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Revista Hegemonía. Año IV Nº. 46

Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 40-3510 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.

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Nº. 46 AÑO IV | DICIEMBRE DE 2021

labatallacultural.org

HEGEMONIA

BIOPOLÍTICA

Y BIOPODER


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EDITOR

Erico Valadares

HEGEMONIA

SECRETARIA DE REDACCIÓN

Rosario Belén Meza

DISEÑO, DIAGRAMACIÓN E IT

Federico Carril

EDICIÓN

La Batalla Cultural

Hegemonía es la revista digital de análisis político

y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente.

Hegemonía se sostiene con el aporte

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24

CONTENIDO EXCLUSIVO

Biopolítica

y biopoder

HEGEMONIA

40

LA TRIBUNA DE ROSAS

Un enigma

llamado FMI

6

ANÁLISIS

Las tres

opciones

del FMI

13

FILOSOFÍA POLÍTICA

Hacia una

violencia

sin motivo


EDITORIAL

Precisamos “conspiranoicos”

La Revista Hegemonía llega con

esta entrega a la última edición

de su cuarto año de existencia.

Inicialmente fundada como

un proyecto modesto y con la

sola pretensión de ser un medio

alternativo de análisis político, al

llegar a su primer lustro Hegemonía

tiene hoy un importante número de

suscriptores y es la única revista de

su clase en la Argentina que mete

el dedo en la llaga cuestionando

aquello que —por compromisos

comerciales, políticos, de pauta publicitaria

o todo eso a la vez— otros

medios no pueden cuestionar.

Esa es la verdadera independencia

de los medios, una cosa inviable en

estos tiempos de grupos y corporaciones

mediáticas que se quedan

con la propiedad de cada diario o

revista, de cada canal de televisión

y de cada radio no solo en nuestro

país, sino en todo el mundo. El

poder de los ricos del mundo es

total y esas élites son, por lo tanto,

omnipotentes. Si un medio quiere

mantener una plantilla estable de

comunicadores y tener una difusión

razonable, debe necesariamente

claudicar frente a la extorsión de

quienes tienen el dinero: las élites

globales con sus voraces fondos

buitre de inversión, a los que denunciamos

sistemáticamente en estas

páginas. No hay medio de difusión

que haya quedado sin cooptar, salvo

los alternativos sin fines empresariales

como Hegemonía.


Entonces optamos por no crecer

más en un sentido de tener mayor

difusión en el llamado “mainstream”,

elegimos seguir siendo un

refugio para el atento lector que

busca el análisis no contaminado

por los intereses particulares de

quienes poseen el mundo entero

en carácter de propiedad privada.

El mundo entero, no solo los medios.

Los dueños de todo poseen

las corporaciones mediáticas, los

grandes laboratorios de la industria

farmacéutica, los gigantes de la

producción de contenidos de entretenimiento,

la industria automotriz

y aeronáutica y hasta las fábricas

de juguetes, todo. Entre seis y ocho

familias son dueñas de la mitad de

la riqueza del planeta, o tienen más

que unos 3.500 millones de seres

humanos combinados.

Todo eso se desprende de los informes

de Oxfam International, que es

una oenegé inglesa insospechada

de tener sesgo ideológico populista.

Y también se desprende del rápido

análisis de la composición accionaria

de las grandes corporaciones en

la bolsa de valores, una información

que es pública y está disponible en

tiempo real en la web para quien

quiera consultarla. Cuando Ud.,

atento lector, hace el ejercicio de

analizar esos datos, Ud. inmediatamente

se da cuenta de que este

mundo tiene dueño.

Pero falta algo más en esa comprensión,

falta entender aquello

que ya es una verdad en el sentido

común popular: que el ojo del amo

engorda el ganado, esto es, que

si el mundo tiene dueño lo que

se sigue es que ese dueño lo está

administrando. Esas seis u ocho

familias cuya fortuna hace mucho

dejó de ser calculable incluso para

sus contadores no poseen el mundo

y lo dejan ser, eso no es así. Poseen

el mundo y lo dirigen como el patrón

dirige la estancia y gestiona el

ganado.

Es así como llegamos a la conclusión

de que al mundo le hacen

falta más “conspiranoicos”, de que

estamos precisando gente con la

voluntad de sospechar, de dudar y

de cuestionar. Necesitamos “conspiranoicos”

como Michel Foucault,

por ejemplo, el filósofo francés que

acuñó las categorías de biopolítica

y biopoder utilizadas por nosotros

en esta edición para dar cuenta

de la estrategia de los dueños del

mundo para gestionar lo que les

pertenece en propiedad privada.

En una palabra, necesitamos gente

hambrienta y sedienta de la verdad,

puesto que solo la verdad hará libre

al hombre.

Los dueños del mundo son los

amos de la riqueza material existente,

pero eso no les alcanza. Quieren

más, quieren hacerse del alma de

los pueblos y tenerla en propiedad

privada. Y para eso corrompen a los

que gestionan la palabra, compran

voluntades para que estas formen

la opinión de las mayorías. He ahí

el porqué de nuestra renuencia en

esta revista y en La Batalla Cultural

a “profesionalizarnos” (en un sentido

empresarial, por supuesto) como

medio de comunicación. No vamos

a vender nuestra voluntad para que

el dueño del mundo también lo sea

del alma del hombre.

Probablemente el resultado de

esta lucha sea una derrota a manos

de un enemigo que es demasiado

poderoso, que es omnipotente,

como veíamos. Pero eso es irrelevante.

En esta guerra por el alma de

los pueblos como en toda guerra y

en todas las cosas de la vida, la última

libertad del individuo humano

es la libertad de elegir qué lugar va

a ocupar en la escala universal de la

dignidad.

Y en consecuencia los individuos

que hacemos todos los meses esta

Revista Hegemonía haremos uso

de esa prerrogativa última, seremos

“conspiranoicos” como Michel

Foucault, como el atento lector que

sabe cuestionar la narrativa oficial

y como todos y cada uno de los

“conspiranoicos” que hubo, que hay

y que habrá. En la escala de la dignidad

vamos a estar en el nivel del

que cuestiona, simplemente porque

la peor batalla es la que nunca se

libra. Y que el 2022 nos encuentre,

como siempre, en la trinchera.

Erico Valadares

Revista Hegemonía

La Batalla Cultural


ANÁLISIS

Las tres

opciones

del FMI

ERICO

VALADARES

Al momento de escribir estas

líneas, los medios de difusión

en nuestro país se excitaban

con la ida del ministro de

Economía Martín Guzmán a

los Estados Unidos. Según lo que

trascendió, Guzmán habría viajado

a ponerle un punto final a la novela

del acuerdo con el Fondo Monetario

Internacional (FMI) mediante el cierre

definitivo de dicho acuerdo. Esa

posibilidad generaba entonces la

excitación de los periodistas, quienes

oscilaban entre la especulación

y la expresión de deseo para presentar

el hecho turístico de Guzmán

como una noticia relevante.

Pero es evidente que dicho viaje

es una cosa simbólica cuya finalidad

es precisamente instalar en

los medios la idea de que estamos

en vísperas de la firma de un tratado

fundamental para el futuro de

la Argentina. No hay nada de eso,

puesto que Guzmán es estadounidense

y, en todo caso, el turismo lo

hace cuando viene a nuestro país en

representación de los intereses del

FMI a ocupar la titularidad del Ministerio

de Economía. Martín Guzmán

no va ni podría ir a los Estados

Unidos a negociar nada ni a cerrar

ningún acuerdo, el acuerdo ya está

cerrado de antemano y la “negociación”

es apenas una entelequia

o una simulación para distraer la

6 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


atención de la opinión pública.

Es conocido el hecho de que en

los primeros meses de su gobierno,

el entonces flamante presidente

Néstor Kirchner se encontró con que

una delegación del FMI ocupaba

oficinas en el Ministerio de Economía

y que desde allí esos funcionarios

dictaban literalmente toda la

política económica de la Argentina.

En consecuencia, lo primero que

hizo Kirchner al pagarle al FMI a

fines del año 2005 fue presentarse

en dicha oficina con el comprobante

de pago en mano y echar de allí a

esos ocupas. Hoy la cosa es un poco

diferente y al FMI ya no lo satisface

el rol de poder en las sombras.

Hoy el FMI exige la titularidad y el

control incluso formal del Ministerio

Economía. Eso es Guzmán en la

práctica.

Martín Guzmán es un yanqui del

que nadie —ni siquiera los que

observamos la política a diario y

hace ya algún tiempo— había sentido

mencionar el nombre antes

del 10 de diciembre de 2019. Es

un agente propio del FMI impuesto

por los poderes fácticos en nuestro

Ministerio de Economía para atar

bien la vaca. No tiene militancia

ni trayectoria conocida en nuestra

política grande, no tiene realmente

ningún compromiso con el país

que accidentalmente lo vio nacer.

Es un “ciudadano del mundo” en

los términos de Jauretche, uno que

camina entre nosotros y simula ser

propio para llevar a cabo aquí un

proyecto político que nos es ajeno.

Entonces Guzmán no negocia ni

7 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


Martín Guzmán, aquí junto a Joseph Stiglitz. Guzmán se educó y se formó en los Estados

Unidos y su relación con la Argentina es la de un turista o la de un representante de intereses

foráneos, ya que Guzmán no tiene arraigo en nuestra política ni compromiso con el pueblo.

Mañana, cuando la aplicación de las políticas económicas ortodoxas conduzca al desastre,

Guzmán hará las valijas y se radicará en Harvard, donde dará clases apaciblemente. Toda

economía es política también porque los que toman las decisiones deben ser solidarios en

los resultados de dichas decisiones.

acuerda nada, puesto que para hacerlo

siempre es necesaria una contraparte

y aquí no la hay. Aquí está

el FMI en ambos lados del mostrador,

ocupando todos los campos y

sin oposición. Y el resultado práctico

de ello es el siguiente: lo que

llamamos inocentemente “acuerdo”

es una imposición unilateral del

acreedor de nuestro país y sobre

nuestro país. Algo similar al mal

llamado Consenso de Washington,

que se cocinó entero en los Estados

Unidos, se impuso sobre nosotros y

de “consenso” nunca tuvo nada en

absoluto.

El “acuerdo” con el FMI ya está

firmado y sellado desde que Mauricio

Macri endeudó al país en 57 mil

millones de dólares, de los que 44

mil millones fueron supuestamente

desembolsados por el FMI, aunque

nadie vio ni un peso de ese dinero

en la Argentina. Cuando el país quedó

endeudado por una suma de dinero

muy superior a la capacidad de

pago de la economía del momento

en el que se contrajo el empréstito,

allí el FMI tomó el control de la política

económica nacional y la derrota

de Macri en las elecciones de octubre

de 2019, como sabemos ahora,

fue anecdótica. Con la imposición

de Martín Guzmán en el Ministerio

de Economía el FMI se aseguró el

cumplimiento de las metas fiscales

previstas en el “acuerdo” más allá

del cambio formal de gobierno. En

una palabra, en términos de política

económica no hay variaciones entre

Mauricio Macri y Alberto Fernández.

Sigue gobernando el FMI a control

remoto.

Eso es así porque la primera consecuencia

de una deuda impagable

es la suspensión de la soberanía

económica y la independencia política,

tanto en el nivel de las naciones

como en el de la individualidad.

Un sujeto que debe y no puede

pagar tampoco puede caminar tranquilo

por el barrio, no es realmente

dueño y señor de los destinos de su

economía familiar. Si un buen día

aparece con un electrodoméstico

nuevo, tiene dificultad para entrarlo

a la casa fuera de la vista de sus

acreedores, quienes van a cuestionar

la flamante adquisición por

parte de un insolvente. ¿Cómo va

a tener dinero para comprar cosas,

pero no para pagar lo que debe?

Esa es una analogía quizá demasiado

pedestre, aunque tiene utilidad

para explicar cómo una deuda

condiciona al deudor.

Entonces la Argentina debe y

mientras no pueda pagar no puede

hacer lo que quiera, tiene que

hacer lo que FMI mande. Ese es el

“acuerdo de la deuda”, que nada

tiene que ver con tasas de interés ni

plazos para pagar, no es un plan de

pago. El “acuerdo” es la imposición

de un plan de metas fiscales que el

gobierno argentino deberá cumplir

sin cuidado de quién gobierne. Y los

contenidos de dicho “acuerdo” son

los mismos que se habían impuesto

aquí a fines de los años 1990

con Domingo Cavallo —otro agente

foráneo sentado en el Ministerio de

Economía, es un cuento de nunca

acabar— o, en tiempos más recientes,

en Grecia. Esos son los términos

del ajuste fiscal, la fórmula que

los economistas dichos ortodoxos

tienen para subsanar el déficit entre

lo que el Estado recauda y lo que

gasta.

Según los ortodoxos, un país es

como cualquier familia: si gasta

más de lo que ingresa, ese es un

déficit que se resuelve limitando

el gasto. Fácil, simple, sencillo y

directo, pero incorrecto a la luz de la

experiencia histórica. Se ha demostrado

una y otra vez en las últimas

cuatro décadas que la reducción del

gasto del Estado no equilibra las

cuentas ni mucho menos, sino que

8 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


las desequilibra aún más. Y es que

al ajustar, lo que el Estado logra es

disminuir los ingresos de sus ciudadanos

y eso resulta en la caída del

consumo, de la producción y, por

ende, de la recaudación. El Estado

que recaudaba 10, gastaba 20 y por

eso decidió hacer un ajuste, termina

gastando 10 y recaudando 5. El

déficit sigue allí, pero ahora con una

contracción económica y un pueblo

pasándola peor que antes con

la mitad de la calidad de vida que

solía tener.

