Estado de México - Bicentenario 18
Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano
Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano
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Antonio de Jesús Enríquez Sánchez
Población
y economía en
el Estado de
México durante
el primer
federalismo
mexicano
2/Estado de México: Bicentenario
Dr. Raymundo César Martínez García
Presidente
Dr. Miguel Adolfo Guajardo Mendoza
Secretario General
Dra. R. Margarita Vasquez Montaño
Coordinadora de Investigación
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/3
María del Carmen Salinas Sandoval
Coordinadora general de la obra
Antonio de Jesús Enríquez Sánchez
Población
y economía en
el Estado de
México durante
el primer
federalismo
mexicano
4/Estado de México: Bicentenario
Edición y corrección: Trilce Piña Mendoza
Diseño, formación, tipografía y cuidado de la edición: Luis Alberto Martínez López
Primera edición electrónica 2024
DR © El Colegio Mexiquense, A.C.
Ex hacienda Santa Cruz de los Patos s/n,
colonia Cerro del Murciélago,
C.P. 51350, Zinacantepec,
Estado de México.
www.cmq.edu.mx
Esta obra fue sometida a un proceso de dictaminación académica bajo el principio de doble ciego, tal y como se señala en
los puntos 31 y 32 del apartado V, de los Lineamientos Normativos del Comité Editorial de El Colegio Mexiquenses, A. C.
Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra sin contar previamente con la autorización
expresa y por escrito de los titulares de los derechos de esta edición, en términos de la Ley Federal de Derecho de Autor y, en
su caso, de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones
legales correspondientes.
Nota: las imágenes aquí presentadas son de caracter ilustrativo y no persiguen fines de lucro.
Hecho en México / Made in Mexico
ISBN: 978-607-2620-10-0 (volumen 18)
ISBN: 978-607-8836-70-3 (obra completa))
Esta obra está licenciada bajo CC BY-NC-SA 4.0. Para ver una copia de esta licencia, visite
https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/5
Índice
La población y sus diversos rostros 8
Los recursos 11
Las relaciones comerciales y la circulación de bienes 16
Proyectos y realidades: auge y decadencia económica 20
Epílogo 23
Para saber más… 24
Iconografía 25
6/Estado de México: Bicentenario
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/7
PARA 1824 EL ESTADO de México era la entidad federativa más
extensa del país, no obstante que en ese mismo año perdía a la
ciudad de México como su capital, la cual pasaba a serlo del país.
La extensión territorial de la cual disponía
la entidad le confería también una diversidad
de recursos que, potencialmente, podían
usarse y beneficiar a los habitantes inmediatos
o lejanos a ellos. Ahora bien, la población
que habitaba la entidad hablaba distintas
lenguas y tenía un origen diverso. El castellano
coexistía con las lenguas vernáculas,
mientras que los indígenas cohabitaban con
población mestiza, de origen africano, asiático
o europeo.
Pero, ¿con qué recursos específicos contaba
el Estado de México al iniciar el país
su vida independiente?, ¿y quiénes habitaban
el estado más extenso del país? En las
siguientes páginas nos adentramos en los
recursos materiales, así como en el andar de
los moradores del Estado de México, quienes
formaron el grueso de la población de
la entidad, más allá de los “grandes hombres”
que tomaron decisiones dirigidas a
conformar el rostro del Estado de México;
es decir, de las mujeres y hombres comunes, quienes dejaron huella
en la entidad con ocupaciones cotidianas.
Al hablar de los recursos materiales es indispensable señalar que
no importa solamente la mera identificación de los existentes en el
Los hombres y mujeres
comunes dejaron huella en
la entidad con sus
acciones Viajeros. Óleo de
Daniel Thomas Egerton,
siglo xix.
8/Estado de México: Bicentenario
Estado de México al iniciar la vida independiente, sino también lo
usos que se le dieron, su circulación puntualizando los contactos con
los espacios internos y externos al Estado de México; también las
actividades económicas que prosperaron en dichos espacios o las que
decayeron. El objetivo es marcar el contraste en el ritmo económico
registrado en el territorio de la entidad en el pasado. Para entender
cómo se dio el ritmo económico es indispensable reconocer las esperanzas
que se abrigaban entre políticos e inversionistas que apostaban
a la bonanza económica con respecto a los recursos disponibles
en el Estado de México.
La población y sus diversos rostros
Las memorias de gobierno
del Estado de México
solían hacer una
aproximación del número
de habitantes de la
entidad. Memoria de
gobierno de 1826.
Resulta difícil saber con precisión el número de habitantes que poblaban
el Estado de México cuando este nació como entidad federativa,
sobre todo cuando la estadística apenas empezaba a echar
raíces. Sin embargo, las fuentes gubernamentales dejaron algunas
estimaciones para darnos una idea. En las Memorias del Estado de
México de 1825 se habla de 834 588 habitantes en todo el Estado
de México; en las Memorias de 1826 se presenta un ligero descenso
al estimar la existencia de 829 458 habitantes; en la Memoria de 1828
se señala un ascenso, pues refiere que la población se calcula en
982 418 habitantes.
Pese a que la elevación de la población reportada para 1828 es
significativa en comparación con la de los años anteriores, en la Memoria
de 1828, se refiere de forma exagerada, que la población había
disminuido a una sexta parte debido a la expulsión de los españoles
que se decretó en aquellos años. No obstante, en dicho texto también
se indicaba que el estado contaba con población extranjera. Nótese
que aquí la fuente revela la complejidad de la población que habitaba
el Estado de México. A la población nativa y española, pero que había
atado su destino y sus intereses al suelo de la entidad, había que sumar
la presencia de extranjeros que también tuvieron intereses económicos
en el Estado de México.
