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Fan Art: El Cadáver de la Novia - Tim Burton

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El Cadáver de la Novia

Un tributo al Stop-Motion

La gente del pueblo, de aspecto rígido, camina asintiendo muy

formalmente y sin calor cuando se cruzan.

Una campana de iglesia da el primero de los cuatro golpes. El

pregonero entra en la plaza y hace sonar su gran campana.

-¡Cuatro en punto y todo va bien!

El ambiente del pueblo se escucha como una marcha metódica.

La mariposa continúa flotando a lo largo de una línea de tiendas,

haciendo contraste con sus vibrantes colores.

Uno de los vendedores arregla fastidiosos montoncitos de cebollas

marchitas. El sonido del viento añade ritmo a la triste canción

que suena constantemente en Pueblo de la Victoria. El relojero

comprueba y vuelve a comprobar el gran reloj que cuelga delante

de su tienda, reajustando el segundero hasta que esté en su punto.

Los relojes cuentan como metrónomos. El panadero añade

cansinamente otra hogaza marrón a la pirámide que se alza en

su ventana. Cada pan tan seco y sin sabor como el siguiente. El

carnicero, cuyo brazo sube y baja mecánicamente, llena el aire

con un sonido constante de corte en el tiempo muerto. La viuda

Munch, la costurera, está sentada entre pernos de tela, de todos

los tonos de gris. Su máquina de coser corre al ritmo de la gente.

Mientras la mariposa se aleja flotando, la mansión se sigue

viendo a lo lejos, la casa de la familia de Víctor, los Van Dorts.

En la puerta principal está William Van Dort, un caballero de

hombros caídos que habla desde detrás de su bigote caído.

-¿Dónde está Víctor? Puede que lleguemos tarde -grita molesto

al viento esperando a su hijo con la desesperación aumentando.

Víctor se asoma por una ventana del piso de arriba, sin entuciasmo

y sin ganas de estar con sus padres en el carruaje por más tiempo

del necesario. Ya estaba muy cansado de los dialogos.

-Ya voy, padre -responde con una actitud triste.

-Bien, bien. Muy bien.

La madre de Víctor, Nell Van Dort, es una matrona Victoriana

regordeta y prepotente. Contempla desde el otro lado de la ciudad

la mansión Everglot, con sus dos imponentes frontones.

Nell tiene la voz de una diva de la ópera mientras se regocija del

éxito del plan que tantos días había tardado en pensar. William,

por otro lado, es la suave voz de la razón.

Víctor llega junto a ellos con sus piernas desgarbadas y sus

cuellos rígidos, siempre parece miserablemente incómodo.

-¿Dónde está Mayhew? Puede que lleguemos tarde -repite de

muy mal humor.

En el momento, el carruaje Van Dort se detiene, anunciado

por Mayhew el conductor. Víctor se sienta frente a sus padres,

que se aprietan incómodamente mientras el carruaje traquetea

sobre los pobres adoquines descuidados de la ciudad.

-Victoria Everglot es un buen partido. ¿Verdad, Víctor? pregunta

William mientras inspecciona a su hijo.

-No lo sabría, padre, nunca he hablado a solas con la chica.

Nell y William comparten una mirada.

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