CAMINANDO JUNTOS
La vida de La Salle a través de la mirada de Jean Jacquot, FSC
La vida de La Salle a través de la mirada de Jean Jacquot, FSC
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Redacción: Diego Muñoz F.S.C.<br />
Portada: Begoña Fernández Corbalán<br />
© 2018 Hermanos de las Escuelas Cristianas<br />
Casa Generalicia, Roma.<br />
http://www.lasalle.org/<br />
Servicio de Investigación y Recursos Lasalianos<br />
ISBN 978-88-99383-08-4<br />
Todos los derechos reservados de acuerdo con las convenciones internacionales de derechos de<br />
autor. Prohibida su reproducción y/o utilización total o parcial, en cualquier forma o por cualquier<br />
medio, electrónico o mecánico sin autorización previa del editor.<br />
AucaDigital Editores, S.L.<br />
http://aucadigital.com
Capítulo 1<br />
Adoro en todo el proceder de Dios para conmigo<br />
(1717-1719)<br />
Capítulo 2<br />
Vocaciones inesperadas<br />
(1679-1686)<br />
Capítulo 3<br />
Algo está naciendo<br />
(1686-1689)<br />
Capítulo 3<br />
Algo está naciendo<br />
(1686-1689)
Capítulo 4<br />
Sentando las bases<br />
(1690-1691)<br />
Capítulo 5<br />
Juntos y por asociación<br />
(1692-1694)<br />
Capítulo 6<br />
Asociados para las escuelas cristianas<br />
(1695-1701)<br />
Capítulo 7<br />
Contradicciones en el camino<br />
(1702-1710)
Capítulo 8<br />
Los caminos de Dios<br />
(1711-1714)<br />
Capítulo 9<br />
El futuro del Instituto en nuestras manos<br />
(1714-1717)
Caminando juntos<br />
La vida de La Salle a través de la mirada de Jean<br />
Jacquot
Índice<br />
Copy<br />
Índice síntesis argumental<br />
Portada<br />
Índice<br />
Prólogo<br />
Preámbulo<br />
Capítulo 1 Adoro en todo el proceder de Dios para conmigo<br />
Capítulo 2 Vocaciones inesperadas<br />
Capítulo 3 Algo está naciendo<br />
Capítulo 4 Sentando las bases<br />
Capítulo 5 Juntos y por asociación<br />
Capítulo 6 Asociados para las escuelas cristianas<br />
Capítulo 7 Contradicciones en el camino<br />
Capítulo 8 Los caminos de Dios<br />
Capítulo 9 El futuro del Instituto en nuestras manos<br />
Meditaciones<br />
Devoción a la Santísima Virgen<br />
Devoción a san José<br />
Jesucristo en la escuela<br />
Vocación del maestro cristiano<br />
Buen Pastor<br />
Jesucristo como centro de la vida<br />
Estrellas en el cielo lasaliano<br />
Los Hermanos
Hermano Bartolomé<br />
Hermano Bernardo Legentil<br />
Hermano Edmo Leguillon<br />
Hermano Enrique L’Heureux<br />
Hermanos Gabriel y Gerardo Drolin<br />
Hermano Gervasio<br />
Hermano Ireneo<br />
Hermano Jacques Compain<br />
Hermano Jean Henry<br />
Hermano Jean Jacquot<br />
Hermano Jean Maurice<br />
Hermano Jean Partois<br />
Hermano José<br />
Hermano Michel Jacquinot<br />
Hermano Nicolás Vuyart<br />
Documentos<br />
Testamento<br />
Memorial de los orígenes<br />
Memorial sobre el hábito<br />
El voto de 1691<br />
Las doce virtudes del buen maestro<br />
Fórmula de votos de 1694<br />
Acta de designación del Superior de la Sociedad, 1694<br />
Carta de los Hermanos de 1714<br />
Reglas personales o Reglas que me he impuesto<br />
La Guía de las Escuelas Cristianas<br />
Personajes, obras y hechos<br />
Luis Dujarrier-Bresnard
Juan Bautista Blain<br />
Adrián Nyel<br />
Luis XIV<br />
Nicolás Roland<br />
Carlos Mauricio Le Tellier<br />
Claudio Bottu de La Barmondière<br />
Enrique Baudrand de la Combe<br />
Doctor Adrián Helvetius<br />
Joaquín Trotti de La Chétardie<br />
Louis-Antoine de Noailles<br />
Jacobo II<br />
Charles Démia<br />
Jacques de Batencourt<br />
Nicolás Barré<br />
Jacobo Nicolás Colbert<br />
Juan Carlos Clément<br />
Luis Rogier<br />
Henri-François-Xavier de Belsunce de Castelmoron<br />
Papa Clemente XI<br />
Jean d’Yse de Saleón<br />
Luisa Hours<br />
Memorial sobre los orígenes<br />
Meditaciones para el Tiempo de Retiro<br />
Ejercicios de piedad para las escuelas<br />
Instrucciones y oraciones para la Santa Misa<br />
Guía de las Escuelas Cristianas<br />
Silabario<br />
Instrucciones y oraciones para la confesión y comunión
Deberes del cristiano para con Dios<br />
Cánticos que se deben cantar para el catecismo<br />
Reglas de cortesía y urbanidad cristianas<br />
Las cartas de La Salle<br />
Las Reglas<br />
Reglamento cotidiano<br />
Regla del Hermano Director<br />
Casa Grande<br />
Guerra de Sucesión<br />
Galicanismo y jansenismo<br />
Denuncia de los maestros calígrafos<br />
Los Hermanos de San Marcelo<br />
El libro de Quesnel y la Bula 'Unigenitus'<br />
Notas<br />
Imágenes<br />
Síntesis argumental<br />
Referencias bibliográficas<br />
Créditos
Prólogo<br />
«Que su imagen no se quede solamente delante de nuestros ojos, sino<br />
que esté sobre todo dentro de nuestros corazones». Con estas palabras el<br />
Hermano Philippe, Superior General en 1861, animaba a los Hermanos de<br />
las Escuelas Cristianas a alimentar su devoción filial a su Fundador, Juan<br />
Bautista de La Salle, quien en ese tiempo había sido declarado Venerable<br />
por parte de la Iglesia Católica. Sólo en 1888 llegará a Beato y finalmente,<br />
en 1900, a Santo.<br />
Esta biografía nace en el marco de la conmemoración del tricentenario<br />
de la muerte de San Juan Bautista de La Salle, acaecida en Ruán el 7 de<br />
abril de 1719. Los lasalianos del mundo entero queremos seguir<br />
manifestando nuestra devoción filial al Santo Fundador, testigo del<br />
Evangelio desde la escuela cristiana de ayer y de hoy.<br />
Al pensar esta biografía, hemos optado por la narración histórica en<br />
primera persona, de la mano del Hermano Jean Jacquot. Siendo alumno<br />
de una escuela dirigida por los primeros maestros reunidos por La Salle<br />
desde 1680, a sus catorce años sintió la llamada de Dios a ser como uno de<br />
ellos. Su itinerario fue el de tantos que, en la escuela, han descubierto la<br />
riqueza de la vocación del «Hermano». Hoy, somos más de noventa mil<br />
educadores lasalianos en el mundo entero que trabajamos asociados en<br />
una misión común: educamos desde la pedagogía de la fraternidad para<br />
transformar este mundo en un lugar de justicia y paz para todos.<br />
El formato de esta obra es sencillo. Nueve capítulos enriquecidos con<br />
notas históricas, biografías de los primeros Hermanos, algunas obras
fundamentales de la iconografía lasaliana, fotos, vídeos y documentos<br />
originales del Instituto. Hemos querido unir lo mejor de nuestra tradición<br />
en un formato digital multimedia accesible para todos.<br />
Esperamos que esta biografía cumpla su cometido: alimentar la<br />
curiosidad por la persona y el aporte de San Juan Bautista de La Salle al<br />
mundo de la educación y de la Iglesia. Por nuestra parte, hemos escrito<br />
esta obra desde un corazón agradecido por la vocación recibida de<br />
mujeres y hombres lasalianos que educamos siguiendo los pasos de<br />
Jesucristo, el primero de una multitud de hermanas y hermanos en la fe.
Salida de la escuela en el siglo XVII. Augustin de Saint-Aubin. Rousset, E.<br />
(1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 18.<br />
Me llamo Jean Jacquot y soy Hermano de las Escuelas Cristianas. Hace una<br />
semana, en la madrugada del Viernes Santo del 7 de abril, acompañé a<br />
Juan Bautista de La Salle en su lecho de muerte, en la ciudad de Ruán.<br />
A mis diez años comencé a asistir a una escuela de unos maestros que<br />
vivían en comunidad y se llamaban entre sí «Hermanos». Poco a poco me<br />
fui entusiasmando con la idea de ser como uno de ellos, hasta que en mi<br />
corazón sentí que ésa era la vida que quería para mí. Cuando finalmente<br />
entré en su comunidad, a los catorce años, conocí al sacerdote Juan<br />
Bautista de La Salle, su institutor, canónigo de la Catedral de Reims. Entre
nosotros le llamábamos «nuestro muy querido padre». Era un hombre de<br />
fe que lo había dejado todo para dedicarse por entero a las escuelas y a los<br />
maestros. Con él descubrí que los Hermanos eran ministros de Jesucristo<br />
para los niños en la escuela. Y esa vocación ha llenado hasta hoy mi<br />
corazón.
1<br />
Adoro en todo el proceder de Dios para conmigo<br />
En la madrugada del Viernes Santo del 7 de abril murió nuestro muy<br />
querido Padre La Salle.<br />
Todavía siento esta profunda sensación de tristeza y abatimiento que<br />
deja la muerte de alguien querido. Sin duda este hecho nos ha unido como<br />
comunidad de Hermanos en una sola plegaria de acción de gracias; nos ha<br />
hecho conscientes que desde ahora continuamos sin él la aventura de<br />
estar al servicio de aquellos a quienes Dios ha puesto a nuestros cuidados.<br />
Él ha sido nuestro guía en estos tiempos difíciles; su palabra, sus acciones,<br />
han sido para nosotros un apoyo indiscutible para continuar con la mano<br />
en el arado, sin mirar hacia atrás. Ahora ruego al Señor que nos dé la<br />
sabiduría para seguir animándonos en los desafíos que nos esperan.<br />
La noticia de su muerte se extendió rápidamente por la ciudad. De<br />
todas partes acudieron personas para acompañarnos, convencidas de<br />
haber conocido un santo. El mismo Viernes Santo, la parroquia de San<br />
Severo se abarrotó de gente. Allí fue enterrado La Salle al día siguiente, en<br />
la capilla de Santa Susana. Creo que el párroco, el señor Dujarrier-<br />
Bresnard, al ver la reacción del pueblo, cayó en la cuenta de lo<br />
inapropiada que había sido la decisión del señor Arzobispo de castigar a
La Salle, retirándole el poder de confesar. Una vez más, nuestro padre<br />
había sido malentendido. Resignado y sereno había recibido la noticia un<br />
tanto endulzada por su amigo, el canónigo Blain, quien le tenía afecto y<br />
admiración profunda. Pero así son las cosas de los santos, no cesan de<br />
recibir cruces en el camino al cielo.<br />
Dos años antes de su muerte, a partir de la elección del Hermano<br />
Bartolomé como Superior, La Salle había podido descansar del ejercicio<br />
de la autoridad. A sus sesenta y cinco años ya había necesitado cambiar el<br />
ritmo que le obligaba el ser Superior de sus Hermanos. Sus constantes<br />
viajes, unidos a tantas situaciones difíciles que había vivido, sobre todo en<br />
los últimos tiempos, habían acentuado su reumatismo y lo habían hecho<br />
más propenso a sufrir ataques de asma. Aunque siempre trataba de<br />
mantenerse de buen ánimo, últimamente habíamos notado sus<br />
sufrimientos. El médico ya nos había advertido de la proximidad de su<br />
muerte; por ese motivo, el Hermano Bartolomé había mandado llamarme<br />
para pasar la Semana Santa en Ruán. Y he ahí que pude acompañarle en<br />
sus últimos días.<br />
Fue curioso cómo La Salle, en sus dos últimos años de vida, parecía otro<br />
hombre, libre de la responsabilidad del gobierno del Instituto. Sereno,<br />
obediente y humilde hasta al extremo, cercano a los Hermanos de la<br />
comunidad y a los alumnos de la escuela de San Yon, se esmeraba en vivir<br />
con plenitud aquello que había practicado a lo largo de toda su vida: su<br />
unión con Dios a través del recuerdo permanente de su presencia, el trato<br />
caritativo y exigente con sus Hermanos y el amor filial a los niños y jóvenes<br />
de las escuelas. Tuve la oportunidad de visitar esta comunidad varias<br />
veces, como Asistente del Hermano Superior, para atender algunos<br />
asuntos importantes del Instituto. Y allí pude disfrutar de su presencia
paterna. Recuerdo vivamente cómo los alumnos lo rodeaban para<br />
escuchar sus consejos con una emoción que no podían ocultar. Sus<br />
palabras tenían el sello del Espíritu. También pude visitarlo, muy<br />
ocasionalmente, cuando se alojó en el seminario de San Nicolás de<br />
Chardonnet en París, con motivo del cobro de una herencia. No quiso<br />
quedarse con nosotros en la comunidad para evitar demasiadas<br />
atenciones de nuestra parte. Claro que su manera de proceder ganó el<br />
corazón de los seminaristas. Era evidente que se trataba de un hombre<br />
que había hecho un camino de encuentro con Dios a lo largo de su vida.<br />
A pesar de comportarse de forma prudente, La Salle no había dejado de<br />
manifestarnos su opinión cuando consideraba que un asunto era<br />
importante. En efecto, una vez que fui a San Yon para finiquitar el envío de<br />
cuatro Hermanos a Canadá, como intermediario de Francisco Charon de la<br />
Barre, La Salle expresó su disconformidad con tal vehemencia que nuestro<br />
Hermano Bartolomé dio marcha atrás al proyecto sin pedir más<br />
explicaciones. Asimismo, no dudó en advertir ciertos problemas de<br />
acompañamiento a los jóvenes del Noviciado, cuyo Director continuaba<br />
siendo el joven Hermano Ireneo, a quien había conocido en Parmenia.<br />
¡Cuánto nos falta por aprender, por crecer! ¡Y ahora el Instituto está en<br />
nuestras manos!<br />
¡Y su testamento! Encomendó su alma y la de cada uno de nosotros a<br />
Dios. Nos pidió fidelidad a la Iglesia y al Papa, sobre todo en estos<br />
momentos tan difíciles. Y nos recordó lo esencial: estar unidos a Jesucristo<br />
y alimentarnos de Él por la Palabra y la Eucaristía; profesar nuestra<br />
devoción filial a la Santísima Virgen y a San José, nuestro patrono;<br />
desempeñar con esmero y generosidad nuestro ministerio educativo y<br />
fortalecer nuestra comunidad, trabajando unidos a nuestros superiores.
Todavía resuenan en nuestros corazones sus últimas palabras: «Adoro en<br />
todo el proceder de Dios para conmigo». Fue la respuesta que dio al<br />
Hermano Bartolomé en su lecho de muerte cuando le preguntó cómo se<br />
sentía.<br />
Recuerdo el gozo que manifestaban los maestros reunidos en la calle<br />
Nueva de Reims, en 1686, cuando decidieron llamarse Hermanos, asumir<br />
un proyecto y vestir un hábito común. Yo era apenas un muchacho que me<br />
unía a ellos. Hoy, cuando La Salle ya no está a nuestro lado físicamente,<br />
confiamos en que él intercede por cada uno de nosotros y nos alienta en<br />
nuestra vocación común. Como él, también adoramos en todo el proceder<br />
que Dios ha tenido con nosotros.
2<br />
Vocaciones inesperadas<br />
A los catorce años entré en la comunidad de los Hermanos de las Escuelas<br />
Cristianas en una casa situada en la calle Nueva de Reims. Era una tarde<br />
lluviosa de octubre de 1686. Había viajado con mi padre desde mi ciudad<br />
natal, Château-Porcien, a una distancia de cerca de cuarenta kilómetros.<br />
Él era comerciante, necesitaba cerrar algunos negocios en la gran ciudad y<br />
me acompañó a las puertas de la comunidad de los Hermanos. Mi madre<br />
me había despedido con lágrimas, un tanto desconcertada por esta<br />
decisión que marcaba un giro diferente a mi vida.<br />
¿Qué sentía mi corazón de adolescente? Era un impulso inmenso por<br />
ser maestro como mis maestros, Hermano como mis Hermanos, con<br />
quienes compartía mañana y tarde en la escuela. En cuatro años como<br />
alumno, desde 1682, había aprendido muchísimo. Mis padres estaban<br />
asombrados de mis progresos. Lo que más daba sentido a mi vida era la<br />
presencia misteriosa de Dios en cada momento de la jornada. Era como si<br />
el mismo Jesucristo viviera entre nosotros. Mi corazón se emocionaba con<br />
el catecismo diario, con el recuerdo de la presencia de Dios y con el<br />
trabajo cotidiano. En la escuela aprendíamos y nos ayudábamos a<br />
progresar en la lectura, en la escritura y en el cálculo. Íbamos juntos a la
misa de la parroquia y rezábamos el Rosario con el convencimiento de<br />
quienes se sienten escuchados y amados. Creo que allí, en la vida<br />
cotidiana, Dios tocó para siempre mi corazón.<br />
Pero ¿quiénes eran estos maestros, que comenzamos a querer como<br />
hermanos mayores? Llegaron desde Reims, enviados por un sacerdote<br />
muy famoso que había dejado su canonjía en la Catedral de esa ciudad<br />
para dedicarse a acompañar a maestros de escuela. Su nombre era Juan<br />
Bautista de La Salle. Provenía de una de las familias más prestigiosas de<br />
Reims. Sus grandes dotes espirituales, su formación académica, su<br />
apellido, todo indicaba que iba a tener una excelente carrera eclesiástica.<br />
Sin embargo, en pocos años, su vida comenzó a dar un giro inesperado; en<br />
contacto con un tal Adrián Nyel, maestro venido de Ruán, comenzó a<br />
guiar a un pequeño grupo de maestros con la finalidad de asegurar que las<br />
escuelas al servicio de los pobres funcionaran con la mayor calidad<br />
posible. A propósito, pobres éramos la mayoría; bastaba que nuestros<br />
padres dejaran de trabajar para caer en la miseria y el hambre; era un<br />
tiempo muy incierto de fríos glaciares y de guerras dirigidas por nuestro<br />
rey Luis XIV. Por todo ello, la noticia de que La Salle había abandonado su<br />
mundo de privilegios para vivir con una comunidad de maestros había<br />
convulsionado a su ciudad natal; ¿cómo un hombre rico prefería ser pobre<br />
entre los pobres, cruzando una peligrosa frontera hacia una vida de<br />
inseguridades?<br />
Casi veinte años después de estos eventos, los Hermanos pudieron leer<br />
un memorial que el mismo La Salle había escrito acerca de los comienzos<br />
del Instituto. En este escrito, él expresaba cómo Dios, que gobierna todas<br />
las cosas con sabiduría y suavidad y que no acostumbra a forzar la<br />
inclinación de los hombres, lo había llevado de una manera imperceptible
y a lo largo de mucho tiempo a comprometerse por entero en el cuidado<br />
de las escuelas. De este modo, fue experimentando cómo un compromiso<br />
lo había conducido a otro, sin haberlo previsto desde el principio. Así, este<br />
Dios amoroso y tierno le señaló un camino desconocido para sí y para<br />
quienes lo acompañaban en esta aventura. A pesar de su liderazgo y de su<br />
testimonio, muchos maestros de los primeros tiempos lo habían<br />
abandonado, quizás por miedo, quizás buscando seguridades; sin<br />
embargo, en poco tiempo llegaron otros dispuestos a entregarse también<br />
por entero. De ellos guardo el grato recuerdo de Gabriel Drolin, que llegó<br />
a ser su gran confidente; por ese motivo, años más tarde, La Salle no<br />
dudará en enviarlo a Roma para cumplir su meta de abrir allá una escuela<br />
cristiana.<br />
La vida de La Salle, desde el inicio de la comunidad de los Hermanos, no<br />
dejó nunca de sorprendernos. Habíamos visto cómo, durante el duro<br />
invierno de 1684, había repartido sus bienes, distribuyendo el pan en las<br />
escuelas. Como alumnos recibíamos de los Hermanos una pequeña<br />
reflexión y se nos daba el alimento que tanto apreciaban nuestras familias,<br />
hambrientas por la escasez y los altos precios del grano. Habíamos incluso<br />
escuchado cómo el mismo La Salle había tenido que pedir limosna para<br />
darle de comer a sus Hermanos, cuando ya había agotado todas sus<br />
reservas. No solo había decidido vivir con los pobres, sino también en ser<br />
pobre entre los pobres. Creo que esto solo podía ser obra de un santo o<br />
de un loco. Y, sin duda, él era un santo; lo demostró hasta el último día.<br />
Por supuesto que a esa edad yo no era capaz de comprender tantas<br />
cosas. A mi ingreso en la comunidad, los Hermanos me contaron que<br />
habían tenido una especie de asamblea donde habían tomado muchas<br />
decisiones importantes para organizar su vida interna. Eso fue entre los
meses de mayo y junio de 1686. Los Hermanos eran jóvenes no mayores<br />
de veintidós años; algunos venían de familias de prestigio, la mayoría de<br />
las corporaciones de artesanos. Incluso algunos habían dejado sus<br />
estudios eclesiásticos para seguir a La Salle. Él, sin duda, había sido un<br />
ejemplo para los más generosos. No solo habían adoptado un nombre<br />
común –Hermanos de las Escuelas Cristianas– sino que también habían<br />
decidido vestirse de una manera particular, tanto que fueron objeto de<br />
algunas burlas por parte de la gente. No era más que una sotanilla negra<br />
sin botones, cerrada con corchetes hasta la cintura, a unas doce pulgadas<br />
del suelo y con un cuello en dos tablas, parecido a un babero, como era de<br />
uso corriente. Durante el primer invierno, y viendo que necesitaban más<br />
protección contra el frío, adoptaron una especie de capote. Se me<br />
olvidaba: también habían decidido usar un sombrero tricornio. Más allá de<br />
estos rasgos exteriores, lo que más nos llamaba la atención como alumnos<br />
era el deseo de cada Hermano de actuar correctamente; no siempre<br />
acertaban con la disciplina, corrigiendo a los más rebeldes e intentando<br />
orientar a los más limitados. A pesar de todo, era su buena intención la<br />
que ganaba nuestros corazones.<br />
Desde el inicio en la comunidad me dejé envolver por el amor filial que<br />
los Hermanos manifestaban al Señor de La Salle. Al conocerlo<br />
personalmente en Reims, me sentí profundamente conmovido por su<br />
trato delicado y fraternal hacia los Hermanos, por su fe, que resplandecía<br />
en cada celebración eucarística, y por su liderazgo frente a los desafíos de<br />
las escuelas. Este hombre, ciertamente, había recibido una vocación<br />
inesperada como la mía: él, iniciador de algo nuevo; yo, un simple<br />
muchacho inquieto, apasionado por una vocación que hacía arder mi<br />
corazón de alegría. De ahí en adelante, y a pesar de tantas dificultades, no<br />
pude pensar en otra vida mejor que la de Hermano.
3<br />
Algo está naciendo<br />
Mis primeros dos años en la comunidad transcurrieron en la casa de la<br />
calle Nueva de Reims. Llegamos varios jóvenes inquietos<br />
vocacionalmente, gracias al testimonio de los Hermanos que nos<br />
educaban en las escuelas. La Salle dedicaba parte de su tiempo a<br />
formarnos; ninguno llegábamos a los diecisiete años. Aprendíamos cada<br />
día de la labor docente acompañando a nuestros Hermanos<br />
experimentados en la escuela; vivíamos con la comunidad siguiendo el<br />
ritmo y el horario de las actividades de la mañana a la noche.<br />
Para finales de 1686, La Salle y los Hermanos ya habíamos llegado a<br />
configurar una comunidad novedosa, con un hábito propio, un horario de<br />
actividades diarias y un compromiso de obediencia al proyecto común.<br />
Los Hermanos hacíamos un voto anual de obediencia para manifestar<br />
nuestra pertenencia a la comunidad. Dios en su providencia sostenía la<br />
escuela; la gratuidad era esencial, así como el compromiso de no aceptar<br />
ningún regalo de las familias de los alumnos. Nosotros, jóvenes<br />
aspirantes, sentíamos que eso era lo nuestro.<br />
En la casa vecina a la nuestra, vimos en poco tiempo cómo La Salle y los<br />
Hermanos habían organizado un seminario para maestros del campo.
Eran también jóvenes como nosotros, pero venían enviados por los curas<br />
párrocos para trabajar en las escuelas. La Salle ya se había dado cuenta de<br />
la importancia de la comunidad para sostener la vocación del Hermano; y<br />
estos maestros del campo eran su respuesta a tantas necesidades de<br />
maestros en escuelas aisladas en torno a la ciudad. Algunos de estos<br />
jóvenes se quedaron con nosotros para abrazar la vida de Hermano; otros<br />
decidieron seguir su propia vocación de maestros, conservando con la<br />
comunidad el aprecio mutuo y participando en algunas actividades de<br />
formación, como los retiros periódicos.<br />
Apenas estábamos en los inicios de la experiencia en Reims. La Salle,<br />
hombre de fe, convencido de que los Hermanos tenían que tomar las<br />
riendas de su propio destino, los invitó, quizás demasiado pronto, a elegir<br />
un Superior entre ellos. Él consideraba que de esta manera podía<br />
dedicarse de lleno a ejercer de director espiritual, dejando a otro el<br />
cuidado de las cosas diarias. Y así fue. Los Hermanos aceptaron de buen<br />
grado la propuesta y eligieron al Hermano Enrique L’Heureux, de 24<br />
años, quien contaba con el aprecio y la estima de todos. Pero la<br />
experiencia duró poco. La Salle era un hombre de opciones y su excesivo<br />
celo en obedecer al Hermano Enrique lo puso en evidencia ante las<br />
autoridades eclesiásticas de Reims. ¡Cómo era posible que un sacerdote,<br />
doctor en Teología, tuviese que obedecer a un laico, sin estudios, y<br />
humillarse de tal forma…! En poco tiempo, el señor Arzobispo Le Tellier le<br />
ordenó asumir de nuevo su función de director y todos, nuevamente,<br />
quedamos complacidos, comenzando por el mismo Hermano Enrique.<br />
Cierto es que los Hermanos imitábamos a La Salle en su humildad, en su<br />
pobreza, en su fervor. Vivíamos escenas que nos conmovían<br />
profundamente. El trabajo agotador de la escuela, unido a esta vida de
sacrificios, llevó rápidamente a la tumba a algunos de los más fervorosos.<br />
Tal fue el caso del Hermano Jean Maurice, que fallecía a sus veinticuatro<br />
años, el 1 de mayo de 1687. Otros, como el director de Guisa, se curaba<br />
milagrosamente en su lecho de muerte después de recibir el abrazo<br />
paterno de La Salle. Todos esos acontecimientos alimentaban nuestras<br />
convicciones. La muerte del señor Nyel, ocurrida el 31 de mayo de ese<br />
mismo año, fue muy sentida por La Salle. Organizó una celebración<br />
litúrgica con la que expresó su agradecimiento a este gran maestro, que<br />
fue para él inspiración y modelo desde los inicios del Instituto. Por<br />
supuesto, no todos perseverábamos; algunos jóvenes no renovaban sus<br />
votos de obediencia y abandonaban la comunidad.<br />
En febrero de 1688, La Salle dejó la casa de la calle Nueva de Reims y,<br />
con dos Hermanos, viajó a París, invitado por el párroco, señor de La<br />
Barmondière, para colaborar en una de las escuelas de la gran parroquia<br />
de San Sulpicio, concretamente en la calle Princesa. Las noticias que nos<br />
llegaron al cabo de poco tiempo nos inquietaron: el antiguo director de la<br />
escuela, de nombre Compagnon, había lanzado una campaña de<br />
descrédito contra La Salle y los dos Hermanos, molesto por los cambios<br />
que habían realizado en la organización de la escuela. No habían sido<br />
pocos, habían puesto en práctica lo que ya hacíamos en Reims, Rethel y<br />
Laón: horarios fijos, enseñanza simultánea, trabajo por grupos<br />
homogéneos y empleo de monitores, catecismo y misa diarios y un<br />
trabajo manual regulado. Esta situación provocó tanto disgusto que,<br />
ante el repudio de los maestros agraviados, los Hermanos pensaron en<br />
agradecer y dejar la escuela, pero el párroco los convenció de quedarse<br />
allá.
Cada año, durante el mes de septiembre, la comunidad de los<br />
Hermanos se reunía en Reims para celebrar una especie de encuentro<br />
anual. Era un tiempo de renovación espiritual y pedagógica; los<br />
Hermanos, animados por La Salle, compartían sus experiencias escolares,<br />
revisaban sus métodos para la catequesis, la escritura, la lectura y el<br />
cálculo. Unos y otros se reconocían y apoyaban mutuamente. En esa<br />
reunión de septiembre de 1688, Jean Henry y yo recibimos el hábito de<br />
los Hermanos. Fue una ceremonia sencilla pero muy emocionante;<br />
significaba que habíamos recibido la confianza de los Hermanos para<br />
trabajar en las escuelas como maestros. Una vez terminada esta<br />
asamblea, cada uno volvió a su comunidad para reiniciar el trabajo escolar.<br />
La vida comunitaria y escolar seguía su curso. En París, en enero de<br />
1689, el señor Baudrand había sustituido a La Barmondière como párroco<br />
de San Sulpicio. Baudrand ya era conocido por todos, así que pensamos<br />
que todo marcharía de la misma manera. Para nuestra sorpresa, quiso que<br />
cambiáramos nuestro hábito. Era cierto que los Hermanos no éramos<br />
sacerdotes, ni pretendíamos serlo; tampoco éramos seglares, ya que<br />
buscábamos vivir en comunidad asumiendo en obediencia un proyecto<br />
escolar común. ¿Qué éramos, entonces? Nuevamente, La Salle asumió su<br />
liderazgo frente a la comunidad y redactó un Memorial sobre el Hábito, en<br />
el que estableció lo que consideramos las bases de nuestra incipiente<br />
comunidad. Este memorial, leído en comunidad, arrojó luz sobre nuestra<br />
vocación comunitaria: éramos hombres comprometidos de la mañana a la<br />
noche en la escuela. Algo nuevo estaba surgiendo en la Iglesia, y nosotros<br />
éramos los protagonistas.
4<br />
Sentando las bases<br />
El éxito alcanzado por la escuela de la calle Princesa de París dio como<br />
resultado la apertura de una segunda escuela, esta vez en la calle de Bac.<br />
Esto sucedió en enero de 1690. La Salle llamó de Reims a los Hermanos<br />
Nicolás Vuyart y Bernardo Legentil, que trabajaban con nosotros, para<br />
asumir ese nuevo proyecto. Rápidamente, la nueva escuela también<br />
comenzó a dar de qué hablar sobre todo porque ofrecía un servicio<br />
educativo de calidad y de manera gratuita.<br />
No había pasado un mes, cuando se desató una primera persecución<br />
contra esta nueva obra. Las corporaciones de maestros de las escuelas<br />
menores de París lograron del Chantre el cierre de la escuela,<br />
denunciando que en ella se recibían a alumnos capaces de pagar su<br />
escolaridad. Por su parte, La Salle y los Hermanos Nicolás y Bernardo se<br />
defendieron ante el Parlamento de París, el cual les dio la razón en marzo<br />
de 1690. La paz duró poco y nuevamente fueron acusados ante el tribunal<br />
en el mes de abril. La Salle no sólo preparó su defensa con un escrito<br />
sólido, sino que también invitó a todos los Hermanos de París a hacer una<br />
peregrinación a Nuestra Señora de las Virtudes de Aubervilliers, cerca de<br />
la ciudad, para solicitar el auxilio divino. Finalmente, en junio de ese
mismo año, el Parlamento dio nuevamente la razón a La Salle y a los<br />
Hermanos y pudieron continuar el trabajo en la escuela, enseñando por<br />
caridad y sin retribución alguna. El derecho a la gratuidad y el acceso a la<br />
enseñanza estaban parcialmente garantizados. Solo parcialmente.<br />
Nuevas persecuciones se avecinaban en el horizonte.<br />
Mientras que en París parecían llegar a buen término las dificultades, en<br />
Reims las noticias no eran muy positivas. Cuando los Hermanos nos<br />
encontramos en septiembre de 1690 para celebrar nuestra reunión anual,<br />
comprobamos que el seminario para maestros contaba con muy pocos<br />
candidatos; además, algunos de los Hermanos de Reims se habían<br />
marchado, dejando tras de sí ciertos escándalos, que nos habían afectado<br />
profundamente. Las vocaciones eran escasas y nuestra cohesión interna<br />
se había resentido. Este encuentro nuevamente nos ayudó a recuperar un<br />
cierto entusiasmo, abatidos por tantas situaciones vividas.<br />
A finales de septiembre, los Hermanos más jóvenes de Reims, junto al<br />
Hermano Enrique L’Heureux, fuimos enviados a París para reforzar el<br />
trabajo de las escuelas. El Hermano Enrique, además de acompañarnos<br />
como formador, estudiaría teología en La Sorbona. La Salle quería que<br />
uno de nosotros asumiera en un futuro cercano la responsabilidad de<br />
Superior de la Comunidad. La experiencia de Reims le había enseñado que<br />
necesitaba madurar ciertas decisiones; si contaba con un Hermano con<br />
estudios eclesiásticos quizás las autoridades no tendrían problemas en<br />
aceptar un nuevo Superior de la Comunidad.<br />
Así iniciamos un nuevo año escolar en octubre de 1690 en París. Una<br />
tensa calma nos envolvía. Sabíamos que los maestros de las escuelas<br />
menores estaban detrás de nosotros, buscando nuevos motivos para
denunciarnos ante las autoridades. Pero esta vez la tormenta se desató no<br />
desde el exterior, sino desde el interior de la misma comunidad. Los<br />
Hermanos que ya estaban en París se molestaron por la elección del<br />
Hermano Enrique como director de la comunidad y se retiraron, no sin<br />
antes causar confusión entre nosotros. La Salle salió de viaje hacia Reims<br />
para atender algunos asuntos, preocupado por esta situación; sabíamos<br />
que su salud no había estado bien últimamente. En ese momento, y por<br />
sorpresa, nuestro querido Hermano Enrique comenzó a enfermar de tal<br />
manera que enviamos varias cartas de aviso a nuestro padre La Salle<br />
pidiendo su presencia inmediata. Lamentablemente, Enrique falleció tres<br />
días antes de la llegada de La Salle a París. Estábamos a finales del año<br />
1690, muy amargo, por cierto. Este hecho le produjo una honda herida a<br />
La Salle. Nunca lo habíamos visto así, tan abatido por la muerte de un<br />
Hermano.<br />
Sumado a todo ello, la salud del mismo La Salle empeoró con una<br />
fuerte retención de orina. Habían sido muchos disgustos en poco tiempo:<br />
la situación difícil en Reims, la salida de Hermanos, el escaso número de<br />
aspirantes, la muerte inesperada del Hermano Enrique… Sentimos que<br />
llegábamos todos al final; si La Salle no hubiese sido atendido por el<br />
Doctor Helvetius, nuestra comunidad se hubiera ido a la tumba con él. De<br />
hecho, antes de recibir un doloroso tratamiento, le pedimos su bendición.<br />
Nos pidió unión y obediencia para seguir adelante. El señor párroco<br />
Baudrand le suministró la unción de los enfermos. Felizmente, el<br />
tratamiento tuvo éxito y en pocos meses pudo recuperarse de ese<br />
incidente.<br />
El año 1691 fue para todos nosotros un tiempo de profunda reflexión.<br />
Quedábamos pocos Hermanos, solo cinco en París, ocho en Reims, seis
entre Rethel y Laón; en tres años apenas había ingresado un aspirante…<br />
¿qué nos estaba pidiendo Dios en ese momento? La muerte del Hermano<br />
Enrique había sido esclarecedora para La Salle: el sacerdocio no era el<br />
camino. La Providencia nos quería Hermanos entre sí, Hermanos de<br />
nuestros alumnos. Pero necesitábamos crecer por dentro.<br />
Por ese motivo, La Salle comenzó a buscar un lugar donde pudiésemos<br />
celebrar nuestra próxima reunión, que tanto anhelábamos. Con mucho<br />
sacrificio, y no sin ayuda de la Providencia, que siempre lo acompañaba,<br />
consiguió una finca muy pobre en la zona de Vaugirard, a tres kilómetros<br />
de la calle Princesa. Allí celebramos nuestra reunión y el retiro anual de<br />
septiembre de 1691. Tuvimos la suerte de vivir allí una profunda<br />
experiencia de fe y oración, de comunidad fraterna y acogedora, de<br />
reflexión sobre nuestro compromiso escolar. Decidimos incentivar entre<br />
nosotros el acompañamiento personal. Aseguraríamos un retiro anual;<br />
escribiríamos al Superior una carta mensual para compartir nuestras<br />
preocupaciones; también el Superior haría una visita anual a cada<br />
comunidad para conocer de cerca la realidad de cada Hermano. Este<br />
esfuerzo de renovación interior avivó nuestros corazones y nos dio un<br />
nuevo impulso en medio de tantas circunstancias difíciles. Dios estaba<br />
presente entre nosotros. Fue tanto el gozo que sentimos que el mismo La<br />
Salle extendió el retiro para muchos de nosotros hasta diciembre de ese<br />
mismo año. Gracias al apoyo de algunos maestros que habían estudiado<br />
con nosotros en Reims, las clases en las escuelas continuaron sin ningún<br />
problema. Parecía que el edificio asentaba sus bases para crecer.
5<br />
Juntos y por asociación<br />
A partir de 1692, y por espacio de seis años, La Salle no recibió ninguna<br />
petición para abrir escuelas. Mientras tanto, nuestras pequeñas<br />
comunidades iban fortificando su vida cotidiana, siguiendo su reglamento<br />
diario: a partir de las cinco de la mañana teníamos oración vocal y mental,<br />
misa, lectura espiritual, examen particular y rezo de las letanías; a<br />
continuación, clases de 8:00 a 11:00 a.m., incluyendo la misa con los<br />
alumnos; por la tarde, nuevamente clases, de 1:00 a 4:30 p.m. Por la<br />
noche, estudio y preparación de clases hasta la oración antes de dormir.<br />
Nuestra jornada terminaba a las 9:30 p.m. Los recreos comunitarios eran<br />
para nosotros verdaderos intercambios espirituales. Los jueves teníamos<br />
un paseo comunitario y el domingo dedicábamos más tiempo al estudio<br />
del catecismo. Todo ello iba configurando en nosotros un tipo novedoso<br />
de vida. Estábamos tomando conciencia de ser una comunidad de<br />
asociados, comprometidos en una misión común. Habíamos convertido<br />
las dificultades en oportunidades para crecer.<br />
La Salle había entendido la importancia de la formación para nosotros.<br />
La generosidad necesitaba madurar procesos y tiempos; por sí sola no<br />
lograba perseverancia. Él mismo fue organizando su propio pensamiento
y, en poco tiempo, fue preparando para nosotros un conjunto de obras<br />
que nos ayudarían a comprender la trascendencia de nuestra vocación. En<br />
la Colección de pequeños trataditos fue estableciendo algunos puntos<br />
esenciales de la vida del Hermano: los diez mandamientos del Instituto,<br />
los fundamentos de nuestra Comunidad, las doce virtudes del buen<br />
maestro, las diez condiciones para que las correcciones de los alumnos<br />
fueran efectivas, una breve explicación del método para orar, la manera de<br />
dar cuenta de conducta al director y las condiciones de la obediencia. Era<br />
el esbozo de un proyecto de acompañamiento para cada uno de nosotros.<br />
Ya había pasado una década de experiencia comunitaria. Por esta razón,<br />
el mismo La Salle, con la ayuda de los Hermanos más antiguos, había<br />
llegado a plasmar nuestro estilo de vida cotidiana en unas Reglas que<br />
vivíamos y analizábamos con detalle. Sobre todo, nuestro encuentro y<br />
retiro anual en septiembre fortificaba nuestros compromisos personales y<br />
comunitarios; eran espacios propicios para la reflexión y el intercambio de<br />
ideas. La Salle, a sus cuarenta años, era nuestro indiscutible fundador,<br />
formador y guía. Con él tomábamos conciencia día a día de lo que<br />
significaba vivir el espíritu del Instituto, que no era otro que el espíritu de<br />
fe que nos impulsa a dedicarnos con celo a la salvación de los niños desde<br />
nuestro humilde empleo en la escuela. El libro de las Meditaciones que La<br />
Salle iba escribiendo nos invitaba a contemplar la escuela como la obra de<br />
Dios y a nosotros mismos como ministros y dispensadores de sus<br />
misterios. El manuscrito de la Guía de las Escuelas Cristianas, que<br />
comenzamos a utilizar como manual escolar, nos ofrecía la claridad de la<br />
experiencia acumulada por los Hermanos más veteranos en el arte de la<br />
enseñanza; y cada mes de septiembre teníamos la oportunidad de<br />
descubrir nuevos métodos para que los niños aprendieran de manera más
eficiente. A finales de 1694 ya contábamos con una serie de obras que<br />
daban luz a nuestro caminar.<br />
Recuerdo particularmente el difícil invierno que vivimos en 1693-1694<br />
debido al intenso frío y el alza del precio del trigo. Había saqueos y robos<br />
por doquier. Nuestras comunidades, que subsistían gracias a la caridad de<br />
muchos, sintieron momentos críticos de escasez. La Salle se desvivía por<br />
buscar recursos para nosotros. Después de la experiencia de Vaugirard, yo<br />
había sido enviado a la comunidad de la escuela de la calle Princesa en<br />
París y por eso fui testigo de tantas vicisitudes. De hecho, La Salle tuvo<br />
que mover a los novicios de Vaugirard a nuestra comunidad, quizás<br />
buscando mitigar sus necesidades. En nuestra casa había aumentado el<br />
número de Hermanos para alimentar. Era una situación límite. Los<br />
párrocos no siempre podían atendernos económicamente; La Salle no<br />
solo buscaba el dinero, sino que también oraba largas horas, pidiendo la<br />
ayuda del cielo. Parecía que cuando más intensamente oraba nuestro<br />
padre, menos faltaba el pan para la comunidad. Esa situación crítica se<br />
mantuvo hasta abril de 1694, cuando finalmente los novicios pudieron<br />
volver a Vaugirard.<br />
En ese mismo año, una vez superado el momento más crítico, La Salle<br />
vio que había llegado la ocasión de tomar decisiones firmes para asegurar<br />
el futuro de la comunidad, de esta sociedad de Hermanos que ya tenía una<br />
cierta identidad, vida común y misión definidas. Así, decidió invitar a doce<br />
Hermanos para celebrar el primer Capítulo General de la Sociedad de los<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas. Esta experiencia tuvo lugar desde la<br />
fiesta de Pentecostés, el 30 mayo, hasta la fiesta de la Santísima Trinidad,<br />
el 6 junio. Convocó a los seis directores de comunidad del momento,<br />
algunos Hermanos antiguos y otros que consideró oportuno. Felizmente
fui uno de los elegidos, junto a Nicolás Vuyart, Gabriel Drolin, Jean<br />
Partois, Gabriel Carlos Rasigade, Jean Henry, Jacques Compain, Jean-<br />
Louis de Marcheville, Michel Jacquinot, Edmo Leguillon, Gil Pierre y<br />
Claude Roussel.<br />
Nosotros doce, con Juan Bautista de La Salle, confirmamos nuestro<br />
deseo de unirnos y permanecer en sociedad como Hermanos, para tener<br />
juntos y por asociación las escuelas gratuitas en cualquier lugar al que<br />
fuésemos enviados, aunque nos viésemos obligados para ello a pedir<br />
limosna y a vivir de solo pan. Entendimos que el proyecto era posible<br />
desde la obediencia fiel a los superiores y al cuerpo de la sociedad, porque<br />
rebasaba nuestras perspectivas; era el mismo Dios el que nos había<br />
llamado, nos constituía en representantes de Jesucristo para los niños.<br />
También, crecimos en la convicción de entendernos como asociados entre<br />
sí y, para ello, fieles y estables en un proyecto que procuraba que todos los<br />
hombres alcanzaran el conocimiento de la verdad. Era el momento de<br />
expresar públicamente nuestra profunda convicción en una profesión<br />
perpetua, para toda la eternidad. Profesamos frente a los novicios y<br />
demás Hermanos de París el día de la fiesta de la Santísima Trinidad, y<br />
continuamos haciéndolo devocionalmente cada año.<br />
Este primer Capítulo General de 1694 terminó con la elección del<br />
Superior de la sociedad. La Salle se empeñaba en convencernos de la<br />
necesidad de elegir un Hermano, pero, para su sorpresa, decidimos por<br />
unanimidad escogerlo a él. Aceptó no sin antes hacernos firmar un<br />
compromiso de no admitir a ningún otro superior que no hubiese sido<br />
asociado con votos como el resto de la Comunidad. Este gesto nos ayudó<br />
a comprender que era importante asegurar la autonomía interna de la<br />
Comunidad. Nos preparábamos para nuevos tiempos. Nuestra asociación
había sido nuestro tesoro escondido. Y vaya que sí. Iba a ser indispensable<br />
para apoyarnos mutuamente en el futuro.
