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Revista Hegemonía. Año IV Nº. 45

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 45 AÑO IV | NOVIEMBRE DE 2021

labatallacultural.org

HEGEMONIA

Elogio de la

conspiranoia


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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

de sus lectores mediante suscripciones regulares y

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26

CONTENIDO EXCLUSIVO

Elogio de la

conspiranoia

HEGEMONIA

20

LA TRIBUNA DE ROSAS

La “cuestión

indígena” se

instala en

la Argentina

10

ANÁLISIS

El Fondo

Monetario

Internacional

38

FILOSOFÍA POLÍTICA

Esperando

el día 100


EDITORIAL

La política grande

Pasado el vértigo electoral

que con su fuerza centrípeta

atrae todas las atenciones y

consume todas las energías

de quienes nos dedicamos a

hacer y a analizar la política, llega

al fin el momento de volver la

vista hacia aquello que realmente

determina la vida de todos. Fuera

de nuestras fronteras y en lugares

que la mayoría de nosotros ignora,

en alguna parte alguien está conspirando

—véase la importancia de

este término en el desarrollo de

esta edición, en las siguientes páginas—

para lograr objetivos políticos

en la política grande, la política

total, que es la geopolítica.

Ya lo decía el General Perón en

uno de sus momentos de mayor

lucidez: la verdadera política es la

política internacional. Y no porque

lo nuestro no valga o porque seamos

menos que nadie, sino por el

simple hecho de que sobre todo en

los países dependientes como la

Argentina gran parte de las decisiones

está supeditada a la coyuntura

global, esto es, en el concierto de

las naciones se establecen las condiciones

en las que se va a discutir

acá la política local.

Y también eso de “concierto de

las naciones” debería cuestionarse

hoy más que nunca. Hasta mediados

del siglo pasado la política

internacional o geopolítica era un

asunto de Estados, se hablaba de

la influencia de los Estados Unidos


en tal o cual región, del avance de

los soviéticos por los flancos que

los estadounidenses no cubrían

muy bien, del despertar de China,

de la situación entre las potencias

de Europa, etc. La política internacional

era eso mismo, era una cosa

entre naciones. Pero la irrupción de

las corporaciones en el escenario,

casi siempre con mayor poder que

casi todos los países existentes,

cambió el panorama. Hoy la geopolítica

es un asunto de corporaciones

contra Estados, a veces aliadas con

ciertos Estados en contra de otros

o por la razón que fuere, pero es un

tema mayormente de corporaciones

trasnacionales absolutamente

apátridas.

Esa es la política grande en los

días de hoy, en oposición a la

política chica o menor que es la

política nacional de cada país. Para

entender la realidad, para saber

de qué va realmente el mundo hay

que observar primero el comportamiento

de las corporaciones en el

tablero del sistema capitalista (o

poscapitalista) actual y luego ver la

forma en la que van a acomodarse

los Estados en esas condiciones impuestas.

La lucha clásica entre naciones

es ya una cosa anacrónica,

la geopolítica no se observa ni se

analiza así. Ahora la narrativa pasa

fundamentalmente por la voluntad

de los ricos del mundo.

Ese es el resultado de la concentración

de la riqueza, la que hoy en

día está en niveles tan altos que no

registran precedentes en la historia.

La propiedad de la riqueza material

y simbólica está en tan pocas

manos que esas manos llegan a ser

más ricas que miles de millones de

hombres y más poderosas que casi

todos los países del mundo. Esas

son las élites globales, que siempre

existieron y sin embargo hoy están

por primera vez en condiciones

de divorciarse de la sociedad y de

dominarla y dirigirla a la vez.

Las corporaciones son el instrumento

de esas élites globales para

la dominación y la gobernanza

del mundo entero, son el símbolo

de la concentración de la riqueza

estampado en sociedades anónimas

que forman el monopolio de

la economía mundial. Ellas son las

que ponen la música a la que todos

los demás deben bailar y ellas son

la voluntad caprichosa de las élites

globales, una oligarquía universal

cuya suerte no está atada a la de

ningún territorio.

El análisis de esa voluntad y de sus

alternativas es el análisis geopolítico

hoy, la política grande es la

lucha de esas élites globales y sus

corporaciones contra la humanidad

entera para decidir quién va a gobernar:

la voluntad popular expresada

democráticamente en la política

chica de cada país, con soberanía,

o la voluntad de unos pocos impuesta

a fuerza de concentración de

riqueza y poder.

Los resultados electorales y los

avatares de la lucha por el poder

en el Estado aquí en Argentina son

importantes en lo inmediato y sobre

eso siempre habrá que decir una

palabra, pero sin entretenerse demasiado

en ello al tener la conciencia

de que, en última instancia, aquí

no va a pasar nada que no esté en

consonancia con el orden internacional

de la política que se decide

muy lejos de aquí.

El hombre en general y el argentino

en particular deben tener conciencia

de este hecho, de que está por

una parte la política chica y, por

otra, la política grande, que la una

es dependiente de la otra y que es

preciso estar atento a ambas, siempre

de mayor a menor. No vamos

a entender lo que pasa en nuestro

país haciendo conjeturas sobre la

relación entre el macrismo y el kirchnerismo.

Vamos a entender nuestra

realidad cuando empecemos a

cuestionar lo que la determina.

Eso hicimos en esta edición de

nuestra Revista Hegemonía, la

45ª. de una serie que cada vez es

más larga. Pusimos en ello todo

el esfuerzo de argumentación, de

análisis y estos son los resultados.

Esperamos que al atento lector le

sea de mucha utilidad para empezar

a tirar del ovillo en el reverso de

la trama.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural


OPINIÓN

¿Militar el ajuste o

hacer las valijas? *

Se nos ocurrió, pero no como

ocurrencia forzada, sino

porque parece objetivo que

el aniversario de la muerte de

Kirchner y este momento se

cruzan en muchos aspectos, o en

unos pocos y fundamentales.

Aquella imagen de convicción de

hacia dónde ir, incluso asumiendo

que la etapa inmediatamente

previa había hecho —a fuerza de un

estallido— las correcciones económicas

macro que eran menester

para arrancar de nuevo. Aquella

imagen, aquel semblante efectivo

de animarse al enfrentamiento con

factores de poder. Aquella cuestión

de que los discursos no sean, como

no fueron, solo retórica.

Tampoco se trata de la melancolía,

que en política conduce a la nada

misma, como a veces decimos y no

solo en política. Sí se trata, por más

que parezca un cliché, de proyectar

lo que enseña un pasado tan reciente,

además.

No hay mucha vuelta que darle.

Cualquiera sea el resultado electoral,

cualquiera, y mucho más si se

confirman o amplían los números

desfavorables, el gobierno entrará

en una etapa de definiciones a la

que es muy difícil encontrarle punto

intermedio. Eso significa, descartado

que la oposición acepte sentarse

a dialogar y acordar... ¿Acordar

sobre qué? Significa un escenario

a dos puntas regido por las negociaciones

con el Fondo Monetario

Internacional (FMI).

En un rato, a las doce (del sábado

30 de octubre), se juntan en Roma

el presidente Alberto Fernández y la

titular del FMI Kristalina Georgieva

y absolutamente nadie espera que

de esa reunión salga ni acuerdo ni

definición de tipo alguno. Aun cuando

se conviniera un plazo de gracia

6 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


de cuatro años para recién después

empezar a pagar la deuda monstruosa

dejada por Macri, también

indefectiblemente el FMI exigirá su

invariable programa de ajuste, que

ya se sabe contra quiénes es, más

allá que en rigor, el FMI no dice:

“Cóbrenles a tales o a cuáles para

devolvernos la plata”. Ya se sabe

quiénes son.

Y así acaba de adelantarlo, por si

alguien se ensueña con otra cosa,

el futuro embajador de los Estados

Unidos en la Argentina. Habría que

ver si hay antecedentes de unas

declaraciones como las del tejano

Mark Stanley ante el Comité de

Relaciones Exteriores del Senado

de su país tras ser nominado por el

presidente Biden para desempeñarse

acá en Buenos Aires. Habría que

ver.

Parecería no haber adjetivo que

califique al apriete de un diplomático

—palabra tornada ridícula en

estas circunstancias— capaz de

presentar sus credenciales con las

frases que despachó con toda tranquilidad,

alegremente. Le reclamó

al gobierno argentino que presente

el plan económico que aún no tiene

y con aspiraciones de ironía, directo

al ultimátum, agregó: “Dicen

que ya pronto viene uno”. Como

además se ve que tiene empeños

metafóricos, describió a la Argentina

cual “hermoso autobús turístico

—¡turístico!— al que no le andan las

ruedas”.

“Tampoco debe ser la falta de alineamiento

del gobierno de Alberto

Fernández con la lucha de Washington

por los Derechos Humanos en

Venezuela, Cuba y Nicaragua”, dijo

el amigazo Stanley, pero a esta altura

de sus inconcebibles declaraciones,

vamos a ponerle que esa parte

es una minucia obvia al lado de lo

siguiente: “A medida que Estados

Unidos dé una mayor competencia

con la República Popular China en

la Argentina y en otros lugares, haré

que sea una prioridad mantener los

pies en el fuego, sobre todo cuando

productos como la tecnología 5G

están ingresando al mercado regional

y permitiendo que China acceda

a todos los datos e información de

la población argentina”.

En medio de semejante ametralladora

de amenazas explícitas e implícitas,

por supuesto, Stanley coló

sin exponer un solo dato, porque

sencillamente no lo hay, que “algunas

empresas estadounidenses

están abandonando el país debido

a barreras regulatorias”.

Voy a personalizar en el modo

expresivo, porque está personalizado.

Ante una audiencia como

esta, compuesta por gente con alto

consumo de información política e

intelectualmente presta, inquieta,

me provoca un tanto de rubor la

insistencia, el marcaje textual de

los dichos del futuro embajador de

los Estados Unidos. Cabe inferir que

una gran mayoría de ustedes ya los

leyó, ya los sabe, ya los impactó,

ya los sublevó. Pero ocurre que la

pornografía de Stanley da una dimensión

demasiado cabal de lo que

se viene, o de lo que ya está mientras

eventualmente nos distraen las

elecciones y el show de debates que

no lo son y las chicanas de baja estofa

y el regodeo con el papelón del

juez que debía tomarle declaración

a Macri por espiar a los familiares

de los muertos del ARA San Juan y

el papelón de Macri con los cuatro

gatos locos que convocó a Dolores.

Y los neodiscursos del oficialismo

que le muestran los dientes al

FMI mientras a la par se asimila la

necesidad de arreglar sí o sí. Y la hipocresía

siniestra de una oposición

que se abre de plantear cualquier

alternativa económica que no sea

más ajuste contra los que menos

tienen.

Mark Stanley y Joe Biden, su jefe. Stanley tuvo la desfachatez de exigir un plan económico

de la Argentina para pagar la deuda y para alinear al país con los intereses de los Estados

Unidos en el marco de la guerra contra China la hegemonía mundial, tecnológica y de negocios.

Y prometió intervenir fuertemente para que eso sea así. Un nuevo Braden, demócrata

como el original, como se ve.

7 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Kristalina Georgieva y Martín Guzmán, junto al Papa Francisco durante el momento de idilio

entre el gobierno de Alberto Fernández y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a principios

del año 2020. En ese momento nadie se atrevía a hablar de aquello que es una verdad absoluta

y que hoy se hace más patente que nunca frente a la contingencia: el FMI siempre exige

ajustes en las economías de los países deudores, que para eso mismo presta dinero a tasas

inferiores a las del mercado. Cualquier acuerdo con el FMI implicará un ajuste brutal sobre

los que menos tienen y sobre la clase media en nuestro país.

Pasarán las elecciones, volverá a

haber cambios de gabinete, ni lo

duden, que expresen nominalmente

un poco más o un poco menos las

tensiones entre Alberto, Cristina,

Máximo, los gobernadores, los intendentes

del Conurbano, La Cámpora.

Volverá a verse muy probablemente

redoblado el espectáculo

opositor de confiar en que “esta vez

sí”, en que esta vez se habrá acabado

la potencia del peronismo para

reciclarse como fuerza del orden

social y una distribución más equilibrada

de la riqueza porque ya no

tiene o no tendría cómo ofertar un

destino para las grandes mayorías

que no sea seguir ajustándose.

Es injusto, muy injusto lo que le

pasó a este gobierno. Es decir,

“injusto” es la palabra que sale. Lo

agarró la pandemia a tres meses de

asumido, en los dichosos primeros

cien días. ¿Pudo haber tomado gestos

y medidas drásticas, efectivas y

simbólicas “a la Néstor” que hubieran

representado otras probabilidades

de confrontar cuando le daba

la correlación de fuerzas surgida de

las urnas? Posiblemente sí, es contrafáctico.

Comoquiera que hubiese

podido ser, ya fue, ya está.

Dicho hasta el cansancio por

propios y ajenos, la notable movida

de entronizar a un moderado para

poder lo que “con Cristina no alcanzaba”

(ni alcanza) resultó insuficiente.

Un partido o movimiento inevitablemente

verticalista no resistió

conducción de doble comando o

compartida entre líneas y figuras

disímiles con las que se debió

negociar repartos y sapos hasta

último momento. ¿Estuvo mal? No.

También dicho hasta el cansancio,

era la única chance que había para

sacarse de encima a lo peor: un gobierno

en manos de dueños, no de

políticos en el sentido más altruista

del término, que chocó la calesita

con absolutamente todo a favor.

