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El Cadáver de la Novia
Un tributo al Stop-Motion
-¿Qué casa de es la tuya? -pregunta Emily.
Víctor mira a su alrededor. A la izquierda, ve su propia casa,
con un frontón. A la derecha, ve la mansión a dos aguas de los
Everglot. Tras un momento de duda, señala a los Everglots.
-Está ahí arriba. Por qué no voy yo primero y.… los preparo. Tú
espera aquí por favor.
-¡Perfecto!
Víctor corre hacia la casa en lo alto de la colina. Emily se queda
atrás bailando sobre las lápidas. Después de algunos golpes, la
araña y el gusano salen arrastrándose.
-Eres una novia muy confiada – le dice la araña.
-Es cariñosa – la defiende el gusano.
-Pero ahora todos tenemos sangre fría.
-No Víctor – dice Emily.
-No. Víctor no. Ha vuelto a la Tierra de los Vivos. Y estoy seguro
de que tiene mucho para ponerse al día.
-¿Qué estás insinuando? – pregunta el gusano.
-Ojos que no ven, corazón que no siente. Fuera de la mente, fuera
del cuadro – mira a Emily que dirige su mirada atenta a la casa.
Víctor se acerca a la casa con cautela, no está seguro de lo que
debe esperar. Entonces ve dos siluetas en una de las ventanas abajo
y se acerca con cuidado. Alcanza a ver la silueta de Finis.
-Si alguna vez pongo mis manos en ese Van Dort chico, voy a
estrangularlo con mis manos desnudas – dice Finis con rabia.
-Tus manos son demasiado gordas, y su cuello es demasiado
delgado. Tendrás que usar una cuerda – apoya Maudeline.
-Hmmmf.
Mientras tanto Víctor está asustado, se arrastra hacia atrás y casi
se da por vencido por completo, cuando se da cuenta de una
luz en una ventana de arriba. Con el coraje de los condenados,
alcanza un enrejado desvencijado, con la esperanza de escalarlo,
pero sus manos lo atraviesan y su corazón se sale del pecho.
-¡Maldición! Debe haber una manera. Piensa, Víctor, ¡piensa!
Mientras se estruja el cerebro, sus zapatos se han levantado del
suelo de repente.
-El esqueleto lo llamó un hechizo inquietante. Eso me convertiría
en un... fantasma -se da cuenta con sorpresa.
Sólo ahora se da cuenta de que ha flotado hasta el segundo
nivel. Él puede mirar en la ventana del dormitorio de Victoria.
Ella está sentada en su sillón, cosiendo frenéticamente su colcha.
Víctor intenta silbar para llamar su atención y se gira para verlo
en su balcón, embarrado, despeinado, con su chaqueta rota y
su pelo salvaje. Ella se apresura y, como puede, abre las puertas
francesas para que pueda entrar.
-Victoria.
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