¿Cómo resuelven los economistas

ortodoxos ese problema? Pues

como lo haría cualquier burro, a

saberlo: haciendo exactamente lo

mismo. Frente al nuevo déficit se

hace un nuevo ajuste, el que resulta

en más contracción económica y en

más caída de la recaudación. Como

puede apreciar el atento lector, es

un bucle o círculo vicioso del que no

se sale repitiendo la fórmula inicial

del fracaso. Pero ahí está, precisamente,

el truco. El FMI no quiere

cobrar ninguna deuda en dinero

puesto que el FMI es un organismo

multilateral sostenido por los países

que imprimen el dinero. ¿Para

qué querría el FMI que le devuelvan

esos papelitos de colores que los

Estados Unidos pueden imprimir

a discreción cuando quieran? Lo

que el FMI quiere es declarar la

inviabilidad económica del país

deudor y así allanar el camino para

que las potencias centrales —las

que sostienen al propio FMI, como

veíamos— vengan luego con “salvatajes”

que el país deudor, inviabilizado,

acorralado y desesperado,

pagará con la entrega de sus recursos

naturales.

La ortodoxia de los economistas

del FMI no es resultado de su estupidez

ni de su incomprensión de las

leyes que rigen la economía real,

nada de eso existe. Esa ortodoxia es

un método deliberado para recolonizar

por deuda a países que ya

habían logrado su independencia

política y venían construyendo su

soberanía económica. La fórmula

de enmendar un ajuste fracasado

con otro ajuste que también fracasará

no es accidental, es la forma

de quebrar e inviabilizar paulatinamente

a los países que hayan

tenido la desgracia de caer presos

de la deuda. El FMI presta para no

cobrar y las políticas económicas

que impone son la garantía de no

hacerlo jamás.

El truco de la mosqueta

Por eso el problema es la deuda, o

pagarla lo más pronto posible para

recuperar el control de la política

económica. Claro que pagar deudas

que ascienden a los miles de millones

de dólares en países que tomaron

empréstitos justamente por

no tener dinero en caja es una cosa

difícil, nunca es como soplar y hacer

botella presentarse con un comprobante

de pago y expulsar al FMI del

Ministerio de Economía. Hay que

pagar y recomprar la independencia

y la soberanía antes enajenadas y

este asunto se asemeja en la metáfora

al famoso juego de la mosqueta,

una estafa callejera, con la

diferencia de que aquí la bolita está

efectivamente debajo de una de las

tres tapitas. Una de las tres opciones

es la correcta.

La primera es la que suelen proponer

las izquierdas “revolucionarias”,

el instrumento del poder real para

meter confusión entre los pueblos

y para evitar la unidad popular. La

izquierda normalmente trotskista

que existe en todas partes y mucho

más en las semicolonias propone

Domingo Cavallo, otro economista nacido en Argentina y formado en los Estados Unidos

para ser impuesto sobre el país y sus necesidades. Cavallo vino a garantizar los intereses del

poder en el marco del naciente Consenso de Washington y de una democracia tutelada. Tras

hacer todo el trabajo sucio, Cavallo quedó impune y a la espera de ser impuesto por el FMI al

siguiente gobierno, el de Fernando de la Rúa. Siempre hay un cipayo dispuesto a representar

la voluntad foránea en el país, una historia recurrente de la Argentina.

9 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


frente a la deuda externa hacer la

más sencilla: no pagar y romper

relaciones con el acreedor. Ese es el

famoso pagadiós y a primera vista

se presenta como la más revolucionaria

de las opciones, puesto

que implica desconocer la deuda

contraída por dirigentes corruptos

y una liberación que parecería ser

inmediata.

El pagadiós puede ser útil en un

restaurante cuando uno no tiene en

el bolsillo lo suficiente para pagar

un consumo, pero en el nivel de las

relaciones internacionales presenta

una serie de inconvenientes, siendo

el primero de ellos el propio sistema-mundo.

Cuando un país desconoce

sus deudas, normalmente es

puesto en el lugar del paria desde

el punto de vista de casi todas las

demás naciones, esto es, al romper

relaciones con su acreedor las rompe

igualmente con todos los que están

metidos de lleno en el sistema

del que el acreedor participa. Eso

es lo que se llama “pelearse con el

mundo” y, salvo que estuviéramos

dispuestos a vivir literalmente con

lo nuestro y a soportar todo tipo

de agresión por parte de quienes

tienen el poder mundial, el pagadiós

no es una buena opción pues

impactaría no solo en el acceso al

crédito, que al fin y al cabo sería lo

de menos, sino en las importaciones

y en las exportaciones, además

de complicar una serie de procesos

internacionales que hoy damos por

sentados y de los que participamos

sin registrar su existencia.

La segunda opción es la que un nacionalista

consideraría la correcta y

se resumiría en avanzar sobre el patrimonio

de las clases dominantes

para que estas paguen la deuda.

Aquí el problema será siempre tener

la fuerza suficiente y la voluntad

política para pelearse con las minorías

poderosas y aguantarse las

consecuencias de ello. En un país

semicolonial como el nuestro esas

clases dominantes son oligárquicas

y en diez de cada diez casos son

también las que tienen el poder en

el Estado al momento de contraer

el empréstito. La oligarquía normalmente

es la que endeuda a un país

dependiente y es asimismo la más

renuente a aportar con pesos y centavos

a la cancelación de la deuda,

por razones lógicas.

Es que el negocio de las clases

dominantes parasitarias que no

llegaron a conformarse como una

burguesía nacional, nacionalista y

laboriosa es la socialización de las

deudas privadas. Y no hay método

más eficaz para hacerlo que tomar

empréstitos a nombre del pueblo,

fugar o esconder el dinero y luego

omitirse para que el siguiente

gobierno de turno cargue sobre el

conjunto del pueblo con el peso de

la deuda. Ese es el caso de nuestro

país, donde con un gobierno representante

de los intereses de la

oligarquía parasitaria se produjo

El rechazo popular al FMI es una constante en nuestra región. Pese al esfuerzo sostenido de los periodistas/operadores en los medios de

difusión de las corporaciones —que son todos los medios privados— por ocultar la real naturaleza del truco, el pueblo presiente y entiende a

su manera de qué se trata, sindicando al FMI como el origen de los males. ¿Cómo no hacerlo, si cada vez que un país de nuestra región entró

en relaciones con el FMI el resultado fue un desastre y mucho sufrimiento para las mayorías populares?

10 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


el endeudamiento y luego con un

gobierno supuestamente opositor a

esos intereses no hubo (o no hay) la

fuerza suficiente y la voluntad política

para pelearse con la oligarquía

por el pago.

La tercera opción es la exclusión

de las dos primeras y es la que parecería

ser la verdadera actualmente,

aunque desde luego es incorrecta.

Ese es el camino del “acuerdo” con

el acreedor, mediante el que este

se hace del control de la política

económica del país para imponer su

plan con sendas metas fiscales que

hundirán paulatinamente la economía

nacional hasta la inviabilidad.

Algunos comentaristas se dejan

ganar por la pasión que provoca

este comportamiento entreguista y

dicen erróneamente que “el pueblo

pagará la deuda con su esfuerzo”

y otras proclamas similares, pero

eso tampoco es correcto. Ninguna

deuda podrá pagarse jamás con

una economía que se contrae y es

cada vez más chica, por lo que la

entrega de la soberanía al acreedor

no es realmente un plan de pago. La

entrega de la soberanía es solo eso

mismo como principio y como fin, es

la finalidad en sí misma.

El no pelearse con el mundo como

en la primera opción y el no pelearse

con las minorías oligarcas como

en la segunda resultan naturalmente

en tener que pelearse con el

pueblo, puesto que en estos asuntos

de deudas y empréstitos siempre

con alguien habrá que pelear. Y

con peores consecuencias: hacer el

pagadiós u obligar a la oligarquía

a que se haga cargo son opciones

bélicas en lo inmediato, habría que

hacerle la guerra al mundo o a las

clases dominantes en el plano local

y sería una cuestión de optar, pero

en ambas el problema de la deuda

queda saldado y se recuperan después

de la lucha la soberanía y la independencia

sin tener que meterles

Según el economista del peronismo Guillermo Moreno la solución para la deuda con el FMI

es pagar mediante una serie de políticas económicas orientadas a obligar a la oligarquía a

aportar los fondos necesarios. Moreno se lanzó a la lucha electoral en las últimas primarias,

sin mucho éxito: los discursos alternativos a la narrativa dominante son marginales, no se

traducen en votos ni se materializan en políticas públicas. Ya no queda nadie dispuesto a

pelearse con la oligarquía en la escena política y como el trotskismo propone la entelequia

de pelearse con un el mundo entero, el Estado argentino sigue firme en su ruta de colisión

con las mayorías populares. Las opciones son siempre solo tres.

la mano en el bolsillo a las mayorías

populares. Con el “acuerdo”, en

cambio, la deuda es eterna a medida

que el país es más y más pobre a

cada ajuste y lo único que se logra

es empobrecer al pueblo tan solo

para entregar los recursos naturales

del territorio y el propio territorio al

final del camino.

Cada una de las tres opciones en

este juego de la mosqueta que nos

hace el poderoso global tiene sus

inconvenientes, una deuda es una

deuda y por lógica nunca es gratis.

Un país puede darse una revolución

socialista y alinearse quizá

con Cuba, poniéndose voluntariamente

en ese lugar de aislamiento

internacional; o puede hacer una

revolución popular que haga pagar

los platos rotos a las pocas decenas

de familias que los rompieron

en primer lugar. Lo que claramente

nunca debería hacer es ponerse en

manos del victimario esperando de

este la buena fe y la buena voluntad

que este no podría tener. El FMI no

quiere cobrar e impone un plan para

asegurarse de que nunca podamos

hacerlo, el resultado en el mediano

plazo será la recolonización y la

esclavitud.

¿Hacemos bien al hacer “acuerdos”

que son imposiciones con ese

fin? ¿Adónde vamos como nación

con la destrucción de la calidad de

vida del pueblo? Nunca es conveniente

ir por la vida como un indeciso,

como un cipayo y mucho menos

como un cobarde de los que mueren

muchas veces en vida. Conviene ser

valientes, de los que tienen coraje

para tomar decisiones y defender

la patria. Estos son los que mueren

una sola vez y es cuando efectivamente

mueren, que esas son cosas

de Dios.

11 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


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12 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


FILOSOFÍA POLÍTICA

Hacia una

violencia

sin motivo

DANTE

PALMA

¿A

cuánto estamos de una

rebelión de turistas?

La ocasión es inmejorable:

tras dos años de

pandemia, quien pueda

viajar no querrá volver ni a su trabajo

ni a su hogar. Pensemos en un

turista británico o alemán que esté

disfrutando de la Costa del Sol o la

Costa Azul. ¿Para qué va a volver?

Claro que recibe un gran salario y

que lleva lo que podría decirse una

“buena vida” como la que llevan las

clases medias y altas, pero volver

significaría mirarse al espejo y

preguntarse por el sentido de una

existencia donde la recompensa

siempre está por llegar. Quizás el

espíritu protestante sea hoy apenas

un espíritu de protesta.

No debería sorprendernos entonces

que estos turistas pidan préstamos

y agoten su tarjeta de crédito

en hoteles caros de los cuales no

se van a ir ni por las buenas ni por

la policía. Estos “ocupas” de los

sectores aventajados extenderán su

revuelta a Málaga, Mentón y Rímini,

y el final de la historia lo encontrarán

en un texto que hemos citado

aquí poco tiempo atrás. Me refiero a

El parque temático más grande del

mundo, un cuento del británico James

Ballard publicado en 1989. La

razón por la que lo volvemos a traer

es que en ese cuento está el germen

de la novela que publicará en 2003

donde, con una trama parecida,

Ballard reflexionará acerca de la

violencia. La novela en cuestión se

llama Milenio negro y mi intuición

es que puede servirnos para com-

13 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


Portada de la obra de James Ballard, ‘Milenio negro’ (en su traducción al castellano). Allí

Ballard describe una extraña revolución en la que la violencia ocurre sin sentido, desconcertando

al observador que espera una explicación lógica para lo que sucede en toda trama.

prender algunos de los fenómenos

que están sacudiendo el mundo

occidental en la actualidad.

En Milenio negro, un grupo de

personas pertenecientes a un barrio

acomodado de Londres inicia una

serie de protestas: algunos participan

de una manifestación contra

una exposición de gatos que terminó

con incidentes y jaulas abiertas

al grito de “los gatos son presos políticos”.

Poco tiempo después hubo

protestas contra la idea de viajar

porque, decían los manifestantes,

se trata de la última fantasía del

siglo XX, aquella que nos hace creer

que el trasladarnos a otro lugar

permitiría reinventarnos. El conflicto

llegó a tal nivel que hubo quien

pensó poner bombas en agencias

de viajes. Otra de las protestas tuvo

que ver con el precio del parking, lo

cual llevó a uno de los protagonistas

a afirmar que la próxima revolución

será por el aparcamiento.

A esto le siguió un reclamo por los

gastos de mantenimiento del barrio

y una masiva ausencia en las elecciones

para el Ayuntamiento.

Dice Ballard a través de uno de sus

personajes: “Allí había empezado

la revolución de la clase media: no

el alzamiento de un proletariado

desesperado, sino la rebelión de la

educada clase profesional que era

la flor y nata de la sociedad (...) La

clase media era el nuevo proletariado,

la víctima de una conspiración

secular, que por fin se deshacía de

las cadenas del deber y de la responsabilidad

civil”.

El punto es que mientras esa “revolución”

avanza se suceden una serie

de atentados, algunos de los cuales

ocasionan víctimas fatales. Ya no se

trata de liberar gatos de raza de sus

jaulas. Ahora hay humanos muertos.

El primer gran atentado ocurre en

el aeropuerto de Heathrow donde

muere la exmujer del psicólogo

David Markham quien, a partir de

ese parentesco, decide investigar

por su cuenta para llegar hasta

las últimas consecuencias. Así es

que comienza a vincularse con los

organizadores de los disturbios de

este barrio acomodado suponiendo

que de esa manera daría con el responsable

del atentado, el cual, por

cierto, nadie había reivindicado. En

ese marco conoce al doctor Gould,

quien va a tener un papel central

en la historia y con el que se da un

intercambio como el siguiente: “Hay

una profunda necesidad de actos

sin sentido, cuanto más violentos,

mejor. La gente sabe que su vida no

tiene sentido, y comprende que no

puede hacer nada para remediarlo.

