Estado de México - Bicentenario 17
Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México
Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México
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María Elena Cruz Baena
Los espacios de
la infancia
durante
la conformación
del Estado de
México
2/Estado de México: Bicentenario
Dr. Raymundo César Martínez García
Presidente
Dr. Miguel Adolfo Guajardo Mendoza
Secretario General
Dra. R. Margarita Vasquez Montaño
Coordinadora de Investigación
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/3
María del Carmen Salinas Sandoval
Coordinadora general de la obra
María Elena Cruz Baena
Los espacios de
la infancia
durante
la conformación
del Estado de
México
4/Estado de México: Bicentenario
Edición y corrección: Trilce Piña Mendoza
Diseño, formación, tipografía y cuidado de la edición: Luis Alberto Martínez López
Primera edición electrónica 2024
DR © El Colegio Mexiquense, A.C.
Ex hacienda Santa Cruz de los Patos s/n,
colonia Cerro del Murciélago,
C.P. 51350, Zinacantepec,
Estado de México.
www.cmq.edu.mx
Esta obra fue sometida a un proceso de dictaminación académica bajo el principio de doble ciego, tal y como se señala en
los puntos 31 y 32 del apartado V, de los Lineamientos Normativos del Comité Editorial de El Colegio Mexiquenses, A. C.
Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra sin contar previamente con la autorización
expresa y por escrito de los titulares de los derechos de esta edición, en términos de la Ley Federal de Derecho de Autor y, en
su caso, de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones
legales correspondientes.
Nota: las imágenes aquí presentadas son de caracter ilustrativo y no persiguen fines de lucro.
Hecho en México / Made in Mexico
ISBN: 978-607-2620-09-4 (volumen 17)
ISBN: 978-607-8836-70-3 (obra completa)
Esta obra está licenciada bajo CC BY-NC-SA 4.0. Para ver una copia de esta licencia, visite
https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/5
Índice
Reflexiones finales 22
Para saber más… 23
Iconografía 24
6/Estado de México: Bicentenario
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/7
PARA PODER HABLAR DE las infancias y de sus espacios es
necesario cuestionar qué es lo que significó ser niño o niña en un
determinado momento de la historia. El concepto de infancia se ha
transformado a través del tiempo, por lo que sus espacios y sus relaciones
con el entorno han sido diversos. Por este motivo es interesante
tratar de plantear algunas interrogantes que guíen búsquedas
e investigaciones que nos ayuden a comprender a estos sujetos de
la historia.
¿Qué se entiende por infancia? ¿Cómo ha ido cambiando su significado
a lo largo del tiempo? ¿Qué características y condiciones han sido
propias de la niñez? ¿Qué espacios sociales se han creado para los niños
y las niñas? ¿Cuáles son las actividades en las que las infancias se han
involucrado? ¿Cómo y de qué manera se han relacionado con los adultos?
¿Cuáles han sido sus relaciones con otros grupos de la sociedad?
¿Quiénes y de qué formas han construido los conceptos de infancia?
Cabe señalar que los niños y las niñas como actores de la historia
deben ser comprendidos mediante configuraciones sociales como
las ideas, los conocimientos, las representaciones, las experiencias, las
actividades y, desde luego, los espacios de la sociedad, los cuales
son determinados por condiciones políticas, económicas, laborales
y culturales.
Durante el periodo novohispano, se esperaba que los niños y las
niñas mantuvieran conductas apegadas al recato, las “buenas costumbres”
y la educación religiosa y familiar, lo que representaba que
se comportaran como adultos; es decir, que no existía una marcada
diferencia entre ser niño y ser adulto respecto a las necesidades y a
los espacios.
Fue a finales del siglo xviii que comenzó a construirse en Europa
la idea moderna sobre la infancia, la cual planteaba la existencia de
8/Estado de México: Bicentenario
Desde finales del siglo
xviii en Nueva España, por
medio de distintos
espacios sociales,
comenzó a gestarse la
idea de educar a las
infancias y de controlar su
comportamiento dentro
de la sociedad.
demandas y necesidades propias de niñas y niños,
que los identificaba como un grupo diferente al de
los adultos. Como consecuencia, los Estados y las
sociedades, durante el siglo xix, comenzaron a crear
espacios para su desarrollo, cuidado, educación,
alimentación, protección e instrucción escolar.
Se concibió que las características de los niños y
de las niñas debían ser particulares y exclusivas, con
las que podrían mantener una conducta moderada,
modesta, humilde, apacible, mansa y obediente.
Además, debían contar con cualidades como la
inocencia, la candidez, la pureza y la ternura, ideales
que se fueron definiendo con mayor claridad a lo
largo del siglo xix.
La percepción colonial de infancia fue sustituida
por la noción de infancia que fue vista como un
proyecto de Estado, el cual tenía el propósito de formar
ciudadanos bajo el modelo del trabajo y la disciplina, lo que debía
lograrse por medio del progreso social. De este modo, se buscó que
la infancia fuera instruida y vigilada para evitar que tuviera inclinaciones
hacia la vagancia, la mendicidad y los vicios.