6<br />
Asociados para las escuelas cristianas<br />
En 1695, La Salle contaba con cuarenta y cuatro años. Era un sacerdote<br />
respetado, un verdadero hombre de Dios, que dedicaba su jornada diaria a<br />
compartir con los Hermanos el ritmo de la comunidad y el servicio<br />
educativo en las escuelas de París. La casa de Vaugirard se había<br />
convertido para él en un espacio ideal para afinar las obras espirituales y<br />
pedagógicas que ayudarían a madurar la vida de nuestra sociedad de<br />
Hermanos y el proyecto de las escuelas cristianas. En ese período redactó<br />
el Memorial sobre los orígenes, las Meditaciones para el Tiempo de<br />
Retiro, los Ejercicios de piedad para las escuelas y las Instrucciones y<br />
oraciones para la Santa Misa. Con la ayuda de los más expertos de entre<br />
nosotros afinó el borrador de la Guía de las Escuelas Cristianas, que, en<br />
forma de manuscrito, íbamos poniendo en práctica y revisando<br />
periódicamente; era mucho más importante atender las necesidades de<br />
nuestros alumnos que cumplir con un programa de enseñanza rígido.<br />
Cada uno de los Hermanos nos sentíamos asociados a los demás,<br />
trabajando en un proyecto común; considerábamos la escuela como<br />
nuestro espacio de salvación, donde seguíamos aprendiendo juntos para<br />
mejorar la calidad de la enseñanza simultánea a grupos de más de
cuarenta alumnos. El orden y el silencio en clase, aunado a la intensa<br />
actividad de los alumnos, nos permitían controlar los diversos grupos de<br />
lectura, escritura y cálculo, ayudados por monitores guiados siempre por<br />
nosotros. Preparábamos el catecismo con detalle, haciendo preguntas y<br />
animando la fe de nuestros alumnos. Cuando salíamos hacia la misa<br />
parroquial los protegíamos de la violencia de las calles. Sentíamos que<br />
todo estaba colaborando en el progreso escolar de nuestros niños. El<br />
utilizar el francés y no el latín aceleraba la adquisición de la lectura y de la<br />
escritura. Cada momento de la escuela estaba organizado. No faltaban<br />
dificultades, pero el contacto diario con nuestros alumnos nos había<br />
ayudado a comprenderlos y amarlos en su originalidad. La Salle nos<br />
recordaba la imagen del Buen Pastor, la necesidad de vigilar y corregir<br />
bien a cada uno, de ser ángeles custodios para ellos. En fin, íbamos<br />
conformando un tipo de escuela profundamente cristiana, comprometida<br />
con el progreso escolar de los niños. No diferenciábamos entre su<br />
formación humana y su salvación cristiana. Todo contribuía al proyecto de<br />
Dios.<br />
Estos años de cierta tranquilidad dieron su fruto. Nuevas vocaciones<br />
comenzaron a llamar a las puertas de nuestra Comunidad. Llegaron<br />
jóvenes animados por el trabajo de las escuelas, atraídos por el liderazgo<br />
de La Salle y el testimonio de fidelidad de los Hermanos. En 1698, la casa<br />
de Vaugirard ya resultaba insuficiente y nuestro padre tuvo que buscar una<br />
nueva, cerca de la parroquia de San Sulpicio; así dio con una que<br />
llamaban la Casa Grande. Gracias a la Providencia y al esfuerzo personal<br />
de La Salle logramos alquilarla para continuar con la formación de los<br />
aspirantes, con el encuentro semanal de los Hermanos de París y con el<br />
retiro anual cada mes de septiembre. El nuevo párroco de San Sulpicio, el<br />
Señor de La Chétardie, ya había manifestado un gran interés por las
escuelas y, gracias a él, algunas personas de la nobleza habían aportado<br />
recursos sustanciosos, no solo para amueblar la Casa Grande, sino<br />
también para sostener nuevas escuelas en la parroquia. Además, las<br />
nuevas vocaciones permitían atender más escuelas.<br />
En 1699, La Salle me había nombrado inspector de las escuelas en París;<br />
también ayudaba en la formación de los Hermanos jóvenes que hacían su<br />
práctica en las aulas. Todo ello me permitió ver el progreso alcanzado por<br />
los alumnos de las nuevas escuelas de San Plácido, de los Fosos del<br />
Príncipe y de San Hipólito. Nuevamente, por esas fechas, los maestros<br />
calígrafos volvieron a embargar los bienes de una de las escuelas, la de<br />
San Plácido, pero la denuncia ante el Chantre atrajo la protección de<br />
personas allegadas al Rey y el asunto quedó parcialmente cerrado.<br />
Lamentablemente, poco tiempo después, comenzamos a vivir una<br />
verdadera persecución.<br />
La estima que La Salle se había ganado en París se hizo evidente<br />
cuando el mismo Arzobispo Noailles le comisionó la formación de<br />
cincuenta nobles irlandeses que habían salido de Inglaterra con el Rey<br />
Jacobo II y que estaban bajo la protección de nuestro Rey Luis XIV. Eso<br />
sucedió sobre todo en los años 1698 y 1699. También el párroco La<br />
Chétardie había animado a La Salle a abrir una escuela dominical para<br />
atender la formación de jóvenes obreros; desde la parroquia de San<br />
Hipólito se ofrecía nuevamente la oportunidad de iniciar un seminario<br />
para maestros. Se pedían nuevas escuelas desde Chartres, Calais, Aviñón<br />
y Troyes. En 1703 contábamos con prácticamente doce comunidades<br />
activas que atendían cuarenta y siete aulas de clase. Cerca de cuatro mil<br />
niños recibían educación cristiana bajo la tutela de La Salle como Superior.<br />
No obstante, el trabajo escolar era pesado y la muerte de algunos
Hermanos jóvenes dificultaba la continuación de las obras. Pero Dios, en<br />
su infinita misericordia, seguía llamando a nuevos candidatos.<br />
Para ese momento, La Salle había finalmente reeditado o redactado<br />
definitivamente algunas obras escolares, no sin antes someterlas a la<br />
opinión de los Hermanos más experimentados. El Silabario en francés era<br />
de absoluta necesidad para ayudarnos en la enseñanza de la lectura en<br />
nuestro idioma; también eran fundamentales las Instrucciones y oraciones<br />
para la Santa Misa, las Instrucciones y oraciones para la confesión y<br />
comunión; los Deberes del cristiano para con Dios, a modo de preguntas y<br />
respuestas, que utilizábamos para preparar nuestras clases, así como los<br />
Cánticos que se deben cantar para el catecismo; las Reglas de cortesía y<br />
urbanidad cristianas y, sobre todo, la Guía de las Escuelas Cristianas.<br />
Todas las obras habían sido sometidas a la aprobación de las autoridades<br />
para ser publicadas.<br />
Juan Bautista de La Salle se desvivía por nosotros. No solo mantenía<br />
correspondencia periódica con cada uno, sino que visitaba las<br />
comunidades, colaboraba de manera intensa en la formación de los<br />
novicios, observaba el desarrollo de las escuelas y mantenía una relación<br />
no siempre fácil con las autoridades eclesiásticas, sobre todo con los<br />
párrocos, que sostenían económicamente las escuelas. Además, dedicaba<br />
tiempo para estudiar y buscar los mejores métodos de enseñanza. Las<br />
experiencias pedagógicas pasadas de Démia, Jacques de Batencourt y<br />
Barré le ofrecían ciertas luces, pero las necesidades académicas y<br />
espirituales de los niños exigían más. De ahí que nos invitase a compartir<br />
nuestra experiencia para discernir las mejores estrategias, buscando que<br />
las escuelas funcionaran siempre bien. Era una auténtica y novedosa<br />
asociación para la misión.
7<br />
Contradicciones en el camino<br />
La relativa tranquilidad que vivimos hasta 1701 dio paso a una década<br />
verdaderamente conflictiva. En 1702, Juan Bautista de La Salle tomó la<br />
decisión de enviar a Roma dos Hermanos, Gabriel y Gerardo Drolin, para<br />
que su presencia como maestros en las escuelas del Papa manifestara<br />
públicamente la fidelidad de nuestra comunidad al Sumo Pontífice y a la<br />
Iglesia de Roma. Gabriel permanecerá en Roma mientras que Gerardo<br />
regresará a Francia en menos de un año. Mientras tanto, las nuevas<br />
vocaciones que habían llegado al Instituto permitían atender las<br />
invitaciones que llegaban de algunos obispos fuera de París. Sin embargo,<br />
dos amenazas se cernían sobre nosotros.<br />
La primera llegó desde el seno de la misma Iglesia. El señor de La<br />
Chétardie, alentado por ciertos enemigos ocultos de La Salle, aprovechó<br />
las quejas de algunos Hermanos para intervenir en la Comunidad,<br />
nombrando un superior eclesiástico externo y destituyendo a La Salle.<br />
Este altercado nos cohesionó como un solo hombre en torno a la figura de<br />
nuestro padre; teníamos que salvar nuestra asociación para servir en las<br />
escuelas. Quienes presentaron las quejas quedaron en evidencia y<br />
tuvieron que aceptar su error. El Superior eclesiástico impuesto por el
párroco desapareció en poco tiempo. Al final, aunque La Salle permaneció<br />
como Superior de la Comunidad, este evento siguió alimentando en La<br />
Chétardie y en algunos eclesiásticos de París un mayor rechazo hacia su<br />
persona.<br />
La segunda amenaza era previsible. En efecto, los maestros calígrafos<br />
aprovecharon la indiferencia y el alejamiento del Arzobispo para intentar<br />
el cierre de las escuelas. Esta vez incluyeron en la denuncia no solo el<br />
nombre de La Salle, sino también el de los Hermanos que trabajábamos<br />
en las escuelas de París; en total fuimos dieciocho los denunciados. Las<br />
amenazas llegaron al barrio de San Marcelo, donde los Hermanos Nicolás<br />
Vuyart y Gervasio intentaron desligarse de La Salle para no ser<br />
sentenciados, pero finalmente se separaron del Instituto; en poco tiempo,<br />
la escuela y el seminario de maestros fracasaron. Esto fue un duro golpe<br />
para La Salle. Especialmente por parte del Hermano Nicolás, que había<br />
gozado de la mayor estima de nuestro padre y además tenía grandes<br />
habilidades pedagógicas. Todo ello, sumado a la muerte de cuatro<br />
Hermanos en Chartres a causa de la peste, establecía serias dudas acerca<br />
del futuro de las escuelas.<br />
No obstante, entre 1704 y 1710, La Salle comenzó a recibir<br />
continuamente invitaciones de algunos obispos para atender escuelas<br />
fuera de París. A pesar de las dificultades vividas, la fama de nuestro padre<br />
y de las escuelas cristianas se había extendido en el reino de Francia e<br />
incluso más allá de sus fronteras. La Salle veía la necesidad de negociar<br />
directamente con los obispos del sur de Francia las condiciones para<br />
atender las escuelas; ellos, encantados por tenerlo consigo, manifestaban<br />
sin reparos su confianza en este hombre de Dios. La Salle, en su humildad,<br />
no se dejaba llevar por los halagos ni las muestras de aprecio que recibía,
muchas veces de los obispos que habían sido sus antiguos compañeros<br />
en el Seminario de San Sulpicio.<br />
Así, gracias al esfuerzo de La Salle y a la buena disposición de los<br />
Hermanos, abrimos escuelas cristianas en Dijon en 1704, en Ruán y<br />
Marsella en 1705, en Mende en 1707, en Saint-Denis, Valreás y Grenoble en<br />
1708, en Moulins en 1709, en Versalles y Boulogne en 1710. Incluso el<br />
Hermano Gabriel Drolin lograba, en 1709, dirigir una escuela del Papa en<br />
Roma, con una presencia discreta y ejerciendo en solitario una cierta<br />
diplomacia ante la Curia Romana.<br />
Mientras tanto, las contradicciones nunca abandonaban la obra de Dios.<br />
La tensión vivida en París había obligado a La Salle a buscar mejores<br />
condiciones de vida para su pequeña comunidad de formación, siempre<br />
amenazada. Encontró la ocasión en Ruán, gracias a la invitación que había<br />
recibido del señor Arzobispo Colbert. A pesar de las buenas intenciones,<br />
el Consejo de administración del asilo de esa ciudad oponía una fuerte<br />
resistencia frente a la presencia de los Hermanos en la escuela; después de<br />
algunas negociaciones los obligó por un cierto tiempo a ejercer una labor<br />
escolar y hospitalaria que La Salle aceptó con paciencia, hasta que los<br />
mismos Hermanos desfallecieron de cansancio por la fuerte presión de<br />
trabajo. Con todo, en 1705 consiguieron alquilar una casa en las afueras del<br />
barrio de San Severo en Ruán, llamada de San Yon. Allí el Instituto volvió<br />
a recuperar un espacio para la implantación del noviciado; además, los<br />
Hermanos iniciaron una experiencia escolar que marcará un hito en la<br />
historia del Instituto: será el lugar de creatividad pedagógica gracias a la<br />
organización de una escuela de caridad, un primer internado y, más<br />
adelante, un reformatorio. Se convertirá en la futura Casa Madre para el<br />
Instituto naciente.
Otro momento difícil para todos sucedió en febrero de 1706, cuando el<br />
Parlamento de París prohibía nuevamente a La Salle y a los Hermanos<br />
tener escuelas sin la autorización del Chantre, incluso continuar con los<br />
seminarios de maestros. Esta situación colmó nuestra paciencia y<br />
pedimos a La Salle retirarnos de las escuelas de la parroquia de San<br />
Sulpicio; así, el 1 de julio de 1706, desaparecimos sin dejar rastro. Los<br />
maestros calígrafos se sintieron triunfantes, pero las familias de los niños,<br />
alarmadas por nuestra ausencia, trasladaron la queja al señor de La<br />
Chétardie. A este no le quedó más remedio que interceder para que<br />
volviéramos a las clases. Sin embargo, en este caso, La Salle solicitó<br />
nuevamente ciertas seguridades para que pudiéramos trabajar en paz. Era<br />
importante contar con el apoyo de la autoridad para sostener nuestras<br />
escuelas al servicio de los pobres.<br />
La Salle velaba para que en cada lugar los Hermanos contáramos con lo<br />
necesario para vivir. La escuela era gratuita, pero alguien debía asegurar el<br />
pan para la comunidad. En esos tiempos de guerra, la escasez apareció de<br />
nuevo en Francia. Durante el período 1709-1710, la quinta parte de la<br />
población del reino murió de hambre o por enfermedad. Para huir de esa<br />
situación, La Salle llevó a los novicios de vuelta a París; allí la comunidad<br />
se contagió de la peste y fue atendida gratuitamente por algunos doctores<br />
amigos del famoso Helvetius. Tampoco cesaban los conflictos internos<br />
con algunos Hermanos, descontentos de vivir con tantas limitaciones. La<br />
Salle intentaba hasta el extremo mantenerlos en comunidad, pero su<br />
afecto paternal y su acompañamiento espiritual no siempre llegaban a<br />
buen puerto. No obstante, de veinticuatro novicios que hubo durante ese<br />
período complicado, dieciséis perseveraron.
Dios, con su gracia, seguía bendiciendo día a día la obra de las escuelas.<br />
Sabíamos que seguir a Jesucristo implicaba aceptar su cruz. En medio de<br />
las mayores dificultades encontrábamos el consuelo de la ayuda divina.<br />
Nuestro padre La Salle no cesaba de ayudarnos a celebrar<br />
comunitariamente la presencia de Dios entre nosotros; él era el primero<br />
en darnos el ejemplo viviendo en radicalidad en espíritu de fe y celo por la<br />
salvación de los niños. Con todo, los enemigos de la escuela cristiana<br />
preparaban otro conflicto que tocará el corazón de La Salle y hará<br />
tambalear en muchos de nosotros la convicción sobre la viabilidad de la<br />
sociedad de las escuelas cristianas en su tercera década de existencia.
8<br />
Los caminos de Dios<br />
La organización de las comunidades y de las escuelas en el sur de Francia<br />
había significado para La Salle una larga ausencia de París. Para asegurar<br />
la atención a las comunidades del norte del reino había designado<br />
Visitadores. Mientras tanto, los Hermanos nos manteníamos informados<br />
de los acontecimientos, orábamos unos por otros y ayudábamos a<br />
sostener la obra de Dios. La vida de la escuela era siempre exigente y Dios<br />
seguía bendiciendo nuestra comunidad con nuevas vocaciones.<br />
Cuando Juan Bautista de La Salle regresó a París en 1711, una nueva<br />
tormenta comenzaba a desatarse, de manera imprevista y violenta. Un<br />
joven abate de apellido Clément, con ayuda de su amigo Luis Rogier,<br />
insistía desde hacía cuatro años en el sostenimiento de un seminario para<br />
maestros en San Denis, al norte de París. Al ser menor de edad, el abate<br />
había pedido a La Salle adelantar el dinero para comprar una finca y llevar<br />
adelante la obra. Nuestro padre había aceptado de buena gana, no sin<br />
antes comprobar las buenas intenciones del joven. Sin embargo, pasados<br />
tres años, el padre del abate obtuvo cédula de nobleza como cirujano del<br />
Rey y, alentado por una soberbia inusitada, procedió a organizar un juicio<br />
civil y criminal contra La Salle, acusándolo de sobornar a su hijo menor
con engaño. Aunque nuestro padre se defendió con un alegato que<br />
contenía una descripción de los hechos más trece de las cartas del abate,<br />
fue sentenciado; todos lo abandonaron, incluso sus amigos de confianza.<br />
Ninguno quería comprometer su nombre frente a un noble con poder. Los<br />
Hermanos de París quedamos consternados. Nuevamente los enemigos<br />
de La Salle habían ganado terreno y sus acciones incidían en el ánimo de la<br />
comunidad.<br />
Este hecho marcó el inicio de un nuevo período muy espinoso para La<br />
Salle. Después de haberse enfrentado a tantos procesos judiciales en el<br />
pasado, sentía ahora que su persona era perjudicial para los Hermanos y<br />
para las escuelas. Esta convicción iba creciendo dentro de él de tal manera<br />
que optó por ocultarse, cortar con la correspondencia de los Hermanos y<br />
dejar los asuntos del Instituto en las manos de algunos Hermanos de su<br />
confianza. Se encaminó entonces nuevamente hacia el sur de Francia. No<br />
era fácil viajar en ese tiempo; volvía a afrontar lugares de difícil acceso y<br />
temía por la violencia de grupos rebeldes que creaban confusión en la<br />
población. Su larga travesía incluyó nuevamente Moulins, Alès, Los Vans,<br />
Mende, Uzès y Marsella. En cada lugar recibía muestras de aprecio.<br />
También resolvía diferencias y guiaba a los Hermanos en sus asuntos<br />
cotidianos.<br />
Durante este viaje La Salle recibió las cartas del juicio de París, enviadas<br />
por el Hermano Bartolomé sin ningún comentario. Este hecho le hizo<br />
pensar que también los Hermanos de París se habían convencido de las<br />
acusaciones del padre del abate Clément. Esto reforzó en él la idea de<br />
alejarse lo más posible de la capital.
En 1712 llegó a Marsella y, estando a punto de tomar un barco para<br />
dirigirse a Roma y visitar a su querido Hermano Gabriel Drolin, lo detuvo<br />
el señor obispo Belsunce para ofrecerle algunas escuelas de la ciudad. La<br />
Salle aceptó el desafío. Ante sus ojos se levantaba una escuela y un<br />
noviciado con tal ímpetu que su espíritu comenzó a inquietarse. En efecto,<br />
desde enero de 1713, los amigos de Marsella le dieron la espalda y ninguna<br />
obra llegó a funcionar. Además, sus enemigos ocultos levantaron contra él<br />
un escrito difamatorio que haría fracasar incluso el noviciado. Para la<br />
Cuaresma de 1713, siente que Dios no le dice nada; es su noche oscura.<br />
Encima, un Hermano le manifiesta que solo ha ido a Marsella a destruir.<br />
Entristecido, sale de allí y se dirige a Grenoble.<br />
En ese momento, yo ejercía de director de esa comunidad. Lo vimos<br />
llegar muy abatido; tratamos de animarlo y consolarlo como nuestro<br />
verdadero padre. Comprendimos que La Salle había afrontado desde<br />
Marsella una nueva situación en la Iglesia de Francia: parte del Clero se<br />
había manifestado en contra de la Bula Unigenitus que el Papa Clemente<br />
XI había publicado para condenar 101 proposiciones del libro de Quesnel.<br />
Nuestro padre se había opuesto públicamente al Jansenismo, que buscaba<br />
separar a los cristianos de la Iglesia de Roma. Por eso, la persecución de su<br />
persona había sido virulenta, tanto que logró acabar con casi la totalidad<br />
de la comunidad. Solo algunos Hermanos perseveraron.<br />
Estando ya en Grenoble con nosotros, para la Cuaresma de 1714, su<br />
amigo el canónigo Yse de Saleón lo invitó a pasar una temporada de<br />
retiro en una finca en la colina de Parmenia, no lejos de nuestra ciudad.<br />
Allá fue sorprendido gratamente por la presencia de una pastorcilla con<br />
fama de mística, que todos conocíamos como Sor Luisa. En sus<br />
conversaciones espirituales, La Salle le había manifestado su deseo de
separarse de la comunidad; ella, desde su sencillez y profundidad de alma,<br />
le había manifestado que esa no era la voluntad de Dios, sino que su<br />
camino estaba junto a sus Hermanos. Su experiencia en Parmenia le<br />
devolvió la paz que tanto buscaba.<br />
Posteriormente, La Salle envió desde Grenoble a uno de nuestros<br />
Hermanos para que le informara sobre la situación en París. Para no<br />
perjudicar la escuela con la ausencia de uno de los Hermanos, él mismo lo<br />
había sustituido en clase; así, su fama como hombre de fe se hizo sentir en<br />
el pueblo. Mientras tanto, las noticias desde la capital del reino no<br />
parecían muy alentadoras. En efecto, los principales Hermanos de las<br />
comunidades de París, San Denis y Versalles le habían enviado una carta,<br />
de fecha 1 de abril de 1714, en la que no solo le pedían volver, sino que le<br />
exigían, en nombre del voto de obediencia que había hecho al Cuerpo de<br />
la Sociedad, asumir de nuevo su papel como Superior. Los Hermanos<br />
querían acabar con las dudas que anidaban en su corazón: él tenía todas<br />
las gracias necesarias para conducir la obra de Dios.<br />
Después de haber tomado tres días de retiro en el monasterio de la<br />
Gran Cartuja y de haber enviado a los Hermanos de París su aceptación<br />
por escrito, emprendió de nuevo su camino hacia el norte. Allá llegó<br />
finalmente en agosto de 1714, después de visitar las comunidades a su<br />
paso; seguramente sabía que era la última vez que podría ver a los<br />
Hermanos alejados de París. Mientras tanto, en la capital, sus enemigos<br />
habían tejido toda una estrategia para separar las comunidades de los<br />
Hermanos y hasta cambiar la Regla. El Hermano Bartolomé, que hacía las<br />
veces de director de París, poco prevenido de las intenciones ocultas de<br />
algunos eclesiásticos, aceptaba un tanto ingenuamente los cambios. Sin<br />
embargo, no solo las estrategias de los enemigos de La Salle fracasaron,
sino que incluso ellos mismos murieron antes de la llegada de nuestro<br />
padre a París. En ese momento el Instituto contaba con la protección de<br />
superiores eclesiásticos locales favorables al proyecto de La Salle,<br />
respetuosos de su legado, deseosos de apoyar la obra iniciada por este<br />
santo de Dios, dispuestos a servir hasta el final por el bien de las escuelas.<br />
Era el momento preciso para poner en manos de los Hermanos el futuro<br />
del Instituto. La asociación para el servicio educativo de los pobres había<br />
sobrevivido a la tempestad.
9<br />
El futuro del Instituto en nuestras manos<br />
Cuando Juan Bautista de La Salle regresó a París en 1714 contaba con<br />
sesenta y tres años. Habían sido largos años de trabajo, esfuerzo, luchas…<br />
en Grenoble nuestro padre había tenido una nueva recaída por<br />
reumatismo. Pero también habían sido largos años de frutos visibles: una<br />
comunidad con un nombre, un itinerario, un hábito, una identidad laical,<br />
unos votos, un apostolado educativo y una estructura de animación.<br />
Veintidós comunidades y cerca de cien Hermanos; no era poco. Aunque<br />
no todos los Hermanos perseveraban, el ejemplo de muchos bastaba para<br />
atraer nuevas vocaciones. Algunos morían con tal convicción que brillaban<br />
como estrellas en el cielo lasaliano.<br />
Su llegada a París contagió de alegría y esperanza a los Hermanos. Poco<br />
a poco va acostumbrándolos a tomar decisiones, a no depender de su<br />
persona para atender las necesidades más urgentes de las comunidades y<br />
de la misión. Continuó afinando algunas obras espirituales para los<br />
Hermanos, como el libro de las Meditaciones. Con el Hermano Bartolomé<br />
organizó las comunidades para reiniciar las clases en octubre de 1715. A mí<br />
en particular, me envió a París como director.
El 1 de septiembre de 1715 nos sorprendió la muerte del rey Luis XIV.<br />
Había sido bajo su autoridad que la sociedad y la Iglesia francesas habían<br />
visto el nacimiento y desarrollo de la comunidad de los Hermanos de las<br />
Escuelas Cristianas. Durante su reinado un mundo de cultura y ciencia,<br />
vehiculada a través del latín, se había desarrollado al margen de otra<br />
cultura, popular, analfabeta y contestataria. La sociedad francesa<br />
comenzaba a cambiar frente a nosotros. Como lo había manifestado en su<br />
Testamento, La Salle nos advertía que venían tiempos complicados que<br />
requerían discernimiento, unión y fidelidad entre nosotros.<br />
Nuestra presencia en las escuelas nos había ayudado a estar más cerca<br />
de los hijos de los artesanos y de los pobres. La defensa de la gratuidad<br />
para todos, sin excepción, nos había hecho sensibles a las necesidades de<br />
niños y jóvenes; por esto habíamos sido llevados a tribunales. Con La<br />
Salle, habíamos aprendido que ninguna persona, por ningún motivo,<br />
debería quedarse sin escuela porque Dios quiere que todos se salven y<br />
lleguen al conocimiento de la verdad.<br />
La Salle al final de sus días no escatimó ningún esfuerzo para seguir<br />
formando a sus Hermanos. Tomó para sí la responsabilidad de guiar a los<br />
novicios a través de exhortaciones, de una profunda vivencia de la oración,<br />
desde la convivencia diaria y, sobre todo, con su ejemplo. Una vez que se<br />
calmaron las aguas en París, envió al Hermano Bartolomé con los novicios<br />
a la casa de San Yon en Ruán, y él mismo se mudó para allá. Eso tuvo lugar<br />
a inicios de 1716.<br />
Como ya la había señalado anteriormente, la casa de San Yon se<br />
convirtió entonces en un nuevo centro de creatividad pedagógica. A la<br />
escuela y al internado que ya funcionaban se añadió un centro de reclusos,
que La Salle aceptó abrir gracias a la experiencia educativa de los<br />
Hermanos. En él se practicaba una pedagogía afectuosa, diferenciada,<br />
participativa, que ganaba el corazón de los reclusos y promovía su<br />
conversión. Por supuesto, no todo era color de rosa en Ruán. El arzobispo<br />
y algunos eclesiásticos manifestarán desagravios hacia la persona de La<br />
Salle hasta el final de su vida. Otros, como el canónigo Juan Bautista<br />
Blain, le demostrarán una profunda amistad y apoyarán a los Hermanos<br />
en su vocación y ministerio.<br />
Una vez establecida cierta calma en el Instituto, La Salle desarrolló una<br />
estrategia para convocar un nuevo Capítulo General. Sería el segundo del<br />
Instituto, después del de 1694. Para organizarlo envió al Hermano<br />
Bartolomé como emisario a todas las comunidades solicitando el visto<br />
bueno los Hermanos. Así, convocó a los dieciséis directores de comunidad,<br />
yo uno de ellos, para el 16 de mayo de 1717, fiesta de Pentecostés. En este<br />
Capítulo examinamos las Reglas, el Reglamento cotidiano de las<br />
comunidades, la Regla del Hermano Director y la Guía de las Escuelas<br />
Cristianas. Pedimos a La Salle que nos ayudara a redactar con su experta<br />
pluma modificaciones que habíamos decidido por consenso. Así, en poco<br />
tiempo pudimos contar con estos documentos manuscritos para todas las<br />
comunidades.<br />
En este Capítulo General de 1717 elegimos al Hermano Bartolomé como<br />
nuestro primer Hermano Superior del Instituto. Al Hermano José,<br />
director de la comunidad de Reims, y a mí, director de la comunidad de<br />
París, nos eligieron como Asistentes del Superior, especialmente para<br />
atender asuntos administrativos relacionados con las comunidades y las<br />
escuelas. Finalmente, el 23 de mayo de 1717, en la fiesta de la Santísima
Trinidad, renovamos devocionalmente nuestros votos de asociación,<br />
estabilidad y obediencia a los Superiores y al Cuerpo de la Sociedad.<br />
Desde ese momento el futuro del Instituto estaba en nuestras manos.<br />
La Salle había sido nuestro fundador y padre. Con él habíamos aprendido<br />
a mirarlo todo con los ojos de la fe, a hacerlo todo con la mirada puesta en<br />
Dios. Habíamos aprendido a reconocer la presencia de Dios en nuestras<br />
vidas, en las buenas y en las malas. Junto a él habíamos discernido la<br />
manera de llevar adelante las escuelas al servicio sobre todo de los hijos<br />
de los artesanos y de los pobres, a amarlos desde sus limitaciones y a<br />
ayudarlos a crecer en las herramientas del saber y de la ciencia, de la fe y<br />
de la vida. Ahora nos tocaba a nosotros continuar esta obra. Las crisis que<br />
habíamos vivido nos habían ayudado a entender que solo podíamos seguir<br />
adelante si crecíamos por dentro, reforzando nuestra asociación como<br />
Hermanos, unos de otros, unidos con amor fraterno. La Salle nos<br />
recordaba una y otra vez que el espíritu del Instituto era el espíritu de fe<br />
que se traduce en celo por la salvación de los demás. Una vida plena de<br />
amor sería la clave vocacional. Estábamos llamados a ser testigos de<br />
Jesucristo en la escuela. Así, convencidos del valor de nuestra vida,<br />
asumimos que el Instituto apenas empezaba a crecer y que era un don<br />
para la Iglesia y para la sociedad. La aventura apenas comenzaba.<br />
Espero que este relato sea también para ti una manera de celebrar el<br />
paso de Dios en la vida de La Salle, en nuestra vida como Hermanos y en la<br />
vida de todos aquellos que han vivido y viven la escuela cristiana como un<br />
espacio de salvación y de amor.<br />
Viva Jesús en nuestros corazones.
H. Jean Jacquot<br />
París, mayo de 1719
Contenidos complementarios
Meditaciones
Devoción a la Santísima Virgen<br />
El 9 de junio de 1686, La Salle y un pequeño grupo de Hermanos realizaron<br />
por primera vez el voto de obediencia. Ya eran una Comunidad con un<br />
nombre, un hábito, un reglamento y un proyecto en común. Asociados<br />
entre sí, partieron en peregrinaje hacia el santuario de Nuestra Señora de<br />
la Alegría de Liesse, situado a unos cuarenta kilómetros de Reims, querían<br />
ofrendar su consagración a la Madre de Dios. Después de ocho horas de<br />
camino durante la noche, llegaron a la iglesia. El Fundador celebró la<br />
Eucaristía, consagró el naciente Instituto a la Madre de Dios y solicitó su<br />
protección. Esa peregrinación se volvió costumbre en La Salle y, todos los<br />
años, cuando realizaba la visita a las escuelas, acudía devocionalmente al<br />
santuario.
Nuestra Señora de la Alegría de Liesse. Esta estatua de la Virgen se realizó a<br />
mediados del siglo XIX basándose en la original, que fue destruida durante la<br />
Revolución francesa. Foto: Vassil. 2008. Archivo personal.<br />
La Virgen María ha sido honrada y venerada desde los albores del<br />
cristianismo. En el siglo XVII, el movimiento mariano se consolidó en<br />
Francia. La corte fomentó este apego y, en 1638, Luis XIII consagró el reino<br />
a María. A comienzos del siglo XVIII, esta devoción creció tanto entre la<br />
gente sencilla como entre la privilegiada.<br />
La Salle fue fiel reflejo de la espiritualidad mariana que se vivía en la<br />
época. En sus Meditaciones recomendó profesar la devoción a la Santísima
Virgen y transmitirla a los niños y jóvenes.<br />
Felices vosotros, que tenéis como fin enseñar a los niños la religión, y para ello<br />
explicarles cada día el catecismo. Uno de los mejores medios de que podéis serviros<br />
para desempeñar con fruto vuestro empleo, es profesar devoción muy particular a la<br />
Santísima Virgen e inculcarla en el corazón de los que os están confiados.<br />
¿Rezáis vosotros y hacéis que vuestros alumnos recen el rosario cada día? ¿Con qué<br />
piedad lo recitáis y hacéis que lo reciten? ¿Cumplís con esta oración como tributo que<br />
se ofrece en nuestro Instituto a la Santísima Virgen y como poderoso medio para<br />
atraer sobre él y sobre vuestro empleo su ayuda y protección?<br />
Meditaciones para las Fiestas. Sobre Santo Domingo (MF 150,3,2). Hermanos<br />
de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan Bautista de<br />
La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 499.<br />
La Salle siempre inculcó a los Hermanos una tierna veneración a la Madre<br />
de Dios, explicándoles los motivos y su importancia. Ellos la han<br />
manifestado hasta la actualidad a través de diferentes advocaciones.<br />
151<br />
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves<br />
5 de agosto<br />
De la devoción a la Santísima Virgen<br />
La fiesta que celebra hoy la Iglesia tuvo como origen la particular devoción de un<br />
patricio romano y de su esposa hacia la Santísima Virgen. No teniendo hijos, le<br />
consagraron todos sus bienes y le rogaron con insistencia que les manifestara en qué<br />
deseaba que los empleasen.<br />
Ella se lo concedió por medio de un milagro asombroso y muy extraordinario, pues<br />
el cinco de agosto, cuando en Roma son más fuertes los calores, quedó cubierto de<br />
nieve el lugar de la ciudad donde la Santísima Virgen deseaba que construyesen una<br />
iglesia en su honor.<br />
Por ello el papa acudió allí procesionalmente, con todo el pueblo, y señaló el<br />
emplazamiento de la iglesia, que pronto fue construida con los bienes de aquella<br />
noble y generosa familia.<br />
La profunda devoción que tuvieron estas dos ilustres personas, la gratitud que les<br />
manifestó la Santísima Virgen y la absoluta confianza que nosotros hemos de tener en
ella, deben movernos hoy a tomarlos como tema de nuestra oración.<br />
Punto I<br />
Nosotros, al haber renunciado al mundo y al haber abandonado todo para<br />
consagrarnos al servicio de Dios (Mt 19,27), no estamos en disposición de ofrecer a la<br />
Santísima Virgen bienes temporales.<br />
Todo cuanto pide de nosotros, y la razón por la cual parece que instituyó la Iglesia la<br />
fiesta que hoy celebra en honor de la santa madre de Dios, es el movernos a profesarle<br />
particularísima devoción, y a inculcársela a aquellos de cuya dirección os ha encargado<br />
Dios. Atrae vuestra atención hacia la insigne gracia que Ella concedió en este día a<br />
aquellas dos celosas personas, para honra suya; tan grande, que quiso que a ellos y su<br />
devoción se los recordara en la Iglesia en tal lugar; y que lo que realizaron en su honor,<br />
y lo que Ella obró en favor de ellos, fuera proclamado por todos los fieles hasta el fin<br />
de los siglos.<br />
Tengamos la certeza de que todo cuanto hagamos para honrar y hacer honrar a la<br />
Santísima Virgen será, por su mediación, copiosamente recompensado por Dios.<br />
Reconozcámosla siempre como nuestra bondadosa madre, ya que Jesucristo se la dio<br />
por tal, en la persona de san Juan, a cuantos fueran sus devotos, cuando, cercano a la<br />
muerte, le dijo: Hijo mío, he ahí a tu madre (Jn 19,27).<br />
Punto II<br />
Lo que debe movernos, particularmente, a tener gran devoción a la Santísima<br />
Virgen es que fue muy honrada por el Eterno Padre, quien la puso por encima de todas<br />
las puras criaturas, porque llevó en su seno a aquel que es igual a Él, y que tiene con Él<br />
la misma naturaleza.<br />
Fue elevada por encima de todas las criaturas por la abundancia de sus gracias, que<br />
nadie poseyó otras semejantes a las suyas, y por la pureza de su vida, que nadie ha<br />
igualado. Por lo cual dice san Anselmo que era muy justo que brillase con<br />
extraordinario esplendor y que fuera sobremanera elevada por encima de todo lo<br />
creado, quien, después de Dios, no tiene a nadie por encima.<br />
¿No es hallarse incomparablemente elevada por encima de todas las criaturas, el<br />
haber llegado a ser templo del Dios vivo, al concebir al Hijo de Dios? Por eso se le<br />
aplican las palabras del salmo 132: Dios la eligió para establecer en ella su morada (Sal<br />
132, 13); y estas otras del salmo 65: Tu templo es santo (Sal 65,5).<br />
Y el abad Ruperto dice aún mucho más: que desde que el Espíritu Santo vino a la<br />
Santísima Virgen para que concibiera al Hijo de Dios, ella se tornó toda hermosa, con<br />
belleza divina. Eso lleva a san Bernardo a decir que debemos honrar a la Santísima
Virgen con grandísima ternura y devoción, puesto que Dios puso en ella la plenitud de<br />
todo bien, al encerrar en su seno al Verbo divino.<br />
Pero lo que debe movernos particularmente, es el mucho provecho que<br />
obtendremos de ello. Tengamos, dice el mismo santo, gran veneración y tierna<br />
devoción a la Santísima Virgen, porque es el canal a través del cual recibiremos los<br />
bienes que Dios desea concedernos.<br />
Y en otro lugar, al explicar de modo más pormenorizado todos estos bienes, se<br />
explica así: el Espíritu Santo distribuye todos sus dones, todas sus gracias y todas las<br />
virtudes a quien quiere, cuando quiere, y del modo y en la medida que considera<br />
oportuno, a través del ministerio de la Santísima Virgen.<br />
Y san Anselmo, para avivar nuestra confianza en ella, añade que cuando se invoca el<br />
nombre de la Madre de Dios, aun cuando aquel que recurre a ella no mereciese ser<br />
escuchado, bastarían, sin embargo, los méritos de la santa Madre de Dios para mover<br />
a la bondad de Dios a conceder lo que se le pide.<br />
Confiemos, pues, como también dice san Bernardo, que si tenemos verdadera<br />
devoción a la Santísima Virgen no nos faltará nada de cuanto sea necesario para<br />
nuestra salvación.<br />
Punto III<br />
De poco nos valdría estar persuadidos de la obligación que tenemos de profesar<br />
particular devoción a la Santísima Virgen si no conociéramos en qué consiste esta<br />
devoción, si no la tuviéramos realmente o, incluso, si no la manifestáramos llegado el<br />
momento.<br />
Puesto que se halla por encima de todas las criaturas, debemos profesarle mayor<br />
devoción que a cualquier otro santo, sea el que fuere. A los santos les manifestamos<br />
nuestra devoción en ciertas épocas y días del año; pero la que debemos profesar a la<br />
Santísima Virgen debe ser continua.<br />
Por lo cual es de Regla en nuestro Instituto:<br />
Primero, no dejar pasar ningún día sin recitar el rosario, y rezarlo siempre al ir por la<br />
calle.<br />
Segundo, celebrar todas sus fiestas con mucha solemnidad.<br />
Tercero, esta devoción nos exige descubrirnos e inclinarnos siempre que se la<br />
nombra o cuando pasamos ante su imagen.<br />
Cuarto, considerándola como la principal protectora de nuestra Sociedad, nos<br />
ponemos cada día bajo su protección, mañana y tarde, al final de nuestra oración<br />
mental y después de cada ejercicio; a ella recurrimos, depositando en ella, después de<br />
Dios, toda nuestra confianza.
Quinto, la invocamos en nuestras más apremiantes necesidades, como nuestra<br />
primera abogada ante Dios, después de Jesucristo.<br />
¿Somos fieles a todas estas prácticas de devoción hacia la Santísima Virgen? ¿Cómo<br />
las cumplimos? ¿Lo hacemos con las miras antes propuestas? No faltemos a ellas si<br />
queremos recibir copiosa abundancia de gracias por los méritos de la Santísima<br />
Virgen.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 499.<br />
↵
Devoción a san José<br />
La devoción de La Salle a san José pudo tener su origen en la costumbre<br />
de leer con su abuela Petra Lespangol la vida de los santos. El Fundador lo<br />
admiraba como ejemplo de docilidad frente al proceder de la Providencia,<br />
por su obediencia a Dios y por su amor a Jesús y a María.<br />
Su veneración a san José se manifestó cuando lo tomó como patrono<br />
del Instituto, solemnizó su fiesta e introdujo la recitación diaria de sus<br />
letanías. Mantuvo esa devoción hasta el final de sus días; unas pocas<br />
semanas antes de morir, y a pesar de su enfermedad, se levantó para<br />
celebrar la misa el día de san José.<br />
En el siglo XVII se veneró la figura de «José educador», el padre que se<br />
encargó de la educación de Jesús. La piedad de los Hermanos hacia san<br />
José permanece vinculada a ella.<br />
La meditación 110 sintetiza el pensamiento de La Salle sobre san José.<br />
La propuso como ejemplo a seguir por los Hermanos en su trabajo con sus<br />
jóvenes discípulos.
San José llevando al Niño. Giovanni Marchiori, alumno de Bernini. Principios<br />
del siglo XVII. Capilla de San Sulpicio. La Salle solía celebrar la Santa Misa en<br />
esta capilla. Foto: Diego Muñoz F.S.C. 2017. Archivos personales.<br />
110<br />
Para el día de la fiesta de san José<br />
19 de marzo<br />
Punto I<br />
Encargado por Dios san José de cuidar y dirigir en lo externo a Jesucristo, era<br />
importante que tuviese las cualidades y las virtudes necesarias para cumplir<br />
dignamente ministerio tan santo y elevado.<br />
El Evangelio nos indica tres, que le cuadraban admirablemente para el cargo que se<br />
le había encomendado: Era justo, era muy dócil a las órdenes de Dios (Mt 1,19), y tenía
cuidado especial de todo lo relativo a la educación y mantenimiento de Jesucristo (Mt<br />
1,20).<br />
La primera cualidad que el Evangelio atribuye a san José es que era justo; y también<br />
era la principal de cuantas necesitaba, para ser capaz de dirigir a Jesucristo, pues<br />
siendo Dios y la santidad misma, no hubiera sido conveniente que quien estaba<br />
encargado de su dirección no fuera santo y justo delante de Dios.<br />
Era, incluso, muy conveniente que, después de la Virgen Santa, fuera uno de los<br />
mayores santos que vivieran entonces en el mundo, para que guardara alguna<br />
proporción con Jesucristo, que había sido confiado y encomendado a sus cuidados.<br />
El Evangelio dice también que era justo delante de Dios, es decir, enteramente<br />
santo. Y hasta hay motivo para creer que san José, por privilegio particular, fue<br />
totalmente exento de pecado.<br />
Vosotros estáis encargados, igual que san José, de un empleo santo que, por tener<br />
mucha relación con el suyo, exige también que vuestra piedad y vuestra virtud no sean<br />
corrientes. Tomad, pues, como modelo vuestro a san José, ya que lo tenéis como<br />
patrono, y para haceros dignos de vuestro ministerio, procurad sobresalir en virtud, a<br />
ejemplo de este gran santo.<br />
Punto II<br />
La segunda virtud que nos hace notar el Evangelio en san José es la santa y plena<br />
sumisión a las órdenes de Dios. Dios le advirtió por un ángel que permaneciera con la<br />
Virgen Santa cuando dudaba si dejarla o no; e inmediatamente cesó de pensar en ello.<br />
Después del nacimiento del Niño Jesús, Dios le avisó, de noche, que lo llevara a<br />
Egipto, para salvarlo de la persecución de Herodes; y en seguida se levantó y partió<br />
para llevarlo allá, con la Virgen Santa, su madre (Mt 2,13-14).<br />
Después de la muerte de Herodes, Dios le comunicó que volviera a Judea; y volvió allá<br />
sin demora (Mt 2,19-21).<br />
¡Ah!, ¡cuán admirable es esta pronta y sencilla obediencia en este gran santo, que<br />
no difirió ni un instante la ejecución de lo que Dios deseaba de él!<br />
¿Tomáis tan a pechos como este santo el cumplir la voluntad de Dios? Si queréis que<br />
Dios os conceda abundantes gracias, para vosotros y para la educación cristiana de los<br />
niños cuya tutela y dirección tenéis, debéis imitar a este santo en su amor y en su<br />
fidelidad a la obediencia; entre todas las virtudes, es la que más os conviene en<br />
vuestro estado y empleo, y la que más gracia os atraerá.<br />
Punto III
El Evangelio nos hace admirar, además, en san José, el cuidado que tenía del<br />
Santísimo Niño Jesús, en la prontitud con que lo condujo a Egipto (Mt 2,14), en cuanto<br />
recibió el aviso de parte de Dios; en las precauciones que tomó al regreso, para no<br />
llevarlo a Judea, por temor de Arquelao, que reinaba allí en sustitución de su padre<br />
Herodes (Mt 2,22); y en la pena que experimentó de haberlo perdido, al regreso de<br />
Jerusalén, como lo atestigua la Santísima Virgen con estas palabras: Tu padre y yo,<br />
muy preocupados por ti y llenos de aflicción, te hemos estado buscando (Lc 2,48).<br />
Dos cosas suscitaban en san José tan singular solicitud para con Jesús, a saber: el<br />
encargo que le había hecho el Padre Eterno y el tierno amor que profesaba a Jesús.<br />
Vosotros debéis poner tanta diligencia y cariño en que los niños cuya dirección<br />
tenéis conserven o recuperen la inocencia, y en alejar de ellos cuanto pueda perjudicar<br />
su educación o impedirles que alcancen la piedad, como tuvo san José por todo lo que<br />
podía contribuir al bien del Niño Jesús; ya que estáis encargados de estos niños por<br />
parte de Dios, como lo estaba san José del Salvador del mundo.<br />
Ése es también el primer cuidado que debéis tener en vuestro empleo, si deseáis<br />
imitar a san José, que nada tenía más a pechos que atender las necesidades del Niño<br />
Jesús.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 447-448.<br />
↵
Jesucristo en la escuela<br />
En la clase de una Escuela Cristiana la presencia de Jesucristo tenía que ser<br />
continua. Jesús tenía que vivir en cada uno de los presentes: «y no vivo yo,<br />
sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne,<br />
la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por<br />
mí» (Gal 2,20).<br />
Altar y nave central de la catedral de Ruán. Siglo XIII, estilo gótico. Foto: Diego<br />
Muñoz F.S.C. 2017. Archivos personales.
