo que se llama un gobierno

o políticas de Estado, un proyecto

político que se ejecuta más o menos

según el nivel de credibilidad

en el liderazgo moral que haya en la

cabeza del gobierno. Entre las cosas

que hace el gobierno de Alberto Fernández

hoy y desde hace ya un año

y medio está la gestión del control

del coronavirus caracterizado como

pandemia: las medidas de restricción,

la política sanitaria como un

todo, las decisiones económicas

condicionadas por la contingencia,

etc. Todo eso se pudo hacer desde

marzo del año pasado porque la

ciudadanía “acompañó”, como

suele decirse en la jerga política,

porque las mayorías hicieron caso

y acataron las duras medidas de

restricción, draconianas en muchos

casos, porque consideraron que la

política sanitaria era adecuada y

fundamentalmente porque aceptaron

las decisiones económicas que

se justificaban por la contingencia,

que se caracteriza como extraordinaria.

Eso equivale a decir que la llamada

“cuarentena” —la que en rigor es un

aislamiento social con suspensión

Para salvarse del naufragio, el Dr. Pedro Cahn —aquí posando junto a su hijo y a la referente

del macrismo Silvia Lospennato— salió a despegarse rápidamente con sus declaraciones. Y

así hizo como otro Pedro, el más famoso de todos que según el relato bíblico negó a Cristo

tres veces. Pedro Cahn es la narrativa sanitaria en la Argentina y, pase lo que pase en la

política, debe salir ileso de cualquier controversia.

7 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Durante el largo periodo de aislamiento social obligatorio con suspensión de la actividad humana que dejó desiertas las calles, el presidente

Alberto Fernández llevaba a cabo reuniones sociales en la Quinta de Olivos, o por lo menos eso es lo que se instaló como una verdad en la

opinión pública. El descubrimiento del hecho es un golpe fatal a la autoridad moral de Fernández, quien estará de aquí en más muy complicado

para lograr que la ciudadanía no haga caso omiso de sus decretos y decisiones. “Si el presidente no se guarda, ¿por qué tendría que

guardarme yo a instancias del presidente?”, se preguntará el sentido común.

de la actividad humana considerada

normal—, el párate económico derivado

de ella y más tarde la vacunación

masiva de personas fueron

y son posibles si y tan solo si el que

las ordena tiene autoridad para imponer

todo eso. Si en la cabeza del

Estado hay alguien sin autoridad,

las mayorías hacen caso omiso de

los decretos del gobierno y hacen

básicamente lo que quieren, con lo

que el proyecto político se destruye

por inutilidad. Si al momento de

decretar la “cuarentena” Alberto

Fernández no hubiera tenido la suficiente

autoridad para hacerlo, pues

la “cuarentena” no hubiera existido

en la práctica aun siendo Fernández

el presidente de la Nación. Lo que

habilita a Fernández a hacer todo

lo que hace es la autoridad y no el

cargo formal de presidente de la

Nación.

Todo eso es bastante viejo, es la

primera naturaleza de la ciencia

política que todo el mundo comprende

y, no obstante, siempre es

bueno repasarlo. Sobre todo ahora,

cuando a raíz de un escándalo que

resta credibilidad y pone en duda

la autoridad presidencial algunas

cuestiones empiezan a aparecer,

como la siguiente: ¿Qué pasaría

si en las próximas semanas fuera

necesario imponer ciertas medidas

restrictivas para mitigar el efecto

del contagio del mal que se quiere

enfrentar con la suspensión de la

actividad humana? La cuestión es

clara, se resume a preguntarse con

qué cara podría presentarse Alberto

Fernández frente a la sociedad para

anunciar una nueva “cuarentena”,

por ejemplo, luego de haber sido

fotografiado violando la “cuarentena”

que él mismo había decretado

el año pasado.

Se derrumba entonces la autoridad

moral de Alberto Fernández, la que

ya venía un poco maltrecha frente

al análisis de los resultados de su

gestión de gobierno. Fernández ya

venía tambaleante, con una agenda

desconectada de los problemas

reales de la sociedad argentina y

en eso le cayó la bomba. Fernández

hoy se enfrenta a un proceso

electoral y a una crisis de autoridad

que se asemeja a la que fulminó

a Fernando de la Rúa en el año

8 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


2001. ¿Cómo hará Fernández para

gobernar el coronavirus en circunstancias

como esta? ¿Cómo hará

para sostener la narrativa sanitaria,

la que por otra parte es la columna

vertebral de su propio gobierno?

Entonces está, desde el punto

de vista del Frente de Todos, esta

enorme encrucijada: ¿Sostener el

gobierno de Alberto Fernández o

sostener la narrativa sanitaria? Eso

es muy difícil porque ya está visto

que Alberto Fernández ya no puede

sostener esa narrativa, ha perdido

la autoridad para hacerlo, pero a

la vez no puede simplemente dar

un paso al costado y entregarle el

gobierno a la oposición. Tampoco

puede seguir siendo presidente

omitiéndose del sostenimiento de

la narrativa sanitaria, puesto que

el gobierno se apoya sobre ella y

prácticamente sobre nada más.

Si Fernández no puede gobernar

con esa narrativa, ¿con qué otra lo

hará? Y si no lo hace él, ¿quién lo

reemplazará en esa tarea?

La encrucijada está porque el

Frente de Todos tiene actualmente

tres intereses primarios: el primero

es sostener el gobierno, evitar

que caiga; el segundo es ganar las

elecciones de este año, al menos

en la provincia de Buenos Aires; y el

tercero es llevar a cabo la agenda

del coronavirus que se le ha encargado.

Pero las tres cosas a la vez,

por lo visto, no se pueden lograr. Si

el gobierno sigue de pie, no tiene

autoridad para gobernar la crisis del

coronavirus y es probable que no

pueda gobernar nada en absoluto.

Pero si no sigue, se arriesga un gobierno

propio en una sucesión que

nadie sabe cómo va a terminar y

que puede impactar sobre el Frente

de Todos de modo fulminante.

Alguien dirá que la solución está

a la vista: renuncia para Alberto

Fernández y asunción interina de la

vicepresidenta, Cristina Fernández,

quien sí tendría la autoridad moral

para asumir la gobernanza de la

crisis al no arrastrar los problemas

morales de Alberto Fernández,

pero eso es una gran complicación

en la práctica. Para empezar, si el

presidente Fernández renunciara

antes del 10 de diciembre, esto es,

antes de completar la mitad de su

mandato de cuatro años, el que

asumiese la primera magistratura

interinamente estaría obligado por

ley a convocar a nuevas elecciones

en el corto plazo, en los próximos

noventa días. Como se ve, no solo

se estaría cambiando abruptamente

una elección legislativa por una

elección presidencial anticipada,

sino que habría un proceso electoral

muy precipitado cuyo resultado

es lógicamente impredecible. Es

imposible saber quién ganaría esas

elecciones anticipadas en un contexto

de crisis total en todo sentido.

Todo dependería entonces de la

habilidad de Cristina Fernández en

caso de renuncia de Alberto Fernández.

Ella tendría que pacificar la

sociedad, gobernar el coronavirus

y reactivar un poco la economía,

todo eso en noventa días y al mismo

tiempo. De no lograrlo, podría estar

convocando a unas elecciones en

las que triunfaría la oposición sin

haber hecho nada para ganar, una

oposición que hace menos de dos

años dejaba un país destruido y una

deuda monumental que nadie sabe

cómo se va a pagar. La situación es

delirante a punto tal que esa oposi-

Cristina Fernández y Sergio Massa son los que, al menos en teoría, están expectantes frente

a la destrucción de la autoridad de Alberto Fernández, aunque la eventual sucesión anticipada

de este difícilmente sería un proceso lineal. De no llegar Alberto Fernández al 10 de

diciembre de este año para completar los dos años que marcan la mitad de su mandato, el

sucesor interino se verá obligado por ley a convocar a nuevas elecciones en el corto plazo y

eso sería una verdadera caja de Pandora en las actuales circunstancias.

9 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez, en campaña para las elecciones del año

1999. La renuncia del presidente De la Rúa hubiera sido un antecedente para saber qué

sucede con el vicepresidente en estas situaciones, pero no pudo ser: Álvarez ya había renunciado

mucho antes de la caída delarruísta y la presidencia pasó de mano en mano hasta

terminar en poder de Eduardo Duhalde, ya en el 2002.

ción podría ganar las elecciones sin

merecerlo, habiendo sido artífice

del desastre y sin haber trabajado

políticamente por el triunfo, podría

ganar simplemente por implosión

del polo opuesto. Y eso es muy

delirante.

Pero no solo eso, sino que además

no existe en esta etapa de la democracia

liberal argentina ningún

antecedente de renuncia del titular

que haya resultado en la asunción

lineal del vicepresidente. La última

vez que algo así pasó fue en el año

2001, pero al huir en helicóptero

Fernando de la Rúa el vicepresidente

Carlos “Chacho” Álvarez ya

había renunciado hace mucho y no

supimos entonces qué pasa con

el vicepresidente cuando el titular

renuncia. ¿Por qué esto podría ser

problemático? Porque el titular y el

vice son electos en la misma fórmula

y no podría faltar la conspiración

política para que ambos corran la

misma suerte en caso de renuncia.

En la práctica, el vicepresidente

existe para reemplazar al titular en

caso de ausencia, incapacidad o

muerte y no en caso de renuncia,

puesto que si un gobierno cae es

esperable que caigan todos los

dirigentes electos en la fórmula

electoral que lo puso allí.

Por lo tanto, más allá de los que

están ansiosos por ver la asunción

anticipada de Cristina Fernández,

la renuncia del presidente Alberto

Fernández es una caja de Pandora:

uno puede abrirla, pero nunca saber

de antemano qué cosas van a salir

de ella. Esta es la encrucijada en

la que se encuentra hoy el Frente

de Todos, con un presidente que ha

perdido toda la poca autoridad que

aún tenía luego de una gestión fracasada

tanto del coronavirus como

de los demás aspectos económicos

y sociales, con un proceso electoral

en puertas y sin saber si se podría

suplantar exitosamente a un presidente

saliente sin que el poder en el

Estado caiga en manos de la oposición

o del mismísimo Sergio Massa,

que está al acecho.

La renuncia de Alberto Fernández

no parecería ser una buena opción

para el sector kirchnerista del Frente

de Todos, aunque la continuidad

de Alberto Fernández se nos aparezca

hoy como una imposibilidad

práctica. El gobierno en su actual

composición y con Alberto Fernández

a la cabeza no puede dirigir el

coronavirus sosteniendo la narrativa

sanitaria, nadie podría aceptar la

dirección moral de un presidente

que violó el encierro anterior decretado

por él mismo. Pero si cambia

la composición actual del gobierno

el resultado podría ser una crisis

política terminal para el Frente de

Todos. La encrucijada es tener que

elegir entre conservar el poder en

el Estado al menos hasta diciembre

y luego plantear la sucesión o

sostener la política sanitaria que es

objeto del interés de muchos aquí y

en el exterior.

Son dos mandatos que con Alberto

Fernández a la cabeza no se pueden

cumplir, se hace lo uno o se hace

lo otro. Habrá que elegir y las declaraciones

de Pedro Cahn indican

la opción de un sector: la prioridad

es la narrativa sanitaria y si Alberto

Fernández no la puede sostener,

entonces el sector interesado en

sostenerla querrá su renuncia y su

reemplazo por alguien que pueda.

Lo que venga después de eso es

meramente un problema político

que solo le interesa al Frente de

Todos, no a los allegados que se

arrimaron luego de marzo del año

pasado al advenir el coronavirus.

Cada cual atiende su juego.

10 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


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11 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


IDENTIDAD PERONISTA

Los principios

del peronismo

FACUNDO

CELASCO

La doctrina del peronismo es un

conjunto ordenado de preceptos

e ideas muy precisos, que

han sido sistematizados por el

General Perón en La Doctrina

peronista. Sin embargo, es posible

resumir los puntos principales de

la doctrina en un número limitado

de principios y valores que guían el

pensar y el sentir del pueblo peronista.

En primer lugar, el peronismo

reconoce la necesidad de la organización,

pues sostiene que del caos

solo puede emanar más caos. El

principio de organización del peronismo

responde a la necesidad

de ejercer control sobre una masa

que por sí sola no puede moverse

de manera armoniosa hacia un bien

común. La doctrina que inspira el

pensamiento y moldea las pasiones

debe necesariamente contar con

guardianes que orienten a la masa

para que esta “ascienda a pueblo”,

esto es, para que se comporte como

un organismo armonioso que pro-

12 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


penda a la felicidad del pueblo y la

grandeza de la nación.

Por eso la organización peronista

reconoce tres estadios o estamentos

en la pirámide organizativa del

movimiento: la conducción, los

cuadros intermedios y la masa.

El conductor es quien encarna en

su persona la voz de la totalidad del

pueblo de la nación como cabeza

del movimiento nacional. Es por lo

tanto una persona que no decidió

colocarse a sí misma al frente del

movimiento, sino que fue ungida

unilateral e irrenunciablemente por

el pueblo. Como decía el General

Perón, conductor se nace, nadie ha

de hacerse conductor por voluntad

propia, sino que la masa reconocerá

en el sujeto las características

propias de la conducción y lo ungirá

prometiéndole obediencia y lealtad.

Quienes por ambición o deseos

personales aspiran a “convertirse”

en conductores irremediablemente

fracasan, pues la lealtad del pueblo

no se gana con esfuerzos, sino

se reconoce de abajo hacia arriba,

desde el pueblo hacia un hombre o

una mujer en un momento dado y en

virtud de sus características personalísimas.

Cuando el 17 de octubre de 1945

la masa se volcó a las calles para

reclamar por la libertad del coronel

Perón que permanecía secuestrado

en la isla Martín García y más aún,

cuando Perón salió al balcón de la

Casa Rosada a calmar los ánimos

de la multitud y a invitarla a retirarse,

en esos hitos fundacionales de

la historia del movimiento peronista

se puede visualizar el momento preciso

de la unción del propio Perón

como conductor.

Los trabajadores no se retiraron de

la plaza por miedo ni por un ejercicio

de la obediencia fruto de la

coerción, sino que por el contrario

obedecieron porque estaban respondiendo

a la palabra del conductor

cuyas características innatas le

habían asegurado en primer lugar

al pueblo la necesidad de reposar

en ese hombre la autoridad que no

emanaba del hombre mismo, sino

que era delegada por el mandato

popular.

El conductor y la masa, entonces,

se retroalimentan en sus posiciones.

Una le otorga al otro el poder

y este lo recibe para hacerlo carne

y administrar la palabra que le fue

cedida por el pueblo. La lealtad que

caracteriza a la relación entre el

líder y las masas no es entonces ni

ciega ni ingenua, sino que responde

de manera directa a un contrato

implícito entre las partes.

En un segundo nivel, como intermediarios

en la organización del

movimiento, se encuentran los

cuadros medios que se caracterizan

por oficiar de líderes o conductores

a nivel local robusteciendo la unidad

de un movimiento que debe ser

homogéneo.

Y cuando decimos “homogéneo”

nos referimos a que si es necesario

un principio de organización esto

se debe a que la masa por sí sola

no cuenta con las herramientas

para sostenerse firme frente a los

agentes de la antipatria. La unidad,

entonces, es fundamental para

que cada uno de los individuos que

componen al cuerpo social no per-

13 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


manezca indefenso como un David

frente a Goliat. El cuerpo social es

lo que le permite al individuo reivindicarse

en su pequeñez frente a los

gigantes, hacerles frente y vencer,

pues la unión hace a la fuerza.

Por eso el General Perón hablaba

acerca de la importancia de acoger

dentro del movimiento de liberación

nacional a todos los hombres y las

mujeres que estuvieran dispuestos

a subordinarse a una causa común

y superior a cada uno de los sujetos,

independientemente de donde cada

uno de ellos proviniera. La unidad

es presente y tiende al futuro, no

importa de dónde provenga un compañero

siempre y cuando el destino

que persigue sea el de una patria

justa, libre y soberana.

A la organización y la unidad le

sobreviene en orden de aparición el

principio de autoridad. Este guarda

relación con los dos anteriores,

pues la autoridad depende de

haber sido delegada en la etapa de

organización y de sostenerse en el

tiempo sin fisuras fruto de posibles

luchas intestinas. La autoridad, una

vez más, proviene del pueblo y es

delegada de manera voluntaria en

el líder, pero a la vez debe ser revalidada

a cada momento.

Cuando el conductor encarna de

manera permanente los valores de

libertad, soberanía y justicia social

que el pueblo le delegó el contrato

entre las partes permanece inalterable

y se renueva fortaleciendo los

lazos de amor y lealtad que unieron

a las bases con la conducción

desde la génesis del movimiento.

Un conductor demuestra estar a la

altura de su responsabilidad histórica

cuando el pueblo le reconoce su

labor como representante y vocero

de los intereses permanentes de la

patria. En ese estado de cosas, si

bien pueden surgir en el plano de

los cuadros intermedios dirigentes

con aspiraciones o ambiciones personales

que pretendan segregar al

movimiento, los intentos de ruptura

de la unidad no prosperan, pues

prima el principio de autoridad y el

movimiento produce sus propios

anticuerpos.

Es cuando el conductor no está a la

altura del rol histórico o se divorcia

de los intereses permanentes de la

patria que surgen los conflictos, la

masa se disgrega y en ese estado

de situación resulta válido apelar

al principio de rebeldía para despojar

a un líder sin liderazgo de una

autoridad que se tornó ilegítima. Así

14 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


como el pueblo otorga la autoridad

a un líder para que oficie como su

vocero y su brazo ejecutor en la política,

de la misma manera está en

su potestad negarle la obediencia y

ungir a un nuevo conductor.

Un conductor sin autoridad no es

nada, porque el poder que puede

reposar en un hombre no le pertenece,

sino que es un préstamo otorgado

en concesión por el pueblo bajo

un estricto régimen de condiciones

que el líder ha de satisfacer en todo

momento para poder seguir encarnando

el movimiento.

Un líder entonces no puede ser

cualquier hombre o mujer, debe demostrar

una conducta intachable,

disciplina, capacidad de mando y

llevar una vida ordenada de acuerdo

con los valores fundamentales de

la fe cristiana, cuya doctrina social

es a su vez la base de la doctrina

justicialista.

Conforme a lo establecido por el

propio General Perón, la doctrina

justicialista es ante todo pragmática,

antepone el verbo al sustantivo

y la acción por sobre la palabra,

pero también privilegia al colectivo

por sobre el individuo y a la patria

por sobre sujeto. Cuando un líder se

privilegia a sí mismo en sus aspiraciones

personales por encima de la

felicidad del pueblo o la grandeza

de la nación la autoridad se diluye,

y del mismo modo cuando no demuestra

sentir profundamente en

el seno de su alma los valores de la

cristiandad: la solidaridad, la caridad,

la justicia, la fe, la amistad, la

fraternidad y el amor por la patria y

por el prójimo.

A diferencia del liberalismo alienante

y el marxismo estatizante,

ambos promotores de la lucha

entre clases y de la explotación del

hombre, el justicialismo sostiene la

unidad de la nación bajo lazos de

amor, siendo el único movimiento

nacional de liberación cuyo capital

revolucionario no radica en la lucha

sino en la paz, en la cooperación, en

la unidad de las clases bajo el control

de un Estado árbitro de las relaciones

sociales y en la solidaridad

con los más débiles de la patria.

Los pilares de la doctrina justicialista

son el trabajo como ordenador

social y la justicia social porque es

justo que cada hombre produzca

como mínimo lo que consume y que

tanto los niños como los adultos

mayores, esto es, quienes aún no

se encuentran en edad de producir

y aquellos que ya han cumplido su

ciclo productivo gocen de los beneficios

de ser los únicos privilegiados

en una comunidad organizada en la

que a cada quien se le asigne un rol

que debe cumplir para el bienestar

de todos.

El peronismo es una doctrina de

paz y amor, doctrina que garantizó

la realización de una revolución

pacífica, la única revolución pacífica

posible pues es la única que no

encara desde la lucha entre clases

la transformación sino que propone

la unidad armoniosa entre el capital,

el trabajo y el Estado. Se ha

demostrado además en la práctica,

siendo la única doctrina filosófica

política y social que no condujo al

empobrecimiento material o moral

de los pueblos, sino a su crecimiento

y desarrollo.

Las etapas finales de la revolución

justicialista, la culminación y consolidación

y su contagio venturoso

hacia todos los pueblos del mundo

“hasta que el último ladrillo sea

peronista” no en Argentina sino en

el mundo han quedado inconclusas

pero no por efecto de algún vicio

de origen presente en los propios

lineamientos de la doctrina, sino

meramente por la intervención a

sangre y fuego de la fuerza brutal de

la antipatria.

15 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


ANÁLISIS

La exacerbación

“libertaria” del

liberalismo

ERICO

VALADARES

Las municipales de noviembre

de 1988 fueron unas elecciones

muy importantes en la

historia de Brasil. Tras 21 años

de dictadura militar y otros 3

años de transición lenta, en la que

los derechos y garantías del pueblo

brasileño no habían sido aún restituidos

del todo, se realizaron los comicios

en los que por primera vez en

casi 30 años todos los municipios

de Brasil eligieron sin restricciones

sus autoridades locales. Esas casi

tres décadas de suspensión de los

derechos políticos de las mayorías

tendrían un precio muy alto y al

llegar a las urnas en 1988, el brasileño

simplemente no sabía muy

bien qué hacer con eso o no tenía

realmente mucho interés en ejercer

su derecho al voto en el marco de

una democracia dicha republicana.

Los militares del régimen impuesto

por un golpe en 1964 habían

logrado imponer también profundas

alteraciones en la cultura del

pueblo y luego sus continuadores

civiles se habían asegurado de que

una transición lenta y controlada no

resultara en una explosión cívica de

reivindicaciones y empoderamiento

de las mayorías.

El régimen militar supo atar muy

16 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


bien la vaca desde 1985, que es

cuando se retiran los generales y

empieza la transición, tanto que

el pueblo supo tolerar cinco años

más de un gobierno electo por

nadie después de finalizar formalmente

la dictadura. José Sarney

había asumido como presidente

de la Nación en circunstancias un

tanto extrañas, al fallecer el titular

Tancredo Neves antes de asumir

el mandato. Pero Neves fue electo

presidente de Brasil por vía indirecta,

es decir, en un colegio electoral

formado por delegados de cada una

de las unidades de la federación

que en Brasil se llaman estados, lo

equivalente a nuestras provincias.