Los visitantes extranjeros ofrecen otros cálculos para la población
del Estado de México, aunque no para toda la entidad, sino para
ciertas poblaciones que estimaron numerosas. Así, por ejemplo,
William Bullock apuntó en su libro Seis meses de residencia y viajes en
México unos 1 000 habitantes para Temascaltepec en 1823; Henry
George Ward registró en su México en 1827 cerca de 4 000 habitantes
para Lerma, cifra igualmente asentada por el alemán Edward
Mühlenpfordt, residente en México entre 1827 y 1834, en su Ensayo
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/9
de una fiel descripción de la República de México. Mühlenpfordt refirió
la misma cantidad de habitantes para Zumpango.
Aunque las fuentes gubernamentales no dan mayores noticias
sobre la población del estado, más allá de las cifras, es posible hacernos
una idea del rostro de estos pobladores y reconocerlos detrás de
los estereotipos que los viajeros extranjeros se hicieron al conocerlos
durante sus estancias en México. El Estado de México era predominantemente
rural y en él habitaba un considerable número de indígenas
(a quienes se identificaba por su piel cobriza), los cuales
hablaban diversos idiomas: náhuatl y otomí de forma predominante,
así como mazahua, matlatzinca, tlahuica, amuzgo, chontal o
tlapaneco, lenguas mucho más focalizadas. Esta población basaba su
dieta, principalmente, en el consumo de tortillas, frijoles, chile y
pulque. Claramente había también criollos y mestizos, descendientes
de indígenas y españoles o producto de la mezcla de indígenas y
población de origen africano.
Al respecto, es significativa la impresión que registra Ward para
el caso del valle de Cuautla, donde la población mostraba “evidentes
trazas de una mezcla reciente con sangre africana” (Ward, 1985: 305).
Ward deducía esto porque el color de la piel de la población era “más
obscuro” y porque “el cabello lacio, peculiar de los aborígenes, reemplaza
los bucles rizados o lanudos” (Ward, 1985: 305). Los hombres,
además, eran de “una magnífica constitución atlética”. Pero
para Ward no solamente la apariencia física los delataba, también lo
hacían sus gustos y prácticas culturales. Los habitantes de Cuautla
“se deleitan con los colores brillantes, al igual que con la música
ruidosa de los negros, y ofrecen un sorprendente contraste, al calor
del licor y del baile después de las labores diarias, con el comportamiento
humilde y sumiso de los indios de la Mesa Central” (Ward,
Memoria de gobierno de
1828.
Los mercados, como
espacios de concurrencia,
daban cabida a la
presencia de gente de
diversa condición. Plaza
del Volador en la Ciudad
de México. Óleo de Juan
Patricio Morlete Ruiz (ca.
1770).
10/Estado de México: Bicentenario
No se puede negar que
también la presencia
africana configuraba el
rostro de la población del
naciente Estado de
México. Vicente Guerrero,
Óleo anónimo, siglo xix.
1985: 305). El testimonio de este viajero inglés es notable porque
advierte que los estereotipos tendían a definir a la población en el
imaginario de la época, aparte de que la forma de nombrarla (negros,
indios), de origen novohispano, seguía presente.
Los rasgos africanos de la población del Estado de México no
solamente se revelaban en su territorio central, también en el sur,
territorio de donde procedía Vicente Guerrero, célebre insurgente
de origen mulato que llegaría a ser presidente de México y quien,
por cierto, abolió la esclavitud en México en 1829, condición en la
cual se encontraba la gente de origen africano. El mismo sur era un
crisol de gente, pues, según nos recuerda Mathieu de Fossey (viajero
francés que estuvo en México entre 1831 y 1857), al menos para el
caso de Acapulco, había “blancos, negros y chinos”. De estos grupos,
los negros, que Fossey describe como “altos y robustos”, representaban
el número más crecido de toda la costa. El francés, aunque diría
que eran “perezosos”, también reconoció que eran “francos, de buena
fe en sus tratos y de un carácter muy alegre” (Fossey, 1994: 258).
Contrastaban con los indígenas que habitaban la costa, quienes,
según Fossey, eran apáticos.
Y ya que el tono de la piel era algo que todavía tendía a marcar
diferencias entre la población mexicana, al comenzar el siglo xix,
digamos que el sur del Estado de México también era conocido por
albergar a los “pintos” o “tintos”, población indígena que era identificada
por tener en el cutis maculas o erupciones que propiciaban
el contraste de coloración de su piel. Este padecimiento cutáneo (hoy
identificado como vitíligo) no pasó desapercibido por las miradas de
viajeros extranjeros como Fossey y, más tarde, Isidore Löwenstern
(que estuvo en México en 1838), quienes lo describieron como incurable
y contagioso. Sin embargo, no era un obstáculo para que
quienes lo padecían interactuaran con quienes no lo tenían.
Pese a que, entre 1828 y 1829, se tomaron medidas para expulsar
a los españoles del país, muchos de ellos residentes en el Estado
de México, es evidente que ni el país ni el Estado de México cerrarían
sus fronteras a los extranjeros, quienes, incluso, representaban la
posibilidad de invertir y hacer prosperar las actividades que habían
entrado en crisis con la insurgencia, como fue el caso de la minería,
actividad que recibió un notable interés por parte de los capitales
foráneos, como fue el caso de Bullock que residió en Temascaltepec,
donde trató, sin mucho éxito, activar una compañía minera inglesa.