La Salle en la Meditación 22 «Para el Domingo de Ramos» resalta esta<br />
presencia:<br />
Punto II<br />
Para que Jesucristo reine en vuestra alma, tenéis que combatir bajo sus órdenes a<br />
los enemigos de vuestra salvación, que son los suyos. Y puesto que quiere establecer<br />
en vosotros su paz, que, según san Pablo, debe triunfar en vuestros corazones (Col<br />
3,15), es necesario para ello que Él supere, y que vosotros superéis con Él, con su<br />
auxilio, todo cuanto puede obstaculizarlo, como son vuestras pasiones y vuestras<br />
malas inclinaciones; y que destruyáis en vosotros el hombre de pecado, que reinó<br />
anteriormente en vosotros, para libraros de la vergonzosa esclavitud a la que os había<br />
reducido el pecado (Rom 6,6).<br />
Disponeos hoy a recibirlo plenamente, abandonándoos completamente a su<br />
dirección, y dejando que reine sobre todos vuestros movimientos interiores, de forma<br />
tan absoluta, de su parte, y tan dependiente, de la vuestra, que podáis efectivamente<br />
decir que ya no sois vosotros los que vivís, sino que es Jesucristo quien vive en<br />
vosotros (Ga 2, 20).<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 323.<br />
↵
Vocación del maestro cristiano<br />
Desde los inicios del Instituto, los Hermanos sufrieron persecuciones, unas<br />
veces externas, por parte de los maestros de las escuelas menores y los<br />
calígrafos, otras internas, que provenían de los representantes de la<br />
Iglesia, y, por supuesto, por parte de algún que otro alumno díscolo o<br />
padres intratables. Tampoco faltaron la incomprensión, la resistencia al<br />
cambio y los contextos sociopolíticos adversos, que dificultaron la noble<br />
labor de educar desde la espiritualidad cristiana.<br />
Solo la verdadera vocación de maestros cristianos les permitió asumir la<br />
cruz de Jesucristo en la escuela y encontrar un sentido a su vida: «Nos<br />
fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si<br />
nos persiguen, lo soportamos» (1Co 4,12).<br />
Martirio de san Casiano. Anónimo boloñés. Siglo XVI. Tabla. Museo de Arte<br />
Sacro. Imola.<br />
155<br />
Para la fiesta de san Casiano, obispo y mártir<br />
13 de agosto; en el nuevo calendario no figura
Punto I<br />
No se podrá alabar en exceso el celo que manifestó san Casiano cuando, habiendo<br />
prohibido el emperador Juliano el Apóstata que cualquier católico enseñase a la juventud,<br />
estimó que no podía ejercer empleo más útil a la Iglesia, ni más adecuado para mantener la<br />
religión, que el de maestro de escuela.<br />
Se dedicó con todo el cuidado posible a instruir a los niños y, a la par que les enseñaba a<br />
leer y a escribir, los formaba en la piedad y los educaba en el temor de Dios.<br />
El emperador, por un lado, se esforzaba en destruir la religión suprimiendo las escuelas; y<br />
este santo, por el contrario, buscaba los medios de implantarlas, mediante la instrucción y la<br />
educación de la juventud.<br />
¡Ah!, cuán a menudo sucede que los empleos tenidos en poco por los hombres producen<br />
mucho más fruto que los empleos más brillantes.<br />
Considerad vuestro empleo como uno de los más importantes y excelentes de la Iglesia,<br />
pues es uno de los más aptos para sostenerla, dándole sólido fundamento.<br />
Punto II<br />
La paciencia de san Casiano es admirable. Le denuncian ante el juez como cristiano; lo<br />
encuentran en su escuela, enseñando los sagrados misterios a los niños; le conminan a que<br />
declare su religión, y él confiesa que es cristiano, y sus enseñanzas lo muestran a las claras.<br />
Al momento es juzgado, se lo condena y se ejecuta la sentencia. Lo ponen en manos de<br />
sus escolares, que le hacen morir hiriéndole con los punzones de hierro que usaban para<br />
escribir. Martirio tanto más cruel cuanto menos fuerza para herir tenían aquellos niños.<br />
¡Qué paciencia no hubo menester este santo para padecer durante tanto tiempo y con<br />
tanta constancia de parte de aquellos mismos por quienes se había impuesto tantos<br />
sacrificios!<br />
Vosotros tenéis a este santo por patrono y sois sucesores suyos en su empleo; ¿pero sois<br />
sus imitadores en la paciencia? ¡Cuántas veces os dejáis llevar del primer impulso, sea<br />
golpeando, lo que va contra vuestras Reglas y contra todo buen orden, sea castigando, tal<br />
vez sin reflexión o inoportunamente!<br />
No podéis educarlos mejor que edificándolos y reprimiendo cualquier movimiento de ira.<br />
Punto III<br />
El martirio que padece san Casiano es la única recompensa que recibe de sus alumnos, por<br />
los desvelos que se había tomado por ellos. Se considera dichoso de que le causen la muerte<br />
aquellos a quienes intentó engendrar en Jesucristo (1Co 4,15). Y al ver próxima su muerte, por<br />
los golpes que de ellos recibe, anhela que su sangre, recayendo sobre ellos, dé vida a sus<br />
almas.
Todo el agradecimiento que ha de esperarse por haber instruido a los niños, y sobre todo a<br />
los pobres, son las injurias, los ultrajes, las calumnias, las persecuciones y aun la muerte (1Co<br />
4,11-13). Esa es la recompensa de los santos y de los varones apostólicos, como lo fue para<br />
Jesucristo Nuestro Señor. No esperéis otra, si tenéis a Dios como mira en el ministerio que os<br />
ha confiado.<br />
Eso mismo es lo que debe animaros a dedicaros a él con más amor, y lo que os<br />
proporcionará el medio de producir más fruto en él. Pues cuanto más fieles seáis a Dios en<br />
las ocasiones que se os presenten de sufrir, tanto más derramará Dios sus gracias y<br />
bendiciones sobre vosotros en el ejercicio de vuestro ministerio.<br />
↵
Buen Pastor<br />
Los maestros de las Escuelas Cristianas tenían que ser como el Buen<br />
Pastor: conocer a cada uno de los niños encomendados para proceder de<br />
forma adecuada a su educación. Es lo que hoy llamamos pedagogía<br />
diferenciada y atención individualizada.<br />
El Buen Pastor. Philippe de Champaigne. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo. 65 cm<br />
x 58 cm. Museo de las Ursulinas. Mâcon.
33<br />
Para el domingo segundo de Pascua<br />
(Jn 10,11-16)<br />
Del modo como deben proceder los maestros con respecto a sus escolares<br />
Punto I<br />
Jesucristo, en el evangelio de este día, compara a quienes tienen cargo de almas<br />
con el buen pastor, que cuida con esmero de sus ovejas; y una de las cualidades que ha<br />
de tener, según el Salvador, es conocerlas a todas (Jn 10,14), distintamente. Éste ha de<br />
ser también uno de los principales cuidados de quienes están empleados en la<br />
instrucción de otros: saber conocerlos y discernir el modo de proceder con ellos. Pues<br />
con unos se precisa más suavidad, y con otros más firmeza; algunos requieren que se<br />
tenga mucha paciencia, y otros que se les aliente y anime; a algunos es necesario<br />
reprenderlos y castigarlos para corregirlos de sus defectos; y hay otros sobre los<br />
cuales hay que vigilar continuamente, para evitar que se pierdan o extravíen.<br />
Este proceder depende del conocimiento y del discernimiento de los espíritus. Es lo<br />
que debéis pedir a Dios a menudo e insistentemente, como una de las cualidades que<br />
más necesitáis para guiar a aquellos de quienes estáis encargados.<br />
Punto II<br />
También es necesario, dice Jesucristo, que las ovejas conozcan a su pastor (Jn 10,14),<br />
para poderlo seguir. Dos cosas necesitan los que tienen dirección de almas, e incluso<br />
deben sobresalir en ellas.<br />
En primer lugar, mucha virtud para servir de ejemplo a los demás, pues éstos no<br />
podrían por menos que extraviarse al seguirlos, si ellos mismos no estuviesen en el<br />
camino verdadero.<br />
En segundo lugar, debe manifestarse en ellos especial ternura con las almas que les<br />
están confiadas, de modo que sean muy sensibles a todo lo que pueda afectar o herir a<br />
sus ovejas. Esto es lo que mueve a las ovejas a amar a su pastor y a complacerse en su<br />
compañía, porque encuentran en ella su descanso y su alivio.<br />
¿Queréis que vuestros discípulos practiquen el bien? Practicadlo vosotros mismos,<br />
pues les convenceréis mucho mejor con el ejemplo de una conducta juiciosa y<br />
modesta que con todas las palabras que pudierais decirles. ¿Queréis que guarden<br />
silencio? Guardadlo vosotros. No los haréis modestos y comedidos sino en la medida<br />
en que vosotros lo seáis.<br />
Punto III
Las ovejas de Jesucristo tienen también obligación de escuchar la voz de su pastor<br />
(Jn 10,16). Es, pues, deber vuestro enseñar a los niños que os están confiados, y es<br />
deber de cada día. Escucharán vuestra voz, porque debéis darles instrucciones<br />
adecuadas a su capacidad, sin lo cual les serían poco útiles.<br />
Por esta razón tenéis que esforzaros y formaros para hacer comprender bien<br />
vuestras preguntas y respuestas durante los catecismos, para explicarlas con claridad,<br />
y para utilizar palabras de fácil comprensión.<br />
En vuestras exhortaciones tenéis que mostrarles con sencillez sus faltas; ofrecerles<br />
los medios para corregirse de ellas; darles a conocer las virtudes que les convienen y<br />
hacerles ver que resultan fáciles; e inspirarles sumo horror al pecado y el alejamiento<br />
de las malas compañías. En una palabra, hablarles de cuanto puede moverlos a la<br />
piedad. Así es como deben escuchar los discípulos la voz de su maestro.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 337-338.<br />
↵
Jesucristo como centro de la vida<br />
El Cristocentrismo era un elemento importante en la espiritualidad<br />
lasaliana. Seguir a Jesucristo implicaba aceptar su cruz: «Decía a todos: “Si<br />
alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada<br />
día, y sígame”» (Lc 9,23).<br />
Cristo de Piedad. Anónimo. Siglo XVI. Proviene de la iglesia parroquial de san<br />
Hilario de Reims. Catedral de Reims. Foto: Diego Muñoz F.S.C. 2017. Archivos<br />
personales
Para nosotros no es suficiente con no contradecir la moral del Evangelio. San Pablo<br />
dice que nos muestra un camino todavía más excelente y más perfecto (1Co 12,31), al<br />
cual nos ha llamado Jesucristo y que Él mismo nos ha marcado. Si alguno, dice<br />
Jesucristo, quiere venir en pos de mí, renúnciese a sí mismo; es decir, que renuncie a<br />
su propio juicio y a su propia voluntad, que lleve su cruz cada día y que me siga (Lc 9,<br />
23).<br />
¿Quiénes son los que no contradicen, si no con la boca, al menos de corazón, esta<br />
divina sentencia de Jesucristo, nuestro maestro?<br />
¿Cuántos concuerdan con este pensamiento de san Bernardo, a saber: que las<br />
palabras de ligereza y las chanzas en boca de un seglar, sólo son chanzas; pero en<br />
boca de la persona consagrada a Dios son blasfemias? ¿Cuántos hay que aprecian las<br />
palabras de san Doroteo: Pongamos atención, dice, en las cosas más leves, por temor<br />
a que tengan efectos y consecuencias lastimosas? ¿A cuántos les parecen duras estas<br />
palabras de Jesucristo: Bienaventurados los pobres de espíritu (Mt 5,3); es más difícil que<br />
un rico entre en el cielo, que un camello pase por el ojo de una aguja (Mt 19, 23-24)?<br />
Meditaciones para los Domingos. Para el domingo en la octava de Navidad.<br />
Que no hay que contradecir las verdades, los preceptos ni los consejos del<br />
Evangelio (MD 5,3,1). Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras<br />
completas de san Juan Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 298.<br />
↵
Estrellas en el cielo lasaliano<br />
La recompensa del maestro cristiano, que enseñó la verdad de la fe con<br />
sabiduría, será el reino de Dios: «Los doctos brillarán como el fulgor del<br />
firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las<br />
estrellas, por toda la eternidad» (Dn 12,3).<br />
San Juan Bautista de la Salle. Aurelio Mariani. 1900. Estampa realizada con<br />
motivo de la canonización de La Salle. Impresa en Italia. (AMG BU 959/2,<br />
Chemise 4).
¡Qué consolador será, para quienes hayan procurado la salvación de las almas, ver<br />
en el cielo a quienes ellos facilitaron el don de gozar de tan inmensa felicidad!<br />
Eso sucederá a los que hayan instruido en las verdades de la religión a muchas<br />
personas, como lo predijo un ángel al profeta Daniel. Aquellos, dice, que instruyan a<br />
muchas personas en la justicia cristiana, brillarán como estrellas por toda la eternidad<br />
(Dn 12,3). Brillarán en medio de aquellos a los que hayan instruido, los cuales les darán<br />
eternamente testimonio de profunda gratitud por tantas enseñanzas como de ellos<br />
recibieron, considerándolos, después de Dios, como la causa de su salvación.<br />
Meditaciones para el Retiro. De la recompensa que debe esperar en el cielo el<br />
Hermano de las Escuelas Cristianas, si es fiel en su empleo. (Mr 208,2,1).<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 610-611.<br />
↵
Los Hermanos
Hermano Bartolomé<br />
Retrato del Primer Superior Hermano Bartolomé. Anónimo. Iconografía de los<br />
Superiores Generales. Casa Generalizia. Roma.<br />
El Hermano Bartolomé (José Truffet) fue el primer Superior del Instituto,<br />
de 1717 a 1720. Nació en Sains (Francia) el 11 de febrero de 1678. Estudió<br />
en Douai, en la escuela de los jesuitas.
Aunque no se sabe cómo entró en contacto con las Escuelas Cristianas,<br />
en 1703 fue admitido como novicio en la Casa Grande. Pertenece a la 2ª<br />
Generación de Hermanos y realizó los votos perpetuos en 1705. El 23 de<br />
mayo de 1717, al finalizar la Asamblea General, se firmó un documento de<br />
conformidad con su elección como Superior y se nombraron dos<br />
Asistentes, los Hermanos José (Jean Le Roux) y Jean Jacquot.<br />
Murió en la madrugada del 8 de junio de 1720, en San Yon, y fue<br />
sepultado junto a La Salle en la capilla de Santa Susana.<br />
Hombre piadoso, de inteligencia sagaz y de trato afable, alcanzó una<br />
profunda formación teológica.<br />
↵ capítulo 1<br />
↵ capítulo 8<br />
↵ capítulo 9
Hermano Bernardo Legentil<br />
París, vista panorámica actual del barrio de Saint-Sulpice, tomada desde lo alto<br />
de la Torre M ontparnasse. A izquierda la iglesia de Saint Germain des Prés; en<br />
un primer plano l'Institut Catholique y la iglesia de los Carmelitas donde el San<br />
Salomón Leclercq (Hermano Salomón) fue martirizado, durante las matanzas<br />
de setiembre de 1792. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 18.<br />
Se conocen pocos datos de este Hermano de la 1ª generación. En 1690 fue<br />
llamado a París por La Salle, junto con el Hermano Nicolás Vuyart, para<br />
encargarse de la escuela de la calle de Bac, en el barrio de San Sulpicio.
Fue denunciado en abril, así como La Salle y el Hermano Nicolás, por los<br />
maestros de las escuelas menores. Falleció en esta ciudad en 1701.<br />
↵
Hermano Edmo Leguillon<br />
Firma del Hermano Edmo Leguillon en el Cuaderno de Votos. «Livre ou sont<br />
écrit les treize 1er vœux perpetuels des Frères de l'Institut avec M. De La Salle,<br />
le jour de la très sainte Trinité en 1694». Archivos de la Casa Generalizia.<br />
Roma. (AMG, BJ 503, dossier 2).<br />
De este Hermano solo se sabe que formaba parte del grupo de doce<br />
Hermanos que realizaron los votos perpetuos y que falleció, según el<br />
obituario, en 1711 en París, si es que realmente se trata de él.<br />
↵
Hermano Enrique L’Heureux<br />
Capilla de Santa Úrsula de la Universidad de La Sorbona, en la actualidad.<br />
París. Foto: Diego Muñoz F.S.C. 2017. Archivos personales.<br />
Maillefer lo consideró como el primero de los Hermanos en<br />
comprometerse con La Salle, por lo que debió de ser miembro de la<br />
comunidad en la calle Santa Margarita. Pudo haber nacido hacia 1659 o<br />
1660 y haberse unido a La Salle a finales de 1681 o comienzos de 1682.<br />
El Hermano Enrique estaba dotado de muchas cualidades: era humilde,<br />
afable, talentoso, sensato, prudente… En septiembre de 1686, durante la<br />
reunión previa al inicio de clases, fue escogido, casi por unanimidad, como<br />
Superior de la Comunidad; esta decisión agradó a La Salle. Sin embargo,<br />
no duró mucho en el cargo. A mediados de octubre, cuando los superiores
eclesiásticos se enteraron de que La Salle estaba obedeciendo a un seglar,<br />
le ordenaron asumir nuevamente su cargo de Superior.<br />
En 1688 fue director de la comunidad de Reims. En 1690 se trasladó a<br />
París para cursar estudios en La Sorbona y poder ser sacerdote. Allí, fue<br />
nombrado director de la comunidad. Lamentablemente, durante este<br />
mismo año, falleció de forma repentina. Esta pérdida indujo a La Salle a<br />
asumir una posición más clara acerca de la vocación laical de los<br />
Hermanos. Se trataba de hombres comprometidos con la escuela de la<br />
mañana a la noche, sin necesidad del sacerdocio, que vivían con plenitud<br />
su misión.<br />
↵ capítulo 3<br />
↵ capítulo 4
Hermanos Gabriel y Gerardo Drolin<br />
Escena de la vida del San Juan Bautista de La Salle, Hermanos Drolin<br />
enviados a Roma. Aurelio Mariani. 1906. Óleo sobre tela. 140 cm x 194 cm.<br />
Iconografía de 1900. Casa Generalizia. Roma El Hermano Gabriel es el de la<br />
izquierda, más cerca de La Salle. El Hermano Gerardo es el la derecha, el que<br />
aparece de perfil.<br />
Hermano Gabriel Drolin<br />
Nació en Reims el 22 de julio de 1664. Entró en el Instituto hacia el año<br />
de 1684, por lo que es un Hermano de la 1ª Generación. En 1691, junto con<br />
La Salle y el Hermano Nicolás Vuyart, realizó el «Voto Heroico» para<br />
asegurar el futuro de las escuelas con una lealtad sin límites al<br />
compromiso adquirido.
Fue elegido por La Salle para dar testimonio de fidelidad al Papa y crear<br />
una escuela papal siguiendo el modelo del Instituto. En 1702 viajó a Roma<br />
para cumplir esta misión. En 1709 consiguió un puesto de maestro en una<br />
escuela papal, inicialmente de forma temporal y, después, de forma<br />
definitiva hasta 1728, momento en el que regresó a Francia. Sus últimos<br />
años transcurrieron en la comunidad de Auxonne. Falleció el 11 de enero<br />
de 1733.<br />
Gracias al Hermano Gabriel, los primeros biógrafos pudieron conocer de<br />
forma fidedigna muchos detalles de la historia del Instituto que habían<br />
permanecido ocultos como, por ejemplo, el «Voto Heroico» de 1691.<br />
Otra expansión extremamente evocativa y muy deseada por parte del<br />
Fundador: Roma, donde el Hermano Gabriel Drolin enviado por el Santo, logra<br />
abrir una escuela en 1705. Este magnífico grabado de la Plaza de España,<br />
hecho por Piránesi, evoca toda la historia lasaliana, desde los orígenes del<br />
Instituto hasta nuestros días. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 120.
Hermano Gerardo Drolin<br />
Nació en Reims, el 18 de diciembre de 1676. Se cree que ingresó en el<br />
Instituto en 1693, Hermano de la 2ª Generación, y realizó los votos<br />
perpetuos el 9 de diciembre de 1697.<br />
El Hermano Gerardo era un espíritu inconstante. En 1703 regresó de<br />
Roma y se instaló en París. En 1704, junto con el Hermano Miguel, se fugó<br />
de la comunidad para ingresar en el monasterio de los trapenses. El Abad,<br />
que conocía a la Salle, le escribió para saber si aprobaba la decisión de<br />
estos dos Hermanos; La Salle le pidió que los hiciera regresar. Gerardo,<br />
poco tiempo después, dejó el Instituto, pero el Fundador siguió siempre<br />
cuidando de él.<br />
↵ capítulo 2<br />
↵ capítulo 5<br />
↵ capítulo 7<br />
↵ capítulo 8
Hermano Gervasio<br />
Sobre este primer Hermano Gervasio apenas se conocen datos. En 1699<br />
fue designado para ayudar al Hermano Nicolás Vuyart en la preparación<br />
de maestros rurales en la escuela del barrio de San Marcelo (París).<br />
Fue uno de los Hermanos llevados a juicio por los maestros calígrafos en<br />
1704. Junto con el Hermano Nicolás Vuyart, trató de desligarse de La Salle<br />
y, al ser condenado, decidió separarse del Instituto.<br />
↵
Hermano Ireneo<br />
Retrato Hermano Ireneo. Jean Paul Brea. 1753. Óleo sobre tela. 77 cm x 63<br />
cm. Imagen 46 de la iconografía. Casa Generalizia. Roma.<br />
El Hermano Ireneo (Claudio Francisco du Lac de Montisambert) nació el 30<br />
de octubre de 1691 en Tigy. Pertenecía a una familia noble dedicada al<br />
servicio militar. En 1713, un incidente en el campo de batalla lo convenció<br />
de que Dios quería que dejase el ejército y se dedicara a la vida religiosa.
En abril de 1714, después de haber estado un tiempo con La Salle, se<br />
incorporó a la comunidad de Grenoble, donde el director, el Hermano Jean<br />
Jacquot, lo inició en la vida comunitaria. En mayo recibió el hábito y el<br />
nombre de Hermano Ireneo. En septiembre fue al noviciado de París y<br />
posteriormente lo enviaron a Laón para que se iniciara en la enseñanza.<br />
No tuvo éxito como maestro, le costaba mantener la disciplina de los<br />
alumnos, pero encontró su servicio en el Instituto ejerciendo de director<br />
de novicios, a partir de 1717, y desde 1725 a 1747, año de su muerte, como<br />
Asistente.<br />
↵
Hermano Jacques Compain<br />
Firma del Hermano Jacques Compain en el Cuaderno de Votos. «Livre ou sont<br />
écrit les treize 1er vœux perpetuels des Frères de l'Institut avec M. De La Salle,<br />
le jour de la très sainte Trinité en 1694». Archivos de la Casa Generalizia.<br />
Roma. (AMG, BJ 503, dossier 2).<br />
Nació en 1671, es de la 1ª Generación de Hermanos. No hay datos de<br />
cuándo entró en el Instituto y poco se conoce de su trayectoria. Se sabe<br />
que formó parte de los doce Hermanos que realizaron la profesión<br />
perpetua en 1694 y que en 1704 estaba en París, puesto que aparece en la<br />
lista de los Hermanos sancionados en el juicio interpuesto por los<br />
maestros calígrafos.<br />
Falleció en Chartres, el 2 de julio de 1705, a consecuencia de una<br />
epidemia de tifus.<br />
↵
Hermano Jean Henry<br />
Firma del Hermano Jean Henry en el Cuaderno de Votos. «Livre ou sont écrit<br />
les treize 1er vœux perpetuels des Frères de l'Institut avec M. De La Salle, le<br />
jour de la très sainte Trinité en 1694». Archivos de la Casa Generalizia. Roma.<br />
(AMG, BJ 503, dossier 2).<br />
Nació en Reims, en 1670. Entró en la comunidad de la calle Nueva en 1686<br />
y dos años más tarde recibió el hábito. Se le consideró un modelo,<br />
practicaba todas las virtudes cultivadas en el Instituto. La Salle, en 1690, lo<br />
nombró director de la comunidad de la calle Nueva. En 1698 fue<br />
nombrado director de novicios de la Casa Grande.<br />
Fue un Hermano con un alto grado de espiritualidad, a menudo<br />
profundamente absorto en la contemplación. Murió el 1 de julio de 1699.<br />
↵ capítulo 3<br />
↵ capítulo 5
Hermano Jean Jacquot
Retrato del Hermano Jean Jacquot (2018). Dibujo a lápiz, Begoña Fernández<br />
Corbalán.
Nació el 18 de octubre de 1672 en Château-Portien. Posiblemente, fue<br />
alumno de los Hermanos antes de entrar, en octubre de 1686, como<br />
novicio menor en la calle Nueva, en Reims. Pertenece a la 1ª Generación<br />
de Hermanos.<br />
En 1694 formó parte del grupo de doce Hermanos que realizaron los<br />
primeros votos perpetuos. En 1699 La Salle le encomendó la tarea de<br />
formar a los nuevos maestros en el arte de enseñar. En el Capítulo General<br />
de 1717 aparece en la lista como director de la comunidad de París y es<br />
elegido como Primer Asistente del Superior. Presidió el Capítulo General<br />
de 1720; en 1725, asistió al Capítulo General, en el que se recibió<br />
solemnemente la Bula de Aprobación del Instituto, y dimitió como Primer<br />
Asistente. También participó en los Capítulos de 1745 y de 1751.<br />
Murió en san Yon, el 10 de marzo de 1759.<br />
↵ capítulo 3<br />
↵ capítulo 9
Hermano Jean Maurice<br />
Nació en Reims hacia 1663. Fue el tercer Hermano joven que falleció. Blain<br />
lo describe como una persona modesta, piadosa y obediente. Contrajo la<br />
tuberculosis; la vida de privaciones y el trabajo en la escuela lo agotaron.<br />
Falleció el 1 de mayo de 1687.<br />
↵
Hermano Jean Partois<br />
Firma del Hermano Jean Partois en el Cuaderno de Votos. «Livre ou sont écrit<br />
les treize 1er vœux perpetuels des Frères de l'Institut avec M. De La Salle, le<br />
jour de la très sainte Trinité en 1694». Archivos de la Casa Generalizia. Roma.<br />
(AMG, BJ 503, dossier 2).<br />
Nació el 20 de octubre de 1666 en Saint-Loup-en-Champagne (Reims).<br />
Jean se unió al Instituto en septiembre de 1686, pertenece a la 1ª<br />
Generación. En 1691 estuvo en el retiro de Vaugirard; en 1692 formó parte<br />
de la comunidad de Laón; en 1694 realizó la profesión perpetua; en 1698<br />
fue secretario de La Salle en París; en 1701 ocupó el cargo de director de la<br />
comunidad de Laón; en 1704 fue uno de los Hermanos acusados por la<br />
Corte de París debido a la demanda interpuesta por los maestros<br />
calígrafos; en 1705. La Salle lo escogió para comenzar las escuelas de<br />
Dijon; en 1708 ejerció de director en la escuela de Mende y en 1717 regresó<br />
a Dijon.<br />
Asistió a todos los Capítulos Generales. Fue secretario del Hermano<br />
Timoteo, segundo Superior, y ocupó el cargo de Asistente del Superior en<br />
tres ocasiones. En 1734 se retiró a San Yon. Murió el 1 de abril de 1743. Jean<br />
Partois fue un Hermano activo y muy eficiente que, durante cincuenta y
siete años, dio a la Salle apoyo firme y lúcido en las luchas de la fundación<br />
del Instituto.<br />
↵
Hermano José<br />
El Hermano José es nombrado Visitador. Esta «carta de obediencia» es la<br />
última de las tres con que el Fundador delegaba al Hermano José para visitar<br />
algunas casas: Moulins, Dijon, Troyes, Reims, Rethel, Laon, Guisa, Calais,<br />
Boulogne, Ruan, San Yon, Darnétal, Chartres, Versalles y Saint-Denis. Aparece<br />
ya en esta carta la función de «Visitador», tan importante en el Instituto.<br />
Fuente: Rousset, E. (1979) J.B. de La Salle. Iconographie. Documents<br />
historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 53.<br />
Jean Le Roux nació en 1678, en Lerzy. En 1697 entró en el Instituto donde<br />
recibió el nombre de Hermano José. Realizó el noviciado en Vaugirard y su<br />
profesión perpetua el 10 de mayo de 1700.<br />
Se sabe que en 1704 estaba en París, posiblemente en la calle Princesa,<br />
puesto que figura en la lista de los dieciocho Hermanos demandados por<br />
los maestros calígrafos. Fue director de la comunidad de Ruán entre 1706<br />
y 1710. La Salle le confió el cargo de Visitador para las comunidades de<br />
Rethel, Guise, Laón y Reims.<br />
En 1711 La Salle confirmó el cargo de Visitador del Hermano José y le<br />
otorgó mayor autoridad, encargándole todas las comunidades del norte,<br />
excepto París, y, además, confiándole la responsabilidad de representar al
Instituto en aquellos. Durante la ausencia del Fundador demostró su<br />
lealtad ayudando en asuntos serios.<br />
Los Hermanos valoraron las cualidades del Hermano José y lo eligieron<br />
como Asistente de Superior en 1717, 1720 y 1725. Desempeñó este cargo<br />
hasta su muerte, en febrero de 1729.<br />
↵
Hermano Michel Jacquinot<br />
Firma del Hermano Michel A. Barthélemy Jacquinot en el Cuaderno de Votos.<br />
«Livre ou sont écrit les treize 1er vœux perpetuels des Frères de l'Institut avec<br />
M. De La Salle, le jour de la très sainte Trinité en 1694». Archivos de la Casa<br />
Generalizia. Roma. (AMG, BJ 503, dossier 2).<br />
Es poco lo que se sabe de este Hermano que participó en la emisión de<br />
votos perpetuos de 1694. En opinión de diferentes estudiosos lasalianos,<br />
él escribió la mayor parte de las trece fórmulas de votos. Falleció<br />
posiblemente en 1702.<br />
↵
Hermano Nicolás Vuyart<br />
Vitral Voto Heroico. Arte Giuliani. Santuario La Salle Roma. El Hermano Nicolás<br />
Vuyart es el que está de rodillas.<br />
Fue uno de los primeros Hermanos, estuvo probablemente en la calle de<br />
Santa Margarita. Tenía grandes dotes como maestro y fue uno de los que<br />
trabajó con La Salle en la elaboración de La Guía de las Escuelas Cristianas.<br />
En 1683 se le confió el cargo de director de la escuela de Rethel. Parte del<br />
trabajo de esta escuela era preparar a los maestros de las escuelas rurales.
En 1686-1687, es posible que se encargara de dirigir el programa de<br />
maestros rurales que se trasladó a Reims. En 1690 fue llamado a París para<br />
trabajar, junto con el Hermano Bernardo Legentil, en la nueva escuela en<br />
la calle de Bac. En 1691 La Salle lo eligió para realizar, con el Hermano<br />
Gabriel Drolin, el «Voto Heroico». En 1694 fue escogido nuevamente para<br />
formar maestros para las escuelas rurales.<br />
En 1704, junto con los demás Hermanos de París y La Salle, fue llevado a<br />
juicio por los maestros calígrafos y, posteriormente, sentenciado. Trató de<br />
apartarse de los Hermanos, tal vez para salvar la escuela de formación de<br />
maestros rurales de San Marcelo. Finalmente, dejó el Instituto para<br />
continuar su trabajo en la escuela de formación hasta su muerte, en 1719.<br />
↵ capítulo 4<br />
↵ capítulo 5<br />
↵ capítulo 7
Documentos
Testamento<br />
Se desconoce cuándo Juan Bautista de La Salle redactó este documento.<br />
La firma ante notario es del 3 de abril de 1719, Lunes Santo, cuatro días<br />
antes de su muerte.<br />
El testamento consta de cinco partes:<br />
1. Invocación a la Santísima Trinidad.<br />
2. Consejos a los Hermanos.<br />
3. Donaciones al Hermano Bartolomé, Superior General.<br />
4. Cesión de algunos inmuebles que estaban al servicio del Instituto a su<br />
hermano Juan Luis de La Salle, miembro de la Sociedad de Gestión<br />
creada para administrar los bienes del Instituto.<br />
5. Disposición relativa a los hijos de su hermano Juan Remigio de La<br />
Salle en caso de querer poner en tela de juicio sus decisiones<br />
testamentarias.
Muerte del Venerable Servidor de Dios (7 de abril de 1719). Jopé. Litografía.<br />
Cornet, J.-A. y Rousset, E. (1989). Iconographie de Saint Jean-Baptiste de La<br />
Salle. Des origines à la béatification 1666-1888. Cahiers lasalliens 49, 236.<br />
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Yo, el infrascrito, Juan<br />
Bautista de La Salle, sacerdote, estando enfermo en una habitación cercana a la<br />
capilla de la casa de San Yon, arrabal de San Severo, de la ciudad de Ruán, y queriendo<br />
hacer un testamento que liquide todos los asuntos que me puedan quedar pendientes,<br />
Encomiendo a Dios, primeramente mi alma, y luego todos los Hermanos de la<br />
Sociedad de las Escuelas Cristianas, con quienes me ha unido, y les recomiendo, ante<br />
todo, que tengan siempre absoluta sumisión a la Iglesia, máxime en estos calamitosos<br />
tiempos, y que, en testimonio de esta sumisión, no se separen en lo más mínimo de la<br />
Iglesia romana, acordándose siempre de que he mandado a Roma dos Hermanos con<br />
el fin de pedir a Dios la gracia de que su Sociedad le sea siempre enteramente sumisa.<br />
Les recomiendo también que profesen mucha devoción a Nuestro Señor, que amen<br />
mucho la Sagrada Comunión y el ejercicio de la oración mental, y que tengan<br />
devoción especial a la Santísima Virgen y a san José, patrono y protector de su<br />
Sociedad; que desempeñen con celo y muy desinteresadamente su ministerio; y que<br />
tengan entre sí unión íntima y ciega obediencia para con sus superiores, que es<br />
fundamento y sostén de toda perfección en una comunidad.<br />
Además confirmo y ratifico dos actas de cesión o donación que tengo hechas en<br />
favor de José Truffet, llamado Hermano Bartolomé, encargado del gobierno general<br />
de dichos Hermanos, la primera en fecha once de agosto de mil setecientos dieciocho,
por la que cedo y entrego al citado José Truffet todos los libros que me pertenecían,<br />
cuando estaba en la casa de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la parroquia de<br />
San Sulpicio, de París; y la otra, del catorce de noviembre de mil setecientos<br />
dieciocho, por la que cedo y entrego todos los muebles que hay en la casa de San Yon,<br />
en las condiciones señaladas. Apruebo también todos los demás actos que he<br />
realizado en su favor.<br />
Otrosí, declaro que las dos casitas de Reims que están alquiladas, una junto a la<br />
grande donde viven los Hermanos, y la otra al fondo del patio del Lobo, pertenecerán<br />
a quienes tengan la propiedad de la citada casa grande donde viven los Hermanos,<br />
para disponer de ellas con el mismo fin.<br />
Y en cuanto a las casas adquiridas en Rethel-Mazarino, una al señor Queutelot y su<br />
esposa, otra a Esteban Etienne, y otra a Ponce Ludet, con el fin de hacer de estas tres<br />
casas una sola, para que en ella se alojen los Hermanos de dichas Escuelas Cristianas,<br />
tengan allí sus clases, y para los otros fines propuestos, como queda declarado en las<br />
actas y contratos de las dichas tres casas, uno por adjudicación, y los otros dos por<br />
contratos firmados ante Dogny, notario real de Rethel, o Miroy, su sucesor;<br />
dichas casas me fueron cedidas para los fines antes indicados, y se me dio libertad,<br />
ya por los citados contratos, ya por un acta firmada ante Copillón, notario de Reims,<br />
para nombrar a una persona en mi lugar, que dispusiera de ellas en el caso de que la<br />
comunidad iniciada en Reims no subsistiera. Dado que todavía no existe Patente Real,<br />
nombro al señor De La Salle, mi hermano, Doctor por la Sorbona y Canónigo de la<br />
iglesia de Reims, y a quienes con él y después de él pertenezcan dichas casas de<br />
Reims, para que las utilicen de acuerdo con el uso previsto en las actas y contratos.<br />
En cuanto a las otras dos casas adquiridas en la dicha Rethel-Mazarino, en la<br />
esquina de la calle de las Religiosas, donde los mismos Hermanos tienen otras clases,<br />
y la otra adquirida a un tal Charlet, en la misma calle de las Religiosas, cuyos alquileres<br />
sirven para la subsistencia de los Hermanos de la citada Rethel-Mazarino, las cedo a<br />
dicho señor De La Salle, mi hermano, y a quienes sean propietarios de las casas de<br />
Reims, con él y después de él, como queda dicho más arriba.<br />
Y en el caso de que los hijos menores de mi hermano, Procurador del Rey en la Casa<br />
de la Moneda, o sus tutores, quisieran inquietar en lo relativo a algunas de las citadas<br />
disposiciones, declaro que les retiro la renta del capital de dos mil libras a expensas del<br />
clero de Reims, las casas de Tres Pozos y la renta a cargo de los Cerrajeros; y que el<br />
citado señor De La Salle, a quien las he cedido para ellos, podrá disponer de ellas para<br />
cualquier otra finalidad que juzgue conveniente.
Hecho en la citada casa de San Yon, el tres de abril de mil setecientos diecinueve.<br />
De La Salle<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.
Copia del testamento del señor de La Salle. Saint-Yon, 3 de abril de 1719.<br />
Testament du Saint. Copie ancienne. AMG SBb.24.
Cesión de todos sus libros, hecha por el Fundador al Hermano Bartolomé,<br />
Superior General, el 11 de agosto de 1718. Saint Yon, 11 de agosto de 1718.<br />
M. de La Salle reconnaît avoir cédé tous ses livres au Fr. Bartélemy. AMG.<br />
SBb. 27.
La Salle hace donación de los muebles de la casa de San Yon al Hermano<br />
Bartolomé. El presente texto ha sido escrito a mano por el Fundador. AMG.<br />
Fuente: Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents<br />
historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 55.<br />
↵
Memorial de los orígenes<br />
El documento original se extravió, se sabe sobre su existencia porque dos<br />
de los primeros biógrafos de La Salle, Bernard y Blain, lo utilizaron para<br />
escribir sus obras y lo citaron, gracias a lo cual conocemos parte de este<br />
escrito.<br />
Este memorial describe los comienzos del Instituto desde 1679, cuando<br />
La Salle tuvo su primer encuentro con Adrián Nyel, hasta 1694, el año en el<br />
cual él y doce Hermanos hicieron los votos perpetuos. Los Hermanos<br />
conocieron este documento en 1711.
De La Salle encuentra a Adrien Nyel. Grabado de Gerlier. Gaveau, M. A.<br />
(1883). Vie du Vénérable de La Salle. Fondateur des Frères des Écoles<br />
Chrétiennes. París: Procure générale des Frères. 89.<br />
Yo pensaba que la dirección de las escuelas y de los maestros, que yo iba tomando,<br />
sería tan sólo una dirección exterior, que no me comprometería con ellos más que a<br />
atender a su sustento y a cuidar de que desempeñasen su empleo con piedad y<br />
aplicación.<br />
...<br />
Fueron esas dos circunstancias, a saber, el encuentro con el señor Nyel y la<br />
propuesta que me hizo esta señora, por las que comencé a cuidar de las escuelas de<br />
niños. Antes, yo no había, en absoluto, pensado en ello; si bien, no es que nadie me<br />
hubiera propuesto el proyecto.
Algunos amigos del señor Roland habían intentado sugerírmelo, pero la idea no<br />
arraigó en mi espíritu y jamás hubiera pensado en realizarla.<br />
Incluso, si hubiera pensado que por el cuidado, de pura caridad, que me tomaba de<br />
los maestros de escuela me hubiera visto obligado alguna vez a vivir con ellos, lo<br />
hubiera abandonado; pues, como yo, casi naturalmente, valoraba en menos que a mi<br />
criado a aquellos a quienes me veía obligado a emplear en las escuelas, sobre todo, en<br />
el comienzo, la simple idea de tener que vivir con ellos me hubiera resultado<br />
insoportable.<br />
En efecto, cuando hice que vinieran a mi casa, yo sentí al principio mucha dificultad;<br />
y eso duró dos años.<br />
Por este motivo, aparentemente, Dios, que gobierna todas las cosas con sabiduría y<br />
suavidad, y que no acostumbra a forzar la inclinación de los hombres, queriendo<br />
comprometerme a que tomara por entero el cuidado de las escuelas, lo hizo de<br />
manera totalmente imperceptible y en mucho tiempo; de modo que un compromiso<br />
me llevaba a otro, sin haberlo previsto en los comienzos.<br />
...<br />
[He aquí las razones que le persuadían y lo que se decía a sí mismo:]<br />
1. No puedo hablar, pues no tengo ningún derecho a usar el lenguaje de la<br />
perfección, que les dirigía sobre la pobreza, si yo mismo no soy pobre; ni del abandono<br />
en la Providencia, si yo poseo recursos seguros contra la miseria; ni de la perfecta<br />
confianza en Dios, si unas muy buenas rentas me quitan cualquier motivo de<br />
inquietud.<br />
2. Si permanezco yo tal como estoy, y ellos tal como están, su tentación continuará,<br />
porque seguirá subsistiendo el motivo que la ocasiona; y yo no podré poner remedio,<br />
pues ellos siempre verán en mis rentas un pretexto especioso, e incluso razonable,<br />
para mantener su desconfianza por el presente y su inquietud por el futuro.<br />
3. Esta tentación, en apariencia tan plausible, no dejará de producir, pronto o tarde,<br />
el efecto que el demonio espera de ella. Los maestros, todos a la vez, o uno tras otro,<br />
se irán, y me dejarán la casa vacía, por segunda vez, y las escuelas sin personas<br />
adecuadas para llevarlas.<br />
4. Esta deserción, que tendrá resonancia en la ciudad, asustará a cuantos pudieran<br />
tener idea de hacerse maestros de escuela; su vocación se marchitará, y antes de<br />
entrar en la casa, ya se habrán visto asaltados por la misma tentación que los que<br />
salieron de ella.
5. Las escuelas, al estar sin maestros, se hundirán, con sus fundaciones; y entonces,<br />
los herederos querrán recuperar los bienes asignados para establecerlas.<br />
6. Así, cayendo de peldaño en peldaño, la Institución de las Escuelas Cristianas y<br />
Gratuitas quedará sepultada bajo sus ruinas, y no habrá que pensar más en<br />
restablecerla.<br />
7. Y aun cuando no hubiera que temer todos estos inconvenientes, ¿debo yo, e<br />
incluso, puedo ser yo el superior de estos maestros sin dejar de ser canónigo? ¿Puedo<br />
yo conjugar mi asidua presencia en la casa, para estar al frente de ellos en los<br />
ejercicios de piedad, y para velar por ellos, con la asiduidad al coro y al oficio<br />
canónico? ¿Son compatibles estos dos empleos? Si no lo son, es preciso renunciar a<br />
uno o a otro.<br />
8. Es cierto que la prebenda de canónigo no es obstáculo a las buenas obras, y que<br />
el esmero en asistir al coro y en cantar las alabanzas de Dios no impiden prestar otros<br />
servicios a la Iglesia ni dedicarse a la salvación de las almas.<br />
Se puede distribuir el tiempo entre estas dos nobles funciones y manifestar que un<br />
canónigo no debe permanecer ocioso fuera del coro, ni buscar en tal título decoroso<br />
pretexto para tomarse, al salir del sitial, un descanso tan largo como el resto del día,<br />
para cebarse en perezosa indolencia y no hacer nada en la viña del Señor.<br />
Pero, ¿puedo yo ser en verdad, a la vez, buen canónigo y buen superior de una<br />
comunidad que exige residencia?<br />
Si cumplo dignamente este último empleo, debo abandonar todas las funciones del<br />
primero; ya que al verme obligado a estar siempre en casa, no podría asistir nunca al<br />
coro.<br />
Así, pues, al no poderse compaginar ambos deberes, hay que decidirse por el uno o<br />
por el otro. Cinco o seis horas diarias de oficio canónico serían una brecha demasiado<br />
grande en la asiduidad que debo a una casa, cuya dirección ostento.<br />
9. Ahora bien, ¿qué es lo que puede determinarme en esta elección? ¿De qué lado<br />
debo inclinar la balanza?<br />
La mayor gloria de Dios, el mayor servicio a la Iglesia, mi perfección y la salvación<br />
de las almas; he ahí los objetivos que debo proponerme y los fines que deben guiarme.