El pueblo brasileño toleró más o

menos pasivamente la asunción de

un vice cuyo titular ya no resultaba

de la voluntad popular y llegó a

1988 para encontrarse en elecciones

municipales con las urnas, a las

que no tenía la costumbre de tutear

ni mucho entusiasmo por empezar a

hacerlo.

Eso era lo que hoy llamamos en

Argentina la antipolítica, o el desprecio

por las formas dichas democráticas

del esquema de representación

en el Estado. El brasileño de

un modo general estaba entonces

sumido en esa antipolítica, descreía

del Estado y fundamentalmente de

los dirigentes a los que llamaban

ellos y seguimos llamando nosotros

vulgarmente “políticos”. La actividad

política se percibía como una

17 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


El general João Baptista Figueiredo, último presidente de facto en la dictadura militar

brasilera. Figueiredo fue famoso por sus declaraciones explosivas y por frases que quedaron

para la historia, como la empleó en su momento para definir qué tan interesado estaba en

hacer la transición en Brasil: “Haré la transición a la democracia y al que se oponga lo meto

preso y lo reviento”. Cada país entiende el concepto de “democracia” en clave de su propia

cultura, como se ve.

rosca de la camarilla a espaldas

del pueblo y, en consecuencia, se

ignoraba prácticamente degradando

las elecciones a una instancia

de escasa importancia, indeseable

en todos los sentidos. Ahora que el

voto estaba permitido después de

décadas de dictadura, eran más

bien pocos los que querían ejercer

su derecho a votar y menos aún los

que creían que eso iba a servir de

algo en absoluto.

Fue ese ambiente de antipolítica,

de desprestigio del Estado en la

figura de sus representantes, un

terreno más que fértil para el surgimiento

de personajes como el

célebre Mono Tião. Para 1988 los

brasileños debieron elegir autoridades

municipales y en Río de Janeiro

un grupo de humoristas —subiéndose

al clima de época para autopromoverse—

decidió “postular” como

candidato a intendente de la segunda

ciudad capital más importante

del país a un chimpancé. Claro que

esa candidatura no era una cosa

legal, puesto que la humanidad es

el primer requisito para ser candidato

en elecciones de humanos y el

Mono Tião no daba la talla, pero fue

posible porque en aquel momento

existía un sistema de boleta única

de papel en la que el elector escribía

libremente el nombre del candidato

de su preferencia.

El Mono Tião era uno de los animales

en cautiverio que había

en el zoológico de Río de Janeiro

entonces, famoso por un cierto

comportamiento lascivo frente a las

damas. El chimpancé ya era en ese

momento todo un personaje de la

cultura popular del carioca y eso,

sumado a una campaña mediática

realizada por aquellos humoristas

que se tomaban las elecciones para

la chacota, fue más que suficiente

para catapultar a Tião en las encuestas,

lo que hizo crecer aún más

su fama: miles visitaban el zoológico

para verlo y hasta un club de

fans se formó para homenajearlo.

Finalmente, el 15 de noviembre de

1988 el pueblo votó y el chimpancé

Tião “obtuvo” alrededor de 400 mil

votos, ubicándose teóricamente

como tercer candidato más votado

en esas elecciones.

Está claro que el Mono Tião no

obtuvo en realidad ni un solo voto

y que todos esos 400 mil fueron

considerados nulos en el escrutinio,

lo que en sí es muy lógico. Para lo

que aquí nos interesa, bastará con

decir que además de los humoristas

oportunistas, la “candidatura”

de Tião fue apoyada por Fernando

Gabeira, un diputado nacional de

la izquierda ecologista que había

participado en el secuestro del

embajador estadounidense Charles

Elbrick en 1969, durante la dictadura

militar y como parte de la lucha

armada de esos días. En tiempos

más recientes, Gabeira estuvo a

menos de dos puntos —menos de

100 mil votos— de convertirse él

mismo en intendente de Río de

Janeiro. ¿Qué dice todo esto? Pues

que en 1988 incluso los dirigentes

políticos promocionaban la antipolítica

a modo de protesta.

Entonces la antipolítica es mucho

más una cosa de época que

una ideología propiamente dicha,

es algo que ocurre de tiempos en

18 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


tiempos cuando existe en la sociedad

un hartazgo frente a lo que

se considera entonces como una

suerte de “casta”, la de los dirigentes

políticos. Cuando se forma en el

sentido común la noción de que una

minoría se ha apoderado del Estado

poniendo a funcionar el sistema

en su propio beneficio, mucho más

allá de los intereses de las mayorías

populares, en el tiempo eso empieza

a formar una corriente de opinión

antipolítica. Dicha corriente en un

principio es marginal, pero al acentuarse

la decadencia de la “clase

política” (otra forma de referirse a la

minoría dirigente cuando se cristaliza,

homologando esa minoría a una

clase social) la idea va prendiendo

hasta resultar en personajes como

el Mono Tião, personajes que simbolizan

la idea y la sintetizan.

Aun salvando las distancias entre

lo que era Brasil en 1988 después

de 28 años de dictadura y democracia

tutelada, algo parecido a

la formación de la idea de la antipolítica

viene teniendo lugar en la

Argentina en los últimos años. El

advenimiento de Mauricio Macri

como presidente de la Nación en el

año 2015 y su reemplazo en 2019

por un gobierno que había venido

a revertir sus maldades y, no obstante,

terminó siendo percibido

más como continuidad que como

ruptura han elevado los niveles de

hartazgo con la política de un modo

general a niveles extraordinarios. En

la percepción de un gatopardismo

en el que todo cambia para que

nada cambie, esto es, de que las

elecciones no modifican concretamente

la situación de las mayorías

populares, empieza a existir en la

Argentina la opinión de unos cuantos

de que la política no sirve.

Por eso, la dura evidencia indica

que nadie en el mundo hace más

promoción de la antipolítica que los

mismos dirigentes y militantes de la

política. Parece una contradicción,

pero en realidad es una tendencia

a desprestigiar la actividad política

por parte de quienes a ella se

dedican cuando estos entran en un

periodo de decadencia. En cada

etapa del desarrollo histórico, esa

decadencia se plasma en una generación

y sus individuos hacen el

desprestigio de su propia actividad,

a modo de protesta promocionan

expresiones nocivas a la actividad

que realizan. Y allí aparecen los personajes

raros, los payasos y hasta

los animales, los “candidatos” cuyo

programa en la práctica se limita

y se resume a representar el voto

nulo, el “voto bronca” del que ya no

cree en nada.

Los vendedores de

la antipolítica

Para las elecciones de este año

en nuestro país, la expresión de la

antipolítica será el llamado “libertario”

Javier Milei, un individuo que se

presenta como “antisistema” y propone

dinamitar el Banco Central.

Pero se equivoca el que ve en Milei

Imagen del famoso Mono Tião, al que su adiestrador acostumbró a portarse como humano

desde un principio. Tião interactuaba con los visitantes del zoológico de Río de Janeiro como

si fuera un hombre sin habla e incluso solía mostrarles sus genitales a las damas. Al momento

de ser postulado como “candidato” a intendente de la ciudad, su fama ya era enorme y

eso resultó en un fenómeno electoral hasta ese momento sin precedentes.

19 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


El “libertario” —eufemismo para anarcocapitalista— Javier Milei se presenta con consignas

de “antisistema” que en realidad son de un discurso antipolítico con finalidades de entrar a

discutir en la política con los que ahí ya están. En términos de ideología, Milei no presenta

novedades, sino más bien todo lo opuesto: la supresión del Estado propuesta por este referente

fue descartada por los propios liberales al empezar la revolución burguesa en Francia,

además de ser una auténtica entelequia.

el exponente máximo de la antipolítica,

Milei no es más que el símbolo.

El problema del desprestigio de la

política como representación legítima

de los intereses del conjunto de

la sociedad son precisamente los

que hacen esa representación seriamente,

esto es, los que sostienen el

sistema en su discurso, pero en su

praxis lo desprestigian.

En ese sentido, Milei aparece

como la consecuencia y nunca

como la causa del hartazgo ya a

esta altura generalizado que existe

en el pensar y en el sentir de quienes

no se ocupan todos los días de

la organización política de la sociedad:

las mayorías populares. Milei

es el resultado de años de desprestigio

de la política por parte de unos

dirigentes políticos que en vez de resolver

la problemática social desde

el Estado —ya que se los vota y se

les paga para que lo hagan, esa es

su única función social—, deciden

enfrascarse en una rosca particular

muy alejada de los intereses de

quienes los eligen como representantes

y les pagan.

No queda todavía del todo claro,

pero la antipolítica la hacen hoy los

polos de la grieta definidos como

macrismo y kirchnerismo. A partir

del momento en que ambos polos

deciden que la política será pelearse

mutuamente con el rival ideológico

y ninguno de los dos se ocupa

ya de dirigirse concretamente a las

mayorías con la representación de

sus intereses, lo que ocurre es que

esas mayorías perciben el gatopardismo

votando a los unos y votando

a los otros alternativamente sin

que eso resulte en una transformación

efectiva de la realidad. En

una palabra, la grieta convierte la

política en una constante declamación

ideológica, los dirigentes y

los militantes solo hablan de eso y

la problemática social queda irresuelta.

En el tiempo las mayorías se

percatan rápidamente de que eso

es así y dejan de creer en las opciones

hegemónicas.

Y el resultado natural es el surgimiento

del llamado “outsider”, una

expresión que en teoría no viene

de la política y cuyo discurso es

corrosivo para el sistema establecido.

Puede ser un personaje de la

farándula, un “influencer” de las

redes sociales, un militar o un mediático

ruidoso, un payaso y hasta

un animal, como en el caso del

Mono Tião que ya hemos visto en

este texto. No importa el qué, sino

lo que representa: el “voto bronca”

o la negación de la política como

herramienta de los pueblos para la

transformación social.

Lo que está explícito en esta

hipótesis es que tanto el Mono Tião

como Javier Milei son de la misma

naturaleza, o que al menos son

ambos el resultado genérico de un

mismo proceso. Adaptados a su

cultura y a su tiempo, Tião y Milei

surgen como “alternativa” a una

situación en la que los dirigentes se

sienten cristalizados en sus lugares

y dejan de representar a sus representados

para enfrascarse en una

lucha ideológica con quienes consideran

que son sus enemigos. En la

Argentina de hoy, el macrismo y el

kirchnerismo se dedican a contarse

mutuamente las costillas, los unos y

los otros compiten para ver quién es

el peor, es más inmoral, quieren ver

qué tan baja pueden dejar la vara,

etc., pero ese no es el problema. La

cuestión es que mientras hacen eso

la problemática social queda irresuelta,

se prolonga un periodo de

deterioro de las condiciones objetivas

de existencia de las mayorías

y hay un hartazgo que es el terreno

fértil para el surgimiento del “outsider”.

Los vendedores de la antipolítica

20 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


son los mismos dirigentes de la

política tradicional, del statu quo o

hegemonía. Y por allí van a aparecer

siempre los Mono Tião y los Javier

Milei con un mensaje muy sencillo:

nada de eso sirve ni ninguno de los

que ya están va a resolver el problema,

vótennos a nosotros a modo

de protesta. Las mayorías saben

que lo más probable es que nadie,

ni siquiera el “outsider”, resuelva

nada, pero el “outsider” no está allí

para eso sino para canalizar el “voto

bronca” y después vemos. En otras

palabras, nadie vota a Javier Milei

realmente para que haga lo que

propone hacer, lo que por otra parte

es una entelequia. El voto a Javier

Milei es como el voto al Mono Tião,

es un voto contra los candidatos del

establishment político en la forma

de castigo.

Lo que Milei no va a hacer

Es evidente que de haber sido el

candidato más votado en aquellas

elecciones municipales de 1988,

el Mono Tião no asumiría como

intendente de Río de Janeiro por la

sencilla razón de que era un mono y

un mono no gobierna. Un poco distinta

es la situación de Javier Milei,

quien muy probablemente ocupará

una banca de diputado a partir de

las elecciones de noviembre de este

año, hará entrar al Congreso a otros

consigo y, si la política no revierte

su tendencia decadente, podrá aspirar

a ser electo para cargos en el

Poder Ejecutivo en un futuro a corto

plazo. Entonces habría que ver,

pensará el elector, las propuestas

de Milei para saber qué dirá Milei

en Diputados o qué haría si llegara

a ser funcionario.

Ahí tenemos, no obstante, la entelequia

propiamente dicha. Milei no

representa realmente ninguna de

las ideas que expresa en su discurso,

salvo una: la de la antipolítica y

apenas con la finalidad de meterse

en la discusión política. Y para corroborar

esta hipótesis bastará con

buscar el antecedente inmediato a

Javier Milei en la política argentina,

que es precisamente Mauricio Macri.

Allá por principios de este siglo,

Macri apareció en el escenario

como un “outsider”, un empresario

La famosa grieta, expresada en la figura de los máximos exponentes en cada uno de los polos: Mauricio Macri y Cristina Fernández. Para entrar

en esta discusión, Milei tiene la difícil misión de atacar a ambos polos a la vez, puesto que si solo discute con uno de los dos será puesto

automáticamente del lado opuesto y caerá bajo el liderazgo de aquellos exponentes máximos. He ahí la razón por la que opta por un discurso

de antipolítica como método para embestir contra la hegemonía entera.

21 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


que venía por fuera de la política

con un discurso ultraliberal parecido

en muchos aspectos al que

vocifera hoy Milei. Desde erradicar

las villas a base de topadoras hasta

la destrucción del llamado “populismo”

en la economía, Macri se presentaba

discursivamente entonces

como la alternativa liberal, aunque

en realidad nunca fue otra cosa que

un antikirchnerista. En una palabra,

Macri nunca quiso realmente ejecutar

el programa liberal, eso siempre

fue una declamación ideológica.

Macri vino a polarizar con el kirchnerismo

y a existir en la política

como ese polo opuesto, como la

negación que traba e inviabiliza el

proyecto del otro.

¿Y por qué? Porque el programa

político del ultraliberalismo es la

propia entelequia, es una cosa que

no puede realizarse en ninguna

parte. El librar toda la economía al

“dejar hacer, dejar pasar” es algo

indeseable incluso para los propios

liberales, puesto que ellos mismos

crearon y desarrollaron el Estado

moderno para poner orden en la

sociedad. No hay nada más liberal

que el Estado moderno resultante

de la revolución burguesa de 1789

y eso viene naturalmente con regulaciones

económicas, con políticas

En sus inicios, aun como presidente del club Boca Juniors y con bigotes, Mauricio Macri se

presentaba como un “outsider” y hacía un discurso de antipolítica muy similar al que hoy

argumenta Javier Milei. Más tarde, ya más cerca del poder político y de acuerdo con el teorema

de Baglini, Macri fue bajando el tono hasta convertirse en otro sostenedor del statu quo

incluso con las mismas políticas dichas “populistas” que solía defenestrar mientras corría

por fuera.

sociales para atenuar los desequilibrios

de la desigualdad, etc. Es

una mentira histórica la de que los

liberales quieren la destrucción del

Estado, todo eso es exactamente al

revés: los liberales crearon el Estado

para que el sistema se reproduzca

y se dé la preservación del

derecho sagrado (para los propios

liberales) de la propiedad privada.

Entonces para Javier Milei las

ideas altisonantes de dinamitar el

Banco Central y de achicar el Estado

hasta su mínima expresión no

son otra cosa que una declamación

ideológica cuya única finalidad es

la instalación del propio Javier Milei

en la política como una opción.

Cuando Macri llegó en los primeros

años de este siglo, no existía ninguna

polarización sobre un escenario

profundamente fragmentado luego

del estallido del 2001 y Macri no

necesitó mucho más que organizar

a su alrededor a todos los que no

estaban en el kirchnerismo, transformarlos

a estos en antikirchneristas

y representarlos. Ahora la cosa

es distinta, la polarización existe y

está consolidada, por lo que Milei

debe necesariamente negar a ambos

polos para meterse en la discusión.

Debe negar la política entera

con una entelequia ultraliberal por

discurso.

Por otra parte, no se le escapa a

ningún analista serio de la política

el hecho de que Milei en su discurso

omite deliberadamente al imperialismo

de las potencias globales y de

las corporaciones como factor de

poder real determinante de la política

argentina. Todo lo que Milei dice

hoy que haría en un futuro en caso

de “tener la manija” del gobierno en

el Estado es sencillamente inviable

en un mundo globalizado como el

actual. ¿Destruir un Banco Central

que responde absolutamente a los

intereses de la timba financiera

22 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


La burguesía revolucionaria de Francia descartó de plano la destrucción del Estado y, por el contrario, creó el concepto de Estado moderno

basado en la división de poderes para poner en la sociedad un orden favorable a la defensa de su derecho sagrado a la propiedad privada.

Sin Estado, esas garantías deberían ser defendidas con el uso cotidiano de la fuerza, lo que supondría un peligro constante para las clases

dominantes y un costo altísimo. Con el Estado moderno, las clases subalternas pagan ese costo, financian su propia represión y la burguesía

tiene las manos libres para incrementar su capital. El anarcocapitalismo dicho “libertario”, como se ve, es más opuesto al liberalismo que el

mismísimo socialismo.

apátrida? ¿Cómo les caería eso a

las corporaciones que se benefician

de esa actividad a todas luces delictiva?

Es más: ¿Qué pensarían la

familia Rothschild y sus asociados

de todo eso? Es imposible saber si

Milei ignora la realidad fáctica de

que este mundo tiene dueños, pero

lo más probable es que no lo haga y

que, conscientemente, plantee esas

cuestiones a modo de declamación

ideológica para luego hacer todo lo

contrario y representar fielmente los

intereses de los verdaderos dueños

del mundo.

Javier Milei también promete

“terminar con los planes sociales”,

aunque no explica muy bien cómo

haría eso en un país cuya mitad

de la población está sumida en la

pobreza y tiene casi como único

dinamizador de la economía el

dinero que el Estado hace circular

entre los sectores más postergados

de la sociedad. Suspender la

asistencia social abruptamente en

circunstancias como la actual no

solo podría resultar en un estallido

de proporciones apocalípticas, sino

que además terminaría de arrasar

con la parte de la economía que

sigue funcionando a duras penas y

es precisamente la del consumo popular

de subsistencia, razón por la

que no cierran las puertas decenas

de miles de comercios, industrias,

intermediarios, transportistas, etc.

De los “planes sociales” no comen

solo los que todos los meses perciben

del Estado esa asistencia,

como se ve. De hecho, Macri fue el

que más declamó ideológicamente

la necesidad de “cerrar la canilla”

de un saque y, sin embargo, su gobierno

entre los años 2016 y 2019

aumentó la presencia del Estado

en lo que el propio macrismo llama

“clientelismo político”. Suele decirse

que, como ministra de Desarrollo

Social, la muy liberal y macrista

Carolina Stanley repartió “planes

sociales” como ningún ministro en

toda la historia argentina y hasta

mantuvo excelentes relaciones

con Juan Grabois, la expresión del

pobrismo ideológico por antonomasia

en esta Argentina del presente.

Stanley es Macri y Macri ya no es el

Macri del año 2007 y mucho menos

el del 2003 o de los años 1990.

Macri es el establishment después

de ser “outsider”, corroborando

otra vez el teorema de Baglini en su

síntesis de la relación directa entre

la lejanía respecto al poder en el

Estado y la irresponsabilidad en los

23 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


El payaso Tiririca, ya sin el disfraz utilizado en campaña y ocupando aquí una banca de diputado

nacional. Montado sobre el sentido común de las mayorías, el señor Francisco Everardo

Oliveira Silva obtuvo la segunda mayor votación de la historia para un diputado en Brasil y

allí sigue, tratando de averiguar qué demonios hace un diputado en el parlamento.

enunciados discursivos de quienes

están lejos.

La actual generación de jóvenes

es la que nació en el menemismo

y hasta el periodo de excepción

que va desde el 2001 al 2003, son

gente que transitó la infancia durante

el kirchnerismo, ya después

de la catástrofe y en plena recuperación.

Y en eso es muy distinta a la

generación anterior, la de quienes

padecimos el neoliberalismo desde

1976 en adelante, el desguace de

un país a manos de los Milei de la

época que fueron los Martínez de

Hoz, los economistas fracasados

de la presidencia de Raúl Alfonsín

y luego los Domingo Cavallo. Por lo

tanto, es natural que los jóvenes de

hoy vean la política como un inconveniente

y al Estado como una carga,

un gasto innecesario e incluso

como un enemigo al que suprimir.

Es esa ola la que surfea Milei para

acercarse al poder político, es un

hacer declamaciones ideológicas

explosivas que irán esfumándose a

medida que el propio Milei se vaya

acercando al objetivo.

También en Brasil y en tiempos

más recientes, un payaso llamado

Tiririca se convirtió en el segundo

diputado nacional más votado de

la historia de un país con más de

200 millones de habitantes. En

determinado momento de su campaña

triunfante, Tiririca empezó a

decir públicamente —vestido como

payaso y a modo de chiste, haciendo

efectivamente de payaso con

fines electorales— que no tenía la

más mínima idea de qué hacía un

diputado, pero invitando al elector a

votarlo para ir al Congreso a descubrirlo.

La supuesta inutilidad del

parlamento o la ignorancia acerca

de la función de los diputados en la

división republicana de los poderes

en todo un clásico del léxico antipolítico

y Tiririca usó, como en el judo,

la fuerza del oponente en su favor

haciendo de su propia ignorancia

una fortaleza mucho más que una

debilidad. Es mismo hace Milei en

la actualidad al criticar a la “casta

política” postulándose a ingresar él

mismo en ella para desmantelarla,

como si dijera: “Las cosas se voltean

desde adentro, vótenme y me

meteré en la política para destruirla”.

El peligro no está en Javier Milei,

sino en la expresión típica de una

época a la que Milei representa a

la perfección. Y no importa ya si en

las próximas elecciones Milei logra

una banca legislativa para sí mismo

y para los que lo acompañan, es

casi seguro que mucho de eso va a

pasar. Pero lo relevante es que Milei

se está instalando en el sentido

común de una parte considerable

de nuestra sociedad. Y tampoco

vale argumentar otra vez como con

Macri que se trata de una expresión

clásica del microclima porteño, que

eso no cruza la Av. General Paz hacia

el resto del país. Macri tampoco

la cruzaba, hasta que un buen día la

cruzó y el resto es historia.