Todo: las corporaciones, los medios,

la familia judicial, el presunto

apoyo internacional, etcétera. Más,

ahora, el problema impresionante

de que la memoria popular es cada

vez más frágil, pero ayudada por el

hecho de que quienes gobiernan,

así en plural, todos y todas incluidos,

no contribuyen a recuperarla.

Volvemos a hacer una pregunta:

¿Es todavía viable sin sonar a poética

infantilista que el presidente y

Cristina y sus etcéteras se dispongan

a superar rencores y trazar un

rumbo concreto para identificar

cuáles intereses afectarán? Ya

se hizo esta pregunta desde este

espacio varias veces y continuará

haciéndosela en el entendimiento

de que no hay otro interrogante más

importante que ese.

¿El gobierno y sus aliados marchan

definitivamente hacia la versión

conservadora de un peronismo que

quiere el poder por el poder mismo?

Cristina, el cristinismo, ¿militarán el

ajuste exigido por Stanley con todas

las letras? ¿Harán las valijas? Y en

esa hipótesis: ¿Rumbo a qué? ¿A

asumir ser una fracción minoritaria,

una corriente testimonial, o intentarán

mantener la unidad siempre y

cuando los sectores de la moderación

hasta hoy inútiles den alguna

muestra de eso de querer enfrentarse

con alguien, de entusiasmar

con algo o de recrear mística, de

que por abajo y en el medio se note

algún efecto de bolsillo concreto?

Al gobierno se le acaba el tiempo

de ser un comentarista. Parece lo

contrario, pero es una buena noticia.

*Por Eduardo Aliverti

8 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


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9 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


ANÁLISIS

El Fondo

Monetario

Internacional

ERICO

VALADARES

Pasado el tiempo de la especulación

electoral que suele

inviabilizar el análisis de la

política, llega al fin el momento

de observar la realidad

bajo su verdadera luz, en todos sus

colores. Todo lo que había quedado

condicionado por el discurso de

campaña de pronto se sincera, ya

no están los eslóganes cuya finalidad

es la conquista del voto y allí

aparece un tema que durante la

campaña fue gravitante: el famoso

acuerdo con el Fondo Monetario

Internacional (FMI), el que junto a

las cuestiones de seguridad pública

e inflación ha sido central en el

debate político de la Argentina.

Tanto desde la política como

desde los medios ese acuerdo

viene presentándose frente a la

sociedad mucho más que como una

necesidad. Mediante una serie de

operaciones de sentido fundadas

en las supuestas consecuencias

catastróficas de un hipotético

fracaso en las negociaciones con el

FMI —consecuencias que nadie se

atreve a enumerar abiertamente,

todo es una cosa más bien velada—,

se ha logrado instalar en la

sociedad argentina la deseabilidad

de un acuerdo, esto es, tanto se

habló de la cosa y tanto se la ha

presentado como un logro anhelado

por el gobierno bajo la presión de

10 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


la oposición, que hoy el argentino

medianamente politizado ve en ese

acuerdo una suerte de horizonte. De

una forma que veremos a continuación,

hay mucha gente pensando

que la falta de un acuerdo con el

FMI es la causa de todos los males

o, lo que es lo mismo, que llegar a

dicho acuerdo es la llave para que

mejore la economía del país.

Pero esa es una quimera, es una

de esas zonceras que desde los

medios los operadores instalan en

el sentido común con valor de verdad

y que, con el paso del tiempo,

adquieren las características de una

estafa. Sin ni una sola voz disidente,

todas las fuerzas políticas relevantes

y todos los medios de comunicación

del país desde C5N hasta

TN pasando por todas las radios y

todos los diarios le han sugerido a

la ciudadanía que un acuerdo con

el FMI es una cosa deseable, es una

condición sine qua non para que

nuestro país no estalle por los aires.

Y así estamos hoy, con una población

pendiente del famoso acuerdo

y con nadie, o casi nadie, atento a

sus términos. En una palabra, estamos

todos tan ansiosos por la firma

del contrato que a nadie se le está

ocurriendo leer las cláusulas.

¿Y cuáles son esas cláusulas? He

ahí el problema. Ni el gobierno ni

los periodistas en los medios (con

honrosas excepciones) parecerían

estar muy dispuestos a explicar

claramente qué es lo que se va a

firmar cuando se firme el acuerdo

con el FMI, o las condiciones concretas

de la cosa. La naturaleza del

11 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Boquitas tapadas y manitos juntas en posición de plegaria, postura de buen comportamiento

y sumisión para instalar la idea de la existencia de una relación en buenos términos con el

poder fáctico global. Desde la asunción de Alberto Fernández como presidente la tarea fue

lavarle la cara al FMI, hacer que la militancia acepte la presencia de sus técnicos en nuestro

país y hasta vea esa presencia como una cosa deseable. La operación fue en parte exitosa:

parte de los militantes que antes habían estado prendidos fuego en la comprensión de que

el FMI y Macri se asociaron para entregar la soberanía nacional hoy por hoy milita el acuerdo

y el “buen entendimiento” con el propio FMI.

acuerdo con el FMI directamente

no se discute y eso equivale a una

preparación psicológica de toda

una sociedad para una rendición

incondicional. La guerra es cruenta,

todos gritan que lo es y gritan que el

armisticio es la solución, que necesitamos

el armisticio a cualquier

costo, pero nadie hace mención a

los términos del armisticio, los que

podrían llegar a ser aun más dolorosos

y costosos que la propia guerra.

Hay armisticios que lo son, en efecto.

Ansiosos por terminar la I Guerra

Mundial que tanto sufrimiento y

muerte causó en toda Europa, los

alemanes aceptaron firmar sin

mucho miramiento el Tratado de

Versalles frente a los franceses y

demás aliados, quienes los habían

derrotado en el campo de batalla.

El problema es que los términos del

Tratado de Versalles de 1919 fueron

sumamente humillantes y onerosos

para Alemania: con el fin de

terminar con la guerra infernal, los

alemanes firmaron en Versalles la

aceptación de toda la responsabilidad

moral y material por el conflicto

que allí finalizaba, la realización de

concesiones de territorio soberano

y exorbitantes reparaciones a las

potencias centrales que habían

triunfado, además de someterse

a un desarme que se pensó como

la garantía de que a nadie en Alemania

se le ocurriría sublevarse en

el futuro contra semejante ultraje.

El Tratado de Versalles era allí una

rendición incondicional y en la práctica

equivalía a la colonización de

Alemania por parte de Francia, Gran

Bretaña y aliados hasta un punto tal

que el pueblo alemán estuvo peor a

partir de la firma del armisticio de lo

que había estado durante la propia

guerra. A los alemanes les dijeron

que la paz a cualquier costo era una

cosa deseable, pero eso no fue ni

nunca será así. De hecho, hoy sabemos

que la II Guerra Mundial es una

consecuencia directa del Tratado de

Versalles, puesto que el pueblo alemán

efectivamente se sublevó en el

mediano plazo y el resto es historia.

Nadie les habló a los alemanes

acerca de los términos de la rendición

incondicional que sus generales

iban a firmar en un vagón de tren

y luego iban a ratificar en Versalles

y es probable que todo el pueblo

alemán haya festejado entonces la

firma de ese acuerdo que ponía fin

a la guerra. ¿Habría sido posible

para los alemanes saber cuáles

eran los términos de la rendición

incondicional sin contar con la

información que sus propios líderes

escatimaban? Sí, porque cuando en

el bando propio nadie quiere hablar

de los términos del armisticio, la

alternativa es ir a ver qué piensa el

enemigo al respecto. La verdad va

a estar allí, estará en los intereses

permanentes cuyo conflicto causaron

la guerra en primer lugar. Históricamente,

Francia y Alemania han

sido enemigos en Europa y siempre

han anhelado someterse mutuamente,

se enfrentaron en sendas

guerras para poner de rodillas al

vecino y colonizarlo. Y ya con esa información,

la del solo conocimiento

de la naturaleza del enemigo frente

al que se va a firmar una rendición

llamada eufemísticamente “tratado”

(o pudo haber sido “acuerdo”,

como en el caso que nos toca en el

presente), cualquier alemán más

o menos informado pudo saber de

antemano que la paz iba a ser peor

12 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


que la guerra puesto que las condiciones

impuestas por los franceses

no serían nunca menos que infernales.

¿Qué otra cosa puede esperar

un alemán que se arrodilla frente

a un francés, o viceversa, más que

maltrato, humillación y saqueo?

De manera análoga, Si el FMI le

prestó 44 mil millones de dólares a

un país que nunca estuvo en condición

de pagarlos y a sabiendas de

ello, puesto que en esos niveles de

la política internacional no hay tontos

ni incautos, entonces es necesario

saber qué cosa es la que motivó

al FMI a meterse en lo que parecería

ser un brete. ¿Prestarles una millonada

a los que son insolventes?

¿Por qué? Si nuestros generales no

nos informan correctamente y no

podemos saber a partir de ellos de

qué se trata, debemos preguntarnos

por la naturaleza del enemigo. ¿Qué

cosa es el Fondo Monetario Internacional

y para qué demonios les

presta dinero a países que no van a

poder pagar?

Prestidigitación

La Real Academia Española define

una prestidigitación en una simple

acepción como el “arte o habilidad

de hacer juegos de manos y

otros trucos para distracción del

público”, pero esta definición es un

tanto insuficiente. En realidad, la

prestidigitación es la capacidad de

poner la atención del observador

lejos del lugar donde el truco se

realiza, esto es, la magia de distraer

al que observa para que este no vea

la ilusión de la que será víctima. En

el caso que nos atañe la prestidigitación

tiene por finalidad ocultar la

real naturaleza y los reales intereses

del FMI y eso se logra mediante el

sencillo movimiento de decir que el

FMI es lo que de ninguna manera

podría ser. En una palabra, se nos

dice con insistencia que el FMI es

Representación artística de la firma del armisticio entre Alemania y sus triunfantes enemigos, a fines de 1918 en un vagón de tren estacionado

en las cercanías de Compiègne, norte de Francia. Para poner fin a una guerra terrible, los alemanes no solo se sometieron a condiciones

económicas incluso peores, sino que además abrieron la caja de Pandora: la burla y la colonización de Alemania por parte de Francia, Inglaterra

y demás aliados occidentales habría de resultar en el ascenso de Adolf Hitler —cuyo discurso apeló inicialmente a la soberanía nacional

entregada en Compiègne— y en la II Guerra Mundial años más tarde.

13 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


una especie de banco o prestamista

universal, incluso a veces un fondo

de socorro a los países en dificultades.

Pero en realidad el FMI es algo

muy distinto a eso.

Atentos al discurso de quienes

hacen el truco, solemos pensar

entonces en el FMI como un banco

o un vulgar prestamista que presta

dinero con el objetivo de cobrarlo

en el mediano o en el largo plazo

con ciertos intereses y que ahí está

el negocio, en esas tasas de interés

que además son muy inferiores a las

de mercado. Acá tenemos la primera

y la más escandalosa contradicción:

de haber sido un banco o un

prestamista, no habría para el FMI

ningún negocio en prestar dinero

con tasas de interés inferiores a las

del mercado. Por eso es posible

descartar ya de plano y sin la necesidad

de más información la hipótesis

de que el FMI funciona como un

banco o prestamista universal, no

hay nada de eso.

La segunda información que

cualquier observador más o menos

atento puede tener mediante el solo

uso del sentido común es la de que

en el sistema capitalista nadie hace

nada sin perseguir una ganancia

material o simbólica concreta. Si

el FMI no es un banco, si no es un

prestamista y si no vive de prestar

dinero para lucrar con tasas de

interés, entonces por lógica al FMI

le tiene que interesar otra cosa

cuando viene todo mimoso a entregarles

miles de millones de dólares

a los gobiernos de los países que no

están en condiciones de pagar sus

deudas. Y esta es una verdad que

no admite dudas, puesto que por

La sede del Fondo Monetario Internacional en Washington, DC. El que mirara sin comprender

toda esta institucionalidad clásica de organismo multilateral podía pensar que el FMI

es una suerte de banco universal cuyo negocio son los préstamos, pero eso no es así. El FMI

es un ministerio colonial y existe para perpetuar el sometimiento de los países deudores

mediante la imposición de recetas económicas orientadas a destruir la economía de esos

países. Mientras más quebrados estén los deudores, más lejos estarán de poder honrar

sus compromisos y eventualmente tendrán que entregar la soberanía sobre sus recursos y

territorio. Toda la prestidigitación de la deuda, al desnudo.

la propia naturaleza del sistema es

imposible e inviable la existencia de

alguien —ya sea un simple particular

o un organismo multilateral sostenido

por las potencias globales—

dispuesto a prestar dinero porque sí

y dispuesto además a perderlo.

Es que en términos financieros

estrictos el FMI siempre pierde,

aunque esto parezca muy extraño a

primera vista. Al prestar dinero con

tasas de interés inferiores a las del

mercado, el FMI pierde si el país

deudor paga su deuda y pierde si

no lo hace. De ocurrir lo primero,

recupera capital e intereses bajos,

no es negocio; de pasar lo segundo,

pierde directamente todo. Pero esta

también es una contradicción: si el

FMI pierde cuando presta dinero,

¿por qué no lo cierran las potencias

globales que lo financian? ¿Por qué

habrían de mantener funcionando

un organismo que financieramente

no rinde y muchas veces pierde?

Evidentemente porque el FMI no

existe para ser un banco ni un

prestamista, de ninguna forma es

un agente financiero como quiere

hacer creer la prestidigitación.

Ahora bien, todavía está pendiente

saber qué cosa es realmente el FMI.