Pero, si no sigo otro consejo que el de estos nobles motivos, debo decidirme a dejar<br />
mi canonjía para dedicarme al cuidado de las escuelas y a la formación de los<br />
maestros destinados a dirigirlas.<br />
10. Finalmente, como no me siento ya atraído por la vocación de canónigo, me<br />
parece que ella me ha abandonado antes que la abandone yo. Este estado ya no es<br />
para mí; y aunque entré en él por la buena puerta, creo que Dios me la abre hoy para<br />
que salga de él.<br />
La misma voz que me llamó a él, parece que me llama a otro sitio. Llevo esta<br />
respuesta en el fondo de mi conciencia, y la oigo cuando la consulto.<br />
Es verdad que al haberme puesto la mano de Dios en el estado en que me hallo, ella<br />
misma es la que me debe retirar de él. Pero ¿no parece suficientemente claro que me<br />
muestra hoy otro estado que merece la preferencia y al cual me lleva como de la<br />
mano?<br />
...<br />
Desde que dejé todo, no he conocido a uno solo que se haya visto tentado de salir<br />
con el pretexto de que nuestra comunidad no tiene bienes fundacionales.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.<br />
↵
Memorial sobre el hábito<br />
Este documento es un manuscrito realizado por la Salle como borrador<br />
para luego ser puesto en limpio. Esto se deduce claramente de las<br />
correcciones realizadas por el autor y del hecho que no está firmado. El<br />
manuscrito se conserva en los archivos de la Casa Generalicia.<br />
La importancia de este documento no se limita a la descripción del<br />
hábito y su razón de ser, sino que incluye la explicación de cómo se<br />
perciben los Hermanos a sí mismos, su misión y las obras que podían<br />
atender.
Cuatro hábitos religiosos del siglo XVII, grabados en Helyot: Historia de las<br />
Órdenes monásticas, religiosas y militares, y las Congregaciones laicales […]<br />
con imágenes que representan las diferentes vestimentas de estas órdenes y<br />
congregaciones. Tomo octavo, 1719, París, casa de Jean-Baptiste Coignard.<br />
Fuente: Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents<br />
historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 40.<br />
De si es oportuno cambiar o conservar el hábito que llevan actualmente los<br />
Hermanos de la Comunidad de las Escuelas Cristianas.<br />
Qué Comunidad es ésta y quiénes la integran.<br />
Esta Comunidad se denomina de ordinario la Comunidad de las Escuelas Cristianas;<br />
y en la actualidad no se halla establecida ni fundada más que en la Providencia. Se vive
en ella según reglas, en dependencia para todo, sin nada en propiedad y en completa<br />
uniformidad.<br />
En esta Comunidad se dedican a regentar escuelas gratuitamente, sólo en las<br />
ciudades, y a explicar el catecismo todos los días, incluso los domingos y fiestas.<br />
También se atiende a formar maestros para las escuelas rurales, en una casa<br />
separada de la Comunidad, que se denomina seminario.<br />
Los que allí se forman sólo permanecen unos años, hasta que están enteramente<br />
formados, tanto en la piedad como en lo que atañe a su empleo.<br />
No tienen otro vestido que el que se lleva de ordinario en el mundo, salvo que es<br />
negro o al menos muy oscuro; ni se distinguen de los demás seglares más que por un<br />
cuello blanco y el cabello más corto.<br />
Se les enseña a cantar, a leer y a escribir perfectamente; se les aloja, alimenta y lava<br />
la ropa gratuitamente, y luego se les coloca en algún pueblo o aldea para desempeñar<br />
allí el oficio de clérigo; y una vez colocados, no mantienen con la Comunidad otra<br />
relación que las de cortesía. Con todo, se les recibe para practicar retiro.<br />
En esta Comunidad también se educa a muchachos dotados de inteligencia y<br />
disposición para la piedad, cuando se los juzga aptos, y que por propia voluntad se<br />
disponen a ingresar luego en la Comunidad.<br />
Se les acepta desde los catorce años y más.<br />
Se les forma en la oración mental y en los demás ejercicios de piedad.<br />
Se les instruye en todas las materias del catecismo y se les enseña a leer y escribir<br />
perfectamente.<br />
Estos grupos de personas que se forman y educan en esta Comunidad tienen<br />
vivienda, oratorio, ejercicios, mesa y recreación separados; y sus ejercicios son<br />
diferentes y proporcionados a la capacidad actual de su espíritu y a lo que deberán<br />
practicar en el futuro.<br />
Los que componen esta Comunidad son todos laicos, sin estudios eclesiásticos y de<br />
cultura más bien mediana.<br />
La Providencia ha dispuesto que algunos que se presentaron ya tonsurados o con<br />
estudios, no hayan permanecido.
Con todo, no se rechazaría a personas que hubieran seguido estudios eclesiásticos,<br />
pero sólo se les recibiría a condición de no continuarlos en lo sucesivo,<br />
l.º, porque no necesitan esos estudios;<br />
2.º, porque en el futuro les servirían de ocasión para abandonar su estado;<br />
3.º, porque los ejercicios de la Comunidad y del empleo de la escuela exigen un<br />
hombre por entero.<br />
¿Cuál es la forma del hábito que se lleva en esta Comunidad?<br />
El hábito de esta Comunidad es una especie de sotanilla que baja hasta media<br />
pierna. Sin botones, se abrocha por dentro con pequeños corchetes negros desde<br />
arriba hasta cerca de medio cuerpo, y de allí hasta abajo va cosida de un extremo al<br />
otro.<br />
La bocamanga se estrecha en la muñeca, y se cierra con corchetes que no se ven.<br />
A este hábito se le llama bata, para no darle el nombre del hábito eclesiástico, del<br />
que tampoco tiene del todo la forma.<br />
Lo que sirve de manteo es una casaca o capote sin esclavina y sin botones por<br />
delante, abrochado en la parte superior, y por dentro, con un grueso corchete. Este<br />
capote es un poco largo, pues cubre toda la sotanilla y tiene como una pulgada más de<br />
largo.<br />
Las casacas o capotes que llevan los Hermanos de las Escuelas Cristianas se les<br />
dieron para protegerse del frío cuando todavía no tenían esas sotanillas peculiares,<br />
como tienen actualmente, sino jubones sin bolsillos y muy dignos.<br />
Esos capotes se usaban mucho entonces y se pensó que serían muy adecuados,<br />
útiles y cómodos a los maestros de las escuelas, en particular a los que van a dar clase<br />
fuera de casa y en barrios alejados, para comodidad de los niños; pues estos maestros,<br />
que se sirven de tales capotes como de manteo en las calles, en invierno los usan<br />
también como bata cuando llegan a sus escuelas y en casa.<br />
En aquel momento se dudó mucho si darles manteos en vez de esa especie de<br />
capotes, pues ya se pensaba que en lo sucesivo iban a ser mirados como un hábito<br />
peculiar.<br />
Pero lo impidieron cuatro consideraciones:<br />
La primera, que esos manteos no les serían útiles contra el frío en clase, y les<br />
estorbarían mucho.
La segunda, que con manteos cortos habrían tenido la apariencia de abates de<br />
corte, y se temía que adoptasen sus maneras.<br />
La tercera, que hubieran parecido eclesiásticos, vestidos a la moda y contra las<br />
normas de la Iglesia, aunque no lo fueran.<br />
La cuarta, que se habrían llevado consigo tanto los manteos como los jubones a la<br />
primera tentación que les hubiera venido a la mente, y se habrían marchado vestidos<br />
como señores los que al venir no habían traído más que ropa de campesinos o de<br />
pobres artesanos.<br />
Estos inconvenientes llevaron a la persuasión de que era mejor que tuvieran un<br />
hábito que no fuera ni eclesiástico ni seglar.<br />
Inconvenientes que parecen derivarse del cambio de dicho hábito.<br />
Respecto de todo cambio, en general.<br />
Pocos cambios hay que no sean perjudiciales a una comunidad, particularmente en<br />
cosas de importancia, por pequeña que sea.<br />
Los cambios son siempre indicio de inconstancia y de poca estabilidad. Y, con todo,<br />
la estabilidad en las prácticas, usos y puntos de regla aparece como uno de los<br />
principales sostenes de una comunidad.<br />
Cualquier cambio en la comunidad da ocasión y abre la puerta a otros, y causa<br />
desazón de espíritu en todos o al menos en una parte de sus miembros.<br />
La mayoría de los desórdenes y desarreglos que ocurren en las comunidades no<br />
provienen sino de la excesiva facilidad en admitir cambios.<br />
Por esta razón, todas las personas que tienen experiencia de comunidad dan por<br />
válido el principio de que:<br />
Antes de introducir alguna cosa en una comunidad hay que pensarlo mucho y<br />
examinar con cuidado las consecuencias, buenas o perniciosas, que pudiera tener;<br />
pero, una vez establecida, hay que ser muy circunspectos para no eliminarla sino en<br />
caso de ineludible necesidad.<br />
Fue, al parecer, por estas razones, por las que los RR. PP. Jesuitas, al encontrar<br />
algunas dificultades en sus constituciones, después de la muerte de San Ignacio, y<br />
someter a deliberación, en su primer Capítulo General, la conveniencia de introducir<br />
algún cambio en ellas, resolvieron por unanimidad no cambiarlas en ningún punto,
sino tan sólo añadir algunas apostillas a modo de explicación, para esclarecer los<br />
pasajes que creaban dificultad.<br />
Inconvenientes respecto del hábito, en particular.<br />
El cambio de hábito es algo importante en una comunidad; por eso se han tomado<br />
muchas cautelas en la mayoría de las comunidades religiosas para eliminar toda<br />
ocasión de cambiarlo; y, en varias, el hábito está determinado no sólo en cuanto a la<br />
forma, calidad y color de la tela, sino también en cuanto a anchura y longitud; y todas<br />
las dimensiones están exactamente señaladas y pormenorizadas, para que se pueda<br />
conservar siempre el mismo hábito que en la fundación.<br />
Y las comunidades regulares que en su fundación tomaron el hábito ordinario de los<br />
demás eclesiásticos se han esforzado por conservar su hábito primitivo, para no dar<br />
lugar a cambios, y así han convertido su hábito en algo peculiar.<br />
Hace cinco años que este hábito se utiliza en cinco ciudades diferentes, tanto de la<br />
diócesis de Reims como de la diócesis de Laon.<br />
Allí lo ven como hábito digno y adecuado para mantener a los maestros en la<br />
regularidad y en el recato que convienen a su estado y a su empleo, y para atraerles el<br />
respeto de sus alumnos y la consideración de la gente, mucho mejor que los jubones<br />
que llevaban antes.<br />
La gente se ha acostumbrado allí a este atuendo, y un cambio de hábito daría pie a<br />
habladurías, para condenarlo como novedad o ligereza; y a los superiores, por<br />
reducirlo a traje seglar.<br />
Hace casi dos años que los Hermanos de las Escuelas Cristianas trabajan en París<br />
con ese mismo hábito, y durante ese tiempo nadie se ha quejado de él, salvo, desde<br />
hace algún tiempo, el señor párroco de San Sulpicio, que lo hace de manera bastante<br />
enérgica.<br />
Si este hábito mereciera desaprobación, parece que hubiera debido hacerse cuando<br />
los Hermanos de las Escuelas Cristianas vinieron a París y antes de emplearlos en las<br />
escuelas.<br />
En aquel momento se les debería haber dicho que no se les permitía tener las<br />
escuelas con este hábito singular, y que deberían adoptar uno más corriente.<br />
Ellos, entonces, hubieran debido obrar en consecuencia.
Razones que han inducido a adoptar un hábito peculiar y que podrían mover a<br />
mantenerlo.<br />
En todas las comunidades donde los miembros no tienen nada propio y viven en<br />
total uniformidad, como sucede en la de las Escuelas Cristianas, el hábito es peculiar,<br />
ya desde la fundación o llega a serlo después.<br />
Para el bien de una comunidad parece más oportuno que el hábito sea peculiar<br />
desde su fundación a que llegue a serlo después; porque así ya no se cambia luego tan<br />
fácilmente, y porque este hábito, al haber sido siempre privativo, elimina cualquier<br />
ocasión de adoptar las modas y maneras de vestir de las personas del siglo.<br />
Como los miembros de esta Comunidad son en mayoría rústicos, sin grandes<br />
talentos y sin estudios, y no se guían de ordinario sino por la impresión, se necesita<br />
algo que haga palpable la pertenencia a una comunidad, tanto para animarlos a<br />
ingresar como para mantenerlos en ella y hacer que observen las reglas.<br />
Y nada produce este efecto de manera más lograda que un hábito peculiar, que<br />
parece ser característico de una comunidad, en la que sea o pueda ser costumbre el<br />
llevarlo.<br />
El señor Vicente juzgó que un hábito peculiar era en cierto modo necesario para<br />
retener a los sujetos en su Congregación. ¡Con cuánta mayor razón lo será en una<br />
Comunidad cuyos sujetos carecen de estudios y de cultura!<br />
Este hábito peculiar logra que la mayoría de los que ingresan en la Comunidad no se<br />
preocupen de si la Comunidad es estable y está fundada o no.<br />
Este hábito peculiar hace que los seglares miren a los de esta Comunidad como a<br />
personas separadas y retiradas del mundo; y parece muy conveniente que tengan de<br />
ellos esta idea, para que no frecuenten fácilmente ni se relacionen con demasiada<br />
soltura con las personas del siglo, y para que tengan incluso más comedimiento<br />
respecto de ellas.<br />
Antes de este hábito peculiar, cuando se hablaba de observar las reglas, algunos<br />
decían que no tenían mayor obligación de observarlas que las personas del mundo, ya<br />
que en nada se distinguían de ellas.<br />
Desde que se usa el hábito peculiar, ya no parece que exista dificultad al respecto,<br />
pues todos se consideran personas de comunidad.
Antes de este hábito peculiar, se venía a esta Comunidad como se va a un señor que<br />
contratara maestros de escuela como criados, sin la menor idea de comunidad.<br />
Algunos venían aquí con el fin de formarse y luego colocarse. Varios exigían sueldo,<br />
y otros creían que se les debía agradecer el que se contentaran con el sustento y el<br />
vestido.<br />
Desde que se usa este hábito, cuando se solicita ingresar en ella, no se tiene otra<br />
idea que la de incorporarse a una comunidad para permanecer en ella el resto de la<br />
vida.<br />
Ya no se sabe lo que es pedir sueldo, y uno se considera muy feliz por el hecho de<br />
ser admitido en ella.<br />
El hábito, él solo, es el que produce estos efectos.<br />
Antes de este hábito, la mayoría se marchaban con la ropa que se les<br />
proporcionaba.<br />
Ahora, este hábito sirve para retener a los Hermanos en sus tentaciones; algunos<br />
han confesado, incluso, que varias veces estuvieron a punto de retirarse y lo hubieran<br />
hecho de no habérselo impedido este hábito.<br />
Inconvenientes que hay respecto del hábito eclesiástico.<br />
Parece poco adecuado dar hábito puramente eclesiástico a laicos que no tienen<br />
estudios y que nunca los harán, y que, incluso, no tienen ni pueden ejercer función<br />
alguna, ni llevar sobrepelliz en la iglesia, como es el caso de los miembros de esta<br />
Comunidad de las Escuelas Cristianas.<br />
No es de creer que los señores Obispos que los tienen o los tendrán en sus diócesis,<br />
permitan y toleren que personas de esta condición lleven hábito eclesiástico.<br />
No se ve cómo el que ostenta el gobierno de esta Comunidad podría dar una<br />
respuesta razonable si se le preguntara por qué, por su sola autoridad, da y obliga a<br />
llevar el hábito eclesiástico a personas que no son de esta condición.<br />
¿Cómo podría justificarse entonces?<br />
Hubo algún intento de hacerles recibir la tonsura, pero varias personas, y el señor<br />
Baudrand entre ellas, no son de esta opinión.
Incluso resulta difícil de creer que los señores Obispos estén dispuestos a conferir la<br />
tonsura a personas que no tienen ni pueden cursar los estudios iniciales, ni ejercer<br />
función alguna en la iglesia; y, sin embargo, eso es lo que se pretende respecto de los<br />
miembros de esta Comunidad.<br />
Parece importante que los miembros de esta Comunidad se distingan de los<br />
eclesiásticos por su hábito.<br />
Acuden todos los días a las parroquias, y sus escuelas, por lo común, están cerca de<br />
ellas; llevan allí a los niños para asistir a la santa Misa y al oficio divino.<br />
Los señores párrocos no los admitirían allí con manteos largos, sino que les<br />
obligarían a llevar sobrepelliz, y les encomendarían funciones eclesiásticas, al menos,<br />
cuando necesitasen su colaboración.<br />
Esta necesidad se dará con frecuencia, porque hay pocos eclesiásticos en la mayoría<br />
de las parroquias de las ciudades: a menudo no hay más que un párroco, o a lo más un<br />
coadjutor con él.<br />
Los maestros se sentirían honrados por llevar sobrepelliz en las parroquias, por<br />
estar en ellas con el clero y por ejercer allí funciones eclesiásticas.<br />
De este modo desatenderían fácilmente el cuidado de los niños en la iglesia, que es,<br />
sin embargo, la única cosa por la que van allí, y que, por sí misma, es bien molesta a la<br />
naturaleza.<br />
Todo lo que se dice en este artículo lo acredita la experiencia: Santiago, Laon,<br />
Château-Porcien. Si los Hermanos llevaran hábito eclesiástico<br />
Si los Hermanos de esta Comunidad llevaran hábito eclesiástico fácilmente tendrían<br />
la tentación de hacer estudios eclesiásticos, de recibir la tonsura, de avanzar en las<br />
órdenes y de pretender empleos en las parroquias.<br />
Se relacionarían fácilmente y alternarían con los señores párrocos y otros<br />
eclesiásticos, al verlos todos los días; y esa frecuentación demasiado libre podría<br />
ocasionarles muchas tentaciones contra su vocación y el relajamiento en su empleo.<br />
El manteo largo les sería muy incómodo en su empleo:<br />
Con ese hábito no podrían desenvolverse entre sus alumnos, ni ponerlos en fila y<br />
mantener fácilmente el orden cuando los llevan a la iglesia o cuando están en ella.
Alguien ha hecho notar que con ese hábito se puede tirar al suelo a la mayoría de<br />
los niños pequeños, de uno y otro lado, al quererlos poner en fila.<br />
En la mayoría de las ciudades habrá que tener las escuelas en diferentes barrios, y<br />
los maestros deberán permanecer en ellas todos los días, tres horas y media por la<br />
mañana y otro tanto después de la comida.<br />
En esas escuelas, en invierno, los maestros necesitarían otras prendas, además de<br />
sus hábitos ordinarios, para defenderse del frío.<br />
El manteo largo no les serviría allí de nada a tal efecto, mientras que el capote les<br />
sirve de bata en sus escuelas.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.<br />
↵
El voto de 1691<br />
Las pruebas sufridas en 1690 afectaron a La Salle creándole una profunda<br />
inquietud. Era un momento en el que parecía que el Instituto no podría<br />
subsistir, pero el Fundador no se dejó abatir y buscó los medios que<br />
permitieran asegurar la continuidad de la obra. Por una parte se dedicó a<br />
recuperar y fortalecer la comunidad: crecer desde dentro, y por otra se<br />
sintió inspirado para asociarse con dos Hermanos, en los que confiaba<br />
plenamente, con el objeto de que el porvenir de la Comunidad no<br />
descansara únicamente sobre él y un potencial sucesor.<br />
El 21 de noviembre de 1621, fiesta de la Presentación de la Santísima<br />
Virgen en el Templo, La Salle y los Hermanos Nicolás Vuyart y Gabriel<br />
Drolin se comprometieron irrevocablemente a procurar y mantener el<br />
establecimiento del Instituto, incluso si solo quedaran ellos tres en la<br />
Sociedad, tuvieran que pedir limosna y vivir de sólo pan.<br />
Este compromiso de asociación, inspirado en motivos religiosos y al que<br />
conocemos hoy como «Voto Heroico», fue tan crucial en el proceso de<br />
fundación del Instituto que se le otorga el valor de un acta fundacional de<br />
una primera asociación que daría origen a una sociedad más amplia e<br />
inspiraría la fórmula de votos utilizada por los Hermanos a partir de 1694.<br />
El «Voto Heroico» permaneció en secreto mientras vivió La Salle y lo<br />
conocemos solo por la biografía que escribió Blain, publicada en 1733. La<br />
información le debió llegar a través del Hermano Timoteo, quien la debió<br />
recibir directamente del Hermano Gabriel Drolin. Lamentablemente el<br />
documento original se extravió.
Voto Heroico. Benoit Bonnard. 1821 (Lyon). Óleo sobre tela. 78 cm x 97 cm.<br />
Reserva del Museo La Salle. Casa Generalicia. Roma.<br />
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrados con profundo respeto<br />
ante vuestra infinita y adorable Majestad, nos consagramos enteramente a Vos, para<br />
procurar con todas nuestras fuerzas y con todos nuestros cuidados el establecimiento<br />
de la Sociedad de las Escuelas Cristianas, del modo que nos parezca más agradable a<br />
Vos y más ventajoso para dicha Sociedad.<br />
Y a este fin, yo, Juan Bautista de La Salle, sacerdote; yo, Nicolás Vuyart, y yo,<br />
Gabriel Drolin, desde ahora y para siempre, y hasta el último que sobreviva, o hasta la<br />
completa consumación del establecimiento de dicha Sociedad, hacemos voto de<br />
asociación y de unión, para procurar y mantener dicho establecimiento, sin podernos<br />
marchar, incluso si no quedáramos más que nosotros tres en dicha Sociedad, y aunque<br />
nos viéramos obligados a pedir limosna y a vivir de sólo pan. En vista de lo cual,<br />
prometemos hacer unánimemente y de común acuerdo todo lo que creamos, en<br />
conciencia y sin ninguna consideración humana, que es de mayor bien para dicha
Sociedad. Hecho el veintiuno de noviembre, día de la Presentación de la Santísima<br />
Virgen, de 1691. En fe de lo cual hemos firmado.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.<br />
Firmas de Juan Bautista de La Salle y de los Hermanos Nicolás Vuyart y<br />
Gabriel Drolin. Este montaje reúne las tres firmas auténticas de los tres<br />
compromisarios del «Voto Heroico» del 21 de noviembre de 1691. Se<br />
comprometen por voto de asociación a trabajar en el establecimiento de la<br />
«Sociedad de las Escuelas Cristianas», aun en el caso «de que solo nosotros<br />
tres quedemos en la dicha Sociedad y nos viéramos obligados a mendigar y a<br />
vivir de pan solamente». Fuente: Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 41.<br />
↵
Las doce virtudes del buen maestro<br />
Juan Bautista de La Salle sabía lo importante que era formar a los<br />
Hermanos, por ello organizó su pensamiento en un conjunto de dieciocho<br />
pequeñas obras de temas muy variados que se conocen como Colección de<br />
varios trataditos para uso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.<br />
Probablemente es la obra más antigua del Fundador; la edición más<br />
antigua que conocemos es de 1711.<br />
El objetivo de esta obra consistió en orientar la vida espiritual,<br />
comunitaria y profesional de los Hermanos. El listado de las doce virtudes<br />
del buen maestro está incluido en ella:<br />
Las doce virtudes del buen maestro.<br />
Gravedad, silencio, humildad, prudencia, sabiduría, paciencia, mesura,<br />
mansedumbre, celo, vigilancia, piedad y generosidad.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.
El Venerable de La Salle da clase a los niños en 1690. Jopé. Litografía. Cornet,<br />
J.-A. y Rousset, E. (1989). Iconographie de Saint Jean-Baptiste de La Salle.<br />
Des origines à la béatification 1666-1888. Cahiers lasalliens 49, 236.<br />
Las doce virtudes del buen maestro fueron explicadas detalladamente en<br />
1785 por el Hermano Agatón, quinto Superior General, y publicadas en<br />
Melun. Esta es su obra pedagógica más importante. En su exposición<br />
conservó las virtudes en el mismo orden en el que las enumeró La Salle.<br />
Esta obra estuvo inspirada en los principios y máximas de La Salle, como<br />
advirtió el autor, y en obras pedagógicas de su tiempo, pero<br />
esencialmente fue producto de su experiencia personal como maestro.
Este pequeño libro es un tesoro para el educador cristiano, que tiene<br />
mucho que decir aún hoy en día.<br />
Las doce virtudes del buen maestro según san Juan Bautista De La Salle<br />
Explicación por el Hno. Agatón, Superior General, F.S.C.<br />
Retrato del Hermano Agatón, Joseph Gonlieu, quinto Superior General del<br />
Instituto (1777-1798). Fuente: Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 154.<br />
1.- La gravedad<br />
«…Trata de ser un modelo para los creyentes por tu palabra, por tu conducta, tu<br />
amor, tu fe y tu pureza…» (1 Timoteo 4,12).
La Gravedad es una virtud que ordena todo el porte exterior del maestro, en<br />
conformidad con la modestia, el decoro y el buen orden.<br />
El maestro que posee esta virtud, mantiene el cuerpo en actitud natural, sin<br />
afectación ni cortedad; no mueve la cabeza ni la vuelve ligeramente a uno y otro lado<br />
a cada palabra que dice; su mirar es sereno, sin artificio ni severidad; no se ríe al<br />
hablar, ni hace contorsiones impropias; es afable, habla poco y en tono moderado;<br />
evita en su lenguaje la aspereza, la mordacidad y la altanería; no es agreste ni<br />
descortés con nadie.<br />
Persuadido de que la Gravedad, modestia y reserva no están reñidas con la bondad<br />
ni con el cariño, trata de captarse con prendas tan amables el afecto de los escolares,<br />
porque saben que entonces pondrán mayor empeño en asistir a sus lecciones; serán<br />
más dóciles en recibirlas y más fieles en practicarlas. Con todo, no por eso se muestra<br />
demasiado expansivo con ellos, ni mantiene intimidades y familiaridades con<br />
ninguno.<br />
Lejos de proponerse como único fin inspirarles temor, su principal intento ha de ser<br />
atraerse su confianza para no cohibir la espontaneidad y, gracias a ella, observa los<br />
gérmenes de virtud que hay en los niños para poder cultivarlos y perfeccionarlos; así<br />
como los de sus vicios y faltas para corregirlos en cuanto sea posible.<br />
[…]<br />
2.- El silencio<br />
«Y yo les digo que en el día del juicio tendrán que dar cuenta de las palabras inútiles<br />
que hayan dicho» (Mateo 12,36)<br />
Con este nombre designamos aquí cierta prudente discreción en el uso de la<br />
palabra; de manera que el maestro sepa callar cuando no debe hablar, y hablar cuando<br />
no debe callar.<br />
Dos son las funciones de esta virtud; porque si enseña al maestro el arte de callar,<br />
también le enseña el de hablar, apartándolo así de dos extremos condenados por ella,<br />
a saber, la taciturnidad y la locuacidad.<br />
[…]<br />
Según estas reflexiones, el buen maestro considera como faltas que debe evitar, por<br />
contrarias al Silencio, las siguientes:
1. Hablar sin necesidad o callar cuando tiene que hablar.<br />
2. Decir mal lo que dice, por no haber previsto el asunto, su necesidad, el tiempo<br />
más conveniente, las circunstancias, sus consecuencias buenas o malas; o, también<br />
por expresarse sin vigor, sin claridad ni exactitud, titubeando a cada palabra por el<br />
afán de usar términos atildados sin conocer su exacta significación, o siendo difuso y<br />
carente de método.<br />
3. Detenerse demasiado tiempo en hablar con algunos alumnos, con sus padres,<br />
con otras personas extrañas o con sus compañeros de escuela, aun cuando les hable<br />
por necesidad.<br />
4. Andar a caza de noticias y prestar fácil oído a las que los alumnos quieran<br />
participarle.<br />
5. Finalmente, hablar con excesiva precipitación, o confusamente, o muy alto, o tan<br />
entre dientes que los discípulos apenas puedan percibir lo que les dice.<br />
3.- La humildad<br />
«El orgullo del hombre provoca su humillación, el de espíritu humilde será honrado»<br />
(Proverbios 29,23).<br />
Es una virtud que, haciéndonos debida justicia, nos inspira bajos sentimientos de<br />
nosotros mismos, así nos da a conocer lo que somos, según estas palabras del<br />
Apóstol: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si todo lo has recibido, ¿de qué te<br />
glorías? De este modo combate directamente la soberbia, que con tanta injusticia nos<br />
inspira elevado concepto de nuestra propia excelencia; pues ese vicio no es sino error<br />
y vana hinchazón que nos eleva a nuestros propios ojos, y nos hace creer superiores a<br />
lo que somos en realidad.<br />
[…]<br />
4.- La prudencia<br />
«Sean, pues, astutos [prudentes] como serpientes» (Mateo 10,16)<br />
La Prudencia es una virtud que nos da a conocer lo que debemos evitar, y nos indica<br />
los medios seguros y legítimos de conseguir un fin laudable.<br />
Esta virtud determine el uso que debemos hacer del entendimiento para no tener<br />
que arrepentirnos de nuestros intentos o empresas. Ahora bien; los medios por ella
empleados serán siempre legítimos si los inspiran la razón o la fe, y serán seguros, si<br />
no son insuficientes ni excesivos.<br />
[…]<br />
La memoria. Es propio de la Prudencia aplicar a lo venidero la experiencia de lo<br />
pasado: nada se asemeja tanto a lo que está por venir como lo ya sucedido. Deberá<br />
aprovecharse, pues, el buen maestro de lo que tiene ya aprendido; los desaciertos o<br />
felices resultados que conozca en los demás le instruirán provechosamente, y no<br />
dejará de ajustarse fielmente a nuestra Guía de las Escuelas compuesta con arreglo a<br />
muy exactas investigaciones y a consumada experiencia.<br />
La inteligencia. La Prudencia exige que se conozca perfectamente el asunto que se<br />
tiene entre manos y los medios adecuados para desempeñarlo cual conviene.<br />
[…]<br />
5.- La sabiduría<br />
«Radiante y perenne es la sabiduría; se deja ver sin dificultad por los que la aman y<br />
hallar por los que la buscan» (Sabiduría 6,12)<br />
La sabiduría es la virtud que nos da a conocer las cosas según los principios más<br />
excelentes, y nos mueve a obrar conforme a ellos.<br />
Difiere de la Prudencia en que ésta supone tan sólo un fin laudable, cualquiera que<br />
sea; al paso que la Sabiduría mira directamente al objeto de este fin, y lo aprecia, no<br />
sólo como bueno y estimable, sino también como muy noble e importante.<br />
[…]<br />
¿En qué consiste, pues, la Sabiduría del buen maestro?<br />
En hacerle comprender, amar y cumplir la función infinitamente preciosa que está<br />
llamado a desempeñar. De donde se sigue que debe comenzar, siguiendo el ejemplo<br />
de Salomón, por dirigirse con humildad al autor de toda dádiva, al Dios de toda<br />
ciencia, al Padre de las luces: «Dame, Señor, le decía este príncipe, la sabiduría que<br />
asiste a tu trono, y no quieras excluirme del número de tus hijos… Envíala de tus<br />
santos cielos y del solio de tu grandeza, para que ella esté conmigo, y conmigo<br />
trabaje, a fin de que sepa yo lo que a Ti te place, puesto que sabe ella todas las cosas, y<br />
todo lo entiende, y me guiará con acierto a mis empresas, y me protegerá con su<br />
poder; con el cual mis obras serán aceptadas y gobernaré con justicia a tu pueblo».
[…]<br />
6.- La paciencia<br />
«Mediante su paciencia salvarán sus almas» (Lucas 21,19).<br />
La Paciencia es una virtud que ayuda a sobrellevar sin murmurar y con sumisión a la<br />
divina voluntad, todos los males de esta vida, y en especial, al maestro, las<br />
penalidades anejas a la educación de la juventud.<br />
[…]<br />
Justamente se aplica al buen maestro todo lo que acabamos de decir de la<br />
Paciencia en general. Como casi de continuo vive con los niños, esta virtud se cifra<br />
para él en soportar las molestias y disgustos inherentes a su profesión, y por<br />
consiguiente, en no incomodarse por los descaros, burlas o males modales de los<br />
alumnos o de sus padres; en compadecerse de la flaqueza de juicio en los niños, tan<br />
natural a sus años, así como de la ligereza de su espíritu y de su inexperiencia; en no<br />
desalentarse nunca ni cansarse de repetirles muchas veces y por largo tiempo las<br />
mismas cosas; siempre con bondad y cariño, para grabárselas en la memoria, por<br />
grande que sea la dificultad y tedio que en ello pueda hallar. Pues, tarde o temprano,<br />
logra uno el fin que se propone, en premio de tanto instruir, amonestar, reconvenir y<br />
reprender. Andando el tiempo, comienzan a echar raíces las ideas exactas y<br />
razonables que incesantemente se han inculcado; insensiblemente se insinúan en el<br />
flexible corazón de los niños bien dispuestos los sentimientos piadosos y cristianos,<br />
los de rectitud y honradez, y, por fin, se recogen frutos harto más abundantes cuanto<br />
más tiempo se hayan hecho esperar. No olvide, pues, nunca el maestro estas palabras<br />
de Santiago: «…la paciencia logra su objetivo, de manera que sean perfectos» (1,4).<br />
Son defectos contrarios a esta virtud, disgustar a los escolares con palabras<br />
ofensivas o inconvenientes, zarandearlos, golpearlos con la mano, el puntero o la<br />
señal; imponerles correctivos injustos, dictados por arrebatos viciosos del amor propio<br />
o por un ímpetu que no da lugar a la reflexión antes de obrar o hablar.<br />
7.- La mesura<br />
«Por encima de todo vigila tus intenciones, pues de ella brota la vida» (Proverbios<br />
4,23)<br />
La Mesura o comedimiento es una virtud que nos incline a hablar y obrar con<br />
moderación discreta y modestia.
[…]<br />
Consiste, pues, la Mesura en moderarse uno en las ocasiones que muevan a enojos<br />
y arrebatos; en no permitirse nada contrario al decoro y que dé motivo a censures y<br />
malas sospechas justificadas. Enseña a ordenar toda la conducta de modo que nada<br />
en ella puedan observar los discípulos que no sea imitable y digno. Exige que en todas<br />
partes obremos siempre según los miramientos, las precauciones y consideraciones<br />
que reclaman la inocencia de los niños, la flaqueza de su edad, su facilidad en recibir<br />
toda clase de impresiones y en imitar el mal, recordando que una palabra, un gesto,<br />
una sonrisa, una mirada, una nonada en apariencia, les pone en juego la imaginación,<br />
suscita en ellos multitud de fantasías, les es abundante manantial de deducciones y<br />
hasta decide a veces de sus costumbres para lo venidero.<br />
También evita toda amistad y familiaridad peligrosa con ellos. Prohíbe tocarles el<br />
rostro, acariciarlos, chancearse con ellos, recibir sus abrazos. En fin, no pierde nunca<br />
de vista la idea que los niños se forman de las personas consagradas a Dios, que deben<br />
ser irreprochables y ajenas a las flaquezas ordinarias en los demás hombres.<br />
[…]<br />
8.- La mansedumbre<br />
«Aprendan de mí, que soy sencillo [manso] y humilde de corazón» (Mateo 11,29)<br />
Es una virtud que nos inspira bondad, clemencia y ternura. Su más acabado modelo<br />
es Jesucristo, que nos la recomienda especialmente con estas palabras: «Aprendan de<br />
mí, que soy sencillo [manso] y humilde de corazón». Es, según el Santo Obispo de<br />
Ginebra, como la flor de la caridad, la cual, según San Bernardo, llega a su perfección<br />
cuando no sólo es paciente, sino además suave y apacible.<br />
Distínguense, en general, cuatro clases de mansedumbre: la primera es la del<br />
espíritu, que consiste en juzgar de las cosas sin acritud ni pasión, sin preocupación del<br />
propio mérito o de supuesta capacidad.<br />
La segunda es la del corazón, que inclina a desear las cosas sin obstinación y de<br />
manera justa.<br />
La tercera es la de las costumbres, que consiste en conducirnos por principios rectos<br />
sin entrometernos a reformar a los otros, cuando no tenemos autoridad sobre ellos, ni<br />
a mezclarnos en cosas que no nos incumben.
Y, finalmente, la cuarta, es la de la conducta, que mueve a obrar con sencillez y<br />
rectitud, sin contradecir a los demás cuando no hay justo motivo ni obligación de<br />
hacerlo, y guardando siempre la moderación conveniente.<br />
[…]<br />
Debe recordar el maestro:<br />
1. Que para enmendar las faltas son menos eficaces los castigos que el modo de<br />
imponerlos.<br />
2. Que infundiendo, con la rudeza y rigor, un temor excesivo, embrutece el espíritu,<br />
envilece el corazón, sofoca los sentimientos nobles e inspire aversión a la escuela y al<br />
estudio.<br />
3. Que la excesiva rigidez en no perdonar nada, priva a los castigos justos y<br />
oportunos de su valor medicinal.<br />
4. Que una prudente moderación puede ganar a los que la indiscreta severidad<br />
irritaría.<br />
5. Que nunca inspire temor saludable de sí, si no logra inculcar en los niños el temor<br />
de Dios y de sus juicios; porque si menosprecian este temor o no les hace la debida<br />
impresión, en vano intentará el maestro que le teman a él por mucho que lo procure.<br />
Con todo no se debe olvidar que si la Mansedumbre ha de estar llena de caridad,<br />
debe también mantenerse firme. La caridad puede muy bien atraer<br />
momentáneamente el corazón de los niños; pero no baste cuando el mal ha tomado<br />
ya incremento; preciso es que la firmeza le auxilie para mantenerlo en el deber o para<br />
encauzarlo de nuevo hacia él, cuando dejan de cumplirlo.<br />
[…]<br />
Este ascendiente o autoridad que infunde en los escolares respeto y sumisión, no va<br />
vinculado a la edad, a la estatura, al tono de voz, ni a las amenazas; sine al carácter<br />
igual, firme, moderado, siempre dueño de sí que tiene sólo por guía la razón y nunca<br />
obra por capricho o arrebato. Contribuye también a adquirirlo la prudente mezcla de<br />
dulzura y firmeza de amor y temor. El amor debe conquistar el corazón de los niños sin<br />
mimarlos, y el temor, contenerlos sin desalentarlos.<br />
Los principales medios para establecer y conservar este ascendiente o autoridad de<br />
que tratamos, se hayan diseminados por diversos lugares en el cuerpo de esta obrita.
Pero juzgamos oportuno formar aquí como una síntesis de todos ellos:<br />
1. No acudir nunca a la propia potestad fuera de tiempo, sin razón ni reflexión, ni<br />
para cosas sin importancia.<br />
2. Exigir con exactitud lo ordenado, cuando es justo.<br />
3. Ser firme en no otorgar lo que se haya negado con razón, si no han cambiado las<br />
circunstancias.<br />
4. No amenazar ligeramente, pero cumplir las amenazas, cuando son justas, si los<br />
niños se hacen acreedores a ellas.<br />
5. Infundir y mantener en los discípulos respetuoso temor.<br />
6. Ser siempre muy ordenado en el modo de dirigirlos.<br />
7. Proceder de modo invariable en el trato con los escolares de suerte que éstos se<br />
convenzan de que el profesor es hombre que exige siempre el deber y hace respetar el<br />
orden.<br />
8. Ser igual con todos, sin predilección por ninguno; de otro modo, el preferido se<br />
tornará audaz e insolente; y los demás, privados de la simpatía del maestro, se harán<br />
envidiosos, revoltosos e indóciles. Pero esto no obsta por mostrar complacencia,<br />
encomiando y recompensando a los que se conducen bien, y manifestando<br />
descontento a los que se portan mal.<br />
9. No familiarizarse con los alumnos.<br />
10. Proceder siempre de modo que jamás se exponga el maestro a que la razón esté<br />
de parte de los alumnos y en contra de él.<br />
11. No tratar como esclavos a los escolares; pero al mismo tiempo conducirse con<br />
ellos con tanta dignidad, que nunca puedan hombrearse con el maestro.<br />
12. No dar a las cosas que deban decírseles sine su verdadera importancia. Sería<br />
ridículo dar mucha a las que tienen poca, o no dar a las esenciales la que merecen; y<br />
eso tanto en lo concerniente al orden general de las clases como en lo referente al<br />
bien particular de los alumnos.<br />
13. Hablar poco cuando se ordena algo, y exigir que se obedezca.
14. No abusar de la autoridad pidiendo en demasía o en excesivo rigor lo que puede<br />
exigirse; como, si a un escolar que no puede o no quiere aprender lo asignado, se le<br />
dobla o triplica la tarea impuesta; o, si se resiste a cumplir un castigo, se le impone<br />
otro mayor. Esto trae como consecuencia la insensibilidad, el despecho y hasta la<br />
rebelión del educando.<br />
15. Acomodar la tarea a la capacidad y aptitudes de coda escolar.<br />
16. Cuando el maestro tiene que habérselas con caracteres duros y tenaces, no<br />
debe ceder, ni aflojar en la justa firmeza con que ha de reprimirlos.<br />
[…]<br />
I- De las siete condiciones que debe tener la corrección por parte del que la da<br />
1. Debe ser pura. No hay duda de que en la corrección, lo mismo que en todas<br />
nuestras acciones, debemos proponernos por fin la gloria de Dios y el cumplimiento<br />
de su santa voluntad; pero, por otra parte, debe enderezarse a la enmienda del<br />
alumno a quien va dirigida, de suerte que en ella no intervenga mal humor, ni<br />
aversión, antipatía, capricho, venganza o resentimiento.<br />
2. Debe ser caritativa. Lo será cuando se corrige al niño porque se le ama. El<br />
maestro procede como médico, nunca como enemigo. «Parece, dice San Agustín, que<br />
el médico persigue a su enfermo, pero lo que en realidad persigue es a su enfermedad<br />
porque ama al enfermo y si hace padecer a quien ama, es para librarle del mal que le<br />
aqueja». Así procede el maestro con los niños, cuando los corrige. Es una gracia con<br />
apariencia de rigor, y remedios son los aparentes males que les causa.<br />
3. Debe ser justa. Todo castigo presupone alguna falta: por consiguiente no se debe<br />
aplicar sino cuando la falta es cierta. Por lo mismo, sólo deben aplicarse castigos por<br />
culpas que también lo sean, ya por su misma naturaleza, ya por las consecuencias que<br />
puedan acarrear.<br />
A veces puede imponerse castigo menor que la culpa, pero jamás deberá excederla;<br />
de otro modo se vulnerarían la justicia y la razón; porque sería obrar con prevención y<br />
dar motivo a pensar que se castiga por crueldad o por otros motivos reprensibles.<br />
4. Debe ser conveniente. Es decir, debe en tenerse en cuenta la edad, el carácter, el<br />
temperamento, el estado de ánimo del culpable y aún el de sus padres, para que el<br />
castigo sea exactamente proporcionado a la culpa y a sus circunstancias, como el fin<br />
que ha de proponerse el maestro.
5. Debe ser moderada; esto es, no demasiado fuerte ni precipitada; en el primer<br />
caso podría irritar, excitar a la rebeldía, a la aversión o al desaliento; y en el segundo,<br />
podría no ser justa ni conveniente.<br />
6. Debe ser sosegada, es decir, hecha sin turbación ni impaciencia; sin arrebatos de<br />
mal humor, y aún, por lo general, en silencio, a menos que se hable en voz baja y sólo<br />
por necesidad imprescindible.<br />
7. Debe ser prudente; esta es una de las condiciones que merece particular<br />
atención; pues antes de castigar, el maestro prudente se cerciora de las disposiciones<br />
del culpable y del estado de ánimo en que él mismo se halla.<br />
Sería perjudicial castigar a un niño cuyo espíritu está amargado, sublevado,<br />
apesadumbrado, lleno de hiel: el maestro debe prepararle antes para recibir el castigo<br />
y también preparase a sí mismo, mediante la reflexión, para aplicarlo. Exige la<br />
prudencia que se juzgue del castigo que se ha de imponer por la naturaleza de la culpa<br />
que lo motiva. Así como hay diferencia entre las culpas cometidas por malicia u<br />
obstinación, y las de inadvertencia o fragilidad, también debe haber diferencia entre<br />
las penas con que se sancionan.<br />
[…]<br />
II- De las tres condiciones que debe tener la corrección para ser provechosa al que la<br />
recibe<br />
1. Debe ser voluntaria, es decir, que se reciba sin resistencia y se cumpla hasta de<br />
buena gana.<br />
El medio que ha de emplearse para mover al castigado a que acepte la sanción, es<br />
ponerle delante lo reprensible de su culpa y cuánto le importa repararla, tanto para su<br />
particular provecho como para el buen ejemplo que debe dar a sus condiscípulos.<br />
2. Debe ser respetuosa, por cuanto el alumno ha de reconocer la obligación que el<br />
maestro tiene de someterle a corrección cuando lo merece; y como consecuencia, la<br />
que tiene él de someterse a la pena que ha merecido.<br />
3. Debe ser silenciosa, esto es, debe soportarla el alumno sin réplica, queja ni<br />
murmuración; de lo contrario manifestaría que no la recibe voluntaria ni<br />
respetuosamente.<br />
[…]
También es fácil comprender que la verdadera Mansedumbre del buen maestro<br />
consiste en no buscar en los sentimientos de bondad que le animan sino la enmienda y<br />
el bien de aquellos a quienes castiga, y el éxito de su ministerio y de su solicitud; en no<br />
exigir nada de los niños sin mucho miramiento y en ayudar con paciencia los<br />
momentos favorables para obtener lo que pretenda de ellos.<br />
En fin, fácilmente se echará de ver el cuidado con que el Maestro debe evitar la<br />
mordacidad y la ironía, pues lejos de ser medios adecuados para corregir a los<br />
escolares, sólo servirían para indisponerlos contra él, e inutilizar, tal vez totalmente,<br />
los esfuerzos de su celo. Sabido es que el alumno falto de estimación y de afecto al<br />
maestro que le lastimó y laceró el corazón, recibe ordinariamente con la mayor<br />
repugnancia, no solamente sus correcciones y advertencias, sino también todas sus<br />
instrucciones. Casi siempre conserva el recuerdo de que su maestro cometió la<br />
indignidad, el desafuero, la bajeza de burlarse de él y de escarnecerle por sus defectos<br />
corporales, intelectuales o cualesquiera otros, en lugar de haberle amonestado y<br />
corregido con dignidad, y de haberle granjeado la amistad de sus compañeros.<br />
Otros defectos hay contrarios a la Mansedumbre, tales son los prontos, los<br />
arranques impetuosos de un genio demasiado ardiente; el humor melancólico,<br />
extravagante, displicente, caprichoso; un aspecto sombrío y excesivamente severo;<br />
modales duros y despectivos; semblante altivo, austero; palabras agrias, enfadosas,<br />
llenas de hiel, insultantes, que los niños no dejan de comunicar a sus padres para<br />
indisponerles contra el maestro y justificar la aversión que sienten contra él y su<br />
escuela; ademanes violentos, arrebatos, correcciones precipitadas, indiscretas,<br />
brutales, repetidas, sin razonable fundamento y llevadas más allá de los límites de la<br />
justicia y de la caridad; todo lo cual envilece y hace detestable una autoridad, que,<br />
mira en tal caso como tiránica, no puede menos que ocasionar rebeldías, odios,<br />
maledicencias y, por fin, una quisquillosidad enojadiza que explota cuando se recibe<br />
algún desprecio o insulto.<br />
[…]<br />
9.- El celo<br />
«Así que con mucho gusto me gastaré y desgastaré por ustedes» (2 Corintios 12,15)<br />
El Celo es una virtud que nos mueve a procurar con gran afecto la gloria de Dios<br />
Nuestro Señor.