Las ideas modernas sobre infancia pretendieron encaminar a los
niños y a las niñas hacia una educación en la que intervenían las familias,
las escuelas, las leyes, la prensa, la beneficencia y la literatura.
Las enseñanzas que se esperaba que recibieran debían ir en función de
los roles de género, pues los niños varones crecían para ser ciudadanos
inmiscuidos en asuntos de política y economía, mientras que las niñas
eran encaminadas al cuidado de la familia y el hogar.
Así, los adultos construyeron espacios físicos y simbólicos dentro
de la sociedad, en los que las infancias se desenvolvieron de manera
cotidiana. Comprender estos espacios desde la historia representa la
oportunidad de analizar las dinámicas, las actividades, las relaciones,
los comportamientos, las conductas y las resistencias que los niños
y las niñas establecieron con su entorno.
Las características de los espacios sociales varían de acuerdo con
la producción de conocimientos, ideologías, escrituras, significados,
imágenes, discursos, lenguajes, signos y símbolos, según cada sociedad.
Por lo tanto, las condiciones de los espacios cambian según el
tiempo y la geografía, lo que nos permite hablar no solo de una infancia,
sino de la presencia de varias infancias pertenecientes a distintas
realidades.
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/9
Reconocer los espacios infantiles invita a explorar prácticas, interacciones
y escenarios que formaron parte de la vida cotidiana de
la sociedad y de los procesos históricos. Como resultado, identificar
estos espacios conduce a reflexionar sobre las interacciones entre
adultos y niños, y sobre la construcción de las experiencias y de las
identidades infantiles que se han configurado en el tiempo.
Desde principios del siglo xix en México, los planes para construir
una infancia desde la perspectiva de la modernidad fueron
establecidos de acuerdo con los ideales que se pensaron para conformar
una nueva nación. Se buscó formar desde edades tempranas
a futuros ciudadanos que estuvieran comprometidos con los principios
cívicos y morales del estado.
En el Estado de México existieron distintos tipos de espacios para
la infancia; entre ellos la escuela, los lugares de trabajo y la familia
‒entendidos como espacios físicos‒; la prensa y la literatura ‒como
espacios simbólicos‒, y la beneficencia considerada como un espacio
físico; aunque al formar parte de los discursos, esta podría tomarse
también como un espacio simbólico.
Es importante señalar que no fue hasta finales del siglo xix que se
consolidaron aún de manera más clara y visible estos y otros espacios
infantiles como la pediatría, la legislación, la instrucción, la literatura,
las fotografías y la recreación. Sin embargo, resulta interesante rastrear,
Las características de los
espacios donde se
desarrollaron las
infancias estuvieron
determinadas por el
entorno al que
pertenecieron debido a
que existieron
importantes diferencias
entre la vida del campo y
la ciudad.
10/Estado de México: Bicentenario
A partir del
establecimiento de la
República Mexicana, el
proyecto de conformación
del Estado de México
tuvo que ver, entre otros
aspectos, con la búsqueda
del desarrollo social que
involucraba directamente
a la infancia.
desde los primeros años del siglo xix, las
formas por medio de las cuales se comenzó
a mostrar el interés por la presencia, el desarrollo
y la posición de la infancia dentro
de la sociedad.
Cabe preguntarse, entonces, ¿por qué
hablar de la infancia durante el proceso de
conformación del Estado de México? Como
respuesta, es posible encontrar que los niños
y las niñas significaron una parte sustancial
del proyecto para conseguir la consolidación
estatal; de modo que las infancias se convirtieron
en sujetos clave para alcanzar la transformación
social hacia la modernidad.
Con el establecimiento de la República
Federal fueron implementados algunos planes
que intentaron afianzar al gobierno del
Estado de México a partir de cambios políticos,
económicos, culturales y sociales.
Aunque fueron prioritarios los esfuerzos para la modernización de las
industrias y de la aceleración del comercio, también se plantearon
proyectos para el establecimiento del orden social, la urbanización y
la formación de ciudadanos.
El interés sobre la transformación social se vio reflejado en la
preocupación por la infancia, tanto en la atención de sus necesidades,
como en los planes que comenzaron a formularse en torno a su
crianza, educación e instrucción. Con el propósito de lograrlo, intervinieron
el Estado, la Iglesia y la sociedad civil mediante los diferentes
espacios infantiles, los cuales, estuvieron determinados por diversos
factores como el medio geográfico, la clase social y la etnia.
Es posible calcular que para 1830, los niños y las niñas representaron
la tercera parte de la población total de la entidad (1 175 510
habitantes), quienes experimentaron distintas condiciones familiares,
laborales, escolares e higiénicas de acuerdo con el medio geográfico
en el que se encontraron. La mayor cantidad de niños y niñas habitaron
en el medio rural y únicamente una reducida cifra vivió en el
medio urbano.