Hasta aquí hemos visto, el atento

lector con nosotros, qué cosas no es

ni podría ser por simple aplicación

de la lógica. ¿Y entonces qué es el

Fondo Monetario Internacional en

realidad, cuál es la finalidad de su

propia existencia? Para empezar

a comprender esta naturaleza es

preciso entender también la diferencia

entre economía y finanzas,

un contraste que muchos no saben

observar. El FMI no es una entidad

financiera, no existe para transformar

dinero en más dinero mediante

la especulación con las tasas de

interés de los préstamos que otorga

y ni siquiera existe para obtener

dinero. El FMI tiene metas económicas,

es decir, persigue como fin

14 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


transformar dinero en riqueza real,

material.

Aquí aparece la segunda prestidigitación,

la que puede observarse

en el discurso mediático y político

todos los días. Cuando un país contrae

una deuda con el FMI y llega el

momento de empezar a pagarla, no

hay un solo día en el que los medios

y los dirigentes de dicho país no hablen

de un acuerdo en términos de

plazos para pagar lo debido. Cada

vez que aparece el FMI en la conversación,

los periodistas y los dirigentes

se muestran muy compungidos

por el fracaso o exultantes por el

éxito en las negociaciones sobre los

plazos de pago de los vencimientos

de la deuda y eso es, sencillamente,

una montaña de humo. Los plazos

para el FMI no son importantes e incluso

podría decirse que el negocio

está precisamente en que dichos

plazos sean más o menos eternos,

que no llegue jamás el día en que

un país deudor tenga en efecto que

pagar lo que debe. Y eso es así por

una sencilla razón: al no tratarse de

un agente financiero, el FMI quiere

transformar dinero en riqueza, quiere

pasar de lo financiero a lo económico

y, en suma, no está interesado

en cobrar ninguna deuda. Dicho

más claramente, el negocio del FMI

con los préstamos a los países es

no cobrarlos jamás.

Pero los dirigentes y los periodistas

actúan y hablan de una manera

tal que todas las atenciones se

vuelven hacia los plazos de pago de

los vencimientos y a eso se reduce

el “acuerdo” en la conciencia

colectiva de la ciudadanía. He ahí

la prestidigitación, la diversión del

foco hacia un aspecto secundario

para que nadie se fije en lo que es

central en el asunto. Mientras todos

están atentos al próximo vencimiento

de la deuda y a si el gobierno

de turno estará en condiciones de

afrontarlo o si tendrá que obtener

Carlos Menem y Domingo Cavallo fueron muy exitosos en su plan de someter a la Argentina

al círculo vicioso de endeudamiento, ajuste impuesto, contracción económica y más ajuste.

No obstante, en el año 2005 Néstor Kirchner cortó el nudo gordiano pagando y echando

al FMI de la Argentina, lo que resultó en la recuperación de la soberanía nacional sobre las

políticas económicas. Y nada fue igual, al menos hasta la llegada de Mauricio Macri.

una prórroga, etc., nadie discute lo

que realmente es importante en las

negociaciones. El FMI presta dinero,

pero no quiere cobrar en dinero.

¿Para qué lo querría, si el dinero no

es riqueza real sino tan solo papeles

de colores que pueden imprimirse

a discreción en los bancos centrales

de las potencias, fundamentalmente

en los Estados Unidos?

Los términos de cualquier acuerdo

con el FMI, por lo tanto, no pueden

resumirse a los plazos de pago, no

pueden tener nada que ver con eso.

El FMI tiene que querer otra cosa,

tiene que haber en los términos de

la rendición que se les quiere imponer

a los países deudores insolventes

ciertas condiciones para que

el FMI obtenga de esos países (del

nuestro, en la actualidad) la riqueza

que el FMI realmente quiere.

La entelequia de la

austeridad fiscal

Entonces el Fondo Monetario Internacional

presta dinero con el fin

de no cobrarlo, de que los países

deudores sean insolventes y en

última instancia tengan que ceder

la soberanía sobre sus recursos materiales

—la riqueza concreta antes

mencionada que nada tiene que ver

con el dinero, que es su representación

monetaria— a las potencias

centrales y a las corporaciones que

sostienen al propio FMI. Aquí se ve

con claridad el carácter de instrumento

de recolonización que tiene

cualquier organismo multilateral y

no solo los de crédito como el FMI.

Cuando los países dichos desarrollados

o dominantes crean y luego

sostienen la existencia de esos

15 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Fidel Castro, aquí en una de sus históricas y disruptivas intervenciones en la Asamblea de la

Naciones Unidas. Fidel tuvo el coraje y la lucidez para definir la Organización de los Estados

Americanos como un “ministerio de las colonias”, un instrumento de dominación de los

países desarrollado con los Estados Unidos a la cabeza sobre los países dichos de “tercer

mundo”. Esa misma definición es válida desde siempre para el FMI.

organismos, en realidad lo que hacen

es instituir ministerios para las

colonias. Así definía brillantemente

Fidel Castro la real naturaleza de la

Organización de los Estados Americanos

(OEA), pero la definición es

genérica. Todo organismo multilateral

sostenido por las potencias y sus

corporaciones es un instrumento

de dominación de estas sobre los

subalternos que entran a participar

en su constitución.

Es por eso que al FMI no le conviene

cobrar el dinero que presta a

los países que recurren a sus empréstitos

y es también por eso que

a esos países les conviene pagar

sus deudas lo más pronto posible

y liberarse. De hecho, cuando en el

año 2005 Néstor Kirchner pagó los

casi 10 mil millones de dólares que

la Argentina le debía al FMI, lo primero

que hizo fue presentarse en la

oficina que los funcionarios de este

organismo multilateral ocupaban

en nuestro Ministerio de Economía,

comprobante de pago en mano,

para echarlos de ahí. A la Argentina

le convenía sacarse de encima

al FMI, pero al FMI no le convenía

ser expulsado de la Argentina, no

quería cobrar y retirarse. ¿Por qué?

Porque al ocupar el Ministerio de

Economía de un país con sus técnicos,

el FMI dicta las políticas

económicas de dicho país y ahí está

la dominación con fines de perpetuarse.

Mientras un país debe y no puede

pagar por cualesquiera motivos,

debe aceptar la imposición de metas

fiscales por parte del acreedor.

Según el discurso oficial, esas metas

fiscales se imponen para lograr

el equilibrio macroeconómico que

en el mediano plazo le posibilitaría

al país deudor ordenar sus cuentas

y poder pagar lo que debe, pero lo

que ocurre en la realidad fáctica —

sin que nada de esto sea accidental

ni mucho menos, aquí está justamente

el truco que no nos permiten

ver a los civiles— es que esas metas

fiscales se quieren lograr con sendos

ajustes que no van a resultar en

ningún equilibrio fiscal, sino en más

desequilibrio, luego en sucesivos

ajustes para “corregir” las distorsiones

que el ajuste había ocasionado

en primer lugar y así hasta el

infinito, como en un bucle o círculo

vicioso.

Nada de esto es difícil de comprender

y tampoco es ninguna novedad,

el truco ya nos los hicieron a nosotros

hace dos décadas con Domingo

Cavallo. Y ese círculo vicioso solo se

cortó justamente porque Kirchner

pudo pagar la deuda de la Argentina

con el FMI, echar de aquí a

sus técnicos y así empezar a tomar

decisiones soberanas de política

económica. De no haber sido así, es

presumible que estaríamos aún hoy

en el bucle de ajuste fiscal, desequilibrio

macroeconómico y más

ajuste fiscal, es una espiral descendente

que tiene una finalidad muy

concreta: la inviabilidad final de

un país y el posterior saqueo de las

riquezas de dicho país sin la necesidad

de una invasión militar. Si

Kirchner hubiera optado por seguir

dejando el control de la política en

manos del FMI, es muy probable

que, luego de una larga seguidilla

de ajustes y caídas de la economía

resultantes de los propios ajustes,

estaríamos a esta altura del partido

con declaración de inviabilidad y

entregando nuestras riquezas en

una bandeja de plata a cambio de

“salvatajes”.

Pero ese círculo vicioso se cortó en

2005, Kirchner reivindicó para el

Estado argentino el control soberano

de la política económica y terminó

con el ajuste. Puso proa hacia

el sentido radicalmente opuesto,

empezó un periodo de expansión

fiscal con la aplicación de políticas

económicas contracíclicas que

potenciaron el crecimiento de la

16 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


economía y estas, a su vez, posibilitaron

más expansión fiscal. He ahí

el circulo virtuoso de la economía

que los ortodoxos niegan porque

son, precisamente, amigos del

ajuste. Círculo vicioso de ajuste

sobre ajuste o círculo virtuoso de

expansión sobre expansión, todo es

una cuestión de tomar o no tomar

las decisiones soberanas de política

económica.

Los pesimistas dicen que el argentino

no aprende de sus propios

errores y los más pesimistas dicen

que, en realidad, así es el ser humano

en general, sin cuidado de

su nacionalidad. Sea como fuere,

lo cierto es que por alguna razón

nos hacen hoy el mismo truco que

nos hicieron hace pocas décadas

sin que tengamos la capacidad de

entenderlo. A los desequilibrios

macroeconómicos causados por la

convertibilidad del peso argentino

—política económica menemista y

cavallista aprobada por el FMI— se

prescribió entonces el ajuste fiscal

para corregir el desequilibrio fiscal

entre la recaudación y el gasto

público. Se dijo que la solución era

el recorte del gasto, pero nadie explicó

que eso iba a resultar en más

caída de la recaudación al enfriarse

la economía y que eso iba a generar

un nuevo desequilibrio fiscal, el que

también se quiso corregir bajando

el gasto público.

Eso nos hicieron a los argentinos

desde principios de la década de

los años 1990 hasta bien entrado el

siglo XXI, hace muy poco tiempo. La

mayoría de los que vivimos hoy fuimos

contemporáneos de esa estafa

y aún así es muy difícil explicar hoy

lo obvio ululante: el desequilibrio

fiscal no se resuelve ajustando el

gasto público, sino expandiéndolo

para aumentar la recaudación. La

austeridad como método para lograr

un equilibrio fiscal es una entelequia.

La metáfora de la economía

familiar, en la que una familia no

debe tener un gasto superior a sus

ingresos, es inaplicable a la macroeconomía

del un país y nunca pudo

realizar con éxito en ninguna parte,

aunque sigue poderosamente instalada

en la conciencia de muchos y

es por eso que el truco de vender la

austeridad como panacea universal

funciona una y otra vez.

Con todo cocinado

Entonces ya sabemos los términos

del acuerdo con el FMI, no hace

falta que nos lo digan abiertamente

los dirigentes políticos, los funcionarios

del organismo multilateral

en cuestión o los periodistas en los

medios de difusión. Con tan solo

conocer la naturaleza del poder

fáctico con el que se va a celebrar

ese acuerdo ya conoceremos de

antemano sus términos. No hay

secretos, no hay imponderables: el

FMI tiene un propósito establecido,

siempre persigue los mismos objetivos

y emplea los mismos métodos

en el marco de la estrategia geopolítica

de las corporaciones y potencias

globales a las que sirve como

instrumento de recolonización. El

tan anhelado acuerdo con el FMI

ya está escrito, no hay realmente

nada que negociar allí ni hay ningún

misterio.

El error está precisamente en presentar

o en interpretar el acuerdo

con el FMI como un vulgar plan de

pago, esto es, en pensar que los términos

que van a acordarse son los

plazos y los intereses de una deuda.

Por el contrario, como veíamos,

lo que se va a “acordar” —no se

acuerda nada en realidad, como ya

sabemos— es el plan de metas fiscales

que Argentina deberá cumplir

porque es deudora y no quiere que

la manden al default. Pero también

podemos saber cuáles son esas

Fernando de la Rúa no supo, no quiso o no pudo terminar con la convertibilidad menemista y

los efectos catastróficos del círculo vicioso de ajuste sobre ajuste continuaron en su gobierno.

Impotente para cambiar la situación, De la Rúa terminó empoderando otra vez a Cavallo

en el Ministerio de Economía y la bomba le estalló en la cara, como suele decirse.

17 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


metas fiscales, puesto que el FMI

se las impone a todos los países

deudores al firmar acuerdos como

el que aquí nos ocupa. Es más: ya

nos impuso a los argentinos esas

mismas metas en el pasado, no

hace mucho, de modo que tampoco

aquí hay nada desconocido.

Por lo tanto, lo que ya está cocinado

y se presenta como negociación

para distraer la atención e ir dando

la noticia de a poco. ¿Y qué es lo

que ya está cocinado? Pues lo de

siempre: un vulgar ajuste fiscal que

se traduce en la práctica para la

ciudadanía en reducción del gasto

del Estado. Desde el aumento en

las tarifas de los servicios públicos,

de los transportes y de los combustibles

para reducir o eliminar los

subsidios actualmente existentes,

pasando por el “sinceramiento”

del tipo de cambio que es una

devaluación masiva de la moneda

nacional y llegando al recorte hasta

su mínima expresión de la inversión

en obra pública, educación y salud,

recortes en las jubilaciones, devaluación

en salarios, etc., todo entra

en el marco de un ajuste fiscal que

tiene por objetivo lograr que el Estado

argentino gaste menos de lo que

recauda, o mucho menos de que

gasta hoy. Esos son los términos del

“acuerdo” que el FMI le impone a

un país deudor y, por supuesto, le

querrá imponer a la Argentina en

tanto y en cuanto debemos 44 mil

millones de dólares en un programa

de 57 mil millones, dinero que evidentemente

hoy no podemos pagar.