O casi nada”.

La idea de una violencia sin sentido,

o una violencia inmotivada,

efectivamente rompe con la racionalidad

del reclamo y desorientaría

a cualquiera. ¿Qué es esto de

agredir por agredir? ¿Qué es esto

de atentar contra algo o alguien al

azar, por el simple hecho de la violencia

misma? Caídos los grandes

relatos, muerto Dios, vituperados

los ideales de la modernidad, hasta

la violencia pierde su sentido. Esta

14 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


posviolencia en tiempos posmodernos

es exactamente lo contrario a

lo que otro británico, Joseph Conrad,

refiere en su libro El agente

secreto cuando describe un fallido

atentado anarquista. Me refiero al

episodio en el que un joven intenta

poner una bomba en Greenwich

en tanto símbolo de la temporalidad

capitalista que, en términos

marxianos, genera la plusvalía y la

explotación del trabajador. No hay

nada con más sentido, nada más

simbólico, desde el punto de vista

de este anarquista, que atacar “el

tiempo occidental” que Greenwich

representa. Tenía sentido atacar

Greenwich y ese sentido estaba

atado a una determinada ideología

del mismo modo que durante todo

el siglo XX se ha intentado justificar

la violencia en nombre de determinadas

ideologías.

Es eso lo que, según la novela de

Ballard, habría llegado a su fin y la

literatura y el cine pueden ayudarnos

a ilustrar lo que aquí intentamos

decir. Sin pretender que la lista

sea exhaustiva, podría nombrarse

ese cuento largo de Sartre llamado

Eróstrato, en el que el protagonista

—un personaje al que, como no

podía ser de otra manera, el género

humano le generaba algunas

náuseas— decide tomar un arma y

disparar a las primeras personas

que se le crucen por delante, a

cualquiera. Simplemente abrir la

puerta y matar para luego, si tiene

suerte, guardarse la última bala y

suicidarse.

Algo similar sucede con una saga

de dos cuentos del escritor brasileño

Rubem Fonseca titulada Paseo

nocturno I y Paseo nocturno II. Allí

se expresa toda la impunidad y la

hipocresía de la burguesía de Río

de Janeiro encarnada en un padre

de familia con buen ingreso y una

hermosa familia tipo a la que protege

y sostiene. ¿De qué manera? El

buen hombre salía todas las noches

solo en su auto, aprovechando

que su mujer miraba la telenovela,

para girar y girar hasta encontrar

alguna calle mal iluminada donde

no hubiera testigos. Cuando aparecía

algún peatón desprevenido, él

aceleraba y lo atropellaba, si hacía

falta, más de una vez. ¿Por qué lo

hacía? Por nada en especial. Simplemente

mataba.

Por último, algo de este espíritu de

una violencia sin sentido aparece

en el capítulo número 3 de la temporada

3 de la serie inglesa Black

Mirror titulado “Cállate y baila”. Allí

un virus informático ingresa en la

computadora de un joven de modo

tal que pasa a controlar la cámara

de video y logra filmarlo mientras

él se masturba. Paso seguido, los

hackers comienzan a extorsionarlo

y le piden que realice determinadas

acciones si no desea que el video

sea viralizado. El muchacho realiza

todo lo que le piden, desde llevar

una torta hasta robar un banco para

luego caer en la cuenta de que no

es la única persona que está siendo

extorsionada y que la prueba final

es una pelea a muerte con otro de

los damnificados. Naturalmente,

todos esperamos que al final del

capítulo se revelen las razones de

los hackers. ¿Lo hacen por dinero?

Claramente no. ¿Sus víctimas han

cometido delitos y se trata de hackers

justicieros? En algunos casos

sí, pero en otros no pues hay un pedófilo

y una CEO de una cadena hotelera

que escribió correos racistas,

pero en paralelo está un hombre

que simplemente tenía una amante

y el joven mencionado que parecía

Rubem Fonseca fue el genio de la narrativa y de la crónica roja, tanto en la literatura como

en la prensa, en idioma portugués. Fonseca es relativamente poco conocido en nuestro país

por la escasez de traducciones de su obra disponibles en nuestras librerías.

15 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, tal vez el último acto de violencia con sentido

ideológico del siglo XX, aunque tiene lugar en los primeros meses del siglo XXI, en septiembre

del año 2001.

un buen muchacho y apenas se había

masturbado. ¿De qué se trataba

entonces? El final es abierto pero

una interpretación posible es que lo

hacían para divertirse, pero sobre

todo para estimular una violencia

sin sentido que podría padecer, por

azar, cualquier persona.

Justamente, el escritor británico

Mark Fisher, en un artículo del año

2005 titulado What Are The Politics

of Boredom (Ballard 2003 remix)?,

se interesó por Milenio negro y por

algunas de las intervenciones del ya

mencionado Gould, el ideólogo de

los atentados, quien afirma que el

ataque a las torres gemelas fue un

intento de liberar a Estados Unidos

del siglo XX en tanto fue un acto sin

sentido.

Humildemente yo discreparía con

Gould para afirmar lo contrario y

decir que quizás ése haya sido el

último gran atentado con sentido,

el último acto terrorista del siglo

XX. Pero Fisher quiere destacar esta

idea que Ballard pone en boca de

Gould cuando indica que el siglo XXI

se caracterizará por un aburrimiento

feroz que solo podrá ser mitigado

a través de actos de violencia sin

sentido.

Ahora bien, ¿de qué está hablando

exactamente el cabecilla que tras la

bomba en Heathrow fue responsable

de sendos atentados contra el

National Film Theatre, el Tate Modern,

e incluso contra una reportera

a la que asesinó completamente al

azar? Gould lo explica así: “Mata

a un político y quedarás atado al

motivo que te hizo apretar el gatillo.

Oswald y Kennedy, Princip y los

archiduques. Pero mata a alguien

al azar, dispara dentro de un McDonald’s,

y el universo se mantendrá

alejado y aguantará su respiración.

Mejor aún, mata a quince personas

al azar (...) Tenemos que elegir

objetivos que carezcan de sentido.

Si tu objetivo es el sistema monetario

global, no atacas a un banco (...)

[sino que] incendias el zoológico de

Londres. Lo que queremos es crear

inquietud (...) La ausencia de motivo

racional conlleva un significado

propio”.

La idea de una violencia inmotivada

parece contrastar con la situación

actual donde todo el mundo

cree tener un motivo para protestar,

en algunos casos, de manera violenta.

Desde veganos, pasando por

toda la gama de nuevas identidades

hasta llegar a jóvenes angustiados

contra el cambio climático, pro y

antiaborto o gente que lucha contra

ponerse una vacuna. Lo que en

algunos casos empezó como un

levantamiento de clases medias y

altas continúa siéndolo, pero le ha

agregado un nivel de dramatismo y

violencia sorprendentes.

Sin embargo, puede que Ballard

no esté tan equivocado y que, como

se deja entrever al principio de

la novela, se trate de un proceso.

Desde este punto de vista, la caída

de los grandes relatos que tuvieron

vigencia hasta finales del siglo XX

tendrá como consecuencia grandes

espirales de violencia inmotivada

pero antes atravesará la multiplicación

casi infinita de reclamos de

grupos cada vez más atomizados

que han renunciado a cualquier

cambio totalizante, esto es a cualquier

cambio verdaderamente

revolucionario porque, ya deberíamos

saberlo, las revoluciones no se

hacen de a pedacitos.

Dicho de otra manera, la pérdida

de sentido ha derivado en múltiples

sentidos que persiguen reclamos

tan intensos como chiquitos y cada

vez más personales. Pero me temo

que la eventual conquista de muchos

de esos derechos reclamados

no esté llevando a una sociedad

más pacífica sino a una sociedad

donde la violencia continuará tan

espasmódica, inesperada y arbitraria

como necesaria y absurda.

16 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


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17 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


OPINIÓN

De que las hay, las hay:

Matrix y la conspiranoia

ROSARIO

MEZA

Estamos atravesando una época

única en la que cualquier disidencia

al relato hegemónico le

vale al díscolo la acusación de

“conspiranoico”.

“Conspiranoico” es un neologismo

que se usa como adjetivo calificativo

despectivo, contracción de

“conspiración” y “paranoico”. En el

habla coloquial, paranoico es el que

se persigue solo, ante una amenaza

que puede ser real o imaginaria,

pero sobre todo cuando o es imaginaria

o de existir, en el plano de la

realidad no significa amenaza alguna

para el sujeto. El conspiranoico,

entonces, sería una persona insegura

que siente constantemente la

amenaza de una serie de enemigos

que la están persiguiendo, sobre

todo si ese enemigo es una corporación

o una serie de corporaciones

cuyo interés sería aniquilar a la

especie humana o dominarla.

Para el común de la sociedad,

entonces, el conspiranoico cree

que existe una red de conspiraciones

imaginarias y que gobiernan

el mundo. Por lo tanto, el epíteto

“conspiranoico” resulta siendo la

salvaguarda perfecta del sistema

de gobernanza que impera sobre

el mundo globalizado en la actuali-

18 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


dad.

Hace algunos días una servidora

veía la primera parte de la cuarta

entrega de la saga de películas de

ciencia ficción Matrix: Resurrecciones,

a pesar de no haber visto ninguna

de las tres entregas anteriores

y aunque a esta altura de la historia

difícilmente pueda uno encontrarse

con un exponente de su generación

que no tenga una vaga idea acerca

de qué se trata el argumento de la

saga.

Más o menos todos conocemos la

historia general, pero en la cuarta

entrega lo que llama particularmente

la atención y más tomando

en cuenta los mecanismos básicos

de funcionamiento de la ingeniería

del lenguaje —como, por ejemplo,

la utilización del primado negativo—

fue que se nos muestre cómo

el poder logra, banalizando ciertas

realidades, negarlas. Así, la

realidad que se quiere ocultar se

muestra, pero ridiculizada. Y de ese

modo se la diluye y se le hace creer

al público que de hecho es ficción,

materia de los delirios de los “conspiranoicos”.

Entonces tenemos en esta película

al protagonista, Neo. También está

el señor Anderson, ahora devenido

en empresario del entretenimiento

o, mejor dicho, en diseñador de

contenido digital, más específicamente

de juegos de video. No se

informa cómo ni en qué momento

llegó ahí, pero tenemos a un Neo

otra vez conectado a la Matrix, vivito

y coleando, aunque más entrado

en años. Al parecer sobrevivió a

las aventuras de la última película,

Revoluciones, y está otra vez metido

en esa duermevela de ficción que la

Matrix reproduce en las mentes de

los pobres cristianos.

Y en ese contexto se nos informa

que este señor Anderson ha escrito

el guion de una saga de videojuegos

llamada Matrix, que se vendió en

tres entregas y que narra la historia

de un tal Neo y su chica, Trinity, el

viejo Morfeo y los agentes Smith

que los persiguen con tiros, líos y el

propio infierno, si gusta.

Así que ahí está: la cola del Diablo.

Lo que nos muestra la película es

cómo a través del recurso al primado

negativo se manifiesta esa

estrategia que a menudo el poder

utiliza y que consiste en ocultar a

partir de la muestra. Aquello que

se quiere esconder se lo coloca a la

vista de todos, como en aquel viejo

cuento de Edgar Allan Poe, La carta

robada.

A menudo aquello que se pretende

ocultar está muy a la vista y resulta

tan evidente que parece que no

estuviera porque al formar parte del

paisaje superficial nadie parecería

reparar en ello. En el cuento de Poe,

la carta había estado durante toda

la acción arriba de la chimenea,

pero nadie se había dignado buscar

arriba de la chimenea porque a

nadie se le ocurrió la posibilidad de

que algo que había sido robado y se

suponía celosamente oculto iba a

estar a la vista de todos.

En Matrix: Resurrecciones sucede

algo análogo. Allí se muestra

cómo a través de la muestra, de

la sobreexposición, la parodia y

la ridiculización de un entramado

que se desea oculto a las mentes

de las mayorías este se disimula y

pasa por fruto de la invención de un

genio algo perturbado y aquejado

por delirios conspiranoicos. En ese

sentido, nuestro Neo maduro es

nada menos que el conspiranoico

La imagen de la “conspiranoia” en su versión estadounidense: el activista de QAnon. Estos

son en su mayoría militantes inorgánicos que apoyan la teoría de Donald Trump sobre la

existencia de un Estado profundo, nada más que el mismísimo poder fáctico más allá del

poder político legítimamente constituido. Pero como además del Estado profundo los

activistas de QAnon denuncian la existencia de otros chanchullos como una red de pedofilia

en los niveles dirigenciales de la política, se los ubica en el lugar del “conspiranoico” y la generalidad

tiende a considerar que todos sus postulados son delirantes, aunque en realidad

eso está muy lejos de ser así.

19 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


Escena de la película ‘Matrix: Resurrecciones’, la cuarta y presumiblemente la última parte

de la saga. Esta secuela es igual a las tres anteriores, pero con una vuelta de tuerca: aquí

se expone el mecanismo del primado negativo y el espectador llega a comprender cómo

el mote de “conspiranoico” es una especie de cortafuegos detrás del que puede estar una

verdad a la que las mentes adiestradas por el primado jamás van a acceder al haber sido

programadas para considerar que eso es ridículo y no puede ser así.

por antonomasia. Haciendo pasar

por ficción, por videojuego lo que en

realidad tiempo atrás sucedió, se

lo banaliza, se lo torna maleable, digerible

y masticable al consumo de

las masas y en definitiva se lo pasa

al terreno de la ficción, esto es, de

una mentira atrayente, apasionante,

pero mentira al fin.

Y hasta aquí llega lo que hay para

decir de la película, pues llegado

determinado punto uno se aburre

y se duerme. Pero ese punto ha resultado

llamativo, quizás no casual.

