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Miguel Algol - Materia Obscura

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Miguel Algol

Materia Obscura

Ensayos sobre Magia Negra y Satanismo

Infernalia

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Filosofía Oscura

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Lo que permanece

(Pensamientos sobre la alegría y el mal)

Recordad todos que la existencia es puro gozo;

que todas las penas no son sino sombras;

pasan y desaparecen; pero está lo que permanece.

Crowley, Liber AL, II, 9.

La risa del malo

Los malos siempre se ríen, parece que se lo pasan bien los malos...

¿Alguien ha visto alguna vez a un diablo serio? Toda la iconografía

occidental está llena de amenazas rientes. En la literatura, en el cine, en

el cómic, las risotadas de los villanos resuenan como ecos inquietantes

que hielan la sangre. Se ríe todo el tiempo el repulsivo presentador de

Historias de la Cripta, mientras se cae a pedazos y nos anuncia con

perverso entusiasmo los horrores que vamos a ver. Se ríen el Goblin de

Spiderman, que es medio duende medio bufón, y el Mad del Inspector

Gadget, del que sólo conocemos sus manos y su risa. Se ríe la niña de El

Exorcista en los más sublimes momentos de su exaltación demoníaca. Y

sin duda, entre todos los personajes de la ficción contemporánea, el

Joker de Batman es un caso antológico de síntesis simbólica entre la risa

y el mal: el Joker no sólo se ríe constantemente mientras comete sus

crímenes, sino que además actúa él mismo todo el tiempo como un

payaso (parece querer a toda costa que los demás también se rían,

mientras perecen). Y es que ya ni siquiera puede físicamente parar de

reír: la mueca se le ha quedado grabada en la cara. Otro simbolismo

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profundo: el miedo al payaso, el payaso con colmillos de Stephen King.

Parece que entre la lista de cosas que los estadounidenses dicen en las

encuestas que les dan más miedo están, en uno de los primeros lugares,

los payasos. El que se dedica por profesión a hacer reír, el que tiene

pintada la risa en la cara, es al mismo tiempo la más inquietante

amenaza. Curioso ¿no?

Los ejemplos de relatos donde la risa y el mal se conjugan son

incontables. En El Nombre de la Rosa, Umberto Eco, que sin duda debe

haber reflexionado mucho sobre todo esto, imagina un complot

eclesiástico contra la risa, contra las claves de la comedia. La risa: la

marca del Tentador. ¿Qué persona honesta, responsable, osaría

troncharse en el Valle de Lágrimas?

Los buenos no se ríen, los perfiles para la historia son siempre adustos,

tensos, preocupados, serios como en un funeral. Si acaso al final,

cuando el mal es vencido, se abandonan por un momento a la alegría

los héroes de nuestra imaginería mediática. Pero es muy al final, ya casi

fuera de foco, en esa parte del cuento en que fueron felices y comieron

perdices que ya no se nos cuenta.

Y si observamos el lenguaje, vemos lo mismo. La risa es irresponsable.

Serio es el antónimo de alegre y de banal al mismo tiempo. "Hay que

tomarse en serio este trabajo", dice alguien, e inmediatamente las caras se

tensan por responsabilidad. ¿Podría alguien estar alegre mientras trabaja

seriamente en algo? El lenguaje al menos lo vuelve una contradicción, y

ya se sabe que el lenguaje moldea sutilmente el pensamiento. Los que

creen que su tarea es importante, y por lo tanto según el lenguaje seria,

van por el mundo con cara de dolor de muelas.

El dolor del Cristianismo

Todo el discurso del Cristianismo busca el malestar y el dolor en sus

seguidores. Su vida debe desarrollarse en un Valle de Lágrimas, en todo

caso ya serán recompensados cuando estén en el hoyo. El buen

cristiano es el imitador de la vida de Cristo, y la vida de Cristo es, en su

esencia, su agonía y muerte en la cruz. "Vino para morir", dicen los

sacerdotes, "para morir por vosotros". La cara de Cristo, el modelo a

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imitar, es una cara de sufrimiento. Corona de espinas, latigazos,

insultos, caídas, abucheos, escupitajos, lanzadas, y la muerte en un

instrumento de ejecución romano: no es para tener muy buena cara.

"Esa es la cara, cristiano, que debería ser la tuya", dicen los sacerdotes.

Según sus relatos, la vida de Cristo tuvo numerosos episodios. Pero

según los sacerdotes sólo son los dolorosos los que hay que imitar. Por

ejemplo, cuentan sus evangelios que de niño Cristo era tan listo que

dejó mudos de asombro a unos doctores, o que ya más mayorcito se

puso a multiplicar pan y pescado, o que decía unas palabras y los

muertos se revolvían en sus nichos. Pero los sacerdotes, en su

propaganda de la imitación de Cristo, no dicen: "Estudia mucho, cristiano, y

hazte tan erudito que dejes boquiabiertos a todos los sabios", o "Aprende a

resucitar muertos" o a "reproducir cosas a partir de la nada". Todas estas

"habilidades" de Cristo eran de su naturaleza divina, la que no hay que

imitar. La naturaleza propiamente humana, la única imitable y

obligatoria, son sólo los episodios de dolor, de agonía y de muerte.

Aunque ¿no debería ser la imitación de Cristo, cabalmente, un camino

a convertirse en un hombre-dios? Pero no esperemos coherencia de los

teólogos, y menos si la coherencia implica algún sí a la vida.

La rebelión de la alegría

No hay motivos en el mundo que nos rodea para estar alegres, si uno

es consciente de la vida que vive en esta sociedad. Quien está alegre se

nutre de su propio Universo, con tanta arrogancia que inunda el

mundo de su propia fuerza y belleza. El rebelde de la alegría se atreve a

contraponerse al mundo y a todos los poderes que lo han conformado

tal como es. Con su alegría, osa desafiar de entrada a todos los

sacerdotes y sus religiones tristes, enfermizas, con sus recompensas

sólo para cadáveres. Desafía todas las leyes impuestas, incluidas las del

lenguaje: es seriamente alegre, no es un imbécil babeante que no sabe de

qué se ríe. Su alegría es integral, sale de lo más profundo de él como

una victoria o como una voluntad de victoria contra la esclavitud de la

amargura, de la pena, del mundo impotente del Valle de Lágrimas. Su

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risa acalla al rebaño: es esa risa del malo de la que hablábamos antes y

que tiene la fantástica capacidad de resonar en las paredes.

Con su buen humor, el rebelde demuestra saber volar sobre todas las

mezquindades que nuestra forma cristiana de ver la vida coloca

constantemente sobre el camino para nuestra desesperación. Sabe

sacudir el ala del atrevimiento ante el atrevimiento del obstáculo, como lo escribía

mejor Nicolás Guillén. El héroe de las religiones está serio porque es el

gran sufridor, el héroe de la libertad está alegre porque goza de su

fuerza y de las posibilidades de placer que le ofrece la vida. El imitador

de Cristo, el Kempis con patas, busca en todos sitios confirmaciones de

que la vida no tiene sentido, de que todo es falso y conduce a la nada,

de que la muerte es el único regazo acogedor. El imitador de Cristo ha

aprendido a sufrir, y a sufrir bien, por el pecado original de estar vivo.

Todo espíritu rebelde debe atacar a esa mole de dolor que le han

inculcado cuando no podía defenderse bien, cuando era pequeño. Sus

pensamientos amargos pueden ser una refinada ambrosía de su

creatividad, de su arte natural, y deleitarse hasta la extenuación en la

melancolía. Tierne derecho a recorrerse entero, a conocerse entero, a

ponerse del revés entero. No estoy hablando de una vida de gags, como

en una estúpida comedia americana. Pero si esos pensamientos fríos

comienzan a asfixiar, a atormentar, en definitiva a enfermar, entonces

ahí hay sin duda un enemigo. Contra este enemigo que nos colocaron

dentro —la huella de Cristo, el dios del dolor— el rebelde debe cargar:

Una carga total, a campo descubierto, a sable, en la que perecer sí

tendría sentido.

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El Demonio en el espejo

Invocando al horror en los espejos

Hay muchas historias antiguas en la tradición occidental, luego

convertidas en la modernidad norteamericana en "leyendas urbanas",

sobre personas que juegan con fuego mirándose en un espejo.

Candyman, Bloody Mary, Dead Mary son versiones célebres de estas

"leyendas urbanas" en el cine. Todas cuentan la historia de que en

determinadas circunstancias (en concreto llevando a cabo un ritual)

mediante un espejo se puede convocar el horror.

Una versión mediterránea dice que a partir de las doce de la noche la

figura que ves en el espejo no eres tú, sino un demonio. No es raro

pues que te mire con esa mirada en el fondo extraña, y que presientas

que está a punto de echarse a reír de tu pánico. ¿Nunca has sentido,

como aquel que se asoma a un abismo y adelanta un poco un pie, el

deseo fugaz de hacer una mueca inquietante, una mueca demoníaca, al

mirarte al espejo solo y de noche? La mueca que temes ver...

Tanto llevan juntos en nuestros cerebros el miedo y el espejo, que han

tenido tiempo de engendrar una fobia: la catoptrofobia o terror a los

espejos (también llamada eisotrofobia). Se dice que la padecen las

personas a las que les inquieta pasar delante de los espejos, y mucho

más mirarse de frente en ellos (y parece que todavía peor si son de

cuerpo entero). Todos quizá seamos un poco catoptrófobos, con

perdón, a juzgar por la atracción y fascinación que despiertan en el gran

público las historias de terror vinculadas a espejos. Así Candyman ocupó

en un tiempo récord su propio lugar entre las figuras clásicas del cine

de terror.

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El espejo es un objeto inquietante en sí mismo. Es sólido y opaco, pero

da la impresión de que se ve por él, como si fuera un cristal transparente

o una ventana abierta. Sin embargo lo que se contempla en el espejo es

una copia de la realidad al revés (cada objeto girado sobre sí mismo a

partir de un eje vertical). Las cosas al revés son iguales y extrañamente

diferentes al mismo tiempo, especialmente cosas sutilmente

asimétricas, como los seres vivos y sus caras. Mirarse en un espejo es

fundamentalmente mirarse la cara (parece que para esto se inventaron)

y de hecho solemos casi siempre ver nuestra cara sólo en espejos (salvo

en las fotos y demás). Así, al revés, tomamos desde pequeños

conciencia de ella y nos la aprendemos. Cada uno es el único ser que

suele pensar en su cara al revés.

La Reproduction Interdite

El cuadro que René Magritte pintó hacia 1937 y tituló La Reproducción

Prohibida muestra a un hombre de espaldas que mira un espejo y recibe

la imagen de sí mismo mirándose desde detrás, desde el ángulo de

alguien que está a su espalda. Puede entenderse desde el punto de vista

del pintor y del espectador, como una cara que se resiste a mostrárseles

pese a estar enfrentada al espejo. O puede verse, lo que resulta más

perturbador, desde el punto de vista del hombre del cuadro. Con el

espejo ha logrado verse desde detrás, desde donde nunca puede verse.

Por eso esa mirada a su espalda que se ha proyectado en el espejo no

puede ser su propia mirada, porque sus ojos estarían fuera y detrás de

él (¿Pero acaso hemos visto su cara?).

El título hacer referencia a la lectura de los espejos como copiadores.

"Los espejos son abominables, porque multiplican el número de hombres" escribió

Borges. Parece una idea superficial: salvo en una complicada tramoya,

el espejo sólo nos reproduce una vez: la vez del Otro. Creo que aquí

está la clave del miedo. El espejo no nos enfrenta (nunca mejor dicho) a

una fila de boyscouts todos con nuestra cara. Nos enfrenta a una sola

figura, el Otro, que es la cara oculta (al revés, especular) del Yo. Como

decía antes, el Demonio.

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El miedo al espejo es el miedo a nuestra propia imagen en el espejo: a

nadie le turba ver el reflejo de un paisaje. La catoptrofobia es así una

especie de ipsofobia, por decirlo más clarito. Parece que el gran Sándor

Ferenczi, en los albores del psicoanálisis, diagnosticó llanamente la

catoptrofobia como una manifestación del miedo al autoconocimiento.

Autoposesión demoníaca

El espejo como símbolo de leyendas de terror es parte de la tradición

del espejo como herramienta de magia y brujería. Mirarse fijamente en

un espejo llega a inducir un estado alterado de consciencia, como

quedarse absorto en una llama parpadeante. El espejo, como la bola o

la superficie de un líquido oscuro, es un instrumento tradicional del

vidente, el objeto real sobre el que materializa sus imágenes mentales,

bien para que otros las compartan, bien como una forma de plasmar lo

que en su mente es sólo un torrente de sensaciones. Antes de empezar

a ver la otra realidad, el vidente se pasa un rato viéndose a sí mismo.

Luego su imagen se desdibuja y comienza propiamente la visión.

A la reina bruja de Blancanieves, como es muy mala, no le da miedo

hablar a solas con su espejo. La reina conoce bien las artes demoníacas

y el espejo le sirve para fortalecer su propia identidad, para reconocerse

en toda su belleza.

Efectivamente, lo que el espejo provoca, si te quedas absorto en tu

reflejo en él, es la extraña imagen de tu propia belleza, una belleza rara,

al margen de tu Yo, al margen de la imagen que te has construido para

los demás y que se ha acabado convirtiendo en tu propia consciencia.

Tu imagen controlada (la imagen de tu "Yo") se desdibuja al rato de

mirarte. Luego surge esa imagen de ti mismo en la que de pronto no te

reconoces, esa especie de personalidad ajena que te está mirando de

vuelta con algo de sorna, y que no es sino el extranjero audaz que vive

dentro de ti mismo. A que aparezca ese tú extranjero es a lo que temes

cuando temes llegar a ver algo en el espejo. Y ese es llanamente tu miedo al

Demonio.

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Por eso, de los pentagramas invertidos —y más con una cara de chivo

en el centro, como usan los satanistas— se dice que son básicamente

espejos. Digamos que puedes mirarte en un espejo y llegar a ver la cara

del Demonio, o puedes mirar la cara del Demonio y llegar a verte

reflejado como en un espejo, da igual la dirección.

La otredad del Demonio es sólo desconocimiento de lo que eres, autoalienación.

Si crees que viene hacia ti desde muy lejos, es que intuyes

enormes extensiones inexploradas dentro de ti mismo. Pese a cientos

de años de religiones, hay dos rasgos del Demonio que sabes bien: uno

es que el Demonio siempre se ríe, lo que es un anuncio indisimulado

de placeres prohibidos. Otro es que el Demonio te es extrañamente

familiar: se mete en tu cuarto, te mira por el espejo, te asusta con lo que

más miedo te da. ¿No son pruebas de que es tu reflejo profundo? Deja

de tener miedo de todo lo que realmente abarcas, de todas tus

posibilidades.

René Magritte, La Reproduction Interdite.

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La conquista de la percepción

Ningún dios, ni ningún santo interpuesto, está apuntando en ningún

libro celestial tus errores y tus virtudes. El debe y el haber de tu vida

sólo lo estableces tú. Nadie más sabrá realmente lo que supuso que tú

hayas existido. Tus remordimientos nocturnos son tu único juicio

universal. No vendrá ningún Mesías a recompensarte o a castigarte

colocando tu cadáver aquí o allá.

Si eres tu único juez, eres tu único dueño. Si eres tu único dueño ¿qué

cosa que emane de ti podría serte imposible?

Cosas que emanan de ti: Tus pensamientos, tus acciones, tus sueños... tu

percepción. Ciertamente tu percepción es tuya, no de las cosas. Las

cosas son apenas enigmáticas sugerencias, lejanas y sutiles fuentes de

inspiración, pretextos para que se activen las grandes dotes personales

de creación de mundos que llamamos percepción.

Dominar y cambiar la percepción como se dominan y se cambian los

pensamientos, los proyectos, las ideas. Sopesar, elegir, desechar,

probar, disfrutar también lo que percibes, cómo lo percibes. Si fueras

completamente dueño de ti también cuando percibes, ninguna

voluntad ajena, incluida la de un dios, lograría siquiera rozarte.

Ser consciente de que se tiene una percepción propia, como se tienen

unas ideas propias, unos gustos propios. Vivir conforme a la certeza de

que todo en ti es único, irrepetible, que todo lleva la silueta

inconfundible de tu personalidad, incluso el aspecto de las cosas que te

rodean. Conquistar la percepción de esas cosas como una parte de ti

mismo que has negado hasta este momento, con la falacia de que te era

ajena. Porque lo que llamas mundo, las formas y actitudes que le

atribuyes, es la genial y terrible creación de tu capacidad de percibir. Así

que conquistar la percepción viene a ser como conquistar el mundo.

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Para conquistar la percepción cada uno debe descubrir y recorrer su

propio camino (¿cómo podría ser de otro modo?). Sólo el primer paso

parece común: hay que comenzar reconociéndola y aceptándola como

un talento propio. La experiencia demuestra que lo que vemos, con lo

que nos topamos, lo elegimos siempre nosotros: Es bien sabido que el

mundo, los demás, cambian según nuestro estado de ánimo. Te hastía

convivir con la gente y ese día recibes de todos lados mensajes

inhóspitos, sales radiante de casa y la realidad revolotea alegre a tu

alrededor... El cristal con que se mira lo pones siempre tú, y el mundo

corre a vestirse del color elegido.

Aviso para náufragos: Saberse dueño de la propia percepción, y por lo

tanto comenzar a someterla a la Voluntad, supone arriesgarse a darse

de bruces con el fantasma de la soledad, el principal perro guardián del

rebaño. Tener todo un mundo propio, como el último hombre —o

mujer— sobre la tierra: sin ídolos, sin verdades eternas en las que

pararse un momento a descansar, sin almas gemelas, sin certezas de los

otros, tomando todas las decisiones, valorando todas las cosas desde

cero... ¿Quién se atreve?

Muchos espantajos se han agitado en el aire frente al que tiene la

soberbia de reconocerse y aceptarse entero en lo que piensa y en cómo

lo piensa, en lo que percibe y en cómo lo percibe. En la modernidad la

principal amenaza es el miedo a la locura, ese pavoroso anatema con

que la Ciencia reemplazó las acusaciones de diabolismo de la vieja

Iglesia. Ya lo escribió Jung en su Teoría del Psicoanálisis: "Antes se llamaba

diablo a lo que hoy se llama neurosis"... Sólo a un dios le es dado crear

mundos, dicen todos los que llevan sotana negra o bata blanca,

desalentando generación tras generación a los hijos de Lucifer.

El mundo compartido del rebaño parece más seguro sólo porque se ve

más concurrido, como pasaba con el Titanic. No da la impresión de

existir la soledad en él. Pero si miras de cerca a los que lo habitan,

como ya habrás hecho, observarás que están completamente

desconcertados, aterrorizados. El mundo compartido del rebaño es

inexplicable, vacío, decepcionante, cruel: un auténtico Valle de Lágrimas.

Todo es lucha y desazón, y la muerte el único descanso. Los que se

encaramaron a él por molicie o cobardía sólo han logrado aprender

bien a blasfemar de la vida. Porque si vives en un mundo que no te

pertenece, tu vida no te pertenece. Y si tu vida no te pertenece, es una

experiencia odiosa.

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El sueño del mundo

La ciudad entera me pareció que estaba dormida. La gente se movía

dormida; los tenderos vendían dormidos; los clientes compraban

dormidos. Toda la ciudad estaba dormida. Miré a Gurdjieff: sólo él

estaba despierto.

Ouspensky

Es difícil darse cuenta durante un sueño de que uno está soñando.

Cuando se consigue, el sueño se pliega a los propios deseos... Igual de

difícil es darse cuenta, mientras uno está despierto, de que está

realmente despierto. Si se consigue, parece que todo alrededor se

transforma también según los propios deseos.

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Parapsicología siniestra

En el foro de debate de la revista electrónica Mundo Parapsicológico un

lector escribe: "Canica cayendo. — Quiero preguntar qué es lo que quiere decir

cuando escuchas como una canica caer y estás solo en tu casa. Sé que tiene un

significado como de una presencia o algo de eso, ya que una vez, cuando estaba solo

viendo la tele tranquilamente, escuché como una especie de canica caer en la parte de

arriba de mi casa, pero arriba no hay nadie que viva, ya que yo vivo en una casa".

Una persona le responde a continuación: "Lo que tú has escuchado es

manifestación... No es nada malo, sólo debes rezaaar por el alma del que lo hace".

He traído aquí este fragmento porque me parece característico de la

filosofía que hoy comparte mucha gente interesada en la

parapsicología: Los fenómenos paranormales que se producen en un

determinado lugar serían la manifestación de almas de personas muertas

que por alguna razón se habrían quedado atoradas en este mundo.

Mediante los rezos, las plegarias o los rituales de luz estas almas

retomarían su camino hacia donde deberían haber estado ya hace

tiempo. Y así los fenómenos paranormales desaparecerían.

No es raro encontrar a sacerdotes en los grupos de estudios sobre estos

temas. Y es que la parapsicología, así planteada, parece contener todos

los elementos clave de su visión del mundo: almas, Bien y Mal

(presencias benignas y malignas), viaje espiritual tras la muerte a otros

lugares, por no hablar de los efectos de "rezaaar".

Este cúmulo de certezas indemostradas contrasta con el gusto

experimental y tecnológico de lo que podríamos llamar la parte práctica

de las investigaciones parapsicológicas: Medidores de ondas

magnéticas, células fotoeléctricas, cámaras infrarrojas, grabadores de

frecuencias especiales... Ninguno de estos eficaces artilugios parece ser

el responsable directo de la recurrente historieta de las almas atascadas

que necesitan un empujoncito para dejar de incordiar a los humanos e

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irse al cielo de una vez. Esta explicación de las cosas se alimenta

íntegramente de la teología cristiana. Llamaré por tanto a la porción de

los interesados en los fenómenos paranormales que la comparte

parapsicología cristiana. Y parapsicología siniestra a su alternativa.

En la parapsicología cristiana se parte tácitamente de un presupuesto

enteramente religioso: Los fenómenos extraordinarios, en condiciones

normales, sólo deberían ser cosa de Dios o de sus delegados (milagros

de vírgenes, santos o reliquias sagradas), cualquier otra manifestación

inusual corre un alto riesgo de ser maligna. Entre los prodigios divinos,

caracterizados por el Bien, y los fenómenos provocados por otras

entidades, sobre los que hay que estar siempre alerta porque pueden

fácilmente estar gobernados por el Mal, sólo queda —como inestable

término medio— la citada versión de las almas atascadas.

Y esto último en lo que parece una concesión algo distorsionada a la

filosofía del espiritismo. En la obra de Kardec y otros espiritas clásicos,

la personalidad que supuestamente sobrevive a la muerte física va a

parar a un mundo paralelo, donde se queda para siempre. No es el cielo

ni el infierno, sólo otra dimensión que se parece en muchos aspectos a

la nuestra. En la parapsicología cristiana, para recuperar el cielo de los

teólogos, ese estadio de espíritus que todavía rondan por aquí es

puramente provisional, una anomalía que en todo caso debe ser

subsanada. Como quien desenreda de un alféizar un globo de gas para

que pueda subir por fin hacia lo alto. El buen parapsicólogo cristiano

es a la vez investigador y ayudador de almas, manejador de sofisticados

medidores electrónicos y rezador al mismo tiempo, pues su objetivo

final —y más cuando trabaja como cazafantasmas a domicilio— es

conseguir que los fenómenos paranormales no divinos dejen de

producirse. Está convencido de que no hay Bien en las experiencias

paranormales que no procedan de Dios: o son intervenciones de

entidades abiertamente perversas, dañinas (demoníacas), o son síntomas

de desarreglos en la trayectoria natural de las almas. Nunca desearían

que San Rafael dejase de operar prodigios (en realidad creo que les

gustaría que operara alguno), pero sí consideran un deber hacer que

todas las otras manifestaciones inusuales cesen.

La parapsicología siniestra no cree en Dios, y por lo tanto no espera

que él, sus santos de madera, o los trozos de esqueletos que los curas

guardan en vitrinas, vayan a intervenir en el mundo real de ninguna

forma. La vida es demasiado corta para sentarse a esperar a fantasmas.

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Por otro lado no considera los llamados fenómenos paranormales

como algo inusual, de algún modo anómalo, ni mucho menos proclive

a ser peligroso. La parapsicología siniestra no teme a las fuerzas que

puedan generarse en la oscuridad, pues ha reconocido la oscuridad

como un magnífico poder propio. Y como limpiadores de

manifestaciones inoportunas, los parapsicólogos siniestros son desde

luego mucho más eficaces: No hay comparación, para hacer cesar un

poltergeist, entre dar vueltas con velas blancas y salmodiar para que la

supuesta alma descanse y se vaya hacia la luz, y consagrar la casa

enteramente a Satán. Si no lo creéis, probadlo.

Lo que se suele designar como paranormal es un cajón de sastre donde

se amontonan infinidad de hechos de la más diversa naturaleza.

Algunos fácilmente comprobables, otros seguramente míticos. Este

artículo no trata de la parapsicología y su trayectoria, por lo que no

vamos a entretenernos en averiguar cómo acabaron todos juntos ahí.

Digamos que en última instancia sólo comparten que la ciencia

moderna no los admite. Pero la ciencia ni acierta siempre ni se

equivoca siempre, por lo que en el cajón de lo paranormal hay

realmente de todo. Algunos de los fenómenos así llamados forman

parte de las capacidades naturales reprimidas del animal humano, que la

Magia puede hacer despertar y crecer: la telepatía, la clarividencia, la

precognición, la bilocación, la levitación... Otros parecen ser

manifestaciones de entidades ajenas a la persona que los presencia: los

poltergeist, los raps, las apariciones espectrales, las psicofonías... Una

perspectiva siniestra se interesa en estos fenómenos no para demostrar

que existen (ya sabe que existen), sino para investigar cómo adueñarse

de ellos, cómo utilizarlos para el beneficio propio. Como el

parapsicólogo siniestro debería estar más allá de las dicotomías morales

de las religiones, no tiene miedo de supuestos trasfondos malignos en

estas manifestaciones. En todo caso los demonios serán siempre sus

más sinceros aliados.

El llamado Sendero de la Mano Derecha comparte muchas de las

premisas de la visión religiosa de los fenómenos paranormales. No en

vano es en sí un embrión de nuevos dioses. Para los que siguen ese

camino, tampoco deberían producirse estas manifestaciones. Por

ejemplo, Jack Parsons anota en cierto lugar de su Libro de Babalon:

"Diez de enero. Hice la invocación dos veces. Me acosté sobre las once, y fui

despertado a las doce de la noche por nueve golpeteos rápidos y fuertes. Una

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lámpara de mesa que se encontraba en el otro extremo de la habitación fue lanzada

con violencia contra el suelo y se rompió. No había ventana en esa parte de la

habitación, ni había viento en ese momento. Mágicamente hablando, este tipo de

fenómenos representan "fisuras" en la operación, que indican técnicas imperfectas.

En una operación mágica no debería haber fenómenos de este tipo, sino sólo el

resultado deseado."

En el trabajo con la Magia Negra los fenómenos paranormales

aparecen bastante pronto. Son de algún modo evidencias de que se está

avanzando por el camino elegido, de que realmente están acudiendo y

congregándose los poderes oscuros. El mago negro debe considerar

esta circunstancia como un feliz logro, como una primera conquista.

No hay nada ante lo que estar alerta, nada contra lo que prepararse

para luchar. Su única lucha debe ser, como en tantas ocasiones, contra

el propio miedo. Ese viejo y maloliente miedo a lo desconocido que es

parte sustancial del recelo ante la vida y sus magníficas e insospechadas

posibilidades.

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El Yo y la Magia

I

El Yo es la cárcel en la que mueren las fuerzas creativas de la vida de

cada persona. Una maldición de los seres humanos, porque parece que

el resto de los animales no la sufre. Con el Yo se mata de raíz el

disfrute del presente, la posibilidad de la reacción espontánea, del

juego, del dar alcance a los deseos. Con el Yo se niega la posibilidad de

seguir siendo plenamente en cada cambio (por eso los ancianos creen

que ya no son). El Yo es un discurso sobre cada uno de nosotros.

Aparece en la etapa evolutiva personal de la socialización, cuando el niño

comienza a comprender que hay otros seres como él (aunque al

principio no entienda que puedan llegar a pensar diferente de él), y toda

esta topografía de individualidades empieza a ser organizada en el

lenguaje mediante nombres (propios). Yo es un sinónimo de mi

nombre, por eso es básicamente y antes que nada un discurso. Los

niños van edificando su propia celda del Yo con los años, y nos

maravilla de los más pequeños su irresponsable y plena manera de vivir el

presente (por ejemplo, en su risa, en su forma total de meterse en un

juego). Para el adulto en estas manifestaciones de los niños hay una

remota nostalgia de un mundo que se tuvo pero que se perdió para

siempre. "Los niños no tienen preocupaciones", dicen cansinos los adultos.

En realidad no tienen todavía formado su Yo.

El Yo es antinatural, ya digo que los animales no lo tienen. Está

vinculado a la vida en sociedad que, entre los humanos, se podría

llamar mejor vida en cultura. Pues la visión del mundo homogénea que

una cultura impone es la que instaura el Yo de cada uno, como una

réplica en miniatura de los valores y los tabúes de esa cultura. Somos

microcosmos de nuestras culturas, y cuando estos microcosmos

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quieren pensarse a sí mismos no dicen "microcultura", dicen "yo". Hay

sin duda distintos tipos de conciencia de Yo en el mundo (más tribales,

más individualistas...) y sus fronteras son siempre fronteras culturales. El

Yo es una ficción que supone que un ser humano puede crecer y

desarrollarse siguiendo siempre de modo estricto los parámetros de la

cosmovisión de su cultura. Dicho de otra manera: que puede siempre

vivir según las creencias de esa cultura. No se trata de que esos

discursos éticos, estéticos, sociales, no estén bien pensados o puedan

tacharse de carentes en algún sentido. Hay culturas maravillosas. El

problema es que la cultura y su discurso son cosas estáticas, incluso

algunas con vocación de eternidad. Su bien, su mal, su identidad, su

otredad, su amor, su miedo, su tristeza o su gozo son inmóviles, fijos,

aplicables a cualquier persona en cualquier tiempo. Son tan estáticos

que los romanos se plantearon ponerlos sobre mármol, que es una

piedra que dura más, e inventaron el Derecho. Pero la vida, y el mundo

tal como ella lo ve, no es sino continuo cambio, elección, evolución,

mutación. Nadie se baña dos veces en el mismo río también porque

nadie es siempre el mismo bañista. No tenemos más que mirarnos en el

espejo, que observar nuestra piel por las mañanas, por no hablar de si

sabemos crearnos el suficiente silencio para escuchar nuestras

sensaciones internas. La vida es una cascada de cambios. Pero la

cosmovisión homogénea de una cultura, interiorizada en el aprendizaje

de su lengua, es siempre la misma. Una cultura no puede desear una

cosa y la contraria justo al mismo tiempo, no puede ser a la vez cosas

distintas y hasta incompatibles; la vida sí puede, de hecho normalmente

no hace otra cosa.