Ahora bien, el atento lector se

La entonces titular del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde y Mauricio Macri,

quien hizo entrar otra vez el ladrón luego de una década de desendeudamiento y manejo

soberano de las cuestiones económicas del país. Macri vino a esto, apoyado por los poderes

fácticos globales ganó las elecciones con la finalidad de someter nuevamente al país a la

dominación por deuda. Esa es la verdadera pesada herencia macrista, la de una deuda que

nos va a condicionar por mucho tiempo o quizá incluso para siempre.

estará preguntando por qué el FMI

se empecina en imponer recetas

económicas que ya se saben fracasadas

en cuatro décadas de experiencia.

Si el ajuste fiscal resulta

en la contracción de la economía

y termina requiriendo más ajustes

fiscales sucesivos en un círculo

vicioso cuyo destino es la inviabilidad

del país deudor, ¿por qué

sigue imponiendo la austeridad

fiscal a sabiendas de que así el

deudor nunca será capaz de honrar

sus compromisos de deuda? Pues

por aquello mismo que veíamos

anteriormente, a saberlo: el FMI no

quiere cobrar, aquí el asunto no es

recuperar ningún dinero sino obtener

el control total de los recursos

naturales, de la riqueza real de un

país. Si tan solo se lograra suprimir

el error de pensar que el FMI presta

dinero para recibir dinero, es fácil

comprender que el FMI no quiere

cobrar lo que presta. Lo que el FMI

hace, en una palabra, es entrampar

con deuda a los países ricos en

recursos y luego asegurarse de que

esos mismos países jamás sean capaces

de pagar lo debido, de modo

a que las potencias globales y las

corporaciones que financian al FMI

puedan ir a esos países finalmente

con planes de “salvataje” a cambio

de soberanía sobre el territorio y sus

recursos.

John Quincy Adams fue el sexto

presidente de unos Estados Unidos

ya independientes, en plena etapa

de liberación nacional de ese país

que hoy es una potencia global

imperialista. Pero Quincy Adams

veía las cosas desde el otro lado

del mostrador en sus tiempos y dio

entonces para la posteridad una definición

inmortal, que es la siguiente:

“Hay dos formas de conquistar

y esclavizar a una nación: una es la

espada, la otra es la deuda”. John

Quincy Adams ya sabía a principios

del siglo XIX que es mucho más

18 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


barato someter a las naciones con

deudas impagables que el despliegue

de tropas de ocupación sobre

el territorio, sabía lo que sabe hoy

el FMI y saben los que lo controlan,

quienes quieren asegurarse el control

de los recursos naturales, del

agua, de los hidrocarburos, de los

alimentos y de todo lo que los países

más ricos del mundo, el nuestro

entre ellos, tienen en abundancia.

No hay otra definición mejor para el

FMI que la de Quincy Adams, la de

un instrumento de sometimiento y

posterior saqueo por deuda.

Nos querrán distraer con el truco y

la prestidigitación, los economistas

hablarán en complejos lenguajes

técnicos para que no entendamos lo

que realmente ocurre actualmente

desde que Mauricio Macri trajo de

nuevo al ladrón, pero la verdad está

a la vista. No quieren que sepamos

entender la economía, no quieren

que veamos la obviedad de que la

jugarreta de la deuda y el “acuerdo”

es siempre la misma. En Brasil

el sentido común popular suele

decir que los economistas hablan

en “economés”, un idioma técnico

propio que los propios economistas

han creado para hablar y hablar sin

decir nada, para que nadie salvo

ellos mismos entienda de qué se

trata y así meter el perro. Pero Ud.,

atento lector, no necesita un título

universitario en Economía Política

para entender la realidad, solo

necesita saber leer entre líneas,

necesita aplicar el sentido común y,

sobre todo, necesita tener memoria.

Estos asuntos de economía y

finanzas, decía nuestro Raúl Scalabrini

Ortiz, prócer del pensamiento

nacional-popular, son tan simples

que están al alcance de cualquier

niño, solo requieren saber sumar y

restar. Cuando Ud. no entiende una

cosa, pregunte hasta que la entienda.

Si no la entiende es que están

tratando de robarlo. Cuando usted

entienda eso, ya habrá aprendido

a defender la patria en el orden

inmaterial de los conceptos económicos

y financieros. Va a ser preciso

preguntar y cuestionar, como decía

el amigo Scalabrini Ortiz, porque

aquí están tratando de robarnos el

futuro entero.

La quita de los subsidios a los combustibles, al transporte, a los servicios públicos como la electricidad y el gas, además del achatamiento

de salarios y jubilaciones y la licuación del ingreso de los trabajadores en general mediante la devaluación de la moneda y la inflación. Eso

es un ajuste y hace ya por lo menos ocho años que viene aplicándose en la Argentina, aunque no abiertamente. El acuerdo con el FMI será el

sinceramiento político de esta realidad y su consolidación.

19 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


LA TRIBUNA DE ROSAS

La “cuestión indígena” se

instala en la Argentina

CÉSAR

MILANI

Fenómeno extraño, pues de

acuerdo con los datos disponibles,

uno de entre tres y cuatro

argentinos somos descendientes

de pueblos originarios. El

componente indígena de nuestra

sociedad, además, se encuentra

predominantemente asimilado a la

comunidad y en su mayoría reside

en zonas urbanas. Esto es al menos

lo que concluyó un estudio realizado

hace nueve años en Brasil, que

analizó el genoma de la sociedad

argentina y cuyos resultados arrojaron

evidencia a favor de la hipótesis

del mestizaje como producto de los

más de quinientos años desde la

llegada del europeo a tierras americanas.

En 2012, el laboratorio de Antropología

Biológica de la Universidad

Maimónides analizó muestras de

sangre de habitantes de todo el

país, concluyendo que el genoma

argentino está compuesto en un

30% por sangre de indígenas americanos,

un 65% por descendientes

de nativos europeos y un 5% por

descendientes de africanos.

Otro estudio más reciente realizado

por investigadores de distintos

países y publicado en la revista PloS

One Genetics en 2015, llegó a resultados

aún más elocuentes: el 90%

de la población argentina tiene una

composición genética muy distinta

de los europeos nativos, evidencia

del mestizaje. Dicho en criollo: el

pueblo argentino es mestizo. Ni indígena

americano ni europeo, sino

producto de la asimilación genética

entre una etnia y otra a través del

tiempo. Entonces vale preguntarse:

¿dónde radica la “cuestión indígena”,

por qué se sostiene la existen-

20 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


cia de una convivencia conflictiva

entre unas comunidades que se

autoperciben indígenas y la mayor

parte de la sociedad, que no se

considera a sí misma ni indígena ni

europea, sino sencillamente argentina,

en el contexto de una sociedad

mestiza, esto es, que posee en su

constitución genética elementos

indígenas y europeos en igual medida?

De un tiempo a esta parte se han

comenzado a multiplicar las manifestaciones

reivindicativas de las

culturas indígenas, y esto no tiene

en sí mismo nada de reprochable.

Por el contrario, resulta en expresiones

culturales cuyo rescate merece

la pena para las nuevas generaciones

por el valor histórico que poseen.

El problema comienza cuando

bajo la pátina de una reivindicación

cultural se esconden como resultados

la disolución social e incluso

la rendición de cuentas a poderes

de orígenes inciertos o intenciones

espurias.

Los argentinos nos estamos acostumbrando

muy de a poco a respaldar

acciones que en el mediano o

largo plazo terminarán chocando de

frente con el interés de las mayorías

y sobre todo, con el interés soberano

del país. Sucede en la Patagonia

con la proliferación de comunidades

que por reivindicarse indígenas

están empezando a generar conflictos

latentes y cada vez más frecuentes

entre Estados nacionales, o

entre estos últimos y jurisdicciones

provinciales, como ya sucedió hace

pocas semanas en la provincia de

Río Negro con los entredichos entre

la gobernadora Arabela Carreras, el

presidente de la Nación y el ministro

de Seguridad de la Nación, Aníbal

Fernández, con motivo de actos vandálicos

cometidos por comunidades

que se reivindican a sí mismas

mapuche.

Sin pretender demonizar a las comunidades,

es sin embargo preciso

separar la paja del trigo, recoger las

demandas que los pueblos originarios

plantean al Estado pero sobre

todo sostener en todo momento

la defensa de la unidad nacional,

la unidad territorial y la autoridad

efectiva del Estado nacional por

encima de las personas y las comunidades.

El conflicto mapuche escala en

magnitud y se sostiene en el tiempo

sin que a priori se comprenda

muy bien a qué intereses responde,

quién financia a las agrupaciones

ni por qué lo hace, pero no hace

falta viajar hasta el sur del país

para empezar a ver cómo las comunidades

autopercibidas indígenas

están comenzando a multiplicarse

en el territorio para llevar adelante

acciones que resultan de mínima

de una legalidad “flexible” cuando

no abiertamente ilegales, y de una

legitimidad más bien dudosa.

En plena ciudad Evita, partido

de La Matanza, en el conurbano

bonaerense, el pasado martes 2

de noviembre tuvo lugar un suceso

inesperado. Un grupo de personas

decidió establecer lo que llaman un

“acampe” en un predio considerado

yacimiento arqueológico indígena,

conocido vulgarmente como “Tres

Ombúes”, aunque su nombre legal

es Ezeiza III. El lugar se encuentra

en la intersección de Ruta 4 y

Autopista Ricchieri, a la vera del Río

Matanza y cercano al puente 13 del

mismo río. Originalmente estaba

incluido en el proyecto de la Reserva

Natural de Ciudad Evita creada

en 2015 (Ordenanza 24247), pero

finalmente fue excluido. Allí, según

afirma este grupo que se autodenomina

indígena, es posible encontrar

“vestigios de nuestros antepasados”.

De hecho, el área ha sido declarada

Lugar Histórico Municipal por

el Municipio de La Matanza (Ordenanza

10146) y Lugar Histórico

Nacional (Decreto 1110 del año

1997, firmado durante el gobierno

Manifestación de los pueblos indígenas del Amazonas en Brasil, donde existen todavía

tribus aisladas y otras que, aun estando en parte integradas a la comunidad nacional,

sostienen un estilo de vida propio de sus culturas ancestrales. Lo mismo no ocurre con tanta

frecuencia en la Argentina, donde el mestizaje es la regla y la integración a la comunidad

nacional es un hecho muy bien consolidado. La totalidad de los que vivimos en la Argentina

somos argentinos.

21 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


La militancia de izquierda en Tres Ombúes, reclamando en nombre de los pueblos originarios

la posesión del territorio en disputa.

del presidente Carlos Saúl Menem),

pues allí tuvo lugar la batalla de

Corpus Christi librada el 16 de junio

de 1536, cuando indígenas derrotaron

a las tropas españolas que

actuaban bajo el mando de Diego

de Mendoza, hermano del primer

fundador de la ciudad de Buenos

Aires.

Además, se ha descubierto la

existencia en el lugar de un área

antiguamente utilizada por la comunidad

querandí como cementerio,

habiéndose reportado el hallazgo

de restos óseos humanos. Desde

la década de 1930 del siglo XX,

por otra parte, se considera al sitio

como un reservorio arqueológico

donde investigadores han hallado

piezas pertenecientes a las culturas

cazadoras recolectoras de la era

precolombina, que algunos estudiosos

también asimilan a la cultura

querandí.

El predio posee también importancia

ambiental, pues sus humedales

y espejos de agua absorben la

humedad proveniente de las zonas

urbanas de los alrededores, previniendo

las inundaciones en el casco

urbano de Ciudad Evita, la que fue

diseñada para drenar sus lluvias

hacia esa bajante.

Sin embargo, en los últimos años

el espacio ha sido foco de conflictos

en virtud de la crisis habitacional

que aqueja a grandes zonas de

la provincia de Buenos Aires. Los

terrenos, propiedad de la Agencia

de Administración de Bienes del

Estado (AABE), se encontraron por

décadas en manos de una persona

que tenía un contrato de guarda con

el Estado. Cuando esta falleció, su

familia loteó y vendió las parcelas

para construir viviendas, pese a que

el Estado nacional solicitó el desalojo.

En la actualidad están en curso

dos procesos legales, uno de parte

del Estado hacia esa familia y el

otro en el sentido contrario, dado

que los herederos del acreedor del

contrato de guarda afirman ser legítimos

dueños de los terrenos bajo la

figura jurídica de usucapión, es decir,

en función del tiempo que hace

que ese inmueble se encuentra bajo

el dominio de los demandantes.

Ese es el estado de cosas en Tres

Ombúes. Allí viven cientos de familias,

muchas de ellas rayanas en la

indigencia, que han adquirido sus

terrenos mediante estos negocios

particulares entre la familia que se

adjudica la propiedad y han construido

sus viviendas allí. En ese

contexto, ¿qué rol juegan las comunidades

originarias?

En el año 2018 se produjo en el

predio un intento de toma de las

tierras por parte de vecinos de las

zonas aledañas. Eran en su mayoría

familias inmigrantes y miembros de

agrupaciones sociales sin acceso a

viviendas. En ese contexto, el gobierno

de la provincia de Buenos Aires

a cargo de María Eugenia Vidal

ordenó una represión que terminó

con un dirigente social fallecido,

miembro de la Organización Libres

del Pueblo.

En ese momento, el diario Clarín

publicó que la muerte se había

producido por una herida de arma

blanca en medio de un presunto

enfrentamiento entre vecinos por la

ocupación del predio. El procurador

general bonaerense Julio Conte

Grand, no obstante, lo desmintió

al día siguiente: “La autopsia preliminar

determina el ingreso de un

proyectil de arma de fuego por la

zona del omóplato de la espalda y

orificio de salida en la zona facial a

la altura de la nariz, luego de penetrar

el maxilar y la zona dentaria”.