Como una sonrisa de desdén del

poder global que se burla socarronamente

de nosotros sabiéndose

impune, sabiendo que sabemos y

sabiendo que sabemos que él sabe,

pero a la vez sabiendo que sabemos

que no hay nada que podamos

hacer para evitar lo inevitable. El

poder gana, nosotros perdemos,

pero él no pierde oportunidad de

reírse de nuestra insignificancia.

Y ahí cobra de nuevo fuerza la

figura del conspiranoico, que es la

salvaguarda perfecta de todo el andamiaje.

En la actualidad se habla

de cuestiones que el vulgo se niega

a ver u oír porque ha sido instalado

que pertenecen al terreno de la

conspiranoia. Se habla, pero como

se habla en tono burlesco las mayorías

se rehúsan a creer. Y no se cree

en los relatos alternativos un poco

porque las mayorías son lo suficientemente

bienintencionadas como

para creer que exista efectivamente

ese nivel de organización del Mal,

así con mayúscula. Pero también la

negativa a creer en la conspiración

radica en que el propio sistema

posee su mecanismo de defensa, su

cortafuegos. La figura del conspiranoico

es eso.

Hacer creer que todo aquel que ose

sacar los pies del plato servido por

la élite global de narrativas permitidas

es un conspiranoico es una

forma muy efectiva de deslegitimar

a cualquiera que sea capaz de ver

por fuera de la Matrix. Y eso es exactamente

lo que está sucediendo en

la actualidad.

Hay una determinada caja de conocimientos

heredados que resultan

siendo la matriz de pensamiento

único permitidos para su reproducción,

jamás para cuestionarlos a

través del ejercicio del pensamiento

crítico, de la lógica deductiva o ni

siquiera el método científico experimental

y el modelo de falsación de

las hipótesis. El paradigma único es

una Biblia, no se puede cuestionar

y solo está permitido reproducir sus

preceptos.

Estamos, en ese sentido, en el

nivel de la epistemología de la Edad

Media, cuando a través de la cita

de autoridad de los textos clásicos

cuidadosamente seleccionados

por la censura, preferentemente

pertenecientes a las Escrituras, era

posible justificar cualquier aserto y

cualquier hipótesis se falsaba por la

mera contradicción respecto de las

sagradas escrituras.

Si durante la época de la Inquisición

la herejía se podía castigar con

la pena capital, en la actualidad la

condena es el ostracismo, la muerte

académica y hasta social del díscolo.

Cualquiera que en la actualidad

saque los pies del plato corre el

riesgo de pasar por loco o por conspiranoico

y de ese modo se anula de

plano la disidencia. Cualquiera que

ejerza el pensamiento crítico y que

cuestione al dios de la actualidad,

las ciencias, pero en particular la

medicina, es un hereje cuyo influjo

hay que cortar de plano, condenándolo

al exilio social.

Cualquiera que posea un título de

supuesto “científico” es un sacerdote

del dios ciencia, un representante

de dios en la Tierra. Inalcanzable,

20 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


incuestionable y merecedor de

todas las loas. Eso sí, mientras no

saque los pies del plato, porque si

lo hace será excomulgado y enviado

a quemarse en la hoguera de la

condena social.

Entonces empiezan a surgir las raras

avis y las arrugas en el sistema,

los cisnes negros se reproducen,

pero el dogma hace la vista gorda.

En el fondo es gracioso.

El ejercicio de la medicina se

acerca hoy tanto a la brujería por

dogmático, incuestionable y falto

de rigor científico que podríamos

afirmar que el ideal de la ciencia

positivista murió, pero no de causas

naturales, sino que cometió un

dramático suicidio. La academia de

la medicina mutó en secta y depende

directamente de organismos

que son propiedad de la misma

élite global que es dueña también

de los laboratorios: la Organización

Mundial de la Salud puede o bien

ser vista como el Fondo Monetario

Internacional de la industria farmacéutica

o bien como lisa y llanamente

una Organización Mundial

de la Enfermedad. Esos son los que

deciden a qué médicos hay que

creerles el discurso que proponen

y a cuáles no. Cuáles merecen las

loas y cuáles el ostracismo. Imponiéndose

el criterio de autoridad

por sobre el método científico, hay

que ver quién se arroga a sí mismo

la facultad de medir quién posee

autoridad y estatura y quién no.

Hay elementos que verdaderamente

no cuadran en el esquema de una

narrativa que estamos siguiendo

en detalle constantemente y nos negamos

a cuestionarlos por temor a

la represalia, del mismo modo que

legitimamos aseveraciones que no

resisten el menor análisis, sometidas

al mínimo pensamiento crítico

no se sostendrían y caerían por su

propio peso. Y sin embargo creemos

con tanta vehemencia y fe religiosa

en la autoridad de quien habla por

el mero hecho de que el otro tiene

un guardapolvo blanco que nos negamos

de plano a ver la carta arriba

de la chimenea.

Ud. se atreve a sacar los pies del

plato y lo va a pagar caro, enseguida

va a venir alguien a decirle: “¿Y

Ud. quién es? ¿Dónde se recibió de

médico para decir tal cosa?”. Como

si el médico fuera efectivamente el

dueño de la verdad revelada. Y esto

es tan descabellado que se lo van a

decir incluso aunque Ud. sea efectivamente

un médico. Hace algunos

días se viralizaba el extracto de un

video en el que una médica decía:

“Soy profesional de la salud, me

vacuné contra el coronavirus porque

soy profesional de la salud, pero

estoy plenamente de acuerdo con

que la vacunación sea optativa.

Estamos atravesando un ensayo

clínico y la gente lo tiene que saber

y actuar en consecuencia bajo su

propio riesgo. El pase sanitario es

ilegítimo porque viola los derechos

elementales de los individuos; estamos

en medio de un experimento

y no se puede obligar al público a

someterse a él”.

Como se ve, no lo dice la conspiranoica

que escribe estas líneas, sino

una persona que pertenece a ese

grupo privilegiado de los sacerdotes

de la diosa Episteme, una médica,

nada más ni nada menos. Y aun

así había que encontrarse con la

palabra autorizada de no-médicos

que suelen creer a los médicos y a

los periodistas especializados en

medicina cuando miran televisión,

Desde el punto de vista de la Inquisición católica de la época, el astrónomo Galileo Galilei

fue lo equivalente a un conspiranoico en un sentido no figurado. Al existir entonces una

verdad canónica y al pretender Galileo desafiarla presentando sus hallazgos científicos, el

toscano fue considerado un hereje y obligado a retractarse de haber afirmado que la Tierra

giraba alrededor del Sol y no al revés, como al parecer sostenía el dueño de la verdad en

esos tiempos. Después de abjurar de sus ideas frente al Santo Oficio para salvarse, Galileo

habría dicho “Eppur si muove” (“Y, sin embargo, se mueve”) en una forma sarcástica de

decir “Aunque tengan el poder y me sometan, la única verdad es la realidad”. Efectivamente,

como se sabe, Galileo tenía razón y la Tierra es uno de los planetas del sistema llamado

Solar porque precisamente orbitan alrededor del Sol.

21 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


diciendo de esa mujer que era una

idiota, una irresponsable y poco

menos que una asesina.

No existe, entonces, un criterio racional

para determinar la autoridad

o falta de ella de un profesional o

de otro. Si uno ejerce el pensamiento

crítico con seriedad por apenas

un momento debe necesariamente

darse cuenta de que hay una falla

en la Matrix, algo no está cuadrando

y se nota.

Se hace necesario ofrecer el

ejemplo del doctor Luc Montagnier,

ganador del premio Nobel de

Medicina por haber descubierto el

genoma del VIH o virus de la inmunodeficiencia

humana. Este señor

se atrevió a decir en televisión que

el virus causante de la enfermedad

llamada nuevo coronavirus tenía

todas las características de haber

sido creado en un laboratorio. Y

ello le valió la condena académica

y en medios probablemente de por

vida. El ostracismo, duro castigo por

haber abierto la bocota por fuera de

la narrativa permitida.

Y no se trata de un delirante, sino

de un hombre que era considerado

una eminencia y por eso mismo a

algún despistado se le ocurrió muy

inconvenientemente preguntarle su

opinión. ¿Y por qué fue “cancelado”,

entonces? ¿Por qué se premia

y se eleva a la categoría de eminencia

a un hombre y se lo destrona

de un día para el otro, sacándolo

El médico y virólogo francés Luc Montagnier fue considerado una eminencia en el mundillo

de la ciencia normal por haber descubierto la existencia del virus de inmunodeficiencia

adquirida, el VIH. Hasta de un Premio Nobel se hizo acreedor por ello, pero pronto el Dr.

Montagnier habría de ser desterrado y despojado de todos sus galones por sugerir simplemente

que el virus estrella del momento —el coronavirus— tiene todas las características

de haber sido creado en laboratorio. Montagnier no lo dijo, porque es francés, pero pudo

haber tenido su “Eppur si muove” diciéndoles a los dueños de la verdad que si algo tiene

cuatro patas, tiene hocico, tiene cola y ladra, entonces seguramente ese algo es un perro. La

historia lo dirá.

del panteón de la academia de una

buena patada en el culo? No existe

una explicación racional a la degradación

de un Montagnier a la categoría

de paria, nadie explica qué le

pasó para que de repente hubiera

parecido que empezó a mear por

fuera del tarro, como se usa decir.

¿Acaso se volvió loco, se olvidó de

todo lo que había investigado por

décadas o, por el contrario, no olvidó

y al no olvidar dijo lo que no era

lo esperado?

No tiene sentido, demasiadas casualidades

se conjugan para conspirar

en contra de la hipótesis de

que no existen las conspiraciones.

Lamentablemente, todo nos daría

a suponer que sí, que en esto del

coronavirus, como en cada una de

las cuestiones que hacen a la política

internacional, hay más de lo que

muestra el ojo. Las conspiraciones,

atento lector, sí existen.

Existe el poder concentrado,

existen las élites globales y existen

las intenciones de los pueblos de

dominar a otros, como de la élite de

dominarlo todo. Uno puede no creer

en las brujas pero de que las hay,

las hay.

A veces es razonable pensar que

deberíamos dar un poco más de

credibilidad a la razón renegando

hasta de los propios sentidos, como

nos enseñó Descartes en sus Meditaciones

metafísicas. Hay que dudar

hasta de lo más evidente para

someter al juicio de la razón todo lo

que se ve y todo lo que se nos dice.

A partir del racionalismo cartesiano

el hombre fue capaz de salirse

del dominio del pensamiento dogmático,

supersticioso e irracional.

Habrá que hacerlo otra vez, habrá

que volver a la razón y olvidarnos

de este dogmatismo destructivo. La

historia, al fin y al cabo, pareciera

que sí es cíclica después de todo.

22 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


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23 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


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Biopolítica

y biopoder

ERICO

VALADARES

En siglos de tradición cristiana

en Occidente y en las colonias,

la navidad ha sido la celebración

universal por antonomasia

más allá de las pascuas y el día

de acción de gracias, tan típico de

los cristianos protestantes anglosajones,

especialmente en los Estados

Unidos, que tienen un significado si

se quiere menor o geográficamente

restringido en comparación con la

costumbre cultural de reunirse en

familia cada 24 de diciembre para

celebrar la nochebuena y la llegada

de la fecha que convencionalmente

se considera como la del nacimiento

de Jesucristo. Alrededor de todo

el planeta, casi una tercera parte

de la humanidad o unos 2.400

millones de cristianos detienen

sus actividades habituales para las

celebraciones de la fecha más importante

del calendario. Guerras y

revoluciones se han puesto en pausa

durante casi dos milenios desde

la Antigüedad tardía hasta el presente

para que en familia el hombre

24 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


pudiera cumplir con una tradición

que siempre ha sido mucho más

cultural que religiosa, aunque para

algunos sin menoscabo de este

último elemento.

Guerras y revoluciones, como

veíamos, se han visto interrumpidas

momentáneamente por navidad,

al igual que otros eventos de gran

magnitud a lo largo de la historia.

La navidad es lo más sagrado en

un sentido ampliamente cultural

incluso para los pueblos en países

donde el cristianismo ha languidecido

hasta virtualmente dejar de existir

en la práctica y es también por

eso que más allá de la incidencia

de la religión el hábito de conmemorar

la navidad se ha generalizado

hasta convertirse en un sinónimo de

civilidad, con un sentido más bien

ecuménico. Es una tradición fuerte

de la humanidad en Occidente y

en sus colonias de América, África,

Oceanía e incluso en algunas partes

de Asia, en virtud de la acción colonizadora

occidental desde el siglo

XV en adelante. Una tradición fuerte

a la que nadie se había animado a

cuestionar, por lo menos hasta el

presente.

Pero una auténtica señal de los

tiempos habría de darse en los

25 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, aquí

saludando al líder chino Xi Jinping. Al retirar los Estados Unidos su financiación regular a la

OMS, este organismo multilateral de fármacos quedó enteramente bajo el control del gigante

asiático, de la industria farmacéutica y de “filántropos” como Bill Gates, quien hoy por

hoy aporta de su inmensa fortuna buena parte del dinero que la OMS necesita para seguir

funcionando. De hecho, Gates —un privado— es el segundo mayor aportante de fondos al

organismo, sin que nada de eso aparentemente le haga ruido a nadie.

últimos días de este 2021 —el

que pasará a la historia como el

año en el que se quiso suspender

la navidad por decreto— cuando

a pocas horas de nochebuena el

titular de la Organización Mundial

de la Salud (OMS) Tedros Adhanom

Ghebreyesus lanzó al mundo

una dura advertencia: celebrar la

navidad en familia podría ser peligroso

en el marco de la pandemia

del coronavirus. En línea con dicha

advertencia, la OMS “recomendaba”

suspender las celebraciones de

la festividad más importante para el

tercio cristiano de la humanidad, lo

que fue recibido con una mezcla de

estupor y chacota en países como el

nuestro. “Es mejor cancelar ahora

y celebrar más tarde, que celebrar

ahora y estar de luto más tarde”,

decía Tedros Adhanom, desde la

comodidad de una rueda de prensa

en Suiza, refiriéndose a las celebraciones

de navidad.