La coacción del Yo sobre la persona se ejerce en la dimensión social de

la misma, no en vano el Yo le llegó en su infancia de los otros y con los

otros. Uno debe vigilar constantemente la fortaleza de su Yo: debe ser

coherente, siempre lógico (es decir explicable según los discursos de

esa cultura), recto como un dibujo geométrico. El Yo exultante habla

en las entrevistas modernas y sus "nunca he creído que...", "siempre he

pensado que...". Coherencia buscada a toda costa en el Yo hipertrófico

del famoso de la banalidad mediática contemporánea. En esta vigilancia

constante hay implícita una sospecha permanente, aunque negada, de

fragilidad. El Yo parece una atalaya de palos siempre a punto de

venirse abajo. Una ciudadela siempre sabiéndose sitiada. En esta

omnipresencia de la amenaza del desastre hay algo del remoto instinto

22


natural, como dignos animales que fuimos, que nos dice que el Yo es

naturalmente contradictorio con las pulsiones de la vida. Por eso los

padres —los familiares y los religiosos— vigilan y sospechan siempre,

sin tregua. Además hay tantos fracasos del Yo como ejemplos

andantes, aunque se oculten con gran celeridad. Tantos seres humanos

en los que la construcción del Yo chocó con una sensibilidad

prodigiosa, intensamente viva y palpitante, y no pudo solidificarse. Los

esconden en los manicomios.

La dimensión social como el ámbito de la coacción del Yo: Yo tengo

que ser siempre y únicamente el mismo porque los demás así lo

esperan, así me lo exigen. "El infierno son los otros", escribió Sartre, y

seguro que pensaba en la condena del Yo. Y es que si les chocas

demasiado y con alarmante frecuencia, pueden llegar a ocultarte de su

vista en un manicomio (no quieren ver los fracasos del Yo; se ponen

tan nerviosos cuando tienen que hablar con ellos...).

Pero el Yo es invivible; sólo intentan vivirlo honestamente los

dispuestos y obedientes personajes de Kafka, y así les va. Sentar la

cabeza, como se dice en el lenguaje popular al último e irreversible

cierre de la celda del Yo, supone aprender las hipocresías de la vida, los

secretos socialmente aceptados, los tugurios de la moral. Doble vida del

hombre maduro: una manteniendo la imagen flamante del Yo que la

sociedad espera —que él mismo espera, pues en ello basa toda su

autoestima— y otra... otra siendo un triste remedo, un engendro

malformado de algo que iba a ser la vida deseante y que acaba siendo

solamente un naufragio. Doble moral, vida secreta, vicios ocultos,

todos amagos muertos porque encajan en una vida muerta.

Si quitamos el Yo, como si le quitáramos el nombre a un país, ¿qué

quedaría? Unos dicen: nada. Otros: la locura. Posiblemente ambos

tengan razón, porque la locura es antes que otra cosa una etiqueta

condenatoria, y nada es el nombre de las cosas que no necesitan

nombre. Hagamos la prueba con el país. Si cogemos uno y le quitamos

el nombre ¿habría algo debajo? Habría simplemente la realidad, pues el

nombre del país era una entelequia, como los puntos y las rayitas del

mapa: lo que habría sería una tierra, con todo lo que esto quiere decir. Si

le quitáramos ahora el Yo a un ser humano ¿que quedaría? Quedaría,

decía Nietzsche, un cuerpo:

23


"Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano

poderoso, un sabio desconocido — llámase Sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu

cuerpo." (Así habló Zaratustra, "De los despreciadores del cuerpo").

En alemán hay una palabra (Selbst), que también está en otras lenguas

germánicas (inglés Self), pero que no se traduce bien a las lenguas

latinas. Su versión literal sería "mismo", pero no es equivalente.

Sánchez Pascual, al traducir a Nietzsche, usó Sí-mismo y me parece la

mejor solución posible. El Sí-mismo es la identidad natural, biológica

(corpórea en nietzscheano) que surge con cada generación de humanos

vivos, y con cada generación es domesticada mediante la creencia en el

Yo. Cuando se dice que los seres humanos nos desconocemos a

nosotros mismos, que hay un mundo reprimido de pulsiones y deseos en

cada cual, estamos sólo intuyendo las fronteras del Sí-mismo, que son

más distantes que las apretadas murallas de la ciudadela del Yo. El Yo

está siempre vigilante y fortificado precisamente porque teme a los

extensos territorios bárbaros del Sí-mismo, de donde sabe que pueden

llegar los más mortíferos ataques.

La Magia es un arte dirigido al desarrollo de todas las potencialidades

del ser humano, por lo que necesita que se venga abajo el tembloroso

tinglado del Yo. Los objetivos mágicos están necesariamente más allá

del Yo. La Magia implica la rebeldía antisocial de atreverse a

construirse uno su propia cosmovisión, inventándola conscientemente,

eligiéndola y moldeándola a su gusto, acorde a las mutaciones

incesantes de su propia vida. Supone también la caída del mito del Yo

como salvavidas mental: la Magia juega con cosas de nosotros mismos

que se nos ha disuadido incluso de mirar de frente, porque nos han

contado que llevan a la locura. O Yo (unidad, coherencia, orden) o

Locura (pluralidad, incoherencia, caos), este es el dilema. Pero el

maldito mago, como tiene poderes, salta una y otra vez sobre el

abismo.

24


II

¿Y cómo puede estar seguro el místico de que "Dios" es realmente

"Dios", y no algún demonio disfrazado con su imagen?

Crowley. Los Peligros del Misticismo.

El peligro que acecha a cada paso en el sendero de la Magia es que te

espere agazapado, en cualquier recodo del camino, el Yo. Con mucha

facilidad los que se adentran en la Magia anuncian que han superado la

cuestión del Yo. He conocido hombres que anunciaron haber dejado

de ser "machistas" porque se habían afiliado a un partido que estaba

"contra el machismo". No había habido ningún trabajo sincero consigo

mismos: meramente habían identificado "el machismo" como una

etiqueta peyorativa, que no se llevaba para nada. Con muchos

"superadores del Yo" en los ambientes mágicos se ve lo que parece ser

la misma trampa de las cosas convertidas en meras palabras, aceptables

o no. Sin embargo la Magia es una propuesta de trabajo duro e

inmisericorde contra el Yo, por eso es cosa de muy pocos. Una frase

como Haz lo que quieras será toda la Ley remite al descubrimiento de la

Auténtica Voluntad. Y la Auténtica Voluntad es la voluntad del Símismo,

no la voluntad del Yo. Los que se escandalizan con esa frase es

que imaginan al Yo llevando las riendas de una voluntad libre. Tienen,

en este sentido, toda la razón. Pero sólo el Sí-mismo, la vida sabiéndose

rica y cambiante —y consciente de su derecho a ser así— es quien está

llamado en el Mundo de Thelema a hacer lo que quiera (sólo el Sí-mismo

sabe lo que realmente quiere).

Hay diversas añagazas del Yo en el trabajo mágico, no en vano desde

que tenemos consciencia identificamos al Yo con nuestra propia

esencia. En principio, no tenemos otra forma de pensarnos a nosotros

mismos. De aquí que el trabajo de la Magia sea tan extremadamente

duro y exigente. Se trata nada menos que de crearse una nueva

autoconsciencia, completamente personal (sin modelos a seguir) y

basada en aspectos de nosotros mismos que durante mucho tiempo

nos hemos negado a admitir (nuestro lado demoníaco, nuestra Sombra).

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Una de las trampas del Yo en el terreno de la Magia es la trampa

mística, que también podríamos llamar el Yo aerostático.

En la Mística, el Yo, sentado, beatífico y feliz, empieza a hincharse e

hincharse y cree entrar en unión con... la Naturaleza, el Mundo, Dios,

en fin cualquier cosa que sea total y que abarque lo más importante que

haya. El místico cree disolverse, anularse —por eso luego, en su vida

diaria, es humilde— en ese fabuloso Todo. Sospechosa "disolución" en

lo Mayor y lo Mejor, sospechosa unión nada menos que con "Dios".

¿Qué parte del místico "arrebatado" es la que disfruta durante sus

grandiosas "disoluciones" cósmicas? Yo creo que disfruta su Yo, su

pequeña egolatría. Se siente un globo montgolfier que sobrevuela

majestuosamente el mundo (y a sus semejantes, los pobres diablos que

no pueden llegar a su elevación), y así se sabe bueno, sabio, santo...

¿Pero cómo? ¿El camino para la destrucción del Yo a partir del halago,

de la buena conciencia, de la sensación inerme de beatitud? La Mística,

el Sendero de la Mano Derecha, o como se quiera llamar a la filosofía

de la entrega, de la disolución del Yo, parece no ser otra cosa que una

forma de autoengaño, bastante fácil de seguir por cierto (por eso los

best-seller místicos se venden como rosquillas). No disuelve el Yo, lo

infla hasta la estratosfera. No parece ser el mismo Yo de antes, pero es

sólo porque se ha vuelto más grande y redondo. Pero no deja libre al

Sí-mismo, no se permite ser contradictorio, sigue creyendo en El

camino eterno. En fin, tocadle un poco el ego a un maestro de la

comunión mística, y ya descubriréis por vosotros mismos si lo sigue

llevando encima.

Por el contrario la Magia Negra, el Sendero de la Mano Izquierda, o

como se quiera llamar a la lucha por desatar a la bestia del Sí-mismo —

ávida, deseante, inmediata, sangrienta— supone el camino peligroso,

desgarrado, de la verdadera liberación del Yo. Es el camino secreto,

maldito, del que bordea a solas cementerios y manicomios, del que se

atreve a luchar contra demonios auténticamente sinceros y terribles, y

hasta a jugar, sabiéndose su único dueño, con la propia vida.

26


Reivindicación del odio

Il me manque encore quelques haines.

Je suis certain qu'elles existent.

Céline.

Las tenazas del Bien y el Mal, ¿no son las mismas que las del Amor y el

Odio? ¿No pertenece a toda auténtica alma bella el rasgo distintivo de

no odiar? Una fuerza grande y sincera debe haber en el odio para que el

patético Nazareno lo apartara tan lejos de sí como al deseo y al placer.

Un mensaje maldito desde el averno, desde más allá del Bien y del Mal:

Sé capaz de cultivar tu odio, al menos con el mismo esmero con que

cultivas tu amor. Tu odio no es un fracaso, ni una energía torcida:

Amando de corazón a todos los imbéciles del mundo no se siente uno

mejor. Si tu odio es sincero, si sale de lo más hondo, no deberías

negarlo. No deberías castrarlo.

El odio es otro lenguaje más de la fuerza de la vida —a veces más

sincero que el amor, tan manoseado de imágenes, de cultura. Odia con

ganas, a gusto, a fondo. Agota tu odio. Déjate de esas pequeñas dosis

llenas de culpabilidad que acaban envenenando la sangre. Atrévete a

respirar a fondo tu gran bocanada de odio. Toda la conquista de la vida

consiste en aprender a aceptar tus deseos auténticos y ocultos; y el odio

es sólo una expresión de ellos.

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28


Vivir sin Dios

Uno de los muchos sentidos de la frase de Nietzsche Dios ha muerto

puede ser simplemente la constatación de uno de los rasgos de la

modernidad: Dios ya no parece formar parte de la vida del hombre

occidental moderno. La modernidad contrapone ciencia a creencia, y el

ciudadano moderno se ve a sí mismo positivista, científico y

radicalmente escéptico. En este escepticismo formal y de buen tono

(que en muchos casos no es más que una extensión de su apatía

general) basa este pequeño consumidor desconcertado que es el

hombre moderno la imagen tan cara que tiene de sí mismo como

librepensador y como ser independiente. Las leyes de la física y las leyes del

mercado le parecen suficientes andamiajes para sostener el mundo

sobre su cabeza mientras trabaja, compra y se aburre. En nuestra época

los científicos han sustituido definitivamente a los clérigos como

detentadores de los secretos ocultos del universo, las batas blancas han

reemplazado a las sotanas negras en el nuevo sacerdocio de la diosa

Verdad para la era industrial.

Desde los albores de la modernidad, la religión se viene entendiendo

tácitamente en Occidente como una forma de superstición, esa palabra

maldita de nuestra época que engloba todo lo irracional, lo

oscurantista, lo atrasado. La antropología ha demostrado, en sus

asépticos estudios sobre la religión como fenómeno universal, que sólo

es una gradación sobre el mismo fenómeno la que separa las rudas

"creencias de los salvajes" de las sofisticadas teologías de los

"civilizados". Impresentable en los círculos educados modernos quien

haga ostentación de su fe religiosa si es algo más que una terapia

psicológica o una pequeña ética de bolsillo, si entra en confrontación

con alguna de las grandes leyes materiales (y el gran espacio que les

pertenece en exclusiva: el ámbito de lo público).

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Sí, realmente parece que Dios ha muerto para el hombre moderno; y

en su desconcierto, en su pesimismo y en su constante búsqueda de

nuevas formas de evasión, hay desde luego algo del desconsuelo de un

huérfano.

Bien, aquí tenemos pues al hombre occidental moderno: descreído,

mordaz con todo tipo de clero, no practicante; con unas copas de más

puede que hasta irreverente... En el mejor de los casos concibe que Dios

es el nombre de una energía que desde la remota inmensidad de los

tiempos encendió apenas el interruptor del universo. Big Father o Big

Bang, qué más da para la vida cotidiana. Porque la industria y sus

científicos son desde luego quienes dominan ya todo el cableado que

hace funcionar la instalación de la realidad, modificándola cuando

quieran.

Todo este ateísmo, laicismo, agnosticismo, o como cada uno prefiera

puntualizar, del hombre moderno es como su auto-imagen de sujeto

librepensador e independiente: una farsa. El cristianismo sigue vivo en

el materialismo industrial moderno, porque no era una cuestión sólo de

estatuas de mármol y altares con flores, sino una visión integral del

mundo. Lutero demostró en su tiempo que era posible seguir siendo

cristiano sin la imponente jerarquía de Roma, y en nuestros días se ha

demostrado que es posible seguir siendo cristiano sin estructura

eclesiástica alguna. Cambiar los domingos la iglesia por el restaurante

tex-mex del centro comercial no libera automáticamente de dos mil años

de represión (quizás sea sólo una nueva forma de eucaristía).

Si el hombre moderno fuera realmente todo lo descreído e

independiente que le gusta pensarse, si el famoso fantasma que de

pequeño llamaba "Dios" o "Jesusito de mi vida" se hubiera esfumado

de verdad de los recovecos de su mente, no seguiría comportándose

como lo hace. Entre otras muchas cosas, una vida sin Dios implicaría:

Vivir sin fingir coherencia. "Siempre he pensado que...", "nunca me ha gustado

que...", coherencias para una personalidad buena, admirable, digna de

santidad... Pero en verdad cada uno sabe el dolor y la delicia de ser quien es

(Caetano Veloso): Conocemos de sobras, para nuestros adentros, que

no somos coherentes, planos, unidireccionales. ¿No estamos todo el

día luchando contra nuestras incongruencias, contra los desaires que

nosotros mismos hacemos a nuestros más sagrados planes? Nadie es

coherente, excepto para la galería, salvo para presentarse ante Dios.

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Somos seres carnales, pulsantes, deseantes, curiosos con toda la

realidad que se pone al alcance de nuestras garras. La vida no es

coherente, ¿cómo esperar que lo fuera esa modesta parte de ella

llamada ser humano? Y en todo caso: ¿para qué la coherencia? Para

presentarse ante el tribunal del juicio post-mortem y lograr ser salvados

(llevados al aburrido anfiteatro cósmico que contempla por una

eternidad a Dios). Si no hay juicio más allá de la morgue, ¿para qué

seguir pretendiendo ser coherentes? ¿Por qué no ser nosotros mismos,

y en la autenticidad de nuestros actos —y no en su coherencia— basar

nuestro derecho a ellos? Pero el hombre moderno sigue explicándose...

Vivir sin creer en el "progreso". Hegel, Feuerbach... parece que ellos

ayudaron a proclamar, en un momento de grave crisis eclesiástica, a la

Historia como nuevo Dios, como nueva fuente de "justicia universal".

Pero seamos serios, hermanos ateos: si no hay justicia universal, no hay

justicia universal. El diletantismo moderno está en las antípodas de

haber aceptado la falta de "castigos" y "recompensas" de la

imprevisible y caótica realidad. "Parece mentira que todavía en nuestros días

haya quien..." —dicen, como si el tiempo mejorara la realidad. ¿Pero por

qué tendría que ser así? ¿Según qué decreto universal, si arriba no hay

nadie que decrete? Seguimos empeñados en una historia concebida en

torno al mito del progreso, pero los Gulag o Guantánamo han venido

mucho después de la Declaración de los Derechos del Hombre y del

Ciudadano... El horrendo genocidio de Hiroshima y Nagasaki es

mucho peor que la Noche de San Bartolomé o el Saco de Roma...

Hacia el futuro está el Bien, hacia el pasado el Mal: así reza esta especie

de cristianismo cronológico llamado progreso. Y el hombre moderno está

siempre tan atento a los nuevos modelos...

Vivir sin disfrutar huyendo. Dejar de presentir que pagaremos de alguna

manera la sensación de pasárnoslo bien. Con Dios o no se disfruta, o

se lanza uno al disfrute como los kamikazes se lanzaban contra los

portaaviones, con la mayor inconsciencia posible sobre lo que se está

haciendo. En la modernidad la diversión es fundamentalmente evasión,

y la evasión total es una parodia del suicidio. "Tomárselo todo", "ponerse

hasta arriba", sinónimos de haber habido alguna diversión antológica,

desenfrenada, que sólo era apoteosis de la inconsciencia. Con Dios, o

con su sombra moderna, la gente no sabe divertirse. Una diversión sin

Dios no necesita huir, no necesita escapar de la consciencia de quién se

es y dónde se está. Porque se sabe con derecho al placer que obtiene, y

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no tiene que ocultarse de nada. En la diversión moderna como evasión

hay mucho del niño que se esconde por saberse haciendo una diablura.

La diversión sin Dios quiere estar consciente y despierta, porque entre

otras cosas pueden aparecer en cualquier momento nuevos objetos de

deseo. Pero el hombre moderno sigue jactándose de no saber cómo llegó anoche a

casa...

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Introducción al Infierno

Aquí empieza el Infierno.

Psicofonía.

A diferencia del metro, el Infierno no está bajo tierra (Haga un agujero

en su patio y lo comprobará). El Infierno es el oculto universo en

llamas que tenemos dentro. El astral, los otros planos, el subconsciente, son

sólo otros nombres que se le han dado a ese vasto territorio interior.

Mediante los sueños, los trances o la parapsicología percibimos a veces

una mínima parte de su existencia, como quien mete el dedo en un

océano. Ir al Infierno es el éxito de toda una vida, porque supone

habitar por fin aquello tan grandioso y terrible que siempre hemos sido.

33


34


De la tentación

Uno de los descubrimientos a mi juicio más interesantes de Friedrich

Nietzsche es el de la trampa del concepto de libre albedrío. Un

descubrimiento de una valentía excepcional, pues el creerse libres e

independientes es una certeza necesaria de los miembros de la sociedad

moderna. La propia concepción de la democracia parlamentaria se basa

en el presupuesto del libre albedrío, porque para su legitimidad necesita

el axioma de que los electores escogen libremente. El consumidor

moderno también se imagina totalmente libre para elegir, por eso suele

saber tan poco sobre las técnicas de la publicidad. Pero parece que

realmente decidimos lo que podemos decidir: las condiciones propias

son completamente determinantes en lo que pensamos y en cómo lo

pensamos, en las valoraciones que hacemos, en las soluciones que se

nos presentan.

Uno no tiene la opción real de decir sí o no a determinadas cosas. Esto

debería servir de bálsamo tanto para las tribulaciones del presente

como para los remordimientos del pasado, dos deportes nacionales de

la república de la modernidad. La trampa del libre albedrío,

desarrollada por Aquino (no el del Templo de Set, sino el aburrido),

sirve para que el pobre cristiano acepte de buen grado ser inoculado

una y otra vez con el tóxico de la culpa. Si uno siempre puede elegir

libremente, puede elegir mal. Y es el absoluto responsable de elegir mal.

"No debí enamorarme de aquella persona con la que después me llevé de perros, en

vez de eso debí haber tomado esa misma noche un tren a Hendaya para alistarme

en la Legión Extranjera... Todo ha sido por mi decisión, por mi culpa...". Y así

cumple con uno de los preceptos del buen cristiano: despreciarse

mucho a sí mismo.

La religión pregona que mis deseos vienen del exterior, que no son

realmente yo mismo. El Demonio está fuera y me va soplando ideas a

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través de la oreja izquierda. No sólo esos deseos no son yo, sino que ni

siquiera han sido imaginados realmente por mí mismo: el Demonio se

inventa las maldades y luego me las propone. Yo soy culpable de la

ignominiosa debilidad de aceptarlas, de no haber sabido usar mi libre

albedrío... A esta ficción de los deseos venidos del exterior, de un sitio

ajeno y malvado, se le llama en la jerga cristiana la tentación. Y con tal

escenario es previsible que el buen cristiano caiga una y otra vez en las

ofertas del Demonio. Pero en definitiva el objetivo de fondo era

conseguir del feligrés el mayor grado de autodesprecio, de vergüenza,

de odio contra sí mismo (hasta que se asumiera auténticamente como

un yo pecador).

No creas a los clérigos. El Demonio no te habla desde fuera, tus

grandes deseos no han sido inventados en un mundo lejano y maligno.

En la imagen del Demonio que susurra a un cretino, reconócete en el

Tentador, no en el cretino, y celebra cada éxito de tu irresistible

seducción sobre el desconcertado pelele del Yo. Porque tú eres el único

y genial tentador de ti mismo, y jugar al juego de dejarte convencer no

es una falta ni una culpa, sino un gran privilegio del que gozan los que

desean y están vivos.

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Sobre las sombras llamadas gente

I

La gente son sólo los otros, los que no están en la conversación. Se

supone que quienes están en la conversación son completamente

distintos... Pero yo soy parte de la gente en millones de conversaciones

por el mundo (en todas en las que no estoy). Entonces ¿qué significan

esas fáciles reflexiones unánimes (y generalmente negativas) sobre cómo

es la gente? Seguramente nada más que una estratagema de este

tramposo ego, una torpe manera de poner rostro lejano al relato de las

propias insatisfacciones...

II

Toda la profundidad del odio que percibes en la mirada de los otros es

tu profundidad, toda la belleza que a veces encuentras en la vida de la

ciudad es la fuerza de tu belleza, todo lo espantoso que de pronto

puede resultar el mundo que te rodea es tu poder de espanto. No te

entretengas en los otros, en la ciudad, en el mundo que se queda atrás,

pero detente y observa la intensidad y la forma con las que tú los

percibes, pues son señales de ti y sólo para ti. Reconoce esas señales

como se reconoce a un vástago, acarícialas como te acariciarías a ti

mismo si pudieras acercarte desde afuera: como a una querida y

ronroneante pantera asesina. Porque con esas extrañas visiones de los

demás siempre te has hablado, siempre te has mostrado, oh

desconsolado solitario de ti mismo.

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Apuntes de Liberación Satánica (A.L.S.)

La soledad no me destruyó,

luego me hizo más fuerte...

A.L.S. 1

No habéis aprendido a desconfiar radicalmente de las mentiras de los

sacerdotes... ¿Y si el Cielo fuese el castigo, y el Infierno la recompensa?

A.L.S. 2

Ante todo, la suerte es una cuestión de voluntad. Si ni siquiera la

esperas ¿cómo quieres que ella se decida a visitarte? Los cristianos te

enseñaron una voluntad de desdicha: el fatalismo del que debe expiar

ya ni sabe cuántas culpas. Al buen cristiano todo le sale mal... El sendero de

Lucifer es, entre otras cosas, recuperar una profunda y férrea voluntad

de suerte. Entonces comienza a manifestarse la magia.

A.L.S. 3

Muto luego existo.

A.L.S. 4

En el amor romántico-burgués hace falta un "príncipe azul". En el

amor satánico, una Reina Escarlata.

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A.L.S. 5

Lo que yo creo...

Creo que la vida plena es un riesgo permanente que hay que tomar con

curiosidad, valentía y humor. Creo que el resto es sólo una temerosa y

lamentable supervivencia.

A.L.S. 6

Jugar, no Juzgar...

Es bien sabido que para los cristianos el mundo es un tribunal, donde

Dios es el juez.

Digamos entonces que para los satánicos el mundo es una mesa de

juegos, donde el Demonio es el croupier.

A.L.S. 7

Me repele profundamente cualquier cosa que se llame a sí misma

religión o iglesia. Aunque diga ser natural, del ángel caído, revelada por seres

de lo más psicodélico, dedicada al dios Pan o al dios Vino (= Dionisos) ...

A.L.S. 8

Tienes que crearte un espacio donde la gente que te aburre no pueda

entrar. Un Hellfire privado para ti y los tuyos de verdad (si los hay). La

democracia en lo personal es desastrosa ("Me volví pequeño de tanto estar

con gente pequeña", dijo Baudelaire en uno de sus últimos momentos de

claridad).

A.L.S. 9

Poca gente sabe que el nombre Satán en latín era femenino (Satana).

Pero para el cristianismo está claro que Satán es un rival masculino de

Dios. A algunos "satánicos" de hoy les gusta llamar padre a Satán. Es

evidente que para las iglesias y para estos "satánicos", sólo a los

varones les es dado dirigir el mundo. Su visión patriarcal imagina una

pelea cósmica de machos, como si el Universo fuese la puerta de una

taberna.

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A.L.S. 10

"La belleza es una promesa de felicidad", escribió Stendhal. Qué razón tenía

en unir las dos cosas... Cuando se deja de esperar a la felicidad, la

belleza se esfuma del mundo.

A.L.S. 11

La vida es hermosa mientras se piensa como futuro abierto e

imprevisto. Cerradla en algún presente (la soledad, el matrimonio...) y

se volverá insoportable. Los suicidas se equivocaron sólo en una cosa:

creyeron que la vida que vivían no podía seguir cambiando.

A.L.S. 12

Rezar es perjudicial para la mente. No exponga los niños a los rezos.

A.L.S. 13

Todo grupo siniestro debería evitar, como en los concursos, que

accedieran personas con lazos familiares con los "organizadores": Hijos

de Lucifer, cuñados de Satán, primos segundos de Bafomet...

A.L.S. 14

Lo que estropea al mundo de hoy como lugar para vivir no es la falta

general de "bondad" (¿qué es eso?), sino de dignidad...

A.L.S. 15

Me hacen gracia los debates sobre la fecha del fin del mundo. El fin del

mundo es el momento de tu muerte.

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42


Teoría de Cerbero

Si a nuestro ardiente universo interior le llamamos Infierno, a la barrera

que la mente consciente encuentra para acceder a él no habría que

llamarla "Censura" ni "Santo Ángel de la Guarda", sino Cerbero. El

objetivo final del mago negro sería llegar a dominar a su Cerbero, y

poder entrar así en el Infierno.

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44

Gustave Doré, Cerbère.


Sobre el llamado Sendero de la Mano Izquierda

La expresión Sendero de la Mano Izquierda (conocida más

generalmente en su forma inglesa Left Hand Path) es una etiqueta difusa

de la tradición ocultista moderna para designar determinadas corrientes

consideradas oscuras. Este concepto tiene su origen en en los cultos

tántricos de la India (Vamachara).

La metáfora Sendero de la Mano Izquierda, al usar un elemento dual

como la mano, remite necesariamente a la existencia de su contrapunto

u opuesto, el Sendero de la Mano Derecha (Right Hand Path). Diversos

autores han establecido concienzudamente las diferencias teóricas que

separarían ambos Senderos, diferencias que en general girarían en

torno a la cuestión de las relaciones de la persona (la Voluntad) con la

realidad (el Universo). El Sendero de la Mano Derecha conduciría a la

integración en el Universo, buscando la disolución de la voluntad propia en

él (aceptando pues la existencia de otra voluntad superior a la de uno:

la propia voluntad del Universo, simbolizada en la voluntad de los

dioses, como realidades ajenas y superiores a uno mismo). El Sendero de

la Mano Izquierda llevaría por el contrario a reinar sobre el Universo, al

afirmar la voluntad propia como única voluntad posible para uno

mismo y para todo lo que llama Universo (que debería llamarse su

Universo), y al considerar toda personificación de voluntades

dominadoras sobre uno (dioses) como símbolos y visualizaciones sólo

aparentemente externas de la propia voluntad (la única voluntad

posible dentro de cada Universo). En el Sendero de la Mano Izquierda,

tú eres un Dios porque tú creas tu Universo.

Planteadas así las cosas, la oposición entre el Sendero de la Mano

Izquierda y el Sendero de la Derecha no sería muy distinta de la que en

otro contexto Crowley llamaba la oposición entre la Magia y el

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Misticismo. En un artículo en The Equinox de 1911, Los Peligros del

Misticismo, escribió:

"La fórmula del místico es mucho más simple. Matemáticamente es 1 - 1 = 0. Él

es como un grano de sal lanzado al mar; el proceso de disolución es obviamente más

fácil que el choque de los mundos que el mago contempla. "Siéntate, y siéntete como

polvo en presencia de Dios; no, como menos que polvo, como nada". Esta es la

todosuficiente simplicidad de su método."

Pero este mismo artículo, que debe ser leído entero, muestra que las

cosas no son tan simples, ni la dicotomía, en los términos en que suele

ser planteada, tampoco.

Y es que parece que los términos Sendero de la Mano Izquierda y

Sendero de la Mano Derecha son tan difusos desde el punto de vista

filosófico o teórico porque son al final etiquetas más éticas (o incluso

estéticas) que conceptuales. Sendero de la Mano Izquierda tiene un

sentido "negativo" (el sendero "equivocado" o "malvado"), y así es

asumido en algunos textos de Crowley:

"En esta guerra [traición] de los Hermanos del Sendero de la Mano Izquierda

contra la Gnosis, cuya primera fase ha terminado en el establecimiento de esa

tiranía y superstición que se llama Cristianismo..." (Liber XXIV: De Nuptiis

Secretis Deorum cum Hominibus, I).

"Entonces ella comprendió todo. Comprendió que buscar el sendero de la mano

izquierda puede llevarle a uno al poder de los ciegos gusanos del Cieno..." (En la

Bifurcación).

Blavatsky, que al parecer tenía más presente el sentido hindú originario

del concepto Sendero de la Mano Izquierda (Vamachara), también

condenaba este camino por su dimensión de magia sexual, en lo que no

era sino una diatriba místico-puritana (ascética) contra el placer sexual.

Es decir una posición también más ética o moral que teórica, pese a

que evidentemente se intente hacer pasar por esto último.

La reivindicación que tantos movimientos e individuos hacen hoy del

Sendero de la Mano Izquierda procede precisamente de este carácter

"malvado" del concepto, dentro de la estética "oscura", que encuentra

placer en reivindicar lo condenado y maldito. Esto supone sin duda un

admirable acto de rebeldía, pues quien lo lleva a cabo acepta

enfrentarse y vencer a sus propios miedos sobre lo maldito (miedos

culturales, arraigados desde el despertar a la consciencia). Vencer el

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miedo (que siempre nos pertenece) es condición necesaria para el

conocimiento; como decía Bertrand Russell: "El miedo es la fuente

principal de las supersticiones, y una de las fuentes principales de la crueldad.