Sin importar las características económicas, productivas, sociales
y culturales de cada uno de los medios geográficos, el Estado de
México, desde su conformación, se enfrentó a una crisis económica
derivada de los conflictos políticos que acontecieron en el país. Esta
situación impactó directamente en el crecimiento de la tasa de
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/11
mortandad, la disminución de los recursos, el empobrecimiento de
las familias y la dificultad de la población para obtener los medios
de subsistencia.
Gran parte de la población experimentó condiciones de pobreza,
por lo que sus condiciones de vida dependieron directamente de sus
ocupaciones laborales. A pesar de la búsqueda del gobierno por establecer
una industria de vanguardia, la población continuó desempeñándose
dentro de actividades basadas en la tradición colonial, como
la agricultura, la ganadería, el comercio local, la producción artesanal
y la prestación de servicios.
En el medio rural, las principales actividades económicas estuvieron
relacionadas con el campo en donde los niños varones se
desempeñaron como jornaleros, leñeros, tlachiqueros, hortelanos,
gañanes, porqueros, labradores, peones,
coleros y arrieros. Estas tareas solían
realizarlas junto con sus padres y hermanos
de manera cotidiana desde edades
muy tempranas.
Las niñas se dedicaron en menor
medida a este tipo de actividades rurales
debido a que los roles de género establecían
que las mujeres debían ser las encargadas
de cocinar, cuidar, lavar, criar y llevar de
comer a los hombres, jóvenes y niños
durante sus jornadas de trabajo. Al igual
que los varones, las niñas desde los primeros
años de vida comenzaron a participar
en estas dinámicas familiares.
Los niños y las niñas del campo habitaron y trabajaron en los
pueblos, las haciendas y los ranchos localizados en cada una de las
municipalidades. Sin embargo, en algunos casos, migraron de forma
independiente o en compañía de sus familias hacia el medio urbano
en busca de mejores condiciones de vida, lo que los hizo enfrentarse
a cambios culturales, lingüísticos, familiares y laborales.
Los niños y las niñas originarios del medio rural pertenecieron, en
gran medida, a los grupos indígenas nahuas, otomíes, mazahuas y
matlatzincas que habitaron en el Estado de México. La infancia indígena
experimentó un contexto particular comparado con las infancias
urbanas y, sobre todo, aquellas privilegiadas, por lo que sus condiciones
higiénicas, alimenticias y escolares resultaron limitadas.
Las complejas circunstancias del medio rural escasamente le
permitieron a la infancia recibir algún tipo de pago económico por
La mayoría de la
población en la entidad
era indígena y habitaba
en el medio rural, por lo
que los espacios de las
niñas y los niños,
generalmente se
relacionaron con
actividades del campo
como la agricultura y la
ganadería.
12/Estado de México: Bicentenario
su trabajo. Su participación laboral simbolizó la posibilidad de aumentar
la producción familiar y, con ello, elevar los ingresos económicos
del hogar; cada niño o niña representaba mano de obra
laboral para cooperar en el sostenimiento familiar.
A pesar de la importancia que para las familias significó el trabajo
de niños y niñas, el fenómeno de mortandad infantil tuvo un alto
crecimiento. Las condiciones de pobreza en el campo ocasionaron
problemas como la desnutrición, la falta de higiene y la aparición de
enfermedades que difícilmente podían ser atendidas debido a las
carencias económicas del gobierno.
Aunque existieron campañas de vacunación dirigidas a la población
infantil ‒especialmente para la epidemia del cólera de 1833‒,
resultó mínima la cantidad de niños y niñas que pudieron vacunarse
o acceder a servicios de salud. El gobierno buscaba impedir la propagación
de contagios y enfermedades para evitar el traslado de niños
y niñas del campo hacia el hospital de la ciudad de Toluca debido a
los altos costos que implicaba.
Los problemas sobre las condiciones de higiene infantil también
se presentaron en los sectores populares del medio urbano. El gobierno
estatal y los ayuntamientos intentaron regular el desorden y
la suciedad de los espacios públicos a partir de la prohibición de tirar
basura y desechos, así como de contaminar las aguas y de restringir
la presencia de animales. No obstante, estos intentos por establecer
una higiene urbana tuvieron pocos efectos durante la primera mitad
del siglo xix.
Las cabeceras de distrito y, principalmente, la ciudad de Toluca,
estuvieron enfocadas en implementar proyectos de urbanización que
mejoraran las condiciones de la población mediante la modernización
de sus espacios. Sin embargo, las condiciones precarias de la mayoría
de la población y la crisis económica del gobierno limitaron la transformación
de los espacios urbanos.
A diferencia de la situación del campo, las familias urbanas fueron
más extensas y estuvieron integradas por padres, abuelos, tíos,
hijos e hijas. Incluso, en las casas ‒que solían ser de tamaño considerable‒
de las familias acomodadas también llegaron a habitar
trabajadores de servicio de todas las edades y de ambos sexos que se
dedicaban a tareas de limpieza, cocina, cuidado y mantenimiento.