Se quiso entonces suspender por

decreto o por “recomendación sanitaria”,

que equivale en los días de

hoy a un decreto, la navidad desde

uno de los centros del poder global

en el mundo y esa maniobra se

instrumentó con el señalamiento de

los peligros de contagio del coronavirus

en la mesa familiar. La observación

superficial que carga sobre

las individualidades la explicación

de los procesos políticos concluirá

que a un Tedros Adhanom etíope,

ateo y marxista la navidad le tiene

sin cuidado al no ser parte de su

tradición cultural o ideológica, pero

esa sería una explicación escasa,

digna de la tradición historiográfica

liberal. No sería por el gusto estético

o ideológico de un solo hombre

que un organismo multilateral

como la OMS se pondría en frente a

prácticamente un tercio de la población

mundial materializada en una

cristiandad multitudinaria, eso no

tendría sentido.

¿Qué cosa habrá motivado entonces

al exguerrillero del Frente

de Liberación Popular de Tigray a

intentar suspender la festividad

cristiana universal? Pues está claro

a esta altura de los hechos que la

OMS realmente no persigue un fin

sanitario, sino más bien geopolítico,

o que no existe para ocuparse de la

salud mundial. Más allá de la figura

de un Tedros Adhanom investigado

por Human Rights Watch por una

gestión autoritaria como ministro

de Salud en Etiopía, la OMS que él

dirige con mano de hierro apoyado

principalmente por China y por

famosos “filántropos” como Bill

Gates, entre otros oscuros magnates,

es el equivalente al Fondo

Monetario Internacional (FMI) en

todo lo que se refiere al control y

a la gestión global de lo sanitario.

Podría decirse entonces que la OMS

es el FMI de los fármacos o que, alterando

el orden de los factores, el

FMI es la OMS de las finanzas. Sea

como fuere, lo que hay en realidad

son organismos multilaterales de

saqueo a la soberanía política y a

la independencia económica de las

naciones, allí donde la “multilateralidad”

no es más que un pretexto

para la imposición de una estrategia

colonial que no es nueva, aunque

se presenta como novedosa:

el sometimiento de países al poder

global ya no por la fuerza de las armas,

sino por la destrucción de sus

estructuras sociales.

La relación entre el carácter neocolonial

de la OMS y su proyecto de

suspensión de festividades universales

por decreto se encuentra

en medio a la larga descripción de

26 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


cómo el poder fáctico desterritorializado,

apátrida en todo sentido,

fragmenta las naciones mediante la

destrucción de la cultura que es la

amalgama de todo pueblo-nación

y no es precisamente el objeto de

este modesto artículo. Habrá visto

ya el atento lector en las páginas de

esta revista sendos análisis sobre

la cuestión del ejercicio del poder

sobre los territorios, la espada o

la deuda en los términos planteados

por John Quincy Adams, quien

fuera el sexto presidente de unos

Estados Unidos en plena etapa de

liberación nacional. Los organismos

multilaterales son precisamente la

institucionalización del ejercicio del

poder sobre los territorios, aunque

hay mucho más.

Para dar cuenta del ejercicio

del poder sobre el cuerpo de los

individuos y ya no solo sobre los

territorios donde dichos individuos

habitan, el filósofo francés Michel

Foucault acuñó en la década de los

años 1970 las categorías de biopolítica

y biopoder, ambas en relación

con una forma de gobernanza y control

social que el mismo Foucault

llamó “gubernamentalidad”. Estos

tres neologismos importados de la

lengua francesa pueden parecerle

al atento lector un tanto estrambóticos,

de difícil comprensión,

pero no son más que la descripción

objetiva de la gestión que el poder

hace del miedo, del deseo y de la

voluntad de los individuos en una

sociedad para lograr reemplazar el

costoso sistema de represión a los

díscolos. En una palabra, veremos

en estas páginas un análisis de una

hipótesis foucaultiana que hasta

hoy no ha podido falsarse: la de que

mucho antes de la formación de

una disidencia el poder ya controla

la subjetividad de los individuos

para que estos hagan exactamente

lo que el poder quiere que hagan y,

lo que es aún mejor (o peor, según

desde donde se lo mire), con esos

individuos creyendo erróneamente

que obran en función de su propio

deseo.

El miedo, el deseo

y la voluntad

Bien observada y reducida a una

simplificación, la “gubernamentalidad”

que plantea Foucault no es

otra cosa que la gestión previa de

las aspiraciones y de los temores

del individuo humano con la finalidad

de orientar y limitar su comportamiento

hacia y dentro de unos

límites bien establecidos. Desde el

punto de vista del poder, un territorio

no puede dominarse y explotarse

en sus riquezas adecuadamente

en el mediano plazo si sobre ese

territorio hay individuos cuyo comportamiento

está por fuera de la

racionalidad propuesta por el explotador.

Y eso es cultura. Un ejemplo

de dicha problemática fue la invasión

militar de la Organización del

Tratado del Atlántico Norte (OTAN)

liderada por los Estados Unidos e

impulsada por las corporaciones

petroleras a Irak y Afganistán. Apresurados

por hacerse de los recursos

de esas naciones soberanas y

Un viejo conocido en las páginas de esta revista, John Quincy Adams fue el sexto presidente

de los Estados Unidos en la etapa de liberación nacional de dicho país y, desde ese lugar,

concluyó que existen dos formas de dominar una nación. La primera es la espada, la guerra

común y silvestre. La segunda, mucho más sutil, es la deuda. Para el control de los territorios

las potencias globales siempre alternaron entre esos métodos, pero la posmodernidad

habría de enseñar que ninguna dominación es completa sin una gestión integral del miedo,

del deseo y de la voluntad de los hombres que habitan el territorio.

27 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


Las campañas militares de la OTAN liderada por los Estados Unidos en Irak y Afganistán no tuvieron un correlato previo de gestión de la subjetividad

de los iraquíes y los afganos para que estos desearan la invasión extranjera y/o temieran sublevarse en su contra. Y el resultado fue

una ocupación dificultosa, imposible de sostener en el tiempo. En países donde el pueblo está culturalmente educado para la resistencia el

uso de la fuerza bruta no da buenos resultados y es incluso contraproducente.

evitar una nueva crisis del petróleo

a principios de este siglo, las potencias

globales y el poder fáctico se

montaron sobre pretextos como el

del terrorismo internacional o de la

violación de los derechos humanos

para hacer una incursión armada

en esos países de Oriente Medio.

Se lanzaron a la campaña entonces

las fuerzas armadas mejor equipadas

del mundo contra dos naciones

tecnológicamente muy atrasadas y

el resultado, no obstante, fue un rotundo

fracaso: la explotación de los

recursos naturales petroleros fue

siempre dificultosa mientras duró

la invasión y la propia ocupación no

pudo sostenerse en el tiempo.

¿Por qué? Porque tanto en Irak

como en Afganistán los individuos

no habían sido aún debidamente

aculturados para desear la ocupación

ni para temer las consecuencias

de sublevarse eventualmente

contra la bota que los oprimía. La

cultura general de los pueblos iraquíes

y afganos no había sido objeto

de un trabajo previo de aculturación

—el que por otra parte requiere

de cantidades ingentes de inversión

y tiempo, sin garantía de éxito— y

fueron constantes entonces los

movimientos de sublevación en la

forma de guerrilla por todo el territorio

ocupado, lo que se materializó

en atentados contra los proyectos

de infraestructura necesarios para

las correctas exploración y explotación

de esos recursos naturales que

yacen bajo la tierra. Dicho de otra

forma, tanto en Irak como en Afganistán

la mayoría del pueblo nunca

aceptó la invasión occidental a los

territorios sobre los que habitaban.

Hubo control territorial, pero no

hubo control del deseo, del miedo y

de la voluntad de los hombres que

allí vivían. Y esa no es la “gubernamentalidad”

foucaultiana.

Culturalmente educada en milenios

para la resistencia al mandato

foráneo, la generalidad de los

individuos en esa región no podía

obrar ni obró dentro de los límites

de “civilidad” impuestos por el

invasor occidental, nunca asimiló

la “democracia” representativa con

los dirigentes oficialistas y opositores

en alternancia controlada para

la defensa del statu quo colonial.

Lo que hubo en realidad fue toda

una política real desplegada en la

clandestinidad por fuera del siste-

28 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


ma institucional artificial instalado

ad hoc por las potencias interesadas

en la ocupación del territorio.

Y todo eso porque el hombre promedio

tanto en Irak como en Afganistán

no había sido previamente

aculturado para que se gobierne a

sí mismo dentro de los límites de la

racionalidad colonial, no se había

autoimpuesto culturalmente dichos

límites.

El ejemplo de Irak y Afganistán es

histórico y es genérico para la explicación

que aquí se quiere dar sobre

la gestión del miedo, del deseo y de

la voluntad de los individuos en un

grupo, por supuesto, aunque es a

la vez prácticamente muy revelador

de cuán compleja es esta “gubernamentalidad”

foucaultiana. Desde el

punto de vista del poder dominante,

nuevamente, el control del territorio

es inviable si no se complementa

del control del comportamiento de

los individuos que habitan el suelo,

son dos dimensiones de la dominación

que no pueden ser la una sin

la otra. Occidente no tuvo el control

cultural de la región antes de lanzar

su campaña bélica y es precisamente

ese control cultural el que

garantiza la “gubernamentalidad”,

la autogestión individual de todo el

grupo social dentro de los límites

del statu quo colonial.

Ahora bien, la brutalidad de la

OTAN en Oriente Medio no es la

regla, sino más bien la excepción en

la praxis neocolonial desde el siglo

XIX en adelante. Las invasiones inglesas

de 1806 y 1807 al territorio

del Virreinato del Río de la Plata (lo

que luego sería nuestra Argentina)

sirvieron para que la corona británica

tomara nota de inviabilidad de

una invasión militar allí donde los

hombres que habitan el suelo aún

no están culturalmente preparados

para legitimar sobre sí mismos la

dominación foránea. Después de

ser rechazados por un pueblo que

no los aceptaba, los ingleses empezaron

a desplegar estrategias mucho

más sutiles de dominación económica

y cultural, mucho más con

la deuda de la Baring Brothers que

con la espada de sus Highlanders.

Juan Manuel de Rosas habría de ser

luego un intento de lo que el politólogo

Marcelo Gullo califica como

insubordinación fundante y por eso

otra vez iban a tronar los cañones

de los ingleses —ahora en alianza

contra natura con los franceses, sus

enemigos históricos— en Vuelta de

Obligado, de nuevo sin mucho éxito.

Sin la gestión del deseo, del miedo

y de la voluntad de los individuos, el

grupo no tolera un control territorial

por parte de una potencia alienígena,

no hay “gubernamentalidad” y

la campaña tiende a fracasar en el

corto y en el mediano plazo sin que

se pueda extraer del territorio todo

el rédito proyectado que había motivado

la campaña en primer lugar.

Pero Rosas es el resultado de una

cultura que todavía no se había

puesto en caja, como se usa decir,

de un pueblo argentino que había

logrado liberarse del yugo colonial

español y no había sido aculturado

para desear otro collar foráneo. Son

menos de cuatro décadas las que

hay entre la última invasión inglesa

al Virreinato del Río de la Plata y la

agresión de Vuelta de Obligado contra

los criollos de la Confederación

Argentina, tiempo insuficiente para

adiestrar a las generaciones en la

sumisión. Aun habiendo logrado

vencer la resistencia del General

Mansilla y habiendo roto las cadenas

dispuestas en la angostura del

Río Paraná, ingleses y franceses no

A pesar de que los funcionarios de la corona española —salvo Manuel Belgrano— juraron

rápidamente lealtad a Gran Bretaña en las invasiones inglesas, el pueblo de Buenos Aires

seguía siendo leal al rey de España y se organizó para resistir hasta expulsar de estas tierras

al invasor. Los ingleses habrían de comprender que los métodos brutales del colonialismo

clásico estaban ya obsoletos y pasaron a invertir mucho más en la dominación diplomática,

económica y cultural que en fusiles.

29 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


En la Batalla de Vuelta de Obligado los ingleses se asociaron con los franceses, sus enemigos

de toda la vida, para intentar por última vez vencer la resistencia de los criollos, ahora

en la ya independiente Confederación Argentina. Pero el resultado fue el de siempre: triunfo

militar y posterior derrota a manos de la resiliencia de los civiles, los que no estaban aún

culturalmente preparados para aceptar una bota inglesa sobre el suelo argentino.

pudieron establecer el libre comercio

río arriba al encontrarse con

resistencia por doquier. Esa misma

es la resistencia de la que habla

Foucault en oposición a la “gubernamentalidad”

normalizadora del

poder.

Entonces el poderoso ya sabe con

precisión que en esta nueva geopolítica

de corporaciones contra Estados-nación

la clave del triunfo está

en establecer una “gubernamentalidad”

estable y duradera y que eso

no se hace a la fuerza brutal de los

tiros. Por el contrario, la cuestión

reside en la gestión del deseo, del

miedo y de la voluntad de los individuos

que habitan el territorio que

se quiere colonizar para asegurar

la libre extracción de los recursos

naturales y los alimentos. El criollo

en las invasiones inglesas, luego

en la gesta de Vuelta de Obligado y

después el iraquí o el afgano en las

precipitadas campañas de la OTAN

en Oriente Medio fueron individuos

cuya subjetividad no había

sido aún debidamente colonizada

y así fueron igualmente los vietcongs

descalzos de Ho Chi Minh en

Vietnam y tantos otros a lo largo de

la historia. Fueron, en una palabra,

hombres cuyo deseo y cuyo miedo

no estaban dentro de los límites

de la racionalidad normalizadora

del invasor y por eso lucharon por

su liberación, tenían voluntad de

liberarse y no de someterse.