Vencer al miedo es el comienzo de la sabiduría". Y también parece que

reivindicar el Sendero Maldito conlleva el gratificante placer de ejercer

inquietud sobre los semejantes, especialmente sobre los más gazmoños

(el miedo que inspira el que pertenece voluntariamente al "lado

maldito" del universo moral judeocristiano).

Por lo tanto, Sendero de la Mano Izquierda es aquí y ahora un término

conceptualmente vago porque es más ético o estético (de

reivindicación de lo "malvado") que filosófico.

Pero el sentido "malvado" o "negativo" de las metáforas donde

interviene la mano o el lado izquierdos es, como se sabe, más amplio

que su uso en el simbolismo del ocultismo occidental moderno, tal

como ha sido establecido por Lévi, Blavatsky o Crowley. Se ha

señalado ya el mismo sentido en la tradición india, donde el uso de la

imagen de la mano izquierda sirvió al parecer para caracterizar y

condenar al mismo tiempo a ciertas corrientes heréticas. En un artículo

que ya es un clásico de la semiótica cultural, Para una semántica de los

lados izquierdo y derecho en sus relaciones con otros elementos simbólicos (1974),

N.I. y S.M. Tolstoi, de la Escuela de Tartu, señalan que en las lenguas

eslavas:

"Como se observa en la etimología de las palabras aisladas que significan "derecha"

(prav-, dobr-, l'st'n-) e "izquierda" (hud-, kriv-, campni-), el sentido funcional

atribuido a las manos y a los lados derecho e izquierdo muestra que la oposición

"derecha" - "izquierda" significa fundamentalmente "bueno" - "malo" ("bien -

mal", etc.)."

Y la oposición trasciende lo lingüístico, y abarca nuevas dicotomías:

"En todas las circunstancias se observa la oposición de un principio de carácter más

espiritual a un principio más profano (...). Del mismo orden es la oposición

"derecha" - "izquierda" como "masculino" - "femenino", que se ha mantenido

hasta nuestros días entre los fieles de las parroquias de los viejos creyentes y en otros

muchos casos, aunque se tenga conocimiento de ejemplos —característicos,

particularmente, de la tradición monástica— en que la correlación "masculinus" -

"feminis" era equivalente a "bonus" - "malus" (...), por ejemplo: "La mujer es el

recipiente del Diablo"." (El artículo ha sido publicado en español en Yuri

47


Lotman et al. Semiótica de la Cultura. Madrid: Cátedra, 1979, pp. 195-

198.)

En español la familia de términos relacionados con derecha son, como

prácticamente en todas las lenguas, positivos (derecho como no torcido,

correcto (del latín rectum, directum), incluso como conjunto de leyes (el

Derecho), como el orden justo). La palabra izquierda procede de las

lenguas prerromanas, pero los términos que vienen de la palabra latina

original, sinistra, sólo tienen connotaciones negativas en español. En

francés, gauche significa izquierdo y torcido, tuerto.

¿Cómo es posible que en tantas y tan diferentes tradiciones la (mano)

izquierda se asocie a lo negativo / maldito y la (mano) derecha a lo

positivo / bendito? ¿Se trata de una influencia recíproca, o es algún

tipo de "símbolo universal" (valdría decir de la especie, como los que le

gustaban a Jung)?

Parece plausible que esta dicotomía simbólica es tan universal porque

se basa en la lateralización cerebral y en sus implicaciones

neuromotrices. Como es sabido, el córtex cerebral se divide por una

hendidura longitudinal —la cesura— en dos hemisferios de

aproximadamente el mismo tamaño y forma, pero con algunas

funciones distintas. La lateralización es el nombre con el que se conoce

en neurofisiología la especialización de cada hemisferio en actividades

distintas, y la conexión de cada uno con una parte diferente del cuerpo.

Empezando por esto último: cada hemisferio cerebral es responsable

del funcionamiento de la parte contraria del cuerpo. El hemisferio

izquierdo controla la parte derecha del cuerpo (el oído derecho, el

brazo y la pierna derechos...) y el hemisferio derecho, la parte izquierda.

En este sentido, pues, la mano izquierda está controlada por el

hemisferio derecho del córtex, por lo que el Sendero de la Mano

Izquierda sería también en rigor el Sendero del Hemisferio Derecho.

¿Qué actividades mentales son características del hemisferio derecho?.

El hemisferio derecho del cerebro controla neurológicamente el lado

izquierdo del cuerpo y las tareas espaciales, las capacidades musicales y

artísticas, el control y conciencia del cuerpo, y la creatividad y la

imaginación. Por su parte el hemisferio izquierdo, además de controlar

el lado derecho (la mano derecha), está especializado en el lenguaje, la

lógica, las habilidades numéricas y los conceptos científicos.

48


Sobre el caso concreto del lenguaje, hay que señalar que el hemisferio

derecho (el de la Mano Izquierda) también se ocupa de algunos

aspectos del mismo, como los musicales (tonos), rítmicos (prosodia),

etc.

En la dicotomía simbólica de los lados izquierdo y derecho del cuerpo

deberíamos ver, por lo tanto, un reflejo de la observación empírica de

la especialización lateral del cerebro. La etiqueta bueno - malo aplicado a

derecho - izquierdo es claramente moral y está inducida por sistemas

ideológicos represivos como las iglesias o las religiones. Pero lo que

subyace es que Sendero de la Mano Izquierda quiere decir Sendero de

la Conciencia del Propio Cuerpo y del Espacio, Sendero de la

Creatividad, del Arte, de la Música, de la Imaginación. ¿No son éstas las

capacidades necesarias para hacer Magia? Y también las capacidades

necesarias para lo que podría llamarse una sexualidad plena, integral,

imaginativa (o sea, mágica). Una sexualidad femenina en el sentido en

que los roles patriarcales han distribuido en nuestras sociedades los

comportamientos y las capacidades de sentir.

El Sendero de la Mano Izquierda es el sendero de la creatividad

personal, intuitiva, artística, mágica, asociada en todas las ideologías

represoras (ideologías del rebaño) al Mal (al goce de la vida sin trabas) y

a la Mujer (a la bruja). Por ello, antes lo vimos, se decía que "la mujer es

el recipiente del Diablo". Por ello también todos los moralistas ascendidos

a magos o los magos que descendieron alguna vez a moralistas han

usado esta etiqueta como sinónimo de la "perversión" en la magia,

como sinónimo de la magia negra.

49


50


Satán

51


52


Sobre la identidad de Satán

Legión

Es un hecho que Satán significa diferentes cosas para sus diferentes

seguidores. Todos los libritos y artículos sobre el Satanismo que

anuncian de forma más o menos sensacionalista desvelar "en qué creen

los satanistas", proclaman ya de forma inadvertida su ignorancia radical

sobre este mundo. Los satanistas forman parte de un movimiento

abiertamente contradictorio, y muchos cuestionan que pueda hablarse

con propiedad de algo coherente hoy llamado Satanismo. Hay

incontables formas de ver a Satán entre los que se consideran

satanistas, muchas de ellas totalmente incompatibles entre sí. Pero ¿qué

otra cosa podría esperarse del Demonio, cuando mete sus largas uñas

en los asuntos humanos...? ¿No es Set, por excelencia, el dios de la

confusión?

Tal vez el único denominador común del Satanismo actual sea el

presentarse como un proyecto de crecimiento personal y disfrute de la

vida más plena posible, sin aceptar otros límites que los horizontes

siempre en expansión de la propia Voluntad. En las categorías

filosóficas modernas, esta posición ante la existencia se etiqueta como

individualismo, y es considerada una escandalosa aberración ética para

todos los conductores de rebaños. El camino del crecimiento personal

lleva a un progresivo descubrimiento de lo radicalmente propio en cada

uno — de lo que Crowley llamaba la Auténtica Voluntad (True Will): el

descubrimiento de los auténticos gustos, de la auténtica forma de

pensar y sentir, de los auténticos deseos. Por lo tanto este camino

acrecienta y hace prácticamente irreversible ese individualismo, para

alarma de todos los sacerdotes habidos y por haber. Si los satanistas

son individualistas radicales, no habría que esperar un pensamiento o

53


una forma de sentir común en ellos: No resultan nada proclives a estar

de acuerdo, ni siquiera en lo que entienden por Satán. En algunas

organizaciones, especialmente en las de vocación más "religiosa"

(aquellas que sueñan con dirigir grandes rebaños de ovejas negras algún

día) es posible asistir a una aparente coincidencia sobre Satán y sus

cualidades. Pero sin duda las asociaciones de satanistas más interesantes

no se atreven a esperar una unanimidad semejante.

Universos

Cada satanista concibe su propio Satán, porque concibe su propio

universo. Los seguidores de religiones comparten universo, un

universo por cierto que no han decidido ellos y del que no son ni

pretenden ser dueños. Por lo tanto están obligados ponerse de acuerdo

a toda costa en las "verdades objetivas" que lo configuran. Y para ello

deben consultar sin descanso a expertos en el universo (sacerdotes) de toda

condición. Los universos comunes parecen tener la molesta costumbre

de esconder siempre sus más importantes "verdades", menos mal que

los sacerdotes las saben... El satanista, por el contrario, se atreve a

fundar su propia realidad — y por lo tanto a sí mismo, y por lo tanto

también su imagen de Satán. En los universos comunes de las

religiones es obligatorio buscar el acuerdo ¿Cómo va uno a andar por

ahí no sabiendo en qué mundo vive? En el universo personal del

satanista, en los inciertos y cambiantes páramos oscuros, no tiene

sentido, ni utilidad, saber si se está de acuerdo con algún otro lejano

viajero.

Demonios

Hay muchas imágenes y representaciones de Satán: en el fondo debería

haber tantas como personas deciden identificarse con el Satanismo.

Hay quien ha intentado clasificarlas en teístas, simbólicas y filosóficas, lo

que, pensándolo bien, no discrepa mucho de la clasificación respecto a

54


la aceptación de Dios entre creyentes, agnósticos y ateos. Satán puede ser un

anti-Yahvé (con todas las exigencias y manías egocéntricas de un dios

judeocristiano) o puede ser una imagen poética de una ideología del

descreimiento y de la rebeldía. Teología (espiritual) y filosofía

(racional), los dos extremos de un debate viciado desde hace siglos en

la cultura occidental, han contagiado también, como no podía ser de

otro modo, el debate entre los satanistas de tradición europea. La

cultura pesa mucho, y no se la exorciza de raíz sólo por preferir una

oscura silueta con cuernos. Estas imágenes de Satán, organizadas

asombrosamente bien por algunos en tipos y subtipos, provocan en el

fuero interno de los más honestos seguidores del Demonio un

profundo e indefinido malestar. Porque es demasiado fácil refutar

desde la filosofía racionalista (incluyendo el psicoanálisis dentro de ella)

el "espiritualismo" de los satanistas teístas. E igual de simple es

despreciar el satanismo "filosófico" desde la riqueza de las experiencias

interiores que se disfrutan en su otro extremo.

Premoniciones

Incómodo en el bosque de etiquetas, el satanista sólo tiene realmente

una certeza profunda: la premonición del Demonio. Con esto quiero

referirme a una experiencia vital muy difícil de explicar intelectualmente.

A Satán, a partir de un momento determinado, ciertas

personas lo presienten claramente. No todas: Satán no es democrático, le

gusta elegir. Si estas personas logran ser impermeables a la presión de la

incredulidad de los modernistas (del modernista que llevan dentro) y

del espanto de los feligreses (del feligrés que llevan dentro), la

percepción del Demonio será más y más una experiencia intensa y

central de sus vidas. Una percepción que no sólo se apoya en las

sensaciones interiores y en los fenómenos que se producen alrededor,

sino sobre todo en la evidencia incontestable —para ellos y para los

que les rodean— de que sus vidas se están volviendo cada día más

extrañas, hermosas, fuertes e interesantes.

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Mi Satán

Satán para mí es una inmensidad y un infinito.

Sweetie Vampire.

¿Cómo explicar a Satán?

Satán es la extraña fuerza interior que te hace estar atrevido y alegre

sabiendo que alrededor todo es abismo.

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Satán es la valentía de vivir

Satán no es un ídolo que exige pleitesía. ¡Como si él necesitara los

halagos de los pobres mortales! El ridículo dios cristiano, el padre del

Nazareno, sí parece estar muy preocupado por si lo quieren o no lo

quieren. El diosecillo de la Biblia exige ser amado, parece que su

autoestima pasa por malos momentos... Si no lo amas, te castiga; así es

de narciso y de rencoroso. A Satán tu amor le importa un bledo. Si no

lo quieres, tú te lo pierdes.

Satán quiere el máximo desarrollo de todas tus capacidades físicas,

mentales, anímicas, eróticas, oníricas, artísticas... Satán te enseña desde

su trono negro en el centro del aquelarre, mientras vienen a besarle el

culo todos los brujos, que no debes respetar ningún límite que tu vida

desee trascender. Satán quiere que apures tu existencia plenamente,

como una hoguera que lo devora todo. A esa hoguera del placer y del

conocimiento los contrahechos asesinos de la vida vestidos de sotana la

han llamado Infierno.

Satán sólo quiere que disfrutes de estar vivo. La vida de cada uno: una

experiencia única, irrepetible, que no vale nada dentro de la inmensidad

del Universo, y a la vez lo vale todo. Cada vida es un mundo por

inventar completamente, una nueva Creación. Satán te dice que no te

pares en la trampa de los umbrales que te inventas ante ti mismo

constantemente, sin sentido, sólo por miedo. Satán tiene curiosidad por

ver hasta dónde eres capaz de llegar.

Si cuando te entran ganas de vivir, de crear, de transformarte en algo

nuevo, te acude inmediatamente la duda, el miedo, la vergüenza, eso es

que la pútrida mano del ídolo de la Biblia se te ha posado en la frente.

Si por el contrario, ante esos deseos, sólo sientes la necesidad de aire

puro, de horizontes abiertos, de nuevas aventuras, es que Satán te está

59


soplando en la nuca. Déjate llevar por la voz que dentro de ti quiere

vivir sin límites, déjate arrebatar por Satán.

Satán eligió el mundo contra el orden muerto de los dioses. Satán se

enamoró del ser humano como potencialidad, como posibilidad; Satán

sigue esperando al hombre pleno, libre, alegre, en cada retoño que

nace. Satán sigue ofreciendo la manzana de la sabiduría a cada persona.

Satán está más allá de tu miedo irracional. Vence a tu miedo y llegarás a

él (o él vendrá a ti, que es lo mismo). Ese miedo que se interpone entre

ti y Satán es el mismo miedo que se interpone entre ti y tus deseos más

auténticos, entre ti y tu vida plena. Cuando venzas el miedo a vivir sin

fronteras no tendrás miedo de que Satán venga a verte por las noches.

Y es que entonces serás, de verdad, libre.

60


El síndrome de Regan

El síndrome de Regan es el miedo a la posesión demoníaca, entendida

como la posibilidad de que los demonios puedan entrar dentro de uno.

Pero los demonios están dentro desde siempre, desde que nacimos

como bestias humanas. El miedo a la posesión demoníaca es en

realidad el miedo a que los demonios que están dentro de nosotros

salgan.

61


62


Simpatía por el Diablo

Cualquier intento de reorganizar la mente implica una dualidad.

Las religiones se fundan en la falacia de que uno puede o debería

tener un elemento de la dualidad sin el otro.

Peter Carroll. Liber Null.

I

Horus y Set son gemelos que pelean como hermanos por toda la

eternidad, Horus y Set convergen en el Rey: uno desde la derecha,

desde el día, desde la luz blanca; otro desde la izquierda, desde la

noche, desde la luz negra. Sin uno de los dos, el Rey no tendría derecho

a ser la encarnación de todo Egipto. Las religiones —que trabajan

activamente contra la vida— pretenden el desastre de la victoria de uno

sobre el otro, que es lo mismo que pretender que la mitad del universo

se precipite sobre la otra, cerebros funcionando con un solo

hemisferio, días sin noches, luces sin sombras. Quieren las religiones

sajar por la mitad la naturaleza humana y producir un hombre

paralizado de medio cuerpo, inseguro y obediente, que renquee por sí

mismo hasta el redil.

El acercamiento al Demonio, a Satán, a Lucifer, o como nos guste más

llamarlo, es un ejercicio de integridad mental y personal. No es correr

hacia el lado "criminal" de una opereta moral judeocristiana. Porque el

rechazo del Bien (de un sistema moral) no lleva a instalarse en su Mal

—que sólo es su imagen en negativo, que sólo se define a partir de él—

sino a moverse por uno mismo más allá del Bien y del Mal. El

63


acercamiento al Demonio es el cuestionamiento de Dios, no para

reelegirlo esta vez boca abajo, sino para ser uno mismo sin dioses (sin

más dios que uno mismo).

Todo tipo de castigos, amenazas y miedos nos han sido inculcados en

torno a la posibilidad de adentrarnos por ese sendero tan personal que

se encuentra más allá del Bien y del Mal. Todo lo prohibido crece allí. Y

esos miedos siguen profundamente arraigados dentro de nosotros,

aunque la moda de la modernidad nos haga creernos librepensadores e

independientes (cuando en realidad sólo somos pobres ciudadanos

desconcertados). Por eso las películas sobre demonios y posesiones

siguen dando miedo, aunque las de santos aburran. El castigo parece

dejar una huella más profunda que la recompensa.

II

Satán da suerte. Este un hecho incontestable que reconocen honestamente

todos los que se le han acercado alguna vez sin miedos, despreocupadamente,

como sencillos (que no humildes) amantes de la vida y la

creatividad. Para quienes se le acercan como los egiptólogos en las

pirámides —en cuclillas y buscando quedarse con un tesoro que ellos

no son— sólo hay la obsesión y el daño mental (la omnipresencia de

una jeta de cabra, por ejemplo). Muchos "satanistas" amateurs son

devorados por Satán, y puede decirse sencillamente que no eran dignos

de buscarle. Querían ser malvados como forma de ser algo, querían ser

importantes infundiendo terror en sus vecinos, querían ser crueles contra

todo lo que se les acercara (odiaban la vida, como les habían enseñado

las religiones), querían obtener poderes sin crecer ellos mismos, tener

dominio sobre los demás sin ser medianamente dueños de sí mismos.

Entonces, como decía Crowley hablando sobre los "pactos diabólicos"

que algunos buscan, sucede lo que tiene que suceder "cuando el ratón

intenta hacerse amigo del gato"...

Basta con dar un pequeño paso hacia Satán para empezar a percibir sus

guiños y sus afortunadas casualidades. Satán es solícito y generoso, y se

adelanta hacia quien le busca. De aquí viene el dicho ocultista: Cuando

piensas en el Demonio, él ya está a medio camino hacia ti. La "buena estrella"

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de Satán es la recompensa por asomarnos —aunque sólo sea un

instante— a todo el gran vergel de lo que somos y mantenemos oculto

y maldito en nosotros mismos. Es la fuerza que surge al sentirnos por

algunos momentos extrañamente íntegros, extrañamente sin miedos.

Esta fuerza hace plegarse la realidad a nuestro alrededor, nos hace

portadores de una luz (Luci-fer) ante la que nadie se atreve a cruzarse.

III

Todo hay que decirlo. El "problema" de Satán es que es una referencia

muy poderosa por su carga cultural durante toda la tradición judeocristiana:

la perenne encarnación del polo oscuro, la "personificación del

Mal". Y por lo tanto puede activar sombras muy poderosas de nuestra

psique.

Al ser Satán una figura precisa, una personalidad clara, individual y

singular, es evidentemente una forma de objetivar, de visualizar, lo que

no es en realidad más que nuestra propia (y oculta) Voluntad. El

problema de ponerse frente a frente con la imagen personificada de la

propia Voluntad es que hay que tener la claridad mental y la

preparación para no caer en la obsesión, en la trampa de uno mismo

espoleándose sus propios terrores.

Kenneth Grant, hablando de otras operaciones mágicas, escribió algo

que me parece que puede también aplicarse aquí:

"Es aquí donde el peligro acecha al practicante no iniciado, porque en esta fase se

genera una imagen degradada de la Voluntad. Para evitar esto, la Voluntad debe

estar tan firme como una llama en un lugar sin viento. El más leve temblor hace

que la imagen vacile. Es por esto por lo que resulta esencial una práctica intensiva

de la concentración mental. La mente y la voluntad deben unirse y funcionar en una

dirección precisa. Cuando la imagen se distorsiona, engendra una criatura extraña y

parasitaria que se alimenta de la energía vital de la persona que la ha llamado a

existir. Eliphas Levi describe bien esta situación: "Cuando uno crea fantasmas de

sí mismo, coloca vampiros en el mundo, y debe alimentar a esos hijos de la pesadilla

voluntaria con su propia sangre, su propia vida, su propia inteligencia y su propia

cordura, sin llegar a satisfacerlos nunca." (The Magical Revival, p.32.)

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De las pruebas del Demonio

Algunos creen que Satán, una vez hecho un pacto en serio con él, te

pone a prueba apariciéndose por las noches al lado de tu almohada.

Bueno, también... Pero las pruebas que prefiere para saber si eres un

guerrero de verdad, digno de su Infierno, son más peligrosas, de este

tipo: Satán te desvela que no tienes realmente ni una sola razón para

vivir, excepto tu Voluntad, y se queda esperando que sigas hacia

adelante.

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Focalor

Focalor es el demonio cuarenta y tres de la jerarquía infernal expuesta

en el tratado Pseudomonarchia Daemonum, publicado por el ocultista

holandés y discípulo de Agrippa Johann Weyer o Wierus en 1563. Es a

su vez el demonio cuarenta y uno del Ars Goetia, el primer libro de la

Clave Menor de Salomón, un grimorio anónimo del siglo XVII, editado

por Samuel MacGregor Mathers y Aleister Crowley en 1904 con el

título de The Goetia. En ambos textos la descripción de Focalor es muy

similar, posiblemente porque el autor del Ars Goetia conoció la

Pseudomonarchia, o tal vez porque ambos textos beben en una fuente

común más antigua. Una tercera posibilidad es, evidentemente, que las

dos descripciones sean tan semejantes porque ambas se basen en la

contemplación directa de esa entidad.

Focalor es un poderoso demonio asociado al agua, al mar, y por lo

tanto al oeste. Tiene forma de hombre con alas de grifo y reina sobre

los vientos del océano. Mata humanos ahogándolos —excepto cuando

se le pide que no lo haga— y se dedica con empeño a hundir barcos de

guerra. Es uno de los duques del Infierno y manda tres

(Pseudomonarchia) o treinta (Goetia) legiones de demonios. Se le dijo que

llegaría a cierto lugar conocido como el Séptimo Trono cuando pasaran

mil años, pero esta promesa nunca se cumplió. El Ars Goetia ofrece su

sigilo, a utilizar como talismán:

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Las letras de la palabra Focalor aparecen alteradas como Rofocal en el

nombre de Lucifuge Rofocale (ortografía francesa, que debería ser

pronunciada aproximadamente Lüsifüg Rofocal), uno de los tres

archidemonios del Grand Grimoire o Dragon Rouge, supuestamente

escrito en el siglo XVI. El Grand Grimoire es precisamente una guía para

conseguir la aparición de este demonio y llegar luego a un pacto con él.

Focalor / Rofocal es aquí Lucifuge, literalmente "el que escapa de la

luz". Ford, en Luciferian Witchcraft, considera que es "una sombra o una

forma más oscura del propio Lucifer". En la Qabalah, y a partir de Eliphas

Lévi, Lucifuge Rofocal-Focalor se asocia al qliphot Sathariel, la

dimensión siniestra del sephirot Binah.

70


Una nueva etimología para el nombre Satán

El nombre Satán viene del latín medieval Satāna. Debe señalarse la

curiosa particularidad de que Satāna (-æ) es un nombre femenino en

latín. Aunque esto no implica necesariamente que Satán haya sido

entendido como un ente femenino en las primeras iglesias cristianas:

algunos nombres femeninos aparecían unidos a tareas masculinas en la

antigua Roma (por ejemplo nauta "marino"). Pero la lucha entre Dios y

Satán tal vez fue concebida por los primeros autores cristianos como

un enfrentamiento antagónico entre lo masculino y lo femenino.

La variante Satanás procede de la versión griega del mismo nombre

(Σατανάς).

Satāna viene, a través de las traducciones latinas de la Biblia, de una

raíz semítica, presente en arameo (Šat-an, pronúnciese Shatán), en

hebreo שטן)‏ Sat-an), o en árabe شيطان)‏ Šayṭ-ān, pronúnciese Shaitán).

Esta raíz común es š-w-t. La terminación -an es un sufijo semítico que

se aplica a los seres animados o personificados (como en árabe sulṭ-ān,

raħm-ān, etc.).

Esta raíz semítica parece estar emparentada con el nombre egipcio Set

(en egipcio antiguo Sut-). El egipcio y las lenguas semíticas forman

parte de una misma macrofamilia de lenguas conocida como afroasiática

o camitosemítica, por lo que un buen número de raíces semíticas

(arameas, árabes, hebreas, fenicias, asirias, etc.) tienen un equivalente

directo en antiguo egipcio y en otras lenguas de África (bereberes,

chadianas, etc.).

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Digamos de entrada que la simplista afirmación de que "Satán es un

invento cristiano" es falsa por dos razones evidentes:

— Las referencias a Satán no sólo aparecen en el llamado Nuevo

Testamento, la parte de la Biblia redactada por los cristianos, sino

también en los libros conocidos como Antiguo Testamento, escritos

con anterioridad al surgimiento del Cristianismo.

— El nombre Satán tiene una etimología que se remonta a los orígenes

de las lenguas semíticas, antes de la aparición del hebreo o el arameo

como lenguas independientes, y por lo tanto anterior incluso a los

textos bíblicos más antiguos.

Kenneth Grant 1 propone para la raíz Set-Satán una etimología relacionada

con la raíz árabe ṣ-w-d "negro". Aunque esto pueda ser desde

luego muy atrayente desde una estética dark, es totalmente erróneo

desde el punto de vista lingüístico. Hay que decir que las etimologías

que tan frecuentemente "descubre" Grant en sus escritos, y que le

sirven en muchas ocasiones de piedras angulares para sus

argumentaciones mágicas, son en general completamente peregrinas y

sin fundamento alguno. Uno confía en que las incursiones de Grant en

la magia hayan sido más serias que sus incursiones en la lingüística.

1 K. Grant: The Magical Revival. 1972.

72


Las raíces árabes para "negro" (ˀaṣwad: ṣ-w-d) y Satán (Šayṭān: š-w-ṭ)

son absolutamente independientes. Comparten en realidad una sola

consonante (-w-), porque las iniciales /ṣ-/ y /š-/, pese a su aparente

semejanza en la transcripción fonética en caracteres latinos, son

consonantes totalmente distintas en esta lengua: /ṣ/ es una s "glotal" o

"faringal", un sonido desconocido en castellano, mientras que /š/ es el

signo para la fricativa que se puede encontrar en el grupo sh inglés (en

shock). Las consonantes finales /-d/ y /-ṭ/ también son claramente

distintas. Digamos que creer que en árabe Šayṭān viene de "negro"

sería tan absurdo como considerar que en español tuya tiene algo que

ver con trucha.

Desde un punto de vista histórico-cultural, unir la figura del Set egipcio

al color negro carece también de cualquier fundamento. En el antiguo

Egipto Set aparece vinculado en realidad al color rojo, que es también

el color de sus dominios naturales: el desierto (desierto en antiguo

egipcio es literalmente "la tierra roja"). 2

Según el egiptólogo H. Te Velde, autor del estudio más completo hasta

el momento sobre la figura de Set 3 , el nombre Sut (Swt) se asociaba por

parte de los antiguos egipcios a la idea de "confusión" o de "desorden".

Pero esta asociación, sostiene Te Velde, procedía de las propias

creencias religiosas de los egipcios, era una etimología inventada que

encajaba perfectamente dentro de su cosmovisión.

En un sistema de escritura como el del antiguo Egipto es importante

estudiar el lugar de aparición de los signos para llegar a dilucidar su

significado. Así se observa que el signo del animal setiánico, además de

representar a Set en sí mismo, acompaña a palabras con determinadas

connotaciones semánticas. Los egiptólogos hablan de determinativos para

estos signos que siguen a otras palabras y concretan su significado. En

el caso de Set, escribe Te Velde: "El [signo del] animal setiánico funciona

como un determinativo para palabras que indican conceptos que divergen del orden

normal de las cosas —orden que para la mentalidad egipcia es dado y guardado por

los dioses— y que conllevan un sentido negativo."

¿Es posible rastrear el origen de esta palabra en otras lenguas

afroasiásticas? Observemos el término árabe Šayṭān. Se ha señalado

2 Véase el capítulo siguiente de este libro.

3 H. Te Velde: Seth, God of Confusion. 1967.

73


antes que -an es un sufijo gramatical, una terminación añadida que no

pertenece a la raíz de la palabra. Este sufijo puede ser traducido como

"el que hace", "el que tiene", "el que da", y se aplica sólo a seres

animados o personificables. Así raħm-ān se traduce por "el clemente, el

que tiene (da) clemencia", porque la raíz raħm- se traduce por

"clemencia".

Yendo por pasos, pues, Šayṭān es, literalmente, "el que tiene (da, etc.)

šayṭ". ¿Pero qué significa en árabe šayṭ? La palabra šayṭ parece estar

vinculada a šyṭ "quemarse", šayyaṭ "quemar, consumir en el fuego",

šwṭ "encenderse (la ira)". Todas estas palabras árabes están relacionadas

con términos similares en otras lenguas semíticas: arameo siríaco sāṭ'ê

"inflamado", socotrí šiyaṭ "fuego", mehrí šīwōṭ "fuego". Todos estos

términos procederían, para los lingüistas Militarev y Stolbova, de una

antigua raíz semítica šiwāṭ "fuego" 4 . Así pues Šayṭ-ān es "el que tiene,

el que da el fuego", en una evocación claramente luciferina. Esto

encajaría desde luego mejor con el rojo como color simbólico asociado

al Set egipcio. Conectaría también con la idea del Infierno como lugar

de fuego. En el Corán, Iblis, otro nombre para Šayṭān, surge de un fuego

sin humo.

4 A. Militarev y O. Stolbova: Afroasiatic Etymological Database. 1999.

74


Introducción a Set

Stẖ ˁ3 pḥty s3 Nwt...

(Set, Grande de Fuerza, Hijo de Nut...)

Inscripción de la estatua de Penbast,

Oasis de Dakhla, Egipto.

