¡Vaya lío con la escuela!
Un libro imprescindible para todos aquellos que quieran partirse de risa. Adaptado a lectura fácil. Judith y Johan hacen de superhéroes justicieros para ayudar a quien creen que más lo necesita, pero… ¡no hay forma! ¡Todo les sale al revés! Al empezar la escuela descubren que este curso les ha tocado de profesor el señor Amela, que tiene la fama mundial por cuatro razones, y ninguna de ellas es ser divertido. ¿Y cómo se puede hacer de justiciero con un profesor que parece un sargento? Judith y Johan encuentran la forma de conseguirlo y la van a liar tanto como cuando estaban de vacaciones. ¡No lo pueden evitar! Tercer título de la colección Los líos de Judith y Johan.
Un libro imprescindible para todos aquellos que quieran partirse de risa. Adaptado a lectura fácil.
Judith y Johan hacen de superhéroes justicieros para ayudar a quien creen que más lo necesita, pero… ¡no hay forma! ¡Todo les sale al revés!
Al empezar la escuela descubren que este curso les ha tocado de profesor el señor Amela, que tiene la fama mundial por cuatro razones, y ninguna de ellas es ser divertido.
¿Y cómo se puede hacer de justiciero con un profesor que parece un sargento? Judith y Johan encuentran la forma de conseguirlo y la van a liar tanto como cuando estaban de vacaciones. ¡No lo pueden evitar!
Tercer título de la colección Los líos de Judith y Johan.
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–¿Qué? –dice Patricia, afónica de tanto cantar–.<br />
Os habéis pasado el día en el pasillo, ¿verdad?<br />
–Seguro –dice riendo Leticia–. Nunca haréis nada bueno<br />
vosotros dos…<br />
Pasamos de <strong>la</strong>rgo y salimos del cole.<br />
¡P<strong>la</strong>f! oigo detrás de mí.<br />
La cara de Johan,<br />
ap<strong>la</strong>stada <strong>con</strong>tra el cristal de <strong>la</strong> puerta,<br />
parece una caricatura.<br />
La máscara le cuelga de una oreja.<br />
–Los agujeros aún no son lo bastante grandes<br />
–le digo.<br />
Afuera nos esperan mi madre y <strong>la</strong> madre de Johan.<br />
Mi madre sonríe al verme y, de pronto, me doy cuenta<br />
de que he cumplido mi promesa. Le doy un beso.<br />
–¿Sabes qué? –le digo–. Nos hemos <strong>con</strong>vertido<br />
en los favoritos del profesor, el señor Ame<strong>la</strong>.<br />
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