La muerte se produjo por una bala

policial. El militante, de apellido

Orellana, fue rematado de un tiro a

corta distancia cuando se encontraba

en el suelo, donde había caído

en medio de un tumulto durante la

represión.

Pero lo cierto es que este punto

caliente de conflictos derivados

de la crisis habitacional en el Área

22 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Metropolitana de la Ciudad de

Buenos Aires poca relación guarda

(o ha guardado históricamente) con

la “cuestión indígena”.

Los acontecimientos de noviembre

de este mes resultaron sorpresivos

porque si bien el área es reconocida

como un yacimiento arqueológico

que por preservar vestigios de un

cementerio precolombino es considerado

como un lugar sagrado

por las comunidades originarias,

el conflicto habitacional no atañe

únicamente a esas comunidades,

sino a todos los vecinos de la zona

que desde hace años vienen reclamando

poder construir sus casas

en parcelas que en muchos casos

pagaron, pues han sido víctimas

de reiteradas estafas y de las idas

y venidas entre la superposición de

figuras jurídicas que se revolean de

un lado a otro los presuntos propietarios

mientras los vecinos de Villa

Celina esperan por su tierra.

La irrupción de miembros de la

comunidad “Tres Ombúes”, —que

se describen a sí mismos como

“hermanxs” pertenecientes a los

pueblos diaguita, kolla, quechua,

guaraní, mapuche, qom y otras

etnias— viene a agregar más leña a

un conflicto ya candente, que no se

comprende bien del todo.

El pasado 2 de noviembre esta

comunidad plantó bandera allí —la

whipala— y desde entonces permanece

sosteniendo lo que considera

un “acampe” que debería derivar

según sus planes, en la “recuperación”

del territorio para las comunidades,

en virtud de presuntos

“derechos ancestrales” que estas

ostentarían. Así, se abre un nuevo

capítulo en el conflicto, que ya lleva

años y que en definitiva aún no ha

alcanzado soluciones concretas

a los habitantes del partido de La

Matanza que no tienen dónde vivir

a pesar de haber pagado de buena

fe por sus terrenos. Muchos han

logrado regularizar su situación,

demostrando haber pagado por sus

parcelas, pero muchos otros siguen

en litigio o directamente recurren a

la ocupación como respuesta a su

propia desesperación y a la desidia

imperante.

Es una trama compleja en la que

se entrecruzan las responsabilidades

del Estado nacional, provincial

y municipal a la de los herederos

del adjudicatario del contrato de

cesión del predio. Pero allí no acaba

la cosa: ahora se suma también un

reclamo indígena que no termina

sino arengando la lucha de pobres

contra pobres en una historia de

nunca acabar.

El día 5 de noviembre, por ejemplo,

a inicios del tercer día de acampe,

la comunidad emitió un comunicado

en el que describía: “‘Tenía que

pasar’, la tensión con los vecinos

de la zona se hizo notar, además de

la desprotección y se teme por la

integridad física de los miembros

de la comunidad. Durante la noche

y madrugada desmontaron parte

del territorio para expandir un nuevo

lote, sin importar la presencia de la

comunidad que se encuentra acampando

por la recuperación territorial.

La ‘tregua’ consensuada el día

anterior, entre los vecinos, voceros

y miembros de la comunidad no fue

respetada”.

En los sucesivos días esta clase

de manifestaciones se repiten: los

vecinos de la zona desean avanzar

con tareas de construcción y surgen

los conflictos, lo que da cuenta de

la falta de acuerdos entre un sector

y otro. Y entonces surge la pregunta:

¿por qué de un momento a otro

este grupo decide unilateralmente

“recuperar” para sí un predio que

claramente está en pugna entre

varias partes, exaltando la discordia

con los sectores más vulnerables

de la cadena, que son los vecinos?

Todo apunta a sospechar que existe

algún elemento en la trama que nos

escapa.

Sin embargo, resulta llamativo que

una comunidad tan heterogénea

se arrogue para sí la propiedad en

Protesta militante frente a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), el organismo

estatal que ahora tiene un conflicto por usucapión sobre tierras que debieron haber

sido custodiadas en defensa del patrimonio del pueblo argentino en su conjunto.

23 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


tanto que “descendientes” de los

antiguos habitantes, aquellos pueblos

cazadores-recolectores y los

querandíes que ocupaban la zona

pantanosa de la ribera del actual

río Matanza. La propia comunidad

informa estar constituida por diaguitas,

kollas, quechuas, guaraníes,

mapuches y qom. Ninguno afirma

descender de los querandíes ancestrales

que habitaron la zona.

O sea, son migrantes del norte y

del sur del país de donde son originarios

esos pueblos (aunque se

podría incluso afirmar, hilando fino,

que los mapuches y los quechuas

pueden bien haber nacido en Chile

o en Bolivia, por ejemplo). ¿Por

qué los asistiría a estos grupos un

derecho superior al acceso a las

tierras del yacimiento arqueológico

querandí que a cualesquiera otros

habitantes del territorio nacional?

Algo no termina de cuadrar en este

esquema.

Y es preciso hacer la salvedad de

que aquí nadie está afirmando que

no sea legítimo el reclamo sobre el

patrimonio arqueológico nacional,

lo que no se termina de comprender

es cuáles son las motivaciones que

persiguen estos elementos para

plantar batalla no solo contra las

autoridades que se hicieron cargo

del espacio administrándolo de

manera de mínima deficiente sino,

y sobre todo, contra los vecinos del

área que poseen en su inmensa mayoría

tantas dificultades para acceder

a la tierra como pueden tenerlas

las comunidades originarias y no en

virtud de su condición de indígenas

sino, en específico, por ser pobres.

Inmigrantes de países limítrofes

o nacidos en la villa, crecidos en la

marginalidad y alimentados con el

esfuerzo de mujeres que sostienen

comedores comunitarios: buscas,

así son los vecinos de Villa Celina

que ansían un lote en Tres Ombúes,

aún a sabiendas de que la zona es

inundable, la tierra es porosa y se

necesitan sucesivos rellenos para

poder construir en algunas áreas

cercanas al río.

Como se ve, la cuestión indígena

La whipala es la bandera utilizada por los pueblos andinos, principalmente en Bolivia, donde

se ha integrado al conjunto de símbolos nacionales. Y está siempre presente en las manifestaciones

indigenistas en la Argentina en supresión de la bandera nacional.

es apenas tema de mención en

un país en el que al menos cuatro

millones de personas viven en

asentamientos y villas miseria, a

menudo en zonas declaradas como

insalubres e inhabitables. La cobertura

mediática de la “recuperación

del territorio ancestral” poco hincapié

hace hoy en los conflictos que el

yacimiento Ezeiza III arrastra desde

antaño, aun de parte de medios que

hace tres años pasaban revista de

la existencia del lugar para echar

la responsabilidad a la entonces

gobernadora —y con toda la razón

del mundo, por supuesto— por la

muerte a manos de la policía de

un dirigente social a quien habían

prometido, según el testimonio de

su esposa, lotear y vender el predio

para construir allí su hogar.

Se llamaba Ronald y era padre de

cinco hijos.

No era indígena, solo era pobre.

Y víctima junto a otros millones de

un déficit habitacional endémico

al área metropolitana de la capital,

donde había nacido, crecido y

militaba. Allí, en La Matanza, como

en tantos otros distritos del Conurbano,

no hace falta autopercibirse

indígena para estar desposeído,

somos los mestizos de a pie quienes

día a día luchamos por un espacio

donde se nos permita asentarnos y

progresar.

En ese contexto de limitaciones y

marginalidad, a menudo uno tiende

a preguntarse dónde empiezan los

derechos de unos, por muy “ancestrales”

que sean y comienzan los

derechos de otros... De aquellos

que a menudo no parecieran del

todo tener derechos.

Dijo George Orwell, con capacidad

de síntesis pero con la fuerza de

una sentencia a muerte: todos los

animales de la granja son iguales,

pero algunos son más iguales que

otros.

24 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


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25 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


CONTENIDO EXCLUSIVO

Elogio de la

conspiranoia

ERICO

VALADARES

Desde el año 1995 hasta el

presente el canal de televisión

estadounidense con

difusión global The History

Channel (ahora llamado simplemente

History, por razones de

registro de propiedad intelectual)

ha emitido sendos programas a los

que la comunidad científica de un

modo general califica como pseudocientíficos

y pseudohistóricos. Dichos

programas tienen muy elevada

audiencia relativa y tienen además

como premisa la construcción de

un relato que en los últimos años

se dio en llamar “conspiranoico”,

esto es, una narrativa paralela de la

realidad fundada en unas teorías de

la conspiración observadas desde

el punto de vista de los sujetos

paranoicos. Eso es la llamada

“conspiranoia” en pocas palabras,

o la sospecha de que existe una realidad

alternativa invisible a los ojos

de las mayorías que el poder en las

sombras oculta. Esa hipótesis y esa

sospecha, finalmente, serían una

26 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


atribución de los paranoicos, gente

con serios problemas mentales y

absolutamente descalificada por

ello de todo debate público.

Uno de esos programas emitidos

por History es Alienígenas ancestrales,

una serie televisiva cuyo motivo

es la presentación de “hallazgos”

de restos arqueológicos de antiguos

astronautas como prueba definitiva

de que seres extraterrestres habrían

visitado nuestro planeta en la Antigüedad

o aun en tiempos prehistóricos,

introduciendo entonces en

la Tierra el embrión de todo lo que

conocemos hoy como civilización.

Esa sería, según la hipótesis de

Alienígenas ancestrales, una suerte

de etapa de preñez del mundo

con la inseminación por parte de

alienígenas y, por lo tanto, toda

existencia humana posterior debería

ser el resultado del desarrollo

de esa fecundación. El argumento

en sí es una nimiedad típica de la

ciencia ficción y sería muy extraño

que parte de la comunidad científica

se ocupara de la crítica del

asunto, como efectivamente lo hizo,

si no fuera por la existencia de un

vil esquema de conspiración para

nada “conspiranoico” que veremos

a continuación.

27 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Carátula de la colección de la serie ‘Alienígenas ancestrales’, cuyo éxito fue tanto que se

vendió luego en formato DVD para coleccionistas. La “conspiranoia” es una categoría y

llenarla de contenido fue la tarea de los medios en décadas hasta instalar como verdad

absoluta que toda narrativa alternativa al relato oficial es un delirio de ciencia ficción con

alienígenas, fantasmas, poderes sobrenaturales, etc. El resultado es que hablar hoy de las

élites globales y globalistas que arrasan con la economía mundial en una verdadera conspiración

equivale a un delirio “conspiranoico” porque no sale estampado en los diarios dichos

“serios”. De lo particular a lo general, objetivo alcanzado.

Las narrativas pseudocientíficas

y pseudohistóricas que History

Channel hace para vender tandas

publicitarias en la televisión por

cable son aquí una cosa anecdótica

y simbólica a la vez, son una forma

de introducir el debate sobre lo que

hoy llamamos “conspiranoia” y también

el botón de muestra para ver

cómo el poder fáctico hace de todo

eso un auténtico primado negativo.

Y todo esto debe empezar por una

simple pregunta: ¿Por qué los medios

de comunicación, cuya misión

declarada es ilustrar a una sociedad

en principio ignorante de la realidad,

difunden como cosa seria lo

que la comunidad científica ya calificó

como un monstruoso “bolazo” y

lo sigue haciendo pese a esa definición?

Esta es una pregunta esencial

que no tiene respuesta por parte

de los propios medios más que una

débil argumentación sobre razones

comerciales que no pasarían una

prueba de ética. Si History Channel

y Alienígenas ancestrales existen

para que las corporaciones mediáticas

ganen más dinero, entonces

toda la justificación de la existencia

de los medios como elementos

fundamentales para el sostenimiento

de la democracia y lo que ya se

sabe es una quimera. ¿Los medios

existen para informar e ilustrar a la

sociedad o para reportar pingües

ganancias a sus propietarios?

Claro que es lo segundo, cosa que

los argentinos ya habíamos aprendido

desde el advenimiento del

debate por la famosa Ley de Medios.

Hoy sabemos que los medios

de comunicación no son realmente

tales, sino empresas mediáticas

pertenecientes a las corporaciones

que hacen de la difusión de contenidos

un negocio. En una palabra,

los medios son de difusión y son

meramente un negocio, lo que explicaría

de antemano la existencia

tanto de History Channel como de

Alienígenas ancestrales y de todos

los demás medios y programas que

generalizan la confusión en vez de

informar, con la sola finalidad de

acumular ganancias. Ya se sabe que

la comunicación ha sido privatizada

y luego concentrada en pocas manos

para convertirse en un negocio,

aunque ninguna de esas certezas

resuelve aún la siguiente contradicción:

si en los medios de difusión

mercantilizados del presente existe

tanta preocupación por el peligro

que suponen los “conspiranoicos”,

desde los terraplanistas hasta los

llamados “negacionistas” del virus,

los “antivacunas”, los “bebedores

de lavandina” y otros que ven cons-

28 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


piraciones detrás del relato oficial

global, ¿por qué History Channel y

otros canales afines siguen estando

al aire para alimentar precisamente

la imaginación de los “conspiranoicos”

a los que se quiere combatir?