Set es uno de los netsheru (singular netsher) del Antiguo Egipto. El

nombre netsher se traduce a nuestras lenguas como dios, pero su sentido

parece ser muy distinto de la concepción helénico-cristiana de una

divinidad. Los netsheru egipcios son símbolos mágicos complejos que se

"complementan" entre sí de una forma que no tiene nada que ver con

la heterogénea colección de personajes del Olimpo grecorromano

(Hornung 1982). En otras lenguas del tronco afroasiático

(camitosemítico), al que pertenece el antiguo egipcio, encontramos

palabras vinculadas con netsher que pueden tal vez ayudarnos a intuir el

sentido real que tenía este término para los egipcios de los tiempos

faraónicos. Se ha encontrado en las lenguas cuchíticas, habladas en el

cuerno de África, las palabras inkira / enkera, que se consideran

históricamente emparentadas con netsher (raíz *n-(ç/k)-r) y que

significan espíritu, vida y demonio (Calice 1936: 137).

Entre todos los netsheru egipcios, Set es una figura completamente

singular. "Las imágenes encontradas de él son extremadamente raras en

comparación con otras deidades egipcias" (Scott-Moncrieff 1909: 81). Como

es bien sabido, los netsheru se representan visualmente con formas

humanas o de animales, o en este último caso también como cabezas

de animales con cuerpo humano. La división humano-animal en este

contexto de la cultura egipcia no implica jerarquía alguna (Te Velde

75


1980). Cada netsher se muestra provisto de determinados elementos

característicos: prendas, objetos, colores...

La primera particularidad que se observa en la imagen de Set es que no

es un animal que pueda asociarse a alguna especie conocida. Tanto en

sus representaciones con cuerpo humano como en las que aparece

enteramente en la forma de un animal, no corresponde a ninguna

especie precisa. Esto contrasta llamativamente con la claridad con que

las imágenes de los otros netsheru evocan animales reales y bien

conocidos. Por todo ello los egiptólogos se han visto obligados a

acuñar la fórmula animal setiánico para hablar de las representaciones de

Set.

Se ha creído descubrir en el animal setiánico rasgos de diversos

animales reales, entre ellos del burro, del órice (oryx), del galgo, del

zorro fénec (fennecus zerda), del jerbo o jáculo (jaculus jaculus), del

camello, del okapi, del ratón de hocico largo, del oricteropo (orycteropus

afer), de la jirafa, o del cerdo. La adscripción completa del animal

setiánico a uno solo de ellos, como se ha propuesto varias veces con el

oricteropo (De Maret 2005), no resiste los análisis (el oricteropo

tendría remotas similitudes con la cabeza de Set, pero no con la forma

de su cuerpo en las representaciones como un animal completo). Otras

opiniones consideran que el animal setiánico es una figura totalmente

76


imaginaria, que ni siquiera habría quedado bien establecida en sus

distintas representaciones.

En la imagen del animal setiánico, sin embargo, hay rasgos aislados que

evocan claramente a diversos animales conocidos. La imagen de Set no

parece ser de diseño totalmente imaginario sino una fusión (una

confusión habría que decir en este caso) de varios animales reales. La

rareza de Set es que aparece como el único animal compuesto de entre los

netsheru egipcios. Set se caracteriza por un cuerpo canino, hocico largo y

curvado, ojos rasgados, orejas largas y cuadradas y cola (e)recta,

terminada en horquilla (o en ocasiones en un pequeño plumero).

Para estudiar las imágenes de Set en el Antiguo Egipto debemos

observar un elemento más de esta cultura: la vara conocida por los

egiptólogos como cetro Was, símbolo del poder.

Este objeto, del que se han encontrado diversas muestras en madera y

cerámica, aparece en las representaciones humanizadas de Set

sostenido en una de sus manos. La otra mano sostiene la cruz Ankh.

La "cabeza" del cetro Was evoca claramente el morro alargado y

también las orejas de la cabeza de Set, y su terminación en horquilla

(según algunos, en trípode) es idéntica a algunas representaciones

jeroglíficas de la cola del animal setiánico, cola que presenta una

llamativa rigidez, como el cetro (algunos autores han creído ver en esta

cola recta una "flecha").

El cetro Was, utilizado como signo jeroglífico para representar el

concepto de "poder", es así otra representación de Set, tal vez

evocando también su carácter de serpiente (Set como la serpiente Hiw

de los textos de las pirámides: Ward 1978).

Representaciones de Set se encuentran ya entre los primeros

testimonios conocidos del arte egipcio. La imagen conservada más

antigua de Set es de una tumba predinástica de la fase Naqada I (hacia

77


4000-3500 a.C.). El animal setiánico aparece también en la maza del

Rey Escorpión, de tiempos protodinásticos.

Set forma con Amon, Ra y Ptah el grupo de los cuatro netsheru más

poderosos del universo. Forma parte de la Gran Enéada (Pesedjet) de los

netsheru, tal como fue formulada a finales del Imperio Antiguo en Annu

(Heliópolis). Es así uno de los netsheru primordiales junto a Ra, Shu,

Tefnut, Geb, Isis, Neftis, Nut y Osiris. Set es sinónimo de poder, como

evidencian su identificación con el cetro Was y descripciones como la

de Plutarco: "Y el nombre Set, con el que ellos llaman a Tifón [Typhon], quiere

decir el poderosísimo" (De Iside et Osiride, 49).

Set es hijo de Nut y tiene numerosas esposas, algunas de ellas deidades

extranjeras: Neftis, Neith (con la que engendró a Sobek, el netsher

cocodrilo), Amtcheret, Tawaret, Hetepsabet, y las diosas semíticas Anat

y Astarté.

Parece ser que el culto a Set se estableció originalmente en Nubt

(griego Ombos), cerca de la actual localidad de Tukh, el principal

centro predinástico del Alto Egipto. La unificación de Egipto hacia

3050 a.C. fue llevada a cabo por los gobernantes de otro centro del

Alto Egipto, Abydos, cuyo netsher era Horus. A partir de entonces Set

comienza a ser una figura controvertida. Durante la II dinastía (hacia

2775-2650 a.C.) el rey Peribsen se identifica a sí mismo con Set,

colocando una representación del animal setiánico sobre su serej o sello

real, en vez de la tradicional de Horus. Khasekhemwy, su sucesor,

coloca a Horus y a Set al mismo nivel de importancia en su serej.

Los hiksos, que invaden y ocupan Egipto durante algo más de un siglo

(hacia 1630-1521 a.C.), rinden un culto privilegiado a Set en su capital

Avaris, en el delta del Nilo, identificándolo con su dios Baal. Durante el

Imperio Nuevo (hacia 1539-1075 a.C.) Set aparece como el poderoso

netsher de la guerra y el protector de Egipto frente a sus enemigos. Las

tropas de Ramsés II reciben el nombre de legiones de Set. En los mitos

egipcios esto toma la forma de la lucha de Set contra la serpiente Apep

(griego Apofis) para salvar la barca de Ra.

Diversos reyes de este periodo, en las dinastías XIX y XX, llevan su

nombre: Seti I (hacia 1294-1279 a.C.), Seti II (1203-1197 a.C.) y

Setnakht (1190-1186 a.C.).

78


Pero tras el final del Imperio Nuevo, con el declive del poder egipcio y

el auge paralelo del culto a Osiris, Set es expulsado del conjunto de los

netsheru egipcios. En los centros dedicados a Osiris, Isis y Horus, Set es

representado como el príncipe del mal. A pesar del arquetípico combate

entre Set y la serpiente Apep, donde Set salva la barca solar de Ra, en

las nuevas versiones Set se asimila progresivamente a Apep. En el

primer milenio a.C. el nombre y la imagen de Set son borrados de

muchos monumentos.

En el Antiguo Egipto Set aparece como el complementario/

antagonista de Horus, que según las versiones es presentado como su

sobrino o su hermano menor. Diversas imágenes los presentan

enfrentados/cooperando en un mismo esfuerzo. Un papiro de la época

de Ramsés V, el papiro Chester Beatty nº 1, titulado Las Contiendas de

Horus y Set describe en detalle la lucha entre ambos netsheru por la

corona de Egipto (Griffiths 1963, Oden 1979, Wente 1979).

La lucha de Horus y Set está vinculada al mito de Osiris. Set mata a su

hermano Osiris ahogándolo en el agua, y lo desmiembra en catorce

partes, que esparce por toda la tierra de Egipto. Isis, hermana y esposa

de Osiris, recoge trece de las piezas, pero no logra encontrar la última,

que es el pene. Este ha sido comido por el pez conocido como

oxyrhynchus, un pez representado con un morro largo y curvado que

evoca sin duda al del animal setiánico.

Isis entonces decide forjar un pene de oro y entona cánticos en torno a

Osiris hasta que logra revivirlo. Osiris retorna como Señor de los

Muertos. Con él, Isis engendra entonces a Horus, que disputa a Set el

trono de todas las tierras del Nilo.

En la llamada Piedra de Shabako, robada de Egipto por la administración

colonial inglesa y actualmente en el Museo Británico, se lee cómo Set,

en un primer momento señor del Alto Egipto, es desposeido del poder

por Horus:

"Así dice Atum: 'quien creó a los Nueve Dioses'... [Geb, señor de los dioses,

ordenó] que los Nueve Dioses se reunieran con él. Juzgó a Horus y Set y puso fin a

su disputa. Hizo a Set rey del Alto Egipto en la tierra del Alto Egipto, el lugar en

el que había nacido..., y Geb hizo rey del Bajo Egipto a Horus, en la tierra del

Bajo Egipto, el lugar en el que su padre fue ahogado, que es 'La división de la Dos

Tierras.' Así Horus permaneció sobre una región y Set sobre la otra, y mantuvieron

la paz sobre las Dos Tierras en Ayan, que es la frontera de las Dos Tierras...

79


Dicho por Geb a Set: 'Dirígete al lugar en el que naciste' Set: Alto Egipto. Dicho

por Geb a Horus: 'Acude al lugar en el que tu padre fue ahogado'. Horus: Bajo

Egipto. Palabras de Geb a Horus y Set: 'Os he separado' Bajo y Alto

Egipto...Entonces Geb creyó injusto que la parte correspondiente a Horus fuese

igual que la de Set, y por eso le concedió [toda] su herencia, porque Horus es el hijo

de su primogénito... Palabras de Geb a los Nueve Dioses: 'He nombrado a Horus

el primogénito'. Palabras de Geb a los Nueve Dioses: 'El Único, Horus, la

sucesión'. Palabras de Geb a los Nueve Dioses: 'A este heredero, Horus, mi

herencia'. Palabras de Geb a los Nueve Dioses: 'Al hijo de mi hijo, Horus, el

chacal del Alto Egipto'. Palabras de Geb a los Nueve Dioses: 'El primogénito,

Horus, el Abridor de Caminos'. Palabras de Geb a los Nueve Dioses: 'El hijo

que nació Horus, en el día del nacimiento del Abridor de caminos'... Entonces

Horus se quedó en la región. Es el unificador de esta tierra, proclamado con el gran

nombre de Ta-tenen, [que está al] 'Sur de su Muro', Señor de la Eternidad, y así

surgieron las Dos Grandes Magas sobre su cabeza. Él es Horus, que se erigió como

rey del Alto y Bajo Egipto, que unió las Dos Tierras en el nomo del Muro

[blanco], el lugar en el que se unen las Dos Tierras... Se colocaron el junco y el

papiro en la doble puerta de la Casa de Ptah, y Horus y Set se pacificaron y

unieron. Fraternizaron de forma que pudieron cesar sus disputas en cualquier lugar

en el que pudieran existir, siendo unidos en la Casa de Ptah, La 'Balanza de las

Dos Tierras' en la que el Alto y Bajo Egipto se pesaron... Esta es la tierra, el

sepelio de Osiris en la Casa de Sokar. Isis y Neftis sin demora, porque Osiris fue

ahogado en sus aguas. Isis [y Neftis] buscaron, [le vieron y atendieron]. Horus

habló a Isis y Neftis: 'Deprisa, cogedle' Isis y Neftis hablaron a Osiris: 'Venimos,

te tomamos...' y le llevaron a la tierra. [Así Osiris heredó] la Tierra en la fortaleza

real, al norte de [la región] a la que él había venido, y su hijo Horus se erigió como

rey del Alto y Bajo Egipto, en el abrazo de su padre Osiris y de los dioses que

están delante y detrás de él... Se construyó la fortaleza real [bajo el mandato de

Geb]. Geb habló a Thot: ... [Geb] habló a Isis: ...Isis hizo venir a [Horus y Set].

Isis habló a Horus y Seth: '[Venid]...' Isis habló a Horus y Set: 'Mantened la

paz...' Isis habló a Horus y Set: 'La vida será placentera para vosotros cuando...'

Isis habló a Horus y Set: 'Él es quien seca vuestras lágrimas...' "

En diversas representaciones Horus y Set sostienen, uno por cada lado,

la corona real, simbolizando la reconciliación y el apoyo de ambas

facciones al poder real unificado. En la estatua de la coronación de

Ramsés III, Horus aparece a la derecha del rey y Set a la izquierda.

En el ornamento pectoral de la XII Dinastía, también sustraído de

Egipto y que se conserva en el museo Myers de Eton, Set queda

80


situado también en el lado izquierdo de la persona que lo lleva, y Horus

a su derecha.

En algunas imágenes del mismo periodo Horus y Set constituyen las

dos cabezas de un mismo ser.

Set representa simultáneamente:

[1] La Fuerza - El Poder

[2] El Amor

[3] La Confusión - El Caos

[4] El Desafío - La Guerra

[5] La Tormenta - El Trueno

[6] La Noche

[7] Las Profundidades - El Agua

[8] El Desierto - El Rojo - El Alto Egipto (el Sur)

[9] El Extranjero

En las imágenes y en los textos conservados, los diferentes rasgos

aparecen por separado o superpuestos. Por ejemplo las referencias a su

bisexualidad reflejan los rasgos [2] y [3], su matrimonio con la diosa de

la guerra Astarté los principios [2], [4] y [9], su vinculación a la lluvia los

[5] y [7], etc.

El nombre de Set parece haber sido pronunciado originalmente

*Sutakh /sutax/ pero en la etapa copta del antiguo egipcio aparece

como Set (Σηθ). En la forma *Sutakh debemos ver una palabra

compuesta *Sut-akh, procedente de *Set-eš, en el que la terminación

-akh significa majestad, un título que sólo se reserva a Set y a Ra. El

nombre Set está en el origen del hebreo Satán y del árabe Shaitán

(Šayṭān). Los puebos de lenguas semíticas lo relacionaron con Baal

(que está en el origen del nombre Belcebú) y los griegos y romanos con

Tifón.

81


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83


84


Satanismo

85


86


La amenaza satánica

La célebre novena declaración satánica de Anton LaVey dice: "Satán ha

sido el mejor amigo que la Iglesia siempre ha tenido, ya que la ha mantenido en el

negocio todos estos años" 5 . Y no sólo a la Iglesia como institución: una

extensa caterva de "demonólogos", "exorcistas" y "expertos en sectas

satánicas" cristianos obtienen excelentes beneficios con libros,

conferencias y apariciones en los medios de comunicación en los que

explotan sin recato el infantil miedo al Diablo de los feligreses,

difundiendo toda clase de fábulas morbosas y truculentas sobre el

Satanismo y sus seguidores. Los libelos de estos "expertos" —curas y

beatos de todo pelo, a los que se suman algunos periodistas

sensacionalistas poco escrupulosos— han hecho creer a mucha gente,

especialmente a la más desinformada e impresionable, que los

satanistas constituyen una amenaza pública, porque realizarían rituales

secretos que implicarían secuestros, abusos y asesinatos. Las

acusaciones de estos nuevos inquisidores son tan falsas y malintencionadas

como las de sus predecesores históricos, pues sólo es su

impotencia efectiva para enviar a la tortura y a la hoguera a los

"seguidores del Diablo" de hoy lo que les diferencia en realidad de los

inquisidores de antaño.

En una vieja estratagema —que al parecer ya utilizó contra ella el

propio Estado romano, al acusar en su día a los primeros cristianos de

practicar el canibalismo—, la Iglesia ha presentado a todos los

colectivos que deseaba exterminar con tintes monstruosos y criminales,

inventando para ello todo tipo de historias atroces y repulsivas que

provocaran inmediatamente el deseado clima de linchamiento y sed de

sangre de la población. Y a lo largo de la historia no han sido pocos los

planes eclesiásticos de genocidio, dentro y fuera de las fronteras

5 A. LaVey. La Biblia Satánica. 1969: "Las nueve declaraciones satánicas".

87


europeas. David Frankfurter, profesor de historia de la religión de la

Universidad de New Hampshire, ha demostrado que los modernos

relatos sobre supuestas atrocidades cometidas por los satanistas son

simplemente una versión actualizada del tipo de acusaciones vertidas

en otros tiempos por la Iglesia contra los paganos, los herejes, los

judíos o las brujas 6 . Sobre todos estos colectivos disidentes, que la Iglesia

pretendía borrar del mapa a toda costa, se fabricaron falsas crónicas

que los mostraban practicando "crímenes rituales", en especial abusos y

sacrificios de niños 7 . Estas acusaciones inventadas, que justificaron la

persecución y el asesinato —esta vez bien reales— de muchos

miembros de estas comunidades minoritarias, reciben en los estudios

históricos el nombre genérico de libelos de sangre.

Incluso las imágenes utilizadas son básicamente las mismas a través de

los siglos: los "enemigos de la Iglesia" (cátaros, judíos... satanistas)

llevarían a cabo en secreto y de forma regular blasfemas parodias de la

misa católica, en las que un niño secuestrado sería torturado y

asesinado para obtener su sangre. Pero indefectiblemente estas

historias, cuando han sido investigadas, se han revelado totalmente

falsas. Ni los albigenses, ni los judíos, ni los satanistas realizaban o

realizan "crímenes rituales", ni buscaban o buscan niños para sus

actividades ceremoniales. 8

La visión del Satanismo moderno como un movimiento acechante,

peligroso, criminal, ha sido alentada desde los círculos eclesiásticos e

integristas cristianos, y se ha difundido en Occidente por muchos

6 D. Frankfurter: Evil Incarnate. Rumors of Demonic Conspiracy and Ritual Abuse in History.

Princeton University Press, 2006. Del mismo autor: "Le Mal et ses Complots

Imaginaires. Du Cannibalisme des Premiers Chrétiens aux Abus Rituels Sataniques".

Terrain vol. 50 (2008), pp. 14-31.

7 Merece la pena leer a J. M. Perceval: "Un Crimen sin Cadáver: el Santo Niño de la

Guardia". Historia 16 vol. 202 (1993), pp. 44-58.

8 No puedo dejar de señalar aquí que la falta de pruebas de estas supuestas prácticas

contrasta llamativamente con la bien demostrada reiteración de delitos de pedofilia

entre los sacerdotes católicos, precisamente los autores de esas truculentas historias

protagonizadas por niños que han servido para acusar a sus enemigos. Los frecuentes

casos de pedofilia entre el clero católico sólo modernamente están siendo llevados a los

tribunales, y demostrados allí sobradamente, pero parece sin duda una práctica antigua

entre los miembros de esa institución. No habría que descartar que algo de su misma

mentalidad pudiera estar detrás de las repetitivas descripciones, tan morbosamente

minuciosas, de abusos de cuerpos infantiles que pueblan insistentemente los libelos de

sangre de antaño y los panfletos eclesiásticos sobre la amenaza satánica de hoy.

88


medios. El cine ha dejado algunas imágenes imborrables en nuestra

cultura contemporánea, como la célebre película Rosemary's Baby (El

Bebé de Rosemary, traducida como La Semilla del Diablo en España,

estrenada en 1968), que recoge la delirante idea de que los satanistas

querrían tener su propio mesías en la Tierra, y que por lo tanto

andarían buscando mujeres incautas para ser inseminadas por el

mismísimo Demonio. Esta historia del "mesías satánico" se retoma en

otro clásico del cine de terror, la saga de The Omen (La Profecía, 1976-

2006). Y la lista de películas sobre el peligro de las "sectas satánicas" es

interminable —a mi juicio entre las mejores está una de las primeras,

todavía en blanco y negro: Night of the Demon (La Noche del Demonio,

1957).

Todas estas obras de ficción precedieron y acompañaron a un

impresionante movimiento de "caza de brujas" contra los satanistas —

más supuestos que reales— que se desató entre comienzos de los

setenta y finales de los noventa del pasado siglo, especialmente en los

países anglosajones. Este fenómeno mediático y sociológico, impresionante

por su forma de desarrollarse sin ninguna prueba real que lo

sustentase, ha sido conocido como el pánico satánico.

Mucho se ha escrito ya sobre el pánico satánico 9 , especialmente en

Estados Unidos, donde su aparición se unía a una larga serie de pánicos

irracionales que algunos autores consideran endémicos de la sociedad

norteamericana 10 . Debbie Nathan y Michael Snedeker, autores de uno

de los mejores estudios sobre el asunto en ese país, lo definen

sencillamente como "una moderna caza de brujas americana" 11 . A finales de

la década de los sesenta comienzan a expandirse rumores por Estados

Unidos sobre una supuesta actividad en la sombra de grupos satánicos

que estarían "infiltrados" en prácticamente todas las ciudades y

9 Además de los textos citados en otras notas de este artículo: G. Clapton: Satanic

Abuse Controversy. University of North London Press, 1993. M. De Young: The Ritual

Abuse Controversy. McFarland, 2002. R. D. Hicks: In Pursuit of Satan. The Police and the

Occult. Prometheus Books, 1991. J. S. La Fontaine: Speak of the Devil. Tales of Satanic

Abuse in Contemporary England. Cambridge University Press, 1998. G. J. Medway: Lure of

the Sinister. The Unnatural History of Satanism. New York University Press, 2001. J. T.

Richardson y J. Best: The Satanism Scare. Transaction Publishers, 1991. P. J. Stewart y A.

Strathern: Witchcraft, Sorcery, Rumors, and Gossip. Cambridge University Press, 2004.

10 M. Moore: Bowling for Columbine. 2002.

11 D. Nathan y M. R. Snedeker: Satan's Silence. Ritual Abuse and the Making of a Modern

American Witch Hunt. Basic Books, 1995.

89


poblaciones del país, y que se dedicarían en secreto a las prácticas más

horrendas. Cualquier vecino, a pesar de su aspecto corriente —como

"demuestra" el film Rosemary's Baby—, podía ser sospechoso de

"satanista", lo que equivalía a convertirse en un monstruo criminal

extremadamente peligroso. Los contenidos de estas historias

alcanzaban cotas inimaginables de depravación y horror, y su veracidad

parecía estar avalada por las medidas policiales y judiciales que se

ponían en marcha.

Por ejemplo, en marzo de 1991 dos hermanas adultas de San Diego

demandaron a su madre, que tenía entonces sesenta y seis años, por

haberlas violado y torturado cuando eran niñas en el transcurso de

espantosos "rituales satánicos" en grupo, en los que participaba

también su padre, ya fallecido. Las dos mujeres acusaron a su madre y

al resto de miembros de aquel grupo de haberlas obligado a asesinar a

sus propios bebés, frutos de las violaciones sufridas, así como a ejercer

de prostitutas para atraer a indigentes que luego eran sacrificados.

La sentencia del juicio no consideró ciertas las alegaciones de las dos

mujeres. Lo más interesante de este caso es que las dos supuestas

víctimas no recordaban absolutamente nada de estas pretendidas

vejaciones sufridas en su infancia, y que la historia procedía

enteramente de lo que les había "revelado" su psicoterapeuta. Como

señala Jeffrey Victor en su documentado estudio El Pánico Satánico, la

Creación de una Leyenda Contemporánea:

"El elemento central del caso fue la influencia del psicoterapeuta de las dos hijas,

porque ellas decían no tener memoria de las torturas de su infancia, hasta el

momento en que los recuerdos fueron "sacados" por su terapeuta, Tim Maas, un

consejero matrimonial. La formación profesional de Maas se limitaba a una

diplomatura en administración de empresas y un grado ministerial en asesoramiento

pastoral. Era un antiguo ministro de la iglesia evangélica luterana. Sus seis

clínicas, que se proclamaban "de orientación cristiana", estaban tratando en aquel

entonces unos cincuenta casos de "abusos rituales satánicos" y recibían dos nuevos

casos cada mes. Los "terapeutas" empleados eran personas no profesionales

formadas en las propias clínicas." 12

Cuando el veredicto no satisfizo las demandas de las dos hermanas,

éstas declararon que el objetivo de su acción había sido en realidad, y

12 J. S. Victor: Satanic Panic. The Creation of a Contemporary Legend. Open Court

Publishing, 1993.

90


cito de nuevo el estudio de Victor: "ganar publicidad en favor de la realidad

del abuso ritual de niños por parte de cultos satánicos".

El papel de estos terapeutas de ideología fundamentalista cristiana es

clave para entender las aparentes "evidencias" con que contaba el pánico

satánico, pues muchos casos procedían igualmente de "recuerdos"

surgidos sólo tras dudosas sesiones de hipnosis. El hecho de que estos

personajes tuvieran en ocasiones una titulación académica en psicología

ha sido presentado a menudo como prueba irrefutable de la autenticidad

de estos casos que ayudaban a "sacar" de las mentes de sus

devotos y siempre olvidadizos pacientes. Pero los que usan a estos

psicólogos como pruebas de peso para alentar el pánico satánico se

cuidan muy mucho de darles demasiada voz, porque inmediatamente

saldría a la luz el carácter delirante de sus planteamientos: "En los años

noventa el psicólogo D. Corydon Hammond hizo pública una teoría detallada del

abuso ritual, extraída de las sesiones de hipnosis con sus pacientes. En ella alegaba

que estas personas eran víctimas de una conspiración mundial de células clandestinas,

secretas y organizadas, que usaban la tortura, el control de la mente y el

abuso ritual para crear personalidades alternativas que pudieran ser "activadas"

con palabras clave, y que eran entrenadas como asesinos, prostitutas, traficantes de

drogas y como trabajadores infantiles del sexo (utilizados para producir pornografía

infantil). Hammond defendía que sus pacientes le revelaron que la conspiración

estaba dirigida por un médico judío de la Alemania nazi, que ahora trabajaba

para la Agencia Central de Inteligencia, y que tenía como objetivo la dominación de

todo el planeta por parte de un culto satánico" (Wikipedia).

Uno de los casos más sonados del pánico satánico, también uno de los

primeros, se conoce generalmente como Michelle Recuerda, en alusión al

título del best-seller que terapeuta y paciente escribieron juntos, tras

contraer matrimonio. Lawrence Pazder, el psicólogo, un ferviente

católico canadiense, conoció a la que sería su esposa y suministradora

de material para su libro, Michelle Smith, en 1973. En 1978 viajaron

juntos al Vaticano para alertar a las autoridades eclesiásticas del peligro

de los "crímenes rituales satánicos". En 1980 apareció el libro que les

haría célebres y que se publicitaba en su portada como The shocking true

story of the ultimate evil: A child's possession by the Devil! ("Una sobrecogedora

historia real de extrema maldad: ¡La posesión de una niña por el Diablo!").

Como en el caso de las dos hermanas de San Diego, Michelle sólo

comenzó a "recordar" bajo hipnosis, una técnica que —pese a lo que

suele creer el gran público— no garantiza en absoluto la veracidad de

91


los relatos de los que se someten a ella, sino que es al contrario un

marco idóneo para inducir falsos recuerdos y estimular la apariencia de

autenticidad de todo tipo de imágenes fantásticas 13 . El libro de Pazder y

Smith está completamente desprestigiado hoy, y muchas de las figuras

del clero norteamericano que en su momento le manifestaron su

simpatía se han desmarcado públicamente de él en los últimos años. De

hecho los datos objetivamente comprobables del libro han resultado

ser todos falsos.

Por ejemplo, Michelle Smith decía haber logrado "recordar" una

celebración satánica de cientos de personas durante ochenta y un días

ininterrumpidos en el cementerio de Ross Bay (Victoria, Canadá), pero

el citado cementerio está rodeado por tres de sus lados por grandes

bloques de pisos, y ninguno de sus vecinos se percató de nada inusual

en aquellos años. En un primer momento, Pazder y Smith llegaron a

afirmar que la inmensa celebración fantasma era obra de la Iglesia de

Satán, pero cambiaron rápidamente de idea cuando Anton LaVey les

amenazó con una demanda. Prefieron decir que se trataba de un grupo

satánico desconocido.

Una acogida mediática sin precedentes recibió en esos años del pánico

satánico el proceso contra un parvulario de Manhattan Beach

(California). En 1983 la familia McMartin, propietaria del establecimiento,

fue acusada por algunas madres de estar realizando "rituales

satánicos" con sus hijos, en los que se producían actos de sodomía y de

bestialismo. El caso se llevó a los tribunales en 1984 y obtuvo un

veredicto definitivo en 1990, en lo que se considera el juicio más largo

y más costoso de toda la historia de los Estados Unidos. La familia

McMartin fue absuelta sin cargos, por falta absoluta de evidencias que

corroboraran lo que decían los niños. Por ejemplo estos decían haber

sido conducidos por los McMartin a unos túneles secretos bajo el

parvulario, donde se habrían celebrado los "rituales". Pero la

investigación directa de la policía, así como los archivos municipales, e

incluso los escáner, demostraron que el subsuelo del centro era macizo,

sin ningún tipo de túneles o pasadizos.

Por otra parte las declaraciones de los niños eran claramente

fantásticas: dijeron haber viajado en globo, haber visto brujas volando

13 H. Wakefield y R. C. Underwager: Return of the Furies. An Investigation into Recovered

Memory Therapy. Open Court Publishing, 1994.

92


en escobas y haber sido introducidos en los túneles succionándolos a

través de las tazas del water (como en los comics más depresivos de

Crumb). Cuando se le mostraron algunas fotografías, uno de los niños

reconoció al actor Chuck Norris como uno de los "sacerdotes"

satánicos. Unos años después del veredicto algunos de los niños, ya

adultos, confesaron públicamente haber mentido, aunque la triste fama

del caso llevó al cierre definitivo del parvulario.

La histeria antisatánica concluyó, al menos en su forma más

exacerbada, a finales de los noventa, cuando la falta de consistencia de

todas estas acusaciones condujo al FBI y a otros departamentos de

seguridad norteamericanos a concluir oficialmente que el "abuso ritual

satánico" era un mito 14 . Durante los juicios llevados a cabo en esos años

se pusieron en evidencia una y otra vez los prejuicios puritanos y

fundamentalistas que subyacían a esta moderna "caza de brujas". La

estética dark o cercana al black metal de muchos jóvenes norteamericanos

fue suficiente para considerarlos más que sospechosos de

practicar "crímenes rituales". Burk Sauls, en un artículo sobre uno de

los procesos, señala que: "Los libros de Stephen King se utilizaron como

pruebas de cargo al no poder encontrarse ninguna prueba real. Se mostraron en el

juicio camisetas de conciertos de color negro como evidencia de que un adolescente era

capaz de matar a tres niños de ocho años. Se leyeron ante el jurado letras de

canciones de Blue Oyster Cult y de Pink Floyd para demostrar que los acusados

eran culpables". 15

Entonces, y para terminar: ¿No se han cometido nunca en el mundo

crímenes vinculados a la simbología satanista? Ciertamente sí. Pero

estos crímenes han sido obra de determinados psicópatas homicidas

que han utilizado imágenes o términos satánicos sólo como una burda

forma de realzar el terror que deseaban imponer a su paso. Sus

atrocidades no se producían en ningún contexto "ritual" ni formaban

parte de los postulados o de las actividades de ningún colectivo

satanista. Estos dementes creían ser "Satán" como creían ser

"Jesucristo" —algunos célebres casos han dicho ser ambos indistintamente—,

o se consideraban "el brazo de Dios" llamado a "acabar

14 B. Douellet: "La Croisade contre les Satanistes". Théologiques vol. 5/1 (1997) pp.59-

88. D. Vera: Against Satanic Panics. 2006.

15 B. Sauls: Les Meurtriers de "Robin Hood Hills". 2001. Véase también: M. W. Anderson

y B. Savory: The Last Pentacle of the Sun: Writings in Support of the West Memphis Three.

