PDF [READ] How The Frog Found His New Home Read online
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¿Por qué la voluntad de combatir un prejuicio es una señal cierta de que se está
impregnado por él? Procede necesariamente de una obsesión. Constituye un esfuerzo
absolutamente estéril para librarse de él. La luz de la atención en casos semejantes es la
única eficaz, y no es compatible con una intención polémica.
La humildad es atenta paciencia.
Los fariseos eran gente que contaba con su propia fuerza para ser virtuosos. La
humildad consiste en saber que lo que se llama "yo" no tiene ninguna fuente de energía
que le permita elevarse.
Hay quienes tratan de elevar su alma como quien se dedica a saltar continuamente, con
la esperanza de que, a fuerza de saltar cada vez más alto, llegue el día en que alcance el
cielo para no volver a caer. Ocupado en ello, no puede mirar al cielo. Los seres
humanos no podemos dar un solo paso hacia el cielo. La dirección vertical nos está
prohibida. Pero si miramos largamente
al cielo, Dios desciende
y nos toma fácilmente.
Como dice Esquelo: "Lo divino es ajeno al esfuerzo". Hay en la salvación una facilidad
más difícil para nosotros que todos los esfuerzos.
En un cuento de Grimm se celebra un concurso de fuerza entre un gigante y un
sastrecillo. El gigante lanza una piedra que tarda mucho tiempo en caer. El sastreillo
suelta un pájaro que no cae. Lo que no tiene alas acaba siempre por caer. Dado que la
voluntad es impotente para operar en la salvación, la noción de moral laica es un
absurdo. Pues lo que se llama moral no apela a más que a la voluntad y a lo que ésta tiene,
por decirlo así, de más muscular. La religión, por el contrario, corresponde al deseo y es
el deseo lo que salva.
Todo lo que es precioso en mí, sin excepción, viene de otra parte, no como un don sino
como un préstamo que debe renovarse sin cesar. Todo lo que es mío, sin excepción,
carece absolutamente de valor; y entre los dones recibidos, todo lo que me apropio
pierde de inmediato su valor.
No poseemos nada en el mundo -puesto que el azar puede quitarnos todo- sino el poder
decir "yo". Es eso lo que hay que dar a Dios, es decir, destruirlo. No hay absolutamente
ningún acto libre que nos sea permitido sino la destrucción del yo.
Ofrenda: no se puede ofrecer otra cosa que el yo, y todo lo que se llama ofrenda no es
otra cosa que un rótulo puesto sobre un desquite del yo.
La idolatría proviene de que teniendo sed de un bien absoluto, no se posee la atención
sobrenatural, ni la paciencia para dejarlo obrar.
Si estamos padeciendo enfermedad, pobreza o infortunio, creemos que estaremos
satisfechos el día en que cese. Pero también eso es falso; tan pronto como uno se
acostumbra a no sufrir, se desea algo más.
Si vamos dentro de nosotros mismos, encontramos que poseemos exactamente lo que
deseamos.
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