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DIARIO DE PEREGRINA.Pura Fernández. Camino de Invierno

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A los 3 primeros ni los he escuchado,

venían de la Vía de la Plata y se estaban haciendo una pechá de

kilómetros cada jornada desde hace más de un mes que sólo de

pensarlo se me abren las carnes.

Al rato de levantarme se han ido Marcos y Poti y yo he salido casi una

hora después.

Otro día entre prados, algún que otro bosque con un precioso puente

medieval y alguna que otra aldea y caserío desperdigado.

Comencé a caminar con un leve chispeo que pronto cesó y salió el sol

tímidamente, esta mañana hacía más temperatura que días anteriores

asique no tardé mucho en quitarme la capa y 2 de los tres chubasqueros

finos que siempre llevo de peregrina.

Prefiero varias capas de plástico finas que no pesan nada y secan en

seguida y que además me aportan el suficiente calor al andar en días

fríos, que ropa más gorda de otro tipo de tela que tarde más en secarse.

Cuando llevaba la mitad de kilómetros me mandó Marcos un audio

diciéndome que estaba en un bar de Silleda descansando con Poti y que

había una señora haciendo pulpo en la puerta.

Que allí se quedaba esperándome para comernos un plato.

Al poco caminaba aproximándome a un caserió con una verja de

alambre, el Camino pasaba justo casi a ras de la alambrada, al otro lado

vi a un hombre y al pasar a su altura le vi mirándome fijamente

mientras se tocaba. Lo miré a la cara, miré su mano y comprobé que sí,

que el tío se estaba masturbando a mi paso.

"Eres un cerdo" le dije

"Estoy en mi casa" me dijo

""Estás en tu casa esperando que pasen peregrinas para tocarte so

cerdo"

En ese momento dos perrazos corrían por dentro de la alambrada

ladrándome asique decidí callar por si le daba por abrirles y que

salieran a atacarme.

De no haber alambrada y no haber perros le digo lo que no hay en los

escritos.

Le mandé un audio a Marcos contándole lo que me acababa de suceder

y él estaba dispuesto a venir a leerle la cartilla al pervertido, menos mal

que nos separaban más de 2 kilómetros y ahí se quedó el asunto.

Llegué a la pulpería y en la puerta tumbado en el suelo estaba Poti,

cuando me vio empezó a lloriquear de la alegría moviendo el rabo

fuerte y echándome la pezuña por el hombro al agacharme a saludarlo.

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