Ingeniería social

De amenaza en amenaza, el poder

fáctico global que hoy está perfectamente

materializado en las corporaciones

de propiedad de unas

élites mundiales muy reducidas ha

intentado dar con la “fórmula mágica”

para la gestión del miedo, del

deseo y de la voluntad de los individuos

en todas partes, una suerte

de panacea universal que pueda

aplicarse para someter tanto a un

polinesio como a centroafricano o a

un hispano de América mediante la

imposición de una vez y para siempre

de los límites racionales de la

“gubernamentalidad” foucaultiana.

Esa panacea siempre se les presentó

frente a las élites globales como

una utopía, la de cómo formular una

amenaza universal que sirva para

normalizar a cualquier hombre, más

allá de su cultura particular y del

lugar que ocupa en la distribución

geográfica de la humanidad en un

mundo muy vasto. Y la respuesta

al enigma, como veremos, siempre

estuvo explícita en la hipótesis de

Foucault sobre la “gubernamentalidad”,

siempre estuvo en las categorías

de biopolítica y biopoder, pero

con una pequeña vuelta de tuerca.

En las categorías posestructuralistas

de Foucault, la biopolítica y

el biopoder son la prerrogativa del

Estado para la gestión del cuerpo

del hombre en un sentido de normalizarlo

y tornarlo apto para la

reproducción del sistema capitalista,

esto es, Foucault pensaba en

la biopolítica como una acción del

poder político en el Estado con la

finalidad de estandarizar biológicamente

la existencia humana mediante

la aplicación de la ciencia,

logrando en dicho proceso hacerse

del biopoder ya no solo sobre el

territorio, sino además del cuerpo

del hombre que lo habita. Las

corporaciones son la etapa superior

de la política estatal, son supranacionales

y desterritorializadas y, en

cambio, no hacen ya la biopolítica

ni tienen el biopoder para lograr

un estándar humano apto para la

reproducción de ningún sistema.

Las corporaciones manipulan la

ciencia para tomar de rehenes a los

Estados y obligarlos a implementar

su biopolítica, la que viene ahora

30 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


a hacer la gestión del miedo, del

deseo y de la voluntad de los individuos

para someterlos, destruirlos

y tener vía libre para el saqueo de

los territorios sobre los que habitan.

Eso es el biopoder para las corporaciones

y las élites globales hoy.

Siempre con la mirada puesta en

el poder político en el Estado, lo

que en sí es muy típico de quienes

abrevan en la tradición marxista,

Foucault dice que el biopoder es

el objetivo de la biopolítica y que

esta es el despliegue de técnicas

de gobernanza orientadas a

“programar” a los individuos para

que estos se conduzcan solos, por

“voluntad propia”, en unas pautas

de comportamiento funcionales al

aumento de la riqueza en el sistema

capitalista y la preservación y la reproducción

de la lógica del Estado.

Así vista la cosa, es indudable que

pocas obras de ficción distópica

describen mejor y más gráficamente

ese proceso que la mundialmente

aclamada novela de Aldous Huxley

Un mundo feliz, publicada cuando

Foucault tenía apenas seis años de

edad, en 1932. Es así como Huxley

supo expresar con la mímesis lo que

Foucault explicaría en lo académico

unas cuatro décadas más tarde.

Un mundo feliz es un auténtico

vejestorio que, no obstante, sigue

más vigente que nunca en esta

posmodernidad absolutamente

distópica. Lejos de quedar desfasada,

esa caracterización de Huxley

sobre una sociedad controlada por

un poder global ubicuo parecería

acercarse cada vez más a la realidad

palpable actual, allí donde la

observación de la tendencia a la

concentración y a la centralización

del poder puede verse objetivamente

en cada uno de los avances

dichos científicos y tecnológicos

que modificaron profundamente la

existencia humana desde finalizada

la II Guerra Mundial, pero con aún

más intensidad a partir del último

cuarto del siglo pasado. Un mundo

feliz puede leerse hoy en posesión

del “diario del lunes” para hacer en

retrospectiva el análisis de cualquier

proceso y concluir que Huxley

dio más o menos en el clavo en un

sentido conceptual con sus predicciones

en la forma de literatura. Lo

que existe hoy es una ingeniería social

orientada a la programación de

los individuos para la gestión de sus

miedos, sus deseos y su voluntad,

pero con una finalidad que ni Huxley

ni Foucault supieron predecir.

He ahí el problema que nos atañe.

La biopolítica y el biopoder estatales

en clave foucaultiana son de

sencilla interpretación y comprensión,

es fácil ver en las acciones del

Estado el interés último en homogeneizar

a las mayorías, ponerlas en

caja y al servicio de una racionalidad

sistémica en un sentido económico:

el del sistema capitalista y su

reproducción. El Estado liberal del

triunfo de la revolución burguesa

de Francia desplegó la biopolítica

Ilustración de ‘Un mundo feliz’ (‘Brave new world’, en su título original), novela de ficción

distópica de Aldous Huxley que mejor representa la gestión del miedo, del deseo y de la

voluntad del hombre para una gestión biopolítica integral y una total dominación.

31 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


y tuvo el biopoder desde un primer

momento al combinar la ciencia

y la industria en la producción de

soluciones para lograr un descenso

brusco de la mortalidad infantil, un

aumento progresivo de la expectativa

de vida y también de los índices

de productividad, en consecuencia.

Bastará con observar que entre lo

que se supone son los embriones

de la civilización hace quizá unos

12.000 años y el principio del siglo

XIX la población mundial ascendió

lentamente hasta llegar a mil millones,

tan solo para multiplicarse

por seis o siete en poco más de 200

años.

Esa es una evolución difícil de

representar en un gráfico y es una

pequeña muestra de la magnitud

del triunfo de la biopolítica estatal

en manos de los liberales revolucionarios.

La garantía del derecho a la

propiedad privada puso la ciencia

al servicio de la industria y se desarrollaron

cosas que hoy son más

bien elementales, pero que en su

momento supusieron un punto de

inflexión en la existencia humana

como los antibióticos y las vacunas,

el conocimiento aplicado de

la biología con capacidad de reproducirse

en escala industrial y llegar

rápidamente a todas partes. Eso

fue lo que hizo el Estado moderno

y sobre eso desplegó su biopolítica,

tuvo el biopoder con un fin muy

claro: la gestión de la vida para la

reproducción del sistema.

Todo eso habría de cambiar con el

advenimiento de la posmodernidad

en la década de los años 1970,

coincidiendo así con el auge de la

producción intelectual de Michel

Foucault. Es decir, Foucault hizo en

retrospectiva toda la descripción de

la biopolítica y el biopoder estatales

simplemente porque otra cosa

no podía hacer, no hay forma de

analizar un futuro que aún no está

escrito. Pero a partir de los años

1970 las corporaciones empiezan a

triunfar y a manipular directamente

los Estados-nación para que apliquen

el proyecto político neoliberal

por una parte y, por otra, para que

cambien el sentido de la biopolítica.

El poder fáctico de las élites globales

destruye la revolución burguesa

de 1789 al hacerse del control del

Estado moderno y eso es, ni más ni

menos, una verdadera restauración

monárquica.

Con la posmodernidad advinieron

la sociedad de la información y los

medios técnicos para la gestión

integral de la vida humana ya no

por parte del Estado y ya no con la

finalidad de reproducir el sistema

Impactante gráfico representativo de la evolución de la población mundial en los últimos 12.000 años. Nótese que a partir del año 1800, solo

en los dos últimos siglos y como resultado de la revolución burguesa industrial, la biopolítica estatal hace florecer la humanidad como nunca

antes en la historia. Esa es la épica del gran relato liberal que la nueva monarquía restauradora de las élites globales está destruyendo en

nombre del “liberalismo” y del “capitalismo”.

32 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


capitalista burgués, sino para su

destrucción en el mediano plazo.

Lo que hoy llamamos “capitalismo”

es una proyección bastante burda

en la que toda la economía mundial

está bien concentrada en poquísimas

manos, la competencia y el

libre mercado no son más que entelequias

para ocultar ideológicamente

los monopolios. El mundo real de

hoy está mucho mejor descrito en

las páginas de ficción distópica de

Aldous Huxley que en la obra de Michel

Foucault, en la diferencia entre

el análisis histórico y la aventura

de proyectar el futuro. La verdad es

que existe un gobierno central globalizado,

supranacional —que está

por encima de las naciones y ya no

paralelo a estas— y técnicamente

dotado de las capacidades para

realizar un proyecto de dominación

mundial al que todavía no podemos

ni nombrar porque no sabemos bien

cómo llamarlo.

Doble hermenéutica

La biopolítica y el biopoder en manos

del Estado moderno de la burguesía

revolucionaria tuvieron una

finalidad muy clara, como veíamos:

el progreso de la humanidad en su

conjunto como método de reproducción

del sistema capitalista.

En una palabra, podría decirse que

el Estado en la modernidad fue un

agente de la burguesía revolucionaria

y que desplegó unas estrategias

de biopolítica para, en posesión del

biopoder, garantizar y prolongar la

vida humana como forma de reproducir

el capitalismo. Sin entrar en

valoraciones subjetivas e ideológicas

la obviedad es que, con el fin de

hacer triunfar su proyecto político o

modo de producción sobre modelos

anteriores, a los que había derrotado,

la burguesía favoreció desde

fines del siglo XVIII hasta el último

La revolución burguesa de Francia transformó el mundo e inauguró la modernidad industrial

que en dos siglos llevaría la humanidad a su máxima expresión. Al combinar la ciencia y la

industria en la garantía del derecho a la propiedad privada, se liberaron todas las fuerzas

productivas que las élites monopólicas monárquicas quieren destruir en esta posmodernidad.

Está en marcha la imposición de un proyecto político premoderno y prerrevolucionario.

cuarto del siglo XX el desarrollo de

la humanidad infinitamente más

que todos los sistemas previos en

decenas de miles de años. Esa es

la épica del liberalismo que hoy se

utiliza simbólicamente para realizar

un proyecto radicalmente opuesto

al de los liberales.

El gran relato de la modernidad

industrial y burguesa está hoy al

servicio de una monarquía sin

corona cuyo proyecto es la desindustrialización

y, sobre todo, la

despoblación. Poseedora de la

mitad de la riqueza del mundo y en

la conciencia de que los recursos

naturales del planeta deberían

agotarse en el mediano plazo (en

cuestión de pocas décadas) si la

población mundial sigue aumentando

y si se mantienen los niveles

de consumo actuales por parte de

las mayorías populares, estas élites

globales toman de rehenes a los Estados-nación

obligándolos a hacer

la doble hermenéutica de su biopolítica,

esto es, haciéndolos cambiar

radicalmente el sentido de la cosa

hasta que pase a significar exactamente

lo opuesto. Si el Estado

moderno desplegó estrategias de

biopolítica para garantizar, multiplicar

y prolongar la vida del hombre y

que este sea funcional al modo de

producción capitalista mediante el

trabajo asalariado y más tarde el

consumo, el Estado posmoderno

en manos de las corporaciones va

33 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


a aplicar la biopolítica para con el

biopoder detener y luego reducir la

población mundial, garantizando

así en el tiempo la explotación de

los recursos de los territorios para el

uso exclusivo de unos pocos.

La conclusión es que las seis u

ocho familias que concentran más

riqueza que 3.500 millones de

seres humanos son profundamente

anticapitalistas y, si se quiere,

antihumanas. Y que también, a raíz

del vertiginoso desarrollo de las

tecnologías de la información, de la

inteligencia artificial y de la robótica,

hoy tienen los medios técnicos

para controlar e incluso para prescindir

de lo humano. Véase bien: la

tecnología actual es suficiente para

implementar una biopolítica total y

totalitaria a base de informática, sin

precedentes y casi sin la necesidad

de operadores humanos. Y también

es suficiente para hacer, con el concurso

de los medios de propaganda

que también pertenecen a las élites

globales en monopolio, que dicha

biopolítica se oriente a utilizar el

control del miedo, del deseo y la voluntad

del hombre para su autodestrucción.

Las élites globales pueden

hacer que por miedo a la muerte

tengamos el deseo y la voluntad de

morir.

Eso es lo que vemos hoy en esta

pandemia del coronavirus, la que

ya se había ensayado con el SARS/

MERS a principios del siglo y con

el H1N1 diez años más tarde. Con

la amenaza de un virus presentado

por los medios como un “enemigo

invisible”, las élites globales instalaron

a nivel mundial el miedo a

la muerte. A continuación, forzaron

el despliegue por parte de los

Estados-nación de una serie de

Los poderes que cooptan la ciencia mediante la imposición de la industria farmacéutica

en las academias y en los laboratorios ensayaron la pandemia del coronavirus en al menos

dos ocasiones durante los primeros veinte años de este nuevo siglo: primero con el SARS/

MERS y luego con el H1N1 o “Gripe A”. Habiendo probado la reacción de las mayorías frente

al “enemigo invisible”, el poderoso lanzó el virus definitivo para transformar finalmente el

mundo, aunque según uno de esos potentados —el mismísimo Bill Gates— otras pandemias

serán lanzadas en el futuro. Han aprendido a jugar y le han tomado gusto al juego de meter

miedo y dominar por extorsión.

políticas sanitarias cuyo resultado

es la destrucción de la economía

de los países, pero que asimismo

son deseadas por las mayorías

populares. Del miedo a la muerte

a manos del “enemigo invisible”

viral se desprende el deseo de más

seguridad, cuya consecuencia es el

incremento del control por parte de

las fuerzas del orden de un Estado

consciente de que así paraliza la

economía, destruye el tejido social

y se autodestruye en el proceso,

pero impotente para sublevarse en

defensa propia. He ahí el uso de la

biopolítica por parte de las élites

globales en la imposición del miedo

en la conciencia de las mayorías

para que estas le exijan al Estado

políticas que en el corto y mediano

plazo resultarán en su propia muerte.

Así se tuerce y se manipula la

voluntad del hombre.

Todo eso puede verse plasmado

claramente en los países europeos

y también aquí en nuestro país.