El maestro celoso comienza su enseñanza por el constante buen ejemplo con que<br />
acompaña todas sus actividades; esa es la primera lección que debe dar a sus<br />
discípulos, a imitación de Jesucristo que empezó practicando antes de enseñar.<br />
[…]<br />
10.- La vigilancia<br />
«Tú, sin embargo, procura ser siempre prudente [vigila en todas las cosas]...<br />
dedícate plenamente a tu ministerio» (2 Timoteo 4,5)<br />
La Vigilancia es una virtud que nos infunde diligencia y exactitud en el cumplimiento<br />
de nuestros deberes.<br />
El maestro necesita esta virtud para sí y para sus discípulos.<br />
Debe vigilar sobre sí mismo, esto es, sobre sus pensamientos y los movimientos de<br />
su corazón; sobre el uso de sus sentidos y sobre toda su persona, para obrar siempre<br />
bien y cumplir dignamente sus obligaciones. Las faltas que en cualquiera de estos<br />
extremos cometiere por falta de vigilancia, perjudicarían evidentemente a la<br />
educación de los niños, y aún podrían inspirarles menosprecio hacia él.<br />
Debe vigilar a sus discípulos, porque es su ángel custodio. Si su ausencia o descuido<br />
(todo es uno) da ocasión a que el demonio, que gira sin cesar en torno de ellos les<br />
arrebate el tesoro de la inocencia. ¿Qué responderá a Jesucristo cuando le pida cuenta<br />
de sus almas y le reprenda por haber sido menos vigilante para guardarlas que el<br />
espíritu malo para perderlas?<br />
[…]<br />
11.- La piedad<br />
«La religión [piedad] es útil para todo, pues tiene la promesa de la vida presente y<br />
de la futura» (I Tim 4, 7-8)<br />
La Piedad, como aquí se entiende, es la virtud que nos ayuda a cumplir dignamente<br />
nuestros deberes para con Dios.<br />
Los cumplimos dignamente cuando los ejercitamos con reverencia y celo, pues la<br />
majestad infinita de Dios y su bondad inmensa exigen de nosotros que le tributemos<br />
el homenaje más respetuoso y pongamos el mayor afán en servirle como Él quiere.
[…]<br />
12.- La generosidad<br />
«Así que con mucho gusto me gastaré y me desgastaré por ustedes» (2 Corintios<br />
12,15).<br />
La generosidad es una virtud por la cual sacrificamos voluntariamente nuestros<br />
intereses personales a los del prójimo, en conformidad con el proceder de San Pablo,<br />
que decía:<br />
«No busco mi utilidad particular sino la de los otros, a fin de que se salven».<br />
Por esta definición se advierte que la generosidad no es virtud común ni ordinaria,<br />
sino de gran elevación; porque el sacrificio que inspire se hace libremente y porque el<br />
objeto de este sacrificio es de notoria importancia.<br />
Se hace libremente, pues ninguna generosidad hay en dar a los demás lo que se les<br />
debe, o en otros términos, lo que en justicia les pertenece. Su objeto es de<br />
importancia, porque generalmente no hay generosidad sino cuando se ceden los<br />
propios derechos en favor de alguien y se le otorga más de lo que puede exigir. Debe,<br />
pues, mirarse como el más sublime de todos los sentimientos: como el móvil de toda<br />
acción grande, y acaso como el germen de todas las virtudes.<br />
[…]<br />
«Sea el Señor Jesucristo con su espíritu, la gracia permanezca con ustedes. Amén».<br />
Hermano Agatón, Superior General<br />
Melun, a 12 de febrero de 1785.
Portada y contraportada de la edición de 1822 de la Explicación de Las Doce<br />
Virtudes del Buen Maestro. Por el Superior General del Instituto de los<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas. Edición de 1822. AMG.<br />
↵
Fórmula de votos de 1694<br />
En 1694, durante la celebración del primer Capítulo General un grupo de<br />
doce Hermanos, junto con La Salle, realizaron la profesión perpetua. El 6<br />
de junio, fiesta de la Santísima Trinidad, hicieron tres votos: asociación con<br />
los Hermanos; estabilidad dentro de la Sociedad, aunque tuvieran que<br />
vivir de limosna y de solo pan, si fuese necesario; y obediencia al Superior<br />
y al Cuerpo de la sociedad.<br />
Estos votos se eligieron para dar mayor consistencia a una sociedad<br />
conformada por maestros que tenían que ir a los lugares a los que se les<br />
asignara para atender las escuelas.<br />
Juan Bautista de La Salle invitó con antelación a los doce Hermanos a<br />
prepararse de forma personal para asumir este compromiso.<br />
Los originales de estos documentos se conservan en los Archivos de la<br />
Casa Generalicia, encuadernados junto a otras veintitrés fórmulas<br />
emitidas entre 1695 y 1705. Es el llamado Libro de Votos.<br />
Existe un evidente paralelismo entre la fórmula de votos de 1694 y la de<br />
1691, el llamado «Voto heroico».
Juan Bautista de La Salle se compromete con los doce primeros Hermanos en<br />
1694. Giuseppe Gagliardi, 1901. Óleo. Muñoz, D. f.s.c (2017). Un corazón, un<br />
compromiso, una vida. Itinerario iconográfico de La Salle. Casa Generalicia.<br />
97.3.<br />
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado con el más profundo<br />
respeto ante vuestra infinita y adorable Majestad, me consagro enteramente a Vos,<br />
para procurar vuestra gloria cuanto me fuere posible y Vos lo exigiereis de mí.<br />
Y a este fin, yo, Juan Bautista De La Salle, sacerdote, prometo y hago voto de<br />
unirme y permanecer en sociedad con los Hermanos Nicolás Vuyart, Gabriel Drolin,<br />
Juan Partois, Gabriel Carlos Rasigade, Juan Henry, Santiago Compain, Juan Jacquot,<br />
Juan Luis de Marcheville, Miguel Bartolomé Jacquinot, Edmo Leguillon, Gil Pierre y<br />
Claudio Roussel,
para tener juntos y por asociación las escuelas gratuitas, donde quiera que sea,<br />
incluso si para hacerlo me viere obligado a pedir limosna y a vivir de sólo pan; o para<br />
cumplir en dicha Sociedad aquello a lo que fuere destinado, ya por el Cuerpo de la<br />
Sociedad, ya por los superiores que la gobiernen.<br />
Por lo cual, prometo y hago voto de obediencia, tanto al Cuerpo de esta Sociedad<br />
como a los superiores. Los cuales votos, tanto de asociación como de estabilidad en<br />
dicha Sociedad y de obediencia, prometo guardar inviolablemente durante toda mi<br />
vida.<br />
En fe de lo cual lo he firmado. En Vaugirard, el seis de junio, día de la fiesta de la<br />
Santísima Trinidad del año mil seiscientos noventa y cuatro.<br />
De La Salle<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.<br />
A continuación, los originales de la fórmula de votos de Juan Bautista de<br />
La Salle y de los Hermanos: Nicolás Vuyart, Gabriel Drolin, Jean Partois,<br />
Gabriel Carlos Rasigade, Jean Henry, Jacques Compain, Jean Jacquot,<br />
Jean-Louis de Marcheville, Michel Jacquinot, Edmo Leguillon, Gil Pierre y<br />
Claude Roussel.<br />
Carátula<br />
Libro donde están escritos los trece primeros votos perpetuos de los<br />
Hermanos del Instituto con el Señor de La Salle, el día de la Santísima<br />
Trinidad en 1694.
La lista del «Venerable de La Salle» y de los doce Hermanos que hicieron<br />
los votos perpetuos de obediencia, de asociación para tener las escuelas y<br />
de estabilidad en la sociedad. En Vaugirard el 6 junio de 1694.
Primera profesión perpetúa en el Instituto. La imagen reproduce el texto<br />
manuscrito realizado por el Fundador. Representa el acto solemne y definitivo<br />
de compromiso con los doce Hermanos, hecho decisivo en la génesis del<br />
Instituto.
Sumario<br />
Después de las primeras fórmulas de votos se encuentra:<br />
1º El Acta de elección del Señor de La Salle como Superior<br />
2º Veintitrés fórmulas de votos perpetuos, realizados en diferentes épocas, en Vaugirard,<br />
en París, de 1695 a 1705.
Votos de La Salle
Votos del Hermano Nicolás Vuyart
Votos del Hermano Gabriel Drolin
Votos del Hermano Jean Partois
Votos del Hermano Gabriel Charles Rasigade
Votos del Hermano Jean Henry
Votos del Hermano Jacques Compain
Votos del Hermano Jean Jacquot
Votos del Hermano Jean Louis de Marcheville
Votos del Hermano Michel A. Barthélemy Jacquinot
Votos del Hermano Edmo Leguillon
Votos del Hermano Gilles Pierre
Votos del Hermano Claude Roussel
«Livre ou sont écrit les treize 1er vœux perpetuels des Frères de l'Institut avec<br />
M. De La Salle, le jour de la très sainte Trinité en 1694». Archivos de la Casa<br />
Generalicia. Roma. (AMG, BJ 503, dossier 2).<br />
↵
Acta de designación del Superior de la Sociedad,<br />
1694<br />
El Primer Capítulo General de 1694 se cerró con la elección del Superior<br />
General. Una vez establecidas las bases de la Sociedad, La Salle retomó su<br />
intención de dimitir de su función como Superior a favor de un Hermano.<br />
Por eso trató de convencerles para que eligieran un Superior entre ellos.<br />
Este proyecto no era nuevo, La Salle quería hacerles ver que estaba en<br />
juego la autonomía del Instituto. Si él moría, era muy probable que los<br />
superiores eclesiásticos les impusieran un sacerdote externo como<br />
Superior.<br />
La Salle no logró su cometido, se realizaron dos votaciones y en ambas<br />
fue elegido él por unanimidad. Se vio forzado a acceder por la obediencia<br />
que le debía al Cuerpo de la Sociedad. Sin embargo, no lo hace sin antes<br />
dejar constancia por escrito de que en el futuro los Hermanos se<br />
comprometían a no aceptar a ningún superior que no estuviera asociado<br />
mediante profesión perpetua como el resto de la Comunidad. Para ello se<br />
redactó un acta que aseguraba la autonomía de la Sociedad y que todos<br />
los Hermanos firmaron al día siguiente de la emisión de votos que el<br />
Fundador y doce Hermanos realizaron. El acta original está anexada al<br />
final del cuaderno de votos y se encuentra en los Archivos de la Casa<br />
Generalicia.
San Juan Bautista de La Salle. Pintura Scotin-Roma. Óleo sobre tela. 98,5 cm<br />
x 80 cm. Escuela francesa siglo XVIII. Sala de consulta AMG. Casa<br />
Generalicia.<br />
Nosotros, los abajo firmantes Nicolás Vuyart, Gabriel Drolin, Jean Partois, Gabriel<br />
Carlos Rasigade, Jean Henry, Jacques Compain, Jean-Louis de Marcheville, Michel<br />
Bartolomé Jacquinot, Edmo Leguillon, Gil Pierre y Claude Roussel, después de<br />
habernos asociados con el sr. Juan Bautista de La Salle, sacerdote, para tener juntos<br />
las Escuelas Gratuitas, por los votos que hicimos en el día de ayer, reconocemos que,<br />
como consecuencia de nuestros votos y de la asociación que hemos contraído por<br />
ellos, hemos elegido por Superior al señor Juan Bautista de La Salle, al que<br />
prometemos obedecer con entera sumisión en virtud de nuestro voto, así como a los<br />
que él nos dé por Superiores.
Declaramos igualmente pretender que la presente elección no tenga en lo sucesivo<br />
consecuencia alguna. Siendo nuestra intención que después de dicho señor de La<br />
Salle, en el futuro y para siempre, no sea nadie recibido entre nosotros ni elegido<br />
como Superior si es sacerdote o ha recibido las Sagradas Órdenes; y que no<br />
tenderemos ni admitiremos a ningún Superior que no esté asociado y haya hecho voto<br />
como nosotros y como todos los que en sucesivo se asocien a nosotros. En Vaugirard,<br />
el 7 de junio de 1694.<br />
Hermano Henri Bédel, F.S.C. (1998). Estudios Lasalianos. Iniciación a la<br />
historia del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Orígenes<br />
1651-1726), N.º 5, 207, Roma: Instituto Salesiano Pío XI
«Livre ou sont écrit les treize 1er vœux perpetuels des Frères de l'Institut avec<br />
M. De La Salle, le jour de la très sainte Trinité en 1694». Archivos de la Casa<br />
Generalicia. Roma. (AMG, BJ 503, dossier 2).<br />
↵
Carta de los Hermanos de 1714<br />
La crisis causada por la noche oscura y el alejamiento de La Salle no tuvo<br />
solo aspectos negativos; para los Hermanos más antiguos fue una<br />
excelente preparación para tomar el destino del Instituto en sus manos.<br />
Muestra de esta capacidad de gestión fue la carta de 1714 que los<br />
Hermanos de París, Versalles y Saint-Denis enviaron a La Salle pidiéndole<br />
que, en nombre del voto de obediencia, regresara para encargarse de la<br />
dirección general de la Sociedad. Ellos eran conscientes de los peligros<br />
que corría el Instituto por ser testigos directos de las actuaciones de los<br />
adversarios del Fundador. Sabían que existía el riesgo de que nombraran<br />
un superior eclesiástico y la amenaza que esto podría significar para la<br />
continuidad del Instituto, no solo por lo que representaría sustituir a La<br />
Salle, sino porque posiblemente obstaculizarían la elección de un<br />
Hermano para que le sucediera. La presencia de La Salle al frente del<br />
Instituto garantizaba que su sucesión fuera acorde con lo pactado en el<br />
Acta de designación del Superior de la Sociedad de 1694.<br />
Señor, nuestro querido Padre: Nosotros, principales Hermanos de las Escuelas<br />
Cristianas, deseando la mayor gloria de Dios, el mayor bien de la Iglesia y de nuestra<br />
Sociedad, reconocemos que es de suma importancia que vuelva a encargarse de la<br />
dirección general de la obra santa de Dios que es también la suya, ya que plugo al<br />
Señor servirse de Vd. para establecerla y guiarla desde hace tanto tiempo. Todo el<br />
mundo está convencido de que Dios le ha dado y le da las gracias y talentos necesarios<br />
para gobernar bien esta nueva compañía, que es de tan gran utilidad a la Iglesia, y con<br />
justicia rendimos testimonio de que Vd. la ha conducido siempre con gran éxito y<br />
edificación. Por lo cual, Señor, le rogamos humildemente y le ordenamos, en nombre<br />
y de parte del cuerpo de la Sociedad, al que Vd. prometió obediencia, encargarse<br />
inmediatamente del gobierno general de nuestra Sociedad. En fe de lo cual hemos
firmado. Hecho en París este primero de abril de mil setecientos catorce y quedamos,<br />
con sumo respeto, señor muy querido Padre, sus muy humildes y muy obedientes<br />
servidores, etc.<br />
Hermano Henri Bédel, F.S.C. (1998). Iniciación a la historia del Instituto de los<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (Orígenes 1651-1726). Estudios<br />
Lasalianos, N.º 5, 156, Roma: Casa San Juan Bautista de La Salle.<br />
Este montaje reúne las firmas auténticas que figuraban en la carta del 1 de<br />
abril de 1714. El Fundador estaba pasando por una «noche oscura» y se<br />
preguntaba sobre el sentido de su misión entre los Hermanos. Vivía desde<br />
hacía dos años con los Hermanos del sur de Francia. El Instituto estaba en<br />
crisis y por ello los «Hermanos principales» le enviaron esta carta ordenándole<br />
volver, en nombre de la obediencia a la que le obligaba el voto. Fuente:<br />
Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques.
Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne:<br />
Imprimerie Limet. Nº 49.<br />
↵
Reglas personales o Reglas que me he impuesto<br />
Es un reglamento de tipo personal. Está conformado por veinte puntos. El<br />
original se perdió, se sabe de su existencia porque Blain lo transcribió en<br />
su biografía del Fundador.<br />
Son un conjunto de acciones diarias que le permitían ejercer con<br />
fidelidad su propio proyecto de vida. Solo un hombre coherente como él<br />
pudo llegar al final de su vida siendo un ejemplo de cómo vivir el Evangelio<br />
y hacerlo vida en lo cotidiano.<br />
No se conoce con exactitud la fecha de publicación de este documento,<br />
pero sí se sabe que La Salle se inspiró en una obra del sacerdote jesuita<br />
Julien Hayneufve, titulada Méditations pour le temps des exercices qui se<br />
font dans la retraite de huit jours.
Retrato de Juan Bautista de La Salle. Léger (segunda pintura). 1734. Se<br />
conserva en los archivos de la Casa Generalicia. Data de 1734 y generalmente<br />
considerado como el retrato oficial. Evoca lo que Blain dice: «Su rostro estaba<br />
siempre alegre, tranquilo, inalterable... aunaba la dulzura y la gracia». (Vie de<br />
Blain, Libro 4, p. 308). Fuente: Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 5.<br />
Nunca saldré sin necesidad y sin haber dedicado un cuarto de hora de tiempo a<br />
examinar ante Dios si la necesidad es real o sólo imaginaria. Si el asunto urge, tomaré<br />
para ello al menos el tiempo de un Miserere, y para disponer mi espíritu con algún<br />
buen sentimiento.<br />
Buscaré todos los días el momento para el cuarto de hora que debo emplear en<br />
renovar la consagración de mí mismo a la Santísima Trinidad.
Es buena norma de conducta no hacer distinción entre los asuntos propios de su<br />
estado y el negocio de la salvación y perfección propias, y convencerse de que nunca<br />
se asegura mejor la salvación ni se adquiere mayor perfección que cumpliendo los<br />
deberes del propio cargo, con tal de que se cumplan con la mira puesta en la voluntad<br />
de Dios. Intentaré tener esto siempre presente.<br />
Cuando vaya a ver a alguien, cuidaré de no decir más que lo necesario, y de no<br />
hablar en absoluto de negocios mundanos o inútiles, y de no permanecer allí más de<br />
media hora a lo sumo.<br />
Uniré mis acciones a las de Nuestro Señor al menos veinte veces al día, y trataré de<br />
tener miras e intenciones conformes con las suyas. Para ello dispondré de un papelito<br />
que pincharé cada vez que lo haga; y por cuantas veces falte a ello cada día, diré otros<br />
tantos Pater, besando el suelo después de cada Pater, antes de acostarme.<br />
Cuando mis Hermanos vengan a pedirme algún consejo, pediré a Nuestro Señor<br />
que sea Él quien se lo dé. Si el asunto es importante, tomaré algo de tiempo para orar<br />
por ello; y por lo menos cuidaré de mantenerme en recogimiento durante ese tiempo<br />
y de elevar mi corazón a Dios algunos momentos.<br />
Cuando me manifiesten sus faltas, me consideraré culpable de ellas ante Dios, por<br />
mi descuido en no haberlas prevenido, sea por los consejos que hubiera debido darles,<br />
sea vigilando sobre ellos; y si les impongo una penitencia, yo me impondré otra<br />
mayor. Y si la falta es considerable, además de la penitencia tomaré otro tiempo en<br />
particular, como media hora o incluso una hora, varios días seguidos, más bien al<br />
anochecer, para pedir perdón a Dios por ella. Si me considero como lugarteniente de<br />
Nuestro Señor respecto de ellos, será con la mira de que estoy obligado a cargar con<br />
sus pecados, como Nuestro Señor cargó con los nuestros, y que es una carga que Dios<br />
me impone en relación de ellos.<br />
Consideraré siempre la obra de mi salvación y del establecimiento y guía de nuestra<br />
Comunidad como la obra de Dios: por eso le dejaré a Él el cuidado de la misma, para<br />
no hacer lo que me corresponda en ella, sino por orden suya; y le consultaré mucho<br />
sobre todo lo que deba hacer tanto en una cosa como en la otra; y le diré a menudo<br />
estas palabras del profeta Habacuc: Domine, opus tuum.<br />
Debo considerarme con frecuencia como un instrumento, que no sirve para nada<br />
sino en manos del Operario; por esta razón debo esperar las órdenes de la Divina<br />
Providencia para actuar, pero sin dejarlas pasar una vez conocidas.
En cualquier diversidad de estado en que me encuentre, seguiré siempre un orden y<br />
un reglamento del día, con la gracia de Nuestro Señor, única en la que confío para ello,<br />
pues es algo en que nunca he conseguido fijarme. Y lo primero que haré cuando<br />
cambie de estado, será elaborar uno nuevo, y para ello haré siempre un día de retiro.<br />
Cuando tenga que salir de viaje, haré un día de retiro para prepararme; y procuraré<br />
disponerme a hacer, al menos mientras esté de camino, tres horas diarias de oración<br />
mental.<br />
Cuando alguien, sea un Superior u otro, me cause algún disgusto y, hablando según<br />
la naturaleza, me moleste en algo, procuraré no hablar en absoluto de ello; y cuando<br />
me hablen de ello, los excusaré y daré a entender que tenían razón.<br />
Deberé prestar mucha atención al tiempo que he perdido, y a no perderlo en<br />
adelante: sólo la atenta vigilancia podrá remediarlo; e incluso parece que únicamente<br />
un retiro prolongado me podrá facilitar esta vigilancia.<br />
Es buena norma la de no preocuparse tanto por saber qué hay que hacer cuanto de<br />
hacer con perfección lo que se sabe.<br />
Por la mañana dedicaré un cuarto de hora a prever los asuntos que se presentarán,<br />
con el fin de comportarme bien en ellos; y las ocasiones de faltar que podría encontrar,<br />
para preservarme de ellas; y tomaré las medidas para el ordenamiento de mi jornada.<br />
En el pasado, he faltado a menudo en rezar el rosario, a pesar de ser oración de<br />
regla en nuestra Comunidad; en adelante es menester que no me acueste sin haberlo<br />
rezado.<br />
También es preciso que no pase un solo día, excepto si estoy de viaje, sin visitar al<br />
Santísimo Sacramento; incluso entonces, si puedo pasar cerca de la iglesia de algún<br />
pueblo, me arrodillaré para adorar al Santísimo Sacramento; lo que haré tantas veces<br />
cuantas me suceda.<br />
Procuraré elevar mi corazón a Dios cada vez que comience alguna acción; y<br />
procuraré no emprender ninguna cosa sin haber orado antes.<br />
Es regla de la Comunidad no entrar nunca en casa o en el cuarto sin orar a Dios y<br />
renovar la atención a Él; cuidaré de no faltar en ello.<br />
Una vez al día recitaré el Pater noster con la mayor devoción, atención y fe que me<br />
sea posible, por sumisión a Nuestro Señor, que nos lo enseñó y mandó recitar.
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.<br />
↵
La Guía de las Escuelas Cristianas<br />
La Guía de las Escuelas Cristianas es la obra que recoge todas las<br />
directrices que los Hermanos tenían que seguir para dar las clases y<br />
mantener las escuelas del Instituto. Por ello debemos suponer que en cada<br />
comunidad disponían, al menos, de una copia.<br />
La primera edición impresa es de 1720, se realizó en Aviñón, en la<br />
imprenta de Joseph-Charles Chastanier, y fue aprobada por inquisidor<br />
Petrus La Crampe en 1705. Esto demuestra que existían copias<br />
manuscritas anteriores a esta edición.<br />
Esta obra es fruto de años de experiencias en clases y del trabajo<br />
colaborativo de los Hermanos más expertos. Posiblemente se empezó<br />
durante los inicios del Instituto y poco a poco fue tomando cuerpo. Es<br />
lógico pensar que La Salle y los Hermanos vieron la necesidad de adoptar<br />
unas normas y unos métodos comunes para enseñar. En un comienzo eran<br />
unas bases sencillas que con el tiempo, al practicarlas en clase, se fueron<br />
perfeccionando.<br />
La Guía de las Escuelas Cristianas posee un gran valor pedagógico, no<br />
solo por las obras que se inspiraron en ella, sino porque conformó el estilo<br />
propio de las escuelas del Instituto.
Copia del cuadro de Cesare Mariani en el Vaticano. El Santo Fundador dando<br />
clase. Es un cuadro de divertido realismo y vivacidad. La variedad de rostros y<br />
posturas refleja el animado mundo de la juventud, tan conocido y querido por<br />
los educadores. Fuente: Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 145.<br />
Prefacio<br />
Ha sido necesario elaborar esta Guía de las Escuelas Cristianas para que todo fuera<br />
uniforme en todas las escuelas, en todos los lugares donde hay Hermanos de este<br />
Instituto, y los usos fuesen en ellas siempre los mismos. Está el hombre tan sujeto a la<br />
relajación e incluso al cambio, que necesita normas escritas que lo mantengan en su<br />
deber y que le impidan introducir alguna novedad o eliminar lo que prudentemente se<br />
ha establecido.
Esta Guía se ha redactado en forma de reglamento sólo después de numerosos<br />
intercambios con los Hermanos de este Instituto más veteranos y mejor capacitados<br />
para dar bien la clase; y después de la experiencia de varios años, no se ha incluido en<br />
ella nada que no haya sido bien acordado y probado, cuyas ventajas e inconvenientes<br />
no se hayan ponderado, y de lo que no se hayan previsto, en la medida de lo posible,<br />
los errores o las malas consecuencias.<br />
Aunque esta Guía no se haya elaborado a modo de regla, ya que hay en ella muchas<br />
prácticas que sólo miran a lo mejor, y tal vez no podrán ser observadas fácilmente por<br />
quienes tengan poca habilidad para la clase, y ya que muchas de ellas se acompañan y<br />
refuerzan con razones que las explican e indican el modo de proceder al aplicarlas, los<br />
Hermanos, con todo, procurarán con sumo cuidado, ser fieles en observarlas todas,<br />
convencidos de que no habrá orden en sus clases y en sus escuelas sino en la medida<br />
en que sean exactos en no omitir ninguna, y aceptarán esta Guía como si les fuera<br />
dada por Dios, a través de sus superiores y de los primeros Hermanos del Instituto.<br />
Esta Guía está dividida en tres partes. En la primera se tratan todos los ejercicios de<br />
la escuela y de cuanto en ella se practica, desde la entrada hasta la salida. La segunda<br />
ofrece los medios necesarios y útiles de que han de valerse los maestros para<br />
establecer y mantener el orden en las clases. La tercera expone: las obligaciones del<br />
Inspector de las Escuelas, el cuidado y la atención que ha de tener el formador de los<br />
nuevos maestros, las cualidades que deben tener o adquirir los maestros y el proceder<br />
que deben observar para cumplir bien su deber en la escuela; y, por fin, lo que deben<br />
cumplir los escolares. Eso es, en general, el contenido de este libro.<br />
Los superiores de las casas de este Instituto y los Inspectores de las Escuelas<br />
cuidarán de aprenderlo bien y conocer perfectamente todo cuanto en él se contiene; y<br />
procurarán que los maestros no falten en nada y observen exactamente hasta las<br />
mínimas prácticas que en ella se les prescriben, para conseguir, por este medio,<br />
mucho orden en la escuela, un proceder bien regulado y uniforme en los Hermanos<br />
encargados de ellas y copioso fruto para los niños que en ellas se educan.<br />
Los Hermanos que den clase leerán y releerán a menudo en ella lo que a ellos se<br />
refiere, para no ignorar nada, estar en disposición de no olvidar nada y ser fieles en<br />
practicarlo.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X.
Portada de la primera edición impresa de la Guía de las Escuelas Cristianas.<br />
Conduite des Écoles Chrétiennes, édition princeps 1720. AMG.<br />
↵
Personajes, obras y hechos
Luis Dujarrier-Bresnard<br />
Epitafio de Juan Bautista de la Salle. Iglesia de San Severo. Ruan. Giogo.<br />
2015.<br />
Párroco de la iglesia de San Severo que compuso el epitafio de Juan<br />
Bautista de La Salle. El original aún se encuentra en la nueva iglesia.<br />
D.O.M<br />
HIC<br />
EXPECTAT RESURRECTIONEM
VITAE VENERABILIS<br />
JOANNES BAPTISTA DE LA SALLE<br />
RHEMUS PRESBYTER, DOCTOR THEOLUGUS<br />
EX CANONICUS ECCLESIAE METROPOLITANAE RHEMENSIS,<br />
INSTITUTOR FRATUM SCHOLAE CHISTANAE,<br />
NATALIBUS CLARUS, VITUTIBUS CLARIOR.<br />
OBIIT FERIA SEXTA PARASCEVES<br />
DIE SEPTIMA APRILES ANNO MDCCXIX<br />
IN AEDIBUS FRATUM SANCTI YONIS HUJUSCE PARROCHIAE<br />
ANNUM AGENS LXVIII<br />
DET ILLI DOMINUS INVENIRE REQUIEM IN ILLA DIE<br />
HOC PIETATIS ET GRATI ANIMI MONUMENTUM<br />
APPOSUITE TAM PIISSIMO PAROCHIANO<br />
LUDOVICUS DU JARRIER BRESNAR, ECCLESIAE RECTOR<br />
Para Dios el mejor y más grande,<br />
aquí<br />
espera la resurrección<br />
a la vida el venerable Juan Bautista de La Salle,<br />
sacerdote remense, doctor en Teología,<br />
antiguo canónigo de la iglesia metropolitana de Reims,<br />
fundador de los Hermanos de la Escuela Cristiana,<br />
ilustre por nacimiento, más ilustre por sus virtudes.<br />
Falleció en Viernes Santo, 7 de abril año 1719,<br />
en la casa de los Hermanos de San Yon de esta parroquia,<br />
a la edad de 68 años.<br />
Que el Señor le conceda el descanso eterno en aquel día.<br />
Este monumento de piadosa gratitud<br />
fue erigido a su muy piadoso feligrés<br />
por Luis Dujarrier-Bresnard, párroco de esta iglesia.<br />
↵
Juan Bautista Blain<br />
Retrato de Juan Bautista Blain (1675-1751). Rousset, E. (1979). J.B. de La<br />
Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 84.<br />
Nació en Rennes en 1675. Asistió a la escuela jesuita, estudió la carrera de<br />
eclesiástico en San Sulpicio, en París, se doctoró en La Sorbona y fue<br />
canónigo de Ruán e inspector de seminarios de esta ciudad.
Amigo personal de La Salle, fue capellán de la casa de San Yon. Se<br />
encargó de escribir la biografía completa del Fundador, titulada Vida del<br />
Padre Juan Bautista de La Salle, Fundador de los Hermanos de las Escuelas<br />
Cristianas. Para ello, Blain tuvo acceso a documentos y a muchas personas<br />
que conocieron al Fundador. Esta obra se publicó en 1733 y gozaría del<br />
sello de «oficial».<br />
↵ capítulo 1<br />
↵ capítulo 9
Adrián Nyel<br />
Juan Bautista de La Salle encuentra a Adrián Nyel en casa de las Hermanas<br />
del Niño Jesús, calle de Barbatre (fecha probable: 15 de marzo de 1679). Este<br />
cuadro, según un grabado de Gerlier, sacado de la Vida del Venerable de<br />
Gaveau (1886), no tiene valor artístico. Sin embargo, es el único, en toda la<br />
iconografía lasaliana, en representar este acontecimiento que cambió el curso<br />
de la vida de La Salle. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 18.
Nació en Beauvois, comarca de Laón, hacia 1614. Fue el responsable de las<br />
escuelas populares y ecónomo general del hospital de Ruán. En 1679 fue a<br />
Reims con una carta de la señora Maillefer para La Salle; su objetivo era<br />
establecer escuelas para los niños pobres siguiendo el modelo ruanés. La<br />
tradición recoge que se encontraron el 9 de marzo delante de las puertas<br />
de la casa de las Hermanas del Niño Jesús. Este fue un encuentro<br />
providencial que cambió el rumbo de la vida de La Salle.<br />
La Salle y Nyel decidieron mantener suma discreción sobre el proyecto<br />
de las escuelas y organizarlas según un modelo diferente; en vez de<br />
apoyarse en el hospital general, las colocarían bajo la protección de una<br />
parroquia, como si fuera una escuela de caridad creada por el párroco.<br />
A pesar de sus ausencias, durante quince años Nyel fue constante y fiel<br />
con las escuelas de Ruán, mantuvo contacto con la Salle y participó en<br />
algunos de los retiros.<br />
↵ capítulo 2<br />
↵ capítulo 3
Luis XIV<br />
Luis XIV (1638-1715). Nanteuil. Este retrato grabado, según Mignard, evoca el<br />
ambiente nacional, sociológico y cultural en el que se desarrolló la fundación<br />
del Instituto. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents<br />
historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 66.<br />
Rey de Francia, perteneciente a la dinastía Borbón, también conocido<br />
como el Rey Sol. Nació el 5 de septiembre de 1638 en Saint-Germain-en-<br />
Laye, cerca de París. En 1654 fue coronado rey de Francia en la catedral de<br />
Reims. Instauró la monarquía absoluta en 1661; se veía como un<br />
representante de Dios en la Tierra. Todo estaba bajo su control, desde las<br />
disputas teológicas hasta el mínimo detalle del ceremonial. Solo confiaba
en sus ministros: Juan Bautista Colbert, François-Michel Le Tellier,<br />
marqués de Louvais, y Hugues de Lionne.<br />
Incrementó su control sobre la Iglesia en detrimento del poder papal y<br />
puso al clero católico en sumisión al Estado; esta concepción ideológica se<br />
conoce como galicanismo. Dedicó toda su vida a la política y supo<br />
mantener a raya al pueblo y a los nobles.<br />
A partir de 1678, impuso la piedad en la corte, dejando atrás todos los<br />
excesos; su nueva corte sería moderada y metódica. Quiso imponer la<br />
unidad de la fe católica en todo el reino.<br />
Trató de imponer la supremacía francesa en Europa, subordinó la<br />
economía de su reino a la guerra logrando una revolución económica que<br />
le permitió crear un gran ejército. Los diferentes conflictos bélicos<br />
terminaron arruinando el Estado, ya desgastado por la crisis social y<br />
económica, que se manifestaba en revueltas de las clases menos<br />
privilegiadas.<br />
Durante su reinado hubo un florecimiento de las letras y las artes. La<br />
razón, la claridad y el equilibrio formal se impusieron como criterios<br />
fundamentales del arte; desde Francia, el clasicismo se expandió en toda<br />
Europa.
Murió el 1 de septiembre de 1715, haciendo de su reinado, 72 años, el<br />
más largo de la historia de Europa.<br />
↵ capítulo 2<br />
↵ capítulo 6<br />
↵ capítulo 9
Nicolás Roland<br />
Beato Nicolás Roland (1642-1678). Director espiritual de La Salle, canónigo de<br />
la catedral de Reims y fundador de las Hermanas del Niño Jesús. Rousset, E.<br />
(1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 65.<br />
Nació en Reims en 1642, en el seno de una familia acomodada. Tuvo una<br />
inteligencia precoz, sabía leer a la edad de cuatro años. Estudió en el<br />
colegio de los jesuitas. Se formó en París y contactó con los seminarios de
San Sulpicio, San Lázaro y San Nicolás del Chardonnet. Vivió seis meses en<br />
Ruán bajo la dirección del padre Antonio de la Haye, párroco de San<br />
Amando, donde conoció al padre Barré.<br />
En 1663 se doctoró en teología. En 1665 lo nombraron canónigo<br />
teologal de la catedral de Reims. Fue director espiritual de La Salle y quien<br />
le aconsejó estudiar en San Sulpicio.<br />
Las Amonestaciones de Démia lo orientaron hacia la educación de los<br />
más necesitados. En 1670 consiguió que el padre Barré le enviara dos<br />
Hermanas de Ruán para el orfanato que dirigía la señora Varlet. Fue el<br />
punto de inicio de las Hermanas del Niño Jesús. Desde noviembre de 1677<br />
hasta abril de 1678 trató de encontrarse con su Arzobispo en París para<br />
obtener su consentimiento y las Letras Patentes del Rey para la<br />
comunidad que acababa de fundar. No logró su cometido porque enfermó<br />
y murió el 27 de abril de 1678.<br />
Roland desempeñó un papel decisivo en la formación de La Salle.<br />
Confiaba plenamente en él, por eso lo nombró uno de sus albaceas y le<br />
encargó cuidar de la comunidad de las Hermanas del Niño Jesús. En<br />
febrero de 1679, La Salle consiguió las Letras Patentes para esta<br />
Comunidad. Continuó interesándose por ellas y las ayudó en la<br />
administración durante dos años y medio.<br />
Nicolás Roland fue beatificado el 16 de octubre de 1994.<br />
↵
Carlos Mauricio Le Tellier<br />
Retrato de Carlos Mauricio Le Tellier (1641-1710). Rousset, E. (1979). J.B. de<br />
La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes.<br />
Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 72.<br />
Sacerdote y doctor en Teología. Nació en Turín en 1641 y murió en París en<br />
1710. Su padre, Miguel Le Tellier, fue secretario de Estado. Nombrado<br />
arzobispo de Reims en 1671, fue un claro ejemplo de la habitual
acumulación de beneficios eclesiásticos, cargos y honores; solía pasar más<br />
tiempo en Versalles y en París que en Reims.<br />
Apoyó a Roland en los proyectos de las escuelas y de las Hermanas del<br />
Niño Jesús. Se encargó de la ordenación sacerdotal de La Salle el 9 de<br />
abril, Sábado Santo, de 1678. En 1683 firmó la carta de provisión con la que<br />
cedía su canonjía a Juan Faubert. Intervino en las gestiones durante los<br />
primeros tiempos del Instituto en Reims e intentó limitar la acción de los<br />
Hermanos al ámbito de su diócesis.<br />
↵
Claudio Bottu de La Barmondière<br />
Retrato de Claudio Bottu de La Barmondière (1635-1694). Rousset, E. (1979).<br />
J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 76.<br />
Nació en París en 1635 y falleció en 1694. Fue párroco de San Sulpicio, en<br />
París, durante 11 años (1678-1689). Actuó como director espiritual y<br />
consejero de La Salle.
En el siglo XVII, San Sulpicio era una parroquia enorme. El señor de La<br />
Barmondière invitó al Fundador a que viniera para ocuparse de las<br />
escuelas de los pobres. Esto no impidió algunos malentendidos en<br />
relación con el papel de los Hermanos y el gobierno de la comunidad, pero<br />
terminó apoyando al Fundador.<br />
↵
Enrique Baudrand de la Combe<br />
Retrato de Enrique Baudrand de la Combe (1637-1696). Rousset, E. (1979).<br />
J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 77.<br />
Nació en París en 1637 y murió de un ataque de parálisis en 1699. Fue<br />
párroco de San Sulpicio durante 7 años (1689-1696); sucedió a de La<br />
Barmondière. Ejerció como superior del seminario de Clermont (1675),
como director del seminario de San Sulpicio (1684) y, según Blain, como<br />
director espiritual de La Salle, aunque Maillefer aclara que fue su confesor.<br />
Protegió las escuelas y ayudó al mantenimiento de los Hermanos en<br />
París. En sus relaciones con La Salle, los momentos felices alternaron con<br />
otros de tensiones y reproches. El proyecto de fundar un Instituto<br />
autónomo no entraba en las miras de los sacerdotes de San Sulpicio,<br />
limitadas al entorno de la parroquia.<br />
↵
Doctor Adrián Helvetius<br />
Doctor pico de Roma con poema satírico donde se mezcla el latín y el alemán.<br />
Paul Fürst. Grabado. 1656. En los siglos XVII y XVIII los médicos solían utilizar<br />
máscaras en forma de pico de ave, llenas de productos aromáticos, para evitar<br />
infecciones. El equipo era complementado con un abrigo largo, pantalones<br />
atados por los extremos, lentes, sombrero, botas y guantes de piel de cabra.<br />
Holländer, E. (1921). Die Karikatur und Satire in der Medizin: Medico-<br />
Kunsthistorische. Stuttgart: Ferdinand Enke, fig. 79. p. 171.
Médico holandés que estaba en la corte de Luis XIV. Además de salvar la<br />
vida de La Salle cuando estuvo enfermo en 1690, lo ayudó en 1709 con los<br />
Hermanos enfermos de escorbuto, recomendándoles un médico que sabía<br />
curar esta enfermedad e intercediendo para que lo hiciera de forma<br />
gratuita.<br />
↵ capítulo 4<br />
↵ capítulo 7
Joaquín Trotti de La Chétardie<br />
Retrato del sacerdote Joaquín Trotti de La Chétardie (1636-1714). Anónimo.<br />
Presbiterio de San Sulpicio.<br />
Nació en 1636 y falleció el 29 de junio de 1714. Fue párroco de San Sulpicio<br />
desde el 13 de febrero de 1696 hasta su muerte. Tuvo gran interés en las<br />
escuelas de la parroquia y amplió los servicios educativos.
Protegió y prestó ayuda económica al Instituto, pero, a partir de 1702,<br />
debido a una serie de incidencias que lo llevaron a indisponerse con La<br />
Salle, lo acusó y consiguió que lo destituyeran como Superior. Sin<br />
embargo, los Hermanos no aceptaron esta situación, La Chétardie tuvo<br />
que negociar con ellos, y La Salle continuó como Superior. A partir de este<br />
momento se convirtió en un adversario de La Salle y su trato con la<br />
Comunidad de Hermanos oscilaba entre la frialdad, la indiferencia y la<br />
hostilidad.<br />
↵ capítulo 6<br />
↵ capítulo 7
Louis-Antoine de Noailles<br />
Retrato del cardenal Louis-Antoine de Noailles, arzobispo de París (1651-<br />
1729). Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents<br />
historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 78.<br />
Nació en 1651 y murió en 1729. Fue arzobispo de París a partir de 1679. En<br />
1700 fue nombrado cardenal. Inicialmente se unió a los obispos que<br />
protestaron contra la Bula Unigenitus, que condenaba las 101
proposiciones presentadas por Quesnel en las Réflexions morales sur le<br />
Nouveau Testament. Fue dirigente de la facción amistosa hacia los<br />
jansenistas, pero en 1728 se sometió a la Unigenitus.<br />
Se relacionó frecuentemente con La Salle. Le dio muestras de confianza<br />
al inicio y luego dejó indisponerse con él intentando nombrar un superior<br />
eclesiástico para los Hermanos. Después de este hecho, se manifestó más<br />
benevolente y aceptó la autonomía de la Comunidad.<br />
↵
Jacobo II<br />
Retrato de Jacobo II de Inglaterra. Nicolás de Largillière. 1686. Óleo sobre tela.<br />
76.2 cm x 64.1 cm. Museo Marítimo Nacional. Londres.<br />
Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda, perteneciente a la dinastía Estuardo.<br />
Nació en 1633 y murió en 1701. Accedió al trono en 1685. Implantó la<br />
tolerancia religiosa, eliminando, en 1687, las discriminaciones legales<br />
contra los católicos. Esto lo enfrentó a la Iglesia anglicana; los líderes
protestantes ingleses iniciaron en su contra una revolución que terminó<br />
con la pérdida del trono. En 1692 se exilió en Francia.<br />
↵
Charles Démia<br />
Retrato de Charles Démia. Trichon. Grabado. Rousset, E. (1979). J.B. de La<br />
Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 63.<br />
Sacerdote de la diócesis de Lyon que dedicó sus esfuerzos a la educación<br />
de los niños de las clases menos favorecidas. Nació en 1637 y murió en<br />
1689.