En los últimos dos años, todos

los medios de difusión del mundo,

desde los tradicionales hasta las

redes sociales corporativas como

Facebook y Twitter, entre otros, han

declarado la guerra a los “conspiranoicos”

que afirman la existencia

de una conspiración globalista

detrás de una pandemia que a su

vez no sería tal, sino una maniobra

de ese globalismo para imponer un

nuevo orden mundial y someter a la

humanidad entera. De pronto, los

“conspiranoicos” han pasado de ser

personajes chistosos de la realidad

diversa, donde cada cual piensa

como quiere y a eso se le llama “democracia”,

a ser enemigos públicos

cuyo discurso constituye un peligro

para la sociedad y cuya praxis roza

lo delictivo. Decir hoy públicamente,

por ejemplo, que el coronavirus se

generó en laboratorio por los mismos

que desarrollaron las vacunas

con algún fin geopolítico que nadie

conoce o comprende —he ahí la

conspiración propiamente dicha—

se considera en todas partes una

amenaza a la salud pública, es

motivo de proscripción en las redes

sociales y de censura en los medios

tradicionales. Todo lo que no esté

perfectamente alineado al discurso

oficial de un virus surgido de la

promiscuidad entre animalitos de

distintas especies y de una ciencia

abnegada que corre contra el

tiempo para desarrollar el antídoto

y salvar vidas es puesto automáticamente

en la categoría de “conspiranoico”,

es considerado peligroso

y se prohíbe, represión y censura a

los atrevidos mediante.

Pero claro, los atrevidos de la actualidad

han sido adiestrados para

serlo en buena parte y a lo largo

de los años por medios de difusión

como History Channel y similares,

que pululan. Somos la generación

de las películas dichas “conspiranoicas”

de Hollywood, entre las que

Matrix es la cosa por antonomasia,

si se quiere. Dicho de otra forma,

fueron los medios que hoy execran

y exigen castigo para los “conspiranoicos”

los que educaron a estos

para serlo. Y entonces uno podría

pensar, en una estructura binaria

de buenos y malos que también

es todo un clásico de Hollywood,

que entre las corporaciones propietarias

de los medios de difusión

hay una interna, que estarían las

corporaciones que financian a los

medios “conspiranoicos” y estarían,

por otra parte, las que financian el

combate a estos.

La mano invisible

Pero no es lo que ocurre en la

realidad y para demostrarlo el

ejemplo de History Channel es de

mucha utilidad. Sin la necesidad

de hacer mucha “conspiranoia”,

un rápido análisis de la documentación

pública sobre la propiedad

privada de los medios de difusión

nos arrojará hechos muy esclarecedores.

Para empezar a tirar del

ovillo, de esa información oficial se

El Instituto de Virología de Wuhan, laboratorio chino cuyas conexiones con Pfizer y GlaxoSmithKline

fueron rápida e intensamente desmentidas por los llamados “fack-checkers”, el

nuevo oráculo de la verdad en la posmodernidad que con la fuerza de una cruzada contra

las “fake news” hacen de la narrativa oficial una cosa sagrada e intocable. Es más difícil hoy

que en la Inquisición disentir de la voz hegemónica que posee todos los medios de comunicación

—y todos los “fack-checkers”, por supuesto— en propiedad privada.

29 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


desprende que History Channel es

controlada por A&E Networks, un

joint venture con sede en la ciudad

de Nueva York, Estados Unidos. Y

pese a que declaró un patrimonio

de 20 mil millones de dólares en el

año 2013, A&E Networks no pasa

de una subsidiaria que oculta la

identidad de sus verdaderos propietarios:

Hearst Communications,

fundada por el mítico magnate estadounidense

de los medios William

Randolph Hearst, y The Walt Disney

Company, o simplemente Disney

para los mortales. Cada una de

estas corporaciones tiene el 50%

de esa sociedad limitada que es

A&E Networks; por su parte, Hearst

Communications también es una

sociedad limitada bajo el control de

Walt Disney fundó un imperio a partir de sus dibujos, aunque quizá nunca se haya imaginado

la magnitud del poder que habría de tener su empresa de contenidos convertida en corporación

y bajo el control de los fondos bursátiles de inversión. Sea como fuere, el propio Disney

es objeto de una “conspiranoia” muy popular en todo el mundo: se dice que el cuerpo de

Disney fue congelado con métodos de criogenia con la finalidad de resucitarlo en el futuro.

Incluso Salvador Dalí, quien fue su amigo personal, adhirió a esa hipótesis y la reprodujo

públicamente innumerables veces.

los herederos de William Randolph

Hearst y no hay mucho que escarbar

allí, todos los nombres propios de

sus propietarios están expuestos al

escrutinio popular, si el escrutinio

popular está interesado en rascar

un poco la pintura para ver qué hay

por debajo.

El problema o la contradicción se

verá en la contraparte, que detenta

el otro 50% en la sociedad limitada

A&E Networks. Allí veremos a

Disney, esa monstruosa corporación

dedicada —en teoría— a la creación

de contenidos de entretenimiento

para el cine, la televisión e internet.

Disney es por cierto mucho más que

eso, pero el problema aquí no es

tanto su naturaleza como su composición

accionaria: un rápido vistazo

a la nómina de grandes tenedores

de acciones de esta corporación

será suficiente para comprender

que el gigante conglomerado está

controlado por básicamente tres

fondos de inversión globales, que

son BlackRock, The Vanguard Group

y State Street. En retrospectiva,

puede afirmarse entonces que estos

tres tiburones de las finanzas son

propietarios de History Channel,

el medio que adiestra hace ya casi

tres décadas a su público en la

“conspiranoia”. Y que los tres controlan

en cascada las empresas que

determinan el contenido de History,

esto es, que en última instancia deciden

qué programas van a emitirse

y qué contenidos no saldrán jamás

a la vista del público.

El hilo para tirar es bastante largo

y aquí hay apenas un recuento

muy resumido de la relación entre

oscuros fondos de inversión —cuya

real naturaleza y propósito también

veremos, el atento lector con

nosotros, a continuación—, corporaciones

mediáticas y, finalmente,

medios de comunicación, o la parte

visible de todo este embrollo. Pero

para fines de comprensión, baste

con saber eso mismo, que un medio

como History Channel y prácticamente

todos los medios de comunicación

en el mundo pertenecen

realmente a fondos de inversión

globales de los que es muy difícil

identificar los dueños. Por su naturaleza,

un fondo de inversión puede

tener en teoría miles y hasta millones

de propietarios, puesto que virtualmente

cualquier individuo con

dinero y ganas de invertirlo puede

comprar en bolsa fracciones de participación

en estas sociedades anónimas,

puede comprar acciones de

ellas, aunque en la práctica lo que

ocurre es que el control accionario

efectivo de los fondos de inversión

está en muy pocas manos: en las

de quienes detentan las suficientes

30 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


acciones como para sentarse a sí

mismos o a sus apoderados en sus

directorios.

Por el momento son irrelevantes

estos nombres propios con capacidad

para adquirir ingentes lotes

de acciones en fondos de inversión

cuyo capital declarado se mide en

el orden de los billones de dólares,

son más grandes que todos los países

del mundo excepto los Estados

Unidos y China y tienen un poder

inmenso. Lo importante aquí es

empezar a comprender que existe

efectivamente una mano invisible

controlando los medios de comunicación,

pero que dicha mano es

concreta, es de carne y hueso. No la

podemos ver porque se esconde en

sus sociedades anónimas y muy raramente

asoma la cara en la escena

pública, aunque es humana, vive

y respira en este planeta. Las llamaremos

de aquí en más las élites

globales.

Entonces, a partir del ejemplo propuesto,

History Channel es un canal

educativo para la “conspiranoia” y

es de propiedad de A&E Networks,

empresa que por su parte le pertenece

en un 50% al Grupo Disney y

este, finalmente, es controlado por

tres fondos de inversión gigantescos

donde las élites globales ponen

su dinero a trabajar. Esto equivale

a decir que las élites globales son

las dueñas de History Channel y

pueden serlo por dos razones, las

que no son mutuamente excluyentes.

Pueden serlo porque History

Channel es económicamente viable

y pueden serlo porque History

Channel tiene una utilidad geopolítica

estratégica. Un miembro de las

élites globales que podría llamarse

Rothschild, Bush, Rockefeller, Du

Pont o Morgan, por enumerar a

algunos apellidos, posee medios

de comunicación para ganar dinero

en el corto plazo con las utilidades

de la empresa y también los posee

La familia Rothschild —la de ayer, la de hoy y la de siempre— es la prueba cabal de que es

muy efectiva la utilización de la categoría de “conspiranoia” para meter y descalificar a todo

intento de cuestionamiento del relato oficial. Pese a que ya sabemos que los Rothschild son

los dueños del mundo entero hace varios siglos y hay abundantes evidencias de que manipulan

el sistema a su favor, el decirlo se considera “conspiranoico” e incluso “antisemita”. Los

Rothschild se blindaron a sí mismos por todos lados, no pueden ser cuestionados y mucho

menos investigados. Y así reinan tranquilos desde el lugar de comodidad de las sociedades

anónimas que poseen control accionario de todas las empresas relevantes del mundo. El

diablo sabe mucho más por viejo que propiamente por diablo.

para monopolizar la información a

nivel global y controlar así las mentes

de los subalternos. La metáfora

local de un Grupo Clarín controlado

por Héctor Magnetto —que es un

verdadero piojo y está muy, pero

muy lejos de sentarse en la mesa

de las élites globales— está muy

bien para comprender esa doble

relación. Con el Grupo Clarín Magnetto

hace fortunas para sí, para

los herederos y para los accionistas

del Grupo, pero también controla la

información en la Argentina a punto

de, en posesión de dicho control,

ser un factor determinante en la política

del país. Tómese este ejemplo

local y en miniatura, multiplíqueselo

innumerables veces y ahí tendrá

el atento lector una dimensión

aproximada de lo que son las élites

globales y sus fondos de inversión

en control de la información a nivel

mundial.

Ahora bien, aquí empieza a haber

problemas porque aquella hipótesis

de la existencia de una interna en

las corporaciones entre “conspiranoicos”

malos e “informadores”

buenos se desploma. Si empezamos

a escarbar aun sin mucha

profundidad, nos encontraremos

que la mano invisible que controla

a History Channel no es distinta a la

que controla los otros medios que

les hacen la guerra a los “conspiranoicos”

alrededor de la narrativa

sobre el coronavirus actual. Por

ejemplo, las redes sociales como

Facebook, YouTube y Twitter, que

castigan severamente a quien

se atreva a publicar o reproducir

tímidamente cualquier información

disonante de la narrativa oficial,

31 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Facebook, junto a YouTube y a Twitter, el símbolo de las redes sociales que mediante la

aplicación de la inteligencia artificial controlan el flujo de la información a nivel global y determinan

qué cosas pueden saber y qué otras deben ignorar miles de millones de mortales.

Aquí lo vemos a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook (ahora Meta), hablando de curar

enfermedades infantiles y otros asuntos sanitarios que en teoría nada tienen que ver con el

negocio al que se dedica. ¿Cuál es el verdadero propósito de estos dueños del mundo?

la de los animalitos promiscuos y

la de los científicos abnegados y

dedicados a curar el mundo, etc. Si

Ud. se atreve a utilizar esas redes

sociales para decir que ese relato

oficial hace agua por todas partes,

entonces Ud. conocerá la cara más

dura de la censura y la proscripción.

En nombre de un “esfuerzo en el

combate a las noticias falsas” y

de la “defensa de la verdad”, esas

redes sociales emplean todo el poder

de la inteligencia artificial para

detectar a quienes manifiesten su

opinión sobre el asunto del momento

y para silenciar a quienes en ello

no reproduzcan punto por punto

la narrativa única o mínimamente

plantee dudas al respecto.

A ejemplo de lo que ocurre con

Disney y con virtualmente todas las

empresas relevantes que cotizan en

las bolsas de valores de Occidente,

Facebook (que incluye a Instagram

y a WhatsApp), Twitter y Google

(que incluye a YouTube), todas las

redes sociales más masivas y más

importantes, están controladas por

estos mismos tres oscuros fondos

de inversión: The Vanguard Group,

BlackRock y State Street. Un poco

más o un poco menos, el control

accionario de esas corporaciones

está en las mismas manos invisibles

que por una parte ordenan la persecución

a los “conspiranoicos” y, por

otra, fomentan la difusión cultural

de la “conspiranoia”.

Son siempre los mismos en ambos

lados del mostrador, no hay internas

en las corporaciones. El atento

lector podría aducir que los fondos

de inversión son demasiado grandes

y que realmente no se ocupan

de los asuntos operativos de cada

una de las empresas que controlan,

pero eso sería un acto de ingenuidad

pues el capitalismo monopólico

global no funciona así. Poseedoras

de riquezas verdaderamente incalculables,

las élites globales tienen

en su nómina a decenas de miles de

cuadros técnicos organizados corporativamente,

en un esquema piramidal

de tipo clásico, donde cada

uno de ellos se ocupa de un aspecto

particular de la administración de

las empresas y todos responden

jerárquicamente a un superior, el

que a su vez hace lo mismo pirámide

arriba hasta llegar a quienes

realmente mandan. No es que un

heredero de los Rothschild o de los

Morgan se pone a inspeccionar la

programación de History Channel o

la aplicación de la inteligencia artificial

con fines de censura en redes

sociales como Facebook, Twitter

o YouTube, no hay nada de eso. Lo

que hace la mano invisible de las

élites globales es impartir pirámide

abajo una orden genérica: confundir

a los consumidores de contenidos

para que su comprensión de la

naturaleza del juego esté en proporción

inversa a la cantidad de información

que reciben todos los días.

Mientras más sepan, menos van a

entender de qué se trata.

