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Malanga la novela

Novela costarricense posmoderna, fragmentaria sobre una república imaginaria que dice ser un paraíso, pero tiene los conflictos ordinarios de toda sociedad del siglo XXI: doble moral, facilismo, droga, violencia, autoestima y, acaso, el narcoestado. Es una novela pastiche que procura hablar sobre el ser contemporáneo. Su correlato habla de un mundillo literario plagado de oportunistas y tramposos y reflexiona sobre la escritura. La novela está escrita en clave de humor negro.

Novela costarricense posmoderna, fragmentaria sobre una república imaginaria que dice ser un paraíso, pero tiene los conflictos ordinarios de toda sociedad del siglo XXI: doble moral, facilismo, droga, violencia, autoestima y, acaso, el narcoestado. Es una novela pastiche que procura hablar sobre el ser contemporáneo. Su correlato habla de un mundillo literario plagado de oportunistas y tramposos y reflexiona sobre la escritura. La novela está escrita en clave de humor negro.

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ANOTACIONES DE VIVAS EN SU

LIBRETA DE APUNTES

La unidad estilística es un dogma, un conservadurismo

académico. En realidad, una novela es una red de

historias tejidas por distintas manos. El narrador que

conoce toda la realidad —el omnisciente— es totalmente

un timo. Hasta el que narra en primera persona, puede

escoger retorcer los hechos. El sujeto que habla siempre

destila algún prejuicio y un chorro de mentiras. Si afirma

conocer la realidad interior de los personajes es porque,

en alguna medida, especula. Lo menos que puede

hacerse para combatir esa mentira es acudir a la

pluralidad de voces, no importa si éstas son anónimas o

si son la grabación de la voz de loros adiestrados.

En todo caso, insisto, existe la historia o las historias.

El narrador es una metaficción que el escritor usa para

manipular sus particulares demonios, los cuales

engendran a los personajes y a la trama.

Dicho esto, que un personaje sobreviva, se borre,

muera o renazca es cosa del arbitrio del que escribe.

Baste de ejemplo, el Colibrí de Sarduy.

Yo, como ficción, le llevo ventaja en extremo al autor.

Vivas a secas es atemporal y su existencia depende de

atrapar al lector, una y otra vez. En cambio, el autor

tiene fecha de caducidad, salud limitada y, acaso,

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