Es un error, por lo tanto, hacer tanto

foco en la figura de Milei, no es lo

importante aquí. Lo más probable

es que se trate de un provocador, de

uno que viene a romper el mercado

de la política para abrir camino.

Javier Milei es un adelantado cuya

misión es la de dejar políticamente

instalada una idea y que luego vengan

atrás de él los liberales “serios”

a luchar de verdad por el poder

político en el Estado y a imponer un

proyecto político viable: el que las

corporaciones ya vienen instalando

hace décadas y quiere instalarse

en lo más profundo del espíritu del

pueblo argentino hasta lograr pasar

a la etapa del posperonismo que

es igual al preperonismo, pero en

colores y en alta definición.

24 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


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Una juventud con todo

el pasado por delante

DANTE

PALMA

todo el pasado por

delante”. La frase corresponde

a Jorge Luis

Borges y es mencionada

“Tiene

por Adolfo Bioy Casares

en su diario de conversaciones y

anécdotas con el autor de El Aleph.

Para ser más preciso, la frase fue

pronunciada el 6 de mayo de 1952

cuando ambos conversaban acerca

de un artículo escrito por el filósofo

Francisco Romero y publicado en

la revista argentina Sur donde el

autor afirmaba que las operaciones

esenciales de las actividades humanas

eran unir y separar. Allí fue que

Borges indicó: “Es un presocrático.

Tiene todo el pasado por delante”.

Transcurridos los años se le adjudica

a Borges haber utilizado la frase

contra el peronismo para afirmar

que “los peronistas tienen todo el

pasado por delante”. Con todo, si

bien es probable que Borges pensara

eso del peronismo, no hay prueba

alguna de que haya formulado la

frase tal como se ha popularizado y

como se desprendiera de la primera

enunciación de 1952. Pero más allá

de este detalle que poco importa

aquí y más allá de quién acabe siendo

el sujeto de la oración, la idea de

tener todo un pasado por delante

26 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


abre la posibilidad de múltiples interpretaciones

y servirme de una de

ellas es lo que haré a continuación.

Puntualmente quisiera partir de los

episodios de derribo de estatuas y

la cancelación de referentes de la

historia estadounidense, europea

y, por qué no, mundial, que se viene

produciendo desde un tiempo a

esta parte y que dieron lugar a lo

que aquí llamé “Ministerio de la

Retroactividad”. Me referí de esta

manera para mostrar la sutil diferencia

con el famoso Ministerio de

la Verdad de George Orwell. Como

ustedes recordarán, en la novela

1984 había un Ministerio de la

Verdad cuya función era modificar

el pasado para acomodarlo a las

necesidades presentes del Partido.

Sin embargo, en la actualidad

ocurre algo que no es exactamente

lo mismo. Por supuesto que hay

intentos vergonzantes de reescritura

del pasado con fines políticos, pero

sobre todo hay otro fenómeno que

es todavía más potente: el de juzgar

retroactivamente. En otras palabras,

el acento está puesto en la

creación de un nuevo canon moral

que pueda aplicarse al pasado para

juzgarlo con las categorías ad hoc

del presente tal como se observa

cuando se llama la atención sobre

el racismo existente en muchos de

los que hasta hace poco ostentaban

estatuas o formaban parte de

los planes de estudios universitarios.

Lo que se busca es recortar

el pasado, descontextualizarlo e

inmovilizarlo. No se trata tanto de

adecuarlo al presente y menos aún

de comprenderlo; se trata de aislarlo

para dejarlo quieto y juzgarlo.

A propósito de esto, recordé un libro

de Eduardo Agualusa publicado

en 2004 cuyo título ya dice demasiado:

El vendedor de pasados. Hijo

de colonos portugueses nacido en

Angola, Agualusa nos habla de Félix

Ventura, un albino vendedor de pasados

que ha creado una clientela

exclusiva de empresarios, políticos,

generales y miembros destacados

de la burguesía angoleña. Por

distintas razones todos tenían, o al

menos pretendían, un futuro promisorio.

Lo que les faltaba era un

pasado que esté a la altura de las

circunstancias.

Con toques de Borges pero, sobre

todo, del realismo mágico del

escritor colombiano Gabriel García

Márquez, Agualusa crea una historia

en la que el personaje principal

La obra de Eduardo Agualusa, ‘El vendedor de pasados’, llevada por los brasileros al cine.

27 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Burócratas del Ministerio de la Verdad en la novela de George Orwell ‘1984’. En la obra, este ministerio era el encargado de modificar el

pasado para acomodarlo a las necesidades presentes del IngSoc, el partido único de la tiranía representada en esas páginas.

es capaz de traficar memorias,

vender un árbol genealógico falso e

inventar mitos familiares y lazos de

sangre apócrifos según lo requiera

el interesado. Ventura trataba de

satisfacer a todos los clientes incluso

quienes pedían un nuevo bautismo

y una identidad completamente

nueva si bien, por supuesto, cada

pedido tenía su precio.

“Éste es su abuelo paterno,

Alexandre Torres dos Santos Correia

de Sá e Benevides, descendiente

en línea directa de Salvador Correia

de Sá e Benevides, ilustre carioca

que en 1648 liberó Luanda del

dominio holandés (...) Si quiere

todavía puedo buscarle otro abuelo.

Puedo conseguirle documentos que

prueben que usted desciende del

mismo Mutu Ya Kevela, de N’Gola

Quiluange e incluso de la misma

reina Ginda”.

Naturalmente, ya que alguien va a

pagar un pasado nuevo es natural

que busque antepasados que de

alguna manera lo vinculen a una

historia heroica. Sin embargo, cabe

destacar, al menos a manera de

anécdota, el caso de un cliente que

había amanecido sin su cara y acudía

desesperadamente a Ventura.

En un confuso episodio, amaneció

con un rostro distinto porque su

verdadera cara había sido retirada

gracias a un grupo de vándalos que

había utilizado las bondades de la

cirugía estética. Este hombre sin

cara o, para decirlo con propiedad,

con una cara que no le pertenecía,

se acerca angustiado al vendedor

de pasados ofreciendo “una verdad

imposible” a cambio de “una mentira

vulgar y convincente”. La historia

es por demás curiosa porque el

hombre al que le despojaron de su

rostro se había dado cuenta que

ahora gozaba de la libertad e impunidad

que le permitía su nueva

condición. De aquí que le hiciera

a Ventura un pedido particular:

“En fin, lo que pretendo es que me

consiga lo contrario para lo que

habitualmente le contratan. Quiero

que me dé un pasado humilde. Un

hombre sin brillo. Una genealogía

oscura e irrefutable. Debe de haber

tipos ricos, sin familia y sin gloria,

¿no? Me gustaría ser uno de ellos”.

La venta de pasados puede ser

la nueva etapa que sobrevenga al

Ministerio de la Retroactividad y

una buena forma de escapar de él.

Quizás incluso suponga la creación

de un Ministerio del Pasado con

su respectivo ministro del Pasado

28 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


y con escritores y magos ocupando

secretarías y cargos. Eso no lo

sabemos. Lo cierto es que, si vamos

a ser juzgados por leyes impuestas

ad hoc, será necesario, entonces,

crearnos un pasado ad hoc. ¿A

cuánto cotizaría ser parte de un

árbol genealógico que muestre que

nuestra sangre se compone de, digamos,

5 siglos de gente luchando

por aquello sobre lo cual, nos dicen,

tenemos que luchar hoy? Quizás

incluso podríamos hacer una inversión

para que un vendedor de pasados

“pruebe” que somos herederos

del primer hombre que fue políticamente

correcto hace miles de años.

Las posibilidades son infinitas y el

pasado que cada persona pueda

ostentar dependerá de las leyes del

mercado, la ideología, el grupo de

pertenencia, etc.

Ahora bien, para concluir quisiera

enfatizar en un aspecto más. Me

refiero a que desde Tomás Moro, o

incluso desde República de Platón,

pensamos en las utopías como

modelos de transformación que

sirven como guía hacia el futuro:

planteamos un modelo de sociedad

ideal para saber cómo transformar

la actual de aquí en más. Asimismo,

también sabemos que el devenir de

la civilización y los temores creados

por las enormes transformaciones

ocurridas desde fines del siglo XIX,

generaron un sinfín de material

literario de género distópico desde

S. Butler y Zamiatin pasando

por Huxley y Orwell hasta Dick y

Ballard, por citar algunos. Dicho

esto, podemos preguntarnos si lo

aquí descripto se enmarca en este

escenario de disputa entre utopías

y distopías. Y la respuesta es que en

un sentido parece ofrecer una novedad

porque las grandes utopías

han caído en desuso y los discursos

distópicos de catástrofes por venir

perduran, pero la gran lucha hoy es

por el pasado. En otras palabras,

las utopías y las distopías disputan

el futuro, pero aquí estamos disputando

el pasado. En todo caso,

podría decirse que las utopías ya no

miran al futuro porque son utopías

del pasado. El horizonte no está

adelante sino atrás. Los jóvenes

son invitados a cambiar el pasado

antes que a transformar el futuro.

Prefieren ser las víctimas reales o

ficticias del ayer antes que ser los

líderes del mundo del mañana. El

ímpetu juvenil por cambiar algo se

sostiene, pero toda esa indignación

está dirigida a cambiar el pasado;

pretenden ser los protagonistas de

la revolución que nunca ocurrió; son

jóvenes que tienen un futuro promisorio

de pasado; son los jóvenes

que tienen todo el pasado por

delante.

Si usted tiene hijos o está pensando

en tenerlos debe tener en

cuenta este fenómeno. De hecho,

no casualmente, en la tarjeta de

presentación que el vendedor de

pasados, Félix Ventura, otorgaba a

sus clientes podía leerse: “Asegure

a sus hijos un pasado mejor”.

El gran Jorge Luis Borges, por la época en que definió a Francisco Romero como un “presocrático”

con “todo el pasado por delante”. Una genialidad de todos los tiempos.

29 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


CONTENIDO EXCLUSIVO

No tendrás nada

y serás feliz

ERICO

VALADARES

parecer una

contradicción, pero el

COVID-19 podría ser

la ocasión para que

“Puede

el mundo tuviera una

segunda oportunidad de hacer las

cosas bien”. Con estas palabras

empieza Conversación Global, un

panfleto televisivo financiado por el

Foro Económico Mundial y emitido

por el canal Euronews. Esta pieza

propagandística puede verse en

YouTube y presenta, luego de una

breve introducción por parte de una

ignota locutora, a Klaus Schwab en

el rol de conductor y voz cantante de

un relato que quiere copar el futuro.

“La injusticia global ha quedado

brutalmente a la vista por la pandemia,

la creciente brecha de riqueza,

la desigualdad en la atención

médica, la inseguridad laboral, el

agravamiento de la crisis climática

y el desenmascaramiento de políticos

que trabajan para sí mismos

30 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


en lugar de para los ciudadanos”,

enumera aún la locutora en cuestión

para completar la declamación

ideológica que es el mascarón de

proa de un ambicioso proyecto: el

gran reinicio de un mundo que está

quebrado, al menos de acuerdo con

el diagnóstico hecho por Euronews

a instancias del Foro Económico

Mundial.

El alemán Klaus Schwab toma la

palabra para intensificar esa declamación

ideológica y para hablar

del reinicio. Para Schwab, no existe

posibilidad de volver a la vieja

normalidad después del coronavirus

y el mundo va a cambiar de base.

Schwab adelanta en su prédica que

el hombre deberá estar preparado

para nuevos tipos de virus que ocasionarán

nuevas pandemias, esto

es, inaugura en teoría la “nueva

normalidad” humana de un mundo

peligroso, un mundo que debe ser

controlado por una autoridad superior

capaz de garantizar cierto grado

de seguridad para las mayorías

populares, o unos siete mil millones

de seres humanos que en estos

momentos no comprenden qué es

lo que los está arrollando. Schwab

sabe que habrá nuevas pandemias,

lo sabe con la certeza de quien

31 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


tiene el control sobre esos eventos

y habla como el que está en condiciones

de brindarles a los arrollados

cierta cantidad de protección, sin

que nada de esto les suene mínimamente

sospechoso a algunos.

Schwab es muy explícito, adelanta

lo que va a suceder en el futuro,

dice abiertamente que habrá nuevas

pandemias y que el reinicio es

necesario. Schwab no miente ni

oculta, pone todas las cartas sobre

la mesa e incluso publicó un libro

para exponer su proyecto de tutela

global —él mismo se postula como

tutor de la humanidad—, no deja

lugar para ningún tipo de conspiranoia.

Todo lo explica en detalle por

escrito y a viva voz en sendos videos

que también pueden consultarse

en YouTube. ¿Y entonces? ¿Por qué

hay tanto misterio alrededor del

proyecto de gran reinicio global?

Para empezar, siempre es conveniente

saber un poco más acerca

del emisor de un discurso antes de

analizarlo. Nacido en la Alemania

nazi en 1938, Klaus Schwab es un

anciano muy activo. Pese a ser el

fundador de ese aguantadero de

piratas y genocidas que es el Foro

Económico Mundial, Schwab se

presenta frente al mundo como un

filántropo desinteresado o más bien

como un progresista preocupado

por la desigualdad, la paz universal,

el medioambiente y, claro, por esas

pandemias inevitables que vendrán

a asolarnos “accidentalmente” en

un futuro a mediano plazo. Poco se

sabe de su padre y menos aún de su

madre, Marianne Rothschild, cuyo

apellido es llamativo sin que nadie

se atreva a afirmar la existencia

de ningún vínculo con la familia de

banqueros que posee prácticamente

la totalidad del planeta en

propiedad privada hace ya varios

siglos. En realidad, todo en la biografía

de Klaus Schwab antes de la

década de los años 1970 es oscuro

o parecería haber sido deliberadamente

borrado de los archivos por

alguna mano misteriosa.

Entonces Klaus Schwab es eso y

es el hombre que se postula a sí

mismo para guiar a la humanidad a

través de un terreno que él mismo

caracteriza como muy escarpado,

lleno de vericuetos. Miembro del

Desde el Foro Económico Mundial, Klaus Schwab amenaza con pandemia tras pandemia en el mediano plazo, lo que es en sí como mínimo

muy extraño: si las pandemias son eventos que ocurren cada siglo o cierta cantidad de siglos, ¿cómo puede alguien predecir una seguidilla

de pandemias en una misma generación? Se les dice “conspiranoicos” a los que ven intervención humana en la creación y en el lanzamiento

del coronavirus, pero Schwab no deja lugar a especulaciones y confirma que tiene el poder de castigar a la humanidad con sucesivos virus

hasta doblarle el brazo.

32 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


consejo de administración del Club

Bilderberg, otro aguantadero de

notorios delincuentes con abolengo

y fortuna, Schwab anuncia que

los de a pie la vamos a pasar muy

mal de cara al futuro, que habrá

sucesivas crisis y que el mundo va

a colapsar... a menos, claro, que

le hagamos caso a su propuesta

y aceptemos el gran reinicio de la

economía global con tutela del propio

Schwab y sus amigos del club

de los ricos.

En una muy apretada síntesis, el

gran reinicio nada más es que la

planificación económica del mundo,

la institución de una especie de

gobierno universal centralizado en

alguna parte, más precisamente

en la parte donde Klaus Schwab

y sus acólitos del Foro Económico

Mundial y el Club Bilderberg están

ubicados. Eso sí que parece ser una

enorme contradicción, pero lo cierto

es que Schwab y sus amigos plantean

“superar” al actual sistema

capitalista con una planificación

económica que es lo típico del socialismo.

Véase bien: representadas

por Schwab, las familias que detentan

más del 50% de toda la riqueza

del mundo proponen sustituir el

libre mercado actual por una economía

planificada similar a la que

existió en la Unión Soviética o existe

en cualquier país socialista del

presente. Y, una vez más, nada de

eso parecería hacerle ruido a nadie

y menos que menos a los periodistas

en los medios de comunicación,

los que hablan del gran reinicio en

clave de Agenda 2030 como si se

tratara de la mismísima panacea

universal.

He ahí la razón por la que, hablando

muy mal y pronto, algunos llaman

“comunistas” a estos tiburones

de las finanzas a nivel mundial. Pero

no hay nada de eso en realidad. No

serán precisamente los dueños del

mundo los que vendrán a socializar

Protesta popular en Watford, Inglaterra, en las puertas del lujoso hotel donde el Club de

Bilderberg realizaba su reunión secreta anual correspondiente al 2013. Los manifestantes

expresaron allí lo de siempre: su insatisfacción frente a la falta de transparencia de la secta

Bilderberg, que por eso mismo es una conspiración clásica.

los medios de producción, distribución,

transporte y comunicación

para hacer la igualdad en la forma

de reinicio, ni aún el más inocente

de los mortales podría pensar así.

Lo de “comunistas” para calificar a

la oligarquía universal nucleada en

el Foro Económico Mundial y en el

Club Bilderberg se refiere a la parte

de la economía planificada y centralizada

que ellos proponen para

reiniciar la economía del planeta, es

como si esos oligarcas se hubieran

inspirado en el socialismo soviético

para armar un modelo de control

totalitario, pero sin ascenso de los

pueblos al poder ni nada por el estilo.

El poder lo seguirían teniendo

ellos, los oligarcas, pero ahora centralizado

a punto de poder planificar

el sistema, de manipularlo y modificarlo

en su propio beneficio.

Ese es el resumen de lo que sería

en la práctica el gran reinicio propuesto

por la oligarquía universal

para resolver los problemas de la

sociedad, siempre de acuerdo con

su propia óptica. Lo que hay es una

inmensa narrativa de un mundo en

quiebra, de la necesidad de implementar

cambios radicales en la organización

social como único modo

de preservar el planeta de cara al

futuro. Entonces se trata de una argumentación

lógica cuyas premisas

y conclusiones son reproducidas

por los medios de comunicación en

todas partes y luego repetidas acríticamente

por los de a pie. El gran

reinicio del mundo es la más grande

operación de sentido en toda la

historia de la humanidad.

Lógica

Que el mundo fue y será una porquería

es un diagnóstico que no

se le escapó ni siquiera al tango.

Existe desde tiempos inmemoriales

la percepción de que algo anda

mal y de que, en consecuencia, la

humanidad no podría seguir haciendo

las cosas como las hace sin

que eso resulte en catástrofe con

eventos masivos de extinción. Más

exactamente desde la modernidad

en adelante, la idea de un mundo

en quiebra ha sido una constante y,

33 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Bill Gates y Klaus Schwab se dan la mano en el Foro Económico Internacional, el aguantadero

de los mayores delincuentes del mundo. Gates y Schwab trabajan codo a codo en la

promoción de la pandemia como argumento para introducir un cambio radical en el planeta.

Lo que ninguno de los dos dice es que ese cambio va a resultar en una economía mundial

planificada por ellos y en su propio beneficio, además de un esquema de control y represión

sin precedentes en la historia por su alcance.

de hecho, en su obra el economista

inglés Thomas Malthus ya planteaba

un escenario apocalíptico para el

hombre en el siglo XIX, a muy poco

de andar la revolución industrial.

Para Malthus, el crecimiento demográfico

se daría en una progresión

geométrica, mientras la capacidad

de producción de alimentos se

incrementaría en progresión aritmética.

Es decir, ya a principios del

siglo XIX había intelectuales planteando

la insustentabilidad de la

organización social y proponiendo

eso mismo, un reinicio para resolver

el problema.

Las premisas de Malthus iban a

demostrarse falsas al desarrollar

la propia industria la capacidad de

producción no solo de alimentos,

sino de todo aquello que el hombre

necesita para subsistir cómodamente

en el mundo. Está demostrado

que es la concentración de la

riqueza y no la escasez lo que ocasiona

la pobreza y el hambre para

miles de millones de seres humanos

y entonces solo habría que hacer

una redistribución justa de esa

riqueza para erradicar el problema.

Pero Malthus y su hipótesis falsada

por los hechos siguen siendo muy

leídos, sobre todo en Occidente y en

las colonias de América por quienes

hacen de su argumentación la

narrativa de una catástrofe con la

finalidad de sostener que esto no

va más e imponer con esa premisa

cualquier otra cosa.

Muchos vinieron después de

Malthus a tratar de continuarlo con

argumentos ligeramente modificados

en lo formal, pero siempre con

la misma conclusión: si seguimos

así el planeta va a estallar y todos

vamos a morir por inanición, por

calor, por frío, por enfermedad, etc.

La idea central es clara y siempre

termina en el mismo lugar, que es

el lugar de la necesidad de reiniciar

el sistema, borrón y cuenta nueva

para empezar otra vez. El problema

es que ninguno de esos ideólogos

está realmente preocupado por el

destino de la humanidad ni mucho

menos, no hay entre sus intereses

reales una preocupación genuina

por las cosas que declaman ideológicamente

en la forma de consignas

como el calentamiento/enfriamiento

global, la escasez de alimentos,

la destrucción de medioambiente

de una forma general y otros peligros

para la existencia humana.

Lo que hacen los que continúan a

Malthus hablando de sustentabilidad

para decir que no la hay y que

eso va a resultar en catástrofe es

arrimar la brasa a su propia sardina,

o más bien a la sardina de quienes

los financian para hablar.

Con algo de perspectiva histórica

sobre lo que viene diciéndose en la

narrativa del fin del mundo alcanza

para comprender que este no es

el primer intento por imponer un

reseteo en la economía del planeta,

aunque sí es el más original.

Generación tras generación hubo

quienes intentaron imponer una

argumentación lógica para instalar

conclusiones arbitrarias en el

sentido común de las mayorías y,

a partir de eso, realizar cambios

bruscos en la sociedad. Al decir

34 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


que la población crece más rápido

que la capacidad de producir los

alimentos necesarios para sostener

esa población, Malthus quiso

instalar la idea de que era necesario

detener la explosión demográfica,

esto es, operó entonces filosófica y

políticamente por un cambio drástico

en la organización social de la

modernidad naciente. ¿Por qué lo

hizo? Probablemente porque estuvo

financiado o participó en los intereses

de quienes querían en el siglo

XIX detener el crecimiento de la

población mundial. Es difícil saberlo,

son todas especulaciones a esta

altura del partido. Pero lo cierto

es que Malthus quiso un mundo

despoblado y por eso militó en su

momento, aunque fue evidentemente

derrotado.