Obediencia debida

Por eso la estrategia parte de una

orden genérica y luego se instrumenta

de la mano de una multitud

de cuadros técnicos organizados

por una división del trabajo digna

del ordenamiento militar. Los

generales son instruidos en la mesa

chica y luego instruyen a los oficiales

en forma jerárquica, quienes

van reclutando y adiestrando a los

soldados para que cada uno de

ellos cumpla una función específica

en el campo de batalla. La orden

genérica es instalar la confusión y

así los oficiales que se encargan de

diseñar la estrategia sobre el plano

instruyen a los que la van a ejecutar

en el campo para que cumplan sus

funciones tácticas. La estrategia, o

una de ellas, es el primado negativo

que habíamos visto anteriormente

en este texto. Según la definición

32 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


sencilla y directa que puede encontrarse

en Wikipedia, un primado es

en psicología un “efecto relacionado

con la memoria implícita por el

cual la exposición a determinados

estímulos influye en la respuesta

que se da a estímulos presentados

con posterioridad” y es un fenómeno

que “puede tener lugar a nivel

perceptivo, semántico o conceptual”.

Aunque parece complicado,

es lo más simple que puede haber

cuando se lo ve aplicado en la práctica:

al exponerse a determinados

estímulos perceptivos, semánticos

o conceptuales, el hombre tiende a

responder de un modo también determinado

al encontrarse con esos

mismos estímulos en el futuro. En

una palabra, la estrategia es preparar

las mentes para controlar el

modo en que estas van a procesar

una información posterior.

La comprensión de este concepto

nos permite entender la totalidad

del juego de las élites globales con

sus fondos de inversión en control

de los medios de comunicación,

es solo un asunto de entender la

jerarquía establecida. Durante décadas,

se instala psicológicamente

el estímulo de responder negativamente

frente a cualquier intento

de construcción de una narrativa

alternativa a la oficial. En el ejemplo

propuesto, History Channel habla

de seres extraterrestres y otros temas

más bien propios de la ciencia

ficción, ocupa el lugar de la narrativa

alternativa con esos “bolazos”.

Uno los consume inocentemente,

hasta que viene un sector de la

comunidad científica —el que, como

veremos, también está en la nómina

de las élites globales y funciona

en su jerarquía— a decir en otros

medios que eso es pseudociencia y

pseudohistoria, colocando todo eso

en el lugar exclusivo de la “conspiranoia”.

Y listo, el consumidor de

información ya tiene el primado

negativo para entender de ahí en

más que todo lo que no salga en

los medios de comunicación dichos

Los Estados Unidos de las Corporaciones, un divertido mapa que, no obstante, es conceptualmente erróneo: no solo los Estados Unidos, sino

todo el planeta, pertenecen básicamente a tres conglomerados llamados fondos de inversión bursátil: The Vanguard Group, BlackRock y State

Street, allí donde estos dos últimos finalmente pertenecen al primero. Y el primero es propiedad efectiva de seis u ocho familias, de modo

que al fin y al cabo las corporaciones son una trinchera remota, bien alejada del cuartel general. Todo esto es muy difícil de entender para

nuestras mentes, formateadas en el esquema del capitalismo moderno. Pero lo cierto es que la posmodernidad poscapitalista no tiene nada

que ver con una competencia entre burgueses en un libre mercado: es la dictadura totalitaria más atroz y sin precedentes en la historia.

33 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


“serios” al no estar avalado por la

ciencia que se expresa en esos medios

“serios” debería lógicamente

ser un “bolazo” de History Channel

y, por lo tanto, “conspiranoia”.

Claro que todo esto es un tipo

específico de ingeniería social que

aquí se explica demasiado rápido y

se merecería un estudio en profundidad,

pero ese no es el propósito

de este modesto artículo. El objetivo

de este análisis se logrará si

el lector comprende que, aunque

no se hable de alienígenas prehistóricos

ni nada por el estilo, con la

generalización del primado negativo

cualquier narrativa contrahegemónica

será ubicada en el lugar de la

“conspiranoia” y descalificada entre

burlas, de modo que es virtualmente

imposible desbaratar la estrategia

de las élites globales. Hay sin

lugar a dudas conspiranoias sin

comillas, existen hipótesis absurdas

sobre conspiraciones imposibles y

todo eso es ciencia ficción. El caso

es que no todas las hipótesis sobre

las conspiraciones son delirantes

y, en realidad, son muy pocas las

que incluyen extraterrestres y otros

poderes quizá sobrenaturales: la

mayoría de las hipótesis sobre conspiraciones

universales son sobre el

poder fáctico global y su presencia

en ambos lados del mostrador. Y

esa es una realidad concreta que

puede verse en el simple análisis

de la composición accionaria de

las corporaciones más grandes del

mundo.

En el libro ‘El verdadero Anthony Fauci: Bill Gates, la industria farmacéutica y la guerra

global contra la democracia y la salud pública’, Robert Kennedy Jr. señala al magnate del

software Bill Gates como el instrumentador de un golpe de Estado contra la democracia a

nivel mundial mediante la imposición de una crisis sanitaria. Kennedy denuncia los tejemanejes

de Gates en África como lobista de la industria farmacéutica, negocio multimillonario

de por medio con la salud de los niños africanos, para preguntarse: ¿Qué hace un programador

informático vendiendo vacunas en todo el mundo?

La “conspiranoia” del momento es

la del origen del coronavirus y del

probable uso de la pandemia para

la obtención de objetivos geopolíticos

por parte de las élites globales

y sus corporaciones, como se sabe.

No hay en ese intento de construcción

de una narrativa alternativa a

la oficial ningún alienígena, extraterrestre,

cosa sobrenatural o

intervención de seres incorpóreos,

no hay metafísica ni especulación

en ello, no se habla de fantasmas.

Lo único que hay es el hallazgo de

que la riqueza a nivel mundial se

encuentra concentrada hasta el

extremo y de que, en consecuencia,

la media docena de familias que

posee la misma riqueza que 3.500

millones de seres humanos está

utilizando ese poder para transformar

el mundo. Bien mirada la cosa,

más conspiranoico sería suponer

lo opuesto, esto es, que con tanta

riqueza y tanto poder entre manos

ese selecto grupo de individuos no

intentara cambiar el curso de la

historia mundial. ¿Por qué no habrían

de hacerlo, si tienen con qué

y es solo una cuestión de aplicar

el dinero que ya tienen para multiplicarlo

como siempre hicieron?

¿Por qué habrían de sentarse sobre

sus fortunas y dejar que la historia

siga su curso natural hasta que un

buen día la humanidad comprenda

la brutal desigualdad de la que es

víctima y se organice para cambiar

el statu quo?

De ninguna manera, ningún poderoso

deja nada librado al azar,

por lo que la manipulación de la

realidad por parte de los dueños del

mundo, lejos de ser “conspiranoia”

es un hecho hasta lógico, un hecho

que no necesita de muchos datos

para corroborarse. Por lo tanto, la

hipótesis de que las élites globales

crearon el coronavirus en laboratorio

o al menos aprovechan la volteada

para acelerar la instalación del

34 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


globalismo como etapa superior del

capitalismo a nivel mundial es una

fija, no podría ser de otra manera.

No podría serlo y, aun así, frente

al mínimo conato de construcción

de dicha narrativa alternativa la

mayoría de los individuos de a pie

responde negativamente y refiere

una y otra vez a la narrativa oficial

para negar la obviedad ululante que

se presenta desnuda frente a sus

propios ojos. El coronavirus es un

accidente de la naturaleza, los laboratorios

de la industria farmacéutica

trabajan desinteresadamente

en la lucha contra el mal y los ricos

del mundo no tienen nada que ver

con eso, padecen junto a los demás

seres humanos los efectos devastadores

de la pandemia.

Los dueños del mundo

Pero eso es, como veíamos, una

imposibilidad lógica que además

puede contrastarse con el análisis

en un poco más de profundidad

sobre la composición accionaria

de las corporaciones más allá de

aquellas que se dedican a la comunicación.

El atento lector ya

sabe y puede confirmar en Yahoo!

Finanzas —donde la nómina de los

tenedores de acciones de todas

las corporaciones que cotizan en

las bolsas de valores occidentales

está publicada, no hay nada secreto

ahí— que entre tres fondos buitres

de inversión tienen el control directo

o indirecto de todos los medios

de comunicación nacionales e

internacionales, tanto tradicionales

como en las redes sociales. Y ahora

está a punto de saber que eso no se

reduce a las corporaciones mediáticas,

sino que se extiende a absolutamente

toda la economía global.

Todas las corporaciones relevantes

a nivel mundial pertenecen en la

práctica a unos pocos fondos de

Toda la información sobre los dueños del mundo y su monopolio global de acciones de

las corporaciones relevantes se desprende de un breve relevamiento de los datos, que

son públicos y se encuentran a disposición de cualquier vecino con conexión a internet en

Yahoo! Finanzas. Basta con entrar, hacer la búsqueda por el título bursátil deseado y abrir la

pestaña de tenedores de bonos. Allí estará la nómina proporcional de quienes tienen el control

de la economía mundial. En realidad, ellos no tratan de ocultar nada: ya con el primado

negativo de la “conspiranoia” están blindados frente a cualquier intento de crítica o investigación.

¿Quién en su sano juicio creerá que seis u ocho familias poseen el 50% de la riqueza

del planeta? Solo un loco o un conspiranoico, por cierto. “Pero se mueve”, diría Galileo.

inversión y entonces la economía de

la posmodernidad es un inmenso

monopolio.

Facebook, Twitter, YouTube, diarios,

canales de televisión, portales

de la web, radios, agencias de

noticias, productores de contenidos

para el entretenimiento, deportivos,

farandulescos, todo. Todo lo que

produce y/o difunde información en

el mundo está bajo el control de un

muy selecto grupo de familias que

se esconde tras sociedades anónimas

bien constituidas, aunque no

imposibles de rastrear. Si a alguien

le interesara la investigación de

este asunto y la divulgación de las

conclusiones, sería tan solo cuestión

de recurrir a la información pública

de quienes tienen acciones en

esas sociedades anónimas. ¿Pero

a quién le interesaría tal cosa, si los

propios medios que podrían llevar

a cabo dicha investigación pertenecen

a quienes serían los investigados?

Los dueños del mundo no van

a investigarse a sí mismos.

Entonces llegamos a un lugar en el

que, bien cubiertas por el blindaje

mediático y además protegidas por

35 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Durante el kirchnerismo de la década ganada se formó un conato de comprensión sobre los

fondos de inversión bursátil como enemigo de los pueblos y la consigna llegó a ser “pueblos

o corporaciones”. Esos fueron años dorados de la política argentina, pero algo pasó. Se

asustaron nuestros dirigentes, nos asustamos nosotros o ambas cosas a la vez. Lo cierto

es que nunca más se habló del poder fáctico global, todo se redujo a una pelea en el barro

entre kirchneristas y macristas y, hoy por hoy, cualquier mención a los fondos buitres es duramente

censurada por los propios kirchneristas al grito de “conspiranoia”. Ese es el precio

de hacer amistades con tiburones como Pfizer y afines.

el primado negativo que bloquea el

razonamiento de buena parte de la

población mundial, las élites globales

están en condiciones de ejecutar

una operación a nivel planetario

cuya magnitud no tiene precedentes

en la historia de la humanidad. Ese

es el coronavirus como pandemia y

como modificador en profundidad

de todas las estructuras económicas,

sociales y políticas en todos

los países del mundo. Las élites

globales pueden hacerlo, lo hacen

y Ud. tiende a dudar de que eso

es así, ellos pueden hacer lo que

quieran y pueden ser muy explícitos,

no tienen que ocultar nada: por el

primado negativo el individuo de a

pie siempre va a creer que eso es

“conspiranoia”.

Es imposible saber hoy por qué y

cómo, la estrategia no se muestra

en sus objetivos mientras estos no

se hayan cumplido, por razones

lógicas, pero esto es de público conocimiento:

además de los medios

de comunicación tradicionales y redes

sociales que generan, difunden

y cuidan la narrativa oficial sobre

el coronavirus como si se tratara

de una cosa sagrada, los fondos de

inversión de las élites globales también

son dueños en la práctica de

la industria farmacéutica entera, en

el marco de la que están los laboratorios

privados que proponen sus

“vacunas” experimentales como la

panacea universal y la solución para

la crisis. Pfizer, Moderna y Johnson

& Johnson, todas de propiedad

de State Street, BlackRock y The

Vanguard Group, este último participante

también en acciones de

CanSino, Sinopharm y AstraZeneca

junto a otros fondos de inversión

que siempre pertenecen a miles

y hasta a millones de accionistas

minoritarios, pero son controlados

en la práctica por las mismas familias

dueñas de la mayoría de las

acciones.

¿Qué es lo que está pasando

aquí? Pues que los dueños de las

empresas mediáticas que producen

y sostienen la narrativa oficial

sobre una crisis poseen también

el control de las empresas farmacéuticas

que producen la solución

para esa crisis. La segunda de las

10 estrategias de manipulación —

decálogo cuya autoría se atribuye

erróneamente a Noam Chomsky y

en realidad es del francés Sylvain

Timsit— es la de crear el problema

y luego ofrecer la solución, o lo que

se llama “problema, reacción, solución”.

Un ejemplo clásico de ello

que los argentinos conocemos muy

bien es el de las crisis económicas,

que siempre son artificialmente

generadas para que la ciudadanía

acepte como solución o como un

“mal necesario” el retroceso en

materia de derechos sociales o laborales,

la privatización de servicios

públicos, los ajustes fiscales, etc.