Luego de haber destrozado la economía

paralizándola con delirantes

restricciones a la circulación —las

que fueron legitimadas por las mayorías

populares temerosas y luego

deseosas de más control— durante

todo el año de 2020, al terminar

el 2021 la Argentina impone más

control sobre el control ya existente

con la implementación de un pase

de circulación con el pretexto de

lo sanitario, justo en el momento

de mayor necesidad de un repunte

de la actividad económica. ¿Qué

otra respuesta podría dar el Estado

argentino frente a la introducción

de nuevas y misteriosas variantes

virales que los medios de difusión

presentan como el anuncio del apocalipsis?

La biopolítica y el biopoder

en manos de las corporaciones

se instrumentan en la práctica

instalando en primer lugar el miedo

a la muerte, luego el deseo de más

seguridad (más control social) y fi-

34 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


El filósofo francés Michel Foucault, ya en los últimos años de su vida. Foucault dejó como

legado la sistematización de las categorías de biopolítica y biopoder, aunque ambas fueron

útiles en su momento para describir un mundo que ya no existe. La actualización del pensamiento

de Foucault exige el reconocimiento de la derrota del Estado-nación a manos de las

corporaciones y la identificación clara de estas como detentoras del biopoder.

nalmente la voluntad totalitaria, allí

donde muchos están dispuestos a

aceptar la suspensión indefinida de

sus derechos humanos y garantías

constitucionales por una tiranía si

esta viene a garantizar la vida.

Entonces el Estado-nación, el que

antes desplegaba la biopolítica y

tenía el biopoder y ahora es rehén

de una situación que no puede

resolver, responde haciendo aquello

que va a resultar en su destrucción

puesto que en el frágil equilibrio político

de la democracia representativa

ningún dirigente tiene la fuerza

para sublevarse o mínimamente

cuestionar lo que todos los dirigentes

ya saben que es una extorsión.

Los medios anuncian la muerte

inminente, manipulan el miedo, el

deseo y la voluntad de las mayorías

y estas le exigen al Estado que haga

algo al respecto. Después de gastar

miles de millones en la adquisición

de vacunas experimentales que

no son efectivas frente a nuevas

variantes virales que van surgiendo

o no son efectivas en absoluto, al

Estado no le queda más alternativa

que golpear nuevamente contra

la economía del país imponiendo

más control social, el que tampoco

produce los resultados sanitarios

esperados. Esa es la situación que

el Estado no puede resolver y frente

a la que únicamente puede hacer

lo que un muy reducido grupo de

científicos autorizados vaya a saber

por quién sugiere como solución: lo

que ya se probó, no funcionó y solo

resultó en la rotura del tejido social

y en la destrucción de la economía.

Las élites globales son dueñas de

las corporaciones que controlan los

medios de difusión y la industria farmacéutica,

la que a su vez hegemoniza

el discurso científico, de modo

que la ciencia normal dice y los medios

difunden solo lo que esas élites

quieren que sea la verdad. El Estado

perdió el monopolio de las estrategias

biopolíticas, perdió el biopoder

y ahora la corre desde atrás, es

rehén de un poder muy superior

al suyo y no tiene con qué hacerle

frente a la presión de una monarquía

global desterritorializada. El

biopoder lo tienen ahora los seis u

ocho dueños del mundo y lo usan

para destruir lo que queda de modernidad

revolucionaria haciendo

triunfar las restauraciones que en el

siglo XIX habían sido derrotadas por

la burguesía y retrocediendo en la

historia hasta la premodernidad. En

términos foucaultianos y en resumen,

la “gubernamentalidad” está

hoy en manos del enemigo de la

humanidad.

La resistencia

según Foucault

De todo lo anteriormente visto

resulta configurada una situación

límite en la que los pueblos ahora

atomizados ya no pueden contar

con el Estado para la organización

de la defensa del grupo frente a la

embestida del poder fáctico global,

no hay posibilidad de resistir en la

política institucional cuando las

instituciones han sido todas compradas,

cooptadas o tomadas como

rehenes por el enemigo globalista.

Y aún peor: ese pueblo atomizado

no puede contar ni siquiera con la

totalidad de su propia fuerza, puesto

que la ingeniería social impuesta

por las élites globales se asemeja a

una muy sofisticada pieza de relojería

cuyo fin es, como veíamos, la

gestión previa de las aspiraciones y

de los temores del individuo humano

para orientar y limitar su comportamiento

hacia y dentro de unos

límites bien establecidos. Lo que

es lo mismo, muchos de nosotros

ya hemos sido previamente gestionados

en nuestras aspiraciones y

en nuestros temores, nos vamos a

comportar “bien” dentro de esos

límites establecidos por el enemigo

y además creyendo que esa es

nuestra legítima voluntad.

Concretamente, lejos de rebelarse

frente al avance de la tiranía global

35 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


Las restricciones a la circulación llamadas vulgarmente en nuestro país “cuarentenas”, que no fueron útiles para resolver ningún problema

sanitario y, por el contrario, causaron enormes daños a la economía y al tejido social. Extorsionados con la amenaza de muerte, los pueblos

fueron obedientes y el Estado dio la única respuesta que pueden dar los dirigentes que siempre están en la cuerda floja. Y así el poder fáctico

avanzó varios casilleros en la implementación de su proyecto político. Al terminar de prenderse las luces, nos encontraremos con un mundo

muy transformado, pero no en un sentido positivo para los Estados-nación y mucho menos para las mayorías populares.

con el pretexto de la emergencia

sanitaria, la tendencia de muchos —

al parecer, de la mayoría— es hacia

obrar de una manera determinada

en el sentido de sostener vigente

esa emergencia, lo que se hace con

una obediencia deseada. En vez de

ponerse a cuestionar las innumerables

y cada vez más frecuentes

contradicciones en el discurso que

baja del poder fáctico a través de

una ciencia normal cooptada por

la industria farmacéutica y luego

reproducido por los medios de difusión,

la mayoría de los individuos

tiende a acatar dicho discurso y, en

consecuencia, a obedecer ciegamente

sus lineamientos, sean los

que fueren y por más absurdos que

sean estos.

El ejemplo de las restricciones a

la circulación es revelador en ese

sentido. A la vista del fracaso de las

llamadas “cuarentenas” en todo lo

que se refiere a lo sanitario, aún hoy

hay gente exigiéndole al Estado el

endurecimiento de esas medidas

que no resolvieron ningún problema

y además dañaron el tejido social.

La idea del pase de circulación

llamado “pase sanitario” es la reedición

de las “cuarentenas” fallidas,

ahora instrumentadas como segregación

social con los vacunados por

una parte y los no vacunados por

otra. Lo que nadie quiere cuestionar

es la efectividad sanitaria de dicha

segregación, que parece ser ninguna:

la propia narrativa oficial admite

que los vacunados pueden ser portadores

y vectores de transmisión

viral, que son vulnerables al contagio,

a la enfermedad y también a la

muerte, pero nadie a la vista de ese

hecho se pregunta de qué serviría

el separar de la sociedad a los no

vacunados para ir condenándolos a

una inevitable muerte civil. Condicionados

por el miedo irracional, un

miedo gestionado biopolíticamente

por el poder, perdemos de vista

lo esencial en la cuestión y terminamos

legitimando la maniobra

política que se oculta muy mal tras

el pretexto de lo sanitario.

Otro tanto ocurre con las propias

vacunas experimentales que la

industria farmacéutica puso en el

mercado prácticamente de la noche

a la mañana. Además del propio hecho

de su velocísimo advenimiento,

que ya resulta en sí mismo muy sospechoso

en vista de que la propia

ciencia estima en décadas el tiempo

prudencial de desarrollo de una

vacuna, se cae por su propio peso la

afirmación temeraria de su eficacia,

la que puede falsarse fácilmente

con el análisis más superficial de

36 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


los datos de la realidad. Descartando

de plano la tesis “conspiranoica”

de que en las propias vacunas está

el mal, es evidente que las inyecciones

no tienen ese 90% y más de

efectividad que había sido anunciado

con bombos y platillos a fines del

año 2020. Los vacunados siguen

infectándose, siguen padeciendo la

enfermedad y siguen muriéndose,

aunque nada de eso impide que

sigan poniendo el brazo para sucesivas

dosis tan solo para esperar

la próxima. ¿Por qué nadie discute

la maniobra de la industria farmacéutica?

¿Por qué nadie se atreve a

cuestionar al fabricante que vendió

una supuesta panacea universal sin

hacerse asimismo cargo legalmente

de sus eventuales efectos colaterales

ni responsabilizarse cuando se

descubre que la efectividad no es

la anunciada hace solo unos pocos

meses?

Nada de eso se hace, sino más

bien todo lo contrario. Sin cuestionar

nada en absoluto, nos sometemos

pasivamente a la aplicación

de sucesivas dosis sin percatarnos

de que estamos en la trampa del

burro y la zanahoria, una más vieja

que la propia injusticia: siempre

será la próxima dosis la última, la

que nos dará la inmunidad duradera

y definitiva. Pero a las pocas

semanas surge una nueva variante

imprevista, las vacunas se vuelven

inefectivas y otra vez volver a empezar

el ciclo. ¿Hasta cuándo? Pues

hasta que el propio ciclo sea objeto

de cuestionamiento, aunque eso no

parecería estar ni cerca de ocurrir.

La gestión biopolítica del miedo y

el deseo determina el comportamiento

de las mayorías y coloca en

el lugar de inferioridad moral del

“negacionista”, del “conspiranoico”

y del “antivacunas” al solitario díscolo

que se atreve a cuestionar. No

hay quien quiera estar en el lugar

infamante del “anticiencia”, todos

se portan bien dentro de los límites

establecidos por el poder y desean

solo lo que se les permite desear.

Este es el resultado de la gestión

del miedo, del deseo y de la voluntad

de los individuos que las élites

globales y sus corporaciones hacen

mediante el aparato terrorista que

poseen y controlan. La mayoría de

nosotros ha llegado a desear el

endurecimiento de las restricciones

a la circulación que siguen destruyendo

la economía y el tejido social

de nuestra comunidad, aunque ya

se sabe que nada eso resulta en

ningún beneficio en lo sanitario. La

mayoría de nosotros desea seguir

sometiéndose a aplicaciones cíclicas

de vacunas experimentales

sin cuestionar jamás al fabricante

por la nula efectividad del producto

que el Estado-nación compra y

paga con dinero público a precios

exorbitantes, de los que además ya

ni siquiera se habla. Con las estrategias

biopolíticas y en posesión

del biopoder, el poderoso fáctico

globalista nos gestionó primero el

miedo para condicionarnos y luego

canalizó nuestro deseo hacia dentro

de unos límites determinados que

estaban previstos en su estrategia.

Y entonces nuestra voluntad es su

voluntad, hacemos lo que el poder

espera de nosotros y encima pensando

que hacemos lo que queremos.

La finalidad de la ingeniería social

sigue siendo desconocida para las

mayorías populares, los muchos no

sabemos adónde nos llevan los pocos.

Como en la obra de Huxley Un

mundo feliz, la hipnopedia aplicada

en la repetición indefinida del discurso

terrorista logró su cometido

al condicionar a las masas de una

forma tal que para muchos cuestionar

el statu quo no es un horizonte,

ni siquiera una utopía. Ahora lo deseable

es portarse bien y portarse

bien es acatar la narrativa oficial sin

cuestionar ni siquiera aquello que

evidentemente es contradictorio,

por lo que se cae de madura la ex-

Los auténticos conspiranoicos antivacunas, una pequeña minoría que elige llevar el cuestionamiento

hasta sus consecuencias más extremas. Pese a ser los menos, son muy útiles para

descalificar a todo el que se atreve a cuestionar mediante el simple método de la sinécdoque:

alguien cuestiona y es antivacunas, entonces todos los que cuestionan también lo son.

37 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


plicación sobre el porqué del intento

de suspensión por “recomendación

sanitaria” de las celebraciones

de navidad por parte de la OMS, se

trata de otra hipnopedia: la OMS

nunca quiso realmente suspender

la navidad presente, sino reforzar la

idea instalada de un peligro inminente

frente al que la única posibilidad

de salvación es la obediencia.

Para las próximas navidades, el

individuo ya estará condicionado

para aislarse en su casa y romper lo

que le queda de sus vínculos familiares,

para terminar de atomizarse

suspendiendo de aquí en más toda

su actividad social real. Y así, solo

frente a los medios de difusión que

le llegan por todas partes en esta

sociedad de la información hiperconectada,

será presa fácil del control

social en un esquema puro de

comunicación de uno a muchos ya

sin la posibilidad de contrastar ese

discurso único en la interacción con

sus pares más que en la impersonalidad

del ambiente controlado de

las redes sociales.

He ahí la biopolítica y el biopoder

en manos de las élites globales y

apátridas, he ahí la derrota de los

Estados-nación en un sentido de

comunidad nacional defensora de

los intereses de los pueblos. De

aquí en más los Estados serán el

vulgar instrumento de la imposición

por la fuerza del proyecto político

del globalismo hasta que el propio

globalismo pueda disponer de los

Estados e instalar el gobierno mundial

totalitario descrito en la obra

de Aldous Huxley, pero también en

la de George Orwell y en la de otros

tantos que supieron proyectar el

futuro en el arte. Todo eso sigue

siendo distópico hoy, aunque un

poco menos distópico de lo que fuera

a principios y mediados del siglo

XX. Con la venia de Ud., avanzamos

a paso acelerado hacia ese futuro

distópico. ¿Qué hará el atento lector

frente a esa realidad que ulula a

gritos?

Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson, CanSino y todos los demás gigantes de la industria farmacéutica son controlados por básicamente tres

grandes fondos buitres de inversión: The Vanguard Group, BlackRock y State Street, los tres instrumentos de las élites globales para gobernar

el mundo. En posesión de esta información, que es pública, a ningún medio de difusión se le ocurre cuestionar las contradicciones de estos

fabricantes de fármacos e impulsores de experimentos génicos. ¿Cómo hacerlo, si también los medios son de propiedad de los fondos de

inversión antes mencionados y, en última instancia, de los ricos del mundo que llevan a cabo todo el proyecto?