Renovó la enseñanza gratuita al dotarla de reglamentos durables. En<br />
1666 fue designado inspector de las escuelas de caridad de su diócesis y<br />
escribió los Avisos sobre las necesidades de las escuelas cristianas para la<br />
instrucción religiosa de los pobres para concienciar a las clases pudientes y a<br />
las autoridades sobre la necesidad de establecer escuelas cristianas<br />
gratuitas. En 1672 organizó el seminario de San Carlos para formar, al<br />
mismo tiempo, sacerdotes y maestros.<br />
En 1676 estableció varias escuelas para niñas. Como afirmó en los<br />
Avisos: «Si la buena instrucción es importante para los niños, no lo es<br />
menos para las niñas. Este sexo necesita más todavía ser sostenido con la<br />
virtud, pues su debilidad es enorme, y de sus comienzos depende su<br />
dicha.». En vista del crecimiento de sus escuelas, separó a sus maestros en<br />
dos grupos: la Cofradía del Niño Jesús para los niños y las Hermanas de<br />
San Carlos, fundada en 1687, dedicada a la enseñanza de las niñas.<br />
La piedra angular de su educación era la catequesis católica. Démia<br />
afirmó que los maestros tenían que serlo a tiempo completo y su<br />
formación tenía que basarse en la virtud y el ejemplo del educador. Esta<br />
idea será desarrollada posteriormente por La Salle con los Hermanos de<br />
las Escuelas Cristianas.<br />
↵
Jacques de Batencourt<br />
Fachada sur de la iglesia parroquial San Nicolás de Chardonnet de París. En<br />
esta parroquia escribió su obra La Escuela Parroquial. Mbzt. 2015.<br />
Sacerdote de la comunidad parisina de San Nicolás de Chardonnet. A los<br />
dieciocho años se encargó de una escuela cristiana, creada por Bourdoise.<br />
En 1654 publicó L'École Paroissiale (La Escuela Parroquial). Este libro tuvo<br />
un gran éxito pedagógico. Prueba de esto fue que, en 1659, san Vicente de<br />
Paul propuso a los maestros de esta escuela como modelos para los
sacerdotes de la congregación de la Misión, que se encargaban de formar<br />
a los institutores para las pequeñas escuelas del campo.<br />
Inicialmente, Batencourt enseñó a leer en latín y, posteriormente,en<br />
francés. Su programa comprendía la escritura, la aritmética, la gramática<br />
latina y algo de griego.<br />
Muy preocupado por la formación cristiana de los niños, publicó en<br />
1669 las Instrucciones familiares en forma de catecismo para todas las<br />
fiestas y solemnidades parroquiales. Obras necesarias a todos los maestros<br />
de escuelas y catequistas. En 1685 reorganizó de forma resumida esta obra<br />
y la publicó con el título: Instrucción metódica para las escuelas<br />
parroquiales, dirigidas en favor de las escuelas menores, dedicada al señor<br />
Chantre de la iglesia de París por I.D.B. sacerdote.<br />
↵
Nicolás Barré<br />
Retrato del beato Nicolás Barré. Trichon. Grabado. Rousset, E. (1979). J.B. de<br />
La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes.<br />
Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 74.<br />
Religioso de la Orden de los Mínimos y fundador de las Hermanas del Niño<br />
Jesús, hoy llamadas «Damas de Saint-Maur». Nació en 1621 y murió en<br />
1686. Fue consejero espiritual de La Salle, a menudo tuvieron que
animarse mutuamente en sus respectivos proyectos. Ejerció como<br />
profesor de teología en París y Ruán.<br />
Fue quien aconsejó a La Salle dar todos sus bienes a los pobres, vivir con<br />
los maestros y contar solo con la Providencia para sostener las escuelas.<br />
Su influencia fue decisiva en la orientación de las iniciativas del Fundador.<br />
Fue una persona profundamente piadosa, generosa y un fiel servidor de<br />
Dios. El 7 de marzo de 1999 fue declarado beato por el papa Juan Pablo II.<br />
↵
Jacobo Nicolás Colbert<br />
Retrato de Jacobo Nicolás Colbert, arzobispo de Ruán (1655-1707). Ocupó un<br />
lugar destacado en la vida de La Salle. Lo invitó a Ruán, le proporcionó la casa<br />
de San Yon e hizo trasladar, costeando los gastos, el noviciado a Ruán desde<br />
París. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents<br />
historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 79.<br />
Nació el 14 de febrero de 1655 en París. Era hijo del famoso ministro de<br />
Luis XIV, Juan Bautista Colbert. Fue arzobispo de la arquidiócesis de Ruán
desde 1691 hasta 1707. Obtuvo el doctorado en teología en la Sorbona. En<br />
1665 fue nombrado abad de Bec-Hellouin. En 1678 fue elegido miembro<br />
de la Academia Francesa. En 1685 se unió a la Academia de las<br />
Inscripciones y Lenguas Antiguas y fue uno de sus primeros miembros. En<br />
1704 invitó a La Salle a abrir escuelas en Ruán. Falleció el 10 de diciembre<br />
de 1707 en París.<br />
↵
Juan Carlos Clément<br />
Abate en el Tribunal del Rey y abad comendatario de la real abadía de<br />
Saint-Calais. Nació en 1689, hijo del médico Julián Clément, que adquirió<br />
cédula de nobleza, título de primer ayuda de cámara de «Madame la<br />
Dauphine» y de cirujano del rey. En 1707 visitó a La Salle porque quería<br />
desarrollar un proyecto educativo. Se acordó crear un seminario para<br />
maestros rurales en San Denis, que se inició en la Pascua de 1709, en una<br />
casa en la que aparece como propietario Luis Rogier.<br />
En 1711, Julián Clément, cegado por la soberbia de su nuevo título,<br />
denunció a La Salle por engaño y fraude a su hijo menor de edad. El<br />
Fundador visitó a la familia Clément para explicar los hechos, pero era<br />
gente intratable. En vista de la situación, La Salle les ofreció cederles la<br />
casa. Sin embargo, eso no les satisfacía, querían verlo condenado. Ante el<br />
poder de Julián Clément, de poco sirvieron los alegatos de defensa del<br />
Fundador. Luis Rogier se apartó de la causa al verse en peligro y solo se<br />
preocupó de sí mismo. La sentencia fue contraria a La Salle.<br />
↵
Luis Rogier<br />
Amigo del abate Juan Carlos Clément. Ayudó en el proyecto de creación<br />
del seminario de maestros rurales de San Denis. Rogier adelantó, junto<br />
con La Salle, el dinero del donativo para comprar la casa donde<br />
funcionaría el seminario y prestó su nombre como comprador. Hubo que<br />
hacer la compra de la casa a nombre de un tercero porque el Instituto no<br />
tenía figura jurídica y el abate era menor de edad. La venta de la casa se<br />
realizó el 28 de octubre de 1708 y el abate Clément firmó el<br />
reconocimiento de la deuda, que quedó en manos de Rogier.<br />
En 1711 Rogier abandonó a La Salle durante el proceso del juicio iniciado<br />
por Julián Clément y, aunque tenía todas las pruebas que demostraban la<br />
inocencia del Fundador, preocupado únicamente por su persona, solo<br />
argumentó en su propia defensa.<br />
En 1712 salieron las sentencias contrarias a La Salle. En febrero, la<br />
Cancillería anuló los compromisos firmados por el abate Clément; en<br />
mayo, una nueva sentencia le obligó a devolver al abate el reconocimiento<br />
de deuda; y en junio, Rogier logró que le reconocieran la propiedad de la<br />
casa y le pidió al Fundador que pagara los alquileres vencidos y abonara<br />
las 8.525 libras que él había adelantado para su compra. Como La Salle no<br />
pudo satisfacer esta petición, los Hermanos abandonaron la casa el 24 de<br />
junio. El Instituto no volvió a tener seminarios para la formación de<br />
maestros rurales.
Falleció en 1717 y en su testamento restituyó las 5.200 libras que La<br />
Salle había adelantado para la compra de la casa de San Denis.<br />
↵
Henri-François-Xavier de Belsunce de<br />
Castelmoron<br />
Retrato de Henri-François-Xavier de Belsunce (1670-1755). Rousset, E. (1979).<br />
J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 81.<br />
Nació en 1670 en el seno de una familia protestante, en la región de Agen.<br />
Se convirtió al catolicismo a la edad de quince años. Estudió en el Colegio
de Clermont, en 1691 ingresó en la Compañía de Jesús y, en 1699, la dejó.<br />
Fue ordenado sacerdote en 1703, nombrado vicario general del obispo de<br />
Agen en 1704 y obispo de Marsella desde el 19 de febrero de 1710 hasta su<br />
muerte, el 4 de junio de 1755.<br />
Aceptó la Bula Unigenitus y se opuso al jansenismo, lo que le acarreó<br />
problemas con el Parlemento de Aix. Dio instrucciones a sus sacerdotes<br />
para no dar la absolución a los que rechazaban la Unigenitus de forma<br />
recurrente.<br />
En 1712 logró que La Salle permaneciera en Marsella, en lugar de ir a<br />
Roma, para encargarse de algunas escuelas parroquiales y de un<br />
noviciado, y le otorgó la autorización para ejercer como confesor en la<br />
diócesis de esta ciudad.
Autorización para confesar en toda la diócesis de Marsella a favor del señor de<br />
La Salle, 12 de diciembre de 1712. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 48.<br />
Ganó notoriedad gracias a la caridad heroica que mostró durante la plaga<br />
de 1720 y 1721 y le otorgaron el título de «Buen Obispo». Cuando empezó<br />
la peste, una gran flota llevaba a la princesa de Orleáns a Italia. La<br />
comitiva de la princesa levó anclas y, con ella, todos los notables de la<br />
ciudad se fueron, pero el obispo Belsunce permaneció con unos pocos<br />
amigos y juntos lucharon contra la plaga hasta que la vencieron. En su
discurso ante la Asamblea del Clero en 1725, Belsunce declaró que más de<br />
250 sacerdotes y religiosos fallecieron en su misión de cristianos.<br />
↵
Papa Clemente XI<br />
Retrato del papa Clemente XI (1700-1721). Moneda conmemorativa de su<br />
elección como pontífice máximo, el 23 de noviembre de 1700.<br />
Giovanni Francesco Albani nació el 23 de julio de 1649 en Urbino, en el<br />
seno de una familia noble. En 1660 lo enviaron al Colegio Romano, donde<br />
hizo rápidos progresos. En 1667 era un autor conocido a tal punto que la<br />
reina Cristina de Suecia lo incluyó en su exclusiva academia. Estudió<br />
teología y derecho, y obtuvo el doctorado en Derecho Civil y Canónico. Su
illante intelecto, unido a su moralidad y piedad, le aseguraron un rápido<br />
ascenso en la corte papal; en 1690 lo nombraron cardenal diácono. Se<br />
ordenó sacerdote en septiembre de 1700 y, el 23 de noviembre, después<br />
de rechazar la elección tres veces, fue designado Papa.<br />
Tuvo una gran capacidad de trabajo, fue un hombre austero, excelente<br />
pastor, su labor pastoral se notó en todo el mundo, y un brillante<br />
diplomático, hizo grandes esfuerzos por establecer la paz entre las<br />
potencias europeas. El evento más importante durante su papado fue la<br />
publicación, en 1713, de la Bula Unigenitus. En este documento condenó<br />
como herejías las 101 proposiciones de Pascasio Quesnel, como ya habían<br />
sido condenados los escritos de Cornelio Jansenio.<br />
Falleció en Roma el día de san José, santo al que le tenía una gran<br />
devoción, en 1721. Sus restos descansan en la tumba de los canónigos de<br />
la Basílica de San Pedro.<br />
↵
Jean d’Yse de Saleón<br />
Vista general de Parmenia. Está situada en lo alto de una colina, cerca de<br />
Grenoble, frente al macizo de la Cartuja y del Vercors. Yse de Saleón invitó a<br />
La Salle a realizar un retiro en este hermoso lugar. Rousset, E. (1979). J.B. de<br />
La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes.<br />
Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 133.<br />
Fue canónigo y doctor en Teología, amigo de La Salle. Nació en Grenoble,<br />
en 1669. Se ordenó sacerdote en 1698. Permaneció fiel a la Bula<br />
Unigenitus y luchó, a lo largo de toda su vida como eclesiástico, contra el<br />
jansenismo.<br />
En 1712 fue capellán de la capilla de Parmenia. En 1727, el consejo<br />
provincial de Embrum lo nombra vicario general y administrador de la
diócesis de Senez después de la condena de Jean Soanen, partidario del<br />
jansenismo y antiguo obispo de esta diócesis.<br />
En 1728 fue nombrado obispo de Digne y, en 1730, lo consagraron<br />
obispo de Agen. En 1735 lo trasfirieron a la sede de Rodez y, en 1746, lo<br />
nombraron arzobispo de Viena. Falleció en esta ciudad el 10 de febrero de<br />
1751.<br />
↵
Luisa Hours<br />
Retrato de sor Luisa Hours. Anónimo. Tabla de principios del siglo XVIII.<br />
Burkhard, L. (1994). Parménie. La crise de Jean-Baptiste de La Salle et de son<br />
Institut (1712-1714). Rome: Maison Saint Jean-Baptiste de La Salle. Cahiers<br />
lasalliens 57. 245.<br />
Conocida por todos como «sor Luisa», fue una humilde pastora con una<br />
profunda espiritualidad que vivió desde pequeña al pie de la colina de<br />
Parmenia.
Nació en el valle de Grésivaudan, cerca de Grenoble, en 1646. A los<br />
catorce años, como era costumbre en la época, entró al servicio de un<br />
burgués en el poblado de Rives. Al morir su padre, regresó a su casa<br />
familiar para trabajar como pastora en los alrededores del monasterio de<br />
los Cartujos. Allí sintió la necesidad de adorar a Dios.<br />
Después de la muerte de su madre, Luisa tuvo más tiempo para<br />
dedicarse a la contemplación. Fue entonces cuando creyó oír una voz que<br />
le decía interiormente: «Elegí este lugar para ser adorada, quiero que me<br />
construyas aquí un tabernáculo». Ella no era una visionaria ni una<br />
excéntrica y por ello confió al abate Durand, párroco de Voreppe, el<br />
encargo que había recibido.<br />
Después de muchas insistencias, el obispo le encargó restaurar, en<br />
honor de la Virgen, la antigua capilla de Parmenia, cuando tuviese dinero.<br />
Luisa consiguió el dinero y pudo ver la capilla terminada el 3 de mayo de<br />
1674. Después, construyó un alojamiento para los peregrinos y mejoró la<br />
capilla; las obras finalizaron en 1680.<br />
En 1681, el padre Roux aceptó ser el capellán y, junto con sor Luisa, hizo<br />
de Parmenia un centro de renovación espiritual. En 1712 el padre Rox<br />
falleció y el señor Jean d’Yse de Saleón continuó esta labor.<br />
Sor Luisa falleció en la colina de Parmenia el 22 de enero de 1727, a los<br />
81 años de edad.<br />
↵
Memorial sobre los orígenes<br />
Puerta de la casa de las Hermanas del Niño Jesús, en Reims, donde se<br />
encontraron La Salle y Nyel el 15 de marzo de 1679. Foto: Diego Muñoz F.S.C.<br />
2018. Archivos personales.<br />
Es un escrito para uso personal de La Salle donde este describe los<br />
comienzos del Instituto desde 1679, cuando conoce a Adrián Nyel, hasta<br />
1694, año en el que realiza los votos con doce Hermanos.
El manuscrito de esta obra se perdió y solo conocemos fragmentos de<br />
la misma que fueron citados por Blain y Maillefer. Fue redactado en 1695,<br />
pero los Hermanos no supieron de su existencia hasta 1711; lo hallaron<br />
entre los papeles de La Salle, mientras estaba de viaje en el sur de Francia.<br />
↵
Meditaciones para el Tiempo de Retiro<br />
Primera página de las Meditaciones para el Tiempo del Retiro, impresa hacia<br />
1729. Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san<br />
Juan Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 577.<br />
Las primeras meditaciones que compuso La Salle fueron las Meditaciones<br />
para el Tiempo de Retiro, también llamadas Meditaciones sobre el empleo de<br />
la escuela porque sus destinatarios eran los maestros cristianos tal y como<br />
indica el subtítulo de la obra: Para el uso de cuantas Personas se dedican a
la Educación de la Juventud; y particularmente para el Retiro que hacen los<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas durante las Vacaciones.<br />
El manuscrito original se extravió, pero se sabe que las redactó hacia<br />
1695. La primera edición impresa se realizó en Ruán y, aunque se<br />
desconoce la fecha exacta, se puede situar en 1730 o en alguno de los años<br />
inmediatamente anteriores a esta fecha.<br />
En relación con los temas, el Fundador se inspiró en una obra del padre<br />
Giry, quien a su vez se basó en los escritos del padre Nicolás Barré. Sin<br />
embargo, fundamentó sus Meditaciones en las epístolas de San Pablo.<br />
Las dieciséis Meditaciones tienen una misma estructura en tres partes:<br />
una primera parte doctrinal, una segunda de análisis de la realidad y una<br />
tercera parte de aplicación a la vida diaria. Sin duda alguna, las<br />
meditaciones se utilizaban en los retiros que hacían los Hermanos.<br />
↵
Ejercicios de piedad para las escuelas<br />
Portada de Ejercicios de Piedad para las Escuelas Cristianas. Edición de 1740.<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san Juan<br />
Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 1747.<br />
Esta pequeña obra recoge las oraciones que se hacían en las escuelas de<br />
los Hermanos. El 21 de marzo de 1696, Précelles, como autoridad<br />
eclesiástica, concedió su aprobación; el 7 de agosto de 1697, el censor de<br />
la Sorbona autorizó su impresión, que se realizó a finales de este mismo
año. El libro se reeditó, al menos, en tres ocasiones: en 1702, 1706 y 1760.<br />
Esta última edición es la que se conoce actualmente. Existen garantías<br />
documentales de que el texto es completamente fiel a las dos primeras<br />
ediciones, realizadas en vida de La Salle.<br />
En las diferentes oraciones que componen este libro, se puede<br />
constatar la importancia de la presencia de Dios en la clase, de Jesucristo<br />
como modelo y la devoción a la Santísima Virgen como fundamento de la<br />
escuela cristiana.<br />
Oraciones que se rezan en la escuela por la mañana, en diferentes momentos.<br />
A las ocho, al comienzo de la clase<br />
† In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.<br />
Acordémonos de que estamos en la santa presencia de Dios y digamos:<br />
Veni Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium, et tui amoris in eis ignem accende.<br />
V. Emitte Spiritum tuum et creabuntur.<br />
R. Et renovabis faciem terrae.<br />
Oremus.<br />
Deus qui corda fidelium Sancti Spiritus illustratione docuisti: da nobis in eodem Spiritu recta<br />
sapere, et de ejus semper consolatione gaudere. Per Christum Dominum nostrum. R. Amen.<br />
Te adoro, ¡oh salvador mío, Jesús!, y te reconozco como mi maestro. Enséñame, te ruego, a<br />
conocerte, a amarte y a servirte. Vengo a la escuela para aprender esto, y formo la<br />
resolución, con el auxilio de tu santa gracia, de retener debidamente y poner en práctica las<br />
santas enseñanzas que Tú me des.<br />
V. Angelus Domini, nuntiavit Mariae.<br />
R. Et concepit de Spiritu Sancto.<br />
Ave Maria, etc. Sancta Maria, etc.<br />
V. Ecce ancilla Domini.<br />
R. Fiat mihi secundum verbum tuum.<br />
Ave Maria, etc. Sancta Maria, etc.<br />
V. Et Verbum caro factum est.
R. Et habitavit in nobis.<br />
Ave Maria, etc. Sancta Maria, etc.<br />
V. Ora pro nobis sancta Dei Genitrix.<br />
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.<br />
Oremus.<br />
Gratiam tuam quæsumus, Domine, mentibus nostris infunde, ut qui angelo nuntiante Christi<br />
filii tui incarnationem cognovimus, per passionem ejus et crucem ad resurrectionis gloriam<br />
perducamur. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen.<br />
↵
Instrucciones y oraciones para la Santa Misa<br />
Portada de Instrucciones y oraciones para la Santa Misa, la confesión y la<br />
comunión. Edición de 1734. Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001).<br />
Obras completas de san Juan Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío<br />
X. 1622.<br />
Este libro se escribió para instruir a los Hermanos y a los escolares sobre<br />
cuál debía ser la conducta adecuada en la santa misa, sobre la importancia
de asistir y de dar a conocer las diferentes ceremonias, y para explicar su<br />
estructura y las oraciones a utilizar durante su desarrollo.<br />
La primera edición de este libro fue realizada en París a finales de 1698<br />
por el impresor Jacques Langlois, previa aprobación del señor de<br />
Précelles, del 16 de enero del mismo año. Esta obra se reeditó en 1706, en<br />
la imprenta de Antoine Chrétien, con la autorización obtenida el 23 de<br />
enero de 1703, y, posteriormente, en 1734 y en 1762.<br />
En la edición de 1734, este escrito se publicó en un solo volumen junto a<br />
Instrucción metódica para aprender a confesarse bien e Instrucciones y<br />
oraciones para la Confesión y la Comunión.<br />
↵
Guía de las Escuelas Cristianas<br />
Juan Bautista de La Salle y joven estudiante. Howard Brodie. Mediados del<br />
siglo XX. Dibujo. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 20.<br />
Esta obra surgió de la necesidad de formar a los maestros para ejercer su<br />
función. La Salle y los primeros Hermanos emprendieron una reforma<br />
para lograr que su educación fuera eficaz. Como resultado de esta
experiencia escribieron la Guía de las Escuelas Cristianas y la fueron<br />
actualizando y revisando a lo largo de los años. Es una obra que se formó<br />
poco a poco desde los inicios del Instituto.<br />
Al inicio circulaban manuscritos que eran revisados por los Hermanos<br />
más experimentados, por La Salle y por las autoridades competentes, que<br />
otorgaban el permiso de publicación. En la Biblioteca de París se<br />
encuentra uno de estos, fechado entre 1704 y 1706. La primera edición<br />
impresa es de 1720, publicada en Aviñón por Joseph-Charles Chastanier.<br />
La Guía de las Escuelas Cristianas de 1720 está estructurada en tres<br />
partes, como lo indica su prefacio: «En la primera se tratan todos los<br />
ejercicios de la escuela y de cuanto en ella se practica, desde la entrada<br />
hasta la salida. La segunda ofrece los medios necesarios y útiles de que<br />
han de valerse los maestros para establecer y mantener el orden en las<br />
clases. La tercera expone: las obligaciones del Inspector de las Escuelas, el<br />
cuidado y la atención que ha de tener el formador de los nuevos maestros,<br />
las cualidades que deben tener o adquirir los maestros y el proceder que<br />
deben observar para cumplir bien su deber en la escuela y, por fin, lo que<br />
deben cumplir los escolares».<br />
Es una obra pedagógica que trata muchos puntos: organización escolar,<br />
psicología educativa, didáctica, espiritualidad… Conformó el estilo<br />
educativo de los Hermanos de las Escuelas Cristianas; por ello, aunque no<br />
fue concebida como un reglamento de riguroso cumplimiento, anima a los<br />
Hermanos a observarla con cuidado.<br />
↵
Silabario<br />
Clase de las Escuelas Cristianas. En las paredes frontal y lateral se pueden<br />
observar los carteles con el silabario y un niño aprendiendo las sílabas.<br />
Hermano Bouvin. 1873. Grabado. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 146.<br />
Esta obra era un librito para iniciar a los niños en el aprendizaje de la<br />
lectura. Su origen estuvo en una necesidad de la vida cotidiana: no existían<br />
silabarios para aprender a leer en francés, puesto que en esa época se<br />
enseñaba en latín, por lo tanto era necesario crear el material didáctico<br />
para estudiar las letras y las sílabas, antes de pasar a la lectura corrida. Era
el primer libro con el que los alumnos se formaban en las Escuelas<br />
Cristianas.<br />
El Silabario se publicó en 1696 y se reeditó en 1703. Lamentablemente,<br />
de esta obra no existe ningún ejemplar, lo que se conoce de ella nos ha<br />
llegado a través de la Guía de las Escuelas Cristianas, donde se explican la<br />
metodología de uso y las características de los carteles con las sílabas, que<br />
debían estar a la vista en la clase.<br />
↵
Instrucciones y oraciones para la confesión y<br />
comunión<br />
La primera misa del beato. Composición de Albert Maignan. Grabado de<br />
Froment. 1888. Libro de Ravelet. 36-37.<br />
Esta obra tuvo como función enseñar una metodología detallada para<br />
confesarse de forma adecuada, considerando desde el examen de
conciencia hasta la penitencia, y para recibir el sacramento de la<br />
Eucarística debidamente. Se utilizó en las escuelas del Instituto.<br />
Desconocemos cuándo se publicó esta obra por primera vez, pero se<br />
sabe que fue presentada para su aprobación, junto con otras obras, el 2 de<br />
noviembre de 1702, y que el 5 de enero de 1703 obtuvo la autorización por<br />
parte del censor Ellies du Pin para ser reeditada. La primera edición que se<br />
conoce es la de 1734, en la que el texto fue publicado junto con otros dos<br />
escritos en un único libro con el título: Instrucciones y Oraciones para la<br />
Santa Misa, la Confesión y la Comunión. Con una instrucción metódica, por<br />
preguntas y respuestas para aprender a confesarse bien.<br />
↵
Deberes del cristiano para con Dios<br />
Portada de la primera edición de Deberes del cristiano para con Dios,<br />
publicada por Antoine Chrétien, París, 1703. Hermanos de las Escuelas<br />
Cristianas (2001). Obras completas de san Juan Bautista de La Salle. Madrid:<br />
Ediciones San Pío X. 1093.<br />
Es un libro que forma parte de un conjunto de cinco obras catequísticas:<br />
1. Deberes del cristiano para con Dios, por preguntas y respuestas. En<br />
dos partes, dogma y mandamientos.
2. Del culto exterior y público, por preguntas y respuestas. Tercera parte<br />
de los Deberes del cristiano para con Dios.<br />
3. Compendio mayor de los deberes del cristiano.<br />
4. Compendio menor de los deberes del cristiano.<br />
5. Instrucciones Cristianas, o Deberes del cristiano para con Dios y medios<br />
para cumplirlos debidamente, para ser publicado en un solo volumen.<br />
Los Deberes del cristiano para con Dios fue creado para explicarle a los<br />
Hermanos la doctrina cristiana, era un manual para el maestro. Las<br />
Instrucciones Cristianas, o Deberes del cristiano para con Dios y medios para<br />
cumplirlos debidamente en texto seguido, ampliaba el anterior e iba<br />
dirigido a los Hermanos y al público adulto. Y los dos compendios de los<br />
deberes, que recogen lo esencial del catecismo, se compusieron para ser<br />
usados en clase. La Salle escribió estas obras en 1694, pero es de suponer<br />
que existieron manuscritos previos, pues era importante tener cuidado<br />
con lo que se enseñaba sobre religión en las clases.<br />
El censor Ellies du Pin autorizó estas obras el 5 de enero de 1703, las<br />
letras de impresión se obtuvieron el 23 de enero y se inscribieron en el<br />
registro el 6 de febrero.<br />
De los cinco libros, el que tuvo una mayor difusión fue Deberes del<br />
cristiano para con Dios en texto seguido. En vida de La Salle tuvo tres<br />
ediciones (1703, 1705 y 1716); durante los siglos XVIII y XIX, doscientas<br />
ochenta.<br />
↵
Cánticos que se deben cantar para el catecismo<br />
Primera página de Cánticos que se deben cantar para el catecismo. Edición de<br />
1703. Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san<br />
Juan Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 1785.<br />
La obra es una recopilación de cánticos de temática cristiana para ser<br />
utilizados cada día de la semana, según el tiempo litúrgico.<br />
Probablemente, La Salle los compiló con la ayuda de los Hermanos. Su<br />
uso era habitual en las escuelas.
La primera edición se llevó a cabo en 1705, impresa en París por Antoine<br />
Chrétien. El libro fue presentado para su revisión el 2 de noviembre de<br />
1702; lo aprobó el censor Ellies Du Pin el 5 de enero de 1703; el Privilegio<br />
Real se expidió en Versalles el 13 de abril de 1705 y se inscribió en el<br />
Registro de Impresores y Libreros de París el 23 de abril de 1705.<br />
En los archivos de la Casa Generalizia se conserva una copia de esta<br />
edición a la que le falta la portada; esta se perdió cuando realizaron la<br />
encuadernación. Contiene 58 cánticos y 120 páginas.<br />
↵
Reglas de cortesía y urbanidad cristianas<br />
Portada de la primera edición de Reglas de cortesía y urbanidad cristianas.<br />
Troyes-Reims, 1703. Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras<br />
completas de san Juan Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 978.<br />
Se trata de una obra concebida para ser usada en la escuela por los<br />
alumnos de octavo nivel de lectura porque estaba impresa con letra<br />
gótica. Esta grafía era más difícil de leer que los caracteres redondos, por
eso se utilizaba con los niños que ya leían correctamente el francés y el<br />
latín.<br />
El objetivo de La Salle consistió en solucionar dos necesidades: la<br />
lectura de la letra gótica y la formación para la urbanidad y la cortesía,<br />
vista como un aspecto de la virtud de la caridad cristiana.<br />
La primera edición se realizó en Troyes el 15 de febrero de 1703; se<br />
presentó para ser examinada el 2 de noviembre de 1702; la autorizó el<br />
censor Ellies du Pin el 26 de diciembre de este mismo año; el permiso de<br />
impresión se otorgó el 23 de enero de 1703 y se inscribió en el registro de<br />
París el 6 de febrero. Un ejemplar de esta primera edición se conserva en<br />
los archivos de la Casa Generalizia.<br />
Este libro sobrepasó el ámbito de la escuela; pronto aparecieron otras<br />
ediciones con caracteres normales, realizadas para el público en general.<br />
Este cambio en su uso queda patente en el título de la edición de 1715,<br />
impresa en Ruán: Reglas de cortesía y urbanidad cristianas, muy útiles para<br />
la educación de los niños y para las personas que no dominan la cortesía del<br />
mundo ni la lengua francesa. Para uso de los niños de las Escuelas<br />
Cristianas.<br />
Además de las ediciones ya mencionadas, este libro tuvo otras tres<br />
ediciones en vida de La Salle: 1708 (París), 1715 y 1716 (Troyes).<br />
Esta obra tuvo un gran éxito en el siglo XIX. En la actualidad se conocen<br />
171 ediciones; algunas de ellas se realizaron fuera de Francia.<br />
↵
Las cartas de La Salle<br />
Carta de La Salle al señor des Hayes, vecino de Ruán, con fecha del 18 de<br />
noviembre de 1705. El contenido de la carta se refiere a la apertura de una<br />
escuela en Darnétal. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 47.<br />
La inmensa mayoría de las cartas de La Salle, que sin duda debieron ser<br />
millares, se perdieron.<br />
Las que se conocen, nos llegaron por tres vías:<br />
Las autógrafas, son 56 y están en los archivos de la Casa Generalizia.<br />
Las copias que reproducen el texto autógrafo perdido.<br />
Las que citan los primeros biógrafos.
La mayoría de la correspondencia trataba asuntos espirituales. Era la<br />
respuesta del Fundador a las cartas que recibía mensualmente de los<br />
Hermanos para dar cuenta de su conducta. En algunas de las cartas<br />
atendía, al mismo tiempo, temas administrativos. Y son muy pocas las que<br />
se referían exclusivamente a asuntos del Instituto.<br />
↵
Las Reglas<br />
El Fundador redacta las Reglas. Chapon. 1887. Grabado. Rousset, E. (1979).<br />
J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 19.<br />
Las Reglas se fueron desarrollando al mismo tiempo que el Instituto. Los<br />
biógrafos señalan tres épocas:
La primera empieza cuando La Salle y los maestros comenzaron a<br />
vivir en común. Inicialmente, las comunidades de los Hermanos<br />
funcionaron de acuerdo con el Reglamento diario, la vida comunitaria<br />
exigía unas normas que facilitaran la convivencia y el trabajo en la<br />
escuela. En la asamblea de 1686, adoptaron el hábito y el nombre de<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas e hicieron voto de obediencia.<br />
La segunda comienza en 1694, cuando tuvieron más clara<br />
consciencia de lo que significaba ser Hermanos y creyeron oportuno<br />
tener unas Reglas comunes. Era necesario poner por escrito las<br />
normas de vida colectiva que habían venido practicando. El Fundador<br />
se tomó un mes de retiro para realizar esta tarea. Entre el 30 de mayo<br />
y el 6 de junio de 1694, se celebró el primer Capítulo General en el que<br />
se discutieron y aprobaron las Reglas, se realizó la primera profesión<br />
perpetua, eligieron como Superior a La Salle y redactaron un acta en<br />
la que acordaban que, en lo sucesivo, elegirían como Superior a un<br />
Hermano. Las Reglas surgieron después de un largo período de<br />
estudio de las normas de otras congregaciones y de reuniones con<br />
algunos Hermanos. El Fundador las experimentó primero con los<br />
novicios.<br />
La tercera época se inicia con el segundo Capítulo General de 1717,<br />
cuando eligieron al Hermano Bartolomé primer Superior y la<br />
asamblea decidió hacer algunas modificaciones de las Reglas<br />
comunes, de la Regla del Hermano Director y de la Guía de las<br />
Escuelas. Se encargó la redacción final de estos cambios al Fundador.<br />
Los textos más antiguos que se conocen de las Reglas comunes de los<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas son:
El manuscrito de 1705, que se conserva en la biblioteca municipal de<br />
Aviñón y que consta de 83 páginas. Se cree que es copia del texto que<br />
se aprobó en el Capítulo General de 1694.<br />
El manuscrito de 1718, que se conserva en los archivos de la Casa<br />
Generalizia y que consta de 124 páginas. Es copia de las Reglas<br />
modificadas en el Capítulo General de 1717.<br />
La edición impresa de 1726, de la que se conservan varias copias. Son<br />
las Reglas que se modificaron en el Capítulo General de 1725, que se<br />
realizó para recibir la Bula de aprobación del Instituto.<br />
Página donde comienza el capítulo 2 de las Reglas. Manuscrito de 1718. A pie<br />
de página están las iniciales de la firma del Hermano Bartolomé, Superior
General. Hermanos de las Escuelas Cristianas (2001). Obras completas de san<br />
Juan Bautista de La Salle. Madrid: Ediciones San Pío X. 56.<br />
↵
Reglamento cotidiano<br />
Portada del manuscrito de 1713 del Reglamento cotidiano. Practique du<br />
Regalment Jounallier. 9 Mars 1713. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 37.<br />
Se trata de un reglamento de la vida común de los maestros junto a Juan<br />
Bautista de La Salle, en uso desde 1682; sin lugar a dudas ayudó a los
primeros maestros a comprender lo que significaba vivir «de la mañana a<br />
la noche» con dedicación exclusiva a la escuela.<br />
Cuando la comunidad alcanzó un mayor nivel de madurez, en 1686, y<br />
los maestros adoptaron el nombre de Hermanos, dicho reglamento<br />
evolucionó hacia una forma más elaborada. Finalmente, con los votos de<br />
1694, la comunidad ya sintió la necesidad de fundamentar más su<br />
experiencia y se comenzó a hablar de una regla común.<br />
↵
Regla del Hermano Director<br />
Cuarta página de la edición impresa de 1787 de la Regla del Hermano Director.<br />
Arrêtés du Chapitre.Général des Frères des Écoles Chrétiennes. Tenu à Melun<br />
au mois de Mai 1787. Avec plusieurs Lettres circulaires, un Prospectus pour les<br />
Postulants, Etc. À Rouen, M.DCC LXXXVII. 4.<br />
La Salle también escribió unas normas dirigidas a los Hermanos<br />
directores. Desde los primeros momentos del Instituto, fue de crucial<br />
importancia el contar con buenos directores en cada una de las
comunidades, por lo que el Fundador debió dar orientaciones y consejos a<br />
los Hermanos encargados de la dirección de una comunidad. Es de<br />
suponer que estos estuvieran copiados en manuscritos y que se fueran<br />
perfeccionando con la práctica a lo largo de los años.<br />
Gracias a Blain, se sabe que ya en 1700 todas las comunidades contaban<br />
con una copia de esta obra, y que se leía en el refectorio el primer jueves<br />
del mes.<br />
La primera copia conocida de la Regla del Hermano Director es un<br />
manuscrito de 1718, copia del texto revisado por los Hermanos en el<br />
Capítulo General de 1717 y cuya redacción definitiva fue realizada por La<br />
Salle. Este ejemplar perteneció a la comunidad de San Dionisio.<br />
Este reglamento no llegó a imprimirse en vida del Fundador. El número<br />
de comunidades no era suficiente para que se justificara una edición<br />
impresa.<br />
↵
Casa Grande<br />
Plano y fachada de la Casa Grande. J.M.J. J.-Bte. Essai historique sur la<br />
Maison-Mère de l’Institut des Frères des Écoles Chrétiennes de 1682 à 1905.<br />
Circulaires Instructives et Administratives, Nº 137. 37.<br />
En enero de 1698, La Salle alquiló una nueva casa llamada «Casa Grande».<br />
Estaba en París, en el cruce de las calles de Vaugirard y de Nuestra Señora<br />
de los Campos; había sido un convento. Sus características la convertían<br />
en el lugar adecuado para el noviciado y para realizar el retiro de<br />
septiembre. Gracias al generoso donativo de la señora Carlota Trudene,<br />
pudieron amueblar en parte la casa.<br />
El noviciado se trasladó a esta nueva residencia en abril de 1698. En<br />
mayo, el Fundador abrió, por su cuenta, una clase para los niños pobres<br />
del barrio.
En 1699, La Salle retomó su proyecto del Seminario de Maestros para el<br />
campo. En 1700 comenzó a funcionar una «escuela dominical», llamada<br />
«Academia cristiana», para jóvenes trabajadores que no habían podido<br />
continuar sus estudios escolares y que solo disponían del domingo para<br />
instruirse.<br />
En 1703, los herederos de la Casa Grande la pusieron en venta. La Salle<br />
pensó comprarla, pero el precio estaba fuera de sus posibilidades. El 20 de<br />
agosto, los Hermanos tuvieron que trasladarse a una nueva casa en el<br />
barrio de San Antonio, en la que apenas pudieron acomodarse los<br />
novicios.<br />
↵
Guerra de Sucesión<br />
El mariscal Villars liderando la carga francesa durante la batalla de Denain en<br />
la guerra de Sucesión (1701-1713). Jean Alanaux. 1839. Óleo, 465 cm. x 543<br />
cm. Palacio de Versalles, Galería de las Batallas.<br />
Carlos II, rey de España de la casa de Habsburgo, conocido como el<br />
Hechizado, no pudo dejar descendencia a causa de su enfermedad. La<br />
cuestión sucesoria se convirtió en un asunto internacional. España era un<br />
territorio tentador para cualquier potencia europea. Tanto el rey Luis XIV<br />
de Francia, de la casa de Borbón, como el emperador Leopoldo I del Sacro<br />
Imperio Romano Germánico, de la casa de Habsburgo, alegaban derechos
a la sucesión española; ambos estaban casados con hijas del rey Felipe IV,<br />
padre de Carlos II.<br />
Carlos II, preocupado por una posible división del reino de España a su<br />
muerte, nombró como sucesor a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y<br />
bisnieto de Felipe IV, quien fue coronado en 1700 como Felipe V. Este<br />
nombramiento no agradó a los Austrias. Muy pronto se formó un bando,<br />
dentro y fuera de España, que no aceptaba al nuevo rey y apoyaba al<br />
archiduque Carlos de Habsburgo.<br />
En 1701 estalló la guerra civil y europea. Felipe V, que representaba el<br />
modelo centralista francés, fue apoyado por la corona de Castilla; fueron<br />
conocidos como el bando borbónico. Carlos de Habsburgo, que<br />
personificaba el modelo foralista, tuvo como aliados a la Corona de<br />
Aragón, Inglaterra y Holanda; eran llamados austracistas.<br />
España, aunque estaba unida bajo la figura de un rey, era en realidad un<br />
compendio de coronas y cada una tenía sus fueros, es decir, sus<br />
privilegios, exenciones jurídicas y competencias políticas propios. Felipe V<br />
estaba educado en una monarquía absolutista y la corona de Aragón tenía<br />
miedo de que implantara ese modelo en España y perder sus privilegios.<br />
Inicialmente el bando francés dominaba la guerra, pero en 1706 el<br />
bando austracista logró rendir a Barcelona y el archiduque Carlos fue<br />
nombrado Carlos III de España. Los borbónicos reaccionaron y lograron<br />
vencer en la batalla de Almansa. Los triunfos terrestres de la casa de<br />
Borbón eran contrarrestados por los triunfos marítimos de los<br />
austracistas.
Los años más duros de la guerra fueron los de 1706 a 1710. Las muertes<br />
producidas por las batallas se incrementaron por la penuria, el hambre y la<br />
peste. En Francia, la situación entre 1709 y 1710 fue catastrófica; además<br />
de la guerra, se extendió por todo el país una terrible helada que acabó<br />
con todos los árboles frutales y destruyó el cultivo de trigo. Se calcula que<br />
durante el invierno de 1709 murieron más de un millón de personas, el<br />
3,5% de la población, por frío o hambre, y lo peor estaba por venir: una<br />
terrible escasez de alimentos como nunca se había visto.<br />
La guerra de Sucesión tomó otro cariz, llegaba el momento de negociar.<br />
El conflicto terminó con el triunfo de Felipe V. Un acontecimiento<br />
inesperado fue la clave de este desenlace: Carlos de Habsburgo heredó en<br />
1711 el Sacro Imperio Romano Germánico, convirtiéndose en el emperador<br />
Carlos VI y su interés por la corona española desapareció. Esto permitió a<br />
los borbónicos recuperar varias plazas. Para alcanzar la paz solo faltaba<br />
que Felipe V renunciara al trono francés y que los príncipes de Francia<br />
renunciaran al de España. Era de sumo interés para las potencias aliadas<br />
que no se unieran dos reinos. El 11 de abril se firmó el Tratado de Utrecht y<br />
con él llegó la paz.<br />
↵
Galicanismo y jansenismo<br />
Portada del Augustinus. 1640. Este libro contiene las ideas que sirven de base<br />
al jansenismo.<br />
Durante el reinado de Luis XIV, la sociedad francesa comenzó a vivir un<br />
cambio profundo, producido en gran parte por las tensiones entre los<br />
afectos a la Iglesia de Roma, los seguidores del galicanismo y del<br />
jansenismo.