Lo interesante del caso es que la presencia extranjera revela otro de los
rostros de la población que habita y cohabita en el Estado de México
entre 1824 y 1835: la de los foráneos que visitan de forma ocasional
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/11
la entidad, registrando sus impresiones, o
bien, residen en él de forma permanente en
la medida en que tienen negocios e intereses
que les obligan a permanecer en él.
Si bien es difícil seguirles la pista a todos,
algunos testimonios relevan la predilección
de ciertos puntos del Estado de México
donde residieron, como fue el caso de Temascaltepec
(en el distrito de Taxco). Tanto
Bullock como Ward concuerdan en la apreciación:
la existencia de extranjeros en la
pequeña ciudad de Temascaltepec extrañó a
los vecinos del lugar. Ward, por su parte,
deduce que la atracción de los inversionistas
extranjeros por Temascaltepec, a pesar de ser,
a su juicio, un distrito de poca importancia,
se debía a que el clima era cálido y el distrito
estaba cercano a la capital mexicana. Ward
refiere que, para 1827, había norteamericanos,
ingleses y alemanes en Temascaltepec, así
como norteamericanos en el Rancho del Oro.
Por otro lado, el mismo Ward menciona que, en Lerma, había una
posada que era frecuentada por las visitas de extranjeros que tomaban
a la población como punto de paso a otros sitios que visitaban.
Estas aproximaciones permiten hacernos una imagen de la población
del Estado de México: queda claro que, entre 1824 y 1835,
múltiples rostros confluían en la entidad haciéndola un crisol de
diversidad en lo que respecta a su población.
El Mineral del Oro
contaba con presencia
extranjera al iniciar el siglo
xix. Plano del Real de
Minas de El Oro, dibujo
de Manuel Agustín
Mascaró (1794).
Los recursos
En la memoria de gobierno que Lorenzo de Zavala presentó, en
marzo de 1828, el gobernador afirmó que el Estado de México era
“grande y poderoso por los elementos de riqueza que posee” (Zavala,
1828: 6), no obstante, la pérdida de la ciudad de México.
Para hacernos una idea de esta afirmación y de la diversidad de
recursos de los que disponía el estado, nos apoyaremos en este
documento, que complementamos con las descripciones de los
viajeros extranjeros que incursionaron en las poblaciones del territorio
de la entidad, durante sus travesías por el país. Seguiremos
el itinerario para recorrer el Estado de México trazado por la
12/Estado de México: Bicentenario
La población de Chalco se alimentaba de especies
lacustres como el ajolote.
Memoria de 1828, tomando los ocho distritos en que se hallaba
organizado el territorio del estado.
Nos situamos primero en el distrito de México, el más próximo
a la capital mexicana y cuya principal riqueza, según la Memoria de
1828, radicaba en los “pulques y granos”, principal fuente de ingresos
de los habitantes del distrito. Una parte de la población se beneficiaba
de la pesca, que se hacía en la laguna de Chalco, y en las demás
adyacentes, sobre todo del pescado blanco, que era lo único que se
pescaba, a decir de Fossey, pero se contradice al afirmar que la población
de Chalco también se alimentaba con ajolote, al que llamó
“especie de lagartija acuática”, lo confundió con un “pez” y lo describió
como “una figura asquerosa, que me ha quitado el deseo de
probarlo; sin embargo, dicen que su carne es buena y sana” (Fossey,
1994: 143).
Las noticias que da Fossey permiten identificar un recurso más
para este distrito: la sal, pues señala que las lagunas de Texcoco y
Chalco eran saladas, pero más la primera, por lo cual sus riberas
“están blanqueadas con la sal que depositan sus aguas; y los terrenos,
que las circundan, se hallan saturados con ella hasta más de una
milla de su orilla” (Fossey, 1994: 143). Al respecto, cabe destacar que
la laguna salobre de Zumpango también les proporcionaba este recurso
a algunas poblaciones, como a San Pablo de las Salinas (ubicada
en Tultitlán), a cuyos habitantes, el 13 de septiembre de 1833, el
congreso local concedió, por tres años, la exención del pago de alcabalas
por la sal que extrajeran de su territorio.
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/13
Zumpango contaba con
una laguna que le permitía
extraer sal. Plaza principal
de Zumpango de la
Laguna.
Para el caso de este distrito, en la Memoria de 1828 se refiere
también que muchos de sus habitantes se sostenían con el aceite
producido en los olivares de Tecomi, San Gregorio, San Luis Toliahuaco
y otros más, ubicados en la cordillera de Chalco. Las maderas
y la fábrica de papel del pueblo de San Ángel eran otros ramos que
dinamizaban la economía local. Finalmente, por Mühlenpfordt se
sabe que, en Zumpango, la población se dedicaba al cultivo de maíz
y del maguey, además de la crianza de mulas.
