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voces inolvidables" es una revista que narra, la historia de Lucero Carmona, madre de Leonardo, una de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales en Colombia. A través de sus palabras, su memoria y su valentía, esta publicación honra su lucha incansable por la verdad y la justicia.
voces inolvidables" es una revista que narra, la historia de Lucero Carmona, madre de Leonardo, una de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales en Colombia. A través de sus palabras, su memoria y su valentía, esta publicación honra su lucha incansable por la verdad y la justicia.
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EDICION# 1
18/06/2024
Comunicación Social y Periodismo
Mediante la publicación de esta revista, buscamos
concientizar e informar a las personas sobre las
ejecuciones extrajudiciales en nuestro país,
precisamente en un caso específico, el caso de Omar
Leonardo Triana Carmona, el cual buscamos difundir
mediante una crónica, en donde contemos no solo la
ejecución extrajudicial de Leonardo, también le
damos importancia a la experiencia de su madre
Lucero Carmona, quien nos cuenta mediante una
entrevista, cómo acontecieron los hechos y cómo ha
sobrellevado esta horrible situación. En nuestra
publicación procuramos darle importancia a las
voces de las víctimas, desde el respeto y con la
intención de que sus memorias no queden en el
olvido.
¿Sabes qué son las
ejecuciones
extrajudiciales?
Es un hecho caracterizada por el
asesinato sistemático de personas
inocentes en Colombia, quienes eran
presentados como guerrilleros dados
de baja en combate.
En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez
(Presidente 2002-2010) y Juan
Manuel Santos ( Ministro de Defensa)
se instauró una política de Seguridad
Democrática que buscaba fortalecer
la lucha contra la guerrilla y otros
grupos armados ilegales; el plan
consistía en la recuperación del
control del Estado sobre la mayor
parte del territorio nacional, en
donde se ofrecía un incentivo
económico y social (medallas,
ascensos, permisos, etc.) por cada
guerrillero muerto.
¿Por qué se dieron
estos sucesos?
¿De qué forma
reclutaban a los
jóvenes?
En convocatorias de trabajos, pues
había pancartas que ofrecían trabajo
o hacían llamadas, se concretaba una
cita para mostrarles el lugar de
trabajo y allí los secuestraban, les
ponían uniformes militares, armas y
botas para luego asesinarlos y
hacerlos pasar como guerrilleros
asesinados en combate.
Recordar es resistir
Es importante conocer el pasado de nuestro país,
sobre todo los nombres y las historias de todas
aquellas víctimas que han sufrido la violencia:
las desapariciones forzadas, el desplazamiento,
los asesinatos extrajudiciales, las masacres, la
violencia sexual y el silenciamiento de
comunidades enteras. No solo por mantenerlas
vivas -porque mientras recordemos y
compartamos sus historias, todos ellos seguirán
presentes- sino también para sostener la
búsqueda de verdad y justicia, exigir reparación
y garantizar que estos hechos no se repitan.
Debemos entender que recordar es resistir. Es
buscar el esclarecimiento de cada muerte, de
cada desaparición, es negarse a aceptar la
impunidad. Si nadie habla de lo sucedido, esto
será olvidado, condenado a ser repetido en
silencio.
Perfil humano de Leonardo
Omar Leonardo Triana Carmona, era
hijo único, hacía parte de la iglesia
mormona, un gran entusiasta de la
navidad y un punkero de corazón, su
madre lo describe como un joven
lleno de ambiciones y muy "echao
pa'lante", muy casero y amable, en
palabras de la señora Lucero un
joven muy de la casa. Y como para
cualquier madre, era su tesoro más
preciado, su consentido y el de todos.
Era un joven con perrenque, iba y venía
de Estados Unidos cada seis meses,
intentando no perder la visa y de esta
manera poder irse a trabajar y volver a
su hogar sin ningún problema. Un
aventurero de pies a cabeza, luego de
estar sus seis meses en Estados Unidos
volvió a Bogotá, estuvo unos días con su
familia y decidió irse con unos amigos
para Boyacá una semana, su madre
menciona que cuando volvió de su viaje
llegó con un canasta llena de
almojabanas viejas, pero él las cogió, las
machaco y las metió en leche para hacer
una torta, la cual, según la señora
Lucero le quedó buena.
Era un joven muy solidario, dejaba una parte
del almuerzo y su madre al cuestionarle el
por qué, él le daba una simple respuesta, me
están esperando afuera, quien lo esperaba
era una persona habitante de calle a la cual
le había prometido una parte de su
almuerzo, su madre también nos cuenta que
no tenía cosas que fueran de él, siempre
intentaba ayudar a los demás, tanto así, que
solía quitarse la ropa para poder dársela a
los más necesitados.
Amaba la navidad y la nieve, le encantaba
ese ambiente navideño lleno de regalos, él
compartir familia y esa sensación de un
nuevo comienzo con la llegada de un nuevo
año, le encantaba el árbol de navidad y
jugar en la nieve, tenía un osito de peluche
que guardaba desde pequeño. Leonardo
también tenía su lado artístico, su madre nos
menciona que era punkero y que él mismo
había decorado una chaqueta de cuero
negro, llenándola de púas, remaches y
botones dorados, dándole su propio estilo, y
como buen entusiasta de este movimiento
musical tenía unas botas rojas militares, le
encantaban esta botas, eran su favoritas,
pero como dijo su madre “ esas botas fue lo
que hizo que lo mataran”.
No fue un combate, fue un crimen
La noche del martes 14 de marzo de 2007, Lucero Carmona
recibió una llamada, una que por desgracia permanecería
grabada en su memoria como la última vez que escucharía
la voz de su único hijo: Leonardo Triana Carmona. El se
encontraba en Medellín, al otro lado de la línea. Está
conversación duró apenas un minuto, tiempo en el que le
confesó a su madre que se sentía algo triste y que quería
regresar a Bogotá. A partir de esa noche, Lucero perdería
todo rastro de su hijo. La angustia, las dudas y el silencio
comenzaron a habitar sus días y noches.