Cayeron derrotados otros después

de Malthus y nunca hubo nada

parecido a un reinicio planificado

racional y públicamente en el

esquema global, todos los cambios

en el orden mundial se hicieron sin

argumentación de su necesidad de

por medio: las guerras mundiales,

el fin de la Guerra Fría que destruyó

el orden geopolítico bipolar, el

actual ascenso de China al lugar

de superpotencia global, todo eso

es mucho más fáctico que teórico,

es decir, en esos eventos no hubo

quienes publicaran un diagnóstico

de la salud del planeta y propusieran

a modo de tratamiento un

cambio drástico en el estilo de vida.

Para los Malthus y los Schwab de un

modo genérico este es un asunto de

argumentación lógica y de persuasión

de las mayorías alrededor de

las conclusiones derivadas de sus

premisas.

Entonces el problema con estos

ideólogos de las élites globales

se reduce a analizar fríamente las

premisas que les permiten concluir

la inminencia del apocalipsis. ¿En

qué fundamentan ellos la necesidad

de un cambio radical para evitar la

extinción de la humanidad o la destrucción

del planeta, lo que desde

nuestro punto de vista vendría a ser

más o menos lo mismo? Está claro

que el modo de producción capitalista

sin límites de concentración de

la riqueza es profundamente nocivo

tanto para el hombre como para

el medioambiente, no hay ninguna

novedad en decir que en su codicia

los ricos del mundo lo están destruyendo

todo y que probablemente, al

ritmo que vamos, no habrá planeta

habitable en unas pocas décadas

para nadie, ni para ellos ni para nosotros.

Pero todo eso en la forma de

declamación ideológica por parte

justamente de esos ricos del mundo

es una cosa más bien insólita. Los

que lógicamente tendrían que ser

los más conservadores son los que

Retrato de Thomas Malthus, fundador de una teoría económica catastrófica. De acuerdo con

Malthus, la población mundial crecía de modo exponencial, mientras que la capacidad de

producir los medios de subsistencia crecía de modo aritmético. Claro que las predicciones

de Malthus no se confirmaron y la industria fue capaz de aumentar su capacidad de producción

mucho más allá de lo que podía imaginarse a principios de la modernidad industrial,

pero las teorías de Malthus siguen teniendo adeptos en todo el mundo.

35 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


proponen la revolución progresista y

en eso hay algo raro.

Los que concentran casi toda

la riqueza del mundo hablan sin

sonrojar de la desigualdad social

en “la creciente brecha de riqueza”,

declaman la necesidad de un

modelo sustentable de producción

y consumo los que poseen en propiedad

privada el capital industrial

contaminante del medio ambiente y

denuncian a los dirigentes políticos

corruptos los que en primer lugar

corrompen a esos mismos dirigentes.

Aquí hay una escandalosa contradicción

ya desde la exposición

de los argumentos, en las premisas

y no en la conclusión. Es obvio que

el mundo debe cambiar si lo que

queremos es preservar nuestra

propia existencia y eso no depende

de quien lo diga. El problema es que

las razones por las que ese cambio

debe darse no pueden de ninguna

forma ser expresadas por quienes

las están expresando actualmente.

Es como si, gráficamente hablando,

el gremio de los matarifes se

presentara públicamente para decir

que veganismo o muerte, es la

contradicción entre los intereses de

quién y el qué se dice públicamente

con finalidades que no entendemos

porque están ocultas en el discurso.

¿Por qué habría de sostener políticamente

el veganismo un carnicero

cuyo negocio obviamente es el

comercio de carne? Esa debe ser

genéricamente la pregunta inicial

para el que quiera dedicarse a la

aventura de leer y descifrar lo que

hay en el reverso de la trama, que es

el análisis de la política en su parte

invisible para las mayorías y que el

progresismo argentino suele llamar

“conspiranoia”. Se trata, en una

Viñeta occidental simbolizando la tremenda concentración de riqueza en el mundo. Aquí se

lee, en un recuadro, el dato provisto por Oxfam Internacional de que el 1% más rico concentra

el 46% de la riqueza, a lo que el ricachón en la imagen responde: “Aún no es suficiente”.

palabra, de aplicar aquel clásico

método de investigación criminal

que empieza por el “cui bono”, por

preguntarse a quién beneficia un

crimen y por empezar a investigar

desde allí.

Con el “cui bono” la criminalística

resuelve la identidad de los autores

materiales y fundamentalmente

de los autores intelectuales en la

mayoría de los casos. Decíamos

que las motivaciones reales de

Malthus para la elaboración de su

teoría económica están en el campo

de la especulación, pero eso no es

del todo adecuado. En realidad,

Malthus fue un clérigo de la Iglesia

Anglicana y entonces es presumible

que los intereses coyunturales de

esa institución hayan permeado su

trabajo, o que Malthus haya directamente

dicho todo lo que dijo para

defender esos intereses particulares.

Es una pista para investigar y

hay otras, las hay sobre los Malthus

del presente, las hay en abundancia

e incluso las hay proporcionadas

por los propios sujetos a los que se

quiere investigar. Cuando los ricos

del mundo hablan de catástrofe y

proponen un gran reinicio global

como método obligado para evitarla,

lo hacen a través de sus intelectuales

orgánicos, a los que esos

ricos les pagan para que hagan la

difusión ideológica del caso.

Y uno de esos intelectuales, quizá

el principal de ellos, como veíamos,

es el alemán Klaus Schwab, fundador

del Foro Económico Mundial y

miembro de la junta directiva del

Club Bilderberg. La primera agrupación

es harto conocida por ser la

instancia en la que potentados de

todo el mundo se reúnen públicamente

—a la vista de todos, precisamente

para que los vean reunidos—

a exponer su ideología corporativa.

El Foro Económico Mundial no es

secreto para nadie ni hace nada en

secreto: los medios tienen acceso

36 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


“Filántropos desinteresados” como Klaus Schwab hay unos cuantos, entre ellos el ya varias veces analizado en esta revista George Soros. El

húngaro financia a través de oenegés causas progresistas en todo el mundo para promover el concepto de “sociedades abiertas”, pero su

motivación real es profundamente conservadora. Soros busca la destrucción del tejido social para la destrucción de las naciones y el fortalecimiento

del gobierno global centralizado. Cada “filántropo” trabaja por su parte y en coordinación con sus pares por el objetivo común de la

oligarquía global.

a sus reuniones y difunden ampliamente

todo lo que de allí sale.

¿Pero qué pasa con el segundo

grupo, con el Club Bilderberg?

El Club Bilderberg es una reunión

anual a la que asisten unas pocas

decenas de individuos, todos

ubicados en la crema de la élite

global o en posiciones clave para

los intereses de dicha élite. Es una

suerte de camarilla secreta —una

conspiración a todas luces y no en

un sentido figurado ni “conspiranoico”—

a la que los medios no tienen

acceso y nadie sabe muy bien qué

sucede allí. El Club Bilderberg es

eso mismo, es una secta de los más

ricos y poderosos del planeta y allí

está sentado casualmente el señor

Klaus Schwab, bien acomodado en

el consejo directivo de la secta y

cortando el bacalao a su voluntad.

¿Tan conspiranoico es pensar que

en su discurso y en su praxis Klaus

Schwab representa efectivamente

los intereses de las élites globales

que se reúnen en el Club Bilderberg

a hablar de cosas que todos los

demás ignoramos?

En realidad, es todo lo opuesto.

Conspiranoico sería pensar que

el fundador del Foro Económico

Mundial y el miembro del Club

Bilderberg cuyo apellido materno

es Rothschild no tiene nada que ver

con ninguna conspiración de las

élites globales ni tiene por objetivo

el manipular el sistema-mundo en

su propio beneficio. Lo que es realmente

propio de los conspiranoicos

más delirantes es creer en un Klaus

Schwab presentado como filántropo

desinteresado y abnegado activista

por la igualdad social, el cuidado

del medioambiente y la causa

progresista de un modo general, es

ignorar la obviedad que ulula frente

a los ojos y es la siguiente: las élites

globales poseen el mundo en propiedad

privada, desde los medios

de producción, transporte y distribución

hasta los medios de comunicación,

la banca y la timba financiera,

básicamente porque están

muy bien organizadas, se reúnen

regularmente en sus clubes secretos

y consensuan estrategias para

sostener y ampliar su dominación.

Lo contrario a eso sería una dominación

por accidente, una élite no

organizada como clase social global

a la que la posesión del planeta en

carácter de propiedad privada le

cae del cielo como una dádiva. Un

delirio.

En una palabra, conspiranoico se-

37 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Fidel Castro, en una de sus innumerables alocuciones. En una de ellas, Fidel lanzó la

siguiente definición, que fue recogida por el Diario Granma: “Siniestras camarillas y los lobistas

de Bilderberg manipulan al público para instalar un gobierno mundial que no conoce

fronteras y que no rinde cuentas ante nadie, salvo a sí mismo”. Y allí tenemos la alternativa

de clasificar a Fidel Castro como un gran conspiranoico o aceptar de una buena vez que la

lucha contra el poder global es una cosa muy seria.

ría más bien el que acusa de serlo al

que ve todas evidencias y hurga en

el reverso de la trama para intentar

comprender qué pasa realmente

en el mundo. De hecho, pertenece

a Fidel Castro la siguiente frase,

que puede consultarse en el Diario

Granma de Cuba en su versión web:

“Siniestras camarillas y los lobistas

de Bilderberg manipulan al público

para instalar un gobierno mundial

que no conoce fronteras y que no

rinde cuentas ante nadie, salvo a sí

mismo”. Como se ve, un sapo difícil

de tragar para esos verdaderos mulos

del globalismo que son los actuales

progresistas. ¿Seguir gritando

que es “conspiranoico” todo el

que denuncie la conspiración de las

sectas globalistas o hacerle caso

a nadie menos que Fidel Castro y

aceptar que el mundo tiene dueño?

Es una encrucijada mortal para

cualquier progresista que se precie

de serlo, aun sin comprender muy

bien qué demonios hace siéndolo.

Persuadir por extorsión

Decíamos anteriormente que la prédica

catastrófica de los Schwab del

presente es mucho más original que

la esgrimida por todos sus antecesores

desde Malthus en adelante y

eso es porque la nueva generación

de conspiradores, desde el siglo XX

a esta parte, comprendió que sin

extorsión no va a convencer a nadie.

Más que originales, la estrategia

y el discurso de las élites globales

hoy son tremendamente efectivos

al presentarse como obligatorios. El

problema que tenemos los pueblos

en el presente es que el mandato

del poderoso viene envuelto en

una extorsión moral muy difícil de

sortear. Y aquí vuelve a aparecer el

progresismo como elemento central

de esta parafernalia política y propagandística

que el poder construyó

para atar de una buena vez la vaca a

nivel global.

Bien analizada la trayectoria del

poder fáctico y con perspectiva

histórica desde la revolución burguesa

y el génesis de la modernidad

en adelante, lo que el atento lector

encontrará allí es conservadurismo

abierto y desvergonzado. Históricamente

el poderoso ha sido profundamente

conservador y además

—lo que realmente importa en un

mundo donde el parecer es más que

el ser— se ha presentado como tal

sin tapujos, expresando la ideología

que mejor se ajustaba a sus intereses

sin la necesidad de falsificar su

propia identidad. Primero fueron los

reaccionarios monárquicos contra

el régimen republicano y luego fueron

la derecha contra el fantasma

del marxismo que avanzaba desde

el Este, pero eso siempre terminó

siendo contraproducente. Al ponerse

abiertamente en el lugar del

reaccionario y del conservador, el

poderoso fue puesto una y otra vez

en la posición de inferioridad moral

que es propia de quienes se oponen

al progreso de la humanidad.

Entonces el poder comprendió

la necesidad de sofisticarse en el

discurso sin perder de vista jamás el

objetivo. En una palabra, el poderoso

aprendió la forma de presentarse

frente al mundo con superioridad

moral, sin que nada de eso hiciera

cambiar en lo más mínimo la naturaleza

de sus intereses, los que

siguen siendo lo más reaccionario

que puede haber. El poderoso

aprendió a transformar su discurso

conservador en un discurso progresista

para lograr los mismos

objetivos conservadores de siempre,

aprendió en suma a falsificar

su identidad en el debate público y,

38 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


sobre todo, a no mostrarse jamás a

cara descubierta en sociedad.

Lo que está expresado aquí es

que en determinado momento del

siglo XX el poder fáctico empezó a

ser discursivamente progresista,

esto es, se montó sobre las causas

moralmente superiores del progresismo

para canalizarlas hacia

donde mejor le convenga. Es un

poco difícil para el que ve la realidad

en dos dimensiones y no sospecha

de la existencia de un reverso

de la trama el comprender cómo

las élites globales pueden utilizar

al progresismo para hacer girar la

rueda de la historia en un sentido

opuesto al declarado por el propio

progresismo como meta, pero eso

es así de hecho. La realidad es que

hoy por hoy todo el progresismo es

profundamente conservador en sus

fines últimos y eso es gracias a la

inteligencia superior y a la moral

inferior de los dueños del mundo.

Supongamos, el atento lector con

nosotros, que sin cuidado de la

“conspiranoia” y demás zonceras

por el estilo, el poder fáctico global

haya sido informado por la ciencia

de la situación en la que se encuentra

la ecología del planeta y a partir

de ese análisis haya concluido

que a este ritmo de producción y

consumo nos quedarían, digamos,

unos 50 años de recursos naturales

suficientes para sostener la existencia

humana en este mundo. Es

altamente probable que eso haya

pasado y entonces es presumible

también que en un arrebato la oligarquía

global haya entendido que

no hay lugar en el planeta para tanta

gente consumiendo tanto, por lo

que es necesario despoblar o bien

reducir la actividad industrial, la explotación

de los recursos naturales

y las ganancias de quienes hacen

todo eso. Sería una de dos, puesto

que con casi ocho mil millones de

seres humanos sobre la Tierra y con

los países subdesarrollados exigiendo

un nivel de consumo mucho

más elevado de lo previsto, la cosa

tiende a estallar.

Ahora supongamos que la reducción

de las ganancias no es una

opción viable para el poder fáctico

global y que, por lo tanto, la alternativa

es la despoblación del mundo.

¿Cómo hacerlo? ¿Habrá que interpelar

a las mayorías que se quiere

suprimir con el discurso de Malthus

y hablar de esterilizaciones masivas

de pobres, confinamientos para

evitar la reproducción, eugenesia

aplicada al control poblacional e

incluso de genocidio puro y duro?

Si el poder hiciera eso y en consecuencia

se presentara a cara descubierta

con el discurso reaccionario

que mejor se ajusta a su ideología

e intereses reales, entonces tendría

de entrada dos grandes problemas.

El primero es que pondría en frente

a prácticamente toda la política en

casi todos los países, empezando

por las fuerzas progresistas que

presumen de su humanismo, etc. Y

el segundo es que sería puesto otra

vez en un lugar de inferioridad moral

que, como sabemos, es la mejor

garantía de la derrota en el largo

plazo.

El poder no debe hacer eso si quiere

triunfar, sino más bien todo lo

opuesto. En primer lugar, es preciso

presentar la problemática como un

asunto de interés general, lo que en

sí es cierto: si en el mundo faltaran

los recursos para producir y trans-

El senador Joseph McCarthy —de aquí el “macartismo”, o la persecución a los comunistas—,

todo un símbolo de la etapa estatal y “amateur” del poder. Hasta mediados del siglo XX, el

poder fáctico se expresaba abiertamente como conservador y utilizaba a los dirigentes políticos

de ese signo para representarse en la política. Pero vino la posmodernidad y el poder

comprendió que la expresión del progresismo podría serle útil para desarticular resistencias

y así fue. En la actualidad, el poder fáctico del globalismo utiliza como títeres a los dirigentes

políticos progresistas y de izquierda en general para lograr sus macabros fines.

39 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Los primeros años del siglo XXI vinieron con una explosión del consumo entre las clases

populares medias y trabajadoras en Argentina, en nuestra región y en los países dichos subdesarrollados

en general. Eso recalentó la actividad industrial hasta niveles extraordinarios

e hizo prender las alarmas entre las élites globales, que miran con preocupación cómo los

pobres consumen los recursos del planeta que ellos, los ricos, consideran propios en exclusividad.

Por eso insisten con la necesidad del reinicio y del “no tendrás nada y serás feliz”.

portar masivamente los alimentos

o hubiera un calentamiento/enfriamiento

del planeta más allá de

los límites tolerables para la vida,

entonces no solo la existencia de

los ricos sino la de todos los seres

humanos estaría en peligro. El

problema es que en vez de pegar el

frenazo y moderar su codicia distribuyendo

equitativamente la riqueza

para evitar la catástrofe, las élites

globales pretenden seguir pisando

el acelerador y disponer de la existencia

de las mayorías para resolver

el problema. Entonces aparece la

“solución” después de la amenaza

y Ud., atento lector que apenas

consume lo mínimo indispensable

por vivir en un país subdesarrollado,

es interpelado por el ecologismo

progresista a aceptar una austeridad

premoderna o a padecer las

consecuencias de un apocalipsis.

Eso es lo que se llama invertir la

responsabilidad del fracaso para

cargar con ella a los que no fracasaron

y permitir que sigan fracasando

a los que sí. Los países y las corporaciones

trasnacionales que realmente

contaminan y hacen una explotación

delirante de los recursos

naturales van a seguir haciéndolo

igualmente sin que pese sobre ellos

ninguna restricción, no hay Protocolo

de Kioto ni Declaración de Río de

Janeiro que valgan para los Estados

Unidos y su parque automotor

bestial ni para China y su marcha

industrial ilimitada. Es Ud., atento

lector, el que deberá comer una vez

al día o día por medio, deberá andar

en harapos y ser austero como un

homínido para salvar el planeta. Y si

Ud. se atreve a decir que eso no es

justo, puesto que Ud. no es responsable

por la destrucción ambiental,

allí vendrá el progresismo a tocarle

la puerta para comunicarle que Ud.

es moralmente inferior, una bestia

no deconstruida que no comprende

el peso de su responsabilidad ni

tiene empatía, que es un dinosaurio

y precisamente por eso debe extinguirse.

Así es, en muy pocas palabras,

cómo el poder fáctico global logra

invertir los roles, poniéndose a sí

mismo con sus intereses particulares

en una posición de superioridad

moral que no debe ser cuestionada

por los brutos moralmente inferiores.

El que se retobe y se atreva a

reivindicar su propio consumo como

un derecho será un retrógrado, un

reaccionario, será la “derecha”

para el progresismo que patrulla los

espacios de debate de lo público

en busca de gente de a pie políticamente

incorrecta que debe ser

expuesta al castigo. Y si, peor aún,

uno cuestiona todo eso señalando

que en realidad el discurso progresista

medioambiental es una farsa

para encubrir a los que realmente

destruyen el medioambiente, entonces

uno será acusado de “conspiranoico”

dada la imposibilidad de que

los ricos del mundo se hayan puesto

de acuerdo en conspiración para

llevar a cabo semejante plan.

Para eso existen precisamente

esos personajes fabulosos como

Greta Thunberg, por ejemplo. Thunberg

existe para que los roles de superioridad

e inferioridad moral sean

en claro contraste a punto de que

nadie se atreva a cuestionarlos para

decir que están invertidos. La joven

sueca es solo una niña idealista, no

podría estar al servicio de ninguna

conspiración de ricos ni nada parecido,

solo expresa sus ideas honestamente

y desafía a los poderosos a

deconstruirse, etc. Y además, como

se sabe, padece del síndrome de

Asperger, por lo que criticarla es

un crimen y una cobardía. El dis-

40 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


curso del ecologismo como farsa

para tapar a los que destruyen el

medioambiente en boca de un

individuo como Greta Thunberg solo

puede ser objetado por gente baja,

moralmente inferior. Y por eso casi

nadie se atreve a hacerlo.

¿Mi cuerpo es mío?

de la sociedad, en la destrucción

del tejido social de las naciones y,

por supuesto, aunque quizá solo de

modo indirecto, en la despoblación

del mundo por medios maltusianos

disimulados en progresismo. Por su

parte, el feminismo va mucho más

allá de la reivindicación de la igualdad

de género y cuestiona las relaciones

familiares poniéndolas en la

categoría de “patriarcado”, con lo

que va deconstruyendo —por utilizar

esa forma derridiana que las oenegés

progresistas instalaron como

Otro tanto pasa con los demás temas

de la agenda progresista, que

es la Agenda 2030 del globalismo

hecha fotocopia, fundamentalmente

la ideología de género con

sus estrambóticas variantes y la

narrativa sanitaria, contradictorias

desde luego entre sí. En el caso de

la primera, la problemática de la

violencia y la discriminación contra

la mujer y las llamadas minorías

sexuales es y siempre fue una realidad

prácticamente desde que el

mundo existe, es cosa más vieja que

la propia injusticia. Entonces será

moralmente superior el que asuma

la tarea de resolver políticamente

esos problemas creando un mundo

más justo para todos y lo que ya

sabemos es el discurso progresista

de género. Y será moralmente

inferior el que vea en el reverso de

la trama y encuentre que las élites

globales no están realmente interesadas

en la igualdad de género

ni en la suerte que puedan correr

los individuos que se agrupan en

las minorías “diversas”, sino más

bien en cómo sacar provecho de eso

para ir realizando de a poco su plan.

Son las grandes corporaciones las

que financian la agenda de género y

sexualidad en todo el mundo, pero

ver en ello una maniobra funcional

al proyecto político del globalismo

es cosa de “conspiranoicos”.

Pero la maniobra existe, está a la

vista y consiste básicamente en tres

aspectos fundamentales: el debilitamiento

de la familia como base

Greta Thunberg, aquí caracterizada como la personalidad del año por la revista Time, uno de

los medios de difusión del poder global. Thunberg es “el poder de la juventud” y es una verdadera

vaca sagrada en el progresismo universal. El que se atreva a cuestionar a Thunberg o

los intereses que están detrás de su praxis y discurso será puesto en un incómodo lugar de

inferioridad moral.

