¡Convierta sus PDFs en revista en línea y aumente sus ingresos!
Optimice sus revistas en línea para SEO, use backlinks potentes y contenido multimedia para aumentar su visibilidad y ventas.
res nuevas. Inspiró profundamente, como si quisiera beberse
el aire, en un intento por sobreponerse. Flores y…
¿humo? No. El humo no estaba en el viento, sino en su
cabeza. Era el recuerdo… ¿de qué? De una batalla que su
memoria no había retenido. Una batalla que, por lo visto,
había acabado con la destrucción por el fuego del teatro
de Kelley. Al menos eso era lo que había podido comprender
gracias a las imágenes de la televisión, grabadas
aquella mañana mientras el Gran Avalón se venía abajo,
convertido en una columna de humo negro, reducido a la
nada. Reducido a la nada... eso es lo que le había pasado
al propio Sonny tras escuchar de boca de Kelley Winslow
aquellas terribles palabras: «No amo a Sonny Flannery».
Flores y humo…
Miró a su alrededor. Sentía una necesidad imperiosa
de correr, de escapar, de esconderse. Le dolía el pecho y
le dolía el corazón, como si hubiera tragado agua de mar
y se le hubieran llenado los pulmones de sal, o como si
hubieran lanzado su cuerpo contra las rocas, batidas por
las olas.
Así es como debe de sentirse un náufrago, pensó. Aferrado a
la esperanza de un rescate que no llega…
Sonny se tropezó, perdió el equilibrio y fue trastabillando
hasta el centro de la calle, sin importarle los bocinazos
de los conductores encolerizados ni el chirrido estridente
de los neumáticos de los coches al frenar.
«No amo a Sonny», había dicho Kelley, ignorante, al
parecer, de que él se encontraba allí, a su espalda, lo bastante
cerca como para cruzar la puerta y tocar con los dedos
sus brillantes cabellos. No sabía por qué ella lo había
dicho, pero sí que tenía que ser cierto. Una de las verda-
17