Opuesta a la realidad de los sectores populares que priorizaban
el trabajo de los niños y las niñas, las familias adineradas consignaban
a sus hijos e hijas a los estudios. Los varones asistían a los colegios
para poder obtener alguna profesión, mientras que las niñas
generalmente eran instruidas en el hogar por medio de profesores
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/13
privados para que aprendieran modales y desarrollaran sus talentos
con el objetivo de preservar su estatus social al momento de contraer
matrimonio.
La infancia de las familias acomodadas representó una minoría
dentro de la sociedad, pues además de tener la oportunidad de asistir
a la escuela y de contar con educación privada, gozaron de alimentación,
higiene, vestimenta, protección y vivienda. Estas condiciones
les permitieron contar con momentos de recreación y de esparcimiento
a diferencia de las otras infancias.
Las familias de escasos recursos de las áreas urbanas, al igual que
las del campo, tuvieron como prioridad involucrar a sus hijos desde
edades tempranas en actividades laborales. Las ramas económicas en
las que participaron ‒propias del medio urbano‒ fueron la comercial,
la artesanal y la de servicios que, también, se encontraron diferenciadas
de acuerdo con el sexo.
Los niños varones, dentro de la rama comercial, trabajaron como
cajeros, empleados, comerciantes, barberos y peineros en mercados y
comercios con la supervisión y la guía de sus patrones o de otros
empleados. Estos niños recibieron los salarios más elevados de toda
la infancia trabajadora debido a los conocimientos que se necesitaban,
como sumar y restar.
Las niñas comerciantes laboraron, principalmente, en la venta
callejera de alimentos y sus actividades consistieron en moler, preparar
tortillas y cocinar, actividades que colaboraban con el trabajo
femenino familiar a lado de abuelas, madres y hermanas. Por tratarse
de un trabajo familiar, las niñas escasamente recibieron alguna paga
económica.
En la actividad artesanal, la infancia comenzaba a involucrarse
mediante los gremios que se encontraban organizados por maestros,
oficiales y aprendices. Los niños y las niñas ingresaban como aprendices
a cargo de los maestros artesanos en los diferentes talleres y
conforme crecían, adquirían otros cargos y mayores responsabilidades,
lo que con el tiempo les significaba mayores ingresos económicos.
Cuando los niños y las niñas fueron hijos de los maestros artesanos,
fue común que se integraran de manera paulatina a la vida del
negocio familiar, pero existieron otros casos, en que los padres arreglaron
que sus hijos ingresaran a trabajar a los gremios artesanales.
Incluso, se podía acordar que los maestros quedaran a cargo no solo
de la instrucción de los niños y de las niñas, sino también de su
tutela tanto dentro como fuera del taller.
Aunque este tipo de acuerdos representaban el desprendimiento
infantil del hogar y de la familia, el cargo de aprendiz dentro del
14/Estado de México: Bicentenario
Desde edades tempranas,
los niños y las niñas
trabajaron en actividades
propias de su entorno
como artesanos,
comerciantes, trabajadores
domésticos, jornaleros,
peones y otros.
gremio garantizaba la adquisición de un oficio que se volvía redituable
a lo largo de la vida. De igual forma, los oficios artesanales eran
concebidos como ocupaciones “decorosas” que, además de ser “honorables”,
conformaban el ingenio y el talento de las infancias.
Los niños varones artesanos trabajaron en múltiples oficios como
herreros, pintores, plateros, sastres, zapateros, panaderos, carpinteros,
cereros, gamuceros, neveros, sombrereros y tejedores. Estas actividades
eran consideradas como masculinas, pues de acuerdo con el
pensamiento de la época para ejecutarlas, eran imprescindibles ciertas
capacidades físicas como la fuerza y el trabajo manual pesado.
Por otro lado, las niñas artesanas se dedicaron a “oficios femeninos”,
como los de costurera y cigarrera, debido a la idea de que para
realizarlos era necesaria la “delicadeza”, característica “propia de las
mujeres”. El trabajo femenino se consideró
de “menor importancia” y no contó con el
mismo valor social que el de los hombres; por
ello, las niñas trabajadoras siempre recibieron
salarios más bajos que los varones.
Además de las ocupaciones dentro de las
ramas comercial y artesanal, la infancia
participó significativamente en el trabajo
doméstico dentro del servicio de casas adineradas
y de clase media en los espacios
urbanos. Los niños y las niñas denominados
como “criados” y “criadas” se dedicaron a
tareas de limpieza, cocina, cuidado y mantenimiento como parte de
una estructura laboral jerarquizada.
El servicio doméstico estuvo compuesto por una amplia variedad
de trabajadores y trabajadoras que se encontraron divididos de acuerdo
con las tareas que desempeñaban, y en las que los niños y las niñas
representaron el nivel más bajo. Estos trabajadores quedaban a cargo
de supervisar y guiar las actividades de la infancia, pues en pocas
ocasiones los niños y las niñas llegaron a trabajar acompañados de
sus propias familias.