41 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Marcha de los “moralmente inferiores” contra la difusión de la ideología de género y el aborto en Polonia. Aquí, en Hungría y en Rusia, además

de algunos otros países de Europa del Este, la ideología de género ha sido muy combatida y hasta prohibida por Vladimir Putin en Rusia.

propia— el concepto de familia en la

conciencia de los individuos, atomizándolos

de a poco y dejándolos sin

el respaldo familiar que necesitan

para estar seguros en el mundo. Si

la familia dicha tradicional que existe

desde hace quizá cien mil años

es una cosa “patriarcal” al basarse

en una relación heterosexual que

es condición para la reproducción

humana, entonces será moralmente

superior el que no forme familia y,

a la vez, moralmente inferior el que

la quiera formar. Hay que destruir el

“patriarcado” y el que no entienda

que eso se resume a atomizar a los

individuos es un bruto, un reaccionario

y debe deconstruirse.

La segunda es derivada de la

primera y son las tensiones políticas

que la introducción de esas novedades

genera en la sociedad. Los

enfrentamientos entre los moralmente

superiores y los moralmente

inferiores se traduce en inestabilidad

política permanente, en

gente que ya no se da la mano para

resolver la problemática social al

no poder acordar en cuestiones de

género y sexualidad. Aquí, las élites

globales introducen un elemento de

discordia extra allí donde la discordia

ya abundaba y el resultado es la

fragilización del tejido social tendiente

a su ruptura, enfrentamientos

ideológicos entre individuos que

habían estado de acuerdo en otras

cosas y ahora no pueden ni siquiera

dialogar sin tirarse reproches

por la cabeza en el asunto de la

ideología de género. Las construcciones

políticas son más frágiles y

tienden a resolverse cuando estas

cuestiones morales (sexualidad,

religión, etnia, etc.) tienen demasiado

protagonismo en el debate

público, razón por la que en países

como Rusia, por ejemplo, han sido

directamente prohibidas. Vladimir

Putin comprende el golpe de las

élites globales “por izquierda” y no

permite la difusión de la ideología

de género en su país, sosteniendo

la unidad nacional de los rusos en

el proceso mientras otros países se

descomponen.

La tercera es la ya mentada en este

artículo y resulta de las dos anteriores.

La despoblación del mundo

puede hacerse paulatinamente mediante

la instalación de la ideología

de género como condición para ser

moralmente superior y así cristalizar

en la conciencia de los individuos

como valor positivo la no formación

de familias “patriarcales”, dando

como resultado esperable la no

reproducción. Está claro que donde

el promedio de hijos por pareja sea

inferior a dos, a partir de allí ya existe

una reducción poblacional y la

mejor manera de asegurarlo es que

haya precisamente menos parejas

estables o “patriarcales” teniendo

hijos. El promedio es la estadística

42 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


y la estadística es esa prestidigitación

por la que si Ud. para la cena

se come dos pollos y su vecino

come ninguno, entonces ambos

cenaron un pollo cada uno.

El aborto es otra de las cuestiones

subsidiarias a la ideología de

género que impactan tanto sobre

la estabilidad política de los países

como en su población en un

sentido económico. Por una parte,

al desafiar convicciones que están

profundamente arraigadas en la

cultura de los pueblos, el debate

por el aborto va dejando muertos

y heridos a su paso a medida que

avanza, es decir, va destrozando

el tejido social de las sociedades

que se proponen a discutirlo. Y eso

por una sencilla razón: se habla de

muerte y no es gratis. Esas convicciones

ideológicas que en muchos

casos son religiosas no admiten

argumentaciones y el resultado

siempre es el enfrentamiento total

entre los que se presentan como

moralmente superiores por querer

el “progreso” (fundamentado en

“mi cuerpo es mío y atrasa el que

no está de acuerdo”) y los que van

a ponerse en el lugar de la inferioridad

moral por no quererlo, por ser

“conservadores”, “reaccionarios”,

“dinosaurios” y todo el rosario de

calificativos que ya es bien conocido

en la Argentina. Allí se abre una

grieta que difícilmente podrá cerrarse

en una sola generación, porque

la ofensa a la convicción cultural o

religiosa no suele olvidarse y menos

aún perdonarse.

Por otra parte, la legalización del

aborto es una Ventana de Overton

hacia las políticas de “planificación

familiar” —el buen y viejo control

poblacional que China hace desde

siempre y sin eufemismos, porque

son chinos y no les importa— para

en un futuro a mediano plazo evitar

que los pobres tengan hijos. La cosa

expresada así es brutal, por cierto,

pero no menos brutal es la realidad

descrita por la cosa. Una vez consolidada

la legalización del aborto

y su posterior aceptación social, el

siguiente paso es el ingreso de las

oenegés occidentales en los sectores

más pobres de los países en desarrollo

como el nuestro para llevar

a cabo esa “planificación familiar”,

a la que nadie podrá escapar. Desde

muy pequeños se les enseñará

a no reproducirse, se les brindarán

los medios para no hacerlo. Luego,

si por accidente la desgracia ocurre,

aparecerá el aborto ya legalizado y

socialmente aceptado como solución.

Y finalmente, para los más

tercos, estarán las esterilizaciones,

cosa que el progresismo argentino

ya empezó a militar en la política y

en el discurso.

Es importante en este punto y

siempre recordar que el cuestionamiento

a los fines últimos de toda

esa ingeniería social disimulada en

progresismo siempre será colocado

en un lugar de inferioridad moral,

es muy difícil explicar la diferencia

entre la aceptación de la voluntad

individual de una mujer en caso de

embarazo no deseado y el uso que

harán los poderosos en el futuro

de la generalización de la cosa, la

tendencia es a simplificar entre

“aborteros” y “provida”, la argumentación

en profundidad no es

viable. Ya hemos visto que se trata

de un asunto difícil de racionalizar

por arraigarse en convicciones muy

profundas, el poderoso lo sabe y

es precisamente por saberlo que

lanza al tapete la propuesta y que

se prenda fuego todo. A río revuelto,

dice el sentido común popular,

ganancia de pescador.

Finalmente, en frontal contradicción

respecto a la ideología de género

aparece la narrativa sanitaria.

Allí donde mi cuerpo era mío, aquí

el cuerpo aparece como patrimonio

colectivo bajo el control del Estado,

pero es todo biopolítica y biopoder

en las categorías de Michel Foucault.

Otra vez metidos en el brete

están los progresistas —grandes

admiradores de Foucault sin haber

Cordón de policías para evitar el enfrentamiento entre verdes y celestes durante las jornadas

calientes en el Congreso de la Nación por la legalización del aborto. Allí donde había cierto

consenso alrededor de los grandes temas de la política, la ideología de género generó una

grieta. Más allá de la militancia genuina en ambos lados de esa grieta, eso fue ganancia

para el poder global en su meta que es la destrucción del tejido social en todas partes.

43 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


El filósofo francés Michel Foucault desarrolló los conceptos de biopolítica y biopoder, muy

útiles para comprender la actual narrativa sanitaria por la que el cuerpo del individuo está

sujeto a políticas de Estado, todo eso en frontal contradicción con la esencia ultraliberal (de

izquierda o progresista, si se quiere) de la ideología de género.

leído una sola página de su obra

más que en alguna fotocopia universitaria—

sin poder resolver la

cuestión sobre a quién le pertenece

el cuerpo humano. Con la ideología

de género el discurso es de un

liberalismo extremo al sostener que

el cuerpo es propiedad privada de

cada uno y nadie está en posición

de decidir sobre el cuerpo de otros.

Si uno quiere cambiar de género,

volver a cambiar, directamente no

tener género o abortar, bueno, eso

no es asunto de nadie más que de

uno mismo. Pero cuando aparece

la narrativa sanitaria tan de moda

en los días actuales el progresismo

hace el giro copernicano en el aire

y se va al discurso socialista más

extremo, casi estalinista. Para la

narrativa sanitaria el cuerpo lo puede

utilizar uno mientras lo tenga,

siempre y cuando se someta a la

biopolítica y al biopoder del Estado

y se porte bien.

La contradicción está y no es necesario

entrar en demasiados detalles,

bastará con decir que también

en la narrativa sanitaria el progresismo

hace el trabajo sucio de las

élites globales al colocar en el lugar

de la inferioridad moral al que se

atreva a cuestionar ese relato sanitario

que a esta altura es absolutamente

cuestionable por sus miles

de contradicciones internas. Ud.

puede tener completo su calendario

de vacunación desde que nació

hasta la fecha, puede creer mucho

más en la ciencia que en la religión

y puede incluso respetar las normas

impuestas a modo de prevención,

pero si se atreve a decir que algo no

cierra en la actual narrativa sanitaria

y que les está viendo la hilacha

a las élites globales en todo este

embrollo, Ud. inmediatamente será

catalogado como “anticiencia”,

“antivacunas”, “conspiranoico”,

“cabeza de termo”, “terraplanista”

(esta es la mejor de todas, porque

no tiene ninguna relación con lo

sanitario e igualmente siempre

aparece), “libertario”, “irresponsable”

y muchísimo más. Es decir, si

Ud. acepta todo lo que se impone

menos, por ejemplo, la obligatoriedad

de un pase sanitario, entonces

Ud. será moralmente inferior.

“Eppur si muove”, como habría

dicho Galileo Galilei al abjurar de

la visión heliocéntrica del mundo

frente al tribunal de la Santa Inquisición,

es decir, frente al terraplanismo,

precisamente. Es imposible

no ver la mano del poder detrás

de esta pandemia del coronavirus

cuando personajes como Klaus

Schwab y Bill Gates anuncian más

pandemias en un futuro a mediano

plazo. Si las pandemias son eventos

que ocurren cada siglo o cantidad

de siglos, ¿cómo podrían anticiparlas

en el mediano plazo las élites

globales, si no es a modo de amenaza

y teniendo esos mismos oligarcas

la capacidad técnica de generar

pandemias artificialmente? Véase

bien, ellos no dejan nada librado

a la imaginación “conspiranoica”

de uno, todo lo dicen abiertamente

ellos mismos. Los intelectuales orgánicos

de las élites globales están

diciendo que van a lanzar sobre el

mundo pandemia tras pandemia

44 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


hasta que la humanidad baje el hocico,

hasta que aceptemos su tutela

y su gobierno global con economía

planificada. ¿Dónde estaría la conspiranoia

en todo eso?

Pero la narrativa sanitaria no

admite cuestionamientos y para

ser moralmente superior Ud. debe

comprar el paquete completo, debe

acatar todas las imposiciones por

más absurdas que sean, las debe

acatar aunque los propios dirigentes

que las dictan a instancias de

las élites globales no las acaten,

debe aceptar la aplicación de fármacos

experimentales en su propio

cuerpo —que ya no es suyo, sino

propiedad de la biopolítica y del

biopoder en nombre del “bienestar

colectivo”— sin cuestionar el origen

de esos fármacos y mucho menos

su contenido. Ud. debe aceptar

confinamientos que destruyen su

salud, la integridad de su familia, la

economía de su país y el mundo entero

a su alrededor, aun sabiendo a

ciencia cierta que las personas sanas

no son un riesgo para el prójimo

y no tendrían que estar confinadas.

Debe aceptar todo eso sin cuestionar

nada y así será moralmente

superior. La narrativa sanitaria es

el milagro de un relato que hace

agua por todas partes, todos saben

que hace agua y aun así casi nadie

se atreve a cuestionar. El rey está

desnudo, pero nadie se anima a

decirlo. Revoluciones se han hecho

por mucho menos que eso.

Y así el poder fáctico global va instalando

la idea de un mundo peligroso,

un mundo que se está quedando

sin recursos y un lugar donde

el mero hecho de respirar puede

ser letal. Esas son las condiciones

para que las mayorías acepten la

tutela, es la extorsión que lanza el

poderoso sobre los pueblos. Vamos

a pedir a gritos un gobierno global

que nos controle desde los movimientos

cotidianos con cámaras de

seguridad, sensores de movimiento,

termómetros láser y pases sanitarios

con códigos de barras para

restringirles la circulación a los que

se porten mal hasta la planificación

de la economía en manos de las

corporaciones, la destrucción de las

economías nacionales y la reducción

de todos los trabajadores a un

estado de dependencia respecto al

poder central mundial. Tendremos

que elegir entre un mundo peligroso

y relativamente libre o un mundo seguro

bajo total control de la oligarquía

universal. Y optaremos por lo

segundo, un poco por miedo y otro

poco por cobardía, sí, porque estamos

interesados en que no nos molesten

aunque para ello nos tengan

que molestar todos los días. Uno

se acostumbra rápidamente a vivir

en un corral. Pero optaremos por

lo segundo porque es moralmente

superior el que obedece y nadie

quiere ser moralmente inferior. La

dictadura la sostendremos nosotros

sobre nosotros mismos para mayor

provecho del dueño del mundo.

¿O es que a lo mejor ocurrirá el

milagro y empezaremos a cuestionar

lo que es cuestionable y es un

insulto a nuestra inteligencia?

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45 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


LA TRIBUNA DE ROSAS

Un ejército nacional

no es incompatible con

un ejército profesional

CÉSAR

MILANI

En los últimos días he leído en

un medio digital perteneciente

a Horacio Verbitsky un artículo

de su propia autoría criticando

mi posición y mi sostenida

predica sobre un ejército nacional.

También ha sido un frecuente

hostigador de mi persona en las

causas en las que fui absuelto por

dos tribunales federales después de

largos procesos que demostraron

mi absoluta inocencia.

Verbitsky, coincidiendo con el

propósito de la derecha conservadora,

se ha empecinado en atacarme

sistemáticamente, ya sea por

recelos, afán de protagonismo en su

momento, o un profundo odio hacia

las Fuerzas Armadas y todo aquel

que tenga un sesgo nacionalista.

Incansables operadores han intentado

alejar en un esfuerzo denodado

al ejército de su pueblo, sacándole

relevancia, disminuyéndolo a

simples profesionales, empleados

estatales, burócratas que casi nada

tienen para aportar a la sociedad.

Mientras la mayoría de los periodistas

y gran parte del arco político,

de izquierda a derecha, ha insistido

en que las FF.AA. no deben estar

politizadas y deben identificarse

con el aspecto meramente “profe-

46 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


sional”, en la realidad ha ocurrido

todo lo contrario, gran parte de ella

se encuentra fuertemente politizada,

adherente a proyectos de corte

conservador y liberal, los mismos

que permitieron el desguace de la

industria de la defensa, la disminución

cuantitativa y cualitativa de las

FF.AA., la venta de su patrimonio

y la reducción de sus funciones a

tareas que hacen únicamente a sus

misiones subsidiarias, teniendo en

cuenta que la misión principal de

las FF.AA. es la defensa de la soberanía

de nuestro país.

Esta clase de políticas las ha empujado

al sentimiento de rechazo

por los grandes movimientos nacionales

y populares, se las ha hecho

sentir cómodas solo en los espacios

de la derecha más reaccionaria,

todo lo contrario, a su nacimiento

y a su propio ADN. Somos quienes

liberamos nuestra patria, somos

quienes impulsamos la industrialización

y el desarrollo de los sectores

estratégicos de nuestra nación.

El general Perón fue antes que todo

militar, le guste a quien le guste y le

pese a quien le pese.

Como teniente general retirado y

exjefe del glorioso Ejército Argentino,

habiendo vivido más de 40 años

dentro de esa institución y después

de haber escuchado al General en

el Colegio Militar al regreso de su

exilio, como uno de sus primeros

actos de gobierno, vistiendo su

uniforme militar, no tengo dudas

que ese ejército debe tener el lazo

más estrecho e inquebrantable con

su pueblo. Los fanáticos de izquierda

lo quieren lejos, estigmatizado

por la dictadura, casi escindido de

su patria, desterrado. La derecha

rancia lo quiere sometido, en venta,

disminuido. Ambos lo quieren lejos,

sin injerencia real en los asuntos estratégicos

de nuestra nación, como

pregonan algunos, “profesional”.

Los militares nacionalistas que

vimos y escuchamos en vivo al

General, los que nos emocionamos

viéndolo con más de 70 años volviendo

a vestir su uniforme, los que

sentimos al Ejército como el corazón

de nuestra patria, lo queremos

comprometido, guardián de nuestros

intereses, profunda y concienzudamente

nacionales con profundo

arraigo en el pueblo argentino.

“Es difícil imaginar que hubiera optado

por César Milani”, dice Horacio

Verbitsky en su columna, usando la

ucronía y la figura de Néstor Kirchner

para desvirtuar un debate cuyos

contenidos, como muchos otros,

conoce solamente de oídas. O,

mejor dicho, para intentar un nuevo

y torpe ataque hacia mí. Frustrada

su pretensión de que me condenaran

como responsable de delitos

de lesa humanidad, ahora quiere

desprestigiarme, poniéndome como

estandarte de una fuerza armada

“no profesional”. Postura marginal y

resentida que lo caracteriza.

Verbitsky invoca al mismísimo

Néstor Kirchner y lo usa para justificarse

diciendo que jamás me

hubiera elegido para ser jefe del

Ejército Argentino. Eso no es más

que un vulgar ejercicio contrafáctico

—una divagación sobre lo que no

pasó— y un acto más que muestra

Las fuerzas armadas pueden ser profesionales sin perder el compromiso con la causa nacional

de la patria y el pueblo. Y allí estarán siempre para tender la mano ante cualquier eventualidad,

para defender los intereses permanentes de los argentinos.

47 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


El Ejército Argentino será profesional y estará muy bien preparado para cualquier contingencia,

pero nunca deberá dejar de sentir la patria como la siente el pueblo del que los miembros

del Ejército son parte. Es imposible —o al menos inconveniente para los argentinos— tener

unas fuerzas armadas que se perciban a sí mismas como ajenas a la suerte del país. La

nación es una sola, es indivisible y los militares son hijos de ella como cualquier argentino

bien nacido e interesado en la grandeza de la patria.

su soberbia y arrogancia, al creer

poder interpretar los deseos y visiones

del exjefe de Estado, más aún

cuando fue su compañera de vida y

sucesora natural quien me designó

en dicha función para llevar adelante

la transformación del Ejército

Argentino. Con lo cual también es

un desprecio o un desafío a la autoridad

de la expresidenta.

La peor batalla es la que no se da.

Tengo el permanente reconocimiento

de todos los oficiales, suboficiales

y soldados que han servido a

la patria bajo mi gestión como jefe

del Ejército Argentino. Durante esa

gestión, se logró una recuperación

de capacidades y equipamiento que

fue la más grande en cuatro décadas.

Esa recuperación fue desde

el calzado, la indumentaria, los

equipos individuales y tácticos, la

alimentación de los soldados hasta

los proyectos más avanzados en

cada una de las armas, el proyecto

TAM, con la repotenciación de vehículos

mecanizados para la infantería,

la actualización de artillería de

campaña de corto y largo alcance,

sofisticado equipamiento para

inteligencia de combate, miles de

equipos de comunicación, múltiples

aeronaves para la aviación del Ejército

y la adquisición de equipamiento

de alto rendimiento para Ingenieros.

Esos y muchos otros fueron

los resultados de mi gestión entre el

2013 y el 2015, ese es el respaldo

que tengo para sostener el proyecto

de un ejército nacional y altamente

profesional.

Funcional al macrismo que me

encarceló injustamente, pretende

instituir una antinomia entre lo que

él sindica como un ejército profesional,

con lo que yo defino como un

ejército acompañante del proyecto

“nacional”, tal como lo expuse el

día de mi asunción como jefe del

Ejército con la entonces presidenta

Cristina Fernández de Kirchner en

primera fila.

El desarrollo discursivo con el

que comienzan estas líneas deja

expuesta a las claras mi posición y

deja a las claras que los términos

profesional y nacional, si se habla

de las FF.AA., no son contradictorios

sino complementarios. La impronta

nacional del ejército y de las FF.AA.

en general, con fuerte raigambre en

el pueblo del cual se nutre, no está

reñida con una formación profesional,

sino todo lo contrario. Cuanta

más preparación profesional haya

mayor será el compromiso con un

proyecto de nación y al servicio del

pueblo. Y recíprocamente, cuanto

más acendrado sea ese compromiso

mayor y mejor será la formación

profesional de los cuadros de oficiales,

suboficiales y soldados.

No pretendo entrar en una disputa

dialéctica con quien con el tiempo

se ha convertido en un operador

en las sombras, tampoco traeré a

colación su dudoso pasado y mucho

menos cabalgaré en especulaciones

sobre su verdadera pertenencia; no

voy a hacer lo que hizo conmigo estigmatizándome.

Solo diré que tiene

el atrevimiento de los ignorantes,

como decía Sarmiento, y la ramplonería

suficiente para aprovechar el

vil de indemnidad que da una profesión

tan noble como el periodismo.

No necesito hablar bien de Agustín

Rossi, sí agradecer su nobleza

cuando hace pocos días, al aire en

un programa de televisión, me tildó

como un “gran jefe del Ejército”.

Tampoco necesito hablar mal de

Horacio Verbitsky, porque las cenizas

no se queman.

48 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Tu web online,

siempre.

www.duplika.com

49 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


HISTORIA + GEOGRAFÍA = GEOPOLÍTICA

Juegos geopolíticos

ERICO

VALADARES

Terminaron el domingo 8 de

agosto los Juegos Olímpicos

de Tokio, los que debieron

haberse realizado el año

pasado y fueron, no obstante,

postergados por el advenimiento

del coronavirus. Tokio 2020 fue

un evento extraño más allá de las

muchas novedades tecnológicas

introducidas por los japoneses y

algunas novedades deportivas, con

la inclusión de modalidades posmodernas

cuya finalidad declarada fue

hacer de los juegos olímpicos una

cita más atractiva para los jóvenes,

aunque desde luego se trata de hacerlos

más mediáticos y rentables.

También se inauguró el silencio, al

disputarse en un país ya naturalmente

muy silencioso las competencias

sin el calor del público.

Pero hay ciertas cosas que nunca

cambian cuando se trata de los

juegos olímpicos en un sentido de

evento ecuménico al que acuden

las distintas naciones con objetivos

muy claros. Más o menos desde

que el barón Pierre de Coubertin

50 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


se inspiró en la Grecia clásica para

crear los juegos olímpicos modernos

en 1896, el deporte ha sido un

pretexto para que midan fuerzas las

naciones entre sí en una suerte de

guerra sin armas letales y sin muertos.

Aunque los ideales del barón de

Coubertin se hayan declamado con

la nobleza del que pone la prioridad

en la competencia por sí misma y no

en el triunfo o en la derrota, con el

tiempo toda esa mística fue dando

lugar a una lucha geopolítica.

Esa lucha se expresa en el medallero,

una cosa que oficialmente ni

existe y aún así tiene una importancia

descomunal para la política global.