La prefectura de Tulancingo era célebre porque, según las Memorias
de 1826 y 1828, en ella se producían “los mejores pulques” del
estado, si bien la apreciación correspondía a los Llanos de Apan,
poblados de haciendas magueyeras que obtenían “este exquisito licor”,
“formando la riqueza de multitud de los labradores de aquel punto”
(Zavala, 1828: 13-14). La valoración de las autoridades del estado
era compartida por los extranjeros. Así, Ward señala que los llanos
eran sorprendentes “por su fertilidad” y que su pulque era el mejor
de Tulancingo. Fossey corrobora que los Llanos de Apan eran “célebres
por sus hermosos plantíos de magueyes y por lo superior del
caldo que de ellos se saca” (Fossey, 1994: 264). Pero Tulancingo no
reducía su riqueza a los magueyes y el pulque, pues contaba con otros
recursos enlistados en la Memoria de 1828: en Tenango se fabricaba
piloncillo; en la sierra, y principalmente en Acaxochitlán, se daba la
planta de jalapa y “otras mil plantas medicinales” (Zavala, 1828:
13-14). También se daba de forma espontánea tabaco, algodón y
añil. Aparte de estos recursos, Tulancingo contaba con las minas de
oro y plata más productivas de la entidad: Real del Monte, Mineral
del Chico y Capula, que despertaron el interés de Ward durante su
visita a México.
14/Estado de México: Bicentenario
Pueblos, ranchos y
haciendas de los Llanos
de Apan, espacio célebre
por su pulque.
El distrito de Tula, por su parte, era rico en granos, oro y plata
y, de hecho, producía otros metales que únicamente se podían obtener
en el Estado de México, como el plomo y la greta (óxido de
plomo), que era un elemento indispensable para la minería. Los
recursos minerales de Tula se complementaban con los de orden
agrícola: tejidos de ixtle o de hilo de maguey, como costales,
arpilleras, mantas y lazos, entre otros. Del distrito de Huejutla, la
Memoria de 1828 indica que, a pesar de que la población era poco
dedicada al trabajo y tenía pocas necesidades, fabricaban piloncillo y
pescaban, actividad esta última que se hacía en los ríos del bobo,
anguila y camarón.
Para el caso del distrito de Toluca las noticias son abundantes.
Tanto Ward como en la Memoria de 1828, sostienen que contaba
con llanuras fértiles, lo que propiciaba que fundara su principal riqueza
en la agricultura, produciendo –dice la Memoria– “el mejor
maíz, excelente haba, y otros artículos (Zavala, 1828: 13-14), que lo
mismo servían para comerciar que para engordar cerdos. Mühlenpfordt
es más detallado, cuando describe que, en Toluca, Lerma, Ixtlahuaca
y en los alrededores de La Huerta, Zinacantepec, Pueblo Nuevo,
Rincón y Tepetitlán había una excelente producción de maíz y cebada,
así como plantíos de maguey. Lo que hacía falta, a su juicio, era
suficiente población para convertir a este espacio en un paraíso. Por
cierto, en el caso del pulque, el mismo autor destacó el agave de la
región de Lerma, donde se producía un excelente pulque. Pero, en
general, en el valle de Toluca el agave se cultivaba mucho y extensivamente,
como recuerda Bullock.
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/15
Además de los “ricos plantíos de grano” que, por ejemplo, George
Francis Lyon llegó a ver en 1826, el distrito poseía numerosas
haciendas y sobresalían las iglesias insertadas entre las cosechas. Las
haciendas, aparte de su vocación agrícola, eran ganaderas. De ahí
que la carne y productos derivados del ganado llamaran tanto la
atención de los extranjeros. En la Memoria de 1829 se señala que,
en el distrito, se producía queso y mantequilla; Bullock afirma que
Toluca poseía destacados jamones y chorizos desde la época colonial.
Para dar crédito a su afirmación, el inglés refiere que visitó varias fábricas
de embutidos y criaderos de finos puercos. Años más tarde,
Mühlenpfordt corrobora la fama de Toluca por la crianza de cerdos.
Otros recursos se producían en los suelos y aguas del distrito. En
cuanto a la pesca, en la Memoria de 1828 se explica que en
los lagos de Atenco y Lerma había pescado tan impactante
como el que había en Pátzcuaro y Chapala, y Bullock recuerda
haber visto una gran cantidad de ajolotes en los
mercados de Toluca. La explotación de minas también estaba
presente en el distrito y en concreto en el mineral de
El Oro, en el cual, destaca la Memoria de 1828, que abundaba
ese precioso metal. Si bien Ward sostenía otra opinión,
pues no duda en afirmar que todas las minas mexicanas,
incluida esta, a medida que se profundizaba en el subsuelo
se iban obteniendo menos metales. Cerramos este cuadro con las
apreciaciones de Bullock y Mühlenpfordt, quienes sostienen que, en
Toluca, había una fábrica de velas y jabón de gran tamaño, mientras
que, en Lerma, refiere el alemán, se fabricaban destacados bocados
para caballos y mulas, y espuelas de hierro.
Los suelos del distrito de Cuernavaca también eran percibidos
como fértiles, al menos Lyon describe, en 1826, que en los llanos de
Cuautla de Amilpas se cultivaba en abundancia caña de azúcar. En
la Memoria de 1826, del gobierno de Melchor Múzquiz, se señala
este cultivo como un artículo de importancia. Ward comparte esta
opinión, pues con motivo de su visita por este pueblo y las haciendas
de Pantitlán, Casasano, Santa Inés, Calderón y Coahuistla, describe
la existencia de plantaciones de azúcar y de plátanos. La opinión de
los extranjeros era parecida a la del gobierno del Estado de México;
en efecto, en la Memoria de 1828, se describe que el distrito de Cuernavaca
contaba con el mejor maguey y se producía la mejor caña de
azúcar porque había los mejores ingenios. Las frutas nacidas en el
suelo de este distrito eran abundantes y muy agradables al gusto.