Arsenal Pulp Press, 2004.

93


con el pecado", etc. De hecho, la megalomanía enfermiza de estos

sujetos les ha llevado a preferir en la mayoría de los casos los símbolos

bíblicos. No sería justo achacar a los cristianos como colectivo todos

los crímenes de homosexuales, strippers y prostitutas realizados por

desequilibrados que han creído oír la voz de "Dios" eligiéndoles para

terminar con "el pecado" en las calles. Del mismo modo habría que

proceder cuando este tipo de enfermos deciden nombrarse a sí mismos

nada menos que "Satán".

Uno de los casos más tristemente célebres es el del asesino en serie

norteamericano Richard Ramírez, autor de cerca de una veintena de

crímenes en California, que profirió en el juicio el nombre "Satán" y se

dibujaba ocasionalmente pentagramas en las manos. Ramírez no

aprendió de ningún colectivo satanista sus atrocidades, sino de un

veterano del ejército de los Estados Unidos. Como se señala en

Wikipedia: "Cuando Ramírez tenía trece años empezó a pasar mucho tiempo con

su primo Mike, un veterano de las Fuerzas Especiales en la guerra de Vietnam.

Mike logró fascinar a Ramírez con fotos polaroid de mujeres vietnamitas que se

jactaba de haber torturado y asesinado. Los dos pasaron mucho tiempo juntos

dando vueltas en coche y, según Ramírez, su primo le enseñó cómo disparar y cortar

a la gente para conseguir 'el máximo efecto'." Durante el juicio de Ramírez,

una de las "pruebas" más sólidas presentadas en alegación de su

supuesto "satanismo" fue su afición por el grupo AC/DC (!). Judas

Priest o Marilyn Manson han tenido también que hacer frente, en

distintos momentos de sus carreras, a acusaciones de ser los

"inspiradores" de psicópatas y desequilibrados, como si los estragos de

la enfermedad mental necesitasen de alguna justificación ideológica

real.

94


En los orígenes del Satanismo

Es su uso, más que su etimología, el que determina el significado real

de las palabras. En un sentido literal, Satanismo abarca cualquier

ideología o corriente que reivindique la figura de Satán, sea cual sea el

significado que se le quiera dar a este símbolo. Pero a lo largo de su

andadura en Occidente en los dos últimos siglos, el término Satanismo

se ha ido revistiendo de contenidos bastante precisos.

La primera formulación acabada del significado contemporáneo de

Satanismo se debe sin duda a Anton Szandor LaVey, fundador de la

Iglesia de Satán (1966) y autor de la Biblia Satánica (1969). Incluso los

detractores de LaVey —que abundan entre los que hoy se consideran

satanistas, especialmente entre los llamados teístas o espirituales— son

deudores obligados de sus planteamientos. A LaVey se le ha criticado

"el que muchas de sus ideas no son originales, y que su filosofía está conformada en

su mayoría por piezas y retazos de filosofías de otros autores a quienes ha

recompensado según su estilo y gustos propios" 16 , pero es precisamente su

aportación el reunir todas estas corrientes de pensamiento y

sintetizarlas bajo la denominación de Satanismo. LaVey no es el autor

de cada una de las líneas que confluyen en el Satanismo, pero sí el

primero que las hace converger y las presenta de forma coherente.

En esta concepción, el Satanismo es una corriente en la que se reúnen

las modernas filosofías iconoclastas, vitalistas y antiespiritualistas de

autores como Sade y Nietzsche por un lado, y las tradiciones estéticas y

simbólicas de los grupos de "adoradores del Diablo" que han surgido a

lo largo de la historia del Cristianismo por otro. Satán se convierte a

partir de LaVey en la figura que representa el triunfo de la Voluntad

personal sobre cualquier moral social coercitiva. Dios, el enemigo de

Satán, encarna a todos los órdenes impuestos, revistan o no un aspecto

16 S. Flowers: Lords of the Left-Hand Path. 1997.

95


directamente religioso, y Satán a la indomable fuerza vital que se atreve

a rebelarse contra ellos. El satanista es aquel que no acepta la existencia

de ningún dios por encima de sí mismo, lo que ha llevado a Dyrendal a

definir al Satanismo como una forma de autorreligión (self-religion) 17 .

Resulta significativo en este contexto que uno de los últimos textos de

Nietzsche lleve como título El Anticristo, como si el filósofo del

martillo presagiara la fertilidad de su pensamiento en clave diabólica.

El Satanismo es heredero pues de las escuelas de filosofía modernas

que cuestionan el doblete moral Bien / Mal en el que se basan todas las

religiones y éticas represivas. Es seguidor especialmente de las

corrientes que, para desmontar esa dualidad, reivindican irreverentemente

el lado maldito de estas tablas de valores: las que deciden

presentarse como partidarias del "Mal". Sade escribe a finales del siglo

XVIII: "El espíritu humano es sólo la acción del Mal sobre una materia sutil,

una materia que sólo puede moldearse por el Mal" 18 . Reivindicar el Mal, el

polo condenado de toda imposición moral, supone enfrentarse al

poder que se ha erigido por su parte como el "Bien", declararse su

irreductible enemigo, para precisamente socavar los principios sagrados

que sostienen ese tipo de construcciones ideológicas.

Del mismo modo, el Satanismo contemporáneo es descendiente de los

individuos y grupos que desde la imposición del Cristianismo en

Europa han reivindicado, por diferentes motivaciones, seguir o adorar

al ominoso Príncipe de las Tinieblas que se describe en los textos de

esta religión. Aunque de hecho es difícil establecer un culto a Satán, al

menos como movimiento colectivo, antes del siglo XIX. Las

referencias anteriores a ese momento son en su mayoría sólo acusaciones

insidiosas vertidas por inquisidores y cazadores de brujas, y no

disponemos de las versiones al respecto de los propios implicados. El

célebre manual contra la brujería titulado Malleus Maleficarum (Martillo de

Brujas), publicado por primera vez en 1486, no escatima en descripciones

de "seguidores del Diablo" para justificar la persecución y el

asesinato de decenas de miles de mujeres europeas. Como escribe el

propio LaVey: "Siempre se ha dicho, y con razón, que todos los libros escritos

sobre el Diablo han sido redactados por los agentes de Dios. Por consiguiente es

17 A. Dyrendal: "Darkness Within", en J. Petersen: Contemporary Religious Satanism.

2009.

18 Marqués de Sade: Juliette, ou les Prospérités du Vice. 1797. Citado por M. Chornyisyn:

The Nature of Satanism as History. 2010.

96


muy fácil comprender cómo surgió cierta especie de adoradores del Diablo a través de

las invenciones de los teólogos". 19

Hay casos históricos notables de "satanistas" antes del siglo XIX, pero

es fácil darse cuenta de que esa etiqueta, impuesta indefectiblemente

por sus enemigos, era un anatema que servía para encubrir persecuciones

personales movidas por todo tipo de intereses espúreos. Entre

los testimonios conservados más significativos está el célebre Affaire

des Poisons ("el caso de los venenos"), una caza de brujas acaecida en

Francia en el siglo XVII en el entorno de la corte de Luis XIV, el "Rey

Sol". Entre los casos incluidos en este affaire destaca el de una quiromante

y preparadora de filtros mágicos, Catherine de Monvoisin, un

abate católico, Étienne Guibourg, y una amante del rey, Mademoiselle

des Œillets, que fueron acusados de hacer "misas negras" en favor de la

marquesa de Montespan, otra amante de Luis XIV. Las actas del

proceso refieren que el cuerpo desnudo de la propia Madame de

Montespan, o de Mademoiselle des Œillets en su ausencia, sosteniendo

en las manos dos velas negras, servía de altar para esas ceremonias, en

las que la hostia era consagrada de forma obscena y luego se empleaba

para hacer las pociones que garantizaban el amor incondicional del rey

hacia la marquesa. Parece que en estas "misas negras" se utilizaban

elementos del grimorio medieval conocido como Libro de Honorio. En

las actas del proceso puede leerse que:

"La [Mon]voisin hizo un conjuro en presencia de la Des Œillets con el objeto de

ejercer un encantamiento sobre el Rey. Estaba acompañada de un hombre y, como

era necesario tener fluidos de los dos sexos, la Des Œillets, cuando tenía sus meses,

vertía en el cáliz sus menstruos y el hombre que la acompañaba vertía su esperma

en el cáliz. Luego la Des Œillets y el hombre echaban sangre de murciélago y

harina para dar más cuerpo a toda la composición". 20

En las referencias a estos "satanistas" de la historia abundan indefectiblemente

las descripciones de "misas negras", unas pretendidas

ceremonias infames que se convertirían en elementos imprescindibles

de los "adoradores del Diablo" según sus perseguidores. LaVey en la

Biblia Satánica expone la utilidad de estas historias: "Es fácil entender el

éxito que tuvieron los relatos sobre misas negras en mantener a los fieles devotos en

19 A. LaVey: La Biblia Satánica. 1969.

20 R. Schwaeblé: Le Sataniste Flagellé. 1912.

97


el seno de la Iglesia. Ninguna persona "decente", al enterarse de tales blasfemias,

podía dejar de tomar partido por los inquisidores".

Las "misas negras" eran supuestas parodias de la misa católica, en las

que el propósito era escarnecer a Dios a través de los elementos de la

comunión, en los que se encontraba representado, y dar rienda suelta a

continuación a todo tipo de actos blasfemos y delictivos. Sin duda hay

ejemplos fehacientes en la historia de simulacros de misas oficiados

con propósito irreverente, ya desde los tiempos de los goliardos y los

Carmina Burana medievales: misas celebradas en honor de Baco, no de

Jesucristo, que conectan de algún modo con los sabbats o aquelarres,

que Aleister Crowley consideraba fiestas dedicadas a Pan. 21

Pero el Satanismo como movimiento colectivo, y reivindicado explícitamente

por sus propios practicantes, no surge en Europa hasta el siglo

XIX, especialmente a finales de esa centuria y en la ciudad de París. La

capital de Francia aparecía ante el mundo en aquellos años como una

ciudad especialmente libre y cosmopolita, reclamo y refugio de

creadores de todos los países, que contrastaba ostensiblemente con la

mojigatería pública del Londres victoriano. En la segunda mitad de ese

siglo París es también el centro de los debates ocultistas: en esta ciudad

y en esos años conviven Eliphas Lévi, Allan Kardec, Helena Blavatsky,

Jules Bois, Stanislas de Guaita, Papus... y a ella llegarán para estudiar

Samuel MacGregor Mathers y Arthur E. Waite (autor de un libro sobre

este mundo: El Culto al Diablo en Francia, 1896). Son los años del

decadentismo y del (neo)gótico en el arte y la literatura, que quedarán a

partir de ahí vinculados indisolublemente a la estética del Sendero

Siniestro moderno.

La libertad general para evocar lo macabro y lo irreverente en los

ambientes parisinos, a diferencia de las estrictas normas de la capital

inglesa, se muestra en una acotación de la versión para teatro que

Crowley hizo en aquellos años del relato de Edgar Allan Poe El

Corazón Delator. Tras matar a su padrastro Martin, el personaje de Jack

se limita en la obra a mirar a su alrededor. Crowley añade en una nota:

"En Francia, el cuerpo de Martin desaparecería bajo el escenario por una trampilla

y sería reemplazado por un maniquí. Jack sacaría los ojos de este maniquí con su

21 A. Crowley: De Nuptiis Secretis Deorum cum Hominibus, editado en F. King: The Secret

Rituals of the OTO, 1973.

98


navaja. Sangrarían horriblemente. Jack haría las observaciones correspondientes...

Pero en Inglaterra, él simplemente mira a su alrededor." 22

Lo oculto y lo macabro están presentes en el París del siglo XIX de

manera emblemática en el Cabaret del Infierno y el Cabaret de la

Muerte, locales nocturnos donde el público se sentaba entre ataúdes y

esqueletos, y asistía a las sobrecogedoras "fantasmagorías" producidas

por los mecanismos de las "linternas mágicas". La entrada al Cabaret

del Infierno se hacía a través de las enormes fauces de un demonio.

En los ámbitos artísticos más vanguardistas de la ciudad, Satán

comienza a ser representado como una figura positiva, atractiva,

símbolo del eterno rebelde. Podemos decir que esta vez, parafraseando

a LaVey, no son los agentes de Dios quienes escriben sobre el Diablo.

El Demonio es el personaje central del Oratorio de Lucifer de Pierre

Benoît, estrenado en el Trocadero en 1883 con enorme éxito (sólo

comparable a su estrepitoso fracaso en Londres unos años más tarde).

Baudelaire había publicado ya unas "Letanías de Satán" en su libro Las

Flores del Mal (1857). En este poema, el Demonio es el inspirador de la

rebeldía y la dignidad:

"Tú que das al perseguido esa altiva mirada

que desde el cadalso condena a un pueblo entero..."

El mismo Victor Hugo escribe una larga composición titulada El Fin de

Satán (1886), donde hace aparecer a la figura de "Lilith-Isis" como la

encargada de difundir el mensaje del Demonio por el mundo. Y este

interés por lo diabólico no se reduce sólo a la literatura: el célebre

ilustrador Félicien Rops llena de diablos sus obras irreverentes y

pornográficas, como en la Tentación de San Antonio (1878) y en la

colección de grabados titulada Las Satánicas (1882). La misma línea

seguirán otros artistas de la época, como Martin van Maële, ya en el

cambio de siglo, en su serie de dibujos La Gran Danza Macabra de los

Vivos (publicada en 1905).

Una serie de ensayos en esos años intenta dar cuenta, de manera a

menudo bastante sensacionalista, de la moderna demonología del siglo

y de sus inquietantes seguidores, los nuevos "satanistas" parisinos. He

aludido ya al libro de Waite El Culto al Diablo en Francia. Habría que

añadir en esta línea las sucesivas reediciones durante el siglo XIX del

22 A. Crowley: The Tell-Tale Heart. 1912.

99


célebre Diccionario Infernal de Jacques Collin de Plancy (publicado

originalmente en 1818), autor también de Leyendas Infernales o Relaciones y

Pactos de los Huéspedes del Infierno con la Especie Humana (1861), Leyendas del

Otro Mundo (1862) y Leyendas de los Espíritus y Demonios que Circulan a

Nuestro Alrededor (1864). Léo Taxil publica, con el pseudónimo de

Docteur Bataille, El Diablo en el Siglo XIX (1895), subtitulado La

Francmasonería Luciferina. Y el entonces muy famoso satanista y parapsicólogo

Jules Bois escribe El Satanismo y la Magia (1895) y la obra de

teatro Las Nupcias de Satán (1892), subtitulada Drama Esotérico.

Son aquellos años los primeros del cinematógrafo, patentado por los

franceses Lumière, y las primeras películas rodadas en París recurren

también con frecuencia al Demonio, una figura que permite jugar,

mediante sus travesuras sobrenaturales, con las entonces tan

espectaculares apariciones y desapariciones de personas y objetos en la

pantalla. El Demonio es el protagonista de diversas películas del

pionero Georges Méliès, estrenadas ya en el cambio de siglo, como La

Mansión del Diablo (1896), El Diablo en el Convento (1899), Las Hijas del

Diablo (1903), El Diablo Negro (1905) o El Inquilino Diabólico (1909).

Asumiendo como propias las descripciones de los "adoradores del

Diablo" fabricadas por los inquisidores de antaño, los satanistas

parisinos del siglo XIX se lanzan con entusiasmo a la celebración de

"misas negras", espectáculos obscenos e irreverentes que atraen el

escándalo morboso de una sociedad de fuertes tradiciones católicas. Es

curioso que algunos de los más afamados divulgadores de los

ambientes satanistas de aquellos años fueran fervientes católicos o

personas que abrazarán con fuerza el catolicismo al final de sus vidas,

como los ya citados Léo Taxil y Collin de Plancy, y como Joris-Karl

Huysmans, autor de la mejor y más famosa descripción de estos

círculos: la novela Allá Abajo (1891).

Esas "misas negras" parisinas, a las que empieza a acudir un público

ávido de emociones que se ha ido desencantando de los espectáculos

del espiritismo, son descritas por Crowley de la siguiente manera:

"Un sacerdote renegado reúne en torno a él una congregación de buscadores de

sensaciones fuertes y de fanáticos religiosos. (...) En esta "misa", siempre celebrada

en lugares secretos, preferiblemente en una iglesia abandonada, a medianoche, el

sacerdote se presenta vestido de forma canónica. Pero en su vestimenta hay algún

cambio siniestro, una perversión de su santidad simbólica. Hay un altar, pero las

100


velas son de cera negra. El crucifijo es colocado cabeza abajo. El asistente del

sacerdote es una mujer, y su ropa, a pesar de parecer un hábito eclesiástico, es más

parecida a un vestido de un vodevil lascivo. Ha sido arreglada para que resulte

indecente. La ceremonia es una parodia de la misa normal, con interpolaciones

blasfemas. El sacerdote, sin embargo, debe consagrar la hostia exactamente en la

forma ortodoxa. El vino ha sido adulterado con drogas como la belladona y la

verbena, pero el sacerdote debe convertirlo en la sangre de Cristo. El terrible

fundamento en que se basa la "misa" es que el pan y el vino han aprisionado a la

Deidad. Entonces ambos se someten a horribles profanaciones." 23

Puesto que el guión de estas "misas" ha sido escrito por los

inquisidores y exorcistas de la Iglesia, los satanistas del París del siglo

XIX están centrados en el aspecto blasfemo de estas prácticas, en épater

a los católicos bienpensantes de su época. De aquí la curiosa deriva

ultracatólica de algunos de los más famosos publicistas del Satanismo,

que he señalado más arriba. Son directos herederos de este Satanismo

finisecular, exclusivamente provocador, esos jóvenes "satánicos" de

hoy cuyas máximas hazañas consisten en asustar monjas por la calle o

dar gritos desaforados en las parroquias. Sin la existencia de la Iglesia,

unos y otros se quedarían sin saber qué hacer...

Hemos hablado del fenómeno del Satanismo como un acontecimiento

surgido en la ciudad de París porque aquí tomó una presencia pública

inusitada hasta entonces, pero en cuanto elementos del espíritu de esa

época decadentista y tardorromántica, las alusiones a lo infernal se

producen en todo Occidente durante la última parte del siglo XIX. La

literatura gótica inglesa o alemana rebosa de apariciones de seres del

averno y pactos diabólicos.

Cuando LaVey incorpore la heterogénea tradición del Satanismo del

siglo XIX en su concepción moderna de lo satánico, tendrá el buen

criterio de prescindir de los aspectos meramente sacrílegos, tan

estériles, de ese Satanismo obsesionado en una bronca personal con los

clérigos cristianos. Dejará a un lado las "misas negras" tal como fueron

así concebidas. Pero tendrá al mismo tiempo el buen gusto de recoger

todo lo que ese Satanismo decimonónico tuvo de creatividad, de

genialidad artística en sus espectáculos, de búsqueda denodada del

placer y de la vida apasionante. En este sentido los satanistas siempre

nos sentiremos los orgullosos hijos del Cabaret del Infierno.

23 A. Crowley: Black Magic is not a Myth. 1933.

101


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A los oscuros devotos

¿Por qué convertís a Satán, a Lucifer, en un dios? ¿No podéis pensar sin

dioses, tanto os marcaron los curas? ¿Necesitáis adorar cosas, sentiros

insectos ante fantasmas gigantescos? ¡Y vosotros creéis ser los

"enemigos del Cristianismo"...!

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De la maldad

El desorden institucional

Si coges un mazo de cartas ordenado y lo barajas, quedará desordenado.

Si coges un mazo de cartas desordenado y lo barajas, no

quedará ordenado. La realidad no se divide entre orden y desorden,

sino entre incontables desórdenes. Lo que llamas el orden de las cartas

es sólo uno de sus muchos desórdenes posibles, una mera opción de la

realidad cambiante. Pero es un desorden determinado, que consideras

que es diferente de los demás porque es el desorden recomendado por

el poder. El desorden institucional.

Los fundadores de religiones son personas de gran capacidad de

seducción que se alían a algún grupo de presión para instaurar un

desorden institucional determinado. Naturalmente, un desorden que

convenga a los intereses de ese grupo. El trabajo de los fundadores de

religiones es explicar por qué ese desorden sería diferente de los demás:

el deseable, el "natural". A ese desorden elegido le llaman

indefectiblemente Orden y Bien... Y Desorden y Mal al resto de las

infinitas posibilidades de la realidad. Por eso el Mal es siempre tan

creativo, tan diverso, tan imprevisible. Y por eso también el Bien es tan

monótono, tan predecible, tan aburrido. Por eso para toda religión es

tan fácil ser pecador y tan difícil ser santo. El desorden que una religión

elige como Bien es prácticamente inencontrable, si se deja al azar de la

vida el topárselo. Desde este prisma, lo que la vida ofrece sin tregua

son posibilidades del Mal, desórdenes inexplorados, no descritos, y por

lo tanto temidos y condenados. El "alma" cristiana, por ejemplo, no

deja nunca de luchar contra la "tentación", que le llega insidiosamente

105


de todo lo que la rodea. La "tentación": la natural sospecha de que lo

que llama el Bien es sólo un desorden posible, y que cualquier otro le

sería en el fondo equiparable.

La liberación del Bien y del Mal

La primera liberación del satanista debe ser contra la dualidad Bien /

Mal, en todos los terrenos en que se presente, y para ello elige

formalmente como punto de partida el Mal, que es el terreno de la

vastísima realidad no descrita, no domesticada. El Demonio es el rey

del Mundo y el rey del Mal, se lamenta el "alma" cristiana siempre

sitiada, siempre amenazada por el azar, aferrada a la esperanza de una

tirada de dados que no se produce. Es necesario doblegar al mundo

para que prevalezca la ficción de que el orden de la religión representa

el cincuenta por ciento de la realidad, la mitad de las opciones de la

vida: lanzar los dados lastrados, negar la evidencia, no ver sino a través

de los ciegos ojos de la fe.

¿Qué es el Mal? La fuerza indómita del caos, las infinitas posibilidades

de la vida. No una vocación de hacer daño a los demás, como piensan

algunos molestos resentidos disfrazados de satanistas: Es suficientemente

sabido que los detentadores del Bien han hecho y hacen

mucho daño a los demás. ¿Por qué el Mal reivindicaría el daño, cuando

son precisamente los dioses los que gustan presentarse como los

grandes castigadores? Si hay dolor en la experiencia de la maldad, no

procede de las delicias de la tentación, sino de la venganza rencorosa de

un dios despechado.

Pero para las religiones el Mal no es sino el Bien boca abajo, el otro

lado de un extrañamente simple mundo dual. Se puede ser "malvado"

entonces de dos formas: de la forma que podríamos llamar religiosa,

siendo la lastimera sombra del Bien, su simple copia en negativo; o de

la forma satánica, asumiendo como propia la pluralidad y multiplicidad

de la realidad que el Bien no acepta ni puede abarcar. Ser "malvado" al

estilo religioso nunca terminará con el reinado del Bien, porque lo

necesita constantemente como antimodelo. Ser "malvado" al estilo

satánico supone iniciar una sublevación por la vida que sólo puede

106


triunfar si logra situarse más allá del Bien y del Mal. El camino religioso

del Mal no acepta que el Bien es sólo una posibilidad más del desorden,

un desorden institucional, sino que cree firmemente que es el orden al

revés, como cuando se hace una lista alfabética inversa. El "malvado"

que no se ha liberado de la religión acepta ese orden y parte fielmente

de él para construir el suyo. Y su gran rebelión es sólo darle la vuelta:

La cruz boca abajo.

Ser "malvado" desde el punto de vista satánico es ser pagano, lejano,

viajero, habitar fuera de las murallas de la estrecha polis del Orden y su

Bien. Porque aprender al revés de los curas es seguir aprendiendo de

los curas. El satanista religioso, o pseudo-satanista, es un sacerdote

boca abajo, un espectáculo verdaderamente grotesco. La lista de

"pecados capitales" no es una lista secreta de virtudes, ni la lista de

"virtudes teologales" una lista de errores, si se las lee con ayuda de un

espejo, como hacía Leonardo. Como en toda bazofia propagandística

destinada a confundir a la masa, en las listas de "mandamientos" y de

"pecados" de todas las religiones hay muchos conceptos huecos,

verdades a medias, trucos de oradores, efectismo... Nada aprovechable

de esa sopa turbia para un amante de la vida. Ser envidioso, glotón,

perezoso, engreído, rijoso, tacaño y cascarrabias como un modo de ir

"contra los curas" es sólo una forma de ser idiota.

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Magia Negra

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Los modelos de la Magia

La mayoría de la gente de hoy, del mismo modo que cree todo lo que le

dicen por televisión, no cree en la Magia. Pero parece realmente que en

lo que no cree es en las distintas explicaciones que les atribuye a los

procesos mágicos. Sucede algo similar con la llamada parapsicología. La

mayoría de la gente que no "cree" en los fenómenos paranormales no

cree en realidad en la posibilidad de que las personas fallecidas puedan

seguir actuando sobre el mundo real, pues esta es su única explicación

posible para esos fenómenos (la explicación espiritista). Si se le facilita

otra explicación de la actividad paranormal, por ejemplo que sea

producto de la mente subconsciente, puede entonces que acepte sin

tantos problemas su existencia.

Nuestro proceso de aceptación de la realidad parece por lo tanto seguir

siempre este camino: Recibimos todos los nuevos datos con una causa

o explicación incorporada (a estas explicaciones las llamaremos aquí

modelos, otros las llaman paradigmas). Si la explicación que tenemos para

lo que hemos percibido no nos convence... entonces no debemos

haberlo percibido realmente. Padecemos un miedo atroz a que la

realidad se nos quede "inexplicada", a que puedan manifestársenos

partes del Universo "sin lógica". Nos tenemos por muy científicos en

nuestra modernidad tecnológica, pero seguimos un método muy poco

empírico de discernir qué es real y qué no: anteponemos la explicación a

la evidencia. Y sencillamente nos negamos a admitir aquello que no

podemos explicar.

Así pues, las personas que no "creen" en la Magia suelen no creer en

realidad en alguna explicación determinada de la Magia. Por ejemplo,

que existan dioses o demonios en algún otro lugar del Universo y que

puedan ser convocados por el mago, lo que luego llamaremos aquí el

modelo espiritual de la Magia. Para esas personas esta explicación es

111


sencillamente la única posible (la única que conocen). Como les resulta

muy improbable, la Magia en sí no tiene para ellos visos de realidad.

La Magia no es una ideología ni una religión, y por lo tanto no exige fe.

Por el contrario, es un conjunto de técnicas eminentemente prácticas,

experimentales, perfeccionadas a través de los tiempos en función

únicamente de sus resultados observables. La Magia no supone

ninguna visión predeterminada del Universo. Nuestra cultura

occidental ha ido produciendo explicaciones de lo que consideraba

mágico en función de la evolución de sus creencias generales sobre la

llamada realidad. Por ejemplo la visión del mundo religiosa, teísta,

impuesta por las iglesias y dominante de modo exclusivo durante

tantos siglos (Occidente como Cristiandad), ha producido el llamado

modelo espiritual de la Magia. Los descubrimientos del psicoanálisis a

comienzos del siglo XX han generado el modelo psicológico.

Parece que solemos preferir uno u otro modelo, sobre la Magia o sobre

cualquier otro aspecto de la realidad, en función de su prestigio social.

Tememos quedar marginados del grupo con alguna fe poco

presentable, minoritaria, extravagante. Y en este sentido, entre todos

los modelos mágicos, el que goza de más prestigio social en nuestros

días es sin duda el modelo psicológico.

No convendría olvidar en ningún momento que los modelos son sólo

explicaciones, es decir discursos sobre una cosa, no la cosa misma. Como

dicen los teóricos de la Programación Neurolingüística, "el mapa no es el

territorio" (Korzybski). En el caso de la Magia, todos los modelos

parecen estar, por decirlo así, igualmente equidistantes de la realidad,

por más que la presión social de cada etapa de nuestra cultura nos

predisponga a uno u otro. Ninguno es plenamente satisfactorio, si

analizamos detenidamente sus postulados y los confrontamos con las

evidencias reales de la experiencia mágica.

Aquí se estudiarán cuatro modelos para explicar la Magia:

El modelo espiritual

El modelo energético

El modelo psicológico

El modelo solipsista

112


Sería un acto de burdo eurocentrismo extrapolar estos modelos a todas

las sociedades del planeta, es decir suponerlos universales. Se trata de

explicaciones que sólo tienen sentido dentro de la cosmovisión de la

cultura occidental. Pretender que los chamanes de determinada

sociedad indígena de Asia o América comparten nuestro modelo

espiritual de Magia, es presuponer que comparten nuestras dicotomías

occidentales, platónicas, de alma / cuerpo, espíritu / materia, etc.

Seguramente hay modelos alternativos de lo mágico (de lo

chamánico...) en otras culturas, pero se basarán en las categorías sobre

el mundo de esas culturas, no en las nuestras.

El modelo espiritual

El modelo espiritual explica los procesos mágicos a partir de la creencia

previa en personalidades autónomas que habitan en planos de la

realidad no perceptibles para los humanos. La Magia sería así una

técnica para la comunicación con esas personalidades y eventualmente

para conseguir su manifestación y ayuda. Las entidades a las que hace

referencia este modelo han recibido muchos nombres: dioses, demonios,

ángeles, duendes, espíritus... y han sido descritas y clasificadas en multitud

de textos místicos y herméticos en función de su carácter (entidades

beneficiosas y perniciosas), de su forma de evocación y de sus poderes.

Este modelo hunde sus raíces en las antiguas mitologías precristianas,

plagadas de personajes sobrenaturales, y continúa a través de toda la

tradición cristiana, hasta alimentar modernamente la mayoría de la

narrativa fantástica y de terror, como en el caso de las impresionantes

razas de otros planos / mundos descritas tan minuciosamente por H. P.

Lovecraft. El espiritismo de Kardec y su escuela comparte también,

evidentemente, este mismo modelo.

La aceptación del modelo espiritual requiere usualmente de un bagaje

previo de cariz religioso, cosa por cierto de la que nadie está libre en

Occidente en los últimos siglos. Creer en Dios predispone luego (en

contextos filosóficos y estéticos aparentemente muy alejados de las

iglesias cristianas) a creer en habitantes de otros planos, seres primordiales,

acausales, etc. Todas las figuras del panteón del neopaganismo no

113


parecen ser sino nuevas búsquedas del viejo Dios, que quedó tan

maltrecho por la desfachatez de los clérigos y sus iglesias.

