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Malanga la novela

Novela costarricense posmoderna, fragmentaria sobre una república imaginaria que dice ser un paraíso, pero tiene los conflictos ordinarios de toda sociedad del siglo XXI: doble moral, facilismo, droga, violencia, autoestima y, acaso, el narcoestado. Es una novela pastiche que procura hablar sobre el ser contemporáneo. Su correlato habla de un mundillo literario plagado de oportunistas y tramposos y reflexiona sobre la escritura. La novela está escrita en clave de humor negro.

Novela costarricense posmoderna, fragmentaria sobre una república imaginaria que dice ser un paraíso, pero tiene los conflictos ordinarios de toda sociedad del siglo XXI: doble moral, facilismo, droga, violencia, autoestima y, acaso, el narcoestado. Es una novela pastiche que procura hablar sobre el ser contemporáneo. Su correlato habla de un mundillo literario plagado de oportunistas y tramposos y reflexiona sobre la escritura. La novela está escrita en clave de humor negro.

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Mientras divago, la radio regresa a lo del banco.

Víctimas: un cuidacoches de sesenta y dos años y la

dueña de un salón de belleza de treinta y ocho, madre

soltera.

Ahora desautorizan la versión que implica a un

exfuncionario de la sucursal pues según el padrón

ciudadano ha muerto dos años atrás. Prestigiada, esta

prensa es, en realidad, basura. El jugo de la noticia es

enfatizar en que uno de los sospechosos es foráneo,

porque el vulgo focaliza el odio hacia un débil enemigo

y así olvida los abusos del poder.

Lo más curioso es que dan detalles de dos ladrones,

nada más. Dicen que los otros dos serían elementos

estilizados y muy grandes, y curiosamente no dan aportes

sobre su etnia, estatura, vestimenta. Casi fantasmales.

Me levanto, voy por mi maletín y a caminar. A eso

vengo. Afuera pasa un hombre, con dos caballos blancos.

Estos no van al matadero, son carne cara. Los autobuses

hacen cola para entrar a la terminal y el poco espacio se

hace, además, laberíntico.

Cuando llego a destino, han pasado las tres de la tarde,

y en la cafetería, el televisor está sintonizado en el

noticiero. Lo último que se dice es que el cabecilla trabajó

diez años en el banco, y durante esos días, fue intachable.

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