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El Cadáver de la Novia
Un tributo al Stop-Motion
Se sienta a su lado en el banco del piano.
-Desde niña he soñado con el día de mi boda. Siempre esperé
encontrar a alguien de quien estuviera profundamente enamorada.
Alguien con quien pasar el resto de mi vida -sonríe
triste. -Tonto, ¿no?
-Sí. ¡Tonto! ¡Ja!
Un latido. Él la mira dándose cuenta de su error.
-N-no. En absoluto.
Ambos se ríen nerviosamente, acercándose un poco más. Víctor
derriba accidentalmente el pequeño jarrón. Coge el pañuelo
de su bolsillo justo cuando Victoria saca su pañuelo. Mientras
ambos limpian apresuradamente el derrame, sus manos se tocan.
Se miran el uno al otro.
De repente, en la puerta aparece el pastor Galswells, que les
dirige una mirada severa y prohibitiva. Los padres se agrupan
rápidamente detrás de él.
Víctor se mete apresuradamente la flor en el bolsillo.
-¿Qué impropiedad es esta? ¡No deberíais estar juntos a solas!
Aquí es un minuto antes de las cinco, y usted todavía no está en
el ensayo o en la habitación. ¡Podrías llegar tarde!
-Oh Dios... nosotros... nosotros... -empieza Víctor nervioso.
-Ven enseguida -le dice Maudeline fríamente.
El grupo se ha reunido en el salón para ensayar la ceremonia
nupcial. Sentados están Finis y Maudeline, William y Nell. La
parte delantera de la sala se ha dispuesto como un altar improvisado.
Una mesa elaboradamente tallada sostiene un par de
velas y un cáliz. La presión es máxima en el ambiente.
Es el acontecimiento social de la década y Maudeline Everglot
no ha dejado nada al azar. Es como una Martha Stewart del siglo
XIX, que planifica obsesivamente hasta el más mínimo detalle.
El pastor Galswells preside, sosteniendo un libro y un cetro
sagrado ornamental. Víctor tiembla en una agonía nerviosa
mientras el pastor Galswells le mira fijamente.
-Intentémoslo de nuevo. ¿Vamos, maestro Van Dort?
Víctor levanta la mano izquierda y retrocede tres pasos.
-S-Sí, señor. Ciertamente.
-Bien, Bien -El Pastor Galswells sisea.
Víctor se apresura a levantar la mano correcta.
-¡Ah, sí! Con este... este...
El pastor Galswells se notaba molesto e incitaba más el nerviosismo
de Víctor. Se podía sentir en toda la habitación.
-Mano... -trata de ayudarlo.
-Mano, sí ... con esta mano, lo haré. . .
Coge el codo de Victoria, pero se pone nervioso al tocarla.
-Oh, perdóname, yo, er...
-¡Continúe!
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