En este modelo el mago es, antes que nada, un sacerdote, un introductor

de esas personalidades misteriosas en el mundo de los humanos. Todas

sus ceremonias pueden considerarse variantes de la misa, es decir de la

recepción y comunión ritual con seres sobrenaturales. Del mismo

modo, las implicaciones de este modelo en las formas de concebir las

técnicas mágicas son evidentes: Si esos seres son radicalmente ajenos a

uno, es necesario un código común que sea reconocible y aceptado por

ellos. Los rituales mágicos antiguos serían formas ya ensayadas y

probadas de comunicación con esas entidades, cualquier nuevo ritual

correría el riesgo de no llegar a ellas. Esas personalidades ocultas

esperarían un universo simbólico preciso. Queda poco espacio para la

creatividad en este modelo, porque la fidelidad a un lenguaje que ellas

entienden lo sería todo.

El modelo espiritual es el principal responsable del terror en la Magia.

Siglos y siglos de sacerdotes han enseñado que, excepto ante el

fantasma Dios y su cohorte de espíritus (ángeles, santos...), el mortal debe

temer en general la presencia de esas entidades sobrenaturales. Al ser

personalidades distintas de uno, se corre el riesgo de que sean hostiles,

dañinas, en fin peligrosas (Muy cristiano este desconfiar de entrada de

las intenciones del diferente). Como ellas pueden llegar a nuestro mundo,

pero nosotros no al suyo, se suponen más poderosas. Así, al final,

configuran un universo de enemistades inquietantes, que nos podrían

destruir en cualquier momento.

En el miedo a los espíritus hay mucho siempre de los terrores

aprendidos en la etapa infantil — esa etapa tan moldeable que sorprendentemente

ninguna ley hasta ahora, en la laica modernidad occidental,

salvaguarda de la venenosa influencia de los curas. El pavor nocturnus

sigue unido a este modelo, aunque resulte tan inútil reflexionar por qué

esos seres de otros mundos, tan definitivamente poderosos,

disfrutarían haciéndonos temblar uno a uno a los pobres mortales, y

además esperando pacientemente a que apagáramos la luz de la mesilla.

Sólo para el niño cristiano, confuso y aterrorizado que tenemos dentro

esta pesadilla absurda sigue teniendo sentido.

114


El modelo energético

El modelo energético en la Magia puede ser ejemplificado en esta frase de

Franz Bardon: "La vara mágica es un condensador" (en su libro La Práctica

de la Evocación Mágica). En este modelo el mago no entra en

conversación con seres inteligentes de más allá de la percepción, sino

que manipula ciegas e inexorables energías. A los siempre temerosos

seguidores del Sendero de la Mano Derecha no tener que vérselas con

perversos demonios sino con corrientes de energía no les alivia la

intranquilidad: estas energías son peligrosas si se desatan y no se saben

manejar, etc. Los orígenes del modelo energético pueden remontarse

hasta el mesmerismo y sus corrientes galvánicas psicofísicas, y a la energía

Vril descrita por Bulwer-Lytton en uno de los primeros libros de

ciencia-ficción (The Coming Race, 1871), concepto que al parecer fue

considerado real —o tal vez una buena metáfora para explicar cosas—

por la Sociedad Teosófica de Madame Blavatsky.

Las explicaciones occidentales de técnicas orientales como el Reiki o el

Feng-shui se sitúan plenamente dentro de este modelo energético. Es

también el modelo que reina de modo indiscutible en las explicaciones

populares modernas sobre el poder de las pirámides o los efectos de la

luna. Nadie cree que existan espíritus que sean convocados irremisiblemente

por la forma de las pirámides, o que haya demonios que

bajen de la luna a soliviantar los psiquiátricos. Todo aquí se entiende

como energías.

De hecho muchas personas en el cristianismo contemporáneo han

reemplazado al Dios tradicional —demasiado antropomorfo e

impresentablemente patriarcal— por la creencia en una energía

primordial que habría creado y movería el universo (Dios sin rostro). Es

lógico que en la Magia el modelo espiritual haya alumbrado también

esta opción energética. Como la palabra energía es un concepto tan

difuso en la cultura popular, pero tan lleno de poder en nuestra era

industrial, no cuesta nada atribuir a energías no descritas todavía

cualquier fenómeno de cualquier tipo. El modelo energético cuenta

además con un valor añadido de supuesto cientifismo, al haber elegido

una palabra de la física y no de los libros eclesiásticos o de los

grimorios. Pero convengamos en que estas invisibles energías no

descritas son tan etéreas como los espíritus, y que por lo tanto

115


constituyen básicamente también una cuestión de creencia, lo que aquí

estamos llamando un modelo mágico.

El modelo psicológico

Al modelo psicológico habría que llamarlo con propiedad el modelo

psicoanalítico, porque se basa fundamentalmente en la topografía de la

mente propuesta por Freud y su escuela a comienzos del siglo XX.

Según esta corriente psicológica, lo que llamamos pensamiento

consciente es sólo una pequeña parte del universo anímico humano,

apenas la punta de un enorme iceberg. Escondida detrás de la

consciencia estaría una extensa región mental desconocida para

nosotros mismos, el inconsciente o subconsciente, que se nos manifestaría

incidentalmente en los sueños, en los trances hipnóticos o en los actos

fallidos (en los lapsus freudianos). La propuesta del inconsciente supone

multiplicar la profundidad de la personalidad humana, y replantearse el

problema de la responsabilidad de los propios actos y deseos (si la

responsabilidad se halla en la capacidad consciente de decidir).

116


El modelo psicológico de la Magia cree que es con ese vasto y oscuro

territorio interior con lo que el mago toma contacto en su trabajo, y es

desde él de donde procede la capacidad de hacer que los cambios ocurran

de acuerdo a la voluntad. Todo el sistema clásico de los sigilos de la

llamada Magia del Caos, con su simbolismo voluntariamente irracional

y su olvido deliberado, se explica como una estrategia para burlar la

censura, un mecanismo que según Freud mantiene separada la mente de

la que somos conscientes de la mente desconocida. Accediendo a

voluntad a esta mente inconsciente, accederíamos a un poder

magnífico que nos abriría, por una forma de efecto mariposa, la

posibilidad de que el Caos se plegara a nuestros deseos.

Naturalmente, los demonios del modelo espiritual son aquí creaciones de

nuestro inconsciente. Si son beneficiosos, serían pulsiones de vida,

potencialidades. Si son dañinos: pulsiones de muerte, obsesiones. Pero

en todo caso sus personalidades nos serían tan ajenas como las de los

personajes de nuestros sueños.

Como el inconsciente es desconocido y sorprendente por definición,

prácticamente todos los discursos de la postmodernidad recurren en

uno u otro momento a él. Qué sería de nuestra época sin el inconsciente...

Resulta incluso difícil imaginarse a los hombres del siglo XVIII

viviendo en un mundo sin recurso al inconsciente, siendo responsables

de todos sus deseos y errores. El inconsciente freudiano es tan amplio

y oscuro que puede albergar todas las explicaciones que queramos

encontrar para los procesos mágicos, los fenómenos paranormales y

cualquier tipo de prodigio en general. Sobre todo en la forma

vulgarizada de entender el inconsciente que forma parte de la cultura

general de nuestra época. El ámbito y los poderes misteriosos del

inconsciente son tan difusos como las energías o los otros mundos de los

modelos que hemos visto antes. Con la ventaja de que la creencia en

seres de otros mundos o en energías invisibles puede ser embarazosa

ante los demás, mientras que la creencia en el inconsciente es oficial en

nuestros días, forma parte de la cultura de nuestro tiempo.

El único límite que el modelo psicológico podría presentar frente los

otros es su aparente individualidad. Todos los procesos mentales

sucederían exclusivamente "dentro" de cada ser humano, con lo que la

capacidad de actuar sobre el mundo exterior y transpersonal parecería

en principio imposible. Pero nada es imposible para un concepto

difuso. Para muchos practicantes de la Magia este inconsciente

117


freudiano conectaría misteriosamente con terrenos etéreos donde la

realidad es todavía inconcreta y dúctil, y puede por tanto moldearse.

Desde la propia tradición psicoanalítica, especialmente desde los

planteamientos de Jung sobre el inconsciente colectivo y los arquetipos, la

actividad inconsciente tampoco tendría por qué entenderse circunscrita

a los límites del organismo individual.

Ya se han mencionado las ventajas sociales que tiene en nuestros días

asumir una explicación psicológica de la Magia. También hablaré sobre

las relaciones entre Psicología y Magia en otro lugar de este libro.

Entonces no me extenderé más aquí.

El modelo solipsista

Este modelo se resume en el siguiente razonamiento de Aleister

Crowley: "El hombre es capaz de ser, y de usar, todo aquello que percibe; porque

cada cosa que percibe es, en cierto sentido, una parte de su ser. Puede, por tanto,

someter a su Voluntad individual la totalidad del universo del que es consciente."

El solipsismo (de solus "solo" e ipse "uno mismo") nace en la filosofía

como una manera de especular con los conceptos de verdad y realidad

más allá de la experiencia de la percepción subjetiva. Si la percepción

no es una mera recepción pasiva del mundo exterior, como en una

cámara oscura, sino un proceso activo que pone en marcha el propio

individuo, ordenando y recreando lo que percibe, las distancias teóricas

entre percepción y mundo percibido deberían acortarse o desaparecer.

El mundo que percibimos sería finalmente nuestra creación, y por lo

tanto algo que nos pertenecería. En este modelo cambiar cosas en el

mundo es fundamentalmente un acto de autodominio y de control

efectivo de nuestros pensamientos. Los seres humanos jugaríamos al

extraño juego de sufrir por las características de mundos que nosotros

mismos nos creamos, como en las pesadillas uno sufre por los horrores

que está al mismo tiempo inventándose.

Algunos autores incluyen también un modelo informático de la Magia,

un discurso directamente deudor del movimiento cyberpunk en el que la

información se convierte en una fuerza autónoma capaz de actuar

118


sobre los humanos y su realidad. Pero por ahora considero esta versión

informática una variante del modelo energético.

Como se dijo al principio de este texto, todos estos modelos son

fundamentalmente explicaciones sobre la Magia, discursos, no la Magia

misma. Como hijos de nuestra época, necesitamos de estas explicaciones

para poder aceptar racionalmente la Magia... pero la Magia por

su parte existe sin ellas.

119


120


El objetivo de la Magia

El objetivo de la Magia no es para mí hablar con un ceremonioso y

previsiblemente aburrido Ángel de la Guarda, ni llegar a sentirme un

Yahvé (perdón, un Dios...). Para mí la Magia es un camino para

confirmar en la práctica una antigua sospecha: que con nosotros nace

el mundo que vivimos.

121


122


El juego del cambio de paradigmas

Seamos veraces, hablemos de nuestra fantástica capacidad de mentir.

Nos pasamos todo el tiempo engañándonos a nosotros mismos, lo que

también se conoce en los ambientes mágicos cyberpunk como cambiando

de paradigmas. Pero normalmente lo hacemos por unas lamentables

motivaciones de justificación propia, para huir de la responsabilidad de

nuestros actos. Al cabo del día podemos haber sido ácratas (para

reivindicar nuestro derecho universal a comportarnos como queramos)

y reaccionarios (para criticar el comportamiento inesperado de los

otros), campechanos "hijos del pueblo" (frente a los que nos resultan

unos pretenciosos) y exquisitos aristócratas (frente a los que nos

resultan unos patanes). Somos auténticos expertos —bien educados

como estamos en la hipócrita moral cristiana— en mentirnos sobre

nosotros mismos, ya ni reparamos en cuántas veces lo hacemos en sólo

unas horas. Dado que la vida es vibrante, contradictoria, imprevisible,

el mero hecho de pensarnos con coherencia ya conlleva necesariamente

un buen montón de mentiras, estratégicamente situadas. Hace falta

mucho descaro para decir "Siempre he pensado que...".

Los autoengaños del Yo están gobernados por su miedo principal: el

miedo a la falta de orden. Nuestra indomable capacidad de desear tous

azimuts, que conocemos tan bien, nos da pánico. Nuestras

justificaciones son estratagemas bastante burdas que no sirven para

hacer florecer la vida, trepar sobre uno mismo, jugar con nuevas

posibilidades. Evidentemente no las ha convocado una Voluntad

soberana.

Pero aprovechemos lo que hay: Ya que el miedo nos hizo maestros de

una técnica, ¿por qué no usarla conscientemente para propósitos más

interesantes? En vez de correr por la vida cambiando de paradigmas de

forma desbocada, espoleados por la necesidad de salvar a toda costa la

123


pequeña coherencia del Yo, huyendo de nosotros mismos... ¿Por qué

no utilizar nuestras dotes de autoengaño para derribar precisamente las

murallas del Yo? "Deconstruyamos nuestras identidades", que diría el

posmoderno. Cada paradigma es un pequeño Yo, una pequeña

autodescripción del Yo. Cambiando voluntariamente uno por otro,

conscientemente y no en estampida, podremos sentir cuán frágiles y

ridículas son esas certezas del Yo a las que muchas personas están

dispuestas a sacrificar sus vidas. Cambiar voluntariamente de

paradigma es jugar con las autoexplicaciones, perderles el respeto, y por

lo tanto asomarse al caos y la incertidumbre creativa que componen

todo, que nos componen.

Nota: El cambio voluntario de paradigmas es una de las aportaciones

más interesantes de la corriente de la Magia del Caos. Sin embargo el

pionero en la utilización de esta técnica para la Magia es, una vez más,

Aleister Crowley. En su Liber III vel Jugorum dejó escrito: "Mediante algún

recurso, como el cambiarte el anillo de un dedo a otro, crea en ti mismo dos

personalidades, cada una con pensamientos dentro de límites completamente

diferentes, que sólo compartan el terreno de las necesidades vitales. Por ejemplo,

supón que A es un hombre de fuertes pasiones, experto en la Sagrada Qabalah,

vegetariano, y claramente "reaccionario" políticamente. Que B es un pensador

ascético e impasible, dedicado a los negocios y a la vida familiar, carnívoro y

claramente progresista en lo político. No dejes que un pensamiento típico de A surja

cuando el anillo está en el dedo de B, y viceversa."

124


Enseñanzas de Heka

Anotaciones a sus apariciones en textos egipcios

1. Heka (el nombre).

Heka es el nombre en antiguo egipcio para la Magia. Los griegos

consideraban este término, que reescribían como Hike, un equivalente

en el país del Nilo de lo que ellos en el Egeo llamaban Mageia. Heka es

una palabra compuesta (He-Ka) que significa literalmente el uso del Ka.

El Ka es uno de los elementos centrales de la concepción de la vida en

el antiguo Egipto, tan ajena a nuestra perspectiva occidental moderna.

Es difícil hacernos una idea fidedigna de lo que era el Ka, porque para

ello deberíamos pensar y ordenar el mundo de un modo similar a como

lo hacían los egipcios antiguos. Traducir Ka por alma, espíritu —como

hacen tantos— no sirve de mucho, porque lo mismo se suele hacer con

Ba y con tantos otros términos considerados tan distintos entre sí por

los antiguos egipcios. Las culturas son como redes simbólicas, los

signos tienen sentido porque están engarzados unos en otros, y su

entramado total es lo que las personas que viven dentro de esa

sociedad llaman mundo, verdad o realidad. No se pueden estudiar

símbolos sueltos de una cultura, sin conocer el todo en el que cobran

sentido.

Así pues no hay un término concreto en las lenguas europeas

modernas que abarque lo que significaba Ka en el antiguo Egipto. Pero

sí parece haberlo en lenguas de culturas no occidentales, culturas

claramente menos alienadas del cuerpo, de la naturaleza y de los ciclos

de la vida. Así se ha equiparado el Ka egipcio al Prana indio o al Qi

(Ch'i) chino: la energía vital cuya liberación y desarrollo hace completo al

ser humano (Prana en sánscrito está vinculado etimológicamente, por

125


su fuente común indoeuropea, con el latín plenus). El nombre de Heka

enseña que la Magia es básicamente la utilización del Ka (del Prana, del

Qi...). El trabajo de la Magia (la Gran Obra) radica en despertar y hacer

crecer esta fuerza cósmica personal. Todos los poderes y capacidades del

mago dependen de su éxito en hacer fluir y ser dueño de su Ka, ese

proceso que algunos han llamado "llegar a convertirse en un dios" —aunque

a los enemigos de los dioses nos parezca mucho más interesante

llamarlo: "llegar a convertirse en un ser humano pleno".

2. Heka (el signo).

El símbolo jeroglífico de Heka está formado por el signo del Ka (dos

brazos levantados y unidos, con los codos en ángulo recto) y por una

figura entrelazada central que los egiptólogos describen por

convención como una mecha o un rollo de lino (el signo de He). En

ocasiones, cuando el símbolo de Heka está realizado con mayor detalle,

este dibujo aparece claramente como dos serpientes enroscadas. Hay

quien dice que en el símbolo moderno de la Farmacia pervive una de

las serpientes retorcidas del símbolo de Heka, porque en el antiguo

Egipto Magia venía a ser a lo mismo que Medicina o Farmacología.

Heka claramente domina la dualidad, las dos serpientes. Las hace

enroscarse ascendiendo juntas. En algunos grabados, el netscher Heka,

ya en figura antropomórfica, sostiene por separado un reptil en cada

mano, acrecentando la imagen de dominio sobre ellos.

Las dos serpientes son las dos naturalezas de Egipto y los egipcios: el

Norte, el hemisferio cerebral izquierdo, la mano derecha, los poderes

de la luz: Horus; y el Sur, el hemisferio cerebral derecho, la mano

izquierda, los poderes de las tinieblas: Set. Hacer converger las dos

serpientes en una sola (el Ureo, símbolo de la realeza unificada de los

dos Egiptos) es un viejo tema simbólico del Nilo que se encuentra ya

en la imaginería de los reyes de Meroe, más al sur. Heka, la Magia, está

antes y por encima de todas las dicotomías: bueno / malo, racional /

126


irracional, ciencia / arte... El uso del Ka nos hace soberanos sobre toda

dualidad, reduciéndola a lo que sólo es: un simple juego (o trampa) de

prismas, de perspectivas.

3. "Heka fue dado a los humanos como un arma para protegerse del impacto de los

acontecimientos." (Texto de las instrucciones a Merikare)

La otra definición de Magia, complementaria a la relacionada con el

crecimiento y el autodesarrollo: Los cambios que se producen en la

realidad (los acontecimientos) y la posibilidad de influir en ellos, de hacer

que ocurran de acuerdo a la Voluntad. Porque este desarrollo del que

hablamos, la autodivinización a la que se refieren los magos teístas,

implica esencialmente una inversión de la relación personal con la

realidad que nos han enseñado a mantener las religiones. Pasar de vivir

sin tomar las riendas, gobernados por el entorno, por el impacto de los

acontecimientos (en última instancia por los inamovibles designios de un

dios-cosmos-destino), a vivir con tanta fuerza y autosuficiencia —

dirigiendo nuestra vida exclusivamente desde la Voluntad y el Deseo—

que somos nosotros los únicos dueños de nuestra relación con las

cosas (de nuestra relación con lo que percibimos). Y así al final poder

influir sobre la realidad, es decir crear.

4. "A mí pertenecía el universo antes de que vosotros, los dioses, existierais.

Vosotros habéis venido después, porque yo soy Heka." (Textos de los

Sarcófagos, conjuro 261)

Heka, la Magia, es una fuerza relacionada con el tiempo precósmico,

anterior a los dioses: el tiempo del Caos y de los titanes, sus señores.

Los dioses irrumpen en la realidad instaurando por la violencia y el

crimen su Orden, su Cosmos. Los magos son los herederos de los

titanes del Caos, que se atrevieron incluso tras la derrota a alzarse

contra el orden universal de los dioses. Son los émulos del último de

esos titanes indómitos: el gran rebelde Prometeo-Lucifer. Leed la

127


historia griega de los titanes y los dioses (la Teogonía, por ejemplo) en

clave de la lucha del Caos eterno contra la instauración histórica del

Cosmos divino. La Magia (Negra) es la continuación de esta lucha

anticósmica, y su oscuridad el territorio que ya ha conseguido liberar de

ese orden impuesto.

5. "Los poderes de Heka asustan a los dioses que llegaron a ser después de él. Sus

miríadas de poderes están en su boca." (Textos de los Sarcófagos, conjuro

648)

En los jeroglíficos el signo de Heka aparece en ocasiones seguido de

otro símbolo: la imagen de un hombre sentado llevándose una mano a

la boca. Esta figura funciona como un determinativo, es decir como un

signo que precisa el tema general sobre el que trata la palabra que le

precede. El signo al que me refiero suele seguir a palabras que designan

actividades en las que aparece implicada la boca: la alimentación (comer,

beber, tener sed, etc.) y la articulación de la voz (hablar, contar, guardar

silencio, etc.). La Magia está fundamentalmente unida al habla, a la

dicción, al conjuro (y en el sentido egipcio de Magia-Medicina tal vez a la

ingestión de determinadas substancias). Lo que hasta los dioses temen

de Heka está en su boca, en la vibración de su voz, en su palabra. Y

por lo tanto también en su silencio.

128


El tiempo mágico

Leí hace algunos años la estimación de que apenas un uno por ciento

de los lectores de libros de Magia se decide a practicar la Magia

realmente. Desde entonces me he venido preguntando qué hace el

noventa y nueve por ciento restante. Cuando trabajaba en la Magia de

forma más solitaria que ahora, imaginaba que sólo leían los libros y los

guardaban, quizás los comentaban con los allegados, tal vez los sacaban

de paseo –especialmente los que tenían una portada interesante. He

visto gente llevándose los libros de LaVey a fiestas dark, sólo para

fotografiarse con ellos.

Desde que las circunstancias me han hecho conocer más de cerca las

incursiones en la Magia de otras personas, mis explicaciones sobre el

enigma del noventa y nueve por ciento han cambiado mucho. Esa

inmensa mayoría de interesados en la Magia que no practica la Magia

realmente no sólo hojea y atesora libros. Muchos de ellos, quizás

prácticamente todos, prueban los ejercicios mágicos. Con probar

quiero decir que ensayan fugazmente (en una o dos ocasiones) las

prácticas que estos textos sugieren. Una vez probadas, experimentadas

las primeras sensaciones reales, estas prácticas son abandonadas por

"ya conocidas". Han sido aprehendidas intelectualmente y ya no hay

"secreto" en ellas: se consideran sabidas, superadas. Volver sobre ellas

sería tedioso. Este picoteo fugaz y triunfal por las páginas de la Magia

hace que muchos del noventa y nueve por ciento que no practica

realmente la Magia se consideren a sí mismo, sin embargo, "magos".

Estos pseudo-magos creen conocer un montón de teorías, técnicas y

por supuesto la jerga de las tradiciones mágicas. Incluso en poco

tiempo, los menos tímidos de estos "magos" se lanzan sin recato a

teorizar ellos mismos sobre la Magia y sus prácticas.

129


¿Qué divide pues al noventa y nueve por ciento de pseudo-magos del

uno por ciento de magos reales? Creo que fundamentalmente una

concepción distinta del tiempo y de la forma de emplearlo en la Magia

(y en el conocimiento del mundo en general). El noventa y nueve por

ciento tiene prisa.

El hombre moderno padece de ansiedad. Busca constantemente cosas

nuevas que le saquen de la insatisfacción permanente en que se

desarrolla su vida. ¡Nuevo! es el eslogan nuclear de la publicidad

contemporánea. Pero, como sucede con los niños pequeños, el

atractivo del nuevo regalo de colores suele durarle al hombre de hoy

sólo unos instantes. Todo le acaba aburriendo, todo le acaba

"defraudando". Al final esta ansiedad, que por su propia naturaleza

jamás puede quedar satisfecha, provoca al hombre moderno sólo

impaciencia, malestar y —si se ha atrevido a hacer filosofía con la

insatisfacción constante que siente— descreimiento y nihilismo.

Dominar el propio mundo es dominar también el tiempo, una de sus

dimensiones perceptibles. Ser el dueño del tiempo quiere decir tener la

voluntad suficiente para poder organizarlo a la medida de nuestros

propios intereses, poder dedicárselo realmente a las cosas que nos

interesan. El hombre moderno, que es una de las versiones menos

dueñas de sí mismas de la historia de la especie humana, proclama

como un papagayo no tener tiempo. Dado que vive en el universo que

conocemos, la frase es falsa y chocante: tiene sin duda mucho tiempo y

espacio. Lo que dice el ansioso y estresado hombre moderno con su

"no tengo tiempo" es realmente: "no soy dueño de mi tiempo". Y esa

estrepitosa derrota ante sí mismo en el terreno del tiempo se expresa en

él como prisa. El hombre moderno se aburre mortalmente, pero no

deja de correr...

La prisa moderna se expresa de muchas maneras, desde los conciertos

de claxons de nuestras ciudades y los empujones de los viandantes

hasta la forma general de recibir información y conocimiento. En este

último terreno no me refiero sólo a la fugacidad de las noticias

televisivas, a las eternas conminaciones a ser breve de los programas

públicos de debate, o al exitoso laconismo de los SMS y el microblogging.

Incluyo aquí también la prisa por conocer temas de fondo. Wikipedia

no sólo debe su fama a tener muchos artículos sobre muchos temas en

muchas lenguas, sino sobre todo a que es capaz de suministrar visiones

resumidas de las distintas materias. Para el internauta moderno, las

130


entradas-resúmenes que ofrece Wikipedia sobre los diferentes temas no

sólo no son escasas, sino perfectamente completas. Y leer una entradaresumen

de Wikipedia convierte al lector de hoy en un suficiente

"conocedor" de la materia, igual que hay turistas que por pasar una

semana en París creen "conocer" Francia...

En el mejor de los casos, estos ejercicios de prisa del conocimiento

pueden llevar a una superficial aprehensión teórica de las materias, a la

identificación forzada con ideas ya conocidas ("esto me suena a...") y al

intento de darle a todo una coherencia discursiva: al final un montón

inestable de nuevas palabras, conceptos, etiquetas formales... Pero la

vida real no ha cambiado para nada en todo este viaje intelectual. No se

ha vivido nada nuevo. Por eso todo acaba siempre de modo decepcionante

"sonando a" lo mismo.

La Magia es antimoderna en muchos sentidos. En su visión del ser

humano como potencialidad prácticamente sin límites, en su

atrevimiento de colocar la Voluntad a las riendas de la vida, en su

reivindicación de los caminos propios. También en la ausencia de los

estados vitales y las formas de vida cotidiana que llevan a la ansiedad, o

sea al apremio. El tiempo de la Magia —que no tiene una frontera clara

entre lo puramente ritual y la vida general— es un tiempo propio,

personal, y por lo tanto nunca escaso o demasiado largo. No hay lugar

para la prisa en él, ni tampoco para el aburrimiento.

Quien pasa sobre las prácticas mágicas saltando, quemando etapas, con

prisa por "conocer más cosas", por pasar al "siguiente nivel", se parece

más a un compulsivo adicto a los videojuegos que a un verdadero

mago. El mago, el dueño del tiempo, no tiene prisa: se entretiene,

profundiza, disfruta hasta el fin de los días de cada experiencia. No

tiene necesidad de constantes novedades que le saquen del tedio y de la

sensación de angustia y vacuidad del presente. El mago tiene mucho

más que paciencia. Como es dueño del tiempo, tiene todo el tiempo del

mundo. Su trabajo mágico es efectivo, le sirve realmente para

transformarse de modo radical a sí mismo, porque vuelve una y otra

vez, sine die, a las prácticas, hasta llegar a dominarlas con una precisión

exquisita. Pero los del noventa y nueve por ciento, los pseudo-magos al

galope, sólo acaban desarrollando la verborrea.

131


132


Zazas zazas nasatanada zazas

La frase Zazas zazas nasatanada zazas pertenece ya a la cultura del

ocultismo moderno. Vitimus (en Hands-on Chaos Magic) la considera un

auténtico "canto metafísico new age". Varios grupos satanistas de thrash y

black metal la incluyen entre sus temas: Avgrunn, Arcano Arconte,

Chupacabras, Arimonium Rex, Dødsengel...

Destacados seguidores del Sendero de la Mano Izquierda coinciden en

que es una poderosa fórmula para abrir las puertas del Infierno: El

Templo de Set (especialmente el pilón Gates of Hell), la orden del

Dragon Rouge, Michael Ford (entre otros en The Bible of the Adversary,

Adamu, Liber HVHI, The Book of the Witch Moon, Satanic Magick y otros),

y Asenath Mason (en The Book of Mephisto y en Necronomicon Gnosis).

La fórmula aparece escrita por primera vez en el Liber CDXVIII, The

Vision and the Voice, de Aleister Crowley. Se lee en la invocación de Zax,

el décimo Aethyr: "Entonces el demonio del Aethyr, el poderoso demonio

Choronzon, grita: Zazas Zazas Nasatanada Zazas". En una nota sobre esta

frase se añade: "Estas palabras son de alguna visión de los tiempos antiguos: se

dice que mediante ellas Adán abrió las puertas del Infierno. Son las palabras

tradicionales que abren el Abismo."

Crowley vuelve a reproducirla en el Liber DCLXXI vel Pyramidos: "¡Asar

Un-nefer! Yo invoco el cuádruple Horror del Humo. ¡Desata el Infierno! Por la

temida palabra de Poder que Set-Tifón oyó: SAZAZSAZAZADANAT-

ASANSAZAZ. (Pronuncia esto al revés. Pero es muy peligroso, porque abre las

Puertas del Infierno.)"

Peter Carroll la utiliza sin connotaciones especiales como uno de los

posibles mantras con los que el neófito puede ejercitar la capacidad de

concentrar su mente en un sonido determinado (Liber Null). En The

Psychonaut es parte de la Misa del Caos. Carroll, siguiendo el sentido

133


original de Crowley, la presenta dentro de textos en enoquiano. Pero la

fórmula no pertenece a esa lengua. Sus palabras no aparecen ni en el

diccionario de Laycock (The Complete Enochian Dictionary) ni en el de

Vinci (Gmicalzoma).

Ninguno de los autores que la usan puede dar una posible traducción

de ella. Michael Ford, en su Ritual de apertura de las Puertas de Arezura

(publicado en Luciferian Witchcraft y en otros trabajos), propone un

desglose simbólico de sus elementos:

Estoy de pie en la Cabeza de Arezura

Hago entrar el mundo material en la carne

Para manifestar mis deseos

Para llegar a ser, avanzar y cambiar el mundo

de acuerdo a mi Voluntad

Por Zazas yo llego a ser

Por Zazas yo soy Siempre

Por Nasatanada en Oposición yo llego a ser

Por Zazas yo cambio el mundo por mi Voluntad.

134


La misa negra

La clave de la alegría es la desobediencia.

Crowley, Himno a Lucifer.