Por si esto no bastara, en opinión de las autoridades locales, algunos
de los productos que se daban en este distrito competían y
Los mercados daban
cuenta del flujo de
recursos procedentes de
distintos espacios.
16/Estado de México: Bicentenario
Molino de caña o trapiche.
Mineros, acuarela anónima
(ca. 1880).
superaban a los que se daban en otras latitudes.
Por ejemplo, si en la Memoria de
1826 se señalaba que el añil era un cultivo
prometedor, pero lo impedía el que se daba
en Guatemala, Oaxaca y Valladolid, para
1828 se advertía que el añil del distrito de
Cuernavaca competía con el de Valladolid
y Guatemala. Por su parte, el café, planta
recientemente introducida según la Memoria
de 1828, era tan productiva como las de
La Habana y La Martinica. Se aseguraba
que la calidad del grano también era superior al de estas islas. Poco
es lo que dice el mismo documento para el caso del distrito de Taxco,
del que apunta que su industria principal era la minería, en particular
de plata. Por fortuna, otras noticias reportan
el interés que los inversionistas
extranjeros tuvieron en algunas de las minas
de este distrito. Ya se ha referido el caso de
las minas de Temascaltepec. Los extranjeros
apostaron a que era posible obtener considerables
ganancias. Los inversionistas extranjeros
también conocieron la existencia
de otros recursos. Bullock, por ejemplo,
comentó que, en Temascaltepec, abundaba
el algodón de color canela que era vendido
por los indígenas.
Pero en el Estado de México, y aun en
la República Mexicana, el cultivo de los mejores algodones se daba
en el distrito de Acapulco, según refiere la Memoria de 1828. Ward
afirmó que Acapulco era, probablemente, el “mejor fondeadero de
todo el mundo”. El puerto, cabe destacar, no pasó desapercibido para
más de un visitante extranjero en el Estado de México; sin embargo,
su situación cambió mucho, como veremos más adelante.
Las relaciones comerciales
y la circulación de bienes
Al revisar las impresiones de las autoridades locales y de los visitantes
extranjeros -que recorrieron las poblaciones del Estado de México-
muchos y diversos recursos naturales y productivos desfilan
en sus escritos. Algunos de estos recursos confirieron un sello particular
a los distritos que los producían en relación con los demás
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/17
que conformaban el Estado de México.
En otros casos, la valoración que gobierno
y extranjeros les dieron los hacía los
mejores del Estado de México o del país.
Además, su circulación comercial, su demanda
y consumo les daba un valor adicional,
pues podía apreciarse la utilidad
que tenían y la pertinencia de extraerlos,
producirlos o manufacturarlos, lo que les
permitía a los habitantes del Estado de
México contar con fuentes de trabajo y
de sustento. Afortunadamente, aquí
también los ejemplos abundan, lo que
permite trazar algunas rutas que siguieron
los bienes que, junto con las personas
que los llevaban consigo, se desplazaron
lo mismo al interior del Estado de México
que fuera de él.
Puede asegurarse que el principal
mercado que consumía los recursos generados
en el Estado de México era la
ciudad de México, lo que revela que, aun
segregada del Estado de México, la relación
económica entre ambos espacios subsistió de forma natural. El
distrito de México debía su prosperidad a la ciudad capital de la
República Mexicana, pues ella le proporcionaba, al igual que el distrito
de Tulancingo, grandes cantidades de pulque. El inmenso consumo
que hacía la población de la ciudad de México de esta bebida se traducía
en un enriquecimiento para quienes lo comerciaban. Por ejemplo,
en la Memoria de 1828 se informa que este consumo mantenía a
dos terceras partes de la población del distrito de México.
Pero el distrito de México comerciaba con la ciudad otros recursos.
Así, la fábrica de San Ángel proveía de papel a los periodistas de
México, y en concreto a los que editaban los periódicos de El Sol y
El Correo, mientras que el pescado blanco consumido en la capital
procedía de Chalco y, según Fossey, en la plaza de la ciudad llegaba
pescado fresco procedente de este distrito, de tal suerte que rara vez se
veía otra clase de pescado. El consumo de este producto, según la Memoria
de 1828, socorría a varios lugares situados a la orilla de la laguna.
Es importante aclarar que estos pueblos tenían asegurado el comercio
del pescado que se consumía en la ciudad de México, en la medida
en que, como se asienta en el mismo documento, tenían la facilidad
18/Estado de México: Bicentenario
El pulque era una bebida
que generaba gran
demanda en la ciudad de
México. Magueyales en
las inmediaciones de
Teotihuacán. Litografía
de Murguía, siglo xix.
de conducirlo por las aguas de Chalco a la capital, por el sureste de
esta, a través de un estrecho canal. Las mismas aguas que surcaban
las barquillas de los indígenas pescadores eran las que servían como
canal para transportar el pescado y otros recursos más.
Al respecto, es significativo que este comercio acuático haya
impresionado a extranjeros como Bullock, Ward o Fossey, quienes
no dudaron en escribir sobre él. Gracias a sus descripciones sabemos
que, tanto en la mañana como en la tarde, se producía un gran tráfico
de embarcaciones, que llevaban diversos productos a la ciudad:
frutas, flores y verduras producidas en las huertas de los habitantes
de Chalco, además de leche, mantequilla, carne, gallinas, pavos y
patos salvajes (que desplumaban mientras se dirigían a la ciudad),
maíz y paja para los caballos. Había embarcaciones que llevaban las
pertenencias de dos o tres familias y otras más pequeñas, frecuentemente
conducidas por las mujeres, acompañadas de sus hijos o familia.