El Comité Olímpico Internacional

(COI) es la criatura del barón de

Coubertin, rige los juegos olímpicos

y se encarga de realizarlos a cada

olimpiada, que es como denominaban

los griegos el periodo de tiempo

de cuatro años entre juego y juego.

Pero la Carta Olímpica —que sería

algo así como la constitución del

COI— establece sin ambages que

“Los Juegos Olímpicos son competiciones

entre atletas, en pruebas individuales

o por equipos, y no entre

países” y no reconoce nada que se

le parezca a un medallero como el

que todos conocemos.

En una palabra, para el COI la

lucha encarnizada entre naciones

por encabezar el medallero olímpico

simplemente no existe, aunque

en la práctica es una realidad. Al

terminar cada edición de los juegos

olímpicos, los países difunden sus

logros en relación con los demás

países y los presentan como evidencia

de su propio desarrollo. ¿Por

qué? En principio, porque en la

modernidad del siglo XX en adelante

el deporte se ha asociado con

la calidad de la educación, de la

alimentación y del desarrollo humano

de un modo general. Y por eso se

considera que gana más medallas

o tiene más campeones olímpicos

el país cuyos indicadores son los

mejores en una relación proporcional

con la cantidad de población de

dicho país.

Eso se traduce en la idea central

de que las potencias olímpicas

son las potencias mundiales de

hecho, o de que los países ricos

tienen la capacidad de triunfar

deportivamente al garantizarles

a sus ciudadanos un alto nivel de

vida y desarrollo humano. Claro que

dicho razonamiento es lógico, no

es una cosa arbitraria —las definiciones

en la geopolítica no suelen

serlo— la idea de que el medallero

de los juegos olímpicos expresa

cuantitativamente el poder de las

naciones. Salvo algunas excepciones

que veremos más adelante en

este artículo, el orden en el medallero

olímpico suele coincidir con

el orden mundial del momento en

el que un juego olímpico se realiza,

con los más ricos y poderosos arriba

y los más pobres abajo.

Y entonces el medallero olímpico

es insumo para la propaganda nacional

en el concierto de las naciones.

Históricamente, los Estados

Unidos son el país con más campeones

olímpicos (1.061) y también

el que más medallas tiene incluyendo

las de plata y las de bronce

(2.635), utilizadas para distinguir

a los subcampeones y a los terce-

Representación artística del barón Pierre de Coubertin y los anillos olímpicos, su creación.

Con el lema “Citius, Altius, Fortius” (“más rápido, más alto, más fuerte), el barón de Coubertin

llevó a cabo un esfuerzo monumental para rescatar los valores olímpicos clásicos hasta

realizar los primeros juegos modernos en Atenas, 1896. Considerado un idealista por los

franceses y honrado en todo el mundo, el barón de Coubertin fue en realidad un visionario y

gran parte de lo que entendemos hoy por deporte se lo debemos a él y a su tenacidad.

51 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Paren los tiros

Las medallas de plata, oro y bronce —en el orden de su presentación en la imagen— de los

Juegos Olímpicos de Tokio 2020 que finalizaron el pasado domingo 8 de agosto con un año

de retraso por el coronavirus. Si bien el Comité Olímpico Internacional distribuye medallas al

campeón, al subcampeón y al tercero mejor en la competencia olímpica, no reconoce ningún

medallero que suponga una competencia entre países. El espíritu de esa norma apuntaba

a evitar la rivalidad entre naciones en un mundo ya demasiado tenso, pero fue simplemente

ignorado por las propias naciones, las que utilizan el medallero olímpico con fines propagandísticos.

ros mejores, respectivamente. Eso

coincide justamente con el periodo

de hegemonía global estadounidense,

cuyo ascenso se da en los

últimos años del siglo XIX al finalizar

la Guerra hispano-estadounidense

de 1898 con el triunfo arrasador

de los yanquis sobre los españoles.

Es allí donde los Estados Unidos le

arrebatan a España los territorios

de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y

Guam y declaran frente al mundo

estar preparados para llevar a cabo

su proyecto imperial.

El siglo XX empieza con los Estados

Unidos enterrando definitivamente

al viejo imperio español y empezando

su carrera hacia la hegemonía

global, la que se fortaleció luego

de la I Guerra Mundial y terminó

de consolidarse tras la II Guerra

Mundial. Los juegos olímpicos

modernos empiezan casi simultáneamente

a los hechos de la Guerra

hispano-estadounidense (empiezan

tímidos en 1896, dos años antes)

y es natural, por lo tanto, que los

Estados Unidos hayan dominado el

medallero olímpico mientras dominaban

el mundo entero de un modo

no deportivo metafórico.

A lo largo de 125 años hasta la

fecha se han realizado 30 ediciones

de los juegos olímpicos a cada

olimpiada de cuatro años, salvo

en 1916, 1940 y 1944, cuando los

juegos dieron lugar a la guerra de

verdad: las dos guerras mundiales

antes mentadas. Y en muchas de

esas ediciones los Estados Unidos

han liderado el medallero, algunas

veces incluso holgadamente,

aunque hay excepciones y estas

nos cuentan mucho de la historia

de la geopolítica en el siglo XX y en

este primer cuarto del siglo XXI. La

historia de los juegos olímpicos de

la modernidad se yuxtapone a la

historia moderna. Esta historia es

digna de un libro, pero se sintetizará

de aquí en más en este modesto

artículo.

La crónica relata que en la Grecia

antigua los juegos olímpicos tenían

la potestad de suspender la mismísima

guerra. En un larguísimo

periodo de casi doce siglos entre

los años 776 a. C. y 393 d. C., las

ciudades-estado griegas llegaban

a interrumpir sus conflictos bélicos

para reunirse y dedicarse al culto

del cuerpo. A cada olimpiada de

cuatro años, se promulgaba la

llamada “tregua olímpica”, los guerreros

dejaban las armas y viajaban

sin amenazas a Olimpia para los

juegos. Esa es, sin lugar a dudas,

una de las maravillas de la antigüedad,

o la capacidad que al parecer

tenían entonces para ponerse de

acuerdo en algo por encima de las

más insalvables diferencias.

La modernidad nunca tuvo esa

característica y pese a los esfuerzos

denodados por parte del barón

de Coubertin y luego de sus continuadores

por sostener la tradición

antigua, nadie acordó en suspender

la guerra para hacer deporte. Como

habíamos visto, fue más bien al

revés y las ediciones de 1916, 1940

y 1944 fueron canceladas por las

guerras mundiales y es justamente

en el periodo posterior a esos

conflictos bélicos donde lo olímpico

aparece como continuación lógica

de la guerra. Es a partir del fin de la

II Guerra Mundial cuando los juegos

olímpicos llegan a tener el carácter

de lucha geopolítica que tuvieron

hasta fines del siglo XX y que, de

cierta manera, vuelven a tener hoy.

Puede decirse que los juegos

olímpicos como juegos geopolíticos

son una característica de la Guerra

Fría que empezó al finalizar la II

Guerra Mundial y al emerger de ella

dos superpotencias globales: los

Estados Unidos y la Unión Soviética.

52 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Al establecerse ese orden mundial

bipolar y no existiendo ya la posibilidad

de dirimir las cuestiones entre

las superpotencias a los tiros —el

advenimiento de la bomba atómica

disuadió a esos guerreros de la guerra

de trincheras—, la guerra pasó a

ser una cosa más bien localizada y,

por otra parte, una guerra de espías

entre Occidente y Oriente. Entonces

es a partir de los Juegos Olímpicos

de Londres en 1948 por ser los

primeros después de la II Guerra

Mundial y más precisamente de los

de Helsinki en 1952 —que es donde

empiezan a participar los soviéticos—

cuando los juegos olímpicos

empiezan a ser un teatro de guerra

sin guerra real.

En el último año de vida de Stalin

y habiéndose estabilizado la Unión

Soviética en la posguerra con cierta

recuperación de la economía y el

desarrollo de un arsenal nuclear

propio para ponerle coto a la amenaza

atómica estadounidense, los

soviéticos participan por primera

vez de los juegos olímpicos en

Helsinki y ya en este debut declaran

prácticamente su interés en

disputarles a los Estados Unidos

el primer puesto del medallero. La

Unión Soviética ya estrena en 1952

con una gran delegación y se ubica

en el segundo puesto del medallero,

con 22 campeones olímpicos y 71

medallas en total, una performance

impresionante y más aún si la comparamos

a los 40 campeones y las

76 medallas en total que lograron

los Estados Unidos ese año. Bien

mirada la cosa, los soviéticos ya de

entrada anunciaban que a partir de

Helsinki iba a expresarse la Guerra

Fría en el medallero olímpico y que

Los juegos olímpicos de la antigüedad, una tradición de la Grecia clásica que existió durante casi doce siglos y fue rescatada en la modernidad

por el barón de Coubertin. La competencia deportiva que tradicionalmente cierra los juegos olímpicos hasta los días de hoy es el maratón

y es una carrera de 42.195 metros, distancia que habría entre Maratón y Atenas y que, según la leyenda, fue recorrida por el soldado griego

Filípides en el año 490 a. C. Al parecer, Filípides murió después de correr esa distancia para darles a los atenienses la noticia del triunfo sobre

el ejército persa. Esa es una parte del legado olímpico de los griegos que los modernos revivieron.

53 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


la hegemonía estadounidense iba a

empezar a peligrar.

De hecho, en los años subsiguientes

la Unión Soviética incrementó

notablemente su inversión en desarrollo

humano y ya para los Juegos

Olímpicos de Melbourne en 1956,

tan solo cuatro años después de su

debut, dio el batacazo y le impuso a

los Estados Unidos una humillante

Poster propagandístico de anuncio de los Juegos Olímpicos de 1940, que debieron realizarse

en Helsinki, Finlandia, pero fueron cancelados tras el estallido de la II Guerra Mundial.

Por desgracia, algunas tradiciones antiguas no fueron reivindicadas por la modernidad,

como la de suspender los conflictos bélicos para la realización de los juegos olímpicos.

derrota en el medallero. La URSS

tuvo en Melbourne 37 campeones

olímpicos y 98 medallas en total,

contra los 32 campeones y las 74

medallas totales de los yanquis.

Así fue cómo los Estados Unidos

con casi sesenta años de tradición

olímpica fueron derrotados por un

rival que apenas iba por su segunda

participación y que, además, era

económicamente muy inferior. Los

soviéticos habían descubierto un

campo en el que podían derrotar

a sus enemigos ideológicos de

Occidente muchos años antes de

derrotarlos también en la carrera

espacial y en otros ámbitos.

La historia se repitió cuatro años

más tarde, en los Juegos de Roma

1960. Aquí los soviéticos ampliaron

la brecha respecto a los yanquis con

la impresionante cantidad de 43

campeones olímpicos y 103 medallas

en total, contra 34 campeones

y 71 medallas en total de sus rivales

históricos. Evidentemente eso hizo

prender todas las alarmas en los

Estados Unidos, no era conveniente

para la propaganda ideológica del

capitalismo occidental que unos

comunistas económica y hasta demográficamente

inferiores le propinaran

a la primera potencia global

aquellas palizas deportivas cada

cuatro años, algo andaba mal con

el deporte estadounidense y eso iba

a ser presentado como una falencia

del sistema político y económico

del liberalismo en Occidente. Era

preciso reaccionar.

Para los Juegos Olímpicos de

Tokio en 1964 los Estados Unidos

hicieron un esfuerzo monumental

para recuperar el liderazgo en el

medallero y lo lograron, aunque por

escaso margen y en medio a una

polémica, la que vendría a ser muy

actual en nuestro siglo XXI: ¿Cómo

determinar las posiciones finales

en un medallero olímpico? ¿Por

cantidad de medallas de oro o por

54 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


cantidad de medallas totales? Los

Estados Unidos terminaron arriba

en la clasificación con 36 doradas,

26 plateadas y 28 de bronce, lo

que totalizaba 90 medallas de los

tres colores. Y aquí empieza el lío,

porque la Unión Soviética volvió al

lugar de escolta que había ocupado

en su debut, ahora con 30 medallas

de oro, 31 de plata y 35 de bronce,

totalizando las 96 que pondrían

a los soviéticos en la cima de la

clasificación si esta fuera por total

de medallas y no por campeones

olímpicos. Si el medallero olímpico

es una cosa informal, ¿quién determina

la forma de ordenarlo? La

naturaleza de la polémica está precisamente

en que no existe una autoridad

capaz de hacerlo y entonces

cada cual presenta la clasificación

final de los juegos olímpicos como

mejor le convenga en el momento.

Los Juegos de Tokio en 1964

marcaron también la novedad del

ascenso de los países de la llamada

“Cortina de Hierro”, esto es, de

las naciones socialistas de Europa

oriental que servían de cordón sanitario

para la URSS contra Occidente.

Hungría (6º. en la clasificación

general con impresionantes 10 medallas

de oro, 22 en total), Polonia

(7º.), Checoslovaquia (9º.), Bulgaria

(11º.), Rumania (14º.) y Yugoslavia

(19º.), todos países socialistas de

la zona de influencia de la URSS, todos

con economías muy pequeñas y

todos con al menos dos campeones

olímpicos y cinco medallas en total,

que fue lo obtenido por los yugoslavos.

También aparecía la que en el

futuro llegaría a ser una verdadera

potencia olímpica en total desproporción

con sus indicadores económicos

y demográficos: Cuba, a poco

de andar su revolución y también

socialista amiga de los soviéticos,

se llevó de Tokio una solitaria medallita

de plata.

Los Estados Unidos iban a sostener

el liderazgo en los Juegos Olímpicos

de México 1968, pero una

nueva pesadilla se les iba a empezar

a aparecer en el horizonte. Otro

país socialista y económicamente

muy pequeño debutaba y arrebataba

de entrada un 5º. puesto en

la clasificación general: Alemania

Oriental, con 9 medallas de oro, 9

de plata y 7 de bronce, totalizando

insólitas 21 medallas para este

pequeño país. Quedaba configurado

en México 1968 el bloque

socialista oriental como una potencia

olímpica combinada, una mala

noticia para los propagandistas del

régimen liberal y capitalista de Occidente.

El detalle es que Alemania

Occidental, un país mucho más rico,

fuertemente apoyado por los Estados

Unidos en el marco de la Guerra

Fría y capitalista por antonomasia

no pudo lograr más que un modesto

8º. puesto en la clasificación, por

debajo de los alemanes supuestamente

más pobres de Oriente.

Más política y más guerra

Los Juegos Olímpicos de Múnich

1972 —realizados en Alemania

Occidental, como se ve— pondría

a los socialistas en el cénit de su

epopeya olímpica a expensas de los

países capitalistas. La Unión Soviética

volvió a derrotar a los Estados

Unidos y otra vez por paliza. Con 50

campeones olímpicos contra tan

solo 33 de los yanquis, los soviéticos

festejaban al otro lado del muro

de Berlín, pero no lo hacían solos.

Alemania Oriental dio un salto de

calidad y se ubicó esta vez en el

tercer puesto del medallero con 20

campeones olímpicos y 66 medallas

en total, muy por encima de sus

hermanos más ricos y dueños de

casa, los de Alemania Occidental,

quienes solo lograron 13 oros y 40

medallas en total. Este medallero

es el que mejor expresa la Guerra

Fría de esos tiempos, ubicando a la

Las gimnastas soviéticas, leyendas de la tradición olímpica. Mientras existió y tuvo la decisión

de participar en los juegos olímpicos, la Unión Soviética siempre fue protagonista y lo

siguió siendo aun tiempo después de haberse disuelto como unidad política. Por lo general,

la URSS siempre arrasó con el medallero y es la potencia olímpica histórica por antonomasia,

aunque los Estados Unidos tengan más medallas.

55 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Pese a contar con el múltiple campeón de la natación Mark Spitz en sus filas, ganador de 7

medallas de oro en Múnich 1972, los Estados Unidos fueron igualmente derrotados en esos

juegos olímpicos por la Unión Soviética. Por su parte, con sus 9 medallas de oro, 1 de plata

y 1 de bronce en México 1968 y en Múnich 1972, Spitz fue la figura excluyente de la historia

de la natación en los EE.UU. hasta la llegada de Michael Phelps, quien en cuatro ediciones

olímpicas ganó solito 23 medallas de oro, más que la Argentina en toda su historia.

URSS y a los Estados Unidos en los

dos primeros puestos de la tabla y

a sus dos satélites resultantes de la

partición de Alemania en el tercero

y en el cuarto lugares. Los cuatro

protagonistas de la época intercalados,

con buena ventaja para

el socialismo oriental en todos los

aspectos.

Peores noticias habría para la

propaganda liberal de Occidente al

dar Cuba un enorme salto de calidad

en estos Juegos, finalizando

en un sensacional 14º. puesto en

la general con 3 medallas de oro,

1 de plata y 4 de bronce, un total

de 8 medallas olímpicas para un

país socialista ubicado a 90 millas

de las costas estadounidenses que

entonces no tenía más que unos

pocos millones de habitantes y que,

además, había sido el escenario

de la crisis de los misiles nucleares

tan solo diez años antes. ¿Cómo se

leyó eso entonces? Pues exactamente

como se lee ahora: como la

confirmación de que el socialismo

era un sistema cualitativamente

muy superior al capitalismo en todo

lo que se refería al nivel de desarrollo

humano. ¿Cómo no lo iban a

presentar así, si para argumentarlo

la Unión Soviética derrotaba a los

Estados Unidos, los alemanes del

Este derrotaban a los alemanes del

Oeste en su propia casa y Cuba, con

poco y nada, figuraba ya en la clase

media siendo muy pequeño? No hay

otra forma de interpretarlo y menos

que menos la había en 1972, cuando

la propaganda ideológica estaba

a la orden del día.

Los Juegos de Múnich iban a

quedar signados por el retorno de la

guerra no metafórica como continuación

de la política, esta vez en

la forma de terrorismo. Seis días

antes de finalizar la competencia, el

grupo Septiembre Negro tomó como

rehenes y ejecutó a once atletas del

equipo israelí en la villa olímpica.

El objetivo de los militantes de esta

facción de la Organización para la

Liberación de Palestina era la libertad

de 234 presos palestinos de las

cárceles de Israel, pero el resultado

fue nefasto: cinco de los ocho

miembros del grupo fueron abatidos

por la policía alemana, los otros

tres fueron detenidos y los autores

intelectuales de este episodio que

quedaría conocido como la Masacre

de Múnich fueron alcanzados más

tarde por la venganza ejecutada

por el Estado de Israel. Quedaba

grabada en sangre la relación entre

los juegos olímpicos, la política y la

guerra.

Lejos había quedado el recuerdo

de la Masacre de Múnich cuando

los juegos olímpicos llegaron a

Canadá, un país anexo a los Estados

Unidos y que en la práctica era

un terreno muy favorable para el

triunfo de los yanquis. Los Juegos

56 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Olímpicos de Montreal en 1976

se organizaron como la ocasión

ideal para que los Estados Unidos

recuperaran la gloria perdida y se

restaurara la hegemonía occidental

en el medallero. Pero el golpe dado

por el socialismo oriental en Múnich

había sido tan solo un aviso y

el dominio del medallero olímpico

por parte de los países socialistas

del Este iba a consolidarse de una

manera sensacional. Entre la Unión

Soviética, las naciones de la “Cortina

de Hierro” y Cuba, los países

socialistas iban a copar siete de los

diez primeros lugares de la tabla general

al finalizar este ciclo olímpico,

lo que iba a generar un problema

de orden global cuyas consecuencias

se verían en las dos próximas

ediciones de los juegos olímpicos

a realizarse en Moscú (1980) y Los

Ángeles (1984).

Empezando por el fracaso rotundo,

el anfitrión Canadá es uno de los

países capitalistas con más alto

índice de desarrollo social y por eso

siempre se presentó como un ejemplo

de capitalismo que funciona en

la práctica. Pero pese a todo eso y

al hecho de que jugaban de locales,

los muy desarrollados canadienses

no hicieron ni un solo campeón

olímpico en sus propios juegos,

amargando un modesto 27º. puesto

en el medallero con 5 medallas de

plata y 6 medallas de bronce. Para

la propaganda eso constituía un

fracaso escandaloso del proyecto

político liberal y Canadá finalizaba

por debajo no solo de todos los

socialistas que participaron de esos

juegos olímpicos, sino además por

debajo de países económicamente

inferiores como Jamaica y Corea del

Norte (empatados en el 21º. lugar),

México (22º.) y Trinidad y Tobago

(26º.). En este fracaso Canadá fue

acompañado por Bélgica (28º), Holanda

(29º.) y Australia (32º.), todos

estos países con alto nivel de desarrollo

económico, social y humano y

actuales potencias olímpicas.

Eso en lo que respecta a la parte

baja de la clasificación, porque en

la cima de la tabla se daba aquello

que los estadounidenses y los

liberales en general más temían: en

Montreal 1976 los Estados Unidos

terminaron siendo desplazados del

ya incómodo segundo puesto en la

general por la Alemania Oriental,

un país socialista de tan solo 16

millones de habitantes y un territorio

cuya extensión equivalía a la de

nuestra provincia de Catamarca.

Así, la Unión Soviética arrasó en

Montreal con 49 medallas de oro,

41 de plata y 35 de bronce, totalizando

infernales 125 medallas

de todos los colores, un número

altísimo incluso para los estándares

olímpicos actuales. Recordemos

que la inclusión de categorías

femeninas en todos los deportes y

la incorporación de nuevas modalidades

elevó considerablemente la

cantidad de medallas distribuidas

actualmente respecto a las que

se repartían en 1976. Para que

se tenga una idea de la magnitud

de la hazaña de los soviéticos en

Montreal, véase la performance de

los Estados Unidos en los Juegos

Olímpicos de Tokio que acaban de

finalizar: sin la Unión Soviética, con

Rusia prácticamente proscripta y

con una cantidad mucho mayor de

medallas a repartirse, los Estados

Unidos terminaron en 2021 con 113

en total, doce menos que las 125

obtenidas por la URSS en 1976.

Como escoltas de los soviéticos se

pusieron los alemanes del Este, con

40 medallas de oro, 25 medallas

de plata y otras 25 de bronce, en un

total también muy elevado de 90

preseas. Y recién en el tercer puesto

figuraron los Estados Unidos con

Dramática imagen de la toma de rehenes en la villa olímpica durante los Juegos Olímpicos

de Múnich en 1972. La Masacre de Múnich —justo en el país donde había ocurrido el holocausto

tres décadas antes— trajo de la peor manera la comprensión de la íntima relación

entre el deporte olímpico, la política y su continuación por otros medios: la guerra.