El galicanismo era un conjunto de doctrinas y prácticas que supeditaban<br />
el poder de la Iglesia y del papa al Estado francés y, por este motivo, tanto<br />
el Estado como la Iglesia franceses tenían independencia de la Iglesia de<br />
Roma. En la práctica, esto quería decir que cualquier edicto, Bula o<br />
indicación de la Iglesia de Roma tenía que ser reconocida por el rey y el<br />
parlamento franceses. Los católicos franceses fieles al pontífice romano<br />
eran llamados «ultramontanos» porque los consideraban admiradores de<br />
lo que pasaba detrás de los Alpes.<br />
El jansenismo era una corriente religiosa del catolicismo, basada en una<br />
interpretación muy estricta de la teología de san Agustín, que se extendió<br />
por Europa durante los siglos XVII y XVIII. Esta estaba en oposición con<br />
algunas posturas morales de la Iglesia. El jansenismo atacaba el libre<br />
albedrío; la salvación no estaba en manos de todos los hombres, Dios no<br />
daba las gracias suficientes a todos para lograr la salvación, solo las<br />
otorgaba a aquellos predestinados desde el nacimiento. Además, exigía<br />
una severa pastoral, rigurosa y pesimista. Esta doctrina debe su nombre al<br />
teólogo obispo de Ypres, Cornelio Jansen (1585-1638), que explicó sus<br />
ideas sobre la gracia y el libre albedrío en su libro Augustinus, publicado a<br />
título póstumo en 1640.<br />
Juan Bautista de La Salle y los Hermanos eran públicamente fieles al<br />
papa, por lo que se enfrentaron a estas dos tendencias religiosas,<br />
poderosas en la Iglesia francesa de la época.<br />
↵
Denuncia de los maestros calígrafos<br />
Los maestros calígrafos asaltan una escuela del Santo. Veinticuatro escenas<br />
de la vida de La Salle. Serie de Dioramas. Roma (AMG BU 959/2, dossier 1).<br />
Desde el siglo XVI, los maestros calígrafos estaban asociados en una<br />
corporación de oficio, con carácter jurídico, para compartir su labor<br />
educativa en condiciones de igualdad, bajo unas normas y unos<br />
privilegios. Ser admitido en esta corporación no era sencillo, había que<br />
cumplir unas condiciones, tanto en lo moral como en lo económico y lo<br />
profesional. El precio exigido y las condiciones variaban según la categoría<br />
a la que se quería pertenecer: de maestros, de oficiales o de aprendices.<br />
Los miembros de esta corporación se formaban para ser especialistas en<br />
la lectura e interpretación de documentos manuscritos, eran maestros<br />
escribanos jurados. Los maestros calígrafos tenían legalmente la<br />
exclusividad de la enseñanza de la caligrafía y la aritmética y vivían de la<br />
escolaridad que pagaban los padres.<br />
Los escolares que asistían a las escuelas de caridad del Instituto recibían<br />
clases de aritmética y caligrafía estructuradas metodológicamente a tal
punto que los alumnos de noveno nivel trabajaban directamente con<br />
documentos manuscritos de diferentes tipos: pagarés, citaciones, recibos,<br />
presupuestos, contratos… Gracias a la formación recibida, estos jóvenes<br />
podrían encontrar diferentes trabajos: secretario, contable y optar a<br />
maestro mediante un aprendizaje complementario.<br />
Las escuelas de los Hermanos comenzaron a ser conocidas y<br />
empezaron a acudir jóvenes de todos los barrios de París. En cambio, las<br />
escuelas de los calígrafos decaían. Alumnos que podían pagar su<br />
escolaridad se cambiaron a las escuelas cristianas.<br />
Los intereses económicos de los maestros calígrafos se veían afectados<br />
por la labor de las escuelas de caridad de los Hermanos, que ofrecían una<br />
educación de calidad gratuita. La Salle sabía que se avecinaba una<br />
tormenta, las leyes no estaban de su parte. El Instituto carecía de Patente<br />
Real y no podía abrir escuelas donde se enseñara dibujo, aritmética y<br />
caligrafía porque vulneraba los estatutos de la corporación de maestros<br />
calígrafos.<br />
El 7 de junio de 1704, los maestros calígrafos presentaron una denuncia<br />
contra La Salle y los Hermanos que atendían las escuelas de París. En total<br />
fueron llevados a juicio dieciocho Hermanos: Jean Jacquot, Ambrosio Blin,<br />
Antonio Partois, Juan Bautista Servin, Juan Francisco Boucqueton, José Le<br />
Roux, Ponce, Nicolás Vuyart, Gervasio, Potier, Bernard, André, Norbert,<br />
Guillaume, Jacques Compain, Jeannot, Pierre y Mathieu. Los acusaron de<br />
dar clases que no les correspondían y de atender a niños cuyos padres<br />
podían pagar la escolaridad.<br />
El 11 de julio salió una primera sentencia condenatoria y, ante la<br />
incomparecencia de los acusados, la misma se ratificó el 29 de agosto. El
Châtelet condenó a La Salle y a los dieciocho Hermanos y les impuso<br />
multas: 100 libras al Fundador y 50 libras a cada Hermano (esta cantidad<br />
equivalía a la tercera parte de sus ingresos anuales). Además, se les<br />
prohibió dar clase a los niños que no presentaran certificados de pobreza.<br />
Estos certificados, los expedía el párroco o la Oficina de los pobres, que<br />
eran los encargados del registro de pobres a fin de brindar la ayuda social,<br />
especialmente en épocas de carestía. Esta última sentencia entristeció<br />
profundamente a La Salle, pues era contrario a estas prácticas<br />
discriminatorias, las escuelas gratuitas debían estar abiertas para todos.<br />
↵
Los Hermanos de San Marcelo<br />
París en la época del Beato (1703). Diseño de Édouard Garnier. Grabado de<br />
Méaulle. 1888. Libro de Ravelet, 343.<br />
Los párrocos de San Marcelo, preocupados por la situación de las<br />
denuncias, se unieron a los Hermanos Nicolás Vuyart y Gervasio para<br />
tratar de salvar la escuela y el seminario de maestros de un posible cierre<br />
general. Contrataron al abogado Juan Deshayettes para que reclamara la<br />
sentencia del 11 de julio. Para ello crearon una ficción jurídica: los<br />
maestros interesados no eran Hermanos.<br />
Esta reclamación no llegó a buen término, los maestros calígrafos<br />
demostraron que los maestros reclamantes eran inquilinos de una casa<br />
alquilada por La Salle. La condena del 29 de agosto de 1704 incluyó
explícitamente a los Hermanos Nicolás y Gervasio. La sentencia permitió<br />
seguir con la escuela, pero no declaró nada sobre el seminario de<br />
maestros.<br />
El Hermano Nicolás Vuyart quiso arreglarlo por su cuenta y, para salvar<br />
el seminario de maestros, él y el Hermano Gervasio se desligaron de La<br />
Salle y abandonaron el Instituto. El seminario, que esperaban proteger, se<br />
hundió definitivamente. Nicolás Vuyart quiso reingresar en la Sociedad,<br />
pero los Hermanos aconsejaron a Juan Bautista que no lo admitiera.<br />
↵
El libro de Quesnel y la Bula Unigenitus<br />
Bula Unigenitus Dei Filius del 8 de septiembre de 1713, condenando las 101<br />
proposiciones del libro de Quesnel Le nouveau testament en francais avec des<br />
réflexions morales sur chaque verse, pour en rendre la lecture plus utile et la<br />
méditation plus aisée. Presentada al rey Luis XIV el 3 de octubre de 1713.<br />
En 1671, Pasquier Quesnel publicó un libro titulado Resumen de la moral<br />
del Evangelio, que desencadenó una serie de conflictos eclesiásticos en<br />
Francia. Posteriormente, aparecieron otras dos ediciones, ampliadas, una<br />
en 1678 y otra en París, en 1793, titulada Le Nouveau Testament en francais<br />
avec des réflexions morales sur chaque verse, pour en rendre la lecture plus<br />
utile et la méditation plus aisée. Esta última contaba con una serie de<br />
proposiciones sobre los Evangelios que aumentaban los errores de las<br />
anteriores con claras ideas jansenistas y una tendencia galicana.
Las reacciones no se hicieron esperar. Por una parte, el cardenal Noilles,<br />
arzobispo de París, recomendaba el libro y, por otra, varios obispos<br />
prohibieron su lectura; además, el papa Clemente XI la condenó en el<br />
breve Universi Dominici Gregis, el 13 de julio de 1708. Este breve provocó el<br />
rechazo de diversos teólogos y religiosos porque iba contra la Iglesia<br />
galicana.<br />
Varios obispos y el rey Luis XIV le pidieron al papa emitir una Bula en la<br />
que se evitaran las expresiones contrarias a la Iglesia galicana. El 8 de<br />
septiembre de 1713, se publicó en Roma la Bula Unigenitus Dei Filius, que<br />
condenaba las 101 proposiciones del libro de Quesnel por considerarlas<br />
heréticas.<br />
Esta Bula perturbó la paz de la Iglesia en Francia por la resistencia de<br />
muchos eclesiásticos a aceptarla y la negación del parlamento francés a<br />
registrarla, a tal punto que el rey Luis XIV tuvo que imponer su autoridad<br />
para que la Iglesia francesa la reconociera. Sin embargo, los<br />
enfrentamientos entre los apelantes, defensores del libro de Quesnel, y el<br />
papa y los ultramontanos, fieles al Pontífice de Roma, continuaron<br />
durante casi todo el siglo XVIII.<br />
La Salle fue fiel a la Iglesia de Roma, se manifestó públicamente a favor<br />
de la Bula y orientó así a los Hermanos. Esta decisión desencadenó su<br />
persecución por parte de los apelantes, que, aunque eran minoría, tenían<br />
mucho poder.<br />
↵
Notas<br />
Arzobispo<br />
Claude-Maur d'Aubigné, Arzobispo de Ruán desde 1708 hasta su muerte,<br />
el 22 de abril de 1719. Los biógrafos de La Salle no suelen dar el nombre<br />
del arzobispo que le retiró el poder de confesar. Blain fue el único de los<br />
primeros biógrafos que contó este suceso con detalle. El decreto episcopal<br />
mediante el cual le suprimen los privilegios no se ha podido encontrar en<br />
los archivos de la catedral.<br />
↵
Presencia<br />
La presencia de Dios en la vida diaria es un elemento fundamental en la<br />
espiritualidad lasaliana: «No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la<br />
vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que<br />
me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20). A lo largo de la jornada<br />
se recordaba su presencia cada media hora. Los momentos de oración se<br />
iniciaban diciendo: «Acordémonos de que estamos en la santa presencia<br />
de Dios». Para La Salle y los primeros Hermanos era muy importante que<br />
dicha presencia se reflejara en las acciones diarias.<br />
En sus últimos años, La Salle, que fue siempre una persona coherente,<br />
siguió siendo ejemplo vivo de cómo vivir con plenitud el Evangelio a través<br />
de acciones muy sencillas y hacerlo vida: «Y que la paz de Cristo presida<br />
vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo<br />
Cuerpo. Y sed agradecidos» (Col 3, 15).<br />
↵
Asistente<br />
El Asistente era el ayudante administrativo del Hermano Superior. No se<br />
trataba de un cargo «liberado» pues los escogidos no abandonaban las<br />
funciones que ya tenían asignadas. En ese primer momento del Instituto,<br />
los Hermanos decidieron elegir dos Asistentes para ayudar al Hermano<br />
Superior en sus tareas de animación. En el momento de la muerte de La<br />
Salle eran ya cien Hermanos repartidos en veintidós comunidades.<br />
↵
Explicaciones<br />
El Hermano Bartolomé conocía bien a La Salle, sabía que Dios se le había<br />
manifestado, por eso no le pidió ningún tipo de explicación ante esta<br />
negativa. Tiempo después supo que la intención de Francisco Charon de la<br />
Barre era separar a los cuatro Hermanos en parroquias rurales diferentes,<br />
una vez llegados a Canadá; esto hubiese sido totalmente contrario al<br />
funcionamiento habitual de las escuelas del Instituto, donde se aseguraba<br />
la presencia de al menos tres Hermanos para formar una comunidad y<br />
atender a una escuela. Además, Charon falleció en el viaje de regreso a<br />
Canadá.<br />
↵
Progresos<br />
Las Escuelas Cristianas siempre fueron de progresos. Desde los inicios,<br />
hubo el deseo de que funcionaran bien. Cuando La Salle o los Hermanos<br />
advertían una necesidad, trabajaban para resolverla creando los recursos<br />
didácticos apropiados. A lo largo de 40 años desarrollaron una pedagogía<br />
propia, atenta a dar respuesta a los desafíos de la enseñanza simultánea y<br />
alimentada por una visión práctica del Evangelio; por ello, no solo era<br />
importante enseñar unos conocimientos, sino también ofrecer un espacio<br />
de salvación a los niños y jóvenes que Dios ponía al cuidado de ellos.<br />
↵
Corazón<br />
La sociedad del siglo XVII tenía un marcado carácter cristiano. La religión<br />
del reino era la católica y esto se percibía en sus costumbres: Santa Misa,<br />
oración diaria, lectura de la vida de los santos, rezo del rosario, fiestas<br />
religiosas…<br />
La vida cristiana tenía una intensidad que podría ser malentendida<br />
actualmente, si no tomáramos en cuenta el contexto. Era normal que los<br />
alumnos de las escuelas parroquiales asistieran diariamente a misa;<br />
también, que durante la Cuaresma hubiese predicación todos los días o<br />
que se celebraran veinte fiestas religiosas obligatorias al año. Esto último<br />
tenía una doble función social: permitía un reencuentro con la familia y los<br />
vecinos, y prohibía el trabajo penoso durante ese día. Los horarios<br />
laborales eran de 14 horas diarias, incluyendo el sábado y, en algunos<br />
casos, el domingo. Estas fiestas constituían los únicos días de asueto en<br />
todo el año.<br />
↵
Canonjía<br />
Canonjía es la renta propia de un canónigo que pertenece al cabildo de<br />
una catedral. El canónigo tiene la obligación de rezar el Oficio Divino y de<br />
ser colaborador del obispo en diversas tareas que se le asignan.<br />
↵
Miseria y el hambre<br />
La gran mayoría de la población de Francia era pobre, desde los mendigos<br />
hasta los artesanos y pequeños tenderos. Sus vidas estaban marcadas por<br />
la inseguridad permanente: cualquier coyuntura personal, climática, social<br />
o política podía acarrear la pérdida de empleo y hundirlos en la miseria y el<br />
hambre.<br />
↵
Fríos glaciares<br />
Entre 1645 y 1715 el sol atravesó un período de actividad muy baja,<br />
conocido como el Mínimo de Maunder, y se produjeron numerosas<br />
erupciones volcánicas que lanzaron a la atmósfera cenizas en grandes<br />
cantidades. La unión de estos dos fenómenos naturales provocó un<br />
cambio climatológico y las estaciones se descontrolaron: inviernos<br />
gélidos, con vientos terribles, fuertes tormentas, granizo de gran tamaño,<br />
nieve y heladas, seguidos de olas de calor históricas. Este período se<br />
conoce como la Pequeña Edad de Hielo (PEH). Este clima modificado<br />
provocó la pérdida de cosechas y ocasionó la hambruna en Europa.<br />
↵
Guerras<br />
En 1665, Luis XIV emprendió una política de expansión que involucró a<br />
Francia en varias guerras europeas: la guerra de la Devolución (1667-<br />
1668), la guerra de Holanda (1672-1678), la guerra de las Reuniones (1683-<br />
1684), la guerra de los Nueve Años (1688-1697) y la guerra de Sucesión<br />
(1701-1715). Este estado de guerra permanente llevó el reino al borde de la<br />
bancarrota y, por ello, el rey tuvo que elevar los impuestos. Fueron años<br />
de miseria, muerte y enfermedad.<br />
↵
Dios amoroso y tierno<br />
Para La Salle, Dios es el Padre que da a sus hijos una paternal bondad y<br />
guía con suavidad y sabiduría, sin forzar la voluntad humana. Así nos da a<br />
conocer su propia experiencia: «Dios, que gobierna todas las cosas con<br />
sabiduría y suavidad, y que no acostumbra a forzar la inclinación de los<br />
hombres, queriendo comprometerme a que tomara por entero el cuidado<br />
de las escuelas, lo hizo de manera totalmente imperceptible y en mucho<br />
tiempo; de modo que un compromiso me llevaba a otro, sin haberlo<br />
previsto en los comienzos» (MSO 6).<br />
Este amor del Padre por las personas se manifiesta especialmente en el<br />
envío de su Hijo: «Dios nos ha reconciliado consigo por Jesucristo» (MR<br />
195,11).<br />
El Fundador fue testigo de la bondad de Dios en múltiples ocasiones: en<br />
los cuidados cariñosos de los Hermanos hacia los niños que les había<br />
encomendado; en la confianza en el Instituto para que los niños<br />
accedieran a la salvación; en la Comunidad de Hermanos, que crecía en<br />
número y compromiso, y en su Providencia: «Dios provee a todas las<br />
necesidades de sus criaturas» (MR 197,1,2).<br />
↵
Roma<br />
En 1702 La Salle enviará a Gabriel Drolin a Roma con dos objetivos:<br />
demostrar públicamente su fidelidad al Papa y a la Iglesia de Roma y<br />
realizar una labor diplomática que allanará el camino para obtener la Bula<br />
de aprobación para el Instituto.<br />
↵
Duro invierno de 1684<br />
El invierno de 1683 y 1684 ocupa un lugar especial en la climatología<br />
europea, especialmente en la francesa, porque implicó la pérdida de las<br />
cosechas, la escasez y, finalmente, el hambre y la muerte de los más<br />
pobres. Por ejemplo, Lachiver (Les années de misère. La famine au temps<br />
du Grand Roi. Fayard, 1990) reporta temperaturas extremas de -15ºC<br />
durante el 10 de enero de 1684, en París; las poblaciones vecinas sufrirían<br />
temperaturas de al menos hasta -20ºC. Estos datos nos recuerdan el gesto<br />
caritativo de La Salle de alimentar a la población que rodeaba sus escuelas<br />
en Reims en un momento de extrema gravedad.<br />
↵
El pan<br />
En esta época se alimentaban principalmente de pan y verduras; los más<br />
privilegiados, además, ingerían carne. El pan blanco era caro; por ello, solo<br />
lo consumían las clases privilegiadas. Los pobres comían el de centeno o el<br />
moreno, de trigo y salvado. En París, la ración media era de una libra diaria<br />
de pan, pero los peones y braceros solían consumir dos o tres libras<br />
porque no podían permitirse comer otros alimentos. Para los<br />
privilegiados, las legumbres acompañaban la carne de buey, de cordero,<br />
de cerdo o de aves; complementaban la alimentación con leche, quesos,<br />
huevos y frutas.<br />
↵
Pobre entre los pobres<br />
El proceso de desprenderse de todos sus bienes no fue sencillo para La<br />
Salle; muchas personas estaban en contra y no aceptaban su renuncia a la<br />
canonjía. Finalmente, entendieron sus propósitos. En julio de 1683 le<br />
dieron la autorización, pero con una condición: tenía que mantener una<br />
renta anual de 200 libras para el mantenimiento de su dignidad<br />
sacerdotal. Con ella compró, a lo largo de su vida, los libros de su<br />
biblioteca y sus ornamentos sacerdotales.<br />
En 1684 renunció a su patrimonio, después de reflexionar durante largo<br />
tiempo sobre la conveniencia de utilizarlo para fundar las escuelas. En<br />
aquella época, el verbo «fundar» significaba asegurar el financiamiento de<br />
la obra con los propios bienes. La Salle se opuso a ello, siguiendo el<br />
consejo del padre Barré, su consejero espiritual, y dejó su obra en manos<br />
de la Providencia.<br />
↵
1686<br />
El 23 de mayo de 1686, La Salle se reunió con los Hermanos para darle una<br />
nueva cohesión a la obra. Durante esta primera Asamblea se hablaron de<br />
dos temas importantes: los reglamentos y los votos. El 9 de junio de ese<br />
año se realizaron los primeros votos de obediencia por tres años, pero con<br />
la idea de renovarlos anualmente. La denominación «Hermanos de las<br />
Escuelas Cristianas» y el hábito, ya los había decidido en 1684.<br />
↵
Familias de prestigio<br />
La Salle atraía a los jóvenes por su impronta espiritual y sus decisiones<br />
audaces; en efecto, los primeros Hermanos tenían entre 15 y 22 años. La<br />
mayoría provenían de familias de artesanos, tan solo unos pocos habían<br />
cursado estudios y conocían el latín porque pensaban convertirse en<br />
clérigos.<br />
Algunos nombres de estos Hermanos que provenían de familias de<br />
prestigio y habían tenido acceso a estudios se han conservado: Nicolás<br />
Bourlette, cuyo padre se opuso mucho a la decisión de su hijo; Juan<br />
Francisco, que dejó un buen empleo en la villa; Jean Maurice, hijo de<br />
nobles…<br />
↵
Corporaciones de artesanos<br />
Las cofradías o corporaciones de oficio eran organizaciones de carácter<br />
profesional y religioso que agrupaban a personas de un mismo gremio:<br />
toneleros, carniceros, cordeleros, ebanistas, calígrafos, colchoneros… La<br />
finalidad de estas asociaciones consistía en proteger sus intereses<br />
económicos y laborales por medio de unos estatutos.<br />
Estaban conformadas por tres categorías profesionales: maestros,<br />
aprendices y oficiales. Los maestros ostentaban el mando; eran<br />
propietarios del taller y de la materia prima y, además, controlaban la<br />
comercialización. Solo los maestros votaban los estatutos y elegían a los<br />
jefes. Los oficiales eran maestros en potencia; finalmente, los aprendices<br />
permanecían de por vida en su estado, recibiendo por su trabajo unos<br />
salarios muy bajos.<br />
↵
Corazones<br />
Las escuelas cristianas eran diferentes de las que existían en la época. La<br />
Salle y los Hermanos, desde los inicios, emprendieron una reforma a<br />
fondo de la manera de enseñar para alcanzar una educación básica de<br />
calidad.<br />
Los Hermanos fueron aprendiendo de la experiencia escolar; juntos<br />
reflexionaron, revisaron y establecieron principios pedagógicos adecuados<br />
sobre los que fundaron su labor como educadores cristianos: la trasmisión<br />
de conocimientos, la disciplina y el orden. Todo ello a partir de la<br />
individualidad, el respeto y el amor al niño:<br />
«Vosotros tenéis obligación de instruir a los hijos de los pobres. En<br />
consecuencia, debéis sentir particularísima ternura por ellos, y procurar su<br />
bien espiritual cuanto os fuere posible, considerándolos como los<br />
miembros de Jesucristo (1Co 6,13) y sus predilectos.<br />
[…]<br />
Haced patente, por los cuidados que les prodiguéis, que los amáis de<br />
veras» (MF 80,3,2).<br />
↵
Eucarística<br />
Los biógrafos recogen una tradición oral acerca del fervor angelical que La<br />
Salle transmitía durante la celebración de la Eucaristía; Saturnino Gallego<br />
recoge los testimonios de sus biógrafos Blain «Iba la gente a su misa para<br />
edificarse, para emocionarse, para contagiarse de su piedad» y Maillefer<br />
«Si se juzga por el uso que hizo a lo largo de su vida, se puede creer que<br />
había recibido la gracia de la ordenación» (1986, pp.125-126).<br />
↵
Escuela<br />
La formación de los jóvenes maestros se realizaba al estilo de la época, es<br />
decir, se aprendía por imitación: siguiendo al «artesano» más<br />
experimentado.<br />
↵
Horario<br />
Los horarios de la comunidad estaban indicados en el Reglamento diario<br />
(Pratique du Règlement journalier). Los mismos variaban según que fueran<br />
días ordinarios, de fiesta o tiempo de vacaciones; estaban fundamentados<br />
en la dedicación absoluta a la escuela por parte de una comunidad<br />
disciplinada, consciente de sostener un proyecto común vivido en<br />
asociación con las demás comunidades.<br />
↵
Voto<br />
Un voto es una promesa hecha a Dios, efectuada generalmente por los<br />
miembros de institutos de vida religiosa. Los votos son regulados por las<br />
normas de la comunidad en la que se profesan, por la ley canónica de la<br />
Iglesia y tienen carácter público; suelen ser tres: de pobreza, de<br />
obediencia y de castidad, aunque algunas órdenes tienen un cuarto voto.<br />
En el caso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, los primeros votos,<br />
a partir de 1686, fueron solo de obediencia. En 1694 decidieron hacer<br />
votos de asociación para el servicio educativo de las escuelas, de<br />
estabilidad y de obediencia; ya vivían pobres y castos. De esta manera<br />
querían expresar al conjunto de la Iglesia su manera novedosa de seguir a<br />
Jesucristo. Una nueva vocación nacía por entonces…<br />
↵
Alumnos<br />
En las Escuelas Cristianas la gratuidad absoluta era obligatoria y sin<br />
discriminaciones. Las escuelas eran mantenidas por la parroquia o por<br />
benefactores externos. La subsistencia de las escuelas estaba en manos<br />
de la divina Providencia. Así, el padre Barré aconsejaba a La Salle: «Si las<br />
funda, se hundirán; si Dios es su único apoyo, subsistirán».<br />
↵
Seminario para maestros del campo<br />
En septiembre de 1686, La Salle firmó con el duque de Mazarino un<br />
contrato para la formación de tres jóvenes. Las clases empezaron en<br />
octubre; fue el nacimiento del seminario de maestros, la primera escuela<br />
de la historia de la pedagogía solo para formación de docentes seglares. Al<br />
año siguiente los alumnos aumentaron a veinticinco.<br />
↵
Retiros periódicos<br />
En el Memorial sobre el Hábito, La Salle informa que la Comunidad de los<br />
Hermanos de las Escuelas Cristianas forma maestros para las escuelas<br />
rurales, en una casa separada, llamada seminario. Allí los preparan para su<br />
empleo en un ambiente de piedad. Incluso, ya terminada su formación, se<br />
les recibe para practicar retiro (MH 0,0,6).<br />
↵
Excesivo celo en obedecer<br />
En septiembre de 1686 eligieron al Hermano Enrique L’Heureux como<br />
superior. La Salle comenzó a tributarle tal respeto, dependencia y<br />
obediencia que resultó excesivo:<br />
«Un testigo ocular cuenta que alguien le dijo en el recreo que un excusado<br />
estaba poco limpio; La Salle se ofreció de inmediato para asearlo, y el<br />
superior, en consideración por su sacerdocio, le dijo que “no lo veía<br />
conveniente”; pero el santo, creyendo haber oído lo contrario, se puso a<br />
buscar paja y tierra para su labor. El Hermano Enrique, al darse cuenta del<br />
malentendido, lo agarró por la sotana y le recordó que aquello iba contra<br />
la obediencia; La Salle se postró de rodillas y pidió perdón a todos… (1B<br />
266; BD 75). Es posible que dicho testigo fuera el Hermano Jean Jacquot,<br />
ingresado aquellos días, y en los 15 años de edad». (Gallego, 1986, p.196).<br />
↵
Gran maestro<br />
Algunos autores han dado una visión de Adrián Nyel como de una persona<br />
inestable que fundaba escuelas y luego desaparecía. Esto no es cierto, las<br />
ausencias se debían a su propio trabajo de fundación y supervisión de las<br />
escuelas; su presencia en Ruán fue constante y fiel durante 15 años. Sin<br />
duda, fue un excelente maestro y un defensor de la educación para los<br />
menos privilegiados. Por eso, la señora Maillefer le encargó llevar una<br />
carta a su primo Juan Bautista de La Salle. Nyel fue el maestro laico que<br />
supo cautivar el corazón del joven canónigo para llevarlo al mundo de las<br />
escuelas y de los maestros.<br />
↵
Parroquia de San Sulpicio<br />
En julio de 1687, La Salle recibió una carta del párroco de San Sulpicio, el<br />
señor de La Barmondière, invitándolo a encargarse de una escuela de<br />
caridad que dependía de su parroquia. Inicialmente respondió sin<br />
comprometerse, por lo que también intervino su hermano Juan Luis de La<br />
Salle para animarlo a aceptar la propuesta. El Fundador no quería moverse<br />
hasta tener un contrato inicial del párroco. Pronto se alcazó un acuerdo y<br />
llegó a París el 24 de febrero de 1688, acompañado de dos Hermanos. La<br />
escuela de la que se haría cargo era la de la calle Princesa.<br />
San Sulpicio era una parroquia muy importante en el París de la época.<br />
Parte de la fama se debía al célebre seminario de San Sulpicio, fundado<br />
por Jean-Jacques Olier en 1645, para la formación de los aspirantes al<br />
sacerdocio. Aquí estudió La Salle y conservaba muchos amigos y gratos<br />
recuerdos de sus años de juventud, por lo que era muy lógico que su<br />
entrada a la capital del reino se hiciera en esta parroquia.<br />
↵
Compagnon<br />
Compagnon era el antiguo director de la escuela de la calle Princesa y no<br />
perdió la oportunidad de sacar provecho del trabajo de los alumnos<br />
instalando un taller de manufactura de lana en la escuela.<br />
Cuando La Salle asumió la dirección de la escuela, disminuyó y reguló las<br />
horas laborales en el taller. En consecuencia, la producción mermó y, por<br />
ende, el rendimiento económico. Por lo que Rafrond, el tejedor, dejó el<br />
taller pensando que sin él se hundiría y que, entonces, lo volverían a llamar<br />
y podría imponer las normas. Pero no fue así; el Fundador, con muy<br />
buenos modales, le pidió, mediante pago, que iniciase a un Hermano en el<br />
manejo de los telares.<br />
Debido a esta situación, Compagnon se resintió y urdió toda una<br />
estrategia de ataque contra La Salle. El nuevo párroco, el señor de La<br />
Combe, se encargó de solucionar el problema y la escuela pasó a estar<br />
solo en manos de los Hermanos.<br />
↵
Un trabajo manual regulado<br />
En este momento, las Escuelas Cristianas ya estaban adquiriendo un estilo<br />
propio, cuyos rasgos más destacados eran la enseñanza simultánea y el<br />
aprendizaje de la lectura en francés. Los materiales para la instrucción<br />
fueron renovados y desaparecieron los castigos que atentaban contra la<br />
dignidad del niño.<br />
↵
Encuentro anual<br />
Todos los años, durante el mes de septiembre, La Salle y los Hermanos<br />
realizaban un retiro antes de comenzar las clases, en octubre. Es en este<br />
espacio donde se gestan la Guía de las Escuelas Cristianas y las<br />
Meditaciones.<br />
↵
Cálculo<br />
El currículum de la época se basaba, en primer lugar, en el aprendizaje de<br />
la lectura en latín y, después, en la lengua materna; además se daban<br />
rudimentos de aritmética y de escritura. En algunas escuelas autorizadas<br />
también se proporcionaba la enseñanza del dibujo lineal.<br />
En las Escuelas Cristianas, los programas escolares estaban adaptados a<br />
las necesidades de los hijos de artesanos y de pequeños comerciantes. La<br />
lectura y la escritura en francés ocupaban el primer lugar: aprendían a leer<br />
manuscritos, registros de cuentas, contratos y cartas. La lectura les abría<br />
la puerta de la cultura. El latín se delegaba a un lugar secundario por ser<br />
una lengua prácticamente inútil para las profesiones manuales y<br />
comerciales.<br />
Otras materias instrumentales eran: la aritmética, los registros de<br />
facturas, la agrimensura y el dibujo lineal. Esta preparación convertía a los<br />
niños en buenos aprendices dentro de las diferentes cofradías de oficio.<br />
Además, se añadían nociones de urbanidad y de buenos modales.<br />
↵
Maestros de las escuelas menores<br />
Los maestros de las escuelas menores conformaban una cofradía<br />
(corporación de oficio) que regulaba el funcionamiento de las escuelas de<br />
pago. Confiaban sus intereses al Chantre de la catedral.<br />
↵
Chantre<br />
El Chantre o maestrescuela (visitador escolar) era el canónigo responsable<br />
de los cánticos en una catedral. Reclutaba niños que supieran leer<br />
correctamente para organizar las corales. También tenía la jurisdicción<br />
sobre todas las escuelas públicas de la diócesis, administraba la justicia en<br />
caso de conflictos escolares y otorgaba las «licencias de enseñar», previo<br />
examen de las capacidades del maestro.<br />
↵ capítulo 4<br />
↵ capítulo 6
Parlamento de París<br />
El Parlamento de París (llamado también Tribunales Superiores) fue una<br />
institución francesa de la época encargada de dictar sentencias en nombre<br />
del rey, de juzgar apelaciones de las instancias jurisdiccionales inferiores,<br />
de inspeccionar a los administradores locales y de elaborar ordenanzas.<br />
↵
Recuperarse de ese incidente<br />
La Salle, por su compromiso con las escuelas, tuvo que alejarse de su tierra<br />
y, en cierta forma, de su familia. Sin embargo, esto no implicó una ruptura<br />
de relaciones, ni siquiera cuando sus decisiones no fueron del agrado de<br />
sus parientes. Entre ellos existió siempre una relación y una preocupación<br />
mutua. Esto queda demostrado por los hechos; por ejemplo, el episodio<br />
relacionado con la abuela materna, Petra Lespagnol, quien, a sus 75 años,<br />
sabiendo apenas que estaba en Reims y, además, enfermo, acudió a verlo.<br />
Fue la última vez que se verían vieron; la abuela falleció ese mismo año.<br />
↵
Reglamento diario<br />
Reglamento diario (Pratique du Règlement journalier) era un libro con las<br />
normas cotidianas de los Hermanos. En 1694 hubo un avance de este<br />
reglamento en camino hacia la Regla, producto de la experiencia de los<br />
Hermanos en su vida común y su dedicación exclusiva a las escuelas.<br />
A lo largo de los años, La Salle y los primeros Hermanos fueron creciendo<br />
en coherencia conceptual y existencial. Sus vidas en comunidad se fueron<br />
tejiendo con las exigencias de una escuela que llenaba sus jornadas de la<br />
mañana a la noche. No había nada que no se pudiera integrar, para hacer<br />
de la vida del Hermano una experiencia única, vocacionalmente<br />
interesante y motivadora.<br />
↵
Importancia de la formación<br />
Desde los inicios, La Salle se dio cuenta de la importancia de la formación<br />
de los Hermanos para que pudieran representar un modelo coherente<br />
para los jóvenes alumnos. Por ello escribió la Colección de pequeños<br />
trataditos para el uso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Estaban<br />
destinados a guiar la vida espiritual, comunitaria y profesional de los<br />
maestros, entendida como un ministerio. El objetivo consistía en que cada<br />
uno fuera la mejor versión de sí mismo.<br />
«Diez mandamientos que deben tener siempre los Hermanos de las<br />
Escuelas Cristianas en la mente para meditarlos, y en el corazón para<br />
practicarlos.<br />
1. A Dios en vuestro Jefe honraréis, obedeciéndole prontamente.<br />
2. A todos vuestros Hermanos amaréis, cordial y constantemente.<br />
3. A los niños enseñaréis, con esmero y gratuitamente.<br />
4. Por espíritu de fe todo lo haréis, y por Dios únicamente.<br />
5. El debido tiempo dedicaréis, en la oración, fervorosamente.<br />
6. En Dios presente pensaréis, a menudo, interiormente.<br />
7. Vuestro espíritu mortificaréis y los sentidos, frecuentemente.<br />
8. El silencio guardaréis a su tiempo, muy exactamente.<br />
9. Castos os conservaréis, con muy gran recogimiento.<br />
10. La pobreza siempre amaréis, no poseyendo nada voluntariamente»<br />
(CT 6,1-2).<br />
↵
Reglas<br />
En 1694 se celebró el primer Capítulo General y en él se aprobaron las<br />
Reglas. Estas recogían los principios generales de la vida espiritual y las<br />
normas de convivencia. Nacieron de una propuesta elaborada por La Salle<br />
y algunos Hermanos y experimentada previamente por los novicios:<br />
«Cuando el señor de La Salle vio que su noviciado estaba bien fundado<br />
sobre las reglas que en él hacía observar, juzgó que era necesario<br />
redactarlas por escrito para fijarlas y perpetuarlas entre los Hermanos de<br />
su Instituto» (Maillefer 105).<br />
Es muy probable que el manuscrito de 1705, que se conserva en Aviñón,<br />
sea el texto que aprobaron en 1694.<br />
«El fin de este Instituto es dar cristiana educación a los niños; y con este<br />
objeto tiene las escuelas, para que, estando los niños mañana y tarde bajo<br />
la dirección de los maestros, puedan estos enseñarles a vivir bien,<br />
instruyéndolos en los misterios de nuestra santa religión, inspirándoles las<br />
máximas cristianas, y darles así la educación que les conviene» (RC 1,3).<br />
↵
Meditaciones<br />
Las primeras Meditaciones que compuso La Salle fueron las de retiro,<br />
también llamadas Meditaciones sobre el empleo de la escuela, destinadas a<br />
todos los maestros cristianos; se utilizaban en todos los retiros que hacían<br />
los Hermanos.<br />
«Si queréis que sean provechosas las instrucciones que dais a los que<br />
tenéis que instruir, para llevarlos a la práctica del bien, es preciso que las<br />
practiquéis vosotros mismos, y que estéis bien inflamados de celo, para<br />
que puedan recibir la comunicación de las gracias que hay en vosotros<br />
para obrar el bien; y que vuestro celo atraiga a vosotros el Espíritu de Dios<br />
para animarlos a ello» (MD 194 3,2).<br />
↵ capítulo 5<br />
↵ capítulo 9
Guía de las Escuelas Cristianas<br />
La Guía de las Escuelas Cristianas es una obra colaborativa que contiene<br />
todas las normas metodológicas que los Hermanos debían tomar en<br />
cuenta en el modo de dar las clases. Conformó el estilo pedagógico propio<br />
del Instituto. Existió casi desde los inicios de la Comunidad y se fue<br />
modificando según las necesidades.<br />
«Los alumnos que aún no hayan aprendido nada, no utilizarán el libro para<br />
leer hasta que empiecen a deletrear bien las sílabas de dos y de tres letras.<br />
Para este fin, en la primera clase habrá dos grandes carteles colgados de la<br />
pared, a la altura de seis o siete pies, contando desde lo alto del cartel<br />
hasta el suelo. Uno estará lleno de letras solas y de diptongos simples y<br />
compuestos, y el otro de sílabas de dos y de tres letras» (GE 3,2,2-3).<br />
↵
El difícil invierno que vivimos en 1693-1694<br />
De acuerdo con la descripción de Lachiver (Les années de misère. La<br />
famine au temps du Grand Roi. Fayard, 1990), en 1692 comenzó un período<br />
difícil para la cosecha de trigo. Las condiciones climáticas adversas<br />
produjeron una gran escasez y los precios llegaron a triplicarse; el reino no<br />
era capaz de atender las demandas de la población, en particular las de los<br />
más pobres. Las muertes se produjeron por hambre, por epidemias como<br />
la tifoidea y por el frío. Las estadísticas hablan de un millón trescientos mil<br />
muertos.<br />
↵
Novicios de Vaugirard<br />
La vida en el noviciado de Vaugirard era extremadamente dura. Hacía<br />
mucho frío y humedad, y no existían cuartos para nadie, ni siquiera para el<br />
Fundador, que pasaba temporadas con ellos. Todos se agrupaban en salas<br />
comunes y ocupaban hasta el desván. Dormían en jergones de paja; solo<br />
había dos colchones para los enfermos. Se alimentaban con el pan y la<br />
sopa que les traían de la comunidad de la calle Princesa y con las sobras de<br />
la comunidad de los sacerdotes de la parroquia de San Sulpicio. El párroco<br />
Baudrand ayudaba con algo de comida y pagaba parte del alquiler de la<br />
casa.<br />
El horario de formación era intenso: tres momentos de oración, trabajo<br />
manual, instrucción y misa. Solo tenían dos recesos.<br />
↵
Capítulo General<br />
Un Capítulo General es el cuerpo supremo que gobierna el Instituto de<br />
forma extraordinaria. Se trata de una asamblea representativa de toda la<br />
Comunidad y está compuesto de representantes elegidos por los<br />
Hermanos de cada comunidad; también participan aquellos que asisten<br />
por derecho.<br />
↵
Claude Roussel<br />
Sobre los Hermanos Gabriel Carlos Rasigade, Jean-Louis de Marcheville,<br />
Gil Pierre y Claude Roussel, solo se sabe que formaron parte del grupo de<br />
los doce que hicieron votos perpetuos en 1694 y, tiempo después, dejaron<br />
el Instituto. El caso específico de Gabriel Carlos Rasigade también se<br />
conoce gracias a la investigación realizada por el Hermano Gilles Beaudet,<br />
que se encontraba en la lista de maestros acreditados para las escuelas<br />
parroquiales de París en 1713.<br />
↵
Profesión perpetua<br />
La profesión perpetua es el acto mediante el cual un Hermano se consagra<br />
libremente a Dios, emitiendo votos públicamente según la Regla del<br />
Instituto y con la intención de permanecer en él toda la vida. «De esta<br />
manera, comparte la misma experiencia espiritual del Fundador y los<br />
primeros Hermanos cuando se asociaron en los orígenes del Instituto»<br />
(Regla de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. 2015: Art 100).<br />
Para profesar se sigue la fórmula de votos del Instituto. Los Hermanos<br />
emiten cinco votos: «… voto de asociación para el servicio educativo de los<br />
pobres, de estabilidad en el Instituto, de obediencia, de castidad y de<br />
pobreza, conforme a la Bula de aprobación y a la Regla del Instituto»<br />
(Regla de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. 2015: Art 25).<br />
↵
Espacio de salvación<br />
Desde los inicios de su experiencia con la comunidad de los maestros, La<br />
Salle tuvo muy claros los propósitos que lo guiaban: «La mayor gloria de<br />
Dios, el mayor servicio a la Iglesia, mi perfección y la salvación de las<br />
almas; he ahí los objetivos que debo proponerme y los fines que deben<br />
guiarme» (MSO 15,2).<br />
La Escuela Cristiana tenía que ser un espacio de salvación tanto para los<br />
Hermanos como para los alumnos. Por eso, el espíritu del Instituto era el<br />
espíritu de fe que se traduce en celo por la salvación de los demás: «…los<br />
Hermanos de la Sociedad se esforzarán, por medio de la oración,<br />
instrucciones, vigilancia y buena conducta en la escuela, en procurar la<br />
salvación de los niños que les están confiados, educándolos en la piedad y<br />
en el verdadero espíritu cristiano, esto es, según las reglas y máximas del<br />
Evangelio» (RC 2,10).<br />
↵
Calidad de la enseñanza<br />
Las escuelas del Instituto no seguían los estándares de educación de la<br />
época. Los Hermanos buscaron desde los inicios ofrecer una enseñanza de<br />
calidad adaptada a las necesidades de los niños del pueblo, preparándolos<br />
para un mayor desarrollo humano, profesional y espiritual. Por ello,<br />
emprendieron una reforma a fondo con el fin de lograr una educación<br />
eficaz e integral.<br />
↵
Silencio<br />
El silencio se refería al hecho de que solo se debía hablar cuando<br />
correspondía y sin levantar la voz. El docente debía hablar poco y solo<br />
cuando era necesario; quien podía expresarse en clase era el alumno<br />
designado. La escuela era activa y para lograr el aprendizaje en grupos de<br />
cincuenta alumnos debía haber orden, no bullicio. Existía una señal<br />
acústica para invocar el silencio en la clase.<br />
↵
Nosotros<br />
La metodología de las clases iba a lo práctico. La escuela tenía que ser<br />
atractiva, gratuita, de progreso rápido, significativa y debía ser percibida<br />
como un instrumento de liberación para que los niños asistieran a clase y<br />
estuvieran motivados a aprender; en esta época no era obligatoria la<br />
escolarización. Y como el tiempo de permanencia para muchos era breve,<br />
unos tres años de media, había que aprovecharlo bien. Para ello existían<br />
unas normas de disciplina que permitían trabajar con eficacia; un sistema<br />
simultáneo apoyado en monitores; la participación del alumno en su<br />
aprendizaje en un clima de silencio activo y disciplinado; una lógica<br />
secuenciación del aprendizaje… La gestión escolar de los Hermanos abrió<br />
las puertas a la modernidad.<br />
↵
Catecismo<br />
La Iglesia francesa aceptó poner en práctica las recomendaciones del<br />
Concilio de Trento casi un siglo después de su finalización. Una de las más<br />
importantes era procurar la formación cristiana del pueblo a través de<br />
catecismos evaluados por las autoridades eclesiásticas locales. Por eso, a<br />
mediados del siglo XVII, se promovió en el reino de Francia la creación de<br />
escuelas parroquiales, gratuitas, para educar a los hijos del pueblo en las<br />
verdades de la doctrina cristiana. Esta red de escuelas que funcionaban<br />
bajo la autoridad de los párrocos fue el espacio que La Salle y los primeros<br />
Hermanos utilizaron para desarrollar sus escuelas, confiando su<br />
sostenimiento a la Providencia. El catecismo, por lo tanto, ocupaba un<br />
puesto significativo en el programa escolar. Las verdades se aprendían de<br />
memoria y a través de catecismos didácticos. El de La Salle fue un ejemplo<br />
para la época.<br />
↵
Utilizar el francés<br />
La Salle consideraba el latín inútil para el futuro profesional de la gran<br />
mayoría de sus alumnos. El enseñar en francés representó una auténtica<br />
revolución. El Fundador hubo de justificar las razones por las que<br />
enseñaba a leer y escribir en esa lengua. Lo hizo en un memorial dirigido al<br />
obispo de Chartres, monseñor Godet de Marais. De forma resumida,<br />
fueron las siguientes:<br />
La lectura del francés es más útil.<br />
La lengua francesa es más fácil de aprender porque la entienden.<br />
Necesita menos tiempo de aprendizaje.<br />
La lectura en francés dispone al aprendizaje del latín. Lo contrario no,<br />
como lo enseña la experiencia.<br />
Los alumnos no permanecen el tiempo suficiente en la escuela para<br />
aprender a leer bien ambas lenguas. Si se comienza la lectura por el<br />
latín, no hay tiempo para que lo hagan a la perfección y lo olvidarán<br />
fácilmente, así que no sabrán ni uno ni otro.<br />
Es inútil gastar el tiempo en aprender a leer bien una lengua que<br />
nunca utilizarán.<br />
↵
Cristiana<br />
«No hagáis diferencia entre los deberes propios de vuestro estado y el<br />
negocio de vuestra salvación y perfección. Tened por cierto que nunca<br />
obraréis mejor vuestra salvación, ni adelantaréis tanto en la perfección,<br />
como cumpliendo bien los deberes de vuestro estado, con tal de que lo<br />
hagáis con el fin de obedecer a Dios» (CT 16,1,4).<br />
La Salle era un hombre honesto que buscaba la mayor coherencia posible<br />
entre su experiencia profunda de fe y su actividad desbordante. Él mismo<br />
practicaba lo que enseñaba a sus Hermanos: en la vida todo tiene una<br />