El consumo de pulque les daba ánimos para realizar las
travesías, las cuales se sucedían en medio de saludos a quienes compartían
la ruta, o bien, de riñas entre madres e hijos.
Otros distritos del Estado de México también tenían relaciones
comerciales con la ciudad capital: Tulancingo y los Llanos de Apan
le suministraban pulque; el de Huejutla le surtía pescados, mientras
que Bullock nos regala una descripción de lo que los indígenas de
Toluca llevaban de sus pequeños “ranchos” al mercado de la ciudad
de México o al de Toluca, donde también comerciaban. Expone que
los hombres llevaban frutas, gallinas, guajolotes, petates, tejamaniles
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/19
para los tejados de las casas y, algunas
veces, carbón de leña. Por lo común iban
acompañados de sus esposas e hijas, que
cargaban pesados bultos, además de los
niños atados a las espaldas.
En la Memoria de 1828 se citan otros
puntos del país a donde iban a parar los
recursos obtenidos o producidos en el
Estado de México. El pulque de Tulancingo
tenía, además de la ciudad de
México, a la de Puebla como principal
consumidora, aunque, según la Memoria
de 1826, el pulque que se extraía en gruesas cantidades era también
“para los estados vecinos” y formaba “una de las rentas más pingües
del estado” (Muzquiz, 1826: 12) y los tejidos de ixtle elaborados en
las poblaciones del distrito de Tula salían “para todos los puntos de la
República en todas sus formas” (Muzquiz, 1826: 12). Los bienes
obtenidos en el de Huejutla circulaban en otros puntos de la República,
y a la vez, sirvieron para sostener relaciones comerciales con el
puerto de Tampico, aunque dejaron de realizarse. La carne y grasa
de los animales criados en el distrito de Toluca se despachaban también
a “muchos puntos de la República” (Muzquiz, 1826: 12).
Mühlenpfordt nos dice que los jamones hechos en Toluca, en lugar
de estar ahumados y salados, se conservaban en azúcar para poder
ser transportados a otros lugares del país.
El mismo autor describe que las espuelas de hierro fabricadas en
Lerma se exportaban. Ward señala que las espuelas que usaban los
jinetes en la ciudad de México se adquirían en Lerma o Toluca.
Iglesia parroquial de
Chalco. Litografía de
Murguía, siglo xix.
20/Estado de México: Bicentenario
Para el caso del distrito de Cuernavaca, en la Memoria de 1828
se revela que la producción de caña de azúcar provocaba que hubiera
poco comercio de este producto con el extranjero. Ward realiza un
juicio similar en el caso del cultivo del plátano, que se daba en este
distrito, pues, en sus palabras, abastecía al mercado mexicano.
Finalmente, vale la pena destacar que, así como había relaciones
comerciales del Estado de México con otras ciudades o poblaciones
de la República Mexicana, obviamente existieron las
internas. Los indígenas de Toluca comerciaban tanto con el mercado
de la ciudad de México como en el de Toluca. Ahora bien,
Bullock relata lo que ocurría en el mercado de Temascaltepec: cada
domingo se daban cita los indígenas que llevaban consigo frutas y
vegetales de tierra caliente; también comerciaban con algodón en
estado natural y azúcar que parecía cera de abeja. La anécdota ejemplifica
el desplazamiento de comerciantes de nichos climáticos distintos,
pero cuyos recursos podían venderse en espacios donde no los
había. En este caso, el templado Temascaltepec podía darse el lujo de
recibir artículos de tierra caliente por medio de su mercado local.
En Acapulco, la población echaba mano de los recursos locales
para poder conseguir, mediante el comercio, otros que no estaban
en su entorno inmediato. En efecto, en la Memoria de 1828, se comenta,
con cierto optimismo, el caso del comercio del algodón; se
explicaba que, en este puerto del pacífico, era resistente y era bien
aceptado por los interesados. Sin embargo, líneas más adelante, el
optimismo se desvanece, ya que se revela que el comercio no estaba
prosperando como se esperaba. En la economía del Estado de México
existió prosperidad en algunos ramos productivos, pero decadencia
en otros.
Proyectos y realidades:
auge y decadencia económica
Según las noticias de la época, la economía del Estado de México
presentó algunos escenarios que advertían los estragos a que condujo
la Independencia del país en la economía local. El caso más notable
era el del puerto de Acapulco. Durante la época novohispana, había
sido el punto de contacto comercial entre América y Asia, mediante la
Nao de China. El comercio prácticamente había quedado aniquilado
tras la Independencia mexicana, como puede leerse tanto en la Memoria
de 1828 como en los libros de Ward y Fossey. Por ellos sabemos
que Acapulco era muy poco frecuentado por los comerciantes;
por ejemplo, era raro encontrar velas. En opinión del segundo, las
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/21
revoluciones, como la iniciada en 1810, habían “interrumpido las
comunicaciones, destruido las relaciones y arruinado a los especuladores”
(Fossey, 1994: 258). Ward pesimista en este asunto, como en
otros, auguraba que no era probable que el puerto volviera a recuperar
su fama.