La mayoría de las niñas y los niños criados vivieron en las casas
de las familias para las que trabajaban debido a su condición de
huérfanos y abandonados, o bien, porque se alejaban de su medio y
de sus familias para poder obtener un empleo y continuar contribuyendo
a su hogar. Cuando no recibían algún salario, recibían techo,
comida y vestimenta.
Gracias a la alta demanda de los servicios domésticos durante la
época y a que no resultaban necesarias capacitaciones ni conocimientos
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/15
especializados, los niños y las niñas ingresaban fácil y rápidamente a
trabajar. Esto significó que los puestos laborales podían ser sustituidos
de manera inmediata, por lo que los pagos económicos ‒cuando llegaron
a existir‒ fueron muy bajos.
Una gran parte de la infancia dedicada al servicio doméstico era
de origen indígena y provenía del medio rural; por ello, su traslado
y migración a los espacios urbanos la condujo al desprendimiento
cultural y familiar. Estas condiciones generaron que los niños y las
niñas experimentaran discriminación, maltratos, violencia, exclusión,
así como la ausencia de cualquier protección.
Este tipo de prácticas resultaron comunes y evidenciaron los
problemas que existieron en torno a la construcción del proyecto
sobre una idea moderna de infancia. A pesar del discurso político
por crear nuevas configuraciones sociales, persistieron usos y costumbres
de origen colonial, que no contribuyeron con el establecimiento
de condiciones que mejoraran las vidas de las infancias.
El trabajo infantil fue percibido como una vía para formar
apropiadamente a niños y niñas alejados de males y de vicios, al
mismo tiempo que se trataba de la colaboración para subsanar las
necesidades económicas familiares. No obstante, las ocupaciones
laborales tanto del medio urbano como del rural también implicaron
la falta de atención, cuidado y protección hacia las demandas particulares
de las infancias.
Dentro de los escenarios de pobreza que experimentaba la población,
el nacimiento de niños y niñas no siempre representó una
mano extra para el trabajo; por el contrario, significó una carga
económica. Por ello, un gran número de niños y niñas fueron abandonados,
de los cuales, algunos simplemente no lograban sobrevivir
y otros circulaban en las calles y en los diferentes poblados en busca
de oportunidades.
Como consecuencia, el gobierno estatal se propuso atender a la
población menos favorecida y buscó establecer espacios de asistencia
para las infancias en situaciones adversas. En la década de 1830 se ordenó
que al “Hospicio de Pobres” se le hicieran las mejoras necesarias
para que brindara cuidado, vestido y aseo a niños y niñas recogidos.
Este espacio creado por el gobierno estatal, además de cubrir las
necesidades básicas de las infancias abandonadas y en pobreza, tuvo
como propósito instruir a los jóvenes en ciertos oficios para que, a
mediano plazo, pudieran vivir de su trabajo. Algunos de los talleres
que se instalaron para brindar instrucción a los niños, niñas y jóvenes
fueron los de imprenta y los telares de algodón y seda.
16/Estado de México: Bicentenario
Debido a los conflictos políticos de la época y a las movilizaciones
militares que estos ocasionaron, el gobierno del Estado de México
buscó proteger a los niños y niñas huérfanos de padres que
fallecían en campaña. Se estipuló que debían gozar de una pensión
del mismo monto que el salario que recibían sus padres, la cual debía
dividirse de acuerdo con el número de huérfanos por familia.
Más allá de los esfuerzos estatales, existieron tareas filantrópicas
de distintos grupos de caridad para asistir a las infancias desvalidas.
Entre los más comunes estuvieron los de las monjas, que solían
cuidar a niños, niñas, mujeres, ancianos, convalecientes, presos,
discapacitados y enfermos mentales. Se trataba de mujeres religiosas
que, según el pensamiento de la época, no solo eliminaban las dolencias
físicas sino también las dolencias espirituales.
Tanto en el medio rural
como en el medio urbano
el trabajo fue considerado
como un espacio que
formaba el correcto
comportamiento de los
niños y las niñas y que,
por lo tanto, los alejaba
de vicios, vagancia y
malas conductas.
Asimismo, la beneficencia se brindó mediante organizaciones de
señoras de clase media y alta ligadas a la Iglesia, que pretendían socorrer
a las infancias en situaciones vulnerables, al mismo tiempo
que ‒de acuerdo con su doctrina‒ las moralizaban y les fortalecían
su fe. Estas asociaciones se conformaban por mujeres de la Ciudad
de México y de distintas municipalidades de la entidad, que tenían
como principales prácticas las visitas a hogares, hospitales y escuelas.
Las sociedades caritativas y filantrópicas fundaron instituciones
como hospicios, hospitales, asilos, correccionales y escuelas que,
entre otras cosas, tenían el objetivo de impedir enfermedades como
el alcoholismo, la sífilis y la tuberculosis que se consideraban padecimientos
propios de los sectores populares. El discurso de estas
agrupaciones giraba en torno a evitar la degradación de la infancia
para rescatarla de un mal destino.
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/17
Además de procurar salud, vivienda y otras necesidades de subsistencia
para la infancia, se prestó particular atención a su formación.