razón y ayuda a vivir el proyecto personal en comunión con el<br />
comunitario. De ahí la importancia de la perseverancia a pesar de las<br />
dificultades.<br />
↵
Recursos sustanciosos<br />
La Salle, gracias a la coherencia de su vida, a los frutos de sus escuelas y a<br />
su red de contactos, logró el apoyo de nobles. En este momento era<br />
evidente y significativa esa ayuda. Para el traslado y adecuación de la Casa<br />
Grande contó con el sostén del párroco de San Sulpicio, el señor de La<br />
Chétardie, que aumentó a 300 libras la pensión de cada Hermano, y de la<br />
señora Voisin, que aportó al inicio 400 libras y, posteriormente, un<br />
generoso donativo de 7.000 libras.<br />
La señora Voisin se convirtió en protectora de las escuelas de los<br />
Hermanos. Cada mes pasaba a visitarlas, acompañada de otras damas de<br />
clase privilegiada que cooperaban en obras de caridad de la parroquia de<br />
San Sulpicio. Además, pagaba el pan bendito, 50 libras, del primer sábado<br />
de cada mes y en años de carestía regalaba a cada alumno medio kilo de<br />
pan al día.<br />
↵
Maestros calígrafos<br />
Los maestros calígrafos constituían una cofradía o corporación de oficio.<br />
Tenían el privilegio de enseñar la caligrafía, la gramática y la aritmética. En<br />
sus escuelas casi todos los alumnos eran de pago.<br />
↵
Allegadas al Rey<br />
En medio de este litigio no se sabe bien quién pudo haber conseguido una<br />
carta de la Señora de Maintenon, segunda esposa del rey Luis XIV, dirigida<br />
a Aquiles de Harlay, presidente del Parlamento de París, recomendándole<br />
las escuelas de San Sulpicio. Quizás se trató del párroco La Chétardie,<br />
mediante el arzobispo Noailles, o la misma señora Voisin. Gracias a este<br />
apoyo La Salle ganó el pleito y llegó a un acuerdo con los litigantes.<br />
↵
Jóvenes obreros<br />
En 1700 empezó a funcionar una escuela dominical, denominada<br />
«Academia», en la Casa Grande. La iniciativa parece que partió del señor<br />
La Chétardie. En ella, los domingos por la tarde, se reunían jóvenes<br />
obreros que deseaban recibir una educación. El grupo era numeroso, unos<br />
doscientos, divididos en dos grupos: el de los que tenían que aprender a<br />
leer y a escribir desde cero, y el de los que tenían algún conocimiento<br />
práctico. A estos últimos se les enseñaba aritmética, contabilidad o dibujo.<br />
La clase de catecismo era común para todos.<br />
↵
Seminario para maestros<br />
En 1699, en el barrio de San Marcelo, se creó por segunda vez un<br />
seminario de maestros rurales. La iniciativa fue de Miguel Lebreton,<br />
párroco de San Hipólito, que conocía el trabajo de las escuelas de La Salle,<br />
quien lo contactó para abrir una pequeña escuela y enviar a Hermanos a<br />
las aldeas adyacentes. El Fundador le sugirió la idea de formar maestros<br />
seglares para las escuelas del campo. Esta idea agradó al párroco y<br />
consiguió una casa por medio de un particular. Se trataba de un<br />
eclesiástico que aportó 800 libras de renta anual; además, los sacerdotes<br />
de San Nicolas-du-Chardornnet se encargaron de la pensión de cuatro<br />
maestros y también participaron otras dos parroquias interesadas en el<br />
proyecto. La Salle nombró al Hermano Nicolás Vuyart director del<br />
seminario.<br />
↵
Muerte de algunos Hermanos<br />
En esta época fallecieron seis Hermanos: Bernardo y Pedro Garnier<br />
(director de la comunidad de Rethel, a los 40 años, en París) en 1701;<br />
Doroteo (Santiago Emilien en Troyes), Gervasio y Román (Pablo Chevrier,<br />
en Laón) en 1702; y, Jorge (Juan de Launoy, en Reims) en 1703.<br />
↵
Publicadas<br />
En la Francia del siglo XVIII, la publicación de libros era un «privilegio»<br />
concedido por el rey a personas que adquirían así el derecho y la<br />
responsabilidad de imprimir. Una obra tenía que pasar por un proceso,<br />
regulado por la Oficina de Librería, para convertirse en un libro impreso.<br />
El primer paso era la revisión por parte del censor; realizaba un trabajo de<br />
gran responsabilidad, debía vigilar la ortodoxia del libro en asuntos<br />
políticos y religiosos y cuidar la calidad. Valoraba la condición literaria, su<br />
originalidad y corregía contenido y ortografía; la aprobación del libro se<br />
hacía mediante un sello, el nihil obstat (‘no hay objeción’).<br />
El segundo paso consistía en obtener el permiso para imprimir la obra;<br />
este era válido durante cinco años. Después, se pagaba el privilegio real y,<br />
una vez el libro impreso, era necesario inscribirlo en el Registro de<br />
Impresores y Libreros de París.<br />
↵
Asociación para la misión<br />
Desde los tiempos fundacionales, los Hermanos fueron tomando<br />
conciencia de la riqueza de su asociación para mantener el servicio<br />
educativo en sus escuelas. La comunidad de los Hermanos de las Escuelas<br />
Cristianas era una; asimismo su manera original de educar y organizar las<br />
escuelas gratuitas. Por eso, necesitaban reforzar su identidad y su<br />
proyecto común. En esos primeros tiempos del Instituto se buscaba hacer<br />
todo de la misma manera. Hoy en día nos reconocemos en un mundo<br />
multicultural donde el carisma nos sigue dando unidad dentro de una gran<br />
diversidad.<br />
↵
Enemigos ocultos<br />
Blain manejó el recurso del enemigo oculto de La Salle. Por supuesto, el<br />
Fundador, como venía de Reims, era un extranjero en París. Eso, junto con<br />
la libertad que tenía para crear dentro de las escuelas, alimentó un<br />
rechazo que fue creciendo paulatinamente.<br />
Para crear este recurso utilizaba los asteriscos: «por el señor ***». No solo<br />
ocultaba al «enemigo», también dejaba pistas falsas para desorientar.<br />
¿Por qué ocultaba su nombre? La hipótesis apunta a que se trataba de una<br />
persona importante y virtuosa, con una carrera eclesiástica brillante, lo<br />
que se denomina «contradicción de los buenos». Se cree que la persona a<br />
la que hacía referencia era el sacerdote Antonio Brenier, un alto cargo<br />
sulpiciano.<br />
↵
Peste<br />
En 1705 fallecieron cuatro Hermanos en Chartres, a causa de la peste:<br />
Germán (Nicolás Falon, novicio de 21 años), Lázaro (Miguel Loyson,<br />
excelente calígrafo de 32 años) Miguel (había sido maestro de novicios, de<br />
29 años) y Jacques Compain (uno de los doce que hizo los votos perpetuos<br />
en 1694, de 34 años). Hay autores que incluyen a un quinto Hermano, Juan<br />
Crisóstomo, enfermero de París que la Salle había enviado como ayuda a<br />
los enfermos.<br />
↵
Fronteras<br />
En la época en la que vivió La Salle, el reino de Francia era el país más<br />
poblado de Europa. Con sus veinte millones de habitantes, mantenía<br />
dentro de sí una gran diversidad cultural. En el norte se hablaba el francés,<br />
la lengua del rey, que se iría imponiendo en los escritos administrativos de<br />
las ciudades. Durante los tiempos de la Revolución (1789) ya se usaba el<br />
francés como instrumento cultural unificador. Pero, para el Fundador y los<br />
primeros Hermanos, las fronteras lingüísticas eran un verdadero reto. La<br />
Salle necesitó Hermanos que supieran manejar los dialectos locales para<br />
trabajar en las escuelas.<br />
↵
Antiguos compañeros<br />
La Salle recibió solicitudes para abrir nuevas escuelas por parte de<br />
sacerdotes que habían sido sus compañeros en el seminario de San<br />
Sulpicio: Luis Deshayes (escuela de Darnétal), Languet de Gergy y Esteban<br />
du Carme de Chailloux (escuelas de Dijon) Juan Yse de Saleon (escuela de<br />
Grenoble)…<br />
↵
Curia Romana<br />
El Hermano Gabriel Drolin ejercía cierta presencia que favorecería la<br />
aprobación del Instituto con una Bula. Esto fue posible en 1725… Este<br />
hecho queda fuera de los límites de esta biografía.<br />
↵
Ruán<br />
Ruán es una ciudad de la región de Normandía, al noroeste de Francia. En<br />
el siglo XVII llegó a ser la segunda ciudad más poblada del reino, con una<br />
intensa actividad comercial y portuaria debida al paso del río Sena.<br />
También tuvo un fuerte desarrollo intelectual y religioso. Es la ciudad de<br />
donde salió, en 1679, el maestro Adrián Nyel con una carta dirigida a La<br />
Salle, en nombre de su prima Maillefer, para abrir una escuela para los<br />
niños pobres en Reims. El Fundador murió en esta ciudad, en la<br />
comunidad de San Yon, el 7 de abril de 1719.<br />
↵
Consejo de administración del asilo<br />
En Ruán las escuelas de caridad dependían del asilo (Hôpital Général),<br />
también conocido como «Oficina de pobres válidos». Este<br />
establecimiento funcionaba como hospicio y orfanato y se albergaba a los<br />
pobres, asilados y huérfanos que no estaban enfermos.<br />
Los asilos eran centros de reclusión de los más desfavorecidos; formaban<br />
parte de la política del rey Luis XIV para limpiar las calles del reino a fin de<br />
evitar la mendicidad, controlar esta población y prevenir revueltas. Había<br />
uno en cada ciudad. No hay que confundirlos con los hospitales (Hôtels-<br />
Dieu), donde se recibían a los inválidos y enfermos.<br />
↵
Primer internado<br />
La Salle abrió una escuela de caridad en la casa de San Yon. Su popularidad<br />
implicó que se solicitaran plazas para alumnos externos de ciudades y<br />
villas cercanas. Así nació el primer internado, en octubre de 1705. Este<br />
colegio se convirtió en un centro educativo moderno. Su currículum se<br />
amplió con el paso del tiempo e incluía: historia natural, geografía,<br />
retórica, contabilidad, agrimensura, arquitectura, hidrografía, mecánica,<br />
cosmografía, cálculo integral, música y lenguas modernas. Gracias a este<br />
centro educativo, dirigido a niños cuyos padres podían pagar la pensión,<br />
se pudo solucionar la angustiosa necesidad que atravesaban los Hermanos<br />
de las escuelas de Ruán y Darnétal.<br />
↵
Reformatorio<br />
El internado tuvo tanto éxito que el señor Pontcarré sugirió a La Salle crear<br />
un centro para acoger a los niños de comportamiento «difícil». El<br />
reformatorio comenzó a funcionar en 1706. Tendrían el mismo régimen de<br />
vida, horario y cursos que los alumnos del internado, pero mayor<br />
vigilancia. Los alumnos comían juntos y con todos los Hermanos.<br />
↵
Casa Madre<br />
En la tradición del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, la<br />
comunidad donde habita el Superior se ha llamado Casa Madre (Maisonmère).<br />
Ya en el siglo XX ha pasado a denominarse Casa Generalicia.<br />
↵
Sin la autorización del Chantre<br />
La Salle creía en la gratuidad de la educación para asegurar el acceso a ella<br />
de todos, sin importar el origen ni la condición social, puesto que todas las<br />
personas tenían derecho de salvación y de vida digna. «Decid, pues, con<br />
gozo, igual que él [san Pablo], que el mayor motivo de vuestro gozo en<br />
esta vida es anunciar gratuitamente el Evangelio, sin que les cueste nada a<br />
quienes lo oyen (1Co 9,18)» (MD 207,2,2). No admitía prácticas<br />
discriminatorias, ni separaba la evangelización de lo académico; se trataba<br />
de una educación integral.<br />
A causa de este concepto ampliado de gratuidad surgió el choque con los<br />
privilegios exclusivistas de los maestros calígrafos, consagrados en la<br />
legislación de la época. Ya no se trataba solo de enseñar aritmética y<br />
caligrafía; La Salle y los primeros Hermanos admitían en las escuelas a<br />
niños de familias que podían pagar y esto perjudicaba los intereses de las<br />
corporaciones de maestros. La demanda pretendía, principalmente, que<br />
no aceptaran a niños cuyos padres no estuvieran inscritos en el catálogo<br />
de pobres de la parroquia.<br />
Ante esta situación polémica cabía hacerse las siguientes preguntas:<br />
¿hasta qué punto esta ampliación afectaba los intereses de los maestros<br />
calígrafos?, ¿era justa la propuesta de no admitir a los niños por su<br />
categoría social?, ¿los padres no tenían la libertad de escoger el tipo de<br />
educación que deseaban para sus hijos?, ¿era adecuado poner límites a la<br />
caridad con aquellos que disponían de medios para hacerse instruir?, ¿era<br />
provechoso que los niños de diferentes jerarquías sociales se juntaran en
la escuela?, ¿era La Salle un innovador que iba contra el sistema<br />
establecido?<br />
↵
Seminarios de maestros<br />
En la sentencia definitiva del 5 de febrero de 1706 apareció una nueva<br />
prohibición, la de formar maestros de escuelas, por lo que ya no podían<br />
tener ninguna comunidad bajo la denominación «seminario de maestros»<br />
u otra parecida.<br />
↵
Las familias<br />
Las familias de 1706 en París, al contrario de las de 1679 en Reims, tenían<br />
una mayor conciencia de la importancia de las escuelas. Llegaban incluso<br />
a defender la presencia de los Hermanos por medio de protestas y<br />
manifestaciones. Hubo, en efecto, una evolución en la mirada y en el<br />
compromiso de las familias.<br />
↵
Escuelas en el sur de Francia<br />
Comunidades en el sur de Francia en 1711: Dijon, Moulins, Mâcon,<br />
Grenoble, Mende, Los Vans, Valreás, Alès, Aviñón y Marsella.<br />
↵
Comunidades del norte del reino<br />
Comunidades en el norte de Francia: Reims, Château-Porcien, Rethel,<br />
París, Darnétal, Ruán, Versalles, Boloña, Calais, Saint Omer, Saint Denis,<br />
Chartres, Laón, Guisa y Troyes.<br />
↵
Visitadores<br />
El Visitador era un representante transitorio del Superior que tenía la<br />
misión de supervisar, acompañar y animar cada una de las comunidades<br />
que estaban dentro de un territorio asignado.<br />
↵
Abate<br />
Un abate era un joven clérigo de órdenes menores o un simple tonsurado,<br />
con o sin consagración. A menudo trabajaba como tutor o director<br />
espiritual. Vestía un traje propio de la burguesía, de color morado o negro,<br />
con una capeta de raso negro y un sombrero de tres picos.<br />
↵
Cédula de nobleza<br />
La cédula de nobleza era un documento del Antiguo Régimen en el que se<br />
notificaba la admisión de una familia al cuerpo de la nobleza de una<br />
provincia o reino. Se otorgaban unos privilegios para poder imponerse en<br />
la sociedad.<br />
↵
Menor<br />
En la época de Luis XIV, la mayoría de edad se alcanzaba a los 25 años.<br />
↵
Población<br />
No era fácil ni conveniente desplazarse sin compañía por el sur de Francia<br />
en esos años, sobre todo por la presencia de grupos antimonárquicos y<br />
anticlericales. La Salle se mostró atrevido al viajar solo por esas zonas.<br />
↵
Marsella<br />
Marsella poseía uno de los puertos comerciales más importantes del<br />
Mediterráneo. A partir de finales del siglo XVII se convirtió en un muelle de<br />
referencia en el circuito del Grand Tour –recorrido que realizaban los<br />
jóvenes aristócratas ingleses por Europa– para viajar a Italia.<br />
↵
Noche oscura<br />
Noche oscura es una metáfora que se utiliza para describir una crisis en la<br />
vida espiritual de una persona, cuando se derrumban la estructura<br />
emocional y la comunicación con Dios. En esta etapa predominan los<br />
sentimientos de soledad, desolación, vacío, miedo, aislamiento, pérdida<br />
de energía y sentido.<br />
↵
Pueblo<br />
Gracias a que sustituyó a un Hermano de la comunidad de Jean Jacquot en<br />
la clase, La Salle dejó huella en Grenoble. Su fama se extendió como el<br />
santo de la escuela.<br />
↵
Los principales Hermanos<br />
En el lenguaje de los comienzos, los «Principales Hermanos» eran en<br />
general los directores de las comunidades más representativas del<br />
Instituto. En el caso concreto de la Carta de 1714, no sabemos con<br />
exactitud quiénes podrían haber sido, pero advertimos que La Salle habría<br />
reconocido la letra de los firmantes y, por tanto, habría confirmado su<br />
autenticidad. Las últimas investigaciones señalan a Jean Jacquot y a Jean-<br />
François Bouqueton, posiblemente a Jérôme, Hyacinthe, Cosme y<br />
Léonard (Cahiers lasalliens 57, p. 122).<br />
↵
Regla<br />
El señor Brou, en un último paso para hacerse con la propiedad del<br />
Instituto, hizo una revisión completa de las Reglas y las envió al cardenal<br />
Noailles para su aprobación.<br />
Los cambios que proponía eran graves. En una de las modificaciones<br />
pretendía autonomizar el funcionamiento de cada comunidad asociándola<br />
a la parroquia en la que estaba establecida. Nada de Superior único,<br />
noviciado común o intercambio de Hermanos entre diferentes escuelas.<br />
Hubiese sido el fin de la asociación lasaliana.<br />
El 8 de abril de 1714, Noailles devolvió, por medio de un emisario, las<br />
Reglas de los Hermanos sin modificar y acompañadas de un mensaje: «Su<br />
eminencia no ha considerado oportuno que se tome decisión alguna, o se<br />
firme en su nombre cualquier decisión respecto de los reglamentos, ni<br />
sobre los cambios sugeridos a tales reglamentos» (2B 149).<br />
Esta versión de las Reglas Comunes era la que los Hermanos habían<br />
aprobado en el primer Capítulo General de 1694.<br />
↵
París<br />
Los rivales, que tramaron apropiarse del Instituto, fueron los sacerdotes<br />
sulpicianos: Joaquín Trotti de La Chétardie, que falleció el 29 de junio de<br />
1714; Antonio Brenier, que murió el 25 de agosto del mismo año; y Brou,<br />
quien por sí solo no podría atacar a la Comunidad.<br />
↵
Escuelas<br />
La estrategia fraguada por los rivales de nombrar superiores eclesiásticos<br />
externos para cada una de las comunidades, con el fin de socavar la<br />
autoridad de La Salle como Superior de los Hermanos, terminó sirviendo<br />
para asegurar su retorno, protegiendo a los Hermanos y las escuelas.<br />
↵
Contestataria<br />
Los Hermanos, al no manejar el latín, se distanciaron de los latinistas.<br />
Fueron llamados posteriormente los ignorantins (ignorantes), cercanos a<br />
la cultura del pueblo. Las gentes cultas representaban una minoría en<br />
relación con los ignorantes. Solo el mundo culto tenía acceso a los<br />
colegios y las universidades. Los librepensadores pregonaban su<br />
incredulidad hacia lo religioso y veían en toda manifestación de piedad y<br />
creencia religiosa una muestra de ignorancia.<br />
↵
Verdad<br />
Aunque la historia de la pedagogía no lo diga, La Salle fue el pionero de la<br />
defensa de la educación para todos. Llama la atención cómo fue llevado<br />
delante de los tribunales por defender el derecho a la educación gratuita<br />
de los que podían pagar por este servicio.<br />
↵
Vida<br />
El Domingo de Ramos, cinco días antes de su muerte, su amigo el<br />
canónigo Jean-Baptiste Blain le llevó la noticia de la censura. El arzobispo<br />
de Ruán, Claude-Maur d'Aubigné, le había retirado el poder de confesar.<br />
La Salle no dijo nada ante la incomprensión de sus superiores<br />
eclesiásticos; fue la última cruz en su camino y la abrazó con la serenidad<br />
que solo tienen los santos.<br />
Las razones por las que le quitaron este privilegio tenían su origen en un<br />
asunto de jurisdicción parroquial suscitado por los dos párrocos de San<br />
Severo que se habían sucedido: Hecquet y Dujarrier-Bresnard. La Salle<br />
había realizado con el primero un convenio mediante el cual se<br />
comprometía a que los Hermanos acompañarían a sus internos el<br />
domingo a la misa mayor de la parroquia. Este acuerdo no se podía<br />
cumplir a cabalidad a causa de la presencia de ciertos internos; en San Yon<br />
funcionaba un reformatorio y un centro de reclusos.<br />
↵
Primer Hermano Superior del Instituto<br />
Al Hermano Bartolomé se le considera el primer Superior del Instituto y se<br />
reserva a La Salle el título de Institutor y Fundador.<br />
↵
Asistentes del Superior<br />
Los dos Asistentes eran ayudantes administrativos del Superior. Los<br />
escogidos no abandonaban las funciones que ya tenían asignadas<br />
previamente.<br />
↵
Imágenes<br />
Imagen actual de San Yon. A la derecha podemos ver la capilla donde<br />
estuvieron sepultados los restos de La Salle. Foto: Diego Muñoz F.S.C. 2018.<br />
Archivos personales.<br />
↵
Fachada de la iglesia de San Nicolás de Chardonnet. Siglo XIII y reedificada en<br />
el XVII. Adyacente a la misma se encontraba el seminario. Foto: Jastrow. 2006.<br />
Archivos personales.<br />
↵
Muerte de La Salle. El Fundador moribundo bendice a sus Hermanos. Giovanni<br />
Gagliardi. 1906. Óleo. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 56.<br />
↵
Plano simplificado de Reims en la época de La Salle. En él están señalados los<br />
lugares más importantes del naciente Instituto. Gallego, S. (1986). San Juan<br />
Bautista de La Salle. Biografía. Madrid: Editorial Católica, Biblioteca de autores<br />
cristianos (477). 107.<br />
↵
Detalle central del plano de Reims. 1665. Plano de la ciudad. A los Señores,<br />
Señores Tenientes, Gente del Consejo y Regidores de Reims Por su muy<br />
humilde y obediente Servidor J Colin. Catastral de la ciudad. Foto: Diego<br />
Muñoz F.S.C. 2018. Archivos personales.<br />
↵
Mapa de las cercanías de Reims. Gallego, S. (1986). San Juan Bautista de La<br />
Salle. Biografía. Madrid: Editorial Católica, Biblioteca de autores cristianos<br />
(477). 97.<br />
↵
Fachada de la catedral de Nuestra Señora de Reims. Construida en el siglo<br />
XIII, es uno de los edificios góticos más importantes de Europa, Patrimonio de<br />
la Humanidad. En ella se consagraban los monarcas de Francia durante el<br />
Antiguo Régimen. Foto: Diego Muñoz F.S.C. 2018. Archivo personal.<br />
↵
Juan Bautista de La Salle distribuye pan a los pobres durante el crudo invierno<br />
de 1684 y 1685. Giovanni Gagliardi. 1901. Óleo. Rousset, E. (1979). J.B. de La<br />
Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 36.<br />
↵
Hábito religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en el siglo XVII.<br />
Grabado. Helyot (1719). Historia de las Órdenes monásticas, religiosas y<br />
militares, y las Congregaciones laicales con imágenes que representan las<br />
diferentes vestimentas de estas órdenes y congregaciones. París: Jean-<br />
Baptiste Coignard. Tomo octavo.<br />
↵
Plano de Reims. Moithey. 1774. Grabado. En este plano se pueden localizar<br />
los lugares donde se desarrollaron los primeros pasos de la vida del Instituto.<br />
Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques.<br />
Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne:<br />
Imprimerie Limet. Nº 87.<br />
↵
Casa del número 12 de la calle Princesa donde los Hermanos tuvieron la<br />
primera escuela en París. Foto: Diego Muñoz F.S.C. 2017. Archivos<br />
personales.<br />
↵
Mapa de Francia con las escuelas que dirigían los Hermanos en 1688.<br />
Elaborado por Asunción Muñoz sobre la base del mapa de Rousset Nº 143.<br />
↵
La calle de los Déchargeurs en la parroquia de San Sulpicio. Cabarteux.<br />
Grabado. Ofrece una idea del barrio en tiempo de los primeros Hermanos. En<br />
febrero de 1688 asumieron la dirección de una escuela parroquial en una calle<br />
cercana: Princesa. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 105.<br />
↵
La antigua iglesia de San Sulpicio en París. En tiempos de La Salle, la iglesia<br />
actual estaba en construcción (1646-1749). Era una parroquia muy extensa,<br />
modelo de renovación pastoral bajo la dirección de los sacerdotes sulpicianos.<br />
Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques.<br />
Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne:<br />
Imprimerie Limet. Nº 102.<br />
↵
Iglesia de Nuestra Señora de las Virtudes de Aubervilliers. Israël Silvestre.<br />
Siglo XVII. Aguafuerte. Museo Fitzwilliam. Cambridge. La devoción a la Virgen<br />
de las Virtudes era muy popular en los siglos XVII y XVIII. Lamentablemente, la<br />
estatua de madera que la representaba fue profanada e incendiada el 12 de<br />
octubre de 1793, durante la Revolución francesa.<br />
↵
Grabado de la casa de campo de Vaugirard, que se convirtió en la segunda<br />
cuna del Instituto. La Salle vivió en ella desde 1691 hasta 1698, precisamente<br />
durante el período que corresponde al establecimiento de lo que él llamó «la<br />
Sociedad de las Escuelas Cristianas»: primeros votos perpetuos, redacción de<br />
las Reglas, cuidados para la formación de los novicios y de los Hermanos.<br />
Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques.<br />
Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne:<br />
Imprimerie Limet. Nº 109.<br />
↵
Plano de París, parroquia de San Sulpicio. Vaugirard en relación con la calle<br />
Princesa. Gallego, S. (1986). San Juan Bautista de La Salle. Biografía. Madrid:<br />
Editorial Católica, Biblioteca de autores cristianos (477). 241.<br />
↵
Antigua iglesia de San Lamberto de Vaugirard. P. Le Grand. Dibujo. Este lugar,<br />
que actualmente está en plena ciudad, era en tiempos de los primeros<br />
Hermanos área rural de las afueras de París. Rousset, E. (1979). J.B. de La<br />
Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 108.<br />
↵
El párroco señor de La Chétardie visita la escuela. Giovanni Gagliardi. 1901.<br />
Óleo. Primera escuela de los Hermanos en París, calle Princesa, en la<br />
parroquia de San Sulpicio. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 46.<br />
↵
Calle de Vaugirard en la actualidad. Foto: Ralf Treinen. 2011. Archivos<br />
personales.<br />
↵
Plano de la parroquia de San Sulpicio a finales del siglo XVII. Jouvin de<br />
Rochefort. 1672. Archivos de la Casa Generalicia.<br />
↵
Plano de París con las escuelas creadas en la ciudad hasta 1699. Gallego, S.<br />
(1986). San Juan Bautista de La Salle. Biografía. Madrid: Editorial Católica,<br />
Biblioteca de autores cristianos (477). 241.<br />
↵
El reino de Francia con sus territorios divididos en gobiernos provinciales.<br />
Jean-Baptiste Nolin. Finales del siglo XVII. 48,5 cm x 60 cm. Biblioteca<br />
Nacional de Francia (GE DD-2987 375 B).<br />
↵
Mapa de las nuevas escuelas creadas entre 1704 y 1710. Elaborado por<br />
Asunción Muñoz sobre la base del mapa de Rousset Nº 143.<br />
↵
Plano de Ruán y del barrio de San Severo. Gallego, S. (1986). San Juan<br />
Bautista de La Salle. Biografía. Madrid: Editorial Católica, Biblioteca de autores<br />
cristianos (477). 401.<br />
↵
Plano completo de la casa de San Yon en Ruán, reconstruido según<br />
documentos del siglo XVIII. En este lugar La Salle llevó a cabo sus proyectos<br />
más innovadores: el internado, el reformatorio y el centro de reclusos. Rousset,<br />
E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 114.<br />
↵
Mapa de los viajes de La Salle. Gallego, S. (1986). San Juan Bautista de La<br />
Salle. Biografía. Madrid: Editorial Católica, Biblioteca de autores cristianos<br />
(477). 463.<br />
↵
Antigua escuela de los Hermanos, en el barrio de Saint Laurent (40, calle de la<br />
Bastille), en Grenoble. Esta escalera da acceso al recinto que sirvió de<br />
habitación a La Salle. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle. Iconographie.<br />
Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces d’archives. Itinéraire<br />
géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 132.<br />
↵
Vista general de Parmenia. A la izquierda puede apreciarse la capilla, lugar<br />
donde se encuentra la tumba de sor Luisa. Foto: Diego Muñoz F.S.C. 2017.<br />
Archivos personales.<br />
↵
Palacio de Versalles. Construido durante el reinado de Luis XIV. Foto: Diego<br />
Muñoz F.S.C. 2018. Archivos personales.<br />
↵
La Gran Cartuja, puerta principal. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 128.<br />
↵
Grenoble en la actualidad. Foto: Skimel. 2017. Archivos personales.<br />
↵
Mapa con las casas del Instituto a la muerte de La Salle. Rousset, E. (1979).<br />
J.B. de La Salle. Iconographie. Documents historiques. Manuscrits<br />
autographes. Pièces d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie<br />
Limet. Nº 143.<br />
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San Yon en Ruán. Ábside de la capilla visto desde los jardines interiores. La<br />
arboleda, que está a la izquierda, es el lugar donde se encontraba el antiguo<br />
cementerio de los Hermanos. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 139.<br />
↵
El Hermano Bartolomé recibe la delegación para hacer la visita a las<br />
comunidades del Instituto, el 4 de diciembre de 1716, y preparar el Capítulo<br />
General. El texto lleva la firma de La Salle y de J. B. Blain. En 1712, este último<br />
había sido nombrado superior eclesiástico de los Hermanos, función que<br />
desempeñó con gran discreción hasta el reconocimiento de los Hermanos por<br />
la Bula de aprobación, en 1725. Rousset, E. (1979). J.B. de La Salle.<br />
Iconographie. Documents historiques. Manuscrits autographes. Pièces<br />
d’archives. Itinéraire géographique. Boulogne: Imprimerie Limet. Nº 51.<br />
↵
Itinerario de viaje del Hermano Bartolomé. Visitó todas las comunidades de<br />
Francia entre el 9 de diciembre de 1716 y el 7 de mayo de 1717. Loes, A.<br />
(1999). Los primeros Hermanos de La Salle 1681-1719. Madrid: Ediciones San<br />
Pío Décimo. 303.<br />
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Índice síntesis argumental
Síntesis argumental<br />
Capítulo 1<br />
Adoro en todo el proceder de Dios para conmigo<br />
«Encomiendo a Dios, primeramente mi alma, y luego todos los Hermanos de la<br />
Sociedad de las Escuelas Cristianas, con quienes me ha unido, y les recomiendo,<br />
ante todo, que tengan siempre absoluta sumisión a la Iglesia, máxime en estos<br />
calamitosos tiempos, y que, en testimonio de esta sumisión, no se separen en lo<br />
más mínimo de la Iglesia romana, acordándose siempre de que he mandado a<br />
Roma dos Hermanos con el fin de pedir a Dios la gracia de que su Sociedad le<br />
sea siempre enteramente sumisa…»<br />
Juan Bautista de La Salle. Testamento<br />
Nuestro viaje por la vida de Juan Bautista de La Salle se inicia en el<br />
momento de su muerte, el Viernes Santo 7 de abril de 1719 en San Yon,<br />
Ruán. El Hermano Jean Jacquot, profundamente conmovido por esta<br />
pérdida, recuerda los hechos relevantes de la vida de La Salle desde el<br />
momento en que deja de ser el Superior de los Hermanos, en 1717, hasta la<br />
Semana Santa de 1719.<br />
No existen documentos que certifiquen la presencia del Hermano Jean<br />
Jacquot en el momento de la muerte de La Salle. Sin embargo, es posible<br />
que fuera llamado a Ruán por el Hermano Bartolomé, Superior General de<br />
los Hermanos, para que lo ayudara a atender los asuntos legales del<br />
Instituto puesto que era uno de sus Asistentes.
Los asuntos legales a los que nos referimos se relacionan con los bienes<br />
que pertenecían al Instituto y que estaban a nombre de Juan Bautista de<br />
La Salle, debido a que en esa época el Instituto aún no contaba con<br />
personalidad jurídica. Era necesario separar los haberes de la Comunidad<br />
de Hermanos de las posesiones patrimoniales de La Salle, adquiridas por<br />
herencias posteriores a 1684, para que no hubiera equívocos acerca de su<br />
pertenencia y evitar litigios por posibles pretensiones de los legitimarios.<br />
A partir de 1718 y de forma gradual, La Salle fue cediendo parte de los<br />
bienes del Instituto a su sucesor, el Hermano Bartolomé, mientras que<br />
transfirió los patrimoniales a los hijos de su hermano Juan Remigio de La<br />
Salle y mediante testamento los que todavía quedaban pendientes.
Muerte de La Salle. Composición de Athanase Grellet. Grabado de Barbant.<br />
1888. Libro de Ravelet, 404-405.<br />
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Capítulo 2<br />
Vocaciones inesperadas<br />
«Por este motivo, aparentemente, Dios, que gobierna todas las cosas con<br />
sabiduría y suavidad, y que no acostumbra a forzar la inclinación de los<br />
hombres, queriendo comprometerme a que tomara por entero el cuidado de las<br />
escuelas, lo hizo de manera totalmente imperceptible y en mucho tiempo; de<br />
modo que un compromiso me llevaba a otro, sin haberlo previsto en los<br />
comienzos».<br />
Juan Bautista de La Salle. Memorial sobre los orígenes<br />
Jean Jacquot, partiendo de su experiencia vocacional, rememora sus<br />
años como alumno de los Hermanos en Château-Porcien y lo que, a lo<br />
largo del tiempo, ha escuchado sobre los inicios del Instituto.<br />
El relato se desarrolla a partir de un paralelismo vocacional: por una<br />
parte, cómo siente Jean Jacquot que Dios toca su corazón y lo llama a ser<br />
Hermano y, por otra, cómo Dios guía los pasos de La Salle con suavidad<br />
por el camino de las escuelas hasta el punto de abandonar sus privilegios<br />
para vivir en comunidad con los maestros. El Fundador se hace pobre<br />
entre los pobres.
El Beato durante la hambruna. Composición de Luminais. Grabado de Méaulle.
1888. Libro de Ravelet, 264-265.<br />
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Capítulo 3<br />
Algo está naciendo<br />
«Esta Comunidad se denomina de ordinario la Comunidad de las Escuelas<br />
Cristianas; y en la actualidad no se halla establecida ni fundada más que en la<br />
Providencia. Se vive en ella según reglas, en dependencia para todo, sin nada en<br />
propiedad y en completa uniformidad».<br />
Juan Bautista de La Salle. Memorial sobre el Hábito<br />
El joven Hermano Jean Jacquot entra en el noviciado de la Calle Nueva a<br />
finales de 1686, momento en el cual La Salle y los Hermanos ya han<br />
llegado a configurar una comunidad con su propio ritmo, un horario de<br />
actividades, una pedagogía propia, un hábito y un compromiso con un<br />
proyecto común: las escuelas.<br />
La Salle está convencido de que los Hermanos tienen que tomar en sus<br />
manos las riendas del destino del Instituto y, creyendo que es el momento<br />
propicio, los invita a elegir un superior entre ellos. Experiencia que resulta<br />
fallida.<br />
A pesar del abandono por parte de algunos Hermanos, el Instituto sigue<br />
creciendo. En 1688 son invitados a París para colaborar en una de las<br />
escuelas de la Parroquia de San Sulpicio.<br />
Sin duda está surgiendo un nuevo tipo de vocación comunitaria dentro<br />
de la Iglesia y La Salle da luces acerca de esta en el Memorial sobre el<br />
Hábito.
El Venerable de La Salle reúne a sus primeros Discípulos en 1680. Litografía<br />
de Jopé. Cornet, J.-A. y Rousset, E. (1989). Iconographie de Saint Jean-<br />
Baptiste de La Salle. Des origines á la béatification 1666-1888. Cahiers<br />
lasalliens 49, 236.<br />
↵
Capítulo 4<br />
Sentando las bases<br />
«No dejo ni dejaré de rogar a Dios por usted, carísimo Hermano, para que le<br />
conceda la firmeza en su vocación. Usted, en efecto, necesita que Él le sostenga<br />
en ella. Me dará mucho contento si le pide por mí. La ternura con que usted me<br />
escribe, carísimo Hermano, me llega al alma».<br />
Juan Bautista de La Salle. Carta 97, de La Salle a un inferior, C 97, 1-<br />
2.<br />
En el bienio 1690-1691 se viven momentos difíciles en el Instituto. Uno<br />
de ellos es debido a amenazas externas, la primera persecución por parte<br />
de los maestros de las escuelas menores de París, y otros son producidos<br />
por amenazas internas: escaso número de aspirantes, retiro de algunos<br />
Hermanos de la comunidad y el fallecimiento del Hermano Enrique<br />
L’Heureux. Todo esto contribuye a que su salud empeore y La Salle<br />
enferme gravemente.<br />
En el año 1691, después de una profunda reflexión, concluyen que<br />
tienen que sentar unas bases sólidas que permitan la pervivencia del<br />
proyecto y esto solo se podrá lograr creciendo por dentro. A partir de<br />
septiembre, los Hermanos viven un momento de formación y de profunda<br />
renovación espiritual en la casa de Vaugirard.<br />
El 21 de noviembre de 1691, La Salle junto con los Hermanos Nicolás<br />
Vuyart y Gabriel Drolin, se comprometen mediante voto a unirse y<br />
asociarse para mantener las escuelas, es el llamado «Voto Heroico». Este<br />
hecho no es conocido hasta después de 1728, cuando el Hermano Gabriel
Drolin regresa de Roma. Por esta razón lo hemos explicado en un<br />
documento al cual se puede acceder al final del capítulo.
El Beato ofrece al Niño Jesús como modelo a sus primeros novicios.<br />
Composición de A. Hervier. Grabado de Gusman. 1888. Libro de Ravelet, 156-
157.<br />
↵
Capítulo 5<br />
Juntos y por asociación<br />
«Y a este fin, yo, Juan Bautista De La Salle, sacerdote, prometo y hago voto de<br />
unirme y permanecer en sociedad con los Hermanos Nicolás Vuyart, Gabriel<br />
Drolin, Juan Partois, Gabriel Carlos Rasigade, Juan Henry, Jacques Compain,<br />
Juan Jacquot, Juan Luis de Marcheville, Miguel Bartolomé Jacquinot, Edmo<br />
Leguillon, Gil Pierre y Claudio Roussel, para tener juntos y por asociación las<br />
escuelas gratuitas, donde quiera que sea, incluso si para hacerlo me viere<br />
obligado a pedir limosna y a vivir de sólo pan; o para cumplir en dicha Sociedad<br />
aquello a lo que fuere destinado, ya por el Cuerpo de la Sociedad, ya por los<br />
superiores que la gobiernen».<br />
Juan Bautista de La Salle. Fórmula de votos.<br />
Entre los años 1692 y 1694, el crecimiento interno, a través de la<br />
formación humana y espiritual, comienza a dar sus frutos. Los Hermanos<br />
toman conciencia de su identidad como comunidad de asociados<br />
comprometidos con una misión común: el mantenimiento de las escuelas<br />
gratuitas.<br />
Han transcurrido diez años de experiencia comunitaria y es el momento<br />
propicio para que La Salle, ayudado por los Hermanos más antiguos,<br />
plasme el estilo de vida de la comunidad en unas Reglas y sistematice su<br />
pensamiento en un conjunto de obras.<br />
En 1694 La Salle convoca a doce Hermanos, entre los que se encuentra<br />
el Hermano Jean Jacquot, para celebrar el primer Capítulo General. El día<br />
de la fiesta de la Santísima Trinidad, todos los asistentes confirman,<br />
mediante voto, su deseo de permanecer en la Sociedad de los Hermanos
de las Escuelas Cristianas. La asociación se convierte en la piedra angular<br />
en la que se apoyarán para llevar a cabo la obra de las escuelas.
Visita del Señor de la Chétardie, párroco de San Sulpicio, a la Escuela del<br />
Beato. Composición de A. Edouard. Grabado de Doghy. 1888. Libro de
Ravelet, 254-255.<br />
↵
Capítulo 6<br />
Asociados para las escuelas cristianas<br />
«Esta Guía se ha redactado en forma de reglamento sólo después de numerosos<br />
intercambios con los Hermanos de este Instituto más veteranos y mejor<br />
capacitados para dar bien la clase; y después de la experiencia de varios años, no<br />
se ha incluido en ella nada que no haya sido bien acordado y probado, cuyas<br />
ventajas e inconvenientes no se hayan ponderado, y de lo que no se hayan<br />
previsto, en la medida de lo posible, los errores o las malas consecuencias».<br />
Juan Bautista de La Salle. Guía de las Escuelas.<br />
Los años a partir de 1695 y hasta 1701 son de relativa tranquilidad para<br />
el Instituto. Esta situación de calma permite a La Salle compartir el ritmo<br />
de la comunidad, el servicio educativo, colaborar en la formación de los<br />
novicios, observar el desarrollo de las escuelas, redactar obras<br />
pedagógicas y espirituales y afinar, con ayuda de los Hermanos más<br />
experimentados, el borrador de la Guía de las Escuelas Cristianas. Todos los<br />
textos son sometidos a la opinión de los Hermanos más expertos y a la<br />
aprobación de los censores del reino, quienes autorizan los escritos para<br />
su publicación.<br />
Durante estos años aumenta el número de vocaciones y por este<br />
motivo es preciso buscar un nuevo centro de formación: la Casa Grande.<br />
Se pueden atender otras clases y escuelas: la escuela de formación de<br />
jóvenes obreros y el Seminario para maestros rurales de San Hipólito, y las<br />
escuelas Chartres, Calais, Aviñón y Troyes. En 1703 se atienden cuarenta y<br />
siete aulas de clase a las que asisten cerca de cuatro mil niños. Es una<br />
época de crecimiento para el Instituto, donde todos trabajaban para
atender las necesidades académicas y espirituales de los niños que tienen<br />
bajo su cuidado.
Jacobo II visitando la Escuela de los jóvenes irlandeses que había confiado al<br />
Beato. 1888. Composición de A. Edouard. Grabado de Doghy. Libro de
Ravelet, 328-329.<br />
↵
Capítulo 7<br />
Contradicciones en el camino<br />
«El espíritu de nuestro Instituto es, pues, en primer lugar, el espíritu de fe, que<br />
debe mover a los que lo componen a no mirar nada sino con los ojos de la fe, a<br />
no hacer nada sino con la mira puesta en Dios, y a atribuirlo todo a Dios;<br />
penetrándose siempre de estos sentimientos de Job: “El Señor me lo dio todo; el<br />
Señor me lo ha quitado; como agradó al Señor, así se ha hecho”; y de otros<br />
semejantes con tanta frecuencia expresados en la Sagrada Escritura, y por boca<br />
de los antiguos Patriarcas».<br />
Juan Bautista de La Salle. Colección de pequeños trataditos, CT<br />
11,1,2.<br />
Entre 1702 y 1710 se vive una década de contradicciones. Por una parte,<br />
existen grandes conflictos y, por otra, el Instituto sigue creciendo. La<br />
situación en París está tensa, se viven amenazas internas que provienen<br />
de la Iglesia y otras externas por parte de los maestros calígrafos, que<br />
aprovechan las circunstancias para tratar de cerrar las escuelas,<br />
denunciando a La Salle y a los Hermanos que trabajan en París. Entre los<br />
Hermanos acusados se encuentra Jean Jacquot.<br />
En 1705 La Salle traslada la comunidad de formación a Ruán, a una casa<br />
llamada San Yon, para alejar a los novicios de la tensión que se vive en<br />
París. Este Noviciado se convertirá en la Casa Madre y en un centro de<br />
creatividad pedagógica.<br />
A estos conflictos hay que sumarles el bélico, Francia está en guerra con<br />
España. Es una época de escasez de alimentos y de enfermedades. Sin<br />
embargo, a pesar de las circunstancias adversas, La Salle comienza a
ecibir invitaciones para atender escuelas en el Sur de Francia y muchos<br />
Hermanos y novicios perseveran en su compromiso.
El Beato «viendo a Jesucristo entre los pobres». 1888. Composición de C.
Lameire. Grabado de Méaulle. Libro de Ravelet, 116-117.<br />
↵
Capítulo 8<br />
Los caminos de Dios<br />
«Señor, nuestro querido Padre: Nosotros, principales Hermanos de las Escuelas<br />
Cristianas, deseando la mayor gloria de Dios, el mayor bien de la Iglesia y de<br />
nuestra Sociedad, reconocemos que es de suma importancia que vuelva a<br />
encargarse de la dirección general de la obra santa de Dios que es también la<br />
suya, ya que plugo al Señor servirse de Vd. para establecerla y guiarla desde<br />
hace tanto tiempo».<br />
Carta de los Hermanos de 1714<br />
Entre 1711 y 1714 se desata sobre La Salle una tempestad que afecta al<br />
Instituto. El Fundador es llevado a juicio y sentenciado. Este hecho marca<br />
el inicio de una etapa muy difícil para él, llega a creer, en la cuaresma de<br />
1713, que Dios no le habla, se encuentra solo y desolado; es su noche<br />
oscura. Al año siguiente inicia su retiro en Parmenia y esta experiencia le<br />
devuelve la paz.<br />
En abril de 1714, un grupo de Hermanos le envían una carta en la que le<br />
piden que asuma de nuevo su papel como Superior. La Salle regresa en<br />
agosto a París, donde la situación de tensión ha desaparecido y el Instituto<br />
cuenta nuevamente con la protección de los superiores eclesiásticos<br />
locales, conscientes del valor de la persona de La Salle.
El Beato en la Gran Cartuja. 1888. Composición de Paul Flandrin. Grabado de
Méaulle. Libro de Ravelet, 342-343.<br />
↵
Capítulo 9<br />
El futuro del Instituto en nuestras manos<br />
«Nuestro querido Padre, después de haber juzgado oportuno dejar el cargo,<br />
consideró necesario para el bien del Instituto que los Hermanos asumieran las<br />
riendas del gobierno general mientras estuviera vivo».<br />
Hermano Bartolomé. Carta 32.<br />
El regreso del Fundador a París contagia alegría y esperanza a los<br />
Hermanos. Comienza una nueva etapa en el Instituto: La Salle va<br />
acostumbrando a los Hermanos a tomar decisiones y a atender las<br />
necesidades del Instituto.<br />
En 1715 La Salle continúa escribiendo algunas obras espirituales y, con<br />
el Hermano Bartolomé, organiza el inicio de las clases. La Salle dedica<br />
gran parte de sus esfuerzos a guiar a los novicios y por este motivo se<br />
muda a la Casa de San Yon a inicios de 1716. Establecida cierta calma en el<br />
Instituto, La Salle desarrolla una estrategia para convocar el Segundo<br />
Capítulo General, que se realiza el 16 de mayo de 1717. En este Capítulo<br />
General se revisan algunos documentos fundamentales: las Reglas, el<br />
Reglamento cotidiano de las comunidades, la Regla del Hermano Director y<br />
la Guía de las Escuelas Cristianas; eligen al primer Hermano Superior<br />
General, el Hermano Bartolomé, y, como Asistentes, al Hermano José y a<br />
Jean Jacquot. El Instituto se prepara para afrontar el futuro.
El Beato dando clase. 1888. Composición de Krug. Grabado de Farlet. Libro de
Ravelet, 360-360.<br />
↵
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Boulogne : Imprimerie Limet.<br />
Santos, H. (2013). ¿En qué Dios profesa Juan Bautista de La Salle? Revista<br />
Digital de Investigación Lasaliana, (7), 99-122.
Redactores<br />
Biografía: Diego Muñoz F.S.C<br />
Contenidos complementarios: M. del Pilar Rodríguez G.<br />
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