Tanto Ward como Fossey afirman que las transacciones comerciales
entre México y Asia habían mutado. Ahora, la mayoría de los
barcos que traían mercancías de Cantón y Manila preferían otros
puertos y descargaban en los de San Blas, Mazatlán y Guaymas, situados
al norte del de Acapulco. Esto se debía, en opinión de Ward,
a que la demanda de las mercancías asiáticas tenía un mayor éxito y
demanda al norte y occidente de la Mesa Central, ya que todavía no
eran abastecidas por productos europeos.
Esta presencia de las manufacturas europeas explicaría el caso de la
escasa, por no decir nula, circulación del algodón procedente de
Acapulco que se denunciaba en la Memoria de 1828. El caso es que
la poca demanda ocasionó perjuicios, no solo en los cultivos de la
planta, sino también en la industria de pueblos enteros que, como
se dice en la Memoria de 1828, su subsistencia dependía de la venta
de mantas y rebozos. Las poblaciones que, principalmente, se hallaban
afectadas con este fenómeno eran Texcoco, Tulancingo y Sultepec,
sobre todo la primera, pues muchos de los habitantes de esta
ciudad habían salido a buscar su sustento a otros lugares donde
hubiera trabajo.
Más allá del puerto de Acapulco y su comercio, los centros mineros
y las poblaciones que dependían de ellos eran el otro eje económico
afectado tras la insurgencia novohispana. Al respecto, Ward sostiene
que las minas de Zimapán, en el distrito de Tula, se habían arruinado
por la violencia de las guerras de Independencia, e Ixmiquilpan, situada
en el mismo distrito, también estaba resintiendo los efectos de la
revolución porque la elaboración de pita [ixtle], con la que abastecían
de cuerdas a diversas zonas mineras, había disminuido. Pero, los habitantes
no se quedaron de brazos cruzados, pues cambiaron esta actividad
por la agricultura, que contaba con grandes ventajas por la facilidad
de la irrigación y el clima benigno.
Los otros centros mineros afectados con la insurgencia habían sido
los del distrito de Taxco, en particular, el de Temascaltepec, del cual
Bullock refiere que, para 1823, se encontraba “en estado de decadencia”,
con la mayor parte de las haciendas de beneficio del mineral de
plata “en ruinas” y las corrientes de agua, que movían la maquinaria
trituradora del mineral, “descuidadas” y ocultas por la vegetación
exuberante. No obstante, en este caso, Ward difiere de Bullock, pues
Las Memorias de Gobierno
ofrecen algunos escenarios
del estado que guardaba
la economía del naciente
Estado de México.
Memoria de gobierno de
1831.
22/Estado de México: Bicentenario
La minería fue alentada
por las autoridades del
Estado de México, aunque
también por los
inversionistas extranjeros.
Vista de Real del Monte
desde el cerro del Purero.
Litografía de Murguía,
siglo xix.
advierte que, poco antes de la insurgencia,
las minas gradualmente habían
sido abandonadas y la
producción era poco considerable.
Sin embargo, no todo estaba
perdido. Cerramos este rápido
repaso por la economía del Estado
de México, centrándonos en las
esperanzas que las autoridades locales
e inversionistas extranjeros
tenían de reactivar la economía, o
hacerla próspera a partir del uso
idóneo de los recursos subsistentes.
En la Memoria de 1826 se proponía establecer un fondo de rescate
para las minas de Taxco y Temascaltepec (como se había hecho con
las de Pachuca y Zimapán). Temascaltepec se convirtió en punto de
interés para los capitales extranjeros. Ward informa que, para 1826,
había establecidas allí cinco compañías: dos inglesas (The United
Mexican Company y The Mexican Mine Company), dos norteamericanas
(Baltimore y New York Company) y una alemana. The
Mexican Mine Company había sido formada por Bullock. Empero
las expectativas que tenían los inversionistas de obtener plata no se
hicieron realidad y la compañía terminó por disolverse.
En el Rancho del Oro, The United Mexican Company poseía 19
minas. En la Memoria de 1828 se apunta que había capital inglés
invertido en Real del Monte. En cuanto a Ixmiquilpan, Ward sugería
que, si las minas aledañas –que habían dependido de su producción de
cuerdas de ixtle– se recuperaban esto favorecería a la población que
podría retomar esta actividad. Ahora bien, en la Memoria de 1828
se comenta que las minas de Taxco y El Oro comenzaban a recibir
trabajadores para hacerlas producir. Los del mineral del Oro procedían
de Guanajuato.
En otras ocasiones, la apuesta estaba no tanto en reactivar los
rubros económicos del pasado deteriorados, sino en favorecer los que
ofrecían un futuro promisorio. Era el caso del sector agrícola. En la
Memoria de 1826 se señala que el suelo del estado podía ser explotado
con diversos sembradíos por la diversidad de climas en su
basto territorio. Asimismo, en dicho documento se señalaban condiciones
que harían posible la prosperidad agrícola, algunas ya
existían, pero faltaban otras. Así, según este documento, la paz “que
dichosamente disfrutamos, el aumento de población que habrá con
la colonización de extranjeros, las máquinas e instrumentos rurales
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/23
que estos introducirán para la labranza”, y
“el aprendizaje de la economía campestre
absolutamente esencial a los adelantos del
labrador” eran elementos “que indudablemente
harán conseguir las mejoras que este
gobierno se promete” (Muzquiz, 1826: 10).
Mühlenpfordt, por su parte, creía en la posibilidad
de que el valle de Toluca se convirtiera
en un “paraíso de la agricultura”, siempre
y cuando se poblara adecuadamente.
