PDF [READ] How The Frog Found His New Home Read online
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La armonía es la unidad de los contrarios; los contrarios son ese ser que constituye el
centro del mundo y ese otro que es un fragmentito dentro de la totalidad del mundo.
Sólo puede haber unidad cuando el pensamiento emprende con todo cuanto abarca una
operación similar a la que permite percibir el espacio rebajando a su verdadero rango las
ilusiones de la perspectiva. Hay que reconocer que el centro del mundo no es algo que
esté dentro del mundo, el centro del mundo está fuera del mundo, y nadie aquí abajo
tiene derecho ha decir yo. Hemos de renunciar en favor de Dios y por amor a El y a la
verdad a ese poder ilusorio del pensar en la primera persona que El nos ha concedido.
Nos lo ha concedido para que por amor podamos renunciar a él. Sólo Dios tiene derecho
a decir: "Yo soy"; "Yo soy" es su nombre, y ningún otro ser tiene ese nombre. Esa
dejación, sin embargo, no consiste en trasladar a Dios la posición de uno mismo como
centro del mundo, igual que hacen algunos trasladándola a otro hombre... El "Yo soy"
de Dios, que es auténtico, difiere infinitamente del ilusorio "yo soy" de los hombres...
Unicamente renunciando auténticamente al poder de pensarlo todo en primera persona,
renuncia que no es una simple transferencia, puede el hombre llegar a saber que los
demás hombres son sus semejantes. Esa renuncia no es otra cosa que el amor a Dios,
independientemente de que el nombre de Dios esté o no presente en el pensamiento.
En relación a Dios, somos como un ladrón al que, habiendo entrado para robar en la
casa de un dueño amable, este le ha permitido quedarse una parte del oro. Desde el
punto de vista del dueño legal, este oro es un don; desde el punto de vista del ladrón es
un robo. Tiene que ir y devolverlo. Lo mismo ocurre con nuestra existencia. Hemos
robado un poco del ser de Dios para hacerlo nuestro. Dios nos ha hecho un don. Pero lo
hemos robado. Debemos devolverlo.
El espíritu no está forzado a creer en la existencia de nada (subjetivismo, idealismo
absoluto, solipsismo, escepticismo: ver las Upanishads, los taoístas, Platón: todos usan
esta actitud filosófica a modo de purificación).
Es porque el único órgano de contacto con la existencia es la aceptación, el amor. Por
eso, belleza y realidad son idénticas. Por eso la alegría y el sentimiento de la realidad
son la misma cosa.
En la soledad estamos en presencia de la mera materia (incluso el cielo, las estrellas, la
luna, los árboles en flor), cosas acaso de menor valor que un espíritu humano. Su valor
yace en la mayor posibilidad de atención.
Al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad; la lucha contra la angustia
sólo produce nuevas formas de angustia.
En la Iglesia, considerada como un organismo social, los misterios inevitablemente
degenera en creencias.
El gran error de los marxistas y de todo el siglo XIX ha sido creer que al marchar hacia
adelante se sube en el aire.
En este mundo, sólo aquellos que han caído hasta el grado más bajo de humillación,
muy por debajo de la mendicidad, que no sólo no son tenidos en cuenta socialmente
sino que son considerados como carentes de esa primaria dignidad humana, la misma
razón -sólo esa gente, de hecho, es capaz de decir la verdad. Todos los demás mienten.
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