En los libelos eclesiásticos sobre los "adoradores del Diablo", las misas

negras siempre han ocupado un lugar estelar: Las víctimas de la

Inquisición y de la caza de brujas parecían no ser sino buenos feligreses

al revés, santurrones interesados nada más que en misas y rezos... sólo

que dirigidos al Maligno. La perspectiva de Anton LaVey sobre la misa

negra es completamente distinta. En la Biblia Satánica escribe: "La misa

negra no es la ceremonia mágica que practican los satanistas. Un satanista sólo

utilizaría una misa negra como una forma de psicodrama" 24 . Esta posición

distancia definitivamente al Satanismo de ciertas tendencias más o

menos modernas que —impregnadas de los mitos y represiones de

nuestra época— gustan de jugar con el adjetivo satánico, asumiendo sin

reparos todo el contenido negativo que la cultura cristiana ha ido

vomitando sobre él.

En concreto el Satanismo se separa de todos esos morbosos juegos de

sociedad "sacrílegos" y "obscenos" (reuniones que deriven en "orgías"

si puede ser...) de los que buscan en el satanismo "sensaciones fuertes"

para su aburrido tiempo de ocio. Si antes, a finales del siglo XIX,

acudían a las misas negras parisinas los hastiados de las sesiones de

espiritismo y de las fantasmagorías de los cabarés, hoy acuden a las

misas negras los cansados de los clubs de encuentros para adultos, de

intercambio de parejas y de otras cochinadas pequeñoburguesas

similares —porque por supuesto todos han visto Eyes Wide Shut. Sin

24 A. LaVey: "La Misa Negra", en La Biblia Satánica. 1969.

135


misas negras, es decir sin reuniones escabrosas donde puedan verse

tetas y culos, ¿qué sentido tendría apuntarse a la "hermandad satánica"?

La idea de la misa negra como psicodrama supone que la misa en sí

misma no tiene ninguna efectividad —como los cristianos creen que

tiene su misa blanca, aunque tampoco la tiene— sino exclusivamente

como catarsis para liberarse de los restos de la impronta religiosa. Es

fácil en nuestra postmodernidad declararse descreído, agnóstico o ateo y, en

nuestra vida de poltrona y mando a distancia, es todavía más fácil dejar

de cumplir con el horario de misas. Pero esto no nos limpia

automáticamente de dos mil años de cristianismo. El cristianismo

profundo, la cosmovisión cristiana, sobrevivirá quizás para toda la vida

bajo cualquier piel: la certeza de la vida como sufrimiento, el

masoquismo hipócrita de los remordimientos, la búsqueda incesante de

esa cruel sentencia llamada culpa... Pero incluso el cristianismo

superficial —la capa exterior, eclesiástica, de esta ideología— tampoco

se esfuma con sólo dejar la fea costumbre de santiguarse. Hay un

miedo reverencial a los ídolos, personajes y aparatos de la liturgia

cristiana, que ha sido inculcado profundamente desde la infancia y que

sigue latente en esa parte de nosotros mismos que la mente racional no

acepta y que llamamos nebulosamente subconsciente.

Hay muchas pruebas que demuestran con facilidad que esta huella está

siempre presente en quien ha crecido en una sociedad con una religión

establecida, con una religión que lo impregna todo. En Occidente, por

ejemplo, el miedo al Demonio —tal como el cristianismo lo ha pintado

— perdura entre los agnósticos y ateos, aunque ya no practiquen del

otro lado el amor a San Pancracio: las películas de terror sobre posesos

y exorcismos causan furor en nuestra modernidad, y no sólo entre las

"juventudes del Papa". La larga sotana negra sigue haciendo del cura

una figura inquietante en nuestra retina, como cuando nos alarmaba

verlo venir hacia nosotros en la infancia. Además no hay que olvidar

que estamos ante instituciones que llevan dedicándose a estudiar y

perfeccionar cómo impresionar profundamente a la gente siglos antes

de que empezaran como tales la propaganda y la publicidad.

Hablando a grandes rasgos, el objeto de la misa negra es liberarnos del

trauma de los sacerdotes. Es por lo tanto una forma muy eficaz de lo

que Diane Vera llama ritos de blasfemia, sobre los que escribe: "Los

ritos de blasfemia ocasionales pueden ser muy beneficiosos, especialmente para la

gente llena de culpabilidad y miedos irracionales, consecuencias de su educación. A

136


los nuevos satanistas en general les recomiendo un rito de blasfemia como parte de su

auto-iniciación". 25

Vencer la misa, todas las misas, a través de la antimisa —la misa negra

— es sin duda un buen reto inicial para el que desea adentrarse por los

solitarios senderos oscuros. El miedo es la marca de ese mundo

ominoso presidido por un gran castigador universal que nos contaron

los sacerdotes. En la misa negra brotan muchos miedos semiocultos y

mal enterrados, y su conclusión final es la victoria sobre todos ellos.

En su libro Los Rituales Satánicos 26 , LaVey ofrece un detallado modelo

de misa negra basado en las diferentes fuentes a las que tuvo acceso,

históricas y sobre todo literarias. Incorpora tanto los textos del católico

Huysmans como el oscuro ritual de Legué (1904) 27 . Se ha criticado a la

misa de LaVey estar demasiado basada en los textos del furor satanista

francés de finales del XIX, tener errores gramaticales en sus

fragmentos en latín y en francés, y tal vez haber hecho algunas

concesiones al hippismo californiano de aquellos días —del que eran

destacados miembros algunos de los más asiduos a la primera Iglesia de

Satán.

En 1986, Aubrey Melech publica Missa Niger 28 , un trabajo concienzudo

y en muchos sentidos definitivo, que corrige los errores lingüísticos del

texto de LaVey 29 y presenta un modelo de ritual mucho más coherente,

completamente en latín. La Orden de los Nueve Ángulos publica

también su propia versión de la misa negra, donde la mujer que hace de

altar es sustituida por un hombre 30 . La misa negra de Melech es

retomada y modificada de modo muy práctico por Michael Ford en su

Magia Satánica 31 . Cualquiera de estos modelos de misa negra puede

cumplir su cometido, incluso con las modificaciones personales que

uno desee introducir, pues el éxito depende exclusivamente del estado

25 D. Vera: "Rites of Blasphemy", en Theistic Satanism. 2010.

26 A. LaVey: "La Messe Noir[e]", en Satanic Rituals. 1972.

27 G. Legué: La Messe Noire. 1904.

28 A. Melech: Missa Niger. A True and Factual Account of the Principal Ritual of Satanic

Worship. 1986.

29 Aunque no en su título, que en correcto latín debería ser Missa Nigra.

30 Orden of Nine Angles: "Black Mass", en Magian Occultism and the Sinister Way. 2000.

31 M. Ford: "La Messe Noire", en Satanic Magick. A Paradigm of Therion. 2007.

137


mental que logre crear en los asistentes, de su carácter de psicodrama.

Es evidente que Satán, por su parte, no necesita de misas.

En casi todos estos rituales se necesita un número mínimo de personas.

En la misa negra de LaVey, por ejemplo, hacen falta al menos —

además de la congregación de los asistentes— un sacerdote o

celebrante, una mujer que haga de altar, un diácono, un subdiácono,

una monja, un iluminador, un turiferario o encargado del incensario y

una persona que haga sonar el gong en momentos determinados. La

misa negra de Ford está organizada a partir sólo de un celebrante que

declama y una congregación que responde.

La misa de San Secario

Entre las pocas referencias históricas a misas negras que pueden

encontrarse fuera de los textos eclesiásticos está la célebre misa de San

Secario, que se practicaba realmente en el suroeste de Francia al menos

hasta comienzos del siglo XX. Muchos han escrito sobre esta misa y la

personalidad a la que iba dedicada (San Secario —Saint Sécaire en

francés, Sent Sécayre en gascón— una figura que no pertenece al

santoral cristiano). Hay incluso un relato de Aleister Crowley sobre ella,

firmado con el jocoso seudónimo de "Barbey de Rochechoart" 32 . El

relato de Crowley, como la mayor parte de los que se hacen eco de esta

misa negra gascona, está basado directamente en un pasaje del famoso

libro La Rama Dorada, de James Frazer. Pero Frazer no estudió de

primera mano la historia de la misa negra de San Secario. Se dedicó a

su vez a copiar lo que parece ser el único texto etnográfico original que

se conserva de ella: el artículo del folklorista Jean-François Bladé,

publicado en una revista regional francesa en 1882 33 . Todos los textos

modernos a los que he tenido acceso se limitan a reproducir el artículo

de Bladé, algunos considerando que Frazer es su autor... menos el

relato de "Barbey de Rochechoart", que añade jugosos detalles rituales

32 A. Crowley [B. de Rochechoart]: "The Mass of Saint Secaire". The International vol.

XII (1918), nº 2.

33 J.-F. Bladé: "La Messe de Saint-Sécaire", en "Quatorze Superstitions Populaires de

la Gascogne". Revue de l'Agenais, vol. IX (1882).

138


de su propia cosecha. El artículo original sobre la misa de San Secario

dice:

"Hay algo mucho más extraño y mucho peor que el daño que hacen las brujas. Es

la misa de San Secario. El hombre a quien se le hace se seca poco a poco, y muere

sin que se sepa cómo y por qué, y sin que los médicos sospechen nada.

Muy pocos curas saben de la misa de San Secario, y tres cuartos de los que la

conocen no dirán nada de ella, ni por oro ni por plata. Sólo los curas malvados se

ocupan de una cosa así. Y estos curas nunca permanecen dos días seguidos en el

mismo lugar. Andan siempre de noche, yéndose hoy a la montaña, mañana a las

grandes landas de Burdeos o de Bayona.

La misa de San Secario sólo puede decirse en una iglesia en la que esté prohibido

reunirse, bien porque esté medio en ruinas, bien porque en ella hayan sucedido cosas

que los cristianos no deberían hacer. Los búhos, las lechuzas y los murciélagos han

convertido en su paraíso estas iglesias. Los gitanos suelen pernoctar en ellas. Bajo el

altar abundan los sapos que cantan.

El cura malvado se trae consigo a su amante, para servirle de asistente. Deben estar

solos en la iglesia, y haber cenado bien. Con la primera campanada de las once de

la noche comienzan la misa por el final, y la siguen siempre al revés, terminándola

justo a medianoche. La hostia es negra y con tres puntas. El cura malvado no

consagra el vino. Bebe agua de una fuente donde haya sido arrojado un niño muerto

sin bautismo. El signo de la cruz se hace sólo en la tierra, y con el pie izquierdo.

Muchas otras cosas que nadie sabe ocurren en la misa de San Secario. Si un buen

cristiano las viese, quedaría ciego y sordomudo para siempre."

Pierre Cuzacq escribe ya en el siglo XX sobre la vigencia de esta

práctica en la Gascuña: "Hay individuos que se encargan de haceros decir una

misa de San Secario por unos 25 ó 50 francos. Sabemos esto por numerosos vecinos

de Burdeos." 34 . Aunque Cuzacq no aporta nuevos datos sobre el

desarrollo de la misa negra de San Secario, sí ofrece una variante

interesante: la posibilidad de hacer una misa de San Secario de forma

solitaria:

"Las personas que tienen pocos recursos o que no encuentran curas para decir esta

misa pueden sustituirla por ciertas oraciones dirigidas a ese santo. Para ello, sólo

tienen que ir a la primera iglesia que encuentren, encender allí una vela y, mientras

34 P. Cuzacq: La Naissance, le Mariage et le Décès : Moeurs et Coutumes, Usages Anciens,

Croyances et Superstitions dans le Sud-Ouest de la France. 1902.

139


arde, recitar el Padrenuestro, el Avemaría, el Credo y otras oraciones que no hemos

podido saber, siempre al revés..."

Para los que se decidan a llevar a cabo esta misa negra solitaria, éste es

el texto del Padrenuestro en español al revés:

Nema. Lam led sonarbil y noicatnet al ne reac sejed son on nednefo son euq sol a

somanodrep sortoson neibmat omoc sasnefo sartseun anodrep aid adac ed nap

ortseun yoh suonad oleic le ne omoc arreit al ne datnulov ut esagah onier ut sortoson

a agnev erbmon ut aes odacifitnas oleic le ne satse euq ortseun erdap.

Y en latín —siempre más imponente, y lengua reconocida de todos los

posesos— viene a ser:

Nema. Olam a son arebil des menoitatnet ni sacudni son en te sirtson subirotibed

sumitimid son te tucis artson atibed sibon etimid te eidoh sibon ad munaiditouq

murtson senap arret ni te olaec ni tucis aut satnulov taif muut munger tainevda

muut nemon rutecifitnas silaec ni se iuq retson retap.

La misa negra de San Secario tiene indudables ventajas sobre las otras

misas señaladas antes: Su fuente de existencia no procede de los textos

de la propia Iglesia, se puede hacer en solitario, sólo se necesita una

vela y, además de producir el magnífico efecto catártico deseado, puede

dejar seco de paso a algún molesto vecino.

Nota: Además de los textos citados, son de interés para el tema de la

misa negra los siguientes: F. Barney: Prière à Satan. Messes Noires d'Hier et

d'Aujourd'hui. 1957. J. Bricaud: La Messe Noire Ancienne et Moderne. 1904.

R. Cavendish: "The Black Mass", en The Black Arts. 1967. P. Elvidge:

"The Black Mass", en Satanism. An Examination of Satanic Black Magic.

2003. M. Summers: The History of Witchcraft and Demonology. 1926

(reedición 1969). H. Urban: "The Age of Satan", en Magia Sexualis.

2006.

140


Karanamudra: Utilidades del signo del Diablo

Los mudras son posiciones de las manos con especial importancia

simbólica y terapéutica en el hinduismo y en el budismo. En otro lugar

de este libro se presenta este tema en relación a los chakras. El signo

que en la cultura occidental se asocia a los cuernos y al Diablo

corresponde al Karanamudra de la tradición india. En China recibe el

nombre de Qikè yìn, y en Japón los de Funnu-in y Fudo-in.

En las últimas décadas del siglo XX el signo de los cuernos surge en los

ambientes del rock y del heavy metal, donde se conoce como puño

roquero (rock fist), puño metalero (metal fist), los cuernos (de la cabra, del Diablo),

etc. La historia de este símbolo en la música contemporánea tiene ya un

antecedente en la portada del álbum Yellow Submarine de The Beatles

(1969). Pero su popularización en los círculos metaleros se debe sin

duda a Ronnie James Dio, a partir de su ingreso en la banda Black

Sabbath (1979). Su asociación al Diablo y al satanismo ha quedado tan

patente en nuestros días, que la célebre imagen de Anton LaVey en el

museo de cera de San Francisco, la que presidió su funeral, aparece

también haciendo este gesto.

141


Como todos los mudras, el Karanamudra puede hacerse con una mano

o con las dos. El dedo índice y el meñique se mantienen estirados,

mientras se recogen el corazón y el anular. El pulgar queda por delante

de estos últimos. El Karanamudra se considera indicado para la

expulsión de presencias hostiles y pensamientos negativos, y para

destruir todo tipo de obstáculos en el camino personal, incluida la

enfermedad. Para desarrollar toda su efectividad, el signo del Diablo

debe realizarse a diario y durante un mínimo de quince minutos.

142


Comentario sobre un texto de la Bestia 666

"Hay pocos riesgos de que un estudiante [de Magia], por muy perezoso o tonto que

sea, no consiga ciertos resultados. Pero hay un gran peligro de que se extravíe,

obsesionado y abrumado por sus resultados, incluidos los que era necesario que

alcanzase. Además es muy frecuente que confunda el primer lugar de descanso con el

objetivo final, y se despoje de su armadura, como si fuera un vencedor, antes de que

el combate haya empezado de verdad."

Aleister Crowley, Liber O vel Manus et Sagittae. I, 5.

El objetivo final de una obra mágica es el cumplimiento de la Voluntad

del mago: aquello que quiere conseguir. Este objetivo puede ser

cualquier cosa concreta de su entorno, o un propósito más complejo e

integral, relacionado con su metamorfosis y autoconocimiento. En

ambos casos, para alcanzar el éxito, el mago necesita realizar un

esfuerzo sobrehumano. El carácter sobrehumano de la obra mágica no

radica en que estén en juego "superpoderes", sino en que el mago

tensiona su Voluntad de una manera a la que no estamos acostumbrados

para nada los indolentes hombres modernos.

Si se personifican las fuerzas, inercias u obstáculos que el mago debe

vencer en la lucha por alcanzar su propósito, aparecen entonces los que

tradicionalmente se han llamado demonios.

Yo prefiero usar el término demonio en un sentido exclusivamente

positivo, y les llamo a estos enemigos de mi Voluntad dioses, ídolos,

ángeles o santos.

La personificación de estas fuerzas es característica de la Magia

occidental (por el peso en nuestra cultura de los dioses y espíritus

143


antropomórficos romano-cristianos) y según Ray Sherwin, el mero acto

de su personificación (él le llama identificación, porque se les da una

identidad) vence ya automáticamente a algunas de ellas.

La lucha por vencer estas fuerzas u obstáculos tiene momentos donde

el mago cree haber alcanzado ya sus objetivos, pero en realidad todavía

no es así. Es normal que la mente, ante el enorme esfuerzo que está

realizando, se engañe a sí misma con el propósito de "aliviar la

tensión". El lama Geshe Rabten Rinpoche (en su trabajo La Perfección

en la Concentración) se refiere a un momento "en el que el meditador siente

una tremenda dicha y paz" y que confunde con su objetivo real final (la

paz del zhinay tibetano, o control absoluto de la mente por la

Voluntad). Pero añade: "Ese estadio es sólo un letargo sutil" que "con

persistencia también desaparece". Estos espejismos de la lucha son, desde mi

punto de vista, lo que Crowley llama los "primeros lugares de descanso". El

mago se considera ya "vencedor" y deja la lucha.

Otro ejemplo de estos primeros lugares de descanso puede ser, en la práctica

de la asana, la sensación frecuente de que ya se la domina al poco tiempo

de iniciarse en ella. Dice también Crowley sobre esto: "En los primeros

días el estudiante puede llegar a imaginar que ha dominado la postura; de hecho, la

aparente simplicidad de todas estas prácticas es tal que el principiante puede que se

pregunte por qué tanto alboroto, y quizás se crea especialmente dotado". He

conocido gente que creía haber seguido el Liber Null de Peter Carroll

(el método de los IOT) en todos sus pasos, pero que llegó finalmente...

a la nada o a la confusión. Y es que en vez de ir dominando en realidad

cada una de las etapas, iban saltando sobre ellas, considerando que ya

estaban alcanzadas en cuanto aparecían los primeros espejismos de

éxito o lugares de descanso.

Si trabajamos con personificaciones, todo este esfuerzo se representa

como un "combate" contra una entidad hostil. Aceptar los espejismos

de los lugares de descanso se concibe entonces como "despojarse de la

armadura". Pero la meta final está todavía lejos, y esto es lo que Crowley

llama "no haber empezado el combate de verdad".

La personificación de las cosas que queremos vencer dentro de

nosotros mismos (es decir, imaginarlas como seres autónomos) es un

método muy interesante, porque nos permite desvincularnos mejor de

ellas, aislarlas y destruirlas. Pero tiene un riesgo grande: estamos

creando seres a los que estamos confiriendo existencia y personalidad.

144


Debemos tener las cosas muy claras cuando los evocamos, o caeremos

víctimas de la obsesión, que Crowley, en el mismo Liber O (I, 4),

describe así:

"El estudiante, si obtiene algún éxito en las prácticas, se encontrará confrontado a

cosas (ideas o seres) demasiado magníficas o demasiado espantosas para ser

descritas. Es esencial que permanezca siendo el amo de todo lo que contemple, oiga o

conciba. De otro modo, será esclavo de la ilusión y víctima de la locura."

145


146


Apertura del chakra Muladhara para la Magia Negra

Introducción: El cuerpo mágico

El arte de la Magia exige una implicación integral de la persona que lo

cultiva. La Magia no es una una religión: algo que se dirige al desarrollo

de un interior y sublime mundo espiritual (anímico, psíquico, mental...), en

detrimento de un exterior y bajo mundo material (cuerpo, carne, fisiología...).

La Magia implica de raíz al conjunto psicofísico de la persona. Todos

los que se acercan a la Magia buscando una nueva alfalfa cerebral, una

ideología o filosofía que tranquilice mejor el agitado mundo de sus

pensamientos, se sentirán tarde o temprano defraudados por sus

incoherencias "racionales"... y ahí terminará su incursión en lo mágico.

La Magia es eminentemente práctica, experimental, al mismo tiempo

que es holística. El resto sólo viene a ser divagaciones intelectuales

desde la comodidad y la impotencia del sillón. Y puesto que la Magia

no sólo implica la mente sino también el cuerpo (por seguir con esta

escisión cristiana del ser humano), de sus resultados habla no sólo la

conciencia racional sino también lo que podría llamarse la conciencia

biológica.

La Magia atrae, convence, confunde, entusiasma, asusta, y cuantos

otros estados mentales queramos asociar a su uso; pero también

tonifica, vigoriza, enferma, embellece, afea, y otras formas en las que

suele hablar el cuerpo. Practicar una corriente mágica determinada (por

ejemplo la Magia Negra) debe implicar un seguimiento crítico permanente

por parte del mago de los procesos que pone en marcha y de los

resultados que va obteniendo. De aquí la necesidad de llevar un

fidedigno Diario mágico, Libro de los resultados, Libro de las sombras, Grimorio

personal, o como cada uno prefiera llamarlo. Pero esta supervisión

crítica no sólo debe hacerse desde lo intelectual (reflexionando sobre si

147


tal práctica es interesante, coherente, buena, malvada, eficaz, etc.) sino

también desde el punto de vista de sus resultados biológicos, prestando la

máxima atención a lo que opina el cuerpo. Muchas veces este lenguaje

biológico es el único criterio fiable para saber si determinadas prácticas

nos convienen o no, dado el inmenso mar de dudas e indecisiones en

que se mueve constantemente la mente del hombre moderno. Peter

Carroll ha escrito al respecto: "Como guía, presta atención a las condiciones de

tu existencia material. Si sientes que te has vuelto más poderoso, más saludable y

más sexy, entonces sigue adelante. Si te sientes desplazado, empobrecido,

aprisionado, o muerto, entonces es que tal vez un cambio de dirección se está

planteando por sí mismo" (Prólogo a Michael Ford, The Book of the Witch

Moon).

La cultura occidental moderna, impregnada de cristianismo, nos hace

olvidar o relegar a un segundo plano la importancia de tener nuestro

cuerpo a punto para el arte de la Magia. No se trata sólo de "controlar"

el cuerpo a partir de la mente (el cuerpo como objeto y la mente como

sujeto, como en la concepción del Yoga de Patanjali), sino de que el

cuerpo se encuentre en sí mismo listo y flexible para trascender los

límites conocidos, que es en última instancia el objetivo del mago. En

la modernidad, preparar el cuerpo es hacer gimnasia. Sin duda es

fundamental, pero la salud del cuerpo es algo más que la salud de su

masa ósea y muscular. La salud parece girar primordialmente en torno

a lo que podríamos llamar la fluidez interna de la persona. La fluidez de

todos los sistemas: sanguíneo, digestivo, neuronal... la fluidez de las

energías del organismo.

Nadie debería hacer Magia, y menos Magia Negra, como si se apuntara

a una filosofía o a una ideología política: con la cabeza atiborrada de

datos, ideas y preguntas y el cuerpo relegado a un segundo plano,

olvidado entre tanta actividad mental. El desprecio del cuerpo es una

trampa cristiana en que no deben caer los magos negros modernos,

herederos históricos de los rebeldes a todas las iglesias. Es una trampa

porque despreciar el cuerpo (en aras de unos supuestos "más nobles

intereses") implica despreciar la salud, y por lo tanto despreciar la vida,

precisamente el propósito final de todos los sacerdotes. Sólo un

cristiano moderno, con su falacia de la división mente-cuerpo, puede

"olvidar el cuerpo" mientras se embebe en sus aventuras intelectuales,

creyendo de esta manera que pueden realmente surgir pensamientos

creativos en el cerebro de un cuerpo que se atrofia. Sólo él imagina su

148


"identidad verdadera" de cuello hacia arriba, en lo que se llama cabeza

exclusivamente, y un cuerpo que de alguna manera le ha tocado como

carga —a alimentar, a curar, a adelgazar...— de cuello hacia abajo

(piénsese, como repulsivo ejemplo de esta creencia, en la

criogenización de la cabeza de Walt Disney). Sin duda el cerebro no es

sino una parte más del cuerpo, de la biología humana, incluidos esos

microprocesos químicos y eléctricos que pone en marcha sin parar y

que llamamos ideas, recuerdos o esperanzas.

Chakras y mudras

Como técnica mágica pues, voy a presentar aquí una breve guía a la

apertura de los chakras mediante el uso de mudras. Debería hacerse en

paralelo a las primeras incursiones serias en la Magia, una vez dominados

los rudimentos de asana y pranayama, es decir al mismo tiempo

que los primeros ejercicios de concentración y de visualización.

Los chakras (ruedas en sánscrito) son centros de energía y de consciencia

que están situados primordialmente a lo largo de la columna vertebral,

aunque puedan expresarse externamente como puntos situados en la

parte frontal del cuerpo (ombligo, garganta, frente, etc.). Desde el

punto de vista de la tradición occidental, estos centros se suponen

asociados a importantes ganglios nerviosos de la espina dorsal. Desde

la propia tradición india se explican como nodos en donde se

entrecruzan y conectan los distintos nadis o conductos de energía que

recorren el cuerpo. Siete son los chakras principales en los seres

humanos, alineados desde la base de la espina dorsal hasta la parte

superior del cráneo. Su apertura permite el correcto y saludable fluir de

la energía vital en el interior del cuerpo, lo que se expresa en el Tantra

como el despertar y el ascenso de la serpiente Kundalini, que duerme en

casi todos los seres humanos en la base de su columna vertebral. El

ascenso de Kundalini es una metáfora del crecimiento paulatino y

progresivo de la consciencia.

149


Chakras

Los chakras se asocian a diferentes estados y capacidades mentales y

emocionales, así como a diferentes números, colores, planetas y piedras

preciosas. Representados visualmente como ruedas o como lotos, el

número de radios o pétalos de cada uno hace referencia a los nadis o

conductos de energía que confluyen en ese chakra. Los chakras han

sido también relacionados en Occidente con los distintos sephirot /

qhliphot de la tradición cabalística.

La apertura o carga de los chakras puede realizarse mediante diferentes

técnicas y métodos, dependiendo de las distintas escuelas iniciáticas de

Asia. Uno de estos métodos es el uso de mudras.

Mudra significa en sánscrito postura y puede referirse a un amplio

conjunto de posiciones corporales. En el sentido que lo usaremos aquí,

se referirá a la postura de las manos. Los mudras deben realizarse

preferiblemente con las dos manos, a diario y por un tiempo mínimo

de unos cinco minutos, pero mejor durante quince. Para su realización

se recomienda estar sentado en las posturas Vajrasana (llamada por

Crowley el Dragón) o Padmasana, aunque la mayoría puede hacerse con

cualquier otra posición del cuerpo, en cualquier momento del día que

sea factible. Cada mudra debería realizarse entonando a la vez el mantra

apropiado, acompañado de ejercicios de control de la respiración

(pranayama).

150


Los chakras se ennumeran a partir del más bajo de ellos, siguiendo el

camino ascendente de Kundalini despertada. El trabajo sobre ellos

también debe empezar desde el primero o más bajo (Muladhara) y

seguir hasta el último o más alto (Sahasrara).

Apertura del primer chakra

Muladhara es el chakra de la raíz o de la base. Se localiza en la parte más

baja o base de la espina dorsal. Sus propiedades son la conexión con el

terreno, la conciencia del cuerpo, la energía y la salud físicas en general,

el control sobre el miedo. Su número de nadis (pétalos, radios) es

cuatro, de color rojo. Los planetas asociados a este chakra son la Tierra

y Saturno. Sus piedras: el rubí, el ónice y la obsidiana. Está vinculado al

tattwa Prithivi, que tiene la forma-mandala de un cuadrado amarillo.

El (bija-)mantra que debe entonarse para su apertura es Lam. El mudra

que sirve para abrirlo se llama también Prithivi. Se realiza de la siguiente

manera: Preferiblemente con las manos apoyadas en las piernas, que las

yemas de los dedos pulgar y anular se toquen, mientras se mantienen

estirados los demás dedos. Debe separarse ligeramente el pulgar y

mantener unidos el índice y el dedo corazón o medio. Se entona el

mantra Lam y se concentra la atención en el perineo o espacio entre los

genitales y el ano.

151


Mudra Prithivi

Hay otras técnicas para abrir Muladhara: Todas las actividades físicas en

general refuerzan este chakra. Especialmente la Mulabandha o

contracción del músculo perineal mientras se inspira, relajándolo al

expirar, técnica en la que uno no debería iniciarse en solitario. Asanas

específicas para abrir este chakra son la Garudasana, la Shashankasana y

la Siddhasana, pero también deben aprenderse con un instructor.

152


Chamanismo y Magia occidental

El libro Shamans Through Time, 500 Years on the Path to Knowledge, editado

por Jeremy Narby y Francis Huxley (Londres: Thames and Hudson,

2001), es una excelente introducción al mundo del Chamanismo

(concepto que criticaré a continuación), tal y como los occidentales lo

hemos ido entendiendo a través de los tiempos. Recoge textos de

viajeros, misioneros y antropólogos sobre los chamanes de todo el

mundo desde el siglo XVI hasta nuestros días, y muestra cómo ha ido

evolucionando la mirada europea sobre esta realidad. La historia va

desde las primera definiciones de los chamanes como ministros del diablo

y villanos que llaman a los demonios hasta las últimas caracterizaciones

admirativas como auténticos psicoanalistas, expertos botánicos, etc.

El primer problema para hablar del Chamanismo es saber si existe algo

único a lo largo del mundo que podamos llamar así. Como el propio

libro recoge en alguno de sus textos, el término es demasiado vago y se

aplica sin mucho ciudado a una gran cantidad de realidades culturales

muy diferentes entre sí. Porque chamán es una etiqueta europea (tomada

del ruso, que a su vez toma la palabra de una lengua siberiana) que se

aplica indiscriminadamente a todo lo que tradicionalmente los

europeos denominaron brujo, hechicero, hombre-medicina, etc., sin importar

la cultura del mundo de la que se estuviera tratando.

Básicamente los chamanes son los "curanderos" de todas las culturas

no europeas, como si todas las culturas no europeas del mundo

tuvieran algo en común (en la visión eurocéntrica, tienen en común ser

muy diferentes de la cultura occidental, y por lo tanto merecedoras del

despreciativo calificativo de primitivas).

Posiblemente exista una continuidad cultural entre los chamanes de

Asia y América, basada en el ancestral origen común de las poblaciones

de estas dos partes del mundo. Entre las poblaciones más antiguas de

153


Asia central (paleosiberianas) y las poblaciones nativas de América hay

multitud de elementos comunes, que evidencian lo que la arqueología

ha dejado ya establecido: que el ser humano empezó a llegar a América

hace unos 20.000 años procedente de Asia a través del estrecho

(entonces istmo) de Bering.