Se pensaba que los niños y las niñas de siete años en adelante tenían
“uso de razón”, lo que significaba que desde esa edad eran capaces
de comprender los valores, la moral y la religión.
La política estatal persiguió la idea de proteger, formar
e instruir a la infancia bajo los preceptos de obediencia,
respeto, conciencia de sus deberes religiosos y cívicos, y
por medio de los modales. Esto se consideraba que debía
lograrse con la participación de las familias, las leyes, el
trabajo, la literatura, la escuela y la religión.
Las actividades laborales de las infancias, además de
significar oportunidades para el sustento personal y familiar,
representaron el camino hacia una vida conducida
con decoro, según los valores de la época. Carecer de alguna
ocupación laboral se consideraba como una falta a
los modelos de formación, conducta y responsabilidad,
motivo por el cual, el ocio fue entendido como uno de
los peores “males” que, incluso, las leyes castigaron.
El gobierno estatal persiguió a los niños y a los jóvenes
que fueran acusados de vagos, que en palabras de la época,
se trataban de “verdaderos zánganos” y de la “polilla de la
República”, pues propiciaban inseguridad pública. Se pensaba que la
“holgazanería” destruía a la sociedad y ocasionaba problemas severos
en la vida de las personas.
La ley de 1828 del Estado de México condenaba a todos aquellos
acusados de vagancia para ser sometidos a un juicio por “El Tribunal
de Vagos”. Cuando los que resultaban culpables eran menores de 18
años, se les ubicaba dentro de talleres de zapatería, sastrería, herrería,
obrajes, fábricas, haciendas o en cualquier otro espacio de trabajo en
el que fueran admitidos como aprendices de algún oficio.
En estos casos, los niños y los jóvenes quedaban bajo el cuidado
de los dueños, los administradores o los maestros de los talleres y
centros productivos con el propósito de vigilar sus conductas y hacer
que permanecieran en los espacios de trabajo. De lo contrario, cuando
no lograban desempeñarse como aprendices, eran llevados a
hospicios y casas de corrección.
Otras situaciones que provocaban acusaciones de vagancia eran los
hábitos percibidos como inmorales, la falta de obediencia, así como
los comportamientos irrespetuosos y viciosos. Por estas razones, las
infancias debían procurar, por medio del ejemplo y del aprendizaje
El gobierno del Estado de
México expidió diversas
leyes con el propósito de
proteger a huérfanos,
evitar la vagancia de niños
e incentivar su educación
por medio de la
obligatoriedad de la
Instrucción Pública
18/Estado de México: Bicentenario
del hogar, mantenerse dentro de conductas que respetaran los cánones
sociales.
El trabajo, la beneficencia y las leyes encontraron en la enseñanza
y en la instrucción una vía para moldear los valores de la infancia.
Estos espacios buscaron proveer a los niños y a las niñas de herramientas
elementales que les permitieran conseguir su sustento, lo que en
el discurso político, simbolizaba el camino hacia la exitosa consolidación
del Estado.
Además de los espacios familiares, laborales y de beneficencia,
existieron otros que procuraron específicamente educar a las infancias.
El objetivo de las escuelas, la prensa y la literatura fue desarrollar las
facultades intelectuales de los niños y de las niñas, así como instruirlos
respecto a su posición dentro de la sociedad y los valores con los
que debían conducirse.
El sistema escolar, mediante la educación cívica, trató de criar a
la infancia de acuerdo con los discursos políticos, al mismo tiempo
que aprendían sobre lecciones de lectura, escritura, aritmética y catecismo
político y religioso. Por ello, los gobiernos estatales propusieron
establecer mejoras para las condiciones de las escuelas, que
tenían que ver con los preceptores y con material escolar.
El Congreso del Estado de México en 1825 decretó que los ayuntamientos
eran los responsables de promover la educación elemental,
así como de patrocinar la fundación, la organización, la inspección y
el financiamiento de las escuelas. Además de las escuelas públicas financiadas
con los fondos municipales, existieron algunas particulares
que eran sostenidas por la Iglesia y por privados, a las que generalmente
asistían las niñas.
Fue en 1834 cuando se dictó la primera Ley de Instrucción Pública
del Estado de México que estipulaba, entre otros asuntos, que
debía existir una escuela en cada una de las municipalidades. También
se dictó que en Toluca ‒la capital del estado‒ se estableciera una
escuela para niñas a quienes, además de las materias regulares, se les
enseñaría “el arte de la costura” y “el dibujo lineal”.
A pesar de la corta vigencia de esta ley, su promulgación denotó
los intereses estatales en torno a la mejora de las condiciones escolares
y a la construcción de un espacio infantil destinado a la instrucción.
Los planes sobre el modelo escolar se encontraron alejados de
las circunstancias cotidianas de las infancias, sobre todo para aquellas
localizadas en el medio rural.
Como consecuencia de la crisis económica del Estado de México,
existieron problemas para abrir y sostener el número necesario de establecimientos
escolares; incluso, las municipalidades llegaban a cerrar
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/19
por largos periodos los centros escolares debido a la falta de recursos.