57 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


34 doradas, 35 plateadas y 25 de

bronce, 94 en total. Todos los demás

países —entre ellos Alemania

Occidental, con solo 10 campeones

olímpicos— quedaron muy por debajo

de estos tres y quedó así bien

caracterizada la Guerra Fría en los

juegos olímpicos.

El impacto del golpe de efecto

dado por los socialistas en Canadá

iba a tener consecuencias inesperadas

de cara al futuro, siendo una

de ellas la realización de dos olimpiadas

incompletas, es decir, sin la

participación de todos los que en

el momento estaban en condiciones

de participar. Eso fue el boicot

del bloque occidental a los Juegos

Olímpicos de Moscú en 1980 y el

boicot del bloque oriental, a modo

de represalia, a los Juegos Olímpicos

de Los Ángeles, cuatro años

después, en 1984. Curiosamente,

empezaba así la última década de

existencia de la Unión Soviética y de

todo el bloque oriental, que iban a

empezar a disolverse en 1989 con

la caída del Muro de Berlín.

Esplendor y desintegración

Desde el punto de vista de la Unión

Soviética, de los demás países

del bloque socialista en el Este y

de Cuba, los Juegos Olímpicos de

Moscú en 1984 fueron un evento

comunitario. Con la ausencia de los

Estados Unidos y de otras 66 naciones

que les hicieron el seguidismo

—entre ellas la Argentina—, siete de

Nadia Comăneci, la gimnasta rumana que a los 14 años asombró el mundo en los Juegos

Olímpicos de Montreal 1976. En la imagen, se ve el tablero electrónico indicando una nota

uno, o 1.00, pero lo que allí se lee en realidad es una nota 10. Los tableros no estaban

preparados para eso, puesto que hasta Comăneci la nota más alta obtenida por una gimnasta

había sido 9,52 y los propios jueces consideraban que era humanamente imposible

conseguir un 10. Ella pudo.

los diez primeros lugares del medallero

fueron ocupados por países

socialistas en la órbita de la Unión

Soviética y por los propios soviéticos,

quienes esta vez quedaron en

la cima de la tabla por escándalo.

Francia, Italia, Gran Bretaña, Australia,

Suiza, España y Bélgica desafiaron

el mandato estadounidense

y enviaron deportistas a Moscú,

aunque ninguno de ellos compitió

bajo la bandera de sus países: lo

hicieron como “independientes” y

bajo la bandera del COI.

La razón declarada por la que los

Estados Unidos y acólitos boicotearon

los Juegos Olímpicos de Moscú

en 1980 había sido la invasión

soviética a Afganistán, aunque en

realidad el problema estaba en

otra parte. El presidente demócrata

Jimmy Carter amenazó a los

deportistas yanquis con revocarles

la nacionalidad estadounidense si

se atrevían a ir a Moscú y efectivamente

nadie fue, pero en el fondo lo

que jugaba allí era el hecho de que,

en una elección un poco extraña, el

COI había decidido realizar los juegos

olímpicos de 1980 en la Unión

Soviética y no en los Estados Unidos.

Moscú y Los Ángeles se habían

postulado en 1974 para realizar

estos juegos y la decisión favorable

a los soviéticos fue tomada por los

estadounidenses como un insulto.

Además, el resultado final de Montreal

1976 hacía sospechar que la

Unión Soviética jugando de local

iba a arrasar, probablemente imponiendo

a su enemigo ideológico

una derrota más escandalosa que

todas las anteriores. Todo conspiró

entonces para que los Estados

Unidos se borraran y así fue, dando

como resultado la transformación

de los juegos olímpicos en un evento

deportivo exclusivo del Pacto de

Varsovia.

Los resultados, anecdóticos, fueron

los siguientes: encabezó una vez

58 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


El oso Misha, mascota de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. Con una coordinación de los carteles que formaban la figura en un mosaico,

Misha derramó una lágrima de tristeza por los boicots de aquellos tiempos. La imagen recorrió el mundo y se convirtió en un verdadero golpe

bajo de los rusos en su guerra propagandística contra los estadounidenses. “Esos yanquis son malos, no vinieron a Moscú e hicieron llorar a

Misha”, pensaron algunos en 1980. Muchos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014, los rusos revivieron a Misha

como una de las tres mascotas del evento.

más la Unión Soviética, ahora con

80 medallas de oro, 69 de plata y

46 medallas de bronce, con insólitas

e irrepetibles 195 medallas

en total. Justo por debajo de los

soviéticos, en el segundo puesto, se

ubicó Alemania Oriental, con números

también increíbles: 47 medallas

de oro, 37 de plata, 42 de bronce

y 126 en total. El tercer puesto fue

ocupado por Bulgaria (8 de oro, 16

de plata, 17 de bronce y 41 en total)

y el cuarto lugar quedó en manos de

los cubanos, quienes consolidaban

su condición de potencia olímpica

—Cuba ya había logrado un 8º.

puesto en el medallero de Montreal

en 1976— con 8 medallas de oro, 7

de plata, 5 de bronce y 20 en total.

También estuvieron en la clase alta

de los diez más ganadores Hungría

(6º.), Rumania (7º.) y Polonia (10º.).

Solo Italia (5º.), Francia (8º.) y Gran

Bretaña (9º.) pudieron meterse en

la conversación de los socialistas,

aunque ninguno de ellos lo hizo con

su propia bandera y sus himnos

no se escucharon en ningún podio

moscovita ese año.

El vuelto iba a llegar en los Juegos

Olímpicos de Los Ángeles, en 1984,

cuando se dio el boicot soviético

en respuesta a lo hecho por los

occidentales cuatro años antes. Los

países del bloque del Este menos

Rumania —que desafió a la URSS

en esta ocasión y se salió con la

suya— y once aliados del resto del

mundo (Afganistán, Angola, Corea

del Norte, Cuba, Etiopía, Irán, Laos,

Libia, Mongolia, Vietnam y Yemen)

no se presentaron a competir en

Los Ángeles alegando oficialmente

que no estaban dadas todas las

condiciones de seguridad para los

deportistas, cosa que nadie en su

momento creyó ni cree ahora. La

verdad es que la Unión Soviética

impuso el boicot a los Juegos Olímpicos

de Los Ángeles 1984 a modo

de retaliación por el boicot anterior,

impulsado por los estadounidenses.

Y los resultados también fueron

anecdóticos: sin ninguna de las

potencias olímpicas que el Montreal

1976 se habían alzado con

el 60% de las medallas de todos

los colores, los Estados Unidos

quedaron fácilmente ubicados en

la cima de la tabla general con 83

medallas de oro, 61 de plata, 30 de

bronce y 174 en total, una cantidad

no obstante inferior a la obtenida

por los soviéticos en Moscú. El dato

curioso es que, escoltando a los estadounidenses

no apareció ninguna

59 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Carl Lewis (c), el hijo del viento, ganador de los 100 metros llanos, de los 200 metros llanos

y del salto en longitud en Los Ángeles 1984. En esta última modalidad, Lewis reinaría por

cuatro olimpiadas hasta Atlanta 1996, un récord difícil de igualar. Los Estados Unidos

fueron sede de los juegos olímpicos en cuatro oportunidades, más que cualquier otro país:

1904 (Saint Louis), 1932 y 1984 (Los Ángeles) y 1996 (Atlanta). Para 2028 los juegos se

realizarán en Los Ángeles por tercera vez y por quinta vez en suelo estadounidense.

otra potencia occidental, sino los

socialistas “díscolos” de Rumania,

con 20 medallas doradas, 16 plateadas,

17 de bronce y un coqueto

total de 53. El tercer puesto quedó

en manos de Alemania Occidental

y el cuarto, como para extenderle

el certificado de defunción al relato

de superioridad de Occidente, fue

ocupado por China, que en ese entonces

ya no tenía nada que ver con

la Unión Soviética, aunque también

era socialista. En una palabra, los

Estados Unidos hicieron unos juegos

comunitarios para sí mismos y

para sus socios de Occidente, pero

en el resultado final se les colaron

dos países socialistas inesperados

entre los cuatro primeros puestos.

De hecho, aquí empieza el avance

de China hacia la condición de

potencia olímpica, la que veremos

más adelante.

Yugoslavia también participó en

Los Ángeles 1984 y finalizó en un

meritorio 9º. puesto con 7 medallas

de oro, 4 de plata, 7 de bronce y

un total de 18. Yugoslavia también

era un país socialista, al igual que

Rumania y China, pero ya por esos

días con su Mariscal Tito a la cabeza

se había abierto de la influencia

soviética y tenía muy buenas relaciones

con Occidente, por lo que no

fue considerada como un disidente

del bloque oriental y allí hubo paz.

Todo ese embrollo iba a resolverse

en los Juegos Olímpicos de Seúl

en 1988. Corea del Sur era y sigue

siendo un importante aliado de

los Estados Unidos en el Extremo

Oriente y era presumible que así, en

condiciones muy cómodas, los estadounidenses

iban a ser capaces de

“poner orden” en la expresión deportiva

del mundo bipolar, pero otra

vez los yanquis chocaron de frente

contra la dura realidad. En unas

competencias en las que los Estados

Unidos perdieron hasta en el

básquetbol (ganó la la Unión Soviética

en una final contra Yugoslavia y

los Estados Unidos, derrotados en

las semifinales por los soviéticos,

amargaron una indeseable medalla

de bronce), se repitió la catástrofe

de Montreal en 1976 y otra vez la

Unión Soviética y Alemania Oriental

figuraron en los dos primeros lugares

del medallero, con los Estados

Unidos consolidados en un tercer

puesto inaceptable.

Los resultados de Seúl confirmaban

las sospechas de que el boicot

a Moscú en 1980 había sido para

evitar otra humillación y fueron los

siguientes: lideró la Unión Soviética

con 55 medallas de oro, 31 de

plata y 46 de bronce, totalizando

132, siete más que las cosechadas

en Canadá doce años antes. En la

escolta quedaron los alemanes del

Este, con 37 doradas, 35 plateadas

y 30 de bronce, en un total de 102.

Los Estados Unidos terceros cómodos,

con 36 de oro, 31 de plata, 27

de bronce y un total de 94. Quedaba

saldada la polémica al fin, con

los estadounidenses otra vez derrotados

en un territorio amigo, casi

de locales, por su rival ideológico

60 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


máximo y también por la pequeñísima

Alemania Oriental. Aquello

era insólito, más bien incomprensible

para el yanqui promedio de la

época.

La humillación fue grande para

Occidente, pero los resultados no

anunciaban para Oriente ningún

futuro glorioso. Los de Seúl en 1988

fueron los últimos juegos olímpicos

en los que el bloque socialista se

presentó como sujeto político real,

ya que tan solo un año más tarde se

iba a derrumbar el Muro de Berlín,

Alemania se iba a reunificar e iba a

quedar herida de muerte la propia

Unión Soviética, llegando a desintegrarse

en 1991 en medio a una

conmoción interna sin precedentes.

Y la paradoja es que en su momento

de mayor gloria deportiva, de más

exhibición del alto nivel de desarrollo

humano logrado por sus países,

el bloque socialista del Este se

disolvió y dejo de existir. Los Juegos

de Seúl fueron el anuncio de la desgracia

en aquella parte del mundo.

Palizas post mortem

Oeste, los Estados Unidos debieron

empezar a reinar absolutos y sin

cuestionamientos.

Eso efectivamente iba a ocurrir,

pero no en los Juegos Olímpicos

de Barcelona 1992. Si la Unión

Soviética se había desintegrado, lo

propio no les había pasado a sus

deportistas, que todavía seguían

siendo los mismos y teniendo el

mismo nivel de preparación para la

alta competencia. Esos deportistas

fueron a Barcelona agrupados en el

llamado Equipo Unificado, un ente

ficticio representado por la bandera

del COI para darles entidad a los

deportistas de Rusia y de las demás

14 naciones orientales que hasta

el año anterior habían formado la

Unión Soviética. Y lo notable es que

ese Equipo Unificado de fantasía,

formado por deportistas venidos de

países que estaban sumidos en una

profunda crisis multidimensional,

derrotó otra vez a los Estados Unidos

en unos juegos olímpicos. La

Unión Soviética en su última función

les daba a sus enemigos ideológicos

una paliza más, con el agregado

de que esta fue post mortem. Los

Estados Unidos lograron la hazaña

de hacerse apalear por un muerto.

Los resultados llamativos de estos

Juegos de Barcelona tuvieron al

Equipo Unificado/Unión Soviética

desintegrada en la cima del meda-

Entonces los Estados Unidos hicieron

los cálculos y concluyeron

que la pesadilla había terminado.

En poder de la hegemonía global

en un nuevo mundo unipolar, era

presumible que ya no habría más

humillaciones, sino todo lo contrario:

a partir de los Juegos Olímpicos

de Barcelona en 1992 debía empezar

una larga era de dominación

estadounidense en el medallero

olímpico, para la felicidad de los

propagandistas liberales que ahora

sí iban a poder declamar alegremente

la superioridad total del

capitalismo de Occidente sobre el

mundo sin cisnes negros que desafiaran

su narrativa. Muerta la Unión

Soviética y absorbida Alemania del

Este por sus vecinos y hermanos del

Poster de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, los últimos de la Unión Soviética y del campo

socialista del Este en general. Los Estados Unidos llegaron aquí luego de los boicots con la

expectativa de revertir las caídas del pasado a manos de los soviéticos, pero eso no pudo ser

y además fue para los estadounidenses una pesadilla, ya que también fueron derrotados por

Alemania Oriental en el medallero.

61 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


llero con 45 medallas de oro, 38

de plata y 29 de bronce, en un total

de 112 de todos los colores. Los

Estados Unidos pudieron recuperar

el incómodo segundo puesto —menos

incómodo que el tercero, por

supuesto, aunque ya competían

contra un fantasma o algo parecido—

con 37 medallas de oro, 34

de plata, 37 de bronce y 108 total.

Alemania reunificada terminó en el

tercer lugar y por allí abajo apareció

China ocupando el cuarto puesto

y anunciando su intención de suplantar

a los soviéticos en la polarización

de la geopolítica expresada

olímpicamente. Pero lo más curioso

fue el quinto puesto logrado por

Cuba en su mejor participación

en los juegos olímpicos, con impresionantes

14 medallas de oro,

6 de plata y 11 de bronce, con 31

en total. Esta hazaña la lograban

los cubanos justo en el momento

más oscuro de su revolución: al

derrumbarse la Unión Soviética,

Cuba ingresaba al llamado Periodo

Especial de su historia y empezaba

a transitar un tiempo de dificultades

económicas y sociales que duran

hasta hoy. Hay quienes hacen la

proyección para afirmar que, de no

La semifinal del básquetbol en Seúl 1988, en la que los Estados Unidos fueron derrotados

por la Unión Soviética por 82 a 76. Esta fue la última vez que la URSS llegó como tal a los

juegos olímpicos y este equipo campeón —nutrido por lituanos como Arvydas Sabonis, en la

imagen peleando la pelota con los estadounidenses Danny Manning y David Robinson— no

volvió a verse. Para terminar con humillaciones como esta, a partir de Barcelona 1992 los

Estados Unidos empezaron a enviar todos a todos los jugadores profesionales de la NBA a

los juegos, dando como resultado el legendario “Dream Team”.

haber pasado nada de eso y de no

haberse desintegrado el campo socialista,

sería tan solo una cuestión

de una o dos olimpiadas hasta que

los tres primeros lugares del medallero

olímpico fueran ocupados por

la Unión Soviética, por Alemania

Oriental y por Cuba, relegando a

los Estados Unidos a un espantoso

cuarto lugar o quizá incluso algo

peor que eso, puesto que China ya

venía degollando.

Después de Barcelona 1992 los

juegos volvieron a realizarse en los

Estados Unidos y de allí en más se

dio por un tiempo aquello que era

esperado, la dominación holgada

de los estadounidenses en el medallero.

En los Juegos Olímpicos

de Atlanta en 1996, los Estados

Unidos triunfaron de local con 44

medallas de oro, 32 de plata y 25

bronce, un total algo modesto de

101 medallas de los tres colores. Ya

sin el apoyo de las demás 14 repúblicas

socialistas que habían conformado

la Unión Soviética, Rusia

se ubicó igual en el segundo puesto

con 26 de oro, 21 de plata y 16 de

bronce, 63 en total. No obstante,

la suma de todo lo obtenido por

las aquellas repúblicas socialistas

soviéticas ahora independientes

habría puesto a la URSS en la cima

de la clasificación otra vez, aunque

eso ya era entonces una entelequia,

pues no correspondía combinar

esas medallas para hablar de una

unidad política inexistente.

En las siguientes olimpiadas se

realizaron los Juegos Olímpicos

de Sídney 2000 en Australia, los

últimos del siglo XX. Aquí no hubo

novedades y el statu quo se mantuvo

inalterado, con los Estados

Unidos en la punta, Rusia en la escolta

y China ya en un tercer puesto,

escalando. La novedad aparecería

cuatro años más tarde, cuando

China dio otro salto de calidad y

en los Juegos Olímpicos de Atenas

62 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Más allá de las clases alta y media en el medallero, en la clase baja hay ciertos países como Jamaica o algunos africanos como Kenia y Etiopia

que suelen ganar buena cantidad de medallas, aunque eso siempre es en un solo deporte olímpico: el atletismo. Jamaica en las carreras

de velocidad (100m, 200m y 400m, además de los relevos) y los africanos en las de medio fondo y fondo (desde los 800m hasta el maratón).

De hecho, en Tokio 2020 Jamaica hizo 4 campeones olímpicos y 9 medallas en total para finalizar en un meritorio 21º. lugar. Algo mejor le fue

a Kenia, con igual cantidad de campeones y 10 medallas en total, 19º. puesto en la general. Todo eso en el atletismo únicamente.

en 2004 escaló un poco más hasta

superar a Rusia en cantidad de

campeones olímpicos y ocupar el

segundo lugar del medallero. China

declaraba en la práctica que ya

estaba lista para reemplazar a la

Unión Soviética en la polarización

frente al capitalismo occidental representado

en los Estados Unidos.

Los Juegos de Atenas 2004 fueron,

por cierto, una especie de reparación

tardía a una gran injusticia. Los

Juegos Olímpicos del centenario

se habían realizado en Atlanta por

presión de los estadounidenses,

los muy angurrientos, cuando por

una cuestión histórica debieron

ir a Grecia, la cuna del olimpismo

en el mundo antiguo y la sede los

primeros juegos olímpicos de la era

moderna realizados en 1896. Pero

los Estados Unidos estaban entonces

ansiosos por borrar la huella

de lo ocurrido en Barcelona y en

casi todos los juegos desde 1956

en adelante y por eso impusieron

su potencia económica y su condición

de única superpotencia global

para realizar los Juegos Olímpicos

de 1996 en su territorio. Grecia se

vio despojada de esa posibilidad y

luego “compensada” con la sede

de los Juegos Olímpicos de Atenas

ocho años más tarde, aunque la

injusticia y la mancha histórica ya

eran y serán siempre imborrables.

Los juegos llegaron finalmente a

China, lo que en sí era inevitable. Y

en los Juegos Olímpicos de Beijing

2008 se dio aquello que no se daba

desde la desintegración de la Unión

Soviética: los Estados Unidos fueron

desplazados del primer puesto

en el medallero por un país socialista,

aunque eso vendría envuelto en

una polémica que ya fue expuesta

en este artículo. De acuerdo con la

tradición de ordenar la tabla de medallas

por cantidad de campeones

olímpicos, los resultados de Beijing

2008 fueron los siguientes: China

en el primer lugar con 48 medallas

de oro, 22 de plata, 30 de bronce y,

véase bien, 100 medallas totales.

Fueron escolta los Estados Unidos,

con 36 medallas de oro, 39 de plata

y 37 de bronce, las que totalizaban

112 y pondrían a los Estados Unidos

en la cima si el medallero se

ordenara por estos criterios, pero

eso no ocurre y China pudo emular

a la Unión Soviética en sus propios

juegos olímpicos, para más desgracia

de los propagandistas de Occidente.

63 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


La “Generación Dorada” del básquetbol argentino, triunfante en Atenas 2004. Contra todos

los pronósticos, los jugadores profesionales de la NBA volvían a fracasar y aquel brillante

equipo argentino se alzaba con la medalla de oro, una de las 21 conquistadas por nuestro

país en toda su historia olímpica. La Argentina prácticamente no tiene deportes individuales

olímpicos —los que distribuyen más medallas— y depende de hazañas de equipos en el

básquetbol, en el fútbol, en el voleibol y en el hockey para triunfar en los juegos olímpicos, lo

que explica la escasa cantidad de medallas para el país.

Actualidad del deporte

geopolítico

Claro que esos propagandistas

no iban a aceptar mansamente la

derrota y en los medios de comunicación

estadounidenses el medallero

olímpico fue presentado en un

ordenamiento particular de medallas

totales, por el que los Estados

Unidos aparecían en primer lugar

con 112 y China como escolta, con

100. He ahí la manipulación clásica

de los datos duros con fines políticos,

una práctica que no requiere

demasiadas explicaciones. El asunto

es que China no pudo confirmar

su vocación de ser el reemplazante

de los soviéticos, puesto que en

todos los siguientes juegos olímpicos

—Londres 2012, Río de Janeiro

2016 y la más reciente edición de

Tokio 2020, realizada este año y recién

finalizada— los Estados Unidos

sostuvieron su dominio sin mayores

problemas. En Río de Janeiro, por

cierto, la performance china fue

pobre y no alcanzó más que para

un tercer puesto por detrás de Gran

Bretaña, un país que si bien es una

potencia olímpica acostumbra a

ocupar puestos intermedios en la

clase alta.

China no es la Unión Soviética, no

tiene la fuerza aún para emular las

hazañas de aquella superpotencia

en campos como el deporte, la

exploración del espacio o la tecnología

en materia de armamento nuclear.