38 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


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39 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


LA TRIBUNA DE ROSAS

Un enigma llamado FMI

CÉSAR

MILANI

La Argentina se encuentra una

vez más en la encrucijada de

una historia cíclica: debe acordar

con sus acreedores el pago

de una deuda externa que no

posee la capacidad material de

enfrentar y decidir en el camino

qué rumbo económico va a implicar

este condicionamiento externo. En

ese contexto, se sabe inminente un

acuerdo con el Fondo Monetario Internacional

(FMI), organismo con el

que el país entabló un compromiso

por cincuenta y siete mil millones de

dólares, aunque esa cifra finalmente

no llegó a ser desembolsada por

completo, alcanzando los depósitos

de hecho los cuarenta y cuatro mil

millones en moneda extranjera.

En ese estado de situación, el

gobierno de Alberto Fernández

sugiere una quita en los intereses

o el capital del crédito concedido

o un alargamiento de los plazos y

fechas de pago, so argumento de

que el préstamo en cuestión habría

sido otorgado por el organismo para

financiar la campaña política de la

alianza Juntos por el Cambio en el

año 2019. Una de las banderas que

el Frente de Todos levantó a lo largo

de esa campaña, justamente, fue

la necesidad de investigar el origen

de la deuda externa, el destino de

los fondos otorgados y la legalidad

de un crédito que el FMI concedió

a contramano de sus propios estatutos,

de un volumen inédito y a un

país que no demostraba capacidad

de pago.

Pero independientemente del

discurso quisquilloso del oficialismo

que habla de la “gula” del FMI, lo

cierto es que difícilmente el Fondo

vaya a admitir la supuesta ilegalidad

del préstamo, por lo que se sabe que

hay que pagar, que el tiempo apremia

y que las cláusulas del acuerdo

se habrán de anunciar previsiblemente

entre el fin del corriente año e

inicios de 2022, aunque también es

posible que se extienda a lo largo del

mes de enero.

En ese clima de expectativa, a

comienzos del mes de diciembre el

periodista del Diario La Nación y del

canal televisivo homónimo Carlos

Pagni hizo un extenso comentario

en el que esbozaba la posibilidad de

que el acuerdo de parte del Estado

40 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


argentino con el Fondo Monetario

Internacional implique más que el

“simple” sometimiento de la economía

del país a la égida de ese

organismo a través de la imposición

de un programa económico de

ajuste tendiente supuestamente

a la reducción del déficit fiscal y el

achicamiento del gasto público para

el pago de los intereses y el capital

adeudados, sino que directamente

pueda exigir del Estado argentino

un alineamiento geopolítico del país

dentro de la órbita de los Estados

Unidos en el marco de la guerra

económica que esta potencia sostiene

con Oriente y en específico con la

República Popular China y la Federación

Rusa.

En ese editorial, Pagni planteaba

que ya se sabe que los términos del

acuerdo van a implicar un ajuste

fiscal y que obligarán al gobierno a

definir por primera vez su orientación

económica abandonando la ambigüedad

que lo caracterizó a lo largo

de los dos primeros años de su mandato.

La definición de un programa

económico sería la condición sine

qua non de un acuerdo que permita

al país hacer frente a los compromisos

establecidos con el organismo

multilateral de crédito, pero también

lo sería la toma de posición del

gobierno argentino respecto de los

bloques de poder que incluyen a las

principales potencias miembros del

propio Fondo: los Estados Unidos y

China.

En ese sentido, el editorialista

remarcaba como una señal la invitación

por parte del presidente norteamericano

Joseph Biden a la Argentina

para participar de la llamada

“cumbre por la democracia” convocada

por el gobierno de los Estados

Unidos, a realizarse los pasados

días 9 y 10 de diciembre, y de la que

naturalmente fueron excluidas Rusia

y China, entre otros países a los que

el gigante del norte ha considerado

históricamente como autocracias.

No obstante, el propio Pagni hacía

mención de un intento de la Argentina

por acercarse a China con el propósito

de obtener financiamiento del

Estado por fuera del Fondo, aunque

la respuesta del país asiático haya

sido de una tajante negativa en tanto

y en cuanto no exista un acuerdo firme

de pago al FMI. Las concesiones,

según Pagni, que el gobierno estaba

a favor de ceder a China incluían una

serie de acuerdos nucleares. Pero

el país asiático, a la sazón hoy uno

de los principales jugadores dentro

del Fondo Monetario Internacional,

antepuso la negociación con este

último como condición para acordar

todo plan de financiamiento del

Estado con la Argentina.

Pero eso no es todo: a contrapelo

del planteo del Diario La Nación a

lo largo de las primeras semanas

del mes de diciembre y ya desde

finales de noviembre ha sido posible

observar otras señales que podrían

orientar al analista a suponer un derrotero

opuesto al alineamiento que

está vaticinando Carlos Pagni de una

Argentina entregándose en bandeja

de plata a Washington. Una de ellas

ha sido el presunto acercamiento

a Rusia en lo atinente a cuestiones

relacionadas con la defensa, tales

como la compra de cazas rusos para

la Fuerza Aérea o los programas de

entrenamiento militar en ese país.

De hecho, durante la primera semana

de diciembre una comitiva diplomática

argentina viajó a Rusia para

una reunión entre el viceministro de

Defensa ruso Alexandr Fomin y el secretario

de Asuntos Internacionales

para la Defensa argentino Francisco

Cafiero durante la que, según fuentes

oficiales, “se discutieron temas

de actualidad de la cooperación

militar y técnico-militar ruso-argentina

y se esbozaron nuevos pasos

para su desarrollo”. A partir de esa

visita, ambas naciones firmaron un

El periodista Carlos Pagni es reputado por tener acceso a muy buena información desde el

reverso de la trama en la política, aunque sus afirmaciones sobre un alineamiento automático

con la política exterior de los Estados Unidos como exigencia del Fondo Monetario

Internacional (FMI) a la Argentina para llegar a un acuerdo de deuda son contradictorias

con ciertas señales enviadas por el gobierno de Alberto Fernández a Rusia y a China en las

últimas semanas.

41 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


Los Juegos Olímpicos de invierno de Beijing, a realizarse en febrero del año 2022 y ya

boicoteados por los Estados Unidos y varios de sus socios occidentales. A los que conozcan

el significado de un boicot político a citas deportivas de esta talla —véase lo sucedido en

Moscú 1980 y luego en Los Ángeles 1984— les resultará muy extraño que la Argentina esté

a punto de embarcarse en un alineamiento automático con los Estados Unidos habiendo

avalado la realización de un Beijing 2022 que los estadounidenses no quieren.

contrato para la admisión de militares

argentinos en los centros de

formación militar del Ministerio ruso,

declarando que “las conversaciones

se desarrollaron en un ambiente

amistoso y confirmando la intención

mutua de seguir construyendo una

cooperación integral entre los departamentos

de Defensa”.

Ya desde el mes de agosto, pero

también en agenda en esa visita

oficial, representantes de la Fuerza

Aérea argentina vienen estudiando

presupuestos para la adquisición

por el Estado argentino de una serie

de aviones de caza MIG-35 destinados

a engrosar la flota de la Fuerza

Aérea del país en materia de defensa

de las fronteras. De hecho, el propio

secretario de Asuntos Internacionales

Francisco Cafiero se reunió con

autoridades de Rosonboronexport,

el fabricante ruso de esos aviones.

Del mismo modo resultó llamativa

la negativa de parte del canciller

argentino Santiago Cafiero a sumarse

al boicot a los Juegos Olímpicos

de invierno a realizarse en Beijing,

China, en febrero del próximo año

2022. Este ha sido propiciado por

los Estados Unidos y cuenta con el

respaldo de países como el Reino

Unido de Gran Bretaña, Canadá y

Australia, todos ellos denunciantes

de presuntas violaciones de los derechos

humanos en el gigante asiático.

La medida recuerda a los Juegos

Olímpicos de Moscú de 1980, cuando

el bloque occidental boicoteó la

competencia realizada en esa ocasión

en la Unión Soviética, por aquel

entonces bajo la acusación de la

violación del derecho internacional

luego de la invasión soviética a Afganistán.

El clima internacional, por lo

tanto, remite vagamente al contexto

de la Guerra Fría y es en esa pulseada

que el gobierno argentino deberá

tomar posición.

El Ministerio de Relaciones Exteriores,

por lo pronto, ratificó su apoyo

a Beijing, expresando que “desde

su anuncio, la Argentina fue uno

de los primeros países en apoyar a

China en la realización de los Juegos

Olímpicos de invierno en su capital

y alrededores, que coincidirá con el

50º. aniversario de las relaciones

diplomáticas bilaterales”.

En este complejo contexto internacional,

entonces, lo único que

se puede saber es que no sabemos

nada. Los términos del acuerdo

con el FMI seguramente van a implicar

una serie de metas fiscales

—eufemismo para ajuste fiscal con

reducción del gasto público— que

el gobierno argentino deberá firmar

y el Estado cumplir en el tiempo,

en virtud de la fragilidad de su

capacidad para negociar de igual a

igual. No obstante, para conocer los

términos geopolíticos que el gobierno

de Alberto Fernández acordó, si

los hubiere, habrá que verlo caminar.

Pues de la maraña de informaciones

cruzadas, mensajes velados y ambigüedades

no se desprenden aún

conclusiones terminantes.

Si el gobierno está pensando recostarse

en los favores de las potencias

orientales como parecería desprenderse

del coqueteo con la Federación

Rusa en materia de defensa

o de las iniciativas nucleares con

China, ¿por qué uno de los principales

editorialistas del medio más

prestigioso de representación de los

intereses de las clases dominantes

en el país como lo es el Diario La

Nación sugiere un corrimiento hacia

la égida norteamericana? De acuerdo

con la lógica lineal de la “grieta”,

el Diario La Nación será opositor a

un gobierno “peronista” y a su vez lo

será también a las potencias orientales,

por lo que no se comprende

por qué un operador vendería pescado

podrido a su audiencia sugiriendo

un acercamiento con la potencia

mejor vista a sus ojos, en este caso,

los Estados Unidos.

Y en el sentido opuesto, si el gobierno

está paulatinamente acercándose

al área de influencia de los Estados

Unidos, ¿por qué brinda estas

señales de amistad hacia China y

Rusia, en muchos casos recogidas

42 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


con beneplácito por los medios

afines y los funcionarios del kirchnerismo?

¿Acaso será un intento por

congraciarse precisamente con el

electorado kirchnerista que aún es

mayoritario al interior del Frente de

Todos y que siempre desde el punto

de vista ideológico vio con mejores

ojos a los líderes del antiguo bloque

comunista que al imperialismo

yanqui?

O bien alguien no dice la verdad o

bien está dando señales de interpretación

ambivalente para despistar

o bien existe al interior del gobierno

una disputa interna respecto

del pago no de las cláusulas del

acuerdo sino de los costos políticos

que ese acuerdo va a implicar. Las

manifestaciones públicas de personajes

de primer orden al interior del

oficialismo como la vicepresidenta

Cristina Fernández refiriéndose a la

necesidad de volcarse a las calles

para “defender los derechos propios,

los de los hijos o la patria” o las del

presidente del bloque de diputados

del Frente de Todos Máximo Kirchner

denunciando la “actitud golosa”

del Fondo Monetario podrían ser la

punta del ovillo del que habrá que

tirar para descubrir qué monstruo se

esconde en el laberinto.

En definitiva, no se conocen con pelos

y señales los términos del acuerdo,

pero por primera vez desde que

Mauricio Macri le abrió las puertas

al Fondo Monetario Internacional se

está hablando tímidamente acerca

de la posibilidad de que en el camino

el país no solamente comprometa

su independencia económica

a través de la imposición por parte

de un agente foráneo y supranacional

de un programa económico de

ajuste, lesivo para los intereses del

pueblo-nación argentino. Por primera

vez nos encontramos frente a

frente con la posibilidad cercana de

que el país comprometa su soberanía

política y de que el Fondo no

se haya instalado en nuestro país

para cobrar el préstamo otorgado

tal como la mayoría imaginaba, sino

directamente para gobernar.

Ya sea que nuestro país resuelva

un alineamiento estratégico con los

Estados Unidos como afirma Carlos

Pagni o que vaya a escudarse en los

favores de Rusia y China como el gobierno

pareciera hacer querer ver, si

en busca de un acuerdo favorable la

Argentina compromete su soberanía

nacional, la firma de un acuerdo con

el Fondo Monetario Internacional

podría rubricar también un nuevo y

definitivo estatuto legal del coloniaje.

Sería, en los términos de Arturo

Jauretche, cambiar de collar cuando

en realidad de lo que se trata es de

dejar de ser perros.

La salida a ese laberinto existe,

aunque no pareciera estar en la

agenda del Ministerio de Economía,

cuya máxima autoridad es un tecnócrata

de las finanzas que más parecería

estar interesado en otorgar

al Fondo lo que el Fondo pida que

en asegurar para el país un acuerdo

sustentable en el tiempo que no

comprometa ni la independencia

económica ni la soberanía política

de la Argentina. Entre someter a

millones de argentinos a un ajuste

fiscal que va a tender a una caída de

la recaudación del Estado y como

profecía autocumplida a un proceso

de recesión que obligará a más

ajuste y más déficit y negociar con

los dueños de la tierra, un gobierno

que defendiera las banderas del justicialismo

no de palabra sino en los

hechos no debería tener demasiados

problemas para escoger. Pero esa ya

es harina de otro costal.

Son célebres las buenas relaciones entre Cristina Fernández de Kirchner y el líder ruso Vladimir

Putin. Más allá de eso, que es una realidad política insoslayable, el gobierno del que

Fernández de Kirchner forma parte como vicepresidenta acaba de suscribir acuerdos de cooperación

con Rusia en materia de capacidades técnicas para la defensa. Un país que está

a punto de caer en brazos de los Estados Unidos, por regla general, no hace estos acuerdos

con el enemigo histórico de los estadounidenses en el tablero geopolítico.

43 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021


LA EXPRESIÓN DE LO NACIONAL-POPULAR

44 HEGEMONIA - dicIEMBRE DE 2021

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