Sin la crisis en primer lugar, nada de

eso sería aceptado y el resultado de

la imposición a secas de esas reformas

ciertamente sería un estallido

social.

Claro que toda guerra o toda crisis

necesita además de un correlato

posterior que venga a acomodar

el mundo luego de su resolución,

así fue como los estadounidenses

vendieron exitosamente su rol de

gendarme universal luego de cada

incursión militar mediante sendas

películas de Hollywood en las que

siempre se presentaba a los soldados

yanquis en el papel de héroe y

salvador del mundo. Y ahí tenemos

que hoy por hoy Netflix, Amazon

Prime, Paramount, el ya mentado

36 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Grupo Disney y otros gigantes del

negocio de contarla bien linda, pero

cambiada, son todos de propiedad

BlackRock, The Vanguard Group

y State Street, los mismos fondos

de inversión que poseen todo los

demás. Cuando llegue el momento

de dar por terminada la pandemia

del coronavirus y haya que explicarle

al hombre qué fue lo que lo

embistió para que pueda ordenar

su cosmovisión y seguir, allí estarán

los fabricantes de ficciones con sus

películas y series muy bien producidas

en las que un pangolín entra en

relaciones raras con un murciélago

en China y luego la “ciencia” —la

industria farmacéutica, en rigor—

salva el mundo con la bondad y la

abnegación de Pfizer, de Moderna y

de Jonhson & Johnson. Así nos iremos

a dormir una vez más, como al

finalizar toda guerra imperialista y

toda crisis económica artificialmente

generada, bien tranquilos con la

sensación del deber cumplido.

Los dueños del mundo lo son cada

vez más a medida que avanzan con

la acumulación de capital, la que

se materializa en sus posiciones

hacia el interior de la composición

accionaria de las corporaciones que

tienen el monopolio de la economía

global en todos sus rubros, no

hay nada hoy que no le pertenezca

BlackRock, The Vanguard Group y

a State Street o algún otro fondo

de inversión que pertenece en la

práctica a los dueños de estos tres.

De hecho, el análisis de la composición

accionaria de estos mismos

fondos de inversión (porque ellos

mismos cotizan en bolsa al igual

que las empresas de las que son

propietarios) arroja como resultado

a esta altura para nada sorprendente

que la mayoría de las acciones

de BlackRock está en poder de The

Vanguard Group y de State Street,

que la mayoría de las acciones de

State Street pertenece a BlackRock

y a The Vanguard Group y que, finalmente,

este último grupo es una

cosa más bien hermética, el último

refugio de las élites globales.

Todo esto pasa frente a los ojos de

un mundo impotente y mantenido

en la más profunda ignorancia,

seis u ocho familias son dueñas

del mundo entero a través de maniobras

financieras en el mercado

bursátil, controlan todos los sectores

de la economía mundial en un

monopolio nunca antes visto en la

historia de la humanidad. Y desde

ese lugar de comodidad absoluta

despliegan la operación de sentido

más grande desde que el hombre

aprendió a hacer operaciones de

sentido para dominar el mundo más

bien por la viveza que por la fuerza.

Todo esto es obra de quienes Oxfam

International señala como un puñado

de individuos que concentran

la mitad de la riqueza del mundo y

avanzan sobre la concentración de

la otra mitad. Ese es el plan, ese

tiene que ser el plan: el control total

de la humanidad por una sinarquía

global que destruirá los Estados

nación para imponer un gobierno

mundial que ni George Orwell pudo

imaginarse. En 1984 las corporaciones

son partidos políticos que se

imponen por la fuerza de las armas

y se reparten el mundo en un esquema

similar al de la Guerra Fría; aquí

son particulares con mano invisible

que hacen quebrar lo que queda de

la economía mundial para terminar

de adquirir lo que todavía no controlan

en una mesa de saldos.

Pero si Ud. lo dice, si Ud. advierte

la obviedad ululante frente a sus

ojos, pues Ud. es un “conspiranoico”

y será censurado por sus pares.

He ahí la dictadura perfecta que

ninguna ciencia ficción pudo prever

jamás, es el futuro que llegó hace

rato y es, como decía el poeta, todo

un palo. Ya lo ve.

The Vanguard Group, BlackRock, State Street, los tres gigantes de los fondos de inversión

que poseen el control monopólico de prácticamente toda la economía global al día de hoy.

El asunto es que el análisis de la composición accionaria de BlackRock y State Street arroja

como resultado el que The Vanguard Group controla a ambos, pero ahí se corta el rastro:

la composición de este último fondo de inversiones no es transparente, es privada y ahí es

donde tiene que estar el huevo del tero, o la última máscara del verdadero poder.

37 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


FILOSOFÍA POLÍTICA

Esperando el día 100

DANTE

PALMA

No hay hechos, solo interpretaciones.

No hay elecciones,

solo expectativas. Podríamos

incluso jugar intercambiando

el orden y decir que no hay

hechos, solo expectativas, y que

no hay elecciones, solo interpretaciones.

Como sea, saturados de

análisis y atormentados de sentido,

los resultados del último domingo

parecen quedar en un segundo plano

para ser casi una anécdota.

En todo caso esos resultados otorgan

la legitimidad formal para los

cargos pero nada más que eso. No

es poco pero quien crea que todo

termina allí se equivoca. El dato

duro es que el oficialismo perdió

a nivel país por casi 9 puntos, que

cayó en todas las provincias grandes,

incluso en la de Buenos Aires,

y que apenas hizo pie en Tierra

del Fuego y el norte del país. Sin

embargo, ante una expectativa de

paliza demoledora, la oposición

tuvo un triunfo con sabor a poco y

el gobierno vivió la derrota como

una victoria. Y esto va más allá del

hecho de que el gobierno sostenga

la primera minoría en diputados y

de que, si bien perdió el quórum en

el Senado, se descuenta que tendrá

las herramientas para alcanzarlo.

38 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Va más allá porque desde el gobierno

piensan que si después de una

pandemia que se cargó a todos los

gobiernos nacionales del mundo y

de una gestión que ha dejado mucho

que desear, se obtiene un tercio

de los votos, con mejorar un poco y

con una economía que rebote desde

el subsuelo, la posibilidad de pelear

el 2023 está a mano.

Claro que más optimistas podrían

ser los opositores con esa misma

lógica. Es que con todo a favor

hicieron un pésimo gobierno, el cual

terminó hace menos de dos años. Y

sin embargo tienen un piso de más

de 40%. ¿Ustedes se imaginan lo

bien que les iría si hubieran acertado

con alguna medida?

Por otra parte, merecería un artículo

aparte la risueña discusión

acerca de ganadores y perdedores

que estableció Alberto Fernández

cuando llamó a festejar el triunfo el

día de la militancia. Como estrategia

para cambiar el eje de la discusión

ha sido enormemente efectiva,

más allá de que el precio que se

puede pagar es el de una sociedad

que vea al presidente fuera de la

realidad. Pero al fin de cuentas,

fue la estrategia que utilizó Macri

y fue bastante efectiva también.

Seguramente, esta nueva lógica

comunicacional del gobierno va en

la línea del duranbarbismo posmo

que adoptó después de septiembre

cuando todo lo que se ofrecía era

una campaña afirmativa por un “sí”

tan lavado que podía encajar casi

en la lista de objetivos de cualquier

partido.

De hecho, la idea de ir a festejar el

miércoles a la plaza un triunfo que

no fue está en la línea de un aprendizaje

pospandémico: gobierno que

dice que “no” a algo pierde. Así que

hay que “dejar hacer”. La libertad

copó la agenda y cualquier impedimento,

sugerencia u, obviamente,

obligación, será visto como un

ejercicio de la violencia. De modo

que no importa por qué pero salgan

y festejen. Prohibido prohibir. Basta

de “cuidate” o “quedate en casa”.

Salí y matate si querés. Basta de

“no”. Todo “sí”. Ahora la fiesta.

¿Perdimos? ¿Qué importa? Hay

que festejar.

Ahora bien, mientras otra parte del

gobierno intenta justificar la ficción

triunfalista hablando de un “empate

técnico”, como si el resultado de

una elección fuese lo mismo que el

margen de error de una encuesta, la

oposición patalea como un chico al

que los padres no le llevan el apunte.

No le alcanza con los números.

Quiere que le digan que ganó. No

le alcanza con la realidad. Necesita

ser protagonista de la ficción. Los

hoy periodistas opositores que dos

años atrás utilizaron el mismo insólito

argumento del “empate técnico”

cuando el derrotado fue Macri,

o la boludez del juego de palabras

de los que ganan perdiendo o

pierden ganando, ahora se indignan

porque el oficialismo les da un poco

de su propia medicina. “Querían ficción

y les di ficción”, podría decir el

propio Alberto Fernández que está

como Penélope tejiendo y destejiendo

soñando con que le llegue por fin

el día 100.

Y ésa parece ser la lectura que

hace el gobierno del momento

poselecciones. Hasta aquí, diría Alberto,

goberné 99 días y al día 100

llegó la pandemia. La consecuencia

de la pandemia fue la derrota en las

elecciones de septiembre. El tránsito

desde las PASO hasta las generales

ya empieza a mostrar signos

de recuperación. Por lo tanto, tengo

una segunda oportunidad que coincide

con mis últimos dos años de

mandato. Ha llegado mi día 100.

Si la mejora en la provincia de

Buenos Aires obedeció al trabajo de

los intendentes que fueron a buscar

a los votantes desencantados

que se habían quedado en casa en

Imagen de una bandera muy particular en Plaza de Mayo por el Día de la militancia peronista,

fecha que Alberto Fernández convirtió en el festejo de un triunfo dudoso. La idea de

una unidad inquebrantable entre el presidente y Cristina Fernández sigue arraigada en la

conciencia de muchos, aunque todas evidencias indican que esa unión, de haber existido

alguna vez, hoy es humo.

39 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


Un Alberto Fernández en postura triunfal, pese a la negatividad insoslayable del resultado

electoral en elecciones que se consideran siempre como un plebiscito de la gestión. Ese

tipo de relato alternativo a la realidad fue una característica del macrismo, que festejó y se

mostró optimista hasta la caída estrepitosa en las primarias del año 2019. Allí la realidad no

pudo ya ocultarse y Mauricio Macri mostró al fin su peor cara. ¿Alberto Fernández recuperará

la iniciativa política con buena gestión en los dos años que faltan hasta el 2023 o correrá

la misma suerte de Macri?

las PASO, al pánico al regreso de

Macri y/o a la simple razón de que

el alejamiento de la pandemia nos

predispone mejor, es otro tema y al

gobierno no le impedirá sostener la

esperanza de recuperación.

Pero la llegada del día 100 como

el día del relanzamiento tiene dos

interrogantes: el primero es cómo

llega el Frente internamente a ese

día. Porque cómo está el país ya lo

sabemos. Lo que no queda claro es

cómo está el Frente. O sí lo sabemos

y las noticias no son buenas

porque el equilibrio es inestable

y las razones que en su momento

fracturaron el campo popular están

allí presentes, agazapadas. Si bien

todos los actores parecen haber

entendido que todo está permitido

menos la ruptura, es evidente que la

unidad hoy es condición necesaria

pero ya no es suficiente para garantizar

el triunfo. Estas internas, a su

vez, generan enormes dificultades

en la gestión que han quedado en

evidencia en estos dos años. Es que

la lógica del loteo de cargos, secretarías,

etc. en manos de los distintos

espacios, antes que generar un

equilibrio generó inmovilidad. Está

equilibrado porque no se mueve, lo

cual es la peor forma de los equilibrios.

El segundo interrogante es cuándo

llegará el día 100: ¿Vendrá con el

llamado al diálogo con una oposición

con pocos incentivos para

acordar con un gobierno perdidoso?

¿Vendrá después del eventual

acuerdo con el FMI? ¿Llegará antes

del 2023? La quietud de los primeros

99 días es una mala señal que

se acentuó con la desgracia de la

pandemia. Pero lo cierto es que los

votantes del gobierno y, por qué no,

la Argentina toda está esperando

el día 100 de Alberto. El gobierno

necesita que llegue rápido pero

viene lento como el mítico General

Alais que Alfonsín esperaba para

poner orden en Semana Santa. Hay

quienes incluso creen que nunca

va a llegar como el Godot de Beckett,

que lleva a quienes esperan a

realizar todo tipo de acciones vanas

y dramáticas mientras aguardan; o,

peor aún, como el Diego de Zama

de Di Benedetto que ve pasar la

vida esperando la carta del rey para

conseguir el tan preciado traslado

que nunca llega. A propósito, recuerdo

el trágico final de Zama y

esa frase categórica que el protagonista

da a los captores que buscaban

tesoros. Zama les dice que

viene a hacer lo que nunca hicieron

por él, esto es, viene a decirle “no”

a sus esperanzas.

No me considero en condiciones

de indicar si esta frase de Zama

aplica a la situación de Alberto y

a la llegada del día 100, y menos

aún me considero facultado para

indicarles si hay que tener o no

esperanzas, algo, por cierto, bastante

subjetivo. Pero más allá de la

hojarasca y el juego de expectativas

e interpretaciones, vitales para

la política, en algún momento la

realidad dirá si el día 100, esto es,

si el prometido gobierno de Alberto

comienza, o será un gobierno de 4

años que nunca pudo salir del día

99. Si el día 100 llega, entonces, el

gobierno será evaluado sin excusas

por las urnas en el 2023; pero si

ese día no llega, en 2023 las urnas

hablarán también.

40 HEGEMONIA - NOVIEMBRE DE 2021


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