Pero, sin duda, en la Memoria de 1828,
se puede apreciar esta apuesta en la agricultura como actividad que
posibilitaría la prosperidad del Estado de México. En este punto es
factible apreciar el pensamiento económico del gobernador Zavala
quien, como otros liberales de la época, creía en la agricultura, más
que en la industrialización, objetivo de los liberales moderados. Para
Zavala la agricultura era el punto de partida para detonar la economía
del Estado de México, orientada a la exportación de materias
primas más que a su manufactura.
Así, por ejemplo, mientras en el distrito de Tulancingo el tabaco,
algodón y añil se daban de forma espontánea, estos productos
podrían tener una utilidad, siempre y cuando los indígenas conocieran
sus beneficios.
A pesar de los claroscuros económicos, al finalizar la descripción
de los recursos con que contaba el Estado de México, en su Memoria
de 1828, Zavala expresó gran optimismo al exponer que el estado,
en general, tenía cimientos fuertes para desarrollar la industria
agrícola, fabril y mercantil, derivados de su geografía, su variedad
de climas y, punto importante, por la condición de sus suelos que
podían beneficiar a todo tipo de producción agrícola.
Mineral Real del Monte.
Óleo de Eugenio Landesio
(1857).
Epílogo
Mediante estas páginas se ha podido constatar la diversidad de recursos
humanos y materiales que conformaron la geografía del Estado
de México; también las relaciones que la entidad estableció
entre los diversos puntos de su extenso territorio y con otros espacios
de la República Federal Mexicana a partir del flujo de los recursos
que producía. Queda patente que, a pesar de haber perdido a la
ciudad de México como capital, el Estado de México siguió manteniendo
relaciones comerciales con aquella.
24/Estado de México: Bicentenario
Por otro lado, es evidente que, aunque la circulación de bienes
posibilitó el auge económico de algunos productos y actividades,
otras entraron en una etapa de estancamiento a consecuencia de los
estragos que había dejado tras de sí la insurgencia novohispana. No
obstante esta situación, las autoridades del Estado de México, lo
mismo que los inversionistas extranjeros, intentaron reactivar algunas
actividades, cuando no impulsar otras en las cuales confiaban el
porvenir económico de la entidad. La riqueza de recursos con que
contaba el Estado de México daba cabida a las esperanzas para revitalizar
la economía local.
Para saber más…
Bullock, William (1983), Seis meses de residencia y viajes en México con
observaciones sobre la situación presente de la Nueva España. Sus
producciones naturales, condiciones sociales, manufacturas, comercio,
agricultura y antigüedades, etc., México, Banco de México.
Colección de decretos y órdenes (1848), Colección de decretos y órdenes
del Congreso Constituyente del Estado Libre y Soberano de México,
t. i, Toluca, Imprenta de J. Quijano.
Fossey, Mathieu de (1994), Viaje a México, México, Conaculta.
García Luna, Margarita y José N. Iturriaga (1999), Viajeros extranjeros
en el Estado de México, México, Gobierno del Estado de
México-uaeméx.
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primera mitad del siglo xix”, en María Teresa Jarquín y Manuel
Miño Grijava (dirs.), Historia general ilustrada del Estado de
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del Estado 1760-1869, Carmen Salinas Sandoval (coord. del
vol.), México, El Colegio Mexiquense A.C.-Gobierno del
Estado de México, pp. 471-497.
Jarquín Ortega, María Teresa y Manuel Miño Grijalva (dirs.) (2011a),
Historia general ilustrada del Estado de México, vol. 4: Reformas
Borbónicas, Independencia y formación del Estado 1760-1869,
Carmen Salinas Sandoval (coord. del vol.), México, El Colegio
Mexiquense A.C.-Gobierno del Estado de México.
Jarquín Ortega, María Teresa y Manuel Miño Grijalva (dirs.) (2011b),
Historia general ilustrada del Estado de México, vol. 5: De la
restauración a la revolución (1870-1929), Manuel Miño Grijalva
(coord. del vol.), México, El Colegio Mexiquense A.C.-
Gobierno del Estado de México.
A. de J. Enríquez Sánchez: Población y economía en el Estado de México durante el primer federalismo mexicano/25
Löwenstern, Isidore (2012), México, memorias de un viajero, México,
Fondo de Cultura Económica.
Lyon, George Francis (1984), Residencia en México, 1826. Diario de
una gira con estancia en la República de México, México, Fondo
de Cultura Económica.
Muzquiz, Melchor (1826), Memoria en que el gobierno del Estado
Libre de México da cuenta de los ramos de su administración al
congreso del mismo Estado, a consecuencia de su decreto de 16 de
diciembre de 1825, México, Imprenta a cargo de Rivera.
Zavala, Lorenzo de (1828), Memoria en que el gobierno del Estado
Libre de México da cuenta al Primer Congreso Constitucional,
de todos los ramos que han sido a su cargo en el año económico
corrido desde el 16 de octubre de 1826, hasta 15 de igual mes en
1827, presentada el día 13 de marzo de 1828, Tlalpan, Imprenta
del Gobierno a cargo de Juan Matute y González.
Ward, Henry George (1985), México en 1827, México, Fondo de
Cultura Económica-Secretaría de Educación Pública.
Iconografía
Archivo del autor
Págs. 8, 9 y 21.
El Colegio Mexiquense, A. C.-Gobierno del Estado de México
Págs. 7, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 22 y 23.