Aluminio 74
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se convierte en núcleos de hierro puro, el núcleo ya no
puede soportar la fuerza de aplastamiento de la gravedad
resultante de toda la materia sobre el núcleo, y este
termina por colapsar bajo su propio peso. A estas estrellas
se las conoce como supernovas. Durante su rápido y
violenta destrucción expulsan las capas superiores a velocidades
de 15.000 a 40.000 kilómetros por segundo,
enriqueciendo el medio interestelar de los elementos que
lo forman. Además, en los pocos segundos posteriores a
este proceso se dan condiciones de presión y temperatura
tan elevadas que permiten la formación de elementos
más pesados que el hierro, como el cobre, el zinc o el
criptón. Las supernovas son asimismo capaces de acelerar
algunas partículas hasta casi la velocidad de la luz,
generando rayos cósmicos que propician la producción
de elementos químicos, como el litio, el berilio o el boro,
a través de la fisión nuclear.
No siempre la muerte de las estrellas termina en una supernova.
En ocasiones la estrella colapsa hasta tener un
tamaño de aproximadamente 10 kilómetros de radio, con
una masa que duplica a la de nuestro vecino Sol, y en
la que una cucharadita de materia puede llegar a pesar
5.000 millones de toneladas. Todo esto, mientras gira
hasta 40.000 vueltas por minuto. En un objeto de estas
características la materia está compuesta principalmente
por neutrones y unos pocos protones y electrones.
Y, cuando dos de estas estrellas de neutrones chocan,
provocan no solo ondulaciones del espacio-tiempo, conocidas
como ondas gravitacionales, sino que también
producen una potente explosión de rayos gamma. Como
consecuencia, parte del material que las forma sale des-
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