La Placeta nº 85 septiembre 2021
Septiembre empieza con un doble privilegio: el de poder decir que este año tendremos feria (eso sí, con prudencia); y el privilegio de contar con una pintura especial del pintor lorquino José Antonio Ruiz 'Izma' para estrenar temporada. Dedicamos esta Placeta al programa de feria que, aunque no es el habitual, ¡menos da una piedra! Hay música, espectáculos infantiles, atracciones y ganas...recuerden que el bicho sigue estando y sean responsables. Al margen de las pñaginas de feria, incluimos en este número el arte de Marta, una joven pianista que aspira a ser concertista, y también de Almudena Chuecos, que nos presenta su primera colección de moda. No acaba la cosa ahí. Con Vicente Ruiz rendimos tributo al Abrigo del Mojao y con el navarro Albert Sesmas descubrimos diferentes 'Atmósferas'. Estrenamos, con la vuelta al cole, una nueva sección dedicada a la educación y a todos los que forman parte de ella. Nuestras secciones habituales y por supuestos nuestros colaboradores que regresan con sus secciones. Bienvenidoa de nuevo a este lugar, a esta placeta.
Septiembre empieza con un doble privilegio: el de poder decir que este año tendremos feria (eso sí, con prudencia); y el privilegio de contar con una pintura especial del pintor lorquino José Antonio Ruiz 'Izma' para estrenar temporada. Dedicamos esta Placeta al programa de feria que, aunque no es el habitual, ¡menos da una piedra! Hay música, espectáculos infantiles, atracciones y ganas...recuerden que el bicho sigue estando y sean responsables. Al margen de las pñaginas de feria, incluimos en este número el arte de Marta, una joven pianista que aspira a ser concertista, y también de Almudena Chuecos, que nos presenta su primera colección de moda. No acaba la cosa ahí. Con Vicente Ruiz rendimos tributo al Abrigo del Mojao y con el navarro Albert Sesmas descubrimos diferentes 'Atmósferas'. Estrenamos, con la vuelta al cole, una nueva sección dedicada a la educación y a todos los que forman parte de ella. Nuestras secciones habituales y por supuestos nuestros colaboradores que regresan con sus secciones. Bienvenidoa de nuevo a este lugar, a esta placeta.
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61
de la
José Quiñonero Hernández
Gajo
inculcoso
jallullo
marrandongo, ga;
marrandusco, ca
mitaílla
niño, ña
palicos y cañicas (con)
pescuño (tener un buen)
23
palicos y
cañicas (con)
No encontrarán expresión más certera de
la fragilidad que este “con palicos y cañicas”,
que, con la referencia a materiales
pobres y de apariencia endeble dada por
los diminutivos, dice mucho, no ya de la
elaboración de lo que se trata, sino de la
intención del que lo hace y hasta del que
lo describe. Si la aplicamos a la construcción,
sea de una casa, de una máquina o de
cualquier otro objeto, nos dirá de la pobreza
de los materiales o de su apariencia
inacabada; pero otros interpretarán que
se ha hecho con poco cuidado, como para
salir del paso, sin rigor. Y ya puestos, aplicaremos
esta impresión de escasa solidez
a cualquier situación, negocio o relación,
que así quedarán descritos como nada
consistentes ni duraderos: los negocios
del vecino envidiado, el noviaje poco recomendable
de la nena con el perdurable
que la corteja o las explicaciones poco creíbles
de algunos. Pero también recurrirá a
ellas el modesto que no quiere presumir
de casa ostentosa, del negocio boyante o
del ascenso inesperado del equipo de fútbol
que entrena. Que para esto y más sirven
nuestros palicos y cañicas.
24
pescuño (tener
un buen)
Siempre se dijo que las piezas de un reloj
forman un todo unido, que es lo que hace
funcionar el aparato. Pero si en otros tiempos,
menos dominados por la tecnología,
los habladores silvestres hubiéramos tenido
que poner un ejemplo de esta interdependencia
de los componentes de un
mecanismo, quizá hubiéramos recurrido
al sencillo arado romano cuyas tres piezas
fundamentales (esteva, dental con sus
orejeras y reja) necesitaban de un tercer
elemento, esencial para que no quedaran
sueltas ni holgueras: el pescuño, cuña de
madera gruesa y larga que se metía entre
los tres y se ajustaba mediante los golpes
de un mazo. Hecho esto, el arado estaba
dispuesto para su uso, pero teniendo cuidado
de que el citado pescuño no se aflojara,
pues en ese caso el apero quedaría
desencuadernado y no operativo. Y de ahí
devino en el sur murciano el pescuño
como imagen de solidez económica, basada
en la posesión del dinero. Así que si
de alguien se decía que tenía buen pescuño,
todo el mundo entendía que disponía
de posibles, por lo que su economía
funcionaba a la perfección, como el arado
con su cuña.