Además, las necesidades económicas de las familias difícilmente
permitieron que los niños y las niñas asistieran a las escuelas.
Las infancias se ausentaron constantemente de las escuelas, principalmente,
porque sus actividades laborales representaban una
parte fundamental en los recursos económicas familiares. Otros
factores de su inasistencia fueron las migraciones, el bandidaje, la
inseguridad, las epidemias y, en general, la inconformidad de los
padres de familia por mandar a sus hijos a la escuela.
Los ayuntamientos notaron el problema
y ordenaron que todos los padres de familia
o sujetos que tuvieran niños y niñas a su
cargo debían llevarlos a la escuela; de lo
contrario, se les aplicaría una multa. Para las
familias que no podían costear la educación
de sus hijos, los ayuntamientos evaluaban los
casos y en ocasiones expedían permisos especiales
para que los niños y las niñas fueran
recibidos en las escuelas.
Ante estos conflictos las autoridades de
las municipalidades discutían sobre la importancia
que tenía asistir a la escuela y argumentaban que, aunque
los padres podían tomar la decisión sobre llevar a sus hijos, evitar su
educación era una forma de “atacar” directamente “la libertad individual”.
Se señalaba que, además de la educación familiar, la escuela
debía ser un espacio donde los niños y las niñas aprendieran conocimientos
para desarrollar su vida, pero también modales y comportamientos
que debían concebirse desde la infancia.
El interés del gobierno estatal porque las infancias asistieran a la
escuela, también radicaba en la idea de que podían recibir “mejor
autoridad” que la que tenían en sus casas. Se temía que los niños y
las niñas tuvieran malos ejemplos de padres “entregados a la embriaguez
y al juego”, que vivieran en ambientes de violencia o que escucharan
conversaciones consideradas como poco adecuadas.
Se pensaba que los niños eran “pequeñas plantas” que crecían
para “formar a la sociedad” y que, por lo tanto, debía evitarse que se
“viciaran desde tiernos”; de lo contrario, podían llenarse de “amargura”.
Lo que el discurso político quería decir es que la carencia de
una educación escolar condenaba a las infancias a llevar una vida
fuera de los cánones morales y éticos de la sociedad.
Una forma de incentivar el interés de los padres y de sus hijos en
la instrucción escolar fue mediante certámenes públicos, en los cuales,
Se pensó que la escuela
debía ser el espacio
primordial de la infancia,
ya que además de brindar
conocimientos
fundamentales, también
instruía en las conductas
y en los valores.
20/Estado de México: Bicentenario
los niños eran examinados en sus habilidades para leer, escribir y
contar. En estas pruebas se designaban premios económicos para
aquellos con mayores habilidades, así como para los preceptores de
los niños y las niñas galardonados.
A pesar del poco éxito de escolarización infantil durante los
primeros gobiernos del Estado de México, los proyectos y los planes
para tener escuelas y mejorar sus condiciones representaron un camino
en el inicio hacia la concientización en la sociedad sobre su
importancia. Asimismo, los gobiernos comenzaron a identificar
cuáles eran las necesidades de las escuelas y, por lo tanto, las acciones
que debían impulsarse.
Otros espacios ‒además de las escuelas‒ que buscaron educar a
las infancias sobre los aprendizajes básicos, la lectura, la escritura y
sobre las conductas morales fueron la prensa y la literatura. Fue a lo
largo del siglo xix que comenzaron a circular de manera comercial
publicaciones de libros y periódicos que, por lo general, contenían
cuentos, poesías, fábulas y anécdotas dirigidos a la infancia.
La prensa y la literatura para niños y niñas pretendieron ser espacios
donde fueran articuladas las enseñanzas de la escuela, de la sociedad y
de la Iglesia. Estas publicaciones que buscaron llegar al sector infantil
tuvieron presencia en Europa desde finales del siglo xviii y, conforme
avanzó el siglo xix, fueron creándose algunas en México.
Muchos de los contenidos que se publicaron en nuestro país
fueron traducciones ‒especialmente de textos franceses‒; aunque
también solían imprimirse contenidos inspirados en las corrientes
literarias europeas que contaban con adaptaciones sobre el entorno
mexicano. La mayoría de estas circulaciones estaban acompañadas
de imágenes e ilustraciones con la intención de que fueran más llamativas
para los niños y las niñas.
En los periódicos se señalaba que el interés por hacer estas ediciones
tenía que ver con la preocupación de fijar los principios religiosos
y políticos de la infancia con el propósito de “enriquecer a la
patria” para “procurar su bien y su gloria”. En dichas publicaciones
se buscó fungir como un “suplemento” de las deficiencias y de los
problemas que experimentaba la instrucción pública.
El primer periódico que circuló en México dirigido a la infancia
fue el Diario de los niños donde mediante “infinitas estampas”, se
deseaba ofrecer ejemplos “trágicos, heroicos y morales” que fueran
“útiles e instructivos” para toda clase de personas y de cualquier clase
social. Prometía a los lectores que, con diversos tipos de textos, habrían
de adquirir múltiples enseñanzas.
