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DIARIO DE PEREGRINA.Pura Fernández. Camino de Invierno

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Verdaderamente hoy necesitaba o descansar un día o aflojar de alguna

forma y que mejor forma de aflojar que quitarme 10 kilos de la espalda

aunque sólo sea por un día.

En eso quedamos y esta mañana entre que que me he levantado a las

21.30, he ido a comprar víveres, he vuelto al albergue de Lemavo para

dejarlos junto con la mochila y he desyunado, estaba empezando a

caminar a las 12.30.

Prisas ningunas y menos hoy que iba a ir como flotando sin apenas

peso.

La metereologia era la que a mí me gusta cuando camino por el norte.

Lluvia fina intermitente y frescor pero nada de frío y a la vez una

especie de neblina al fondo que envuelve lo último que se ve en el

horizonte.

Por fin hemos dejado atrás los monótonos bosques de pinos y ahora nos

adentramos en los típicos bosques gallegos repletos de musgo y

vegetación salvaje.

Yo sigo con mis sandalias con calcetines a pesar de hoy haber pisado

campo completamente embarrado. Voy con cuidado de no meterme en

charcos pero prefiero mil veces caminar con ellas que sentir los pies

aprisionados en zapatillas cubiertas. No tengo ningún frío en los pies y

me libro de pies hinchados y ampollas.

En la mayoría de las ocasiones los estrechos senderos formaban una

alfombra tan mullida de hojas de castaños o de cualquier otra especie

que te protegían de no pisar ni barro ni agua.

He pasado por un majestuoso pazo y tras varios kilómetros atravesando

bosque espeso seguía escuchando a cada rato un reloj de cuco como

amplificado que yo daba por hecho que salía del Pazo de O Reguengo.

La lluvia fina de vez en cuando se tornaba algo más densa pero no tanto

como para tener que abrir el paraguas plegable que siempre llevo en

mis peregrinajes.

A pesar de todo los pantalones largos impermeables había momentos

en que estaban tan mojados que se me quedaban pegados a las piernas.

Hoy no me he puesto los cortos porque como no llevaba la mochila

grande aprisionándome la cintura en las múltiples ganas de mear me

seria más fácil y rápido sin ella bajarme el pantalón largo.

Cuando ya terminaron los bosques frondosos y era consciente de que

hoy también me daba la noche, le mandé un audio a Marcos que iba

kilómetros por delante para que me dijera si a partir de ese momento

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