Pasaron 4 largos años de incertidumbre desde la capital.
Lucero en sus sueños, recorría las calles de la ciudad de
Medellín como si Leonardo le mostrara el camino por donde
ir. Decidió seguir las señales, así que junto a una sobrina
emprendió el viaje a la ciudad de la eterna primavera. La
primera parada fue la papelería de Marlon, amigo de
Leonardo. Él les dijo que pensaba que Leonardo había
vuelto a Bogotá, pues desde aquel martes no lo había vuelto
a ver. Al escuchar estas palabras la preocupación de Lucero
se transformó en miedo, un miedo que viajó por sus venas
directo al corazón.
La búsqueda continuó. Aunque con pocas respuestas ,una pista la
llevó a preguntar a la Registraduría Nacional. Allí , el 7 de junio de
2011, recibió una devastadora noticia: la cédula de su hijo había
sido cancelada. La razón: había fallecido. En ese momento, el
mundo se derrumbó para Lucero. Un escalofrío recorrió cada
parte de su cuerpo y como si de un tsunami se tratara el dolor la
arrastró sin piedad. Las preguntas se multiplicaron: ¿Cómo?
¿Cuándo? ¿Dónde ? Una de las de las funcionarias, intentando
responder, dijo una frase que retumba en su memoria
-Su hijo fue muerto en combate con la guerrilla, está en una fosa
común.
¿Combate? ¿Fosa común? ¿Cómo podía su
hijo ser parte de un juego en el que no
tuvo fichas? ¿Con qué cara se le dice a una
madre que su hijo está enterrado en
algún lugar, sin nombre, sin una
despedida digna, como si no fuera nadie,
como si no hubiese alguien que lo
esperara?
La madrugada del 15 de agosto del 2007, dos soldados del Batallón
de Ingenieros N° 4 “Coronel Pedro Nel Ospina" habían arrebatado a
Leo. Según el testimonio oficial, Leonardo era un"guerrillero" que
había abierto fuego contra los militares. Pero Lucero sabía que esto
era falso. Su hijo jamás había empuñado un arma. Jamás habría
hecho daño a alguien. Buscó justicia. Tocó las puertas de la
Procuraduría, de la Fiscalía, pero en lugar de apoyo, recibió rechazo.
-un Cabo me dijo que si íbamos por plata
El Estado no solo le había quitado a su hijo. Sino también, le estaba
cerrando las puertas a la justicia y a la verdad, como si una vida
pudiera ser reemplazada con dinero. Como si el amor de una
madre fuera algo negociable. Lucero había tenido un hijo para
amarlo, no para venderlo a la guerra.
La búsqueda siguió en los cementerios, aquellas tierras propiedad
de la muerte, dónde deberían descansar las almas, pero en este
caso, eran donde, en susurros se escuchaban las historias de
quienes se les arrebató sus nombres y apellidos. Algunas bóvedas
decían contener un brazo, una cabeza y otras hasta tres cuerpos.
Todas sin identificar, sin saber a quién pertenecían ni quien, en
algún lugar, aún los estaría buscando.
Hubo una tumba que les llamó la atención:
decía "restos" seguido de unos signos de
interrogación. Sin saberlo, ahí se
encontraban los restos de Leonardo,
esperando por ser encontrados.
- No me imaginaba que mi hijo estuviera ahí
- dijo Lucero
Un tiempo después, ya de vuelta en Bogotá,
supieron que Leonardo se encontraba en
ese lugar. Lo descubrieron mediante un
noticiero, el cual mostró cómo le asignaban
un número único a cada bóveda. Habían
exhumado 103 NN' y entre ellos estaba Leo.
Lucero recibió la llamada que lo confirmaba ,
viajó de nuevo a Medellín para recibir el
cuerpo de su hijo y abrazarlo por última vez
-yo alcé su cráneo y lo abracé
un abrazo que trascendió más allá de la vida
misma. Reflejaba el amor incondicional de
una madre, pero también reflejaba el dolor
imborrable que deja el paso de la violencia.
¿Cómo afrontar este dolor? ¿Cómo seguir adelante cuando se ha
dejado a alguien tan cercano al corazón en el camino? El duelo de
una madre puede volverse eterno; el sentimiento de pérdida sube y
baja, se transforma, pero nunca desaparece del todo, puede
hacerlo hasta el último aliento.
-Yo, como mamá, y nosotros, como familia, no hemos podido
superar el duelo; lo vemos en cada lugar.
Y aunque el dolor siga presente, el arte, la música, el teatro y el
tejido funcionan como analgésicos. Son herramientas, formas de
resistencia, una especie de radio que transmite no solo el nombre y
la historia de Leonardo, sino también el de muchos otros que
fueron apartados de la vida, de sus hogares y de sus madres.
Hoy, Leonardo descansa, pero su
nombre camina, camina en el
cántico de su madre, camina por
que el amor se ha transformado
en lucha, Porque cuando el Estado
falla, el arte y la palabra abren
caminos. Cada madre que busca,
también reconstruye historia.
Porque mientras haya quien los
nombre, los ausentes no mueren
del todo.
Esta revista honra la lucha y la
valentía de las que convirtieron el
dolor en memoria y resistencia.
EN MEMORIA DE:
Omar Leonardo Triana Carmona
RECONOCIMIENTOS A:
Lucero Carmona (Madre de la
Victima)
CREADO POR:
Yeimi Sofia de Alba Tinjacá
Laura Henriquez
Alyson Guerrero