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/21
El periódico aseguraba que sus páginas permitirían a
sus consumidores conocer los medios “físicos y morales”
para remediar “los desórdenes” y “el germen de las malas
inclinaciones”. Además, brindaba lecturas sobre los principios
de economía doméstica, “las preocupaciones en el
trato familiar”, “los preceptos diarios de las familias” y “las
leyes fraternales”.
El editor de la revista escribió que estos temas buscaban
mejorar y organizar “el interior de los hogares”, la educación,
las costumbres, la religión y todo aquello que fuera “bueno
y decente” para la influencia de la sociedad. Esta visión
estuvo encaminada a que las publicaciones lograran formar
y educar a las infancias más allá de entretenerlas.
Las élites eran las que contaban con los recursos necesarios
para gestionar este tipo de ediciones, por lo que
sus textos se convirtieron en el medio para transmitir las
ideas liberales sobre la modernidad y la homogeneización
de la sociedad respecto a lo que consideraban “las clases poco instruidas”.
No obstante, las clases populares difícilmente tuvieron
acceso a este tipo de lecturas.
El propósito de los periódicos infantiles fue que circularan en una
escala nacional, pero la falta de recursos de la mayoría de la población
del Estado de México y la alta tasa de analfabetismo fueron impedimentos
para que así fuera. Es posible pensar que únicamente la infancia
de las clases acomodadas que contaba con educación escolar fue la
que pudo acceder a estas publicaciones.
Sin embargo, estas ediciones generalmente terminaban por ser
leídas por los adultos, quienes se convertían en la vía para comunicar
el mensaje de las lecturas a sus hijos. Como consecuencia, las publicaciones
se convirtieron en un diálogo entre los adultos que buscaban
encontrar los mecanismos para guiar a las infancias en el correcto
comportamiento para su desarrollo dentro de la sociedad.
Además de las publicaciones periódicas impulsadas por grupos
de la sociedad civil, el gobierno del Estado de México tuvo el proyecto
de que se editaran lecturas infantiles por medio de su propia
imprenta. El estado buscó que las impresiones estuvieran basadas en
textos europeos y que fueran traducidas, impresas y repartidas para
formar parte del inventario de las escuelas; esta iniciativa resultó
compleja de concretar.
Otro plan del gobierno fue destinar un presupuesto estatal para
la compra de libros, además de que se estableciera una biblioteca
pública en la capital de la entidad, en la que se encontraran obras
Los periódicos infantiles,
más allá de entretener
mediante cuentos y
fábulas, buscaron
convertirse en un espacio
de formación que
complementara la
educación que los niños y
las niñas recibían en casa
y en la escuela.
22/Estado de México: Bicentenario
especializadas de educación y formación para la infancia. Se planteó
que en la misma biblioteca existiera un “gabinete de lectura”, que
permitiera la consulta de la prensa proveniente de diferentes lugares
del país.
Reflexiones finales
Los espacios físicos y simbólicos en los que los niños y las niñas se
desenvolvieron, durante el proceso de la conformación del Estado de
México, significaron la oportunidad de educarlos, formarlos, corregirlos
y criarlos como parte del proyecto liberal. Los planes pretendían
que las infancias crecieran con los valores que los condujeran a convertirse
en ciudadanos ejemplares de acuerdo con los ideales para
conformar una nación independiente.
El trabajo, la beneficencia, las leyes, la escuela, la prensa y la literatura
buscaron ser espacios en los que las infancias de los medios
rural y urbano se desarrollaran de manera óptima. La formación de
ciudadanos desde la infancia representaba la posibilidad de alcanzar
la modernidad y, con ello, fortalecer el sistema federal que debía
construirse con la colaboración de las entidades.
No obstante, las condiciones de las infancias en el Estado de
México resultaron adversas, por lo que la idea de crear una infancia
apegada a los ideales de modernidad se encontró limitada. El proyecto
sobre infancia y la visibilidad de sus espacios permitieron que
el gobierno y algunos grupos de la sociedad comenzaran a buscar los
mecanismos para satisfacer sus demandas y necesidades.
Aunque la conformación del Estado de México buscó romper
con el molde colonial, la transición hacia la modernidad fue paulatina;
como consecuencia, las condiciones adecuadas e ideales que
habían sido planteadas para las vidas de las infancias se encontraron
más presentes en los discursos políticos que en las realidades de las
infancias de los medios rural y urbano.
¿Por qué abordar la historia de la infancia? Para reflexionar en
torno a circunstancias sociales, culturales, económicas, laborales y
familiares que, en este caso, explican desde diferentes perspectivas el
complejo proceso histórico sobre la conformación del Estado de
México.
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/23
Para saber más…
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Iconografía
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Wenceslao Sánchez de la Barquera, Diario de los niños
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Archivo personal de la autora
Pág. 17.
M. E. Cruz Baena: Los espacios de la infancia durante la conformación del Estado de México/25