Las similitudes entre los pueblos de Asia y América pueden

encontrarse en numerosos aspectos tanto biológicos como culturales.

Y entre estos últimos, en ámbitos tan variados como la disposición

simbólica de las viviendas (de las tiendas), las relaciones y estructuras

de parentesco, los mitos cosmogónicos, las concepciones espaciotemporales,

los animales totémicos, incluso los sistemas lingüísticos. Y

entre estos elementos culturales comunes estaría también la presencia y

la función social de esas figuras que los europeos hemos venido

llamando chamanes.

Hablar de culturas asiáticas es hablar en realidad de culturas

euroasiáticas, por aquello que decía Nietzsche de que Europa no es

sino una pequeña península de Asia. Los chamanes han sobrevivido hasta

la era moderna entre los sami (lapones) del norte de Escandinavia y

entre algunos pueblos urálicos del norte de Rusia. Posiblemente

podrían agruparse bajo esta concepción también los "sacerdotes" y

"magos" de los pueblos de la Europa prerromana descritos por los

autores latinos y griegos.

Fuera de este continuo ancestral Asia-América no sería apropiado usar

la etiqueta chamán, porque sería entonces sólo una fórmula vaga e

impresionista, definida exclusivamente en negativo (el ser una práctica

no europea, de los llamados salvajes).

Fijándonos pues sólo en los testimonios de los pueblos de Asia y

América, podemos encontrar una serie de elementos en las descripciones

de los chamanes que curiosamente también está presente en los

rituales de las tradiciones mágicas occidentales. Hay que decir que la

corriente de la Magia del Caos parece haber sido la primera en integrar

intencionadamente lo que los occidentales conocemos por Chamanismo

en sus fuentes de inspiración.

Sin duda su sensibilidad por este tema es directa heredera del interés

por la brujería de Austin Osman Spare, tan heterodoxo para la

tradicional Magia ceremonial europea. Las brujas serían las últimas

chamanas (pues parece haber habido en un tiempo más chamanas que

154


chamanes) de Europa, salvo en el extremo norte. La recuperación

Wicca de la brujería (occidental) sería otra nueva conexión en la

postmodernidad entre Chamanismo y Magia ceremonial europea.

Pero las afinidades que quiero comentar aquí no proceden de las

recientes aportaciones de la corriente Wicca, ni de los rituales elaborados

en nuestros días por los magos del Caos. Son características que

se encuentran ya en la Magia ceremonial europea más o menos

"clásica", en autores de los siglos XVIII y XIX, en Lévi y en Crowley.

La conexión, por lo tanto, no es un fruto reciente de la postmodernidad,

tan dada a beber de lo exótico. Parecería indicar, por el

contrario, que hay elementos universales (¿naturales?) en las técnicas de

Magia, elementos que diferentes iniciados en diferentes lugares del

mundo habrían llegado a descubrir de manera independiente.

Entre las características comunes quiero señalar sólo tres, que llamaré,

por llamarlas de alguna manera, la casa cerrada, las palabras antiguas y

la soledad del mago.

La casa cerrada es la predilección de muchos chamanes por no realizar

sus operaciones al aire libre, sino dentro de un recinto edificado, una

choza o una tienda, normalmente un espacio que queda completamente

clausurado durante estas operaciones (que por lo tanto muchas

veces se realizan totalmente a oscuras). La casa cerrada es lo que la

Magia occidental, usando el vocabulario romano, llama el templo.

El templo del mago es un espacio acotado, aislado del exterior (sin

ventanas, por ejemplo) donde los sentidos del mago sólo perciben los

estímulos visuales, acústicos, olfativos, etc. que él mismo ha

seleccionado y combinado. Las combinaciones de imágenes, luces,

colores, sonidos (música) y aromas se hace conforme a correspondencias

precisas, con el fin de evocar (despertar en el mago) determinadas

entidades, fuerzas, ideas, presencias, o como se les quiera llamar. El

libro 777 de Crowley es una guía excepcional para estas correspondencias.

Él describe el funcionamiento de estas combinaciones así:

"Dado que [el iniciado] es un hombre rodeado de objetos materiales, si desea

dominar una idea en particular, debe hacer que cada objeto material de su entorno

le sugiera esa idea. Así en el ritual citado, si su mirada se detiene en las luces, su

número le sugerirá Mercurio. Huele los perfumes, y de nuevo Mercurio es llevado a

su mente." (Liber O vel Manus et Sagittae, II)

155


Desde el punto de vista de la Magia del Caos todos los elementos

percibidos en estado de gnosis (durante el ritual) deben estar cuidadosamente

seleccionados y apuntar claramente a un mismo propósito.

Este entorno seleccionado sólo puede hacerse dentro de un espacio

perfectamente controlado, acotado y aislado del exterior, evitando así la

aparición accidental e imprevisible de símbolos no deseados. El templo

es un escenario que se convierte durante el ritual en un entorno

espacio-temporal completamente personal del mago, lo que es una

forma de ser dueño absoluto del universo sensorial.

Ray Sherwin escribe por su parte: "El verdadero templo que prepara [el

mago] no contiene nada falso respecto a la idea del templo que necesita. He oído

decir a muchos magos que el entorno en que se activa un sígil no tiene importancia si

los poderes de concentración del mago son buenos. Me opongo por completo a esta

opinión. No importa lo buenos que sean sus poderes de concentración, cuando llega

al estado de gnosis (...) todas las impresiones sensoriales se guardarán

independientemente de sobre qué estuviera concentrando su atención, y todas estas

impresiones sensoriales serán almacenadas junto con el sígil y su intención en el

mismo 'trastero'." (El Libro de los Resultados, II; traducción de Yemeth)

En el mundo de los chamanes de América la construcción de las

chozas rituales adquiere tintes insólitos en pueblos que no viven

normalmente en chozas, o que construyen chozas completamente

distintas y mucho más frágiles cuando se trata de habitarlas. Esto es

especialmente llamativo entre los nómadas canoeros de los canales

chilenos y de la Tierra del Fuego. Las chozas de los rituales son únicas

en su forma y tamaño y presentan generalmente una elaboración

mucho mayor que los habitáculos cotidianos.

Los rituales se desarrollan en el interior de estas grandes chozas, a

veces ante la audiencia de un público exterior a las mismas que sólo

puede oír e imaginar lo que sucede dentro. Esto ha sido "explicado"

por los antropólogos materialistas europeos como secretismo de determinadas

castas sociales, teatro para asustar a la gente, etc.

Otro tema común entre los chamanes y los magos occidentales,

salvando las grandes distancias culturales, es el uso de las palabras

antiguas. Muchos testimonios sobre los rituales chamánicos recogen que

el habla usada durante el ritual pertenece a formas arcaicas de la lengua

del chamán. No hay que confundir esto con el uso de otras lenguas

diferentes, lenguas de otras tribus, fenómeno también bastante

156


recurrente (compárese el uso del griego por Crowley en rituales como

el del Rubí Estrella). Aquí me refiero al uso de formas antiguas de la

misma lengua que el chamán habla normalmente. Me parece que hay

alguna conexión entre el inglés intencionadamente anticuado de los

textos de Crowley ("thou wilt", etc.) y las "raíces arcaicas" que, entre

otros, Boas encuentra en las ceremonias chamanísticas esquimales.

El uso de otras lenguas completamente diferentes (como el griego o el

hebreo entre los magos de Europa occidental) se debe al valor

perfectamente calibrado de las palabras de esas lenguas: como

elementos simbólicos (numéricamente) y como activadores psicofísicos

(como mantras, etc.), y es la misma razón por la que se mantiene el

vocabulario sánscrito en el Tantra o el árabe en el Sufismo.

Pero el uso de formas arcaicas de la misma lengua resulta sin duda más

difícil de explicar. Posiblemente hay unas connotaciones culturales de

"gravedad", "solemnidad", "prestigio" en esas palabras llamativamente

anticuadas que se pronuncian ceremoniosamente, y esta puede ser su

verdadera utilidad dentro del sutil teatro de la Magia.

La soledad del mago es el último rasgo común que voy a citar aquí. Entre

los pueblos de Asia y América el chamán es un ser fundamentalmente

solitario, incluso entre culturas muy comunitarias y que viven en

grupos muy unidos. El chamán es un viajero que llega, actúa y se va, o

que convive a cierta distancia del resto de la tribu. El chamán se retira a

la soledad del bosque en su preparación como chamán, y vuelve a la

comunidad ya transfigurado. Algunos chamanes, en las declaraciones

recogidas en el libro de Narby y Huxley, expresan claramente que no se

puede aprender a ser chamán estando entre la gente.

Chamanes de Asia y América y magos occidentales coinciden en la

necesidad de ese retiro mágico necesario para aprender (para descubrirse

a sí mismo). Si la Magia es autoconocimiento y autodesarrollo,

necesariamente necesita de la soledad. Y a la soledad autoimpuesta

como camino de conocimiento se añade seguramente la soledad de

haberse vuelto diferente, de haberse convertido de algún modo en un

caso excepcional entre los suyos, la soledad de poder hacer cosas

desconocidas, inexplicables e inquietantes para quienes no han tomado

las riendas de su propia naturaleza.

Hay otros muchos elementos comunes entre chamanes y magos

occidentales, como el uso de dibujos mágicos (sigilos) o de cristales, del

157


ayuno o del secreto. Tampoco hay que olvidar, aunque sea un rasgo

común no buscado, la misma persecución sufrida a manos de las

mismas iglesias, y las caracterizaciones similares que estas iglesias

hicieron de los brujos salvajes de ultramar y de los adoradores del diablo

europeos.

158


Dos notas sobre Psicología y Magia

La relación entre lo que llamamos Psicología y lo que llamamos Magia

parece darse hoy en dos terrenos distintos, pero conectados:

1) La coincidencia (al menos parcial) en el objeto de trabajo: La

Psicología moderna intenta abordar realidades del ser humano que son

centrales para la Magia. Es algo que ya subrayaba Israel Regardie y que

expresa así Ray Sherwin (en El Teatro de la Magia): "La magia siempre ha

sido un estudio sobre la mente y sobre cómo utilizar sus poderes latentes. (...) La

Psicología y la Magia van sin duda de la mano, complementando la una a la otra,

aunque hay diferencias. La más importante es que la Psicología es el estudio de las

funciones normales de la mente y su parte práctica consiste en la corrección de

disfunciones, devolviendo al individuo al estado que se considera normal. La Magia

es el estudio de funciones para/supernormales y su parte práctica consiste en la

movilización de la capacidad del individuo, utilizando el estado normal como punto

de partida. Otra diferencia es que mientras que la Psiquiatría es impuesta por un

terapeuta en el sujeto, en la Magia quien practica juega ambos papeles, sujeto y

terapeuta, tomando sus propias decisiones y decidiendo en qué dirección se mueve."

Entiendo que el elemento central de esta discrepancia entre Psicología

y Magia es la forma de concebir la función de la barrera entre mente

inconsciente y mente consciente que el psicoanálisis llama censura, y la

tradición mágica divulgada en nuestra época por Crowley Santo Ángel de

la Guarda. Para la Psicología esta barrera impide por razones de "salud

mental" la comunicación entre el inconsciente y el consciente y así

deben en general dejarse las cosas. Para la Magia esta barrera puede ser

traspasada con fines mágicos (en los estados alterados de consciencia

que posibilitan la entrada del mundo de la Voluntad en el inconsciente).

Además, para la Psicología el camino individual normal es desde la

mente inconsciente a la consciente (como en los sueños, los actos

fallidos y demás). Todo viaje desde el consciente al inconsciente debe

159


ser tutelado por el terapeuta (regresión hipnótica, etc.). La Magia, por el

contrario, es una técnica de psiconavegación mediante la cual el

individuo se atreve a zarpar solo desde la orilla de su consciencia hacia

la alta mar de su universo inconsciente.

2) La Psicología como explicación aceptable para lo mágico. El modelo

psicológico (véase antes el capítulo sobre los modelos de la Magia) es una

explicación de lo mágico muy apropiada para ser presentada en los

círculos de intelectuales bienpensantes de nuestros días. Como escribe

Phil Hine (en Oven-Ready Chaos): "El relevo [de otros modelos mágicos] fue

asegurado con la vulgarización de la Psicología, principalmente por los caprichos de

Freud, Jung & Cía. Durante esta fase, los Otros Mundos se convirtieron en

Mundos Interiores, los demonios fueron emplazados en el Inconsciente y los

Maestros Secretos se convirtieron en manifestaciones del "Yo Superior". Para

algunos intérpretes ulteriores de este modelo, las cartas del tarot pasaron de ser un

sistema mágico adivinatorio a convertirse en "herramientas" de transformación

personal, al igual que los dioses y diosas no fueron ya percibidos como entidades

"reales", sino como símbolos y arquetipos psicológicos. (...) Hace falta remarcar que,

si os encontráis en una situación en la cual os es necesario "explicar" todos estos

hechos extraños a un escéptico o a un no-practicante, sin duda os será muy útil

apostar por el modelo psicológico."

160


La Magia como voluntad y acción

Prólogo

¡Hombre, contémplate a ti mismo! ¡Con qué sufrimientos fuiste formado! ¡Cuánto

tiempo hasta moldearte! ¡La historia del planeta ha tramado la sustancia toda de

tu cerebro! ¿Todo esto para nada? ¿No albergas intención alguna? ¿Fuiste

concebido para alimentarte, engendrar y morir? ¡Ni lo pienses! Integras multitud de

elementos, eres el fruto de multitud de eones, tienes la forma de tu existencia, y no de

otra, destinada a un Fin colosal. Esfuérzate entonces en buscarlo y realizarlo. La

Nada puede agradarte pero el cumplimiento de tu Voluntad se esconde en ti mismo.

Así pues, ¡manos a la obra! ¡Gánate tu propia Libertad! ¡Lucha!

Crowley, De Lege Libellum, I.

Every little thing she does is magic...

Lo mágico puede ser definido de muchas maneras, una de ellas: lo que

desencadena, modifica o determina los procesos de cambio en la

realidad. Lo mágico sucede, en contra incluso de la intención del que lo

provoca. Sencillamente, "al hacer ciertas cosas sobrevienen ciertos resultados"

(Crowley). Nadie queda fuera de lo mágico, como nadie queda fuera —

como sujeto y objeto a la vez— del permanente cambio: ni por no

tener una voluntad de producir determinados cambios, ni siquiera por

no creer en la Magia. En cada una de nuestras actividades como

demonios (es decir, como seres humanos) dejamos una huella en la

realidad que habitamos, en la realidad que inventamos. Los demonios

161


no pueden quedarse al margen de la creación. Hasta su inactividad

tiene implicaciones, hasta su silencio es significativo.

El gran arte de la Magia consiste en conocer los procesos que

desencadenan los cambios en el universo (o sea, qué cosas producen

qué cambios) y utilizar deliberadamente este conocimiento. La Magia

supone llanamente lograr introducir la Voluntad en los procesos de

cambio. Algo parecido a tomar las riendas de un carruaje que corriera

hasta entonces desbocado (el carruaje ya llevaba tiempo corriendo

antes de que nosotros, sus viajeros, supiéramos de la existencia de las

riendas, y antes de que decidiéramos sujetarlas).

La Voluntad es pues el elemento angular del arte de la Magia. La Magia

no provoca lo mágico. Lo mágico es el mundo, él contiene las reglas de

los cambios. La Magia supone intervenir en lo mágico. Hacer que los

cambios sucedan de acuerdo a la Voluntad.

Ni siquiera toda comprensión y trabajo sobre lo mágico puede considerarse

parte de la Magia. La persona religiosa, atemorizada y supersticiosa,

también sabe que al hacer ciertas cosas sobrevienen ciertos resultados,

pero no es dueña de qué ciertas cosas hace. No puede sino obedecer. Su

Voluntad no es soberana, se ha inventado un dios superior a él (un

super-humano por encima de él) para no tener que aceptar su propia

divinidad (su propia humanidad, en el sentido esplendoroso del

término).

Parece que todo fracaso en la actividad de la Magia es un fracaso de la

Voluntad. La Voluntad, que no es un discurso, ni una idea, sino algo

que surge y abarca la totalidad del ser, algo que arrolla como un

tsunami incluso al precario andamiaje del Yo. El miedo, la obsesión,

preludios del fracaso, son titubeos de la Voluntad: Invenciones de

soberanos por encima del verdadero soberano.

Desear y hacer

Voluntad es sinónimo de deseo, por esto la palabra a veces es engañosa.

Tengo voluntad de levantarme no significa necesariamente, para la

mayoría de la gente de hoy, me levanto. Expresiones como "Lo hice con mi

162


mejor voluntad", que es una excusa socorrida, reflejan que desear y hacer no

están necesariamente vinculados en nuestra forma de ver las cosas, y

que hasta pueden aparecer enfrentados. Todo el mundo sabe que la

apatía, la indolencia y la inacción del hombre moderno se acompañan

de generosas dosis de deseos, de "grandes planes" y de "proyectos" (La

voluntad del hombre moderno es mera intención).

La Voluntad de la Magia implica desear y hacer a la vez. Deseo en

marcha, acción deseante. Kenneth Grant, en su libro The Magical

Revival, subraya la importancia central del Haz (Do) en la fórmula de la

Gran Bestia Haz lo que quieras será toda la Ley (Do what thou wilt shall be the

whole of the Law). La Bestia no sólo reivindicaba el propio deseo sino

sobre todo la realización de este deseo. Muchos pueden establecer de

alguna manera cuáles son los propios gustos, pocos se atreven a actuar

realmente conforme a ellos. La Magia es atrevimiento a un movimiento

autónomo dentro del caos, a trazar un rumbo propio en el universo de

las cosas. Por todo esto la destreza en la Magia no puede obtenerse

leyendo libros en un sofá (ni sentado a la pantalla del ordenador). La

Magia, como dice Peter Carroll, es una ciencia altamente experimental.

Frente a la Voluntad activa de la Magia está la Nada, la inmovilidad, la

espera inerme de la muerte. La inacción que desperdicia la vitalidad,

que se aburre y se queja de la vida, las mil formas modernas de evasión

para no tener que escoger entre las posibilidades reales (los retos) que

ofrece estar vivos. Algunos dicen que el ser humano es de por sí un

animal indolente, que la apatía y la pereza son tendencias naturales en

nosotros. Habría que evitar confundir a esta empequeñecida y atrofiada

versión del ser humano que es el hombre moderno de hoy con el ser

humano en sí. Los hombres renacentistas eran de una especie que hoy

resultaría insólita y aterradora.

Ray Sherwin cree en la pereza natural del ser humano y escribe en El

Libro de los Resultados: "El hombre es una criatura de hábitos. Es perezoso. De

hecho, la pereza podría haber sido uno de los principales impulsos y motivos para su

evolución, animándole a encontrar formas más sencillas de sobrevivir que las

condiciones en las que en un principio se encontró". Y más adelante: "Tradicionalmente,

los magos se han forzado a hacer aquellas cosas que su personalidad

había decretado que ya harían mañana". Entonces la Magia sería una

actividad que buscaría vivir por encima de lo humano demasiado humano.

¿No se ha dicho siempre que el mago es un ser aparte de la comunidad

de los hombres, una criatura en muchos sentidos no humana?

163


La valentía del mago (su osadía, su blasfemia) es atraverse a

transformarse a sí mismo, tensar y dominar al máximo sus posibilidades

creativas, tender a ir más lejos de lo que su cultura espera en un

hombre. El límite, si lo hay, no es un límite aprendido (un límite que te

cuentan los otros), sino un límite que marcará la propia e intransferible

experiencia.

Así que la Magia es Voluntad, Voluntad en acción.

Epílogo

Tímidos, avergonzados, torpes, como un tigre al que le ha salido mal el salto: así,

hombres superiores, os he visto a menudo apartaros furtivamente a un lado. Os

había salido mal una jugada.

Pero vosotros, jugadores de dados, ¡qué importa eso! ¡No habéis aprendido a jugar y

a hacer burlas como se debe! ¿No estamos siempre sentados a una gran mesa de

burlas y de juegos?

Y aunque se os hayan malogrado grandes cosas, ¿es que por ello vosotros mismos

— os habéis malogrado? Y aunque vosotros mismos os hayáis malogrado, ¿se

malogró por ello — el hombre? Y si el hombre se malogró: ¡bien! ¡adelante!

Nietzsche, Así habló Zaratustra, IV.

164


Sobre la Magia Negra

En otro lugar he escrito algo que tenía que ver con la injerencia de la

moral en la Magia. Hablando de injerencia no quiero decir que no

exista o debiera existir una moral en el mago; de hecho todo el mundo

tiene una moral en cuanto se comporta de manera similar ante

situaciones que considera parecidas (los "inmoralistas" también tienen,

en su observancia estricta de lo que consideran inmoral, una moral).

Todo comportamiento que busca la coherencia es moral, sean cuales

sean los discursos éticos sobre los que se sustente. Que esa moral

pueda ser juzgada como "buena" o "mala" depende de la perspectiva

desde la que se valore. Normalmente la ética propia, desde la que se

justifica el propio comportamiento, es entendida como "buena",

aunque se llame —por una estética de la rebeldía o del escándalo—

"siniestra", "maldita" o "la más perversa del mundo" (Como la imagen

que le gustaba dar a Crowley).

El problema entonces no es que el mago, como persona, tenga una

moral. Por lo que acabo de decir, no podría ser de otra forma. El

problema es más bien que las perspectivas morales organicen el

panorama de la Magia, estableciendo aparentes dicotomías objetivas —

supuestamente basadas en técnicas o caminos diferentes— donde no

hay en realidad sino valoraciones subjetivas desde una perspectiva

moral determinada (desde una perspectiva ética determinada).

Además hay otro factor importante que hace que esta división moral de la

Magia sea especialmente dañina para la propia comprensión de la

Magia. Es un factor de índole social e histórica. La Magia como tal ha

sido condenada y perseguida durante siglos por todas las grandes

ideologías de rebaños (las religiones). La Magia es un camino de

crecimiento individual, de conquista del propio universo personal, que

no puede encajar con la conciencia de autonegación, temor y

165


humillación que necesita inculcar el sacerdote para reunir a su rebaño.

Por eso como hechicería o arte demoníaca ha sido combatida a sangre y

fuego. Hay un enorme bagaje cultural de discursos e imágenes contra la

Magia, considerada algo "malvado", "dañino", "peligroso". Todos los

que nacemos en sociedades como las nuestras tenemos esta herencia de

imágenes desde la infancia, en forma de cuentos donde el mal es la

bruja y el bien es la muerte de la bruja. Para adultos hay otros cuentos

sobre la Magia no menos absurdos y siempre inquisitoriales, entre los

cuales la mediocre película titulada Chemical Wedding es sólo un ejemplo.

A veces se observa que entre las personas que se dedican a la Magia se

recurre a todo este bagaje ideológico de mentiras y miedos contra lo

mágico para atacar (por puntos de partida morales) a otras

determinadas técnicas o corrientes mágicas. Estos magos, que

protestan en situaciones generales contra las imágenes malditas de la

Magia que han difundido las maquinarias de propaganda inquisitoriales,

se sirven de estas mismas imágenes cuando les interesa denigrar

determinados caminos que ellos no siguen. Es como si dijeran: Sí,

bueno, los cuentos inventados por los inquisidores son al final totalmente ciertos, sólo

que no hablaban sobre "mi" magia sino sobre la magia "de esos". Mi magia es

"buena"... Un caso en esta línea que me llamó la atención desde el

primer momento es el de Dion Fortune, una persona especialmente

interesada en que todo el mundo (con todos los prejuicios que tiene

"todo el mundo") entendiera que ella era, fundamentalmente, buena.

Para ensalzar la "bondad" propia, debía rebañar en los peores Malleus

Maleficarum todo tipo de historietas sobre las maldades y truculencias de

los "otros magos", y darlas por ciertas. En su libro Autodefensa Psíquica

describe lo que considera un "ataque psíquico" sufrido por ella misma

por parte de una persona con determinadas habilidades hipnóticas. Y a

continuación escribe:

"Si tal asunto hubiera tenido lugar en la Edad Media, el cura de la parroquia

habría organizado una caza de brujas. A la luz de mis propias experiencias, no

estoy sorprendida en absoluto de que la gente que había adquirido cierta reputación

por la práctica de la brujería fuera linchada" (Autodefensa Psíquica, Prefacio).

Como los cuentos de los inquisidores no son ya muy creíbles, a la luz

de lo que hoy día sabemos sobre sus motivaciones y comportamientos

(hoy que ya tenemos Las Brujas de Salem de Miller y Los Demonios de

Loudun de Huxley), Fortune se ve obligada en las líneas que siguen a

ese fragmento a defender la veracidad de esas patrañas. Todo por

166


poder ir contra esos "otros magos", su antítesis, los que hacen la magia

mala... Por cierto, ¿cómo le llama a esa magia mala, para que la entiendan

a la primera sus bienpensantes y gazmoños lectores? Le llama, claro,

Magia Negra.

Magia Negra es pues, antes de nada, la etiqueta con la que los magos

juegan el vergonzoso juego de asumir los discursos represivos contra la

Magia para utilizarlos contra otros magos. El juego es peligroso porque

una vez que se acepta esa visión brutal y represiva es muy difícil

mantener la línea de separación que le dejaría a uno fuera. Como dice la

sacrosanta Wikipedia: "Lo contrario de magia negra es magia blanca. Las

diferencias entre magia negra y magia blanca son discutibles, y las teorías encajan

generalmente en una de las siguientes categorías". Y la primera de ellas es,

naturalmente: "Todas son una: Todas las formas de magia son malas, o magia

negra".

Magia Negra es una etiqueta por lo tanto moral, y su uso dentro de los

círculos mágicos obedece a escalas también morales. La Wikipedia nos

sigue iluminando: "Magia negra o magia oscura es una forma de hechicería que

se basa en supuestos poderes malévolos. Puede ser usada para propósitos oscuros o

actos malvados que causan daño en alguna forma". Obsérvese que todas las

palabras empleadas para describir qué es Magia Negra son términos

morales (malévolo, malvado, incluso hechicería en el sentido en que se le da

hoy), ni una palabra sobre su funcionamiento, su técnica. En realidad,

desde esta perspectiva, no hay técnica negra diferente del resto de la

técnica mágica. Sólo hay condena moral de las intenciones del mago

(en el texto, propósitos oscuros).

Me gustaría comentar aquí, desde esta perspectiva, el artículo La Magia

Negra no es un Mito, publicado por Crowley en un semanario de gran

tirada en 1933. La revista donde se publicó, el título del artículo, los

temas elegidos y la forma de presentarlos (uno de los epígrafes se titula,

por ejemplo, Indescriptible, en lo que es un indisimulado recurso al

sensacionalismo), sugieren que era muy consciente del público general

al que iba dirigido el texto, y la serie de prejuicios y recelos que este

público albergaba sobre el tema de la Magia en general. El artículo

equipara fundamentalmente Magia Negra a brujería, y brujería a

propósitos malvados y mezquinos. La bruja ruin y malvada del Malleus

o de Blancanieves, la bruja de los lectores bienpensantes del London

Sunday Dispatch.

167


Así las cosas (Magia Negra = Brujería = Mal / Magia Blanca = Bien),

resulta muy gratificante la propuesta de la corriente de la Magia del

Caos de hacer una división amoral de la magia, y de recuperar los

conceptos de Magia Negra y Magia Blanca para dos caminos dentro de

ella, ninguno mejor o peor objetivamente (pero sí subjetivamente). En

el Liber Null, que enseña los contenidos de los grados 4º, 3º y 2º de la

Orden de los Illuminates of Thanateros (IOT), Carroll ofrece la

siguiente división:

"La Magia Blanca se inclina más a la adquisición de conocimiento y a un

sentimiento general de fe en el universo. La forma Negra está más interesada en la

adquisición de poder y se vincula a una fe básica en uno mismo. Los resultados

finales parecen no ser tan diferentes, porque los senderos se encuentran en una forma

imposible de describir."

Carroll considera esta división de la Magia, en relación a otras posibles,

"más temperamental", pues la elección de uno u otro sendero depende de

la forma de ser y de los gustos profundos del practicante. También

escribe:

"Los iniciados tienen libertad para trabajar con materiales de uno o de ambos de

ellos. El llamado camino medio, o "sendero del conocimiento", que consiste en la

adquisición de ideas de segunda mano, es una excusa para no seguir ninguno, y no

lleva a ningún sitio."

El Liber Null se desglosa así para los materiales del grado 3º en dos

libros complementarios, el Liber Lux (Magia Blanca) y el Liber Nox

(Magia Negra), cada uno con sus propias técnicas.

La Magia Negra trabajaría desde este punto de vista las técnicas del

doble, del alfabeto del deseo de Spare, de la transmogrificación, del cambio

aleatorio de creencias, de la brujería (entendida como "el arte de usar

elementos materiales para efectuar transformaciones mágicas") y del éxtasis.

La oposición Magia Negra como lado moralmente oscuro y filosóficamente

autosuficiente / Magia Blanca como lado moralmente claro y

filosóficamente entregado a una totalidad superior, no está muy alejada

pues de la oposición Sendero de la Mano Izquierda / Sendero de la

Mano Derecha, o incluso de la de Magia / Misticismo, que ya hemos

visto.

168


Índice

Filosofía Oscura, 3

Lo que permanece, 5

El Demonio en el espejo, 9

La conquista de la percepción, 13

El sueño del mundo, 15

Parapsicología siniestra, 17

El Yo y la Magia, 21

Reivindicación del odio, 27

Vivir sin Dios, 29

Introducción al Infierno, 33

De la tentación, 35

Sobre las sombras llamadas gente, 37

Apuntes de Liberación Satánica, 39

Teoría de Cerbero, 43

Sobre el llamado Sendero de la Mano Izquierda, 45

Satán, 51

Sobre la identidad de Satán, 53

Mi Satán, 57

Satán es la valentía de vivir, 59

El síndrome de Regan, 61

Simpatía por el Diablo, 63

De las pruebas del Demonio, 67

Focalor, 69

Una nueva etimología para el nombre Satán, 71

Introducción a Set, 75

169


Satanismo, 85

La amenaza satánica, 87

En los orígenes del Satanismo, 95

A los oscuros devotos, 103

De la maldad, 105

Magia Negra, 109

Los modelos de la Magia, 111

El objetivo de la Magia, 121

El juego del cambio de paradigmas, 123

Enseñanzas de Heka, 125

El tiempo mágico, 129

Zazas zazas nasatanada zazas, 133

La misa negra, 135

Karanamudra: Utilidades del signo del Diablo, 141

Comentario sobre un texto de la Bestia 666, 143

Apertura del chakra Muladhara para la Magia Negra, 147

Chamanismo y Magia occidental, 153

Dos notas sobre Psicología y Magia, 159

La Magia como voluntad y acción, 161

Sobre la Magia Negra, 165

170


© Miguel Algol, 2012.

© Infernalia Editorial, 2012.

Todos los derechos reservados.

Ilustración de portada:

Francisco de Goya, El Conjuro o Las Brujas, h. 1798.

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