De hecho, esa herencia sigue

estando en manos de Rusia, sobre

todo en lo que se refiere a la carrera

armamentista. Es en Moscú y no

en Beijing donde se encuentra el

arsenal nuclear más importante del

planeta y los rusos siguen siendo

los interlocutores más serios de los

estadounidenses en varias cuestiones

que hacen al ordenamiento

mundial. China seguirá avanzando y

es probable que en un futuro a mediano

plazo llegue a estar a la altura

de los soviéticos en todo, incluso en

el deporte olímpico que funciona

desde siempre como un símbolo

del poder de los países que son los

dominantes del mundo.

¿Pero qué pasa con los demás,

fundamentalmente con los que

no hemos tenido la vocación, la

voluntad o la capacidad de expresar

nuestra fuerza en las justas

olímpicas? De un modo general,

los países americanos excluyendo

a los Estados Unidos, Canadá y

Cuba nunca hemos tenido tradición

olímpica ni es común que el sentido

común de nuestra gente comprenda

la importancia de los juegos olímpicos

en el concierto de las naciones

como la han comprendido desde

siempre las potencias globales. No

sabemos lo que otros saben hace

mucho: cualquier cubano comprende

que la relevancia geopolítica de

su pequeña isla se debe en buena

parte a la performance de los deportistas

olímpicos cubanos, que es

en los juegos olímpicos donde Cuba

expresa de un modo visible para la

opinión publica mundial su relevancia

cada cuatro años.

En los últimos veinte años esa

comprensión empezó a existir en

Brasil y en consecuencia se inició

un lento proceso de inversión

mayormente privada para fomentar

el deporte olímpico y lograr mejores

resultados. La historia del proyecto

olímpico de Brasil empieza en los

Juegos de Sídney 2000, donde el

gigante de nuestra región amargó

un 52º. puesto en la clasificación

general, sin campeones olímpicos y

una cosecha de 6 medallas de plata

y otras 6 de bronce. Al ver estos resultados

y al verse superados en el

medallero por países como Mozambique,

Tailandia, Camerún y Argelia,

entre muchos otros, los brasileros

decidieron que era el momento de

llevar a cabo un proyecto más o

menos serio que pusiera a Brasil en

un lugar más acorde a su posición,

que en ese entonces era la de sexta

64 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


economía a nivel mundial.

Brasil es uno de los países más

grandes y más poblados del planeta

y por eso debería expresar esas

condiciones de un modo visible,

fácilmente comprensible para la

gente en todo el mundo. Esa es

la propaganda que hicieron los

soviéticos mientras existieron, la

que hacen los estadounidenses y

los chinos hasta hoy: la promoción

de su propia grandeza y del éxito

de sus políticas. Con esa base, ha

habido en Brasil cierta inversión en

el deporte amateur que es olímpico

y los resultados empezaron a verse

en el tiempo. Después del fiasco en

Australia, las cosas mejoraron mucho

en Atenas 2004 y Brasil ocupó

un meritorio 15º. puesto, ubicándose

en la clase media del medallero

con 5 campeones olímpicos y 10

medallas en total. En Beijing 2008

aumentó la cantidad de medallas,

aunque hubo menos campeones

olímpicos y Brasil bajó al 23º.

puesto, todavía en la clase media

olímpica con 3 medallas de oro y

17 en total. Algo parecido pasó en

Londres 2012, con un 22º. Lugar logrado

con las mismas 17 medallas y

las mismas 3 doradas.

Había ya cierta estabilidad en

el proyecto y en eso llegaron los

Juegos Olímpicos de Río de Janeiro

2016, los primeros en un país sudamericano.

Allí Brasil jugó de local

y obtuvo con el calor de su gente un

excelente 13º. puesto, con 7 medallas

de oro, 6 de plata y 6 de bronce,

19 en total. El salto de calidad se

confirmó en los Juegos Olímpicos de

Tokio 2020 que acaban de terminar.

Es esta competencia Brasil superó

ligeramente lo que había hecho de

local, posicionándose en un 12º.

lugar con las mismas 7 medallas de

oro conseguidas en Río, pero ahora

con 21 en el total. Son números

todavía modestos, aunque estables

y elocuentes: los brasileros ya

entendieron la importancia de los

juegos olímpicos para un país que

tiene pretensiones de codearse en

la geopolítica con los más grandes y

a eso va, a paso lento y va.

Más allá de la medalla dorada

obtenida en el fútbol, Brasil hizo

en 2021 campeones olímpicos en

deportes como el boxeo, la gimnasia,

la natación, el canotaje, el surf

y la vela, no dependió de deportes

en los que tiene mucha tradición

como el voleibol, el judo o incluso el

fútbol femenino para lograr ese 12º.

puesto histórico en los Juegos Olímpicos

de Tokio. Entonces es presumible

que, de tener algo de suerte

en esas modalidades arraigadas en

su cultura y de seguir desarrollando

otras, Brasil dará un nuevo salto de

calidad en el plazo de una olimpiada,

hasta ponerse en el límite de la

clase alta olímpica.

Ese es un proyecto a mediano y

largo plazo que en la Argentina

no existe. El 72º. lugar que ocupó

nuestro país en la tabla general con

solamente una medalla de plata y

dos de bronce, todas obtenidas en

deportes colectivos que distribuyen

muy poco, es el resultado de la omisión

tanto del Estado como de los

privados en todo lo que se refiere al

fomento del deporte amateur que

es olímpico. El modesto aporte del

kirchnerismo con un impuesto a la

telefonía celular cuya recaudación

se destinaba a ese fomento fue derogado

por el gobierno de Mauricio

Macri y nunca más se restableció,

ni eso quedó. Para llegar a Japón

este año y poder presentarse mal

preparados a la competencia para

no ganar —justamente porque no

tienen apoyo público ni privado

para prepararse de una manera

adecuada—, muchos de nuestros

deportistas dependieron de vaquitas

hechas por “influencers” en las

redes sociales.

El deporte olímpico cubano es un modelo viable para nuestro país. Sin grandes inversiones

y, en realidad, con casi nada, Cuba sostiene sus centros de alto rendimiento deportivo a pura

voluntad política. Y así cosecha resultados que ponen el nombre del país entre los más grandes,

lugar que Cuba acostumbra a transitar desde la crisis de los misiles en 1962. De allí en

más, Cuba ha tenido una relevancia en la geopolítica que está en total desproporción con sus

indicadores económicos y demográficos. Los cubanos se hicieron grandes sin serlo y buena

parte de ese éxito se debe al deporte. ¿Cuánto podría lograr la Argentina si hiciera lo mismo?

65 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


La Argentina es uno de los países

con más riqueza y el octavo más

extenso del mundo, pero no expresa

su grandeza en la geopolítica y tampoco

hace mucho en términos de

propaganda a través de lo olímpico,

es un país que no explota ni una

fracción de su potencial. Los Estados

Unidos fomentan el deporte en

la educación y China, por otra parte,

lo hace en centros del alto rendimiento

deportivo mantenidos por el

Estado, como supo hacer la Unión

Soviética en su momento. Son dos

modelos opuestos, pero son modelos

al fin y garantizan los resultados.

El modelo de fomento argentino

al deporte amateur y olímpico es

ninguno, no existen los centros de

alto rendimiento específicos para

deportes que reparten muchas

medallas como el atletismo, la

natación, el judo, la vela o el remo.

Pero tampoco existe el deporte en

la educación, no existen las escuelas

que se especializan en ciertas

disciplinas y revelan los talentos

que luego van a representar al país

olímpicamente: un niño o un joven

que desea practicar un deporte

amateur no encuentra los medios ni

el incentivo para hacerlo, todo está

reducido a los clubes, los que por su

parte no tienen con qué ni pueden

El brasilero Isaquías Queiroz, uno de los siete campeones olímpicos de Brasil en Tokio 2020.

Al apostar un poco a los deportes individuales, el gigante sudamericano dio un salto de calidad

sin hacer grandes inversiones. De hecho, el proyecto olímpico de Brasil contó con cierto

apoyo del Estado solamente durante los gobiernos de “Lula” da Silva y Dilma Rousseff. Todo

lo demás lo hizo el propio deporte con algún apoyo de la iniciativa privada. Y los resultados

son excelentes en proporción a lo invertido. Si el Estado se toma en serio el proyecto, Brasil

será una potencia olímpica en el plazo de dos o tres olimpiadas.

hacer por su propia cuenta la inversión

necesaria.

Nuestro país debe ser olímpico

mirándose en el espejo de otros

países como Australia, uno que si

bien es más extenso y mucho más

desarrollado, está escasamente

poblado y aún así frecuenta la clase

alta de la potencias olímpicas. En

los Juegos de Tokio 2020, los australianos

obtuvieron un sexto lugar

en la clasificación, con 17 medallas

de oro, 7 de plata y 22 de bronce,

46 en total, siendo el 70% de estas

ganadas sobre el agua (natación,

canotaje, remo y surf). Son un país

con mucha extensión costera como

el nuestro y lo aprovechan debidamente

para triunfar. O podemos

seguir el ejemplo de Cuba, que con

muy poco y a pura voluntad política

mantiene funcionando sus centros

de alto rendimiento deportivo. En

Tokio, los cubanos arrancaron un

14º. puesto con 7 medallas de oro,

3 de plata y 5 de bronce, casi todas

en deportes de lucha y en el atletismo.

Estos son dos países menos

poblados que el nuestro y uno de

ellos es incluso más pobre.

Los argentinos no vamos a construir

una épica nacional mientras

nuestra bandera no aparezca frecuentemente

en el podio olímpico

junto a las banderas de los países

con los que queremos discutir, no

vamos a inspirarnos en esa épica

y tampoco nos van a registrar en el

mundo, lo que dará como resultado

una identidad nacional cada vez

más débil, una moral cada vez más

baja y un desarrollo económico

siempre mediocre. Todos los países

que discuten en la geopolítica

grande invierten mucho en el éxito

olímpico, esta es una relación muy

clara. Ellos saben que eso es importante,

saben lo que tienen que hacer

y lo hacen. ¿Estarán todos ellos

equivocados y nosotros tendremos

la razón a contramano?

66 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


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67 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


OPINIÓN

El goce y el consumo,

pindonga y cuchuflito

ROSARIO

MEZA

En las últimas horas se hizo viral

un video en el que la primera

candidata a diputada nacional

por el oficialismo para la provincia

de Buenos Aires Victoria

Tolosa Paz se jactaba de los efectos

multiplicadores de la aplicación

de la ley de zona fría en el sur de la

provincia, que abarataría el costo

del gas a las familias, otorgando un

ingreso extra de manera indirecta.

Si uno paga dos mil pesos menos

de gas, nos dice Tolosa Paz, puede

salir a comer o comprarse un par de

zapatillas.

Y entonces surgió el factoide de las

zapatillas, que es y no es, porque

por un lado nos sirve para desviar

la atención de la baqueteada figura

presidencial, pero por otro lado

termina siendo importante por lo

simbólico.

Es que a cualquiera que haya

querido comprarse un par de zapatillas

últimamente le ha tocado

enfrentarse a la cruda realidad de

que muy difícilmente pueda hacerlo

por dos mil pesos, un par zapatillas

de buena marca no baja de los diez

o doce mil pesos, uno de calidad

media ronda entre los tres o cuatro

y los cinco o seis mil pesos, y otro

tanto puede decirse de cualesquie-

68 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


ra modelos de zapatos y calzado en

general. La afirmación liviana de

que los dos mil pesos ahorrados en

una factura de gas redundarían en

la compra de un par de zapatillas

resulta de mínima alejada de la realidad

del común de los argentinos.

Pero la cosa no ha quedado ahí.

En un gesto de desafío ante la

crítica la candidata se defendió por

el video publicando en sus redes

sociales la captura de la pantalla de

una búsqueda en la plataforma de

compraventa MercadoLibre, en la

que mostraba algunos modelos de

zapatillas de pésima calidad, que

efectivamente rondaban los dos mil

pesos que ella había mentado en

primer lugar, acompañada por la

leyenda: “La única verdad es la realidad”,

eternamente asociada por

razones obvias al General Perón.

Y entonces resurge la discusión por

el derecho al consumo, que cada

tanto resuena en la agenda pública.

Es célebre ya la anécdota de un

episodio cuando apenas iniciado el

gobierno del presidente Mauricio

Macri el economista liberal Javier

González Fraga se refirió al gobierno

de Cristina Fernández de Kirchner

diciendo: “Le hiciste creer a un empleado

medio que su sueldo medio

servía para comprar celulares, plasmas,

autos, motos e irse al exterior.

Eso era una ilusión. Eso no era

normal”. Claramente ese mensaje

cayó muy mal y es hasta el día de

hoy que se recuerda como ejemplo

paradigmático del resentimiento de

un miembro de las clases acomodadas

respecto de la irrupción de las

clases subordinadas en el consumo,

en épocas en las que la distribución

del ingreso tendía a ser expansiva.

Dicho en criollo, todo el mundo

puso el grito en el cielo en aquella

ocasión y con sobrados motivos.

Sin embargo, en el día de hoy unas

declaraciones como las de Victoria

Tolosa Paz pasan de largo, quienes

se manifestaron indignados aquella

vez las aceptan como quien oye

llover o directamente las celebran. Y

está bien, ello es efecto de la riverboquización

de la política, de eso ya

hemos hablado cientos de veces. La

ilógica de la grieta exige que quienes

se encuentran “del lado propio”

sean vehementemente apoyados

por uno, mientras que uno debe

defenestrar toda manifestación

que provenga del lado contrario,

consista esta en lo que fuere que

consistiere.

El asunto es que quien se reivindique

a sí mismo peronista o simpatizante

de la causa nacional-popular

no puede entrar en esa encrucijada,

es menester hacer lo imposible

por estimular a quienquiera que

se digne mirar para que vea que

ambos procesos, tanto las declaraciones

de González Fraga como las

de Tolosa Paz son perfectamente

congruentes.

¿Por qué Victoria Tolosa Paz quiere

que yo me compre un par de zapatillas

marca pindonga o cuchuflito y

no me puedo comprar unas Adidas

que son de mi preferencia y me

sientan mejor? Eso sin mencionar

el hecho de que la candidata esté

haciendo esfuerzos sobrehumanos

con embadurnar de ese discurso

mendaz y hasta oprobioso al peronismo.

Vean, tengo razón, dice

Tolosa Paz, aquí están las zapatillas

de dos mil pesos, la única verdad es

la realidad.

Pero la realidad a gritos es que

todos los funcionarios y los candidatos

del espacio oficialista están

haciendo todos los esfuerzos del

mundo por demostrar cuán aislados

de la realidad de los argentinos se

encuentran.

Ha sido proverbial durante el

gobierno de Macri la hoy clásica

El legislador porteño y primer candidato a diputado nacional por el Frente de Todos en Capital

Federal, Leandro Santoro. En una entrevista, Santoro cometió el error de priorizar la ideología

sobre los intereses materiales de las mayorías, que hoy son urgentes. Eso fue usado para

titular el artículo publicado y Santoro fue duramente criticado por el peronismo no alineado al

pacto hegemónico.

69 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


Javier González Fraga, el funcionario macrista tristemente recordado por sincerar lo que

muchos dirigentes políticos piensan y ninguno se atreve a decir en voz alta: los trabajadores

no tienen derecho al goce del bienestar material. Eso es exclusividad de los ricos.

discusión por la calidad de los productos

de consumo que llegaban a

los hogares de los argentinos, no la

traemos aquí a cuento gratuitamente.

¿Por qué estaba mal que Macri

les diera de tomar a los niños de la

patria “alimento a base de leche”

marca pindonga pero ahora hay

que aplaudir que Alberto Fernández

pretenda hacer calzar a los trabajadores

zapatillas marca cuchuflito?

Si tan buenas son, debería usarlas

Victoria Tolosa Paz. El trabajador

argentino aspira a adquirir unas

Adidas o unas New Balance o unas

Nike y no hace falta la aclaración de

que se las merece sobradamente,

porque para eso me pasa el mes

entero trabajando a brazo partido.

Pero el de la candidata bonaerense

no es el único ejemplo del divorcio

de la política respecto de las

necesidades y las inquietudes del

pueblo. Otra figura eminente del oficialismo

actual, el radical no binario

Leandro Santoro, nos dice reunido

en una suerte de asamblea ateniense

acompañado por el filósofo de

moda que antes de la creación de

trabajo para los argentinos tenemos

que privilegiar la agenda ambientalista,

la feminista, la cuestión

de género y la reivindicación del

goce. Y en el actual estado de cosas

vale preguntarse de qué manera el

oficialismo nacional en las distintas

esferas del poder estatal organiza

las prioridades.

Nos dicen que primero va lo último,

aquello en lo que deberíamos

ponernos a pensar el día que tengamos

todos la barriga llena, si fuere

necesario hablarlo alguna vez, y resulta

que aplaudimos porque nuestros

candidatos son gente idónea y

muy preparada, con buen dominio

del discurso y que se ve atractiva

frente a las cámaras de televisión.

Claro, no importa que el ciudadano

de a pie no tenga medios de subsistencia.

Resulta de suma importancia

para la supervivencia de la

especie que quien no tiene donde

caerse muerto piense primero en

el planeta y luego en los derechos

inclusivos de las minorías sexuales

para recién entonces atreverse, a

media voz, a plantear la necesidad

de que se creen puestos de trabajo

que vengan a subsanar la brutal crisis

económica que azota al pueblo.

Caso contrario, el señor Santoro nos

dice que somos unos irrespetuosos,

que reclamar por trabajo y decir que

el trabajo es prioritario respecto del

feminismo o el ambientalismo es

una falta de respeto.

En este mundo patas arriba quien

desea trabajar para ganarse el pan

es un irrespetuoso, un machirulo o

un irresponsable del enorme daño

que la especie le está provocando

al medioambiente. Quien crea que

tiene derecho a consumir bienes y

servicios en proporción a su esfuerzo

y su trabajo es un malagradecido

de un gobierno que desde el día de

su asunción ha hecho lo imposible

por cuidar de los argentinos, aunque

las condiciones de vida de las

clases trabajadoras medias y populares

se deterioren día por día de

manera evidente.

Pero los dirigentes nos dicen que

hemos de reivindicar el goce y por

lo tanto resulta lícito preguntarse:

¿Qué entienden estos sujetos por

“goce”? Presumiblemente, en el

contexto de la exacerbación de la

sexualidad que viene de la mano del

feminismo, un Leandro Santoro muy

feminista se esté refiriendo al goce

en un sentido de disfrute del cuerpo,

como reivindicación del placer

sexual.

Y está bien, forma parte de una

cosmovisión que reivindica el placer

resaltar la importancia de la sexualidad

plena como motor del bienestar

general del cuerpo, la mente

y el espíritu. Por regla general el

peronismo y cualquier movimiento

nacional-popular que se precie

debe exaltar la necesidad del goce

de los cuerpos, eso es perfectamente

válido y sano. Pero tampoco se

puede soslayar la evidencia de que

70 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


claramente la condición básica de

una sexualidad plena es un contexto

mínimo de paz y estabilidad personal

y social.

Los seres humanos no tenemos la

capacidad de disfrutar plenamente

de nuestra sexualidad con las

mismas ganas y la misma frecuencia

cuando nos encontramos en un

contexto medianamente estable y

en un ambiente sano, seguro y libre

de preocupaciones que cuando no

tenemos garantías mínimas de la

reproducción de nuestra subsistencia

o no sabemos si llegaremos a reunir

el dinero suficiente para pagar

la hipoteca o la tarjeta de crédito.

Pero no solamente se trata de eso.

Una mujer como Victoria Tolosa Paz

puede hacer gala de haber tenido

cuatro hijos y dieciséis nietos porque

no se encuentra en la misma situación

que una mujer trabajadora

cuando no posee acceso a métodos

anticonceptivos y un embarazo no

parece la mejor de las ideas en un

contexto de inestabilidad, incertidumbre

y crisis social, económica y

de valores. El goce de la maternidad

no es en la práctica un derecho de

todas las mujeres.

Pero aún más: el acceso a bienes

y servicios también es una forma

goce, y cuando se nos dice que hay

que reivindicar el goce, pero no se

nos aclara el goce de quién, uno

puede tender a sospechar. Quizás

uno no esté siendo parte de la

ecuación. Se nos dice que hay que

reivindicar el goce, no que haya que

democratizarlo; se nos dice que se

puede ser feliz en soledad, pero que

no perdamos la dimensión pasional

de la política. Sí, es legítimo el individualismo

más atroz, lo que no está

bien es la tibieza, nos dice un señor

que afirma ser mitad peronista y

mitad radical, pero que a renglón

seguido nos dice que está en primer

orden de importancia y necesidad

reivindicar el goce, ¿de quién?

Claro, un presidente de la Nación

puede gozar de su tiempo y su ocio,

brindar celebraciones y festejos,

pero otros no pueden decir lo mismo.

A otros el goce les es vedado

día tras día, sea sexual, sea material,

sea espiritual, toda forma de

goce les escapa porque ni siquiera

son libres de poder comprarse el

par de zapatillas que les gusta o les

sienta bien, deben conformarse con

las zapatillas marca pindonga.

Somos unos irrespetuosos y unos

irresponsables, inmorales, quienes

no privilegiamos la agenda que realmente

interesa pensando, egoístas

y terrenales como somos, en algo

tan elemental y básico como trabajar,

comer, formar una familia o

comprarnos un par de zapatillas.

Somos unos desagradecidos que

no vemos que estamos a punto de

salir a la vida que... ¿queremos? O

bueno, a la vida que alguien quiere

para nosotros pero que no nos es

dado preguntar quién es ese alguien.

Una vida de individuos insectificados,

con los rostros tapados y consumidores

de pan con empanadas y

gaseosa en jarra, todo azúcar, todo

hidrato de carbono, sin carne, sin

trabajo, sin zapatillas, sin sexo pero

vacunados, sin besos, sin abrazos,

con distancia social, sin peronismo

pero con frases de Perón tiradas al

azar, sin justicia social, sin soberanía

política, sin independencia

económica, sin amor, sin libertad...

Sin nada, pero felices, feministas,

castrados y no contaminantes.

“No tendrás nada y serás feliz”.

Creo que de alguna parte me suena

eso.

El famoso “alimento a base de leche” del régimen macrista, la expresión de lo que quieren los

de arriba para los de abajo por antonomasia. Todo es el problema de quiénes van a acceder al

goce del bienestar material y de quiénes no lo harán, esa es la cuestión.

71 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021


LA EXPRESIÓN DE LO NACIONAL-POPULAR

72 HEGEMONIA - AGOSTO DE 2021

POR PUNCH

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